JAQUE AL REY: DE LA PSICOLOGIA PATRIARCAL A LA PSICOLOGIA FEMINISTA Tomado de: Revista Costarricense de Psicología, N2 24, págs 11-29, 1996. Mirta González Suárez El artículo analiza los inicios de una psicología, marcada por el androcentrismo y, por ende, por la discriminación de las mujeres. El feminismo se plantea desde sus diversas posiciones, como el motor no solo de la crítica a la psicología patriarcal sino como reformuladora de teorías y constructora de una nueva alternativa, centrada en el análisis de género y en la ruptura de las estructuras de dominación. Finalmente propone medidas a las diversas instituciones relacionadas con la psicología, con el objetivo de lograr una acción profesional igualitaria. I.
Una psicología androcéntrica
La búsqueda de explicaciones que nos permitan comprender las acciones y pensamientos propios y de los demás, es uno de los intereses propios a lo humano. Este interés básico se ha construido desde diversos marcos, tales como la lógica de lo cotidiano, la filosofía, religión, y, en este siglo: la psicología. El contexto académico plantea una forma específica del conocimiento que denomina como científico, y la psicología no ha estado exenta de esta problemática. Afirma Maria Ángeles Durán que la ciencia se ha construido desde el poder y que el poder ha puesto la ciencia a su servicio, y también se ha construido de espaldas a la mujer ya menudo en contra de ella». (Durán, Maria Ángeles, l982, p.9). El desarrollo científico se realiza por personas concretas, con sus intereses y perspectivas particulares e igualmente, es fomentada (y financiada) de acuerdo con la valoración establecida por grupos específicos. La psicología presenta por su tema de interés central - el análisis del pensamiento y la acciónuna contradicción intrínseca: por un lado la preocupación por las relaciones humanas incluyendo en éstas aspectos emocionales, criterios de salud mental, canales de comunicación ha sido históricamente considerado como una de las habilidades entrenadas sobre todo en mujeres, pero, por otro, el desarrollo teórico de lo anterior -por medio de la exclusión de espacios- ha sido desarrollado, al menos hasta las tres cuartas partes de este siglo, por hombres. Estos hombres, con acceso a las estructuras de diseminización del conocimiento por medios oficiales -i.e. universidades, congresos, etc., - a diferencia de los grupos excluidos- cuentan con los recursos instrumentales para presentar sus teorías y metodologías como «científicamente correctas». Igualmente, las posibilidades que se derivan de la concentración exclusiva del desarrollo científico les permite escoger temas de investigación, elaborar metodologías alternativas, incluir o no en su grupo a otros investigadores y, finalmente, dar a conocer los resultados obtenidos. Así se construye - con algunas mujeres excepcionales que generalmente se incorporan dentro de corrientes psicológicas desarrolladas por hombres, y desde allí, proponen revisiones y aportes- un saber que necesariamente se encuentra imbuido por las vivencias más íntimas de
1
sus creadores. Una relectura de sus posiciones provee de interesantes puntos de análisis sobre la personalidad y conflictos internos de los autores. La psicología, además de su inserción en la educación superior, ha tenido -y tiene- la característica de constituirse en fuente de saber socialmente válido para las creencias de las masas, especialmente porque ser profesional en psicología hace de la persona una fuente de información sobre temas de interés general tales como : salud mental, sexualidad, aprendizaje, relaciones interpersonales, inteligencia, personalidad, agresión, fenómenos extrasensoriales, etc. ,es decir, temas que despiertan la curiosidad y dan respuesta a preguntas vitales en lo cotidiano. En la Edad Media europea estos tópicos eran consultados usualmente a las autoridades eclesiásticas, mientras que en nuestro siglo- tal vez por la necesidad de contar con argumentos «científicos» la psicología emerge como conocedora de todas las respuestas. Desde el punto de vista profesional, esta adscripción de la sabiduría tiene una importancia comercial relevante, pero, desde la perspectiva del desarrollo humano, este potencial educativo ha dado lugar a numerosas discriminaciones, entre ellas hacia las mujeres. Lo anterior constituye una grave responsabilidad ética que la psicología está obligada a purgar. Calificativos de «histérica» son utilizados cotidianamente para descalificar el enojo de las mujeres, e incluso se las denomina «masoquistas» cuando son agredidas físicamente por sus compañeros. Analizar el androcentrismo en cada corriente psicológica es una tarea por realizar. Para efectos de la presente introducción nos limitaremos a plantear únicamente algunos ejemplos, tal vez los más conocidos. Las dos perspectivas globales que sustentan teorías discriminatorias por género son: A- Explicaciones de las diferencias conductuales entre hombres y mujeres con base en la fisiología: Este enfoque considera a las características físicas de hombres y mujeres como la base del comportamiento de cada sexo, él cual es, en consecuencia natural e incuestionable. (Ver González, Mirta, 1990, cap. I) En este contexto se encuentran estudios que «demuestran» que la estimulación de zonas cerebrales no son iguales para hombres y mujeres y de allí se concluyen mayores facilidades en el desarrollo de habilidades para uno u otro sexo. Igualmente el nivel hormonal lleva a concluir el tipo de conducta llegándose a afirmar que durante la ovulación o el periodo premenstrual las mujeres «dejan de comportarse como son» para ser más “irritables” implicando que se presenta algo que no es normal» y por lo tanto «debe ser corregido». El alto nivel de testosterona, por otro lado, se relaciona con la agresividad, por lo tanto «los hombres son más agresivos que las mujeres debido a esta diferenciación hormonal». Las afirmaciones anteriores nos remiten a una concepción de los seres humanos guiados y conducidos por reacciones químicas, sin sentido de identidad y fuerza interior para decidir y actuar. Desde lo ontológico el psicoanálisis freudiano, parte de la existencia de la diferenciación instintiva intrínseca entre hombres y mujeres. (Para un análisis de la teoría freudiana ver
2
González, Mirta (1990) y Moheda, José, Negrini, Ana y Osorio, Giselle, (1982) y Rush, Florence, 1996). El psicoanálisis constituye un excelente ejemplo del androcentrismo en psicología, donde la mujer es un hombre incompleto, que se construye exclusivamente como polo opuesto a los valores positivos del varón. Las mujeres son así percibidas como anatómicamente incompletas, lo que les produce una insatisfacción tal que les lleva a envidiar el pene, mientras que a los hombres les sobresalta el temor a la castración. Las primeras, como seres inacabados, son dependientes, débiles y su realización personal se logra a través de la relación con su esposo e hijos. Más aún, las mujeres no son fuentes confiables al describir sucesos, por lo que los relatos de abuso en el hogar fueron interpretados como fantasías, producto de la no resolución del «Complejo de Edipo». B- Explicaciones basadas en mediciones coyunturales de la sociedad. Esta perspectiva utiliza frecuentemente todo el desarrollo tecnológico y matemático para cuantificar los resultados de las mediciones conductuales. Estos generalmente presentan diferencias por sexo, las que son interpretadas como «las diferencias entre hombres y mujeres». Las corrientes «medicionistas» (su preocupación central es medir y, por lo tanto, miden la personalidad, la inteligencia, la «femineidad» y la «masculinidad», las orientaciones sexuales, las actitudes, la salud mental y, en fin, todo lo que puedan medir), se preocupa ante todo por cumplir con los parámetros del positivismo. El conductismo, basado en este modelo científico, igualmente se centra en la medición y el control de conductas en un «aquí y ahora», donde los laboratorios son considerados similares a la vida cotidiana, y las diferencias entre hombres y mujeres son validadas por medio de resultados cuantitativos. El error lógico en el que suelen incurrir se deriva de asumir que la interrelación entre variables determina un patrón de causalidad, es decir, silos resultados de una prueba indican que los hombres tienen un puntaje significativamente mayor en tendencia a la agresión o en pensamiento matemático, entonces se concluye que esta diferencia revela que el sexo masculino tiene per se estas capacidades, sin considerar la influencia del medio social en el desarrollo de habilidades. El conductismo, sin embargo, evita sistemáticamente el análisis del modelo social que impulsa, por lo que es un aliado valioso del status quo. Las posiciones citadas tienen en común el hecho de perjudicar - y discriminar - a las mujeres, con base en axiomas supuestamente científicos que reducen al absurdo la eqorme complejidad del aprendizaje humano. Ante tanta trasgresión, sostiene Naomi Weisstein que «los psicólogos han descrito la verdadera naturaleza de la mujer con un entusiasmo y una certeza tan absoluta que es más bien repugnante (Weisstein, Naomi en Batres, Gioconda y Claramunt, Cecilia, 1991, p. 179). La supuesta “cobjetividad” de la ciencia, se nos presenta así como un escudo cuyo objetivo es encubrir el dogma misógeno. II. Jaque al Rey: El cuestionamiento del feminismo a la psicología patriarcal
3
El feminismo se desarrolla ante todo como una posición política, y como tal presenta diversas variantes, pero en su esencia es una reacción ante la discriminación de las mujeres en las sociedades, y un intento tendiente a cambiar las condiciones imperantes. El ¿Cómo?, ¿Por qué? y ¿Hasta dónde? son las preguntas que enmarcan las diferentes posiciones. En el caso del feminismo el abanico es riquísimo, no solo por las diversas opciones sino también por las corrientes epistemológicas que, habiendo descubierto la discriminación, se abocan a la tarea de escarbar sus pecados y hacer un acto de contricción y cambio, con la esperanza del renacer de una nueva posición éticamente correcta. Descarries-Bélanger y Shirley Roy (1992) plantean nueve alternativas (ver su ensayo titulado The Women’s Movementand its Current of Thought: ATypological Essay) de posiciones feministas que van desde las formas más cosméticas denominadas por ellas Feminismo Neoconservador que parte de considerar que de hecho hombres y mujeres son distintos, y se deben respetar y valorar los roles de cada uno, los que son complementarios, el Feminismo por la Igualdad que procura transformar los patrones discriminatorios socioculturales para eliminar la discriminación hacia las mujeres, Feminismo centrado en las Mujeres, que considera importante valorar las experiencias sociales sexuales y biológicas de las mujeres, formas centradas en la escogencia sexual, como el Feminismo Lesbiano que desmitifica el mandato de la valoración exclusiva heterosexual, hasta posiciones que procuran un cambio en la base de la estructura social, tal como el Feminismo Marxista que propone erradicar las relaciones de explotación y el Feminismo Radical que procura la abolición del sistema patriarcal. (Las autoras utilizan el término radical» para designar aquellas posiciones que pretenden cambiar las relaciones de poder establecidas») El recuento anterior se basa en la experiencia de las posiciones del norte de América (Estados Unidos y Canadá), por lo que recoge sus perspectivas, las cuales, desde un inicio se han diferenciado de las de América Latina. Mientras que en el norte la problemática del cuerpo y la sexualidad, así como el logro de la igualdad marcaron las líneas de acción, en América Latina las luchas se centraron en lograr cambios ‘sociales que permitieran el acceso de las mujeres a los ámbitos socio-económico-político. Tal como lo manifestó Alda Facio en una reunión realizada en 1994 con el propósito de proponer nombres de mujeres para ocupar puestos de poder en el gobierno «Lo que nos interesa a nosotras no es un pedazo del pastel sino cambiarle la receta. En nuestro contexto se proponen (ver Mirta González Suárez) (1995) al menos tres alternativas más, a saber: Feminismo Antidiscriminatorio: Se plantea la necesidad de priorizar dentro del movimiento a grupos especialmente discriminados tales como las indígenas, las negras y las mujeres con discapacidades. Feminismo Anti-imperialista: Propone cuestionar los lineamientos establecidos por los países poderosos- aún dentro del feminismo- y establecer vínculos igualitarios. Feminismo del Poder: Plantea que la distribución del poder es prioritaria, por lo que se debe impulsar la posición de las mujeres y sus intereses en las estructuras político-sociales.
4
Las diversas posiciones políticas señaladas muestran la complejidad del movimiento feminista. Rhoda Unger y Mary Crawford, (1992), en su libro «Mujeres y Género. Una Psicología Feminista» sostienen que es conveniente utilizar el término feminismos, si bien las perspectivas planteadas cuentan con dos aspectos en común: valoriza a las mujeres como seres humanos importantes y además reconoce la necesidad del cambio social para mejorar su situación. Es desde esta meta por denunciar y superar la discriminación de las mujeres que surgen las críticas más fuertes a la psicología androcéntrica. Constituiría sin embargo una omisión plantear que las posiciones feministas citadas serían las únicas fuentes críticas a la psicología ya que, a nivel individual, también se elevaron voces valientes. Tal el caso de Erik Fromm (1972, p.121), quien sostiene que «Para resumir, parece que Freud, influido por su prejuicio a favor de la autoridad paterna y de la superioridad masculina, interpretó el material clínico en forma unilateral y no explicó muchos datos que contradecían su interpretación». Y, en honor a la verdad, el mismísimo Sigmund Freud dudó de sus conocimientos sobre las mujeres. Indica Sara Sharratt que acogiéndose a esa forma humorística con que los hombres halan de las mujeres, Freud admitió al final de su vida que nunca las había comprendido... La afirmación teórica era alarmante, especialmente después de haber desarrollado la perspectiva teórica más influyente sobre la psicología de la mujer. Hemos tenido que pasar más de medio siglo explicándole a todo el que quería escucharlo, que Freud había dicho la verdad, y que esa verdad no tenía nada de humorístico. Todo lo contrario: su influencia ha ayudado a mantener la soga más apretada alrededor de nuestro cuello. No es gracioso. Nunca lo fue» (1988, p. 106) La crítica sistemática, clara, sin tapujos y reformuladora parte, sin embargo, de las afectadas, es decir, de las mujeres y muy especialmente desde el movimiento feminista, entendido desde su sentido más amplio -es decir como posición ante la vida- que defiende los derechos de las mujeres y las valoriza como ser humano. La posición más drástica en cuanto a la evaluación de la labor de la psicología lo representa Naomi Weisstein quien afirma que «la psicología no tiene nada que decir sobre lo que son verdaderamente las mujeres, ni sobre lo que necesitan, ni sobre lo que quieren, porque la psicología no sabe nada de eso» (Weisstein, Naomi, op cit. p. 181) Otro grupo considera que la psicología si puede aportar al conocimiento de los seres humanos, pero su quehacer debe ser reelaborado incluyendo la perspectiva de las mujeres, lo que implicaría la construcción de una psicología feminista. Por último, algunas continúan identificándose con posiciones originalmente androcéntricas, pero cuestionando los elementos discriminatorios y reinterpretándolos desde una perspectiva feminista. III. El nombre del padre Ante una ciencia patriarcal la tomado una posición critica ante la psicología falocentrica» como la denomina Sara Sharatt (1988) no es suficiente para el cambio. La denuncia, muy importante en un inicio, conduce al camino necesario de la propuesta, planteando una nueva teoría o reconstruyendo la propuesta ortodoxa.
5
Esta segunda alternativa centra sus esfuerzos en la revisión y replanteamiento de los elementos discriminatorios, sin renunciar a la teoría original. En algunos casos este proceso lleva a una reformulación importante del modelo, tal como lo hace dentro del psicoanálisis Nancy Chodorow, quien replantea las relaciones de identificación en la infancia. Ella afirma que todas las personas se identifican primero con su madre, por lo que las niñas tienen en su vida una continuidad generacional mientras que los niños a fin de sentirse adecuadamente masculino debe diferenciarse como alguien aparte, por lo que «define negativamente la masculinidad, como lo que no es femenino ni/o conectado con las mujeres, no se define positivamente. Y este es otro modo como los niños van a negar y reprimir la relación y la conexión en el proceso de ir creciendo. Mientras las niñas cuentan con un modelo permanente, los varones deben aprender su rol masculino en ausencia de una relación estrecha con el padre. Por lo anterior Chodorow sostiene que las mujeres crecen más conectadas con los otros mientras que los varones parten denegar la relación afectiva con su madre y su dificultad identificatoria se acrecienta, sobre todo si el padre se encuentra distante. Para esta autora [a devaluación de La figura materna, y con ella la de tas mujeres en general, se basa en un complejo psicológico e ideológico en los hombres, producto del resentimiento y temor a la dependencia de la madre, el cual los llevarla a buscar mujeres dependientes, que no exijan ni amenacen su poder. (Chodorow, 1991) No es el caso relatar la reelaboración de Chodorow del complejo edípico, pero si indicar que la interpretación de esta autora se encuentra indudablemente distanciada de la original de Freud, por lo que se podría hablar de una utilización de la terminología freudiana que a su vez rompe con el esquema original. La pregunta en este contexto es ¿Cuánto se puede reformar un modelo teórico, conservando su esencia? Esto nos lleva al análisis de las columnas vertebrales de la teoría, las que siendo socabadas, harían caer la estructura, requiriendo, por lo tanto no ya de cambios específicos sino de la elaboración de una nueva teoría. El segundo cuestionamiento de esta práctica se refiere a las consecuencias de esta práctica, ya que, de hecho, adscribirse a un nombre que ha discriminado a las mujeres - y lo sigue haciendo hoy día en su versión ortodoxa»- valida socialmente y académicamente la alternativa discriminatoria. En el campo de la psicología el psicoanálisis freudiano emerge como la teoría más diseminada popular y académicamente, y, a la vez, la que más discriminaciones ha fomentado, permitido y - finalmente- autoanalizado. El psicoanálisis cuenta además con una larga cadena de intolerancia a la divergencia, expulsando desde sus inicios a los miembros disidentes (tal los casos de Carl Jung y A. Adler, quien, por cierto sostenía que la relevancia del análisis de las estructuras de poder, aunque no desde una perspectiva de género). En la actualidad persiste la proliferación de apellidos, tales como el psicoanálisis lacaniano, psicoanálisis marxista y psicoanálisis feminista. El psicoanálisis feminista, como su nombre lo indica, es primero psicoanálisis y luego feminista. La reelaboración de esta teoría es sumamente laboriosa, ya que la discriminación de las mujeres se constituye en el núcleo del pensamiento freudiano, y desde luego, no puede considerarse como pecata minuta.
6
Si queremos aumentar aún más la complejidad de las posiciones podemos referirnos al FreudoMarxismo- Feminista (convertido entonces en segundo apellido). Tal Ja posición de Shulamith Firestone quien reconstruye el marco teórico basándose en la escuela de Frankfurt, desde una perspectiva feminista, centrándose en elementos propuestos por T. Adorno, Horkheimer, Marcuse y Wilhelm Reich. La sociedad capitalista es percibida como organismo represor y la sexualidad como forma de liberación .La sexualidad -ante la alternativa represiva- se convierte así en una actividad revolucionaria. Alicia Puleo muestra insatisfacción por la posición de Marcuse en su conferencia titulada Marxismo y Feminismo vuelve alo ontológico afirmando que las mujeres poseen las cualidades de Eros (1994, p. 181). Germaine Greer (1985), en su libro Sexo y Destino retorna a la escuela frankfurtiana para valorizar las facultades femeninas de compasión, sensualidad y según Alicia Puleo (op.cit. p. 182) concluye que la fuerza de las mujeres procede de la ignorancia, de la exclusión». La fuerza del Eros, de la sexualidad liberada y orgásmica y de los valores femeninos es la base de la revolución social. Años después la autora critica su propia posición ya que considera al ansia del orgasmo como otra de las formas del capitalismo para dominar. Si antes afirmaba que el ideal era la liberación sexual, posteriormente ve en esta otra forma de opresión de las mujeres ya que la sexualidad femenina seria incompatible con la masculina. Relaciona Greer la conclusión anterior con una crítica frontal a los estudios de los sexólogos -especialmente Masters and Johnson-, cuyos estudios considera mecanicistas y reduccionistas -centrados en lo genital. Más aún la apropiación de la necesidad de estimulación del clítoris por parte de los hombres se constituye en otra forma de control del cuerpo de las mujeres. El materialismo histórico - pionero en el análisis de la estructura del patriarcado (ver F. Engels) basa los patrones de dominación en la explotación económica. La propiedad privada de los medios de producción, y, partiendo de ella, el paso de la herencia matrilineal a la patrilineal, constituye para Engels, la gran derrota histórica del sexo femenino. La crítica más fuerte del feminismo al materialismo histórico se centra en la priorización de la lucha de clases en detrimento de la lucha de género. Firestone propone definir las clases sexuales (en relaciones por ella denominadas como dialéctica del sexo») como las fundamentales para el cambio social. Así la oposición de clases sexuales no deriva de la economía sino es más bien la economía la que se hará derivar de la oposición de las clases sexuales. Firestone valora la obra de S. Freud en cuanto a la relevancia que este le otorga a la sexualidad, pero rechaza la práctica psicoanalítica centrada en la terapia individual ya que la considera adaptativa. El complejo de Edipo, por otra parte es interpretado en términos de poder, es decir resultado de la percepción del niño de un padre con poder y acceso al mundo público y una madre secundaria. La envidia del pene, en la niña, no seria más que una metáfora del poder del varón. (Para un análisis de la posición de Firestone ver Echols, A, 1989 y Celia Amorós, 1994). Esta tarea dolorosa de revisión y reinterpretación revela la necesidad de validar la teoría, y una de las formas es asumir que «el maestro ha sido mal interpretado. Así Juliet Mitchell (1 974) afirma que Freud no impone una feminidad normativa sino que se limita a describir la sociedad patriarcal. Tal como lo afirma Celia Amorós: «Es una lectura benévola de Freud». Por el contrario, hay otra lectura de acuerdo con la cual Freud no solamente describe, no
7
solamente dice: bajo una sociedad patriarcal, así se configura la psicología de la mujer», sino «ésta es la psicología de la verdadera feminidad». (1994, p164). Otra alternativa es la crítica abierta, rescatando elementos centrales. Así, Ursula Hauser (1994) afirma que “Freud y la mayor parte de sus seguidores aún en la actualidad consideran la sexualidad femenina solamente en comparación con lo masculino. La sexualidad y el cuerpo del hombre están en el centro del análisis, y la mujer en directa dependencia de aquel, la No Hombre. Esto refleja una posición de poder y de discriminación” Y más adelante señala: «Justificado está el rechazo que el movimiento feminista ha hecho hasta recientemente del psicoanálisis puesto que algunos de sus postulados en relación a las mujeres y su sexualidad son monstruosos, así como la categorización de a homosexualidad como perversión». (1994, p.1O). El feminismo como apellido: ¿Una opción de reparación? Antes de finalizar este apartado cabe preguntarnos el porqué de estos ingentes esfuerzos por adaptar, releer, reelaborar, cambiar y valorizar teorías que han perjudicado tanto a las mujeres. ¿Porqué esta tendencia a optar por el apellido de feminista en lugar de adoptar una posición teórica nueva? Algunas de las hipótesis que podemos plantear como posible respuesta ante la persistencia en pertenecer a teorías androcéntricas son las siguientes: - Hipótesis de la credibilidad: El sumarse a una teoría psicológica que cuenta con un espacio de credibilidad académico produce seguridad ,la seguridad de plantear cambios en el contexto de lo ya aceptado «científicamente». El no contar con una teoría aceptada, por otro lado implicaría una vacuidad en las intercomunicaciones con los círculos de poder. - Hipótesis del gasto de energía: Los años de estudios -y de pasajes y ritos- que se requiere para aceptado/a como un miembro de una teoría específica produce una relación difícil de romper. Muy especialmente se destaca el logro de un lenguaje común- frecuentamente etiquetante- que permite el reconocimiento y autoconocimiento dentro: del grupo en cuestión. Tal bagage de sacrificios e inversión de tiempo no es fácilmente desechado, por lo que, en lugar de adscribirse a otra posición se opta por continuar con la ya sabida, cambiando algunos elementos. - Hipótesis de la valoración de aspectos específicos: Se considera que la teoría, si bien en sus orígenes poseía elementos androcéntricos, cuenta con algunos elementos valiosos, los que pueden ser utilizados. Estos elementos requieren usualmente de numerosos parches en la teoría. - Hipótesis del símbolo de poder patriarcal: Los autores originales se convierten en símbolos de poder patriarcal, por lo que se produce una simbiosis (identificación con el enemigo) o dependencia, lo que produce una actitud justificatoria. Cuando las posiciones son claramente androcéntricas estas se justifican como falsas interpretaciones, o dificultades para expresar lo que «verdaderamente quería decir».
8
Las personas que trabajan por lograr el apellido de feminismo tienen la ardua y pesada tarea de podar el árbol de la teoría, con el doble riesgo: que no vuelva a florecer por las heridas sufridas oque nuevamente, y por la existencia de árboles sin podar alrededor, se continúe validando como iguales a los que tienen las ramas dañadas y esas ramas, lamentablemente, caen sobre las cabezas de las mujeres. IV. La propuesta feminista El feminismo es una posición ante la vida, una búsqueda del deber ser: de un futuro sin discriminaciones de género. Por lo anterior es también una posición política ya que requiere de la participación -de hombres y mujeres- en este proceso hacia una sociedad mejor. Una psicología feminista parte de la igualdad en derechos, así como en su valoración social de hombres y mujeres. El quid de la discriminación de las mujeres, afirma, se basa en la estructura social de poder: el patriarcado. Desde esta perspectiva la salud mental se encuentra directamente relacionada con la ruptura de las relaciones de poder, que valorizan a un grupo humano (los hombres) sobre otro (las mujeres). El pilar central de la psicología feminista es la develación -y ruptura -de la estructura patriarcal de poder, por lo que el «empoderamiento» de las mujeres como seres con derechos es básico en la escogencia de temas, análisis, terapia y valores éticos. La psicología anti-mujeres o psicología patriarcal, por otro lado:
Valida los roles tradicionales: considera que hay «conductas femeninas y masculinas».
Considera que una mujer «normal» se adapta a las condiciones, es decir acepta el modelo de dominación patriarcal
Utiliza técnicas para verificar «científicamente» que existen comportamientos de “hombres” y de “mujeres», desestimando la influencia social en la adquisición de esas conductas.
Refuerza conductas objetales (mujer-objeto) en las cuales las mujeres se encuentran al servicio del hombre, por ej. en las relaciones sexuales la meta es el placer del hombre y la mujer se satisface por medio de este.
Considera a las mujeres víctimas de la situación, y se limita al análisis de la misma sin fomentar alternativas de cambio.
Valoriza la presencia del «hombre-macho con la mujer-femenina” como única alternativa correcta de escogencia sexual - Culpabiliza a las mujeres por el destino de su familia, eximiendo de culpa a los padres irresponsables Considera que reacciones humanas básicas asociadas como «femeninas» (por ej. florar, expresar emociones) es «normal» que no las expresen los varones.
9
Dicotomiza la relación (‘publico» y «privado», y evita el análisis político de la distribución del poder Establece relaciones de poder: interpreta y diagnostica desde su posición de poder como terapeuta, sin darse cuenta que en el proceso nuevamente repite el esquema de dominación Considera a la intervención psicológica como «objetiva» y «distanciada». En poco tiempo se cree con la potestad de informar a la afectada sobre su situación y como resolverla. Carece de un marco ético basado en los derechos existentes por el solo hecho de ser humano/a.
Las alternativas anteriores en pocos casos - dado que los profesionales conocen lo inaceptable de la discriminación- se presentan abiertamente, pero podemos afirmar que son posiciones cotidianas y, lamentablemente, persisten en la mayoría de las intervenciones en forma solapada y sutil. Veamos un ejemplo: 1. Maria acude a su terapia semanal. Salió enojada porque su jefa cada día e exige más y esto la abruma. Sentía tanta tensión que para desahogarse acude a un bar donde encuentra a un hombre muy guapo y tiene relaciones sexuales con el. Paga 7000 colones pero bien valió la inversión porque el señor conocía todos los trucos y tuvo varios orgasmos. La tarde se pone mejor, pensó. Todavía le quedan los 5000 colones para la consulta. Espera que su hijo no le pida dinero para comprar algo de la escuela o el esposo necesite para la casa, pero esto es improbable ya que llegará muy tarde y posiblemente estén dormidos. Por dicha que su otro hijo, al que no ha vuelto ver, es responsabilidad de su padre. «Si el no se cuidó es cosa de el, de por sí es mejor para un hombre soltero tener un hijo que lo acompañe». Entra a la terapia. El psicólogo es tan comprensivo con ella que solo verlo, tan elegante y seguro la hace sentir bien. Empieza a contarle sus preocupaciones principales: - Viera lo que me pasó hoy con mi jefa. Tiene una forma de ser imposible, no sé si tal vez me recuerde a mi madre, ya que ella tenía una voz parecida y una vez me sentí mal cuando ¿Qué pensará el psicólogo de “este caso”? La conducta de María necesita indudablemente de un serio análisis: ¿Por qué sus deseos sexuales no se realizan en una relación amorosa? ¿Por qué sus intereses están primero que las necesidades básicas de su familia? ¿Por qué este distanciamiento de las personas que son su responsabilidad -el hijo que no y?? ¿Por qué pareciera no sentir culpa al no cumplir su papel nutriente y solidario? Y, finalmente, ¿Por qué centra su preocupación en su relación laboral, dejando en un segundo plano al resto? Claro que, para la psicología patriarcal, la situación seria casi «normal» si se cambia el nombre de Maria por el de Juan.
10
La aplicación de un modelo basado en la dicotomía conductual de hombres y otra para mujeres es uno de los puntos centrales para el mantenimiento del patriarcado, pero ¿cómo superar actitudes implantadas durante siglos? ¿Cuáles son los tópicos centrales donde deberían concentrarse los esfuerzos? Ya hace veinte años Jean Baker Miller (1992) en su libro “Hacia una Nueva Psicología de la Mujer” planteaba que los nueve centros de interés para el movimiento serian: 1. Franqueza física: Recobrar el cuerpo conociéndolo, sin admitir controles externos. 2. Franqueza sexual: Redefinir la sexualidad femenina con relación a si misma y dar un mayor énfasis a la conexión entre significados sexuales, personales y emocionales. 3. Franqueza emocional: la expresión de sentimientos es base de la salud mental 4. Desarrollo humano: Responsabilidad en el cuidado de los demás, especialmente la familia inmediata. 5. Función asistencial: Redistribución de las responsabilidades de cuido del hogar y el trabajo 6. Cosificación: Las mujeres no son «cosas» en ningún aspecto de la vida 7. Sociedad humanizante: Permitir las emociones como parte de la vida social e institucional 8. Igualdad privada y pública: Estilos de responsabilidad y cooperación mutua en la esfera pública y privada. 9. Creatividad personal: Desarrollarse interiormente cuestionando lo prescrito por el grupo dominante Contemporáneo a la propuesta de Jean Baker Miller, Phyllis Chesler (1989) publica su libro sobre las mujeres y la locura, planteando que, como tesis central, éstas son controladas por un sistema patriarcal que etiqueta como «desviación» mental las conductas basadas en la acentuación de roles estereotipados femeninos (sobre conformismo- demasiado femenina) o el rechazo de los mismos (inconformista- demasiado masculina). Conjuntamente con Naomi Weisstein, Phyllis Chesler es cofundadora de la Asociación de Mujeres en Psicología y en 1970, en su ponencia presentada en la Asociación de Psicología Americana (que en realidad es de Estados Unidos), solicitó a los colegiados «...un millón de dólares como compensación a aquellas mujeres que nunca son ayudadas por las profesiones encargadas de la salud mental, yen lugar de eso son más bien abusadas: etiquetadas como castigo, llenas de tranquilizantes, seducidas sexualmente durante su tratamiento, hospitalizadas contra su voluntad, electroshockeadas, lobotomizadas, y sobre todo, rechazadas por ser demasiado «agresivas», «promiscuas», «depresivas», «feas», «viejas», «desagradables» o «incurables».(Phyllis Chesler, en Wilkinson, Sue,1994) (Para una revaluación de la posición de Chesler ver Wilkinson, Sue, 1994).
11
Las mujeres hemos sido culpabilizadas y negadas en nuestro valor y sentimientos, y hasta en el sentir básico corporal desde el inicio de la psicología. La invisibilidad y el enmudecimiento se extiende en el trabajo, el cuerpo, el tiempo y el espacio.( Ver Quirós, Edda, 1995) El poder, representado en el padre, el terapeuta, el presidente, defiende el mito que está donde está por sus cualidades superiores, por su sabiduría, por su estudio. Sin embargo, prueba de que la psicología, y en especial la clínica, tiene pies de barro, es la prácticamente nula investigación sobre la salud mental de los terapeutas y los resultados de las terapias. El feminismo plantea nuevas alternativas en el proceso terapéutico. Suc Wilkinson considera que para mejorar la salud mental de las mujeres estas deben tener espacios para hablar entre ellas de sus experiencias y sentimientos, en lugar de mantenerse aisladas, con miedo y vergüenza. (Wilkinson, 1994). El compartir como fuente de poder es también considerado como una aproximación importante. Tal es el caso de los grupos de concientización propuestos por Leda Trejos (1988), incluyendo la propuesta latinoamericana de incluir la conciencia social de la pobreza, de la injusticia y de las múltiples formas de violencia. Ante un discurso psicológico dominante sexista y clasista, las raíces de la Teología de la Liberación, de la Pedagogía del Oprimido, sienta las bases para el análisis de lo individual en o social. Pero no todas las propuestas surgen de la psicología: una nueva alternativa de apoyo entre mujeres que ha tenido grandes repercusiones sociales son los grupos de apoyo centrados en mujeres que han padecido violencia doméstica. Estos grupos se basan en la importancia de la relación horizontal -por lo cual rechazan la necesidad de contar con una profesional directiva en su seno- y el compartir experiencias como forma de empoderamiento. Centro de su tarea es el çuestionar las relaciones patriarcales de poder, por lo que se considera que estas no deben repetirse sino superarse en el proceso de concientización sobre las potencialidades y alternativas personales. (Ver Carcedo, Ana et.al. sin fecha y CEFEMINA, 1994 y 1995). En la actualidad nos encontramos ante la necesidad de revisar el quehacer profesional en el contexto de los derechos humanos. El ofrecer una psicología no discriminatoria no es ya una opción sino una obligación, tanto moral como legal. Costa Rica ha ratificado la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer definió estrategias y recomendaciones para superar la inequidad. (Ver Guzmán, Laura y Pacheco (Comp.), Gilda, 1996). V. La ética como guía de la acción psicológica El análisis de la psicología como forma de opresión señala la necesidad de convertir a la ética como propuesta trans e intrateórica- en el centro de la acción psicológica. Planteamos a continuación algunos principios inherentes al quehacer profesional ético, como son: -
Respeto por los derechos humanos -
Responsabilidad por las acciones y sus consecuencias
12
-
Preocupación por el bienestar y la salud mental Utilización del conocimiento científico en beneficio social e individual
Los Principios Éticos de Psicólogos/as y Código de Conducta de la Asociación Psicológica de Estados Unidos (American Psychological Association, 1992) contienen artículos tendientes a asegurar relaciones igualitarias, por lo que se consideran faltas de ética las siguientes acciones:
Discriminación: No se debe discriminar en actividades relacionadas con el trabajo, especialmente por edad, género, grupo étnico, nacionalidad, religión, orientación sexual, discapacidad, status socioeconómico. (Principio D)
Hostigamiento sexual: considerado tanto como conductas indeseadas verbales y no verbales de naturaleza sexual como el respeto de la dignidad tanto de las personas ofendidas como de los ofensores. (Art.1.11)
Relaciones de explotación: sobre aquellas personas que supervisan, evalúan o tienen autoridad como estudiantes, empleados/as, participantes en investigaciones o clientes o pacientes. Incluye además no involucrarse sexualmente con estudiantes o personas sobre las
que se tiene autoridad directa o capacidad de evaluación, debido a que lo anterior es plausible de perjudicar el juicio imparcial así como desarrollar conductas de explotación. (Art.1 .1 9)
Intimidad sexual con pacientes: considerando que la intimidad sexual con pacientes frecuentemente es dañina para el tratamiento y además lleva a cuestionar la profesión por parte del público en general, no es adecuado aceptar clientes con las/los cuales se haya tenido previamente intimidad sexual como así tampoco iniciar este tipo de relación durante un tratamiento. (Art.4.05, 4.06 y 4.07) (Este punto ha sido desarrollado en forma de artículo por el Comité de Mujeres en Psicología de la Asociación de Psicología de EEUU. 1986).
Además el Manual de Publicaciones de la Asociación de Psicología de los EEUU cuenta con lineamientos que requieren la utilización de un lenguaje no discriminatorio en todas sus publicaciones. (Ver American Psychological Association: Publication Manual, 1988) Florence Denmark, Nancy Russo etal (1988) presentaron un reporte de la Comisión ad hoc para evitar el sexismo en la investigación psicológica. En este plantean sugerencias en el Planteamiento del problema, Metodología, Análisis e interpretación de datos y conclusiones. En el planteamiento del problema se destaca la persistencia de estereotipos, centralización en la perspectiva masculina- tal como en la determinación de temas prioritarios- por lo que proponen rexaminar y descubrir nuevas teorías-, prestando especial cuidado en el uso de antecedentes sesgados. La operacionalización debe procurar la participación igualitaria por sexo, especificar otras variables relacionadas con género, como grupo étnico, clase social y edad y revisar los instrumentos para evitar estereotipos o denominaciones que afectan negativamente a un grupo específico.
13
El análisis e interpretación de datos suele enfatizar en las diferencias por género, desechando las similitudes, con lo que se magnifican inadecuadamente los resultados y, además, suelen establecerse relaciones de causalidad cuando solamente se puede deducir una diferenciación por aprendizaje social. Las conclusiones deben verificar que los resultados sean aplicables al grupo en estudio, sin generalizar a otros no considerados como así tampoco a otras circunstancias o habilidades. Se debe evitar el uso de estereotipos sociales para referirse a tendencias o características por género, especialmente cuando esto podría afectar el bienestar del grupo señalado. Los parámetros anteriores, fruto de años de trabajo por parte de psicólogas feministas, señalan la necesidad de contar con lineamientos claros en defensa de los derechos de las mujeres. Frente a los estudios citados , (al que se debe agregar la Guía para Servicios Psicológicos para la diversidad de grupos étnicos, lingüísticos y culturares , 1990) el Código de Ética del Colegio de Psicólogos de Costa Rica resulta demasiado simple y vago ante la problemática y concientización actual. Este se refiere en forma general a la necesidad de guiarse por los principios de responsabilidad y respeto (Art.5) e indica además en su Art.13 que «Salvo cuando la técnica a emplear no afecte si sea afectada por este tipo de vínculos, el psicólogo deberá evitar involucrarse en relaciones terapéuticas con personas con quienes tenga vínculos de autoridad o de estrecha autoridad...» La terminología utilizada «deberá evitar» podría incluso interpretarse como una alternativa y no una clara violación al código. La única violación a los derechos humanos que se especifica se presenta en el Art. 17 y se refiere a la participación en cualquier acción o forma de tortura. (Posteriormente se retomará este tema, planteando propuestas) • El código señalado no es más que un reflejo de la indefinición que pesa sobre gran parte de la psicología sobre los derechos humanos en general y de las mujeres en particular. Considerando la necesidad de discusión de estos y otros aspectos a continuación nos referiremos brevemente- a tres preguntas, tal vez las más reiteradas: - ¿Qué implica el feminismo como opción para los/las profesionales en psicología? - Desde la definición más amplia (que considera que las mujeres son tan valiosas como los hombres y que es necesario el cambio social para mejorar su situación), cada profesional debería considerarse feminista, ya que si no trata a las mujeres como seres humanos con igualdad de derechos estaría infringiendo la legislación y la ática y estaría actuando paradójicamente contra la salud mental general. Desde el punto de vista más especifico, sin embargo, la psicología feminista como alternativa teórica, se define por el interés central en el logro de la equidad y la superación del patriarcado lo que requiere de una escogencia y definición personal. - ¿Pueden los psicólogos aplicar la terapia feminista?
14
Afortunadamente en la actualidad nos encontramos con psicólogos interesados en superar los esquemas patriarcales. Estos pioneros (ver artículo de José Manuel Salas en esta misma revista) se preocupan por develar las diversas formas de perjuicios a la salud mental que el patriarcado impone y se concentran en este contexto en analizar grupos de varones. ¿Es adecuado que los psicólogos apliquen una terapia feminista a las mujeres? Sobre si los psicólogos se encuentran con capacidad de trabajar en terapias con mujeres, se debe señalar que existe divergencia de opinión. El elemento más fuerte en contra es el que considera que los varones representan el poder patriarcal, y este se repetiría en el proceso de terapia, por lo que es más conveniente que las mujeres cuenten con una profesional. Por otro lado el contar con un hombre que presente un modelo de ruptura en las relaciones de explotación podría constituir un buen modelo. (Este hombre seria, debo aclarar, prácticamente un santo, ya que ni a los hombres ni a las mujeres nos es fácil romper con relaciones establecidas por milenios) El interés por incluir la perspectiva de las mujeres en el análisis psicológico - así como la persistencia discriminatoria- se presentó claramente en el III Congreso Nacional de Psicología donde las ponencias relacionadas directamente con el tema de género ascendieron al 45% del total. Los temas más destacados fueron: Violencia, especialmente doméstica, incluyendo el acoso sexual intrafamiliar, Trabajo y Economía, Relaciones Maternales, socialización masculina, Autoestima. Educación y Revisiones de aspectos discriminatorios en las teorías. Los temas citados constituyen una muestra de los intereses presentes, y también señalan aspectos escasamente considerados como: distribución del poder, problemática de grupos de bajos ingresos urbanos y rurales, salud mental, sexualidad, medio ambiente y sobre todo, el análisis del quehacer profesional de la psicología y la discriminación por género. En el conversatorio sobre género hubo consenso para proponer lo siguiente: 1.- Para el Colegio de Psicólogos: 1.1.
Incluir en el Código de Ética lo siguiente:
Considerando que es un deber de la labor psicológica promover el desarrollo de mujeres y hombres: -
Constituye una violación a la ética profesional: a. La discriminación por edad, género, grupo étnico o nacional, discapacidad, status socio- económico u orientación sexual. b. El acoso sexual c. La intimidad sexual con pacientes
1.2.
Propiciar las siguientes discusiones, para definir normativas al respecto: -
Responsabilidad profesional en los casos de conocer abusos hacia menores, tales como incesto, abusos deshonestos u otro tipo de maltratos.
15
Secreto profesional: alcances y limitaciones (Obligatoriedad o no de denunciar casos de violencia, de testificar en juicios, etc.) 1.3. Pronunciarse públicamente sobre temas de actualidad, especialmente relacionados con el género, por ej. leyes o acciones que perjudican a las mujeres. 1.4. Sensibilizar a las y los profesionales en psicología sobre la discriminación de género y como superarla. 2. Docencia - Integrar la perspectiva de género en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la carrera de psicología. - No discriminar por género en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el acceso a puestos. - Investigar posibles formas de discriminación por género en el ámbito académico y profesional. 3. Investigación Integrar la perspectiva de género en las investigaciones. 4. Lenguaje Considerando que la psicología debe dar un ejemplo de equidad y que el lenguaje se encuentra impregnado de sexismo se propone: - Que las publicaciones y documentos avalados por la psicología -especialmente por la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica, por el Depto. de Psicología de la Universidad Nacional y por el Colegio de Psicólogos- exijan un lenguaje oral y escrito no discriminatorio en general, y específicamente no sexista. En conclusión: la psicología tiene una cuenta que saldar con las mujeres y debe al feminismo la contabilidad del monto. La denominación de esta cuenta no es un valor monetario sino el propio de la discriminación sistemática por acción y omisi6n. La denuncia y la revaloración ya constituyen un hecho vox popuii, por lo que la persistencia en el dolo es acción reincidente con las consecuencias éticas que la sociedad impone.
16