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Hoja parroquial Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.

N.º 29 • Domingo XVI Ordinario, Ciclo A • 17 de Julio de 2011

Fundado el 4 de junio de 1930. Registro postal IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes INDA-04-2007-103013575500-106

El Trigo y la Cizaña E ste domingo, la Palabra de Dios nos urge a reflexionar sobre el tema más importante del Evangelio: el Reino

de Dios. La primera parábola de hoy compara el Reino de Dios con un campo en el que, si bien se siembra trigo, luego aparece la cizaña, por lo que el dueño debe esperar hasta el tiempo de la cosecha para separar los dos elementos: el bueno y el malo. Debemos evitar la fácil tentación de pensar que los cristianos somos el trigo del mundo, y los demás la cizaña. Sabemos, en efecto, que la parábola alude al Reino de Dios, es decir, a la forma como Dios obra en el mundo, tanto dentro como fuera de la Iglesia cristiana. Su mensaje, por lo tanto, tiene un valor universal. Ante todo, la parábola refleja la situación de la humanidad con un criterio realista y maduro: la historia está tejida de luz y de sombras. Precisamente el Reino, o sea Dios, interviene en este mundo concreto, sin prisa por condenar a nadie. Si el Reino aporta la vida a los hombres, también existe un principio de muerte que provoca el odio, las guerras, la inmoralidad, la falta de comunicación, etc. Este es el punto de partida de toda comunidad que se diga cristiana: evitando un espíritu sectario, comprender al mundo tal cual es. Más aún, nadie tiene derecho a sentirse “de la parte salvada”, despreciando o condenando a los otros. Este juicio está más allá de la historia y es de exclusividad divina.

La superación del espíritu sectario y de todo triunfalismo, nos lleva al núcleo de la cuestión: cada uno de nosotros es ese campo en el que crece, simultáneamente, el trigo y la cizaña.

La aparición de la cizaña es algo que no debe sorprendernos: también el mal forma parte de la experiencia humana. Por el solo hecho de ser hombres, y por lo tanto limitados y en constante crecimiento, tenemos la capacidad para descubrir nuestra cuota de imperfección y de pecado. Si en alguna época se pudo pensar que el mal era una anormalidad, hoy podríamos decir que la persona que se cree absolutamente buena adolece, sin duda alguna, de cierta anormalidad psíquica; sólo un enfermo mental puede sostener tal cosa. Así, pues, descubrimos dentro de nosotros dos fuerzas antagónicas que nos acompañan desde nuestra concepción hasta la muerte: la del bien y la del mal, la de la construcción y la de la destrucción, la del amor y la del odio... Pretender arrancar de nosotros este principio de muerte es absolutamente imposible; perderíamos también nuestra irrevocable condición humana. Lo que sí podemos hacer es que en nuestro campo crezca el dominio del bien, sabiendo, incluso, extraer experiencia de nuestro propio pecado. Si no fuera así, Jesús no hubiera hablado del perdón de los pecados ni de la conversión. Si Dios perdona es porque hasta el mismo pecado puede ser un elemento positivo en nuestro crecimiento espiritual. Por lo tanto, esta condición de seres que llevan simultáneamente trigo con cizaña, lejos de inmovilizarnos en una postura fatalista (“Soy así y no puedo cambiar”), debe impulsarnos a apoyarnos en nuestras raíces buenas y sanas para ganarle terreno al mal. 1


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 53, 6. 8

Señor Dios, Tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno.

SALMO RESPONSORIAL

del Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente, y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta. R. Tú, Señor, eres bueno y clemente. Señor, todos los pueblos vendrán para adorarte y darte gloria, pues sólo Tú eres Dios, y tus obras, Señor, son portentosas. R. Tú, Señor, eres bueno y clemente. Dios entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión de mí, pues clamo a ti, Señor, a toda hora. R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 110, 4-5

Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza. 2

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

No hay más Dios que Tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos. Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano, y castigas a quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo Tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el poder y lo usas cuando quieres. Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta. Palabra de Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos 8, 26-27

Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen. Palabra de Dios.

EVANGELIO Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-43 En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’. El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’. Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’ ”. Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”. Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”. Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.


Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”. Palabra del Señor.

La Virgen del Carmen, una devoción con más de veinte siglos

L

a denominación del Carmen viene del Monte Carmelo o “viña de Dios”, que está en Tierra Santa. Según el Libro de los Reyes, allí vivió el Profeta Elías con un grupo de jóvenes dedicados a la oración. Corría el año 300 a. de J. C., y una gran sequía asolaba la región; el Profeta subió a la montaña para pedir lluvia y divisó una nube de luminosa blancura, de la cual brotaba el agua en abundancia. Entonces comprendió que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador esperado, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. Desde entonces, aquella pequeña comunidad se dedicó a rezar por la que sería Madre del Redentor, comenzando así la devoción a Nuestra Señora del Carmen (o del Carmelo). Muchos acontecimientos han sucedido a través del tiempo, pero las oraciones continuaron elevándose desde el Carmelo: es que los hombres y las instituciones pasan, pero las obras

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,

de Dios permanecen porque participan un poco de su eternidad. Nace la Virgen María y llega a ser la madre del Salvador: según la tradición, visitó a los monjes y los estimuló a continuar sus oraciones. Luego vino la pasión y muerte, seguidas de la resurrección y marcha al Cielo de Jesús, y más tarde de su Madre. Luego vendrán las invasiones musulmanas, pero las oraciones del Carmelo no se interrumpen, sino que los monjes deciden trasladarse a Europa. Allí los encontramos en el siglo XIII: su Superior, San Simón Stock, estaba en oración, preocupado por las nuevas persecuciones, cuando se le aparece la misma Madre de Dios para decirle: “Amadísimo hijo, recibe el Escapulario de mi orden para que quien muriese llevándolo piadosamente, no padezca el fuego eterno”. El Papa Gregorio XIII declaró verdadera esta aparición después de serios estudios, y basándose en los favores que recibían los que usaban el escapulario.

Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén 3


El Escapulario de la Virgen del Carmen (16 de Julio)

En la madrugada del día 16 de julio de 1251, Nuestra Señora se apareció al santo carmelita inglés Simón Stock, y le entregó el milagroso Escapulario del Carmen. San Simón Stock era, por aquel entonces, Superior General de la Orden del Carmen. Se encontraba en una situación de mucha aflicción, ya que su Orden pasaba por dificultades muy serias, pues era despreciada, perseguida e incluso se veía amenazada con extinguirse. Hombre de fe viva, San Simón no cesaba de implorar socorro a la Santísima Virgen, y también le pedía una señal sensible de que sería atendido. Conmovida por las angustiadas súplicas de este hijo suyo tan fervoroso, Nuestra Señora le trajo del Cielo el santo Escapulario y le dirigió estas palabras: “Recibe, hijo muy predilecto, el Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas. Todos los que mueran revestidos de este Escapulario no padecerán el fuego del Infierno. Es una señal de salvación, refugio de los peligros, alianza de paz y pacto para siempre”.

Encuentros para Adolescentes 29, 30 y 31 de julio de 2011 Este encuentro se realizará en la Casa Pastoral“Idelfonso Águila”, en el Deportivo Morelos, frente al Dermatológico.

Te invita a escuchar

“MUNDO FAMILIA” Un programa conducido por Lupita Venegas y Meche Covarrubias Lunes a viernes 11:00 hrs.

1480 AM

Pedidos a domicilio al teléfono: 3613 3043

Pabellón • La Gran Plaza • Plaza Patria • Arboledas • Iteso • Galerías

JUBILEO CIRCULAR 18, 19 y 20: Lunes, Martes y Miércoles SAN CAMILO SAN JUAN BAUTISTA, Jardines del Sol SANTA ISABEL AVE MARÍA LA CRUZ AZUL SAN JOSÉ DEL QUINCE SAN CRISTÓBAL DE LA BARRANCA SAN CRISTÓBAL MÁRTIR SAN ANDRÉS, La Mazata

21, 22 y 23: Jueves, Viernes y Sábado

22, 23 y 24 de julio de 2011

SAN JOSÉ Y SANTO TOMÁS CAPUCHINAS, La Inmaculada LA SANTA CRUZ NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Col. Las Agujas SAGRADO CORAZÓN, Cerro del Cuatro SAN ISIDRO MAZATEPEC SAN MIGUEL ZAPOTITLÁN EL PERPETUO SOCORRO, Tequila

Boletín semanal de la Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Tiraje de 200,000 a 300,000. $40.00 ciento Director Responsable: Pbro. Adalberto González González Redacción: Pbro. Alberto Ávila, Pbro. Juan Javier Padilla Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305 Administración: Pbro. Rubén Darío Rivera • Alcalde 294, Guadalajara, Jal. Tel.: 3614-2746

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Hoja Parroquial - 17 de Julio de 2011 - Num. 29