16 Entrevista
C RÓ N I CA, M I É R CO L E S 15 D I C I E M B R E 2 02 1
Carmen Berenguer
“En mi vida no hubo cuentos de hadas ni de princesas, sino de mujeres trabajando” La vida se hace y considero eso una gran creatividad, añade la poeta. “Viví 50 años de dictadura y han sido largos tiempos de mucha falta de libertad y por eso mi escritura habla del hambre, las desigualdades y la violencia hacia la mujer”
Poeta chilena Reyna Paz Avendaño reynapazavendano@gmail.com
Cincuenta años de dictadura han hecho que la poeta Carmen Berenguer (Santiago, 1946) escriba sobre el hambre, las desigualdades y la violencia hacia la mujer. La falta de libertad hizo que de niña, esta autora chilena, no escuchara historias de princesas ni hadas, hizo que escuchara relatos de mujeres que tenían que salir todos los días a ganarse la comida. A propósito de sus libros “Plaza Tomada. Poesía reunida (1983-2020)” y “Plaza de la dignidad”, Crónica presenta una entrevista con la Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2008, considerada una de las poetas más importantes de Chile. ¿Por qué en su poesía aparece la movilidad como un personaje? La calle, lo urbano, ha sido un poco mi trayectoria de vida en el sentido de que he sido una mujer bastante activista y he estado mucho en la calle, en las protestas. Y los cuerpos en las calles, son esos cuerpos que entran a pelear por sus necesidades, a poner sus temas de las desigualdades, temas que me han atraído mucho. Carmen Berenguer recuerda que su poema “Anticristo” está dedicado a un
personaje de la calle cuyo oficio es el de poeta; también platica que escribió “Bobby Sands” donde habla del hambre y alude al poeta irlandés y preso político (Bobby Sands), quien murió en la cárcel por falta de comida al ser tratado peor que un criminal. “Esas cosas me han llamado la atención porque mi vida ha sido así: viviendo cerca de la injusticia. También escribí sobre un muchacho de la calle que lo mata un policía. Era un muchacho que hacía malabarismos frente a los autos pero los policías pensaron que sus cuchillos de plástico eran armas, lo tomaron preso y luego lo acribillaron a balazos. Esas cosas me quedan tan grabadas en la cabeza porque las encuentro tan injustas”, comenta. ¿Las crisis políticas aceleran su escritura? Lo que pasa es que el 90 por ciento de mi escritura ha sido parte de lo que he vivido, me han tocado vivir 50 años de dictadura, 50 años hasta el día de hoy con un espacio muy pequeño de democracia. Han sido largos tiempos de mucha falta de libertad y mi escritura está en ese espacio, no podría no estarlo porque yo me considero una reportera de la palabra. “Cuando era chica había una reportera que no recuerdo exactamente cómo se llamaba y desde que la vi dije ‘yo quiero escribir’, nunca dije quiero ser poeta, sólo dije ‘quiero escribir’ y los temas aparecieron porque eran parte de mi vida”.
Me fascina la música que escuché mí juventud: The Beatles, Elvis Presley, Chuck Berry y todos los gestores de la libertad
En Naciste pintada, habla de una genealogía de mujeres que la acercaron a la lectura… Mi familia estuvo sin hombres, eran todas mujeres. Mi bisabuela era una mujer y una hija, la menor, fue quien me crió, mi tía abuela me cuidó. Mi madre tenía una media hermana que había quedado huérfana y prácticamente éramos cuatro mujeres viviendo juntas, solas en la vida, sin dinero, el pan había que hacérselo, la vida diaria había que hacerla y yo consideré que eso era una gran creatividad. “La vida se hace. No es que uno tenga la vida, la vida es algo que se va creando, se va haciendo a diario. El tiempo se con-
taba a través de las miserias, de las chauchas (el poco dinero), o a través de los terremotos. Entonces tú ibas escuchando esas historias, no ibas escuchando las historias de los cuentos infantiles, de las hadas ni de las princesas, en mi vida no hubo nunca princesas, ni hadas, ni reinas, eran de mujeres que trabajaban. “Eran mujeres que participaban en la política, no eran mujeres que estaban solamente en el salón, Pero al mismo tiempo trabajábamos juntas, empecé a trabajar a los 14 años. Mi madre después de trabajar hostigada y parada todo el tiempo en una tienda decidió arrendar una casita que la transformó en una pensión. Ahí trabajábamos todas, yo iba a comprar pan, ponía la mesa, hacíamos entre todas la comida, hacíamos la vida diaria para comprarnos algo”. Ellas nunca fueron mujeres que dependieran de un hombre para vivir, platica Carmen Berenguer.