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Nº4otoño2002

www.lanzadera.com/lacasadelosmalfenti.

Novedades


LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

SUMARIO

Nº4 - Otoño 2002

Secciones:

Dirección, diseño y maquetación:

Editorial,2 1. el autor y su obra: Alejandro Dumas,3

Juan María Albizu Andueza Roberto Goñi Ruiz Belén Galindo Lizaldre

Colaboraciones:

2. descubriendo…

Santiago Navajas Gómez de Aranda M. Carmen Lavado Tutor

Sándor Marai,9

Cartas y colaboraciones:

3. el clásico

San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno,13

4. historias,19

lacasadelosmalfenti@yahoo.es

Dirección web: www.lanzadera.com/lacasadelosmalfenti

5. imagen & palabra

Una relación de ida y vuelta,41

Agradecimientos: A M. Carmen Lavado por compartir con nosotros sus gustos literarios.

6. cita con...

Javier Asiáin Urtasun,47

7. top ventas & novedades,55

A Italo Svevo siempre, por inspirar en su libro La Conciencia de Zeno el nombre de esta revista. Si quieres participar en la revista con artículos o historias puedes enviarlos al correo de la revista. Se informará sólo a los autores de los trabajos aceptados.

8. sus favoritos,65 9. enlaces,69

La revista puede obtenerse de forma gratuita a través de la red en dos formatos: 1. su página web “o” 2. como formato electrónico (pdf). También puede adquirirse en papel previo pago de 5 € (sólo Península; pedid información en nuestro email)

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

Editorial Amigos lectores: Nos encontramos en el cuarto número de la revista y podemos anunciar, con orgullo de padres, que La Casa de los Malfenti día a día se llena de nuevos inquilinos. Como bien sabéis, comenzamos este proyecto con el único propósito de disfrutar elaborando una publicación trimestral dedicada a una pasión compartida: la literatura. Para ello construimos una Casa (la de los Malfenti), bien humilde, en la que dar cabida a un puñado de locos bohemios. No eran muchas las habitaciones de las que disponíamos y poco a poco han ido surgiendo ideas, secciones, colaboradores. Resultado: la Casa se nos ha hecho pequeña. Así es que hemos decidido ampliarla. Y en ello estamos, con las manos manchadas de cemento y grava, intentando dar los últimos retoques a los cimientos de lo que ya es la nueva Casa de los Malfenti. Hasta ahora, la revista ha limitado sus contenidos a los relacionados con la prosa dentro de la literatura. Al hacer esto, éramos conscientes de que cerraba sus puertas al universo siempre fascinante de la poesía. Comenzar un proyecto de las características de La Casa de los Malfenti, siempre es complicado y consideramos, en su momento, que lo mejor para llevar a buen puerto aquella idea peregrina de publicar una revista era ir poco a poco, tanteando nuestras posibilidades y capacidades. Lo cierto es que no nos ha ido mal esta filosofía, aunque creemos que ha llegado el momento de ser ambiciosos e intentar dar cabida al mundo poético en la revista. ¿Cómo hacerlo? Tenemos claro que no queremos levantar barreras entre estilos. ¿Por qué enfrentar la poesía y la prosa? Es por ello por lo que hemos decidido no crear una sección concreta dedicada a la poesía, sino hacer a ésta participar de las secciones ya existentes, de forma que los lectores de ambas disciplinas se fundan. También en este número inauguramos una nueva sección, “Imagen & Palabra”, dirigida por, Santiago Navajas, a quien queremos desde aquí dar nuestra más cordial bienvenida. A través de una serie de artículos, Santiago pretende ilustrarnos, con la intensidad propia del estudioso apasionado, sobre la fructífera, pero a veces problemática, relación entre dos de los medios de expresión artística más populares; el cine y la literatura. Comenzará analizando el tema desde una perspectiva general para pasar a centrarse en grandes ejemplos de simbiosis entre la pluma y la cámara. Una vez más, sed bienvenidos a La Casa de los Malfenti, vuestra casa. Dentro os esperan vidas, obras, historias, pasiones, en fin Literatura. ¿A qué esperáis? ¡A leer! El equipo de redacción de

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

el autor y su obra por Roberto Goñi

ALEJANDRO DUMAS El pasado 24 de Julio se cumplieron doscientos años del nacimiento de uno de los escritores franceses más célebres y prolíficos. Nos estamos refiriendo a Alejandro Dumas. Hemos creído, en La Casa de los Malfenti, que es éste un momento idóneo para rendir homenaje a la figura del polémico escritor. Conocido, sobre todo, por novelas de aventuras como “Los tres mosqueteros” y “El conde de Montecristo”, se puede decir, sin temor a equivocarnos, que su obra ocupa un lugar relevante en la denominada cultura popular. Pocas son las bibliotecas en las que no se encuentra un volumen surgido de su pluma, y pocos los idiomas a los que no se ha traducido su obra. Fue, entre otras muchas cosas, precursor del género folletinesco, cosechando un éxito hasta entonces insospechado a través de la novela serial. A Dumas se le ha atribuido la función revitalizadora de la novela histórica francesa, aunque su habilidad como escritor ha sido, desde siempre, puesta en tela de juicio. Escritor criticado y enaltecido a un mismo tiempo, ha sabido deslizarse a lo largo de los gustos literarios de sucesivas generaciones y poco a poco se las ha arreglado para encontrar su hueco dentro de la historia universal de la literatura. Nos proponemos, a continuación, acercarnos al Alejandro Dumas de carne y hueso, al transcurrir vital del autor, al personaje escondido bajo cientos de personajes de folletín… Sirvan pues estás líneas de homenaje al escritor genial de tantas y tantas aventuras… Alejandro Dumas nació en la ciudad francesa de Villers-Cotterets (a cuarenta kilómetros de París) el 24 de Julio de 1802. Sus orígenes parecen extraídos de una de sus muchas creaciones literarias. Su abuelo, el Marqués Antoine-Alexandre Davy de

la Pailleterie, estuvo destinado en Santo Domingo durante veinte años, donde conocería a a la que se convertió en su mujer, Marie-Céssette Dumas, una esclava negra de las islas Indias del Oeste de Santo Domingo. En 1780, volvió el marqués a París desde su

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 asentamiento en tierras lejanas con un hijo mulato bajo el brazo. Se trataba de Thomas-Alexandre, el padre de Alejandro Dumas, un joven significativamente robusto, diestro en el uso de la espada y del que se cuentan numerosas proezas, todas ellas relacionadas con su capacidad y poderío físico. El marqués no daría el necesario consentimiento para que su hijo entrara a formar parte del ejercito, así que éste se vio obligado a presentarse a listas bajo el nombre de Thomas-Alexandre Dumas. Ya con el rango de soldado, fue destinado a la guarnición de Villers Cotterets, donde terminó casandose con Marie-Louise Labouret, la madre del escritor objeto de nuestro relato. Ascendería rapidamente el joven dentro del escalafón militar, alcanzando en 1793 el rango de general. Mostró coraje y arrojo en el campo de batalla, ganándose el sobrenombre de Diablo Negro. Pero tuvo que cruzarse en su camino la trajica figura de Napoleón Bonaparte. Acudió bajo sus ordenes a la conquista de Egipto. Tras cosechar grandes éxitos en aquellas tierras, y de regreso a su pais natal, cayó en manos de los enemigos ingleses y fue enviado a una prisión italiana donde le envenenaron lentamente. Ya en Francia, con la salud minada por el trato recibido en Italia y sin el reconocimiento merecido por parte de Napoleón (se negó éste a recibirle y no respondió ninguna de sus cartas) murió al poco tiempo. Como vemos, en la herencia genética del autor, se encontraban ya muchos de los rasgos que se mostrarán más tarde en su literatura y, como veremos, en su propia vida. De su padre heredó su amor propio, el gusto enfermizo por lo heróico, su afán por la

fanfarronería y su forma de actuar con las mujeres. Quien sabe si también de él heredaría el complejo de inferioridad escondido tras estas cualidades o defectos… Tenía cuatro años Alejandro Dumas cuando quedó huerfano de padre. Su madre tuvo que arreglárselas con una humilde pensión. Debido a esta crítica situación económica Dumas tuvo que conformarse con una educación muy limitada a manos del cura del pueblo. En 1811 ingresa en la escuela del Abad Gregorie en la que permanece hasta 1813. Allí aprendió a escribir, a leer y algo de latín. El joven Dumas tenía un carácter indómito y soñador, dedicaba su tiempo a la caza y al cortejo de las muchachas de su edad. En 1816 logró ser pasante de notario en Villers-Cotterets, aunque lo cierto es que dedicaba más interés a la caza que al estudio de las leyes.

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Un día descubrió a Shakespeare y decidió enérgicamente convertirse en dramaturgo, para lo cual reunió a un grupo de amigos e improvisando decorados se dedicó con ellos a representar en un establo obras diversas. Con diecinueve años realizó un viaje a Paris costeado gracias a la venta de los animales que iba cazando por el camino. El viaje le confirmó en su intención de salir de su pueblo natal y en su interés por la literatura. En 1823 toma la firme decisión de vivir en París, para lo cual toma algunas cartas de recomendación para los antiguos compañeros de su padre. Sólo tuvo buena acogida por parte del general Foy (la mayor parte de los amigos y conocidos de su padre estaban relacionados con los Borbones) que reconoció su buena caligrafía y consiguió para él un puesto como escribiente en la secretaría del Duque de Orleans. Por este trabajo cobraba el

suficiente dinero como para independizarse del sustento de su madre. Ya era libre para dedicarse a lo que realmente le interesaba, la literatura y sobre todo, el estudio de la historia de Francia. Un compañero muy instruido le introdujo en la lectura de los clásicos que comenzó a devorar en su tiempo libre. Acudía tambien a representaciones de Shakespeare y poco a poco llegó a la conclusión de que en el teatro debían romperse los canones clásicos y entregarse a la lucha de las pasiones. Es en este momento cuando se lanza definitivamente a la escritura. El 24 de Julio de 1823 , nacerá su primer hijo (Alejandro Dumas hijo), fruto de su primer amor parisino, Laure Labay, una costurera. A pesar de ser más conocido en la actualidad por su prosa, su obra teatral gozó de gran éxito en su propio tiempo. Le permitió ganar gran cantidad de dinero. Se dice que fue el introductor del Romanticismo en el teatro francés, mostrando personajes orgullosos de sus propias pasiones. Su aparición real en el panorama teatral francés se producirá con el estreno de su obra Enrique III y su corte (1829). Antes, en 1825, había conseguido estrenar otra obra “La Chase et l’amour” que también obtuvo mucho éxito, pero será la obra “Henri III et sa cour” la que le proporcionará un enorme éxito y le permitirá ser incorporado al repertorio de la comedia francesa. Dumas se convertía de esta forma en uno de los líderes del movimiento lírico del momento, junto con Victor Hugo. A estas primeras obras les seguirán otras muchas. Es en este momento en el que es cesado de su empleo, dato que no molestó a Dumas en absoluto ya que con su producción

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 literaria ganaba mucho más dinero que con su antiguo empleo. Junto a la creación de ensayos dramáticos, Dumas se inició en la poesía y en la novela breve. Hizo incursiones en todos los temas literarios y supo destacar con algunas pequeñas novelas que recibieron buena aceptación del público y de la crítica por su elaborada documentación

histórica. La fortuna de Dumas aumentó considerablemente. No estaba muy acostumbrado a tener tanto dinero, así que comenzó a hacer ostentación del mismo. Usaba anillos enormes, gastaba importantes sumas de dinero en mujeres. Poca gente de su tiempo ganaba tanto dinero como él, sin embargo, lo gastaba tal y como lo recibía y, en consecuencia, siempre estaba endeudado. Pero no todo el dinero se gastaba en lujo y derroche. Por un lado mantenía a su madre, a quien instaló en un piso de París, por

otro a su primer hijo (Alejandro Dumas, que con el tiempo se convertirá también en escritor; su obra más conocida será La dama de las camelias) y a otros cinco que vendrán después, todos ellos de mujeres distintas. Por último también mantenía a toda una corte de parásitos y amantes, muchas de ellas actrices. Pero de lo que no hay duda es de que le gustaba vivir bien. Dumas vivió tan aventureramente como sus propias obras y esa forma de vida ha generado gran cantidad de anécdotas. Por ejemplo, una vez cuando le pidieron que donara 25 francos para enterrar a un alguacil y él dio 50 diciendo: “Aquí tenéis y enterrad a un par de ellos”. Tomó parte en la revolución de Julio de 1830 y alcanzó el grado de Capitán de la Guadia Nacional, cogió el colera durante la epidemia de 1832, y viajó a Italia para recuperarse. Se casó con Ida Ferrer, una actriz, en 1840, pero se separó de ella pronto, tras gastar totalmente su dote. Se le han atribuido docenas de hijos ilegítimos, pero reconoció legalmente sólo a tres. Se cuenta que una vez, cuando Dumas descubrió a su mujer en la cama con su buen amigo Roger de Beauvoir, dijo: “Es una noche fría. Moveos y hacedme un sitio para mí”. Antes de 1843, Dumas había escrito quince obras de teatro y sus novelas históricas le habían proporcionado una fortuna muy considerable. Produjo alrededor de 250 libros con la ayuda de 73 asistentes, en especial la del profesor de historia Auguste Maquet, a quien permitió trabajar de forma muy independiente. Ganaba Dumas, aproximadamente, unos 200.000 francos al año y recibía una suma anual de 63.000 francos por su aportación a los periódicos La Presse y el Constitutionel. Maquet, a menudo

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 proponía temas e hizo los primeros borradores de obras como Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844-45). El mismo Dumas afirmaba que sólo comenzaba a escribir cuando las obras estaban ya muy claras en su cabeza. En 1844 Alejandro Dumas inicia la serie de grandes novelas que le traerán el verdadero reconocimiento futuro. Una tras otra, van apareciendo obras como las citadas anteriormente (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo), ademas de otras como La reina Margot, Veinte años después, El Caballero de la Casa Roja, La Dama de Monsorou, etc… Pero, como ya hemos dejado entrever anteriormente, no todo lo que firmó salió de su pluma. Y este aspecto es uno de los más criticados cuando se habla de la calidad literaria de Dumas. A pesar de una indudable facilidad para la escritura, para llenar páginas y más páginas, Alejandro Dumas se rodeó de colaboradores, el más ilustre de los cuales fue, como ya hemos comentado, Auguste Maquet. Este último participó tan decisivamente en la elaboración de muchas de las obras más insignes de Dumas (las publicadas entre 1843 y 1858) que de justicia habría sido que hubieran visto la luz bajo la firma de ambos. Pero como el nombre de Dumas suponía un éxito seguro, Maquet, que era entonces muy joven, aceptó que sólo aparecieran firmadas por el primero. En 1845, por amistad, le cedió Maquet a Dumas los derechos de todas sus obras. Cuando se enemistaron y quiso recuperarlos, la justicia y el propio Alejandro Dumas se lo impidieron. En 1922, sus herederos consiguieron cobrar parte de los derechos de autor.

La forma de trabajar de Dumas con sus asistentes era la siguiente: El colaborador presentaba un plan de la obra que era discutido y desarrollado con Dumas. Posteriormente, el primero se encargaba de la investigación histórica y de la elaboración de la trama principal, para que finalmente Dumas se encargara de dar la forma definitiva al texto, desarrollando los personajes, elaborando las situaciones, recreando los diálogos, dotando a la obra de ritmo, y carácter. En definitiva, el colaborador hacía el trabajo sucio y el genio dotaba a la obra de magia. Dumas escribía muy deprisa y no se preocupaba por la acentuación y la ortografía. Eran sus empleados los que luego se encargaban de preparar el texto para la imprenta. Todo esto explica errores de forma presentes en

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 su obra. Pero estos errores eran lo menos importante para un público entregado, de hecho, pasaban desapercibidos. Los lectores se veían atrapados por aventuras enloquecidas, por ritmos frenéticos y dramas inimaginables. En 1847, en febrero, Dumas inaugura el Teatro Histórico, un teatro propio donde representar adaptaciones de sus propias obras, y en julio su mansión Montecristo en Porty-Marly, un edificio mezcla de estilos que ve la luz en una fiesta digna de reyes. Pero no todo en la vida es éxito. Dos años despues de inaugurarla, la mansión Montecristo es embargada y en 1850 su Teatro Histórico va a la bancarrota. En 1851, bajo pretexto del golpe de estado de Napoleón III, pero en realidad huyendo de sus acreedores ya que a él no le persigue nadie, se refugia en Bruselas, donde viven oponentes a Napoleón III, como Victor Hugo. Había sido candidato a la Asamblea de los Diputados pero no consiguió suficientes votos, y además, su intento por entrar en la Academia nunca prosperó. Todo esto no le agradaba y buscaba consuelo en la compra de condecoraciones con las que darse brillo. Ni la Inteligencia ni la Política lo tomaban en serio, pero lo utilizaban cuando les interesaba. Al regresar a París fundó dos periódicos Le mois, que escribía él solo, y Le Mousquetaire, pero tuvo que cerrar ambos ya que no pagaba a sus trabajadores. En 1858 viaja a Rusia, en 1859 a Italia y en 1860 conoce a Garibaldi. Se le une en Sicilia y le ayuda en su lucha por la independencia. Después de su victoria, éste le agradece su apoyo nombrándolo Jefe de Excavaciones y Museos en Nápoles (en este cargo continuó con las

excavaciones de Pompeya y organizó museos), donde vive hasta 1864. Pronto volverá a viajar por Italia, Alemania y Austria. Evita París, donde sólo lo asedian recuerdos de gloria. En 1870, encontrándose en Marsella, estalló la guerra francoprusiana y no pudo volver ya a la capital. Se sentía agotado y viajó a Puys, a la casa de campo de su hijo, donde morirá el 5 de Diciembre de 1870 de un ataque al corazón, el mismo día en que los prusianos entraban en el pueblo. Su funeral se realiza el 8 de Diciembre. Dos años despues, cuando los alemanes abandonan Francia, su hijo, que nunca aceptó la forma licenciosa de vivir de su padre, traslada los restos de Alejandro Dumas a su pueblo natal. Muchos dirán que allí descansan los restos del mayor narrador que haya producido Francia, nosotros preferimos pensar, al igual que Victor Hugo (que conocía muy bien al autor), que allí descansa un escritor “con más genio que talento”.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

descubriendo… por Juan María Albizu

En "descubriendo" vamos a hablar en este número de un autor recientemente redescubierto en nuestra lengua. Se trata de Sándor Marai, un autor centroeuropeo de entreguerras que ya fue traducido al castellano, pero que pasó totalmente inadvertido. Hace un par de años se publicó El último encuentro, consiguiendo una gran aceptación por parte del público. Este fue el punto de arranque para la recuperación de obras de diversos autores centroeuropeos de la misma época como, Joseph Roth, Franz Werfel, los polacos Witkiewicz, Schulz y Gombrowicz, o el austríaco Stefan Zweig

SÁNDOR MARAI Sándor Marai nació con el nuevo siglo, en el año 1900, y sufrió todos sus dramas: fascismo, persecución de los judíos, la guerra, el comunismo, el exilio…. Nació en Kassa, una ciudad que a lo largo del tiempo ha visto cómo las fronteras se desplazaban de un lado a otro, y ha pertenecido primero al imperio austrohúngaro, posteriormente a Checoslovaquia y actualmente a Eslovaquia. Su verdadero nombre era Sándor Grossmidcht y era hijo de una acomodada familia judía. Ésto le permitió recibir una cuidada educación, trabajar como periodista y recorrer Europa. Durante los años veinte dejó su país huyendo del régimen fascista del almirante Hörty para dirigirse durante un tiempo a Francia y Alemania. Volvió a su país y continuó su carrera literaria logrando un enorme éxito, y es en los

años veinte y treinta cuando alcanza el apogeo de su éxito literario; era un escritor con maneras de dandy y disfrutaba de una desahogada posición económica con casas, coches, amantes… Es en esta época cuando ingresó en la academia húngara y antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial ya había escrito una treintena de novelas. Poco a poco el nombre de Sándor Marai fue ganando relevancia en el panorama literario hasta llegar a ser llamado el Marcel Proust húngaro y sus obras empezaron a traducirse a diversas lenguas. Fue precisamente la guerra la que acabó con ese mundo de ensueño. En 1948 llega su exilio definitivo con la llegada de los comunistas al poder. Pasó unos años en Europa, Canadá y terminó instalándose en EE.UU., concretamente en California.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

Su obra fue prohibida por el régimen comunista en Hungría y más tarde fue él mismo el que se negó a que su obra fuese publicada bajo presencia de los soviéticos. Al principio fue mimado por el exilio húngaro pero poco fue cayendo en el olvido. Marai había llegado a conseguir un notable éxito y reconocimiento en su país, pero el hecho del exilio sumado a que nunca abandonó el húngaro como lengua literaria hicieron que lentamente fuese

cayendo en el olvido. Vivió los últimos años sin apenas recursos económicos y en soledad tras la muerte de su esposa y de su hijo adoptivo. Esto sumió al escritor en un oscuro período de ostracismo que desembocó en 1989 (poco antes de la caída del Muro de Berlín y por tanto del bloque comunista) en el final de la espera para el escritor que se tradujo en el suicidio con un disparo en la sien. Tras el final de la Guerra Fría se produjeron una serie de revisiones literarias en Europa Central y Oriental trayendo esto consigo que la obra de Marai se volviese a recuperar. En España se hicieron varias traducciones que pasaron totalmente inadvertidas. En 1999, con la publicación de El último encuentro (1942) Marai llega al gran público que queda maravillado con el estilo del escritor y éste alcanza los primeros puestos en las listas de ventas. Hasta el momento se han publicado dos obras más en castellano La herencia de Eszter (1939) y Divorcio en Buda (1935).

Breve descripción de sus novelas traducidas al castellano DIVORCIO EN BUDA

Esta novela se estructura en dos partes. En la primera mitad de la novela descubrimos una exhaustiva biografía y un desarrollo psicológico del juez

Kristóf Kömives, el último miembro de una familia de magistrados de gran prestigio en Hungría. El joven Kömives es juez en un tribunal de familia y

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 espera, dándolo por seguro, ir subiendo poco a poco en el escalafón de la judicatura. Este juez representa los valores de la familia burguesa europea, de la servidumbre honorable al Estado y de lo políticamente correcto. Se trata de una persona que continuamente debe reprimir todo tipo de deseos de naturaleza humana que para él están prohibidos. Como juez de familia que es tiene que decidir sobre un caso de divorcio de dos personas que conoció en el pasado; Imre Greiner, compañero de escuela de Kristóf, y Anna Fazekas, una mujer que Kristóf apenas vio tres veces pero que dejó honda huella en su memoria. En la segunda mitad Imre Greiner aparece en casa del juez la noche anterior al juicio y le cuenta que ha matado a su esposa Anna Fazekas.

Durante toda la noche Greiner narra las vicisitudes de su vida ante la mirada atónita del juez. Son dos realidades distintas y opuestas dentro de un mismo mundo. Kömives es el burgués por tradición y herencia familiar mientras que Greiner es el que ha ido a más a lo largo de su vida, consiguiendo la difícil tarea de conquistar a la mujer amada. Un momento de lucidez permite a Greimer darse cuenta del absurdo de su vida, de la farsa de su matrimonio, y además siente que esto no es algo reciente sino que abarca los últimos ocho años de su vida. Finalmente Greimer confiesa que el motivo por el que ha ido a ver al juez es formularle una pregunta: ¿Ha soñado Kömives con Anna durante los diez años de convivencia que tuvieron juntos?

LA HERENCIA DE ESZTER & EL ÚLTIMO ENCUENTRO

Hay una serie de similitudes entre las historias narradas por Marai en estas dos novelas y las que él mismo e incluso también las propias novelas han tenido que padecer; me refiero a vivencias vitales como el desencuentro, las esperas que duran años, las llegadas a destiempo… . Las dos novelas giran en torno a un hecho; una larga espera que dura largos años y un regreso que se

produce después de mucho tiempo: en La herencia… tras veinte años y en El último… tras cuarenta años. En ambas novelas un personaje, acompañado por otra persona de edad (que incluso tiene un nombre similar en ambas novelas; Nunu en La herencia… y Nini en El último…), ha permanecido desligado del transcurso del tiempo sin hacer otra cosa que esperar. Se trata de una espera en cierta medida angustiosa pero que

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 desemboca en la llegada de lo esperado. Pero cuando parece que esta llegada podría aligerar el peso de esta espera, lejos de aliviarlo no hace sino cargarlo más profundamente sobre el personaje. Marai combina perfectamente el relato de hechos que duran toda una vida con la descripción de concentrados momentos en los que el sentido de una vida entera se decide en un momento, en un encuentro. Los personajes de estas novelas se encuentran en un punto de su vida desde el cual pueden observarla entera con una amplia perspectiva, sin que en ese punto haya algo que pueda denominarse sabiduría sino más bien resignación. Resignación de quien ve las pasiones cuando ya se han apagado, cuando ya realmente nada importa y pueden hablar libremente de ellas. La escena de la

última vez impone su sello en cada momento de la vida de los personajes. En principio La herencia… aparece como una novela sencilla, un reencuentro entre una mujer madura y un antiguo amor de juventud. Pero lo que el autor nos presenta es el por qué de la atracción que sienten unas personas por otras a pesar del dolor que infligen. El último… aparece igualmente como un sencillo libro en el que dos personajes se reencuentran tras cuarenta años. Aquí se profundiza sobre la diferencia entre dos conceptos: la verdad y la realidad. En un momento dado Nini pregunta “¿Qué quieres de ese hombre? y el general responde: “la verdad… La realidad no es lo mismo que la verdad”.

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el clásico por Belén Galindo

Un cura, una muchacha, un hombre y un pobre bobo. Un lago, una montaña, la nieve y un pueblo. La fe y la razón. La vida y la muerte. Estos son los elementos y los protagonistas, los pilares sobre los que Miguel de Unamuno edifica una novela que es mucho más de lo que puede parecer a primera vista. Tras cada personaje se esconde una parte del propio escritor y cada uno de ellos es también buena muestra de un sector de la sociedad en la que vivió Unamuno, heredera de un siglo, el XIX, agonizante y perdido irremisiblemente en el huracán de los nuevos tiempos. Con este libro nos acercamos a uno de los escritores más importantes de la lengua castellana, un hombre que asentó buena parte de su obra en la búsqueda del sentido de la existencia, en la respuesta a una pregunta: ¿quién soy yo mismo?

SAN MANUEL BUENO, MARTIR O EL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE UN HOMBRE ATORMENTADO:

MIGUEL DE UNAMUNO San Manuel Bueno, mártir es una historia, pero también es una confesión por escrito, el testimonio de que el hombre no puede por sí mismo responder a todas las preguntas que su inteligencia le plantea. De las preguntas surgen las dudas; de las dudas, la

búsqueda; de la búsqueda infructuosa, la desazón; y de la desazón, la agonía. Miguel de Unamuno escribió esta obra en 1930, seis años antes de morir, de ahí que sea considerada como su testamento espiritual, además de una de sus obras maestras. Está inspirada

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 en una leyenda, la del pueblo de Valverde de la Lucerna que se halla sumergido en el fondo del lago de Sanabria, en la provincia de Zamora y analiza la historia de un sacerdote que se replantea su fe. No es un argumento novedoso porque Unamuno tuvo en cuenta una novela italiana: El santo (1905) de Antonio Fogarazzo apoyada en una

leyenda parecida a la del lago de Sanabria. Lo que sí resulta novedoso es el enfoque y el sentido “unamuniano” que tienen las afirmaciones del protagonista: “La verdad es algo terrible, algo mortal. La gente sencilla no podría vivir con ella. Yo estoy para hacer vivir las almas de mis feligreses, para hacer que se sueñen inmortales, no para matarles…”.

LOS PERSONAJES: DUDA, FE, RAZÓN E INOCENCIA La novela se organiza alrededor de la lucha interior y del comportamiento de un sacerdote de pueblo, don Manuel, identificado como la personificación de la suprema paradoja unamuniana: el sentido trágico de la vida. La voluntad de vivir como creyente y la imposibilidad de creer. La vida se entiende como una continua lucha contra el destino humano, como una continua agonía a la que es preferible ganarle terreno en su propio campo, es decir, viviendo la vida de la mejor manera posible. Junto a don Manuel, encontramos otros personajes que pueden parecer en principio el contrapunto al sacerdote, pero que luego terminan aproximándose a él para casi fundirse y ser absorbidos por el protagonista de la

novela. Angela, heredera de la fe y la tradición más firme, y su hermano Lázaro, el ateo convencido, el anticlerical. Angela es, además, la narradora y más firme seguidora de las enseñanzas de don Manuel. Nos presenta la historia cargada de misterio y llena de sobreentendidos, haciendo al lector cómplice desde el principio de un secreto compartido. Acorde con el personaje, el lenguaje de Angela, la prosa de la narradora es sencilla, sin pretensiones, próxima incluso al lenguaje rural o arcaico, con lo que Unamuno se asegura de que todo el que se acerque al libro entienda el mensaje o al menos la historia que tiene mucho de evangelio, de testimonio.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Teniendo en cuenta la importancia que para Unamuno tenía la etimología de los nombres, el de Angela que proviene del griego “mensajero”, nos pone en la pista de las funciones que este personaje desempeña en la novela. Pero es mucho más. Es testigo de la vida y existencia de don Manuel, refiere todo lo visto y oído. Es ayudante del sacerdote, incluso confesora, y en algún momento de la historia, Unamuno le otorga el papel matriarcal de hija-madre que tanta fuerza tiene en toda su obra. Lázaro se nos presenta como el contrapunto del cura, defensor de una vida contraria a la religión, impulsor de las cuestiones sociales y enemigo del mundo rural que identifica con un entorno feudal y medieval. Unamuno lo escogió para recordar al Lázaro del Evangelio a quien Cristo resucita. Su reacción inicial al conocer al sacerdote es de asombro desconfiado: “no es como los otros, pero es demasiado inteligente para creer todo lo que tiene que enseñar”. Planta cara públicamente a don Manuel, que ya para entonces aparece como una auténtica autoridad en el pueblo y, sin embargo, luego evoluciona y termina siendo el tesorero del secreto mejor guardado del cura. Lázaro introduce en la historia la cuestión social al quererse hacer cargo de un sindicato en el pueblo y es ahí donde Unamuno aprovecha para apoyarse en la repuesta de don Manuel

y citar a Karl Marx asegurando que la religión es el opio del pueblo. El cuarto personaje es Blasillo, el bobo del pueblo. Un símbolo para Unamuno que representa la inocencia, la fe ciega, la felicidad que se puede derivar de la ignorancia. Pero, además, Blasillo tiene un claro vínculo con la experiencia personal del escritor, con su hijo Raimundo que falleció a los seis años víctima de una hidrocefalia. Se trata de un ser muy querido por el sacerdote que se convierte casi en su sombra y que repite hasta la saciedad lo que se puede considerar el drama auténtico de don Manuel y del propio Unamuno “¡Dios mío, Díos mío!, ¿por qué me has abandonado?”. El personaje, además, está cargado de simbolismo ya que, incluso comparte destino con el sacerdote.

LOS SIMBOLOS: LAGO, MONTAÑA, PUEBLO Y NIEVE. Si exceptuamos Paz en la guerra (1897) ambientada en Bilbao, San Manuel Bueno, mártir es la única novela de Miguel de Unamuno ambientada en

un lugar, en un paisaje concreto, como nos dice en el prólogo “el lago de San Martín de Castañeda, en Sanabria, al pie de las ruinas de un convento de Bernardos y

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 donde vive una leyenda de una ciudad, Valverde de Lucerna, que yace en el fondo de las aguas del lago”. Lo que en realidad hace el escritor es apoyarse en esos símbolos: lago, montaña y pueblo para desarrollar toda una trama dentro de la historia que leemos en sus páginas. Se sirve del lago para situarnos en la intrahistoria del pueblo, los antepasados, la tradición y el pasado. Todo lo que el tiempo se ha ido llevando y que es preciso recordar para mantener viva la esencia colectiva. Para el pueblo, el lago azul refleja el cielo de la vida eterna prometida de la que ya gozan los muertos y los antepasados. Lázaro, en un momento de la historia llega a decirle a su hermana Angela: “creo que en el fondo del alma de nuestro

don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas”. Junto al lago y reflejados en él aparecen otros símbolos: la montaña que representa la firme fe del pueblo, inamovible y duradera, se eleva hacia el cielo y se mira, como en un espejo, en el lago. Lleva ahí desde hace miles de años y todo el mundo espera que continúe en su sitio, sin cambios, sin fisuras. La nieve es la fe que es como un milagro, o mejor, como un misterio que no se sabe de dónde procede, cae, como la gracia, inesperada y sin hacer distinciones entre ricos o pobres, jóvenes o viejos, listos o bobos.

¡HAY QUE VIVIR! San Manuel bueno, mártir nos deja, a pesar de todo, un mensaje de vida en sus páginas. Unamuno no pretende amargar al lector, ni sumergirlo en un pozo de dudas. Al menos, no sólo pretende eso. También quiere enviar un código vital, un consejo al lector. Si no sirve la ilusión de la vida eterna transmitida por la tradición y la fe, al menos sugiere vivir de la mejor manera posible, coherentemente con el alma del ser humano. El autor critica el tradicionalismo, el mundo rural, a los inquisidores y a los radicales conservadores, pero también desconfía de las teorías socialistas y de aquellos que se aferran en exceso a los aspectos más superficiales de la vida, olvidándose de la trascendencia, pasando por alto los valores que convierten al ser humano en hombre. En medio, la duda. Entre

unos y otros, el individuo, el propio Unamuno. Y ni él mismo se merece toda la confianza porque continuamente en su obra se pregunta: “¿quién soy yo mismo?, ¿quién es el que firma Miguel de Unamuno? Pues… uno de mis personajes, una de mis criaturas, uno de mis agonistas…”.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Antonio Machado escribió de él poco después de su muerte, en 1938: Es unamuno uno de los grandes pensadores existencialistas, que se adelanta a la filosofía de Heidegger; pero Unamuno llegó a conclusiones radicalmente opuestas: “La vida, desde su principio hasta su término, es lucha contra la fatalidad de vivir, lucha a muerte, agonía. Las virtudes humanas son tanto más altas cuanto más hondamente arrancan de esta suprema desesperación de la conciencia trágica y agónica del hombre”.

Su héroe fue don Quijote, el antipragmatista por excelencia, el héroe éticamente invicto e invencible que sabe, o cree saber, que toda victoria inmerecida es una derrota moral, y que, en último caso, más que la victoria importa el merecerla. La idea esencial quijotesca se hermana con el más hondo sentir de Unamuno: “vivid de tal suerte que el morir sea para vosotros una suprema injusticia”.

BREVE BIOGRAFIA DE MIGUEL DE UNAMUNO

Unamuno nació en Bilbao en 1864. Se sintió profundamente vasco y español, lo que le influyó en su sentido y uso de la lengua española. Fue el tercer hijo y primer varón del matrimonio de don Félix de Unamuno, comerciante, con su sobrina carnal, Salomé Jugo. Más tarde nacerán otros tres hijos. A los seis años, el futuro escritor pierde a su padre y queda a cargo de su abuela, Benita Unamuno, de quien él mismo diría, recibió el coraje de la vida civil, y de su madre, de quien recibió su religiosidad. Su casa es un hogar de mujeres que influyen en su comportamiento.

A los diez años asiste como testigo al asedio de su ciudad durante la segunda guerra carlista. A los dieciséis años se traslada a Madrid a estudiar Letras. Es un muchacho tímido que apenas sale por las noches, siempre acompañado del recuerdo de su novia, Concha, a quien conoce desde los ocho años. Obtiene la licenciatura en Letras con calificación de sobresaliente en 1883, a sus diecinueve años y al año siguiente se doctora con una tesis sobre la lengua vasca: “Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca”, en la que anticipa sus posturas contrarias al nacionalismo vasco de Sabino Arana. Poco después vuelve a Bilbao donde se da a conocer en el mundo literario de esta ciudad con una serie de artículos que muestran una tendencia política socialista. El 31 de enero de 1891 se casa con Concha Lizarraga, de la que estaba enamorado desde niño. Padre de familia numerosa, se ve marcado en 1902 por la muerte de su tercer hijo, Raimundo, que sufre un ataque de meningitis del cual se le desarrollará una hidrocefalia.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 En esta época y arrastrada desde años atrás, sufre una profunda crisis religiosa. Asimismo, se da de baja del partido socialista en el que militaba desde 1894 y se separa paulatinamente de las ideas progresistas. Es nombrado rector de la Universidad de Salamanca, escribe en prensa y, por desacuerdos con el Ministro de Instrucción Pública es destituido de su cargo en el rectorado en 1914. Vuelve a ser elegido por sus compañeros y sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que éste lo destituya nuevamente de sus cargos universitarios y lo destierre a

Fuerteventura en 1924. Unamuno se marcha a Francia y vuelve a Salamanca con la llegada de la república en 1931. Pero en 1934 muere Concha, su amada esposa y será el principio del fin para el escritor. La caída de la república y la llegada de otras ideas al poder le llevará a ser puesto en arresto domiciliario desde octubre de 1936. En su hogar, junto a sus libros escribirá sus últimos poemas y sus últimas notas, antes de recibir a su vieja amiga, la muerte, el 31 de diciembre de 1936, sentado en la mesa camilla donde solía trabajar, leer y conversar con su esposa.

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historias Siguiendo con nuestra intención de alternar autores noveles con escritores célebres, hemos querido en este número presentar a otro de los grandes maestros en el terreno del relato o historia corta. Nos estamos refiriendo a Anton Chejov (1860-1904), uno de los padres indiscutibles de este género. Estamos seguros de que sabréis disfrutar de las tres historias que hemos seleccionado (“La corista”, “Las islas voladoras” y “Enemigos”), tres guiños, a todas luces insuficientes, del estilo extremadamente versátil de este genial escritor ruso. Sobran pues las palabras. ¡A leer!

LA CORISTA ANTON CHEJOV Una vez, cuando era más joven, más bonita y tenía mejor voz, Nikolai Petrovich Kolpakov, su admirador, estaba en el chalet de ella sentado en una habitación del entresuelo. El día era intolerablemente caluroso y sofocante. Kolpakov acababa de comer y de beberse una botella entera de pésimo vino de Oporto, estaba de mal humor y tenía mal cuerpo. Ambos se aburrían y aguardaban a que menguara el calor para salir a dar un paseo. De pronto sonó un campanillazo en el recibimiento. Kolpakov, en mangas de camisa y zapatillas, se levantó de un salto y miró a Pasha inquisitivamente. -Será el cartero o quizá una de las amigas -dijo la cantante. Kolpakov no se hubiera cohibido ante el cartero o las amigas de Pasha;

pero, por si acaso, cogió su chaqueta y se metió en la habitación contigua mientras Pasha corría a abrir . Cuál no sería la sorpresa de ésta cuando vio en el umbral de la puerta no al cartero o a una amiga, sino a una mujer desconocida, joven, hermosa y vestida con elegancia; a todas luces una señora. La desconocida estaba pálida y respiraba con esfuerzo, como sofocada de subir la escalera. -¿Qué desea? -preguntó Pasha. La señora no contestó al momento. Dio un paso adelante, miró en torno suyo y se sentó en una silla como si no pudiera seguir de pie a causa de la fatiga o por hallarse indispuesta. Sus labios pálidos se movían en silencio, tratando de decir algo.

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-¿Está aquí mi marido? -preguntó por fin, levantando al rostro de Pasha sus grandes ojos de párpados hinchados y enrojecidos. -¿Qué marido? -murmuró Pasha, quien de pronto se amedrentó a tal punto que se le helaron las manos y los pies. -El mío... Nikolai Petrovich Kolpakov. -No..., no, señora... Yo no conozco a su marido. Transcurrió un minuto en silencio. La desconocida se pasó varias veces un pañuelo por los labios pálidos y retuvo el aliento para dominar su estremecimiento interior. Mientras tanto Pasha permanecía inmóvil ante ella, como clavada en el sitio, y la miraba aterrada y perpleja. -¿Conque dice usted que no está aquí? –preguntó la señora con voz más firme y sonrisa un tanto extraña. -Yo... yo no sé a quién se refiere usted. -Es usted una mujer ruin, infame, abominable... -murmuró la desconocida

mirando a Pasha con odio y asco-. Sí, sí... infame. Me alegro mucho, sí, muchísimo, de poder decírselo por fin. Pasha tenía la sensación de causar en esta dama de ojos iracundos y dedos largos y finos, vestida de negro, la impresión de algo deshonesto y repugnante; y se avergonzó de su propio rostro carilleno y colorado, de su huella de viruela en la nariz y del flequillo en la frente que nunca lograba peinar hacia arriba. Y pensaba que si fuese delgada, sin polvos en la cara y sin el flequillo, podría disimular que no era persona decente, y no sería tan horrible y bochornoso estar de pie ante esa señora misteriosa y desconocida. -¿Dónde está mi marido? persistió ésta-. Pero no importa que esté o no esté aquí. Sólo quiero decir a usted que se ha descubierto una malversación de fondos que ha cometido y que le busca la policía... Le van a detener. ¡Eso es lo que ha hecho usted! La señora se levantó y, presa de agitación, empezó a deambular por la habitación. Pasha la observaba sin comprender nada por el miedo que sentía. -Hoy darán con él y le detendrán -dijo sollozando la señora, sollozos en que vibraban la amargura y la cólera-. ¡Sé quién le ha empujado a ese horror! ¡Mujer infame, abominable! ¡Criatura asquerosa y comprada! (Ahí la señora encrespó los labios y arrugó la nariz del asco que sentía.) Sé que soy impotente... ¡Óigame, mujer ruin!... ¡Me siento impotente y usted es más fuerte que yo, pero hay Uno que nos defenderá a mí y a mis hijos! ¡Dios lo ve todo! Él es justo. Él la castigará a usted por cada una de mis lágrimas, por cada una de mis noches en vela. Llegará la hora en que usted me recordará.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Silencio una vez más. La señora seguía yendo y viniendo por el cuarto retorciéndose las manos. Pasha, irresoluta, continuaba observándola alelada, sin comprender nada, esperando que la visitante hiciera algo terrible. - Yo, señora, no sé nada -exclamó de pronto, rompiendo a llorar. -¡Miente usted! –gritó la dama mirándola con ojos brillantes de ira-. ¡Lo sé todo! ¡Hace ya tiempo que la conozco! Sé que él ha estado viniendo aquí todos los días durante el mes pasado. -Bueno ¿y qué? ¿Es culpa mía? Aquí vienen muchos de visita, pero a nadie obligo a venir . Cada cual puede hacer lo que quiera. -¡Le digo a usted que se ha descubierto una malversación de fondos ajenos! y por una mujer... como usted... mi marido ha llegado al extremo de cometer un delito. Escuche agregó la señora en tono severo, deteniéndose ante Pasha-. Es usted una mujer sin conciencia que vive sólo para hacer el mal. Ése es su fin en la vida. Pero no es posible que se haya hundido usted tanto que no le quede una pizca de humanidad. Él tiene mujer, hijos... ¡recuérdelo! Hay un medio, sin embargo, de salvarnos de la miseria y la vergüenza. Si hoy puedo juntar novecientos rublos le dejarán en paz. ¡Nada más que novecientos rublos! -¿Qué novecientos rublos? preguntó Pasha con voz débil-. Yo... no sé... Yo no he tomado... -No le pido a usted novecientos rublos... No tiene usted dinero y no es eso lo que le pido, sino otra cosa... Por lo común, los hombres hacen regalos de joyas a mujeres como usted. Devuélvame tan sólo los regalos que le ha hecho mi marido.

-¡Señora, él nunca me ha dado nada! –dijo quejosa Pasha, empezando a comprender. -¿Entonces dónde está el dinero? Él ha derrochado el suyo, el mío y el ajeno... ¿Dónde lo ha metido? ¡Escuche, se lo ruego! Hace un momento estaba agitadísima y le he dicho cosas desagradables. Discúlpeme. Sé que debe usted odiarme, pero si no ha perdido por completo la compasión ¡póngase en mi lugar! Le imploro que me dé usted las joyas. -Hmm... -dijo Pasha encogiéndose de hombros-. Lo haría con gusto, pero que Dios me castigue si miento. Su marido nunca me ha dado nada. Nunca jamás. Pero sí, tiene usted razón – corrigió la cantante, turbada de pronto-. Una vez me dio dos cositas. Espere un instante. Se las doy a usted si las quiere. Pasha abrió uno de los cajoncitos de su tocador y sacó una pulsera de oro hueco y una delgada sortija con un rubí. -¡Aquí tiene! -dijo, alargando ambas cosas a la visitante. La señora se soliviantó; un espasmo le cruzó el semblante. Se consideraba ultrajada. -¿Qué es lo que me da usted aquí? -dijo-. No pido una limosna, sino las cosas que no pertenecen a usted... las cosas que por su condición le ha sacado usted a mi marido... a ese hombre débil y desgraciado... Cuando el jueves la vi a usted con él en el muelle llevaba usted broches y pulseras de alto precio. ¡Así, pues, de nada le vale hacerse la inocente conmigo! Se lo pido por última vez: ¿me da esos regalos o no? -¡Pues sí que tiene gracia! -dijo Pasha, empezando a ofenderse-. Le juro que nunca he recibido nada de su Nikolai Petrovich salvo esa sortija y esa pulsera. Nunca me ha dado nada, sino esas cosas y unos pastelillos.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 -¡Pastelillos! -exclamó la desconocida riendo-. ¡En casa los niños no tienen que comer y él trae aquí pasteles ! ¿Conque no me entrega usted esas cosas? Sin recibir contestación, la señora se sentó, fijó los ojos en un punto y pareció cavilar sobre algo. -¿Qué hacer ahora? -murmuró-. Si no consigo reunir novecientos rublos quiere decirse que es la ruina de él... y también la mía y la de los niños. ¿Qué voy a hacer? ¿Matar a esa infame o ponerme de rodillas ante ella? La señora hundió el rostro en el pañuelo y rompió a llorar . -¡Se lo imploro! -se la oyó sollozar tras el pañuelo-. Ha sido usted quien ha arruinado y destrozado a mi marido; ¡sálvele ahora! ... Sé que no le tiene usted lástima, pero los niños... los niños... ¿Qué culpa tienen ellos? Pasha se imaginó a los pequeños llorando de hambre en una esquina y también rompió a llorar. -¿Pero qué puedo hacer yo, señora? -preguntó-. Usted dice que soy una infame y que he arruinado a Nikolai Petrovich, pero le juro ante Dios que nunca he recibido de él regalo alguno... En nuestro grupo de coristas sólo hay una, Mota, que tiene un protector rico. Todas las demás vivimos de pan y agua. Nikolai Petrovich es un hombre educado, un caballero fino, por eso le he recibido. Nosotras no podemos darnos el lujo de escoger . -¡Le pido las joyas! ¡Deme las joyas! Aquí me tiene llorando... humillándome... Vea que me pongo de rodillas ante usted. ¡Por favor! Pasha lanzó un grito de terror y se retorció los brazos. Tenía la sensación de que esta señora hermosa y pálida, que hablaba con tanta finura como los actores de teatro, podía

efectivamente caer de rodillas ante ella; y por el solo hecho de ser tan altanera y noble se exaltaría con ello y rebajaría a la corista. -¡Bien, le daré a usted las joyas! dijo Pasha nerviosamente, secándose lo ojos-. ¡Tómelas, pero no me las dio Nikolai Petrovich! Me las dieron otros visitantes. Tómelas si las quiere. Pasha tiró del cajón superior de la cómoda, sacó de él un broche de diamantes, una sarta de corales, unas sortijas, una pulsera, y se lo dio todo a la señora. - Tome estas joyas si las quiere, pero repito que el marido de usted nunca me ha hecho regalo alguno. ¡Tómelas, y buen provecho le hagan! -

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 agregó, ofendida por la amenaza de la señora de hincarse de rodillas-. Y si es usted una señora y su esposa legítima, reténgale en casa. ¡Sí, reténgale allí! ¡Como si yo le hubiera pedido que viniera aquí! ¡Él vino de su propio acuerdo! La señora miró a través de las lágrimas las joyas que Pasha le entregaba y dijo: -Esto no es todo. Todo ello apenas vale quinientos rublos. Pasha sacó violentamente de la cómoda un reloj de oro, una cigarrera y un par de gemelos y dijo alzando los brazos: -Ya no queda más... ¡Rebusque usted misma! La visitante suspiró. Con manos trémulas envolvió las joyas en el pañuelo y se fue sin decir palabra ni hacer el menor gesto de despedida. Abrióse la puerta de la habitación vecina y salió Kolpakov. Estaba pálido y sacudía la cabeza nerviosamente, como si acabara de tomar una poción amarga. En sus ojos brillaban las lágrimas. -¿Qué joyas me ha regalado usted? -dijo Pasha lanzándose sobre él-. ¡A ver, dígame cuándo! -Regalos... ¡Valiente fruslería! ¡Regalos! -exclamó Kolpakov, sacu-

diendo todavía la cabeza-. ¡Dios mío! ¡Y ella ha llorado delante de ti, se ha humillado!... - Y yo vuelvo a preguntarle: ¿cuándo me ha hecho usted algún regalo? –gritó Pasha. -¡Dios mío! ¡Y ella una mujer decente, orgullosa, pura... dispuesta a caer de rodillas ante esta... ramera! ¡Y yo lo he permitido! Se cogió la cabeza entre las manos y gimió: -¡No, no me lo perdonaré nunca! ¡Apártate de mí, zorra! -gritó, separándose de Pasha con asco y estirando los brazos trémulos para mantenerla a distancia-. ¡Ella, dispuesta a caer de rodillas! ¿Y ante quién? ¡Ante ti! ¡Dios santo! Se vistió a toda prisa y, apartando a Pasha con repugnancia, se dirigió a la puerta y salió. Pasha se dejó caer en el sofá llorando amargamente. Ya se arrepentía de haber entregado sus cosas tan impulsivamente y, por añadidura, se sentía ultrajada. Recordaba que tres años antes un hombre de negocios le había dado una paliza sin motivo alguno, sí, sin motivo alguno. Y ese recuerdo la hizo llorar con mayor amargura aún.

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LAS ISLAS VOLADORAS ANTON CHEJOV

CAPÍTULO PRIMERO La Conferencia -¡He terminado, caballeros! -dijo Mr. John Lund, joven miembro de la Real Sociedad Geográfica, mientras se desplomaba exhausto sobre un sillón. La sala de asambleas resonó con grandes aplausos y gritos de ¡bravo! Uno tras otro, los caballeros asistentes se dirigieron hacia John Lund y le estrecharon la mano. Como prueba de su asombro, diecisiete caballeros rompieron diecisiete sillas y torcieron ocho cuellos, pertenecientes a otros

ocho caballeros, uno de los cuales era el capitán de La Catástrofe, un yate de 100.000 toneladas. -¡Caballeros! -dijo Mr. Lund, profundamente emocionado-. Considero mi más sagrada obligación el darles a ustedes las gracias por la asombrosa paciencia con la que han escuchado mi conferencia de una duración de 40 horas, 32 minutos y 14 segundos... ¡Tom Grouse! -exclamó, volviéndose hacia su viejo criado-.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Despiértame dentro de cinco minutos. Dormiré, mientras los caballeros me disculpan por la descortesía de hacerlo. -¡Sí, señor! -dijo el viejo Tom Grouse. John Lund echó hacia atrás la cabeza, y estuvo dormido en un segundo. John Lund era escocés de nacimiento. No había tenido una educación formal ni estudiado para obtener ningún grado, pero lo sabía todo. La suya era una de esas naturalezas maravillosas en las que el intelecto natural lleva a un innato conocimiento de todo lo que es bueno y

bello. El entusiasmo con el que había sido recibido su parlamento estaba totalmente justificado. En el curso de cuarenta horas había presentado un vasto proyecto a la consideración de los honorables caballeros, cuya realización llevaría a la consecución de gran fama para Inglaterra y probaría hasta qué alturas puede llegar en ocasiones la mente humana. «La perforación de la Luna, de uno a otro lado, mediante una colosal barrena.» ¡Éste era el tema de la brillantemente pronunciada conferencia de Mr. Lund!

CAPÍTULO II El Misterioso Extraño Sir Lund no durmió siquiera durante tres minutos. Una pesada mano descendió sobre su hombro y tuvo que despertarse. Ante él se alzaba un caballero de un metro, ocho decímetros, dos centímetros y siete milímetros de altura, flexible como un sauce y delgado como una serpiente disecada. Era completamente calvo. Enteramente vestido de negro, llevaba cuatro pares de anteojos sobre la nariz, un termómetro en el pecho y otro en la espalda. -¡Seguidme! -exclamó el calvo caballero con tono sepulcral. -¿Dónde? -¡Seguidme, John Lund! -¿Y qué pasará si no lo hago? -¡Entonces me veré obligado a perforar a través de la Luna antes de que lo hagáis vos! -En ese caso, caballero, estoy a vuestro servicio.

-Vuestro criado caminará detrás de nosotros. Mr. Lund, el caballero calvo y Tom Grouse abandonaron la sala de asambleas, saliendo a las bien iluminadas calles de Londres. Caminaron durante largo tiempo. -Señor -dijo Grouse a Mr. Lund-, si nuestro camino es tan largo como este caballero, de acuerdo con la ley de la fricción, ¡gastaremos nuestras suelas! Los caballeros meditaron un momento. Diez minutos después, tras decidir que el comentario de Grouse tenía mucha gracia, rieron ruidosamente. -¿Con quién tengo el honor de compartir mis risas, caballero? –preguntó Lund a su calvo acompañante. -Tenéis el honor de caminar, hablar y reír con un miembro de todas las sociedades geográficas, arqueológicas y etnográficas del mundo, con alguien que posee un

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 grado magna cum laude en cada ciencia que ha existido y que existe en la actualidad, es miembro del Club de las Artes de Moscú, fideicomisario honorífico de la Escuela de Obstetricia Bovina de Southampton, suscriptor del The Illustrated Imp, profesor de magia amarillo-verdosa y gastronomía elemental en la futura Universidad de Nueva Zelanda, director del Observatorio sin Nombre, William Bolvanius. Os estoy llevando, caballero, a... (John Lund y Tom Grouse cayeron de rodillas ante el gran hombre, del que tanto habían oído, e inclinaron sus cabezas en señal de respeto.) -...os estoy llevando, caballero, a mi observatorio, a treinta y dos kilómetros de aquí. ¡Caballero! El silencio es una bella cualidad en un hombre. Necesito un compañero en mi empresa, la significación de la cual seréis capaz de comprender con tan sólo los dos hemisferios de vuestro cerebro. Mi elección ha recaído en vos. Tras vuestra conferencia de cuarenta horas, es muy improbable que deseéis entablar conversación conmigo, y yo, caballero, no amo a nada tanto como a mi telescopio y a un silencio prolongado. La lengua de vuestro servidor, empero, será detenida a una orden vuestra. ¡Caballero, viva la pausa! Os estoy llevando... Supongo que no tendréis nada en contra, ¿no es así? -¡En absoluto, caballero! Tan sólo lamento que no seamos corredores y, por otra parte, el que estos zapatos que estamos usando valgan tanto dinero. -Os compraré zapatos nuevos. -Gracias, caballero.

Aquellos de mis lectores que estén sobre ascuas por el deseo de tener un mejor conocimiento del carácter de Mr. William Bolvanius pueden leer su asombrosa obra: «¿Existió la Luna antes del Diluvio?; y, si así fue, ¿por qué no se ahogó?» A esta obra se le acostumbra a unir un opúsculo, posteriormente prohibido, publicado un año antes de su muerte y titulado: «Cómo convertir el Universo en polvo y salir con vida al mismo tiempo.» Estas dos obras reflejan la personalidad de este hombre, notable entre los notables, mejor que pudiera hacerlo cualquier otra cosa. Incidentalmente, estas dos obras describen también cómo pasó dos años en los pantanos de Australia, subsistiendo enteramente a base de cangrejos, limo y huevos de cocodrilo, y sin hacer durante todo este tiempo ni un solo fuego. Mientras estaba en los pantanos, inventó un microscopio igual en todo a uno ordinario, y descubrió la espina dorsal en los peces de la especie «Riba». Al volver de su largo viaje, se estableció a unos kilómetros de Londres y se dedicó enteramente a la astronomía. Siendo como era un auténtico misógino (se casó tres veces y tuvo, como consecuencia, tres espléndidos y bien desarrollados pares de cuernos), y no sintiendo deseos ocasionales de aparecer en público, llevaba la vida de un esteta. Con su sutil y diplomática mente, consiguió que su observatorio y su trabajo astronómico tan sólo fuesen conocidos por él mismo. Para pesar y desgracia de todos los verdaderos ingleses, debemos hacer saber que este gran hombre ya no vive en nuestros días; murió hace algunos años, oscuramente, devorado por tres cocodrilos mientras nadaba en el Nilo.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 CAPÍTULO III Los Puntos Misteriosos El observatorio al que llevó a Lund y al viejo Tom Grouse... (sigue aquí una larga y tremendamente aburrida descripción del observatorio, que el traductor del francés al ruso ha creído mejor no traducir para ganar tiempo y espacio). Allí se alzaba el telescopio perfeccionado por Bolvanius. Mr. Lund se dirigió hacia el instrumento y comenzó a observar la Luna. -¿Qué es lo que veis, caballero? -La Luna, caballero. -Pero, ¿qué es lo que veis cerca de la Luna, caballero? -Tan sólo tengo el honor de ver la Luna, caballero.

-Pero, ¿no veis unos puntos pálidos moviéndose cerca de la Luna, caballero? -¡Pardiez, caballero! ¡Veo los puntos! ¡Sería un asno si no los viera! ¿De qué clase de puntos se trata? -Esos puntos tan sólo son visibles a través de mi telescopio. ¡Pero ya basta! ¡Dejad de mirar a través del aparato! Mr. Lund y Tom Grouse, yo deseo saber, tengo que saber, qué son esos puntos. ¡Estaré allí pronto! ¡Voy a hacer un viaje para verlos! Y ustedes vendrán conmigo. -¡Hurra! -gritaron a un tiempo John Lund y Tom Grouse-. ¡Vivan los puntos!

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 CAPÍTULO IV Catástrofe en el Firmamento Media hora más tarde, Mr. William Bolvanius, John Lund y Tom Grouse estaban volando hacia los misteriosos puntos en el interior de un cubo que era elevado por dieciocho globos. Estaba sellado herméticamente y provisto de aire comprimido y de aparatos para la fabricación de oxígeno1. El inicio de este estupendo vuelo sin precedentes tuvo lugar en la noche del 13 de marzo de 1870. El viento provenía del sudoeste. La aguja de la brújula señalaba oeste-noroeste. (Sigue una descripción, extremadamente aburrida, del cubo y de los dieciocho globos.) Un profundo silencio reinaba dentro del cubo. Los caballeros se arrebujaban en sus capas y fumaban cigarros. Tom Grouse, tendido en el suelo, dormía como si estuviera en su propia casa. El termómetro2 registraba bajo cero. En el curso de las primeras veinte horas, no se cruzó entre ellos ni una sola palabra ni ocurrió nada de particular. Los globos habían penetrado en la región de las nubes. Algunos rayos comenzaron a perseguirles, pero no consiguieron darles alcance, como era natural esperar tratándose de ingleses. Al tercer día John Lund cayó enfermo de difteria y Tom Grouse tuvo un grave ataque en el bazo. El cubo colisionó con un aerolito y recibió un golpe terrible. El termómetro marcaba -76°.

-¿Cómo os sentís, caballero? – preguntó Bolvanius a Mr. Lund al quinto día, rompiendo finalmente el silencio. -Gracias, caballero -replicó Lund, emocionado-; vuestro interés me conmueve. Estoy en la agonía. Pero, ¿dónde está mi fiel Tom? -Está sentado en un rincón, mascando tabaco y tratando de poner la misma cara que un hombre que se hubiera casado con diez mujeres al mismo tiempo. -¡Ja, ja, ja, Mr. Bolvanius! -Gracias, caballero. Mr. Bolvanius no tuvo tiempo de estrechar su mano con la del joven Lund antes de que algo terrible ocurriese. Se oyó un terrorífico golpe.

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Gas inventado por los químicos. Dicen que es imposible vivir sin él. Tonterías. Lo único sin lo cual no se puede vivir es el dinero. 2 Este instrumento existe en la realidad. (Notas del traductor del francés al ruso.)

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Algo explotó, se escucharon un millar de disparos de cañón, y un profundo y furioso silbido llenó el aire. El cubo de cobre, habiendo alcanzado la atmósfera rarificada y siendo incapaz de soportar la presión interna, había estallado, y sus fragmentos habían sido despedidos hacia el espacio sin fin. ¡Éste era un terrible momento, único en la historia del Universo! Mr. Bolvanius agarró a Tom Grouse por las piernas, este último agarró a Mr. Lund por las suyas, y los tres fueron llevados como rayos hacia un misterioso abismo. Los globos se soltaron. Al no estar ya contrapesados, comenzaron a girar sobre sí mismos, explotando luego con gran ruido. -¿Dónde estamos, caballero? -En el éter.

-Hummm. Si estamos en el éter, ¿qué es lo que respiramos? -¿Dónde está vuestra fuerza de voluntad, Mr. Lund? -¡Caballeros! -gritó Tom Grouse-. ¡Tengo el honor de informarles de que, por alguna razón, estamos volando hacia abajo y no hacia arriba! -¡Bendita sea mi alma, es cierto! Esto significa que ya no nos encontramos en la esfera de influencia de la gravedad. Nuestro camino nos lleva hacia la meta que nos habíamos propuesto. ¡Hurra! Mr. Lund, ¿qué tal os encontráis? -Bien, gracias, caballero. ¡Puedo ver la Tierra encima, caballero! -Eso no es la Tierra. Es uno de nuestros puntos. ¡Vamos a chocar con él en este mismo momento! ¡¡¡BOOOM!!!

CAPÍTULO V La Isla de Johann Goth Tom Grouse fue el primero en recuperar el conocimiento. Se restregó los ojos y comenzó a examinar el territorio en el que Bolvanius, Lund y él yacían. Se despojó de uno de sus calcetines y comenzó a dar friegas con él a los dos caballeros. Éstos recobraron de inmediato el conocimiento. -¿Dónde estamos? —preguntó Lund. -¡En una de las islas que forman el archipiélago de las Islas Voladoras! ¡Hurra! -¡Hurra! ¡Mirad allí, caballero! ¡Hemos superado a Colón! Otras varias islas volaban por encima de la que les albergaba (sigue la descripción de un cuadro comprensible tan sólo para un inglés). Comenzaron a

explorar la isla. Tenía... de largo y... de ancho (números, números, ¡una epidemia de números!). Tom Grouse consiguió un éxito al hallar un árbol cuya savia tenía exactamente el sabor del vodka ruso. Cosa extraña, los árboles eran más bajos que la hierba (?). La isla estaba desierta. Ninguna criatura viva había puesto el pie en ella. -Ved, caballero, ¿qué es esto? – preguntó Mr. Lund a Bolvanius, recogiendo un manojo de papeles. -Extraño... sorprendente... maravilloso... -murmuró Bolvanius. Los papeles resultaron ser las notas tomadas por un hombre llamado Johann Goth, escritos en algún lenguaje bárbaro, creo que ruso.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 -¡Maldición! -exclamó Mr. Bolvanius—. ¡Alguien ha estado aquí antes que nosotros! ¿Quién pudo haber sido? ¡Maldición! ¡Oh, rayos del cielo, machacad mi potente cerebro! ¡Dejad que le eche las manos encima, tan sólo

dejad que se las eche! ¡Me lo tragaré de un bocado! El caballero Bolvanius, alzando los brazos, rió salvajemente. Una extraña luz brillaba en sus ojos. Se había vuelto loco.

CAPÍTULO VI El Regreso —¡Hurra! —gritaron los habitantes de El Havre, abarrotando cada centímetro del muelle. El aire vibraba con gritos jubilosos, campanas y música. La masa oscura que los había estado amenazando durante todo el día con una posible muerte estaba descendiendo sobre el puerto y no sobre la ciudad. Los barcos se hacían rápidamente a mar abierto. La masa negra que había ocultado el sol durante tantos días chapuzó pesadamente (pesamment), entre los gritos exultantes de la multitud y el tronar de la música, en las aguas del puerto, salpicando la totalidad de los muelles. Inmediatamente se hundió. Un minuto después había desaparecido toda traza

de ella, exceptuando las olas que cruzaban la superficie en todas direcciones. Tres hombres flotaban en medio de las aguas: el enloquecido Bolvanius, John Lund y Tom Grouse. Fueron subidos rápidamente a bordo de unas barquichuelas. —¡No hemos comido en cincuenta y siete días! —murmuró Mr. Lund, delgado como un artista hambriento. Y relató lo sucedido. La isla de Johann Goth ya no existía. El peso de los tres bravos hombres la había hecho repentinamente más pesada. Dejó la zona neutral de gravitación, fue atraída hacia la Tierra, y se hundió en el puerto de El Havre.

CONCLUSIÓN John Lund está ahora trabajando en el problema de perforar la Luna de lado a lado. Se acerca el momento en que la Luna se verá embellecida con un hermoso agujero. El agujero será propiedad de los ingleses. Tom Grouse vive ahora en Irlanda y se dedica a la agricultura. Cría

gallinas y da palizas a su única hija, a la que está educando al estilo espartano. Los problemas científicos todavía le preocupan: está furioso consigo mismo por no haber pensado en recoger ninguna semilla del árbol de la Isla Voladora cuya savia tenía el mismo, el mismísimo sabor que el vodka ruso.

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ENEMIGOS ANTON CHEJOV Sobre las diez de una oscura noche de septiembre murió de difteria el niño de seis años Andrei, hijo único del médico del Zemstvo Dr. Kirilov. Cuando la esposa del médico, en el primer acceso de desesperación, cayó de rodillas ante la cama del niño muerto se oyó un agudo campanillazo en el vestíbulo. A causa de la difteria, toda la servidumbre había sido desalojada de la casa esa mañana. Kirilov, tal como estaba, en mangas de camisa y con el chaleco desabrochado, sin enjugarse la cara húmeda ni las manos escaldadas por el ácido fénico, salió a abrir la puerta. El vestíbulo estaba a oscuras, y en la persona que entró sólo podían vislumbrarse la mediana estatura, la bufanda blanca y el rostro ancho y pálido, tan pálido que se diría que con la aparición de ese rostro se había iluminado un tanto el vestíbulo... -¿Está el doctor? -se apresuró a preguntar el visitante. -Sí, estoy. ¿Qué se le ofrece? -¡Ah, es usted! ¡Cuánto me alegro! -dijo gozoso el recién llegado buscando en las tinieblas la mano del médico; por fin la halló y la estrechó fuertemente entre las suyas-. ¡Cuánto... cuánto me alegro! ¡Usted y yo nos conocemos!... Soy Abogin... tuve el gusto de que nos presentaran este verano en casa de Gnuchev. ¡Cuánto me alegro de encontrarle!... Por amor de Dios, no se niegue a venir conmigo ahora mismo...

Mi mujer ha caído terriblemente enferma... Tengo aquí mi coche... Por la voz y los ademanes del visitante se echaba de ver que estaba agitadísimo. Como alguien aterrorizado por un incendio o por un perro rabioso, apenas podía contener su respiración anhelante y hablaba deprisa, con voz trémula, y algo inequívocamente sincero, como de miedo infantil, vibraba en sus palabras. A semejanza de las víctimas del terror o el aturdimiento, se expresaba en frases breves y entrecortadas, y empleaba muchas palabras innecesarias e impropias. - Temía no encontrarle –prosiguió-. En el camino he venido sufriendo

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 lo indecible... ¡Vístase y vamos, por amor de Dios!... Mire cómo pasó la cosa. Vino a verme Papchinski, Aleksandr Semionovich, a quien usted conoce... Estuvimos charlando... luego nos sentamos a tomar el té. De pronto mi mujer lanza un grito, se lleva las manos al corazón y se desploma contra el respaldo de la silla. La llevamos a la cama y... le froté las sienes con amoníaco, le rocié el rostro con agua... y ella tendida allí como muerta... Temo que sea un aneurisma... Vamos... Su padre murió de un aneurisma también... Kirilov escuchaba en silencio como si no comprendiera el ruso. Cuando Abogin mencionó una vez más a Papchinski y al padre de su mujer y volvió a buscar la mano en las tinieblas, el médico sacudió la cabeza y dijo arrastrando con apatía cada palabra: -Perdone, pero no puedo ir... Hace cinco minutos que se me... murió mi hijo... -¿De veras? -murmuró Abogin dando un paso atrás-. ¡Dios mío, en qué hora tan aciaga vengo! ¡Día singularmente fatídico... singularmente! ¡Qué coincidencia... y como si fuera de propósito! Abogin cogió el tirador de la puerta e indeciso bajó la cabeza. Por lo visto, vacilaba sobre qué partido tomar: o marcharse o implorar al médico una vez más. -Escuche -dijo con vehemencia agarrando a Kirilov de la manga-, comprendo perfectamente su situación. Bien sabe Dios que me da vergüenza tratar de captar la atención de usted en un momento como éste, pero ¿qué remedio me queda? Juzgue por sí mismo, ¿a quién puedo acudir? Aquí no hay más médico que usted. ¡Vamos,

por lo que más quiera! No lo pido por mí... ¡No soy yo el que está enfermo! Hubo un silencio. Kirilov volvió la espalda a Abogin, se detuvo un instante y se dirigió lentamente del vestíbulo a la sala. A juzgar por su paso inseguro y maquinal, por la atención con que enderezaba la pantalla colgante de la lámpara apagada y consultaba un libro grueso que estaba en la mesa, carecía en ese momento de deseos, de propósitos, no pensaba en nada y, probablemente, había olvidado que un extraño estaba en su vestíbulo. La oscuridad y el silencio de la sala aumentaban al parecer su aturdimiento. Al pasar de la sala a su gabinete levantó el pie derecho más de lo necesario, buscó a tientas el quicio de la puerta, al par que en toda su figura se percibía cierto titubeo, como si hubiera entrado en una vivienda extraña o se hubiese embriagado por vez primera en su vida y se entregase perplejo a esa nueva sensación. A lo largo de una pared del gabinete a través de estantes llenos de libros, corría una ancha franja de luz. Junto con un olor agudo y penetrante de ácido fénico y éter esa luz salía por la puerta entreabierta que daba acceso del gabinete a la alcoba... El médico se dejó caer en un sillón delante de la mesa. Durante un instante miró con ojos soñolientos los libros bañados en luz, luego se levantó y entró en la alcoba. En la alcoba reinaba una calma mortal. Todo, hasta en los detalles más nimios, hablaba con elocuencia de la tempestad reciente, de agotamiento, y ahora todo hablaba también de descanso. La lamparilla que estaba en el taburete colmado de frascos tarros y cajitas y la lámpara grande que estaba sobre la cómoda alumbraban vivamente la habitación. En la cama,

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 junto a la ventana, yacía el niño con los ojos abiertos, y una expresión de asombro en el rostro. Estaba inmóvil, pero sus ojos abiertos parecían entenebrecerse por momentos y hundirse en el cráneo. Con las manos en el torso del niño y la cara oculta entre los pliegues de la colcha la madre estaba de rodillas ante el lecho. Al igual que el muchacho ella también estaba inmóvil, pero ¡cuánto movimiento latente se echaba de ver en el cuerpo arqueado y las manos! Se apretujaba contra el lecho con todo su ser, con brío y ansia, como si temiese alterar la postura tranquila y cómoda que al fin había encontrado para su cuerpo extenuado. Las mantas, trapos, jofainas, las salpicaduras en el suelo los pinceles y cucharas esparcidos por doquier, la botella blanca con agua de cal, el aire mismo, sofocante y pesado... todo se había extinguido y parecía sumido en sosiego. . El médico se detuvo junto a su esposa, metió las manos en los bolsillos del pantalón e, inclinando a un lado la cabeza, fijó los ojos en su hijo. Su rostro expresaba indiferencia, y sólo por las gotas que le brillaban en la barba se notaba que había llorado hacía poco. Ese terror repugnante en que pensamos cuando hablamos de la muerte estaba ausente de la alcoba. En el desmadejamiento general, en la postura de la madre, en la indiferencia del rostro del médico, había algo cautivante que llegaba al corazón: la belleza sutil y huidiza del dolor humano, que aún tardará mucho tiempo en ser comprendida y descrita y que, por lo visto, sólo la música es capaz de expresar. También se sentía la belleza en la lúgubre calma: Kirilov y su mujer callaban, no lloraban, como si a despecho de la pesadumbre de la

pérdida se percataran de todo el lirismo de su situación. Por lo mismo que ya había pasado la juventud de ambos, ahora también desaparecería para siempre con ese niño el derecho de ambos a tener hijos. El médico tenía cuarenta y cuatro años, había encanecido y parecía viejo; su esposa, ajada y enferma, tenía treinta y cinco. Andrei no era sólo hijo único, sino último. En contraste con su esposa, el médico era una de esas personas que en momentos de dolor espiritual sienten necesidad de moverse. Al cabo de diez minutos de estar con su mujer pasó, levantando demasiado el pie derecho, de la alcoba a un cuarto pequeño, la mitad del cual estaba ocupado por un diván grande y ancho. De ahí fue a la cocina. Estuvo errando en torno al fogón y la cama de la cocinera y, agachando la cabeza, salió por una puertecilla al vestíbulo. Allí vio de nuevo la bufanda blanca y el rostro pálido. -Por fin -suspiró Abogin cogiendo el tirador de la puerta-. Vamos, por favor. El médico se estremeció, le miró y recordó... -Oiga. Ya le he dicho que no puedo ir -dijo reanimándose-. ¿Cómo puede ocurrírsele tal cosa? -Doctor, no soy de piedra. Comprendo perfectamente su situación... Le compadezco -dijo Abogin con voz suplicante, llevándose la mano a la bufanda-. Pero no lo pido por mí... ¡Mi mujer se muere! ¡Si hubiera oído usted ese grito, si hubiera visto su cara, comprendería mi insistencia! ¡Dios santo! ¡Y yo que pensaba que había ido usted a vestirse! ¡Doctor, los minutos son preciosos! ¡Vamos, se lo ruego!

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 -¡No puedo ir! -dijo Kirilov tras una pausa y entró en la sala. Abogin fue tras él y le cogió de la manga. -Está usted abrumado de pena; bien lo entiendo. Pero lo que le pido no es que me cure un dolor de muelas o que declare ante un tribunal como perito, sino que salve una vida humana -siguió implorando como un mendigo-. Esa vida vale más que un dolor personal. ¡Lo que le pido es valor, es una hazaña! ¡En nombre del humanitarismo! -El humanitarismo es arma de dos filos -dijo irritado Kirilov-. En nombre de ese mismo humanitarismo le pido a usted que no me saque de aquí. ¡Dios mío! ¿A quién se le ocurriría? Apenas puedo tenerme de pie y usted me asusta con lo del humanitarismo. En este momento no sirvo para nada... No iría por nada del mundo. ¿Con quién dejaría a mi mujer? No, no... Kirilov abrió las manos en gesto de rechazo y dio un paso atrás. -¡Y... y no me lo pida! -agregó alterado-. Discúlpeme... Según las Leyes, tomo XIII, estoy obligado a ir, y usted tiene derecho a cogerme del cuello y llevarme arrastrando... Pues bien, arrástreme, pero... no sirvo para nada... Apenas si puedo hablar... Discúlpeme... -De nada sirve que me hable en ese tono, doctor -dijo Abogin volviendo a coger al médico de la manga-. ¡Al diablo con el tomo XIII! No tengo derecho alguno a forzar la voluntad de usted. Si quiere, va, y si no quiere, se queda con Dios. Pero no apelo a la voluntad de usted, sino a sus sentimientos. ¡Una mujer joven se está muriendo! Dice usted que un hijo acaba de morírsele. ¿Quién puede comprender mi terror mejor que usted?

La voz de Abogin temblaba de agitación; y el temblor y el tono eran más persuasivos que las palabras. Abogin era sincero, pero resultaba curioso que toda frase que empleaba le salía afectada, huera, inoportunamente relamida, lo que venía a ser una ofensa a la atmósfera de la casa del médico y a la mujer moribunda. Él mismo se percataba de ello y, temiendo no ser comprendido, procuraba a toda costa suavizar y enternecer su voz a fin de persuadir por el tono sincero de ella, si no por las palabras. En general, por muy bella y profunda que sea una frase, afecta sólo a los indiferentes, pero no siempre satisface a los felices o desgraciados, porque la expresión más elevada de la felicidad o la desgracia es muy a menudo el silencio. Los amantes se comprenden mejor cuando callan, y un discurso ferviente y apasionado junto a una tumba afecta sólo a los extraños. A la viuda y los hijos del finado se les antojará frío y trivial. Kirilov se detuvo y guardó silencio. Cuando Abogin dijo algo más acerca de la eximia vocación del médico y del autosacrificio, el médico preguntó con aspereza: -¿Hay que ir lejos? -Unas trece o catorce verstas. Tengo excelentes caballos, doctor. Le doy mi palabra de honor de que le llevo y le traigo en una hora. Una hora nada más. Las últimas palabras causaron en el médico mayor impresión que las referencias al humanitarismo o la vocación profesional. Reflexionó y dijo suspirando: -Bueno, vamos. Deprisa, y ya con paso seguro, fue a su gabinete y volvió poco después embutido en una levita larga. Abogin, gozoso, bailaba de impaciencia en tomo

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 suyo, le ayudó a ponerse el gabán y salió con él de la casa. Fuera de ella estaba oscuro, pero no tanto como en el vestíbulo. En la oscuridad se perfilaba ya con nitidez la figura alta y algo encorvada del médico, con su barba larga y estrecha y nariz aguileña. En Abogin, además del rostro pálido, se veía ahora la cabeza grande y la gorrita de estudiante que apenas le cubría la coronilla. La bufanda blanca se veía sólo por delante; por detrás quedaba oculta bajo la abundante cabellera. -Créame que sé apreciar la generosidad de usted -murmuró Abogin ayudando al médico a sentarse en el carruaje-. Pronto llegaremos. ¡Luka, amigo, ve lo más deprisa posible! ¡Hala! El cochero arrancó deprisa. Al principio apareció una fila de edificios feos a lo largo del patio del hospital. Todo estaba oscuro, salvo en el fondo del patio, donde, a través de la verja del jardín, se veía una luz brillante en la ventana de alguien. Y tres ventanas del piso alto del pabellón central del hospital resultaban más pálidas que el aire. Luego el carruaje se hundió en densas tinieblas donde olía a humedad de hongos y se oía el susurro de los árboles. El ruido del vehículo despertó a unas cornejas, que empezaron a agitarse entre el follaje y a lanzar chillidos inquietos y lastimeros, como si supieran que el hijo del médico había muerto y que la mujer de Abogin estaba enferma. Más tarde surgieron árboles separados, un arbusto; brilló adusto un estanque en el que dormían grandes sombras negras. El carruaje rodaba por una llanura. El chillido de las cornejas se oía ya amortiguado, muy a la vaga, y pronto se extinguió por completo.

Kirilov y Abogin guardaron silencio durante casi todo el trayecto. Sólo una vez Abogin suspiró profundamente y murmuró: -¡Qué tormento éste! Uno nunca ama tanto a sus seres queridos como cuando está en peligro de perderlos. Y cuando el carruaje cruzaba con cuidado el río, Kirilov se estremeció de pronto como asustado del chapoteo del agua y se agitó impaciente. -Escuche. Déjeme que me vaya ahora -dijo angustiado-. Vendré más tarde. Sólo quiero que un enfermero vaya a ver a mi mujer. Está sola. Abogin calló. El carruaje, bamboleándose y rechinando contra las piedras, atravesó la orilla arenosa y siguió adelante. Kirilov se rebullía afligido y miraba en torno suyo. Tras ellos se veía el camino a la escasa luz de las estrellas, y los sauces de la ribera se esfumaban en la oscuridad. A la derecha se abría la llanura, lisa e infinita como el cielo. En ella, desparramadas en la lejanía, brillaban luces tenues, probablemente en las turberas. A la izquierda, paralela al camino, se alargaba una colina erizada de pequeños arbustos, y sobre ella pendía inmóvil una media luna grande, roja, cubierta de leve bruma y rodeada de nubes vaporosas que parecían observarla de todos lados y vigilarla para que no se fuera. Toda la naturaleza trascendía a algo desesperado y morboso. Como ramera que está sola en un cuarto oscuro y procura no pensar en el pasado, la tierra, languidecía en recuerdos de la primavera y el estío y aguardaba con apatía el invierno inevitable. Dondequiera que se posaban los ojos la naturaleza semejaba una sima oscura, infinitamente honda y fría,

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de la que no podían evadirse ni Kirilov, ni Abogin, ni la media luna roja... A medida que el carruaje se acercaba a su destino, Abogin se mostraba más impaciente. Se removía en el asiento, se incorporaba y miraba adelante, por encima del hombro del cochero. Y cuando por fin el carruaje hizo alto al pie de la escalinata, protegida por un bonito toldo de lienzo a rayas, y cuando levantó los ojos a las ventanas iluminadas del primer piso se podía notar lo trémulo de su respiración. -Si pasa algo... no lo podré sobrevivir -dijo entrando con el médico

en el vestíbulo y frotándose, agitado las manos-. Pero no se oye ningún ajetreo, lo que significa que de momento todo va bien -añadió aguzando el oído en el silencio reinante. En el vestíbulo no se oían voces ni pasos. A pesar de la brillante iluminación, toda la casa parecía dormida. Ahora el médico y Abogin, hasta entonces en la oscuridad, podían observarse mutuamente. El médico era alto, encorvado, vestido con desaliño y feo de rostro. Había algo desagradablemente huraño, displicente, severo, en sus labios gruesos como los de un negro, en la nariz aguileña y en la mirada vaga e indiferente. Su cabello enmarañado, sus sienes hundidas, las canas prematuras de su barba larga y escueta, tras la cual relucía la barbilla, el color grisáceo de la piel y los ademanes desmañados y torpes... todo ello apuntaba con su aspereza a privaciones sufridas, mala suerte y hastío de la vida y de los hombres. Mirando su seca figura no se diría que este hombre tenía esposa y podía llorar a un hijo. Abogin delataba algo muy diferente. Era robusto, fuerte y rubio, de cabeza grande y facciones acentuadas aunque suaves, vestido esmeradamente a la última moda. En su porte, en su levita entallada, en su cabellera y en su rostro se echaba de ver algo noble, leonino. Andaba con la cabeza alta y el pecho abombado, hablaba con voz agradable de barítono, y en los gestos con que se quitaba la bufanda o se arreglaba el pelo se adivinaba una elegancia sutil y casi femenina. Incluso la palidez y el terror infantil con que clavaba la vista en lo alto de la escalera mientras se despojaba del abrigo no alteraban su porte ni menguaban el contento, la salud y el aplomo que se desprendían de su figura.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 -No hay nadie ni se oye nada -dijo subiendo la escalera-. No se nota ninguna conmoción. ¡Dios nos tenga en sus manos! Cruzando el vestíbulo condujo al médico a un vasto salón, en el que había un piano negro y colgaba una araña de cristal cubierta por una funda blanca. De allí pasaron a una salita linda y muy cómoda sumida en una agradable penumbra rosácea. -Tome asiento aquí, doctor -dijo Abogin-. Yo... vuelvo enseguida. Voy a ver qué pasa y a avisarles. Kirilov quedó solo. El lujo de la sala, la agradable penumbra y su propia presencia en una casa ajena y desconocida no parecían afectarle, no obstante el sabor de aventura que ello tenía. Se sentó en un sillón, mirándose las manos escaldadas por el ácido fénico. Sólo de soslayo vio la pantalla roja de la lámpara, la caja del violonchelo, y cuando dirigió la vista hacia donde sonaba el tic-tac del reloj vio un lobo disecado, tan orondo y satisfecho como el mismo Abogin. Todo estaba en calma... Allá lejos, en otras habitaciones, alguien prorrumpió en un “¡ah!” destemplado, sonó una puerta de cristal, probablemente la de un aparador, y una vez más todo quedó en calma. Al cabo de cinco minutos Kirilov dejó de mirarse las manos y levantó los ojos a la puerta por donde había desaparecido Abogin. En el umbral de la puerta estaba Abogin, pero no era el mismo hombre que por ella había salido. Se había disipado el aire de contento y de elegancia sutil. Tenía la cara, las manos, la postura, contraídas en una expresión repugnante, que podría ser de horror o de torturante dolor físico. La nariz, los labios, el bigote, todas las facciones se

agitaban como si trataran de desprenderse del rostro. En cambio, los ojos parecían reír de dolor... Abogin avanzó lenta y pesadamente hasta el centro de la sala, se inclinó, lanzó un sollozo y sacudió los puños. -¡Me ha engañado! -gritó, acentuando con fuerza la sílaba ña-. ¡Me ha engañado! ¡Se ha fugado! Se puso enferma y me mandó a buscar al médico sólo para escaparse con ese bufón de Papchinski! ¡Dios mío! Abogin se acercó al médico, alargó hacia el rostro de éste los puños blancos y delicados, y sacudiéndolos continuó lamentándose: -¡Se ha fugado! ¡Me ha engañado! ¿Pero a qué viene esta mentira? ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué esta burla obscena e infame? ¡Este truco diabólico y viperino! ¿Qué le he hecho yo? ¡Se ha fugado! Se le saltaron las lágrimas. Giró sobre un talón y empezó a deambular por la sala. Ahora, con su levita corta, sus elegantes pantalones estrechos que hacían que las piernas pareciesen demasiado delgadas para el cuerpo, con su cabeza grande y su melena, se asemejaba extraordinariamente a un león. La curiosidad animó el semblante del médico. Se levantó y se encaró con Abogin. -Bien. ¿Dónde está la enferma?preguntó. -¡La enferma! ¡La enferma! exclamó Abogin llorando, riendo, y sacudiendo sin cesar los puños-. ¡No está enferma, sino maldita! ¡Qué vileza! ¡Ni Satanás hubiera inventado una treta más ruin! ¡Me mandó a buscar a usted para fugarse, para fugarse con un bufón, con un payaso estúpido, con un Alphonse! ¡Dios mío! ¡Mejor sería que

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 hubiera muerto! ¡No lo podré sobrellevar! ¡No podré! El médico irguió el cuerpo. Comenzó a pestañear, los ojos se le colmaron de lágrimas y la barba enteca comenzó a oscilar a compás de la mandíbula. -¿Qué significa esto? -preguntó mirando con curiosidad a su alrededor. Mi hijo ha muerto, mi mujer, presa de congoja, está sola en la casa..., yo apenas puedo tenerme de pie, no he dormido en tres noches... ¿y ahora qué? Se me obliga a participar en una comedia chabacana, a hacer un papel de guardarropía. ¡No... no lo comprendo! Abogin abrió un puño, arrojó al suelo un papel arrugado y lo pisoteó como a un insecto al que se quiere aplastar. -Y yo que no vi nada... ¡que no comprendí! -dijo entre sus dientes apretados mientras con el puño trazaba un círculo en torno a su cara, con el gesto de alguien a quien le han pisado un callo-. No me hice cargo de que venía todos los días. No noté que hoy había venido en coche. ¿Coche para qué? ¡Y no lo vi! ¡Valiente inocentón! -¡No... no lo comprendo! murmuró el médico-. ¿Pero qué significa esto? ¡Esto es mofarse de un hombre, reírse del sufrimiento humano! ¡Esto es imposible!... ¡Es la primera vez en mi vida que veo tal cosa! Con el asombro estólido de quien acaba de comprender que ha sido objeto de un duro agravio, el médico se encogió de hombros, abrió los brazos y, sin saber qué decir o hacer, se dejó caer exhausto en un sillón. -Bien, dejó de quererme. Quería a otro. Santo y bueno. ¿Pero a qué ese engaño? ¿A qué esa pérfida jugarreta? prosiguió Abogin con lágrimas en la

voz-. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué te he hecho yo? Escuche, doctor -dijo febrilmente acercándose a Kirilov-. Usted ha sido testigo involuntario de mi desgracia y no voy a ocultarle la verdad. ¡Le juro que he amado a esta mujer, que la he amado con delirio, como un esclavo! Lo he sacrificado todo por ella. Me disgusté con mi familia, abandoné mi empleo, mi música, le perdoné cosas que no habría perdonado a mi madre o mi hermana... Ni una sola vez la miré con enojo... Nunca le di motivo alguno. Entonces ¿por qué esta mentira? Yo no exijo amor, pero ¿por qué esta traición infame? Si ya no me quieres, dímelo sin rodeos, honradamente, tanto más cuanto que conoces mis ideas sobre el particular... Con lágrimas en los ojos, temblando de pies a cabeza, Abogin vertía ante el médico cuanto llevaba en el alma. Hablaba con ardor, apretándose el corazón con las manos, sacando a relucir sin el menor empacho sus secretos de familia, y hasta parecía contento de arrancarse por fin tales secretos del pecho. Si hubiera hablado de esa guisa una o dos horas, si hubiera vaciado su alma, sin duda habría sentido alivio. ¡Quién sabe! Quizá si el médico le hubiera escuchado y hubiera mostrado amistosa simpatía se habría reconciliado con su dolor, sin protesta y sin hacer tonterías innecesarias... Pero las cosas pasaron de otro modo. Mientras Abogin hablaba cambió la actitud del agraviado médico. La indiferencia y asombro de su rostro se trocaron gradualmente en una expresión de amarga afrenta, de indignación y furia. Sus facciones se endurecieron aún más, tomaron un cariz más acerbo y desagradable. Cuando Abogin le puso ante los ojos la

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 fotografía de una mujer joven, de cara bonita pero seca e inexpresiva como la de una monja, y le preguntó si mirando esa cara cabía suponer que era capaz de mentir, el médico dio un respingo y dijo con ojos relampagueantes y recalcando groseramente cada palabra: -¿Por qué me cuenta usted todo eso? ¡No quiero oírlo! ¡No quiero! -gritó dando un puñetazo en la mesa-. No quiero oír sus secretos triviales… ¡Váyase al infierno con ellos! ¡No se atreva a contarme esas nimiedades! ¿O cree usted que aún no se me ha insultado lo bastante? ¿Que soy un lacayo a quien se puede insultar cuanto se quiera? ¿Eh? Abogin se apartó de Kirilov y le miró sorprendido. -¿A qué me ha traído aquí? prosiguió el médico, temblándole la barba-. Se casa usted por capricho, porque se le pone en la montera, y hace un melodrama, pero ¿qué tengo yo que ver con eso? ¡Déjeme en paz! Siga acaparando cosas como aristócrata que es, haga alarde de ideas humanitarias, toque (y el médico miró de reojo la caja del violonchelo) el contrabajo y el trombón, engorde como un capón, pero no se atreva a mofarse de un hombre hecho y derecho. ¡Si no sabe usted respetarlo, al menos ahórrele sus atenciones! -Perdón, ¿qué quiere decir con eso? -preguntó Abogin ruborizándose. -¡Quiero decir que es una vileza, una ruindad, jugar así con la gente! Soy médico, y usted considera como lacayos, como gente de mauvais ton, a los médicos y a todos los que trabajan, a todos los que no huelen a perfume y prostitución. Muy bien. ¡Pero nadie le da a usted el derecho de hacer de un hombre que sufre un objeto de guardarropía!

-¿Cómo se atreve a hablarme así? -preguntó Abogin con voz contenida. Una vez más se le crispaba el rostro, pero ahora claramente de ira. -¿Y cómo se atreve usted a traerme aquí a escuchar fruslerías sabiendo lo que sufro? -gritó el médico dando un nuevo puñetazo en la mesa-. ¿Quién le ha dado derecho a burlarse así del sufrimiento ajeno? -¡Usted está loco! -exclamó Abogin-. Eso es falta de generosidad. Yo también soy profundamente desgraciado y... y... -¿Desgraciado? El médico se sonrió con sarcasmo-. No use esa palabra, que nada tiene que ver con usted. Los manirrotos que no hallan dinero para pagar una letra también se llaman a sí mismos desgraciados. ¡Vaya gentuza! -¡Señor mío, usted olvida con quién habla! -chilló Abogin-. ¡Por palabras como ésas se apalea a la gente! ¿Me entiende? Abogin metió rápidamente la mano en el bolsillo, sacó una cartera, tomó de ella dos billetes y los tiró sobre la mesa. -Ahí tiene el precio de su visita dijo, y le temblaban las ventanas de la nariz-. Está usted pagado. -¡No se atreva a ofrecerme dinero! -gritó el médico barriendo de la mesa los billetes, que cayeron al suelo-. ¡Los insultos no se pagan con dinero! Abogin y el médico estaban cara a cara y en su furia siguieron insultándose injustamente. Nunca, ni en accesos de frenesí, habían usado antes palabras tan inicuas, crueles y absurdas. En ambos surgía con violencia el egoísmo del desgraciado. Los desgraciados son egoístas, malévolos, injustos, crueles, y menos capaces de comprenderse mutuamente

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 que los imbéciles. La desgracia no une a las gentes, sino que las separa; y donde parecería natural que el dolor común debiera fundirlas hay mucha más injusticia y crueldad entre ellas que entre las relativamente contentas. -Mande que me lleven a mi casa gritó jadeante el médico. Abogin tocó violentamente la campanilla. Cuando nadie acudió a su llamada volvió a tocarla y la tiró furioso al suelo. La campanilla cayó sobre la alfombra con un sonido sordo que era como el quejido plañidero de un moribundo. Apareció un criado. -¿Dónde te escondes, maldito seas? -dijo el amo lanzándose sobre él con los puños cerrados. ¿Dónde estabas en este momento? Ve y di que traigan la calesa para este caballero y que a mí me preparen el coche. ¡Espera! -exclamó cuando el criado se volvía para irse-. ¡Mañana no va a quedar un traidor en esta casa! ¡Os echo a todos! Tomaré gente nueva. ¡Granujas! Mientras esperaban los vehículos Abogin y el médico guardaron silencio. Aquél recobraba ya su aire de contento y de elegancia sutil. Iba y venía por la sala, sacudiendo con esmero la cabeza y, por lo visto, discurriendo algún proyecto. Aún no se había calmado su ira, pero trataba de aparentar que no reparaba en su enemigo... El médico estaba de pie, asido de una mano al borde de la mesa, mirando a Abogin con el desprecio profundo un tanto cínico y desagradable con que sólo el dolor y la fortuna adversa miran cuando tienen delante la satisfacción y la elegancia. Cuando poco después el médico tomó asiento en la calesa y partió, sus ojos seguían mirando con desprecio. La noche estaba oscura, mucho más oscura que una hora antes. La media luna roja

había desaparecido ya tras la colina y las nubes que la vigilaban parecían manchas negras en tomo a las estrellas. Un carruaje con faroles rojos chirrió en el camino y dejó atrás la calesa del médico. Era Abogin que iba a protestar y hacer alguna tontería más… Durante todo el trayecto el médico no fue pensando en su esposa, ni en Andrei, sino en Abogin y en los que vivían en la casa de que acababa de salir. Sus pensamientos eran injustos, de una crueldad inhumana. Condenaba a Abogin, a la mujer de éste, a Papchinski, y a todos los que viven en una penumbra rosácea y huelen a perfume. Durante todo el trayecto estuvo odiándolos; el corazón llegó a dolerle del desprecio que por ellos sentía. Y en su mente arraigó una firme convicción con respecto a tales gentes. Pasará el tiempo, pasará el sufrimiento de Kirilov, pero esa convicción, injusta e indigna del corazón humano, no pasará. Perdurará en la mente del médico hasta la tumba misma.

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imagen & palabra por Santiago Navajas Gómez de Aranda

“Una relación de ida y vuelta”

Es difícil encontrar a alguien en nuestros días que haya leído más libros que películas visto. El cine es el arte popular por antonomasia en cualquier edad, clase social o nivel intelectual. Incluso la televisión sigue contando con el cine para llenar su programación o conseguir las cuotas de espectadores más amplias. No hay manera de escapar de él como medio de expresión,

como forma de diversión, o de desarrollo artístico. El cine, nacido y consolidado en el siglo XX, parece ser, igualmente, la forma artística más determinante en el siglo XXI, aguantando el desafío que los videojuegos le hacen. Gran parte del poder del cine es su capacidad fagocitadora. Por ejemplo, los citados videojuegos y sus ritmos característicos ya han encontrado su correspondencia cinematográfica en películas como "Final Fantasy" (2001) o "Resident Evil" (2002), no sólo en cuanto a su trama y circunstancias sino también en sus modos visuales y sus desarrollos dramáticos. Más se le ha resistido el cómic, sobre todo porque ha habido que esperar al perfeccionamiento de las técnicas de efectos especiales, que por otra parte forman parte de la esencia más íntima del cine, para la adaptación de sus ejemplos más notorios, como ha mostrado el reciente éxito de "Spiderman" (2002). Pero esa capacidad fagocitadora comenzó mucho antes, y fue la literatura la primera “víctima” de la actividad simbiótica del cine. La relación entre cine y literatura es una relación de ida y vuelta. A veces conflictiva, al menos discutible. La

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Academia de Cine de Hollywood concede cada año dos Oscar al mejor guión, en las categorías de Guión Original y Guión Adaptado. La adaptación de una novela o una obra de teatro, pocas veces un poema, al cine ha sido un asunto tan problemático, al menos como el de la traducción literaria entre dos idiomas. Existen preguntas típicas al respecto como… ¿qué es más fácil hacer, una gran película de una mala obra literaria o de una obra con entidad artística? A pesar de todo, las obras maestras cinematográficas que se han basado en grandes obras de la literatura son legión. Relacionado con este tema, fue sintomático el enfado y la protesta de Javier Marías ante la supuesta adaptación que Gracia Querejeta hizo de su novela “Todas las almas” y que Querejeta tituló “El último viaje de Robert Ryland” (1996), lo que provocó una agria polémica entre ellos

en los medios de comunicación. Recientemente la Audiencia dio la razón al escritor en su demanda contra la productora de Querejeta. En sus fundamentos, la Audiencia sostiene que la película no era "la adaptación cinematográfica que respeta el espíritu de la obra", como estaba estipulado según contrato. Marías conseguirá de la productora seis millones de pesetas por los daños morales, le revertirán los derechos sobre la adaptación cinematográfica de la novela y la productora tendrá que suprimir en los títulos de crédito toda referencia al autor y al título de la novela. La clave de este asunto en particular, que resulta iluminador para lo que nos importa, la relación entre el cine y la literatura, consiste en la consideración del inasible concepto de "espíritu de la obra". Precisamente por inasible quizás sea mejor que nos olvidemos de él, con todo el respeto hacia Su Señoría, y abordemos el navío desde otra perspectiva. Pero antes de teorizar sobre el asunto quizás sea esclarecedor analizar un par de casos paradigmáticos. Chandler y Faulkner se encuentran en Hawks La novela negra, en la década de los 30, era un género popular, se solía publicar en revistas de papel barato y era destinada al gran público. Los tres novelistas más grandes de la serie negra eran Hammett, con su detective Sam Spade, Cain y Chandler. Éste último era un hombre problemático, de difícil carácter y personalidad conflictiva. Participó en la escritura de un par de guiones, “Strangers on a Train” (Extraños en un tren, 1950) con Alfred Hitchcock, con el que no hubo una

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 relación fluida, y en “Double Indemnity” (Perdición, 1951) en el que las tiranteces con Billy Wilder tampoco permitieron una colaboración fructífera. En ambos casos el resultado final, cada una de las películas, fue magistral, aunque la colaboración de Chandler, algo que siempre es difícil de determinar dado el sistema colectivo de elaboración de películas hollywoodense, parece de menor entidad. Lo que nos interesa es su libro “The Big Sleep” (El sueño eterno, 1946), una de sus obras fundamentales en la que la elaboración estructural es tan rica y compleja como el dominio lingüístico mostrado por Chandler. La novela fue un gran éxito de crítica y

público y el detective Philip Marlowe se equiparó al Spade de Hammett en el imaginario colectivo de los caballeros románticos, héroes morales, perdedores con sentido, reencarnaciones de don Quijote que no han encontrado relevo

hasta nuestros días. El cine, más concretamente la máquina de dinero y arte que era Hollywood, no podía permanecer indiferente a este éxito y rápidamente se puso en marcha. Howard Hawks era seguramente el director más idóneo para realizar la adaptación cinematográfica. Acababa de realizar “To have and not have” (Tener y no tener, 1944) por una apuesta que había cruzado con Hemingway. La apuesta consistía en que Hawks haría una gran película basada en la peor novela de Hemingway. Y la hizo, pero esa es otra historia… La primera dificultad en la adaptación de “The Big Sleep” no fue literaria ni cinematográfica, sino política y moral. El Código Hays imponía una censura moral contra la que tenía que estrellarse necesariamente una novela con la ejemplificación del vicio, la degradación y el nihilismo descrita en la obra de Chandler. Pero este era precisamente el reto que necesitaba la personalidad liberal y a contracorriente de Hawks. Así que cuatro años después de la publicación de la novela la adaptación cinematográfica comenzó a ponerse en marcha, para lo cual Hawks contrató a otro escritor, nada menos que a William Faulkner. Una de las principales motivaciones de Hawks era que le gustaba el mundo creado por Chandler, además de su estilo literario. A su vez, a Faulkner le gustaba la manera de trabajar de Hawks, desenfadada y rigurosa, y sus películas, así que dentro del sistema de estudios, del que pronto huiría, colaborar con Hawks era un alivio. Pero no sólo estaba Faulkner sino también la guionista Leigh Brackett, por aquel entonces una perfecta desconocida que más tarde y gracias a trabajos como el mismo “The

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Big Sleep” o “Río Bravo”(1959), también dirigida por Hawks, se haría con un nombre reputado en el siempre difícil mundo de Hollywood. ¿Cómo realizar una adaptación cinematográfica de una obra literaria? Se suele hablar de la necesidad de traicionar la obra materialmente siempre que se respete su "espíritu" (aquí aparece de nuevo el inasible concepto). Pero la máxima no indica nada acerca de las instrucciones de uso para comenzar la faena adaptativa. Hawks en una reunión con sus guionistas les marcó la siguiente pauta: respetar al máximo la estructura y el texto de la novela. Y repartió la novela, por mitades, entre sus guionistas para que trabajasen de manera independiente sólo unificados por la pauta citada. De hecho tanto Faulkner como Brackett presentaron un primer boceto de guión muy cercano a la obra de Chandler. A partir de aquí y tras la lectura de Hawks, Faulkner pulió el guión unificando las dos partes. Los problemas a los que se enfrentaron los guionistas fueron considerables dado que la estructura de la novela era compleja y los diálogos eran bellos pero difíciles de adaptar a la dicción en pantalla. Además había que cambiar detalles que afectaban a la “moralidad” de la historia, rebajada para la adaptación cinematográfica, tanto por el control de censura que imponía el Código Hays, como por la propia censura del estudio cinematográfico Warner, que quería seguir manteniendo a la pareja romántica Bogart y Bacall para lo que hubo que inventar un casi final feliz. Así la película avanza siendo escrupulosamente fiel a la estructura de la novela hasta que el forzado final empieza a introducir en el último

cuarto modificaciones importantes en la trama. Esta tensión explica que incluso haya un muerto en la película sin que nadie sepa quién lo ha matado. El principio de indeterminación Vayamos al núcleo de la cuestión. ¿Dónde reside la esencia de la dificultad y la posibilidad del éxito en una adaptación de la literatura al cine? Tanto la estructura como la semántica del texto parecen estar indeterminadas. Aunque algunos gurús de la crítica o del comentario literario puedan en momentos específicos fijar una forma de lectura y un modo de comprensión, lo cierto es que la historia del significado de las obras literarias refleja trivialmente la tesis expuesta: que no existe el modelo platónico del Quijote o de Madame Bovary, sino una suma yuxtapuesta de visiones recreativas de cada una de ellas, a veces complementarias y otras contradic-

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 torias o, al menos, paralelas. En su última película presentada al Festival de Cannes, precisamente titulada “El principio de incertidumbre” (2002), el mítico cineasta Manoel de Oliveira adapta una obra literaria de Agostina Bessa-Luis, que ya inspiró otras películas suyas como “El valle de Abraham” (1993) o “Inquietud” (1998). “Me atrevería a decir que Agostina ha realizado una magnífica película y que yo he reescrito una hermosa novela”. En esta declaración de Oliveira se refleja lo que estamos pretendiendo defender, que cuando una película adapta una novela debe, ni más ni menos, recrearla del modo más fiel posible, tanto en el ámbito estructural como semántico, aunque teniendo como factor indispensable el sesgo que la época, la cultura, la idiosincrasia de cada autor pueda añadir. Sin llegar este sesgo a convertirse en una distorsión tal de la obra adaptada que la acabe suplantando. En la misma posición de Oliveira se encuentra el ex crítico cahierista Eric Rohmer que ha realizado adaptaciones como “La marquesa de O” (1976), rodada “libro en mano, sin más guión que el propio texto, con la intención de respetarlo absolutamente”. Este respeto fue posible, sigue declarando Rohmer, gracias a que el original de Kleist no contenía estilo directo sino indirecto el cual es mucho más fácil de plasmar en diálogos cinematográficos debido a la ausencia de metáforas y “trucos” de diálogo específicos del estilo directo que funcionan en la novela, y aún más en el teatro, pero no en el cine porque transmiten, generalmente, una información redundante con respecto a la ya aportada por la imagen. Rohmer lo ha comprendido perfectamente.

Cuando se hace una adaptación de una novela o una obra de teatro es necesaria una labor de poda de la información, en cuanto que los diálogos teatrales o las descripciones novelísticas exponen una serie de datos que luego en el cine vendrán dados por la imagen. De ahí la necesidad de un adaptador que conozca tanto los “trucos” de la construcción literaria como los propios de la labor cinematográfica. De igual manera que en una traducción literaria entre dos idiomas es necesario el dominio de las dos lenguas y el de las circunstancias culturales de las mismas. Esta es la manera de que los literatos no les ganen pleitos a los cineastas, o que no se realicen bodrios como los habituales en las “traducciones” cinematográficas que se suelen hacer en EE.UU. de los éxitos de taquilla de otras latitudes, como el caso

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 de “Vanilla Sky” (2001) siguiendo el “Abre los ojos” (1997) de Amenábar, debido precisamente a ese desconoci-

miento de las circunstancias culturales, el contexto vital, que rodean al lenguaje técnico original.

Por último, quisiera anunciar nuestro propósito de seguir poniendo en relación la literatura con el cine, una de las simbiosis artísticas más fértiles de nuestra época, a través del estudio de películas que se hayan basado en libros o viceversa. Esto nos ayudará a obtener un conocimiento más fecundo tanto de unas como de los otros, así como a profundizar en uno de los misterios de la creación, como es el del trasvase desde una forma de expresión a otra.

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cita con… por Belén Galindo

Hoy nuestra cita con el poeta navarro Javier Asiáin Urtasun nos acerca al mundo de la poesía y la creación poética. Alejada de los arquetipos que asocian la poesía con una literatura “blanda”, de segundas o de minorías, la obra de Javier Asiáin sorprende precisamente por lo contrario: es rotunda, de fácil comprensión y poblada de temas que están en la mente de todos, por algo ya le hemos presentado como un auténtico poeta urbano. Acompáñanos y compruébalo.

Javier Asiáin Urtasun

Poeta urbano La poesía como provocación Pregunta: “La obra poética es una provocación...”. Con esta afirmación tan tajante comienza tu último libro “Efectos personales”, ¿exactamente lo crees así?

Respuesta: Sí, yo pienso que sí. En la literatura en general, hay que provocar siempre, hay que crear estímulos nuevos, sobreañadidos... y la poesía siempre nos tiene que permitir enriquecer la visión sobre las cosas. Y para enriquecer la visión sobre las cosas hay que provocar, despertar lo nuevo.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 P: Conceptos como provocación o rebeldía aparecen como una especie de planteamiento o filosofía general de tu obra poética, ¿qué pretendes con la poesía, Javier? R: La veo como un instrumento para reivindicar cosas. Hay que ser reivindicativo, con tacto, con gusto y que la poesía nos sirva un poco para eso. Como todo arte, la poesía es la respuesta a una inquietud en desarrollo y en todos los poetas, en toda la literatura en general, se ven esas inquietudes que salen de dentro, que nacen de dentro, esas ganas de expresar lo íntimo, lo necesario. Con frecuencia nos olvidamos de muchas pequeñas cosas que pasan a nuestro alrededor cotidianamente, y yo también utilizo la poesía para despertar esos momentos excepcionales que guardan lo aparente, como también pongo en esas notas de autor en mi libro... Que la poesía sirva también para despertar eso, para dar vida a esa excepcionalidad que guarda lo aparente, esos pequeños momentos cotidianos que pasan tan inadvertidos diariamente. P: La poesía como caudal de expresión de lo grandioso dentro de la vida. Esto a veces no cuadra con la idea que tenemos de la poesía como algo blando, incluso excesivamente dulzón y que a algunos lectores echa para atrás ¿no estás de acuerdo? R: Sí, nos abstraemos demasiado con la poesía. Hay mucho prejuicio en muchas cosas. En la poesía, y en la literatura y en todo arte en general, hay mucho prejuicio. Y también sobre los poetas y los escritores, pero no tiene que ser así... La poesía tiene que estar abierta a casi todo y tiene que servir para casi todo. Tenemos que adentrarnos un poco, sin prejuicios y bajar un poco los telones que tantos añadidos nos crean y acercarnos a la poesía con ingenuidad, con esas ganas de sorpresa, de querer aprehenderla y de ver qué podemos aprender de ella.

P: Hablas de prejuicios... ¿Cuáles son los más habituales que encuentras en gente que no se ha acercado nunca a la poesía y que, a lo mejor, a través de un verso, de una estrofa, descubre algo que no esperaba? R: La gente piensa con frecuencia que con la poesía no se pueden decir cosas cotidianas, que es muy etérea, habla de cosas que no nos tocan diariamente. El típico empresario, por ejemplo, que no le va a tocar sus temas, que el fondo de la poesía no va a hablar de cosas que le competen a él... Y todo lo contrario... La poesía puede ser muy urbana, puede ser muy social, puede ser muy empresaria, puede tocar todos los temas, con gusto, con tacto y... con ironía. P: Poesía urbana... ¿Qué es exactamente? R: A mí me gusta utilizarla como antesala de la ironía. Puede resultar un arma muy útil. Utilizar la ironía con gusto porque tenemos que reírnos muchas veces de las cosas. Que la ironía también nos haga pensar. El reírnos de las cosas o el despertar esa ironía interior no tiene que significar que no haya una reflexión paralela. Las cosas con ironía, pero también con reflexión, con profundidad. P: ¿Cómo definirías el libro que acabas de publicar esta primavera, Javier, “Efectos personales”? R: De “Efectos personales” se ha dicho que tiene ciertas connotaciones eróticas. A mí sí que me ha gustado desarrollarlo un poco por ahí, pero tampoco lo he prejuzgado como un libro de poesía erótica. Yo sé que tiene connotaciones eróticas, pero también tiene, por ejemplo el último capítulo que es Poemas para el cambio y que es una poesía muy poco erótica. Es una poesía muy social, muy reivindicativa, muy de lucha, muy de decir las cosas para pensarlas. Y bueno..., tiene un compendio de todo un poco... Son

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Efectos personales míos, o sea, algo muy subjetivo. Tiene un poquito de todo.

Poeta de la calle P: Te inspiras en cosas que están en la calle, que podemos encontrar en el bar de la esquina o que hemos visto mil veces. Incluso reivindicas una sociedad mejor a través de la ironía, a través de los personajes de tus poemas. Hay quien ya ha dicho que tus poemas rezuman “sabinismo”, que tienen una influencia del músico Joaquín Sabina, ¿qué opinas? R: “Sabinismo”..., suena a escuela ya filosófica casi... (risas) pero sí, Sabina es uno de mis grandes admirados, no sólo a nivel musical, sino también a nivel poético. Es un tío que tiene profundidad, que toca las cosas, que también mete mucho la ironía, que reivindica mucho y que a través de la palabra te hace sentir, te transmite... Y yo lo encuadro con grandísimos poetas contemporáneos y vanguardistas. Es de los grandes.... Lo que pasa es que como lo tenemos tan ahí, lo tenemos tan vivo, pues a veces quizá no lo sabemos valorar. P: Vamos a hablar del proceso creativo... ¿Cómo te inspiras?, ¿cuándo?, ¿dónde?, y ¿cómo lo consigues plasmar en una hoja de papel? R: Yo sigo funcionando por estímulos y me fastidia decirlo porque si quiero crecer como escritor debo ser bastante disciplinado, como con todo en la vida. En cada tarea que desarrollamos hay que tener un poco de disciplina, y forzarse diariamente a escribir porque no todo funciona, sobre todo en la literatura y la poesía, no todo funciona por inspiración, sino por educación, por disciplina. Siempre se suele citar a Edison que decía que “el poeta es un 99% de traspiración y un 1% de inspiración”. Es esos porcentajes van. O sea, que la inspiración es importante, pero

sobre todo la transpiración, el sudor, el oficio, el trabajo, que es lo que más forja al escritor como a todo artista. El talento hay que tenerlo, por supuesto, pero sobre todo el trabajo. Y yo funciono aún bastante por estímulos, aunque cada vez más me intento forzar. Y los estímulos son los momentos en los que yo estoy relajado y me voy a dar una vuelta por Pamplona solo, porque en una ciudad con tráfico, con gente, con ruido, hay que descubrir la soledad que lleva uno mismo. Y me siento en una terraza o entro en un bar, empiezo a observar. Tenemos que desarrollar esa capacidad de observación que tenemos todos. Pero es que es un poco paradójico; salimos a una ciudad con ruido, a una sociedad que vive tan deprisa… y pararse a observar las cosas cotidianas que pasan poco a poco es como ver esos pequeños milagros que van ocurriendo continuamente por la vida, en el transcurrir diario. Y no precisamente en la ciudad, también irte a dar una vuelta por el monte, ver esas pequeñas maravillas que hay por ahí. Y luego yo funciono mucho por apuntes. Una vez te contaba que bajé a un desguace a buscar una pieza para una furgoneta y paseando por el desguace hubo algo que me inspiró, quizá el ver ese cementerio de coches, ese cementerio de cuerpos de metal desdentados. Y me inspiró, y comencé a coger tres o cuatro apuntes y esos tres o cuatro apuntes ya sabía que iban a ser la base para un poema. La estructura base está y hay que pulirla y desarrollarla. Y para eso hacen falta horas de trabajo, de esa traspiración, que te decía de Edison, en casa. P: Eres un poeta joven, Javier, 32 años, pero ¿en qué momento descubriste la poesía como lector?, y ¿en qué momento la hiciste tuya, a través de tu escritura? R: A los 14 o 15 años la utilicé como arma de seducción, como arma de conquista. El acercarte a una chica y decirle lo más íntimo a través de la poesía era como

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 esos pequeños milagros de los que te hablaba antes. Era decir las cuatro pedanterías habituales, pero diciéndolas desde dentro. Y bueno, había respuestas para todo, pero ahí empecé yo a pulir la poesía. La necesidad era un poco esa, utilizarla como arma de seducción, expresar mis sentimientos, pero luego fue forjándose, y matizándose un poquito más y descubrí el arte en el hábito de escribir. P: Alfonso Pascal dice en el prólogo de tu libro que “un poema se vale por sí mismo o no se vale. Y los de Javier saben andar y vivir solos y algo más”. Yo estoy de acuerdo con él porque hay poemas y poemas. Poemas que están ahí quietitos, esperando a que alguien los descubra, poemas que hay que buscar casi bajo tierra y poemas que te van gritando nada más te acercas a ellos. ¿Cuál es el secreto de tu propia poesía?

R: Como en todo arte, hay un pequeño misterio, que o desvela o no desvela... Es un poco subjetivo, pero el lector ávido sabe reconocer enseguida todo buen arte y un poema te transmite o no te transmite. Es como un cuadro, un cuadro puede ser muy incomprendido, pero transmitirte, ver que desgarra fuerza. El cubismo... Hay muchas artes que aparentemente pueden no significar nada, pero tú ves un cuadro y, aunque no entiendas de arte, sabes que te trasmite, que deja sentimiento, que hay vida, que hay fuerza, que hay arte. Es un pequeño misterio, el misterio del arte. Y es lo que dices, Alfonso es uno de los poetas jóvenes que también tenemos en Pamplona, uno de los grandes poetas que tenemos aquí en Navarra y dice mucha verdad en esas líneas.

La novela es un género prostituído P: Javier, ¿qué dirías a los que ahora nos están leyendo y piensan que la novela es una cosa y la poesía es otro apartamento estanco completamente diferente al que quizá nunca se han acercado, por eso, porque entienden que es otra manera de ver la literatura, otro lenguaje? R: Sí, yo creo que hay demasiada separación. Y hoy en día el género rey de la literatura es la novela, y creo que lo va a seguir siendo durante mucho tiempo. Pero la poesía tiene un “no sé qué” que la hace persistir y pervivir y permanecer. Bueno, sabemos que es de minorías, pero el mismo hecho de... Yo siempre hago la misma reflexión: el mismo hecho de que sea de minorías significa algo también. Que la poca gente que está ahí, apoyando a la poesía, es gente que la defiende verdaderamente, sin ese ánimo de comercialización que a veces prostituye todo, prostituye el género. Y la novela,

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 pienso que hoy en día es un género muy prostituído. P: Dice Malinowski, y tú añades también en tu libro, que “escribir versos es fácil, pero lo difícil es ser poeta”. ¿A qué poetas admiras tú? ¿Cuáles tienes encima de la mesilla, de cabecera? R: Bueno, unos cuantos, unos cuantos... Actualmente estoy profundizando sobre un contemporáneo, que es Luis Alberto de Cuenca, muy conocido por todos, que es el secretario de estado de cultura, y me encanta. Pero luego tengo muchos y leo mucho, mucho poeta, sobre todo vanguardista. Yo me acuso muchas veces de no leer a los clásicos porque hay que tener en casi todo una base clásica. Y a partir del Renacimiento, siglo XVI para adelante, yo creo que manejo casi todo, he leído bastante, pero ya para abajo, me pierdo bastante.. Desde los griegos, pienso yo que habría que leer... No hay que hacer ascos al siglo XVI, a Santa Teresa, a San Juan, a Fray Luis. Hay muchos grandes poetas, que parece que los tenemos catalogados y despiertan mucha técnica en lo que escriben. A veces sin aparente formación. P: Con el libro “Efectos personales” en la mano, Javier,

recomiéndanos un par de versos, o un par de poemas... R: Pues bueno, los que más suelen gustar siempre son los más irónicos. No sé por qué... quizá por eso, porque tienen ironía. Pero he hablado con personas que han leído mi libro, y me han dicho que todo mi libro tiene un alto contenido irónico. O sea, que la unidad del libro podría ser la ironía, a la vez que el erotismo, también la ironía. Y, pues no sé, por ejemplo, el poema de “La Estudiante”, que es un poema que gusta mucho, por lo que te decía de la ironía y porque relata un momento cotidiano que podemos tener casi todos los conductores a diario, el fijarnos en una chica, y a veces se nos van demasiado los ojos y eso provoca un accidente... Y luego, pues algún poemita de los últimos, de los “poemas para el cambio”, por ejemplo “Libertad, yo escribo tu nombre” que es un poema reivindicativo, social, en el que cuento un poco el momento en el que vivimos en casi todo el norte, el momento conflictivo con el terrorismo, y que nos tiene que llevar a posicionarnos y decir claramente lo que pensamos, incluso también con la poesía. P: Javier Asiáin... Muchísimas gracias... R: Un placer como siempre, y a tu disposición…

El poeta, breve biografía Javier Asiáin Urtasun, nació en Pamplona el año 1970, ciudad en la que vive y trabaja dirigiendo una empresa de montaje de carpintería. Escribió sus primeros poemas a los 14 años. Es miembro del Grupo Nueva Poesía del Ateneo Navarro y sus poemas han sido publicados en revistas literarias como, Río Arga, Luces y sombras, Iruña behin, El trastero de la Uni, etc.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Breve muestrario de poemas MARÍA, LA REINCIDENTE Nadie niega ya a estas alturas, que a tus veinticinco has devorado los establecidos principios de montones de maridos ejemplares bajo las artes escénicas de tu desatada concupiscencia. Y es que lo tuyo, María, es simple y puro vicio. Porque tú y yo sabemos que hay cosas que no cambiarán nunca…, como el lenguaje de tu boca buscando testosterona en los rincones obtusos de discretas cremalleras, o el aceite multigrado que calienta y se calienta desde esa fricción de tus caderas cuando haces el amor, una y otra vez, por puro morbo. Y luego -bienaventuradas familiasrecreas tu virtud jugando a ser la secretaria de papá, frente a sus hijos, o la comercial de turno, de visita en el despacho, o yo que sé qué misión alevosa que te conceda una vez más el licencioso papel de heroína del perjurio. Y es que bajo tus góticos pechos de impudicia, escondes esa oscura vocación de adicta transgresora y multiorgásmica buscando en el sexo prohibido de tus víctimas la única razón de tu perfidia. ¡Sí!, María…, y sus mujeres, mientras tanto, pidiendo hora en el salón de belleza en que trabajas, fieles a su horario aristócrata y burgués, depositando entre tus peines y tijeras su confidencialidad y su ignorancia.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Más tarde, dirás a tus amigas que el amor no existe, que tan sólo mueve el mundo cada instante fugitivo en que a veces profanamos el orden instaurado de las cosas y que el número de matrimonios estables es proporcional a las noches de trabajo en la [oficina y los cuernos en el tiempo que tu dejas.

PARAÍSOS DE HUMO Las verdades del mundo… ese fulgor perseguido en labios extraños es ahora una flor incendiada, un otoño sepultado por hojas de barro, el asombro de sabernos ciegos, la oscura certeza, en donde, como un arpón de silencio, a menudo, se nos clava el cansancio. Fue la juventud un juguete inusual, un temblor codiciado. En esa edad la vida esnifaba en las promesas de un julio

por las calles de nuestra ciudad. Pamplona vino a ser como ese poema en llamas que adivinó nuestros nombres, un diligente escenario donde acariciar lo imposible, la sed de una nueva liturgia, o a veces tan sólo, un fácil recurso en el que reprimir la usura del tiempo. Negociamos libertades con la noche a saldo de besos canallas -esos que luego hicimos leyenda-

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 y acariciamos el enigma de vivir tras los brillos profanos de cuerpos [sacralizados. Fuimos paladines del humo desde verdades a medias, el ser y la nada, ficción y certeza, lo consumado y lo prohibido: delincuentes de amor en un paraíso robado. Como un juguete extraviado, como una flor inusual, ahora, la adormidera del tiempo nos ha hecho adictos de memoria, ahora que la soledad nos inyecta su ritual de costumbres y en las horas nos acosa un impulso senil, volvemos la vista a la infancia perdida con los ojos en celo, con el alma en desuso, mudo el corazón sin saber qué decirnos. Ahora que nos llaman señores en locales de fama, besamos la insípida fatiga viviendo a escondidas el hallazgo de nuestra ignorancia, engañando al destino con verdades a medias, entre ficción y certeza desde el ser y la nada, llamando al amor madurez, paraísos de humo y soledades.

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top ventas & novedades Libros más vendidos en España FICCION 1. La Reina del Sur 2. Dos mujeres en Praga 3. Soldados de Salamina 4. Los refugios de piedra 5. Los aires difíciles 6. Los invitados al jardín 7. Carpe Diem 8. Las llamadas perdidas 9. El guitarrista 10. Camino hacia el pasado

AUTOR Arturo Pérez-Reverte

Juan José Millás Javier Cercas Jean M. Auel Almudena Grandes Antonio Gala Alfonso Ussía Manuel Rivas Luis Landero Mary Higgins Clark

NO FICCION 1. Malas 2. La rabia y el orgullo 3. La cultura. Todo lo que hay… 4. El bastardo real. Memorias del… 5. El universo en una cáscara de nuez 6. El mercado y la globalización 7. Memorias de un Homo Erectus 8. Enigmas históricos al descubierto 9. Las galletas profanadas de mi madre 10. ¡Palestina existe!

EDITORIAL Alfaguara Espasa Calpé Tusquets Maeva Tusquets Planeta Ediciones B Alfaguara Tusquets Plaza & Janés

AUTOR Carmen Alborch Oriana Fallaci Dietrich Schwanitz

Taurus

Leandro Alfonso Ruiz

La Esfera de los libros

Stephen Hawking José Luis Sampedro

Crítica Destino Aguilar Planeta Maeva Foca

Miguel Ángel Rodríguez

César Vidal Juan Arias VV.AA.

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EDITORIAL Aguilar La Esfera de los libros

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 BOLSILLO 1. La caverna 2. El clan del oso cavernario 3. El señor de los anillos 4. La granja 5. El jardinero fiel 6. Balzac y la joven costurera 7. De todo lo visible y lo invisible 8. En la Patagonia 9. Lo mejor que le puede pasar a… 10. El club de la comedia

AUTOR José Saramago J. M. Auel J.R.R. Tolkien John Grisham John Le Carré Dai Sijie Lucía Etxebarría Bruce Chatwin Pablo Tusset VV.AA.

EDITORIAL Punto de Lectura Maeva Minotauro Punto de Lectura DeBolsillo Quinteto Booket Quinteto Punto de Lectura Punto de Lectura

POESIA 1. Ciento volando de catorce 2. Santa deriva 3. El fulgor 4. Antología poética 5. Insomnios y duermevelas 6. Joana 7. Tiempo y abismo 8. Ocnos 9. Otoños y otras luces 10. Fragmentos de un libro futuro

AUTOR Joaquín Sabina Vicente Gallego José Ángel Valente Luis Cernuda Mario Benedetti Joan Margarit Antonio Colinas Luis Cernuda Ángel González José Ángel Valente

EDITORIAL Visor Visor Círculo Espasa Visor Hiperión Tusquets Diputación Sevilla

Tusquets Círculo

Mercado Extranjero ARGENTINA TITULO 1. El vuelo de la reina 2. La citación 3. La Reina del Sur 4. El malestar de la globalización 5. Los Bioy

AUTOR Tomás Eloy Martínez

John Grisham Arturo Pérez-Reverte

Joseph E. Stiglitz J. Iglesias & S. R. Arias

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EDITORIAL Alfaguara Ediciones B Alfaguara Aguilar Tusquets

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 CHILE TITULO 1. Santa María de las flores negras 2. Shangai Baby 3. El revés del alma 4. Los Borgia 5. La citación

AUTOR Hernán Rivera Letelier

Wei Hui Carla Guelfenbein Mario Puzo John Grisham

EDITORIAL Seix Barral Emecé Alfaguara Emecé Ediciones B

ESTADOS UNIDOS TITULO 1. Red Rabbit 2. The Lovely Bones 3. The Remmant 4. Standing in the Rainbow 5. The Beach House

AUTOR Tom Clancy Alice Sebold T. La Haye & J. Jenkins

Fannie Flagg James Patterson

EDITORIAL Putnam Little, Brown Tyndale Random House Little, Brown

FRANCIA TITULO 1. Le pianiste 2. J’ai vu finir le monde ancien 3. Et si ça venait du ventre? 4. Un soi au club 5. Pars vite et reviens tard

AUTOR Wladyslaw Szpilman

Alexandre Adler Pierre Pallardy Christian Gailly Fred Vargas

EDITORIAL Robert Laffont Grasset Robert Laffont Minuit Viviane Hamy

PORTUGAL TITULO 1. Baudolino 2. Todas as Faces de Um Rosto 3. Chocolate e Baunilha 4. Fazes-me falta 5. Pare, pense e mude

AUTOR Umberto Eco António M. Ribeiro Seveva Casati Montidignani

Inês Pedrosa Antonio de Almeida Santos

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EDITORIAL Difel Garrido Minerva Dom Quixote Notícias

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

Novedades Título: CAMINO A LOS ANGELES Autor: John Fante Editorial: Anagrama Número de páginas: 195 Precio orientativo: 13 EU

Novela

Sinopsis: A los dieciocho años, Arturo Bandini vive con su madre y su hermana, dos beatas, en San Pedro, el puerto de Los Ángeles. Trabaja en empleos duros y mal pagados, que no puede soportar, rebelde y agresivo, obsesionado por el sexo y las revistas con mujeres desnudas, su único alivio. En la biblioteca municipal se procura libros de Nietzsche, Schopenhauer o Spengler que apenas comprende, pero alardea de sus lecturas y de un vocabulario impostado mientras sueña con ser un gran escritor. Y, tras un primer intento fallido, una novela torpe y pretenciosa, se dispone a escribir su gran novela y parte, camino de Los Ángeles, para comerse el mundo.

Título: SUEÑOS DE BUNKER HILL Autor: John Fante Editorial: Anagrama Número de páginas: 150 Precio orientativo: 12 EU

Novela

Sinopsis: En esta novela, considerada como una de las mejores de John Fante, éste nos cuenta los inicios de su gran personaje, Bandini, como guionista y sus amores y líos sucesivos, y cómo consigue finalmente no hacer carrera en Hollywood, donde un productor lo tiene todo el día sentado sin dejarle escribir una línea, un empleo tan bien pagado como frustrante y que termina abruptamente.

Un viaje a través del sueño de muchos escritores que buscaron en Hollywood fama y dinero y no encontraron más que desilusión. Una novela en la que Fante recrea su visión sobre el mundo de la literatura en general y en concreto sobre los guionistas de la comedia americana.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Título: LAS NOCHES DE ESTRASBURGO Autor: Assia Djebar Editorial: Alfaguara Número de páginas: 312 Precio orientativo: 17,95 EU

Novela

Sinopsis: Thelja llega a Estrasburgo para compartir nueve noches de amor con François, a quien conoció unos meses antes en París. Ha dejado en Argelia a su familia. Sabe que nunca regresará, al igual que Eve, su amiga de la infancia. A los días junto a Eve, deambulando por la ciudad, se suceden las noches de pasión. Los conflictos de Thelja son los de la mujer musulmana, en doble lucha: para liberarse a sí misma de la dominación masculina y a su país del sometimiento a otras culturas. Y a su alrededor, las calles y las plazas donde se mezclan personas y confluyen historias.

Título: EL DIAGNÓSTICO Autor: Alan Lightman Editorial: Tusquets Número de páginas: 416 Precio orientativo: 18 EU

Novela

Sinopsis: Una calurosa mañana de verano el ejecutivo Bill Chalmers se da cuenta de que no puede recordar adónde va; peor aún, no sabe quién es él mismo. Sólo recuerda el lema de la empresa bostoniana para la que trabaja y que ese día tenía varias reuniones muy importantes. Bill se recupera de esa crisis, pero en los meses siguientes, mientras los expertos tratan de establecer un diagnóstico de lo que le ha ocurrido, un extraño entumecimiento empieza a paralizarle el cuerpo. Melissa, su insatisfecha esposa, y su hijo Alex no podrán impedir que Bill, mientras ve desmoronarse su vida, se interne en una pesadilla digna de Kafka.

Título: EL MISMO MAR Autor: Amos Oz Editorial: Siruela Número de páginas: 280 Precio orientativo: 19,50 EU

Novela

Sinopsis: Amos Oz nos sorprende con una historia contada por diferentes personajes en lugares distintos, pero constantemente interrelacionados, bien por la realidad, bien por los sueños y obsesiones de cada uno de ellos. En El mismo mar todos los personajes se hallan separados de su objeto de amor, a veces por una barrera, una pared, un país, una habitación o la muerte.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 T´tulo: LA JUGADORA DE GO Autor: Shan Sa Editorial: Ediciones del Bronce Número de páginas: 272 Precio orientativo: 17 EU

Novela

Sinopsis: Desde 1931, el último emperador de China reina sin poder sobre Manchuria, ocupada por el ejército japonés. La gran mayoría de los empobrecidos habitantes de China se resignan, temen, se someten. Pero, la resistencia también existe. En ese contexto, una adolescente cuya absorbente pasión es el juego del go hará su involuntario aprendizaje de la vida, del amor y también de la muerte.

Título: DESAYUNO EN PLUTON Autor: Patrick McCabe Editorial: Obelisco Número de páginas: 254 Precio orientativo: 13,25 EU

Novela

Sinopsis: Desayuno en Plutón es una novela horripilante, intensamente turbadora y de una espléndida comicidad, un paseo desde las profundidades de la desesperación y el miedo personal hasta las alturas del glamour más sórdido. Como siempre, Patrick McCabe recrea instintivamente esos tiempos crueles y describe, con aterradora exactitud y una visión estremecedora, la violencia que subyace en el corazón del siglo XX.

Título: ROSTROS, AMORES, MALDICIONES Autor: Mohamed Chukri Editorial: Debate Número de páginas: 144 Precio orientativo: 17 EU

Novela

Sinopsis: Un interesante relato sobre quince personajes del mundo tangerino típico del autor: jugadores, prostitutas, extranjeros extraviados, delincuentes... Retratos directos, descarnados, duros. Retratos de supervivencia y alegría de vivir en medio de la miseria y al margen del mundo confortable. El Tánger crudo, el Marruecos de la noche en un fresco de imágenes repletas de perdedores y personajes marginales.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Título: ECLIPSE Autor: John Banville Editorial: Anagrama Número de páginas: 224 Precio orientativo: 14 EU

Novela

Sinopsis: Alexander Cleave ha vivido siempre con la sensación de ser mirado y, tal vez por eso, decidió ser actor. Ha tenido éxito, y las miradas se han convertido en admiración; él mismo se describe, y no se equivoca, como el Hamlet perfecto: pelo rubio y lacio, helados ojos azules y una bien dibujada mandíbula, delicada, pero también refinadamente brutal y, a los cincuenta años, aún es razonablemente guapo. Hasta que un día se queda mudo en el escenario, huye y se retira a la casa de su infancia; su mujer lo acompañará los primeros días, pero luego se quedará solo.

Título: MADAME Autor: Antoni Libera Editorial: Tusquets Número de páginas: 432 Precio orientativo: 19 EU

Novela

Sinopsis: A los dieciséis años, y en la Polonia comunista, si uno trata de dar rienda suelta a su creatividad y de saciar sus inquietudes se topará con no pocos problemas. El protagonista de Madame lo ha intentado: ha fundado un cuarteto de jazz, condenado a tocar una única y emocionante vez, y ha montado una representación teatral, ganadora de un concurso más bien grotesco. Sólo la irrupción de Victoire, la misteriosa directora del instituto y profesora de francés, logrará dar un giro a su vida. Cegado por la belleza gélida de Madame, como la llaman sus alumnos, nuestro anónimo protagonista leerá sin descanso para deslumbrarla, investigará en su vida y la seguirá obsesivamente a todas partes.

Título: LA CULPA LA TIENE LA TONTA DE EVA Autor: Aro Sáinz de la Maza Editorial: Debate Número de páginas: 204 Precio orientativo: 16 EU Sinopsis:

Relatos

A través de nueve relatos, el autor nos describe el intrincado mundo de la pareja y sus luchas internas de poder, la conmoción de los sentidos ante el brutal descubrimiento de lo inesperado detrás de las relaciones humanas. Con un estilo frío, cruel, irónico, conciso y directo, va trazando con exactitud el retrato de unos personajes inmersos en una sociedad cada vez más desnaturalizada, su indefensión ante la realidad extraña, los temores, la ansiedad, las dudas más inquietantes.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Título: ANTOLOGÍA POETICA Autor: José Hierro Editorial: Alianza Número de páginas: 226 Precio orientativo: 6,15 EU

Poesía

Sinopsis: Distinguido con los premios literarios más prestigiosos que se conceden en el ámbito de habla española, José Hierro es uno de los más importantes poetas de nuestra lengua. Precedidos por un prólogo de José Olivio Jiménez los poemas incluidos en esta Antología Poética constituyen una representación inmejorable de la obra del autor.

Título: SINFONÍA PATÉTICA DE NUEVA YORK Autor: Gabriel Albendea Editorial: Biblioteca Nueva Número de páginas: 57 Precio orientativo: 6 EU

Poesía

Sinopsis: Un poemario que revive de modo apasionado, con estilo épico-lírico, el episodio terrorista del 11 de septiembre, ya calificado como un hito inolvidable del devenir del siglo XXI: La estructura musical del libro no es un simple artificio literario del escritor, sino que deriva de su profunda convicción, siguiendo a Goethe, de la íntima unión de poesía y música.

Título: PALABRAS DESTILADAS ANTE EL SILENCIO DE TUS OJOS Autor: Vicente Simón Editorial: ZAMBON VERLAG & VERTRIEB Número de páginas: 87 Precio orientativo: 7,8 EU

Poesía

Sinopsis: Primicia sagaz del capricho trazado/ por la evocación compilada de tu gracia neta/ adicción corpórea/ a la necedad púrpura de tu cercanía absurda / meridiana queja lisa/ del derecho oneroso zurcido.....

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Título: CAFÉ CON AMAZONAS Autor: Román Piña Valls Editorial: La Bolsa de Pipas Número de páginas: 95 Precio orientativo: 6 EU

Poesía

Sinopsis: Vine como extranjero hasta vosotras / y apartasteis las armas/ durante siete días/ para yacer conmigo/ Semental y guerrero, fui elegido de entre los enemigos más feroces/ para abrazar los cuerpos/ que cada día temo.

Título: CUANDO LLEGAN LAS MUSAS: CÓMO TRABAJAN LOS GRANDES MAESTROS Autor: Raúl Cremades García, Ángel Esteban Lozano Editorial: Espasa Número de páginas: 416 Precio orientativo: 16,25 EU

Literatura

Sinopsis: Narra las claves para entender la relación entre la pasión y el oficio de los escritores. Los autores explican cómo trabajan y cómo se inspiran escritores como: Isabel Allende, Gabriel García Márquez, Carmen Martín Gaite, Miguel Delibes, Buero Vallejo o Vargas LLosa, entre otros. Son 16 capítulos cada uno dedicado a un escritor.

Título: TESOROS PARA LA MEMORIA Autor: Luis Daniel González Editorial: Cie de Inversiones Editoriales Doss Número de páginas: 238 Precio orientativo: 20 EU

Literatura

Sinopsis: Darle a conocer a un niño las mejores historias es proporcionarle Tesoros para la memoria, llenarle de una enorme riqueza de la que podrá disfrutar toda su vida. Redactado con esos dos convencimientos, en este libro se da una visión de conjunto de la Literatura infantil y juvenil y se detallan qué autores y libros son los primeros y cuáles -a juicio del autor- son los más valiosos.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 Título: BAILAR CON UN ÁNGEL Autor: Ake Edwardson Editorial: Lengua de Trapo Número de páginas: 347 Precio orientativo: 20 EU

Novela

Sinopsis: Las sucesivas apariciones de cadáveres de jóvenes suecos, en habitaciones de hoteles de Londres y Gotemburgo, reúnen en la investigación a dos policías atípicos: el sueco Erik Winter, que viste Armani y camisas compradas en Jermyn Street, adora a John Coltrane, el fútbol, los puros y la cerveza, y su colega londinense Steve McDonald, rockero con coleta y gafas oscuras, que no se separa de su cazadora de cuero. ¿Qué lleva a alguien a torturar a muchachos dejando en el suelo los rastros de lo que parece un baile macabro con la sangre de las víctimas?

Título: SERENÍSIMO ASESINATO Autor: Gabrielle Wittkop Editorial: Anagrama Número de páginas: 129 Precio orientativo: 11 EU

Novela

Sinopsis: Venecia, la República Serenísima, a finales del siglo XVIII, en su estado terminal, entre la evasión de Casanova y la invasión de Bonaparte. Una fiesta perpetua en la que se consumen los últimos fuegos de un lujo cada vez más seductor, más venenoso, bajo la mirada de una policía omnipresente.... Alvise Lanzi, en su palacio, se ausenta en la biblioteca, mientras su esposo agoniza entre atroces convulsiones.

Título: EL ÁRBOL MÁGICO Autor: Peter Sloterdijk Editorial: Seix Barral Número de páginas: 384 Precio orientativo: 17,5 EU

Novela

Sinopsis: Una novela sobre los primeros experimentos científicos con la hipnosis en el siglo XVIII. Sloterdijk está considerado como uno de los pensadores más originales y provocadores del momento, fama de la que todavía no gozaba cuando se publicó por primera vez esta novela.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

sus favoritos Hacemos un alto en el camino para prestar atención a las recomendaciones de una de nuestras lectoras. ¿Qué mejor manera de elegir tu próxima lectura que dejarte guiar por el gusto de otra apasionada por la lectura como tú y como yo? Te recomendamos, por tanto, que tomes lápiz y papel y anotes los títulos que a continuación te presentamos. Sin lugar a dudas no te defraudarán ya que son los libros favoritos de una amiga, de…

M. CARMEN LAVADO TUTOR M. Carmen es economista y ha nacido en Barcelona. A sus 29 años de edad ha cultivado, sobre todo, la lectura de autores europeos, aunque reconoce sentir atracción por la literatura sudamericana. Se inició en este vicio confesable que es la lectura desde muy joven y siente una especial atracción por el cine, lo que le ha llevado a leer muchas de las novelas que han sido adaptadas a la gran pantalla.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 … y nos habla de sus cinco libros favoritos LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES de Michel Houllebecq

GUERRA Y PAZ de Liev Nikolaievich Tolstoi

Ante un clásico no puedo evitar los prejuicios ya sean positivos o negativos, pero desde que comencé su lectura, toda idea preconcebida desapareció. Traspasé la barrera de la ficción, para encontrarme en una realidad lejana en el tiempo, aunque, al mismo tiempo, más cercana de lo que hubiera creído posible. Es la crónica de una saga familiar, los Rostov, y en particular de Natascha Rostov, eje conductor de la obra, cuyas vidas, vaivenes, inquietudes, alegrías y sufrimientos desfilan con ritmo propio ante una época convulsionada por la guerra. Fue uno de esos libros que, tras cerrar su última página, me provocó una especie de nostalgia, de pérdida por unos personajes cuyas vidas habían acabado siendo, en cierta forma, mías.

Es una novela que transpira fatalismo en todas sus páginas a través de un retrato, a menudo cruel, de un mundo que parece haber perdido el rumbo. Habla del desconcierto y aislamiento social actual, pero curiosamente me resultó divertida e irónica, y quizá fue la sensación de perplejidad ante un libro sin esperanza ni fe en la humanidad, lo que me deslumbró. Según el autor, es un ataque a una sociedad en la que la velocidad del placer no deja tiempo al nacimiento del deseo. Menciona a menudo “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, descubriendo un mundo no feliz, de cierta pesadilla, del que resulta imposible escapar durante su lectura.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 MATAR UN RUISEÑOR de Harper Lee

EMMA de Jane Austen

Cuando de un autor lees un libro y no puedes detenerte hasta que has leído y en ocasiones releído todas sus obras, y todas y cada una te han cautivado de una forma u otra, no es difícil adivinar que te encuentras en ese caso, ante uno de tus novelistas predilectos. Muestra la Inglaterra costumbrista, analizada meticulosamente por una autora, cuya vida no estuvo caracterizada precisamente por grandes acontecimientos. Singularmente, en Emma se adentra en el microcosmos de las relaciones personales y la hipocresía que dirigían los encuentros sociales en una sociedad dividida por clases y cuyos personajes son frecuentemente ridiculizados. Habla, además, del papel de la mujer en una sociedad que la condenaba irremediablemente al ostracismo cultural y laboral.

A este libro me acerqué únicamente por el título, cuando lo vi en la estantería del salón de mi casa, hace ya unos cuantos años, porque no conocía el autor ni había resumen del argumento en la contraportada que me diera alguna referencia de lo que iba a leer. Fue una sorpresa que el narrador fuera una niña de más o menos, en aquel entonces, mi edad y me convencí de que la pluma creadora de la historia no podía ser otra que la misma protagonista. Fue una sensación algo mágica la de compartir el destino de aquella otra niña, que se enfrenta en un verano a las puertas de la madurez acompañada por uno de mis personajes literarios más entrañables, Atticus Finch. Todos los protagonistas transpiran humanidad, pero en el caso de Atticus resulta particularmente cierto.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002 MRS DALLOWAY de Virginia Woolf

Me desconcertó la estructura de esta novela, no por su originalidad sino por su complejidad, al mostrar un abanico de personajes con un mundo interior tan rico. Me presentía no como una espectadora, sino como una espía a la que le permitían introducirse en el subconsciente de personas que se mostraban sin reservas. En un principio me figuré que se trataba de un libro atormentado de personajes abrumados por el destino. Con todo, no interpreté como una tragedia el pacífico transcurso de los días de la señora Dalloway, provista de corazas en las que se envolvía para conjurar un presente monótono. Simplemente saboreé junto a los personajes sus pequeños momentos de alegría cotidiana.

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LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 // EDICION: OTOÑO 2002

enlaces A continuación os presentamos una lista de enlaces interesantes relacionados con los artículos incluidos en este cuarto número de La Casa de los Malfenti. Alejandro Dumas http://www.geocities.com/Paris/Library/3227/escritores/dumas.htm http://orbita.starmedia.com/~mbaldav/index0.html http://groups.msn.com/ClubLiterarioDumas/ http://www.ccgediciones.com/Sala_de_Estar/Biografias/Dumas.htm http://www.epdlp.com/dumas.html http://www.cadytech.com/dumas/ (Francés) http://www.kirjasto.sci.fi/adumas1.htm (Inglés)

Sandor Marai http://www.deestreno.com/monografico.htm

Miguel de Unamuno http://jaserrano.com/unamuno/ http://www.geocities.com/tragicounamuno/ http://lang.swarthmore.edu/faculty/espanol_11/unamuno.htm http://www3.usal.es/historia/Miguel_Unamuno.htm http://www.epdlp.com/unamuno.html http://www.terra.es/personal8/biografia/unamuno.htm http://www.terra.es/personal/waffen31/unamuno.htm http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUIES/lasalle/logos/78/sec_7.htm

Anton Chejov http://www.epdlp.com/chejov.html http://www.sapiens.ya.com/consagrados/antonchejov.html http://www.satiria.com/libros/anus_2002/recuerdo/recuerdo_chejov.htm http://kirill.hypermart.net/n27/text/a9.htm http://www.ttrantor.org/aut/c/a0012530.html

Imagen & Palabra http://www.labutaca.net/listasdecine.htm

Concursos Literarios http://www.deconcursos.com

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www.lanzadera.com/lacasadelosmalfenti


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