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CULTURA DE MASAS Y PROPAGANDA Mario Campuzano

La Historia a cuentagotas Ricardo Bada La literatura latinoamericana: tiempos y territorios José A. Castro Urioste La mirada y el tiempo en Inés Arredondo Luis Guillermo Ibarra

SEMANAL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA JORNADA DOMINGO 24 DE JUNIO DE 2018 NÚMERO 1216


JORNADA SEMANAL

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Ilustración: Mario Netzul

LA HISTORIA A CUENTAGOTA Aquí se cumple con precisión que en la aparente minucia con frecuencia se revela lo mucho y lo grande.

CULTURA DE MASAS Y PROPAGANDA Convertidas y vistas tanto por empresas como por gobiernos de todo tipo como si se tratara solamente de inmensos conjuntos consumidores, y no como ciudadanos con derechos y obligaciones civiles que deben ser ampliamente razonadas, las masas responden a estímulos propagandísticos que, la mayoría de las veces, han sido previa y sistemáticamente manipulados hasta alcanzar la infantilización de las decisiones que toman dichas masas, lo mismo a la hora de adquirir un bien material que de emitir un voto. El ensayista y psicoanalista Mario Campuzano analiza este fenómeno, de cara precisamente a uno de los momentos decisivos más relevantes en la vida pública mexicana.

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Ricardo Bada ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

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ay quienes sólo pueden pensar la Historia en grandes dimensiones. Pero también hay quienes la paladeamos “a pequeñas diócesis”, como decía aquel camarero de La del manojo de rosas, al que por lo aparentemente sabio de su idioma llamaban el Espasa, en alusión a la célebre Enciclopedia. Lo que sigue son unas cuarenta instantáneas que no alcanzan a ser, como en el libro de Stefan Zweig, momentos estelares de la Humanidad, pero la iluminan mucho. Casi a giorno. Cortesano esperando ser nombrado embajador: Sire, ya sé español. Luis xiv: Te felicito, ahora podrás saborear el Quijote en el original. En Madrid, a un mendigo: –¿No le da vergüenza practicar este oficio infame pudiendo trabajar? Mendigo: –Señor mío, os he pedido dinero, no consejos. (Recogido por Voltaire en su Diccionario Filosófico) La emperatriz Eugenia en favor de un obrero: ¿Con seis hijos y una mujer que alimentar podía tener tiempo este pobre hombre para conspirar? Lord Palmerston sobre el embajador de Napoleón

iii en Londres: “Ese hombre miente hasta cuando

no dice nada.” Isabel i: Esta casa es pequeña para un hombre como vos. Bacon: Señora, no es culpa mía su v. m. me ha hecho demasiado grande para mi casa. En la historia de la tauromaquia, como en cualquier otra, se han dicho frases para la Historia. Una de Juan Belmonte podría ser de Séneca. López de Ayala, tras una gran faena de Belmonte: “Ahora, Juan, ya sólo te queda morir en la plaza.” Juan Belmonte: “Se hará lo que se pueda, don Ramón.” Victor Hugo recibió una carta desde América, dirigida “Al más grande poeta de Francia. París.” Sin abrirla, resolvió mandársela a Lamartine. 1929, rebelión en España contra el dictador Primo de Rivera. El juez a Sánchez Guerra: ¿Con quién contaba usted para la sublevación?


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AS Sánchez Guerra: Malograda, con nadie; este lance me ha producido un fenómeno de amnesia que no me permite recordar ningún nombre. Soldado espartano: –Son tantos los persas que sus flechas forman una nube que oculta el sol. Leonidas: –Mejor, así pelearemos a la sombra. Salía él de un estreno teatral y una joven dijo: “¡Mira, mamá, Martínez de la Rosa!” Y él: “Sólo Martínez, señorita; la rosa... es usted.” Campoamor, dizque librepensador y heterodoxo, argumentó al ser sorprendido saliendo de una iglesia: “Entre oír misa y oír a mi mujer...” Dionisio i, tirano de Siracusa, le leyó unos versos a Filoxeno y el poeta le dijo que eran abominables. El tirano lo mandó encarcelar. Al día siguiente lo mandó traer a su presencia y le leyó otros. Al terminar, Filoxeno dijo a los guardias: “Volvedme a la cárcel.”

La emperatriz Eugenia le preguntó a Ventura de la Vega si también tuvo “relaciones” con cierta dama, y él contestó muy digno y caballeroso: “Señora, por no singularizarme.” La esposa de Leonidas al persa que le preguntó por qué en Lacedemonia trataban tan bien a las mujeres: “Sólo ellas saben hacer hombres.” Carlos v a Tiziano, contemplando el tercero de sus retratos hechos por el pintor: “¡Es la tercera vez que me hacéis inmortal!” Federico el Grande, de Prusia, a su médico: “Con franqueza, doctor, ¿cuántos muertos habréis hecho durante vuestra vida?” El médico, sabiendo que el rey apreciaba las respuestas sin pelos en la lengua: “Señor, unos trescientos mil menos que Vuestra Majestad.” Silvela: “Tened caridad al juzgar el único acto del que me siento culpable; haber tardado en declarar a mi país que no sirvo para gobernar.”

Amiel, a una de sus enfermeras: “¿Cómo haré para morir bien? No hay experiencia para ello, hay que improvisarlo, ¡y es tan difícil!”

Goya a Vicente López, que iba a retocar su retrato: “¡Vicente, no des ni una pincelada más! Si me prometes hacerlo así, te enseño a torear.”

El Papa Sixto v, 1521-1590: “Canonizaría sin inconveniente alguno a la mujer cuyo marido nunca se hubiera quejado de ella.”

En el siglo xi se conocía la visita conyugal, pero era prepago, según leo en la Historia de Inglaterra, de André Maurois: El noble Hugo de Neville era prisionero de Guillermo i, y su esposa le dio al Rey 200 libras por el permiso de acostarse con su marido.

Carlos iii de España al saber la muerte de su esposa: “Este es el primer disgusto que me ha dado en veintidós años de matrimonio.” El poeta Jean Daurat al rey francés Carlos ix que le preguntó por qué desposaba tan viejo a una jovencita: “Señor, es una licencia poética.” Erasmo al saber de la boda de Lutero: “Se creyó que la empresa de Lutero era una tragedia, pero resultó comedia, pues terminó en casorio.” El presidente Abraham Lincoln, negándose a firmar la sentencia de muerte de veinticuatro desertores durante la Guerra de secesión: “Señor general, ya hay bastantes mujeres que lloran en Estados Unidos. No me pida usted que aumente su número, porque no lo haré.”

Gerard de Nerval cuando Victor Hugo lo acusó de no tener religión: “Tengo diecisiete, y ni aún así estoy seguro.” Lucas Giordano, pintor famoso por su rapidez: “Voy enseguida; ya he pintado el Cristo y no me falta más que pintar los doce Apóstoles.” El Duque de Osuna a su esposa, antes de besar un pecho de santa Ágata conservado como reliquia en Palermo: “Con vuestro permiso, señora.” El sabio suizo Haller controlándose el pulso en su agonía: “La arteria late... La arteria late todavía... La arteria ha dejado...de lat...”

Bioy Casares a un Borges enamorado y desorientado: “Hay mujeres que van a la cama diciendo no; señalarles la contradicción sería una tontería.” Un día en Londres, en el comedor del University College, Gandhi se sentó a la mesa del profesor Peters, quien le odiaba cordialmente. Peters: “Mr. Gandhi, un puerco y un pájaro no se sientan a comer juntos.” Gandhi: “Tranquilo, profesor, me voy volando.” Y cambió de mesa. Einstein tocó el violín ante el chelista Piatgorsky. “¿Toqué bien?”, le preguntó. “Relativamente bien”, le contestó el músico. Grafiti fascista, Madrid 1978: “Hay que matar al cerdo de Carrillo.” Réplica anarquista: “Carrillo, te quieren matar el cerdo.” El mariscal Tito y su esposa invitaron a Simone Signoret e Yves Montand a visitarlos en su villa, en las afueras de Belgrado. La anfitriona: “¡Es maravilloso, me siento como en el cine!” Signoret: “¡Y nosotros también, es como en el Noticiero!” Katherine Hepburn (1907-2003): “Cuanto más se envejece más se parece el pastel de cumpleaños a un desfile de antorchas.” Siglo xix, un viejo andaluz a George Borrow, primer predicador evangélico en España: –Don Jorge, si no creemos en la nuestra, la única religión verdadera, ¿cómo vamos a creer en la suya? Una diputada del partido antisistema Los Piratas en un Parlamento regional alemán: “¡Cielos! Un teleobjetivo gigantesco, y yo sin maquillar.” Álvaro Mutis a una niña que quería postre de helado después de un almuerzo en la Residencia de Estudiantes, en Madrid: “¿Helado? ¡El último que pidió helado aquí fue García Lorca y lo fusilaron! ¡Vámonos!” l (Testigo presencial, entre otros: el autor de esta recopilación)


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La mirada y el tiempo en

Inés Arredondo. Foto: www.wikimexico.com

INÉS

ARREDONDO Un acercamiento a la mirada de la gran cuentista de La señal, Río subterráneo y Los espejos, entre otras obras, sus temas y la precisión de sus recursos para descubrir la hondura del alma humana.

Luis Guillermo Ibarra ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

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a mirada y el tiempo tienen una fuerte conexión en la obra de Inés Arredondo. El acto de mirar y la memoria, frente a frente, asombran. Los personajes siempre están al borde de descubrir un algo más de eso que los habita, de tocar esos intensos abismos interiores de esas pasiones que configuran su propia historia. Para la escritora, contar una historia era armar las piezas secretas de una vida. En sus cuentos, la voz de la mirada es una caudal invisible, un elemento perturbador y desconcertante, generador de tensiones, de enormes tentativas por vaciar ese mundo interior en el que se vive. Eso que denominamos experiencia eran las huellas de una incomunicabilidad, rebosantes secretos que todos los seres humanos guardan y que no cesan de crecer día con día. Inés Arredondo construyó personajes tomando como punto de partida almas en su más íntima ebullición. En uno de sus magníficos cuentos se refiere a un personaje que “fue viviendo los siguientes días, hacia adentro”, como si las acciones de los pensamientos cerrados, los laberintos de los deseos, las confesiones que no pasan el cerco de los dientes, el palpitante río de la intimidad, fueran la verdadera historia del transcurrir del tiempo. Ese acto de mirar del que hablamos es también la experiencia de viajar por las dimensiones del cuerpo del otro, a veces transformado y sentido como una totalidad metafórica –“el cuerpo como un río fluía junto a mí, pero yo no podía tocarlo” –, o bien como una presencia fragmentada; partes de un cuerpo que devela obsesiones, pasajes y paisajes erotizantes, oscuridades, delirios, ecos religiosos. En el cuento “Olga” es la mano en la espalda, el bosquejo de una sonrisa; en el impresionante cuento “La señal” son los pies los que abren una fuente de pavorosas sensaciones

y creencias: “exigua caridad”, “humillación”, imágenes sagradas conjugando “asco” y “amor”. Mirar la mirada entraña también la posibilidad de adentrarnos en los más sorprendentes laberintos de la complejidad humana, acercarnos a los inexplicables vacíos del derrumbe emocional, de la soledad y de la melancolía. Esos fantasmas, esas monstruosidades silentes que habitan en los personajes, están ahí de manera inexplicable. Un cuento ejemplar en este sentido es “Mariana”. La belleza de Mariana, lo confiesa Fernando, su novio y después su esposo, es “animal, anterior a todo pecado”. “El tiempo lento y frenético” de ella es “hacia adentro”, y el misterio de su mirada está en sus ojos “llenos de vacío”. No hay clarificación en los actos de los hombres ni explicaciones rotundas. En estas historias hay siempre un misterioso río escondido, repleto de “palabras silenciosas”, un lento y aturdidor desparpajo emocional y moral, un eclipse guardado en los rincones de la memoria, un andar a ciegas en un mundo repleto de incertidumbre. Es sumamente importante conferirle un valor estético a la intensidad y a la perfección de la obra narrativa de Inés Arredondo, no por ser la condensación de problemáticas humanas unívocas y clarificadoras, sino por tratarlas y desarrollarlas bajo nuevas formulaciones de tensión, inexplicables y complejas, logrando tocar diferentes planos escabrosos y de locura de los seres humanos. Después de la lectura o de la relectura de su obra tenemos la sensación de haber tocado la piel y el alma de un universo irrepetible, impenetrable, quizá, pero estremecedor hasta sus más profundas entrañas. Su obra fue creciendo a pulso, lentamente, descifrando las pasiones secretas del alma, encontrando el tono perfecto para navegar en las turbias aguas de la soledad, el incesto, la locura, la violencia. La construcción de una región literaria en su obra no sólo era el lugar nombrado, al lugar que habría que regresar o fundar una genealogía, era la unión de muchos elementos: un verano cruel que no terminaba nunca, la búsqueda en el pasado de “los signos de nuestro destino”, el mar y el “silencio de las huertas”, la muerte y las pasiones rebosando los límites secretos de un lugar, los recuerdos vacíos e inasibles. En fin, una región construida por los secretos, por la vacuidad, por las intensas miradas de los personajes que buscaban sacar un rayo de luz de la oscuridad de las otras almas. Como recomendaba León Tolstoi, pintó su aldea –su aldea imaginaria, por supuesto– y pintó un mundo, un mundo que no perdía de vista el exilio de las emociones que se encunaban en el tiempo de la experiencia de los hombres y salían a la luz en una mirada enmarcada por en la orfandad del sentido de la vida. En el relato “La Sunamita” es la “tierna angustia” y el “sueño repugnante”; en Mariana es el “tiempo frenético”; en “Estío” es la evocación de Tántalo, el cuerpo como un rio que fluye junto al personaje que no puede tocarlo. Sólo de esa manera pudo abrir ese compendio de dudas y contradicciones que habitaban sus personajes. Sólo de esa manera pudo abrir el complejo mapa de señales y signos que envían los seres humanos en cada uno de sus actos; esas pequeñas acciones en las que la mirada capta el enorme y sorprendente horizonte de contradicciones que es la vida l


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Agustín Monsreal ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Por los caminos voy como el burrito de san Fernando, unas veces a pie y otras andando.

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n mi terco caminar, toco sin pausa el corazón de los demás: de los que se han ido, de los que están presentes, de los que estarán cuando yo ya no esté: toco el corazón de grandes y chicos, corazones luminosos y corazones resecos, corazones ardientes y entristecidos corazones bobos: toco sin temblar ni parpadear el corazón de quienes me abrigan y de quienes me descobijan, toco lo mismo el corazón de la locura que el de la Verdad y el de la Belleza, el de la misericordia como el de la inclemencia: mi corazón nació para acunarlo todo entre sus brazos, para balancear en ellos a todos, a cualquiera, ya se trate del pecador o del santo, quién es mi corazón para juzgar o condenar a quien tengo enfrente: mi corazón aprendió un día a ser igual que el sol, igual que el viento, que son propiedad de todos sin pertenecerle a nadie, y yo tengo para mí que así continuará este corazón mío, libre como las luminarias de la noche, como los oleajes del mar, como la lluvia que nunca llega a tener edad y que siempre es clara, luminosa, aun cuando provenga de la nube más negra: aprendió a tocarle su dulcedumbre a los corazones dichosos para contagiarse de ellos, y a los corazones vencidos para ayudarlos a recuperar la risa, tocarlos con los ojos, con las manos, con la saliva, con esas palabras insustituibles que sólo un corazón le sabe susurrar a otro para compadecerlo, para confortarlo en su amargura, para que no se nos vaya a morir de la pena, ya ven ustedes que hay corazones que no resisten y se rompen del puro dolor, y eso no es de justicia, por eso mi corazón camina por los caminos de la vida hermanándose con estos y con aquellos corazones, con lo que cada uno tiene para ser y merecer, sin sanciones ni reglamentos, con hartos recreos, eso sí, con harto cielo despejado, con razón y sin ella, sin trampas ni condiciones secretas: así seguirá mi corazón: tocándose con los demás con las puntas de los dedos y con todo el cuerpo, con los cabellos y con el mero aliento, desde la voz y desde los silencios, mirando a sus semejantes de espejo a espejo, corazones espejeros que se miran a la cara en sus desigualdades y se guiñan el ojo en sus semejanzas: corazón trashumante mi corazón abierto: tocándose a lo largo de la existencia con otros muchos corazones latidores de entusiasmo como él, latidores de amor, latidores de las alas y del vuelo, de lo que trae y de lo que se lleva el tiempo, de los árboles que crecen, de las hojas que caen, de lo que se pierde y lo que se renueva, más acá de los labios y lo más lejos que se pueda de las culpas, los rencores, el miedo: latidores para desmontarle a las almas su gris incertidumbre y para apretar la mano amiga de la certeza, porque a la hora de las cuentas y los inventarios y los saldos amigarse es lo importante, lo que bien vale la pena, quizá lo único que en realidad de veras merece la pena: el abrigo de la amistad,

CORAZÓN HECHO A MANO

Gabriel Orozco, Mis manos son mi corazón, 1991, terracota. Cortesía del artista y Marian Goodman Gallery, Nueva York. Fuente: fairviewartroom

el amistoso refugio, el que está más allá de todos los allás: los abrazos ajustaditos del corazón que lo incendian con fuegos nuevos y lo hermosean con la inmensidad de su fulgor y su mucha hermosura: ah, este corazón sano que Dios me dio para andar por el aire sin querer ni poder cambiar de aires, leal y simple, sabedor de que cuando se marche (cada día tiene más pasado y menos porvenir), cuando pare su andar por este mundo, otros corazones tocarán su memoria pero, sobre todo, continuarán tocándose entre sí, invariablemente locos de contento y de alegría, eternamente, sí l

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LA LITERATURA LATINOAMERICANA: tiempos y territorios La literatura latinoamericana en territorio estadunidense, su historia, sus formas y variantes, sus recursos y paradojas, son el tema de este esbozo que pone las bases para estudios posteriores más profundos. El autor presenta tres vertientes posibles de la literatura escrita en español en Estados Unidos, los rasgos sociales, políticos, psicológicos e incluso lingüísticos y de estilo que la distinguen.

José A. Castro Urioste ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

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stá claro que la noción de literatura cambia, se transforma. Cambia, puede cambiar, de sociedad a sociedad. Se transforma con el transcurso del tiempo. Lo que un siglo atrás fue considerado como literatura, un tipo de escritura con valor estético, hoy podría no serlo. El caso de la epístola es más que evidente: no se discute, no se duda, que en épocas anteriores la epístola era un género que integraba el corpus de muchas literaturas; actualmente, debido a las modificaciones tecnológicas, se encuentra en proceso de desaparición. Está claro que la noción de literatura cambia y de un modo casi equivalente se puede afirmar que la noción de literatura latinoamericana ha ido transformándose. Tal transformación se generó a partir de dos componentes: el histórico y el lingüístico. Conviene recordar que durante la época inmediatamente posterior a la independencia de nuestras sociedades, sólo se consideraba como literatura latinoamericana a aquella escrita después de las fechas de ruptura con el poder político de España. Con el desarrollo de las repúblicas se realiza un cambio de esta noción incluyendo tanto a la literatura del período colonial como a las precolombinas. Nuestra noción de literatura cambiaba. Nuestro corpus se ampliaba con trescientos años de producción literaria (el tiempo de la colonia) y con los que corresponderían a la vida de la culturas antes de la llegada de Colón. También, inicialmente, se consideró como nuestra literatura a la que se plasmaba solamente (exclusivamente) en castellano. Con el paso de las décadas esta concepción se modifica. Se incluye a la literatura en portugués, a las que se desarrollan en el Caribe en otras lenguas (inglés, francés, creole, papimenco), a la producción literaria contemporánea en lenguas indígenas. Se ha dado un proceso ampliatorio –tanto en la visión de lo histórico y de lo lingüístico– que ha enriquecido el corpus de la literatura latinoamericana. Tal vez, sólo tal vez, se puede plantear que en los últimos años se ha generado un cambio en la noción de la literatura latinoamericana, también de carácter ampliatorio, en el campo de lo geográfico. Hasta no hace mucho se concebía nuestra literatura como la elaborada desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Era una

concepción más que indiscutible. La diversidad e intensidad de los procesos migratorios de sociedades latinoamericanas a Estados Unidos en las últimas décadas han forjado una latinización no sólo de las grandes urbes estadunidenses, sino de ciudades medianas (Indianapolis, Pittsburgh) y de pequeños pueblos. Esta latinización ha creado diversas prácticas culturales (culinarias, teatrales, musicales) y entre éstas se encuentra la presencia y desarrollo de una literatura en español a nivel nacional que cuestiona la noción de literatura latinoamericana e invita a una ampliación de la misma en el campo geográfico. A partir de esta reciente producción literaria en español, surge, casi con urgencia, la siguiente interrogante, ¿podemos incluir a la literatura en español escrita en Estados Unidos como parte de la literatura latinoamericana rompiendo la frontera marcada por el Río Bravo? Este cuestionamiento nace desde un presente, se origina a partir de la producción literaria que se viene desarrollando últimamente. Este cuestionamiento desde el presente motiva, a su vez, a revisar (y desempolvar) la producción literaria en español en Estados Unidos y a afirmar sin riesgo alguno que la escritura en español en ese país no es reciente, sino un proceso de varios siglos que abarca un período colonial (desarrollado fundamentalmente en el sudoeste), un siglo xix en el cual el Tratado de Guadalupe es un punto de referencia para indicar que el español se transforma en una herramienta de resistencia cultural, y un siglo xx que se caracteriza por la diversidad e interacción de distintas comunidades de origen latinoamericano. Dentro de esta posible redefinición del concepto de literatura latinoamericana, tal vez y con la misma urgencia sea pertinente plantearse nuevas preguntas. Está claro que la literatura en español en Estados Unidos es un proceso histórico, no analizado debidamente por cierto, de gran riqueza y complejidad y como reconocimiento a dicho proceso, ¿se podría postular que parte del corpus de la literatura estadunidense está escrito en español? ¿Tiene (o debe tener, para ser más exactos) la literatura en español elaborada en Estados Unidos un lugar dentro de la tradición literaria estadunidense? Y si a estas interrogantes se agrega la premisa que un inmigrante (o un descendiente en primera generación de ese inmigrante) es un sujeto que podría identificarse con dos (o más) territorios sin que se genere un conflicto entre estas relaciones de identificación, cabría también hacerse la pregunta si, de manera similar a ese inmigrante, un texto literario podría pertenecer (o relacionarse) con dos tradiciones literarias, ¿o podría (mejor dicho, debería) la literatura escrita en español en Estados Unidos tener un lugar tanto en el corpus de la literatura latinoamericana como de la estadounidense? Esta literatura en español en Estados Unidos no es homogénea, ni mucho menos. En ella se distinguen diversas tendencias desarrolladas en las últimas décadas. La primera puede denominarse como literatura trasplantada. Con este tipo de escritura me refiero a una tendencia en la que los escritores, pese a vivir fuera del país de origen, no parecen haber modificado su temática, ni su estilo, ni sus preocupaciones. Son textos que “aparentemente” podrían haber sido elaborados en Argentina, México o Chile, o en otros países de habla hispana, y la influencia del lugar desde donde se escribe, Estados Unidos, parece ser inexistente. Enfatizo, en este caso, la condición de “aparente” porque de todas maneras en


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estos escritores en el acto de narrar se instala una perspectiva alejada de sus sociedades de origen, lo cual hace que la visión sobre esos universos sea diferente a la que aquel autor que escribe sobre y desde América Latina. Me imagino –y esto no deja de ser una hipótesis– que en estos autores el acto de escribir podría transformarse en un viaje de retorno a sus propias sociedades. En la segunda tendencia se observa el peso (o la presencia) del nuevo lugar, de Estados Unidos. Obviamente, esta presencia puede expresarse de diversas formas: a través de la nostalgia y recuerdos sobre el espacio de origen (en la primera tendencia no existe esa posibilidad), o por medio de la inserción de elementos del paisaje estadunidense (nombres de calles, descripción de ambientes, de costumbres estadounidenses como la celebración de Acción de Gracias). En esta tendencia se configura un sujeto en un contexto que no es el suyo y que nunca busca indagar y profundizar en cuestiones sociales y políticas de la sociedad de Estados Unidos. En cierto modo, dentro de esta tendencia estaría el concepto de sujeto viajero o forastero, noción forjada por Raúl Bueno en su libro Promesa y descontento de la modernidad. Un sujeto que observa las prácticas sociales del otro, a veces con admiración, a veces descalificándolas, y esas miradas en muchas ocasiones reafirman su propio lugar de origen. En ciertas historias de esta tendencia el universo latino de Estados Unidos es el telón de fondo de las acciones y tal configuración del espacio adquiere una jerarquía predominante en el relato. Es un telón de fondo que, aunque parezca paradójico, no se localiza “atrás” sino en la parte más evidente (y no por eso epidérmica) de la historia. El énfasis y la jerarquía que adquiere su construcción puede obedecer a distintas razones que varían desde el descubrimiento y fascinación del nuevo territorio, la comparación entre éste y el lugar de origen, como también un constante intento de apropiación del nuevo espacio a partir de la escri-

tura. Estas posibles causas no son excluyentes entre sí. Muy por el contrario, se combinan, se alternan fluidamente. Finalmente, se puede distinguir una tercera tendencia de carácter transnacional cuyo rasgo principal es la construcción de un mundo y de una preocupación latina (ya no estrictamente, argentina, mexicana, o cubana, o de cualquier otro país de habla hispana) la cual surge a partir de la experiencia en Estados Unidos. Se abandonan, por tanto, las fronteras nacionales y regionales (aunque no se borren ni desaparezcan) y se busca así reflejar un sentido de comunidad que va más allá de esos nacionalismos. Un elemento fundamental en la construcción de ese espacio supranacional es la mirada. El sujeto contempla a otro (de distinto origen latinoamericano) y lo reconoce como diferente y simultáneamente como parte de sí mismo. En determinados relatos de esta tendencia el universo latino no surge a partir de la construcción de un telón de fondo ni

La literatura en español en Estados Unidos es un proceso histórico, no analizado debidamente por cierto, de gran riqueza y complejidad y como reconocimiento a dicho proceso, ¿se podría postular que parte del corpus de la literatura estadunidense está escrito en español?

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Fuente: www.forumlibertas.com

por medio de la configuración del personaje. En estos relatos, es la historia en sí misma la que expresa determinadas características del mundo latino en Estados Unidos. La historia, así, está impregnada de ese mundo. Es como si los rasgos del territorio fueran integrados en los acontecimientos que se narran. La preocupación (la inquietud del narrador o del personaje) no es sólo el espacio, sino lo que sucede en ese espacio y, a su vez, ese suceder está definido por la condición de ser latino. Una inquietud permanente en los textos pertenecientes a esta tendencia es la elección de un lenguaje que pueda recrear verosímilmente el mundo representado. Esa inquietud nace a partir de la diversidad (y por tanto complejidad) de registros lingüísticos que integran la comunidad latina. Frente a esa diversidad las opciones varían e incluso parecen ser radicalmente opuestas. Ciertos textos tratan de elaborar un universo verosímil a partir de la inserción de términos provenientes del inglés. Tal opción implica un lector ideal bilingüe, o que al menos pueda poseer un conocimiento no sólo del español sino también uno básico del inglés. En otros casos, se utiliza un lenguaje “neutro”, cercano a lo que Barthes denominó como el grado cero de la escritura. A través de esta opción estilística se pretende elaborar un vínculo con todo tipo de lector, proveniente de cualquier nacionalidad, sin que surjan obstáculos ni barreras de comunicación entre el texto en sí y la capacidad lingüística del lector para descodificarlo. Queda aquí este esbozo de la literatura en español en Estados Unidos. Quedan aquí estas tendencias, estas interrogantes (quizás pertenecientes a una nueva época, originadas desde una nueva época). El paso del tiempo dará sus respuestas l


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CULTURA DE la infantilización de las decisiones

Estudio del binomio grupo social/ individuo ante los mecanismos y las armas de manipulación publicitaria, los procesos psicológicos que genera la cultura de masas y sus consecuencias a la hora de “tomar decisiones” tan trascendentes como, entre otras, votar en las elecciones.

Mario Campuzano ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||


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E MASAS Y PROPAGANDA: L

a insoslayable naturaleza gregaria del ser humano entra en contradicción con la creación de conceptos nuevos generados por la Revolución industrial y el surgimiento de la modernidad, allá por el siglo xvii y xviii, que creó el concepto de individuo y otros igualmente trascendentes: subjetividad y libre albedrío, que llevan a la búsqueda de la independencia individual que nunca es total, pues vincularnos con otros, sobre todo en una relación amorosa, requiere ceder algo y, a veces, mucho, de la independencia personal en aras de la creación de una imprescindible interdependencia al darle un lugar privilegiado, prioritario, al ser amado. En la relación amorosa se requiere de una posibilidad dinámica: de una entrega amplia, a veces fusional, pero transitoria, para después recuperar la individualidad. La pareja es el ejemplo más acentuado de la importancia que tienen para los seres humanos los grupos: de familiares, de amigos, de colegas, etcétera. Pero los grupos tienen también un efecto contradictorio: algunos son protectores, tranquilizantes y otros son inquietantes e inclusive atemorizantes. Además, tienen un efecto peculiar sobre los individuos que los integran, crean un efecto regresivo a etapas tempranas del desarrollo, tanto más acentuado cuanto más grande es el grupo, con la consecuencia de que domine el polo emocional sobre el racional. Piénsese, por ejemplo, en los cambios que se generan en los individuos cuando acuden a un partido de futbol. Esto llevó a que grandes pensadores, como Gustave Le Bon, Freud y Lacan consideraran a los grupos sólo como generadores de ilusiones y distorsiones del pensamiento por el predominio en ellos de la emocionalidad y la impulsividad. A partir de las experiencias de trabajo de Wilfred Bion con grupos psicoanalíticos durante y después de la segunda guerra mundial se cambió dicha comprensión: las emociones generadas por los grupos pueden ser fuente de distorsión del pensamiento, pero también pueden estimularlo, generar nuevos pensamientos y la consecuente creatividad. Debido a que como especie estamos condenados a vivir en grupos y en sociedad, tenemos que aprender a obtener lo mejor de esta realidad sin dejar que se distorsionen nuestros ideales y pensamientos, situación difícil cuando la cul-

tura postmoderna y las técnicas de publicidad desarrolladas desde hace un siglo están diseñadas precisamente para manipular los deseos e ideales de los ciudadanos con fines económicos y políticos. Ahí está planteado el dilema contemporáneo: ¿podemos mantener nuestro pensamiento, ideales y relativa independencia sin afectación a pesar de las presiones de la cultura y los medios de difusión, o seremos fácil presa de sus ardides?

Razón de seR de la pRopaganda y su Relación con la época

en una entRevista filmada y difundida por

Spanish Revolution a través de las redes, el gran pensador Noam Chomsky plantea que la industria de las relaciones públicas y la industria de la publicidad, que se dedican a crear consumidores, fueron desarrolladas hace aproximadamente un siglo en Inglaterra y eu por una razón que se les volvió clara: ya no podían controlar por la fuerza a la población porque habían ganado demasiada libertad y, en consecuencia,

Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema.

buscaron otras maneras de mantener el control social y encontraron que una de las mejores maneras de controlar a las personas estaba y está relacionada con sus creencias y actitudes, sobre todo en la práctica de “fabricar consumidores”, para que se dediquen a obtener cosas que están a su alcance (aunque sean prescindibles) y que eso sea la esencia de su vida; de esa manera quedarán atrapados no sólo como consumidores sino como consumistas. Eso fue logrado por el modelo económico neoliberal de manera masiva alrededor de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, con la creación de supermercados y grandes centros comerciales promovidos desde la publicidad en los medios masivos de difusión, estimulando los nuevos ideales de narcisismo, hedonismo y consumismo, así como creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales por medio de la manipulación publicitaria que apela a las emociones y bloquea las decisiones racionales, y plantea cómo debe ser la vida ideal con el tipo de aparatos que se deben tener y que frecuentemente no son necesarios, así como el tipo de vida a llevar siempre orientada a lo rentable para el sistema comercial. En el caso de los procesos electorales para alcanzar puestos políticos el procedimiento funciona de la misma manera: buscan crear un electorado desinformado que tome decisiones irracionales, a menudo en contra de sus propios intereses, por medio de la creación de grandes espectáculos manipuladores que conforman el proceso electoral supuestamente racional, que sólo es alcanzable para unos pocos ciudadanos con suficiente espíritu crítico y con posturas racionales no dogmáticas.

infantilización, medios masivos de difusión y cultuRa de masas

lo que chomsky no aborda en su magnífico y sintético análisis sociológico son los mecanismos psicosociales que se echan a andar para lograr estos objetivos mediante la manipulación regresiva o infantilización propia de la cultura de masas vigente en la actualidad. La cultura de masas se ha definido como el conjunto de formas de expresión cultural que atraen a los individuos en condiciones donde se encuentran influenciados por masas reales o / PASA A PÁGINA 10


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fantaseadas, es decir, en condiciones donde la psicología de las masas opera sobre ellos (Kernberg). Así, la cultura de masas contemporánea se caracteriza por la manipulación de éstas y su consecuente control social. La novedad contemporánea es que las masas no tienen que estar reunidas físicamente en el mismo lugar: el mismo efecto psicológico se logra cuando multitud de televidentes individuales –cada uno en su hogar– ve el mismo noticiero o programa televisivo de diversión, o se conecta a internet para atender la misma noticia o fuente de información. La industria del entretenimiento a través de la prensa, radio, cine y televisión, redes sociales, así como las discotecas o el deporte como espectáculo, son la expresión contemporánea más acabada de este fenómeno. Esta conformación de una cultura de masas por medios virtuales genera una visión llena de convencionalismo y conformismo acorde con el mundo interno de la etapa infantil que transcurre entre los cinco y diez años de edad, época en que los niños no se independizan todavía de los valores de los padres y de la cultura, asumiéndolos en formas muy simplificadas, como el bueno y el malo en las películas del oeste, sin matices ni contradicciones. Simultáneamente, hay deseos y fantasías de poder que hacen que el niño se interese por las historias de héroes y superhéroes.

cultuRa de masas e industRia del entRetenimiento

en la cultuRa de masas la formación de

grupos que funcionan en un nivel de inmadurez, de infantilismo, “puede provocarse también mediante el placer que se siente en la experiencia regresiva al formar parte de un proceso grupal, y por el goce de la fusión regresiva con los otros, derivado de los procesos generalizados de identificación en la masa” (Kernberg), que se relaciona con el concepto de Canetti del gentío festejante. A esto hay que agregar la dimensión económica del neoliberalismo, productor de condiciones que impactan todos los ámbitos, donde perdemos importancia como ciudadanos para quedar como meros consumidores sujetos al imperio del mercado. La trascendencia económico-política de poder producir agrupamientos preedípicos, o infantilizados, mediante el placer de la experiencia regresiva, es que reúnen un ideal capitalista de control social: son eficaces, rentables y reproducibles al infinito.

manipulación política este fenómeno de masas infantilizadas que generan los medios de difusión da lugar a un incremento de la credulidad y la emocionalidad en el público, lo cual inhibe el análisis racional de los contenidos. Por eso la propaganda y la publicidad se dirigen fundamentalmente a generar ciertas emociones en el público, donde la racionalidad no importa y, de hecho, se utiliza para impedir que aparezca. De la misma manera, en la propaganda política no son sustantivos los programas de gobierno ni las posturas ideológicas, sino la generación de emociones descalificadoras o esperanzadoras, muchas veces sin sustento objetivo alguno, pero eficaces para manipular

Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles,

a un público crédulo. Por eso también en el voto dominan las emociones en lugar de la racionalidad sustentada en datos objetivos. Unos votan desde el estómago y la dependencia, y venden su voto por unos pesos; otros votan desde el hígado y emiten voto de castigo a un partido político porque el mandatario anterior tuvo posturas impopulares, aunque votar por el otro partido signifique una lesión grave a los beneficios obtenidos para las capas populares y medias que son su origen de clase y generen después –demasiado tarde– manifestaciones masivas de protesta. Otros votan desde el temor de perder sus privilegios, por posturas xenófobas, o caen en las explicaciones simplistas de políticos demagogos que atribuyen el desempleo a la afluencia de migrantes en vez de atender a la explicación real de que los empleos se han perdido por la introducción de la automatización en muchos procesos fabriles, y por el modelo económico neoliberal que produce las mercancías en los lugares del mundo donde encuentra menores costos de operación y, en consecuencia, saca las empresas del país de origen. Pero la cultura postmoderna no sólo estimula la infantilización en la comunicación masiva, sino también en la conformación de los caracteres y da lugar a la patología postmoderna. Esta situación, nada casual, facilita la manipulación de la población para fines comerciales y políticos, así como para su dominación por medios psíquicos que afectan la subjetividad y los vínculos al servicio del control social por el sistema. Por ello, en el psicoanálisis se ha pasado de tratar problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos, al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad en algunos, y la omnipotencia y egoísmo en otros. En los casos más graves de inmadurez, denominados fronterizos simbióticos o de nivel bajo, el síntoma de difusión de la identidad destaca por su importancia y produce personalidades adhesivas, ambiguas y “gelatinosas”. La sumatoria de estos dos hechos da un resultado terrible: la conformación de un sector amplio de la población infantilizada y manipulable, al que se agregan eficaces técnicas publicitarias en los medios masivos de difusión que permiten infantilizar y manipular al auditorio, tanto más a los ya infantilizados, para venderles productos prescindibles, así como para inducirles el sentido de su voto l

Fuente: lwvjeffco.org


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AMÉLIE NOTHOMB Y LA IDENTIDAD En su obra narrativa, Nothomb –nacida en Japón hace 51 años– disecciona la cultura y la idiosincrasia de un país que, no obstante ser el suyo, no deja de hacerla sentir como una extranjera.

C

on su novela Ni Eva ni Adán, Amélie Nothomb (Japón, 1967) somete al lector al propio análisis, mediante la exposición de los puntos nodales del Japón que va descubriendo en su relación amorosa con Rinri, el joven que la corteja hasta pedirle matrimonio. Mientras la relación se desenvuelve entre los equívocos lingüísticos de la pareja (él estudia francés con ella y ella retoma el japonés), Amélie disecciona al país y a sus habitantes bajo la premisa de que, aunque ella nació en Japón, es una extraña en su propia tierra. Presentada en primera persona, la novela permite al lector saborear las impresiones sobre las personas y lugares que trata esa aparentemente ingenua maestra de francés: bajo la mirada fresca, que todo ve como nuevo, camina descubriendo el mundo japonés.

la miRada cRítica de lo cotidiano en la pRimeRa visita que hace a la casa de

Rinri, quien vive con sus padres y abuelos, Amélie sufre las burlas de los ancianos: la pareja de edad se ríe de todo lo que hace, dice o calla la extranjera que ha llegado a la casa. Sorprendida al principio, es informada que no es raro que, en ese país, donde la solemnidad debe ser observada toda la vida, a los adultos “se les crucen los cables” al llegar a la vejez. El cuidado de los adultos mayores es una prioridad. A lo largo de la novela habrá muchas referencias a personas de la tercera edad: cuando logra llegar a la punta del monte Fuji, admira a los ancianos que también lo consiguen. Más que una lucha de nacionalidades, la autora establece una contraposición generacional. En una de las muchas salidas, la narradora es llevada a una exposición pictórica. Con gusto advierte la fascinación aparente del público por los cuadros. Pronto comprende que la costumbre es mirar con la mayor seriedad las pinturas, les gusten o no. La narración permite la doble interpretación: se considera al arte valioso en sí mismo, sea de calidad o no; o, los habitantes de Tokio guardan las formas hasta en aquello que no comprenden. En una segunda exposición, el personaje cuestiona al pintor sobre el sentido de los cuadros. Este es lapidario: “no hay nada que entender, nada que explicar. Sólo hay que sentirla”.

la Juventud en los oJos además de los muchos descubrimientos que

Ricardo Guzmán Wolffer ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

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comparte Amélie, plasma la alegría de conocer ese país y, con ello, la posibilidad de conocerse a sí misma. Rinri le gusta por su temperamento y por los lugares, comida e información que recibe gracias a él: la belleza de la mirada que descubre. Pero también ve el dolor: Rinri recuerda cómo, a los cinco años, al no haber ingresado a una de las mejores escuelas primarias, pierde la oportunidad de entrar a las mejores universidades: la pérdida es fulminante: en la infancia se ha definido como un hombre con las oportunidades perdidas, se endosa una carga de adulto a un niño. Pero no

Amélie Nothomb en septiembre de 2015. Fuente: commons.wikimedia.org/ CC BY-SA 2.0

es eso lo que entristeció a Rinri por décadas, sino el haber reprobado donde su padre había aprobado: sufre la certeza de no llenar las expectativas familiares. Confundida por su limitado uso del lenguaje, Amélie confronta al novio cuando lee en voz alta y japonés a Mishima. Ese autor, dice ella, que no es querido por los japoneses; él contesta: “a los japoneses no les gusta demasiado su personalidad. Pero su obra es sublime”. Se toca el tema de la homosexualidad a partir de las posibles acepciones de ciertas palabras: los “colores” prohibidos también pueden significar “amores” prohibidos. Ella acepta su incomodidad para hablar del amor en general, a pesar de los muchos cortejos y atenciones de él, quien incluso le canta bebiendo sake bajo los cerezos en flor, de noche. La soledad de los jóvenes de esa generación se contrapone con la costumbre de viajar en grupo: sólo el loco vive en soledad. La pincelada literaria al relacionar las costumbres ancestrales con la contemporaneidad y la peculiar socialización de una juventud que parece no encontrarse entre la rigidez social y la necesidad laboral. Entre sus peripecias como extranjera, Amélie sube el monte Fuji: su transformación física y mental es prodigiosa: “comparado conmigo, Hércules es un joven achacoso”. Su estancia en las alturas le explica la adoración de un pueblo por su geografía. La identidad nacional es vista y disfrutada por un sensible caminante. ¿Cuándo se perdió en México este orgullo patrio? La mirada que descubre y se reconoce en el otro es esencial en el autodescubrimiento: con sorprendente ligereza (no simpleza) Nothomb nos lleva de la mano en este romance, pero no con el novio al que rechaza antes de la boda, sino consigo misma l


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Leer

LA LECTURA COMO ACTO SUBVERSIVO

Cómo Pinocho aprendió a leer, Alberto Manguel, Siglo xxi Editores, México, 2017. ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

Andrea Tirado

El propósito esencial del Premio Internacional Alfonso Reyes es, de acuerdo con Felipe Garrido, afirmar la conciencia de que la educación humanística es tan necesaria como la tecnológica, y el acreedor del Premio 2017, el argentino Alberto Manguel, rinde un perfecto homenaje a esa educación en el presente volumen. Cómo Pinocho aprendió a leer es una compilación de catorce ensayos cuyo denominador común es la literatura y su acto consumatorio, la lectura. Aborda temas diversos: la democracia como ficción, a partir de una relectura de La República de Platón; los abogados y su representación en obras literarias; una breve historia de las cubiertas y cómo éstas transformaron al libro en

objeto de lujo; así como un elogio del diccionario –“talismán contra el olvido”–, entre otros. Todos los temas son abordados desde la literatura-lectura, haciendo especial énfasis en una lectura profunda que conlleva un verdadero acto de leer. El título del libro es el de uno de los ensayos y, a nuestro parecer, el que sustenta la tesis central de Manguel. Cómo Pinocho aprendió a leer revela el secreto para aprender a leer verdaderamente tanto libros como el mundo en el que vivimos; es decir, para distinguirse de los “bibliodiletantes”, como los nombra el autor, esos “consumidores de papilla”, predilectos de la sociedad de consumo. Como bien señala José Ángel Leyva en Lectura y futuro, la sociedad capitalista no tolera a los verdaderos lectores, pues ni la sensibilidad, la imaginación o el cuestionamiento tienen lugar en una sociedad que pretende normalizar, homogeneizar y controlar a favor de la productividad. De ese modo, partiendo del ejemplo del títere que quería ser un “niño de verdad”, Manguel muestra cómo Pinocho logra convertirse en un buen muchacho porque ha aprendido a leer, y por ende, será capaz de realizar ese “proceso mecánico de aprender el código de escritura en el que está codificada la memoria de una sociedad”, lo que le permitirá funcionar en dicha sociedad, respetar las reglas –escritas– y “pertenecer” a esa normalidad establecida. Pinocho aprendió a leer, sí, pero no a ser lector, pues esto implica que el acto de leer llegue más allá. Aprender a leer es sólo el primer paso; el verdadero acto consiste en darse cuenta de que las inscripciones de dicho código sirven para conocer de una manera profunda, imaginativa y práctica nuestra identidad y la del mundo que nos rodea. Este aprendizaje es el más difícil y el más peligroso, porque enseña cómo leernos y leer al mundo; y eso es lo que Pinocho nunca aprendió. Parte de esta lectura verdadera y profunda viene acompañada del acto de traducir. Manguel desarrolla esta idea en uno de los ensayos al presentar la lectura como la traducción de la realidad del mundo en nuestra propia y sentida realidad. De tal manera, todo texto se convierte también en una multitud de otros textos, redefinidos en otros contextos, en otras experiencias, en suma: resignificados. Así, según el autor, al texto fijo el lector-traductor propone, un poco derridanamente, un texto nómada cuyo significado no acaba por anclarse nunca, sino que será resignificado infinitamente con cada nueva lectura, creándose una constelación de significados infinitos.

En esta constelación Manguel sitúa otra de sus tesis principales, lo que llama un entendimiento doble del mundo. Es decir, “el descubrimiento de que la inteligencia y la imaginación son los instrumentos que necesitamos para desentrañar el misterio que nos rodea, dicha revelación está escondida entre líneas, en las palabras que narran una historia inventada, pero que sabemos nuestra”. No se necesita de otra cosa, y ambos instrumentos están en nuestras manos; es por ello que la lectura se presenta como un acto subversivo. En un mundo en donde casi todo lo que nos rodea inhibe el pensamiento y conduce a lugares comunes, los libros y la lectura se presentan como el acto subversivo que estimula la inteligencia y echa a andar la imaginación para encontrar el secreto sugerido entre líneas. La lectura es vista como aquello que nos hará cuestionar lo establecido, el funcionamiento propio de la sociedad; una lectura que permita aprender a pensar, a interrogar el dogma sin conformarse. El desarrollo de la imaginación, según Manguel, permite disolver las barreras y quebrar los límites, en suma: “poder subvertir la visión del mundo que se nos ha impuesto”. ¿Qué mejor manera puede haber que estimular la imaginación mediante las palabras escritas? El cuestionamiento se alcanza también mediante el vocabulario que aporta la lectura, pues nos permite salir del restringido margen léxico que los medios, el discurso político y la publicidad imponen. Al ampliar el vocabulario se abre otro mundo infinito en el cual no hay límites, y lo ilimitado resulta siempre aterrador por ser incontrolable. El autor afirma que la escritura elimina los dos más grandes obstáculos a los cuales se enfrenta todo ser humano: el tiempo y el espacio. La escritura es vista entonces como remedio contra el olvido, como una suerte de inmortalidad; nuevamente incontrolable. Si aprendemos entonces a trascender el estadio primario de Pinocho para aspirar a esa lectura profunda, la vida misma se revelará ante nuestros ojos como un solo y gran libro que debemos aprender a leer entre líneas, usando la inteligencia y la imaginación para descubrir su misterio. Se debe apostar por ser verdaderos lectores, por aceptar esa responsabilidad que conlleva el poder de la lectura-escritura, un poder de inmortalidad e infinitud, herramientas para inquirir los límites-normas impuestos por la realidad; el objetivo es aprender, en suma, a escapar de los lugares comunes que buscan limitarnos.

En nuestro próximo número

1968, EL AÑO DE LAS MUCHAS PRIMAVERAS Omar Saavedra Santis

La Jornada Semanal

@JornadaSemanal


Arte y pensamiento Artes visuales Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx

50 Aniversario del Museo Nacional de San Carlos A Carmen Gaitán EL MUSEO NACIONAL DE SAN CARLOS cumple sus primeros cincuenta años de existencia y se engalana con una magna exposición que reúne 255 obras entre pintura, escultura, grabado y dibujo provenientes de su acervo y de otras colecciones públicas y privadas. La exhibición, curada por la historiadora del arte Ana Garduño, plantea un diálogo entre la pintura europea y la mexicana a partir de una serie de sutiles Evocaciones, como atinadamente se titula la muestra. La colección Mujer sentada y La princesa romana en traje de vestal cuenta con más de 2 mil piezas entre arte europeo y mexicano que recorren del siglo xiv a principios del xx. El Museo de San Carlos ocupa el suntuoso edificio del siglo xviii que Doña María Josefa de Pinillos mandó construir al célebre arquitecto valenciano Manuel Tolsá para obsequiárselo a su hijo, el Conde de Buenavista. El soberbio palacete neoclásico pasó por varias familias nobles hasta que el emperador Maximiliano se lo obsequió a Josefa Peña Azcárate con motivo de su boda con el Mariscal Bazaine, por lo que el recinto fue conocido en ese tiempo como Casa de la Mariscala. Más tarde pasa a ser sede de la Compañía Tabacalera Mexicana, después de la Lotería Nacional y de la Escuela Nacional Preparatoria # 4. En 1968 el Instituto Nacional de Bellas Artes (inba) destinó el edificio para albergar la colección de arte europeo que hasta entonces se encontraba en la Escuela Nacional de Bellas Artes (antigua Academia de San Carlos). El guión museográfico de la muestra no pretende una hilación cronológica ni una clasificación temática o estilística, sino que sugiere posibles narraciones visuales a través de la confrontación de piezas de diferentes épocas y procedencias; mediante guiños lúdicos y sagaces, se entrevera un diálogo entre Europa y México que nos hace reflexionar acerca de los procesos creativos que se desarrollaron en los períodos virreinal y decimonónico como etapas fundacionales de nuestra pintura nacional. A través de la yuxtaposición de los trabajos europeos y los realizados por nuestros artistas locales, Garduño insiste en demostrar que si bien éstos se apropian de ciertas imágenes y composiciones, también hacen un trabajo creativo marcado por su huella personal. Los artistas mexicanos abrevan en las fuentes de la historia del arte Vista de la exposición europeo, la revisitan constantemente, la estudian y la recrean según su propia mirada intrínseca. La muestra da inicio con un juego visual de una belleza exquisita: Mujer sentada, del escultor romano Odoardo Fantacchiotti (1809-1877) es una figura femenina en mármol colocada frente a La princesa Romana en traje de vestal, del pintor poblano Juan Cordero ((1822-1884), dos obras que se relacionan entre sí a partir del tratamiento de las telas y la grácil postura de las manos en ambas figuras, así como la búsqueda de sus autores por plasmar el refinamiento de la belleza clásica. La visita resulta de una frescura inusitada debido al original montaje museográfico que incluye atractivos colores en los muros de cada sala. En una de ellas, pintada de un azul intenso, se recrea el montaje de los gabinetes decimonónicos en los que las pinturas se colgaban de piso a techo creando un auténtico horror vacui. Ahí se encuentra la Madona con niño, de El Pontormo, pieza clave en la colección del museo que recientemente fue autentificada por el equipo de especialistas del laboratorio del Instituto de Investigaciones Estéticas (iie) de la unam dirigido por la doctora Clara Bargellini, misma suerte que corrió otra pieza fundamental que es Las siete virtudes, de Peter de Kempener. Esta magnífica y ambiciosa exhibición es el resultado de la investigación exhaustiva que Ana Garduño llevó a cabo a lo largo de dos años en el acervo de San Carlos y en las bodegas de otros museos como el Franz Mayer. Es una muestra irrepetible que merece ser ampliamente visitada. Van mis felicitaciones al equipo curatorial liderado por Garduño y a la directora del museo, Carmen Gaitán, una incansable guerrera que ha conseguido que este recinto un tanto empolvado en otros tiempos, haya recobrado su esplendor y en la actualidad luzca como nunca antes en la conmemoración de su 50 aniversario. Recreación de gabinete decimonónico

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Bitácora bifronte Jair Cortés jair_cm@hotmail.com/@jaircortes

Raxalaj Mayab’: nueve años sembrando semillas de esperanza. EL ESPLENDOR DE LA CIVILIZACIÓN Maya no es un asunto del pasado; su legado es tan poderoso que su espíritu de sabiduría y libertad ha permanecido vivo a lo largo de la historia. Entre sus herederos destaca un grupo de artistas, médicos tradicionales y promotores culturales, todos ellos “guardianes de los saberes ancestrales del pueblo maya” que conforman el Centro Comunitario de Arte y Filosofía Maya Raxalaj Mayab’ (presidido por el poeta Ángel Sulub) que cumple nueve años de haberse fundado “como un espacio autónomo que propicia el encuentro entre los abuelos y abuelas y las nuevas generaciones; un espacio espiritual guiado por las enseñanzas de los ancestros mayas que permita preservar las tradiciones mayas masewales”. Raxalaj Mayab’ se encuentra en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, México, punto clave en el movimiento de insurgencia indígena conocido como Guerra de Castas, que duró más de medio siglo (1847-1901) y que representa un símbolo de la resistencia de los pueblos originarios de América. Raxalaj Mayab’ está conformado por Ángel Sulub, Wilma Esquivel Pat, Linnet Baltazar Juárez, Maritza Yeh Chan, Floridelma Chí Poot, Aniceto Velázquez Chí y Gonzalo Pech Chuc, quienes de manera voluntaria contribuyen con este espacio en el que se desarrollan diversos aspectos esenciales para el ser humano, como la salud (medicina tradicional y rituales sagrados), la educación (preservación del conocimiento ancestral), la ecología (amor y respeto por la Madre Naturaleza), y la construcción del tejido comunitario (proyectos productivos desde el comercio justo). Todas estas actividades se entretejen fraternalmente como en los versos de la poeta Wilma Esquivel Pat: “Teje la palabra,/ dale sentido a tu existencia,/ teje mis latidos con la danza,/ teje el tiempo en el ocaso/ entre los cometas y las ceibas,/ con los cenotes, los ríos y las montañas,/ teje nuestras almas hasta el último minuto en que yo esté aquí.” En este momento , en el que los gobiernos son los enemigos declarados del pueblo, Raxalaj Mayab’se erige como un ejemplo para construir un modo de vida que nos conduzca al autoconocimiento y la libertad espiritual en esta Casa Original que es la Tierra, y a la que Ángel Sulub convoca en estos poderosos versos: “¿Quién lleva en su linaje la palabra?/ Mi casa, cuevas agrietadas que guardan conjuros de aquellas ceremonias clandestinas.”


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Tomar la palabra Agustín Ramos

Nuestra santa voluntad COMO EL MARIDO LLEVABA días sin aparecer, la comadre fue a visitarla. Se sentaron en las mecedoras a disfrutar el frescor de la noche. Oiga comadre, desde hace rato le está picando el brazo un zancudo, dijo la que venía de visita. Sí, ¿verdad? Ya hasta tiene ahí hinchado, comadrita. Sí, dijo la anfitriona con la vista clavada en la oscuridad. Si quiere que se lo mate, se lo mato. No, comadre, me consuelo con sentir que algo me pica. Este consuelo inútil me recordó mi última incursión en el futbol. Jugábamos en los llanos de la Cabeza de Juárez, en la calzada Zaragoza saliendo de México a Puebla. El equipo se llamaba Valladolid y como nuestra camiseta era verde y los cronistas deportivos le habían puesto la “esperanza verde” a la Selección Mexicana, nuestros partidarios nos apodaron “La esperanza inútil”, tanto por el color del uniforme y la perseverancia con que perdíamos como por el bolero que eternizó Daniel Santos: “Virrrrgen de medianoooche, virrgen esoéres túu…” Si quienes han regido los destinos del país, nuestros destinos, no recurren a la fuerza ni se deciden por el caos, dentro de una semana estaremos eligiendo, entre otras autoridades, al Presidente de la República. Y yo votaré sin esperanza ni ilusiones, pero con el compromiso de defender mi voto crítico.

Pienso que hoy por hoy lo único que puede servirnos es este compromiso a la hora de votar. Compromiso realista frente a las circunstancias y en defensa de nuestra voluntad. No. No podremos optar entre una derecha siniestra realmente-existente y una esperanzada izquierda ambiciosa e hipócrita que desde antes de Lenin suele dar un pasito para adelante y dos pasitos para atrás. Hablando en plata política y no en oro filosófico, antes que derecha o izquierda de pensamiento, palabra y obra, lo que hay son intereses, intereses de casta, de bando, de clase… La abrumadora mayoría de quienes se dicen de izquierda viven aspirando al poder… sí, al poder vivir-como-los-de-derecha, como ésos que no quieren cambios porque así viven bien, o casi, y se conforman. Comúnmente la ciudadanía se identifica con la ideología dominante, es decir por los valores de la llamada derecha. Y lo que vemos ahora es el agotamiento de esos valores: la moral judeocristiana; la familia heteropatriarcal excluyente; el principio de autoridad tan socorrido

como sustraído del discurso oficial; la razón y las bellezas validadas por el criterio y el gusto hegemónicos; la normalidad democrática con resultados electorales que sólo se toleran cuando la voluntad local coincide con la codicia global; el orden violento que empieza depredando la vida, que sigue con la violencia de quien reacciona y que acaba en persecución y más violencia. Sin embargo, debido sobre todo al hartazgo, la ciudadanía puede votar por la “izquierda”. Aunque después, una vez harta de “izquierdismo”, regrese, ¡viva la democracia!, a lo malo por conocido. Porque tanto la derecha como la izquierda oficiales son parte del tablero de ajedrez institucional que por insostenible necesita transformarse a conciencia y de raíz. Las encuestadoras han funcionado como hardware del inmundo aparato de dominio “democrático”, y el manejo de sus estimaciones constituye el software que legitima mediáticamente los fraudes. Sin embargo, hoy como nunca antes en la historia del país, las mayorías saben lo que no quieren –la tradición de elegir en México es más antigua de lo que creen quienes se han apoderado de la palabra y el pensamiento–; la mayoría sabe por quién votar y contra qué votar. Por ello esa santa voluntad que se percibe por donde quiera sólo se podría torcer con un fraude mayúsculo y mortal. De ahí la necesidad urgente de ver con claridad el peligro y de asumir un compromiso. Se acabó el reposet de creernos diferentes de la derecha que no se atreve a decir su nombre; ahora, como nunca, es imprescindible la acción, además del pensamiento y la palabra, para hacer respetar nuestros votos.

Biblioteca fantasma Eve Gil

Hallazgo en Deronda Street DESDE FLANNERY O’ CONNOR, no había subrayado tanto un libro como hice con Visión binocular, de Edith Pearlman, perpleja ante su arquitectura narrativa que alterna una precisión intachable con la transparencia para su comprensión. Nada aquí es decorativo. Las flores no están allí para perfumar una atmósfera: algo sucederá con esas flores. Aunque se trata de una voz sumamente personal, única, me hizo evocar los grandes salones atiborrados de seres atormentados que fingen divertirse, de aquella otra Edith: la Warton. Nacida en Rhode Island, en 1936, Edith Pearlman se graduó del Radcliffe College y trabajó en una empresa de informática al tiempo que atendía un comedor de beneficencia. Todo parece indicar que escribía relatos y crónicas de viaje por afición. Desde mediados de los setenta, su obra empezó a diseminarse en diversas revistas. Sus crónicas de viajes tenían un espacio más o menos fijo en The New York Times. Durante casi treinta años de publicar periódicamente, nunca intentó materializar un libro, aun cuando sus relatos sueltos comenzaron a obtener premios. Cumplidos los sesenta, recibió una oferta de la Universidad de Pittsburgh para reunir los que ella considerara sus mejores relatos y Vaquita y otras historias vio la luz. A la fecha sólo ha publicado cuatro libros. El único

que incluye textos inéditos es el más reciente, Visión binocular. El nombre de Edith Pearlman cobró notoriedad cuando, en 2015, Oprah Winfrey recomendó la lectura del que nos ocupa. En el prólogo de la edición española publicada por Anagrama, la novelista Ann Patchett enumera entre los grandes misterios de la humanidad el que Edith Pearlman no sea famosa. Pese al exquisito tratamiento de su prosa y la sagacidad de sus diálogos, sus relatos no parecen escritos con la finalidad de llegar al gran púbico; hay en la narrativa de Edith un carácter profundamente íntimo, la sacrílega complicidad con las palabras de quien escribe para su propio solaz. Recurre a palabras que parecen inventadas o, en su defecto, resignificadas a su conveniencia. Algunas historias, no propiamente inacabadas, son anécdotas llevadas al extremo que no se sujetan a las reglas internas del relato convencional. Patchett hace mucho hincapié en “Independencia”, uno de los relatos escritos exclusivamente para este libro y el que

Edith Pearlman

lo cierra. Empecé justo por allí: me hizo evocar, en efecto, a Alice Munro, pero tras leer sus relatos antiguos me pregunté si la reminiscencia con la Nobel canadiense no se deberá a la insistente comparación. Patchett no exagera respecto a que “Independencia” es una de las más preciosas joyas de la literatura estadunidense, pero prefiero mil veces a la Edith de “Dirección centro”, que se remonta a la época de las revistas. Nos lo susurra uno de tantos rabinos que pululan en estos relatos: no, señor Tolstoi, no es cierto que todas las familias felices sean iguales. ¿O qué me dice de ésta que brinca de una estación de Metro a otra, con un bebé a cuestas y una hija pequeña tomada de la mano, que siente ingresar al paraíso cuando por fin localizan aquel museo cerca de Harvard Square, y la pequeña Sophie, enamorada de las palabras y los libros pese a no saber leer, deja atrás a sus padres y a su hermanita con síndrome de Down para dejarse engullir por una biblioteca? Qué me dicen del barrunto de perder a la hija dotada, que magnificaría la vulnerabilidad de los padres ante la discapacidad de la más pequeña: Sophie es la caracterización de esa felicidad. Sólo en esta snowball de Edith Pearlman, la belleza de una mujer se define por “dos arrugas de preocupación que hacían guardia entre sus cejas”, y las narices no son largas sino “trascendentes”; una vieja diplomática prefiere desplazarse en autobús porque la limusina oficial la hace sentir “cadáver”; una marroquí lleva el mismo elegante vestido de su boda que se destiñe conforme se incrementa su desilusión respecto al esposo; existen los lectores de entrañas, el tono lavanda de un moretón es el color más hermoso, y las calles llevan nombres tan preciosos como Deronda Street.


Arte y pensamiento

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Bemol sostenido Alonso Arreola

@LabAlonso

Debates, música y futbol Digamos algo sobre los debates entre los candidatos a la Presidencia. No. Mejor no. Eso ya pasó hace muchísimo tiempo, ¿verdad? Como en otra vida, ¿verdad? Como que ya no importa, ¿verdad? Mejor hablemos del Mundial, ¿verdad? Sí. Fue maravilloso que esos muchachos fracturaran la historia ganándole a Alemania. El niño que fuimos lo agradeció conmovido y México entero pareció unirse en torno a un balón… Mmm… no. Ese mismo día aparecieron dos cuerpos descuartizados en Insurgentes, en la zona de Tlatelolco, al lado de una manta escrita. Aunque nos encanta mirar futbol en esta época no pensamos en él más que como futbol. Placebo momentáneo, no supone ni curas ni paliativos para lo que nos duele desde adentro. Montados en un avión que tarda en abandonar la tierra, mirando por la ventanilla el espléndido cielo de una Guadalajara en llamas, rondamos el concepto debate. No podemos dejar de pensar en ello. Pocas veces hemos presenciado (¡y por partida triple!) una logorrea tan antimusical y desconcertante como la que ofrecieron Meade, Anaya, el Bronco y Andrés Manuel en las ciudades de México, Tijuana y Mérida. Lo contrario al contrapunto de compositores que urden voces independientes causando consonancias colectivas.

Allí el asunto. La buena política ha de provocar conciertos en la sociedad organizada. Por más ajenas que parezcan las posturas de unos y otros contendientes, buscará temas y notas comunes, siempre. Comprensiva ante solistas de furibunda especie, la buena política orquestará coros, alientos, cuerdas y percusiones erigiendo un límite que expulsará el insulto y la diatriba. Siguiendo los meandros de la misma partitura, sus intérpretes impondrán humildad y fraternidad... Vaya, ¡pero qué ingenuos somos! La verdad es que nuestros candidatos apuestan por la estulticia maniquea, salida fácil para quienes viven futbolísticamente cada minuto del día. No saben nada de jugar o tocar en conjunto. Perdone nuestra lectora, lector, el tamaño de la siguiente cita tomada del extraordinario libro Para combatir esta era del filósofo holandés Rob Riemen, quien nos acompaña entre rosadas nubes: “El único conocimiento que puede aportar una verdadera comprensión del corazón humano, las complejidades eternas de las sociedades, con sus intereses en conflicto, las causas de los movimientos y levantamientos contemporáneos –y lo que una civilización democrática realmente quiere– es la sabiduría de la poesía y la literatura, de la filosofía y la teología, del arte y la historia.” Claro, nosotros haríamos hincapié en la música. En su composición usamos escalas, secuencias con fórmulas antiguas más o menos distanciadas entre sí según las notas que comparten. Unas y otras proponen pivotajes (caminos, puentes, ríos, túneles) a través de los cuales innumerables instrumentos –migrantes eternos– dialogan, se dan la mano, se abrazan cumpliendo tramas de belleza inimaginable. Los músicos que las tañen,

entonces, presienten misterios que invocan la bondad humana. Se saben náufragos, astronautas, peregrinos sujetándose al sonido de sus pares, fruto de quien comparte un deseo: el buen concierto en que los diferentes se hermanan transformando a la masa. Sí, ya lo dijimos… ¡qué ingenuos somos! Mejor hablemos del Mundial. Nos gusta cómo juega Bélgica. Lukaku está para cosas grandes. Martinoli y Luis García nos hacen reír en la televisión: “En el día del padre les dimos en la madre.” La pelota sigue rodando. Se acerca a la urna. Pronto votaremos por un director de orquesta que no sabe nada de armonía ni de motivación en vestidores. Eso es seguro. Inclinados al mundo del experimento atonal, nuestros enclenques candidatos verán el triunfo de Andrés Manuel López Obrador –para quien irá nuestro propio y poco convencido voto–, un hombre que parece representar “cambio”. Tal es el principio de la melodía que traza el balón sobre el césped quemado: seguir rodando, siempre rodando. Veamos. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

proches y en ciertos momentos luce bastante bien, se le hace contar una historia trillada en extremo –posesión satánica–, a la que quiso dársele una vuelta de tuerca que de ningún modo alcanza a serlo: manejar ambiguamente las causas de la tal posesión, valiéndose de un recurso que es otro lugar común, es decir, los “traumas” padecidos previamente por quien sufre la remencionada posesión. Encima, de modo absolutamente innecesario y, por decirlo así, contaminante para la trama, se involucra como tema secundario la corrupción política, asunto que de inmediato es obviamente olvidado, pues a fin de cuentas era prescindible e indiferente para el grueso de la historia.

surdos tales como pretender que una extranjera recién llegada se confíe por completo a un extraño, al grado incluso de hospedarse donde él se lo indica, y todo sin saber siquiera el domicilio, el teléfono y ninguna otra forma de localizar a la persona que supuestamente la recibiría al llegar… Sin todo lo cual, sencillamente no habría película. El resto, auténtica colección de clichés más que manidos y fórmulas deslavadísimas, termina por dar lo mismo puesto que, como suele suceder en este género, el final es más previsible que los resultados de las próximas elecciones: naturalmente, el título de la cinta será traicionado y el par de desconocidos requerirán apenas un día entero y una sarta de cursilerías para decidir que fueron hechos el uno para el otro. Para peor, las actuaciones se corresponden con el aire general del filme: lo más difícil es decidir qué rubro tiene menos calidad.

Cinexcusas Luis Tovar

@Luistovars

Tres intentos tres CONSIDERANDO EL SEMPITERNO maltrato que, en términos de distribución y exhibición, suele dispensársele al cine mexicano en su propio país, nada de extraño tiene que sea una temporada de audiencia baja –para no ir más lejos piénsese en el Mundial de Futbol, capaz de robarle audiencia incluso al Juicio Final– cuando sucede la rareza de que tres producciones nacionales completen la oferta fílmica, pobre por lo demás, en buena medida a causa de la sobreofertada segunda parte de Los increíbles, que por cierto demoró en llegar mucho más tiempo del que Todomundo supuso hace casi tres lustros. Empero, y fuerza es reconocerlo, tampoco significa que esas tres películas mexicanas tengan mucho que oponerle al resto –eso sí, por desgracia mayoritariamente estadunidense, para no variar– en términos de calidad, por más que las restantes dieciocho tampoco sean demasiado memorables.

De mixturas imposibles Da la impresión de que El habitante (Guillermo Arredondo, 2017) quiso ser al mismo tiempo una película clasicista e innovadora, dos atributos que, narrativa y cinematográficamente hablando, no es que sean absolutamente inconciliables pero, para conseguir que armonicen, hace falta un grado considerable de pericia, aquí ausente por desgracia. En este caso concreto, el de una película genérica de terror, a una factura técnica visual y auditiva que no genera mayores re-

De principios fallidos Si Prometo no enamorarme (Alejandro Sugich, 2017) pretendía levedad –digamos a la manera propuesta por Italo Calvino–, lo que consiguió fue sólo ligereza o, en otras palabras, superficialidad simplona, por supuesto que para mal y, para peor, a consecuencia de pifias elementales, verbigracia, tener como punto de partida una total inverosimilitud; en este caso, el de una historia romántica decidida y deliberadamente convencional, que no por eso puede permitirse ab-

De buenas intenciones El ángel en el reloj (Miguel Ángel Uriegas, 2017) es, a su manera –es decir, a título de suficiencia nada más–, una película que cumple: técnicamente ejecutada a nivel elemental, con eso le basta para desarrollar una trama ídem, carente de complicaciones o exigencias demasiado elevadas, de manera que logra su objetivo de hablar a favor del trabajo clínico, científico, social y humanitario en torno al cáncer infantil y libra, con más suerte que desdicha, el escollo de toda obra artística que antepone el apellido al nombre, es decir, que piensa más en el “mensaje” que en el vehículo para transmitirlo. Prometo no enamorarme


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JORNADA SEMANAL 24 de junio de 2018 // Número 1216

Ensayo Vilma Fuentes

Grandeza y decadencia del gusano JORGE LUIS BORGES DIO LIBRE curso a su imaginación creadora para ofrecernos una “zoología fantástica”, gracias a la cual enriqueció el mundo real con variedad de todo tipo de animales, amables o terribles, tales como a veces el sueño nos da su aparición. Es acaso su manera de construir su propia Arca de Noé. La fuerza del sueño posee este poder de dar nacimiento a maravillas como a monstruos que embrujan las noches del durmiente o los días del soñador despierto. Francisco Toledo entra en el juego de Borges como si se encontrara en su propia casa y esto nos ofrece el placer de descubrir las magníficas acuarelas que acompañan e ilustran el Manual de zoología fantástica. Hubert Reeves es un sabio astrofísico que se deleita contemplando el universo infinito de estrellas, pero que sabe guardar también los ojos puestos en la tierra. ¿Qué ve? ¿Qué observa? Una catástrofe: la lombriz o gusano de tierra está en vías de desaparición y, si no ponemos atención, se terminará con la extinción de esta especie animal. Cierto, la desaparición del oso blanco en las zonas polares es un fenómeno que atrae más la curiosidad de los fotógrafos y la emoción del público que la desaparición de la pobre lombriz tan a menudo despreciada, pero Reeves explica sabia y científicamente que la existencia del gusano de tierra es una necesidad fundamental para la agricultura y, por tanto, para la especie humana. Los pequeños túneles, las galerías, excavadas en forma incansable y constante bajo la tierra por estos pacíficos animales es la condición que permite respirar al suelo. Sin la lombriz todo quedaría seco, y tal catástrofe sería comparable a los más graves cataclismos que han devastado el planeta. Jorge Luis Borges enriqueció la Tierra con la invención de seres imaginarios, Francisco Toledo acompañó este sueño con su talento, Hubert Reeves constata que en el mundo real, éste donde vivimos, el empobrecimiento cada día más inquietante y la desaparición de las especies más bellas o más necesarias son las amenazas que hoy pesan sobre nuestro planeta y, finalmente, operan contra la supervivencia de la especie humana. Un día es el rinoceronte, agredido y asesinado por pretendidas virtudes afrodisíacas atribuidas a su cuerno reducido a polvo y destinado a un fructuoso comercio. Otro día son las abejas, eliminadas por los pesticidas. Al siguiente, el elefante a causa de su codiciado marfil. Luego, el gusano de tierra. Y sigue así la lista interminable de las especies cuya desaparición empobrece el patrimonio de las riquezas terrestres en una frenética carrera hacia la muerte del planeta y la nuestra.

Ilustraciónes de Francisco Toledo

Si, por un lado, la imaginación de cuentistas, poetas, pintores y otros creadores ha contribuido a abrir las perspectivas de otros espacios desconocidos donde el ser humano arrebatado por el sueño puede sentir su hechizo, por otro, los progresos de la modernización industrial siembran la duda sobre la naturaleza verdadera del porvenir que se prepara. A través de los siglos, los profetas se han dividido siempre al menos en dos tipos: aquéllos que veían un futuro radiante, aquéllos que lo veían catastrófico. Los llantos y quejas de Jeremías o la sonrisa y beatitud de los bienaventurados. La literatura ha seguido este doble camino. La política en forma aún más decidida. En tanto que programa político, por ejemplo, es claro que las palabras de Casandra no podían levantar para nada el entusiasmo, mientras que tantos otros discursos, escuchados con más agrado, tomaban la precaución de dejar espacio a la esperanza. Hoy día, algunos ecologistas, nuevas Casandras, se consideran lanzadores de alertas. Tal es la posición escogida por Hubert Reeves, el sabio astrofísico, cuando toca la alarma sobre la desaparición de la lombriz. Lanzador de alertas no es necesariamente ser profeta de la desgracia. Alerta puede ser también un mensaje de optimismo, a la manera de un médico o un educador cuando indica lo que es necesario evitar hacer para no caer enfermo o en un grave error. Es curioso notar que los escritores más pesimistas, como lo fue Voltaire en el Siglo de las Luces que precedió a la Revolución francesa, a la cual abrió camino, gozaba por su parte de un carácter muy risueño. Tenía la reputación de ser un pesimista alegre. Mientras que su contemporáneo, el filósofo JeanJacques Rousseau, autor del célebre Contrato social, quien anunciaba tantas promesas optimistas, padecía un carácter profundamente desesperado e incluso misantrópico. Tenía la reputación de ser un optimista triste. Es extraño observar este fenómeno. Esto lleva a interrogarse sobre la importancia y el significado de la risa en el ejercicio del pensamiento. Reír de nuestras propias desdichas es una calidad y un don, los cuales permiten a algunos raros espíritus rebasar su destino, y ese es el genio de ciertas obras. Cervantes nos hace reír y, cuando se sabe hasta qué punto la existencia real

de este autor fue minada por todas las desgracias posibles, no queda sino admirar su valor además de su genio literario. De François Rabelais, autor de Pantagruel y de Gargantúa, Víctor Hugo escribió: “su enorme estallido de risa es uno de los abismos del espíritu”. Hugo admitía así que la risa, como la imaginación, puede horadar precipicios. Tituló, por otro lado, uno de sus libros: El hombre que ríe. Como, a su vez, Nietzsche escribiría: El alegre saber (La gaya ciencia). En el Manual de zoología fantástica de Borges, la imaginación se da toda la libertad, pero no es posible impedirse pensar que el autor, fiel a la inclinación más natural de su pensamiento, no pudo abstenerse de dejar filtrar una risa muy suya que circula discretamente entre las páginas del libro. No tomarse nunca en serio, durante el momento mismo cuando se evocan los asuntos más serios, es una forma de elegancia por la cual se reconoce a los mejores. La defensa de la existencia de la lombriz es un buen ejemplo.

Suplemento editado por La Jornada  

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