20 Cultura
C RÓ N I CA, J U E V E S 9 S E P T I E M B R E 2021
Después de los años 70, aprendimos a vivir con ilusiones traicionadas: Juan Villoro Foto. Bae Negocios
Tenemos generaciones acostumbradas a las crisis, dice el Premio Crónica. Presenta su libro La tierra de la gran promesa
Entrevista Reyna Paz Avendaño reynapazavendano@gmail.com
Las ilusiones como el centro de la vida: la ilusión de que un día iremos a otro lugar para ser felices o las ilusiones traicionadas de años pasados y que hoy se reflejan en generaciones acostumbradas a las crisis. Ése es parte del argumento de La tierra de la gran promesa, la reciente novela del escritor mexicano y Premio Crónica, Juan Villoro (Ciudad de México, 1956). “Todo mundo tiene su tierra prometida, un lugar donde podrá ser más feliz, donde las cosas ocurrirán de otra manera. En ocasiones, alguien que vive en provincia sueña con acercarse a la capital y los capitalinos sueñan con encontrar un refugio más tranquilo. En ocasiones la posible salvación está en el extranjero, ahí está el caso de los migrantes, desplazados. A veces esto es ocasionado por una necesidad extrema, en otras por un exilio voluntario”, expresa Villoro en entrevista. El Premio Herralde 2004 narra en su novela (editada por Literatura Random House) la vida de Diego González, un documentalista que se muda con su esposa e hijo a Barcelona para alejarse del secuestro que vivió, pero también de sus recuerdos que lo atormentan: la muerte de un amigo, un noviazgo fallido y sus películas sobre la violencia mexicana. “El título del libro es irónico porque proviene de una película de Andrzej Wajda que fue la que se exhibía durante el incendio de la Cineteca (en 1982), lo cual me pareció dramático porque esa película habla de ilusiones que sucumben ante un incendio. Todas esas ilusiones de conquistar otra tierra nos enfrenta con algo: siempre nos trasladamos con nosotros mismos, vayamos a donde vayamos nos vemos reflejados con lo que somos”, indica. Villoro señala que todos somos personas anteriores y muchas veces olvidamos lo que hicimos. “Es necesario borrar cosas para seguir adelante, no podríamos seguir la vida si nos acordáramos de todo. Ciertas cosas que pasamos por alto vuelven a nosotros sin que nos demos cuenta de su verda-
El pasado está vivo y continuamente nos transforma, explica Juan Villoro.
dera importancia. En la novela aparece un amor perdido que el protagonista no supo valorar y cuando vuelve a ver a esa mujer se da cuenta de lo idiota que fue al no pensar en la maravillosa persona que se podía convertir”, detalla. El autor de El libro salvaje y de Los culpables asegura que el pasado no está clausurado ni es caja fuerte, “el pasado está vivo y continuamente nos transforma; las cosas que nos pasan hoy sirven para confrontarnos con nuestra persona anterior”. En la novela, el documentalista reflexiona que en los años 70 las generaciones tenían ilusiones, pero posterior a esa época las generaciones aprendieron a vivir con ilusiones traicionadas. “Fui niño en la maravillosa década de los 60 en la que se desataron toda clase de utopías y de ilusiones. Por un lado, el retorno a la naturaleza; por otro, los paraísos artificiales de la droga que permitían una expansión de la conciencia, las utopías socialistas o la guerrilla que todavía tenía una clave romántica. Hoy eso no se puede sostener: el retorno a la naturaleza ocurre en un planeta al borde del ecocidio y todo está contaminado, la utopía socialista desembocó en regímenes totalitarios”, indica Villoro. Las ilusiones de los años 60 fueron
Esencia ¿Qué significa ser mexicano?
Villoro define al mexicano como un deporte extremo. “No es fácil vivir en esta realidad. Los mexicanos solemos combinar nuestra crítica de la realidad, que muchas veces consideramos apocalíptica, con nuestro festejo en medio del desastre. Esto requiere de mucha energía y dedicación; vivir en la realidad mexicana es un trabajo de medio tiempo” El escritor piensa que el dolor es requisito obligado para llegar al placer. “Los mexicanos tenemos pasatiempos muy extraños como darnos toques eléctricos en una cantina, comer una ración suicida de chile cuaresmeño que nos puede liquidar y estamos llorando de lo sabroso que es”.
muy formativas para mi generación y todavía en los años 70 llegamos a atisbar que el futuro era prometedor, añade el también miembro de El Colegio Nacional. “México tenía un país de partido único, estábamos convencidos de que cuando hubiera elecciones vigiladas tendríamos democracia y que ganaría el mejor de los partidos. Llegaron las elecciones vigiladas y ganaron los peores partidos. Las nuevas generaciones sólo conocieron la crisis de lo real y la crisis de las expectativas”, asegura. Pero esa generación sin esperanzas desmedidas es la que mejor se adapta a las crisis, añade Villoro
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“En qué medida al narrar la realidad intervenimos en ella, servimos de voceros de interés ajenos a los nuestros” “Una revelación de la trama ocurre en clave onírica, donde el personaje se delata así mismo sin saberlo”