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AngelA CArter o la perversión de la belleza

la niña dE niEvE la compañía

EvE Gil

dE los lobos

(fragmento)

angela Carter

La dimensión trágica de lo cultural Gonzalo Sánchez de Tagle Entrevista con la pintora p ilar F ErnándEz Edgar Aguilar

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 11 de febrero de 2018 ■ Núm. 1197 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver


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11 de febrero de 2018 • Número 1197 • Jornada Semanal

Cada grano de arroz ANGELA CARTER O LA PERVERSIÓN DE LA BELLEZA

Fucshia Dunlop

Novelista y cuentista de ciencia ficción lo mismo que de literatura infantil, guionista de sus propias obras adaptadas al cine, así como lingüista, catedrática y periodista

NACIDA EN EL REINO UNIDO, EGRESADA DE LA UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE, CON MÁS DE CINCO LIBROS EN SU HABER SOBRE UNA DE LAS ARTES CULINARIAS MÁS RICAS Y ANTIGUAS, LA AUTORA DE ESTE ARTÍCULO NOS DA UNA PROBADITA DEL ESPÍRITU CHINO EN LA COCINA. EN LA AMPLÍSIMA GAMA DE VEGETALES QUE COMBINA CON CARNES Y PESCADOS RESIDE MUCHO DE LA SABIDURÍA DE LA GASTRONOMÍA TRADICIONAL DEL GIGANTE DE ORIENTE.

–entre otros medios, publicó en The Guardian y The Independent–, la inglesa Angela Carter es una más de esas autoras a quienes las distorsiones mediáticas de la celebridad relegan a un sitio

El campesino trabaja su tierra bajo el sol del mediodía

alejado de los reflectores, a pesar

quién de nosotros sabe que cada grano de arroz en nuestros platos

de la enorme calidad de su obra.

está lleno de la amargura de su trabajo.

Bastaría el libro de relatos La juguetería mágica, escrito en 1967, o la novela Varias percepciones, que al año siguiente la hizo merecedora del Premio Somerset Maugham, para que constara la elevada calidad del oficio de esta autora nacida en 1940 y muerta prematuramente el 16 de febrero

su sudor cae sobre el campo

Li Shen

L

os chinos saben, quizá mejor que nadie, cómo comer. No me refiero a su exquisita alta cocina ni a su antigua tradición gastronómica. Me refiero a la habilidad que tienen las cocinas domésticas para transformar ingredientes sencillos –casi siempre vegetales– en delicias estupendas, y comer de una manera que no sólo deleita los sentidos, sino que también es coherente en términos de salud, economía e impacto ecológico. Hace poco me invitaron a comer a una granja cerca de Hangzhou, al este de China. En el comedor, la abuela de la casa, Mao Cailian, nos ofreció una selección de platos sobre una mesa alta y cuadrada. Había huevos

de pato hervidos en salazón, todavía en su cáscara, soyas verdes salteadas con conservas de hojas de mostaza, trozos de calabaza blanca cocida en salsa de soya, rajitas de papa con cebollines, rodajas de orejas de cerdo curadas, charales fritos, verduras frescas con hongos shiitake, huevos revueltos con cebollines, amaranto púrpura con ajo, pimiento verde con tiras de tofu y huevos duros con un poco de carne molida de cerdo, todo acompañado con arroz al vapor. Casi todas las verduras provenían del huerto de la casa y los huevos eran de gallinas criollas que andaban por el corral. Nunca olvidaré esa comida, no sólo porque fue una de las más deliciosas que probé en ese país, sino también porque era típica de la cocina china que siempre me ha impresionado. Los ingredientes eran comunes, baratos y estaban cocinados de manera sencilla, con sólo un poco de carne o pescado entre las verduras, y aun así los sabores eran vibrantes y hermosos. Todo tenía un sabor fresco y propio. La señora Mao había servi-

de 1992, a los cincuenta y un años. Sirvan el ensayosemblanza de Eve Gil y dos piezas narrativas de la propia Carter para evocarla, a poco menos de dos décadas de su desaparición. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

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Portada: El doble rostro de la belleza Gina Litherland, Wolf Alice (para Angela Carter), 2011 De la colección del MMoCA

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh témoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jornada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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Luzao (Stove), 2008, de Hung Liu, que formó parte de la exposición Nosotros, que trabajamos, Museo de Arte e Historia de Santa Cruz, California, EU. Foto: Cortesía de Hung Liu

do más platillos de lo normal, porque quería agasajar a sus invitados, pero fuera de eso nuestra comida era como cualquier otra que comparten las familias de todo el sur de China. Desde la época de Marco Polo, los visitantes europeos que han ido a ese país se han quedado deslumbrados ante la riqueza de productos que se pueden hallar en los mercados: pescado fresco y cerdo, pollos y otras aves, jamones exquisitos y una gran variedad de verduras. La amplia gama de ingredientes, sobre todo vegetales, sigue siendo impresionante hasta nuestros días. Recuerdo que una vez hice un estudio de los almuerzos escolares en China, a raíz de la campaña que propuso Jamie Oliver para mejorar los de Gran Bretaña. En aquella ocasión me encontré a unos niños de una escuela estatal de Chengdu que estaban comiendo, como de costumbre, una selección de platos a base de cinco o seis verduras diferentes, arroz y un poco de carne, todo recién cocinado y sumamente apetitoso. Más recientemente, mientras caminaba por las calles de Beijing, me cautivó la comida extraordinariamente saludable que comía un grupo de trabajadores junto a una construcción. Podían elegir entre una docena de platos recién hechos con un asombroso surtido de verduras de todos colores, algunas de ellas sazonadas con pequeñas porciones de carne, y acompañándolas con cuencos de arroz al vapor. A lo largo del país, la cocina china emplea una rica gama de alimentos vegetales. Hay verduras nativas, como el taro y los brotes de bambú; importaciones que llegaron con la Ruta de la Seda desde Asia Central, como el pepino y el ajonjolí; maíz, chile, papa y otros productos del Nuevo Mundo que comenzaron a llegar a finales del siglo xvi , así como otros más recientes como el espárrago, que se popularizaron hace apenas unas décadas. Junto a los principales cultivos, hay una infinidad de variedades locales y estacionales que son

poco conocidas en el extranjero, como la espinaca Malabar de Sichuan, una hortaliza de hojas resbaladizas que se usa en sopas; la colza de primavera de Hunan, con la que se puede preparar un salteado celestial, y las hojas de Aster de la India, que son escaldadas, picadas y luego servidas con un poco de tofu como aperitivo en zonas de Shanghai y el este de China. Desde luego, las costumbres alimentarias cambian tan rápido como todo lo demás en ese país. En las ciudades, la gente come cada vez más carne de res y pescado, se deja seducir por el atractivo de la comida rápida occidental y a menudo come fuera de casa. Las tasas de obesidad, cáncer y diabetes se incrementan con mayor velocidad. Los jóvenes se están olvidando de cómo cocinar y me pregunto qué harán cuando sus padres ya no estén allí para invitarlos a comer. Sin embargo, los ancianos y la gente que vive en el campo aún saben cocinar como lo hacían sus padres. Usan la carne para darle sabor a otros ingredientes en vez de que sea el centro del banquete; preparan pescado sólo en ocasiones especiales, no todos los días, y hacen que las verduras sepan tan deliciosas que no quieres que falten en cada comida. Es interesante cómo las dietas modernas a menudo se hacen eco de los viejos preceptos de la mesa china: poca azúcar, cereales y verduras en abundancia, y reducción del consumo de carne y grasas animales. En estos tiempos de economías precarias, comida en exceso y aflicción por los suministros de comida en el futuro, las prácticas tradicionales de la cocina China pueden ser un ejemplo para todos. En el pasado, desde luego, lo que limitó el rol de la carne en la dieta china fue una necesidad económica, pero –junto a la eterna preocupación por comer saludablemente– este hábito de frugalidad ha motivado a los cocineros a volverse expertos en la creación de sabores exquisitos con ingredientes en su

mayoría vegetarianos. En la cocina casera china, una pequeña porción de carne –cortada generalmente en trozos pequeños– añade su sabor a un wok lleno de verduras, mientras que los alimentos secos y fermentados como la salsa de soya, los frijoles negros y las verduras conservadas en sal o en escabeche –sazonadores que he llegado a ver como ingredientes mágicos– le dan la intensidad del sabor de la carne a platillos vegetarianos. Quizá uno de los aspectos más ricos de la cultura china sea la forma en que las personas saben cómo comer en favor de la salud y la felicidad, ya sea modificando sus dietas según el clima y las estaciones, ajustándolas a la luz de cualquier síntoma de desequilibrio o enfermedad, o haciendo que la comida más nutritiva sepa realmente deliciosa. Aun así, en China, las personas ven esta riqueza de conocimiento como algo trivial. Ya no sé cuántas veces he oído a los chefs y cocineros chinos hablarme de su admiración por el enfoque “científico” de la nutrición occidental. Pareciera que no saben cuán confundidos están casi todos los occidentales sobre qué comer o que no se dan cuenta de lo que el experimentado sistema de alimentación chino podría ofrecerle al mundo

* La autora cita uno de los poemas más famosos de la dinastía Tang. Hay varias traducciones al francés, inglés y español. Con base en ellas, proponemos esta versión del poema completo: “El campesino siembra un grano de arroz en primavera/ y recoge diez mil en el otoño/ En todo el Imperio no queda una tierra sin cultivo/ ¡pero el campesino se muere de hambre!/ Bajo el sol del mediodía trabaja con el azadón/ y su sudor gotea en la tierra/ ¿Sabías que cada grano de arroz en nuestra taza / es pena y sufrimiento?” [N. de los T.]

traduCCión del inglés de iván garCía y alexis viCtoria


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Historias dE una mano pr entrevista con Pilar Fernández Edgar Aguilar

Pilar Fernández (Ciudad de México, 1939) vive en un modesto departamento muy cerca del centro de la ciudad de Xalapa, donde llegó a radicar con su familia allá por la década de los ochenta. Su perro Tache (un pequeño y simpático perro ligeramente cojo) y su gata Tapa, le brindan al visitante una calurosa bienvenida. Pilar es una mujer de mediana estatura, con el pelo corto y completamente cano. Algo que llama de inmediato la atención son sus ojos: grandes, vivaces y de un azul profundo. También su tono de voz potente y de experimentada matrona, como de actriz de teatro, aunque todo en ella es jovial, decidido y alegre. Seguidos por sus fieles mascotas me conduce a una habitación bien iluminada, con una ventana frontal y otra lateral, que permanecen cerradas por el tremendo vendaval que ha azotado esa fría mañana, extremadamente luminosa. Nos acomodamos en una amplia mesa de trabajo. Hay libreros pintados de blanco con libros de literatura, de pintura y grabados, enciclopedias, discos de música clásica, porta­ rretratos, pinceles y lápices, muchos lápices, colocados en pequeños frascos de cristal y etiquetados según las graduaciones, así como algunos cuadros –identifico uno de Leticia Tarra­ gó– y una singular caja compuesta por curiosos objetos en las paredes. Empieza a mostrarme recortes de periódicos, algunos programas de exposiciones que ha montado en el país y en el extranjero, además de textos de Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Margarita Peña o Armando Ortiz sobre su obra. Pero ilustraciones –impre­ siones en papel bond– de su trabajo a lápiz cuenta con muy pocas. Se lamenta de no haber encontrado un libro sobre una exposición suya en España, una revista de sociales xalape­ ña, o incluso una publicación de antropología, en donde asegura aparecen varios de sus dibujos. Sin embargo, aunque escasas, no es difícil maravillarse ante esas hermosas y casi milagrosas combinaciones de imágenes a lápiz y acuarela en las que el tiempo parece suspen­ derse, y que forzosamente debieron salir de una mano prodigiosa. Dibujos que, a pesar de su extraordinario realismo, de su admirable precisión, o quizá por eso mismo, Pilar Fernán­ dez los dota, la mayor parte de las veces, de una enorme carga simbólica y enigmática, no exentos de placer por la vida y de ternura.

PARA ESTA ARTISTA DEL HIPERREALISMO QUE A LOS SETENTA Y NUEVE AÑOS SE DICE AUTODIDACTA, EL MUNDO FLUYE DE LA PUNTA DE UN LÁPIZ; TODO LO QUE EXISTE YA ESTÁ AHÍ.

-¿C

ómo nació tu interés y gusto por el dibujo? –Dibujo desde que tengo uso de razón. Yo estuve desde muy chica con monjas y me hacían hacer todo lo referente a las cosas eclesiásticas, como dibujar objetos sacros. Entonces hacía de todo y siempre estuve di bujando para las monjitas; después para la familia –es más, hice hasta una reproducción, cuando tendría como quince años, de El entierro del conde de Or­ gaz, del Greco, para uno de los tíos–, y me iban pidiendo cosas y más cosas, y así empecé dibuje y dibuje. Después me fui a Canadá, a Jesus et Marie Académie, en Quebec, y allí estuve estudiando dibujo con una monjita que se llamaba mere Saint Charles de Milán, y fue una ayuda increíble. Pero en realidad yo no he tenido clases ni maestros de dibujo, ninguno, porque ni ella era maestra de dibujo; ella era una persona que me asesoraba un poco, pero ni siquiera creo que supiera dibujar muy bien. Aquí tuve una clase de una semana con el maestro Lazcarro Toquero, pero en realidad soy autodidacta, nunca tuve estudios de ningún tipo. Pero dibujo desde que tengo uso de razón. –Imagino que tu formación autodidacta tiene que ver con la admiración que sientes por algunos pintores. –Desde luego. He admirado profundamente a todo tipo de pintores. Desde los renacentistas, antes de los renacentistas –admiro a Piero della Francesca–, y luego todos los impresionistas, que son para mí únicos. El impresionismo me parece sensacional. Realmente, en pintura no podría hacer una lista de todo lo que me gusta y me impresiona, es más allá de lo que puedo recordar. Pero la pintura me ha encantado de siempre. Dibujo he visto poco. Yo soy dibujante más que pintora. Me acuerdo de haber visto unos dibujos de José María Velasco en el museo, extraordinarios, pero así que haya visto dibujos a lápiz, no. Y mucho menos el dibujo a lápiz como yo lo hago, con un detalle en acuarela. Recuerdo que cuando quise empezar a hacer eso, era difícil encontrar un papel que me sirviera porque, o te servía para lápiz o te servía para acuarela, pero no para los dos. Y por fin, como por milagro, encontré un papel que hasta la fecha me sirve. –Esos detalles en acuarela, como los llamas, ¿son estos pequeños dibujos que sobresalen del fondo a lápiz? –Mira, creo que todo lo que es lápiz son las cosas ya existentes, y son cosas que en realidad ya están ahí, como es un arcón, como es una puerta, como es un portón, como es una mesa, son cosas que ya existen, porque lo mío es el dibujo estricto a lápiz, que es lo que se llama hiperrealismo, que a veces hasta parece fotografía. Entonces, lo negro, lo que es a lápiz, es todo eso, las cosas con lo que me topo, porque de repente me topo con Pilar Fernández. Foto de Edgar Aguilar

una alacena que me fascina y la copio, y después le pongo el detalle a color, que es siempre acuarela. –¿La idea de romper con lo cotidiano es el recurso del color? –No. Lo que pasa es que yo creo que amo tan profundamente la naturaleza, tan profundamente, que no la podría hacer blanca y negra. La naturaleza tiene que ser a color, porque en la naturaleza encuentras todos los colores habidos y por haber, tú en la naturaleza no inventas nada. Todo en la naturaleza existe. El color más


rodiGiosa

Chico zapote con pájaro, Pilar Fernández

extraño en la naturaleza, ahí está. Entonces todo eso me hizo hacerlo a color, por la admiración que tengo por la naturaleza. Yo creo que esta es una obra que no puede ser de nadie más que de alguien extraordinario que hizo esa maravilla que existe en este mundo. –¿Entonces por qué no pintar la naturaleza en todas esas posibilidades de color y utilizar, por ejemplo, el óleo en vez del lápiz? –Porque tengo verdadero amor por los lápices, lo mío es el lápiz. A mí me pones óleos y me… Bueno, desde la flojera de sacarlos y ponerlos en el papel y después limpiar todo eso… no, a mí no se me da. Yo prefiero la punta de un lápiz y con eso armar algo bellísimo, porque los lápices me apasionan, por eso lo sigo haciendo, por la pasión que tengo por los lápices. –Tal vez no tenemos conciencia de qué tan meticuloso y profundo es el trabajo a lápiz. –Dicen que la acuarela es lo más difícil. Yo pienso que el lápiz. Como decía Salvador Elizondo: “El difícil arte del claroscuro.” Tienes que estar viendo dónde vas a dejar el blanco, dónde vas a dejar el más clarito, dónde vas a dejar el mucho más oscuro, es un arte sumamente meticuloso. Y aparte piensas en un papel en blanco, ese papel en blanco lo llenas con puntitas miniaturas; vas haciendo toda una obra con puntitas en ese papel en blanco. Dicen que no soy creativa porque soy copista; yo creo que soy creativa en muchos sentidos. Alguien que me dice o que puede pensar que soy copista, quisiera decirle que se pusiera realmente a copiar algo, a ver qué hace. –Dibujas mucho pájaros; hay flores, desde luego; escarabajos. Estos elementos, ¿significan algo? –Sí, la naturaleza. Que hay tantas cosas: los escarabajos éstos, que se me hacen medio dark; las flores, de todo tipo de colores y formas; los pájaros, no hay uno que se le parezca al otro; es descubrir un mundo que pocas gentes tienen la gracia de ver. Yo creo que pocos realmente tenemos la gracia de ver ese mundo a color que es la naturaleza, que son los pájaros, por ejemplo; es más, hasta los insectos son maravillosos; tú ves una

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VOZ INTERROGADA

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La misteriosa dama del chelo, Pilar Fernández

libélula y ¡guau!, o ves una hormiga y dices qué es esto. Todo lo que es naturaleza es fuera de serie. –¿Cuánto tiempo en promedio te lleva hacer un dibujo? –Yo creo que fácil, mes, mes y medio. Porque es sumamente meticuloso. – ¿Cómo es el proceso de elaboración en tus obras? –Aquí estás viendo un dibujo que se llama La mis­ teriosa dama del chelo; un chelo, ya existe; este chelo es copia de un chelo real. Ahora, lo que es diferente es todo el entorno. Y nada tiene que ver con una joven sentada con un chelo y unas azucenas blancas que salen no sé de dónde. Todo gira alrededor del objeto que haces primero. Por ejemplo, en éste el chelo para mí es lo importante. Ya después empieza a girar todo, cómo lo voy a poner, con qué. Cuando veo el final del lápiz, ya dejo un espacio para hacer la acuarela. Eso sí, sé y tengo medido dónde va a ir la acuarela, pero no sé lo que voy a hacer, no sé si va a ser un escarabajo, un pájaro, una libélula, y eso es el final del cuadro, la acuarela. –¿Cuántos tipos de lápices utilizas para dibujar? –Para hacer un dibujo necesito seis, por lo general. Es el H, Hb, luego viene el b, el F, 3b, 4b, y 5b, desde el más duro hasta el más suave. Y hay todavía mucho más suaves. Pero por lo general son ésos los que utilizo, ni más ni menos.

–Tu obra tiene muchos rasgos mexicanos, además de tu predilección por dibujar Vírgenes. –Ay, cómo no. Yo crecí entre santos, vírgenes y diosito. Esta Virgen por ejemplo a mí me fascina; esta Virgen la tenía mi hermana en su buró y me encanta. No te sé decir qué Virgen es, nunca lo he sabido; puede ser La Asunción, puede ser La Virgen de la Pascua, puede ser cualquiera. Ella la tenía siempre en su buró, de ahí la saqué. Y todo lo que tenga que ver con nuestras artesanías, con nuestra cultura, lo amo. Sobre todo esas cosas de madera que por lo general no lo tomas como si fuera una artesanía, pero que existen y que son verdaderamente extraordinarias: hay unos burós, unas mesas, unos sillones, unas alacenas, unos cuadros, unas cosas de madera extraordinariamente bien hechas. –Veo tus dibujos como historias, tal vez como fragmentos de una realidad un tanto enigmática. –Puedes pensar que es como una historia. Qué está haciendo esa misteriosa dama tocando el chelo, quién es, de dónde sale, por qué las azucenas. Por qué el pájaro está sentado entre instrumentos de labranza, por qué los mecates… Por lo general todo tiene una historia, cualquier cuadro que veas tiene una historia. Como cuando ves –digo, sin comparar– La Gioconda y dices tú, ¡guau!, qué hay detrás de esa mujer. Es lo mismo, una historia detrás de lo que vemos


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Gonzalo Sánchez de Tagle

Collage, de Hidden Velvet. Fuente: hiddenvelvet.be

ConCienCia de uno mismo y destino: la dimensión trágica de lo cultural

LA MUERTE ES JOVEN EN LA CONCIENCIA HUMANA, PORQUE LA CONCIENCIA ES RECIENTE: APENAS UNOS 70 MIL AÑOS.

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a capacidad de abstracción y la función simbólica, cualidades únicas del ser humano, son causa de la comprensión del tiempo histórico y la invención de cosmovisiones. El origen de todo es la visión de la muerte. Las estimaciones arqueológicas y antropológicas sitúan el origen del Homo Sapiens en el este de África, hace 200 mil años. Es singular su brevedad, si consideramos que los australopitecos, primeros homínidos, surgieron hace 4 millones de años. Y en el terreno de los homos, el Erectus ya vivía en Asia hace dos millones. Así que no somos sino un breve suspiro nostálgico en el tiempo geológico. De su comienzo, del cual sabemos poco y sólo por aproximaciones óseas, el humano migró en flujos lentos y pausados hacia la gran meseta euroasiática. Encontró especies que crecieron en distintas ramas del árbol de la vida. Pero la nuestra aún era primaria, no había mirado el espejo. No tenía conciencia de sí misma y, por lo tanto, de su muerte y finitud. Era un ser meramente instintivo, que no pensaba, porque no sabía que lo hacía. En palabras de Patrick Johansson, todavía no entraba en la trágica dimensión de lo cultural. Los grupos de hombres que imaginamos, recolectores y cazadores, no trascendían su función corporal. Comunicación tuvieron, pero no lenguaje, tampoco amor, ni pasión o sufrimiento. Estos son resultado de la capacidad de abstracción que se traduce en la misión simbólica. Su miedo era total, porque abrazaba toda su existencia. Toda su experiencia se concentraba en instantes sucesivos; el momento era absoluto. Como cualquier misterio, y el humano el que más, el Homo Sapiens conoció la muerte que lleva dentro. De esto hace apenas unos 70 mil años. En una acción evolutiva que ignoramos, los ancestros pudieron producir conceptos y diluir ideas. En pasos lentos que parecen no culminar, el hombre conoció un plano alterno, una realidad ajena a sus sentidos y al entorno inmediato que lo rodeaba: el mundo de las ideas. Ese fulgor primi-

genio pudo haberse dado en un padre frente a la muerte de su hijo, o ante la cópula de una pareja que por primera vez sintió la pasión que acompaña al placer. Quizás a través de los sueños o la observación del cosmos. Así comenzó la embriaguez ante la contemplación de la naturaleza y del otro. Esa función simbólica no hizo otra cosa que dar conciencia sobre la muerte cierta, de uno y del tiempo. Con ello, irrumpió la incertidumbre del “de cerca” y el “de junto”. Se comenzaron a cuestionar los fenómenos naturales y a juzgar eventos inexplicables. Se rezó a la ánima del árbol y del oso. Sobre todo, se buscó dar coherencia a espacios inobservables: el origen y el destino. Una escatología aborigen y una cosmovisión silvestre, que inició por dirigir la temporalidad humana, en mediciones cíclicas y constantes. Así surgió el mito, como una forma de intercalar la razón explicativa con la trascendencia pretendida. La manzana del árbol del conocimiento es una metáfora mítica sobre el tiempo histórico, el primero, en el que el hombre conoció su existencia y se observó como un ser mortal. “Recuerda que vas a morir”, es otra forma de pensar en las palabras de la entrada del oráculo délfico: “conócete a ti mismo”. Es el memento mori por excelencia, porque en el preludio del conocimiento está la comprensión de nuestra muerte. Es la sublimación de la abstracción en la conciencia del término inalterable, el motor primero de todo.

LA IMAGEN EN EL ESPEJO

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a función simbólica se adquirió con torpeza, no podría ser de otra forma. De un primer humano que comprendió, pasó mucho tiempo para que su comunidad completa lo hiciera. Fue el chamán el que se miraba a sí mismo. Habrá sufrido como San Manuel Bueno, de Unamuno, pero en este caso, a diferencia del mártir, se trató del primer sacerdote como el único consciente de su tiempo, el único creyente, porque

era el único que pensaba en que pensaba, que sabía que sabía. En la cueva de Trois Frères, en el sur de Francia, está la imagen antropozoomórfica del hechicero, arte rupestre del paleolítico superior que simboliza las primeras creencias en un ser sobrenatural. Es una entidad con rostro de lechuza, barba de carnero, astas de venado, garras de oso, cuerpo equino y piernas humanas. Bien puede representar un ser abstracto y ultraterreno, o la significación estilizada y mística del guía que era vehículo espiritual de la comunidad. Con esa imagen, la cultura se suspende en símbolo de abstracción. El resto de las especies humanas desaparecieron poco después de que la capacidad simbólica le dio al hombre supremacía sobre su entorno. El homo Erectus se extinguió hace 70 mil años y el Neanderthal hace 40 mil, aproximadamente. Aunque, al parecer, los primeros debido a la mega erupción del volcán Toba en Indonesia, existen tesis sobre la hibridación con los segundos. Sea como fuere, el resto de los Homo concluyeron su ser para dejar la vastedad del horizonte al Homo Sapiens y su capacidad de comprensión. Los últimos en hacerlo fueron los Homo Floresiensis de la Isla de Java, hace apenas 15 mil años. Nada descarta, sin embargo, que la esencia para comprender nuestra imagen en el espejo haya sido el propulsor de la desaparición del resto de los humanos. Tal vez la comprensión sobre nosotros mismos fue el detonante de la intolerancia del otro. Con ello, pudo darse el primer genocidio de la historia. La asimilación de la muerte de quien está enfrente, similar pero distinto, moldeó la manera en que comprendemos nuestro espacio. Hace 70 mil años una persona se miró pensando y comprendió su conciencia. Desde entonces, nuestra especie disputa por encontrar respuestas y causas al tiempo que todo devora, como Cronos. Esa cualidad, que nos hace únicos, es la misma que nos impele a medir el tiempo con obsesión y buscar una alteridad en la muerte que conocemos


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Moisés Elías Fuentes A Rodolfo Walsh (1927­1977) A Javier Valdez (1967­2017) In memoriam

Y para que nos calláramos, te callaron. De doce tiros, Javier, para que nos quedara claro que estabas callado, sin más palabras que tu muerte. Con el medio siglo recién cumplido como le pasó a Rodolfo Walsh cuarenta años antes en su Argentina, tan ajena a nosotros, tan nuestra. Los dos baleados porque tenían palabras, unas para sosegar el vacío reseco de la tristeza; otras para cobijar a los desaparecidos del frío áspero que se cuela en las fosas, que congela el alma antes de los choques eléctricos. Baleados los dos porque creían en las palabras, airosas a pesar de la sangre oscura sobre el pecho. Airosas. Sin tiempo para el miedo pero con el miedo asido a cada sílaba, sencillo como el temor de la gente sencilla a morir sin haber terminado las labores de día. El temor que hace al hombre y a la mujer seguir avante, sin miedo a morir en un abrazo a la vida. Y así de sencillamente vivos fuiste vos, Rodolfo, y tú, Javier: airosos de amor y de palabras que el rencor de los cobardes nunca podrá arrebatarles.

11 de febrero de 2018 • Número 1197 • Jornada Semanal

A irosos


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SEMBLANZA CRÍTICA DE UNA AUTORA INGLESA EN PLENO SIGLO XX QUE SUPO PLANTEAR EN SUS OBRAS, SOBRE TODO EN QUEMAR LAS NAVES, CON PRÓLOGO DE SALMAN RUSHDIE, EL PUNTO DE ENCUENTRO ENTRE LO ATROZ Y LO SUBLIME, LO EXQUISITO Y LO ORDINARIO.

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EN UN ENSAYO SOBRE EL CONTROVERTIDO MARQUÉS DE SADE, AFIRMA CON LUCIDEZ Y VALENTÍA: “LA VOZ DE LA RAZÓN, SIEMPRE SUBVERSIVA, DEBE PROVENIR DE UN MONSTRUO.”

i la Ilustración y la Revolución Francesa produjeron un ángel depravado como el marqués de Sade, el llamado postmodernismo nos lega un hada perversa de nombre de Angela Carter que, como en su momento el Divino Marqués, arrasa, como un incendio contra un bosque, con lo que difusamente se denomina “valores”. En un ensayo titulado La mujer sadiana, Carter destaca la injerencia del aludido en la inversión y subversión de roles sexuales dentro de la literatura, y lo hace a través de personajes femeninos que aniquilan la biologista noción, reciclada por la cultura, de la llamada “naturaleza femenina”. La obra de Sade es una desacralización integral de lo femenino: “El ataque sexual es tanto un estupro como un tributo, pues el mismo acto del estupro refuerza la santidad del templo”, escribe Carter en uno de los mejores ensayos –o el mejor– que se han escrito sobre el heterodoxo genio. Angela explica metódicamente lo que simbolizan los personajes femeninos del Marqués a través de sus aberraciones contrarias a la “sensibilidad femenina”, paro-

La niña de nieve P

leno invierno: invencible, inmaculado. El conde y su esposa han salido a montar; él, sobre una yegua gris y ella, sobre una negra, envuelta en brillantes pieles de zorro negro, con unas relucientes y altas botas negras de tacones rojos, y espuelas. Nieve fresca caía sobre la nieve que ya había caído; el mundo entero era blanco. –Quisiera tener una niña tan blanca como la nieve –dice el conde. Siguen adelante. Llegan a un agujero en la nieve y el agujero está lleno de sangre–. Quisiera tener una niña tan roja como la sangre –añade, y siguen al trote hasta que ven un cuervo, posado sobre una rama desnuda–. Quisiera tener una niña tan negra como las plumas de ese pájaro. En cuanto terminó la descripción, la niña apareció junto al camino, piel blanca, labios rojos, pelo negro, completamente desnuda: era la niña de sus deseos, y la condesa la odió al instante. El conde la

subió al caballo y la sentó delante de él, en la silla: pero la condesa sólo tenía un pensamiento: “¿Qué puedo hacer para liberarme de ella?” La condesa dejó caer un guante en la nieve y le dijo a la niña que bajara a buscarlo; pretendía huir al galope y dejarla allí. Pero el conde dijo: –Te compraré guantes nuevos. Entonces, las pieles saltaron del cuello de la condesa al cuerpo de la niña desnuda y la condesa lanzó su broche de diamantes contra el hielo de un estanque helado, que se lo tragó. –Zambúllete y tráemelo –ordenó, pensando que la niña se ahogaría. Pero el conde dijo: –¿Acaso es un pez, para nadar en un clima tan frío? Entonces, las botas de la condesa pasaron a las piernas de la niña. Ahora, la condesa estaba como había venido al mundo y la niña, vestida y calzada.

Eve Gil Fotos: angelacartersociety.com

diada a través de la emblemática Justine, y nos hace ver hasta qué punto su propia obra descansa en ese altar profanado: “La voz de la razón, siempre subversiva, debe provenir de un monstruo.” Nacida en Eastbourne, Sussex, el 8 de mayo de 1940, Angela se crió con una abuela en Yorkshire. A los veinte años se casó sin abandonar sus estudios en la Universidad de Bristol, ni dejar de ejercer el periodismo, y tuvo un hijo llamado Alexander. Algunos, al ver su retrato, pensarán que luce como un ángel, pero Angela no es rubia como ángel sino como la Justine que da lugar a uno de los dos arquetipos de heroína sadiana, en este caso, la que por hermosa y honesta es, por fuerza, destructible –Angela afirma que el ideal contemporáneo de una heroína sadiana sería Marilyn Monroe–, teniendo su antítesis en la morena, cruel y astuta Juliette.

DOS BELLAS Y DOS CAPERUCITAS

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eyendo los relatos de Angela Carter, recientemente publicados en español por Sexto Piso bajo el título Quemar las naves, salta a la vista que

Angela Carter El conde se apiadó de su mujer. Al llegar a un rosal, con todas las rosas en flor, la condesa dijo a la niña: –Agarra una. Y el conde dijo: –Eso no te lo puedo negar. Así que la niña agarra una rosa: se pica un dedo con las espinas: sangra: grita: se cae. Entre lágrimas, el conde desmontó, se desabrochó los pantalones e introdujo su viril miembro en la niña muerta. La condesa refrenó a su nerviosa yegua y miró a su esposo con los ojos entrecerrados. El conde terminó pronto. Entonces, la niña se empezó a derretir. Pronto, no quedó otra cosa de ella que una pluma que un pájaro podría haber soltado: una mancha de sangre en la nieve, indicio quizá de la captura de un zorro y, por último, la rosa que la niña había arrancado del rosal. sigue

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Hannah Harding, ilustración para una edición de The Bloody Chamber and other stories de Angela Carter , 2010


CArter o la perversión de la belleza

esta Justine trae por dentro a una Juliette. Imposible asociarla con la autora de novelas verdaderamente corrosivas como Varias percepciones (1969), La pasión de la nueva Eva (1977) o la que sería la última, Niños sabios (1991). Salman Rushdie, quien fuera su amigo más cercano y prologa la edición de sus cuentos completos, alaba, entre otras cosas, su extraordinaria capacidad para ser, sucesivamente, formal y escandalosa, exótica y demótica, exquisita y ordinaria. Angela llega a mostrar una violencia sexual extrema –y suprema– no necesariamente del hombre hacia la mujer. Los relatos que componen La cámara sangrienta (1979), donde arranca a los cuentos de hadas los ropajes con que sucesivos autores han pretendido cubrir las parafilias en que tienen su génesis, y en algunos casos se fusionan con otras criaturas fantásticas como los vampiros –Erzbeth Báthory, condesa de Tepes– son de una minuciosidad quirúrgica, tanto en el hilván de su prosa como en su calculada crueldad, aunque conserven el tono encantador con que suelen transmitírsele a una audiencia infantil. Nos entrega dos versiones alternativas de La bella y la bestia. En una se linda con el bestialismo

y, en la otra, la bestia se escuda tras una preciosa máscara que despierta instintos fetichistas en la Bella; un conde anhela tener una hija con el pelo negro como el ébano, la piel blanca como la nieve y los labios rojos como la sangre y, como si su deseo fuera atendido por dioses demasiado cercanos, se la topa durante un paseo en carruaje por un paseo nevado, pequeña y hermosa… pero también desnuda y muerta de frío, y tras una serie de eventos terminará violando el cadáver de la niña para apaciguar los feroces celos de su condesa. Hay también dos caperucitas, una que asesina a su abuela y otra que convierte al hombre lobo –no “lobo”, a secas– en su juguete sexual. No hay un solo detalle o descripción que pudiera considerarse pornográfica: el cristal cortado de su prosa no tolera máculas. Pero por lo mismo tiende a embellecer y poetizar la violencia. Su primera novela, Varias percepciones, transcurre en 1968 y se menciona reiteradamente la guerra de Vietnam. El recurso del que se vale es el mismo de Sade: eliminar cualquier parapeto que brinde esperanzas de seguridad de cualquier tipo (física, emocional, psicológica). En un mundo sin Dios, pero también sin

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11 de febrero de 2018 • Número 1197 • Jornada Semanal

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F Angela Carter o la perversión de la belleza

Freud, sobran las justificaciones para el crimen. El protagonista, Joseph, es la Justine de este mundo despojado de sentido: un “bueno” que en realidad es un masoquista encubierto. Para él, repartir su dinero entre indigentes que lo insultan es un autoflagelo que le produce un placer enfermizo. En sus estériles obras de caridad, Joseph intenta encontrarle sentido al absurdo, del todo parecido al aburrimiento. Sin embargo, la influencia sadiana se encuentra más vívida y hasta con escenas que son franco tributo a su obra –la obsesión excrementicia, las bodas simuladas en las que se invierten los roles sexuales y la práctica habitual de la tortura– en La pasión de la nueva Eva, donde se recrea una tierra en la que hombres y mujeres representan bandos irreconciliables, enganchados a una violenta pugna por el control de la humanidad: las mujeres, los negros y otros oprimidos históricos se manifiestan como potenciales terroristas, lo que exacerba tanto el machismo como el racismo. Con esta situación se encuentra Evelyn, un joven inglés recién llegado a Nueva York que, si bien presenta rasgos que pudieran calificarse de “femeninos”, como conmoverse hasta las lágrimas con las películas de Tristessa St. Ange, especie de Greta Garbo que vive oculta –que no retirada–, ejerce las más abominables actitudes misóginas con Leilah, una jovencita negra. Tras inducir a ésta a practicarse un aborto, Evelyn cae en un inexplicable sentimiento de culpa que lo impele a huir a través del desierto donde será interceptado por unas amazonas –que como tales, se han cercenado el pecho izquierdo para sostener cómodamente el arco– y sometido a una rústica cirugía de cambio de sexo, algo que sonaba a ciencia

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ficción a finales de los setenta. Transformado en la hermosísima –y virgen– Eva, parecerá condenada a ser lo que Angela denomina, refiriéndose a Justine, “artista de la huida”, pues las amazonas pretenden fecundarla con su propio semen y la sola idea de la maternidad la aterroriza más allá de toda proporción. En el ínter será capturada por Zero, un poeta cojo inspirado en Lord Byron que se refocila en un harén de púberes idiotas que la emprenderán a golpes y escupitajos contra la recién llegada. En medio de tan insólitas circunstancias, Eva coincidirá nada menos que con su idolatrada Tristessa, que resulta ser un bellísimo travesti…y no uno homosexual. En esta novela, que bien podría ser el Orlando de finales del siglo xx , Angela vuelve a poner en jaque los estereotipos culturales de género.

LA ÚLTIMA VISITA

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ngela Carter, una de las plumas más privilegiadas en lengua inglesa de todos los tiempos, como la antes citada Virginia Woolf, o su virtual heredera, Margaret Atwood, murió de cáncer de pulmón el 16 de febrero de 1992, en pleno apogeo de sus facultades literarias e imaginativas. En el prólogo de Quemar las naves, Salman Rushdie evoca la última vez que la visitó en su casa. Ella insistía e alejarse de su lecho de enferma, vestirse para el té y sentarse a la mesa con su invitado sin dejar de sonreír. Sus labios no dejaron nunca de fruncirse satíricamente y, por si fuera poco, parecía de humor para detallar chismes maliciosos. No sólo se burló de los dolores que le producía el cáncer: planeó su propio funeral con la misma conte-

nida pasión con que escribía sus extraordinarias historias. El inciso uno de sus condiciones debía ser acatado al pie de la letra: alguien leería el poema “Sobre una gota de rocío”, de Marvell, sobre su féretro abierto. Se sabía, a decir de Rushdie, una autora lo bastante extrema para resignarse a disolverse con facilidad y no ser recordada en púrpura y negro. Y quien no la haya leído aun y por consiguiente no conozca el asombro, la maravilla y el horror en su manifestación más extravagante, delicada y pura, deje lo que esté haciendo y corra a sepultarse en Quemar las naves, que aparenta ser un encantador libro para niños… pero es un rito de iniciación para habituarse al rojo tiziano del infierno

El bosque se cierra sobre ella como unas fauces. Siempre hay algo que ver en el bosque, incluso en mitad del invierno: los pájaros apiñados en las chasqueantes ramas, demasiado tristes para cantar; los luminosos flecos de los hongos en los emborronados troncos de los árboles; los ojos cuneiformes de los conejos y ciervos; las espigadas huellas de las aves; una liebre tan delgada como una loncha de panceta, cruzando rauda el camino por donde el fino sol motea las hojas rojizas de los hechos del año anterior. Cuando oyó el aullido de un lobo distante, la experta mano de la muchacha buscó el mango del cuchillo; pero no vio indicio de lobo ni tampoco de ningún hombre desnudo. Entonces, oyó un ruido entre los arbustos y un hombre completamente vestido, uno muy joven y apuesto, con casaca verde y sombrero ancho de cazador, cargado con los pájaros que acababa de cazar, saltó al camino. Ella tenía la mano en el cuchillo desde el primer chasquido de hojas, pero él rió con un destello de dientes blancos y le dedicó una cómica aunque respetuosa reverencia. Ella nunca había visto a un sujeto tan elegante; no entre los rústicos payasos de su pueblo natal. Así que se fueron juntos, bajo la luz cada vez más tenue de la tarde. Poco después, ya reían y bromeaban como viejos amigos. Él le ofreció llevarle la cesta y ella aceptó; había dejado el cuchillo dentro, pero él le dijo que su escopeta los protegería. El día siguió muriendo y la nieve volvía a caer. La jovencita sintió que los primeros copos se posaban en sus pestañas, pero sólo quedaba un kilómetro y pronto tendrían un fuego, un té caliente y una bienvenida, una cálida, sin duda alguna, tanto para el gallardo cazador como para ella misma.

Aquel joven llevaba un objeto extraordinario en el bolsillo. Era una brújula. Ella miró la diminuta esfera en la palma de su mano y observó la temblorosa aguja con asombro. Él afirmó que aquella brújula le había permitido cazar sin perderse porque la aguja siempre señalaba el norte, con absoluta precisión. Ella no le creyó; sabía que si dejaba el camino, se perdería al instante. Él se volvió a reír y barbas brillantes colgaban de sus dientes; dijo que, si abandonaba el camino y seguía por el bosque, llegaría a casa de su abuela quince minutos antes que ella porque la brújula le encontraría un atajo entre la maleza mientras ella continuaba por el largo y sinuoso camino. –No te creo. Además, ¿no te dan miedo los lobos? –¿Quieres apostar? – preguntó a la muchacha–¿Nos jugamos algo? ¿Qué me das si llego a casa de tu abuela antes que tú? –¿Qué quieres que te dé? –Un beso. Tópicos de una seducción rústica; la muchacha bajó la mirada y se ruborizó. Él se alejó por la espesura, llevándose la cesta. La luna ya estaba saliendo, pero ella olvidó sus temores porque tenía la intención de entretenerse para estar segura de que el apuesto caballero ganara el envite. La casa de la abuela estaba algo apartada del pueblo. La nieve reciente formaba remolinos en el jardín de la cocina cuando el joven subió por el sendero nevado de puntillas, como para no mojarse los pies, llevando la cesta y los pájaros muertos y tarareando una canción. Tiene un débil rastro de sangre en la barbilla: le ha pegado un bocado a una de sus presas. Llama a la puerta con los nudillos

F La niña de nieve

Ahora, la condesa volvía a estar vestida. Con su larga mano, acarició las pieles. El conde alcanzó la rosa, le hizo una reverencia a su mujer y se la dio. Cuando ella la tocó, la dejó caer. –¡Pica!– protestó.

LA COMPAÑÍA DE LOS LOBOS (FRAGMENTO) Angela Carter

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ste es un país despiadado, donde la juventud de los niños dura poco. No tienen juguetes para jugar, así que trabajan duro y maduran con rapidez: pero esta niña tan bonita, la menor de su familia, llegó casi a destiempo y creció entre los mimos de su madre y de su abuela, quien le tejió un manto rojo que hoy muestra el aspecto aciago, aunque brillante, de la sangre sobre la nieve. Los pechos le han empezado a crecer; su pelo es como pelusa, tan claro que casi no hace sombra a su pálida frente; sus mejillas son de un blanco y escarlata emblemáticos, y acaba de tener su primera menstruación, el reloj interno que, en lo sucesivo, avanzará una vez al mes. Se planta y camina dentro del pentáculo invisible de su propia virginidad. Es un huevo sin romper; es un recipiente sellado; tiene en su interior un espacio mágico cuyo paso permanece cerrado con un tapón de membrana: es un sistema cerrado; no sabe sentir escalofríos. Lleva un cuchillo y no tiene miedo de nada. Si su padre hubiera estado en casa, quizás le habría prohibido que saliera; pero está en el bosque, recogiendo leña, y su madre no se sabe negar.


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Jornada Semanal • Número 1197 • 11 de febrero de 2018

Reflexiones en torno a la violencia en México: acercamientos filosóficos y sociales, Juan Carlos Ayala Barrón (coordinador), Universidad Autónoma de Sinaloa, México, 2017.

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La condición humana desde la vida dañada

uede hablarse de la violencia como un fenómeno histórico, producto de la condición humana y con un carácter netamente instrumental, operativo desde lo íntimo a lo público, que refiere a la conquista como apropiación o la defensa de lo propio por su protección y seguridad. Por eso mismo, la violencia es un fenómeno anclado a la sensibilidad humana como ámbito fundamental de configuración y realización. Pensar situadamente este fenómeno es problematizar, desde una dialéctica de lo concreto que ancla la memoria y la cotidianidad como horizontes ineludibles y constitutivos. Por lo tanto, la violencia es sólo pensable a partir de su dimensión cotidiana y configuradora de identidades en lucha por su liberación integral. ¿Puede haber vida sin violencia? ¿Es la violencia parte de la condición humana o viceversa? Son dos cuestiones a considerar cuando hablamos de ella como parte del mundo de la vida, al igual que nuestra realidad nacional, y ambas apuntan hacia pensar la violencia como un fenómeno relacionado con el poder, transido de ideología, utopías, imaginarios, conductas, simbolizaciones, prácticas, emociones, razones, deseos y necesidades, entre otras. Todas ellas operan a nivel consciente e inconsciente en escalas subjetivas, colectivas e institucionales y se sitúan históricamente en la realidad humana. Hablar así de la violencia es enunciar las luchas por la liberación y su contención dominadora. Los problemas concretos son así aquellos que permiten mirar a contrapelo de la historia una narrativa de la violencia como legítima sólo desde el Estado, ya que la violencia es sólo justificable y en ningún caso legítima. Tales son los problemas, objetivos y posiciones que plantea este libro. Pensar, por ejemplo, el narcotráfico y su mundo es pensar sus secuelas y hasta productos culturales como uno de los problemas de orden mundial que atañen también al orden regional, como el de Sinaloa y todo México. También es dimensionar la violencia como un instrumento que, impuesto por el orden de la autoridad, se emplea para manipular nuestro ser y configurar como necesario algo nocivo para la salud (subjetiva y colectiva), hasta mistificarla como un deseo que disloca nuestra vida cotidiana hasta tornarla en un mundo de la vida dañada.

ORLANDO LIMA ROCHA

Esta obra, integrada por trece ensayos, problematiza los elementos antedichos desde distintas perspectivas que ponen sobre la mesa la necesidad de una hermenéutica cuestionadora de toda normalización autoritaria que coloniza nuestra dignidad, hasta reprimirnos como personas y reconocernos sólo como personajes que actúen funcionalmente, legitimando un modo de organización social represivo, opresivo y configurador de relaciones de dependencia instrumental y vertical excluyente. La violencia instrumental del poder de dominación es condición de posibilidad de aquello que María Zambrano llamara el orden de la sacrificialidad, de una historia sacrificial constitutiva del absolutismo occidental. Tal enfoque de dominación es configurado y resemantizado en situaciones de colonización y se produce dialécticamente ante la resistencia de los oprimidos; resistencia en las mentalidades y prácticas que llevan a redimensionar la importancia de la identidad construida desde lo comunitario.

Así, la violencia de dominación configura sujetos funcionales en sus prácticas o los aniquila hasta quebrar su cultura comunitaria en cultura de masas. En el marco del triángulo Estado/Mercado/Sociedad, el bien común es violentado verticalmente desde los dos primeros nodos (Estado/Mercado). Por ello es posible hablar de una violencia de liberación que dé voz y rostro a los vencidos, los olvidados, los desaparecidos, los acallados y los silenciados de la historia; una violencia que se gesta desde el horizonte de comprensión del mundo de la vida dañado por el mal común, pensado como condición de realización política actual de toda forma sacrificial de vida que hay que superar. Se juega pues, con nuestra mentalidad desde la violencia de dominación que manipula nuestros deseos como si fuesen necesidades y, por ende, es posible el control no sólo externo (de coacción) sino también interno (de autorrepresión) por medio de la represión traumática de la condición humana. Por eso precisamos pensar desde el horizonte de la “cultura del temor”, según la categoría del filósofo Osvaldo Ardiles: un campo donde la violencia es instrumentalizada desde el poder de dominación, para vincular la necesidad con la autoridad y su cotidianización social en las prácticas por medio de las cuales se gesta la obediencia como expresión de la necesidad de la autoridad y una autoridad que plantea necesidades. Es allí donde toda cultura del temor desemboca dialécticamente en el “temor a la cultura” comunitaria, eminentemente humana, y se hace urgente la liberación de la praxis de todo sujeto y colectivo humano. De este modo, Reflexiones en torno a la violencia en México aporta sugerentes planteamientos en torno a este fenómeno que, quizás en tanto necesidad humana instrumental, se configura no sólo como violencia cotidiana, estructural y sistemática, sino también como violencia histórica que, ante las presiones de dominación, produzca circunstancias de liberación donde la violencia puede también colaborar en la configuración de proyectos de vida digna para todos. Ese es quizás el mayor reto y horizonte a pensar, dialogar y debatir en esta obra 

En nuestro próximo número

VÍCTOR MANUEL CÁRDENAS: poesía y realidad del mundo indígena

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s o p m a C o i n o t n rc o A


Leer ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024, Eduardo Cruz Vázquez (coordinador), Editarte Publicaciones, México, 2017.

11 de febrero de 2018 • Número 1197 • Jornada Semanal

La cultura y sus necesidades RAEL SALVADOR

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on la aportación de un destacado grupo de profesionales –escritores, músicos, artistas, comunicólogos, activistas y promotores del sector cultural–, coordinados por Eduardo Cruz Vázquez, experto en el análisis de las relaciones entre economía y cultura, se consolidó la edición de este volumen que recoge y puntualiza la visión de un México que asume reformas en beneficio del arte y sus protagonistas. Teniendo la experiencia como memoria y la profusión como legado, el libro abunda en el hecho cultural, instrumentando el debate, desglosando en abanico las disciplinas del arte, estimulando la inteligencia y la crítica, haciendo que sus comentaristas, en un desplegado de comunicación accesible, expongan la cartografía de un siglo xxi donde el país aparece como pilar de la cultura internacional. Ciencia, museos, el mundo editorial, la función del escritor, las responsabilidades del músico y el dramaturgo, la artes escénicas en sí, aquello que damos a conocer como popular e indígena, lo audiovisual y la niñez, la municipalidad de la políticas públicas, la importante participación de la ciudadanía en la cultura, la política sorda y ciega, seguida de los añejos mandatos de una joven Secretaría de Cultura, son los temas que cavan hondo en la idiosincrasia del artista nacional y de los funcionarios encargados de que la cultura no merme en la incertidumbre.

El hombre de la casa de al lado, Édgar Aguilar, La Zonámbula/Ediciones Cultura de Veracruz, México, 2017.

Con plumas que tienen surcado el escenario cultural desde hace décadas –no sólo trazado en publicaciones, sino identificado desde lo institucional–, el imaginario se perfila en un espíritu enciclopédico: Francisco Moreno, Sergio Gómez Montero, Néstor García Canclini, Leobardo Sarabia, Eduardo Matos Moctezuma, Horacio Franco, Judith Amador Tello, Jorge Bravo, Carlos Anaya Rosique, Raúl Ávila Ortiz, Patricia Chavero, por nombrar sólo algunos y sin dejar de hacer referencia a la gran aportación estratégica del equipo humano del grecu (Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura). Llamamientos, propuestas, diversidad, estructuras, resoluciones, la plenitud de un ciclo de refor-

mas sobre el escritorio que, en su consolidación posible, aciertan en nitidez de miras e impulsan los señalamientos que deben atenderse desde el Poder Ejecutivo, el Congreso de la Unión, así como la corresponsabilidad de aportación y garantía por parte de los gobiernos estatales y municipales. Habría que girar una orden de desplazamiento universitario para la asimilación y crítica del “Resumen ejecutivo”, que concentra con amenidad lo tocante a Reforma cultural, Educación, Arte, Cine y medios audiovisuales, Artes plásticas, Medios de comunicación e internet, Ciencia, así como lo que se refiere al Patrimonio y la Diplomacia cultural, Becas y apoyo a la creación, Empresas culturales, Arte y culturas populares, Participación ciudadana y Propuestas generales… Encabezados que, en su desglose y expansión, no dejan punto sin tocar, ya que surgen de cada uno de los enunciados que pueblan esta obra colectiva. Los actuales son tiempos de cambios y desafíos que obligan a la renovación de la agenda, de tal manera que la gestión cultural, cifrada con elegancia y precisión por expertos en la materia, se convierte en un amparo para todos aquellos que, a lo largo de sexenios anteriores y desde diversas disciplinas, tienen algo que decir y mucho que aportar para que México consolide sus impostergables propósitos en el escenario de la educación, el arte y la cultura 

El arte de complementar JOSÉ ALEJANDRO SÁNCHEZ VIGIL

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os cuentos de Édgar Aguilar son inquietantes, de final perplejo muchas veces. Se pone a jugar con su lector vaticinando terrores que no llegan a clarificarse o bien se desplantan por completo. Los cuentos de El hombre de la casa de al lado están abiertos en el nivel de la significación y cerrados en lo formal, de firme artesanía. Hay un manejo hábil de la relación entre narración y descripción. Con la narración se obtiene secuencialidad, encadena acciones sucesivas. La descripción aporta espacialidad, configuración: retrata, visualiza. Puede hacerse que una acción pase rápida o lenta, por ejemplo, pero el rostro de un hombre o la distribución de los muebles en una habitación, al describirse, no puede hacerse sincrónicamente como nos lo pudiera presentar una fotografía o una pintura: la descripción también habrá de extenderse en el tiempo, con una largura que se percibe al transcurrir, similar a las gotas de un grifo oxidado que por desidia del usuario pueden llegar a inundar por completo un departamento. La narrativa es un arte de complementaciones que el autor sabe manejar, logra entrecruces oportunos para provocar golpes de sentido, armoniza en ritmos orgánicos y asimétricos para mantener en vilo la atención del lector. Se puede utilizar la

descripción como un recurso de retraso, o todo lo contrario, para lograr una explosión contundente; por un lado, el autor se regodea en los detalles, se detiene en los matices mínimos, incluso puede enlistar o adjetivar hasta donde su creatividad se lo permita; por el otro, la fuerza de los sustantivos y adjetivos debe reconcentrarse para lograr un impresión máxima con rapidez. El autor manipula los

gradientes que ofrecen estas posibilidades literarias. Al inicio de algún cuento nos pinta al hombre o a la mujer y, ya plantada su imagen en nuestro fuero interno, nos lleva por escozores y misterios. Es así como nos presenta realidades que primero nos reafirman en este mundo, instantes después nos hace dudar y al final acabamos de nuevo en el suelo. En estos cuentos hay retratos de medio cuerpo, de cuerpo entero, paisajes urbanos y vistas interiores; hay objetos artísticos, fuentes decorativas, dibujos y pinturas que ocupan un lugar relevante en la trama, como en el cuento “Lluvia”, en el cual un retrato femenino colocado entre diplomas, títulos y otras pinturas abstractas, vuelve a ser nombrado al final para cobrar sentido. Dentro de otro cuento, “Habitación 14”, hay uno de esos cuadros con planetas y visiones intergalácticas, hechos a una velocidad espectacular por pintores callejeros que utilizan aerosol y aplicación de fuego. Dicha pintura imprime al penumbroso espacio de la habitación un carácter onírico que enfatiza un raro juego de espejos. El propósito de estas imágenes fragmentarias es picar la curiosidad del público para que se apreste a leer los cuentos de El hombre de la casa de al lado 

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Arte y pensamiento

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MONÓLOGOS COMPARTIDOS francisco torres córdova

LA OTRA ESCENA miguel ángel quemain

ftorrescordova@gmail.com

quemainmx@gmail.com

MARÍA ALICIA MARTÍNEZ MEDRANO

PLEGARIA DEL FUTURO

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EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS a no soy el que solía. No hace mucho estaba al otro lado de las horas, en una lejanía visible a ras del horizonte y sin embargo fuera del alcance, al borde de la sombra vespertina de una cordillera, un risco o promontorio, en la cadencia

de mareas y estaciones o en los bosques que de noche musitan profecías, presente a punto pero no, ahí donde uno se piensa y desvanece y no se sabe y se imagina, y era duda, augurio o titubeo, umbral en las ciudades que eran lentas, resonancia de los días que serían en los patios blancos y sonoros. En las madrugadas, cuando la vieja luz del sol recién me anuncia en el planeta y despiertan las gentes o dormitan agotados los que velan, en mí cristalizaba un secreto tibio y trabajado en duermevela, en el silencio primario de la vida. Y era una íntima promesa de sosiego o el miedo puro que presiente y conjura algún peligro; a veces el consuelo anticipado de una cura por ejemplo, un dolor que cede en el cuerpo y en el alma se atempera para que al fin revele su sentido, o el anhelo de un encuentro que habría de ser eterno por un instante al menos, la soledad serena y al cabo entonces compartida, esa espera y otras en racimos, en el afán de cada quien en la vasta multitud de lo posible. Pero ya no soy el mismo. Se ha estrechado de pronto mi infinito, ahora se parcela y se calcula el valor de mis dominios, y me ciñen y deducen relojes digitales luminosos con memorias y algoritmos infalibles, sordos al eco del tiempo que canta la ballena, que traza los profundos anillos de los árboles y escribe y reescribe con el viento los desiertos. Era sueño y balbuceo venideros, piedra pulida del deseo, vaga materia en que arraigaba humilde desde siempre la esperanza. Las resinas y vapores de mis templos cotidianos, las hierbas y las voces que cifraban en el alma mis presagios y destinos se han disperso. Ahora soy un artefacto, una tarjeta luminosa, madre de circuitos que todo lo concibe, lo acerca, pule y simplifica; que reitera sus funciones y promueve sin cesar su letanía de certezas inmediatas y perennes, al alcance de cada tesitura de la voz y de la punta de los dedos por supuesto. A espaldas del aire, del tigre, del hielo y los manglares, ya tienen número preciso, mapa y ruta crítica todos mis asombros. Así me ofrecen sin fisuras en los altos y suntuosos salones de la gran tecnología, la soberbia diosa que se abisma en el espejo y se enamora, y en discursos, arengas y campañas que destellan el titanio de sus dientes, el cromo de sus armas y los hilos incontables de sus sedas, soy el aliento saturado de rústicas promesas, la palabra que incita la sed y la sal que la conserva, el caballo de madera que se inserta en la miseria y la acaricia, la excita, la dilata, la administra. Soy coto de caza, zona de amenazas, ilusiones y pillaje. Me azuza el poder, me usan los mercados y conmigo difunde y pavimenta la fe sus paraísos. Sin embargo, en la avidez de lo posible de estos tiempos desasidos, en el viejo curso de la vida que renuevo con el polvo que fecunda y luego sedimenta la inmensa maroma del espacio, soy uno de los nudos de sus fibras esenciales. Sin mí la muerte no tendría sentido ni sustento; yo la alumbro, la nutro, la mantengo y alguna vez inexorable a todos desengaño, les devuelvo el peso y la hondura de su cuerpo, la primera conciencia de sí mismos antes de su nombre, a la altura de los ojos. Aquí la llamo. En este ruego convoco la verdad de su promesa, la salud de su recuerdo.

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Para Jaime Casillas Ugarte

ACE TREINTA Y CINCO años, María Alicia Martínez Medrano fundó el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena en Oxolotán, Tabasco, un ejercicio que fue resultado de la confianza amplia que venía de las instituciones culturales de Tabasco, de la escritora Julieta Campos y su esposo, el entonces gobernador Enrique González Pedrero, además de la complicidad de Cristina Payán, quien vinculó e hizo fluir la certidumbre de María Alicia en la viabilidad de un proyecto ambicioso que instalara en el mundo indígena un modo de hacer teatro que arraigara y lo hiciera imprescindible en las comunidades. Julieta Campos justificó en lo académico la necesidad de un teatro comunal, que se asomara al mundo y de regreso a sus moradores, que le diera un techo y una estructura a la creatividad de una sociedad que cuenta con una tradición oral sólida con un modo totalmente mnemotécnico de articular el mundo en sus distintos tiempos verbales y experiencias sensibles. Durante mucho tiempo, Tabasco fue uno de mis destinos obligados como reportero para ver los avances, la ruta, los trabajos, los estrenos del Teatro Campesino e Indígena. A finales de los ochenta, esas visitas hicieron posible la aventura de un programa de televisión para Canal Once que produjo Jaime Casillas Ugarte, de una cultura amplia y una sensibilidad que permitía hacer fluir sobre unos rieles originales una manera de hacer teatro que ahora las cámaras de Canal Once tenían el reto de grabar como uno de los mejores teleteatros, pero también hacer fluir como un documental, un testimonio. Me tocó hacer el guión de ese programa, calificar y armar un rompecabezas de testimonios que María Alicia nos había permitido obtener con muchas dificultades, porque siempre sospechaba de nuestra ignorancia para entender a la comunidad indígena y campesina. No se equivocaba en muchas de sus previsiones, pero exageraba también. Trataba de proteger ese teatro incluso de ella misma, aunque había cierta actitud fundamentalista en sus planteamientos que, en muchos momentos, amenazaba con la idea de que no había más ruta que la suya. Lidiamos con una necedad, por llamar así a esa mezcla de incredulidad y obcecación. Si las cosas habían funcionado bien 100 mil veces de un modo, ya era hora de desaprender y empezar a volar en otra dirección. Y así construyó un teatro, según ella, basado en las enseñanzas de Virgilio Mariel; incluso por ahí circulaba el nombre de Fernando Wagner, pero en realidad era su genio, su disciplina, su capacidad para escuchar las lenguas del sureste y la península lo que le permitió crear un teatro como si se tratara de una cocina que sólo emplea los ingredientes del lugar, pero que se ha apropiado del fuego y ha elaborado toda una batería alquímica. Sin tratarse de una institución, tuvo la fuerza para trabajar instalada en las lenguas zoque, maya, náhuatl, chontal. Trató de que sus poetas locales no se “contaminaran” con la cultura de Occidente para que pudieran indagar en sus propias inspiraciones y mundos primordiales. Se enojó bastante conmigo cuando le acerqué a Auldárico Hernández (quien llegó a diputado, senador y líder del prd en la entidad), coautor de La tragedia del jaguar, un tomo de la antología Ómnibus de poesía mexicana y Muerte sin fin, de Gorostiza. Pero finalmente me disculpó cuando vio que no sólo estos sino otros muchos frutos de la literatura universal terminarían por expulsar definitivamente del paraíso a todos esos poetas con los que fundó fecundos valles de lágrimas en X’ocen, Yucatán, y en Yoreme, Sinaloa, en ambos casos en 1989, así como en Ciudad de México en 1990 y 1995, cuando fundó El Laboratorio de Teatro Santo Domingo. Los años ochenta y principios de los noventa representan los momentos con mayores logros. Fueron años de festivales internacionales, de premios y múltiples reconocimientos. El Festival Latino de Nueva York, el Festival Iberoamericano de Teatro, tanto en Madrid, como en Cádiz y Sevilla, el Festival de Shakespeare en Nueva York y las múltiples giras para presentar un trabajo que abrió horizontes también hacia lo popular: en 2000 tuvo un escenario masivo en el Zócalo capitalino con un homenaje a Pérez Prado que tituló Concierto 42. Ahora Delia Rendón está al frente del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena; quedan sus logros en casi todas las dieciséis delegaciones de cdmx, donde se fundaron pequeños “Laboratorios” en comunidades vulnerables; en Morelos, Michoacán, pero sobre todo en Yucatán, en la cultura maya, donde su última impronta quedó en esa obra de la ritualidad llamada Momentos sagrados de los mayas 

Momentos sagrados de los mayas. Teatro Indígena y Campesino


Arte y pensamiento

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LAS RAYAS DE LA CEBRA

LA CASA SOSEGADA

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javier sicilia

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I DESENCANTO FRENTE al futuro de mi país me ha llevado a releer En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Mi relectura no busca recuperar una época pasada, completamente ajena a la mía, sino explorar en ella lo que Proust buscaba también: el tiempo y uno particular: el perdido, el olvidado. Pero, ¿qué es el tiempo más allá de su reduccionismo a períodos de la historia? Todos, como le expresó el San Agustín de las Confesiones, sabemos del tiempo si nadie nos pregunta, pero todos también somos incapaces de explicarlo si alguien nos pregunta por él. Esa es la causa de que Proust, en lugar de intentar responder a la pregunta sobre el tiempo, que seguramente él mismo se hizo, haya escrito un largo y minucioso relato para hacérnoslo sentir.

verónica murguía

ATISBO AL TIEMPO Esta experiencia de la temporalidad, que todos experimentamos como una obviedad y, sin embargo, es inexplicable, subyace no sólo en el relato de Proust, que es un hijo de la tradición occidental, sino en los razonamientos de Agustín, uno de los fundadores de la noción del tiempo en Occidente. Antes de que el mundo fuera creado, el tiempo no existía, no había un antes. El tiempo de Dios es un presente perpetuo, eterno. Sin embargo, desde que el ser humano aparece sobre la Tierra, la única manera que tiene para experimentar ese presente perpetuo en su transcurrir hacia la muerte es interiorizándolo como “un tiempo presente de las cosas pasadas”,“un tiempo presente de las cosas presentes” y “un tiempo presente de las cosas futuras”. Lo que los seres humanos sabemos y experimentamos es que, a la vez que siempre transcurrimos en el tiempo y que en ese transcurrir hay un pasado, un presente y un futuro, siempre también nos experimentamos como un presente perpetuo que Agustín llama “la presencia” y Bergson “la duración”, una experiencia ajena al tiempo externo de los relojes. Somos presencia, tiempo eterno, que al interiorizar el pasado, el presente y el futuro, los hace siempre presentes en nuestra experiencia. Esta percepción simultánea del tiempo es la que nos permite que la vida tenga sentido y evite que se convierta en un terror vacío. Lo que, sin embargo, hace posible que el presente de los tres tiempos sea en la presencia, es la memoria. Sin la memoria –hay que ver la pérdida de la condición humana de un ser humano atacado por el Alzheimer– el sentido se extravía. Cuando, como sucede con Proust, el presente y el futuro desaparcen –porque se está enfermo o porque el mundo en el que fuimos felices se colapsó–, la única forma de rescatarlos y de rescatarnos como presencia es la memoria, el traer al presente las cosas pasadas. Proust, más

ADIÓS, URSULA

U

NA DE LAS COSAS que me gustan de leer críticas literarias en inglés es el uso de la palabra beloved (amado) para designar a ciertos escritores. Me parece mucho más franca que “popular”, más expresiva que el burocrático “reconocido” y más precisa para calificar lo que ocurre cuando cierto tipo de lector se encuentra con los libros que le revelan el mundo. Ahora que murió Ursula Le Guin, en casi todos los obituarios se lee, justamente, beloved. Ciertos lectores se enamoran de las palabras y las ideas del autor. Claro que a veces el libro es lo mejor que el escritor le puede dar a la persona que lo lee y deberíamos tener esto presente. No todos los escritores que amo podrían o querrían ser mis amigos. Cuando leí el Borges de Bioy, tuve un ataque de melancolía debido a mi terquedad en concebir a Borges como una suerte de Homero equivocado políticamente. Y nada: era una persona maledicente, racista y algo misógina, además de ser un genio. Al final de esa amarga y divertida lectura lo volví a querer, pero no hay que confundir la gimnasia con la magnesia. No debemos idealizar a nadie. Es oneroso para el escritor, un espejismo para el lector. Pero con Ursula Le Guin (1929-2018), cuyos libros –leídos pasionalmente al mismo tiempo que la obra de Tolkien– me convirtieron en escritora, me pasó algo muy distinto. Cada entrevista, cada aparición pública, cada línea de su blog me la acercaron durante los cuarenta años que fui su lectora a sabiendas de que vivía. ¡Y qué alegría me dio su vida! Tuve divergencias con sus opiniones pero siempre se entendían sus poderosos argumentos. Era inclasificable, a veces feroz y siempre sensata, afable e impaciente. Su prosa es una rara combinación de diáfana claridad e inteligencia sostenidas por una singular armazón imaginativa. Le Guin fue hija de escritores y antropólogos: tanto su ciencia ficción como su fantasía están ancladas en el vas-

que Agustín o Bergson, lo sabía, al grado de que durante los últimos quince años de su vida se entregó como nadie a mostrarlo en el espacio de una larga y minuciosa escritura. El tiempo perdido que rescata en su enorme novela es el de su época, pero no porque la considere digna de ser contada –Proust no era un historiador– sino porque era la suya, la de su propia experiencia como un ser en el tiempo. En el sentido filosófico de Agustín y de Bergson, para Proust, como para cada ser humano, la realidad radical –aquella, dice Ortega y Gasset, en que radican y arraigan todas las demás realidades: “Yo soy yo y mis circunstancias”– es nuestra propia vida particular. Es decir, no el tiempo externo que nuestra vida como individuos atravesó o atraviesa y que podía ser objeto de una biografía, sino el tiempo que es nuestro ser y que vivió en un determinado tiempo externo, del cual nuestra presencia da razón. En este sentido, En busca del tiempo perdido no es, dice Mauricio Serrahima, un libro de memorias. Proust no quiso contarnos hechos sucedidos a individuos importantes en el acontecer histórico, sin hechos sucedidos a individuos desconocidos que le permitieron –como a cada uno de nosotros–percibir los movimientos de su espíritu. No sólo los que detecta Agustín, como el remordimiento, la responsabilidad de los actos cometidos, la plegaria y la decisión, sino también los que percibe y relata Proust, como los aromas, los reflejos que le provoca Combray, el deseo, los celos, los vínculos entre el arte y las experiencias interpersonales, la maledicencia y la duda. La visión que de la realidad humana nos da Proust sobre el presente de las cosas pasadas nos revela que, como lo vio Agustín –pero sin su penetración y su sentido espiritual–, no hay tiempos perdidos, porque todos los tiempos están contenidos y vivos en el tiempo eterno de la presencia 

ny Times, hubo uno que me gustó: el autor recomendaba

to océano del mito, en la frágil pregunta humana ante el universo. Su fábula Los que se alejan de Omelas es una de las parábolas más desafiantes que he leído. Esas breves páginas contienen una interrogante moral que todos deberíamos enfrentar. El mundo, para Le Guin, debía ser examinado constantemente bajo la luz de la compasión más perspicaz. Así sus ideas sobre el poder y el cuerpo, nuestra relación con los animales y el planeta, nuestras múltiples servidumbres y los espejismos que gobiernan nuestro espíritu. Ahora que murió, entre los cientos de comentarios doloridos que aparecieron en cuestión de horas en el

leer La mano izquierda de la oscuridad para hacer una reflexión sobre el género, ahora que se libran tantas batallas por esas fronteras. Este libro, alabado de forma entusiasta por Harold Bloom, describe una sociedad donde no hay hombres ni mujeres sino personas que se definen sexualmente sólo en breves temporadas y pueden ser del género femenino o masculino, dependiendo de con quien se relacionen. De este modo, todos en ese planeta han sido padres o madres, hombres y mujeres. No hay tal cosa como la vanidad femenina o el valor masculino. Lo que queda es absolutamente humano. También recomiendo La palabra para mundo es bosque, en el que resuenan los ecos de la conquista de América y la Controversia de Valladolid o Los desposeídos, una novela en la que Le Guin inventa un mundo donde florece una sociedad anarquista-taoísta que atrae, a pesar de su pobreza material, al físico Shevek. Éste, inspirado en Robert Oppenheimer, es un hombre empeñado en resolver el problema de unir la secuencialidad y la sincronía para crear una forma de comunicación instantánea, el ansible. Sólo diré que el ansible ya existe. Es un software y este homenaje es lo menos que merece el libro. Eso, en el terreno de la ciencia ficción. También escribió ensayo, poesía, fantasía (me sé los libros, literalmente, de memoria) y libros para niños. Hoy, en Estados Unidos hay quien dice amargamente que se merecía el Nobel y que lo hubiera recibido con más gracia que Dylan. Pero era mujer y se dedicaba a los subgéneros. Lo asumía con una sonrisa irónica. Pero glosando el poema de Milton sobre Shakespeare: ¿qué honores y mármoles necesita si vive en la memoria amorosa de sus lectores? ¿Ella, que con el asombro y deleite que nos dio, creó sus relicarios en nosotros? Lo que siempre hará falta es que se lea. Ve, lector, busca sus libros. Verás 


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Jornada Semanal • Número 1197 • 11 de febrero de 2018

BEMOL SOSTENIDO

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alonso arreola @labalonso

YA QUISIÉRAMOS ESOS GRAMMY PARA UN DOMINGO

H

CINEXCUSAS

Arte y pensamiento

ACE UN AÑO, durante las ceremonias del Grammy y del Oscar 2017, la figura de Donald Trump fue objeto de bromas y señalamientos adscritos a la inteligencia estadunidense que aún vivía su esperanzada ingenuidad: Trump no sería tan imbécil durante mucho tiempo. Así es. Hace doce meses pocos creían que el hombre del cabello perturbador insistiría en promesas de campaña imposibles de cumplir, ni imaginaban que se consolidaría como enemigo de mujeres, de minorías raciales, de la naturaleza y de la paz mundial. Aún negaban la consistencia de su estulticia diplomática, su discapacidad para liderar gabinetes… Un año después, claro, la historia fue distinta en el Madison Square Garden, allí donde la última entrega de los premios Grammy –la número 60, por cierto– amplificó su activismo contra el Número 45 (como también se le conoce a Trump). Y lo celebramos. Más aún: envidiamos ese cúmulo de voces venidas de todas partes del espectro sonoro anglosajón (menos del country, but of course), que gritaron un Ya Basta colectivo y no sólo en el ámbito político. Gracias a ello, aunque en un sentido estrictamente musical la ceremonia fue poco original, la unidad apasionada resultó contundente. El guión comenzó con el rapero negro Kendrick Lamar rodeado por un contingente de bailarines “militarizados” que, bajo la bandera estrellada en pantalla, trazaron estampas de extraordinaria fuerza estética, articuladas por la acidez del afamado cómico –también negro– David Chappelle. Abordando temas del álbum Damn, Lamar demostró por qué es uno de los más originales representantes del hip hop mundial. Creador

Luis Tovar @luistovars

que dinamita la frontera entretenimiento/arte, la extraordinaria rítmica de su voz combinada con músicas atípicas nos hace ponerle especial atención, incluso cuando sus letras pasan continuamente del barrio sincero al falso padroteo. Conducida por el británico James Corden (Carpool Karaoke) con ayuda de otros colegas del stand up comedy, la ceremonia se vio inundada con referencias filosas al presidente de la corbata roja, al clima racista del país y a la situación de las mujeres en la industria del entretenimiento. Empero, la burla más inesperada y provocadora se dio cuando Corden presentó un sketch simulando audiciones para el audiolibro Fury and Fire, polémico besteller del periodista Michael Wolff que evidenció erráticas conductas de Trump en la Casa Blanca. Leyendo fragmentos hilarantes (como los dedicados a las hamburguesas que consume para no ser envenenado), pasaron algunos de los más estridentes críticos de su régimen: la cantante Cher, el rapero Snoop Dog y, sorprendentemente, Hillary Clinton (quien después recibiría un vengativo tweet del hijo del presidente). Camila Cabello, joven cantante con ascendencia cubanomexicana, se manifestó en apoyo a los dreamers cuyo futuro se juega bajo amenazas inhumanas, a cambio de un muro (el discurso posterior de Trump sobre el estado de la Unión lo confirmó). También hubo referencias al proyecto Time’s Up, cuya recaudación de fondos para la justicia a mujeres abusadas ha cobrado fuer-

za. En tal sentido se presentó la cantante Kesha, quien sufriera acoso y violación de su otrora representante. Acompañada por amigas como Cindy Lauper, logró una interpretación notable que no esperábamos, pues su música es de lo peor en el pop anglosajón. Hubo apoyo al movimiento #MeToo y condena a los ataques terroristas de Las Vegas y Manchester; hubo la canción de Logic “1-800-273-8255”, abocada a la orientación de jóvenes con tendencias suicidas; hubo la chamarra del productor Swizz Beatz, esposo de la talentosa Alicia Keys, en cuya espalda se leía: “El respeto al derecho ajeno es la paz”(sí, firmada por don Benito Juárez); hubo un U2 cantándole a la Estatua de la Libertad sobre el Hudson porque… lectora, lector, los Grammy ocurrieron en Nueva York, ciudad fundada por inmigrantes. Hubo todo eso que el mundo debe restregarle a Trump en la cara para limitar su populismo nativista, su hipocresía plutocrática, su nacionalismo proteccionista. Mientras tanto, acá en tierra azteca pasamos por años violentos y cuando –verbigracia– desaparece forzadamente el joven Marco Antonio Sánchez, los músicos siguen pensando en likes evitando política o activismos. ¿Razones? Creemos que, además de la cobardía ante el riesgo de “mala publicidad”, la mayoría de nuestros colegas es incapaz de transmitir posturas porque, simple y sencillamente, carece de elementos para construirlas. La ausencia de estos impulsos es fruto de la falta de educación, la falta de compromiso a mediano y largo plazos, allí donde ya no se trata de reaccionar frente a un terremoto sino de transformar al sistema cotidianamente. ¿Imagina los Premios Telehit con tal nivel crítico? Imposible. O sea: con todo y su abundante basura, ya quisiéramos esos Grammy para un domingo. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos 

HASTA ENTRE MONSTRUOS HAY CLASES

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UÉ MÁS QUISIERA UNO que no verse obligado una y otra vez al abordaje de ese tema, enojoso inevitablemente, de la distribución y la exhibición cinematográfica en México, pero frente a lo que le hicieron a La región salvaje (México-Dinamarca-Francia-Alemania-Noruega-Suiza, 2016), el largometraje más reciente de Amat Escalante, no queda sino volver a encabronarse y deplorar que de nueva cuenta una cinta mexicana sea ninguneada en su propio país y reciba trato de pordiosera: pocas pantallas y malos horarios,“concedidos” pero de mala gana, luego de cierta presión ejercida mediáticamente contra la cadena exhibidora que, de otro modo, sencillamente se habría desentendido. A lo anterior añádase que la película se produjo en 2016, postergación que sólo confirma la triste norma de que al cine de este país suele obligársele a envejecer meses e incluso años dentro de su lata, cuando no a morir dentro de la misma. Súmese, para empeorar el despropósito, que si el asunto consistiera en merecimientos La región salvaje los tiene, y de sobra, comenzando por el veneciano León de Plata obtenido en virtud de este filme por Escalante, y que éste ha ganado con anterioridad reconocimientos de-a-deveras y no Globos de Oro y Oscaritos, verbigracia el premio al Mejor Director en Cannes por Heli.

La engañosa senciLLez Hábil en diversos rubros cinematográficos, quizás el más notable de los atributos que distinguen a Escalante sea su capacidad para lograr que la complejidad parezca sencillez. Idéntica a la que Charles Bukowsky reveló como la clave para reconocer a un buen poeta (“los malos poetas hacen parecer complejo lo que es sencillo y los buenos

hacen exactamente lo contrario”), esa cualidad atraviesa la filmografía entera del cineasta avecindado en Guanajuato: la atmósfera casi inmóvil y enmudecida de Sangre, los relámpagos de violencia sin razón aparente de Los bastardos, la fatalidad ensangrentada del destino en Heli, en todos los casos puntuada, remarcada o jalonada por una pulsión erótico-tanática de fuerza irresistible, valen como antecedentes tanto de estructura narrativa como de contenido para La región salvaje, cuya tesitura formal y dramática incorpora las anteriores características, sólo que combinándolas de tal manera que el resultado confirma la voz narrativa personalísima de su autor, pero al mismo tiempo, y sin paradoja, la traslada a nuevos territorios. Si por ventura usted ha visto Posesión (1981), un muy perturbador filme de Andrzej Zulawski, lo asociará inevitablemente con la escalantiana Región salvaje, naturalmente por el aspecto de la criatura/bestia/monstruo que aparece respectivamente en ambos filmes, pero sobre todo por una similitud igual de acusada y de importancia mayor: la que hermana a esos engendros en su irresistible poder de seducción, así como en su no menos acusado talante de egoísmo superlativo. Las tramas de Posesión y La región salvaje no podrían ser más divergentes, pero ese es un dato menor frente a la comunión espiritual, por llamarle de algún modo, que se cifra en la existencia de sus respectivos monstruos tentaculares. Como el zulawskiano, fascinante y repelente de manera simultánea, el monstruo de La región… cumple perfectamente con el dictum de todas las Criaturas que en la literatura, la pintura, la música, el teatro y el cine han sido: deben encarnar, por vía de la sublimación, aquello que de más humano tenemos los humanos, hasta alcanzar la categoría superior de símbolo o de arquetipo. No son otra cosa, como bien sabe cualquie-

ra medianamente familiarizado con las mitologías más conocidas –lo mismo antiguas que contemporáneas–, monstruos como la Galatea de Pigmalión y el Minotauro, por mencionar sólo dos clásicos, o la criatura del doctor Frankenstein… y pasa lo mismo con el Joven Manos de Tijera de Burton y el humanoide anfibio de Del Toro. Empero, la diferencia del monstruo de La región salvaje es fundamental: a contrapelo de aquéllos, éste no anhela ni mucho menos consigue la “aprobación” humana –a través, claro, de la humanización de su alma–, sino todo lo contrario. Pese a lo cual, y aquí sí en paradoja extrema, simboliza a la perfección lo que no reconocemos como nuestro: no las virtudes sino todo lo contrario, y sin atenuante alguna para edulcorar taras como la violencia, el egoísmo, el machismo, la homofobia, la hipocresía y un largo etcétera. Debe ser por eso que, frente al monstruo “bonito” deltoriano, tan festejado urbi et orbi, al verdaderamente humano de Escalante le hacen el feo. Hasta entre monstruos hay clases, pues 

La región salvaje


ENSAYO

Pequeños robots mexicanos en la Luna 14 de enero de 2018 • Número 1193 • Jornada Semanal

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Ilustración de Juan Gabriel Puga

Norma Ávila Jiménez

C

uando uno piensa en robots, lo más probable es que los relacione con los antropomorfos descritos por Isaac Asimov en Yo robot, o con los sofisticados que deambulan en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip k. Dick, novela llevada a la pantalla como Blade Runner. Pero hay otros que carecen de inteligencia artificial y sin embargo real izan tareas indispensables para que la raza humana se establezca en otros puntos del Sistema Solar. Su diseño y construcción está basado en los denominados sistemas complejos, conjuntos de agentes elementales en interacción, explica el doctor Gustavo Medina Tancos, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares ( icn ) de la unam y quien, con un equipo de trabajo y el apoyo del Laboratorio de Instrumentación Espacial icn unam ( linx ) y la Agencia Espacial Mexicana, desarrolla estos autómatas que conformarán la primera misión mexicana en llegar a la Luna. Esos robotitos de ocho centímetros y medio de diámetro, y aproximadamente dos de altura, “no deciden, simplemente reaccionan a lo que está a su alrededor. Semejan neuronas, células del cerebro sin conciencia que no saben que forman parte de un ser humano. Sus funciones las tienen codificadas y para hacerlas se comunican con rapidez y precisión”. Ocho de ellos –que junto con la caja que los resguarda, o enjambre, pesan medio kilo–, serán lanzados hacia esa arrugada superficie con mares y océanos en el segundo semestre de 2019.

L as puertas hacia eL cosmos Es inolvidable la secuencia del cohete que se estrella en el ojo de una sorprendida cara selenita en Viaje a la Luna (1902), de George Mélies, película que como otras manifestaciones del arte ha reflejado que ese astro es un oscuro objeto del deseo de la humanidad. La tecnología ya permitió el descenso de astronautas a su superficie (1969-1972) y, últimamente, científicos conciben la instalación de bases como puertos de embarque para ir a algún asteroide, ciudad espacial o Marte. Recientemente, el gobierno de Estados Unidos confirmó su intención de preparar una misión tripulada a Marte, a partir de una base lunar; según reportó The Independent en abril de 2017, la Agencia Espacial Europea y la Administración Espacial Nacional China han conversado acerca de construir una “aldea lunar”; Elon Musk, fundador de Space Exploration Technologies (Space x ), empresa que manufactura y recicla cohetes lanzadores, en julio pasado puntualizó que una base selenita creará nuevas oportunidades de negocios como internet, la comunicación satelital, la minería espacial y la observación terrestre. La presencia de agua y Helio 3 para fabri car combustible, así como su baja gravedad y cercanía a la Tierra, convierten a ese grisáceo cuerpo celeste en punto clave. Antes de que los terrícolas se instalen en esas puertas hacia el cosmos, es esencial que robots se adelanten y construyan infrae-

structura (habitaciones, fábricas, viveros, etcétera). “Los androides supersofisticados son versátiles y pueden enfrentar situaciones no esperadas. Sin embargo, tienen tantas piezas que les puede fallar alguna, lo que pondría en peligro su misión”, asegura el experto del icn . “Además, son costosos y pesados: si por ejemplo, a un domo se le hiciera un agujerito en la parte más alta y el robot no lo alcanzara para repararlo, no podría subirse a éste porque lo rompería. En su lugar puede enviarse, con mucho menor costo, a un grupo de pequeños robots no inteligentes más resistentes que pasarían ellos mismos a ser el domo.” Como un ejército de abejas que por código genético construye su panal, o como células de la piel que se regeneran cuando sufre alguna cortada, los autómatas integrarían las estructuras necesarias para la llegada de los colonizadores. Si alguno se descompusiera, otro rápidamente lo supliría sin poner en riesgo las tareas a realizar. Lo que estructurarán en 2019 esos casi transformers hechos en México, será un panel solar.

m éxico , presente en La L una El futuro de la carrera espacial se está construyendo hoy y México necesita generar tecnología de punta para no quedar fuera en ese avance exponencial, enfatiza el doctor Medina Tancos. Por ello desarrollan esa ciencia física enfocada a los minúsculos fabricantes y que es diferente a la utilizada en los androides. Como estarán cerca de la superficie lunar, en el linx trabajan en los sensores y sistemas de tracción que responderán a la arena lunar, formada por fragmentación de micrometeoritos abrasivos cargados de electrostática debido a los fotones provenientes del Sol. Afortunadamente, la arena se compacta al pisarla, subraya el científico, como lo comprobó Neil Armstrog cuando desde la escalera del módulo lunar Águila apoyó su pie izquierdo en el suelo y lo golpeó dos veces contra éste. Al flotar, ese polvo alcanza hasta 20 centímetros de altura, y como consecuencia, se depositará sobre el panel solar robótico. Eso lo tomarán en cuenta los especialistas, así como la temperatura nocturna de menos 233 grados centígrados, capaz de congelar a los pequeños especialistas. Destaca que estos robotitos semejantes a tuercas rodantes, los están construyendo con “componentes normales y durables (no catalogados como espaciales) que sobreviven a las condiciones de nuestro satélite y son cien o mil veces más baratos.” Astrobotic es la empresa que se encargará de colocar en la Luna a los ocho tripulantes con ayuda de su nave Peregrin, que será puesta en órbita por una lanzadora que Astrobotic subarrendará. Ya en su destino, un airbag los expulsará de su cajita en la superficie; ellos se juntarán para lograr su cometido. Serán testigos del regreso del hombre a la Luna y de los paquetes con fotos, cenizas y otros recuerdos que se enviarán –previo pago– a ese lugar tan especial en el Espacio 

Semanal11022018  

Suplemento semanal editado por La Jornada: 02/11/2018

Semanal11022018  

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