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VOCES EN EL CAMINO, VOL. 4 © Departamento de Lenguaje y Filosofía, Windsor School. © Departamento de Artes y Tecnología, Windsor School. Windsor School Valdivia www.windsorschool.cl Valdivia, Chile. Diciembre, 2019.


Vol. 4

(Concurso Literario 2018)


Arte


{

Literario AntologĂ­a 2018

}


Los sesenta años que el Windsor School celebró el año 2019 dan cuenta de una larga trayectoria que siempre ha buscado formar integralmente a todas las generaciones que han pasado por estas aulas. Es por esta razón que, junto a la creación de nuestra querida institución, se inició el ya tradicional Concurso literario; instancia formativa que invita a todos los alumnos, desde primero básico a cuarto medio, para que expresen, en un lenguaje literario, sus más profundas inspiraciones y sueños. Con el paso de los años, obviamente han cambiado los participantes y los responsables de mantener viva esta tradición que busca valorar el gusto por la literatura; sin embargo, y como resultado de un proceso educativo que evoluciona, desde hace ya tres años, ha tenido la oportunidad de desarrollar un trabajo integrado, en que los departamentos de lenguaje y arte tienen participación. Este libro es el producto de una labor que implica la corrección y difusión de textos escritos, más una tarea de casi siete meses, en que alumnos de cuarto medio entregan una propuesta visual y audiovisual a partir de las creaciones literarias, con la guía de profesores del área artística. Los invito pues a disfrutar de esta nueva edición de “Voces en el camino”, libro multimedial que busca incentivar la pasión por la escritura y el arte. Invito a toda la comunidad windsorina a conocer el trabajo desarrollado durante el año 2019 y que se corona con la edición de este nuevo libro.

Vivien Turner Saelzer DIRECTORA


En esta cuarta edición del libro Voces en el camino reunimos las creaciones de los ganadores del Concurso Literario 2018, junto a las obras visuales de los estudiantes de cuarto medio de la asignatura de Artes visuales, consolidando así el anhelo de materializar un proyecto colectivo que plasme el talento de jóvenes escritores e ilustradores en el ámbito escolar. Voces en el Camino se articula como un texto multimodal que permite la diversificación de los lenguajes artísticos, abre espacios de escritura creativa, de animación a la lectura y propicia la práctica interdisciplinar del equipo docente. El trabajo artístico desarrollado por los estudiantes involucra diversas etapas para el proceso de creación de una ilustración, que parte con un espacio en el que pueden compartir y conocer a los escritores de los textos que trabajarán, tanto de la línea de poesía como la de cuento, teniendo una instancia para profundizar y analizar juntos las características del texto para preparar y diseñar la propuesta artística. Así se comienza a formar la visualidad y estética del libro, que explora a través del dibujo, el uso del color y el rescate de texturas, diversas formas de plasmar en una imagen la esencia de los textos que le dieron origen, como también la exploración en el lenguaje audiovisual, con los cuales se logra crear un correlato que complementa y nutre las diversas historias que son parte de esta publicación.


Las voces que le hablarán en las páginas siguientes son múltiples y variadas; sin embargo, en todos los casos dan cuenta de una capacidad para captar con asombro y sensibilidad, aspectos relacionados con la naturaleza, la fantasía, el interior de la conciencia humana y las espontáneas emociones que surgen solo por el hecho de estar conscientes de vivir. Si leen este texto secuencialmente, transitarán desde las más cándidas miradas de pequeños que recién se inician en el mundo de la escritura hacia el desarrollo de ideas que dan cuenta de un manejo aún no acabado del dominio léxico, pero que asombran por su naturalidad y creatividad, para llegar finalmente a una propuesta escritural que denota un pulcro dominio de la palabra y una agudeza intelectual que estremece, deslumbra y reconforta.

Presentación


Primero BĂĄsico

CategorĂ­a


A


SofĂ­a Vargas

Katarina Lesina


1er. Lugar

Las Frutas

Era una vez unas frutas que eran amigas. La frutilla, la uva y las hermanas cerecitas y la dulce limonada que iban a hacer una pijamada, pero uvita se fracturĂł la mano y entonces la pijamada se vio suspendida y alterada.

Emilia Aguilera Silvestre 1° Båsico B


María Jesús Oelckers


2do. Lugar

El gato juguetón

Había una vez un gato juguetón que salió muy glotón. Fue de paseo al campo a comer y después se fue a comprar lana para su ropa fabricar y no podía andar. Después salió a comer, se fue a tejer y no podía ni tejer.

Fernanda Pereira Gutiérrez 1° Básico B


Zoe Hantke


3er. Lugar

Las sumas

Me encanta sumar y cada día sumo más. Para mis cuentas sacar y muy lejos llegar.

Emilia Aguilera Silvestre 1° Básico B


Carlos Mira


1er. Lugar

¿Se habrán vuelto locos?

Un día estaba solo en mi casa, hasta que llegó mi mamá vuelta loca. Después de una hora llegó mi papá, también vuelto loco. Cosas extrañas, muy pero muy extrañas suceden. Hoy, yo creo que ya sé lo que pasa aquí. Hace tres semanas mis padres tienen caos, pero qué suerte que yo me entretengo con mi hermano y con mi hermanita. Jugamos a las escondidas, a la chola y a inventar música.

Vicente Gracia Lazo 1° Básico C


Isabel Quintana


2do. Lugar

La historia del árbol que habla y el niño Luis y los niños Había una vez un árbol que hablaba sin parar. Y un niño que se llama Luis. Luis fue con su curso al bosque, cuando estaban explorando, Luis se perdió y se quedó hasta la noche. Entonces habló el árbol, Luis se asustó mucho al oír su voz y preguntó: - ¿Quién habla? - Soy yo, dijo el árbol que habló. Luis dijo: eres un árbol. - Sí, respondió el árbol - puedo hablar, no te asustes, seamos amigos. - Si, bueno, gracias amigo, me llamo Luis. - ¿Luis?, que nombre tan bonito. - Gracias - Yo te ayudaré a salir.

María Paz Alveal Espinosa 1° Básico C


Fernanda Pardo


3er. Lugar

El dragón alvistral

El

dragón

era

una

criatura

misteriosa.

Era

carnívoro, su cuerpo tenía una mezcla de varias criaturas; Anquilosaurius,

Velociraptor,

Carnotaurus

y

Mosasaurus.

Cuentan que fue encontrado a 1.200 metros de profundidades

del mar, con su cuerpo movía los barcos y se caían los marineros.

Trataron de moverlo con barcos, pero no lo podían mover por

su fuerza. Hasta que con varios barcos lo llevaron a una playa de México.

Simón Huysentruyt Abarzúa 1° Básico C


Segundo/Tercero BĂĄsico

CategorĂ­a


B


Ahjlan Moya


1er. Lugar

La Lectura A los tres años mi primer libro abrí, y un nuevo mundo ese día descubrí. Hadas y magia eso es lo que vi, hermosas rosas y un precioso jardín. El libro me absorbió porque yo estuve ahí. Encontré una nuez y la rompí y un pequeño elfo había ahí, estaba abierto y lo leí con emoción en ese momento. De repente al elfo bebé me lo quedé, sin saber que estaba bendecido por el niño Dios. A su mundo regresó, me dejó el libro, pegamento, papel y tijera también y desde ese momento los libros los hago yo. Cada vez que leo, una aventura nueva tengo en mi corazón.

Ayla Giusti Calderón 2° Básico A


Joaquín Casari


2do. Lugar

Un hermanito o una hermanita va a nacer

Un hermanito o una hermanita va a nacer. ¡Qué emoción, qué placer! Pero a veces pensaba… Un hermanito o una hermanita va a nacer. ¿Y en ese entonces qué poder de amor tendré? Pero después se me aclaró. Un hermanito o hermanita va a nacer. Más atención tendrá, pero el mismo poder de amor tendré…

Rosario García Lizasoaín 3° Básico B


Catalina Alonso


3er. Lugar

La niña de las estrellas Oh, las estrellas, las estrellas iluminan tu cara con alegría. Cuando la noche se aparece, la capa de estrellas ilumina con felicidad, las estrellas giran, las estrellas bailan a su reina, a la niña de las estrellas. Y de vez en cuando, girando y bailando, una niña se va volando, con una canción en la mano. Oh, ¿cuándo será mi turno? .

Matilda Tomacevic Vásquez 2° Básico A


Flavio LLedรณ


1er. Lugar

El minero Había una vez un señor que quería aprender a ser minero, entonces le pidió ayuda a su padre, que era minero, para que le enseñara, el padre aceptó y le enseñó. Luego de días entrenando, el señor ya estaba listo para minar, entonces empezó a excavar, pasaron horas y horas y el minero no encontraba nada. Luego de varias horas, pasó algo inesperado, el minero encontró una mina, él estaba tan emocionado. Al día siguiente el minero seguía en la mina. Cuando se levantó, recordó a su padre, entonces quiso volver a casa, pero no pudo porque la entrada se había tapado. El minero se puso muy triste ya que le iba a costar mucho poder salir de la mina. Pasó mucho tiempo, y el minero aún no encontraba salida, entonces el minero dijo: “¡hasta aquí voy a aguantar en esta mina, hoy saldré de acá!”, entonces el minero intentó salir e intentó e intentó e intentó hasta que lo logró. El minero, cuando salió de la mina, pudo ver a su padre desde lejos, entonces fue corriendo hacia él a darle un fuerte abrazo, y el padre a punto de llorar, le dice a su hijo: “¡ya eres un verdadero minero!”.

Franco Lledó Gatica 2° Básico A


Joaquín Israel


2do. Lugar

Super perro Camino a mi casa, entrando el auto, mi perro se escapó, no

tenía nombre pero es otro tema. Después de varios días se me ocurrió poner carteles que digan: “se busca perro, fono: 123 456 78”, esperé varios días, sin que me llamaran.

Un día lo fui a buscar en bici, recorrí varias calles: Av. Simpson,

Dalcahue, Chonchi, Rilan, Andalien, Carelmapu, Pedro Montt, 8 de Octubre, Emilio Cock y muchas más, pero no lo encontré. Después de una semana y media lo vi flaco y desnutrido al frente de mi casa, corrí lo más fuerte posible para que no se me escapara otra vez y lo agarré del collar, no quería entrar a la casa, vino un auto, cerré los ojos porque ya era muy tarde para escapar, pero sentí que tiraron el gorro de mi polerón, ¡mi perro me había salvado! Desde entonces lo llamamos Súper Perro

Vicente Trujillo Salas 3° Básico B


Ă lvaro Espinoza


3er. Lugar

El tesoro del Sahara

Hace muchos años, en un pueblito donde había mucho calor, vivían puros hombres y una niña muy linda, llamada Laura. Cuando Laura iba al colegio, le contaban leyendas de hadas, princesas, tesoros y desiertos, pero hoy le contaron la leyenda del Tesoro del Sahara. Laura quedó sorprendida y se dispuso a buscar el tesoro, arregló su maleta y se fue en bus a Santiago. Cuando llegó se fue al aeropuerto, tomó el avión y fue al desierto del Sahara. Laura llegó a un pueblito, pidió indicaciones para llegar al desierto y un niño llamado Juan la acompañó. Caminaron un largo rato y llegaron a una gran pirámide, entraron y había telarañas y tierra, hasta que llegaron a un gran ojo. Debajo de él, había un amuleto de oro, igual al ojo. Los niños se lo llevaron y descubrieron el tesoro del Sahara. Juan le preguntó a Laura: - ¿Tiene algún poder? Laura le respondió: -No sé, ¡hay que averiguarlo! Pero antes de ver qué poderes tenía, ellos debían descubrir una contraseña. Cuando la encontraron, descubrieron que con él podían ir a muchas épocas y se divirtieron mucho viajando y descubriendo cosas nuevas. Emilia Gajardo Aravena 2° Básico A


Cuarto/Quinto Básico

Categoría


C


Daniela Vargas


1er. Lugar

La vida invisible a nuestros ojos Linda hojita, vive como soldado. La única fuerte que no se ha soltado. Hojita pequeña que está colgando, la única que queda con sus ojos cerrados. Hojita bonita con distintos tonos, está solita ya no cae en otoño. Fuerte resiste al viento que empuja, fuerte ante el final, el sol y la lluvia. Hojita que vive hojita tan fuerte

vive del frío en su entorno y ambiente. Callada espera, callada permanece, duerme esperando el final que la adormece. Resiste, está sola dormida esperando una señal hasta que llegue una amiga. La hojita llora, vive resistiendo, vengando el recuerdo del absoluto sufrimiento. Hojita distinta, hojita valiente. Eres el ejemplo de un ser resiliente.

María Leonor Delgado Espinoza Sofía Ojeda Solis 5° Básico A-B


Natalia MontaĂąa


2do. Lugar

Sola en un mar de gente Un asiento vacío en una calle solitaria, un murmullo sincero donde un cristal rompe un espejo y realidad, dando un breve mensaje constante y tenue.

cuentan historias maravillosas ¿Las has escuchado? Tal vez no. Después de todo, ¿quién escucha a las estrellas titilar?

Silencios de invierno solo escuchas el frío, la nota musical que rompe el compás atreviéndose a ser diferente a través de ese espejismo lleno de prejuicios.

Y salió la luna, los sueños y pesadillas pasan volando. Un mundo paralelo al nuestro, tan cercano y tan diferente. Mis ojos cristalinos ven una nube de esperanza sigo recordando el rocío que mojaba levemente mis manos al rosarlo salgo de mi recuerdo, viendo aquel espacio vacío junto a mí vuelvo a mi nube de fantasía y me encuentro con un alerce, tan valiente y fuerte, Se mece lentamente recapitulando en su memoria.

Ves las palabras dañinas como el fuego en cólera, sientes el ayer de una pasado sin escape, una nube brillante e irrompible que vive junto a nuestra amarga compañía invisible a nuestros ojos que no ven más allá de lo “posible” donde un asiento vacío significa más que ausencia y dolor. En ese asiento estoy viendo a esos ojos sin vida. Perdiéndose de lo hermoso en lo imaginario sigo aquí sentada y sola viendo almas insensibles pasando sin sentarse junto a mí. El cielo se rompió la gente se cubre de las lágrimas del cielo sentía las gotas deslizándose por mis hombros

El cielo brilla en calma observa tan bello y malicioso mundo ante él, con potencial desaprovechado sintiendo tal tristeza en las nubes escucho atentamente olvidándome de todo. Por última vez salgo de mi nube de fantasía veo al lado mío, nadie se sentó. La solución a la soledad de creer estar acompañado sirve más que vivir en una incambiable realidad.

Sofía Ojeda Solis 5° Básico B


Fabiola Gauro


3er. Lugar

Dos Almas juntas Como cielo y tierra separadas estamos por una cortina de viento lento nos juntamos. Duermes con tu almohada de estrellas, te cantan los ángeles con su dulce voz, las flores en tu jardín hacen que cualquiera pueda sonreír. Siento que nos acercamos y que nuestras almas juntamos, vamos ambas con la brisa a ese lugar al que algunos llegan de prisa.

Agustina Cárdenas Montecinos 5° Básico A


Sexto/Séptimo Básico

Categoría


D


Ignacio RamĂ­rez


1er. Lugar

Sentimientos Mariposa de estómago, sentimientos de barriga, mirando al triste techo toda la noche y todo el día. Las flores de mi jardín, sentenciadas a muerte. ¿Me quiere o no me quiere? ¿No? Debe ser mala suerte; pero el tallo también cuenta, saque dos pétalos a la vez. Pobre corazón mío y pobres flores también. Me está mirando. ¿Cómo lo he notado? Yo lo estaba observando ¿Me contempla a mí, o a la de al lado?

Cual sea la respuesta, vuelvo a mi trabajo. Me dices hola, me ahogo en pensamientos, mis mejillas como fuego, alguien llame a un bombero. Ya han pasado dos años, no siento lo mismo. ¡Pero esperen! ¿Quién es el nuevo? Lo sigo con la mirada. Qué linda gorra lleva. Sentimientos de barriga, ya los esperaba. He perdido la esperanza. Se ha acabado mi elegancia, a ser enamoradiza condenada.

Emilia Aguilera Aguilar 6° Básico B


Martina Tello


2do. Lugar

Un último recuerdo Recuerdo todo aquello solo una vez más, pasaba mi mano por tu cabello y pensaba que nunca fracasarías. Cada día me paro y pienso ¿Es aquí donde debo estar? En mi estómago siento aquel descenso esto me lleva a llorar. Mis lágrimas caen al suelo con una velocidad dolorosa, a mi lado aún te huelo, tan dulce como una rosa. Sé que algo ha ido mal que se dividen nuestros caminos, es como si fuera una rosa primaveral ahogada en rojos vinos. Te vi acompañado no estabas conmigo, resultó que no te tenía a mi lado y ahora nos perdimos. Trinidad Urrutia Andia 6° Básico B


Catalina PeĂąa


3er. Lugar

Mi gato amoroso Mi gato me hace enojar, pero yo lo amo. A él le gusta jugar y cuando llora le tiro su ramo. Mi gato duerme tan quieto, como un hombre muerto. También deja pelusa y parece una intrusa. A veces le tengo temor para mi parece un temblor, pero cuando está tranquila parece una chiquilla.

Sofía Peña Silva 6° Básico A


María Jesús Reyes


1er. Lugar

No me gustan las peliculas de terror Nunca me han gustado las películas de terror, pero esta era una ocasión especial. Era el cumpleaños de mi mejor amigo, y me pidió que lo acompañara a ver una película de terror, con otros amigos más. Me disgusta la idea de estar en un lugar cerrado, oscuro y con música espeluznante, pero como dije antes, era un momento especial.

La función terminó a las 23:49 de la noche. Luego, todos nos fuimos por diferentes rutas, yo tenía que tomar la micro mientras que mis amigos eran recogidos por sus papás. A medio camino mi padre me mandó un mensaje de texto, diciéndome que por ningún motivo me fuera a la parada de buses y que me ocultara en la casa de mi tía, que vivía unas cuadras atrás. Luego del mensaje de mi papá quedé preocupado, pero a la vez pensé que podía ser una simple broma, así que seguí caminando hacia el paradero. Iba por una calle oscura rodeada de casas estilo norteamericano, las luces se apagaban y se prendían. Llegué a la parada de buses y me senté en un banco, lo único que me acompañaba era el silencio de la noche, sentí unos pasos, miré para todos lados, pero definitivamente no había nadie. Ignoré lo que escuchaba, pensé que solo estaba en mi cabeza. Unos segundos después, a mi derecha, vi a lo lejos que algo se aproximaba. Al principio no podía identificar lo que era, pero a medida que se acercaba pude advertir que era una mujer; alta y delgada, que vestía harapos, su pelo le cubría la cara, pude reconocer dos luces que parecían ser sus ojos y tenía un fétido olor, que me provocaba náuseas. Quería salir corriendo, pero mi cuerpo no me lo permitía, estaba paralizado de miedo, sólo pude moverme cuando estaba a punto de tocarme. Corrí como nunca lo había hecho antes. No sabía qué hacer,


ni adónde ir, pensé que si seguía así, esa extraña mujer me terminaría por alcanzar. Seguí corriendo hasta que doblé a un callejón sin luces, pensé que podía despistarla, seguí avanzando, hasta que, para mi mala suerte, ¡el callejón no tenía salida! ¡Terminaba en una alta pared de ladrillo! Creí que todo estaba perdido, pensé también en las muchas cosas que no llegaría a cumplir, como tener una familia y ser un gran empresario. Sin embargo, lo peor es que no podría despedirme de la persona que más quería, mi padre. Él tuvo una vida muy difícil, nos cuidó a mí y mi hermana él solo, ya que mi madre murió cuando nací. La mujer entró al callejón y ya estaba a pocos metros de mí. Fue entonces cuando, con una voz temblorosa me dijo: — ¡Secuestré a tu padre y lo encerré en la casa abandonada que tiene, en las afueras de la ciudad! Entonces, recordé que mi padre empezó a construir una casa antes de que yo naciera, donde íbamos a vivir, pero que no alcanzó a terminar debido a la muerte de mi madre. Pero, ¿cómo sabía tanto de esa casa? Los únicos que conocíamos esta historia eran mis familiares y yo. En ese momento, como si pudiera leer mis pensamientos, la mujer me dijo: — ¡Soy tu madre! Me contó que luego del parto, la dieron por muerta y la enterraron en el cementerio. Sin embargo, estando en la tumba, despertó y desesperadamente empezó a arañar las paredes de madera de la tumba y a gritar pidiendo ayuda. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró salir, con su cuerpo sangrando y llena de moretones, corrió a la casa que estaban construyendo. En la casa deshabitada y a medio construir, recordó que estaba embarazada y que quedó inconsciente en el parto. Además, se miró en un vidrio y al verse en ese estado; con la cara hinchada, sucia y con moretones, decidió esconderse hasta poder tomar venganza de quienes le hicieron vivir esa terrible experiencia.

Yo no podía creer esta historia, estaba muy sorprendido y


asustado. Cuando era pequeño, mis compañeros me molestaban porque no tenía una madre que me quiera, que me cuide y que diera su vida por mí. Mientras la mujer se acercaba a mí, reveló su verdadera intención, y me dijo: —¡Vengo a vengarme, por tu culpa se acabó mi vida tan feliz y prometedora! Cuando estaba a punto de tomarme con sus manos, me acurruqué y cerré mis ojos pensando que era el final de mi vida… y de pronto sentí una mano que me daba pequeñas palmaditas en la cabeza, abrí mis ojos y vi a un anciano de cara arrugada y risueña que me dijo: —¡Jovencito…la película terminó hace rato…se quedó dormido…y yo estoy haciendo el aseo antes de cerrar la sala…sus amigos lo dejaron durmiendo y le rayaron cosas en la cara! Me levanté, miré a mi alrededor y noté que la sala estaba vacía, las luces prendidas y la pantalla gigante apagada. Al final, todo había sido una pesadilla, pues me quedé dormido durante la película. Recogí mi morral, odié a mis amigos bromistas que no me despertaron y me dejaron solo y, mientras salía del cine, pateé una piedra, y dije en voz alta: — ¡Por eso no me gustan las películas de terror!

Martín Inostroza Quiñones 7° Básico B


Loreto Arancibia


2do. Lugar

¿Fue Ramírez?

La desesperación y el miedo se apoderaban de mi alma. Ya no había vuelta atrás, ¿por qué tuve que huir? La pude haber salvado. El egoísmo se filtraba por mi cabeza, pasando por las largas tuberías del pensamiento. ¡Si me hubiera resistido a jalar ese inútil gatillo, ella seguiría viva! Ya habían pasado dos días desde que ella fue asesinada. Tenía que descubrir quién o qué la había matado. Fui a la comisaría a reportar el asesinato, pues nadie se había dado cuenta. Creo que de algo sirvo en esta vida...En fin, revelé todos los datos que me pedía la policía. En un momento, él me preguntó: — ¿Señor…?— Me estaba pidiendo mi apellido. — Ramírez, Pablo Ramírez — respondí con firmeza. — Pues señor Ramírez, ¡me puede describir a la persona que asesinó a la Sra. Cecilia? — Me dijo con un tono severo. En ese instante, entré en shock. Me quedé en silencio. Sentí una sensación fría avanzar desde los dedos de los pies hasta la frente. Recordé la escena del asesinato y de mi cobarde huida después de ver su cabeza chocar lentamente contra el suelo, logrando hacer un severo rebote. Recordé también el momento en que juré cuidar a Cecilia toda mi vida, en cualquier circunstancia, colocando el delicado anillo de oro en su fino dedo, conformándome con su dulce sonrisa. El policía insistía en mi respuesta, yo intentaba decirle pero, era como si me hubiesen arrancado mis cuerdas vocales de la garganta. La comisaria me recomendó un psicólogo para tratar mi trauma, el próximo día a las cinco era mi primera consulta. Recuerdo que el olor de la sala era dulce. Identifiqué el olor a incienso de frutilla, algo fuerte, pero relajante. El psicólogo me trató, le conté la historia, sin incluir quién había matado a Cecilia. Pero él no quería que se le fuese ni un solo detalle, entonces lo preguntó. La tensión empezó a absorber mi cuerpo poco a poco, la sangre fría… “¿Quién fue?”


Me preguntaba a mí mismo. Mi mente cayó en un blanco puro. Veía solo blanco, tal vez unas sombras con tonalidades violetas invisibles si me fijaba en ellas. Poco a poco un sonido se fue apoderando de mí ser. El sonido de mi mano rozando el gatillo. Comencé a hundirme en el mar de miedo y desolación, me estaba ahogando, pero afortunadamente, o eso creía, tocaron la puerta del salón donde el Dr. Maurice me atendía. Tres policías entraron bruscamente después de susurrarle algo a mi psicólogo, de repente, me empecé a enterar de que éstos me rodeaban lentamente. Me perturbaban sus caras con una maravillosa sonrisa falsa y manipuladora. El cuarto se hacía cada vez más pequeño, al igual que mi confianza por lo policías. De repente blanco, solo blanco. Uno silencioso, negro, tranquilo, ansioso, inquietante. Un blanco, un… un…Una oficina. Tenía las manos atadas, había una luz como de… interrogatorio. Se habían dado cuenta, lo sabían, era yo, el asesino. —¿Yo? — pregunté sarcásticamente. —Todas las evidencias lo prueban— argumentó el débil y pequeño policía. —Idiotas— dije. “¿Cómo no se habían dado cuenta esos estúpidos? ¡Era tan obvio! Sí, Pablo Ramírez Nabedo había matado a su <<querida>> sin remordimiento”. Un fuerte sonido atormentó mi hablar. Blanco, ésta vez, irritante y breve. Estaba en la cárcel. Un hombre apareció del fondo de la celda y me dijo que estaría ahí por quince años… ¿Pero por qué? Yo solo quería defenderla. Al pasar un gendarme, le insistí que yo no era el asesino, y le rogué que me llevara donde el policía que estaba a cargo de mí, para pedirle un último día de libertad. Afortunadamente, éste accedió con facilidad a mi propuesta. Fui a mi casa, me di cuenta que los policías habían removido la mayoría de las cosas, dejando cintas por todo el piso. Revisé mi cómoda, con el objetivo de encontrar la foto de mi matrimonio, pero lo único que encontré fueron los papeles de Diego, el último caso de homicidio que Cecilia investigó. Afortunadamente, ese hombre fue a la cárcel…o eso creo… Diego…el caso…cárcel…Cecilia…¡Él mató a mi Cecilia! ¡Sr. Maurice! ¡Tengo la respuesta! ¡Diego Barriga Santos mató a Cecilia! —Ok, llamaré a la policía, pero cálmese Pablo—le dije a mi paciente,


y efectivamente lo hice. La policía vino, y le dije al pobre Sr. Ramírez, que ese hombre había sido condenado a muerte. Pablo empezó a gritar “por lo mismo” mil y una veces. Lamentablemente, yo había podido calmar sus desmayos, pero no su profundo pensamiento del crimen. Intenté calmar su llanto, pero fue en vano. Lo envié a lavarse la cara y me preguntó: —¿Podría usted venir conmigo por favor? — Asentí con la cabeza. Esperando a que Pablo termine de enjuagarse la cara, me fijé en la mirada de esos ojos llenos de tristeza, que cambiaron poco a poco dentro de unos diez segundos. Pablo se miraba al espejo y a la misma vez gritaba: —¿Diego? ¡¿DIEGO?! ¡¿Sr. Maurice, por qué Diego se encuentra en el espejo?!

Valentina Dreves Palacios 7° Básico A


Isabel Quintana


3er. Lugar

¿Qué o quién es? Estaba en mi casa, solo, un día de otoño en la tarde, en la cual mis papás habían salido. La puerta se movía y rechinaba, me llama un número desconocido y yo, como tengo tanta curiosidad, contesté. Escuchaba la voz de una persona, era femenina, parecía estar agonizando. Entonces, escuchaba, trataba de distinguir la voz, se parecía a alguien conocido, pero a lo lejos cada vez se escuchaba más fuerte el ladrido de los perros, que no me dejaba escuchar bien. Al final le pregunté: —¿Quién eres? Me hablaba, pero no podía pronunciar bien su nombre, entonces, lo que alcancé a escuchar es que ella me trataba de decir que estaba en una casa abandonada y logré reconocer que era la voz de Daniela, mi novia, en cuanto supe, le pregunté dónde se encontraba, pero ella me dijo que no recordaba. Me empecé a asustar, la brisa del viento sonaba y las gotas de agua chocaban contra la ventana. Ella sólo me alcanzó a advertir que si la veía no confíe en ella. Yo, sin dudarlo, le pregunté por qué, ¿qué había pasado? ¿estás bien? Ella no me respondió y la llamada se cortó. En cuanto se cortó la llamada, la ventana de mi pieza se abrió y el viento golpeó fuerte las paredes de mi cuarto y entonces miré por fuera de la ventana y en la plaza se veía a alguien, parecida a ella y en cuanto se volteó, me asusté y me oculté. Empezó de nuevo a sonar mi teléfono y le contesté, ¡y sí!, era otra vez ella y solo dijo ¡cuidado! Y de nuevo la llamada se cortó. En ese mismo instante, esa persona en la plaza se acercó a mi casa, vino paso a paso, muy lento, mientras la lluvia la empapaba. En cuanto se acercó logré distinguir su rostro; ¡era ella! No lo podía creer, esto había sido una broma, escuché que tocó la puerta, iba saliendo de mi pieza y se escuchó un sonido de algo grande, muy grande, cayéndose al suelo, en cuanto vi por la escalera, sin que ella me viera a mí, vi que era la puerta que se había caído y que arriba de ella estaba Daniela, en eso recordé que me había advertido que no confíe en ella, me asusté demasiado, además ella, en realidad casi ninguna persona, tenía la fuerza de derribar la puerta solo con puños o patadas. Me encerré en mi pieza, tapé todas las entradas posibles de mi habitación, mi corazón latía como la gotera del cuarto que caía gota a gota, mojando la rugosa alfombra. De repente siento que alguien toca la puerta y entendí que esto me tenía que pasar a mí, no sé por qué, pero pensé de una forma rara que era mi destino, vi que ella, o eso, no era ella, pero tenía su rostro, no pude comprender la situación porque ella entró a mi cuarto bruscamente y se abalanzó hacia mí y hasta ahí es donde recuerdo. Luego aparecí en una casa abandonada, en eso pensé, y si es donde Daniela estaba, no sé, puede ser, pero lo único que sé, es que ustedes me encontraron ahí y ahora les estoy contado mi historia, no se tampoco si Daniela está bien y tampoco sé qué o quién es.

Gustavo Soto Guiñez 7° Básico B


Octavo Básico / Primero Medio

Categoría


E


Zoe Hantke


1er. Lugar

Fraude Lunar “Solo queda una hora para llegar a su destino”, estas fueron las palabras que la nave de la Unión Soviética escuchó, liderada por uno de sus mejores astronautas: Karl Petrov. Karl toda su vida había deseado ser un astronauta, le había ido muy bien en el colegio, estaba adelantado de curso, recibía muchos premios; uno probablemente pensaría que es la vida de ensueño, pero detrás de eso hay un pasado muy oscuro: su padre era un hombre muy violento con él y con su madre, eso fue durante muchos años hasta que su madre murió de cáncer, o al menos, eso le había dicho su padre. Pero no hay que desviarse del tema, la nave de la Unión Soviética estaba viajando hacia la luna por una investigación, ya estaban en el año 2093, y lo habían planeado por más de 20 años. Toda la nave estaba emocionada, cada vez queda menos, hasta que por fin llegaron: “¿se suponía que era la luna?, ¡desde ahí ni siquiera se veía la tierra!”. Cuando llegaron, toda la tripulación quedó mirando lo que llamaban luna, no tenían palabras, todos estaban confundidos, hasta que un hombre de la tripulación dijo: — ¿Está seguro que esta es la luna? — Por supuesto— respondió Karl— según lo estudiado esta es la luna. — Pero no parece como pensábamos. — Al parecer, no. Toda la nave estaba desconcertada; tomaron evidencia, anotaron todo lo que veían, y definitivamente la tierra no era como ellos imaginaban ni creían: era superficie lisa y de un color indescriptible (entre negro y morado oscuro, pero demasiado brillante).


Luego de tomar registros del planeta, Karl llamó a su capitán, a través de una máquina comunicadora por sonidos, y le comentó que los estadounidenses jamás visitaron la luna, pero el capitán como nunca, no lo creyó. — Eso no sería posible, porque ya hay evidencia en cuanto a videos, eso ocurrió hace tantos años Karl, que no creo que otro país no lo haya descubierto. Luego de esa llamada, Karl siguió pensando en cómo sería posible, esa idea permanecía en su cabeza, por lo que decidido hablar con toda la tripulación: — Discúlpenme, pero creo que los estadounidenses jamás visitaron la luna, tenían videos mostrando cosa tan distintas, y estoy tan seguro de que estamos en el planeta correcto. Después de estas palabras, un silencio aproximadamente de 10 segundos fue interrumpido por todas las voces de los tripulantes de la nave, ayudándolo a investigar. Estuvieron simplemente unos minutos, hasta que descubrieron todo el misterio, obviamente entre unas mentes brillantes, no iba a ser muy difícil ni descubrir el código enigma. Entonces Karl dijo: — Se supone que la NASA y su descubrimiento de la luna fue tan solo un engaño de la televisión, todo era tan obvio: era la época de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, era la oportunidad de ellos, todo lo necesario para llegar a la meta estaba en Hollywood: la edición. — Sr Karl, entonces, ¿qué es lo que vemos desde la tierra y cómo esta luna no se puede ver? — dijo un tripulante. — Lo que vemos desde la tierra señor, no es nada más que un reflejo del sistema solar que parece la forma de un planeta, y desde la tierra, esta luna no se puede ver, debido a sus colores: son colores oscuros, no se puede pretender que sea vista fácilmente. Leticia Zapata Acevedo 8° Básico B


2do. Lugar

Lunes 15 de octubre

Moving on

No esperé que esta semana fuera anunciada la última fiesta. El colegio más grande de la ciudad, el Vim, había decidido recaudar el dinero necesario para sus giras a través de una serie de tres fiestas, llamadas Aiden, cuyos colores iban a estar basados en distintos metales, que iban a demostrarse en la decoración de cada una y en la vestimenta de las personas. Pero, lo más especial de estos eventos era la temática principal: Esconder la identidad de uno a través de un antifaz. El cartel que ahora se encontraba en una de las puertas principales de mi colegio cumplía con el mismo formato que habían usado los anteriores para las otras fiestas, con un color metálico de fondo (que en este caso fue plateado), y el nombre del colegio como título. Por eso no se me hizo difícil reconocerlo. Las últimas dos fiestas se habían basado en el oro y la plata, por lo que lo más asumido sería que la siguiente fiesta se basaría en el bronce, pero el cartel decía algo distinto. La imagen de un antifaz de color negro yacía en el centro, con las palabras “AIDEN OBSIDIANA, LA ÚLTIMA FIESTA” arriba suyo. Todo lo escrito se encontraba en los mismos colores de la máscara, y la descripción decía lo siguiente; Oro, plata y obsidiana. Sí, el bronce fue una opción. Pero los colores no serían muy aptos para una fiesta, ya que el café no puede resultar muy atractivo para tales ocasiones. Así que, para celebrar una última vez este año, después de dos fiestas increíbles, decidimos usar la oscura roca obsidiana como enfoque. Agradecemos a todos los que vinieron y que van a venir. Ojalá lo pasen excelente, y gracias por aportar el dinero que necesitábamos para las giras. Vestimenta: Semiformal Duración: desde las 08:00 PM hasta las 02:00 AM Precio de entrada: $2.000 Ubicación: Avenida Las Codornices, N°1834 Fecha: sábado 20 de octubre Tema: roca obsidiana Antifaces: obligatorios ¡LOS ESPERAMOS!


Oh no. No creí que todo iba a transcurrir tan rápido. La primera fiesta fue en marzo, la segunda en julio, y ahora octubre marcaba el final. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Apenas entré a mi sala, Helena y Addison, mis amigas y psicólogas, se aproximaron hacia mí con un paso dedicado, luciendo emocionadas. En ese momento supe que mi destino ya estaba sellado, y exhalé, derrotada. —Avery— empezó Addison —Yo sé que lo viste. Sabes lo que significa, ¿cierto? Su voz estaba llena de anticipación —Necesitas ir— me dijo. Sonreí nerviosamente —Lo sé, pero… —Es la última, Avery. Yo sé cómo el miedo y la frustración pueden afectarte, pero si terminas con todo en esta fiesta, no tendrás más problemas en el futuro— me calmó Helena. Dudé. Con todo lo que había ocurrido, de verdad no sabía si ir o no. —Vamos, Avery— insistió Addison, y empezó a sonreír —Esta novela necesita un final— Su comentario me hizo reír. A ella siempre le encantaba comparar mi vida con novelas o libros que leía, debido a todo el drama. —…Ok— asentí, sonriendo —Pero necesitaré ayuda. Vi como las dos se alumbraban ante mi respuesta, y de inmediato empezamos a hacer planes para juntarnos antes de la fiesta, y así ayudarnos a maquillarnos y a prepararnos. Ambas saben todo lo que pasó en las últimas fiestas. Y, las tres sabemos que es mejor mantener todo en secreto. Porque lo más preocupante aquí no es quién estuvo en los eventos… Sino quién estuvo detrás de ellos. Miércoles 17 Anticipación. No podía creer que estaba sintiéndola. Esta fiesta había estado ocupando mi mente mucho más que las otras dos, ya que no sabía lo que iba a ocurrir ahora, y la tensión era tanto estresante como entretenida.


No me di cuenta de que me había quedado pegada hasta que la sensación de que alguien me estaba mirando me sacó de mis pensamientos. Y, cuando vi quién era… Insulté a mi corazón por acelerarse. Tony de inmediato desvió su mirada cuando se dio cuenta de que lo había descubierto, y empezó a hablar con su grupo de amigos para encubrir lo ocurrido. Pero yo vi esos ojos observándome. Y mi aprecio por ellos era tan potente como mi desprecio. —Te odio— susurré —Te odio tanto, desgraciado…— Ese chico, de ojos profundos y actitud intrigante, se ha mantenido como uno de mis mayores problemas por ya dos años y medio. Todas las emociones que es capaz de hacerme sentir pueden ser de verdad abrumadoras, y poco saludables en bastantes casos. Estos sentimientos que tengo hacia él me llevaron a hacer tantas cosas estúpidas… Y, siempre que sentía que al fin estaba dejándolo atrás, él volvía a arrastrarme a su órbita. Era agotador. Un ciclo que no parecía acabar. Y, aunque yo conozco una salida, no sé si tomarla. …Porque no estoy segura si me va a traer más beneficios que consecuencias después. Y eso solo vuelve la situación mucho más estresante cuando tomamos en cuenta quien es una de las personas metidas en el asunto. Sábado 20 —Si tus sentimientos ahora se encuentran menos potentes gracias a ese suceso, eso indica que te conviene tomar esa oportunidad, y acabar con ellos para ser más feliz, Avery— Me aconsejó Helena, observándome con seriedad. —Eso es verdad. —le siguió Addison —Tony me tiene podrida tanto a mí como a ti. Ese hombre no te merece. Necesitas salir del círculo ocioso en el que te encuentras, por dios—agregó en un tono dramático. Nos encontrábamos discutiendo en voz baja en los asientos traseros de la camioneta de mi padre, que nos estaba llevando al establecimiento en


donde estaba ocurriendo la fiesta. Me encontraba muy nerviosa por todo, y Helena junto con Addison me estaban tratando de calmar y recomendarme soluciones por si algo pasaba. —…Y si no pasa nada en esta fiesta, ¿Qué hago? —pregunté, dudosa. —Conociéndote, no creo que eso sea posible. Además, por la manera en la que tú ya sabes quién te estaba tratando en las fiestas anteriores, sería extraño que no te busque esta vez—sonrió Addison. Le arrojé mi chaqueta encima para callarla, y evitar que mi padre se enterara del drama en el que me encontraba metida. Diez minutos después —Llegamos— El lugar era una especie de club de gran tamaño, y la música podía escucharse desde afuera con gran potencia. Sentía mi corazón golpear contra mi pecho sin parar, y después de despedirme de mi papá, Addison y Helena me arrastraron a la entrada. Las tres nos detuvimos por unos segundos observando las puertas del lugar, como preparándonos para lo que se venía, y finalmente fuimos adentro. —Creo que voy a morir hoy—fue mi primer comentario al mirar el interior. Había muchísima gente, y la mayoría se encontraba con sus antifaces. Había toda una variedad de vestimenta, máscaras, y maquillaje, y no pude evitar paralizarme por un momento para procesar todo. Las fiestas anteriores habían sido mucho más iluminadas debido al color temático, en cambio en esta el ambiente se sentía mucho más intenso debido a la oscuridad que me rodeaba y las luces de distintos colores que parpadeaban. Addison saltó por la emoción, y de inmediato empezó a llevarnos a mí y a Helena hacia la multitud de gente. Habíamos hecho el plan de quedarnos cerca de la entrada para ver quienes llegaban y también porque normalmente esos puntos se encontraban más despejados de gente, así que no demostré resistencia confiando en que Addison sabía a donde ir. Terminamos cerca de una de las esquinas del lugar, y Addison de inmediato empezó a bailar, siendo seguida por Helena, y finalmente yo. Normalmente suelo demorarme bastante en dejarme llevar por el ritmo, pero debido a que esta vez solo quería distraerme de mis pensamientos, fue mucho más fácil verme absorbida por la música, y dejar la timidez a un lado. Habían pasado como unos 10 minutos cuando de pronto Addison dijo que iba a ir al baño, y Helena y yo decidimos tomarnos un descanso, apoyándonos contra la pared y bebiendo un poco de agua de nuestras botellas mientras


la esperábamos. En un momento, la vi sacar su celular, ya que parecía que había recibido un mensaje, y de repente apretó mi brazo y me miró con una expresión un poco preocupada. — ¡¿Qué?! ¡¿Qué ocurre?! —le pregunté, hablando muy alto ya que la música estaba a gran volumen, sintiendo como mi nerviosismo volvía a subir. Ella me mostró su celular, en el que había tres mensajes recientes provenientes de Addison, todos escritos en mayúsculas; “OH DIOS MÍO, HELENA” “TONY ESTÁ AQUÍ, ENTRANDO AL CLUB” “Y ESTÁ CON BASTANTES AMIGOS” Me tensé de inmediato, y miré a Helena con pánico. — ¡¿Qué hago?! — ¡Solo relájate! ¡Deja que las cosas fluyan nomás, y no te desesperes! — sonrió, tratando de calmarme— ¡Si es que tú quieres hacer algo, hazlo! ¡Pero no fuerces nada! Sus comentarios tuvieron un buen efecto, haciendo que el nerviosismo bajara y me motivó a seguir bailando. Pero ahora obviamente me encontraba un poco más tensa debido a que sabía que Tony ya estaba en la fiesta, y que ahora habían muchas más probabilidades de que ocurriera algo. Especialmente cuando había traído amigos. De pronto, vi a Addison venir corriendo hacia nosotras, y cuando se detuvo apuntó detrás suyo, mientras me observaba. Tony estaba ahí, luciendo bastante reconocible a pesar de que llevaba su antifaz puesto, y había un grupo de personas a su espalda, de las cuales solo pude reconocer dos: a Rafael y Liam. Oh no. Mis pensamientos empezaron a volverse tóxicos, creando distintos escenarios pesimistas, pero me obligué a calmarme y a acabar con ellos, recordando las palabras de Helena y el lugar en el que me encontraba. Debo pasarla bien, no desanimarme solo porque una persona con quien la pasé mal en el pasado está en la misma fiesta que yo. Así que tomé a Helena y Addison de sus brazos, y las atraje hacia mí. —Ignorémoslos. Yo soy la que tiene que enfrentarse a mis miedos acá, no ustedes. Así que solo dejemos de preocuparnos sobre esto, y si nos reconocen… pues ahí vemos que hacemos —me reí nerviosamente, y las miré para ver si aprobaban mi plan.


Ambas asintieron alegremente, y empezamos a conversar y a bailar tal como lo estábamos haciendo antes, recuperando el ritmo. Pero aún había una pequeña inquietud en mi caso, que a pesar de que me estaba poniendo nerviosa, traté de encubrir lo mejor que podía, ya que no quería preocupar a mis amigas. Sin embargo, sabía que no podría mantenerlo en secreto por mucho más si él me seguía observando de esa manera. Distintas emociones y escenarios de las fiestas anteriores fueron regresando a mi memoria con una gran potencia gracias a esto, y mi corazón automáticamente empezó a acelerarse. Recordé su fragancia, sus sonrisas, y como su antifaz siempre resaltaba entre todos los demás. Y yo tenía confirmado que él sabía de mi identidad gracias a todos los sucesos que habían ocurrido antes. Por eso, después de unos minutos más de baile en los que la adrenalina no paró de recorrer mis venas, decidí tomar la decisión de enfrentarme a él de una vez por todas, y aclarar mis sentimientos. — ¡Chicas, voy a ir al baño! —exclamé, y me fui enseguida para evitar que vieran mi expresión nerviosa. Las palabras que Helena me había dicho en el auto y unos minutos antes no paraban de rondar mi cabeza, y las usé como mi principal motivación para seguir caminando, repitiéndolas una y otra vez. “Te conviene tomar esa oportunidad, y acabar con tus sentimientos para ser más feliz” “No fuerces nada, solo deja las cosas fluir” Sentí una mano en mi hombro, y me detuve de golpe. Él me siguió, tal como creí. Por eso cuando me volteé y me encontré con Rafael observándome con esa sonrisa ladeada tan común de él, no me sorprendí ni un poco. — ¿Escapándote, Anderson? — me dijo en el oído, pronunciando el nombre falso que yo le había dicho en la primera fiesta con una voz que poseía una picardía obvia. Respiré profundamente, y me preparé para lo que se venía. Nuestra historia hasta este punto, había estado repleta de coincidencias.


Rafael, el mejor amigo de Tony, había permanecido como un desconocido para mí hasta la primera Aiden, que fue la de oro. Yo había ido a estas fiestas en primer lugar porque quería escaparme un poco de mis sentimientos hacia Tony a través de un buen rato con mis amigas y amigos, pero recuerdo que cuando lo vi a él en una esquina conversando con un grupo de gente, no pude evitar detenerme, ya que mis emociones eran capaces de acabar con todos mis pensamientos racionales en contra de mi voluntad la mayoría del tiempo. Y ahí fue cuando Rafael me miró. Ese fue el inicio de todo. Yo no sabía que ese chico que se estaba acercando a mí en ese momento era uno de los mejores amigos de Tony, que le había propuesto hacer muchas de las estupideces que me hicieron daño a cambio de dinero u otra cosa mientras mis sentimientos se encontraban con una potencia de tal magnitud, que me permitían caer ante cualquier palabra o gesto cariñoso. No estoy diciendo que yo tampoco hice cosas que dañaron a Tony; ninguno es perfecto. Pero el daño que me habían provocado esos juegos era uno bastante grande, y me dejó con un miedo de intentar cosas nuevas que fue la exacta razón de por qué no le dije mi nombre real a Rafael en nuestro primer encuentro. Sin embargo, tras solo unos minutos de baile, me di cuenta de que había una química irrefutable. Las sonrisas que nos enviábamos sin parar, junto con nuestras personalidades que parecían encajar de una manera casi perfecta no podrían hacer este hecho más obvio. Yo sabía que esto no era simple coqueteo. Por eso, en la segunda fiesta, decidí decirle mi nombre real… Y ahí fue cuando descubrí la verdad. No quiero volver a recordar la frustración que sentí en ese momento; fue horripilante. Por eso me encontraba metida en este lío emocional. Tuve la suficiente mala suerte como para sentirme atraída hacia el mejor amigo de la persona que me había gustado por dos años y medio, y ahora debía decidir si los beneficios que me traería esta situación serían mejores que los rumores negativos, los cuales serían completamente inevitables. Miré a Rafael directamente a sus ojos, y por un momento quise dejar todos mis planes de lado y simplemente dejarme llevar por lo que sentía. Pero sabía que eso no sería la mejor idea.


Él tomo mis manos en una silenciosa invitación, y lentamente empezamos a bailar tal como lo habíamos hecho en las fiestas anteriores. Rafael había sido la primera persona con la que había formado una conexión tan intensa a tal velocidad. Yo lo había visto hablar con otras chicas, y mis amigas me habían ayudado a comprobar si él solo era alguien muy coqueto o que de verdad me quería. Y, honestamente, nuestras investigaciones estaban causando que la balanza se inclinara hacia la segunda opción. Rafael tenía una gran personalidad, pero yo me di cuenta de que él actuaba distinto conmigo. Y eso se demostraba incluso en este baile. Todo parecía ser más lento y eléctrico. Cada roce o sonrisa era tan potente como suave, y me permitía olvidar completamente todo en segundos; algo que no me había ocurrido nunca, ni siquiera con Tony. No habíamos conversado desde el descubrimiento que hice en la Aiden de plata, pero ahora parecía que las palabras no hacían falta. El clímax de la discusión ya había pasado, y esta era nuestra reconciliación. Solo necesitaba saber una cosa, y así podría elegir qué hacer. Algo que yo sí había aprendido a hacer gracias a Tony: era no asumir algo antes de tiempo, y que, si quería avanzar con alguien, debería ser directa en lo que quiero. Sin acobardarse. Sentía a una voz en mi cabeza repetir una y otra vez el suceso del miércoles, donde Tony se encontraba mirándome. Pero yo, por primera vez, decidí ignorarla y pensar en lo que podría pasar y no en lo que ya no ocurrió. Tony no me corresponde, y debo dejar de ilusionarme. Yo fui la que empezó esto, y ahora debo terminarlo, dejando todos esos sentimientos atrás, y seguir adelante por mi bien. —Hey— Detuve nuestro baile, y apoyé mis manos en su pecho. — ¿Sí? — Me observó con atención, manteniéndome aún apegada hacia él. Inhalé y exhalé lentamente, por primera vez en esta noche, permitiéndome temblar. — No puedo seguir con esto si no me dices claramente lo que sientes hacia mí— Hice lo mejor que pude para no titubear. — ¿Soy solo una chica más, o estas interesado en mí? —Lo miré a los ojos con seriedad, sintiendo mi corazón golpear mi pecho con una fuerza desesperante. Rafael se paralizó por un momento, y sentí cómo sus brazos se tensaban de golpe. Pero no me empujó hacia atrás, ni me soltó por un momento.


—... ¿A qué te refieres con “esto”? — preguntó, dudoso. —Nosotros— Nos apunté. — Solo debo saber si es que estoy interpretando todo esto de una manera errónea, y así no hacer algo estúpido que pueda acabar con nuestra amistad— Le expliqué, desviando mi mirada por los nervios. Pero de inmediato Rafael levantó mi barbilla con una de sus manos. Estaba sonriendo, y se acercó hasta el punto en el que estábamos a solo unos pocos centímetros de distancia. Y vi sus ojos bajar hacia mis labios y oh dios mío esto iba en serio. —Pues no me has interpretado nada mal— Su voz era grave y con pícara entonación, y sus ojos volvieron a hacer contacto con los míos. — ¿Me dejarías demostrártelo? — No le respondí, sino que me saqué mi antifaz y el suyo, para después lanzarme hacia él, besándolo con una alegría que no había sentido por un buen tiempo. No me había sentido así de feliz con alguien románticamente desde hace años, por lo que me encontraba completamente eufórica, sintiendo que había al fin dejado uno de los mayores pesos que tenía sobre mí atrás. Traté de memorizar cada cosa que podía; el sabor de sus labios, su risa profunda, y sus ojos verdes observándome desde tan cerca después de que nos separamos. Ambos nos encontrábamos riendo como niños, y no fue mucho rato antes de que escucháramos un grito de felicidad proveniente de atrás. Addison se encontraba saltando entre la multitud mientras nos observaba, y Helena sonreía radiantemente atrás suyo. Yo sabía que había personas mirándonos, pero honestamente no podría importarme menos. Ya había tomado mi decisión, y estaba orgullosa de ella. — No puedo creer que esto esté pasando —Me reí, aún con mis brazos alrededor del cuello de Rafael. Él me estaba mirando con un afecto que casi me hizo llorar de la felicidad, y le di un beso en la frente sin parar de sonreír. Pero de pronto, su expresión cambió, y se quedó observando algo atrás mío. No se me hizo difícil saber a quién estaba mirando. —Es Tony, ¿cierto? — Asintió lentamente, y sus labios se volvieron una línea fina. —Voy a ir hacia él, ¿ok? — le dije, y Rafael volvió a asentir, dejándome ir. Me volteé, y me dirigí hacia Tony (quién, tal como lo pensé, se encontraba con una expresión de impacto), y me lo llevé de un brazo lo más rápido que


pude para tratar de desviar la atención que la gente tenía sobre nosotros, ya que yo sabía cuánto podía afectarle a Tony la opinión social que tenían sobre él. Le envié una última mirada a Rafael para indicarle que todo estaba bien, y terminé deteniéndome en una esquina con Tony, temblando un poco por la adrenalina del momento. Y, finalmente, lo miré a los ojos, y le dije lo que había deseado por un buen tiempo. —…Mira, Tony. Eh… han pasado cosas entre mí y… bueno. Tu ya sabes quién. Pero quiero que sepas que esto no es para molestarte o algo, por que eso si que sería un horrible gesto de mi parte, y no te lo mereces. Solo… ten en cuenta que ninguno de nosotros dos hicimos esto para hacerte daño, ¿ok? — Hubo un silencio incómodo, siendo el único ruido la música de fondo. —…Yo… o sea, admito que me impactó, pero… en parte sabía que algo estaba pasando, ya que tanto tú como Rafa estaban actuando más extraño que antes. Pero, aún así… nunca hubiera sacado la conclusión de que ustedes estaban haciendo tales cosas solo para irritarme o algo así. — Explicó, con voz calmada— Yo sé que eres una buena persona, Avery, y no necesito explicaciones. Si tú y Rafael son felices así, entonces sigan así— Sonrió, apoyando una mano en mi hombro. Lo abracé. —Gracias, de verdad. Gracias. Gracias por no juzgarme a pesar de todo lo que ha ocurrido entre nosotros. Te lo agradezco mucho, Tony— le dije, aliviada por su respuesta. Él lentamente devolvió el abrazo, y lo escuché murmurar un leve “De nada”. Nunca me había sentido tan feliz de mi misma. Y, cuando se terminó la fiesta, y mi padre nos llevo a Addison, Helena, y a mí de vuelta, me sentía satisfecha e increíble. Porque, a pesar de que bastantes cosas estaban en mi contra, y mis emociones se volvieron tóxicas incontables veces, pude levantarme del suelo, y junto con la ayuda de mis amigos y familiares, seguí adelante. Y no hay mejor sensación que la de saber que te superaste a ti misma en lo que nunca creíste posible.

Constanza Covacevich Suazo 1° Medio A


Emilio Pohl


Francisca Arredondo Constanza Stange


3er. Lugar

Es cuestión de tiempo Fuimos convocados a una junta por el guardián del tiempo (Tempus para los amigos), quien controla los vórtices, cambios y líneas temporales. En gran medida su poder considera todo lo que concierne y se relaciona con el tiempo de cada ser humano en la tierra, liderando a Pasado, su servidor, Presente y Futuro. Lo que quiere decir que tengo una reunión con el malhumorado de mi jefe. Me presento, soy Pasado y no, no tu pasado. Tus recuerdos son meras extensiones de mi poder que me encargo de mantener en donde pertenecen para que así influyan en tu presente y futuro, pero sin serlo. El pasado de cada persona lo elige la misma dependiendo de cada reacción con la que enfrente cada circunstancia, así que no, no me culpes a mí porque esa noche alocada pensaste que una inhalación de heroína no terminaría contigo como drogadicto o que hayas fallado tu examen. Yo no soy quien consumió las drogas, cariño, y tampoco soy quien no estudio por ir de fiesta — Bueno, tal vez de lo último si soy culpable y quizás de lo primero también, pero ¡ahora estamos hablando de ti! —. El punto es que voy atrasado y no puedo soportar escuchar una vez más al idiota, engreído y cerebrito de Futuro, recriminarme mi tardanza, recalcando lo inmaduro, insoportable e irresponsable que soy. Vaya, si es todo un aburrido intelectual. — Así que Pasado por fin ha decidido honrarnos con su presencia— dice el imbécil con una sonrisa arrogante esbozada en su rostro. Ruedo los ojos. — Por lo menos llegué ¿No? — exclamo harto de sus comentarios. — Esta es una reunión con fines profesionales así que compórtense— nos recrimina el guardián. —Él empezó— lo señalo con mi dedo índice y él finge una mueca de inocencia. —¡Por los viajes en el tiempo! No puedes ser más inmaduro— grita Futuro parándose de su asiento, apoyando sus palmas en la superficie de cristal de la mesa y mirándome a los ojos fijamente, desafiándome. Repito sus acciones y no cedo ante su vista azul verdosa, el color del mañana. Entre ustedes y yo, Futuro tiene unos ojos de ensueño. He escuchado incontables veces la expresión “me pierdo en su mirada”, pero lo que me sucede con la suya es todo lo contrario. Cuando la veo, la sensación silenciosamente intermitente, pero persistente de haber estado perdido se esfuma, cual llama que arde en la vela frente a un viento raudo de invierno, y siento ¡Dios! Juro que sus ojos me saben ahogar. Pero jamás lo aceptaría en voz alta. —Épocas, cálmense por favor, podemos resolver su discordancia conversando— Presente afirma con dulzura y con una sonrisa tierna dibujada. — ¡No! — sentenciamos los dos en un grito sin apartar nuestra mirada de la del otro. Ni siquiera comprendo y menos sé, cuándo o cómo comenzamos a odiarnos. Es decir, entiendo que me deteste, soy amo de las fiestas y esclavo de mis responsabilidades, mientras él es todo lo contrario, él es...Perfecto. Sé que no lo odio realmente, pretendo hacerlo porque no podría soportar que sin el escudo de mi desprecio, sin la muralla que le invalida conocerme, me odie por quien soy genuinamente.


Él simboliza todo lo que debería y me gustaría ser, pero no soy y cada vez que lo contemplo sin que se percate de que lo hago, cuando lo veo sonreír con esos deslumbrantes hoyuelos, cuando noto como se zambulle en la esperanza de que todos merecen un futuro brillante sin importar lo que hayan hecho en su pasado, cuando lo escucho reírse a carcajadas o maldecir a los mil vientos, entonces yo sonrío porque quizás nunca llegaré ni a compararme con él, pero por lo menos fui dotado del placer de presenciarlo y no sé ustedes, pero para mí es más que suficiente. Él me odia, no porque yo sea un idiota, es tan inteligente que sabe que odiar a un imbécil no vale la pena porque no lo merece. Él me odia porque soy la fuerza maligna que convierte a la crueldad a los seres humanos, soy el pasado de la gente, el que tantas veces quieren olvidar y dejar atrás, mas no pueden porque el futuro depende del pasado y soy quien les impide seguir adelante. Eso es lo que soy para él, quien le imposibilita concederles un futuro que valga la pena a los seres de la tierra, y eso es lo que siempre seré a sus ojos y eso me aniquila. —Siéntense y cállense—. Ninguno cede ante la exigencia de Tempus— ¡Ahora! — vocifera con voz ronca y demandante y ambos sabemos que nos conviene obedecer su veredicto, así que tomamos asiento.— Muy bien— Toma un hondo respiro y comienza a explicar el fin por el que nos citó. —Les solicité que asistieran pues tenemos una peculiaridad— Arroja un informe hacia la mesa, en la primera página se observa la imagen de una niña con cabello rojizo y pecas. —Ella es Abigail Montel, tiene 25 años y apareció simplemente de la nada. Padres desconocidos, sin lugar de nacimiento, sin pasado, presente mediocre, futuro poco prometedor. Necesito que los tres se internen en la Tierra y descubran qué hace a esta joven tan especial y le concedan los tiempos de su vida. Tenemos formas humanas para situaciones particulares como ésta para que, obviamente, las personas no se den cuenta de lo que verdaderamente somos. Los anteriores dioses del tiempo intentaron vivir en armonía con los humanos, presentándose ante ellos en su forma original y con sus respectivos poderes. Conclusión, humanidad = locura. Ya no hablamos sobre eso. Los tres nos colocamos frente al gran portal que Tempus ha solicitado para nosotros. Yo soy el primero en cruzar y segundos después aterrizo de cara en una superficie dura, nunca logro caer en pie, jamás me acostumbro a esto, el cuerpo humano es tan extraño. Siento un golpe al lado mío y giro mi cabeza aún apoyada en la fría madera. Futuro se encuentra parado frente a mí y me ofrece su mano para ayudarme a levantar, la acepto desconfiado y mirándolo con mis ojos entrecerrados. Cuando tira de mí, quedamos frente a frente, a centímetros de distancia, inmersos en los ojos del otro, percibo un sonrojo deslizarse hasta mis mejillas. ¡Maldita anatomía humana! Alguien me explica para qué sirve sonrojarse, ¿para la supervivencia? Lo dudo. Presente cae en la escena, provocando que Futuro y yo nos alejemos abruptamente, como si el roce de nuestra piel en la del otro nos electrocutara y tal vez sea así, pues por el más mínimo toque suyo me quema, pero es un ardor placentero. ¡Por el guardián de la creación! ¿En qué demonios estoy pensando? Primer paso, encontrar a Abigail, hecho. El portal puede ser configurado para dirigirte hacia un lugar, persona u objeto en específico, así que siguiendo esa lógica, estamos en el sitio correcto. Se escuchan pasos, Futuro hace un gesto de silencio y yo pongo los ojos en blanco ¡Yo oí los pasos antes que él! Nos quedamos estáticos a la espera de aparición de la jovencita, sin embargo los sonidos no provenían de sus pisadas. Futuro se asoma


desconfiado por la pared y nos informa que vienen cuatro Servus, siervos de dioses, son seres forjados del cemento, no hablan, no ven, no piensan, no sienten, pero vaya que saben pelear. Como no cuentan con mente, no cuentan con recuerdos, ni siguen una línea de tiempo, siendo inmunes a cualquiera de nuestros poderes, solo pueden ser asesinados si se les atraviesa el cuello. A ver, Pasado, piensa rápido. No podemos vencerlos, batallar no vale la pena. Puede ser que sea un idiota insensato, pero cuando se refiere a situaciones extremas, puedo lograr actuar prudentemente. —Nos van a encontrar y la prioridad es Abigail, deben estarla buscando igualmente y nosotros debemos protegerla. Así que éste es el plan, ustedes dos corren de aquí, encuentren a la maldita niña y arreglen su situación— demando. — ¿Tú qué harás? — pregunta desconcertado Presente. —Yo seré la distracción—. Guiño un ojo a Futuro y le dedico una sonrisa de lado coqueta porque sé que lo fastidiará. Luego de decir eso, no les doy espacio para contestar y me lanzo hacia donde vienen nuestros atacantes, desenvaino mi espada y me envuelvo en una batalla perdida. Intento darles pelea por un rato, algo con que entretenerse, pero como predije e inevitablemente, me derrotan y me aprisionan. Solo espero que Presente y Futuro estén bien. No sabía que estos malditos poseían un agarre tan férreo, mis brazos humanos comienzan a doler. La preocupación no me molesta pues ni toca a mi puerta. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Morir? — Sí, podemos fallecer. Somos inmortales, no indestructibles— No me interesa, no tengo nada que perder, no tengo a nadie que me importe y yo a él. Bueno, me preocupo por Presente, es mi amigo y por Futuro, pero eso es solamente por ¿profesionalismo? Claro, genuinamente por el trabajo. Además, si soy asesinado, soy gran amigo de Muerte. De repente dos espadas cortan los cuellos de mis dos despreciables acompañantes, una para cada uno y observo a Futuro hacerme una seña rápida para que lo siga. Lo acompaño desconcertado y nos escondemos dentro de una habitación vacía y angosta. — ¿Qué te pasa, imbécil? — Lanza un golpe compacto a mi hombro, pero evitando usar tanta fuerza, ya que no me causa mayor dolor. — ¿De qué hablas? — pregunto constipado. —No puedes idear un plan por ti mismo y luego tan solo ponerlo en práctica sin consultarnos y arriesgando tu propio pellejo—. Las palabras escurren por su boca como ácido y eso solo logra que me enfoque en sus delgados labios. ¡Demonios! Muerdo mi labio inferior — ¿Me estás escuchando por lo menos? — susurra para que no nos encuentren, pero se nota a kilómetros cuanto quiere volar mi cuerpo a gritos. — Claro, solo...Estábamos en una situación donde establecer una votación para el plan era completamente imposible— Me justifico y él lanza un quejido exasperado al aire. — ¿Sabes qué? Olvídalo, no intentaré razonar contigo— toma un hondo respiro— Presente y yo encontramos a la niña, ahora él la tiene y la llevará a nuestro limbo donde estará segura hasta que desentrañemos este asunto. —Hay que descubrir a que dios pertenecen los Servus — explico— Entonces descubriremos que quieren de ella y porqué. —Tienes razón. —El gran Futuro me encuentra la razón— pretendo llorar de la emoción— Es el gran día de mi vida. —Eres un idiota ¿Lo sabías? — ríe y automáticamente, yo sonrió.


—Sí, lo sé. Comenzamos a idear una estrategia juntos, dejaremos que los Servus nos atrapen, una vez que nos lleven con su líder, esclareceremos este enredo de raíz. Una vez que somos tomados como prisioneros, los esclavos nos conducen por su portal al paraíso del dios al que sirven y nos encierran en una cárcel a la espera de su superior. —Bueno, ahora solo queda esperar— comento deslizándome por un muro para sentarme en el suelo frente a él. Pasan algunos minutos y mantengo mi mirada fija en mis pies, pero algo me incita a veces a subirla y mirarlo de reojo. — ¿Te puedo preguntar algo? — cuestiona de improviso, ganándose mi atención. — Claro. — ¿Por qué me odias tanto? — río amargamente tras su pregunta. — Tú eres quien me odia— rectifico. — Yo no te odio— baja la mirada como si estuviera avergonzado. ¿No me odia? ¿¡Qué demonios!? — Mantenemos este juego de insultos, pero para ti es mucho más que eso, tú de verdad me... — lo interrumpo antes de que complete su oración. — No— afirmo con seguridad— Tú me odias y no te culpo, soy quien te impide ayudar a las personas. Sin mencionar que soy un idiota irresponsable— río amargamente por la nariz. — ¿De verdad crees eso? No soy estúpido, entiendo que tú no tienes la culpa, sino los mismos humanos, lamentablemente— Asiento más que confundido ¿Por qué siempre saco conclusiones erróneas? — Oh, pues entonces ninguno de nosotros odia al otro. Eso es algo bueno ¿Cierto? — A pesar de haberlo escuchado, no respondo su pregunta, solo me ahogo en el silencio. — ¿Por qué te importó tanto que actuara como distracción? — La duda había persistido en mi mente y parecía un buen momento para ser resuelta. Él suspira. — Podrías haber salido herido y si te pasaba algo, no me lo hubiera perdonado nunca— Lo miro directamente a los ojos y él hace lo mismo con los míos, nos conectamos y siento como vuelvo a sonrojarme, pero no me interesa, ahora lo único que me importa es lo jodidamente maravilloso que es Futuro ¿Qué está haciendo conmigo? Es como una enfermedad incurable que ha infectado mi cuerpo y lo peor es que no deseo sanarme jamás. — ¿Por qué? — Quiero ver a donde nos lleva todo esto. — ¿Por qué tantas preguntas? — Me mira con una mueca perversa y acercándose lentamente hacia mí. A lo largo de mi existencia había logrado presenciar varias facetas de Futuro, pero “coqueta” no calzaba con ninguna de ellas. — Yo...Nada — contesto tartamudeando e intentando retroceder, pero estoy precisamente apoyado contra la pared. Pueden tomarse un momento para admirar el cliché creado por los humanos en el que me he convertido, es patético. Es decir, Futuro siempre me había parecido guapo, inteligente, amable, serio, pero gracioso cuando deseaba serlo y tenía unos ojos y sonrisa que detenían el tiempo— Siempre quise preguntarle a Tempus si se trataba de un pacto entre él y Futuro o si simplemente me estaba volviendo loco— Pero él me odia, o sea, ahora resulta que no es así, sin embargo siempre creí que estaba completamente fuera de mi alcance y decidí presentarme a él con esta actitud “pasiva-agresiva”. ¡Y ahora me dicen que pude hacer una movida! No tienen que maldecirme, ya me estoy golpeando mentalmente por lo idiota que soy. — Sabes, eres muy lindo cuando te sonrojas— Sí, ya era un tomate, ahora probablemente mi rostro está en llamas, mis mejillas coloreadas por un rojo intenso comparable con la ardiente lava de un volcán apunto de erupcionar. — ¿Cuándo saldremos de esta maldita celda? — pregunto, intentando cambiar de


tema sutilmente. — ¿Estás evadiendo mi acotación? — pregunta con una ceja alzada, cruzado de brazos y con una sonrisa repleta de altanería. Y yo que pensé que había sido sutil. — ¿No? — respondo nervioso como si en lugar de una afirmación, fuera una pregunta. — ¿Seguro? — Ahora descansa su espalda contra el muro y flectando una de sus rodillas, apoya su pie en la pared. ¿Desde cuándo habíamos cambiado de personalidades? ¡Yo soy quien hace sonrojar! ¡Yo soy quien coquetea sin escrúpulos! ¿Desde cuándo Futuro es tan descarado? — Cállate— Giro en mí mismo, mirando ahora hacia la pared para evitar mirarlo a sus encantadores ojos. Se supone que nos odiamos y ahora en lo único que puedo pensar es en sus ojos y sus delgados labios, soy todo un cliché humano. Pero es que, es decir ¡Mírenlo! Díganme si ustedes no se volverían locos por él también, tanto en su forma humana como de dios. Quedamos absortos en el silencio, sin embargo no se percibe incómodo, tan solo es extraño. Nunca habíamos estado callados frente al otro, siempre estábamos gritando. Luce tan estúpido ahora que lo pienso. Un estruendo retumba en la celda, debido a que un Servus golpea fuertemente los barrotes. Abre la cerradura y nos obliga a seguirlo. Caminamos entre los pasillos de una casa que sospecho es una mansión gigantesca. Las paredes se encuentran repletas de cuadros con pinturas o fotografías. Este lugar me suena muy conocido. Nuestro anfitrión se detiene frente a dos puertas enormes e imponentes de madera. Las abre en dos y nos deja pasar. Esta oficina... ¡Esta oficina es de Muerte! — ¿Muerte? — pregunto incrédulo. — ¿Pasado? — La silla de cuero gira en sí misma, permitiéndome ver a mi gran amigo. Se levanta y camina sonriendo hacia mí. — ¿Qué haces aquí? No me digan que ustedes eran mis prisioneros— asiento— Debió haber sido una equivocación, lo lamento mucho— dice negando con la cabeza. — No tiene importancia— exclamo intentando reconfortarlo— Bueno, Muerte, este de por aquí es Futuro— Lo apunto y presento recordando su presencia. — El perfecto— ríe y le lanzo un fuerte golpe en su hombro para que se calle. — ¿Perfecto? — cuestiona Futuro. — Olvídalo — Le resta importancia— Díganme ¿Cómo terminaron siendo mis rehenes? — Se vuelve a acomodar en su silla y nos indica que también tomemos asiento. Comenzamos a explicarle todo lo ocurrido y él escucha atento sin interrumpir. — Déjenme ahorrarles el trabajo, caballeros— La túnica de muerte se desliza tras él sobre los tablones de madera—Abigail murió hace dos meses, Vida está perdidamente enamorada de ella— baja el tono de su voz, susurrando— Yo le llamaría obsesión— vuelve a su volumen inicial — Cuando ella se suicidó, debido a una desoladora e intensa depresión, Vida no lo soportó y me suplicó que no me la llevara, quise cumplir sus deseos, pero leyes son leyes y no podía sacrificar el orden del universo. Intenté persuadirlo de no cometer una locura, en un comienzo no debió involucrarse con una humana y mucho menos anclarse a su alma, no podía permitir que se interpusiera en el sueño eterno de Abigail, así que le prohibí la entrada a mi limbo— se sienta en su silla y apoya sus manos en sus rodillas, estirando sus larguísimas y delgadas piernas— Pero Vida conoce este lugar— Abre los brazos, señalando con sus manos el alrededor— Y encontró la forma de llevársela, traerla de vuelta a la vida, pero sin recuerdos, sin pensamientos, sin nada, es prácticamente un Servus en este momento —. Su voz se comienza a romper y una mueca desamparada se graba en su rostro.


— Lo lamento mucho, Muerte— Me acerco a él y sobo su hombro — Sé cuánto te importa Vida y que temes a las represalias de los Guardianes contra él — Muerte hunde su cara entre sus manos, devastado. — Por eso mismo intento encontrar a la chica lo antes posible — explica en voz extremadamente baja. — Pues nos encontraste y con nosotros a Abigail, lo lograste— Me acerco, lo abrazo y él me corresponde con fuerza.— Eres un gran amigo— Lo suelto y le sonrió. Luego de todo el gran malentendido y alboroto, llevamos a la pobre chica al lugar al que pertenece y donde por fin podrá descansar eternamente, con su paz en manos de un gran dios protector donde en su limbo se esconde un paraíso aún más glorioso que es hogar de cada suicida y persona que en vida sufrió tal dolor. Quienes lucharon cada día para tan solo levantarse de la cama con sus cuerpos pulverizados a cemento, y hayan logrado vencer o no, merecen finalmente su elíseo donde puedan soltarse de cada cadena, desprenderse del martirio que los anclaba a la rutina, llenar el vacío y limpiar la mente con suaves besos de esperanza para acogerla en los brazos del sueño infinito con la Muerte como amparador que te protege y arropa entre sus suaves y cálidos brazos. Un nuevo problema se ha solucionado y estando ya en casa, en nuestro limbo, en la sala de reuniones, solo Futuro y yo, todo se siente tan perfecto, como si por un instante en mi mente vislumbrara la claridad de que cada pieza está en su lugar y por una vez en toda mi existencia quisiera suplicarle a Tempus para que detenga el tiempo y nada jamás trunque este momento. — Nunca pensé que Muerte sería tan agradable— comenta él riendo. — Y ni te digo lo antipático que es Vida— Comenzamos a reír sin control. Estamos en la salida del gran salón, cada uno apoyado en su respectiva esquina del marco de la enorme puerta. Futuro comienza a acercarse a mí de manera lenta y tengo que pestañear más de una vez para comprobar que lo que veo es cierto. Se coloca justo al lado mío y con mi rostro completamente rojo, poso mi mirada avergonzada en el suelo. — Me alegra que nuestra enemistad haya acabado por fin— Desliza su mano por la mía y entrelaza sus dedos con los míos, ambos temblamos como piezas inestables de una casa a punto de derrumbarse, que se mece con una ola despreocupada y leve de viento. — Sí, a mí también— Sujeto su mano con firmeza y sonrió seguro de que él también lo hace.

Paz Oelckers Escauriaza 1° Medio B


Segundo/Tercero/Cuarto Medio

CategorĂ­a


F


Amaranta Molina


1er. Lugar

Corazón lluvioso Hoy llueven lágrimas como golondrinas que caen agónicas y paralizadas al suelo. Sus alas congeladas y vuelo estancado revolotean en mi corazón, desesperados por escapar de la jaula que es la tormenta. Hoy llueve, llueve desde las nubes de sangre con sus gotas putrefactas que caen sobre mis venas y se aferran a los latidos como enredaderas. Llueve y exhalo aullidos de otras batallas -cadáveres que encarna mi piely me hundo en la derrota aún no perdida. Hoy lluevo, lluevo océanos de cuerpos idos y puños quebrados y ardo en un volcán que me captura desde el pecho libre y acelerado. Lluevo, una y otra vez por los corazones apartados por la prohibición de un arcoíris flameante por la explosión caída y la infancia arrebatada por la memoria ausente por el odio al antónimo blanco y por un pasado-ancla atado a los pies de este país.


Sangro muerte y agonizo guerra cayendo por el error nunca aprendido por la sed de verde plástico que contamina el verde auténtico y por un mundo dominado de sueños equivocados.

Lluevo y llueven sonrisas dañadas nubes pisoteadas por el sistema y una risa que por dentro se vuelve llanto, porque las alas heridas que cubren los suelos y la tormenta que nos consume las pupilas continúa quebrando mi espalda y decorando mi piel con cicatrices.

Lluevo y no deja de llover. Graniza amargura entre mis costillas y mis llamas guerreras no cesan de enfrentar al mundo. En mi pecho se retuercen las golondrinas caídas y fallecen todas las alas que podrían haber volado y teñido el cielo.

Lluevo, llueven heridas y las golondrinas exhalan su último aliento. A lo lejos, reflejado en un charco, se desvanece mi corazón apuñalado por las sombras.

Natalia Montaña Castro III° Medio B


Daniela PeigĂąan


2do. Lugar

De la música musa yo soy Dícese de mí Extrañas cosas. Loca enamorada Artista descabellada. Música fluye dentro de mí Usted ya lo sabrá Soy su más apasionada devota Instrumentalizada está mi vida Canto todas las oraciones Amo cada melodía. Mas desquiciada no estoy Únicamente sigo los acordes Sigo mi pasión Aprecio cada canción. Yo no escribo para defenderme O para pedir perdón. Solo comparto mi arte Orquesto mi decisión Yo de la música musa soy.

Antonia Maldonado Redel III° Medio A


MatĂ­as Buchner


3er. Lugar

Festín de las almas Ciertos dioses mantenían en sus palmas piñatas de todas las naciones de las que pendían humanas emociones. ¡Bienvenidos al festín de las almas!

Aquí no es Jesús quien manda, tampoco Buda, tampoco Wanda, pues todos están en el gran festín usando nubes como volantín.

Está llegando el postre, veamos de los dioses cuál fue su aporte. Hades trajo un rico charquicán cocinado en las fauces de un volcán.

Esto ya se está volviendo repetitivo pero ahí viene Dionisio con un dulce bajativo sin importar que Apolo se enfade pues el alcohol su cuerpo invade.


Llegó la hora de la fiesta y Zeus a cupido le encomendó una gesta, debe flechar al pequeño Poseidón y flechar también un gorrión.

De tanto bailar Aquiles el talón se lastimó pensado que todos de él se iban a burlar rápidamente, a su casa se esfumó.

Poco a poco las luces se fueron apagando los dioses ya se estaban marchando, pero una niña ve una caja, y la curiosidad su mente perfora. Cuando los dioses la ven, todos gritan en coro: No lo hagas Pandora.

Diego Widemann Álvarez III° Medio A


Florencia Lacassie


Mención honrosa

Soneto de un desamor silencioso A la distancia observaba ella, aura aquella que resplandecería en torno a dos fuentes de luz sombría que en su alma dejarían huella. Y de súbito e inconscientemente, tal marca nacida de una ilusión ahogaría agresivamente su inocente alma en desesperación. Fue cuando la cálida tez nevada que la cegaba, se desvaneció junto con otra entidad cautivada. Era imposible que evitara, una margarita, que ese viento a su amada nube se llevara.

Amalia Pacheco Arroyo II° Medio B


Lucía Gauro


1er. Lugar

El lienzo de las miradas Pintar nunca fue una acción que le costó hacer, era igual o más fácil que respirar. Tomar un pincel y confiar en sus manos para retratar lo que pensaba, imaginaba, veía o sentía. Siempre le fascinó lo increíble que era un cuadro en blanco, se veía tan vacío que era casi incomprensible pensar que se podría plasmar algo en él; una persona, situación o sentimiento. Pero en ese momento lo único que le provocaba era miedo. Miraba esa blancura y lo único en lo que podía pensar era si sería o no capaz de reunir la valentía de pintar lo que probablemente fue el mejor, y a la vez, el peor momento de su vida. El pincel ya estaba duro, cubierto de pintura al haber sido untado incontables veces en óleo, mezclando colores en busca de encontrar el correcto. Se paraba y caminaba por la habitación. Se sentaba y luego volvía repetir la acción. En una de sus caminatas decidió seguir y caminar hacia el espejo al fondo de la habitación, ese que ocupaba la modelo para ver si el maquillaje seguía en su lugar, en cualquier caso a él nunca le importó, de hecho prefería ver cómo se desgastaba, se veía más natural. En cambio, en ese momento imploraba tener, mínimo, un kilo de cosmético para esconder esa expresión. Lágrimas ya no caían de sus ojos, pero los surcos en sus mejillas lo delataban. Lo que sí caía era sudor, se deslizaba por su frente, por su cuerpo, sus axilas estaban empapadas y de igual manera cualquier doblez que se creaba en su piel. Cualquier día se habría metido rápidamente en la ducha, pero ese, nada le podía importar menos. Ver esa cantidad de líquidos solo le recordaba aquel día y aunque trataba de reprimir cualquier recuerdo, le era imposible. Miraba hacia abajo y veía como caían las gotas y mojaban la alfombra, y en ese preciso instante temió, se encontraba en el lugar más seguro de su vida pero aun así temió por su vida, las lágrimas y cuerpo mojado eran tan solo muy parecidos.


Le costaba recordar mucho cómo empezó, pero en ese instante parecía muy importante hacerlo. Estaba caminando al frente de su casa de campo, ¿o corriendo? Estaba descalzo en busca de sentir la tierra, un ridículo consejo que un amigo alguna vez le había dicho. Sentir la tierra húmeda entre los dedos era una sensación extraña pero divertida a la vez. Miraba el cielo y sentía la tierra, qué divertido efecto. Seguía caminando camino a la casa, tal vez podría dibujar esto, no sería uno de sus mejores cuadros pero podría entretenerlo por el momento. Sentía su cuerpo caminar hacia el pedazo de tela y tomar el pincel. Que predecible, su mente volvía al momento, con deseo de plasmarlo en otro lugar, fuera de su cerebro u ojos. Entraba a la casa y cada paso creaba una pincelada en el espacio, como si estuviera pintando su recuerdo. Sentía su cuerpo tiritar, en una mezcla de terror y emoción, nunca una buena combinación de emociones. Llegó al mismo lugar donde se encontraba en ese momento y se paró exactamente donde se encontraba parado. Levantó el pincel de la misma manera que lo tenía en ese minuto y lo apoyó en el lienzo, empezando a pintar. En ese segundo tal vez no se dio cuenta, pero la imagen en su mente había cambiado, se deformaba y alteraba. Tal vez no le importaba o tal vez esa modificación estaba predestinada a pasar, pero se dejó pintar libremente, mientras poco a poco esa indiferencia se convertía en frustración y de otro poco a pasión. No parecía terminar nunca, agregaba trazo tras trazo en busca de pintar lo que sentía sin triunfo. Sentía hambre y sueño, el sudor rodaba por su cara y caía en la pintura, pero nada de eso parecía importarle, solo seguía. Pudieron haber pasado horas o días, pero seguía sin importarle, en ese punto solo quería terminar, lo necesitaba. Y así lo hizo, tirado en el suelo exhausto, le costaba respirar de la misma manera que le costaba ahora. Se separó del cuadro y frente a él estaba el mismo abismo que había pintado ese día, observándolo en una mezcla de desamparo y amor, no había una cara fija, miles de rostros danzaban en el pliego de tela, miles de colores lo miraban. Y no solo frente a él, en la habitación, el suelo, las paredes, el pasillo, y sus recuerdos.


Se tambaleaba desorientado intentando comprender cómo después de cien cuadros o quizás más, había perdido la cuenta al llenar el almacén, seguía pintando lo mismo, había cambiado de tela, de ropa, de pincel, de pintura, incluso de forma. Pero frente a él todavía se encontraba la misma mirada, mirándolo de la misma manera.

Daniela Vargas Barrera III° Medio A


Francisca Moraga


2do. Lugar

Bruma Estaba demasiado impactado como para reaccionar. La agonía recorría todo mi ser, estaba desconcertado, nunca en mi perra vida se me había siquiera pasado por la mente aquel inesperado y repentino escenario. Supongo que ocurrió aquel viernes. Como era de costumbre, me dirigí a casa de Felipe para conversar un rato y ponernos al día, siempre terminábamos discutiendo sobre temas controversiales que aparecían en los encabezados del periódico, sentados en la terraza, acompañados de la infaltable botella de fernet importada que el Pipe conseguía con un primo argentino. Normalmente pasábamos allí horas, pero ese día en particular no podía ser así. La tarde siguiente, era el concierto de fin de año de la filarmónica a la que pertenezco, razón por la cual debía dormir bien, si estaba pasado de copas iba a ser difícil conciliar el sueño. Me retiré alrededor de las 9 de la noche, la caminata hacia mi casa se me hizo mucho más larga y tediosa que de costumbre, no había ni un solo foco de luz encendido en la rotonda por lo que era un tanto difícil caminar sin tener la impresión de que iba a tropezar entre la bruma en cualquier momento. Llegué a mi casa y por alguna razón todos se habían acostado temprano, según recuerdo, fui a la cocina a comer algo, luego subí a mi dormitorio, me tumbé en la cama y me dormí instantáneamente. Pasé una noche pésima, pesadilla tras pesadilla creo yo, para ser sincero no recuerdo mucho. Al despertar sentí un ardor desgarrador en mi pecho, no sé cómo describirlo, lo aludí a la caña, no esperaba menos tras haberme bajado una botella prácticamente solo en menos de 30 minutos, pese haber dicho que no bebería. Al despertar revisé mi teléfono, tenía muchas llamadas perdidas, mensajes de mis padres y del chat de la filarmónica, el concierto se había cancelado, al parecer había ocurrido una tragedia. Me levanté sobresaltado y me vestí lo más rápido posible, sin siquiera ducharme o desayunar. Mi ventana estaba abierta, lo que me extrañó un poco, mi papá es maniático en revisar que todo esté bien cerrado antes de irse a dormir, era bastante inusual, pero no le di real importancia en ese momento. Nos citaron a todos en el salón en el cual ensayábamos para dar la información pertinente a la situación. La noche anterior, según afirmó la policía, uno de los integrantes del grupo había sido secuestrado y


hasta el momento se desconocía su paradero. Llegué un poco tarde por lo que no alcancé a oír el nombre del sujeto, recorrí la sala con la mirada para ver si podía vislumbrar quién era el músico ausente. Me sentí terrible, si bien no era muy cercano a todos los miembros del grupo, no era posible que no pudiese notar quien faltaba, para mi estaban todos ahí. No me atreví a preguntar, todos se veían muy dolidos, por lo que, no bien terminó la reunión, partí directo a mi casa. De camino, mi corazón se paralizó por un momento. Cerca de mi casa pasaron tres vehículos de investigaciones y había uno estacionado en la entrada de la misma, también los de mis padres, al parecer no habían ido a trabajar ese día; ¡¿Qué rayos estaba ocurriendo?! Entré. Mamá estaba sentada en el living, en ese sillón roñoso que detestaba, sus ojos estaban llorosos, su mirada perdida, tuve la intención de abrazarla, pero me sentí extremadamente ajeno a la situación y me retiré. Iba subiendo la escalera que separa la sala de estar con los dormitorios, cuando vi a mi padre parado frente a mi puerta. Por un momento creí que durante mi borrachera de la noche anterior había hecho algo estúpido y estaba ahí para regañarme por eso, razón por la cual, ralenticé mi paso para ir mentalizándome para su discurso y mi posterior respuesta de disculpa. Estaba en eso cuando de la nada lo veo caer de rodillas y hundirse en un llanto de gritos y agonía. Quedé perplejo, no podía creer lo que estaba viendo. El inmutable de Rodrigo Cornejo, el hombre que jamás se mostraba débil, a quien siempre había visto protegido con una coraza de metal, ahora, en este preciso instante, mostraba su parte humana, estaba completamente destruido por dentro; como si una bomba hubiese sido implantada en su alma arrasando con todo a su paso. Me acerqué sutilmente para no abrumarlo más. Ya ahí me percaté que había más personas en la habitación, pero… ¿Por qué en mi cuarto? Papá permanecía en el suelo, cabizbajo, por lo que procedí a pedirles explicaciones a los policías que estaban indagando en mi cuarto, pero por desgracia no obtuve ninguna respuesta. La verdad, no parecía que me hubiesen escuchado en absoluto ya que ayudaron a mi padre a levantarse y abandonaron el lugar sin decir una sola palabra. Llamó mi atención una carpeta que habían olvidado sobre mi cama, me senté y comencé a hojear las fichas que estaban dentro. La primera tenía mi nombre, mi foto y una descripción de la ropa que llevaba el día anterior. Mi corazón latía desesperadamente, la descripción que estaba escrita más abajo había roto mi mente, nada me calzaba en absoluto. Tenía borrosa la noche anterior, eso era cierto, pero… no era posible no recordar algo de tal índole. Alertaba de un secuestro armado alrededor de las 10:30. Inmediatamente tras leer eso imágenes comenzaron a aparecer en mi memoria. Los


sujetos habían ingresado a mi vivienda a robar por la ventana de la cocina, los vi al llegar esa noche, tuve la intención de alertar a quien fuese que estuviera en casa, pero del asombro, no me salía la voz, tal como en un sueño de esos en los cuales te enfrentas a una inevitable desdicha; solo que esta vez, se trataba de algo más que un simple e irreal suceso dentro del mundo onírico. Así como yo los vi, ellos también se dieron cuenta de que me encontraba allí, por lo que fueron detrás de mí. Corrí a esconderme en mi cuarto, jadeando con dificultad me metí dentro del ropero rogando porque no pudiesen encontrarme, mala idea. Irrumpieron en la habitación, me sacaron de ahí y me golpearon hasta que quedé inconsciente. No pude recordar más allá de eso, obviamente, por lo que seguí leyendo hasta poder dar con la respuesta. En la última página, en letras grandes y bien marcadas, estaba escrito que el cuerpo del sujeto apresado había sido encontrado atado a un poste de electricidad, muerto. Todo indicaba que lo habían asfixiado con la misma soga. E… eso solo podía significar una cosa. Yo había muerto. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, nada tenía sentido, yo estaba ahí podía ver a todos, aún era parte de este mundo. Debía hacer algo, hablar con mis padres era lo único que se me ocurría. Partí lo más rápido posible hasta donde estaban, sentía que mi corazón saltaba. Me paré frente a ellos, pero algo me detuvo, literalmente. Era como una fuerza descomunal, casi ilusoria, que no me permitía pasar. Me largué a llorar, estaba posado en el limbo entre la vida y la muerte, por un instante se me pasó la idea de que deambularía eternamente por este mundo; hasta que, de un momento a otro, todo comenzó a desconfigurarse frente a mis ojos. Todo lucía diferente, las paredes se desmoldeaban y se hacían cada vez más angostas, mis padres parecían como si fuesen parte de una obra surrealista. Mis esfuerzos por traspasar las paredes fueron en vano, caí derrotado frente al dolor de mis padres que se fusionaba con la incertidumbre de mi destino. Un instante más tarde todo comenzó a volverse gris, todo estaba cubierto por una espesa bruma, mis recuerdos comenzaron a distorsionarse, a volverse parte de la bruma, ya no recordaba con certeza absolutamente nada, las personas que divisaba a lo lejos no me resultaban familiares, no podía recordar siquiera mi nombre; ¿Quién era yo? En el filo de la vacilación mis ojos se comenzaron a cerrar y mis sentidos se ralentizaron, me dejé caer, ahí supe que no había ya nada más que hacer, todo había acabado para mí; ahora, era parte de la bruma. Javiera Hernández Alfaro IV° Medio A


Carolina Steuer


3er. Lugar

Negación A pesar de los pasados eventos en esta pacífica ciudad, nada cambiaba, las mismas gotas dilatadas por la tristeza que emanaban nuestras existencias, morían sobre mi sien, despidiéndose de cualquier dolor. Pensé reiteradas veces en ser una gota; subir a un edificio inspirado en el antiguo barroco y dejar mi cuerpo caer sobre la sien del mundo, pero las preguntas invadían mi cabeza e impedían mi prominente destino. El frío intentaba penetrar mi piel, pero mi armadura de negro me protegía, aquella trenca me había acompañado desde los inicios, desde que comencé a derramar lágrimas y sangre. Bajé por la calle hasta las transparentes puertas de aquel imponente edificio que se abalanzaba hacia mí. Al entrar, el portero con una falsa pero convincente sonrisa me saludó de una forma que me animó, dijo algo que no alcance a oír, no le di importancia; subí aquellas lúgubres escaleras y cuando ya estaba frente a aquella puerta donde todos los trozos de sueños yacían en paz, entonces una crisis de pánico atacó mi ser. Entre medio de mis bolsillos busqué temblorosamente las frías llaves de mi supuesto hogar; al entrar, dejé caer mi humanidad sobre aquel sofá que vestía de Jacquard, encendí un cigarro y me sumergí en la cárcel del Jazz, oh el Jazz, encarcelado en aquel humo donde mis gritos de agonía se mezclaban con aquel magnifico saxofón de Dexter Gordon. Debía dejar de fumar, pero no quería olvidarte Olivia. Un violento sonido atentó mi ventana, era un disparo, otra victima de esta hermosa ciudad que carcomía a los hombres y prostituía a las mujeres. Tranquilamente busqué mi abrigo y bajé a ver lo sucedido. Un hombre yacía en la acera, su sangre y lágrimas combinaban perfectamente con el oscuro color del cemento; cerré sus ojos y me dirigí al bar, hoy tocaba Guido, no podía perdérmelo. Me senté en frente a la barra, un whisky adormecía mis sentidos y entremedio del triste swing, saqué de mi bolsillo la preciada hoja con las rimas de mi perdición. “ Veo en ti lo que estrangula nuestro ser, siento en ti lo que nunca debí ver. Mientras el mundo explota frente a mis manos, me doy cuenta de que soy tú, tú eres yo, yo estoy igual de muerto que tú” Cerré mis ojos y vi a Olivia dilatándose entre medio de la oscuridad, estaba


completamente desnuda al igual que yo, me acerqué con pequeños y fragmentados pasos, mientras ella se llenaba de aquella absoluta oscuridad. Aquel mismo ruido atormentó de nuevo mis oídos, entonces Olivia comenzó a gritar, la sangre se escapaba por todo su cuerpo; terribles y apocalípticas imágenes cruzaban detrás de ella, instintivamente me recosté en posición fetal llorando mientras ella seguía gritando de agonía. Mis mayores miedo volvían y me abrazaban, todo apuntaba a que por fin moriría, pero repentinamente Olivia se acercó y me besó, susurrando — No es tu culpa, llorón—. Abrí los ojos, Guido había dejado de tocar, ya no quedaba más whiskey y mi muerte ya se avecinaba, solo quedaba una cosa más por hacer. El cantinero me miraba con perspicacia, sabia que pasaba dentro de mí; mientras servía a los demás clientes, no descuidaba ni un segundo su mirada sobre mis oscuros ojos. Su arrugada frente demostraba una vida de hermosas vivencias; lo poco que le quedaba de cabello se aferraba a su cabeza, como un niño a su madre; su corbata estaba perfectamente amarrada, a tal punto que podía ver como aquella roja pieza de tela, se llenaba de la vitalidad de aquel viejo aventurero. — Ya deberías dejar de perder el tiempo— me dijo, con una voz ronca y reflexiva — ¿Qué quiere decir? — pregunté — Sé quién somos, sé que hicimos, pero no sé que haremos al respecto— confundido le entregué el dinero de aquel magnifico whisky y asustado me fui, sin reproducir ningún sonido. ¿Qué habrá querido decir? ¿Cómo me conocía, si ni siquiera yo se quién soy? Estaba mintiendo, él no sabía quién era, llevo años en esta ciudad y pocos me conocen, no soy nadie, pero ¿qué pasará si sabe? Yo no hice nada, no es culpa mía, Olivia me lo dijo, solo yo sé quien soy y quien debería ser, y no soy nadie, pero en algo tenía razón, ya es hora. Me dirigí otra vez a mi departamento en la calle Maipú, al pasar por la intendencia, vi que carabineros miraba aquel cuerpo desangrado frente a la puerta de mi edificio— Valdivia cada vez se pudre más— dijo uno de ellos. Traté de evadirlos, pero al igual que el cantinero, los dos uniformados fijaron una mirada imponente hacia a mí; nerviosamente di un salto sobre el cadáver para entrar a mi edificio, y uno de los grotescos hombres preguntó — ¿Adónde se dirige con tanta prisa? — Desde pequeño me enseñaron a no mentir, así que debía contarles mi objetivo — Necesito encontrar la respuesta de mi muerte.— Perplejos, me dejaron pasar. Al entrar a mi hogar, saqué el antiguo rifle de mi padre y la pistola de mi madre, después de que abrieron aquellos puentes, la ciudad se volvió un lugar inseguro. Me senté en mi antiguo sofá y cerré mis ojos, debía recordar. Mi padre y madre, fueron buenas personas, víctimas de la ciudad al igual que yo, me dieron todo mientras vivía mi infancia y adolescencia, lo tuve todo en aquellas épocas donde la lluvia no dejaba de molestar. Siempre fui un buen chico, mi mayor pecado era pensar demasiado las cosas, lo cual me alejaba de ser una persona atrevida o arriesgada como siempre lo quise ser. Tristemente tengo vagos recuerdos de mi vida, todo es como un recorrido borroso, que de alguna u otra manera, condicionó mis instintos, para reaccionar de tal manera; pero la manera en que estoy apunto de actuar, provenía de lo más oscuro que alguna vez mi inconsciente pudo haber pensado.


Me dieron el nombre Julio, por el cantante Julio Iglesias, cincuenta y cuatro años después me daría cuenta de que las cosas tan triviales como los nombres, no deberían generar más que un significado banal para la sociedad. Me levanto del sillón y un rápido Toyota Corsa, pasa por fuera de la calle de mi departamento, interrumpiendo mi canción favorita, el silencio, con un sucio reggaetón. El viejo automóvil se estacionó fuera de mi edificio, dos jóvenes bajaron de aquel auto, bastante dóciles entraron por aquella transparente puerta; bajé con una velocidad que no hubiese imaginado poseer. Al ver a los pequeños adultos jóvenes, ultrajados por esta furiosa putrefacta sociedad, me di cuenta de que yo sería su salvador, los llenaría de sentimientos, de nuevos instintos, de bienestar y seguridad. Todo esto es culpa de la racionalidad de los humanos, por un tiempo creí que nuestra superioridad sobre las demás criaturas era nuestra capacidad de pensar y hacer uniones con demás individuos, pero al cabo de los años me he dado cuenta de que esta supuesta habilidad solo nos vuelve más miserables. Gracias al destino, el amigable portero no se encontraba en su típico estante disfrazado de recepción, porque no quería que semejante criatura tan hermosa me viera en este estado de euforia. Me acerqué a aquellos jóvenes, por su posición y mirada perdida en aquellos pequeños detalles de la pared, pensé que estaban esperando a alguien, y en lo cierto estaba, una esbelta mujer de cabello rubio, que acariciaba sus desnudos hombros, salió de aquel asqueroso y tétrico ascensor. La situación cada vez tornaba en un color a satisfacción. Ya cara a cara al par de pobres seres, uno dijo educadamente — Por favor señor debo pedirle que no se acerque más—. Sordamente me seguí acercando y lo besé. Recibí una cachetada del hombre y una fuerte grosería balbuceada en mis labios, en un rápido movimiento tomé de las caderas a aquella hermosa joven y susurré en sus oídos — Te transformaré en humana—. Los dos jóvenes se abalanzaron hacia a mí, pero mi repentina agilidad, sacó la pistola de mi preciada madre y despojé de sufrimiento a aquellas víctimas de la ciudad. El tiempo se detuvo en un momento, la escena era hermosa, ojalá Olivia hubiese estado conmigo, hubiese visto lo que soy ahora, por fin dejé de llorar y tomé las riendas de este mundo. La pobre chica que todavía seguía apoyada en mi antebrazo, rogaba por la salvación de su supuesta felicidad, pero los dos sabíamos que el destino es inevitable, y la besé. Los tres hermosos cuerpos tendidos en aquel suelo de mármol creaban una gran obra de arte, mi mayor obra de arte. Me dirigí hacia la puerta, y frente a mi reflejo del sucio vidrio, arreglé mi largo cabello que ya escondía mis melancólicos ojos. Oí que hoy en la tarde habría una junta de empresarios, los cuales se sentían con el suficiente poder y determinación, para decidir cuál era el futuro de esta triste ciudad. Debía dar una charla para aquellas personas, no estaba contento de mi desempeño como filósofo, en los pasados años cuando Olivia seguía conmigo, mis ensayos y libros eran obras de arte de culto, solo los más intelectuales podían analizar y entender aquellas palabras sin sentido alguno, pero ahora solo las personas que necesitan demostrar cuánto saben y cuánto la vida les ha enseñado los leen, o simplemente para buscar una respuesta hacia sus insignificantes vidas.


Me subí al microbús y me senté en la última fila, para admirar cómo las gotas de lluvia reflejaban pequeños arcoíris en el fondo de su corazón. Pasamos por la calle General Lagos, y me emocioné con aquellas hermosas casonas alemanas; la vida era un fugaz momento que debía ser apreciado. ¿Cómo habrá sido la vida en aquellos tiempos? Cuando la vida no era pensar, solo una eterna e inconsciente búsqueda de la felicidad, con parámetros sociales que solo pocos se atrevían a enfrentar y ver, simplemente bellísimo Entré a aquella conferencia, el gran invitado de la noche era Julio Arriazola, estúpido nombre para un intelectual, filósofo y científico, como decía en aquel gran afiche. Instintivamente subí al escenario e instintivamente las palabras comenzaron a fluir, un monólogo repentinamente fue balbuceado por mí insignificante boca, de pronto, en aquel escenario sabía quién era. — El ser humano es el ser más complejo que ha arribado en este mundo, después de una exhaustiva búsqueda en la comprobación de la racionalidad de distintas criaturas vivientes semejantes a nuestro biotipo, no se ha encontrado ninguna criatura con la misma capacidad de dejar atrás la barrera de los instintos tal como nosotros. Nos hemos convertido en dioses, por fin matamos a Dios, la individualidad nos ha transformado en la perfección, ya no existe ningún apego a lo etéreo, pero próximamente, nos convertiremos en algo superior, ya no dependeremos de lo material, de nuestros limitados cuerpos, de esta putrefacta ciudad, ni sus insignificantes relaciones, ya no se preocupen de sus problemas, próximamente seremos uno. Nunca creí que semejantes palabras saldrían de mis labios; la gente presente comenzaba a aplaudir, pero sabía que no les interesaba, solo eran tristes asistentes, que buscaban algún sentido a su insignificante existencia como yo. Salí de aquel teatro y la gente me miraba igual que aquel intimidante cantinero; me dirigí hacia el aula magna, hoy tocaba Cristian, no me lo podía perder. Subí al microbús, cerré los ojos y ya estaba en el concierto, era extraño, estaba completamente solo frente a aquel escenario, donde unos instrumentos se tocaban completamente solos, formando una lenta balada de jazz al estilo de Miles Davis, de pronto un joven y feliz yo subió al escenario, diciendo — La racionalidad es lo mejor que le ha pasado a la humanidad— Confundido pestañee; ahora aquella representación de mi estaba cubierta en lágrimas, exclamando — Lo peor que le ha pasado a la humanidad son los sentimientos. Sabía qué pasaba, era Olivia atormentándome de nuevo, yo no le hice nada, lo único que hice fue amarla, solo amarla, pero aquel teatro me devolvía a aquellos momentos donde no necesitaba nada más que una hoja, un lápiz y a ella para ser feliz. Abrí los ojos, Cristian había dejado de tocar, ahora sí debía hacerlo. Me dirigí al bar, con lentos pasos vi como todo oscurecía y la gente pasaba por mi lado. Notaba su tristeza, la melancolía de su existencia, este mundo ya no era el mismo, tomamos el mal camino, todo es nuestra culpa, culpa de nosotros los que pensamos, pero todos pensamos ¿es culpa de todos? ¿O simplemente era nuestro destino perecer en nuestra propia trampa? No, soy la única persona que queda en este mundo, soy el único ser natural de esta vida, los demás no son como yo, Olivia era como yo, Olivia era mejor que yo, Olivia era la única salvación para


este mundo y la maté. Entré al bar, no había nadie excepto el cantinero, con la misma mirada intimidante con la que me recibió la última vez. — ¿Cómo me conoces? — pregunté — Ya es hora Julio, Olivia te espera—. Abrió la pequeña tabla que separaba la barra del hostil mundo del bar, lo seguí; abrió una pequeña puerta que descansaba en el piso, dentro de ella se encontraba una larga escalera con solo oscuridad como destino —¿Vienes? — preguntó, inmediatamente di un paso adelante. Bajamos unos cinco minutos aquellas escaleras de cemento, húmedas como las hojas de primavera, con un paso en falso todas mis dudas nunca hubiesen sido respondidas. Durante el trayecto intenté consultar acerca de cómo conocía a Olivia, pero solo recibía un indiferente silencio. Llegamos al final del recorrido, frente a mí se encontraba una pieza cúbica de cemento, con una mesa circular de vidrio en el centro y una lámpara colgada del techo que iluminaba las dos lúgubres sillas al costado del mueble, el cantinero me invitó a sentarme, proseguí a hacerlo, no tenía nada que perder, me dio un vaso de un extraño líquido, y sin siquiera analizarlo procedí instintivamente a beberlo. — No mataste a Olivia, ella sigue acá viviendo contigo, con nosotros, aquella noche cuando intentaste suicidarte con cianuro y ella intentó salvarte, no fue tu culpa, fue culpa de los demás, ellos te trataron de una manera pésima, ¿cómo pudieron juzgarte solo porque pensabas de manera diferente? No te merecías eso, estabas en lo cierto, eres inteligente, eres todo para Olivia. Sus palabras me alegraron, el en verdad me conocía, no sabía porqué, pero me entendía, quizás no todo estaba perdido, este cantinero era la nueva esperanza, no estaba solo, si queda esperanza para este mundo, la vida es hermosa. — Acompáñame— dijo, abrió una puerta que no había visto hasta al momento en que se dirigió a ella, al abrir entremedio de la oscuridad apareció el interior de un palacio real, con una bellísima escalera que conducía al salón principal; a un costado estaba Dexter, Guido, Cristian y Miles tocando una sublime balada; al otro costado había una barra llena de los whiskis más exquisitos que alguna vez se hayan creado; en la entrada estaba el amigable portero con un apoteósico estante de recepción; también estaba la hermosa joven con un gran y hermoso vestido puesto —¿Viene? — preguntó, la seguí hasta el salón de baile, ahí estaban todos, los tristes jóvenes, que ahora eran unos intelectuales, los empresarios, los pasajeros de aquel microbús, mis pocos amigos de la infancia, mi padre, mi madre e incluso Julio Iglesias, pero en el fondo de la habitación, estaba Olivia, igual de hermosa como la recordaba, con un largo vestido de color esmeralda, que resaltaba su silueta y hermosos ojos, por fin podía volver a verla, lentamente me acerqué a ella, —¿Bailas? — preguntó. Estuvimos bailando unas bellísimas e inmortales horas, todos estaban siendo felices, nadie pensaba, nadie necesitaba una explicación para nada, solo disfrutábamos del regalo que es la vida. Mi impotente deseo de besarla, me impedía seguir disfrutando el momento, extrañaba demasiado esos labios como para seguir un segundo más sin que conectaran con los míos. Le pedí que nos dirigiéramos al balcón, para ponernos al tanto. Me llevó de la mano hasta aquella maravillosa estructura con una vista magnífica del mundo entero. Instintivamente busqué en mis bolsillos la cajetilla de cigarrillos, pero ya no les necesitaba, no necesitaba fumar, ya estaba con Olivia, no


necesitaba nada. Hablamos un rato de cómo había sido su vida en este mundo de maravillas y de lo triste que estaba antes de que nos viéramos de nuevo, le conté que antes de llegar a este lugar de ensueño, planeaba suicidarme, pero lo postergaba, porque sabía que en algún momento podría volver a verla. Ella sonrió, era mi momento debía besarla, era ahora o nunca; lentamente me acerqué a sus magníficos labios, después de tantas horas, tanta tristeza, para este hermoso momento. Olivia al notar que trataba de besarla se alejó y dijo — Tú me mataste Julio— El mundo se derrumbaba a los lados, el castillo se caía, los gritos ahora reinaban el mundo, pero Olivia permanecía inmóvil. — Pero Olivia, es culpa de ellos, soy el único ser natural, sigo el camino del mundo, me dirigí por el camino correcto, soy la salvación del mundo Olivia— dije desesperado— No es natural matar a tus pares… me mataste Julio, te mataste a ti mismo, llevas años así Julio, cada día repites lo mismo, no es real Julio, por favor tienes que despertar, tú mente no esta diciendo la verdad, solo se está protegiendo, Julio todo esto es mentira, vuelves cada día a este mundo de tu mente… Julio hoy mataste a tres jóvenes inocentes, debes terminar este círculo vicioso. No pude entender sus palabras, era todo verdad, no soy lo que creí ser, estoy muerto, más que todos los demás, el mundo no está podrido, yo lo estoy, nada es para mí, solo soy una falla. Olivia se alejaba mientras el mundo se destruía. Abrí los ojos… A pesar de los eventos en esta pacífica ciudad, nada cambiaba, las mismas gotas que morían en mi sien. A veces pensaba en ser una gota, subir un edificio inspirado en el antiguo barroco y morir en la sien del mundo, pero las preguntas invadían mi cabeza e impedían mi prominente destino. Bajé por la calle hasta las transparentes puertas de aquel imponente edificio que se abalanzaba hacia mí. Al entrar el portero con una falsa pero convincente sonrisa me saludó de una forma que me animó, dijo —¿De nuevo perdiste la mente?

Vicente Castro González III° Medio A


Fernanda Pardo


3er. Lugar

El bailarín de la edad dorada ¡Rápido! Pensaba, mientras que las manecillas del reloj se acercaban cada vez más y más a marcar las 10, afuera tenía todo un grupo de bailarines esperando sus órdenes y él no tenía ni la menor idea de quÉ hacer. “Isadora”, pensaba, “¿dónde te metiste esta vez?”Afuera escuchaba las palmas marcadas del público que se entretenían con las mujeres bailando cancán, pasando entre comidas y bebidas la noche. En poco tiempo era el turno de su grupo y su compañera Isadora aún no había llegado, el sudor corría por su piel en excesivas cantidades, como le pasaba cuando estaba nervioso, se limpió con la toalla que tenía y se cambió la camisa sudada por una limpia, miró el reloj, 9:48 hrs., quedan 12 minutos, “¿la danza del mes pasado?”, era bonita, todos los de su grupo la sabían, por suerte la habían seguido practicado junto a la danza más reciente, respiró hondo, escuchó un portazo afuera. “Isadora, ¿ha llegado?” Se puso su sombrero y salió del cuarto esperanzado, para descubrir simplemente que el ruido era el de la caja con los adornos para el pelo, que una de sus bailarinas y amigas, Reyna, había botado al piso y se le había volcado el contenido. Se acercó y se agachó para ayudarla a recoger los adornos. “Ah”, el rojo burdo y las flores de papel amarillo, el equipo se merecía mucho más, pero ahora mismo no estaban en las condiciones, Isadora, necesitamos hacer un buen espectáculo para que nos sumen algunos horarios y aún así, tú seguías faltando a los ensayos. Suspiró mientras recogía el último de los artículos al mismo tiempo que Reyna, sus manos se tocaron y juntos lo pusieron en la caja que luego la chica puso sobre la mesa. Ella se volteó y de repente el bailarín se vio caído en el pozo de sentimiento y desdicha que era los ojos cafés de su amiga, los cuales estaban rodeados por un aura de nerviosismo. —¿Dónde está el resto? —La mayoría está al lado, viendo la presentación; Celline se fue afuera a fumar. —Ya, bueno saberlo. Un silencio incómodo empezaba a surgir, que incluso con los zapateos y los aplausos de al lado, no marcaban más que desolación, este silencio fue interrumpido por el ruido de Reyna sacando de su cartera una bolsa de dulces, los abrió con sus delicadas manos y una fragancia de limón y naranja invadió el espacio entre ellos, Reyna sacó del paquetito una pastilla de color naranja vibrante y lo puso en las toscas manos del bailarín, él lo recibió con una sonrisa y lo metió en su boca, ahora él metió la mano en el paquetito y sacó una de color amarillo pálido que luego posó en la mano de su amiga, la bailarina lo metió en su boca y subsecuentemente guardó de nuevo el paquetito en su bolso. —¿Se te ha ocurrido algo Richie? —Pensé, que podríamos bailar la danza del Pavo Leal, el León y el Halcón, la que bailamos el mes pasado, ¿has visto los zapatos de Tap?


—Están guardados aquí— dijo abriendo un armario cercano, —entonces le avisaré a Marks que se cambie y se prepare físicamente para el baile, el león es el que se lleva la parte pesada de esta danza, ya sabes, moviéndose de lado a lado—, Reyna se irguió, sacando tres pares de zapatos, un vestido azulado y dos abanicos de plumas, tiró un par de zapatos a Richie, el cual no estaba preparado para la maniobra y se le cayeron al suelo. —Por mi lado—dijo Reyna —¡es hora de que me vuelva la persona del pavo real!, exclamó abriendo los abanicos e imitando un aleteo con ellos, con una rápida maniobra llena de gracia se posó al lado de Richie y con una mirada exageradamente seductiva le ofreció la mano, éste respondió con una risa y estuvo por tomar la mano de su compañera cuando… —¡Lamento la tardanza! Isadora entró corriendo y cruzó entre los dos para llegar al armario, el cual abrió de par en par para buscar sus cosas, algunas personas después le contaron a Richie que el palmetazo de la puerta contra la pared hizo que el guardia de arriba se cayera de su silla pensando que había habido un disparo. —¿Dónde estabas? ¡faltan cinco minutos para la presentación!, exclamó Reyna, —Lo sé—dijo Isadora, quitándose la blusa que llevaba, ¬—lo que ocurre… es que tenía que ir… a dejar a Ramoncito… con su padre…, aquí está, pero el desgraciado se había ido con unos amigos…niagh, y tuve que llevarlo a la casa de mi madre…. niagh, que queda al otro lado de la ciudad. —¡Pudiste haberlo traído aquí, estábamos muy preocupados! —Claro, porque este barrio lleno de borrachos y fumadores es el lugar más seguro para un churumbel. Mira, que tal si en vez de estar como vaina allí reclamando, subes con los demás y les pasas los sombreros para la actuación, dijo sacando una caja llena de sombreros bombín negros del armario que ofreció a Reyna. Los ojos de ella se centraron fuertemente en el rostro de Isadora, como si quisiera arrancarle la cara peca a peca y pestaña a pestaña. Richie siempre comparaba esa imagen con la mirada de los animales pertenecientes a la familia de los felinos o las lechuzas, aún no decidía cuál era la más terrorífica. —Agh, voy a avisarle al resto—. Y se fue de la habitación. Richie aprovechó de buscar los zapatos en el gabinete y se los pasó a Isadora. — ¿Estás lista? —¿Qué pregunta es esa? Soy una profesional… —No…, me refiero, estás frustrada, se te nota, todo va bien con los asuntos de tu tu, tu… —Solo es un divorcio Richie, no le pongas tanto lío solo decirlo. Las cosas van bien, pero me enoja que a pesar de que consigo la custodia de Ramón y apoyo económico de su parte, a él nunca se le borra la mirada de imbécil de su rostro. Cómo si estuviera feliz ¿Acaso no fuimos nada para ese tipejo?, bramó pateando la pared. —Sé que eres fuerte y sé que no te gusta que te muestren afecto– se acercó y la rodeó en sus brazos— pero igual déjame darte un abrazo, que estoy aquí. —Lo agradezco Rich, pero vamos, ayúdame con este collar y corramos al lado, que tenemos que empezar la función. La canción empezaba a sonar, las trompetas alzaban sus sonidos, 4 tiempos, 1, 2 ,3 ,4, atento, Richie salió al escenario con una caminata común que aceleró hasta transformar en un intenso zapateo, miró al público, a los músicos, antes de quedar


hipnotizado en su propia armonía, la madera resonaba bajo sus pies y el público liberaba sus palmas marcadas por el ritmo para que llenen la habitación, el saxofón y la batería se sumaron a la música, 7 y 8, Andrea entró por el costado opuesto del escenario acercándose con un paso elegante y animoso a Richie. Un salto y caer, tomar las manos y cruzado, por abajo y hacia arriba, levanta…, separarse, giro. Una nueva tempestad empezó a tronar por la habitación, proveniente de los silbantes pies del resto de los bailarines que entraban de los extremos, mantenemos y ¡catam!, se acercó fuertemente a Isadora, la agarró por las piernas y la levantó para girar en 8 pasos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 contaba a medida que se deslizaba a través del escenario, bajó a Andrea y siguieron bailando intensamente, el baile se supone que era una historia, de dos personas encontrándose en un bar, las cuales tras bailar un rato y conocerse mejor se enamoraban, pero cuando se encuentran solos, la chica de la cual el hombre se había perdidamente enamorado le cuenta su terrible pena, pero eso los fortalece aún más y deciden seguir su vida juntos. Por suerte Andrea nunca le ha preguntado como se le ocurrió esa historia. Tomar, cortar, lento y doblar, doblar, tomar, “mmm… huele a cerezas”, cortar, con cuidado, doblar y doblar, “¿Será la July preparando pastel?”, tomar, cortar, “¡más vale que me den!”, cuidadoso, “porque no aceptaré otro, “es para una reunión Richie”, ¡me zamparé el pastel allí mismo!” doblar, doblar, “80, cerca de los 100”, tomar, cortar, doblar y doblar, tomar, ¡Qué lata…, no quiero más!, cortar, ¡con cuidado!, “ay noo, me pasé… pero no se nota”, doblar y doblar… La lluvia corría por el gran ventanal de la habitación, gota y gota caía, escogiendo paseos azarosos, pero lógicos en su propia forma, como los caminos de la vida, el destino de cada gota era caer al suelo y generar vida, sin embargo, había gotas que simplemente se detenían en la ventana y en las paredes y se evaporaban cuando salía el sol, para volver a intentarlo la próxima vez, otras, por su parte, lograban llegar al suelo y nutrían a la naturaleza, haciéndose parte de ella, la que no era destinada a ninguna de esas dos conclusiones, caía y se mezclaba en la enormidad de los ríos, mares y glaciares que conforman al mundo, lo que las guarda para un uso pronto. La sensación de una suave presión sobre su pierna despertó a Julieta de su divagación, miró abajo para ver de dónde provenía esos empujones. Una niñita de no más de dos años la miraba fijamente desde abajo, con la cara manchada de chocolate, pero con una sonrisa blanquecina de alguna manera. La agarró en sus brazos y le hizo cosquillas en la pancita, la pequeña se retorcía de la risa mientras que su madre la miraba orgullosa y sacando un pañuelo le empezó a lavar la carita. Una ráfaga de viento se adentró como aviso a que alguien había entrado por la puerta. Julieta se asomó para observar y vio una figura alta de silueta femenina, una bufanda lanuda le tapaba la cara, llevaba puesto un abrigo amarillo y unos tacones altos, la persona buscaba desesperadamente cerrar su paraguas antes de entrar al local. Una vez que se quitó el pañuelo Julieta pudo reconocer a su amiga Marie. —Marie, Hola. —Aaa, Juli, ¡Hola! —dijo dándole un beso de mejilla— la lluvia está horrible. —¿Qué esperabas?, es primavera, ven sostenme a Ceci un momento mientras nos preparo algo. Julieta preparó una mesa,vertió un té caliente en las tazas y sacó dos rebanadas de pastel de maracuyá y chocolate.


—Aww, que ternurita… esta niña cada vez está más grande. ¿Cuántos años tiene ya? —Deja que te responda ella, a ver Cecilia, ¿cuántos años tienes?¬—, la niña no reaccionó, simplemente miraba de lado a lado con una cara juguetona. —Jaja, tiene dos. —¿Como que se está pareciendo más a ti no crees? —Sí, al inicio decían que se parecía más a su bisabuelo, lo cual me perturbaba de muchas maneras, pero los bebés aún pueden transformarse de maneras extraordinarias mientras crecen. La nariz sin embargo es definitivamente de su padre. —¡Claro! ¿Cómo están las cosas con Jaime? —Oh, las noches y las mañanas con él son maravillosas, lamentablemente tiene que irse a trabajar mientras me encargo del café. Pero al menos ya tenemos fecha para la boda, y te quiero como mi dama de honor. Eres la primera a la que le cuento, así que guárdalo por ahora. Entró por la puerta de la cocina con las cien tarjetas, emitiendo sonidos de aburrimiento y de queja a medida que avanzaba. Llevaba el delantal y tenía aún el rojo de las cerezas en la palma de sus manos, ¡había pastel! —Yuliet, prosigo en entregaros las tarjetas. —Agh, primero, para de decirme así, segundo, perfecto pásamelas. Mamá, mira la lista de invitados, hay escribir aquí el nombre, y abajo la fecha de la boda, 4 de diciembre, la dirección va al otro lado. Richie, tu ayúdame a pegar las decoraciones a las tarjetas. No iba a dejar pasar la oportunidad para recibir una remuneración por realizar una tarea. —Quiero pastel de cereza. —Es para una reunión Richie… —¡Otra más!, deja de meterte con esas amigas vagas que no pueden hacerse su propia torta. —Iba a decir que había hecho otra de durazno que se está enfriando en la despensa para que coman acá, pero con esa actitud creo que a alguien no le va a tocar ni un trozo. —¡No! Por favor, corté tus estúpidas cien tarjetas, Richie estaba de rodillas suplicantes, —qué tierno¬— pensó Julieta. —¿Disculpa? Creo que no te oí bien esa disculpa. Richie notó que le acababa de dar la oportunidad de retractarse. —¡Perdóname hermanita preciosa, por favorcito, mejor cocinera del mundo, maestra en todo! —Me suena mejor. Saca una rebanada. —Hija… ¿vas a invitar al Tata? —Pues claro, estoy invitando a casi toda la familia, así todos se podrán reunir después de quién sabe cuánto tiempo. Ah, el tata, él se parece a la gota que se estanca al final de los vidrios, simplemente sigue en un ciclo de tristeza, donde nada le da ese último impulso para poder caer y seguir con su vida, y ahora estaba postrado,al silencio y al asiento,Julieta se acordaba cuando era pequeña y el tata le cargaba en su espalda, pero fue hace


mucho tiempo, y no se logra acordar muy bien. —Oye July, la Ceci está llorando — dijo Richie apareciendo con un plato sobre el cual se lucía una generosa porción de torta de durazno. Un beso, y otro, y otro beso más se dieron en la pista de baile, Richie e Isadora bailaban tomados de las manos bailando aún con entusiasmo, como acordaron, debían “robar” un beso al otro, entre los pasos, como un juego y para enfatizar el amor de los personajes , coincidieron que debía ser inesperado cuando lo hacían, así el elemento sorpresa se mantenía intacto, el que robaba menos besos invitaba la cena después de la función, pero se notaba como la melodía se convertía lentamente en un gentil tango e Isadora se alejaba de Richie, con una cara atormentada, los demás ya habían abandonado el escenario y desde el costado, Reyna observaba la danza que los dos ejercían. Mark emergió de los pliegues del telón y sacó de su bolsillo un pañuelo de seda, que usó para secar las suaves lágrimas que derramaban los ojos de la joven Reyna, la cual veía como bailaban el sutil tango y terminaban abrazados, las luces que alumbraban el escenario se mitigaron, en contraste con los aplausos del público que estruendosamente invadieron la habitación, las luces se volvieron a prender e Isadora junto a Richie realizaron una reverencia, Reyna procuraba respirar profundo a medida que todos los bailarines entraban para recibir los aplausos. La prolongada exposición al ruido proveniente de los parlantes hacía difícil escuchar, pero parecía que le decía: ¡Ramón, deja la torta que si no te tendrán que operarte de nuevo de la tripa! El hombre que le gritaba fue rápidamente calmado por Julieta que apareció por detrás para darle un masaje, esto alteró sus nervios y se volteó rápidamente en posición de ataque. Le bastó olerlo un poco para saber que se había pasado un poco de copas. —Disculpa, pero como sargento de la 4ta división debo evitar cualquier conducta impropia durante esta celebración— Julieta lo sentó en una silla con una mirada tranquilizadora. —Papá, también los sargentos pueden relajarse en el día del matrimonio de su hija, tu descansa, ¿ok?, ya es tarde— Ella vio cómo las pestañas de su papá se cerraban, y a pesar de lo que pudo haber sido considerado como una tierna escena en que él lentamente se dormía en su brazo, ella no pudo evitar reírse de lo ridículo que se veía con el uniforme y la nariz roja de borracho sobre su bigote blanco, casi extraído de caricatura, lo apoyó en la silla y miró a Ramón— ¿Me lo cuidas? —¡Claro July, anda con tu esposo y disfruta! —¡Gracias! Julieta caminó hacia su mesa, la pista de baile ya estaba desierta, después de lo mucho que la barrieron durante ¡casi 5 horas!, sus pies la estaban matando. Llegó a su mesa, su madre ya se había ido a acostar junto a Cecilia, así que en la mesa quedaban Richie y Jaime, el primero estaba en el estado entre sueño y vigilia, mientras que su esposo estaba devorando un pedazo de torta de durazno. —¡¿Vaya que te gusta mi torta no es así?! —Jamás me podría cansar de ella mi amor. —¡Uff ! Estoy muerta. No sabía que podías transpirar con vestido— dijo bebiendo de su copa —Bueno, al menos no tienes que estar en el sauna que es el uniforme militar. Los dos se rieron ante el comentario y se miraron mutuamente, con la mirada


dulce que ya se habían hecho varias veces en el pasado. A medida que una música empezaba sonar junto a trompetas que alzaban sus sonidos. Un gran suspiro de exclamación surgió entre los invitados. Julieta miró sin saber lo que pasaba, hasta que su hermano se lo señaló: —¡Julieta! ¡Mira! Observó en la dirección que apuntaba y lo que vio también la dejó impactada. El Tata Richie estaba caminando hacia el escenario con un paso bastante marcado, y fluido para un hombre de 80 años. Inició un suave zapateo que llevó hasta ritmos muy intensos y que mantuvo por una sorprendente cantidad de tiempo, luego miró hacia un lado, como si esperara que alguien emergiera de las capas de la realidad o volviese de los parques elíseos. Pasado un tiempo Richie volvió a moverse, dio un salto y empezó a bailar como si tuviera una pareja entre sus brazos. Sus pies resonaban en el ambiente, nadie se atrevía a moverse o decir algo, estaban bajo el conjuro de su danza, una trampa fabricada con esfuerzo y pasión que deja anonadado a cualquiera que la mire. La gente se extrañó cuando en medio del baile, pareciera que Richie lanzase besos al aire, pero nadie podía soportar la tristeza de ver en esa pista de baile a un hombre que, culminada la obra, abrazaba el aire como si se aferrase a él con todas sus fuerzas. Julieta miró a su alrededor, miró al resto de los invitados, su esposo, su hermano…, Richie, el menor, estaba notoriamente más acongojado que el resto, se tapaba la boca con la mano, su cara estaba roja y escurría lágrimas y moco. Pero no pudo quedarse mucho rato observando, ya que Richie, el mayor, se desplomó sobre el escenario tras hacer su baile. Avenida Arturo Pratt 1326, era un edificio alto, y se veía firme, pero había que decirlo, era bien feo, el color era demasiado plano y estaba opacado, verificó tener correcta la dirección, pero solo logró desilusionarse, intentó entrar al edificio, pero fue detenido por la puerta, que estaba cerrada, ¿qué hora era? miró la hora en su teléfono, 5:07, no,¿acaso cerraban la puerta a las 5?, ¿tendría que esperar hasta mañana? Iba a empezar a alterarse cuando un hombre apareció del otro lado de la puerta y le abrió. — ¿A quién desea visitar joven? — a Ricardo Ortega, respondió. —¿Y quién eres tú exactamente? —Su nieto, Ricardo Ortega Astaire. El hombre le dejó pasar, Richie se acercó al ascensor y presionó el botón de ascender, esperó un momento para que las puertas metálicas de abrieran, entró, y presionó el número 7 en el ascensor. En el tiempo en que tardó en llegar a su destino Richie se contempló en el espejo, estaba ventoso afuera, así que intentó volver a peinarse, quería lucir presentable para el abuelo, así que se peinó el cabello para despejar su rostro. Oía las palabras de su hermana “recuerda, con el cabello hacia atrás, a los mayores no les gusta que el pelo tape la cara”. Se sentía muy agradecido de que Julieta lo hubiera apoyado en todo esto, “ese día, en la recepción, experimenté una sensación de soledad atroz, lo peor, es que no era mía, no lo he visto en toda mi vida y lo primero que siento de él es tristeza que ni ver el sol podría quitarme, y sé que esto es estúpido, sniff, pero quiero arreglar eso” y jamás olvidará lo que ella le dijo “entonces ve, nadie más ha podido alegrarlo, y quién sabe la manera correcta de hacerlo, tú tal vez seas el primero que en realidad lo entienda” se preguntaba por qué el ascensor demoraba tanto, cuando se detuvo se dio cuenta que había marcado el 17 por accidente, “ups”, marcó el 7 e intentó calmarse, sentía el corazón


en el pecho y la boca le tiritaba de vez en cuando. Cuando se abrieron las puertas, salió del ascensor, y fijándose en las numeraciones se fue decidido hacia la derecha, el pasillo era bastante amplio con un tapizado de color rojo. Caminó hasta que estuvo al frente de la puerta que le dijeron, “Su habitación es la 713, su cuidadora se va a las 16:50, pero créeme, no quieres toparte con ella, ve a las 17:00, aquí tienes la llave del departamento” “¿Dónde las conseguiste?” “Digamos que alguien quiso hacer esto hace mucho tiempo, pero nunca llegó a reunir el coraje suficiente” “Eso no responde mi pregunta”, Richie puso la llave en la cerradura, “¿Cómo era antes… de que muriera la abuela?”, la giró, “Regaloneador, gracioso, creo que tenía una obsesión por lo dramático, pero era muy pequeña como para tener todo con claridad, mejor descúbrelo tú”, giró la manilla “si todo resulta bien, envíale un saludo de mi parte”, abrió la puerta. La habitación estaba tibia, se esforzó por hacer ruido, sobre todo enfatizando el sonido de las llaves, para que no se asuste y crea que ha entrado un ladrón, no le vaya a causar un paro, al frente de él, se erguía un pasillo con alfombrado rojo, caminó mirando alrededor y adentro de las habitaciones, para ver si veía la silla de ruedas o una cama, pero cada habitación no solo estaba vacía en cuanto a artículos o muebles, sino que además se notaba la desolación que en ellas habitaba, no fue hasta el final donde halló una cama, entrando a la habitación, se fijó en él, en una silla de ruedas, mirando hacia la ventana estaba Tata Richie. No sabía que decir, pero siguió avanzando, marcando cada paso, cada pie hasta quedar a su lado, Miró el espacio mientras reunía el valor para mirarlo, la habitación, el marco de foto en la ventana con un adorno de pavo real, las cortinas, finalmente se decidió. Richie lo miró, los ojos como espejos uno del otro, se miraban fijamente y capturaban las facciones del rostro que tenían en frente. Miró su piel endurecida y pálida, su nariz aguileña y su cabellera mayoritariamente perdida, la tez oliva de su madre, las orejas de su abuela, era bajo, definitivamente, lo único que físicamente unía a los dos eran los ojos, era raro pensar que ese hombre hubiera estado bailando como una persona en sus treinta hace unas semanas. —Hola, mi nombre es Ricardo, y soy tu nieto— dijo estirando el brazo. Los ojos del anciano se posaron frívolamente sobre la mano que era extendida hacia él, no parecía repudiarla ni analizarla, parecía que simplemente nada despertaba en él. Trató de proceder dándole un abrazo, pero eso solo empeoró la situación. Si alguna vez quería recordar la sensación de abrazar un cadáver, solo tenía que acordarse de ese momento. Él no quería pasar tan rápido a su acción principal, o sea, se supone que debían relacionarse mejor, pero puede que él ya haya conocido todo sobre lo que descansa en esa silla, así que decidió mostrarle el alcance de su tristeza y melancolía, para algo estuvo practicando intensamente desde ese día, estudiando las viejas cintas de video. Movió al abuelo a una de las habitaciones vacías y se aseguró de tener suficiente espacio, sacó su teléfono y lo puso en el piso. Empezó a sonar una canción familiar, con sonidos de trompetas que se alzaban en el aire. Richie realizó la caminata completa, el zapateo, durante la danza, pensaba en lo que sintió, la frustración, la lejanía, pero nada le funcionaba, al final terminó el tango con un amargo sabor de boca, como si hubiera hecho el ridículo frente a unos compañeros de clase, la mirada de Richie, fija, pero incluso más dispersa que antes. Lo perdía.


Retomó la oportunidad y puso de nuevo la música, esta vez extendió su brazo hacia Richie, este no respondió con movimiento alguno, así que lo paró y lo puso junto a él, paró la música y dejó todo en un completo silencio, pensó en las antiguas cintas en VHS que vio del abuelo de, como danzaba grácilmente por el escenario y brindaba emoción a quien lo veía, pensaba en el mensaje que debe entregar de July al abuelo, en como este hombre perdió a una de las personas más importantes de su vida y como él, que tenía que hacer que todos estos sueños sean posibles pero no lograba conectarse con la persona que estaba parada a su lado, se dio cuenta que lágrimas salían de sus ojos y solo con eso, decidió que era el momento de empezar a bailar. Hizo un paso lento, pero marcado, hacia el costado de la habitación, luego volvió simulando el tango solitario de la recepción, al estar junto a él, “Mi hermana me pidió que le diga hola” le dijo entre sollozos, repitió, fue hacia el lado, y volvió con un tango solitario, “Lo he visto en sus cintas, snif, estoy feliz de poder estar a su lado”, se alejó hacia el lado y volvió con un tango solitario, “Jamás la conocí, ¿Cómo era ella?” miró directamente a Richie, sus ojos llorosos evitaban que lo pudiese ver bien, pero creía que lo miraba. Los ligamentos viejos del hombre empezaron a moverse, se movió hacia la pared con un paso torpe, pero seguro, y luego volvió, pero sin hacer el paso de tango, “Julieta ha crecido en una hermosa chica, se ve muy buena persona también”, le impactó escuchar la voz del abuelo, era áspera y melancólica, pero mantenía su juventud, de nuevo fue hacia la pared y volvió, “Creí haber quemado esas copias”, “Yo no sé pero…” Richie no esperó la respuesta, de nuevo fue donde la pared y volvió con un paso más tambaleante “Maravillosa” dijo entre suspiros. Los dos se posaron juntos, allí Richie se dio cuenta que su abuelo tenía los ojos llorosos. Tomó el teléfono y avanzó toda la canción hasta el baile del tango, se abrazaron, como abuelo y nieto, meciéndose de un lado hacia el otro, Richie sentía las lágrimas resbalar por sus mejillas, pero lo único que sabía, es que ahora él y su nieto compartían una tristeza tan descomunal que los envolvía en esos instantes. “Abuelo, siempre voy a estar aquí” y lo abrazó fuertemente, sentía como las lágrimas caían al piso, lo apretó también en sus brazos y con su voz quebrada Richie respondió: —Ay, la gracia, esa es mía.

Mario Calvo Brun IV° Medio B


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CUARTO MEDIO A Ahjlan Moya Mosqueira Catalina Alonso Tirachini Daniela Vargas Barrera Emilio Pohl Luppi Catalina Peña Silva Lucía Gauro Hanna Joaquín Israel Ulloa Isabel Quintana Piñeiro María Jesus Reyes Herrera Carolina Steuer Flández Daniela Peigñan Gallardo Matías Buchner Ormeño Sofía Vargas Baeza Fabiola Gauro Abdulahad

ELECTIVO AUDIOVISUAL Ahjlan Moya Mosqueira Isabel Quintana Piñeiro Lucía Gauro Hanna María Jesús Reyes Herrera Javiera Rosas Roa Diego Widemann Álvarez


Amaranta Molina Tapia María Jesús Oelckers Escauriaza Flavio Lledó Gatica Francisca Moraga Parra Ignacio Ramírez Peña Fernanda Pardo Díaz Natalia Montaña Castro Zoe Hantke Torres Álvaro Espinoza Sánchez Florencia Lacassie Godoy Joaquín Casari Bertona Loreto Arancibia Labarthe Martina Tello Arcos Carlos Mira Gebauer Constanza Stange Yusef

María José Halabí Hurtado Florencia Lacassie Godoy Natalia Montaña Castro Francisca Niño Machmar Jaime Pérez Teylorl Martina Tello Arcos

Artes Visuales

CUARTO MEDIO B


Categoría A Emilia Aguilera Silvestre Fernanda Pereira Gutiérrez Vicente Gracia Lazo María Paz Alveal Espinosa Simón Huysentruyt Abarzúa Categoría B Ayla Giusti Calderón Rosario García Lizasoaín Matilda Tomacevic Vásquez Franco Lledó Gatica Vicente Trujillo Salas Emilia Gajardo Aravena Categoría C María Leonor Delgado Espinoza Sofía Ojeda Solís Agustina Cardenas Montecinos


Categoría D Emilia Aguilera Aguilar Trinidad Urrutia Andia Sofía Peña Silva Martín Inostroza Quiñones Valentina Dreves Palacios Gustavo Soto Guiñez Categoría E Leticia Zapata Acevedo Constanza Covacevich Suazo Paz Oelckers Escauriaza Categoría F Natalia Montaña Castro Antonia Maldonado Redel Diego Widemann Álvarez Amalia Pacheco Arroyo Daniela Vargas Barrera Javiera Hernández Alfaro Vicente Castro González Mario Calvo Brun

Literatura


CRÉDITOS

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Jorge Gutiérrez Arévalo Jefe Departamento de Artes y Tecnología:

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Claudia Álvarez Martínez Alexis Segovia Olguín Diseño y Diagramación:

Alexis Segovia Olguín Corrección de textos:

Claudia Álvarez Martínez Carol Sáez Mansilla Jorge Gutiérrez Arévalo Profesores Artes Visuales:

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LIBRO Voces en el camino VOL. 4 2019  

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