No hace tanto que el verano vaciaba Bilbao. Hoy en día la tendencia es muy otra. La ciudad se muestra viva y dinámica. Arriban los cruceros, pasan pergrinos del Camino de Santiago, suben embarcaciones de recreo por la ría y llegan grupos de cicloturistas, moteras y moteros, autoca- ravanas o familias.
Cada cual trae su objetivo: museos, gastronomía, conciertos, rutas, paisajes… Pero harían bien en dejar a un lado su planificación y dejarse llevar. Quizá puedan impregnarse del ambiente de un partido de pelota a mano o de cesta en el lugar más inesperado. O sorprenderse con el espectáculo de una regata de traineras. Probar el marmitako de una comida popular. Abrir los ojos ante una exhibición de levantamiento de piedra. O escuchar un concierto de jazz. Eso sin tener en cuenta uno de los más increíbles lugares para el avista- miento de aves del mundo, una reserva de la biosfera de la UNESCO, parques naturales mágicos como Urkiola o la posibilidad de empaparse de un idioma único como el euskera.