I Domingo de Adviento, Ciclo A 30 de noviembre de 2025

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
NO. 48
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106
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Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106





Cuando somos pequeños, probablemente experimentando un ambiente familiar hostil, muy lejos del entorno familiar propicio para el desarrollo integral de la persona, tengamos un distorsionado concepto de la paternidad; pudiera ser que, cuando nuestro padre vuelve a casa, es el que menos quisiéramos ver, posiblemente porque sabemos que si se da cuenta de los males

que hemos hecho, nos pegará o castigará.
La idea de un Dios que no es
Ésta misma imagen pudiera tenerse de Dios; en ocasiones pudiéramos tener la tentación de creer que Dios es parecido, pero no es así; una de las insistencias de Jesús es que estemos en vela; Satanás como
un león rugiente busca a quien devorar, y si hemos caído presos por el pecado, por supuesto que tendremos una mirada distorsionada de Dios Padre.
Empero, uno de los dones maravillosos de la luz de Cristo es que nos permite disipar las tinieblas del error que nubla nuestros ojos para poder descubrir al enemigo de nuestras almas y contemplar el intenso amor de Dios por nosotros.
Si tenemos el cuidado de permanecer en estado de gracia, la llegada de Nuestro Señor no pasará desapercibida o evadida, sino que será un encuentro deseado, y cuando suceda nuestra alegría no tendrá fin.
Velar no es un estado de pasividad, sino, sobre todo, de preparación, en donde practicamos la caridad y la misericordia que también colabora para preparar al prójimo al mismo encuentro amoroso.
Una de las cosas bellas de la vida cristiana es hacer obras buenas en la indigencia y vulnerabilidad de las personas más débiles, pero una obra mucho mayor es hacer presente a Cristo en todos los corazones de aquellas personas que se nos hacen encontradizas en nuestra historia.
Esperamos un encuentro de amor
La alegría de experimentar la ternura y la cercanía de Dios en su vida; así, cuando llegue el Señor, no sea un encuentro con la venganza y el horror de las consecuencias de nuestros actos, sino un encuentro de amor, donde nuestra primera reacción sea una enorme sonrisa y los brazos abiertos para recibir a quien es nuestro amor, y por el que nos desgastamos en toda la vida.




De pie
Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros, para que, mediante la práctica de las buenas obras, colocados un día a su derecha, merezcamos poseer el Reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Del libro profeta Isaías 2, 1-5


Sentados
Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia él confluirán todas las naciones.
Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.
El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 121


Sentados
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor, según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Digan de todo corazón: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa”.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: “La paz esté contigo”. Y por la casa del
Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes. R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
De la carta de apóstol san Pablo a los romanos 13, 11-14


Sentados
Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, la obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz. Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos. Palabra de Dios.
DEL EVANGELIO Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44




EnDe pie
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo’ del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y sé casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.
DE LA COMUNIÓN




De pie
Te pedimos, Señor, que nos aprovechen los misterios en que hemos participado, mediante los cuales, mientras caminamos en medio de las cosas pasajeras, nos inclinas ya desde ahora a anhelar las realidades celestiales y a poner nuestro apoyo en las que han de durar para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Elciclo litúrgico tiene un sentido pedagógico que ayuda al cristiano a vivir cada momento de la historia de la salvación en su propia vida. Por ejemplo, en la Cuaresma contemplamos en la vida eclesial la peregrinación de la condición humana a través de un inmenso desierto que representa el espacio necesario para palparse en su humanidad caída, y al mismo tiempo descubrir la misericordia de Dios, quien perdona y sana en su providencia a través de su Hijo Jesucristo, quien es el juez, pastor y alimento de su rebaño.
Así, el tiempo de Adviento nos permite contemplar su encarnación y su futura segunda venida, cuyos acontecimientos nos lleva a descubrir su retorno para rescatarnos de la muerte, y al mismo tiempo el momento definitivo para juzgar a vivos y muertos.
Pero hay una intención más profunda: que nuestra vida sea un adviento, donde a cada momento de nuestras vidas experimentemos la alegre encarnación de Cristo en nuestra historia que se hace Historia de Salvación, donde Cristo también se ha encarnado en mi propia historia, y al mismo tiempo, que el acontecimiento futuro de su llegada se convierta en una continua preparación para ser lo más posible agradables a su mirada.
Así que, cada momento del ciclo litúrgico, es un llamado para hacer de nuestras vidas una Cuaresma, una Pascua, y particularmente en este tiempo, convertirnos en un Adviento.

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén
En una ocasión, una señora me preguntó: “Padre, ¿puede un católico jugar juegos de azar? Porque yo juego seguido con mis amigas juegos de cartas, incluso hacemos algunas apuestas, no apostamos mucho, solo lo necesario para que el juego se ponga interesante; pero el otro día una amiga me dijo que jugar juegos de azar era un pecado, y más si había apuestas de por medio. Yo le
dije que no lo sabía, pero que no creía que fuera así, pero ella insistió tanto que me hizo dudar, por eso vine a preguntar”. Yo le respondí: “Jugar juegos de azar no es de por sí algo pecaminoso, siempre y cuando se haga de manera responsable, sin privarse uno mismo o a su familia de los recursos para las necesidades básicas, sin caer en la adicción y manteniendo la justicia y honestidad en el juego”.

Jugar juegos de azar no es de por sí algo pecaminoso, siempre y cuando se haga de manera responsable, sin privarse uno mismo o privar a otros de recursos para las necesidades básicas, sin caer en la adicción y manteniendo la justicia y honestidad en el juego.
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