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Nacional

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“Atender a hombres y mujeres, no lastimar a la UNAM”, el latir docente “No podemos permitir que se arrase con una institución cuya esencia es el debate de ideas”

El número de quienes trabajan por hora ha crecido 45% en los últimos 20 años al pasar de 23 mil a más de 32 mil

Investigación Daniel Blancas Madrigal (Tercera parte)

Frente a pizarrones, desde escritorios, mesas de trabajo y proyectores, también hay voces reflexivas en torno a la UNAM y a la avalancha de reprimendas presidenciales de los últimos días. El latir docente: de acuerdo con datos de la institución, en sus aulas trabajan más de 41 mil 500 académicos: de asignatura, investigadores, de carrera, técnicos, ayudantes, visitantes… Sus opiniones son reflejo de la pluralidad y libertad universitaria. “La UNAM nos ha empoderado: hay que atender a los hombres y mujeres, no lastimar a la institución”, dice Betty Zanolli, una de las catedráticas más prestigiadas de la Facultad de Derecho y quien también imparte algunas horas a nivel Preparatoria. Suma 37 años como profesora de la Máxima Casa de Estudios. También es historiadora. “Como producto del declive económico del país, hoy los grupos sociales de donde emanan alumnos y docentes de la UNAM no son los que fueron hace 50 años y hacia atrás, época en la cual llegaban alumnos de clase media hacia arriba. A partir de 1968 el origen socieconómico se deterioró. Entre docentes también ha habido una recomposición: hasta hace 40 años no se necesitaba ser de tiempo completo para vivir con dignidad y tener la posibilidad de, con un crédito hipotecario, hacerse de un inmueble. Hoy, así tengan una plaza de tiempo completo, que son los menos, no es posible sobrevivir sin una familia en la que otros aporten. Ha habido una pauperización”. Pero aun así miles de profesores se desviven por dar una, dos, tres horas a la semana en la Universidad… Es por amor a la institución, por necesidad curricular o por la ilusión de formar nuevas generaciones. Falta transparencia en estímulos y concursos de oposición. A esta Universidad plural, de contrastes y retos, se refirió el presidente López Obrador 53 veces… Una cosa es que la UNAM sea reflejo

Betty Zanolli, prestigiada catedrática de la UNAM, en foto de archivo.

del ser nacional y que surjan al interior situaciones anómalas, y otra muy distinta es que se haga escarnio de ella, y se dé una imagen que no es: claro que hay personas de una u otra ideología, pero en eso radica la valía universitaria. Como pumas, como miembros de una nación congruente, que cree en sus instituciones, sobre todo educativas, no podemos permitir que se arrase con una institución cuya esencia es el debate de ideas. La presencia femenil ha crecido aquí: en el año 2000, el 39% del cuerpo académico lo conformaban mujeres; hoy, el porcentaje es cercano al 46 por ciento. “¿Por qué hablar de posicionamientos ideológicos cuando lo prioritario es atender problemas estructurales, escuchar las voces de quienes no reciben paga, encontrar una mayor retribución a la labor docente, apoyar a los alumnos con becas?”, cuestiona Zanolli. ¿Qué trasfondo ve? Un interés político: apoderarse de una estructura que tiene su mayor fortaleza en los millones de universitarios, cuyas conciencias se pretenden manipular. Es la búsqueda del control ideológico y político de la Universidad. La UNAM es esta voz, esta conciencia que, en la medida que se puede independizar y ser crítica del poder, no es bien vista, resulta incómoda. Si logro erradicar ciertas posturas que me son molestas, porque van en contra de lo que pregono, obtengo una ganancia. ¿Y es posible, en este contexto, hacer una revisión de los desafíos universitarios? Es muy difícil, porque hay muchos in-

Infraestructura universitaria 2,899,923 m2 de área construida 4,600 aulas, 4,238 cubículos y 3,192 laboratorios y talleres tereses de por medio, y los académicos son los que menos cuentan al final. La Universidad tiene zonas vulnerables que las autoridades no han atendido: la violencia de género; las necesidades docentes; el problema de un sindicato que, como en grandes instituciones, ha crecido desmedidamente; el control de espacios por parte de fuerzas oscuras y el uso de la Universidad como trampolín político, pero nadie debería aprovecharse de esos desafíos. La Universidad tiene un presupuesto mayor que algunos estados, es un botín absolutamente apetecible para propios y extraños. Pese a la pauperización socioeconómica, afirma, “la calidad de los docentes y alumnos, contra lo que se dice, sigue siendo de primer nivel”. ¿Y el espíritu crítico? Lo hay, aunque una gran tarea es avivar a generaciones más apagadas. La juventud está en un proceso, más que de crítica externa, de crítica interna, es más una generación intimista, que se guarda sus críticas porque sabe que difícilmente podrá ser oído, pero la conciencia crítica en la UNAM, no en la forma, pero sí en el fondo, sigue latente. De acuerdo con datos de la Dirección General de Personal, los profesores de asignatura suman 32 mil 736, más del 70% del total académico.

El número de quienes trabajan por hora ha crecido 45% en los últimos 20 años al pasar de 23 mil (en el 2000) a los ya referidos 32 mil. “Mi mamá estuvo relacionada con el magisterio y siempre me decía que debíamos devolverle a la sociedad parte de lo que nos había dado”, dice Miguel Ángel Hernández sobre su destino como maestro. En diversos periodos ha dado clases en las Facultades de Arquitectura, Ingeniería y Química. “Hay dos Universidades: la de la Nación, que educa a la gente y fomenta el progreso, y otra dominada por feudos, nichos de poder, gente que lleva 30, 40 años, como en las películas de vampiros y hombres lobo, y hay víctimas”. ¿Quiénes? Los alumnos: la diferencia entre el alumno más rico y el más pobre, es mínima. Los docentes, por su lado, tienen la ilusión de tener su credencial de profesor, con el logotipo de la UNAM: se sienten realizados, aunque gastan más en su pasaje de lo que sacan al mes. También hay otro perfil de profesores, ¿no? Los que son figuras políticas, los que son hombres de negocios, y dan clases como pasatiempo, tienen un poder económico alto; si vas a los estacionamientos, ves coches de lujo, caros, y puede ser que sean aviadores: ves su carro 2 veces al mes, una, o no van y la clase la dan subalternos, pero el grueso de profesores no llega ni a clase media: son pobres, usan su camión, viven en un lugar rentado, chiquito, no tienen vacaciones. Y todos son idealistas, soñadores. ¿Derechistas? Claro que no, gente de izquierda, que piensa en la justicia social, en el bien, y ellos transmiten eso a los alumnos, quienes, aunque no son muy conscientes, sí saben que tienen en la Universidad una gran oportunidad, la esperanza de un futuro mejor. ¿Hacia dónde caminar? Alejarse de una Universidad donde un pequeño grupo sea el que tome las decisiones, desconectado de la realidad, y acercarse a una que gaste más dinero en dar a maestros y alumnos lo básico, por ejemplo, seguridad, en todos los sentidos...


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