Apuntes Ignacianos 34. Simposio sobre Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

Page 1


APUNTES IGNACIANOS

Director Carátula

Darío Restrepo L.

Consejo Editorial

ISSN 0124-1044

L.Timoncini, Italia

Diagramación y Javier Osuna composición láser

Iván Restrepo

Hermann Rodríguez

Ana Mercedes Saavedra Arias

Secretaria del CIRE

Tarifa Postal Reducida: Impresión:

Número 912 - Vence Dic./2002Editorial Kimpres Ltda.

Administración Postal Nacional.Tel. (1) 260 16 80

Redacción, publicidad, suscripciones

CIRE - Carrera 10 N° 65-48

Tels. (1) 6 40 50 11 / 6 40 01 33 / Fax: 57-1-640 85 93 e-mail: cireir@latino.net.co

Bogotá, D.C. - Colombia (S.A.)

Suscripción Anual 2002

Colombia: Exterior:

$ 35.000

Número individual: $ 12.000

Cheques: Comunidad Pedro FabroCompañía de Jesús

$ 42 (US)

Cheques: Juan Villegas

Apuntes Ignacianos

Número 34 Año 12

Enero-Abril 2002

Simposio sobre Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.

Distintos enfoques de una experiencia

CENTRO IGNACIANO DE REFLEXION Y EJERCICIOS - CIRE

Carrera 10 Nº 65-48. Tel. 640 50 11 Bogotá - Colombia

Simposio sobre Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.

Distintos enfoques de una Experiencia

Notas sobre los Ejercicios Espirituales en el contexto de nuestro país y de nuestro tiempo..............

Horacio Arango A., S.I.

Los Ejercicios: «redescubir su dinamismo en funcióndenuestrotiempo» ..........................................

Javier Osuna G., S.I.

El conocimiento de uno mismo. Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos ...................................................................

José Ricardo Alvarez B., S.I.

La experiencia de Ejercicios Espirituales en laVidaCorriente ..........................................................

Clara Delpín, s.a.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002)

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20 años de búsqueda ...............................................

Julio Jiménez., S.I.

Mi experiencia como ejercitante: un sí que reitero día a día .........................................................

Tatiana Sotomayor

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos? ................. ..........

Jorge Julio Mejía M., S.I.

Distintos enfoques de una experiencia ...................

Jose Leonardo Rincón, S.I.

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos en un contexto universitario ................................................

Gerardo Remolina V., S.I.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002)

58

66

73

97

103

Presentación

Cuentan que una vez un joven se subió a un bus y se sentó junto a una señora. La señora quedó aterrada de ver que el joven traía puesto un solo zapato... La señora se dirigió al joven con una sonrisa y le dijo:

– «Veo que se le perdió un zapato...»

A lo que el joven respondió:

– «No señora. Precisamente, lo contrario: ¡Encontré uno!»

No hace falta ser un especialista en epistemología para saber que una misma realidad, contemplada desde distintos ángulos, puede aparecer como distinta... Cada punto de vista revela un poco la realidad a la que hace referencia y, por otra parte, revela también un poco lo que hay en la pupila del que mira.

EsfamosoeltítulodeunlibrodelfilósofoalemánJürgenHabermas, que se dedica a estudiar esta realidad: Conocimiento e interés. Conocemos desde nuestros intereses... «Cada uno habla de la feria, como le haya ido en ella», diríamos de manera más popular.

La Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), el Centro de Pastoral san Francisco Javier, de la misma Universidad, y el Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE), Centro de

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 1-4

Presentación

Espiritualidad de la Compañía de Jesús en Colombia, organizamos en noviembre 6 y 7 de 2001 un Simposio sobre los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, para enriquecernos con distintos enfoques de una misma experiencia espiritual.

Nos convocó una experiencia interior hecha primero por Ignacio de Loyola a comienzos del siglo XVI. Una experiencia que el mismo Ignacio no duda en calificar como «todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos» (MHSI, Epist. S. Ign., I, 112), tal como escribe a su antiguo confesor de París, el Doctor Miona. Llega a decirle que si se arrepente de haber hecho tal experiencia, «demás de la pena que me qusiéredes dar, a la cual yo me pongo, tenedme por burlador de las personas espirituales, a quien debo todo» (Ibíd.). El Doctor Miona, después de haber hecho la experiencia de los Ejercicios Espirituales, entró en la Compañía de Jesús en Roma en 1545 y murió en 1567 en la misma Roma y en la misma Compañía.

No hace falta añadir muchas más palabras para fundamentar la importancia de la temática que nos ocupó durante esos dos días de noviembre de 2001. La experiencia de los Ejercicios Espirituales es también hoy todo lo mejor que en esta vida podemos pensar, sentir y entender, tanto para que las personas crezcan y vivan plenamente sus vidas, como para que den frutos abundantes de buenas obras en bien de los demás. Tal vez podamos añadir algo sobre la metodología que escogimos para el tratamiento de una temática de tanta importancia.

El Diccionario de la Lengua Española nos recuerda que la palabra simposio viene del griego ó, que literalmente significa: reunión para beber juntos; y añade: «Conferencia o reunión en la que se examina y discute determinado tema». Por su parte, el Diccionario del uso del español, de MARÍA MOLINER, define simposio como «Banquete o reunión que celebraban los griegos en que se bebía, había generalmente acompañamiento de música y canto y se conversaba sobre alguna materia». Valiéndonos del sentido tan rico de esta palabra, quisimos organizar un auténtico Sim-posio, para beber juntos de esta experiencia de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, y de la experiencia que cada uno de los participantes ha hecho y acompaña en otros. Estábamos

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 1-4

convencidos de que podríamos enriquecernos todos y ofrecernos, unos a otros, luces para acompañar la experiencia y para brindar apoyo y continuidad a los que ya la han vivido.

Dos momentos tuvo, entonces, nuestro Sim-posio: El primero para ofrecer y el segundo para brindar...

En un primer momento, ofrecimos luces sobre la experiencia de los Ejercicios Espirituales desde el magisterio del P. Arrupe, quien nos enseñó a 'redescubrir sudinamismo enfunción denuestro tiempo', temática que fue abordada por Javier Osuna en nombre del Equipo del CIRE. El P. José Ricardo Álvarez, Decano Académico de la Facultad de Psicología de la PUJ, nos ofreció una visión de los Ejercicios ignacianos desde el campo de la psicología. El P. Carlos Novoa, Decano Académico de la Facultad de Teología de la PUJ, ofreció una reflexión sobre la ética y su relación con la experiencia de los Ejercicios Espirituales. Por último, la Hermana Clara Delpín, del Equipo del CIRE, el P. Julio Jiménez, Rector del Colegio san Ignacio de Medellín y Tatiana Sotomayor, del Centro de Pastoral san Francisco Javier de la PUJ y miembro del Equipo de apoyo del CIRE, nos ofrecieron, a través de un panel, sus reflexiones sobre la experiencia de los Ejercicios Espirituales desde la perspectiva de los laicos.

Durante el segundo día, trabajamos sobre los medios a través de los cuales podíamos brindar apoyo y continuidad a los que han vivido la experiencia de Ejercicios Espirituales a través de dos conferencias y un panel: Las conferencias se fijaron en la forma de ayudar a mantener y estimular los frutos de los Ejercicios: El P. Jorge Julio Mejía, Asistente del P. Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia para el área Socio-pastoral, brindó, desde su propia experiencia, una lectura de los Ejercicios desde la dinámica de la 'recuperación del sujeto' en nuestra sociedad, recurriendo a la tradición milenaria del Zen. El P. Gustavo Baena, profesor de la Facultad de Teología de la PUJ, brindó sus reflexiones sobre el sentido comunitario que está implícito en los Ejercicios Espirituales. En el panel final estuvieron presentes, Julio Alberto Arango, padre de familia, Decano del Medio Universitario de la Facultad de Ciencias de la PUJ; Olga Lucía Benavides, madre de familia y Presidenta de la CVX-Colombia; el P. Carlos Eduardo Correa, Asistente del P. Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia para la Formación; el P. Leonardo

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 1-4

Presentación

Rincón, Presidente de ACODESI y Asistente del Padre Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia para la Educación; y Carolina Sánchez, madre de familia, miembro de la CVX y del Equipo de apoyo del Cire. Su tarea fue recoger las conclusiones de todo el Simposio desde su campo pastoral y procurando poner el acento en la posibilidad de acompañar la continuidad de la experiencia.

Seguramente, algunos hicieron notar la falta de un zapato, mientras que otros se fijaron en lo afortunados que son al haber encontrado uno... Distintos enfoques de una misma experiencia que nos ayudaron a todos a beber juntos de las riquezas insondables de este profundo pozo de experiencias que son los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.

Hemos querido publicar estas conferencias que tanto nos enriquecieron a todos. No podemos ofrecer las palabras del P. Carlos Novoa, porque no nos presentó su conferencia por escrito. Tampoco publicamos en este número de Apuntes Ignacianos las palabras del P. Gustavo Baena, puesto que ya sus reflexiones fueron publicadas en el número 28 de la revista, en el año 2000, cuando tratamos el tema Afectividad, comunidad, comunión. Por último, sólo ofrecemos las palabras del P. Leonardo Rincón que fue el único que presentó por escrito la reflexión que se compartió en el último panel.

Quisimos mantener, en varios de los escritos, su lenguaje coloquial, propio de un encuentro como el que los vio nacer. Esperamos que este trabajo pueda enriquecer a nuestros lectores de manera que la experiencia de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, nos siga aprovechando a nosotros mismos, y nos sirva para fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 1-4

Notas sobre los Ejercicios Espirituales en el contexto de nuestro país y de nuestro tiempo

Notas sobre los

Ejercicios Espirituales en el contexto de nuestro país y de nuestro tiempo

Desde el comienzo hasta el final, desde el Principio y Fundamento hasta la contemplación para alcanzar amor, San Ignacio guarda el equilibrio entre Dios, la persona humana (el yo) y la creación, los tres unidos en la dinámica de la salvación. No es para sustraernos a la proclamación de la justicia de Cristo y a la denuncia de la injusticia por lo que San Ignacio insiste en la consideración de lo que «quiero y deseo». Por el contrario, al insistir en la introspección personal, Ignacio desarrolla en el ejercitante la conciencia de su responsabilidad frente al mundo, que va a su perdición por causa del pecado...1

Nos congrega hoy la reflexión en torno a uno de los legados más profundos de Ignacio de Loyola a la Iglesia y a la Compañía de Jesús en su ministerio apostólico. Los Ejercicios Espirituales son antes que nada una experiencia, una percepción de Dios que vive en nosotros y realiza su obra creadora. Por eso nuestras palabras parten de esa experiencia de los Ejercicios Espirituales, a la luz del lugar y del tiempo en los que nos corresponde seguir la huellas del maestro y Señor.

* Palabras del P. Horacio Arango A., S.I., Provincial de la Compañía de Jesús en el acto de apertura del Simposio.

1 PETER HANS KOLVENBACH, S.J., Discurso en la I Conferencia Europea sobre Ejercicios: Información S.J. 87 (Septiembre-Octubre 2001).

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 5-9

Propongo para la reflexión estas cuatro notas:

1. La sed de sentido: La mención abierta de la experiencia religiosa resulta con frecuencia poco atractiva a la creciente secularización del mundo. Nuestro continente y nuestro país en particular siguen teniendo una honda vivencia de fe, sin embargo crece en algunos sectores la apatía hacia las mediaciones de la fe en las prácticas religiosas. Son múltiples las razones de esta escisión entre la vida diaria y la fe religiosa. La pedagogía de los Ejercicios Espirituales debe recomponer el lugar de la fe dentro de la vida, la unidad indisoluble del mundo con la presencia de Dios. Tal vezelcaminomásclaroeseldeldescubrimiento del cansancio de la cultura y del mundo modernos, agobiados por la exacerbación del tener y del placer. Bajo lo superfluo o lo grandioso se oculta una sed gigantesca, la de la afirmación del ser, que no es otra cosa que la recuperación de la vida y la dignidad humana como finalidad y no como medios para el triunfo de poderes diversos y para la inhumana construcción de la individualidad a costa del bien general. Esta recuperación de la vida y de la dignidad humana corresponde a la voluntad de Dios, cuya gloria pasa por la vida concedida en abundancia para los seres humanos y para toda la creación, y se convierte en un signo contradictorio en el tiempo en el que la globalización prescinde de pueblos inviables económicamente. Si no tenemos la visión antropológica renovada para captar cuál es la fatiga de la cultura de nuestro tiempo no podremos proponer el mensaje del Señor Jesús, que junto al pozo, ante la fuente que brota de las entrañas de la tierra, ofrece agua que calma la sed del ser.

Los Ejercicios

Espirituales son un camino de encuentro personal entre quien los hace y Dios, pero un encuentro con Dios de cara al mundo

2. La responsabilidad frente al mundo: Nosotros provenimos de una tradición religiosa que ha aislado con mucha frecuencia a los creyentes de su responsabilidad frente a la historia. Me refiero a las prácticas de fe entendidas como relación individual entre un ser humano y su creador. Vista así la fe la salvación es un asunto individual y el pecado una ruptura de cada quien con su Señor. Los Ejercicios Espirituales, como lo recuerda el P. General son un camino de encuentro personal entre quien los hace y Dios, pero un encuentro con Dios de cara al mun-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 5-9

Notas sobre los Ejercicios Espirituales en el contexto de nuestro país y de nuestro tiempo do. El destino del mundo está presente en la médula de los Ejercicios Espirituales. Quien pide ser puesto con Jesús debajo de su bandera pide ser puesto en su misión de responsabilidad frente al drama de los hombres oprimidos por la pobreza, por la injusticia, por el pecado. Esta responsabilidad frente al mundo es la continuación de la encarnación del hijo de Dios en la historia. Los Ejercicios Espirituales son por tanto experienciadeencarnación. «El primer punto, es ver las personas; las unas y las otras; y primero, las de la haz de la tierra, en tanta diversidad, así en trajes como en gestos; unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos, otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, etc...»2 De nuevo, es indispensable comprender bien el mundo, la realidad social, económica, política y cultural para presentar allí la dinámica de encuentro con el Dios de los Ejercicios Espirituales. Para el caso nuestro que vivimos en un país atravesado por la guerra y por un sistema de exclusión sociopolítica, la preparación para el ministerio de los Ejercicios Espirituales debe hacerse paralelamente al conocimiento orgánico y coherente de la realidad nacional y del contexto internacional.

3. Espiritualidad para la paz y para la solidaridad: Es evidente que un cristiano, un religioso o un jesuita colombiano hable de espiritualidad de la paz cuando tenemos la segunda tasa de homicidios más alta del mundo y un conflicto armado en el que quedan muy pocos rasgos de humanidad. La cuestión importante es que la violencia no parece haber sido erradicada de nuestro soberbio discurso de la racionalidad y de la civilización. En nombre de las guerras santas de hoy se cometen innumerables genocidios. Los negros de Haití o de África que viajan en endebles navíos atravesando las aguas que los separan del hambre en sus países, muchos de ellos muertos en los naufragios, son apenas uno de los cuadros alucinantes de este tiempo del progreso que convive con la muerte y la exclusión. Es fundamental redescubrir la contemplación de Jesús que nos proponen los Ejercicios Espirituales para vivir en la paz y la solidaridad. Se espera de nuestros centros de espiritualidad y de las casas de Ejercicios Espirituales una activa participación en la madura-

2 Ejercicios Espirituales 106.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 5-9

ción de esta nueva espiritualidad de la paz y de la solidaridad, que sea capaz de iluminar la vida de los pobres y de los excluidos de nuestro tiempo y como dice san Ignacio en la fórmula del Instituto, sentirnos preparados para «reconciliar a los desavenidos...»3 .

4. Abrir la experiencia de los Ejercicios Espirituales y de la espiritualidad ignaciana para los pobres y los marginados: En décadas pasadas y aún hoy, la posibilidad de dedicar un tiempo (uno o varios días, llegando a los 30 de los Ejercicios Espirituales completos) para la oración y demás experiencias de los Ejercicios Espirituales resulta ser un privilegio. Hay costos altos aunque se hagan con la mayor modestia, costos estimados en el tiempo que se sustrae a las actividades productivas y en los pagos que se requieren para la experiencia. Un aspecto especialmente importante es el de la creación de alternativas para muchos hombres y mujeres que están en contacto con nuestros apostolados, que no tienen la forma de asumir los costos económicos para esta experiencia de fe. Nosotros hemos sido muy sensibles a la búsqueda de recursos para múltiples acciones apostólicas. Debemos pensar hoy como fortalecer la cooperación financiera para que la experiencia de los Ejercicios Espirituales no sea un privilegio. Por supuesto hay formas actuales de hacer que los Ejercicios Espirituales puedan ser vividos en la vida corriente. Además la pedagogía de los Ejercicios Espirituales supone adaptaciones de acuerdo a tiempos y personas, pero es innegable que las experiencias más densas y exigentes no están al alcance de muchas personas que viven una experiencia de fe y de trabajo apostólico en la Iglesia.

Queridos hermanos y compañeros: Los Ejercicios Espirituales son para nosotros una riqueza que debe ser comunicada al mundo de nuestro tiempo, de acuerdo a los códigos culturales y las experiencias que hoy determinan el crecimiento de la conciencia. Como quiera que sean los avances que logremos para fortalecer el ministerio apostólico de los Ejercicios Espirituales, lo fundamental radica en que nosotros mismos vivamos aquello que pretendemos entregar a los demás. Dios nos propo-

3 Fórmula de Instituto 1.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 5-9

Notas sobre los Ejercicios Espirituales en el contexto de nuestro país y de nuestro tiempo

ne hoy de nuevo, en la soledad del encuentro personal con Jesús, que miremos atentamente a su hijo pobre, humilde y crucificado, que se hizo responsable del mundo guiado por el amor y la misericordia. Jesús tiene que ser la riqueza nuestra, el centro de lo que anunciamos, la realidad de los que vivimos. Por encima de las técnicas pedagógicas está la presencia del Señor que debemos hacer pasar, facilitando el encuentro de esta agotada humanidad con el único que puede darnos la felicidad, la paz y la vida para siempre.

Que Dios bendiga estos esfuerzos que hacemos para reencontrar su voluntad.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 5-9

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

Javier

INTRODUCCIÓN: UN TEXTO DEL PADRE ARRUPE

«S

on tantos los valores que los EE ofrecen al mundo moderno: valores espirituales, evangélicos, trascendentes; valores humanos, naturales, inmanentes, que quisiera resumirlos en la lista siguiente:

1. La apertura al espíritu, fundada sobre la indiferencia, que nos hace siempre estar prontos a escuchar la voz de Dios...

2. El impulso del «magis», base de todo progreso verdadero: que busca siempre lo mejor, lo más eficaz; esto es: lo que redunda en gloria de Dios y al mismo tiempo en felicidad para el hombre;

3. El sentido del discernimiento: o sea, la justa valoración que se expresa en una constante reflexión iluminada, en una introversión para interpretar los movimientos internos de nuestro espíritu, y una extroversión cristificada para leer en las criaturas, en los sucesos y en los signos de los tiempos la obra de la Providencia y la expresión de la voluntad de Dios;

* Doctor en Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actual Superior del Filosofado de la Compañía de Jesús en Colombia.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Javier Osuna G., S.I.

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

4.Y sobre todo, el cristocentrismo, que se funda y se manifiesta en un amor total a Cristo, persona divina encarnada...»1 .

Mientras Iñigo de Loyola con los huesos triturados de su pierna era transportado en camilla hacia Loyola, gracias a la «amabilidad y cortesía» de los franceses vencedores en Pamplona, Jesucristo, el Buen Samaritano que continúa trayendo «el oficio de consolar» en la historia, se le acercó, como lo había hecho una tarde con los peregrinos de Emaús, y comenzó a caminar con él durante su penoso viaje de varias semanas.

«El mismo Criador y Señor», hecho así cercano y presente en la persona de Jesús resucitado, lo abrazaba en su amor y comenzaba a disponerlo por la vía por donde mejor podría servirle en adelante (EE., Anot. 15). Y el soldado desgarrado y vano, «con haber sido hasta allí combatido y vencido del vicio de la carne», «bastante libre en el amor de las mujeres, en juegos y en lances de honor» -según los testimonios de Laínez y Polanco2-, iniciaba su aventura de «peregrino» por un camino que durante más de 15 años lo condujo a buscar y hallar la voluntad de Dios sobre él y sobre sus amigos, y a transformar radicalmente su vida. Nadal refiere aquella trayectoria comentando: «durante el tiempo que estuvo en París no solo prosiguió el estudio de las letras, juntamente encaminó su corazón hacia donde lo conducía el Espíritu y la vocación divina, a la institución de una orden religiosa; aunque con singular humildad seguía al Espíritu, no se le adelantaba. Y así era conducido con suavidad adonde no sabía, porque ni pensaba entonces en la fundación de una orden; y, sin embargo, poco a poco se abría camino hacia allá, y lo iba recorriendo, sabiamente ignorante, con su corazón sencillamente puesto en Cristo»3 .

1 PEDRO ARRUPE, S.J. Los EE. en el momento histórico actual. Conferencia al III Curso de Directores de EE. (Roma, 8-II-71): Información S.J. 14 (1971) 171.

2 Epistola Patris Laynez de P. Ignatio, MHSI, FN I, p.76; De vita P. Ignatii, Polanci Chronicon, I, p.10.

3 «Quo tempore Lutetiae fuit, non solum studia litterarum sectatus est, sed animum simul intendit quo spiritus illum ac divina vocatio ducebat, ad ordinem religiosum instituendum; tametsi singulari animi modestia ducentem Spiritum sequebatur, non praeibat. Itaque deducebatur quo nesciebat suaviter, nec enim de ordinis institutione tunc cogitabat, et tamen pedetentim ad illum et viam muniebat etiter faciebat quasi sapienterimprudens, in simplicitate cordis sui in Christo. Nadal V [Commentarii de Instituto S.I.] Dialogus II, pp. 625-626).

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

La maravillosa experiencia por la que Dios, enseñándole como un maestro lo hace con un niño en la escuela, ilustró su mente y cambió su corazón, sobre todo con las singulares gracias a orillas del Cardoner y en la ermita de La Storta; lo embarcó en el seguimiento radical de Jesucristo pobre y humilde, y en el incondicional servicio a Su misión. Con el grupo de primeros compañeros, a quienes llamó sus «nueve amigos en el Señor», fue modelando, desde los años universitarios de París, la Compañía de Jesús. Y contemplando cómo la experiencia vivida por él había transformado también a sus amigos, pensó que igualmente podría servir a otros. Así nació el texto de los Ejercicios, perfeccionado durante muchos años, gracias a una rica experiencia discernida. Para él, este pequeño libro era una pedagogía, un camino para disponer a las personas a encontrarse con su Criador y Señor y a dejarse abrazar en su amor, para tomar una opción generosa de servirle en adelante. A través de la contemplación de los misterios de la vida terrena del Señor Jesús; examinándose para auscultar a cada paso las mociones del Espíritu en su corazón; en insistente súplica para conocer y aborrecer el pecado, sus raíces y la malicia del mundo; «reflictiendo» en sí mismo para afectarse a colaborar con el Señor en la misión y para ser puesto debajo de su bandera, en pobreza, oprobios y humildad; y confrontando cuidadosamente su experiencia con un competente acompañante, el que hace los Ejercicios se dispone así a recibir del Señor y Criador una participación en la gracia trinitaria que transformó la vida del peregrino de Loyola.

LA PRÁCTICA DE LOS EJERCICIOS

La maravillosa experiencia por la que Dios, enseñándole como un maestro lo hace con un niño en la escuela, ilustró su mente y cambió su corazón

«Ponerse por un mes en ejercicios espirituales con la persona que os nombren», como recomendaba Ignacio, ya en 1536, al padre Manuel Miona, su antiguo confesor en Alcalá y más tarde jesuita, era para él «todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructifi-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

car, ayudar y aprovechar a otros muchos»4. Y doce días antes de su muerte hacía escribir a su secretario Polanco, estas palabras para el padre Fulvio Androzzi, que había hecho los Ejercicios a finales de 1555 bajo la dirección del P. Laínez y entrado a la Compañía:

«Entre las cosas que suelen mucho ayudar, e intrínsecamente, los hombres, V.R. sabe que hay una muy principal: los Ejercicios. Os recuerdo, pues, que hay que emplear esta arma, muy familiar a nuestra Compañía. La primera semana puede extenderse a muchos juntamente con algún modo de orar; mas para darlos exactamente precisaría hallar sujetos capaces e idóneos para ayudar a otros, después que ellos fuesen ayudados; de lo contrario, no debería pasarse más allá de la primera semana. Vuestra Reverencia extienda un poco los ojos a ver si puede ganar algunos buenos sujetos para el servicio del Señor, para los cuales la dicha vía es óptima»5 .

Ya en vida de san Ignacio los Ejercicios se habían convertido, pues, en un ministerio excepcionalmente valioso entre los primeros jesuitas, no solo para ayudar a las personas a ordenar su vida, sino para convertirlas en discípulas y servidoras de la misión del Señor Jesús. Conversar en Ejercicios, es en la Fórmula del Instituto de la Compañía de Jesús un ministerio de la Palabra explícitamente propuesto para servicio del prójimo.

En esas cartas de Ignacio que encomian y recomiendan el ministerio de los Ejercicios se destacan dos elementos muy importantes: 1) deben hacerse con la ayuda de un acompañante; 2) para hacerlos enteramente, es decir, según las indicaciones de la Anotación 20, se requieren sujetos capaces e idóneos para ayudar al prójimo una vez que los hayan hecho. De lo contrario, san Ignacio recomienda una forma breve de darlos, como son los ejercicios de la Primera Semana. En la Anotación 19 se propone la variante de lo que hoy llamamos Ejercicios en la vida cotidiana, para personas que por sus negocios y ocupaciones varias no pueden hacerlos «apartándose de todos amigos y conocidos y de toda solicitud terrena», durante un mes, como se indica en la Anotación 20.

4 IGNACIO DE LOYOLA, Obras de san Ignacio de Loyola (BAC 86), Madrid 61997, 736.

5 Ibid., p. 1100.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

De uno u otro modo, el objetivo que persiguen todas estas formas es que el que hace los Ejercicios, comunicándose «inmediate» con su Criador y Señor, ordene su vida según la voluntad divina; y para los que los hacen completos, la elección de un proyecto de vida para seguir a Jesucristo y prolongar con él y como él la misión recibida de su Padre.

Por tal razón, parece que los Ejercicios se hacían una vez en la vida y su eficacia debería mantenerse y vigorizarse incesantemente en virtud del fruto logrado: una espiritualidad para buscar y hallar a Dios en todas las cosas y permanecer unidos con Jesucristo en la acción. Así lo hicieron los primeros jesuitas, que, sin embargo, continuaron contemplando la vida de Jesús en los Evangelios y examinándose para mejor seguirlo e identificarse con él. Esta es la razón por la que Ignacio no recomendaba dar los Ejercicios a religiosas y otras personas que ya habían hecho su elección de vida6 .

Una espiritualidad para buscar y hallar a Dios en todas las cosas y permanecer unidos con Jesucristo en la acción

Sin embargo, poco a poco se fue introduciendo la práctica de repetir los Ejercicios, en una versión condensada durante ocho o diez días, hasta llegar a la costumbre en la vida religiosadepracticarlosanualmente. Yaunqueesta costumbre sigue produciendo buenos frutos de renovaciónespiritualyesprovechosomediopara examinar y mejorar la calidad del seguimiento de Jesús y del servicio a la misión, corre, sin embargo, el riesgo de convertirse en una práctica más o menos rutinaria con menoscabo de su poderosa fuerza transformante de una vida.

En un primer momento los Ejercicios se daban a una sola persona, con la cuidadosa compañía de un experto director. En medio de múltiples ocupaciones los padres cada día apenas alcanzaban a dar los

6 «Ocuparse con monjas en predicarles, raras veces conviene y en conversaciones rarísimas. Y lo mismo en Ejercicios... y esto así porque se hace en otras personas más fruto que no tienen su modo de servir a Dios tanto ordenado», Polanco, II, 768, 7. Ver a este respecto IGNACIO IPARRAGUIRRE, S.J., Práctica de los Ejercicios de San Ignacio en vida del autor, Capítulo 4º p. 135, 137.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

Ejercicios a 7 u 8 personas. Para ayudar en alguna manera a quienes significaban mucho para la Iglesia, personas consagradas en los conventos, insinúa san Ignacio darlos a dos o tres de las principales religiosas para que éstas a su vez los dieran a las demás. Luego se pasó de los Ejercicios dados personalmente a la práctica de ofrecerlos a grupos, hasta llegar a las numerosas tandas con escaso acompañamiento personal; se introdujeron también los Ejercicios «predicados», la misiones populares, los retiros de tres días; y aun los Ejercicios hechos con la ayuda de manuales de meditación o de casetes, sacrificando el acompañamiento espiritual, forma tradicionalmente ejercitada por los mismos jesuitas. La práctica de los ejercicios en la vida cotidiana desapareció.

Un paulatino deterioro de los Ejercicios, con la supresión de elementos imprescindibles para que produzcan el fruto con que soñaba san Ignacio, ha llevado a muchos a cuestionar su actualidad hoy. El Padre Arrupe se refería así a la crítica que muchas personas hacen a los Ejercicios ignacianos:

«No es raro encontrar en la crítica actual del libro de los EE., afirmaciones como ésta: que es un libro anticuado, de ascética pasada de moda, de métodos espirituales superados (se cita por ejemplo el silencio, las anotaciones, la penitencia, etc.); de una estructura demasiado detallada que corta y destruye la libertad; de tendencia individualista, en la cual no se desenvuelve el sentido comunitario; de reliquias pelagianas que sobrevaloran la eficacia del esfuerzo humano; de una línea sicológica de presión, que se compagina menos con la espontaneidad y autenticidad de las escuelas sicológicas de hoy»7 .

RECUPERACIÓN DE SU DINAMISMO INTERNO

Ha llevado esta situación a preguntarnos: ¿qué ha pasado en estos cuatro siglos y medio con los Ejercicios ignacianos? ¿Dónde ha quedado la fuerza transformante que los caracterizaba? ¿Cómo redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo? Es el tema que hemos querido reflexionar durante este Simposio, interpelados por la Congregación General XXXII de la Compañía de Jesús que en su decreto cuarto nos dice:

7 PEDRO ARRUPE, S J. op. Cit., p. 159.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

«Los Ejercicios Espirituales ayudarán también a formar cristianos alimentados por una experiencia personal de Dios y capaces de distanciarse de los falsos absolutos de las ideologías y sistemas, pero capaces también de tomar parte en las reformas estructurales, sociales y culturales necesarias... Los estudios que tienden a redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo deben ser estimulados, lo mismo que las experiencias para adaptarlos a las nuevas necesidades. Su espíritu, por otra parte, debe penetrar todas las formas del ministerio de la Palabra a las que se dedican los jesuitas»8

Para comenzar citaré de nuevo al P. Arrupe, quien luego de referirse a las críticas que se suelen hacer hoy a los Ejercicios, formulaba una primera respuesta general:

«Sin embargo, para quien sabe penetrar en el fondo de las cosas, el valor de los EE., más que en la modalidad o en los detalles externos, se basa en una doble intuición ignaciana, la intuición evangélica y la intuición del hombre, obtenidas ambas a la luz de una innegable gracia divina.

La intuición evangélica es una visión de los Evangelios propia de Ignacio, profundísima y al mismo tiempo simplicísima, realística y completa, de significado profético y de dinamismo apostólico.

La intuición antropológica es un conocimiento penetrante del hombre real actual, del hombre concreto. En su naturaleza elevada, caída, redimida

Ambas intuiciones están enriquecidas por la experiencia directa y personal, o confrontadas con las realidades natural y sobrenatural, y son fruto de un sano realismo y de un profundo sicologismo»9 .

No se debería, pues, buscar la actualidad de los Ejercicios en diversas maneras de darlos, ni en la adición de prácticas externas quizás útiles y convenientes, pero un poco marginales con relación a sus características intrínsecas más esenciales. Ciertas ayudas, como las instrucciones del que da los Ejercicios en algunos momentos y meditaciones especiales, sobre la exégesis y hermenéutica contemporáneas, la dimensión social y comunitaria; algunas prácticas en común durante el desarro-

8 Congregación General XXXII, decreto 4, 58.

9 PEDRO ARRUPE, S.J. op. Cit., p. 159.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

llo del proceso, formas de espiritualidad Zen..., podrán favorecer, y mucho, pero no son precisamente las que suscitan el dinamismo interior y la verdadera eficacia de los Ejercicios. Porque no es la metodología la que produce su fruto, sino la acción de la gracia, con la disposición de la persona que fielmente sigue la pedagogía diseñada por Ignacio para iniciar a otros en la búsqueda de la experiencia que él mismo había vivido.

Más bien hay que atender a aquellos elementos nucleares que más contribuyenaldinamismointernodelosEjercicios y cuya recuperación y puesta en práctica les confieren por lo tanto eficacia para buscar el fin que se pretende Gracias al estudio de que han sido objeto en los años recientes, apartir del textomismoy delos primeros directorios, pero sobre todo de la experiencia espiritual de san Ignacio consignada en su autobiografía y su diario espiritual, se ha logrado una comprensión mejor del método y se ha renovado significativamente su práctica, enriquecida con una nueva pedagogía.

No es la metodología la que produce su fruto, sino la acción de la gracia, con la disposición de la persona que fielmente sigue la pedagogía diseñada por Ignacio para iniciar a otros en la búsqueda de la experiencia

Entre los logros más valiosos habría que destacar en primer lugar la reaparición de los Ejercicios en la vida, dados según la Anotación 19, que ponen el acento en la vida y en los compromisos cotidianos, como medio para que el ejercitante, conducido por las mociones interiores del Espíritu, elabore su propio «texto» y se disponga a descubrir y a seguir el proyecto de Dios sobre su vida. Uno de los pioneros de esta nueva pedagogía, el P. Mauricio Giuliani, piensa que los Ejercicios vividos de esta manera tienen la misma plenitud y la misma radicalidad que bajo la forma de los Ejercicios cerrados de treinta días10 .

El P. Arrupe señalaba cuatro de esos elementos, que pertenecen al dinamismo interno de los Ejercicios, en la cita que encabeza este tra-

10 Cfr. ALFRED DUCHARME, S.J., Des Exercices spirituels pour aujourd’hui: Les Jésuites Canadiens et la situation actuelle, vol. XXVII, 2 (2000), 21-22.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

bajo y que reproducimos más completa aquí, pues va a servirnos de guía muy segura en la reflexión que queremos proponer:

Son tantos los valores que los EE. ofrecen al mundo moderno: valores espirituales, evangélicos, trascendentes; valores humanos, naturales, inmanentes, que quisiera resumirlos en la lista siguiente:

«1. La apertura al espíritu, fundada sobre la indiferencia, que nos hace siempre estar prontos a escuchar la voz de Dios... y a mantenernos constantemente bajo la acción de la fuerza mucho más dinámica del Omnipotente, cuyo Verbo es creador y cuyo Espíritu es amor infinito.

2. El impulso del «magis», base de todo progreso verdadero: que busca siempre lo mejor, lo más eficaz; esto es: lo que redunda en gloria de Dios y al mismo tiempo en felicidad para el hombre; ...es aquí, en el «magis», donde tiene origen la disposición fundamental del espíritu para un verdadero progreso humano.

3. El sentido del discernimiento, o sea: la justa valoración que se expresa en una constante reflexión iluminada, en una introversión para interpretar los movimientos internos de nuestro espíritu, y una extroversión cristificada para leer en las criaturas, en los sucesos y en los signos de los tiempos la obra de la Providencia y la expresión de la voluntad de Dios.

4. Y sobre todo, el cristocentrismo, que se funda y se manifiesta en un amor total a Cristo, persona divina encarnada. El es compromiso de amor incondicionado, al mismo tiempo es sabiduría divina que hace cambiar la visión del mundo, como cambió el alma de Ignacio en las orillas del Cardoner»11 .

ELEMENTOS INTRÍNSECOS DE LOS EJERCICIOS

Una experiencia afectiva

Se han recuperado los Ejercicios como una experiencia esencialmente afectiva, rescatándolos de la concepción racionalista y voluntarista de que se los acusa a menudo, quizás como reacción a una forma in-

11 PEDRO ARRUPE, S J. op. Cit., p. 171.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo» adecuada de proponerlos. La Anotación 15, en la que Dios se presenta como el verdadero protagonista de la experiencia, que toma la iniciativa y se comunica a su criatura abrazándola en su amor, nos da razón para que afirmemos su carácter afectivo. Podemos considerar todo el proceso de los Ejercicios como un itinerario para «alcanzar amor», que culmina precisamente con la contemplación a la que Ignacio dio tal nombre. En cada etapa o semana, el ejercitante es conducido a abrirse a la irrupción del Amor de Dios, que se le manifiesta de manera espléndida y diversa.

En cada etapa o semana, el ejercitante es conducido a abrirse a la irrupción del Amor de Dios, que se le manifiesta de manera espléndida y diversa

En el Principio y Fundamento se ofrece a la consideración y contemplación del que comienza los Ejercicios el Amor creador de Dios, que regala la existencia, que ponelacreación al serviciodel hombrepara que disfrutándola ordenadamente alcance el fin para el que es criado. Es un preanuncio del primer punto de la Contemplación para alcanzar amor: Dios que da y quiere darse él mismo a su criatura para colmarla de vida y de felicidad. Allí Ignacio recurre a los afectos, invita a ponderar y a reconocer enteramente tanto amor para afectarse a responder, entregando en reconocimiento todo lo que somos y tenemos.

Durante la Primera Semana, el ejercitante, considerando el pecadodelmundoy supropiopecado, se experimentaabrumadopor un amormisericordia que donde abundó la iniquidad hace sobreabundar la gracia. El coloquio frente al Señor crucificado, primer encuentro con Jesucristo, puesto en cruz, está lleno de afecto y gratitud e impulsa al que hace los ejercicios a preguntarse, en un íntimo coloquio de amistad, lo que ha hecho, lo que hace y lo que debe hacer por Cristo para responder a tan inmenso amor12 .

El llamamientodelReyeternal descubrelaesplendidezde un amor que no solo perdona, sino que llama e invita al pecador perdonado a

12 Ejercicios Espirituales 53-54.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

hacerse compañero y servidor, para trabajar junto a Jesús en la misión confiada por su Padre. «¡Qué agradecido estoy con aquel que me ha dado fuerzas, Cristo Jesús, nuestro Señor, porque confió en mí y me llamó a su servicio, a pesar de ser el primero de los pecadores!», exclamó Pablo recordando su propia experiencia13. Toda persona sensible al amor y a las muestras de confianza, querrá afectarse y señalarse en todo servicio de quien se le ha mostrado tan liberal y tan humano14 .

La Segunda Semana, desde las contemplaciones de la Encarnación y el Nacimiento, y a lo largo de los misterios de la Infancia y del ministerio público, despliega la presencia de Jesús como sacramento del amor-misericordia del Padre, solidario del hombre en todos los avatares de su vida pecadora y sufriente. El conocimiento de la persona de Jesús, despierta el amor apasionado por El y la voluntad de identificarse con su vida para seguirle y servirle incondicionalmente.

Los misterios de la Pasión y Muerte, en la Tercera Semana, son la revelación de la locura del amor de un Dios que entrega la vida para salvar al hombre. El sentimiento de solidaridad y afecto con el Amigo que va a la muerte, incita al ejercitante a demandar dolor, sentimiento y confusión, y a preguntarse por lo que debe hacer y padecer por Cristo, para identificarse más con él en muestra de afectuosa com-pasión.

Finalmente, en los misterios de la resurrección pertenecientes a la CuartaSemana, san Ignaciopide mirar al Señor, lleno de gloria, que «trae el oficiodeconsolar,comparandocómounosamigossuelenconsolaraotros»15 .

La contemplación para alcanzar amor, broche de todo el itinerario, pide la gracia de «afectarse» ante el conocimiento interno de tanto bien recibido, «para que yo, enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad»16; e invita a «ponderar con mucho afecto cuánto ha hecho Dios por mí y cuánto me ha dado de lo que tiene, y consequenter el mismo Señor desea dárseme en cuanto puede, según

13 Cfr. 1 Tim 1, 12-17.

14 Cfr. Ejercicios Espirituales 94, 97.

15 Ejercicios Espirituales 224.

16 Ejercicios Espirituales 233.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo» su ordenación divina. Y con esto reflectir en mí mismo considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a la su divina majestad, es a saber, todas mis cosas y a mí mismo con ellas, como quien ofrece, afectándose mucho»17. Y a continuación coloca la oblación del «Tomad, Señor, y recibid...». Como puede verse, se trata de un intercambio de afecto y amor, a través de las cuatro metáforas de Ignacio para descubrir a Dios presente y actuando; intercambio que más que en palabras se pone en obras y en mutua comunicación entre el amante y el amado.

Así, pues, si a una persona poco familiarizada con los Ejercicios, la lectura de la primera Anotación, que los describe como un conjunto de exámenes, meditaciones, contemplaciones, oraciones y otras operaciones espirituales, para quitar todas las afecciones desordenadas y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposicióndelavida,pudieradejarlaimpresióndeunprotagonismovoluntarista y ascético del que hace los ejercicios; la Anotación 15, que afirma que es el mismo Criador quien se comunica a su criatura abrazándola en amor y disponiéndola para el mejor servicio, es la que en definitiva proporciona la auténtica definición de lo que son para Ignacio los Ejercicios. El que los hace ha de exponerse y abrirse con toda sencillez a la irrupción del amor divino en su corazón, y dejarse disponer para elegir aquel modo de amar y servir que el mismo Espíritu le de a sentir, le muestre, le dicte. Dejarse llevar hacia donde es movido por el amor; preguntarse antes de elegir qué amor lo mueve, son innegables ejercicios del afecto que brota de un corazón abrumado por el amor de Dios. «El amor de Cristo nos apremia, no nos deja escapatoria», decía San Pablo18 .

El protagonista es Dios

De todo lo anterior aparece claro que la acción del Criador que obra inmediate con su criatura: que abraza, mueve y dispone, es la que conduce al ejercitante a través de todo el proceso de los Ejercicios. La experiencia trinitaria de Ignacio, particularmente en Manresa, donde

17 Ejericios Espirituales 234.

18 Cfr. 2 Cor 5,14.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

se le revela la forma como Dios creó el mundo y su retorno a El por el camino de la comunión con su Hijo encarnado; y en lavisión de La Storta, donde experimenta que el Padre lo ha puesto con su Hijo, como servidor de la misión, impregna todas las páginas del texto de los Ejercicios, en sus contemplaciones, notas y adiciones; es tarea del acompañante o director descubrir esta perspectiva al que hace los Ejercicios. La gloria y alabanza del Padre, el seguimiento y servicio a Jesucristo, el acatamiento y reverencia a la acción del Espíritu se han de vivir en una cercanía amorosa y reverente a la vez, principalmente a través de los coloquios. El acompañante ha de tomar una actitud discreta para permitir «obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor». Y el ejercitante ha de despertar intensamente el deseo de conseguir las gracias propias de cada ejercicio, con la petición propuesta para cada uno a lo largo de todo el proceso. Esa petición y la importancia atribuida por Ignacio a los coloquios y a los intercesores: El Hijo y Nuestra Señora, no pueden dejarse en un segundo plano, como acaece a menudo por no atender seriamente a lo que indican los preámbulos de la oración.

El acompañante ha de tomar una actitud discreta para permitir «obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor»

Vuelta al perfil original del que da los Ejercicios

En esta recuperación de los elementos principales de los Ejercicios, la figura del que los da resulta muy clara y precisa. No es ya «el predicador», como se dio en llamarlo en algunos ambientes, la persona que presenta bellas y sólidas exposiciones y que mueve con su afecto y unción al que los hace. Como discreto acompañante, ha de proponer la materia de oración con breve y sumaria declaración y conducir al ejercitante hasta el umbral del encuentro con Dios; luego, retirarse recatadamente. Dará también las instrucciones convenientes, de acuerdo con las anotaciones y adiciones, para ayudar al ejercitante a hacer su propia experiencia; y luego lo acompañará para ayudarle a reconocer e interpretar el acontecer de Dios en él. San Ignacio le advierte que no debe mover al ejercitante a una cosa u a otra, sino portarse como el fiel de una balanza.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

Sin embargo, debe conocer de tal manera el texto de los Ejercicios, entregado por Ignacio principalmente para él, que pueda proponer los puntos de oración sin llevar el libro, como indica Ignacio; y ha de armar su propio «texto», adaptándolo a la persona y a los movimientos del Espíritu en su acompañado. Presentar, con fidelidad, breve y sumariamente «la historia», supone además una cuidadosa actualización en la exégesis y la interpretación bíblica, sin necesidad de que sea un experto en las Sagradas Escrituras; y la presentación de perspectivas de reflexión respecto a los signos de los tiempos y al servicio de la misión de Cristo hoy, con la mayor objetividad posible.

La tendencia contemporánea con respecto a la función del que da los Ejercicios es que más que ofrecer su visión de fe para que el ejercitante la interiorice; más que darle a beber en su fuente de agua, debe propiciar que el ejercitante, bajo la conducción del Espíritu y a partir de su vida, descubra su propio pozo y beba por sí mismo. Se trae a comparación la actitud de Jesús con la mujer samaritana: la lleva a encontrarse consigo misma y le ofrece agua viva que habrá de brotar de su propia fuente19 .

Perentoriedad del discernimiento espiritual y del acompañamiento

No resulta exagerado decir que el primer medio para redescubrir la actualidad de los Ejercicios y para recuperar su dinamismo transformante es el discernimiento espiritual. Toda la experiencia, particularmente la contemplación de los misterios de la vida de Jesús, es conducida por el Espíritu Santo. Es El quien va tocando el corazón, quiencon suunciónyconsolación «daasentir», «dicta», «mueve»,«atrae», para conducir al ejercitante al encuentro de la voluntad de Dios y consiguientemente a la elección de su estado de vida o a las conversiones discernidas para un mayor seguimiento y servicio de Jesús.

De ahí que la tarea de aprender a sentir las diversas mociones que se experimentan a lo largo de la experiencia, y a discernirlas para recono-

19 Cfr. los dos artículos muy sugestivos de: GUY PAIEMENT, S.J., Le Sourcier devenu sage-femme; ALFRED DUCHARME, S.J., Des Exercices spirituels pour aujourd´hui: LesJésuites Canadiens et la situation actuelle. Vol. 27, n. 2-2000.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

cer la consolación del Espíritu, sea imprescindible para asegurar el fruto de los Ejercicios. Pero el ejercitante ha de recibir ayuda para la comprensión y recto uso de las reglas de discreción de espíritus; y nunca debería prescindir del acompañamiento de una persona idónea que le ayude a identificar el lenguaje del Espíritu, que le habla con una palabra viva, irrepetible, y a prevenir ilusiones y autoengaños a los que somos tan propicios. Constatar estas mociones a través del examen de la oración, fielmente practicado, para descubrir el acontecer de Dios, será uno de los cuidados mayores del ejercitante cada día. Con esas mociones o consolaciones, escribirá «su texto»; el registro de las constantes de la acción del Espíritu, lo llevará progresivamente a una connaturalidad para reconocer la voz de Dios.

Condiciones del discernimiento: Banderas, Binarios, Maneras de Humildad

Uno de los signos de la recuperación de los Ejercicios hoy es la importancia y revaloración que se ha dado a las tres meditaciones que tradicionalmente se hacían en la así llamada «jornada ignaciana»20, frecuentemente pasando muy a la ligera sobre estos tres tests o exámenes previos a la consideración de estados de vida.

Sin suspender la contemplación de los diversos misterios de la vida de Jesús, en quien se nos revela la voluntad del Padre, bajo la conducción del Espíritu; y antes de trabajar en la elección o en la reforma y reordenación de la propia vida, san Ignacio pide al ejercitante que comience a disponerse para hacer una sana y buena elección. Para poder discernir el objeto de su elección, debe ponerse previamente en la tarea de descubrir sus propias condiciones para discernir, con el objeto de evitar los riesgos de falsos discernimientos.

Y ante todo, purificar los criterios del seguimiento de Jesús. La meditación de Dos Banderas tiene por objeto afinar la opción del llama-

20 No parece tan adecuado este nombre, ya que todo el itinerario de los Ejercicios, aun la escogencia y presentación de las contemplaciones evangélicas, tiene un tinte particularmente ignaciano. En este sentido ha escrito el P. PETER-HANS KOLVENBACH sobre «La Pasión según san Ignacio».

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo» miento del Rey Eternal. ¿Cuál es el Cristo de mi seguimiento? ¿Es el Cristo pobre y humilde del Evangelio o he forjado mi propia imagen de Cristo con criterios que me propone el mundo? La petición de esta meditación suplica conocimiento de los engaños del «enemigo de natura humana» y de la «vida verdadera» que ofrece el sumo y verdadero capitán, Cristo Jesús. El riesgo de seguir otro Cristo, otro Evangelio, acomodado a criterios mundanos, pervierte todo auténtico discernimiento del llamamiento del Rey eternal a quien pretendo seguir y servir.

El actual P. General de la Compañía, P. Peter-Hans Kolvenbach formulaba sobre este punto una pregunta muy contundente: «La irrupción del pobre en la Iglesia interpela a la Compañía de Jesús para seguir las huellas de Cristo que predicó la Buena Noticia a los pobres, empezando por ser pobre El mismo (CG 32 d.2, n.28). Son, sobre todo, las cartas que provienen de países donde la miseria y la injusticia son más flagrantes, las que se interrogan sobre el rostro de Cristo contemplado en nuestra oración personal. ¿Es realmente el Cristo entero? ¿No será nuestra oración la del «segundo binario» (EE 154), que busca siempre conciliar el rostro de Cristo con las cosas que no quiere dejar, «de manera que allí venga Dios donde él quiere»? Solo cuando la contemplación nos identifica con Cristo pobre, que se ha identificado a Sí mismo con los más desprovistos, se realizan las opciones necesarias en nuestro modo y nuestro estilo de vida, en nuestras solidaridades y nuestras preferencias apostólicas (CG 32 d.4, nn.46-47»21. Ya san Pablo había lanzado la misma pregunta apremiante a los cristianos de Corinto: «¡Ojalá pudieran soportar un poco mi necedad! ¡Sí que me la soportan!... temo que al igual que la serpiente engañó a Eva con su astucia, se perviertan sus mentes apartándose de la sinceridad con Cristo. Pues, cualquiera que se presenta predicando otro Jesús del que les prediqué, y les proponga recibir un Espíritu diferente del que recibieron, y un Evangelio diferente del que abrazaron, ¡lo toleran tan tranquilos!... examínense ustedes mismos si están en la fe. Pruébense a ustedes mismos. ¿No reconocen que Jesucristo está en ustedes? ¡A ver si es que no pasan el examen!»22 .

21 PETER HANS KOLVENBACH, S.J., La vida en el Espíritu en la Compañía, 26, III, 89.

22 2 Cor 13, 5.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Con el examen de la meditación de Tres Binarios o tres clases de hombres, me pregunto sobre la libertad frente a posibles afectos desordenados que me impiden ir a donde Dios me llama y me conducen a traer a Dios a «mi propio amor, querer e interés». Si no he alcanzado la libertad del tercer binario, no deberé dar un paso adelante en el discernimiento, advierte claramente Ignacio.

Si no he alcanzado la libertad del tercer binario, no deberé dar un paso adelante en el discernimiento, advierte claramente Ignacio

La consideración de los Tres grados o tres maneras de humildad mide la temperatura del amor con que me dispongo a discernir. ¿Qué amor me mueve: el amor que desciende de arriba, del amor de Dios? También advierte Ignacio que «quien no está en la indiferencia del 2º grado [de la segunda manera de humildad, EE 166], no está para ponerse en elecciones, y es mejor entretenerle en otros ejercicios hasta que venga a ella»23 .

Para cada una de estas meditaciones se recomiendan los tres coloquios a nuestra Señora, al Hijo y al Padre, que suplican alcanzar las condiciones necesarias para desear y buscar la voluntad de Dios en la manera de imitar y seguir mejor a Jesús pobre y humilde y de servirle bajo el estandarte de la cruz24 .

Tres tiempos de elección

No menor importancia, antes de hacer la elección, tiene el examen de los tiempos, es decir, de la situación en que se encuentra el ejercitante con respecto a las mociones del Espíritu en el curso de su discernimiento; ¿Siento que «Dios nuestro Señor así me mueve y atrae la voluntad, que sin dudar ni poder dudar, sigo lo que me es mostrado? (Primer tiempo) ¿Experimento consolaciones y desolaciones que me piden hacer discreción de los varios espíritus que me solicitan? (Segundo

23 Directorio Autógrafo, n.17.

24 Cfr. Ejercicios Espirituales 156, 168.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo» tiempo); ¿Me encuentro tranquilo, es decir, no experimento agitación de espíritus ni mociones especiales? (Tercer tiempo)?25 .

Ordinariamente se ha utilizado sin más el tercer tiempo, acudiendo a los modos propuestos por el texto de los Ejercicios (EE 179-188). Sin embargo, san Ignacio prefería el segundo tiempo y lo usaba. En el Directorio autógrafo recomienda que si no se experimenta que Dios está moviéndonos por el primer tiempo, se prefiera y se insista en hacer elección según el segundo tiempo «de conocer su vocación con experiencia de consolaciones y desolaciones; en manera que, procediendo en sus meditaciones de Cristo nuestro Señor, mire, cuando se hallare en consolación, a cuál parte Dios le mueva, y así mismo en desolación». Y solo cuando por el segundo tiempo no se pueda tomar resolución, «o no buena al parecer del que da los ejercicios (de quien es ayudar a discernir los efectos de buen espíritu y de malo), se tome el tercer tiempo26 .

La razón por la que tanto Ignacio como Polanco consideran «más excelente» el segundo tiempo que el tercero es «porque proceden de Dios las mociones, consolaciones o ilustraciones que son enviadas al alma del que elige, pues entonces muestra él su voluntad más inmediatamente por estos efectos de su gracia, que por el discurso del tercer tiempo». En caso de que por la búsqueda del segundo tiempo se lograse «asaz claridad y conocimiento» de que las mociones provienen de Dios, «sería superflua la búsqueda del tercer tiempo; pues había sido dirigido e ilustrado su entendimiento y movido su afecto por mejor luz que lo es la razón humana»27 .

«Activar» los Ejercicios en la vida cotidiana

En la práctica tradicional de hacer los Ejercicios ignacianos, se concluye la experiencia con una elección o con unos propósitos de «conversión» para la vida que se retoma, a la que se da el nombre impropio de «quinta semana». La convicción, confirmada por la experiencia, es que la vida activa después del retiro y contemplación de los Ejercicios, tiende a

25 Ejercicios Espirituales 175-178.

26 Directorio autógrafo, nn. 18-19.

27 Directorio de Polanco, n. 85.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

desgastar espiritualmente. Muchas «conversiones» resultan efímeras. Por falta de una integración entre la contemplación y la acción, que debiera ser el fruto principal de unos Ejercicios, la vida ordinaria va llevando a olvidar la experiencia, a enfriar los deseos adquiridos durante Ejercicios. Corre por ahí la anécdota de un ejercitante que decía que los Ejercicios habían sido muy fuertes, que había salido de ellos cambiado y le había tomado una semana para regresar a la vida normal. Utilizando el lenguaje de la computación, es como si, después de haber grabado un programa en el disco duro, se desactivara. Y se experimentará entonces la necesidad de volver algún tiempo después, una y otra vez, a hacer Ejercicios, para recuperar la vivencia espiritual debilitada o perdida.

A tal modo de proceder podríamos dar el nombre de «espiritualidad del tanqueo». Cuando el ritmo agitado de la vida y el trabajo van mermando la fuerza del espíritu, es preciso acudir a la fuente para «tanquear» de nuevo.

Muy lejos se encuentra esta espiritualidad de aquella que pretenden suscitar los Ejercicios ignacianos. Su fruto real tiende a forjar una espiritualidad que integre la contemplación con la vida, de tal manera que las ocupaciones diarias lejos de ser ocasión de enfriamiento en la vida espiritual, ellas mismas la fortifiquen y alimenten constantemente. Los Ejercicios deben cambiar el corazón, forjar cristianos comprometidos con la totalidad de su vida en el mundo y dispuestos a colaborar con Jesucristo, en la Iglesia. La vía más segura para lograr esto consiste en la atención e importancia que se de al tiempo que sigue a los Ejercicios. Una vez vivida la experiencia espiritual y grabada en el disco del corazón, no puede desactivarse; hay que conservarla actuante en todo momento.

El fruto auténtico de los Ejercicios no se halla precisamente en la buena elección que hallamos logrado ni en los propósitos escritos que nos llevemos al salir del lugar de la experiencia. Si volvemos la mirada a la manera como Ignacio, sus primeros compañeros y la naciente Compañía vivieron el tiempo después de Ejercicios, podríamos sintetizarla en tres puntos capitales:

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

Mantenerse en cuarta semana

Sin pasar a una «quinta semana», vivir en la presencia del Señor resucitado que, como con los discípulos de Emaús, hace camino con nosotros, nos explicalas Escriturasy partepara nosotros su pan. Aprender a buscarlo y hallarlo en todas las cosas, para experimentar el «oficio de consolar» que, a través de su Espíritu -irradiación de su presencia-, sigue ejerciendo hoy Cristo nuestro Señor en su Iglesia y en el mundo. La propuesta de Ignacio es que la vida toda se convierta en experiencia de la cercanía y presencia de Dios, contemplado en Jesús Resucitado que está con nosotros todos los días hasta que el mundo termine.

Una

vez vivida la experiencia espiritual y grabada en el disco del corazón, no puede desactivarse; hay que conservarla actuante en todo momento

JoséAntonioGarcíahabautizadoestaespiritualidad apostólica como la espiritualidad de los «místicos horizontales», y la describe magistralmente: «toda espiritualidad ha de dar respuesta, de una manera más o menos articulada, a la doble preocupación de amar a Dios y responsabilizarse seriamente del mundo... la expresión de Ignacio [«Es preciso encontrar a Dios en todas las cosas..., a El en todas amando y a todas en El»]28, habla de un doble movimiento según el cual, cuando nos encontramos con el mundo, hay que descubrir en él a Dios y amarlo; y cuando nos remitimos amorosamente a Dios, hay que amar en él a todo el mundo. En su primer movimiento, esta síntesis espiritual prohíbe toda huida del mundo para encontrar a Dios, al igual que todo paso in-trascendente por él: hay que ser contemplativo en la acción. En su segundo movimiento, esta síntesis prohíbe toda ansia de Dios que no sea al mismo tiempo intensa preocupación y amor al mundo: hay que ser activos en la contemplación»29 .

28 Cfr. Constitución 288.

29 GARCIA, JOSÉ ANTONIO, S.J., En el mundo desde Dios. Vida religiosa y resistencia cultural. Sal Terrae, Santander,1989., Col. «Místicos horizontales 6», 107-120.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

El mismo autor en otro lugar dice: «La teología suministra elementos centrales para construir esa experiencia que Ignacio de Loyola definía como «buscar y hallar a Dios en todas las cosas». Avanza en teología una concepción de Dios como inseparable de su creación y de su Reino y, por tanto, como presente y encontrable en ellos. A Jesús no puede entendérsele al margen de la causa que defendió y por la que murió, causa que aún no ha terminado y en medio de la cual quiere ser encontrado, seguido y amado. El Espíritu Santo anida en muchas personas, creyentes o no, en muchos acontecimientos de corto y largo alcance histórico,ydesdeahínosinstaaconvertirnospersonalycorporativamente en cuerpos suyos que prolonguen en medio del mundo la voluntad salvadora de Dios. En resumen, la Trinidad aparece en la teología como «Trinidad transparente en el mundo», y el mundo y la historia como inseparablemente unidos al amor y a la presencia de Dios. Por ahí andaría la base teológica para construir la experiencia de que todo es "medio divino", sacramento del encuentro con Dios»30 .

Aunque es menester estar siempre atentos a que junto a la acción del Espíritu que da «ánimo, fuerzas, consolación... facilitando y quitando todos impedimentos, para que en el bien obrar proceda adelante», habrá que experimentar las mociones del mal espíritu, del que es propio «morder, tristar y poner impedimentos, inquietando con falsas razones para que no se pase adelante»31. Y contar con el apoyo de los momentos gratuitos de oración diaria que nos mantienen conscientes de la presencia del Señor en todos los momento de nuestra vida.

Esfuerzo para permanecer en el amor, unidos con Jesús en la acción

Fue la recomendación de Jesús a sus discípulos durante la última Cena: «permanezcan unidos a mí, como yo permanezco unido a ustedes... el que permanece unido a mí y yo a él, da mucho fruto; permanez-

30 GARCIA, JOSÉ ANTONIO, S.J., Hombres y mujeres de Dios para el mundo. La etapa de Teología y sus desafíos parala Formación. Tercer desafío: Todo es medio divino. «Buscar y hallar a Dios en todas las cosas».: Sal Terrae 79 (1991) 849.

31 Ejercicios Espirituales 315.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo» can en mi amor»32. Vivir unidos con El en la acción consiste en una comunión de nuestras voluntades con la voluntad de Jesús; en trabajar para que nuestro actuar coincida siempre con el suyo, en fiel sintonía con el actuar del Padre, escrutando permanentemente los signos de su providencia a la manera de Jesús33. El instrumento para lograrlo es, como recomienda san Ignacio, el «mucho examinar». Gracias al examen podemos experimentar y discernir a cada momento la unción o consolación del Espíritu Santo [el «texto» del Espíritu], que pone en nuestro corazón, nos hace sentir, nos atrae, dicta lo que le agrada al Señor, y nos mueve a realizarlo [son expresiones del mismo Ignacio]. Una recurrente pregunta, antes o después de nuestras acciones, mantendrá viva en nosotros esta actitud: ¿qué amor me mueve [en esta o aquella acción]?... ¿qué amor me movió?

Contemplar asiduamente la vida de Jesús

La referencia constante al Evangelio, mediante la oración y la lectura, es la brújula que nos permite vivir unidos con Jesús: conocerlo internamente, para más amarlo, seguirlo y servirle. Es la experiencia de Dios que, en la persona de Jesús y mediante la unción de su Espíritu, «se comunica a la su ánima devota, abrazándola en su amor y alabanza y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle adelante»34 . Contemplación ignaciana: ver las personas, escuchar lo que dicen, mirar y considerar lo que hacen, y dejarnos conducir por el Espíritu para reflectir en nosotros mismos y sacar algún provecho. La asidua contemplación de la vida del Señor inspirará también la determinación de un compromiso mayor con los pobres, a la manera de Jesús, en la práctica de la misericordia y en la lucha contra las causas de la pobreza35 .

32 Jn 15, 4-5.9. EL P. LUIS GONZÁLEZ-QUEVEDO, S.J. publicó en la revista ITAICI, un artículo con el título: «Permanecer no amor. A continuidade dos Exercicios Espirituais», en el que desarrolla ampliamente el tema del tiempo después de Ejercicios, proponiendo en particular los medios que ayudan para perseverar en el amor: la oración, el examen diario, los sacramentos, el acompañamiento espiritual, la lectura, la comunidad y el compromiso apostólico, la solidaridad efectiva con los pobres, la humildad, la alegría. ITAICI 45 (2002) 53-65.

33 Cfr. Puebla 276-277.

34 Ejercicios Espirituales 15.

35 GONZÁLEZ-QUEVEDO, Op. Cit., p. 63.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

La Contemplación para alcanzar amor, que recoge el fruto de los Ejercicios indicado en la Anotación 15 al comienzo mismo de los Ejercicios, es la nave que san Ignacio ofrece para embarcarnos y navegar en adelante por el océano insondable de la presencia vivificante de Aquel que se nos mostró como «el Camino»: El Señor resucitado que comunicándonos la libertad de su Espíritu nos acerca día a día al Padre, quien se nos quiere dar El mismo, en cuanto puede36, para que alcancemos la plenitud de la vida sin fin.

Fue así como Ignacio y sus primeros compañeros vivieron del espíritu de los Ejercicios, practicados [en su versión integral] probablemente una sola vez, pero que operaron en ellos la transformación de sus vidas, conociendo e identificándose progresivamente con Jesús pobre y humilde y poniéndose con El, bajo el estandarte de la cruz, para dedicarse incondicionalmente al mayor servicio de Dios y ayuda de los hombres. Pedro Fabro, uno de los primeros compañeros de Ignacio, deja constancia de esta actitud de todos. Escribiendo sobre su oración en el Diario Espiritual o Memorial, Dice así:

En la tierra, cuando quieras conversar con Dios, y no sepas subir a las cosas celestiales, contempla primeramente a Cristo, escucha sus palabras y todas las palabras de la Sagrada Escritura. Contémplalo también clavado en la cruz, si miras al pasado. Y si quieres mirar hacia el futuro, contémplalo cómo descenderá cuando venga al juicio. Y así consiguientemente retrocediendo por toda la vida de Cristo, si según tu espíritu, pretendes progresar desde lo más perfecto37 .

Condiciones del que hace los Ejercicios

No quedaría completa esta ya larga reflexión sobre la actualidad de los Ejercicios ignacianos para nuestro tiempo, sin hacer un comentario, aunque sea muy breve sobre las condiciones del sujeto que hace los Ejercicios. Para quien desee profundizar en este aspecto tan importante, recomendaría un artículo de Darío Mollá, S.J. Encontrar a Dios en la vida, que se extiende en consideraciones sobre el «subjecto» de la experiencia

36 Cfr. Ejercicios Espirituales 234.

37 Memorial de Fabro 109-110.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Los Ejercicios: «redescubrir su dinamismo en función de nuestro tiempo»

espiritual que propone San Ignacio; los contextos vitales que posibilitan tales «subjectos»; y el «talante vital» que genera la experiencia de Dios en la vida38 .

Fue muy riguroso Ignacio para admitir a los Ejercicios completos, sin verificar antes la calidad de quienes pretendían entrar en ellos. Además de lo que nos dice el mismo en las Anotaciones 18, 19 y 20, el P. Ignacio Iparraguirre en su obra sobre la práctica de los Ejercicios en la vida de san Ignacio añade unas notas muy ilustrativas:

San Ignacio proponía cinco condiciones para llamar a alguien a los Ejercicios cerrados: 1) ser sujeto apto para «la casa del Señor», si fuere llamado a ella; 2) ingenio para poder aprovecharse; 3) que pueda determinar de su persona aun para el estado de perfección; 4) que tenga buena y honesta presencia39; 5) «que no esté tan aficionado a alguna cosa que sea difícil traerlo a que se ponga en igual balanza delante de Dios, mas antes que esté angustiado en alguna manera con el deseo de saber qué haya de hacer de su persona y ambiguo40 .

Los más aptos eran los que todavía no habían determinado su estado de vida41 .

San Ignacio decía: «si diese todos los Ejercicios [los completos] daríalos a muy poco letrados o personas muy deseosas de perfección, o de mucha manera, o que podrían ser para la Compañía»42 .

Además, un Directorio basado en notas dictadas por san Ignacio, abunda en consideraciones que completan y declaran las anteriores. «Los que no tengan estas disposiciones -añade-, ni se espera que con facilidad se podrán traer a equilibrio en sus cosas, o son casados, o reli-

38 Artículo disponible en fotocopia en el CIRE.

39 Probablemente esta condición la ponía Ignacio como una ayuda para el trabajo apostólico; así como para admitir a la Compañía de Jesús personas idóneas para la misión.

40 MHSI, MI, Exercitia et Directoria, 785.6.

41 Esta razón es la que daba también para no emplear tiempo en dar Ejercicios a religiosas, pues ya habían ordenado su modo de servir al Señor.

42 Instrucciones de san Ignacio a los jesuitas de Portugal, MI, XII, 293.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

giosos o inhábiles, no se les han de dar los ejercicios, en especial cuando habiese otros a quien los dar, o otras legítimas ocupaciones»43 .

Para abreviar, se podrían sintetizaren cuatro lascondiciones principales para garantizar que una persona entre, debidamente y con esperanza de obtener sus frutos, a hacer los Ejercicios completos: 1) que logre la libertad o indiferencia del Principio y Fundamento, con una decisión firme de ordenar la vida; 2) que tenga generosidad (el «impulso del magis»), para responder al llamamiento del Rey y al compromiso con la causa del Reino hoy, con las oblaciones que propone el ejercicio; 3) que esté dispuesto a actuar con docilidad a la acción del Espíritu, para un seguimiento radical de Jesús, según las meditaciones de las dos Banderas y los tres Binarios y las consideraciones de las Maneras de humildad (criterios, afectos, amor); que esté dispuesto a dar continuidad a la experiencia después de Ejercicios, para buscar y hallar a Dios en todas las cosas y procurar permanecer unido con Cristo en la vida y en el compromiso apostólico.

Sugerencia de lecturas sobre el tema44 .

43 Cfr. CALVERAS JOSE, S.J., Ejercicios, Directorio y Documentos de san Ignacio. Glosa y vocabulario de los Ejercicios espirituales. Editorial Balmes, Barcelona 1958, 394ss.

44 ARRUPE, PEDRO, S.J. Los EE. En el momento histórico actual. Conferencia en el III Curso de Directores de Ejercicios, Roma, 8-II-71: Información S.J. 14 (1971)159-171. Actualidad de los Ejercicios ignacianos. Conferencia en el IV Directores de Ejercicios, Roma, 14-II-72: Información S.J 19 (1972) 107-117.

KOLVENBACH, PETER-HANS, S J., Discurso en la I Conferencia Europea sobre los EE., Roma, febrero 2001: Información S.J 87 (2001) 146-154.

CABARRÚS; CARLOS R., S J., Psicología y Ejercicios Ignacianos, Volumen I, Colección MANRESA 5, pp. 277-284.

DUCHARME, ALFRED, S.J., Des Exercices Spirituels pour aujourd´hui: Les Jésuites Canadiens XXVII, 2 (2000) 17-25.

GARCIA, JOSÉ ANTONIO, S.J., En el mundo desde Dios. Vida religiosa y resistencia cultural. Sal Terrae, Santander 1989. Col. «Místicos horizontales, 6», 107-120. Hombres y mujeres de Dios para el mundo. La etapa de Teología y sus desafíos a la Formación. Tercer desafío: Todo es medio divino: Sal Terrae 79 (1991) 849-851.

GONZALEZ-QUEVEDO, LUIS, S.J., Permanecer no amor: A continuidade dos Exercicios Espirituais: ITAICI, Revista de Espiritualidade Inaciana 45 (setembro 2001) 53-65.

MOLLÀ, DARÍO, S.J., Encontrar a Dios en la vida: «Seminario de Ejercicios», Colección Ayuda, 9. Edita: Cristianisme i Justicia, Barcelona 1993. Disponible en el CIRE (fotocopia).

PAIEMENT, GUY, S J., Le Sourcier devenu sage-femme: LesJésuites Canadiens XXVII, 2 (2000) 3-4.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 10-34

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos

El conocimiento de uno mismo

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos

S.J.*

LINTRODUCCIÓN os aportes que la psicología clínica puede hacer a los acompañantes de Ejercicios Espirituales ignacianos son de muy variados grados y matices. Los procesos emocionales y relacionales que se van instaurando a partir de un acompañamiento espiritual son tan complejos que necesitamos la participación de otras ciencias. Entre ellas se destaca la psicología, que nos ayuda a dilucidar mucho mejor tales procesos y nos hace más posible la aspiración ignaciana de lograr que la persona se encuentre con Dios, sin que la relación con el acompañante pase de ser mediadora y facilitante a disruptiva u obstaculizadora.

Cuando queremos examinar lo que sucede al interior de una relación de acompañamiento espiritual, el psicólogo empieza a advertir muy

* Psicólogo de la Pontificia Universidad Javeriana. Posteriormente obtuvo su título de Doctor en Psicología Clínica en Wright State University en Dayton, Ohio, Estados Unidos. Actualmente es el Decano Académico de la Facultad de Psicología de la Pontificia. Fue formador de los jesuitas en la etapa del filosofado y trabaja con religiosos y sacerdotes en el campo de las relaciones entre psicología y espiritualidad.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Los Ejercicios

Espirituales no son una ocasión para hacer terapia, pero he visto en muchas ocasiones, cómo son de terapéuticos

pronto que existe un conjunto de procesos e implicaciones de las que no siempre están conscientes el acompañante o el que hace los Ejercicios. Dichos procesos internos, a veces poco visibles en su dinámica y en su origen, pueden con facilidad pasar inadvertidos a los ojos de un acompañante cuya formación ha fortalecido la dimensión teológica, espiritual o moral de dicho encuentro. Como ocurre en otras dimensiones de la vida, fortalecer una perspectiva también puede ir en detrimento de una visión más completa y más total de la experiencia humana.

En el proceso de apoyar un encuentro profundo con Dios y con la persona que hace la experiencia de los Ejercicios, no es fácil deslindar qué es propiamente lo psicológico, lo relacional, lo espiritual. Nuestras lecturas desde diversos ángulos se traslapan. Pero si en realidad estamos buscando una comprensión más verdadera de lo que sucede al interior de una relación donde dos personas quieren hacer posible un encuentro con Dios en el interior del corazón humano y de la vida, diversas formas de ver tenderán a converger en algún punto.

Aunque hay muchas maneras de enfocar el asunto que en este momento nos ocupa, voy a intentar una aproximación personal que trata de servirse de los aportes de la psicología clínica desde una perspectiva creyente y abierta. Como acompañante de Ejercicios he querido recurrir a los aportes de la psicología clínica para iluminar mejor mi quehacer, y eso mismo quisiera ofrecer a ustedes dentro de los límites que este evento nos permite. Creo que los Ejercicios Espirituales no son una ocasión para hacer terapia, pero he visto en muchas ocasiones, cómo son de terapéuticos. En muy variadas ocasiones he podido constatar como fruto de los Ejercicios, personas que pueden encontrar sentido a la vida, fortalecer procesos de conocimiento interior, hacer posible la experiencia del perdón y la reconciliación. No sorprende que en la lista de los libros que han cambiado más radicalmente la manera de ser de las personas de nuestro hemisferio y en nuestro tiempo, se encuentre, como el más pequeño y corto de todos, el libro de los Ejercicios.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos

A esa constatación admirada de parte de grandes psicólogos, (entre ellos Carlos Gustavo Jung Psiquiatra y Psicoanalista Suizo) ha correspondido el interés de los acompañantes espirituales contemporáneos por las aportaciones psicológicas en aras de comprender lo que está en juego durante una relación de acompañamiento. Pero por otro lado, he visto acompañantes que por su espiritualismo sospechan o miran con cierto desdén lo que la psicología clínica puede decirnos. Esta actitud, desafortunada (aunque desde cierto punto de vista comprensible), no ha ido a favor del bienestar de la persona que pide el acompañamiento espiritual. El servicio ministerial del acompañamiento requiere de una ética especial y de una sabiduría y conocimiento tales que no podemos dejar de lado una fuente privilegiada de conocimiento que nos ayuda a entender lo que sucede.

Que los factores psicológicos desconocidos por el acompañante sean un factor que amenace el éxito de la relación de acompañamiento, ya lo tuvo que experimentar amargamente el mismo Ignacio de Loyola en sus etapas iniciales. Recordemos los fenómenos aparentemente inexplicables que provocaron la intervención de la Inquisición española y que lo pusieronareflexionarenlaprisión. PorquéciertasmujeresdeSalamanca, como consecuencia del proceso de acompañamiento en los ejercicios, sufrían desmayos, tomaban decisiones que parecían «locas», involuntariamente hacían gestos y movimientos que semejaban convulsiones ¿Por qué algunas de esas mujeres no podían encontrar paz interior ni fin a una compleja sintomatología de angustia, a menos que el mismo Ignacio les hablara con cierto tono y se comportara con ellas con cierta actitud? Con la formación que tenía disponible Iñigo de Loyola, interpretaba dichos fenómenos como efectos de la acción de diversos espíritus y de la experiencia de la Gracia, pero tuvo muchas dudas. Siglos después encontramos la explicación psicológica de lo que también ahora ocurre cuando una persona inestable emocionalmente manifiesta en su comportamiento síntomas de un trastorno conversivo e histriónico, movilizado por reacciones transferenciales que sólo pudieron ser dilucidadas por los estudios psicoanalíticos sobre la transferencia y sobre la histeria a comienzos del siglo XX.

Esta experiencia de sentir que una serie de fenómenos aparecen sin que los busquemos durante el proceso amoroso y lleno de Gracia de

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

los Ejercicios, tampoco es ajena a nosotros. Cuando se planean Ejercicios profundos de ocho días o más, se pide a los participantes que durante al menos una semana previa, se haga un trabajo creyente y esperanzado para hacer consciente el mundo interior en ocasiones con muchas heridas y experiencias previas que necesitan un cierto nivel de sanación antes de iniciar la experiencia de los Ejercicios propiamente dicha. Esa semana «propedéutica», en un contexto religioso, espiritual, creyente, litúrgico, comunitario, puede ser la clave para que una persona pueda pasar (o no pasar) más tarde, a la experiencia de los Ejercicios como puede considerarse en profundidad. Dicha semana, tal como constato que se realiza en los grupos de profesores de enseñanza media y superior que hacen los Ejercicios en Colombia, resulta fundamentalmente reconciliante, curativa, terapéutica. Creo que por esas mismas razones, tal semana no puede ser sino preparatoria a la experiencia que ha de venir.

Quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar con ejercitantes durante una primera semana preparatoria tenemos la oportunidad de observar muchos de los síntomas y problemáticas que a continuación vamos a enumerar de manera somera. Pero es el lugar donde más fácilmente podemos entender que sin un claro conocimiento de lo que puede suceder cuando una persona decide enfrentarse a sí misma, el acompañamiento espiritual podría convertirse en una fuente de riesgos innecesarios, e incluso, en algo que impida lo que precisamente decimos que queremos buscar.

San Ignacio buscaba propiciar por medio de los Ejercicios, que la persona lograra el fin fundamental para el que fue llamado a la vida. En términos del Siglo XVI este proceso sería la «salvación (salus) del ánima». Se podía decir que una persona reconciliada, en una actitud de gran libertad interior, libre de las afecciones desordenadas, profundamente conectada con Dios y consigo misma, viviendo en una paz interior duradera, capaz de discernir constantemente la voluntad de Dios y ponerla en práctica, capaz de vivir en armonía y paz con el mundo y con sus semejantes, viviendo en un estilo de vida sobrio y esperanzado, es una persona que había experimentado la salud (salvación, salus) que viene del encuentro con el Dios de la Misericordia, con el Jesús que nos invita a seguirle, con el Espíritu que nos ayuda a encontrarlo vivo y resucitado a pesar del sufrimiento el dolor y la muerte.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos

La psicoterapia pretende de muchas maneras desatar los dinamismos y los procesos que persiguen fines muy semejantes, excepto los que están relacionados con una experiencia religiosa o espiritual. Y en esto hay también extremos y matices. Mientras Freud pensaba que el estorbo principal del crecimiento interior humano lo constituía lo religioso (tal como lo conoció en su tiempo) otros gigantes del psicoanálisis como C.G. Jung estaban persuadidos de que sin una experiencia espiritual no buscada directamente en la terapia, no era posible un avance significativo de la curación y la salud (salus) mental por medio de la técnicadelapsicoterapia. Losprocesosterapéuticos,curativos,involucrados en la experiencia de los Ejercicios, no son buscados como fines por el acompañante, pero igualmente suceden. Por su parte, la psicoterapia como tal no busca un horizonte trascendente del crecimiento interior del ser humano, pero logra abrir espacios que lo hacen posible.

Quizáselsiguienteesquemanosayudeavisualizarestainteracción

Salus SALVACION (del ánima)

Salus Curación psicológica

por por por intención intención

efecto

Ejercicios

Psicoterapia

Existen diversas tareas que el acompañante habrá de poner en marcha para realizar mejor su tarea desde una perspectiva psicológica. En esta ocasión me voy a dedicar a una de ellas. El conocimiento de sí mismo con sus riesgos y esperanzas. Los aspectos descritos a continuación no pretenden dar cuenta completa y exhaustiva de todas las cosas que podrían ocurrir en el proceso de acompañamiento. Tampoco están descritas en orden de importancia, porque para cada ejercitante la complejidad de su mundo interior le plantea retos y matices distintos a su acompañante.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO EN LOS EJERCICIOS

Ya desde tiempo de Sócrates se había dicho que la tarea fundamental de un ser humano era conocerse a sí mismo. Este proceso, el más complejo e importante de todos, ha dado origen a las filosofías y las ciencias sociales de todos los tiempos. Ha dado origen a las mejores reflexiones teológicas y a las más depuradas prácticas ascéticas de todas las religiones y culturas. Para Ignacio, no es posible avanzar significativamente en el proceso de ser lo que somos, prescindiendo de Dios. Y como método de trabajo, entre las diversas estrategias que pueden diseñarse para lograr este fin, no es posible prescindir de una actitud constante de auto observación y tener éxito.

Esto no es raro para quienes hemos vivido el rol de acompañantes. En el camino Ignaciano (hay otros caminos que insisten también en lo mismo) es claro que necesitamos insistir en la importancia de los exámenes en el proceso de los Ejercicios, así como de la actitud consciente, observante, despierta vigilante, examinadora, a la que se invita al ejercitante con respecto a sí mismo. No dudamos que una de las notas características del éxito de los Ejercicios en cuanto que son potencial de transformación de lo humano, radica en el relieve que dentro del método ignaciano, poseen tanto la técnica del examen como la actitud de auto observación y de auto análisis personal.

Ignacio propone, como parte del proceso de discernimiento en los Ejercicios, examinar cómo le ha ido al ejercitante después de cada una de las meditaciones. Se refiere a cómo va siguiendo los parámetros de la experiencia (lugar, preámbulos, posiciones y posturas corporales, estilos y modos de orar, materiales y textos utilizados, etc)1. De modo especialmente importante para nosotros, el examen se refiere a la toma de conciencia y al registro de las mociones espirituales que se van presentando. Dichas mociones son pensamientos, sensaciones de procesos internos, imágenes, recuerdos, fantasías, etc., todas ellas ubicadas en el contexto de la experiencia y en el de la vida del sujeto. A mi entender, podemos

1 Al igual que en la psicoterapia, los Ejercicios como experiencia profunda, requieren de un encuadre que posibiliten su éxito.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos decir que, dada la configuración particular de la personalidad de Ignacio, el concepto que usa como más abarcante de todas las mociones es el de 'pensamientos'. El acompañante con su ministerio mediador de la Gracia, irá partiendo de tales mociones para ayudar enel procesodedescubrir, dequé modo y por dónde parece que Dios está invitando a una persona a proseguir en su camino espiritual.

Ignacio propone un 'examen de conciencia' que será la manera de continuar el proceso de discernimiento en la vida cotidiana. Ha de hacerse dos veces al día, y no se debe excusar ni a los que están enfermos pero en capacidad de hacerlo

Peroesenoeselúnicotipodeexamen. Ignacio propone un 'examen de conciencia' que será la manera de continuar el proceso de discernimiento en la vida cotidiana. Ha de hacerse dos veces al día, y no se debe excusar ni a los que están enfermos pero en capacidad de hacerlo. Tal examen contiene cinco pasos y empieza con la actitud agradecida del sujeto que reconoce la presencia amorosa de Dios en todo y su limitada capacidad de responder a las invitaciones y ofertas de la Gracia en el día a día. Está también el examen general de la Primera Semana y el examen particular de cada día con los registros específicos sobre las frecuencias de la conducta-problema que la persona quiere extinguir con la ayuda de la Gracia.

Examinar para Ignacio, es una actitud constante que hoy en día podríamos describir como auto observación y auto análisis. Estoy persuadido de que estos términos modernos, no presentes en el léxico ignaciano, pueden describir su propuesta. En este tipo de camino espiritual, el ignaciano, no sería posible avanzar mucho sin un contacto profundo y constante de lo que sucede en el mundo interior y a diferentes niveles como se ha dicho.

Sin embargo, parece evidente también que la práctica de los exámenes de conciencia cotidianos (una de las prácticas usadas en el camino Ignaciano) ha ido cayendo en un desuso notorio si miramos a los que ya hicieron Ejercicios. La estrategia como tal y a veces la actitud de auto observación vigilante que los Ejercicios implican, despiertan en la actua-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

lidad desconfianzas y aprensiones que no podemos ignorar. Esas prevenciones y sospechas son multicausadas y tienen diversos orígenes. Pero en todo caso ponen en cuestión una práctica que había gozado de prestigio en la espiritualidad cristiana occidental tradicional. Si nos atenemos a sus posibles motivaciones psicológicas habría que señalar, muy probablemente, que el recelo surge desde el momento en el que se advierte que tales prácticas espirituales han conducido con demasiada frecuencia al fomento de actitudes obsesivas y perfeccionistas.

Yo sigo creyendo que el discernimiento y el examinar constante de lo que ocurre en nuestro mundo interior están encaminados a un fin claro: alentar una lucha por alcanzar la 'Indiferencia ignaciana' como libertad interior para el seguimiento y el Reino. Una inspección atenta nos confirma que los procesos de auto observación y auto análisis no tienen otro fin que buscar la libertad interior. Pero una vez fuera del contexto de la experiencia de los Ejercicios, quienes desean continuar con esta práctica se encuentran con frecuencia con su esterilidad. ¿Qué ocurrió? Una respuesta posible es que la práctica del examen, se ha ejercitado descontextualizada de la dinámica profunda en la que san Ignacio la inscribe. De ese modo, se ha intentado sustituir un proceso experiencial difícil y profundo por una simple técnica que aparentemente resulta asequible y fácil de manejar. De hecho los psicólogos Comportamentales encuentran en esa práctica, el modelo precursor de los métodos de autocontrol para producir cambios efectivos en el comportamiento cotidiano. Pero por fuera de una actitud contemplativa y de discernimiento espiritual permanente, el resultado del examen se puede parecer al de esterilidad que frustra. En un contexto más doloroso, el psicólogo puede incluso ver actuante el peligro de una alienación profunda de la vida espiritual, encerrada ésta en una lucha narcisista por lograr una buena imagen de la persona ante ella misma.

Después de Freud, los creyentes hemos ido reconociéndonos como personas de la sospecha. Examinar nuestra conciencia no es lo mismo para nosotros que para los jesuitas y laicos que conocieron la experiencia ignaciana original. La conciencia que tratamos de examinar se nos ha hecho bastante problemática en nuestra cultura contemporánea. Sabemos o sospechamos que tras determinadas manifestaciones de nuestra conducta que intentamos modificar se esconden motivaciones poco

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos accesibles a nuestro control y manejo. Un cierto desánimo se ha podido de ese modo instalar en nosotros a la hora de realizar una práctica que parece meramente comportamental, y que para el psicólogo resulta muy sintomática. Por lo que vemos en otras personas que siguen el camino ignaciano, es posible seguir con la práctica y al mismo tiempo lograr que se quede sin tocar, lo que son las raíces últimas que originan ese comportamiento.

Visto así el problema, alguien podría entonces cuestionar el para qué seguir con dicha práctica. El problema de un mejor conocimiento de uno mismo (punto de partida para toda ascesis) que se vea confrontado con los estrechos límites de la conciencia desanimaría a cualquiera que no vea las cosas desde una perspectiva más amplia. Lo que llama la atención es que todo esto sucede al mismo tiempo que en nuestro medio la psicología clínica (desde una perspectiva diferente, por supuesto) sigue alentando al paciente a un ejercicio muy análogo y con diversas técnicas. Pero el punto que quiero hacer aquí sigue vigente. Se trata del peligro de una recuperación acrítica y precipitada que no quisiera tener en cuenta los diversos terrenos y objetivos con los que se proponen dichas técnicas de examen. En el caso de los Ejercicios se trata de un asunto que en el buen sentido llamamos ascético. Es decir, encaminado a un proceso laborioso, constante de crecimiento y transformación interior. En el caso de la clínica estamos en el terreno de la terapia, en el proceso de individuación, de curación interior, de liberación de las ataduras sintomáticas que no permiten una mejor salud o adaptación.

La propuesta ignaciana, se inscribe en un contexto mucho más amplio en donde se busca la remodelación o reestructuración afectiva. Los Ejercicios son para quitar las afecciones desordenadas y se hace necesario trabajar en un plano en donde Ignacio a partir de su experiencia en Manresa y a partir de una formidable intuición logró ver que esas raíces profundas escapan del mero querer y libertad de la persona.

Ignacio aprendió examinando, que su mundo interior tan agitado, necesitaba de un espacio para poder procesar. Desde ahí, en la turbulencia interior de la cueva de Manresa, Iñigo López de Loyola logró una conciencia muy fina y profunda de la división interna del sujeto humano. En el texto de la Autobiografía se dice que «poco a poco vino a conocer la

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

diversidad de los espíritus que se agitaban». Pero lograr un 'insight' no fue sino el comienzo de un proceso que duraría la vida entera y que necesitaba activarse de nuevo en el día a día. Mucho tuvo que pasar desde esa diversidad de pensamientos y afectos que le hicieron maravillarseenla cuevacercadeBarcelona. Sabemosademásquetuvotodavíaqueatravesarunlargoitinerarioparaalcanzarun cierto grado de unificación interior. La polarización constante de su dinámica afectiva lo hizo atravesar momentos muy duros en los que la posibilidad de la autodestrucciónydelamismamuerteestuvieronmuycercanos. Ignaciosalióbien librado de esta lucha, pero estuvo en alto riesgo de perder incluso su salud mental... ¿Podemos arriesgarnos en este tiempo a un itinerario similar?

Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer, y dos que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu, y el otro del malo

No ayudamos mucho a una persona cuando le enseñamos a examinarse, (es decir a auto observarse, interiorizar, etc.) y lo hacemos sin que se le haya enseñado lo fundamental del discernimiento. Cuando esto hacemos, se puede fácilmente caer en el peligro de confundir la voz del buen espíritu con lo que en realidad no es sino la voz camuflada de problemas psicológicos, el narcisismo infantil o de otros procesos donde el 'mal espíritu' toma partido. El discernimiento implica de veras una actividad analítica que detecte el dinamismo de las distintas mociones de los espíritus (y la propuesta de los tres pensamientos2 de Ignacio: Y el

2 Es sorprendente para los psicólogos contemporáneos ver que Ignacio tuvo una clara conciencia de la división interna y fundamental que experimenta todo sujeto humano. Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer, y dos que vienen de fuera: el uno que viene del buen espíritu, y el otro del malo. Tal lucidez no podía sino ser el resultado de los procesos y fuertes conflictos vividos en Manresa. Allí pudo, descentrándose un poco como observador, notar que dichos pensamientos venían con signos contrapuestos. Unos producían alegría, paz, esperanza, etc. Otros provocaban tristeza, desaliento, sequedad, etc. Un día, según nos dice la autobiografía, se le abrieron un poco los ojos, y empezó a maravillarse desta diversidad, y a hacer reflexión sobre ella. Fue el comienzo del discernir y del examinar. Tareas que necesitan una instancia del yo capaz de observar, ponderar, juzgar.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos examen en cuanto estrategia y técnica es una actividad más concreta, más objetiva y aterrizada como una actividad evaluativa que juzgue o pondera dichos pensamientos. Las dos tareas tienen que ir juntas.

El proceso de examinar y los exámenes como tales, tienen una función primordialmente objetivadora. En ese sentido se trata de un trabajo con el que se persigue reeducar la atención dispersa, ampliar la conciencia, darse cuenta de la realidad interior. Pero para quienes deseamosandarel caminoignaciano,tieneademás unadimensiónsalvífica: El examen no es un recuento escrupuloso de faltas para alcanzar una perfección que me justifique y que satisfaga egocéntricamente mi narcisismo. Se trata de constatar cuál ha sido, de hecho, la pobre respuesta dada a las oportunidades salvíficas que he recibido. El examen supone, pues, una actitud continua de búsqueda de coherencia y armonía 'ordenada', porque continuamente estamos sometidos a condicionamientos internos y externos que ponen en peligro nuestra libertad y el grado de 'ordenación afectiva' que, en un momento determinado, hayamos logrado conquistar.

El mucho examinar implica en el ejercitante, la actitud deliberada de identificar en lo cotidiano de su comportamiento aquello que aún parece la expresión multifacética de un cierto desorden. Es decir una transacción o tercera vía entre su libertad y querer y el pensamiento que, viniendo de fuera, representa la actuación del 'mal espíritu'. Si se cae bien en cuenta, si hay una toma de conciencia, la persona que hace los Entre esas tres dinámicas propias, o tres ordenes diferentes de discursos que nos son interiores pero que no están entre los límites de nuestra voluntad y control, sólo uno de ellos se corresponde con el de la libertad y querer. Según Ignacio tan sólo ese es propio mío. Los otros dos vienen de fuera, aunque están en mí y hablan desde lo profundo de mi ser. Se expresan con mi lenguaje, con mi pensamiento, con mis emociones y afectos. Este es el campo de batalla, o el lugar donde se juega el Examen de Conciencia. Mi capacidad de libertad y querer, mi capacidad para la acción ética, se confronta, juzga y examina en su relación con las otras dos dinámicas que son animadas por el buen Dios o por mi egoísmo. Cotidianamente tengo que decidir, tomar partido, hacer algo, aún intuyendo que mi hacer no siempre resulta tan iluminado por la Gracia como yo quisiera. De allí que necesitemos la ayuda de unos ciertos criterios externos que nos ayuden a desentrañar el carácter de salvífico (o maléfico) de ciertas suaciones o mociones.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Ejercicios se esforzará entonces en el Examen Particular por desarrollar una estrategia concreta para desbaratar ese pacto interno, secreto, no consciente que se ha ido fortaleciendo con la repetición constante que devino hábito. Objetivar, escribir, graficar de manera sencilla las ocurrencias de la conducta-problema se vuelve entonces una representación, un 'espejo' del modo como la dinámica del «mal espíritu» nos sigue afectando desde «fuera»

En el Examen General Ignacio busca, precisamente en el momento final de la Primera Semana, que el ejercitante exprese simbólica y sacramentalmente su decisión de abandonar sus antiguos apegos, afecciones desordenadas y los objetos de su amor (los amores) que no le permiten la libertad para el Reino. Desde la óptica de un proceso iluminador en la Primera Semana de los Ejercicios, se espera que dichas relaciones, vínculos, apegos, etc., puedan percibirse como impedimento de la libertad necesaria para construir el Reino y para ser aquello a lo cual hemos sido llamados por Dios. Esta lectura de la propia vida vista como un todo resulta precisamente la mejor plataforma para lanzarse a un itinerario que vincule el ejercitante a un nuevo proyecto de vida encarnado en la persona de Jesús, el Maestro.

Los riesgos

Para un psicólogo, ver que se invite a encarar la realidad interna de los impulsos y tendencias desordenadas en una experiencia intensiva profunda y en una práctica cotidiana, parece algo muy loable. La sospecha empieza a aparecer cuando la propuesta tiene algo camuflado, probablemente por los conflictos internos del acompañante o se capta así por los síntomas endurecidos durante la historia y el sufrimiento del ejercitante. La reforma de vida en la que el ejercitante se involucra puede no estar exenta del deseo neurótico de procurar alianzas con las dimensiones ideales del Superyó. ¿Qué tan fácilmente puede decirse que esos ideales no son la expresión de una cultura particular, una moral propia de un grupo humano, una visión equivocada del Evangelio, una concepción atrasada en la Iglesia, o una interpretación neurótica del deber ser que se ha hecho el mismo sujeto? El examinar y emprender un minucioso análisis de sus propios puntos débiles, podría resultar en algo

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos que Carlos Domínguez, un jesuita Psicoanalista español3 llamaba la imposición de un 'imperialismo yoico' a costa de «mutilaciones o de inhibiciones neuróticas que progresivamente nos vaya alejando de la realidad». Ignacio a diferencia de muchos hombres y mujeres que en la historia de la Iglesia han sido destacados en los libros de ascética y mística, no negaba el mundo de los afectos, sino más bien quería potenciarlo porque de allí surgía la fuerza para el Seguimiento de Jesús y de su Proyecto.

El psicólogo instará al acompañante espiritual a tener un gran cuidado para que el proceso de examinar no resulte tampoco en el predominio absoluto del Superyó. Este es quizás, el peligro más desafortunado en el proceso de ejercitarse para el conocimiento interior. Ya la cultura y la educación familiar y escolar como principales mediadores, se ha encargado en muchos de nosotros de hacernos la vida infeliz a punta de 'deberías', 'tienes que', 'es bueno y necesario que'. En muchos casos esos 'deberías' se vuelven tiránicos y como síntomas se expresan también de manera somática y espiritual. Quienes tenemos el ministerio de acompañar, con frecuencia no hemos desarrollado la capacidad crítica para reconocer que esas leyes superyoicas y esos ideales interiorizados a veces con tanta firmeza no tienen por qué coincidir sin más con el régimen del mensaje evangélico ni con los ideales del Rey Eternal. En realidad, somos los acompañantes los que más necesitamos avanzar en esta dirección, so pena de volvernos los guías ciegos que guían a otros ciegos según las palabras de Jesús. El discernimiento, es nuestra primera tarea y responsabilidad, ya que ponemos el techo del crecimiento de las personas que deseamos acompañar.

¿Qué hacer? El papel del proceso auto observador y del examen se refiere en realidad a la exigencia interna de responsabilidad ante las oportunidades salvíficas que Dios nos presenta en cada momento de la vida. Esto implica un compromiso con Dios, con la persona misma para evitar una culpabilidad destructiva, pero al mismo tiempo para no escapar al a veces doloroso reconocimiento de nuestra complicidad con el pensamiento que expresa la acción del mal espíritu como se ha dicho antes.

3 En un artículo escrito por él hacia los comienzos de los años 90 sobre el Examen de Conciencia.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

No siempre podemos escoger las personas que se disponen a hacer la experiencia de los Ejercicios. Los esfuerzos para detectar personas con problemas psicológicos vigentes, o con cierto tipo de vulnerabilidades de tipo psiquiátrico, ayudan a ver que éstos no son los sujetos ideales para la oferta ignaciana. Freud mismo hizo una lista de las personas que eran o no susceptibles de tener avances y logros en el psicoanálisis. ¿No deberíamos nosotros tener algunos acuerdos al respecto? Esto pude condicionar grandemente el resultado de la experiencia. Sólo por poner un ejemplo, digamos aquí que sin que nos demos cuenta, una persona puede aprovechar la invitación a examinarse como una ocasión para reforzar su propio trastorno psicológico. Imaginemos esta actitud en una persona con un trastorno obsesivo que buscará usar las estrategias ignacianas al servicio de intereses inconscientes que tengan más que ver con mecanismos defensivos frente a deseos y temores inconfesados que con la conquista de la indiferencia ignaciana.

Examinar, es decir, auto observarse, hacer introspección, implica una tarea crítica respecto a sí mismo. Y es imposible que tal tarea se pueda hacer en ausencia de densas cargas afectivas, muchas de ellas inconscientes. En una persona con un trastorno obsesivo será precisamente esa dinámica insana la motivación última para la autocrítica. Con ello queda desvirtuado el propósito ignaciano y la resultante es más bien otra manifestación del inconsciente personal que sigue censurándose a sí mismo. Se hizo la tarea de los Ejercicios, quizás a cabalidad, pero por las razones equivocadas. Las razones de orden espiritual aparecen ahora como camuflaje de tales motivaciones afectivas inconfesadas.

Los esfuerzos para detectar personas con problemas psicológicos vigentes, o con cierto tipo de vulnerabilidades de tipo psiquiátrico, ayudan a ver que éstos no son los sujetos ideales para la oferta ignaciana

¿Quién de nosotros está libre de tendencias narcisistas? El psicoanálisis nos ha ayudado a descubrir que existe en nosotros un cierto placer resultante del acabado cumplimiento de las normativas y deberes provenientes del Superyó. Tal satisfacción puede embriagar al sujeto grandementey debilitar al Yodedichapersonaensufunción objetivadora

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos de la realidad. No queremos que el examen particular llegue a convertirse en una especie de droga estimulante que proporciona una especie de bienestar ascético-narcisista tal como ha aparecido cuestionado en la en la historia de la ascética por los santos más influyentes. La conducta-problema que se ha puesto como el foco de atención por la técnica del Examen Particular para ser «lanzada» o erradicada se vuelve un comportamiento blanco u objetivo, pero no por las razones que valen la pena: se escoge, no en función de una mejor adaptación a los intereses del Reino de Dios sino en función de una mejor adaptación al ideal narcisista del Yo.

Ya Freud nos había alertado de la gran analogía y similitud del comportamiento religioso con la neurosis obsesiva. En tal trastorno los comportamientos de autocontrol predominan en toda la actividad del sujeto. Frente a los contenidos reprimidos en el inconsciente y frente a la amenaza que experimenta de su irrupción a la conciencia, se ve obligado a vivir en una actitud de alerta permanente con relación a sí mismo. Existe en la neurosis obsesiva una extrema tensión entre las fuerzas del Ello y las del Superyó, de manera que el Yo se ve obligado a permanecer en una actitud de vigilancia constante y agotadora. ¿Cuándo el auto registro es liberador, concientizador e incluso mediador de la gracia y el actuar salvífico de Dios? La respuesta empieza con la palabra «depende». En una persona con trastorno obsesivo (y los hay muchos en el camino de la perfección) semejante ejercicio reforzaría su problemática. Mientras nosotros alentamos al ejercitante a anotar en su cuaderno las distintas mociones y a registrar con gran cuidado la ocurrencia de las conducta-problema, tenemos que tolerar la mirada inquieta del psicoanalista que ve en ello un caso típico, casi de libro, que podría ilustrar lo que sería una neurosis obsesiva. Registrar, contar cuántas veces, anotar, calificarse a sí mismo, son partes frecuentes del ritual obsesivo en personas que necesitan atención del psicólogo clínico.

¿A quién obedece el obsesivo? No es tan fácil decir que sólo le obedece a Dios. El obsesivo entra sin darse cuenta en un círculo vicioso que se alimenta a sí mismo. Su Yo torturado se debate entre pecado y expiación, entre ocurrencias de la conducta problema y auto reproches, entre Ello y Superyó. Cada ocurrencia lleva al auto reproche y éste a su vez aumenta la tensión para que se incremente la probabilidad de una nueva ocurrencia. Y así sucesivamente.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Por supuesto que lo arriba descrito no son sino caricaturas de la propuesta ignaciana. No era esa la intención del Santo, así haya pasado por un tiempo obsesivo despiadado que lo llevó a la ideación suicida en Manresa. Pero tales caricaturas han ocurrido cada vez que sin intentarlo de manera consciente, logramos una sesgada aplicación de la técnica del examen y un falso entendimiento de la actitud del mucho examinar. Los recelos y desconfianzas de los psicólogos en estos asuntos no siempre han estado faltos de justificación. Una mala comprensión de la propuesta ignaciana y un endeble equilibrio psicológico en los ejercitantes que fomentaron prácticas obsesivas con la anuencia de sus acompañantes, motivaron los recelos y desconfianzas de los psicólogos.

Quiero resaltar que el mismo Ignacio tuvo la iluminación y la gracia suficientes (a partir de su propia experiencia) para advertirnos del peligro de la deformación obsesiva. Cuando se refiere a los escrúpulos (de carácter y leguaje religiosos pero síntomas obsesivos por antonomasia) no vacila en considerarlos como pensamientos de fuera que expresan una tentación que el enemigo pone4. En esto hay una gozosa coincidencia con la psicología profunda contemporánea. Frente a los escrúpulos, el ejercitante ha de realizar un esfuerzo por evitar el quedar paralizado y bloqueado. Ignacio lo anima más bien, a alzar el entendimiento a su Criador y Señor5 y si no ve nada positivamente en contra de su servicio, lo anima también a lanzarse hacia delante. Con ello se busca que la duda, (el síntoma) quede ubicada en el lugar apropiado: no es más que una fuente de interrogación. No se le puede permitir que se convierta en motor de bloqueos obsesivos que impidan el avance.

Unas palabras finales; nadie tiene la garantía del éxito sin esfuerzos en el camino del crecimiento interior. Los mapas que nos trazan los guías espirituales, entre los que sobresale Ignacio, no dejan exento al ejercitante de zig-zags, dudas, retrocesos, vacilaciones e intensas búsquedas. Es un proceso al que no se le pueden demandar garantías Entre seres humanos todo comportamiento vitalmente significativo es polivalente, ambiguo, multicausado. Nuestra tarea tiene la duración de

4 Ejercicios Espirituales 347.

5 Ejercicios Espirituales 351.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

Alcances y riesgos psicológicos de la auto observación en los Ejercicios ignacianos nuestra vida. En Ignacio encontramos una herramienta muy útil. Discernir los pensamientos que vienen de fuera para percatarse de su origen en el buen o en el mal espíritu constituye una tarea siempre inacabada. Es la tarea de los Ejercicios en la vida del sujeto. Por ello, en la técnica del examen y en la actitud del mucho examinar, deberíamos atender principalmente lo que Ignacio nos insistía. Necesitamos ver, con la ayuda del acompañante, en qué acaba el discurso de los pensamientos6. El resultado tiende a definir la cualidad fundamental del proceso. Ya lo había el Señor: por los frutos los conoceréis... Es precisamente el resultado, la llegada, el fruto que ha de compararse con los valores del Reino en una sana teología. Si dichos resultados, corresponden con los valores y propuestas del Reino, podremos decir que en nosotros se abrió paso la gracia y la experiencia de los Ejercicios, con todo y exámenes, fue verdaderamente mediadora de la acción salvífica del Rey Eternal.

6 Ejercicios Espirituales 333.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 35-51

La experiencia de Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente

Clara Delpín, s.a.*

Durante el año de 1991 tuve la dicha de hacer los Ejercicios en la vida diaria. Recuerdo que llevaba tiempo sintiendo la necesidad de una oración estructurada. Deseaba más intimidad con el Señor y sentía la urgencia de que alguien hiciera camino conmigo. Lo que más gemía en mi ser en aquel entonces era poder decir: «Habla Señor, que tu sierva escucha». Busqué quien me acompañara en los Ejercicios en la vida. En aquel tiempo Roberto Jaramillo estaba elaborando unas guías para hacer los Ejercicios en la vida corriente y yo me convertí en la primera persona que primero los experimentó. Durante ocho meses Roberto me acompañó, encontrándonos semanal o quincenalmente. Como el deseo que tenía de aclararme a la luz de Dios era tal que organice ese tiempo para hacer de 2 a 3 horas de oración diariamente. Tomaba un buen rato por la mañana antes de misa y el trabajo, luego otro de 10 a las 11 de la noche.

Fue un tiempo de mucho escribir, de dejar caer escamas para que Dios me diera piel nueva. Fue tiempo de sentirme amada profundamente y desentirquesoloDiosledabaydaríasentidoamivida. Laluchasecomenzó a dar cuando me di cuenta de que había mucha «basura» estorbando mi relación con Jesús, que los y las amigas tenían que tomar otra dimensión en mivida. ¡Fuemásfácil descubrirlavoluntaddeDiosqueponerlaen práctica!

* Religiosa de la Comunidad Auxiliadoras del Purgatorio. Miembro del Equipo CIRE.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

Clara Delpín., s.a.

La experiencia de Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente

Para revivir en mi corazón lo que fue aquella experiencia he retomado el diario que llevé durante el tiempo que hice los Ejercicios. En la primera página encontré del Salmo 17 los siguientes versículos:

Señor escucha mis gritos, atiende a mis clamores, presta atención a mis plegarias...

Confirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no vacilen.

Soy yo quien te llamo, esperando tu respuesta, oh Dios, manifiéstate, Dios misericordioso...

Yo contemplaré tu rostro y cada día, al despertar, me saciare de tu semblante.

Sin saberlo en aquel entonces, esa experiencia de oración profunda me preparó para algo aún más profundo y más íntimo, que me ha traído aquí hoy.

Mis propias experiencias de oración, de haber hecho los Ejercicios en la vida, el acompañamiento tan oportuno y constante que he recibido, el notar las transformaciones que se van dando en mi a igual que la preparación académica me han llevado a ponerme en la disposición para acompañar a otros y otras. A la vez se que este es un don recibido de Dios y que yo solo soy instrumento del Espíritu.

EXPERIENCIA

En los Ejercicios Espirituales, Ignacio diseñó una adaptación efectiva de los Ejercicios de 30 días para las personas que no tienen la disponibilidad de retirarse 30 días1. En este retiro «en la vida ordinaria», el ejercitante lleva acabo su rutina común de trabajo y/o estudio y su vida social usual pero se compromete a un período de oración diaria, para así hacer los Ejercicios Espirituales durante los meses necesarios. San Ignacio descubriendo su propia experiencia de acompañante con este mé-

1 Anotación 19.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

todo sugiere hora y media diaria de oración y especificó un día para cada punto del 1°, 2° y quinto Ejercicios2, con el uso de las diez adiciones3. Después de esto el ejercitante pasa a la Segunda Semana.

Lo esencial de este tipo de retiro, es que el ejercitante vaya haciendo camino a través de la dinámica de los Ejercicios

Según el principio ignaciano de adaptarse a cada ejercitante, se encuentra en la práctica que el compromiso de tiempo para la oración puede variar desde media hora (a veces menos) hasta una hora y media según la persona. Los horarios de algunas personas son tales que hay quienes hacen media hora de oración por la mañana y otra media hora por la noche. Según el tiempo dedicado por cada persona, su caminar y necesidades; veo al ejercitante una vez a la semana o quincenalmente, a veces puede haber un lapso de tiempo más largo por razones personales de un lado o del otro, todo según los ritmos.

Para mi lo esencial de este tipo de retiro, es que el ejercitante vaya haciendo camino a través de la dinámica de los Ejercicios según el patrón de su vida cotidiana y a los movimientos del Espíritu que van en él o ella.

Al acompañar a las personas en los Ejercicios en la vida, mi acompañamiento sigue la dinámica y dirección de cuando acompaño en los Ejercicios de mes. El ejercitante va compartiendo las mociones o movimientos espirituales y las gracias que va recibiendo. A la vez que esto va ocurriendo y la persona se siente firme en lo que va viviendo, se sigue la marcha de los Ejercicios.

He descubierto que los Ejercicios en la vida corriente procuran una infraestructura o fundamento para el desarrollo de un ritmo de oración. Una ventaja de los Ejercicios en la vida, es la ocasión que permiten para la continua integración de todos los eventos de la vida, a un discer-

2 Ejercicios Espirituales 45-61 y 65-71.

3 Ejercicios Espirituales 73-90.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

La experiencia de Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente nimiento continuo de respuesta al Señor y el crecimiento hacia encontrar a Dios en todas las cosas.

¿Qué buscan las personas qué piden hacer los Ejercicios en la vida corriente? A esta se le pueden dar un infinito número de respuestas.

He tenido personas que quieren organizarse en su forma de oración con curiosidad de saber ¿qué son los Ejercicios en la vida ordinaria? Hay quienes seriamente buscan continuar y ahondar en la experiencia vivida de Ejercicios de ocho días. Hay quienes desean hacer un discernimiento prolongado, descubrir lo que Dios les está ofreciendo o ordenar sus vidas por medio de la oración y el acompañamiento.

Las personas que perseveran hasta la contemplación para alcanzar amor han terminado con mucho más de lo que se imaginaban. Sus palabras siempre son de gratitud al Señor, de maravillarse por tantos dones recibidos y muchas veces por cambios de actitudes tan profundos que se descubren como nuevas personas.

He tenido la gracia de acompañar a personas de diferentes estilos de vida. Señoras mayores que a través de los cursos o conferencias con el P. Baena decidieron hacer la experiencia. Grupos de mamás catequistas que se animaron a querer buscar y hallar la voluntad de Dios para vivir desde allí. En México tuve la oportunidad de acompañar a obreras y amas de casa pertenecientes a las Comunidades Eclesiales de Base. También he acompañado a personas de grupos minoritarios y por tal marginados de las diferentes pastorales. Estas personas a igual que un grupo de cuatro señoras, quieren compartir con ustedes algo de lo vivido mientras hacían los Ejercicios en la vida y lo frutos que han ido descubriendo.

* «Estaba peleado con Dios, me sentía como el joven rico, bueno. Por azares de la vida fui infectado de VIH hace 10 años. Inicié esta experiencia y he podido reconciliarme con Dios, he aprendido a disfrutar la vida; a ver a Dios como el Dios del amor»

* «Yo sabia que existía Dios como concepto pero solo hasta que hice el retiro, lo siento. Ahora puedo reconocerlo en mí, en el trabajo, en lo cotidiano. Ahora sé que tengo una misión y adonde voy»

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

* «He aprendido a orar, a sentir a Dios como alguien cercano»

* «Dios me ha ido llevando sin violencia a tomar conciencia del pecado social. Tanto así que estoy en este momento cambiando de rumbo, dejo mi despacho de abogado para hacer una maestría en trabajo social»

* «Los Ejercicios me centraron en la oración, me han ayudado a seguir un rumbo; han sido educación espiritual para mí y mi familia»

* «Me abrió puertas de vida. Cambio positivo en mí. Me ha proporcionado conocimiento y acercamiento al Señor. Al querer estar más cerca de El lo descubro en los pobres, humildes y sencillos. Ya no puedo vivir sin esa espiritualidad»

* «Me concientizó de la magnitud del pecado, a silenciarme en la presencia de Dios, a reconocer y llevar a cabo mi misión con los demás»

* «Aprendíadiferenciarlameditación delacontemplación,aguardar sagradamente mi momento de oración. El acompañamiento me ayudó a hablar de mí, mis sentimiento, rabias, miedos, mis búsquedas y deseos. Descubrí la suavidad de Dios»

Estaspersonas quehancompartido loanterior, continúan teniendo conmigo acompañamiento grupal o personal. Siguen tomando un fin de semana o puentes para crecer más en su vida de oración.

Los

Ejercicios me centraron en la oración, me han ayudado a seguir un rumbo; han sido educación espiritual para mí y mi familia

He podido compartirles la experiencia de ocho personas que perseveraron hasta el fin. También tengo que decirles que otras personas han comenzado y no han perseverado. Analizando este fenómeno descubro que todas han sido personas referidas, que comienzan con mucho entusiasmo y el mismo se les apaga en un dos por tres. Vienen sin preparación y quieren hacer la experiencia sin ella.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

Clara

La experiencia de Ejercicios Espirituales en la Vida Corriente

La preparación es fundamental ya que ayuda a la persona a adentrarse. En esta preparación utilizo ejercicios de imaginación, diferentes métodos de oración. Les pido que reflexionen sobre los retiros hechos, si han sido experiencias positivas o negativas, que reconozcan como viven su retiro anual o el anterior en su vida diaria. Vemos la historia de su vida de oración, imagines de Dios, de Jesús, de los textos favoritos con los cuales hacen oración. También vemos la disposición para el retiro: lo que quiere como fruto de la experiencia, temores para entrar, sus fragilidades, apegos de los que se tiene que liberar. Todo aquello que lleve a la persona a hablar de sí misma, de Dios y su experiencia de vida lo va liberando para abrirse a lo que Dios le quiera regalar.

No quita que a medida que pasa el tiempo en un acompañamiento, salen obstáculos como las transferencias y o incompatibilidades de personalidades o estilos. He tenido a una persona que hace regresiones y me llama mami. A medida que esto ha pasado he hablado con ella haciéndole notar que necesita otro tipo de ayuda.

Comencé la preparación con otro que pensó que ya estaba haciendo los Ejercicios por los frutos que iba experimentando

Acompañar es una experiencia tan larga, como también es un reto para mí. Igualmente vigilo y comparto lo que va pasando dentro de mí. Siempre hago oración por los que acompaño y pido al Espíritu por mí y por todas las personas que compartimos este ministerio.

Le doy gracias a Dios, a la Iglesia, a san Ignacio y a todas las personas que han compartido su caminar de fe. Esta experiencia de ser testigo de las maravillas que Dios realiza en mujeres y hombres que buscan decir «Tomad, Señor y recibid... dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta»4 .

4 Ejercicios Espirituales 234.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 52-57

Julio Jiménez, S.I.

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20

años de búsqueda

*

GRATITUD Y ALABANZA

Dice el Maestro Ignacio que el hombre ha sido «criado» para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y así salvar su ánima.

Pues bien, démonos un primer espacio para que juntos, alabemos al Señor Jesús, entendiendo la alabanza como el re-conocimiento en la fe de la obra silenciosa que ha ido realizando el Espíritu de Cristo Resucitado en los laicos(as), a través de la espiritualidad ignaciana. Muchos de ellos y ellas están aquí presentes.

En primer lugar quiero hacer una alabanza humilde pero llena de amor y gratitud para con Dios quien hace 20 años comenzó una obra buena, a través de los Ejercicios Espirituales Acompañados para laicos y sembró semillas que ya están produciendo generosos frutos. Creo que uno de ellos es este Simposio.

* Superior del Colegio san Ignacio en Medellín. Director de Ejercicios Espirituales Acompañados para profesores y padres de familia.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20 años de búsqueda

También un reconocimiento a los organizadores del mismo, al Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE), a la Facultad de Teología y al Centro de Pastoral san Francisco Javier de la Universidad Javeriana.

Gracias, además, a quienes han venido apoyando afectiva y efectivamente esta experiencia única en su género: entre ellos la Asociación de Colegios Jesuitas de Colombia (ACODESI) con sus dos presidentes los Padres Carlos Vásquez S.J. y José Leonardo Rincón S.J. y sus respectivos rectores; a la Universidad Javeriana y su seccional en Cali; a los Directores de Pastoral.

Los Ejercicios Espirituales han transformado muchos corazones y muchas vidas y han sido fuente de importantes cambios sociales y culturales

Finalmente el reconocimiento, la alabanza y la gratitud a los Acompañantes: 52 jesuitas y 14 laicos, sin los cuales hubiera sido imposible desarrollar esta misión apostólica en nuestra Iglesia a través de la Compañía de Jesús. Es motivo de consolación que sólo en este año, hemos compartido esta experiencia con 235 ejercitantes y 37 Acompañantes. Se han realizado 47 experiencias en estos 20 años.

Reafirmamos hoy lo que dice el Maestro Ignacio con respecto a los Ejercicios Espirituales: «Es todo lo mejor que en esta vida podemos pensar, sentir y entender, tanto para que las personas crezcan y vivan plenamente sus vidas, como para que den frutos abundantes de buenas obras en bien de los demás».

Con mucha razóndijoel actualP. General, Peter-HansKolvenbach S.J., que los Ejercicios Espirituales «han transformado muchos corazones y muchas vidas y han sido fuente de importantes cambios sociales y culturales».

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

PEQUEÑA

HISTORIA DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES ACOMPAÑADOS CON LAICOS(AS)

EN LA PROVINCIA COLOMBIANA

La historia de los Ejercicios Espirituales Acompañados para laicos(as) en Colombia se remonta al año de 1978, cuando el inolvidable Pedro Arrupe, llamado por algunos, el segundo fundador de la orden jesuita, convocó a un seminario en Roma para prepararnos en la formación de las Comunidades de Vida Cristiana (CVX). Eramos unas 40 personas con una buena representación de laicos.

La experiencia que más me impactó, fue la de los Ejercicios Espirituales de 10 días. Hubo un hecho significativo: cada ejercitante tenía su Acompañante. Pronto me di cuenta que la novedad consistía en volver a las fuentes, es decir, a la forma como el Maestro Ignacio acompañaba a las personas. Hoy lo vemos normal e indispensable, pero en la década del 70 no se conocía en Colombia. Llevaba 13 años en la Compañía de Jesús y nunca había tenido la oportunidad de un seguimiento tan riguroso de mis mociones, confrontación con afectos desordenados y absolutizaciones que me impedían vivir en aquella paz que brota de un estar más ordenado en el amor del Señor Jesús.

Además, vi algo completamente extraño para mí: una señora, laica y procedente de Alemania, acompañaba a los jesuitas de esa provincia. Esto estaba en contra de todos mis esquemas y paradigmas. Me preguntaba: ¿Cómo un sacerdote jesuita y alemán podría contarle sus intimidades a una mujer laica? ¿Tenía ella suficiente preparación y conocimientos filosóficos, teológicos y psicológicos para prestar dicho servicio? ¿Cómo permitieron los superiores esto tan distinto a lo que yo consideraba como nuestro modo de proceder? No comprendía que los laicos y menos una mujer podría estar en niveles que los consideraba exclusivamente para hombres consagrados a la Iglesia católica.

Aquellos sentimientos brotaban de la formación que había recibido desde niño: hijo de una familia conservadora, que pertenecía a una Iglesia jerárquica, vertical, religiosa, machista, en la cual los laicos y más las mujeres, estaban lejos de Dios, lejos de la liturgia, lejos de la estruc-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20 años de búsqueda tura rígida jesuítica y lejos del apostolado que ya tenían sus dolientes: los religiosos(as).

Después de 20 años observo, gracias a Dios, cómo las cosas han cambiado radicalmente. Antes no comprendíamos el papel del Acompañante en un proceso de discernimiento y confundíamos el acompañamiento con una Dirección Espiritual o una confesión. El mal llamado Director de una tanda de ejercicios se preocupaba más por el discurso del contenido que por el proceso de discernimiento de cada uno de sus ejercitantes. El número de asistentes era tan abundante que se dificultaba enormemente hacer un seguimiento.

En medio de tanta limitación, el Espíritu Santo tiene sus caminos y Él se las arregló para hacer grandes obras en esas criaturas. Pero sería una falta de responsabilidad histórica el no corregir las falencias y el no adaptarlos para laicos según «tiempos, lugares y personas».

Fui comprendiendo poco a poco que los Ejercicios Espirituales son ante todo un examinar la conciencia. Entendiendo ese examinar como hacer introspección en el proceso misterioso y continuo de la revelación de Dios en lo más profundo del ser humano, con el fin de «preparar y disponer el ánima, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y después de quitadas para buscar y hallar la Voluntad divina».

Tres años después de la experiencia de Roma, en Medellín, exactamente en 1981, una estudiante de medicina, quien en su bachillerato había recibido todos los cursos posibles de formación cristiana, quiso profundizar más su experiencia y al ofrecerle los Ejercicios Espirituales quedó tan entusiasmada con la propuesta, que hicimos en dicha ciudad la segunda experiencia con universitarios y profesores del Colegio san Ignacio. Ella, después de una preparación fue invitada a El Salvador acompañando a unas religiosas españolas quienes quedaron satisfechas por este servicio prestado por una joven común y corriente.

Y así poco a poco, hemos ido trabajando con laicos durante dos décadas en las cuales ellos, especialmente las mujeres, han encontrado su identidad, su misión apostólica y su espiritualidad.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

CAUSAS DEL ÉXITO DE LA EXPERIENCIA DE LOS EJERCICIOSESPIRITUALESACOMPAÑADOSCONLAICOS

1. En primer lugar, como lo decía al comenzar mi intervención, la gracia de Dios es la que está manifestando su presencia en los laicos de una manera generosa. Suelo decir, al iniciar cada experiencia que Dios es el anfitrión, el autor, el actor y protagonista de la misma.

2. La apertura, credibilidad y generosidad de los laicos para con la experiencia. Ellos encuentran un nuevo sentido a su vida. Trascienden sus conflictos existenciales y se abren a una experiencia personal y renovadora de Dios. Además, el testimonio y el cambio de vida. Por ejemplo, en los últimos Ejercicios realizados en La Ceja, había un sacerdote de la diócesis de Medellín y nos invitó para que coordináramos una experiencia con el clero. Le acepté con una condición, que la mayoría de los asistentes fueran laicos para que los sacerdotes aprendieran a orar y a discernir. Si decimos que los pobres nos evangelizan, los laicos nos «ignacianizan».

La gracia de Dios es la que está manifestando su presencia en los laicos de una manera generosa

3. Otro factor que ha contribuido al éxito de este 20 aniversario es el respeto que hemos tenido con lo que descubrió Ignacio: la secuencia del proceso, las sugerencias para quien da los Ejercicios y para quien los recibe. Respeto por esa gran sabiduría del Santo quien nos da unas herramientas muy sencillas para que los laicos(as) puedan tener una profunda experiencia con el Señor.

4. Aceptación del ritmo personal de cada ejercitante, de su historia, de su proceso y de su vida como el lugar del acontecer divino. Observamos que quienes van por primera vez, realizan lo que se podría denominar unos pre-ejercicios en los cuales, ellos aprenden a orar, a descubrir el valor del silencio exterior como un medio de vislumbrar, «sentir y gustar» a Dios dentro de sí mismos. Valoran la presencia del Acompañante no como un confesor ni director sino como una persona espiritual que ya ha tenido su experiencia y preparación y que está en capacidad de

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20 años de búsqueda

escuchar, reflejar, confrontar, sugerir e interpretar la forma como la gracia de Dios se va comunicando con el ejercitante.

El silencio y el Acompañante son, para los principiantes, como una especie de fantasmas que transmiten temor e inseguridad. Pero a partir del cuarto día de ejercicios, se convierten en los mejores amigos, como lo decía un profesor.

En este primer nivel quien hace los Ejercicios aprende también a superar imágenes falsas e incompletas de Dios y por lo tanto de ellos mismos, a sanar heridas y a descubrir, la mayoría de las veces, la forma como pueden encontrarse en la oración con el Dios revelado por Jesús. Los más motivados, que no son pocos, quedan tan entusiasmados, que manifiestan su deseo de continuar la experiencia. Allí es cuando la secuencia ignaciana aparece como el camino predilecto para el seguimiento de Jesús.

Hemos aprendido que las personas que van por primera vez no deben recibir en 8 días, todo el contenido de los Ejercicios Espirituales. Es contraproducente. Simplemente no lo asimilan aun cuando terminen muy contentos.

También es bueno examinar los motivos por los cuales quieren realizar la experiencia. A veces no son tan sanos, como el de querer ganar imagen frente a los directivos o adquirir una seguridad laboral. De ahí la importancia de la selección, preparación e inducción de los aspirantes. El mal se camufla y debemos estar muy atentos.

Hemos descubierto, gracias a los laicos, el valor de los medios espirituales y psicológicos que el Maestro Ignacio sugiere en su experiencia: las adiciones, la forma de proponer la oración y su evaluación, la secuencia, el ofrecimiento de obras y el examen diario que lo llamamos Pausa Ignaciana, para evitar esa connotación moralista de dividir el bien y el mal.

RealmentelosEjerciciosEspiritualesdeIgnacioson unapropuesta que está al alcance de los laicos con el fin de tener una profunda experiencia con el Resucitado.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

RETOS

1. ¿No habrá que profundizar más en la teología laical, en sus ministerios y en su autonomía apostólica, con una visión de Cuerpo, como lo propone san Pablo? Es muy disiente que un laico, el de Nazareth no pertenecía ni era descendiente de la tribu de Leví y nos vino a presentar un nuevo orden, una nueva forma de existir, una nueva alianza, un Nuevo Testamento, que queremos re-descubrir ya que quizá olvidamos su modo de proceder. Ignacio, otro laico, nos regala una espiritualidad laical.

El mismo Padre General dirigiéndose a los jesuitas afirma: «Olvidémonos de la Compañía de Jesús y vayamos a Ignacio, a nuestra experiencia fundante» que de allí surgirán nuevas fuerzas para todos.

2. La experiencia, personal e individual de Ignacio quien comenzó «solo y a pie» y terminó acompañado, con una visión corporativa de su comunidad. Las Constituciones sistematizaron su experiencia. ¿Cómo aglutinar tantas experiencias individuales? Si las CVX son una camino a seguir, ¿dónde están los animadores?

TESTIMONIOS DE ALGUNOS LAICOS

Un ingeniero electrónico, Magister en administración de los Andes y directivo de Tecnología y Gerencia, dice que la espiritualidad ignaciana lo lleva a tomar las decisiones empresariales concretas en su vida cotidiana que construirán un mejor país. Afirma: «Una de las manifestaciones de esto será la construcción de una cultura empresarial cimentada en valores cristianos (...) que redundará en relaciones y estructuras económicas «nuevas», más justas y evolucionadas»1 .

Una psicóloga de esta universidad, Directora administrativa y Financiera de «Tecnología y Gerencia» y madre de familia , después de sus Ejercicios Espirituales Acompañados afirma que a Dios lo ubicaba fuera

1 CARLOS ERNESTO PÉREZ, Un laico común y corriente en la corte del Señor Jesús: Apuntes Ignacianos 32 (2001) 77.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

Los Ejercicios Espirituales acompañados para laicos. 20 años de búsqueda de ella. Y luego de su experiencia dice: «Lo reconfortante de todo esto es que, hoy, puedo reconocer que El sí estuvo presente siempre, dentro y fuera de mí, y fue el que finalmente me sacó del abismo de oscuridad y confusión»2 .

Una pedagoga, licenciada en Didáctica y Dificultades del aprendizaje escolar y coordinadora académica del Colegio san Ignacio de Medellín descubrió en su tercera experiencia de Ejercicios Espirituales Acompañados el sentido comunitario de la espiritualidad cristiana. Afirma: «En esta experiencia integré al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo porque era necesario entender que de ellos nacían el sentido comunitario que siempre hemos tratado de vivir con muchas limitaciones. Así, nunca podremos ser sin los demás, ya que el Dios Trinitario vive en cada uno de distintas formas, convocándonos a buscar intenciones claras, buenas, con una proyección para sacar adelante la felicidad de los seres humanos»3 .

La socióloga, licenciada en enfermería y Coordinadora del Programa de Formación y acción Social del Colegio san Ignacio, dice: con la espiritualidad ignaciana «conecté polo a tierra y logré aterrizar de una espiritualidad impersonal y etérea a una que me colocaba en el seguimiento de un Dios encarnado, de un Jesús vivo y presente en mí, en mi familia, mis amigos, mis compañeros y muy especialmente en las personas que sufren la pobreza y marginación»4 .

A través de las experiencias, historias y retos que he compartido con ustedes he querido ofrecer el contexto en el cual venimos realizando los Ejercicios Espirituales. Una experiencia en la que religiosos y laicos nos hemos visto beneficiados y con la que hemos aportado igualmente al proceso vital de otros. Sea también ésta, una forma de invitar a aquellos de ustedes que quieran conocerla o proseguir en la experiencia, a seguir caminando y construyendo con nosotros.

2 PATRICIA SANTANARIA O., Encuentro inesperado: Apuntes Ignacianos 32 (2001) 88.

3 GLORIA MARÍA JARAMILLO C., De una niña prisionera de sí misma a una mujer libre para servir: Dios en los Ejercicios Espirituales: Apuntes Ignacianos 32 (2001)98.

4 SOL BEATRIZ BEDOYA, La espiritualidad ignaciana, el camino para encontrar el sentido de mi vida: Apuntes Ignacianos 32 (2001) 107.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 58-65

Tatiana Sotomayor

Mi experiencia como ejercitante: un sí que reitero día a día

Tatiana Sotomayor*

Q... por este nombre de ejercicios espirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mentalmente y de otras actividades espirituales (...) Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitarlas, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma, se llaman ejercicios espirituales1 . uisiera empezar agradeciendo de corazón esta generosa invitación para compartir con ustedes mi compromiso cristiano como laica. Acepté sabiendo que hay laicos y laicas con un camino espiritual más largo y profundo que el mío. Espero que mis palabras hagan justicia también a sus experiencias y puedan ser de un modo u otro representativas de un sentir comunitario.

* Psicopedagoga. Encargada de los Ejercicios Espirituales en el Centro de Pastoral san Francisco Javier de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

1 Ejercicios Espirituales 1.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

Mi experiencia como ejercitante: un sí que reitero día a día

EL ENCUENTRO CON UN CAMINO ESPIRITUAL

Para empezar debo decir que fui educada en una familia católica del tipo al que pertenecen muchas familias en Colombia: católicas no practicantes, con hijos bautizados por tradición sin muchas consideraciones sobre las implicaciones del sacramento. Hice la primaria en el colegio Refous y el bachillerato en Sans Façon, después estudié Pedagogía y me desempeñé como docente en los Colegios Liceo Francés, English y Helvetia.

Hace unos años empecé a sentir que a pesar del alto nivel de satisfacción que otorgaban mi familia, y mis condiciones de trabajo y de salud, 'algo' me faltaba; entonces, inicié mi búsqueda. Mis hijos en ese momento estudiaban en el Colegio San Bartolomé la Merced y mi esposo y yo éramos coordinadores de la Escuela de Padres. Fue en ese contexto donde oí hablar por primera vez de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio.

Debo confesar que en las primeras oportunidades que escuché la expresión 'Ejercicios Espirituales' no podía evitar pensar en horas enteras de rodillas con camándula en mano; lejos de mí imaginar que se trataba más bien de un ejercicio del Espíritu en donde me encontraría conmigo misma y con el Señor.

Viví por primera vez la experiencia de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio en Bucaramanga. Allí toqué fondo: entendí que los Ejercicios me invitaban a una experiencia de ordenamiento, no libre de dolor... Los Ejercicios descubrieron e iluminaron mi mundo interior, leí mi historia personal de otra manera y empecé a verla con otros ojos. Descubrí que, en verdad, no importaba lo que había sucedido sino lo que podía hacer con los acontecimientos del pasado. Me encontré de frente con el Señor y pude experimentar que me daba la mano suave y dulcemente en ese proceso de sanar y ordenar. Entendí también que de esa experiencia se derivaba un compromiso con un proceso a largo plazo. Existían en mí actitudes que debía conservar, otras de las que debía prescindir, algunas más que debía transformar. Esa fue mi tarea fundamental a lo largo de aquellos 10 días y aún continúo en ello. En esa primera experiencia lo

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

Tatiana Sotomayor

más importante fue encontrar un modo de aceptar la existencia, y fue precisamente esa 'aceptación' la que me llevó a decir sí, a desatar un proceso sin fin consistente en un permanente instante de reflexión.

Así fue como decidí dejarme acompañar por Él, hacer silencio y aprender a escuchar. Debo reconocer que el aprendizaje de la escucha no ha sido fácil: Él tiene una manera muy especial de comunicarse con nosotros que en muchos casos se asemeja a la experiencia de Elías en el monte Horeb, cuando descubrió que el Señor no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en la brisa suave2 .

En esa primera experiencia de Ejercicios experimenté también el regocijo de ser 'perdonada'. Los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola me han permitido pasar de pecadora a perdonada gracias a la divina misericordia. Hoy puedo decir que dividieron mi vida en dos, porque me propiciaron el maravilloso descubrimiento de la presencia constante del Señor a lo largo de toda mi vida.

PROSEGUIR EN EL CAMINO

Después de aquella primera experiencia vinieron otras más: diferentes lugares, diferentes momentos, diferentes acompañantes: Santa María de los Farallones, La Ceja, san Pedro de los Milagros, Villa Asunción, Villa Marianela, Santandercito. Igualmente vinieron otros aspectos y modos del aprendizaje: los modos de la oración, el examen diario, la vida cotidiana como una oportunidad permanente para la oración, los Ejercicios en la vida corriente.

Poco a poco lo que había descubierto en los Ejercicios empezaba a formar parte de mi vida cotidiana. Descubrí como un modo muy valioso de la oración, orar lo que nos sucede día a día, aquellas dificultades o El Señor no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en la brisa suave

2 Cfr. 1 Re 19, 11ss.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

Mi experiencia como ejercitante: un sí que reitero día a día situaciones que debemos poner en manos de Dios: la vida familiar, la crianza de los hijos, las relaciones en el trabajo. Y cada cierto tiempo volver a concederme un espacio de mayor silencio. Para mí es ahora necesario retirarme un período cada año para tener unos días de reflexión, de encuentro personal con Dios. Este caminar me ha invitado a proseguir en el trabajo de transformación, para que con la vida transformada, transforme mis relaciones personales y me solidarice con el dolor y sufrimiento de los otros. De esta forma aspiro a ser capaz de decir sí, ahora de una manera consciente, a la invitación que implica el sacramento del bautismo.

En esta segunda etapa también surgió en mi el interés por seguir profundizando en la vida de Ignacio de Loyola, en su obra, y en mi conocimiento personal para seguir avanzando por esta ruta.

A medida que prosigo por el camino descubro que el aprendizaje de la escucha no acaba. En años pasados viví momentos de confusión y angustia, creía estar actuando de manera correcta, sin embargo sentía una gran desazón interior y necesidad de cambiar de rumbo. Era Él que me hablaba y yo no quería escuchar. Claro, escuchar puede ser incómodo... Pero Él es paciente, tolerante, no nos presiona, nos respeta, nos deja libres y nos ama, aunque también persevera pese a nuestros intentos por permanecer en la comodidad. Está ahí brindándonos medios para que lo busquemos y encontremos.

Creo que cada vez entiendo más lo que significa ser peregrina, al estilo de Ignacio, hacer opciones y rehusar caminos incorrectos «poner el amor más en las obras que en las palabras»3, lanzarme personalmente a acciones concretas, y buscar de manera permanente a través del discernimiento y la oración la voluntad de Dios en mi vida.

3 Ejercicios Espirituales 230.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

AYUDANDO A CONSTRUIR

Uno de los sueños que se ha hecho realidad en mi vida ha sido ser acompañante de otros en Ejercicios Espirituales, en retiros y en los Ejercicios en la vida corriente (EVC). En un momento dado, sentí un llamado a acompañar, así como yo había sido acompañada. También sabía que para llevar a cabo este apostolado no era suficiente tener voluntad, debía prepararme. Fue así como llegué al Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios - CIRE en donde un equipo de Jesuitas trabajan, entre otras, en la labor de formar acompañantes, formar personas para trabajar por el reino. Desde entonces son para mi un grupo de apoyo importante porque crezco en la fe, profundizo en la Espiritualidad Ignaciana y me acompañan. Con ellos he aprendido que nadie puede acompañar si no es acompañado.

Para que nos cambien los Ejercicios, se necesitan una serie de condiciones principalmente, debemos llegar a ellos libres, disponibles y con una actitud muy generosa

Muchascomprensionesadicionales sobrelanaturalezadelosEjercicios y sus requerimientos han surgido de esta aproximación más profunda. He comprendido, por ejemplo, que para que nos cambien los Ejercicios no basta decir sí a vivir una experiencia de este tipo, no es un acto de magia, no cerramos los ojos y al abrirlos somos otros, no. Se necesitan una serie de condiciones para que se dé el cambio y para que crezcamos espiritual y apostólicamente. Principalmente, debemos llegar a ellos libres, disponibles y con una actitud muy generosa. Subrayo estos tres elementos porque pienso que es necesaria una gran apertura al movimiento, apertura a traspasar las fronteras y los esquemas preconcebidos, aceptación de la necesidad de transformación. Lo anterior implica que debemos estar abiertos al Dios de las sorpresas. No empeñarnos en la resolución de un asunto en particular, ni pensar que los Ejercicios empiezan y concluyen en el tiempo destinado para el periodo de aislamiento. Los Ejercicios Espirituales son el inicio de un proceso, la puerta que debe ser traspasada para proseguir por el camino. No pode-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

Tatiana Sotomayor

Mi experiencia como ejercitante: un sí que reitero día a día

mos creer que la espiritualidad avanza a saltos de canguro: una semana cada tanto, olvidando todas las horas y los minutos entre uno y otro... Es nuestra vida el telón de fondo de la experiencia de los Ejercicios, es allí en donde Dios acontece, es esa vida la que será cuestionada, iluminada y acompañada por la fuerza del Espíritu Santo.

Los Ejercicios requieren de silencio, pero nuestro quehacer cotidiano, los estudios, trabajo, apostolado, nuestras relaciones, nuestra familia no pueden quedar fuera, es ahí en donde se da la 'praxis' y donde toma gran importancia el discernimiento, pues nos preguntamos qué quiere y qué necesita el Señor de nosotros.

Por último creo que es importante tener de manera permanente un acompañante para confrontar; alguien que nos apoye en las dificultades y en el discernimiento de las mociones, alguien que nos ayude a descubrir el ritmo y la forma de oración que más nos conviene.

UNA INVITACIÓN

Después de vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales me he sentido invitada a establecer relaciones más justas y humanas en donde yo colaboro en mis diferentes roles:

Como esposa y madre a ser compañera y acompañante, compartiendo con ellos lo que viven y enseñándoles a mis hijos a tener a Dios presente en sus vidas.

En mi trabajo, invitando a otros a vivir la experiencia de Ejercicios Espirituales de san Ignacio que nos pone bajo la bandera de Jesús, que nos lanza a acompañarlo en el anuncio de la buena noticia, que nos pide el mayor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y nos exige el seguimiento de Jesús pobre, humilde y en la cruz.

Por encima de todo quiero ser coherente con mis valores personales y viviendo en la fe. Sé que no es fácil, cada vez reconozco más la exigencia de este camino, pero Él me promete su abundante ayuda, «al que mucho se le da mucho se le exige», sé que no estoy sola, tengo la

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

responsabilidad de ser semilla con otros, de darle a Dios el lugar que le corresponde como centro y sentido de mi vida. En la medida en que mi común-unión con Él y mi capacidad para escucharlo se afinen podré tomar mejores decisiones. Una de las claras manifestaciones de esto será la construcción de unos valores cristianos en comunidad: coherencia, transparencia, verdad, justicia, tolerancia.

Por eso la invitación es a todos los laicos, que de una u otra manera sentimos un llamado especial a trabajar apostólicamente en la misión de la Compañía de Jesús, la que sentimos nuestra y de la que también nos sentimos responsables. De acuerdo a la vocación de cada quién la misión nos pedirá distintos servicios, uniéndonos en un mismo propósito apostólico a vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales, a vivir en comunidad, a participar de la vida sacramental y ser agentes activos en programas en donde podamos servir al más pobre y necesitado.

Los invito también a decir sí a su llamado, a trabajar para ser mejores personas, a dar más a los otros, a que sea Él nuestro referente para que construyamos entre todos el Reino y de esta manera nos comprometamos con la causa, «Ser más para servir mejor».

No quiero finalizar sin dar las gracias al Señor por su presencia en mi vida por su perdón y profundo amor para conmigo. Gracias igualmente a la Compañía de Jesús con la que trabajo hace aproximadamente 7 años (desde julio de 1999 en la universidad), gracias por confiar en mi. Y por último, gracias a mi familia, a mi esposo y a mis dos hijos Juan Andrés y Sergio por haber cedido espacios para permitirme realizar mi apostolado con el que me siento comprometida y al que me siento llamada.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 66-72

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

¿Qué puede aportar el

Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

SENTIDO DE ESTA REFLEXIÓN

San Ignacio de Loyola propone como Ejercicios Espirituales unas prácticas que disponen para vivir la experiencia de Dios, cuyo resultado es el ser humano «ordenado». Sus anotaciones, reglas, meditaciones, están destinadas a favorecer la entrada en el dinamismo interno de la experiencia espiritual profunda. Y el referente es la experiencia de Dios del mismo Ignacio.

Hay una capacidad que para san Ignacio es central en el proceso de los Ejercicios y la va a convertir en materia de petición constante: «el conocimiento interno». Se pide en momentos claves: en la Primera Semana se pide «interno conocimiento de mis pecados»1, es decir comprensión interna del proceso de desorden interior; en la Segunda Semana: «conocimiento interno del Señor»2 para referirse a la disposición que permite la penetración profunda en el texto evangélico para llegar al

* Asistente del P. Provincial en el área Socio-Pastoral. Consultor de Provincia.

1 Ejercicios Espirituales 63.

2 Ejercicios Espirituales 104.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

contacto con Dios en Jesús y en la Contemplación para Alcanzar Amor dice: «pedir conoscimiento interno de tanto bien recibido». Cada uno de los pasos de los Ejercicios pretende despertar ese conocimiento interno que se da en el corazón: el silencio, el «reflectir»3, el imaginar, el aplicar sentidos interiores, conducen al centro, al fondo donde brota el «coloquio». Se trata de un proceso de «conocimiento interno» que lleva a que se vaya «encendiendo el fuego del corazón»4, es decir a «afectarse»5, a despertar la gran pasión por Dios. Es el proceso interno que nos transforma.

En esta exposición pretendo compartir los aportes que he encontrado en el ejercicio de la meditación Zen para desarrollar la capacidad de «conocer internamente», creando las condiciones que permiten que del proceso interior vaya surgiendo la «oración» (como contacto transformador con Dios, unión de la rama con el tronco), además de abrir a recibir el don de la gracia mediante su proceso de quietud y vacío.

Comenzaré con algunas pinceladas acerca del Zen y la forma como éste nos puede ayudar a llegar a nuestro centro, el corazón. Enseguida haré algunas reflexiones sobre el conocimiento interno, una dimensión del conocimiento que es esencial a la vida espiritual. Será indispensable mirar más de cerca al «corazón» órgano de ese «conocimiento interno». Dado que la meditación Zen favorece el silencio interior, abre al conocimiento interno y facilita el acceso al corazón, podremos comprender por qué es un instrumento que podrá estar presente en la práctica de los Ejercicios que nos preparan para la contemplación de la vida de Cristo en el texto evangélico, de una manera que favorezca la experiencia que desencadena el proceso de transformación.

3 Ejercicios Espirituales 108.

4 Lc 24, 32.

5 Ejercicios Espirituales 97.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

¿QUÉ ES EL ZEN?

El Zen o Zazen (meditar sentado), es una técnica de meditación que tiene su origen en la experiencia que Buda tuvo hace 2.500 años y que transmitió a sus discípulos: lograr la visión de la naturaleza de nuestro Espíritu. Pero en el ámbito espiritual, cuando se habla de técnica es necesario saber que no se habla de algo exterior. Como dicen los orientales «la técnica perfecta es el Tao6 y el Tao vivido es la técnica». Pues bien, el Zen es una técnica de meditación que en sí es ya una expresión de lo más profundo que nos habita. Si bien aquí voy a detenerme de manera particular en el aporte que hace al «conocimiento interno», el ejercicio de la meditación Zen llega a ser un modo de «orar el cuerpo», «formaespacio-temporaldelespíritu» parautilizarlafrasedeKarlRahner7 .

En la práctica del Zen se asocian de manera integralmente, cuerpo, siquismo y alma, introduciéndonos en la rueda de la metamorfosis: proceso de vaciarse, desprenderse, soltar, para abrirse, recibir y llenarse del Espíritu.

ComienzoportomaralgunoslineamientosdelMaestroT.S.Suzuki en su libro «Los Caminos del Zen»8. El Zen pretende introducirnos a un mundo profundo en el que logramos saber cuál es el objetivo de la vida el cual está en función de la visión de la naturaleza de nuestro Espíritu. Para ello hay que escrutar con profundidad este Espíritu, lo cual no tiene nada que ver con la reconstrucción conceptual de la experiencia. Para lograrlavisióndelanaturalezadenuestroEspíritutenemosqueliberarnos de las cadenas de la noción de espíritu. La liberación consiste en «establecer tranquilamente» lo que es y al mismo tiempo ver de manera penetrante e íntima la naturaleza de su propio ser, el Espíritu9. Digámoslo

6 El término chino Tao significa «camino». También su ideograma representa la ley que rige la vida del hombre, su felicidad y su desgracia, sus éxitos y sus fracasos, su nacimiento y su muerte. También puede significar «método», «procedimiento», «doctrina», «enseñanza». (Cfr. LAO ZI, El libro del Tao, Ediciones Alfaguara, Madrid 1983, XXIII.

7 Citado por K. G. DURCKHEIM, El Camino, la Verdad y la Vida, Sirio, Málaga 1987, 92.

8 Cfr. DAISETZ TEITARO SUZUKI, Les Chemins du Zen, Editions du Rocher, Paris 1990, 45-51.

9 Ibid, p. 46.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

con una frase muy característica de Zen: encontrar el Espíritu allí donde este no se puede encontrar lo que da por resultado que el «Espíritu» se establezca de manera tranquila en nuestra vida. Este contacto profundo con el Espíritu es una inmensa apertura al conocimiento interno o conocimiento silencioso, como veremos más adelante. El Zen nos ayuda a poner entre paréntesis nuestra actividad racional y nos abre el camino hacia una forma de conocer más intuitiva, un acceso a lo más íntimo de nosotros mismos, a una percepción más honda de lo que nos habita, somos y nos mueve. Es un importante vehículo para hacer un viaje sin salir de casa.

El Zen ve a los seres humanos como reyes desposeídos, sin memoria para todo aquello que les concierne, dotados de un sentido natural de justicia y orientados instintivamente hacia la felicidad y la belleza, pero que se encuentran en la inmensa escena del mundo como actores sin papel, desarraigados, llevados y traídos por los diferentes sucesos de la vida. El ejercicio de la meditación Zen pretende ayudarnos a «volver a la condición original», yendo allí donde la vida se desarrolla, donde se da el combate real, allí donde la vida se realiza plenamente: sin separación entre uno mismo y los demás a fin de lograr la verdadera libertad; esto hace posible que podamos ser transparentes a esa Vida que está en lo más hondo lo que nos conduce a comportarnos de la manera más oportuna y la mejor adaptada a cada situación10. El Zen provoca que la vida sea vivida a partir de su fuente misma. Entonces vivir se convierte en un arte, el Camino supremo del cual todos los caminos y todas las actividades humanas forman parte.

El Zen es la simplicidad y el desprendimiento que brota de la impermanencia de las cosas. «Al apreciar todas las cosas como impermanentes no podremos apegarnos a ellas y simplemente las veremos pasar. No es un desprendimiento frío, impasible: es un desprendimiento lleno de amor. Las personas sufren y permanecer indiferente sería un

10 Cfr. GUIDE PRATIQUE DU ZEN, Association italienne Zen Soto, Editions de Vecchi, Paris 1992, 11.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos? juego más del ego que busca una posición de poder. El verdadero desprendimiento es tener una mirada constantemente vuelta hacia la vida que palpita en nosotros, no simplemente hacia nuestros pequeños deseos. Es cultivar una verdadera pasión por la vida, por lo tanto una gran calidez»11. Esto hace recordar las palabras de san Ignacio en el Principio y Fundamento acerca de que «es menester hacernos indiferentes»12 para lograr cumplir la Voluntad de Dios que no es otra que el que vivamos la vida en plenitud.

Esta fue la invitación de Buda: «No estés fuera de este mundo. Siéntate con todo tu ser y sumérgete en el proceso vital de la realidad. En ese momento preciso tus sentidos funcionan lúcidamente aunque no lo creas. Siéntate en Zazen, mantente bien derecho: la vida está ahí delante de ti, contigo. En ese momento eres completamente transparente a la realidad… en Zazen no te apegues a nada, no pienses que luego podrás lograr un resultado».

El verdadero desprendimiento es tener una mirada constantemente vuelta hacia la vida que palpita en nosotros, no simplemente hacia nuestros

pequeños deseos

La práctica de la meditación Zen consiste en «guardar el espíritu concentrado como al borde de un abismo, sin que nada comprometa su imperturbabilidad» para encontrar la morada de todos los pensamientos, ejercitar una visión penetrante de la naturaleza del Espíritu. El objeto de esta meditación es experimentar lo que es inmutable en lo mutable sin interrumpir el movimiento; por eso laconcentración esunestadodeextremaactividad y de ninguna manera una simple quietud o pasividad. Se trata de un estado de espíritu interno en el cual los agentes de turbación y de confusión, las cadenas de las formaciones mentales se rompen. El espíritu no experimenta ninguna aspiración, no hay búsqueda aquí o allá, nada de esfuerzo para lograr algo, ni de rechazo, ni representación de nada; no hay vida ni muerte, ni memoria, ni

11 Ibíd., p. 43.

12 Ejercicios Espirituales 23.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

intelección. Aunque se hable de espíritu según el lenguaje convencional, no hay realmente espíritu, el espíritu es no-espíritu. Se trata de alcanzar un nuevo estado de conciencia más allá de todas las tentativas intelectuales para descubrir la morada de todos los pensamientos, de todos los deseos. Es el acceso al silencio interior, a la percepción sin conceptos ni actividad racional, al aquietamiento de la mente, a la escucha de las voces interiores, a una forma de percibir que nos conduce a dimensiones hondas del vivir cotidiano.

El Zen es una actitud que busca la realidad última más allá de la comprensión del intelecto humano. El Zen tiene una serie de negaciones detrás de las cuales existe en realidad la afirmación de una verdad superior.

Por lo anterior la meditación Zen puede ser una ayuda importante para abrirnos a la experiencia viva de Dios y a la íntima toma de conciencia de Cristo lo cual nos lleva a abrir los ojos a la Verdadera Vida. La verdadera liberación en lo más profundo de nosotros es la experiencia del Cristo interior. Es la frase de Pablo que dice: «vivo yo, ya no yo es Cristo quien vive en mi»13. Será el descubrimiento de la Unidad con Dios de la que habla Jesús cuando dice: «Ustedes son los sarmientos yo soy la Vid»14. La experiencia de la unidad implica una íntima conciencia de participar en ese Todo que abraza al universo, en ese todo creador y liberador manifestado en cada uno de los elementos. Nos sentiremos como la hoja del árbol, para utilizar esta imagen de K.G. Dürckheim: «si la hoja mira desde afuera al árbol le parecerá como separado de ella y de un tamaño aplastante. Pero es posible que un día la hojita comprenda, repentinamente, que ella es una hoja del árbol, que participa en el misterio de este árbol de innumerables hojas. Más aún, podrá descubrir que el árbol, fuente de su fuerza, origen de su forma y raíz de su Ser, está en ella. Más aún: que ella misma es el árbol expresado en el lenguaje de la hoja. La hoja no es el árbol porque él es el infinitamente grande que le parece muy lejano cuando lo mira desde afuera. Sin embargo ella misma es la grandeza infinita en el lenguaje de su más ínfima parte. Puede

13 Ga 2, 20.

14 Jn 15, 5.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

dirigirse al árbol como si estuviera fuera, pero la hoja no se puede comunicar realmente con él, con la certeza de ser comprendida, sin la conciencia de que ella le es al mismo tiempo interior, dado que el árbol está en ella y ella está en él»15. Esta imagen ilustra la manera como la interiorización que se logra con el ejercicio de la meditación Zen nos puede despertar a la trascendencia y así probar el misterio de Dios presente en nosotros y en todas las cosas. Es la penetración en el misterio que somos y de una vida libre y orientada exclusivamente hacia la manifestación del ser divino. Meditar es ser conducido al centro.

El Zazen es difícil. No hay duda. El Zazen no desencadena solamente una gran energía, es una postura que despierta. Describamos algunos aspectos de su práctica:

La postura

Sentado en el centro del zafu (cojín redondo), se cruza la piernas en loto o semiloto. Si no es posible, se cruza simplemente las piernas. Conviene apoyarse fuertemente en el suelo con las rodillas.

El Zazen es difícil. No hay duda. El Zazen no desencadena solamente una gran energía, es una postura que despierta

La caderainclinada haciaadelante al nivel de la quinta vértebra lumbar, la columna vertebral bien erguida, la espalda derecha, se presiona la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza. El mentón entrado y por lo mismo derecha la nuca, el vientre distensionado, la nariz en vertical con el ombligo. Es la actitud justa. Concentración estando bien sentado. Esta postura permite una rápida entrada en el proceso meditativo, en especial la vertical exacta al estar sentado, lo cual depende del buen anclaje en la horizontal, que es la región del abdomen y de la pelvis, es decir, el centro de gravedad, el hara16 del que hablan los japoneses, en el que se concentra toda la energía. El verdadero arraigamiento en la parte baja del tronco da lugar a una

15 Cfr. DURCKHEIM, Mediter, porquoi et comment, Courrier du livre, Paris 1976, 64-65.

16 Hara significa literalmente, vientre. Es el «centro vital». Cfr. K. G. DURCKHEIM, Hara, Centre Vital de L’homme, Le Courrier du Livre, Paris 1974.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

línea perfecta hacia la coronilla y el busto suelto y distendido permite que el hara se afiance. El arraigamiento en la tierra y en el cielo es la constitución del hombre, su doble origen.

Una vez en posición, se colocan los puños cerrados (teniendo los pulgares al interior) sobre los muslos cerca de las rodillas y se balancea la espalda bien derecha, a izquierda y derecha, siete u ocho veces reduciendo poco a poco el movimiento hasta encontrar la vertical de equilibrio.

Se coloca la mano izquierda sobre la mano derecha, las palmas mirando hacia el cielo, contra el abdomen; los pulgares en contacto en su extremidad, mantenidos horizontalmente por una ligera tensión, no describen ni una montaña ni un valle. Los hombros caen naturalmente, como borrados y echados hacia atrás. La punta de la lengua toca el paladar. La mirada se posa por sí misma cerca de un metro de distancia. Está dirigida finalmente hacia el interior. Los ojos, semicerrados, no miran nada, aunque intuitivamente lo miren todo.

La meditación exige disciplina estricta, tanto en la precisión al sentarse como en la firmeza de la concentración o la fidelidad sin desfallecimiento a los ejercicios.

La respiración

La respiración juega un papel primordial. El ser vivo respira. Al principio fue el soplo. La respiración zen pretende establecer un ritmo lento, potente y natural. Si se concentra en una espiración suave, larga y profunda, la atención concentrada en la postura, la inspiración llegará naturalmente. El aire es expulsado lenta y silenciosamente mientras que el impulso debido a la espiración desciende poderoso hacia el vientre. Se «presiona sobre los intestinos», provocando así un saludable masaje de los órganos internos.

Cuando en el Zen se habla de respiración no se refiere a un fenómeno corporal. En realidad se trata del Aliento de la gran Vida, el Aliento que impregna todo lo que vive y al ser humano en su totalidad. Si la respiración no es correcta, todo el ser humano estará en desorden. Cualquier desarreglo de la respiración muestra un desarreglo de la persona

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos? que influye en todo lo que se es y se hace, más aún, bloquea la manifestación de Dios e influye en el conjunto del desarrollo interior. La mala respiración es consecuencia del pequeño yo dominador, el egoísmo que retira el Hálito del centro profundo, animado por el diafragma y lo ha instalado en la parte superior y voluntaria del pecho, respirando, entonces, con los músculos auxiliares17. La buena respiración es el gran movimiento de la vida que en un latido se da y en otro se recibe; «si se vive conscientemente durante la meditación, este movimiento se apodera poco a poco de todo el hombre para transformarlo a través de una muerte y un renacimiento continuos, que se profundizan sin cesar… es un verdadero entierro del hombre viejo, una muerte de todas las formas fijas de la existencia, para renacer en otro plano como una persona, con toda la dimensión que este término implica»18. Es lo que dice el himno litúrgico: «Abrid vuestros corazones al soplo divino, su vida se injerta en las almas que El toca. Que renazca un pueblo nuevo. Abramos nuestros corazones al soplo de Dios, pues El respira por nuestra boca más que nosotros mismos»19 .

La actitud de espíritu

La respiración justa no puede surgir sino de una postura correcta. Así mismo la actitud de espíritu brota naturalmente de una profunda concentración sobre la postura física y la respiración. Quien tiene aliento vive larga, intensa, apaciblemente. El ejercicio del aliento justo permite neutralizar los choques nerviosos, dominar instintos y pasiones, centrar la actividad mental. La circulación cerebral se mejora notablemente. La corteza cerebral reposa y el flujo consciente de pensamientos se detiene, mientras que la sangre fluye hacia las capas profundas. Mejor irrigadas, se despiertan de un profundo sueño y su actividad da la impresión de bienestar, de serenidad, de calma próximas al sueño profundo, pero en plena vigilia. El sistema nervioso se distensiona y uno se vuelve receptivo, atento al más alto grado a través de cada una de las células del cuerpo. Se piensa con el cuerpo, inconscientemente, sobrepasadas toda

17 Idem p. 99.

18 Idem p.99.

19 Ibid.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

dualidad y toda contradicción sin desperdiciar la energía. Los pueblos llamados primitivos han conservado un cerebro profundo muy activo. Desarrollando nuestro tipo de civilización hemos educado, afinado y complejizado el intelecto y perdido la fuerza, la intuición, la sabiduríaligadasalnúcleointernodelcerebro. Esta es la razón por la que el Zen es un tesoro inestimableparalaspersonasdehoy,almenospara aquellas que tienen ojos para ver y oídos para escuchar.

Mientras nuestra conciencia no esté liberada, estamos ciegos y sordos, con «ojos que no ven y oídos que no oyen»

Sentados en Zazen se dejan pasar, como nubes en el cielo, imágenes, pensamientos y formaciones mentales que surgen del inconsciente, sin oponernos ni engancharnos. Como sombras delante de un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan, repasan y se desvanecen. Llegamos así al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todo pensamiento: verdadera pureza. El Zen es muy simple y al mismo tiempo bien difícil de comprender. Simplemente sentados, sin objetivo ni espíritu de ganancia, si nuestra postura, nuestra respiración y la actitud de nuestro espíritu están en armonía, entonces comprenderemos el verdadero zen.

Durante esta meditación se apunta hacia la «nada» de la conciencia natural. No se trata de buscar el vacío por el vacío; pero, si he de captar la plenitud del misterio de Dios, es preciso que me desprenda de la agitación de lo múltiple y libere mi conciencia de todo lo que la ocupa. Obviamente se trata de una meditación muy diferente a la meditación basada solamente sobre un pensamiento o una imagen. Es un camino hacia el propio silencio interior del que testimonia la tradición cristiana desde sus orígenes. Mientras nuestra conciencia no esté liberada, estamos ciegos y sordos, con «ojos que no ven y oídos que no oyen». Las representaciones e imágenes mentales de Dios hacen de él una abstracción. Se pueden hacer bellas consideraciones sobre Dios e incluso entrar en profundidad con la razón en una parábola del Evangelio sin que eso nos cambie nunca. Es un serio desconocimiento del

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos? ser humano reducirlo a su cabeza. La actitud justa revela que también somos aliento, corazón, centro profundo20 .

El Zen es una técnica en la que uno se sienta no para hacer algo, lograr algo, sino en la que uno se sienta y algo le sucede. Se trata de traspasar «las capas superiores del alma, las de la inteligencia activa, del pensamiento técnico, de la voluntad consciente, dirigida hacia un objetivo y dejar el campo libre a las capas más profundas del alma, lo que es de alguna manera la preparación natural para la meditación cristiana»21 .

El Conocimiento Silencioso22

«Conocimiento interno» pide san Ignacio, «conocimiento silencioso» dicen las tradiciones espirituales. Profundicemos un poco en este conocimiento esencial en la vida espiritual.

Nuestra facultad cognoscitiva abarca el conocimiento que se traduce en palabras y el conocimiento silencioso. Se suele considerar únicamente «conocimiento» al que parte de, va acompañado de y se resuelve en palabras. Más aún: a veces sólo se considera auténtico conocimiento el conocimiento conceptual. Incluso al conocimiento simbólico, que es también un conocimiento con palabras —aunque no conceptual—, se le considera poco evolucionado, de segundo orden, prácticamente sin importancia. Si acaso se admite el hecho de la existencia de un conocimiento silencioso, se le considera, a lo más como algo excepcional, marginal, para-normal y, desde luego, no representativo ni significativo de lo que es la facultad cognoscitiva humana.

Ese conocimiento que nace del silencio no es concepto, palabra, representación, sino intuición, o mejor, presencia inmediata, co-presencia, unidad lúcida con lo que se conoce. No es una interpretación ni una representación de la realidad; ni es tampoco una respuesta metafísica a los enigmas de la existencia, ni una formulación. Es un conocimiento

20 Ibid., p. 98.

21 KLEMENS TILMANN, citado por ENOMIYA LASALLE, Méditation Zen et prière Chrétienne, Cerf, p. 23.

22 Cfr. MARIANO CORBí, Conocer desde el silencio, Sal Terrae 1992.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

que está libre de pensamientos y de palabras y que, por tanto, no está encadenado a los mecanismos de la razón. Brota del misterio silencioso de uno mismo, que es el misterio de Dios, y vuelve —sin palabras— a ese mismo misterio. Es un reconocimiento que, produciéndose en uno mismo, trasciende el «ego» como estructura de pensamientos, como estructura de deseos, como proyecto y como historia.

No es un conocimiento irracional ni contra la razón. Al contrario: el conocimiento racional nace en su seno y es preparado por él. El conocimiento silencioso puede ser guía sin palabras para la razón; pero la razón no es guía suficiente para el conocimiento silencioso, que no es un conocimiento de representación, sino de presencia.

Los maestros del conocimiento silencioso son los maestros espirituales. El camino que ofrecen es el de un proceso interior, el cual es también percepción exterior; es un proceso de conocimiento con todo el ser, no con la mera razón. Ese conocimiento con la totalidad de uno mismo no es representación de lo que se conoce, sino lucidez en su presencia: esa lucidez que es co-presencia, unión y vibración. Lo que se conoce es «eso sutil ahí» que todo lo llena y a nada se liga; que todo lo penetra, todo lo trasciende y está libre de todo.

Cuando tenemos como perspectiva el lograr hacer contacto con lo más íntimo de nosotros mismos y con lo interior de todo lo exterior que nos rodea el conocimiento silencioso es un conocimiento sin el cual el acceso a esa realidad invisible no es posible. Su desarrollo paciente a lo largo de toda la vida es viable gracias a ejercicios en los que la quietud y la transformación de la vida de los afectos es esencial; uno de esos ejercicios es la meditación Zen.

Conocer desde el silencio es una puerta principal para ingresar al santuario del corazón. Es en esa hondura nuestra donde podremos hacer contacto con Dios, para desencadenar el proceso que nos permitirá ordenarnos y crecer como hijos de Dios creados a su imagen y semejanza. Es esa dimensión del conocimiento la que permite que podamos relacionarnos con los pasajes del Evangelio de manera que éstos nos toquen y nos transformen, más allá de todas las ideas preconcebidas, descubriendo un orden inherente al camino interior recorrido por Jesús. El

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

«lenguaje» que se instaura en esta comunicación, es accesible, en un diálogo interior secreto, solamente a quien ha experimentado la presencia activa de Dios; es lo que san Ignacio llama el «Coloquio».

Quiero terminar esta parte contándoles una historia de Thony de Mello:

«Había un templo construido en una isla, a tres kilómetros del continente. Aquel templo tenía mil campanas de plata, grandes y pequeñas. Campanas forjadas por los mejores artesanos del mundo. Cada vez que el viento soplaba, o había tempestad, las campanas sonaban.

Se decía que quien oyese aquellas campanas sería iluminado y tendría una gran experiencia de Dios. Los siglos pasaron y la isla se sumergió en el océano. Pero persistió la tradición de que de vez en cuando las campanas tocaban y quien tuviese el don de oírlas, sería transportado hasta Dios.

Atraído por la leyenda, un joven emprendió un viaje de muchos kilómetros hasta llegar al lugar donde, se decía, años atrás había estado el templo. Se sentó en la primera sombra que encontró y comenzó a esforzarse por oír el sonido de aquellas campanas.

Por más que se esforzó, lo único que consiguió oír fue el rumor de las olas rompiendo en la playa o chocando contra el roquedal. Y eso lo irritó, porque intentaba apartar aquel rumor para oír tocar las campanas. Intentó una semana, cuatro semanas, ocho semanas... pasaron tres meses. Cuando estaba por desistir, una noche oyó a los ancianos de la aldea que hablaban sobre la tradición y sobre las personas que habían recibido la gracia de escuchar las campanas y su corazón se encendió. Pero sabía que el corazón ardiente no sustituiría el sonido de aquellas campanas. Después de intentar ocho meses más, resolvió abandonar. Tal vez solamente se tratase de una leyenda, tal vez la gracia no fuese para él. Se despidió de las personas con las que vivía y fue a la playa a decir adiós al árbol que le había dado sombra, al mar y al cielo.

Mientras estaba allí, comenzó a escuchar el sonido de las olas y descubrió, por primera vez, que era un sonido agradable, sedante; y el sonido conducía al silencio. Y mientras el silencio se profundizaba, algo sucedió. Oyó el tintinear de una pequeña campana. Se sobresaltó y pensó: «¡Debo estar produciendo ese sonido, debe ser autosugestión!» Otra vez

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

comenzó a escuchar el sonido del mar, se tranquilizó y se quedó en silencio. El silencio se hizo más denso, y oyó de nuevo el tintinear de una pequeña campana. Antes de asustarse, otra campana tocó y otra más y otra y otra y otras... Y luego una sinfonía de mil campanas del templo tocando al unísono. Fue transportado hacia afuera de sí mismo y recibió la gracia de la unión con Dios23 .

Llegar al centro. Hacer contacto con lo que es más íntimo que lo más íntimo de mí mismo, he ahí el recorrido esencial en todo camino espiritual. Exploremos ahora un poco más el órgano interno que percibe lo invisible, donde se da el «conocimiento interior» y a partir del cual se origina la comunicación con Dios. Ese órgano interno que puede ser desarrollado con la práctica del Zen y que nos ofrece otra mirada y otra comprensión de los misterios de la vida de Cristo.

El corazón

Me refiero al «corazón» no como sede de nuestros sentimientos, sino como centro que se abre precisamente cuando el yo lo abandona todo, y abierto al cielo y a la tierra se ancla en ese punto neurálgico que une a los dos. Físicamente ese punto está a la altura del plexo solar. Ahí es donde confluyen la horizontal y la vertical, la vida terrestre, condicionada por todo el peso de la historia y la vida celeste, no condicionada, por encima del espacio y del tiempo, el Ser Divino. En el campo de esa tensión es donde se forma el centro personal del ser humano, cuando éste permite que lo incondicionado se manifieste en lo condicionado y que aparezca la fuerza en la debilidad, el sentido en lo absurdo, el amor en la crueldad del mundo; cuando sabemos que no podemos vivir más que por Dios, para Dios y con Dios y aceptamos continuamente la responsabilidad de no traicionarlo con la huida sobre la horizontal. Ese es el centro del encuentro con Cristo: centro de todo centro, y principio de toda forma, el Verbo por el que todo subsiste, el que une cielo y tierra. Estaremos en nuestro centro cuando nos sintamos uno con Cristo y podamos escuchar su llamada como la de un Maestro interior. Toda nuestra vida, entonces, saldrá de Cristo24. Lo más íntimo que lo más íntimo de mí

23 Anthony de Mello, Caminar sobre las aguas, Editorial Lumen 1993.

24 Idem., p. 106.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos? mismo, como diría san Agustín, es Dios. Es allí donde El «me habita», «dándome ser, animando, sensando y haciéndome entender; asimismo haciendo templo de mí»25 .

La oración procede de esa zona interior. Sabemos muy poco de nosotros mismos, de nuestro cuerpo y menos aún de la vida invisible en nosotros.Vivimosennuestrasfronteras,enlasuperficie,aniveldenuestra epidermis, mientras que en lomás profundo de nosotros permanece como un mundo insospechado26 .

Veamos qué dice la Escritura sobre el corazón. En el Génesis se dice que Dios Creo al hombre y le infundió su espíritu de vida27. Hombres y mujeres recibimos del creador un órgano que hay en nosotros gracias al cual brota la oración. Ese órgano es el corazón.

El pueblo no escucha el llamado del Señor y mantiene su corazón lejos de El: «Ese pueblo se me ha llegado con su boca, y me han honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí»28. El pueblo endurece su corazón, debe convertirse de todo corazón, la misericordia de Dios es piedad-del-corazón; el Señor promete darles un corazón nuevo, les arrancará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne el único que puede animar todo el cuerpo. Sólo en ese corazón puede descender el Espíritu, ese es el corazón que se abre a la Voluntad, a la Palabra y al Espíritu de Dios29. Dios transformael corazón para que acoja su Palabra30 . Es allí, en ese fondo donde nace la oración. El corazón es a la vez órgano y santuario. Cuando el corazón está puro es posible ver a Dios31 .

El corazón no se identifica con la inteligencia discursiva con la cual razonamos ni tampoco con la sensibilidad, ni con la afectividad. El corazón se sitúa a un nivel más profundo de nosotros. Es el núcleo más

25 Ejercicios Espirituales 235.

26 ANDRÉ LOUF, Seineur apprends-nous à prier, Editions Lumen Vitae, Bruxelles, p. 9.

27 Cfr. Gn 2, 7.

28 Is 29, 13.

29 Cfr. Ez 2, 3; Joel 2, 12; Os 11, 8: Is 54, 7-8; Ez 36, 25-27.

30 Cfr. Hechos 16, 14.

31 Cfr. Mt 5, 3-12.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

secreto de nuestro ser, la raíz de nuestra existencia lo que los místicos han llamado la «punta fina del alma», o la «cima del espíritu»32 .

En la vida de todos los días nuestro corazón permanece con frecuencia escondido. Apenas emerge a la conciencia. Vivimos sumergidos en los sentidos exteriores, nos perdemos en nuestras impresiones y nuestros sentimientos, en todo lo que nos atrae o se nos opone. Incluso cuando queremos vivir a niveles más profundos nos volvemos hacia lo abstracto: sopesamos, reflexionamos, sacamos conclusiones lógicas. Mientras tanto nuestro corazón permanece como dormido y no palpita al ritmo del Espíritu.

Jesús se refiere con frecuencia al corazón: nuestro corazón está ciego, endurecido y cerrado33. Es lento y perezoso, pleno de tinieblas. De un corazón bueno proceden las obras buenas. Hay que amar a Dios y al prójimo con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma34. Somos peregrinos que buscamos un espacio interior aún desconocido; buscamos nuestro ser más profundo, ese «hombre escondido en el fondo del corazón»35 del que habla Pedro. Allí Dios nos encuentra y a partir de allí podemos encontrar a los demás. Allí Dios nos habla y a partir de allí podemos hablar a los demás.

Nuestro corazón está ciego, endurecido y cerrado. Es lento y perezoso, pleno de tinieblas

Estamos en camino hacia nuestro corazón y para alcanzarlo hay que trabajar asiduamente. Es allí donde podemos mantenernos unidos al tronco de la Vida36. Todo método de oración no puede ser otra cosa que una forma de hacer contacto con el corazón y despertarlo. Es una forma de vigilancia, la vigilancia recomendada por Jesús37 .

32 LOUF, Op. Cit., p. 24.

33 Mc 8, 17. ...?

34 Cfr. Lc 24, 25; Mt 13, 15; Dt 10, 12-22; Mt 7, 17.

35 1 Pe 3, 4, citado así por Louf, Op. Cit., p. 25.

36 Cfr. Jn 15, 4.

37 Cfr. Mt 26, 41; Mc 13, 33.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

Si nuestro corazón duerme en vano pretendemos orar. Andaremos distraídos, o sumergidos en el sentimentalismo. Nuestra inteligencia puede hacer grandes esfuerzos, podemos tener ideas claras, pero el resultado será siempre una forma de orar fría y seca que se aleja de la vida. Imaginación, sentimiento e inteligencia darán fruto en la oración a condición de que nuestro corazón esté despierto y que gracias al fuego del corazón, como ocurrió a los discípulos camino de Emaús, podamos ir más allá logrando comprender lo incomprensible y aceptar lo inaceptable. En ese momento estaremos acercándonos al «Conocimiento Silencioso», el «conocimiento interno» y para el cual la meditación Zen es un valioso instrumento para desarrollarlo.

La contemplación del Evangelio

De las cuatro semanas de los Ejecicios Espirituales, una se dedica a la «limpieza del corazón» para aclarar nuestra mirada interior y tres a la contemplación de los Misterios de la Vida de Cristo. Ya puestos frente al texto las explicaciones de quien acompaña a los Ejercitantes deben cesar: «en cuanto el entendimiento es ilucidado por la virtud divina, es de más gusto y fruto espiritual que si el que da los ejercicios hubiese mucho declarado y ampliado el sentido de la historia. Porque no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente»38. Ese «entendimiento ilucidado por la virtud divina» es el resultado del acceso progresivo al conocimiento interno.

Los Ejercicios Espirituales están centrados en ese conocer internamente al Señor gracias a la penetración profunda en el texto del Evangelio. Se trata de ir más allá de la letra, penetrar en el Espíritu del texto. Por lo tanto prepararse para este ejercicio fundamental, crear condiciones para ir penetrando profundamente en el texto, es esencial para la experiencia espiritual transformadora de los Ejercicios de san Ignacio. Veamos por qué es tan importante ese texto de sabiduría.

En el Evangelio se encuentra lo más profundo del ser humano. En sus pasajes se encuentra una escuela de la gran pasión de Dios ac-

38 Cfr. Ejercicios Espirituales 3.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

tuando en nosotros; se nos revela una articulación casi sagrada entre el amor y la libertad; se revela una dinámica inconsciente de solidaridad entre los seres humanos que se desconocen, se ignoran.

El efecto de verdad siempre nueva que la lectura asidua del Evangelio engendra en el corazón y la inteligencia es un llamado, cotidianamente renovado a sobrepasar nuestros procesos lógicos conscientes. Son siempre las mismas palabras pero parece que siempre revelan un sentido nuevo a medida que avanzamos en el tiempo, a lo largo de nuestras experiencias.

El Evangelio no cesa de cuestionarnos, cualesquiera que sean las respuestasqueyahayamosencontrado. Estasecuenciadepalabrascausa un choc en nuestra conciencia, renovando la alegría y el deseo de conocer internamente el Reino de Dios.

Estos textos causan un efecto de verdad en lo más profundo de los seres que los leen y debemos prepararnos para entrar en contacto con las fuentes de esta verdad39 .

Las contemplaciones de la vida de Cristo son para descubrir, como por etapas, su «camino» al servicio de Dios y de los hombres. Contemplando la vida de Cristo aprendemos a conocernos verdaderamente a nosotros mismos.

Contemplar es «conocer internamente», a través de lo que revela Cristo en su vida de hombre acerca de lo que es Dios para nosotros: cada escena narrada por el evangelista contiene, en la particularidad de un acto, de un gesto, de una palabra, todo el «misterio» del amor que está en Dios y que, en los «misterios» visibles del Verbo encarnado, se manifiesta a los ojos del corazón para transformar nuestras vidas.

Para que los versículos del Evangelio se animen y dejen transparentar a nuestra fe el misterio divino del que están cargados se necesita mucho silencio, humildad, presencia acogedora.

39 FRAÇOISE DOLTO, L’Evangile au risque de la psycanalise, p. 9-16.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

Los sentidos están ligados a una cualidad suprasensible. Cuando los sentidos aparecen en el Ejercicio de la contemplación, conducen a un nuevo sentido global

Una primera lectura no basta, ni siquiera una segunda. Hay que dejar que cada detalle de la escena contemplada resuene en la conciencia hasta que nazcan, se afirmen, se unifiquen los movimientos de adhesión y de oblación de sí, por los cuales el que contempla reconoce la escena como el lugar donde él mismo se encuentra comprometido.

Esa vitalidad que hay en ese texto sagrado, ese misterio que yace entre líneas, ese texto espejo en el que podemos descubrir lo más profundo de los dinamismos que nos habitan en los cuales Dios nos crea a cada instante, es al que vamos llegando a lo largo del paciente silencio, de la contemplación aplicando los sentidos interiores. Con paciencia, lentamente, abriéndonos, escuchando, sintiendo, estando presentes, repitiendo con la esperanza de que una mirada cada vez más sencilla nos ayudará a descubrir el signo que Dios nos dirige a través de ese «misterio».

Una «técnica» importante de acceso al conocimiento interno aplicado el texto evangélico es la aplicación de sentidos. Permítanme un pequeño paréntesis para ampliar un poco el significado de esta aplicación de sentidos. No creo que la aplicación de sentidos consista en una actividad meramente imaginativa según la cual pintamos un cuadro e imaginativamente nos metemos en él a «aplicar» los sentidos como si estuviéramos en contacto con una realidad material: sentir, ver, gustar, oír, oler. No. Creo que se trata no tanto de hacer, cuanto de acoger gracias a esta actividad. La aplicación de sentidos concierne solamente a las condiciones en las que la dimensión trascendente de la escena puede irse revelando. Se trata de permitir que una cualidad suprasensible pueda intervenir gracias a su actividad. Para esto se debe retirar su función primaria. A cada uno de los sentidos le corresponde una cualidad: el sonido, el olor, el gusto, el tocar, el color, la imagen: estos son los datos que aparecen inmediatamente. Pero todos los sentidos están ligados a una cualidad suprasensible. Cuando los sentidos aparecen en el Ejercicio de la contemplación, conducen a un nuevo sentido global. La cualidad de eso suprasensible que se transparenta a través de todos los sen-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

tidos posee un carácter espiritual que permite percibir un supranatural. Pongamos un ejemplo: puedo escuchar el murmullo del agua en un riachuelo. Ese sonido llena mis oídos, llena mi espíritu de una cierta cualidad auditiva. Pero si yo me sumerjo cada vez más profundamente en ese murmullo, si penetro a través de lo que oigo en lo que ese sonido recubre, puede ser que yo escuche una cualidad de un carácter particular, la cualidad de un inaudible asociado a lo audible. Lo que escucho puede alcanzar otra dimensión en la que quien escucha deja de cierta manera atrás lo escuchado espacial. Puedo entrar a una dimensión diferente. Es la escucha de las campanas a la orilla del mar de la historia narrada más arriba. Cuando se va llegando al oído interior se puede llegar a través del ruido, a ese silencio particular que parece ser la tonalidad de otro mundo. A través del olfato podemos captar el olor de atmósferas, a veces indefinibles, pero que son claramente perceptibles y que actúan sobre nuestro humor. A través de olores materiales podemos llegar a una atención meditativa que nos permite sobrepasarlos. Así podemos llegar a través del olor real a un aura y una atmósfera ligados a un lugar, a un objeto e incluso a una persona. Si en la contemplación aplicamos los sentidos no es para entrar en contacto simple y llanamente con la realidad material de las escenas sino para ir más allá a una realidad sutil, supra-objetiva que la trasciende, que anuncia una vida más amplia. Seguramente a esto se refería Maestro Eckhart cuando dijo: «Quien tiene a Dios en la lengua encuentra en todas las cosas el sabor de Dios»40 .

Continuemosconlasreflexionesacercadelparticularacercamiento al texto evangélico que se da en los ejercicios de san Ignacio. Para sumergirnos en la realidad profunda que es vehiculada por el texto necesitamos unificar la atmósfera: conservar el recuerdo a lo largo del día, como quien guarda la fragancia de un perfume. En los momentos de silencio o de vuelta a sí mismo algún punto de lo que se ha contemplado se hace presente en el interior, como algo que uno lleva en el corazón, como una luz, como un estímulo a la profundización de ese punto y que poco a poco se va haciendo presente:

40 Cfr. DURCHEIM, Méditer, pour quoi et comment, Le Courrier du Livre, Paris 1976, 149-157.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

· es como un llamado que surge del fondo del pasaje, de la palabra y que hay que mantener contra corrientes amenazadoras;

· es como un recuerdo que empieza a acompañar la vida, a permanecer en ella a la manera de un amor que no tiene que defenderse de la vida ordinaria, porque es él el que le da sentido y densidad; profundiza poco a poco en el deseo de volver a retomar el texto, a retomar la contemplación en algún punto en el que todavía nos sentimos insatisfechos;

· la corriente profunda dela realidad de la cual esuna pista el texto se hace poco a poco presente al corazón y va madurando: adquiere nueva resonancia que hace desear ir más allá en la profundidad alcanzada; · un aspecto de la persona de Cristo, una palabra, adquieren nueva resonancia que hace desear ir más lejos en el conocimiento interno alcanzado.

Cuando se está de nuevo en el ejercicio, se llega con el corazón cargado de todo lo que esa presencia, recuerdo, inquietud ha comenzado a mover en el interior.

De ejercicio en ejercicio la misma vida comienza a aclararse con una luz inesperada. La situación humana de nuestra vida implicada en el tejido profundo del texto, en la escena contemplada como un espejo, comienza a verse con claridad y despierta un dinamismo interior en términos de deseo, de orientación, de camino, de rechazo o de elección de algo, de comprensión profunda, de luz que se enciende y nos da una nueva perspectiva. Descubrimos que no hay otro lugar de verdad que nosotros mismos.

El paso permanente del texto a la vida y de la vida al texto da nuevo impulso a la contemplación. Es la manera de «hacernos presentes» a las escenas contempladas: se despierta con particular fuerza a la presencia y acción del Maestro Interior que nos llama y nos conduce y hace pasar a nuestra vida diaria la fuerza de liberación que se realiza en la vida de Cristo, no allá y entonces, sino aquí y ahora.

Ese es el proceso de «conocimiento interno» que se da en los Ejercicios. Cada Ejercicio aporta algo, suscitando «movimientos», «espíritus». Al ritmo de los Ejercicios se afina la conciencia y la experiencia de

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

una presencia interior que nos trabaja y por lo tanto nos mueve, y este descubrimiento se hace con la conciencia de que es un «don» de Dios.

Se experimenta una especie de adhesión global a la existencia humana que nos es dada vivir, aún a través de pruebas o de heridas que no desaparecen. El gusto interno, la alegría que quita toda tristeza y turbación, el amor que encuentra en todas las cosas al Dios que es su fuente, brotan de los Ejercicios y de toda nuestra vida cotidiana iluminada desde el interior por el Ejercicio. Descubrimos poco a poco cómo todo procede de Dios como la luz procede del sol y el agua de la fuente; cómo el «trabaja y labora por mí en todas cosas criadas»41 .

Nuestros impulsos, nuestras mociones, permanecen purificándose y corrigiéndose en la fuente que es la persona de Cristo que nos llama a seguirlo en el servicio del Reinado de Dios42 .

El Evangelio nos presenta cómo sería la existencia habitada por Dios, de forma simple, en lo cotidiano de la vida. Jesússiemprepresenteoportunamente en lo que ocurre y que por este solo hecho lo hace ocurrir de otra manera.

Descubrimos poco a poco cómo todo procede de Dios como la luz procede del sol y el agua de la fuente; cómo el «trabaja y labora por mí en todas cosas criadas»

Alternarlosmomentosdecontemplación del texto sagrado con los tiempos en los que podemos estar en quietud, en silencio interno, con el cuerpo abierto, decantando, dejando penetrar, escuchando los ecos que el texto ha ido produciendo en el corazón, sintiendo las palabras como un perfume que nos acompaña, como una lluvia que nos penetra, sería aprovechar lo que la meditación Zen puede aportarnos para llegar a esa hondura del «conocer internamente» y que trae como consecuencia dejar a Dios ser en nosotros, seguir los impulsos del Jesús interior activo y transformador, descubierto pacientemente.

41 Ejercicios Espirituales 236.

42 Cfr. GIULIANI, S J., Los Ejercicios en la vida corriente, apuntes.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

¿Qué puede aportar el Zen a la experiencia de los Ejercicios Espirituales Ignacianos?

Conclusión

A mi juicio el «conocimiento interno» es una condición clave para vivir la experiencia de los Ejercicios. En ellos ordenar la vida no es hacer esfuerzos de voluntad para acomodarnos a la norma moral, sino entrar en contacto con el Dios que nos habita y dejarnos transformar por su presencia y su acción, dejarnos conducir por su movimiento, por la fuerza del Espíritu que es como el viento: uno no sabe de dónde viene ni para dónde va43 . Los Ejercicios pretenden en última instancia facilitar la transparencia a Dios, presente en nosotros y en todas las cosas, en un universo que aguarda «a que se revele lo que es ser hijos de Dios… y lanza un gemido universal con los dolores de su parto... aun nosotros gemimos en lo más íntimo a la espera de la plena condición de hijos, del rescate de nuestro ser»44 .

A veces nos preocupa que los Ejercicios no nos cambien. Tenemos que aprender a hacerlos de tal manera que podamos encontrar respuesta a las preguntas que sentimos en lo más hondo de nuestro ser:

· ¿Cómo me puedo abrir a Dios?

· ¿Cómo puedo percibirlo?

· ¿Cómo puedo acogerlo?

· ¿Cómo puedo penetrarme de su presencia?

· ¿Cómo puedo remover los obstáculos que detienen mi camino hacia El?

· ¿Cómo permitir que Dios tome forma en mi vida y a través de mi, es decir cómo lograr entrar en contacto con la verdad profunda de la vida, cómoestructurar mividaapartir deellayal mundoapartir de esa experiencia profunda?

Toda nuestra misión según la experiencia de san Ignacio es unirnos como instrumentos con Dios, siendo esta unión una experiencia, no una convicción, y al mismo tiempo dejarnos transformar por ese Dios

43 Jn 3, 8.

44 Rom 8, 22-24

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

que nos habita y trabaja siempre en nosotros. Eso es hallar y seguir su santa Voluntad.

Cuanto más avanzamos en ese ejercitarnos permanentemente a la luz de la presencia activa del Jesús interior descubierta en el espejo del espíritu del texto evangélico, más aptos nos volvemos para percibir la Voz de Dios que se comunica en la vida de todos los días, es decir, nos convertimos en contemplativos en la acción. Sólo así podremos estar arraigados y cimentados en su amor activo para vivir de manera transformada nuestra vida y convertirnos en puntos de levadura, de sal y de luz que puedan llenar de espíritu la buena masa del pan de la sociedad, poner sabor en la vida de todos los días marcada por la amargura, infundiendo el placer de saborearnos vivos, amados y amantes; iluminar en medio de la oscuridad de la injusticia, el egoísmo, la soberbia, la violencia y el odio. Y para disponernos a esta experiencia, para hacer el viaje a nuestro corazón y desarrollar ese órgano de percepción del mundo trascendente, la meditación Zen puede aportarnos quietud, silencio interior, vacío, posibilidades de penetrar al centro del templo del Espíritu que somos cada uno y cada una de nosotros, ir al corazón. El Zen puede ayudarnos a aclarar la mirada que ve a Dios; puede ayudarnos para que el conocimiento interno sea el camino hacia la presencia activa del Dios que permanentemente desea dárseme, que me habita dándome ser, dando entender, animando, sensando y haciéndome entender, haciendo templo de mi45. La postura del Zen nos permite una integral actitud de apertura y vigilancia: cuerpo y ojos abiertos, en actitud de escucha, interior libre, desprendido, entregándolo todo y esperando que el Señor nos de su amor y su gracia: que esto nos basta46 .

45 Cfr. Ejercicios Espirituales 235.

46 Cfr. Ejercicios Espirituales 234.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 73-96

Distintos enfoques de una experiencia

Distintos enfoques de una experiencia

S.I. *

RECOMENDACIONES, SUGERENCIAS, CONCLUSIONES, REFLEXIONES DESDE

LA

PRÁCTICA PASTORAL

Quiero agradecer a los organizadores por su invitación y también quiero felicitarlos por su feliz iniciativa que tanto bien nos hace a todos los que llevamos en nuestra alma la ignacianidad. Personalmente he de confesar que si algo me hace sentir plenamente jesuita y presbítero son los EE, haciéndolos y dándolos a otros.

Lo que aquí intento recoger, obviamente, corresponde a mi mirada desde lo que soy y lo que hago y, también, a cómo veo en la Provincia nuestro quehacer como área educativa.

Recordaba en estos días al P. Kolvenbach, General de la Compañía de Jesús, en su carta a los compañeros apostólicos laicos al finalizar el año ignaciano, cuando aceptó con sencillez el cuestionamiento que

* Asistente del P. Provincial para la educación. Presidente de ACODESI.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

ellos nos hacían por habernos demorado tanto en compartirles nuestro más preciado tesoro. Valió la pena el «tirón de orejas» y los resultados nos han mostrado que se tenía toda razón al hacer tan justo reclamo: porque se sigue ratificando su plena validez como experiencia espiritual para el mundo actual y porque, en más de una ocasión, los laicos nos han evangelizado a los jesuitas con su testimonio de vida.

De lo trabajado en estos días, haría un esbozo de conclusiones en las que pretendo subrayar lo que considero más valioso entre todo lo dicho (y que ha sido igualmente valioso):

1. Los Ejercicios Espirituales, como decía Maestro Ignacio, ciertamente es lo mejor que los Jesuitas podemos compartir y ofrecer a quienes nos rodean. Me parece que es una de nuestras tareas ineludibles, cualquiera sea nuestra misión específica, el dar Ejercicios Espirituales. Se habla mucho en la historia del secreto de los jesuitas, del tesoro de los jesuitas... no hay duda: son los Ejercicios Espirituales.

2. Para que la experiencia de los Ejercicios Espirituales sea más y mejor plenamente vivida, presupone una experiencia de pre-ejercicios. No se puede llegar a ellos sin una preparación adecuada. Así las cosas, talleres de oración, los coloquios sobre el ministerio de la enseñanza, los retiros de tres días, la práctica con sentido del yoga y del zen, un grupo apostólico, la lectura de temas espirituales, una formación bíblica básica, etc. son experiencias que motivan y abren camino.

Lallamadasemanapropedéutica,hademostradoqueesclavepara el éxito de la experiencia. La persona, ante todo, debe hacerse como persona antes que como cristiano y todo lo que tiene que ver con la construcción de su autoconcepto es definitiva: uno no puede amar si no se ama, si no ha aceptado su propia historia personal... Sin embargo, ese adentrarse en su propio yo es una aventura fantástica y a la vez riesgosa. Creo que los Ejercicios Espirituales podrán vivirse, aprovecharse mejor y convertirse en una auténtica experiencia de sanación si previamente se ha trabajado en esta tarea de curar y purificar.

3. No son lo mismo los Ejercicios Espirituales Acompañados, en cualquier modalidad (de 8 o 10 días, EVC, etc.), que los Ejercicios Espi-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

Distintos enfoques de una experiencia rituales vividos en grupo y/o cada uno por su lado y sin un acompañamiento. Esta dinámica de la «cura personalis» (cuidado personal) es un acierto ignaciano.

No está por demás, para quien acompaña la experiencia, el tener algunos conocimientos básicos de psicología y teología, pero ser, sobre todo, un hombre o mujer de vida espiritual profunda. Cada persona es distinta y cada una presenta cuadros muy diversos, unos más complejos que otros. Hay que saber identificar qué pasa allí, no ser ingenuos, pues como veíamos hay asuntos que pueden parecer de Dios y no son otra cosa que ¡problemas psicológicos!

4. Los Ejercicios Espirituales son una escuela de oración que disponen al ejercitante para abrirse al encuentro con Dios-misericordia, donde el protagonista es el Espíritu, la persona que los hace es el artífice de lo que quiere hacer con su vida y el acompañante no sólo hace el papel de testigo sino también de compañero de peregrinación espiritual. Muchas y muy diversas prácticas o métodos son medios que ayudan a quien hace los Ejercicios Espirituales para encontrarse con su Dios y Señor. Más allá de los métodos o las formas, lo que cuenta es que el ejercitante se apasione por Jesucristo y por su Reino, bajo su bandera.

El

acompañante no

sólo hace el papel de testigo sino también de compañero de peregrinación espiritual

5. Los Ejercicios Espirituales ayudan a dar sentido y lo que pretenden es construir personas felices, realizadas plenamente. Contribuyen a ofrecer sentido en un mundo que como dice V. Frankl carece de sentido y por eso no es feliz. La mayor gloria de Dios se constituye en «telós», en horizonte movilizador y dinámico; el «magis» pretende superar el camino fácil y mediocre.

6. Los Ejercicios Espirituales son una experiencia personal, pero tiene implicaciones de orden comunitario. Allí es donde muchas veces se da el «corto circuito», pues si no se da ese «volcarse» al otro en la comunidad, no son auténticos Ejercicios Espirituales. La captación de Dios Uno y Trino, así como el sentido de Iglesia y de Iglesia como cuerpo son esencialmente ignacianos. Sería inconcebible un «Jesús sí, Iglesia

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

no», o «Jesús y yo y los demás ¡no importan!» La comunidad, como nos decía Gustavo Baena, es una fábrica de personas pues es allí donde se es más persona: siendo-con-otros.

7. Los Ejercicios Espirituales tienen una implicación ética y moral que apuntan no sólo a la razón sino a suscitar mociones, mover y ordenar nuestros afectos, produciendo auténticas conversiones, verdaderas metanoias, reales transformaciones. La espiritualidad ignaciana que se deriva de la experiencia de los Ejercicios Espirituales, encarnada en hombres y mujeres, laicos y clérigos o religiosos, ofrece a la Iglesia y al país un aporte enorme. De allí nuestra responsabilidad histórica, pues lejos de aislarnos en una campana de cristal o alienarnos y adormecernos frente a la actual coyuntura histórica, nos inserta en esas críticas realidades de nuestro país y del mundo para contribuir a transformarlos desde dentro con una vocación de servicio. Y es que, como nos decía el P. Provincial, debe ser una espiritualidad para la paz y la solidaridad que tenga en su mira a los pobres y marginados, como destinatarios y también como aliciente motivacional de nuestro quehacer pastoral. Las consecuencias prácticas de una experiencia espiritual como estas, dicho brevemente y con las palabras del P. Kolvenbach en la comunicación que mencioné al comienzo son: promover la justicia y trabajar por la paz.

8. Así las cosas, los Ejercicios Espirituales son un «continuum», es decir, no terminan en la Cuarta Semana sino que se prolongan en la vida corriente a través delaoración,elexamen, elacompañamiento espiritual, la práctica sacramental, la vida cristiana en comunidad... en últimas, en un amor que se pone más en las obras que en las palabras, en acciones más que en bellos discursos.

Debe ser una espiritualidad para la paz y la solidaridad que tenga en su mira a los pobres y marginados

9. Los Ejercicios Espirituales son patrimonio de la Iglesia, no de la Compañía de Jesús. La espiritualidad ignaciana es válida para laicos y religiosos, hombres y mujeres de cualquier clase y condición. Es más, la experiencia muestra que hay laicos, hombres y mujeres, que no sólo cono-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

Distintos enfoques de una experiencia cen, sino que también viven muy hondamente el estilo de vida que genera, al punto de convertirse en maestros, incluso de ¡jesuitas!

10. Los Ejercicios Espirituales son una experiencia costosa, es verdad, en tiempo y en recursos, de personas y logísticos y por eso parecieran ser privilegios de unos pocos. El reto que tenemos entre manos es buscar estrategias para que los pobres no resulten también marginados de este tesoro.

Finalmente, algunas acciones de la Provincia y del Área educativa que están fortaleciendo el trabajo de ignacianidad:

La Provincia, en su Proyecto Apostólico, establece como líneas de acción prioritarias para sus tres áreas funcionales dos que explícitamente aluden a lo que nos ocupa: a) Renovar la experiencia de los Ejercicios Espirituales con un acompañante y hechos comunitariamente y b) Ofrecer oportunidades de formación en la espiritualidad ignaciana, especialmente los Ejercicios Espirituales, a quienes trabajan con nosotros y sobre todo a quienes tienen responsabilidad de dirección.

Del Area educativa:

1. Nuestros 11Colegiostrabajandoen redatravésdeACODESIhan establecido como prioridad, un plan trienal de formación de nuestros compañeros apostólicos laicos, dentro del cual aparecen como prioritarios:

- EjerciciosEspiritualesAcompañados:comoexperienciafundante y fundamental. Su oferta ha generado un auténtico cambio de cultura organizacional en nuestras obras en estos 20 años.

- Coloquios sobre el ministerio de la enseñanza

- Encuentros con Cristo (conocer, amar y seguir a Jesús)

- Jornadas de Ignacianidad

- Educación Religiosa Escolar y Catequesis (al estilo de Ignacio)

- Cursos-Talleres de Formación Integral (el liderazgo)

- Congregación de Vida Cristiana-Secundaria

- Grupos Apostólicos

- Sentido del Acompañamiento (cura-personalis)

- Pausa Ignaciana (examen)

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

- Proyecto de formación en la libertad y la autonomía (la libertad)

- Programa de Formación de la afectividad (los afectos)

- Programa de Formación y Acción Social (el servicio a los pobres)

- Calidad Integral (magis, mejoramiento continuo)

- Orientación vocacional desde Pastoral y Psicología

2. Pontificia Universidad Javeriana en sus sedes de Bogotá y Cali

- Diplomado en Ignacianidad en Cali

- Especialización en Pedagogía Ignaciana en Bogotá

- Ejercicios Espirituales y Retiros Espirituales

- Congregación de Vida Cristiana

- Cursos, Ciclos de conferencias, conversatorios, alrededor de la ignacianidad.

3. Jesuitas que trabajan en Fe y Alegría

- Formación en Ignacianidad para el equipo de jesuitas y laicos

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 97-102

Ejercicios Espirituales Ignacianos en un contexto universitario

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos en un

contexto universitario

Al concluir estas jornadas de reflexión sobre los «Distintos Enfoques de una experiencia» de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, quiero presentar un cordialísimo saludo, en nombre de la Universidad Javeriana, a todos los participantes en el presente Simposio; y agradecer muy de corazón a los organizadores por haber querido realizarlo en nuestro claustro universitario. Y aunque muy posiblemente todos ustedes sientan ya la fatiga del intenso trabajo realizado durante estos días, permítanme hacer unas breves reflexiones sobre «Los Ejercicios Espirituales en un Contexto Universitario»

La Universidad es el centro del conocimiento y del saber. Debería ser también el espacio en donde se cultiva la sabiduría. La primera academia griega era una escuela de sabiduría: de sophia. Ahora bien, la sabiduría no se confunde ni con el conocimiento, ni con el saber, aunque ambos pueden ser componentes importantes de ella.

La sabiduría es la capacidad de juzgar rectamente, con una cierta naturalidad, de losacontecimientosy delos hombres; dela historiapersonal y social, de lo que es conveniente o necesario realizar en un deter-

* Rector de la Pontificia Universidad Javeriana. Palabras en la clausura del Simposio sobre los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. (8 de noviembre de 2001)

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 107-111

minado momento y de la forma de actuar. La sabiduría es hermana de la circunspección y de la prudencia; de la sensatez y la moderación; o si se prefiere,éstassonsusactitudescaracterísticas. La sabiduría tiene también una dimensión afectiva de fruición, de degustación del bien, de la bondad y la belleza. Es el «sapere» latino, raíz etimológica de «sapientia». Es el «gustar de las cosas internamente» de que habla Ignacio de Loyola.

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos constituyen una serie de ejercicios orientados a la adquisición de la sabiduría

Ahora bien, en la Universidad se realizan ejercicios académicos encaminadas a la adquisición del conocimiento y del saber: clases, trabajos de laboratorio, talleres seminarios, procesos de investigación. Pero pocos, o ningún ejercicio, encaminados explícitamente a la adquisición de la sabiduría.

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos constituyen una serie de ejercicios orientados a la adquisición de la sabiduría: al descubrimiento y disfrute del sentido de la propia vida enmarcado en la historia colectiva del mundo y de la humanidad.

Para los antiguos filósofos, el primer paso para adquirir la sabiduría era conocerse a sí mismo: «Conócete a ti mismo» ("Gnose se autón") se leía en la entrada del templo de Delfos.

Este conocimiento de sí mismo, no era únicamente el logrado por la simple introspección en los datos de conciencia, o en los propios fenómenos psicológicos y espirituales, sino el que se alcanzaba además por la ubicación en la realidad abarcante de la historia y del ser.

Dentro de un enfoque cristiano, Agustín de Hipona plasmó esta necesidad en una sencillísima y sublime oración: «Noverim me, noverim Te». «Que me conozca a mí y te conozca a Ti». Porque el hombre no puede conocerse verdaderamente a sí mismo sin reconocer sus relaciones ontológicas con la realidad y particularmente con la Realidad Suprema: Dios.

El primer paso de los Ejercicios Ignacianos, su «Principio y Fundamento», es el reconocimiento de sí mismo como ser humano y su rela-

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 107-111

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos en un contexto universitario ción con las cosas y con Dios. ¿Qué y para qué es el hombre? Pero esto no como una lección aprendida desde fuera, sino como una experiencia vivida desde dentro: vale decir como una experiencia existencial que compromete no sólo el entendimiento y la razón, sino la voluntad y la afectividad. Este primer ejercicio es válido para cualquier ser humano que quiera interrogarse sobre su propia realidad y destino. Yo diría, extraordinariamente válido para cualquier miembro de una comunidad universitaria, bien sea profesor, estudiante o empleado que, además del conocimiento y del saber, quiera alcanzar la sabiduría. Más aún: es un elemento indispensable para quienes por vocación cultivan el saber.

Pero, si como decíamos, la sabiduría se ubica más allá del conocimiento, el conocerse a sí mismo es tan sólo el primer paso para alcanzar la propia realización. «Sé tú mismo» es otra de las sentencias o imperativos antropológicos, consecuencia existencial del «Conócete a ti mismo». La felicidad se alcanza cuando todas las cosas se ajustan a nuestra propia naturaleza. Desarrollarse y actuar de acuerdo con lo que somos, es además lo constituye la «autenticidad» o coherencia de la persona.

Los Ejercicios Espirituales son camino de autenticidad en cuanto que ayudan a asumir existencialmente la propia realidad y a desarrollarla de acuerdo con lo que somos. Los filósofos existenciales nos dirían, siglos más tarde, que cada ser humano es más de lo que es; que el hombre y la mujer son cada uno un «proyecto» y que son siempre posibilidad abierta. Y ese proyecto está impreso en la estructura antropológica de cada uno de nosotros; la sabiduría consiste en llevarlo a su máximo desarrollo. Los Ejercicios ignacianos nos ayudan, más aún, nos exigen procurar lo que «más conduce» a la realización de ese proyecto humano fundamental.

Es sabio y prudente, entonces, quien actúa con responsabilidad; es decir, quien realiza las propias exigencias y necesidades antropológicas básicas, sin privar a los demás de la posibilidad de realizar las suyas propias, más aún, colaborando con ellos. «Responsabilidad» es la «habilidad» de la persona para «responder» a los auténticos valores del ser humano: a sus valores fundamentales. En otras palabras, la sabiduría consiste en ser responsable; en ser fiel a la vocación humana fundamental, sin dejarse desviar o distraer por las múltiples apariencias de la vida.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 107-111

Preparado por estos primeros Ejercicios existenciales, que reciben la denominación de «Principio y Fundamento», el ejercitante se halla en la disposición de ser «iluminado», dando cuatro pasos1 en el sendero de la sabiduría y logrando así una transformación de sus actitudes, más que de sus conductas:

1)Un autodiagnóstico de su propia realidad existencial, es decir, un reconocimiento de las tendencias y fuerzas negativas que actúan en la propia vida.

2) Un discernimiento de la orientación que tienen actualmente sus inclinaciones, pensamientos y deseos; y su relación con el proyecto humano fundamental.

... lo más rico de estos Ejercicios es la oferta de la sabiduría cristiana, que se nos brinda al ponernos en un contacto con la persona de Cristo, «Sabiduría del Padre»

3) Una conversión existencial, o reorientación de la propia vida a la luz del autoconocimiento que ha logrado hasta el presente.

4) Una forma de mística que consiste en la intensificación de la fuerza de la vida y la sumisión incondicional a la vocación a una existencia auténticamente humana.

Hehabladohastaelmomentoentérminospuramenteantropológicos, convencido de que los Ejercicios ignacianos, al menos los que corresponden a la Primera Semana, son posibles para cualquier universitario (profesor, estudiante o empleado) que desee ponerse en camino de alcanzar la sabiduría humana, dejándose iluminar por su misma existencia.

Pero lo más rico de estos Ejercicios es la oferta de la sabiduría cristiana, que se nos brinda al ponernos en un contacto con la persona de Cristo, «Sabiduría del Padre», según la expresión paulina. Es entonces

1 Hago una aplicación libre de BERNARD J. TTYRRELL, Christo-Therapy, Healing through Enlightenment, N.Y.1975, 9-24.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 107-111

Los Ejercicios Espirituales Ignacianos en un contexto universitario cuando a la sentencia del filósofo «Conócete a ti mismo», se añade la oración del santo: «Conózcame a mí, conózcate a Ti», ¡Oh Sabiduría Eterna!

La revelación cristiana entra entonces en plena acción para ofrecer la sabiduría encarnada en la persona de Jesús y su doctrina. Es una oferta existencial, una invitación ofrecida a la libertad de la fe.

Una Universidad católica, como la nuestra, no estaría cumpliendo a cabalidad su misión de Universidad si, junto con el conocimiento y el saber, no ofreciera a sus miembros también la posibilidad y la forma de alcanzar la sabiduría humana y la sabiduría divina. Junto con los ejercicios académicos de clases, seminarios y talleres encaminados a adquirir el conocimiento y el saber, es necesario ofrecer también Ejercicios Espirituales que le permitan al saber trascenderse en sabiduría.

Apuntes Ignacianos 34 (enero-abril 2002) 107-111

Adpostal

Llegamos a todo el mundo

CAMBIAMOS PARA SERVIRLE MEJOR

A COLOMBIA Y AL MUNDO

ESTOS SON NUESTROS SERVICIOS

VENTA DE PRODUCTOS POR CORREO

SERVICIO DE CORREO NORMAL

CORREO INTERNACIONAL CORREO PROMOCIONAL CORREO CERTIFICADO

RESPUESTA PAGADA

POST EXPRESS

ENCOMIENDAS

FILATELIA

CORRA FAX

LEATENDEMOS EN LOS TELEFONOS

243 88 51 - 341 03 04 - 341 55 34

9800 15 503 FAX 283 33 45

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Issuu converts static files into: digital portfolios, online yearbooks, online catalogs, digital photo albums and more. Sign up and create your flipbook.