Cuidar para durar:
Un viaje por la sostenibilidad de los festivales culturales
Los festivales nacen con la misma energía que cual-
Todo comienza con una pregunta incómoda: ¿para
quier aventura épica: hay una chispa creativa, un
qué existe tu festival? No para “atraer turistas” ni
puñado de soñadores, y esa certeza íntima de que el
para “poner en valor” tal o cual patrimonio. Esas han
arte merece un público, un territorio y un relato. Pero,
sido muletillas que, al repetirse, pierden sentido. El
pasado el asombro de la primera edición, muchos
“para qué” verdadero suele ser más íntimo y comuni-
proyectos se quedan sin aire. Falta dinero, se agota la
tario: recuperar un oficio, celebrar una historia com-
voluntad, cambia la administración municipal o, sen-
partida, dar voz a niñas y niños que aún no se recono-
cillamente, la comunidad ya no se siente convocada.
cen en la pantalla grande. Cuando ese propósito se
Once años trabajando con iniciativas de conserva-
formula con claridad —y se repite hasta el cansan-
ción en el norte de Chile —entre ellas Arica Nativa y
cio—, se convierte en brújula. Porque vendrán re-
Arica Barroca— me han enseñado que la palabra
cortes de fondos, pandemias o terremotos, y solo
“sostenibilidad” no se reduce a un presupuesto equi-
el por qué profundo mantendrá unido al equipo.
librado, ni a un sello verde estampado en el afiche. Es, sobre todo, un compromiso con las personas que dan vida al festival y con los lugares donde sucede.
Escrito por: Álvaro Merino Montaner