La Gualdra 468

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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 468 /// 1 DE MARZO DE 2021 /// AÑO 10

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Pedro Coronel. Pieza exhibida en Zona MACO 2020 en la Galería de Lourdes Sosa, en la CDMX.

En su Autobografía discontinua, Pedro Coronel decía con añoranza: “Zacatecas fue construida en las montañas mismas. Es un hoyo rodeado de cuatro cerros. Vuelvo ahí frecuentemente [...] Guardo un profundo amor por todo eso, y una gran nostalgia. Me desgarra saberme alejado de ese mundo que está, sin embargo, muy cerca”; fue el arraigo por su tierra el que motivó la decisión de que su colección quedara de manera permanente en esta ciudad en el museo que lleva su nombre. 25 de marzo: primer centenario del natalicio de Pedro Coronel.


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LA GUALDRA NO. 468 /// 1 DE MARZO DE 2021 /// AÑO 10

La Gualdra No. 468

Editorial

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oda felicidad nos cuesta muertos es el título del más reciente libro de Carlos Martín Briceño, escritor nacido en 1966 en Mérida, Yucatán, de quien además tenemos el privilegio de decir que es colaborador gualdreño. El libro fue editado por la editorial Lectorum en su colección Marea Alta apenas el año pasado y está en circulación nacional; consta de 5 cuentos: “Montezuma’s revenge”, “Hombres de bien”, “Los mártires de Freeway”, “Cibercafé”, y “El caso Montelongo”; cinco textos potentes que son a su vez una muestra de cómo el lenguaje puede ser un buen aliado para retratar escenarios en los que el ser humano es el protagonista de historias en donde la violencia es la constante, esa que tenemos tan cerca y que busca en ocasiones justificarse por distintos motivos. No exagero al afirmar que Carlos Martín Briceño es uno de los mejores narradores que he leído en los últimos años; me gusta sobre todo esa manera de construir historias alrededor de personajes que nos son cercanos -por lo comunes- y en los que logra desentrañar sus pulsiones más soterradas. ¿Qué es lo que motiva a un ser humano a terminar con la vida de otro? ¿Qué situaciones desencadenan un crimen? ¿Qué tan cerca estamos de llegar a ser criminales? Estas preguntas cimbran al lector y lo sitúan como un espectador que hace las veces de juez por momentos, sobre todo al analizar los conflictos éticos, de moral y doble moral que permean lo narrado. Toda felicidad nos cuesta muertos es un libro que recomiendo para quienes gustan del suspenso, pero sobre todo, del cuento bien escrito: su narrativa es ágil y es de ese tipo de libros que uno no puede dejar de leer una vez empezado; terminé de leerlo en una sola tarde y comencé a imaginar que su contenido bien podría ser el tema de una serie de cinco capítulos para TV, o que incluso -sobre todo el cuento de “Hombres de bien”- pudiera adaptarse al teatro. Comparto también lo que el escritor Mauricio Carrera dice sobre el libro en la contraportada: “En Toda felicidad nos cuesta muertos, el crimen es el pretexto para la literatura. Su autor, uno de nuestros más persistentes y atinados escritores, llena huecos que la literatura policial olvida. Se aleja del narco, de las latitudes

norteñas y fronterizas, para ofrecer un retrato más íntimo de ese México inseguro e impune en que vivimos. El sur también existe en estos relatos negros. Son negros por sus ámbitos donde el crimen prevalece en lo cotidiano, crímenes en lo oscurito, en esa zona donde la hipocresía esconde el abuso, donde el poder político es sinónimo de delincuencia. El estilo de Carlos Martín Briceño es como el tajo de un cuchillo bien afilado: seco, contundente, preciso. Se acerca a Quentin Tarantino por su desnuda crueldad, a Lovecraft por sus atmósferas inquietantes, a Weegee y su fascinación por la nota roja, al periodismo que indaga verdades incómodas y a la mejor literatura: la que es alquimia de nuestros miedos e impulsos vitales. Hay aquí peldaños para un descenso a esa oscuridad que nos desasosiega por sus corruptelas y acercamientos a la morgue. También, la noción de que no hay crímenes vulgares o insignificantes, pues sus víctimas son muy parecidas a nosotros: asombrados por tanta crueldad y temerosos de que algún día nos toque esa catástrofe infinita del robo, la desaparición o el asesinato”. Carlos Martín Briceño ha sido ganador de varios premios nacionales e internacionales de cuento, entre los que sobresalen el Premio Internacional de Cuento Max Aub 2012, convocado en Segorbe España; y el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares 2018, por su antología personal De la vasta piel. Es autor de cinco libros de relatos y de la novela La muerte del ruiseñor (2017). Dos de sus libros, Caída libre y Montezuma’s revenge, fueron elegidos entre los mejores libros publicados en México en 2010 y 2012 respectivamente. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Si quiere entender el por qué de la frase que da nombre a este libro y, sobre todo, saber el por qué de tan buenos comentarios acerca de él, léalo. Toda felicidad nos cuesta muertos se puede adquirir en línea directamente en la página de Lectorum, aunque seguramente lo puede encontrar usted en las librerías de su ciudad. Va desde aquí nuestra felicitación a Carlos Martín Briceño. Que disfrute su lectura.

Contenido Thomas Wolfe, cuentista titánico Por Mauricio Flores

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Apuntes sobre el tiempo Por Guillermo Nemirovsky

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La despedida Por Carlos Flores Está por caer la noche Por Pilar Alba La ruta que siguió Hidalgo por el Cañón de Juchipila Por Héctor Pascual Gómez Soto (Jalpa), Eleticia Quintero Lara (Moyahua), Raúl López Robles, Bernardo García Durón (Juchipila) y Toribio Ramírez Ramírez (Apozol)

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Zombis en la Antigüedad Por David Valerio Miranda Oda a las gallinas Por Christian Valdez

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Para una fecha innombrable Por José Filadelfo García Gutiérrez Lovers Rock, de Steve McQueen Por Adolfo Nuñez J. Desayuno en Tiffany’s, mon ku 12 Aniversario de Cineteca Zacatecas Por Carlos Belmonte Grey

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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Thomas Wolfe, cuentista titánico 6 Por Mauricio Flores* Creo que estamos perdidos aquí en los Estados Unidos, pero creo que seremos encontrados. T. W.

su momento y donde el personaje Gant no detiene su andar para llegar a “la ciudad de mí mismo, el continente de mi alma”, dixit Bradbury, ambas lamentablemente muy difíciles de conseguir en ediciones modernas. Un Gant (Eugene) que crece en un mundo sureño provinciano, esterilizante, y sin embargo, “profundamente enraizado cuyos confines romperá poco a poco en pos de aguas más profundas. Gant es un artista que deja su hogar para buscar nuevos lugares, realizar nuevos descubrimientos y probar las ciudades norteñas y los mundos extraños” (Bradbury). “Todo” Wolfe De vuelta en los cuentos también “está todo” Thomas Wolfe, augura Pérez de Villar, quien al enfrentar el reto de traducir los 58 apartados lo hizo “como si no hubiera leído nada de él, ligera de equipaje e inasequible a toda influencia, sesgo o prejuicio”. Y precisa: “De modo que volví atrás y rehice el primer borrador de traducción de los relatos que abren el volumen. Y bendigo la hora, porque Wolfe, leído así completo y de tirón —leído como lo lee un traductor— es incomparable e inclasificable, y sus cuentos reunidos constituyen un corpus titánico que contiene un universo titánico”. Personajes, espacios e historias, en su mayoría conteniendo los rasgos de la naturaleza del autor, y que sin pretender la fama acompañan desde hace noventa años a este

escritor norteamericano que al mirarse en el espejo de la literatura mucho aporta al descubrimiento del yo de la colectividad, sin engañadores ni engañados. “Hay pocas vidas heroicas”, recupera de Thomas Wolfe el ensayista Bradbury, “de la única que sé lo suficiente es de la mía propia. Esto puede sonar presuntuoso, quizá, pero como es cierto, no veo la razón para negarlo”.

Un yo desesperado Emocional y técnicamente, Wolfe se impuso la tarea de mezclar ambos mundos (el tradicional y el moderno). Sus libros fueron la respuesta a esa imposición, pero se arriesgaron a lo que inevitablemente sucedió: que el espacio entre ellos esté lleno de un Yo desesperado que se expresa como una retórica incansable de necesidad y deseo —una retórica a veces espléndida, a veces penosamente cargada de huecas resonancias y vagos ecos hiperliterarios”. (Malcom Bradbury, La novela norteamericana moderna).

*** Thomas Wolfe, Cuentos, Traducción de Amelia Pérez de Villar, Páginas de espuma, México, 2020, 922 pp. * @mauflos

Op. Cit.

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xiste un cuento en la obra Thomas Wolfe (1900-1938) que bien representa la actitud que ante el hecho literario mantuvo durante su no muy extendida vida el escritor norteamericano. Se trata de “La fama y el poeta”, apenas ocho páginas, donde se cuentan las dificultades entre la relación de ambos personajes, camino a su encuentro definitivo, una vez sorteado el gran dilema engañador-engañado. “Ella le rodeó con los brazos, y apretó su boca fragante contra la de él. Él respiró la fragancia de su pelo brillante, el olor a flor de su encanto seductor. Su forma voluptuosa se inclinó hacia atrás y cedió al abrazo de él: él estaba perdido”. No se dejó vencer por los glamures terrenales Thomas Wolfe. Su vida profesional transcurrió siempre en función del movimiento, entendido este como la búsqueda de los porqués más íntimos del ser humano. Por lo mismo su obra (dramaturgia, novela, cuento) está tejida con los lazos de la vida diaria. Indagación que en el panorama de los años treinta, la Norteamérica posterior a la primera gran crisis económica, se tornó casi en una extendida confesión propia. Hecho que le habría otorgado pasaporte de aceptación entre los cada vez más numerosos lec-

tores de invención narrativa, desde entonces y hasta nuestros días. Más citado que leído, más coleccionado que distribuido, Thomas Wolfe es autor de un corpus novelístico acotado donde trasciende Look Homeward, Angel, publicada justo en el año del crack, y traducida al español como El ángel que nos mira (Malcom Bradbury, el gran compilador de la novela norteamericana moderna la nombra Vuelve a tu casa, ángel, con el subtítulo de Historia de una vida soterrada). Sin embargo, Thomas Wolfe fue también un gran cuentista catalogado al lado de los mejores exponentes, contemporáneos y posteriores, de la llamada autoficción gringa. “El mayor talento de su generación”, sostuvo Faulkner, y de quien tenemos ahora al alcance Cuentos, traducción de Amelia Pérez de Villar a The Complete Short Stories, que data del año 87. Es en estos Cuentos donde el lector descubrirá Fame and the Poete, una bella alegoría en la que la fama corpórea, “¿cómo nos la vamos a arreglar, con esas alas?”, descubre a un joven poeta, luego de haber salido con Shelley, Keats, Milton y Walter Raleigh. Sí, puesto que el propio Thomas Wolfe fue un buen conocedor de las letras británicas, tras residir ocho años entre Inglaterra y Alemania y viajar por una Europa a punto del fatal colapso. Fueron muchos los cuentos escritos por el también autor de Of Time and the River y You Can´t Go Home Again, novelas bestseller en


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Apuntes sobre el tiempo Río de Palabras

6 Por Guillermo Nemirovsky*

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uando cumplí diez años me vino en mente el día de mi quinto cumpleaños por una razón bastante inconfesable: mis padres, con la intención manifiesta de divertir a propios y extraños, habían proyectado un filme, aquel remoto día de 1965, en el que se me veía, aún bebé, chapoteando en alguna orilla de algún mar hasta que, de pronto, una olita que no vi venir me pasó por encima y me bajó el bañador, descubriendo para la posteridad mis nalgas de angelito. Las risas de los invitados, que se suponía eran mis amigos, hirieron duraderamente mi incipiente sentido de la dignidad. Tanto es así que el día de mi décimo cumpleaños temí que, de nuevo, mis padres sacaran a relucir su proyector y mis vergüenzas ante un renovado panel de amigos, esos presuntos traidores. Esto no sucedió, en cambio algo más pavoroso me encogió el alma para siempre: me percaté que había pasado directamente de los cinco a los diez años, duplicando mi edad en un suspiro. Recuerdo haber hecho ese cálculo, que me pareció vertiginoso, y noté con extrañeza la impavidez de los demás ante esta devastadora verdad matemática. ¿Cómo podían estar todos tan tranquilos cuando era evidente que su paso por la vida iba a ser tan efímero, tan fugaz? Lo lógico hubiera sido que todos corrieran despavoridos e inconsolables, agitando los brazos en dirección del cielo, clamando piedad, o por lo menos venganza. Pero no. La gente parecía inmune a esas consideraciones, y yo me quedaba solo de por vida en mi vértigo y mi pavor. Años más tarde, cuando estudiante, me tocó trabajar en un asilo de ancianos (hoy se usan otros eufemismos). Me lo presentaron como una oportunidad de escribir mi tesis en medio de una tranquilidad inalterable: tenía que quedarme encerrado en una oficina, de viernes a lunes, dejando pasar las horas sin que nunca nada sucediera. Los ancianos, los poco que deambulaban, andaban por lo general lentos como ancianos, como si los pasillos del asilo estuvieran llenos de una materia fangosa, y todo parecía transcurrir allí con la misma lentitud. Salvo un par de notables excepciones (un viejo bailador español, héroe de la Guerra Civil y de la Resistencia en Francia, bebedor y parrandero; un ex ciclista que alardeaba de salud rebosante y era, sin lugar a dudas, aún más dinámico que yo en aquellos años mozos; una mujer buscona, tremendamente vital, siempre al acecho de la menor oportunidad sexual o sensual), la gran mayoría parecía haberse arropado en una suerte de espera pasiva, desde luego ya sin ilusión.

/// Guillermo Nemirovsky

Una de aquellas tardes, me entretuve durante un largo rato (no sé si fueron minutos u horas) mirando una araña tejer su tela. Era rápida en sus maniobras, pero a la vez parsimoniosa y minuciosa, como si cavilara cada gesto antes de acometerlo, como si evaluara unas consideraciones arquitectónicas invisibles a mis ojos. Ese tiempo transcurrido en ociosa observación tenía por substancia a la araña misma, no estaba constituido por mis horas o mis minutos, era otra cosa. En ese mar de lentitud que ordenaba los pasos de los ancianos, ese animalito vivía en una especie de paréntesis en el tiempo. Mejor: él era quien secretaba la substancia del tiempo mediante su glándula hilar. Su tejido era tiempo y yo, observándolo, me subía a su tiempo y me entregaba a él, como los ancianos del asilo se entregaban a la espera de un punto final. Esta experiencia temprana de la vejez me dejó un trauma indeleble: cada vez que salía del asilo, cuando

me cruzaba con alguien, fuera niño o mayor, lo imaginaba súbitamente en el umbral de la muerte, marchito y resignado, despojado ya de toda vitalidad. Por supuesto, la impavidez de la gente me parecía cada vez más inexplicable, y empecé a sospechar que la ceguera que aquejaba a mis congéneres no podía sino ser, de algún modo, una ventaja evolutiva, un bálsamo de ignorancia que nos permitiera existir sin colapsar de inmediato. Quise saber cómo funcionaba ese mecanismo que parecía dar tan buenos resultados, que trasmutaba el pánico en serenidad. Hoy por hoy (no sé lo que vale esta expresión) creo entender que nos aferramos a un salvavidas en absoluto fiable: fingimos concebir un tiempo cíclico, probablemente so pretexto de medir el tiempo gracias al modelo de las circunvoluciones de la Tierra alrededor del Sol, y celebramos a la menor ocasión ese espectro circular que tanto nos reconforta. Los jueves “vuelven” cada semana, la Revolución cumple

100 años, la primavera está por regresar. Si el tiempo es un ciclo, lo tenemos controlado, es previsible y hasta regocijante. Pero si fuera lineal, como lo afirma la ciencia, entonces cabría sentirse como montados a un caballo desbocado que, cuanto más se aproxima al precipicio, más acelera su paso. Un fulgor de consuelo nos llega, paradójicamente, de la ciencia: algunos físicos creen que el tiempo transcurre a la vez en las dos direcciones. Obviamente, no logro entender del todo cómo, cuándo, dónde. Pero sospecho que, de confirmarse, poco o nada me confortaría. Yo sueño con un tiempo en dos dimensiones, que se podría recorrer en cualquier dirección, como un lápiz que se deslizara sobre una hoja de papel. Anhelo poder volver a aquella humillación playera de mis cinco años para reñirles a mis amigos y propiciar otra vida, esta vez inagotable. * Traductor, profesor de la Universidad d’Evry-Paris-Saclay.


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6 Por Carlos Flores

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La despedida Río de Palabras

ablo se encontraba leyendo Voces del más allá cuando alguien llamó a la puerta de su casa. Cualquiera en su lugar seguramente se asustaría, él no, no creía en fantasmas; pero sí se sorprendió pues eran las 12 de la madrugada. Se preguntó quién podría ser a esas horas de la noche. Pensó que probablemente serían sus padres que llegaban a casa luego de visitar al abuelo enfermo en Saltillo. Volvieron a llamar, por lo que dejó el libro abierto en el sillón, y sin pensar más fue a abrir la puerta. Una cara conocida le sonreía del otro lado del cristal, por lo que abrió la puerta. Afuera la oscuridad envolvía la calle, pero aún así pudo distinguir los ojos claros y cansados del abuelo. Sorprendido ante su presencia lo invitó a pasar, pero se sorprendió más al voltear a la sala y ver al abuelo ya sentado bajo una luz tenue. Le pareció sentir un leve escalofrío, por lo que se apresuró a cerrar la puerta y sentarse junto al abuelo. - Abuelo, ¿qué haces aquí?, ¿dónde están mis papás?, ¿cuándo llegaron?, ¿ya estás bien?-. Preguntaba extrañado Pablo. - Todo está bien, no te preocupes. Tus padres vendrán luego. Pero por ahora no tenemos mucho tiempo. Solo vine a despedirme-. Contestó el abuelo con un hilito de voz que parecía venir de muy lejos. -¿Despedirte?, pero si acabas de llegar, ¿a dónde vas?-. Pero se calló al ver que el abuelo alzaba una mano como para que no lo interrumpiera. - No te preocupes, nos volveremos ver, pero ahora solo vine a decirte que te quiero mucho, eres muy buen nieto. De todos mis familiares eres al que más voy a extrañar. Estoy orgulloso de ti. Siempre que tu madre y tú llegaban a la casa lo primero que hacías era ir a mi cuarto y abrazarme. Eras el que

/// Vista de Dresde a la luz de la luna (1839), de Johan Christian Dahl, Gemäldegalerie Neue Meister, Dresde.

más me cuidaba. Recuerdo aquella vez que te enseñé a volar papalotes y terminaste todo enredado en la cuerda y sin tu papalote. Me dijiste que no me preocupara, que lo importante era estar juntos-. El abuelo esbozó una sonrisa. - Pero abuelo, ¿a dónde vas?, ¿te puedo acompañar?-. Le espetó confundido Pablo. - A este viaje no me puedes acompañar, pero te prometo que nos volveremos a ver-. Dijo el viejo. - Bueno, al menos déjame te doy un abrazo de despedida-, dijo Pablo

levantándose del sillón y acercándose al abuelo, pero el sonido del teléfono le interrumpió. -Espera, abuelo, voy a contestar. Al levantar el auricular una voz sollozante le hablaba sobre un hospital, una enfermedad, una muerte, pero él no entendía. Del otro lado, la voz insistía en la muerte del abuelo, en la necesidad de hacer un viaje e ir a un

sepelio, pero seguía sin comprender, pues justo ahí, detrás de él se encontraba su abuelo. Al voltear hacia el sillón lo comprendió todo. El abuelo ya no se encontraba en el lugar de antes. Una puerta abierta era la única respuesta que tenía, el único testimonio de que el abuelo había estado ahí para despedirse.

Está por caer la noche

6 Por Pilar Alba

¿P

or qué se cae la noche? Pregunta la niña con un rostro que refleja incredulidad y miedo. Es solo una expresión. Contesta su madre. Sin embargo, la niña no se contenta con la respuesta. Ya su pequeña mente le está dando vueltas y vueltas a las palabras. En la pequeña imaginación que a su edad es enorme: ya se llenó todo de oscuridad y ella camina tratando de esquivar las estrellas para no pisarlas con sus pies descalzos. A lo lejos ve la luna y quiere arrancarle un cacho para hacerse una quesadilla, mientras el

cielo cae sobre su cabeza como un velo negro que la hace sentirse como una reina. La madre advierte que la niña está absorta, en su mente de pequeña imaginación piensa en el trecho que tienen que recorrer para llegar a casa; en que no tiene para el camión urbano, que cuando lleguen no habrá nada que poner sobre la mesa. Apura a la niña, la saca de ese mundo en el que el cielo se cae, cuando estaba apunto de arrancar su pedazo de queso. Cruzan la acera y apuran el paso. La noche ha caído, la seguridad se vuelve precaria y la mujer lo único que quiere es que ambas lleguen pronto a la casa para sentirse por fin a salvo.

/// Yoshiwara por la noche (1852-1864), de Utagawa Kunisada II, Rijksmuseum, Ámsterdam


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Ollin: Memoria en Movimiento

La ruta que siguió Hidalgo por el Cañón de Juchipila 6 Por Héctor Pascual

Redondo. Los independentistas llegan a Moyahua entre el 18 y 19 de enero -aseveración no confirmada-, acamparon en el cerrito alto al noreste del pueblo, por contar con un buen divisadero a los cuatro puntos cardinales; desde entonces se le conoce como cerro del Campamento.

En el año de 2010 los cronistas municipales del estado de Zacatecas reunidos en el municipio de Jalpa aportaron información con respecto a la ruta que siguió el cura Miguel Hidalgo por cada uno de los municipios que conforman el Cañón de Juchipila desde Moyahua hasta Huanusco. Presentamos aquí una síntesis de esta ruta histórica por cada uno de los municipios del mencionado Cañón.

Juchipila Juchipila era el único poblado en manos de realistas como Juan de Muñana. Existe la versión de que Miguel Hidalgo pasó por Juchipila de noche para evitar algún enfrentamiento; pero, también se tiene otra que habla sobre su llegada a este poblado en donde recibe múltiples afectos del pueblo; esta versión la recupera el historiador Alejandro Topete del Valle, en la que incluye detalles de la estadía del caudillo en el lugar. Sobre los sitios recorridos son mencionados las comunidades de Contitlán, Guadalajarita, el cerro de las Ventanas y Pueblo Viejo, el sitio identificado como Caballería de San José, además de los barrios de la Rinconada, las Chiveras, San Sebastián, San José y Caballerías.

Gómez Soto (Jalpa), Eleticia Quintero Lara (Moyahua), Raúl López Robles, Bernardo García Durón (Juchipila) y Toribio Ramírez Ramírez (Apozol)*

Moyahua Después de la derrota de Puente de Calderón el 17 de enero de 1811, Miguel Hidalgo junto con su tropa se dirigió al norte. Según algunas versiones Hidalgo no recorrió el Camino Real, sino una ruta paralela a este camino, ayudado por el padre Calvillo que se sabía bien los recovecos y travesías de la región. Se dice que al llegar a Ixtlahuacán del Río, tomó rumbo hacia el poblado de Cuquío; en el recorrido no cruzan por el sitio llamado el Limón. El trayecto insurgente continuó por Atecajete, Santa Rosa y Mezquite

Apozol Las fuerzas insurgentes y varios de sus jefes en su recorrido para llegar a Apozol pasaron por el punto conocido como La Tiricia. En Apozol hicieron una pausa para el descanso, oportu-

/// Plano de la batalla de [Puente de] Calderón, publicado en Historia de México, tomo II, P 120, Lucas Alamán, Mapoteca Nacional Manuel Orozco y Berra, Litografía en papel, Varilla, OYBGTO01, No. Clasificador, 1305-OYB-7244-A.

nidad que tomó la gente para observar la presencia de Hidalgo y sus tropas; en esta estancia -de acuerdo con la tradición oral- algunos apozolences se integraron a la lucha independentista. Finalmente, el cura Hidalgo y sus tropas al salir de Apozol se dirigieron a la Chihuila, pasaron por San Miguel Atotonilco y Achoquen, para de ahí dirigirse a Jalpa. Jalpa El recorrido insurgente llegó a Jalpa por el Camino Real que venía de la Cofradía (anteriormente llamado Acapepesco, una antigua pertenencia de Bartolomé Flores de la Torre y de las madres Clarisas de Querétaro). De ahí los independentistas encaminaron por los sitios de Huaracha (San José de Huaracha), Jaboneras, Caballerías y San Nicolás, para finalmente llegar a Jalpa ya tardeando. Según la costumbre pueblerina en el balcón de la tienda de raya de los dueños de la mina La Leonera, el cura Hidalgo arengó al pueblo para que se le unieran a la causa. Para pernoctar, la tropa se ubicó en frente de la tienda de raya, en el Portal Quemado; así lo consigna Alejandro Topete del Valle. El día 19 a muy temprana fue retomado el camino hacia el norte pasando por Arroyo del Muerto, la Escondida, Telepache, Teocaltichillo y la Hacienda de Santa Clara; de este último

punto cruzan el arroyo que actualmente divide las municipalidades de Jalpa y Huanusco. Huanusco Miguel Hidalgo y sus tropas después de abandonar Jalpa arribaron al sitio llamado Ojo de Agua de los Flores; posteriormente se encaminaron hacia los Ramírez y Mexiquito hasta llegar a la hacienda de San Pedro, en donde se detienen para reponerse y tomar alimentos que consistían en leche bruta y pan. Luego retoman su senda por el Camino Real que los lleva a la Mesa de San Jacinto, sitio del que encamina al heroico contingente hacia el valle de Huejúcar, hoy Calvillo, en el estado de Aguascalientes. El recorrido de Miguel Hidalgo con una parte de sus tropas por el Cañón de Juchipila fue vertiginoso, solo duró unos cuantos días -entre el 18 y 20 de enero de 1811-. Posteriormente se rencuentra en la hacienda de Pabellón con Ignacio Allende y otros jefes, quienes lo obligan a dejar el mando de la insurgencia. Después de este hecho toman marcha a la ciudad de Zacatecas para de ahí adentrase al norte de Nueva España en un intento de reavivar su lucha. * Compilación de los cronistas municipales del Cañón de Juchipila, facilitada por el Maestro Héctor Pascual Gómez Soto cronista de Jalpa.

/// Mapa del Cañón de Juchipila, el cual marca los sitios de tránsito del cura Hidalgo. Archivo Histórico de Museo Comunitario de Jalpa.

/// Plaza de Jalpa. Archivo Histórico de Museo Comunitario de Jalpa.

/// Estela de cabeza de águila hecha durante la gestión del presidente Adolfo López Mateos. Se realizaron 260 estelas. Archivo Histórico de Museo Comunitario de Jalpa.


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Zombis en la Antigüedad 6 Por David Valerio

Miranda

6 Por Christian Valdez* No existe en la tierra ser tan agradable. Esta gallina, igual que todas, pasa del corral al baño como riachuelo después de las lluvias de temporada. Con sus pequeñas y ridículas alas

hipnotizan su único y triste vuelo a través del espacio aéreo del gallinero saltan con sus pequeñas patas pero con su estudiada inteligencia. Gallina, te crees tan magnífica postrada bajo dos perfectos óvalos te crees etérea dentro de la multitud. * Estudiante de la Licenciatura en Letras, UAZ

“Me pondré en camino a los infiernos y haré que los muertos se levanten y se coman a los vivos. ¡Haré que haya más muertos que vivos!”. Para este caso, es interesante que la idea que tenemos de zombi posiblemente venga desde las antiguas culturas orientales, manteniéndose vigente en diversos relatos hasta nuestros días. Twitter: @ValerioMirand

Para una fecha innombrable 6 Por José Filadelfo

García Gutiérrez

Para Mónica. Aquí pudo estar una letra de Radiohead. Al salir de mi memoria supe que eras real, con los hilachos del pasado hiciste, simple, en el teléfono, un lazo de oro que, puro, renueva su poder, como el reloj que, a las doce, vuelve a empezar con el vigor de lo eterno, y tú, inamovible, pasas, sin necesidad de repararte en el espejo ni el poro más dolido, avejentado, tal como quien acicala el pasado para llegar sin derrota al presente,

pues tú llegaste tal como fuiste y como eres, doblemente dama, agridulce centella, pálpito de la mente, azúcar en el corazón, reproches entrañables que arden en el camafeo silencioso de la historia, linda criatura rotulada por el calor subterráneo de una brisa que, hoy, descansa, ardiente, en mis ojos sin fecha, brisa del mar hondo, delicia, brisa sin rumbo, mundo perdido, brisa de arroz, brisa que resucitas, brisa en mi aliento. Brisa de dos, hoy te saludo.

Río de Palabras

Oda a las gallinas

posiblemente viene de Oriente. En el antiguo texto acadio conocido como el Poema de Gilgamesh que data aproximadamente de entre 2,500 y 2,000 a.C., se hace una descripción bastante cercana a la que buscamos. En la Tablilla VI, columna III, la escena se desarrolla cuando una deidad al ser rechazada tanto por Gilgamesh como por su amigo Enkidú, invadida de ira lanza la siguiente amenaza:

Literatura

Zombis o en inglés zombies, se refiere a cuerpos o “entes” que de alguna forma han vuelto a la vida, “resucitados”, “muertos en vida”. Dentro de la cultura occidental, estos personajes se han divulgado mediante el entretenimiento, llámese libros, comics, películas, series o videojuegos; abordando a estos seres desde diferentes puntos de vista como el terror, contextos apocalípticos, la magia, la ciencia, aventura o incluso la comedia. Algunos ejemplos del cine que se pueden mencionar son las adaptaciones a la novela de Mary Shelley Frankenstein (1818), cuyo personaje es un ser creado de partes muertas y electricidad. Sin embargo, la imagen de zombis en “hordas” y con las características que en la actualidad los identificamos, se puede remitir también al séptimo arte, específicamente el famoso filme La noche de los muertos vivientes de 1968 y su respectivo remake de 1990. Sin dejar de mencionar famosas películas como El regreso de los muertos vivientes de 1985 y sus posteriores secuelas que conforman la saga.

No se puede ignorar el cómic The walking dead que se editó por cerca de dieciséis años variando en los diferentes países donde se distribuyó, con una presencia aproximada de 2003 a 2019. La popularidad de la historieta fue tal que se adaptó a una serie de televisión que conserva el mismo nombre que con gran éxito se mantuvo diez años al aire 2010-2020. Otros famosos filmes son también la saga de REC (2007) o aún más reciente Estación zombi (2016). Seguramente hay más, pero lo interesante es que todas estas junto con las series e historietas, nos describen seres que después de muertos resucitan, para atacar a los vivos, en algunos casos literalmente alimentándose del cuerpo de las personas, no obstante, nos hemos preguntado: ¿cuál es el origen de los zombis? En la Biblia se narran varios casos de resurrecciones, por ejemplo, el famoso caso de Lázaro, ubicado en el Evangelio de San Juan. Estos ejemplos de zombis en la tradición judeocristiana, difieren al tipo de los que antes hemos mencionado (los “come vivos”). Aunque la respuesta sobre el posible origen de la idea de estos, no podría estar muy lejana geográficamente de la tradición judeo-cristiana, pues


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Lovers Rock, de Steve McQueen Cine

6 Por Adolfo Nuñez J.

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na de las obras artísticas más importantes del año pasado fue Small Axe, antología de filmes dirigidos por Steve McQueen (12 years a slave, Shame), quien retrata a las comunidades afrocaribeñas en Inglaterra durante los años 70 y 80. A lo largo de cinco películas -coproducidas por la BBC y Amazon-, el cineasta británico muestra las consecuencias del racismo institucionalizado durante aquella época, partiendo desde diferentes perspectivas que claramente resuenan con conflictos de la actualidad. Al mismo tiempo, le otorga especial atención al apoyo y fortaleza que representa una comunidad unida, que si bien se alía por haber sufrido las mismas injusticias del sistema, también lo hace para encontrar un sentido de pertenencia e identidad dentro de un grupo de iguales. Dicha temática es retratada de manera maravillosa en Lovers rock, la cinta más destacada dentro de este proyecto antológico. En ella, el director se propone reconstruir, dentro de poco más de una hora de duración, una fiesta casera donde todos sus invitados son afrocaribeños, en una noche a finales de los años 70. Reuniones y eventos de este tipo tomaban lugar ya que muchos de los miembros de dicha comunidad no se sentían cómodos (o no eran admitidos) en las discotecas de blan-

/// Shaniqua Okwok y Amarah-Jae St-Aubyn en ‘Small Axe - Lovers Rock’.

cos de aquel entonces. El título de la película hace alusión a un subgénero del reggae, caracterizado por su contenido romántico. Si bien el eje central de la cinta es la historia de amor entre dos desconocidos (Amarah-Jae St. Abuyn y Micheal Ward) dentro de la fiesta, McQueen no se detiene ahí y filma con enorme atención y energía las danzas, los gestos y las miradas del resto de los asistentes, así como las típi-

cas incomodidades y pleitos que suele haber en este tipo de celebraciones. Al ritmo del tema “Silly games” de Janet Kay, el realizador va montando secuencias cuyo lenguaje es definido por los cuerpos de sus participantes, de amantes, amigos y conocidos, y que sumergen al espectador en una coreografía de sensaciones compartidas. Al final, más que una película de narrativa convencional, Lovers rock se propone ser

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

12 Aniversario de Cineteca Zacatecas 6 Por Carlos Belmonte

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Durante la semana que acaba de terminar la Cineteca Zacatecas celebró su 12 aniversario de vida. Se trata de una vida que en el ambiente cultural muchas veces tiene sus días contados por el periodo de duración de las administraciones que financian los proyectos; o bien, que consiguen extender la duración, pero apenas sobreviviendo. En México, el cine independiente, el cineclubismo casi inexistente, las cinetecas estatales y universitarias tienen la suerte desde hace 10 años de vivir de cierta manera bien arropados por el cobijo de la Cineteca Nacional. Y aquí hay que decir claramente, estas políticas dependen directamente de las personas en la dirección: Alejandro Pelayo -director de Cineteca Nacional- y Gabriela Marcial -directora de Cineteca Zacatecas- han conseguido mantener con buen estado de salud estos proyectos de descentralización cinematográfica y divulgarlos. La celebración de los 12 años de Cineteca Zacatecas en el contexto Covid actual era complicado de pensarse: “Una cosa más a hacer desde la computadora,

en casa y en on line”, nos diríamos algunos de los cansados de horas nalga. Además ¿cómo celebrar? Proyectando películas abiertas, con los problemas de los derechos de las distribuidoras para acceder a correr el riesgo del pirataje on line y todo esto para tener unos 10 espectadores. Sin embargo, el equipo de Cineteca encontró alternativas para el festejo: - Lecturas de poemas de Ramón López Velarde por los actores Francesca Guillén,

Aleyda Gallardo, Lázaro Gabino (a destacar el montaje de su lectura y su dicción) y Silverio Palacios. - Presentación de trabajos, cortometrajes y proyectos por creadores zacatecanos como Iván Ávila, Abraham Escobedo Salas, Marco Eduardo Casillas y Edín Martínez. - La proyección de cortometrajes (definitivamente el formato más cómodo para el visionado compartido desde plataformas en vivo) acompañados por sus

una experiencia que capture los detalles de un momento en concreto, que en este caso es definido por un sentido colectivo de pertenencia. Haciendo uso de los mejores elementos del cine de época, McQueen logra trasladar al espectador a un evento que tal vez sea muy lejano a su experiencia, pero que, gracias al enorme talento del director, se logra sentir íntimo y personal.

propios realizadores: El valiente ve la muerte solo una vez, de Diego Enrique Osorno; y Dana, Carnaval y Tzompantli, de Fernando Colín Roque, presentado por la actriz Dana Karvelas. - Del lado más académico hubo dos presentaciones de libros: Filmar la ciudad, editado por las universidades de Guadalajara, Sorbona y París Saclay acompañado por los coordinadores Nancy Berthier y quien esto escribe, y los directores de cine Víctor Moreno e Iván Ávila; y A la sombra de los caudillos. El presidencialismo en el cine mexicano, una coedición de la Universidad Autónoma de Zacatecas y Cineteca Nacional. - Conferencias magistrales como la de Alejandro Pelayo: “La Generación del Cine de Autor: Cine Mexicano de los años 60”; y charlas a modo de mesa redonda como “La evolución y transformación del cine a los nuevos medios audiovisuales”, con Dana Rotberg, Juan Antonio de la Riva, Alberto Lee y Héctor Ávila - Y la transmisión de películas con el apoyo de canal 24.1 del Sistema Zacatecano de Radio y Televisión (SIZART): Somos mari pepa, de Samuel Kishi; y La vida conjugal, de Carlos Carrera, por ejemplo. Que la Cineteca aún tiene cosas por mejorar, cierto; muchas de estas dependen del presupuesto asignado, si no, no se puede pretender una mayor divulgación y variedad de programación. Pero ¿qué cine veríamos sin las cinetecas?


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