Edición del 10 de agosto de 2025 Año 117 - N°6.511
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
Editor: Pbro. Fredy Subiabre Matiacha fredysubiabre@gmail.com Impresión:
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
Angelita: Sierva buena y fiel, entra en el gozo de tu Señor
E
l domingo 3 de agosto, la hermana Angelita, religiosa Clarisa, recibió a la “hermana muerte” y celebró la Pascua para encontrarse con el Señor a quien amó totalmente. El martes 5 de agosto, en la Comunidad Dios Padre se celebró la eucaristía exequial en la que se compartió el testimonio de su vida: “Nuestra querida hermana María Angélica del Santísimo Sacramento (Hermana Angelita). Su nombre civil, Eva Gabriela Rodríguez Muñoz. Nació en la comuna Santiago Centro el 06 de octubre de 1929. Sus padres: Desiderio Rodríguez Chávez y Auristela Muñoz Bravo. Fue la quinta de seis hermanos. En su hogar, de profunda vida cristiana y orientada por el testimonio creyente de sus padres, fue adquiriendo los valores propios de una vida creyente. Desde pequeña participó en la Iglesia de los Sacramentinos, iniciando la vida de catequesis para recibir los Sacramentos. Ahí, en ese ambiente, nació su profundo amor a Jesús Sacramentado, que
Celebramos la Pascua de la Hermana María Angélica, religiosa de la Comunidad de Santa Clara en Punta Arenas. la llevó a formar parte de los “pajes del Santísimo” quienes tenían momentos de adoración Eucarística. También se inició como “hija de María” por su devoción a la Santísima Virgen. En este ambiente religioso, descubrió su vocación a la vida consagrada. Siendo miembro de la Acción Católica, conoció al P. Alberto Hurtado, recibiendo su bendición, junto con asegurarle su oración por su perseverancia en el seguimiento de Jesús. A los 21 años, ingresó al Monasterio de las Hermanas Clarisas Capuchinas, para seguir con alegría el camino de entrega fiel al Señor, a través de la vida oración e intercesión como discípula de Francisco y Clara de Asís. Recién profesa, asumió cómo hermana enfermera de la comunidad, asistiendo con espíritu de caridad y misericordia a cada hermana enferma, principalmente mayores, a quienes atendía con dedicación y cariño fraterno, descubriendo en cada dolor y sufrimiento a su Señor crucificado. Tenía recuerdos hermosos de este servicio a las hermanas, buscando siempre como hacer más llevadero el do-
lor y sufrimiento por el deterioro propio de la edad. Siempre vivió disponible al servicio y entrega abnegada, sacrificando su comodidad por el bien de los demás. Su vida de oración la vivió inserta en la vida de la Iglesia, teniendo presente la realidad de nuestro mundo, siendo consciente del dolor y sufrimiento de los pobres y postergados, por los pecados de injusticia y de intolerancia que llevan a la violencia y desprecio de la vida. Asumió varios servicios en la Comunidad. Además de enfermera, fue Maestra de novicias y Abadesa. En todo, se manifestaba su espíritu de fe y confianza en la voluntad de Dios, su abandono filial en las manos del Padre Dios, de quien se sentía muy amada y por lo mismo, vivía con gratitud y alegría su entrega de cada día. Desde el año 2003, a la fecha, fue miembro de la Fraternidad Hermanas Clarisas de Punta Arenas, en donde tuvo diversas responsabilidades, especialmente su encargo de ecónoma que realizó hasta que sus fuerzas se lo permitieron. Hasta el último, vivió muy feliz e
irradiaba serenidad y paz a quienes la trataban” (Hermana Carmen Villarroel). El Padre Obispo Óscar en la homilía de la misa exequial manifestó: “Su paso por este mundo ha sido, como el de tantos santos y santas anónimos, silencioso pero fecundo, humilde pero luminoso. La hermana María Angélica vivió como verdadera hija de Santa Clara y San Francisco de Asís, abrazando con alegría la pobreza evangélica, la oración contemplativa y el servicio silencioso que nace del amor a Dios. Por las calles de Punta Arenas y sus localidades aledañas, camino una santa y, por donde pasan los santos, pasa Dios. En esta mujer pasó Dios, Dios nos visitó. No la despedimos con tristeza sino con la esperanza y la alegría que nacen de la fe. La vida consagrada no termina con la muerte, continúa en la comunión de los santos, en la presencia de Dios al que ella sirvió con amor fiel durante más de siete décadas”. Sus restos reposan en el Mausoleo de la Archicofradía del Sagrado Corazón de Jesús del Cementerio Municipal.