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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 495 /// 20 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

José Esteban Martínez. Los perros buenos se van al cielo. 2021. Óleo sobre tela.

José Esteban Martínez celebra sus primeras 7 décadas de vida en el Ex Templo de San Agustín con la exposición 70 años no son nada. En ella encontrará el espectador una muestra de su trabajo más reciente, lleno de historias multicolores y de voces en armonía con una vida dedicada al arte, al dibujo, al diseño, a la ilustración. La presencia de los animales en su discurso creativo ha sido una constante, de ahí que mostramos en esta Gualdra una selección de algunas de sus obras en las que los perros celebratorios -sobre todo- aparecen como augurio de una inefable lealtad hacia la vida misma.


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LA GUALDRA NO. 495 /// 20 DE SEPTIEMBRE DE 2021 /// AÑO 11

La Gualdra No. 495

Editorial Hurbanistorias, de Rodrigo -RockdrigoGonzález fue su primera grabación; salió en 1984 en formato de casete y fue una edición independiente del que fuera uno de los trovadores urbanos -más independientes también- en aquella época del llamado rock rupestre. En 1986, un año después de su muerte, salió la versión en formato LP; lo conseguí en esas fechas en la tienda de Charly Espinosa, en la Avenida Hidalgo, y tarde se me hacía llegar a casa para poder escucharlo completo. En aquel entonces, había ya oído algunas de sus canciones, cuando ya entrada la noche, se podía sintonizar alguna estación del DF en la radio... la primera vez que lo oí supe de inmediato por qué le llamaban también El profeta del nopal. Aún conservo ese disco, que incluye las rolas El campeón, Perro en el periférico, Balada del asalariado, Distante instante, ¡Oh, yo no sé!, Rock en vivo, Ratas, Estación del metro Balderas, Vieja ciudad de hierro, Canicas, No tengo tiempo (de cambiar mi vida) y Rock del ET; todas las letras son de él y acompañado de su guitarra las cantaba en bares y en centros culturales, en la calle, en todo aquel lugar en el que se lo permitieran; dicen que ese primer casete lo vendía al final de sus presentaciones y muchas de las veces ese era el pago que recibía por cantar. Rockdrigo, originario de Tampico, Tamaulipas, vivía en la Ciudad de México y estaba por cumplir 35 años cuando falleció durante el temblor del 19 de septiembre de 1985. Ese año, el de su muerte, Alejandro Lora grabaría con el TRI Estación del metro Balderas y tal vez fue la primera versión que escuché. Ese primer disco de Rodrigo es una joya, lo sigo escuchando y sigue provocando en mí la misma sonrisa; algunas de sus canciones me gustan más que otras, además de la anteriormente mencionada, esa en la que se narra cómo fue ahí que quedó embarrado el corazón de quien la canta porque fue ahí, en el Metro Balderas, en donde una “bola de gente se la llevó” y donde ella, la mujer amada, “ahí fue donde ella se metió al talón”; me gusta mucho No tengo tiempo (de cambiar mi vida), y para recordar al Poeta-Profetadel-Nopal, comparto su letra llena de poesía:

Cabalgo sobre sueños innecesarios y rotos prisionero iluso de esta selva cotidiana y como hoja seca que vaga en el viento vuelo imaginario sobre historias de concreto. Navego en el mar de las cosas exactas voy clavado en momentos de semánticas gastadas cual si fuera una nube esculpida sobre el cielo dibujo insatisfecho mis huellas en el invierno. Ya que yo, no tengo tiempo de cambiar mi vida la máquina me ha vuelto una sombra borrosa y aunque soy la misma puerta que ha negado tus ojos sé que aún tengo tiempo para atracar en un puerto. Camino automático en una alfombra de estatuas masticando en mi mente las verdades más sabidas y como un lobo salvaje que ha perdido su camino he llenado mis bolsillos con escombros del destino. Sabes bien que manejo implacable mi nave cibernética entre aquel laberinto de los planetas muertos y cual si fuera la espuma de un anuncio de cerveza una marca me ha vendido ya la forma de mi cabeza. Ya que yo no tengo tiempo de cambiar mi vida la máquina me ha vuelto una sombra borrosa y aunque soy la misma puerta que ha negado tus ojos (sí) sé que aún tengo tiempo para atracar en un puerto. 1

La letra es hermosa, pero creo que funciona mejor si la escucha; si se da el tiempo de escuchar a este artista fallecido tan joven, tal vez pueda, además de disfrutar su letras, imaginar ese “aquí y ahora” de una generación de rockeros urbanos mexicanos a quien la historia, me parece, no le ha dado su lugar como merece, a la que solemos recordar con nostalgia cuando llegan fechas como las tristemente traídas a la mente por los acontecimientos de septiembre, y que definitivamente, marcaron el devenir de la música mexicana, del rock surgido de “las selvas de concreto”. Sus provocadoras letras siguen vigentes, en esta realidad de confinamientos y ausencias, cuando cobra más sentido cantar, por ejemplo, “Cuando tenga la suerte / de encontrarme a la muerte / yo le voy a ofrecer / todo el tiempo vivido / este vaso henchido por un distante instante / un instante de olvido”. No te olvidamos, Rockdrigo. Que disfrute su lectura.

Contenido Yoga, un acompañamiento a la muerte: Carrère Por Mauricio Flores

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Los perros en 70 años no son nada [de José Esteban Martínez] Por Jánea Estrada Lazarín

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Todo modo, de Leonardo Sciacia Por Miguel Ángel de Ávila González Ladridos Por Pilar Alba Desayuno en Tiffany’s, mon ku Retour à Reims (Regreso a Reims), un documental del ensayo de Didier Eribon Por Carlos Belmonte Grey

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El encanto del colibrí Por Luisa Vera

Un Paseo Por Mariana Flores

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

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https://youtu.be/27XZrExHKgI

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Yoga, un acompañamiento a la muerte: Carrère

6 Por Mauricio Flores*

mmanuel Carrère practica yoga. Si alguien lo desconocía o lo había pasado por alto puede acudir a su más reciente título, Yoga, donde a partir de la revelación, primera de un extendido listado de verdades tal cual, el narrador francés confirma los caminos por los que la buena novela contemporánea avanza en nuestros días, la nombrada autoficción, que en distintas zonas muchos comienzan a multiplicar. Resumido así, bien lo advierten los editores, Yoga es más que un registro de dicho ejercicio, “mirar las cosas como son”, pero que “escrito a la manera de Emmanuel Carrère por Emmanuel Carrère”, suma y resume lo acontecido al novelista en los años recientes, algo que bien podríamos haber experimentado usted, yo, aquella y aquel. Lo que sucede a cada uno de nosotros, en este mundo, hoy. No un manual práctico de yoga, es cierto, este nuevo libro de Carrère (París, 1957) no lo es, pero qué bien define la experiencia y cuánto de veracidad le imprime al compartirla con el lector que observa, algo incómodo y hasta ruborizado, la intimidad que la narración desviste sin tapujos. “Cuando fumo es como cuando bebo: mucho”. O como cuando establece, apenas iniciado este entrometernos en la vida de Carrère, su declaración de principios: “Pienso que el yoga y la meditación, así como el amor y el trabajo de escribir, van acompañarme y sostenerme, a conducirme hasta la muerte”. Quienes leyeron El Reino, una novela de hace seis años donde el autor reflexiona sobre sus creencias y su fe, siempre de la mano de una rara reconstrucción del cristianismo, completarán con Yoga una total cercanía con el narrador francés. Con Carrère y su mundo, nuestro mundo, que es también el de las enfermedades, las crisis interpersonales, la soledad y la movilidad social, en su dolorosa modalidad de menor no acompañados. “No se inquiete” Una realidad (antesala de la enfermedad, el dolor y la muerte provocadas por la pandemia de nuestros días) que se impone a diferentes niveles de crueldad. Y es que, como nos cuenta Carrère, hasta su convencida reclusión en un espacio de meditación tuvo que ser suspendida producto de atentados como el perpetrado en contra de los hacedores de la revista francesa Char-

Vía de conocimiento No solo me propongo decir que el yoga y la meditación te hacen sentirte bien, sino que son mucho más que un pasatiempo o una práctica saludable, son una relación con el mundo, una vía de conocimiento, una manera de acceso a la realidad que merecen ocupar un puesto central en nuestra vida. Emmanuel Carrère (Premio Princesa de Asturias 2021)

* ** Emmanuel Carrère, Yoga, Anagrama, México, 2021, 328 pp. * @mauflos

Op. Cit.

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Literatura: el lugar donde no se miente. E. C.

lie Hebdo, en la que el novelista fue colaborador. “No se inquiete”, le dijeron a Carrère, “no es nadie de su familia, nadie muy próximo. Pero es preciso que sepa que estos últimos días ha habido en nuestro país acontecimientos graves” (7 de enero de 2015). La literatura, escribe también el autor en este nuevo libro, es “el lugar donde no se miente”. “Es el imperativo absoluto”, añade, “todo lo demás es accesorio, y creo haberme atenido siempre a ese imperativo. Lo que escribo es quizá narcisista y vanidoso, pero no miento”. Será en Yoga, su más reciente entrega, que Carrère reafirme su decisión por la permanente búsqueda de “segundas oportunidades”, y donde el yoga, la que no habrá de confundirse con “una vulgar gimnasia”, parece ser la primera y única. “Estoy convencido”, nos convence, “de que a fuerza de prestar atención a la piel y a lo que hay debajo, a la inspiración y a la espiración, a la bomba de latidos del corazón, a la circulación de la sangre, al flujo y reflujo de los pensamientos, a fuerza de zambullirte en esa red infinitamente tenue de sensaciones y de conciencia un día desembocas en el otro lado, en lo infinitamente grande, lo infinitamente abierto, en el cielo que los seres humanos han nacido para contemplar: eso es el yoga”. Y sí, tras el recorrido por las perturbaciones narradas en las trescientas páginas de Yoga, lector y autor coincidirán en su veredicto final: “este día soy plenamente feliz por estar vivo”.


Exposiciones

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LA GUALDRA NO. 495

/// Ciudad de perros. Óleo sobre tela. 2021.

/// De la serie Insumisas Diabólicas. Óleo sobre tela. 2021.

Los perros en 70 años no son nada [de José Esteban Martínez]

6 Por Jánea Estrada Lazarín

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osé Esteban Martínez es un artista zacatecano -fresnillense, para mayores señas- nacido en Cuernavaca por azares del destino y que hizo de esta tierra colorada su hogar desde que tenía 8 años de vida. La

/// El perro rojo. Óleo sobre tela. 2021.

suya ha sido una labor de trabajo constante alrededor siempre de las artes; podríamos decir que sus estudios en artes visuales realizados en la UNAM fueron un detonador para explorar las múltiples posibilidades que, relacionadas con la imagen, se encuentran a cada paso en sus procesos creativos.

Como diseñador profesional ha sido autor de diversos trabajos en el área editorial sobre todo enfocados a publicaciones para niños, de ello da cuenta su trabajo plasmado en aquella emblemática Enciclopedia Infantil Colibrí que tenía como objetivo primordial la promoción de la lectura; además de su

/// El baile del pingüino. Óleo sobre tela. 2021.

labor como ilustrador, José Esteban ha incursionado en la producción de programas de televisión y en proyectos de divulgación científica y de cine; su capacidad de imaginar cómo las imágenes y los colores pueden influir en la construcción de historias es inagotable; muchos años han pasado ya desde


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/// Santo cachondo [detalle]. Óleo sobre tela. 2021.

aquella primera exposición que tuviera en la Galería Tierra Adentro de Bellas Artes, y con esta nueva muestra con la que celebra sus primeras 7 décadas de vida, efectivamente pareciera que el tiempo no pasa por él: sigue haciendo lo que le gusta, con un renovado y constante entusiasmo, con el gozo de encontrar en las formas y las pinceladas nuevas narrativas. Pintar para él es tan vital como respirar; y en todo lo que hace su lenguaje está permeado de elementos lúdicos y de un profundo sentido crítico: nada en su obra es fortuito. Su agudo sentido del humor nos muestra que su obra es pensada no solo para despertar algarabía, sino para reflexionar sobre el sentido de las palabras generadoras de vida. No sé si lo hace, pero casi puedo

rro”, si esto es así, en la manera como estos animalitos están plasmados en la obra de José Esteban, seguramente el espectador encontrará varias razones para reflexionar y sonreír, y en estos tiempos, la risa resulta más que sanadora, indispensable; de ahí que seleccionamos algunas de sus pinturas en las que estos personajes aparecen: Además de la obra de portada (Los perros buenos se van al cielo), Ciudad de perros, El baile del pingüino, El perro rojo, Nuestra señora de los santos conejos, un detalle de Santo cachondo, y dos piezas de la serie Insumisas Diabólicas, y que hoy compartimos en este espacio editorial para motivarlo a que asista a esta muestra que se encuentra actualmente en exhibición en la ciudad de Zacatecas. Felicidades, José Esteban.

imaginar que canta mientras pinta; en todo caso, sus lienzos tienen además esa otra característica: hay un ritmo perfectamente identificable, un ritmo José Esteban. Su exposición 70 años no son nada, inaugurada el pasado 9 de septiembre en el Ex Templo de San Agustín es una muestra de su pasión por el color; en ella encontramos también una serie de elementos iconográficos muy interesantes. Además de sus ya tan reconocidos rostros, la presencia de figuras animales sigue siendo una constante; pero en esta ocasión, el protagonismo pareciera llevárselo la “actuación” de los perros. Hay una frase atribuida a Franz Kafka, que dice que “Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el pe-

/// Nuestra señora de los santos conejos. Óleo sobre tela. 2021.

/// De la serie Insumisas Diabólicas. Óleo sobre tela. 2021

Exposiciones

/// Los perros buenos se van al cielo. Óleo sobre tela. 2021.


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Libros

Todo modo, de Leonardo Sciacia 6 Por Miguel Ángel de Ávila

bri está condenado a una amarga impotencia. Es una novela policiaca que traza una metáfora corrosiva del poder, un relato tenso e irónico que disecciona una dura verdad: la convivencia civil se corrompe cuando los intereses más turbios contaminan la gestión de lo público, cuando la frontera entre este y los negocios privados se diluye favoreciendo la patrimonialización del Estado por parte de grupos de poder, cuando la injusticia se instala en el corazón del estado de derecho. El trabajo del investigador Scalambri prácticamente no tiene importancia. Poco a poco el narrador descubre que el padre Gaetano esperaba lograr el permiso para realizar una gran construcción en un área protegida y que en el asesinato hay muchos cabos sueltos y aspectos que no son investigados. Así, la novela es tributaria de una visión de mundo conocedora de lo católico pero muy crítica con el rol de la Iglesia en la sociedad. Solamente un personaje que conozca y que haya compartido los dogmas propios de una religión puede reprocharles a sus sacerdotes que su comportamiento no sea adecuado a sus creencias. Esta novela policiaca se vuelve una forma peculiar de reflexión sobre el sistema político. Así, quien trate un delito de la mafia sabe que la colisión entre delincuentes y personas que representan al Estado no es casual, no sabe qué hacer con un caso trivial y clásico de corrupción de la autoridad legítima. El inspector Scalambri, después del asesinato del padre Gaetano ordena a los ilustres supervivientes que abandonen el hotel, medida que se impone por su seguridad y bajo su responsabilidad. Por incomprensible, por inaveriguable, se deja en blanco la solución de ese problema. Y en eso está, en su exclusión, lo que quiere decir: la impunidad macabra del Estado triunfa sobre todo idealismo.

González

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n esta novela asistimos a la reunión de un grupo de hombres poderosos. El lugar elegido es una antigua ermita habilitada como hotel de lujo asentada en un aislado paraje, donde se reúne la élite dirigente de la política, la industria y la Iglesia italianas, para meditar mediante los ejercicios espirituales ideados por San Ignacio de Loyola. En este sitio se alojan no solo los participantes en los ejercicios espirituales, sino también algunas mujeres que les hacen compañía en esos días de recogimiento. Este centro está regido por el padre Gaetano que conoce todos los hilos de la madeja y dotado de una enorme eficacia intelectual. No es difícil imaginar cómo empiezan a llegar automóviles oficiales, patrullas con torreta encendida, coches lujosos con choferes y guardaespaldas, y de ellos descienden destacadas personalidaddes de la Iglesia, la política, las finanzas, el periodismo, vinculadas por el mismo deseo: un reparto más equitativo del poder disfrazado de una reunión de tipo espiritual. Nos introducimos en este universo de la mano de un pintor reconocido y valorado que, accidentalmente, será el sorprendido testigo de la hipocresía y el cinismo de la descarnada estructura de poder que guió los destinos de la república Italiana, que se encontraban en manos de la Democracia Cristiana que hasta los años noventa del siglo pasado desempeñó el papel central de aquel régimen. A poco de comenzar los ejercicios espirituales, la paz se verá violentamente interrumpida por una serie de asesinatos. Uno de los participantes, el exsenador Michelozzi es asesinado durante el rezo del rosario, muerte a la que pronto seguirá, también en extrañas circunstancias, la del abogado Voltrano y finalmente la del padre Gaetano. Crímenes de Estado, jamás se sabrá quién ha sido el culpable, porque el Estado no se juzga ni investiga a sí mismo y además porque en el aspecto práctico el juez de instrucción Scalam-

6 Por Pilar Alba

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l ladrido de los perros me despertó. Estaban inquietos, desesperados. Ya algunas noches antes habían estado así, dé y dé lata. Yo creí que andaban en celo, pero ni siquiera es tiempo de eso. Me asomé por la ventana, todo estaba como de costumbre pacífico y desierto, solo los perros con su desesperación. Revisé el teléfono, en Noticias al Minuto la última publicación era de las diez de la noche. No había algo que explicara ese comportamiento tan atípico de los animales. Estuve intentando conciliar el sueño, mientras los perros seguían y seguían la-

*** Leonardo Sciascia, Todo modo, traducción Joaquín Jordá Catalá, Bruguera-Libro amigo, primera edición, febrero de 1982, Barcelona, España.

Ladridos

drando. Hasta que de pronto, de la nada se hizo el silencio. No sé qué me inquietó más, a veces el silencio es más temible que un estruendo. Escuché que alguien abría la puerta de la casa, subía por las escaleras y respiraba a un lado de la pared de mi cuarto. Un robo, pensé, qué pueden llevarse de esta pobre casa; decidí no hacer movimientos. Si alguien entraba pensaría que estaba dormido. Que se llevaran lo que quisieran: mi

teléfono no sirve, a cada momento se queda sin carga; dinero, no tengo, vivo al día; en eso estaba pensando cuando se abrió la puerta del cuarto. Un hombre llegó se sentó en la silla, se quitó los zapatos. Seguro se confundió de casa, pensé, voy a levantarme para hacerle ver su error; pero no pude, quedé inmovilizado al ver cómo era yo mismo quien se recostaba ocupando mi cuerpo tendido en la cama.


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Desayuno en Tiffany’s, mon ku

6 Por Carlos Belmonte

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idier Eribon es uno de los filósofos y sociólogos modernos vivos más influyentes. Sus trabajos y biografías sobre Michel Foucault, sus diálogos con Claude LéviStrauss y Pierre Bordieu, sus críticas pues, al estructuralismo y al psicoanálisis, más su activísimo político, le han vuelto un intelectual de referencia para repensar las estrategias del poder. Además de su vasta obra académica, tiene un ensayo autobiográfico Retour à Reims publicado en 2009. Un ensayo que, desde el tono familiar, que empezó por ser una confesión, del por qué nunca pudo perdonar a su padre y huyó de Reims por la violencia obrera contra él, un gay e intelectual, se convirtió finalmente en un ensayo de análisis del sometimiento y la cultura proletaria que terminar por justificar la explosión política de los partidos de ultraderecha. Este ensayo de 250 páginas aca-

ba de ser adaptado a modo de documental por Jean-Gabriel Périot, quien decidió conservar el mismo título que la obra Retour à Reims (fragmentos). La adaptación trató de conservar el tono denunciador y comprensivo del proletario francés y por eso contrató la narración de la actriz Adèle Haenel en la

lectura de pasajes de la obra. Lo demás es un impresionante found footage. Una increíble búsqueda de imágenes de archivo desde las crecientes manchas urbanas en las periferias de las ciudades; la reconstrucción de la postguerra; el servicio militar obligatorio y la guerra contra Argelia; la

El encanto del colibrí 6 Por Luisa Vera

lo. El ave se había acostumbrado a mi presencia y no le molestaba al entrar y salir de su nido, simplemente me ignoraba. Mi colibrí batía sus alas a tal ve-

locidad que parecía estático volando frente a mi rostro, tan cerca que por fin pude sentir su mirada posarse en mí y el batir de sus alas abanicar mi frente. Sonreí de felicidad por tener

creación de las viviendas de interés social en gigantescos multifamiliares; el sueño dorado del trabajo en la fábrica desde la temprana edad; el sueño dorado del ingreso de las mujeres en el mundo laboral; el sueño dorado de la democratización y universalidad de la educación de todos los niveles hasta la universidad; y la realidad de la formación de una burguesía intelectual que solo repite y alimenta el clasismo. Todo ello ilustrado por el archivo visual del Institut National de l’Audiovisuel (INA) y por los pasajes del ensayo de Eribon. Un documental que está en la preselección de los Premios de la Academia de los Lumière y que seguramente estará entre los 5 finalistas a seleccionar en el próximo mes de febrero 2020. Una cinta, además, de esas que deberían poderse exportar a países cuyas luchas sociales están adormecidas y los sindicatos copados. En donde la crítica política y clasista están sometidas a discursos democráticos anquilosados.

cerca aquella maravilla divina. La chica nos veía de nuevo desde la ventana. Ella comenzó bajo a cantar una tonada, con los labios cerrados, luego subió el volumen de su voz más y más alto. El colibrí, al escucharla, avanzó hacia aquel sonido gutural que parecía llamarlo, de forma autómata, sin temor. Mientras aleteaba bajo la hipnosis de aquel rumor, ella solo estiró la mano y lo tomó, con una facilidad inverosímil. Apretó fuerte durante unos segundos. Estaba muerto. Se lo dio al gato que lo olfateó, lo sacudió un poco, le hincó los colmillos y se fue. Su risotada infame me dolió tanto, como si mi corazón también se hubiera roto entre su puño. Seis años de esquivar la mirada de esa mujer, de evitar encontrarla en la calle, de no cruzar palabra. Hasta hace poco. Ella vino hasta mi puerta. Me dio una taza con té. Bébelo, me ordenó y lo hice sin poder oponerme, Es de jazmín endulzado con miel… tiene colibrí, susurró. El brebaje invadió mi cuerpo, antorcha inextinguible. Olvidando mi gran rencor hacia ella, me dejé llevar a sus terrenos y desde entonces me adentré en las oscuras pasiones de la mujer de al lado.

Río de Palabras

A

somada por la ventana me guiñaba el ojo, fruncía el ceño o me mostraba la lengua, acariciaba a su enorme gato siamés y se largaba. Yo era casi un niño, ella no tenía más de dieciséis y ya era una mujer casada cuando llegó a vivir a la casa de al lado. Un día apareció un nido minúsculo en la azalea, junto al alféizar, y días después un par de huevos en su interior. No pasó mucho tiempo para descubrir al inquilino. El ave pequeñita paseaba por las flores bebiendo en sus corolas. Con sus cambios de tonalidades y su imperceptible aleteo, con sus enormes ojos redondos rebosantes de felicidad. Su iridiscencia cautivadora me avisaba de su presencia. Me había convertido en su cotidiano admirador. Una tarde pude contar siete colibríes volando entre las azaleas y las camelias. Era hermoso el espectácu-

Cine

Retour à Reims (Regreso a Reims), un documental del ensayo de Didier Eribon


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LA GUALDRA NO. 495 // 20 DE SEPTIEMBRE DE 2021

6 Por Mariana Flores*

Río de Palabras

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edí el taxi y mientras llegaba, le serví comida a mi gata, tenía rato que no la veía por ahí. Ausente. Llegó el auto y me puse el cubrebocas. Abordé, la mochila me pesaba más de lo normal, y yo me sentía más agotada que siempre. Ay, no, olvidé el gel antibacterial. No toques nada. Busco mis gotas, eso me ayudará. Mientras iba en movimiento, contemplé las calles vacías y nocturnas. Miré al retrovisor, el rostro del conductor, con el cubrebocas mal puesto. No tapaba su nariz, gigante. Me tranquilicé abriendo un poco más la ventanilla. Agarré el celular palomita doble, azul. No hay repuesta. No hay certeza. No pude esquivar el visto. Nebuloso. Envié mensajes a un par de amigas para distraerme. Necesito abrazarlas y solo alcanzo a mandarles memes para burlarnos de nuestra ansiedad. Tengo muchas semanas de no hablar con nadie. No podía dejar de pensar en el virus volando en el ambiente del auto. Empecé a sudar. La respiración se agita. Me cuesta trabajo pasar saliva. Estoy un poco mareada. Borroso. Mitad del camino. Me acuerdo que en dos meses se acaba el semestre, ¿me van a con-

Un Paseo tratar el siguiente? Me duele el pecho. Llegamos a la avenida principal de la ciudad. Disfruté ver los edificios y las luces en el anochecer de ese pedazo de ciudad. Me gustan las avenidas anchas, cuando están vacías y nocturnas, cuando la ciudad duerme. El viento en mi rostro me quita por unos segundos la sensación de angostura. Escucho un zumbido que se hace cada vez más fuerte. Esquiva el visto. Dos palomitas. Son como dos polillas, las de mi infancia. De pronto, un frenazo intempestivo. Un caballo blanco, apareció de repente, en medio de la gran avenida. Inmóvil, mirando al horizonte, luego aparece otro, y luego otros dos, un enjambre blanco enfrente. Me miran fijo. Imposible cruzar la glorieta. El conductor me informó que tendría que virar, retomar la gran avenida y rodear. No puede ser. Busco el gel, no lo traigo. Busco mis gotas. Empezó un viento helado y una lluvia torrencial. Recordé mi pesadilla recurrente de la infancia. Una polilla negra y gigante me perse-

guía. Iba caminando de la mano de alguien, de pronto una gran sombra nos cubría y ahí estaba ella, no había techo, cielo. Dos alas gigantes lo cubrían todo. Dejé de dormir muchos días, semanas. Se acercaba la noche, y me escurría sudor frío en la frente y en la espalda, me costaba pasar saliva y mi cuerpo temblaba. Entonces, mi abuela me curó de espanto. Una mañana desperté y mientras iba camino a la cocina, mi abuela se apareció de repente, frente a mí y me escupió un buche de agua en la cara. Así me curó de espanto, los terrores nocturnos se fueron, por un tiempo. El camino se haría más largo. Respiré profundo y abrí un poco más la ventanilla. Diez minutos para llegar al destino final. El señor con el cubrebocas mal puesto me pide cerrar ventanas para prender el aire acondicionado, con esa lluvia los vidrios se empañan rápido. Él tose. Mi ansiedad sube. No logro decirle que por su madre se ponga bien el cubrebo-

cas, “debes sacar tu voz, pide lo que necesitas” me dice a menudo la psicóloga. No he podido expresarle la fatiga que me genera siquiera pensar en articular una sílaba. Consideré poner en el celular un tutorial sobre cómo usar el cubrebocas, subir el volumen. Tal vez él recapacite. No hay datos. ¿Y si empiezo a toser insistentemente?, eso tal vez funcione y se acomode la mascarilla. Descarté esa opción, el conductor seguro sí escucha esa voz y me pedirá que me baje. Todo me da vueltas, quiero gritar. Alcanzo mi mochila para sacar mis gotas. La mochila ¿se mueve? La abro, y mi gata grita y salta hacia mí. Apareció de repente. Hemos llegado, me tiemblan las manos. Bajo del auto, llueve, traigo a Elisa en brazos, atino a tocar el timbre número cuatro. Me preparo, me alisto para interactuar. Y me doy cuenta que traigo el cubrebocas colgado de una oreja, todo el camino lo traje así, me iba a tomar las gotas… Me da un ataque de risa y llanto. Abren la puerta. Ojalá me reciban con un buche de agua. *@LaMayaFlores. Dra. en Ciencias Políticas y Sociales, profesora, guionista educativa y cuenta cuentos.


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