La Gualdra 498

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 498 /// 11 DE OCTUBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Juan Manuel de la Rosa en su estudio de la Ciudad de México, fotografía de Martín Ocampo.

Poco después del fallecimiento de Juan Manuel de la Rosa (10 de octubre de 1945-15 de julio de 2021), sus hijos encontraron un manuscrito que expone la idea central de un mural y espacio de contemplación, que llevaría el título de Camino de jade y azul (2021). Esta bella, potente e inconfundible caligrafía expone: “Espacio de reflexión, concepto de integración (espacio, idea, plasticidad); de la zacateneidad a partir de la pintura abstracta, que logró prestigiar y posicionar dos grandes pintores considerados los mejores de México: Pedro Coronel y Manuel Felguérez”. [Natalia de la Rosa “Camino de jade y azul, o la búsqueda frente al eterno retorno”, en páginas centrales”]


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LA GUALDRA NO. 498 /// 11 DE OCTUBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 498

Editorial

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l mes de octubre tiene muchas fechas conmemorativas en lo que concierne a las artes en nuestro Estado. El 3 de octubre de 1953 nació en la ciudad de Zacatecas el artista plástico Alfonso López Monreal, y aunque ya pasaron algunos días, todavía es tiempo de felicitarlo. Apenas la semana pasada hablábamos de Francisco Goitia, quien naciera en Fresnillo el día 4, pero de 1882; ese mismo día, pero de 1957, nació en el Estado de México -pero es considerado un artista zacatecano dado que vivió aquí la mayor parte de su vida- Emilio Carrasco, quien falleciera el año pasado, a causa del Covid-19, a finales de este mismo mes. En lo que va de la pandemia, hemos perdido desafortunadamente a muchas personas, entre ellos a artistas muy queridos; además de Emilio, recordamos ahora también al maestro Manuel Felguérez, nacido en Valparaíso en el año de 1928 y fallecido a causa de este virus en el mes de junio de 2020; fue el 25 de octubre del 2018 cuando la Universidad Autónoma de Zacatecas le otorgara el Doctorado Honoris Causa en el Teatro Fernando Calderón, en el marco de los festejos de los 50 años de la universidad. El 10 de octubre de 1945, nació en Sierra Hermosa, en el municipio de Villa de Cos, el artista plástico Juan Manuel de la Rosa, quien falleciera el 15 de julio pasado y a quien dedicamos un número especial ese mismo mes. Cuando recibimos la noticia de su fallecimiento, acontecido en la Ciudad de México, se informó que posteriormente sus restos mortales serían trasladados a esta su tierra. Eso ocurrió apenas el mes pasado. Su familia decidió, seguramente porque Juan Manuel así lo dispuso, traer a Sierra Hermosa la urna en la que están sus cenizas, “La elaboración de la urna en cerámica, en tonos turquesa, fue realizada por el mismo Juan Manuel, comenta su hijo; modelar esa última morada sin premeditarlo”, nos dice Verónica G. Arredondo en esta edición gualdreña, en la que además, realiza una crónica de lo que pasó ese día 2 de septiembre pasado, cuando Juan Manuel de la Rosa volvió a su tierra, a esa comunidad del desierto zacatecano en donde nació

y a donde siempre regresó. Leer ese texto probablemente lo trasladará, estimado lector, a ese momento en el que los habitantes de esa comunidad se reunieron para despedir a su paisano. En este número 498 de La Gualdra participan también Pablo Emiliano de la Rosa, quien nos comparte en su texto parte de lo que sucedió el último año y medio de la vida de su padre y cómo es que concibió la idea de hacer el mural -recién inaugurado también en el Palacio de Gobierno de nuestro Estado- Camino de jade y azul. Sobre este mural, Luis Miranda Rudecino nos habla también: “La expresión plástica nos dice algo: somos de un universo, como lo son las piezas simbólicas que tienen la misma función, lo uno y el cosmos, el fragmento y el todo. Así nos encontramos ante el infinito. Juan Manuel de la Rosa, con sus trazos, nos hace sentir el jade y el azul como un suspiro que huele a barro”. Finalmente, en páginas centrales de esta edición, Natalia de la Rosa, hija de Juan Manuel, comparte un extraordinario texto en el que aborda el tema del mural, el de un manuscrito que su padre dejó y en el que habla de ese proceso de creación de la que fuera una de sus últimas obras. En este texto podemos encontrar, además, datos muy significativos de la vida profesional del hijo de Sierra Hermosa, quien el domingo 10 de octubre hubiera cumplido 75 años. Aprovecho ahora para agradecerle a ella y a quienes participan en esta Gualdra hablando del Camino de jade y azul por la generosidad de compartir con nuestros lectores lo que aquí presentamos para recordar, este mes de octubre, a uno de los artistas más talentosos de Zacatecas. Que sea esta entonces también una invitación para que visiten este mural que forma parte de este centro cultural ubicado en el corazón de la ciudad capital, en el edificio que anteriormente fuera Palacio de Gobierno, y en donde el espíritu creativo y poético del artista les dará la bienvenida a los espectadores. Que disfrute su lectura.

Directorio

Contenido

Juan Manuel la Rosa y el precipicio Por Pablo Emiliano de la Rosa Sierra Hermosa Por Verónica G. Arredondo

Camino de jade y azul, o la búsqueda frente al eterno retorno Por Natalia de la Rosa El camino de jade y azul Por Luis Miranda Rudecino

El devenir de la creación: Yoga, meditación, danza [Primera parte] Por Sigifredo Esquivel Marin

El recorrido del Capitán Calleja en un edificio anterior a la Conquista por el poblado de Villanueva Por Xochitl Hernández Noriega

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Juan Manuel la Rosa y el precipicio Por Pablo Emiliano de la Rosa t

/// Fachada trasera de la Hacienda de Sierra Hermosa, Sierra Hermosa, Villa de Cos. Fotografiìa de Verónica G. Arredondo.

de una hora, si pensamos en el tiempo que tardó en dibujar sobre las placas de barro para que después la ceramista Karina Luna las llevara a sus grandes dimensiones… Año y medio, si pensamos en el tiempo en el que estuvo trabajando en el proyecto, haciendo bocetos, pruebas, investigando materiales… O casi 76 años: todos los que vivió, desde que se atrevió a pintar con un carbón las paredes de su casa –su madre nunca permitió que borraran esas grafías–, decidió ser pintor

y viajó por el mundo en búsqueda de su propio lenguaje. Mi padre sabía perfectamente a lo que se enfrentaba, así el Camino de jade y azul adquirió pronto otra dimensión. Por eso el rigor y la exigencia, desde el conocimiento de su cuerpo y sus límites, la invocación de toda la fuerza creativa que le restaba para que en ese último gesto pudiera dejar plasmado, con la mayor libertad, lo más esencial de su lenguaje.

“La creatividad surge al borde del precipicio”. ¿Y qué mayor precipicio hay que el que separa la muerte de la vida? Al igual que las manos plasmadas en las cuevas de Lascaux o de Altamira que tanto le intrigaban, algo debe permanecer: “Aquí quedo yo, esto es lo que tengo que decir, existí y tuve curiosidad del mundo”. Ese gesto, ese trazo esencial sobre el barro como una última exhalación artística, es el triunfo de la vida.

Sierra Hermosa Por Verónica G. Arredondo t

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a comunidad se ubica en el Trópico de Cáncer, municipio de Villa de Cos, Zacatecas. Por la carretera, dirección a Saltillo, giramos a la derecha durante 13 kilómetros por terracería. Había llovido. Atravesamos dos comunidades, a lo lejos, en las faldas del cerro, la explotación de una mina de oro, como ciudad blanca, abandonada. El paisaje, poblado de matorrales pequeños y espinosos, yucas, mezquites, cardos recuerdan los alrededores de Real de Catorce: Estación Wadley, Las Margaritas, El Tecolote –por ahí saltará el venadito– pensé. Visualicemos Sierra Hermosa en maps, en línea recta a la derecha se encuentra Wadley, en colindancia al desierto, lo sagrado. Por el camino ubicamos la yuca favorita del maestro Juan Manuel de la Rosa, junto a la cual aparece en una fotografía. Arribamos a Sierra Hermosa cerca de las 12:00 P. M., en la escuela los niños habían suspendido actividades, en espera. La misa de cenizas comenzaría al mediodía, en la capilla situada

/// Detalle de Yuca, Sierra Hermosa, Villa de Cos. Fotografiìa de Verónica G. Arredondo.

detrás de la hacienda. Aquel lugar remite a la memoria histórica, terratenientes, latifundios, despojo y congregación de hacendados. Situada al centro de la comunidad podría significar en extensión al atrio de una iglesia, al jardín principal frente a convento. La hacienda, hermoso territorio en ruinas, arquitectura con ventanas en ojiva, se yergue bajo el cobalto. Seña identitaria de una sociedad coartada por la migración, la minería,

su contaminación del agua y la labor del campesino, germinar el desierto. Habitan Sierra Hermosa 250 mujeres, niños y hombres maduros. El cortejo fúnebre comenzó en casa de la hermana de Juan Manuel, cruzamos al lado de la hacienda, en la capilla el rezo al unísono tuvo lugar durante varios minutos, luego resonaron campanas. Niños con flores en manos caminaron al frente, después las mujeres, al final los hombres,

el sol a plomo. La ceremonia se realizó el 2 de septiembre, mes y medio después de la muerte de Juan Manuel. Palabras de agradecimiento, amor y poesía por parte de sus hijos, familia, amistades; homenaje verdadero al hombre que trascendió al artista, al rodearse del cariño de su gente y mostrarles otra visión de mundo, a partir de su pasión por la literatura. Valoró la niñez, semillero de próximos estudiantes, licenciados; Club de Lectura con más de 6,000 títulos, y diversos profesionistas. El Museo Comunitario, antes caballeriza, funciona en préstamo de obra a las familias, como biblioteca. Conocimos también el espacio de arte textil destinado a mujeres, generan ingresos propios; y llenamos bolsillos del queso fresco que preparan. ¿Qué otro artista ha logrado un impacto así, lejos de museos con acervo del mundo en vitrinas, separados, sin involucrar de lleno al espectador? Tenemos mucho por hacer creadores y agentes culturales. Se reconoce a una persona por sus acciones, preferir el silencio a la palabra. La elaboración de la urna en cerámica, en tonos turquesa, fue realizada por el mismo Juan Manuel, comenta su hijo; modelar esa última morada sin premeditarlo. Nos alejamos de Sierra Hermosa con tormenta, múltiples arcoíris iluminaron el desierto.

Camino de jade y azul

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urante el último año y medio hubo un sueño que rondaba en la mente de mi padre: el mural en cerámica Camino de jade y azul. Sabía que podría ser su obra más importante y tal como sucedió con todo su trabajo artístico a lo largo de su vida, este proyecto fue el que le dio sentido a esos meses y días. Hay una frase que él repetía: “La creatividad surge al borde del precipicio”. Define cómo vivió toda su vida, sin fórmulas ni ataduras, nada estaba escrito. Así cada día sería una tabula rasa, literalmente, un lienzo en blanco. Solo así cada obra podría ser verdaderamente una búsqueda: sondear en la profundidad de la sensibilidad humana, sumergirse y rascar en el fondo de la existencia para traer de regreso un dibujo, una pintura al óleo o una cerámica, como rastro de esa exploración. Así también podría vivir una vida plena. Maravillarse con un sabor nuevo, viajar a otras partes y descubrir cómo se llenan allá los días, ver la vida siempre con curiosidad, maravillarse incluso de estar vivo. Pero todo tiene su precio y en este caso el precio de esa plenitud es la incertidumbre. “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”, dice Friederich Nietzche. El precipicio es un espejo: nos devuelve una imagen descarnada de nosotros mismos, pero a cambio de eso nos da la libertad. ¿Cuánto tiempo tardó en hacer su última obra, Camino de jade y azul? Poco menos


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Arte

Camino de jade y azul, o la búsqueda frente al eterno retorno

/// Juan Manuel de la Rosa en su estudio de la Ciudad de México, fotografía de Martín Ocampo.

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Por Natalia de la Rosa

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oco después del fallecimiento de nuestro padre, Juan Manuel de la Rosa (1945-2021), el pasado 15 de julio, encontramos un manuscrito que expone la idea central de un mural y espacio de contemplación, que llevaría el título de Camino de jade y azul (2021). Esta bella, potente e inconfundible caligrafía expone: “Espacio de reflexión, concepto de integración (espacio, idea, plasticidad); de la zacateneidad a partir de la pintura abstracta, que logró prestigiar y posicionar dos grandes pintores considerados los mejores de México: Pedro Coronel y Manuel Felguérez”. Continúa el documento: “Esta corriente (la abstracta) permite tener muchas lecturas e interpretaciones, en este caso con un lenguaje o alfabeto plástico de símbolos y formas que remiten, como decían Mario Molina o José Emilio Pacheco, al desierto que hemos creado”. Estas palabras dan sentido a una obra que se concibió con barro zacatecano (acaso el mejor para fines artísticos, explicó el artista), trabajado a partir de la cerámica en la técnica del rakú en el taller Miraluna, y coordinado por Karina Luna y Leobardo Miranda. Fue acompañado por la inclusión de 5 piedras intervenidas y trabajadas (4 de jade y 1 de cristal de piedra) en colaboración con Lázaro Martínez y unas bancas en madera de álamo, producidas a la medida del edificio por Antonio Díaz Soto. Este desglose también evidencia aspectos fundamentales para entender este mural y la obra misma de De la Rosa. Por una parte, da sentido a la concepción del proyecto como una pieza que entrecruza la labor plástica con la de los oficios, en este caso la cerámica, el labrado en piedra y la carpintería. No se puede remitir a la práctica de este artista nacido en Sierra Hermosa, Villa de Cos, sin subrayar la labor conjunta y aprendizaje de la mano de los y las artífices, acción comple-

mentada en otras obras por el trabajo con plateros, doradores, fundidores, textileras, herreros y las mismas, como denominó, artífices del papel. Por otra parte, remite a la naturaleza de la propuesta, centrada en generar una conexión entre, añade el escrito, “arte y silencio”. ¿A qué se refiere De la Rosa en estas notas cuando remite a que esta pieza monumental refiere a la zacatecaneidad? Cada uno de los artistas más destacados nacidos en este Estado reflejaron de alguna forma la relación con el entorno o su contexto de vida: Julio Ruelas, reflejó un inconfundible comentario sobre la incertidumbre finisecular a partir de una iconografía funesta; Francisco Goitia, fue el cronista más destacado de la Revolución, a través de sórdidas y potentes escenas de paisajes; Pedro Coronel, conjugó por medio de la forma y color toda la fuerza de su interior; Manuel Felguérez, experimentó con la materia, la técnica y el gran formato y así alcanzar un lenguaje pictórico que desde lo geométrico, el fragmento o el trazo, y generar también un comentario respecto a la serialidad, el movimiento y las relaciones entre luz y sombra. De la Rosa, a través de una trayectoria consolidada, ya formaba parte de esta genealogía del arte zacatecano y nacional. Dialogó con cada uno de estos artistas de alguna manera. Puedo asegurar que fue uno de los mejores grabadores mexicanos de los recientes tiempos, con una técnica impecable y una labor sobre las placas que recuerdan labor de Ruelas. De ello dan cuenta galardones obtenidos en los años de formación, tras estudiar en la Universidad de Nuevo León y la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, y después de haber sido alumno del miembro del Taller de Gráfica Popular, Isidoro Ocampo, a través de la obtención de los reconocimientos del Primer Premio de Grabado La Esmeralda (1967) y el Premio Nacional de Grabado de Aguascalientes (1969). Este fortuito encuentro con el grabado dio paso al estudio en diversos ateliers, como fue el Clot et Bramsen (París) y el taller de Dimitri Papagueorguiu (Madrid), hasta llegar a colaborar en varias ocasiones en el taller de impresión Stam-

peria d’Arte Grafica 1 de Giorgio Upiglio (Milán), en donde realizó una de sus mejores producciones en el medio gráfico. Respecto a Goitia, De la Rosa comparte con este místico una obsesión por el paisaje del desierto. Una de las cualidades de Goitia es que sus escenas permanecen en la mente debido al impacto que generan. Cuando una viaja por las carreteras zacatecanas comienza un ejercicio de reconocimiento del imaginario goitiano: los silos, las yucas, la sequía. Este mismo ejercicio sucede con la obra de Juan Manuel de la Rosa: el azul intenso del cielo, el almagre de la tierra, la Sierra de Sarteneja, las construcciones del semi-desierto o el Trópico de Cáncer aparecen constantemente en su repertorio y, como mencionó en alguna de sus últimas entrevistas realizadas, “cuando alguien visita Zacatecas o quiere conocer Zacatecas, lo conoce a través de mi pintura”. Respecto a Coronel, existió un diálogo vinculado a la investigación cromática y la creación de una simbología personal para expresar un pensamiento o sentir interno. Mientras que con Felguérez, la experimentación y el juego con la monumentalidad (del lienzo al mural) fue algo que como creadores compartieron. Por supuesto que la abstracción, como observamos a partir de esta obra, resulta un aspecto común que la práctica de De la Rosa consolidó durante toda su trayectoria. Me centraré en entender la experimentación en este artista. La producción de De La Rosa, posteriormente al estudio de la gráfica, se centró en el quiebre de la superficie pictórica, estrategia habitual en el arte de las décadas de 1960 y 1970. Fue así que del grabado (la mezzotinta, la punta seca, el aguafuerte) se introdujo en el movimiento denominado como la “revolución del papel”, de modo paralelo que Antonio Dias en Brasil o Norma Zárate en Colombia. En Francia, Egipto, Japón, entre los años setenta y ochenta, y a partir del lino, la morera, el algodón, el amate y el papiro, comenzó una búsqueda que no terminaría nunca, dedicada a encontrar los secretos de ese invento milenario. Uno de los momentos más destacados aconteció en el Departamento de Santander, Colombia, a par-


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Por Luis Miranda Rudecino

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ndigo, lumínica ilusión, plenitud celeste. Bajo la creación del mundo onírico y visual de Juan Manuel de la Rosa tenemos ante nosotros la obra El camino de jade y azul, un mural cerámico y su singular compañía: cinco esculturas de jade, bajo la hechura de Karina Luna Juárez y Leobardo Miranda Flores. La obra nos deja un atisbo, la impresionante fragilidad de las partes de un camino, de un todo. Cada pieza elaborada es un fragmento, una obra individual que se consagra en el universo de una gran textura. Es el viaje, es un espacio para la contemplación. Sentimos tanto al México prehispánico

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tir de la invitación que Belisario Betancourt le extendió para fundar en 2001 el taller de papel en la Fundación San Lorenzo de Barichara, que junto con el Museo Comunitario de Sierra Hermosa (2000), fueron los dos grandes logros artístico-pedagógicos del artista zacatecano. En este pequeño poblado andino De la Rosa desarrolló junto con sus alumnas una técnica para producir papel de fique y piña, que posteriormente observamos de manera constante y orgullosa en muchas sus obras tardías. Paralelamente a la investigación del papel, la experimentación de este creador se centró en acudir a otra raíz, la de la técnica pictórica, a partir del estudio de manuales diversos con el fin de encontrar fórmulas precisas (técnica veneciana, temple, encáustica) e ir en búsqueda de los pigmentos naturales: la cochinilla (tlapanochestli), el añil, palo de Brasil, caracol púrpura marino Tixinda. A partir de estos elementos generó un diccionario y semántica capaz de remitir a la diáspora que encarnó, y que comparte con muchos de los campesinos de estas tierras. Conformó un imaginario que expuso a través de trazos, imágenes, colores, símbolos y materiales que configuraron una amplia y diversa producción. El mural y espacio de reflexión Camino de jade y azul resulta la síntesis de toda una búsqueda y un desplazamiento. La cerámica fue una de las disciplinas que siempre

/// Juan Manuel de la Rosa, Camino de jade y azul, Palacio de Gobierno, Zacatecas, 2021. Foto de Natalia de la Rosa.

acompañó la producción de este artista zacatecano. Colaboró siempre con los talleres más importantes (últimamente con Claudio Jerónimo López en Oaxaca), y finalmen-

te, con Karina Luna en Zacatecas. Con cada ceramista la complicidad y el intercambio de secretos fue una constante. Al final de su vida, encontrar un taller en Zacatecas y una interlocutora como Luna, abrió el horizonte para enfocarse en la elaboración de murales escultóricos, especialmente en rakú de alta temperatura. De ello dan cuenta ejemplos anteriores elaborados para colecciones privadas y últimas exhibiciones públicas, como fue Diáspora personal, llevada a cabo en el Museo Saturnino Herrán de Aguascalientes. Los símbolos que observamos en esta obra son la síntesis un vocabulario personal. Resultan los últimos trazos, el último ímpetu, el último aliento de un artista. El mural fue concebido hace por lo menos más de un año a partir de la configuración conceptual de un espacio integral donde dialoga la plástica-mural, la escultura y la arquitectura. Este trabajo actualiza, de alguna forma, la tradición de arte público en México al tiempo que dialoga con otras arquitecturas para la reflexión. Este emplazamiento resulta finalmente un paisaje, un jardín del desierto. Se vincula a los acercamientos escultóricos

El camino de jade y azul con su expresión magnánima de tan fulgurante color, el jade y la jadeíta del río Mezcala; sí, como la abstracción sensible de tan distinguido creador, bajo los trazos aparentemente azarosos en una composición de líneas, rasgos y heridas. El camino de jade y azul es hijo del barro zacatecano, elaborado en fragua de la más alta temperatura, talla en una extraordinaria alquimia bajo la técnica del Rakú, todo esto,

cortejado de madera de álamo para disfrutar la cerámica zacatecana, el goce, el azul... La expresión plástica nos dice algo: somos de un universo, como lo son las piezas simbólicas que tienen la misma función, lo uno y el cosmos, el fragmento y el todo. Así nos encontramos ante el infinito. Juan Manuel de la Rosa, con sus trazos, nos hace sentir el Jade y el Azul como un suspiro que huele a barro. En

al aire libre de Isamu Noguchi, o al jardín Ryoan-ji japonés en Kyoto, en los que las rocas y las piedras dispuestas generan un haiku ambiental. También está relacionado al trabajo del arquitecto portugués Álvaro Siza, creador que explora el uso de piedra y cerámica para el desarrollo de formas simples. Así, De la Rosa, confirmó un diálogo desde la abstracción y su posibilidad del lenguaje universal, al tiempo que se centró en la materialidad y referencia absoluta al desierto, a través del barro zacatecano y del jade que remite a la zona del Chalchihuite. Para finalizar, quiero reiterar que esta obra es la conclusión de una búsqueda constante hacia un retorno obsesivo al territorio. La poesía visual de De la Rosa, la añoranza y las imágenes de su infancia en Sierra Hermosa que lo persiguieron toda la vida encuentran un final en este lugar; y remito a Salvador Espriu: concluyen en un cántico y un templo dedicado a esos caminantes perpetuos, a esos nómadas y a lo/as hijo/as del desierto, a manera de un amor profundo y un desesperado dolor por una salvaje tierra.

nuestra gran tradición del muralismo mexicano recordamos a Rivera, Siqueiros y Orozco, así como el movimiento de la Ruptura, con representantes como Rufino Tamayo, Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, por citar algunos. Y justo ahora nos encontramos aquí con el mural de Juan Manuel de la Rosa, que nos propone una vía diferente, un ronda silenciosa, un espacio sigiloso, poético, azul. Este mural como espacio sagrado, hecho de la mano y de la tierra, del agua y el fuego, nos muestra un faro del placer estético, visual. Además, otorga la posibilidad de una introspección en la mirada, nos hace pensar en la ausencia de lo que se ha quedado atrás, al tiempo que se vuelve una guía tanto para la vida, como para el deleite. Juan Manuel de la Rosa nos deja un camino que, frente a nosotros, muestra el sendero que hemos de tomar.


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El devenir de la creación: Yoga, meditación, danza [Primera parte] Por Sigifredo Esquivel Marin

Iyengar fue la persona única que presentó Yoga al mundo para la obtención de su salud integral; incluso muchas personas no lo conocen, pero practican sus técnicas para aprender yoga y restaurar su salud, esa fue la grandeza de su vida ejemplar. Iyengar puso especial atención en la alineación del cuerpo, la columna vertebral y la mente humana con la Conciencia Divina. No soy simplemente este cuerpo o mente –nos enseñaba–: Yo soy la conciencia que quiere evolucionar a planos superiores de la existencia trascendente. Quiero salir de esta matriz e ir a planos superiores de existencia. Soy un ser parte del Ser Universal que va en pos de su estar como bienestar. Yoga es filosofía práctica en estado puro”. Con rostro apacible sonriente y mirada profunda, concluye el discípulo directo de Iyengar, no sin cierta ironía: “Esas son las respuestas para tus simples preguntas”.

Yoga y danza

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onversaciones, vivencias y convivencias con Prasad y Claudia Llanos Del 22 al 26 de septiembre del 2021 estuvieron en Zacatecas dando un curso integral e intensivo los grandes maestros Prasad, Yogendra y Claudia Llanos, aparte de sus cursos y conversaciones compartieron su sabiduría, risas, sonrisas y comida que prepararon entre amigos en el espacio de Sadhana que coordina Sofía Carolina Peraza y la nutrida comunidad que integramos la Sangha congregada en torno a dicho espacio. Además del curso intenso e intensivo –un auténtico regalo de la generosidad de los maestros–; pudimos conversar, reír, sonreír, cocinar, comer, gustar y degustar de la mesa y de la sobremesa, entre bromas, té chaí y postres deliciosos. Como el canto y la plegaria: yoga, meditación, danza son tres formas fundamentales e interdependientes de la existencia humana en su búsqueda de realización trascendente. De todo lo compartido, aquí damos cuenta apenas de algunas perlas de sabiduría; la experiencia directa, como siempre, es otra cosa, absolutamente singular y única. Prasad: la preservación del linaje del Yoga de Iyengar Hombre sencillo, hindú de trato afable, con una sonrisa discreta y auténtica, Prasad no hace Yoga, lo encarna, lo vive y lo respira como el cuerpo integral y cósmico que se armoniza con el universo entero. Sus seminarios y cursos nos hacen ver que Yoga podría hacer todo el mundo, que todos podemos dar nuestro mejor esfuerzo sin forzar nada y disfrutarlo todo. De la mano de Prasad uno siente que Yoga es tan natural como respirar o caminar. Más allá de la perfección y de la maestría, ambas presentes en su práctica, una clase de Yoga con Prasad fluye como la inmanencia de la vida misma, un flujo libre sin pose alguna. Le preguntamos a Prasad: ¿Qué es yoga? Y después de compartir un profundo silencio nos respondió: Yoga significa “una forma de vida, la disciplina, conduce a la paz física y mental, y el equilibrio de la vida, y este conduce a la sabiduría, y la sabiduría conduce a la salvación de la vida”. En efecto para Prasad vida, yoga, sabiduría, meditación y humanidad son perspectivas distintas, más no distantes, de lo que es el ser humano en su religación cósmica universal. Si Dios está en los detalles –según refrán sufí, el esmerado cuidado de cada asana, de cada movimiento y ejercicio nos da cuenta de que los grandes maestros han hecho suyo el lema de: aprende el arte y déjalo aparte. ¿Cuál es tu experiencia y formación en yoga? “Yo mismo –nos aclara Prasad– lo experimenté desde mi infancia haciendo asanas, cuando era joven estudié un curso

/// Prasad.

de graduación de Yoga en University en India. Estudié un curso intensivo en la escuela de yoga de BKS Iyengar, mundialmente famosa, en la India. Después fui a aprender varios años de experiencia práctica cómo enseñar yoga para público en general, práctica general y cómo el yoga puede controlar o, por lo menos contribuir, en torno a diferentes problemas de la salud. Con posterioridad estuve siete años enseñando en escuelas, universidades y dando cursos

/// Prasad.

al público en general en la India. Asimismo, trabajé enseñando yoga en la embajada de la India en las islas Fidji, Bangladesh y en México; con una experiencia de cerca de veinte años practicando, enseñando y aprendiendo el universo infinito del Yoga. Mi experiencia personal es que el Yoga conduce a la disciplina y la armonía que trae paz, dicha y felicidad”. ¿Cuál es la enseñanza y legado de BKS Iyengar al Yoga y a la humanidad? “BKS

Claudia Llanos: la danza de la vida cósmica como religación universal sagrada Bailar, caminar, fluir, vivir, gozar, religarse, entre otras acciones humanas primordiales muestran y demuestran la profunda y profusa unidad de lo viviente que encarna el cuerpo que baila la danza del universo íntegro. Parafraseando a Deleuze, quien, a su vez, efectúa una paráfrasis de Spinoza y de Nietzsche, en Danza el Cuerpo es pliegue, despliegue y repliegue del Ser: unoabsoluto-múltiple-singular-universal. Claudia Llanos ha hecho suyo el lema del filósofo que –según Borges– pulía los anteojos del universo: Baruch Spinoza. Y al inicio de sus sesiones nos dijo y predijo que nadie sabe lo que puede un cuerpo hasta que no se pone a bailar, se conecta y reconecta con el latido del universo bajo la sincronía del ser eterno, y que lejos de estar en el más allá, está siempre a flor de piel, no hay más metafísica que la física de los cuerpos danzarines. Claudia invita a bailar, obliga amorosamente a todos los presentes a despertar el cuerpo adormecido por la cultura, los hábitos y las costumbres. Nos recuerda la potencia sagrada del cuerpo viviente como (parte del) ritmo universal. Antes del saber, ya estaba el ser, Claudia intuía desde niña que la danza era parte de su destino. Toda una vida consagrada a la recuperación de las danzas y cosmovisiones sagradas dan cuenta de ello. Compartimos algunas preguntas y respuestas que apenas atisban la potencia telúrica de las danzas del mundo. En todas las culturas y civilizaciones la danza aparece como una de las expresiones más fundamentales del ser humano, ¿qué significa para Claudia Llanos dedicar su vida y obra a la danza y preservar sus valores y tradiciones? Con su sencillez y claridad nos respondió que: “Para mí la danza significa un total servicio, una rendición total a lo que la Divinidad o Dios o los seres superiores quieren de mí respecto a la danza y a la vida misma. Es un regalo y una bendición poder compartirlo todo con todos y poder conectar con el arte y


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que haya también personas interesadas en conectar de esta manera profunda con la danza y el universo. Especialmente las danzas tradicionales están llenas de frutos, de almas que transitaron a través del arte, de experiencias de mundo, de tiempo y de vida, de dedicación y de conocimientos. Yo siento que la danza es un servicio, para mí es un regalo divino desde el arte, desde muy pequeña siempre fue así. Es un regalo, una fortuna poder aprender y poder seguir siendo, contribuyendo a ser portadores de dichos frutos, nutriéndolos y también transformándolos con todo el respeto, cariño, amor y pasión” –responde la maestra Llanos con su voz melodiosa y estilo natural. ¿Cuál es la importancia de difundir el baile en una sociedad como la nuestra y qué aporta el baile para la salud integral? “La importancia de difundir el baile en una sociedad es que ayuda a unirnos, ayuda a relacionarnos con la otredad, con el espacio-tiempo, así como con las personas que nos relacionamos. La danza nos coloca en un lugar de vulnerabilidad, este lugar vulnerable donde nada se puede ocultar, y se despliega la sensibilidad en estado puro. También nos ayuda a conectarnos desde esta sinceridad y autenticidad únicas y absolutas con los otros. Y eso fortalece profundamente los tejidos sociales y sana todo, es terapia pura, porque te coloca en un lugar de y desde el presente, te permite estar presente

/// Claudia Llanos.

y con disposición par poder compartirlo todo. La danza fortalece el tejido social comunitario y abre un espacio común para la creatividad. Y por supuesto, todas las nuevas posibilidades de la danza nos brindan la capacidad de soltarnos, de movilizar emociones, afectos y afecciones, mente y cuerpo, de mover el cuerpo-alma-espíritu. La danza, como el canto y la respiración son tres cosas para las cuales no necesitamos nada externo en su realización. La danza es la inmanencia de la vida. Las danzas son tesoros de la humanidad, condensan y concentran su legado, son herramientas que ya tenemos dentro para renovar nuestra salud integral, y para renovar los vínculos humanos cada vez que son puestas en escena” –dice la maestra nacida en México que ha dedicado muchos años de formación y conformación en la preservación de las culturales orientales desde su vida cotidiana. En la Gaya Ciencia Federico Nietzsche habla de la importancia de recuperar una sabiduría jovial que recoja el autoconocimiento profundo del cuerpo y de la vida misma. En tu trabajo de recuperación de las danzas de medio oriente, de la India y de otras latitudes buscas recrear con el mayor etnográfico y filológico el sentido profundo de esos bailes y vestidos tradicionales, pero le das un giro creativo, personal, muy propio, haciendo del baile una verdadera obra de arte. Podrías abundar al respecto desde tu biografía y experiencia

/// Claudia Llanos.

[Continuará la próxima semana]

Yoga y danza

/// Claudia Llanos.

personal. “Definitivamente la riqueza de estas tradiciones resulta inconmensurable, y aunque yo me especializo en las culturas de Asia, más específicamente del Sur de Asia, todas las culturas y todas las tradiciones contienen una gran riqueza. Me parece importante relacionarnos desde nosotros mismos, pues no estamos en la India, estamos en México, y solamente nos podemos relacionar en y desde nuestra propia experiencia. Y esto es llenar de vida la tradición, si la tradición no se estudia y si vive en y desde el presente, si no se habita con profundo respeto y profunda pasión, algo de las tradiciones se va muriendo; de ahí que sea fundamental llenar la tradición de experiencia vital, de práctica y de vida y de cuerpo; es como el aprendizaje de una lengua, si no aprendes a decir las palabras para decir luego tus propios pensamientos, no aprendes a hablar nunca; en específico, a diferencia de las danzas clásicas apegadas a la forma estética, las danzas tradicionales, las danzas folclóricas tienen infinitas posibilidades de llenarlas del universo personal, dan el margen de habitarlas desde la experiencia propia, desde el lugar en que cada uno está y habita, y eso tiene un enorme potencial para poder utilizar estos lenguajes artísticos locales, a la vez tan universales y poderosos. Es un proceso complejo de retroalimentación, nos nutrimos de las danzas tradicionales y a la vez las conservamos vivas, les damos un nuevo giro, un nuevo contexto, como bien mencionas en tu pregunta, le otorgamos un giro inédito también en la ornamentación y vestimenta, así como en la joyería, en suma, en los detallados tejidos artesanales están las vidas de todas las personas que han habitado estas artes. Y eso tiene una gran fuerza de vida para poder usar estos lenguajes tan poderosos y vivos. Cuando uno le da vida también suma vida a estas tradiciones antiquísimas y recientes también. Es un ir y venir. Para mí ha sido eso, como aprender distintos idiomas y poder expresarme de manera singular. Yo recuerdo que, desde muy pequeña, tenía tres años, yo inventaba mis danzas y mis rituales cotidianamente, de tres a siete años tenía mucha perspicacia. Estudiaba danza mexica o danza conchera, y yo sola en la casa, en el patio, en la noche, ya que se dormían todos, me ponía a hacer mis danzas en círculo, imaginándome alrededor del fuego. Por tanto, yo creo que todos ya traemos alguna conexión con las fuentes de la naturaleza, con los elementos sagrados y con este conocimiento ancestral que existe desde que hay humanidad. Entonces es solo abrir la puerta, darnos la oportunidad de acercarnos a estas tradiciones para poder habitarlas y nutrirlas y nutrirnos. Al ver bailar a Claudia Llanos uno como público se contagia de alegría, de felicidad y de belleza, podrías expresar el sentido existencial y filosófico de la danza en tu vida. “Muchas gracias por tus comentarios, una gran maestra nos cuenta su concepción de la danza en la India. Nos cuenta que cuando uno danza, el espectador no es una persona que está ahí sino Dios mismo, uno danza para Dios, y la danza que te danza es Dios, y la música que te mueve y conmueve es Dios, y el espacio y el tiempo también son la encarnación misma de la divinidad. Todo deviene divino. Entonces, cuando tú logras trascender tu intención y tener esa claridad, te das cuenta de que no se trata de ti, entonces estar bailando, por un lado, lleva una responsabilidad y un enorme compromiso, y, por otro lado, conlleva quitarse el ego que estorba sin borrar la creatividad personal. Entonces para mí ha sido aprender que esto suceda, es un trabajo continuo de honrar la danza, que vaya más allá de mí misma, no quiere decir que yo me quite sino permitir que esto suceda, y esto lo busco llevar a todos los sectores y aspectos de mi vida, es decir, tener claro qué es lo que uno comparte y por qué, tener también muy claro cómo están recibiéndolo las otras personas tanto en las clases como en los espectáculos. En suma, es también tener claridad en que espectáculos hacer y por qué, estar claros con qué aspectos y modos nos relacionamos con y desde el arte; y a su vez, cuando yo observo danza, cuando observo a mis alumnas, o cuando estoy en un concierto del otro lado, pues observarnos con esos ojos de amor, a saber, la danza como un proceso de vida, como un proceso continuo de transformación. Entonces, es una gran belleza poder ser cómplice de esta magia que es la danza. Y pues todo esto, confiar en el sentido de la danza, ponerme a su entera disposición, confiar en lo que tiene preparado para mí.


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LA GUALDRA NO. 498 /// 11 DE OCTUBRE DE 2021

El recorrido del Capitán Calleja en un edificio anterior a la Conquista por el poblado de Villanueva Por Xochitl Hernández Noriega*

Ollin: Memoria en movimiento

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ños antes de que se llevara a cabo el sueño por el cual se suspiraba, cuando se sentía el peso enorme de la opresión de Castilla, al cual se le llamó movimiento de Independencia de México, llegó desde Medina del Campo, España, el Conde de Calderón España, Félix María Calleja del Rey en el año de 1789. Félix María Calleja del Rey se caracterizaba por poseer conocimientos que lo posicionaban como un jefe, tenía un carácter feroz y sanguinario que demostraba en cada lucha, por lo tanto, se respetaban y acataban sus órdenes como si del mismo virrey se tratara. Su arribo a la Nueva España, obedecía el salvaguardar los intereses de la corona española de los enemigos, de ahí que el 12 de mayo de 1790 saliera de la Ciudad de México hacia la frontera de Colotlán y la provincia de Nayarit para realizar una revisión y examen de las Compañías de Dragones de Milicias. Durante el trayecto hacia dichas provincias, elaboró un informe donde narró los poblados que fue encontrando a su paso; entre ellos menciona a los pueblos de Tula, Hacienda Arroyo Seco y San Juan del Río, las ciudades de Querétaro, Celaya y Guanajuato, las congregaciones de Irapuato, Villas de Salamanca y León. Posteriormente, al llegar al reino de Nueva Galicia, continúa su trayecto por Villa de Lagos y Aguas Calientes, Huejúcar, Nochistlán, Juchipila, pueblo de Jalpa y Tabasco, hasta que llega al poblado de Villanueva un 13 de junio de 1790; luego continuó hacia la Villa de Jerez, Real de Fresnillo, Tlaltenango, pueblo de Santa Catarina, San Andrés, San Nicolás, Huejuquilla, Mezquitic, Hacienda de Valparaíso, Sombrerete y Chalchihuites, por mencionar algunos. En su estadía en el poblado de Villanueva, para la revisión de la Compañía

/// José Perovani. Retrato del Virrey Félix María Calleja. 1815. Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

de Dragones de Milicias, realizó una minuciosa descripción de dicho pueblo y señaló que se situaba en un pequeño valle, indicando que la suma de los moradores abarcaba las 4500 personas y que algunas de ellas se dedicaban al campo. Igualmente infirió que se trataba de un pueblo pobre con una mala ordenanza de calles, así como que se encontraba rodeado de abundantes haciendas productoras. Posteriormente, los días 15 y 16 de junio de 1790, realizó la examinación de un edificio anterior a la conquista, situado al norte del pueblo de Villanueva, sobre tres cerros

/// La Quemada, noticia tomada del diario del capitán don Félix Calleja. Documentos proporcionados por don Nicolás Rangel. Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía. Núm. 20, Tomo III (1925), Cuarta época (1922-1933), p. 4. Visto en: https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/articulo%3A7980

unidos circundados por una muralla. La descripción puntual que realizó el capitán Calleja sobre las hoy conocidas ruinas de La Quemada, infiere la posesión de un amplio conocimiento, pues destacó la arquitectura, el sistema constructivo, orientaciones y dimensiones; así como la relación de la construcción de las ruinas con el peregrinaje que realizaron los mexicanos hacia el norte. La narración consiste en una descripción general de las ruinas resaltando que se trataba de una ciudadela que se encontraba rodeada por una muralla de seis pies de espesor y dos leguas y media de perímetro, construida a base de piedra cortada en forma de láminas unidas con una argamasa de tierra blanca mezclada con paja. Mencionó también la existencia de pirámides, que tenían una forma cuadrangular con un diámetro de diez varas de lado y dieciséis de alto que se adaptaban al terreno y servían para la defensa. Asimismo, percibió cuatro calzadas que se dirigían hacia este y suroeste por el valle, donde cada una terminaba en un torreón. Destacó que por el ascenso sur se encontraban dos plazas mayores que formaban dos grandes edificios, uno de ellos se situaba inmediato y poseía dimensiones de treinta y cinco varas de largo por dieciocho varas de ancho; al respecto, Calleja señala que “[...] sus paredes corre paralela á ellas una linea de columnas circulares de cinco quartas de diametro, y ocho varas de altura, sobre ellas y las paredes estrivan las maderas que cubrian la Galeria quedando descubierto el patio de en medio…”.

De igual manera alude al otro gran edificio que formaba una pirámide con una espaciosa gradería en la parte frontal. En uno de los costados se hallaba una cueva, de la que salían fuertes corrientes de aire y que según los pobladores se envolvía en misticismo. Pero según el capitán Calleja se trataba de un subterráneo, al cual ingresó a realizar una inspección, y solo encontró vigas de cedro que cubrían una cañería, añadiendo: “… entonces averigue por los Naturales que hace mui poco tiempo que han quitado de la Techumbre de estos edificios las ultimas vigas de la misma madera…” La descripción realizada por Félix María Calleja es la primera elaborada de manera detallada, ya que anteriores como las de Torquemada y Clavijero solo hicieron menciones de la existencia del lugar. Asimismo, por su formación utiliza conceptos que relaciona con espacios basándose en la arquitectura militarista occidental, razón por la cual hace referencia a la presencia de murallas, ciudadelas y torreones, considerando de manera implícita a este lugar como un asentamiento defensivo. Sin duda alguna, las interesantes observaciones que realizó Calleja dejan un importante testimonio de las condiciones en que se encontraban las ruinas, lo cual permite en la actualidad comprender estos espacios arquitectónicos. * Proyecto de Conservación y Mantenimiento de la Zona de Monumentos Arqueológicos La Quemada, INAH Zacatecas.


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