

APUNTES IGNACIANOS
ISSN 0124-1044
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Vence 31 de Dic./2009
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Apuntes Ignacianos
Número 56 Año 19
Mayo-Agosto 2009
Modos de orar:
La oración en los Ejercicios Espirituales
CENTRO IGNACIANO DE REFLEXION Y EJERCICIOS - CIRE
Espacios para el Espíritu
Carrera 10 Nº 65-48. Tel. 640 50 11
Bogotá - Colombia
Nuestros Números en el 2009
Enero-Abril
VIII Simposio de Ejercicios Espirituales
«Preámbulos para elegir: Disposiciones para el discernimiento»
Mayo-Agosto
Modos de orar:
La oración en los Ejercicios Espirituales
Septiembre-Diciembre
La pedagogía del silencio: El silencio en los Ejercicios Espirituales
Modos de orar:
La oración en los Ejercicios Espirituales
Presentación1
Alimentar y nutrir la experiencia de oración ............ 3
Luis Raúl Cruz, S.J.
Orar y encontrar fácilmente a Dios .......................... 48
Jaime Emilio González Magaña, S.J.
La oración de contemplación, crecer en conocimiento, afectación y entrega ..........................
José de Jesús Prieto León, S.J.
70
Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales ..... 81
Darío Restrepo Londoño, S.J.
La música en la oración Ignaciana ............................
José Rafael Garrido, S.J.
Colección Apuntes Ignacianos ..................................
Apuntes Ignacianos 56 (mayo-agosto 2009)
Presentación
«Estén siempre alegres. Oren constantemente. En todo den gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de ustedes. No extingan el Espíritu, no desprecien las profecías, examínenlo todo y quédense con lo bueno» (1 Tes 5, 16-21)
La oración es la actitud del creyente en el acercamiento y diálogo con toda realidad que es medio de encuentro con Dios. Tomar en serio la presencia de Dios en la vida personal y comunitaria, y en los acontecimientos históricos, es la respuesta de quien busca a Dios porque conserva el deseo de Aquel que le llamó a la existencia y le sigue llamando, sostiene la realidad, y lo envía.
En la experiencia de los Ejercicios de San Ignacio, que son ejercicios de oración, la oración es muy precisa. Hay variadas formas de orar a fin de que el ejercitante pueda darle «calidad» a su trato con el Señor. Puede ejercitarse meditando, contemplando, aplicando sentidos, examinando, repitiendo. A los modos de orar apuntan estas reflexiones que pueden ser todo un aprendizaje para hacer crecer la actitud orante de muchos. En su relación interpersonal de amistad y de unión con el Dios vivo y verdadero, conviene que el ejercitante esté muy atento para ver en cuál de estos modos de oración el Señor se comunica, se revela más fácilmente.
Luis Raúl Cruz, S.J., abre estas páginas con un enfoque investigativo que delinea con precisión los contenidos de los distintos tipos de oración
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Presentación
en los Ejercicios. Pero antes de entrar en la temática ignaciana, nos ofrece una descripción general de lo que podríamos ver como la práctica de la oración y las fuentes de la misma en la Iglesia creyente y orante.
Para «… tomar alguna inteligencia de los Ejercicios y para ayudarse…», Ignacio de Loyola ofrece unas Anotaciones nacidas de su propia experiencia personal. Son guías, pautas, tanto para el que los da como para quien los recibe. La comunicación con Dios necesita un entorno apropiado, requiere convocar toda la persona. Jaime Emilio González, S.J., nos ofrece un recorrido amplio por esas indicaciones con las que se abre el texto de los Ejercicios Espirituales y subraya el matiz afectivo que acompaña a la oración.
José de Jesús Prieto, S.J. se detiene en la oración de contemplación con la pretensión de mostrar cómo para este modo de orar, es condición entender lo esencial de la contemplación, de modo que las consideraciones señaladas puedan facilitar la libertad al Espíritu para ir cambiando lógicas humanas, rígidos esquemas y seguridades propias. Todo como vías de acceso a ser nuevamente «activos en la contemplación».
Los «tres modos de orar» que Ignacio presenta al final de la IV semana no son «ocurrencia» de última hora, son complemento o ayudas muy estimables de los anteriores métodos. Darío Restrepo, S.J. enriquece esta reflexión indicado los detalles de estas variadas formas de oración en los Ejercicios aptas para todo cristiano.
José Rafael Garrido S.J., aborda el tema de la música en la oración ignaciana. Inspirado en su propia experiencia, hace una selección de obras de la música clásica que mucho ayudan a sensibilizar y profundizar en la vivencia espiritual de cada una de las semanas de los Ejercicios.
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LAlimentar y nutrir la experiencia de oración
Alimentar y Nutrir la experiencia de Oración
«Señor no abandones la obra de tus manos»
Luis
Raúl Cruz, S Luis Raúl Cruz, S Luis Raúl Cruz, S Luis Raúl Cruz, S Raúl .J .J .J .J .
«La espiritualidad ignaciana no limita la vida en el Espíritu a ciertos campos muy específicos, tales como el tiempo de la oración, la vida sacramental o una obra específica de caridad cristiana; son la persona entera del contemplativo y toda su realidad de existencia humana las que se convierten en el lugar santo en el que se revela la acción de Dios para comprometernos en esta obra de salvación de la humanidad»1
a realidad de ser creatura agradecida, obra de las manos del creador, que expresa la realidad creatural de quien tiene hambre y necesidad de Dios, sigue siendo una experiencia y exigencia para la vida de quien se precia de ser contemplativo en la acción.
La oración regalo de Dios por medio del Espíritu, y enseñada por el Hijo muestra la importancia y necesidad de la oración. La consecuencia de esta comunicación de la cercanía e intimidad de Dios con las creaturas abren en la hondura de la creatura un deseo y una petición de ser instruidos en el camino eterno, de tal manera que se viva de manera cotidiana el orar en todo tiempo, circunstancia y lugar de la vida, en medio de toda raza, lengua y cultura.
* Licenciado en Teología. Actualmente miembro del Equipo CIRE.
1 PETER–HANS KOLVENBACH, «Decir… ‘al indecible’» Bilbao-Santander 1999, 168.
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Luis Raúl Cruz, S.I.
Lo que aquí se presenta es una ayuda, que quiere alimentar, mantener y cultivar el deseo de orar, porque hoy existe amplia literatura al respecto. Lo que se expone no suple a tantos maestros que inspiran y tienen «escuela», sino que es una simple colaboración para mantener el oasis y ecología de la vida espiritual de orar sin desanimarse, vivir con alegría y agradecimiento. Sea al mismo tiempo, espacio y llamada a ser creativos en la apertura a la acción secreta del Espíritu para hacer siempre el bien y mantener lo bueno (1 Tes 5, 16-22). Esto es una deuda agradecida con tantas personas que han sistematizado su experiencia y sugieren apoyos, subsidios para orar, que han sido ayudas invaluables para muchas personas en la vida de la Iglesia.
SENTENCIA DE DIOS
Sentencia de Dios al hombre antes que el día comience: Que el pan no venga a tu boca sin que lo sude tu frente.
Ni el sol se te da de balde, ni el aire por ser quien eres; las cosas son herramientas y buscan quien las maneje. El mar no es lujo de espumas, sino paridor de peces. El hondo sol campesino trabaja a fuego las mieses.
La piedra, con ser la piedra, guarda una chispa caliente y en el rumor de la nube combate el rayo y la nieve. A ti te inventé las manos y un corazón que no duerme; puse en tu boca palabras y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias sin dar lo que las merece; a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril
José Luis Blanco Vega

Quienes han vivido no más que de prácticas –misa dominical, recitación de oraciones matinales y vespertinas– y quieren ir un poco más allá para entrar en una vida de oración. O también, quien tras haber abandonado prácticas formalistas se ha alejado un poco o del todo y, sin embargo quiere encontrar una relación verdadera con el Señor, puede suceder que lo que aquí se plantea sea una ayuda porque quien se ponga a orar, aunque tenga la sensación de torpeza como quien está aprendiendo a hablar, simplemente al dedicarse por algunos minutos, descubrirá que necesita un cierto marco que le permita desarrollar su pequeña celebración personal.
¿Creemos en el poder de la oración? Una pregunta que se responde con la vida y la forma de asumir y transformar la realidad. En el fondo es
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
una pregunta por la manera como creemos en el Verbo Eterno Encarnado que lleva a vivir y entender la vida como una vida empeñada en llevar la carga de los demás y en el cuidado del otro, de tal manera que el corazón sea ancho como el mundo para tener en cuenta las particularidades de la humanidad en sus diversas situaciones de gozo, esperanza, luchas, angustias, miedos… toda una sumatoria de posibilidades en lo secreto que haría de la vida un cúmulo de alternativas transformadoras, de tal manera que la vida cristiana fuese menos egoísta e introvertida2.
La oración es expresión frecuente y continua de la experiencia de Dios; así mismo un tema recurrente y, lugar común al ser fuente y alimento de la vida cristiana. Lo anterior es cierto, pero ¿hasta qué punto es evidencia de ser la sustancia, cual raíz interior del ser humano y experiencia viva del cristiano en el mundo de hoy?
Jesús para orar no enseña métodos, sino que busca despertar el corazón. No impone condiciones previas, sino que invita: el Reino está a las puertas de la vida; hay que volver a él y la condición es que exista un deseo hondo y profundo, por eso hay que saber el camino a seguir para ser levadura que fermente la masa y, ordenar la vida al servicio y alabanza de Dios.
La oración requiere y exige esfuerzo personal y perdurable, para ir en la dirección del conocimiento de la fe, esfuerzo que llamamos contemplación y debe ser para los cristianos extensivo a su esfuerzo por lograr el amor Cristiano 3 . Ignacio presenta con sus ejercicios las posibilidades siempre abiertas y nuevas de progreso, crecimiento, fortaleza, renovación en la oración y en la acción. La conexión profunda en la espiritualidad ignaciana entre contemplación y acción.
Lo que aquí se presenta tiene como base los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola, porque al ser un texto vivo, emergen nuevas semillas de vida que piden cultivo en el aquí y ahora dela vida de la Iglesia. La calidad de nuestra vida se nota en la calidad de nuestras relaciones y la
2 Cfr. KARL RAHNER, Escritos de teología III, Madrid 20024, 221-231.
3 Hans Urs Von Balthasar. Ensayos teológicos III . Spíritus Creator «espíritu, amor, contemplación», Madrid 2004, 153.
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forma como se cultivan y alimenta, por eso nuestra forma de vida –ahora mucho más citadina, globalizada– ha de ayudarnos a encontrar con él.
PUNTO DE PARTIDA O DE REFERENCIA
Para este apartado tomo como ejemplo la Eucaristía, porque posee un ritmo propio de intimidad que introduce en el misterio, no es un rito casi mecanizado y formal; por eso, comprender y vivir su significado es una ayuda para la oración diaria. La razón es muy simple, mirando su itinerario se convierte en una ayuda para la vida de oración personal o común.
1- La mayoría de las veces se comienza con un cántico, de pie, para respirar mejor. Espacio y tiempo de serenar, centrar y tomar conciencia de lo que se va celebrar y participar; de igual modo en la oración, se empieza por serenar el cuerpo y le espíritu bien sea mediante un ejercicio de respiración o relajación para centrar la vida en lo que queremos hacer.
2- Siempre encontramos el saludo del celebrante a la asamblea, nos colocamos ante Dios, es decir, queremos estar en su presencia, para vivir la vida de otro modo más humano, que permita enfrentar las limitaciones, superar preocupaciones, abrir horizontes nuevos; por eso, reconocemos la fragilidad y necesidad humanas que impiden la correspondencia al amor divino.
3- El momento de la oración colecta, se manifiesta lo que se quiere en la celebración no solo en lo que se dirige a Dios, sino a sí mismo como pueblo, porque es manifestar el deseo a Dios, porque se ha venido a celebrar la vida, no por casualidad o distracción, sino con un motivo claro.
4- La lectura de los textos de la escritura, piden una actitud de escucha; porque el Espíritu le hace recordar (pasar por el corazón) y Jesús vuelve como en el camino de Emaús a explicar todo lo que se refiere a él, de tal manera que el corazón se inflame por la escucha y explicación de la Palabra.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
5- Finalmente, llega la eucaristía propiamente: la ofrenda del pan y vino, la consagración y la comunión. Es la disposición para ofrecer, acoger y formar un solo cuerpo con el Señor. El momento del diálogo, la familiaridad y la comunión recuperada.
El anterior ejemplo, sirva para mirar que el proceso descrito es lo que sucede en la oración, sea cual sea la forma de orar empleada, lo que varía es el texto de la escritura que se emplee para dicho momento: Es asunto de ir avanzando con modo y orden, es decir, ejercitarse en una lógica, como quien aprende un arte o hace un oficio que necesita vivir etapas de aprendizaje una a una, para luego adquirir libertad de acción y descubrir la libertad del amor. Quien busque de inmediato la espontaneidad sólo hallará desorden, discordancia y monotonía. Quien se forme en la disciplina del cuerpo y del espíritu será el primero en liberarse de dicha disciplina.
Ahí no termina todo, porque es en la vida frecuente, común cotidiana, donde se verifica si lo celebrado en la eucaristía o vivido en la oración hace que coincida con la forma de actuar a diario. La evaluación y revisión de la vida garantiza que exista coherencia entre el decir y el hacer, que se unifique más la vida y la fe. Porque bien lo decía Charles de Foucauld: «orar es pensar en Dios amándolo» de tal manera que la familiaridad con Jesucristo sea mayor, porque él nos llama amigos, que invita a compartir su vida en la mesa y en la palabra, en el momento presente.
EL CUERPO PARTE IMPORTANTE PARA LA ORACIÓN
Si vienes a recrearnos y como un soplo das vida al barro, como un artista irás plasmando un rostro nuevo de hijos y hermanos. Por eso ven… Espíritu Santo, ven… Eduardo Meana
No tenemos un cuerpo, sino que somos un cuerpo que nos ha sido dado y que es fruto de la creación divina, por eso ha de ser valorado como tal, porque es un regalo que madura, crece, se transforma y enriquece. Este regalo divino forma parte también de la realidad del encuentro con
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el creador y por tanto, es una ayuda única y fundamental para la experiencia de Dios.
El cuerpo es el mejor medio de comunicación que posee el ser humano, es además signo sensible de la realidad interior. Toda la realidad del ser humano es de unidad de lo espiritual y lo corporal, no de división o separación o de dualidad; sino que el ser humano al asumir la energía de la creación y recapitulando la trama del universo, posee interioridad y exterioridad. Vamos hacia Dios, en la oración y en la vida, con todo lo que somos. Al orar, es imposible e impensable dejar el cuerpo en el vestuario. Se verifica por experiencia que nuestra actitud interior se transforma, según la postura corporal que adoptemos. El cuerpo no es obstáculo, sino que está impregnado de la presencia y fuerza transformadora y radiante del Espíritu.
La actitud corporal puede expresar la realidad interna o íntima de ofrecimiento, petición, o de estar ahí de manera silenciosa
El cuerpo lejos de molestar ayuda a orar, por ello hay que encontrar la postura que permita el recogimiento, la atención4. Ayuda para ello ciertas posturas corporales, la toma de conciencia del movimiento respiratorio y la relajación de las tensiones o estrés. El camino pasa entonces por un estilo de vida que incluye el adiestramiento del cuerpo, el aprender a respirar para que se de una mayor conciencia del cuerpo, de tal manera que el cuerpo sea orante, sumado a ello algún ejercicio físico que ayuda a la unificación interna5.
La actitud corporal puede expresar la realidad interna o íntima de ofrecimiento, petición, o de estar ahí de manera silenciosa. El lenguaje no verbal hace evidente una serie de realidades no expresadas en palabras,
4 Cfr. Ejercicios Espirituales 76.
5 Alguna bibliografía que puede ayudar: WILLIAM JOHNSTON, Enamorarse de Dios, Barcelona 2003; CARLOS VALLÉS, Mis amigos los sentidos, Bogotá 1996; ANTHONY DE MELLO, Contacto con Dios, Santander 1992; ANTHONY DE MELLO, Sadhana, un camino de oración», Santander 2002; FRANCIS JALICS, Ejercicios de contemplación, Salamanca 11998; MARIANO BALLESTER, Ejercicios y métodos orientales: CIS, Roma, 1985.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
muchos de los gestos de relación hacen palpables un montón de resistencias ocultas. La oración es para desplegar expresiones corporales del corazón y darnos cuenta de impedimentos inconscientes y parálisis ocultas que a través de sencillos gestos y expresiones corporales liberan, ayudan y unifican.
El cuerpo entra a formar parte de la oración como realidad sensible, que hace posible el encuentro con Dios, porque soy el lugar donde Dios vive y el cuerpo es parte de lo que soy. No es un impedimento sino un «instrumento» primordial para la sintonía con Dios. Para ello es importante el manejo de la respiración y de ser conscientes de cómo me encuentro con mi cuerpo, que dificultades experimento, que sensaciones me acompañan, para no olvidarlo sino tenerlo presente.

Las técnicas o mediaciones para la oración son eso, medios o instrumentos, jamás un fin. Si simplemente se le da importancia a ello, la oración queda reducida a un ejercicio de relajación física o sicológica, pero nada más. Se trata de una unidad mayor, de ir más allá de lo común y lo que quiere la gente, porque
un cuerpo que ora es un cuerpo que ama, un cuerpo penetrado de ese amor sin condiciones, restricciones ni limites. Un cuerpo orante es el que está lleno del Espíritu de amor6.
Porque «el Camino no es ningún camino» como dice Juan de la Cruz.
6 WILLIAM JOHNSTON, Enamorarse de Dios, Práctica de la oración cristiana, Barcelona 2003, 29.
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ESTILOS DE ORACIÓN
Señor, no sé que pedirte; sólo Tú conoces mis verdaderas necesidades. Tú me quieres más de lo que me quiero a mí mismo. Ayúdame a descubrir mis verdaderas necesidades, que siguen siendo ocultas para mi. No me atrevo a pedir ni la cruz ni el consuelo. En Ti espero; mi corazón se abre a Ti.
Visítame y socórreme por tu inmensa compasión. Castígame y sáname; humíllame y levántame. En silencio adoro tu santa voluntad y tus designios inescrutables. Me ofrezco en sacrificio a Ti. En Ti pongo toda mi confianza. Mi único deseo es cumplir tu voluntad. Enséñame a orar; ora Tú dentro de mí Monseñor Anthony Bloom, Arzobispo de la Iglesia ortodoxa rusa en Europa Occidental
La actitud de oración es la toma de conciencia de esa misteriosa presencia y la decisión de responder activamente a ella, de tal manera que todo el ser humano adquiere pleno sentido en todas sus facetas. Hay tres cosas importantes en la educación de la actitud orante: La experiencia propia, la orientación de un «acompañante» y la ayuda de un «método»7.
La oración de la Iglesia es muy variada. La manera propia de realizarla y vivirla puede ser igual o aprender a recrearla, bien sea con rezos diversos, o con palabras propias y el encuentro con aquella presencia insuperable que constata la novedad continua de Dios que no se agota. No deja de ser comprometido intentar proponer modos diversos de orar, de comunicarse con Dios, pero sabiendo eso sí que el maestro por excelencia es el Espíritu Santo. La oración no es conquista sino un apren-
7 Una ayuda complementaria para este trabajo es PERE BORRÁS, Dificultades para orar, (Eides 26), Barcelona 1999.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
dizaje continúo de apertura a Él. Estamos en un mundo de tendencia al dominio y control que impide espacios de gratuidad y libertad para sentir y gustar la acción de Dios en la vida y en la historia.
Que sorpresa, cuando existe comunicación y gusto del encuentro con Dios, por la variada gama de sonidos, matices, tonalidades, acentos, insinuaciones… en todo orden, porque a veces sobran las palabras y aparece con fuerza signos expresivos que reflejan todo aquello inabarcable y aunque parece difícil e imposible cumplir, se cumple en nosotros por iniciativa divina aquello de orar incesantemente8.
En la Sagrada Escritura existen modos muy variados y ello abre un horizonte cada vez más sugerente, caminos de la Palabra que han llevado a muchos hombres y mujeres a sentir una continua riqueza dada por Dios a todo aquel que se allega a su presencia. Es toda una nube de testigos que reflejan esta gran riqueza en la historia de la humanidad y de la Iglesia. Aparte de ello existen otra serie de ayudas para enriquecer el proceso creativo de la oración como lo es la música, la pintura, la danza, la poesía y demás expresiones artísticas que rompen las fronteras de la rutina.
En la Iglesia se ha hecho tradicional la oración de petición, ofrenda, intercesión y acción de gracias, tomadas de San Pablo9. Todas son formas aprovechables y provechosas. Lo que importa no es cambiar por cambiar, ni saber cómo se llama o cual forma de oración, sino que hagas oración: que hables confiadamente con el Señor, acudiendo a algún recurso que te ayude. Desde luego, para comenzar cualquier oración, vocal o mental, es necesaria la disposición personal en todo sentido. Para eso, no hay temor de repetir lo mismo, mientras sea útil.
Rezar oraciones
Recitar una oración aprendida de memoria o escrita, es la manera más común de oración y los primeros pasos se dan por este camino que poco a poco despierta deseos, sentimientos, actitudes de expresar lo que
8 Cfr. 1 Tes 5, 17; Ef 6, 18; Lc 21, 36.
9 Cfr. 1 Tim 2, 1; Flp 4, 6.
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nace más hondo. Es la oración en la cual se piden prestadas las palabras de otro, al utilizar un libro de oraciones, por ejemplo; igualmente es la que se repite a través de las oraciones aprendidas que elevan el espíritu y que con palabras sencillas y cotidianas dan comodidad y seguridad. Es como la partitura musical con la cual al interpretar la melodía se tiene una pauta segura, para no improvisar.
El trabajo esta en no caer en la formalidad vana, que es quedarse en la simple lectura del principio a fin. Si estas harto del libreto porque las palabras no llegan, ni dicen nada, ni estimulan en absoluto, es señal de que hay que cambiar, lo mejor es dejar de usar palabras ajenas para abandonar la partitura y tratar de ser originales.
Es aconsejable tener en cuenta algunas actitudes:
→ Adoración al ser conciente de la inmensidad de Dios, expresar con palabras los sentimientos de asombro, admiración, alabanza…
→ Contrición. Darse cuenta como en ocasiones se ignora o rechaza a Dios, así como el daño causado a otras personas y se pide perdón. Hay que estar atentos para no caer en culpa malsana, que perjudica la apertura a Dios.
→ Acción de Gracias. Al ser agradecidos hay que ser concretos, para no meter en el mismo inventario todo, de tal manera que al ser conciente de lo que se agradece se afinen la vida, para reconocer en el detalle la manera como Dios aparece de manera sorprendente.
→ Súplica. Es colocarse con todo lo que uno es (gozos, tristezas, conflictos, sueños, anhelos, problemas…) en manos de Dios y estar abierto a la influencia del arco iris de la gratuidad. La súplica no es para abrir la oficina de quejas y reclamos, sino para compartir y colaborar al hablar de sí mismo y del deseo de conocer y vivir según lo que Dios quiere, por eso, hay que tener en cuenta que se hace parte de la humanidad y de una historia concreta y por ella hay que «interceder» también.
Al finalizar con la oración de mayor sabor, expresarla despacio, pensando en lo que se dice.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
La repetición no
aburre más que a los que ignoran la riqueza de esta oración del corazón
En la religiosidad popular tenemos frases, que parecen de cajón, para invocar al Señor y para manifestar la fe… son las que conocemos como «Jaculatorias». Es una oración al instante, son rápidos dardos de oración lanzados a Dios en cualquier momento del día, en cualquier lugar y sirven para ser conciente de la presencia de Dios en lo secreto… anda por ahí… hagamos lo que hagamos, estemos donde estemos… es tener una palabra o frase en la punta de la lengua… lo bueno es acostumbrarse a ella y usarla en determinado momento de comenzar o terminar un trabajo, hasta que se convierta en un hábito, que es un telón de fondo de la oración silenciosa. La repetición no aburre más que a los que ignoran la riqueza de esta oración del corazón. Se trata de hacernos conciente de Dios en las actividades automáticas, así como cuando se está demasiado ocupado o sin hacer nada y al paso del tiempo se verán los frutos, como si se introdujeran cambios subliminales. Es algo que cualquiera puede hacer… para vivir lo que dice Pablo «oren sin cesar» y estar siempre con Dios.
Oración de Petición
Todos los que rezan saben pedirle a Dios o a Nuestra Señora. Hay que recordar aquí lo que dice el apóstol Santiago: «Ustedes no consiguen lo que quieren... porque lo piden mal, pues lo quieren para gastarlo en sus placeres» (St 4,3), no hay que pedir para satisfacer un capricho, un antojo, un gusto sin importancia, sino
♦ para poder vivir como imagen y, en ser cada vez más, semejanza de Dios;
♦ para que todos vivamos como hermanos, hijos del Padre: en la paz, la solidaridad, el amor limpio y sincero.
Es la súplica llena de confianza que no cae en el vacío. Recuerda qué simples e importantes son las peticiones de la segunda parte del Padre nuestro. Hay que pedir el Espíritu Santo para ti y para todos. Ruega por el mundo entero, en especial por los que sufren por enfermedad o injusticia, los que mueren, los que están demasiado solos, los que están
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desunidos, los que han fracasado en algo importante, los que le tienen miedo al mañana, los que desesperan, los que echan a perder su vida, los que están tristes, los que hacen daño, los que pueden hacer mucho bien, los que desempeñan grandes responsabilidades...
Claro que también puedes pedir la salud, el éxito en tu estudio o trabajo, buen tiempo, la lluvia necesaria, buenas cosechas, una buena salud. Pero hay que caer en la cuenta que lo que pides no es lo más importante. Si quieres, ahora mismo, haz una buena y generosa oración de petición.
Oración de gratitud o acción de gracias
A lo mejor, has sido muy pedigüeño en tus rezos hasta ahora. Y no es bonito ser mal agradecido. Sea como sea, la propuesta es acostumbrarse a dar gracias a menudo, por todo lo bueno que se ha recibido, por todo lo bueno que hay en torno tuyo, en el trabajo, la calle, que lees en el periódico o ves en la televisión, por todo lo que va mejorando en el mundo, en el país, por todo lo bueno que has hecho tú, por lo hermosa que es la naturaleza, por tus padres, tu pareja, tus hijos... por los amigos, los que te formaron, los que te ayudaron a crecer...
Es el reconocimiento de quien recuerda los regalos de Dios en el pasado y reflexiona sobre los que están llegando en el presente, con la seguridad de su fidelidad en el futuro; Pablo en su carta a los Filipenses presenta una acción de gracias que puede estimular y vivir con alegría y agradecimiento lo vivido y que pasa por el corazón10.
Si tienes Biblia a mano, puedes encontrar oraciones de acción de gracias en los Salmos 103, 136, 138. Algunas expresiones te resultarán añejas o ajenas, realízala con hechos y palabras de hoy e inspirarte para hacer tú oraciones parecidas, como lo hizo María en el Magnificat.
10 Cfr. Fil 1,3-10.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
Un buen momento para este tipo de oración es la noche, antes de dormir. Esta noche, o ahora mismo, haz una oración de gratitud por lo vivido en las últimas horas.
Oración de alabanza
Alabar a Dios es como decirle: ¡felicitaciones! Pues, dile tú, con estas u otras palabras: Te alabo porque eres Dios, grande y bueno, porque eres un Padre admirable, porque se te ocurrió crearnos, porque te hiciste tan cercano en Jesucristo, porque tu Espíritu Santo ha inspirado tantas buenas iniciativas y por tantas cosas de mi vida que, tal vez, tú y yo somos los únicos que sabemos.
En la Biblia, hay notables alabanzas en los tres últimos salmos 148 a 150 y en el libro de Daniel, 3, 52-90. Úsalas o inspírate en ellas.
Oración de ofrecimiento
Porque Dios es Dios, es bueno colocar en sus manos y a disposición suya todo lo que tenemos y todo lo que somos. Es sentirnos expresión viva de solidaridad activa con quienes sufren y están en necesidad. En esta actitud de disposición al Señor para estar de manera viva y despierta siempre haciendo el bien, para ello no hay horario definido, sino que puede realizar antes de un trabajo o reunión, así como en un viaje o de igual manera con oraciones dichas de memoria o con expresiones espontáneas. Para ello conviene hacerse consciente durante un momento de la rutina, de la importancia de crear un ambiente de silencio interior, y establecer una cierta complicidad interna con el Señor que nos va acompañando en nuestra vida.
Oración escrita
Comparto con Dios todos mis sentimientos por escrito, como si enviara una carta a mi mejor amigo. Leo en voz alta lo escrito, o la Palabra de Dios. Un salmo, un texto de la Sagrada Escritura. Me detengo, vuelvo atrás en el texto, repito frase por frase. Leo reposadamente y muy tranquilamente el texto elegido. Subrayo una idea inspiradora, un pensamiento que me ha impactado y va tomando fuerza en mi interior.
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Oración de salida y de quietud
Pronuncio una frase que me resuene y me inunde con su sonido, con su contenido. Capto el silencio sonoro de la presencia divina en todas las cosas. Recuerdo frases que me han inspirado positivamente. Escucho meditativamente una canción o alguien que me ayuda a reflexionar con sus palabras. Puedo evocar palabras del pasado que me han sido dirigidas y que aún conservo en mis oídos.
En «Dios vivimos, nos movemos y existimos»
Hago desaparecer mi YO, para que aparezca el TU de Dios sostenidamente presente con frases como «Señor mío y Dios mío...», «Señor, Tú me sondeas y me conoces...», «Tú eres mi todo...» «Tú Señor, eres mi fuerza, mi roca, mi salvación», del Salmo 46. En esta oración nos desligamos de todos los ruidos y presiones, del pasado, el presente y el futuro. El espíritu se impregna con una sencilla frase o mantra. Estás tú mismo presente aquí mismo. Sentimos como dice San Pablo que en «Dios vivimos, nos movemos y existimos»11.
Oración de Confianza
Si la oración de ofrecimiento te resulta difícil, puedes hacer al menos alguna oración de confianza en Dios Padre, en Jesucristo, en Nuestra Señora. Normalmente son muy personales: ¡no puedes pedir prestada la confianza de los demás, hay que expresar la propia! Teresa la de Jesús se repetía a sí misma en las dificultades: «Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta».
Oración de deseo
Cuando no estás en condiciones de hacer grandes cosas, por ejemplo por estar enfermo/a, o por verte limitado/a por las circunstancias, ¿quién te quita el seguir soñando y deseando el bien? Díselo al Señor y será una
11 Hch 17,28.
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bonita oración de deseo. La más conocida, la más simple y la más perfecta es la primera parte del Padre Nuestro.
Oración de contrición, arrepentimiento, etc.
Nadie vive sin caer en alguna falta de correspondencia al amor. Pero es importante orar y no dejarse arrastrar por la pendiente del mal. En esos momentos, caben varias formas de oración:
♦ una, de confesión de tus pecados, como el «Yo pecador»
♦ otra, de arrepentimiento o contrición –que no es lo mismo que el remordimiento–, éste te queda adentro sin provecho. En vez de rumiar tu maldad, vuélvete a Dios y dile a Él tu pena y vergüenza de haberlo ofendido a Él que siempre ha sido bueno y paciente contigo.
♦ otra, para pedir el perdón de Dios, con decisión de no volver a cometer la falta si fue grave, o con deseo de ir enmendándote si se trata de alguna debilidad de tu carácter.
♦ otra, para pedirle a Dios ser liberado de ataduras que entorpecen el ser imagen y semejanza de Dios, por medio de ser consciente de la debilidad y en disposición de apertura para crecer y transformarse.
♦ finalmente una, para pedir la reconciliación con Dios, contigo mismo y con los demás.
Ahora bien, muchas veces, mezclamos varios aspectos en una orción y está bien así. Pero, si no estás muy acostumbrado, un ejemplo: Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; No te acuerdes de mis maldades, acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
Orar con los salmos
Son una ayuda para la oración vocal, ellos están cargados de gran vitalidad espiritual acumulada durante muchos años. Seguramente Jesús con estas palabras se comunicaba con el Padre cuando fue niño, joven, adulto, evangelizador, crucificado. Cada Salmo tiene su propia vida, en un mismo Salmo podemos encontrar versículos que sintonizan más con lo que pasa, otros que causan perplejidad por lo que pide y lo que propone, otros con una bella interioridad…
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Cuando se lee un salmo hay que detenerse en lo que más llega y llena. Aquí cuando se siente la visita de Dios, se detiene la marcha, se repite lentamente las frases de mayor sentido y contenido, dejándose contagiar por aquella vivencia profunda que sentían los salmistas, los profetas y Jesús. Aunque durante una hora no hagas otra cosa quedarse allí es lo mejor, sin prisa alguna. Déjate arrebatar por la presencia viva de Dios, envolver por los sentimientos de asombro, exaltación, alabanza, intimidad u otros sentimientos que impregnan las palabras.
Si en un salmo encuentras maldiciones contra el «enemigo», deja fluir el deseo de ser conducido por el Espíritu y sentirá cómo le sugiere aplicarlos contra el egoísmo en sus múltiples hijos como el orgullo, la vanidad, la ira, el rencor, la injusticia, la explotación, la ira, el mal genio, la ambición…
Para un trabajo posterior es aconsejable hacer un propio estudio de los Salmos, para que sienta y guste lo que a ti te llega, te dice y te sirve…. que a otra persona le puede decir mucho o no le dice nada. Para ello el subrayarlos según la riqueza percibida y alguna indicación al margen de lo que te inspira aquella estrofa, por ejemplo, confianza, intimidad, agradecimiento, fugacidad de la vida… de tal manera que con este conocimiento personal cuando desees alabar, meditar sobre la precariedad de la vida, la búsqueda de sentido… sabrás a donde recurrir. De esta manera, irás poco a poco aprendiendo de memoria estrofas cargadas de riqueza y alimento en cualquier momento.
¿Cómo orar con un texto o un versículo que leo en la Biblia?
Trato de entenderlo, es decir comprender ¿qué quiere decir? Esta palabra de Dios quiere comunicarme un mensaje ¿cuál será?
Aplico esto que leo a mi vida: ¿qué tiene que ver esto con mi vida? No voy a pensar que esto le vendría muy bien o le conviene a tal persona o tal otra. Es a mí a quien Dios me habla.
Conversación personal con Jesús: entiendo ya la Palabra de Dios y ahora converso todo esto con Él. Sabemos que la conversación es de dos personas, entre dos personas:
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√ yo hablo con Jesús de lo que siento, pienso sobre mi vida, de lo que Él me dice y hace en mi vida: lo importante es que Él me dice que esto que leo y reflexiono, lo puedo necesitar. También puedo sentir que me cuesta poner en práctica esto en mi vida. Por ejemplo escucho que Él me dice que es bueno perdonar, que no se puede ser cristiano si no se perdona o me anima a comprometerme más con la comunidad, o que tengo que mejorar mis relaciones con alguna persona...
√ Yo hablo y luego hago silencio para darle oportunidad a Él de hablar (si todo el tiempo hablamos nosotros, ¿cómo lo vamos a escuchar?)
√ lo que Jesús me dice y hace en mí es importante: puede estar cambiando, transformando mi corazón de piedra en carne, de sordo que soy puede hacer que sea capaz de escuchar, o de mudo que no se atreve a decir nada por miedo y por timidez puedo convertirme en una persona que se expresa, que da un buen consejo etc.
MANERAS DE ORACIÓN EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES12
En todo proceso de aprendizaje es necesario tener alguien que enseñe, acompañe. Lo mismo pasa en el camino espiritual. La riqueza y variedad de métodos de oración enseñados por Ignacio en pocas páginas, y con la posibilidad de adaptación a diversidad de personas, son instrumentos sólidos y aptos para acercarse a Dios nuestro señor. Son maneras sencillas que expresan una relación con Dios muy profunda y quizá sean reflejo de la larga experiencia del peregrino de su encuentro con Dios, porque es consciente de que Dios le trataba de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole.
Los modos de orar ayudan a mantener la recomendación de Jesús, estar atentos, despiertos, es decir vigilantes!!!. Para detectar la presen-
12 Bibliografía que puede ayudar: PERE BORRAS, orar con san Ignacio de Loyola, (Ignaciana 2), México 1999; W. A. BARRY, «oración ignaciana» : Grupo de Espiritualidad Ignaciana (Ed), Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2007, 1370-1376.
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cia de Jesús mi Señor –la proximidad de Dios– y crecer en la identidad con él en el mundo que nos rodea y vivir con alegría, gozo y plenitud la vida, esto en el ámbito externo, porque a nivel interno es la adquisición de más libertad, no estar dominado por cosas, sentir que somos el lugar donde él vive y ser su transparencia. La clave está en prestar oído a la historia para ver si se ha dejado oir en ella la palabra de Dios13.
La variedad de modos que se plantean para vivir en los ejercicios tienen el talante de ser claves para estar enraizados en la realidad, que bien en términos de Ignacio es tener devoción, que no es un espiritualismo vacío, sino la facilidad de encontrar a Dios. Algunos tipos de oración propuestos por Ignacio en los Ejercicios espirituales son:
√ Examen de conciencia (EE 43)
√ Examen particular (EE 24)
√ Examen de la oración (EE 77)
√ Meditación con las tres potencias (EE 45)
√ Coloquio para concluir cada ejercicio de oración (EE 45, 65, 101, 190, 246)
√ Contemplación (EE 106, 108…)
√ Repetición (EE 62)
√ Resumen (EE 64)
√ Aplicación de sentidos (EE 122-125)
√ Tres modos de Orar (EE 238-260)
Meditación
Es un proceso que consta de tres pasos:
→ → → → Traer a la memoria el contenido de la meditación
→ → → → → Discurrir con el entendimiento sobre tal contenido y → → → → mover los afectos (voluntad) implicarse afectivamente en lo que se pretende con la meditación. que coloca en juego todo el ser de la persona
13 Cf. Un ejemplo de lo que sucedió en la vida de uno de los primeros jesuitas en la vida interior. J. García de Castro «Pedro Fabro, la cuarta dimensión» Sal Terrae: Santander, 2006.
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Este tipo de oración Ignacio lo propone al ejercitante cuando este quiere ordenar sus afectos14, es decir, que el ejercitante vuelva más sobre sí, bajando a las profundidades de su ser y allí se encuentre con Dios, para que luego salga de sí y se disponga a Él, pero porque la creatura y el creador se han encontrado, de lo contrario sería puro voluntarismo humano.
El trabajo de la memoria es tomar conciencia del acontecimiento a meditar, a través del contenido de una historia, por lo tanto la materia de trabajo no es indiferente a la persona, sino que la confronta, porque el contenido no es del pasado, sino que tiene un valor vital para la persona en el presente.
La etapa del entendimiento es para trabajar sobre la materia propuesta para tener una visión más amplia del contenido propuesto en la meditación. La capacidad humana de pensar, comparar, juzgar, deducir nuevas cosas a partir de lo que ya conoce
La etapa de la voluntad lleva a unir razón y corazón, lo racional y lo afectivo, para extraer las consecuencias a las que llegó el entendimiento y mover los afectos para alcanzar la gracia que se busca con la meditación propuesta. Esta etapa es la que da sentido a las dos anteriores porque desemboca en una efectividad práctica, al ser un esfuerzo espiritual que trae consecuencias a la vida, es decir, se vuelve lo adquirido patrimonio de la propia persona.
14 Los EE buscan que la personas quite las afecciones desordenadas y así busque y halle la voluntad de Dios (EE 1) lo cual supone un crecimiento en la libertad para llevar adelante lo que desea hacer con su vida y no colocar impedimento a la acción de Dios. La Vía purgativa (EE 10) es un medio que se utiliza para crecer en el seguimiento del Señor como se veía en la tradición espiritual, porque Ignacio en el siglo XVI bebe de una tradición espiritual muy fuerte, conocida como la Devotio Moderna de gran influjo en la cristiandad, al ser de carácter reactivo contra la especulación intelectual, por una parte, y el exceso y superficialidad de las devociones exteriores por otra. Dentro de esta corriente Cristo y su humanidad constituían los ejes centrales de sus meditaciones y los caminos para alcanzar el crecimiento espiritual. Lo más importante de la vida de Cristo aparte de su misma persona, eran los ejemplos y circunstancias de su vida, que en buena medida tenían que ser imitadas por todos los cristianos. Por ello, meditaban continuamente la pasión del Señor, la muerte, el juicio. Esta búsqueda de Jesús, hace que todo pase a un segundo plano, trayendo en muchos casos cierto
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La meditación es una actividad mental en la que se manejan conceptos, ideas, se distingue, induce, deduce, explica, combina y aplica diferentes ideas sobre un tema. En la vida espiritual se busca enriquecer la vida con conocimientos de la vida divina, porque a través de esta actividad espiritual se profundiza en los misterios de Dios y se crece en la vida divina.
Existen tres grados de interiorización: a nivel de memoria, de la inteligencia y de la voluntad. No olvidar que, la meditación depende más del corazón que de la inteligencia. El papel de la memoria es el recuerdo (la presencia: !acuérdate de Jesucristo!), la inteligencia para apoderarse de esa palabra (hacer presente: conocimiento interno del Señor) y la voluntad es despertar y sentir a través de decisiones en comportamientos de vida (anima a vivir: ser transparencia de Dios en el mundo). La meditación cristiana surge enteramente del bíblico escuchar la palabra de Dios15.
En el A. T (sal 19) la palabra y la prescripción de Dios son esperadas impacientemente, ansiadas, anheladas, acogidas y guardadas en el corazón, meditadas y gustadas hasta el fondo, que supone la acogida en obediencia y un amor activo como pacto de amor en el desierto16.
Con la Biblia al irla conociendo es bueno ir haciendo algunas anotaciones, así como los temas de interés que «estudia». En la lectura meditada sepa bien en que va a centrar la atención, luego lea muy despacio. En cuanto lea, medite, en cuento medite, lea.
Si aparece una idea interesante, deténgase; levante los ojos del libro, profundice la idea, sácale jugo a aquel pensamiento, aplicándolo a la vida.
Si no entiendes nada, vuelva atrás, haga una amplia relectura y vea en más amplitud (contexto) aquella idea.
desprecio a la reflexión, el estudio, compensado con un apasionamiento bíblico. Muchas veces deslizaron los grupos de esta tendencia al moralismo, traducido en un esforzado amor a las virtudes. La metodización de la vida espiritual es la nota predominante de la «Devotio Moderna», buena hija de la escolástica decadente. R. GARCÍA VILLOSLADA, Rasgos característicos de la Devotio Moderna: Manresa 28 (1956), 315-350.
15 Cfr. HANS URS VON BALTHASAR, La oración contemplativa, Madrid 1985, 214.
16 Cfr. Os 2, 16ss; 11, 1; Jr 2, 2ss.
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Si sientes ganas de conversar con el Señor… hágalo con calma. Si no se produce algo especial, siga con la lectura reposada, concentrada y tranquila.
Trata que cada meditación acabe con un propósito concreto de vida.
En ambiente comunitario permite luego de la lectura del texto bíblico, en ambiente de confianza, sinceridad, el que cada quien haga su reflexión espontánea delante de los demás asistentes. Hay que evitar ser el «protagonista» o de expresar ideas brillantes como si fuera lo más importante, de tal manera que la meditación comunitaria sea una escuela de vida y amor
Repetición
«notando y haciendo pausa en los puntos que he sentido mayor consolación o desolación o mayor sentimiento espiritual»17 EE 62; 118. La repetición es una oración basada en la experiencia de dos meditaciones o contemplaciones precedentes. Por lo tanto los puntos para la repetición serán los momentos más intensos de consolación, desolación, o sentimiento espiritual, vividos en los dos ejercicios anteriores. La repetición es volver allí donde el Señor me espera, o porque me ha tocado, o porque he experimentado una resistencia al toque del Señor.
En esta propuesta es necesario recurrir a lo anotado en los exámenes para saber sobre que hay que profundizar para crecer, bien sea porque se sacó mucho gusto o se encontró dificultades. Este trabajo corresponde al nivel personal de tratar de encontrar mayores frutos y discernir lo que Dios quiere comunicar en estas situaciones de la vida concreta; así mismo, para ir en mayor profundidad en el mundo afectivo, sea vida en la persona, eche raíces y no sea sólo un gozo momentáneo. La repetición ignaciana trata de ver las cosas con una perspectiva nueva, o una mayor profundidad. No se trata de recorrer de nuevo toda la materia vista, sino volver sobre aquellos puntos o aspectos más interesantes o que despiertan respuestas más profundas.
17 Sentimiento espiritual es más que el simple sentir (sentido). Es un sentimiento en el que Dios habla y obra.
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La repetición permite
interiorizar el lenguaje de Dios y discernir el significado de aquello que se ha sentido y gustado internamente
La repetición vuelve sobre lo ya meditado, pero yendo directamente no a los puntos de los Ejercicios anteriores, sino a los sentimientos tenidos en ella. Estos equivalen a los «puntos» de la repetición sobre los que se debe volver. Estos son los lugares decisivos, que le dan a sentir al ejercitante dónde ha sido tocado inmediatamente por el combate espiritual. Nada importante se piensa una sola vez, porque sólo se recuerda lo que se ama. El amor está vinculado inseparablemente al recuerdo y volver a ello permite seriedad y verdad por la sintonía con los deseos más profundos, que dan seguridad, consuelo, paz; por ello la repetición es un camino de un mayor reconocimiento (sentir y gustar lo vivido), agradecimiento y compromiso, que envuelve o configura con el Amor que desciende de arriba.
El detener o hacer pausa es una actitud que implica atención, respeto, escucha y acogida de la Palabra. La pausa que se hace es el lugar específico para el reconocimiento e interpretación de los lenguajes (mociones18) de los diversos espíritus y sus movimientos (sentimientos, consolación, desolación). La pausa tiene, pues, la función de recuperación para ganar profundidad. El entendimiento humano tiende a la verdad y a descansar en ella, ese descanso es la pausa. En la pausa se intensifica el fenómeno de la atención, de la mirada interior en el objeto, por ello no es un quedarse quieto o darse por bien servido, sino que posee un dinamismo propio de ensanchar el deseo, ganar densidad en el sentir y gustar, profundizar en el misterio.
La repetición permite interiorizar el lenguaje de Dios y discernir el significado de aquello que se ha sentido y gustado internamente. Son el modo habitual de apreciar aquello que consideramos verdaderamente
18 Podría afirmarse que es un movimiento interior y que tiene que ver con realidades racionales (ideas, pensamientos, reflexiones) afectivas (sentimientos, emociones, afectos) sensibles (sensaciones, impulsos, instintos).
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importante. Con la repetición se crea un ámbito en el que se concede prioridad a la presencia del Otro. Un lugar especialmente apto para la escucha, asimilación y relación interpersonal, para que todo quede lo más claro posible y al mismo tiempo interiorizado.
La contemplación al ser una manera de penetrar en el texto evangélico, que no es con una simple mirada, sino todo un saber estar en silencio, humildad y presencia que acoge al misterio divino que está allí presente. Esta actividad del espíritu permite que cada escena contemplada resuene en el interior del creyente y se sienta comprometido. La repetición al ser un volver de nuevo, no por curiosidad sino por profundización, permite volver de forma vivaz al recuerdo como una luz que no abandona o estimulo al que sabe que podrá ceder de nuevo. Las insistencias que comienza a sentir el ejercitante le permite despertar de forma real al clima de la escena contemplada que aclara la vida con una luz inesperada que le permite configurarse con Cristo para iluminar la vida.
Resumen
«que el entendimiento sin divagar, discurra por la reminiscencia de las cosas contempladas en los ejercicios pasados» EE 64. Un camino de pedagogía espiritual, de eficacia transformante, porque indica que los elementos a tener en cuenta son pocos y simples, por lo tanto, de fácil asimilación, de mucha claridad y muy concretos, porque decanta la materia de oración propuestas, para solo concentrarse en aquello esencial que Dios quiere dar a conocer y que se vuelve en algo muy profundo para vivir, al clarificar cosas. La materia del Resumen es la misma que la de la Repetición, pero varía la técnica, la manera de hacerse y el fruto que de él se habrá de sacar.
El resumen es una interiorización del lenguaje que viene de Dios, y de aquellos elementos que son las motivaciones más hondas del propio vivir. El espíritu se entrega a la memoria de lo ya gustado en la Repetición, para que lo «sentido» se vaya como condensando más y más, es decir, no se trata de ver muchas cosas, sino de gustarlas y sentirlas internamente para llegar a una sintonía tal que uno se sienta identificado y en armonía con aquellos elementos más vitales.
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El proceso propio del resumen lleva en sí una inclinación más contemplativa y de mayor profundidad porque se presenta la «simplificación del discurso, acompañada por una penetración más profunda en la verdad viviente»19.
Aplicación de sentidos
LA QUINTA SERA TRAER LOS CINCO SENTIDOS SOBRE LA PRIMERA Y SEGUNDA CONTEMPLACION.
Oración. Después de la oración preparatoria y de los tres preámbulos, aprovecha el pasar de los cinco sentidos de la imaginación por la 1ª y 2ª contemplación20.
Es una oportunidad pedagógica de aprender de otra manera, porque la persona es invitada a hacer uso de la imaginación usando los cinco sentidos, es decir, aprovechar la fuerza de la imaginación en favor de la oración, para que la persona implique todo su ser. En juego se coloca toda la imaginación y la razón juega un papel parcial, para lograr mayor comprensión porque se exprime la realidad de otra forma, bien sea de realidades visibles o no, para dejarse ganar el corazón por Dios y transitar caminos de salvación.
Es un ejercicio que comporta una profunda interiorización de todo lo que Dios ya ha hecho durante un día de ejercicios, después de haber trabajado dos contemplaciones con sus repeticiones. Constituye una cumbre de oración, por tanto, no es una oración de descanso como algunos quieren hacerla presente, puesto que hace ir más allá de lo conocido, es un modo fácil de orar, pero no brota espontáneamente y quizá donde mejor se puede sentir y gustar mociones y gustos espirituales (EE 27). El Misterio trabajado a lo largo del día se degusta de manera tranquila, serena en el interior. Ignacio ha introducido un nuevo método que será utilizado bastante en los ejercicios (método nuevo en el proceso mismo de los ejercicios, pero no en la tradición espiritual). La aplicación de sentidos no es para permanecer en la superficialidad de los misterios, sino penetrar en mayor profundidad, para ganar en interioridad, es embeberse o impregnarse en totalidad, a través de aquello que nutre y haga fecundo
19 H. COATHALEM, Comentario del libro de los Ejercicios, Buenos Aires 1987, 123.
20 Ejercicios Espirituales 121.
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un misterio que hace más evidente lo que se busca del conocimiento interno del Señor21.
La aplicación de sentidos es el estadio ó nivel más profundo de la interiorización de la contemplación. Es la simple presencia ante la persona de Cristo en su misterio, en fe simple y amor vivo. La profundidad del proceso y progreso de la oración hacia la simplificación, hacia la interiorización, porque es estar presente ante el misterio total, embebiéndose todo junto, en un momento indivisible, con sólo reposarse en el misterio.
Al ser una oración que quiere dar mirada profunda y de conjunto, no significa que se vaya como a una revisión de un álbum fotográfico, que evoca muchos recuerdos y situaciones, lo cual es bueno; sino que basta una mirada para estar presente ante la totalidad. Es como una mirada al microscopio que revela una realidad más honda y profunda con mayor detalle de aquello que a simple vista no se penetra, para descubrir un asombro y perplejidad del trabajo de Dios en lo secreto y hacerse más sensible a su misterio y la acción en la creatura.
La aplicación de sentidos podrá, en esta perspectiva revestir modalidades accidentales múltiples, profundidades muy variables, que van desde una contemplación de carácter más simplificado y afectivo hasta una aprehensión intuitiva más o menos profunda que va acompañada de una luz divina de un amor infuso cuya calidad está dada por el don de Dios, o sea por la medida en que el Señor quiera comunicársenos22.
Una presencia de totalidad, una mirada sintética con la cual se capta todo junto en un momento indivisible porque aparece todo un
21 Cfr. Algunos textos que pueden ayudar en profundizar este método de oración: H. COATHALEM, Comentario del libro de los Ejercicios, Apostolado de la Oración: Buenos Aires, 1987, 163-167; PH. ENDEAN , Aplicación de sentidos: Grupo de Espiritualidad Ignaciana (Ed), Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2007, 184-191; L. M. GARCÍA DOMÍNGUEZ, La aplicación de sentidos: Manresa 81 (2009) 141-145; E. BRICEÑO, La aplicación de sentidos ¿un tesoro olvidado?: Apuntes ignacianos 8 (1993) 39-48; COMPAÑÍA DE JESÚS-PROVINCIA COLOMBIANA, Ejercicios Ignacianos Abiertos, Segunda semana I (Anexo 7) 113-116. SANTIAGO ARZUBIALDE, Ejercicios espirituales de San Ignacio, historia y análisis, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 1991, 293-302. 22 H. COATHALEM, Op. cit., 167.
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ambiente en el cual el recuerdo, la memoria, la sensibilidad confluye y se experimenta el ambiente en medio del cual se vivió la experiencia originaria, pero ahora con nuevos matices y detalles enriquecidos que hacen de ello una experiencia transformante y de plenitud porque confirman opciones, despierta deseos profundos de transformación o resurgimiento y compromiso, en fin, una recuperación o motivación a vivir la profundidad del amor en un testimonio sincero, profundo, sencillo. Es revivir con los sentidos el impacto de todo lo vivido en un momento anterior y estar allí presente por un detalle que abre la puerta al horizonte23.
Al hacer aplicación de sentidos se está ante Dios con el corazón abierto, dejando a Dios hacer todo en mí. La oración es llevada por Dios a ser una oración de simplicidad o de simple presente, o de simple mirada. Es un don totalmente gratuito de estar presente, viendo, oyendo, hablado con los que toman parte de ese drama real que se contempla en un misterio de la vida del Señor.
Coloquio
Ignacio propone este método para terminar los ejercicios de oración y consiste en una conversación «como un amigo habla a otro»24. El coloquio
23 En la literatura José Luis Borges en el cuento «Aleph» puede ilustrar con la metáfora todo aquello que no se puede plasmar con la definición o la fórmula. «(…) confluyera por un momento en un lugar concreto el todo, y desde allí abrir el gran panorama. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.
–Está en el sótano del comedor –explicó, aligerada su dicción por la angustia–. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph. –¡El Aleph! –repetí. –Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! (…)». www.apocatastasis.com/alephborges .php.
24 Ejercicios Espirituales 54. Cfr. EE 65, 101, 190, 246; así mismo Ignacio sugiere el triple coloquio para las grandes ocasiones: Banderas, Binarios, grados de humildad (EE 63, 147, 156, 168, 199, 225).
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sirve para recibir o insistir en la gracia que se ha pedido en cada ejercicio de oración, se insiste en el según la «subiecta materia»25. Es una actividad más gratuita, propia de quien hizo el mejor esfuerzo que pudo. Es una nueva toma de conciencia de lo que es la voluntad de Dios a la cual se ha llegado en el cuerpo de la oración. El problema es la voluntad de Dios que siempre es gratuita y no se la toma en serio. La toma de conciencia es para una disposición mayor a la oferta gratuita de lo que Dios quiere que viva. El coloquio se realiza bien sea con el Padre, el Hijo o Nuestra Señora26, de acuerdo a lo que se ha sentido en la oración. Es una parte gozosa de la oración porque se habla en plena confianza de lo que se quiere o mejor, de lo que Él quiere.
El coloquio permite confianza e intimidad de acuerdo a lo vivido en la oración, por ello es un entretenimiento familiar a través de la palabra porque es posible hablar personalmente con Dios de modo espontáneo y libre, puesto que ya se ha hecho el ejercicio de oración y se ha conseguido la expansión y manifestación de la hondura que movilicen las facultades humanas y se logre el conocimiento interno no de la palabra bíblica, sino del Verbo de Dios.
El coloquio no pretende una explicación de uno mismo a si mismo, sino en el encuentro interpersonal del creador-creatura que en libertad expresada en palabras y en comunión de corazón. Aunque la parte humana sea verbal y la divina no lo sea, por ello, no es solo conversar con Dios, sino encontrar lo que Dios quiere y desea. Este encuentro es a señas, por parte del ser humano a través del lenguaje y Dios actuando en el corazón humano por medio de movimientos y mociones.
25 Elementos de la oración que poseen un carácter flexible y adaptable en el proceso de los ejercicios y de acuerdo con la personalidad del ejercitante. Cfr. EE 48, 49, 74, 105, 199, 204, 225, 226, 243.
26 «Deberíamos esforzarnos por hablar con toda la sencillez y ternura de nuestro corazón con la Mujer de la nueva y eterna alianza, hablarle de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, hablarle de ella misma que, llena de gracia, se ha hecho toda entera servicio de amor, y hablarle de nosotros que queremos seguir a Cristo juntamente con ella» KARL RAHANER, Meditaciones sobre los Ejercicios de San Ignacio, Barcelona 1971, 138-139.
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Este encuentro en profundidad, que alienta el gozo hace sentir «la infinita suavidad y dulzura de la divinidad» EE 124. Tomado en serio el coloquio, la comunicación verdadera y en inmediatez entre creador y creatura se hace en un clima de confianza, cara a cara27. El coloquio tan sugerido por Ignacio, aunque presenta espacio de expresión de acuerdo a lo sentido por el ejercitante, mantiene una estructura para el diálogo con Dios, un ejemplo claro está expuesto en el coloquio de las Dos Banderas (EE 147) en el que coinciden el kerigma de Jesucristo humillado, muerto y resucitado con la forma servicial del amor cristiano.
Este método que sugiere Ignacio al ejercitante en diversas oportunidades a lo largo de los Ejercicios, formó parte de su intimidad con la divinidad, testigo de ello es el diario espiritual que muestra la pedagogía sorpresiva de Dios al ser expresión de una palabra ya pronunciada. El coloquio es la respuesta amorosa, de un amor que se le ha manifestado pero al que se le responde con la entrega incondicional, puesto que se ha vivido una relación de intimidad y conmoción afectiva.
El Examen General (EE 43)
Este encuentro en profundidad, que alienta el gozo hace sentir «la infinita suavidad y dulzura de la divinidad»
Es una oración breve, generalmente un cuarto de hora todos los días. Se puede decir que consiste en una toma de conciencia cualificada de las llamadas interiores y la respuesta a dichas llamadas. ¿En qué consiste? En medio de la prisa, detenerse un tiempo para mirar el día vivido, por eso aprovecha hacer este ejercicio de oración que propone Ignacio.
La mirada se hace desde la fe y con la certeza de que Dios está presente y actuando en la realidad que nos circunda, la historia de la que formamos parte y de la vida que vivimos. El examen es una lectura creyente de lo vivido que busca descubrir el paso de Dios y la conciencia
27 Ex 33,11: Dios hablaba con Moisés cara a acara, como quien habla con un amigo. Cfr. Dt 34, 10; Nm 12, 7-8.
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con la cual se vive la vida. La mirada se afina al volver a hacer conciente todo aquello que paso por el corazón tanto en los sentimientos, ideas, experiencias, palabras, actitudes, que se dieron en el encuentro con personas, en las actividades realizadas… ¿Acaso no hay interés en «hallar a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios»?. El examen ayuda a crecer en la capacidad de sorpresa y de admiración, cual niño, que curiosea y admira las cosas, de manera que todo lo agradece, todo lo ama.
El Examen General hace al ser humano un habitual discernidor del espíritu, lo habitúa a ser una persona de discernimiento en el diario vivir, porque clarifica las motivaciones profundas que mueven y sintoniza el corazón en el discernimiento a través de la vida cotidiana. El examen tiene mala fama, porque los humanos muchas veces deforman lo bueno o mal interpretan lo que llena de sentido. El examen recupera el sentido del diario vivir porque se trata de madurar en la vida cristiana, en el diario vivir y aceptar la dirección del Espíritu Santo.
Esta experiencia espiritual no es una evaluación moral de las acciones; tampoco es relación narcisista, ni una evaluación psicológica, ni la realización de una lista de acontecimientos sobre los que hay que emitir un juicio moral, no tiene nada que ver con un simple balance que todo ser humano podría hacer al finalizar el día. El examen no es un momento de oración de remedio infalible para hallar a Dios y su acción.
La finalidad es el captar finamente, día a día, la obra de Dios en seres humanos y al ser conscientes de dicha acción ganar apertura y profundidad a las insinuaciones del Espíritu. Es una lectura creyente, en Dios que se revela presente en la historia, para discernir el modo como Dios trabaja en la propia vida y disponerse a responder de la mejor manera a tanto bien recibido. Es un examen consciente de lo que se vive a diario.
Ser conscientes de la acción cotidiana y continua de Dios en la propia vida tanto en los aciertos como en las dificultades, porque el examen abre un abanico en tres dimensiones: pensamiento, palabra, obra y desde fuera acceder a lo que pasa en la conciencia. El examen un camino de sencillez y confianza para sentir la alegría de ser creatura en transformación.
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El trabajo espiritual del examen adquiere importancia no por ser realizado diariamente en análisis de comportamientos como muchas veces fue enfatizado el Nº 43 de los Ejercicios Espirituales, sino para darle fuerza a que nada se puede hacer sin la ayuda del Señor, de quien todo proviene como un don y una Gracia. «Pues ¿quién te hace mejor que los demás? ¿Y qué tienes que Dios no te haya dado? Y si él te lo ha dado ¿por qué presumes, como si lo hubieras conseguido por ti mismo?»28. Dejarse conducir por el Espíritu para sentir y gustar el paso de Dios que pasa sin hacer ruido. En otras palabras, es actuar según el discreto amor de Dios que está presente en los acontecimientos de la vida. Un trabajo que no es fuerza de voluntad sino de apertura a la gratuidad.
Algunos han querido cambiarle de nombre, llámese como se llame (lectura creyente del día, pausa ignaciana…) a través del Examen General, se anima el éxodo (salir de sí mismo) en la vida cotidiana; para gustar que se puede sentir y gozar la totalidad, así como continuar caminando con ansias de infinito. Esta revisión diaria para el crecimiento e identidad con Jesús, implica profundizar y renovar la vida cotidiana. El objetivo es vivir con profundidad la vida propia, y no la auto-perfección egoísta o psicologización «espiritual» de ordenamiento a nuestro modo (tan de moda en este último tiempo que lleva al egocentrismo, narcicismo e idolatría personal), sino en el encuentro transformador con la acción del resucitado que trabaja en el ser humano, para una mayor y mejor disposición a la acción de Dios.
Tomando en serio los pasos sugeridos por el peregrino, a continuación se proponen para mirar desde la fe y la certeza que Dios está presente y actuando en la historia de la vida propia y común.
1. Sintonía con Dios: entra en relación de cercanía y confidencia a través de las propias palabras. Dios no necesita de palabras rebuscadas, sino de forma sencilla y clara estar en un ambiente de calidez y confianza. Es verme como Dios me ve. Le pido al Señor que pueda mirar este día a la luz de su verdad...
28 1 Cor 4, 7.
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2. Recordar lo vivido: al igual que una película, que rueda las escenas diversas, vuelvo a pasar por el corazón la variedad de situaciones, encuentros, palabras, actividades vividas durante las últimas horas. Aunque hay mucho que parece natural, gradualmente Dios llevará a tomar conciencia de que todo es regalo, todo es Gracia, todo es donación. Ayuda ir mirando poco a poco, con orden, todo lo vivido para ser conscientes de ello, porque aunque un día se parece a otro, no es igual.
3. Agradecer: De todo lo recordado ¿en qué realidad (personas, palabras, situaciones, experiencias…) sentí a Dios presente? y agradezco por ello. Agudizo la sensibilidad para mirar despacio y agradezco las alegrías vividas en los acontecimientos, con las personas, en las experiencias, en las palabras de este día, donde el Señor salió al encuentro, es dejarse sorprender, sin hacer esfuerzo alguno. Me detengo en aquellas que fueron más fuertes y dominantes, quizá en un comienzo sea por cosas llamativas por grandeza, pero la sensibilidad divina va llevando cada vez más a detalles.
4. Fortalecer: No todo fue fácil, existieron hechos, encuentros, acciones, palabras que podrían haber sido mejores pero no lo fueron, por eso, al mirar las respuestas hay que reconocer con tranquilidad y sin angustias la presencia de la mediocridad y reconocer la debilidad, así como el deseo y posibilidad de mejorar. Al darse situaciones que no dejan el gusto o gozo esperado conviene mirar:
¿Qué pude haber hecho mejor y no lo hice? Y la propuesta es hacerse consciente que hay realidades, encuentros, situaciones en las que se puede vivir de otra manera mejor y crecer por el amor de Dios.
¿Correspondí al amor de Dios?. Si no se ha dado esta correspondencia es la realidad del mal que aparece y por tanto, aprovecha pedir perdón y fuerza para enderezarse hacia el futuro.
5. Invitar a Dios a la vida. Coloco en manos de Dios lo que tengo que hacer en el siguiente día, le cuento a él mis proyectos de lo que viene, es la resolución para el futuro que radica en que la
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experiencia de hoy ha de generar ganas –deseos– de enfrentar el futuro y asumir los desafíos con visión y sensibilidad renovada. Con confianza se vuelve a las manos del Señor. Terminar con una oración de mi agrado.

Examen particular
Gracias, porque al fin del día podemos agradecerte los méritos de tu muerte, y el pan de la Eucaristía, la plenitud de alegría de haber vivido tu alianza, la fe, el amor, la esperanza y esta bondad de tu empeño de convertir nuestro sueño en una humilde alianza.
José Luis Blanco Vega
Ignacio sistematiza con cierta organicidad este tipo de examen, pues los elementos que lo componen son parte de la tradición espiritual y la base de ello es su propia experiencia29. El objetivo es la docilidad a la acción de Dios en la propia vida e historia y renovar así en el diario vivir la actitud continua de conversión, es decir, el crecimiento en la familiaridad con Dios y en la coherencia de vida.
El camino que Ignacio plantea tiene como base tres momentos a lo largo del día (mañana tarde y noche) de tal modo que al ser conciente de lo que quiere combatir (defecto) o lo que desea cultivar (cualidad) pueda en el día ver, como ha vivido lo propuesto. Hacer el examen es una forma cada vez más consciente de ver aquella situación en la que es recurrente la dificultad (defecto, conducta… tanto de la vida personal, como de la relación social). Si le damos vuelta a la moneda puede plantearse de igual
29 Cfr. SANTIAGO ARZUBIALDE, Op. cit. 89.
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manera en sentido positivo y, resulta ser un medio que potencializa una cualidad o don particular. Este examen es oración porque supone la presencia divina, puesto que es la saturación del Reinado de Dios lo que transforma personas y hace crecer en la vida. Siguiendo al peregrino se podría realizar así:
En un primer momento, proponerse con diligencia a corregir, enmendar aquel defecto o a crecer o potencializar una cualidad particular… es hacer una oferta para el día…
En otro(s) momentos del día, tomas de conciencia cualificada de las fragilidades o de los logros obtenidos. Bien sea en superación del defecto o del fortalecimiento de una cualidad. Si ha habido fallas pedir perdón, si se perciben logros dar gracias.
Este tiempo de oración, en medio del diario vivir, tiene como aliciente enriquecer la cotidianidad. Supone un deseo de maduración en la vida y una invitación de Dios. La exigencia está en encontrar tiempo y espacio en medio de la dispersión en que se mueve el mundo de hoy, para vivir esta experiencia de forma atenta por el deseo que se experimenta de libertad y superación.
El peregrino también lo sugirió como ayuda fundamental en los Ejercicios Espirituales (EE 90) «El Examen Particular se haga para quitar defectos y negligencias sobre ejercicios y adiciones, y ansí en la segunda, tercera y cuarta semana» con lo cual se nota la exigencia de este camino para mejor hacer los ejercicios y mejor hallar lo que desea (EE 73) por ser sencillamente una evaluación de lo que está haciendo y como se está haciendo.
La contemplación
Este modo de orar es una oración más simple e intima30 en la que se sale de sí mismo hacia aquél que se quiere conocer internamente para más amarlo y seguirlo (EE 104). Parece que para lograrlo las ideas del pensamiento son más estorbo que ayuda y que ahora sólo basta una
30 Ampliación de este tema en SANTIAGO ARZUBIALDE, Ejercicios espirituales de San Ignacio. Historia y análisis, Bilbao-Santander 1991, 271-278; A. GUILLÉN, Contemplación: Grupo de Espiritualidad Ignaciana (Ed), Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Bilbao-Santander
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palabra, una imagen o un gesto de Jesús. Es exponerse a la irradiación de la luz que surge de los «misterios», es el mismo proceso de oración solo que se ha hecho más simple, espontáneo, pero no improvisado.
La contemplación ignaciana es un adentrarse en la vida del Señor al salir de nosotros mismos y sentir la participación en el mundo de hoy de su vida y del quehacer comprometido en la historia. No es una experiencia de imaginación, sino de sentirse envuelto y transformado por lo que se percibe del misterio, de tal manera que se asimile un estilo de vivir con los pies en la tierra, por la modificación de los afectos, la renovación profunda de los criterios, el dinamismo que despierta para la vida diaria.
Esta forma de oración marcada por la gratuidad, los afectos tiene el riesgo de ser tenida por ineficaz, pero precisamente en la aparente pasividad tiene la fuerza de transformación y dinamización de la vida. Los reflejos adquiridos por el encuentro profundo con los misterios de la vida del Señor llevan a una vida más activa y comprometida, una existencia integrada y de transparencia, y actitud de disponibilidad y libertad.
Contemplar para Ignacio, quiere decir simplemente « ver las personas y lugares, oir lo que hablan y mirar lo que hacen» y «sacar algún provecho». Por lo tanto el ver, sentir, mirar, son fuentes de oración. A un ejercitante quizás le servirá el ver, a otro el sentir, a otro el mirar. No es necesario que cada ejercitante, en cada contemplación haga los tres puntos (si encuentra algo en este punto, en este medio punto, en esta palabra, ahí permanecer). No puede dejarse de lado los preámbulos en cada contemplación, puesto que ayudan al orante a ser más consciente de la experiencia que está viviendo.
En la historia se encuentra una escena en acción, no un discurso, que se vea, escuche y sienta. Ella moviliza desde el comienzo la experiencia afectiva de la oración no por los detalles, sino por lo esencial del mensaje. Narrar la historia desvela la figura que da la libertad: Jesucristo. En el narrar la historia se convierte en misterio.
2007, 445-452; D ARÍO MOLLÁ LLÁCER, Horizontes de vida, vivir a la ignaciana, (Eides 54) Barcelona 2009, 17-22. M. L. HORMAZA, La comtemplación ignaciana, camino de encuentro: Manresa 81 (2009) 113-126.
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La composición viendo el lugar ayuda a la implicación afectiva en la contemplación a través de la actividad orientada de los sentidos, por medio de dejar de lado aquellas imágenes o realidades extrañas al texto de contemplación. Es un telón de fondo que estimule la experiencia de oración.
El fin de la contemplación es despertar la sensibilidad, asimilar detalle y despertar la admiración por el asombro que produce
El demandar lo que quiero (petición) es el eje de lo que se busca en el itinerario de los Ejercicios, recoge todo lo que se quiere en el ejercicio de oración para actualizar, provocar e incitar el deseo del conocimiento interno para más amar y seguir al Señor.
No se trata por tanto de un ejercicio de simple imaginación, pero se apoya en ella. Ignacio indica como pistas para la contemplación el ver las personas, oír lo que dicen, mirar lo que hacen y sacar algún provecho. Desde lo visible se va a lo invisible, se revela el rostro de Dios para nosotros, se descubre lo que en Cristo estamos llamados a ser. En este esfuerzo de la imaginación y de la reflexión que acompañan es en sí una buena oración… porque el tiempo suele pasar rápido y hay una nueva conciencia de un profundo conocimiento de Cristo. El interés de lo que relata el evangelio no consiste en su exactitud histórica, sino en disponer de materia sensible, para que a partir de fijar la atención en lo concreto que relata el evangelio Dios se da a conocer, de suerte que su amor invade e impulse al servicio, porque se descubre el impulso del Espíritu.
El fin de la contemplación es despertar la sensibilidad, asimilar detalle y despertar la admiración por el asombro que produce. Allí radica un secreto del reinado de Dios, cuando él dijo que si no somos niños difícil la llegada al reinado con Él, porque un niño con tanta facilidad se asombra... por eso, está a sus anchas en el Reinado de Dios. Eso pretende ser la contemplación dar profundidad a la vida, porque transforma por asimilación y el Espíritu modela los rasgos del rostro de Jesucristo. Es un esfuerzo por estar presente con Cristo en un misterio concreto de su vida que permite al Espíritu libertad para que actúe y la persona es atrapada por la escena, más no es un ejercicio de imaginación (aunque puede
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apoyarse en ella), sino que el Espíritu Santo lanza a la persona en el misterio y nace por su acción el querer y el obrar (Flp 2,13) de ahí que pueda vivirse aquello de «haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndoles en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible»31 .
La contemplación no es percepción, porque esta se encuentra en una obra de arte o una puesta de sol, al producir el placer estético, mientras que la contemplación asombra, tanto al contemplar un atardecer, como una simple piedra... el contemplativo sigue haciendo lo de siempre, no cambia nada, lo que ha sucedido es que el corazón está lleno de asombro.
La contemplación no es otra cosa que caer en la cuenta de lo que está ya siempre presente en la fe cristiana (que es una gracia de Dios), un caer en la cuenta que el cristiano tiene la posibilidad de llevar a cabo confiando en la gracia divina misma, aun cuando la gracia, en su libertad, puede dar alas y elevar al que contempla por encima de sus propias posibilidades activas, más para experimentar la verdad divina que para alcanzarla activamente32.
La contemplación es hacerse presente en la vida del Señor desde un texto bíblico, meterse dentro a buscar una respuesta muy sentida y profunda que afecta todo, es un esfuerzo de estar presente con Jesús en un misterio concreto de su vida, por eso tiene como paga que se gusta y se siente en casa, porque se trata de estar allí, para que el Espíritu de Dios tome posesión; es sentirse divinamente afectado y tocado, por eso es gozosa, no es fruto de esfuerzo o de simple imaginación aunque esta ayuda, pero se trata de movilizar los afectos, de moldear la sensibilidad y de disponerse a la acción. Se trata de llegar a un mundo que está más allá de los sentidos. Los vivido en la contemplación se refleja en la actividad apostólica, bien lo dice Balthasar «Quien, sin embargo, no conoce el rostro de Dios por la contemplación, no lo podrá volver a reconocer en la acción, ni siquiera cuando se ilumine frente a él en el rostro de los humillados y de las víctimas»33 pues quien no oye primero a Dios no tiene nada que decirle al mundo.
31 Ejercicios Espirituales 114.
32 H. BALTHASAR, Tu tienes palabras de vida eterna, Madrid 1998, 13.
33 H. BALTHASAR, Sólo el amor es digno de fe, Salamanca 2004, 103.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
La memoria y la imaginación tienen un fuerza en la vida diaria, porque es volver a «vivir» una experiencia tenida, no importa hace cuanto tiempo o en qué lugar. Uno se olvida de lo que lo envuelve y es atrapado por la escena o las circunstancias del hecho que produjeron una profunda impresión. Igualmente el estar allí presente en lo que hay que contemplar se ven las acciones, los gestos, las expresiones, se oye lo que dicen quienes estuvieron implicados… se está ocupado con todo el ser en este momento fascinante.
Tres modos de orar34
Ellos son un complemento del libro de los Ejercicios, y forman, junto con los misterios de la Vida del Señor, unos métodos de oración (modos y contenidos) destinados a enseñar a orar, para ser ejercitados durante los mismos Ejercicios y después, fuera de ellos, en la vida diaria.
Entre todas las formas de orar, no hay ninguna que haya sido tan minuciosamente explicada por Ignacio. Son modos de orar muy diferentes entre sí y piden naturalmente disposiciones también diversas; pero cuáles hayan de ser las que cada persona debe tener, nada ni nadie se lo dirá más claramente que la experiencia personal. Aparentemente aparecen como experiencias rudimentarias, pero es preciso redescubrir su profundo valor y actualidad.
El intento y propósito de Ignacio es, que los «Tres modos de orar» se expliquen en la cuarta semana como en su lugar propio, sobre todo cuando se dan los Ejercicios completos, pero que esto no quiere decir que en todo o en parte no se puedan y deban explicar antes, si se juzga más conveniente para el Ejercitante. Los modos de orar pueden ser vistos bien sea como experiencia original de apertura en oración y una escuela de
34 Más amplitud sobre el tema en ADOLFO MARÍA CHÉRCOLES, La oración en los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, (Eides 49), Barcelona 2006; JOSEP M. RAMBLA, Orar desde la debilidad. El primer modo de orar en los Ejercicios Espirituales: Manresa 65 (1993) 47-59; ÁNGEL TEJERINa, Tres modos de orar: Manresa 69 (1997) 51-67; ÁNGEL TEJERINa, Modos de orar: Grupo de Espiritualidad Ignaciana (Ed), Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Bilbao-Santander 2007, 1278-1283.
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iniciación de oración anterior al proceso mismo de los ejercicios y posteriormente en su vida cotidiana.
Y de hecho, no pocas veces será conveniente adelantar la explicación y la práctica, mayormente cuando se trate de personas que tienen sujeto para hacer todos los Ejercicios y no están todavía en las disposiciones exigidas por Ignacio para comenzarlos35. En este caso la preparación tiene una importancia extraordinaria, y uno de los medios más aptos que puede emplearse para acostumbrar a vivir el examen y la oración es la práctica de los «Tres modos de orar», que no son otra cosa que exámenes y fáciles maneras de orar36.
El primer modo de orar (EE 238-248) dice Ignacio que «es más dar forma, modo y exercicios, cómo el ánima se apareje y aproveche en ellos, y para que la oración sea acepta, que no dar forma ni modo alguno de orar»37; y en consonancia con esto y para las personas que no pueden hacer los Ejercicios típicos por falta de capacidad natural o por su poca voluntad, compone unos Ejercicios de primer grado con el primer modo de orar, según el siguiente plan de la anotación 18: dar el examen particular, el examen general; el modo de orar sobre los mandamientos, pecados mortales, etc.
El Primer Modo de Orar de Ignacio es un sabio itinerario de oración, Ignacio lo recomienda en la Anotación 18 como muy apropiado para los principiantes que quieren instruirse y avanzar en el camino de la conversión y a los que hay que ayudar a la práctica, asidua y fructuosa del encuentro con Dios. Ignacio prescribe al que da ejercicios declarar, o sea instruir, explicar, sobre determinadas prácticas de vida cristiana. Si no se conocen los obstáculos al amor de Dios, es imposible precaverse o removerlos.
El Primer modo de orar, confronta con la compleja estructura de nuestro yo y, es la base de una fórmula catequética destinada a cimentar a los creyentes en los principios fundamentales de la Ley de Dios y en la
35 Cfr. Ejercicios Espirituales 5, 20.
36 Ibíd., 4, 18.
37 Ejercicios Espirituales 238.
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración práctica elemental de la vida cristiana. El ejercitante puede iniciarse y avanzar en el conocimiento de los desórdenes subconscientes que traban e impiden su avance por el camino del amor a Dios38.
Una manera esquemática de ver este Primer modo: Definición: (EE 238) Combinación de meditación + examen de conciencia + reforma de vida + oración coloquial. Modo de proceder (EE 239-243) (metodología) y 1er Tema (Mandamientos). Puntos de trabajo: (EE244-248) presenta el 2º Tema: Los pecados capitales, 3º Tema: Las potencias del alma: Memoria, Entendimiento, Voluntad, Sensibilidad y, 4º Tema: Los cinco sentidos corporales: vista, oído, olfato, gusto, tacto.
Es un modo de orar embrionario, pero no por ello práctico y fecundo puesto que permite volver sobre la propia vida cristiana en el contexto propio de vida en lo básico del proceder cristiano. Los cuatro temas que Ignacio señala para el primer modo de orar aparecen tal cual entre las materias de examen que se enuncian en los Confesionales de la época, compuesto con miras a la confesión general. En tiempos de Ignacio, la confesión era una práctica o bien anual o esporádica. El momento de la confesión era para una catequesis existencial de enorme seriedad, que comprometía muy seriamente la libertad.
En la mente de Ignacio este conjunto catequético-sacramental era «un género» de Ejercicios nada despreciable, aunque todavía no fuera tan siquiera de Primera Semana. Los destinatarios la gente sencilla o ruda, tuviera letras o no, que no deseaba ningún tipo de elección o compromiso especial, sino simplemente el encuentro con Dios por el sacramento de la reconciliación y un cambio sustancial de su vida.
El primer modo de oración es, por consiguiente, un ir y venir referencial de la Ley de Dios al ser y a la actividad del individuo. Y esa conformación gradual es un proceso que puede y debe ser vivido en clima de oración. El primer modo de orar tiene como centro al ser humano y su comportamiento referido a Dios. Es una referencia permanente por la
38 Cfr. Véase al respecto un artículo anterior LUIS RAÚL CRUZ, El primer modo de orar. Un modo de ordenarse en clima de oración: Apuntes Ignacianos 48 (2006) 62-74.
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que el ser humano conoce lo que debe guardar y las afecciones e inclinaciones del corazón que debe evitar.
El segundo y el tercer modo de orar, por el contrario, son una mezcla de oración vocal y mental que tienen por objetivo el ahondamiento de los contenidos básicos de la fe.
El segundo modo de orar (EE 249-357) tiene que ver más con el misterio de la palabra, se trata de un proceso de interiorización «palabra por palabra». No son necesarios muchos textos para la oración, sino poner a funcionar la sensibilidad para que textos o palabras antiguas se llenen de un sabor y significado nuevo. «la significación de cada palabra de la oración» (EE 249) hace gustar un término al encontrar en dicha palabra significaciones o expresiones que permitan estar allí el tiempo en que se sienta devoción. No se trata de quedarse simplemente en un juego de bien hablar que desvíe del encuentro con Dios, porque las palabras no maquillan el encuentro con Dios.
El camino a recorrer a través de una palabra lleva a encontrar significaciones, comparaciones, gustos, consolación. Es una puerta que abre a otras realidades que revelan el misterio del Verbo Encarnado porque una palabra por sí misma no es de un solo contenido significativo, por ello el encontrar nuevos sentidos o caminos desde una palabra evita la ambigüedad. Una palabra se entreteje con otras para dar significaciones, sentidos, horizonte y así construir un mundo propio. La base de este modo de orar lo marca las significaciones y comparaciones que dan la profundidad en el encuentro con una palabra y que se confirma por el gusto y la consolación que se experimenta en la oración. Los textos para la oración buscan el diálogo, y son una co-producción entre oraciones elaboradas (Padre nuestro, Credo, Anima Christi, Salve Regina, Ave María) y el orante que se deja conmover en actitud orante para acoger la palabra de Dios. El sustento para este modo de orar es una cultura orante de carácter bíblico que adhiera más a Jesucristo39.
39 Cfr. PETER-HANS KOLVENBACH, Op.cit., 22-27.
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La forma de proceder es escalonadamente, con su ritmo propio y su duración. Consta de los siguientes pasos:
1. La Adición, «a dónde voy y a qué» (EE 250. 74 y 131)
2. La Oración preparatoria, que se hará conforme a la persona a quien va dirigida la oración, encomendándose especialmente a ella (EE 251)
3. La adecuación de la actitud corporal con la disposición física en que se halla, según le ayude más o menos a la devoción (EE 252); con la mirada serena y tranquila, sin vagar con los ojos de una parte a otra.
4. Decir vocal o mentalmente una palabra y detenerse sin límite de tiempo mientras halle gusto y consuelo en ella. Porque el criterio sobre el ritmo (EE 76) de este modo de oración reposar donde encuentre gusto sin tener prisa de pasar adelante (EE 252, 254)
5. Proceder de la misma manera con las demás palabras de la oración hasta completar la hora entera (EE 252)
6. Acabada la hora, recitará vocal o mentalmente, bien el resto de la oración que ha contemplado u otra diferente oración (EE 253. 254)
7. Finalmente, dirigiéndose a la persona a quien ha orado, con pocas palabras, suplicará le conceda las virtudes o gracias de las cuales sintiere tener mayor necesidad: la «subiecta» materia (EE 257). Con esa petición concluye el diálogo pasivo de este género de oración.
Este modo de orar permite ir con mayor profundidad y encontrar nuevo sabor a oraciones habituales, lo cual descongela la rutina de lo mecanizado o sabido de memoria, para que despacio lo repita el corazón; así mismo, despierta la capacidad de saborear y encontrar gusto en palabras que revelan el misterio de Jesucristo. Este modo de orar se puede hacer en medio de ambientes poco favorables al silencio, así como cuando hay mucho cansancio o estrés, porque ya se tiene clara la materia de oración, más con un poco de atención se encuentra el espacio y tiempo para sentir y gustar a Dios.
El tercer modo de orar (EE 258-260) aprovecha la misma experiencia vital (la respiración) es decir, entrar en relación con Dios
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desde la realidad visceral. Es una forma sencilla y útil de orar porque así como es imposible dejar de respirar, será difícil distraerse si se mantiene la oración al ritmo de la respiración. La oración se hace por medio de recitar rítmicamente palabra por palabra o frase por frase, tomando por medida el propio vivir. Por el ritmo de la respiración el ser humano desciende a los estratos vitales más profundos del ser para recuperar la paz y armonía de la vida y así orar a Dios.
El proceso puede darse con una oración ya redactada que permite contemplar y repetir cada palabra o pequeños grupos de palabras pero de un modo acompasado aprovechando el ritmo vital de la respiración que armoniza con nuestra naturaleza humana. Con cada inspiración una palabra o grupo de palabras; con cada expiración otra palabra/as. La inspiración puede poseer el significado de recibir; y cada expiración el de dar, entregar, decidir…
Un modo rítmico de orar que tiene como característica es ser lenta y atenta, que permite darse cuenta de lo que se dice, se desea y se quiere alcanzar, porque el punto de partida son oraciones aprendidas que se acompasan al ritmo respiratorio. Realizar este modo de orar permite interioridad e integración espiritual porque se quiere tener la aspiración del Espíritu en nosotros, que por toma de conciencia de lo que estamos haciendo permite la familiaridad con Dios. No hay que olvidar que requiere cierto aprendizaje y técnica, pero se sabe cual es la recompensa: el gusto interior.
Esta oración mira simultáneamente tres cosas: El significado de lo que se dice, la persona a quien se invoca y la distancia relacional entre tanta alteza y tan extrema bajeza que no es de humillación o victimización, sino que está marcada a quien se ora y de parte de quien ora… es distancia que se acerca pero que se mantiene en dos planos.
La duración del tercer tiempo es relativamente breve, depende de su repetición, quedando en libertad el que ora para poder alargarla o acortarla según su devoción (EE 260), así como practicarla en cualquier lugar o circunstancia de la vida.
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Diario espiritual
En la propia experiencia de Ignacio a lo largo de su vida el anotar fue una pista clave de tomar conciencia de los progresos, invitaciones, llamadas, mociones provenientes de Dios o no. Es una manera propia de hacer seguimiento a lo vivido y así mismo, darse cuenta de las ayudas, debilidades, procesos, hallazgos, intuiciones que nutren el camino espiritual.
Es un método a través del cual se coloca por escrito lo vivido en la oración. Es una poderosa herramienta de discernimiento de la propia misión en el aquí y ahora. Permite mayor lucidez sobre uno mismo, concreta la experiencia interior y graba en la memoria el obrar divino.
En el diario resalta el grado de fidelidad y de identificación de Ignacio con los métodos de sus Ejercicios, abriendo sin cesar nuevos horizontes espirituales insospechados, de los que los Ejercicios solo son anteproyecto o puerta. El lector experimentará una invitación seductora a adentrarse en el camino iniciado en los Ejercicios y a desear, como recomienda Pablo, los dones mejores40.
La dedicación de poner por escrito lo que pasa en el interior y puede servir a otros 41, hace de esta intuición ignaciana un camino siempre vivo que permite descubrir el paso de Dios y la toma de conciencia de su presencia. Revela la peregrinación, hacia el mundo interior en el cual la creatura se encuentra cara a cara con el creador. En la oración pueden ocurrir cosas que en un principio parecen insignificantes, pero que pueden ser piezas de una figura que se hará evidente cuando se complete el conjunto.
Anotar lo que pasa en el corazón permite clarificar ideas, así mismo mayor responsabilidad con lo vivido, una evaluación o mirada del proceso de vida. Es una ayuda para el diálogo espiritual con quien se comparta la experiencia de Dios bien sea por el acompañamiento o por
40 IGNACIO DE LOYOLA, La intimidad del peregrino, diario espiritual de San Ignacio de Loyola, (Manresa 3), Bilbao-Santander, 1991, 22.
41 Cfr. Autobiografía 99.
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el hablar de Dios a otros. Lo que se escribe no se olvida, porque existen palabras que van de boca en boca, otras que se las lleva el viento, pero existen otras que se quedan a vivir en el corazón y por este último sendero es por donde puede acontecer el paso de la divinidad insinuando su presencia y cercanía a la humanidad, para que una vez sentida su presencia se le tome en serio.
CONCLUSIÓN
A Orar sin desanimarse invita Pablo, buscar y hallar a Dios en todas las cosas propone Ignacio… y la garantía que siempre se entra en contacto con Dios es que «El Padre concede el Espíritu a quien lo pide» expresa de manera abierta con su vida y su palabra Jesús de Nazaret… todo ello en el ambiente propicio del encuentro cercano, profundo, sosegado y liberador que es la oración.
La oración es una pedagogía del corazón que implica todo el ser humano y lo exige todo por entero
Este camino de principiantes continuos, en el cual lo que se vive pide actualización, lo ya recorrido exige repaso, el horizonte avizorado invita sin cesar… es una clara propuesta y apuesta de constatar que no sabemos orar y por tanto, estamos en la necesidad de vivir a fondo la vida en sintonía con Dios, desde la realidad que vivimos, en la historia que hacemos y la comunidad que construimos.
Se ora con todo lo que somos dentro y fuera, tanto en el ámbito personal y social, porque la oración es una pedagogía del corazón que implica todo el ser humano y lo exige todo por entero. Ella transforma en las profundidades del ser por quien es más íntimo que nosotros mismos y por su acción creadora en lo secreto, conduce con el consentimiento de la creatura a ser presencia viva y activa de Dios en el mundo… sin hacerse notar.
Orar es entrar en el clima de la pasión por Dios y por el mundo en el cual vivimos, es ensanchar las fronteras de lo que hacemos, decimos,
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Alimentar y nutrir la experiencia de oración
pensamos para ir a otros espacios, lugares, personas, porque el corazón se ha encendido de un fuego que quiere arder sin cesar, encender en otros el deseo de ir por el camino del encuentro con Dios y de esta manera, ser artesanos del Reino y servidores de la misión de Cristo.
Alimentar y nutrir la experiencia de oración, una aventura continua y un desafío incesante a la búsqueda del Reino de Dios y su justicia. Orar es una llamada a encontrar nuevos caminos creativos para estar en contacto con Dios, pero a su vez una exigencia de fidelidad en la cotidianidad para no dejar que la rutina, el cansancio, las preocupaciones, ahoguen esta semilla de vida.

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Jaime Emilio González Magaña, S.I.
Orar y encontrar fácilmente a Dios
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CRECIENDO EN DEVOCIÓN
Y EN FACILIDAD DE ENCONTRAR A DIOS
Aun cuando fue un místico y maestro de la vida espiritual, San Ignacio de Loyola jamás pretendió redactar un tratado de oración. Más aún, si nos atenemos al testimonio del Memorial de Gonçalves da Câmara, pareciera que tuviera una cierta forma de sospecha acerca de la oración pues decía que
«[A] un verdaderamente mortificado bástale un cuarto de hora para se unir a Dios en oración». Y no sé si entonces añadió sobre este mismo tema lo que le oímos decir otras muchas veces: que de cien personas muy dadas a la oración, noventa serían ilusas. Y de esto me acuerdo muy claramente, aunque dudo si decía noventa y nueve1
* Doctor en Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Director del Centro Interdisciplinario para la formación de formadores de sacerdotes. Profesor de Espiritualidad ignaciana y Teología espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
1 BENIGNO HERNÁNDEZ MONTES, S.J., Recuerdos Ignacianos. Memorial de Luis Gonçalves da Câmara, (Manresa 7), Bilbao-Santander 1992, 149.
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El sentido de esta difícil expresión sólo encuentra su explicación en la concepción de la mística ignaciana que se fundamenta únicamente en el servicio a los hermanos. De ahí que para Ignacio la oración tiene sentido sí y sólo si está íntimamente relacionada con la vida de quien ora, esto es, si lo lleva a la vivencia de una espiritualidad apostólica. Ignacio afirma que la oración tiene que ayudar a crecer «en devoción, es decir, en facilidad de encontrar a Dios… más que nunca en toda su vida, y siempre y a cualquier hora que quería hallar a Dios, lo hallaba»2.
El
objetivo
de
de Ignacio
la oración
de Loyola es favorecer el encuentro de Dios, en todas las cosas, en cada momento, en cualquier circunstancia
El objetivo de la oración de Ignacio de Loyola es favorecer el encuentro de Dios, en todas las cosas, en cada momento, en cualquier circunstancia. Su pretensión fue propiciar un método para relacionarnos con Dios sin muchas complicaciones. Una oración cuya meta sea hallar a Dios con facilidad, en todas las cosas y que nos permita caer en la cuenta de que todas las cosas están presentes y contenidas en Dios. Ese es el fin de sus Ejercicios Espirituales en los que comparte su experiencia personal de buscar, hallar, sentir y hacer la voluntad de Dios. Y, con esto, ha aportado a la Iglesia una fuente inagotable de inspiración para quien desea vivir una profunda y prolongada experiencia de oración que favorece el discernimiento personal del paso de Dios en su vida. Asumió la invitación del Espíritu de Dios para que compartiera, primero con sus compañeros y, después con la Iglesia, su camino de fe, su búsqueda inagotable del Señor que para él era lo único importante. Como hombre de su tiempo, compartió su camino de conversión en una forma sencilla, con el solo lenguaje que le permitía dar a conocer la certeza absoluta de la presencia de Dios en su vida y la invitación continua de que todo lo hiciera para su mayor gloria. Con la definición de sus Ejercicios, podemos acercarnos a lo que entendía por oración cuando, en la Anotación
2 Josep María Rambla Blanch, S.J. El Peregrino. Autobiografía de San Ignacio de Loyola, Introducción, notas y comentario, (Manresa 2), Bilbao-Santander 21992, 103.
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1ª nos dice «… por este nombre, ejercicios espirituales, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones según que adelante se dirá…»3.
Ignacio concebía la oración como un camino en el que la persona se involucra en la apasionante aventura de conocer la voluntad de Dios. Dos son los protagonistas esenciales en esta búsqueda: el alma que quiere dejarse hallar por Dios y Dios mismo que sale al encuentro de quien lo busca. La persona que acompaña será un simple instrumento que será iluminado por el Espíritu Santo, el actor principal de este camino. Quien hace los Ejercicios se compromete a seguir fielmente la propuesta de quien lo acompaña en la aventura; se deja interpelar por el Señor, de modo que, sintiéndose profundamente amado por Él, estará en condiciones de liberarse «de todas las afecciones desordenadas» que le impiden caminar a su lado y hacer lo que Él le pide. Este proceso es un don que viene de lo Alto, de Dios mismo, por lo que no se trata de seguir una estructura fija y asfixiante desde una decisión voluntarista o puramente ascética sino que es necesario seguir la propuesta como un taller de conversión.
Este camino a Dios se basa en dos principios pedagógicos fundamentales que caracterizan el estilo de oración ignaciana de los Ejercicios. El primero de ellos es el que hace referencia a un método práctico que hay que seguir para buscar lo que se quiere y es, precisamente, el que corresponde al método ignaciano. Según este principio, quien desea buscar, hallar y hacer la voluntad de Dios, no debe conformarse con favorecer una forma de relación y diálogo con Él, sino, sobre todo, se obliga a aplicarse a vivir un auténtico proceso de conversión que toque las fibras más íntimas de su personalidad, su historia, sus proyectos, etc. El segundo principio pedagógico de la oración ignaciana está estrechamente relacionado con la participación afectiva de quien hace los Ejercicios Espirituales. Este principio advierte claramente cómo la persona está invitada a vivir una experiencia de profundo encuentro con el Señor en la oración. No se trata simplemente de participar en una catequesis, en una clase de teología o filosofía; mucho menos de participar
3 MHSI. (1919). Monumenta Ignatiana, Exercitia Spiritualia Sancti Ignatii de Loyola et eorum Directoria, Ex Autographis vel ex Antiquioribus Exemplis Collecta, Series Secunda, Vol. 57, Matriti: Typis Successorum Rivadeneyrae, [1].
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en un encuentro de enriquecimiento cultural. Estamos ante un momento propiamente afectivo en el que la persona se abre a la novedad de Dios, el único Absoluto, Dios siempre mayor, y se deja tocar, involucrar, afectar, interpelar desde su interioridad más profunda, con el mundo de sus deseos, sus emociones, sus resistencias y sus miedos4. Es importante comprender esta dinámica que une un tipo de oración metódica y estructurada a la vez que claramente afectiva. No se trata solamente de una oración pasiva que repite mecánicamente un método, sino hay que buscar que la persona se deje tocar por Dios y mantenga una actitud eminentemente activa que esté atenta a los movimientos interiores que le ayuden a descubrir los afectos desordenados y todo lo que no está de acuerdo con la voluntad de Dios.
UN MEDIO EFICAZ PARA FAVORECER LA ORACIÓN
El primer principio pedagógico tiene como objetivo pasar de una vida inmersa en el pecado a la posibilidad de ser completamente libre para poder optar por la propuesta de Dios. Prevé el conocimiento de todo aquello que impide reconocer la presencia del Señor en la vida cotidiana, en actitudes, acciones, operaciones, opciones, etc., favoreciendo y promoviendo el crecimiento continuo en una mayor familiaridad con el Señor. Este tipo de oración pretende iniciar al creyente en una experiencia personal del misterio cristiano para conducirlo a una apropiación y personalización de una opción fundamental por Dios y por su Reino y favorecer un compromiso total por los criterios de Cristo de modo tal que lo impliquen afectiva y efectivamente5. Porque no basta no hacer el mal, sino que para hacer el bien, es necesario que el hombre se ordene de modo que no haga el bien que quiere sino solamente lo que Dios le pide que haga, no lo que el hombre quiere hacer, sino lo que Dios quiere para él6.
4 HERBERT ALPHONSO, La preghiera nella Dinamica degli Esercizi Spirituali di Sant'Ignazio. En: SANDRO BARLONE, Ignazio di Loyola, un mistico in azione. Roma 1994, 247.
5 Cfr. M. P. AIELLO, Modi di pregare. Contemplazione, ripetizione, applicazione dei sensi: Appunti di Spiritualità 40 (1994) 35.
6 Cfr. MANUEL RUIZ, Lo scopo degli Esercizi Spirituali e la loro natura pedagogica: Appunti di Spiritualità 43 (1996) 29-30.
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Para comprender mejor este primer principio, es importante que reflexionemos en el contenido de las Anotaciones a las que dedicaremos nuestra atención en este escrito. Cuando Ignacio de Loyola revisó el conjunto de los Ejercicios, comprendió que era necesario redactar con mejor estilo una serie de indicaciones que completaban las notas internas y que Calveras llama «acomodaciones». Probablemente se las dio al primer corrector que hizo una muy buena traducción en
«reajuste de miembros, palabras guías y variación de expresiones y simplificaciones...» Y reuniendo estas anotaciones con las otras que se dirigen a la actuación del mismo ejercitante, redactadas anteriormente y contenidas en la primera traducción latina, y poniéndoles por prólogo la anotación primera, en que se definen los Ejercicios, dejaría fijada su introducción7.
Para Arzubialde, el texto de las Anotaciones responde a dos necesidades sentidas por Ignacio: la primera, cuando él daba personalmente el «modo y orden» de los Ejercicios y que necesitaba delinear claramente la actitud del ejercitante para ponerse en manos de Dios . Así, las Anotaciones que tratan de las «disposiciones que se requieren de parte del que se ejercita» son las siguientes y corresponden al texto alegórico que describe las disposiciones que debe tener el que se ejercita en su proceder ante Dios. La 5ª define la actitud o disposición general de apertura incondicional a Dios. La 11ª aclara la distribución del trabajo de cada Semana. La 3ª, 12ª y 13ª explican la reverencia debida y las normas de conducta en el momento de la oración. En la 16ª se enfatiza la libertad exigida para pasar a la elección. Finalmente, la 20ª describe la necesidad del apartamiento y soledad; la atmósfera ambiental más favorable, de total libertad frente a la presión ambiental, para poder dedicarse con todo ahínco a la única cosa que verdaderamente importa: decidir la vida ante Dios8 .
La segunda necesidad sentida por Ignacio fue en el momento en que tuvo que instruir a sus compañeros sobre el modo de dar los Ejercicios
7 JOSÉ CALVERAS, Estudios sobre la redacción de los textos latinos de los Ejercicios anteriores a la Vulgata: Archivum Historicum Societatis Iesu Vol. 31 (1962) 89.
8 SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Historia y Análisis (Manresa 1), Bilbao-Santander 1991, 37.
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Orar y encontrar fácilmente a Dios a otros así como de la materia de la entrevista. De aquí surgió una especie de Directorio que contiene las indicaciones prácticas sobre el papel del que da los Ejercicios en relación con quien los hace. Este sería el texto literal. Según Arzubialde, las Anotaciones responden a esta necesidad, indicando en la 2ª y la 17ª cómo dar «modo y orden», conforme a las necesidades del individuo. En la 4ª, se expone la división general de la experiencia. En la 12ª, cómo se ha de hacer cada ejercicio y en la 6ª, la 10ª y la 17ª, la conducta del que da los Ejercicios con relación a las varias agitaciones y pensamiento que le sobrevienen al que se ejercita. La 14ª y 15ª prevén la actitud del que da los Ejercicios en el momento en que el hombre se halla en elección. Por su parte, la 18ª, la 19ª y la 20ª indican los modos posibles de acomodación de la experiencia9. Así pues, las «Annotaciones para tomar alguna inteligencia en los Exercicios spirituales que se siguen, y para ayudarse así el que los ha de dar, como el que los a de rescibir» forman un conjunto de veinte lineamientos10 y constituyen una especie de prólogo. Forman una sección introductoria o de avisos para orientar, como Ignacio mismo lo dice, tanto a quien ha de hacer los Ejercicios como a aquél que los ha de dar. Constituyen un Directorio sumario perfectamente delineado en cuanto su inicio con la Anotación 1ª que explica el contenido del libro y su cierre con el número [21] que define lo que son los Ejercicios y su finalidad. En su Directorio, el P. Diego Mirón, mencionaba que se habían añadido para evitar malos entendidos entre el que da los Ejercicios y el ejercitante11.
Están dedicadas fundamentalmente a quien da modo y orden de los Ejercicios con el objeto de proporcionarle un doble tipo de ayuda: a sí mismo en su papel de orientador y constituyen una guía para quien ha de vivir la experiencia de oración. Su objetivo es teórico en cuanto que dan una serie de principios, algunos de valor general y permanente y otros de carácter limitado que tanto el que da los Ejercicios como quien los hace habrán de tener en cuenta para alcanzar «inteligencia» del fin de los Ejercicios. Un objetivo práctico sería el de «ayudarse», es decir, tomar en con-
9 Ibíd., p. 37-38.
10 MHSI, Monumenta Ignatiana, Exercitia Spiritualia Sancti Ignatii de Loyola et eorum Directoria , Ex Autographis vel ex Antiquioribus Exemplis Collecta, Series Secunda, Matriti: Typis Successorum Rivadeneyrae 1919, 222-248.
11 Cfr. Directorium Primum P. Jacobi Mironis. Directorium Exercitiorum spiritualium auctoritate. 1ae Congregationis Confectum, en MHSI, Exercitia..., Op. cit., p. 852.
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sideración lo que el hombre ha de hacer para colaborar con Dios en la obra que se ha de comenzar en conjunto. No cabe duda que la obra del Espíritu será primordial y la más importante, sin embargo, el ejercitante necesitará la ayuda del acompañante y deberá poner mucho de su parte para que la obra común llegue a buen término. Se trata de aportar los principios orientadores para que la obra de tres: Dios, el ejercitador y, sobre todo, el ejercitante, obtenga los fines para los cuales está prevista.
Quien quiera encontrar la voluntad de Dios no puede ser eximido del trabajo de poner lo mejor de sí para descubrir lo que Dios quiere de él
En la primera Anotación, Ignacio explica qué es lo que entiende por Ejercicios Espirituales, esto es, un período de entrenamiento análogo en su orden a los entrenamientos físicos, recordando las palabras paulinas que comparan el itinerario espiritual con las competiciones en el estadio y con los períodos de preparación intensiva12. De la misma manera que un atleta se prepara para dar lo mejor de sí en las pruebas deportivas; así como los deportistas necesitan una rígida disciplina para rendir sus mejores tiempos y marcas, el ejercitante que desee vivir una experiencia espiritual con el Señor, Dios eterno, ha de prepararse mediante un trabajo eminentemente personal llevado a cabo de una forma metódica y progresiva, no exento de una férrea disciplina y esfuerzo. Un deportista pasea, camina, corre para ponerse en forma y competir dignamente; un ejercitante hará lo mismo sólo que en el plano de la gracia. El acompañante de Ejercicios será el entrenador; el acompañado será quien se entrena para lograr lo que quiere. Quien quiera encontrar la voluntad de Dios no puede ser eximido del trabajo de poner lo mejor de sí para descubrir lo que Dios quiere de él; para quien quiera apartar de su vida toda afección desordenada, será imprescindible que haga el trabajo personalmente. El ejercitante, bien dispuesto y preparado se dejará llevar por las inspiraciones divinas bajo la ayuda y consejo de un buen acompañante espiritual que le ayude a discernir las mociones
12 Cfr. Primera Carta de San Pablo a los Corintios 9, 24 y ss.
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Orar y encontrar fácilmente a Dios que el Espíritu le inspire, en soledad, en íntima comunicación y contacto con el Señor de la vida ante quien implora que le dé a conocer la voluntad sobre sí y sobre su vida.
En los Ejercicios, el hombre que se deje llevar, luchará por apartar de sí aquellos aspectos negativos que le impiden relacionarse mejor con el Señor y, por tanto, con los hermanos, por lo que no vive en plenitud. Asimismo, intentará por todos los medios a su alcance, buscar y hallar apasionadamente la voluntad de Dios sobre sí, sobre su vida, sus cosas, su entorno y así encontrar la felicidad y la propia salvación. A lo largo de los años, muchos acompañantes de Ejercicios los han visto como una «escuela de perfección»; otros, en cambio los ven como una «escuela de elección». Fessard se inclina por afirmar que los Ejercicios bien pueden dirigirse con las dos tendencias, es decir, son vitales para favorecer una elección y para la santificación del alma13. Recordando el contexto histórico en que vivió Ignacio de Loyola no nos sorprende que los Ejercicios sean una «escuela de perfección», es más, yo diría que son una «escuela de conversión» que se ofrece a todos aquellos que estén sedientos de encontrar un camino mejor para sí y los demás. La Anotación 5ª nos indica que los Ejercicios son para quienes tengan realmente deseos de entregarse sin reservas, con magnanimidad absoluta, que quieran dejarse hallar por la voluntad de Dios y convertirse a una vida totalmente dirigida por Él y donde Él sea el único absoluto. Los Ejercicios son para quienes quieran optar por el «más», al estilo de los grandes caballeros que lo sacrificaban todo por sus nobles causas; son para quienes estén dispuestos a dar lo mejor de sí en la búsqueda de ideales dignos de mayor estima y momento. Son para aquellos que quieran y acepten arriesgarse «para venir en perfección en cualquier estado o vida » 14 y, al término del entrenamiento espiritual, estén dispuestos para «que... pueda en todo amar y servir a su divina majestad»15.
Las Anotaciones nos indican que los Ejercicios son –también–, «una escuela de elección», de búsqueda, para hacer operativo del deseo de en-
13 Cfr. Gaston Fessard, La Dialectique des Exercises Spirituels de Saint Ignace de Loyola I, Paris 1956, 303.
14 Ejercicios Espirituales 135.
15 Ibíd., 233.
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contrarse con el Señor de todas las cosas en todos los aspectos de la vida, aun en lo rutinario, en los signos de los tiempos, en los hombres, en la Iglesia. Son, en última instancia, «una escuela de conversión» y «una escuela de elección» al más alto de los ideales que es el de conformarse con Cristo en su seguimiento, dejando atrás todo aquello que ha estorbado una relación amistosa y de compromiso profundo con Él por medio de los hombres y mujeres de este mundo. Son, asimismo, una escuela de elección para quien opta por el más en la vida cotidiana, rutinaria, aparentemente insignificante y llena de tropiezos y problemas16. Escuela de perfección y escuela de elección confluyen en un sólo propósito pues ambos aspectos permitirán al ejercitante ordenar su vida y conformarla con la voluntad de Dios. Finalmente, la búsqueda se da de lleno en el retiro pero no termina con él, sino que ha de continuar en la realidad a la que se ha de regresar de modo que se logre descubrir la voluntad divina en todas las cosas y a todas las cosas en Dios por medio de la «discreta caridad» ignaciana.
Las Anotaciones 2ª, 3ª y 4ª plantean una manera general de proceder, un método. A partir de la segunda se da una serie de indicaciones al ejercitador sobre la manera como ha de conducirse con el ejercitante y forman un bloque más o menos homogéneo. En la Anotación 2ª se especifica que quien da modo y orden para meditar y contemplar, debe narrar fielmente la historia de una manera breve y sucinta que permita que la persona haga sus propios Ejercicios, esto es, que no haga glosa ni interprete la materia de modo que entorpezca la labor del propio ejercitante, porque «no el mucho saber harta y satisface al ánima mas el sentir y gustar de las cosas internamente»17. En la Anotación 4ª se explica la distribución del tiempo de oración en cuatro semanas. En la primera se contemplarán los pecados; en la segunda la vida de nuestro Señor hasta el día de ramos, inclusive; la tercera la pasión de Cristo y la cuarta, la resurrección y ascensión con los tres modos de orar. Asimismo, se sugiere que el tiempo de las semanas no se tome estrictamente al pie de la letra sino que se hagan las adaptaciones necesarias en beneficio de quien se ejercita de
16 Polanco decía que son un método bonae electionis faciendae circa vitae statum et res quaslibet? MHSI. (1894). Vita Ignatii Loiolae et rerum Societatis Jesu Historia, auctore Joanne A LPHONSO DE P OLANCO, Tomus Primus, Vol. 1 (1491-1549), Matriti: Excudebat Tipographorum Societas, 21.
17 MHSI, Exercitia..., Op. cit., p. 224-226.
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manera que el retiro termine aproximadamente en treinta días18. Sabemos que llegar a la conversión no es nada fácil; asumir los cambios que una conversión auténtica supone que cada ejercitante deba encontrar su propio ritmo, su camino personal. No se le puede pedir un ritmo de trabajo que supere su propia constitución física y psíquica, sobre todo tomando en cuenta que hay que partir de su propia realidad, sin idealismos ingenuos.
Es conveniente y necesario que el que da los Ejercicios conozca lo que pasa en la mente de su dirigido para que pueda obrar en consecuencia y asegurar que la oración sigue el camino correcto
La Anotación 6ª contiene la invitación, más aún, la insistencia para que se cuide y vigile los distintos movimientos de espíritus de quien se ejercita y se investigue lo conducente en caso de que no haya ningún tipo de movimiento. Se introducen las palabras de «consolación, desolación y adiciones»19. Se supone que el ejercitante ha entrado en el retiro con grande ánimo y liberalidad y que está trabajando fielmente en la distribución de su tiempo en oración. En situaciones normales, es de esperar que surjan fuertes movimientos de signos diferentes durante la marcha del retiro. Si no surgieran éstos, el que da modo y orden podría pensar que hay indicios de negligencia por parte de quien se ejercita o bien que el Señor se manifiesta en esa especie de calma con que se mueve el ejercitante. Para salir de dudas, es necesario que se cuestione a quien los hace sobre la manera de hacer su oración y de seguir las indicaciones que se hacen en los diferentes puntos de oración. Podría suceder también que, aunque el ejercitante viva su oración generosa y fielmente, los movimientos y luces se van a dar fuera del retiro y será entonces cuando él tenga que hacer operativas las indicaciones que le vengan del Espíritu Santo. En todos los casos, es conveniente y necesario que el que da los Ejercicios conozca lo que pasa en la mente de su dirigido para que pueda obrar en consecuencia y asegurar que la oración sigue el camino correcto.
18 Ibíd., p. 226-227.
19 Ibíd., p. 228-230.
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La Anotación 7ª recomienda la manera de tratar a quien se siente desolado y tentado y se insiste en que más bien se trate de comprender al ejercitante, de conocerlo y acercarse a él según su naturaleza. Se le prepara para descubrir las trampas del «enemigo de natura humana»20. Debe acompañarle y sostenerle, intentar estar cerca en los momentos de prueba y dejarse sentir como un padre comprensivo en los momentos difíciles. No se trata de asumir actitudes paternalistas y resolver los problemas sino de ser paternales y hacerse presentes en la vida del ejercitante y ayudarle a discernir los distintos movimientos por los que se ve afectado para que pueda salir de ellos airosamente. Si la persona se siente incondicionalmente aceptada, querida, escuchada y comprendida, podrá sentir que Dios no le abandona y recibirá así mayores fuerzas para salir de la desolación y de la prueba. Quien da los Ejercicios debe animar y objetivar los afectos del ejercitante para que siga adelante; debe estimularlo para que no desfallezca ante la alternancia de sentimientos tan contrarios y opuestos21.
Siempre en actitud de comprender a quien se ejercita en la oración, la Anotación 8ª pide que, según su situación y necesidad, se le puedan dar las reglas de discernimiento de la 1ª y 2ª semana que le ayudarán para detectar las diferentes mociones espirituales y calificarlas según sean del bueno o del malo espíritu22. El que da modo y orden se conducirá siempre con una actitud normativa pero sólo en cuanto al método se refiere, es decir, con una actitud comprensiva y cercana pero clara y firme en cuanto a los remedios que se han de aplicar en los momentos oportunos. Así, en lo referente a las reglas para detectar las diferentes mociones espirituales, no debe manipular al ejercitante ni llevarlo a donde él quiere con una actitud directiva, sino debe ayudarlo con el planteamiento de diversas posibles soluciones para que el ejercitante sea quien decida ya que él es, en definitiva, el único responsable de sus acciones.
Siempre atendiendo a la situación personal de ejercitante, a su psicología, su momento presente y sus necesidades, especialmente si éste no es versado en las cosas espirituales y es tentado grosera y
20 Ibíd., p. 230.
21 Cfr. Carlos Domínguez, S.J., Las Anotaciones a los EE. EE. y el psicoanálisis (II): Manresa Vol. 60, 235 (Abril-Junio 1988), 117.
22 MHSI, Exercitia..., Op. cit., p. 230.
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Orar y encontrar fácilmente a Dios abiertamente, en la Anotación 9ª se pide que no se le den las reglas de discernimiento de segunda semana sino sólo las de primera que le serán de mayor utilidad23. Esto es lo que ayudará al que da los Ejercicios a sugerir tales o cuales reglas de discernimiento para el momento que vive su acompañado. Como para un buen médico no existen sólo las enfermedades sino los enfermos individuales, de la misma forma, para un buen acompañante, existirá el ejercitante, único, personal, irrepetible al que hay que sugerir lo que proceda según sus individuales circunstancias. Por su parte, la Anotación 10ª previene contra las tentaciones con apariencia de bien que es cuando proceden especialmente las reglas de discernimiento de la segunda semana. El enemigo actúa bajo especie de bien cuando la persona se ejercita en la vida iluminativa de la 2ª semana y no tanto en la vida purgativa de la primera24. Aquí conviene aplicar la actitud serena de Ignacio frente a las diversas manifestaciones del mal espíritu: ni obsesión demoníaca, ni fervor iluminista. El que da los Ejercicios debe estar pendiente de dar un diagnóstico acertado sobre la situación que vive el ejercitante y ayudarlo a descubrir las trampas del enemigo de natura humana. La experiencia del acompañante espiritual y su conocimiento de la dinámica integral de los Ejercicios jugará un papel muy importante, pero por supuesto lo que será decisivo será una sensibilidad especial y un manejo casi connatural del Evangelio. Todo esto le permitirá descubrir los engaños del mal espíritu que tiende a desfigurar, a obscurecer, a disfrazar sus argucias y a intentar que las personas en Ejercicios se desvíen de sus propósitos con diferentes medios y engaños, sugestiones, afectos o sentimientos que atacan las entrañas psicológicas y la forma de ser del ejercitante para hacer que se desvíe en una falsa dirección y con una aparente capa de bondad.
En la Anotación 12ª encontramos la recomendación para prolongar cada uno de los espacios de oración durante una hora, y antes más que menos, hasta que el ánima quede satisfecha de lo que ha orado y contemplado. Es conveniente tener en cuenta que el enemigo intentará cortar estos espacios por lo que es necesario estar alerta25. Un proceso de conversión como el que supone los Ejercicios requiere la participación de
23 Ibíd., p. 230-232.
24 Ibíd., p. 232.
25 Ibíd., p. 232-234.
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toda la persona, con todas sus capacidades y creatividades. Nadie es capaz de convertirse si no pone todo su empeño en lograrlo y si no añade la acción al deseo. Entramos a Ejercicios con muchas afecciones desordenadas, con malos hábitos de oración, con heridas por nuestras relaciones y, muchas veces, con una pobre experiencia de amistad con Dios y con los demás. Caer en la cuenta de esos procesos requiere mucho trabajo, dedicación, esfuerzo, muchas horas de oración y petición para que nos dejemos actuar por el Señor. Llegar a sentir el conocimiento interno de nuestros aspectos negativos nos puede llevar a un terrible cansancio, a sentir verdadero asco de nuestro pecado por lo que es muy posible que intentemos evadirnos, huir, dar la vuelta a las situaciones que nos dañan y causan dolor. Sabemos, sin embargo, que el Señor actuará siempre y cuando nosotros queramos que actúe y no le opongamos resistencia, pero para que todo se cumpla es estrictamente necesario que seamos fieles a la distribución que hayamos hecho al comienzo del retiro. Entre otros muchos valores probados del método ignaciano, será la fidelidad, la tenacidad, la firmeza e incluso la puntualidad en el comienzo y fin de las horas de oración –aunque muchas veces nos repugne–, lo que facilitará que quien hace los Ejercicios penetre en lo más profundo de su ser para llegar al conocimiento interno de las cosas que busca y por eso pide afanosa e insistentemente. Una ayuda para que esto se cumpla será el ejercitador quien preguntará si se ha sido fiel al horario establecido, si se han preparado los «puntos» de lo que voy a hablar con el Señor, si se ha preparado suficientemente la oración, si ha hecho la evaluación de la misma, si ha anotado las diferentes mociones por donde los espíritus van hablando, las constantes por medio de las cuales se va manifestando la voluntad de Dios, las dudas, los momentos de consolación y desolación, las confusiones y tentaciones, si se han hecho las repeticiones cuando así está indicado, etc.
Para los momentos en los que el ejercitante viva momentos de consolación y gozo, la Anotación 14ª nos ayuda a entender que el que da modo y orden debe estar atento para evitar que se haga cualquier tipo de promesa o voto. La recomendación tiene más fuerza si el ejercitante es de ligera condición, caso en que será todavía más necesario evitar que se influya en la persona de modo que entre a alguna orden religiosa o que haga cualquier voto de obediencia. Siempre en consideración a la persona que
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Orar y encontrar fácilmente a Dios se ejercita, viendo su «subiecto» y lo que le puede servir de ayuda o estorbo 26 , Ignacio nos previene contra las decisiones motivadas por sentimentalismos y euforias pasajeras, aun cuando pudiera ser verdad que estemos viviendo momentos de consolación. El hombre de los Ejercicios tiene que ir más allá de situaciones placenteras pasajeras, del momento, basadas sólo en los efectos consolatorios que no son confrontados con sus opuestos, las situaciones de desolación que nos apartan de decisiones tomadas previamente y aun de las propias opciones e ideales. El que da los Ejercicios tiene que mostrar reserva ante los impulsos del ejercitante y, ante todo, es necesario que le aconseje discreción, con generosidad, sí, pero sin precipitaciones. Ignacio nos indica que el que da los Ejercicios debe obrar con prudencia y paciencia de modo que se pueda descubrir, conjuntamente con el ejercitante, si los buenos deseos de cambio y de un auténtico compromiso son un llamado de Dios o simplemente están motivados por la propia subjetividad animada por la ilusión que ofrece un ambiente de paz, alejado de los problemas cotidianos, de las personas que nos hacen sufrir, que nos cuestionan y con quienes es tan difícil compartir la vida. Si en la Anotación 7ª se movía al ejercitador a animar al ejercitante, en ésta se le invita a que juegue un papel contrario, es decir, si antes se trataba de hacer frente a la depresión, ahora hay que remitir a la realidad y descubrir las trampas del mal espíritu que pueden llevarnos a falsas ilusiones que impiden en la práctica que nuestra conversión sea auténtica27.
El que da modo y orden no debe mover al ejercitante a ningún estilo de vida en particular como lo podría hacer lícitamente fuera de la experiencia que se vive. De este modo, la Anotación 15ª indica que dejemos actuar libremente sólo al Espíritu de Dios y colaborar para que la persona que se ejercita encuentre la mejor manera de servirle28. El que da los Ejercicios debe proponer la auténtica materia de oración, acorde con el Evangelio, según el método ignaciano, pero debe abstenerse de presionar al ejercitante para que éste tome decisiones que le agradan a él y que, aun siendo buenas en sí mismas, no son producto de la oración que el ejercitante ha realizado en diálogo con Dios. El que da los Ejercicios debe
26 Ibíd., p. 234-236.
27 Cfr. CARLOS DOMÍNGUEZ, S.J., Op. cit. p. 119.
28 MHSI, Exercitia..., Op. cit., p. 236-238.
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ser total y absolutamente neutral y debe presentar la única verdad del evangelio, eso sí, con total y plena objetividad y la radicalidad del mensaje de Jesús y dejar que sea Dios quien actúe para que entonces él pueda retirarse. El acompañante debe esforzarse al máximo por prescindir de su propia escala de valores religiosos, morales y sociales y no influenciar al ejercitante con consejos, sugerencias, lecturas o determinado tipo de actitudes. La labor del que da los Ejercicios resulta por eso central pues debe ayudar a que el ejercitante descubra al Otro, con quien se tiene que poner en contacto y en comunicación afectiva, íntima y totalmente. Si el acompañante descuida este importante asunto, puede entorpecer –y de hecho se entorpece– la relación del Creador con su criatura y la expresión de su voluntad sobre ella29. Es necesario limitarse a presentar los aspectos positivos y negativos, los pros y contras de cada estado o situación y procurar efectivamente que «dexe inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor». Si entra «un tercer deseo, el del que da los Ejercicios, interfiere, las voces se confundirán y nos quedaremos sin saber cuál es el deseo del ejercitante, y por tanto, el de Dios, puesto que es en el deseo del ejercitante el único lugar donde, en un extremo silencio, se puede oír el deseo de Dios30 .
La Anotación 17ª toca un punto decisivo para la actualidad en la que muchas personas desconfían de los Ejercicios y de la Dirección Espiritual por haber sufrido las indiscreciones de quien los ha acompañado. Ignacio menciona que quien da los Ejercicios no debe saber los pensamientos y pecados de quien los hace, sino solamente ha de ser informado de las «agitaciones y pensamientos que los varios spíritus le traen» para que de acuerdo con su situación se le den unos u otros ejercicios31. Se está refiriendo a los «tres pensamientos» a que hace mención en el Examen General de Conciencia. El conjunto del pensamiento no es sólo uno aunque todos están en mí, pero sólo uno es propio mío32, los otros dos vienen, uno del buen espíritu y otro del malo. El acompañante de Ejercicios no se debería identificar con el papel del confesor, por lo que no debe
29 Cfr. CARLOS DOMÍNGUEZ, S.J., Op. cit. p. 120.
30 CARLOS DOMÍNGUEZ, S.J., Op. cit. p. 122.
31 MHSI, Exercitia..., Op. cit., p. 240.
32 «Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber, uno proprio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer, y otros dos, que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu, y el otro del malo». EE, 32.
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Orar y encontrar fácilmente a Dios
preguntar al ejercitante sobre sus pecados, su vida o sus pensamientos más íntimos, esto es, sobre sus pensamientos interiores, aquellos que se corresponden con la mera libertad y querer del ejercitante. Su interés y escucha debe ceñirse única y exclusivamente a la marcha del retiro, sobre la metodología de la oración y sus efectos en los pensamientos que vienen en ese estadio de la vida de su acompañado, es decir, debe interesarse sólo en los pensamientos que le traen, esto es, sobre los pensamientos exteriores al sujeto. Si el ejercitador pregunta, sólo será sobre esta materia y nunca con curiosidad o para investigar más allá de lo que el ejercitante buenamente quiera informarle, además de que lo que realmente debe importarle en estos momentos es el movimiento de espíritus que se da en quien se ejercita.
LA IMPORTANCIA DE LA AFECTIVIDAD EN LA ORACIÓN DE LOS EJERCICIOS
Decíamos antes que el segundo principio pedagógico de la oración ignaciana está estrechamente relacionado con la participación afectiva de quien hace los Ejercicios Espirituales. En este sentido, es interesante destacar el valor y sentido de la afectividad sobre todo por lo que se refiere a la importancia y significado de la oración mental. La fuerza de los Ejercicios Espirituales reside primordialmente en la oración mental, es decir, en el trato prolongado e íntimo con Dios. En el pensamiento del gran teólogo Francisco Suárez, esta importancia primordial de la oración es el dato más característico y esencial de los Ejercicios y, según Castillo,
ha dedicado a este tema de la oración un capítulo entero de los tres que ha consagrado al estudio del Libro de San Ignacio. De Rel. S. J., 1, IX c. VI, v. XVI, 1035-1040. En todo el capítulo se repite esta idea: los Ejercicios son oración, actividad de nuestras facultades en el trato personal con Dios… Después dirá que la elaboración de este método de oración fue en lo que trabajó especialmente San Ignacio de tal forma que fue un don especial que Dios le concedió… Evidentemente estos datos nos vienen a decir que los Ejercicios son tales, si en ellos existe este factor de la oración personal del ejercitante33
33 JOSÉ MARÍA CASTILLO, La afectividad en los Ejercicios según la Teología de Francisco Suárez, Granada 1966, 11.
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La eficacia de la oración de los Ejercicios de San Ignacio radica, precisamente, en que más que un conjunto de meditaciones que deben ser reflexionadas, consiste en un método para ponernos en contacto íntimo, familiar, personal con Dios. En esto ha consistido que sean de ayuda eficaz para quien quiere buscar la voluntad del Señor. No se trata de seguir una secuencia de explicaciones teológicas como si se tratara de una ciencia o una síntesis de ideologías. Se trata, efectivamente, de partir de la propia vida y preparar para volver a la vida. La oración ignaciana no se dirige al conocimiento, sino al amor; no se busca la especulación sino su orientación hacia la práctica del servicio apostólico en bien de los hermanos. De ahí que se insista tanto en que el ambiente de los ejercicios es de fe para recibir al Señor, que no se capta, sino que se revela, dentro del misterio: fe-compromiso con Jesús y con el Reino. Se busca llegar a un verdadero compromiso para conocer su voluntad y se enfatiza en que es un compromiso con Él y con los hermanos. La oración ignaciana busca afianzar la fe-confianza en que Él se manifestará y dará su gracia para realizar nuestra misión, para seguirlo. Ahora bien, la oración se realiza en un ambiente de amor a Dios y a Jesús como la revelación del Padre. Un ambiente de amor de obras a Él, a los más necesitados, y por lo tanto, un amor que tendrá que ver con la justicia y, por lo mismo, con el compromiso social, en el pueblo, en los problemas acuciantes de nuestros días. Por todo esto, se requiere que la oración sea práctica, que vaya orientada para excitar y encender el afecto; porque éste debe ser el fin de la oración mental. De lo contrario, no sería una oración que favorece el amor en la acción, en la vida, es más, no sería ni siquiera oración porque es en el afecto donde el hombre se une con Dios.
Los
Ejercicios son para todos, puesto que todos estamos llamados a la perfección en la vida de oración
El fin de los Ejercicios es encaminar al hombre a la perfección espiritual pero de ningún modo ajena a la vida. Por eso la aplicación del método ignaciano no se restringe al caso concreto de quien debe elegir estado de vida. Los Ejercicios son para todos, puesto que todos estamos llamados a la perfección en la vida de oración. Subrayan el hecho de que más que hablar nosotros a Dios, Él nos hablará, se nos revelará, nos capacitará para colaborar con Él en su misión de salvación. Esto es lo
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Orar y encontrar fácilmente a Dios
principal de la oración afectiva que nos invita a escucharlo, conocerlo y aceptar su voluntad. Esta oración no debe dividir la atención sobre muchas cosas; lleva a asimilar de manera lenta la Palabra del Señor hasta que llegue a lo más íntimo, al corazón. Lleva a no encontrar placer sino en Él y en el cumplimiento de su voluntad, en darle gusto34, en seguirlo hasta sus últimas consecuencias. En la oración no se nos pide tener éxito, sino el ejercitarnos. No se trata de buscar el sentimiento de haber obtenido el fin, sino de ponernos en camino sin saber a dónde nos lleva. Como Abraham, como María. Se trata de dejar actuar al Espíritu, de escucharle, no de manera superficial (que deja pasar todo sin atención), ni sentimental (de corazón ligero que se alegra al principio y que se desconcierta ante las dificultades), ni sobrecargada (que quiere tener muchas ideas para repetirlas o para criticarlas o para predicarlas después), sino de manera apacible, con la única preocupación de recibir su Mensaje y vivirlo en el seguimiento de Jesús. Lo que importa en este tipo de oración no es el sentimiento experimentado ni las ideas desarrolladas, sino la fidelidad a la oración misma. Así, ella nos hará ver el vacío que hay en nosotros y nuestros problemas bajo una óptica diferente. De ahí la importancia de captar que si hubiera aridez, mejor aún (aunque, dada la pedagogía de Dios, este estado no debe ser lo normal), pues se desarrolla más el afecto de fe, se aumenta el deseo de Dios, se distingue mejor el verdadero sentimiento y la pura emotividad; se verá con claridad la ley de toda sensibilidad: el objeto, la «cosa»; no habrá repliegue sobre sí mismo, sino que, como el amor, se saldrá de sí: el Espíritu será el que tenga la última palabra35. Si se le pide inflamarnos en su amor, se insiste en que «si es su voluntad». No se espera el fruto que nosotros queremos, sino el que Dios quiere. Así se experimentará al otro, que es el que nos conduce36.
La oración afectiva consiste en favorecer un diálogo y, como en todo diálogo que sea eficaz, constatar que haya comunicación, donación y respuesta. Por lo tanto, si Dios se nos comunica, si se nos da, espera la respuesta en el mismo lenguaje de donación: a Él y a los demás. Por lo tanto, un criterio que nos puede ayudar para saber si la oración es autén-
34 Ef 5, 10.17; Flp 2, 21.
35 Rom 8, 26ss.
36 Cfr. JOSÉ MAGAÑA, Jesús Liberador, Hacia una Espiritualidad desde los Empobrecidos, México 1985, 27-29.
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tica, verdadera oración y no sólo monólogo, sería verificar que hay confianza, humildad, paz, alegría; si nos olvidamos de nosotros mismos, si nos lleva a comprometernos con Dios y con los demás y, como Él, especialmente con los más necesitados. Por esto, en los Ejercicios tiene mucha importancia la oración de petición y en los «coloquios» y en las «peticiones» encontramos lo esencial de cada una de las meditaciones y contemplaciones. En síntesis, lo que esperamos obtener del Señor. La oración de los Ejercicios nos llevará a conocer a Dios más no con un conocimiento sólo intelectual, sino, sobre todo, a un conocimiento bíblico en dos sentidos: llega hasta el corazón mismo del ejercitante y hasta el corazón de Dios en franca compenetración y, por lo tanto, se identifica con el compromiso-praxis por la justicia37. El fin de la oración es orientar nuestras opciones al punto de que nuestras decisiones coincidan con lo que más nos conviene según la voluntad de Dios y todo para su mayor gloria.
Todo en los Ejercicios está previsto para lograr una profunda disposición interior como condición necesaria para la elección y la perfección como finalidad de quien vive la oración. Según Castillo,
este camino está esencialmente condicionado por la acción de Dios y la cooperación humana. La acción divina se traduce en ilustraciones y mociones; la cooperación de hombre se realiza sobre las bases de una triple disposición: purificación interior, elevación afectiva, oración mental38.
Ahora bien, para lograr lo anterior, necesitamos asumir la necesidad de una oración estructurada, aun cuando tengamos que asumir el reto de fundamentar nuestra relación con Dios con un tipo de comunicación que vaya más allá de una fe ligada al cumplimiento de rituales vacíos de contenido y sentido y llegar a itinerarios personales que propicien esta familiaridad y nos permitan vivir nuestra fe de un modo pleno y realista39. Precisamente para poder personalizar nuestro tipo de relación con el Señor y no dejar nada a una espontaneidad superficial, San Ignacio nos ofrece en los Ejercicios la riqueza de su
37 Jr 22, 13-37. Cfr. JOSÉ MAGAÑA, Op. cit., p. 29-32.
38 JOSÉ MAGAÑA, Op. cit., p. 16.
39 Cfr. AGOSTINO CALETTI, I tre modi di orare negli Esercizi Spirituali di San Ignazio di Loyola, Napoli 2006, 17-19.
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experiencia en la búsqueda de Dios y nos ofrece algunas indicaciones concretas sobre cómo podemos preparar y efectuar el ejercicio de la oración. Este conjunto de sugerencias adquiere su sentido en relación al itinerario propuesto, dirigido a poner orden en nuestra vida y prepararnos para entender cuál es la voluntad de Dios para la vida. De ninguna manera se trata de condicionar la acción del Espíritu Santo sino de ayudarnos para que nos dispongamos mejor a encontrar al Señor.
Recordemos cómo, al definir los Ejercicios, San Ignacio dice que «…se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones según que adelante se dirá…»40. Y de este modo, en el texto para vencer a sí mismo, encontramos la estructura de lo que Ignacio entiende por las diferentes formas de adaptación de la única oración. Van sucediéndose dos exámenes de conciencia, el particular, y el general41; meditaciones; con las tres potencias, de los pecados, repetición, resumen, meditación del infierno, de dos banderas, llamada también contemplación, de tres binarios42; contemplaciones: de los misterios de la vida, pasión y resurrección de Cristo, con sus repeticiones y traer los sentidos, en los ejercicios de las tres últimas semanas, y la contemplación para alcanzar amor43; tres modos de orar: primero sobre mandamientos, pecados mortales, potencias del alma y sentidos corporales, segundo contemplando la significación de cada palabra en la oración, tercero por compás 44. No se clasifica como meditación o contemplación el llamamiento del rey temporal, ni el considerar a ratos por todo el día las tres maneras de humildad, haciendo los coloquios, ni el acompañar por todo el día en su soledad el cuerpo muerto de Jesús, a la Madre dolorosa, y a los apóstoles45. Prescindiendo ahora de cuáles sean las otras espirituales operaciones, que se insinúan en la definición, advirtamos cómo en la enumeración de los ejercicios los tres modos de orar, contradistintos de los exámenes, meditaciones y
40 Ejercicios Espirituales 1.
41 Cfr. Ejercicios Espirituales 24 y 32.
42 Ibíd., 45, 55, 62, 64, 65, 136, 156 y 149.
43 Ibíd., 230.
44 Ibíd., 238, 249 y 258.
45 Ibíd., 91, 164 y 208.
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contemplaciones, corresponden al orar vocal y mental de la definición, es decir, que son modos de orar vocal y mentalmente a la vez.
La expresión más hermosa de que los Ejercicios terminan con una manifestación del amor se condensa en la Contemplación para alcanzar amor, escrita por Ignacio como la vivencia, encarnación y evaluación de que la experiencia de oración ha sido –efectivamente–, de amor. Lo más radical para asegurar los frutos de la oración no es concebir su práctica como una actividad separada de otras actividades de la cotidianidad, el examen o la dirección espiritual, sino la expresión consciente de que estamos dispuestos a mantener una relación continua con Jesucristo. En otras palabras, los Ejercicios nos han permitido asumir la totalidad de la vida que adquiere otro matiz en la relación con Dios a través de una actitud contemplativa que abarca todo lo que somos y todo lo que hacemos solamente para manifestar nuestra gratitud con el Señor. No se trata de unir dos realidades distintas sino de retomar nuestra vida con una nueva actitud de buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Si la experiencia de oración ha sido afectiva y de acuerdo con Dios que es amor, cuando retomemos la vida ordinaria, lo haremos con una nueva disposición de discernir su presencia continuamente en medio de las complejidades de lo ordinario, con una intención recta que nos conducirá a en todo amar y servir a Dios a quien hemos experimentado de una forma completamente novedosa y plena.
La oración profunda, prolongada y amorosa de los Ejercicios será verificada en la realidad a la que hemos de volver y que no ha cambiado; sigue siendo la misma, pero, si nuestra actitud ha cambiado ¡ha cambiado todo! Si nos hemos dejado tocar por Dios en los Ejercicios, nuestra oración nos llevará a vivir en una actitud continua de discernimiento y de examen para poder asumir tres pruebas:
1). La prueba del tiempo, es decir, no volveremos a ser los mismos pues asumiremos el riesgo de vivir en una continua conversión.
2). La prueba de la realidad que nos llevará a discernir la presencia de Dios en nuestra vida, encarnando los criterios de Jesús en la realidad concreta. En lugar de ver la realidad como algo a evitar, ésta se ha convertido para nosotros en un medio para abrirnos a Dios y dar de lo que tenemos y podemos: ciencia, honores, riquezas.
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Orar y encontrar fácilmente a Dios
Todo lo que en el Principio y Fundamento se nos planteaba como problemático, ahora es percibido como oportunidad.
3). La prueba del amor que se hace eficaz en la petición del «conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo, enteramente reconociendo pueda, en todo amar y servir a su divina majestad»46.
Porque quien haya sido tocado por Dios, ha conocido el amor y esa certeza le invitará a construir un mundo más amoroso, más justo y más fraterno. Y para abrirnos a esta gracia es necesario pedir el conocimiento de tanto bien recibido y reflectir en mí mismo (para que enteramente reconociendo), pueda considerar seriamente lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar. Ya que como dice Chércoles, la oración de los Ejercicios Espirituales nos anima a dar una respuesta que « no es la iniciativa 'generosa' y 'heroica' que convierte una acción en puro voluntarismo, sino la respuesta agradecida y humilde. Es el gozo de devolver lo que se me dio sin más. La iniciativa no ha sido mía»47.
De este modo, la oración jamás podrá ser ingenua y vana sino que nos llevará a orar la realidad, la vida y recogerá las dinámicas claves de los Ejercicios Espirituales para «prepararnos y disponernos» para vivir sin engaños y tratando de hacer siempre la voluntad de Dios y buscando solamente lo que sea para su mayor gloria. De ahí la respuesta generosa de quien ha hecho bien los Ejercicios que no puede sino exclamar: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer, vos me lo distes, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta»48.
46 Ejercicios Ejercicios 233.
47 A. M. CHÉRCOLES, S.J., La oración de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola, (Eides 49), Barcelona, España 2006, 27.
48 Ejercicios Espirituales 234.
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Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales
Tres Modos de orar* de los Ejercicios Espirituales
Darío Restrepo Londoño, S.I.**
INTRODUCCIÓN
Lo primero que hay que notar aquí es que los 3 modos de orar son otra manera distinta de oración de la ya señalada en los números anteriores de los Ejercicios Espirituales, v.c. nn. [1, 45-53, 65, 101-109)1 . Inclusive Ignacio habla de ‘tres modos de orar’, sin artículo (los), indicando que se trata de algo singular, utilizados en la espiritualidad oriental especialmente2. Están ubicados al final del texto, acabada la 4ª Semana como complemento de los métodos anteriores, para hacer, tanto dentro como fuera de los mismos Ejercicios.
Estos tres modos de orar son otro tipo de ayuda que facilita el encuentro de la persona con Dios, para aceptar su voluntad, sea el que sea el nivel espiritual del punto de partida. «Es una manera de orar que inicia a la oración».
* Ejercicios Espirituales 238-260.
** Licenciado en filosofia y teología de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Doctor en Teología del Instituto Católico de París. Actualmente es Superior de la Comunidad de la Universidad Javeriana en Bogotá. Miembro del Equipo CIRE.
1 Algunos cuentan alrededor de 20 modos de orar en el texto mismo de los Ejercicios.
2 Recordemos el «mantra» oriental.
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Darío Restrepo Londoño, S.I.
Dentro de su estructura encontramos tres bloques bien diversos3 , con una distinción cualitativa entre el primero y los dos siguientes:
a) El primer modo de orar, que no es propiamente oración sino un clima de oración, es muy semejante al examen y forma parte esencial de los Ejercicios leves [18.5] o primer nivel. Es la base de una fórmula catequética para enseñar a ser verdaderos cristianos.
b) El segundo y el tercer modo de orar, por el contrario, son una mezcla de oración vocal y mental que pretende profundizar en los contenidos básicos de la fe.
c) Y los misterios de Cristo, miran más a «preparar la materia de la meditación y de la contemplación para después de los Ejercicios que a completar las contemplaciones de la vida del Señor» en ellos4 .
Tienen origen distinto (catequético, litúrgico y sacramental) y proceden fundamentalmente de los Confesionales de la época y de la explanación medieval de los misterios de la vida del Señor.
A veces se desprecian por su apariencia muy rudimentaria y sin embargo tienen un profundo valor y actualidad ya que tocan la médula de la catequesis. Ignacio tenía una buena experiencia de este método5 .
PRIMER MODO DE ORAR6
Es orar «lo que se cree, lo que se vive, lo que se experimenta»7 .
Ante todo8, hay que tener en cuenta las notas de entrada para disponerse al hacer toda oración [239]: ‘A dónde voy y a qué’ [239]; ‘poniendo delante de mí a dónde voy y delante de quién’ [131]. Esto asegura un punto
3 Cfr. SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Historia y Análisis, (Manresa 1), Bilbao-Santander 1991, 515ss.
4 Ibidem.
5 Cfr. Autobiografía 68
6 Ejercicios Espirituales 238.
7 Juan Carlos Elizalde, Orar la vida. La experiencia de Ignacio de Loyola, Madrid 1997, 86.
8 Cfr. JOSEP MA. RAMBLA, S.J., Orar desde la debilidad. El primer modo de orar en los Ejercicios Espirituales: Manresa vol. 65, N° 254 (1993) 47-59.
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Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales
de partida relacional y no simplemente introspectivo (examen). Es un tipo de oración muy flexible como lo anota el mismo texto (asentándose, paseándose, imitar…al Señor, a la Virgen, con variedad de materias, etc.).
Versa sobre:
a) los mandamientos9
b) sobre pecados mortales (es decir, sobre los 7 pecados capitales: –lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia–)10 y las virtudes a ellos contrarias.
c) sobre las potencias del alma (memoria entendimiento y voluntad)11 .
d) sobre los cinco sentidos corporales12 .
Criterio general: Este criterio está contenido en el primer número y dice: «es más dar forma, modo y ejercicios, como el alma se apareje (se prepare) y aproveche en ellos, y para que la oración sea aceptada, que no dar forma ni modo alguno de orar»13 . Como lo señalamos, es más bien una forma de hacer examen de conciencia en «clima orante» que una oración propiamente dicha. Es, pues, una manera de orar que inicia en la oración. Su estructura es muy semejante a la del «examen general de conciencia… para confesarse» siendo un examen de conciencia meditado con oraciones vocales intercaladas y un coloquio. «¿A dónde escaparé de tu mirada?»14 .
Este modo de orar es muy antiguo en la tradición y pertenece a la época del Iñigo de Manresa y Monserrat donde él lo practicaba y enseñaba y servía para preparar una larga confesión general de todos sus pecados. Tiene, pues, una experiencia espiritual subyacente. Ignacio cambia, una catequesis tradicional aprendida de memoria y apunta a una catequesis vivida y practicada en una verdadera vida cristiana (no un catecismo Astete aprendido de memoria). Se trata de enseñar, ante todo, el camino de servicio de Dios para poder amar verdaderamente al prójimo con un
9 Cfr. Ejercicios Espirituales 238-243.
10 Ibíd., 244-245.
11 Ibíd., 246.
12 Ibíd., 247-248.
13 Ejercicios Espirituales 238.
14 Sal 139.
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cambio de vida. Su materia la constituye un conjunto catequéticosacramental que forma un «género de Ejercicios» que aunque no llega ni siquiera a los de 1ª Semana resulta, como lo hemos visto muy útil y aplicable sobre todo con la gente sencilla, por ejemplo, en nuestras parroquias populares.
Aquí, como en el Principio y Fundamernto, en el orden de la ejecución, Ignacio empieza con una antropología: primero el hombre y su situación real. Da como un pequeño tratado de moral: qué hay que observar y qué hay que evitar. Hoy este modo de orar resulta muy útil para quitar la gran ignorancia religiosa. Se puede explicar la tarde del último día de la 1ª Semana.
Dice Arzubialde:
No es, pues, un examen de conciencia convencional, ni tan siquiera una preparación inmediata para la confesión, sino que va destinado a que el hombre se conozca a sí mismo y conozca mejor lo que a Dios le agrada o desaprueba; a que reconozca la inmoralidad propia y ajena, y cómo debe practicar la misericordia y las demás virtudes cristianas más elementales15 .
Finalmente, este primer modo de orar tiene que ver con lo primero que señala la Anotación: «…según la disposición de las personas que quieren tomar ejercicios espirituales, es a saber, según que tienen edad, letras o ingenio, se han de aplicar los tales ejercicios; porque no se den a quien es rudo o de poca complisión, (corto de ingenio) cosas que no pueda descansadamente llevar, y aprovecharse con ellas»16 .
2° Y 3ER MODO DE ORAR17
Consisten en la «búsqueda del sentido pleno de lo que se repite y la penetración del mismo hasta el fondo de la persona para estructurarla de acuerdo con los valores que esa palabra o frase representa»18 .
15 SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Op. cit., p. 519.
16 Ejercicios Espirituales 18.
17 Ibíd., 249-257; 258-260.
18 Juan Carlos Elizalde, Op. cit., p. 86.
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Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales
El 2° y 3er modo de orar forman un bloque homogéneo. Ambos están basados en la fórmula de una oración que se recita lentamente. Es un método que pertenece a la antigua tradición de la Iglesia que ha orado así sobre todo con el Padre Nuestro (Cf S. Agustín, Ludolfo de Sajonia, Sta. Teresa de Avila, Sta. Teresita…etc.); así mismo, el pueblo sencillo que ha orado repitiendo lentamente fórmulas o con cadencia rítmica: «¡Señor, hijo de Davíd, ten compasión de mí», como la famosa oración del corazón del ‘peregrino ruso’. Por eso Ignacio, no hace aquí otra cosa que presentar una práctica tradicional. Consiste en una oración de recitación.
La materia:
La oración vocal es de una enorme dignidad. Su valor le viene de la persona a quien va dirigida [251], del contenido que en ella se expresa y del Espíritu que suscita las palabras. Las principales oraciones de la vida litúrgica de la Iglesia, desde los Salmos (cfr. Liturgia de las Horas) al Padre nuestro, hasta las Anáforas Eucarísticas, pasando por el Credo... son oraciones que se recitan vocalmente, bien a solas, bien en Comunidad… Pero la oración vocal, por ser al mismo tiempo un diálogo, no establece la comunión automáticamente…sino solo cuando se la recita con la reverencia propia (cfr. Anot 3, 2-3) de quien se siente ante la divinidad19 .
Estos dos modos de orar fueron creados por la intuición popular, que luego fueron asumidos y depurados por la Tradición eclesial.
El 2° MODO DE ORAR
Materia: se trata de contemplar la significación de cada palabra de una oración vocal.
Es un buen remedio para curarse de recitar frases como un loro, sin sentido alguno. Se trata de darles un contenido, con una composición de lugar. Dice: ‘contemplando’; y comprendemos muy bien qué significa el método de la contemplación.
19 SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Op. cit., p. 525.
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Al dejar que el significado de cada palabra penetre en nuestro interior, se despiertan los sentimientos más hondos del amor y éstos crean la comunión20 .
La forma de hacerla. Ignacio describe un ritmo escalonado, con pasos:
1) La Adición, «a dónde y a qué voy»;
2) La oración preparatoria, se hará conforme a la persona a quien va dirigida la oración 21;
3) La adecuación de la actitud corporal con la disposición física en que se halla22;
4) Recitar vocal o mentalmente una palabra y detenerse (ritmo) sin límite de tiempo mientras se halle gusto y consuelo en ella, sabiendo reposarme allí donde encuentre al Señor sin tener ansia de pasar adelante23; (cfr.Sta. Teresita y la palabra ‘Padre’ (del Padre nuestro);
5) Proceder del mismo modo con cada palabra. Duración: una hora.
6) Acabada la hora recitará vocal o mentalmente, bien el resto de la oración contemplada u otra24 .
7) Finalmente, dirigiéndose a la persona a quien ha orado, le pedirá le conceda las virtudes o gracias que más necesita25 .
SEGUNDO MODO DE ORAR Y SAGRADA ESCRITURA
La actualidad de esta(2ª) forma de oración deriva de otra modalidad en creciente uso en nuestros días: se reduce a tomar la palabra, cada palabra de la Escritura como materia privilegiada de oración… Pensemos aquí en el método de tan antiguo en la Tradición de la Iglesia y tan en boga hoy, después del Vaticano II. La palabra inspirada, con el avance de la ciencia, ha quedado insospechadamente potenciada. Se lee con mayor propiedad, se lee con el espíritu con que ha sido escrita (cfr. DV 12, 25), y consiguientemente la palabra despliega, con mayor eficacia, su potencia de interpelación y de misterio. En
20 Ibíd., p. 527.
21 Ejercicios Espirituales 251.
22 Cfr, Ejercicios Espirituale 252, 1.
23 Ibíd., 252, 2, 254.
24 Ibíd., 253, 254, 2.
25 Ejercicios Espirituales 257.
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Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales
nuestros días las palabras, no ya de una oración sino de toda la Escritura, unas más que otras, pueden convertirse analógicamente en materia de oración según el segundo modo de orar26 .
Esta aplicación tan importante del 2° modo de orar a la Sagrada Escritura no lo indica solamente A. Tejerina sino los Directorios de Ejercicios más antiguos como el del P. Mirón:
Lo que se dice aquí de estas oraciones (del 2° modo de orar) también hay que entenderlo de los otros lugares de la Escritura… La experiencia nos dice que el hombre y la mujer modernos encuentran este modo ignaciano de lectura de la Escritura, convertido en oración, muy asequible. Al dar prioridad a la palabra, tanto el cristiano corriente como el más versado en ciencias sagradas, puede experimentar y experimenta gustos y consolaciones ‘pertinentes a la tal palabra’ [252, 2]. La razón se cifra en que el método ignaciano da la iniciativa al texto: el texto lee al lector y no al revés. El lector (orante)... tiene que dejarse trabajar por la palabra que le suministra materia… Así se irá transformando y se hará cada vez más dócil al Espíritu Santo que ora en él (Rom 8, 28)27
El modelo de este modo de orar con la ‘palabra’ puede ser María de Betania «que sentada a los pies del Señor escuchaba sus palabras»28 .
Señalemos, por último, que este modo ignaciano de orar se puede aplicar también a la famosa ‘Lectio Divina’, método privilegiado para orar con la Palabra de Dios en la Biblia y que hunde sus raíces en los orígenes del judaísmo. Se puede referir con mucho fruto, especialmente a los pasos de la «meditatio», y de la «oratio».
TERCER MODO DE ORAR29
Este tercer modo según Ignacio, «será por compás», es decir, al ritmo de la respiración, según el intervalo de dos respiraciones seguidas y
26 ANGEL TEJERINA, S.J., Tres modos de orar: Manresa vol. 69, N° 270 (1997), 61.
27 Directorio del P. Mirón, MHSJ, 76, p. 414 y 417. Cfr. Is 55, 10-11; Heb 4, 12.
28 Lc 10, 39.
29 Ejercicios Espirituales 258-260.
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Darío Restrepo Londoño, S.I.
regulares30; tiene un lenguaje ritmado. Y este ritmo aquí, lo marca el ritmo vital de la respiración. Con cada anhélito o resollo se dice una palabra de la oración elegida (Padre nuestro, Ave María, Alma de Cristo, etc.) Se trata «de auténtica oración mental que es al mismo tiempo vocal y que tiene también como materia las palabras de la oración [258, 4, 5, 6]»31 .
Lo que añade (este tercer modo), o aquello en que se distingue del 2° es el ritmo (inhalar-exhalar). El 2° admitía pausas, incluso prolongadas, porque se detenía afectivamente gustando el significado. El tercero, en cambio, no, sino que recita rítmicamente palabra por palabra o frase por frase, tomando por medida el propio vivir»… Esta oración mira simultáneamente a tres cosas: el significado de lo que se dice, la persona a quien se invoca y finalmente la distancia ontológica entre tanta alteza y tan extrema bajeza [258, 5]32 .
Este modo de orar, que genera paz y serenidad establece una relación de armonía en la dimensión corporal y espiritual. Se ora también con el cuerpo. Tiene su relación con la liturgia y especialmente con su canto. Su duración es relativamente breve, dependiendo de su repetición, pudiéndose alargar o acortar según la propia devoción33 .
Esta forma de orar es de gran actualidad si pensamos, por ejemplo, en los varios métodos de relajación para la oración que se usan actualmente, o sobre todo en el «mantra». Mantra significa34, en sentido amplio, algo que nos ayuda a aquietarnos y tranquilizarnos. Un mantra, por consiguiente, puede ser profano. Hay mantras de diverso tipo. Un sonido, una nota musical, un canto… Puede estar formado por una sola palabra o por varias debidamente acopladas». Un ‘mantra cristiano’ debe invitar a la presencia, es decir a la oración o diálogo con Dios.
30 ANGEL TEJERINA, S.J., Op. cit., p. 63.
31 Ibidem.
32 SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Op. cit., p. 531.
33 Cfr. Ejercicios Espirituales 260.
34 ANGEL TEJERINA, S.J., Op. cit., p. 65.
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Tres modos de orar de los Ejercicios Espirituales
LA 4ª SEMANA Y LOS TRES MODOS DE ORAR
Podríamos preguntarnos ¿por qué San Ignacio coloca estos métodos al final de la 4ª. Semana?
Anota al respecto S. Arzubialde:
El proceso de caminar de fuera a dentro, tomando por objeto la palabra para interiorizarla y conformar con lo que ella dice a la propia interioridad, es muy problemático que el individuo pueda hacerlo correctamente antes de la 4ª Semana35. Porque solamente cuando ésta ha concluido se da en el ejercitante un aquilatamiento tan fino de sentimientos y una maleabilidad tan grande de afectos que entonces está más capacitado para recibir en sí la palabra de Dios
Estos tres modos de orar se usarán ‘tanto cuanto’ (regla de oro de los Ejercicios Espirituales) nos ayuden a entrar en relación más fácil con Dios.

35 Dice la nota 66 de ARZUBIALDE: «Posiblemente lo pueda hacer en otros momentos, e incluso sin haber hecho tan siquiera los Ejercicios. Pero su sentido más pleno lo tiene aquí en la 4ª. Semana. No obstante, estos dos modos de orar conviene explicárselos también a la gente sencilla por tratarse de la transmisión más natural de la fe».
36 SANTIAGO ARZUBIALDE, S.J., Op. cit., p. 532.
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José Rafael Garrido, S.I.
La Música en la Oración Ignaciana
José Raf José Raf José Raf José Raf ael Garrido, S ael Garrido, S ael Garrido, S ael Garrido, S ael Garrido, S
«Cuando el espíritu de Dios asaltaba a Saúl, tomaba David la cítara, la tocaba, Saúl encontraba calma y bienestar y el espíritu malo se apartaba de él».
1 Samuel 16, 23.
«Se le empezó a revelar el entendimiento, como que veía la Santísima Trinidad en figura de tres teclas y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer».
Autobiografía, 28.
LA MÚSICA COMO EXPRESIÓN ESPIRITUAL
Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha sabido encontrar en la música una de sus más sublimes herramientas. Su ingenio le ha procurado los medios para convertir ese inicial coro de sonidos en unas relaciones articuladas que, más allá de cualificar la comunicación y el sosiego entre los hombres, pueden también inspirar la cercanía y el contacto con la Divinidad. Conocida es la anécdota bíblica de David, quien
* Estudiante último año de Fiolosofía. en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Elabora su trabajo de grado.
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La música en la Oración Ignaciana colmaba de bienestar a Saúl con sólo tocar la cítara, produciendo en él efectos tanto emocionales como espirituales1. Ya en nuestra era cristiana, los monjes y eremitas encontraron en el canto un medio inigualable de manifestar la comunión con Dios, no solamente como un acto efectivo sino también de gran significación simbólica. Posteriormente aprendieron a utilizar tonalidades graves y menores para mostrar su postura de anonadamiento y vaciamiento ante el Creador, así como las agudas y mayores para manifestar su deseo de alabanza y agradecimiento. La música ha sido pues un elemento de vital significación espiritual en la historia de Occidente, que nunca ha podido considerarse ajeno a la experiencia religiosa.
Por su parte San Ignacio de Loyola, en su experiencia de peregrino en Manresa, vivió momentos de intensa consolación al contemplar, en el símbolo de un acorde de órgano, la insondable significación de la Trinidad, como divinidad en plena comunicación y armonía. De esta experiencia, el autor de los Ejercicios Espirituales pudo conservar, a lo largo de su vida, una muy especial devoción por la Trinidad, consignada especialmente en su Diario Espiritual, siempre con gran fruto de consolación y lágrimas.
En sus Ejercicios Espirituales Ignacio propone varios «modos de orar» en los que ofrece estilos diversos para ahondar en la experiencia espiritual. Destaco entre ellos el tercero, en el que el Peregrino introduce una oración «por compases». Esta palabra, con un significado bastante musical, nos recuerda aquellos elementos rítmicos en que se ha solido agrupar un conjunto de sonidos y silencios articulados en unidades de tiempo: mientras no se cambie el tipo de compás, el fragmento musical se verá dividido en estas entidades métricas, con igual duración en el tiempo. El compás aporta al tema musical una unidad rítmica, en la que los pulsos o tiempos que lo conforman actúan como espacios de constantes recapitulaciones y repeticiones de un carácter muy simbólico y acorde con las pretensiones de Ignacio en este tercer modo de orar. En el contexto ignaciano, el compás constituye un espacio de tiempo en el que se eleva el alma a Dios, ya sea para meditar el significado de una palabra
1 Cfr. JEAN-LOUIS CHRÉTIEN, La puissance de la musique: la guérison de Saül par David, selon les Pères: Christus 223 (juillet, 2009) 288.
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José Rafael Garrido, S.I.
del Padre Nuestro u otra oración, ya para contemplar la bajeza propia ante la alteza divina o de la persona ante quien se reza2. Este espacio de tiempo tiene para Ignacio la duración de un anhélito o resollo y, tal como en una obra musical, constituye la «entidad métrica» de esta oración, que al ser constante y repetitiva genera una actitud interior similar a la de los mantras orientales. En esta estructura de anhélitos se desenvuelve el encuentro del alma con su Creador, objetivo principal de la propuesta espiritual ignaciana y escenario de una gran variedad dialéctica, en el que se unen dos lógicas en relación: una para ponerse a disposición de la otra y ésta última, abrasando «a la su ánima devota en su amor y alabanza y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle adelante»3.
Esta dialéctica de Creador con creatura se vive en el contexto de constantes movimientos, que San Ignacio identificará y llamará al ejercitante a discernir. Todos estos elementos hacen de la oración el espacio de una interacción compleja y afectiva, con variedad de mociones y frutos. Este proceso de encuentro se lleva, aún en su gran versatilidad, pautado por una estructura muy clara de preámbulos, puntos y examen, consignada por Ignacio en los Ejercicios, que puede asemejarse al papel de los compases que en una obra musical contribuyen a su estructura rítmica. Vista así, la oración ignaciana tiene muchos puntos de encuentro con la ejecución de una obra musical, en la que, también bajo una estructura, se llevan a cabo diversas interacciones entre acordes, arpegios y melodías, unidos en una amalgama única y con un sentido holístico. Así como en un tema musical se observan los diálogos entre frases musicales, acompañamientos y melodías, así en su experiencia espiritual Ignacio propone enrolarse en una experiencia de total armonía con el Creador, en un llegar a hacerse a la lógica divina por medio de la constante petición del conocimiento interno del Señor «para que más le ame y le siga»4. Claro está que en la oración ignaciana es Dios quien ofrece la partitura; ya le tocará al Ejercitante pedir gracia para poderla ejecutar competentemente y lograr decir al final: «Tomad Señor y recibid toda mi libertad»5, como respuesta ante tanto bien recibido.
2 Cfr. Ejercicios Espirituales 258.
3 Ejercicios Espirituales15.
4 Ibíd., 104.
5 Ibíd., 234
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La música en la Oración Ignaciana Ignacio propone así un modo no 'quietista' de enfocar la relación con la Divinidad, en el que conviene «dejarse afectar» constantemente, por las mociones del Espíritu. Esto nos da pie para efectuar una analogía de lo que Dios desea para el hombre, con una partitura que poco a poco es descifrada en la experiencia espiritual mediante el discernimiento. Pero esa partitura no basta con ser sólo conocida, el orante debe ejecutarla con los compases, silencios y cadenzas propias, que podemos relacionar con las mociones que el buen espíritu imprime en el alma6. De igual manera el que ejecuta una obra musical lo hace a la manera del compositor, no de sí mismo, procurando señalar los énfasis particulares que la partitura ha dispuesto. Conocida es la frase que tipica la espiritualidad ignaciana de: «trabajar como si todo dependiera de mí, confiando que todo depende de Dios». Esta sentencia, apropiada para señalar la actitud más recomendada en la oración ignaciana supone un abandonarse: «en la música de Dios». Cuanto más se deje afectar el orante por lo que Dios le manifiesta en esa partitura divina, con tanto mayor prontitud logrará convertirla en música; una realidad que llegara a su culmen, en la Contemplación para alcanzar amor, ante el inagotable conocimiento de «tanto bien recibido»7.
UNA PROPUESTA MUSICAL PARA LAS «SEMANAS» IGNACIANAS
Este iniciarse en la partitura que Dios le depara a la creatura, demanda una disposición de gran generosidad8, inicial en un camino en el que cada parte del proceso posee un énfasis, un fruto que se pide y para el cual colaboran una serie de reglas, notas y metodologías. Este proceso, del cual hablan las semanas en los Ejercicios, describe las diversas etapas que afronta una persona cuando desea vivir una vida espiritual intensa. Dionisio las llamará vías, Teresa moradas, Ignacio semanas. Siguiendo con nuestracomparación musical, cada semana en el proceso ignaciano equivale a un fragmento musical en el que la partitura señala compases, armaduras y armonías específicas. Cada fragmento musical supone una disposición particular del que se ejercita en la oración, unas
6 Cfr. Ejercicios Espirituales 329.
7 Ejercicios Espirituales 234.
8 Cfr. Ejercicios Espirituales 5.
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veces pidiendo dolor por sus pecados, otras conocimiento interno del Señor, ya sea para seguirlo, o para compartir su quebranto en la pasión o su gozo en la resurrección9. Estas peticiones, que Ignacio ubica en el tercer preámbulo de su propuesta de oración, suponen entrar a un clima espiritual en el que, poco a poco, se espera una profunda reciprocidad con Cristo, «para que yo, enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir»10.
Muchas obras de gran valor artístico y cultural expresan, en su constitución y en sus énfasis respectivos, lo que pretende San Ignacio en cada uno de sus estadios de experiencia espiritual
Aunque este caminar espiritual es inefable y posee de por sí elementos particulares que dependen de la persona que ora, me gustaría a continuación someter a consideración una serie de obras musicales que, en consonancia con esta relación entre música y Ejercicios, pueden convertirse en metáfora de esa experiencia espiritual. Muchas obras de gran valor artístico y cultural expresan, en su constitución y en sus énfasis respectivos, lo que pretende San Ignacio en cada uno de sus estadios de experiencia espiritual. Además del enorme carácter simbólico, algunas obras del repertorio musical de Occidente logran de un modo muy elocuente llevar, al que las escucha con atención, a disposiciones muy útiles para apoyar el «sentir y gustar internamente»11 que señala San Ignacio al comienzo de sus Ejercicios. El uso de la música como herramienta en la oración ignaciana, se une al propósito consagrado en las Adiciones de propiciar ayudas para que el orante se sensibilice con la materia de oración propuesta, y consiga con esto una mayor afectación en lo que la oración pretende.
9 Ibíd., 48, 104, 193, 221.
10 Ejercicios Espirituales 233.
11 Ibíd., 2.
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La música en la Oración Ignaciana
La música como sensibilización para la entrada a la experiencia orante
Muchas obras musicales suelen ofrecer, al comienzo de una partitura, un fragmento que sirve de preludio al tema central que propone la obra. Estas frases musicales llevan a cabo una labor de preparación, de introducción, pensada por el compositor para efectuar un realce en los componentes principales de la obra. De igual modo, la experiencia espiritual ignaciana requiere de un proceso propedéutico, iniciático, que no solamente lleve a la persona a interiorizar el método propuesto para la oración, sino que la disponga adecuadamente para estar en una experiencia, donde «no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente»12. Esta labor de preparación puede contar con algunas obras musicales como herramientas para enriquecer el proceso.
Johann Sebastián Bach (1685-1750), maestro de la música occidental, puede ser de gran ayuda en el reto de aceptar «el nuevo ritmo de vida» que implica la experiencia espiritual ignaciana. Su música, desde su propia comprensión, se desarrolla «con el único propósito y razón final de la gloria de Dios y el alivio del espíritu» (Bach, 1716). Este objetivo claramente espiritual hace que sus obras sean adecuados monumentos para inspirar el deseo del alma hacia Dios, muy pertinente en una experiencia como la oración ignaciana. En sus Suites para violonchelo (BWV 1005 a 1012) concibe con gran sencillez la ejecución de un solo instrumento mediante una serie de arpegios que logran introducir a la nueva frecuencia emocional que demanda la entrada a la oración. Poco a poco, a medida que el oído vaya familiarizándose con los tonos alegres y, al mismo tiempo, lentos y constantes de estas obras, podrá involucrarse luego a la experiencia de obras de mayor envergadura auditiva. Un nivel posterior de involucramiento en este proceso, se podrá lograr con la apreciación de obras de mayor complejidad, como las Sonatas para clavecín y viola da gamba (BWV 1027 y 1028). Estas relaciones sonoras, por ahora mínimas, son un símbolo de lo que pretende la experiencia de los Ejercicios en este primer momento, a saber, considerar la vida desde los ojos de Dios, con todas sus relaciones, sentimientos y deseos intrincados.
12 Ibídem.
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Esta «metáfora espiritual» es llevada adelante con una gran maestría en obras como el Adagio ovvero largo del Concierto para dos clavecines (BWV 1061) y el Concierto para dos violines (BWV 1043) en su fragmento Adagio ma non tanto. Ambas obras ofrecen gracias a las dialécticas constantes de los instrumentos protagonistas, una bella expresión del alma que busca a su Dios. Cada instrumento se funde en la obra en una búsqueda del modo como armonizarse con la melodía del otro, llegando a fragmentos musicales en que ambos transforman de mayor a menor sus acordes, con fuertes escenarios de tensión, seguidos de una muy exquisita distensión en la estructura. Asimismo en la vida espiritual, no faltan momentos en los que el ánimo interno pasa a «tonalidades menores» o a relativas tensiones en el modo como enfocamos nuestra relación con el Creador. Pero es en estos instantes cuando Dios se encuentra más cerca del hombre, en una constante y fascinante dialéctica que es tan variable en sus colores y matices como lo son los deseos de la naturaleza humana. Es desde ahí de donde tiene que construirse una relación de armonía con el Creador, en la que Él toma la iniciativa y llega a una relación cada vez más honda, cuanto más disponible se halle el alma en la búsqueda de Dios, y más libre «de su propio amor, querer e interés»13.
Otro gran maestro de la música de Occidente, Wolfgang Amadeus Mozart, logra proponernos un efecto similar en obras como la Gran Partita (K. 361) Adagio, y en el Concierto para violín y orquesta 4, (K. 218), Andante Cantabile. Estas obras nos conducen a una altísima densidad en el diálogo entre los instrumentos implicados, como el oboe y el clarinete. Estas obras de gran densidad espiritual14 nos conducen a una escucha muy sutil y contribuyen a la relajación necesaria para el ingreso a la oración. La obra de Mozart continúa explorando esta noción de «metáfora dialéctica» visible en las obras de Bach que hemos comentado, aportando de un modo particular un ritmo más variado y dramático, que complementa la rigurosidad melódica de las obras de Bach. Ludwig Van Beethoven, por su parte, lleva adelante con una gran osadía y sublimidad, los aportes de sus
13 Ibíd., 189
14 Se utiliza aquí el término «espiritual» como característica musical para designar, según lo afirma Pierre Faure, S.J.: «une qualité d’intériorité, ou d’élévation qui ouvre à bien plus grand que celui qui a composé ou interprété cette musique». Cfr. La musique, un lieu spirituel?: Christus 223 (julliet, 2009) 266.
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La música en la Oración Ignaciana predecesores en la música, en el movimiento Adagio molto e cantabile de su novena sinfonía. En términos metafóricos esta obra nos conduce a contemplar la constante confrontación entre la esperanza y la desesperanza, la generosidad y la evasión. Este movimiento representa con lujo de detalles sonoros el deseo del hombre de surgir a la invitación de Dios, que no es otra que la vida del hombre mismo, su realización y su plenitud. Esta obra que alcanza hitos de sorprendente belleza y profundidad espiritual nos prepara para el conocido Cuarto Movimiento, cuyo énfasis se tendrá en cuenta en otro momento de esta experiencia espiritual.
La experiencia de «unidad» entre el Principio y Fundamento y la Contemplación para alcanzar
amor
Iniciado el proceso de reencuentro consigo mismo y con un Dios que invita a la oración, Ignacio nos enfrenta con el Principio y Fundamento. Este momento espiritual en que se afirma la condición de creatura y la indiferencia ante los medios que, como herramientas, nos disponen para «alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor», tiene una gran cercanía con la Contemplación para alcanzar amor 15 en la que, ante tanto bien recibido de Dios en todas las cosas, el alma no tiene más que ofrecerse enteramente. En lo musical, estos momentos de afianzamiento del ser de creatura y de la relación con el Creador los propondremos en una cierta unidad, resaltando obras de gran profundidad y exuberancia, que logren sensibilizarnos con el amor de un Dios presente en todas las cosas. Bach contribuye a este fin con dos obras en particular, los Conciertos de Brandenburgo 1 y 5, Allegro, (BWV 1046, 1051). Estas obras, con un ritmo constante y una gran variedad melódica en el acompañamiento de las cuerdas, logran introducirnos a una verdadera experiencia espiritual. Por su parte, Antonio Vivaldi nos ofrece en sus conocidas Cuatro Estaciones unas obras de gran luminosidad que logran llevarnos a la contemplación imaginativa de la naturaleza. Es interesante observar en estas obras cómo el lugar protagónico se desplaza entre el primer violín y el resto de cuerdas, logrando una experiencia de imaginativa contemplación de la naturaleza en cada una de las estaciones.
15 Ejercicios Espirituales 23, 230.
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José Rafael Garrido, S.I.
Posterior al Barroco, encontramos en el Romanticismo el aporte de varios compositores que se resolvieron por sintetizar con gran osadía la belleza y el dramatismo del mundo exterior, logrando involucrar elementos musicales hasta entonces insospechados. Es conveniente resaltar el aporte de Tchaikovski en su suite Cascanueces, particularmente en los componentes de la danza china y el valse de las flores. Estas obras, de una gran exuberancia rítmica, nos conduce a un ámbito de gran libertad, con matices ligeros y cambiantes, muy útiles como herramientas para sensibilizarse con un Dios que «trabaja y labora»16 en todas las cosas.
Primera y Tercera Semanas. De la experiencia purgativa a la identificación con Cristo puesto en cruz
Luego de afianzar el conocimiento del ser de criatura, Ignacio propone al orante una mirada sincera a su propia condición de pecado. Desde ahí le invitará a ponerse delante de Cristo crucificado y preguntarse «lo que hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo»17. Esta contemplación imaginativa, más de quedarse en una culpabilidad «solipsista» pretende experimentar la misericordia divina que lanza al orante a la acción amorosa ante un Dios que continúa confiando en él. Esta experiencia llega a su culmen en la Tercera Semana en la que, luego de haber hecho oblación de sí mismo, encuentra en el misterio de la Cruz la consecuencia del amor de Dios ante la iniquidad humana, «por mis pecados va el Señor a la pasión»18. Asimismo, un eje conductor de este proceso son las constantes peticiones en ambas semanas, de dolor y pesar por los propios pecados, en una y de identificación con el Señor a quien quiere servir, en la otra.
Encontramos en el Romanticismo el aporte de varios compositores que se resolvieron por sintetizar con gran
osadía la belleza y el dramatismo del mundo exterior
16 Ibíd., 236.
17 Ibíd., 53
18 Ibíd., 193.
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La música en la Oración Ignaciana
En contraste con los tonos exuberantes del Principio y Fundamento, consideraremos en estas etapas espirituales temas aún más apasionados, pero lentos y de gran austeridad en su composición melódica y en consonancia con la petición de dolor con Cristo doloroso y con las adiciones que Ignacio señala para estas etapas del camino espiritual. A este efecto Federico Chopin aporta sus inusuales y transparentes Nocturnos, en particular el Nocturno en Fa menor, Op. 55 y el Nocturno en Si bemol mayor, Op. 9. Estas repercuten en nosotros como metáforas del proceso interno del orante: sus melodías dan la impresión de un viaje, una huida, que termina con una recapitulación del fragmento musical inicial luego de momentos de gran tensión sonora. De nuevo, en consonancia con la humana condición de pecado, el Nocturno en Mi bemol mayor produce un implícito sabor a encuentro, con un contraste de sentimientos encontrados: por una parte, la alegría y la esperanza de saberse perdonado, por otra, la nostalgia de lo perdido, muy en consonancia con las meditaciones de Primera Semana. También Mozart logra de manera magistral esta «metáfora del reencuentro», particularmente en sus Fantasías de piano KV. 397 y 475.
En las obras mencionadas la experiencia espiritual se traduce en una constante interacción entre acordes menores, siempre adaptados a la situación musical de tensión entre las notas. Beethoven logra efectos similares en su crepuscular Adagio sostenuto conocido como «Claro de Luna». Esta pieza pianística, de conocido valor artístico, posee un tono muy apasionado que significa la búsqueda de un alma con ansias de su Creador y Señor. Nótese que todas las obras mencionadas apropiadas para Primera Semana son ejecutadas por solo piano, lo que lleva implícito una cierta austeridad sonora que contrasta la exuberancia de las obras anteriores y que entra en consonancia con las adiciones ignacianas, para esta semana.
La Tercera Semana aprovecha y continúa los tonos apasionados de la primera, logrando espacios que ofrecen una unión muy mística en el misterio del dolor humano. El Aire en G, procedente de la suite no. 3 (BWV. 1068) constituye un monumento de gran belleza en el que Bach manifiesta con gran pasión y un ritmo lento, el acontecimiento de la entrega de Cristo en la cruz. Es muy difícil escuchar una obra como ésta sin tener por medio de ella una experiencia de gran hondura espiritual.
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Estas tonalidades continúan en consonancia en la Ofrenda Musical (BWV 1079), de impecable austeridad en sus cánones. De inigualable belleza, una de las obras más elocuentes para esta propuesta musical ignaciana, es el larghetto del concierto para clavecín (BWV 1055). Es una estructura melódica repetitiva claramente desgarradora en la que participan las cuerdas; un clavecín irrumpe como instrumento protagonista logrando una perfecta armonía con los violines. Esta melodía, claramente sublime, puede ser acertadamente complementada en su sentido espiritual por el concierto también para clavecín adagio e piano sempre (BWV. 1054).
Mozart por su parte lleva a cabo una conmovedora manifestación de la solidaridad humana en el dolor, en su música para un funeral masónico (K. 477), en el que, a diferencia de otras obras en los que predomina una alta gama y versatilidad de tonos, prefiere en ésta la austeridad de los tonos menores que, unidos, llevan a una consideración esperanzadora de la vida oculta y escondida en la aparente muerte humana. Este nivel llega a cotas superiores de dramatismo que subrayan el misterio escandaloso de la cruz en la monumental obra adagio y fuga en G menor (K. 456), en la que fragmentos lentos y austeros se unen dramáticamente con instantes de gran intensidad emocional, incrementando la tensión con el acompañamiento de un violonchelo. Es importante considerar, como se ha observado hasta ahora, el proceso seguido, en estas obras instrumentales inicialmente con obras de un solo instrumento, como los Nocturnos de Chopin, y luego, para lograr una mayor identificación en la Tercera Semana, obras de mayor envergadura auditiva e intencionalidad artística.
Nos referiremos ahora a algunas obras vocales, estrictamente pensadas para servicios litúrgicos y religiosos. Estas obras no son de gran utilidad simbólica porque, a diferencia de las anteriores, fueron compuestas con el estricto propósito de servir a la experiencia espiritual. En este ámbito hay dos obras casi de mención obligatoria: la misa en si menor (BWV. 232) de Bach y el Réquiem en Re menor (K. 626) de Mozart. De estas obras subrayo, con utilidad para la Primera y la Tercera Semana, el Kyrie eleison. En el comienzo de su misa Bach conduce al orante a una de las cimas de la expresión religiosa de la historia humana. Con el inicial acompañamiento de un órgano y algunas cuerdas, el coro irrumpe impetuosamente su «Señor, ten piedad», al que se van sumando, cada una en su tiempo, cada registro de voz dando una mayor libertad al conjunto de cuer-
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La música en la Oración Ignaciana
das que, en su constante disposición rítmica, refleja la súplica por el perdón. Mozart, por su parte, nos propone una obra con un ritmo más andante, no menos piadoso en el acompañamiento de la orquesta y con un tono eminentemente dramático por ser una misa de difuntos. Ambas obras, la misa de Bach y el Réquiem de Mozart, poseen en su cántico del Agnus Dei, una recapitulación de los sentimientos presentes en el Kyrie, en el que, luego de la insistente petición por la misericordia de Dios, logran al final acordes muy resueltos, metáfora de la seguridad en un perdón ya recibido.
Estas obras de gran elocuencia espiritual son muy complementadas con las magistrales Pasiones de Bach, según San Juan y según San Mateo, obras icónicas en la historia de la expresión religiosa. En la pasión según san Juan (BWV. 245) me gustaría subrayar especialmente la coral inicial: «Herr unser herrscher». En esta obra, con un acompañamiento rítmico andante y preciso, el coro irrumpe pleno en la invocación al «Señor y maestro nuestro», obstinada y constante a lo largo de toda la obra. Los acordes, sustentados en delicadas tonalidades menores subrayan el preámbulo del misterio de la pasión ante el cual se cortan todas las palabras humanas… es evidente que no hacían falta más palabras para esta inserción inicial en la realidad de la pasión de Cristo, sólo la denodada y fiel expresión de que aquel que es llevado a la cruz es nuestro Señor y Maestro y que, desde su anonadamiento, nos invita a acompañarlo en su empresa de salvación19. Desde esta consideración, las pasiones de Bach son una sublime y fiel invitación al acompañamiento orante de Jesús, «que por mis pecados va a la pasión»20 y que, al mismo tiempo, sumerge al que escucha atento en la sublimidad del misterio de la redención. La obra de Bach, muy sensible a establecer los matices necesarios para procurar un aura espiritual en sus fragmentos, nos conduce a una experiencia dramática y desgarradora con la coral Crucifixus, perteneciente al Credo en la Misa en B menor. Esta coral con sus tonalidades deliberadamente implacables y dolientes contrasta con el posterior Et resurrexit, y, a manera de una auténtica oración ignaciana por compases, nos lleva a la meditación devota y realista de las palabras que en el Credo se refieren a la crucifixión y muerte del Señor, sin maquillar en sus tonalidades el absoluto quebranto y anonadamiento de esta realidad salvadora.
19 Cfr. PIERRE FAURE, S.J., Op. cit., p. 268. 20 Ejercicios Espirituales 193.
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Mozart por su parte nos ofrece, además del mencionado Requiem en D, momentos de gran elevación interior como en el aria Lacrimosa o el Agnus Dei, la coral Ave verum Corpus, (KV. 618) en el que sitúa al orante en la contemplación de un Cristo que, ya muerto en la cruz, es bajado y sepultado tras haberse anonadado hasta el extremo. Esta obra, una de las de mayor profundidad y belleza espiritual en el repertorio sacro de Mozart, nos sumerge, con sus ritmos lentos y delicados, a una muy honda contemplación del significado de cada una de las palabras de la oración: «Salve el verdadero cuerpo nacido de la Virgen María; padeció realmente, fue inmolado en la Cruz por los hombres…» siguiendo la imagen del «siervo de Yahvé» de Isaías 53. Cada palabra que canta con devoción la coral tiene un matiz determinado que lleva implícitamente un mensaje, una significación. En el momento de afirmar el modo como Cristo se entrega en la cruz, la obra alcanza sus mayores cotas de dramatismo que contrastan con la afirmación de la fe en su obra salvadora, en acordes liberadores y de gran capacidad mística, en los que el pesar por la pasión se une a un sentimiento de esperanza y de alabanza. Es destacadísima en su captación espiritual la versión dirigida por Leonard Bernstein, en 1990.
La experiencia del llamado: Segunda Semana
Luego de experimentar la misericordia de Dios en su propia vida, el orante recibe el llamado de un Dios mayor que todas las posibilidades humanas. Este movimiento interno lleva hacia la oblación de mayor estima y momento, a la lucidez de la bandera de Jesucristo, a la autenticidad del Tercer Binario y al apasionamiento de un tercer grado de humildad. Todo ello concatenado a una búsqueda de conocimiento interno del Señor, mediante las contemplaciones de la Encarnación, Nacimiento, misterios de la Infancia y posteriormente los de la vida pública. En este momento del desarrollo espiritual, se precisa un muy humano sentimiento de entrega, de humildad ante la pequeñez a la cual Dios se abaja y ante un llamado que se recibe gratuitamente. En cononancia con estos elementos, nuestra experiencia musical adquiere matices muy determinados, por lo cual contamos con algunas obras que pueden servir de gran ayuda para una sensibilización a estas invitaciones espirituales.
En la Cantata (BWV 147) Jesus bleibet meine freude, Bach explora el escenario interno del creyente que encuentra en Jesús la alegría y sa-
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La música en la Oración Ignaciana tisfacción de su deseo humano. Esta cantata, una de las más conocidas de Bach, depara un halo de gran hondura mística y de gran elocuencia simbólica en el ámbito de las meditaciones del seguimiento de Jesús. Este mismo matiz especial de entrega a Cristo lo posee el fragmento Adagio ma non tanto del Concierto de Brandenburgo No. 6 (BWV. 1051). Esta hermosa obra sintetiza de un modo sublime la ternura de un Dios encarnado y el deseo del hombre de darse enteramente, de entregarse. Sus melodías pausadas repiten en varias frecuencias la misma estructura, sin perder la constancia rítmica y el tono devoto. Como su nombre lo indica el Affetuoso del Concierto de Brandenburgo No. 7 (BWV. 1050) mantiene a lo largo de su partitura tonalidades muy suaves y al mismo tiempo dramáticas, en las que sobresale la participación del clavecín entre las cuerdas. Desde este contexto, esta obra amiga de lo entrañable nos conduce a la contemplación del infinito amor de Dios que sobresale en el dramatismo de la humildad, ajena del estrepitoso «vano honor del mundo»21.
Por esta misma línea, el Andante de la Sinfonía 39 de Mozart (K. 543) nos invita a la experiencia de saborear con los oídos, en medio de una armonía de gran sencillez, el modo como la divinidad habita en lo simple, haciendo de este escenario una obra de arte. De igual manera, en el Andante de la Serenata no. 7 en D mayor «Haffner» (K. 250) nuestro compositor lleva a las cotas de mayor sublimidad el diálogo entre la orquesta y el violín que logra efectos de gran perfección armónica con el constante acompañamiento de la orquesta. El que esta dialéctica se lleve en un andante posee una carga simbólica que contrasta los tonos lentos de las anteriores obras, porque nos conduce a una metáfora del «ponerse en camino», tan típica del seguimiento ignaciano. Esta característica de movilidad se observa a lo largo de toda la obra en la que la melodía principal inicia un viaje entre arpegios de diversas tonalidades que acompaña la orquesta, para regresar al final al punto de comienzo.
Podemos decir lo mismo del Romance para violín y orquesta No. 1, Op. 40, de Beethoven, obra en la que en la lentitud del ritmo, mediante suaves arpegios mayores, se explora con gran elocuencia la dimensión del afecto. El violín como instrumento protagonista es acompañado por la
21 Ibíd., 142.
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orquesta, que en ningún momento sobrepasa su lugar. Esta obra es una metáfora del seguimiento delicado; sencillo, paciente, nunca por encima del otro. Tanto el violín como la orquesta construyen juntos la estructura de la obra, disponiéndose en un diálogo continuo, sin interrupciones ni aumentos vertiginosos en los matices. Beethoven nos sorprende con su dramatismo y a la vez con una gran hondura en el Allegretto de la Sinfonía No. 7 en A mayor, Op. 92. Este movimiento, bastante famoso en el repertorio sinfónico de Beethoven, tiene un sabor muy crepuscular a diferencia de las anteriores obras mencionadas. Su estructura parte de una melodía inicial, ejecutada al comienzo con matices pianissimos a la que, poco a poco, de una manera extremadamente gradual, se agregan los instrumentos de la orquesta, comenzando inicialmente por los primeros violines. En la medida en que la melodía adquiere fuerza, la estructura va tomando un carácter de un dramatismo dotado de esperanza, tan característico del estilo del alemán. Subrayo para nuestro interés espiritual el que sea simbólico del carácter del seguimiento a Cristo, tal como Ignacio lo pretende en Ejercicios: una experiencia apasionante en lo afectivo, como esta obra musical, y a la vez dramática, a la que poco a poco se suman más personas, ante el llamado inicial del Sumo y Eterno Capitán22. Pero no sólo simboliza cómo el llamado del Reino es abrazado por muchos, sino también el modo paulatino como las propias pasiones y deseos se adhieren a la propuesta divina. Esta experiencia de apropiación del llamado de Cristo, no anula su carácter de renuncia y de dramatismo, presente con una gran hondura en este movimiento de Beethoven.
En el ámbito vocal este estado espiritual de Segunda Semana nos conduce a un sinnúmero de alternativas. Será este el momento para llevar a la oración muchos cánticos con un mensaje explícitamente mariano, como el conocido Ave María de Bach-Gounod, de Schubert o de Mascagni. Estas obras con un elocuente matiz maternal son muy elocuentes en el ámbito de la oración por compases que propone San Ignacio en los Ejercicios. El saborear el sentido de cada palabra en esta oración, ayudado por los énfasis melódicos que introducen en cada una de ellas los compositores, es una auténtica experiencia mística. Esta misma experiencia puede ser complementada con la oración del Benedictus, parti-
22 Cfr. Ejercicios Espirituales 138.
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La música en la Oración Ignaciana cularmente en la del Réquiem en D de Mozart, y en la misa en B menor, de Bach. En ambas obras sobresalen tonalidades bastante austeras, lentas, que expresan la esperanza y el deseo de recibir «aquel que viene en el nombre del Señor». Los solistas expresan a lo largo del fraseo tonos desgarradores, unidos a otros muy esperanzadores y reverentes. De nuevo, la realidad humana ante la divina, aparece aquí como un espacio del mutuo encuentro de la pregunta y el ansia con la salvación y la respuesta. Sin duda una de las obras que con mayor hondura refleja este momento y que yo mencionaría con una gran reverencia, es el fragmento et incarnatus est, procedente del Credo en la misa en B menor, de Bach. La estructura evoca el mayor respeto ante un misterio que sobrepasa toda nuestra racionalidad, el de la Encarnación de Dios entre nosotros. Con impecable austeridad en el acompañamiento de acordes de órgano y la fidelidad de algunas cuerdas, el coro canta lentamente, como refiriéndose a algo inefable: «y se encarnó en María Virgen». Cada nota de esta sublime musical sale del silencio, con la consciencia que jamás podrá abarcar la hondura de aquello que canta. El tono menor de toda la obra termina en un resuelto acorde mayor que deja, al terminar la escucha de la obra, un sabor de esperanza y agradecimiento.
Mozart nos lleva a vías de gran hondura mística con su aria Laudate Dominum, proveniente de sus Vesperae solennes de confessore (K. 339). Esta partitura, una de las arias de mayor profundidad en la alabanza al Señor, expresa en su ritmo andante y resoluto, el ansia de un alma por su Señor y el deseo que todos los hombres compartan el amor ardiente que posee por Él. La soprano inicia con el canto, servida de un suave y devoto acompañamiento de la orquesta, al cual se une el resto de las voces al final. Este canto, al mismo tiempo que conduce a una sincera alabanza a Dios, es también una súplica ansiosa de gran hondura metafórica con las palabras del salmista: «Dios, tu mi Dios, yo te busco, mi carne tiene sed de ti como erial agotado, sin agua»23. Con estas experiencias auditivas propuestas, se pretende lograr una sensibilidad adecuada para el seguimiento afirmativo del Reino. Predominan los tonos lentos y humildes, que se convertirán en una experiencia de alegría profunda en la posterior experiencia de Cuarta Semana.
23 Salmo 63.
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El gozo de la Resurrección: Cuarta Semana
Luego de experimentarse perdonado, llamado y conmovido por el Señor, quien ha seguido la experiencia ignaciana se descubre pleno del gozo de la Resurrección. Finalmente es el Creador que lleva a cumplimiento lo dicho en la Meditación del Rey Eternal, «quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo, para que siguiéndome en la pena también me siga en la gloria»24. Es por tanto ésta la experiencia de la Gloria, del encuentro con Cristo resucitado consolador, que se reconoce por sus santísimos y milagrosos efectos, como afirma Ignacio al inicio de su Cuarta Semana25. Por ello, si en la Tercera Semana el orante tuvo que pedir dolor y servirse de un número de herramientas que le permitieran disponerse a la Cruz, en ésta la petición irá hacia la alegría espiritual, y todos los demás medios, en este caso la música, deberán orientar a ella.
Si en las anteriores semanas habíamos preferido en general ritmos lentos y pausados, matices muy adagios y andantes, esta será la oportunidad de vivir a fondo, en consonancia con los frutos de la Cuarta Semana, los allegros y allegrettos. Por consiguiente nuestra oración se verá enriquecida por la alegría que inspiran algunas obras. En el primer libro de su Clave bien temperado, Bach nos ofrece una de las fugas más alegres y vivaces, la Fuga en C sostenido (BWV. 848). En ella una melodía inicial sustenta el resto de la obra con tonos que nos conducen a una gran alegría espiritual. Por su parte, la Gavotte de la suite no. 3 (BWV. 1068) y el allegro assai del Concierto de Brandenburgo No. 3 (BWV. 1048) sin mayores dramatismos nos conducen a experimentar una experiencia de fiesta, en la que sin protagonismos de ningún instrumento, la orquesta se conduce toda a un éxtasis en el que predomina la alegría y el consuelo espiritual.
Partiendo de un ritmo lento, Beethoven nos conduce a un viaje hacia la esperanza en el movimiento Allegretto de su Sinfonía No. 6, «Pastoral», en la que luego de un movimiento de gran dramatismo la calma se
24 Ejercicios Espirituales 95.
25 Cfr. Ejercicios Espirituales 223.
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La música en la Oración Ignaciana recupera y con ella el ansia de celebración. La obra es muy variable en su composición rítmica y tiene momentos muy sutiles de retorno a la melodía inicial en la que participan por igual los vientos y las cuerdas. Los momentos de lentitud son una metáfora a la remembranza de las penurias pasadas, pero ya desde la alegría de haber llegado al puerto deseado. Con un tono extremadamente alegre, el Allegro del Concierto para violín Op. 61, Beethoven logra armonizar diversos matices en una obra exuberante en la que el protagonismo del violín se ve complementado por momentos apasionantes de participación de toda la orquesta. Mozart logra esta actitud espiritual con el allegro con spiritu de su Sinfonía 29, así como con el final Allegro de su conocida Sinfonía 39. Con ritmos rápidos y precisos en cuyos compases participan buena parte de los instrumentos de la orquestas, estas obras logran sensibilizarnos a experimentar los frutos y la enorme alegría del Resucitado.
Si bien estas obras son símbolos muy elocuentes de la experiencia espiritual de la Cuarta Semana, el primer puesto lo podrían tener las vocales, entre las cuales encontramos alternativas de gran belleza y profundidad espiritual. Es bastante conocido el Hallelujah de Handël en el que, a excepción de otras obras que se basan en textos latinos, este compositor alemán utiliza palabras inglesas para referirse a la divinidad y crear, como lo hace en esta obra, un monumento a la alabanza y la reverencia a Dios. Bach hace otro tanto con su coral et resurrexit de la misa en b menor en la que se observa un notable contraste con el anterior crucifixus. Con matices gloriosos y ayudado por algo de percusión que resalta los acordes de la orquesta, el coro se une pleno para cantar la noticia de la resurrección. Es bastante simbólico que el ritmo en el que están organizadas las frases musicales parece rememorar un escenario en el que se cuenta con alborozo algo que desea ser sabido y comentado por todos, empezando desde un leve rumor hasta llegar a ser pregonadas por todos los participantes de la coral. En la misma misa, la coral gratias agimus tibi, nos sorprende por su austero acompañamiento en la orquesta y por su ritmo aparentemente lento. Esta coral, de gran hondura espiritual, expresa gradualmente la acción de gracias del hombre al Creador, que va adquiriendo más peso y consistencia conforme la estructura va llegando a su final. El posterior Sanctus, es muy seguramente la obra de mayor majestuosidad dentro de la misa. Pocas otras alternativas celebran con tal vivacidad el triunfo de Jesús sobre la muerte con tan perfecta amalga-
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ma entre orquesta, coro pleno, órgano y percusión. Podríamos encontrar una actitud similar en el Gloria de la Misa en C mayor (K. 317) llamada: «Misa de Coronación» en el que Mozart sitúa la oración del Gloria, dándole a cada frase, casi a cada palabra un matiz muy simbólico de su significado.
Sin duda estas herramientas musicales servirán de vínculos para una experiencia espiritual que, desde el ámbito estrictamente ignaciano, tiene mucho que ofrecernos. Como hemos considerado a lo largo de este texto, la música en sí misma en su carácter trascendente y simbólico se convierte ella misma en una experiencia de Dios. Bien lo decía Juan Pablo II en su Carta apostólica a los artistas:
La Iglesia necesita también de los músicos. ¡Cuántas piezas sacras han compuesto a lo largo de los siglos personas profundamente imbuidas del sentido del misterio! Innumerables creyentes han alimentado su fe con las melodías surgidas del corazón de otros creyentes, que han pasado a formar parte de la liturgia o que, al menos, son de gran ayuda para el decoro de su celebración. En el canto, la fe se experimenta como exuberancia de alegría, de amor, de confiada espera en la intervención salvífica de Dios26.
¡Que las notas musicales sean vínculos para hacernos cada vez más sensibles a aquellas que Dios imprime en nuestras vidas y que esperan por ser ejecutadas!

26 S.S. JUAN PABLO II, Carta a los artistas, n. 12, 4 de abril de 1999.
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