SUPLEMENTO CULTURAL
NO. 276 /// 16 DE ENERO DE 2017 /// AÑO 6
DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN
Metates prehispánicos. Foto de Carlos Alberto Torreblanca Padilla.
Debido al constante tránsito por la Mesa de San Miguel, las personas fueron encontrando restos de antiguas construcciones, así como fragmentos de vasijas de barro y restos óseos humanos. La abundante presencia de este tipo de restos dispersos en el terreno, permitió considerar este paraje como un panteón de los indios, de ahí su actual denominación como Panteón de Achoquén.
[“Una antigua ciudad indígena perdida en Apozol”, de Carlos Alberto Torreblanca Padilla, en páginas centrales]
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LA GUALDRA NO. 276 /// 16 DE ENERO DE 2017 /// AÑO 6
La Gualdra No. 276
Editorial “Yo veo la sociedad como una red de narraciones; no sólo es una red de intercambios económicos o sentimentales, sino también una trama de relatos”. Ricardo Piglia (1940-2017) Ricardo Piglia murió el 6 de enero de este año que recién empieza; uno de los más importantes escritores de habla hispana de la segunda mitad del siglo XX nos dejó una memorable colección de libros emblemáticos con los que se puede re-pensar este mundo, con cuya lectura podríamos iniciar este año en caso de que no los hayamos leído o bien, con una segunda mirada, con ese “extrañamiento” con el que el escritor argentino decía debería uno acercarse al arte, volverlos a leer. Comenzamos con esta frase que bien puede ilustrar el proceso de cambio, de caos y de incertidumbre que estamos viviendo en nuestro país, porque efectivamente con la red de narraciones que surgen todos los días estamos construyendo una historia cuyo primer capítulo podría nombrarse “Dicen que somos una legión de idiotas, pero no”. El 2017 comenzó fúrico, mejor dicho, comenzó como todos los años, hubo pólvora en el cerro para recibir el año y como reguero de pólvora también corrió el sentimiento de indignación de miles de ciudadanos mexicanos agobiados ante la noticia de que el precio de la gasolina se había liberado; el presidente Peña Nieto -respaldado por una mayoría de diputados que no saben todavía dar argumentos convincentes de por qué la medida nos beneficia a todos- decidió dejar de subsidiar el precio del combustible. Con esta medida, los pobres serán cada vez más y más pobres, en este país que –de acuerdo al CONEVAL- tiene viviendo a más 50 millones de su población en condiciones de pobreza, de los cuales, 12 millones viven en condición de hambre. Ricardo Alemán afirmó recientemente que quienes protestamos somos una legión de idiotas, y yo, como bien le contestó Ricardo Raphael con respecto al gasolinazo suscribo también que: “A lo mejor, los que estamos en contra de esto sí somos unos idiotas, en el sentido griego del término, somos extranjeros a lo que está pasando y a las decisiones que está tomando el gobierno”. Y es que mire usted: no es la única decisión que nos afecta. El 2017 iniciamos con un recorte presupuestal a los sectores de cultura y educación que ha implicado en los pocos días que lleva el año una serie de me-
didas lamentables; por un lado el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha anunciado la posibilidad de recortar el monto otorgado por concepto de becas y además, ha anunciado que éstas no se otorgarán con base en el Salario Mínimo (SM), sino que se tomará en cuenta la Unidad de Medida de Actualización (UMA) para determinar los montos. La UMA es menor al SM, dicho de otra forma: se otorgarán menos becas y las que se otorguen serán menores. Súmele a esto que los proyectos científicos avalados por este consejo, han disminuido en la administración de EPN, de 481 a 32.1 Por si eso fuera poco, hay tres datos más para pensar el 2017 como si fuera una máquina generadora de historias distópicas: en la Ciudad de México se ha autorizado ya el incremento de precio en la entrada a los museos –espero equivocarme pero otros estados estarán pronto anunciando la misma medida-; la Orquesta Sinfónica de Chiapas se ha quedado sin presupuesto federal y estatal para seguir operando; y a ella se suma la Orquesta Sinfónica de Oaxaca. La de Chiapas está pidiendo donativos para no desaparecer;2 la de Oaxaca pide ayuda también para que 40 músicos se recontraten.3 Perdone usted que inicie las ediciones gualdreñas del año nuevo con este tipo de noticias, pero considero necesario que hagamos un frente común en el que privilegiemos el diálogo y la generación de ideas para contrarrestar las medidas gubernamentales. Informémonos, platiquemos con la gente que está a nuestro alrededor, busquemos soluciones creativas. Si hemos de salir a las calles que sea con orden como hasta ahora ha sido en nuestro Estado, pero por favor, no nos quedemos callados. Construyamos una red de narraciones y de acciones que nos permitan en un futuro enorgullecernos de nuestro actuar con dignidad este 2017. Que disfrute su lectura.
Contenido 2017: a cien años, por qué conmemorar Por Mariana Terán
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La potencia dramática de Juan Rulfo Por Iván Guardado
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310 Aniversario del Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe Por Violeta Tavizón
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Una antigua ciudad indígena perdida en Apozol Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla
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De Maluma a Octavio Paz, una experiencia Por Eduardo Campech Miranda La Azotea, a la lista de las desaparecidas Por Edgar A. G. Encina
Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com 1
http://www.jornada.unam.mx/2017/01/11/
Desayuno en Tiffany´s Mon Ku Paterson Por Évelyne Coutel Feliz cumpleaños, pájaro azul Por Rebeca M. Aragón
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Ecos [capítulo 24] Por Atenea Cruz
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Notas al margen La ignorancia de los lectores Por José Agustín Solórzano
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sociedad/031n2soc 2
http://www.chiapasparalelo.com/noticias/chia-
pas/2017/01/le-quitan-el-presupuesto-a-la-orquestasinfonica-de-chiapas/ 3
http://www.reforma.com/aplicacioneslibre/articulo/
default.aspx?id=1021702&md5=375cc579d5abf814e56e61
En la oscuridad Por Alberto Huerta Propósito Por Pilar Alba
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Directorio
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Carmen Lira Saade Dir. General Raymundo Cárdenas Vargas Dir. La Jornada de Zacatecas direccion.zac@infodem.com.mx
Jánea Estrada Lazarín Dir. La Gualdra lagualdra@hotmail.com Roberto Castruita y Enrique Martínez Diseño Editorial
La Gualdra es una coproducción de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicación semanal, distribuída e impresa por Información para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación, por cualquier medio sin permiso de los editores.
Juan Carlos Villegas Ilustraciones jvampiro71@hotmail.com
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16 DE ENERO DE 2017
6 Por Mariana Terán
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ste año se conmemora la Constitución de 1917. Una constitución liberal, porque avaló los principales derechos otorgados para el ciudadano por las constituciones anteriores (no sólo la de 1857) que se fraguaron desde 1812 y durante el siglo XIX y una constitución social, eminentemente social, resultado de la Revolución Mexicana de 1910. Los últimos cien años de nuestra vida pública e institucional en México han sido regidos por aquel código firmado el 5 de febrero de 1917. Una serie importante de eventos políticos, actividades académicas y cívicas nos volverán a reunir este 2017, unos lo mirarán en pos de 2018 para las elecciones presidenciales, otros lo tomarán como referente para pensar en su propia constitución como los asambleístas de la Ciudad de México, otros lo recordaremos como una etapa del proceso constitucionalista que le dio identidad y rostro nacional a México. A propósito de la conmemoración, la directora del suplemento La Gualdra de La Jornada Zacatecas, Jánea Estrada, me pidió una reflexión. Nada más a propósito. Los suplementos culturales, por cierto, deberían dejar de ser suplementos y convertirse en un capítulo indispensable para pensar nuestro ser cultural. Junto con Jánea Estrada nos sumamos a la reflexión sobre el constitucionalismo mexicano. Presento dos ideas que machaconamente he escuchado sobre la tradición constitucionalista no sólo en México, sino en otros países latinoamericanos. La primera es que la constitución, como constructo jurídico, es una abstracción legaloide que poco tiene que ver con la realidad histórica y social a la que debería hacer referencia no sólo por ser resultado del proyecto de sociedad en una determinada época, sino como resultado del devenir social. En ese sentido hay dos realidades: la jurídica y la histórica; la primera queda en un deber ser formal, la segunda es el rumbo que por su propia dirección toman las instituciones y los actores involucrados. La otra idea a
la que me sumo es que la constitución es una orientación general, jurídica, social, política, para moldear el tipo ideal de una sociedad en un periodo determinado. A ésa me ajusto, creo que la constitución y su momento constituyente, es una manera de imaginar la sociedad que queremos, la sociedad que demandamos. En tal sentido, si la desvinculamos de una “realidad real”, mutilamos a aquella sociedad de una de sus expectativas que sólo la renuevan en su pasado forjando sus utopías. Durante el siglo XIX se vivió un constitucionalismo liberal, ni qué de-
cir sobre las contribuciones de Alan Knight, Aguilar Rivera, o Charles Hale, los tres intelectuales consideraron que el primer liberalismo en México tuvo expresión constitucionalista. Yo me sumé a esta interpretación buscando leer a México desde un liberalismo constitucional, el que nutrido por su letrados y políticos creyó en la constitución como el principal motor para promover los cambios que acercaran a México a la “felicidad de la nación”. Ese tópico condensado con gran fuerza en el siglo XIX estuvo presente entre los primeros constituyentes, tanto del experimento federal, como del central.
México se convirtió en vanguardia internacional por los contenidos progresistas que se consagraron en su Constitución de 1917. Fue ejemplo de países latinoamericanos, contrapunto de la revolución Rusa. La libertad dejó de ser el reclamo de vecinos y comunidades, (ahora ampliamente documentado por un gran número de historiadores en distintos centros de investigación), y se transformó en el reclamo de una ciudadanía plural que abrió el siglo XX por la democracia y por la justicia. El artículo 27 representó la concreción de aquel reclamo. El tema de la tierra se convirtió en el tema del vínculo entre el ciudadano y la nación. Un tema que no quedó pendiente, se fue resolviendo en el curso de los gobiernos nacionales y estatales durante las primeras décadas posrevolucionarias. Ahora, por ejemplo, los zacatecanos también conmemoran cien años de legislación agraria con la primera ley expedida por el general Enrique Estrada en 1917. Habrá mucho que decir este año, mucho que reflexionar sobre la nación y la sociedad civil que hemos erigido, mucho sobre la Constitución, otro tanto sobre cómo la pensamos e interpretamos en su implementación. Sólo por deber civil, ciudadano y cívico, deberemos involucrarnos. Serán muchos los temas a debatir, quizá el más importante es si aquella Constitución de 1917 responde a los temas, demandas, reclamos, exigencias del México contemporáneo o si sus cerca de 600 reformas y adiciones son suficientes para que siga manteniendo su vigencia entre nuestras instituciones. Esto nos lleva a la pregunta de si estamos en tiempo de fraguar una nueva constitución o si aquélla, la de 1917, sigue siendo la que reclama y abriga a nuestra contemporaneidad. La pregunta implica si esa constitución en sí misma nos puede seguir definiendo, o si por falta del apego constitucional sostenemos que necesitamos una nueva constitución. Que el 2017 sea propicio para ésta y una serie de reflexiones que serán fundamentales para repensar nuestro estado nacional.
Historia
2017: a cien años, por qué conmemorar
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LA GUALDRA NO. 276
Rulfo 100 Años
La potencia dramática de Juan Rulfo
6 Por Iván Guardado*
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n los cuentos que conforman El Llano en Llamas me he topado con un mundo violento, hostil e inesperado. Una realidad cruda, vigente. Cada historia nos presenta personajes que confrontan su vida desde puntos límites en los que son obligados a tomar decisiones. Me es inevitable imaginar su puesta en escena, en la lectura. Los diálogos coloquiales y con dinamismo construyen situaciones y personajes potentes para el escenario. Los cuentos de Rulfo tienen ya un gran historial en adaptaciones para teatro, cine y ópera; y es que en ellos encontramos historias y personajes que resultan vigentes no sólo en nuestro país (no por nada Rulfo es uno de los máximos exponentes de la literatura de México). En sus textos es claro el afán por evidenciar el país clasista y deteriorado en su sistema político en el que vivió, y convivió, al desempeñarse como servidor público, y en el que actualmente vivimos bajo la misma premisa: este país está jodido por una mala política corrompida por los intereses de partidos que no velan por el desarrollo del pueblo. A pesar de los años transcurridos desde la publicación de estos cuentos, en la actualidad resultan historias vigentes. Los campesinos que son sobajados y manipulados por su condición socioeconómica y cultural son enfrentados a sus luchas personales y son consumidos por sus deseos y acciones que los exponen como seres irracionales en situaciones extremas, capaces de asesinar. La psicología de los personajes es tan compleja que les permite deambular por los extremos y alertan al lector de sus contradicciones e incluso también de sus convicciones. Un personaje complejo es aquél que se contradice en sus acciones, su pensamiento y su decir; en este sentido Rulfo logra construir personajes con gran complejidad dramática, exponiéndolos dentro de situaciones sarcásticas que resultan graciosas por su forma, pero deprimentes en su contenido. Los protagonistas de los relatos rulfianos muestran sus infiernos personales y colectivos, sus carencias, su doble moral, son universales. En Anacleto Morones, por ejemplo, un séquito de mujeres llega hasta la casa de Lucas Lucatero, antiguo ayudante y nuero del desaparecido Anacleto Morones, a pedirle que interceda por ellas para santificar a su antiguo patrón. Todas buscan purificar a un hombre que finge ser una persona milagrosa. Anacleto, toma conciencia del poder que otorga la fe, el pensamiento mágico; aprovecha el momento y el estatus que le dar ser el ayudante del desaparecido milagroso para abusar económica y sexualmente de las devotas. Lucas Lucatero devela durante la narración el verdadero carácter de Anacleto Mo-
/// El Llano, obra teatral. Adaptación y dirección de Iván Guardado. Manuel Trejo, actor. Foto de Cosme Rada.
rones, mientras que las mujeres en su diálogo muestran estar conscientes de la realidad de ese falso santo. Sin embargo, sus pensamientos no corresponden con sus acciones, dado que buscan santificar a un charlatán para rezarle en un altar de su iglesia. La acción dramática es inherente a esta situación y nos presenta personajes humanos arrastrados por sus necesidades sexuales y pasionales, pero que ante la sociedad buscan ser catalogados como seres correctos, fieles de los rezos y las buenas costumbres. En Rulfo hay drama, hubo drama desde pequeño: tuvo un primer acercamiento con la muerte a los 6 años de edad ya que su padre fue asesinado en el marco de la lucha cristera y cuatro años después muere su madre. Creció en una villa rural dominada por la superstición y el culto a los muertos, lo que marcó definitivamente su narrativa. La tierra, la ausencia, la muerte, la búsqueda de alguien o algo, son una constante en el motor de acción de estos personajes, que bien podrían estar dialogando en la mente del lector como en un escenario frente a un espectador. Su cotidianidad en situaciones extraordinarias es trascendental para el ámbito dramático; hay un tipo de sutileza en su habla, que a pesar de ser coloquial, vuelve poético cada parlamento en su narrativa. Su mundo es un infierno en el que deambulan vivos y muertos y en donde hay cuentas pendientes. Hay una ausencia en sus personajes que los impulsa a accionar. Coraje y remordimientos. Alevosía que pone en situación de juzgar y ser juzgado. La búsqueda del padre, del hijo, de la justica, de su tierra, del milagro, permite mundos en narraciones que no se quedan en la linealidad del discurso, sino que es un vaivén que devela al lector historias cercanas a nuestra realidad, que nos trasgreden y que nos permiten imaginarlas sobre un escenario. * Director de La Ciénega Teatro, Zacatecas.
/// El Llano, obra teatral. Adaptación y dirección de Iván Guardado. Ángel Martínez, actor. Foto de Cosme Rada.
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6 Por Violeta Tavizón*
este recinto, al igual que otros tuvo varios usos. Una parte del inmueble fue escuela l pasado 12 de enero se cede artes y oficios, otra se convirtió en lebró el 310 Aniversario de la hospicio de niños, e incluso se adecuó fundación del antiguo Colegio como caballeriza. Sin embargo, siempre Apostólico de Propaganda Fide se conservó el templo como área de de Nuestra Señora de Guadalupe, espaculto y una parte de la construcción para cio que en su mayoría ocupa el Museo el uso de la orden franciscana, condición de Guadalupe. Por ello dedicamos el que perdura hasta nuestros días. Los primer artículo de este año al enclave colegios europeos y americanos fueron misional más importante del Septensuprimidos por Bula Papal en 1908. En trión Novohispano durante el siglo XVIII. 1917 el inmueble abrió sus puertas como La Congregación de Propaganda Museo de Antigüedades del ex Convento Fide surgió en 1622 como una rama de Guadalupe y su primer director fue el más de la Orden Franciscana y fue pintor Manuel Pastrana. establecida por el papa Gregorio XV. En El Colegio de Guadalupe se consese mismo siglo, para 1683, se decretó truyó en las Huertas de Melgar cuyo nomla fundación de colegios en el territorio bre deriva del quien donó la tierras, español: en América y Filipinas. Los Jerónima de Castilla viuda de Melgar Colegios de Propaganda Fide se concien 1674, ahí existía una antigua ermita bieron para desarrollar diversas tareas dedicada a Nuestra Señora del Carmen. tales como: centros de aprendizaje de Dos años más tarde se otorgó el perlas lenguas nativas, seminario para nomiso eclesiástico para la construcción vicios, estancias para los religiosos; en de un nuevo santuario dedicado a la /// Escalera Regia del Museo de Guadalupe. Secretaría de /// Fray Antonio Margil de Jesús. Autor anónimo. Siglo Cultura-INAH. XVIII. Óleo sobre tela. Secretaría de Cultura-INAH. resumen, eran centros de educación y Virgen de Guadalupe y una hospedería de evangelización. para los frailes que viajaban hacia el En la década de 1680 se abrieron norte. varios colegios franciscanos en España Los primeros trabajos iniciados en con la intención de preparar en no 1702 incluyeron la fábrica de la planta menos de dos años a los candidatos a baja: el claustro de San Francisco, el la evangelización en América. Entre los Templo y la sacristía, el atrio, el cemencolegios que se abrieron están: Escorterio para bienhechores y el noviciado. nalbou en Cataluña en 1688, Nuestra Las labores continuaron y para 1797 ya Señora de la Oliva en Castilla en 1689, se encontraban terminadas las catorce San Antonio de Arcos de la Frontera en estaciones con los catorce nichos con Andalucía en 1698, San Roque de Cacruces de piedra del vía crucis del atrio. lamocha en Aragón en 1690, San Juan A fines del siglo XVIII el colegio contaba de Villaviciosa en 1692 y San Antonio con dormitorios, capillas, área de ende Herbón en 1702, ambos en Asturias, fermería, Escalera de San Miguel o Reentre otros. gia, iglesia y coro. En 1832 se comenzó Para 1682 un grupo de veintidós la edificación de la Capilla de Nápoles, franciscanos encabezados por fray Anfinalizando la labor con la adecuación tonio Linás viajaron de España a Améde los aljibes. rica para fundar en total siete colegios: Resulta por demás importante anoel Colegio de la Santa Cruz en Querétaro tar que este antiguo colegio es el único (1683), el Colegio del Cristo Crucifique conserva en su lugar original la cado en Guatemala (1701), el Colegio de obra que se hizo exprofeso para esSan Fernando en la Ciudad de México pacios tales como la Escalera Regia, /// Coro del antiguo Colegio de Guadalupe, actualmente en el Museo de Guadalupe. Secretaría de Cultura-INAH. (1733), el Colegio de San Francisco en los Claustros de San Francisco y de Pachuca (1771), el Colegio de San José de Gracia Michoacán, Chiapas, Guatemala, El Salvador, numerosos grupos de frailes para evangelizar la Pasión de Cristo o el Coro. De ahí que en en Orizaba (1799), el Colegio de Nuestra Señora Nicaragua y Honduras. las tierras del norte de México y el actual sur de 1939 además de que el Museo de Guadalupe de Zapopan en Jalisco (1816); y el Colegio de El Colegio de Nuestra Señora de GuadaEstados Unidos, contribuyendo durante más de quedó bajo custodia del Instituto Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en Zacatecas, lupe en Zacatecas tuvo como principal objetivo doscientos años a la fundación de ciudades a lo Antropología e Historia, también fue nombrado fundado el 12 de enero de 1707 por fray Antopreparar a los frailes que partieron a fundar largo de la Ruta Histórica del Camino Real de Monumento Nacional. nio Margil de Jesús quien se distinguió por su misiones hasta Texas y Nuevo México. Por lo que Tierra Adentro. labor misional en la Sierra Gorda de Querétaro, éste fue un bastión misional del que salieron En el siglo XIX derivado de la exclaustración, *Curadora.
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Arte
310 Aniversario del Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe
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Arqueología
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LA GUALDRA NO. 276
/// Fig. 3 Vista en perfil de la roca con grabados rupestres parecida al perfil de la zona arqueológica Panteón de Achoquen.
/// Restos de antiguos pisos prehispánicos.
Una antigua ciudad indígena perdida en Apozol 6 Por Carlos Alberto
Torreblanca Padilla*
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os lugares donde existen vestigios atribuidos a poblaciones hoy desaparecidas siempre encierran un gran misterio, surgiendo así preguntas en torno a su antigüedad, quiénes fueron sus pobladores y qué pasó con ellos. De esta manera las personas, desde sus conocimientos tradicionales más allá de los académicos, tratan de explicar la razón de estos objetos del pasado. Una de estas narraciones la encontramos en el municipio de Apozol, dentro del cañón de Juchipila, cuando realizábamos las exploraciones en el sitio arqueológico de Panteón de Achoquén. Debido al constante tránsito por la Mesa de San Miguel, las personas fueron encontrando restos de antiguas
construcciones, así como fragmentos de vasijas de barro y restos óseos humanos. La abundante presencia de este tipo de restos dispersos en el terreno, permitió considerar este paraje como un panteón de los indios, de ahí su actual denominación como Panteón de Achoquén. Estos vestigios han guardado un misticismo para los habitantes quienes narran distintas historias en torno al sitio, las cuales han sido transmitidas de manera oral. En el Bajío de San Rafael, localizado al este de la Mesa de San Miguel (Fig.1), existe una roca con varios motivos grabados sobre su superficie. Durante los trabajos de registro pudimos observar diseños geométricos como puntos, líneas, círculos así como formas irregulares (Fig.2). El guía observaba detenidamente nuestras labores y preguntaba sobre el significado de los grabados; nosotros le decíamos que era
/// Fig. 1 Vista general del Bajío de San Rafael visto desde la Mesa de San Miguel.
difícil conocerlo en ese momento, pero que con el posterior análisis de los diseños podríamos explicarlo. Sin embargo, él nos comentó que en la región las personas creen que esa roca representa al sitio arqueológico de Panteón de Achoquén, ya que el contorno es parecido al perfil del cerro (Fig.3). Al observarlo nos sorprendió que efectivamente fuera tan parecido; nuestro guía añadió que los diseños representan un mapa de la antigua ciudad indígena, asegurando que ésta a su vez se encuentra al interior del cerro. Para ampliar su explicación, nos comentó de un misterioso acontecimiento que vivieron dos compadres en una cueva localizada en el Bajío de San Rafael. En una ocasión ambos compadres iban rumbo a la fiesta de Semana Santa a celebrarse en San Miguel Atotonilco; durante el trayecto se detuvieron por el Bajío de San Rafael para descansar y beber
/// Fig. 2 Roca con distintos grabados rupestres en su superficie.
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/// Restos óseos localizados en el sitio arqueológico.
agua, dejando que los caballos hicieran lo mismo en el arroyo. Protegidos por la sombra de los árboles que se extendía por la ladera de cerro, se percataron de la existencia de una cueva a unos metros. La curiosidad los condujo a acercarse a ella y explorarla; unos metros al interior de la cavidad notaron un blanco resplandor, al dirigirse a éste, comenzaron a ver una gran ciudad, toda ella decorada en blanco. Uno de los compadres pidió al otro que regresara a amarrar los caballos que se habían quedado pastando y volviera pronto para recorrer esa ciudad. Rápidamente fue hasta donde estaban los animales, los arrendó y amarró a los árboles para volver a la cueva. Una vez concluida su misión, regresó a la ladera del cerro donde estaba la cueva, sin embargo, no logró encontrarla; extrañado, volvió a realizar el recorrido con el mismo resultado; lo intentó varias veces, pero nunca logró ubicarla nuevamente. Desesperado y preocupado por su compadre, decidió tomar los caballos y dirigirse al poblado de San Miguel Atotonilco a solicitar apoyo. En la comunidad platicó a los habitantes su percance y preguntaba por la cueva del Bajío de San Rafael; sin embargo, todos coincidían en que nunca la habían visto, por lo que, entristecido, tuvo que retornar a su lugar de origen sin su compadre. Al año siguiente y continuando con la tradición de asistir a las festividades de Semana Santa en San Miguel Atotonilco, el compadre recorrió el mismo sendero que cada año transitaba con su compadre. Al llegar al Bajío de San Rafael, recordó el lugar donde se detuvieron un año antes a descansar, con la sorpresa de que en esta ocasión sí pudo visualizar la cueva perdida. Rápidamente bajó del caballo, lo amarró a un árbol y corrió a la cueva. Ingresó y llegó hasta el punto aquél donde se había quedado el compadre; sorprendentemente ahí seguía parado, al verlo, éste le preguntó que si había amarrado bien los caballo para poder ingresar al lugar. Entre la admiración y la angustia pidió a su compadre salieran inmediatamente del lugar; ante la insistencia, el compadre decidió retornar y abandonar la exploración a esa extraordinaria ciudad; ya afuera, el compadre le comentó todo lo sucedido, sin creer todavía la historia que habían vivido. Sin duda alguna existen distintas respuestas más allá de las académicas que explican la presencia de estos vestigios; en este caso, gracias a la tradición oral de la región de Apozol, hemos recuperado esa visión campirana que desde su punto de vista construye una explicación de su entorno, reflejando sus creencias, aproximándonos a lo que ellos consideran como su patrimonio cultural, lo cotidiano y cercano a ellos, en la pluralidad de mosaico cultural que existe en Zacatecas. *Centro INAH Zacatecas.
/// Detalle de petrograbados.
Arqueología
/// Restos de un muro prehispánico.
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LA GUALDRA NO. 276
Promoción de la Lectura
De Maluma a Octavio Paz, una experiencia 6 Por Eduardo Campech
rarte, beber la luz que bebe tu boca. Me miras y tus ojos tejen para mí una fresca armadura de reflejos. Recorrer interminablemente tu cuerpo, dormir en tus pechos, amanecer en tu garganta, ascender el canal de tu espalda, perderme en tu nuca, descender hasta tu vientre… Perderme en ti, para encontrarme a mí mismo, en la otra orilla, esperándome. Nacer en ti, morir en ti.
Miranda
H
acia los últimos días del año pasado acudí a una escuela secundaria de la capital zacatecana a impartir un taller de poesía. El grupo que me fue asignado cursa el tercer grado. Un grupo de más de treinta adolescentes, vigorosos, inquietos… indisciplinados en su gran mayoría. ¿De dónde debería partir? Lo primero que hice fue lanzar una pregunta general: ¿cuál ha sido su experiencia con la poesía? El silencio y las caras de desconcierto invadieron la biblioteca escolar. Una joven se atrevió a preguntar, “¿cómo que nuestra experiencia?”. Pregunté entonces si alguien había participado en alguna competencia atlética. Una chica afirmó, a partir de un diálogo de preguntas y respuestas, expuso cómo había vivido esa actividad. Haciendo una analogía, expliqué que ella nos narró su experiencia con el atletismo. Volviendo al cuestionamiento inicial la respuesta fue otro silencio, creo que ahora mayor. Volví a preguntar. Con la finalidad de establecer una comunicación en confianza les dije que no era examen, ni mucho menos, que eran válidas todas las respuestas. Entonces la negación fue absoluta. ¿Por dónde empezar?, me plantee nuevamente. Así que aposté por sus gustos
6 Por Edgar A. G. Encina
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mediados de noviembre del 2016 compartí un conversatorio con Esther Cárdenas, Anna María D’Amore y Héctor Ávila. El evento, organizado por la Asociación Otoño Editoras y Editores A.C. y la Comisión de Igualdad entre los Géneros de la LVII Legislatura del Estado de Zacatecas, se realizó en el vestíbulo del Congreso y tuvo el propósito de hablar de libros. Entre las cosas que se dijeron, Cárdenas habló de los retos que tienen los libreros en un mercado donde las lecturas electrónicas ganan terreno; D’Amore dijo de los traductores, las traducciones y los prejuicios editoriales respecto de ellos y su autoría; Ávila fue institucional y subrayó el trabajo del gobierno por fomentar la lectura; y su servidor habló de librerías y bibliotecas y lectores. Allí, a propósito de estas líneas, Esther Cárdenas, propietaria de la librería André-a y presidenta de la Asociación de Libreros, dijo que en Zacatecas existían nueve librerías formales, sin contar otros puntos de venta como centros comerciales establecidos. Nueve librerías que puedes ver de vez en cuando en el Portal de Rosales. Nueve librerías y nada más. Nueve librerías que estaban por sortear una de las temporadas más bajas para las ventas o, reca-
musicales. No es extraño que se impusiera el reguetón. Una de las chicas inició el canto coral de “4 babies” de Maluma: Ya no sé qué hacer no sé con cuál quedarme todas saben en la cama maltratarme me tienen bien, de sexo me tienen bien estoy enamorado de 4 babies siempre me dan lo que quiero chingan cuando yo les digo
ninguna me pone pero… La interpretación fue acompañada por movimientos corporales propios del género. No tardaron en integrarse más voces. La algarabía no se hizo esperar. Una vez que los ánimos se tranquilizaron, volví al tema. Fui a La hija de Rappaccini de Octavio Paz y extraje el siguiente fragmento que leí en voz alta: Rodearte como el río ciñe a una isla, respi-
Las expresiones de sorpresa, goce, y también chacota, saltaron de las voces de los adolescentes. Les dije que muchas cosas de las que escuchan han sido dichas por la poesía, que ellos mismos son capaces de crear poemas, no sólo rimas. Es así como surgió la magia. A partir de ese momento la disposición de los chicos fue excelente: leyeron, escribieron, jugaron con la poesía, platicamos de algunos poetas, de sus musas y tragedias. Alguien preguntó si los narco corridos también son poesía, y aproveché para hablar de la épica. Fue extraordinario ser testigo, juez y parte, de la transformación de los adolescentes ante una actividad de lectura. La actitud reacia, desganada y desconfiada al principio, se convirtió en un arco iris de creatividad. La clave, estoy seguro, fue en no desdeñar, ni descalificar sus referentes, sino usarlos como insumos de la actividad.
La Azotea, a la lista de las desaparecidas pitula lector, ¿cuántos libros obsequiaste o te regalaron en las fiestas navideñas? No todas sobrevivieron al invierno, a pesar de que éste ha sido extrañamente cálido. No todas han sobrevivido. El recuento de caídos inició este 1 de enero. La librería La Azotea bajó sus cortinas. Su administrador, Uriel Martínez, alega que las ventas del 2016 fueron a la baja, que la renta lo ahogaba, que hacienda lo exprimía, que sus vecinos en la avenida San Marcos poco ayudaban
y que los ahorros se terminaron. La desventura recae en que ésta se especializó en ofertar títulos editados por universidades nacionales, permitiendo cierta actualización docente, fomentando la versatilidad cultural-intelectual e inspirando el contacto académico entre pares. En fin, que ha sido el fin. Es bien sabido que administrar una librería es una aventura. De la experiencia hay varios títulos y la reflexión es la misma. Quizá continuemos encontrando a Martínez por las calles y
las oficinas del centro de la ciudad, con su típica bolsa cargada de títulos más o menos recientes. Con el cierre de La Azotea, Cárdenas deberá contar ahora sólo ocho. Sin embargo, la ciudad no pierde del todo. Pensemos en esos oficios que sólo en el centro son posibles; el de ofertador bibliográfico es uno de éstos y –creo- Uriel el último de su especie. En fin, que ha sido el fin. Pero, no del todo. En este país que da la sensación de ser un puzle desprendiéndose, pareciera que una librería de menos no es la mayor de las tragedias. Sin embargo, lo que perdemos no es una tienda, no es un abarrote; no. Es una Librería que cierra y la pérdida es también del espíritu; si una biblioteca es el reflejo culto de una ciudad, la librería es el reflejo aspiracional de esa cultura en una ciudad que no siempre parece tan culta. En fin, que ha sido el fin.
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Desayuno en Tiffany´s mon ku Paterson 6 Por Évelyne Coutel
6 Por Rebeca M. Aragón
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como William Carlos Williams, cuestionando la dicotomía entre profesión “manual” y labor intelectual o creativa. A este respecto, viene al caso una comparación entre la creación poética de Paterson y los “pasatiempos” de su mujer que trata a su manera de amenizar la rutina mediante actividades que se sitúan también en la esfera de la creación artística pero que por su dimensión alocada no pueden gozar del mismo reconocimiento que la poesía de Paterson. En efecto, Laura se pasa el tiempo pintando toda la casa con motivos blancos y negros (una práctica que se comprueba hasta en los cupcakes que cocina) y sueña con convertirse en una estrella de la guitarra, para lo cual invierte en métodos autodidácticos bastante costosos. Por supuesto, a lo largo de la cinta, sus ilusiones y costumbres sirven ante todo para entretener al espectador y sacarle una sonrisa, cuando la poesía de Paterson tiene como objetivo transportarlo y conmocionarlo, y por tanto tiene un carácter mucho más serio, hasta demiúrgico. De hecho, la película Paterson nos parece fuertemente retrógrada en cuanto a la distribución de género que opera en torno a la creación artística, tanto más cuanto que este aspecto contribuye a estructurar el dispositivo narrativo a partir de las emociones duales que se vinculan respectivamente a la labor de cada personaje. Por un lado, lo femenino queda asociado a la frivolidad y a la fantasía rocambolesca; por otro, lo masculino encarna el genio y la sensatez.
Feliz cumpleaños, pájaro azul para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella”. La muerte de Lázaro es un instrumento para enaltecer a Jesús y éste lo usa tal cual. En el video de la canción vemos a Bowie con uno de sus trajes característicos de la época en que Ziggy vivía y estaba por pasar a The Thin White Duque. Al final en retroceso el personaje vuelve al armario de donde asumimos se escapó al principio. Bowie fue un personaje, fue el Lázaro de David Jones, su instrumento, cuya muerte serviría para glorificarlo. ¿Falta de humildad? No, realismo. Bowie creó gran parte (si no es que toda) la cultura pop que nos rodea. Los ochenta no hubieran sido los ochenta sin Scary Monsters. Artistas como Madonna lo han señalado como fuente principal de inspiración. Sale sobrando mencionar la influencia que creó en los setentas. Además de esto en “Lazarus” nos encontramos con Rubén Darío, el poeta nicaragüense (1867-1916) fundador del modernismo, movimiento cuyas metas eran
simples: romper las reglas de la poesía vigentes, abrazar la nueva era, algo bastante bowieniano. Su libro más famoso es Azul (1888) es una compilación de poemas y/o cuentos, cada uno nos narra una histo-
ria distinta. En particular nos interesa “El pájaro azul”, trata de Garcín, un poeta que tiene un pájaro azul viviendo en su cabeza. Se despide escribiendo: “Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul”. Bowie canta en la canción: “Just like that blue bird I’ll be free”. Bastante obvio y, sin embargo, necesario. Garcín parece un hombre normal, que vive ni contento ni triste, David Jones en sus últimos años vivió una vida oculta, tranquila, podemos suponer: ni contento ni triste. Él, como Garcín, tuvo un pájaro azul viviendo en su cabeza. La música de Bowie tiende a tener referencias a otras cosas de la cultura, eso no es sorpresa, tampoco lo es que suele ser muy personal. La honestidad de su personaje fue demasiado inmensa como para sólo creerlo un instrumento. “Lazarus” engloba ambas partes, el instrumento que era David Bowie y la necesidad de liberarse. El pájaro azul eran los dos David; el 11 de enero, día de su aniversario luctuoso, fue el inicio de su viaje a la libertad.
Música
l 8 de enero del presente año David Bowie hubiese cumplido 70 años y en obra póstuma es revelado un EP con tracks inéditos, pero repitiendo el segundo sencillo del álbum Blackstar “Lazarus”. El EP llamado No plan inicia con dicha canción recordándonos la cálida e inevitable despedida que muchos fans no quisimos ver en un inicio. Si bien cada canción del Blackstar pareciera despedida, e incluso algunos dirían que “I can’t give everything away” es mil veces más desgarradora que “Lazarus” la verdad es que las simbologías que guarda “Lazarus” le hacen más justicia a nuestro hombre del espacio. La figura que La Biblia ha dado de Lázaro es bien conocida, aquel hombre enfermo que resucitó al cuarto día gracias a la palabra de Jesucristo, siendo un milagro más de éste. Bowie usa el nombre para decirnos algo más allá de la inevitable muerte que lo espera; nos habla de su enfermedad, su impotencia, su condición como mortal y el sufrimiento que lo ata a una cama. Lázaro igualmente estaba enfermo pero el Mesías afirmaba al respecto: “Esta enfermedad no es para muerte, sino
que lo acompaña por todas partes. Su poesía es “impura”, es decir que incorpora los hechos menudos de la vida cotidiana y la inspiración se basa muchas veces en elementos aparentemente intrascendentes, como por ejemplo las conversaciones escuchadas en el autobús o incluso una caja de cerillas que da pie a un texto poético: “En casa tenemos una multitud de cerillas/las tenemos a mano/actualmente nuestra marca favorita es la Ohio Blue Tip”. De ahí el carácter plástico que cobra esta fábula, en particular cuando los versos aparecen en sobreimpresión mientras los recita la voz grave del protagonista que hereda las dotes de los poetas de renombre nacidos en Paterson
Cine
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aterson, la nueva cinta de Jim Jarmusch, ofrece una pintura de la rutina cotidiana de una pareja de treintañeros que vive apaciblemente en una casa con un perro bulldog. El protagonista Paterson, que lleva el mismo nombre que la pequeña localidad de Nueva Jersey en la que transcurre la acción, se gana la vida como conductor de autobús mientras su mujer, Laura, se queda en casa dedicándose a todo tipo de actividades algo estrafalarias. Conforme al tema tratado -la representación de la rutina-, la película tiene una
estructura anafórica que muestra el carácter repetitivo de la existencia de esta pareja: cada día, Paterson despierta a las seis y cuarto para desayunar e irse a trabajar, recorriendo el mismo trayecto correspondiente a la línea de autobús de la que se hace cargo, tras lo cual volverá a casa e irá a pasear al perro. Salvo variaciones más o menos ínfimas, la vida de Paterson y Laura sigue este esquema de lunes a viernes. El interés de esta película consiste sin duda en la poetización de la rutina que se lleva a cabo a través del personaje de Paterson que, además de autobusero, es también poeta y apunta sus versos en un cuadernillo
Novedad Editorial
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LA GUALDRA NO. 276
Ecos [capítulo 24]
6 Por Atenea Cruz*
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amá nunca supo que yo soñaba con caballos casi todas las noches. Era una mujer con herraduras en lugar de labios, no habría soportado presenciar mis sueños, en los que yo besaba los hocicos de los caballos, cubiertos de espuma, reventando. A ella no le gustaba la carne. No sé si alguna vez conoció algo más que la hierba. Después de su muerte, mamá convirtió en su morada todos los espejos del mundo. Al principio se asomaba de vez en cuando, como si se tratara de un descuido. Hace un par de meses que atisba desde el rabillo de mi ojo. Tapo los espejos de la casa, pero Raúl los descubre para afeitarse y se le olvida volver a cubrirlos. A veces creo que lo hace para herirme. Luego me tranquilizo y me digo que no, es sólo que él no sabe. O no entiende. Cuando se va vuelvo a echar las mantas encima. No quiero que mamá se dé cuenta de que mi casa tiene ancas de caballos en lugar de columnas. Los caballos viven hasta veinticinco años, sus tobillos son frágiles y cuando se lastiman a veces hay que matarlos. A pesar de eso, yo creo que veinticinco años es una edad perfecta para morir. Si se puede antes, mejor. Una vez leí una novela en la que un personaje decía que los caballos mueren con las mareas altas: no toleran la redondez de la luna y echan espumarajos de baba hasta morir de furia. Después supe que era cierto. Toda mi vida me ha gustado contemplar a los caballos, sobre todo cuando duermen, porque lo hacen de pie. De niña, cuando vivía en el circo, iba a mirarlos cada noche. Aquellos animales ajetreados y viejos eran una extensión de mis sueños: corrían sin descanso sobre la pradera cobriza, en busca de un precipicio para dejarse caer. En el suelo de mis noches había nidos de alondras, que reventaban como nueces bajo los cascos de sus patas. Cuando don Chucho descansaba, me acercaba a tocar el pelaje blanco del caballo que yo montaba durante mi número, creía que dormía de pie para poder correr apenas abriera los ojos y me preguntaba qué había detrás de éstos. Luego regresaba a la cama: soñaba que mis párpados eran de agua y un caballo, a lo lejos, cerraba los ojos y comenzaba a soñarme, tenso, preparadas las recias ancas para la carrera. Cada noche soñaba con caballos. A veces sólo uno, que me soñaba, soñándolo, despertaba y corría enloquecido, mientras yo seguía con los ojos cansados de no tener párpados. Nunca se lo confesé a mi madre, que cada mañana insistía
en que le contara mis sueños para descubrir qué le escondía detrás de la mirada. Mamá siempre estaba hablando de irnos a vivir a la costa cuando dejáramos de trabajar en el circo, ambas sabíamos que difícilmente sería posible, pero nos seguíamos el juego. Ella había nacido para observar cómo los demás disfrutaban del espectáculo, mientras perforaba cientos, miles, millones de boletos. La mirada llena de agujeros que atestiguaban el deleite ajeno. Yo le temía al mar. Me gustaba la arena, sí, pero la del desierto, esa tierra que es el recuerdo de aguas antiguas, ya desaparecidas. Así que
/// Atenea Cruz. Foto de Miguel Ángel Esparza.
procuraba no pensar en la playa ni una vez durante el día. Qué tal si con mi pensamiento y el de ella, amarrados a su deseo, terminábamos corriendo en esa dirección. Entonces yo no podría pretender que el eco de los abismos estaba demasiado distante como para escucharlo. Me asustaba entender la locura de los caballos y
esa luna que los intoxicaba de desasosiego. Tenía miedo de encontrar un aviso en la arena, de averiguar por qué la marea olía a monturas podridas. Mamá nunca comprendió el origen de esa baba que humedecía mi almohada y el cuello de mi camisón todas las mañanas. Estaba convencida de que yo tenía lombrices e invirtió buena parte de su mísero salario en tabletas que se me atoraban en la garganta, por más vasos de agua que bebiera después de cada dosis, y en aceites viscosos que prometían milagros. Mientras los demás trabajadores del circo saciaban su sed en cualquier pozo que encontráramos en el camino, mamá me hacía esperar casi una hora a que el agua estuviera purificada según su idea. Así tuviera la boca blanca, de tan reseca, cada gota que llegara a mi lengua debía haber pasado antes por el escrutinio feroz de sus ojos, un filtro de carbón, otro de cantera y al final reposar durante quince minutos los efectos y bondades del cloro. Yo no quise contarle de los caballos que apisonaban mis sesos cada noche. No fuera a ser que se le ocurriera darme algún jarabe asqueroso para curarme de las pesadillas o, peor aún, que tratara de exterminarlas de mi cabeza con algún filtro que me ayudara a soñar únicamente con lo que a las niñas buenas les está permitido. Cuando mamá murió no quiso quedarse en la tumba, fue siguiéndome muy despacio, a una distancia que no percibí hasta que era demasiado tarde. Después descubrió mi afición a los espejos y se escondió en ellos, asomándose de cuando en cuando, para que yo no consiguiera olvidarme de que tarde o temprano nos convertiremos en una misma tierra. Entonces me encerrará entre sus costillas y no podré abandonarla de nuevo. *Atenea Cruz (Durango, 1984). Estudió la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Ha publicado dos libros de cuentos y tres libros de poesía. Ecos (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2016), su primera novela, fue merecedora de la beca del PECDAZ (Zacatecas) en su emisión 2012-2013 y fue mención honorífica en el Premio Nacional de Novela Joven “José Revueltas” 2015. Becaria del PECDA (Durango) en tres ocasiones y ganadora de varios certámenes literarios locales. Ha colaborado en revistas como Tierra Adentro, Crítica y Vice.
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16 DE ENERO DE 2017
Notas al margen La ignorancia de los lectores Solórzano
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no debe darle al azar su lugar. El caos es una forma de orden, quizás el orden natural de las cosas. Hace casi un año que decidí que mis lecturas las elegiría la casualidad; opté por la dispersión también como forma de escritura, a la manera de Montaigne, de Hazlitt; la literatura como una divagación, como un extravío. Y asimismo preferí la lectura de manera dispersa, no comprometerme con un autor, con un género, con una dirección. Por ello hice una lista de todos los libros que tenía pendientes por leer y les asigné un número. Esos números los anoté en papeles que guardé en un bote del que, desde entonces, saco al azar alguno para “decidir” mi siguiente lectura. A la fecha la lista tiene más de 200 títulos y crece con más velocidad de la que yo los leo. Lo importante no es eso. La realmente importante es el mecanismo del azar, la casualidad como decisión y la dispersión premeditada como método. Leer, por sí mismo, es un acto vacuo; y como tal (vacuo, vacío) es necesario llenarlo de significado para darle un valor. Por ahí quiero empezar. En los últimos días mi bote eligió que leyera un libro de Schopenhauer que compré hace meses en una librería de viejo: Escritos literarios. En cuanto lo terminé, tomé otro papelito y el “destino” me dio la oportunidad que estaba esperando desde el año pasado: un libro de William Hazlitt que no se decidía a llegar a mis ojos. Hazlitt es, según la solapa de este mismo ejemplar –y yo lo creo-, “uno de los mejores ensayistas de todos los tiempos. [que] Murió pobre y olvidado en Londres, en 1830”. Tristemente hermosa esta aparente contradicción. Sin embargo, cierta. Uno de los mejores ensayistas no sólo de habla inglesa, sino del mundo, muere en la miseria y olvidado. Las razones son las mismas de siempre, los contextos, las políticas, las “disputas y los celos entre los hombres de letras”, pues como el mismo Hazlitt lo dice: “Ningún otro tipo de personas es tan incapaz de funcionar en unidad como los hombres de letras”. Las razones, azarosas aparentemente, responden a un orden oculto que tiende al caos. Ya sabemos, la entropía. Pero un genio murió sin saber que se volvería un referente del ensayo y el pensamiento libre de formas acartonadas. Diez años después que Hazlitt, en 1788, nace Schopenhauer, a quien leí justo antes de sumergirme en los ensayos del inglés. Para ser sincero, y tal vez peco de imbécil, disfruto más la lectura de un hombre de la palabra, como lo es Hazlitt, que de uno del pensamiento, como lo es Schopenhauer. Los filósofos siempre intentan darle forma a la idea, quieren demostrar
/// Schopenhauer
su pensamiento; mientras que el escritor –uno lúcido como William- no demuestra, sino que muestra. Crear es “sostener un espejo frente a la naturaleza” (Shakespeare). El filósofo está siempre a la caza de una idea excepcional, mientras que el literato está siempre hablando. El primero discute la idea, mientras que el segundo la dialoga. Pero ambos, el inglés y el alemán –Schopenhauer lo hace en su conjunto de anotaciones titulado en mi edición: La personalidad literaria-, coinciden en una aseveración por demás interesante: los lectores carecen de ideas propias, dejan que los otros piensen por ellos. El filósofo lo dice así: “Cuando leemos otro piensa por nosotros…”, “No se necesita leer sino cuando la fuente del pensamiento personal calla”, “Los letrados son los que han leído en los libros; pero los pensadores, los genios, […] son los que han leído directamente en el libro del Universo”. Por otro lado, el escritor, dice: “Las personas que tienen menos ideas que todos los demás son los simples escritores y lectores. Es mejor no saber leer y escribir que no saber hacer cualquier otra cosa. Podemos estar casi seguros que el holgazán al que se acostumbra ver con un libro en la mano no tiene ni la capacidad ni el deseo de prestar atención a lo que sucede a su alrededor, o dentro de su propia mente”. La dicotomía William-Arthur es la de pensar vs leer. Es sumamente interesante, si partimos de que ambos vivieron en la misma época y en una Europa en la que la burguesía comenzaba a ostentar el poder político, que los dos se expresen con desprecio de los simples lectores, como unos imbéciles que utilizan las ideas ajenas para apoyar (u ocultar) la carencia de las suyas. Si lo pensamos más profundamente
/// William Hazlitt
no hay mucha diferencia entre aquella dicotomía y la confrontación actual entre el leer vs ver televisión (productos mass media). Hoy la glorificación de la lectura necesitaría de una crítica dura como la que realizan estos dos pensadores, leer per se es un acto tan banal como consumir chatarra mediática. Leer por sí mismo no nos vuelve inteligentes, ni siquiera nos hace mejores personas, ni moral ni intelectualmente superiores. Leer en su acepción primaria es “decodificar signos escritos”, y eso lo hace ya un niño de primaria. Aunque Hazlitt y Schopenhauer no llevan sus reflexiones hasta este punto, es importante –sin afán de jugar al abogado del diablo- mencionar que ambos eran unos lectores en un sentido más amplio de la palabra. Lectores completos, que más que decodificar participaban de la lectura y volvían una acción pasiva de recepción de información en un diálogo. Ésa es la palabra clave: dialogar. Leer es dialogar, y es eso lo que Hazlitt dilucida más adelante: “Cada vez es más raro que los libros se utilicen como ‘anteojos’ a través de los cuales se observa la naturaleza, y no como cortinas que impiden que la luz brillante y un paisaje en constante cambio llegue a ojos débiles”. Una sentencia por demás actual, pues ¿no es eso lo que se planeta con las campañas pro-lectura, donde ésta se muestra como una manera de escapar de la realidad, como una forma de evadir la idea propia y el pensamiento crítico? La lectura debe ser un diálogo con la naturaleza y con el otro, ya que “rechazar los pensamientos originales para tomar un libro en la mano, es un pecado contra el Espíritu Santo”. La ironía de la que echa mano Schopenhauer es indispensable para entender la idea de nolectura de estos dos pensadores.
Tampoco debemos olvidar que el desprecio por la lectura que esgrimía Schopenhauer tenía que ver también con el desprecio que le producía el acceso al conocimiento que pudieran tener los “espíritus mediocres”, aquéllos que incluso pervertían la lengua y ni siquiera sabían latín. Para el filósofo el hombre pensante debía ejercer una especie de monarquía ideológica, donde sus ideas debían permanecer frente a los demás. Fuera de lo idílico que puede parecer esto, también hay en esa postura una megalomanía intelectual. ¿Y cómo reconocer a un estúpido de un genio?, si “como tal monarca no acepta órdenes ni autoridades y sólo admite aquello que ha ratificado él mismo”, ¿cómo se reconocerá a sí mismo como idiota o como espíritu superior? ¿Un idiota se autodenominará idiota al igual que un genio se autodenomina genio? La superioridad de Schopenhauer también le juega malas pasadas y evita que someta sus juicios al diálogo. Su no-lectura no sólo sucede en los libros físicos, sino en el texto de su propia mente. A Borges le enorgullecían más los libros que ha leído, que los que ha escrito. Y Borges, inútil sería pensar lo contrario, no era un espíritu mediocre. Apoyó su pensamiento, durante toda su vida, en los hombros de otros; sabía que el conocimiento no está en los libros, sino en nosotros. Pero para llegar a él hay que salir de nuestra cabeza, entrar al mundo y otearlo con los anteojos de la literatura o la filosofía. Hazlitt y Schopenhauer vuelven para recordarnos que la lectura puede ser tan mediocre como quien la realiza, y dentro de su recorrido vital nos mostraron, sobre todo Hazlitt, que “la imaginación entusiasta siempre ha sido vagabunda”.
Notas al Margen
6 Por José Agustín
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LA GUALDRA NO. 276 /// 16 DE ENERO DE 2017
6 Por Alberto Huerta
Río de Palabras
Me siento aquí o allá en la terrible soledad, en esta soledad mezquina y piche. Pedro Coronel
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Para Almendrita.
ncontré la libreta por casualidad. El poema estaba escrito en la primera página. Lo leo mientras escucho en el estéreo a Diego El Cigala. Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Escribió Jaime Sabines, yo lo escribo a plena luz del día, desde hace más de diez años, lo es-
En la oscuridad cribo con bolígrafo, a lápiz, con pluma fuente, con gris, con el dedo índice… Lo escribo antes de acostarme a darme vueltas en la cama, con tu mirada iluminando la oscuridad de la pieza. Con la sonrisa que no te cabe en los labios. Con tu risa que brinca como los pájaros llaneritos… Trato de escribir que te amo, trato de decir a oscuras todo esto. Yo memorizo las palabras que tengo, que me urge decirte de frente, mirándote a los ojos, procurando no tartamudear y
que la voz no baje el volumen. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado para el otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado, iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote… Sigue escribiendo Jaime Sabines, mientras yo recorro los pasillos de la casa como sonámbulo, como el judío errante… alucinado me pongo a recorrerla de abajo arriba, gritando sin voz tu nombre, creyendo verte a cada rato, en la alacena, en el
patio debajo del limonero, sentada en la mecedora del pasillo, pensando en ti, en tu persona, en el aroma que te envuelve… Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado, repito, tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer. Concluye y cierra Sabines, y yo, hundido hasta el cuello en la oscuridad, lleno de miedos, confuso, callado, más callado que un clérigo de pueblo, viendo pasar los años. Escuchando por las noches a Diego, Dieguito, El Cigala. Y sones huastecos, y a Amparito Ochoa, que en paz descanse, y… A Mercedes Sosa… a Alfredo Zitarrosa… y…
/// Así nuestra patria. Iniciamos el año 2017 con protestas. La ciudadanía ha salido a las calles a exigir justicia para los habitantes de Salaverna y para pedir que se dé marcha atrás al gasolinazo. Foto de Andrés Sánchez.
6 Por Pilar Alba
A
l menos usted hoy sí se levantó temprano y con el firme propósito de cambiarlo todo. Se puso los tenis, la sudadera; sus audífonos con canciones rítmicas, optimistas y motivadoras. Salió a la calle a pesar del frío de invierno, que, afortunadamente este año, no ha pegado tanto. Caminó y luego trotó por cerca de una hora. Regresó a su casa para realizar sus aseos
Propósito personales. Después eligió colores vivos y un atuendo que lo hiciera ver mejor. Disfrutó de un delicioso y nutritivo desayuno; al cual previamente le contabilizó el contenido calórico. Dio un suspiro de satisfacción al ver la hora de su salida de casa, iba con un muy buen
margen de tiempo para enfrentarse al tráfico. Abrió la puerta del coche sonrió a todo mundo. Cedió el paso, respetó las indicaciones de tránsito. Saludó a sus compañeros. Al llegar al escritorio encendió la computadora; entró directamente a revisar los pendientes
y no a sus redes sociales. Concluyó su jornada. Se sintió productivo. Regresó a casa. Pasó tiempo de calidad con su familia. Leyó un libro. No vio en exceso la televisión ni pasó horas revisando la pequeña pantalla azul de su teléfono. Fue a la cama temprano, por el día de hoy había cumplido sus propósitos de este inicio de año. Durmió tranquilo. Al menos usted lo hizo. Yo la verdad, para qué le miento, no hice ni pienso hacer absolutamente nada de eso.