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elpoemaseminal 61 20 de octubre, 2004

cine y poesía (I)

atisbos FRENTE A UNA IMAGEN QUE DANZA EN LA PANTALLA: CINE Y POESÍA (UNA VISIÓN PERSONAL) JESÚS BARQUET www.baquiana.com/Opinion_I.htm Revista Literaria Baquiana, Miami, Estados Unidos, año III, núm. 17-18. Jesús J. Barquet nació en la Habana, Cuba (1953). Poeta y ensayista. Reside en los Estados Unidos. Desde 1991 es profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad Estatal de Nuevo México en Las Cruces. Ha publicado los libros: Sin decir el mar (1981), Sagradas, herejías (1985), El libro del desterrado (1994) y Un no rompido sueño (1994; 2do premio de "Poesía Chicano-Latina 1993), así como las plaquettes Ícaro (1985), El libro de los héroes (1994) y Jardín imprevisible (1997). Como ensayista ganó el premio "Letras de Oro" por Consagración de la Habana (1992) y el premio "Lourdes Casal de Crítica Literaria 1998" por Escrituras poéticas de una nación (1999). En 1998, su libro Naufragios obtuvo Mención de Honor en los concursos internacionales de poesía "Gastón Baquero" y "Frontera Pellicer-Frost".

Q

uerer aquí señalar los vínculos entre mi creación poética y otras artes me lleva a reflexionar sobre un asunto que, desde adolescente, he experimentado como creador aunque nunca me haya detenido a interpretarlo. Revisando la contraportada de mi libro Sin decir el mar (1981), que recoge los poemas que entonces creí rescatables de mi primera producción de los años 1971 a 1978, descubro que me reconozco ya allí deudor de seis artistas, de los cuales tres no pertenecen al ámbito de la poesía: Orson Welles, Andrei Tarkovski y John Lennon. Es decir que, desde sus respectivos lenguajes artísticos, el cine (en las figuras de Welles y Tarkovski) y la canción de corte digamos trovadoresco (donde el texto muestra tanta validez como la melodía, como es el caso de Lennon) habían inspirado a un joven poeta habanero desde los años 60. Hablaba de Welles y Tarkovski, pero cabían allí Antonioni, Jancso, Buñuel, Kurosawa, Resnais, Rocha, Sanjinés, Godard, Eisenstein y Bergman, cuyos films se exhibían consistentemente a fines de los años 60 en la Cinemateca de Cuba, a unos 15 minutos a pie desde mi casa. Hablaba de Lennon, pero pensaba también en las canciones de Silvio Rodríguez, Pablito Milanés, el primer Amaury Pérez y el menos conocido Noel Nicola: sus músicas atrevidas acompañaban a unos textos que, sin ellos proponérselo, se me aparecían como la mejor y más saludable poesía posrevolucionaria. En dicha contraportada no reconocía mi deuda con la pintura, pero ésta se hallaba implícita tanto en el cine altamente plástico de Tarkovski (pienso en su Andrei Rubliov y su Solaris) como en tres poemas de aquel libro: "Paisaje", "Descripción de una lámina" y "Naturaleza muerta", los cuales fueron tal vez mis primeras incursiones en la llamada ecfrasis, motivo poético que después, con mayor intención, he continuado en poemas como "Jardines y puentes de Monet", "Redon's Impossible Task", "Almuerzo sobre la yerba", "Retrato del infante Don Carlos hecho por Velázquez, el historiador", la plaquette El Libro de los héroes y dos largos poemas inéditos sobre “La danza” de Matisse: verla en 1978 en el Museo del Hermitage de Leningrado y encontrar, ya ejerciendo yo mi libertad en 1980, otra versión de la misma en


el Museo de Arte Moderno de Nueva York significó para ese joven cubano en medio de un dividido ámbito internacional -cuando todavía el terco ajedrez de las superpotencias no dudaba en arrastrar tras sí al resto del planeta- la comprensión de que, como señaló Borges, "el otro" puede ser a veces "el mismo", y que la verdadera diferencia y el verdadero sentido o matiz de la existencia los establece el arte, representado entonces por “La Danza” de Matisse. Pero esta reflexión ante ambos cuadros incluía un homenaje a otra manifestación artística que desde muy joven me ha servido de curiosa inspiración: el baile, en las formas del ballet y la danza moderna, las cuales en la Cuba de los años 60 y 70 contaban con representantes de alta categoría como Alicia y Fernando Alonso, Loipa Araújo, Ramiro Guerra, el Ballet Nacional y la compañía de Danza Nacional, entre los nacionales, y Maia Plisetskaia, Antonio Gades y el Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart, entre los numerosos visitantes extranjeros. En conclusión, son el cine, la canción, la pintura y el baile las cuatro manifestaciones artísticas que, por distinta vía, me han llevado a concebir las virtudes de la poesía escrita en tanto que forma del lenguaje altamente asociada a la imagen estática o en movimiento y a la música, algo que ya tenían muy presente los grandes poetas modernistas hispanoamericanos de los que también me siento deudor: Darío, Martí, Silva, Gutiérrez Nájera y Casal. Quizás deba remontarme a los orígenes. En mi caso, en el principio no fue el verbo, sino la imagen visual (con referentes físicos o síquicos) en movimiento, es decir, el cine. Más aún, fue el cine lo que me llevo a la letra escrita. Como otros recuerdan sus lecturas iniciáticas, recuerdo el film que inició en mí, hace ya más de tres décadas, esas transferencias o enlaces interartísticos que todavía perdura: fue "El proceso" de Orson Welles, basado en la novela homónima y el relato "Ante la ley" de Franz Kafka. No miento ni busco epatar a nadie cuando digo -y que en esto me perdone el gran propulsor de la literatura para niños y jóvenes que fue Eliseo Diego- que, de niño, no me entusiasmaban para nada los famosos cuentos de Andersen o los Hermanos Grimm ni, como me correspondía por ser varón, las novelas de Julio Verne o Emilio Salgari. Recuerdo haber leído todo aquello pero sólo por llenar algún espacio de pronto vacío en mi rutina infantil y adolescentaria. Reflexionando ahora al respecto, creo que quizás los años 60 en La Habana le ofrecían a mi niñez y adolescencia una atmósfera épico-dramática mucho más atractiva y dinámica que la que aquellos libros evocaban: la Crisis de Octubre, un estado de guerra perenne que se manifestó de forma peculiar en los cañones cuatrobocas apostados en la esquina de la casa y que apuntaban siempre a posibles aviones enemigos (mientras milicianos y soldados merodeaban por el barrio exhibiendo sus ruidosas masculinidades y enamorando furtivamente a mis hermanas mayores), las constantes manifestaciones públicas a apenas cinco cuadras de mi casa (ríos de gente pasando, gritando, cantando, insultando), las tensas conversaciones callejeras y caseras con tintes disidentes o ultrarradicales, los diferentes conflictos políticos, sociales, familiares, raciales y hasta sexuales vividos tan a flor de piel en la casa, en la escuela primaria, en cualquier lugar público. Todo ello sin dudas le ofrecía al niño una realidad mucho más rica en experiencias humanas perdurables que aquellas lecturas supuestamente obligatorias de infancia que, debo confesarlo, me resultaban tontas. Frente a los corsarios y brujos de mi realidad cotidiana, aquellas hadas madrinas y piratas de la literatura para niños resultaban ser demasiado endebles. Incluso la versión reducida a texto escolar de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez me parecía insulsa. Sólo la realidad cotidiana de la escuela primaria de entonces era ya suficiente para superar cualquier ficción escapista: tras imponerse como única la educación gratuita y estatal en la Isla, un gran sector popular y plurirracial invade las escuelas católicas y protestantes otrora reservadas a las clases media y alta fundamentalmente blancas, e impone una conducta altamente iconoclasta y violenta basada en el desparpajo y la agresión verbal, física y hasta sexual, ya que producto de la subescolaridad republicana coincidían, en una misma escuela (y hasta promoción), estudiantes de edades y experiencias muy dispares. Liberadas por el nuevo proceso político, las viejas fricciones y resentimientos de clase, raza, género y orientación sexual de toda la sociedad cubana se reproducían brutalmente en el pequeño ámbito escolar. Ocurría así que el propósito de los textos de primaria de despertarles a los imberbes niños de 8 ó 9 años la sensibilidad literaria y ciertas virtudes morales con, por ejemplo, algunos fragmentos de Platero y yo, era maliciosamente choteado, parodiado, cuando en la misma clase los subescolarizados chicos mayores, ya en su pubertad más activa o exigente, tenían que leer con nosotros aquello de “Platero era peludo y suave"... Fue varios años después, cuando leí el libro entero y no sólo aquellos entontecedores 2


fragmentos, que descubrí y admiré el estado de excepcionalidad espiritual y, por lo tanto, de inusitada rebeldía esencial que aquel texto encerraba. Recuerdo también que en ningún cuento para niños encontraba yo brujas mayores que los nuevos e improvisados directores y maestros de escuela que venían a sustituir la anterior jerarquía. A varios de ellos, Hitler sin cejar habría incluido entre los más fieles carceleros del Reich. Desde la tribuna, en militares matutinos, con un español escaso y malsonante, los nuevos pedagogos y pedagogas difamaban contra nuestras burguesas familias y nos lanzaban insultos personales por nuestras ociosas y femeniles costumbres. Creo que por todo eso escribí en El Libro del desterrado aquello de mi infancia como una "prematura vejez asumiendo / una falsa inocencia y ocultando su espanto" y, también por todo eso, pudo el adolescente comprender a edad tan temprana El proceso de Kafka en la versión de Welles. Fueron, además, sus imágenes las primeras que pudieron competir con (y triunfar sobre) las imágenes de mi realidad. No hadas buenas y piratas malos, sino el absurdo de la existencia, el carácter endeble de la condición humana y el aspecto represivo de la Ley, es decir, la extrema y a la vez resistente fragilidad femenil del individuo Anthony Perkins ante sus inquisidores, eran ya temas cotidianos para mí. Prohibidos los dibujos animados de Walt Disney en la televisión cubana de aquellos años, los agresivos dibujos con que Welles iniciaba su film eran, además, el enlace perfecto para sacarme del mundo artístico para niños y adolescentes en que nunca realmente viví y llevarme al mundo del arte y la literatura para adultos cuyos referentes sociales ya tan bien conocía. Mis primeras lecturas adolescentarias fueron, pues, las obras completas de Kafka, las cuales, inspirado por el film de Welles, busqué en bibliotecas y librerías de uso. A Kafka siguieron Martí, la Rayuela de Cortázar, Borges, Maiacovski, Vallejo. Mi verdadero camino se empezaba a trazar: el film de Welles había sido su heraldo. Más allá de la palabra, fueron las fuertes imágenes del film -los difíciles ángulos fotográficos desde los que se presentaba la figura humana, la distorsión expresionista del espacio, la hipersemantización de los elementos visuales- las que me sugerían las infinitas capacidades expresivas de una propuesta fundamentalmente visual. Si esto podía ya percibirlo en la pintura, el cine me entregaba ahora similar impresión pero asociada al movimiento de la imagen, a su capacidad cinética de transformarse en otra, siempre visualmente, como proponían precisamente los pintores Leger y Dalí (en colaboración éste con Buñuel) en películas como Ballet Mecanique y El perro andaluz, respectivamente. Mientras la pintura me hablaba desde su estatismo, el cine lo hacía desde su dinamismo, al cual sumaría entonces cada director su peculiar impronta, siempre asociada a las otras artes que yo ya comenzaba a apreciar por separado: en blanco, gris, negro y después otros colores, las imágenes comenzaban a danzar en la pantalla. Además de la imagen en movimiento y el montaje metafórico a la manera de Eisenstein, descubría yo ahora la música o el sonido ambiental como elemento capaz de aportar contrapuntos y añadir sugerencias a la imagen: Tarkovski con sus fondos de música clásica y Kurosawa con sus interminables lluvias destacaban entre mis maestros de la imagen audiovisual. O, gustoso de la danza y el ballet, me encontraba a ambas artes de pronto integradas al cine tanto en los movimientos de cámara como en los de los actores. Opuesta a la anárquica o inquisitiva cámara en mano de algunos cineastas latinoamericanos como Rocha y Sanjinés, estaba la pausada y armoniosa cadencia de la cámara en los films de Tarkovski y Jancso. Éste, además, unía a dicha cadencia los desplazamientos danzarios de sus numerosos actores y extras, cuyos espléndidos cuerpos desnudos -unas veces siguiendo un fondo musical, y otras (las más atrevidas) siguiendo un ritmo inaudible, puramente visual- realizaban en la pantalla coreografías altamente semantizadas por lo ideológico y lo religioso. Y cuando ya concebía y disfrutaba la autonomía y capacidad expresiva y semántica de la imagen noverbal asociada al movimiento, la música, el sonido natural y la danza, se hizo entonces, un día, para mí, el verbo, como coronación de la imagen, en la secuencia inicial de Hiroshima mon amour de Resnais: el sencillo texto de Marguerite Durás repetido ritualísticamente detrás de aquellas confusas imágenes de una piel o espalda brillantemente sudada y castigada por unos dedos gozosos, me decía que el lenguaje podía tener una capacidad superior a su consabido carácter denotativo y connotativo, una capacidad encantatoria capaz de ser libre y bellamente asociada a (o sostenida por) una imagen visual. Pero si Durás y Resnais estaban todavía atados a una historia exterior que necesitaban contar (el encuentro conciliatorio de Occidente y Oriente tras la bomba de Hiroshima), vino entonces Godard con 3


Made in USA y Dos o tres cosas que yo sé de ella a mostrarnos la relativa independencia semántica y artística de la banda sonora (verbal y no-verbal). El paso definitivo lo dará Robbe-Grillet al permitirle a Resnais en El año pasado en Marienbad decirnos que la historia por contar puede ser también la creada por el lenguaje verbal, cuyo poder encantatorio es capaz de arrastrar tras sí, cuando no la genera, la propia imagen visual. En Marienbad, la depurada producción ritual del lenguaje engendra imágenes acústicas capaces de transformarse en poderosas imágenes visuales; comprobamos allí la capacidad del más desnudo lenguaje verbal -sin dependencia o supeditación semántica ni nece(si)dad de comunicación positiva- de adquirir sinestésicamente una esplendente y dinámica visualidad sonora: “oír con los ojos / ver los oídos”, principio estético que todo poeta barroco (y especialmente Sor Juana) ya ampliamente conocía, pero que para el joven habanero que yo entonces era representaba la alianza definitiva del cine y la literatura en el difícil salto hacia la poesía. Pero el cine, ahora como recinto oscuro y compartido, especialmente cuando los continuos apagones permitían desviar de la pantalla toda atención para dirigirla hacia nuestros semejantes, también me llevó a conocer el tacto y, a través de él y de ellos, el sexo. Pues no huelga aquí decir que descubría a Tarkovski, Godard, Resnais y particularmente Jancso en las incitantes penumbras de los cines habaneros, las cuales han sido muy bien descritas, aunque con signo contrario, por Cabrera Infante en su novela La Habana para un Infante difunto. Además de la revelación intelectual que me llegaba desde la pantalla, aquellas salas oscuras propiciaban, no sin cuidado y quizás por eso mismo, una significativa y no menos placentera porción de erotía proveniente de imantados y anónimos antebrazos, muslos y sexos que sólo gracias al tacto yo percibía, clasificaba y, consecuentemente, disfrutaba, fundiendo todo en uno. Gracias al cine, como arte y como recinto, estaba ya aquel artista adolescente habanero en el umbral de “su” poesía. Posdata Ya desde mis años preuniversitarios, busqué formas de vincularme profesionalmente al cine con el fin de hacerme alguna vez director, pero la inexistencia de una escuela de cine en la Isla y la imposibilidad de estudiar cine en el extranjero me llevaron a escoger lo que entonces se proponía como la carrera universitaria más afín: letras, la cual terminé en 1976. Fue así que, por azares y persistencia, conseguí en 1979 la plaza de director de cine educativo en el Ministerio de Educación. Bastaron unos meses de entrenamiento para descubrir (y rechazar) el otro lado del arte cinematográfico: detrás de la magia del producto terminado, existía una industria, es decir, una compleja labor colectiva en la que participaban los técnicos y artistas de especialidades y talentos más diversos y los inquisidores más sutiles. Dirigir no era sólo concebir y realizar una obra de arte, sino también lidiar diariamente, en diferentes relaciones jerárquicas, con decenas y hasta centenas de individuos diferentes. El más extremado cine de autor que yo había aprendido a admirar, era, de una u otra forma, una producción colectiva. Los intrincados aspectos técnicos, la promiscuidad creativa y las jerarquías que dicha industria establece, me fueron desencantando del cine y reafirmando en la poesía. Con nada de eso tenía que lidiar en la poesía: en ella era (soy) libre, individual. A diferencia del cine, que como arte no existe sin su realización industrial, la poesía existe en el acto extremadamente solitario y humilde del lápiz sobre el papel, sin necesidad de sufrir los avatares del libro impreso.

testimonios SALVADOR NOVO (México, 1904-1974) CINE

A miga inmotivada del cine cuyos objetos de mano fueron culpables de nuestra amistad 4


—como en la literatura castellana— porque cayeron junto a mí. Añadiste tu ciencia al dolor de mi eclesiastés y mientras archivaba tus palabras, la orquesta penetró mis recuerdos. Una familia entraba a tientas Donde tú y yo veíamos y leíamos It’s a Paramount Picture el ventilador tragaba suspiros para probar el disco de Newton y la palissade de Campoamor. Hay paletas, chicles, chocolates pero a ti te excita que los que aman sufran de modo tan poco jurídico. Asistimos al cine como quien no sabe el papel y va a verlo ensayar por profesores. El director sabe siempre cómo acabarán las cosas y nosotros deberíamos ya saberlo. Mientras llega el fin y podemos irnos a casa lloremos tengamos ojos ávidos manos crispadas o sonrisas. Todo eso ayuda para el cine.

HUGO GUTIÉRREZ VEGA (México, 1934) EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS Para Bernardo Bertolucci

P ara intentar el amor pasajero es necesario borrar el pasado, no decir nombres, inventar lugares y personas: “señora sin tiempo y sin espacio”, “caballero del pene sin historia”, “vagina estelar”, “culo del cielo”, “señora de la luz adormecida”, “príncipe de las penetraciones”, “senos que todo lo dicen”, “ojos que no saben nada”, “corazón que no siente”, “pantera”, “gata”, “cerdo”, 5


“burro incansable”, “olor”, “cisterna abierta”, “áureos cojones”, “coño de las consolaciones”, “felicidad sin nombre”, “soledad para la soledad”, “compañerita del recreo”, “sombra mía”, “sombra tuya”, “nada y todo”... y refugiarse en la casa del sexo, llevando entre los dientes un caudal de adjetivos delirantes. Lo único que debe ser real son los cuerpos libres para el encuentro y el desencuentro, el tibio escondrijo, los lugares ocupados por el olor carnal, el lecho del tamaño del deseo para intentar todas las caricias y confundir las pieles en el largo sudor resplandeciente, en la media luz de las cortinas de la tarde. Intentarlo, intentarlo aunque al final de todo venga la muerte a descansar su risita irónica y las calles se borren y el cuarto de los secretos flote vacío en la noche de la ciudad. Nada pasará. Los que se conocieron eran desconocidos y ese amor de instantes fue un tango absurdo en el salón tenebroso, un bello salto en el vacío.

HÉCTOR CARRETO (México, 1952) AGUIRRE, LA IRA DE DIOS

L a serpiente nos prometió no una manzana, sino un árbol repleto de manzanas doradas. Por eso vencimos a Neptuno y a su ejército marino. Al llegar a tierra, el nuevo continente nos recibió con las piernas abiertas 6


y bajamos al oscuro jardín guiados por Aguirre, en busca del fruto codiciado. Así pasaron mil días, mil noches hasta habernos convencido de caer en la pesadilla de algún dios salvaje, pues las víboras —multiplicadas— no se parecían a las que estábamos acostumbrados, ni la piel de aquellos hombres era del color de nuestra piel. La fruta —también desconocida— envenenaba nuestro estómago y el sol —único oro evidente— nos quitaba la cáscara del cuerpo y mandaba llamar a su ejército de insectos feroces. Cierto capitán, desesperado, prefirió bajar al río; allí le fue peor: se lo tragaron muy pronto los demonios. Y así pasaron mil días y mil noches y la balsa giraba y giraba y Aguirre devoraba a su hija, creyendo que era oro su rubia cabellera.

ENZIA VERDUCHI (México-Italia, 1967) PARÍS, TEXAS A Enrique Alberto Ross

E n tus ojos habita la silueta de una mujer tomando el sol Ella no se pregunta quién eres Tu mente es una cinta de celuloide carcomida por la polilla Flash-back. Duele. 7


Las lágrimas enjuagan el cristal perturbando un signo de por sí indescifrable Soy el naipe en la manga la espectadora de la última butaca Soy alguna capital del deseo Sus palabras no son las mismas a través del vidrio, una húmeda cortina deslava la confesión Regresa al desértico reino donde las siluetas se proyectan en las entrevías de un viaje imaginario. Ángel Miquel, sel. y notas, Los poetas van al cine. México, Ediciones sin Nombre-Juan Pablos Editor, 1997, pp.

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zonas NOVEDADES Eduardo Hurtado, Este decir y no decir. Ensayos sobre poesía. México, Aldus, 2004. Fernando del Paso, Poemar. México, FCE, 2004. Juan Armando Rojas y Jennifer Rathbun, Canto a una ciudad en el desierto. México, La Cuadrilla de la Langosta, 2004. Revista Sibila. Poesia e Cultura. Año 4, núm. 6, 2004. Editor: Régis Bonvicino. Con una selección de poesía mexicana. Javier Sicilia, La presencia desierta. Poesía reunida. México, FCE, 2004. Armindo Trevisan, Reflexiones sobre poesía. México, Plaza y Valdés, 2004. Armindo Trevisan, O sonho nas mãos. Porto Alegre, AGE Editora, 2004.

RICARDO YÁÑEZ HABLAR POR EL DESIERTO La Jornada, 20 de octubre de 2004.

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uan Armando Rojas y Jennifer Rathbun, doctores en letras hispanoamericanas, acaban de publicar, bajo el sello editorial La Cuadrilla de la Langosta y el auspicio de diversas instituciones culturales, Canto a una ciudad en el desierto, reunión de poemas leídos en cinco ediciones (1998-2002) del Encuentro de Poetas en Ciudad Juárez, obra de buena voluntad de sobre todo la escritora Carmen Amato. SEGUN SE SEÑALA en la contraportada, de alguna manera la selección constituye un grito de protesta contra la violencia, ''que adquiere múltiples formas, entre ellas, la más inadmisible: los asesinatos de cientos de mujeres". ES DESDE LUEGO, si así puede decirse, más que eso, que la protesta no siempre se ejerce desde el grito, sino también desde el habla asilenciada que con tanta frecuencia la poesía es. ¿Asilenciada, acallada? Justa, mejor dicho. Que hablar desde un justo hablar es ya luchar por la justicia, digo esperando no cometer un exceso retórico, precisamente lo contrario de lo que al parecer elogio.

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PALABRAS JUSTAS, POR ejemplo, las de dos mujeres: Dolores Castro y Coral Bracho, la primera haciendo una ternurosa a la par que elegíaca evocación de su madre, y la segunda hablando ''desde esta luz". “REFUGIO” SE LLAMA el poema de Castro, que termina así: ''MI MADRE ESPERA en estos días que son tan sin sabor,/ Tan sin sorpresa./ Come menos que un pájaro,/ De pronto reclina sobre su propio pecho su cabeza/ Y duerme. Todavía cuando duerme sueña con su madre/ Con sus hijos y su casa entera/ Y todo brilla como nuevo en su memoria./ Mi madre sueña también mientras está despierta,/ Y al alargar las manos hacia el jardín/ Ya sólo guarda un puñado de aire/ Que aún apresa." DE CORAL BRACHO, con dos versos basta (y no sobra): ''Suelta el cántaro el ruido/ solar del agua." ES DE NOTAR que de 90 autores considerados más de la mitad son mujeres, característica notoria, imaginamos, del encuentro en una ciudad donde las criminales vejaciones contra la mujer llenan, así se haga a veces como que no, de indignación y espanto. NO TANTO, POR lo que se ha visto, a las autoridades, pero imposible, espero, que no a la población. LA MUJER ES presencia permanente en las páginas de este Canto, lo mismo está en Beatriz, de César Silva (''como un trazo de agua te nombro"), que en La noche sin límites de Enrique Servín, lo mismo en Susana Chávez que en José Luis Domínguez. De todos ellos y de otros, por supuesto, quisiera citar textos. SUEÑO. OPTO ENTONCES por reproducir, fragmentariamente, uno de los poemas referidos a la violencia. Es de Marisela Duarte: ''DE MI ESTANCIA sobre la tierra recuerdo.../ el amor a punto de confundirse entre la niebla// Existes --y lo sabes--/ escuchas el sonido de tus huesos/ caminando al matadero// Nada puede cambiar el ácido sabor de tu boca/ ni las pastillas de menta/ ni los besos/ disimulan la acerba existencia// ¿Cuántos días más se irán de la arena de tus manos?/ ¿Quién cerrará tus ojos cuando mueras?". riyz@lycos.com ***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Poetas uruguayas contemporáneas • 70 años de Gabriel Zaid • Jazz y poesía • Óscar Wong: 30 años como escritor • Poesía visual: un panorama reciente • Poesía religiosa latinoamericana

***** comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz

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elpoemaseminal 62 29 de octubre, 2004

cine y poesía (II)

atisbos EL CINE, INSTRUMENTO DE POESÍA (1958) LUIS BUÑUEL

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l grupo de jóvenes que forman la Dirección de Difusión Cultural se acercó a mí para pedirme una conferencia. Aunque agradecí debidamente la distinción de que me hacían objeto, mi respuesta fue negativa: aparte de que no poseo ninguna de las cualidades que requiere un conferenciante, siento un pudor especial de hablar en público. Fatalmente, el que diserta atrae la atención colectiva de sus oyentes, sintiéndose blanco de sus miradas. En mi caso, no puedo evitar una cierta confusión ante el temor de que puedan creerme un poco, digamos, exhibicionista. Aunque esta idea mía sobre el conferenciante pueda ser exagerada o falsa, el hecho de sentirla como verdadera me obligó a suplicar que mi periodo de exhibición fuera lo más corto posible, y propuse la constitución de una mesa redonda, en la que unos cuantos amigos, pertenecientes a distintas actividades artísticas e intelectuales, pudiéramos discutir en familia alguno de los problemas que atañen al llamado séptimo arte: así, se acordó que el tema fuera el de del "cine como expresión artística", o más concretamente, como instrumento de poesía, con todo lo que esta palabra pueda contener de sentido libertador, de subversión de la realidad, de umbral al mundo maravilloso del subconsciente, de inconformidad con la estrecha sociedad que nos rodea. Ha dicho Octavio Paz: "Basta que un hombre encadenado cierre sus ojos para que pueda hacer estallar el mundo", y yo, parafraseando, agrego: bastaría que el párpado blanco de la pantalla pudiera reflejar la luz que le es propia para que hiciera saltar el universo. Mas por el momento podemos dormir tranquilos, pues la luz cinematográfica está convenientemente dosificada y encadenada. En ninguna de las artes tradicionales existe una desproporción tan grande entre posibilidad y realización como en el cine. Por actuar de una manera directa sobre el espectador, presentándole seres y cosas concretas; por aislarlo, gracias al silencio, a la oscuridad, de lo que pudiéramos llamar su hábitat psíquico, el cine es capaz de arrebatarlo como ninguna otra expresión humana. Pero como ninguna otra es capaz de embrutecerlo. Por desgracia, la gran mayoría de los cines actuales parece no tener más misión que ésa: las pantallas hacen gala del vacío moral e intelectual en que prospera el cine, que se limita a imitar la novela o el teatro, con la diferencia de que sus medios son menos ricos para expresar psicologías; repiten hasta el infinito las mismas historias que se cansó de contar el siglo diecinueve y que aún se siguen repitiendo en la novela contemporánea. Una persona medianamente culta arrojaría con desdén el libro que contuviese alguno de los argumentos que nos relatan las más grandes películas. Sin embargo, sentada cómodamente en la sala a obscuras, deslumbrada por la luz y el movimiento que ejercen un poder casi hipnótico sobre ella, atraída por el interés del rostro humano y los cambios fulgurantes del lugar, esa misma persona casi culta, acepta plácidamente los tópicos más desprestigiados. El espectador de cine, en virtud de esa clase o de esa especie de inhibición hipnagógica pierde un porcentaje elevado de sus facultades intelectivas. Pondré un ejemplo concreto: la película titulada Detective Story o Antesala del infierno. La estructuración de su argumento es perfecta, el director magnífico, los actores extraordinarios, la realización genial, etc., etc. Pues bien, todo ese talento, todo ese savoir faire, toda la complicación que supone la máquina del film, fue puesta al servicio de una historia estúpida, notable por su bajeza moral. Me viene a la mente aquella máquina extraordinaria del Opus 11, aparato gigantesco, fabricado con el mejor acero, de mil engranajes complicados, tubos, manómetros, cuadrantes, exacto como un reloj, imponente como un trasatlántico, que serviría únicamente para timbrar la correspondencia. 10


El misterio, elemento esencial de toda obra de arte, falta por lo general en las películas. Ya tienen buen cuidado autores, directores y productores de no turbar nuestra tranquilidad abriendo la ventana maravillosa de la pantalla al mundo liberador de la poesía. Prefieren reflejar en aquélla los temas que pudieran ser continuación de nuestra vida ordinaria, repetir mil veces el mismo drama, hacernos olvidar las penosas horas del trabajo cotidiano. Y todo eso, como es natural, bien sancionado por la moral consuetudinaria, por la consuetudinaria, por la censura gubernamental e internacional, por la religión, presidido por el buen gusto y aderezado con humor blanco y otros prosaicos imperativos de la realidad. Si deseamos ver buen cine raramente lo encontraremos en las grandes producciones, o en aquellas otras que vienen sancionadas por la crítica y el consenso de los públicos. La historia particular, el drama priva o de un individuo, creo que no puede interesar a nadie digno de vivir en su época; si el espectador se hace partícipe de las alegrías, tristezas o angustias de algún personaje de la pantalla, deberá ser porque ve reflejadas en aquél las alegrías, tristezas o angustias de toda la sociedad, y por tanto las suyas propias. La falta de trabajo, la inseguridad de la vida, el temor a la guerra, la injusticia social, etc., son cosas que, por afectar a todos los hombres de hoy, afectan también al espectador; pero que el señor X no sea feliz en su hogar y se busque una amiga para distraerse, a la que finalmente abandonará para reunirse con su abnegada esposa, es algo moral y edificante, sin duda, pero nos deja completamente indiferentes. A veces la esencia cinematográfica brota insólitamente de un film anodino, de una comedia bufa o de un burdo folletín. Man Ray ha dicho en una frase llena de significación: "los peores films que haya podido ver, aquellos que me hacen dormir profundamente, contienen siempre cinco minutos maravillosos, y los mejores, los más celebrados, cuentan solamente con cinco minutos que valgan la pena". O sea que tanto los buenos como los malos films, y por encima y a pesar de las intenciones de sus realizadores, la poesía cinematográfica propugna por salir a la superficie y manifestarse. El cine es un arma maravillosa y peligrosa, si la maneja un espíritu libre. Es el mejor instrumento para expresar el mundo de los sueños, de las emociones, del instinto. El mecanismo productor de imágenes cinematográficas, por su manera de funcionar, es, entre todos los medios de expresión humana, el que más se parece al de la mente del hombre, o mejor aún, el que mejor imita el funcionamiento de la mente en estado de sueño. El film es como una simulación involuntaria del sueño. Bernard Brunius nos hace observar que la noche paulatina que invade la sala equivale al cerrar los ojos: entonces comienza en la pantalla, y en el hombre, la incursión por la noche de la inconsciencia; las imágenes, como en el sueño, aparecen y desaparecen a través de disolvencias y obscurecimientos; el tiempo y el espacio se hacen flexibles, se encogen y alargan a voluntad; el orden cronológico y los valores relativos de duración no responden ya a la realidad; la acción de un círculo es transcurrir en unos minutos o en varios siglos; los movimientos aceleran los retardos. El cine parece haberse inventado para expresar la vida subconsciente, que tan rotundamente penetra, por sus raíces, la poesía; sin embargo casi nunca se la emplea para esos fines. Entre las tendencias modernas del cine, la más conocida es la llamada neorrealista. Sus films presentan ante los ojos del espectador trozos de la vida real, con personajes tomados de la calle e incluso con edificios e interiores auténticos. Salvo excepciones, y cito muy especialmente Ladrón de bicicletas no ha hecho nada el neorrealismo para que resalte en sus films lo que es propio del cine, quiero decir, el misterio y lo fantástico. ¿De qué nos sirve todo ese ropaje de vista si las situaciones, los móviles que animan a los personajes, sus reacciones, los argumentos mismos están calcados de la literatura más sentimental y conformista? La única aportación interesante que nos ha traído, no el neorrealismo, sino Zavattini personalmente, es la elevación al rango de categoría dramática del acto anodino. En Humberto D., una de las películas más interesantes que ha producido el neorrealismo, una criada de servicio, durante todo un rollo, o sea durante diez minutos, realiza actos que hasta hace poco hubieran podido parecer indignos de la pantalla. Vemos entrar a la sirvienta a la cocina, encender su fogón, poner una olla a calentar, echar repetidas veces un jarro de agua a una línea de hormigas que avanza en formación india hacia las viandas, dar el termómetro a un viejo que se siente febril, etc., etc. A pesar de lo trivial de estas situaciones, esas maniobras se siguen con interés y hasta con suspenso. El neorrealismo ha introducido en la expresión cinematográfica algunos elementos que enriquecen su lenguaje, pero nada más. La realidad neorrealista es incompleta, oficial; sobre todo, razonable; pero la poesía, el misterio, lo que completa y amplía la realidad tangente, falta en absoluto en sus producciones. Confunde la fantasía irónica con lo fantástico y el humor negro.

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"Lo más admirable de lo fantástico" ha dicho André Bretón, "es que lo fantástico no existe, todo es real." Hablando con el propio Zavattini hace algún tiempo, expresaba mi inconformidad con el neorrealismo: estábamos comiendo juntos, y el primer ejemplo que se me ocurrió fue el vaso de vino en el que me hallaba bebiendo. Para un neorrealista, le dije, un vaso es un vaso y nada más que eso: veremos como lo sacan del armario, lo llenan de bebida, lo llevan a lavar a la cocina en donde lo rompe la criada, la cual podrá ser despedida de la casa o no, etc. Pero ese mismo vaso contemplado por distintos hombres puede ser mil cosas distintas, porque cada uno de ellos carga de afectividad lo que contempla, y ninguno lo ve tal como es, sino como sus deseos y su estado de ánimo quieren verlo. Yo propugno por un cine que me haga ver esa clase de vasos, porque ese cine me dará una visión integral de la realidad, acrecentará mi conocimiento de las cosas y de los seres y me abrirá el mundo maravilloso de lo desconocido, de lo que no puedo leer en la prensa diaria ni encontrar en la calle. No crean por cuanto llevo dicho, que sólo propugno por un cine dedicado exclusivamente a la expresión de lo fantástico y del misterio, por un cine escapista, que desdeñoso de nuestra realidad cotidiana pretendiera sumergirnos en el mundo inconsciente del sueño. Aunque muy brevemente, he indicado hace poco la importancia capital que le doy al film que trata sobre los problemas fundamentales del hombre actual, no considerado aisladamente, como caso particular, sino en sus relaciones con los demás hombres. Hago mías las palabras de Engels que define así la función de un novelista (léase para el caso, la de un creador cinematográfico): “el novelista habrá cumplido honradamente cuando, a través de una pintura fiel de las relaciones sociales auténticas, destruya las funciones convencionales, sobre la naturaleza de dichas relaciones, quebrante el optimismo del mundo burgués y obligue a dudar al lector de la perennidad del orden existente, incluso aunque no nos señale directamente una conclusión, incluso aunque no tome partido sensiblemente”. Buñuel. Iconografía personal. México, FCE, 1988. _______________________________________________

testimonios ARSENI TARKOVSKI (Rusia, 1907-1989) PRIMERAS CITAS E l breve instante en que estamos juntos lo celebramos como una epifanía, solos sobre la tierra. Y tú, más intrépida y más ligera que un ala de pájaro, volabas los peldaños como un vértigo desde lo alto, arrastrándome a través de las lilas a tu imperio, allá lejos, más allá del espejo. Cuando llegó la noche y se me otorgó la gracia se abrió por fin la puerta del altar donde, resplandeciente en la sombra, tu desnudez se inclinaba lentamente. Y al despertar dije: “Bendita seas por siempre” y comprendí la audacia de mi bendición, pues dormías y las lilas sobre la mesa buscaban rozarte para teñir tus párpados con un dedo de azul, color del universo. Sombreado de azul estaba quieto tu párpado, tu frente serena, tu mano tibia.

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En el cristal palpitaban los ríos, brillaban los mares, se ocultaban las cimas y en tu palma, sobre un trono, sostenías esa esfera de cristal, ¡oh, justo cielo! ¡Y me pertenecías! Despertaste... Un instante después transfigurabas el vocabulario de todos los días. Vibrantes las palabras se desbordaban plenas de vida, y la palabra tú nos reveló su sentido nuevo de luz. Hasta los simples objetos familiares ―palangana, jarra― todo se transfiguró cuando entre nosotros, erguida como un dique, acechaba el agua dura y estratificada. Nos dejábamos llevar sin saber adónde. Frente a nosotros, cual espejismos milagrosamente edificados, las ciudades se apartaban. A nuestros pies se tendía la mejorana, el pájaro seguía nuestras lejanas caminatas y los peces remontaban la corriente, se abrían para nosotros los celestes espacios... Cuando el destino, con una navaja en la mano, seguía nuestras huellas como un demente. Versión de Georges Voet y Javier Sicilia. Ixtus, núm. 39, 2003, pp. 52-53. Leído por el autor en la película El espejo (1974), de su hijo Andrei. _______________________________________________

FINA GARCÍA MARRUZ (Cuba, 1923) TODA LA POESÍA, ALLÍ (El chicuelo) D esde cuándo, cálido, tierno, a la luz del hogar del quicio de una calle, Jackie Coogan está sentado siempre para nunca irse. Desde cuándo toda la poesía allí, en aquel quedarle tan dulcemente grande la gorra ladeada. De Créditos de Charlot, en Antología poética. Sel. y pról. de José Luis Arcos. México, FCE, 2002, p. 254. _______________________________________________ 13


ADRIÁN DESIDERATO (Argentina) BOCETO DE INGMAR BERGMAN

B ergman decía sé como levantarme en las mañanas cómo lavarme el rostro cómo vestirme para salir al día sé cómo cepillarme los dientes cómo peinarme cómo tomar café sé cómo dirigir a mis actores cómo marcar una secuencia encuadrar una toma pero no sé qué hacer con Dios Bergman decía no sé dónde guardarlo no cabe en mis almuerzos en ningún sitio cabe decía Bergman me duele la cabeza decía entonces la miraba a Liv Ullmann y filmaba el infierno Treinta poemas escritos en invierno. Barcelona, Lumen, 1979 (Poesía, 34), p. 42. ________________________________________________

zonas LA INDISPENSABLE POESÍA MANUEL QUINTERO Signos de Vida, Quito, Ecuador, núm. 33, septiembre de 2004, p. 1.

M

i relación con la poesía está signada por encuentros tan imperecederos como disímiles: el primero fue con la poesía de Rimbaud —quien se burlaba de las celebridades de la pintura y de la poesía modernas y confesaba amar los libros eróticos con faltas de ortografía— cuyo “Barco borracho” me deslumbró e inquietó tanto que terminé memorizando algunas estrofas (“Las lúnulas eléctricas me fueron recubriendo, almadía escoltada por negros hipocampos...”). Luego descubrí, moviendo el dial de mi vieja Philips, un programa radial que se abría con una afirmación tajante: “La poesía es un arma cargada de futuro”, seguida por los versos musicalizados de ese popular poema de Gabriel Celaya que cantaba Paco Ibáñez: “porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir qué somos, quién somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno; estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo”. Entonces, para complicar las cosas, tropecé con el proverbio paradójico de Jean Cocteau: “La poesía es indispensable, si tan sólo supiera yo para qué”. 14


Así, entre el simbolismo extremo, una poética anclada en la contemporaneidad y la certidumbre de su indispensabilidad, he alimentado mi espíritu con imágenes soberbias, evocaciones místicas, consonancias y disonancias y esas metáforas divinas que nos ofrece la Poesía. Cocteau, me parece, tenía razón al negarse a precisar cuál es la función de la poesía o, por lo menos, a encasillarla en definiciones y categorías de dudoso valor, excepto quizás para los libros de texto o las personas que necesitan papel rayado para escribir. Pero con la aparición de las primeras canas, señal de inexcusable madurez, he podido valorar cuánta razón tenía Blake (de quien se decía que escribía y pintaba en estado de alucinación) cuando afirmó que existen tres medios a través de los cuales el ser humano puede hablar con el Paraíso: la poesía, la pintura y la música. En efecto, leyendo y releyendo la pasión afligida de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada o el realismo descarnado de Canciones y romancero de ausencias de ese “poeta de corazón purísimo” (la frase es del propio Neruda) que fue Miguel Hernández, he podido recobrar el Paraíso, aunque sea de manera fugaz e inaprehensible, como los versos mismos que escapan de mis manos y mi memoria. En medio de tanto dolor y miseria que se han convertido en “el pan nuestro de cada día”, un soplo de poesía ha tenido la virtud de romper el hechizo de la desesperanza y abrirme a experiencias y visiones inefables. Es que, como decía Ricœur, “de la poesía recibimos un nuevo modo de estar en el mundo, de orientarnos en este mundo”. De dos poetas insignes se habla en esta entrega de Signos: de una hija ilegítima y monja católica que defendió con sus entrañas y su inteligencia los derechos de la mujer; y de un militante comunista, de talante universal, que defendió los derechos de todos, hombres y mujeres confundidos. Entre una y otro transcurren tres siglos y medio de infatigable quehacer poético en procura de develar las esencias telúricas de la geografía y del ser latinoamericanos y de crear, mediante el expediente divino de nombrarlas, los signos y las cosas que constituyen nuestra realidad material y espiritual. Una de las cosas que pido a Dios es que guarde intacta mi capacidad de asombro y de deleite frente a la Poesía. Que me permita percibir en los asuntos cotidianos y simples, como en los temas profundos y complejos, la ensoñación poética que los hace igualmente trascendentes para nuestra existencia. Que la poesía me asalte en mis dudas y desvelos para defender y restituir en mí la predilección y la inclinación hacia el misterio. Que me permita amar siempre, porque, como bien sentenció García Lorca, víctima como Miguel Hernández de la barbarie fascista, “la poesía no quiere adeptos, quiere amantes”. Para que pueda decir al final de mis días, con Vallejo: “Siento a Dios que camina/ tan en mí, con la tarde y con el mar./ Con él nos vamos juntos. Anochece./ Con él anochecemos...”.

***** El Instituto Nacional de Bellas Artes, a través del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura, invita a celebrar los 30 años como escritor del poeta sinomexicano

ÓSCAR WONG, DESCIFRADOR DE SIGNOS. 30 AÑOS DE NOMBRAR EL MUNDO el próximo miércoles 10 de noviembre, a las 19 horas, en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, México, D.F. Participan: Silvia Molina, Sergio Mondragón, Evodio Escalante, Félix Suárez, Roberto Fernández Iglesias y el autor Habrá vino de honor

***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Jazz y poesía 15


• Poetas uruguayas contemporáneas • Óscar Wong: 30 años de escritor • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • 70 años de Gabriel Zaid • Héctor Yánover: un homenaje

***** Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 63 5 de noviembre, 2004

óscar wong: 30 años de escritor

atisbos En la literatura mexicana, el nombre de Óscar Wong es sinónimo de persistencia, de constancia. Durante estos 30 años ha luchado contra todo para forjar una escritura que se sostiene por sí misma, fiel al lenguaje, a la búsqueda de la poesía y a sus propias leyes internas. Sus raíces, la china y la chiapaneca, están plenamente amalgamadas en su trabajo creador, sin mostrarse aparatosamente. De ahí que su poesía es un continuo triunfo sobre la armazón idiomática de que está hecha. Además, el magisterio casi silencioso y la continua indagación crítica de que ha hecho alarde, sostiene a Wong como alguien que ha podido superar con creces las limitaciones del capillismo y el sectarismo, tan marcados en estas lides. elpoemaseminal, del cual forma parte, y que fue acogido con tanto entusiasmo por él, se suma a la merecida celebración por todos estos años de trayectoria, en la que cada libro es fruto de la intensa vivencia poética que lo caracteriza.

LUMINOSIDAD Y PERFECCIÓN ÓSCAR WONG www.delagracia.de/wong.htm

L

a poesía como signo y expresión vital. Experiencia y ejercicio de escritura confluyendo en el canto. Búsqueda y encuentro. Revelación y trasferencia de sentido. El mundo del lenguaje que se abre a otra realidad. Resonancia cósmica del Verbo emanada de la materia, presencia de la metábolé, conversión de algo en otra cosa. Poesía, modificación de la sustancia misma, metamorfosis o transformación. El mundo es creación lingüística. De acuerdo con este aspecto mitográfico, el primer acto de la historia fue la creación verbal del universo: “Las cosas nombradas son pobladoras del mundo”, puntualiza Eduardo Nicol. Sin embargo, es oportuno recordar que la poesía es una experiencia de vida que se transmite mediante un código: el poema y en éste se advierten dos elementos fundamentales: la técnica y el contenido (forma y fondo). Aquí lo importante no es el qué, sino el cómo, de ahí que todo cambio de forma implica un cambio en el contenido. La enumeración en la poesía agrega atributos, crea atmósferas, conforma emociones. Independientemente del aspecto sagrado, la interrogante surge: ¿cómo se llega al Poema? La respuesta es inmediata: por la música, el ritmo, o melopea (del griego, meli, miel; el término melópoios, servía para referirse a los cantos y melopoión al autor de los textos. Más tarde se acuñó el término poiesis, creación, Poesía), si la melopea es la combinación de acentos y sílabas, el verso es un sonido armónico con significado, es un golpeteo silábico puesto que originalmente la poesía se cantaba y se bailaba. Los coribantes, cuando tenían el pie en el suelo, cargaban la voz, por lo contrario, el acento era débil. A los actuales versificadores se les olvida esta raíz melódica, bailable, por eso sus yerros rítmicos. Para el Poeta la imagen es el concepto. Pound llama fanopea a la capacidad de crear imágenes (metáforas o símil o comparación) y el lector de visualizarlas; es una necesidad de expresión. Toda imagen se visualiza, debe ser novedosa, natural y creíble; debe tener lógica y una intención estética. Pound también se refiere a la logopea (del griego logos, discurso, palabra, pensamiento. El logos menor es el hombre, el Logos mayor es la divinidad Cuando el poeta entrega su expresión lírica hay más ser en el mundo, precisa Nicol), la manera como el escritor combina sus elementos, se refiere a la capacidad estética del lenguaje. En el principio era el Logos, sentencia Juan, el evangelista. Y la Cábala misma habla de esta resonancia, de la Creación del mundo a partir de las 22 letras del alfabeto hebreo.

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La palabra designa a la esencia. Es la substancia misma: Ahí estriba lo mágico del lenguaje, el sentido de la Palabra. Octavio Paz; como auténtico poeta, lo sabía. Conocía su poder transformador y usaba estas resonancias sagradas. El poema, reflexiona Paz en El arco y la lira es un conjunto de signos que buscan un significado, de ahí también que cada forma lírica exteriorice una idea. El fluir del discurso, la cristalización visionaria del poema, desemboca en el texto, en el poema-objeto, en el poema-exploración3. La experiencia vital, la manifestación emocionada de la existencial se traduce en revelación. Todo fluye en el poema, por eso su sentido paradojal, el signo con doble significado suspendido en el hecho estético, como una perenne interrogación, como una referencia inmóvil, inasible, aunque permanente. Quietud y movimiento son lo mismo, canta el Poeta. Por supuesto que ello se da por el sentido orientalista — tamizado por los filtros de una tradición sólidamente occidental— que prevalece en su obra inicial desde 1951. El I Ching, sobre todo, es utilizado por el Octavio Paz “como modelo de movimiento para aplicar signos también en movimiento: cambio de los signos”, acepta Kwon. Esta influencia ideológica es capital en la obra lírica de nuestro único Premio Nobel de Literatura. Por ende, la poesía en Octavio Paz representa un ritual, unión sagrada, recurrencia amorosa. Ceremonial santificado, perpetuo. Tiempo suspendido, rito o festín. El verso en Paz está cargado de significaciones. Iluminación. Palabra y silencio: poesía, sonido con significado: Espacio-tiempo: realidad física, objetos que se nombran. Tal la expresión paciana, cargada de paradojas, debido a lo que Margarita Murillo González determina en tanto polaridadunidad y que da coherencia a su obra poética. Tres signos relevantes confluyen aquí: Palabra, silencio, tiempo. Los cimientos duales de la poética paciana son capitales para entender su expresión. Paralelismo y paradoja. Revelación del ser a través de la Palabra. Poesía. Espejo de la realidad. "La poesía es la creación metafórica por excelencia, pues efectúa una triple metamorfosis. En primer lugar, ella es resultado de una metamorfosis de la realidad, creando una realidad verbal nueva inteligente y con sentido propio. Esta versión de los hombres y los mundos, que aparece en la historia de la poesía, es inconfundible con la metamorfosis de los demás sistemas. En fin, la poesía es un lenguaje distintivamente metafórico, y ésta es la clave de su arte", acota Nicol. Lo real y lo verbal, en la poética paciana, marchan juntos en esa travesía metabólica, a través de las imágenes y metáforas, de la cadencia rítmica y de los necesarios silencios. La función de la poesía en Octavio Paz, significa un verdadero enlace entre la realidad interior de sus intuiciones y emociones, y el mundo exterior del que forma parte el autor. Paz se aferra a la Palabra en tanto esencia y realidad primaria. El poeta establece —¿abre?— una correspondencia íntima, directa, entre las cosas y la palabra, considerada esta última como espejo y reflejo de la realidad. Conjugado en sonido y significado, el hombre es signo, Palabra: la palabra hombre. El sentido lúdico de la poesía de Paz hace del canto un signo sagrado; para este autor, el paisaje no es el escenario simple, sino un ser vivo, con sus contrastes y cambios. El poeta vive en cada objeto. Su visión es de extravío y transparencia. Ante el paisaje, el poeta no juzga, contempla; pero esta contemplación no es pasiva, el poeta no se erige en un espectador más de la naturaleza, sino que participa de ella: Octavio Paz es naturaleza. En Paz siempre hay un equilibrio entre su expresión y el sentimiento. La presencia del hecho estético, del fenómeno poético, representa un rito, un ceremonial. Por ello, con frecuencia Paz reflexiona sobre este tema capital. Hay referencias en sus poemas, siempre, como ocurre en Piedra de sol o en Pasado en claro, por citar dos grandiosos poemas. Y es que Paz postula la idea de que el poeta es un creador solitario. Por ende, su herramienta -el lenguaje- representa un elemento vital, que refleja sus contenidos, su particular expresividad por la emoción poética: el mundo fluye, transcurre en un movimiento interminable, aunque se eterniza en la sonoridad del poema. La poesía incendia y fractura la dimensión del silencio. Es silencio. Metáforas y reiteraciones crean en Octavio Paz un sistema que revelan, y develan, otro texto, otro universo semántico, lúdico. La poesía de este autor mexicano se caracteriza por sus imágenes intensas, brillantes. Precisiones y descripciones que van más allá de la simple enumeración referencial. Atmósferas internas, movimiento que dinamiza la potencialidad del espíritu, significa al verso de Paz. Todo es pleno y luminoso, como la mirada de la memoria que busca, husmea, hurga, visualizando el pretérito. En Piedra de sol, ese espléndido monumento lírico, esa exaltación sonora de la existencia, escrito en 1957, el poeta se planta en el mundo sorprendido por el entorno y canta con reverencia. La armonía lo rodea: la luz, la fuente o surtidor arqueado por el viento: el fulgor de la altura que surge cuando se apartan las nubes, simulando alas, lo obliga a elevar su voz. Paz canta al amor, a la mujer. La ternura hace que el poeta admire a plenitud a la amada, lejos de toda intención lujuriosa: mis miradas te cubren como hiedra, 18


exclama; antes de desnudarla la cobija pasionalmente. Estrofa tras estrofa, línea tras línea pueden destacarse las imágenes, al igual que las reflexiones sobre el mundo y la historia, sobre la existencia y su transitoriedad; la manera en que ese amor evocado se trastoca y termina por ser nada. La núbil, la amada inicial llega a metamorfosearse en un montón de ceniza y una escoba,/ un cuchillo mellado y un plumero,/ un pellejo colgado de unos huesos... La presencia del sentido femenino y los conceptos de amor y erotismo -este último considerado como mito cosmogónico, como energía primordial- es, indudablemente, un tema hondamente significativo en la obra lírica de Octavio Paz. Amor y erotismo. Revelación numinosa. Transgresión y sacralidad. Signo, apuesta por la libertad, pero por sobre todas las cosas, una respuesta afectiva, volitiva, que el hombre ha concebido para conjurar a la muerte. Por consiguiente, el amor en el discurso lírico de nuestro único Premio Nobel de Literatura es, más que un concepto, una pasión, una metáfora, el núcleo central donde se yergue su poética. El propio Paz anota en La llama doble. Amor y erotismo (1993): "El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida". Observar sus variantes: mujer-naturaleza, amor-muerte, acto amatorio-poesía, así como la relación complementaria del sexo a través de la paradoja, la antítesis y el retruécano —caros a nuestro autor—, significa determinar el tema de los contrarios y su relación con el conocimiento estético. Mi lectura parte, justamente, de las premisas enunciadas, al igual que la consideración inicial del cuerpo de la mujer como la vía primordial para llegar a la verdadera comunicación, sin soslayar que poesía y amor representan una unidad indisoluble, un medio de revelación. En los 584 endecasílabos de que consta Piedra de sol, la figura de la mujer adopta un papel relevante: Musa, Creadora, advocación maligna. De la colegiala a la mujer plena, evocada por el poeta, hasta llegar la mujer decrépita, la pavorosa bruja en que se convierte la pareja. La triple representación de la Musa, de acuerdo con la tesis de Graves, se advierte en este cántico revelador. El poema como acto amoroso es, por sobre todas las cosas, una presencia viva en la expresión de Octavio Paz; el discurso amoroso es un tema fundamental. Ya Enrico Mario Santí ha puntualizado que desde 1934, a los 20 años de edad, el poeta que me ocupa tiene, junto con la obsesión de la identidad nacional, el tema del erotismo como el eje de su poética. Diversidad de estudios se han realizado sobre la obra de Paz, siempre desde ópticas diferentes: algunos observan el sistema lingüístico paciano a partir de los mitos, el instante, la transparencia —trasfondo formal, tensiones cambiantes del lenguaje— frente al ciclo básico de la vida: muerte-renacimiento, lo cual toca la dimensión metafísica de su obra, que además desemboca en la temática erótica-amorosa. También se ha considerado El elemento oriental de su poética, aunque ésta no deje de ser mexicana. Paz, desde luego, recoge, adapta y adopta el pensamiento filosófico-religioso de la India, China y Japón, puesto que los símbolos también son lenguajes y sin lenguaje no hay pensamiento. La "iluminación" persigue la virtud; por lo mismo, el haikú en Paz se percibe a través de la técnica, la imagen y la visión oriental del mundo por medio de la naturaleza. Pese a todo lo anterior, en Octavio Paz la poesía y el amor son, indudablemente, "las dos caras de una misma realidad", una tentativa para recobrar al Adán primigenio, al individuo anterior a la caída. La reflexión que hace Paz sobre el amor, especialmente en Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe, es reveladora, luminosa, numinosa, porque concilia la expresión social y afectiva con el ritual de la existencia, que además es sagrada para el poeta; desde la idea platónica que transcurre entre el afecto, la amistad y la caridad —muy bien aprovechada por el cristianismo— hasta desembocar en la religiosidad y la reivindicación de la figura femenina en el amor cortés y que en la actualidad considera la igualdad de los amantes. Subversión y conversión. Signo del cuerpo frente al signo de los tiempos: Poética numinosa del amor paciano. Por su parte, la doctora Schärer-Nussberger concibe el discurso lírico de Paz como una continua tentativa para reescribir sus textos y sus temas, "un avance en espiral, a lo largo del cual topamos con motivos y figuras que vuelven una y otra vez, siendo los mismos y diferentes"; en cambio Margarita Murillo González destaca las particularidades de la totalidad de la obra paciana: estructura, temática y expresividad, así como sus constantes —movimiento e intercambio, polaridad-unidad que conforman esa fuerza interna y la singular imago mundi que caracteriza el universo lírico de Paz. Esta dinámica es vital para entender su intencionalidad sistemática; la "conciencia de sí" en el hombre y en el poeta. De hecho es el único volumen ensayístico que advierte, casi tangencialmente, el erotismo en la poética de este autor, determinando la relación mujer-cosmos como un fundamento mítico no sólo en las culturas ancestrales, 19


sino como veta profunda en Paz. La importancia del amor se revela a través del sentido erótico del poema, expresividad que cuando alcanza un alto nivel, nos perturba y transforma, como ocurre con el amor. Octavio Paz resalta: “El erotismo es un ritmo: uno de sus acordes es la separación, el otro es regreso, vuelta a la naturaleza reconciliada. El más allá erótico está aquí y es ahora mismo. Todas las mujeres y todos los hombres han vivido esos momentos: es nuestra ración de paraíso”. Lo que salva al hombre es el amor, esa completud que se manifiesta en la relación de pareja, postula Paz. La trascendencia del amor en Paz se revela a través del sentido erótico del poema, expresividad que cuando alcanza un alto nivel, nos perturba y transforma, como ocurre con el amor. La imagen poética busca revelar de manera contundente ritmo y emoción para demostrar que amor y poesía son vertientes de la misma realidad. Además, la memoria, en Paz, constituye un símbolo de la imaginación erótica, en virtud de que la mujer representa la esencia de la naturaleza. La figura femenina asume una condición, un estamento único. Los atributos que Paz enumera alcanzan una expresión salmódica. El afecto, la relación sensual, la ternura misma son cualidades intransferibles. Es decir, el erotismo se manifiesta como revelación y conocimiento estéticos, pero también y antes que nada como una expresión sagrada, como categoría sensible, sensitiva, del mundo. _______________________________________________

testimonios AHORA ESTALLO M édulas sangrantes hinchan las cortezas, la carcoma invita a despertar el árbol. Solidario ante la calle me sacuden huracanes: pataleo, grito. (De mi pueblo guardo yerbajos de nostalgia.) Un día encubriré el amor pendiente de las ramas y la savia que nutre sus raíces, diré la tierra si fecunda vientres, el arbusto terco en mitad del páramo. Un día cantaré la sangre y los anhelos. Un día. Ahora estallo. Fragmentaciones (1968-1972). México, Ediciones Asunción Sanchís, 1979, p. XIV.

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PRIMERA DE MUCHAS (17) C omo un tambor al mediodía el vientre gesticula y se conduce entre el surco y la muerte, entre el sueño y la ortiga. Acaso marcha hacia la luz, boca infinita, hiriente claridad de los señuelos. (Una rama especula, gime en la laguna estigiamente igual que una mañana en el vacío.) Ni tú ni nadie saben del sol que estalla en mil hervores, se contrae, se expande en los rincones de la piel mientras el odio palpita en la pupila. Fuera las imágenes caminan hacia el presagio agitando el puño, su hambre desbordada, entre el polvo y los escombros que agonizan. Si el viento barriera estas ruinas, los gusanos... Si te dieras al viento simplemente. Si te das al viento. Poemas (1974-1975). Barcelona, s.e., 1978, p. 29.

ESTOY EN TI E stoy en ti buscando vegetales en tu origen. De tu vientre los musgos si levanto el árbol humedeces y transformas, si canción o río desbordado te yergues del ritmo a las orillas. Estoy en ti —desnudo— como niño que juega a las auroras. Reverbera la casa con tu nombre compañera que fuerzas a erigirme. Materna niña nuestra 21


/ vuestra, heme aquí contigo rescatando la hierba a los umbrales. He brotado raíces. México, Katún, 1982 (Poesía, 3), p. 28.

[EL ALBA ESTABA AHÍ...] E l alba estaba ahí, enardecida. Como una flor. Desde entonces me nace de las manos cuando escribo. Terco es el día, nueva la hierba y la campiña. La mirada se enturbia cuando el llanto surca la memoria. La sombra de mi padre gime en los resquicios. Tiembla la Palabra. No creo que las rosas cambien. México, Claves Latinoamericanas, 1986, p. 17.

CON VIOLENCIA DE ESPUMA

F uiste hecha para exaltar la vida. Murmullos de la carne en bocanadas raudas tus muslos se encabritan. Refugio de los astros tus ojos toman de la miel el color. Alegre como el embate de la risa, desnuda como una roca a contraviento tu cintura. Gimes entre las brasas del día. Relámpago bajo mi boca son tus pétalos erguidos. Ahora rozo tu piel, pajarillo temblando. Con violencia de espuma te estremeces, Como una piedra aguda te despeñas. Enardecida luz. México, UNAM, 1992 (El Ala del Tigre), p. 93.

DE LA ESPUMA A LA CENIZA 22


Eterno amante soy de eterna amada. FRANCISCO DE QUEVEDO

D e la espuma a ceniza me convierto y en rosa de cristal, no frágil roca. Soy terco viento terso, abrupta boca y forjo una cascada en el desierto. Yo también desperté del desconcierto: miré mi corazón, ya no desboca, eterno peregrino que no enfoca la soberbia de ser un ser despierto. Desde entonces pregunto a cada instante: ¿qué calles en mis sueños no has andado, qué recia convicción de caminante? ¿Qué condición pusiste a mi cuidado? Si eterno amado soy de eterna amante para cantar mi amor con desenfado. Vocación de espuma. México, Cuarto Creciente, 1993, p. 20.

CICATRIZ ABIERTA (Fragmento) D escubro la faz del Universo, su vocación de eternidad. Extingo los límites del grito, tercos filamentos unen los susurros. Porque la voz nace del polvo, del mar iluminado en la tormenta. Nada calma el dolor. Contra la piel el mundo rompe su alegría, bajo el relámpago el abismo se estremece. A pesar de los escombros. México, Nautilium, 1994 (Liebre de marzo, 9), p. 18.

CIUDAD REAL V ocifera el cierzo. La niebla roe las retinas. Sobre el empedrado, allá en el sur, un chamula tropieza con la aurora. Enero 1º de 1994

Cantares del escriba. Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 1999 (Cuadernos de Malinalco, 45), p. 15.

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SUSTANCIA DE LA PIEDRA (Fragmento) M e vuelco en ti. Me desparramo como brazo de mar sobre la arena. Voy y vengo del surco a las colinas, me integro al girasol que tiembla entre tus muslos. Ah, perpetuar este instante, tomar la Luz entre los dedos. Pero todo es como al principio de los tiempos: tu soledad, mi soledad, un poco de ternura penetrando en el fugaz instante del deseo. Me vuelco en ti, me desparramo en cicatriz y absceso como un recuerdo hurgando en la memoria, cuchillo agudo que llaga las miradas. Me avergüenzo entonces. Adolescente infeliz, los dedos recogen el rencor, el ocio, la frustración del hilo sin la hebra. Y la silueta cromada: ¿qué tiene el vientre que clama por la ira, qué espera el mundo cuando cambio la Historia por tus piernas? Rubor de la ceniza. México, Praxis, 2002, pp. 23-24.

BRIZNA ESTREMECIDA C omo la miel, ebria de aguijones, como espuma temblando en el regazo de la roca, como paloma virgen que zurea dulcemente en los oídos del día. O como una mariposa azul que sobrevuela los largos latidos del océano emerges —iris de topacio— entre las ramas del sauce. (Se escucha el susurro del musgo, pétalos simulan la mejilla de Dios.) La castidad invicta asoma, la lluvia tararea en los tejados, amapola líquida que brota con un rumor de brizna estremecida. Razones de la voz. México, Conaculta, 2002 (Práctica mortal), p. 30. ________________________________________________

zonas Cafebrería El Péndulo y Editorial Praxis le invitan al ciclo 24


"El poeta y su creación" Doce creadores se darán cita para compartir su trabajo poético con el público asistente y para reflexionar sobre la palabra y la creación artística martes 9 de noviembre, 2004 Miguel Ángel Godínez, Macario Matus, Silvia Pratt, Araceli Téllez martes 16 de noviembre, 2004 Esperanza Corral, María Cruz, Francis Mestries, Antonia Robles martes 23 de noviembre, 2004 Flor Aguilera, Guadalupe Galván, Juan Antonio Rosado, Marcela Solís 7 de la noche, entrada libre Cafebrería El Péndulo, Alejandro Dumas núm. 81, col. Polanco, México, D.F. tel. 52 80 41 11

***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Jazz y poesía • Poetas uruguayas contemporáneas • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Roque Dalton: una relectura • 70 años de Gabriel Zaid • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 64 19 de noviembre, 2004

poesía y poética (I): armindo trevisan

atisbos Iniciamos con Armindo Trevisan (Santa María, Rio Grande do Sul, Brasil, 1933) la revisión simultánea de la poesía y la reflexión potica de algunos autores/as. Trevisan estuvo hace pocas semanas en la Feria del Libro del Zócalo, como parte de un importante contingente de artistas brasileños, invitados especiales a dicho encuentro cultural. Es autor de más de 12 libros de poesía y 9 de ensayo. Plaza y Janés tuvo el buen tino de lanzar su libro Reflexiones sobre la poesía, fruto de largos años de vivencia, docencia y análisis, presidido por una cita, obligada, de Eliot. El fragmento que presentamos es el tercer capítulo del libro (de un total de 12), donde polemiza acerca de las relaciones de los poetas con la lengua recibida. Los poemas seleccionados pertenecen a su más reciente libro, O sonho nas mãos, gentilmente cedido por su autor.

EL LENGUAJE INVENTA AL POETA ARMINDO TREVISAN Reflexiones sobre la poesía. Trad. de Tatiana Oroño y Enrique Palombo Cuinar. México, Plaza y Valdés, 2004, pp. 39-45. I

E

l poeta no nace poeta, nace dentro de un poema, el pueblo al cual pertenece. Inaugurando el mundo con sus manos y pies, el niño, sobreviviente de ocho millones de años, no trae una lengua consigo, es traído por el lenguaje que lo generó juntamente con sus huesos y sangre. El futuro poeta se alfabetiza antes de nacer. La lengua que sus padres hablan, antes de plasmación oral, fue una determinada forma de ser. En la medida en que el niño está inmerso en ese lenguaje, pierde su inocencia para transformarse en un poeta de determinada lengua, entre las muchas que celebran el mundo. Al aprender a decir: rosa, piedra, o más simplemente: papá, está aprendiendo a ser y expresarse debajo de un cielo, de tal sombra de árbol, con la pasión y muerte de millones de severinos,* ardientes sobre su incipiente lengua. Imaginar que un poeta es creador, es ilusionarse; el poeta, en lugar de servirse de una lengua, la sirve. II Las lenguas son tan diversas entre sí que es posible sustentar que la lengua de un pueblo es su prisión y su libertad. En algunas épocas, la lengua se aprisiona, en otras, se libera. En este sístole y diástole el poeta tiene algo para hacer, pues es un poeta: un hacedor. Su praxis no posee la eficacia de las praxis que trabajan el material definido del bronce, del mármol, del acero. Pero su material es también un material: posee resistencia y flexibilidad. La palabra —o antes, la frase— que el poeta trabaja, constituye una realidad propia como las leyes físicas y metafísicas. El problema reside ahí: la palabra no es un material polivalente sólo en su exterior; es un material polivalente a partir de su interior también. Sólo que ese interior no es propiedad privada. Siendo el bien humano más común, todos lo poseen, nadie lo posee. El *

Referencia al conocido poema de João Cabral de Melo Neto: “Morte e vida Severina” (1955); la obra tematiza la vida marginada de las poblaciones rurales del Nordeste de Brasil y procura, estilísticamente, desmitificar el lenguaje poético y desalienar los temas de la poesía.

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monólogo intenta trascenderse. Es una palabra en busca de un interlocutor, esto es, una palabra entretejida y, por lo tanto, una palabra que se suicida si se vuelve contra sus compañeras. Seimpre es una palabra en medio de otras palabras. III ¿Qué hace el poeta sino adensar el silencio? Un poema es una o varias palabras rodeadas de silencio por todos lados. El silencio no subsiste por sí mismo. Es como la palabra: un espacio dentro del cual la significación circula. El silencio es el lado invisible de la palabra. Todo poeta sabe de eso; sabe que una palabra sólo tiene valor en la medida en que consigue sacar de sí otras palabras. El silencio excesivo empobrece la palabra; la ausencia de silencio la vuelve obesa. Un poema por demás austero acaba por extraviarse; un poema por demás locuaz se hunde en la locura. Saber detenerse es el punto preciso en que se opera la síntesis, en que se consuma el beso de la palabra y el silencio, eso es poesía. El poema no es más que la sombra enternecida de ese encuentro. IV ¿En qué sentido el poeta habla por sí? ¿En qué sentido habla por los otros? El poeta siempre se presenta en los poemas, y representa. ¿A quién? A muchas personas, eventualmente a todas las personas. Toda vez que no produce el lenguaje sino que se limita a servirlo, ejerce una función transubjetiva. ¿Puede llegar a la objetividad? Jamás. Una piedra es una piedra, una rosa es una rosa. Pero una rosa no es una rosa sólo en la boca del filósofo o de la ruborizada amante. Una rosa es una rosa donde ella está. El poeta, como cualquier hombre, le inventa una segunda presencia cuya principal finalidad consiste en humanizar los objetos que no pertenecen, a no ser indirectamente, al mundo humano. La nominación de una cosa es la única forma de hacerla entrar en el mundo de los hombres, por consiguiente, de retirarla del absurdo. Para un creyente, semejante formulación tendría que ser matizada: sólo Dios puede, con su palabra, fundar las cosas. En el principio era la Palabra. No la palabra humana, un eco, mas la otra Palabra, la que extrae el ser de la nada. La que simplemente hace existir. Para que haya semejante palabra, es preciso que haya, primero, un Ser, una Conciencia, que sea conciencia tan absolutamente que nada la pueda contener. Ella es la que contiene todas las cosas. La verdadera poesía es creación. Por eso está reservada a Dios. V Pero, ¿hablará el poeta por otras personas? Sí, toda vez que habla por sí. El verdadero poeta no se sirve de la palabra. La sirve. En tanto servidor de la palabra, comete errores, incurre en equívocos. Pero esos errores y equívocos son el residuo de un hablar precario. Si el poeta consigue adentrarse en el habla original, su yo deja de monopolizar el habla. El nosotros, entonces, brota, aunque sea un nosotros indeciso. El nosotros termina por lavarse en las aguas claras de la conciencia donde todos se espejan. La muerte, a veces, enturbia la corriente. Un poema sólo puede ser la expresión de un yo en tanto todos hablen. Como eso es imposible, resta al yo del poeta la grandeza de aproximarse a la zarza ardiente, de pies descalzos. La desnudez subjetiva: fuente primera de toda poesía. VI Por más lírica que sea la poesía, ella traduce una inquietud colectiva. No existe palabra impune. Ni silencio descomprometido. Un silencio y una palabra que se besan realizan una afirmación o negación. Por eso, en la verdadera poesía, la traición no encuentra lugar. Un poema será, excepcionalmente, fascista o mentiroso. Pero, si es un poema, acabará por rejuvenecer. Por transformarse en aquello que la palabra auténticamente pronunciada es: presencia concreta del hombre. Un poema social es un poema que denuncia falta de aire en las narinas de Adán. ¿Existirá ese poema? Sí. El poema social es el veredicto que el hombre hace sobre sí mismo. Una condenación implícita. Una especie de nido, donde la humanidad se refugia cuando se le rehúsa la libertad. Una profecía vengativa, promesa que nace en la forja del estupor. Paradójicamente es tanto más decisiva cuanto más fría, es decir, cuanto más mantuvo el poeta la emoción en los límites de la expresión. En ningún caso el poeta ddebe despedirse de su condición de homo faber: le cabe producir un artefacto, el poema, que posee una función precisa, la de deflagrar más emoción. Jamás ha de olvidar que el poema es un utensilio, como el hacha de piedra, el propulsor, el anzuelo. Sin duda, un utensilio especialísimo. Pero es un utensilio. En este sentido, aciertan los que lo pretenden eficaz; erran, en la medida en que lo pretenden usado para otra cosa que no sea la de desencadenar la emoción subjetiva 28


o colectiva. El verdadero poema prescinde de ideologías y creencias, aunque las suponga; es poema en la proporción en que se airma como poema, esto es, como producto de emoción destinado a accionar la fuente que lo produjo: la emoción. Sólo la emoción puede mover al hombre. El pensamiento lo mueve, en la medida en que es movido. VII ¿Será, pues, el poeta, como dijo Fernando Pessoa, un fingidor? El poeta no quiso justificar la ficción personal, sino la ficción objetual. Para realizarse, el poema necesita de una creación lúcida y lúdica. El poeta es el continuador del niño: hace-de-cuenta determinadas realidades, porque, justamente, pretende revivirlas. En el fondo, al metaforizar la acción, al fingirla, el poeta ofrece un proyecto-de-mundo. Al no poder crear, mimetiza una utopía a través de una trascendencia instantánea, que posee la apariencia de una victoria abrupta sobre el mundo. Tal vez sea esta la abertura —a ese mismo mundo— que se cierra, inevitablemente, en la conclusión del poema. De cualquier manera, al menos germinalmente, el poema implica un deseo de absoluto. Es un llamado a la Comunión. VIII La poesía que inventa a su poeta es auténtica. La lengua y el lenguaje nacen; el poeta limítase a ser dentro de ellos. ¿Hablará por el pueblo? En la medida en que, simplemente, vive la experiencia de ese pueblo, en la medida en que interpela a ese pueblo, en la medida en que no permite que las moscas se posen en los labios de ese pueblo, su misión es proletaria, como la de los humillados y ofendidos. Si no lo fuese, no será reconocida por ellos. Con todo, los formalismos pueden contener una dosis subversiva de denuncia. Una palabra pulida no es, necesariamente, una palabra alienada. El bronce pulido no es bronce corrompido. Brancusi, con su Pájaro en el espacio, probó que el bronce pulido es más bronce si es útil. Igualmente, una palabra pulida puede ser, en determinadas ocasiones, más social que la palabra prostituida por el desgaste de los lugares comunes. El poeta tiene derecho a experimentar la lengua de su pueblo. Su tentativa ha de ser, con el tiempo, incluida en el arsenal de los que fundan una actitud ética, sin la cual cualquier acción política se convierte en fetiche. _______________________________________________

testimonios ENTRE O PAI E O FILHO E ntre o filho e o pai, a máscara de um rosto não desenhado pelo sangue. Entre o filho e o pai, o muro intransponível da liberdade. Entre o filho e o pai, dois pare de olhos que lavram horizontes que jamais se abraçarão. Entre o filho e o pai, o oceano resumido num aperto de mãos. 29


ENTRE EL PADRE Y EL HIJO E ntre el hijo y el padre, la máscara de un rostro no dibujado por la sangre. Entre el hijo y el padre, el muro intraspasable de la libertad. Entre el hijo y el padre, dos pares de ojos que labran horizontes aque jamás se abrazarán. Entre el hijo y el padre, el océano resumido en un apretón de manos.

FONTANA DI TREVI O s que atiram moedas nas fontes, e ficam observando como elas se vão aninhando, no fundo, ao lado de outras moedas que a ferrugem corrói, anseiam por un regresso que talvez não ocorra, mas que, neste momento, se realiza no desejo que têm de ali volverem. As moedas com o tempo desmerecem, e se enturva a face dos espelhos. Só o desejo arde na memória e, tanto agora como no futuro, brilha com igual rutilância. A verdadeira moeda continua na mente de quem a arremessou.

FONTANA DI TREVI Q uienes tiran monedas en las fuentes y se quedan observando como se van anidando en el fondo al lado de otras monedas que se corroen, anhelan un regreso que tal vez no suceda, pero que, en este momento, se realiza en el deseo que tienen de volver allí. Las monedas con el tiempo se deterioran y se enturbia la superficie de los espejos. Sólo el deseo arde en la memoria y, tanto hoy como en el futuro, 30


brilla con la misma nitidez. La verdadera moneda continúa en la mente de quien la lanzó.

LEITORES DE POESIA L eitores de poesia, notastes como uma rã, uma moeda, uma asa de inseto, bastam para fazer a poesia emergir do pântano em que está, ou das águas ultramarinas de um lago, no qual se escondeu de olhares invejosos? Digo mais: um mamilo incendiado de desejo, no corpo de uma mulher, a traz de volta ao nosso mundo sórdido, ambicioso, e injusto.

LECTORES DE POESÍA L ectores de poesía, ¿notaron como una rana, una moneda, un ala de insecto, bastan para hacer que la poesía emerja del pantano en donde está, o de las aguas ultramarinas de un lago, en el cual se escondió de las miradas envidiosas? Digo más: un pezón incendiado de deseo en el cuerpo de una mujer, la trae de regreso a nuestro mundo sórdido, ambicioso e injusto. Versiones de L.C.-O. y E. Langagne. O sonho nas mãos. Porto Alegre, AGE Editora, 2004, pp. 27, 77, 127. ________________________________________________

zonas “MI MAYOR RECONOCIMIENTO SERÍA SER LEÍDA EN LENGUA INDÍGENA”, DICE NATALIA TOLEDO ARTURO JIMENEZ La Jornada, 11 de noviembre de 2004

C

on el libro bilingüe Olivo negro (Guie' yaase'), de próxima aparición, la poeta de origen zapoteco Natalia Toledo Paz acaba de ganar el Premio Nezahualcóyotl de Literatura, que se entrega a escritores en lenguas indígenas de México y que por primera vez obtiene una mujer. La autora recibirá mañana el galardón en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, día del cumpleaños 85 de su abuela Aurea Vicente, a la que asistirá el pintor Francisco Toledo, padre de la poeta. Olivo negro (Guie' yaase'), como dice Natalia Toledo (Juchitán, 1967), cuenta con ''un alma" en cuya geografía se identifican varias regiones simbólicas, como la evocación de la 31


infancia, los olores del pescado fresco y el salitre, los sabores y olores de la cocina de su abuela materna, la imagen de un árbol-arco iris creado por su madre Olga y los ensueños de Juchitán. Crearlo fue, sobre todo, un gozo literario para la escritora, pues tuvo que viajar muchas veces desde su departamento de la colonia Condesa hasta la casa familiar de la Séptima Sección, en Juchitán. Fue también un viaje al pasado, una especie de flash back de su vida. ''Volví a jugar los juegos que jugué de niña, a recordar los olores y los sabores de la casa de mi abuela materna. Claro que todo esto siempre camina conmigo, vive conmigo, pues siempre soy esa niña. Todo el tiempo estoy buscando mi rostro y siempre que quiero recordarlo lo encuentro en mi infancia." Los puntitos de la hoja En ese viaje al pasado surgieron los poemas del libro, palabras que invocaron muchas otras cosas. ''También volví a recordar los rostros de mis amigos de niña. Mi mejor amiga era una niña muda, que ya murió. Tengo sus nombres presentes, sus caritas, hasta los vestidos que traíamos puestos en el calor de Juchitán, siempre vestidos cortos o en calzones, con el torso descubierto, caminando, corriendo. ''Volví a subir a los árboles de mi barrio, al olivo negro que teníamos en el patio de mi casa, donde subíamos y abríamos las hojitas para contar los puntos blancos que tienen: según su número, esos iban a ser los amores que tendríamos en la vida. Cuando yo abrí mi hoja había muchos puntitos. Fui noviera porque esa fue una revelación desde niña. ''En el patio de esa casa había una cooperativa de pescadores que llegaban muy temprano. Se ponían alrededor del olivo a hacer montones de pescados para repartirlos entre ellos. Los niños los ayudábamos a llenar las rejas de bambú con los pescados y llevábamos una cubetita que nos llenaban de pescados como pago." Aunque la poeta, como tal, sabe de las claves de la nostalgia: ''En el recuerdo, el tiempo transforma las cosas ya vividas. Hay un deseo de que fueran perfectas, porque al mismo tiempo había cosas tristes. Por eso el deseo trastoca y acomoda a tu antojo las cosas que los adultos echaron a perder." Comparte un recuerdo imborrable, feliz, que con seguridad no tuvo que ser trastocado por el tiempo ni el deseo. ''Muchas veces mi mamá, mi hermano mayor y yo dormíamos en un catre en el patio. Nuestras sábanas eran todas las estrellas y sentíamos la respiración del cielo. Y yo sentía que las estrellas dormían sobre mis párpados." Juchitán, entonces, se aparece como la constante. ''Casi siempre me ha interesado hablar de Juchitán. Será porque no soy otra cosa más que eso, aunque también miles de cosas participan en mi vida: libros, música, viajes, y me encanta aprender y escuchar otros idiomas. Pero realmente, donde me siento feliz, aunque sea a través de los recuerdos, es Juchitán. La poeta ha aprendido a vivir con lo que le ha dado la vida, que es mucho. ''No se puede vivir en permanente nostalgia porque entonces te consumirías". Y aprendió que todo eso tiene que ver con la memoria y el pasado. Por eso en sus tornaviajes al origen se abandona al disfrute. ''Me siento feliz, me acuesto en una hamaca y lo único que hago es comer riquísimo, hablar sólo en zapoteco y olvidarme de la lengua castellana. Apenas llego, dejo de ser todo lo que soy en español y nada más me dedico a ser cuerpo, ojos, a recibir, a descansar, a dejar de pensar todo el tiempo." Cocina y erotismo En la geografía del alma de Olivo negro(Guie' yaase') pueden hallarse otras regiones poéticas, como las que están iluminadas por la cocina y el erotismo. ''Son dos cosas que siempre he sentido, que siempre vi en Juchitán, donde el calor nos arroja a todos a quitarnos la ropa, a descalzarnos, a sudar, a estar hacia afuera de las casas, no hacia adentro. Entonces, uno acaba mostrándose y escuchándose." Y la cocina, aparte de haber sido su modus vivendi por mucho tiempo, cuando daba comidas ''clandestinas" en su departamento de la Condesa, ha sido sobre todo una fuente para jugar con olores y sabores, y para compartir. Otra región está dedicada a las tejedoras y bordadoras, sobre todo mujeres, como su madre, porque "casi no había hombres en mi casa". No obstante, evoca: "Me acuerdo mucho de los hombres en el corredor de la casa de mi abuela, lleno de bastidores. Mi mamá tenía una cooperativa y ellos tejían hamacas con el torso descubierto, con la camisa anudada a la cintura debido al calor". 32


Desde entonces la niña Natalia siempre habría de estar rodeada de hilos, como ahora en su departamento citadino, donde dedica un tiempo al diseño de ropa y trajes de tehuana. Pero ese patio juchiteco siempre dio para más. "Había un árbol de flamboyán y a su alrededor mi mamá ponía una tina y leña para teñir los hilos de algodón de las hamacas. ''Los hilos se secaban colgados de los brazos del árbol. Era un árbol como un arcoiris. Mi mamá se encargó de teñir ese árbol durante años, porque ese fue su primer trabajo.'' Una región poética más del libro bilingüe Olivo negro (Guie' yaase') aborda los complejos dilemas del idioma zapoteco. "Me preocupa qué va a pasar con él, porque incluso en mi barrio de Juchitán, el más tradicional y en donde todo mundo es bilingüe y hasta monolingüe, la lengua zapoteca y muchos juegos que jugué también se están perdiendo en los niños y jóvenes, atrapados por la televisión. Hay niños que entienden el zapoteco pero ya no lo hablan." Y la poeta advierte: "Cuando mueren las lenguas se muere todo lo que uno es. En la lengua está todo: los mitos, las leyendas, la cocina, las recetas, todo, porque somos sonidos, somos orales". Por eso, aunque le gusta haber recibido el premio literario Nezahualcóyotl, el mayor reconocimiento para la poeta Natalia Toledo Paz sería ser leída en zapoteco, aunque sabe bien que los políticos y administradores hacen nada al respecto. NATALIA TOLEDO PAZ ORIGEN

F uimos escama de Dios, flor, venado y mono. Fuimos la tea que partió el rayo y el sueño que contaron nuestros abuelos. Caímos en el monte y el sol nos atravesó con su flecha, fuimos cántaro ¡au!, fuimos agua ¡au! Ahora somos ceniza bajo la olla del mundo. GUIDXILAYÚ

G ucanu jlaza diuxi,

guie', bidxiña ne migu gucanu yaga gucheza bele, bacaanda' ne libana guní' bixhoze bidanu. Biabanu ndaani' gui'xi' gubidxa bitiidi' baxa sti' ladxido'no, gucanu pumpu ¡au!, gucanu nisa ¡au! Yanna nacanu dé biaana xa'na' guisu guidxilayú. LO QUE SOY, LO QUE RECUERDO

U na libertad que retoza y no se ha hecho fea. La sensibilidad de un loro que habla, 33


soy la niña que se le caen las cocadas y no las levanta, un huevo de gallina negra me recorre y despierta. Soy una nariz que huele el adobe de la casa de enfrente un patio y todas sus casas. Una fotografía regañada, un trazo delgado en medio de la selva. Una flor para el agua, para otras flores y no de las personas. Soy una resina que lloró San Vicente. Soy un alcaraván que ahogó su canto en otro idioma. NI NÁCA’NE NI REEDASILÚ NAA

T i mani’ nssisi napa xhiaa ne riguite.

Ti ngueengue rui’ diidxa’ ne riabirí guidiladi, naca’ ti badudxaapa’ huiini’ biruche dxiña cana gutoo ne qui nindisa ni ti dxita bere yaase’ riza guidilade’ ne rucuaani naa. Rucaa xiee ti yoo beñe zuba cue’ lidxe’, naca’ layú ne guirá lidxi. Ti bandá’ gudinedenecabe, ti miati’ nalase’ Usúa chaahui’ galaa gui’ xhi ró. Ti bacuxu’ sti nisa, sti yaga, cadi sti binni. Naca’ ti bereleele bitixhie’cabe diidxa’ gulené. Del libro Guie´Yaasé/ Olivo negro, ganador del Premio Nezahualcóyotl 2004.

***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Jazz y poesía: eros y tánatos • Poetas búlgaros contemporáneos • Poetas uruguayas contemporáneas • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas • 70 años de Gabriel Zaid • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ 34


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elpoemaseminal 65 3 de diciembre, 2004

70 años de gabriel zaid

atisbos Gabriel Zaid es uno de los poetas mexicanos más polifacéticos. Ingeniero de profesión, ha ejercido una labor literaria sostenida, crítica y provocadora, además de que ser uno de los más puntillosos críticos de las políticas económicas públicas. Al cumplirse 70 años de su nacimiento, nos sumamos al homenaje y la celebración que por estos días ha tenido amplia difusión. Vemos en él, por sobre todas las cosas, a un poeta atento a los vaivenes de su época, que ha tomado la pluma para decir su verdad con energía y rigor. Su obra poética, reunida en el volumen Reloj de Sol (1995) y el resto de sus publicaciones recopiladas por El Colegio Nacional permiten apreciar cómo a la minuciosidad ha agregado un tono lúdico, festivo, tan escaso en la literatura mexicana.

GABRIEL ZAID, EL GRAN AVENTURERO INTELECTUAL ARMANDO OVIEDO

L

a importancia de Gabriel Zaid se ha destacado desde los años setenta al iniciar su vida intelectual al lado de destacados escritores trabajando en un proyecto cultural crítico. Zaid fue de los iniciadores y formadores de la revista Plural junto con Octavio Paz y destacados intelectuales que, desde ese momento, fueron el espíritu crítico y no meramente contestatario de un momento histórico álgido y bastante revuelto como el post 68. Es curioso que haya sido en los setenta que un escritor que cumplió 70 años (nació el 24 de enero de 1934 en Monterrey, Nuevo León), llegue en plenitud de sus facultades críticas y siga siendo consecuente con su trabajo intelectual. Es digno de encomio mencionar a un escritor tan importante para las letras nacionales debido a su capacidad intelectual, misma que ha puesto al servicio de la escritura, en distintos géneros pero principalmente en la poesía, al ensayo y la crítica cultural. Escritor de tiempo completo, Gabriel Zaid sabe que la única manera de definir al escritor es escribiendo; por ello ha sido desde sus inicios literarios enemigo declarado de las participaciones públicas, critica duramente los personalismos culturales y se aleja de los elogios en los cuales él, como escritor, sea el tema y no los libros o la escritura. Es de sobra conocido la defensa que hace, desde todos los flancos, del libro y la lectura como necesidades básicas del ser humano. Sabemos, por su crítica literaria, que para Zaid el mejor homenaje que se le puede hacer a un autor es leerlo. Es entonces importante destacar que si hablamos de Zaid, estamos hablando de su trabajo en la escritura. Del mismo modo, recalquemos que es por la calidad de su obra por la que forma parte de importantes instituciones como el Colegio Nacional, al que ingresó en 1984, o la Academia Mexicana de la Lengua, de la que es miembro desde 1986. Debemos destacar que la misma importancia de su obra habla la obtención del Premio Xavier Villaurrutia, mismo que le fue otorgado en 1972. La labor en pro de la lectura y la escritura ha hecho de Zaid un ensayista, un editor de poesía de la obra de José Carlos Becerra (en colaboración con José Emilio Pacheco) Carlos Pellicer y Manuel Ponce; un antologador; pero principalmente, y ante todo, poeta. La labor destacable de Zaid dentro de las letras nacionales está fuera de duda. Es un poeta dedicado, lúdico y exigente. Como difusor de las ideas y de la crítica constructiva en la que abundan las propuestas, ha concentrado sus esfuerzos literarios en el ensayo. Sea este literario, cultural o político, Zaid ejerce una crítica sin tapujos.

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Dentro de su producción poética se encuentran Práctica mortal (1973), título que incluso forma parte de una colección de poesía del Conaculta; y Cuestionario (1976), que compendia la mayoría de su obra poética concentrada en libros o dispersa en suplementos y revistas. Aunque el Colegio Nacional se ha encargado de recopilar su obra. En el ensayo literario encontramos las reflexiones alrededor, o dentro de, la poesía como en los ya clásicos Leer poesía (1976), La poesía en la práctica (1985) y La máquina de cantar. Dentro del ensayo cultural encontraremos Cómo leer en bicicleta (1975), en los que se destacan los problemas de la cultura y el poder en México; y los célebres De los libros al poder y Los demasiados libros. Esta actitud tan diversa ha hecho a Zaid un digno merecedor de lectores de distintas categorías: los de interés poético, los de interés político y los de interés cultural. Así es el poeta, un escritor que despierta o provoca diversas lecturas. Por lo pronto, la lectura de su obra en un programa intenso y extenso como lo es Leer en noviembre es una forma de hacer que su obra se difunda; haciendo de Zaid, muy a su pesar, un escritor cada vez más reconocido. Con este motivo, el Conaculta publicó el libro El costo de leer y otros ensayos (Colección Biblioteca del Bibliotecario, 2004), diez ensayos que mueven a la reflexión sobre las políticas de lectura, con distintas soluciones —no siempre agradables al poder cultural— sensatas, lúdicas e inteligentes, que han sido desoídas por las distintas autoridades con capacidad de decisión, tal vez por considerarlas sensatas y juguetonas, como la lectura. Destaquemos a Zaid en su trabajo dentro de la poesía, primero como creador, después como crítico y en tercer lugar como promotor. En el primero están sus obras de creación. Antes de terminar la carrera de ingeniería industrial ya escribía poemas. Tomando prestada la precisión de la disciplina científica que estudió, le aplicó los pesos y las medidas adecuadas a las palabras para así construir versos. Debido a esto podemos asegurara sus poemas están construidos con la regla de cálculo de la preceptiva poética pero también con la pasión sin medida ni clemencia. Esto produjo un primer libro titulado Seguimiento (Fondo de Cultura Económica, 1964) en donde el poeta “acata la hermosura” de lo bien hechos con lo bien dicho. Escribe en ese poema, Acata la hermosura y ríndete, corazón duro. Acata la verdad y endurécete contra la marea. O suéltate, quizá, como el Espíritu fiel sobre las aguas.

Podemos ver su arte poética en pleno juego. Vendrían después libros como Campo nudista (Joaquín Mortiz, 1969) y Práctica mortal (FCE, 1973.) Pero en Cuestionario (Fondo de Cultura Económica, 1976) quedaría compilada la mayor parte de su obra, ya publicado antes en libro o en piezas sueltas. Todo lo escrito en verso durante el periodo 1951 a 1976, lo podemos encontrar en esta recopilación. Para comodidad de los lectores —dice Zaid en la invitación previa—, se incluyen todos los poemas de Seguimiento, Campo nudista y Práctica mortal como aparecieron... No se incluyen publicaciones sueltas repetidas o parecidas; ni medio centenar de epigramas publicados principalmente en 1950; ni un centenar de poemas inéditos de los últimos veinte años; ni traducciones. En su faceta de crítico, y desde el punto de vista de Zaid, leer es más difícil que escribir. En esta tarea de minucioso lector llevó a cabo una serie de textos a manera de critica literaria, que después fueron recopilados en Leer poesía. La crítica se extendió al ensayo más profundo y meticuloso; más extensos y con una temática definida, como los que dedicó a Ramón López Velarde, a Carlos Pellicer y al padre Manuel Ponce, ya recopilados en Tres poetas católicos.

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Encaminarse a realizar una lectura de los poemas de Zaid es una empresa gozosa y de descubrimiento; a pesar de ser profunda su presentación es ligera, o quizá porque es transparente podemos ver el fondo. Ahí la sapiencia es mostrada con elegancia y buena exposición de ideas, haciendo del lector un posible candidato a ingresar a la felicidad de las ideas. Como editor que sabe lo que lee y con un peculiar gusto por la lectura, llevaría esta efímera profesión a seleccionar una serie de textos para una exposición decorosa e interesante. Así veríamos nacer libros como la recopilación de la obra de José Carlos Becerra (en colaboración con José Emilio Pacheco), o las antologías de Carlos Pellicer y Manuel Ponce. Así como esa serie de antologías definitorias del gusto y la consulta literaria, como son el Ómnibus de poesía mexicana, y la clásica Asamblea de poetas jóvenes. La crítica literaria entendida como ejercicio de la inteligencia ejercida con mesura pero con toda la intención de saborear el gusto por la lectura de poesía, llevó a Zaid a explorar otros terrenos cercanos a la escritura como lo es las políticas culturales y editoriales. Fue así como esta inquietud y esa vecindad lo llevaría a la crítica de la cultura. Desde la crítica de la cultura realizó una serie de investigaciones para rescatar a un intelectual creador de instituciones culturales de gran importancia, como Daniel Cosío Villegas. Pero, como dice Enrique Krauze, la crítica de la cultura lo condujo a la crítica de la ideología de la cultura. Producto de esta crítica constante son los libros Cómo leer en bicicleta, Los demasiados libros y De los libros al poder. En estos dejaba en claro la importancia de la lectura pero también prevenía de los laberintos que fabrica la administración cultural dentro de los programas gubernamentales. Para Zaid la promoción de la lectura depende, tanto como en la administración cultural, de la imaginación cultural, algo cada vez más lejano, como la promoción de la lectura. No contento con establecer la crítica en estos ámbitos, se fue directo contra las formas de gobernar y el poder que se van gestando al interior de un país siempre en construcción. Amigo y simpatizante de la posición moral de Octavio Paz con respecto al poder político, Zaid ejerció, desde su particular visión del mundo y desde las formas clásicas de la ejecución pública, la crítica del poder y sus acólitos. El pensamiento crítico político del autor de Reloj de sol dio libros como El progreso improductivo (1979) y La economía presidencial (1987). Queda así trazada la grana aventura intelectual de un Gabriel Zaid consecuente con su posición frente a la cultura, con una pasión frente a la poesía y con una crítica constante a todas las formas personalizadas de ejercer el poder que no toma en cuenta la democracia de los vivos. ¿Qué muestra o demuestra la selección de artículos concentrados en El costo de leer y otros ensayos? Desde luego que la lucidez del ensayista. Estos textos aparecieron en diversos medios impresos como revistas y otros libros; el primero data de 1972 y el más reciente es del 2004. Estos textos así presentados forman un conjunto homogéneo que le da sentido a un problema central de nuestra cultura como es la escasa lectura y la difícil tarea del fomento del libro. Leer es como una conversación insiste constantemente Gabriel Zaid y para ello va de lo general (“Constelaciones de libros”) a lo particular (“Lugares de lectura”), siempre sin perder de vista el eje sobre el que se mueve su interés: leer con sentido. La lógica de Zaid es clara: administrar la cultura debe partir de las fuentes en que abrevan ambas palabras: el rigor metodológico de la administración y la imaginación sociológica de la cultura. Ellas deben sostener al lector y ser la carta de presentación para invitar a ese personaje reacio a no leer. El costo de leer y otros ensayos, que se podrá encontrar en las bibliotecas públicas de la Red Nacional, puede ser contraproducente porque tal vez muy pocos lo lean y los menos se sientan afectados por aspectos tales como aquel en que se nos cuenta de la desconfianza de Sócrates hacia los libros y más a los que los tienen pues llega a creer que sabe porque tiene libros. O que cree que sabe porque clasifica libros (¿oíste bibliotecario?). Convirtamos a Zaid y a cualquier libro, en un clásico vivo leyéndolos. Es lo menos que puede hacerse en el Día Nacional del Libro. _______________________________________________

testimonios 38


NACIMIENTO DE VENUS A sí surges del agua, Clarísima, y tus largos cabellos son del mar todavía, y los vientos te empujan, las olas te conducen como el amanecer, por olas, serenísima. Así llegas de pronto, como el amanecer, y renace, en la playa, el misterio del día.

CANCIÓN DE SEGUIMIENTO N o soy el viento ni la vela sino el timón que vela. No soy el agua ni el timón sino el que canta esta canción. No soy la voz ni la garganta sino lo que se canta. No sé quién soy ni lo que digo pero voy y te sigo.

DESFILADERO L a majestad de ser abre el vuelto en tus alas, altiva luz del mundo, alta gloria cimera. Abres, porque te place, el mediodía. ¡Infausta hora la que dejes olvidada! Pues tú, Dios displicente, no estás hecho para el hombre. Igual cierras el mundo que dejas ver su hermosura. Has enviado el soslayo, calamidad universal que nos impide ser ¡y todavía te escondes! Vuelas a tu albedrío, no hay quien te tenga en un puño. ¿Nos vas llamando, acaso, para mejor estrellarnos? Guárdame Dios de ti, que yo de mis quimeras. Agua mansa, buen Dios en jaula, ¡mal te conoce quien te compra!

TEMBLOR L os árboles se volvieron fresnos y aquello umbrío verdinegro, mi sinceridad. ¿Tembló? ,Temblé? ¿Fue un abismo de dalias o un abismo sobre el cual la ciudad se mecía en sus chinampas? ¡Y todo por creer en el fin del mundo! La gratitud se me subió a la cabeza. Estaba tan borracho cuando el ángel llegó que lo eché a perder todo 39


porque yo quería ver.

AGUA RIZADA E n los manantiales del tiempo, no hay prisa ni presión. El espacio crece de espacio como un álamo. En el espejo está la eternidad que se queda mirada. Cuando, por fin, dichosa, parpadea, el tiempo nace como interrupción. El tiempo, la costilla de Narciso, es una astilla de la eternidad, espejo roto de Eco en Eco. El tiempo irrumpe cuando ya no hay tiempo. Te amor, eternidad fugitiva. Dichosa interrupción: detente. Reloj de Sol. México, El Colegio Nacional, 1995 (Obras, 1), pp. 32, 43, 50, 91, 114. ________________________________________________

zonas LEGIONES: DE LA CONGOJA A LA PESADUMBRE ÓSCAR WONG Félix Suárez, Legiones. México, Praxis, 2004 (Vado Ancho).

S

i consideramos que la poesía es un lenguaje cargado de significados, un idioma que explora y explota al máximo de sus posibilidades su energía, Félix Suárez (Ixtlahuaca, Estado de México, 1961) ha sabido dirigir con sabiduría esa expresión, revelándonos su contenido y su carácter. Y si nombrar es el primer acto creativo, aunque Cioran habla del vacío que se presiente en las palabras. 1, Félix Suárez constituye el ejemplo de un demiurgo contemporáneo, un creador que desemboca en la embriaguez de lo múltiple y pretende no la salvación, sino revelarnos la caducidad de la vida, lo aterrador de la existencia. Por eso la brevedad lapidaria en Legiones2, su más reciente obra poética, donde se ocupa, como Séneca, De la brevedad de la vida3, aunque su postura no es estoica ni cínica puesto que no pretende esbozar una moralidad práctica o realista ni buscar la sabiduría que garantizara la perdurabilidad. Su voz, su tono, su intención, lleva a determinar el vacío existencial, lo vacuo de la trascendencia en las posiciones políticas, militares o literarias alcanzados, por citar un ejemplo. Más cerca de Catulo, más próximo a Marcial por la sonoridad exquisita, por el estilo preciso y delicado y la corrección de la frase, Legiones contiene agudeza, rapidez, rispidez aderezada con dulzura, con soltura y rotundidad. Por su carácter político, por su adecuación panfletaria, su expresión alcanza el tono y la genialidad de sátiras menipeas, como aquellas iniciadas en Grecia en el siglo I a. c. por el filósofo y poeta Menippos. El primer poema es revelador, puesto que destaca el encumbramiento de Alcibíades y su descenso y la actitud bufonesca asumida en la vejez. Preciso que en este poemario no subsiste ese sentido 1

Apud. Seligson, Esther, Apuntes sobre Cioran, CNCA/Edic. Sin Nombre, Colec. La Centena, Méx., 2003, passim Edit. Praxis, Colec. Vado Ancho, Méx.,51 pp. 3 SARPE, Colec. Los Grandes Pensadores, Madrid, 1984, 214 pp. 2

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caricaturesco o la simple gracia cínica. Cierto: lo inesperado, lo sorpresivo, revela mordacidad, malicia, pero por sobre todas las cosas, prevalece lo infausto de la existencia. La vana imperfección del hombre y la vanidad femenina –herida mortal denigratoria- que más que lapidaria inscripción versificada se transforma en epitafio. Por algo el término epigrama deviene del griego epigrame (sobre escribir): No puede dormir: un dolor de ciegos mendicantes le consume la espalda. Piensa en su vida: nada que salvar; se hunde su casa. El sudor es vitriolo sobre el lecho vacío. Flotan alrededor suyo, ahogados –pájaros multicolores-, sus hijos, sus amigos. Cierra los ojos un instante, los abre una vez más cuando vislumbra ahí, a la distancia, ahorcada en un gemido, la súbita inminencia del derrumbe. (p. 29)

El tono es demoledor, más que festivo. El epigrama, la sátira, no sólo asume una intención vejatoria o burlesca. Aquí se revela no la viborilla iracunda, sino lo desgarrador del ser. La brevedad lapidaria de la vida, lo sutilmente perverso y depredador del tiempo, de la gloria efímera, se manifiesta en Legiones. Por supuesto que Félix Suárez desemboca en la acidez, en lo perplejo que la experiencia. Si revisamos, aunque sea brevemente su obra anterior, era inevitable que el tono y la expresión líricas de Félix Suárez alcanzaran a este nuevo volumen: la propiedad musical con una orientación significativa, la imaginación visual y la peculiar esencia estética son determinantes desde Peleas 4, por ejemplo, pasando por En señal del cuerpo5, libros que enlazan y revelan la excitación memoriosa, la precisión y agudeza que caracterizan al poemario que me ocupa. En Peleas, prevalece el tono irónico, solemnemente desparpajado, donde la dulzura amorosa se trastoca en hiel y menosprecio. Aquí no hay arrebato. La pasión se canta a través del intelecto, pero la razón no alcanza a colmar el vacío, el dolor dejado por el sentimiento fenecido. Félix Suárez se debate entre la duda y la certeza. Hay un dejo de funesta vacuidad en sus palabras, en su tono. El lenguaje, no obstante, es preciso: verbos y adjetivos pugnan por revelar el trasfondo de las cosas, del alma humana; por eso el verbo “enfloraron” (p.27), por eso los “desvanecidos goznes” (p. 27) o la expresión, casi oxímoron, “ardiente sombra” (p.28) o bien “la gracia inmune y sabia del olvido” (p.30). Dos ejemplos más: la arremetida de los siguientes versos: “emputrecen los dátiles de agosto” y el reflexivo “se enfangan para siempre los océanos...” (p.35). Algunas locuciones rememoran a Catulo, puesto que de alguna manera hay una conexión con Los poemas a Lesbia6: ante la desgracia de los celos, corroe, devasta la incompletud del amor; el poeta latino habla de sus amores como si se tratara de otro; con objetividad se autonombra y usa la segunda persona del plural. Hay un texto que puede servir de núcleo conducente, casi definitorio del aliento poético que prevalece en Peleas, con sus dísticos isométricos y estrofas heterométricas, hasta el presente poemario: Te alumbraron, conmigo, alhajas y azafranes, finísimos contactos de lustrosos faros. Te enfloraron de flecos y pavanas, te volviste hermosa y conmigo te quisieron. Hoy deshaces los ramos, niegas lo que fuimos, y envanecidos goznes, 4

Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1988), UAEM/IMC, Toluca, 1989, 62 pp. Edit. Praxis/CECA-Chis/IMC, Méx., 1998, 61 pp. 6 México, UNAM, Cuadernos de Humanidades, 1987. 5

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traidora, me dan con tus ventanas en la cara. (p. 27)

La brevedad de los versos, la contundencia de su expresión –y de su intención-, la gravedad temática a través del silencio, rigen en el volumen denominado En señal del cuerpo, con el que obtuviera el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 1997. La visión trágica del pueblo hebreo se impone. Pero la respiración, el relampagueo existencial, perturbador de lo transitorio, cobran relevancia. Persiste un tono grave, un hálito devastador, desolador, de la vida que respira, devastando. El lenguaje asume, ahora, otro matiz; aunque con voraz fugacidad de perenne llama enfurecida y de ceniza victoriosa. El amor se vuelve apacible turbulencia, pesadumbre, mansedumbre. Acaso desolación agradecida: Ahora todo es lento, frutal, deshilvanado. Y de una tibia y perpleja mansedumbre. (p. 40)

El tono de amarga fluorescencia y el desaliento ante la vida, es recurrente. Pero también la precisión y contundencia; ritmos y acentos ordenando la emoción, verbos y adjetivos conciliados en “dicha pasajera”. Vuelven los adjetivos reveladores para ampliar el horizonte semántico y ahondar la percepción estética: “piedra intacta” (p.15), “carne ciega” (p.16), “cadáver tierno” (p. 17), “mustios girasoles” (p.18), “animal escarnecido” (p. 26); o la combinación de epítetos con un sustantivo intermedio: “ciego corazón desmemoriado” (p.16), “escaso arsenal defensivo” (p.29), “ridícula torpeza milenaria” (p.29) o bien “afiladas navajas pendencieras” (p.29). El poema “Paisaje nocturno” sirve como eje conductor entre este poemario y Legiones, sin olvidar, desde luego, algunos momentos de Peleas: “Asciendo entre las ruinas y rastrojos de la noche. El aire quema a estas alturas. Una canción mantiene en cruz la madrugada. De quién es deudo este pesar. De dónde esta ventisca de hojas secas que arrastra almas y vivos hasta el valle. La tristeza es otra, sí, y no ha venido. Hoy nada más es una flor febril que no termina”. (p. 24)

Pero Legiones va más allá de esa melancólica flor febril. La tragedia existencial repercute en cada verso, en cada estrofa, en cada poema. El tono epigramático, satírico, es evidente. Después de todo, nos recuerda Ezra Pound7, “la sátira es cirugía, inserciones y amputaciones”; también, acota con justicia: “El culto a la belleza y la delineación de la fealdad no se contraponen”8 Por supuesto que habría que recordar la función del poeta satírico, quien, según Graves, hace las veces de la serpiente, como expresión de Sabiduría, desde luego, no en el sentido de malignidad que refieren las iglesias judeocristianas. La tarea del bardo era creadora, o curativa, mientras que la del satírico era destructora o nociva. “El propósito de la sátira es destruir todo lo excesivo, marchito y desgastado y despejar el terreno para nueva siembra”9. Félix Suárez lo consigue y va más allá en su siembra y en su cosecha. Para él la poesía representa un placer, una pasión, una experiencia nueva. Por algo Legiones, basada en la gran tradición grecolatina, se apoya en el saber, en la aletheia griega; es decir, en la desocultación del ente, la instauración de la verdad, aunque ésta sea adversa o infausta. Legiones va de la congoja a la pesadumbre y nos arrastra hacia ninguna posibilidad conciliadora. 7

El arte de la poesía, Edit. Joaquín Mortiz, Serie del volador, Méx., 1983, p. 70 Op. cit., p. 71 9 Graves, Robert, La diosa blanca, Alianza Edit., Madrid., 1986, p. 607 8

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***** En su número de diciembre la revista Letras Libres invita a participar en una encuesta para determinar “Los 10 mejores poetas vivos de México”. Cada participante deberá enviar su lista personal a: diezpoetas@letraslibres.com

***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Jazz y poesía: eros y tánatos • Seis poetas búlgaros contemporáneos • Poetas uruguayas contemporáneas

• Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz

____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones. elpoemasem@yahoo.com.mx elpoemasem2004@yahoo.com.mx correodepoesia@yahoo.com.mx

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elpoemaseminal 66 10 de diciembre, 2004

jazz y poesía Muchos poetas y escritores se han acercado al jazz como una propuesta musical amplia y han encontrado en él afinidades profundas con su trabajo literario, ya sea en motivos, temas o únicamente por el placer que les causa. Así, fluyen los nombres de intérpretes y compositores como razón de ser de un diálogo que ha dado frutos dignos de recordar. La sola mención de Cortázar evoca a todo un clásico en este tema. Hace falta una antología poética representativa que de fe de este encuentro. Aquí se intenta apenas un esbozo, siguiendo lo hecho por Alain Derbez en 1987, con su libro Todo se escucha en el silencio. El blues y el jazz en la literatura, limitado al ámbito mexicano y a algunos autores latinoamericanos.

testimonios GONZALO ROJAS (CHILE, 1917) LATÍN Y JAZZ L eo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong, lo reoigo en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas, lentísimas, en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta materia que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar en que amarro la ventolera de estas sílabas. Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma y África, la opulencia y el látigo, la fascinación del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí y el infortunio de los imperios, vaticinio o estertor: éste es el jazz, el éxtasis antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis, Catulo mío, ¡Tánatos! Antología de aire. Santiago, FCE, 1991, p. 83.

BLANCA VARELA (Perú, 1923) OYENDO A BILLIE HOLIDAY 44


n o recuerdo en qué lugar prefiero que del error —tan parecido a la verdad— se asome por una altísima ventana jamás abierta el anhelante fantasma de hace diez años y me diga su nombre el oscuro zumbido el aleteo el santo y seña la música

SERGIO MONDRAGÓN (México, 1935) KIND OF BLUES t rompeta triste trompeta alegre trompeta que subes la escalera llegas hasta mi estancia hasta la nostalgia de mi máquina de escribir trompeta de Miles Davis que narras viejas historias de tu raza negra historias de tu esperanza atada por mis dedos estos dedos que son los dedos de mi padre los dedos de mis hermanos, de mis enemigos los dedos de las mujeres que rezaron y cogieron conmigo toda la noche los dedos de mi vieja tarántula que mastica debajo de la higuera trompeta escanciada como vino de viñas asoleadas piadosas viñas de ashram junto al río trompeta de Davis que tomas la forma de mi falo para ensuciar con flores blancas tu secreto tu piel de seda tu piano de obscuro cedro tu piano de copas volcadas sobre el tablero de ajedrez tu piano ah tu piano tu trompeta de Davis trompeta, así vas a sonar a la hora de mi muerte a la hora en que descienda a la tierra del brazo de mis hermanos todos ataviados de blanco todos con los brazos cruzados derrando el círculo de plata como nos enseñara el viejo Gurú aquella mañana de alcatraces trompeta, ya te fuiste ya cayó sobre los discos el frenesí de un Godot la obsesión de un Howard Frankl, la cal de Octavio Paz espiando las poses de los dioses la carrera tras la llave que mis dedos bucean el magnífico calypso que una mujer nos desgrana desde su ventana como mazorcas mexicanas inscritas en los hábiles dedos de mi mano derecha Miles Davis, trompeta te subiste el cuello de tu trinchera amarilla aquella madrugada a la salida del club en San Francisco 45


HERNÁN LAVÍN CERDA (Chile, 1939) AMPULOSAMENTE FILOSÓFICOS ¿ Ampulosamente filosóficos? Sí, eso fuimos: Cuando Dios, impotente, obseo y calvo Nos espiaba y se burlaba de nosotros Con el manual del ideólogo Bajo su brazo derecho. ¿Opulentos en lo ontológico? Por supuesto que sí, Lucrecia, eso seríamos Cuando Dios, impotente, sarcástico y mimoso, De chiripa en chiripa se ocultaba del mundo Por miedo a los orines enjaulados En el fin de nuestros cuerpos. Indudablemente Dios era Gato Barbieri Durante la locura de sus ostras O el arrebato de su inmenso saxo, Y nosotros lo fértil, lo colombófilo, lo cachirulo, Los cachivaches en medio de tantos muertos, Tantos locos que algún día Vendrán a buscarnos.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ (España, 1942) ADORABLES CHIQUILLAS Mamá querida, ven a buscarme; llévame a casa, dulce mamá. Estoy borracho, lleno de males y no me queda virginidad. ARNOLD WESKER

... Oh sí pero qué hermoso veros pasar moviendo las caderas, adorables chiquillas con minifalda o con blue jeans. (Lasmuchachas hacían strip-tease en la soledad de sus colegios) Maravillosas niñas, amores de una sola noche en hoteles perdidos. Tocaba Charlie Parker. Un grito ha roto el espejo. 46


Enloquecido me dispongo —contando cuanto haya de fetichismo y alienante— a ser feliz Dulce aventura loca...

MÓNICA MANSOUR (Argentina-México, 1946) KEIT JARRETT EN COLONIA e se piano mil veces recorre la sangre en el vientre cada surco un dedo y explora la saliva en carne dañada tú insistes con el arpegio entre los dedos el mismo el mismo y te alejas sólo para volver encontrarlo único constante en el teclado todas las veces hasta encontrar la verdad repetir el llamado el mismo el mismo martillazos en los clavos de mi cuerpo repetidos únicos soy andamio de tus manos y luego te oigo gritar sonrío :has sentido la caricia en tu piel la verdad en los dedos: el sonido se repite hasta el infinito sonrío termina el concierto en colonia demorando la sangre hay aplausos ajenos en los surcos no tal vez no es el tiempo de ese mismo grito en la carne repetido único un piano mil veces y luego el silencio infinito

GASPAR AGUILERA DÍAZ (México, 1947) 24 DE MAYO 47


A la edad en que Owen organizaba las primeras huelgas proletarias y en el instante luminoso en que Duke Ellington cierra su piano y se va te reconstruyo a media noche mientras los días como cuartos de hotel venido a menos me van atravesando sin clemencia

RICARDO HERNÁNDEZ ECHÁVARRI (México, 1958) ALFRED TIENE 33 CANGREJOS EN SU MÚSICA E ra un Tío distraído Barbudo del Mero París No soñaba en madame bovary ni en Aurelia ni El Complejo de Ser-un-día Vivía borracho en una taberna de Buenos Aires Y triste por tocar jazz En el saxo tocaba una música de 33 cangrejos hasta escupir un Roo-m (Que lo hacía rabiar) El Plata era el Sena y el barbudo con-una-mufa-del-Diablo Pensaba en Marilú: una bailadora mexicana que Vio Hundirse hace tres meses cuando él tocaba en el Champagne de Luna Allá Mar de por medio/ La mufa igual a un cangrejo pegado a la nuca/ y abrazados Muy Juntos acompañados por el Saxo a medio Cubrir Buenos Aires Mejor que un jet sin gasolina: Ojo de Pistache: mete Agrio Marilú toc-toc Música sin igual y Tú metido hasta el cogote en esa niebla azul Buen Jazz Marilú-uu del falso Stradivarius vómito de flores y risas Marilú era buena chica piernas fuertes y hermosas/ Marilú veintiún años y cabellera negra/ Marilú fracaso amoroso pobre chica que huyó del país La Tierra a veces a mujeres como Marilú es estrecha Punta de Alfiler Marilú Cantante de Ópera y mediana actriz No hay palabras para describir a Marilú Sólo balbuceos o Room-ss torpes o Cachitos de Corazón Marilú era tu novia-tu mujer-tu amante-tu gata-era tu El amante frío que se metió por las avenidas de Smog y helechos Por la ciudad laberinto de Maleantes Gatos recortando el periódico para soñar en las pestañas de la noche El temblor de tus piernas tus besos agridulces y nalgas tormentosas Pelos públicos sábanas de miel/ Había solamente un pájaro revoloteando en la alcoba El Culito Este de Falsete y Algodones Mientras el Tío tocaba metido en un tranvía y el mar Dentro de tus Ojos Donde Alfred mira una pantera que zarpa al sol Alfred ha muerto: esta noche tocó con virtuosismo con la muerte revólver pegada a la nuca: Su boca ha quedado abierta Y Marilú como presta a arrojar un música de 33 cangrejos Alain Derbez, O sonho nas mãos. Porto Alegre, AGE Editora, 2004, pp. 77, 89, 62, 129, 47, 124-125. 48


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***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Poetas búlgaros contemporáneos • Poetas uruguayas contemporáneas • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 67 14 de enero, 2005

poesía y poética (II): joseph brodsky Dice la cuarta de forros del libro de Joseph Brodsky, Del dolor y la razón: “Antes de su muerte, Joseph Brodsky agrupó en este volumen sus últimos ensayos. Ya sea en forma de evocación autobiográfica, de carta, de comentario de texto o de discurso (incluido el de recepción del premio Nobel de Literatura), las piezas de este libro constituyen, ante todo, una invitación al diálogo. […] Conjugando inteligencia, originalidad, lirismo y humor, estos ensayos son verdaderas piezas literarias en las que el poeta nos propone una indagación personalísima sobre los temas últimos de la existencia: el tiempo, lo infinito y lo finito, la lengua, el azar y la muerte. En palabras del propio Brodsky, contra las penalidades y la vulgaridad de la vida no existen más antídotos que la duda y el buen gusto”. De dicho libro extractamos una sección sobre la idea del poeta como Don Juan. Además, se presenta una brevísima selección de su poesía del autor ruso..

atisbos ALTERA EGO (Fragmentos) I

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a idea del poeta como inveterado Don Juan es de acuñación relativamente moderna. Como otras muchas concepciones que son moneda corriente entre el gran público, parece ser consecuencia de la Revolución Industrial, que mediante sus espectaculares avances en cuanto a aglomeración y alfabetización humanas dio precisamente origen al gran público. Dicho de otra forma, la imagen del poeta parece deberle más al éxito del Don Juan de Lord Byron que al historial romántico del propio autor, asombroso quizás pero en cualquier caso inalcanzable para el público de su época. Además, por cada Byron siempre hay un Wordsworth. Como último periodo de cohesión social y, por consiguiente, de filisteísmo, el siglo XIX es responsable de la mayor parte de las nociones y actitudes que defendemos o que nos guían hoy en día. En poesía, ese siglo es, sin discusión, francés; y quizá los ademanes extravagantes y las afinidades exóticas de los románticos y los simbolistas franceses contribuyeran más a difundir la mala reputación del poeta que la tópica e inculta creencia en la arraigada inmoralidad de los franceses. En general, por debajo de esas maledicencias sobre los poetas yace el deseo inherente a todo orden social —sea democracia, autocracia, teocracia, ideocracia o burocracia— de minar o reducir la autoridad de la poesía, que, aparte de rivalizar con la del Estado, alza una interrogante sobre el propio individuo, sobre sus logros y su seguridad mental, sobre su propia trascendencia. A este respecto, el siglo XIX no hizo más que seguir esa corriente: por lo que se refiere a la poesía, todo burgués es un Platón. II Sin embargo, la actitud de la Antigüedad en relación con el poeta solía ser más entusiasta y juiciosa. Y ello tenía que ver tanto con el politeísmo como con el hecho de que el público necesitaba a los poetas para entretenerse. Al margen de los dimes y diretes habituales en el mundillo literario de cualquier época, el trato despectivo a los poetas es raro en la Antigüedad; al contrario, se los veneraba como a figuras próximas a lo divino: en la imaginación popular eran entre adivinos y semidioses. De hecho, las propias deidades constituían a menudo su público, como evidencia el mito de Orfeo. Nada más lejos de Platón que este mito, especialmente útil para entender la visión clásica sobre la integridad sentimental del poeta. Orfeo no es Don Juan. Tan inconsolable se muestra por la muerte de su 50


esposa Eurídice, que los dioses del Olimpo, con los oídos desgarrados por sus lamentos, le conceden permiso para descender a los Infiernos y rescatarla. Que ese viaje (cuyos ecos poéticos hallamos en descensos similares de las obras de Homero, Virgilio y, sobre todo, Dante) resulte infructuoso no hace sino probar la intensidad del sentimiento del poeta por su amada, y también, por supuesto, el profundo conocimiento de la esencia de la culpa por parte de los clásicos. III Tanto como el destino final de Orfeo (despedazado por una multitud de enfurecidas ménades porque se había negado a entregarse a sus desnudos encantos, debido a su voto de castidad en manifestación de luto por Eurídice), la intensidad de su sentimiento pone de relieve la naturaleza monógama de la pasión, al menos la de este poeta. Aunque, a diferencia de los monoteístas de épocas posteriores, los antiguos no hicieron mucho hincapiè en la monogamia, convendría recordar que tampoco insistieron en lo contrario, pues convirtieron la fidelidad en la virtud definitoria de su principal poeta. En general, aparte de la de la amada, la única presencia femenina en la agenda de un poeta de la Antigüedad era su Musa. El mundo moderno fundió ambas presencias en una; no así los antiguos, pues la Musa apenas era corpórea. Hija de Zeus y Mnémosine (diosa de la memoria), la Musa era impalpable: sólo podía revelarse a los mortales —especialmente al poeta— mediante su voz, dictándole un determinado verso. En otras palabras, era la voz de la lengua. Pues lo que de verdad escucha el poeta, lo que de verdad le dicta el verso siguiente, es la lengua. Probablemente el género de esta palabra en griego (glossa) explique el carácter femenino de la Musa. Con idénticas consecuencias significativas, la palabra que designa a la lengua en latín, francés, italiano, español y alemán es femenina. En inglés, sin embargo, es neutra, y en ruso, masculina. No obstante, sea cual sea su género, la relación del poeta con su lengua es monógama, pues todo poeta es, al menos por oficio, monolingüe. Incluso cabría suponer que uno agota con su Musa toda su capacidad de ser fiel, como parece sugerir la versión romántica dde Byron sobre el poeta; sin embargo, eso sólo sería cierto en el caso de que la lengua fuera de libre elección; pero la lengua nos viene dada, y saber cuál es el hemisferio de nuestro cerebro que corresponde a la Musa sólo serviría de algo si uno pudiera controlar esa parte de su cuerpo. IV La Musa, por tanto, no es una alternativa a la amada sino que la precede. De hecho, como “mujer experimentada”, la Musa (Lengua es su nombre de soltera) desempeña un papel decisivo en el aprendizaje sentimental del poeta. Ella es la responsable no sólo de su mundo emocional sino también, muy a menudo, de la elección del objeto amoroso y del procedimiento de búsqueda. Ella es quien le contagia determinación, convirtiendo el amor del poeta en un equivalente del monólogo que ella sostiene consigo misma. Lo que los asuntos sentimentales tienen de tenaces y obsesivos se debe esencialmente al dictado de la Musa, cuya elección tiene siempre un origen estético y descarta cualquier otra opción. Por así decirlo, el amor constituye siempre una experiencia monoteísta. El cristianismo, por supuesto, ha sabido sacar partido de este hecho. Sin embargo, lo que realmente tienen en común un místico religioso como Gerald Manley Hopkins y un sensualista pagano como Sexto Propercio es el radicalismo emocional. Tan intenso es este radicalismo emocional que a veces rebasa todo lo que tenga a su alrededor, y a menudo el propio objetivo de uno. Por lo general, la voz de la Musa, siempre acuciante, particular, autorreferencial y persistente, lleva al poeta más allá de relaciones perfectas e imperfectas, de desastres totales y paroxismos de felicidad, y siempre a expensas de la realidad, exista o no en ésta un ser amado. Dicho de otro modo, el tono va haciéndose cada vez más alto por sí mismo, como si la lengua propulsara al poeta, sobre todo al romántico, al lugar de donde procede, donde en un principio era la palabra, o un sonido discernible. De ahí tantos matrimonios rotos, tantos poemas de gran extensión, y de ahí las afinidades metafísicas de la poesía, pues toda palabra quiere volver a su origen, aunque sólo sea como eco, padre de la rima. De ahí, también, la reputación de crápula que acompaña al poeta. Del dolor y la razón. [1995] Trad. de Antoni Martí García. Barcelona, Destino, 2000, pp. 87-90.

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testimonios [DIOS EN EL CAMPO NO VIVE EN UN RINCÓN…] D ios en el campo no vive en un rincón, como creen algunos burlones, sino en todas partes. Él santifica el techo, el fogón y honrado reparte los portales. Llena de él todo el campo a rebosar. Prepara ollas de cocido el sábado y baila soñoliento en el hogar guiñándome el ojo, como a un testigo. Busca una esposa al guarda del lugar. Levanta los cercados. Y al visitante que viene a cazar, jocoso, le yerra eternamente el tiro. Y es que, ciertamente, esta mirada y escuchar el silbido del otoño es, en verdad, el único placer del que goza un ateo en la campiña. 6 de junio de 1965

PARTE DE LA ORACIÓN (Fragmentos) S i hay algo que cantar es el cambio de viento, del oeste al este, cuando la rama helada se mueve hacia la izquierda crujiendo de pereza, y a los bosques de Dakota vuela tu tos sobre el llano. Alza el arma al mediodía y dispara hacia aquello que en el campo parece liebre, ofreciendo a la bala el poder de aumentar el desgarro entre quien escribe esto, perdido ya el compás, y aquel que deja un rastro. A veces la cabeza y la mano se funden, sin hacerse estrofa, pero, con propia voz, en gangoso eco, poniendo la oreja, cual parte de un centauro * …y ante la voz de porvenir, de la lengua rusa salen corriendo ratones, que en enjambre se ponen a roer un trozo suculento de memoria que es tu queso horadado. Tras tantos inviernos ya no importa qué o quién está en la ventana tras la cortina, y en el cerebro retumba ya un do no terrenal, sino su susurro. La vida, a la que, como algo regalado, no le miran la boca, 52


en cada encuentro muestra desnudos los dientes. De todo hombre siempre os queda una parte de oración. De hecho una parte. Parte de la oración. * No es que me esté volviendo loco, es el verano que me agota. Buscas en el cajón una camisa, y el día entero echado por la borda. Que llegue cuanto antes el invierno y cubra todo con su manto: ciudades, hombres, pero primero el verde de las hojas. Me echaré a dormir sin desnudarme, o leeré si quiero un libro ajeno, y entretanto los retales del año, como un perro que ha huido de su ciego, atraviesan la calle por el paso indicado. La libertad es no recordar entero el nombre del tirano, y que sea la saliva más dulce que el almíbar, e estrujen tu cerebro cual cuerno de carnero, no mane nada ya del ojo azul.

MÚSICA SUECA K.J. C uando la nieve cubre el mar y el crujir del pino deja en el aire más honda huella que el trineo, ¿a qué azul pueden llegar los ojos?, ¿a qué silencio puede caer la voz desamparada? Perdido de vista, ignorado, el mundo exterior ajusta cuentas con la cara, como con un rehén de Mameluco. …así en el fondo del océano fosforecea el calamar, así el silencio se embebe de la entera rapidez del sonido, así ya basta una cerilla para poner el fogón al rojo, así, tras el latir del corazón, el reloj de pared, al detenerse en éste, seguirá andando en el otro extremo de la mar. [1978]

DEDICATORIA N i tú, lector, ni el azul marino detrás de la cortina, ni el arcón marrón, ni el cambio del mejor tu-tu de bailarina, ni de la lámpara el tallo en torsión felina —como el carbón que da la mina con la catástrofe de tren— con lo que brota de mi pluma nada tienen que ver. Tú no existes para mí; a tu entender, yo soy cirílica grafía, un decir… Pero la sintonía entre dos sistemas de no ser es más potente que en dos modos de existir. 53


Hojéame, por tanto, mientras no irrumpa del himno el texto para el último viaje. Tú eres todo o nadie, y es mutua la anónima franqueza del lenguaje. [1987]

[ME HAN CULPADO DE TODO, SALVO DEL TIEMPO…] M e han culpado de todo, salvo del tiempo, yo mismo me he solido amenazar con un duro rescate. Mas pronto me arrancaré, como se dice, los galones, y me convertiré en una simple estrella. Y brillaré en el adiós como un teniente de los cielos, cuando oiga el trueno, me ocultaré entre la nube sin ver cómo la tropa, bajo el empuje de los saldos, huye bajo el acoso de la pluma. Cuando alrededor ya no hay lo que una vez estuvo no importa si es un blitz o si os cogen prisionero. Así el escolar, al ver en sueños el tintero, mejor dispuesto está a multiplicar que tabla alguna. Y si, por la velocidad con que va la luz, no esperas premio, al menos el blindaje del común no ser valore tal vez los intentos de mudarlo en cedazo y por la brecha que abrí me dé las gracias. 1994 No vendrá el diluvio tras nosotros. Antología poética (1960-1996). Trad., sel. y pról. de Ricardo San Vicente. Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2000, pp. 47, 125-126, 153, 179, 216.

AL VOLVER A VISITAR EXETER J ugando al ajedrez en el mantel aceitoso de la cafetería Sparky, con un empate y utnro para las blancas, contra tu espectro al mediodía, dos tramos de escaleras debajo de aquel colchón y siete años después. Apenas un gambito, según todos los criterios. El trébol del ventilador, infestado de polvo, zumba todavía en tu ventana —siete años después y litros de semen bajo el puente— al parecer no desconectado. ¿Qué se requiere para jurar lealtad a otra biografía, otro océano, otro credo? ¿La fecha de expiración de la Hazaña India? ¿Un par de tórtolas, dos jóvenes palomas? ¿El Atlántico, cuya invasión largamente preparada parece, en las playas de Salisbury, contraproducente? ¿O la cúpula del ayuntamiento, que todavía da de mamar a su Lux pálida, envuelta en pañales de nubes? 54


1988

BLUES D ieciocho años he pasado en Manhattan. El casero era bueno, pero se volvió malo. Un asqueroso, vamos. Tío, le odio. El dinero es verde pero fluye como la sangre. Supongo que tengo que cruzar el río. New Jersey saluda con su brillo de azufre. Los años contados son un mal menor. El dinero es verde, pero no crece. Me llevaré mis muebles, mi viejo sofá. ¿Pero qué hago con la vista de mis ventanas? Siento que he estado casado con ella, o algo así. El dinero es verde, pero te pone triste. Un cuerpo por lo general sabe adónde va. Creo que es nuestra alma la que nos hace rezar, aunque arriba es sólo un Boeing. El dinero es verde y yo soy gris. 1992 Etcétera. Trad. de Alejandro Valero. Madrid, Cátedra, 1998, pp. 44, 137. ________________________________________________

zonas FORREST GANDER PRESENTA SU LIBRO ARRANCADO DEL SUEÑO. NO HABRÁ DEMOCRACIA SI LA GENTE NO LEE, EXPRESA EL POETA MERRY MAC MASTERS La Jornada, 12 de enero de 2004, p. 4a.

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a lectura de poesía ofrece la oportunidad de imaginar al otro, ya sea una persona, experiencia o cultura. Y esa posibilidad es lo único que puede ayudar a eliminar la violencia, porque “cuando no tenemos palabras vamos a usar las manos, las pistolas. Vamos a mirar la pornografía, porque no tenemos las palabras para expresar los sentimientos más hondos”, aseguró el poeta estadunidense Forrest Gander (barstow, California, 1956). El libro de Gander, Arrancado del sueño (Ediciones El Tucán de Virginia, 2004), edición bilingüe (inglésespañol) fue presentado el lunes en una “noche literaria” en la Casa del Poeta, que también incluyó la presencia de Alastair Reid (Escocia, 1926), quien leyó varios de sus poemas. Para Gander, nuestra época se distingue por usar un solo modo de hablar, que es el de “la lógica, del sujeto que controla el verbo, el objeto, que es el lenguaje del periódico”. Advirtió: “Si sólo usamos este tipo de lenguaje para comunicarnos, para experimentar, perdemos otros modos de percepción”. La

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poesía, en su calidad de arte, proporciona otra manera de ver el mundo, que “podamos leer o mirar algo que a la postre nos permita entender algo del espíritu”. Entrevistado al término del acto, continuó: “Nosotros (los estadunidenses) tenemos un presidente que no lee nada; no le gusta leer. me parece que esto tiene un efecto en cómo son considerados otros países, modos de vivir y otras culturas. Es por la poesía y el arte que podemos encontrar al otro”. Una “sorpresa” fue la manera en que calificó Gander la relección de George W. Bush. De acuerdo con estadísticas en Estados Unidos, agregó, “50 por ciento de las personas no leen un libro en un año. Creo que no se puede tener una democracia si la gente no se interesa por leer o educarse. Entonces, es significativo lo que pasó en Estados Unidos”. No obstante, Gander sostiene que en territorio estadunidense muchas personas leen poesía. Lo que ha cambiado, explicó, es que hace 50 años había dos o tres grandes poetas; ahora hay varios, pero los públicos se han fraccionado. En Estados Unidos, apuntó, “hay muchas personas que buscan algo y se encuentran en la poesía”. Además, es un buen momento para la poesía en su país: “Después de algunos años de influencia de Francia, sólo en cosas técnicas, hay una nueva generación que escribe de maneras que me resultan nuevas y obligatorias”. —¿El poeta tiene un compromiso ante la sociedad? —Absolutamente. De no sentirlo así no vale la pena escribir, porque no es un acto de ego, sino al contrario. En cuanto a la traducción, también. Lo que vale es cuando el traductor desaparece y algo diferente aparece en ese acto que es humilde. Para Valerie Mejer, responsable, junto con E.M. Test, de la traducción y prólogos de Arrancado del sueño, una de las cosas innovadoras de la poesía de Gander es que la acumulación de imágenes “sucede en su percepción y al leer el poema le acontecen al lector”. Víctor Manuel Mendiola, de Ediciones El Tucán de Virginia, señaló que Gander es un autor que ha creado una relación de reciprocidad con la poesía mexicana, ya que publicó una antología de poemas de mujeres e inclusive ha traducido libros individuales.

***** NOVEDADES • Humberto Beck, Gabriel Zaid: lectura y conversación. México, Jus, 2004. (Dibujos de Basia Batorska.) En la obra de Gabriel Zaid nos atrae y sorprende una singular conjunción de poesía y crítica, de poemas como teoremas y razonamientos como poemas, de escritor e ingeniero, que parece efectuar un intercambio de lugares entre las matemáticas y la literatura • Eduardo Hurtado, Las diez mil cosas. México, Era-Conaculta, 2004. Este libro señala el punto de inflexión de un ciclo que se inicia con los libros más recientes de Hurtado, Ciudad sin puertas y Puntos de mira. Sin menoscabo de las variaciones temáticas que la caracterizan, en esta nueva obra el autor confirma su fe constante y última en la resonancia de la poesía. En estos poemas asoma la hospitalaria vocación de convidar sin reticencias al lector a la hora de emprender la minuciosa exploración del mundo, su fugacidad, su secreta permanencia, sus crisis. • Eduardo Langagne y Juan Domingo Argüelles, Premio Nacional de Poesía Joven de México. Treinta años. México, Conaculta-Secretaría de Cultura de Jalisco, 2004. Éste es un panorama que convive, en la actualidad, con diversas muestras de los muchos poetas jóvenes que pululan en libros colectivos, antologías, compilaciones y muestras generacionales. Este libro quiere ayudar en esa tarea de recuento poético para encontrar un nuevo punto de convergencia, más rico y diverso. • Eduardo Milán, Justificación material. Ensayos sobre poesía latinoamericana. México, Universidad de la Ciudad de México, 2004. “No se trata, en ninguno de los apartados de Justificación material, de ensayos monográficos sobre el poeta en cuestión; la lectura del crítico uruguayo persigue, más que un rastreo de corte filológico, histórico o, peor aún, anecdótico, una indagación sobre las posibilidades e imposibilidades del cantar de cada poeta”. (Ernesto Lumbreras) • Eduardo Moga, De asuntos literarios. México, Universidad de la Ciudad de México, 2004. 56


Este libro reúne una treintena de ensayos sobre escritores y poetas como Monterroso, Segovia, Prados, Hierro, Orozco, Kozer, Pizarnik, Bukowski y Yeats, entre otros. Los textos de Moga son vivientes porque en ellos la labor del reseñista se desarrolla con inteligencia y mesura e, incluso, con justa humildad. El autor, nacido en Barcelona en 1962, ha publicado seis poemarios y una antología comentada de la poesía satírica universal. Es codirector de la colección de poesía de DVD Ediciones, España. • Claudio Rodríguez, Poesía completa (1953-1991). Barcelona, Lumen, 2003. Poeta visionario y órfico, cantor de la revelación y de la fusión con el universo, Rodríguez consagró sus versos al ciclo de la vida y a lo que ésta tiene de muerte y renacimiento. A su deslumbrante primer libro, Don de la ebriedad (1953), le siguieron cuatro volúmenes más. La lectura de su poesía reunida trae de nuevo el estremecimiento de un poeta en estado puro a lo largo de toda su trayectoria vital y poética. ***** Próximos números: • Sergio Cárdenas: música y poesía • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Poetas búlgaros contemporáneos • Poetas uruguayas contemporáneas • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 68 21 de enero, 2005

el vado de ricardo yáñez “Cada libro de Ricardo Yañez [Guadalajara, 1948] es una estación, una parada en que el poeta renueva su compromiso con la vida. Vado no es la excepción. Sus poemas y canciones nos llevan hacia la intemperie luminosa del idioma a través de los oscuros resplandores de la existencia, incluso con sentido ddel humor y gozo, porque en cada palabra tenemos un recordatorio: ‘En una fuente/ que yo bien sé/ bebo la vida que viviré’.” Así reza el final de la cuarta de forros del más reciente libro de Yáñez, uno de los más formidables cantores en la poesía mexicana reciente. Desde Divertimento (1971) y Escritura sumaria (1977) que reaparecieron transfigurados en Ni lo que digo (1985), y luego en Dejar de ser (1994), Antes del habla, Si la llama, Estrella oída y El alfabeto en la neblina, su canto ha evolucionado hasta conseguir una formidable familiaridad con el idioma, al cual hace levantar un vuelo rasante sin par, pletórico de musicalidad lúdica. Acompañamos algunos poemas de Vado con una prosa reflexiva y un texto reciente.

atisbos EL MANANTIAL PRIMERO A Carmen Villoro

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odo es imagen y nada más que imagen. Tengo una imagen de la vida de mi padre, ya fallecido, no su vida. Y de la propia vida puede en cierto modo decirse que no poseemos sino la imagen. En la medida que esa imagen sea auténtica será precisa y, por esa misma precisión, manejable. Lo que hace que una imagen sea auténtica y por ello útil, aunque de una utilidad no utilitaria ni utilitarista, es precisamente su precisión. En dicha precisión consiste su rigor —y su armonía. Los manipuladores de la imagen, entre ellos políticos, publicistas y no pocos productores de objetos insertos en el mundo del arte, manejan imágenes que promueven una realidad imaginaria pero no en realidad la imaginación. La manejabilidad de la que hablamos es otra: el impulso natural de la imagen a su realización, a su viabilidad mediante —y en— la actividad humana, a partir del impulso connatural al hombre de realizar lo que imagina, lo que buenamente pero bien imagina, lo que desde el ser de sí trabaja imagen para su consecuente objetivación. Imagen no hay que no convoque otras imágenes, y una vida entregada a esa convicción que busca realizarse es generadora de obra, de visiones, de mundos, de nuevas, por originales, maneras de vivir el mundo; reconsideración y en más de un modo reconformación del universo, una vida entregada a esa convicción es vida viviéndose creadora. ¿Creadora de qué? Por absurdo que parezca, de experiencia creadora; de la simple y compleja experiencia del crear. Creadora de su propio participar en la creación. No hay, me temo, goce más puro. 2 Escuetamente dicho, la universalidad de la obra de arte difiere de la científica en que mientras ésta se aboca a lo comprobable aquélla a lo sensible, en que mientras ésta se ocupa de su objeto haciendo caso omiso del sujeto aquélla —insisto, grosso modo— evalúa que sin sujeto no hay objeto posible. Un poco divirtiéndonos digámoslo a partir de una aserción de Maurice Merleau-Ponty: la ciencia de toda ciencia consiste en la ciencia de lo general, el arte de todo arte consiste en el arte de lo particular (su

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particularidad, ha dicho Adorno, compensa la perpetua injusticia de la sociedad respecto del individuo); de allí sus respectivas universalidades. El científico, que relaciona desde el intelecto y la observación, ordena. El artista, que organiza desde la sensibilidad y la contemplación, armoniza. Lo demostrable y lo sentido; lo inobjetable y lo vivido. Las leyes, las normas, las reglas, con o sin belleza; la belleza, con o sin ley. Sin embargo, en tanto ambos trabajan con lenguaje y realidad, no es posible pensarlos actuando en compartimentos estancos. De lo poco que conocemos al respecto, ya las correspondencias entre la proporción áurea y el cuerpo humano, la sucesión de Fibonacci y el crecimiento de las plantas, asombran como enigma que no poco tiene de estético, dejan la sensación de que la realidad dice siempre algo más de lo que en ella leemos. Y de que la ciencia no sólo es ciencia, ni el arte sólo el arte. Mas por necesidades de análisis aceptemos la separación y atrevamos una conjetura: que el lenguaje exacto, en apariencia exterior, es el del arte. O sonriendo precisemos que la exactitud en arte incluye el arte del desplazamiento, y que ello es debido a que no olvida, Adorno también dixit, que entre sus objetividades se encuentra la de considerar la subjetividad. Dicho en broma, mientras que en ciencia exactitud equivale a ni más ni menos, en arte supondría un más o menos, ¿tú cómo la ves?, o con mayor claridad expuesto, ¿tú como lo sientes?, ya que mi sentir se precisa en tu sentir, en los sentires, mismos que para por mí ser sentidos eficientemente sólo pueden, de modo radical, intuirse. Por eso todo en arte supone comparación, símil, y más a fondo imagen (toda imagen de algo es como lo que representa). Por eso todo en arte, yendo más lejos, es a la vez esto y aquello, pues que el arte del arte supone siempre el arte de la metáfora, pero de la metáfora no como recurso del artista, sino como uso de la realidad. El arte del artista consistiría entonces en relacionar los usos metafóricos de lo real desde un principio —vocación en él—: la armonía, la belleza. La realidad es artística, vive el artista. La realidad es científica, piensa el científico. En ambos casos, cabe notar, la realidad tiene, ¿hace?, su propio lenguaje. En ambos casos el lenguaje nace de la realidad. La realidad es lenguaje debiéramos, acaso, concluir. Pero necesario es agregar que el lenguaje del científico es más bien sígnico, refiere a, en tanto el del artista más bien simbólico, de raigambre mágica, ritual: esto que digo, pinto, danzo, actúo, es no sólo lo que digo, pinto, danzo, actúo, sino lo que es. Y más: puedo hablar de lo que sea, pero lo que sea, además de poder estar en donde pueda estar, está, sintámoslo, aquí. Y sin embargo ni la sensibilidad es irracional ni la razón insensible. Busca la mejor razón sentirse tal y la mejor sensibilidad encontrar su razón. Y lo mejor de los lenguajes —lo mejor del lenguaje— proviene de ambas. Aunque suele olvidarse que lo abiertamente trabajado como lenguaje simbólico, que no limitado a lo artístico en lo artístico encuentra su menos discutida representación, participa asimismo de lo inobjetable; sólo que su inobjetabilidad le viene por consenso, por, lo sugerimos antes, consensibilidad. No que no puedan estudiarse, analizarse, medirse, contabilizarse, los múltiples aspectos en los que se fundamenta la calidad de una obra, no que no pueda hacerse una mostración racional de sus virtudes, sino que finalmente todo ello se hace, o debiera hacerse, a partir de una evidencia, recogida en el siguiente, abocetado planteamiento: ¿por qué esto gusta tanto?, ¿por qué es inobjetable que esto gusta, y por qué, de modo un tanto menos inobjetable pero no en mi sentir, con razón? A encontrar la razón suficiente del arte es que se abocan lasteorías estéticas, la crítica, las exégesis varias (con no poca frecuencia de los propios artistas, obligados como están, igual que todos, a responder). Por tranquilizadora que pudiera parecernos, la ciencia tiene algo de misterio, atracción, inquietud, y a su vez, por misterioso que el arte pueda parecernos, el arte siempre deviene tranquilizador. De la tensión equilibrada entre esa tranquilidad y ese misterio, un equilibrio siempre en desplazamiento, surge el encanto de ambos. Sin ánimo de ddetenernos en asuntos cuya profundidad está muchísimo más allá de nuestras capacidades, observemos no obstante que el creador, todo creador, gracias a su dejarse fluir en los desplazamientos del lenguaje, tiene la dicha de encontrar nuevos centros, algo excéntricos, por inusitados, del mundo, y que quizá por ello padece la infelicidad de la que llamaremos incompleción, la seguridad de que por redondo, logrado que sea su trabajo, aunque acabado será siempre la espera de posteriores obras, creaciones, aportes que terminen de definirlo como lo que paradojalmente ya es. No sería perfecta la perfección de la obra, de la creación, si no fuese imperfecta, si no su conclusión fuese una limpia perenne inconclusión, si no estuviera siempre siendo creada.

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3 Lo que el creador produce, lo que el creador genera, en lo que el creador indaga, averigua, lo que investiga, no es otra cosa que lenguaje, y refrendaría: origen u orígenes del o los lenguajes, lenguaje originándose, por ello original. El reador se sumerge en el lenguaje de su predilección, como quien dice lo que para él es más fácil o más evidentemente visible como lenguaje, y busca, dentro, el manantial primero, el nacer, el manar que nos lo entrega, ese lenguaje. Y es importante aquí decir entonces que no es posible pensar que carente de experiencia y de experiencias, de actualidad y de pasado, el creador pueda ser un creador de lenguajes. Aun en el más inspirado de los casos, la experiencia del creador en tanto trabajo, por inconsciente que pudiera haberse dado, y en tanto estado de conciencia —el momento creador— son, me atrevo a decirlo, verificables. Obra de arte es aquella que transmite, que logra transmitir con precisión la imagen de esa doble experiencia, de ese doble saber: yo sé lo que el lenguaje es de modo suficiente como para decir, también, que sé lo que el lenguaje me ha dicho —que es en cierto modo “lo que la realidad me ha hecho”—, y se lo entrego a ustedes, a todos ustedes, pues mi deber, en tanto artista, en tanto creador, no es otro que recibir para entregar. Don que no se da, y que no se da con inteligible e inteligente generosidad, esun don que se desperdicia, es cometer grosería en el terreno de lo sagrado, constituye, cerremos, una profanación del don, una insubordinación o falta a las leyes de la imagen, de la vida. ¿Del Creador? Prosaísmos. Puebla (México), Lunarena, 1995, pp. 54-59.

testimonios [¿QUE LA MÚSICA CIEGA? HABRÍA QUE VER…] ¿ Que la música ciega? Habría que ver, y para tal a tiempo la canción, el soneto, poner del corazón en procura quizá de comprender, si no entender, que la palabra ser es sílaba más digna de atención de lo hasta ahora visto y que su son o su pulso se deben merecer. Nombrando lo que nombra se desnuda la materia retórica y de ruda pasa a invisible y dócil, fiel, sutil, a capella la voz va sin atril y olvídate si sangra o llora o suda: es la corriente clara en su cubil.

[LA FUENTE DE LA VOZ NO ES UNA VOZ…] L a fuente de la voz no es una voz, es menos que una voz y muchas voces. La fuente de la voz… Si la conoces. No quieras eludirla con tu tos. Cof, cof, qué carraspera. No anda en pos 60


esa fuente deti, se ve, se siente —en la foto, en el flash, entre la gente y este instante del clic que hola y adiós pasa a saberse tiempo ya decrépito. La fuente de la voz no es este estrépito de exitosos señores y señoras hablando en lenguas a cual más canoras. La fuente de la voz, la que procuras sin casi darte cuenta, sólo a oscuras.

[NADA SINO EL SILENCIO DE UNA MUSICA…] N ada o el silencio de una música queda después de todo, de la vida vivida sólo queda esta foto de hace años, muchos, como si hubiera que medir el tiempo por recuerdos, los recuerdos tan dejados atrás no siempre aquí presentes, pero presentes hoy, sin embargo, este día amarillo de Dios y de tu sombra triste que, muy abiertos los ojos, aún está mirando qué es de la vida, de los que nunca saben ni sabrán, y entre ellos nosotros, tú, vivirla.

[CASA DE LUZ…] C asa de luz al aire de los días en la luz y el aroma de la sal allí gaviotas andan como esperando la sombra de una mano que les diga su sombra allí la sombra pura de un hombre que no sabe cómo dejar la condición de sombra asombrarse no puede de la felicidad que ahora no diré que lo invade sino que lo hace fuerte contra la sombra y a favor de la sombra curiosamente en la casa de la luz en el faro apagado porque es de día es de día

[YO VENGO DE UN PUEBLO INNECESARIO …] Y o vengo de un pueblo innecesario detenido a la orilla de lo inmenso, soy de un pueblo crecido a la orilla del campo. 61


Mi padre me encargaba la estación del ferrocarril, delante siempre el horizonte abierto. Me acostumbré ya desde entonces a esos territorios que el hombre en su ignorancia suele ignorar y donde nacen los mejores instantes. Me acostumbré, ya desde entonces, a los silencios tibios, a las noches eternas y a las estrellas y los vientos y las aguas donde la luna diríase velaba o rogaba por todos, por nosotros. Yo soy de un pueblo necesario detenido a mi orilla, a mis orillas, desde siempre Sobre un tema de Roberto Juarroz Vado. México, Era-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004, pp. 22, 25, 84, 93, 99. ________________________________________________

zonas ESCUCHAR La Jornada, 19 de enero de 2004, p. 5a. riyz@lycos.com

H

ablar de poesía es un despropósito, se me ocurrió escribir hace algún tiempo. Pero de serlo entonces para qué lo escribo, me dije. Y pasé, no demasiado contento, a otra cosa. No pasó un día cuando me encuentro con el libro Una temporada de poesía, de Alberto Paredes, editado por el Conaculta en su colección Sello Bermejo, donde para mi alivio leí las siguientes palabras, que me permitiré citar más o menos in extenso: “La libertad e imaginación de la poesía tienen su corazón en su rebeldía final ante cualquier intentom de análisis. Algo permanece incomprensible; ese algo está diciendo que el hombre al expresarse involucra todas sus áreas y regiones de lucidez e inconsciencia. Que el artees un acto del hombre”. Ya que: “Lo que el poeta dice proviene del hombre entero; convoca y expresa los espacios racionales; expresa ideas, en el sentido estricto de la palabra; pero no s;olo eso, también es el hogar de todo aquello que lleva esa cosmovisión a los territorios del deseo y del temor inconscientes”. Otro salto y el reconocimiento de que: Analizar poesía es una operación tantálica: como en el mito griego, nos acercamos incesantemente al festín, echamos mano de todos nuestros recursos; terminada la operación analítica recordamos lo que siempre hemos sabido: que la posesión del poema es imposible... Esencia del verdadero símbolo […] es su carácter dual: por un lado es lengua —comunica experiencxias, asuntos, objetos que pueden inferirse y abstraerse—, y por el otro lleva la lengua a la certeza de que no todo lo incorporado en su palabra simbólica puede abstraerse. Lo inefable se acompaña de lo hermético: lo imposible de ser dicho y lo que cierra su còdigo no permite que el lector los descifre al ciento por ciento... Las obras de arte son siempre inasibles, las cierra su propio entrelazamiento por el que contienen misteriosamente los eigmas de la especie.

Perdonará Paredes —espero— la apropiación de sus palabras dado que me permiten aclarar ante el lector no avezado (y avezado no dudo en parte también), mucho mejor de lo cual yo mismo podría hacerlo, la pertinente conciencia a asumir no nada más al enfrentarse a los poemas sino asimismo, y acá quizá el consejo sea de mucho mayor utilidad, al acercarse a los comentarios que al respecto se hagan, pues, como bien expresa el autor mencionado, “la lectura es una operación continua” y no hay que procurar otro 62


mérito que ingresar en el diálogo, “ser parte de una conversación incesante”, fluir en el proceso aquello que la poesía, de un modo inesperado o esperado, siempre nos deja. Pero hoy, como se ve, más que de conversar tengo ganas de oír, y a mi buzón, a donde con cierta frecuencia llegan textos que a veces, como ahora, la fortuna no me hace la gracia de permitirme abordar con detenimiento, ha accedido una sencilla cuarteta de un corresponsal espontáneo, de nombre Leonides Afendulis García, que como me ha traído gusto ya al despedirme comparto: “Limpieza”: “Voy a dejar una cubeta al sereno,/ para que se llene de reflejos de luna./ Al amanecer, me bañaré con ella,/ para limpiarme de tu recuerdo”.

***** FALLECIÓ EL POETA FRANCISCO CERVANTES El poeta mexicano Francisco Cervantes (Querétaro, México, 1938) falleció el domingo 23 de enero a los 66 años en su ciudad natal, víctima de una complicación renal. Su obra comprende, entre otros, los libros Cantado para nadie (1982), Los huesos peregrinos (1986), El canto del abismo (1992), Regimiento de nieblas (1994), Ni oído ni hablado. Antología personal (2001). Cervantes fue un extraordinario traductor y divulgador de poesía en portugués, en especial de Fernando Pessoa. Obtuvo la beca de la Fundación Guggenheim, los premios Xavier Villaurrutia (1982) y Heriberto Frías de Querétaro (1986), además de la Orden Río Blanco, de Brasil (1986). Según Víctor Manuel Mendiola, Cervantes “era un poeta muy concreto que hablaba desde el yo, incluso desde su biografía, su situación de hombre aislado y solitario. Aunque estaba al margen de las modas, era un autor muy considerado por otros muy buenos poetas, como Álvaro Mutis [quien prologó uno de sus libros] y Octavio Paz”. La comunidad artística queretana, señala la nota de La Jornada, prepara un homenaje póstumo. Descanse en paz.

DEL SÉPTIMO SELLO R ecordaré esta tarde, Dijo el caballero, Por la belleza que adivino que no tenían vuestros rostros Pero que yo vi en ellos. Me veré tomando un cuenco de leche fresca Y comer las fresas, dulces por el gesto con el cual me fueron ofrecidas. Mia, tu marido Jof y el bebé Miguel, Todos los que a mis ojos sonreían Me serán descanso. También mi escudero Juan, que nada tuvo salvo su lucidez, El casi perdido juego de ajedrez Y la muerte, compañera que sólo para mí he querido. Recordaré todo esto como la belleza última Que vieron mis ojos, En el momento postrero de mi vida Justo el instante en que se tense el cuello mío ante la cuchilla. Y todo acabará sin dulzura o amargor, Porque todo debe terminar antes que la fatiga y el aburrimiento Hagan presa de este torpe cuerpo. EL ARCÁNGEL TOCA SU JAZZ FINAL E n la cerrada noche 63


La más espesa soledad Concentra un llanto solo, Sin alguien de quien nazca Ni origen en elpecho De ninguno. Un aire de humedad doliente Irá llenando todo hueco: Un mundo, un mundo, un mundo; Hasta acallarlo todo. Éste es, aquí, sentidlo, Éste es su núcleo. Mañana y otros días, De todos modos venidero, Masticaréis su mecha, Su fúnebre paciencia De tal fuego de agua, Incendio al fin, de la materia. Y si os atrevéis a preguntaros Alguna voz o grito, Ni siquiera el silencio Ha de salir al paso, Que es un hundimiento De este secreto estrecho. si ahora que dormís, Allá entre tanto sueño, Nada sabéis de mí Que soy para vosotros Goteante profecía cumpliendo Una sentencia atroz: En la cerrada noche La más espesa soledad Concentra un llanto solo, Sin alguien de quien nazca Ni origen en el pecho De ninguno. Heridas que se alternan. México, FCE, 1985, pp. 237, 298-299. ***** RELÁMPAGOS, SEGUNDO POEMARIO DE EURÍDICE ROMÁN DE DIOS Se presentará el jueves 27 de enero, a las 19 horas Casa de Cultura de Tabasco, Berlín 33, esq. Marsella, colonia Juárez México, D.F. Particips: Rafael Molina, lectura en movimiento: Patricia Higuera y Alan Aguilar Pakoras y Chai de honor

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***** Próximos números: Sergio Cárdenas: música y poesía Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poetas uruguayas contemporáneas I. Poesía religiosa latinoamericana? II. Poesía visual: un panorama reciente III. Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas IV. Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 69 15 de febrero, 2005

poesía y música: sergio cárdenas Sergio Cárdenas es uno de los músicos y directores de orquesta mexicanos más importantes. Ex director de la Orquesta Sinfónica Nacional, actualmente lo es de la Sinfónica de El Cairo, Egipto. Su interés por Rilke lo ha llevado a traducir una importante cantidad de sus poemas, así como de otros poetas de lengua alemana. Presentamos un texto extraído de su libro Un rap para Mozart, una entrevista exclusiva y algunas de sus versiones rilkeanas.

atisbos SEGUIREMOS BALBUCEANDO SERGIO CÁRDENAS Para Susana Gómez Gómez

D ios:una idea que ha estado en el pensamiento humano de todos los tiempos. Dios: un negocio muy bien aprovechado por ciertos imperios que se autonombran religiones. Dios: una aspiración permanente del ser humano. Dios: el resultado de una impotencia: la impotencia del ser humano de dominar lo que está más allá de sus límites. Los profetas bíblicos Job, Isaías y Jonás se debatieron toda su vida con la idea de Dios. Hay quienes se dicen “ocupados” o “poseídos” por Dios: con ello quieren hacer sentir inferiores a quienes no dicen lo mismo de sí mismos. Hay otros que con un pretexto similar fundan sociedades expansionistas que propagan una manera de lidiar con esta vida y con este mundo a través de sus misioneros. Rainer Maria Rilke (1875-1926) ha sido uno de los pocos que se han ocupado de Dios: Dios como rumor de milenios, Dios como partícula elemental, y como plenitud, Dios supeditado a la existencia humana, Dios como un invento perennemente perfectible del ser humano, Dios como la más antigua obra de arte. A finales de abril de 1899, Rilke emprendió junto con Lou Andreas-Salomé y con el marido de ésta, su primer viaje a Rusia. El 17 de matzo de 1926, pocos meses antes de morir, Rilke escribiría: “Rusia (lo puede usted reconocer en libros como El Libro de las Horas) se volvió, en cierto sentido, el fundamento de mis vivencias y de mis visiones”. En el otoño de aquel 1899, aún bajo el embrujo de sus vivencias en Rusia, Rilke escribió en Schmargendorf (Berlín) la primera parte de El Libro de las Horas, misma que tituló El Libro de la Vida Monástica. Aquí el poeta se presenta ante sus lectores como un joven monje (recordemos que Rilke tenía 24 años de edad) „que rodea a Dios con pléyades de plegarias, no como una realidad trascendente más allá del tiempo y del espacio, sino como el Numinosum de la pluralidad interior de las cosas, como el Ser por antonomasia que puede aparecer en mil diferentes figuras del tiempo espacial.“ * Casi al principio de este Libro de la Vida Monástica leemos cómo el monje regresando a casa por el bosque en el cual las cimas se callaron, en medio de la tormenta, escuchando, sin respirar, oraba:

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Vivo justo cuando el siglo se va. Uno siente el viento de una gran hoja en la que Dios y tú y yo escribimos y a la que se le da vuelta en lo alto por manos ajenas. Uno siente el resplandor de una nueva página sobre la que todo puede aún suceder. Las fuerzas calladas controlan su anchura y se ven oscuras unas a otras. También al regresar a casa, al alzarse un flameante rojo alveolar en el pesado gris del cielo occidental, que dio a las nubes un nuevo, extraño color violeta: un atardecer nunca visto se escondía tras los árboles tiritantes. El monje sintió eso como una señal a la vuelta del siglo que provocó en él una devoción ante ella. Yo lo deduzco de Tu Palabra, de la historia de los gestos con los que tus manos se redondearon alrededor del devenir, limitantes, cálidas y sabias. Dijiste: “Vivir”, fuerte, y “Morir”, quedo, y continuamente repetiste: “Ser”. Pero sí, antes de la primera muerte vino el asesinato. Una grieta recorrió tus ámbitos consumados y un grito salió y arrancó las voces que apenas se congregaban para decirte, para cargarte un puente de todo abismo. Y lo que desde entonces balbucean son pedazos de tu viejo nombre.

Es en septiembre de 1899 cuando Rilke escribe estas y las demás plegarias de El Libro de la Vida Monástica. Aquí el siglo es como la hoja de un libro, hoja a la que manos ajenas le dan vuelta en lo alto. Sobre esa hoja escribieron Dios, Lou Andreas-Salomé (en cuyas manos Rilke depositó este Libro) y el propio Rilke. El joven monje, sin embargo, siente una esperanza: el resplandor de la nueva página, del nuevo siglo en el que todo puede suceder. Pero hay fuerzas oscuras que, calladas, someten a prueba la anchura de la nueva página. La fuerza de los fenómenos de la naturaleza en la vuelta del siglo que vive el monje, provocan en él un sentimiento de impotencia. El monje continúa su plegaria: deduce de la palabra bíblica y de los acontecimientos de la historia, cómo aquellas manos ajenas (de Dios) encierran y limitan el devenir humano de manera cálida y sabia: gritar fuerte al nacer, enmudecer al morir y, en el entre tanto, tratar de ser. Esta reflexión conduce al monje a la narración del primer asesinato, como lo narra la historia bíblica, un asesinato que al negarle la muerte natural al ser humano (a Abel), abrió una grieta en la estructura „perfecta“ de la creación: ¿quién creó el asesinar? Los gritos de protesta que apenas se empezaban a juntar fueron arrancados de las voces y, desde entonces, sólo balbucean los pedazos del viejo nombre de Dios. A cien años de estas plegarias rilkeanas, los fanatismos fundamentalistas religiosos regresan a la escena mundial; también regresan los fanatismos xenófobos. Las catástrofes de la naturaleza no se han hecho esperar. En poco días más, unas manos ajenas a nosotros le darán la vuelta a la hoja del siglo. Y necios, como somos, seguiremos balbuceando la pedacería del viejo nombre divino. 67


* Hans Egon Holthusen: Rainer Maria Rilke, Hamburgo, Rowohlt Taschenbuch Verlag, 1958.

Ansbach, Alemania, 31 de octubre de 1999

testimonios RAINER MARIA RILKE (VERSIONES DE SERGIO CÁRDENAS) [ESTO ES LA NOSTALGIA...] E sto es la nostalgia: vivir en el vaivén y no tener patria en el tiempo. Y esto son los deseos: diálogos callados de las horas cotidianas con la eternidad. Y esto es la vida: excepto por un pasado, la más solitaria de todas las horas se yergue y, sonriendo diferente de las otras hermanas, se calla ante el silencio del Eterno. (Los Poemas Tempranos , Die frühen Gedichte)

[ESTA ES MI CONTIENDA...] E sta es mi contienda: consagrado de nostalgia deambular a través de todos los días. Luego, fuerte y ancho, con mil raíces adentrarme en la profundidad de la vida; y a través del sufrimiento madurar en grande desde la vida, en grande desde el tiempo (Das ist mein Streit, 1897) [Guanajuato, 17 de noviembre, 1999]

TARRITO DE LÁGRIMAS U nos contienen el vino, otros contienen aceites en la bóveda ahuecada que delimitó sus muros. Yo, pequeño y más delgado, me ahueco para otra exigencia: para contemplar las lágrimas que se precipitan. El vino se enriquece y el aceite se sigue refinando en el tarro. ¿Qué pasó con las lágrimas? Me apesadumbraron, me cegaron, mis corvas hicieron titubear, al final me hicieron quebradizo y me vaciaron.

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(Verstreute und nachgelassene Gedichte) [Guanajuato, 1997]

EL POETA T ú, hora, te alejas de mí. Tus aleteos me causan heridas. Pero ¿qué haré con mi boca? ¿Con mi noche? ¿Con mi día? No tengo ninguna amada, ninguna casa, ningún lugar en el que pueda vivir. Todas las cosas a las que me entrego enriquecen y se deshacen de mí. (Nuevos Poemas, 1907) [Ansbach, 16 de mayo, 1999]

EN CÍRCULOS CRECIENTES V ivo mi vida en círculos crecientes que por sobre las cosas se extienden . Que no concluya el último pudiera ser, pero lo intentaré. Giro alrededor de Dios, de la torre vieja, y giro a lo largo de milenios. Todavía no sé si soy águila, una tempestad o un gran cántico. (El Libro de la Vida Monástica) [Sopot, Polonia, 24 de abril, 1999 Ansbach, 2 de mayo, 1999]

[OBREROS SOMOS, PRINCIPIANTES, APRENDICES, MAESTROS...] O breros somos: principiantes, aprendices, maestros, y te construimos, tú alta nave central. A veces viene un forastero serio, como brillo a través de nuestros cien espíritus pasa y nos muestra tembloroso un nuevo asidero. Nos subimos a los armazones bamboleantes, de nuestras manos el martillo cuelga pesado, hasta que nos besa la frente una hora que radiante y como si lo supiera todo viene de ti, como el viento viene del mar. Entonces resuenen los muchos martilleos y, golpe tras golpe, por las montañas se van. Sólo te dejamos cuando oscurece y tus emergentes perfiles se opacan. Dios, tú eres grande. (El Libro de la Vida Monástica) [Sopot, Polonia, 24 de abril, 1999 69


Ansbach, 2 de mayo, 1999]

[A VECES ALGUIEN SE ALZA AL ATARDECER...] A veces alguien se alza al atardecer y sale y camina y camina y camina y camina porque en algún lugar del oriente se yergue una iglesia. Y sus hijos le bendicen como a un muerto. Y otro, que muere en su casa, se queda morando dentro, se queda en la mesa y la copa para que los hijos se dirijan en el mundo hacia aquella iglesia que él olvidó. (De Das Buch der Pilgerschaft, El Libro de la Peregrinación) [Guanajuato, 1997]

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zonas UNA ENTREVISTA CON SERGIO CÁRDENAS DESDE ALEMANIA ¿Cómo y cuándo comenzaste a acercarte a la poesía? Recuerdo mi infancia cuando tanto en la escuela primaria como en la Escuela Dominical nos encargaban de tarea aprenderse poemas de memoria o, en su caso, pasajes bíblicos, como los Salmos. ¿Tu formación musical influyó para que llegaras al encuentro de la poesía? ¿De qué forma? No lo creo o, al menos, no tengo esa impresión. Sin embargo, con el tiempo descubro cada vez más puntos de encuentro entre estas dos manifestaciones artísticas. Tu interés por Rilke es muy notorio. ¿Qué tanto has profundizado en su obra y qué líneas de la misma te atraen más? Mi "encuentro" con Rilke se dio durante mis tiempos de estudiante de dirección coral en el prestigiado Westminster Choir College, de Princeton, NJ (USA). Formaba yo parte del selecto grupo de voces que integraban el Westminster Choir ; en el programa de una larga gira que hicimos por diversas ciudades de la Unión Americana, figuraba un fino ciclo de canciones para coro a capella compuestas por el alemán Paul Hindemith. El autor de sus poemas era Rainer Maria Rilke. Curiosamente no se trataba de los que después descubrí como sus poemas más destacados, sino de una serie de poemas escritos por Rilke originalmente en francés. Fue mucho después cuando descubrí las maravillas de su poesía escrita en su idioma materno, el alemán. Es difícil manifestar preferencia por una de sus colecciones poéticas; tan difícil como, por ejemplo, tratar de jerarquizar la producción musical de Bach. Si bien la "línea rilkeana" es notoria desde sus poemas más tempranos, conforme Rilke madura y profundiza en sus vivencias, así también su poesía se adentra en los abismos del alma y del pensamiento humano, tratando de indagar o de encontrarse con la magia de sus misterios. Sobre tus traducciones, ¿sólo has trabajado a Rilke? ¿Cuál es tu credo estético al respecto?

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Quizá por mi cercanía con aquello con lo que la cultura alemana ha contribuido al "corpus" universal de la cultura es por lo que he concentrado mis tentativas en la traducción poética en poetas alemanes, la mayoría de ellos posteriores a Rilke: Gernhardt, Braun, Serafin, Rost, Grass, Wondratschuk, son algunos de sus nombres, pero hay muchos más. Creo que al traducir, uno se adentra en la esencia misma del poema y al trasladarlo a otra idioma, lo recrea. Por ello el reto es no sólo lingüístico, sino sobre todo artístico. Has musicalizado algún poema de Octavio Paz. ¿Qué opinas de su obra en general? y ¿qué tan musicalizable es su obra? Octavio Paz y Rainer Maria Rilke son mis dos poetas de cabecera. De ambos he leído casi toda su producción poética y mucho de su producción ensayística. Por lo general, los poetas (con razón), no gustan de la musicalización de sus poemas, pues ello obliga a situarlos en otra perspectiva espacio-temporal, amén del cambio necesario que se tiene que dar en la sonoridad del poema y, por lo general, también en su ritmo interior. El compositor musical, como es mi caso, busca impregnarse del espíritu y sentido del poema, pero está consciente de que, in strictu sensu, es imposible realizar una descripción musical del poema. A veces ciertas imágenes poéticas coinciden con otros motivos musicales, pero no considero que ello debe considerarse como condición. A final de cuentas, los recursos de expresión de la poesía y de la música son totalmente diferentes y nada tienen en común. Tratar de explicar la música con elementos del lenguaje hablado implica, siempre, una reducción de la amplitud de su esencia y/o contenido musical. Has musicalizado algunos salmos bíblicos. ¿Cómo es tu identificación con el estilo poético hebreo antiguo? Mis musicalizaciones de pasajes bíblicos se han dado en diferentes idiomas: latín, inglés, alemán y castellano. En los casos de las musicalizaciones en inglés y castellano, he recurrido a las traducciones de la Biblia de Jerusalén, que encuentro muy poética. Me gustaría mucho conocer más del hebreo antiguo para enriquecer mi comprensión de los textos. Puesto que no tengo ese conocimiento, mis musicalizaciones son, a la postre, posturas musicales ante los textos usados. Recuerdo que Bernstein musicalizó algunos también, incluso en el idioma original. ¿Qué opinas de ello? Conozco su "Salmos de Chichester", musicalizados en hebreo, que incluso he dirigido varias veces. El notable pianista Arthut Rubinstein hizo la que hasta ahora me parece la mejor descripción de Bernstein:"Es entre los directores de orquesta, el mejor pianista; entre los pianistas, el mejor compositor; entre los compositores, el mejor director." Mozart es otra de tus aficiones notables. Tu ensayo sobre la fe mozartiana me parece insuperable. ¿Tienes en mente trabajar algo más acerca del músico austriaco? Mozart no es precisamente una "afición" musical mía: ninguno de los grandes compositores lo es. Ellos constituyen posturas estéticas y de la vida con las que me identifico y hago mías como parte de mi propia vida. Fue gracias a mi estancia de más de un lustro en Salzburgo, primero como estudiante y luego como Director de la Orquesta de lo que hoy es la Universidad de Música "Mozarteum", que entré en contacto con el legado de quien es considerado por Emil Cioran el compositor de "la música oficial del Paraíso", postura estética que comparto y que no requiere de mayor explicación. Ansbach, Alemania, 5 de febrero, 2005 ***** Próximos números: • Atanás Dalchev: mínimo homenaje 71


• Poetas búlgaros contemporáneos • Poetas uruguayas contemporáneas

• Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones. elpoemasem@yahoo.com.mx elpoemasem2005@yahoo.com.mx correodepoesia@yahoo.com.mx

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elpoemaseminal 70 28 de febrero, 2005

poetas uruguayas del siglo xx (I) Uruguay ha sido un país rico en poesía escrita por mujeres. Sin afán de polemizar en cuestiones de género, esto resulta muy afortunado para la poesía en general y, particularmente, para la poesía hispanoamericana, pues la lírica de dicho país incorpora los mejores hallazgos de las vanguardias y de otras búsquedas personales. Así, encontramos un despojamiento lingüístico que se plantea los grandes dilemas vitales, al lado de una poderosa expresión que no olvida la situación social. Diez son los nombres propuestos de entre una amplísima oferta poética. En esta primera entrega, desde los efluvios modernistas de Agustini e Ibarbourou, hasta la descarnada palabra de Idea Vilariño, pasando por las singulares voces de Clara Silva y Sara de Ibáñez.

atisbos ERAN ELLAS… NORA CATELLI

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ran ellas. Fueron dueñas de su voz y de los escenarios, a partir de los primeros años del siglo. Su feminidad era un exceso, un escándalo un poco ridículo, una planta grotesca de relieves informes. Generaron, además, una curiosa estirpe, hoy casi extinguida, de intérpretes y rápsodas. Mujeres ataviadas con las túnicas de los mártires del cristianismo primitivo, que recitaban a Gabriela, a Alfonsina, a Delmira y a Juana con frenesí de vestales cincuentonas. Se abrían paso hasta el proscenio, levantaban los brazos, agitaban blancos tules que les nacían de las axilas, estremecían las butacas, arrebataban de turbada fruición a las señoras y señoritas del público y atemorizaban momentáneamente a maridos y padres acompañantes cuando blandían los “Tú me quieres blanca” y los “¡Son veinte siglos los que alzó mi mano!” como armas arrojadizas sobre los sombreros del auditorio. Es cierto: el repertorio incluía a Darío, Lugones, Herrera y Reissig, Asunción Silva. Pero, por alguna razón, los hombres resistían el embate, salían indemnes de la zambullida en este océano de cursilería continental y volvían al libro, a la sonoridad, a lo más genial y sólido de sí mismos, como si la efusión de corazones y orejas de nácar no hubiera tenido lugar. En cambio, la poesía de estas mujeres era como el mito de Apolo y Dafne, sólo que al revés: Dafne, transformándose de árbol en mujer; Apolo, por una vez, perseguido. La escultura de Bernini girada sobre su eje. Este atrevimiento fuen inmediatamente recogido en antologías de “poetisas”, con portada y título sugerente. La costumbre de la antología por género no se ha perdido, pero actualmente las portadas sugerentes han sido reemplazadas por la terminología desafiante de la “nueva diferencia”. Dentro, los nombres son los mismos; bajo las capas de corales y madreperlas, abjo el ala de los cisnes dormidos, los hombros de mármol y las gigantescas corolas de la pasión, hay, sin embargo, ciertos rasgos, ciertas constantes propias. La más importante es la que se refiere al carácter de la mirada del poeta sobre el objeto erótico. Aquí, la voz poética surge de ese mismo cuerpo que ha de cantarse y habla de ese cuerpo como lo ve el otro y como se ve. La mujer, cantada, exaltada, canta y exalta a su vez. En primer lugar, canta, exalta y mira su propio cuerpo: es obvio que la proximidad y el nuevo ángulo (el ojo está en el cuerpo, no frente a él), producirá distorsiones, reiteraciones y ausencias. Y no sólo se modifica la visión del cuerpo; también la enunciación poética sufre cambios. Un “yo” al que le caben únicamente las particularidades de género excluyente (el femenino), ese “yo” que, al asumir lo “humano” ha de hacerlo a costa del abandono de lo femenino (“ser humano y ser humana” son cosas muy distintas), debe ser vehículo, portador de esa 73


tensión instalada en la voz lírica misma. Tensión entre el polo “natural” de la tradición poética, que es hacerse cargo de lo universal en la experiencia particulaar del poema y el polo de un género que no puede invocar para sí mismo la representación de lo “universal humano” sin convertir esa invocación en asunto del poema. Con lo cual se vuelve al punto de partida: tal tensión existe y debe ser tematizada. Pero esa mirada bizca, distorsionada, forzada, inventa, junto con la voz, un espacio libre, modos casi inéditos del erotismo y el impulso amoroso. Un espacio libre, no vacío: de hecho, a lo largo de los siglos, han existido siempre representantes de esta voz y de esta mirada “contrahecha”. Como una playa muy alta adonde el oleaje llega de vez en cuando y parece no dejar huellas y, no obstante, la ola que vuelve, mucho tiempo después, dibuja el mismo trayecto, el mismo arco. El “trabajo” de la ola ha hecho que características —incluso ciertos rasgos caricaturescos— propias del territorio que conquistaron Ibarbourou, Mistral, Agustini, Storni, se atenúen y desvanezcan, y que las generaciones posteriores, entre las cuales se cuenta Idea Vilariño, produzcan su poesía en un medio dotado de cierta “normalidad”. En las nuevas generaciones, la “normalidad” implica un grado menor de beligerancia y unos modos de apropiación del pasado menos compulsivos, por lo cual, los modos difieren unos de otros y las evoluciones individuales son más evidentes en Amanda Berenguer (1923), Mirtha Gandolfo (1922), Sara de Ibáñez (1909-1976), Ida Vitale (1924), Clara Silva (1904-1976), Susana Soca (1907-1959), Dora Isella Russell (1923) o la misma Idea Vilariño. No obstante, ser Musa y Poeta a la vez es todavía usual: en una parodia inconsciente de la retórica modernista, Pablo Neruda escribe, en el prólogo a los poemas de Sara de Ibáñez, en 1939, sobre “extraordinaria y dolorosa belleza, en que el cutis de cera perdida rodea los ojos inmensos y estancados de los que brota una luz verde”. Pero este ramalazo no impide que la Poeta haya empezado a separarse de la Musa y que el cuerpo desde el que canta la voz de la Poeta y que tanta evidencia física y tópica tenía en la poesía del modernismo haya empezado a desdibujarse. En Idea Vilariño ya no están los dos cuerpos frente a frente y en ella a la vez; casi no quedan huellas de esa geografía de denodada desnudez que sus precursoras inventaron. Una mención es apenas la insinuación de una seña física, de la marca que ha dejado una experiencia interior. Y si, a veces, Vilariño recoge tropos tradicionales: “un beso interminable”, “te estoy llamando, amor, como a la muerte”; o nerudianos: “con palomas y tallos y huracanes”, “como si te me hubieses muerto”, “bajo el cielo infinito”, a partir de ellos suscita la narración y/o descripcio´n del ánimo, de una hora de la noche o de un punto de itinerario amoroso. […] Esta elección rigurosa de un espacio, de una zona que deseche la imaginería del modernismo, no impide que, de vez en cuando, Vilariño juegue con ser como sus antecesoras. […] Abandonada la gran retórica femenina de lo volcánico y lo grandioso —que funde, en más de un sentido, los límites académicos del modernismo y del surrealismo americanos y que espera, todavía, una lectura nueva y una reivindicación— el acierto de Idea Vilariño reposa en sostener la exigencia y la acritud dde esa mezcla de voces de modo propio. Fragmento del prólogo a Poemas de amor. Nocturnos, de Idea Vilariño. Barcelona, Lumen, 1984, pp. 9-12.

testimonios DELMIRA AGUSTINI (1886-1914) TU BOCA

Y o hacía una divina labor, sobre la roca

Creciente del Orgullo. De la vida lejana, Algún pétalo vívido me voló en la mañana, Algún beso en la noche. Tenaz como una loca, 74


Seguía mi divina labor sobre la roca. Cuando tu voz que funde como sacra campana En la nota celeste la vibración humana, Tendió su lazo de oro al borde de tu boca; —Maravilloso nido del vértigo, tu boca! Dos pétalos de rosa abrochando un abismo…— Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana; ¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo! Tú quedas en la testa soberbia de la roca, Y yo caigo, sin fin, en el sangriento abismo!

DÍA NUESTRO — La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente.— Tu espíritu amanece maravillosamente; Su luz entra en mi alma como el sol a un vergel… —Pleno sol. Llueve fuego.— Tu amor tienta, es la gruta Afelpada de musgo, el arroyo, la fruta, La deleitosa fruta madura a toda miel. —El Ángelus.— Tus manos son dos alas tranquilas, Mi espíritu se dobla como un gajo de lilas, Y mi cuerpo te envuelve… tan sutil como un velo. —El triunfo de la Noche.— De tus manos, más bellas, Fluyen todas las sombras y todas las estrellas, Y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo! Poesías completas. Ed. de Magdalena García Pinto. Madrid, Cátedra, 1993, pp. 228, 233.

JUANA DE IBARBOUROU (1895-1979) LACERIA

N o codicies mi boca. Mi boca es de ceniza

Y es un hueco sonido de campanas mi risa. No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos. Y al estrecharlas tocas comida de gusanos. No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra Con la que han de nutrirse las plantas de la sierra. No acaricies mis senos. Son de greda, los senos Que te empeñas en ver como lirios morenos. ¿Y aún me quieres, amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes 75


Y, largas de deseo, las manos a mí tiendes? ¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa Que es ceniza y se cubre de apariencias de rosa? Bien, tómame. ¡Oh laceria! ¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

SILENCIO M i casa tan lejos del mar. Mi vida tan lenta y cansada. ¡Quién me diera tenderme a soñar Una noche de luna en la playa! Morder musgos rojizos y ácidos Y tener por fresquísima almohada Un montón de esos curvos guijarros Que ha pulido la sal de las aguas. Dar el cuerpo a los vientos sin nombre Bajo el arco del cielo profundo Y ser toda una noche, silencio, En el hueco ruidoso del mundo. Las lenguas de diamante. Raíz salvaje. Ed. de Jorge Rodríguez Padrón. Madrid, Cátedra, 1998, pp. 177, 218.

CLARA SILVA (1905-1976) QUIÉN TIRA LA PRIMERA PIEDRA

E l Nuevo Testamento se derrumba cuando lo lees cómodamente instalada en la cama. Una plegaria sorda a la imprecación que corre por las calles. Estás sola y culpable de esos muertos que vigilan la tierra. Estás muerta y salvada en la ciudad que cosntruye su historia entre el clamor y la oscuridad de sus gritos. Es imposible navegar entre dos aguas y ser su propia sombra. Pero quién tira la primera piedra y pone en juicio al hombre atormentado entre sus cruces?

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ALGUIEN LLAMA A LA PUERTA V ivo este infierno sueño de ojos abiertos donde cada criatura se clava a sus entrañas como un pájaro ciego midiendo sus distancias. Y tengo que ser juez del desaliento y el testigo aquel absorto en la espesura de sí mismo su voz en los reflejos buscándose fuera de sus raíces. Entonces ningún muro ni horizonte bastaba para separar mi corazón de la ciudad a oscuras en sus lámparas. Ahora quién se atreve a descifrar la escritura en la pared del banquete el miedo de su signo ya la copa del vértigo agotada. Alguien llama a la puerta.

SARA DE IBÁÑEZ (1910-1972) HOY H oy que todo está vivo como un sol que madruga y el viento es mar de cantos y el mar no tiene arrugas; fresco rumor de abejas el verano rezuma, y una sangre con alas por la alta luz circula. Hoy que todo comienza para no acabar nunca, y un latido compacto cielos y tierra junta; entre tantos espejos como Dios me asegura, sólo una imagen negra, sólo una imagen muda, 77


con ojos en que toda la muerte se vislumbra; sólo mis ojos andan lejanos, en la bruma, cargados con su muerte como bayas maduras.

SÓLO LA VOZ A trás la tierra, el aire, el fuego, el agua. Adiós vieja catástrofe del polvo, juguete antiguo de los dioses, huye del peje, la mandrágora y el oso; niégate al ser de tus feroces nubes, quita al cansado mundo tus amarras, ni peses ni en mi lengua ni en mis ojos. Adiós el aire, tus airadas torres, nupcial obrero de los prados, frágil arquitecto de sombras y de vuelos; deja al alisio en su anillada clave, bórrate de oleajes y veleros: no perturbes las plumas de la noche y estanca los andares de mi aliento. Atrás el fuego, burlador divino: desiste de tus bélicos jardines, deja el rayo, la sangre, las colmenas, vacía los paraísos que ofreciste de tu sinuosa fábula de gemas; déjame ver sin ti, falaz amigo, el perfecto color de las tinieblas. Adiós el agua y tus floridos coros: renuncia al mar, al vuelo de las fuentes, sepárate del canto de las lluvias, del mullido diamante de la nieve; quiebra la sed redonda de las uvas, desértame el rumor con que te nombro, no estorbes ni en la muerte de las juncias. Atrás la tierra, el agua, el fuego, el aire: dejad que diga el pensamiento solo la flor sin cuerpo de mi voz desnuda. 1957 Poemas escogidos. México, Siglo XXI, 1974, p. 147, 173.

IDEA VILARIÑO (1920) EL AMOR 78


A mor amor jamás te apresaré ya no sabré cómo eras. No habré vivido un día una noche de amor una mañana no conocí jamás no tuve a nadie nunca nadie se dio nada fue mío ni me borró del mundo con su soplo. Lo que hubo fue dolor lo solo que hubo que fue colmado atestiguó fue cierto pero dónde quedó qué consta ahora. Hoy el único rastro es un pañuelo que alguien guarda olvidado un pañuelo con sangre semen lágrimas que se ha vuelto amarillo. Eso es todo. El amor dónde estuvo cómo era por qué entre tantas noches no hubo nunca una noche un amor un amor una noche de amor una palabra.

EN LA NOCHE DE LUNA E n medio de esta enorme noche blanca entre pinares médanos y luna —hoy llegaron los rusos a la luna— frente al mar que otra vez acuesta su ola formidable en la playa abandonada —hay miedo en Almería dice el diario no encontraron aún las bombas hache caídas en su mar por accidente— en el silencio blanco y estruendoso de esta soledad plena y una y pura —ochocientos vietcong muertos anoche hambre en la India hambre en el Brasil— en la melancolía y la belleza de la noche de luna entre los pinos con la luna ocupada y el miedo en Almería y la aldea arrasada y con el hambre.

TODO ES MUY SIMPLE T odo es muy simple mucho más simple y sin embargo aun así hay momentos en que es demasiado para mí 79


en que no entiendo y no sé si reírme a carcajadas o si llorar de miedo o estarme aquí sin llanto sin risas en silencio asumiendo mi vida mi tránsito mi tiempo. Poemas de amor. Nocturnos. Barcelona, Lumen, 1984, pp. 85-86 , 123, 128. ________________________________________________

zonas EN POESÍA MEXICANA “NO HAY AHORA CUMBRES DESLUMBRANTES”, SOSTIENE ALBERTO PAREDES FABIOLA PALAPA QUIJAS La Jornada, 21 de febrero de 2005

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l crítico literario Alberto Paredes emprendió desde hace cinco años una búsqueda de poetas. Como resultado de su indagación presentará el libro Una temporada de poesía. Nueve poetas mexicanos recientes (1966-2000), en el Palacio de Bellas Artes. Al hacer una reflexión crítica sobre la poesía, Paredes comentó: ''no veo por ahora que existan cumbres particularmente deslumbrantes; una buena serranía es lo que sí veo, pero cumbres deslumbrantes que sobresalgan y resalten en el horizonte, un Himalaya o faros altísimos, no los veo. Creo que el último faro altísimo que ha existido en la poesía mexicana, en ese sentido de poeta con mayúscula, es José Carlos Becerra. Sin embargo, el autor no descartó la posibilidad de que en cualquier momento apareciera ''otro profeta iluminado''. En el volumen se plantea varias preguntas y trata de que exista una calidad formal, un dominio expresivo más o menos sólido y sistemático en los poetas. Explicó: ''Es como si fueran instrumentistas de música y que saben manejar bien su instrumento y ante cualquier partitura podrán tener un nivel solvente". Al realizar el estudio, Paredes buscó una noción de obra en los poetas, una visión global, una unidad estilística. ''Me impuse la tarea de leer sistemáticamente cualquier sospechoso de quedar incluido en esa perspectiva. 'Me interesan obras dotadas ya de identidad perceptible, vigor e importancia expresiva, de nitidez en su propuesta, bajo una clara exigencia de calidad.'' Los nueve poetas que Alberto Paredes analiza en su libro son Jaime Reyes, Ricardo Yáñez, José Luis Rivas, Amelia Vértiz, Elsa Cross, Coral Bracho, Carlos Isla, Francisco Hernández y David Huerta. Cuando se estudia el presente, señaló, es cierto que nos falta perspectivas; nos sentimos incómodos y demasiado envueltos en la época que ellos viven. Comentó que entre las distintas modalidades de los nueve poetas hay poesía reflexiva como la de Huerta; las sentencias lapidarias deslumbrantes de Francisco Hernández, y la calidad sonora de Jaime Reyes, "quizá nuestro mejor músico vivo como poeta". En la publicación aborda el tema del poema extenso, el cual existe en todas las tradiciones de poesía en español. "En México es recurrente y no se puede hablar de una generación de poetas sin que varios de ellos no sean autores de poemas extensos, aunque no siempre sucede lo mismo, como es el caso de Carlos Isla". Paredes considera que la conversión del ambiente cultural al mercado del libro y al mercado de la cultura es algo lamentable, ya que sólo las pequeñas editoriales son las que publican la poesía de los no famosos, ni célebres. Agregó que muchos de los libros de poesía comenzaron con ediciones marginales de 100 o 200 ejemplares, pero recordó que "con modestísimas ediciones también empezaron varias de las obras fundamentales de la poesía". El autor de La poesía de cada día calificó de grave que el impacto del mercado del libro este centrado en todo lo que no es poesía. También señaló que para los grandes 80


consorcios la calidad de un libro es el segundo punto a discutir, pues cuando se trata de una publicación lo principal es la capacidad de venta. (Una temporada de poesía, de la colección Sello Bermejo, se presentó el 23 de febrero, a las 19 horas, en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, Juárez y Eje Central, Centro).

***** ***** LECTURA DE POESÍA Participan: José Manuel Mateo, Daniel Téllez y Sergio Valero Martes 1 de marzo, 19 horas Casa del Poeta Ramón López Velarde, Álvaro Obregón 73, colonia Roma, México, D.F. ***** Próximos números: Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos I. Poesía religiosa latinoamericana? II. Poesía visual: un panorama reciente III. Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas IV. Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 71 16 de marzo, 2005

poetas uruguayas del siglo xx (II)

atisbos CONTINUO ASESINATO DE AMANDA AMIR HAMED www.henciclopedia.org.uy/autores/Hamed/AmandaB.html

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e alguna forma, todos los que en Uruguay se dedican a la literatura creen conocerla. Muy pocos dicen —o se atreven a confesar— que la poesía de Berenguer es de las más fuertes que dio la segunda mitad del siglo veinte en castellano. "Soy Amanda —montevideana— /hija de Amanda la de ojos de vaca", esclarece un poema publicado por primera vez en cierta fecha del siglo XX (1987), que enumera características de la autora y cierra así: Soy Amanda y voy hacia Amanda sin destino apátrida en medio de la púrpura y de un continuo asesinato de Amanda

Entre las virtudes de este poema (llamado "Avec les gemissements graves du montevidéen") está la de escenificar homicidios. En primer lugar, el constante autoaniquilamiento de una poética, que deriva hacia otra parte cada vez que Amanda Berenguer conquista alguno de los territorios que ha atacado y que la convierten en nombre casi eremítico, en la poesía femenina. Porque Amanda, como Sor Juana (fundamentalmente en el "Primero Sueño)" ha sido de las escasísimas damas que han hecho poesía con voluntad epistemológica.

Fundamentalmente, la obra de Berenguer es una contemplación del universo y de sus inquietantes dobleces (así, entre otros, "Las nubes magallánicas", "La cinta de Moebius"), una actitud galileica en un mundo postolemaico. Si la excusa en Sor Juana es dormir para elevarse el sueño, y finalmente aterrizar en la vigilia ("quedando a luz más cierta/el mundo iluminado y yo despierta"), en Berenguer lo es un estado de perpetua vigilancia. Ya el siglo XX —en el que se declaró asesinada recurrente— había vulgarizado los telescopios, los microscopios, y diluido la noche y las estrellas en el neón; la iluminación proviene en Berenguer del asombro con el que se lanza a descubrir y conquistar pliegues y galaxias, curiosidades frutícolas, recetarios de cocina o su entorno más inmediato que la hace bisagra de genealogías y ciudadana, como Maldoror, 82


de Montevideo. Pero, si aquel pretendía sodomizar los cielos, Berenguer se dedicó a auscultarlos en una obra que cierra y abre ciclos, que acumula devenires. Cada libro terminado no es un indio muerto, como se vanagloriaba Hemingway, sino una Amanda extinta que muta —curiosa incesante— en la que comienza a cerrar uno nuevo. Pero, en último término, hay otra Amanda, muerta en reiteración real, que todos los que deambulamos por el barrio de las letras, en Montevideo, olvidamos. Es la que — pasado medio siglo de actividad— todavía se niega a ser jibarizada como parte del paisaje literario, la que está más allá de esa mujer afabilísima, bajita, solidaria, obsesiva, siempre deslumbrada, que comparece en los recitales de poesía o las presentaciones de libro; la que de alguna forma se resiste al perpetuo homicidio de su obra en que han incurrido —por dejadez, por impericia, acaso por crasa envidia— sus colegas uruguayos. De alguna forma, todos los que en Uruguay se dedican a la literatura creen conocerla. Muy pocos dicen —o se atreven a confesar— que la poesía de Berenguer es de las más fuertes que dio la segunda mitad del siglo veinte en castellano. Aldeanos irrecuperables de Montevideo, capaces de leer sólo con esa combinación exacta de ignorancia y mala voluntad que nos ha hecho provincia de nosotros mismos —expeditos para promover billetes de la pésima Juana de Ibarbourou pero no la obra de Berenguer— seguimos dejándola de lado. Y eso que, en la historia del castellano, a la altura de Amanda llegaron a escribir muy pocas.

testimonios AMANDA BERENGUER (1923) PAISAJE

U na estrella suicida, una luz mala,

cuelga, desnuda, desde el cielo raso. Su cerrada corona acaso sangra. Acaso su reinado es este instante. Crecido el mar debajo de la cama arrastra los zapatos con mis pasos finales. Sacan los árboles vivos un esqueleto mío del espejo. En el techo los pájaros que vuelan de mis ojos brillan fijamente. Acaso no esté sola para siempre. La mesa cruje bajo el peso usado de las hojas secas. Un viento adentro 83


cierra la puerta y la ventana y abre de pronto, entre cadáveres, la noche. También mi corazón. Ya voy, tinieblas.

TAREA DOMÉSTICA S acudo las telarañas del cielo desmantelado con el mismo utensilio de todos los días, sacudo el polvo obsecuente de los objetos regulares, sacudo el polvo, sacudo el polvo de astros, cósmico abatimiento de siempre, siempremuerta caricia cubriendo el mobiliario terrestre, sacudo puertas y ventanas, limpio sus vidrios para ver más claro, barro el piso tapado de desechos, de hojas arrugadas, de ceniza, de migas, de pisadas, de huesos relucientes, barro la tierra, más abajo, la tierra, y voy haciendo un pozo a la medida de las circunstancias. Jorge Boccanera, ed., Palabra de mujer. Poetisas de ayer y hoy en América Latina y España. México, Editores Mexicanos Unidos, 1982, pp. 230-231.

IDA VITALE (1924) ESTILO

P asa el vértigo de ajenas corporaciones emplumadas para fiestas o iras de la selva. Pasa el dialecto. En tanto, el hilván hondo de la lengua lee en jazmín diminuto o en arena, deja el hervor tentante e imagina las simples, que relucen, espumas de la última ola. Y se encaja otra vez en el cóndilo, en lo exacto de la fatalidad. Sueños de la constancia. México, FCE, 1988, p. 17. 84


ARDER, CALLAR Y ardamos, y callemos, y campanas. PABLO NERUDA

S in lar, sin can, sin cala, callar, como precipitarse, mientras arde la ansiosa fiesta del efímero otro. (Abominable yo de mambo y rumba, un yo de Rambo que trepa a la veleta de la pobre provincia y desvaría glorias y gira solo, en seco. Sin ver que el viento interrumpido va de otras torres, de otras almenas altas y lejanas.) Entonces, por qué no, precipitarse en lo olvidado, donde entre rocas ruge el río y ráfagas repasan la corteza, esta seca corteza del mundo, en que paramos, siendo todo anulado y repetido. Y aquietarse y con suerte sentir en el inmenso, interior campo, un sonar de campanas hermanadas. Procura de lo imposible. México, FCE, 1998, p. 79.

MAROSA DI GIORGIO (1932-2004) ERA LA NOCHE DE MI CASAMIENTO...

E ra la noche de mi casamiento.

Aunque, asombrosamente, los preparativos hubiesen empezado años antes; Antes de que yo naciese, antes de las bodas de mis padres. Pero, esa noche, bajo los dorados soles, y entre las berenjenas, que de tan azules, daban resplandores rojos, se atraparon criaturas inocentes y legítimas; se les sacaba el pelo y el sexo, y eran tendidas sobre las grandes asaderas. Por lo menos, eso fue lo que vi en un cuadro, mucho tiempo después: mis familiares, de pie, ante la Divinidad de los tomates. Y toda la noche se oyó una música grave, inexplicable; como si sonaran juntos, o fueran uno solo, la Danza del Fuego y el Bolero de Ravel. De Clavel y tenebrario

LOS HONGOS NACEN EN SILENCIO...

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os hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua 85


a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae —y eso es lo terrible— la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza. http://palabravirtual.com

CIRCE MAIA (1932) SONIDOS U na niña pequeña canta alzando apenas, la voz. En el silencio del jardín, la voz suena por instantes: sonidos como pequeñas chispas que se apagan. El cielo se oscurece de minuto en minuto. No sólo viaja el rojo hacia el violeta y el dorado al gris sucio los tonos de la voz también se desvanecen. Más ronca y como resquebrajada otra voz ya ha avanzado hacia la sombra. Ritmos de repetidos tambores o los sones de laúdes, como cuentas de vidrio cantos claros o gritos tableteos de armas o susurros todo mezclado líneas de sonido convergen hacia el silencio. Boca de silencio mastica los sonidos y traga. Jorge Boccanera, ed., Palabra de mujer. Poetisas de ayer y hoy en América Latina y España. México, Editores Mexicanos Unidos, 1982, pp. 237-238.

APOTEOSIS ¡Ha sonado la hora!, dice una señal y la célula estalla. Ella misma decreta su muerte: ya está hinchándose rompiendo sus paredes abriéndose, muriendo. Suicidio diminuto e invisible recorre nuestra casa de piel y los tejidos albergan aquel grito de muerte tan cierto que casi puede oírse... 86


(El hilo de las Parcas nos resultó enredado con la hélice doble de la vida.) www.poesia.com

CRISTINA PERI ROSSI (1941) ALQUIMIA C omo los líquidos se precipitan unos en otros las eras en ti van precipitándose ecos antiguos de desprendimientos terrestres balbuceo de formas vírgenes desgarramientos de vastos troncos vegetales el retumbar de los mares congelados el tam-tam antiguo del vientre el olor de la pólvora el paso de los caballos los peces húmedos del sexo y el grito áspero, profundo, gutural de un animal antepasado que quedó encerrado en tus entrañas y clama por salir Babel bárbara. Caracas, Angria, 1990, p. 53.

FILOSOFÍA A nte la esfericidad abstracta del planeta la redondez turgente de tus senos pulidos Ante la prepotencia de la razón tu risa descabellada de amazona cáustica Ante la caída internacional del comunismo el desmoronamiento brusco de tu falda Ante el proclamado Fin de la Historia el nacimiento de un nuevo tu lunar en el hombro Ante las guerras futuras el estrabismo voluptuoso de uno de tus ojos Ante la previsible muerte la fricción de tu cuerpo desnudo la humedad de las mucosas el lamento vulvar. Otra vez Eros. Barcelona, Lumen, 1994, p. 20. ________________________________________________

zonas DAN A CONOCER ANTOLOGÍA DEL ESTALLIDO POÉTICO QUE RENOVÓ LAS LETRAS RUSAS 87


ARTURO GARCÍA HERNÁNDEZ La Jornada, 5 de marzo de 2005

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ien años —entre los siglos XIX y XX— le bastaron a la literatura rusa para ganarse un lugar junto a otras de mayor tradición, como las de lengua inglesa, francesa y española. Fue un logro trascendental, al que la poesía hizo una aportación definitiva. Por algo en ese periodo se ubica el llamado Siglo de Plata de la poesía rusa que —de acuerdo con el especialista Jorge Bustamante García— ''produjo su obra más importante y representativa" en las tres o cuatro primeras décadas del siglo XX. Bustamante García (Zipaquirá, Colombia, 1951) es geólogo de profesión. Su ''especialidad" literaria no la hizo en la academia, sino en la lectura apasionada, en el conocimiento minucioso, en la admiración por autores que ''forman una suerte de estallido poético y verbal" que renovó a la poesía rusa. Como una manera de reconocerlos y celebrarlos, Bustamante reunió en una antología a 15 de los autores prominentes de esa generación: Innokienti Anniensski, Fedor Sologub, Viacheslav Ivánov, Valeri Briúsov, Maximiliam Voloshin, Alexandr Blok, Velemir Jlébnikov, Nikolái Gumiliov, Vladislav Jodassievich, Igor Severianin, Anna Ajmátova, Boris Pasternak, Osip Mandelstam, Marina Tsvetáieva y Serguéi Esenin. La lista incluye dos poetas más recientes, que no pertenecen a esa generación: Arseni Tarkovski y Joseph Brodsky. La antología se titula El instante maravilloso: poesía rusa del Siglo XX, y acaba de ser publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y será presentada el domingo en el contexto de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Elección afectiva Sobre el tema, Bustamante ofrece una reflexión por medio de un cuestionario. —¿Cuáles fueron los criterios generales de la selección? Debió ser muy difícil elegir sólo 17 poetas para representar el ''océano inmenso" de la poesía rusa. —La selección se fue dando paulatinamente, con el paso de varios años. Fue una especie de ''elección afectiva", de una larga y atenta lectura y una convivencia casi cotidiana con algunos de los más destacados poetas de esa generación que en Rusia se conoce como el Siglo de Plata. ''Creo que de otra manera la traducción de poesía sería un asunto prácticamente imposible. Por ejemplo, desde hace más de 20 años he estado empecinado en la lectura de Blok, de Ajmátova, de Esenin, de Sologub y he querido reinventar sus poemas en castellano, por lo menos aquellos que mejor me han marcado, para compartirlos con un probable lector. Indudablemente ésta es una mínima muestra de ese maremágnum extraordinario que fue la poesía de ese país en las primeras décadas del siglo pasado. Muchos excelentes poetas, como Andrèi Bieli, Maiakovski, Konstantín Balmont y Sacha Chorni quedaron por fuera, no por falta de méritos (ni más faltaba), sino porque simplemente no se dio con ellos y muchos otros esa convivencia en la lectura, que he mencionado.'' —¿Cómo fue el proceso de traducción de poetas tan disímbolos? ¿Cómo era dar el salto emocional, por así llamarlo, de Esenin a Ajmátova? ¿Fue fácil ir del universo poético y sicológico de Pasternak al de Tsvetáieva? ¿Qué dificultades le deparó eso? —Como el proceso de traducción fue muy lento, creo que no padecí de esos saltos emocionales. En mis tiempos de estudiante en Moscú leíamos con fervor los poemas de Esenin, porque estaban cercanos al espíritu de amor y desamor que experimentábamos como jóvenes en los años 70. A Ajmátova me acerqué después, en otro momento, y por tanto no hubo interferencias. ''Por supuesto que en la traducción ir de un universo poético a otro, sobre todo cuando los poetas son tan disímiles, no es cosa fácil. Innokienti Anniensski y Jlébnikov, para mencionar un caso, por concepción y práctica poética, son verdaderos antípodas. Hay que sortear muchos riesgos. ''Cada poeta presenta dificultades únicas, especificidades lingüísticas secretas, matices semánticos, ambigüedades, formas y contenidos de espíritu diverso que hay que intentar resolver. Pero cuando el traductor logra al menos aproximarse a la voz del autor, a sus palpitaciones más íntimas, ya tiene ganado por lo menos la mitad del camino.'' Convivencia de la lectura —¿Cuál fue su prioridad en la traducción: las imágenes; el significado literal; la musicalidad; la atmósfera, etcétera? 88


—Nikolái Gumiliov, esposo de Anna Ajmátova, máximo representante del acmeísmo y uno de los poetas incluidos en esta antología, aseveraba que en poesía ''la forma es contenido". Y agregaba que en la traducción había que tener en cuenta todo: desde el número de líneas del poema, el metro y el carácter de las rimas, hasta las gradaciones de tono y la atmósfera misma del poema. ''En este sentido no hay prioridad, o la prioridad es todo: todo es importante, a eso hay que tender, aunque los resultados sean casi siempre más pobres de lo que nos imaginamos. ''Creo, sin embargo, que lo principal para un traductor de poesía es captar fidedignamente el espíritu del poeta en cuestión y para ello es imprescindible la convivencia en la lectura.'' El instante maravilloso: poesía rusa del siglo XX, se presentó en la Antigua Capilla del Palacio de Minería (Tacuba 5, Centro Histórico, México, D.F.). Los presentadores fueron Hugo Gutiérrez Vega, Neftalí Coria y el autor. ***** Próximos números: I. II.

III. IV. V. VI.

Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía religiosa latinoamericana? Poesía visual: un panorama reciente Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Héctor Yánover: un homenaje

____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 71 16 de marzo, 2005

poetas uruguayas del siglo xx (II)

atisbos CONTINUO ASESINATO DE AMANDA AMIR HAMED www.henciclopedia.org.uy/autores/Hamed/AmandaB.html

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e alguna forma, todos los que en Uruguay se dedican a la literatura creen conocerla. Muy pocos dicen —o se atreven a confesar— que la poesía de Berenguer es de las más fuertes que dio la segunda mitad del siglo veinte en castellano. "Soy Amanda —montevideana— /hija de Amanda la de ojos de vaca", esclarece un poema publicado por primera vez en cierta fecha del siglo XX (1987), que enumera características de la autora y cierra así: Soy Amanda y voy hacia Amanda sin destino apátrida en medio de la púrpura y de un continuo asesinato de Amanda

Entre las virtudes de este poema (llamado "Avec les gemissements graves du montevidéen") está la de escenificar homicidios. En primer lugar, el constante autoaniquilamiento de una poética, que deriva hacia otra parte cada vez que Amanda Berenguer conquista alguno de los territorios que ha atacado y que la convierten en nombre casi eremítico, en la poesía femenina. Porque Amanda, como Sor Juana (fundamentalmente en el "Primero Sueño)" ha sido de las escasísimas damas que han hecho poesía con voluntad epistemológica. Fundamentalmente, la obra de Berenguer es una contemplación del universo y de sus inquietantes dobleces (así, entre otros, "Las nubes magallánicas", "La cinta de Moebius"), una actitud galileica en un mundo postolemaico. Si la excusa en Sor Juana es dormir para elevarse el sueño, y finalmente aterrizar en la vigilia ("quedando a luz más cierta/el mundo iluminado y yo despierta"), en Berenguer lo es un estado de perpetua vigilancia. Ya el siglo XX —en el que se declaró asesinada recurrente— había vulgarizado los telescopios, los microscopios, y diluido la noche y las estrellas en el neón; la iluminación proviene en Berenguer del asombro con el que se lanza a descubrir y conquistar pliegues y galaxias, curiosidades frutícolas, recetarios de cocina o su entorno más inmediato que la hace bisagra de genealogías y ciudadana, como Maldoror, de Montevideo. Pero, si aquel pretendía sodomizar los cielos, Berenguer se dedicó a auscultarlos en una obra que cierra y abre ciclos, que acumula devenires. Cada libro terminado no es un indio muerto, como se vanagloriaba Hemingway, sino una Amanda extinta que muta —curiosa incesante— en la que comienza a cerrar uno nuevo. Pero, en último término, hay otra Amanda, muerta en reiteración real, que todos los que deambulamos por el barrio de las letras, en Montevideo, olvidamos. Es la que —pasado medio siglo de actividad— todavía se niega a ser jibarizada como parte del paisaje literario, la que está más allá de esa mujer afabilísima, bajita, solidaria, obsesiva, siempre deslumbrada, que comparece en los recitales de poesía o las presentaciones de libro; la que de alguna forma se resiste al perpetuo homicidio de su obra en que han incurrido —por dejadez, por impericia, acaso por crasa envidia— sus colegas uruguayos.

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De alguna forma, todos los que en Uruguay se dedican a la literatura creen conocerla. Muy pocos dicen —o se atreven a confesar— que la poesía de Berenguer es de las más fuertes que dio la segunda mitad del siglo veinte en castellano. Aldeanos irrecuperables de Montevideo, capaces de leer sólo con esa combinación exacta de ignorancia y mala voluntad que nos ha hecho provincia de nosotros mismos —expeditos para promover billetes de la pésima Juana de Ibarbourou pero no la obra de Berenguer— seguimos dejándola de lado. Y eso que, en la historia del castellano, a la altura de Amanda llegaron a escribir muy pocas.

testimonios AMANDA BERENGUER (1923) PAISAJE

U na estrella suicida, una luz mala,

cuelga, desnuda, desde el cielo raso. Su cerrada corona acaso sangra. Acaso su reinado es este instante. Crecido el mar debajo de la cama arrastra los zapatos con mis pasos finales. Sacan los árboles vivos un esqueleto mío del espejo. En el techo los pájaros que vuelan de mis ojos brillan fijamente. Acaso no esté sola para siempre. La mesa cruje bajo el peso usado de las hojas secas. Un viento adentro cierra la puerta y la ventana y abre de pronto, entre cadáveres, la noche. También mi corazón. Ya voy, tinieblas.

TAREA DOMÉSTICA S acudo las telarañas del cielo desmantelado con el mismo utensilio de todos los días, sacudo el polvo obsecuente de los objetos regulares, sacudo el polvo, sacudo el polvo de astros, cósmico abatimiento de siempre, siempremuerta caricia cubriendo el mobiliario terrestre, sacudo puertas y ventanas, limpio sus vidrios para ver más claro, barro el piso tapado de desechos, de hojas arrugadas, de ceniza, de migas, de pisadas, de huesos relucientes, barro la tierra, más abajo, la tierra, 91


y voy haciendo un pozo a la medida de las circunstancias. Jorge Boccanera, ed., Palabra de mujer. Poetisas de ayer y hoy en América Latina y España. México, Editores Mexicanos Unidos, 1982, pp. 230-231.

IDA VITALE (1924) ESTILO

P asa el vértigo de ajenas

corporaciones emplumadas para fiestas o iras de la selva. Pasa el dialecto. En tanto, el hilván hondo de la lengua lee en jazmín diminuto o en arena, deja el hervor tentante e imagina las simples, que relucen, espumas de la última ola. Y se encaja otra vez en el cóndilo, en lo exacto de la fatalidad. Sueños de la constancia. México, FCE, 1988, p. 17.

ARDER, CALLAR Y ardamos, y callemos, y campanas. PABLO NERUDA

S in lar, sin can, sin cala, callar, como precipitarse, mientras arde la ansiosa fiesta del efímero otro. (Abominable yo de mambo y rumba, un yo de Rambo que trepa a la veleta de la pobre provincia y desvaría glorias y gira solo, en seco. Sin ver que el viento interrumpido va de otras torres, de otras almenas altas y lejanas.) Entonces, por qué no, precipitarse en lo olvidado, donde entre rocas ruge el río y ráfagas repasan la corteza, esta seca corteza del mundo, en que paramos, 92


siendo todo anulado y repetido. Y aquietarse y con suerte sentir en el inmenso, interior campo, un sonar de campanas hermanadas. Procura de lo imposible. México, FCE, 1998, p. 79.

MAROSA DI GIORGIO (1932-2004) ERA LA NOCHE DE MI CASAMIENTO...

E ra la noche de mi casamiento.

Aunque, asombrosamente, los preparativos hubiesen empezado años antes; Antes de que yo naciese, antes de las bodas de mis padres. Pero, esa noche, bajo los dorados soles, y entre las berenjenas, que de tan azules, daban resplandores rojos, se atraparon criaturas inocentes y legítimas; se les sacaba el pelo y el sexo, y eran tendidas sobre las grandes asaderas. Por lo menos, eso fue lo que vi en un cuadro, mucho tiempo después: mis familiares, de pie, ante la Divinidad de los tomates. Y toda la noche se oyó una música grave, inexplicable; como si sonaran juntos, o fueran uno solo, la Danza del Fuego y el Bolero de Ravel. De Clavel y tenebrario

LOS HONGOS NACEN EN SILENCIO...

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os hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae —y eso es lo terrible— la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza. http://palabravirtual.com

CIRCE MAIA (1932) SONIDOS U na niña pequeña canta alzando apenas, la voz. En el silencio del jardín, la voz suena por instantes: sonidos como pequeñas chispas que se apagan. El cielo se oscurece de minuto en minuto. No sólo viaja el rojo hacia el violeta y el dorado al gris sucio los tonos de la voz también se desvanecen.

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Más ronca y como resquebrajada otra voz ya ha avanzado hacia la sombra. Ritmos de repetidos tambores o los sones de laúdes, como cuentas de vidrio cantos claros o gritos tableteos de armas o susurros todo mezclado líneas de sonido convergen hacia el silencio. Boca de silencio mastica los sonidos y traga. Jorge Boccanera, ed., Palabra de mujer. Poetisas de ayer y hoy en América Latina y España. México, Editores Mexicanos Unidos, 1982, pp. 237-238.

APOTEOSIS ¡Ha sonado la hora!, dice una señal y la célula estalla. Ella misma decreta su muerte: ya está hinchándose rompiendo sus paredes abriéndose, muriendo. Suicidio diminuto e invisible recorre nuestra casa de piel y los tejidos albergan aquel grito de muerte tan cierto que casi puede oírse... (El hilo de las Parcas nos resultó enredado con la hélice doble de la vida.) www.poesia.com

CRISTINA PERI ROSSI (1941) ALQUIMIA C omo los líquidos se precipitan unos en otros las eras en ti van precipitándose ecos antiguos de desprendimientos terrestres balbuceo de formas vírgenes desgarramientos de vastos troncos vegetales el retumbar de los mares congelados el tam-tam antiguo del vientre el olor de la pólvora el paso de los caballos los peces húmedos del sexo y el grito áspero, profundo, gutural de un animal antepasado que quedó encerrado en tus entrañas y clama por salir 94


Babel bárbara. Caracas, Angria, 1990, p. 53.

FILOSOFÍA A nte la esfericidad abstracta del planeta la redondez turgente de tus senos pulidos Ante la prepotencia de la razón tu risa descabellada de amazona cáustica Ante la caída internacional del comunismo el desmoronamiento brusco de tu falda Ante el proclamado Fin de la Historia el nacimiento de un nuevo tu lunar en el hombro Ante las guerras futuras el estrabismo voluptuoso de uno de tus ojos Ante la previsible muerte la fricción de tu cuerpo desnudo la humedad de las mucosas el lamento vulvar. Otra vez Eros. Barcelona, Lumen, 1994, p. 20. ________________________________________________

zonas DAN A CONOCER ANTOLOGÍA DEL ESTALLIDO POÉTICO QUE RENOVÓ LAS LETRAS RUSAS ARTURO GARCÍA HERNÁNDEZ La Jornada, 5 de marzo de 2005

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ien años —entre los siglos XIX y XX— le bastaron a la literatura rusa para ganarse un lugar junto a otras de mayor tradición, como las de lengua inglesa, francesa y española. Fue un logro trascendental, al que la poesía hizo una aportación definitiva. Por algo en ese periodo se ubica el llamado Siglo de Plata de la poesía rusa que —de acuerdo con el especialista Jorge Bustamante García— ''produjo su obra más importante y representativa" en las tres o cuatro primeras décadas del siglo XX. Bustamante García (Zipaquirá, Colombia, 1951) es geólogo de profesión. Su ''especialidad" literaria no la hizo en la academia, sino en la lectura apasionada, en el conocimiento minucioso, en la admiración por autores que ''forman una suerte de estallido poético y verbal" que renovó a la poesía rusa. Como una manera de reconocerlos y celebrarlos, Bustamante reunió en una antología a 15 de los autores prominentes de esa generación: Innokienti Anniensski, Fedor Sologub, Viacheslav Ivánov, Valeri Briúsov, Maximiliam Voloshin, Alexandr Blok, Velemir Jlébnikov, Nikolái Gumiliov, Vladislav Jodassievich, Igor Severianin, Anna Ajmátova, Boris Pasternak, Osip Mandelstam, Marina Tsvetáieva y Serguéi Esenin. La lista incluye dos poetas más recientes, que no pertenecen a esa generación: Arseni Tarkovski y Joseph Brodsky. La antología se titula El instante maravilloso: poesía rusa del Siglo XX, y acaba de ser publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y será presentada el domingo en el contexto de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Elección afectiva Sobre el tema, Bustamante ofrece una reflexión por medio de un cuestionario. —¿Cuáles fueron los criterios generales de la selección? Debió ser muy difícil elegir sólo 17 poetas para representar el ''océano inmenso" de la poesía rusa. 95


—La selección se fue dando paulatinamente, con el paso de varios años. Fue una especie de ''elección afectiva", de una larga y atenta lectura y una convivencia casi cotidiana con algunos de los más destacados poetas de esa generación que en Rusia se conoce como el Siglo de Plata. ''Creo que de otra manera la traducción de poesía sería un asunto prácticamente imposible. Por ejemplo, desde hace más de 20 años he estado empecinado en la lectura de Blok, de Ajmátova, de Esenin, de Sologub y he querido reinventar sus poemas en castellano, por lo menos aquellos que mejor me han marcado, para compartirlos con un probable lector. Indudablemente ésta es una mínima muestra de ese maremágnum extraordinario que fue la poesía de ese país en las primeras décadas del siglo pasado. Muchos excelentes poetas, como Andrèi Bieli, Maiakovski, Konstantín Balmont y Sacha Chorni quedaron por fuera, no por falta de méritos (ni más faltaba), sino porque simplemente no se dio con ellos y muchos otros esa convivencia en la lectura, que he mencionado.'' —¿Cómo fue el proceso de traducción de poetas tan disímbolos? ¿Cómo era dar el salto emocional, por así llamarlo, de Esenin a Ajmátova? ¿Fue fácil ir del universo poético y sicológico de Pasternak al de Tsvetáieva? ¿Qué dificultades le deparó eso? —Como el proceso de traducción fue muy lento, creo que no padecí de esos saltos emocionales. En mis tiempos de estudiante en Moscú leíamos con fervor los poemas de Esenin, porque estaban cercanos al espíritu de amor y desamor que experimentábamos como jóvenes en los años 70. A Ajmátova me acerqué después, en otro momento, y por tanto no hubo interferencias. ''Por supuesto que en la traducción ir de un universo poético a otro, sobre todo cuando los poetas son tan disímiles, no es cosa fácil. Innokienti Anniensski y Jlébnikov, para mencionar un caso, por concepción y práctica poética, son verdaderos antípodas. Hay que sortear muchos riesgos. ''Cada poeta presenta dificultades únicas, especificidades lingüísticas secretas, matices semánticos, ambigüedades, formas y contenidos de espíritu diverso que hay que intentar resolver. Pero cuando el traductor logra al menos aproximarse a la voz del autor, a sus palpitaciones más íntimas, ya tiene ganado por lo menos la mitad del camino.'' Convivencia de la lectura —¿Cuál fue su prioridad en la traducción: las imágenes; el significado literal; la musicalidad; la atmósfera, etcétera? —Nikolái Gumiliov, esposo de Anna Ajmátova, máximo representante del acmeísmo y uno de los poetas incluidos en esta antología, aseveraba que en poesía ''la forma es contenido". Y agregaba que en la traducción había que tener en cuenta todo: desde el número de líneas del poema, el metro y el carácter de las rimas, hasta las gradaciones de tono y la atmósfera misma del poema. ''En este sentido no hay prioridad, o la prioridad es todo: todo es importante, a eso hay que tender, aunque los resultados sean casi siempre más pobres de lo que nos imaginamos. ''Creo, sin embargo, que lo principal para un traductor de poesía es captar fidedignamente el espíritu del poeta en cuestión y para ello es imprescindible la convivencia en la lectura.'' El instante maravilloso: poesía rusa del siglo XX, se presentó en la Antigua Capilla del Palacio de Minería (Tacuba 5, Centro Histórico, México, D.F.). Los presentadores fueron Hugo Gutiérrez Vega, Neftalí Coria y el autor. ***** Próximos números: I. II.

III. IV. V. VI.

Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía religiosa latinoamericana? Poesía visual: un panorama reciente Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Héctor Yánover: un homenaje

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Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 72 31 de marzo, 2005

poetas uruguayas del siglo xx (III)

atisbos NUEVA POESÍA DE SELVA CASAL: DESDE EL REVÉS DEL MUNDO ALFREDO FRESSIA Jornal do Poesia

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espués de El infierno es una casa azul, de 1993, donde Selva Casal (Montevideo, 1934) realizara una selección representativa y ampliada de su obra, la poeta vuelve a lo mejor de su oficio con los cuarenta y cuatro poemas del presente Vivir es peligroso. Signados por la negación, por la renuencia a un locus referenciador, y aun a una biografía, los poemas incluyen y exceden el título general del libro. Aquí, por lo pronto, "existir es un grave delito" y "vivir es atroz". El título, aforístico y de larga tradición (es una célebre afirmación de Riobaldo en Grande Sertão: Veredas, de Guimarães Rosa, y ya aparecía en los Diarios de Julien Green, pero seguramente comparece en otros discursos por su revisitada condición de tópico) no da la dimensión de la obra estremecedora a la que el lector se enfrenta. Tampoco lo logra el acápite: "Con un poco de suerte hubiera inventado el color verde", por más que mencione la desesperanza y "la mala suerte de los poetas" (otro lugar del pensamiento, tematizado en la última década por creadores como Melba Guariglia). El texto de contratapa, en fin, extraviado en la binariedad optimismo-pesimismo, poco fecunda aquí, tampoco auxilia al lector en este viaje por la más desolada poesía desde María Eugenia Vaz Ferreira, la obra donde se alimenta y se explica una parte de la raíz lírica de Casal. Tal vez resulte positiva esta triple combinación de desamparos (título, acápite, contratapa) para adentrar a la experiencia límite de esta poesía. De hecho, inadvertido, el lector penetra en el universo, "atroz", de una conciencia que no admite el ser, ni la vida, ni la muerte ("en realidad no estamos vivos/ en realidad no estamos muertos"), es decir, que se instala en el "no lugar" ("Las calles que no recorrí/ los hombres que no amé") como la misma antimateria. Naturalmente, el tono general es elegíaco y nocturno, pero no el de cualquier elegía ni el de cualquier nostálgico nocturno. La noche de este libro es Pesadilla (que también es el título de uno de los poemas), o la condena delirante del insomnio. Y la elegía surge de la negación, rebelde: "Es como si no estuviera en ningún tiempo". La selva, que es un símbolo primero del inconsciente -además de dar bello nombre a la poeta, por cierto- se presenta como el reiterado "bosque", la instancia tentadora donde aun serían posibles el encuentro y la pérdida. Como además, "este es el revés del mundo", donde navegan, como peces ciegos, los abortos y los asesinos, la guerra y el aniquilamiento, obsesivos, el discurso se crea al modo de un fragmento de película fotográfica, jamás revelada, sin una luz que pudiera definirla, donde los bultos son fantasmales, los colores siempre cambiados por sus contrarios, o abolidos. Aquí el yo, o lo que todavía es un yo ("aún no sé si nací"), dice: "Llego temprano para encontrarme con nadie". Y si "es un insomnio", advierte: "No busquen explicaciones". El yo, fracturado, puede ser "el hombre primitivo que soy" ("es inútil yo debo haber sido un animal", decía El infierno...), y aquí se parte en: "soy tantos", todo potenciado en el tiempo de "cuando yo vivía". Fracturado (tanto que hasta puede incluir menciones, reales, de la abogada -biográfica- que Casal también es), ese yo reconstruido a pedazos, comparece también amenazado por la globalización ("han globalizado el miedo el sufrimiento") y por los psiquiatras, siempre dispuestos a revelar, y con rosados colores, esa película imposible de la conciencia, que es de todos y de nadie, porque aquí "el orden y el caos es lo mismo".

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Es curioso que la "protesta" de esta poesía, que es metafísica y también existencial, o justamente situada en esa frontera imposible, aproxime este libro, e indirectamente la obra de Casal una poeta "de los ‘60", si de algo sirven las pedagógicas cronologías, a cierta sensibilidad de los más jóvenes poetas, alterada, nocturna, punk, desafiante. Cercano al de María Eugenia, este universo creado sobre versos que casi nunca se encabalgan, que más bien se yuxtaponen como en una obsesión (o como fotogramas), elige la nada y abre el rebelde, pessoano "muro sin puerta" para que sus lectores, incluidos los jóvenes "góticos", construyan su torre más inquietante: "era un jardín donde no había nada/ ni ventanas que abrir ni flores que regar/ ni noche/ yo estuve en ese lugar que no conozco/ nací para decirlo/ y no terminan nunca de entenderme". Selva Casal es profesora universitaria, hoy jubilada. Fue destituida en 1976 de sus cargos docentes y de su puesto en el Poder Judicial después de la publicación de No vivimos en vano. A su primer libro, Arpa, 1958, siguieron obras, también premiadas, como Poemas de las cuatro de la tarde, 1962, Nadie ninguna soy, 1983, o ensayos como Mi padre Julio J. Casal, 1988.

testimonios MIRTHA GANDOLFO (1922) DESDE UN DÍA C uando encontré tus manos en mitad de los relojes y las escaleras, pude haber muerto en una esquina de la noche, pero había una costumbre de vivir, de amontonar días vacíos, de cruzar calles y tocar una puerta, de firmar mi nombre en los horarios. Era inútil encerrar la sombra y llevarla —río secreto sin desembocadura— entre espejos y rostros cotidianos. Ahora tengo vergüenza de estar viva y dejar que se marchiten tus caricias mojadas por mis lágrimas. Vergüenza de escuchar te nombran y estar allí, de espaldas, con la boca enterrada 99


desde un día. Jorge Boccanera, ed., Palabra de mujer. Poetisas de ayer y hoy en América Latina y España. México, Editores Mexicanos Unidos, 1982, pp. 232-233.

SELVA CASAL (1934) LO DEMÁS ES GUERRA E scúchame como se escucha el mar cuando golpea este universo mi domicilio gente que vive y anda gente que toco y sueño solaz de mis desgracias voy silenciosa y rota vas silencioso y roto no me deja la herida el vivir no me deja hay pequeñas islas de amor lo demás es guerra. que no hay suavidad como la de tus manos, pero hace afuera un aire erizado de gritos, ¿comprendes?, pero algo trágico está sucediendo allá afuera, y yo no lo sabía. Leticia Luna, sel., Ttrilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica. Tomo III. Rebeldes. México, La Cuadrilla de la Langosta, 2004, p. 384.

CRISTINA CARNEIRO (1948) CUANDO AQUELLOS QUE USTEDES AMAN

C uando aquellos que ustedes aman estén por morir, ustedes espesarán junto al decidido lecho la fina hierba de la cronometría. Con ojos inútiles de esperar para atrás ustedes buscarán un moribundo para suplantar al muerto. Trampa para cornejas, un almanaque en cada habitación, sañudamente se tratará a la corneja. Cerrados en su sótano, refutadores del trueno, locos como cabras, los como cabras. Escarbando su armario los prolijos, los que todo lo dispondrán. Esto tiene su razón de ser. Las ratas 100


ya abandonan al querido. Su mirada de ratas se fija brevemente aquí. Eppur si muove. Eppur si muove. Amantísimo. ¿Me escuchas? Impertinentes. No distraigan, no estorben su labor. ASPECTOS DE LA ROSA

S e dijo bien que era el pánico. La manera en que muerde los aires y un sastre recosiendo cerrando el vientre anegado de pétalos raquíticos. Se dijo bien que iba a ser el pánico esa danza. Ella se está y hay golpes de algas en su reciedumbre. Golpes verdes de algas y turbios ánades de cuando en cuando así, La rosa no sabe. (¿La rosa feroz?) La rosa feroz, zurcida cópula, el sastre que nos confecciona o algo así así. Esa mujer está cumplida. No la molesten más. Esa mujer. Esa marea donde el tiempo se busca entre lentas estatuas derribadas. El tiempo arrecia, huye con los pelos parados, no tiene madre. Déjenla sola déjenla heredarse a sí misma oficiar de florero. Pánico sí. Decían bien. Las algas le hacen estrías. El sastre si las cose las desanuda. Julio Ortega, sel., pról. y notas, Antología de la poesía hispanoamericana actual. México, Siglo XXI, 1987, pp. 452-453, 454-455.

SILVIA GUERRA (1961) CLOTO

A fuera, en el cóncavo espejo que es Ahora

un fino entretejido se suspende: alguien habla de dos, otros de cifras que son inmensas cantidades. La ascendencia se pierde en estratos que no tienen demasiada importancia. Se nombran los caminos, los pazos los pequeños jilgueros. Se camina sonriendo por la empinada cuesta Con las botas sucias del barro del camino. Se llenan los carrillos los rojos los sonrientes 101


de un aire que ahí arriba se dice que es purísimo. Y se habla de la guerra. Del color de la guerra. Y aparecen los muertos, en fila, con el plato vacío me preguntan algo que no entiendo, no entiendo qué me dicen no entiendo qué hago ahí, por qué me siguen. Y yo no sé qué hacer, y ellos, tampoco.

LÁQUESIS

E s un prisma. Es un prisma que gira. Es un prisma que fragmenta la luz, la descompone. Es un sueño la luz. Es un sueño la luz que se repite. Es un espacio verde, que se hiciera Hay dos amordazados en la luz en el preciso verde. Gira una vez el prisma y se hizo tarde. Gira una vez la luz y hay un zapato suspendido en la esquina un montón de arañitas verdes, casi transparentes que caminan incendiándose el lomo sobre una tela casi transparente que no deja respirar a los que de una manera casi transparente empiezan a quemarse. Afuera, alguien salta tratando de mirar por la ventana un golpe apenas en el vidrio, una marca de sangre. Y es la luz, los irisados tonos de la angustia. Crujiendo, desde la lluvia verde Casi transparente. * En cruz, la cara. Y cabrío el resplandor sol de planicie, de cóncavo acabado. Enorme la extensión y esos espejos quietos en trozos, que centellean una parte del cielo hacia la nada. Evadida se ahuyenta, indivisa se vuelve retenido fulgor al surtidor de péndulo ubicado tras la vara de sauce y una concentración que a veces extenúa. La voluntad, buscando entre rincones obtusos obtener líquido mineral que fluya que enamore que belleza deje al descubierto en raíz, en origen y en superficie ornamentada o lisa atravesando el espesor la espesura partiendo y encordada 102


quedando, la cara en cruz No importa. * Una vez arrancada pediría dos piedras, arboleda, dulce trino Como la pana verde y dulce del manzano Como el recuerdo de las cabras cayendo hacia el abismo del desembarcadero. Y la balsa que mecida abanicaba aquella madre muerta aquellos ojos quietos y pintados aquella boca muda para siempre. Si quisiera gritar ¿para qué muerte? Fractal, núm. 18, julio-septiembre, 2000, año 4, volumen V, pp. 155-159.

VERÓNICA PEDEMONTE (1963) TEMERARIOS

H ay que encerrarse en la caligrafía atribuirle al nombre un número, soportar con paciencia la etiqueta y no inventar el mundo cada tarde.

Hay que aceptar al general en jefe, hay que encogerse si la cama es corta. Dormir de lado si la ves estrecha, estrujarse los pies en los zapatos. Aunque conozco gente temeraria que ante la duda, caminó descalza, asimiló las deudas, perdonó los errores, le dijo adiós al general en jefe, dentro de la mejor caligrafía, y se atrevió a vivir a su manera. palabravirtual.com Mujeres de carne y verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX. Edición de Manuel Francisco Reina. La esfera literaria. 2002

zonas FALLECIÓ EL POETA ITALIANO MARIO LUZI MILES DE PERSONAS LE DAN EL ÚLTIMO ADIÓS EN FLORENCIA El País, Tiempo Libre, 3 de marzo de 2005

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M

ás de dos mil personas, entre ellas el presidente italiano, Carlo Azeglio Ciampi, acudieron este miércoles a la catedral de Florencia para dar el último adiós al poeta y senador vitalicio Mario Luzi, que fallecido el pasado lunes en esta ciudad del centro de Italia a los noventa años. El funeral del escritor, considerado uno de los principales representantes de la escuela poética del "hermetismo", estuvo oficiado por el arzobispo de Florencia, el cardenal Ennio Antonelli, que definió a Luzi como "un profeta de humanismo" y aseguró que ha dejado un "testimonio de esperanza más fuerte que cualquier drama". Además de Ciampi, a las exequias asistieron numerosos representantes del mundo de la cultura y la política, entre ellos el ex primer ministro y senador vitalicio Giulio Andreotti, que lamentó la desaparición del poeta, "un hombre absolutamente íntegro" que "ha legado a Italia una poesía auténtica". También el ministro de Asuntos Europeos, Rocco Buttiglione, señaló que la muerte de Luzi es "una gran pérdida para la cultura italiana", y lamentó que el escritor, "injustamente", nunca llegara a recibir el Premio Nobel de Literatura. Mario Luzi comenzó su producción literaria en los años 30 del siglo pasado, con obras poéticas como La barca (1935) y las posteriores Avvento notturno (1940) y El giusto della vita (1960). De entre sus escritos, los críticos han destacado siempre el libro Primizie del deserto (1952), una obra de inspiración existencialista. El escritor fue nombrado senador vitalicio por el presidente italiano el pasado 14 de octubre, poco antes de su noventa cumpleaños. Está previsto que Luzi sea enterrado en el cementerio de Castello, situado en el barrio a las afueras de Florencia donde el poeta nació el 20 de octubre de 1914. ***** Lectura de poesía Participan: Estrella del Valle, Elsa Cross y Ernesto Lumbreras Martes 5 de abril, 19 horas Casa del Poeta Ramón López Velarde, Álvaro Obregón 73, colonia Roma México, D.F. ***** Próximos números: • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Poetas búlgaros contemporáneos • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a 104


todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 73 20 de abril, 2005

héctor yánover (1930-2003): un homenaje mínimo

atisbos HÉCTOR YÁNOVER AMALIA INÉS GIESCHEN ZARRABEITIA www.icarodigital.com.ar/numero11/ajoylimones/yanover/yanover.htm La Letra Eñe, Ideas, Culturas y otras historias, año III, núm. 11, diciembre 2003, Buenos Aires, Argentina

D

icen que Héctor Yánover ha muerto. Y este dolor –que sólo le pertenece a él, no permite llorar los setenta y tres años de sonrisas que Yánover prodigó sobre esta tierra ingrata. "Tengo que recordarlo", pienso. Hago un esfuerzo por evocar aquello que a estragos de adolescencia y desidia olvidé. Cierro los ojos, como él. Aparecen algunas imágenes, todas descoloridas. El primer encuentro ocurre, aproximadamente, hace dos años. Un incipiente estudiante de periodismo, que conoce mis desviaciones literarias, me invita a que lo acompañe a entrevistar al libreropoeta en su departamento de la calle Vicente López, cerca del cementerio. Héctor Yánover sonríe con los ojos tan tristes. El casiperiodista enciende el grabador; yo -luego lo lamentaré- prefiero ir nada más que con el corazón fanatizado. Días después, se borrará por error el cassette, y la voz de Yánover quedará relegada a este esfuerzo de mi memoria. Su departamento es una librería en miniatura. Libros por todos lados, si claro, todos aparentemente desordenados, con anotaciones; en el sillón, en el suelo, libros ajados, usadísimos, como corresponde a un libreropoeta. Los que él escribió (tan humilde es) se acantonan y defienden de los otros en un rinconcito que es casi un fortín, en el extremo inferior, a la izquierda de esa legión infinita de escaparates que revisten una pared entera. Los ejemplares que aprendices de escritor han remitido para pedirle una sentencia (tan servicial es) están apilados sobre un tablón blanco apoyado sobre pivotes de madera, que hace las veces de mesa. La mesa se llama Prioridad. Mi compañero y yo aspirábamos a observar a un hombre alegre desde la médula, pero a primera vista descubrimos que su alegría es un vestido, necesario para guarecerse lejos de la fría fatalidad de la vida. Basta ver sus hundidos y almendrados ojos claros para percatarse de que allá lejos hace frío, mucho frío, basta escuchar sus recriminaciones a Perón y a la dictadura, en la que no quiere ahondar demasiado, para sentir el frío penetrando en nuestros propios huesos. Y ese pillo del tiempo, se filtra por debajo de la puerta, igual que el frío, va desvistiéndolo a Yánover, dejándolo desnudo con su desaliento y su soledad, a veces interrumpida bella, alentadoramente por su esposa Olga, como ahora, que le toca el timbre para verlo, dado que, aunque siguen siendo marido y mujer en los papeles, en el corazón y en lo cotidiano, ya no viven juntos. El poeta se merece el nombre que tiene. Héctor, héroe troyanoargentino por excelencia, sonriente ante la adversidad y compasivo con su familia, homenajea a Olga en su librería privada. No es difícil encontrar, cuando seguimos con la mirada el recorrido de Yánover hacia el teleportero por el cual escucha a Olga avisar que subirá, decía, encontrar justo al lado del llamador una foto de Ella, foto cuyas dimensiones panfletarias son -estoy segura- una métafora del espacio que la esposa ocupa en su alma. Al describirse para una supuesta entrevista, Héctor predica un ejemplo del que yo -al menos- no saldré inmune. Aunque usted no lo crea, consejos del estilo "tenés que leer Babelia" o "Bernardo Kordon", frases como "la librería es el circo de Buenos Aires", podrán inferir en los ríos interiores de inciertas vidas. Después de esa visita, en la que esta fan además de irrumpir en la soledad de su fortín se fotografió con él, no tardé mucho en sumarme a la horda de muchachos y muchachas que le enviaron sus poemas, poemas que en su mayoría -decía él- no merecían demasiada atención. Le escribí algo así: "Lo único que 106


necesito saber es si -como sospecho- debo agarrar el fratacho y dedicarme a la albañilería o si, por el contrario, puedo seguir escribiendo". El tampoco tardó mucho en responderme, por mail. No importa lo que me dijo ni lo que vino después, lo importante es el gesto, piedra basal para las acciones que de ahora en más voy a llevar a cabo, una de las cuales será amarlo para siempre. No sé quién señalaba que, cuando alguien "muere", en realidad fallecen ciertas facetas de las personas que se toparon con ese alguien, porque lo que ha desaparecido no es otra cosa que la memoria del alguien en la que estas personas eran recreadas. Seguramente el 8 de octubre de 2003 familiares, amigos, lectores, periodistas, empleados de la Biblioteca Nacional, libreros, productores de televisión y muchos otros, hayamos dejado de existir. Dicen que Héctor Yánover ha muerto. Que fue un enfisema pulmonar, aseguran. Agüero y Las Heras. Un cartel con letras negras anuncia: "Ha fallecido Héctor Yánover, poeta, un amante de los libros!/ Estará presente en la memoria de los trabajadores de la Biblioteca Nacional" .Alguien ha agregado, con impasible birome azul: "Y de la CGT/CTA". En el velorio, la casa está casi vacía. Dentro del cajón -cubierto de un paño azul nomás, aureolado por las nueve velas blancas- no está el poeta. Dicen que Yánover ha muerto, porque no saben que el recuerdo es tiempo presente. Que los libros que publicó hablan. Y que la memoria de los que lo hemos conocido, dibuja su cuerpo. Por eso tengo que recordarlo. Dicen que Héctor Yánover ha muerto. Es imposible creerles.

testimonios PEQUEÑOS POEMAS Para Arnoldo Liberman III Grande como es la tarea de vivir y nadie que la viva. Hondo como es el ojo y tan vacío. Serio como es mirar y no ver nada. No desfallezcas corazón y continúa golpeando esta mañana. V La luna ha entrado al cuarto. Se hace primero duende, dedo suave de luna en el espejo. Cierra la puerta y llega allí donde la carne deja morir su primavera. El canto de un paseante se asoma y entra la vida de la calle y sueña. La luna por los muros se hace muerte pequeña. VIII La noche se ha cobijado como una niña en mis ojos 107


y las desiertas palmeras duermen sueños de palmeras donde se trepan los monos. Estoy sentado en un barco oyendo el correr del agua, bajo la tierra y el cielo, el alma corre y se apaga. La vida sueña y de su sueño salen ríos, praderas donde vivir, ciudades; cuerdos y locos. Yo pienso en lo que vendrá y en la niebla no distingo si son brillos de verdad o son las luces de un foco. La noche se me ha dormido como una niña en los ojos. X A Dina Roth El camino verde-gris las casas a la distancia chatitas como tres naipes perdidos en la baraja.

Quién vivirá en ellas, Dios? Qué será lo que les pasa? El mundo que duelo yo, qué diapasón, qué nostalgia? ¿Cómo será allí el pregón de la guerra a la distancia? ¿Qué pensarán de nosotros los del camino que pasa? Yo llevo en el corazón tres casitas de barajas, un juego que no se dio, y siempre pasa que pasa... XI Mujer del amor que tuve por qué se quebró el amor? Mujer de Dios en los cuerpos por qué sin gracia, sin Dios? Mujer de amor que no vino y nos perdimos los dos. XII Por ver el alba se empinaba sobre la tierra pero el alba no llegaba. Por ver el sol apuraba el alba pero el sol tardaba. 108


Por verse el alma se abrió el pecho pero allí el alma no estaba. XIII Qué van dejando los años? Tristeza en el corazón. Y dentro de los pañuelos, lágrima, adiós, desconsuelo; cosechas de la canción. XIV Gatos del sol por el borde del sol. Pulgas del mar por la orilla del mar. Gentes de Dios, cerca de Dios, sin llegar... XV Alégrate corazón de estar vivo. Para ti se han hecho las calles con sol cuando el otoño y los vinos sedantes cuando en torno al fuego los amigos retornan a los viejos recuerdos. La añoranza es antigua, el querer es amargo, la esperanza es incierta. Pero alégrate corazón, tú estás vivo. XVI Del ayer quedan cuentos, historias fabulosas, hermosísimas máquinas. Las religiones y los preceptos son palabras del sueño del poeta, palabras nada más, pura belleza. El ayer es remoto, sólo el futuro cuenta. Abrid, abrid el corazón y el viento empujará las velas. XVII Un poema como una rosa y todo el mundo adentro. Un poema como una mujer hermosa y todo el mundo adentro. Un poema como un tibio sol de otoño y nosotros contentos. 109


XVIII Sin respiro, a trechos sofocado, sin cesar voy cargado de angustias en acecho. Sin nada, sólo con lo que siento, voy subiendo las cuestas del alma, sus repechos. Seguro, casi ciego de futuro, voy a llegar al sol y me acostaré en su lecho. XIX El tiempo galopa sobre los fosos y sobre las murallas. La cota ciñe mis huesos, me lastima. El tiempo es un grumete poderoso, un piloto borracho, severo. ¡Eh! años, soy yo quien vuela ahora tomado de los velos. XXI Quién sabe dónde andarán los sueños del 3 de marzo los días que ya pasaron y la juventud del canto. Dónde andará el corazón que se elevaba del cuerpo para andar como un señor por entre gritos y vientos. Se fue el ayer, ya se irá el hoy, todo se irá; ¡trabaja amor, mientras tanto! XXII Quien tenga un oso que me lo preste y quien tenga una flauta y quien tenga un sombrero de mago y un yo-yo y un barrilete. Porque me mudo, porque me voy al año sin viernes al país de lo alegre al reino de los más conscientes. 110


Quien tenga un tambor que me lo preste y quien tenga un papel verde. Que me voy para siempre, para siempre. De Antología poética, 1996

POEMAS CON GATO Para Horacio Salas Todos los gatos estarán muertos y yo seré el único gato vivo. Volveré por la medianoche arrasando los cultivos. Vendrás a verme bajo la tierra hecho un finísimo maullido. Sólo tu mano me extrañará. Todos los gatos estarán muertos, será la paz. II Gato del cuento, gato del cuento, gato que sólo vivió un momento y se quedó en la eternidad. Gato sin botas y sin sombrero, de ti, gato que quiero, ¿qué será? ¿Andarás por el aire verde y te enredarás de setiembre y volverás y volarás? Gato aniñado del poeta salúdalo desde su carpeta y ayúdalo a soñar. III Ayúdalo gato al poeta, dale el sueño de comerse el gallo de la veleta, dale caminos a sus pies. Y siete vidas llenas de hoces y probetas, para que sufra las proezas del vivir y del conocer. Oh gato sin botas, no le abandones, maúllale desde los rincones, córrelo otra vez.

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Quiero verle atareado yendo de uno a otro lado impaciente y fantástico como le vi ayer. Gato, te pido, si eres un sueño del camino vuelve a aparecer. Dale maullidos, resoplidos, erízale sus sentidos y hazle creer. IV Gato que maúllas, gato que eres bueno gato que no tienes pluma en el sombrero gato que me sigues por el mundo entero qué quieres de mí? Me sigues de cerca como a una rata, no llevas espada, ni vaina, ni lata, mas todo lo que hago lo pruebas, lo catas, Por qué eres así? Hay en tu mirada reproche y consuelo, lo que hago y te gusta lo cazas al vuelo, lo demás me cuesta cientos de pañuelos, ¿no te irás de aquí? Gato te prometo que seré muy bueno, ondeará la risa siempre en tu sombrero, andaremos juntos por el mundo entero, quién eres ya sé. Cazaremos juntos millones de ratas, llevaremos verbos, creencias, patatas, haremos un mundo dichoso y si tratas verás que es así. Al que se traicione daremos consuelo, al que tenga sueños le daremos vuelo, cuando nos vayamos miles de pañuelos nos despedirán. Adiós nos dirán. Adiós sin adiós. Adiós que es amor. V Adiós que es amor para el gato y su acompañante para el molino distante y para el ver y el creer. Adiós para los lagrimones que arrancan las emociones de sentirse solo y querer ser. Adiós para los templos con ventanas de otros tiempos 112


donde se siegan los trigos y brilla el sol. Adiós para los senderos donde anduvieron los guerreros el buen Sancho y su señor. Adiós para los cementerios donde descansan los salterios y los ruegos del corazón. Adiós para los mortales transitorios y fatales que creyeron ser eternos y lo son. Adiós a todos les dicen el gato y su acompañante, adiós molinos distantes, adiós ver y conocer.

N

RETRATO DE CORTÁZAR

o tengo ganas de escribir una nota. Me gustaría poder ponerlo sobre el papel para que todos lo admiren como yo lo admiré desde que lo conocí en 1951, leyendo Bestiario. Pero cómo puedo, con mis palabras previsibles, hablar de un escritor cuyo mayor mérito es la imprevisibilidad de las suyas. Me lo recomendó una clienta de la librería, Martha Posse, que me llenó de fantasías contándome sus cuentos. Siempre hubo algo mágico en los encuentros con sus libros y luego con él. Cuando en junio de 1968 llegamos a París lo llamé y me invitó a su casa. Pasamos el día juntos. Hablamos y coincidimos en muchas lecturas, en los dibujos de Oski y en los textos de César Bruto que ambos sabíamos de memoria: "Si vas a París en octubre/ no te olvides de visitar Louvre". Era cordial "como un legítimo argentino". Si es cierto que lo más profundo es la piel, a flor de piel sentimos -Olga y yo- que ya éramos sus amigos. Y así fue desde entonces. Pero nunca dejé de saber que era un elegido por el Dios de la palabra, que estaba casado con ella y que su oralidad era por escrito. Que había aprendido a dominarlas y que con ellas había construido esas máquinas fascinantes que son sus páginas, rebosantes de hallazgos. Cuando estuve a su lado, las veces que estuve a su lado, nunca dudé de que era a él que le salían conejitos de la boca. Que era otro Polifemo, un tocado, un intocable, un otro como Calvino o Raúl o Borges. La admiración siempre me vedó otro entendimiento que el de un niño azorado, deslumbrado frente al mago. Lo conocí, sí, pero verdaderamente lo conocí leyéndolo: con todo el cuerpo. Dejándome atravesar por sus palabras. Me nombra al comenzar a grabar el disco que edité en 1970 y que acabo de reeditar después de 32 años. A ese nombrar lo vivo como una condecoración. En 1973 vino a Buenos Aires y estuvo todo su primer día en la librería, le ofrecí hacerle un reportaje público en el Luna Park, seguro de llenarlo, no quiso. Cuando vino en 1983, su primer día fue en la librería, días después le escuché decir en un reportaje radial que él "paraba" en la librería y que si querían alcanzarle algo lo dejaran allí. Soy un cholulo que admira y envidia a aquellos que saben manejar sus palabras entre rápidos y sostienen el timón hasta llegar al puerto que deseaban llegar. El 13 de octubre de 1983 me escribió: "...ando medio enfermo y todo se me trabuca... espero que nos veamos hacia febrero, tengo toda la esperanza de poder darme una vuelta". Pero vino en diciembre y al subir al taxi, cuando nos despedíamos, me dijo: "Volveré en marzo y me quedaré un tiempo". En una candente mañana de febrero , al entrar a la librería quejándome del calor, Carlos Gutiérrez, que está junto a nosotros en la foto con Cortázar, y que después fue asesinado por un ladrón, me dijo: "Sí, y además esta noticia". "¿Cuál?", pregunté; "Murió Cortázar". No recuerdo muerte que haya conmovido tanto. Se nos achicó la infancia. Su muerte nos desbarató, nos llenó de estupor, de perplejidad, porque es muy duro proseguir cuando esos hombres mueren. Esta nota sólo quiere decir que lo quise y lo sigo queriendo. Sus libros están ahí. Vuelvan a "El perseguidor", a la "Conducta en los velorios", de Historias de Cronopios y de Famas, a "Correos y telecomunicaciones", donde "...en la ventanilla de franqueo, mi hermana la segunda obsequiaba un globo de colores a cada comprador de estampillas". La Nación, 24 de diciembre de 2002 113


zonas JORGE ORTEGA EN ESPAÑA DAVID HUERTA El Universal, 13 de abril de 2005

E

l pasado 15 de marzo fue anunciado en España el resultado de las deliberaciones para discernir el Premio de Poesía Hiperión en su 20 edición, en un concurso convocado por la editorial de aquel nombre, Hiperión, casa a cuya cabeza está el poeta Jesús Munárriz. El jurado calificador estuvo formado por los poetas Francisco Castaño, Luis García Montero, Almudena Guzmán, Carlos Piera, Jenaro Talens y el propio Munárriz. A Jesús Munárriz lo conocí hace ocho años en Rumania, en 1997, en la provincia de Bucóvina, al lado del excelente poeta granadino Antonio Carvajal; le dije a Munárriz: "Cuatro centímetros cuadrados de esos calcetines a rombos que traes los pagué yo, por la cantidad ingente de dinero que me he gastado a lo largo de los años en los libros de tu editorial". No sé si le hizo gracia. Seguimos contemplando los formidables frescos de las iglesias del siglo XVI en medio de aquel otoño rumano, mientras el colombiano William Ospina musitaba para sí alguno de sus hermosos cantos épicos y el mexicano Alejandro Aura estornudaba ruidosamente, aquejado por una gripe transilvánica de pronóstico. La ganadora del Premio Hiperión ha sido, en este 2005, la poeta Ana Isabel Conejo, nacida en Barcelona en 1970, por su libro Atlas; debe hacerse notar que el concurso es convocado para distinguir la obra de autores de menos de 35 años de edad. No es esto, sin embargo el premio para Ana Isabel Conejo, lo que más me importa informar y comentar en esta columna; sino el hecho de que el finalista de este año fue un poeta mexicano que conozco y admiro: Jorge Ortega, nacido en 1972, cuyo libro Estado del tiempo leí con todo cuidado cuando él fue becario en el programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). Yo era entonces tutor de aquel puñado de poetas-becarios, al lado de Antonio Deltoro, el otro tutor. Jorge Ortega tiene en su haber siete libros de poesía publicados hasta la fecha. El jurado destacó lo siguiente en la mención a Estado del tiempo: "La singularidad de su poesía, así como su invención verbal y su carácter irónico, que entroncan tanto con la clasicidad como con la mejor tradición lírica hispanoamericana". Ortega tiene una luminosa inteligencia crítica, además; prueba de ello son los ensayos que ha publicado en años recientes en revistas como La tempestad y Tierra adentro. En esta última dio a conocer, a mediados de 2004, un texto muy documentado cuyo tema era la poesía epistolar de los siglos de oro, que llevaba el título de Juego de cartas áureas. Parece muy difícil que un poeta no-español se gane el Premio Hiperión. Tanto más meritoria es la distinción de finalista del libro de Jorge Ortega. Sospecho que no se le ha hecho el ruido que merece a este triunfo de la joven poesía mexicana al otro lado del océano Atlántico. Por eso dedico esta columna a Ortega y a su Estado del tiempo. Recuerdo como si hubiesen ocurrido apenas ayer las sesiones del Fonca, con el grupo de becarios al que pertenecía Jorge Ortega, cuyo arraigo norteño en México en el tórrido Mexicali, por más señas ha quedado atrás por una temporada larga: ahora cursa estudios de nivel superior en Barcelona, y tiene los mejores maestros, entre ellos el brillantísimo Francisco Rico. Eso quiere decir que está en medio de la mejor filología española. En aquellas reuniones en las que Deltoro y yo fungíamos como maestros, Ortega se destacaba por sus comentarios puntuales, en los que desplegaba un conocimiento técnico que a mí me entusiasmaba: localizaba anacolutos en los textos, veía milimétricamente la versificación, se ocupaba de las figuras retóricas, radiografiaba la prosodia. Él y yo nos sentábamos juntos en una tristona esquina de la mesa a la que nos habían confinado los demás; con un desdén mal disimulado, llamaban ellos a aquel espacio que Ortega y yo juzgábamos el último refugio de la sensatez crítica "el rincón de los cultitos". La verdad es que todos trabajábamos mucho. Ahí comenzó una amistad que la enorme diferencia de años entre él y yo le llevo 23 no ha ensombrecido un ápice. 114


Así, entonces, he aquí la noticia de un hecho de nuestra nueva literatura que me parece digno de destacarse: un premio en Europa otorgado a un autor mexicano, poeta por más señas. Jorge Ortega se lo merece porque ha trabajado, como me consta, con seriedad y con energía. Tiene talento; estudia y escribe mucho; piensa bien y claramente; imagina con lucidez y originalidad. ¿Qué más se puede pedir?

***** Próximos números: • • • • •

Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía religiosa latinoamericana Poesía visual: un panorama reciente

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elpoemaseminal 74 30 de abril, 2005

carlos germán belli: un barroco de aires modernos

atisbos UN BARROCO DE AIRES MODERNOS JORGE ARIEL MADRAZO La Nación, Buenos Aires, 30 de abril de 2005

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Quién habla a través de la personalísima voz de Carlos Germán Belli, poeta nacido en Lima, en 1927? Para W. Nick Hill, profesor de Fairfield University, el hablante de los poemas de Belli sería todo lo contrario a un "pequeño dios", esa casi divina cualidad creadora que reclamaba a sus pares el chileno Vicente Huidobro. Por el contrario, señala, el personaje de Belli es heredero del Adán expulsado del Paraíso, en lucha constante por sobreponerse a la dominación de los poderes superiores del mundo. Alguien que, al final del recorrido, debe asumir que el ideal de la vida moderna, el "Hada Cibernética", tampoco sería una solución... ¡Oh Hada Cibernética! (1961) se tituló precisamente un poemario emblemático de este gran autor latinoamericano, recogido parcialmente en esta antología que él mismo compiló. La completan poemas de otros trece libros, entre ellos, Poemas (1958), Dentro & fuera (1960), El pie sobre el cuello (1964), El buen mudar (1987), En el restante tiempo terrenal (1988), Acción de gracias (1992), En las hospitalarias estrofas (2001) y La miscelánea íntima (2003). A ellos deben sumarse tres poemas inéditos, escritos en 2004. Laten en Belli reminiscencias gongorinas, formas estróficas y giros del barroco, junto a arcaísmos hispanizantes e imágenes y obsesiones muy contemporáneas. Un prodigio verbal e imaginativo cruzado por los signos de nuestra época y por un humor con rasgos paródicos asimilado del surrealismo y el dadaísmo. Las recreaciones de lo mejor de la herencia clásica, como el español Medrano —poeta del siglo XVI—, Góngora, Petrarca y Paul Claudel, se unen a Breton, Darío u Oliverio Girondo. De la pluma de Belli fluyen baladas de aire medieval, canciones en estilo petrarquista, sextinas, villanelas... El poeta explicó en cierta ocasión: "Todo nace sobre una base muy visceral; no escribo desde un programa ni porque me gusten el manierismo o el neobarroco: eso me viene muy de adentro". También se confiesa deudor de autores argentinos tan disímiles como Enrique Molina y Ricardo Molinari. Porque, dice, "debemos saborear todos los platos". La unión entre sonido y sentido adquiere en este poeta un nivel erótico-místico y una riqueza sintáctica que, en palabras del crítico José Miguel Oviedo, acaso "constituya el caso más desconcertante en la poesía peruana después de Vallejo". Están muy presentes el paisaje natal y el mundo familiar, como ese abuelo piamontés vitivinicultor o el padre farmacéutico, que lo hace evocar: "Yo nací en los altos de una botica..." El combate contra la disolución orgánica, las culpas por la humana imperfección, las angustias sociales y metafísicas, la identidad personal y las infinitas carencias de vivir en esta América convulsa son temas que 116


dotan a cada poema de Belli de un aura tan clásica como actual. La muerte irumpe, irrespetuosa: "La bocaza de lobo de la parca,/ de par en par abierta a cada rato,/ que hasta se engulle con voracidad/ como un huevo escalfado justamente/ todo el globo terráqueo apetitoso..." Premio Nacional 1962 y Premio Eguren 2004, dos veces becado por la Fundación Guggenheim, Belli prologa con belleza su propia antología y la cierra con una confesada sed: "La sed de saber cómo alienta/ las ansias de vivir acá/ contra viento y marea firme...". Ansia de vivir y de escribir con y por la vida, sin desconocer la muerte, como lo dice en "Boda de la pluma y la letra": "En el gabinete del gran más allá,/ apenas llegado trazar de inmediato/ la elegante áurea letra codiciada...".

testimonios POEMA N uestro amor no está en nuestros respectivos y castos genitales, nuestro amor tampoco en nuestra boca, ni en las manos: todo nuestro amor guárdase con pálpito bajo la sangre pura de los ojos. Mi amor, tu amor esperan que la muerte se robe los huesos, el diente y la uña, esperan que en el valle solamente tus ojos y mis ojos queden juntos, mirándose ya fuera de sus órbitas, más bien como dos astros, como uno.

SEGREGACIÓN NÚM. 1 (a modo de un pintor primitivo culto) Y o, mamá, mis dos hermanos y muchos peruanitos abrimos un hueco hondo, hondo, donde nos guarecemos, porque arriba todo tiene dueño, todo está cerrado con llave, sellado firmemente, porque arriba todo tiene reserva: la sombra del árbol, las flores, los frutos, el techo, las ruedas, el agua, los lápices, y optamos por hundirnos en el fondo de la tierra, más abajo que nunca, lejos, muy lejos de los dueños, entre las patas de os animalitos, porque arriba hay algunos que manejan todo, que escriben, que cantan, que bailan, que hablan hermosamente y nosotros rojos de vergüenza tan sólo deseamos desaparecer 117


en pedacitos.

OH HADA CIBERNÉTICA O h Hada cibernética confiaba cuándo harás que los huesos de mis manos se muevan alegremente para escribir al fin lo que yo desee a la hora que me venga en gana y los encajes de mis órganos secretos tengan facciones sosegadas en las últimas horas del día mientras la sangre circule como un bálsamo a lo largo de mi cuerpo

AMANUENSE Y a descuajaringándome, ya hipando hasta las cachas de cansado ya, inmensos montes todo el día alzando de acá para acullá de bofes voy, fuera cien mil palmos con mi lengua, cayéndome a pedazos tal mis padres, aunque en verdad yo por mi seso raso, y aun por lonjas y levas y mandones, que a la zaga me van dejando estable, ya a más hasta el gollete no poder, al pie de mis hijuelas avergonzado, cual un pobre amanuense del Perú.

SEXTINA DE LOS DESIGUALES U n asno soy ahora, y miro a yegua, bocado del caballo y no del asno, y después rozo un pétalo de rosa, con estas ramas cuando mudo en olmo, en tanto que mi lumbre de gran día, el pubis ilumina de la noche. Desde siempre amé a la secreta noche, exactamente igual como a la yegua, una esquiva por ser yo siempre día, y la otra por mirarme no más asno, que ni cuando me cambio en ufano olmo, conquistar puedo a la exquisita rosa. Cuánto he soñado por ceñir a rosa, o adentrarme en el alma de la noche, mas solitario como día u olmo he quedado y aun ante rauda yegua, inalcanzable en mis momentos de asno, tan desvalido como el propio día. Si noche huye mi ardiente luz de día, 118


Y por pobre olmo olvídame la rosa, ¿cómo me las veré luciendo en asno? Que sea como fuere, ajena noche, no huyáis del día; ni del asno, ¡oh yegua!; ni vos, flor, del eterno inmóvil olmo. Mas sé bien que la rosa nunca a olmo pertenecerá ni la noche al día, ni un híbrido de mí querrá la yegua; y sólo alcanzo espinas de la rosa, en tanto que la impenetrable noche, me esquiva por ser día y olmo y asno. Aunque mil atributos tengo de asno, en mi destino pienso siendo olmo, ante la orilla misma de la noche; pues si fugaz mi paso cuando día, o inmóvil punto al lado de la rosa, que vivo y muero por la fina yegua. ¡Ay! Ni olmo a la medida de la rosa, y aun menos asno de la esquiva yegua, mas yo día ando siempre tras la noche. ¡Oh Hada Cibernética! Caracas, Monte Ávila, 1971.

NI DE CIEN MIL HUMANOS N i de cien mil humanos yo quisiera el recuerdo cordial cuán codiciado, ni tampoco del risco, fiera o planta, mañana cuando ausente para siempre del esquivo planeta al fin me vea, sino tan sólo el breve pensamiento de una hermosa señora me bastara, que en tal instante crea extrañamente que si náufragos fuéramos yo y ella en una isla remota y solitaria, juntamente con su primer amado, a él sus desdenes brindaría fieros, aunque en las mientes todo sólo fuere de la desconocida dama ajena, y yo polvo en el suelo e invisible debajo de las letras de estos versos. De El libro de los nones (1969). Boda de la pluma y la letra. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 11985.

EPITALAMIO E sta que surge itálica letra, con su cuerpo fragante como rosa, volando expresamente desde el cielo a imprimirse en los linos de la cama, 119


y también en el aire, fuego y agua, como si fueran cámaras nupciales, y así a la vez naciendo en cardinales puntos reluciente, de un suave trazo raudo los anhelos secretos revelando, que atesorados son en vela o sueño cuán celosamente para la boda con la pluma célibe. Que la florida y celestial señora, nunca jamás esquiva a esta pluma, y en cambio como vid ciñendo a olmo, de arriba abajo entrelazando ambos, hasta ser una cosa solamente, que no vid ni olmo, mas pastor y ninfa, por cuyos dos espíritus la escritura se cuaja entre los linos, o sensitiva va como ligeros céfiros girando, u ondas de pez o nave, y todo el universo es un gran lecho, donde se escribe y el amor se hace. Cuánto ayer codiciada cada día, que entre las nubes repentinamente ya alguna vez siquiera apareciendo, y en la corteza deste bajo mundo estampada del todo dondequiera, como señal que pluma no de cisne, feliz discurrir puede en delicados trazos y ardorosos acá en los linos blancos y en los diáfanos cielos por igual, que allí la voz escrita a lo largo del horizonte sumo, en alma y cuerpo para el goce eterno. Y monte sí de Venus finalmente, de nubes allá arriba coronado, cuyas estribaciones las circunda la punta de la pluma solitaria por dentro y fuera con voracidad, bajo el gobierno de la casta calma, que a tan silente O en armoniosa ninfa la convierte, de cuyos ambos senos en vez de leche dulces mientes manan, más allá de la vida, donde bajo el sol de la eterna noche, 4en cuerpo no de carne, mas de letras. En alabanza del bolo alimenticio. México, Premia, 1979 (Libros del bicho, 2).

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VILLANELA Y apenas te conozco y ya te extraño, en ti fijando todo el pensamiento, que tras tus huellas la corteza araño. Más que un milenio fueron estos años, en tu espera mirando el firmamento, y apenas te conozco y ya te extraño. Pero aguardarte no fue un desengaño, y no importa si acá aún no te siento, que tras tus huellas la corteza araño del orbe ahora impenetrable al daño, por ti mudado en venturoso asiento, y apenas te conozco y ya te extraño. Bien me ha valido ansiarte tanto antaño, no más palpando como un ciego el viento, que tras tus huellas la corteza araño. Poseo al fin del monte el gran tamaño, y del seso el divino entendimiento, y apenas te conozco y ya te extraño, que tras tus huellas la corteza araño. 26 de noviembre de 1981 Bajo el sol de la medianoche rojo. México, Premia, 1990 (Libros del bicho, 62).

NO DESPILFARRARLO Y en adelante como nunca ayer ser absoluto dueño del gran tiempo, que es exclusivamente para usarlo en cosas entrañables por entero, y con tal razón no despilfarrarlo ni un instante de la futura vida. que aunque fuera infinito y espacioso en el seno del mundo terrenal, no hay que dejarlo torpemente caer en la boca de lobo de la nada, que sólo con el paso de los años los ojos del espíritu descubren desde acá el más allá desconocido, porque en alas del rápido minuto se puede ir muy imperceptiblemente a los reinos del cielo o del infierno.

LO INACCESIBLE N i ardoroso amor ni preclara ciencia, aunque a porfía busque por doquiera, 121


y en ningún lado alcance nunca nada, que tales cosas son inaccesibles y vuelan por el firmamento arriba o se hunden en el suelo muy adentro, que según cada día son como bellas nubes fugitivas o impenetrables minas del planeta, por más que escale el cielo o baje a las entrañas terrenales, que como ayer, hoy y mañana siempre ni pizca agarro de lo uno o lo otro. En el restante tiempo terrenal. 3ª ed. Lima, CONCYTEC, 1990.

zonas LOS POETAS JÓVENES DE AMÉRICA LATINA, ENTRE EL SENTIMIENTO Y LA RAZÓN. PRESENTARÁN LA ANTOLOGÍA EL DECIR Y EL VÉRTIGO MONICA MATEOS-VEGA La Jornada, 9 de mayo de 2005

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os poetas nacidos entre 1965 y 1979 poseen una voz lírica fuerte, "que tiene bien entendido su papel reflexivo, el cual no se escapa de las cosas inmediatas. Es decir, no se trata de una generación desbocada por el sentimiento ni encuadrada en la razón, sino que juega con ambas cosas. Tiene una suerte de intelecto visceral, un oficio muy mental pero siempre cargado de sangre, de vísceras y de mucho humor." A esa conclusión llega Rocío Cerón (DF, 1972), poeta mexicana, luego de realizar la antología El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979), editada por Filodecaballos con el apoyo del Fonca. En el volumen, que se presenta el próximo miércoles en el Palacio de Bellas Artes, participaron también sus colegas Julián Herbert (Acapulco, 1971) y León Plascencia Ñol (Ameca, 1968). Durante dos años los tres poetas se dieron a la tarea de buscar y rastrear entre más de 500 autores latinoamericanos para confeccionar una antología "que le toma la temperatura y el pulso a la poesía hispanoamericana reciente", convencidos de que se trata de un género vivo, potente y con gran tradición. Luego de interminables sesiones de lectura en voz alta, de pedir a varios asesores que les enviaran sus recomendaciones, de desechar algunas de estas preselecciones para "esquivar prestigios locales o amiguismos", quedó una antología de poemas más que de personajes. El decir y el vértigo incluye 54 autores y, "más que responder preguntas, instaura un puente de ida y vuelta para una nueva aproximación a la poesía. Hace años las antologías se realizaban para 'fijar' una 'realidad literaria'. Desde hace décadas, no obstante, les hemos encontrado una utilidad más vivaz: ofrecer una lectura lo suficientemente estimulante para generar otras distintas. Esta, en todo caso, es nuestra apuesta, nuestro riesgo", afirman los antologadores. Cerón explica que los criterios que permearon la selección están basados en la fe absoluta que le tienen a la palabra. Así, el lector se enfrentará en este libro a una aventura poética "muy arriesgada, con discursos escriturales realmente personales, pero con una madurez poética latente". Agrega que si bien esas voces personales marcan profundas diferencias entre cada poeta, existe un "lirismo ironizado" que funge como hilo conductor de esta generación de autores. Mientras los poetas argentinos "hacen uso del lenguaje muy coloquial, que busca registrar las voces y la crudeza de la calle, con un uso del diminutivo un tanto exagerado y un sentido del humor muy irónico, los chilenos utilizan un lenguaje que retorna a sus orígenes locales. "Y en México la poesía es como más estirada, aunque poco a poco se le va quitando lo solemne, pero es un poco más seria; los poetas se atreven menos a jugar con sus temas y referentes. En tanto, en Perú hay 122


una relación de negación con su tradición mas inmediata, que sería la poesía de César Vallejo. En todos los autores hay una tesitura común: lo inmediato, lo nimio", detalla Rocío. De esta manera, el lector se enfrenta a un gran rompecabezas de versos que armará a su gusto. El decir y el vértigo también cuenta con dos posfacios, de Eduardo Milán y Hernán Bravo Varela, que valoran el panorama y ejercen una reflexión crítica. En el prólogo los autores ofrecen detalles acerca de cada uno de los países y autores seleccionados. La presentación del libro será el miércoles 11 de mayo a las 19 horas en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes. Participarán Eduardo Milán, Julio Trujillo, Hernán Bravo Varela, Ernesto Lumbreras, Luis Felipe Fabre y los antologadores. ***** Presentación de la antología Versos del mundo, editado por el periódico El Financiero. 17 de mayo a las 19:00 horas, Casa del Poeta Ramón López Velarde (Álvaro Obregón 73, Col. Roma) Presentadores: Otto-Raúl González, Carmen de la Fuente, Victor Roura y la compiladora: Lina Zerón ***** Próximos números: • • • • • • •

gómez correa, guardia, dalton: afinidades y diatribas Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía religiosa latinoamericana Poesía visual: un panorama reciente Poesía hermética: microantología Miniantología de James Merrill

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elpoemaseminal 75 15 de mayo, 2005

manuel silva acevedo: antología breve

atisbos MANUEL SILVA ACEVEDO: PARARRAYOS DE LO CELESTE VALERIA DE LOS RÍOS Hoy , núm 1052, semana del 22 al 28 de septiembre de 1997 Llego al convencimiento de mi total / nulidad / Reclamo mi derecho a la cruz / único asidero. Señal de ceniza, 1995

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anuel Silva Acevedo (55) es algo así como un iluminado. No le gusta la palabra "converso" porque para él la conversión es un hecho inusual, una especie de efecto especial que el Señor ocupa a veces, como en el caso de san Pablo. Para él la cosa fue más lenta. Empezó a escribir a los 15 años, cuando estudiaba en el Instituto Nacional. En la Academia de Letras se reunía con Antonio Skármeta, Carlos Cerda y Waldo Rojas, entre otros, para escribir y leer poesía. El año 67 publicó su primer libro, Perturbaciones, y el 72 recibió el Premio Luis Oyarzún, de la revista Trilce, de manos de un jurado presidido por Enrique Lihn. Luego vendrían sus libros Lobos y ovejas (1976), Mester de bastardía (1977), Monte de Venus (1979), Terrores diurnos (1982), Palos de ciego (1986), Desandar lo andado (1988) y Canto rodado (1995): —Creo que siempre hubo un sentimiento religioso en mi poesía, pero de una manera no consciente. En Lobos y ovejas hay un lenguaje casi místico, pero luego entro en una etapa muy oscura. En Monte de Venus idolatro a la mujer, la pongo como una diosa. En Palos de ciego empiezo a caer por un túnel y en Desandar lo andado me doy cuenta de que me he equivocado de camino y que debo devolverme. Recién en Canto rodado lo religioso se hace más claro. "A veces pienso, aunque otras no, que he ganado en claridad, pero he perdido cierta fuerza primigenia, un sentido más caótico, primordial. Es difícil lograr ambas cosas a la vez. Además no tengo la fuerza, porque ya no soy tan joven". En agosto de este año ganó el Premio Eduardo Anguita, de Editorial Universitaria, que es otorgado cada dos años a autores que no han recibido el Premio Nacional (antes que él lo obtuvieron Jorge Teillier en 1993 y Alberto Rubio en 1995); además, fue favorecido por el Fondart, tiene un libro listo para publicar 124


—que escribió el año pasado, mientras fue becario de la Fundación Andes—, y el Fondo de Cultura Económica publicará pronto su antología bajo el nombre de A viva voz. "Estación terminal / todos los pasajeros descienden del carro / de la derrota, menos uno / La poesía me salva de morir / como un perro." (Señal de ceniza, 1995). Manuel Silva dice que la poesía fue lo que lo salvó de una depresión muy profunda, y fue esta misma depresión la que lo llevó a Dios: —Mis depresiones eran como bajadas a los infiernos: algo horroroso. Sentía ganas de morir y era el demonio mismo quien hablaba: "Mira tu fracaso, mira el absurdo, mira cómo estás, mira tu facha. Tu vida no tiene sentido, Dios no te ama. Eres un pobre diablo, tírate por la ventana". Pero la poesía no tiene para él sólo una cara luminosa. También ha sido la "gran danesa, dálmata o afgana / Me da lo mismo si de aguas / Siempre que perra suficiente / ecuación insoluta atisbo de la fuente (...)" (Arte poética, 1977). —Usted tituló uno de sus libros Mester de bastardía. ¿Por qué se refiere a la poesía como un oficio bastardo? —Bastardo es alguien que por linaje desciende de un noble, pero que se ha mezclado con sangre plebeya y por lo tanto no disfruta del estatus que le correspondería: es despreciado. Creo que ésa es la condición del poeta en la sociedad actual. El poeta gozó de un lugar preponderante en el pasado: fue el vate, incluso aquél que creó la historia de los países. Pero el mundo de la razón, de la voluntad de dominio, del cientificismo y el reduccionismo lo fueron apartando del lugar que ocupaba. —Entonces el poeta es ahora un marginal. —Sí, sobre todo cuando es muy consecuente con su condición de poeta. Cuando digo esto pienso en Jorge Tellier, en el mismo Enrique Lihn, que se declaraba "un poeta a la intemperie". He visto a tantos amigos ganarse la vida de una u otra manera. Los poetas más reconocidos son aquellos que han hecho del intelectualismo su oficio, más que de la poesía. No es que los desprecie, pero creo que desvirtúan el oficio. —¿Cómo ha sido ser poeta en su caso particular ? —Ha sido una experiencia muy difícil, muy dolorosa. Desde que comencé a escribir tomé a la poesía como un instrumento de autoconocimiento, para sondearme, como siguiendo un oráculo. Y conocerse es difícil. Uno ve partes suyas muy poco gratas y oscuras. Si no conocemos esas partes y no las iluminamos con nuestra conciencia, permanecen oscuras, se hacen nuestras enemigas y en cualquier momento pueden hacernos una zancadilla. —¿Y en el sentido más material del asunto? —Bueno, es muy difícil. Creo que quienes mejor lo han hecho son mis amigos que se han dedicado a la docencia. Ellos tuvieron el buen tino de terminar la universidad. Pero eso sí, yo no sé cuánto tiempo les consume eso. Yo trabajé 25 años como creativo en publicidad y durante ese tiempo escribía a contrapelo, con mucha dificultad y mucho dolor. Estaba tenso, neurótico y bebía bastante para relajarme. "El 90 fue mi último año en eso y espero no volver. También se terminaron el alcohol y los cigarrillos. Ahora estoy escribiendo, tengo tres proyectos en marcha y estoy postulando a becas. Además colaboro con la Editorial Universitaria, he hecho ediciones de poetas chilenos (de Cruchaga Santa María y de Max Jara) y a veces hago cosas menores, como corregir pruebas, pero como están relacionadas con los libros —que es algo que yo respeto—, no me duelen tanto". —¿Por qué son importantes los poetas? —Los poetas son importantes no porque escriban bonitos discursos, ni porque anden con chambergos o vestidos estrafalarios. Para vivir, la sociedad necesita del arte y de los poetas, porque si no los tiene, se muere. Creo que la gente está encandilada con la pirotecnia tecnológica, que en verdad no es tan impotente. Hay mucha gente enferma del espíritu, que necesita de las drogas y del alcohol para sentirse viva. Con el trabajo hay más esclavitud que antes: el diagnóstico que Marx hizo de la sociedad capitalista está más vigente que nunca. El Papa dijo una vez que el marxismo era intrínsecamente perverso, y tenía razón, porque ponía la ideología en el lugar de Dios. Pero también es perverso poner al dinero en ese lugar. —Y en este panorama tan apocalíptico, ¿pueden surgir nuevos poetas? —Sí, yo conozco a algunos jóvenes valores que me parecen esperanzadores. Pero hay mucha desorientación y mucho cinismo. A veces se confunde la poesía con la estupidez, con decir cosas sin sentido, absurdas o deliberadamente perversas: satanismo, draculismo y todas esas cosas raras. Comprendo que cada generación tenga el derecho a correr sus propios riesgos, a "desordenar los sentidos" como decía Rimbaud, pero hay una excesiva banalización de los temas de la vida. Esto no favorece una 125


actitud más sensitiva, más perceptiva, como es la que debe mover las antenas del poeta. El poeta es un pararrayos de lo celeste, pero habiendo tanta antena de televisión, cuesta más recibir señales. —¿Puede decirse entonces que el oficio del poeta está relacionado con la profecía? —La pretensión de creerse profeta —coincidiendo con Lihn— me produce escalofríos. Pero se dice que en Lobos y ovejas he tenido visiones en relación a lo que sucedería en Chile después del golpe. Pero creo que ésa es una interpretación demasiado literal del poema. "Antes, el año 69, escribí unos poemas que se llamaban Manu militari, y que eran absolutamente premonitorios del golpe. Uno de ellos se titulaba El Presidente en terno azul os- curo de paisano y decía: "Los comandantes de las Fuerzas Armadas se declaran leales al primer mandatario, y al primer mandatario se le nota muy pálido cortando pensativo la cinta inaugural". Yo no tenía por qué saber que Allende sería elegido Presidente, menos aún que se vestiría de azul. Pero a mí no me parece raro tener visiones: muchas personas las tienen, hasta en sueños. El inconsciente colectivo es uno solo". —¿ La poesía tiene para usted un carácter sagrado? —Sí, la poesía siempre ha estado ligada al verbo y a lo sagrado. Si se ha profanizado es por una necesidad de los poetas de experimentar, transgredir, crear nuevas formas, aún con riesgo de su propia vida. Me parece que la antipoesía era una necesidad para liberarnos de la latosa retórica nerudiana, que al final se volvía pura facilidad de palabra. Pero también creo que la antipoesía ha llegado muy lejos en cuanto a la vejación de la poesía y del lenguaje. —Entonces, ¿su poesía puede ser vista como un intento por recuperar esta sacralidad? —Intento hacer un modesto aporte en el acercamiento a lo divino. Pero si Dios me regalara la elocuencia, preferiría la oralidad a la escritura. Cuando escribo, me trabo entero y termino yendo en una dirección diferente. Cuando hablo, las palabras pasan directo del corazón a la lengua, y además tienes un interlocutor. Si escribes no lo tienes y te pierdes la respuesta, el juego de las miradas, las sonrisas, el vibrar juntos, que es lo más grandioso. —¿Y no ha pensado en dejar de escribir? —Creo que si tuviera una experiencia mística decisiva y Dios me regalara la contemplación, no tendría la necesidad de decir una palabra más. El silencio es lo único que hay en el universo, el silencio de Dios. El resto es horror vacui. El silencio es más grande que todo discurso.

testimonios LAS ÁGUILAS D ormir cubierto de águilas Sentir el peligro en las sienes dormidas como un fuego de alarma Mis ansias desmayadas duermen en el valle Más abajo, donde ruedan los astros en desastre, cae mi mano sorprendida entre objetos inquietantes hasta que este riesgo poderoso palpa mi cabeza, madre de mi locura. Todo hombre duerme a la vera de su estampida, es que este temor trae adormecimiento Entre tanto sueño y escándalo de sueños el águila practica torpemente con las alas abiertas Desde hace mucho tiempo madre desgarro en jirones tu belleza, tu rostro insoportable que olvidé enrolándome como artista de feria 126


y cada lugar era más aterrador y más lejano Las águilas vigilan mi desidia con ellas podría volar casi sin muerte a cuestas y eres tú madre viscosa quien hurga con sus largos dedos en mi corazón cuando las fétidas y silentes me levantan en vilo Tu presencia me asalta y el estallido de mis fuerzas son estas águilas que perturban mi sueño Soñé que mi mano entraba a saco en el secreto y al despertar mi cabeza y mis manos eran rojas y vivas Soñé que hablaba entre los hombres y desperté dando graznidos y cloqueando Soñé que estaba tan lejos de mi cuerpo que no poder acercarme hizo explotar mi corazón Al despertar ocupaba mi lugar entre las otras junto a ti madre cruel y misteriosa Perturbaciones, 1967.

PAREJA HUMANA A l hombre le vuelan la cabeza El hombre en cuatro pies busca su testa La mujer llora por el hombre El hombre llora con su propia cabeza bajo el brazo La mujer y el hombre decapitado se abrazan, se palpan La mujer da de mamar a la cabeza de su compañero El cuerpo del hombre sin cabeza se agita como la cola de un lagarto La multitud vocifera delirante La mujer acuna la cabeza en su regazo La fusta del empresario silba amenazante La mujer y el hombre sin cabeza hacen una venia y la Luz los señala en el centro de la pista. Mester de bastardía, 1977.

PABELLÓN DE INCURABLES C ontágiame de tus besos afiebrados pobre huérfana mía mi desdichada enferma de amor No importa que nos aíslen 127


como infecciosos en nuestro pabellón de incurables Con mi pañuelo seco tu sudor con mi rojo pañuelo de cólera y la lluvia lava la ciudad maligna mientras lloro en tu pecho tibias soldaduras. Monte de Venus, 1979.

SE ESCUPE AL CIELO A rrancado de su coto este animal mutilado de alas, fatal mezquindad de la materia que se salió del plan trazado, sin dilación se precipita como una maquinaria necia, empecinada en autoaniquilarse. Un mar de lágrimas bate la costa escarpada. El rasgo ovino se cae por los ojos. El total de masa toma una velocidad imprevisible. Con exasperación se blasfema, se escupe al cielo. La estampida se desliza como lengua de fuego Sobre fragmentos de la Última Cena. Terrores Diurnos, 1982.

CON SÓLO DEJAR L a vida es una ilusión, lo único cierto es el cuerpo femenino con sus volubles formas planetarias en cuyas órbitas damos vueltas y más vueltas Puede que la tierra no nos trague todavía, pero una mujer puede tragarnos para siempre Señoras hay que parecen jardines ingleses, pero en verdad son selvas enmarañadas Hay que saber mucha geografía para entendérselas con una hija de Eva Tienen las llaves del mundo, pueden abrir y cerrar todas las puertas con sólo dejar los senos a la vista.

SE LEVANTAN L os ríos se desmadran. Los mares mugen como vacas sin ordeñar. Los cielos se vacían como ojos. Los pájaros revolotean sin que se les ocurra ninguna otra cosa. Los gusanos reptan como malos de la cabeza. 128


Las tumbas se abren como llagas. Las cruces se astillan. Los muertos se levantan. Desandar lo andado, 1988.

NON SERVIAM L a dulce tierra que me prometiste se me hizo polvo llampo desolado tundra barrida por el viento helado La viña que me diste para mi delicia la saqueó la raposa la devoró la víbora A tu vid perfumada la exterminó la ruina El agua de Mará no la pude tragar Qué hiel tan repugnante Qué abortivo astringente Qué asqueroso purgante Ciego de cólera la escupí al infierno Me sentí condenado sin remedio Por eso es que bebo en copa de dolor el ajenjo del devastador

MUERTE, DÓNDE ESTÁ TU AGUIJÓN L a muerte es una avispa castrada sin aguijón lanceta ni nada muerde pero no masca pica pero no mata ¿De qué te engríes muerte chaqueta amarilla? ¿De qué te jactas muerte bicharraca asesina? Sin aguijón no llegas ni a la esqina Se cree la muerte de tanto menearse pero ya no tiene de dónde agarrarse. Paso del desierto, 1996. Suma alzada. Santiago de Chile, FCE, 1998 (Poetas chilenos, Tierra firme).

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DANIEL TÉLLEZ: POESÍA EN EL CUADRILÁTERO MYRIAM MOSCONA Confabulario, supl. de El Universal, México, D.F., 14 de mayo de 2005

M. Nunca había conocido a un practicante de lucha libre que fuera poeta. D. Yo tampoco. ¿Cómo entraste a ese mundo? En la secundaria tenía un amigo que me llevó a Cuatro Caminos ya cuando no se toreaba en la plaza y me gustó tanto que volvíamos cada domingo. ¿Nunca habías estado en una arena? De niño, con mi padre, conocí la Arena Coliseo, pero la noción de la lucha libre la tenía más bien a través de la televisión y las revistas. Cuando vi esa cosa monumental, inmediatamente empecé a soñar cómo hacerle para estar allí. Cuatro Caminos fue por excelencia el lugar de los grandes luchadores. Y el gran emperador fue Canek. Yo lo había conocido por estampitas; nunca me imaginé que pudiese ser mi entrenador. ¿Y lo fue? Sí. Desde que vi la lucha por primera vez quise ser uno de ellos. Me fascinaba lo que aprendía como espectador. Las llaves, el “contrallaveo”, la inteligencia en la lona, la tradición de la lucha grecorromana. Canek reinaba ostentoso con su cinturón dorado, ovalado, grandioso. Siempre ganaba. ¿Te atraía también el circo que se hace en el cuadrilátero? En ese momento se peleaba con menos circo, era un juego más técnico. En ese periodo de observación vi luchas mano a mano de media hora o más, cuando la intensidad del asunto permitía estar cuerpo a cuerpo por lapsos mucho más breves. En una de esas, recuerdo haber visto desmayado al gran Enrique Vera contra Canek, que era una figura invencible. ¿Y cómo fue que te metiste a eso? Se acababa de conformar el Sindicato Independiente de Luchadores en la colonia Valle Gómez y abrieron una convocatoria para gente que quería entrenar. Me informé y comencé a ir cada domingo. ¿Ya eras robusto como ahora? Quizá un poco menos. Allí nos explicaban que la lucha implica una rudez extrema y una rudeza natural. Me gustó eso, pero las definiciones se dan cuando pisas el cuadrilátero. Hay quienes se dan el lujo de ser rudos y técnicos a la vez, pero está la formación grecorromana, el juego a ras de lona. ¿Qué fue lo primero que aprendiste? Que si vas a ser luchador tienes que saber que será a largo plazo. Primero tienes que fortalecer las piernas, luego el torso, las muñecas... ¿Con ejercicios?

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Nos recomendaban comer carne tártara. Yo me compraba un kilo de bistec y me lo comía crudo, con limón. Eso te ayuda a hacerte de piernas macizas y es fundamental. ¿Tu papá te apoyaba para que te convirtieses en luchador? Mi papá no vivía con nosotros. Tenía una casa aparte y sólo venía con nosotros de lunes a viernes de 4 a 7 porque él vivía con una mujer peruana que él mismo sacó de un convento capuchino. Como la mujer era mucho mayor, él le decía a mi madre que ella (la ex monja) era su tía, pero luego supimos laverdad. ¿Tu padre fue una figura importante para ti? De niño caminé mucho la ciudad con él. Mi padre primero fue vidriero, pero también perteneció al Servicio Secreto. Usaba gabardina y bigote. Tenía unas charolas de la legión de honor del PARM, de 1949. ¿Conservas recuerdos importantes de él? Hubo un momento en que se hizo priísta. Me acuerdo del acarreo, del “arriba y adelante”. Acabó por ser subdelegado en la Gustavo A. Madero y aunque hizo su vida aparte, me quiso a su modo. Tomaba mucho pulque, desayunaba, comía y merendaba su caña y acabó con una cirrosis brutal. El día de su santo le dio una embolia, perdió la conciencia y después se quedó en estado vegetativo. Yo lo cuidé durante todo ese proceso. ¿Y supo de tu pasión por la lucha y luego por las letras? Cuando murió, hace 14 años, yo dejé el cuadrilátero. Se acabó la lana y había que decidirse. Me vi obligado a hacer una pausa y dejar la lucha, necesitaba ver de qué iba a vivir, no había más opción, pero haberme apartado de la lucha lo vi entonces como una pausa y quiero seguir viéndolo así. ¿Cuándo fue la primera vez que te subiste a un ring formalmente? Mi primer entrenador fue Fishman. Como sabes, todos registran un nombre. Él era un luchador sensacional. En ese grupo éramos doce y a cada quien le tocaba decidir cuándo era el momento de subirse por primera vez a pelear. Yo tardé cuatro años y fue allí, en la arena de Cuatro Caminos. Hay una magia alrededor de todo ello. Por ejemplo, escoger un nombre. Yo me fijaba en los que había: Canek, Mil Máscaras, Tinieblas. Yo quería un nombre original para mí. ¿Y lo encontraste? Ese nombre sigue registrado y con ese nombre peleé dos años y medio. ¿Por qué muchos no revelan su identidad en la lucha libre? Es parte de esa magia. Hay luchadores que tienen un celo exagerado con el secreto como El Santo, Mil Máscaras o El Solitario. Es una cuestión a la que le apuestan todo. ¿Fuiste técnico o rudo? Más rudo que técnico, pero la rudeza se entendía de otro modo. Ahora se ha desvirtuado. Por ejemplo, sacarte de encima una llave con una contrallave ya es algo que se hace poco. Lonotas en cómo han banalizado los nombres. Ya hay quien se ha puesto Taquero 1 y hasta sale con un cuchillo. Hay una diferencia, ¿me entiendes? ¿Conociste gente que te impresionó? Vi grandes combates, a grandes personalidades. Hubo un francés de nombre André que era un monstruo. Medía 2.30 y pesaba por lo menos 180 kilos. Sólo verlo te daba miedo, pero en realidad era un bonachón. ¿En esa época escribías poesía? Escribía desde la secundaria. Ya en el bachillerato tuve una carpeta con unos 180 textos. Claro que mucho de ese material era desechable. Yo no le contaba a nadie que escribía y quizá eso me hizo hacerme un poco huraño. Yo entré a la Normal porque también quería ser maestro y fue allí donde publiqué mis primeros poemas en unas plaquetas acompañadas de pinturas y viñetas. Maestro, luchador, poeta... ¡toda una diversidad! 131


También trabajé durante años en las tres antologías básicas que maneja la SEP para secundarias. Recientemente preparaste un número de la revista Tierra Adentro con el tema de la lucha libre... Y a raíz de ese número, de volver a mirar atrás, he vuelto poco a poco al cuadrilátero, he vuelto a entrenar. ¿Le tienes apego a tu máscara y a tu nombre? Muchísimo, jamás lo he revelado. ¿Nadie sabe cuándo es Daniel Téllez el que pelea en el ring? No, nadie. ¿Y nunca has jugado secretamente en algún poema con el nombre? No, aunque sí tengo varios poemas sobre la lucha libre. ¿Alguna vez has usado una llave en un pleito callejero? Jamás. Está penalizado hacer uso de lo que sabes como luchador. ¿Hay alguna relación entre la lucha libre y el poema? A veces lo he pensado. Te paras en el cuadrilátero igual que frente a la página en blanco. Juegas con los espacios, los desplazamientos, adelante y atrás, hacia los lados, hacia las cuerdas... La verdad es que he hecho más relaciones entre la poesía y el béisbol. ¿También eres fan del béisbol? Sí. Tengo recuerdos maravillosos del viejo parque de Cuauhtémoc y Obrero Mundial. Fui un locoseguidor de los Diablos Rojos. Ahora he ido al Foro Sol, pero no se puede disfrutar. Es un centro de espectáculos, no un parque de beisbol. Yo vivo en Aragón, el norte del norte de la ciudad. Allí está el Parque Los Galeana que tenía 4 o 5 estadios. En el más grande jugaba la Liga Maya, pero lo remodelaron y le dieron en la madre. No me has dicho si volverás o no a la lucha libre. En esas estoy. Quizá suene chabacano decirlo, pero si vuelvo es porque se trata de algo visceral. La lucha libre es otra cosa: es el corazón mismo DONDE EL HÍGADO MACILENTO (fragmento) E sta niña de mis glóbulos rojos no escribe ni sus dedos plantados en las espinas de los facultativos vuelven puntuales la epidermis del cuerpo resonante esa sed perra de su agonía es mi sed este bautizo de la catarsis de su cuerpo es lo que sostengo. Sumerge su amoroso tendedero de huesos en mi almohada sus cabellos sin desnudar respiran en su intacto esplendor crean coágulos en mi espíritu verdugo que la ruboriza torna tenazas sus manos de negro terciopelo su lunar parte por la mitad mi pensamiento. Retrocede ángel de agosto de tu retablo de hormiga virgen cede a la belleza de los ojos el miedo de la estatua trenza el impulso de sangrarte a la mitad del movimiento. El aire oscuro. 2ª ed. México, Conaculta-Gobierno de Jalisco, 2004, p. 17 (Tierra Adentro, 230). [QUE HAN DE CUIDARSE DE LOS PRONOMINALES...] —Q ue han de cuidarse de los pronominales 132


digo la gramática del amor sin sustantivos qué ha de calificar el adjetivo o joder el epíteto harto de las orcas y las muletillas nacaradas el amor tan de moda no aparece, es la bufanda, el diálogo de vuelo en una hora, luego regreso no existe zampalimosnas detrás viven los nexos vaticinio a cuestas bulle la espuela no merecemos tanto cabe la duda. http://mexicovolitivo.com ***** Próximos números: • Atanás Dalchev: mínimo homenaje • Poetas búlgaros contemporáneos • Poesía religiosa latinoamericana • Poesía visual: un panorama reciente • Héctor Yánover: un homenaje ____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 76 31 de mayo, 2005

el tema religioso en la poesía latinoamericana (I)

atisbos EN LOS 80 AÑOS DE ERNESTO CARDENAL PEDRO XAVIER SOLÍS Ideay, Pluma en el Blanco, http://www.ideay.net.ni/servicios/pluma/editorial.php?cod=196&tipo=1

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rnesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) es un poeta fuera de serie y un cronista extraordinario. Se dice de su poesía que ayuna retórica, porque es sencilla y controlada, registra inmediatez, dicción espontánea, llaneza “casi periodística”. Pero es a la vez una poesía muy culta, sólo en apariencia sencilla. José Miguel Oviedo escribió que “su sencillez enmascara una secreta dificultad que el poeta absuelve en fórmulas prietas, elípticas, tensas como arcos. Dentro de ellas transitan corrientes misteriosas; pero fuera son comunicativas y hasta informativas”. Su poesía, bajo esa máscara que menciona Oviedo, es interior y subjetiva, llena de experiencia religiosa, humanista y política. Cardenal ha escrito: “El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa, anecdótica, hecha con elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura”. Para Cardenal incluso limpiar inodoros en la Trapa es considerado una práctica de estilo, porque a su juicio la humildad de esos trabajos sirve para perfeccionar el estilo literario, dándole sencillez, claridad y expresión directa. El exteriorismo da el efecto de soslayar lo que en verdad es una poesía exhaustivamente documentada en su contenido, y meticulosamente elaborada en su forma. Poesía de verdad, pura poesía aunque se alegue que no es poesía pura. Los primeros versos de Cardenal, Carmen y otros poemas, aún no se caracterizan por la forma exteriorista: no en vano su autor se había negado a recogerlos en libro (y no vieron la luz sino hasta el año 2000). El maestro orfebre del habla llana es posterior a estos primigenios intentos poéticos. No obstante, destaca en este conjunto el poema “La ciudad deshabitada”. Encuentro allí el poema como un fenómeno animado, vital. El hecho de que se le reconozcan influencias no es ni trivial ni trascendental: toda vez que –parodiando a Campoamor- aquí el robo va acompañado de asesinato. Y en la jurisdicción de la creación literaria, el robo con asesinato es permitido. A partir de ahí Cardenal irá renovando su temperamento estilístico hacia la difícil sencillez, dando un cambio de dirección pero no de camino. Cardenal asimila técnicas de origen norteamericano, tomadas de Ezra Pound, como el collage, el contrapunto, el polisíndeton, la superposición de imágenes. Así en Hora 0 (1959), una poesía básicamente documental, que presume de dar una versión objetiva de la realidad. Los cuatro fragmentos que componen Hora 0 fueron bastante admirados en el ámbito de la poesía latinoamericana, incluyendo a Pablo Neruda. Fue tal su impacto que un grupo de poetas peruanos identificados con el discurso poético del nicaragüense, se autollamó “Hora Zero”, y pretendió desarrollar un nuevo estilo, que, sin embargo, degeneró en una fórmula gastada carente de potencia sugestiva. Considero que el impacto de Hora 0 fue más contextual y político que estético, pues es una obra fragmentaria y literariamente inconsistente. Hora 0, aunque indudablemente pragmática, no logra la pujanza de una obra plena, y una vez desfasada políticamente, me parece vulnerable ante una lectura contemporánea. 134


Antes que Hora 0, Cardenal había escrito poesía política y amorosa en sus Epigramas, que fueron publicados hasta 1961, y que estaban inspirados en la poesía latina clásica. Pero en ellos Cardenal se las ingenia para dar una perdurable descarga eficaz, concisa y sorprendente, tanto en el sentido estético como político. Después de esta tendencia a la poesía política, Cardenal entra en un proceso de conversión espiritual que lo llevará hasta el seminario trapense de “Our Lady of Gethsemany”, Kentucky, en 1957. Fue como el descubrimiento de que el hombre puede ser colmado sólo por algo que va más allá de la política. El libro Gethsemany, Ky. (1960), es la expresión poemática de esos centros permutados, de una realidad notablemente ampliada por la fe, sin merma de la calidad denunciativa. Pero la política es uno de los códigos más importantes en la obra de Cardenal. Y es un estrato que reaparece en sus Salmos (1964), inmersos en la larga tradición bíblica de denuncia. Los Salmos han sido considerados un hito en la obra poética de Cardenal. Un apunte suyo en la Trapa nos ayuda a explicar el proceso de gestación de esta obra: “Encuentro que la mejor manera de rezar los salmos en el oficio es teniendo presente a todos los necesitados, los que están presos, o en trabajos forzados, o en campos de concentración, o están siendo juzgados en consejos de guerra, los desplazados, los perseguidos políticos, los exiliados, los huérfanos de guerra, los torturados, los pobres de todas partes, Nicaragua. Estos salmos que se vienen rezando desde hace 3,000 años, y son la oración oficial de la Iglesia, están siempre hablando del pobre, del perseguido y del oprimido; y de los tiranos, ‘los que comen a mi pueblo como si fuera pan’. Todos estos salmos tienen múltiples sentidos: la situación personal del salmista perseguido; la situación de Israel simbolizada en el salmista; Cristo que también está presente en cada salmo; la Iglesia perseguida y oprimida como Cristo; y cada individuo que sufre y cada pobre, incluyendo al monje que recita salmos. Así para tener mi atención puesta en esos salmos, necesito tenerla puesta también en lo que está pasando en el mundo. Lo que me cuentan en las cartas y después no se me aparta de la mente, no es para mí una distracción de los salmos, sino una mayor atención a ellos. ¡Si yo pudiera escribir un libro traduciendo los salmos de esa manera!”. No mucho después, en un monasterio benedictino de Cuernavaca (México), empieza a trabajar en una nueva traducción de los salmos, hecha directamente del hebreo. Tres monjes habían sido asignados a esa tarea: uno de ellos sabía hebreo y daba el sentido exacto con la ayuda de suficientes libros de referencia; otro lo ponía en español; y Cardenal principalmente estaba a cargo del ritmo, la musicalidad y el tono poético. Con base en esos antecedentes, Cardenal realiza una posterior “actualización” de los salmos, la que apareció en libro en 1964. Su intención era audaz y la obra obtuvo un gran éxito de ventas: los Salmos deErnesto Cardenal se convirtieron en un auténtico best-seller. Son poemas bien logrados, con una temática bien siglo XX y un tono cardenaliano entreverado con los tres grandes géneros del salterio: himnos, súplicas y acciones de gracia. Pero, objetivamente, los Salmos de Cardenal no resisten una lectura comparada con el tesoro de la lírica religiosa de Israel, que resume varios siglos de actividad poética, de riqueza religiosa y de sabiduría humanista. El salterio expresa la actitud que cada hombre debe adoptar ante Dios, independientemente de las circunstancias de la época y de la experiencia personal de sus autores. En cambio, la versión adaptada por Cardenal desuniversaliza los salmos bíblicos. (Un antecedente similar es el caso de Rudolf Alexander Schröder, quien se propuso hacer versiones poéticas del salterio para en cierto modo liberarlo del convencionalismo del alemán de Lutero, pero sin alcanzar ni de lejos la propiedad y la plasticidad de la traducción de Lutero, ya no digamos del original hebreo). Otra cosa serán sus estupendos libros Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965) donde ataca la sociedad de consumo, ese dinamismo alocado con el que el mundo trata de disimular su nadería; y El Estrecho Dudoso (1966), donde Cardenal eleva, como un magistral cronista, la historia a la categoría de poesía. En ambos casos, cada uno en su manera, el autor denuncia un mundo que ha perdido su propia fuerza de gravedad. Su siguiente libro será Homenaje a los indios americanos (1969), donde Cardenal revive la concepción neoclásica del indio paradisíaco (del “buen salvaje”), y, como anota Cuadra: se tiende el primer puente hacia el “otro” Cardenal, que abandona el tiempo lineal del cristianismo por el tiempo cíclico de una utopía que inventa en el pasado para proyectarla como posible en el futuro.

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Evidentemente, como ha señalado Napoleón Chow, como evocación encantadora esta obra logra su meta. Pero como interpretación sociológica la premisa del comunismo primitivo no resiste un examen detallado. Coplas a la muerte de Merton (1970), manifiesta el respeto y especial aprecio de Cardenal por el poeta trapense norteamericano Thomas Merton, electrocutado por un abanico en diciembre de 1968, en Bangkok. No es que el tema sea nuevo: el ubi sunt (¿dónde están?) es común en la poesía medieval latina. Y ha sido usado siempre; antes y después de Jorge Manrique. Pero es un tema que siempre llega hondo al ser humano: la muerte de un ser querido. Cardenal expresa estas emociones universales como quien contempla su enfrente eterno, viendo casi con desdén la vida terrena, exponiendo la falibilidad humana, mofándose de los valores de la sociedad de consumo, pero con fe en la vida después de la muerte. Porque el verdadero descubrimiento revolucionario dice así: hay que morir para poder vivir. Este es tal vez el último gran poema de Cardenal. Hasta aquí la política había sido material poético. Pero entraría a un nuevo ámbito en el que la poesía se convertiría en material político. En Canto Nacional (1972) y Oráculo sobre Managua (1973), y luego en Tocar el cielo (1981), Cardenal expresa una reconversión, esta vez ideológica, y una voluntad de redireccionar el hombre religioso hacia el zoon politikon (Aristóteles). El verso se subordina al mensaje, y Cristo es algo así como el Juan Bautista de Marx. Y como escribe Napoleón Chow, la identificación de Cardenal como portavoz poético de Dios, le da la inevitable dosis de arrogancia de quien tuviera el privilegio exclusivo del imprimátur de Dios. En estas obras, Cardenal le imprime a su poesía “valor de uso” y la convierte en instrumento de persuasión política. Una estética utilitaria hecha con los ingredientes de la propaganda. De ahí que, como poesía, a mi juicio, se quede corta de llegar a serlo. La expresión de estas obras es ya, pues, pseudopoemática, y manifiesta un nuevo dogma de fe: la revolución. La oposición entre la poesía como una actitud subjetiva y una actividad de servicio, se plantea –en sus términos modernos- en el siglo XIX, tras el romanticismo (que reivindicó el yo) y la revolución francesa (que subordina la cultura a la política). Este tema –belleza versus utilidad- bajo su aparente sencillez, es uno de los más arduos y debatidos en la historia universal, pero tuvo una etapa de encabritamiento durante existió la Unión Soviética y, particularmente en Latinoamérica, tras la revolución cubana (1959). Desde el punto de vista de la poesía utilitaria, la esencia de las cosas no está en el nombre de las cosas, sino en la conciencia de las cosas. Pero en la concepción autonomista, en cambio, la realidad nace del nombre, el ser de la cosa es el nombre. En el primer caso, el poema es un organismo de propuesta en el que se apela más al orden ético que al literario (Saint-Simon afirma que “la eficacia popular es el verdadero criterio de las bellas artes”). Y en el segundo caso, la significación está subordinada a la forma, aunque no por ello sea necesariamente tangencial a la historia. Pablo Antonio Cuadra plantea una posición que contrapuntea con la de Cardenal: “El poeta puede y debe comprometerse (y yo pienso que al luchar por la libertad de expresión ya está dando el primer paso en la lucha por la justicia); pero la poesía no acepta otro compromiso que la misma poesía. (...) En otras palabras: el poeta puede hacer poesía política, poesía religiosa, pero nunca política con la poesía, o predicar con la poesía, o hacer propaganda con la poesía. Grandes poetas han caído sobre su propia sombra cuando han querido sentarse sobre el poema como en una cátedra”. La última obra poética de Cardenal es Cántico Cósmico (1989). En este libro, a pesar de que ya se ha iniciado la historia después del Muro de Berlín, Cardenal reincide en algunos temas: comunismo, revolución... (“dogmas y bombas”, como dice un verso de Jorge Guillén). Y si bien estas cantigas (escritas como un intento de hacer el poema metafísico total) denotan erudición científica y en ocasiones un decir literario; sin embargo, esta “épica astro-física”, arraigada en la teología marxista y su relación idolátrica con la revolución, no logra crear, como pretende, un microcosmos de ámbito universal. Sorprenderse por el misterio de la Creación y la existencia no es suficiente para ser poesía. La parte que conocemos de la realidad es siempre sorprendente, cuánto más aún la parte de la realidad que apenas intuimos y sobre la que apenas suponemos. Pero hay que saber comunicar poéticamente (como el mismo Cardenal lo hizo magistralmente en obras anteriores) cada sensación atónita; no basta con percibirla. Hay que saber traducir el encanto para el canto. Y esta obra no acierta a expresar el asombro con el necesario elemento poético, para hacer que el lector mismo se sienta inserto en el universo y viceversa. Un pensamiento final: cuando Cardenal afirma que Carlos Martínez Rivas es el mejor poeta de su generación 136


(la llamada “Generación del 40), no le hace justicia a su propia obra, que no es inferior, sino diferente (de la misma manera que son diferentes una sonata de Haydn y un cuarteto de Bartok, aunque ambos pertenecen a la cima de lo que ha creado el ser humano). Tanto Cardenal, no obstante sus últimos libros, como Martínez Rivas, son un honor infrangible para la lengua española.

testimonios MARIO DE ANDRADE (Brasil, 1893-1945) POEMA L a catedral de San Pablo ¡Por Dios, que nunca se acaba! —Como mi alma. Una catedral horrible Hecha con piedras bonitas —Como mi alma. La catedral de San Pablo Nació por necesidad —Como mi alma. Sacro y profano edificio Con piedras nuevas y antiguas —Como mi alma. Un día se ha de acabar, después se destruirá —Como mi cuerpo. Y el alma, memoria triste, Ha de volar como arena Sin puerto. …los que esperan, los que pierden el aliciente, enmudecen, los que ignoran, los que ocultan dolor, los que desfallecen, los que continúan, los que aún dudan… ¡Corazón, afirma, afirma y abrásate por las milicias del no! (Versión de Ángel Crespo)

JORGE LUIS BORGES (Argentina, 1899-1986) DEL INFIENRO Y DEL CIELO E l infierno de Dios no necesita el esplendor del fuego. Cuando el Juicio Universal retumbe en las trompetas 137


y la tierra publique sus entrañas y resurjan del polvo las naciones para acatar la Boca inapelable, los ojos no verán los nueve círculos de la montaña inversa; ni la pálida pradera de perennes asfódelos donde la sombra del arquero sigue la sombra de la corza, eternamente; ni la loba de fuego que en el ínfimo piso de los infiernos musulmanes es anterior a Adán y a los castigos; ni violentos metales, ni siquiera la visible tiniebla de Juan Milton. No oprimirá un odiado laberinto de triple hierro y fuego doloroso las atónitas almas de los réprobos. Tampoco el fondo de los años guarda un remoto jardín. Dios no requiere para alegrar los méritos del justo, orbes de luz, concéntricas teorías de tronos, potestades, querubines, ni el espejo ilusorio de la música ni las profundidades de la rosa ni el esplendor aciago de uno solo de Sus tigres, ni la delicadeza de un ocaso amarillo en el desierto ni el antiguo, natal sabor del agua. En Su misericordia no hay jardines ni luz de una esperanza o de un recuerdo. En el cristal de un sueño he vislumbrado el Cielo y el Infierno prometidos: cuando el Juicio retumbe en las trompetas últimas y el planeta milenario sea obliterado y bruscamente cesen ¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides, los colores y líneas del pasado definirán en la tiniebla un rostro durmiente, inmóvil, fiel, inalterable (tal vez el de la amada, quizá el tuyo) y la contemplación de ese inmediato rostro incesante, intacto, incorruptible, será para los réprobos, Infierno; para los elegidos, Paraíso.

MURILO MENDES (Brasil, 1901-1975) SAN JUAN DELA CRUZ V ivir organizando el diamante (intuyendo su faz) y escondiéndolo. Tratarlo con ternura castigada. Ni en el desierto suspenderlo. 138


Pero Vivir consumido de su gracia. Obedecer a ese fuego frío Que se resuelve en punto rarefacto. Vivir: de su silencio aprendiéndose. No temer su pérdida en lo oscuro. * Y, del propio diamante ya olvidado, Morir, de su esqueleto vaciado: Para poder ser todo, es preciso ser nada. (Versión de Ángel Crespo)

EUGENIO FLORIT (Cuba, 1903-1999) MOMENTO DE CIELO Y desde allí miró: su cuerpo descansaba en sueño largo, inútil con su sangre indiferente. Pero desde la altura, hermano de las nubes, asomado a una esquina del cielo, se veía en lo hondo aprisionado al dolor, a la risa, cuando con él ahora estaba el azul-negro y la total ausencia. ¿Dónde aquella mirada? ¿Dónde la lágrima? ¿Dónde el triste pensamiento? Allí sí, abajo revolaban dentro y sobre su cuerpo los dardos con su punta, los agudos cuchillos; los deseos allí, con su pequeño círculo de palabras y suspiros. Pero los sueños, qué altos ahora con él sobre las nubes, asomado a una esquina del cielo. Ahora cerca del sol eterno, cerca de Dios, cerca de nieves puras, en la deslumbradora Presencia transformado. No era mirar la altura que estaba sobre él. Delicia era de saberse más alto que el dolor, puro sobre su cieno, tranquilo ya sobre sus lágrimas, grande sobre su amor de tierra, firme sobre columna de aire y nubes. 139


Estar así, donde se juntan los días y las noches. Donde al pensar se encienden más estrellas. Donde se sueña, y nace Dios. Donde Dios ha nacido en nuestro sueño. Alto, para estar libre. Libre, solo y etéreo. Cómo veía inútil desde su altura el cuerpo. Y qué color de rojos a sus pies, de amarillo y violeta del ocaso, de grises, de jirones áureos; y después, a la ausencia momentánea del sol para su cuerpo en tierra, los azulados tintes y las sombras como unos pensamientos oscuros de la luna. Pero desde él, desde la altura, la sombra de allá abajo parecía un color que se muda entre dos puntos, entre el ya y el aún: el impreciso resbalar de la luz por la penumbra. Sueño del sueño. Su éxtasis de hombre, junto al cielo, a la entrada de Dios, frente a la puerta libre y ancha de su más noble pensamiento.

LUIS CARDOZA Y ARAGÓN (Guatemala, 1904-1994) JACULATORIA AL DIOS IGNOTO D e perdón tejido y fatalidad por el ángel tristísimo del sueño, siento la luz de un día, allá, del otro lado, su precisa pureza, su insatisfecha furia. Heme aquí conteniendo con mis párpados que no quieren cerrarse, ¡oh, Dios Ignoto! ni bajo el peso de tu propio olvido, la infinita invasión de la tierra. Acaso dentro de mi muerte vas volando de la piedra a tal vez, a nunca, al fuego. Y del fuego volando al imposible y del sueño a tu mineral palabra. ¿Quién soy, si no sé qué me dice tu ya casi palpable ausente rostro que me nombra y me olvida y me nombra, como ser maldito, amado, aborrecido? Nada sé. Sólo soy presentimiento. Es necesario. El paraíso existe. Yo quiero nada más recordarme. ¡Nada más! Voces escucho y repito los ecos: Tiembla en mi voz incógnito lamento. Yo quiero nada más acordarme. ¡Nada más! 140


Alguien quiere que yo diga. ¡Que yo diga! Alguien que me habla más allá ¡más allá! donde las cosas viven y los hombres sueñan. Donde tú, Dios Desconocido… Ni luz. Ni sombra. Nada. Sólo tú lo sabes. (Imposible terminar este poema. Como todo poema, nunca acaba.)

CLARA SILVA (Uruguay, 1905-1976) TE PREGUNTO, SEÑOR T e pregunto, Señor, ¿es ésta la hora o debo esperar que tu victoria nazca de mi muerte? No soy como tus santas, tus esposas, Teresa, Clara, Catalina, que el Ángel sostiene en vilo sobre la oscuridad de la tierra, mientras tu aliento tempranamente las madura. No soy siquiera como aquellas que te siguen humildes en el quehacer del pan y la casa, pero amamantando tu esperanza sin saber de tus graves decisiones. Soy como soy yo misma, la de siempre, con esta muerte diaria y la experiencia triste que guardo en los cajones como cartas; con mi pelo, mi lengua, mis raíces, y el escándalo que hago con tu nombre para oírme; y tu amor que revivo en mí cada mañana, masticando tu cuerpo como un perro su hueso. Y nada me ha cambiado, me derriba en el cuerpo de mi sombra cada acto de amor, cólera o llanto, espadas que me cruzan y te cruzan. De todo lo que fue, de lo que espero, el alma se me quema. Y no fulgura.

ÓSCAR CERRUTO (Bolivia, 1912-1981) LOS DIOSES ORIUNDOS 141


1 E n los principios del mundo os veo, oh dioses de los páramos y de las cordilleras, dioses que alimentaron el pavor, las vigilias de mis antepasados, reinando desde la hosca montaña sin auroras, el ceño cruzado de centellas, la mano sobre el trueno. Vuestras miradas encienden las primeras amapolas, corrompen las ofrendas, envejecen la piedra de los templos. La sienten sobre el lomo como un agravio las bestias y atraviesan sus aullidos la infamada floresta. Abajo está cuajado de vuestra eternidad el yermo. El cóndor en sus torres de nubes y glaciares o el insular sarmiento de la puna custodios son de vuestros misterios. (Llama de hielo apenas en el lunar erial, y cegadora llama del ave sideral en la pupila armada.) Todo conviene en alabanza vuestra: el árbol y su altura, los proverbios del fuego, la certidumbre mineral de la roca, los idiomas, el viento, algunos llantos. ¡Todo canta! 2 Y de pronto, ¿qué nubes que no hinchó vuestro aliento plantan su pie a la orilla de vuestro imperio? ¿Por qué resuena forastera la tierra y destila humores el canto del lagarto? ¿Por qué los ríos bajan bramando y el ábrego cercena litorales? ¿Por qué el llano empapado de sudor amanece, la lanza hundida en un costado? ¡Ah venerable oráculo! No la arena, los hombres arremolina el viento, los convoca el delirio de la tierra partida por un grito. En las tinajas se agria la luz del día con el vino del maíz. Y arriba 142


detenida en su quehacer la transparencia. Y los himnos que ascienden como la lluvia. 3 Arañas de sangre, las manos las armas empuñan y su ira. La voz del helado espanto, granizo la alegría. 4 Pero la muerte cae, cae sobre los pueblos como gota de rencores. Oh ved cómo bajan espadas del cielo. Oíd aullar el hacha. Mirad los estandartes de pólvora su follaje extendiendo. Relámpagos del mar acuchillan las costas y las naves en la arena vomitan sus aguas de codicia. Oíd, aún se oye, el infinito galope de los cascos, la devota cruzada de exterminio, la siega de los tallos gentilicios. Y luego sólo escombros, polvo, duelos. Ah cáncer del corazón, copa de sueños, ¿a qué rostro arrojar vuestras rotas blasfemias? 5 ¡Montañas, cordilleras, territorio entrañable, soplad, soplad silencio! Caída raza de réprobos, más abajo caída, mordiendo sangre y hierro. Como vosotros gangrenada por la soledad, dioses de la tierra. Sola en su vilipendio y sus discordias, deshabitada. 6 ¡Qué mudos estáis, dioses! en los tronos ulcerados por la luna, un nimbo de pluma en las cabezas, mientras caen las lágrimas de vuestros ojos oxidados. ¡Qué frío de altas cumbres os ladra, qué diente, qué estalactita 143


se hinca en vuestras carnes de neblina! 7 Y el aire fino y muerto y abrogada la altura de la dicha por el légamo del tiempo.

PABLO ANTONIO CUADRA (Nicaragua, 1912-2002) SALMO DE LA NOCHE OSCURA L a noche es antigua y reservada. Ángeles oscuros la custodian apagando la comunión de las palabras. ¿Dónde encontraré respuesta ¡Oh soledad para el grito del abandonado? Herido voy, Señor, entre tus viñas invisibles. Como un ciego percibo el oscuro murmullo de tus trigales. La noche es el velo de tu Gloria y voy cruzando su cautiverio. ¿Quién es ese ángel que ahora tañe mi sangre con su mano lenta? Yo caminaba por una tierra casi dichosa Tú me habías dicho que valía más que un gran número de pájaros. Y había amado la Tierra y adquirido el nombre de sus cosas. Pero has derribado mi carne sobre la roca ¡Ese potro que huye siente el espanto todavía Y aquellos que me acompañaban me miraron con tristeza y ya partieron! Este es el final de los que han seguido tu camino ¡Ay! ¿por qué se engañan los amantes y aún perduran? Me has arrojado de mi deleite para sumergirme en una sed que nada sacia. Creí poder confiar en la mano que me tendías ¡Y colocaste mi mano donde ha sido para siempre traspasada! Si permanecieras conmigo yo me alimentaría de tu presencia Pero me has abandonado en el lugar de tu suplicio Y sólo quieres que perciba la oscuridad de mi pecado. ¡Difícil es amar según tus condiciones! ¡Dura es la tierra cuando tú colocas esta espada implacable en sus portales! ¡Mira cómo regreso ¡solo entre tanto olvido! de conocer al hombre, Con el costado abierto, manando crepúsculos que enrojecen mi vestidura. En vano recorro los muros de tu silencio como un mendigo invernal! ¡He arrojado mis gritos contra los ángeles nocturnos! ¡Como un ciego he golpeado con los puños la oscuridad de tu santuario! No pido que cese este camino cuya distancia he perdido con mi sangre. ¡Pido una noche menos honda para estos ojos sin apoyo!

zonas LA POETA IDEA VILARIÑO ES NOMBRADA CIUDADANA ILUSTRE DE LA CIUDAD DE MONTEVIDEO www.actualidadliteraria.com Reforma, 25 de mayo de 2005 La escritora es "injustamente desconocida" por buena parte de los uruguayos, lamentó el escritor Eduardo Galeano. Poeta, crítica literaria y compositora, Idea Vilariño fue declarada este martes ciudadana ilustre de Montevideo por el alcalde de la ciudad, Adolfo Pérez Piera. Nacida en 1920, "Idea Vilariño es una de las voces poéticas más importantes no sólo de Uruguay, sino de América Latina", dijo el escritor Mario Benedetti, presente en el acto. 144


"Además, ha sido muy reconocida internacionalmente. Es una poeta que tiene algo de misterio y de soledad, pero también muy expresiva en su cuota de amor (...). Yo la quiero mucho, hemos sido compañeros muchos años en varias empresas", agregó el escritor uruguayo. Por su parte, Eduardo Galeano afirmó que Vilariño "es la gran poeta que ha dado este país". "Probablemente la mejor escritora uruguaya de todos los tiempos, injustamente desconocida por buena parte de los uruguayos", agregó. "Me parece una personalidad de altísimo talento, de una fuerza expresiva imbatible. Una mujer que además, nunca ha hecho la menor concesión a nada, que jamás ha tenido la menor intención de hacerse publicidad. Yo creo que su voz va a seguir resonando por todos los tiempos, más allá de nosotros", añadió el autor de “Las venas abiertas de América Latina”. Biografía Idea Vilariño, poeta, crítica de literatura, compositora de canciones, traductora, educadora: es difícil decir cuál de estas facetas de su trayectoria influyó en más personas. Nacida en Montevideo el 18 de agosto de 1920, antes de haber cumplido los treinta años era ya ampliamente conocida en el Río de la Plata por su talento en muchas de esas disciplinas. Durante la última mitad del siglo XX críticos y profesores de todo el mundo de habla hispana así como traductores de Austria, Brasil, Italia y Estados Unidos difundieron en abundancia su poesía. Es un caso singular. Por su personalidad y convicciones Idea Vilariño rechazó durante largo tiempo toda posibilidad de promocionar su nombre. Los editores la urgían a promover sus libros y ella se rehusaba. Más aun, mantuvo un silencio casi completo respecto a su obra, hasta el punto de negarse con regularidad a entrevistas de cualquier tipo. Sólo en 1997 aceptó contestar las preguntas planteadas por Rosario Peyrou y Pablo Rocca, en las que se basa el video Idea, estrenado en mayo de 1998, y que ahora puede encontrarse en bibliotecas. Si bien Vilariño aceptó diversos premios e invitaciones tanto en su país como en el extranjero, nunca quiso comentar sus poemas ni escribir sobre su obra poética. Pese a esa falta de promoción, la poesía de Idea atrae cada día más lectores. Más allá de los índices públicos que dan testimonio de su fama, en Montevideo puede advertirse por todas partes su inmensa popularidad: los artesanos copian sus versos en señaladores de libros, tapices y tarjetas que venden en mercados y negocios; referencias a sus poesías en grafitos..." Judy Berry-Bravo, Idea Vilariño, Poesía y Crítica. Montevideo, Ediciones de La Banda Oriental, 1999.

YA EN DESNUDEZ TOTAL Y a en desnudez total extraña ausencia de procesos y fórmulas y métodos flor a flor, ser a ser, aún con ciencia y un caer en silencio y sin objeto. La angustia ha devenido apenas un sabor, el dolor ya no cabe, la tristeza no alcanza. Una forma durando sin sentido, un color, un estar por estar y una espera insensata. Ya en desnudez total sabiduría definitiva, única y helada. 145


Luz a luz ser a ser, casi en amiba, forma, sed, duración, luz rechazada. CONCÉDEME ESOS CIELOS... C oncédeme esos cielos, esos mundos dormidos, el peso del silencio, ese arco, ese abandono, enciéndeme las manos, ahóndame la vida con la dádiva dulce que te pido. Dame la luz sombría, apasionada y firme de esos cielos lejanos, la armonía de esos mundos sellados, dame el límite mudo, el detenido contorno de esas lunas de sombra, su contenido canto. Tú, el negado, da todo, tú, el poderoso, pide, tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima de esa miel inmediata y sin sentido. ESTÁS SOLO E stás solo, lo mismo. Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente, yo no soy en tu noche más que un lago, una copa, más que un profundo lago, en que puedes beber aun cerrados los ojos, olvidado. soy para ti como otra oscuridad, otra noche, anticipo de la muerte, lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda, y llega y él se entrega a la noche, a una boca, y el olvido total lo ciega y lo anonada. Sin límites la noche, pura, despierta, sola, solícita al amor, ángel de todo gesto... Estás solo, lo mismo. Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma, concédete a la hora. ***** Próximos números: • • •

Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía visual: un panorama reciente 146


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Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Poesía hermética: microantología Miniantología de James Merrill

____________________________________________ Comité editorial luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 77 15 de junio, 2005

el tema religioso en la poesía latinoamericana (II)

atisbos CONCHA URQUIZA: EL CORAZÓN PRESO ELSA CROSS La Jornada Semanal, núm. 354, 16 de diciembre de 2001 http://www.jornada.unam.mx/2001/dic01/011216/sem-cross.html Elsa Cross se refiere en este ensayo celebratorio a los trabajos que Gabriel Méndez Plancarte y José Vicente Anaya escribieron sobre la vida y la obra de una de las principales poetas de la lengua española, Concha Urquiza. La poesía de Concha Urquiza pasó inadvertida y fue objeto de las catalogaciones bobaliconas y apresuradas de algunos antologadores e historiadores de nuestra literatura. Esto no tuvo demasiada importancia pues, con el paso del tiempo, ha sido revalorada y se sostiene en su pura esencia lírica y en la aventura espiritual de la que da testimonio. Comunista hasta 1937 y católica conversa, hizo su “cántico espiritual” y vivió “la noche oscura” que se despeñó sobre sus últimos días en el mundo. Celebro con entusiasmo la aparición de El corazón preso de Concha Urquiza, en la Cuarta Serie de Lecturas Mexicanas de Conaculta. Reimprime la edición publicada en 1990, en la serie anterior, de la obra de esta autora que es una de las más interesantes poetas mexicanas de la primera mitad del siglo XX. A la compilación que hizo Gabriel Méndez Plancarte, publicada por la Universidad Autónoma del Estado de México en 1985, ésta añade nueve poemas dispersos que reunió José Vicente Anaya, a quien se debe también un hermoso ensayo introductorio sobre la vida y la obra de Concha Urquiza. Sabemos que José Vicente prepara una biografía de esta poeta, que va a sumar otro trabajo a los muchos de la valiosa y callada labor literaria que ha realizado y que por largo tiempo ya, "se amerita en la sombra". En su prólogo, que lleva como título "La poeta enamorada de Dios", José Vicente cuenta que Concha Urquiza nació en Morelia, en 1910, realizó una actividad literaria e intelectual intensa desde muy joven, vivió en Nueva York y luego militó en el Partido Comunista durante cuatro años, hasta 1937, en que tuvo una experiencia de revelación interior, sumamente poderosa. Sobre aquella experiencia, ella escribió: "Nunca amé a nadie con tal pasión del entendimiento y la voluntad, ni creo que después de haber sentido esto, pudiese contentarme con el amor de un hombre." A raíz de esto sufrió una transformación que la llevó a emprender un camino espiritual y a ingresar como postulante en un convento de las Hijas del Espíritu Santo. Incapaz de soportar el rigor de la orden —al igual que Sor Juana con las Carmelitas—, Concha Urquiza la abandonó: dio clases en la Universidad de San Luis Potosí y realizó otras labores; pero lo que no pudo dejar nunca fue su búsqueda interior. Su muerte ocurrió en circunstancias ambiguas: siendo muy buena nadadora, murió ahogada, posiblemente a causa de las fuertes resacas que hay en las playas de Ensenada. Murió junto con ella un compañero de excursión. Aunque no se precisa en sus biografías la naturaleza de esa relación y de otras, una con una mujer, lo que es claro, a juzgar por sus últimos poemas, es la crisis espiritual tremenda en que se encontraba en sus últimos meses de vida. Fuera de un círculo de amigos cercanos que rescataron su obra, los trabajos de Urquiza han pasado inadvertidos y sólo hasta fechas recientes comienzan a revalorarse. Algunas posibles razones de ese largo olvido pueden ser la marginalidad en que vivió con respecto de los círculos literarios; otra razón, que fuera católica en tiempos de un claro predominio liberal en las artes y las letras. También pudo ocurrir 148


que, ya entrado el siglo XX, sus poemas se consideraran anacrónicos, tanto por el enfoque de los temas como por sus procedimientos formales; aunque esta no es una razón de peso, pues en México se cultivaron mucho las formas clásicas todavía en la primera mitad del siglo XX. También pudo contribuir el hecho de que fuera mujer, pues en ese momento las mujeres no tenían un acceso tan libre a la cultura como lo hay ahora y había muy poca receptividad hacia su trabajo. Su poesía proviene, formalmente, de una amplia cultura literaria, que sin duda determinó su gusto por el cultivo de las formas clásicas. No había en ella ninguna pretensión de innovación formal, sino un ejercicio literario que sigue de cerca las huellas de la larga y venerada tradición española. Siendo una excelente paisajista, que recoge mucho del esplendor de Manuel José Othón, puebla también sus descripciones con referencias a tópicos bucólicos de gran refinamiento, creando con ello paisajes idealizados y bellos; pero lo más importante de su trabajo está, a mi juicio, en los poemas que revelan un impulso místico que no es fácil encontrar en ninguna tradición poética. Puede haber abundante poesía religiosa, pero la poesía mística es otra cuestión: lo que la distingue es justamente ese enamoramiento de Dios. Urquiza escribió sobre todo sonetos, tercetos, liras y romances. Sus sonetos son necesariamente lo más concentrado e intenso de su producción, y llevan mucha ventaja con respecto de las otras formas, en las que se advierte, a causa tal vez de una facilidad excesiva para la escritura, una reiteración prolija de elementos muy referenciales. Están llenos de zampoñas, dardos, ínsulas y ciervos, y a veces, en un gesto de virtuosismo, llegan incluso a la recreación arcaizante, como en "Al yoglar de Nuestra Señora". En descargo de lo anterior, puede aducirse que Concha Urquiza no escribía con intención de publicar libros, y se dice que muchos de sus poemas, escritos casi al azar en cualquier papel que regalaba a sus amigos, se salvaron de perderse por el cuidado que ellos tenían, y ahora forman parte importante de su obra. La impresión que dejan es que su escritura respondía a una necesidad interior y a un deleite de recrearse ella misma en esos motivos poéticos que le eran especialmente caros. Su factura es muy cuidadosa, como lo es también la de sus elegantes traducciones de la Égloga V de Virgilio –aunque redondea de más algunos versos– y de un fragmento de Dioscórides. Algunos de sus Sonetos bíblicos, sin embargo, se cuentan entre los más perfectos de la poesía mexicana; en especial el titulado "Job", uno de sus poemas más lúcidos e intensos. Tiene como epígrafe un fragmento de la traducción de Fray Luis de León al Libro de Job: Y vino y puso cerco a mi morada/ y abrió por medio della gran carrera. "Él fue quien vino en soledad callada,/ y moviendo sus huestes al acecho/ puso lazo a mis pies, fuego a mi techo/ y cercó a mi ciudad amurallada.// Como lluvia en el monte desatada/ sus saetas bajaron a mi pecho;/ Él mató los amores en mi lecho/ y cubrió de tinieblas mi morada.// Trocó la blanda risa en triste duelo./ Convirtió los deleites en despojos/ ensordeció mi voz, ligó mi vuelo,// hirió la tierra, la ciñó de abrojos,/ y no dejó encendida bajo el cielo/ más que la obscura lumbre de sus ojos." Esta devastadora imagen de Dios es quizá lo que enfrenta alguien que emprende una vía mística extrema que separa de todo lo demás, que destruye las cosas que antes constituían el mundo acostumbrado y seguro, que aísla en la oscuridad de la noche espiritual o en el desierto. Este soneto es el que mejor refleja la desesperanza y el despojo que a mitad del camino sufre quien ha perdido el mundo sin alcanzar todavía a Dios. "Él mató los amores en mi lecho/ y cubrió de tinieblas mi morada", dice, con una imagen que podría resumir la tónica de toda la vida y la poesía de Concha Urquiza, que parece adquirir hacia el final acentos cada más sombríos. Otros de sus poemas, sin embargo, reflejan un ángulo distinto de su experiencia, la otra cara de ese Dios destructor y terrible que es la del Dios amante. Como sabemos, el Cantar de los Cantares, los Salmos y la poesía bucólica grecolatina proporcionaron el modelo para mucha de la poesía mística cristiana posterior. Puede a veces resultar muy forzado querer ver el Cantar sólo como una alegoría del amor entre Dios y su pueblo, o entre Dios y el alma. No obstante, es la interpretación que ha prevalecido, dando validez a la vía poética de místicos como San Juan de la Cruz, cuyo Cántico espiritual, hermosísima glosa del Cantar, ha sido a su vez un paradigma hasta nuestros días. Esos amores divinos son un tema literario muy tentador y las huellas del Cántico espiritual se pueden rastrear hasta Concha Urquiza y otro poeta muy olvidado también, en quien se revela un impulso místico similar: Alfredo Román Placencia. Concha Urquiza dedica expresamente a este tema los diez Sonetos de los Cantares, titulados "La canción de Sulamita", que contienen muchos notables hallazgos, y las "Canciones en el bosque. Variaciones de los Cantares", dentro de sus Églogas, aunque diversos tópicos y elementos líricos de los 149


Cantares son constantes en el resto de su obra. Cito el brillante final de estos Sonetos: "nada deseo, amor, si ya no ha sido// guiño de astros en la noche oscura,/ o el deleitoso canto desceñido/ en que la joven rima se madura." Siguiendo también los Cantares, Concha Urquiza hace este "Retrato del amado", que en momentos lleva a recordar la muy sensual descripción del Bautista que Oscar Wilde pone en labios de su Salomé. Dice Concha: "la mano a torno, en giros luminosos/ prende fuego al jacinto que fulgura/ profusamente en su áurea curvatura;/ y un cerco de zafiros preciosos/ le llaga de destellos azulosos/ el redondo marfil de la cintura.// Cual columna de mármol exornado/ su pierna en basa de oro se levanta/ sobre el noble artificio de la planta..." La enorme sensualidad de estos poemas roza muy de cerca los confines de la poesía erótica; de hecho son poemas eróticos, aunque hayan surgido de un impulso místico. Y dentro de esta ambigüedad, cabe la pregunta: ¿por qué habiendo Concha Urquiza visto —en la forma que sea— a Dios, no resiste la atracción de la criaturas efímeras? Dice en uno de sus opulentos "Cinco sonetos en torno a un tema erótico": "a exilio perpetuo me provoca/ la chispa de tus ojos turbadores,/ la roja encrespadura de tu boca". Esos sonetos, que hablan de "El alma, en redes lánguidas cautiva", hablan de una sensualidad oscura, esplendorosa y llena al mismo tiempo de una sensación de caída. El tema erótico no aparece mayormente; sólo se muestra la sombra que produce y que invade todo. Dice: "Cuando la sangre el corazón satura/ de sólo tu sabor —término medio/ en loco silogismo de amargura—,// inaccesible al implacable asedio,/ como trozo de plomo el agua obscura/ húndese el alma en silencioso tedio." Esta brutal imagen del alma como un trozo de plomo, toca el otro extremo de la luminosidad de los primeros poemas. Y de tinieblas habla también Concha Urquiza en su último poema, titulado justamente "Nox", es decir, noche en latín. Se perciben en él la oscuridad interior, la duda, la pérdida casi total de referencia. Por desgracia, ella murió muy poco tiempo después de haberlo escrito, y no sabemos si entrevió, en medio de los castrantes sentimientos de la culpa cristiana, que la "noche oscura", como han mostrado tantos místicos de distintas tradiciones, es sólo una fase del proceso espiritual, y que, según las propias premisas del cristianismo, Jesús, lleno de compasión infinita, salva. Cito el segundo soneto de "Nox", que se dirige a Dios: "¿Cómo perdí en estériles acasos,/ aquella imagen cálida y madura/ que me dio de sí misma la natura/ implicada en Tu voz y en Tus abrazos?// Ni siquiera el susurro de Tus pasos,/ ya nada dentro el corazón perdura;/ te has tornado un "Tal vez" en mi negrura/ y vaciado del ser entre mis brazos.// Universo sin puntos cardinales./ Negro viento del Génesis suplanta/ aquel rubio ondear de los trigales.// Y un vértigo de sombra se levanta/ allí donde Tus ángeles raudales."

testimonios CONCHA URQUIZA (México, 1910-1945) LA CITA T e esperaré esta noche, Señor mío, en la siniestra soledad del alma: en la morada antigua donde el amor se lastimó las alas; por cuyos largos corredores gime la ausencia de tu voz y tus palabras. En el fosco recinto, hondamente cavado, donde jamás la antorcha de la risa, jamás la limpia desnudez del llanto, ni la serena atmósfera del verso los ecos agitaron. Allí te esperaré, porque esta noche 150


no tengo otra morada; a lo largo del húmedo camino todas las puertas encontré cerradas, y en la sombra tenaz perdí tu huella —la senda de tu huerto y de tu parra—. ¡Oh Suavísimo, ven! Ven, aunque encuentres apagadas las lámparas nupciales, aunque el voraz silencio el roce niegue de tu planta suave, aunque tu faz se esconda en las tinieblas, aunque tu beso y tu palabra callen, y mis manos tendidas en la sombra no acierten a tocarte. * Te espero en el recinto misterioso donde en dolor mi madre me engendrara: allí no en los festines se coloran las pálidas guirnaldas, ni el vino moja el encendido labio, ni vuelan las palabras, ni las antorchas brillan enrojeciendo al grito de las flautas: allí un hosco silencio… y un hambre oscura que tu paso guarda. Vendrás, Amor… la noche toda está de presagios erizada: un pájaro sin voz gime en el viento un insensible amor abrasa el alma. Sólo tengo aquel tálamo sombrío que se ha de iluminar con tu mirada, pero furtivamente vendrás a él y dormiré en tus brazos bajo la noche al corazón amarga. San Luis, febrero de 1941

VINICIUS DE MORAES (Brasil, 1913-1980) TRES RESPUESTAS FRENTE A DIOS S í, vosotros sois… (debería arrodillarme diciendo vuestros nombres!) Y sin vosotros ¿quién se mataría en el presagio de alguna madrugada? ¡A vuestra mesa iré agostándome para seguir bebiendo vuestro vino! De mi poesía haré música para que no os hieran más sus acentos dolorosos Libres las manos seré Tántalo pero vos veréis el suplicio de la sed sólo en mis ojos Que adormecieron las visiones de las auroras heladas donde el sol de sangre no camina… ¡Y vosotros!… (¡Oh el fervor de decir vuestros nombres angustiados!) ¡Dejad correr vuestra sangre eterna sobre mis lágrimas de oro! Vosotros sois el espíritu, el alma, la inteligencia de las cosas creadas Para vosotros yo no reiré porque reír es atormentar la tragedia interior que ama el silencio. 151


Con vosotros y contra vosotros vagaré por todos los desiertos Y una misma águila se alimentará de nuestras entrañas atormentadas. Y vosotros, serenos ángeles… (¡debería morir diciendo vuestros nombres!) ¡Vosotros, cuyos pequeños senos se iluminaban misteriosamente en mi presencia silenciosa! Vuestro recuerdo es como la vida que no abandona al espíritu en el sueño Vosotros fuisteis para mí el gran encuentro… ¡Y vosotros también, oh árboles del deseo! Vosotros, la maldición de Dios enloquecido Vosotros seréis el demonio en todas las edades.

MANUEL PONCE (México, 1913-1994) TEOFANÍA XIV Retiro Espiritual en el Pedregal de San Ángel

S ufrir, amar, pesar la hora, el día, en Ti, de Ti, por Ti; sin que rehúya mi propia soledad, por ser la tuya, ni tu crucifixión, por ser la mía. Arder en una sola Eucaristía que no por consumirse disminuya: esta fue mi oración y mi aleluya; y un silencio interior amanecía. Yo miraba los negros pedernales florecer, convertidos en vergeles por tus manos de céfiros azules. Y vi salir la luz, como Tú sales, y todo sonreír, como Tú sueles, esta mañana tierna de pirules.

FRANCISCO MATOS PAOLI (Puerto Rico, 1915-2000) DIOS HA MUERTO S í, el hecho flagrante me alucina. Verter el corazón es una vergüenza pálida de muerte, un sustituir la ciencia por el símbolo. Muchos caerán. Y también el que habla a favor del silencio. La muerte es computadora en frenesí. Y la voz distante, un crimen. ¿Y la poesía? Invita el líder que me emplea a la santificación del pan. 152


Dios muere, y aquel sujeto pierde su añoranza de cielo redimido. La horrorosa beldad de la acción me priva de la quietud atada a su misterio. Vi un monje ahorcado en la plaza pública. Vi al redivivo que defiende un mínimo de historia necesaria sucumbir ante el avance del pan agusanado por la ciencia. Soy el primitivo, la máscara deshecha por el hombre. Hasta yo mismo me alimento de prosa, ese anatema del pasado. Me olvido del arcoiris, reniego del rocío, me burlo de la paloma solitaria en el retiro del bosque. Caigo, pues, encendido de blasfemias

CÉSAR FERNÁNDEZ MORENO (Argentina, 1919-1985) ALGÚN DIOS s entado en la orillita de mi cama derramándome alcohol adentro chupando tabaco a través de un tubo que se muerde con los oídos abiertos como vulvas a los amables sonidos heme aquí soberano de mí desgastando mi vida compacta afeitadora vítrea mesa de luz llaves angulosas bien despejados los huecos de los dientes un último rasguido a la bragueta para ver si las cosas andan bien el automóvil espera piafante la rubia mientras tanto en otra casa dispone sus collares para mejor balancearlos ante mis ojos atrévete algún dios a pedirme cuentas de las posibilidades que me diste o te quité como ser espetarte esta oración 153


FINA GARCÍA MARRUZ (Cuba, 1923) ¿DE QUÉ SILENCIO, ERES TÚ SILENCIO? ¿D e qué, silencio, eres tú silencio? ¿De qué voz, qué clamor, que quién responde? Abismo del azul ¿qué hacemos en tu seno? hijos de la palabra como somos. ¿Qué tienes tú que ver, di, con nosotros? ¿Cómo si eres ajeno, así nos tientas? ¿Habría sed de no haber agua cierta? ¿O quién vistióme de piedad los ojos? ¿Puedo poseer, pequeña, don inmenso que faltase a los cielos y a las aguas? Y él ¿podría morir, sobreviviendo menor que él, todo el fulgor del cielo, quedar la tierna luz indiferente al fuego que, irradiando, ha suscitado?

JORGE EDUARDO EIELSON (Perú, 1924) ELEGÍA BLASFEMA PARA LOS QUE VIVEN EN EL BARRIO DE SAN PEDRO Y NO TIENEN QUÉ COMER s eñores míos por favor traten de comprender detrás de esa pared tan blanca no hay nada pero nada lo cual no quiere decir que no haya cielo o no haya infierno sería como confundir el sol con un silbido o con el propio cigarrillo (no haber visto nunca el cielo significa solamente no tener dinero ni para los anteojos) pero que detrás de esa pared tan blanca circule un animal tan fabuloso arrastrando según dicen siempre radiante siempre enjoyado un manto de cristal siempre encendido y que su vivir sea tan brillante que ni la vejez ni la soledad ni la muerte amenacen su plumaje no lo creo ni puedo concebir tampoco que además sea invisible 154


o demasiado parecido al cielo azul al árbol verde al fruto rojo al pan dorado un animal tan milagroso carecería de vientre no tendría tantos hijos negros blancos amarillos que amanecen diariamente con la cara ensangrentada y los brazos amarrados con la lengua acuchillada y el estómago vacío un animal así no tendría el hocico sedoso de los vendedores de gracias y ataúdes y estampas y souvenirs de instantes perfectamente olvidados bajo un cenicero o una postal de san pedro una bestia semejante tendría alas además pero no alas de plumas encendidas qué tontería sino membranas divididas netamente por la naturaleza a izquierda y derecha simétricamente dispuestas para volar un día por sobre la pared tan blanca por sobre el hambre y la guerra o más humildemente por sobre el resfriado y el cáncer no señores míos créanme realmente detrás de esa pared tan blanca no hay nada pero nada una criatura tan perfecta además no podría vivir encerrada toda una eternidad en un lugar tan hediondo no podría vivir alimentándose tan sólo de su propio cuerpo luminoso cómodamente tendido en la gran pompa celeste como si se tratara de una espléndida ramera ya cansada llena de mil hijos de mil padres olvidados bajo un cenicero o una postal de san pedro

ROSARIO CASTELLANOS (México, 1925-1974) MISTERIOS GOZOSOS (Fragmentos) 13 S eñor, agua pequeña, 155


sorbo para tu sed espera. Señor, para el invierno, alegre, chisporroteante hoguera. Señor, mi corazón, la uva que tu pie pisotea. 17 Más hermosa que el mundo tu mirada ¡y el mundo es tan hermoso! Preferible tu amor a los frutos amables de la tierra, a la embriaguez amante de los aires. Tu presencia más grande que los mares. Yo he buscado a los hombres que llevan la justicia a sentarse en los pórticos y vigilan el fiel de la balanza, para cambiar las joyas y las túnicas y los dones preciosos por la menor de todas tus palabras.

zonas MUERE EL POETA LUSO EUGENIO DE ANDRADE El Universal online, 13 de junio de 2005 Lisboa, Portugal (EFE). El poeta portugués Eugenio de Andrade murió esta madrugada en Oporto (norte), a los 82 años, tras una larga enfermedad, informaron este lunes fuentes de la fundación que lleva su nombre. Eugenio de Andrade, pseudónimo de José Fontinhas, publicó al menos 27 volúmenes de su poesía y su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas. Se dio a conocer como escritor en 1942 con su libro de versos Adolescente, y algunos años después alcanzó notoriedad con Las manos y los frutos, de 1948, considerado uno de los libros más importantes de la literatura portuguesa actual. Otras obras suyas son Los amantes sin dinero, Las palabras prohibidas, Mar de septiembre, Rostro precario, en 1984 apareció el volumen 18 de sus obras, titulado Branco no Branco. De Andrade tradujo al portugués obras de numerosos autores, como los españoles Federico García Lorca y Antonio Buero Vallejo, los griegos Safo y Yannis Ritsos, el francés René Char y el argentino Jorge Luis Borges. Eugenio de Andrade está considerado por muchos como la voz más fértil y uno de los poetas lusos más universales de las últimas décadas. Poeta esencialmente lírico, que cantaba a las cosas más sencillas de la vida, recibió en 2001 el Premio Camoes, equivalente al Cervantes para la lengua portuguesa, por una obra considerada "una de las más luminosas" de la lengua portuguesa.

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Asimismo, recibió el Gran Premio de Poesía de Portugal (1989), el premio Vida Literaria (2000), uno de los más importantes del ámbito literario luso y concedido por la Asociación Portuguesa de Editores (APE), y el primer Premio Extremadura (2000), entre otros reconocimientos. El Nóbel de Literatura en 1998, el portugués José Saramago, definió a Andrade como uno de los tres mejores poetas portugueses de todos los tiempos y consideró su obra como una poesía del cuerpo a la que llega mediante una depuración continua. ***** Próximos números: • • • • • •

Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía visual: un panorama reciente Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Poesía hermética: microantología Miniantología de James Merrill

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elpoemaseminal 78 30 de junio, 2005

el tema religioso en la poesía latinoamericana (III)

atisbos EN TORNO A LA POESÍA DE JOSÉ MIGUEL IBÁÑEZ LANGLOIS EDDIE MORALES PIÑA www.upa.cl/publicaciones/2004/En%20torno%20a%20la%20poes%EDa%20de%20Jos%E9%20Miguel%20Ib%E1 %F1ez%20Langlois.pdf

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n el contexto de la lírica chilena contemporánea, el nombre de José Miguel Ibáñez Langlois ciertamente que ocupa un lugar destacado, pues su producción escritural ha sido sostenida desde que en 1954 editara Qué palabras, qué lágrimas hasta uno de sus últimos poemarios de 1998 titulado El rey David. Ibáñez Langlois es sacerdote, poeta y crítico literario bajo el seudónimo de Ignacio Valente. Uno de los principales rasgos de la poesía de este autor es que en ella se da una constante discursiva cual es el fenómeno de la intertextextualidad, esto es, el diálogo que sus textos poéticos establecen con otras formas de discursividad, especialmente con el texto bíblico, tal como aconteció con su obra Libro de la Pasión (1986) en que sigue el relato evangélico, mientras que en Futurologías (1980) aborda la temática apocalíptica que es una constante poética en cierta constelación de poetas chilenos como Oscar Hahn, Miguel Arteche y Jaime Quezada. El punto que ahondaremos seguidamente en el libro sobre el rey David es la relación intertextual que establece el discurso de Ibáñez Langlois con el texto religioso. Por otra parte, el lenguaje poético de Ibáñez Langlois adopta la perspectiva de la lengua coloquial y el devenir discursivo se despliega ante el lector como narración. El verso tiende a la libertad expresiva. En poemarios de largo aliento, la poética del poeta se abre a la presencia de voces y timbres diversos que le dan un tono sinfónico o coral, entre cuyos resortes retóricos están, por ejemplo, las frases clichés, los tópicos y lugares comunes, habituales, por lo demás, en la antipoesía. Otro elemento interesante que se detecta en su poética es, indudablemente, su condición de hombre consagrado, pues el discurso de Ibáñez Langlois denota y connota los principios y dogmas de la Iglesia. Esto que pudiera ser una situación que disminuiría la estética de los poemas, se encuentra tan bien ensamblado que forma parte de la intencionalidad y del sentido tematizado por los hablantes de sus poemarios. También en la poética de este autor de la generación del 60 es posible detectar anacronismos que forman parte de la constitución del poema, especialmente cuando este se materializa como un discurso de índole histórico. Por otra parte, en el poema conviven elementos dispares como, por ejemplo, lo místico y lo profano. En la producción poética de Ibáñez Langlois sobresalen dos poemarios que llevan el mismo título; se trata de los Poemas dogmáticos que tiene como fecha de publicación el año 1971 y 1994, este último con el agregado en número romano II. En ambos textos se visibiliza ante el lector la voz poética de un hablante crítico ante los avatares de la vida contemporánea; hablante que muchas veces adopta un lenguaje iracundo, casi de profeta veterotestamentario para denunciar los males del mundo moderno, como diría Parra a quien —sea dicho de paso— el sacerdote poeta no oculta su admiración. En los poemas dogmáticos, tal como su nombre lo indica, Ibáñez Langlois adopta —al igual que en el resto de sus poemarios, ya que es una constante discursiva de su poética— algunos de los elementos de la poesía parriana como la ironía y la sátira poéticas para iluminar la realidad oscurecida en sus valores por los aspectos negativos de la modernidad. Como lo dijimos recién, los poemas de este poeta guardan estrechas conexiones con el lenguaje de la antipoesía de Nicanor Parra. Como crítico, Ibáñez Langlois ha escrito a propósito de la ironía parriana que “la ironía es la autodefensa del poeta que se sabe demasiado humano, que se sabe terrestre y mortal y vulnerable y solicitado por todos los abismos”. El hablante que enuncia en los poemas dogmáticos es una 158


voz que tiene la capacidad de saberse terrestre y mortal y por eso tiene esa capacidad de autoironizar una situación que en cuanto tal adquiere connotaciones de verdad espiritual. En el poema “Confiar”, el hablante dice: “Jesús en ti confío pero tú/ no confíes en mí que en un abrir/ y cerrar de ojos te he crucificado”. O en “Prédicas”, en que el hablante identificado con el autor ironiza acerca de su propia función de poeta contrastándola con la del predicador: “Mis poemas son nada/ mis mejores poemas son mis prédicas/ que no resienten el menor análisis/ del espíritu santo/ soy un juglar de Dios soy un cuentista/ que estropea la cualidad poética/ de los cuatro Evangelios/ con comentarios de dudoso gusto”. Su libro El rey David es un largo poema de casi setenta estrofas de desigual número de versos de rima libre en que Ibáñez Langlois reescribe poéticamente la historia de esta figura tan importante dentro de la Historia de la Salvación y de la tradición judeo-cristiana, y por la cual el poeta chileno confiesa su rotunda preferencia como el personaje más fascinante del Antiguo Testamento. Creemos que hay varias razones que debe tener José Miguel Ibáñez Langlois para sostener tal preferencia en la figura de David y que son las que tiene todo hombre o mujer de fe, pues son las razones que se dan eclesiológicamente. Así, el cardenal Carlo María Martini, quien fuera arzobispo de Milán, sostiene en uno de sus libros de espiritualidad que David es el primer personaje, después de Jesús, mencionado en el Nuevo Testamento, pareciendo su nombre cincuenta y nueve veces contenido en dichos libros; mientras que en el Antiguo Testamento, el nombre de David, aparece en las narraciones más largas, como el Libro de Samuel, es citado por los profetas mayores como Isaías y se le atribuyen, en el título, setenta y tres salmos. En segundo lugar, y siempre siguiendo al cardenal Martini,el interés por escrutar en tal prodigiosa figura veterotestamentaria radica en que conociendo a David conoceremos mejor a Jesucristo. Dice el arzobispo de Milán: “Jesús es el hijo de David, en quien se realiza la promesa hecha a David, es el Hijo de Dios que se hace hombre pasando a través de su raza y la historia de su pueblo. Por eso es importantísimo profundizar los textos que hablan de David”. En tercer lugar, el conocimiento de David es muy útil para contemplar al rey eterno, Jesús. Según las Escrituras, David es el rey humano designado por el Señor, es el símbolo del rey elegido por Dios, y por eso nos ayuda a vivenciar la realeza de Cristo. El texto del poeta Ibáñez Langlois dialoga intertextualmente con la historia bíblica del rey David. Las actitudes líricas predominantes en el texto son la de la enunciación y la apostrófica, puesto que el poema se va desplegando como un poema de carácter épico, esto es, de índole narrativa con una voz de un hablante situado como un sujeto o voz epopéyica que ya en la primera estrofa anuncia la misión que Yavé le depara a David: “Desde toda la eternidad se complacía Dios creador/ en su Proyecto David Rey padre de Jesucristo/ desde el vientre de su madre era pastor y rey y profeta y músico/ el Espíritu Santo reposaba sobre él desde la cuna...” Inmediatamente, en la segunda de las estrofas el hablante a través de la actitud del lenguaje apostrófico lo señala como el reemplazante del rey Saúl: “Saúl has prevaricado/ considérate ex rey...”, insertando inmediatamente la famosa y conocida historia de David y Goliath. Según el propio Cardenal Martini, el episodio bíblico de en que el joven David derrota al gigante filisteo con una honda “es de los más refinados de la Biblia. Se hace ver la extensión del campo, algo así como en un filme se hace ver primero la visión de conjunto y poco a poco se detalla mejor la escena”. Ibáñez Langlois, fiel al texto que le sirve de fundamento del suyo, asume una similar perspectiva narrativa, puesto que el suceso abarca a lo menos desde la estrofa tres hasta la veinte, y en el transcurso de las cuales se van tematizando poéticamente, mediante los recursos retóricos que hemos descritos más arriba, los núcleos temáticos de la historia como la descripción del gigante, el desafío, la llegada de David al campo y la batalla. El poema, o mejor dicho, la estrofa 13 describe el instante en que David lanza la piedra con su honda con toda precisión matando al filisteo: “David hizo girar la honda con la exactitud de una gran pasión/ con todo su amor a Dios como si mano y honda/ estuvieran poseídas por el vértigo de Yahvé/ la piedra giraba como los astros giran en sus órbitas/ como vuelan las ruedas de los carros del Faraón/ como silban los torbellinos del Negueb al viento/ como se revuelven las partículas subatómicas en torno al núcleo/ como revolotea un enjambre de abejas enloquecidas/ que permanecen siempre dentro de las matemáticas/ justo cuando la piedra estaba en el éxtasis/ de la gravedad y en el éxtasis de Yahvé que la dirigía/ en un instante de astronómica precisión/ el hondero entusiasta liberó la honda/ y hágase Tu voluntad en el tierra como en el cielo amén”. Esta estrofa en cuanto tal tiene sentido completo y son ella fácilmente detectables los rasgos estilísticos de la poética de Ibáñez Langlois, comenzando por el lenguaje directo, casi coloquial con que el hablante nos describe poéticamente el combate entre el joven pastor y el gigante filisteo. Las imágenes retóricas, especialmente las comparaciones, las frases intertextuales con 159


otros textos bíblicos, los anacronismos históricos (aplicando, por ejemplo, la frase del Padre Nuestro a la situación vivida por David), el guiño a Neruda en la expresión “hondero entusiasta” designando con ella a David, nos muestran la real valía estética de la poesía de José Miguel Ibáñez Langlois. Sin embargo, estimamos que hay además una significación que va mucha más allá de la discursividad poética, puesto que es posible desprender de esa lectura una nueva lectura que tiene que ver con la valentía teológica del joven David y que, por lo demás, ya está contenida en el texto base, es decir, en la historia bíblica. David representa ante la prudencia política del rey Saúl, la valentía teológica en el sentido de que él confía plenamente en quien ya ha puesto sus ojos en su persona, pues sabe que el Señor lo puede todo. Con este libro, José Miguel Ibáñez Langlois nos demuestra cabalmente que el lugar que ocupa dentro de la historia de la poesía chilena contemporánea no puede ser por nadie desconocido.

testimonios MIGUEL ARTECHE (Chile, 1926) LUTO

C omo el ojo de Dios estoy oscuro.

Oscuro el papel blanco, y la azucena como la oscuridad que da la pena cuando en la noche brota desde el muro. Detrás del sol, detrás, estoy seguro existe sólo el asco de la arena, la vasta eternidad que saja y llena mi lengua donde al luto me apresuro. ¿Cómo no estar sombrío hasta las sienes, ojo de Dios, relámpago de espía, si estás siempre de parto entre las tumbas? ¡Y cómo no estar lóbrego si vienes sólo bajo tu zarpa de agonía cuando sobre mi pecho te derrumbas!

ERNESTO CARDENAL (Nicaragua, 1926) 2 A.M. 2 A.M. Es la hora del Oficio Nocturno, y la iglesia en penumbra parece que está llena de demonios. Esta es la hora de las tinieblas y de las fiestas. La hora de mis parrandas. Y regresa mi pasado. "Y mi pecado está siempre delante de mí". Y mientras recitamos los salmos, mis recuerdos interfieren el rezo como radios y como roconolas. Vuelven viejas escenas de cine, pesadillas, horas solas en hoteles, bailes, viajes, besos, bares. Y surgen rostros olvidados. Cosas siniestras. Somoza asesinado sale de su mausoleo. (Con Sehón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán.) Las luces del "Copacabana" rielando en el agua negra 160


del malecón, que mana de las cloacas de Managua. Conversaciones absurdas de noches de borrachera que se repiten y se repiten como un disco rayado. Y los gritos de las ruletas, y las roconolas. "Y mi pecado está siempre delante de mí". Es la hora en que brillan las luces de los burdeles y las cantinas. La casa de Caifás está llena de gente. Las luces del palacio de Somoza están prendidas. Es la hora en que se reúnen los Consejos de Guerra y los técnicos en torturas bajan a las prisiones. la hora de los policías secretos y de los espías, cuando los ladrones y los adúlteros rondan las casas y se ocultan los cadáveres. Un bulto cae al agua. Es la hora en que los moribundos entran en agonía. La hora del sudor en el huerto, y de las tentaciones. Afuera los primeros pájaros cantan tristes, llamando al sol. Es la hora de las tinieblas. Y la iglesia está helada, como llena de demonios, mientras seguimos en la noche recitando los salmos.

BLANCA VARELA (Perú, 1926) MÁSCARA DE ALGÚN DIOS F rente a mí ese rostro lunar. Nariz de plata, pájaros en la frente. ¿Pájaros en la frente? Y luego hay rojo y todo lo que la tierra olvida. Humedad con poderes de fuego floreciendo tras las negras pestañas. Un rostro en la pared. Detrás del muro, más allá de toda voluntad, más lejos todavía que mirar y callar: ¿qué? ¿Siempre algo que romper, abolir o temer? ¿Y al otro lado? ¿Al revés? Vuela la mano, nace la línea, vibrante destino, negro destino. Por un instante la melodía es clara, parece eterna la tarde, purísima la sombra del cielo. Vuelvo otra vez. Pregunto. Tal vez ese silencio dice algo, es una inmensa letra que nos nombra y contiene en su aire profundo. Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa sea amor, un gigantesco amor en cuyo centro ardemos. 161


Tal vez el otro lado existe y es también la mirada y todo esto es lo otro y aquello esto y somos una forma que cambia con la luz hasta ser sólo luz, sólo sombra. Cruci-ficción de la nada salen sus brazos su cabeza sus manos abiertas sus palmípedas manos su barba redonda negra sedosa su rostro de fakir hecho a medias un niño un dios olvidadizo lo deja sin corazón sin hígado sin piernas para huir en la estacada lo deja así colgado en el aire en el aire arrasado de la carnicería ni una línea para asirse ni un punto ni una letra ni una cagada de mosca en donde reclinar la cabeza

ENRIQUETA OCHOA (México, 1928) DESASTRE Para Alfonso Garibay Fernández

A sisto a la hora del desastre. ¡Qué sed mortal de Dios se desamarra en mí, flagela, me coge contra las puertas del mundo hasta hacerme saltar la entraña! El jinete radiante, cabalgando en el sueño, se despuebla. Estoy de pie, frente a un mar oscuro que rompe y nos salpica de sal... La nuez del mundo se parte y hasta la punta de las espigas enrojece. Por millones muere el hombre... 162


Archiva esta noticia, Señor, algún día sabrás que hemos venido a rastras, hechos trizas, los pescadores de noticias; colgando de tu oído, enredados de estrellas, llamando a golpes mientras la ola de sangre nos cubre y a bocanadas la bebemos. En medio de la noche cuánto quema tu silencio. La lágrima es la llave de tu puerta y el mundo, como una uva inmensa que ha llorado a raudales, oscila ciega sin atinar la cerradura. Yo nada juego aquí, soy un simple gemido que camina con el alma enarcada; un puñado de voz que se amontona al borde de esa luz profunda y escondida al fondo de tu oído. Sólo el dolor en vilo por todos los que lloran en cualquier parte del mundo errabundo jinete, a tientas, con una sed de ti... 1968

RUBEM ALVES (Brasil, 1933) SILENCIO ...conocimiento del habla mas no del silencio, conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra... T.S. Eliot

U na burbuja sube desde el fondo del mar... Una palabra sube desde las profundidades de nuestro silencio inesperada, impensada, emisaria de un mundo olvidado, perdido: suspiro, nuestro misterio, nuestra verdad, oración. Hay palabras que decimos porque nos acordamos de ellas. Poseídas, guardadas, permanecen allá, a la espera, y vienen, obedientes, como animales domésticos... Pero hay palabras que no decimos: ellas se dicen, a pesar de estar olvidadas. No son nuestras: viven en nosotros, sin permiso, intrusas 163


y no le hacen caso a nuestra voz. Son como el Viento, que sopla por donde quiere y no sabemos ni cómo vino ni hacia dónde va. Sólo escuchamos el soplo. Nos decimos: sólo escuchamos. Así son las palabras de la oración, olvidadas: ellas se dicen. Surge así la sorpresa de que un pájaro salvaje como ése more en nosotros sin que lo sepamos. La palabra que dice nuestra verdad no habita en nuestro saber. Fue expulsada de la morada de los pensamientos. Su apariencia era extraña, daba miedo. Ahora habita en poros, pero en el fondo: lejos de lo que sabemos, allí, donde no pensamos, al abrigo de la luz diurna, en el lugar de los sueños, suspiros sin palabras. Ellas son tímidas. No se mezclan. Hablan una lengua extraña: Babel, que no entendemos, y hablan del aire frío de las montañas y de la oscuridad de los abismos. Pero somos habitantes de las planicies donde todos hablan para no escuchar... Tenemos miedo de las palabras que viven en las burbujas submarinas. Por eso hablamos. Matracas: hierro en la madera; crac/crac/crac/crac/crac, palabras contra la Palabra. Horror al silencio: en él habitan las palabras de que huimos: Suben desde el fondo del mar cuando se saben solas... Enséñanos a orar porque ya no sabemos... Cuando ores no seas como los artistas de palco: hablan palabras que no son suyas, son de otros, decoradas, y sus rostros no son rostros, son máscaras. No quieren escuchar sus propias palabras (porque están huecos, no las tienen...). Sus oídos sólo escuchan los aplausos: son moscas, prisioneros de telas ajenas... 164


Entra en el silencio, lejos de los demás y escucha las palabras que se dirán después de una larga espera... ¿Tendrías el valor de exhibir tu desnudez frente a los extraños? Se reirán de ti... ¿Cómo, entonces, podrías orar delante de ellos? Oración, desnudez total, palabra que sube desde el fondo oscuro y revela... En presencia de Dios... Sólo él tiene ojos lo bastante mansos para contemplar nuestra desnudez y luego decir: "Qué bueno que existes..." Ni siquiera nosotros... Entra en el silencio lejos de las muchas palabras y escucha la única Palabra que subirá desde el fondo del mar. Una Palabra única y más poderosa que muchas: la pureza de corazón es desear una sola cosa... Una Palabra única: aquella que dirías si fuese la última por decir. Basta con escuchar una vez y, entonces, el silencio... Como Venus, brillante, en la inmensidad azul del sol poniente... Antes que tú la escuches, su suspiro ya reverberaba por la eternidad... Mientras ella habitaba en tu olvido, Dios ya la escuchaba y temía... Hace silencio... Escucha...

FERNANDO CAZÓN VERA (Ecuador, 1935) LA ORACIÓN Y dijeron entonces: "Acaso hay que buscar un Dios posible y no un Dios inaudito", un dios cuya palabra se escriba con minúscula, como se escribe padre, cielo, papel, aire, risa, alegría, un dios que camine en medio de nosotros, nos acompañe a la faena diaria y nos mire hacia el alma sin ninguna amenaza; un dios que sepa a pan, que venga de agua, que se suponga siempre solidario; que no provoque sangre ni tormentos, ni miedos, ni matanzas, como terribles advertencias, que no se haga buscar en lo más hondo de los oscuros pensamientos, que no se esconda en un indescifrable verbo, tejido como una gran maraña, adonde pocos hombres se deciden, 165


que no nos pida un diente doloroso, un sudor estafado, un agradecimiento a su impalpable sombra, ni nos imponga humillantes posturas frente a las imágenes llenas de silencio, ni nos reclame una expiación, ni un lamento, ni un mecánico rezo, un dios simple y amable a quien se pueda decir camarada, amigo, compañero, un dios para ser escrito en la tierra, con las manos sucias de los labriegos y los enterradores para ser presentido en el olor sencillo de la corteza húmeda, de las flores que aún no fueron cortadas, que nos proteja en el laberinto de las grandes ciudades, un dios de sangre adentro, un dios sin sacrificios, sin rostros esculpidos, con terrible paciencia, en paredes suntuosas y sagradas, un dios que no envejezca en su infancia a los niños, que no los mate ni los viole, ni los deje con las manos vacías para obligarlos a tomar conciencia del más alto milagro, un dios que no permita que vivamos con miedo, ésa fue la oración de muchos días, La que escondieron en sus pechos para no pecar de incrédulos. La que callaron en los grandes suplicios para no ser ofendidos nuevamente. La que dijeron bajo el frío, en el sol implacable que obscurece la fatigada piel, sobre el mar generoso de peces, junto al sepulcro de los olvidados. Ésa fue la oración que se abrió entre el incienso y el azufre.

ADÉLIA PRADO (Brasil, 1935) EL REINO DEL CIELO D espués de la muerte yo quiero todo lo que su vacuo abrupto dejó en mi alma. Quiero los contornos de esta materia inmóvil del recuerdo, desencantados de este espacio rígido. Como antes, el modo propio de jalar la camisa por la manga y limpiar la nariz. La camisa engrosada de limadura de fierro más el sudor, los dos olores impregnados, la camisa personalísima atrás de la puerta. Yo quiero después, cuando viva de nuevo, la resurrección y la vida escamoteando el tiempo dividido, el tiempo entero. Sin acabar nunca más, la mano sobando la rodilla, la uña en la navaja —la cosa más viril que conocí. Voy a querer el plato y el hambre, un día sin bañarme, la corbata para el domingo en la mañana, la homilía repetida antes de almorzar: "como dice el Evangelio, hijos míos, si tenemos fe, la montaña se cambiará de lugar". Cuando resucite, lo que quiero es la vida repetida sin peligro de muerte, 166


los riesgos todos, la garantía: en la noche estaremos juntos, la camisa en el portal. Descansaremos porque la sirena suena y tenemos que trabajar, comer, casar, pasar dificultades, con el temor de Dios, para ganar el cielo.

JOSÉ MIGUEL IBÁÑEZ LANGLOIS (Chile, 1936) TEOLOGÍA DE LA HISTORIA K arl Marx se encerró una noche a leer las Sagradas Escrituras. Lloró a lágrima viva sobre el libro del Génesis, la creación del mundo, Yavé sobre la zarza ardiendo. Su corazón cantó de júbilo en el arpa del rey David, su corazón otra vez fue vencido y dispersado por tierras de Babilonia. Afuera pasaba el tiempo, los días de Alemania, tempestades, a veces su mujer y sus amigos golpeaban a la puerta hasta cansarse, Engels con un plato de lentejas y noticias de última hora. Por entonces Marx reunía ya su corazón entre los muros de Jerusalén y cuando llegó la Pasión, Muerte y Resurrección de N.S. Jesucristo se apoderó de él una nostalgia tan desconocida, un sueño tan terrible bajo los olivos del huerto sangrante que volvió a encerrarse por cuarenta días con sus noches provisto de tinta y unas cuantas resmas de papel borrador y escribió como al dictado los veinte libros del célebre “Das Kapital” donde cuenta a su manera la historia pasada y futura del pueblo de Dios. A continuación salió de su retiro con una luenga encanecida barba y dedicó sus últimos días sobre la tierra (era ya el invierno) a ver pasar el mundo sin pena ni gloria (era el siglo xix) con una sonrisa irónica interrumpida por accesos de ternura. Después bajó a la tumba polvorienta de sus padres y se reunió con su pueblo innumerable en la paz del Señor.

zonas LA SUPRESIÓN DE LA VANGUARDIA EN LA CULTURA MEXICANA EVODIO ESCALANTE* Nexos, núm. 330, junio de 2005

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ualquier diagnóstico acerca del estado actual de la poesía mexicana requiere, desde mi punto de vista, no sólo de una consideración previa por apresurada que sea acerca de los principales jalones de su historia, sino al mismo tiempo de una visión de conjunto acerca del temple de la cultura mexicana. El rasgo que en esta ocasión quisiera destacar tiene que ver con un arraigado conservadurismo, con una tendencia refractaria que se diría termina por imponerse en nuestra cultura. Nos hemos acostumbrado a menospreciar y a ningunear en un mismo tiro a nuestros mejores artistas de la vanguardia, y no me refiero sólo a la literaria. Casi da vergüenza enterarse que el primer libro acerca de la obra de nuestro primer plástico abstraccionista, Germán Cueto, ha sido publicado en España gracias a los esfuerzos (supongo que heroicos) del investigador Serge Fauchereau, quien organizó además una exposición de su obra en el Museo Reina Sofía de Madrid. Este libro, recién publicado el año pasado, recoge también las obras de teatro de talante dadaísta escritas por Cueto. A Fauchereau le parece sorprendente que el artista mexicano, quien durante su estancia en Europa se codeó con artistas de la talla de Robert Delaunay y Piet 167


Mondrian, haya sido completamente ignorado de regreso en su país, al grado de convertirse en un artista casi inexistente. Otro vanguardista, Alva de la Canal, no ha corrido con mejor fortuna. Aunque Silvestre Revueltas es uno de nuestros íconos mayores en el campo de la música, su vinculación con la vanguardia estridentista, por decir algo, ha sido pasada por alto, al grado de que estoy seguro que incluso para muchos “conocedores” parecerá una novedad, si no es que una extravagancia, señalar que el poema sinfónico “Troka” (grabado apenas en 1996), está inspirado en unos cuentos futuristas para niños que escribiera Germán List Arzubide. Habría que agregar que Cueto, por su parte, utilizó una composición de Revueltas, “Planos”, como base para realizar una de sus audaces pinturas geometristas. Pero no intento con esto realizar una enésima defensa del estridentismo, tan vapuleado por nuestra crítica oficial (¿hay de otra?). Mi propósito es mucho más amplio. Lo que quiero decir es que el destino común de todos o casi todos nuestros artistas de vanguardia ha sido el de ser relegados, censurados y olvidados. Incluso una figura tan reconocida como Salvador Novo, en la medida misma en que es tan reconocida, no escapa desgraciadamente a ese sino. Quemamos incienso en el altar del ensayista, del narrador, del poeta satírico, del periodista, del cronista de la ciudad, del autor de teatro, del precursor de la liberación homosexual, pero se pasa sistemáticamente por alto que él fue el más atrevido y el más radical de los poetas todos de su generación. Sus amigos de Contemporáneos (Villaurrutia, Gorostiza, Owen, Torres Bodet) se antojan conciliadores y hasta conservadores cuando se compara su obra, que todos admiramos, y de la que todos hemos medrado, por cierto, con los relámpagos del versolibrismo con los que Novo trastornó el horizonte de nuestra literatura desde mediados de los años treinta. Nadie está tan cerca entre nosotros de las punzantes lecciones de Joyce y de la escritura automática de los surrealistas, con su extraordinaria e irreverente mezcla multilingüe y sus paronomasias libérrimas, como Never ever (1935) de Novo. Incluso el documentado libro de Carlos Monsiváis, Salvador Novo. Lo marginal en el centro, cierra los ojos —y no por casualidad—- ante esta faceta del autor. Literariamente tendemos a ser convencionales por una razón muy sencilla: aquí no tuvimos dadaísmo, ni vorticismo, ni expresionismo (salvo, en la pintura, el caso admirable de José Clemente Orozco). Aquí hemos aclimatado a la vanguardia como mecanismo de defensa para sobrevivir a ella. Cuando hemos tenido una expresión vanguardista, como en el citado caso de Novo, la sepultamos en el olvido, y hacemos como si no hubiera existido. Incluso el surrealismo que se nos dio, en la notable obra de Paz, fue en gran medida un surrealismo tardío y pasado por agua, que ya había perdido sus aristas más subvertidoras. Sin ánimo de menoscabar la compleja figura de Paz, de quien todos somos deudores, habría que observar que el más audaz de nuestros escritores de la segunda vanguardia, entendiendo por tal la que emerge en la década de los años cincuenta, pese a mantener en muchos sentidos una actitud innovadora y experimental, acusa también una actitud defensiva incluso en los momentos de su más alta adscripción vanguardista. No me dirán que miento si remito a ese extraordinario manifiesto llamado Los signos en rotación. Ahí un Paz que se incorpora las recientes conquistas del estructuralismo, de la semiótica y del “giro lingüístico” en filosofía, un Paz que se da opíparo festín con Mallarmé, con Heidegger, con Blanchot lo mismo que con Philippe Sollers (aunque a este último no lo mencione, sus razones tendrá), se siente obligado a meter repentina reversa: “La destrucción del sentido tuvo sentido en el momento de la rebelión dadaísta y aún podría tenerlo ahora si entrañase un riesgo y no fuera una concesión más al anonimato de la publicidad. En una época en la que el sentido de las palabras se ha desvanecido, estas actividades no son diversas a las de un ejército que ametrallase cadáveres. Hoy la poesía no puede ser destrucción sino búsqueda del sentido.” Pienso que en el campo de lo simbólico, que es el campo eminente de la poesía, ametrallar cadáveres siempre tendrá sentido, y que éste será por fuerza un sentido positivo. Pero me reservo esta discusión. Lo que ahora me interesa es documentar el tremendo muro de contención con el que Paz intenta, así sea a destiempo, atajar los gérmenes insidiosos de las llamadas “vanguardias históricas”. Que el dadaísmo le siga pareciendo peligroso a Paz en los años sesenta (¡el de las rebeliones estudiantiles!) es un dato más que sintomático. Contrasta su actitud con la de escritores como Benjamin que asumen esta vanguardia no como una “bestia negra” a la que habría que evitar sino como el antecedente irrecusable de ciertos efectos que habrán de materializarse con la invención del cine (Véase al respecto, Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica). Mucho me temo que esta actitud de desconfianza ante las conquistas de la vanguardia, que este recelo constitutivo que es otra forma de la negatividad interiorizada, se haya convertido en un lastre histórico que socava desde sus bases mismas la contextura de nuestra crítica y nuestra creación literaria. ¿Valdrá de 168


algo traer a cuento las cuchufletas con las que uno de los venerables críticos de nuestro stablishment cultural saludó en su momento libros de poemas de Borges y de Oliverio Girondo?(1) La inconsistencia, el desvanecimiento, la disolvencia (para decirlo en términos de Jorge Ayala Blanco) de muchos de los textos recientes de nuestra tradición poética, olvidables y obsoletos desde antes de ser publicados, tiene mucho que ver con el desdén con que nos hemos vinculado históricamente con los movimientos de vanguardia. ¿Por qué? Porque a esta ignorancia tendría que atribuirse la incapacidad para conducirse en los textos más allá de un registro realista y convencional de la realidad, más allá de una cansina mímesis a la vez inmediata y sentimental. En un libro reciente, Una temporada de poesía (México, Conaculta, 2004), Alberto Paredes rescata lo que para él son los nueve mejores poetas de su generación. Hasta cierto punto su selección es impecable, no sólo porque incorpora sin titubeos a algunos de los poetas más aceptados por la crítica, como lo serían Jaime Reyes, Elsa Cross, Francisco Hernández, Coral Bracho, David Huerta, José Luis Rivas y Ricardo Yáñez, sino porque agrega de su ronco pecho (y en esto acierta bastante) los nombres de Carlos Isla y de Amelia Vértiz. Imposible pretender que lo ha hecho por “política literaria”. Al igual que Reyes, Carlos Isla y Amelia Vértiz hace tiempo que ya no están entre nosotros. Su inclusión es pues totalmente desinteresada. Al revisar los textos aquí incluidos, empero, me asaltan de inmediato algunas objeciones. Estoy obligado a formularlas, así sea de manera sumaria, para tratar de ser congruente con lo que llevo dicho. ¿De veras es Ricardo Yánez “un poeta de la gaya ciencia en plena (post)modernidad”, como sostiene un poco rimbombantemente mi amigo Paredes? A decir verdad, no creo que la imitación de ciertos modelos trovadorescos dé para tanto, y menos lo creo cuando me topo con líneas tan sinuosas como la que siguen: “Hoy caminé por calles, por distintas calles / de por las que acostumbro caminar. / Y pude mirar gentes, distintas gentes.” Si esto me parece llanamente una prosa, quizás no sintácticamente correcta, ¿qué decir del trozo siguiente que se vuelve comercial involuntario?: “Si me emborracho pienso en ti. / Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto, / a los cigarros alas, al tequila sauza, / ¿en quién voy a pensar?” Después de este éxtasis de la letra sigue una mala parodia de César Vallejo que cito para ilustrar los autodeclarados instintos masoquistas del autor: “Hay un Ricardo Yánez que me pega, que todo el día me pega, / y hay un Ricardo Yánez que te ama. Ése es el bueno.” Sobre todo, lo que me encanta es la sindéresis. De José Luis Rivas, Paredes selecciona su ópera prima y sin duda su mejor libro, Tierra nativa. Todo el interés de este texto, lo dije desde que se dio a conocer, reside en que se trata de una parodia vernácula de La tierra baldía de Eliot. Este arriesgue inicial hacía pensar en grandes cosas que no llegaron nunca. Mejor dicho: que se agotaron en el abismo que son los días, que son los meses, que son los años. Después de esto, Rivas sufrió un ataque de santidad mimética que ha repetido en media docena de libros semiconfesionales. De tal suerte, se dedicó, marinero marinerito, a exaltar bucólicamente los primores del mar veracruzano. Su oído y su sentido del ritmo son por cierto envidiables, pero su fidelidad al asunto produce bostezos. En torno a David Huerta, Paredes se torna particularmente crítico. Es cierto que selecciona un capítulo del que es para mí el más fallido de sus libros: Incurable, pero no lo hace sin oponer algunos reparos que habría que tomar en cuenta. Observa Alberto Paredes: “La sonoridad de las palabras no es buscada ni trabajada. Deísmo y queísmo son frecuentes al grado de poder encontrar en cualquier página versos o versículos aquejados de estas muletillas. Ello porque, con toda evidencia, el patrón sintáctico privilegiado a lo largo del poema (lo cual es excesivo) son las frases con complementos adnominales y adverbiales.” No termina aquí el diagnóstico de Paredes. Igualmente sostiene que Huerta tendría que haber “apretado” varios de los capítulos de su libro, que tendría que haber extraído el exceso de paja y de rebabas sentimentales. “En ellos padecemos el paso del yo entrañable y agónico al yo abrumador, un tanto ocioso y parloteador. Ahí —y sólo ahí— conocemos las debilidades de Incurable.” No sé si este parloteador, anotado por Paredes, es un poco maligno si se consideran las conspicuas lecturas francesas que le sirven a Huerta de apoyo y de inspiración. Lo que yo le objeto a este libro —y en esto, por supuesto, ya no me apoyo en Paredes— es que, más allá de una terminología sofisticada tomada de textos muy difundidos en su momento de Foucault, Deleuze y Derrida, más allá de una sustantivación convertida en tic y en heraldo de una escritura que se concibe a sí misma como autorreferencial, lo que termina imperando paradójicamente en el texto de Huerta es un sentido descriptivo naif de la realidad. Cito como ejemplo (y como demostración) un pasaje del segmento escogido por Paredes, que por supuesto, me veo obligado a cortar para no atosigar a los lectores: 169


La playa entra en el bosque con la naturalidad del amor, en los follajes hierve un gemido que se amplifica en los corredores de altísimas coníferas, la playa se abre como una mano sobre los escondites del bosque, playa y bosque se tocan con un chasquido cavernoso y los humeantes mariscos se ven frente a frente con los castores y se enlazan los chillidos de bosque y playa con un rumor que crece sobre las rocas y los pedruscos y se extiende como un eco irisado sobre los reinos animales y las escaleras de las raíces submarinas y los pasillos de lodo que respiran los fundamentos del bosque y el coral espacioso... [etcétera y etcétera].

Esto es la proliferación carente de vértebras. Huerta incurre en un realismo ñoño y sentimental. Hay, es cierto, un lapso metafísico y hasta casi epifánico: cuando los mariscos se ven cara a cara con los castores. ¿Qué se habrán dicho los animalitos? ¿No estamos en los bordes de lo inefable? Si hacemos caso de su arsenal terminológico, se diría que Huerta quiso escribir con Incurable un poema que estuviera en la vanguardia de la vanguardia, un summum que los historiadores de nuestro país tendrían que considerar como un brote milagroso de la revista Tel Quel. Lamentablemente sus versos forman una masa incoherente en la que no es posible encontrar una vertebración intelectual, una lógica literaria, el menor hilo de una trama argumentativa. Y por eso se cae. Su discurso proliferante se convierte en una interminable y descoyuntada novela por entregas. Esto va a sonar muy pedante y folletinesco, pero lo creo a pie juntillas. Si Huerta hubiera tenido enfrente el Altazor de Huidobro se habría ahorrado y nos habría ahorrado demasiadas obviedades. Pero no soy exclusivista. Le doy a escoger. También pudo tener abierto Un golpe de dados, de Mallarmé, imaginarse por un momento dentro de la Torre Merz (Merzbau) de Kurt Schwitters (¡la tuvimos hace dos años en el Museo de Arte Moderno, y muy pocos se dieron por enterados!) o imaginar cómo sería ese Libro del Lenguaje que los poderes ocultos habrían entregado a María Sabina. Si parodio no hay odio, diría Cabrera Infante. Esto es un tributo agradecido a un extraordinario libro del poeta y ensayista Heriberto Yépez, Todo es otro. A la caza del lenguaje en tiempos light. —Nadie entre nosotros, de aquí a Tijuana, debo decir, ha reivindicado como él la metafísica y la vanguardia como dos alimentos imprescindibles del espíritu que no se excluyen en absoluto, al contrario, se necesitan mutuamente. Por último, hay que agradecerle a Paredes que haya rescatado del olvido la Corona de daturas de Amelia Vértiz, que se reproduce íntegro en su libro. El poema me gusta, tiene momentos extraordinarios de una intensidad trepidante pocas veces vista entre nosotros. Dice Amelia Vértiz: “Monto en el corcel de la sinrazón, / evado los ángeles con pezuñas, / me adentro en un océano donde lo cerca es lo lejos...” Marítima hasta la muerte, ella está ahí, en el vórtice: “Frente al agua que guarda la almendra de la tormenta.” Hay que escuchar esto: “En cada ola se oye un derrumbe de árboles que arden, / el chisporroteo de un pastizal donde las llamas corren con la celeridad de la espuma. // Todo es mar, porque mi pensamiento es una embarcación que el polo magnético imanta / y su límite una orla blanca desvanecida en la costa.” Un verso y ¡basta!, he aquí el acento agónico y a la vez desafiante de su voz, erguida y solitaria hasta el desfallecimiento y el silencio más puro: “Desde ahora amo los riscos contra los que esta quilla habrá de desgarrarse....” Un toque hölderliniano, quizás. Aunque creo que a ratos su textura unitaria languidece, al hacer concesiones a un realismo inmediato que ya parece una condición de nuestra existencia lírica, Corona de daturas es un ejemplo rescatable de lo mucho que falta por recorrer. (1) Hay un equivalente actual en las artes plásticas: la reacción (en el doble sentido de la palabra) de la crítica de arte de nuestro país ante las propuestas de Gabriel Orozco. * Profesor e investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma MetropolitanaIztapalapa. *****

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elpoemaseminal 79 15 de julio, 2005

el tema religioso en la poesía latinoamericana (IV)

atisbos JAVIER SICILIA: EL REFLEJO DEL ESPÍRITU (Entrevista) RICARDO VENEGAS Agulha, revista de cultura, núm. 36, Fortaleza, São Paulo, octubre de 2003 El poeta Javier Sicilia nació en la ciudad de México en 1956 y radica en Cuernavaca, Morelos, desde hace varios años. En esta entrevista nos habla de una poética que, más allá de las estructuras formales en las que se conjugan la sensibilidad y el intelecto, se consagra al espíritu del hombre, que es su eje central. El autor de los libros de poesía Permanencia en los puertos (1982), La presencia desierta (1986), Oro (1990), Trinidad (1992), Vigilias (1994), La presencia desierta. Poesía 1982-2004 (2004), de la novela El reflejo de lo oscuro (1997) y Poesía y espíritu (1998, ensayo) entre otros, revela la necesidad de ejercer una defensa de aquella poesía a la que no hemos regresado. Iniciemos con una pregunta fundamental, ¿qué lugar ocupa en México la poesía religiosa? Creo que es una poesía que sólo hasta recientes fechas se ha empezado a valorar en su verdadera dimensión. México es un país que ha tenido grandes poetas religiosos. Curiosamente, como una ironía del espíritu, nuestro poeta nacional [Ramón López Velarde] es un católico que escribió en muchos momentos una muy alta poesía religiosa, una poesía que nació de su drama interior: la ascesis y el erotismo. Otros grandes poetas religiosos son Carlos Pellicer, el Gorostiza de Muerte sin fin y Gilberto Owen. Lamentablemente, nuestra crítica no ha analizado con profundidad estos aspectos, contentándose con ver sólo el lado sagrado que hay en toda poesía. El problema se ha complicado cuando los poetas manifiestan una expresión relacionada abiertamente con el catolicismo. Estos poetas han sido marginados y sólo, como te he dicho, hasta recientes fechas, han comenzado a ser valorados. El caso más claro es el de Concha Urquiza que los Méndez Plancarte rescataron, pero que después pasó al olvido hasta que Ricardo Garibay, por un lado, y el poeta José Vicente Anaya, por otro, realizaron un trabajo minucioso al respecto. Éste último hizo aproximadamente hace diez años una reedición de El corazón preso y trabajó en una biografía de Concha. Garibay le dedicó hace tres años varias emisiones de radio. El trabajo de Francisco Alday había permanecido casi inédito hasta que Alberto Paredes publicó en 1987 una antología de su poesía, con prólogo de Manuel Ponce, recientemente fallecido, y había tenido una suerte parecida, ya que publicó siempre de manera marginal, particularmente en la editorial Jus, que en ese entonces tenía un prestigio reaccionario. El poeta Marco Antonio Campos tuvo el acierto de reunir su obra completa para la UNAM en 1988. Otro caso es el del padre Alfredo Plascencia, del que gracias al Conaculta pudimos ver, creo que en 1989, una reedición de El libro de Dios; hay poetas religiosos que permanecen en el olvido y confío irán saliendo poco a poco a la luz. Como ves, es sólo hasta recientes fechas que el sentido religioso, como una realidad profundamente espiritual, comienza a ser valorado. De hecho, mi generación tiene grandes poetas que, aunque no son católicos, tienen una profunda preocupación religiosa: Elsa Cross, Tomás Calvillo, Alberto Blanco, Luis Cortés Bargalló, Jorge González de León, por nombrar sólo algunos.

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¿A qué se ha debido esta marginación? A muchos factores. Te hablaré sólo de algunos. En primer lugar al terrible jacobinismo que ha imperado en nuestra nación y que sospecha de todo lo que huele a religión, particularmente si es católica. Ese jacobinismo, que ha sido prestigiado, ha obligado a muchos católicos a tener una visión vergonzante de su catolicidad. En segundo lugar, a que la jerarquía de la Iglesia Católica Mexicana es muy inculta y ha visto siempre con desdén al arte. Ha olvidado que las mayores expresiones del misterio de Dios en su Iglesia, después de los santos, se encuentran en el arte. La liturgia, por ejemplo, es arte y ésta en nuestro país se ha relajado de forma penosa y alarmante. Escucha solamente los cantitos de las misas dominicales, que son una mezcla de la rondalla de Saltillo con el peor Enrique Guzmán y los jingles de Coca-cola o los santitos de yeso que pueblan el interior de los templos, por no hablar de la arquitectura religiosa. Eso puede dar una idea de la incultura que por desgracia hay en nuestra Iglesia. ¿Qué tiene que ver todo eso con la marea de fuego del espíritu que ha producido obras como las de Bach, Massacchio, del padre Ponce, cuyos poemas podrían ser adoptados por la liturgia mexicana? Lo kitsch, por desgracia, se ha ido apoderando del misterio. Hay un tercer factor, la ideología marxista que durante mucho tiempo fue un sello de distinción entre muchos intelectuales. Hoy que todos esos mitos han comenzado a derrumbarse y nos enfrentamos a la inanidad del consumismo y a la estúpida ramplonería del neoliberalismo, lo mejor de la humanidad sólo puede volverse a lo espiritual para recuperar su sustancia. Por ello digo que sólo hasta recientes fechas se ha comenzado a valorar la poesía religiosa. Es una respuesta, una respuesta trascendente. ¿La poesía de elementos bíblicos puede ir hacia lo social? Sí, pero en segunda instancia. El objetivo de toda poesía es profundamente espiritual, no sólo con elementos bíblicos, sino con elementos religiosos y espirituales, y creo que toda verdadera poesía los tiene; es, valga la redundancia, espiritual. Creo, como lo sostenía Tarkovski, el cineasta, que la misión de todo arte es elevar la conciencia espiritual de los hombres. Si se logra, entonces la poesía adquiere también una función social. Si el hombre crece espiritualmente entonces la sociedad se mejora en sus relaciones económicas, productivas, políticas, culturales. El objetivo de la sociedad dejaría de ser mundano y se volvería trascendente. Una sociedad verdaderamente espiritualizada viviría de manera fraterna y pobre. ¿Quiénes son los maestros de Javier Sicilia? He tenido muchos. Entre los poetas tengo profundas deudas, en primer lugar con mi padre. Óscar Sicilia fue quien me enseñó a amar a Cristo y a la poesía, y de quien escuché los primeros versos. Él era poeta. Pronto saldrá su libro, un libro por desgracia póstumo que reúne la mayor parte de sus trabajos, se llama Bajo el árbol del drago. Después, con San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Lanza del Vasto, Eliot, Gorostiza, Cuesta, Saint-John Perse, Manuel Ponce y con mis amigos Tomás Calvillo y Fabio Morábito. Junto a ellos comencé a escribir mis primeros poemas. Entre los novelistas: Dostoievski, Bernanos, Camus y Kazantzakis. Entre los cineastas, Tarkovski. Le debo también mucho a un hombre que quise demasiado, un novelista marginado y la antítesis de lo que soy, Salazar Mallén. De él aprendí mucho en el orden de la literatura y de la amistad. Le debo también mucho a un lingüista francés, también amigo mío, del que traduje un libro que publicó la UAM, Pierre Souyris, y a un filósofo belga que ha venido a vivir a nuestro país y con quien tengo una profunda e íntima amistad espiritual, Goerges Voet. Fundamentalmente ellos han sido mis maestros. ¿Cuál es el compromiso de un poeta sui generis que no escribe con los temas recurrentes de otros escritores? Nunca me he considerado un escritor sui generis. Mi compromiso, como el de cualquier artista que se respete y respete el infinito misterio del arte y de la vida, es ser sincero en mis actos y en mi obra y escribir y vivir lo mejor que puedo, en acuerdo con el universo que descubro en mí y en mi tradición. Eso es todo. Si de ahí surge algo sui generis es sólo hijo de una profunda sinceridad. Creo que nadie puede escribir algo que valga la pena si se miente a sí mismo por moda, por dinero, por estar a la vanguardia o por querer ser moderno y aceptado por sus contemporáneos. Creo que un ser humano es más original como hombre y como artista, es decir, es más él, y por lo mismo le puede dar algo a sus semejantes, no en la medida en que busca innovar, sino en la medida en que desciende al origen y busca decirlo y encarnarlo

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en sus actos con toda la sinceridad que le es posible. Eso es de alguna forma para mí la aventura de la vida y del arte. ¿Qué hay de la evolución de tu obra, te referirías a ella como un proceso o como un crecimiento? Diría más bien que es un constante descubrimiento. Creo, como Leonardo (da Vinci) decía, que lo único que un artista produce a lo largo de toda su obra es el retrato de su propia alma. En la medida en que ese retrato es más claro, más profundo, más sincero, en esa medida, porque todo lo que nos une es interior, una obra se vuelve universal, le habla a otros y les descubre algo de su propio universo. Yo, como cualquier poeta, intento construir a partir de las herramientas que me da la lengua ese retrato, tamizar mi alma a través de una forma accesible a los sentidos y al intelecto. En este sentido, cada poema, cada obra, semejante a la de cualquier artista, es una parte de mi alma vista desde ángulos diferentes. ¿Qué nos puedes decir, en este sentido, del uso que haces de la métrica en tu obra? Soy un poeta que no puede escribir sin métrica. No he alcanzado a conquistar la rigurosa libertad que me permite escribir eso que equivocadamente llaman “verso libre”. El verso libre, en el sentido en que lo entienden nuestros contemporáneos, como el ejercicio de un capricho, no existe. Lo más difícil es conquistar la libertad del verso libre, porque lo más difícil es ser verdaderamente libre. Para llegar a ella se necesita un rigor inmenso. La verdadera libertad es inseparable del más extremo rigor. Sólo se conquista después de una larga y dolorosa ejecución y exploración de todas nuestras posibilidades. Es decir, después de una larga y voluntaria ascesis. Los seres más libres que conozco son los santos y esa libertad sólo pudieron alcanzarla a través de la obediencia, del sometimiento de sus pasiones, de sus caprichos, de su imaginación a la voluntad. Los más altos poetas y artistas que conozco en el uso de lo que llaman verso libre pasaron por el doloroso rigor de la academia. Su ascesis fue tan inmensa como la de los santos. Para saber cómo Rimbaud llegó a producir Las iluminaciones y Una temporada en el infierno, hay que leer su poesía anterior y comprender el profundo conocimiento que tenía de los clásicos y de la poesía latina. Saint-John Perse llevó el proceso acentual del octasílabo al territorio del versículo y sus resultados son inmensos. El cubismo de Picasso es inexplicable sin su rigor académico. No conozco algo más espantoso y caótico que una pasión y una imaginación a la deriva. Yo no he conquistado la libertad, por eso me someto a la ascesis de la métrica. Siempre he creído que para llegar a la libertad del verso hay que pasar por la mediación de la academia y de la tradición. ¿A qué atribuyes el que la mayor parte de la poesía religiosa católica, al menos en México, se apegue a la métrica? Es interesante esa pregunta y jamás me la había planteado. Intentaré responder a riesgo de equivocarme porque, como te digo, no es una pregunta que me haya hecho. Supongo que es una secuela arraigada en el inconsciente colectivo de los que hacemos poesía en una relación profunda con nuestra catolicidad, de los estatutos del Concilio de Trento sobre el arte. Trento fue muy brutal al respecto. Gabriel Zaid, en el prólogo que le dedica a la antología que hizo sobre Manuel Ponce y que publicó el Fondo de Cultura Económica, habla con un profundo sentido crítico de ese hecho. Trento, y yo en sustancia lo sigo creyendo así, creía que el poeta estaba imitando a Dios y por lo tanto su creación debería ser perfecta. Por desgracia, o por gracia, Trento definió los cánones de perfección. Por ejemplo, una de las prohibiciones fue el uso de la sinalefa; la veían como un uso espurio, imperfecto. Esa visión de las cosas llevó a Gonzalo de Berceo a no utilizar ninguna sinalefa en sus Cantigas a la Virgen. ¿Te imaginas el rigor con el que tuvo que crear Berceo? Eso de alguna forma ayudó no sólo a Berceo, sino a otros grandes artistas a producir una obra rigurosa y profunda. El hombre (esto ya no lo entiende el hombre de hoy que cree, en nombre de la equívoca y pueril visión de la libertad que ha creado el posmodernismo, que toda ley es una sujeción a su libertad) necesita de un canon que lo remita a su libertad interior. Toda ley, cuando es buena, es en realidad una expresión exterior de lo que es nuestra libertad interna. Lo que Trento olvidó, y esto ahora lo sabemos, es que la infinitud del espíritu tiene infinitud de leyes, y que esa imitación de Dios creador que hace el artista y que Aristóteles definió como imitación de la naturaleza, es una imitación del misterio interior con que Dios crea. Las leyes que definió Trento, y que tomó de la manera en que los artistas de la antigüedad creaban, son algo, sólo algo, de la expresión de ese misterio, algo que, en su rigor, puede llevarnos a la libertad a la que aspiramos y al descubrimiento de 174


leyes más profundas. Sin ellas, a pesar de lo que se diga, tal vez el arte y la literatura de Occidente no hubieran evolucionado y adquirido mayor libertad. Te referiste a la marginación de ciertos poetas, fundamentales en la literatura contemporánea de México a causa de su temática, ¿esto quiere decir que han dejado de interesarle a la crítica? A cierta crítica, de lo contrario no los conoceríamos. Hay que recordar que la crítica es también víctima de su tiempo y que muchos críticos sólo reseñan los libros que el mercado privilegia; una literatura anecdótica, ramplona o escandalosa. Pero hay una crítica superior y eso no ha dejado de estar presente en México. Tampoco en el mundo. Por ejemplo, el Premio Nobel que se le otorgó a Seamus Heaney es hijo de una crítica profunda. Heaney es la suma de mucho de lo que la posmodernidad y el mercado desprecian: es poeta, católico y nacionalista. Hay, en el fondo de toda la estupidez posmoderna y neoliberal, una realidad que no abandona ni a la cultura ni al espíritu. Ricardo Venegas (México, 1973). Poeta. Dirige la revista literaria Mala Vida, Mester de Junglaría. (Beca Nacional “Edmundo Valadés” para la Edición de Revistas Independientes 1996-7, 1997-8 y 2003-2004).

testimonios ALEJANDRA PIZARNIK (Argentina, 1936-1972) EL DESPERTAR a León Ostrov

S eñor la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos Señor el aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada Señor Tengo veinte años 175


También mis ojos tienen veinte años y sin embargo no dicen nada Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue ¿Cómo no me suicido frente a un espejo y desaparezco para reaparecer en el mar donde un gran barco me esperaría con las luces encendidas? ¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche? El principio ha dado a luz el final Todo continuará igual Las sonrisas gastadas El interés interesado Las preguntas de piedra en piedra Las gesticulaciones que remedan amor Todo continuará igual Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde Señor Arroja los féretros de mi sangre Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas Señor La jaula se ha vuelto pájaro Qué haré con el miedo

HERNÁN MONTEALEGRE (Chile, 1937) 176


EL SILENCIO DE DIOS H as entrado, Dios mío, en un largo silencio. Callas por completo. Nada en ti se mueve. Eres una enorme catedral sin música, el oscuro fondo de las piedras, frío y enterrado. Oh, Señor, ¿qué hacer cuando tú callas? Aún la primavera no ha terminado de contar sus flores y ya la lluvia las envuelve con su ropaje marchito. ¿Pero, es posible que nadie acuda a proteger las magnolias, las amapolas, las azucenas que se yerguen en forma de castillos esperando algún príncipe, o se abren, pupilas asombradas ante el vuelo de las aves? Hay quienes en la noche olvidan las estrellas. El desamparo es quedarse con un pasado estéril porque entonces el futuro se vacía de esperanza. ¡Oh, noche impenetrable que pareces ser la espalda de Dios hacia nosotros! La más profunda tristeza es la de no haber amado lo bastante.

SEVERO SADUY (Cuba, 1937-1993) SAN JUAN DE LA CRUZ L evitaste convulso, al traste diste con cilicio, sotana y relicario, concluyendo los diálogos que a diario, más que con frases, con amor tuviste. De la testa a los pies, un traqueteo. La boca de salitre sin aliento. Un no sé qué te socavó el cimiento, vecino del desmayo y del mareo. El alma liberada de su cargo: toda imprenta del cuerpo; todo lazo desatado en los nervios; seco el hueso. No se sabe qué fue ni si fue largo ese dejar de ser. Brusco zarpazo de lo absoluto: la fusión con eso.

ROBERTO OBREGÓN (Guatemala, 1940-1970?) RESURRECCIÓN C risto se fue desprendiendo del madero Quedóse con los clavos con las espinas retoñando ya en las manos y en la frente Volvía robustecido de crímenes y leyendas Milagros y amenazas de destrucción y advenimiento Allí mismo nos sentamos a jugar a los dados Yo apuesto a la vida pronunció serenamente Y yo por qué no voy a apostar a la vida respondí 177


(sonreí maliciosamente si le llevaba ventaja) Yo tiré afirmaste ser el camino la verdad y la vida Mas indicaste vía irreal no contando la crueldad Mas en el primer encontrón pusiste la otra mejilla aunque en ciertas cosas claro poseías la razón Y para rematar a tus amigos preferiste la muerte Cada quien reconoce su lugar y le señalé la cruz Juguemos entonces apostemos con la eterna moneda antes de descender y precipitarme en el gólgota Cara me apresuré y él no tuvo más que decir cruz y el hacha de un abismo nos separó a los dos Él allá en una orilla y yo desde aquí clamoreaba yo mismo escogí este mundo y aguantaré nadie me mandó yo solito como cualquier cristiano El viento solamente el viento allá en el fondo arrancaba tierra a los pies de la alegoría Ya no quiero saber nada nada nada me alejaba con el dolor y los sueños de barro del hombre y la historia toda del que se llame Juan o María En pasando tres días al disiparse la bruma la cruz surgió desnuda así como antes del símbolo fresca y olorosa a árbol derramando sombra Se le subió Adán a la cabeza informó la prensa y a teletipo difundieron el rumor entre la muchedumbre En menos de lo que canta un gallo en los amplios dominios de Jehová en plenas narices le reventó un foco guerrillero comandado por el hijo de un carpintero

DAVID ESCOBAR GALINDO (El Salvador, 1943) CANDIL SIN DUEÑO T odo el vacío, Dios, vuelto experiencia cabe en cada memoria a que me aferro. El vacío y la nada de mi encierro, donde tu voluntad vuélvese urgencia. Me urge seguirte, Dios, con la evidencia de que sigo al pastor de mi destierro. ¡Soy tu cordero, Dios , y sin cencerro! Y el lobo acecha, en forma de conciencia. Si caminas delante, yo distraigo un instante la fábula o el treno para oír la oquedad que me destinas. Y perdiendo el sentido del arraigo, tiemblo a tu sombra, abandonado y pleno, como un candil sin dueño entre las ruinas. 178


MARIO MONTALBETTI (Perú, 1953) AUTO (REMAKE DEL CORO V DE THE ROCK DE T.S. ELIOT) O Señor, libérame de Tus excelentes intenciones y de la pureza de Tu corazón, porque Tus intenciones aún excelentes me confunden y el corazón es engañoso y desesperadamente perverso. O Señor, líbrame del Dios que tiene algo que ganar y del Ángel que tiene algo que perder. Déjame solo, desfóndame el cerebro, inclúyeme en la lista de almas que jamás verán Tu rostro y que pasarán la eternidad jugando al billar, razonando en vano la geometría de los diamantes. He experimentado Tu afecto y he recordado inmediatamente las palabras del profeta Elroy: “La experiencia no es sino caos representado en línea recta.” Presérvame de Tu sombra que es la luz del mediodía; sálvame de la verdad y del acierto porque la verdad es mediocre y el acierto innecesario digo, a estas alturas. Ahórrame el género de hombres y mujeres que moldeaste del barro hartado y que terminaron hablando del teatro como arte y del actor como héroe. O Señor, detesto el poder y Tú los resumes todos. Si acaso Te aburres en las noches desérticas escóndeme y hazTe el que me buscas. No me encontrarás. Estaré conversando con animales modestos y con plantas carnívoras, 179


y Tú bien sabes que ellos no mencionan Tu nombre para nada.

JAVIER SICILIA (México, 1956) ORACIÓN CENTRANTE A Eugenio Páramo S u amor en la oración aquieta todo: el cuerpo, el pensamiento, la memoria, y en su vasta e infinita trayectoria me sumerjo, me abismo, me acomodo. Bajo más y su amor se hace desierto, se hace quietud inmensa y desolada, páramo de la luz, exacta nada, silencio en el que a solas me despierto. Luego cae el vacío, cae la noche, cae de Dios el azul de su derroche sobre la clara ausencia de mi ausencia, y cuando al fin la muerte estoy rozando desnudo me descubro en Él y amando.

LUIS GERARDO MÁRMOL BOSCH (Venezuela, 1966) SONETO A JESÚS CRUCIFICADO Para Armando Rojas-Guardia

S i fuera concedido sumergirme en esa niebla de tu espanto santo que Schehadé cantó, no fuera tanto como el solo foetazo donde asirme a lo que, un tenue atisbo inmenso, espero que a mi patria cabal me aventaría. ¿Por qué, entonces, me aferro a esta porfía de querer tu consuelo, y no el madero, fragante astilla de núbil canela?; de la zanja hecha en mi tonsura fluya (porque adamándote me ame a mí mismo

zonas LA POESÍA DE LA EDICIÓN JUAN CARLOS H. VERA www.mexicovolitivo.com, enero de 2005 Para Evelín Ferrer 12 de diciembre 180


“L

a edición de libros es por naturaleza una industria artesanal, descentralizada, improvisada y personal; la realizan mejor grupos pequeños de gente con ideas afines, consagrada a su arte, celosa de su autonomía, sensible a las necesidades de los escritores y a los intereses diversos de los lectores. Si su objetivo primordial fuera el dinero, estas personas habrían elegido otras profesiones. Habrían elegido ser, por ejemplo, agentes literarios, muchos de los cuales han prosperado a medida que los anticipos sobre derechos de los autores han aumentado a un ritmo frenético en el fuertemente competitivo mercado actual de talento vendible. Pero la mayoría de los editores que he conocido prefieren considerarse, como yo, enamorados de un oficio cuya recompensa es el trabajo en sí y no su valor en metálico”. De esta manera inicia Jasón Epstein su libro La industria del libro. Presente, pasado y futuro de la edición. Epstein en este pequeño párrafo nos ilustra de manera sencilla varias de las características que un editor de cualquier editorial alternativa debe tener en mente, a continuación resalto tres que para mí son las más importantes: 1. Que una empresa como ésta jamás nos volverá ricos económicamente, sin embargo nos enriquecerá de manera espiritual. 2. Que los grupos pequeños siempre funcionarán mejor, esto es que siempre que se inicia un proyecto editorial, por lo general parte de un director que es la cabeza del mismo y quien luego se hace rodear por un equipo de amigos que conformará el comité editorial. 3. Que hay que estar enamorados de este oficio y asimismo de la literatura que será el producto que como editores haremos llegar a un futuro lector. 13 de diciembre A los 25 años quizá tuve mi primer acercamiento al mundo editorial y éste se dio a partir de la publicación de mi primer libro de poemas. Habría que aclarar que fue un libro colectivo de poesía y cuento allá por 1988, que me permitiría conocer a dos amigos con los que después trabajaría Ediciones Lagarto y 69 Ediciones. Me refiero a Mauricio López Valdés y a Raúl Gutiérrez Moreno. Este pequeño libro, publicado por Praxis, me permitiría adentrarme al mundo de la letra impresa; pagado por Ana Elena Díaz Alejo, maestra ejemplar que también en sus clases de Iniciación a la Investigación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, me permitiría conocer algunos signos que el corrector de estilo utiliza en la corrección de pruebas (en aquel entonces de galeras); signos que aprendí a colocar a bando en mis primeros ensayos, signos fieles que han estado a mi lado en estos últimos 17 años. 13 de diciembre Quizá las plaquetas sea la forma más económica de la producción editorial y probablemente también sea la forma que explotamos quienes decidimos emprender una editorial alternativa, que no marginal, termino despectivo que en la última década del siglo xx todavía algunos críticos ocupaban. ¿Por qué la plaqueta? Por la sencilla razón que el tiro que se va a arrojar es pequeño: 50, 100, 150 o 200 ejemplares (existimos algunos excéntricos que tiramos 69 ejemplares numerados), ejemplares, todos ellos, de colección. Las páginas que las conforman difícilmente rebasan las 48, permitiendo, de esta manera, el engrapado a caballo; asimismo, la cartulina que se ocupa para los forros es económica y se emplean 1 o 2 tintan y se echa mano de las plastas y los degradados (en ocasiones se empleará serigrafía ya sea opaca o brillante como lo hizo Toque de Poesía o Ediciones Arlequín, de la que soy director). La plaqueta no es de ninguna manera un artefacto artesanal ni tampoco forma parte de “los otros libros” como lo fue quizá en la década de los setentas, época en la que proliferaron muchas editoriales alternativas. En la actualidad, con maquinaria más moderna en los talleres de imprenta y la formación de páginas en la computadora, el mundo editorial ha dado un paso gigante. Los mimeógrafos, los esténciles, la fotocopia de textos redactado en maquina eléctrica (de esferita) y las galeras han pasado a la prehistoria editorial. La enseñanza que las plaquetas nos dan, a quienes somos amantes de la letra impresa y de la difusión de la cultura, es no quedarse embelesado con este tipo de producción, que si bien es bonita tiene la desventaja de perderse en los exhibidores de las librerías, por eso es mejor ir más allá, es decir, en busca del libro con lomo, cosido y pegado que tenga la capacidad de competir con cualquier otro. 14 de diciembre 181


En muchas editoriales alternativas, la poesía siempre irá de la mano de la edición dando paso al poetaeditor, quien apostará siempre por las generaciones nuevas de escritores. Pero ¿qué es un poeta-editor? El poeta-editor es, como su nombre lo indica, un poeta antes que nada, antes que editor. Es aquel que admira primero la poesía, luego el medio donde se difunde, llámese libro, plaqueta o revista. El poeta-editor aparece en el medio como un difusor, como un promotor de otros poetas. El poeta-editor cuida un poemario suyo con el mismo ahínco con el que cuida la edición de un libro que no es de su autoría; pule y trabaja un poema con la misma dedicación con la que diseña una página; conoce de aliteraciones, anáforas, sinécdoques, cacofonías, comparaciones, metáforas, en fin, de figuras retóricas en general; de la misma manera conoce de cuadratines, familias tipográficas, descolgados, callejones, cursivas, versales, en fin de reglas gramaticales en su totalidad. El mundo editorial está lleno de poetas-editores, pues como comentaba renglones arriba, el primer libro que vemos impreso siempre nos deslumbra, invitándonos a formar parte de este maravilloso mundo con olor a tinta. De esta forma empezamos a maquinar la idea de publicar nuestro próximo libro, y probamos suerte en las editoriales grandes de las que somos amablemente rechazados, porque no existen colecciones de poesía o porque en nuestro currículo no se halla ningún Premio Nacional, tristemente nos damos cuenta entonces que la poesía que se escribe en la actualidad no es rentable para estas editoriales. Luego entonces, tocados por la poesía y necios como todo poeta-editor, emprendemos nuestro primer proyecto editorial y reunimos a nuestros amigos (también rechazados); arrancamos nuestra empresa con las primeras plaquetas. Recuerdo, por ejemplo, que 69 ediciones contó con cinco títulos, cuatro de poesía y uno de cuento; Ediciones Lagarto, cuatro de poesía y una novela (estos fueron libros cosidos y pegados, todos ellos con lomo); Ediciones Arlequín, entre plaquetas, libros y coediciones cuenta, en la actualidad, con veintiocho títulos, en su mayoría poesía. Lo anterior ilustra este fenómeno que he querido llamar poeta-editor y son muchos los hombres y nombres que han seguido esta tradición, por ejemplo: Víctor Mendiola (Ediciones el Tucán de Virginia); Carlos López (Praxis); Miguel Ángel Hernández Rubio y Javier Ramírez (Toque de Poesía); Francisco Magaña (Ediciones Monte Carmelo); Luis Armenta Malpica (Mantis Editores); Federico Corral Vallejo (Tinta Nueva); Dante Salgado (Cuarto Creciente); José Manuel Mateo (Obranegra); Érika Mergruen y Benjamín Barajas (Eikidu Editores); León Placencia Ñol (Filodecaballos), y tantos amigos más que ahora escapan de mi memoria. Todos ellos excelentes poetas, todos ellos excelentes editores, todos ellos amantes de la poesía. Basta echar una mirada a estas ediciones que nada le piden a un libro impreso por alguna editorial de renombre. Quisiera concluir puntualizando que la empresa editorial pequeña (editorial alternativa) puede no tener las ventajas económicas de las grandes editoriales, pero es indudable que tiene, por principio, un mayor grado de independencia en sus proyectos editoriales. En cierta medida, han sido y seguirán siendo los pioneros en la edición de determinados tipos de libros y en abordar temas o materias con aires innovadores, fuera de las líneas estrictamente comerciales. ***** Próximos números: • • • • • • • •

Ricardo Hernández Echávarri: Instrucciones para los ángeles Jorge Ortega en la editorial Hiperión Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía visual: un panorama reciente Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Poesía hermética: microantología Miniantología de James Merrill

____________________________________________ Comité editorial 182


luis alberto alfaro (costa rica)/ cruz benítez/ fabienne bradu/ luis cortés bargalló/ miguel jorge castillo/ evodio escalante/ alfredo giles-díaz/ jesús gómez morán/ armando gonzález torres/ ricardo hernández echávarri (eu)/ saúl ibargoyen/ josé kozer (eu)/ eduardo langagne/ hernán lavín cerda/ lucía de luna/ floriano martins (brasil)/ josé manuel mateo/ santiago montobbio (españa)/ angelina muñiz-huberman/ jorge ortega (españa)/ armando oviedo/ manuel silva acevedo (chile)/ felipe vázquez/ óscar wong/ elsa zeferino/ coordinador: leopoldo cervantes-ortiz ____________________________________________ elpoemaseminal es un proyecto independiente de divulgación sin afanes de lucro ni de promoción de una sola línea estética o cultural. no está vinculado a ningún grupo o institución, por lo que abre sus puertas a todos los autores/as de México y de cualquier parte del mundo. reconoce que los espacios para la poesía, con todo y que ahora son muchos dentro y fuera de la red cibernética, siguen siendo reducidos. el criterio de selección es únicamente la calidad poética, debido a lo cual se aceptan aportaciones en todos los sentidos. se citará siempre la fuente original. invitamos a los lectores/as y amigos/as a compartir poemas, libros, presentaciones, novedades y todo lo relacionado con la poesía, así como nuevas direcciones.

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elpoemaseminal 80 30 de julio, 2005

jorge ortega, finalista único del XX premio de poesía hiperión Con Estado del tiempo, el poeta mexicano Jorge Ortega alcanzó la mención única del XX Premio de Poesía Hiperión, y gentilmente lo ha hecho llegar hasta nosotros. En opinión del jurado, integrado por Francisco Castaño, Luis García Montero, Almudena Guzmán, Jesús Munárriz, Carlos Piera y Jenaro Talens, su poesía “destaca por su singularidad, así como por su invención verbal y su carácter irónico, que entroncan tanto con la clasicidad como con la mejor tradición lírica hispanoamericana”. Ortega nació en Mexicali, Baja California, en 1972. Ha publicado siete libros de poemas: Crepitaciones de junio (1992), Deserción de los hábitos (1997), Cuaderno carmesí (1997), Mudar de casa (2002), Baladas para combatir la inanición (2002), Bitácora del nativo (2003) y Ajedrez de polvo (2003), este último en Argentina. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Tijuana 2001 y el Premio de Poesía Comunidad de Baja California 2000. Como joven creador ha sido en dos ocasiones becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Fonca) en la rama de poesía. De 1995 a mediados de 2004 impartió la cátedra de literatura hispanoamericana en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California. Actualmente cursa el doctorado en filología española en la Universidad Autónoma de Barcelona.

atisbos JORGE ORTEGA: LA POÉTICA DEL DESIERTO RAÚL FERNANDO LINARES Bitácora. Semanario cultural, núms. 273, 274, 275; 7, 14 y 21 de febrero de 2002 www.bitacora-tj.com I M exicali. Es de mañana, y el calor despierta, de manera inmediata, para aprovechar mejor las horas de luz. El tráfico, antaño inexistente, empieza ya a mostrar sus primeros brotes. Años de cuidado, persistencia y uso cotidiano, han hecho de él un tráfico fuerte, ciertamente joven e inexperto pero sumamente prometedor, que empieza ya a mostrar algunas de las proezas que más adelante, una vez consolidado y maduro, será capaz de realizar. En el aire, en las cosas, el polvo empieza a husmear las superficies, adelantándose, tomando terreno, ponderando declives y lanzándose a la aventura. Hoy nada lo detendrá. Será un polvo continuo, persistente, que con su disfraz de transparencia (años de práctica lo han convertido en un maestro de la mímesis) llegará hasta los rincones más insospechados de la realidad. Falta un minuto para las diez de la mañana, y es hora de todos los imposibles. El aire se llena de expectación, los corazones viven en un ámbito de suspenso, el mundo se detiene y todos observan el movimiento de unas manecillas que, precisamente a esta hora, se divierten tomándose su tiempo, haciendo pausas gigantescas entre cada tic y cada tac, deteniéndose por eternas fracciones de segundo hasta que, finalmente, se deciden a cumplir su misión de pontífices, abriendo puertas, mostrando caminos, guiando a los extraviados, construyendo medios de iluminación. Son las diez de la mañana, cero horas, tiempo cerveza. Mexicali. 184


La creación, pareciera ser, carece de ámbito propio. El fenómeno de la poesía, el hecho literario, la manifestación del Ser, del Haber humano hecha palabra ha existido, de manera natural, en todos los ámbitos, en todos los tiempos, en todas las formas, desde que el hombre se considera como tal. Incluso en tierras cachanillas. Es en voz de un joven escritor, Jorge Ortega, donde centramos la atención para tratar de definir la postura del poeta del desierto, del creador en medio de la nada, que entiende (y llega a defender) su ámbito de aislamiento y el carácter de profeta en su tierra que fatalmente le ha tocado desempeñar. Nacido en 1974, con una producción que abarca los poemarios Crepitaciones de junio (1992), Rango de vuelo (1995), Tierra cálida (1995), Deserción de los hábitos (1997), Cuaderno Carmesí (1997) y Mudar de casa (2001), la labor del poeta comprende también el ensayo, la crítica literaria y el periodismo cultural, dejando testimonio de esta labor en Fronteras de Sal. Mar y desierto en la poesía de Baja California (2000), y Litoral de prosa (2001), espacios en los que se expresa con lucidez y en donde la claridad en la exposición de las ideas no presenta conflicto con la vena creativa que define su oficio de poeta, rasgo que lo convierte en un relator ideal para evidenciar el sentir y quehacer del creador cachanilla, de las ocupaciones y preocupaciones que lo definen y lo hacen posible. La siguiente entrevista fue realizada durante el mes de diciembre del 2001, por la vía remota y nada virtual del Internet, entre el poeta Jorge Ortega y quien esto escribe, para terminar, naturalmente en Mexicali, al calor de más de un par de reales (no virtuales, gran fortuna) y pecaminosamente escarchados tarros de cerveza. Aparentemente nimio, omitir este detalle sería tanto como negar, dolosa en tanto que conscientemente, nuestra natural condición de cachanillas. Sea pues. Mexicali, a los ojos del mundo, es calor, polvo y cerveza. Las letras, la literatura, y en particular la poesía, no forman, no han formado parte del imaginario que de aquella tierra se ha ido construyendo. Se me ocurre, jugando un poco a la especulación, ¿dónde poner a la poesía, al poeta en ese contexto? En una localidad tan inhóspita como Mexicali, rodeada de desierto en todos los sentidos imaginables, la poesía suele encontrar al menos las mínimas condiciones propicias para su ejercicio: aislamiento, soledad, ausencia de grandes distractores. El estado de marasmo cultural que mantiene en constante secuestro a la ciudad es, hasta cierto punto, benéfico para la creación poética; o bueno, para la concentración que exige la práctica del oficio literario. El problema sobreviene cuando el poeta sale en busca de opciones culturales que complementen, más allá de los libros y la farándula, su proceso de formación intelectual. No hay espacios para la discusión ni suficientes interlocutores para compartir la misma fruición por el diálogo sobre poesía; vaya, no hay lo fundamental para la emergencia de ya no se diga una intensa, sino plausible, tradición de vida cultural: infraestructura para el auspicio de encuentros y mesas de lectura, proyectos editoriales independientes que compensen las imposibilidades de las instituciones; en síntesis, voluntad para transformar la desidia en auténticas iniciativas de difusión y promoción de la literatura. Y, dado el panorama, ¿cómo pervive el poeta? Al final, poeta (o artista en general) y hombre son uno sólo, y hacer una división de los dos, fuera de metáfora romántica o ardid con fines didácticos, no resulta de ninguna forma efectiva. ¿Qué hace el hombre-poeta, cómo construye sus enceres elementales, de dónde abreva en ese ámbito de aislamiento? Uno se conforma y acostumbra con ir al cine, a la cafetería, a ciertos bares, y discurrir. Es todo. Da lo mismo ser poeta, narrador o ensayista. Si Mexicali no tiene vida literaria, mucho menos una oferta cultural acorde a las expectativas de los autores. Por tanto, resulta igualmente utópico pensar en librerías competentes que pongan en circulación un catálogo aceptable de novedades en materia de poesía. No hay tales librerías. No hay, para empezar, auténticos libreros, dispuestos a sintonizar con la agresividad que ahora requiere el fomento al gozo de la lectura, ese ir hasta las entrañas de los gustos y ofrecer a los lectores potenciales (es decir, a la sociedad) la puntualidad del título más extraño. Tiene uno que aguardar una visita a la ciudad de México, solicitar un aventón a San Diego, aprovechar una visita a El Día, en Tijuana, o de plano encargar por correo, para adquirir algunos libros soñados o indispensables. De lo contrario, se recomienda atenerse a la resigna de leer trescientas veces el mismo volumen. Ante tal panorama, sólo resta volver sobre uno mismo e internarse de nuevo en la cápsula de la productividad personal.

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II Es el desierto, y el poeta lo encuentra no sólo habitable, sino cómplice, en todo caso resignado inevitable. Jorge Ortega, pluma en mano, Mexicali en la sangre, encuentra la creación, el ser poeta en tierras cachanillas como un deber de sus letras, como un compromiso con la poética que ha decidido tomar como estandarte. De mediana estatura, delgado, sobrio en el vestir, amante del barroco (música, literatura, argumentación) y apasionado a la hora de hablar (con las palabras, con las manos, con la mirada) de la poesía, Jorge entiende la conversación como una vía más, como un motivo siempre dispuesto a dejar salir ese lado que ha decidido sea su faceta visible, su conciencia de ser hombre de letras. Se trata pues de un poeta ante todo consciente de su condición, comprometido con su quehacer vital, enterado, memorioso y al tanto de su deber para con la poesía. El poeta ha formado, a través de la historia, parte de todas las sociedades existentes y, en mayor o menor grado, ha influido, ha dejado huella en su contexto. ¿Cómo se da, cuál es el peso del poeta en una sociedad como la cachanilla? ¿Existe en la conciencia de la comunidad? En ninguna sociedad son indispensables los poetas. El poeta es un ciudadano más, cuando responsable, y su destino estriba en confundirse con los demás peatones, justamente para asegurar la distancia que requiere su oficio con respecto a los reflectores. Desde (el) romanticismo la poesía ha sido un fenómeno marginal, una tarea de parias. Quizá por ello no habría de renegar mucho, debiendo tomar como una bendición la absoluta ignorancia que la sociedad de nuestro tiempo despliega en torno a su conocimiento y receptividad de la poesía. Quizá por ello no le reprocho a Mexicali su carácter adusto para culturizarse, la gravosa apatía de sus empresarios malinchistas. Los poetas estamos, tal vez, mejor así. Que no vengan a molestarnos y nos permitan realizar nuestro trabajo. Queremos aprovechar el silencio de nuestra tierra baldía en escribir una obra. Creo que no es mucho pedir. Pero, ¿en realidad la sociedad puede darse el lujo de dispensarse la labor del poeta? ¿Cómo entender a Francia sin Baudelaire, a Portugal sin Pessoa, a Cuba sin Martí? Quizá mi visión resulte demasiado pesimista: no esperar nada de la sociedad en que vivimos. Sin embargo, no puedo negar que gracias a este desencuentro de expectativas entre los poetas y la sociedad moderna de nuestro tiempo han surgido grandísimos poemas. The waste land, de Eliot, es uno de ellos; otro El hundimiento del Titanic, de Hans Magnus Enzensberger. Estamos ante un desfase vital, o al menos muy fructífero, para los móviles de la creación poética. En virtud de tal distanciamiento o tensión de relaciones, el poeta mantiene su autonomía valoral e ideológica. Es una cuestión imperiosa que permite mantener vivos la imaginación creativa y el juicio crítico. Así pues, el poeta, para bien o para mal, sólo puede ser entendido dentro de su contexto creativo. ¿Tiene entonces alguna función? ¿Puede exigirle alguna tarea la sociedad en que ejerce su oficio? El poeta no está comprometido sino consigo mismo, es decir, con los alcances de su vocación. Su instrumento son las palabras, y uno de sus designios capitales la manutención del lenguaje. El poeta, pues, no tiene sino la responsabilidad de asegurar la existencia del idioma como una forma de abogar por la comunicación humana y sus efectos benéficos de estrechamiento fraterno. Sus causas son perennes y universales; no circunstanciales ni nacionalistas. Aunque todo poema nace de experiencias parciales, su don estriba en la facultad de rebasar la provocación y sumarse a los vientos de la experiencia compartida. En la medida que el poema se convierta en un punto de reunión para seres humanos, en un oasis para abrevar, en un pretexto para comulgar con nuestros semejantes, el poeta habrá cerrado el círculo de su misión. ¿Cómo percibes la evolución de tu poética de 1992 a la fecha? ¿Cómo han cambiado tus apuestas literarias? No me considero un poeta arriesgado o experimental como para hablar de apuestas literarias. Más bien soy un continuador de la tradición occidental que me antecede y a la cual, por cuestión de gusto y sensibilidad, siento pertenecer. Mis grandes lecturas están del siglo XIX hacia abajo. Soy un permanente lector de Góngora, Fray Luis y Garcilaso, releo en momentos de ocio algunos pasajes de la Divina Comedia, 186


vuelvo a los poetas latinos antes de salir a alguna fiesta, frecuento La Odisea durante las vacaciones de verano. Disfruto leyendo a los clásicos de antaño, pero también de hogaño: Mallarmé, Valéry, Eliot, Machado, Montale, Perse, Ungaretti, Aleixandre, Ponge, Walcott, etcétera. Por ende, la curva de desarrollo de mi poesía ha sido, hasta cierto punto, el destino que me ha deparado la asimilación de esas lecturas. Escribir es dialogar. Procuro, pues, mantener siempre vivo el diálogo con la tradición de mi idioma. Sólo así el poeta es capaz de enriquecer su lenguaje y la perspectiva de sus aspiraciones. La ambición nace leyendo a los grandes poetas. Leer a García Lorca implica un reto. La gran poesía te cuestiona e incomoda, te recuerda que todo está dicho; sin embargo, constituye quizá el mejor estímulo para la escritura, tan legítimo como una rica e intensa experiencia vivencial. Justamente de este prurito motivacional de la lectura vienen los rudimentos del intertexto; es decir, del poema que se corresponde con otros textos del pasado —o simplemente con textos ajenos a partir de una anagnórisis productiva—. Todo poema es intertextual, dado que es reflejo dialógico que el poeta mantiene en secreto con sus lecturas magistrales o de circunstancia. III Entrevista-cotorreo-confesión, la charla que el poeta y yo sostuvimos a lo largo del mes de diciembre, termina por supuesto en celebración de la palabra (de hecho siempre lo fue) rebosante de cerveza, al calor de una fría noche mexicalense; quien lo haya hecho, sabrá que no hay contradicción. Últimas preguntas, acercamiento al hombre antes, durante y después de sus letras: conversador incansable, escrupuloso lector, ocasional imitador (Octavio Paz, Oliverio Girondo, Eduardo Arellano, víctimas predilectas), gustoso de las bebidas esenciales (vino, cerveza, tequila, orteguiana clasificación), Jorge habla de su lugar en el contexto de las muchas poéticas, de su postura ante la tradición, y de sus letras más recientes. La noche espera. Te presentas como un continuador de la tradición occidental (oxidental, escribió Vallejo), de modo que la pregunta viene sola: ¿Hacia dónde va la tradición occidental? En todo caso, ¿cuál es tu sendero dentro de la tradición occidental futura? (Cosa curiosa, por cierto, hablar de la tradición como porvenir). Puede sonar paradójico hablar sobre el futuro de la tradición, pero es un planteamiento interesante, dado que pone en disyuntiva su rumbo: por una parte el camino de la inercia, por el otro el de la ruptura. Creo que una tradición poética puede darse el lujo de optar por ambos, toda vez que entraña un canon, es decir, un plan maestro del cual derivan todos los intentos de continuidad o discontinuidad. Sin tradición no hay ruptura. El objeto de toda ruptura es un deslinde con respecto a la tradición. Esta funge como referente y los supuestos de la ruptura no hacen sino compararse con los del pasado, justamente para diferenciar la magnitud de la innovación. Por ende, inútil emitir juicios de valor para una u otra. Tanto la tradición es el útero de la ruptura, como la ruptura es hija de la tradición. Ambas se deben a sí mismas y traban una simbiosis que no vacilaría en llamar necesaria. Ahora bien, no creo en el destino de la tradición poética como una suerte de futuro colectivo. Soy partidario de las búsquedas individuales, sea para honrar los paradigmas del canon, sea para denostarlos. En materia de poesía, el pensamiento colectivo o la coordinación grupal es lo menos trascendente. A fin de cuentas cada quien hace su propia obra y poco influyen los intereses de grupo o las disposiciones conjuntas. La poesía es un trabajo en solitario, ejercido contra la pared de la habitación y aprovechando los momentos de desapego social o conyugal. He ahí su hora de la verdad. Sin embargo, la tradición es palpable, se hace evidente, por los frutos de sus continuadores o detractores, ciertamente individuales, pero que por simple cuestión aritmética forman conjunto, y como tal pueden ser proyectados a futuro como fenómeno ubicable respecto a la línea tradicional. ¿Cómo definir el futuro de ese, sea pues, hipotético conjunto? Creo que el futuro de una tradición poética está en el resguardo de su bagaje; o sea, en la manutención de los códigos estéticos y semánticos que constituyen su identidad. En regentando este universo de señales, aunque sea por unos cuantos, la tradición poética occidental asegurará el germen de la supervivencia más allá de ignorancias generacionales y flujos de apatía. La gravedad no está en ser tradicionalista o

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experimental, sino en dejarse cooptar por la indiferencia o la pasividad intelectuales, hacerse a la periferia evadiendo la defensa de un gusto, una sensibilidad y un temperamento. Finalmente, y para tocar tierra, dirijamos nuestros pasos verbales hacia Mudar de Casa, tu más reciente poemario. Cierta, afortunada, felizmente, la poesía es imparafraseable; sin embargo, y también con fortuna, como fenómeno del habla y sobre todo como objeto literario puede ser presentada, planteada o argumentada, así es que me arriesgo, asumiendo que la vaguedad/precisión de mi pregunta pudiera verse reflejada en tu respuesta. ¿Qué nos dice Mudar de casa? Mudar de casa es literalmente un parte de vida; o como diría Eluard, una poesía de circunstancia. La circunstancia de mi libro es un fenómeno proteico y proteínico; lo primero porque exhibe las mudanzas de la vulnerabilidad humana a través de la experiencia vivencial, lo segundo porque desde mi punto de vista contribuye a nutrir el temple de nuestra condición de seres imperfectos en aras del acontecer cotidiano. Sin embargo, cada uno de los apartados que articulan Mudar de casa entrañan la idea del cambio o la mudanza en la medida de sus intenciones; es decir, del tránsito como permanencia en múltiples aplicaciones: clima, reuniones familiares, amor, estado civil, paisaje natural, edad biológica. Acorde al tópico barroco, en la poesía de este volumen todo fluye, incluso la evanescencia de los temas y motivos literarios, como intento proyectar a través de un orden discursivo. Un poemario trasciende los cercos de la frontera en tanto logre rozar al menos la fuga de nuestras incumbencias más esenciales: casa, entorno, amor, seres queridos; beatus ille y carpe diem, Horacio y Propercio; pero también Virgilio: la metereología, el buen tiempo que permite gozar los frutos de la existencia terrenal a flor de cielo. Por otro lado, Mudar de casa coincide con un giro estilístico y temático de mi poesía. De contenidos relativamente impersonales, paso a los íntimos o al menos dominados por la crónica del yo; de un culteranismo verbal, paso a una figuración de casi grado cero; en suma, bajo la torre de marfil al patio de la morada, y creo que mis pocos, pero atentos lectores, han visto con ojos positivos este cambio de piel. Mejor dicho, esta variante de la desnudez, como un performance que de pronto hubiera yo improvisado en el contexto de mis bizanterías. Mexicali. Es casi media noche, circulo por una desierta avenida Madero, y llevo conmigo un ejemplar de Mudar de casa, reciente obsequio de su autor. Hace apenas unos instantes, acabamos de cerrar el círculo de nuestra charla-entrevista. Justo a tiempo, me detengo, compro un six (¿cómo definirlo de otro modo?) y hago planes para un poco más tarde. Sólo la lectura puede definir fielmente a Jorge Ortega.

testimonios RELOJ BIOLÓGICO N os despierta la música del pájaro antes de lo ordinario. Algo lo inquieta detrás de las paredes, en el reino de la naturaleza a flor de cielo. ¿Acaso la escisión de temporadas, el cisma de los climas vecinales que divide la atmósfera vigente en dos identidades enemigas? El pájaro es un síntoma del tiempo. La urgencia de su canto nos susurra Vaticinios, sistemas de presión Que viajan por el aire como un hecho. 188


SEÑALES EN EL CAMINO E l clima reverdece en el otoño con la propagaciones de la menta, el aire se adelgaza y respiramos un gramo de genuina claridad. El césped va trocando de semblante, los árboles también, desmadejados por el viento alopécico que espulga la oronda tupidse del panorama. Revela el mes de octubre su esqueleto y bajo un cielo terso gana forma el hongo de un aroma presentido. Nadie nos llama en sí, nada inusual sucede alrededor, tan sólo el gesto de las felicidades transitorias.

LONGITUD DE LA CANÍCULA L legó noviembre, amor, y extrañamente no se deshoja el parque. Los ramajes conservan la verdura de su texto, el auge de los frutos esperados. Hace calor afuera, y de mañana nadie lleva consigo la chamarra, tampoco manga larga o casimir para esquivar el vórtice del alba. Hay un desfase implícito en la blusa que llevas por bandera, remembrando la diversión del trópico, su furia. Intento concentrarme en los motivos que engrosan la demora del otoño, pero los resplandores de tu piel suplican deducciones más sencillas.

LITURGIA DE LAS HORAS E l año es una página volátil que el tiempo sopla y pasa con frecuencia hasta olvidar la cinta del ayer: maleza refundida en el traspatio. Los acontecimientos de verano son tiza de hojarasca, son pelusa oculta en los umbrales incoloros como un felino arisco. Mana el río de páginas sin brida, y la memoria se vuelve un tanto ajena a la ocasión con su tolva de vértigos pretéritos. Nadie se identifica en el anuario: los álbumes son bromas inquietantes 189


a la casualidad de la aspereza.

EXAMEN DE RECONOCIMIENTO E scribo en el vitral de una taberna los nombres de la pena, confidencias que la estación invita a revelar en vísperas del año venidero. El ánimo ejecuta, suelta amarras y canta los secretos, enumera ejemplos de censura acumulada por el automatismo del silencio. Trabaja el disco duro a toda marcha como un cinematógrafo, proyecta en el vitral de un ojo desvelado la cruel figuración del subconsciente.

RADIOGRAFÍA DE ALTURA D ejarse intimidar por el jilguero que tanto viene y va sobre nosotros, presa de una labor desconocida. Columbrando los sueños reposados aún en el tintero de la mente, a ojo de buen cubero nos audita. De súbito conoce nuestras fobias y las aspiraciones diferidas. Cortando velozmente el planisferio de la porción de cielo que nos techa lee de cada cual su inteligencia, reserva de propósitos diversos formados como aviones militares en el orondo hangar de la cabeza. Sobrevuela moradas y baldíos pero no se detiene en rama alguna. En busca de inquilino al aire libre cata la densidad de los jardines y se pierde de vista entre los cables. Estado del tiempo. Madrid, Hiperión, 2005 (Poesía Hiperión, 498). ________________________________________________

zonas MURIÓ SAÚL YURKIEVICH, ARTÍFICE DE UN HORIZONTE EN LA POESÍA HISPANOAMERICANA MONICA MATEOS-VEGA La Jornada, 28 de julio de 2005

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El poeta argentino Saúl Yurkievich, uno de los más reconocidos críticos literarios del mundo hispanoamericano, albacea de la obra del escritor Julio Cortázar, murió ayer en un accidente en una carretera de Avignon, al sureste de Francia, informaron medios de comunicación locales. Según la policía francesa, el escritor perdió el control de su vehículo y se impactó de frente contra un camión que avanzaba en sentido contrario, falleciendo de manera instantánea. Tenía 74 años de edad y vivía en Francia desde 1962, donde trabajaba como profesor de literatura, puesto que también desempeñó en diversas universidades de Estados Unidos. Fue notable su labor como ensayista y crítico literario, con libros como Fundadores de la nueva poesía latinoamericana (1971) y Confabulación con la palabra (1978). Poesía al margen o contra la historia El poeta mexicano Alberto Blanco, amigo de Yurkievich, añade que no menos valioso es el trabajo poético del autor argentino: ''La poesía de Saúl es radical, en su insistencia en utilizar el lenguaje de otra forma, de una forma distinta. En palabras suyas, de una forma anexionista, trashumante, transcultural, transhistórica, transgeográfica. ''Es una poesía que por esto mismo se situó siempre al margen o inclusive en contra de la historia. Es, en realidad, una poesía centrada en la experiencia del lenguaje. ''Como me escribió en la dedicatoria de uno de sus libros, Rimbomba (1981), se trata de variaciones en torno de un centro que es de todos." Otros de sus poemarios son Cuerpos (1965), Fricciones (1969) y Retener sin detener (1973). La ciudad luz es una encrucijada Saúl Yurkievich nació en La Plata, Argentina, en 1931, de cuna humilde, pronto supo que su destino estaba en su profundo amor a las letras. En los años 60 se mudó a la capital francesa. Entrevistado por La Jornada en 2000, describió cómo era su vida en la ciudad luz: ''-¿Cómo es para usted un día usual en París? -¿Un día feliz? -Digamos. -Escribo en casa. Soy profesor universitario pero he preferido trabajar en la casa porque soy inquieto, estoy sentado un rato frente a los papeles y luego me levanto, hago cosas, regreso. Además, trabajo mucho caminando, deambulo por la ciudad. Hace varias décadas que estoy allá y disfruto mucho la luz de la ciudad. Claro que tengo mis lugares y mis itinerarios. Hay espacios que para mí están imantados, que tienen encanto o karma. A diario camino, hago largas caminatas. París es una encrucijada, por ahí pasa todo el mundo. Tengo la sensación de que a todos los veré en París. Fue precisamente en ese lugar donde conoció a su entrañable amigo Julio Cortázar, el Gran Cronopio. En una entrevista concedida en 1999 al diario Página 12, Yurkievich contó la historia de su relación con el autor de Final del juego: ''-¿En qué circunstancias se conocieron? ''-Lo conocí a la semana de llegar a París. Teníamos un amigo en común. Era el año 1962, época en que había comenzado con los primeros apuntes de Rayuela. El había obtenido un premio muy importante compartido con Manuel Mújica Láinez, con ese dinero él creyó poder comprar una casa sobre la playa en el sur de Francia. Allí se dio cuenta que el dinero no le alcanzaba ni por asomo, así que empezó a retroceder y retrocedió 100 kilómetros. Al este de Avignon encontró una casa pequeña con una terraza formidable que daba a un valle sobrecogedor. Allí pasaba el verano, pero era un verano alargado. Encontraba tranquilidad en ese marco campesino, pero naturalmente necesitaba también de la ciudad. De forma tal que la otra parte del año volvía a París. ''-¿Albacea es lo mismo que apoderado? ''-No, no, Aurora, su ex mujer, es la apoderada de los textos de Cortázar. En el testamento nos nombró a Gladys, mi mujer, y a mí para que decidamos juntos acerca de los inéditos. Como albaceas literarios tenemos, por su voluntad, el derecho de conservar, editar o destruir lo que queramos. Así lo dice en el testamento. Pero nada destruimos. Habría que ser Dios para hacer una cosa así."

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Creatividad neovanguardista El poeta canario Andrés Sánchez Robayna señala: ''Saúl Yurkievich no fue sólo un poeta notable, sino también un crítico de singular importancia. Su obra poética es de signo neovanguardista, un horizonte que marca la poesía hispanoamericana surgida en los años 50 y 60 -como surgió la de Saúl- y que tiene un papel central en el panorama de la poesía hispánica de la actualidad". Explica que la obra poética de Yurkievich ''explora las raíces más profundas del decir, aquellas en las que la palabra es sonoridad pura y, como decía Eliot, reminiscencia de tambores africanos, explosión verbal en busca de sentido". En una nota necrológica que aparecerá este miércoles en el diario La Razón, de Madrid, y que con autorización del autor retomamos en estas líneas, Sánchez Robayna recuerda que ''Saúl confesó en más de una ocasión (la última de ellas en su ensayo del volumen Poesía hispánica contemporánea): que comenzó a escribir poesía a raíz de una lectura de Juan Ramón Jiménez, en La Plata: ''Fui fascinado por su rostro pálido y enjuto. Me pareció la ideal encarnación del poeta. Su influjo perdura en mí'', escribe. ''No puede olvidarse, tampoco, al cuidadoso traductor: a Yurkievich se deben, por ejemplo, las primeras traducciones al español del poeta Edmond Jabès." Saúl Yurkievich vino a México muchas ocasiones para participar en encuentros literarios y en diversas versiones de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

LA CIFRA e ntre millares de grillos que gritan al unísono hay uno que te canta entre las nubes de libélulas batiendo sus élitros zumbantes hay una que algo te susurra entre el revuelo de las mariposas hay una que tremola en tu busca en sus alas se cifra tu signo también están tu cuervo tu rata tu murciélago te rondan te están destinados y no los distingues ***** La Ssecretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal a través del programa ArtePorTodasPartes presenta al poeta sino mexicano Óscar Wong quien impartirá el recital poético, en su modalidad de Curso-taller intensivo de poesía Del mito a la metáfora Los viernes 5, 12 y 19 de agosto de las 19 a las 21 hrs. en el Centro Cultural José Martí (Estación del Metro Hidalgo, México, DF) Entrada libre ***** Próximos números:

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Ricardo Hernández Echávarri: Instrucciones para los ángeles Jorge Ortega en la editorial Hiperión Atanás Dalchev: mínimo homenaje Poetas búlgaros contemporáneos Poesía visual: un panorama reciente Gómez Correa, Guardia, Dalton: afinidades y diatribas Poesía hermética: microantología Miniantología de James Merrill

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