Issuu on Google+

Un Robot muy humano Esta historia trata de una niña cuyo padre, que es un genio inventor, le diseñó un robot para cuidarla mientras él trabaja. El robot, ha sido programado con la capacidad de simular y entender con mucha exactitud las emociones humanas y sabe detectar los peligros tanto físicos, como emocionales que amenazan a Ana. Ana es hostigada por un niño de la escuela quien la ridiculiza por estar siempre en compañía y custodia de su robot. Esto enoja muchísimo a Ana, pero aún no se percata de la razón verdadera por la que le molesta el asunto. Cuando ella alcanza un grado de enojo muy alto, el robot detecta la situación como potencialmente amenazadora y comienza a ejecutar un programa de rescate. El robot guía a Ana a través de un proceso que la hará entrar en contacto con la emoción y los pensamientos que están causando la molestia. De esta manera puede expresar su enojo de una forma física y verbal, pero sin poner en peligro su integridad o la de alguien más. A través de este procedimiento Ana logra darse cuenta que la verdadera razón por la cual le afecta la opinión de este niño, es por que ella tiene esa misma opinión de sí misma.

Una vez descubierta esta información, la guía a meditar sobre ello a través de una caminata por el jardín, donde ella finalmente queda en calma y toma una decisión propia sobre qué hacer al respecto. Al día siguiente ya se siente bien e incluso agradecida con el niño que la molestaba, puesto que éste le ayudó a entrar en contacto con algo que ella no había notado que le incomodaba y tener la oportunidad de poder decidir qué hacer. El rescate del robot es un símbolo de un procedimiento sistemático que sirve para procesar el enojo. El hecho de haber sido programado en un robot nos da la pauta para pensar que hay una fórmula que responde al enojo, y por ello mismo, aquel que la conoce sabe cómo desarmarlo y entender lo que esta emoción quiere comunicar. Todas las emociones existen como un medio de comunicación entre el corazón y el individuo y siempre existe un mensaje subyacente en ellas. En el caso del enojo, muestra claramente cuándo están siendo traspasados nuestros límites, no necesariamente por alguien más, incluso por nosotros mismos. Ana debe haber sentido esta incomodidad mucho tiempo antes de que el niño se la hiciera ver; pero en lugar de atender su molestia ella había estado haciendo caso omiso de la misma por considerar que expresarla le traería mayores problemas. Todas las emociones se mueven en nuestro cuerpo como una carga eléctrica que se acumula y que necesita encontrar cauce; por esta razón, se hace conveniente buscar

Guía para padres & maestros de las Historias con inteligencia emocional para vivir mejor

por Silvia Larrave

5


medios seguros para dar una salida saludable a estas cargas eléctricas que se acumulan en nuestro interior. Para procesar un enojo muy agudo se necesita primero recurrir a una descarga física. El método usado en la historia incluye gritar y pegar en una colchoneta. Sin embargo, cualquier ejercicio vigoroso como saltar, bailar o simplemente agitar vigorosamente el cuerpo, puede traer alivio. Se puede recurrir a destruir papel periódico, torcer una toalla, pegarle a una almohada o similar. Cualquiera de estos mecanismos ayudarán. El único requisito es que se trate de una actividad inofensiva para quien la ejecute y que no afecte a nadie más. La parte de vociferar los pensamientos es muy importante para averiguar lo que realmente pasa. De no ser posible gritar, es conveniente escribir en un papel sin ninguna restricción o censura lo que se está pensando para poder darse cuenta de cuál es el verdadero problema. Hago énfasis en la necesidad de no censurar, ni limitar, de ninguna manera lo que se va a decir, puesto que es la represión lo que causó desde un principio que la incomodidad no fuera atendida a tiempo. Hay que notar también, que el enojo es la primera capa de emoción que puede estar expuesta, pero no será necesariamente la única. Las emociones suelen estar encapsuladas en capas como sucede en una cebolla: 1. Primero se nota el enojo en donde la persona está intentando culpar a algo o a alguien para evadir la situación. 2. Luego se nota la tristeza o desilusión que proviene de darse cuenta de la realidad.

3. Después se entra en contacto con el miedo o inseguridad que queda cuando se juzga a sí mismo. 4. Seguidamente aparece el remordimiento cuando ya se empieza a asumir la responsabilidad de lo que ocurre. 5. Por último, se descubre que lo que se resiente, tiene que ver con no sentirse amado y entonces surge la posibilidad del perdón o auto-perdón. De no alcanzarse a descubrir la última capa de emoción, no habrá posibilidades de perdón y con ello el suceso será almacenado internamente como resentimiento. Con el tiempo, esta energía de resentimiento acumulada y almacenada en alguna parte de nuestra mente y cuerpo, se somatiza como baja autoestima, enfermedades u otros problemas. Los niños instintivamente saben lo que necesitan y los padres a veces no notan que un berrinche es un recurso que usa el niño para aliviarse. Definitivamente hay un lugar y un momento apropiados para cada cosa, pero lastimosamente en la mayoría de casos obligamos a nuestros niños a reprimir lo que sienten sin ofrecerles momentos, lugares o maneras alternativas para aliviar y procesar sus emociones. Posiblemente la razón por la que muchos padres amorosos han caído en este mal hábito, es por que ellos mismos desconocen cómo procesar sus emociones y además, la manera en que fueron educados corresponde con esta actitud. Es importantísimo que se les ofrezca a los niños un espacio y mecanismos , como recurso de expresión y desahogo y que se le guíe y apoye en el proceso de entenderse a sí mismos. Si cada emoción se procesa correctamente, el resultado es crecer en sabiduría.

Guía para padres & maestros de las Historias con inteligencia emocional para vivir mejor

por Silvia Larrave

6


guiarobot