Page 1

8 ELPAÍS

Lunes 30 de noviembre de 2020

CATALUÑA

Excavación en el cementerio de Els Reguers en busca de los restos de El Rubio (en la foto pequeña).

La familia del guerrillero abatido en 1954 confía en el Plande Fosas de la Generalitat para rescatar sus restos óseos

La tumba perdida del desdichado maqui El Rubio

Notícia distribuïda per a l´Institut del Teatre

MARC ROVIRA, Tarragona Se llamaba Francisco Serrano Iranzo pero se le conocía como El Rubio. Fue un aguerrido maqui adscrito a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón y se le atribuyen numerosas andanzas en las montañas del Maestrazgo, muchas veces acompañado de su socio de viaje: La Pastora. Juntos estaban la noche de

agosto de 1954, cuando una lluvia de balas perforó mortalmente los riñones de El Rubio. Fue en la finca de los arroceros Nomen, en Els Reguers, cerca de Tortosa. La Pastora, el atormentado maqui de controvertida identidad sexual (Florenci Pla Meseguer, bautizado como Teresa), logró escapar, pero su compinche no tuvo la misma suerte.

En esa zona cercana al río Ebro se centran ahora, 66 años después, las excavaciones que promueve la dirección general de Memoria Democrática de la Generalitat para localizar los restos óseos de El Rubio. La acción forma parte del Plan de Fosas, un proyecto que está en activo desde 2017 y que rastrea trincheras, cementerios en de-

suso o espacios cercanos a los antiguos hospitales de campaña para localizar fosas comunes o sepulturas donde fueron enterrados soldados y civiles que cayeron abatidos por acción de las tropas franquistas. La de El Rubio en Els Reguers es la fosa número 33 que se abre para localizar e identificar víctimas. La Generalitat mantiene que el programa de excavaciones ha posibilitado la recuperación de los restos mortales de 330 personas. Lídia Serrano tiene 84 años y es hija de El Rubio. Vive en Castellote, Teruel, el mismo pueblo donde nació su padre y al que jamás regresó. Aquel verano de 1954, la Guardia Civil comunicó la muerte a la familia, pero no autorizó el traslado del cadáver. La ausencia del padre lastró para siempre la memoria de la hija de El Rubio. Hace un tiempo, inscribió el caso en el censo de personas desaparecidas con la intención de poder localizar sus restos, identificarlos y darle entierro cerca de su casa. Los trabajos de búsqueda se centran en dos zonas concretas del cementerio de Els Reguers. Los técnicos del Departamento de Justícia de la Generalitat disponen de una muestra del ADN de Lídia Serrano y el cruce genético con los restos óseos que se puedan recuperar debería posibilitar la identificación del maqui desaparecido. La dirección general de Memoria Democrática afirma que, antes de actuar sobre el terreno, se ha realizado

Espléndido mano a mano de Vilarasau y Bosch en la Villarroel La pareja exprime la devastadora fuerza teatral de Albee en ‘La cabra, o qui és Sylvia?’ JAVIER PÉREZ SENZ, Barcelona El estreno de La cabra o ¿quién es Sylvia? conmocionó en 2002 la escena neoyorquina. La obra del dramaturgo estadounidense Edward Albee ganó aquel año el Tony y el resto de premios que se entregan en la ciudad de los rascacielos. Es un clásico que sacude al espectador, un drama sobre la confusa naturaleza del amor y el deseo, los celos y la envidia, la hipocresía y la tolerancia, la soledad y la búsqueda de la felicidad. Traducida al catalán por Josep Maria Pou, La cabra, o qui és Sylvia? aterriza en La Villarroel (hasta el 10 de enero) en un montaje dirigido por Iván Morales y protagonizado en un intenso duelo

por Jordi Bosch y Emma Vilarasau. El nombre de Pou permanerá siempre ligado al éxito en España de esta extraordinaria obra. Con ella se estrenó como director teatral en 2005 en el Romea, en un sensacional montaje en el que firmaba la traducción, coproducía el espectáculo y era el actor principal. Ahora, Morales levanta un montaje notable que tiene a favor la proximidad con los actores de un espacio tan minimalista y cercano como La Villarroel, sala que, con las restricciones de aforo, admite unos 200 espectadores por función. La obra empieza en clave de alta comedia, presentando a

Emma Vilarasau, frente a Jordi Bosch en La cabra.

Martin, un prestigioso arquitecto, y a su esposa Stevie en un matrimonio feliz y perfecto. Albee introduce el detonante del drama cuando Martin confiesa al periodista Ross, su mejor y en apariencia leal amigo, que está locamente enamorado de Sylvia. La tal Sylvia es ni más ni menos que una cabra con la que mantie-

/ DAVID RUANO

ne una relación sexual. Para su desgracia, Martin descubrirá que su fiel amigo Ross es un cabrón envidioso que revela su relación secreta a Stevie en una carta que romperá en pedazos ese matrimonio perfecto. Albee, que es un experto diseccionando crisis matrimoniales en el escenario —¿Quién te-

“un exhaustivo trabajo de documentación” para acotar el punto exacto donde pudo ser enterrado el cuerpo. En un barranco de Vallcervera se separaron los caminos de El Rubio y La Pastora. El primero, herido de muerte, urgió a su cómplice para que huyera y se pusiera a salvo después del asalto al caserío de los Nomen. “Tengo frío, Pastora”, fueron las últimas palabras del maqui agonizante, según el relato del suceso que hace Alicia Giménez Bartlett en Donde nadie te encuentre. La obra, Premio Nadal 2011, dedica un minucioso retrato a las desventuras que pasaron Francisco Serrano y Florenci (Teresa) Pla Meseguer, mientras vivían como fugitivos en las montañas dels Ports. Hartos de tanta penuria, idearon un asalto a la finca de los Nomen para alcanzar un botín suficiente con el que poder arrancar una vida nueva en Francia, lejos del hambre y del asedio de la Guardia Civil. Se pasaron días observando la casa y el ir y venir de la familia y del personal de servicio hasta que, al fin, la noche del 3 de agosto pasaron a la acción. Irrumpieron en plena cena y, metralleta en mano, exigieron 250.000 pesetas. El hijo Nomen, oficial de las milicias franquistas, aprovechó un despiste para echar mano de su pistola. Los dos maquis terminaron escapando por piernas, sin un céntimo y bajo un tiroteo cruzado. El Rubio, con el cuerpo relleno de plomo.

me a Virginia Woolf? es su más famoso ejemplo—, destila en La cabra lo mejor de su arte teatral. Transita de la comedia al drama y la tragedia final construyendo con prodigioso talento situaciones y diálogos que dejan al espectador clavado en la butaca. Los ingeniosos diálogos, las bromas y las réplicas brillantes del principio dejan paso con certero pulso a la creciente violencia de un huracán emocional. Asistimos a una deconstrucción de la naturaleza humana, y no solo por el tema de la zoofilia. Las carcajadas que provoca saber que Sylvia es una cabra, retrato crudo de bestialismo, quedan congeladas al descubrir, o intuir, los motivos y la realidad que vive Martin. Jordi Bosch transmite ese volcán emocional interior de forma admirable. Emma Vilarasau va destapando todas las capas de Stevie con una fuerza demoledora. Salta como una fiera del ingenio y el sentido del humor al grito de rabia, dolor e impotencia. Forma con Bosch una espléndida pareja protagonista que defiende el colosal duelo teatral con gran oficio, talento e inspiración. No dejen de ir a ver la función.


L’APUNTADOR (NÚVOL) Sobre les (nostres) pulsions més animals Iván Morales dirigeix a Jordi Bosch i Emma Vilarasau a 'La cabra o qui és Sylvia?' a La Villarroel. Martí Figueras Comunicador cultural 09/12/2020 L’amor sempre ha estat, juntament amb l’odi, el sentiment més irracional i la història de la humanitat s’ha construït sobre històries d’amor inconcebibles i polèmiques, des de Jesucrist i Maria Magdalena fins a Woody Allen i Soon Yi. La tolerància respecte a certes unions sempre ha estat molt fina. Però no ens enganyem: opinar sobre les relacions amoroses dels altres, polèmiques o estrafolàries, sempre ha donat vida a qualsevol conversa, sigui la classe social que sigui. I ja que parlem de classes socials, aquelles relacions més escandaloses sempre han estat les que han barrejat dues persones de barris, religions o cultures diferents, d’una diferència insalvable als ulls de la resta de la societat. Romeu i Julieta són potser el cas més paradigmàtic de la ficció. Però no ens enganyem. Al segle XXI ja tenim certs prejudicis més que superats. Almenys de cara enfora. Però quan Edward Albee va publicar La Cabra o qui és Sylvia? a principis de segle, les platees de mig món es van tornar a remoure inquietes per una història d’amor zoofílic. Ara la tornem a veure a La Villarroel dirigida per l’Iván Morales i amb un trio de grans estrelles: Jordi Bosch, Emma Vilarasau i Jordi Martínez, acompanyats del jove actor Roger Vilà.


Emma Vilarasau a ‘La cabra o qui és Sylvia?’. © David Ruano Albee sempre ha volgut fer sentir incòmode l’espectador, sobretot aquell perfil més burgès i intel·lectual (que, d’altra banda, el veneren). La seva peça més reconeguda és Qui té por de Virginia Woolf?, una dissecció brutal i salvatge de la burgesia americana. Precisament Vilarasau va donar vida, el 2011, a la temperamental Martha, en una versió del clàssic dirigida pel Daniel Veronese. Actualment veiem aquesta obra amb una certa condescendència, ens delectem per les interpretacions i riem per dins les parts més bèsties. Però l’efecte escandalós s’ha diluït. I tinc la sensació que més o menys li passa el mateix al relat de la cabra. Almenys a un servidor hi ha històries que l’incomoden molt més, que l’interpel·len d’una manera més directa, sobre qüestions més pròximes. Deia Edward Albee en una entrevista deliciosa amb el veterà periodista Charlie Rose que el que buscava no era l’escàndol pel tema de la zoofília, sinó fer palès els límits sobre el que creiem intolerable en les relacions afectuoses. “Vull que tots puguin pensar en el que no poden imaginar i el que han enterrat profundament com intolerable i insofrible. Vull que pensin de manera fresca i renovada al respecte”. El text d’Albee aconsegueix enfrontar-nos a aquests límits amb el retrat d’una família burgesa, exitosa i feliç, però esquinçada irremeiablement. La traïció de Martin als fonaments de l’amor que ha fet créixer la família és inconcebible. Mira, si hagués estat una altra dona, encara. Albee comença amagant les cartes presentant un atribolat i oblidadís Martin, però quan Stevie, la seva dona olora un perfum estrany, ràpidament es fa visible el dubte. “Estàs amb una altra dona”, diu. Tal acusació la despatxa amb naturalitat Martin, però és llavors quan munten una pantomima, una broma que els dos escenifiquen on ell confessa que està amb una tal Sylvia i que és una cabra. La broma perversa la remata Stevie dient doncs que anirà a comprar alfals. Aquesta broma innocent i absurda, però que s’entén com quelcom recurrent en la relació, esdevindrà molt cruel quan descobrim la confessió que el guardonat arquitecte li fa al seu amic, Ross, periodista que ve a fer-li una entrevista. A partir de llavors els petits inputs d’estranyesa, de quelcom que no acaba de funcionar, que l’autor havia deixat en el text, s’espolsen d’un cop per donar pas a una tempesta de confessions inconfessables i retrets. La variable Ross és més aviat funcional: tan sols apareix per desfermar la tempesta (és qui envia una carta a Stevie explicant-li l’afer animal del seu home), tot i que en l’última escena recrea fantàsticament la mirada censuradora i escandalosa de la societat més benestant. Però en l’equació apareix una altra incògnita, el Billy, el fill gai acceptat a mitges pels seus pares (estem als anys noranta i els progres encara no eren tan progres). El fill no acceptarà l’enamorament del seu pare i mantindrà una actitud victimista i infantil. Però en la memorable última escena, enmig de tota la terrissa esmicolada, el fill trenca un altre cop un límit moral. Al cap i a la fi, la confusió entre afecte i amor és més habitual del que sembla, i molts cops acaba sent perversa. Però uns ho poden sentir i pensar, i els altres es llencen a la piscina i s’enfonsen en el desig. L’equació es resol quan finalment Stevie fa ús de la seva pulsió més animal i es presenta a casa amb… Bé, si de cas deixarem l’equació per resoldre.


Iván Morales, Jordi Bosch, Roger Vilà, Emma Vilarasau i Jordi Martínez. © David Ruano Aquest material és or per qualsevol director àvid de treballar amb bons actors i analitzar conjuntament el ritme d’aquesta tragicomèdia. Comença sent una espècie de comèdia estranya, planteja una situació dramàtica i la fa esclatar sobre els seus personatges conduint-la cap a una tragèdia fatal. Però la radicalitat de l’afer fa que sempre hi hagi moments per l’humor. Bromes plenes d’humor negre que serveixen per deixar anar una mica d’aire. I com que Ivan Morales té a la seva disposició dos talents consagradíssims com Jordi Bosch i Emma Vilarasau, els personatges s’emmotllen perfectament a les seves armes interpretatives. Els vicis i tics inherents en uns i altres, el director els poleix, els dona matisos per tal de fer bascular la contenció i l’esclat de les emocions. Vilarasau no està tan cridanera, però la intensitat de la seva ràbia està sempre en augment i Bosch recrea un ampli ventall d’emocions: el despistat, l’enamorat, l’incomprès, el ploramiques, el comprensiu o el desesperat entre molts altres. Però els moments de contenció d’un i l’altre són els que millor ajuden a tensar la corda per arribar al fatal desenllaç. Al seu costat, Jordi Martínez aporta el pes de la societat amb la seva mirada censuradora i Roger Vilà transmet aquesta ingenuïtat tan fresca que necessita el seu Billy, tot i que li falten unes quantes funcions més per assentar l’última escena. Morales es retroba amb part del seu equip artístic i tècnic que ja fa uns quants muntatges que l’acompanyen. Marc Salicrú crea una elegant sala d’estar, amb aquest punt de disseny minimalista, de colors suaus i amb gerros, maquetes i llibreries que acabaran esmicolats i llençat per terra. Amb tanta trencadissa, l’obra els sortirà cara. A l’equip artístic també trobem a Nidia Tussal creant el vestuari, look de progre americà dels anys noranta, David Climent al moviment, el so de la Clara Aguilar i una colla més. Ah! I el realisme de la cabra és obra de la Raquel Bonillo.


EN PLATEA 18.12.2020 Críticas La incontrolable naturaleza de la sexualidad humana

La Villarroel acoge una propuesta salvaje y reveladora. La cabra, o qui és Sylvia? nos acerca a un Edward Albee cuidadosa y meticulosamente traducido por Josep Maria Pou. La estimable visión de Iván Morales encuentra el amparo óptimo en manos de un reparto en estado de gracia: Jordi Bosch, Roger Vilà, Jordi Martínez y una titánica Emma Vilarasau. Uno de los grandes triunfos de la puesta es que desde un primer momento nos olvidamos de anteriores aproximaciones al material original. Es importante que así suceda. Albee escribió esta obra en 2002 y nos sorprende cómo la escena nos remite a los años noventa. En cualquier caso, el director consigue que el conflicto nos estalle en la cara. Independientemente de nuestra respuesta inmediata ante lo que vemos u oímos no nos encontramos ante una obra sensacionalista sobre bestialismo. Aquí se plantean preguntas más que serias sobre la naturaleza incontrolable de la sexualidad y excitación humana. El autor (así como el resto de implicados) empujan hasta el límite. Quizá miremos hacia otro lado pero la interpelación clave y culminante es clara. La admitamos o no ante el resto, ¿lo que nos excita y de quién o qué nos enamoramos escapa a nuestro control? ¿Y a nuestra responsabilidad? ¿Qué pasa con las consecuencias? En el caso que nos ocupa se apuesta por mostrar todas las capas y, de este modo, asistimos a una obra que habla del matrimonio pero también de la fijación erótica. También sobre la precisión lingüística. No olvidemos que nos encontramos ante el autor de ¿Quién teme a Virginia Woolf? (sería interesante analizar los paralelismos entre las parejas protagónicas formadas por Martha/George y Stevie/Martin). Y por supuesto, la admisión de la terrorífica y descorazonadora soledad que supone ser un «proscrito sexual» en una sociedad que parametriza el amor de modo harto estricto. La iluminación de Sam Lee diseña una inspiración. Compleja y al mismo tiempo reveladora. De algún modo, enmarca lo que sucede en lo más recóndito del alma de los personajes y enfatiza y delimita los distintos géneros por los que se mueve la pieza. Algo más meritorio si cabe, teniendo en cuenta la disposición en doble grada de los espectadores. En este aspecto, el entendimiento con la escenografía de Marc Salicrú resulta imprescindible, algo a lo que también es sensible el espacio sonoro de Clara Aguilar (más enfático o sutil en función de cada momento, pero siempre contribuyendo). Con habilidad matizan esta doble cuarta pared


para remitirnos de un modo bastante inmersivo, que aprovecha alguna de las escenas iniciales, a una suerte de plató implícito ante el que sentarnos a observar, entre impertérritos y víctimas del shock o la risa nerviosa que nos pueda provocar lo que sucede en escena. A nivel cromático, sabia la decisión de unificar y «despersonalizar» objetos, uniformando y formateando de forma alusiva esa vida de apariencia estable e inalterable, sin aristas. Un espacio único que se convierte en un protagonista/víctima más y que se transforma al ritmo que marcan los propios habitantes del espacio, también gracias al movimiento con el que David Climent refuerza las interpretaciones y en el que nunca parecerá haber un obstáculo fuera de lugar. Nos encontramos con una obra que puede y debe explicarse a través del viaje que realizan sus cuatro personajes. En su momento, Jonathan Pryce le pasó el testigo al mismo Pou y hace apenas tres años un apoteósico Damian Lewis lideró el impecable y londinense montaje de Ian Rickson. Celebramos que nuestro protagonista se desmarque de lo que otros intérpretes han aportado a tan complejo personaje y a la vez nos divierte la posible asimilación con el primero de todos, Bill Pullman. Importante lo que un actor con armas interpretativas cómicas consolidadas pueda aportar a este rol y Bosch consigue transmitir esta diatriba interna y juega un pulso persistente e intenso entre lo que Martin muestra y, sobretodo, lo que oculta. Un trabajo que exuda el secretismo culpable en el que se sume el arquitecto. Ante los demás y hacia sí mismo. ¿Cómo mostrarse firme para expresar algo que ni uno mismo acaba de comprender? Entre la zozobra propia del (anti)héroe trágico y transgresor y víctima al mismo tiempo de una situación que no puede controlar, el actor logra inducirnos a ese estado taciturno y semiconsciente a través de una mirada perdida capaz de ilustrar lo que las palabras callan hasta recrear un mundo interior no por silencioso menos complejo. Una progresión que en algunos momentos puede parecernos abrupta pero que sin duda responde al carácter alterado y sobrepasado por la ilusión de un amor no por (¿imposible?) menos ensimismado. Morales no reduce la obra al retrato de un individuo perdido y nos recuerda que de lo que se trata es de mostrar y desenmascarar el abismo inesperado que separa al matrimonio. A nivel individual y conjunto. El caballo es ganador, ya que la intimidad que logra la pareja protagonista es inalterable de principio a fin. Siguiendo en el terreno interpretativo, Martínez necesita solo dos escenas para mostrar el cinismo del poder dominante de esa policía no profesional llamada «mejor amigo». Enérgico, concreto y contrapunto generoso tanto para decir como para escuchar a su compañero/oponente escénico. A su vez, Vilà asume uno de los grandes retos de la función. No solo debe mantenerse como una suerte de espectador «ausente» del conflicto escénico de sus progenitores sino que se ve obligado a recoger los añicos (en sentido literal y figurado) para mostrar su propio rompimiento. Por si esto fuera poco, asume las riendas en la que probablemente sea la escena más difícil de argumentar de toda la función, tanto a nivel dramático como ideológico. A medio camino entra la inocencia y la histeria, el dolor y la confusión, el intérprete se crece junto a su personaje dotándolo de un lenguaje (verbal y sobretodo corporal) propio, mostrando lo que Billy asimila y también lo que confunde y creando un estilo actoral tan particular como necesario para que la confrontación entre todos los partícipes redondee la función. En su caso, el que más aprovecha su caracterización y vestuario (firmados por Anna Rosillo y Nídia Tusal, respectivamente) para aportar a su personaje. Realmente, unas cartas muy bien jugadas.


La cúspide de la propuesta es, sin duda, la interpretación de Vilarasau. Ver para creer. Resulta imposible apartar la mirada de ella. Sus ojos y su rictus emergen y flamean entre la «comedia» y la tragedia con pasmosa cautela y sagacidad. Tacto hasta en el más brutal y salvaje de los registros empleados. Una labor clarividente, tanto hacia su personaje como hacia el resto de la pieza. La actriz alcanza todas las teclas de la obra que percutió Albee y las hace resonar de modo manifiesto y expresivo. Tanto en lo visible como en lo más (y aquí su grandeza) introspectivo. Su naturalización de la tragedia cotidiana y la ruptura abrupta de lo frecuente y la asimilación a tiempo real de una situación tremenda e inconcebible resultan oro puro. De la química extrema con sus compañeros de reparto impulsa no solo la culminación del recorrido de Stevie sino del resto de personajes y de las resonancias más perturbadoras e ideológicas del texto. Su movimiento escénico incluye y abraza la doble grada del espacio de la representación regalándonos la sensación de estar mirando a través de la ventana, no solo del ilusorio hogar de la familia protagonista sino de un alma herida e irreparable. Impresionante cómo integra la interacción con los objetos escenográficos, siempre a tiempo y enfatizando la frase, pausa o respiración precisa. En su voz, cada réplica se convierte en una idea expresada y exprimida hasta las últimas consecuencias. Ella se convierte en nuestra puerta de acceso a través de ese par de ojos que dilatan la percepción de nuestras pupilas hasta cotas inimaginables. Una heroína dramática que consigue aquí uno de sus triunfos más rotundos. También para el público. Finalmente, La cabra, o qui és Sylvia? supone la constatación de la valía y vigencia de la voz del autor a día de hoy. En manos de Morales y de todo el equipo, las palabras y la aproximación mantienen la potencia punzante (e incómoda) de esta apasionante exploración psicológica de la madurez, el matrimonio y las relaciones sexuales. Y, por último, una reflexión banal. Solemos mirar hacia fuera en busca de premios, intérpretes, piezas o referentes dramáticos en general. Si, por una vez, estos premios (véase los Tony) mirasen hacía aquí, encontrarían la que sin duda es y será una de las interpretaciones protagonistas más espectaculares de la temporada. Albee, ¡en La Villarroel te están haciendo justicia! Crítica realizada por Fernando Solla


33

ara DIVENDRES, 18 DE DESEMBRE DEL 2020

cultura DANI ROVIRA I ANA BELÉN, ALS GOYA

Dani Rovira i Ana Belén presentaran dilluns que ve els nominats als 35ens premis Goya de l’Acadèmia del Cine Espanyol. L’actor i monologuista presentarà l’acte després d’haver superat un càncer.

ELS PREMIS GAUDÍ, LLUNY DE LA PARITAT

L’associació Dones Visuals alerta que les candidatures dels Gaudí són desiguals. Les dones que opten a candidatures tècniques són un 27% del total. Un 30% de films estan dirigits per dones, i només un 15% són llargmetratges.

TEATRE

Mig segle de la donació faraònica de l’artista Va ser vista com el tresor de Tutankamon: les 921 obres són la base del museu català A.R.T. BARCELONA

Notícia distribuïda per a l´Institut del Teatre

Per a Joan de Sagarra, la donació de més de 900 obres que Picasso va fer a Barcelona l’any 1970 va ser “la notícia de l’any”, mentre que Joan Miró deia que calia anar a “abraçar” l’artista malagueny per donarli les gràcies. Joan Manuel Serrat va reclamar que tothom tingués “el nivell necessari per comprendre la seva obra” i va fer una crida a reflexionar per què els museus rebien tan poc públic. El conserge del Museu Picasso, Arturo Blázquez, demanava que canviessin el nom al carrer Montcada i li posessin el de Picasso, i el crític Albert Manent demanava que s’evités “qualsevol mena de folklorisme”. És molt probable que el desig de la directora de la galeria Syra, Montserrat Isern, de dedicar “una sardana” a Picasso no li agradés gens. Aquestes són només algunes reaccions de l’allau que va suscitar el gest de l’artista de deixar a la ciutat els treballs de joventut que tenia al pis familiar del passeig de Gràcia. El confinament va impedir celebrar el 50è aniversari de la donació el 8 de maig i s’ha fet ara, coincidint amb l’obertura de Picasso. Els quaderns. “La donació és l’ànima del nostre museu”, diu el director, Emmanuel Guigon. “Picasso va ser sempre generós amb Barcelona”, afegeix, ja que la donació del 1970 va ser la tercera que feia a la ciutat, després de la del quadre L’arlequí el 1919 i de Retrat blau de Sabar-

tés i les 58 teles de Les Menines el 1957 en homenatge a Sabartés. La donació del 1970 de 921 obres, entre les quals hi ha pintures icòniques com Ciència i caritat, La primera comunió i Passeig de Colom, va provocar l’ampliació del Museu Picasso al Palau Baró de Castellet, al número 17 del carrer Montcada. Per commemorar-la, Emmanuel Guigon ha fet fer un vinil gegantí amb les fotografies notarials de totes les obres que es pot veure en una sala en què també hi ha documents de la donació. El museu organitzarà diverses activitats a l’entorn de la donació que es faran públiques al gener. La resignació francesa

La generositat de Picasso va agafar per sorpresa els francesos, que van comparar la donació de les obres amb “l’obertura de la tomba de Tutankamon”, com va recordar ahir Guigon. N’hi va haver un, del France-soir, com recull un article de l’època, que no es va poder estar de llançar una invectiva i va dir que els francesos s’havien d’acontentar amb “haver reconegut Picasso els primers i haver-li aportat la glòria universal”. Els reporters que esperaven que algun dels nebots de l’artista hi estiguessin en contra van quedar decebuts: “Si el nostre oncle hagués mort sense fer testament, nosaltres hauríem entregat les seves obres a la ciutat”, va dir Pablo Vilató Ruiz. També va parlar sobre la donació l’home que la va formalitzar, el notari Raimon Noguera, que va recordar que Picasso cass tenia “molt viva” la seva etapa etap barcelonina malgrat tots els anys que havien passat. En paral·lel a Joan Miró, un E seg seguit d’artistes van celebrar la dec decisió de l’artista malagueny: per a Josep Maria Subirachs va ser “una gran lliçó d’amor cap a Barcelona”, mentre que HerBa nández Pijuan va recordar que ná Barcelona no havia tingut la Ba mateixa generositat que Picasma so durant els seus anys de jove ventut i va demanar que la donació fos una oportunitat perna qu les institucions públiques què pr prenguessin consciència de l’ l’“art viu”. I la premsa també v recollir els testimonis de va gent corrent: Asunción Martíg n Grau, de 20 anys, que alesnez h hores treballava de cambrera, coneixia Picasso com “un gran c pintor que no vol tornar a Esp panya”, i deia que la seva gep nerositat s’havia d’agrair n “eternament”. “ e

Jordi Bosch i Emma Vilarasau. DAVID RUANO

La tragèdia dels foscos desitjos de l’amor Crítica SANTI FONDEVILA BARCELONA

‘La cabra, o qui és Sylvia?’ LA VILLARROEL 7 DE DESEMBRE

E

dward Albee va aconseguir amb La cabra, o qui és Sylvia? totes les lloances i premis de teatre als Estats Units el 2003, però molt em sembla que no va reeixir en el seu desig que alguns espectadors s’enfadessin i l’insultessin tot marxant de les representacions. La provocació, com no podia ser d’una altra manera en la sempre puritana Amèrica, venia pel camí del sexe, per una conducta sexual inapropiada, intolerable. En el fons, la relació d’aquest arquitecte de prestigi de seixanta anys (Martin) enlluernat per la mirada animal de la Sylvia és un ham extraordinàriament eficaç per parlar

Aposta Iván Morales trenca la quarta paret i potencia la ira per sobre del desconcert

de les fronteres del desig, com queda ben clar en l’últim acte quan Martin i el seu fill es besen. Albee mira el fons de la naturalesa humana, allà on habiten els desitjos més obscurs, més inacceptables, desitjos que es poden obviar però no es poden reprimir, com li diu Martin al seu millor amic, que ha provocat el terratrèmol en una família aparentment feliç i enamorada. La genialitat i complexitat de l’obra d’Albee passa per fernos creure que estem veient una comèdia sobre la fragilitat del matrimoni poblada d’humor quan en realitat assistim a una tremenda, destructiva i desoladora tragèdia sense reparació possible. El desafiament de l’obra està en la capacitat per fer-nos creure en el sentiment epidèrmic espontani de Martin, més enllà del sexe –no s’estranyin: fa poc un rus es va casar amb la seva nina inflable–; hem de creure en el seu amor impossible més que en una conducta merament lasciva. Josep Maria Pou ho assolia rotundament en l’estrena, fa quinze anys, de la producció que també va dirigir i que va guanyar multitud de premis. En Pou hi havia, s’intuïa, aquest sentiment de tràgica innocència que no acaba de treure el cap en un Jordi Bosch un pèl ingenu a l’inici i que creix abastament quan esclata la confrontació de Martin amb Stevie, la seva dona. La proposta d’Iván Morales trenca la quarta paret, no explota prou l’humor que sorgeix de les arestes frívoles del problema i potencia la ira per sobre del desconcert, i la ironia sarcàstica en una esplèndida Emma Vilarasau. Molt bé el jove Roger Vilà en el monòleg de l’última escena, i també Jordi Martínez, tot i una certa exageració que no contribueix a la credibilitat.e

LLIBRES

Els llibres de Toni Soler i Jordi Cuixart, amb l’ARA ARA BARCELONA

Fa just 10 anys Joan Vila va confessar haver assassinat onze ancians a la residència geriàtrica de la Caritat, a Olot, on feia de zelador. L’últim llibre de Toni Soler, Un bon cel, parteix de la història de Jooan Vila per reflexionar soobre la vellesa, la vida dignaa i la banalitat de la mort. A través de la reconstrucció ó dels fets i d’un acurat re-trat de l’assassí, Un bon cel fa una aproximació a la visió de Soler de la vellesa, el concepte de vida digna i la trista banalitat que sovint acompanya els crims més abjectes. El llibre, editat per La

Campana, es pot Ca aconseguir del 19 al ac 31 de desembre al quiosc amb l’ARA qu per p 16,90 euros. El diari també distribuirà fins al d 31 3 de desembre l’últim llibre de l Jordi Cuixart, El J polsim màgic. El p president d’Òmnium Cultural l’ha escrit durant el seu empresonament a Soto del Real i a Lledoners. “És un conte inspirat en els dibuixos de la sala de convivència, on, des de fa més de tres anys, fem els vis-avis un cop cada quinze dies amb l’Amat, el petit Camí i la Txell”, explica Cuixart. L’il·lustrador Oriol Malet s’ha encarregat de dibuixar la història.e


CLIP DE TEATRE [La Villarroel] «La cabra, o qui és Sylvia? (The Goat or Who is Sylvia?)», d'Edward Albee. Traducció de Josep Maria Pou. Intèrprets: Jordi Bosch, Jordi Martínez, Roger Vilà i Emma Vilarasau. Escenografia: Marc Salicrú, amb la col·laboració d’Adrià Pinar. Il·luminació: Sam Lee. Vestuari: Nidia Tussal. Espai sonor: Clara Aguilar. Caracterització: Anna Rosillo. Moviment: David Climent. Direcció de producció: Maite Pijuan. Cap de producció: Marina Vilardell. Producció executiva: Raquel Doñoro. Direcció oficina tècnica: Moi Cuenca. Oficina tècnica: David Ruiz. Regidoria: Vicenç Beltran. Cap tècnic teatre: Jaume Feixas. Construcció escenografia: Pascualín. Estructures Disseny i realització de la cabra: Raquel Bonillo. Premsa: Albert López i Judit Hernández. Màrqueting i comunicació: Publispec. Disseny gràfic: Santi&Kco. Reportatge fotogràfic: David Ruano. Producció: La Villarroel. Ajudant direcció: Marc Cartanyà. Direcció: Iván Morales. La Villarroel, Barcelona, 17 desembre 2020.

UNA CABRA INNOCENT ENTRE DUES NAUS DE L'ESPAI «¿Amb qui em poses les banyes?», podria dir la Stevie, en llenguatge de barri, esposa del prestigiós arquitecte Martin, quan olora un perfum especial com si entrés en una macrobotiga de Sephora. Però el dramaturg Edward Albee és més correcte i punyent a la vegada i li fa afirmar: «Estàs amb una altra dona!», que ve a ser el mateix però en llenguatge de parella estable, benestant i convencional. No és el mateix “portar banyes” que “estar amb una altra”. Esmento la fórmula de les banyes perquè quan l'arquitecte Martin, que pretén ser de la broma per salvar-se del compromís, li diu que està amb “la Sylvia” i que “la Sylvia” és una cabra, la seva dona, Stevie, li segueix la veta i s'ofereix fins i tot a anar a comprar un feix d'alfals, per superar la incredulitat de la resposta o per ignorar el do de la mentida del seu marit. L'obra que als EUA segurament va ser la que va causar més rebuig conservador de les que hi va estrenar Edward Albee (nom real: Edward Franklin Albee; Virgínia,


EUA, 1928 - Montauk, Nova York, EUA, 2016), autor també de «Qui té por de Virginia Woolf?», va arribar als escenaris catalans el 2005, tres anys després de la seva estrena internacional, de la mà —per no dir de les quatre mans— de Josep Maria Pou (traductor, actor, director, productor), de qui ara s'ha conservat la traducció. L'acompanyava de parella escènica una brillant Marta Angelat. Aquí, contràriament als EUA, tothom estava curat d'espants. Ara no sabria dir si n'està tant com quinze anys enrere. El Teatre Romea, el 2005, no es va ensorrar amb la història de la cabra i el muntatge va ser aplaudit i posteriorment premiat com es mereixia. La mirada que el director Iván Morales hi ha imprès en aquesta nova posada en escena a La Villarroel, per als que en tinguin el record de la primera versió, serà notablement diferent. La proximitat a dues bandes de la posició de l'escenari de La Villarroel — gairebé de sala mitjana amb només 200 localitats arran del 50%— canvia el punt de vista que al Romea era, obligatòriament, des de baix de la platea a la italiana. Com més proximitat, més possibilitat d'impacte. I l'escenografia, gèlida, ikeniana, col·loca a dreta i esquerra una mena de dues naus de l'espai, per on floten —i esmicolen gerros!— els dos protagonistes de l'obra, Martin i Stevie. La dissenyadora Raquel Bonillo s'ha encarregat de la famosa cabra. Albee no s'hi va posar per poc. Jordi Bosch i Emma Vilarasau formen un altra mena de tàndem interpretatiu del que formaven Josep Maria Pou i Marta Angelat. A Emma Vilarasau ja li va bé el nervi encès irrefrenable i a Jordi Bosch també ja li va bé entomar la pedregada sense acabar de perdre mai els estreps. Els dos, però, van de menys a més, en tensió en augment, seguint el fil conductor d'Edward Albee que porta els protagonistes a la desintegració moral de parella consolidada sota la metàfora de la zoofília que, en llenguatge teatral, tan a flor de pell, acaba sent més simbolista que realista. Acció paral·lela al tema central és el que l'autor atorga a l'amic periodista, Ross (interpretat pel sempre eficaç Jordi Martínez), autor de la carta traïdora —sí, una carta com en temps de ploma i paper!— que desvela el secret de l'arquitecte Martin, i la condició gai del fill del matrimoni —sí, amb reticències per part dels pares, com en temps ja superats!—, en Billy (incisiu també Roger Vilà), actor que combina la interpretació amb l'art de la pintura i que, per acabar de reblar el clau del desig inconfessable, protagonitza un petó amb Martin no especialment paternal. I és que «La cabra, o qui és Sylvia?» enganya constantment durant noranta minuts sota el mestratge d'Edward Albee. Arrenca amb una inicial pàtina d'humor i fa un gir inesperat cap a la tragèdia. Un gir que a molts espectadors, confiats en la broma, pot agafar per sorpresa. Per això, quan arriba, més val que els agafi confessats. Qui avisa no és traïdor, com Ross, el de la carta.


42 | Cultura

Dilluns, 18 de gener del 2021

|

La Villarroel

uinze anys després que Josep Maria Pou ens descobrís, i amb gran èxit, La cabra, o qui és Sylvia?, la peça del dramaturg nord-americà Edward Albee ha tornat a La Villarroel. És prou temps el que ha passat des de la seva estrena per justificar una nova versió d’aquesta peça desassossegant, incòmoda, i que posa sobre la taula un debat gairebé inacabable sobre els límits de la tolerància i la moral. No és poc que un arquitecte prestigiós (guanyador del premi Pritzker), amb una família assentada i progre, arribi un dia i reveli un secret dels inconfessables: s’ha enamorat d’una cabra, i no de manera bucòlica. No té fons possible el precipici que s’obre amb aquesta revelació. La versió de Pou és la que ha tornat a muntar Iván Morales en la direcció i amb Emma Vilarasau, Jordi Bosch, Jordi Martínez i Roger Vilà en l’elenc. Són la dona de l’arquitecte, el protagonista enamorat, el gran amic d’ell i el fill de la parella. A les seves mans tenen un text que funciona amb la precisió pròpia d’un quiròfan i que avança com una locomotora. La seva arrencada, pròpia d’una comèdia d’alta escola, és tota una trampa davant el que vindrà després, una bona tragèdia. Perquè aquest món feliç s’ensorra, s’autodestrueix (com fa Vilarasau amb tot el que l’envolta en l’escenografia una mica asèptica de Marc Salicrú) amb una revelació que esquitxa els quatre afectats. Amb una actriu del vol d’Emma Vilarasau queda clar que ella seria la reina de la funció. I així és amb una actuació imperial en la qual dibuixa cada gest del sotrac emocional de Stevie, la dona. Ella és sempre al centre del focus, una

Q CRÍTICA

JOSÉ CARLOS SORRIBES

Emma Vilarasau, imperial

‘La cabra, o qui és Sylvia’ La Villarroel

Emma Vilarasau i Jordi Bosch, matrimoni en escena.

cosa que la mateixa direcció de Morales fomenta. Bosch, mentrestant, també arriba a dalt de tot en les seves volcàniques escenes compartides amb la que també és la seva dona a la vida real. Elegir el matrimoni protagonista semblava cantat en aquesta ocasió, malgrat que estiguem acostumats a veure Bosch en un altre tipus de personatges. Martínez despatxa amb facilitat el paper de l’amic una mica sobradet, mentre Vilà encarna el fill eixelebrat, una cosa que potser accentua massa l’intèrpret sobretot amb la seva excessiva gestualitat corporal.

Aquesta notable nova versió de La cabra, o qui és Sylvia? carrega amb el dèficit d’un to que, sobretot a la primera part, arriba a provocar el somriure fàcil de l’espectador, i no es tracta d’això. En tot cas hauria de ser un somriure gelat. Perquè Albee ens porta a un carreró gens complaent i de sortida complicada. Deixa caure una bomba –a l’estil de ¿Qui te por de Virginia Woolf?, la seva peça més coneguda– que esfondra els fonaments, no tan ferms com podria pensar-se, d’entorns aburgesats. n

Escenari Joan Brossa

es estadístiques són estremidores: un de cada cinc menors ha patit abusos sexuals, la gran majoria perpetrats per homes a nenes dins de l’entorn familiar. Sobre aquest pertorbador espai –que falsament creiem marginal i aliè a la nostra realitat– gira la peça documental Serà el nostre secret, un altre destacable fruit del cicle de teatre verbatim de la Sala La Planeta de Girona que es pot veure en el barceloní Escenari Joan Brossa fins al 31 de gener. A la seva anterior obra de format similar, No m’oblideu mai, els intèrprets Marta Montiel i Elies Barberà, acompanyats per Llàtzer Garcia, van tractar l’estigma del suïcidi en adolescents. Després de constatar la relació entre aquest fenomen i els abusos infantils van decidir engegar una nova investigació, aquesta vegada amb la complicitat de la directora i dramaturga Daniela Feixas. Tornen a pujar a escena testimonis reals de víctimes recollits per la companyia. Converteixen les converses en text dramàtic que els actors reprodueixen fidelment, una polifonia de veus que va calant per la seva quotidianitat fins a formar una pesada pedra a l’estómac dels espectadors. Ja ens ho adverteixen a l’obra, no és fàcil enfrontar-se a la combinació de tabús que formen el triangle sexualitat, infància i família. Montiel i Barberà opten pel vessant més arriscat del teatre verbatim, imitar les gravacions de les entrevistes amb els accents i expressivitats dels seus protagonistes. Perfilant detalls amb minuciositat plantegen un joc de miralls entre testimoni i intèrpret que desencaixa l’apropiació fins a transformar-la en una

L

CRÍTICA

MANUEL PÉREZ I MUÑOZ

Notícia distribuïda per a l´Institut del Teatre

Testimonis contra el tabú

‘Serà el nostre secret’ Escenari Joan Brossa Direcció: Daniela Freixas

Testimonis reals, a ‘Serà el nostre secret’.

mena de simbiosi. Ajuda en aquest sentit l’elegant control de l’exposició de la direcció de Freixas, que fuig tot el possible del morbo i la moralina innecessària en un tema com aquest que genera una adhesió instantània. La confidència i la seva força se situen en el centre. A l’obrir les comportes dels seus pesats traumes,

els personatges basculen entre complexos sentiments, dissociacions i altres mecanismes que la ment construeix per defensar-se de l’inexplicable. Com ja passava en el Lliure amb l’adaptació del llibre Instrumental del músic i activista per la causa dels abusos James Rhodes, la col·lisió amb la matèria es produeix des de la intimitat. El descobriment s’enfronta a les barreres de silenci d’una societat incapaç d’acceptar la seva vergonya i que, en conseqüència, no posa els tallafocs adequats. El dispositiu se’ns presenta gairebé despullat, qualsevol complement escenogràfic de més podria resultar artificial i fer més evident la representació, trencant així el fràgil equilibri en el qual es mou tot el temps l’obra. Tot això augmenta l’espai compartit amb el públic, proximitat per moments asfixiant que només s’esbomba gràcies a la sensibilitat de les intervencions musicals d’Èric Serrano. Cada funció, a més, està acompanya d’un col·loqui posterior amb experts en la matèria, més dosi de realitat per apuntalar la catàrtica conscienciació a què s’arriba. n


30 ELPAÍS

Jueves 17 de diciembre de 2020

CULTURA EL HOMBRE QUE FUE JUEVES MARCOS ORDÓÑEZ

Adivina quién viene esta noche an pasado casi 20 años y La cabra sigue siendo una de las obras más inquietantes de Edward Albee. En su día, la abrazó José María Pou como productor, traductor, actormánager y director. Ahora la ha puesto en escena Iván Morales, hasta el 7 de febrero, en la Villarroel. El Albee de La cabra era tan otoñal como feroz. Todos parecen perfectos en esta obra, encajando en sus patrones. Pero es una extraña pesadilla que comienza como una comedia donde los protagonistas juegan en clave cínica y réplicas brillantes, como personajes de Nöel Coward (o Woody Allen), y al final parecen haber caído en manos de Pasolini. Un nido de aparente tolerancia liberal. Martin (Jordi Bosch) es un arquitecto triunfador (acaba de ganar el premio Pritzker), pero le tiembla todo el cuerpo. Al principio pensé que Bosch parecía, como siempre, demasiado buen tipo para el papel, pero quizás lo mejor sea su aire de inocencia, sus altibajos, su ir a por todas. No solo es sexo: jura estar enamorado. Stevie (Emma Vilarasau) es pura elegancia, belleza, humor. En el original, Stevie y Martin son una pareja casi millonaria, del Upper West Side, pero aquí parecen vivir en un inverosímil piso pintado de azul claro, y con jarros cuya única función parece ser hacerse trizas. Stevie es una furia. ¿Quién es el más salvaje de todos? Quizás lo que falte sea más visceralidad, pero no se sirve en cualquier parte. En la grabación irrumpe un extraño zumbido. Su amigo Ross (Jordi Martínez) parece estar bromeando: “Podrían ser las Euménides. No, ahora han parado”. “Entonces no son ellas: no paran nunca”, dice Martin, muy serio. Ross, periodista cultural y presunto amigo del alma de Martin, es vulgar y dispuesto a traicionar a quien se le cruce. Sobre todo cuando Ross siente una envidia feroz del éxito de su colega universitario. Cuando a Stevie le llega una carta ya no hay marcha atrás. ¿Quién desea que todo salte por los aires? Releyendo el texto veo que había olvidado el subtítulo: “Notas para una redefinición de la tragedia”. Otro buen título, también muy pasoliniano: “Los lados oscuros”. Billy (Roger Vilà), el hijo gay, rechaza al padre. Creo que ese papel necesita más trabajo, más inquietud. Pero hay un parentesco entre los dos actores. Martin parece querer ir a vivir a un mundo de animales de Disney pero en carne y hueso. En su día anoté: “No hay nada seguro en esta obra”. Mamet escribió: “¡La tragedia es purificadora porque nos enfrenta a nuestra verdadera naturaleza!”. Siempre hay en esta obra un pasaje en el que se te saltan las lágrimas. ¿A nadie se le ha ocurrido hacer un musical con La cabra filmada por Tim Burton?

H

Manuel Azaña (sentado a la izquierda en el sofá del centro), con Valle-Inclán, entre otros, hacia 1930 en la tertulia de la Cacharrería en el Ateneo de Madrid, en una fotografía incluida en la exposición. / ALFONSO (ARCHIVO GENERAL DE LA ADMINISTRACIÓN)

Azaña, forjador de la España de hoy

Notícia distribuïda per a l´Institut del Teatre

La Biblioteca Nacional reconstruye la compleja vida del escritor y político republicano JOSÉ ANDRÉS ROJO, Madrid La enorme figura de Manuel Azaña ha quedado reducida a unos cuantos tópicos y fue secuestrada durante años por la dictadura franquista. La exposición que hoy inaugurará el Rey en la Biblioteca Nacional procura rescatar la imponente y compleja personalidad de un hombre que resume los afanes de esa España que quiso abrirse durante la primera mitad del siglo XX al mundo y convertirse en un país moderno. Fotografías, papeles, libros, revistas, algunas filmaciones, objetos: cada rincón de la muestra está lleno de resonancias y permite descubrir las múltiples aristas de una época cargada de acontecimientos, de conquistas y de fracasos, de explosiones de júbilo y de heridas que todavía están por cerrar. Azaña está ahí cuando la Restauración da sus últimos coletazos, asiste apesadumbrado a la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, es ya un político que empuja para que llegue la República —de la que es su figura esencial: ministro, jefe de Gobierno, presidente—, le estalla la Guerra Civil, sale al exilio, muere tras escapar de los nazis en Montauban. Ocurrió hace 80 años, el 3 de noviembre de 1940. Oscuro funcionario, escritor sin lectores, político al que pintaban con colmillos por la dureza con la que argumentaba contra sus adversarios, la más perfecta encarnación del demonio: los estereotipos más variados han ido devorando a Azaña de la mano de sus enemigos y, al final, ha quedado reducido a una nota al margen de la historia cuando en realidad es la figura central que encarna los desafíos de un país que peleaba por salir de su retraso secular. “Intelectual y estadista” son las notas que han elegido los artífices de la exposición —Ángeles Egido León, comisaria, y Jesús Cañete Ochoa, comisario adjunto— para caracterizar la andadura del responsable de poner

Varias de las piezas que se exhiben en la muestra de la Biblioteca Nacional.

en marcha las reformas más audaces en las que se embarcó la recién llegada República. “Fue un intelectual comprometido que fue arrastrado a la política por ese mismo compromiso”, comenta Cañete. “No es fácil resumir una personalidad tan rica y compleja, pero acaso sirva decir que quiso traer la civilización a esa España que era todavía un páramo en aquellos tiempos”. Manuel Azaña nació en Alcalá de Henares en 1880, la exposición muestra algunos utensilios vinculados al cargo de alcalde de esa ciudad que ejerció su padre, así que el interés por lo público le vino de la infancia. Se formó con los agustinos en El Escorial, donde perdió la fe católica en la que lo había educado su familia, y terminó estudiando Derecho. Sus años de juventud fueron años de lectura, empezó a escribir, se llenó de las inquietudes de una sociedad en la que convivían literatos, artistas y pensadores de una importancia capital —los del 98; la generación del 14, en la que fue encuadrado; la del 27—, así que formó parte de esa atmósfera que dio lugar a la Edad de Plata de la cultura española. Estuvo becado en París, recorrió como corresponsal algunos escenarios de la I Guerra Mundial. En Madrid se comportó como un

torbellino dándole un enérgico impulso al Ateneo. Desde muy pronto colaboró en las publicaciones de su pueblo, luego tuvo un papel esencial en revistas como La Pluma. Los nombres que aparecen en la portada de uno de los ejemplares que se exhiben en la exposición marea: están muchos de los más grandes.

Una patria que rehacer Esa España vibrante, aún en sus limitaciones, y prácticamente desconocida por las nuevas generaciones es la que, a través de 200 piezas, levanta esta exposición que han organizado Acción Cultural Española (AC/E), la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y la propia Biblioteca Nacional. “No queremos ni podemos perder la esperanza en el porvenir”, dijo en una conferencia en 1911. “De ahí nuestro propósito (...) de persuadir a nuestros conciudadanos de que hay una patria que redimir y rehacer por la cultura, por la justicia y por la libertad”. Ese fue su proyecto y a él se aplicó con una entrega inaudita. Lo interrumpió la dictadura, se recuperó con la llegada de la democracia. No compartía el lamento de la generación del 98 por la suerte de España, ni ningún maximalismo, sabía que tocaba picar pie-

/ V. SAINZ

dra, y la picó. Así que entró de lleno en la política. Se acercó al Partido Reformista, se presentó a elecciones, más adelante fundó Acción Republicana en 1926 y después Izquierda Republicana, en 1934. En 1926, ganó el Nacional de Literatura con una obra sobre Juan Valera. Se casó en 1929 con María Dolores de Rivas Cherif, a la que sacaba 24 años. Paso a paso, la exposición revela la riqueza de su vida y sus hitos más grandiosos y los más amargos: República, guerra, exilio. La terrible derrota de un ambicioso programa de modernización. Para entender lo que Azaña significó en su tiempo, ahí están en una vitrina los tiques para acceder a dos de sus mítines. Las fotografías muestran las multitudes que acudían a escucharlo: como en un concierto de rock de los de ahora. Pero no sonaban las guitarras eléctricas. Solo la palabra. “En su identificación de palabra y acción radicaba su fuerza pero también su debilidad, pues la palabra que ilumina como un fogonazo una intrincada situación nunca modifica por sí sola la situación misma”, escribió Santos Juliá en su biografía de Azaña. Esta exposición ilustra ese matiz trágico que marcó a Azaña, que marcó a España.


Millions discover their favorite reads on issuu every month.

Give your content the digital home it deserves. Get it to any device in seconds.