La Gualdra 543

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 543 /// 19 DE SEPTIEMBRE DE 2022 /// AÑO 12

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Cristian Lagunas. Autor de Encuéntrame afuera (FCE, Tierra Adentro, 2022).

“Para mí un viaje es enfrentarse a la desolación. Eso es lo que me interesaba sugerir en estos cuentos. Una tristeza profunda, pero también la belleza que puede haber en un contacto primario con el paisaje y sus texturas: la luz, la temperatura, los colores, los sonidos. Ver un paisaje, aunque solo sea una vez en la vida, te puede cambiar todo”. Cristian Lagunas, Premio Nacional de Cuento Comala 2020 (Encuéntrame afuera).

[“Cristian Lagunas: No me da miedo la dificultad. Creo que la persigo”, por Beatriz Pérez Pereda, en páginas centrales]


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LA GUALDRA NO. 543 /// 19 DE SEPTIEMBRE DE 2022 /// AÑO 12

La Gualdra No. 543

Editorial Prendo la TV: en pantalla están unas señoras sentadas en un sillón, como esperando algo, pero no se sabe qué. Hay una cortina roja que las separa de los preparativos de una especie de banquete. Una mujer es ayudada por un joven a poner la mesa; él intenta comerse una manzana y la mujer se la quita para ponerla en el frutero. Cambia la escena. Una adolescente -casi una niña- camina rumbo a su casa y una camioneta la encuentra al paso, es su padrino, quien le ofrece llevarla; ella se resiste un poco, pero accede a subirse; ya en la camioneta él le hace un regalo, una medalla que le pone en el cuello… algo parece no estar bien, ella parece asustada. La camioneta arranca. ¿Es Vetagrande? Me pregunto cuando en otro cambio de imagen se ve un poco de la calle en donde la película ha sido filmada… no alcanzo a contestarme porque la escena de las mujeres en la sala continúa. La mujer que estaba poniendo la mesa aparece en la reunión de señoras, algo dicen, no recuerdo qué porque en eso Juan Carlos pregunta “¿Es Julia Robles? Se parece…”, me pongo los lentes para ver mejor lo que pasa; la mujer que parece ser la dueña de la casa les da la bienvenida a las demás, abre la cortina que separa la sala del comedor y ahí está, en la mesa, el joven que anteriormente se había querido comer la manzana, desnudo, acostado, rodeado de frutas y de manjares apetitosos. “A falta de hombres, lo que sea es bueno”, dice una de las señoras que se transforman al ver a Mingo -interpretado por Hansel Ramírez-, así se llama el que está a punto de ser “degustado”… las señoras lo frotan con algo, se comen las uvas que le cubren el sexo. Cambia la escena, la camioneta continúa su camino, a lo lejos se ve un templo (¿Es el templo del Calvario? Entonces sí es Vetagrande…) que cada vez se ve más lejos porque Zenón -Fernando Becerril-, el padrino de Cata -Paulina Gaitán-, ha desviado el rumbo mientras le dice que su papá tiene una deuda con él y procede a cobrarse con ella. Aparece el letrero en la TV, estamos viendo la película La mitad del mundo, la Opera Prima de Jaime Ruiz Ibáñez, que efectivamente fue filmada en el año 2008 en locaciones zacatecanas, en Vetagrande -primor-

dialmente-, en Morelos y en San Jerónimo; y presentada en 2009 en esta ciudad en aquel Festival de Cine en Zacatecas “Fronteras migrantes” organizado por Gobierno del Estado cuando José Esteban Martínez colaboraba en el equipo de Amalia García. El reparto es buenísimo, actúan Luisa Huertas, Lumi Cavazos, Iazua Larios, Hansel Ramírez, Susana Salazar, Fernando Becerril, Paulina Gaitán, Ana Karina Guevara, Raúl Adalil y Eugenio Martínez en los papeles principales; pero también pude ver ahí a Indalecio -con una antorcha encendida a punto de quemar a un inocente- y a Noé Germán, entre el pueblo enardecido que estaba a punto de asesinar a Mingo; porque como seguro imaginará, fue culpado de haber violado a Cata y el hombre poderoso del pueblo, Zenón, orquesta el castigo. Entonces sí era Julia una de las señoras que aparecen en la escena de la sala. Me quedo a ver el final de la película -que puede ver completa en FilminLatino- y es ahí en donde me percato que más zacatecanos participaron en esta filmación que obtuvo cuatro nominaciones al Ariel en 2011. Érika Ávila -quien está nominada también por su participación en dos películas en los Arieles de este año- es la productora. Terminé de ver La mitad del mundo y por supuesto que siguió la reflexión en torno a por qué dejamos de promover las locaciones zacatecanas para que se haga buen cine aquí. No lo comprendo; tenemos escenarios naturales maravillosos como para que los directores de cine opten por Zacatecas para hacer aquí su trabajo. Jalisco sí lo está haciendo y “Jalisco es México” es un programa que está funcionando para atraer a cineastas no solo nacionales, sino del extranjero; la inseguridad no ha sido pretexto para que en el vecino Estado continúen trabajando en este sentido. Ojalá que se retomara esa iniciativa que promovía José Esteban Martínez, ojalá que pudieran retomarse todas aquellas que demostraron funcionar, para bien de Zacatecas y de los zacatecanos. Vea la película, mientras tanto. Que disfrute su lectura.

Contenido Hacia una metamorfosis poética [Sobre Soplo de vida. Antología de animales] Por Conrado J. Arranz Mínguez

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Cristian Lagunas: No me da miedo la dificultad. Creo que la persigo Por Beatriz Pérez Pereda

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El último adiós a Godard Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku Murió Jean-Luc Godard: Un cineasta de la Nueva Ola, de la coherencia proletaria y de la denuncia experimental Por Carlos Belmonte Grey

El efecto Benjamin o la teoría crítica como ensoñación utópica Por Sigifredo Esquivel Marín El pitazo Por Pilar Alba

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Hacia una metamorfosis poética [Sobre Soplo de vida. Antología de animales] 6 Por Conrado J. Arranz

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oplo de vida es, como indica literalmente el subtítulo, una antología poética de animales. ¿Supone un elemento central la taxonomía de estos?, ¿es una forma subrepticia, metafórica, de referirse a las y los escritores que tienen el don de la expresión poética? El título parece dibujar en sí mismo un enigma o un embrollo, que, sin embargo, alcanza después —gracias al prólogo de su editora y a la lectura—, cotas de una mayor profundidad simbólica. Y es que la idea del “soplo de vida” adquiere sentido al atender la etimología latina de “animal” —recordemos que es un préstamo— como un “ser dotado de soplo vital” y, por tanto, animado, porque la palabra “animal” es familia de “ánima”, de alma. Es una antología, entonces, de poetas construyendo palabras para capturar el alma, para dar vida. Lo anterior nos pone en alerta ante los significados profundos que esconden el uso de las palabras y los vínculos que establecemos con otros seres animados. Podemos desplazar significados, y caer en la banalización, adoptando expresiones coloquiales como, por ejemplo, “¡qué animal eres!”, para referirnos a las personas que no hacen un uso adecuado de la razón; o, por el contrario, como ocurre en muchas comunidades originarias del actual territorio mexicano, estrechar nuestra vinculación anímica con los animales, hasta convertirlos en protectores de vida, en tona o chanul, o pensar cuánto de esta animalidad nos comprende a partir de la existencia de los naguales en la tradición oral. En fin, estamos animados por una fuerza interior que nos otorga vida a soplos, necesitamos de esta para sobrellevar la existencia, y las palabras parecen conformarse en ventana secreta para acceder a ella. Ese subtítulo, que al final resulta tan metonímico, encierra también una nueva relación conflictiva de la autora con el propio género al que alude: la antología. Es este uno de los géneros más personales y, por tanto, más políticos, un género que implica una selección de unos poetas, unos poemas, unos temas y unas perspectivas y, por tanto, no de otros u otras. Seleccionar implica descartar. Requiere entonces de una enorme valentía, también de sensibilidad y, por supuesto, de saber. En este sentido, como vemos en el prólogo y en la edición, Weselina Gacinska, la responsable principal de la orquestación de este libro, tiene mucho de las tres. Ella es traductora, profesora e investigadora literaria;

filóloga hispánica de origen polaco, formada en la Universidad Complutense y en la Autónoma de Madrid, en donde se tituló con una tesis doctoral en torno a la obra de Juan Rulfo, desde una perspectiva antropológica y literaria de la muerte, perspectiva de análisis que comparte con la ecocrítica, corriente teórica de estudios de la literatura a la que se adscribe con el prólogo de este trabajo. Pero volvamos a la difícil y arriesgada selección, porque quizá el hecho de que sea una antología de animales y no de poetas es una forma también de afrontar la presión consustancial al género. Como confiesa Gacinska, primero seleccionó a poetas radicados en México y en España, luego los invitó a escribir tres poemas de dicha temática —los animales—, sin darles muchas más explicaciones, para no condicionar el acto creativo. De entre los tres poemas, la antologadora haría una nueva selección: escoger dos que pasen a la antología. Por último, una nueva y arriesgada decisión: ordenar;

porque ordenar, provoca que unos se lean antes que otros, y esto tiene repercusión en los lectores. Tal es la responsabilidad. Para el orden, Gacinska elige una fórmula a priori algo ecléctica, diplomática: el alfabético por apellido de autora o autor. Parece que vuelve a escurrirse entre las difíciles lides de la selección y del orden, pero es algo lógico: por lo pronto, opta por que los dos poemas de cada poeta estén juntos y, de paso, porque no haya arbitrariedad en poner a unos delante de otros. Sin embargo, este orden no se corresponde para nada con el excelente análisis que la filóloga hace en el prólogo. Allí, toda la obra, todos los poemas juntos, todo el corpus, como una sola pieza, es objeto de análisis, de interpretación, de taxonomía, de caracterización, de las estrategias que cada poeta emplea para afrontar un “diálogo” con lo animal, un diálogo que podríamos llamar extrínseco (las relaciones entre ser humano y animal, como especies) e intrínseco (cuánto

de ellos nos contiene). Así, muestra una pauta indirecta de lectura, cada uno de nosotros establecerá su propio orden, su propio sentido, sus caminos. La larga nómina de autoras y autores entrevera a algunos más nóveles con otros ya laureados y reconocidos en el circuito. Óscar Pirot, Ana Pérez Cañamares, Pedro Martín Aguilar, Maricela Guerrero, Sesi García, Berta García Faet, César Cañedo, Lucía Cupertino, Alberto Guirao o Elisa Díaz Castelo, por citar algunos. De esta última, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020, es “Perspectiva”, por referirnos también a algún poema. En este, la joven poeta presenta una gradación a partir de la observación, a priori inocente, de las moscas; hacia la mitad hay un juego de espejos, de cristales —como los que forman las ventanas en que se golpean— que sirve para plantear un posible paralelismo con las ambigüedades de nuestro tiempo actual; concluye con un efecto de extrañamiento para el lector, en el que se abre la posibilidad de que alguien nos esté también observando a nosotros en ese mismo momento. ¿Somos la fuerza o el impulso animal de otros seres que nos observan? Hay tantos cuestionamientos y estrategias para acercarse al alma, como autoras y autores antologados, y son muchos, polifacéticos y con distinta forma de entender la poesía y de entregarse al acto poético. Como un detalle más, el libro, que es un poema en sí mismo, como objeto, está editado en España, y recupera la maravillosa tradición del “colofón” —muy viva en México— para informarnos que no tiene ánimo de lucro, y que todas las y los poetas antologados han renunciado a sus derechos patrimoniales sobre la obra para que los beneficios sean destinados a dos protectoras de animales, una en España y otra en México. Al final, Soplo de vida no solo es una antología de animales, sino que también está hecha para animales, porque los lectores irremediablemente envueltos en la musicalidad y las imágenes generadas por las palabras, sentimos el hálito, experimentamos la metamorfosis animal, escuchamos el alma, leyendo. *** Gacinska, Weselina (edición y prólogo), Soplo de vida. Antología de animales, España, Ojos de sol, 2021.

Libros

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Cristian Lagunas: No me da miedo la dificultad. Creo que la persigo 6 Por Beatriz Pérez Pereda

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o tengo dudas de que Encuéntrame afuera (FCE, Tierra Adentro, 2022) será uno de los libros recordados de este verano que casi termina. La única vez que estuve frente a su autor platicamos sobre los cuentos de Alice Munro y Samanta Schweblin y sentí que estaba no frente a alguien que sería un gran escritor, sino a uno que ya lo era: luego fui a internet a buscar sus cuentos y me convencí. Los personajes de este libro viven en un precario equilibrio, están en crisis, pero en realidad lo peor ya les ocurrió, ya perdieron a alguien o algo. Lo que Cristian Lagunas nos presenta son almas en tránsito, en la búsqueda perpetua de algo que quizá no recuperarán nunca. Beatriz Pérez Pereda: Este es tu primer libro de cuentos publicado y obtuvo el Premio Nacional de Cuento Comala 2020. A varios años de su escritura y premiación, cómo lo miras en retrospectiva, qué representa ahora para ti ahora… Cristian Lagunas: Difícil de responder porque ahora estoy del otro lado: soy el autor del libro, pero ya está terminado y creo que me convertí, más que en otra cosa, en su lector. Volver a leerlo significa visitar partes del pasado, porque recuerdo mucho la temporada en que lo escribí, lo que estaba viviendo entonces. Fue una temporada muy difícil. Por otro lado, estar de lector me permite conectar de manera distinta. Sonará cursi, pero para mí un cuento propio funciona cuando lo leo después de un tiempo y me emociona o conmueve. Visitar mis cuentos como lector me permite volver a emocionarme. Hay algo mágico. Algunas veces no sé cómo se me ocurrió todo eso. El Premio Comala fue una sorpresa porque siempre había fantaseado con ganarlo. Unos meses antes de que abriera la convocatoria dos personas me dijeron, casi proféticamente, que me lo iba a ganar en 2020. Ni siquiera habían leído el libro entero. Y luego sucedió. BPP: Contrario a cierta “tradición” tu libro no lleva por título el de alguno de los cuentos, de donde sale el nombre de Encuéntrame afuera, yo lo busqué en todo el libro y no encontré esa frase. CL: El libro abre con un epígrafe de Re-

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becca Solnit, ella tiene un libro precioso, Una guía sobre el arte de perderse. Me encontré por casualidad con él cuando ya había terminado de escribir mi libro y me di cuenta de que sus ensayos se acercaban a inquietudes parecidas a las de mis cuentos: a la experiencia del extravío –tanto emocional como físico–, a la idea de explorar el territorio, estar desorientado o desaparecer. La idea de perderse tiene un doble sentido para ella: es estar perdido, pero también haber perdido algo. Los personajes de mi libro viven justo eso. Siempre están buscando algo, se pierden estando fuera y perdieron lugares, personas, lo más importante para ellos. Buscar conlleva, en el mejor de los casos, encontrar. Mis personajes salen de casa con la intención de encontrar lo que perdieron o encontrarse a sí mismos. De ahí el título, en parte. BPP: Este libro está integrado por seis cuentos largos, yo los hermanaría en la tradición de Alice Munro; personajes en crisis, historias con marcadas elipsis, una gran tensión en la historia, saltos en el tiempo de la narración,

algo de esto resuena en ti al recordar el proceso creativo: CL: Me encanta Alice Munro, creo que es una de las mejores cuentistas vivas. Tiene una sutileza impresionante para crear efectos. Llega un momento al leer sus cuentos en el que notas que algo brutal los atraviesa, una emoción que tiene que ver con la crisis, claro, pero también con el pasado y sus efectos en el presente. Se le dan muy bien las elipsis. Pensaba mucho en ella al escribir “No regreses a Tucson”, que es un cuento sobre el desierto de Arizona y las relaciones que se mueren, sobre perseguir a toda costa eso que te dio vida alguna vez. Sin embargo, mis referentes están en otro lado. Creo que un cuentista está obligado a mirar más allá de la tradición anglosajona, más allá de Carver. Los cuentos norteamericanos son maravillosos, pero también los juzgo demasiado restringidos. Hay una renuencia a la experimentación y no conecto a veces con el estilo llano, casi telegráfico de narrar. Me gusta explotar todas las partes de un cuento, la acción no es lo único, la eficiencia

no lo es todo. Siento afinidad con los europeos, sobre todo con los austriacos, más que nada por su interés en la literatura como una forma de hacer música, porque piensan en el sonido. Amo a Thomas Bernhard y a Elfriede Jelinek. Otro que me encanta es László Krasznahorkai, que es húngaro. Su narrativa toma riesgos y eso me interesa: torcer la historia, hacerla compleja, llevarla a extremos. No me da miedo la dificultad. Creo que la persigo. BPP: La palabra “viaje” también me viene a la mente cuando recuerdo los cuentos de Encuéntrame afuera, estos personajes hacen una “travesía” dentro de la narración, hay una especie de transformación o epifanía, son otros al final, además, los cuentos tienen escenarios geográficos y de épocas muy distintos, háblanos de esto. CL: El viaje es algo fundamental en mi vida, creo que no sería escritor si no pudiera salir de casa. Uno nunca vuelve siendo el mismo. Todos los protagonistas del libro hacen viajes, se mueven entre países o ciudades, su experiencia es la del tránsito. Hay


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BPP: Dónde está tu escritura ahora, sigue en el cuento largo, estás trabajando en otras cosas, ensayo, novela… CL: Contrario a lo que pasa con muchos escritores, solo puedo trabajar en un proyecto a la vez. Cuando terminé Encuéntrame afuera pensé que podía seguir escribiendo cuentos como si nada, pero me hallé muy pronto en un lugar cómodo, demasiado formulaico, y no estaba contento con lo que hacía. Sonará extraño, pero una persona me leyó la carta astral durante ese tiempo y lo que me dijo me sacudió de tal forma que al poco tiempo empecé a escribir una novela. Necesitaba algo que me retara, llegar a un lugar inhóspito y que no me diera la bienvenida, que me rechazara y me obligara a encontrar nuevas formas de trabajar con el lenguaje. La novela es biográfica y está inspirada en un escritor que se ha convertido en una suerte de ícono gay. Durante varios meses, más que contar su vida, la he actuado de cierta forma. El proceso de escritura es muy corporal y vivencial. Estoy intentando habitar su mente y entender, también, lo que vivió con el cuerpo, porque el físico del personaje es fundamental para la historia. Estoy casi por terminarla y creo que voy a vivir una suerte de duelo, el protagonista me acompaña un poco todos los días. A veces siento que nos fusionamos. Y eso, para mí, es un logro. Significa que estoy disfrutando lo que hago.

Historia de la madera [fragmento] La historia que contaré será la mía y después de escuchar la primera parte, mi hijo ya no

o un bombardero de granizo. Virutas flotando en el aire. No preguntes. Hay una parte de esta historia que es mentira. No sé si creerás que para convencer a papá fui al bosque por un trozo de madera y lo tallé cada noche con el cuchillo viejo que utilizábamos para cortar los vegetales y las tripas, no sé. Créelo: mis manos cicatrizadas, a escondidas, dando forma. Cada astilla en el suelo la evidencia de una transformación, varias noches. Conseguí, de un trozo de madera, hacer la réplica de un monasterio. Como si hubiera talado un bonsái. Quise llevarle a papá mi oficio como los gatos llevan ratones en el hocico, ansiosos de aprobación, porque a esa edad hice de un tronco un sitio para el rezo. Por las mañanas fue el té verde, por la noche la madera. Escucha: cada ángulo en proporción y cada detalle cuidado. Me acerqué a papá una mañana y le di mi regalo: para la casa, dije, pero su reacción me hizo paladear amargura. Miró la figura con asco, la estudió como si fuera un elemento extraño a nuestras vidas, como si yo no hubiera pasado toda la infancia con niños que soñaban ser, cada uno de ellos, el carpintero favorito del emperador. Eso nos repetíamos todo el tiempo, nos levantábamos a las seis de la mañana para lijar, tallar, para hablar con los carpinteros mayores, o entre nosotros, en voz baja. Papá no entendía, me ordenó poner la figura por ahí, en un rincón. Quise golpearlo, decirle que se quedaría hasta su muerte dentro de la casa, inmóvil, enfermo, que nunca más podría mirar el mundo y comprender lo que yo sí. Algo, lo que fuera, de la belleza.

/// Cristian Lagunas.

podrá olvidarse. Irá a dormir, soñará con hojas de té. Y cuando despierte, continuaré el relato. Diré que yo, su padre, fui un maestro carpintero japonés. No un carpintero de muebles o adornos mínimos, sino de grandes estructuras. No un sukiya-daiku, carpintero de las casas, más bien un miyadaiku, el carpintero de los templos, los edificios y los pilares. De los grandes techos. Mírame cuando te digo que tuve otro nombre y lo que más quise fue convencer a mi padre de que me dejara volver a lo que yo consideraba

mi hogar verdadero. Si alguna vez te encuentras en la ciudad de Osaka, hallarás en alguna intersección una máquina de refrescos, bocadillos y galletas. Si vas a Osaka, o a un pueblo antiguo, no preguntes por mí, no te dirán nada, pero recuerda un detalle: ahí, en el mismo lugar donde está la máquina, en la parte oeste de la ciudad, cerca de los ríos, estuvo la entrada de la escuela, una puerta doble, de tres metros de alto. Imagina el olor, los pabellones. Aprendices pequeños o grandes en el suelo. Cepillos, sierras, tabaco, relámpagos por encima de todo,

Cristian Lagunas estudió Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana y la Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha recibido las becas de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa, del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA y del Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de México. Fue participante del I Programa de Tutoría de Novela organizado por la Dirección General de Literatura de la UNAM. Su primer libro, Encuéntrame afuera, fue ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2020. Actualmente vive en la Ciudad de México.

Literatura

un teórico literario que respeto mucho, Ottmar Ette, estudia la narrativa de viajeros, género que me apasiona pero está casi extinto hoy en día. Su teoría es la de una literatura en movimiento y los viajes, al enunciarse, tienen estructura: son círculos, vaivenes, líneas, estrellas, se regresa al punto de partida o se va sin rumbo, uno se despide, encuentra revelaciones, algo se cierra en el viaje y otra cosa se abre. Creo que hay mucho de eso en los cuentos, porque la experiencia, también, es la de la errancia. Quería sentirme con la libertad de contar historias en cualquier escenario geográfico, aunque nunca hubiera estado físicamente ahí. Los cuentos ocurren en varios continentes y se mueven de norte a sur, de oriente a occidente, los personajes hablan varias lenguas. Hay una dinámica en la geografía y el desplazarse. Para mí un viaje es enfrentarse a la desolación. Eso es lo que me interesaba sugerir en estos cuentos. Una tristeza profunda, pero también la belleza que puede haber en un contacto primario con el paisaje y sus texturas: la luz, la temperatura, los colores, los sonidos. Ver un paisaje, aunque solo sea una vez en la vida, te puede cambiar todo.


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El último adiós a Godard P

Cine

6 Por Adolfo Nuñez J.

ensar en la obra de Jean-Luc Godard es pensar en un cine lleno de imperfecciones, creatividad y un sentimiento de rebeldía e innovación, que hace de sus películas algo único e irrepetible. Por esa misma razón, pensar en la muerte de Godard también hace pensar que ese tipo de cine ya nunca volverá. À bout de souffle (1960), Une femme est une femme (1961), Vivre sa vie (1962), Le petit soldat (1963) Bande à part (1964), Pierrot le Fou (1965), Alphaville (1965), Masculin, féminin (1966); basta con rememorar un puñado de sus películas más emblemáticas durante su período inicial para comprender la naturaleza combativa y el impulso a contracorriente tan característico del cineasta francés. Parte fundamental de la Nouvelle Vague, los filmes de Godard siempre fueron experimentos ingeniosos, a menudo incómodos y casi siempre desconcertantes para su audiencia. En ese sentido, siempre fue una encarnación del

/// Jean-Luc Godard falleció el pasado 13 de septiembre de 2022.

artista revolucionario e inconforme, que busca escapar de obviedades, complacencias y lugares seguros. Godard fue y seguirá siendo la prueba de que ni los premios, ni la taquilla, y mucho menos el cariño del público o la crítica son los elementos que perpetúan la obra de un genio.

Al pensar en la manera en que dejó este mundo, por suicidio asistido, es inevitable ligar este evento a las decisiones que tomó, sin excepciones, dentro de su trabajo como director. Al parecer su convicción de ser siempre fiel a sí mismo, fue una que mantuvo incluso hasta su último aliento.

Godard se va pero se quedan sus palabras, su increíble pasión por el cine y sus formas inigualables de ver y capturar las imágenes. Su muerte no solo resignifica su obra, también hace que muchos la conozcan y traten de comprenderla por primera vez. Para algunos Godard murió y para otros empieza a existir.

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

Murió Jean-Luc Godard: Un cineasta de la Nueva Ola, de la coherencia proletaria y de la denuncia experimental 6 Por Carlos Belmonte

Grey

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urió Jean-Luc Godard (3/12/1930 – 13/09/2022) uno de los tres motores intelectuales de Nueva Ola del Cine. Murió porque él lo decidió -por muerte asistida- y fue un acto coherente con su obra artística, independiente. Godard consiguió crear una obra fílmica que aun en sus últimos años recibió, a pesar de que él no parecía estar interesado, premios internacionales. En este número presentamos un par de las películas reseñadas en los últimos festivales de Cannes: Adieu au langage (2014) y Le livre d’image (2018)

Adieu au langage, de Jean-Luc Godard, una poética en 3D* Por Lluna Llecha Jean-Luc Godard, icono y superviviente de la Nouvelle Vague a la vez que autor de referencia en el mundo cinematográfico, vuelve a Cannes, en competición por la Palma de Oro, con su nueva película Adieu au langage (Adiós al lenguaje). Una película más próxima a la

estética de sus últimos filmes que a los que le dieron fama internacional. Una mezcla de filosofía, de poesía, de pintura, de música y de escatología –tema tabú y poco tratado en el cine. Tras la primera impresión de caos, provocada por imágenes superpuestas, mezcla de diferentes técnicas cinematográficas y un discurso aparentemente deshilvanado, el resultado es un montaje-colaje muy trabajado, compuesto por palabras, imágenes, sonido, extractos de películas antiguas, de archivos históricos y con numerosas citas de pensadores y artistas de todos los tiempos. Juegos de palabras constantes: Adieu au langage / “Ah Dieu au langage” (Adiós al lenguaje / “Ah Dios el lenguaje”), rupturas bruscas de escenas, de sonido, de música –que pasa del rap a la música clásica o al silencio absoluto– sin transición, sin aviso previo, desconcertando constantemente al espectador. Múltiples juegos visuales igualmente con cambios continuos de colores –que oscilan del negro al verde y naranja fosforescentes pasando por el blanco y negro y el uso

repetido de los colores primarios– así como el empleo de la 3D con planos superpuestos llevados al límite de la visibilidad y que pueden llegar a crear saturación y malestar. La película se estructura en torno a dos conceptos que se repiten: la naturaleza y la metáfora, que podríamos quizás traducir o interpretar como la autenticidad y el artificio. Autenticidad o verdad representada por el bosque, el animal –en este caso un perro– y la sexualidad, es decir un mundo fuera del lenguaje, fuera del concepto, fuera de la palabra. Artificio o construcción asociada al hombre, que nace de la palabra y del pensamiento y que puede generar belleza (pintura, literatura, cine, música…) pero también barbarie (nazismo, guerras, etc.). La cinta, campo de experimentación de las nuevas tecnologías, alcanza un minimalismo, una desnudez y una depuración extremos. ¿Es este adiós al lenguaje un adiós también a la carrera de un gran cineasta? ¿Tienen sentido ya las palabras cuando todo se ha dicho y se ha expresado, al final de una larga trayectoria laboral y existencial?

Quizás así pueda explicarse el rechazo de Godard a acudir a Cannes para la célebre alfombra roja y la presentación pública de su película. Quizás así se explique también la anulación en el último minuto de la rueda de prensa con el director y los actores, un acto de coherencia extrema con la esencia de su filme. Adieu au langage no se parafrasea, no se explica, no se verbaliza: se contempla. Godard, el gran ausente Quizás la presencia en Cannes de Godard –God’Art, como lo apodan sus seguidores– era el gran evento de este 67 Festival, pero, como se temía, el Maître no apareció. Y es que este realizador, guionista, dialoguista, productor, escritor, crítico y teórico de cine francosuizo –figura de gran importancia dentro del mundo artístico e intelectual– ha mantenido siempre una relación ambigua con Cannes. Con una veintena de películas presentadas en el festival, entre las cuales ocho en competición por la Palma de Oro, Godard ha acudido varias veces a Cannes acompañado de vedettes internacionales, pero no


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*Artículo publicado durante el 67 Festival de Cine de Cannes 2014.

Godard en Competición por la Palma de Oro con su Le libre d’image* Por Carlos Belmonte Grey Lo volvió a hacer Jean-Luc Godard (87 años). La leyenda viviente de la mítica Nouvelle Vague entró a la Competición por la Palma de Oro en el 71 Festival de Cine de Cannes, con Le livre d’image (El libro de imagen). Y otra vez con una película que exige al espectador. Que le exige concentración y preparación cinematográfica, porque como lo hizo hace cuatro años con Adieu au langage (Competición por la Palma de Oro en 2014 y ganadora del Premio del Jurado en Ex-aequo con Mommy, de Xavier Dolan) la película no tiene un narración -clásica ya es obvio decir que no- oral aparentemente organizada. El título lo dice: El Libro de imagen, ni siquiera podemos saber si se traduce como Libro de la imagen, con el artículo “la” porque en francés o en plural el libro de imágenes. La cinta es un recorrido visual cercano al documental y roto por una narración ficticia en los últimos 25 minutos de la cinta, que tiene una duración de 83 minutos. Godard lo explica así: - ¿Aún recuerdas cómo ejercitábamos en otro tiempo nuestro pensamiento? Normalmente empezábamos de un sueño… - Nos preguntábamos, cómo en la oscuridad total pueden surgir en nosotros los colores de una tal intensidad. - De una voz dulce y débil diciendo grandes cosas / importantes, sorpresivas, profundas y justas cosas. - Diríamos un mal sueño escrito en una noche tormentosa. - Bajo los ojos del Occidente. - Los paraísos perdidos. - La guerra está ahí… Godard nos lleva, a través de la manipulación de cada cuadro re-

cuperado de diversos soportes, documentales, ficciones, noticieros, anuncios comerciales, y del sonido con cada voz y ruido alterado, a una historia de la barbarie occidental ante el mundo Árabe, de Arabia, del Islam y de los Musulmanes. Quedó atrás –y su libro nos va a llevar- el genio de la revolución en Rusia, el terror de la Shoah y el siglo XX. Ese siglo ya está ahí y pasó con Godard como el artista revolucionario, ahora

mira al presente –como siempre lo ha hecho- y ve en sus imágenes los prejuicios de nuestros ojos al Oriente. Por tanto, la película exige no solo al espectador, sino al proyector de la película tener una sala equipada para modificar el formato de la imagen y la distribución de los sonidos por diferentes partes de la sala. Por ejemplo, un cuadro se enflaca y se hace alto, al tiempo que una parte del sonido cae en solo en alguna parte de

la sala mientras que la otra se queda como alejada esperando a que el sonido circule y llegue a donde uno está sentado. El libro de imagen recupera, por ejemplo, fotogramas de Sergei Eisenstein Alexander Nevsky y ¡Qué Viva México! Para montarlos en seguida contra algún noticiero contemporáneo. Quizás para entenderlo es importante tener los ojos bien abiertos en los primeros 60 segundos de la película: un dibujante toma entre sus dedos pedazos de película de cine que va desenrollando y montando en una moviola. Solo vemos las manos de la persona. Podemos pensar que es una breve puesta en abismo de Godard, el dibujante, que está a punto de experimentar con la teoría de Aby Warburg. Warburg propuso en su iconología una historia universal de las imágenes como marcos referenciales universales. Imágenes que se comunican en el paso del tiempo y de las culturas, y que el hombre, entonces, llega a compartir, a interpretar y a imaginar sin darse cuenta. Warburg explicó, como lo haría Roland Barthes medio siglo más tarde, que el ojo humano según su cultura tiene una referencia visual, un punto (punctum) en una imagen que nos lleva a identificar detalles distintos a cualquier otra visión. La única guía que puede explicar este punto son nuestras referencias individuales y la cultura. La imagen construida por Godard, porque siempre construye, es a partir de una pantalla que no es blanca sino negra, que arranca su película en lo negro y con la voz en la narración por el propio Godard. Una voz rota, rasposa, cavernaria, o como diríamos en México: aguardientosa y moribunda. La imagen del libro de Godard es una migración de imágenes y la creación de un nuevo referente visual de la historia actual del mundo al momento en que su autor está más cerca de la muerte que de la vida. Los comentarios de los críticos se dividen, entre los que se burlan con frases como “Si yo hago un collage de youtube puedo venir a competición?”, y otros que dicen “uno está saturado de imágenes y puedes salir del cine con cierta tranquilidad después de ese bombardeo”. Lo cierto es que Godard, como es costumbre desde hace 50 años, no vino a Cannes. Y si se lleva algún premio, cosa nada descabellada visto que Él es el cine francés, tampoco vendrá. Si ni siquiera recibió a su amiga y compañera de aventuras en los 1960, Agnès Varda, cuando quiso visitarlo durante la realización de su documental Visages villages realizado en colaboración el fotógrafo JR y que terminó por estar nominada a los Óscares y obtuvo el Ojo de Oro al Mejor documental en Cannes 2017. *Artículo publicado durante el 67 Festival de Cine de Cannes 2018.

Cine

ha conseguido nunca llevarse ningún premio. “Hace 30 o 40 años me hubiese gustado ganar un premio, aunque me hubiese causado mucho daño seguramente; hoy soy feliz de haber evitado este mal”, afirma el director. Este cineasta, del que Truffaut decía: “Godard no es el único en filmar como respira, pero es él quien mejor respira. Es rápido como Rossellini, malicioso como Sacha Guitry, musical como Orson Welles, simple como Pagnol, herido como Nicholas Ray, eficaz como Hitchcock, profundo, profundo, profundo como Ingmar Bergman e insolente como nadie”, y que, actualmente, a sus 83 años ya no muestra entusiasmo por los premios, puede todavía llevarse la tan esperada Palma de Oro.


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LA GUALDRA NO. 543 // 19 DE SEPTIEMBRE DE 2022

Río de Palabras

Filosofía

El efecto Benjamin o la teoría crítica como ensoñación utópica 6 Por Sigifredo Esquivel

Marín

A

sí como hay amores a primera vista, hay autores a primera leída. Sin lugar a dudas a muchos lectores nos ha pasado con la obra de grandes ensayistas como Walter Benjamin. La danza de sus ideas baila un vals infinito con una escritura tersa e intensa. Su muerte trágica y prematura ha coronado una obra poliédrica, vasta, múltiple, y al mismo tiempo, provisional, elíptica, con carácter de borrador en marcha, work in progress. Los retratos intelectuales que nos han dado grandes ensayistas como Hanna Arendt, amiga personal del autor, y Susan Sontag, gran lectora del pensamiento crítico y contracultural nos han entregado páginas memorables de un pensador marginal y marginado, vulnerable e indefenso. Empero, ambas pensadoras altamente calificadas olvidan que la vulnerabilidad y marginalidad de Benjamin es una apuesta y propuesta por ir construyendo, durante toda la vida, un posicionamiento libre, riguroso, autónomo e íntimo. Se había definido a sí mismo como una combinación de outsider y francotirador. Mezcla extraña, si la hay, sería la que articula la obra poliédrica apenas esbozada por este pensador-escritor judío alemán, víctima del nazismo. La vigencia y urgencia de su pensamiento reside en que anticipa muchas de las discusiones intelectuales contemporáneas, y lo mejor, lo hace desde una perspectiva que articula tradición y memoria con utopía y mesianismo a partir de un presente activo, creativo y múltiple. Los estudios culturales, pos y decoloniales, el paradigma de la complejidad y la subalternidad recogen algunos de sus principales planteamientos. En el mismo tenor grandes pensadores como Theodor Adorno, Bertold Brecht, Gershom Scholem, Jacques Derrida, Jürgen

6 Por Pilar Alba

E

staba a punto de dormir cuando el primer estruendo la hizo levantarse súbitamente de la cama. Pensó asomarse a la ventana para ver dónde se había generado el estruendo. Se arrepintió al recordar que no estaba sola, tenía que verificar que la niña estuviera a salvo. En su cama su hija no se dio cuenta de nada, dormía profundamente, cuando sonaron las otras detonaciones. Su instinto la hizo tomarla en brazos y refugiarse adentro del clóset. Esto era como en las películas, pensaba en su aturdida mente. No, no es como en las películas, se decía mientras lloraba y lloraba. La niña despertó desconcertada, mientras las ráfagas seguían afuera ni siquiera lloró; su ino-

/// Walter Benjamin (1892-1940).

Habermas, Giorgio Agamben, Jacques Rancière, entre otros, han abrevado de su fuente infinitamente rica y variada, pero suelen ser lecturas sesgadas que recogen algún aspecto de su vasta obra. Apenas podemos dar crédito que alguien pudiera armar una urdimbre intelectual barroca tan balanceada y orgánica con retazos de materialismo histórico, judaísmo mesiánico sin Mesías, espiritualidad poética, ensayismo literario, periodismo ágil y fresco, viñetas narrativas y atentas crónicas urbanas, así como una serie de observaciones perspicaces desde las cosas y sus relaciones entre sí. Benjamin es un maestro en el arte del matiz y del perspectivismo, si hubiera algún parangón previo sería con el Nietzsche de madurez y la mejor crítica mordaz de

Karl Kraus. Sus reflexiones y observaciones tienen una agudeza que da justo en el blanco. Y además sus textos, en su mayoría fragmentarios, invitan al lector a pensar de manera inédita, a la vez, que descubren o redescubren algún escorzo insospechado o poco explorado. Sus ensayos sobre el arte, la violencia, la ciudad, entre otros textos, aún siguen abriendo pistas de elucidación pertinentes. Quizá una de las más grandes aportaciones de Benjamin a la teoría crítica haya sido hacer del ejercicio teórico un arte onírico creativo capaz de ampliar los márgenes de la experiencia humana como reinvención de una infancia prístina. El gran poeta pensador Paul Celan ha escrito un emotivo poema de homenaje a su enigmá-

El pitazo cencia solo le permitió el desconcierto y las ganas de volver a dormir para no enterarse de lo que pasaba. Sonaron tres detonaciones finales. Luego, empezó el profundo olor a quemado; si era dentro de la casa quedarían ahí muertas en lo más profundo del clóset. Al no oír disparos ni ruido afuera se asomó a la ventana con la niña en brazos, aventando con el pie los vidrios regados. El carro de su esposo ardía afuera de la casa. Qué le iba a decir cuando llegara cansado

de la fábrica después de las horas extras. Tanto tiempo juntando para poder comprarlo y ahora se quemaba como en una hoguera. Bajó al primer piso ahí también se vivía un desastre, las cortinas, la televisión todo destrozado. ¿Por qué tanto odio, por qué tanta saña?, pensaba. Cuando salió de la casa para ver si podía resguardarse en la casa de alguno de los vecinos, nadie abrió la puerta, nadie contestó las llamadas. Con su niña en brazos esperó sentada

tica muerte “Port Bou: ¿alemán?”. Beatriz Sarlo, Bolívar Echeverría, Jorge Juanes y Ricardo Foster han sido notables ensayistas, comentadores y divulgadores de la obran benjaminiana en lengua castellana, sus reflexiones mantienen vivo el pensamiento de uno de los pensadores claves del siglo XX, que anticipa el siglo XXI en la compleja y abigarrada policromía de sus claroscuros. Al igual que Nietzsche, Benjamin es un pensador póstumo e intempestivo; asimismo a quienes en vida la academia les fuera negada, ahora, en revancha, esta no cesa de interpelar sus obras interminables e intermitentes. Quien haya leído la obra benjaminiana sabrá ya que se trata de una adicción incurable y siempre renovada: el efecto Benjamin.

en la banqueta a que su esposo llegara; el hombre sorprendido nada más movía de un lado a otro la cabeza, tragándose con saliva seca las palabras, un chingao se le escapó de la boca. Cuando dirigiéndose a ellas les dijo: Vámonos para adentro. Después de tres horas llegaron los militares, después de tres horas les hicieron las preguntas, después de tres horas llegaron cuerpos de rescate y paramédicos de crisis; después de tres horas salieron los vecinos ahora sí a preguntarles que qué había pasado. Después de tres horas cuando ya de la casa de enfrente unos hombres desconocidos habían huido sacando lo que tenían ahí guardado, santiguándose y dándole gracias a la Santa Muerte de que alguien por ahí hubiera dado mal el pitazo.