

LA GACETA PARNASUS

Estimados lectores:

En esta edición de noviembre los invitamos a explorar cómo se construyen los héroes, cómo se conquistan los derechos y cómo nacen las leyendas que definen nuestra identidad paraguaya.
Thomas Whigham nos plantea una reflexión profunda sobre la construcción del heroísmo a través de José Eduvigis Díaz, el general que murió en el momento perfecto para convertirse en leyenda nacional. Mary Monte de López Moreira documenta una lucha que duró 60 años: la batalla de las paraguayas por convertirse en las últimas ciudadanas de Sudamérica en obtener el derecho al voto en 1961.
Bridget María Chesterton nos regala un hermoso cuento sobre el origen del ka'a he'ẽ y el tereré, donde una rama de stevia en una botella de caña salva la vida de un soldado del Chaco. Coretta Thomson rescata del olvido la historia del Patronato de Leprosos, una extraordinaria colaboración ecuménica entre protestantes, católicos y judíos contra el estigma de la lepra.
En estas páginas también encontrarán la poesía bilingüe de Clela Reed sobre la esperanza y la determinación, traducida al guaraní por Lilian Aliente, la fábula de los dos imanes que nos enseña sobre las buenas intenciones y la crónica de noviembre de 1918, cuando las vendedoras del mercado derrocaron a un intendente con flores y organización.
Héroes imperfectos, luchas olvidadas y leyendas compartidas tejen la memoria de un Paraguay que merece ser contado.
Bienvenidos a esta edición de Parnasus.
Tahiana Larissa Lillian Aliente
Thomas L. Whigham Editora Editora Editor Asociado y Colaborador
Parnasus
ÍNDICE

CÓMO SE FORMAN LOS HÉROES POR THOMAS WHIGHAM
LAS ÚLTIMAS CIUDADANAS DE AMÉRICA DEL SUR POR MARY MONTE DE LÓPEZ MOREIRA
EL MILAGRO DEL KA'A HE'Ẽ Y EL SOLDADO
PARAGUAYO POR BRIDGET MARÍA CHESTERTON
EN EL JARDÍN DE INVIERNO / IN THE WINTER GARDEN POR CLELA REED. TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL: THOMAS WHIGHAM; AL GUARANÍ: LILIAN ALIENTE.
ORÍGENES DEL PATRONATO DE LEPROSOS DE PARAGUAY, POR CORETTA THOMSON
LOS DOS IMANES POR CRISTHIAN ENCINA
NOVIEMBRE DE HUELGAS POR CLAUDIO VELÁZQUEZ
NOVEDADES LITERARIAS POR DERLIS ROJAS

CÓMO SE FORMAN LOS HÉROES: ALGUNAS
REFLEXIONES SOBRE
JOSÉ EDUVIGIS DÍAZ


A la gente le gusta pensar que algunos nacen héroes, que el heroísmo es una característica innata en ciertas personas y que, si podemos recurrir a estos hombres y mujeres en tiempos difíciles, podríamos, de alguna manera, garantizar nuestro futuro. No puedo afirmar estar a favor de tal interpretación. Creo que son las circunstancias las que incitan a la gente común a comportarse de manera extraordinaria. De hecho, es muy probable que una persona que actúa heroicamente un día pueda actuar como un cobarde o un necio al día siguiente. Nada es seguro.
Cuando los paraguayos consultan su historia, con frecuencia buscan a estos hombres y mujeres y, a veces, los encuentran. Pero cuando fracasan en esta búsqueda, a veces crean héroes que de otra manera no podrían encontrar. A continuación, examinemos lo que se dijo sobre un hombre, el general José Eduvigis Díaz, considerado un héroe que murió por su país a principios de 1867. Veintiún años después, apareció un artículo en un periódico de Asunción, La Democracia, que buscaba aclarar por qué el general merecía los elogios que se le concedían. Díaz nació al este de Pirayú en octubre de 1833 y parece haber tenido una infancia y juventud bastante típicas en la campiña paraguaya. Sin embargo, en 1852 se unió a la milicia, siendo ascendido a capitán poco después. Al estallar la guerra con Brasil en 1864, Díaz servía como jefe de policía en Asunción. Pero al encontrar esta asignación demasiado tranquila, se incorporó al ejército regular, donde pronto llegó a comandar el célebre Batallón 40. Su eficiencia, integridad y lealtad le valieron el apoyo, e incluso la confianza, de la familia López. Y esto no fue todo. Él y sus soldados se distinguieron en el campo de batalla, realizando incursiones en Corrientes y luego en diversos combates, incluyendo Estero Bellaco, Tuyutí, Peguahó y Boquerón. El 22 de septiembre de 1866, participó como comandante paraguayo en la batalla de Curupayty, que supuso una victoria significativa para su país. Él mismo fue ascendido a coronel por el coraje y el espíritu marcial que demostró ese día. 1
1 Carlos Zubizarreta, Cien vidas paraguayas (Asunción: Araverá, 1985), pp. 164-170.
Sin embargo, solo cuatro meses después, un proyectil brasileño impactó a Díaz en la pierna mientras, junto con dos ayudantes y un sargento, realizaba un reconocimiento de la flota imperial en el río Paraguay. Como era habitual, él y sus hombres, ignorando el peligro, remaron con desdén su canoa hasta situarse al alcance de los cañones enemigos (algunos dicen que estaban pescando). Sin embargo, las heridas que recibió resultaron mortales, y Díaz falleció pocos días después, el 7 de febrero de 1867. Fue ascendido póstumamente a general por el mariscal López. 2
Como muchas figuras importantes durante el conflicto de la Triple Alianza, José Díaz cobró mayor fama en la generación posterior a su muerte que en vida. Su carrera, sin duda, fue meteórica. Luchó con valentía y no tuvo tiempo, por así decirlo, de afrontar las contradicciones que implicaba haber servido a la causa del Mariscal. Murió antes de los Tribunales de Sangre, antes de la dolorosa retirada de las Residentas, y por lo tanto no tuvo responsabilidad alguna en aquellos trágicos acontecimientos. Visto así, Díaz era el héroe perfecto, el tipo de hombre que podría ser elogiado ante los niños paraguayos veinte años después de Cerro Corã. Pocos de los otros hombres que acapararon la atención durante el conflicto tenían las manos tan limpias y un corazón tan claramente dedicado a la defensa patriótica del Paraguay. Sin embargo, como historiador, me gustaría sugerir que las inconsistencias que plagaron a tantos otros altos oficiales y figuras políticas paraguayas estaban implícitas en Díaz; solo que necesitamos profundizar en su psique para descubrirlas, y quizás sea demasiado tarde para eso. El artículo periodístico que deseo ofrecerles hoy proviene de un período en el que el póstumo Díaz experimentaba una metamorfosis: de soldado capaz y experimentado a símbolo heroico, una leyenda. Este proceso se asocia normalmente con el período algo posterior, dominado por los escritos de Juan E. O'Leary (y, en menor medida, por los de Juansilvano Godoi).
2 Rasgos biográficos, honras fúnebres y discursos pronunciados sobre la tumba del general ciudadano José Díaz (Humaitá, 1867).
El artículo periodístico que deseo ofrecerles hoy proviene de un período en el que el póstumo Díaz experimentaba una metamorfosis: de soldado capaz y experimentado a símbolo heroico, una leyenda. Este proceso se asocia normalmente con el período algo posterior, dominado por los escritos de Juan E. O'Leary (y, en menor medida, por los de Juansilvano Godoi). Así, el artículo aquí reproducido de La Democracia del 20 de julio de 1888 ofrece un anticipo de lo que esos comentaristas posteriores argumentarían finalmente. Podría decirse que este artículo representa una visión aún no plenamente formada. Sin duda, es producto de su época, más que de O'Leary o del propio Díaz. El autor anónimo se esfuerza por corregir lo que otros periódicos han señalado sobre el general. Da la impresión de que el autor discrepaba con frecuencia con otros periódicos, y que su limitada defensa de Díaz era la forma más racional y razonable de abordarlo, algo que otros periodistas, en su búsqueda de observaciones concisas, se negaban a hacer. El autor compara repetidamente al mariscal Michel Ney, quien sirvió diligentemente al tirano Napoleón a principios del siglo XIX. Se enfrentó al pelotón de fusilamiento después de Waterloo, tras haber evitado un derramamiento de sangre innecesario durante toda la campaña, pero se mantuvo leal a su señor hasta el final. Díaz hizo algo similar y, como diría La Democracia, ya era hora de que se le reconociera.
Esto es lo que dice el artículo:
El general Díaz
El último número de La Ilustración Paraguaya consigna el retrato del general José E. Díaz, muerto en la guerra con la Triple Alianza, y una corta biografía del héroe en que, a nuestro humilde concepto, hay escasez de encomios. 3 Sin embargo, uno que se dice fue soldado del batallón 40 (que mal hace en no dejarse conocer) publica hoy un artículo en El Paraguayo, pretendiendo oscurecer por completo el nombre de aquel valiente militar. 4
3 Aunque la hemeroteca of the Biblioteca Nacional de Asunción incluye varios números de La Ilustración paraguaya, faltan los números de julio de 1888.
4 Este número también falta en la BNA.
Dice el articulista que el general Díaz cometió muchos crímenes (sin nombrarlos) y que por eso hay que maldecir su memoria y relegarle al olvido. No estamos de acuerdo con esas opiniones.
Nadie puede desconocer que Díaz fue el primero entre los generales paraguayos, por su bravura, valentía, y dotes militares.
Así lo demostró en las memorables batallas del 2 y 24 de mayo, del Boquerón y Curupayty y de muchas otras.
Bajo el mando de un Napoleón I, el general Díaz fuera un Ney o u Murat. Esto de un lado.
De otro, el general Díaz no era sanguinario ni tirano, como le pinta el articulista de El Paraguayo.
Si algunos hechos desgraciados han ejecutado, no fue sino por orden, verbal o escrita, del mariscal López.
¿Quién es el jefe paraguayo que ha de decir que nunca ha ejecutado una orden superior, de azote o fusilamiento?
Ninguno, jefes o no jefes, todos sin excepción, por orden del tirano, han mandado fusilar, lancear o azotar a infelices.
El general Díaz, es cierto, ha mandado también ejecutar algunas órdenes de esa clase, pero de aquí no debe seguirse que fue tirano y sanguinario. Además, casi no hay héroes sin mancha.
Napoleón I y Bolívar, son genios y figuras culminantes sin duda alguna son héroes, sus hazañas y sus obras son imperecederas; pero tienen sus crímenes, los cuales no han sido parte para que se les erigieran estatuas y se cantaran sus proezas en reales estrofas.
El general Artigas cometió también muchos crímenes; pero su patria y sus conciudadanos hoy día, lejos de pedir que se le relegue al olvido, le inmortalizan, sacándole de su obscuridad.
La República Argentina acaba de erigir otra estatua al general Levalle, a pesar de haber cometido el imperdonable crimen de la muerte de Dorrego. Muchos otros pueden citarse, antiguos y modernos. El mismo Washington ordenó al fusilamiento del general Arnold.
Todos los militares tienen manchas más o menos pronunciadas, más o menos feas, Inútil es buscar héroes enteramente puros, porque no se ha de encontrar ni en los antiguos tiempos, ni en los medios, ni en los modernos.
Ninguna nación tendría héroes ni glorias militares verdaderas, si hubiéramos de ser inexorables con esos mismos héroes.
Ninguna gloria militar sería tal, desde que proviniese de un héroe, a quien por sus manchas hay que negarle la cualidad de tal y desconocerle sus virtudes cívicas, pero nada más que cívicas.
Sin desconocer, pues, que el general Díaz ha mandado ejecutar algunas órdenes tiránicas de López, es injusto tratarle de tirano y sanguinario, es injusto pretender desconocerle sus grandes virtudes cívicas, y es injusto también querer relegarle al olvido; porque es digno del respeto y la veneración de sus compatriotas, es digno de la gratitud de la patria.
Hay héroes peor manchados que digno dábamos, pues, nosotros ser inexorables con los nuestros, cuando otros pueblos son indulgentes con los suyos.
Así aconsejan la gratitud y el patriotismo.
De suprimir la personalidad del general Díaz, el Ney paraguayo, es oscurecen nuestras glorias de Curupayty, del Sauce y de muchos otros lugares.
Basta por hoy, esperando con gusto la contestación del soldado que fue del batallón 40, y mayor será nuestro gusto si se hiciera conocer al público, como se hiciera conocer en otro tiempo delante de los batallones enemigos.
La Democracia (Asunción), 20 de julio de 1888.
El autor de este artículo pudo haber sido un escritor bastante talentoso, pero su dominio de la historia era deficiente. Por ejemplo, no todos los académicos argentinos compartirían su condena del "crimen imperdonable" de Lavalle contra Dorrego. Más concretamente, denuncia al general Washington por haber ejecutado a Benedict Arnold, pero nada de eso ocurrió. Arnold, un talentoso oficial militar, se reveló como un traidor a la causa patriota que logró escapar de la justicia a manos de sus compatriotas
Se fue a vivir a Canadá y finalmente a Londres, donde fue vilipendiado casi unánimemente por haber desempeñado el papel de Judas en la lucha revolucionaria de 1775-1783. Arnold no solo no fue ejecutado, sino que sobrevivió a Washington dos años. A diferencia de este último, quien se ganó el reconocimiento como el "padre de la patria", el nombre de Arnold se convirtió en sinónimo de traición. Incluso hoy en día, se pronuncia con desprecio en Estados Unidos. 5
Por supuesto, esta referencia a Arnold tiene poco que ver con Díaz, salvo para ofrecer la observación de que, si el autor de este artículo se equivocó en este detalle, podría haberse equivocado en muchos más. Los historiadores del futuro tendrán que juzgar, al igual que los lectores de hoy
Según el historiador W. D. Wetherell, Arnold fue uno de los “seres humanos más difíciles de comprender en la historia de Norteamérica”. ¿Se convirtió en traidor debido a toda la injusticia que sufrió, real e imaginaria, a manos del Congreso Continental y sus celosos compañeros generales? ¿Por la constante agonía de dos heridas en el campo de batalla en una pierna ya afectada por la gota? ¿Por las heridas psicológicas recibidas en su infancia en Connecticut cuando su padre alcohólico dilapidó las fortunas de su familia? ¿O fue una especie de crisis extrema de la mediana edad, desviándose de creencias políticas radicales a reaccionarias, un cambio acelerado por su matrimonio con la muy joven, muy guapa y muy anti-patriota Peggy Shippen?”. Ver Wetherell, “On the Trail of Benedict Arnold”, American Heritage, (mayo de 2007), passim. Cabe añadir aquí que uno de los mayores desafíos que enfrentan los biógrafos es comprender por qué una figura por lo demás noble debería deslizarse tan precipitadamente hacia la infamia. El general Díaz, cuya nobleza era mucho menos segura que la de Arnold, al menos murió como un defensor leal e intachable de su patria
In the Winter Garden

By Clela Reed


En el Jardín de Invierno
DE CLELA REED

TRADUCIDO AL ESPAÑOL POR THOMAS WHIGHAM.
ESTA NOCHE, NUESTRA RISA, COMO HUMO,
SE DESPRENDÍA DE NUESTRA HOGUERA MUERTA,
SERPENTEANDO ENTRE RAMAS VACÍAS HACIA LA OSCURIDAD, HACIA LOS DIOSES QUE ESCUCHABAN.
ESTA NOCHE, VIMOS CÓMO LAS LLAMAS SE ENCENDÍAN Y SE APAGABAN.
HABLAMOS DE NUESTROS PLANES
CON ESE PECULIAR CHOQUE DE CERTEZA
Y DUDA. NOS ENVOLVIMOS EN POIBYES DE PAZ, EN TORNO A ESPADAS DECIDIDAS.

ESTA NOCHE, ENTRE LAS PLANTAS DORMIDAS,
BEBIMOS VINO CALIENTE MIENTRAS NUEVOS MIEDOS, A PUNTO DE DESBORDARSE, Y PENSAMIENTOS
SOBRE LO QUE PODRÍA SER SE NOS AGOLPABAN EN LA GARGANTA.
SONREÍMOS Y BEBIMOS EL PRESENTE,
CON LA SEGURIDAD DE NUESTRA PROPIA DETERMINACIÓN
CÁLIDA EN NUESTRAS MANOS.
ARARO'Y YVOTYTÝPE ARARO'Y YVOTYTÝPE


KO PYHARE, ÑANDE PUKA,
TATĨCHA OSẼ OHO ÑANDE RATAPY RE'ÕNGUÉGUI,
PYTŨMBÝPE OÑEMOKONIKONI OIKÉVO YVYRARAKÃ PA'ŨME,
OIPYKÚIVO TUPÃNGUÉRA ÑANERENDÚVA RAPE.
KO PYHARÉPE JAHECHA TATARENDY OGUE HA HENDÝVA,
ÑAÑOMONGETA ÑANE RENONDERÃRE,
JAGUATÁVO JEROVIA HA PY'AMOKÕI KORAPÝRE.
ÑAÑENUÃ SAVANA PY'AGUAPÝGUI HENYHẼVAPE,
ÑAIMÉVO KYSEKUÉRA RÃIMBEPAJEPÉVA APYTÉPE.

KO PYHARÉPE KA'AVOKUÉRA KERAYVOTYKUÁPE
ÑAMBOY'U VINO AKU'ASY,
OJEJYKUAVO MBOYVE KYHYJE IPYAHÚVA,
HA UMI ÑANE REMBIPOTA JAGUEROSAPUKAISÉVAKATU OÑEÑAPYTĨ ÑANDE AHY'OKUÁPE.
UPÉMARÕ JAPUKAMÍNTEMA HA ÑAMBOY'U KO'AGAGUA JAHASÁVA,
JAIKUAÁVO UPE JAIPORAVÓVA IPOTYJERATAHA ÑANDE PO MBYTÉPE.

LAS ÚLTIMAS CIUDADANAS DE AMÉRICA DEL SUR

Reseña histórica de la lucha por la obtención de los
derechos civiles y políticos de las paraguayas
Por Mary Monte de López Moreira
Doctora en Historia. Investigadora del CONACYT.
Actualmente, presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia.

La historia de los derechos civiles y políticos de las mujeres en el Paraguay, como en casi todo el mundo, ha tenido un largo transitar en las diversas etapas de su historia. La lucha de las paraguayas por eliminar su discriminación y obtener su ciudadanía tiene un sólido respaldo histórico en el protagonismo que la mujer ha ocupado desde los mismos inicios de nuestra nacionalidad. Su accionar, con pequeños avances y grandes retrocesos, irrumpió ya en el período prehispánico, seguido por el colonial y el independiente, y fue precisamente en este último que, a partir de los albores del siglo XX, se empiezan a vislumbrar gestiones más decisivas por la obtención de igualdad de derechos, sin distinciones de sexo, clase, estado civil o creencia. Actividad que por esa misma etapa abrió el debate en todo el mundo y, si bien las argumentaciones revistieron caracteres diferentes según los países, también presentaron rasgos comunes que permiten identificar al feminismo como sinónimo del sufragismo.
El tema en cuestión no solamente interesó a mujeres, sino también a hombres, quienes pretendían otorgar a la mujer paraguaya la ciudadanía plena, pese a que el imaginario colectivo y el discurso nacionalista la habían posicionado —y aún la posicionan— en un sitial privilegiado, simbolizando su virtud y coraje en la guerra y su capacidad e inteligencia en la reconstrucción del país, en tiempos de paz; imagen que constituye la idealización femenina en el Paraguay. Ideal que da responsabilidades, pero no derechos. Las primigenias luchas, tímidas al comienzo e iniciadas tras la guerra contra la Triple Alianza, se sucedieron por espacio de casi un siglo, en donde se bregó de distintas maneras por las reivindicaciones femeninas. En sus primeras etapas tuvieron severos y crueles antagonismos a través de los medios de prensa y de los sectores sociales conservadores que desarticularon sucesivamente los intentos por constituir y expresar los intereses específicos de las mujeres.

No obstante, al principiar la segunda década del siglo XX, ciertos referentes de la legislatura, política y docencia cuestionaron el sistema vigente y promovieron iniciativas en defensa de una democracia social y política con relación al tema jurídico feminista. En el decurso de la guerra del Chaco se estructuraron ciertas bases organizativas de mujeres, experiencias que coadyuvaron posteriormente en la creación de instituciones políticas y de género con el firme propósito de luchar por sus derechos en un plano de igualdad con los hombres. Sin treguas ni rémoras, desde sus diversos espacios y en medio de escenarios y coyunturas políticas propicias o adversas, las mujeres no menguaron con las actividades sufragistas hasta lograr sus objetivos. En 1954, obtuvieron los derechos civiles, aunque con graves discriminaciones para las casadas. No obstante, este revés hizo acrecentar la tenacidad de las organizaciones con importantes diligencias que acompañaron el proceso de cambio de mentalidades que definitivamente implicó su inclusión en el pacto social ciudadano en 1961, con la promulgación de la Ley que les otorgaba los derechos políticos, convirtiéndose así, en la últimas ciudadanas de Sudamérica.
1 Primeras experiencias sufragistas en el Paraguay. Sabido es que el sufragio es el derecho y el deber que tienen todos los ciudadanos de emitir su voto para la elección de representantes del país. En el Paraguay, esta institución aunque no en su acepción universal y moderna tiene sus antecedentes en el periodo prehispánico Los indígenas guaraní, agrupados en asamblea, elegían a un jefe guerrero -el Mburuvichá-, para casos de guerra, con facultades más prominentes que las ostentadas por el propio cacique, tanto en poder como en mando. Mientras que en las parcialidades nativas del Chaco, también se elegían a los jefes guerreros y políticos, lo cual indica que los cargos no eran hereditarios; inclusive en algunos grupos, las mujeres ejercían el derecho de sufragar.

Este código se expresaba más fuertemente entre los chorótis, cuyas mujeres, probablemente por encontrarse en minoría, ocupaban una posición muy independiente y respetada y más aún cuando ejercían la función de cacicas, electas por los miembros de su nación. 7
Con la llegada de los españoles, se procedió a la primera elección de gobernador en el Río de la Plata, gracias a la Real Provisión del 12 de septiembre de 1537, dictada por el monarca al conocerse,la muerte del Adelantado Pedro de Mendoza. En virtud de la misma, se establecía que, si elAdelantado no hubiese nombrado sucesor y si eventualmente éste hubiera fallecido, en tal caso y no en otro alguno se juntasen los dichos pobladores para elegir según Dios y sus conciencias, a la persona que conviniese al servicio de España. 8 Como es de suponer, los electores fueron todos los funcionarios reales y no los soldados de inferior jerarquía ni las pocas mujeres españolas que arribaron con Mendoza. La elección recayó en Domingo Martínez de Irala, quien quedó como jefe supremo de la provincia por espacio de diez y siete años.9

Fue precisamente, bajo este gobierno en que el protagonismo femenino empezó a irrumpir en los anales históricos; en un mismo escenario coexistían españolas e indígenas compartiendo las faenas cotidianas y la crianza de los niños; aquellas en carácter de esposas y estas en calidad de concubinas y braceras en las labores agrícolas, ocupaciones heredadas por las mestizas y/ o paraguayas en años posteriores. Todas han sido las protagonistas tácitas en la historia oficial, y, aunque ellas hayan estado presentes en los diversos sectores del quehacer nacional y hayan participado activamente al lado del hombre en construir el Paraguay, su desempeño fue soterradamente omiso, no por la falta de méritos, sino porque los espacios del mundo público siempre han estado ocupados por los hombres. Las primeras españolas que arribaron al Río de la Plata y que ulteriormente se establecieron en el Paraguay, llegaron con la expedición de Pedro de Mendoza (1536).
7 Métraux, 1996. 160/166
8 Real Provisión del 12 de setiembre de 1537 En: Velázquez, R. 1970. 42/43
9 D.H.G. Tomo II. Actuaciones de Alonso Cabrera en Asunción, en 1539, 273.
Algunas vinieron en calidad de criadas de los oficiales de alto rango, otras como esposas, hijas o familiares de los conquistadores. La mayoría de ellas no figuraba en la lista de la tripulación 10, pues casi nunca se las nombraba y tampoco se las consideraba para este u otro tipo de registros o padrones, salvo notables excepciones. Doña Isabel de Guevara fue una de ellas, que en 1556, cuando el gobernador Irala, realizó las reparticiones de indios en encomiendas, tanto ella como su esposo, no recibieron dichos beneficios, por pertenecer al bando político contrario del gobernante. Por esa omisión, escribió una extensa carta a la reina gobernadora en la cual expresaba que las mujeres de la expedición tenían el mismo derecho a recibir todos los privilegios concedidos a los hombres. 11 Sin embargo, su petición no fue escuchada, como también, las reclamaciones de los indígenas con relación a la saca 12 de mujeres nativas de sus hábitats. Varios fueron los testimonios que inculpaban a los conquistadores de “tomar a las mujeres y a las hijas de los indios para su beneficio”. 13 Estas mujeres hacían las veces de criadas, de agricultoras y de concubinas de sus amos. Las denuncias por la saca indiscriminada llegaron a la corte y, a ese efecto, el monarca nombró como adelantado a don Juan de Sanabria con la misión de traer consigo un centenar de jóvenes casaderas. Antes de partir al Río de la Plata, el adelantado murió y, en consecuencia, su esposa doña Mencía Calderón se encargó de la expedición, embarcando un considerable número de mujeres 14 con el propósito de establecer familias españolas y cristianas en el Paraguay.

10 Con la expedición de Mendoza arribaron unas 23 mujeres, pero solo figuraron los nombres de 7, todas esposas de los oficiales reales. Catálogo de Pasajeros a Indias. Vol. II. 1942.
11 Carta de Isabel de Guevara a la Reina Gobernadora, 2-VII-1556, en Cartas de Indias. 1877.
12 Manera peculiar utilizada por los conquistadores españoles durante el siglo XVI en el Paraguay para apropiarse de mujeres indígenas.
13 C.B.G. Relación de Gregorio Acosta al Rey y al Consejo de Indias. 1545. 11.
14 En principio fueron embarcadas unas cincuenta mujeres, pero las peripecias del viaje hizo que muchas de ellas perecieran durante la travesía.
Pese a los buenos propósitos de la corona, los españoles prosiguieron con la práctica de cohabitar, al mismo tiempo, con sus esposas hispanas y con sus muchas concubinas indígenas, hecho que favoreció la procreación masiva de mestizos, modalidad que prosiguió durante todo el siglo XVI.
La nativa procreó hijos mestizos de los españoles y estos con sus esposas europeas, hijos criollos; que en el Paraguay casi no hubo diferencias entre ambos grupos, pues se consideraba a los descendientes de peninsulares como criollos paraguayos, cuya tez era bastante más clara frente a la de los indígenas, pardos y mestizos del primer cruce.15 Todas estas mujeres desempeñaron un papel muy importante, ya que fueron las verdaderas actoras de la vida cotidiana de la inicial provincia paraguaya.
El arribo de doña Mencía Calderón y su grupo animó la polémica sociopolítica asuncena, que juntamente con las criollas y mestizas ya establecidas, esposas de los conquistadores y de los oficiales reales, formaron tres clanes femeninos que se disputaron la supremacía política de la provincia,16 con voz y voto implícitos, pero sagaces e inteligentes, emitidos en la penumbra de las recámaras matrimoniales.
Los acontecimientos sociopolíticos vinculados a los derechos de mujeres en las siguientes centurias fueron muy esporádicos. El XVII fue un siglo de cese de inmigración, de crecimiento vegetativo, de encomiendas, de pueblos de indios y de establecimiento de reducciones religiosas. Situación prolongada hasta la segunda mitad del XVIII. Con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y la apertura del puerto de Buenos Aires, se propició en gran medida la inmigración de comerciantes españoles y extranjeros que se afincaron en la región y formaron familias con las jóvenes provincianas, cuyas descendencias tuvieron notables realizaciones durante el proceso independentista.

15 Velázquez. 1970. 29. 16 Chaves. 1968. 233.
La primera experiencia del sufragio en el período independiente data de las elecciones de 300 diputados asistentes al Congreso del 17 de junio de 1811, asamblea que decidió romper con la dependencia española y establecer la Junta Superior Gubernativa, como primer gobierno nacional. Es de advertir que, los sufragistas fueron todos hombres que ejercieron el voto bajo el carácter censitario. A pesar de estas circunstancias, algunas mujeres de la sociedad escribieron mensajes relativos a la libertad, soberanía y compromiso de donativos en defensa de la patria. En setiembre de 1813, se eligieron a 1.000 representantes de todo el país para conformar una asamblea que decidiría la instalación de un nuevo gobierno: el Consulado; y si bien estos fueron electos en sus localidades de manera menos restringida, a las muchas mujeres que acompañaron a los hombres en esta gestión, ni siquiera se les otorgó el derecho de asistir a las deliberaciones.
Durante el gobierno de la dictadura del doctor Rodríguez de Francia (1814-1840), las disposiciones sociales coercitivas suscitaron la generalización del concubinato y las uniones libres sin responsabilidades por parte del hombre y por ende, su aceptación social en una clase que hasta entonces había vivido conforme a los cánones católico-europeos. De acuerdo a datos estimativos, las unidades familiares en este período presentaban un porcentaje elevado en cuanto a las dirigidas solo por mujeres en contraposición a los hogares constituidos por matrimonios legales. Situación que promovió la construcción de una sociedad cimentada en valores concebidos más por mujeres que por varones. En esta etapa, algunas mujeres lucharon por los derechos igualitarios sin distinción de sexos o clases. Una de ellas fue Josefa Facunda Speratti viuda de Yegros, quien en 1828,escribía a su hijo Rómulo José, una misiva relacionada con la manumisión de esclavos, opinando que

17 Archivo Nacional. Vol. 3407. Nueva Encuadernación (N.E.) Fo. 62 y 67. 16-VII-1812
18 El esposo de Josefa Facunda Speratti fue Fulgencio Yegros, opositor al régimen del doctor Francia, fusilado en 1821, por orden del Dictador.
“…todas las personas fuimos creadas iguales y que al nacer recibimos de nuestro Creador, ciertos derechos indiscutibles y que nadie puede arrebatarnos, entre estos, el de vivir, ser libres y buscar la felicidad…”, expresiones basadas en uno de los fines esenciales de la Revolución de la Independencia. Otra mujer, digna de mencionar fue doña Petrona Rodríguez de Francia. Con un permiso restringido del gobierno, pretendió, a través de la educación, enseñar a las niñas de Asunción y sus alrededores los principios de libertad e igualdad. En el siguiente período, don Carlos A. López fue electo para ocupar la presidencia de la república en tres ocasiones: de 1844 a 1854, de 1854 a 1857, de 1857 a 1862, con la anuencia de 300 diputados que no elegían, sino simplemente votaban al único candidato, y donde las mujeres no figuraban en el estamento oficial del país porque las leyes españolas concernientes al Derecho Público y Privado tenían aún cierta vigencia, y en ese contexto, la condición sociojurídica femenina de la etapa colonial, no sufrió modificaciones. Siguió adscrita a la posición del varón. Es decir, la mujer no podía comprar ni vender, ni iniciar demanda alguna sin consentimiento del esposo, si era casada, o del padre, si era soltera. Con todo, las viudas o solteras de la clase alta poseyeron tierras, esclavos y fueron mayordomas de capillas. Empero, gracias a la venida de los técnicos extranjeros, se abrieron instituciones para ambos sexos y las jóvenes tuvieron la posibilidad de instruirse de manera oficial, sin dejar de ocuparse de los servicios tradicionales.
Con la llegada de Alicia Elisa Lynch, la pareja irlandesa de Francico Solano López, se transformaron ciertos aspectos de la sociedad paraguaya y algunas mujeres obtuvieron más autonomía en el campo laboral y, en este escenario, las kyguá-verá, mujeres libres de sujeción masculina, tuvieron un rol importante en el comercio local 22.

19 Cartas del Archivo familiar de Margarita Yegros Marc.
20 Monte de López Moreira, 2000. 545.
21 Significa peineta dorada.
22 Potthast-Jutkeit. 1996, 139.
“…todas las personas fuimos creadas iguales y que al nacer recibimos de nuestro Creador, ciertos derechos indiscutibles y que nadie puede arrebatarnos, entre estos, el de vivir, ser libres y buscar la felicidad…”, expresiones basadas en uno de los fines esenciales de la Revolución de la Independencia. Otra mujer, digna de mencionar fue doña Petrona Rodríguez de Francia. Con un permiso restringido del gobierno, pretendió, a través de la educación, enseñar a las niñas de Asunción y sus alrededores los principios de libertad e igualdad. 20 En el siguiente período, don Carlos A. López fue electo para ocupar la presidencia de la república en tres ocasiones: de 1844 a 1854, de 1854 a 1857, de 1857 a 1862, con la anuencia de 300 diputados que no elegían, sino simplemente votaban al único candidato, y donde las mujeres no figuraban en el estamento oficial del país porque las leyes españolas concernientes al Derecho Público y Privado tenían aún cierta vigencia, y en ese contexto, la condición sociojurídica femenina de la etapa colonial, no sufrió modificaciones. Siguió adscrita a la posición del varón. Es decir, la mujer no podía comprar ni vender, ni iniciar demanda alguna sin consentimiento del esposo, si era casada, o del padre, si era soltera. Con todo, las viudas o solteras de la clase alta poseyeron tierras, esclavos y fueron mayordomas de capillas. Empero, gracias a la venida de los técnicos extranjeros, se abrieron instituciones para ambos sexos y las jóvenes tuvieron la posibilidad de instruirse de manera oficial, sin dejar de ocuparse de los servicios tradicionales. Con la llegada de Alicia Elisa Lynch, la pareja irlandesa de Francico Solano López, se transformaron ciertos aspectos de la sociedad paraguaya y algunas mujeres obtuvieron más autonomía en el campo laboral y, en este escenario, las kyguá-verá, 21 mujeres libres de sujeción masculina, tuvieron un rol importante en el comercio local 22.

19 Cartas del Archivo familiar de Margarita Yegros Marc.
20 Monte de López Moreira, 2000. 545.
21 Significa peineta dorada.
22 Potthast-Jutkeit. 1996, 139.
En el transcurso de la guerra contra la Triple Alianza 23, la historia oficial presenta a la mujer con el rol tradicional de abastecedora de alimentos, enfermera en los hospitales de sangre y acompañante del soldado en la travesía emprendida por el ejército. Una actuación relevante digna de mención en esta etapa fue la realización de un interesante ejercicio de ciudadanía al dirigir asambleas y convocar a reuniones, pronunciar discursos y lograr que cerca de 25.000 mujeres se inscribieran en los padrones con la intención de donar sus joyas por la causa nacional, aunque todo lo recaudado no se pudo invertir en la adquisición de armamentos, como se había pretendido inicialmente. 24 Salvo pequeñas alusiones, se nombran también a las traidoras que por razones políticas fueron destinadas a remotas comarcas porque sus familiares habían exteriorizado algún desafecto contra el presidente Solano López. 25 Empero, en este lapso se detectan algunas demostraciones político-patriotas, como los intentos efectuados por ciertas mujeres de solicitar su inclusión en la lista de combatientes y, si bien la oferta fue rechazada por el gobierno, unas 20 mujeres de Areguá vestidas de blanco con gorras escocesas recorrieron las calles de Asunción, cantando himnos patrióticos y alentando a sus compañeras a enrolarse como soldados. Otras propuestas de similar conducta se repitieron en 1866 y a finales de 1867. De hecho, gran número de mujeres, por la necesidad preexistente, integraron varias armas en el ejército. En la logística ayudaron a transportar la pesada artillería; en el cuerpo de zapadores, construyeron trincheras y en la vanguardia de las tropas batallaron a la par que los hombres. Dignas de mención fueron las mujeres que cayeron durante la evacuación de Humaitá (24-30-VII1868), vestidas de soldados, varias de ellas con niños de pecho en los brazos o aquellas que valientemente pelearon en las últimas campañas de la guerra. 26

23 Contienda que sostuvo el Paraguay contra la alianza formada por la Argentina, Brasil y Uruguay desde diciembre de 1864 hasta marzo de 1870.
24 Después de 1867, el Paraguay quedó totalmente bloqueado por el asedio de las fuerzas aliadas.
25 Rodríguez Alcalá. 2007. 16/17.
26 Cerqueira. 1910. 398/400.
La reconstrucción de la patria tuvo nuevamente a la mujer como el eje central para la repoblación y por mucho tiempo, estuvo al frente de la actividad productiva para lograr los alimentos básicos, en forma anónima, pero muy significativa. Esta es en realidad la imagen de la mujer que es capaz de salir sola adelante y constituye la idealización femenina en el Paraguay. Ideal que da responsabilidades, pero no, derechos.
2 La autonomía de la mujer a través de la educación
La Constitución nacional promulgada en 1870, declaraba la igualdad de todos los habitantes ante la Ley 27 y establecía la figura jurídica del ciudadano con derechos y obligaciones, con la institución del sufragio para todos los paraguayos, desde la edad de 18 años cumplidos 28 pero las mujeres ni los indígenas podían votar. Carentes de este derecho, algunas mujeres con cierto grado de instrucción intentaron incursionar de alguna manera en el campo político. Varias referencias sobre el tema se hallan en las últimas décadas del siglo XIX, como las manifestaciones por la destitución del jefe de la iglesia católica, remoción de algunos miembros del gabinete presidencial, a favor de las leyes sobre el matrimonio civil, etc., exposiciones y declaraciones que motivaron el repudio de casi toda la sociedad conservadora. Periodistas, políticos, teólogos y docentes consideraban que la mujer no debía meterse en política, sino dedicarse a sus labores domésticas y hogareñas,29 “ …es un despropósito aceptar tan impertinentes y descabelladas ideas y ridículas las pretensiones de quienes se manifestaban a favor de los derechos políticos de las mujeres por más educadas que estas fuesen”, argumentaba una crónica de la época y calificaba que el sexo femenino tenía derecho a desarrollar sus facultades intelectuales, pero “alguien tiene que lavar y planchar la ropa. Ni en leyes ni en medicina, ni en oratorios hace falta la mujer.

27 Constitución de 1870. Capítulo II, art.26.
28 Ibídem, Capítulo III, art. 38.
29 El Pueblo.15.IX.1871, p.3
Sí son estos ramos difíciles para el hombre, ¡cómo esperar éxito en la mujer”!30. No obstante, en el transcurso de los siguientes años de alguna u otra manera, las mujeres lidiaron para instalar el debate ciudadano sobre su participación en asuntos públicos. La ocasión propicia para intervenir en el contexto político se presentó en 1901, con motivo de las elecciones parciales para senadores y diputados que habitualmente generaban disputas entre los sufragantes. En esa coyuntura, valiéndose del resultado de unas votaciones fraudulentas efectuadas en Concepción, unas 36 mujeres de esa ciudad se manifestaron en contra de la falsa victoria oficialista y, en consecuencia, enviaron un telegrama al Congreso, fechado el 25 de mayo de 1901, cuyo texto expresaba lo siguiente: “Damas paraguayas que suscriben envían sentido pésame por incorporación de senador traidor José Segundo Decoud. Dios proteja destino patria”. Con estas palabras, las mujeres concepcioneras demostraron cierta desesperanza, pues las ciudadanas sin reconocimiento legal consideraban que ante la corrupción electoral no podían esperar nada bueno de las instituciones. Optaron entonces, por expresar su duelo y pedir a Dios que proteja al Paraguay. El envío del comunicado causó una verdadera conmoción nacional. Durante varias semanas fue tema de extensas controversias en mesas y corrillos. Todos los periódicos coincidían en que la mujer no estaba preparada para la política, sino para tareas domésticas y el cuidado de los hijos, y si pretendía incursionar en el campo laboral fuera de las paredes hogareñas, solo le estaba permitido el noble ejercicio del magisterio. Sin embargo, esta sencilla manifestación suscitó el inicio del primer debate feminista en el Paraguay en defensa del derecho a la participación pública de las mujeres. A ese efecto, dos intelectuales de gran valía como Cecilio Báez yArsenio López Decoud expresaron sus opiniones al respecto a través de la prensa asuncena. 31 Es de advertir que, Báez fue el candidato que perdió su escaño en la argucia eleccionaria de Concepción.

30 El Pueblo. 19. III.1870, p.2.
31 De acuerdo a la Constitución de 1870, los congresistas eran electos por bienio y para la segunda legislatura se realizaba un censo general, eligiéndose un diputado por cada seis mil habitantes y un senador por cada doce mil. Los diputados duraban cuatro años y los senadores seis.
32 Martínez-Monte. 1999. 33/89.
Por otra parte, antes de finalizar el siglo XIX, se crearon en el Paraguay las escuelas normales, ofreciendo nuevas oportunidades educativas para la mujer y, al mismo tiempo, una actividad laboral más lucrativa. Las maestras constituyeron la primera generación de mujeres con educación formal en el país y más aún cuando en 1909 se otorgó la obligatoriedad de la enseñanza para las niñas. 33 Fueron las maestras quienes integraron los primeros grupos feministas que modularon severas críticas contra las desigualdades jurídicas y políticas de la mujer. Por ese tiempo, una egresada de la Escuela Normal, Ramona Ferreira, invadió el campo periodístico, ámbito vedado para las mujeres de entonces, con la publicación de “La Voz del Siglo”, órgano aparecido en 1902. Sembrando vientos de libertad, esta osada mujer se convirtió en una transgresora social por cuestionar las tradiciones patriarcales y conservadoras y por señalar la enorme ascendencia del clero en las esferas sociopolíticas del país. Debido a sus diatribas y a su mordaz pluma, el periódico tuvo una efímera existencia, pues a los dos años de su aparición, su imprenta fue quemada, por la incomprensión de un sector mayoritario de la sociedad. 34
En agosto de 1904, estalló una guerra civil y, al inicio de la contienda, otra maestra normal, Serafina Dávalos se inmiscuía en terrenos netamente masculinos. Al frente de una Comisión denominada ProPaz e integrada por una veintena de mujeres y unos cuatro hombres, se presentó ante el jefe revolucionario, Benigno Ferreira, a solicitar el fin de la contienda, oportunidad en que pronunció un elocuente discurso manifestando las fatídicas consecuencias para la patria si proseguía la conflagración. 35 Como era de esperarse, su petición fue desoída y el conflicto continuó por espacio de cuatro meses, que culminó con el derrocamiento del Partido Republicano en el gobierno.

33 En 1812 se decretó la Instrucción Primaria gratuita y obligatoria para varones, precepto refrendado por otro del mismo tenor en 1887, modificado y ampliado en 1909, por el de la obligatoriedad para las niñas.
34 En 1812 se decretó la Instrucción Primaria gratuita y obligatoria para varones, precepto refrendado por otro del mismo tenor en 1887, modificado y ampliado en 1909, por el de la obligatoriedad para las niñas.
35 Bareiro-Soto-Monte. 1993. 273/275.
En medio de este desconcierto político, por paradoja, la educación y la cultura cobraron un auge inusitado. Unos 45.000 alumnos asistían a 483 instituciones, con gran asistencia femenina a las aulas. La Universidad Nacional albergaba unos 200 alumnos y gran parte de la población asuncena empezó a leer obras literarias y asistía a las tertulias convocadas por los intelectuales de entonces. Merecen especial atención tres escritoras nacionales: Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Serafina Dávalos y Ercilia López de Blomberg, quienes por medio de sus obras, estimulaban la inclusión de más mujeres a la actividad cultural. En esta etapa, Serafina Dávalos fundó la Escuela Mercantil de Niñas, institución creada con el propósito de ofrecer, fuera del magisterio, otra profesión que optimizase la actividad laboral femenina en las empresas que por ese tiempo funcionaba en el país.
En 1907, Serafina Dávalos obtuvo el grado de doctora en Derecho, con la presentación de su tesis "Humanismo", constituyéndose de esta manera, en la primera universitaria del Paraguay en culminar sus estudios. Abogó fervientemente por la defensa del feminismo, hecho que se puede constatar en las páginas de su trabajo, a más de una crítica al sistema cultural, educativo, político y jurídico de ese entonces. En uno de sus capítulos expresaba que "Si queremos construir un país verdaderamente democrático en que la libertad, la justicia y la igualdad, sean hermosas realidades, debemos empezar por organizar el hogar sobre la base de una perfecta igualdad". En toda la obra, su autora defendía los derechos de la mujer y proponía la capacitación profesional como un hecho fundamental para la liberación femenina y su igualdad con el hombre en todos los aspectos.36 En 1908, fue electa para ocupar el cargo de Miembro del Superior Tribunal de Justicia, el organismo de más alto rango en el Poder Judicial. Fue la primera mujer en conquistar dicha función, siendo que para ser integrante de dicha corporación, debía “ ser ciudadano paraguayo, tener veinticinco años de edad y ser de una ilustración regular”. 37

36 Dávalos. 1907. 21.
37 Constitución Nacional de 1870.
Ella cumplía con las dos últimas exigencias, pero no era ciudadana. Obviando este requisito, varios magistrados propiciaron su nombramiento por sus altas dotes profesionales y así, sin tener derecho al sufragio, ejerció la magistratura con gran solvencia jurídica. Dos años más tarde, fue reconocida internacionalmente. Invitada como delegada oficial del Paraguay al Congreso Internacional Femenino celebrado en Buenos Aires. Presidió la Comisión de Derecho y, a pedido de las organizadoras, clausuró el evento con un elocuente discurso. Además, en dicho acto, fue nombrada Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Panamericana de Mujeres.38 Sin derechos civiles y políticos, las paraguayas fueron apartadas de toda intervención en los temas públicos. No obstante, con la creación de varios establecimientos educativos y la profesionalización académica, a principios del siglo XX, debatían con sus pares rioplatenses temas sobre los derechos civiles y políticos de las mujeres.
3 Breve reseña histórica de la lucha por la obtención de los derechos civiles y políticos de las paraguayas.
El primer paso para la obtención del sufragio femenino sucedió en 1911, cuando el candidato del partido republicano, el doctor Ignacio A. Pane, en vista de las próximas elecciones para diputados, pronunció un discurso que patrocinaba el Derecho Electoral activo y pasivo de las mujeres en los sufragios internos de su agrupación política, con limitaciones relacionadas a su estado civil, instrucción y moralidad.39 Era la primera vez que se mencionaba este derecho para las mujeres y, si bien Pane obtuvo los votos necesarios para la diputación, se eludió el tema relativo a la participación electoral femenina. Ese mismo año, se promulgó la Ley que introducía el voto secreto y escrito, anulando el tradicional voto cantado. Se estipuló también el uso de urnas y de un registro permanente de electores, donde podían inscribirse los hombres mayores de 18 años. Dicha legislación fue modificada en 1916, estableciendo que cada elector debía escribir en un papel o boleta los

38 Bareiro-Soto-Monte. 1993. 69
39 . El Tiempo, 12-I-1911. p. 3
nombres de los candidatos de su preferencia.40 El nuevo régimen electoral no contempló en ninguno de sus artículos el sufragio femenino, ni siquiera en elecciones internas partidarias. Esta situación determinó que el diputado republicano Telémaco Silvera presentase al Congreso el 28 de mayo de 1919, dos proyectos de Ley, sobre los derechos civiles y políticos de la mujer, relacionados con el empadronamiento y la edad de 18 años sin distinción de estado civil o instrucción. Una parte de su extensa fundamentación expresaba que: El proyecto responde en parte a una deuda de gratitud y a reparar la injusticia de la legislación vigente, ofreciéndole el puesto al que es acreedora por sus patrióticos sacrificios y labores educativas, por su mentalidad superior, revelada en la agudeza de su ingenio… ( ) Si nosotros hemos tenido la moral de la servidumbre, la de la caballerosidad y la de la generosidad, tengamos ahora la moral de la justicia”. 41
En apoyo a esta iniciativa, un artículo periodístico destacaba que: “la mujer, como miembro de nuestro organismo social, ocupe el verdadero sitio que le corresponde al lado del hombre; no queremos verla en ese segundo término a que se halla relegada injustamente. 42 Pese a todas las buenas iniciativas del diputado Silvera, la aprobación del proyecto no prosperó por la resistencia de sus pares congresistas. Sin embargo, su tentativa tuvo resonancia nacional e continental. Con respecto a esta última, el Consejo Nacional de Mujeres del Uruguay envió una nota adhiriéndose a la presentación parlamentaria y, con relación a la primera, en 1920, se fundó el Centro Feminista Paraguayo, institución considerada en los anales feministas como la primigenia organización de género del país. El principal motivo de su creación radicaba en la necesidad de que las mujeres se organizaran para luchar por sus derechos y así contribuir con ideas al Congreso Internacional de la Alianza para el Sufragio Femenino que se celebraría en el mes de mayo de ese año en Madrid. Suscribieron el acta fundacional 25 mujeres, en su mayoría profesionales, y algunos hombres que apoyaron la iniciativa.

40 Ley Electoral N° 223. 30-XI-1916. Desde 1870 hasta 1917, las votaciones se realizaban a viva voz, generalmente en las parroquias.
41 Silvera. 1992. 204/211.
42 Ashwell. 2010. 173.
Por ese tiempo, la connotada docente María Felicidad González también abogó por la paridad de los derechos entre hombres y mujeres y, en 1922, participó en el Congreso Internacional de Mujeres celebrado en Baltimore, donde pronunció un discurso acerca del tema, el cual fue reproducido en la revista Feminismo Internacional con un elogioso acápite hacia la persona de su autora.
El feminismo. La causa de la mujer en el Paraguay, se titula la tesis presentada en 1925 porVirginia Corvalán con la que logró su doctorado en Derecho. En sus nueve capítulos, la autora fundamenta la condición de la mujer y su capacidad de sufragar al manifestar que “La equidad o el sentimiento natural de lo justo impone que se otorgue a la mujer todos los derechos civiles y políticos de que el hombre goza ”43 En los siguientes años, políticos preocupados por el tema en cuestión, presentaron al Congreso sendos proyectos de Ley a ser considerados por sus pares. En junio de 1929, el senador republicano,44 doctor Antonio Sosa, expuso ante el Congreso un proyecto de ampliación de los Derechos Civiles de la Mujer. En esa coyuntura, para apoyar el programa presentado por el doctor Sosa se creó la Asociación Feminista, cuyas integrantes eran conocidas luchadoras de los derechos cívicos y políticos de la mujer. Luego de arduas discusiones a nivel, no solo parlamentario, sino también universitario, el proyecto quedó archivado por dos años. En 1931, Sosa volvió a proponer a dicha Cámara la modificación de la legislación vigente, pero la citada consideración quedó interrumpida por los sucesos luctuosos del 23 de octubre de ese año.45 En tanto, la Declaración de Principios del Partido Colorado reiteró la propuesta de la “Reforma de la legislación civil para mejorar la condición jurídica de la mujer”. En consecuencia, se proclamó que la mujer tenía pleno derecho para votar y ser inscripta en el registro electoral, por no existir ningún impedimento en las leyes vigentes. 46

43 Corvalán. 1925, 32.
44 El Partido Republicano era más conocido como Partido Colorado.
45 El 23 de octubre de 1931 ocurrió un incidente frente al Palacio presidencial, en donde la guardia disparó contra un grupo de estudiantes y obreros que se manifestaron en protesta por la indefinición del gobierno ante el avance boliviano en territorio chaqueño. A raíz de este hecho se promovió un juicio político al presidente José P. Guggiari.
46 La Opinión, 8.III.1928, p.3

Para el cumplimiento de estas disposiciones, las mujeres fueron inscritas en los registros de la citada entidad y se inició una activa promoción para intensificar su participación en los comicios internos y en las actividades políticas del país.47 A ese efecto, la Comisión Especial Republicana, elaboró el proyecto de Reforma Electoral, auspiciando el voto de la mujer, que bien lo merecen, ya que “ en muchos países de avanzada cultura democrática se ha llegado a reconocer la igualdad de los derechos políticos sin distinción de sexo ” . 48 El proyecto fue aprobado recién por la Convención Partidaria, años más tarde debido al interregno ocasionado por la Guerra del Chaco.
Así como en Europa, la Primera Guerra Mundial se constituyó en un factor muy importante en la historia del proceso de autonomía femenina gracias al valioso concurso de mujeres en las fábricas y en las oficinas ante la evidente escasez de mano de obra masculina; en el Paraguay, después de la contienda chaqueña 49 se produjo una situación similar, ya que la guerra representó para las paraguayas una experiencia emancipadora en los campos laborales, culturales y jurídicos. La apertura de nuevas posibilidades de trabajo en profesiones femeninas no usuales y el aprendizaje de oficios que hasta el momento de la guerra, le eran ajenos,50 posibilitó que un porcentaje elevado de mujeres lograse una independencia económica, circunstancia que coadyuvó de manera categórica para que diversos sectores deliberasen sobre sus derechos. A fines de 1935, con la intención de conseguir los derechos civiles y políticos de las mujeres, un grupo de adherentes al Partido Liberal, creó el Centro Cívico de Mujeres, de efímera duración, pues el nuevo gobierno de tendencia socialista posesionado en febrero de 1936, 51 exilió a la mayoría de los dirigentes liberales y las integrantes del centro también debieron abandonar el país. 52
47 Ashwell. 2010. 174.
48 La Opinión. 8.III.1928, p.3
49 El Paraguay y Bolivia lidiaron por la posesión del Chaco entre 1932 y 1935.
50 Gran cantidad de mujeres trabajaron en los talleres del Estado como talabarteras, fundidoras, herreras, etc. En las empresas industriales ocuparon sitiales destinados solo a los hombres.
51 El 17 de febrero de 1936, una revolución derrocó al presidente Eusebio Ayala, perteneciente al Partido Liberal.
52 Entrevista al Dr. Washington Ashwell. Junio 2011.
No obstante, otras mujeres vinculadas a los partidos políticos tradicionales, además de varias comunistas e independientes, se unieron para formar una institución denominada la Unión Femenina del Paraguay (UFP), siendo la primera organización de género que contó con estatutos y un programa de 27 puntos. La UFP publicó un periódico llamado Por la Mujer, para las mujeres que trabajan y piensan. Considerado el medio de comunicación feminista más combativo que se haya editado en el país. El mismo era dirigido por la señora María de Casati, una argentina que llegó al país en 1919 y fundó una institución de Corte y Confección, cuyo currículo incluía un método propio de enseñanza el cual sigue vigente en la actualidad , conocido como el “Sistema Casati”, con el objetivo de promover a la mujer con diversas opciones laborales, estimulando su independencia económica. 53
En 1940, asumió la presidencia de la República el general José Félix Estigarribia, quien promulgó una nueva Carta Magna de tendencia totalitaria. Se disolvió el Parlamento, que pasó a llamarse Cámara de Representantes. Se suprimió el cargo de vicepresidente y se creó el Consejo de Estado, compuesto por los Ministros y otros nueve miembros. En relación a la ciudadanía, el art. 39, expresaba que “Todos los ciudadanos, sin impedimento, tienen el deber del sufragio desde la edad de dieciocho años cumplidos”, 54 pero excluyendo de este derecho a las mujeres. La nueva afrenta motivó la creación del Consejo Nacional de Mujeres con el propósito de unir esfuerzos por la dignificación femenina, bajo el lema “Todo por la mujer y el bien de la mujer”. 55 En 1943, se instituyó la Comisión de Damas Coloradas con la firme convicción de luchar por el reconocimiento de sus derechos cívicos no solo a nivel partidario, sino para las mujeres de todo el país. Al año siguiente de su creación, las asociadas pertenecientes a este organismo se manifestaron en las calles de la capital reclamando la igualdad ante la Ley.

53 El Diario, 23-IV-1922, p. 1.
54 Constitución de 1940. Promulgada por el Decreto-Ley del 10 de julio, sometida a un plebiscito el 4 de agosto y jurada el 15 de agosto de 1940.
55 Monte-Bareiro-Soto. 2011, 83.
En junio de 1946, los oficiales jóvenes del Ejército se sublevaron solicitando las libertades públicas. El gobierno dominó la situación y propugnó una apertura democrática permitiendo el retorno de los políticos exiliados en el exterior, situación que alentó a las mujeres pertenecientes al Partido Liberal a fundar la Unión Democrática de Mujeres, dirigida por una ilustre docente, doña Beatriz Mernes de Prieto. Gran parte de las adherentes pertenecía al liberalismo. Sus principales objetivos fueron: conseguir la libertad y la democracia en el Paraguay y una amnistía amplia que permitiese el regreso de todos los exiliados políticos.
En ese lapso, se abrieron centros culturales y de formación profesional como la Escuela de Humanidades (1944) y la Facultad de Filosofía (1948), instituciones que albergaron en sus aulas a cientos de mujeres, quienes prontamente se incorporaron a la vida profesional académica y permitieron su incursión a los espacios públicos. El 7 de junio de 1951 se fundó la Liga Paraguaya pro Derechos de la Mujer, promovida por Isabel Arrúa Vallejos y mujeres pertenecientes a la A.N.R. 56 Su primera presidenta fue la doctora Concepción Rojas Benítez. En ella participaron numerosas líderes feministas como Serafina Dávalos y Mercedes Sandoval de Hempel, que intervinieron en carácter de Consejeras de la Organización. La Liga incluyó entre sus fines la lucha por la igualdad de derechos y diversos aspectos de la promoción de la mujer; además, coadyuvó firmemente con los proyectos presentados en la Cámara de Representantes por los miembros del partido oficialista. Prueba de ello fue la manifestación de mujeres realizada el 25 de agosto de ese año, cuando el doctor Hipólito Sánchez Quell, presentó el tercer proyecto de igualdad legal para hombres y mujeres en alusión a la ratificación efectuada por dicha corporación sobre la “Convención Interamericana sobre la Concesión de los Derechos Civiles de la Mujer”, suscrita por Paraguay en la IX Conferencia Internacional Americana celebrada en Bogotá, en 1948. A pesar de haber sido recibida con un “estruendoso aplauso”, la citada propuesta no fue sancionada. 57

56 La Asociación Nacional Republicana o Partido Colorado accedió nuevamente al poder de la República en 1948.
57 El Feminista. Edición Extraordinaria. 15-VIII-1962, p. 8.
Un año más tarde, otro representante del oficialismo, el doctor Manuel B. Mongelós, volvió a insistir sobre el tema y el 21 de agosto de 1952, presentó el cuarto proyecto de “Igualdad jurídica del hombre y la mujer en el ejercicio de sus derechos” en la Sesión Ordinaria de la Cámara de Representantes.58 La Liga Paraguaya por los Derechos de la Mujer, agradeció dicha presentación, dando por hecho la promulgación de la ley. Empero, la dilación en concretar estos proyectos exteriorizados en el transcurso de más de tres décadas motivó a la ciudadanía interesada en el tema a manifestarse a través de la prensa y en los círculos académicos; incluso desde el exterior se auspiciaba favorablemente para que el voto femenino fuese una realidad en el Paraguay.59
En 1953, inició sus trabajos la Comisión de Juristas encargada por la Cámara de Representantes con miras a materializar la quinta propuesta presentada nuevamente por el doctor Manuel B. Mongelós y otra del doctor J. Augusto Saldívar, sobre la tan ansiada igualdad de derechos entre hombres y mujeres 60. El mismo pasó a la Comisión de Legislación y Codificación para su correspondiente estudio.61
En ese transitar de acontecimientos, apareció el periódico El feminista, vocero de la Liga, siendo su primera jefa de redacción la conocida escritora Elsa Wiezell. Posteriormente, circuló bajo la dirección de otra luchadora incansable por los derechos femeninos, Isabel Arrúa Vallejo. El medio se convirtió en el representante por antonomasia de todas las mujeres que en la extensa e histórica lucha por conquistar sus derechos seguían bregando para obtener una legislación civil y política más paritaria con respecto al varón. En relación al marco ideológico general del rotativo, este se definía partidario de la democracia, pero con un tinte fuertemente anticomunista, hecho enfatizado a partir de la dirección de Arrúa Vallejo. Incluso, sus redactoras participaron en manifestaciones anticomunistas propiciadas por el nuevo gobierno regido por Alfredo

58. Cámara de Representantes. Sesión Ordinaria. 21-VIII-1952. Acta N ° 28.
59. ALBA SACI. Buenos Aires. 30-IX-1952.
60. Cámara de Representantes. Sesión Ordinaria. 21-V-1953. Acta N ° 10.
61 Cámara de Representantes Sesión Ordinaria. 26-VIII-1953. Acta N ° 6.
Stroessner 62 y publicaron extensos artículos sobre supuestas infiltraciones de ideología izquierdista en algunos sectores de la sociedad paraguaya, especialmente en el cultural. Sin lugar a dudas, una de las más firmes luchadoras por la obtención del sufragio femenino fue Carmen de Lara Castro, afiliada al Partido Liberal. Sus primeras lidias las emprendió poco después del golpe de Estado que llevó al poder a Alfredo Stroessner, etapa en que se inició en la política, pero no partidaria, sino de género, lanzando sus diatribas contra el dictador por la situación precaria en que se encontraba el país en todos los aspectos y por la condición de las mujeres en general y en particular, las madres solteras que vivían en total desamparo. Junto a otras mujeres de su partido, doña Carmen se propuso prestar asistencia, desde apoyo jurídico hasta material, a través de una asociación denominada Instituto Cultural de Amparo a la Mujer, fundado en 1953 y proscrito tres años después de su creación, bajo el régimen dictatorial.
Entre tanto, la Comisión de Juristas concluyó sus trabajos, presentó su informe y aconsejó la aprobación del citado proyecto de Ley. 63 Después de varias postergaciones y arduos debates, la Cámara se avocó a considerar finalmente el tema. En consecuencia, el 30 de setiembre de 1954, Alfredo Stroessner promulgó la Ley 236 de los Derechos Civiles de la Mujer, que si bien significaba un avance extraordinario para la igualdad jurídica, mantenía graves discriminaciones para la mujer casada.
Ese mismo año, se fundó la Asociación de Paraguayas Universitarias, que al igual que las demás organizaciones fundadas en las últimas décadas, cimentaron sus objetivos en la obtención de los derechos políticos de la mujer.
4
Las últimas ciudadanas de Sudamérica
La insistente cruzada propugnada por las organizaciones sufragistas y en especial por la Liga Paraguaya Pro Derechos de la Mujer no tuvo rémoras ni treguas.

62 El 4 de mayo de 1954, el presidente en ejercicio, Federico Chaves fue depuesto por un golpe militar liderado por Alfredo Stroessner, quien ascendió al poder el 15 de agosto de ese año e impuso al país un régimen dictatorial.
63 Cámara de Representantes. Sesión Ordinaria. 5 de agosto de 1954. Acta N ° 26.
Es así que, el 31 de mayo de 1961, la Cámara de Representantes recibió un mensaje del Poder Ejecutivo, rubricado por el Presidente de la República, Alfredo Stroessner y el Ministro del Interior, doctor Edgar L. Ynsfrán, en el que se propiciaba la consagración de los derechos políticos de la mujer. Una parte de la argumentación expresaba lo siguiente:
El Poder Ejecutivo cree que ha llegado el momento de consagrar en el campo del derecho político el principio de la igualdad de ambos sexos, consagrada por la Constitución Nacional y vigente en la mayoría de los países civilizados. La sanción de una ley que acuerde a la mujer los mismos derechos y obligaciones de que goza el hombre, se impone no solamente como una realidad de nuestros tiempos sino una justa rectificación del criterio que ha venido primando sobre esta materia, y que ha servido de base para la exclusión de los derechos cívicos, privándoseles en esa forma de su participación en la vida y destinos de la Nación. 64
En consecuencia, la secretaría de la Cámara de Representantes informó sobre la decisión adoptada por el Ejecutivo, pero debido a ciertas dilaciones, recién un mes más tarde, el cuerpo legislativo dio inicio a la histórica sesión ordinaria sobre el tema en cuestión. Tras extensos debates y alegatos, los asambleístas acordaron unánimes conceder el derecho al sufragio a todas las mujeres paraguayas mayores de 18 años. Esta decisión marcaría “el inicio de una efectiva era de progreso en nuestro sistema jurídico dentro de los cánones de una democracia que permita a cada individuo, sin distinción de sexo, alcanzar dentro de la sociedad la posición que sus condiciones y aptitudes le han reservado”, 65 concluía uno de los alegatos.
Finalmente, el 5 de julio de 1961, el presidente Alfredo Stroessner promulgó la tan ansiada Ley Nº 704, de los Derechos Políticos a la mujer, siendo el Paraguay el último país sudamericano en lograr esta conquista legal.

64 Proyecto de Ley del Poder Ejecutivo N° 435. 31-V-1961.
65 Cámara de Representantes. Sesión Ordinaria. 30-VI-1961. Acta N ° 22.
Las mujeres inscritas en los padrones pudieron por primera vez ejercer el derecho al sufragio en las elecciones generales del 10 de febrero de 1963. En esa oportunidad fueron habilitados unos 714.000 ciudadanos y ciudadanas. Los escrutinios dieron ganador a Alfredo Stroessner con 438.043 votos por el Partido Colorado y al candidato del Partido Liberal, doctor Ernesto Gavilán, con 40.313 votos. 66 Porcentaje que se repetiría en los siguientes años de 1968, 1973, 1978, 1983 y 1988, con diferentes opositores eleccionarios, otorgando repetidamente la victoria al dictador y a sus colaboradores, quienes ocuparían en mayoría los escaños en el Congreso. Lastimosamente, se desconocen las cifras exactas por sexo de los votantes en 1963; sin embargo, los diarios de la época comentaban la gran afluencia de mujeres a las urnas que por primera vez ejercían sus derechos políticos. No obstante, cabe advertir que si bien, a partir de aquellas primeras elecciones, las mujeres empezaron a sufragar, en la práctica durante todo el proceso eleccionario— no fueron nominadas para cargos de importancia y en igualdad de condiciones con respecto al varón. Para el periodo Legislativo de 1963-68 fueron electas dos representantes de los 60 escaños parlamentarios, es decir, el 3,54% frente al 96,46 ejercido por los hombres. Cifra que crecería muy lánguidamente en las siguientes elecciones. En la actualidad,67 solamente 9 senadoras de las 45 bancas y 11 diputadas de las 80, fueron electas como representantes de la ciudadanía. Circunstancia que ha dificultado, en cierta medida, la construcción más equitativa de la ciudadanía en el Paraguay.
CONCLUSIÓN

La concesión de los derechos civiles y políticos a las mujeres paraguayas, demorado en el transcurso del tiempo por resabios primitivos y por la incomprensión de una sociedad trabada en sus prejuicios morales, postergaron por larga data esas facultades que por justicia le correspondían y que finalmente fueron materializados en 1961, gracias a los integrantes de los diversos movimientos sufragistas, quienes a partir del siglo XX, dejaron su impronta con argumentos irrebatibles que se constituyeron en los fundamentos más conspicuos a favor de esta equidad incuestionable.
66 Diario Patria. 17. II.1963, p.3
67 Elecciones Generales en el Paraguay para el período 2018-2023.
El reconocimiento formal de la ciudadanía a las mujeres paraguayas fue un hito, pero no marcó el final del camino. El ejercicio del voto llevó más tiempo; incluso en la actualidad , para muchas personas, no solo para las mujeres, sigue limitado debido a diversas formas de fraude electoral que tienen como trasfondo la pobreza, la corrupción de algunos sectores políticos y la larga tradición autoritaria que impidió y aún reprime el uso libre del voto como la libre expresión de ciudadanía. 68
El acceso a la representación, que inicialmente fue excepcional, se fue constituyendo en reclamo colectivo y en objeto de propuestas legislativas recién a partir de la última década del siglo XX. Las llamadas cuotas de participación de mujeres ocuparon un primer plano entre las demandas de las políticas y de ciertas legisladoras, lográndose inicialmente que en algunos partidos se las fuera incluyendo con un porcentaje mínimo de presencia en las listas de candidaturas, mientras que en otras agrupaciones de menor cuantía de afiliaciones, se amplió la norma a porcentajes mayores e incluso casi paritarios.
En 1992, la Constitución Nacional incluyó varios artículos referentes a la igualdad y a la no discriminación, especificando que el Estado debe promover mecanismos adecuados para que ese paralelismo sea real y efectivo, en cuanto a la participación en los asuntos públicos. En 1996, el Código Electoral paraguayo, en su artículo N° 32 estipuló un 20 por ciento de participación mínimo de mujeres en las listas primigenias de los partidos políticos, a razón de al menos una mujer por cada cinco lugares; es decir, en las listas elaboradas por los sectores internos para postularse a elecciones partidarias.
En la actualidad, existe una diversidad de organizaciones de género que trabajan desde sus diversos ámbitos para instaurar elementos que valoren y posibiliten el acceso de más mujeres a los espacios públicos con el propósito de transformar el escenario cívico y así lograr una mayor presencia femenina, no solo en la política, sino también, en las esferas decisivas de poder afianzando una legítima construcción ciudadana y democrática en el Paraguay.

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Entrevistas
EntrevistaalDr WashingtonAshwell Junio2011

CUENTO
EL MILAGRO DEL KA'A HE'E
Y EL SOLDADO PARAGUAYO

Por Bridget María Chesterton
Era primavera y el lapacho estaba floreciendo en el patio, y el calorcito que venía con el viento norte llenaba la pequeña casa en Guarambaré con esperanzas de que pronto habría más que naranjas y limones; llegarían pronto las piñas, el mamón y, con suerte, hermosas guayabas. Lo único que molestaba la paz de la campaña eran los rumores que llegaban desde la capital con las malas lenguas de que había guerra en el Chaco y se necesitaban soldados para pelear contra los bolis.
La familia de Inocencio no era indiferente a las necesidades patrióticas. Al contrario, el abuelo de Inocencio había perdido su vida en la guerra grande y su abuela había quedado en casa cuidando los pocos pollos que tenía de herencia y la mandioca que atendía cuidadosamente; eso hasta que los brasileros le robaron lo poco que tenía. Pero poco a poco la familia de Inocencio se había recuperado después de la guerra por la abundancia que producía la tierra fértil paraguaya y el niño Inocencio nunca conoció ni hambre, ni frío fuerte, ni tristeza ninguna. Lo único que quedaba de la guerra grande era un hombre viejo que deambulaba por el pueblo con un solo brazo, mendigando y aterrorizando a los niños.
Cuando llegó la llamada para soldados para defender el Chaco, Inocencio pensó en el sacrificio de su abuelo al defender la tierra contra los invasores. Inspirado, declaró a sus padres que al día siguiente se anotaría para ir a defender el Chaco mientras su mamá le cebaba mate y preparaba el mbeju. No le quedaba otra; tenía que defender la patria como lo había hecho su abuelo heroicamente en Yotororó. Y así fue que Inocencio al día siguiente se despertó y se marchó rumbo a Asunción para tomar su lugar entre los hombres más patrióticos de la nación. Pero antes de subir a la carreta, su padre le obsequió dos cosas: una medalla de la Virgen de Caacupé y la última botella de caña que le quedaba. De esta manera, Inocencio llegó al Chaco; al calor, a la sed y al sacrificio.
Aunque lo habían acompañado muchos muchachos de Guarambaré (estaba con él su amigo de juventud, también el famoso Emiliano R. Fernández), Inocencio se sentía solo. Lo que más lamentó es que nunca consiguió una madrina de guerra antes de partir de Asunción. Pero por suerte, un hermano en armas tenía la solución para su problema; tenía una prima, Delfina, concepcionera, que posiblemente podría ser la madrina que tanto deseaba Inocencio. Fue entonces que con un lápiz corto y papel húmedo, Inocencio le escribió a Delfina, rogándole que aceptara ser su madrina de guerra. Inocencio esperó y esperó hasta que un día llegó una carta de Delfina diciendo que sí, que con mucha alegría, como una buena mujer paraguaya con un corazón lleno de patriotismo y un deseo de servir a la nación, aceptaría ser la madrina de guerra de Inocencio. Adentro de la carta, Delfina mandó una foto de ella, pero le rogó: "por favor, no le muestres mi foto a tus compañeros, pues muy fea soy". Siempre respetuoso, Inocencio nunca mostró la foto de Delfina a nadie aunque Delfina no era nada fea , sino que la guardó en su mochila protegiéndola del agua y del barro. Entonces Inocencio tenía en su mochila 3 cosas preciosas: una foto de su madrina, la medalla de la Virgen y una botella de caña. Y así fue durante meses y meses.
Mientras tanto, Delfina le seguía escribiendo e Inocencio siempre respondía rápidamente, pues no quería que Delfina se preocupara por su condición precaria. Un día Delfina decidió mandarle a su querido ahijado un obsequio aunque él nunca pedía nada, ni yerba o caramelos, como sabían hacer muchos otros ahijados . De todos modos, ella era de una familia humilde y poco tenía para mandar; solo tenía lo que crecía en su patio. Pero allí Delfina encontró una rama de Ka'a he'ẽ y decidió, por el nombre tan lindo que tenía la planta en guaraní, yerba dulce, mandar la planta a su ahijado. Así ocurrió que Delfina metió adentro de la carta el yuyo, explicando a Inocencio que la planta era nativa de Paraguay y tan fiel y dulce como él.
Y un día pasó lo que le preocupaba tanto a Delfina: su ahijado fue herido cuando una bala boliviana le penetró su brazo. El dolor era terrible y temía que se iba a quedar como el pobre soldado viejo de la guerra grande, sin su brazo. Pobre Inocencio, gritó que si alguien podría, por favor, alcanzarle lo único que él podía tomar para que le aplacara el dolor, la caña de su padre. Lo que Inocencio no podía saber en ese momento es que las propiedades medicinales del ka'a he'ẽ eran las que ese día en Boquerón le salvaron la vida. Inocencio fue transportado a un buque-hospital que estaba en Puerto Casado. Sabiendo que la herida era grave, Inocencio rezó fuertemente a la Virgen de Caacupé, prometiéndole que si lo saCuando llegó la carta a las manos de Inocencio, tomó la rama en una mano y apreció mucho el sentimiento de su madrina. ¡Pero justo en ese momento un viento le llevó el sobre en que Delfina había protegido la carta y la rama!
¡Qué hacer! Inocencio pensó rápido y metió la rama adentro de la botella de caña, y así se protegió el obsequio de Delfina en el desierto.
lvaba, él iría a visitarla en su santuario. Esa noche, mientras dormía, la Santa Virgen vino a visitarlo y le dijo que no era ella la que lo iba a salvar, sino que el obsequio de Delfina ya lo había salvado. Cuando se despertó, Inocencio sabía lo que tenía que hacer: visitar a Delfina en Concepción y pedirle la mano en matrimonio.
Y así fue que Inocencio, después de curarse bajo el cuidado de las enfermeras paraguayas tan llenas de bondad y cariño, se pasó a Concepción para pedir la mano de Delfina.
Y en una noche de invierno frío en las afueras de Concepción, Inocencio y sus compañeros incluyendo a Emiliano R. Fernández cantaron una serenata bajo las rejas de Delfina. Tan agradecida y emocionada estaba la joven que les quiso obsequiar algo a los muchachos que tan lindo tocaban y cantaban. Pero lo único que tenía eran los pomelos que tan hermosos crecían en el patio. Delfina les trajo a los cantantes una canasta llena de tal fruta.
Tan agradecido fue nuestro héroe, que agregó el jugo del pomelo con lo poco de caña con Ka'a he'ẽ que le sobraba. No solo había Inocencio descubierto algo auténticamente paraguayo, sino que esa noche, a la luz de una luna llena, Delfina aceptó la propuesta de matrimonio que Inocencio le hacía.
ORÍGENES DEL PATRONATO DE LEPROSOS DE PARAGUAY
Fotografía de M. L. Norment publicada en World Call, enero de 1936, con la nota: "Grupo de doce leprosos en el terreno de 2.500 acres que el gobierno paraguayo ha designado para una colonia de leprosos". Imagen reproducida cortesía de Christian Theological Seminary y Chalice Press.

Por Coretta Thomson

Cualquiera que esté familiarizado con la historia del mal de Hansen o la lepra— en Paraguay, conocerá varias organizaciones benéficas religiosas que han contribuido a mejorar la atención sanitaria prestada a los pacientes. El Patronato de Leprosos del Paraguay, una organización ecuménica patrocinada por protestantes y objeto de este ensayo , apoyó inicialmente a los pacientes del leprocomio
Santa Isabel y, más tarde, enfocó sus esfuerzos en clínicas ambulatorias en los alrededores de Asunción. La Asociación Santa Isabel es una organización benéfica católica fundada en 1943 por Félix Ochoa, un sacerdote asignado al leprocomio; se hizo cargo de la ayuda auxiliar en ese lugar alrededor de 1950. El Comité Central Menonita y varias colonias menonitas paraguayas fundaron el Hospital Menonita Km 81 a principios de los años 50. En un resumen de 1956 sobre la lepra en Paraguay, escrito por Ricardo Ugariza, se menciona una cuarta organización, la «Assoc. C. c Lepra». Parece que esta se trataba de una organización secular, con fuertes vínculos con las redes filantrópicas regionales activas en aquella época, lo que demuestra lo sorprendentemente internacionales que eran los programas de apoyo a los pacientes de lepra paraguayos a mediados del siglo XX. Dado que es imposible comprender el Patronato fuera del contexto de estas redes, que se han perdido en gran medida en la historia, comenzaremos por ahí. Algunos investigadores han denominado a la década de 1930 la «década dorada» de la filantropía contra la lepra, que, por cierto, fue un movimiento liderado notablemente por mujeres. En las décadas anteriores, muchos países de todo el mundo habían aprobado leyes estrictas de aislamiento; a lo largo de la historia, el grado de separación de los leprosos del resto de la población ha tenido altibajos. Se construyeron colonias para los casos activos, dispensarios para detectar nuevos casos y hacer un seguimiento de los que estaban en remisión, y preventorios para los hijos sanos de los pacientes encarcelados, todo esto a menudo financiado por ciudadanos particulares.
Sudamérica no fue una excepción. Brasil y Argentina, vecinos de Paraguay más prósperos que ella, tenían una población de leprosos mayor que la de Paraguay, aunque con una tasa menor en comparación con la población total. Los programas para pacientes de Hansen, tanto aquellos gestionados por gobiernos como los de organizaciones de ayuda auxiliar, eran más amplios que sus homólogos paraguayos y han atraído a más investigadores en los últimos años.
La Sociedad Brasileña de Asistencia a los Lázaros y Defensa contra la Lepra (Sociedade de Assistência aos Lázaros e Defesa Contra a Lepra,) fue fundada en febrero de 1926 por Alicia Tibiriçá. Creció hasta incluir 76 sociedades afiliadas en sus primeros doce años de existencia, y 170 a principios de los años 50. Su objetivo declarado era detener la epidemia de lepra mediante la construcción de colonias y preventorios, y presionar al Estado para que hiciera más al respecto de esta crisis de salud pública. La investigación sobre estos esfuerzos arroja luz sobre la filosofía que subyace a los grupos seculares de ayuda y la impresionante cooperación regional.
De manera similar, el Patronato de Leprosos de Argentina, fundado en 1930, era una asociación diseñada para mejorar la situación de los leprosos y sus familias, mientras que se aseguraba de que se cumplieran las leyes relativas al aislamiento por el bien de la sociedad. Sus publicaciones muestran intensas semanas de recaudación de fondos en noviembre, con campañas radiofónicas generalizadas que ganaron cantidades impresionantes de dinero para los proyectos. La organización argentina también recibió fondos del gobierno, por ejemplo, 100 000 pesos en 1935 como parte del presupuesto nacional. En 1941, Argentina contaba con cinco colonias que albergaban entre 140 y 800 pacientes, la mayoría de ellas financiadas en parte por el Patronato argentino.
La división internacional del Patronato, fundada en 1944, tenía conexiones con el Dr. Migone del Patronato de Leprosos de Paraguay, pero trabajaba principalmente con otra organización contra la lepra, dirigida por católicos nacionales, la Asociación Asistencia a los Lázaros y Defensa Contra la Lepra del Paraguay. Lamentablemente, no ha sido posible obtener más información sobre esta última organización.
Ahora centraremos nuestra atención en el Patronato de Leprosos paraguayo, que, aunque pueda llevar a confusión, no está afiliado directamente al argentino. Cabe destacar que, mientras que la organización argentina era católica y estaba financiada en parte por el gobierno, la paraguaya contaba con el respaldo de los protestantes y se financiaba mediante donaciones. El hecho de que trabajaran juntas en décadas de altas tensiones entre católicos y protestantes es prueba de que su misión fundamental de atención y servicio era de suma importancia.
Las dos personas que sentaron las bases para el Patronato paraguayo son Malcolm L. Norment y John Nairn Hay. Norment fue misionero estadounidense enviado a Paraguay por los Discípulos de Cristo, una congregación protestante conocida por su ecumenismo. Poco después de que Norment se casara con Arabella B. Marvin en el estado de Virginia, en agosto de 1919, ambos se embarcaron en su labor misionera con la United Christian Mission Society (UCMC) de los Discípulos. El viaje internacional se realizó en barco, y tardaron varias semanas en llegar a Argentina, donde permanecieron desde diciembre de 1919 hasta febrero de 1920. Luego, se hallaban entre los primeros misioneros de la UCMC en Paraguay y formaron parte del personal fundador del Colegio Internacional. Salieron de licencia en 1924; rumbo a Estados Unidos, su primer hijo, Malcolm Jr., nació en Buenos Aires.
aquella época), que quedó inutilizado cuando el Gobierno no proporcionó leña para calentarlo. Bajo los auspicios de la ALM, Norment visitó a los leprosos en Clínicas para preguntarles qué les gustaría recibir como regalo de Navidad, y todos pidieron alpargatas y yerba mate. Él añadió una muñeca para una niña que vivía en el pabellón de mujeres, y se alegró de ver que los pacientes respondían con deleite, y no envidia por considerar el juguete un «malgasto» de fondos.
Sabemos menos sobre el Dr. John Nairn Hay. Nacido en el Chaco, hijo de padres misioneros presbiterianos que fundarían la Unión Misionera del Interior de Sudamérica en 1902, Hay se crio en Paraguay. Regresó a Escocia para estudiar, se licenció en Medicina en la Universidad de Edimburgo y estudió Medicina Tropical, con especialización en lepra, durante dos años en Londres. Luego viajó a la Guayana Británica con el Servicio Médico Británico en 1927, donde los leprosos que él vio allí le recordaron a los que había visto en su juventud. Así, Hay se convirtió en misionero evangélico de la Misión del Interior de Sudamérica y llegó a Paraguay para fundar un leprosario en 1934. El presidente Eusebio Ayala lo nombró director del hospital militar, le concedió una cátedra en la facultad de medicina y, en menos de un año, Hay también era responsable del trabajo contra la lepra en Paraguay.
Asunción era un mundo aún más pequeño de lo que es hoy, y Hay pronto se enteró de Norment y le pidió que le ayudara a fundar una colonia. No vamos a repasar aquí la historia de la fundación de Santa Isabel, salvo en lo que respecta a Norment, Hay y el Patronato. Inicialmente, se trataba de una empresa conjunta con el Ministerio de Salud y los misioneros protestantes, apoyada por el presidente Eusebio Ayala, en cuyo honor se bautizó inicialmente la colonia con el nombre de San Eusebio. Los primeros pacientes llegaron a finales de mayo de 1934, antes de que el lugar estuviera debidamente acondicionado.
Ya que la ayuda oficial apenas existía, los misioneros hicieron lo que pudieron para atender a los pacientes, pero todos carecían de fondos y recursos: era plena Guerra del Chaco y, a nivel mundial, la Gran Depresión había reducido las donaciones internacionales. Un recurso que el Gobierno sí podía proporcionar era la mano de obra de los prisioneros de guerra bolivianos, que participaron en la construcción de los primeros pabellones para pacientes. Pero Agnes Norment se enfermó y Malcolm regresó a Estados Unidos con su familia en septiembre de 1935. Hay y su familia vivieron en Sapucai durante varios años. Él ejerció como director pro-bono de la colonia, cabalgando allí varias veces a la semana. Se ganaba la vida por un despacho que tenía en el pueblo y otro en Asunción, donde atendía a pacientes los jueves por la tarde. Pero los rumores de que Hay cobraba un sueldo elevado del Gobierno avivó el resentimiento local, y un golpe de Estado derrocó a Eusebio Ayala en febrero de 1936. Con todo en su contra, Hay se vio obligado a abandonar el país.Preocupado por que, con su partida, los leprosos de Santa Isabel quedaran gravemente desatendidos, Hay dejó una caja en el mostrador del London Bank de Asunción para recoger donaciones para la colonia. Según la tradición, esto fue el catalizador que impulsó la fundación de la «Comisión Pro-Leprosos del Paraguay», precursora del Patronato, más adelante ese mismo año. Como se ha dicho, los enfermos de lepra eran una causa social muy popular en aquella época.Además, la reciente fundación de la colonia y la consiguiente polémica sobre su supervisión, así como una mayor concienciación sobre la enfermedad gracias a las actividades del Patronato argentino, también contribuyeron a que se pusiera en marcha. Por lo tanto, parece que el Patronato encontró un importante apoyo en las clases media y alta de Asunción. La Sra. Aurora R. de Klug, una mujer uruguaya residente en Paraguay, dirigió el Patronato, y Robert B. Lemmon, director misionero del Colegio Internacional, fue clave en la creación de la comisión.
La comisión se consideraba claramente una continuación de la labor de Norment, ya que en 2012, un antiguo director del Patronato, Aníbal Fadala, señaló como fecha de fundación 1931 y como primer director a Malcolm Norment. Pero 1936 es su fecha oficial de inicio, y Norment estaba fuera del país en ese momento (aunque volvería a Paraguay, defendiendo incansablemente a los enfermos de lepra, entre 1938 y 1944, y de nuevo entre 1945 y 1948). El 9 de junio de 1941, la organización obtuvo personalidad jurídica y pasó a denominarse «Patronato de Leprosos» mediante el Decreto N.º 7245. Sus oficinas se ubicaron en Colegio, y es un ejemplo de cómo paraguayos y extranjeros, católicos liberales, judíos y protestantes trabajaron juntos, en una época de controversias religiosas, por una causa mayor. Sin embargo, los protestantes reservaron el cargo de presidente para uno de los miembros de su propia iglesia.
Otros de los primeros presidentes del Patronato fueron Manuel Ferreira, Robert Lemmon, J. Raymond Mills y Ramón Figueira, muchos de ellos Discípulos de Cristo. A juzgar por los numerosos viajes que realizaron los representantes del Patronato a las colonias para entregar suministros, meticulosamente documentados en World Call y en varias cartas de Malcolm Norment conservadas en los archivos de los Discípulos de Cristo, sus esfuerzos de recaudación de fondos fueron un éxito.
A partir de 1948, el Patronato, como representante local de la ALM, supervisó la distribución de los nuevos tratamientos antibióticos que hicieron de la lepra una enfermedad curable por primera vez en la historia; de hecho, se les atribuye la introducción del tratamiento ambulatorio en Paraguay, años antes de que la OMS abandonara el modelo de aislamiento tripartito (colonia-dispensario-preventorio).
Aunque en varias ocasiones casi se les concedía la supervisión de la colonia, la presión local finalmente hizo que el presidente Estigarribia nombrara a sacerdotes franciscanos para la supervisión espiritual de Santa Isabel en 1940.
Sin embargo, el Patronato siguió apoyando a la colonia, espiritual y materialmente, durante la siguiente década, incluyendo el asesoramiento para la creación de una granja STICA y varias mejoras en las infraestructuras realizadas con fondos de la Comisión Interamericana de Salud. En 1950, cuatro hermanas vicentinas se trasladaron a Santa Isabel. Al ver que los pacientes ahora estaban bien atendidos, el Patronato centró su atención en Asunción, donde se estaba haciendo muy poco. El 14 de septiembre de 1951 se inauguró una clínica para leprosos en el Hospital de Clínicas, equipada íntegramente por el Patronato y sus donantes. Al acto asistieron el embajador Tewsberry de Estados Unidos, el alcalde de Asunción, la esposa del secretario de Estado, el director del hospital y el decano de la facultad de medicina. Poco después, se abrió otra clínica en otra zona de la ciudad, donde sería más accesible para los pacientes ambulatorios. El Dr. Desiderio Meza, leprologista del Patronato, era el médico de cabecera, mientras que otro médico visitaba los hogares puerta por puerta en busca de posibles pacientes. Cuando esa clínica se quedó pequeña, a mediados de 1965 se inició la construcción de unas nuevas instalaciones. El edificio se inauguró oficialmente en octubre de 1968.
Para entonces, y con el impulso de la nacionalización y el declive de las agencias misioneras en general, el trabajo del Patronato se financiaba principalmente a nivel local, con un apoyo limitado de la UCMS y su programa Disciples Decade Capital. Los estudiantes del Colegio organizaban eventos y ferias ocasionales, y las campañas radiofónicas semanales de Aníbal Fadala recaudaban fondos y concienciaban sobre el hecho de que la enfermedad de Hansen ya tenía tratamiento. El Patronato editó y publicó las obras de Manuel Ortiz Guerrero y otros escritores paraguayos, con el fin de ganar fondos y promover la cultura local.Curiosamente, puede que incluso haya una continuidad con los fundadores del Patronato: el investigador Gerhard Ratzlaff sugiere que John Hay pudo haber
conocido a Guerrero, fallecido en 1933, en una estancia en Paraguay anterior al mencionado, y que Norment también pudo haberlo conocido Lo que está claro es que muchos de los miembros y colaboradores del Patronato eran amigos de Guerrero, y que Arturo Alsina, amigo íntimo de Guerrero, trabajó en la colonia de leprosos durante un año, en la década de 1930, mientras Norment estaba ausente.
¿Qué hay de las conexiones regionales, que aparentemente fueron tan significativas pero que apenas han aparecido en esta narrativa? Dado que las fuentes utilizadas para este resumen se basan principalmente en organizaciones de ayuda estadounidenses, esos son los vínculos sobre los que tenemos más información. Sin embargo, las dos actas de las conferencias del Patronato argentino citadas anteriormente insinúan una historia mucho más rica. Sería interesante que un investigador local pudiera profundizar en la historia, tal vez accediendo a los archivos de ambas sociedades. También había conexiones con Brasil, pero principalmente sabemos de los consultores leprologistas traídos por la ALM y la OMS, no de las mujeres privadas que podían haber ayudado o asesorado a sus homólogas en la recaudación de fondos o en los mejores artículos para el cuidado de la lepra. Y, por supuesto, otros países de la región también tenían una alta incidencia de la enfermedad. Los programas de Colombia han sido mejor investigados que la mayoría; ¿los vínculos en el Cono Sur llegaban hasta el Caribe?
El Patronato de Leprosos de Paraguay sigue existiendo en la actualidad. En sus años fundacionales, tenía fuertes conexiones con grandes organizaciones protestantes de ayuda humanitaria del norte global, pero también estrechos vínculos con grupos regionales de filosofía católica o secular; estaba a la vanguardia del desarrollo científico, pero con una fuerte ética espiritual; y sus orígenes inmigrantes no le impidieron convertirse en un firme defensor de la cultura paraguaya y de algunas de las personas más vulnerables del país.
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LOS DOS IMANES


POR CRISTHIAN ENCINA

En cierta ocasión, un niño jugaba con dos imanes sobre una mesita. Al costado se encontraba un brasero; posteriormente llamó al niño su madre, que olvidó los dos imanes sobre la mesa; uno de ellos se encontraba al borde de ella y se encontraba cerca del brasero.
Como el niño no regresaba, el imán comenzó a sentir un calor inaguantable; cuando no pudo resistir más, pidió ayuda al otro imán. Este se arrastró lentamente hacia él, pero a medida que lo hacía, fue empujándolo hacia el brasero porque estaba del lado que poseía la misma carga que el otro. Entonces el otro imán le dijo.
Apresúrate, que el fuego me está atrayendo hacia él.
El imán se arrastró con más premura y, como consecuencia, lo echó al fuego.
Moraleja: Aunque sean buenas las intenciones, debemos analizar si será útil nuestra ayuda.
NOVIEMBRE DE HUELGAS

Por Claudio Velazquez
Antes de que la dictadura permeara dentro de los sistemas organizacionales de cada sindicato, antes de la vigencia de la nefasta Ley N° 294/1955 y principalmente antes de que el miedo se instalara en la sociedad para frustrar cualquier módulo de organización sindical, existió en el Paraguay social y laboral importantes organizaciones de trabajadores.
Es sabido que a fines del siglo XIX, panaderos y hasta peluqueros tuvieron sus días de reclamo, buscando reivindicaciones más justas que consoliden una verdadera equidad de derechos alcanzados. En este grupo de reclamos, noviembre de 1918 será un mes que pasará a la historia por un reclamo particular: el de mujeres del mercado. En ese mes, el Intendente Municipal prohibió en sectores del mercado la cocción de alimentos. Para aquel entonces era una práctica más que fundamental la de cocinar alimentos en cada rincón del mercado; incluso hoy lo sigue siendo. Basta pensar esto para dimensionar el impacto.
Las manifestaciones llegaron al punto de aprehenderse a algunas de las mujeres; medios como El Diario apoyaban las manifestaciones de las trabajadoras. Al cabo de una semana, la máxima autoridad municipal renuncia y la prohibición es dejada sin efecto. Al término de esta serie de manifestaciones y una vez resuelta la cuestión, las mujeres entregaron en las calles una flor, principalmente a los que las apoyaron en su lucha. Las flores llegaron a agotarse aquel noviembre en el mercado.
Tanto es el interés por esta historia, que en algún momento llegó a ser parte de una obra teatral en el extranjero. Hace unos años despertó el interés de artistas de Córdova, quienes llevaron en puesta teatral estas jornadas de manifestación.

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Por Derlis Rojas






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