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SUPLEMENTO CULTURAL

NO. 322 /// 15 DE ENERO DE 2018 /// AÑO 7

DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

Francisco Beverido. Foto de Galo Le Madec Beverido.

La tarde del 11 de diciembre de 2017 la Universidad Veracruzana -su alma mater y casa de trabajo- otorgó a Francisco Beverido Duhalt, a solicitud de sus pares, la máxima distinción académica que puede otorgar: el Doctorado Honoris Causa. Ese día, entró en la sala como se ingresa a un teatro: investido de un personaje. En esta edición, compartimos el discurso pronunciado por el Dr. Beverido, uno de los personajes clave para entender el teatro mexicano.


La Gualdra No. 322

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LA GUALDRA NO. 322 /// 15 DE ENERO DE 2018 /// AÑO 7

Editorial “La cultura es el índice de la vida espiritual de la ciudadanía, es el constructor de la conciencia ciudadana, que es el sujeto de la democracia”. Luis de Tavira “Es un gravísimo problema que  no entiendan el papel que la cultura implica en el proyecto del país”, así se refirió el Mtro. Luis de Tavira a los candidatos presidenciales cuando se le preguntó sobre ellos y los funcionarios actuales que al parecer carecen de “apetito cultural”. Por supuesto que es grave y tal parece que nosotros, quienes hemos de elegir este año que recién empieza al siguiente presidente del país, así como a los legisladores que lo acompañarán en el proceso de su mandato, no nos hemos percatado de su importancia. Por costumbre y por ignorancia la gran mayoría de los electores de este país ha relegado de la misma forma que sus candidatos el tema de la cultura, no a un segundo sino a un tercer plano, al que menos importa, al que nadie hace caso. Pareciera que en este momento concentrados están todos los esfuerzos, por parte de los políticos y sus asesores de campaña, en hacer un jingle con más éxito que pegue con el electorado, sobre todo con aquel sector de la población que cree que por incluir a un niño huichol en la campaña se está haciendo algo a favor de los sectores más golpeados y menos favorecidos por el sistema; no faltará tampoco quien diga que el hecho de que un niño indígena aparezca cantando en un spot de campaña es un acto de amor por la cultura y la diversidad étnica. Nada más alejado de la realidad, no olvidemos que es un asunto de mercadotecnia. Continúo con lo afirmado por don Luis de Tavira en la entrevista realizada por el periodista Mauricio Mejía a inicios de este año, y coincido en que “la cultura es central en el desarrollo social  y en el proyecto de país, porque es la que se ocupa de la  formación del sujeto de desarrollo; el desarrollo no son las cifras de la macroeconomía, son los ciudadanos, la conciencia de los ciudadanos en  un país que se debate en una batalla decisiva entre barbarie y civilidad”; la última frase me cimbra, hablar de

barbarie y civilidad como dos opciones latentes para el sujeto de desarrollo no es algo que podamos tildar de exagerado: nuestro país se debate constantemente entre esas dos opciones y por momentos pareciera que la barbarie gana, para comprobarlo, basta con ver las noticias de todos los días. Mientras esperamos que los candidatos se sensibilicen y empiecen a hablar con seriedad de lo que pretenden hacer con respecto a temas culturales, iniciamos nosotros este año de actividades presentando en portada al Dr. Francisco Beverido, quien recibiera el mes pasado el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Veracruzana, en páginas centrales reproducimos el discurso completo que pronunciara el 11 de diciembre pasado. En este número compartimos también la cuarta entrega de entrevistas realizadas por el poeta Armando Salgado, que en esta ocasión tuvo una charla con el escritor Gaspar Aguilera Díaz en la que hablan de poesía, conceptos de escritura, talleres y vida literaria. Nos complace también publicar una reseña de Álvaro Campos S. sobre el libro La sociedad secreta de los poetas, de Antonio Rodríguez Jiménez; las colaboraciones de Sergi Ramos Alquezar y Adolfo Nuñez sobre cine; Simitrio Quezada nos habla en su Picaporte semanal sobre ciertos sustantivos femeninos, mientras que Carlos Flores hace una reflexión sobre Lipovetsky. Antonio Rodríguez Jiménez nos habla sobre tres escritores que si vivieran cumplirían 100 años este 2018, y Eduardo Campech Miranda nos comparte “2018: año de (e)lectores”. En contraportada de esta edición 322 de La Gualdra, Alberto Huerta y Pilar Alba nutren con sus cuentos el Río de Palabras; y por primera ocasión, además, compartimos con ustedes “la pieza de la semana”, la imagen de una de las obras de la colección del Museo Pedro Coronel, de Marc Chagall, en espera de que sea éste un motivo más para que seamos los principales visitantes de nuestros museos. Que sea este 2018 abundante de cosas buenas para todos y que disfrute su lectura. Arrancamos.

Contenido 2018 y los años que surgen como una flor efímera Por Antonio Rodríguez Jiménez 2018: año de (e)lectores Por Eduardo Campech Miranda

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La continuación del canto: Gaspar Aguilera Díaz Por Armando Salgado

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Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa Por Francisco Beverido

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Algunos conceptos Lipovetskynianos Por Carlos Flores El Picaporte El agua, el águila, el hacha y otros sustantivos femeninos Por Simitrio Quezada Inalcanzable femenino En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerín (2007) Desayuno en Tiffany’s, mon ku Por Sergi Ramos Alquezar

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Una historia de fantasmas, amor y tiempo Por Adolfo Nuñez J.

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La autenticidad creativa se reivindica en La sociedad secreta de los poetas Por Álvaro Campos Suárez

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Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

La pieza de la semana: Chagall en el Museo Pedro Coronel Por Gabriela Vargas

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No era yo Por Alberto Huerta Como siempre Por Pilar Alba

Directorio

Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx

Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita Diseño Editorial

La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.

Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com


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2018 y los años que surgen como una flor efímera Literatura

6 Por Antonio Rodríguez Jiménez*

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l 2017 se fue como encharcado en la corriente de un río. Llegó al océano y rápidamente nació el 2018. Borrón y cuenta nueva dicen algunos que les ha ido muy mal u otros que les ha ido tan bien que mejor se olvidan de él. El pasado no existe, pues es sólo un remoto recuerdo que martillea la memoria con su nostalgia impertinente. Sólo existe el presente. El futuro es incierto, impreciso, pues se crea con la ilusión de lo que vendrá algún día y a veces no llega. Ni siquiera se puede programar, pues cualquier incidente lo hace imposible. Tampoco es posible aferrarse al presente porque dura centésimas de segundos y mientras se reflexiona pasa inexorablemente, sin pedirle permiso a nadie, dejando sólo rastros de felicidad o de amargura, diminutos recuerdos que se pierden en un eco lejano de una música que se esparce como un agua de lluvia. Todo comienza de nuevo. Los periodistas buscaremos las excusas necesarias para que todo gire por los cánones de la actualidad y nos inventaremos centenarios, cincuentenarios y decenios para que todo cuadre. Se trata simplemente de una excusa, pero si vivieran cumplirían cien años en 2018 dos grandes poetas españoles: Leopoldo de Luis y Mario

/// Antonio Rodríguez Jiménez, autor de La sociedad secreta de los poetas. Foto Francisco González

López y un escritor mexicano, Juan José Arreola, grandes maestros del verso y de la prosa, auténticos creadores de poéticas personales de una calidad arrolladora, los primeros, y maestro de la narrativa, el tercero, aunque los dos primeros jamás estuvieron en el canon oficial de los nombres, ése que dictan en democracia y en dictadura los amigos de los políticos. Pero dejaron su obra, la calidad de sus versos, única garantía testamentaria de los artistas,

/// Juan José Arreola

pues la fama se evapora sin dejar rastro. Es sólo presente ingrato, flor de un día. Éstos y tantos otros han trabajado en silencio y han publicado ante una inmensa minoría sin importarles demasiado los resultados, pues ya sabían de antemano que en muy pocos casos coincide calidad y fama. Muchos héroes ayudan a sacar de las catacumbas a los grandes poetas prohibidos e ignorados. Muy pocos llegan a ser reconocidos. Pero al verdadero creador apenas le importa el

resultado. Su misión sagrada es la escritura y poco importa un galardón, un reconocimiento. Muchos pasaron la vida con intensidad invisible y por eso no dejaron de ser grandes poetas, aunque la gente se percatará al final o después de la muerte. El arte no es ingrato sino los que lo pontifican y deciden cuando mercadean con la calidad o con una osadía denigrante. *arodriguezj15@gmail.com

6 Por Eduardo Campech Miranda

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ntramos en el 2018, un año electoral que definirá a quién llevará las riendas de este país. La información es agobiante. Por todos lados, y a todas horas, escuchamos, vemos, leemos mensajes de los candidatos y de las propias instancias electorales. A la par, he comenzado el año con una lectura que inicié los últimos días del 2017: La travesía de la escritura, de Sergio Pérez Cortés. En él se plasma la historia de la escritura y la lectura durante la Antigüedad Clásica y la Alta Edad Media. Los procesos y cambios que han sufrido estas dos acciones son sorprendentes. Entre los rasgos que caracterizaron a la escritura durante el periodo estudiado en la obra de Pérez Cortés está el de la memoria. Los autores dictaban sus creaciones a un secretario (scriptor) y éste lo plasmaba en el papiro o la cera –según fuera el caso-. Así, siguiendo con el Pérez Cortés, lo que ahora conocemos como autores, en realidad eran dictatores. Conforme la técnica de escritura se desarrolló la memoria fue perdiendo terreno. Cabe asentar que la práctica lectora tenía como convencionalismo (y pragmatismo que obedecía a los propósitos y paradigmas de la época) a la lectura en voz alta.

La aparición de los espacios entre palabras, de los signos de puntuación y de nuevas fuentes tipográficas posibilitaron que la lectura silenciosa, o “con el corazón”, apareciera y se difuminara como una práctica social que perdura en nuestros días. Este tránsito de la lectura en voz alta a la lectura en silencio también los ejercicios de pensamiento, imaginación, reflexión, oración, fueran privados. De ahí la asociación de entre análisis y concentración. Hasta entonces las bibliotecas no contaban con un espacio para la lectura individual silenciosa. Después aparecieron las normas de no hacer ruido. En este año debemos apelar a esa memoria que usaban los antiguos. A conversar como ellos, pero también a reflexionar en silencio. A comparar, ponderar, cuestionar. Si bien, como lo mencioné en el primer párrafo, existe un mar de información, no toda es verídica. Como ciudadanos debemos discernir entre lo realizable y la propaganda barata, entre lo necesario y lo vistoso, entre lo mismo y la diferencia. Ello es más fácil cuando leemos. Pero leer con ojo crítico, con cuestionamientos al autor, a nosotros y a los otros. Con la finalidad de ampliar nuestros horizontes. 2018 es un año de electores, pero también puede ser la oportunidad para que sea de lectores. Personas que se reúnan para leer una plataforma

/// Sandro Botticelli. La virgen del libro. 1480-82. Temple sobre tabla. 58 x 39.5 cm. Museo Poldi Pezzoli de Milán, It.

política, una columna editorial, un libro y se analicen los diagnósticos y las propuestas –donde

las haya-. Que no se echen por la borda tantos y tantos siglos del devenir de la letra escrita.

Promoción de la Lectura

2018: año de (e)lectores


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Poesía

La continuación del canto: Gaspar Aguilera Díaz 6 Por Armando Salgado

bir poesía y pienso que el poema cumple su misión cuando logra crear una imagen que estremece el corazón y la memoria del lector; ejemplo de esta poesía es la que han escrito autores como Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Fernando Pessoa, Constantino Cavafis, César Vallejo, Antonio Gamoneda, Eduardo Lizalde, Carlos Eduardo Turón, entre otros. Un par de los libros que podrían hablar de manera objetiva sobre estas distintas polaridades son: “La poética”, de Aristóteles, o bien “Las 7 noches” de Jorge Luis Borges.

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aspar Aguilera (Parral, Chihuahua, 1947) es un escritor michoacano nacido en Chihuahua y esta entrevista es ante todo un homenaje a sus 70 años. Cabe mencionar que él ha fungido como puente generacional entre escritores de distintas edades, y ha promovido infinidad de talleres literarios en espacios culturales y académicos. Por distintos períodos y en lugares diversos ha coordinado el taller literario Carlos Eduardo Turón, como reconocimiento a ese poeta uruapense que en los 70 fue un ícono de la literatura michoacana y conector con escritores como José Revueltas y Abigael Bohórquez. Armando Salgado: La academia propone estilos según el profesor y sus influencias, o según el enfoque de la institución. Una persona de carne y hueso que apenas se acerca la creación literaria, ¿qué cosas necesita saber, qué debe considerar a la hora de leer y escribir? Gaspar Aguilera Díaz: La lectura de los buenos libros es como una conversación con los hombres más ilustres de otros siglos que fueron sus autores, decía Descartes y respecto al hábito de la lectura cabe recordar también las sabias palabras de Jorge Luis Borges, que se ufanaba más que de los libros escritos, de los libros que había leído. Ahora bien, en cuanto al acto de la escritura, básicamente se requiere asumir con la mayor humildad y al mismo tiempo con el mayor compromiso, la consciencia de que es un oficio que debe realizarse con gran

/// Gaspar Aguilera Díaz. Fotografía de Carlos Villaseñor.

rigurosidad y disciplina, como una intensa pasión tan vital como la respiración misma. AS: La poesía va modificando sus conceptos de escritura, los cuales no dejan de ser sumativos y sobre todo, subjetivos. Aun así, ¿cree en alguna definición de poesía?, ¿por qué usted decidió escribir poesía?, ¿hay fórmulas para escribirla?, ¿qué libros podrían hablarnos sobre el hecho de escribir? GAD: Sí, creo en una definición: La poesía es la búsqueda incesante de las respuestas sobre el amor, la muerte, la existencia, la palabra y el deseo, pues creo firmemente en la poesía de la inteligencia, el hueso y de la carne, como alguna vez lo señaló

Jaime Sabines. Decidí escribir poesía, porque es adentrarse en ese mundo más real que el que nos ha tocado padecer; en una realidad signada por el individualismo y la manipulación verbal y mediática que trata de darle a las palabras y a los hechos otro significado diferente del que en realidad poseen, enfrentarse a la imagen poética es, de nuevo, reconciliarnos —en soledad— con el mundo y sus señales de sobrevivencia; es una manera sabia de correspondencias generosas y fértiles ante la necesidad de explicarme todos y cada uno de los misterios que rodean el alma. No hay esquemas ni recetas para escri-

AS: ¿Qué elementos considera necesarios cuando se escribe y para darle voltaje a la obra ante los nuevos tiempos donde prevalece la inmediatez? GAD: Considero simplemente que es necesario ser congruente y honesto al hablar de las vivencias comunes a todos los seres humanos, independientemente del lugar donde se escriba, la formación académica o el estado de ánimo, o si se navega con la bandera de las vanguardias; porque ninguno de estos elementos garantiza la trascendencia de la obra literaria. AS: Es conocida la amistad que mantiene con grandes literatos, y particularmente destaca su labor en la coordinación de talleres literarios. Nombres como el de Donoso Pareja y David Ojeda fueron cercanos a su persona. ¿Cree que los talleres literarios siguen teniendo vigencia en una era virtual? GAD: Los antecedentes que se deben conocer son la historia y el contexto cultural de la literatura del país en que se escribe.


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AS: Entre sus múltiples anécdotas, hay alguna en especial que deberíamos conocer los lectores de La Gualdra? GAD: Por supuesto, considero que fui muy afortunado, ya que gracias al trabajo de promoción cultural y a los talleres literarios, tuve la suerte de conocer e invitar a que dieran conferencias o lecturas en la ciudad de Morelia para nuestro taller literario de la Universidad Michoacana “Pireni” a autores significativos como: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, José Revueltas, Marco Antonio Campos, Juan Bañuelos, Oscar Oliva, Octavio Paz, Elena Poniatowska, René Avilés Favila, José de Jesús Sampedro, Gerardo Sampedro, Álvaro Mutis, Vicente Quirarte, David Ojeda, Miguel Donoso Pareja, Lucía Rivadeneyra entre otros. Por otra parte en 1981 tuve la oportunidad de escuchar y conocer personalmente a Julio Cortázar en el Centro de Estudios Lingüísticos de la Universidad Veracruzana que en ese tiempo dirigía Jorge Ruffinelli y quedé maravillado con la sencillez y generosidad del Cronopio argentino porque de ese encuentro surgió una cercanía epistolar que jamás me hubiera imaginado, incluso en un viaje que hice a París con Aída Gambeta a finales de ese año, le llevé a su casa en la Calle Martel No. 4, unas artesanías michoacanas y un ejemplar del libro: “El lector activo y la comunicación en Rayuela” de la Dra. María Teresa Perdomo, que desde

Poesía

Los nombres de Donoso Pareja y David Ojeda son muy significativos, porque su labor literaria ha sido referente clave en mi formación, al igual que para muchos de los escritores de mi generación, es decir de los nacidos en las décadas de los 40´s y 50´s. Además de todo, fueron mis entrañables amigos. Creo que la vigencia de los talleres literarios radica en que pueden formar parte de una etapa esencial en la formación del escritor, por las posibilidades que ofrece de la necesaria crítica colectiva y del acercamiento a elementos básicos de la teoría y la crítica literarias.

/// Gaspar Aguilera Díaz. Foto del Registro Nacional de Escritores.

luego, Cortázar ya conocía en su versión mecanuscrita, mismo que me tocó publicar cuando estuve a cargo del Departamento de Ediciones de la propia UMSNH. Sin embargo, no tuve suerte de encontrarlo porque se encontraba de viaje con su esposa por el sur de Francia. Tiempo después me escribió una carta agradeciéndome los presentes y el libro, prometiendo venir a la Universidad Michoacana a impartir algunas conferencias y lecturas, desafortunadamente —como sabemos— falleció al año siguiente y en la última carta que también conservo, solamente me agradecía haberle enviando mis condolencias por la muerte de su compañera Carol Dunlop. Como un modesto reconocimiento a su subvertidora y basta obra, publiqué recientemente “Julio Cortázar: El lenguaje lúdico y la imaginación crítica” en la editorial La Zonámbula que dirige el poeta Jorge Orendáin en Guadalajara, Jalisco. AS: Con motivo de sus 70 años, y el cúmulo

de experiencia a partir de su labor cultural, ha provocado distintos puentes generacionales en la vida literaria de Michoacán; ¿qué elementos se deben enfatizar para continuar con estas actividades, con estas tareas que son fundamentales para la sociedad? GAD: Creo que la intercomunicación y el diálogo así como el intercambio de obras entre los distintos grupos generacionales, fomento y multiplicación de talleres de crítica y teoría literaria, difusión y promoción de la literatura local, nacional e internacional son algunos de los elementos que nos permiten enfatizar en las tareas que realmente retroalimentan a la sociedad. Gaspar Aguilera Díaz (Hidalgo del Parral, Chihuahua, 20 de octubre de 1947). Egresado de la Licenciatura en Derecho y Ciencias Sociales en la UMSNH; fue profesor de literatura mexicana y latinoamericana durante 16 años, así como director del Departamento Editorial y de

/// Gaspar Aguilera Díaz y Armando Salgado.

Difusión Cultural de la misma institución. Ejerce el periodismo cultural desde 1978 en publicaciones del país y del extranjero; algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, al polaco, ruso, checo, inglés, alemán y publicados en diversas antologías dentro y fuera de México. De 1992 a 1994 impartió cursos de Literatura Mexicana y Latinoamericana, así como de cultura contemporánea en el Instituto de Romanística de la Universidad de Salzburgo, Austria y en 1994 fue integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Ha dado cursos y conferencias en Universidades e institutos de Cultura de varios estados de México y en las Universidades de La Habana, Cuba, Carolina de Praga, Instituto de Romanística e Instituto Afroasiático de Salzburgo, La Sebastiana, Casa de Pablo Neruda en Valparaíso, Chile, la Casa de Michoacán en Chicago, Illinois, y en la Universidad de California de los Ángeles, EEUU.


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Teatro

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/// Francisco Beverido. Foto de Galo Le Madec Beverido

Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa A 6 Por Francisco Beverido

gradezco con mucha emoción la distinción que nuestra Universidad, a través de su Consejo Universitario, me concede. Me siento muy honrado y, desde mi modesta perspectiva lo considero un honor inmerecido pues pienso que sólo he hecho la labor que me correspondía, como actor, como director, como investigador, como promotor, como docente. Manuel Montoro, en una ocasión como ésta, citaba a Leonardo da Vinci con esta frase: “Jamás me canso de ser útil”, desde cualquier trinchera A principios de los sesentas, Xalapa no llegaba a los 100,000 habitantes, sus calles estaban asfaltadas o empedradas en su mayor parte, y casi todas las casas ostentaban su techumbre de tejas y aleros –para beneplácito de los viandantes–, muchas de ellas tenían además chimeneas. La ciudad se ubicaba al sur del Cerro del Macuiltépetl y reposaba apenas en su ladera, además, desde este cerro hasta el Cofre de Perote los campos conservaban sus frondosos bosques. El clima, pues, era frío y húmedo, con el tradicional chipi-chipi muy frecuente, y en invierno envolvía la ciudad una densa niebla. La Universidad Veracruzana para ese momento gozaba ya de un prestigio y una posición privilegiada, y su Compañía de Teatro era un referente a nivel nacional. En abril de 1962, Marco Antonio Montero, al frente de la Compañía de Teatro de la Universidad, estrenaba su puesta en escena Hamlet,

de William Shakespeare. El reparto era de primer orden, pues al elenco de la Compañía se sumaba la presencia de algunos actores de la Ciudad de México: Héctor Ortega como Hamlet, Manuel Fierro como Claudio, Sonia Montero como Gertrudis, Farnesio de Bernal como Polonio, María Luisa Castillo como Ofelia, no recuerdo quién como Laertes, entre muchos más. La puesta en escena no se presentó en un teatro. Montero escogió como escenario un lugar que llegaría a ser emblemático de la ciudad: el Puente de Xalitic, que entonces contaba con pocas viviendas alrededor y era posible admirar en toda su magnificencia. En ese momento, aunque la primavera ya había iniciado oficialmente, las nieblas invernales aún no abandonaban la ciudad. Imaginen ustedes la parte superior del puente con torretas y almenas en lugar de arbotantes, el primer arco desde el sur cubierto con un enorme gobelino para convertirse en la habitación de Gertrudis; el arco central como sala del trono; la escalera poniente –la más larga– como trayecto para el cortejo fúnebre de Ofelia; y todo ello envuelto en la niebla. Ése fue mi primer contacto con el teatro profesional, con el teatro de la Universidad Veracruzana. En realidad, hubo algún contacto previo en mi natal Córdoba, gracias a mi tío, el Dr. Luis Beverido, quien me permitió asistir no sólo como espectador de algunas de sus puestas en escena, sino sobre todo a los últimos ensayos de una de sus producciones, con lo que tuve oportunidad de ver por primera vez el proceso

de construcción de una escenografía. A todo esto, debo decir que ese 1962 marca mi ingreso a la Universidad Veracruzana, pues en ese entonces la enseñanza media formaba parte de la Universidad. Cuando recibí la documentación correspondiente a mi inscripción a primer año de secundaria, recibí también con gran orgullo un escudo de la UV (el primero), el diseño de don Manuel Suárez a todo color impreso sobre plástico y montado sobre un trozo de fieltro para ser aplicado al uniforme. Entonces la enseñanza Secundaria no era una mera prolongación de la primaria ni un estadio intermedio y amorfo antes de la Universidad. Era realmente el inicio de una educación profesional. Al año siguiente, además de conocer el Teatro del Estado no sólo desde la perspectiva del público sino también en su interior, recorriendo todos sus entresijos, tuve también la primera experiencia de pisar un escenario. Jorge Godoy se acercó a dirigir El periquillo sarniento de José Joaquín Fernández de Lizardi, en versión teatral de Héctor Azar, a la Secundaria (entonces era secundaria) “Antonio María de Rivera”. En ese contexto tuve oportunidad de conocer y en algunos casos convivir con los personajes que le dieron lustre la Universidad Veracruzana y la ubicaron como una institución humanista del más alto nivel: Gonzalo Aguirre Beltrán, Fernando Salmerón, Sergio Galindo, don Adolfo Domínguez, Montero, Francisco Savín, Francisco González Aramburu, Mary Christen, Librado Basilio, Luis Mario Schneider, César Rodríguez Chicharro, Juan Hassler, Wal-

traud Hangert, Mario Orozco Rivera, Francisco Salmerón, Guillermo Barclay, Alfonso Medellín, Carlo Antonio Castro, Carlos M. Vargas, Carmen Vargas, Carlos Juan Islas, a un muy joven Roberto Bravo Garzón, a Fernando Vilchis y Leticia Tarragó, Raúl Ladrón de Guevara, Carlos Okhuysen, y muchos más. Y más tarde a Manuel Montoro, Mario Usabiaga, Jorge Ruffinelli, Fernando Ávila, y un muy largo etcétera. Cursé los dos últimos años de secundaria y toda la preparatoria en dos de las mejores escuelas de la época: la secundaria “Antonio María de Rivera” y la Escuela Secundaria y de Bachilleres Experimental anexa a la Facultad de Filosofía y Letras. En ambas se me permitió hacer mis primeras experiencias en la dirección teatral. En la segunda, incluso, gracias al apoyo del Lic. Carlos Manuel Vargas y la Mtra. Carmen Vargas Delgadillo, convertimos el patio de la escuela en un escenario desmontable, de manera que para las ceremonias usuales (día de la madre, día del maestro, etc.), se “vestía” dicho patio con piernas y bambalinas para la presentación de los números artísticos correspondientes. En esos casos me tocó, en todas las ocasiones, fungir como maestro de ceremonias. En 1966, gracias a la invitación que me hiciera don Adolfo Domínguez, director del Teatro del Estado, a la llegada de Manuel Montoro, tengo la oportunidad de tener mi primera experiencia como actor profesional con la Compañía de Teatro de la Universidad, en la puesta en escena de Mariana Pineda, de Federico García Lorca, al lado de Ana Ofelia Murguía, Juan Allende, María Rojo, Manuel Fierro, Guadalupe


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Aquí va el primero. • Lo he dicho en algún otro momento, pero me parece que vale la pena retomarlo en este contexto y en las difíciles, complejas y trágicas circunstancias que nos toca vivir: estoy convencido de que sería más barato y mucho más productivo construir, equipar y mantener una casa de cultura o un teatro que una prisión. Añadiré lo siguiente: me parece que sería más barato y mucho más provechoso construir, equipar y mantener un complejo deportivo que una cárcel. No es una idea nueva. Considero que es el mismo espíritu que motivó al veracruzano Benito Coquet cuando, siendo director del Instituto Mexicano del Seguro Social y con el respaldo del presidente Adolfo López Mateos, construyó los Centros de Seguridad Social y Bienestar Familiar y sembró de teatros el país, considerando que el cuidado de la salud no debía ocuparse exclusivamente del tratamiento o la cura de las enfermedades, sino que debía ir más allá y prevenir no sólo la salud física sino también la salud mental de los derechohabientes. Un legado importantísimo que el neoliberalismo se ha encargado de ir desmantelando. Curiosamente tengo entendido que en Islandia (of all places) existe un programa semejante con muy buenos resultados. Creo que deberíamos voltear la vista hacia otras latitudes y no quedarnos sólo con el único ejemplo de lo que tenemos al norte. El teatro entretiene y educa.

cumple el centenario del nacimiento de una persona para quien la Universidad Veracruzana fue muy importante y quien fue muy importante, en mi opinión, para la Universidad Veracruzana, un destacado alumno de la Facultad de Antropología y un destacado integrante del Instituto de Antropología: Francisco Beverido Pereau. El tercer (y último) final: • Con la distinción que hoy se otorga a mi persona, hago votos porque la Universidad, sin dejar a un lado la ciencia y la tecnología, conserve, acreciente y enriquezca la actividad humanística que desde sus inicios fue su columna vertebral, la que la ubicó entre las instituciones educativas y culturales más importantes en el panorama nacional, posición que nunca ha perdido, porque desde su seno, así como en otras áreas, a través de la literatura, de la música, de la pintura, de la danza y muy destacadamente del teatro, ya sea con su compañía profesional, con la actividad docente de la Facultad de Teatro y ahora la Maestría en Artes Escénicas, como incubadora e impulsora del teatro estudiantil y del teatro independiente, podemos con orgullo decir como Fuenteovejuna, “todos a una”: ¡Damos más!

El segundo final: • Agradezco profundamente, a nombre propio y a nombre de mi familia, la distinción que el H. Consejo Universitario me concede en esta ocasión, ya que para nosotros tiene un significado muy especial. Este año se

Xalapa, Ver., a 11 de diciembre de 2017

Paco Beverido, Doctor Honoris Causa por la UV La familia de Paco es el teatro, lo digo yo, que soy su hermana, y que desde que nací lo he visto entre tablados y candilejas. Esta familia a la que él se ha entregado le ha respondido celebrando su vida en el teatro. La tarde

/// Francisco Beverido recibe el Doctorado Honoris Causa. Foto de Galo Le Madec Beverido.

/// Francisco Beverido. Foto de Galo Le Madec Beverido.

del 11 de diciembre de 2017 la Universidad Veracruzana, su alma mater y su casa de trabajo, le otorgó a Francisco Beverido Duhalt, a solicitud de sus pares, la máxima distinción académica que puede otorgar: el Doctorado Honoris Causa. No, no podría pretender hacer una crónica objetiva del evento, pues, además de mi parentesco, se trató de un acto emotivo, cálido, con un protocolo poco ortodoxo, pero a la medida de las circunstancias. Para empezar, Paco entró en la sala como se ingresa a un teatro: investido de un personaje. El público, deliberadamente no advertido de esto, tardó unos instantes en comprender que las palabras pronunciadas no eran las del actor, sino las de Iván Ivanovich Niujin, personaje del monólogo Sobre el daño que hace el tabaco, de Antón Chéjov. Por tratarse de una sesión solemne del Consejo General Universitario, los asistentes eran los consejeros-alumnos y consejeros-maestros de todas las facultades, los vicerrectores de las cinco regiones que componen la UV, así como funcionarios, académicos, investigadores y amigos de Paco. El monólogo cautivó al público. Cuando llegó el momento de los discursos ya había un ambiente que, sin salirse del rigor mínimo indispensable en esas circunstancias, había perdido el acartonamiento y la gravedad. Víctor Hugo Vásquez Rentería, académico de la Facultad de Idiomas, leyó una semblanza de Paco cimentada en su acercamiento personal al teatro y sus encuentros con él, a lo que siguió una prolongada ovación de pie, como pocas veces se escucha en ese recinto destinado a los actos protocolarios del Consejo Universitario. La Rectora, Sara Ladrón de Guevara, impuso enseguida la medalla y el homenajeado procedió a responder al reconocimiento con las palabras que aquí mismo se reproducen. Para concluir, no sin agregar sorpresa y emociones, Sara Ladrón de Guevara leyó un discurso que no sólo hacía hincapié en la labor de Paco, en la importancia del Centro de Documentación Teatral “Candileja”, en los múltiples personajes representados en su carrera actoral, en las numerosas puestas en escena de las que ha sido director y en la gran labor que ha realizado como promotor cultural, sino que integraba también sus recuerdos de infancia (los de ella, los nuestros), sus visitas a nuestra casa (fuimos compañeras en el Jardín de Niños), la influencia de mis padres, a los que tan bien conoció, en la formación de Paco. Fue un discurso que en lugar de citas y doctas referencias evocaba momentos significativos. La ceremonia duró una hora y media, pero ni los consejeros, ni las autoridades, ni ninguno de los invitados tener prisa por que terminara. En esta velada la academia, la familia y el teatro fueron uno. Maliyel Beverido

Teatro

Balderas, María Luisa Castillo, Rocío Sagaón, entre otros. Como mi participación se reducía a los actos primero y tercero, en los entreactos tuve mi primer conocimiento, gracias a Modesto Ramírez, Francisco Luna, Benito López y Jorge Ortiz, de los secretos de la tramoya y la construcción de escenografías. En este breve repaso quedan de manifiesto los caminos que habría de seguir más adelante. Mi primera intención era ser actor y también director de escena; la práctica me enseñó la importancia y los entresijos de la actividad técnica: tramoya, iluminación, musicalización; la experiencia con mis compañeros de escuela, aunada a la información adquirida en la Facultad de Letras, me llevó más adelante a la investigación teórica y a la docencia; mi propio interés me llevó por último a la investigación histórica. Algunas veces me han preguntado, como se acostumbra en algunas entrevistas, de no haber tenido esta profesión, ¿qué otra cosa me hubiera gustado ser o hacer? La respuesta es invariablemente la misma: hubiera elegido el mismo camino. Porque el teatro es un universo amplio y diverso. Uno puede hacer teatro desde trincheras muy diferentes. La cara más visible del teatro es la del actor, que es quien está frente al público. Muchas veces también es conocido el nombre del director, aunque no está a la vista del espectador. Pero el teatro no es, no puede ser nunca un trabajo individual: es siempre un trabajo de equipo. Como actor uno depende, por una parte, de la labor del director y de los “partenaires”, de los compañeros actores en escena, pero también del trabajo de los creativos: escenógrafos, iluminadores, musicalizadores, diseñadores de vestuario y otros, y también de todo un ejército de técnicos: tramoyistas, carpinteros, pintores, electricistas, utileros, vestuaristas, utileros, maquillistas, etc. El teatro no es sólo un entretenimiento, es un medio de comunicación y es una fuente de conocimiento, puede ser incluso un acicate para la búsqueda y para la adquisición de otros conocimientos. El teatro no es sólo un “reflejo de la vida” o un “espejo de la vida”. En el escenario, como en un laboratorio científico, el conocimiento se pone a prueba: ¿qué pasa se mezclamos esto con esto otro?, ¿qué pasa si lo comprimimos o si lo extendemos? Una obra de teatro es una microhistoria, nos ayuda a conocer y a comprender al otro; desde el actor que debe “reconocer” a su personaje para encarnarlo, hasta el espectador que pude verse reflejado en el escenario. Me gustaría hablar de muchas cosas: de lo que significó para mí y para la Universidad el Teatro del Estado, la Casa del Puente, de los Festivales Universitarios, de la creación de “La caja”, o también de la labor desarrollada por un equipo dedicado y eficiente en el Centro de Documentación Teatral “Candileja” A.C. que ha rebasado ya los veinte años de existencia (y que antecede al CECDA) o de lo que motivó y lo que se logró con los Festivales de Teatro en la Alacena y Adultíteres, pero eso haría de esta intervención algo demasiado largo y seguramente caótico por la multitud de temas. Tampoco quiero abusar de su tiempo y de su paciencia. Me conformaré con lo siguiente: esta participación mía, como aquel programa cómico de la televisión de los años sesentas que conducía Raúl Astor, o como una mala obra de teatro, tiene tres finales.


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Opinión

Algunos conceptos Lipovetskynianos 6 Por Carlos Flores

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unca antes había escuchado el término de hipermodernidad, el cual supongo ha de estar en la boca de los filósofos. Yo me quedé aún todavía en ese terminajo de la posmodernidad. Apenas andaba dando mis pininos en mi propia individualidad con respecto al resto del mundo. Es decir, apenas andaba explicándome, a mi propio ver, cómo es que funciona el mundo. Pero el pasado 29 de noviembre tuve la oportunidad de escuchar la parte final de la conferencia “Consumo digital” del pensador francés Gilles Lipovetsky y alcancé a escuchar este nuevo concepto. Entre otras cosas, pude entender que en el mundo globalizado las cosas van tan rápido que el mundo está en un constante cambio, cambio que puede tener sus lados positivos pero también negativos. Entre los negativos está la democratización del gusto, con lo que se refiere a esta posibilidad que el ciudadano común pueda acceder al arte como si fuera cualquier otra cosa más. Es decir, pareciera que el arte se ha vuelto un asunto comercial, tal como lo pudo haber profetizado Andy Warhol, a tal grado que miles de personas pueden asistir a los museos más importantes del mundo para ver el patrimonio artístico de la humanidad.

Eso pareciera ser algo bueno, sin embargo, gracias a la lógica de la hibridación, ese objeto de arte desploma su valor ante los ojos del contemplador moderno, quien puede considerar tan valiosa una escultura de Miguel Ángel como el póster de una película o la portada de un disco. ¿Por qué? Porque todo está a su alcance y porque su capacidad interpretativa está a nivel superficial. No tiene los fundamentos racionales para comprender la obra de arte en su sentido estricto: no sabe de estética, no conoce la teoría general del arte, no sabe quién fue el artista, no conoce el contexto de la obra ni su significado. Desconoce lo que el hombre letrado de antes sabía, precisamente lo que le permitió elevar esa obra a nivel

de arte. Así, cuando contempla la portada de un disco, una revista o una película, si los colores le son llamativos o la imagen está bien lograda y toca algo de su ser, quedará fascinado con lo que ve, a tal grado que lo querra elevar al nivel de obra de arte, pues para él, toda obra estética (de su gusto), merece ser arte. La discusión es compleja, sobre todo en un mundo como éste, donde impera el Capitalismo artístico, concepto que acuña Lipovetsky y que está plenamente ligado al de la Lógica de hibridación, donde en su afán de vender, el empresario ha comercializado el arte, convirtiéndolo en un objeto de consumo que permite a cualquier snob, yupie, hipster o persona

El Picaporte

normal, tener en su casa una obra original de algún artista, donde el mecenas (y a la vez explotador) es precisamente el capitalismo. Lo que al parecer es bueno pues aumenta la creatividad del hombre contemporáneo. Lo absurdo de lo anterior, es cuando se tratan de llevar las cosas a la inversa: es decir, cuando se trata de llevar el objeto de consumo al nivel de arte. Comentaba el franchute Gilles, que un museo de su país había inaugurado con una exposición de algún diseñador de ropa en boga. Es decir, la exposición era la colección del modisto. Y eso, definitivamente, es lo malo. Como todo ser pensante, pone lo anterior en la mesa de discusión, y cae en la precipitada conclusión que le obligaron a realizar debido al tiempo, que lo único que se puede hacer es tratar de educar al ciudadano terráqueo de manera crítica, tanto en el arte como en las humanidades, para que pueda vivir su hipermodernidad tal y como los modernos querían cuando propusieron llevar el conocimiento al alcance de todo. Desgraciadamente, el capitalismo artístico (y el no tan artístico) han decidido eliminar todo lo anterior de las escuelas, al menos latinoamericanas, con el objeto de lograr sus fines bajo el signo de la mediocridad artística e intelectual.

El agua, el águila, el hacha y otros sustantivos femeninos 6 Por Simitrio Quezada

S

i es singular, al sustantivo femenino “agua” se le antepone el artículo masculino “el”. Si es plural, lleva “las”. Ejemplo: El agua fresca, las aguas frescas. Lo mismo sucede con “el águila blanca, las águilas blancas”, “el hacha filosa, las hachas filosas”, “el árnica amarilla, las árnicas amarillas”, “el ánima en pena, las ánimas en pena”, “el anca de rana, las ancas de rana”, “el ágata luminosa, las ágatas luminosas”, “el ánfora vacía, las ánforas vacías”, “el África, las Áfricas” y otros con “a” inicial acentuada. Lo masculino se queda sólo en el artículo, no en el sustantivo ni en el adjetivo que lo acompaña. Por eso podemos intercalar aparentemente

los géneros al decir o escribir “Toda el agua fría” (Femenino masculino femenino femenino), “Reparadora, helada el agua” (Femenino femenino masculino femenino) o, como se llama un renombrado grupo teatral colombiano, “El águila descalza” (Masculino femenino femenino). ¿La razón? Todos estos sustantivos femeninos comienzan con una “a” tónica o acentuada. Para que no “choquen” con la “a” del artículo femenino, éste cambia al masculino “el”. Es, entonces, un asunto prosódico o eufónico, de buen sonido. ¿Excepciones? La hache, porque originalmente se refiere a “la letra hache”, y La Haya, nombre de ciudad. Envíe comentarios y demás inquietudes a: siquezada@hotmail.com


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Inalcanzable femenino

Desayuno en Tiffany’s, mon ku

6 Por Sergi Ramos Alquezar

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l director catalán José Luis Guerín forma parte de ese pequeño grupo de cineastas que se dedica a explorar las fronteras del cine, incansables creadores de formas, siempre abiertas, que plantean en el espectador más preguntas de las que resuelven. En su película En la ciudad de Sylvia, estrenada en 2007 y publicada en DVD por Versus, el director cuenta la historia de un joven, interpretado por el francés Xavier Lafitte, cuyo nombre desconoce el espectador, que recorre la ciudad francesa de Estrasburgo en busca de Sylvia, una muchacha a la que quizás conoció allí unos años antes. Sentado en la terraza de un bar, frente al centro de arte dramático de la ciudad, el personaje observa a las jóvenes mujeres que le rodean, al tiempo que las dibuja en una serie de esbozos. En esta larga secuencia, que ocupa una tercera parte de la película, la cámara se mueve entre los distintos grupos que ocupan las mesas, siguiendo la mirada del personaje y deteniéndose en las muchachas que llaman su atención. El espectador puede entonces adoptar su mirada de voyeur y, poco a poco, entrar en el juego de identificación que propone la película, enmarcada por la particular utilización del encuadre y del sonido. El movimiento de la cámara permite pasar del rostro de un personaje a otro, pero también desplazarse siguiendo la profundidad de campo: así, dos personajes situados en dos mesas distintas parecen entablar una conversación secreta entre ellos, anulando la distancia de la perspectiva. Entre esta maraña de rostros y fragmentos de cuerpos, surgen composiciones que recuerdan la perspectiva múltiple de los cubistas, como uno de los numerosos guiños a la pintura que van apareciendo durante toda la pelí-

cula. Asimismo, el espectador percibe sólo algunos retazos de conversaciones, a partir de los cuales es libre de reconstruir el relato que envuelve a cada uno de los personajes. Sin embargo, el estado de contemplación deja entrever un ansia, presente en el propio trazo nervioso del lápiz al dibujar, que sugiere una búsqueda, un intento por establecer un contacto más allá de la mirada que cuaja cuando, tras la cristalera del café empañada por los reflejos de las figu-

ras del exterior, aparece el personaje femenino, interpretado por la actriz española Pilar López de Ayala, quizás la Sylvia que andaba buscando. La película inicia en ese momento un giro, ya que el joven va a seguir a la muchacha en un laberíntico recorrido por las calles medievales de Estrasburgo, hasta entrar en un tranvía con ella y dirigirle la palabra. La reacción de ella atentará contra la posible identificación del espectador con la mirada del personaje masculino, y acentuará todavía más

las incógnitas sobre lo que mueve al personaje y sobre la relación que se teje entre la realidad, la fantasía y el recuerdo. El inicial voyeurismo hedonista hubiera podido atribuirse al personaje (y al espectador), como una celebración de la belleza femenina, que acababa poblando Estrasburgo de muchachas hermosas (y alguna pareja de enamorados) en una singular relectura de la ciudad de las mujeres felliniana. Sin embargo, el encuentro con el personaje femenino arremete contra esa posible mirada frívola, al mismo tiempo que elabora una imagen singular de la ciudad vista a través de los ojos del protagonista masculino. En su persecución laberíntica por las calles de Estrasburgo, el joven, o a veces sólo la cámara, vuelve a pasar por los mismos espacios, por los cuales deambulan algunos personajes (en particular los marginales) con los que nos vamos topando inesperadamente, que aparecen y desaparecen, fruto del azar que rige los encuentros y desencuentros. Los muros de la ciudad están cubiertos de pintadas “Laura je t’aime” (“Te quiero Laura”) que transponen en el presente la inconclusa relación amorosa entre Petrarca y la amada e inasible Laura, presente en su cancionero. Van surgiendo así una serie de personajes cuya naturaleza tanto puede ser real como imaginaria. La imagen de la mujer, fijada inicialmente por la contemplación, está también determinada por la constante aparición de su reflejo en los cristales o en los espejos, por lo que la mujer se desdobla, se confunde, su rostro se superpone con otros rostros, pero también pierde su materialidad corpórea, quedando fuera del alcance del personaje masculino. Por eso, junto con la celebración de la mujer, la película queda impronta de una profunda nostalgia de lo inalcanzable.

Cine

En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerín (2007)


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Una historia de fantasmas, amor y tiempo

Cine

6 Por Adolfo Nuñez J.

E

l drama sobrenatural de David Lowery (Ain’t them Body Saints, Pete’s Dragon), siendo ésta la mejor manera de catalogarlo, parece algo extraído de uno de sus sueños más descabellados y escrito con prisa momentos después de despertar para no perder ningún detalle. En A Ghost Story conocemos a ‘C’ (Casey Affleck) un aspirante a músico que fallece repentinamente en un accidente automovilístico, dejando a su novia ‘M’ (Rooney

Mara) sola y desconsolada por la pérdida. A pesar de esto, él continúa a un lado de ella de manera extracorpórea. Como fantasma representado de la manera más popular y conocida (bajo una sábana blanca con dos agujeros para poder ver) ‘C’ continúa vagando por la pequeña casa de madera donde vivió con ‘M’ siendo una presencia invisible para ella, incapaz de poder consolarla. De manera inherente la imagen del fantasma de Halloween aquí presentada podría resultar cómica o de un humor involuntario, pero es tal la sutileza y el ma-

nejo de Lowery con la representación de los elementos en pantalla que ésta logra funcionar de manera efectiva y sincera. La interpretación de Affleck traspasa la túnica que utiliza a pesar de prácticamente solo estar compuesta de movimientos de cabeza, brazos y mucho silencio, y que aunada a la conmovedora actuación de Mara está repleta de matices emocionales. En la película rápidamente comprendemos que los fantasmas se comunican con otros fantasmas en una especia de telepatía (pero que en la película es representada con subtítulos), y que por otra parte, la percepción del tiempo y del espacio con ellos es diferente. Así pues para lo que ‘M’ son días y semanas viviendo en esa casa a través de ‘C’ lo percibimos como apenas unos segundos. Esta estructura temporal funciona para crear una narrativa dinámica y envolvente que en relación a los temas principales que la cinta toca que no son otros que el amor, la muerte y el tiempo lo hace de una manera cíclica y no lineal. En la película vemos a ‘C’ aún vagando mucho tiempo después de que la casa haya sido deshabitada, con nuevos inqui-

linos para de manera repentina encontrarlo en lo que parecen ser los mediados del siglo 19, décadas antes de que la casa fuera construida. Todos estos elementos en pantalla funcionan de manera cósmica como una oda a lo efímero de la vida, con todo lo que eso significa, y como resultado es inevitable sentir que la película no hace otra cosa que contar una de las historias más viejas de todas, pero reinventada con enorme imaginación desde sus raíces. Gracias a una atinada dirección y a un estupendo guion, Lowery utiliza de la manera más minimalista e íntima el sonido y la música para generar una experiencia inmersiva, y que como tal solo puede ser catalogada como un enorme espectáculo dentro de una pequeña producción de corte independiente. En el proceso de lo que casi podría ser catalogado como un nuevo género [horror existencialista (?)] y con una enorme creatividad e ingenio, A Ghost Story probablemente será comentada a través de los años y formara parte de ese selecto grupo de películas que se vuelven clásicas y que nos han hecho cambiar la forma de ver todo lo que nos rodea.


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La autenticidad creativa se reivindica en La sociedad secreta de los poetas* Un estudio de 600 páginas desvela la verdad sobre la poesía española contemporánea

Antonio Rodríguez Jiménez nació en Córdoba (1959). Es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, licenciado en Filología Hispánica y en Ciencias de la Información. Ha ejercido el periodismo cultural durante más de treinta años dirigiendo Cuadernos del Sur, al frente del cual obtuvo premios como el Nacional de Fomento de la Lectura y el Andalucía de Periodismo, además del Ciudad de Córdoba. También obtuvo diversos galardones como poeta. Dirigió durante varios años el Instituto Cervantes de Fez (Marruecos). Es autor de una veintena de libros de poesía, varias novelas, cuentos, libros de artículos y de numerosos estudios, ediciones y antologías, como Cuadernos del Sur, un episodio clave de la crítica literaria en el periodismo cultural (Caudal, 2016); Siete poetas diferenciales de la lírica española en la década de los ochenta (Caudal, 2017); Método y práctica de la redacción científica (Universidad de Guadalajara, 2017); Ante nueve poetas de Córdoba (Cajasur, 1988); Paraíso de las migajas (Pamiela, 1996); Elogio de la diferencia (Cajasur, 1997) y El Monte de la Novia. Medina Azahara (Almuzara, 2008), además de coordinar las ediciones de los libros colectivos Ricardo Molina, conciencia de Cántico (Renacimiento, 2008) y Pablo García Baena, la liturgia de la palabra (Visor, 2009). Fue fundador de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios, y durante una década ejerció de secretario general y de vicepresidente. Actualmente vive en Guadalajara (Jalisco), donde se dedica a la enseñanza y a la investigación. Allí imparte cursos de Redacción para la Investigación a alumnos de posgrado y al profesorado de la Universidad de Guadalajara.

La obra La sociedad secreta de los poetas. Estéticas diferenciales de la poesía española contemporánea es un largo ensayo que versa -nunca mejor dichosobre las trayectorias singulares de casi una cincuentena de poetas desde la Generación del 27 hasta la de los 80. Si bien el propio autor se cuida de no confundir al lector señalando expresamente que no se trata de un canon personal, sí podría tratarse, indica, de un canon de la Diferencia (veremos en breve de qué se trata) en el que se integran 48 poetas marcados por dos notas fundamentales: la extraordinaria singularidad de su obra literaria, por una parte, y su conocimiento personal y no sólo literario, por otra. Rodríguez Jiménez estructura su proyecto

Libros

6 Por Álvaro Campos Suárez

/// Antonio Rodríguez Jiménez, autor de La sociedad secreta de los poetas. Foto Francisco González.

con un proemio y seis apartados, al último de los cuales, notoriamente más extenso al incluir el estudio individual de los autores recogidos. En el prólogo de esta obra, y de manera sucinta, se describe cómo Córdoba se erige como histórica trinchera de combate donde, a lo largo de los siglos, numerosos autores (desde Séneca al grupo Cántico -Ricardo Molina, Juan Bernier, Pablo García Baena) han creado a lo largo de los siglos sus mundos literarios alejados del mundanal ruido de la villa y corte, y tierra fértil en la que han encontrado aposento algunas de las revistas y talleres más interesantes de la poesía española contemporánea (Antorcha de Paja y la Posada del Potro son, respectivamente, buenos exponentes). Pero también, ciudad donde, desde las páginas del suplemento literario Cuadernos del Sur del diario Córdoba, se buscó una personal defensa de la línea más original y libertaria de la poesía, entendida como aquélla que no obedece mandatos y se subraya a sí misma en términos de calidad y excelencia. El primero de los cinco apartados, homónimo al del libro que tratamos, se ocupa precisamente, y en primer lugar, del origen de este movimiento así llamado “de la Diferencia”; en palabras de Antonio, ético más que estético, y de opinión crítica frente al statu quo y las hegemonías sistémicas. Catorce poetas, entre los que se incluye el propio autor junto a reconocidos escritores como Antonio Enrique, Pedro Rodríguez Pacheco, Pedro J. de la Peña, Ricardo Bellveser. Fernando de Villena, José Lupiáñez, María Antonia Ortega y Carlos Clementson, entre otros, que a su vez reivindicaban la obra de autores marginados por los grupos de opinión dominantes usando el altavoz del diario Córdoba. Y por otra parte (recogiendo las impresiones al respecto de José Luis García Martín) da prueba de la existencia de una poesía plural de la que emergen distintas corrientes (neosurrealismo, tradicionalismo, poesía elegíaca…) distintas de los postnovísimos -es decir, los sucesores de los Nueve novísimos poetas españoles de la célebre antología de José María Castellet-, de corte realista, avalados por Luis Antonio de Villena, y recoge también los estudios tanto del poeta malagueño José Infante (en torno a

la escasa presencia de poemas y de crítica de libros de poesía en diarios y revistas), como de Juana Castro acerca del sempiterno asunto de los premios literarios. El segundo apartado, Crisis de autenticidad creativa, aborda dicha cuestión a través de distintos trabajos; la mirada europeísta en elogio de la libertad en la escritura esbozado por el antes mencionado poeta (y experto traductor) Clementson, la visión de la lírica andaluza desde los 50 hasta los 80 de Elena Barroso refutada por Antonio Enrique, y la crítica feroz de Juan José Lanz a la considerada como línea “clara” de la experiencia, entendida como estancada por repetitiva desde un punto de vista formal y temático. Críticas que, en el tercer apartado, Camino utópico hacia la libertad creadora, se suman a las de Manuel Ruiz Amezcua al visualizar la poesía como desvitaminada y falta de sustancia, o de Pedro J. de la Peña al desdeñar las antologías como fórmula de encuentro de la calidad literaria dado el subjetivismo de los críticos. En tono de respuesta, Cuadernos del Sur iniciaría una antología por entregas de 35 “poetas isla” o “esenciales” entre los que se encontraban Alfonso Canales, Elena Martín Vivaldi y Antonio Hernández. En el cuarto apartado se destaca la innovación en el campo de la poesía visual con nombres indiscutibles como Joan Brossa y las investigaciones de Felipe Muriel al respecto, o el esfuerzo de críticos como Pedro Rodríguez Pacheco por analizar y confrontar en las páginas de Cuadernos del Sur distintos aspectos de la poesía española contemporánea, calificada por la reconocida editorial londinense Faber como “débil y excesiva”, y de José Ángel Valente al denunciar, señala Antonio Rodríguez, los intentos reduccionistas de sistematización metodológica y encasillamientos grupales tan alejados de la esencia de la poesía. Por último, en el quinto apartado, se recogen desde el inicio distintas antologías. Feroces, de Isla Correyero, es valorada negativamente por el propio Antonio Rodríguez; sin embargo, Milenio, ultimísima poesía española, de Basilio Rodríguez, es recibida con clamor por Domingo F. Faílde al ilustrar, detalla, “una visión plural

de la poesía española en las últimas décadas del siglo XX y, presumiblemente, la primera del XXI”; mirada en la que se hallan, afirma, las apuestas estéticas de Sánchez Robayna, Guadalupe Grande o Justo Navarro junto a la poesía neosimbolista de Antonio Colinas y José María Parreño o la lírica irracionalista de Amalia Iglesias y Juan Carlos Mestre, entre otros muchos autores como Carlos Alcorta y el propio Antonio Rodríguez Jiménez. Páginas adelante, tras revisarse otras antologías más afines o cercanas a la corriente de la Diferencia, se arribará a los albores de la década de los 90, en la que el autor considera que se desarrollan dos líneas: la poesía del sistema y la poesía de la realidad. Años en los que, declara el autor, la primera bloquea el progreso de la segunda, sumiendo a la lírica en una nueva fase de agotamiento en la que numerosos escritores de calidad se encuentran huérfanos de apoyos para el contacto cierto y certero con sus lectores. Poetas, muchos, 48, se analizan en el grueso del libro, tales como Rafael Alberti, José Antonio Muñoz Rojas, Claudio Rodríguez, José Hierro, Concha Lagos, Ricardo Molina, Leopoldo de Luis, Pablo García Baena, Carlos Edmundo de Ory, Antonio Hernández, Antonio Colinas, Pedro Rodríguez Pacheco, Rafael Guillén, Guillermo Carnero, Jaime Siles, Antonio Enrique, Concha García, María Antonia Ortega, Blanca Andréu, José Lupiáñez, Fernando de Villena y Manuel Jurado López entre otros. Poetas en definitiva que, muchos de ellos estuvieron olvidados u ocultos por la poesía hegemónica denominada neorrealista que cultivó un discurso único y excluyente. Estos poetas representan la coherencia estética, la creatividad, la voluntad de estilo, la originalidad, la divergencia estética y la variedad temática, frente a un tipo de poesía denominada “clara” y que es la única que se conoce fuera de España. Por lo tanto, lo que hace Antonio Rodríguez Jiménez es poner de manifiesto la justicia poética sobre esos grandes líricos que han tratado de mantener ocultos durante décadas. * La sociedad secreta de los poetas. Estéticas diferenciales de la poesía española contemporánea. Edit. Carena, Barcelona, 2017. 600 páginas.


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Río de Palabras

La pieza de la semana: Chagall en el Museo Pedro Coronel 6 Por Gabriela Vargas

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arc Chagall (Movsha Jatskélevich Shagálov) nace en Vitebsk, Bielorrusia el 7 de julio de 1887. Fue uno de los pintores más revolucionarios del siglo XX; transita entre el Fauvismo y el Cubismo desarrollando un lenguaje muy personal, con una iconografía definida que persiste a lo largo de toda su obra, en donde se entremezclan elementos oníricos y fantásticos, recuerdos de la infancia, de la vida rural y la comunidad judía, sus vivencias personales más íntimas, formando una unidad indisoluble entre realidad y fantasía. En sus cuadros siempre está presente la ingenuidad de la mirada infantil, que busca descubrir los secretos que encierran todos los seres. En la colección del Museo Pedro Coronel se encuentra en exhibición su obra L’ecuyere, perteneciente a la serie “La siute del circo”, producida en el año de 1967, en el Atelier de Mourlot de París. En la parte superior de la obra aparece en primer plano el rostro de una mujer y sus manos extendidas, la derecha al centro de la composición, observando el espectáculo. Su mirada se dirige directamente a la acróbata que hábilmente monta de pie un caballo. Las figuras de la acróbata y el caballo están trabajadas con delica-

/// Marc Chagall. “L’ecuyere”, litografía. 37 x 53 cm. 1967. Colección Museo Pedro Coronel.

das líneas. La mujer del centro puede ser un miembro del público. Su mano extendida parece tocar a la acróbata, como si quisiera apropiarse de la experiencia de la actuación. Trabajada

No era yo 6 Por Alberto Huerta A la memoria de Jesús Luis Benítez Mis ojos se han llenado de un agua dolorosa. José Emilio Pacheco.

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o era yo quien a grito pelado, con lágrimas en los ojos, gritó: ¡Tierra… Tierra a la vista! No era yo quien devoto le rezó rosarios completitos a Los Mártires de Chicago, a las Ánimas del Purgatorio y al milagroso Señor de las Medallas… No era yo quien bailó el Jarabe tapatío en la luna y con voz quebrada por la emoción exclamó: Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad. ¡A huevo! ¡Órale! No era yo el que izó la bandera en el Zócalo enfrentito de las oficinas del Emperador Moctezuma. No era yo el que por las mañanas veía salir del baño a su novia, sin toalla ni bata afelpada, chorreando agua, con el cuerpo moreno, delgada, de carnes duras y elásticas, y le decía riendo a carcajadas: ¿Soy o me parezco? No era yo el que por las noches de verano, sentado en el

sofá, con una cuba libre con tres cubos de hielo, fumando cigarrillos de tabaco negro, escuchaba a los Rolling Stones, a las tantas de la madrugada, después de beberse dos o cinco cubas libres, mientras afuera en el jardín, se formaban escuadrones completos de mosquitos. No era yo el niño a quien sus padres y tías lo arrullaban cantándole Cocula. No era yo quien cenaba una orden de tacos de picadillo, papas y frijoles, una orden de enchiladas rojas con papas y zanahorias fritas y queso añejo espolvoreado por encima. Y a veces un plato de menudo o de pozole… A ves, sólo a veces. No era yo el que sentado con su mujer en un restaurante, en una plaza, salió, compró una guitarra pequeña de juguete a un vendedor ambulante, entró al restaurante y le cantó una canción ranchera a su mujer que siguió comiendo paella con una sonrisa enorme dibujada en el rostro. Ante el asombro de los demás comensales. No era yo quien a principios de los años setentas marchaba por las calles coreando la consigna: ¡Somos un chingo… y seremos más!

sobre fondo blanco, Chagall capta nuestra atención al despliegue del espectáculo por medio de vibrantes manchas de colores primarios: rojo en la mano extendida, azul en el ros-

tro, y una franja circular en amarillo y verde luminoso rodean las figuras del caballo y la acróbata. El aspecto más intrigante de esta obra es la perspectiva.

Como siempre 6 Por Pilar Alba

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omo siempre te adelantaste a los acontecimientos. Yo apenas estaba buscando el momento, eligiendo las palabras: Por la noche ya que estemos en calma, no, mejor por la mañana después de un sueño reparador, mejor a la hora de la comida, noooo, nos va a hacer daño la sopa… Empezaré con la clásica: tenemos que hablar. No, mejor con: no te has dado cuenta de algo. Y si se lo suelto de sopetón así sin prepararlo. En ésas me debatía cuando llegaste, ni siquiera volteaste a verme. Subiste al

Con el puño izquierdo levantado y la mirada brillante y sintiendo punzadas en el estómago. Y la gente mirándonos con asombro… No era yo el que una mañana, ya finalizando el otoño, bebía una taza de café americano y comprendió que estaba solo en el mundo. No era yo el que a todas las mujeres que amó les compró ramitos de gardenias y las

cuarto, tomaste la maleta. Empecé a escuchar que movías cosas de un lado a otro. Ahí fue cuando me entró la duda, pero no tenía ganas de moverme, estaba pensando que éste sería un buen momento para abordar ese asunto que desde hacía tiempo me traía con el pendiente. Fue cuando bajaste y sin más fuiste tú quién lo dijo: Me voy. Los ojos como que se te querían llenar de lágrimas, a mí también, no te lo niego; pero una dulce calma se adueñó de nosotros. Está bien, respondí. Y ambos pudimos respirar por fin tranquilos.

hizo caminar como cartero por las calles de la ciudad. No era yo el que guisa berenjenas capeadas bañadas con una salsa de jitomate, sopa de tortilla, y una ensalada verde y una jarra bien grande de té de limón con mucho hielo y de postre calabazates y nieve de ciruela de garrafa… No era yo, de verdad, no era yo… No… No…

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La gualdra 322  

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