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Contenido 4

De “Imaginar el cambio” a las “Mudanzas espacio-temporales: imagen y memoria”. A modo de introducción Faustino Oncina Coves

12

Historia de los conceptos y transición epocal Luca Scuccimarra

32

¿Es la edad moderna una época definitiva? Acerca de un argumento de Blumenberg José Luis Villacañas Berlanga

52

La dimensión iconográfica de la Begriffsgeschichte como piedra angular del análisis de la modernidad Manuel Orozco Pérez

64 Imágenes de la memoria. Actos de imagen y elaboración del pasado Ana García Varas

76

Combate tecnificado, distorsión de la percepción, testimonio y memoria fotográfica en la Gran Guerra Nicolás Sánchez Durá

98 ¿Lo humano en ruinas? De un tiempo que no llega a un espacio que se fue Nerea Miravet Salvador y Héctor Vizcaíno Rebertos

110 La apropiación urbana Ester Giménez Beltrán

116 Espacios y lugares, miradas desde la arquitectura. Signos de ocupación Jose Antonio Ruiz Suaña

124 Ciudad xx-i/xx/XX+i. Friedrichstrasse Carlos Lacalle


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De “Imaginar el cambio” a las “Mudanzas espacio-temporales: imagen y memoria”. A modo de introducción Faustino Oncina Coves

12

Historia de los conceptos y transición epocal Luca Scuccimarra

32

¿Es la edad moderna una época definitiva? Acerca de un argumento de Blumenberg José Luis Villacañas Berlanga

52

La dimensión iconográfica de la Begriffsgeschichte como piedra angular del análisis de la modernidad Manuel Orozco Pérez

64 Imágenes de la memoria. Actos de imagen y elaboración del pasado Ana García Varas

76

Combate tecnificado, distorsión de la percepción, testimonio y memoria fotográfica en la Gran Guerra Nicolás Sánchez Durá

98 ¿Lo humano en ruinas? De un tiempo que no llega a un espacio que se fue Nerea Miravet Salvador y Héctor Vizcaíno Rebertos

110 La apropiación urbana Ester Giménez Beltrán

116 Espacios y lugares, miradas desde la arquitectura. Signos de ocupación Jose Antonio Ruiz Suaña

124 Ciudad xx-i/xx/XX+i. Friedrichstrasse Carlos Lacalle


De “Imaginar el cambio” a las “Mudanzas espacio-temporales: imagen y memoria”. A modo de introducción

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Faustino Oncina Coves Universitat de València

1

Este trabajo ha surgido en el marco del proyecto de investigación “Hacia una Historia Conceptual comprehensiva: giros filosóficos y culturales” (FFI2011-24473) del Ministerio de Economía y Competitividad y del Grupo de Investigación “Historia Conceptual y Crítica de la Modernidad” de la Universitat de València (GIUV2013-037). Fue ultimado durante una estancia en el Centro de Investigación Literaria y Cultural y en la Universidad Técnica de Berlín, merced a una beca del Vicerrectorado de Investigación y Política Científica de la Universidad de Valencia.

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M U D A N Z A S E S PA C I O - T E M P O R A L E S : I M A G E N Y M E M O R I A

Este volumen es el resultado de varias sinergias, un término del que hoy se tiende a abusar como lema pomposo a la par que vacuo, a guisa de huera declaración de intenciones, pero que, cuando se calza con compromisos serios y realidades tangibles, proporciona frutos de insólita e incluso exótica exuberancia. En primer lugar, hubo una interacción episódica, aunque cada vez se da con mayor frecuencia y ojalá acabe cuajando en una colaboración estructural y ya no puntual, entre distintas instituciones y diferentes proyectos de investigación. Por un lado, los artículos que integran esta publicación nacieron con ocasión de un Encuentro Internacional sobre Imaginar el cambio: del giro memoriográfico a las mudanzas espacio-temporales celebrado entre el 13 y el 15 de mayo de 2015 en dos sedes, en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat de València y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universitat Politècnica de València, donde ejerció de anfitrión el dinámico grupo “Arquitectura y pensamiento”. Por otro lado, en ese evento intervinieron miembros de dos proyectos de investigación entrelazados casi desde sus albores y financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad: “Filosofía de la imagen” adscrito a la Universidad de Zaragoza y dirigido por Ana García Varas y “Hacia una Historia Conceptual comprehensiva: giros filosóficos y culturales” coordinado por Faustino Oncina. No obstante, al grupo “Arquitectura y pensamiento” le corresponde el principal mérito de esta cooperación con Línea de Fuga, avalada por el director de dicha colección, nuestro estimado Román de la Calle, junto al interés y cofinanciación de otros proyectos y departamentos (José Luis Villacañas, de la Universidad Complutense de Madrid, y Nicolás Sánchez Durá, de la Universitat de València, son sus cabezas visibles) empeñados en tender puentes entre áreas de conocimiento y romper la inercia burocrática. Desde luego nuestro propósito, y abundantes pruebas de ello hemos brindado, sería profundizar esos vínculos en el futuro e incluso regularizarlos mediante encuentros bilaterales o multilaterales y publicaciones periódicas. En segundo lugar, es menester resaltar la afinidad temática de fondo de los principales rótulos del título del simposio y de nuestro volumen con el proyecto “Hacia una Historia Conceptual comprehensiva: giros filosóficos y culturales”, pero a ello aludiremos más adelante. En esta ocasión no es nada retórica nuestra declaración de intenciones de mestizaje entre distintas áreas de conocimiento, pues el programa, la organización y la financiación dimanan de un trabajo codo a codo con otros grupos de investigación. Obviamente, el título de nuestro evento y de los materiales que hemos mandado a las prensas puede parecer sofisticado e incluso rebuscado. Mas pocas veces como esta le hemos dado tantas vueltas al mismo para intentar dar cuenta de un fenómeno enmarañado, de una hermenéutica difícil y hasta refractaria y evitar convertirlo en un cajón de sastre, donde todo cabe y vale. El cambio (“mudanza” es aquí uno de sus alias) constituye una cuestión capital en la Historia Conceptual, puesto que su vergel temático se sitúa en la cesura epocal de la llamada Sattelzeit, esa franja a caballo de dos umbrales, 1750 y 1850 (a veces Koselleck emplea otra metáfora, Schwellenzeit, esto es, tiempo umbral o entre umbrales), entre los que refulgen la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, y el concepto de revolución constituye la apoteosis del cambio, porque no hay retorno –soltando el lastre del anterior significado astronómico del término, que implicaba 5


D E “ I M A G I N A R E L C A M B I O ” A L A S “ M U D A N Z A S E S P A C I O - T E M P O R A L E S : I M A G E N Y M E M O R I A”. A M O D O D E I N T R O D U C C I Ó N

repetición, recurrencia, ciclo2–. Esa noción impregna la investigación koselleckiana en sus dos ejes principales: en primer lugar, en el diccionario de los conceptos fundamentales de la historia, cuyo objeto de análisis es el cambio que acompaña al vocabulario en la transición de una época a otra; en segundo lugar, y a remolque de la temporalidad ínsita en su misma definición de concepto como índice y factor, experiencia y expectativa, en su antropología, esto es, en la relación de la existencia humana con el cambio de la percepción del tiempo a lo largo de la historia y del entrelazamiento, ahora trastocado, entre recuerdo y esperanza. Pero en la Historia Conceptual, acusada con frecuencia de textolatría (esto es, de morbus hermeneuticus) y de historicismo, cada vez han ganado mayor pujanza lo visual y lo anamnético, para tratar de compensar el déficit de plasticidad del concepto (la metaforología de Hans Blumenberg ya supuso un hito en esa dirección3) y su totemización del lenguaje, por un lado, y la hegemonía del singular colectivo de la historia, que ha condenado al ostracismo a discursos alternativos, como el de la memoria, por el otro. Precisamente en 2015 se organizó en el Museo de Literatura de la modernidad (Literaturmuseum der Moderne) de Marbach una exposición dedicada a Reinhart Koselleck con el llamativo reclamo de Geschichte zum Sehen (Historia para ver).4 A menudo se han presentado lo óptico y el recuerdo como sendos correctivos a la conceptualidad y a la historia (desde Walter Benjamin hasta el mencionado Blumenberg). Asistimos a una eclosión de los estudios icónicos y anamnéticos, tan importantes como enojosos para la conformación de las identidades individuales y colectivas, lo cual en España se traduce en la paradoja del atasco de la Ley de la Memoria Histórica y la hipertrofia de su industria mediante la sobreexplotación mediática de lo nostálgico. Ha habido tentativas de tender puentes, herederas de Aby Warburg, cuyo Atlas Mnemosyne5 es un ejemplo de ese giro memoriográfico y que ha sido elevado a los altares como precursor de las florecientes (al menos en el mundo anglosajón y germánico) ciencias de la cultura. Pero también hay que destacar las añagazas de esa pujanza: la imagen del cambio se ha reducido a un mero cambio de imagen y la memoria reparadora a un grotesco bazar de imposturas, del que es un buen botón de muestra la última novela sin ficción de Javier Cercas.6 La producción, la recepción y el uso de imágenes y memoria están sometidos a profundas transformaciones, primordialmente desde esa centuria acunada con especial mimo por la Historia Conceptual. Por una parte, la trepidante renovación del entorno físico y espiritual embiste contra

2

En efecto, el concepto “no sólo es moderno. También contiene experiencias premodernas. Aglutina estratos semánticos ordenados según su distinta profundidad histórica. […] Inicialmente, revolutio significaba en general un cambio profundo y, de forma más precisa, retorno. […] De este modo se posibilitó también la concepción de cambios históricos a largo plazo junto con su recursividad” (KOSELLECK, Reinhart, “Revolución como concepto y como metáfora. Sobre la semántica de una palabra en un tiempo enfática”, en KOSELLECK, Reinhart (2012), Historias de conceptos. Estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y social, Madrid: Trotta, pp. 162, 166). La cesura en el significado tuvo lugar en el siglo de las Luces: “En el siglo XVIII el concepto se amplió en un sentido que es propio de la filosofía de la historia. Hacía referencia al cambio por antonomasia, a un cambio que englobaba todos los ámbitos vitales y que debía llevar de forma progresiva hacia un futuro mejor” (Ibíd., p. 164).

3

ONCINA, Faustino (2015), “Historia in/conceptual y metaforología: método y modernidad”, en Hans Blumenberg: Historia in/ conceptual, antropología y modernidad, Faustino Oncina Coves y Pedro García-Durán (eds.), Valencia: Pre-Textos, pp. 11-32.

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La exposición duró del 16 de enero al 12 de abril de 2015: “fluxus 31: Reinhart Kosellecks Geschichte zum Sehen”. Koselleck entretejió, como casi ningún otro científico, el pensar en conceptos (Denken in Begriffen) con el pensar en imágenes (Denken in Bildern). Su legado, repartido entre el Deutsche Literaturarchiv de Marbach y el Deutsche Dokumentationszentrum für Kunstgeschichte – Bildarchiv Foto de Marburgo, está siendo catalogado gracias al apoyo de la Fundación Gerda Henkel y de la Deutschen Forschungsgemeinschaft.

5

Ya hay una versión en castellano de Joaquín Chamorro Mielke: WARBURG, Aby (2010), Atlas Mnemosyne, Madrid: Akal.

6

Cf. CERCAS, Javier (2014), El impostor, Barcelona: Random House.

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todo aquello que pretenda estancarse o perpetuarse, promocionando una suerte de borrón y cuenta nueva, de una amnesia permanente. A la par la exploración de soportes materiales de la imagen optimiza la creación y conservación de recuerdos, pero diluye los rastros que identificaban un objeto visual como original convirtiéndolo en un palimpsesto. Esta superposición de capas fue descrita por Koselleck como la “contemporaneidad de lo no-contemporáneo”. Por otra parte, la proliferación, circulación y mercantilización de imágenes y testimonios han contribuido a la yuxtaposición e incluso difuminación entre lo próximo y lo lejano, lo compacto y lo disperso, lo auténtico y lo kitsch. Recientemente, Hermann Lübbe llegaba a la conclusión, hiperbólica y patética, de que los presuntos perdedores de la modernidad (la religión, el federalismo, el pasado), frente a los sedicentes vencedores (secularización, globalización, futurocentrismo), eran los verdaderos triunfadores.7 El cambio ha servido y continúa sirviendo de consigna política. O mejor dicho, ha sido y es gancho electoral de éxito. Evoquemos, al menos mi generación podrá hacerlo, la histórica victoria socialista de 1982 aventada por el eslogan “Por el cambio”. Ese señuelo se fue desvaneciendo y su desencantamiento podemos rastrearlo si tomamos como hilo conductor la posición socialista frente a la OTAN. Si en el escaparate de la gran concentración pacifista del 15 de noviembre de 1981 en Madrid su rechazo era inequívoco, ese espejismo empieza a desaparecer con su calculada ambigüedad durante la campaña de los comicios de octubre de 1982, con su polisémica propuesta de “OTAN, de entrada no”, porque no se trataba de entrar (ya estábamos dentro), sino de salir. De cara al referéndum para la permanencia de marzo de 1986, el tándem de escuderos conversos al socialismo gubernamental Fernando Claudín y Ludolfo Paramio, procedentes de la izquierda radical, prepararon el terreno con una serie de artículos con un título elocuente: “Razones para salir”8 –en realidad, para no hacerlo– producidos para y por el diario El País, “el intelectual colectivo o el órgano del gobierno socialista”. El cambio instantáneo se alargaba y diluía ahora en los “primeros 25 años que necesitaba el Presidente González para hacer el cambio”, según el propio dirigente.9 Pero como eslogan no ha dejado de irradiar la misma fuerza de atracción. En la campaña de Podemos en las últimas elecciones andaluzas de 2015 Pablo Iglesias apelaba a los abuelos y abuelas que habían apoyado a los socialistas en 1982 con el argumento de que el cambio no es un fata morgana, como pretende la casta. El otrora mero cambio cosmético se trocaría ahora en cambio real, si bien tememos que ese cambio sea meramente “lampedusiano”, en el que se cambia algo para que no cambie nada y todo siga igual.10 Los predicadores de la modernización introdujeron el “cambio” como su concepto axial.11 No obstante, estamos en unos momentos de confusión. Si los historiadores conceptuales, por resumirlo con una alusión a Gadamer, denuncian la “sobreestimación del cambio histórico”,12 y se

7 Cf. LÜBBE, Hermann (2004), Modernisierungsgewinner: Religion, Geschichtssinn, direkte Demokratie und Moral, Múnich: Wilhelm Fink. 8

El País, 16.06.1984

9

MORÁN, Gregorio (2014), El cura y los mandarines (Historia no oficial del Bosque de los letrados). Cultura y política en España, 19621996, Madrid: Akal, p. 711.

10

CERCAS, Javier, “El cambio sin cambio”, El País Semanal, 15.03.2015, p. 8.

11

ASSMANN, Aleida (2013), Ist die Zeit aus den Fugen? Aufstieg und Fall des Zeitregimes der Moderne, Munich: Hanser, p. 23.

12

GADAMER, Hans-Georg (1991), Verdad y método, Salamanca: Sígueme, p. 26.

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autopresentan como paladines de la tradición (“tradicionalistas de la modernidad” es una expresión cara a la mayoría de ellos13), el agudo sociólogo Hartmut Rosa14 destaca hoy una inversión de los papeles clásicos: los conservadores apuestan vehementemente por los cambios acelerados, que llaman eufemísticamente reformas estructurales y que enmascaran un desmontaje del cada vez más raquítico andamio del Estado de bienestar, y los progresistas por su ralentización, aferrados a un nuevo concepto fetiche: el de sostenibilidad. El concepto de cambio está uncido al de futuro. Sin embargo, en la actualidad se pregona el escaso porvenir del futuro. Su mejor zahorí, el discípulo de Koselleck, Lucian Hölscher, habla de un agotamiento de las utopías del futuro positivas a partir de la década de 1970.15 Incluso se ha acuñado la expresión de retro o paleofuturo y se mira no tanto hacia delante cuanto hacia atrás, y se explota la veta de la memoria, a la que muy cándidamente se le atribuyen virtudes taumatúrgicas, reparadoras y emancipadoras, con la fórmula sospechosa de una presunta justicia anamnética. Pero hoy sabemos las funestas consecuencias no sólo de la amnesia, sino también de un Funes el memorioso16 borgiano, reconvertido en un Google implacable que ni olvida ni permite expiar las faltas, ni siquiera las prefabricadas, autónoma o heterónomamente, y urdidas a traición y con alevosía. Entre el registro y el borrado de datos impera una arritmia aún de imprevisible solución. Memoria y futuro, en los que muchos anhelos se han cifrado, se malbaratan ahora en una almoneda traicionera y zafia. Si en algún momento albergaron un venero de esperanza liberadora,17 su exaltación y mercantilización, la futurolatría y la memoriografía, las ha degradado a una baratija venal, masivamente producida y consumida, al lucrativo negocio de los revivals, de lo virtual y de lo nostálgico. Desde el siglo XVIII la modernidad ha sido concebida como un movimiento hacia delante.18 Sin embargo, nos encontramos en una constelación en que ya no podemos afirmar categóricamente que hemos dejado atrás el pasado, que el presente es un mero estar de paso y que el futuro apunta a prometedoras posibilidades. Como certeramente vislumbra Koselleck mediante su tesis de la contemporaneidad de lo no contemporáneo y despliega Hartmut Rosa mediante la de la desincronización, la etiología de algunas patologías actuales y sus efectos alienantes estriba en la fricción entre universos desacompasados e irreconciliables. Tenemos frente a frente, y sincrónicamente, sociedades modernas y otras arcaicas, culturas vanguardistas y otras atávicas,

13

MARQUARD, Odo (1985), “Sobre la inevitabilidad de las ciencias del espíritu”, en MARQUARD, Odo (2000), Apología de lo contingente, Valencia: Institució Alfons el Magnànim, p. 116.

14

Cf. ROSA, Hartmut (2013), Beschleunigung und Entfremdung, Berlin: Suhrkamp.

15

HÖLSCHER, Lucian (2014), El descubrimiento del futuro, Madrid: Siglo XXI, pp. 217 y ss., 224-225. En la actualidad este catedrático de la Universidad de Bochum lidera una red de investigación interdisciplinar sobre” el futuro del siglo XX”, que quiere aunar trabajo empírico y reflexión sobre el significado político y sociocultural de proyectos de porvenir en la sociedad moderna con un análisis metodológico de sus formas de generación y de su potencial en contextos cambiantes.

16

Cf. “Funes el memorioso”, en BORGES, Jorge Luis (2002), Narraciones, Madrid: Cátedra.

17

En los años sesenta la recuperación de la memoria está ligada a los movimientos de liberación nacional y a los procesos de descolonización que alientan la búsqueda de tradiciones perdidas y oprimidas (Cf. HUYSSEN, Andreas (2004), En busca del futuro perdido, México: FCE).

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GUMBRECHT, Hans Ulrich, “Modern, Modernität, Moderne”, en Geschichtliche Grundbegriffe. Historisches Lexikon zur politischsozialen Sprache in Deutschland, O. Brunner, W. Conze y R. Koselleck (eds.) (1990-1997), Stuttgart: Klett-Cotta, vol. 4, pp. 93-151. A. Assmann ofrece un retrato robot del régimen temporal moderno mediante cinco rasgos: la ruptura del tiempo (esto es, la valoración del futuro a costa de la separación y devaluación del pasado, el hiato entre experiencia y expectativa), la ficción del inicio, la destrucción creadora, la invención de lo histórico y la aceleración (Cf. ASSMAN (2013), op. cit., pp. 131-207).

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multiplicándose los guetos con diferentes y opuestos ritmos temporales, fomentando un encono entre aventajados y rezagados, entre arribistas y desclasados. La simultaneidad no se ha acompañado de solidaridad. Hacer cosas a la vez no significa hacerlas juntos. La maximización de la movilidad incluso ha deshilachado nuestra red social hasta volverla extremadamente frágil.19 El nuevo ideal de la ultraflexibilidad conduce a la corrosión de nuestra identidad. Si todo a nuestro alrededor cambia a una velocidad vertiginosa –desde nuestra profesión a nuestra residencia– cada vez nos resulta más difícil decir quiénes somos.20 Las tecnologías nos conceden nuevas franquicias de ahorro de tiempo, y, sin embargo, ya no sentimos que el elixir de la velocidad nos garantice una vida plena, exenta de estrés, pues también esparce violencia, microscópica o macroscópica, y discriminación. Al régimen temporal del pasado, reinante hasta las Luces, le sucedió el del futuro y a partir de 1989 (por remarcar una fecha significativa, pero dúctil) el del presente. François Hartog alude al voraz presentismo actual. Hoy el presente lo invade y lo explica todo21 con la ayuda del HisTurismo. Cual espectro amenazante, ya no se porfía por adelantar la llegada del futuro, sino por retardarlo.22 Parecen extinguidos sus momentos de gloria. Hölscher destacó sus tres períodos de apogeo: el del descubrimiento del futuro (1770-1830), el de su resurgimiento (1830-1890) y el de su culminación (1890-1950). En la década de 1960 renace el interés por él.23 Luego empezó su fase menguante. Muchos nos pusieron sobre aviso y entonaron con cierto retintín nietzscheano: el futuro ha muerto. Ha desaparecido su idea para mudarse al presente. Ya no es el territorio imaginario en el que moran los sueños de la humanidad, sino el lugar en el que lo existente persevera en su ser. Gadamer, presidente de la comisión de Historia Conceptual de la Fundación para la ciencia alemana (Deutsche Forschungsgemeinschaft) durante una década (1956-1966), habla explícitamente del principio de conservación (Bewahrung) y la Escuela de Joachim Ritter, líder de la empresa conducente al Diccionario histórico de la filosofía (Historisches Wörterbuch der Philosophie24), del axioma de compensación. Para uno de sus discípulos más conspicuos, Odo Marquard, la función de la filosofía no es tanto la de transformar el mundo como la de cuidarlo (verschonen),

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Se trata de la modernidad líquida que ha estudiado concienzudamente en varios libros Zygmunt Bauman (p. ej., BAUMAN, Zygmunt (2007), La modernidad líquida, México: FCE) . Estamos seguros de que nada va a durar mucho y de que las novedades relegan lo existente. O, lo que es lo mismo, todo cambia de un momento a otro y tenemos miedo de fijar para siempre las cosas, las relaciones interpersonales, etc. Modernizar es cambiar veloz y compulsivamente.

20

Esta descripción del sujeto posmoderno, compelido a reinventarse permanentemente, en el marco de un proyecto de modernidad que se define como el incremento de las posibilidades sociales de elección, ha abocado a una relación distorsionada entre el sujeto y el mundo, y Rosa se esmera ahora en bosquejar una alternativa de relaciones logradas, que llama sistema de resonancia (cf. ROSA, Hartmut (2012), Weltbeziehungen im Zeitalter der Beschleunigung, Berlin: Suhrkamp; Id. (2016), Resonanz. Eine Soziologie der Weltbeziehung, Berlin: Suhrkamp).

21

Cf. HARTOG, François (2003), Régimes d’historicité: présentisme et expériences du temps, Paris€ : Seuil. Ricardo García Cárcel (Premio Nacional de Historia de 2012) nos advierte en su prólogo a La herencia del pasado (cf. GARCÍA CÁRCEL, Ricardo (2011), La herencia del pasado. Las memorias históricas de España, Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) del acusado presentismo de hoy. Véase asimismo CRUZ, Manuel, “Lo que me quede de vida”, El País, 1.11.2014.

22

Gumbrecht sostiene que el futuro es un cristal opaco, “seguirá cerrado como superficie de proyección” (GUMBRECHT, Hans Ulrich (2010), Lento presente. Sintomatología del nuevo tiempo histórico, Madrid: Escolar y Mayo, pp. 58, 60). Cfr. ONCINA, Faustino (2015), “De la contracción a la dilatación del tiempo: tiempos menguantes y crecientes”, Historia y Grafía, núm. 44, pp. 89-114.

23

HÖLSCHER (2014), op. cit., p. 215. En el régimen temporal del siglo XX, el futuro era la dimensión dominante, pero en la coyuntura actual se plantean algunos interrogantes. ¿Presupone la orientación hacia el futuro una orientación hacia el pasado? ¿O todo lo que trae el futuro es nuevo y carente de modelo (Koselleck)? ¿O quizás reemplazará la supremacía posmoderna del presente (Gumbrecht) o del pasado (Assmann) la hegemonía del futuro de la modernidad clásica?

24

9

Cf. RITTER, Joachim, (1971 y ss), Historisches Wörterbuch der Philosophie, Basilea/Stuttgart: Schwabe & Co.


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retorciendo la undécima tesis de Marx sobre Feuerbach,25 como si no quedara más proyecto viable que el mantener lo mejor de lo que hubo y ninguna alternativa (que no fuera disuasoria) pudiera ser pensada.26 Los hay, sin duda, que se regodean levantando semejante acta de defunción.27 Pero también el culto a la imagen, estilizada en la exigencia de una sociedad del simulacro, puro escaparate carente de reflexión, ha causado daños colaterales. La irresistible coacción icónica, el imperativo de la transparencia reconvertido en una estetización anestésica, se ha mudado en un obsceno voyeurismo y en un truculento y soez exhibicionismo. Como inteligentemente diagnostica Byung-Chul Han, en las redes sociales de hoy la “vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. […] A sabiendas contribuimos al panóptico digital en la medida en que nos desnudamos y exponemos. […] Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control”.28 Nuestra privacidad queda a la intemperie, y el horror a nuestra vacía interioridad lo aliviamos con un derroche de fingimiento. Dado que, merced a los medios de comunicación electrónicos, todo está siempre disponible en tiempo real (total recall), ya no olvidamos los pasados y podemos discrecionalmente traer al aquí y ahora mediante simulación muchos futuros. Nuestro presente se ha dilatado, hasta convertirse en un omni-presente de simultaneidades. Navegamos en una nada sobredimensionada e inabarcable que torna espectral, quimérico, el obrar autónomo.29 ¿En qué época vivimos en realidad? ¿Es un período de atrofia, de transformación, un tránsito sin fin a terra incognita para el que aún no disponemos de conceptos? Desde la Historia Conceptual se intenta aguzar una reflexión no sólo terminológica, sino preeminentemente en clave de crítica ideológica sobre la tipología de cronotopos y sus secuelas mixtificadoras. La incursión que hará en estas páginas Luca Scuccimarra es extraordinariamente sugerente. En el párrafo inicial aludíamos a que el concurso de otras iniciativas ha sido crucial para que esta empresa llegara a buen puerto. Desearíamos subrayar, con el permiso del resto de colaboraciones, la del grupo “Arquitectura y pensamiento” de la Universidad Politécnica de Valencia por un motivo biográfico y por otro nostálgico a la vez que esperanzador. El primero tiene que ver con nuestra predilección por estilos intelectuales que han recurrido a menudo a metáforas arquitectónicas: desde la arquitectónica de la razón kantiana a los cimientos o fundamentos (Grundlagen) que busca denodadamente el idealismo para apuntalar los vicios de construcción

25

MARQUARD, Odo (2007), Las dificultades con la filosofía de la historia [1973], Valencia: Pre-Textos, p. 19.

26

Cf. GOMÁ LUZÓN, Javier, “Somos los mejores. El don que más nos falta es el de saber gozar. Sintámonos afortunados de haber nacido en esta época igualitaria”, El País. Babelia, 10.11.2012.

27

CRUZ, Manuel, “El futuro ha muerto: ¡a por el pasado!”, El País, 5.01.1998.

28

HAN, Byung-Chul (2013), La sociedad de la transparencia, Barcelona: Herder, pp. 94-95, cf. pp. 31, 89; Rosa (2013), op. cit., pp. 46-54.

29

Cf. GUMBRECHT, Hans Ulrich (2012a), “Das Ende der Zukunft. Über eine neue Form der Zeit als Prämisse von Erfahrung”, Der blaue Reiter, 31, pp. 49-53. Este número de la revista estaba dedicado monográficamente al tema No Future! Philosophie des Augenblicks. Véanse también sus libros GUMBRECHT, Hans Ulrich (2011), Unsere breite Gegenwart, Berlín: Suhrkamp; Id. (2012c), Präsenz, Berlín: Suhrkamp, y Id. (2012b), Nach 1945, Latenz als Ursprung der Gegenwart Berlín: Suhrkamp. Además de Gumbrecht, diversos autores, desde Bruno Latour a Giacomo Marramao pasando por Deleuze/Guattari, Henri Lefebvre o Michel Foucault, han impugnado la obsesión moderna por el tiempo a costa del espacio. Marramao ha denunciado el sacrificio, a partir de los ilustrados, del pasado y el presente en favor de la apoteosis de un futuro que a la postre se ha disuelto en una magnitud abstracta. Como sostiene en un breve texto, cuya traducción al castellano se publicará en Historia y Grafía, el giro espacial, entre la Escila del futurismo moderno y la Caribdis del presentismo posmoderno, pretende la “rehabilitación del espacio para repensar las paradojas del tiempo e ir a la raíz de la crisis del futuro” (cf. MARRAMAO, Giacomo (2013), “Spatial turn: spazio vissuto e signi dei tempi”, alfabeta2, nº 30; Id. (2009), Minima temporalia. Espacio, tiempo y experiencia, Barcelona: Gedisa).

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del edificio crítico30 a la meditación sobre los lugares de la memoria.31 El segundo evoca una época dorada en que intrépidos pensadores filosóficos de nuestro país ejercían su magisterio en Escuelas de Arquitectura (Rubert de Ventós, Eugenio Trías, Félix de Azúa, Rafael Argullol, etc.), y retoma una tradición perdida, o mejor dicho con altibajos, de eslabonar la arquitectura a la reflexión. Hoy por fortuna no es nada excepcional tener que allegarse al Camino de Vera (al campus de la Universidad Politécnica de Valencia) para aprender de los mejores espadas internacionales del circuito filosófico (Marc Augé, Jean-Luc Nancy, etc.). El carácter poliédrico del asunto que nos ocupa quedó suficientemente demostrado, amén de por los capítulos que siguen a continuación, por las aportaciones al Congreso mencionado al comienzo de Karina P. Trilles, Gaetano Rametta, José Manuel Sánchez, Pedro García Durán, Rut Martín Hernández, Lorena Rivera, Elena Cantarino, Juan de Dios Bares y Antonio Lastra, las cuales no han podido incluirse en esta publicación por un imperativo de cantidad y en absoluto de calidad. El plural no es en absoluto mayestático, porque el peso real del trabajo organizativo y de revisión de materiales ha recaído en Héctor Vizcaíno y Nerea Miravet, a quienes debemos, además, el diseño embrionario de esta actividad.

30

La obra magna de Johann Gottlieb Fichte lleva como título Grundlage der gesamten Wissenschaftslehre (1794) (cf. FICHTE, Johann Gottlieb (1975), Fundamento de toda la Doctrina de la ciencia (Buenos Aires: Aguilar). La atracción recíproca entre arquitectura y filosofía en este y otros idealistas ha sido estudiada por la catedrática de la Universidad de Siegen Petra Lohmann, alma máter de la Sociedad Internacional de Arquitectura y Filosofía, que dedicó su habilitación a la influencia fichteana en Schinkel (cf. LOHMANN, Petra (2009), Karl Friedrich Schinkel: Architektur als “Symbol des Lebens”. Zur Wirkung der Philosophie Johann Gottlieb Fichtes auf die Architekturtheorie Karl Friedrich Schinkels (1803 – 1815), Munich/Berlin: Deutschen Kunstverlag). Cfr. RADRIZZANI, Ives y ONCINA, Faustino (eds.) (2014), Fichte und die Kunst, en Fichte-Studien Jahrgang 25, Amsterdam/Nueva York: Editions Rodopi.

31

11

ONCINA, Faustino y CANTARINO, Elena (eds.) (2011), Estética de la memoria, Valencia: PUV.


Historia de los conceptos y transición epocal 1

Luca Scuccimarra Università di Roma “La Sapienza”

1

Traducción de Héctor Vizcaíno Rebertos gracias a una beca de carácter predoctoral del subprograma de “Atracció de Talent” de la Universitat de València y en el marco del Proyecto de Investigación “Hacia una Historia Conceptual Comprehensiva: giros filosóficos y culturales” (FFI2011-24473) del Ministerio de Economía y Competitividad. Agradezco a Nerea Miravet Salvador la inestimable ayuda que me ha prestado con sus comentarios y sugerencias para darle lustre a esta traducción.

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M U D A N Z A S E S PA C I O - T E M P O R A L E S : I M A G E N Y M E M O R I A

1. Introducción: pensar el cambio en la época global Ya es una opinión compartida en el campo de los estudios histórico-sociales que en el mundo contemporáneo el orden secular de la política ha entrado en una crisis profunda y sin retorno. Sin duda, esa “auténtica transformación en la escala de organización de la sociedad humana” a la que estamos acostumbrados a aproximarnos a través de la categoría passe-partout de globalización2 ha sido lo que ha puesto radicalmente en cuestión consolidadas modalidades de articulación de las relaciones políticas. Con el impulso de los procesos de internacionalización ha entrado definitivamente en crisis esa perspectiva interpretativa que, durante siglos y a varios niveles, había identificado en la moderna soberanía territorial –y en las formas de legitimación a ésta asociadas– la dimensión constitutiva del universo mismo de las relaciones sociales. En el debate contemporáneo esto ha terminado alimentando una intensa discusión sobre los dilemas de la política global, esto es, sobre los desafíos que la política contemporánea está llamada a afrontar “en el intento de relanzarse a niveles de nueva, efectiva proyectualidad institucional y de legitimación, apuntando, en caso necesario, a nuevos sujetos”.3 Sin embargo, es suficiente con hacer referencia al inconcluyente debate político-constitucional que en el curso de las últimas décadas ha llevado adelante la Unión europea “como la primera figura de democracia postnacional”4 para darse cuenta del terreno extremadamente insidioso sobre el que se mueve este intento de “una nueva proyección espacio-temporal” de la política contemporánea. A pesar del contenido en gran parte inédito de los desafíos actuales, es manifiesta la tendencia a pensar el presente a través de los mismos esquemas categoriales que tradicionalmente han estado en la base del orden político de la Modernidad. Es precisamente por este motivo por el que desde muchas partes se ha subrayado la necesidad de un auténtico giro epistemológico, capaz de modificar profundamente nuestra forma de mirar los problemas del presente, haciendo saltar las tradicionales modalidades de clasificación categorial y poniendo los diversos contextos problemáticos bajo una nueva luz. Según esta perspectiva, tras anunciar el ocaso de un orden secular de la política y evocar la necesidad de diferentes líneas de proyección para el tercer milenio, las disciplinas históricosociales contemporáneas deberían extraer de ello las debidas consecuencias, implicándose en un serio esfuerzo de autoproblematización categorial, sin temor a poner en cuestión conceptos

2

Cfr. HELD, David y MCGREW, Anthony (2002), Globalization/Anti-Globalization, Polity Press: Cambridge (trad. it., Id. (2003), Globalismo e antiglobalismo, il Mulino: Bologna, p. 9).

3

GHERARDI, Raffaella (2001), “I concetti della politica nell’era della globalizzazione”, en Il pensiero politico, Vol. XXXIV, nº 3, 2001, pp. 496 y ss.

4

HABERMAS, Jürgen (1998), “Die postnationale Konstellation und die Zukunft der Demokratie”, en Id., Die postnationale Konstellation, Frankfurt a. M.: Suhrkamp, 1998 (trad. it., Id. (1999), “La costellazione postnazionale e il futuro della democrazia”, en La costellazione postnazionale. Mercato globale, nazioni e democrazia, Feltrinelli, Milano, pp. 70 y ss.).

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que “tienden a presentarse como asépticos” y que, en cambio, resultan estar cargados de una anticuada y obsoleta “politicidad”.5 Es sobre la base de consideraciones de este tipo que, en Italia, aunque no únicamente, en el curso de los últimos años se ha venido desarrollando una amplia reflexión sobre el nuevo mundo de la época global, dirigida específicamente a esclarecer qué tipo de aproximación puede permitir tomar conciencia hoy de la avanzada crisis “de los conceptos modernos, de sus modalidades de funcionamiento y de concatenación lógica”, sin caer una vez más víctimas de la más sutil de las mistificaciones, es decir, la absolutización del punto de vista moderno.6 Animado por esta apremiante exigencia de autoproblematización historiográfica, el examen del léxico jurídico y político de la Modernidad ha terminado transformándose así en un (más o menos explícito) examen del discurso producido en las últimas décadas a propósito de ese mismo léxico, es decir, en una exhaustiva discusión sobre las principales instancias metodológicas producidas por el giro lingüístico de finales del siglo XX en el campo de la historiografía política y social, con especial referencia a esa específica metodología de investigación terminológico-conceptual que estamos acostumbrados a asociar a la noción un poco esotérica de Begriffsgeschichte. Según diversos autores es necesario volver a partir, precisamente, del crucial desarrollo metodológico y categorial propuesto, en años ya lejanos, por autores como Otto Brunner, Werner Conze y, sobre todo, Reinhart Koselleck, para pensar el cambio en curso a un nivel de auto-conciencia teórica que esté verdaderamente a la altura de los desafíos de nuestro tiempo.

2. Pensar el cambio epocal: el modelo de la Begriffsgeschichte Que la exploración de las complejas dinámicas del cambio histórico constituye uno de los nudos problemáticos constitutivos de la Begriffsgeschichte como una peculiar metodología de investigación historiográfica es un dato que aparece con cierta evidencia desde la primera contribución programática elaborada sobre el tema por Koselleck: el artículo Richtlinien für das Lexikon politischsozialer Begriffe der Neuzeit, publicado en 1967 y presentado por su mismo autor como la síntesis de una reunión de trabajo celebrada casi cuatro años antes con Brunner, Conze y “sus primeros colaboradores” en el proyecto de un Léxico de los conceptos político-sociales de la Modernidad.7 El punto de partida del recorrido historiográfico trazado en las Richtlinien es, de hecho, esa misma concepción de la radical discontinuidad de las constelaciones históricas de sentido que ya había permeado la investigación historiográfica de Otto Brunner. Toda la argumentación de Koselleck parece así dominada por el presupuesto ferozmente “anti-idealista” de que “los conceptos históricos no representan una Sammlung de constantes catalogables, sino que entran plenamente en el movimiento de la temporalidad histórica”.8 Éste es justamente el

5 GHERARDI (2001), op. cit., p. 498. Sobre este punto véanse las ya clásicas reflexiones desarrolladas por BECK, Ulrich (2003), La società cosmopolita. Prospettive dell’epoca postnazionale, Bologna: il Mulino, pp. 50 y ss. 6

Cfr. CHIGNOLA, Sandro y DUSO, Giuseppe (a cura di) (2005), Sui concetti giuridici e politici della costituzione dell’Europa, Milano: FrancoAngeli.

7

KOSELLECK, Reinhart (1967), “Richtlinien für das Lexikon politisch-sozialer Begriffe der Neuzeit”, en Archiv für Begriffsgeschichte, Vol. XI, nº 1, pp. 81 y ss.

8

14

CHIGNOLA, Sandro (1990), “Storia concettuale e filosofia politica. Per una prima approssimazione”, en Filosofia Politica, nº 1, pp. 5-35.


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significado más profundo de esa toma de distancia respecto a toda perspectiva de historia de las ideas o del espíritu, que encontramos enunciada casi en la apertura del texto de 1967 y que se convertirá en un auténtico topos de la teorización koselleckiana.9 Como encontramos puntualmente evidenciado en la fundamental “Introducción filosóficohistórica” de las Richtlinien, en el centro de la investigación histórico-conceptual ahora se plantea, por otra parte, esa específica dimensión del begreifen que, según el mismo Koselleck, representa “en general” el auténtico umbral de constitución de la historia (Geschichte) como dimensión enteramente reflexiva.10 Es precisamente en virtud de la específica relevancia atribuida a la dimensión de la conceptualización en el proceso de auto-constitución del horizonte histórico, como la Begriffsgeschichte asume un significado que excede manifiestamente el nivel de una mera “critica de las fuentes”. Aquélla está llamada, de hecho, a interpretar la historia a través de sus conceptos (nómadas) y a comprender históricamente estos últimos, es decir, tiene “como tema la convergencia entre concepto e historia”, entendida no ya en la acepción idealista de una perfecta identidad de los dos términos, sino como una relación de perenne tensión entre dos niveles que se exceden constantemente.11 Como escribe Koselleck, nosotros intentamos describir el proceso histórico “tras” el cambio conceptual, pero sólo el que se muestra en el mismo concepto. Para nuestra metodología la historia es una historia de conceptos: el concepto supera la palabra en la medida en que éste comprende la historia.12

No puede sorprender, por tanto, que desde esta perspectiva la historia conceptual tienda a asumir las valencias, gnoseológicamente innovadoras, de una auténtica forma de Zeitgeschichte, una exploración conceptual sistemática de las mediaciones [scansioni] del movimiento histórico que, “registrando los cambios producidos en el uso lingüístico de determinadas palabras, pero también la inversión general de su valor semántico”,13 parece capaz de captar las cesuras que se interponen entre constelaciones de sentido radicalmente diferenciadas de una forma mucho más eficaz de cuanto hayan sabido hacer otras aproximaciones historiográficas. El cambio de significado de las palabras y la transformación del objeto, la mutación de la situación y el estímulo hacia nuevas denominaciones, constituyen, de hecho, otras tantas líneas de desarrollo de esa procesualidad histórica en cuyo punto de intersección se coloca el concepto en cuestión. En la investigación de esta heterogénea constelación histórico-semántica, la Begriffsgeschichte oscila, por tanto, entre la investigación semasiológica –el estudio de todos los significados de un término particular– y la onomasiológica –el análisis de todas las posibles designaciones de un objeto existentes en un determinado periodo histórico– sin dejar de introducir “aquí y allá” problemáticas

9

KOSELLECK (1967), op. cit., p. 85.

10

Ídem: “Que la historia se sedimenta en determinados conceptos y en general es historia sólo en la medida en que cada vez es comprendida conceptualmente (begriffen) –de qué manera sucede esto es precisamente nuestra temática– es la premisa filosóficohistórica de nuestro método”. 11

Ibíd., pp. 86 y ss.

12

Ibíd., pp. 85 y ss.

13

CHIGNOLA (1990), op. cit., p. 400.

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directamente vinculadas a la historia material y a la del espíritu, que resultan igualmente esenciales “para aferrar el contenido histórico de un concepto”.14 Un paso posterior hacia la constitución de la Begriffsgeschichte como disciplina autónoma desde el punto de vista teórico y metodológico, si bien necesariamente ligado a otros ámbitos de la investigación historiográfica, coincide sin duda con la redacción de la introducción general al Lexikon, entregada a la imprenta finalmente en 1972 con el título de Geschichtliche Grundbegriffe.15 En este texto, nuevamente firmado por Koselleck en solitario –entre tanto puesto decididamente al frente de todo el proyecto lexicográfico–, encontramos al menos en parte reformuladas las principales tesis metodológicas y categoriales ya enunciadas en las Richtlinien de 1967. Muchas de las incorporaciones y modificaciones introducidas encuentran probablemente su razón de ser en la necesidad de corroborar la solidez y la especificidad epistémica de este modelo historiográfico en un panorama de investigación que en el curso de la década precedente había visto surgir, en Alemania y fuera de ésta, “una serie de cuestiones y metodologías nuevas”,16 todas ellas basadas en una aproximación de tipo histórico-conceptual y semantológico. Desde este punto de vista, no sorprende que en su obra de puntualización metodológica y categorial la Einleitung de 1972 se concentre en particular en los mecanismos operativos más directamente ligados al análisis del lenguaje, a partir de esa relación de afinidad-divergencia que vincula los análisis histórico-conceptuales del grupo con la historia lexical (Wortgeschichte) entendida en el sentido más estricto del término. Si es cierto que a través de la intersección de análisis textual y reconstrucción de los contextos de referencia, la historia de las palabras representa la principal vía de acceso de la historiografía a una problemática conceptual,17 es igualmente cierto que por sí misma esta metodología todavía no es suficiente para garantizar el paso a una auténtica historia de los conceptos en la versión gnoseológicamente potenciada encarnada por los Geschichtliche Grundbegriffe. En la aproximación de Koselleck este paradigma metodológico implica, en realidad, la adopción de una perspectiva completamente diacrónica, capaz de superar la constitutiva fragmentariedad del análisis textual/contextual a través de una reflexión consciente de la sustancia misma de los procesos históricos. Para que se alcance este resultado es necesario, en otras palabras, que en un “segundo momento de la investigación” los conceptos alumbrados por el análisis histórico-lexical se desvinculen de su contexto originario, seguidos en su función significante “a través de la sucesión de las épocas y después recíprocamente coordinados”.18 Lo que se pide al historiador de los conceptos es “construir una secuencia, una serie de los significados sucesivos y generalmente discordantes llevados por un concepto concreto”:19 sólo desde esta perspectiva, en realidad,

14

KOSELLECK (1967), op. cit., p. 85.

15

KOSELLECK, Reinhart (1972), “Einleitung”, en Geschichtliche Grundbegriffe. Historisches Lexikon zur politisch-sozialen Sprache in Deutschland, Vol. 1, Stuttgart: Klett-Cotta, pp. XIII y ss.

16

Ibíd., p. XIX.

17

Ibid., p. XX y ss.

18

Ibid., p. XXI.

19

Cfr. RICHTER, Melvin (1995), The History of Political and Social Concepts, New York/Oxford: Oxford University Press, p. 46.

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pueden hacerse visibles las líneas de fractura (Verwerfungen) que subsisten entre los antiguos significados de la palabra, que se refieren a una situación de hecho que desaparece, y los nuevos contenidos de la misma palabra. Entonces pueden tomarse en consideración las supervivencias de significado a las que no corresponde ya ninguna realidad, o aparecen realidades cuyo significado es desconocido.20

Aquí tocamos uno de los aspectos más significativos y discutidos de la construcción de los Geschichtliche Grundbegriffe. En la elaboración metodológica de Koselleck, sólo la adopción de un riguroso principio diacrónico puede abrir a la Begriffsgeschichte el horizonte de una práctica historiográfica de alcance general: esa Zeitgeschichte que tiene como objeto específico el desciframiento simultáneo del cambio y de la duración históricos,21 la exploración sistemática de los estratos temporales y de las estructuras sociales. Sólo a este nivel la duración social de un significado y las estructuras que le corresponden pueden aparecer en primer plano. Palabras duraderas no son de por sí un indicio suficiente de estructuras persistentes. Sólo la profunda articulación diacrónica (diachronische Tiefgliedrung) de un concepto desvela las trasformaciones estructurales de larga duración.22

Al enunciar las principales tesis metodológicas puestas a la base de los Geschichtliche Grundbegriffe, Koselleck toma abiertamente distancias de toda interpretación rígidamente secuencial de esta articulación diacrónica de larga duración. Según su interpretación, en las fuentes de un determinado periodo histórico es posible volver a encontrar, de hecho, simultáneamente movilizados todos los pasajes sucesivos de la historia de un concepto, en una “multiestratificación (Mehrschichtigkeit) de significados” expresión de fases diversas de su “desarrollo estructural”. Desde este punto de vista, la aproximación histórico-conceptual necesariamente tiende a asumir, por tanto, un significado más que diacrónico, abriéndose a la representación de esa contemporaneidad de lo no contemporáneo, destinada a imponerse como la auténtica cifra caracterizante de este tipo de práctica historiográfica. En esta perspectiva, la “profundidad histórica” de un concepto, que no es idéntica a su cronología, asume por ello un carácter “sistemático o estructural”: diacronía y sincronía se entrelazan en una perspectiva auténticamente histórico-conceptual.23 Así las cosas, no puede sorprender que en la peculiar formulación koselleckiana, el examen de la crucial cuestión del cambio epocal se sustraiga a la aproximación rígidamente discontinuista todavía característica de la historiografía de Otto Brunner, para desembocar en una perspectiva de investigación en la que la emergencia de lo nuevo se piensa siempre como el resultado, momentáneo y contingente, de un complejo campo de tensión entre diferencia y repetición. “Duración, cambio y novedad” –escribe al respecto Koselleck en el ensayo Begriffsgeschichte und Sozialgeschichte, publicado el mismo año que el primer volumen del Lexikon– son “captados diacrónicamente a lo largo de los significados y el uso lingüístico de una misma palabra” pero “una posible historia de los conceptos que plantee el problema de la duración, del cambio y de la novedad, conduce a una articulación prospéctiva de significados que permanecen, se superponen, envejecen y se

20

KOSELLECK (1972), op. cit., p. XXI.

21

Ibid., p. XXI.

22

Ibíd., p. XXI. Sobre este punto véase también RICHTER (1995), op. cit., p. 622.

23

KOSELLECK (1972), op. cit., p. XXI.

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renuevan”.24 Desde este punto de vista, en la visión koselleckiana de la historia conceptual nunca se da una “total alteridad del pasado (totale Andersartigkeit der Vergangenheit)”, algo así como una absoluta inconmensurabilidad entre viejo y nuevo, sino, al contrario, “estrato tras estrato, el pasado fluye en y a través del presente a diferentes velocidades”, contribuyendo precisamente a través del ritmo de su fluir a dar consistencia a esa transformación de las modalidades individuales y colectivas de experiencia sugerida por la noción de “cambio epocal”.25 No es casualidad, por tanto, que, aplicada a las específicas dinámicas de la innovación conceptual, la concepción de la “contemporaneidad de lo no contemporáneo” puesta en el centro de la historiografía de Koselleck haya podido aparecer peculiarmente alineada con el planteamiento de aquellos autores que, en un ámbito distante a éste como la historia de la ciencia, han “puesto en cuestión la ‘metáfora central’ de paradigmas (o sistemas de pensamiento) autónomos separados por rupturas totales, propuesta por ejemplo por Kuhn (o por Foucault), subrayando en cambio la necesidad de registrar los flujos variables de cambio histórico (en las teorías, en los regímenes experimentales, en la instrumentación), del mismo modo como podemos pensar en las filas alternadas de ladrillos que forman un muro y le dan la fuerza para no derrumbarse sobre una sola juntura”.26

3. Umbral epocal y conciencia epocal Para comprender en profundidad los resultados producidos por esta aproximación a las modalidades concretas de reconstrucción historiográfica de las dinámicas del cambio histórico es suficiente con hacer referencia al específico, y en muchos sentidos original, diagnóstico epocal propuesto desde el inicio por los ideólogos del Lexikon como marco organizativo general de la investigación histórico-conceptual sobre las fuentes del pasado.27 Me refiero, evidentemente, a la “Modernisierungsthese” enunciada por primera vez por Koselleck en las Richtlinien de 1967 y posteriormente puesta a la base del ambicioso proyecto historiográfico de los Geschichtliche Grundbegriffe hasta su fatigosa conclusión, es decir, la convicción de que en el universo lingüísticocultural alemán la llegada de la Modernidad político-social puede representarse como el resultado de una compleja fase de transición epocal que en el “espacio temporal que va aproximadamente de 1700 a 1900” –y con especial intensidad entre 1750 y 1850– conduce a través de la “disolución del antiguo mundo de los estamentos y de los estados” a la “génesis del moderno”.28 Según esta formulación, la investigación histórica sobre la “conceptualidad ‘de la Época Moderna’ (‘neuzeitliche’ Begrifflichkeit)” puesta en el centro de las investigaciones de la Begriffsgeschichte no puede agotarse completamente en el examen de “significados sólo

24

KOSELLECK, Reinhart, “Begriffsgeschichte und Sozialgeschichte”, en KOSELLECK, Reinhart (1979), Vergangene Zukunft. Zur Semantik geschichtlicher Zeiten, Frankfurt a.M.: Suhrkamp (trad. it. “Storia dei concetti e storia sociale”, en KOSELLECK, Reinhart (1986), Futuro passato. Per una semantica dei tempi storici, Genova: Marietti, pp. 100 y ss.).

25

Zammito, John (2004), “Koselleck’s Philosophy of Historical Time(s) and the Practice of History”, en History and Theory, nº 43, p. 133.

26

Idem. La referencia es GALISON, Peter (1988), “History, Philosophy and the Central Metaphor”, en Science in Context, nº 2, pp. 197 y ss.

27

CHIGNOLA, Sandro (2005), “Aspetti della ricezione della Begriffsgeschichte in Italia”, en Sui concetti giuridici e politici della costituzione dell’Europa, a cura di S. Chignola e G. Duso, FrancoAngeli: Milano, p. 73.

28

18

KOSELLECK (1967), op. cit., p. 82. Pero véase especialmente KOSELLECK (1972), op. cit., p. XIV.


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‘modernos’ (‘moderne’ Bedeutungen)”. Si es cierto que el objeto específico del Lexikon son aquellos conceptos de la lengua alemana “que registran el proceso de trasformación social que sigue a la Revolución política e industrial, o sea que ellos mismos están implicados, trasformados, expulsados o provocados por este cambio”, es cierto también que para una adecuada comprensión del desarrollo terminológico-conceptual de la Modernidad hay que indagar “precisamente las superposiciones y los deslizamientos de significados lexicales ‘modernos’ y ‘antiguos’”, haciendo referencias “a la Antigüedad, a la Edad Media, al Renacimiento, a la Reforma y al Humanismo, en la medida en que la historia léxica de los conceptos tiene su origen en estas épocas”.29 En la aplicación de su concepción fluida de la relación entre “duración, cambio y novedad”, Koselleck no deja de subrayar el ritmo variable de innovación terminológico-conceptual que caracteriza esta fase de la historia alemana y europea: los conceptos político-sociales estudiados en el Lexikon –escribe– indican, si se interrogan en toda su historia, un “cambio de experiencia profundo y de larga duración”, que a veces tiene lugar de manera decididamente repentina. Muchos indicios testimonian, en particular, una “inesperada aceleración de la tasa de cambio semántico de la terminología político-social en torno a 1750”, presumiblemente coincidiendo con “cambios imprevistos pero duraderos que volvieron móvil el horizonte de experiencia al que estaba ligada, de forma reactiva o provocadora, toda la terminología y, en particular, sus conceptos más relevantes”.30 A esto se añade la circunstancia de que a partir de 1770 aproximadamente se impone una gran cantidad de nuevas palabras y nuevos significados lexicales, como testimonio de una nueva concepción del mundo, que pronto invade todo el lenguaje. Viejas expresiones se enriquecieron con nuevos contenidos. Esto no sólo alimentó el clasicismo y el idealismo alemán, sino que atribuyó nuevos perfiles a todos los términos utilizados para discutir del Estado y la sociedad, y de estos mismos conceptos.31

La impresión que se extrae de las rápidas anotaciones de Koselleck, es que la intensa fase de transición que vincula la “primera Edad Moderna (Neuzeit)” a la “Modernidad plena (Moderne)” se midió por una curva progresivamente ascendente y después descendente de la tasa de cambio semántico de la terminología político-social, cuyo vértice coincide aproximadamente con los años en torno a 1800 como auténtico “umbral” de ingreso en la Época Moderna. Aunque el mismo autor haya querido en múltiples ocasiones minimizar la relevancia de esta célebre y discutida formulación, no es casualidad que a partir de las Richtlinien de 1967 eligiera vehicular la presuposición periodizante puesta a la base del proyecto del Lexikon a través de la célebre y discutida noción de “Sattel-Zeit” –literalmente “época-silla de montar” o “época-cresta”– por sí misma cargada de sugestivas referencias metafóricas: La anticipación heurística del trabajo para el Lexikon consiste en la suposición de que desde la mitad del siglo XVIII se ha producido una profunda transformación semántica de los topoi clásicos, de que antiguas palabras han obtenido nuevos contenidos de sentido que, a medida que nos acercamos a nuestro presente, ya no necesitan ninguna traducción. La anticipación heurística introduce, por decirlo así, una “época-bisagra” (Sattelzeit), en la que el origen se transforma en nuestro presente. Los conceptos

29

KOSELLECK (1972), op. cit., p. XIV.

30

Ibíd., p. XV.

31

Idem.

19


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correspondientes muestran un rostro jánico: hacia atrás indican circunstancias (Sachverhalte) políticas y sociales que ya no son comprensibles sin comentarios críticos; orientados hacia adelante y hacia nosotros, han asumido significados que, aunque pueden ser explicados, parecen ser inmediatamente comprensibles. Desde ese momento, para nosotros conceptualidad (Begrifflichkeit) y comprensibilidad (Begreifbarkeit) coinciden.32

Obviamente, aquí no puedo detenerme en las “características distintivas” de este proceso de larga duración. Según la reconstrucción ofrecida por Koselleck, es posible reducir el complejo proceso de transición epocal al que se aproxima a través de la noción de Sattelzeit a cuatro dinámicas histórico-conceptuales diferentes, capaces de orientar el trabajo de análisis del historiador conceptual en su difícil relación con las fuentes históricas: un proceso de democratización del vocabulario de la política como efecto de la ampliación de la base de referencia del lenguaje político experimentada por la Ilustración; un proceso de temporalización a través del cual los conceptos políticos y sociales modernos adquieren su característica orientación al futuro; un proceso de abstracción-ideologización que hace de muchos conceptos “fórmulas vacías y ciegas, utilizables de formas diferentes y contrapuestas según la pertenencia de clase o de los intereses del que habla”; un impulso a la politización que transforma cada vez más las palabras y los conceptos en instrumentos de movilización de las masas de la ciudadanía.33 En su constante intersección e interrelación, estas dinámicas permiten, según Koselleck, definir el umbral lingüístico-conceptual a partir del cual se puede hablar de la génesis de un léxico político específicamente moderno. Consideradas desde una perspectiva analítico-reconstructiva, éstas representan por ello los criterios en virtud de los cuales es posible articular ese proceso de larga duración a través del cual pudo llegar a existir esa “diferente relación con la naturaleza y la historia, con el mundo y con el tiempo”, en síntesis, con la realidad en sus diversas formas que puede ser definida como “Modernidad”. Como encontramos subrayado en la Einleitung al primer volumen de los Geschichtliche Grundbegriffe, esta “anticipación heurística” permite crear un centro de gravedad del trabajo de investigación histórico-conceptual “definido por la interrogación historiográfica sobre la duración o la supervivencia de la tradición y sobre el cambio o la trasformación radical por parte del movimiento revolucionario”.34 Esto no significa, naturalmente, que el marco reconstructivo que está a la base de la hipótesis de la Sattelzeit tenga que encontrar confirmación en la historia de cada concepto particular, como si las innovaciones semánticas de la Modernidad hubiesen conocido una difusión simultánea por todo el horizonte lingüístico de la época. Al contrario, existen numerosas constantes que permanecen completamente inmutables más allá de la “época umbral” de finales del siglo XVIII. Para comprender con precisión los elementos de semejanza y diferencia que caracterizan el desarrollo de las diferentes formas lingüísticas en ese pasaje crucial del proceso de modernización hay que dar un salto hacia atrás en el periodo precedente, que por su parte posee una historia propia. Es posible que ésta cambie de palabra a palabra y se investigue, por ello, a diferentes profundidades temporales.

32

KOSELLECK (1972), op. cit., p. XV.

33

Ibid., p. XVI y ss.

34

Ibid., p. XV.

20


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La génesis de la Edad Moderna en su constitución conceptual puede captarse sólo si se toman también en consideración los contenidos semánticos precedentes de las palabras analizadas o los impulsos hacia nuevas formulaciones. Comprender este proceso global es útil para el análisis histórico de los conceptos históricos fundamentales que propone el Léxico.35

La representación koselleckiana de la génesis de la Modernidad política constituye, como es sabido, uno de los aspectos al mismo tiempo más influyentes y discutidos de todo el planteamiento teórico y categorial de los Geschichtliche Grundbegriffe. También al querer prescindir de las específicas cuestiones invocadas por la original periodización epocal propuesta, es difícil no ver en este principio de organización del material histórico el resultado más consistente –y quizá más discutible– de eso que diversos intérpretes han considerado como “una ‘alta’ aplicación de la herencia metodológica” de Max Weber.36 Desde este punto de vista no puede sorprender que el mismo Koselleck haya sentido la necesidad de responder a las críticas recibidas, haciendo recaer sobre el plano de la concreta autorepresentación histórica de los actores políticos y sociales implicados ese diagnóstico epocal que en la Einleitung a los Geschichtliche Grundbegriffe aparecía como la expresión de una pre-asunción “ideal-típica” por sí misma ya completamente definida teóricamente y a partir de la cual sólo las “‘historias’ de los conceptos” podían hacerse “significativas e identificables”.37 Si se observa con cuidado, precisamente éste es el sentido más profundo del discurso iniciado por el historiador alemán en su contribución al Coloquio Epochenschwelle un Epochenbewusstsein, organizado en 1983 por el grupo Poetik und Hermeneutik. A los críticos del planteamiento periodizante puesto a la base del modelo de la Sattelzeit, Koselleck opone ahí, de hecho, la explícita valencia “epocal” asumida por ese “umbral temporal” para los mismos hombres que se encontraron viviéndola. Según esta interpretación, el actual problema historiográfico de la génesis de la Modernidad como crucial “concepto de periodización histórica” se hace evidente por primera vez en el siglo XVIII. Tras la interpretación histórica que le sigue ya se plantea “nuestro actual modo sistemático de formular la cuestión”: el siglo de la Ilustración se convierte en objeto de reflexión en cuanto tal para los mismos contemporáneos y se sabe, por ejemplo en Voltaire, cualitativamente distinto de todos los siglos precedentes. A partir de este momento va desapareciendo la función de modelo de los antiguos, que se había fundado sobre la homogeneidad estructural de todas las historias pasadas y futuras posibles. La unicidad del suceder y su novedad absoluta respecto al pasado, rellenan progresivamente el espacio de experiencia…38

Lo que aquí encontramos propuesto de nuevo a través de los peculiares instrumentos de la hermenéutica histórica es, por tanto, la propia asunción periodizante puesta a la base del proyecto de los Geschichtliche Grundbegriffe, es decir, la idea de que en la historia social y cultural europea del siglo XVIII, y en particular en su segunda mitad, es posible identificar una transformación radical de las modalidades reflexivas y experienciales capaz de imponer retrospectivamente tal

35

Ibid., pp. XVIII y ss.

36

Cfr. CHIGNOLA (2005), op. cit., pp. 71 y ss. Sobre el tema véase también Palonen, Kari (2004), Die Entzauberung der Begriffe. Das Umschreiben der politischen Begriffe bei Quentin Skinner und Reinhart Koselleck, Hamburg/London: LIT, pp. 11 y ss.

37 38

Chignola (2005), op. cit., p. 73.

KOSELLECK, Reinhart (1987), “Das achzehnte Jahrhundert als Beginn der Neuzeit”, en Epochenschwelle und Epochenbewusstsein, Reinhart Herzog und Reinhart Koselleck (Hrsg.), München: Fink, p. 278.

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periodo como el auténtico “inicio de la Edad Moderna”. A diferencia de en la Einleitung al primer volumen del Lexikon, la clave de lectura sugerida para identificar las “características de este proceso de larga duración” ahora coincide, sin embargo, tout court con el imponerse de una nueva, revolucionaria, experiencia del tiempo que poco a poco invade y transforma todo el contexto de las relaciones políticas y sociales: desde el punto de vista histórico-conceptual, la génesis de la “Edad Moderna (Neuzeit)” se funde, de hecho, integralmente con la génesis de un “tiempo nuevo en sentido enfático” que “ya no es sólo la forma en la que todas las historias suceden, sino que, al contrario, adquiere él mismo una cualidad histórica”. A partir de este momento, por tanto, “la historia no se cumple ya en el tiempo, sino a través del tiempo. El tiempo es metafóricamente dinamizado como una fuerza de la historia misma”.39 Evidentemente, nos encontramos frente a una absolutización de esa dimensión de la “temporalización de los contenidos categoriales de sentido” que en la Einleitung de 1972 se identificó como uno de los cuatro criterios-guía a través de los que identificar el contenido histórico-conceptual específico del surgimiento de la Modernidad política y social. Un tránsito, éste, en el que encontramos perfectamente ejemplificado ese decidido desplazamiento de perspectiva en la interpretación de los objetivos mismos de la Begriffsgeschichte como práctica historiográfica autónoma al que Cristoph Dipper, uno de los colaboradores más estrechos de Koselleck, propuso aproximarse a través de la eficaz fórmula “de la historia de los conceptos a la teoría de los tiempos históricos”,40 es decir, el giro hacia una “semántica de la temporalidad” entendida como investigación de los “conceptos centrales que han reagrupado y ordenado experiencias históricas del tiempo”.41 Es suficiente ojear algunos de los más célebres ensayos publicados por Koselleck a partir del inicio de los años setenta para darse cuenta de los resultados generales producidos por este giro sobre sus mismas modalidades generales de conceptualización del surgimiento de la Modernidad política y social. A través de una sabia utilización de la innovadora pareja categorial espacio de experiencia/horizonte de expectativa, la misma Sattelzeit como “época-umbral” de la Modernidad se hace ahora declinable como una fase de progresiva “desnaturalización de la antigua experiencia del tiempo” que hace de la apertura al futuro el auténtico elemento caracterizante de la forma de vida moderna.42 A la base del concepto mismo de “Edad Moderna” se ponen ahora instancias más o menos directamente reconducibles a una nueva cualidad, peculiarmente histórica, del tiempo: la vertiginosa experiencia de un imprevista dinamización del mundo de la vida; la percepción, que deriva de ello, de un futuro abierto a posteriores e imprevisibles cambios; la convicción de una fundamental “unicidad del suceder”, es decir, de su “novedad absoluta respecto al pasado”;

39

Ídem.

40

Dipper, Cristoph (2000), “Die Geschichtlichen Grundbegriffe. Von der Begriffsgeschichte zur Theorie der historischen Zeiten”, en Historische Zeitschrift, nº 270, pp. 281-308.

41 42

Koselleck, Reinhart, “Vorwort”, en KOSELLECK (1979), op. cit. (trad. it. “Prefazione”, en KOSELLECK (1986), op. cit., p. 6).

Koselleck, Reinhart (1976), “Erfahrungsraum und Erwartungshorizont – Zwei historische Kategorien”, ahora en KOSELLECK (1979), op. cit., p. 359 (trad. it. “‘Spazio di esperienza’ y ‘orizzonte di aspettativa’: due categorie storiche”, KOSELLECK (1986), op. cit., p. 309): “nuestra tesis es que en la Edad Moderna el desnivel entre experiencia y expectativa aumenta progresivamente o, de modo más exacto, que la Edad Moderna pudo concebirse como un tiempo nuevo sólo cuando las expectativas comenzaron a alejarse progresivamente de todas las experiencias precedentes. (…) Este desnivel se llevó a concepto con la idea de ‘historia en general’, mientras que su cualidad específicamente moderna se expresó por primera vez con el concepto de ‘progreso’.”

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el “teorema, ratificado por la experiencia de la no contemporaneidad de historias diversas, pero contemporáneas desde el punto de vista cronológico”; la conciencia de la constitutiva multiperspectividad del conocimiento histórico; la conciencia de “vivir en una época de transición, en la que será cada vez más difícil mediar las tradiciones heredadas con las necesarias innovaciones” y, finalmente, “el sentido de la aceleración con la cual los procesos de cambio, sean éstos económicos o políticos, parecen cumplirse”.43 Por tanto, son estas tesis de base de este complejo esquema reconstructivo las que encontramos en la investigación “de campo” concreta de Koselleck aplicadas al desciframiento del contenido específico de sentido del lenguaje político y social de la Época Moderna. Como aflora en sus mismas contribuciones al Lexikon, para el historiador alemán no hay, de hecho, perspectiva capaz de dar cuenta de forma más eficaz y comprensiva de las peculiaridades del proceso de innovación semántica que en las décadas cruciales de la Sattelzeit transforma el tradicional lenguaje de la política.44 Sin embargo, es un dato de hecho que a la base de la sofisticada “teoría de los tiempos históricos” elaborada por Koselleck en la fase más madura de su reflexión historiográfica se encuentra también y sobre todo el intento de superar el hiato que separa las dos dimensiones denotadas por la moderna acepción del término “historia” –por un lado “el conjunto de los acontecimientos”, el conjunto de las acciones “hechas o sufridas” y, por el otro, “su exposición”– para volver a sacar a la luz el “circuito antropológicamente condicionado, que remite la una a la otra, la experiencia histórica y su conocimiento”.45 Por ello, no puede sorprender que a este nivel de investigación, el examen de la problemática peculiarmente moderna del “cambio epocal” tienda a extraviar sus más inmediatas connotaciones histórico-reconstructivas para replantearse a la luz de una reflexión cuasi-trascendental sobre las condiciones mismas de posibilidad de la historia como “espacio de conciencia” y “espacio de acción”. En el centro del análisis de Koselleck ahora se plantea ese heterogéneo tejido temporal que, de forma más o menos consciente, constituye la base última de articulación de la experiencia histórica como horizonte específico de inteligibilidad de lo real.46 Y aunque el efectuar histórico represente en su opinión una dimensión fundamental y eminentemente individual, en su dinámica funcional éste parece, de hecho, connotado por la presencia de “condiciones” y “desarrollos” intersubjetivamente compartidos “que se superponen en la historia de las personas” y remiten a “espacios temporales más amplios”, capaces de fundar un horizonte de experiencia común:47 determinaciones condicionantes a las que están sujetos aquéllos que viven en un mismo periodo y están caracterizados por “procesos de adaptación social” análogos o “umbrales de experiencia política” similares.48 Según el Koselleck maduro, no es posible captar íntegramente el complejo proceso de constitución de la temporalidad histórica sin tener en cuenta el papel que en éste han jugado

43

KOSELLECK (1987), op, cit.

44

DIPPER (2000), op. cit.

45

KOSELLECK, Reinhart (1973), “Geschichte, Geschichten und formale Zeitstrukturen”, en KOSELLECK (1979), op. cit. (trad. it., “Geschichte (storia), Geschichten (storie) e le strutture formali del tempo”, KOSELLECK (1986), op. cit., p. 110).

46

KOSELLECK, Reinhart (1971), “Wozu noch Historie?”, en Historische Zeitschrift, nº 212, p. 17.

47

KOSELLECK, Reinhart (1988), “Erfahrungswandel und Methodenwechsel. Eine historisch-anthropologische Skizze”, ahora en KOSELLECK, Reinhart (2000), Zeitschichten. Studien zur Historik, Frankfurt a. M.: Suhrkamp, p. 37.

48

23

Koselleck, “Zeitschichten”, en KOSELLECK (2000), op. cit., p. 24.


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esas grandes “trasformaciones de sistema” que en el curso del tiempo intervienen modificando el “balance experiencial” de individuos y grupos, “redefiniendo en su conjunto las experiencias estabilizadas o asimiladas de modo generacionalmente condicionado”. De hecho, es a este nivel como toman forma esas articulaciones temporales de larga duración que permiten a los seres humanos captar la peculiaridad de la propia época o tematizar “la específica alteridad de la historia precedente”, transformando la propia experiencia individual y colectiva en una experiencia histórica en la específica acepción del término. Por tanto, aquí estamos ante una forma de “incremento experiencial” que, si bien formalizada en términos generales sólo por la filosofía ilustrada de la historia a través de la fundamental dimensión de la discontinuidad epocal,49 representa una estructura en cierto modo inscrita en el horizonte mismo de constitución del espacio de experiencia histórica. Entre los puntos de referencia reflexivos que la teoría koselleckiana de los tiempos históricos es capaz de ofrecer al saber historiográfico destaca, por tanto, también la conciencia meta-histórica de que “la presión experiencial a la que los hombres están sometidos en su vida y en sus acciones queda graduada temporalmente a diferentes niveles de profundidad”, porque los espacios de experiencia de breve, media y larga duración son todos ellos “co-originariamente” constitutivos de la dimensión histórica como espacio de conciencia y de acción.50 Por tanto, desde aquí es necesario desplazarse para afrontar la crucial cuestión historiográfica de los “umbrales epocales” a un nivel de análisis consciente de sus condiciones generales de constitución experiencial y reflexiva.

4. ¿Salir de la Modernidad? Sería, por lo demás, inútil buscar en la última fase de la producción ensayística de Koselleck las huellas de una explícita meditación sobre el tema de la superación de la Modernidad como gran “trasformación de sistema” capaz de modificar el “balance experiencial” de individuos y grupos y su entero aparato terminológico-conceptual. A diferencia de otros célebres e incómodos protagonistas del debate teórico de las últimas décadas del siglo XX –piénsese tan sólo en exponentes destacados del postestructuralismo y de la postmodernidad filosófica como Michel Foucault y Jean-François Lyotard, o, por otro lado, en el mismo Habermas– Koselleck no parece haber llevado nunca su propia e incesante reflexión sobre los dilemas de la Modernidad hasta el punto de concebir una crisis final capaz de abrir el camino a un nuevo gran proceso de transición epocal. Que yo conozca, en su enorme y desordenado corpus de publicaciones sólo hay un pasaje en el que se interroga por lo que podría constituir una salida de los tiempos modernos, desde el específico punto de vista de las concretas modalidades de articulación de la temporalidad colectiva. Se trata de un pasaje contenido en el ensayo “‘Espacio de experiencia’ y ‘horizonte de expectativa’”, publicado por primera vez en 1976. Aquí, concluyendo su razonamiento, Koselleck escribe: Todos los conceptos de movimiento tienen en común una función compensatoria. Cuanto menor es el contenido de experiencia, tanto mayor es la expectativa: ésta es una fórmula que sirve para la estructura temporal de la Modernidad, en los límites a los que fue llevada al propio concepto por la idea de progreso.

49

Koselleck, Reinhart (1982), “Moderne Sozialgeschichte und historischen Zeiten”, ahora en KOSELLECK (2000), op. cit., pp. 323 y ss.

50

KOSELLECK, (1988), op. cit., pp. 40 y ss.

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Ésta fue plausible hasta que las experiencias precedentes ya no eran suficientes para fundar las expectativas que podían extraerse del proceder de un mundo que, a través de la técnica, construía sus nuevas formas. Sin embargo, cuando se realizan los programas políticos adecuados a este proceso, sobre la base de los impulsos ya suscitados por una revolución, las viejas expectativas tienen que enfrentarse a nuevas experiencias y tomar nota. […] Así, sería posible poner en pie y legitimar nuevamente también una vieja ecuación: cuanto mayor es la experiencia, tanto más cauta, pero también más abierta es la expectativa. Alcanzamos entonces lo que podemos llamar, sin énfasis, el final de la “Modernidad” entendida como progreso lanzado hacia la perfección.51

No me consta que en las numerosas variaciones sobre el orden temporal de la Modernidad publicadas en la última parte de su itinerario intelectual Koselleck haya encontrado el modo de desarrollar esta apertura reflexiva sobre los resultados autodisolutivos de la moderna hipertrofia de la expectativa hasta el punto de poner en cuestión toda la periodización epocal que está a la base de su concepción de la Sattelzeit, es decir, la fundamental asunción de que tras ese tránsito no haya alguna ulterior cesura epocal que separe el “presente” del historiador de su “pasado” y, en consecuencia, todos los acontecimientos sucesivos a la cesura de la Sattelzeit puedan ser considerados pertenecientes “al mismo mundo y […] sujetos a las mismas categorías de juicio y de acción del presente”.52 Al contrario, las numerosas contribuciones de carácter histórico-conceptual dedicadas por Koselleck a los grandes desafíos de la contemporaneidad –desde la crisis ecológica al ocaso de las formas tradicionales de asociación política, pasando por la problemática relación entre memoria e identidad– confirman nuestra convicción de que a la base de su reflexión histórica permanece hasta el final la tesis de que la época abierta con la Revolución francesa no se ha agotado completamente “en su historia efectual planetaria”53 y que la innovadora constelación conceptual surgida en Europa en el curso de la Sattelzeit mantiene por ello una inalterada centralidad también en el cambiado contexto de las sociedades industriales avanzadas. Ni siquiera los turbulentos acontecimientos posteriores a 1989 han sido suficientes para empujarlo a poner verdaderamente en cuestión una rejilla [griglia] epocal consustancial a la misma Begriffsgeschichte como teoría de la transición a la Modernidad y mucho menos a pensar que en el mundo contemporáneo un consolidado orden de la política, que en cierto modo se remonta a los orígenes mismos de la Época Moderna, haya entrado en una crisis profunda y sin retorno.54 Hay que hacer referencia, entonces, a otros protagonistas del debate más reciente en el campo de los estudios histórico-sociales para encontrar explícitamente valorizadas a este nivel categorías y esquemas analítico-reconstructivos claramente trasladables al gran laboratorio teórico y metodológico de la Begriffsgeschichte koselleckiana. Y de especial interés en este ámbito aparecen los intentos de injertar algunos de los más originales desarrollos interpretativos del gran historiador alemán en un marco de investigación teórico-social de impronta más o menos marcadamente neo-weberiana. Se trata de una aproximación al menos en parte coincidente con los desarrollos más innovadores de la sociología sistémica luhmanniana –piénsese, por ejemplo,

51

KOSELLECK (1976), op. cit., pp. 321-322.

52

MOTZKIN, Gabriel (2005), “On the Notion of historical (Dis)continuity: Reinhart Koselleck’s Construction of the Sattelzeit”, en Contributions to the History of Concepts, Vol. 1,€nº 2, 1, p. 154.

53

Koselleck, Reinhart “Patriottismo”, en KOSELLECK, Reinhart (2010), Il vocabolario della modernità, Bologna: il Mulino, p. 126.

54

Cf. BAUMAN, Zygmunt (2004), Europe. An Unfinished Adventure, Cambridge (Mass.): Polity Press.

25


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en el ambicioso trabajo sobre el “tiempo de la sociedad” desarrollado por Armin Nassehi– pero que hoy parece esencialmente ligado al proyecto de una teoría crítica de la aceleración social planteado y desarrollado por Hartmut Rosa en el curso de los últimos quince años. Es suficiente, de hecho, hojear la obra más conocida de Rosa, el ensayo Beschleunigung. Die Veränderung der Zeitstruktur in der Moderne (2005), para darse cuenta de la compleja relación de derivación y revisión que sus tesis mantienen con la Medernisierungsthese de Koselleck y su concepción de la Sattelzeit. De hecho, si es cierto que en sus análisis Rosa hace integralmente suyo el fundamental diagnóstico epocal koselleckiano, identificando como contexto de constitución de la “Modernidad clásica” ese complejo proceso de progresivo incremento de los ritmos temporales de la existencia individual y colectiva y de contextual divergencia entre experiencia y expectativa que encuentra en las fuentes de la época-bisagra su primera articulación reflexiva explícita, es cierto también que él corta la continuidad de larga duración de este proceso a través de la identificación de un segundo umbral de transición epocal –el de la “Modernidad tardía (Spätmoderne)”– que coincide con la posterior “ola de aceleración que comenzó en los años setenta del siglo XX, culminando en la revolución digital y política en torno a 1989”.55 El diagnóstico epocal de Rosa es complejo y apela a fenómenos y procesos relativos a diferentes niveles de experiencia individual y colectiva. Por eso, aquí me limitaré sólo a subrayar la absoluta centralidad asumida, también en este modelo de articulación epocal, por la temática típicamente koselleckiana de la temporalización de la experiencia: entre los efectos más relevantes de la ola de aceleración de la Modernidad tardía hay que incluir, según el sociólogo alemán, la sustitución del “orden temporal lineal y secuencial” típico de la “Modernidad clásica”, con una “nueva forma de tiempo ‘sin tiempo’ aunque radicalmente ‘temporalizado’ definido a través de una simultaneidad ubicuitaria”. Porque es en este específico nivel de análisis donde es posible comprender los resultados totalmente despolitizantes producidos por las nuevas “leyes temporales” de las sociedades del capitalismo avanzado; si, de hecho, el orden temporal de la “Modernidad clásica” había permitido concebir la procesualidad histórica como un movimiento directo al que era posible dar forma políticamente, en la Modernidad tardía se hace cada vez más predominante la percepción de una transformación histórica sin dirección que ya no puede ser dirigida o controlada políticamente. La política pierde su índice direccional, y los conceptos de “progresivo” y “conservador” se pierden o cambian sus significados.56

Sin embargo, en el debate de estos últimos años, no es sólo por parte de los exponentes más originales de esta directriz de teoría social crítica que se han hecho interesantes intentos de repensar el nexo koselleckiano entre modernización y temporalización también más allá de la específica caracterización epocal inherente a ésta desde sus orígenes. De hecho, también surgen aspiraciones análogas en la más reciente investigación historiográfica, como demuestran las ya célebres propuestas metodológicas del historiador francés François Hartog, protagonista en el curso de la última década de una interesante relectura de la “semántica de la temporalidad” de Koselleck. En sus escritos sobre el tema, Hartog ha hecho integralmente propio el proyecto koselleckiano de investigar las experiencias temporales específicas de la historia encarnadas en las

55

ROSA, Harmut (2005) Beschleunigung. Die Veränderung der Zeitstrukturen in der Moderne, Frankfurt am Main: Suhrkamp, p. 476.

56

Ibíd., pp. 476 y ss.

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