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Año III - N° 6. Noviembre - Diciembre 2013. Curia Provincial. Provincia San Francisco Solano. Alvear 620 X5800BCN - Río Cuarto (Córdoba). Argentina. E-mail: solanoticias@gmail.com - Web: www.franciscanos.org.ar

Í N D I C E Clausura del Año de la Fe

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Homilía del Santo Padre Francisco durante la Misa de Clausura del Año de la Fe

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Exhortación Apostólica “EVANGELII GAUDIUM”

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LXXXII Asamblea de Superiores Generales

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La crisis de la vida consagrada

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Carta del Ministro Geneneral en ocasión del III Centenario del nacimiento del Beato Junípero Serra

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Bodas de Plata de Sor María Pilar, osc

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Instituto San Buenaventura Campamento Educativo

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¡Felicitaciones al nuevo Doctor!

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Comunicado

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Fechas para recordar

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Clausura del Año de la Fe 24 de noviembre de 2013 Con una excepcional liturgia en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, con la presencia de los jefes de las Iglesias orientales católica, el Sumo Pontífice clausuró el Año de la fe. Inaugurado por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2012, presentándolo como “una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo”, el Papa Francisco presidió su conclusión el 24 de noviembre reafirmando que la meta final de esa peregrinación es “el encuentro pleno con Dios”. Durante la celebración Eucarística de clausura del Año de la fe se veneraron las reliquias que se atribuyen al apóstol Pedro, roca sobre la que el Señor construyó la Iglesia. La celebración de este Año de la fe entre dos pontificados ha sido una de sus singularidades y también de sus riquezas. Así lo hizo notar el Papa en su homilía cuando mencionó – como suelo hacerlo con veneración y delicadeza – a Benedicto XVI “a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esta iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de redescubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el día de nuestro Bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia”. Precisamente la memoria del

martirio de Pedro y Pablo, había impulsado a Pablo VI a idear por primera vez un Año de la Fe, inaugurado el 29 de junio de 1967 y clausurado el 30 de junio de 1968, conmemorando el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, en la que pronunció el Credo del pueblo de Dios, porque los hombres “no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: vemos incluso a algunos católicos como cautivos de cierto deseo de cambiar o de innovar. La Iglesia juzga que es obligación suya no interrumpir los esfuerzos para penetrar más y más en los misterios profundos de Dios” (Homilía en la clausura del Año de la fe”). El Papa Francisco en su homilía subrayó la centralidad de Cristo para la vida del creyente: “Las lecturas que se han proclamado tienen como hilo conductor la centralidad de Cristo […] Reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Y así nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos. Nuestra obras serán obras cristianas, obras de Cristo, nuestra palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo”.


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Homilía del Santo Padre Francisco durante la Misa de Clausura del Año de la Fe Plaza de San Pedro - 24 de noviembre de 2013

La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronación del año litúrgico, señala también la conclusión del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esa iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el día de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un ca-

mino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el Espíritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro corazón. Dirijo también un saludo cordial y fraterno a los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales católicas, aquí presentes. El saludo de paz que nos intercambiaremos quiere expresar sobre todo el reconocimiento del Obispo de Roma a estas Comuni-

dades, que han confesado el nombre de Cristo con una fidelidad ejemplar, pagando con frecuencia un alto precio. Del mismo modo, y por su medio, deseo dirigirme a todos los cristianos que viven en Tierra Santa, en Siria y en todo el Oriente, para que todos obtengan el don de la paz y la concordia. Las lecturas bíblicas que se han proclamado tienen como hilo conductor la centralidad de Cristo. Cristo está en el centro,


3 Cristo es el centro. Cristo centro de la creación, del pueblo y de la historia. 1. El apóstol Pablo, en la segunda lectura, tomada de la carta a los Colosenses, nos ofrece una visión muy profunda de la centralidad de Jesús. Nos lo presenta como el Primogénito de toda la creación: en él, por medio de él y en vista de él fueron creadas todas las cosas. Él es el centro de todo, es el principio: Jesucristo, el Señor. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en él todas las cosas sean reconciliadas (cf. 1,12-20). Señor de la creación, Señor de la reconciliación. Esta imagen nos ayuda a entender que Jesús es el centro de la creación; y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser

de Cristo. Nuestras obras serán obras cristianas, obras de Cristo, nuestras palabras serán palabras cristianas, palabras de Cristo. En cambio, La pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo. 2. Además de ser centro de la creación y centro de la reconciliación, Cristo es centro del pueblo de Dios. Y precisamente hoy está aquí, en el centro. Ahora está aquí en la Palabra, y estará aquí en el altar, vivo, presente, en medio de nosotros, su pueblo. Nos lo muestra la primera lectura, en la que se habla del día en que las tribus de Israel se acercaron a David y ante el Señor lo ungieron rey sobre

Reliquias de San Pedro tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Y así nuestros pensamientos serán pensamientos cristianos, pensamientos

todo Israel (cf. 2S 5,1-3). En la búsqueda de la figura ideal del rey, estos hombres buscaban a Dios mismo: un Dios que fuera cercano, que aceptara acompañar al hombre en su camino, que se

hiciese hermano suyo. Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el «hermano» alrededor del cual se constituye el pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En él somos uno; un único pueblo unido a él, compartimos un solo camino, un solo destino. Sólo en él, en él como centro, encontramos la identidad como pueblo. 3. Y, por último, Cristo es el centro de la historia de la humanidad, y también el centro de la historia de todo hombre. A él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy. Mientras todos se dirigen a Jesús con desprecio «Si tú eres el Cristo, el Mesías Rey, sálvate a ti mismo bajando de la cruz»- aquel hombre, que se ha equivocado en la vida pero se arrepiente, al final se agarra a Jesús crucificado implorando: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42). Y Jesús le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43): su Reino. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el


4 valor de pedir este perdón, el Señor no deja de atender una petición como esa. Hoy todos podemos pensar en nuestra historia, nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno tiene también sus equivocaciones, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos tristes. En este día, nos vendrá bien pensar en nuestra historia, y mirar a Jesús, y desde el corazón repetirle a menudo, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros:

Misa de Clausura del Año de la Fe

S.S. Francisco con las reliquias de San Pedro durante el canto del Credo

“Acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino. Jesús, acuérdate de mí, porque yo quiero ser bueno, quiero ser buena, pero me falta la fuerza, no puedo: soy pecador, soy pecadora. Pero, acuérdate de mí, Jesús. Tú puedes acordarte de mí porque tú estás en el centro, tú estás precisamente en tu Reino.” ¡Qué bien! Hagámoslo hoy todos, cada uno en su corazón, muchas veces. “Acuérdate de mí, Señor, tú que estás en el centro, tú que estas en tu Reino.” La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la plegaria que la ha pedido. El Señor siempre da más, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino. Jesús es el centro de nuestros deseos de gozo y salvación. Vayamos todos juntos por este camino.


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Exhortación Apostólica “EVANGELII GAUDIUM” La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Así empieza la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium en la que el Papa Francisco recoge la riqueza de los trabajos del Sínodo dedicado a “La nueva evangelización para la transmisión de la fe” celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012. “Quiero dirigirme a los fieles cristianos -escribe el Papapara invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (nº 1). Se trata de un fuerte llamamiento a todos los bautizados para que con fervor y dinamismo nuevos, lleven a los otros el amor de Jesús en un “estado permanente de misión” (nº 25), venciendo “el gran riesgo del mundo actual”: el caer en “una tristeza individualista” (nº 2). El Papa invita a “recuperar la frescura original del Evangelio”, encontrando “nuevos

caminos” y “métodos creativos”, a no encerrar a Jesucristo en nuestros “esquemas aburridos” (nº 11). Es necesaria “una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (nº 25) y una “reforma de las estructuras” eclesiales para que “todas ellas se vuelvan más misioneras” (nº 27). El Pontífice piensa también en “una conversión del papado” para que sea “más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización” (nº 32). El deseo de que las Conferencias Episcopales pudieran dar una contribución a fin de que “el afecto colegial” tuviera una aplicación “concreta” -afirma- todavía “no se realizó plenamente” (nº 32). Es necesaria “una saludable descentralización” (nº 16). En esta renovación no hay que tener miedo de revisar costumbres de la Iglesia “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la

historia” (nº 43). Signo de la acogida de Dios es “tener los templos con las puertas abiertas en todas partes” para que todos los que buscan no se encuentren “con la frialdad de unas puertas cerradas”. “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera”, así, la Eucaristía “no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia” (nº 47). El Papa reitera que prefiere una Iglesia “herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia… preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente… es que tantos hermanos nuestros vivan” sin la amistad de Jesús (nº 49). El Papa indica las “tenta-


6 ciones de los agentes pastorales”: individualismo, crisis de identidad, caída del fervor (nº 78). “La mayor amenaza” es “el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando” (nº 83). Exhorta a no dejarse vencer por un “pesimismo estéril” (nº 84) y a ser signos de esperanza (nº 86) poniendo en marcha “la revolución de la ternura”. Es necesario huir de la “espiritualidad del bienestar” que rechaza los “compromisos fraternos” y vencer “la mundanidad espiritual” que consiste en “buscar, en lugar de la gloria de Dios, la gloria humana” (nº 93). El Papa habla de los que “se sienten superiores a otros” por ser “inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico del pasado” y, “en lugar de evangelizar lo que se hace es… clasificar a los demás” (nº 94) o de los que tienen un “cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción” en las necesidades de la gente (nº 95). Se trata de “una tremenda corrupción con apariencia de bien… ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales!” (nº 97). Lanza un llamamiento a las comunidades eclesiales a no caer en envidias ni en celos “dentro del pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!” (nº 98). “¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (nº 100). Subraya la necesidad de hacer crecer la res-

ponsabilidad de los laicos, mantenidos “al margen de las decisiones”, a raíz de “un excesivo clericalismo” (nº 102). Afirma que “todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, en particular “en los diversos lugares donde se toman decisiones importantes” (nº 103). “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres… no se puede eludir superficialmente” (nº 104). Los jóvenes tienen que “tener un protagonismo mayor” (nº 106). Frente a la escasez de vocaciones en algunos lugares, afirma que “no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones” (nº 107). Afrontando el tema de la inculturación, recuerda que “el cristianismo no tiene un único modelo cultural” y que el rostro de la Iglesia es “pluriforme” (nº 116). “No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia” (nº 118). El Papa reafirma la “fuerza activamente evangelizadora” de la piedad popular (nº 126) y alienta la investigación de los teólogos, invitándoles a llevar en el corazón “la finalidad evangelizadora de la Iglesia” y a no contentarse con “una teología de escritorio” (nº 133). Se detiene “con cierta meticulosidad, en la homilía”, porque “son muchos reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos”. La homilía “debe

ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase”, debe saber decir “palabras que hacen arder los corazones”, huyendo de “una predicación puramente moralista o adoctrinadora” (nº 142). Subraya la importancia de la preparación: “Un predicador que no se prepara no es espiritual; es deshonesto e irresponsable” (nº 145). “Una buena homilía… debe contener una idea, un sentimiento, una imagen” (nº 157). La predicación debe ser positiva para que dé “siempre… esperanza” y no nos deje encerrados en la negatividad” (nº 159). El anuncio mismo del Evangelio debe tener características positivas: “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena” (nº 165). Hablando de los retos del mundo contemporáneo, el Papa denuncia el sistema económico actual: “es injusto en su raíz” (nº 59). “Esa economía mata” porque predomina “la ley del más fuerte”. La cultura actual del “descarte” ha creado “algo nuevo”: “Los excluidos no son explotados sino deshechos, sobrantes” (nº 53). Vivimos una “nueva tiranía invisible, a veces virtual”, de un “mercado divinizado” donde imperan la “especulación financiera”, “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta” (nº 56). Denuncia los “ataques a la libertad religiosa” y las “nuevas situaciones de persecución a los cristianos… En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista” (nº 61). La familia -prosigue el Papa- “atraviesa una crisis cultural profunda”. Insis-


7 tiendo en “el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad” (nº 66), subraya que “el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que… desnaturaliza los vínculos familiares” (nº 67). Reafirma “la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana” (nº 178) y el derecho de los pastores “a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas” (nº 182). “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la in-

por los pobres es una categoría teológica” antes que sociológica. “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos” (nº 198). “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres… no se resolverán los problemas del mundo” (nº 202). “La política, tan denigrada” -afirma- “es una de las formas más preciosas de la caridad”. “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela la verdad… la vida de los po-

los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y más abandonados” y los migrantes”, por lo que exhorta a los países “a una generosa apertura”. Habla de las víctimas de la trata de personas y de las nuevas formas de esclavitud: “En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda” (nº 211). “Doblemente pobres son las

timidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social”. Cita a Juan Pablo II cuando afirma que la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia” (nº 183). “Para la Iglesia la opción

bres!”. Después una advertencia: “Cualquier comunidad de la Iglesia” que se olvide de los pobres “corre el riesgo de la disolución” (nº205-207). El Papa invita a cuidar a los más débiles: “los sin techo,

mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia” (nº 212). “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección” están “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes


8 hoy se les quiere negar su dignidad humana” (nº 213). “No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión… No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” (nº 214). A continuación un llamamiento al respeto de todo lo creado: “estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (nº 216). Por cuanto respecta al tema de la paz, el Papa afirma que “es necesaria una voz profética” cuando se quiere construir una reconciliación falsa que “silencie” a los pobres mientras “algunos no quieren renunciar a sus privilegios” (nº 218). Para la construcción de una sociedad “en paz, justicia y fraternidad” indica cuatro principios (nº 221): “El tiempo es superior al espacio” (nº222) significa “trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos” (nº 223). “La unidad prevalece sobre el conflicto” (226) quiere decir obrar para que los opuestos alcancen “una unidad pluriforme que engendra nueva vida” (nº 228). “La realidad es más importante que la idea” (nº 231) significa evitar que la política y la fe se reduzcan a la retórica” (nº 232). “El todo es superior a la parte” significa aunar globalización y localización” (nº 234). “La evangelización -continúa el Papa- también implica un camino de diálogo” que abre a la Iglesia para colaborar con todas las realidades políticas, sociales, religiosas y culturales (nº 238). El ecumenismo es “un camino ineludible de la evangelización”. Es

importante el enriquecimiento recíproco: “¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros!”, por ejemplo “en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad” (nº 246); “el diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús” (nº 248); “el diálogo interreligioso”, que se conduce con “una identidad clara y gozosa”, “es una condición necesaria para la paz en el mundo” y no oscurece la evangelización (nnº 250251); “en esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam” (nº 252): el Papa implora “humildemente” para los países de tradición islámica aseguren la libertad religiosa a los cristianos, también “¡teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales!”. “Frente a episodios de fundamentalismo violento” invita a superar “odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia” (nº253). Y contra el intento de privatizar las religiones en algunos contextos, afirma que “el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas” (nº 255). Reitera de este modo la importancia entre creyentes y no creyentes (nº 257). El último capítulo está dedicado a la “evangelización con Es-

píritu”, que son aquellos que “se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo” que “infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (nº 268). Se trata de “evangelizadores que oran y trabajan” (nº 262) conscientes de que “la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo” (nº 268): “Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás” (nº 270). “En nuestra relación con el mundo -precisa- , se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan” 8nº 271). “Sólo puede ser misionero -añade- alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros” (nº272): “si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida” (nº 274). El Papa invita a no desanimarse ante los fracasos o la escasez de los resultados porque la “fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada”; “sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria” (nº 279). La exhortación concluye con una oración a María “Madre del Evangelio”. “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a cree en lo revolucionario de la ternura y el cariño” (nº 288). Fuente: L`Osservatore Romano nº 48 (29/11/2013) pp. 2-3.


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LXXXII Asamblea de Superiores Generales y el encuentro con S.S. Francisco Ciudad del Vaticano, 29 noviembre 2013 (VIS). La Unión de Superiores Generales ha celebrado su LXXXII asamblea en el Salesianum de Roma, del 27 al 29 de noviembre. Las reflexiones, basadas en tres experiencias personales, se han centrado en el papel de los Superiores a la luz del magisterio y del ejemplo del Papa Francisco. Según informa un comunicado de la Unión de Superiores Generales, la primera tanda de preguntas ha estado dedicada a la identidad y la misión de la vida consagrada. Todos los cristianos deben ser coherentes con su fe, ha dicho el Papa, pero los religiosos están llamados a seguir al Señor de una manera especial: "Son hombres y mujeres que pueden despertar al mundo. La vida consagrada es profecía. Dios nos pide que dejemos el nido que nos arropa y que salgamos a los confines del mundo evitando la tentación de someterlos. Esta es la forma más eficaz de imitar al Señor”. Preguntado por la situación de las vocaciones, el Papa ha señalado que hay Iglesias jóvenes que están dando nuevos frutos. Por supuesto, esto nos obliga a replantear la inculturación del carisma. La Iglesia, como en el caso de Matteo Ricci, debe pedir perdón y considerar, con vergüenza, los fracasos apostólicos a causa de ma-

lentendidos en este campo. El diálogo intercultural debe impulsar la entrada en el gobierno de los institutos religiosos de personas de diferentes culturas que expresan diferentes formas de vivir el carisma. Francisco ha insistido en la formación que, en su opinión, se basa en cuatro pilares fundamentales: espiritual, intelectual, comunitario y apostólico. Es

imprescindible evitar cualquier forma de hipocresía y de clericalismo a través de un diálogo franco y abierto sobre todos los aspectos de la vida, " la formación es una tarea artesanal, no una labor de policía", ha subrayado, y su objetivo es “formar religiosos

que tengan un corazón tierno y no ácido como el vinagre. Todos somos pecadores, pero no corruptos. Hay que aceptar a los pecadores, no a los corruptos”. Para el Papa la fraternidad tiene una enorme fuerza de atracción. Presupone la aceptación de las diferencias y los conflictos. A veces es difícil de vivir, pero si no se vive no se es fecundo. En cualquier caso, "nunca debemos actuar como gestores ante el conflicto de un hermano hay que acariciar ese conflicto". Se han planteado también algunas cuestiones sobre las relaciones entre los religiosos y las Iglesias particulares en las que están insertados. El Papa ha afirmado que sabía por experiencia los problemas que se plantean. "Nosotros, los obispos, tenemos que entender que las personas consagradas no representan sólo una ayuda material, sino que son dones que enriquecen las diócesis". Las últimas preguntas han


10 tenido como objeto las fronteras de la misión de los consagrados. "Hay que buscarlas sobre la base de los carismas”, ha respondido el Papa. Las realidades donde impera la exclusión sigue siendo la prioridad más importante. Además de estos retos, el pontífice ha citado el cultural y educativo en las escuelas y universidades. Para el Papa los pilares de la educación

son : " transmitir conocimientos , transmitir formas de hacer, transmitir valores. A través de ellos se transmite la fe. El educador debe estar a la altura de las personas que educa y debe interrogarse sobre como anunciar a Jesucristo a una generación que cambia". Antes de saludar a los 120 Superiores Generales presentes, el Santo Padre ha anunciado que el

2015 será un año dedicado a la vida consagrada. Saliendo del aula ha dicho: "Gracias, por lo que hacéis y por vuestro espíritu de fe y de servicio. Gracias por vuestro testimonio y también por las humillaciones por las que tenéis que pasar”. Fuente: Vatican Information Service

La crisis de la vida consagrada En este artículo publicado en L’Osservatore Romano, el Arzobispo José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, hace referencia a la actual crisis de la vida religiosa y consagrada, y sus verdaderas causas.

Desde hace tiempo se habla de “crisis” en la y de la vida religiosa y consagrada. Y para justificar este diagnóstico frecuentemente se recurre al número de los abandonos, que agudiza la ya de por sí alarmante disminución de vocaciones que golpea a un gran número de institutos y que, si continúa así, pone en serio peligro la supervivencia de algunos de ellos. No entro aquí en el debate acerca del carácter positivo o no de la “crisis” de la que se habla. Es cierto, sin embargo, que, teniendo en cuenta el número de los abandonos y que la mayoría de ellos tiene lugar en edad relativamente joven, dicho fenómeno es preocupante. Por otra parte, considerando el hecho de que la hemorragia continúa y no parece detenerse, los abandonos son ciertamente síntoma de

una crisis más amplia en la vida religiosa y consagrada, y la cuestionan, por lo menos en la forma concreta en que es vivida. Por todo esto, si bien es cierto que no podemos dejarnos obsesionar por el tema – toda obsesión es negativa-, es también cierto que frente al problema no podemos “mirar para otro lado” o “esconder la cabeza”. Por otra

parte, si bien es cierto, también, que son muchos los factores socioculturales que influyen en el fenómeno de los abandonos, es también cierto que no son la única causa y que no podemos referirnos sólo a ellos para tranquilizarnos y para explicar este fenómeno, hasta ver como “normal” lo que no lo es. No es fácil conocer con precisión el número de los que abandonan cada año la vida religiosa y consagrada, también porque hay prácticas que van a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, otras que son llevadas por la Congregación para el Clero, y otras que terminan en la Congregación para la Doctrina de la Fe. En todo caso, las cifras de las que disponemos son consistentes, como se puede


11 ver por los datos que nos son ofrecidos por las primeras dos Congregaciones. Nuestro dicasterio, en cinco años (2008-2012), ha dado 11.805 dispensas: indultos para dejar el instituto, decretos de dimisión, secularizaciones ad experimentum y secularizaciones para incardinarse en una diócesis. Se trata de una media anual de 2361 dispensas. La Congregación para el Clero, en los mismos años, ha dado 1188 dispensas de las obligaciones sacerdotes y 130 dispensas de las obligaciones del diaconado. Son todos religiosos: esto da una media anual de 367,7. Sumando estos datos con los otros, tenemos lo que sigue: han dejado la vida religiosa 13.123 religiosos o religiosas, en 5 años, con una media anual de 2624,6. Esto quiere decir 2,54 cada 1000 religiosos. A estos habría que agregar todos los casos tratados por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Según un cálculo aproximado pero bastante seguro, esto quiere decir que más de 3000 religiosos o religiosas han dejado cada año la vida consagrada. En el cómputo no han sido insertados los miembros de las sociedades de vida apostólica que han abandonado su congregación, ni los de votos temporales. Ciertamente los números no son todo, pero sería de ingenuos no tenerlos en cuenta. Antes de indicar algunas de las causas de los abandonos, creo que es oportuno decir que es casi imposible relevar con exactitud falta de equilibrio entre las exigencias de la vida comunitaria y

las exigencias del individuo y del apostolado que lleva a cabo; en buscar fuera lo que no se encuentra en casa… Los problemas más comunes en la vida fraterna en comunidad, según la documentación a nuestra disposición, son: problemas de relación interpersonal, incomprensiones, falta de diálogo y de auténtica comunicación, incapacidad psíquica de vivir las exigencias de vida fraterna en comunidad, incapacidad de resolver los conflictos… En lo que respecta a la pérdida de sentido de pertenencia a la Iglesia, a veces es dada por la falta de verdadera comunión con ella y se manifiesta, entre otras cosas, en el no compartir la enseñanza de la Iglesia sobre temas específicos como el sacerdocio a las mujeres y la moral sexual. Todo esto termina con la pérdida del sentido de pertenencia a la institución, llámese comunidad local, instituto religiosa o Iglesia, que es considerada sólo en cuanto puede servir los propios intereses: por ejemplo, la casa religiosa, muchas veces, es considerada como “hotel” o una simple “residencia”. La falta de sentido de pertenencia lleva, a menudo, también a abandonar físicamente la comunidad, sin ningún permiso. Siempre me ha impresionado ver religiosos que abandonan la vida religiosa o consagrada con toda naturalidad, incluso después de muchos años, sin que esto suponga ningún drama. Es claro que no dejan nada, porque su corazón estaba en otra parte. Problemas afectivos. Aquí la problemática es muy amplia: va desde el enamoramiento, que se

concluye con el matrimonio, a la violación del voto de castidad, sea con repetidos actos de homosexualidad – más en los hombres, pero igualmente presente, más de lo que se piensa, entre las mujeres -, sea con relaciones heterosexuales, más o menos frecuentes. Otras veces los problemas afectivos tienen una clara repercusión en la vida fraterna en comunidad, porque conciernen al mundo de las relaciones, provocando continuos conflictos que terminan por hacer invivible la comunidad. Finalmente, los problemas afectivos pueden ser tales que se llegue a la convicción de no poder vivir la castidad y se decide, también por motivos de coherencia, abandonar la vida consagrada. Cuando se trata de identificar las causas o de proponer orientaciones, pienso que es necesario hacer una radiografía, aunque breve y limitada, de la sociedad de la que provienen nuestros jóvenes, los jóvenes que se dirigen a nosotros, así como las fraternidades que los acogen. Lo primero evidente a todos es que estamos en un mundo en profunda transformación. Se trata de un cambio que trae consigo el paso de la modernidad a la postmodernidad. Vivimos en un tiempo caracterizado por cambios culturales imprevisibles: nuevas culturas y sub-culturas, nuevos símbolos, nuevos estilos de vida y nuevos valores. Todo ocurre a una velocidad vertiginosa. Las certezas y los esquemas interpretativos globales y totalizantes que caracterizaban la era moderna han dejado lugar a la complejidad, a la pluralidad, a la contraposición de modelos de


12 vida y a comportamientos éticos que se han mezclado entre ellos de modo desordenado y contradictorio: son todas características de la era moderna. Mientras en la modernidad existía la plausibilidad de un proyecto global, de una idea matriz, de un “norte” como faro de comportamiento, el momento actual está caracterizado por la incerteza, por la duda, por el replegarse en lo cotidiano y en lo emocional. Así se vuelve difícil distinguir aquello que es esencial de lo que es secundario y accidental. Esto produce en muchos: desorientación frente a una realidad que se presenta de tal modo compleja que no se puede percibir; incerteza a causa de la falta de certezas sobre las cuales anclar la propia vida; inseguridad por la falta de referencias seguras. Todo se une a una gran desilusión frente a las preguntas existenciales, consideradas inútiles, ya que todo es posible y lo que hoy es, mañana deja de ser. Nuestro tiempo es también un tiempo de mercado. Todo es medido y valorado según la utilidad y la rentabilidad, también las personas. Estas, en términos de mercado, valen lo que

producen y valen en cuanto son útiles. Su valor oscila, por lo tanto, en base a la demanda. Tal concepción mercantilista de la persona llega a privilegiar el hacer, la utilidad, e incluso la apariencia sobre el ser. Vivimos, también, en un tiempo que podemos definir el tiempo del zapping. Zapping, literalmente, quiere decir: pasar de un canal a otro, sirviéndose del control remoto, sin detenerse en

ninguno. Simbólicamente, zapping significa no asumir compromisos a largo plazo, pasar de un experimento a otro, sin hacer nin-

guna experiencia que marque la vida. En un mundo donde todo está facilitado, no hay lugar para el sacrificio, ni para la renuncia, ni para otros valores similares. En cambios, estos están presentes en la opción vocacional que exige, por lo tanto, ir contracorriente, como es la vocación a la vida consagrada. Finalmente, es necesario señalar también que en el mundo en que vivimos, y en estrecha conexión con lo que hemos llamado “mentalidad de mercado”, está el dominio del neo-individualismo y la cultura del subjetivismo. El individuo es la medida de todo y todo es visto, medido y valorado en función de sí mismo y de la autorrealización. En un mundo así, en el que cada uno se siente único por excelencia, frecuentemente no existe una comunicación profunda. El hombre actual habla mucho, aparentemente es un gran comunicador, pero en realidad no logra comunicar en profundidad y, en consecuencia, no lograr encontrarse con el otro. Como conclusión de nuestra reflexión nos planteamos la pregunta: en una sociedad como la nuestra, ¿es posible permaneces fieles a una op-


13 ción de vida que está llamada a ser definitiva e irrevocable? La respuesta me parece sencilla si tenemos en cuenta a muchos consagrados que viven alegremente la fidelidad a los compromisos asumidos en su profesión. De todos modos, para prevenir los abandonos, sin la ilusión de poder evitarlos totalmente, creo necesario lo que sigue. Que la vida consagrada y religiosa ponga en el centro una renovada experiencia del Dios uno y trino y considere esta experiencia como su estructura fundamental. Lo esencial de la vida consagrada y religiosa es quaerere Deum, buscar a Dios, vivir en Dios. Que la opción por el Dios viviente (cfr. Juan 20, 17) no se viva en el encerrarse en un misti-

cismo separado de todo y de todos, sino que lleve a los consagrados a participar en el dinamismo trinitario ad intra y ad extra. La participación en el dinamismo trinitario ad intra supone relación de comunión con los otros y lleva consigo el don de sí mismo a los demás. Por otra parte, vivir el dinamismo trinitario ad extra implica vivir críticamente y proféticamente en el seno de la sociedad. Que haya una decisión clara de anteponer la calidad evangélica de vida al número de miembros o al mantenimiento de las obras. Que en la cura pastoral de las vocaciones se presente la vida consagrada y religiosa en toda su radicalidad evangélica y se haga un discernimiento en consonancia con dichas exigencias.

Que durante la formación inicial se asegure un acompañamiento personalizado y no se hagan “descuentos” en las exigencias de una vida consagrada que sea evangélicamente significativa. Que entre la pastoral vocacional, formación inicial y permanente, haya continuidad y coherencia. Que durante los primeros años de profesión solemne se asegure un adecuado acompañamiento personalizado. Un bello proverbio oriental dice: “El ojo ve sólo la arena, pero el corazón iluminado puede entrever el fin del desierto y la tierra fértil”. Miremos con el corazón. Tal vez podremos ver aquello que otros no ven.


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Carta del Ministro Geneneral en ocasión del III Centenario del nacimiento del Beato Junípero Serra Misionero en Sierra Gorda y en las Californias

Mis queridos hermanos de las Provincias Franciscanas de "San José" de Valencia-Aragón-Baleares en España, de "San Pedro y San Pablo" en México, del "Beato Junípero Serra" en México, de "Santa Bárbara", California, en los Estados Unidos, y a todos los hermanos de la Orden: ¡El Señor os done su paz!

Mientras celebramos el 300° aniversario del nacimiento del beato Junípero Serra, misionero franciscano español en Sierra Gorda y en las Californias, recordamos las palabras escritas por el Papa Benedicto XVI en su Carta Apostólica titulada Porta Fidei: «La "puerta de la fe", que introduce en la vida de comunión

con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida». El Beato Junípero ha demos-


15 trado su profundo deseo de permanecer siempre en comunión con Dios con el ejemplo de su vida, predicando y enseñando en su tierra natal de Mallorca, España, y como misionero franciscano en Sierra Gorda, Baja California en México, y Alta California en Estados Unidos. Él se ha dejado plasmar el corazón de la gracia transformadora de la oración, de la hermandad, de la pobreza absoluta, de la evangelización misionera y de un ardiente deseo de traducir la fe en un lenguaje que pudiera ser entendido por las personas entre las que vivía y ejercía su ministerio. El Beato Junípero, en uno de sus muchos sermones del periodo en el que fue profesor de Filosofía en la Universidad de Luliana de Mallorca (1738-1749), habló del poder de la Palabra y de la Eucaristía en la vida de aquellos a quienes el Señor Jesús trajo a la luz de la fe: Quienquiera que haya saboreado la dulzura del Señor aunque sólo una vez, considera vacuos todos los placeres y delicias de la vida, admitido que ameriten ser llamados así... Los que no conocen en absoluto tal dulzura y no la saborean, no tienen algún deseo de ella. Pero, quién la ha probado aunque sea una sola vez, descubre un creciente deseo, porque la encuentra muy serenadora. Como el Señor mismo dice: "Los que me coman

quedarán aún con hambre de mi, los que me beben sienten todavía sed (Sir 24,21(Palma, 1744, traducido por R.M. Beebe y R. Senkewicz).

Miguel José Serra nació y fue bautizado en la localidad de Petra, Mallorca, España, el 24 de noviembre de 1713. Decide cambiar su nombre por el de Junípero en honor a uno de los compañeros de san Francisco de Asís, murió en la Misión de "San Carlos Borromeo" (actualmente misión Carmel), en California, el 28 de agosto de 1784. En 1730 sintió la llamada de Dios a ser miembro de la Orden Franciscana, y entró en la rama ascética de los Hermanos Menores Alcantarinos en la capi-

tal Palma de Mallorca. Haciéndose notar por su talento académico, Serra fue nombrado profesor de Filosofía en la Universidad Luliana de Palma de Mallorca antes de su ordenación. Más tarde, obtuvo el doctorado en teología en la misma universidad y ocupó la cátedra de Filosofía de "Duns Escoto" hasta 1749. A pesar de su notoriedad como profesor universitario, el beato Junípero sintió el ardiente deseo de ser misionero y llevar la luz de la fe en el Nuevo Mundo, por lo que los indígenas no cristianos pudieron "saborear la dulzura del Señor", que él mismo había saboreado en su vida franciscana de oración, ascesis, humildad y fraternidad, y a través de su predicación y sus de enseñanza en Mallorca. Aunque no podemos apreciar en todos sus detalles el impulso misionero experimentado por el beato Junípero, podemos decir que con toda probabilidad él es quien, para utilizar las palabras del documento del Capítulo general 2009: «nos pone en movimiento, porque no es posible sentir el abrazo infinito de un Dios locamente enamorado porque es amor y sólo amor sin sentir al mismo tiempo la necesidad urgente de compartir esta experiencia con los demás» (PdE 11). El Beato Junípero partió para la Nueva España, es decir México, para servir como misionero.


16 Junto a Fr. Francisco Palou, Fr. Juan Crespi y otros treinta misioneros franciscanos provenientes de España, llegando el día de Año Nuevo de 1750 al Colegio Apostólico de Propaganda Fide "San Fernando" en la Ciudad de México. A mediados de ese mismo año es asignado al Colegio de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro. De este Colegio (de la Santa Cruz) se dedicó a misionar los grupos indígenas de Chichimecas, Pames, Sonaos y Otomíes asentados en la región montañosa de la Sierra Gorda, en el Estado de Querétaro, en el corazón de México. El beato Junípero inició su brillante carrera en el mes de junio de 1750, cuando él y fray Francisco Palou, fueron custodiados con una guarnición militar y algunos colonos, se dirigieron a la Sierra Gorda (17501759) en donde fundaron cinco misiones: Jalpán (dedicada al Señor Santiago), Concá (dedicada a S. Miguel Arcángel), Landa de Matamoros (dedicada a la Purísima Concepción); Tilaco (dedicada a S. Francisco de Asís); y Tancoyol (dedicada a la Virgen de la Luz). La circunstancias hitóricas hicieron que el beato Junípero fuera enviado hasta San Diego en donde siguió realizando su incansable actividad misionera con los indígenas americanos de la Alta California, el Estado actual de California en los Estados Unidos. Aquí fundó nueve misiones e infundió nueva energía a la misión católica franciscana. El estilo ascético de vida franciscano Alcantarino, mezclado con un fuerte sentido de entusiasmo y pasión misionera, ins-

piró en el ánimo del beato Junípero un compromiso incansable para ir entre los pueblos indígenas de California para predicar el Evangelio y convertir a los no cristianos a la fe Católica. Llegó a recorrer miles de kilómetros a pie. Sus métodos de predicación incluyeron demostraciones públicas de auto- humillación y autoflagelación para demostrar el poder y la fuerza del Evangelio. A lo largo de su vida, su lema era: "¡Mirar siempre adelante!" "¡Siempre, adelante!". El Beato Junípero fue también un hombre de su tiempo. En el ejercicio de sus deberes misioneros, a veces recurrió a los castigos corporales y otras prácticas que implicaban castigos a veces físicos de las poblaciones. Sus métodos, sin embargo, fueron menos severos que las utilizadas por el ejército de ocupación colonial español. Se le considera uno de los pocos colonizadores españoles o europeos que trataron en toda ocasión de proteger a la población indígena de graves abusos por parte de las fuerzas de ocupación civil y militar. No obstante haber tratado en ocasiones de manera severa a la población indígena, el beato Junípero también fue capaz de mostrar una gran bondad y misericordia. Después del incendio de la misión franciscana de San Diego por los miembros de la población indígena local, el beato Junípero exigió que los culpables no fueran castigados. Inmediatamente después de su muerte en 1784, el beato Junípero fue admirado y tenido como un ejemplo de cultura, fervor franciscano y celo misionero. Fr.

Francisco Palóu, que fue su estudiante, y después por mucho tiempo, su amigo y colaborador, registró los sucesos más importantes en una biografía publicada poco después de su muerte. Palóu describe como un cronista las luchas de Serra y sobre todo los sucesos acaecidos durante la fundación de una serie de misiones franciscanas en los límites meridionales de la actual California hasta la Bahía de San Francisco al Norte, nueve misiones en total: San Diego [1769], San Carlos Borromeo (que después se denominará como Misión de "Carmel" en 1770), San Antonio y San Gabriel (1771], San Luis Obispo (1772), Misión Dolores (San Francisco) y San Juan Capistrano (1776), Santa Clara (1777) y San Buenaventura (1782). En los últimos años de su vida Fr. Junípero inicia la construcción de la Misión Santa Bárbara, que no llegará a ver coronada porque lo visitará antes la hermana muerte el 28 de agosto de 1984. Serra fue beatificado 25 de septiembre 1988 por el Papa Juan Pablo II. La vida y las obras del beato Junípero Serra continúan hoy inspirando y estimulando a franciscanos y cristianos. En primer lugar, fue un estudioso que analizó en profundidad las tradiciones cristianas y franciscanas con la finalidad de compartir la dulzura del Señor con sus hermanos, con sus estudiantes, con los laicos cristianos, y con las poblaciones indígenas que aún no habían escuchado y aceptado el Evangelio. En segundo lugar, como una persona de su tiempo, el beato Junípero estaba involucrado en la geopolítica y la cultura contemporáneas, a


17 veces sin saberlo, sirviendo al Imperio español mientras trataba de servir al Evangelio. En tercer lugar, se dedicó apasionadamente a Cristo y estuvo siempre dispuesto a partir, con paciencia y determinación (¡Siempre Adelante!) a proclamar el Evangelio. En honor de nuestro hermano, el beato Junípero Serra, nosotros los Hermanos Menores estamos siempre estimulados a examinar las raíces de nuestra identidad y práctica misionera, a ser sensibles al contexto sociopolítico, económico y religioso de las culturas y de los pueblos en medio de los

cuales somos enviados, con la finalidad de que podamos proclamar con más confianza la Buena Nueva a través del testimonio de vida impuesta libre y plenamente al servicio del Reino de Dios. Mientras conmemoramos el 300° aniversario del nacimiento del beato Junípero Serra, nos inspire su constante y profunda relación con el Señor Jesús, sus incansables esfuerzos para promover el Evangelio y la fe cristiana, la manera en que compartió su vida y misión con sus hermanos franciscanos, demostrando la fuerza de la fraternidad puesta al

servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia. Renovemos siempre nuestra confianza y esperanza en el Señor Jesús. Escuchemos su llamada a ser hombres del Evangelio, servidores de la humanidad e itinerantes al servicio del Reino de Dios, siguiendo el ejemplo de san Francisco y del beato Junípero Serra. Fraternalmente vuestro en Cristo y en Francisco, Fr. Michael A. Perry, ofm Roma, 14 de noviembre de 2013. Prot. 104379

Bodas de Plata de Sor María Pilar, osc Monasterio Santa Clara de Asís /21 de noviembre de 2013 ¡Paz y bien! Estimados Hermanos y Hermanas: Con un breve pensamiento comparto la inmensa alegría por la celebración de mis Bodas de Plata: 1era. Profesión en la Orden de Santa Clara en el Monasterio de Puan, Argentina, el 21-1188/21-11-2013. Hoy a la distancia de 25 años no puedo dejar de contemplar con gratitud la Fidelidad, la Misericordia y la Gracias del Señor. Junto a mi Fraternidad, a mi Familia y la Comunidad de Puan disfruté este tiempo bendecido por el Señor particularmente en la Eucaristía del día 21 de noviembre pa-

sado, presidida por el Obispo Emérito Mons. Néstor H. Navarro en la Iglesia del monasterio. Les comparto que reconsiderando el tiempo transcurrido y celebrando entonces el paso de un Dios Salvador, Fuerte y Bienhechor, no dejo de agradecer por el Don de la Vocación que pido también con la ayuda de sus oraciones y cercanía pueda crecer aún más en fidelidad de respuesta cotidiana. Pido con la intercesión de nuestros seráficos padres Francisco y Clara de Asís que avancemos cada día de Bien en mejor para gloria del Señor. Sor María del Pilar, o.s.c


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Instituto San Buenaventura Campamento Educativo de los 2º Años CRÓNICA El área de Educación física y Pastoral del nivel secundario, llevó a cabo los días 23, 24 y 25 de octubre del corriente año en la localidad de Nogolí – San Luis, un campamento educativo con alumnos de 2º año “A” y “B” de nuestro instituto. El objetivo del viaje implicó recorrer, explorar, conocer otras regiones, contactarse con la naturaleza, con otras personas y emocionarse. Esta experiencia educativa se convirtió en una oportunidad tanto para los alumnos como para

los profesores, de aprender a convivir con otros, cumplir roles diferentes y revitalizar las relaciones desde una perspectiva distinta. Este intercambio fuera del ámbito familiar propuso situaciones de aprendizaje significativo vinculadas con el respeto por las diferencias y la adaptación a nuevas normas. Los alumnos compartieron el armado de las carpas propuesto por los profes de gimnasia, para lo cual todos colaboraron en conjunto, tuvieron la posibilidad de armar sus propios grupos para

compartir las carpas. Para las demás actividades los chicos estuvieron divididos en cuatro (4) grupos de diez (10) integrantes cada uno más un coordinador (compuestos por alumnos de 4º y 5º año del instituto), los grupos fueron seleccionados por los profes de gimnasia, la idea del armado de los mismos fue mezclar a los alumnos de los diferentes cursos, inclusive de los grupos de amistades, con el objeto de integrar a todos entre si. Las actividades propuestas como caminatas, competencias, juegos y charlas fueron bien aceptadas por los alumnos, mostrando entusiasmo, cooperación, compañerismo y atención. Las charlas estuvieron a cargo de los alumnos de 4º y 5º año, los que expusieron dos charlas de formación humana y espiritual. “SOMOS IGLESIA” Y “LA AMISTAD” dada las características de nuestro colegio. Se evaluaron a los grupos en todas las actividades propuestas a lo largo el campamento: en las competencias físicas, de habilidad, de ingenio, el compañerismo y colaboración entre el grupo, la participación en los momentos de orden y limpieza, el respeto a las


19 normas de convivencia y hacia los demás, con el fin de fomentar la participación de cada uno como integrante del grupo. Obteniendo así resultados altamente positivos. A continuación queda manifiesta la experiencia de algunos de los alumnos que participaron en el viaje. Cabe destacar que la mayoría expresaron los mismos sentimientos y agradecimientos. Prof. Fernanda Prigione

Testimonios: Lo que más me gusto del campamento fue la experiencia que pudimos compartir, también me gustó la idea de que los coordinadores que son chicos más o menos de nuestra edad nos dieran charlas como: la iglesia y la amistad, vista desde la perspectiva del joven-adolescente, las que me hicieron razonar mucho y ver las cosas desde otro punto de vista. Me pareció muy buena la división de los grupos, porque pudimos compartir entre todos y conocer-

nos mejor con el otro 2º. Los juegos estuvieron re divertidos y la comida riquísima. Agradezco a todos lo que hicieron para que este campamento salga de lo ¡MEJOR!, y por los esfuerzos que tuvieron que hacer. Muchas gracias!!!!!!!!!! Este viaje fue uno de los momentos más lindos que he pasado con mis compañeros del colegio y amigos. Me gusto todo, las

charlas re copadas de Gime, Alfredo, Emi y Victoria, la caminata, los juegos con premio, la comida, todo !. Esto me enseñó a compartir más cosas y agradecer a Dios todas las noches por las cosas que me dio durante el día, las buenas y las tristes. Agradezco a los profes por permitiros pasar tan buenos momentos y a Dios. El campamento me hizo sentir bien, me gustó porque pudimos hacer más amigos relacionarnos con otras personas, conocer lugares nuevos, pasar más tiempo como grupo y afianzar las amistades. Las charlas estuvieron geniales, al igual que los juegos y el resto de las actividades. Me resultó un poco triste volver a casa, la pasé tan bien que me costó separarme de todos, me re encariñé. Los profes se portaron de maravillas igual que los coordinadores, siempre todos con una sonrisa y nos trataron re bien, no los conocía así. Estuvo genial me encantaría que se repita. Gracias a todos.


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Comunicado El Ministro Provincial Fr. Carlos Guillermo Paz cita, dentro de los 15 días de la publicación de este Boletín, en la Sede de la Curia Provincial a Fr. Miguel Ángel Camino para notificarlo de la recepción del Decreto de su expulsión de la Orden de los Hermanos Menores, emitido por el Ministro General el 10 de septiembre de 2013 y confirmado por la Congregación IVCSVA 11 de noviembre de 2013. A su vez informa que después de la firma del Decreto de expulsión tendrá 10 días para presentar un recurso en contra de dicho decreto. Si Fr. Miguel Ángel Camino no acudiera a la Curia Provincial, transcurrido el tiempo indicado, tendrá efecto inmediato su expulsión definitiva de la Orden. Fr. Carlos Héctor Rioja, ofm Secretario Provincial

FECHAS

PA R A RECoRDAR

Cumpleaños Enero 4: Fr. Pablo Azqueta 9: Fr. Roberto Velásquez 21: Fr. Rafael Alfageme 29: Fr. Gustavo Valenzuela 31: Fr. Ramiro de la Serna

¡Felicitaciones al nuevo Doctor! Compartimos la alegría de nuestro hermano César Orduña que el 18 de diciembre pasado, en la Universidad Gregoriana, ha defendido su tesis doctoral en Teología Fundamental. El título de la tesis es “Los principios interpretativos en Romano Guardini. El camino de la Intuición”. Acompañaron a nuestro hermano Fr. Juan Schiavarelli y Fr. Federico Rodríguez.

Febrero 3: Fr. Jorge Ballarati 5: Fr. Angelo Catalogna 9: Fr. Carlos Paz 24: Fr. Adrián Loza 25 años de sacerdocio 06/01: Fr. Emilio Escayola 03/02: Fr. Carlos Paz


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