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LA ORACIÓN COMPUESTA (III). EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, G.G.MÁRQUEZ. 1.

LA ORACIÓN COMPUESTA (III).

d.

Finales.

1.1. Proposiciones subordinadas adverbiales propias.

e.

Consecutivas.

f.

Comparativas.

a.

Locativas.

b.

Temporales.

c.

Modales.

3. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA.

1.2. Proposiciones subordinadas adverbiales impropias. a.

Causales.

b.

Concesivas.

c.

Condicionales.

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3.1.

Gabriel García Márquez y el «boom» de la novela hispanoamericana.

3.2.

Estructura y contenido narrativo en El

amor en los tiempos del cólera. 3.3.

Los personajes en El amor en los tiempos

del cólera. 3.4.

El amor y la muerte en El amor en los

tiempos del cólera.

1. LA ORACIÓN COMPUESTA (III). En esta unidad vamos a estudiar las oraciones compuestas por proposiciones subordinadas adverbiales. Para facilitar su estudio las hemos dividido en dos bloques: las adverbiales propias y las impropias. 1.1.

PROPOSICIONES SUBORDINADAS ADVERBIALES PROPIAS.

Las proposiciones subordinadas adverbiales propias son aquellas que funcionan igual que un adverbio y se pueden sustituir por una palabra de esta categoría gramatical. Tendrían la misma función sintáctica que un Complemento Circunstancial (CCL, CCT y CCM, respectivamente). a. Locativas. Responden a la pregunta “¿Dónde?” y se pueden sustituir por un adverbio de lugar, como por ejemplo: aquí, ahí, allí, etc.

Estuvimos donde nos indicaron  Estuvimos allí. b. Temporales. Responden a la pregunta “¿Cuándo?” y se pueden sustituir por un adverbio de tiempo, como por ejemplo: ahora, ya, después, entonces, etc.

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Conforme vayan llegando recibirán la documentación  Entonces recibirán la documentación

c. Modales. Responden a la pregunta “¿Cómo?” y se pueden sustituir por el adverbio de modo “así”.

Hemos actuado conforme acordamos en la reunión  Hemos actuado así 1.2.

PROPOSICIONES SUBORDINADAS ADVERVIALES IMPROPIAS. a.

Causales.

Expresan el motivo o razón por el que se produce un hecho. Responden a la pregunta “¿Por qué?”.

Me voy porque no te aguanto b.

Concesivas.

Expresan una objeción que no impide el cumplimiento de lo expuesto en la proposición principal.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda c.

Condicionales.

Expresan una condición necesaria para que se cumpla lo expuesto en la proposición principal. En estas oraciones a la proposición principal se le llama apódosis y a la subordinada protásis.

Si dices las verdades, pierdes las amistades d.

Finales.

Expresan el propósito con que se realiza la acción de la proposición principal. Contestarían a la pregunta “¿Para qué?”.

Busca un trabajo para que puedas independizarte.

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Consecutivas.

Expresan la consecuencia de la acción de la proposición principal.

Es tan tímido que no se atreve a hablar en público. f.

Comparativas.

Expresan el grado de intensidad (en términos de igualdad, inferioridad o superioridad) de una cualidad con respecto a otra. En estas oraciones es frecuente que, si el verbo de ambas proposiciones es el mismo, sólo aparezca en una de ellas.

Trabaja tanto como su novia (trabaja)

2. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. 2.1. GABRIEL GARCÍA HISPANOAMERICANA.

MÁRQUEZ

Y

EL

“BOOM”

DE

LA

NOVELA

A pesar de las dificultades que entraña el tratar de resumir en unas pocas páginas la historia de la narrativa hispanoamericana a lo largo del siglo XX, hemos de referirnos a la tradicional división que se viene estableciendo en los diversos manuales y estudios existentes. De este modo, podríamos hablar de la existencia de tres grandes etapas: • La narrativa de principios de siglos, hasta 1940. • La nueva novela, también conocida como el realismo mágico, entre 1940 y 1960. • El boom de las décadas de los sesenta y setenta. En un intento de rápida síntesis de la narrativa anterior al realismo mágico, hemos de decir que, durante las primeras décadas del siglo XX, predomina una literatura de marcado carácter realista, dentro de la cual se puede hablar de algunas variantes concretas, como pueden ser las siguientes: - La llamada novela de la tierra, en la que se concede un especial protagonismo a la pampa o a la selva. Tal es el caso de obras como Don Segundo Sombra (1926), del argentino Ricardo Güiraldes; Anaconda (1923), del uruguayo Horacio Quiroga o Doña Bárbara (1929), del venezolano Rómulo Gallegos. - La novela indigenista, que se da en los países andinos (Ecuador, Bolivia, Perú), en la que destaca el protagonismo de las distintas tribus indias.

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La renovación a partir de los años 40. El realismo mágico A partir de 1940 se empieza a observar en la narrativa hispanoamericana un cambio en las formas y técnicas narrativas vigentes hasta ese momento. Así, se puede hablar de un progresivo abandono de la literatura realista de corte tradicional y de la pervivencia en muchos escritores de elementos vanguardistas surgidos durante los años veinte. La renovación de la novela que se lleva a cabo en estos años procede de una doble vertiente. Por un lado, la incorporación de temas e historias fantásticas y, por otro, la influencia de la novelística europea y norteamericana. No obstante, lo auténticamente original de esta etapa es el llamado realismo mágico o la “realidad maravillosa”, como la denominó el escritor cubano Alejo Carpentier, con ocasión de la publicación de su novela El reino de este mundo (1949). Ese tipo de realismo incorpora todos los elementos míticos propios de las diferentes culturas hispanoamericanas e incluso latinoamericanas (si incluimos a países como Brasil, Jamaica y Haití). Además, se incluye todo aquello que tenga relación con lo misterioso, lo maravilloso, lo que no puede ser comprendido por la razón. Entre 1940 y 1960 va apareciendo una serie de escritores que irán dando lustre a la literatura hispanoamericana, como es el caso, entre otros, de Miguel Ángel Asturias (El señor presidente), Alejo Carpentier (Los pasos perdidos, El reino de este mundo), Jorge Luis Borges (Ficciones), Ernesto Sábato (El túnel), Juan Carlos Onetti (La vida breve) o Juan Rulfo (Pedro Páramo).

El boom de la narrativa hispanoamericana Durante las décadas de los años sesenta y los setenta, la literatura hispanoamericana experimentó un periodo de enorme auge que vino a conocerse con el nombre del boom de la narrativa hispanoamericana. Un hecho que se explica por dos factores de carácter extraliterario: por un lado, la promoción editorial que se llevó a cabo desde países como España, Argentina y México; y, por otro, la influencia de la revolución cubana, a partir de 1959, dado que desde Cuba se invitó a numerosos escritores a visitar la isla y se promocionó la difusión literaria de muchos jóvenes escritores, entre ellos algunos tan conocidos como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, que son considerados como los principales escritores de dicho boom novelístico. A ellos se podría añadir algunos otros nombres como, por ejemplo, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato o Juan Carlos Onetti. Gracias a estos y a otros muchos escritores, Hispanoamérica se convirtió en una auténtica potencia literaria. Por otra parte, la posterior implantación de dictaduras militares en numerosos países hispanoamericanos hizo que muchos de estos escritores se vieran obligados a exiliarse a Europa, lo que contribuyó tanto al mejor conocimiento de sus personas y obras como a la revalorización del componente social y político de muchas de ellas, en las que era

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perceptible una crítica contra las dictaduras americanas, que vino como anillo al dedo a todos los que en países como España se enfrentaban contra las dictaduras instaladas en el poder. Por consiguiente, al boom contribuyó enormemente la internacionalización de escritores y obras, sobre todo a raíz de que algunas editoriales españolas publicaran muchas de estas obras y de que se creara el premio de novela Biblioteca Breve, promovido por la editorial española Seix Barral. Así, en 1963, dicha editorial concede el premio al escritor Mario Vargas Llosa por su novela La ciudad y los perros, y, en años posteriores a otros escritores como Carlos Fuentes o Guillermo Cabrera Infante. Además, en 1963 se publica una novela que representa una verdadera renovación de las técnicas narrativas hasta entonces empleadas por los escritores hispanoamericanos. Nos referimos a Rayuela, de Julio Cortázar. Y en el año 1967 se concede el Premio Nobel de Literatura al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) y se publica Cien años de soledad, de García Márquez, que rápidamente se convirtió en un auténtico best-seller mundial. Posteriormente, otra importante editorial española, Plaza-Janés, publicó algunas obras que obtuvieron un importantísimo éxito de ventas, como fue el caso de El otoño del patriarca, de García Márquez. Así pues, podemos afirmar que el boom de la narrativa hispanoamericana no puede entenderse si lo separamos del importante apoyo editorial llevado a cabo en varios países, entre ellos España. Ello permitió el interés de un numeroso y sorprendido público lector, atraído por las novedades que aportaban los novelistas hispanoamericanos y por unas técnicas nuevas que, en síntesis, podríamos resumir en las siguientes: • Mezcla de elementos reales y fantásticos (lo que se conoce como el realismo mágico). • Mezcla de elementos procedentes de las vanguardias europeas y de la literatura criolla americana. En este sentido, el magisterio del escritor argentino Jorge Luis Borges es absolutamente irrefutable. • Aparición de nuevos temas, entre ellos los relacionados con la temática social, con la naturaleza, con los elementos míticos, con lo misterioso y lo sobrenatural. • Ruptura de la narración lineal, cronológica, y aparición de técnicas como la retrospección narrativa, también conocida como analepsis y como flash-back, y la anticipación narrativa, también llamada prolepsis o flash-forward. • Presencia de la aparición de varios narradores y de la técnica del perspectivismo (distintos puntos de vista sobre unos mismos hechos). • Utilización del monólogo interior, también llamado fluir de la conciencia. • Ampliación y enriquecimiento léxico, que, en algunos casos, llega a convertirse en un auténtico barroquismo literario. Algunos representantes del boom y sus obras más representativas: • Mario Vargas Llosa (Perú): La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1965),

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Conversación en la Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973). • Carlos Fuentes (México): La muerte de Artemio Cruz (1962). • Julio Cortázar (Argentina): Rayuela (1963). • Ernesto Sábato (Argentina): Sobre héroes y tumbas (1961). • Manuel Mújica Laínez (Argentina): Bomarzo (1962). • José Donoso (Chile): El obsceno pájaro de la noche (1970). • Alejo Carpentier (Cuba): El siglo de las luces (1962). • Guillermo Cabrera Infante (Cuba): Tres tristes tigres (1967). • Juan Carlos Onetti (Uruguay): El astillero (1961), Juntacadáveres (1965). • Augusto Roa Bastos (Paraguay): Hijo de hombre (1960). Finalmente, podemos concluir que el final del boom de la narrativa hispanoamericana fue muy evidente a partir de los años ochenta, y desde entonces podemos hablar de escritores que triunfan de una forma más aislada.

Gabriel García Márquez y su aportación a la narrativa hispanoamericana Es innegable que, por encima de cualquier otro, uno de los escritores de mayor resonancia del boom, junto con el recientemente Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, es Gabriel García Márquez. Hijo de un radiotelegrafista, nació en Aracataca (Colombia). Su abuela materna lo inició en la cultura oral colombiana (leyendas, folklore, regionalismos lingüísticos…). En 1940 se traslada a Bogotá a estudiar Derecho, pero pronto empezó a publicar narraciones en prensa y se sintió atraído por el periodismo. Así, en el diario “El espectador” publicaría reportajes, críticas de cine, cuentos, etc. Es un autor muy discutido políticamente por amplios sectores de la sociedad, ya que desde los años 90 mantiene una amistad inquebrantable con Fidel Castro y también con el ex presidente español Felipe González. Ha residido en Barcelona. En 1975 trasladó su residencia a México, al ser expulsado de Bogotá. En 1982 recibió el Nobel de Literatura. Aunque comenzó a escribir a los 20 años, la obra que lo lanzó al éxito mundial la escribió cuando contaba con 40 años (1967). Se trata de Cien años de soledad, una novela a la que Vargas Llosa calificó como el Amadís de Gaula de América. Además, el escritor peruano ha llegado a afirmar que Cien años de soledad ha tenido tanta repercusión en las letras hispanoamericanas como en su día la tuvo el Quijote. Cien años de soledad es una obra mítica que, como suele ocurrir en tantas otras, nos cuenta la fundación de una ciudad (Macondo), un jardín del Edén que se acabará convirtiendo en un infierno. En ese proceso de degradación que sufre la ciudad se ha visto la ruina del virginal mundo americano, todo ello rodeado por un ambiente mágico que paradójicamente consigue potenciar el realismo de la obra. Esta novela es considerada, por tanto, una de las mejores muestras del realismo mágico.

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Anteriormente, había publicado La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1962), Los funerales de Mamá Grande (1962) y La mala hora (1963), que forman lo que podemos calificar como su narrativa breve. A estas obras les seguirán otras muchas, más allá del boom, entre las que podemos destacar: El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), que es una de sus novelas más hermosas, y que analizaremos detenidamente desde distintas perspectivas, El general en su laberinto (1989), Doce cuentos peregrinos (1992), Del amor y otros demonios (1994), Noticia de un secuestro (1996), reportaje novelado sobre en narcoterrorismo colombiano, la autobiografía Vivir para contarla (2002) y Memoria de mis putas tristes (2004) Entre otras distinciones, en 1981, el gobierno francés le concedió la condecoración de la “Legión de Honor” en el grado de Gran Comendador, y finalmente, en 1982, le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura y fue formalmente invitado por el gobierno colombiano a regresar a su país. 2.2.

ESTRUCTURA Y CONTENIDO NARRATIVO EN EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL

CÓLERA. El amor en los tiempos del cólera, novela del premio Nóbel colombiano Gabriel García Márquez, se estructura en seis capítulos que no poseen numeración ni título. El primero y el último de estos narran el final de la historia entre los tres personajes principales, que ya son ancianos, mientras que los cuatro capítulos centrales son una interrupción – analepsis o salto temporal hacia atrás, en los que se cuenta la historia de amor juvenil de Florentino Ariza por Fermina Daza, que termina rechazándolo, y la larguísima espera de 51 años 9 meses y 4 días de Florentino Ariza, mientras Fermina Daza se casa con el doctor Juvenal Urbino y forma una familia. En los capítulos primero y último se narra desde la muerte de Jeremiah de Saint Amour, la posterior de Juvenal Urbino, el velorio de éste, la reiteración de la promesa de amor de Florentino Ariza a Fermina Daza (primer capítulo) y los dos años de cortejo de Florentino Ariza a Fermina Daza, ya ancianos, con el desenlace “inevitable” del viaje del amor que estos dos protagonistas realizan en el barco “Nueva Fidelidad” y que constituye la sublimación de su amor (último capítulo).

Se produce, pues, una ruptura de la línea argumental entre los capítulos (capítulos del II al V son una analepsis) y en el interior de los propios capítulos, en los que hay analepsis y prolepsis (saltos hacia el futuro).

Asimismo, las historias de los protagonistas y de los personajes secundarios se entrelazan continuamente, a pesar de lo cual, se puede apreciar una estructura interna, puesto que la

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novela está organizada en torno a los tres tipos de amor que se dan entre los personajes que resultarán decisivos: 1) el amor loco, juvenil y romántico del joven Florentino Ariza por Fermina Daza, que es interrumpido por el “viaje del olvido” que Lorenzo Daza obliga a realizar a su hija; 2) el amor matrimonial entre Fermina y el doctor Juvenal Urbino, que se inicia tras haberse casado sin amor durante el viaje de novios a Europa (Fermina Daza queda embarazada siempre en los viajes); 3) el amor final, “el amor eterno”, de senectud, entre Florentino Ariza y Fermina Daza, que se consuma en el “viaje del amor” a bordo del buque “Nueva Fidelidad”. Por ello observamos tres amores con tres viajes que se oponen entre sí, confiriéndole cohesión al relato.

De la misma manera, nos encontramos con motivos que se repiten a lo largo de toda la novela y que insisten en esa cohesión, tales como: el tema Eros y Thánatos (amor y muerte), que podemos ver en la presencia del mundo de las viudas (doña Blanca, la viuda de Nazaret y demás amantes viudas de Florentino Ariza, la viuda Fermina Daza, la trágica historia de Olimpia Zuleta, el suicidio de América Vicuña…); o las continuas referencias sensoriales (los olores conforman un universo en la novela). También puede señalarse el carácter cíclico, cerrado, de la novela, ya que ésta se abre con el suicidio de Jeremiah de Saint Amour por gerontofobia (“Era inevitable”…) y se cierra con la sublimación del amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza, pero también con el suicidio por amor de América Vicuña, en el que las primeras palabras de la novela resuenan en el lector.

Todo ello está relatado por un narrador principal que asume distintos puntos de vista o perspectivas, ya que, si aparentemente parece un narrador omnisciente, clásico, en tercera persona, va a presentarse en diversos momentos como un narrador-testigo de los hechos, dentro de la historia, utilizando para ello la primera persona del plural (Gracias a él, Jeremiah de Saint Amour pudo ser lo que fue entre nosotros) con lo que aportará una mayor verosimilitud a los hechos, pues parece como si fuera un testimonio colectivo de toda la ciudad. Por lo tanto, no existe una visión unilateral de la trama, sino plural, permitiendo varios ángulos de focalización. Ello supone que el lector debe ser activo para poder encontrar las conexiones del tejido narrativo e interpretar los hechos.

Este uso de la primera persona del plural por parte del narrador es un juego cervantino, según Vicente Cervera, según el cual, el autor se incluye en la narración, siendo el ejemplo máximo el momento en el que, en el capítulo VI, el narrador habla de la aldea donde nació Mercedes, que no es otra que la propia mujer de Gabriel García Márquez.

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Por otro lado, la omnisciencia del narrador es selectiva, puesto que este narrador no asume exclusivamente su punto de vista, sino que narra desde los puntos de vista alternativos de Florentino Ariza y de Fermina Daza. Incluso en el capítulo I vemos como el narrador toma como foco al personaje del doctor Juvenal Urbino también. Este cambio continuo de punto de vista influye en el ritmo de la novela.

Como conclusión sobre el narrador, podemos decir que se trata de un narrador complejo, pues está a la vez fuera del relato (omnisciente, en tercera persona) y dentro (primera persona del plural) y adopta distintos puntos de vista.

En cuanto al tiempo en la novela, podemos asegurar como ya hemos visto, que no se corresponden el tiempo de la historia con el tiempo del relato, sino que hay constantes analepsis y prolepsis, además de la utilización de síntesis, pausas descriptivas (las descripciones de los barrios de la ciudad, de las casas burguesas, etc.) y, sobre todo, elipsis (no se nos cuenta nada de toda una fase en el matrimonio del doctor Juvenal Urbino y Fermina Daza).

Por otro lado, no hay referencias explícitas al tiempo en la novela, sino que éste se presenta a través de datos vividos por los protagonistas (publicaciones de libros, estrenos de películas, acontecimientos históricos, etc.) El tiempo es, por tanto, inherente a los personajes protagonistas, más psíquico que cronológico. Así, por ejemplo, Florentino Ariza deja de visitar a una de sus amantes debido a la novedad, a partir del nuevo siglo, del tranvía de mulas, lo que le facilita la conquista de otras mujeres. En este ejemplo podemos observar la importancia que tiene en la novela la referencia a las innovaciones del mundo moderno, a la música, a la literatura, a la medicina (aparece citado el padre de Marcel Proust, que era médico)… que tienen dos funciones, por un lado, anclar la novela cronológicamente sin necesidad de referencias temporales directas y, por otro, darle mayor verosimilitud al relato.

Aunque es cierto que la estructura lineal cronológica de la novela está rota, sí que se observa una secuenciación lógica de los acontecimientos: la novela se inicia en un día de Pentecostés con la muerte de Jeremiah de Saint Amour, sigue con la muerte del doctor Juvenal Urbino, los primeros días de viudez de Fermina Daza y la reiteración de amor de Florentino Ariza. A partir de este punto, en los siguientes capítulos, se produce una analepsis que nos transporta más de medio siglo antes y que informa al lector de todos los acontecimientos que han conducido a esa situación (el enamoramiento juvenil de Florentino Ariza por Fermina Daza,

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el rechazo de ésta, la boda con el doctor Juvenal Urbino, la espera de Florentino…), y ya en el último capítulo se retoma la historia en el punto en el que se quedó en el primer capítulo y desarrolla el desenlace de la historia de amor. En total transcurren entre 53 y 54 años desde que Florentino Ariza y Fermina Daza se conocen hasta su viaje en el “Nueva Fidelidad” (51 años 9 meses y 4 días de espera, 2 años de cortejo, y el tiempo en el barco).

En lo relativo al espacio, aunque la ciudad en la que transcurren los hechos no es nombrada, por los datos que la novela nos ofrece (a través de los viajes por el río Magdalena y las incursiones al interior de la provincia, las alusiones a la ciudad colonial…) es posible reconocer la ciudad de Barranquilla, en la que Gabriel García Márquez pasó gran parte de su infancia. Aunque se trata de Barranquilla, la ciudad representa las características culturales e históricas de Hispanoamérica.

En el espacio destaca la importancia del río Magdalena, puesto que aparece de manera reiterada el motivo del viaje en la novela (viaje del olvido, viaje medicinal, viaje de regreso del doctor Juvenal Urbino, viaje de novios, viaje del amor). Asimismo, se produce una oposición entre la ciudad y el interior, lo urbano y lo rural, que podemos comprobar en el viaje que realizan Lorenzo Daza y su hija Fermina Daza. En él observamos un interior más rural, más atrasado culturalmente y con conflictos armados entre diferentes bandos políticos.

Esta oposición en mayores dimensiones es la que se encuentra entre viejo continente (Europa) vs nuevo continente (América), que podrían representar respectivamente los personajes del doctor Juvenal Urbino y de Florentino Ariza. Europa representa lo nuevo, las últimas tendencias, los avances en la ciencia y en la tecnología, mientras que Hispanoamérica representa el mundo arcaico de las supersticiones. Todo ello puede verse a través del personaje de Juvenal Urbino y el choque entre la medicina que ha aprendido en París y la que se practica en el Hospital de su ciudad natal (cañonazos de pólvora para combatir el cólera).

Otra oposición se produce entre los espacios del barrio colonial (mundo de los burgueses) y el barrio de los esclavos (mundo de la clase baja). Otra vez se oponen dos personajes que representan respectivamente ambos barrios: el doctor Juvenal Urbino y Florentino Ariza. El barrio colonial (ambientes de la casa de Lorenzo Daza, del doctor Juvenal Urbino, de los actos sociales y cívicos) representa un mundo en decadencia, influido por Europa, pero que se va desmoronando lentamente. El barrio de los esclavos aparece representado en los

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ambientes de la casa de Tránsito Ariza, el prostíbulo, los alrededores del puerto, las casas de las amantes de Florentino Ariza, etc.

Todos estos ambientes están perfectamente trazados destacándose para ello las abundantes sinestesias que permiten recrear un auténtico universo. Los colores, pero sobre todo, los olores y las músicas son una constante en toda la novela.

2.3.

LOS PERSONAJES EN EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA.

Esta novela logra plasmar con efectividad la dimensión humana de sus personajes. Tal vez este aspecto sea el más logrado de la obra en la medida en que en otras narraciones de Gabriel García Márquez, como Cien años de soledad, el plano mítico o los sucesos de riqueza imaginativa eclipsaban los demás aspectos narratológicos. En cambio, la sorpresa se crea en El Amor en los tiempos del cólera gracias al acierto con que se elabora una pareja como la de los Urbino, quienes, dentro de un marco totalmente tradicional, comparten la vida de todos los días, los sucesos ordinarios. La pasión y la tensión de fuerzas al iniciarse su matrimonio sigue su curso hacia la relación casi filial de la vejez, cuando Fermina toma el timón de la vida del marido, lo viste, completa sus frases y le limpia la solapa sobre la que el temblor de la edad vierte la sopa. Igualmente terrena es la relación otoñal de Fermina y Florentino cuando superada la ansiedad juvenil, y en medio del olor a vejez y a río, navegan en un amor reposado, libre ella del matrimonio que la había convertido en “una sirvienta de lujo”. Estos son los tres personajes principales sobre los que gira la trama, aunque es tan obvio el gran cariño que el narrador muestra por Florentino Ariza que la novela se convierte desde el principio en su propia historia, ya que el libro arranca el mismo día de la muerte de Juvenal, que es a su vez el momento esperado por Florentino durante 50 años; y, además, el lector se siente profundamente conmovido por este pertinaz guerrero del amor en lucha constante contra la muerte. Aunque lo vemos ejerciendo de conquistador y refugiándose en sus numerosas amantes para aliviar su enfermedad de amor por Fermina, el lector es avisado de que esos innumerables romances son gracias no tanto a sus atributos masculinos tradicionales como a su obvia y afligida necesidad de ser amado. Su trampa consiste casi siempre en despertar compasión. Las mujeres lo saben muy bien: “Él es desagradable y triste” dice la prima de Fermina, Hildebranda, “pero es todo amor”. No obstante, Florentino arrastra un increíble potencial para provocar desastres, de los cuales sale a salvo, vacunado contra las consecuencias por lo que parece una peligrosa indiferencia hacia todo lo que no esté relacionado con su objetivo amoroso. Desde el punto de vista sociológico, sin duda, se el personaje de Florentino se delinea con unos valores opuestos a Juvenal Urbino: observamos una lucha indirecta entre una burguesía

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naciente moderna y cosmopolita, representada por Juvenal, y el personaje romántico de raigambre popular colombiana, Florentino Ariza. Ambos, enfundados en valores antagónicos, marcan distintas perspectivas vitales, pero es realmente en la consideración del amor donde se enfatiza esa diferencia. El romántico Florentino Ariza convierte el hecho de amar en un acto religioso (considera a la amada como una diosa coronada), mientras que Juvenal Urbino se ubica en las antípodas de ese espíritu romántico. Los dos construyen una de las problemáticas más fuertes de la novela: mientras que en Juvenal existe una plena fe en la razón, en Florentino la inclinación por actuar bajo el influjo del sentimiento dirige sus formas de comportamiento; si Juvenal necesita de la intermediación de los principios de la iglesia, Florentino halla su relación con la divinidad en el ejercicio de un amor desbordado; mientras el primero asume una forma de vivir sin mayores contratiempos pasionales, al segundo no le importan las formas de comportamiento extremas. No obstante, podemos observar la cara positiva y negativa de ambos personajes y el debate finalmente no se dirime por una de ellas claramente. Fermina Daza es la conexión entre estos dos mundos. Hasta que no llegamos al capítulo final, donde recibe mucha más atención por parte del narrador, nos encontramos con una mujer obstinada, orgullosa, altiva. Recordemos su disputa con Juvenal por el jabón, o las disculpas que debe ofrecer al doctor obligada por su padre. También es cierto que existen momentos en los que esa altivez se debilita. Aceptar al doctor Urbino como esposo es “capitular en la guerra personal contra su padre”, e implica resignarse a las reglas del futuro que su progenitor ha construido para ella y, consecuentemente, sacrificar el orgullo con el que siempre ha pretendido actuar. Si sus dudas se disipan es porque existe la conciencia de que la relación con el doctor le permitirá ascender socialmente, aunque esto no le impida continuar luchando toda su vida por preservar su libertad frente a las fuerzas que quieren constreñirla. Siempre mantiene un asomo de rebeldía: ante la autoridad religiosa (es expulsada del colegio), ante la autoridad paterna, y, por último, ante los usos y costumbres sociales a los que no se quiere someter. Por otro lado, está caracterizada como una mujer insegura, incapaz de soportar el sentimiento de culpa (necesita dejar siempre establecida su inocencia ante cualquier incidente). Es, además, impulsiva cuando decide romper con Florentino Ariza y cuando acepta al doctor Urbino sin amarlo. Y siempre interpone una barrera de rabia para que no se le note el miedo (cuando el marido le dice que cree que va a morirse, ella le contesta que sería lo mejor para los dos). De hecho, como ocurre con otras obras de García Márquez, son las mujeres de esta historia más fuertes y más ajustadas a la realidad que los hombres. Cuando Florentino se vuelve loco de amor desarrollando los síntomas del cólera es su madre, Tránsito Ariza quien lo ayuda, como así lo ayudarán todo el universo femenino desplegado en torno a sus amantes y amigas: Leona Casiani, Rosalía, la viuda de Nazaret, Ausencia Santander, Sara Noriega, Olimpia Zuleta, América Vicuña; todas ellas aportarán a la historia distintas formas de enfrentarse al amor, al sexo (en especial, las viudas son símbolos de la mujer liberada sexualmente, en el sentido de son utilizadas para subrayar que la muerte de un esposo no

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debe significar el fin de su vida como mujer con deseos sexuales) y en ocasiones a la muerte. Probablemente sin estos personajes secundarios la historia hubiera podido ser leída como una simple historia de amor. Todas forman parte del mapa vital de Florentino: “No solo fue

el recuerdo de ella el que lo acompañó aquellas noche en la fiesta que le ofreció Leona Cassiani. Lo acompañó el recuerdo de todas…” (capítulo V) En definitiva, los personajes principales están caracterizados con gran riqueza psicológica, no non personajes planos, sino complejos, que evolucionan en el transcurso de la narración. Al mismo tiempo, conforman un pseudo-triángulo pasional que sostiene toda la estructura de la obra, la cual contiene un enorme caudal de reflexiones sobre la experiencia afectiva, existencial y social de los personajes. 2.4.

EL AMOR Y LA MUERTE EN EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA.

En la novela de Gabriel García Márquez se produce una fusión de los motivos del amor y de la muerte, que van a confluir en múltiples momentos a lo largo de la obra. En el propio título, El amor en los tiempos del cólera, ya quedan enlazados los dos motivos, el del amor, y el de la muerte (el cólera). El autor ya nos informa en el título que ha escrito una novela cuyo tema central es el amor, pero que se va a desarrollar siempre unido a la muerte. Asimismo, la novela se inicia con un suicidio, el de Jeremiah de Saint-Amour, cuyo apellido es significativo, pues su traducción es el “santo amor”, por lo que el primer episodio de la novela es el “suicidio del santo amor”; otra vez amor y muerte. Pero no sólo la novela se abre con un suicidio, sino que casi se cierra con otro, el de América Vicuña, esa casi niña, adolescente, cuya edad y motivo del suicidio se oponen a los de Jeremiah de Saint-Amour. América Vicuña se suicida por amor, puesto que Florentino Ariza se ha marchado con Fermina Daza, por lo que nos encontramos con una muerte a causa del amor. Respecto a estos dos suicidios que dan circularidad al relato, debemos recordar ese primer párrafo tan especial para la comprensión de la novela: “Era inevitable”; cuando el lector lee esta sentencia por primera vez tiene la impresión de que ese adjetivo “inevitable” califica a la muerte (lo único que es inevitable), pero, como suele suceder en las obras de García Márquez, cuando lee la obra completa, se da cuenta de que lo auténticamente “inevitable” es el amor de Florentino Ariza y Fermina Daza y su unión final. De la misma manera, cuando Jeremiah de Saint-Amour se suicida nos encontramos con el doctor Juvenal Urbino y sus pensamientos: “el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”, lo cual nos habla de un ambiente en el que se desarrolla la novela en el que amor-muerte estaban unidos frecuentemente, ya que el suicidio por amor había llegado a generar hasta un recuerdo olfativo en el doctor. Esta cita que aparece al inicio de la novela, al llegar al final, se aplica “inevitablemente” a la niña América Vicuña, aunque ésta no se suicida con “cianuro”.

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El amor y la muerte están entrelazados de una manera tan sólida en la obra que se producen cadenas de acontecimientos como las siguientes. Es gracias a la muerte del doctor Juvenal Urbino, que tanto había anhelado Florentino Ariza durante más de medio siglo, que éste y Fermina Daza pueden tener una historia de amor, por lo que, la muerte causa el amor, pero, al mismo tiempo, este amor entre los dos ancianos es el motivo del suicidio de América Vicuña, por lo que la muerte es causa de un amor que es motivo de muerte. Tan parecidos son el amor y la muerte que sus efectos se llegan a confundir y, cuando Florentino Ariza acaba de enamorarse de Fermina Daza, los síntomas de su amor coinciden con los del cólera. Uno de los episodios que también une de manera explícita el amor y la muerte es la historia de Olimpia Zuleta, la desdichada palomera amante de Florentino Ariza. Esta mujer, a la que Florentino pinta un pene en su vientre durante un encuentro amatorio, es asesinada por su marido, loco de celos, al encontrar el dibujo que la pobre no había recordado borrar. Dentro del motivo de la muerte no podemos olvidar lo que podríamos denominar en la obra “el universo de las viudas”, ya que la enorme presencia de viudas conforma un auténtico motivo en la obra. La más importante de todas, por supuesto, es Fermina Daza, cuya viudez, como ya hemos comentado, es condición sine qua non para el amor entre ésta y Florentino Ariza. Pero, además de ella, aparecen otras muchas viudas, como la madre del doctor Juvenal Urbino, doña Blanca, personaje que encarna la trasnochada moralidad burguesa y que se opone al personaje de la viuda de Nazaret, personaje que abre el largo catálogo de las viudas-amantes de Florentino. La viuda de Nazaret es una mujer muy sexual y que comparte esta sexualidad de una manera generosa con los hombres con los que se cruza, siendo el primero Florentino, al cual le da las gracias porque “su amor la volvió puta”. Tras esta viuda van a aparecer o se van a mencionar muchas viudas que fueron amantes del protagonista. En cuanto a las muertes que se producen en la obra, nos encontramos con todo un muestrario de éstas: el suicidio por gerontofobia de Jeremiah de Saint Amour, la muerte accidental y bastante ridícula del doctor Juvenal Urbino, el heroico sacrificio del doctor Marco Aurelio Urbino luchando contra el cólera (introduce este motivo thanático), la tragedia de Olimpia Zuleta, y el suicidio por amor de la niña América Vicuña. Cada una de ellas tiene un simbolismo distinto, pero todas conforman el ambiente de muerte de la novela, al que se unen las continuas epidemias de cólera que se producen en las distintas regiones y las muertes causadas por las luchas entre las dos facciones del poder y que podemos comprobar durante el viaje al interior que realizan Lorenzo Daza y Fermina Daza. En lo que se refiere al amor, no podemos olvidar que nos encontramos en una novela “de amor” en el sentido más estricto de la palabra, ya que éste no forma parte de la obra, sino que es el tema central alrededor del cual gira todo, lo que pone la novela en relación con

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subgéneros como la “novela rosa o romántica”, el “culebrón”, o de la literatura decimonónica, como la “novela folletinesca”. Este amor, núcleo central de la novela, se presenta en ésta de diversas maneras:

a. Como amor-pasión, el amor idealizado, cuyo precedente más remoto es el amor cortés medieval, pero que se relacionado con el concepto del amor romántico. Es incompatible con el matrimonio (lo ha sido siempre en la historia de la literatura) y se caracterizad por la pasión, la locura de amor, el servicio y la ausencia o no correspondencia de la persona amada. Es un amor marcado por la fatalidad. En la obra este amor está representado por Florentino Ariza, que es un “loco de amor”, cuyo discurso amoroso es un discurso literario, tomado de obras. b. El amor-tedio es el amor dentro del matrimonio entre Fermina Daza y el doctor Juvenal Urbino, al que el narrador llega a llamar “amor domesticado”, ya que en él no hay pasión ni tensión amorosa. Se caracteriza por el tedio, la frustración o la incomprensión (sobre todo para Fermina). Produce encuentros y desencuentros provocados generalmente por la pasividad del doctor, quien pone pegas a la manera en la que Fermina lleva las riendas de la casa. Este amor no está originado por el enamoramiento; tanto es así que el doctor Juvenal Urbino afirma que ya tendrían tiempo “para inventar un buen amor”. Fermina, de una manera similar, sin amor, acepta la proposición del doctor por la presión de los que la rodean y por el miedo a quedarse solterona. A pesar de todo lo dicho, al final de la novela, a pesar del rencor, ambos cónyuges muestran una relación de dependencia (no pueden vivir el uno sin el otro), sobre todo del doctor Juvenal Urbino hacia Fermina Daza, puesto que parece un niño que no sabe ni vestirse ni lavarse… c. El amor-amistad es el que se produce entre Florentino Ariza y Fermina Daza ya ancianos, siendo ella viuda y el solterón. Este amor tiene que luchar contra la sociedad que prohíbe el amor entre ancianos, lo que se ve personificado en Ofelia, hija de Fermina Daza, quien alzándose contra la relación de su madre provoca la liberación de ésta y precipita su decisión de viajar con Florentino Ariza. Este amor, por otro lado, es una manera de combatir la soledad y funciona como un desahogo existencial ante la próxima muerte. La conquista de Fermina Daza es realizada otra vez por Florentino Ariza mediante cartas, pero, esta vez, a diferencia de su juventud, son cartas sin tópicos literarios, sino con reflexiones sobre la vejez y el paso del tiempo que ayudan a Fermina a sobrellevar su viudez. Finalmente este amor se culmina durante el “viaje eterno” en barco por el río, que actúa de símbolo del paso de la vida y la muerte y del constante cambio, mediante el cual el tiempo se detiene, se eterniza como un en un cuadro o en un poema, porque se trata de un amor que podría compararse al del celebérrimo poema de Quevedo “constante más allá de la muerte”.

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d. El amor de tipo donjuanesco es el que lleva a cabo Florentino Ariza con sus numerosas amantes. Estas relaciones no son siempre sexuales, como podemos ver en el caso de Leona Cassiani, y sirven para que el lector pueda contemplar y entender el amor de Florentino Ariza como un sentimiento complejo, ya que, si bien éste tiene muchísimas amantes (unas seiscientas veinte) durante toda su vida, él no siente que le sea infiel a Fermina, al igual que el lector que no siente esas relaciones como infidelidades. Como conclusión podemos afirmar que el amor triunfa sobre la muerte al final de la novela, a pesar del tiempo, de la sociedad, del cólera, de la guerra civil, de la enfermedad, de la vejez… porque lo “inevitable” no era la muerte, como parecía en un principio, sino el amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza. Al final de la novela la muerte acude para ayudar al amor y la bandera amarilla que simboliza el cólera en un barco permite que los protagonistas amantes realicen un viaje eterno por el río.

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UNIDAD 6  

Apuntes tema 6

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