NICOLAICISMO (avance de lectura)

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Nicolaicismo

Marco Antonio López López

MDJEDAU Movimiento en Defensa de la Jubilación, el Estado de Derecho y la Autonomía Universitaria

Morelia | Michoacán | México 2021


Nicolaicismo

Marco Antonio López López MDJEDAU / Silla vacía Editorial Fotografía de portada y directriz para interiores Marco Antonio López López Corrección de galeras Arianne Cabrera Prueba de página

Sr. Tarántula

Maquetación Cristina Barragán Hernández Diseño de forro Noé Martínez Fotografías de interiores Marco Antonio López López y archivos

Primera edición Marzo MMXXI ISBN: 978-607-99129-4-9 Todos los derechos reservados conforme a la ley © Marco Antonio López López © MDJEDAU © Silla vacía Editorial Se autoriza la reproducción total o parcial de esta obra, sólo se pide citar la fuente y que no sea con fines lucrativos. Impreso y hecho en Morelia Printed and made in Morelia


A mi esposa Margarita Rodríguez Morales. A mis hijos: Marco Antonio y Calíope.



A todos los compañeros del Movimiento en Defensa de la Jubilación, el Estado de Derecho y la Autonomía Universitaria, a los amigos y simpatizantes que con su aportación hicieron posible esta publicación, a todos ellos muchas gracias: • Everardo Urquiza Marín • Francisco Gerardo Becerra Ávalos • Guillermo Ramón Campillo García • Gustavo Colín Soto • Irma Rentería Solórzano • Jorge Martínez Molina y María del Rocío Martínez Molina • José Napoleón Guzmán Ávila • Josefina Solórzano Rodríguez • Laura Eugenia Solís Chávez y José Mendoza Lara • Lelia Prospero Maldonado • Leoncio Ferreira Sánchez • Lilia Zamudio Zavala • Luis Ignacio Flores Bocanegra • Luis Mejía Ramírez • Ma. de La Paz Hernández Aragón • Manuel Camacho Horta • Marco Antonio López López • María Bertha Fuentes y Carlos E. Bravo Nieto • María Eugenia Figueroa Hernández • María Eugenia López López • Mónica Loaiza Sánchez • Naborina Colín Benítez • Nelio Pastor Gómez • Rosa Ana Moreno González • Santa Ortega González • Víctor Hugo Barriga Guzmán.



Índice Introducción 11 Los orígenes 14 Vasco de Quiroga 15 Ideas humanistas de Quiroga 21 El Colegio de San Nicolás 25 El Escudo de la Universidad Michoacana 29 Francisco Tenorio 32 San Nicolás de Ilusión 40 Enrique González Vásquez 42 Ricardo León Alanís 45 Himno Patriótico Nicolaita 47 David Franco Rodríguez 51 Enrique Arreguín Vélez 53 Juramento Nicolaita 63 Jesús Sansón Flores 64 Himno a la Universidad Michoacana 69 Jaime Labastida en el funeral de Everardo Rodríguez Orbe 71 Espíritu nicolaita 72 Miguel Silva 72 Isaac Arriaga 75 Algunos testimonios que se vertieron después de la muerte de Isaac Arriaga 78 Daniel Franco López 78 José Siurb 79 Antonio Díaz Soto y Gama 81 Luis N. Morones 82 Florencio Salgado 83 Tomás Rico Cano 85 Ignacio Chávez 87 Manuel Martínez Báez 89 Álbum del Colegio de San Nicolás de Hidalgo 90 Ramón Martínez Ocaranza 96 Bibliografía 101



Introducción Es triste y causa pena el ver cómo se ha venido perdiendo el sentimiento nicolaita, se ha olvidado, tanto sus autoridades, maestros, alumnos y empleados. ¿En qué momento se extravió el camino, cuándo fue que se perdió? Claro que no fue de la noche a la mañana, sino un proceso lento en el que poco a poco se fue corroyendo. Rectores que dejaron de cumplir con la obligación de rendir informes y que por el contrario se enriquecían de manera escandalosa, y que con esa conducta servían de ejemplo a directores, funcionarios y profesores, y esta corrupción fue minando gota a gota el espíritu nicolaita, no había ya esa solidaridad con la sociedad a la que se debía el profesionista, sino que se buscaba el provecho propio, fue así que los profesionistas egresados de nuestras aulas se fueron colocando al servicio del mejor postor, así lo hicieron los abogados, médicos, ingenieros, etcétera. ¿En dónde había quedado el “Juramento Nicolaita”?: “Juramos ante el altar de la Patria: estudiar, trabajar y luchar a la vanguardia del pueblo mexicano, por su libertad, progreso, mantener siempre alta y limpia la gloriosa Tradición Nicolaita”, de nada sirvió el ejemplo de Ocampo, de espíritu de sacrificio, de honradez y honestidad ejemplares. El humanismo de Vasco de Quiroga que se preocupó tanto por su Colegio de San Nicolás Obispo, pero también por los naturales quienes lo llamaban “Tata”, pues vieron en él, al padre protector. Esto nos motivó a que sintiéramos la necesidad de difundir el pensamiento nicolaita como posibilidad de retornar a él y abandonar ese sentimiento egoísta que no es del nicolaicismo, son muchos los ejemplos de nicolaitas que han dado inclusive la vida al ser congruentes con dicho espíritu como es el caso de Isaac Arriaga. Si alguno de los lectores se siente motivado de este espíritu por la lectura del libro se habrá cumplido con su objetivo. Cuando se habla del Escudo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, se dice que su explicación es de tipo histórico, que responde a los mismos orígenes de la Institución, lo que se debió fundamentalmente al blasón del fundador del Colegio de San Nicolás Obispo: Don Vasco de Quiroga. Entonces la historia viene a ser la memoria 13


Nicolaicismo del género humano, dado que le proporciona conciencia de sí mismo, de su identidad, de su situación en el tiempo y en el espacio, su continuidad. Las ideas humanistas legadas y transmitidas por Don Vasco y sus sucesores se han venido repitiendo a través del tiempo y de manera continua, creando esa conciencia de identidad que se forma en las aulas del Colegio y de la Universidad Michoacana toda, y que nos permite compartir ese sentimiento de pertenencia a la colectividad nicolaita. Pero considero que no basta con sentirse nicolaita, sino llevar a la práctica de manera congruente dichas ideas. Nosotros somos herederos de las ideas humanistas de Vasco de Quiroga, quien materializó en sus pueblos hospitales de Santa Fe, las ideas de Tomás Moro, de su idea de República, pero aquí según el parecer de Don Vasco era el Arte de policía mixta, pues en esa forma se satisfacían tanto lo temporal como lo espiritual, de esa manera se cortaba de raíz con toda discordia, lujuria, codicia y ociosidad introduciéndose así la paz, la justicia y la equidad, pero también la práctica de la democracia tanto en los pueblos hospitales como en el Real Colegio de San Nicolás Obispo, pues Don Vasco consideró capaces a los naturales de elegir a sus propias autoridades y de gobernarse por sí mismos como lo dejó establecido en su testamento. Los testimonios que se presentan sacados del Álbum del Colegio de San Nicolás de Hidalgo, nos muestran el profundo respeto, emoción, admiración, que sienten al contemplar el corazón de Melchor Ocampo, y estar en el Colegio de San Nicolás por su historia y tradición; algunos se conmueven hasta las lágrimas: “sentimos rodar por nuestras mejillas lágrimas de ternura y amor”, o el que dice: “he tenido en mis manos temblorosas de emoción las reliquias de Don Melchor Ocampo. He sentido el palpitar de mi corazón y anudarse mi garganta ante el recuerdo del hombre tan bueno y tan honrado”. O como se expresa Luis Garrido quien dice: “Con sincera y hondísima emoción, he contemplado las reliquias del hombre más puro que ha tenido México”. Y sin querer vienen las comparaciones que se hacen inevitables con nuestras autoridades universitarias, dirigentes sindicales, autoridades gubernamentales, y federales, en donde la corrupción se hace presente por medio de sobornos, fraudes, lavado de dinero, crímenes, etcétera; los casos a nivel federal son verdaderamente escandalosos, y aún nos falta por conocer más. 14


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Esto que se ha presentado aquí es el pensamiento de los nicolaitas que nos precedieron y no ha mucho que partieron, y que por eso quizá nos parezcan un poco lejanos a nosotros, pero que nos sirven como raíces para asirnos, como cobija con la cual abrigarnos, y sentir que aún late en los corazones de muchos de nosotros dicho sentimiento, o que en algunos otros despertará conciencias. ¿Se pensará ahora de la misma manera acerca del nicolaicismo? Lo cual es motivo de una profunda reflexión que vendrá en un segundo tomo del Nicolaicismo, y del que se encargarán de realizar Laura Eugenia Solís y Lelia Próspero Maldonado con el título de La reivindicación del nicolaicismo, donde se espera que seas tú quien lo expreses, por tanto quedamos pendientes; por supuesto que hay algunas voces como la de José Mendoza Lara, quien de manera muy fuerte se expresa en un fragmento de su poema dedicado a Morelia de título “Ciudad de argamasa y piedra”, en donde dice: ¿Qué se hizo de San Nicolás, los infantes estudiosos qué se hicieron? ¿Pupilos de la mustia suspicacia? ¿Qué se hizo de Don Vasco? ¿Un monigote inane beatificado por la argucia? ¿Qué se hizo de El Zorro? ¿Un hijo de algo sin costillas ni cabeza? ¿Qué se hizo del Magister? ¿Un edecán protuberante de protervia? ¿Qué se hizo de San Nicolás, los infantes estudiosos qué se hicieron?

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Los orígenes Seguramente usted se ha preguntado al ver por primera vez el Escudo de la Universidad Michoacana y del Colegio de San Nicolás, el porqué de la presencia de elementos religiosos en una institución laica, elementos que lo constituyen, el sombrero obispal que lo corona, las orlas (especie de cordones) que lo circundan y la cruz en uno de sus cuarteles, la respuesta es de tipo histórico, en el origen mismo del Colegio de San Nicolás y de la propia Universidad Michoacana. La fundación del Colegio de San Nicolás Obispo es una de las obras que realizó el primer obispo de Michoacán, Don Vasco de Quiroga, quien utilizó su escudo familiar como emblema del Colegio. Desde el 1521, fecha de la caída de MéxicoTenochtitlan, hasta el 1527, el gobierno de Cortés había sido despotismo y anarquía, fue entonces que el Consejo de Indias decidió que para lograr un equilibrio se estableciera una Audiencia como se había hecho en Santo Domingo; ésta estuvo integrada por Nuño Beltrán de Guzmán como presidente y Matienzo y Delgadillo como oidores, quienes lejos de resolver el problema de autoridad, lo agravaron. Nuño de Guzmán, quien ejecutó salvajemente al Cazonci, impuso en Michoacán un régimen de terror y sus abusos llegaron a oídos del Consejo de Indias y hasta la Corona Española, a quien le llega un Memorial que había redactado en agosto de 1529 Fray Juan de Zumárraga. En él se exponía la situación, lo que provocó la destitución de la primera Audiencia, y en su lugar se nombraba la Segunda Audiencia, la que tenía como objetivo poner orden al caos reinante. Esta Segunda Audiencia llega en enero de 1531, la cual estaba compuesta por jueces de honorabilidad probada y rectitud; los oidores eran: Lic. Vasco de Quiroga, Alonso Maldonado, Francisco de Ceynos y Juan de Salmerón, el presidente era Don Sebastián Ramírez de Fuenleal, quien había sido obispo de Santo Domingo. En Michoacán las cosas iban de mal en peor, Tzintzuntzan que se había convertido en corregimiento sufría las crueldades del corregidor Pedro de Arellano, quien torturó a los descendientes del Cazonci para que le diesen tesoros, causa por la que se le destituyó. En su lugar se nombró al Lic. Álvarez del Castillo, quien también se valió de la tortura para conocer los lugares del tesoro y enriquecerse; toda esta situación que venía 16


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desde la expedición de Nuño de Guzmán había sumido a Michoacán en un desorden que amenazaba con rebelión, se hacía necesario restablecer el orden, fue entonces que la Segunda Audiencia intervino enviando a uno de sus oidores, al Lic. Vasco de Quiroga, para que realizara una visita y conociera directamente el problema, era el 13 de septiembre de 1532, es así como entra este personaje en la historia de Michoacán.

Vasco de Quiroga Nació en la Villa de Madrigal de las Altas Torres,1 provincia de Ávila en Castilla, España, entre el 1478 y el 1488. Estudió derecho probablemente en la Universidad de Salamanca, en donde obtuvo el título de abogado hacia 1512. Practicó la abogacía como licenciado en Cánones en la Cancillería de Valladolid hasta 1530. También en esta época se le confieren importantes misiones en la España Meridional. En 1525 se encuentra en Orán, al norte de África, desempeñando su profesión como juez de residencia, cargo que fue: “una preparación para el tipo de trabajo que realizaría en mayor escala en el Nuevo Mundo: Orán era una colonia recientemente conquistada cuyas condiciones todavía inestables, hacían que las relaciones entre conquistadores y conquistados no fueran muy satisfactorias”.2 En aquellas tierras de África realizó juicios de residencia y sirvió como concertador, en tratados de paz con los moros y el respeto de sus derechos, dado que se habían sometido. Según Armando Escobar Olmedo, esta ciudad aún no llevaba el apellido de Las Altas Torres, en la ponencia El Colegio de San Nicolás en el testamento de Vasco de Quiroga, presentada en el Simposium El Colegio de San Nicolás y la vida nacional, celebrado en el Museo Michoacano en la ciudad de Morelia, en diciembre de 1991; debe tener razón, pues efectivamente, Don Vasco en su testamento no le da el apellido con el que hoy se le conoce, dice: “Yglesia del Señor San Niculás de la Villa de Madrigal donde soy natural” (Ver Miranda Godínez, Francisco, Don Vasco de Quiroga y su Colegio de San Nicolás, UMSNH, 1990, p. 281). Por su parte, Juan Joseph Moreno también sólo dice Villa de Madrigal y da el año de 1470, en Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, reimpresión 1965, Morelia, p. 1. 2 Warren, J. B., Vasco de Quiroga y sus Hospitalespueblos de Santa Fe, UMSNH, 1977, Morelia, p. 21. 1

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Nicolaicismo En 1529 la Corona le propuso ser oidor de la Segunda Audiencia en la Nueva España y él aceptó, con este nombramiento y dentro de sus funciones se le encargó examinar las causas de libertad y esclavitud de los naturales, y es así, que en agosto de 1530 sale del puerto de Sevilla con rumbo al Nuevo Mundo, llegando a Veracruz en diciembre de 1530 y a la ciudad de México en enero de 1531. Se enfrentaba así a la dolorosa realidad americana de explotación del natural y abrazará la causa de su defensa. Tanto Joseph Moreno como Bravo Ugarte coinciden en señalar que la sugerencia de que fuera oidor provino del obispado de Badajoz Torquemada,3 como funcionario Real cumplió fielmente todos los encargos que se le habían dado, haciendo un buen papel, sienta las bases para la evangelización y gobierno de la Nueva España; como oidor realizó una visita a la Provincia de Michoacán en el año de 1533, y en ella fundó el pueblo hospital de Santa Fe.4 También con este cargo intervino en el juicio de residencia contra Nuño de Guzmán y resolvió algunos pleitos de los naturales, y el último encargo fue el de contar los vasallos de Cortés, esto último, ya muy inmediato a su toma de posesión como Obispo de Michoacán. Mientras llegaba el presidente Don Sebastián Ramírez de Fuenleal, los cuatro oidores tuvieron que ocuparse de resolver las cosas más urgentes que tocaban a la tranquilidad pública y restablecer el orden en la tierra. La llegada del presidente era urgente para determinar algunas cosas de más importancia que iban quedando pendientes, como la descripción de la tierra, información sobre situaciones de la misma y la puesta en práctica de algunas ordenanzas que había recibido.5

Escultura de Vasco de Quiroga en el patio de las oficinas del Arzobispado en la Catedral de Morelia.

Bravo Ugarte, José, Historia Sucinta de Michoacán, T. II, Instituciones Políticas en la Nueva España, Jus, México, 1968, p. 69, y Joseph Moreno, Juan, Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán, op. cit., pp. 6 y 28. 4 Ibid., p. 31. 5 Miranda Godínez, Francisco, Don Vasco de Quiroga y su Colegio de San Nicolás, Universidad Michoacana, 1990, Morelia, p. 115. 3

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Al trabar contacto con el natural le nació la idea de realizar una obra que tuviera carácter social, así, concibió los pueblos hospital; el primero lo fundó en México, y el segundo en Michoacán con el nombre de Santa Fe. Dice Miranda Godínez al respecto lo siguiente: El pequeño grupo de familias que tomó como núcleo estaba compuesto de jóvenes matrimonios, formados por los muchachos que habían salido de los monasterios (que habían recibido la instrucción religiosa y para que no la olvidaran), a quienes dio tierras y edificó casas, ayudado por los demás miembros de la Audiencia. Organizólos luego en una comunidad regida por ellos mismos en que las propiedades eran comunes y les distribuyó diferentes oficios que maestros españoles vinieron a enseñarles. Un fin estrictamente misional perseguía el licenciado Quiroga con esta pequeña comunidad, formar cristianos en toda la acepción de la palabra, plasmado en ellos el integral sentido de la vida inspirado en el evangelio tal como lo habían vivido los cristianos de la primitiva Iglesia.6

Su labor como oidor quedó resumida en el informe que presentó, en el que se nota el germen de las ideas que más tarde desarrollará como obispo, describe la nobleza del natural, las virtudes que le adornan, de las que dice: sólo falta la fe; habla también de la necesidad de organizar al natural en una República con su policía, dice: [...] así casi de aquesta manera se mantenían y mantienen estos naturales con muy poco o ningún trabajo, y se contentan con los frutos y raíces que les producen y crían la tierra sin labrar o mal labrada y grangeada, la cual parece que les favorece con ciertos árboles cuya fruta dura casi todo el año, demás de ser muy sustancial [...] y de aqueste gran contentamiento y poco mantenimiento y de la mucha seguridad y fertilidad de la tierra, les nace tanta ociosidad, flojedad, y descuido, lo cual conviene que se les quite con alguna órden de República y policía [...] porque es esta edad dorada de este Nuevo Mundo y gente simplísima, mansuetísima, humildísima y obedientísima de él, sin soberbia, ambición ni codicia alguna, que se contenta con tan poco y con lo de hoy sin ser solícitos por lo de mañana, ni tener cuidado no congoja alguna por ello que les dé pena [...] pero aquestos naturales vémoslos todos naturalmente dados e inclinados a todas estas cosas que son fundamento y propios de nuestra Fe y religión cristiana, que 6

Ibid., p. 116.

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Nicolaicismo son humildad, paciencia y obediencia, y descuido y menosprecio de estas pompas, faustos de nuestro mundo y de otras pasiones de anima, y tan despojados de todo ello, que parece que no les falte sino la fe, y saber las cosas de la instrucción cristiana para ser perfectos y verdaderos cristianos.7

Esta labor como oidor fue calificada como se establecía por la ley, con un juicio de residencia en el que la sentencia fue absolutoria; dice Miranda Godínez lo siguiente: Para Quiroga en particular fue este juicio de residencia más que un examen de su comportamiento la ocasión de poner de relieve los méritos de su labor legislativa y el gran bien que su obra a favor de los indios había conseguido al darles confianza en la posibilidad de un mejoramiento y haberles ayudado a llevar a la práctica una nueva forma de vida en los pueblos de Santa Fe.8

Uno de 105 encargos que se había hecho a la Segunda Audiencia era que señalara los lugares en los que se hacía necesario erigir un obispado; en el informe de la Audiencia se proponían tres nuevas sedes: Oaxaca, Michoacán y Coatzacoalcos. Para el de Michoacán se proponía a Fray Luis de Fuensalida, pero éste no aceptó, ante ello se propuso a un laico, al licenciado Quiroga, para que ocupara el cargo de obispo; las razones son, según lo escribe la propia Reina, el amor que había mostrado a los naturales. Detalle de óleo de la imagen de Vasco La Diócesis del obispado comprendía no de Quiroga en la basílica de Pátzcuaro. En la revista de la UNAM Nueva éposólo lo que actualmente es el Estado de Mica no. 4, agosto de 1981, p. 28. choacán, sino que se extendía hasta parte de Guerrero, Jalisco, Aguascalientes y Guanajuato, y lo que hoy es Colima. La sede se establecía en la capital del antiguo reino tarasco: Tzintzuntzan. Es el 27 de abril de 1538, que sin estar aún consagrado, sólo electo y confirmado, viene a su Diócesis aún como oidor, y como obispo que ha 7 8

León Portilla, Miguel, et al., Historia documental de México, T. I, UNAM, 1974, p. 190. Miranda Godínez, Francisco, op. cit., p. 116.

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aceptado el cargo, y organiza su administración mientras espera la bula de la toma de posesión, lo cual se efectúa el 6 de agosto de 1538, primero en Tzintzuntzan y luego en Pátzcuaro, ciudad que decidió sería la sede del obispado en la que señaló el sitio para la iglesia, y a fines de ese mismo año es ordenado y consagrado obispo por Fray Juan de Zumárraga. Dice Joseph Moreno, en relación al cambio de sede episcopal: No debemos tener por ligereza en nuestro nuevo obispo, la mudanza de su silla, así por los ejemplares que tenemos de grandes santos, que han hecho otro tanto, como porque no se movió a esta novedad de algunas razones ligeras, o descubrió el tiempo que habitó Tzintzuntzan, como son la cortedad de los días, a causa de los montes que tiene a oriente y poniente, la escasez de aguas y otras que arriba apuntamos.9

Seguramente, se apoyó más que nada en la cédula Real enviada al Virrey Don Antonio de Mendoza, en la que se facultaba al obispo para elegir el lugar, dice: E pues veis cuanto vuestro Señor de esto sea servido, yo vos mando, que proveais como en la dicha Provincia de Michoacán se haga la dicha Iglesia Catedral en la parte, y sitio, que a vos, y al dicho obispo pareciere.10

Pero además, en un viaje que hizo a Roma, en el que consiguió indulgencias y reliquias para su Iglesia, y del Papa Julio III la aprobación de la traslación: Nos con la autoridad apostólica, por tenor de los presentes y condescen- Basílica de Pátzcuaro que funcionó como diendo a estas súplicas, confirmamos y Catedral con Vasco de Quiroga. aprobamos la traslación de la Iglesia Catedral al lugar o barrio de Pátzcuaro, y el cambio de la advocación, en la de San Salvador.11 Joseph Moreno, Juan, Talleres Gráficos del Gobierno del Estado, Morelia, 1965, p. 39. Ibid., p. 34. 11 Ibid., p. 90. 9

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Nicolaicismo Y para que Pátzcuaro sea declarada ciudad de Michoacán: Mandamos que el mencionado poblado de nombre Michoacán se erija en Ciudad y que al frente de esta Iglesia esté un Obispo llamado con el mismo nombre de Michoacán... concedemos y determinamos que el mencionado poblado de Michoacán erigido por Nos en ciudad, sea la ciudad episcopal.12

La Catedral se erige hasta el año de 1554, después de que regresa de España en donde consiguió clérigos. Muere en la ciudad de Uruapan como lo señala Joseph Moreno: [...] se puso en camino para su visita el Venerable Prelado, aunque tan rendido con los afanes. Se encaminó para el pueblo de Uruapan, donde la muerte le atajó las marchas, que quería llevar más adelante, dándole el golpe fatal, que sucedió la tarde del miércoles 14 de marzo del año de 65.13

Dice que se ignora la causa de su muerte, pero que se debió seguramente a su edad tan avanzada de casi un siglo, pues tenía 95 años de edad. Se trasladaron sus restos a su catedral de Pátzcuaro donde reposan; fue ésta la disposición del cabildo, según lo había dejado dicho en su testamento.

Medallón al óleo que se encuentra en la Sala Capitular en la catedral de Morelia. 12 13

Ibid., p. 70. Ibid., p. 120.

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Ideas humanistas de Quiroga Ya desde el siglo XV en Europa habían comenzado a despertar ideas sociales con el redescubrimiento de los manuscritos de la antigüedad clásica grecolatina, ideas que nacían de la fuente de Platón, lo que provocó que surgiera todo un movimiento humanista que veía con deleite aquella edad de oro, de la que hablaban los antiguos; Don Vasco, confiesa, se inspiró en los Saturniales de Luciano, de cómo el hombre debería de buscar un mundo de justicia y de igualdad.14 La edad de oro se produjo durante el gobierno de Saturno, de ahí el nombre de Saturniales, dice de ello Ovidio lo siguiente: “La primera de todas fue la edad de oro, la cual sin su coacción, sin ley, practicaba por sí misma la fe y la justicia. Se ignoraba el castigo y el miedo, y no se veían grabadas en público, en bronce, para ser leídas, palabras amenazadoras y la multitud suplicante no temblaba ante la presencia de su juez, sino que estaba segura sin defensor. Todavía no había sido cortado el pino en sus montañas y no había descendido a la líquida llanura para visitar un mundo extranjero y los mortales no habían conocido otros litorales que los de su país. Todavía no circundaban las ciudades los profundos fosos; no había largas trompetas, ni cuernos de bronce curvados, ni cascos, ni espadas; sin necesidad de soldados, las naciones pasaban seguras sus ocios agradables. La misma tierra libre de toda carga, no hendida por azadón ni herida por el arado, daba por sí misma de todo; y contentos de los alimentos que producía sin que nada la obligara, los hombres recogían los madroños, fresas silvestres, frutos del cornejo, moras que se adherían a las zarzas espinosas y bellotas que habían caído del copudo árbol de Júpiter. La primavera era eterna y los apacibles Céfiros acariciaban con sus tibios soplos a las flores nacidas sin semilla. También la tierra, que no había sido labrada, producía mieses y el campo sin ser cultivado se cubría de grávidas espigas; manaban ya ríos de leche, ya ríos de néctar y de la verde encina iba destilándose la dorada miel” en Ovidio, Las metamorfosis, Porrúa, Col. Sepan Cuántos no. 316, México, 1991, p. 4. “ Este festival famoso recaía en diciembre, el último mes del calendario romano y el pueblo suponía que su objeto era conmemorar el feliz reinado de Saturno, dios de la siembra y de la agricultura, que vivió en la tierra hace mucho tiempo como un rey de Italia, benéfico y justo que atrajo a los toscos y diseminados montañeses a reunirse, enseñándoles a cultivar el suelo, dándoles leyes y reinado de paz. Su reinado fue la fabulosa Edad de Oro: la tierra producía abundantemente, ningún fragor de guerra o de discordia perturbaba el mundo feliz; ningún maléfico afán de lucro emponzoñaba la sangre de los campesinos industriosos y contentos. La esclavitud y la propiedad privada eran desconocidas totalmente; todos los hombres tenían todas las cosas en común. Al fín el buen Dios, el rey afable, desapareció súbitamente, pero su memoria fue amada duante muchos años, se erigieron templos en su honor y muchas colinas y sitios altos de Italia llevan su nombre” en Frazer, James George, La Rama Dorada. Magia y religión, FCE, México, 1996, p. 657. 14

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Nicolaicismo Pero donde se notan con mayor claridad las ideas humanistas es en la influencia del gran humanista Tomás Moro, autor de Utopía, como él mismo lo señala en la parte referente a la advertencia y despedida de su Información en derecho, que dice: “para mejor aplicarlo a mi propósito; por el mismo Tomás Morus, autor aqueste muy buen estado de República”.15 Más adelante agrega refiriéndose a la Utopía y a Tomás Moro: [...] entre una gente que fuese de la cualidad de aquesta natural deste Nuevo Mundo, que en hecho de verdad es cuasi todo y por todo como él allí sin haberlo visto lo pone, pinta y describe, en tanta manera, que me hace muchas veces admirar.16

Las Ordenanzas de sus pueblos-hospitales guardan una gran semejanza con la forma de vida de los habitantes de Utopía. Por ejemplo, la unidad política básica y de producción de la sociedad es la familia, compuesta por miembros de un mismo linaje en línea masculina, en no menos de diez y no más de 16 hijos de 14 años o más.17 En la propia organización familiar está el cuidado del trabajo: el paterfamilias realiza una labor de vigilancia de los que están bajo su custodia: ITEM cuando fueren a trabajar al campo, todos los que fueron de una familia, vayan junto con el padre de ella, o con su sustituto que dé cuenta de las negligencias, defectos y perezas de todos los de aquella familia, que son a su cargo.18

Continuando con esta analogía, se pueden observar similitudes con la Utopía de Moro, es el caso de la República que Moro utiliza para su ciudad, y la manera de elegir a sus gobernantes mediante el voto secreto, lo que hace de ello una democracia: [...] eligirán a todo su entender el más hábil, útil, y suficiente al pro, y bien común de la República del Hospital, sin pasión, ni afición, elijan Quiroga, Vasco de, Información en Derecho, SEP / Col. Cien de México, 1985, México, p. 216. 16 Idem. 17 Varios, Vasco de Quiroga y Obispado de Michoacán, Editorial Pastoral del 450 Aniversario / Fimax, 1986, Morelia, p. 163. 18 Ibid., p. 159. 15

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por votos secretos uno de los tales cuatro así nombrados, o dos, si hubieren de ser dos, por más principal sobre todos ellos, y esto por tres, o seis años, y no más sin nueva elección.19

La tarea principal de los habitantes de los pueblos-hospitales de Santa Fe era la agricultura, como en Utopía, pero también tenían otras actividades como las propias de la ciudad de Utopía, actividades como la albañilería, la carpintería, la forja de hierro y el labrado de cantera. En Utopía se trabajaban seis horas, tres por la mañana y tres por la tarde;20 una vez repartido el fruto de la tierra según la necesidad, lo que sobraba se destinaba a obras pías y en remedio de los necesitados. Moro considera que la propiedad privada era no sólo el origen de la desigualdad, sino también de la injusticia. En las Ordenanzas se dice que sólo se puede aprovechar el usufructo de la tierra y que no se pueden enajenar, es decir: vender. Considera que si esto se hiciera, la República de los Hospitales se perdería. Como se había señalado, la actividad fundamental tanto en Utopía como en los pueblos-hospital era la agricultura, pero se daban horas para otro tipo de actividades, no para la holgazanería, sino para practicar oficios, escogidos de acuerdo a sus gustos: la mayoría en Utopía se dedicaba a cultivar las letras. Don Vasco comprende bien el pensamiento de Moro, y lo adecúa a la realidad mexicana; considera que el trabajo y las letras se deben enseñar desde la niñez: en Utopía, todos se visten igual en todas las edades, sólo sirve el vestido para proteger del frío, o del calor, y para distinguir el sexo, lo mismo que si son solteros o casados, y que deben de ser decorosos, que permitan al cuerpo moverse libremente; mientras que en las Ordenanzas de Don Vasco se dice: [...] que los vestidos de que os vistáis, sean como al presente los usáis, de algodón y lana, blancos, limpios y honestos, sin pinturas, sin otras labores costosas, y demasiadamente curiosas. Y tales, que os defiendan del frío Ibid., p. 165. En las Ordenanzas se lee: “ITEM lo que así de las dichas seis horas de trabajo en común como dicho es, se hubiere, después de así habido, y cogido, se reparta entre vosotros todos, y cada uno de vos en particular aeque [igual] cóngrua, cómoda y honestamente, según que cada uno, según su calidad, y necesidad, manera, y condición lo haya menester para sí, y para su familia, de manera que ninguno padezca en el hospital necesidad”, Varios. Vasco de Quiroga y Obispado de Michoacán, op. cit., p. 154. 19 20

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Nicolaicismo y del calor, y de su mismo color si es posible... Y de éstos, dos pares de ellos; unos con que pareceréis en público en la plaza, y en la Iglesia, los días festivos, y otros no tales, para el día de trabajo... o que si es posible es, os conforméis todos en el vestir de una manera lo más que podáis, y de vestidos conformes los unos de los otros en todo, porque sea causa de más conformidad entre vosotros, y así cese la envidia y soberbia de querer andar vestidos y aventajados los unos más y mejor que los otros, de que suele nacer envidia entre los hombres vanos y poco prudentes, y distención y discordia.21

En Utopía, Moro hablaba de que tenían graneros públicos, de donde se repartía a la gente según sus necesidades, es el reparto en común de los frutos de la tierra. Le llamaban común, señala que éste deberá ser abundante y muy alegre, como era la vida de los utopistas, que consideraban que la vida era para disfrutarse, lo cual constituye una idea muy humanista. Como se puede ver, Vasco de Quiroga se basó en la Utopía de Moro al elaborar las ordenanzas que regirían en sus pueblos hospitales, ahí fue donde las puso en práctica, quedando materializadas en lo que constituirían sus dos grandes preocupaciones: su Colegio de San Nicolás y sus pueblos hospitales, como se puede ver en su testamento que es con lo que comienza su declaración, en el que expresa su última voluntad; en la primera parte, se refiere al Colegio y en la segunda, a sus hospitales pueblos, dice: Primeramente declaramos que ha muchos años que yo fundé en esta ciudad de Mechoacán, el Colegio de San Nicolás que aquí está fundado, por la gran falta de ministros de los santos sacramentos y culto divino que aquí y en todo nuestro obispado de Mechoacán, ha habido y hay, que sean presbíteros y lenguas; para que aquí en este dicho colegio se reciban y críen estudiantes puros españoles que pasen de más de veinte años, que quieran ser ordenados y sean lenguas, y así ordenados de todas órdenes, suplan algo de la gran falta dicha de ministros.22

Disponía también que a los hijos de los naturales que desearan estudiar no se les cobrara como recompensa, debido a que fueron ellos los que construyeron todo a su costa y para asegurar esta obra, señala como patronos al Rey y al Cabildo de su Iglesia, dice: 21 22

Ibid., p. 163. Varios. Vasco de Quiroga y Obispado de Michoacán, op. cit., p. 173.

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[…] su Alteza y Majestad fue servido de hacerse Patrón dél, por su cédula patente real que nos tenemos y les dexamos, para le favorecer y hacerle mercedes, como se las ha hecho siempre y de cada día las esperamos mayores.23

Y por otro lado, para asegurar su sostén dispone: Y porque de lo que hasta aquí se ha sustentado y sustenta para este fin y efecto, de muchos años acá, sobre veinte, y más, casi treinta, el dicho colegio, es de la estancia que se dice de Xiripitío que solía ser del Marqués del Valle, en el Valle de Guaniqueo, y otras dos estancias allí junto a ella.24

Pero la función del Colegio no se reducía a sólo formar clérigos, que llenaran el vacío existente, sino que era también una función social para toda la comunidad, pues servía como centro de instrucción para todos los hijos de los veciColegio de San Nicolás Obispo en Pátzcuaro. nos sin distinción de raza, que los librara dicha instrucción de las tinieblas de la ignorancia; es entonces esta obra y la de los hospitales pueblos instituciones con función social para la comunidad, lo que revela su espíritu humanista.

El Colegio de San Nicolás Dice Miranda Godínez que el antecedente del Colegio de San Nicolás se encuentra en las escuelas de sus pueblos hospitales, pues en ellas no sólo se daba instrucción religiosa, sino que también se les enseñaba a leer, escribir, canto y música.25 Continúa diciendo que en el Colegio de San Nicolás se presenta una novedad que no se había producido antes y que es la convivencia en el Idem. Idem. 25 Idem. 23 24

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Nicolaicismo centro de estudios entre españoles, mestizos e indígenas, la que está al mismo nivel, pues en los otros experimentos realizados como el de Santa Cruz de Tlatelolco fundado en México, era sólo para la nobleza indígena. La idea de fundar un Colegio con tales características, le vino del modelo fundado en Granada por Fray Hernando de Talavera, el de San Cecilio.26 Un colegio en el que pudieran acudir tanto los que estudiaban para clérigos como los que eran laicos sobre todo los indígenas, dadas las condiciones semejantes entre Granada y Pátzcuaro, ciudades recién convertidas al cristianismo, en las que viven personas recién convertidas; en Granada los moriscos descendientes de moros, y en Pátzcuaro los naturales, en una y en otra parte con idiomas distintos al castellano, y con la necesidad de evangelizar a una población numerosa. Fray Hernando de Talavera, obispo de la Diócesis de Santa Fe de Granada, se enfrentó con los problemas pastorales propios de una población mitad musulmana y mitad cristiana. Consideró que la doctrina debería de penetrar más con la persuasión del ejemplo y caridad que con la fuerza. Fundó una casa en la que se instruía a los moriscos recién convertidos, no sólo en la doctrina cristiana, sino les enseñaba a leer y escribir, gramática y artes, e instaba a los clérigos a que aprendieran el árabe para la predicación, mandando imprimir una gramática del idioma árabe, y fundó, como se dijo, un colegio para los futuros ministros, con el nombre de San Cecilio; como se puede ver, la experiencia del obispo Talavera fue recogida por Don Vasco y adaptada al medio. El nombre de Santa Fe que da a sus pueblos hospital es un homenaje a Santa Fe de Granada. La petición del Obispo Quiroga de que fuera el propio rey el patrón del Colegio de San Nicolás y de los pueblos hospitales de Santa Fe, fue aceptada por el Monarca mediante cédula expedida en Barcelona, el primero de mayo de 1543, en la que se lee: Don Carlos por la divina gracia [...] por unos cuantos por parte de vos Don Vasco de Quiroga obispo de la Provincia de Mechoacán me ha sido Miranda Godínez, Francisco, op. cit., p. 155. A este respecto, Joseph Moreno nos dice que “Otro de los establecimientos de este pueblo, fue un Colegio Seminario de Indios que allí fundó, dióle el título de S. Nicolás: y el fin, de que allí los hijos de los naturales del pueblo, o educados en su cuna, aprendiesen a leer, y escribir, el canto llano, y a tocar diversos instrumentos músicos, cuyas habilidades empleasen después en el culto de Dios, y de su Iglesia”, en op. cit., p. 18. 26

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hecha relación que vos aveis comenzado a hacer en la dicha ciudad de Mechoacán (Pátzcuaro) un hospital para que en él se acojan los pobres enfermos así españoles como yndios y un colegio donde los hijos de los españoles legítimos y mestizos y algunos indios por ser lenguas para que puedan mejor aprovechar con ellos aprendan gramática y juntamente con ella los indios a hablar nuestra lengua castellana, cosa muy útil y necesaria y nos aveis suplicado tomásemos el título de Patrones del dicho colegio, porque estando nuestro nombre y siendo nos patrones dello serán más mirados y favorecidos y los pobres estudiantes más bien aprovechados, como la nuestra merced fuese y nos acatando quanto Dios nuestro Señor será servido de que el dicho hospital y colegio se conservan tuvímoslo por bien y por la presente aceptamos el patronazgo del dicho hospital y Colegio.27

Con la expedición de esta Bula, Don Vasco podía morir tranquilo, pues sus obras quedaban bien aseguradas por la protección de personas morales, que no físicas, el Rey y sus sucesores como más adelante se puede leer: […] para que Nos y los Reyes, que después de Nos sucedieren en nuestra Corona Real, seamos Patrones, y como tales Patrones, podamos Nos, y ellos proveer lo que viéremos que conviene al bien del dicho Hospital, y Pobres del dicho Colegio.

Y el Cabildo Catedralicio, un cuerpo colegiado que velaría por su obra; la historia fue testigo de como los pueblos hospitales vivieron con este espíritu hasta los albores de la Independencia, y en su Colegio de San Nicolás se mantiene vivo este espíritu.

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Colegio de San Nicolás Obispo en Pátzcuaro.

Ibid., p. 144.

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