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Revista de Humanidades

Ars Medica Ars Medica Revista de Humanidades

Volumen 5

Número 2

Noviembre 2006

Editorial

¿Por qué temer la globalización? José Luis Puerta Artículos

El quebrantahuesos, el pájaro de fuego Benigno Varillas Pintores en las grandes expediciones científicas españolas del siglo Santiago Prieto Pérez

XVIII

Reinterpretando la gestión del sistema sanitario desde las teorías de la complejidad y el caos José R. Repullo Labrador El doctor Pío Baroja (1872-1956) José Luis Puerta Noviembre 2006

Biografía y obra de Thomas Hodgkin Sergio González

Artículo especial El medio ambiente de China en un mundo globalizado. Cómo se interrelacionan China y el resto del mundo Jianguo Liu y Jaret Diamond

Vol. 5

Relato corto

N.º 2

Un héroe moderno María Fasce

Doce artículos para recordar Págs. 149-292

Crítica Spanish Western! La década que el cine del Oeste habló en español Pedro Gutiérrez Recacha

Miscelánea Árboles. Algunas reflexiones sobre el Hombre, la Naturaleza y el Arte Francisco Valle Poo SIDA: ¿la vacuna imposible? Rafael Delgado

Índice acumulativo de autores 2005-2006


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Revista de Humanidades

Ars Medica

Ars Medica. Revista de Humanidades es una publicación semestral (junio y noviembre) del Grupo Ars XXI de Comunicación, S.L., cuyo primer número apareció en junio de 2002. La revista tiene por objetivo contribuir a que se entienda mejor el nuevo paradigma que está operándose dentro de la medicina e interpretar el complejo mundo de la sanidad con una perspectiva holística. Por tanto, se pretende la interacción multidisciplinar con esa larga lista de materias que inciden en el ejercicio de la profesión: economía, derecho, administración, ética, sociología, tecnología, ecología, etcétera. También, desde estas páginas, se quiere fomentar el conocimiento y la enseñanza de las humanidades médicas, a la vez que se analizan los valores humanos que deben acompañar a la práctica clínica. Ars Medica. Revista de Humanidades is a half-year publication (June and November) of Grupo Ars XXI de Comunicación, S.L., whose first number appeared in June 2002. The journal aims to contribute to understanding the new paradigm that is operating within medicine better and interpret the complex world of health care with a holistic perspective. Thus, multidisciplinary interaction is aimed at with this long list of materials that effect the exercise of the profession: economy, law, administration, ethics, sociology, technology, ecology, etc. In addition, from these pages, it is desired to foster knowledge and the teaching of medical humanities while analyzing the human values that should accompany the clinical practice.

Redacción Director: José Luis Puerta López-Cózar Redactor Jefe: Santiago Prieto Rodríguez Ilustraciones: Fernando Fueyo

Consejo Editorial Juan Luis Arsuaga Ferreras, Enrique Baca Baldomero, Juan Bestard Perelló, Lluís Cabero i Roura, Juan del Llano Señarís, José Ignacio Ferrando Morant, Julián García Vargas, José Luis González Quirós, Esperanza Guisado Moya, Juan José López-Ibor Aliño, Alfonso Moreno González, José Lázaro Sánchez, Leandro Plaza Celemín, Juan Rodés Teixidor, Julián Ruiz Ferrán

Periodicidad: 2 números al año Secretaría científica: Grupo Ars XXI de Comunicación, S.L. • Arturo Soria 336, 2.a pl. • 28033 Madrid Correo electrónico: rhum@ArsXXI.com www.ArsXXI.com/HUMAN Suscripciones: Grupo Ars XXI de Comunicación, S.L. • Passeig de Gràcia 84, 1.a pl. • 08008 Barcelona Correo electrónico: suscripciones@ArsXXI.com Consulte nuestra página web donde podrá obtener los artículos publicados Atención al cliente: Tel. (34) 902 195 484 • Correo electrónico: revistas@ArsXXI.com

Tarifa de suscripción anual El precio de la suscripción anual para profesionales será de 45,18 € en España y de 49,80 € fuera de España El precio de la suscripción anual para instituciones será de 75,93 € en España y de 93,45 € fuera de España Para el resto de tarifas de suscripción, consulte nuestra web

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©Copyright 2006 Grupo Ars XXI de Comunicación, S.L. Publicación que cumple los requisitos de soporte válido ISSN: 1579-8607 Composición y compaginación: Solingraf, SL • Ardemáns, 18, 1.o • 28028 Madrid Depósito Legal: B. 28.676-2002 Impresión: Litocenter, SL. • Puerto de Pozazal 4, nave 28 • 28031 Madrid Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita del editor, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción parcial o total de esta publicación por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

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Revista de Humanidades

Ars Medica

sumario / contents

Volumen 5

Número 2

Noviembre 2006

Editorial | Editorial 149

¿Por qué temer la globalización? Why fear globalization? José Luis Puerta

Artículos | Articles 151

El quebrantahuesos, el pájaro de fuego The Bearded Vulture - the fire bird Benigno Varillas

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180

Pintores en las grandes expediciones científicas españolas del siglo XVIII

Painters of the important Spanish scientific expeditions of the 18th century Santiago Prieto Pérez

Reinterpretando la gestión del sistema sanitario desde las teorías de la complejidad y el caos Reinterpreting the management of the health system from the point of view of the theories of complexity and chaos José R. Repullo Labrador

198

El doctor Pío Baroja (1872-1956) The doctor Pío Baroja (1872-1956) José Luis Puerta

216

Biografía y obra de Thomas Hodgkin Life and work of Thomas Hodgkin Sergio González

Artículo especial | Special Article 228

El medio ambiente de China en un mundo globalizado. Cómo se interrelacionan China y el resto del mundo China’s environment in a globalizing world. How China and the rest of the world affect each other Jianguo Liu y Jaret Diamond


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Revista de Humanidades

Ars Medica

sumario / contents (cont.)

Volumen 5

Número 2

Noviembre 2006

Relato corto | Short Story 256

Un héroe moderno A modern hero María Fasce

262 Doce artículos para recordar | Twelve Articles to Remember Crítica | Critic 267

Spanish Western! La década que el cine del Oeste habló en español Spanish Western! The decade when the Wetern spoke Spanish Pedro Gutiérrez Recacha

Miscelánea | Miscellaneous 274

Árboles. Algunas reflexiones sobre el Hombre, la Naturaleza y el Arte Trees. Considerations and thoughts about Man, Nature and Art Francisco Valle Poo

283

SIDA: ¿la vacuna imposible? AIDS: ¿the undiscoverable vaccine? Rafael Delgado

290 Índice acumulativo de autores 2005-2006


Editorial

¿Por qué temer la globalización? Why fear globalization? ■ Con este número de noviembre de 2006, Ars Medica. Revista de Humanidades cumple su quinto año desde que comenzara su singladura en 2002, por lo que hemos querido marcar esta fecha con un artículo especial: El medio ambiente de China en un mundo globalizado. Cómo se interrelacionan China y el resto del mundo. La emergencia de China, ya no sólo como amenaza militar, sino como nuevo poder económico, está cambiando de forma drástica el statu quo sobre el que ha pivotado el orden mundial a lo largo de las dos últimas décadas. China es el cuarto país en superficie del Planeta y el más poblado. En sus tierras viven 1.300 millones de almas (el 20% del total de la población mundial); el doble de las que había hace sólo medio siglo. Al rebufo de la globalización, su economía lleva 10 años creciendo a una tasa media anual del 9%, lo que se ha traducido en que, en ese lapso, su PIB se ha multiplicado por dos, ha llegado a ser la cuarta economía del Mundo y ya ocupa el primer puesto entre el grupo de países emergentes conocidos como BRIC (Brasil, Rusia, India y China). No puede extrañar, a la vista de los hechos, que China se haya convertido en un inextinguible comprador y utilizador de materias primas, y sea el mayor consumidor del mundo de acero (alrededor del 30% del total) y el segundo de petróleo, después de Estados Unidos. Entre 1978 y 2003, su producción de acero, cemento, fibras artificiales y televisores en color aumentó en 7, 13, 42 y 17.214 veces, respectivamente. La deslocalización, que forma parte del fenómeno de la globalización y que, de una manera u otra, siempre ha existido desde que empezó el comercio, ha hecho de China una gran fábrica mundial de manufacturas, gracias a su capacidad para abaratar los precios, aniquilar la competencia local y tirar a la baja los sueldos de los trabajadores menos cualificados. Situación que debería obligar a los países industrializados a aparcar la retórica inane y coger el toro por los cuernos, esto es, orientar su futuro de acuerdo con esta nueva realidad. Sin dejar de tener igualmente presente que la India va camino de convertirse en otro proveedor masivo de bienes de consumo, aunque aventaja a China en su capacidad de generar servicios basados en las nuevas (y las viejas) tecnologías. En 2003, por poner sólo un ejemplo, visitaron la India unos 150.000 extranjeros (muchos de ellos estadounidenses que huían de los inasequibles precios de la sanidad de su país) en busca de tratamientos médicos. El crecimiento de la demanda de estos servicios se cifra en un 15% anual y mueve ya un mercado que ronda los 2.500 millones de dólares anuales. Pese a su descomunal PIB y al fuerte liderazgo que ejerce en la producción de diversos bienes, la renta per cápita de China es inferior a la de otros países; de ahí que todavía tenga un Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:149-150

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¿Por qué temer la globalización?

enorme potencial de crecimiento, lo que la convierte en un fuerte competidor por las materias primas y bienes más escasos, por ejemplo, los apreciados combustibles de origen fósil. Pero aún resulta más evidente lo que quiero decir, si caemos en la cuenta de que Estados Unidos tiene aproximadamente 750 coches por cada 1.000 habitantes, España unos 450 y China sólo 7. Así, el parque móvil de nuestro país es de unos 19 millones de vehículos y el de China de 9 millones. Para alcanzar sólo nuestro nivel (no el de Estados Unidos), ese país tendría que producir 800 millones de vehículos. Las preguntas tales como: ¿es sostenible el ritmo de expansión chino y los efectos secundarios que inflige (puestos de manifiesto en el artículo incluido en este número)? o ¿cuáles podrían ser las consecuencias de que China llegase a situarse al mismo nivel de consumo por persona que Estados Unidos? son inevitables. Y en este caso, como en tantos otros, la bola de cristal sirve de poco. Sin embargo, parece obvio que los esfuerzos deberían encaminarse a la (dolorosa) reconversión para así adaptarse a esta nueva realidad, es decir, buscar aquellos nichos dentro de este gran mercado globalizado en los que un país medio como el nuestro puede competir. Ya lo apuntamos en nuestro número de noviembre de 2005 (p. 293): “El mundo puede ver hoy a China como un problema; pero deberemos preocuparnos mucho más cuando China considere al resto del mundo como un problema para ella”. * * * Al igual que siempre, los que hacemos esta Revista de Humanidades deseamos que los contenidos recogidos en este nuevo número sean de interés general. Agradecemos —especialmente en esta ocasión que cumplimos cinco años— a los amables lectores sus comentarios y a nuestra benefactora, la Fundación Pfizer, el apoyo incondicional con el que nos distingue. Hasta el próximo mes de mayo. José Luis Puerta

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Artículos

El quebrantahuesos, el pájaro de fuego The Bearded Vulture - the fire bird ■ Benigno Varillas Resumen El quebrantahuesos, buitre con aspecto de águila, grácil y estilizado, está siendo reintroducido en las montañas donde se le exterminó hace décadas. Su dieta de patas y esqueletos de cabras y rebecos, su rojo anillo ocular, el antifaz que le cubre el ojo y sobresale bajo el pico, como un mostacho, las alas negras sobre un plumaje naranja intenso y su comportamiento enigmático hacen de él un ser misterioso y especial.

Palabras clave Quebrantahuesos. Gypaetus barbatus. Reintroducción en España. Hábitat.

Abstract The bearded vulture, a vulture with the characteristic style and grace normally associated with an eagle, is being re-introduced to the mountains where it was killed off decades ago. Its diet of duck, goat skeletons and Ibex; the red ring around its eyes, the mask that covers its eyes and down over its beak like a moustache; the black claws protruding out from under a bright orange plumage, its enigmatic behaviour, make this a special and mysterious bird.

Key words Bearded Vulture. Gypaetus barbatus. Reintroduction to Spain. Habitat.

■ Es el Gran Khan, dijo el naturalista asturiano Rafael Heredia, que se empecinó en su estudio en 1970. Es un monje tibetano que surca los cielos. Un velero asiático que cambia de nombre según el valle que sobrevuela. Ton Val, Fel Rod, Fer Hir, Raf Her, Mic Ter, Dav Gom, Rob Hart, Ben War, Ger Bag, Ant Mar, Mig Sim, Alf God, entre otros muchos, son pseudónimos que retumban en el eco de sus silbidos por los acantilados más majestuosos del Viejo Mundo. Los de las personas que le han admirado y en las que gusta reencarnarse.

El autor es periodista y asesor de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente (España). Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165

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El quebrantahuesos, el pájaro de fuego

Esta ave de presa budista no mata para comer, aunque es poderosa y pueda hacerlo. Tachada de demoníaca por monjes cristianos en permanente combate con la naturaleza y las tentaciones, que vieron en su anillo ocular rojo sanguinolento y en su costumbre de uncir túnica naranja de barro ferruginoso sobre inmaculado plumaje blanco la demostración palpable de la presencia del maligno. El quebrantahuesos, el quebranta, el quebrantón, como le llaman los naturalistas que lo estudian —el Gypaetus barbatus, que dicen los zoólogos— es una emblemática y mítica rapaz que tiene sus principales poblaciones en la cordillera del Himalaya. En Europa, donde fue abundante en todas sus montañas, sólo queda una población importante en los Pirineos. El Gypaetus tiene menos aspecto de Gyps (buitre), que de aetus (águila). Linneo, el gran zoólogo sueco del siglo XVIII que dio nombre a los animales, le bautizó así, uniendo dos términos científicos que designan rapaces tan diferentes, porque aquella extraña ave no le parecía ni lo uno ni lo otro. Y tenía razón. Es grácil y estilizado, más cerca en su aspecto y silueta de un gigantesco halcón, o de las águilas, que de los buitres, pero se diferencia de las aves de presa cazadoras en que no mata para comer. Al punto que lo que destaca de él, y le da nombre en la Península ibérica, es su forma de alimentarse con huesos, que rompe arrojándolos contra las piedras desde las alturas. Todo hace del quebrantahuesos un ser especial. Sus ojos de acero y sangre, que dijo Paco Umbral, rodeados de ese anillo ocular rojo que tanto impresiona; sus alas y larga cola lanceolada, negras, en contraste con el color ferruginoso que mancha su plumaje naranja, fuego en los crepúsculos; su largo antifaz, que le da el apellido de barbado y su carácter solitario. Una experiencia impresionante que cabe vivir en la montaña pirenaica es verle aparecer entre la niebla y la bruma, planeando impávido bajo copos de aguanieve y ráfagas de viento, volando a escasos metros de las paredes de los farallones donde habita. Su extraordinaria silueta le permite sustentarse en el aire, ingrávido, sin térmicas, con mínimos vientos de ladera, y cruzar las ventiscas de nieve que barren las cumbres. Tal dominio del aire, su aspecto y su comportamiento, suscitan sensaciones tan particulares en quien le observa, que un afamado naturalista navarro no dudaba en sostener que los humanos se dividen en dos: “los que nunca han visto un quebrantahuesos y los que tuvieron un encuentro inolvidable con él”. En efecto, los que le conocen quedan prendados de su hechizo.

La túnica naranja El característico color naranja del plumaje de los quebrantahuesos adultos —es decir, desde el sexto año de edad— no es el que la naturaleza les ha dado. Ese color monje budista lo obtiene el quebrantahuesos al embadurnarse de barro cargado de óxido de hierro, de forma parecida a como lo hacen las bellas y esbeltas mujeres de la tribu Himba, en el norte de Namibia. 152

Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165


Benigno Varillas

El quebrantahuesos se unta del color ámbar al bañarse en charcas de agua pigmentada por los minerales ferruginosos que abundan en los cantiles en los que vive. En cautividad, sin contacto con esos impresionantes farallones rojizos cargados de ocre, el color aurífero desaparece y aflora su plumaje original, blanco inmaculado, desde el cuello hasta las emplumadas garras. Llama la atención que el hábito de bañarse y colorearse de rojo del “pájaro de barro” —como el naturalista aragonés David Gómez bautizó al quebrantahuesos— lo tenga esta ave de forma idéntica en todos los escasos enclaves donde vive disperso por el mundo, incomunicados unos de otros por miles de kilómetros. Tiñe de naranja su túnica budista en el mayor de los secretos. Nadie, o casi nadie, le ha visto realizar esas abluciones, incluidos naturalistas que han dedicado miles de horas de su vida a observarle en el campo.

El ave que se alimenta de huesos El Gypaetus barbatus es una especie evolucionada en paralelo a las culturas pastoriles. Su dieta favorita son las patas de cabras y ovejas, así como de rebecos y cabras monteses. También ingiere huesos de otros animales y de forma ocasional carne y pieles. Es la única ave osteófaga —comedora de huesos— del planeta. Si los huesos son demasiado grandes, los eleva sobre unas rocas, lo mismo que hace a veces con carcasas enteras de esqueletos de cabras y ovejas, y los trocea lanzándolos sobre los canchales que elige como rompedero. Cuenta la leyenda que el dramaturgo griego Esquilo murió al lanzarle desde el cielo algún dios del Olympo una tortuga, que le cayó en la cabeza cual rayo justiciero. Las pitonisas le habían advertido que moriría al caerle la casa encima, por lo que Esquilo vivía al aire libre. Pero un día la casa llegó, en forma de caparazón de tortuga, lanzada por algún dios cansado de tanta precaución y apego a la vida. El naturalista catalán Antoni Margalida recordó esa cita al revisar este artículo, porque él opina, como los demás naturalistas, que lo que mató a Esquilo fue sentarse imprudentemente en pleno rompedero de uno de los entonces abundantes quebrantahuesos helénicos. Está constatado que los Gypaetus no sólo tiran huesos desde el cielo para partirlos contra las piedras, sino que también lanzan animales como las tortugas, para romper su caparazón y comerse al inquilino, huesos incluidos. Al águila real también se le conoce este comportamiento de triturar tortugas dejándolas caer desde las alturas. Los hábitos alimenticios del quebrantahuesos, y su imponente aspecto, le acarrearon desgracias sin fin, en particular en Centroeuropa, donde se le persiguió con saña por la leyenda de que se llevaba volando a los niños en sus garras. Ciertamente, un esqueleto de cabra colgando de las garras de un ave que lo traslade al rompedero, visto de lejos y con mala visibilidad, tiene todo el aspecto de un cuerpecito con unas delgadas piernas colgando. En Suiza, Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165

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El quebrantahuesos, el pájaro de fuego

Alemania y otros países centroeuropeos llegó a ser temido y odiado. Se le consideraba sanguinario y peligroso para el hombre. Tal reputación le costó la extinción en esos países. Hacia 1970 se inició un programa internacional para reintroducir al quebrantahuesos en los Alpes. En 20 años de trabajo, el veterinario de la Universidad de Viena, Hans Frey, logró criar con su equipo varias parejas reproductoras a partir de ejemplares dispersos por zoos de Europa. A mediados de la década de 1980 se soltaron los primeros pollos en el valle austríaco de Rauris. Desde 1997 la especie cría en libertad en los Alpes. Tras el éxito del proyecto de reintroducción alpino, parte de los pollos que nacen del programa de cría en cautividad centroeuropeo se envían ahora a Andalucía para que recolonicen el sur de España.

Es primavera. “Tono” y “Félix” en los cielos de España “El 1 de junio, entre las 15 y las 16 horas, uno de los tres pollos de quebrantahuesos liberados el 13 de mayo de 2006 en la sierra jienense de Cazorla no pudo resistir lanzarse hacia su nuevo futuro”, así comunicó la Fundación Gypaetus la gran noticia de que el quebrantón planeaba de nuevo silbando al viento en el cielo andaluz. En un arranque de valentía, el pollo se precipitó al vacío desde la repisa donde se le había soltado y, por primera vez en su vida, voló. Lo hizo de forma majestuosa, con sus inmensas alas de casi 3 m de envergadura desplegadas sin miedo. La especie se había extinguido en el sur de España al desaparecer en 1986 el último ejemplar de Cazorla. Ahora vuelve, de la mano del hombre. De los tres pollos liberados, el primero en tirarse y atreverse a volar fue “Tono”. Hizo honor al nombre que le otorgaron los naturalistas de la Fundación Gypaetus y de la Junta de Andalucía que llevan el plan de reintroducción de esta especie. Porque de quien tomó el nombre —así llamaban a José A. Valverde los amigos— también era intrépido. Valverde, científico que fundó la Estación Biológica de Doñana y salvó ese espacio natural, fallecido en Sevilla en 2003, fue el primer español en interesarse por el quebrantahuesos. Una de sus múltiples hazañas fue fotografiarle por primera vez en Europa, allá por 1958, con la ayuda de su amigo Antonio Cano. Fue el de “Tono” un vuelo breve, que mantuvo en vilo a los responsables de su vigilancia. “Un vuelo magnífico, con final en el punto de partida. El joven quebrantahuesos volvió al nido, y los responsables de su vigilancia respiraron satisfechos y tranquilos”, continuaba la nota de prensa de la Fundación Gypaetus. El momento fue emocionante, apoteósico, como para erizar la piel a quienes lo contemplaron. Desde ese día, los tres pollos vuelan sin parar. Su misión es recuperar la especie en las montañas del sistema Bético, donde, como en el sistema Central, el Ibérico o la cordillera Cantábrica, los quebrantahuesos se extinguieron en tiempos aciagos en los que los depredadores, hoy protegidos, se perseguían con saña por considerarlos junto a zorros, águilas y lobos, alimañas que causaban perjuicios a la caza y a la ganadería. 154

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El quebrantahuesos, el pájaro de fuego

Cada año se seguirán soltando en Andalucía pollos de quebrantahuesos nacidos de parejas en cautividad, hasta que constituyan núcleos reproductores que críen en libertad y el Gran Khan vuelva a enseñorear sus antiguos dominios. Semanas más tarde, el 23 de junio, los naturalistas de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, con sede en Zaragoza, soltaron en los Pirineos —única cordillera donde sobrevivieron los quebrantahuesos en España— el cuarto de los quebrantahuesos criado por ellos con incubación artificial a partir de un huevo retirado de un nido en la Naturaleza. Ese ejemplar, bautizado con el nombre de “Félix” en memoria del doctor Rodríguez de la Fuente, el divulgador que nos hizo amar la Naturaleza a los españoles, fallecido en accidente aéreo en 1980, fue liberado en el Parque Nacional de Ordesa, en Huesca. “Félix” planeó sin vacilar sobre las cumbres pirenaicas, exhibiendo en su primer vuelo la impresionante armonía que le otorga la liviana carga alar que tienen los gypaetos, es decir, una gran superficie de alas para muy poco peso del cuerpo. La suelta de este quebrantahuesos, nacido el 15 de febrero de 2006, es importante. Es parte de un plan de rescate de las puestas de huevos de nidadas que no salen adelante por diferentes motivos. El Gobierno de Aragón y la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos planean utilizar esos pollos para recolonizar territorios vacíos. El éxito de la cría de “Félix” abre las puertas a un plan acordado por los gobiernos autónomos de Aragón y Asturias para reintroducir esta ave en los Picos de Europa, macizo montañoso que comparten Asturias, Cantabria y León, en el que la especie fue extinguida por el hombre a mediados del siglo XX. “Tono” y “Félix”, quebrantahuesos, surcan ahora mismo los cielos, incansables, con su vuelo ligero y majestuoso. Sus ojos de fuego nos observan desde las alturas. Con ellos, un espíritu indomable vuelve a enviarnos el mensaje de lucha y pasión por la vida que los portadores originales de esos nombres suscitaron. Cierran un círculo iniciado en febrero de 1953, año en el que los pioneros del estudio y la conservación de la Naturaleza —los genuinos Tono y Félix— se hicieron amigos en Valladolid. Les unía su pasión e interés por la Naturaleza y las aves de presa. Apenas habían emprendido el objetivo de recuperar la cetrería y estudiar las rapaces, cuando el 11 de agosto de 1953 el Ministerio de Agricultura promulgó un Decreto de Extinción de Alimañas por el que, desde la década de 1950 a la de 1980, se mataron cientos de miles de depredadores, entre ellos casi todos los quebrantahuesos. La labor que Valverde y Rodríguez de la Fuente desplegaron doblegó el curso de la historia. Consiguieron que se protegieran las aves de presa y que nos interesáramos por la Naturaleza. Hoy el uso del veneno y otras formas de extinción de los depredadores están prohibidos y penados por la Ley. Por eso se ha dado ahora sus nombres a esos primeros quebrantahuesos reintroducidos en la Naturaleza, que encarnan el resultado de aquel esfuerzo épico que cambió la mentalidad de los españoles, las leyes y la política de gestión de la naturaleza. También porque esos dos pioneros fueron los primeros en interesarse por la especie. En 1956, visitando Tono a Félix en el pabellón de cetrería que éste tenía en la Feria del Campo de Madrid, el guarda de Cazorla, 156

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Benigno Varillas

Justo Cuadros, les dio la localización de los nidos que conocía. Con tan preciado tesoro, Valverde inició en 1957 la búsqueda y el estudio de los quebrantahuesos andaluces. A mediados de la década de 1970, tras leer el primer artículo publicado por Rafael Heredia sobre el quebrantahuesos, Rodríguez de la Fuente contrató a este naturalista como colaborador de su serie de TVE El Hombre y la Tierra, con la misión de filmar el quebrantahuesos en los Pirineos. Tras ese impulso, Heredia pudo dedicarse al estudio y a la conservación de la especie y hoy es el asesor de la Estrategia para la Conservación del Quebrantahuesos, auspiciada por la subdirección general para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y las comunidades autónomas. Una larga cadena de entidades y personas continuaron comprometiéndose con esta causa, entre las que destacan el Grupo de Estudio y Protección del Quebrantahuesos, en Cataluña; la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, en Aragón, y la Fundación Gypaetus, en Andalucía, que trabajan para recuperar las antiguas poblaciones de quebrantahuesos. Son iniciativas independientes, con diferentes enfoques y criterios, pero coincidentes en el objetivo de buscar la expansión de esta especie.

Pacifismo budista El quebrantahuesos es una rapaz de gran tamaño, de más envergadura que muchas águilas. Los adultos alcanzan una longitud de 1 m; sus alas tienen una envergadura de 2,80 m, y su peso es de unos 6 kg. Unas proporciones envidiables, porque la resultante de dividir su peso entre la superficie de las alas que le sustentan le otorga la carga alar más óptima que un ser volador pueda alcanzar. De ahí su inigualable arte velero para planear pegado a las paredes verticales de la alta montaña. El quebrantahuesos no es nada depredador y, menos aún, sanguinario, como le adjudicaron en el siglo XIX suizos y alemanes. Es uno de los seres más pacíficos del planeta, que se conforma con huesos de cadáveres cuya carne comen otros. Entre ellos sí pueden llegar a ser pendencieros, en particular si se concentran muchos jóvenes. Éstos son más agresivos, al punto de lograr ahuyentar a los adultos. Pero en general, el quebranta es tolerante. En las pitanzas y festines que se montan alrededor de una carroña con buitres leonados, cuervos y milanos, concentrándose cientos de ellos en peleas sin fin para hacerse con un bocado, espera paciente y distante, contemplando el griterío desde lejos, hasta que el tumulto logre aplacar el hambre. No le preocupa ser el último en acercarse a la carroña; sabe que los demás siempre dejarán los huesos. Cuando la jauría tiene el buche lleno de vísceras y carne, el quebrantahuesos, majestuoso, se acerca con elegancia, coge delicadamente un hueso, se lo lleva al rompedero más cercano y se entretiene en lanzarlo una y otra vez contra sus piedras favoritas hasta que pueda ingerir los trozos pequeños. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165

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El quebrantahuesos, el pájaro de fuego

El quebrantahuesos hace esos lanzamientos desde una altura que oscila entre los 10 m y los 100 m de altura. Hay citas de hasta cuarenta intentos seguidos para romper un hueso al tamaño adecuado e ingerirlo como si de un gigantesco puro se tratara. Como mucho, los huesos que traga no superan los 30 cm de longitud. Los rompederos son tan importantes para el quebrantahuesos que se cree que en la elección de las zonas de nidificación juega un importante papel la presencia de canchales que cumplan los requisitos que necesita para trocearlos. Una anécdota no confirmada, pero sugerente, citada en su día por el pionero conservacionista asturiano, el ingeniero agrónomo Miguel Ángel García Dory, recoge el dato de que el tercer ser humano que escaló el Naranjo de Bulnes, la mítica cumbre de los Picos de Europa, en los primeros años del siglo XX, Víctor Martínez, comentó al descender del “Picu” que el canchal que hay arriba del mismo, en una plataforma accesible solamente tras una penosa escalada, con desplomes de hasta 500 m de caída libre, estaba llena de huesos. Como allí es imposible que suba un rebeco, Dory sostenía que la explicación a tan misterioso hallazgo es que dicha pedrera era un rompedero del quebrantahuesos, antes de que la especie fuera exterminada por el veneno en la cordillera cantábrica, tras las campañas de extinción de depredadores dañinos para la caza que el Ministerio de Agricultura de la época intensificó a mediados del pasado siglo. Es una curiosa coincidencia que esa cima emblemática de los escaladores españoles deba su nombre a que, en particular al amanecer y en el crepúsculo, adquiera con los rayos del sol los mismos y bellos tonos naranjas que exhibe el quebrantahuesos. Ambos emiten un destello idéntico e inconfundible en la Naturaleza, que procede de los mismos pigmentos ferruginosos que colorean la blanca piedra caliza. El 80% de la dieta del quebrantahuesos se compone de huesos y pieles que encuentra limpios y pelados por otros animales. Los huesos parecen poco nutritivos, pero 100 g de hueso aportan 161 calorías, 20 calorías más que su equivalente en carne. El quebrantahuesos también come carne en pequeñas cantidades e incluso puede cazar y matar presas, y hasta puede atacar a otras rapaces si se llega al enfrentamiento. Su fuerza se lo permite, pero como buen budista casi nunca la ejerce. Así, deja que muchos buitres leonados le arrebaten los nidos, lo que, dado el aumento de la población de leonados en España, no deja de ser un inconveniente para su recuperación.

Luna de miel en las montañas sagradas El quebrantahuesos no sólo es espectacular él mismo. Lo es también el hábitat que elige para vivir. Su casa son las montañas emblemáticas más fantásticas del Viejo Mundo. Se le puede encontrar —y no en muchos otros sitios más— en los Drakenberg de Sudáfrica; en el Kilimanjaro de Kenia; en el Sinaí de Moisés; en el monte Ararat de Turquía, donde se dice enca158

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lló el Arca; en el Himalaya tibetano del Dalai Lama; en los cortados del minotauro de Creta o en el santuario pirenaico de San Juan de la Peña, por citar algunos enclaves mágicos donde habita. Las montañas de cortados inmensos, en las que nidifica en oquedades inaccesibles, son sagradas para los humanos desde la noche de los tiempos. Moradas de deidades en las que se instalaron monjes y monasterios de todas las culturas y civilizaciones pastoriles; en las que evolucionó el quebrantahuesos en paralelo a la domesticación de cabras y ovejas. No es que el quebrantahuesos haga sus nidos en oquedades cerca de las cuevas donde las vírgenes se aparecen a los eremitas, es que éstos empezaron a ver tales milagros cerca de donde vivían los quebrantahuesos. Diciembre es el mes en el que los gypaetos disfrutan una apasionada luna de miel. Comienza con cortejos y paradas nupciales a partir de octubre. Poco antes de Navidad, cada pareja de quebrantahuesos se ensimisma en una relación amorosa en la que sólo viven el uno para el otro. Sobrevuelan en paralelo y de continuo su territorio. Lo hacen desde una hora después de salir el sol y hasta oscurecer, con una excitación amorosa y una dedicación mutua que les ocupa los días y las semanas. Sólo interrumpen sus vuelos de amor para posarse en los cantiles e insistir en múltiples cópulas diarias, hasta unas 330 que suelen realizar de media en las 10 semanas que dura cada período de celo, según precisan Joan Bertrán y Antoni Margalida en el libro “Biología de la conservación del quebrantahuesos” editado por el Ministerio de Medio Ambiente. En ocasiones entrelazan sus garras en pleno vuelo y se dejan caer, dando tumbos por el aire, abrazados en arriesgadas piruetas en las que ambos cuerpos se precipitan de forma caótica y vertiginosa entre los farallones de los acantilados, como decididos a despeñarse antes que soltar y dejar de agarrarse a su amante. En el último momento, separan los dedos entrelazados y recuperan el equilibrio, gracias a su magnífico e incomparable arte de vuelo. Con los últimos rayos de sol, rendidos de cansancio, se posan en la repisa que usan de dormidero. Allí continúan atusándose mutuamente el plumaje con el pico, entregándose a caricias y acicalamientos sin fin, hasta que la oscuridad y el sueño pueden con ellos. Sólo entonces recogen la cabeza entre las plumas del hombro y duermen, dando la espalda al vacío de los imponentes farallones que tienen por morada, como bellamente describió el malogrado naturalista y guarda forestal aragonés experto en el quebranta, David Gómez, en su libro “Pájaro de barro”. Cada pareja de quebrantahuesos posee varios nidos, que ocupan de forma sucesiva en cada temporada de cría. En ellos depositan dos huevos, que incuban alternativamente macho y hembra durante 53 días. El relevo entre ambos para dar calor con su cuerpo a los huevos se produce entre dos y ocho veces al día. Desde la oquedad donde cría, el quebrantahuesos contempla vistas grandiosas. En los Pirineos elige pequeñas cuevas que asoman en paredes verticales, inaccesibles, situadas en la cabeza de los valles que dominan los cortados de los desfiladeros. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165

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La última cueva que ocupó el quebrantahuesos en Cazorla está en un cantil que domina un inmenso mar de olivos que se extiende por la ladera y la llanura de la sierra de Jaén. Pude disfrutar la experiencia mágica de trepar a dicha cueva para verificar si el nido tenía trazas de haber sido ocupado. Escalar y entrar en esa oquedad asomada al vacío permite sentir lo que siente y ve un quebrantahuesos desde su morada. Una sensación de dominio absoluto de un universo infinito que se extiende a tus pies. Una vivencia que cambia la visión del mundo y te enseña a mirarlo desde la perspectiva de otros seres que lo habitan. Así constaté en 1980 para Fernando Hiraldo y Rafael Heredia, a quienes presté ese servicio de escalador principiante, que el quebranta de Cazorla que aún entraba regularmente en aquella oquedad, dando que pensar sobre si se reproducía o no, era un ejemplar solitario sin pareja, que dejó de verse definitivamente 6 años más tarde. El nido no había sido usado desde hacía tiempo. Dado su vínculo con los rebaños de cabras y ovejas, no es extraño que los nidos de los quebrantahuesos consistan en una gruesa manta de lana, de hasta 40 cm de espesor, dentro de la cual forman un caliente y mullido cuenco que resguarda el calor corporal de las ventiscas de nieve y las heladas. Empiezan a incubar con el inicio del invierno. Allí pasarán los 53 días de escasas horas de luz y largas noches del invierno de alta montaña, en las que las temperaturas descienden decenas de grados bajo cero. La lana no sólo sirve para mantener caliente al pollo cuando nace. David Gómez observó en una ocasión a un quebrantahuesos tapando al pollo con una gruesa capa de lana antes de ausentarse del nido. Un cuervo, que entró poco después en el mismo, se puso a “desenterrar” al pollo de entre la lana, sin conseguirlo. Antes de que lo lograra, apareció uno de los padres que le alejó tras reiterados ataques.

Cainismo entre quebrantahuesos En todos y cada uno de los nidos de quebrantahuesos se produce cada año una tragedia. Al menos así se percibe entre quienes luchan contra la extinción de esta especie. De los dos pollos que nacen cada año en cada nido de quebrantahuesos, sólo sobrevive uno, porque de forma inexorable el pollo más fuerte mata al débil. No es un acto de crueldad perverso. Es un mecanismo programado por la Naturaleza en bien de la especie. Los quebrantahuesos sólo crían un pollo cada año, pero ponen dos huevos, el segundo como medida de seguridad por si falla el primero. Pero si no ocurre así, el segundo sobra. En la Naturaleza todo es natural, como la vida misma. De ninguna manera se debe hablar de tragedias. Pero, por muy natural y sabia que sea la ley diseñada para evitar superpoblaciones cuando el espacio vital se ocupa al máximo y los recursos tróficos se aprovechan al límite, si una especie escasea a causa de la persecución humana es una calamidad que cada año mueran “de forma natural” la mitad de los pollos que nacen. Son muchos los que piensan en 160

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los ejemplares que estarían disponibles para recolonizar las sierras donde se les exterminó en su día si se lograra rescatar a tiempo a los pollos que mueren. Lograrlo implica retirar del nido el segundo pollo antes de que se produzca lo que en biología se llama cainismo, es decir, que un hermano mate al otro. En ese objetivo trabaja desde hace tiempo el naturalista Antoni Margalida, que junto a otros autores publicó en 2004 en la revista científica internacional Ibis el resultado de las primeras filmaciones y observación del fenómeno del cainismo, grabado por él con unas microcámaras instaladas en el nido que han permitido estudiar cómo se podría hacer para rescatar el pollo que está condenado a morir. La estrategia consiste en prolongar con alimentación asistida el plazo de una semana que habitualmente tarda el pollo mayor en matar al pequeño, de modo que se disponga de unos días adicionales para la operación de rescate. Hay grandes esperanzas puestas en este proyecto, impulsado por la subdirección general para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente. También se pretende que no se pierdan puestas. Hay parejas que ubican sus nidos en emplazamientos fatales, cerca de pistas forestales accesibles y fáciles de molestar en los que año tras año se constatan fracasos de reproducción, por mucho que se intenten vigilar. En esos casos se plantea retirar esos huevos e incubarlos artificialmente para destinarlos a los proyectos de cría artificial y reintroducción en nuevos territorios, como está haciendo ya la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos con el apoyo de la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma de Aragón.

Tríos amorosos Un comportamiento sorprendente de los quebrantahuesos es su proclividad a vivir no en parejas, sino en tríos amorosos, casi siempre compuestos de dos machos y una hembra. Se calcula que un 25% de los nidos de quebrantahuesos en los Pirineos están ocupados por tríos. Incluso se conoce un caso de un cuarteto. Dado que las oquedades que eligen los quebrantahuesos para construir los nidos tienen unas características y unas medidas muy determinadas, en principio adaptadas para tres inquilinos, una pareja de dos adultos más la cría, los tríos suelen estar incómodos en el “pisito” tipo que suelen ocupar. Al punto que si coinciden los tres adultos a la vez en el nido junto al pollo, no se revuelven en él. Normalmente el tercer macho hace de acompañante de la pareja principal, como ocurre en las ballenas, que llevan con ellas un macho joven cuya función, hasta ser él mismo un adulto hecho y derecho, es apuntalar a la hembra con su cuerpo y evitar que el de ésta se mueva en el agua durante los envites en la cópula del gigantesco macho, que llega a medir hasta 25 m de longitud y a tener 100 Tm de peso, según qué especie sea. Entre los quebrantahuesos el segundo macho no siempre es mero espectador y mucho menos con función de cuña fijadora de la hembra. Aunque la mayoría de las veces ese segun162

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do quebrantahuesos que conforma el trío estorba más que ayuda, hay nidos que llevan años sacando adelante su pollo con la atención solícita de dos padres y una madre. Los dos machos no sólo cubren a la hembra sin problema de alternancia, sino que los machos, además de con la hembra, pueden llegar a copular incluso entre ellos, intercambiándose el rol de macho y hembra de forma alternativa. En su cuaderno de campo, David Gómez dejó escrita la siguiente anotación de una de sus observaciones: “Tres quebrantahuesos se introducen en el interior de un nido. Uno se sube encima de la hembra y realiza una cópula de 4 s. De nuevo vuelve a subirse al dorso de su compañera y realiza dos nuevas cópulas de 5 y 3 s. Seguidamente, la aparente hembra cambia de papel, se sube encima de su compañero y copula dos veces. Hoy este trío me ha roto los esquemas, semejante lío de machos y hembras no lo entiendo. Me voy”.

Periplos peligrosos Los quebrantahuesos adultos son sedentarios, pero los jóvenes realizan grandes desplazamientos en sus primeros años de vida. Es un viaje, el de la dispersión juvenil, lleno de sobresaltos. En esos vuelos errantes por zonas desconocidas les acechan todo tipo de peligros. Se exponen a cebos envenenados, a tendidos eléctricos, a escopeteros y a otras amenazas, en las que sucumben la mayoría de los que se arriesgan a ir lejos. Otras veces, los jóvenes quebrantahuesos se concentran en zonas donde encuentran abundante comida. Forman entonces dormideros comunales, en los que se pueden ver 10 y más ejemplares juntos. Algo insólito para una especie solitaria como es el “pájaro de fuego”. Tras mucho viajar, los jóvenes que sobreviven tienden a regresar al valle que les vio nacer e intentan buscarse la vida cerca de sus progenitores. Eso les hace ser malos colonizadores de nuevos territorios, de manera que cuando se les extermina en una zona es difícil que vuelvan a ocuparla, incluso aunque jóvenes quebrantahuesos aparezcan por ella y la sobrevuelen de vez en cuando. Justo por eso, los proyectos de reintroducción se basan en soltar pollos en nidos artificiales situados en las laderas de las montañas que se pretenden recolonizar, de modo que el quebrantahuesos, engañado por ese truco que los científicos llaman hacking, se sienta oriundo del paisaje donde se le soltó. Así se logra que vuelva de adulto a nidificar a ese territorio, tras posibles periplos juveniles por mundos desconocidos.

Convive con todas las religiones La distribución del quebrantahuesos en el mundo es harto extraña. Sobrevive en poblaciones aisladas, separadas por miles de kilómetros. Muchas de ellas tienen la peculiaridad de estar Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:151-165

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en zonas que son epicentro de diferentes religiones. Se deberá a que este ser salvaje habita en montañas que inspiraron la espiritualidad del hombre. El hecho es que el quebrantahuesos convive en armonía con pastores zulúes de Sudáfrica; cristianos coptos de Etiopía; masáis de las fuentes del Nilo; musulmanes de Yemen; judíos de Sinaí; hindúes de Annapurna; budistas tibetanos; mongoles de Altai y Kazakhastán, pastores talibanes de Afganistán; turcos del Monte Arará, ortodoxos de Creta; protestantes de los Alpes; cristianos de los Pirineos o andaluces de la Alhambra. Son pocos los núcleos de quebrantahuesos, pero permiten seguir la traza que dejó la humanidad en su largo viaje desde los prehomínidos más antiguos hallados en Sudáfrica, al crisol de civilizaciones que fue Hispania. El espíritu pacífico del ave que se alimenta de huesos, de esqueletos de cabras descarnados por otros buitres, muestra cómo es posible convivir con las diversas razas, culturas y religiones. Para el quebrantahuesos, los humanos y sus rebaños de cabras no se diferencian en nada; son los mismos, se vistan como se vistan, y se adornen de las creencias con las que quieran diferenciarse o enfrentarse y aniquilarse. Todo un mensaje de paz para los humanos cainitas de surco recto que siguen matando al hermano pastor con la quijada de un asno. La lección a sacar de la fidelidad de los quebrantahuesos a los pueblos pastores, estén donde estén, es que para él no existe choque de civilizaciones que valga. El proyecto de Picos de Europa lo promueven aragoneses, que plantean reintroducir quebrantahuesos pirenaicos en Asturias. Aportar individuos con genes pirenaicos (reino cristiano de Jaca) al Principado de Asturias (reino de Covadonga). En el proyecto de Cazorla (en lo que fue reino de Granada) se hará con aves cedidas del proyecto promovido entre todos los países de los Alpes. Allí la reserva genética son en su mayoría aves de origen asiático (procedentes de países musulmanes). Estudios genéticos confirman que el quebrantahuesos es la misma especie en todas partes. Su historia de extinción es paralela al declive de los pueblos pastoriles con los que comparte vida y territorio. El quebrantahuesos empezó su retroceso con el avance de los pueblos sedentarios y sus fronteras de artificio, los nacionalismos, la sociedad de consumo y las trabas para la libertad de movimientos de los hombres nómadas y los espíritus libres. Afortunadamente, la sociedad posindustrial y de la información, del mundo global, está revisando su modelo de desarrollo. Busca la manera de ser sostenible y capaz de vivir en armonía con el entorno. Hacer compatible el mundo moderno con la vida salvaje. El éxito de la reintroducción del quebrantahuesos en los Alpes, y los planes para hacer lo mismo en Cazorla y en los Picos de Europa, abren la esperanza de recuperar al antiguo acompañante de los pastores y a los pastores mismos, así como a las razas autóctonas de caprino y ovino que generaron, en un experimento genético milenario, la selección positiva y la adaptación al medio que hemos heredado. Hoy en día el mundo rural de las zonas marginales, envejecido y no rentable, tiene en la producción de biodiversidad una de las claves de una economía multifuncional en la que sus 164

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ingresos deriven, además de producir carne y queso, como han hecho siempre, de conservar el patrimonio natural, de organizar el turismo de la Naturaleza y cinegético, de proteger el paisaje y de propiciar el control de la vegetación con herbívoros que mantengan a raya el matorral y eviten los incendios forestales. No se sabe cuántos quebrantahuesos quedan en el mundo. Aún está pendiente de realizarse el censo mundial de esta especie, o por lo menos una aproximación al mismo. En Europa sobreviven en los Pirineos, Creta, Córcega y la Península balcánica y ha sido reintroducido en los Alpes. En los Pirineos quedan unas 90 parejas reproductoras. El grueso de esta población está en Aragón, donde viven 64 parejas reproductoras. El resto se reparten por Cataluña y Francia, y unos pocos en Navarra. El número de unidades reproductoras se ha incrementado, pero al mismo tiempo ha bajado la productividad, es decir, la media de pollos que nacen cada primavera. Hay diferentes explicaciones a este fenómeno. Muchas de ellas apuntan a que en los Pirineos la ocupación de los buenos territorios sea ya muy completa. También, que una saturación de jóvenes inmaduros pululando por los territorios de cría podrían interferir con las parejas de adultos, obligadas a defender más sus territorios y descuidar la crianza. La población europea de quebrantahuesos sigue estando en un estado crítico de conservación. Sus fragmentadas poblaciones han ido perdiendo el contacto genético que mantiene activo el flujo entre poblaciones silvestres y vigorosa la descendencia. Pero su futuro es alentador. Los esfuerzos por erradicar los factores que causaron su declive, como el veneno o las muertes por disparos, así como los planes de cría en cautividad para su reintroducción, son la esperanza no sólo de esta especie, sino de un cambio de actitud colectivo hacia la Naturaleza, que permita en un futuro cercano que los humanos vivan en armonía con el resto de los seres vivos.

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Artículos

Pintores en las grandes expediciones científicas españolas del siglo XVIII Painters of the important Spanish scientific expeditions of the 18th century ■ Santiago Prieto Pérez Resumen A través de la representación gráfica de lugares, minerales, plantas, animales y hombres, los pintores realizaron una destacada contribución a las expediciones científicas del siglo XVIII. En estas páginas se recuerdan las expediciones más relevantes que España patrocinó en ese tiempo y la labor que en ellas realizaron los artistas.

Palabras clave Expediciones científicas. Siglo XVIII. Dibujo. Acuarela. Hipólito Ruiz. José Pavón. Celestino Mutis. Alejandro Malaspina. Juan de Cuéllar. Baltasar Boldo. Martín de Sessé. José Mociño. Félix de Azara.

Abstract The graphic and detailed illustrations of places, minerals, plants, animals and men, demonstrate the significant contribution made by these painters who accompanied the scientists on their scientific expeditions throughout the 18th century. This article records the most important expeditions sponsored by Spain in this period and the discoveries made, illustrated by these artists.

Key words Scientific expeditions. 18th (eighteenth century). Drawing. Watercolour. Hipólito Ruiz. José Pavón. Celestino Mutis. Alejandro Malaspina. Juan de Cuéllar. Baltasar Boldo. Martín de Sessé. José Mociño. Félix de Azara.

■ Introducción

El siglo XVIII, también llamado de la Ilustración o de las Luces, supuso un punto de inflexión en el desarrollo de Europa y del mundo conocido hasta entonces. Los camEl autor es doctor en Bellas Artes. Universidad Complutense de Madrid (Madrid, España). 166

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bios drásticos en el pensamiento que en él se produjeron, y que llevaron entre otras cosas a situar a la ciencia como motor del progreso, constituyen un hito en la historia de la Humanidad. Bien es cierto que en siglos anteriores algunos hombres notables ya poseían un interés profundo por conocer la Naturaleza; pero no lo es menos que sus ideas y conocimientos se hallaban sometidos a grandes limitaciones conceptuales o metodológicas. Así, por ejemplo, los médicos y naturalistas miraban continuamente a Galeno y Plinio, respectivamente, y cualquier novedad tardaba en ser aceptada cuando no era rechazada de raíz. O ténganse presentes los problemas de Leonardo (1452-1519) y Vesalio (1514-1564) por practicar la disección de cadáveres humanos y, sobre todo, por pretender dejar constancia gráfica de sus observaciones en dibujos. El XVIII fue el siglo de las Academias, del Neoclasicismo artístico, de Newton, Mozart, Goya o Voltaire, y también el de los grandes viajes científicos. Hasta entonces, en las expediciones de exploración, la tarea de recopilar datos de la Naturaleza y registrarlos mediante dibujos o pinturas corría a cargo de los médicos de a bordo, que solían poseer cierta formación como naturalistas, o del capitán u oficiales del buque, más o menos duchos en el levantamiento de planos y el trazado de cartas de navegación. Sin embargo, en el siglo de la Ilustración, y especialmente en su segunda mitad, se produjeron, por un lado, significativos avances técnicos1 y, por otro, una progresiva parcelación de los campos del conocimiento. De este modo, las tareas que hasta entonces habían asumido el hombre polifacético o el naturalista, pasaron a ser desempeñadas por el botánico, el zoólogo, el geólogo... y el pintor, que como un especialista más pasó a ser un elemento imprescindible en cualquier expedición terrestre o marítima. No olvidemos que a mediados del XIX, hasta Livingstone (1813-1873), tan reacio a ser acompañado en sus viajes, buscó la colaboración del dibujante Alfred Rider en su expedición por el río Zambeze en 1858, y que cuando Shackleton (1874-1922) se quedó sin película fotográfica en su infernal epopeya antártica, en 19141916, recurrió al pintor George Marston que figuraba en la tripulación del Endurance para dejar constancia de lo visto y vivido. Las expediciones oceánicas del XVIII no sólo persiguieron el descubrimiento y conquista de nuevos territorios, la explotación de sus riquezas minerales, o la búsqueda de rutas más rápidas o seguras para la navegación comercial; también proporcionaron cartas hidrográficas y planos geográficos, estudiaron el clima, las características de las tierras y cultivos, a la vez que observaron y clasificaron las especies vegetales y animales de la Tierra conocida. Estos objetivos exigían una inmensa labor de preparación y unas condiciones básicas: buques adecuados, 1

Los navegantes habían incorporado el cronómetro, inventado por el relojero inglés John Harrison (1693-1776) en 1736, como instrumento esencial para calcular la longitud de una posición, y los científicos contaban con higrómetros, eudiómetros, termómetros, magnetómetros, etcétera. Así mismo, los buques eran mejores en todos los aspectos.

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Pintores en las grandes expediciones científicas españolas del siglo XVIII

tripulaciones preparadas, capitanes y oficiales competentes, médicos y cirujanos, especialistas y pintores capaces de dejar fidedigna constancia de lo observado. En consecuencia, las expediciones científicas de este siglo, incluidas las españolas, necesitaban estar ligadas a instituciones militares; en primer lugar porque la mayoría de los viajes requerían los navíos de la Armada; en segundo, porque las costosas expediciones tenían el apoyo directo de la Corona; y, en tercero, porque tanto los oficiales con conocimientos matemáticos como la mayoría de los oficiales científicos se habían formado en academias militares. Toda esta planificación significaba un coste tan elevado que muy pocos países europeos podían sufragar. De hecho, sólo España, Inglaterra y Francia realizaron grandes expediciones transoceánicas de investigación en la segunda mitad del siglo XVIII, al que algunos han denominado “el gran siglo del mar” (tabla 1). Es obligado advertir en este punto que la labor científica de las expediciones españolas no se circunscribió al siglo XVIII. Ya la hubo en los siglos XVI y XVII y la habría, más tarde, en el XIX. Recuérdese a Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557), cronista de las Indias y responsable de una enciclopedia de la historia natural y la etnología americanas en veintiún volúmenes. O la expedición de Francisco Hernández (1514-1578) a América, que por encargo de Felipe II se dedicó al estudio de las plantas útiles, compilando sus hallazgos en seis volúmenes de texto y diez de dibujos entre 1570 y 1575. Como tampoco podemos olvidar al jesuita Bernabé Cobo (1582-1657), quien a lo largo de 50 años de trabajos reunió en 43 tomos valiosas descripciones de animales y plantas de Nueva España y Perú. Y cómo ignorar, ya en el XIX, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806), dirigida por Francisco Javier Balmis; o la bautizada como Comisión Científica del Pacífico (186266), que, a cargo de Fernando Amor y Mayor, Patricio María Paz y Membiela, Francisco de Paula Martínez y Sáez, Marcos Jiménez de la Espada, Manuel Almagro y Vega y Juan Isern, envió a España más de 82.000 ejemplares botánicos, zoológicos y minerales americanos. En estas páginas, por fuerza no exhaustivas, recordamos las expediciones más importantes organizadas por España y la labor que los pintores desarrollaron en ellas.

Pintores, materiales y técnicas El siglo XVIII vio crecer en nuestro país, junto a grandes artistas academicistas como Mengs y “heterodoxos” como Goya, otros —sin su relevancia— que rindieron un gran servicio a la ciencia, reproduciendo la flora y la fauna del Nuevo Mundo. Unos artistas que eran, ante todo, magníficos dibujantes. El dibujo, más allá de constituir un arte en sí mismo y ser el tronco de las distintas artes plásticas, está íntimamente ligado a las hoy llamadas disciplinas técnicas como la arquitectura o la ingeniería. En el siglo XVIII las Academias establecieron el dibujo como la única discipli168

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Botánicos

Luis XVI (1774-1793)

Francia

Paul Jossigny Duché de Vancy Jacques Barraband

Prevost

Sidney Parkinson William Hodges John Webber

P. Commerçon

Josseph de Jussieu

Joseph Banks Daniel Solander y Johann Forster

José Brunete, Isidoro Gálvez, J. Francisco del Pulgar, José Rivera Antonio Barrionuevo, Antonio Silva, Antonio y Nicolás Rodríguez, Vicente Sánchez, Lino José de Acero, Camilo Quesada, Pablo García del Campo, Salvador Rizo, etc. Miguel de los Reyes, Tomás Nasario y José Loden Juan de Dios Vicente de la Cerda, Atanasio Echevarría, José Guío y Pedro Oliver José del Pozo, José Guío, Fernando Brambila, Juan Ravenet, Tomás Suria, Felipe Bauzá y José Cardero

Juan de Dios Castel

Pintores

* La expedición de Alexander von Hunboldt y Aimé Bonpland a Suramérica no se incluye en esta tabla por razones de fecha, ya que se desarrolló entre 1799 y 1804. Asimismo, tampoco figuran las expediciones de John Byron (1764-1766) y de Samuel Wallis y John Carteret (1766-1768) por tratarse de viajes de exploración por mar que no incluían ni a científicos ni a pintores.

La Condamine, Jorge Juan y Antonio Ulloa (1735-1745) a la Real Audiencia de Quito Bougainville (1766-1769) en viaje de circunnavegación La Pérouse (1785-1788) al Pacífico François Le Vaillant (1781-1784) a África

James Cook (1768-1771) al Pacífico austral Cook (1776-1775) en viaje de circunnavegación Cook (1776-1780) al Pacífico

Jorge III (1760-1810)

Mociño

Sessé y Mociño a Nueva España (1787-1803)

Inglaterra

Cuéllar

Juan de Cuéllar a Filipinas (1785-1795)

A. Pineda, L. Neé y T. Haenke

C. Mutis

Mutis a Nueva Granada (1783-1810)

Iturriaga y Löffling al Orinoco (1751 y 1754-1756) P. Loeffling, A. Condal y B. Paltor J. Tafalla Dombey, Ruiz y Pavón al Perú (1777-1795)

Malaespina a las colonias (1789-1794)

Carlos III (1759-1788)

Fernando VI (1746-1759)

Expediciones

Carlos IV (1788-1808)

España

Reyes

Tabla 1. Principales expediciones científicas del siglo XVIII*

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na común de las artes y las ciencias. Las nuevas especialidades que hasta ese siglo conformaban el gran cuerpo de las Ciencias Naturales (Botánica, Zoología, Mineralogía e, incluso, la Antropología, la Etnografía o la Arqueología) tenían el dibujo entre sus asignaturas, y así el Real Jardín Botánico (fundado en 1755) incluía la asistencia de los alumnos a las clases que impartía la Real Academia de San Fernando (fundada en 1752) como parte esencial de su formación. Algunos de los artistas incorporados a las expediciones españolas de la segunda mitad del siglo XVIII habían nacido en la metrópoli, como fue el caso de José Guío o José del Pozo; otros procedían de Italia, como Fernando Brambila y Luis Ravenet; por último, una gran mayoría eran criollos, como Atanasio Echeverría, Tomás Suria o Salvador Rizo. Estos artistas gozaban del reconocimiento de quienes comandaban las expediciones y su sueldo estaba en consonancia con la importancia de su labor. Así, sabemos que Guío y Brambila llegaron a percibir 24.000 y 27.000 reales2 anuales, respectivamente, asignaciones que podemos comparar, por ejemplo, con la de John Webber, el dibujante que acompañó a Cook en su tercer viaje (1776-80) y que cobraba la nada desdeñable cantidad de 100 guineas al año (105 libras). Por otra parte, podemos decir que los grandes viajes navales de exploración del Nuevo Mundo renovaron en varios sentidos la fecunda relación entre el artista y la Naturaleza. No ya sólo por ser ésta un modelo excelso, sino porque ofrecía nuevos tintes, gomas y resinas de indudable utilidad. Y, si del mar se extraía la púrpura, segregada por el molusco murex, o púrpura, del otro lado del océano procedían el carmín, obtenido del insecto conocido como Cochinilla mejicana, o los tintes vegetales del palo de Campeche (México) y del palo de Pernambuco (Brasil). Técnicamente, los artistas de las expediciones debían considerar dos factores básicos: la calidad del resultado y la facilidad de reproducción. Asumiendo que la calidad final depende fundamentalmente del autor, nos referiremos en primer lugar a las ventajas e inconvenientes de cada una de las técnicas utilizadas. Empezaremos mencionando las más frecuentes, como el grafito (lápiz) o el carbón, empleados habitualmente como auxiliares (de encaje), o para ejecución rápida. El grafito es una técnica seca, muy apropiada para el boceto, que se aplica sobre el papel y es útil en la reproducción del volumen o la textura, pero no registra el color. Fue utilizado para apuntes del natural, como técnica de encaje en las acuarelas y en cartografía. El carboncillo es otra técnica seca que, como el grafito, permite una gran calidad de reproducción en la escala de grises. Fue empleado en dibujos del natural. 2

Reales de vellón. El real o real de vellón era una moneda castellana de plata, equivalente a 34 maravedíes, utilizada entre los siglos XV y XIX. No debe confundirse con el real de a ocho, cuyo valor eran ocho reales de vellón, ni con los reales de plata, equivalentes a dos reales de vellón. 170

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Aunque por extensión se denomina así a la mezcla de cualquier pigmento con agua, la aguada consiste en la dilución de una tinta en agua de modo que se trabaje con la gradación de intensidad de un mismo tono/color. Sus características difieren de las de la acuarela en que la tinta aguada no admite modificación o lavados una vez seca, pero a menudo se emplea de forma análoga, no ya por el hecho de ser una técnica al agua aplicada con pincel sobre papel, sino porque permite el juego de transparencias en sucesivas veladuras. En general, el grafito, el carboncillo o la aguada se consideran técnicas menores en relación con el óleo o la acuarela. El grabado al aguafuerte era la técnica merced a la cual se divulgaban las imágenes de la Naturaleza. Aunque limitado a la escala de grises, permitía reproducir las texturas y detalles más pequeños y poseía la virtud de su reproducibilidad, fundamental para la publicación. Como el óleo, el grabado depende en gran medida de la calidad del dibujo previo y precisa una infraestructura y un tiempo de ejecución significativamente mayores que cualquiera de las otras técnicas mencionadas. La acuarela fue, sin duda, la técnica más empleada en las láminas botánicas y zoológicas. Elaborada a partir de un pigmento, un aglutinante (goma arábiga) y un elastómero (glicerina) diluibles en agua, la acuarela posee unas virtudes sobresalientes tanto de empleo como de acabado. Es ésta una técnica al agua, es decir, no requiere otros diluyentes más agresivos; es rápida, pues no exige largos períodos de secado y, además, se aplica sobre papel (blanco), por lo que es fácilmente transportable. Con todo, su característica más apreciada es su potencial transparencia, que proporciona una sensibilidad y riqueza de matices cromáticos muy útiles en la reproducción del natural. Por último, cabe decir que, aunque posee cualidades para ser usada como técnica autosuficiente, a menudo se ha empleado junto al gouache (témpera) y como complementaria en numerosas láminas de temática naturalista, iluminando grabados al aguafuerte o dibujos a tinta. En este punto debemos adelantar la labor realizada por José Celestino Mutis (1732-1808) en la Escuela de dibujo por él fundada en Mariquita (Colombia), que sirvió para unificar criterios técnicos, regulando, por ejemplo, combinaciones específicas de colores, especialmente útiles en la aplicación de la acuarela al estudio de la botánica. Finalmente, un instrumento que prestó un gran servicio a los pintores fue la cámara obscura3. Este artilugio, precedente de la moderna fotografía y que sirvió para registrar las famosas vedutte, o vistas venecianas, del afamado Canaletto (1697-1768), fue también incorporado a algunas expediciones incrementando la calidad de las reproducciones. Todo lo anterior, junto a la exigencia técnica plasmada en la alta calidad de las láminas científicas, suponía un elevado coste material. El propio Humboldt (1769-1859), al seguir fielmente muchos de los criterios de Mutis, se vio avocado a serios problemas económicos. 3

Caja hermética con un pequeño orificio, por el que entran los rayos luminosos proyectados por los objetos externos, y una pantalla en la pared opuesta, que recoge las imágenes, reales o invertidas.

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Expediciones científicas españolas en la segunda mitad del siglo XVIII Expedición de Dombey, Ruiz y Pavón al Virreinato de Perú (1777-1888) Esta expedición debe ser considerada franco-española toda vez que nació del interés de Francia por conseguir plantas americanas aclimatables en su territorio4. Tras obtener las oportunas Reales Cédulas acreditativas de la Corona española, el médico francés Joseph Dombey, con los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón, partieron de Cádiz en octubre de 1777. Establecida una base logística en Lima, los botánicos exploraron las proximidades de esta ciudad; Huanaco en las proximidades de la Amazonia y lo que hoy corresponde al norte de Chile, centrando su trabajo fundamentalmente en el estudio de los quinos5 (fuente de la apreciada quina por su utilidad contra la fiebre y como tonificante), la planta de coca y el árbol del caucho. Los dibujos de esta expedición fueron realizados con tinta y acuarela por José Brunete, Isidoro Gálvez, Juan Francisco del Pulgar y el botánico Juan Tafalla, conservándose en el Jardín Botánico de Madrid 12 tomos con 2.000 láminas. Aunque Dombey embarcó para Cádiz en 1784, la expedición prosiguió, centrada en la investigación de los bosques de quinos, hasta 1788. De vuelta a España en 1792, Hipólito Ruiz publicó el libro Quinología o tratado del árbol de la quina o cascarilla y en 1798 el primer volumen de la inconclusa obra Flora peruviana et chilensis, con excelente iconografía. Real expedición botánica del Nuevo Reino de Granada Quizá la más prolongada y fecunda expedición científica de todo el siglo XVIII, fue la dirigida por el gaditano José Celestino Mutis (1732-1808), quien, tras obtener los títulos de Medicina y Cirugía, algo excepcional en la época, dedicó 3 años al estudio de la botánica para convertirse, años más tarde, en uno de los más reputados botánicos de la historia. Mutis llegó a Nueva Granada en 1760 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda y, aunque su solicitud al rey Carlos III para el patrocinio de una expedición científica no obtuvo respuesta hasta 20 años después —en 1783—, organizó en ese tiempo la infraestructura necesaria para su proyecto, que prolongaría su actividad años después de desaparecer el sabio español. Así, La Escuela de dibujo de Mariquita (Colombia), creada en 1787 y dedicada a la enseñanza del dibujo, pintura y nociones de botánica, proporcionó a la Expedición de Nueva 4

Las expediciones de este tipo no fueron una práctica excepcional en el siglo XVIII. En este sentido, cabe recordar la expedición franco-española durante el reinado de Felipe V, en que embarcaron hacia el Perú La Condamine, Jorge Juan y Antonio Ulloa; el viaje del prusiano Humboldt y el francés Bompland a Sudamérica a bordo del buque español Pizarro; o la Expedición al Orinoco (1754-56) de Iturriaga y el sueco Pehr Löffling. 5 Los primeros polvos de quina llegaron a Europa en 1638 a través de D. Juan de la Vega, médico de la Corte y de Doña Francisca Henríquez de la Rivera, condesa de Chinchón, la cual ayudó notablemente a su importación. En honor a ella, Linneo denominó al género de la quina Chinchona. 172

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Granada —lo que hoy es, aproximadamente, Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, norte de Brasil y de Perú— la mayoría de sus pintores. Si Pablo Antonio García del Campo y Salvador Rizo fueron los primeros, allá por 1772, en ayudar a Mutis con los dibujos, tras la creación de la Escuela hasta 33 pintores diferentes llegaron a firmar las láminas que ilustran la obra del español. Lino José de Acero, Camilo Quesada, Antonio Barrionuevo, Antonio Silva, los hermanos Nicolás y Antonio Rodríguez o Vicente Sánchez fueron algunos de aquellos notables artistas criollos. Mutis mantuvo correspondencia con Linneo, al que remitió plantas originarias de Nueva Granada y quien valoró extraordinariamente su trabajo, bautizando la Ceutronia mutissi (o mutisia) en honor del botánico español. Del mismo modo, Humboldt y Bompland, en su expedición a Colombia y Perú, le visitaron en Bogotá, quedando admirados de sus láminas y herbarios. Mutis les regaló numerosas plantas que incorporaron a su obra Plantae equinocciale (1809), dedicada al científico gaditano. Finalmente, la formación médica de Mutis le permitió no sólo hacer una excepcional descripción botánica sino observar y aplicar las propiedades terapéuticas de muchas plantas como la ipecacuana (provocadora del vómito), el bálsamo del Perú (expectorante), el té de Bogotá (estimulante), el eguaco (útil frente a la mordedura de serpiente), la nuez moscada (psicotropo) y la cusparia (estimulante). Expedición de Juan de Cuéllar a Filipinas (1785-1795) La Real Compañía de Filipinas nació en 1785 por orden de Carlos III persiguiendo utilizar los territorios españoles en Filipinas e islas limítrofes como base logística para el comercio con Asia y América. Ese mismo año se encargó al boticario Juan de Cuéllar tal empresa, partiendo de Cádiz en enero de 1786 con el nombramiento de naturalista y botánico. Cuéllar realizó observaciones al sur de Manila con interés especial por los cultivos del añil, algodón, moreras, pimienta negra, cacao, café e ibisco, remitiendo a España excelentes colecciones de plantas vivas en macetas, minerales, resinas y maderas, así como magníficos dibujos y acuarelas de conchas, semillas y plantas realizados por los pintores Miguel de los Reyes, Tomás Nasario y José Loden. A pesar de haber sido cesado en 1795, cuando una Real Orden suprimió la Junta de Gobierno de la Real Compañía de Manila, Cuéllar mantuvo el envío periódico de sus materiales hasta 1797 y permaneció en Filipinas hasta su muerte en 1801. Expedición de Sessé y Mociño a Nueva España (1787-1803) La expedición que debe su nombre al aragonés Martín de Sessé y Lacasta (1751-1808) y al médico y botánico criollo José Mariano Mociño y Suárez (1757-1820), exploró el Virreinato de Nueva España (Méjico, el Caribe, y Centroamérica hasta Honduras) y alcanzó por el norte Nutca (próxima a Vancouver en la Columbia Británica, al oeste de Canadá) y Alaska. En ella también participaron el botánico Vicente Cervantes y los artistas Vicente de la Cerda, José Guío, Pedro de Oliver y Atanasio Echeverría. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:166-179

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Durante el viaje recopilaron una gran cantidad de peces, aves y mamíferos, insectos, flores y plantas, además de realizar unas acuarelas y dibujos de gran calidad. Según el célebre naturalista Agustín Pyrone de Candolle, principal artífice, tras Linneo, del moderno sistema de clasificación de plantas (taxonomía) y creador de la geografía botánica: “Uno, entre otros, nacido en Méjico y nombrado Echeverría, sobrepasa por la precisión de sus dibujos, la belleza y rigor de su colorido a la mayoría de pintores de flores de Europa”. Los resultados de esta expedición, recogidos en Flora mexicana y plantae Novae Hispaniae, no fueron publicados hasta finales del siglo XIX, en Méjico y sin ilustraciones. A su vez, la Descripción de distintas especies de aves del Reino de Nueva España según sus órdenes y familias apareció ¡en 1998! en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Por último, una gran parte de las láminas botánicas de Mociño se encuentran en el Hunt Institute de Pittsburgh, Pennsilvania, institución que las editó a finales del siglo XX. Expedición de Malaspina (1789-1794) La expedición comandada por el italo-español Alejandro Malaspina (1754-1810) y el santanderino José Bustamante y Guerra (1759-1825) recorrió los vastísimos territorios del Imperio español y acometió una titánica labor para el conocimiento de América y el Pacífico. La expedición, embarcada en las corbetas Descubierta y Atrevida, construidas al efecto, partió de Cádiz en julio de 1789 llevando a bordo, junto a los instrumentos científicos más modernos del momento, una cámara obscura y una completa biblioteca. Entre sus 204 integrantes figuraban el cartógrafo y profesor de dibujo de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz Felipe Bauzá, el “disecador y pintor” José Guío, el “profesor de pintura” José del Pozo y los pintores Francisco Lindo, José Cardero y Francisco del Pulgar. A ellos se incorporarían en Méjico el botánico Luis Neé, el naturalista checo Tadeo Haenke, los pintores italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet, y el pintor español Tomás Suria, quien aportó una segunda cámara obscura. El viaje duró más de 5 años, recorriendo toda la costa de Sudamérica y Centroamérica, ascendiendo hasta Alaska en busca del mítico y no hallado “Paso del Noroeste” —que hubiese acortado el tiempo de navegación hacia las Indias Orientales desde Europa— y llegando hasta Filipinas, el Mar de China, Nueva Guinea, Australia y el Pacífico Oriental, para regresar al Puerto de El Callao y cruzar de vuelta, por segunda vez, el temible Cabo de Hornos de regreso a España (donde arribaron el 21 de septiembre de 1794). Durante su singladura se redactaron informes sobre la situación en los territorios de ultramar, se realizaron multitud de estudios sobre el clima, sus recursos naturales y su explotación; se levantaron nuevas cartas hidrográficas de las regiones más remotas del continente americano; se trazaron más de 70 nuevas cartas náuticas, además de numerosísimos dibujos botánicos, croquis y pinturas que hoy se hallan en el Museo Naval, el Jardín Botánico y el Museo de América de Madrid. Cabe destacar las acuarelas con motivos botánicos y zoológicos de José Guío y Francisco del Pulgar, los retratos de indígenas a lápiz y sanguina de José del Pozo, los 174

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dibujos de José Cardero6, así como las vistas de las ciudades costeras de Montevideo, Buenos Aires o Sidney que realizó Brambila, o las vistas a la acuarela de Puerto Deseado (Argentina) a cargo del citado José del Pozo. Entre 1795 y 1890 sólo se publicó en España un atlas con 34 cartas náuticas realizadas durante el viaje, permaneciendo inédito el grueso de aquel trabajo hasta 1885, cuando el teniente de navío Pedro de Novo y Colson publicó su obra Viaje político-científico alrededor del mundo de las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes de navío D. Alejandro Malaespina y D. José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794. Otros trabajos científicos destacados en los territorios de ultramar A la encomiable tarea realizada por las expediciones científicas mencionadas, debemos añadir otras aportaciones de enorme valor en el conocimiento de la geografía, la botánica y la zoología del Nuevo Mundo. Así, no podemos olvidar los trabajos de Baltasar Manuel Boldo, la obra de Félix de Azara y la de algunos misioneros jesuitas en el interior de Sudamérica. El médico Baltasar Manuel Boldo (1746-1799) se incorporó como naturalista de la Real Comisión de Guantánamo, autorizada por la Corona en 1796, encargada de reconocer esa bahía de Cuba. Alentada por Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, Conde de Mopox, con el interés de fortificar y acondicionar el puerto y estudiar la bahía y región de Guantánamo, la labor de Boldo se vio complementada con la participación del dibujante y disecador José Guío Sánchez, que ya había participado en la expedición de Malaspina, al que se añadiría más tarde el pintor Atanasio Echeverría tras abandonar el equipo de Martín de Sessé y Mociño en 1797. La mayor parte de los mapas y láminas realizados durante la expedición (1796-1799), de impecable factura, se conserva hoy en el Real Jardín Botánico de Madrid. El aragonés Félix de Azara (1742-1821) fue todo un ejemplo del espíritu ilustrado. Hombre polifacético, militar, ingeniero, cartógrafo y delineante, sería sin embargo su interés por la botánica lo que le granjeara más prestigio. Azara, de hecho, partió en 1781 hacia América con la misión de verificar sobre el terreno la delimitación de unas fronteras estables entre España y Portugal, violadas sistemáticamente por ese país desde el Tratado de Tordesillas de 1494; la elaboración de catastros fiables de la población de origen europeo y la determinación de la autoridad sobre las ciudades fronterizas. Esta misión, que le obligó a permanecer largo tiempo en América a la espera de unos portugueses que eludían el encuentro —evitando así fijar las fronteras—, propició que Azara se dedicase al estudio de la geografía, la botánica y la zoología de los territorios en disputa y áreas limítrofes. Azara, que no conocía los métodos de clasificación de Linneo ni la taxonomía elaborada por Georges-Louis Buffon (1707-1788), solicitó a España la obra del francés con el fin de instruirse en una ciencia para él desconocida. Recibida la Historia Natural de Buffon, pudo constatar 6

Los dibujos de Cardero ayudaron a completar los trabajos de Dionisio Alcalá Galiano en la exploración del estrecho de Juan de Fuca en 1792 que se llevó a cabo en esta expedición.

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en ella diversos errores e inexactitudes —referentes, por ejemplo, al color de las aves— y la ausencia de numerosas especies por él observadas. Su método, riguroso y basado en el estudio directo, evitaba los errores del francés, debidos, en gran parte, a que éste trabajaba con muestras que le eran remitidas desde distintas partes del mundo y a veces mal conservadas. Félix de Azara, que también fue muy estricto en el cuidado de la escritura como medio de divulgación, fue autor de Geografía física y esférica, que permaneció sin publicar hasta 1907, Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y del Río de la Plata, terminado en 1796 y publicado en 1802, y Apuntamientos para la Historia Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y del Río de la Plata, finalizado en 1801. Dichas obras, llenas de completísimas anotaciones sobre el medio natural y comportamiento de las especies, contaban, además, con numerosos apuntes y láminas a cargo del propio Azara, que ilustraban con extraordinaria precisión todo lo que él había visto directamente. Su obra fue objeto de gran reconocimiento en toda Europa al final de sus días y fue citada por Darwin7 como precursora de sus posteriores y revolucionarias observaciones a bordo del Beagle. Finalmente, no sería justo pasar por alto las aportaciones al estudio de la Naturaleza que los misioneros jesuitas venían realizando desde el siglo XVI y que continuaron a lo largo del XVIII. Así, cabe destacar la labor del P. Pedro de Montenegro, cirujano y naturalista que hizo una excelente recopilación de los Herbarios de plantas medicinales de las misiones, publicada en Buenos Aires en 1888. Del mismo modo, el P. José Gumilla publicó en Madrid en 1774 su crónica titulada El Orinoco ilustrado, y defendido, historia natural, civil y geográfica de este gran río y sus caudalosas vertientes, en la que realizó una minuciosa clasificación de plantas medicinales, comestibles y tintóreas, además de venenos vegetales utilizados por los indios, con láminas de excelente calidad. Asimismo, son de destacar los trabajos del P. Francisco Saveiro Clavigero, que en 1780 editó su obra Storia antica del Messico cacata d’migliori storici spaynuaoli con descripciones del añil, campeche, resinas y gomas. O las crónicas ilustradas del P. José Sánchez Labrador El Paraguay natural y El Paraguay cultivado, y del P. Florián Paucke con bellas ilustraciones sobre la flora y la fauna de la región de Tucumán.

Epílogo. Porqués de un olvido inmerecido Cuando contemplamos los dibujos, acuarelas, bocetos y grabados que realizaron los artistas y naturalistas de las expediciones españolas del siglo XVIII nos embargan tanto la sorpresa como la admiración. Sorpresa y admiración, por un lado, por la enorme cantidad de información que albergan; y, por otro, por su calidad técnica y belleza. Sólo la precisión y minuciosidad de aque7

Recordemos que en el conjunto de la obra de Darwin (1809-1882), el naturalista más citado es el español Félix de Azara y Perera (1746-1821). Josa i Llorca J. Introducción. En: Darwin C. El origen de las especies. Espasa Calpe, Colección Austral (A-16), Madrid, 1988; p. 17.

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lla inmensa obra pudo dejarnos registrada la riqueza natural de Nuevo Mundo, pudiendo afirmarse sin exageración que la aportación de aquellos artistas a la ciencia fue esencial. Sin embargo, este esfuerzo científico y artístico no parece ocupar entre nosotros el lugar preeminente del que gozan en Gran Bretaña o Francia sus respectivas expediciones. Así, a continuación citaremos los motivos, algunos realmente inexcusables que, bajo nuestro punto de vista, han propiciado o favorecido el olvido de una colosal tarea de investigación. En primer lugar, una de las causas que obstaculizaron las investigaciones fue la muerte de algunos de los miembros de las expediciones. Por ejemplo, Pehr Löffling, botánico sueco discípulo de Linneo, falleció durante el viaje al Orinoco en 1756, poniendo fin al mismo. Igualmente, el farmacéutico Jaime Senseve y el naturalista José Longinos Martínez fallecieron en el transcurso de la expedición de Sessé y Mociño, y, asimismo, la muerte del naturalista Antonio Pineda en 1792 y la frágil salud de José Guío privaron a Malaspina de dos miembros fundamentales en su expedición. Es evidente que estas pérdidas supusieron serios contratiempos, pero también es cierto que la muerte no era un factor excepcional en las largas travesías oceánicas. Recordemos que personajes tan significados como James Cook (en 1778) y su dibujante Sidney Parkinson (en 1771) o La Pérouse (en 1788) encontraron la muerte en sus respectivos viajes. Por otro lado, hemos de tener en cuenta sucesos desgraciados como el naufragio del San Pedro de Alcántara en los escollos de Peniche o el incendio del Macora, ambos buques pertenecientes a la expedición de Dombey, Ruiz y Pavón. Estos hechos, sin embargo, al igual que la pérdida de documentos por distintas causas durante su traslado por mar a Europa, aunque no pueden considerarse anecdóticos, sí estaban contemplados en cierta medida por los responsables de las expediciones y los propios investigadores. Pese a todo, la causa principal del olvido de la tarea científica española en el siglo XVIII se debe en gran medida a la lentitud y desidia en la publicación de muchos de los hallazgos obtenidos8. Muy al contrario que Cook, La Condamine, Bougainville o Humboldt, que publicaron sus resultados al poco tiempo de concluir sus viajes, y que contaron para ello con medios suficientes9, las expediciones españolas no recibieron el mismo impulso para la publicación inmediata de sus descubrimientos. De este modo las obras de los citados y sus relatos de viajes fueron pronto traducidos en Europa, iluminando el continente de novedades que agigantaban la figura de sus autores y la gloria de las naciones que les vieron nacer. 8

Este hecho además no era nuevo. Recordemos que la inmensa obra de Francisco Hernández, encargado por Felipe II de la exploración científica de Nueva España (1571-1577), tardó años en ser editada, para perderse en el incendio de la biblioteca de El Escorial en 1671. 9 La redacción de los Diarios de Joseph Banks y James Cook fue encargada a un escritor profesional, John Hawelsworth, compilador de los debates parlamentarios para el Gentleman’s Magazine y fundador del periódico The Adventurer. Para la publicación del diario del segundo viaje (1772-1775) recibió la colaboración de John Douglas, escritor y canónigo de Windsor. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:166-179

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En España esto no ocurrió debido, fundamentalmente, a tres factores. En primer lugar, no existía una demanda interna suficiente de los libros de viajes. Al contrario que en otros países europeos, el nuestro no contaba con una burguesía que solicitara estas publicaciones. Por otro lado, las rencillas políticas hicieron caer en desgracia a algunos de nuestros ilustrados y con ellos su obra. Es el caso de Mociño o Malaspina, que murieron en el exilio. Finalmente, el levantamiento de las provincias americanas provocó en ocasiones la disgregación de los resultados, quedando repartidos entre España y América. Todo lo cual, como es lógico, obstaculizó, cuando no literalmente impidió, que la enorme tarea llevada a cabo durante años por grandes investigadores, recibiese el reconocimiento que merecía y merece. Y ligado a lo anterior advertiremos que, si la extraordinaria difusión de los viajes de Cook significó un ejemplo en toda Europa y sirvió de estímulo a contemporáneos como Humboldt y el mismo Malaspina, esto no sucedió con nuestros exploradores científicos. No podemos olvidar que la relación del viaje de Löffling fue publicada por Linneo en Estocolmo; que los originales de Mociño, que se llevó al exilio y que prestó a De Candolle, quien a su vez organizó la copia de los originales, desaparecieron hasta 1981; que los descubrimientos de Bauzá y Espinosa en su expedición de El Paraíso a Montevideo no llegaron jamás a publicarse; y que los trabajos de Malaspina no vieron la luz hasta casi un siglo después de acabado su viaje10. De igual modo, podemos atribuir a negligencia que la planta conocida como Victoria amazónica deba su nombre a aquella reina de Inglaterra, merced a su bautismo por Sir Robert Schombruck en 1837, cuando había sido descubierta ¡en1801! por el integrante de la expedición de Malaspina Tadeo Haenke11 mientras navegaba por el río Marmoré, según cuenta el francés D’Orbigny. Por último, y aunque pueda costar admitirlo, otro de los porqués de la escasa difusión de algunos trabajos fue la envidia o los celos profesionales. Acaso sólo así se pueda explicar que el Gabinete Real de Historia Natural despreciara una colección de 400 pájaros conservados en alcohol, acompañada de precisas observaciones, que Félix de Azara envió en 1789 al Conde de Floridablanca. Éste los remitió a José Clavijo y Fajardo, vicerrector de aquel gabinete y traductor de la Historia Natural de Buffon, quien al ver que la denominación de aquellos pájaros utilizaba nombres indios y que en el texto no se citaba a Buffon, simplemente los tiró. En este sentido bastan las resignadas palabras de Azara en Viajes por la América meridional (1781): “Como esta obra es el resultado de mis propias observaciones, debo decir algo acerca de los motivos que me indujeron a hacerlas, de los medios de que he dispuesto y del método que he seguido; pero pasaré por completo en silencio sobre los gastos, las penalidades, los 10

El encarcelamiento de Malaspina en 1795 obstaculizó la publicación de sus documentos. En 2003 fue hallado durante la rehabilitación de un viejo edificio de El Ferrol, escondido en una viga de madera, el diario de navegación de la Atrevida con el nombre de su autor tachado. 11 Aunque la descripción botánica es ilegible, los dibujos que ilustran Descripción de las plantas que habitan en Santa Ana de Moxos, escrito por Haenke y guardado en los archivos del Herbario del Jardín Botánico de Madrid, revelan el descubrimiento de esta planta. 178

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peligros, los obstáculos y hasta las persecuciones que me ha hecho sufrir la envidia, porque todas estas cosas no pueden aumentar el valor de mi obra, ni interesar a nadie”12. Ahora bien, a pesar de las causas mencionadas y que sin duda han contribuido al olvido general de las gestas de aquellos pioneros de nuestra ciencia, como escribió el hispanista americano Charles F. Lummis, “la razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es, sencillamente, que hemos sido mal informados”13. Y lo que Lummis dijo respecto a este injustificable olvido por parte de sus compatriotas es, tristemente, la causa del nuestro. En suma, la mayoría de los españoles hoy apenas conocemos una labor artística y científica de primera magnitud, en la que los pintores aportaron un inmenso caudal de trabajo, saber y talento. Bien podemos decir que el pintor, al servicio de la Ciencia, rindió tributo a la misma Naturaleza que en tantas ocasiones había ofrecido, generosa, sus bienes a una de las más altas expresiones del espíritu del hombre: el Arte.

Agradecimientos Deseamos agradecer a doña María Pilar de San Pío Aladrén, Conservadora del Archivo del Real Jardín Botánico, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, su amable colaboración para la consulta de las fuentes necesarias para la realización de este artículo.

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12 13

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Reinterpretando la gestión del sistema sanitario desde las teorías de la complejidad y el caos Reinterpreting the management of the health system from the point of view of the theories of complexity and chaos ■ José R. Repullo Labrador Resumen Las concepciones cartesianas y racionalistas dominantes en el sector sanitario y en el entorno público han ido perdiendo capacidad explicativa y suponen una rémora para ensayar nuevas perspectivas de gestión; se busca en los nuevos marcos teóricos de la complejidad y el caos nuevas líneas de conceptualización y actuación sobre una realidad donde dominan interacciones y cambios.

Palabras clave Teoría del caos. Gestión sanitaria. Fractales.

Abstract The Cartesian and rationalist concepts which dominate the health and public sectors have been losing their explanatory capacity and as a result have become a hinderance for possible new management ideas. New theoretical frameworks based on complexity and chaos could provide renewed approaches for conceptualization and action when reality is characterized by change and interaction.

Key words Theory of chaos. Health Management. Fractals.

El autor es Jefe del Departamento de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad, Instituto de Salud Carlos III, Madrid. Correspondencia: jrepullo@isciii.es. 180

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■ A modo de introducción, ¿por qué necesitamos cambiar la forma de pensar, si el racionalismo es tan atractivo intelectualmente?

Life is what happens to you while you’re busy making other plans John Lennon Algunos podrían pensar que es cuestión de modas. Y evidentemente, la enorme difusión e impacto que en las últimas tres décadas están teniendo las teorías de la complejidad y el caos podría en parte deberse a ello; incluso el gran público tuvo ocasión de disfrutar de una película y un best-seller (Parque Jurásico), donde Michael Crichton puso en juego estas teorías para basar la imposibilidad de que los humanos controlen los sistemas complejos1. Pero por encima de las modas se encuentra una necesidad. Una poderosa necesidad que surge de la creciente insuficiencia del modo de pensar racionalista para entender y actuar en el mundo actual. Tenemos muchos ejemplos; uno cercano: la práctica clínica. Intentemos aplicar guías y protocolos a enfermos reales, y veremos cómo la complejidad rebasa rápidamente los márgenes previstos, hasta el punto de tener que reflexionar sobre el significado y alcance de la “medicina basada en la evidencia” (1). Como seres prácticos, tendemos a incorporar empíricamente conductas que nos permiten adaptarnos a nuestro entorno; pero no siempre nuestra forma de pensar cambia e incorpora los elementos de la realidad, por lo que con frecuencia nos encontramos actuando de una forma y concibiendo la realidad de otra. ¿Qué pasa cuando práctica y teoría están en conflicto?: si domina la práctica se genera ansiedad (por ejemplo, en el médico que toma decisiones pragmáticas con grandes dudas diagnósticas o terapéuticas y vive la incertidumbre como fallo o fracaso); y si domina la teoría se producen errores de aplicación que a veces tardan mucho en ser detectados y corregidos (multitud de actuaciones “sensatas” desde la perspectiva teórica, que se convierten en contraproducentes cuando se evalúan en la práctica, como por ejemplo la aplicación de terapia hormonal sustitutiva para mujeres en la menopausia [2]). Esta falta de armonía lleva también a que la experiencia no sea garantía de un mejor conocimiento de la realidad; suele decirse que hay personas con 20 años de experiencia, y otras con la experiencia de 1 año repetida 20 veces. 1

Es fácil recordar la imagen del pesimista Malcom, matemático del caos el cual anunció que algo saldría mal en aquella isla convertida en un gran parque temático lleno de peligrosos dinosaurios; al final su pronóstico fatalista, basado en que un sistema complejo no podía controlarse plenamente desde la racionalidad, se confirmó al desencadenarse la tragedia porque un informático que se sentía mal pagado decidió fugarse con especímenes valiosos, dejando las verjas abiertas.

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Toca por lo tanto revisar nuestra forma de concebir la realidad, pues el modelo dominante hasta ahora se revela cada vez más insuficiente; en efecto, el paradigma mecanicista y constructivista tiende a ver el universo como un reloj, y a pensar que los problemas grandes pueden fragmentarse en problemas más pequeños, los cuales son susceptibles de ser analizados y resueltos por deducción racional. “Reduce y resolverás” podría ser la enseña del racionalismo (cartesiano y reduccionista). Cuando desde el racionalismo determinista volvemos los ojos a la realidad, nos encontramos que los comportamientos que predecimos para los sistemas no se cumplen, pues hay “ruido” o “azar”, y que las intervenciones que proponemos nunca acontecen como estaba previsto, pues hay “distorsiones” y “efectos secundarios”; la realidad es testaruda: frustra nuestros deseos e ilusiones, y contraviene el dictado de nuestro aparato cognitivo. ¿Será pues “el caos” lo que nos amenaza? El caos como término ha gozado de mala prensa; para los clásicos griegos (Hesiodo), éste era el estado original del mundo; caos y orden aparecen como términos antagónicos, y Kant directamente empareja el caos y el desorden (3). El desorden que subyace se nos manifiesta como azar, y no nos revela patrones. Sin embargo, el caos sería el estado aparente de desorden o irregularidad, pero en el cual reina un determinismo estricto que podremos entrever con patrones o regularidades, aunque su configuración sea difícilmente aprensible y el comportamiento sea difícil de predecir debido a la naturaleza primitiva de los modelos matemáticos actuales y de la tecnología informática de que hoy disponemos. El objeto de este trabajo consiste en visitar algunas ideas provenientes de la teoría de los sistemas complejos adaptativos y de la teoría del caos (ésta a veces se considera una subteoría de la primera), y reflexionar sobre su capacidad de mejorar nuestra forma de entender las organizaciones y sistemas en los que vivimos y trabajamos, sobre la posibilidad de tener nuevos enfoques para anticipar o predecir el futuro, y finalmente, sobre la manera en la cual podemos ganar maestría en el control y provecho del mundo en el que nos movemos. Sistemas complejos adaptativos. Cómo impugnar la visión dominante del mecanicismo reduccionista Un sistema complejo adaptativo sería un conjunto de agentes individuales, con libertad de acción, no totalmente previsibles, y cuyas acciones están interconectadas (4); algunos añaden que estos individuos son inteligentes, con intereses individuales, y sin sentido de globalidad (referido al sistema). Por supuesto, que la inteligencia y la globalidad pueden variar según los niveles de integración de los agentes individuales que componen los sistemas: las células, las hormigas, las personas, las organizaciones, los países, etcétera. Los gérmenes presentan un comportamiento adaptativo a través de la resistencia a los antibióticos, que configura un sistema complejo (que resulta un rompecabezas y una pesadilla para la ciencia y la práctica médica). Estos sistemas también reciben el nombre de “sistemas abiertos”, pues la complejidad proviene precisamente de los distintos niveles de agregación e interacción en la conducta de los 182

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individuos y grupos. En la figura 1 vemos cómo a la relación nuclear de Paciente-Médico se van agregando componentes como el asegurador, configurando un sistema (triángulo) de aseguramiento colectivo de riesgos de salud; sobre este triángulo se pueden ir agregando desde cada vértice otros sistemas que influyen en el primero; así el asegurador participa con el regulador (Estado) y los afiliados al seguro (cotizantes) en un subsistema de recaudación y asignación de fondos económicos; el médico a su vez entra en un subsistema de relaciones profesionales y científicas; y el paciente se incluye en otro de relación con la familia (cuidados informales) y la sociedad (cultura y valores), etcétera. Los sistemas complejos adaptativos fueron claramente anticipados desde la teoría o enfoque de sistemas (de hecho podría decirse que es otra forma de explicarla y articularla). Pero mientras que el enfoque de sistemas enfatiza la generación de nuevas realidades a través de la interacción (el todo es mucho más que la suma de las partes), el mensaje central de la teoría de la complejidad nos dice que las partes que están dentro de un todo pueden, a través de su acción alienada y atomizada, aportar una capacidad de adaptación (y supervivencia) a cambios del entorno de la que no es capaz el conjunto del sistema si funciona en clave de decisión centralizada y racional. En términos prácticos, la ventaja de visualizar y configurar nuestras organizaciones como “sistemas complejos adaptativos” es que aumentamos las posibilidades de salir adelante cuan-

Estado

Cotizantes

Asegurador (tercer pagador) Sociedad

Familia

Profesión

Paciente

Médico

Conocimiento

Figura 1. Ejemplo de sistemas complejos adaptativos.

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do los cambios del entorno superan la capacidad de análisis, anticipación y control por parte de los mecanismos jerárquicos o de control central de los sistemas. Esta podría ser la diferencia entre un modelo de ejército y guerra convencional, y otro basado en la guerrilla y la resistencia a la ocupación por grupos muy autónomos. Conexionismo. Redes y jerarquía: buscando nuevas formas de concebir y trabajar en las organizaciones Esta mala traducción del connectionism se refiere a un tipo de análisis de las organizaciones en el que se examina la forma en la que los distintos elementos o actores de un sistema se relacionan unos con otros. Su origen está en la “teoría de redes”, donde se parte de una definición de red como un conjunto de elementos conectados donde dos elementos cualesquiera pueden relacionarse por más de una ruta. En la figura 2 se muestran dos redes A y B unidas por un enlace; la B está saturada pues todas las rutas o relaciones entre elementos son posibles, mientras que la A no lo está. Los enlaces pueden representar relaciones bilaterales o mutuas (en los dos sentidos) o ser “no recíprocas” (vector de un elemento a otro). El análisis de redes se orienta a estudiar tanto las arquitecturas de relación entre elementos (por ejemplo, redes sociales, familiares, escolares, etcétera) como los contenidos que fluyen por los circuitos (por ejemplo, información). Aparte de la utilización como instrumento heurístico en psicología social, otras aplicaciones del análisis de redes podrían ser algunas herramientas de diagramas de relación o causalidad (5), especialmente útiles en modelos de génesis multicausal de la enfermedad en pre-

▲▲

A

▲ ▲

B

Figura 2. Ejemplo simplificado de redes.

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sencia de múltiples factores “confusores”. En el ámbito de la computación se ha aplicado para facilitar el trabajo en paralelo de procesos. Los sistemas de redes pueden complicarse mucho; por ejemplo con la arquitectura neuronal, en la cual las “dendritas” recibirían distintas señales, y si su intensidad o simultaneidad fuera suficiente, se dispararía una señal que activaría a través del axón otras “neuronas”. Estos modelos reciben el nombre de redes neuronales artificiales (ANN) y su uso es creciente en modelos de inteligencia artificial (por ejemplo, en software de reconocimiento de voz, o en reconocimiento de patrones celulares atípicos [6]). El conexionismo también nos está indicando que en las organizaciones complejas la organización (la logística) es esencial; por ejemplo, la calidad de la medicina moderna ya no es tanto el resultado de la excelencia de un individuo portentoso como de equipos de buenos profesionales cohesionados y motivados, y que son capaces de visualizar la enfermedad y el paciente de forma longitudinal. En el ámbito de la empresa el conexionismo lanza un mensaje de fomento de la conectividad: así en la experiencia del TEC-Humberside (7) todos pueden y deben hablar con todos (preferiblemente cara a cara), se crean espacios físicos para el encuentro, se permiten momentos para la interacción, y se defiende el principio de que la información es de todos y debe ser compartida. Teoría del caos. Caos no significa desorden El desarrollo de las matemáticas y la informática permiten encontrar dentro del desorden una serie de patrones de regularidad; el caos empieza a cobrar forma: un nuevo tipo de orden, mucho más precario y difícil de aprehender y formalizar, y por supuesto mucho más difícil de manejar, al menos desde la perspectiva racionalista. Con independencia de las características más específicas de la teoría del caos que se abordan en los puntos siguientes, exponemos a continuación algunas orientaciones y aplicaciones generales desde la propia teoría: a) Es necesario asumir que una cierta cantidad de inestabilidad es necesaria en todo sistema. Por ejemplo en el binomio salud-enfermedad; clásicamente hemos visto a la enfermedad como una alteración o pérdida de orden, pero también la podríamos entender como un orden más “osificado” (espondilartrosis, trastorno obsesivo, etcétera), o una preponderancia excesiva de reacciones desordenadas (alergiaasma): los latidos cardíacos se activan por una secuencia fractal caótica (luego comentaremos la fractalidad); en relación con ésta, la fibrilación auricular puede considerarse más ordenada y regular (aunque menos deseable); y finalmente, la parada cardíaca podría considerase el estadio de mayor orden (camino de la paz final en el cementerio...) (8). b) Por ello, debemos abdicar de la pulsión de control que proviene tanto del pensamiento racional como de los esquemas organizativos jerárquicos o paternalistas (científicos, Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:180-197

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políticos, gestores, médicos, etcétera), ya que el control (entendido como la reducción sistemática del desorden y la defensa del status quo) lleva a dificultades crecientes de adaptación al entorno, y esto resulta peligroso cuando el entorno entra en cambios rápidos (preguntar a los dinosaurios...). c) Y un corolario importante: los análisis estratégicos (los conocidos DAFO) deberían considerar en las dimensiones tradicionales externas (amenazas y oportunidades) y en las internas (debilidades y fortalezas) si la naturaleza del problema externo e interno se asocia más a la rigidez o exceso de orden (por ejemplo, escaso dinamismo de la economía, o esclerosis burocrática de la organización), o al desorden excesivo (por ejemplo, corrupción e inseguridad jurídica, o conflictos de intereses de empleados que tienen connivencias con agentes externos). Fractales y arquitectura interna de los sistemas. Fractalidad: lo macro que vive en lo micro, y lo micro que influye en lo macro Fractal viene de fraccional, y se refiere a ecuaciones, figuras o modelos extremadamente simples, que a través de su iteración, plegamiento, o combinación dan lugar a estructuras muy complejas y sofisticadas; las estructuras complejas desvelan su fractalidad cuando observamos atributos de autosimilitud. Ejemplos cercanos los tenemos en la genética y la embriología; las hojas de los árboles muestran la fractalidad típica de cada especie2. La fractalidad se expresa también como patrones de regularidad, que nuestra mente es capaz de identificar a través de la capacidad inductiva de la que está dotada para reconocerlos. Estos patrones de regularidad, cuando los identificamos en el comportamiento dinámico de un sistema, reciben el nombre de “atractores” (“atraerían” su conducta y por tanto tenderían a ordenar dicho sistema); por ello los atractores permiten una comprensión bastante sencilla de lo que a priori parece un comportamiento muy complejo (9). Aparte del uso práctico de los fractales en el software de compresión, en los efectos especiales y en diseños artísticos, existen algunas consideraciones que desde este concepto de fractalidad pueden ser también de gran utilidad: a) Dado que lo macro expresa la fractalidad de lo micro, debemos tender un puente entre ambos mundos, que suelen vivir en esferas conceptuales y teóricas muy apartadas; por ejemplo, las técnicas cualitativas con un grupo pequeño de personas pueden abrirnos mucho más a la comprensión de una realidad macro compleja que una enorme encuesta estadística (imaginemos una serie de entrevistas en profundidad a médicos para ver por qué están cada vez menos motivados con su profesión...).

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Como una imagen vale más que mil palabras, invitamos a los lectores a entrar en cualquier buscador (googleimágenes) con la palabra “fractal”, y seguro que encontrará centenares de ejemplos.

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b) El concepto de fractalidad, regularidad y atractores debería ayudarnos a separar el trigo de la paja, e intentar identificar similitudes (similaridades) en lo sustancial y a desechar diferencias no relevantes, o relacionadas con particularidades de otro ámbito distinto al de interés en cada caso; por ejemplo, puede ser útil indagar los patrones de cambio y reforma en los sistemas sanitarios de la Europa occidental, pues siendo muy diferentes, tuvieron una evolución convergente3 ante presiones similares del entorno (10). c) Dado que las regularidades se desvelan en función de la perspectiva del observador, una conclusión práctica sería que los sistemas de información que representan a un sistema deberían estructurarse de forma que permitiera acumular mucha información y en un formato que permita responder a preguntas muy diversas (es lo que suele llamarse “repositorios de información” o data warehouse); además, están apareciendo una serie de técnicas de análisis cuantitativo que buscan desvelar las “regularidades” que están escondidas en el aparente desorden (caos como desorden sólo aparente); por ejemplo, tendríamos los instrumentos de minería de datos (data mining) y también los modelos de frontera para buscar comparaciones inductivas entre elementos de un sistema en función de su comportamiento (definido en la relación de inputs con outputs), siendo el más conocido el DEA —data envelopment analysis—, cuyo uso se ha extendido desde el estudio de eficiencia en unidades, hospitales e incluso sistemas sanitarios (11). De forma más general, Berwick ha llamado la atención sobre el subdesarrollo de las técnicas de interpretación de información en Medicina, apostando por una alianza entre medicina e ingeniería (12). Autosimilaridad. El parecido de cosas completamente diferentes Fisher y Psy en 1971 encontraron que un tipo de ecuación (logística) se ajustaba a sistemas muy diferentes, como la evolución de la bolsa de productos financieros, el aprendizaje del lenguaje en los niños, los ciclos de descubrimiento, invención e innovación, etcétera (13); Mendelbrot, empleado de IBM, encontró un patrón diario y semanal que se repetía en la fluctuación del precio del algodón. Hay muchos parecidos curiosos, entre los cuales estaría el número “fí” (razón áurea o divina proporción), que se encuentra ampliamente en la naturaleza y que se postula como fractal con capacidad de generar sensaciones estéticas agradables en la percepción visual. La autosimilaridad que desvelan los sistemas complejos adaptativos parecería indicar que “dios no juega a los dados” sino que en el diseño más elemental del universo se han usado reglas (fractales) enormemente sencillas, que aunque luego lleguen a una enorme diversidad por la interacción, mantienen como huella de su simplicidad original estos atributos de curiosa coincidencia de autosimilaridad. 3

En biología se habla de evolución convergente cuando, por ejemplo, insectos, pájaros y murciélagos desarrollan la misma estructura (alas) para volar desde orígenes ancestrales diferentes.

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Esta característica de los sistemas caóticos puede tener algunas utilidades explicativas: a) Por una parte, puede proveer metáforas útiles que faciliten la explicación y comunicación de patrones de comportamiento de sistemas complejos4; la propia semántica nos indica que existen relaciones útiles entre el significante y diversos significados que pueden invocar elementos de autosimilaridad (por ejemplo, la palabra “cristalizar”, como término físico —una sal que cristaliza—, y como término aplicable a lo organizativo —cristalización como consolidación o internalización de un proceso de cambio en una institución). b) Por otra parte, la búsqueda de modelos explicativos en dimensiones de realidad lejanas puede ser una técnica que se use intencionalmente para estimular la creatividad y el pensamiento divergente (por ejemplo, en fábulas empresariales de notable éxito editorial como la del ratón que se preguntaba quién se ha llevado su quesito [14]). Sensibilidad a las condiciones iniciales. En cada momento se abren y se cierran oportunidades de acción Este elemento de la teoría del caos fue el primero en ser analizado. En 1961, un meteorólogo llamado Lorentz ensayaba 12 ecuaciones para predecir el clima, y al intentar reiniciar una secuencia en un punto temporal introdujo por comodidad en la variable 3 decimales menos (0,506 en vez de 0,506127); este cambio insignificante, a lo largo de sucesivas iteracciones del sistema de ecuaciones, produjo un cambio tremendo en la configuración de la curva (15). Este fenómeno es lo que se ha llamado “sensibilidad a las condiciones iniciales”, concepto que el propio Lorentz enunció como el conocido efecto mariposa: “¿puede el batir de alas de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Texas?” (16). Habría tres consideraciones relativas a la aplicación de este principio: a) Prestar atención a algunos elementos “micro” que puedan ser muy influyentes en el desarrollo de procesos; de hecho, en planificación los planes de contingencia tienden a sobreasegurarse en elementos o procesos que pueden tener una influencia crítica5. b) Estar atento y aprovechar las “ventanas de oportunidad”; en los sistemas complejos adaptativos, la variable temporal abre y cierra oportunidades para el éxito de las intervenciones; por lo tanto son sistemas muy sensibles al timing u oportunidad temporal en el desarrollo de proyectos; un ejemplo típico y sencillo es la iniciación de políticas o 4

Sirva como ejemplo un tanto trivial este dicho: “la información es al político, como la farola es al borracho... no le sirve para iluminar el camino, sino sólo para apoyarse”. 5 Hay un aforismo muy conocido que dice: “por un clavo se perdió la herradura; por la herradura se perdió el caballo; por el caballo se perdió el caballero, por el caballero se perdió la batalla, por la batalla se perdió la guerra, y por la guerra se perdió el reino... por un clavo se perdió el reino”. 188

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programas en relación con el momento de la legislatura: aquellos cambios que supongan consumo de tiempo o acumulación de poder necesitarían situarse al inicio de la misma, momento en que hay tiempo por delante y se tiene reciente y poco desgastado el apoyo político electoral. c) Y finalmente, dado que este fenómeno nos sitúa ante la imposibilidad de controlar la variable temporal (¿quién sabe si lloverá mañana?), también nos indicaría la necesidad de cambiar la actitud y “dar la bienvenida a la sorpresa”, dejando que tanto nosotros como nuestras organizaciones aprendamos a aprovechar y a crecer con lo inesperado (17). No linealidad de los sistemas. Pequeñas causas que dan lugar a grandes consecuencias Desde el cálculo newtoniano los modelos lineales nos han acompañado gozando de gran reputación; cuando la realidad no es lineal, lo que hacemos es una regresión para forzarla a que encaje en una fórmula (por ejemplo, las líneas de regresión o la distribución normal). En el mundo de la ingeniería, se calculan inputs y outputs en los procesos de producción, se modelizan las fórmulas, y cuando la realidad se aleja de lo que éstas predicen, hablamos de “ruido”. Como se ha comentado, es precisamente este ruido, este azar no explicado, el que constituye la materia prima del enfoque del caos. Los modelos no lineales responden a sistemas de ecuaciones más complejas, aunque a veces la representación matemática sea simple (como la conocida zn+1 = z2n + c o ecuación de Mandelbrot6). Lorentz describe un sistema de ecuaciones que produce un dibujo también muy conocido, en el cual hay un patrón orbital elíptico que a partir de un punto “salta” a un bucle en otra dimensión mucho más compleja para volver al plano previo (18). Hay puntos críticos de inflexión donde la linealidad se rompe y acontece una turbulencia que altera la respuesta del sistema. La característica anterior (sensibilidad a las condiciones iniciales) y la que comentamos ahora (no linealidad) son en realidad manifestaciones del mismo fenómeno, sólo que la primera se refiere más al tiempo o momento y la segunda a la dependencia del sistema respecto a la influencia de variables que precipitan cambios radicales en el sistema. Por eso pequeñas causas (valores críticos de variables fundamentales) pueden dar lugar a grandes consecuencias, siendo aquí aplicable también el efecto mariposa7; y también grandes cambios en algunas variables pueden ser irrelevantes (por ejemplo, retóricas políticas que no producen cambios). 6

Para una explicación de la ecuación y para ver el dibujo resultante se puede visitar http://www.hiddendimension.com/Divergent_Fractals_Main.html; visitado en marzo 2006. 7 Otro ejemplo más coloquial de “no linealidad” es el efecto de “la gota que colmó el vaso”, por el que un niño recibe al final del día un castigo por su travesura menos importante, pero que ha “colmado” la paciencia de sus progenitores. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:180-197

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Sobre este concepto podemos hacer algunas consideraciones de cara a su aplicación, además de los ya comentados en el punto anterior, que son de igual aplicación en este caso: a) Debemos ser capaces de aprender de los “saltos” y paradojas en el comportamiento de los sistemas, y no dejarnos caer en el abatimiento porque la linealidad no funcione siempre; el estudio de estos cambios nos permitirá aprender a identificar las variables y puntos críticos, y por inducción, nos facilitará la comprensión del comportamiento de sistemas similares. b) En el ámbito de las políticas públicas, un punto crítico clásico que altera los sistemas cualitativamente son los medios de comunicación; se dice que los problemas ascienden a la “agenda pública” y, una vez que están en ella, se instalan una temporada más o menos larga en las portadas de los periódicos y noticiarios de radio y televisión, aumentando exponencialmente su probabilidad de pasar a la “agenda política” (cambios comprometidos por los gobernantes y por lo tanto exigibles). c) Obviamente, nos planteamos en qué medida podríamos nosotros mismos utilizar esta cualidad de no linealidad para precipitar cambios cuando sea de nuestro interés hacerlo. Parece lógico intentarlo cuando queremos hacer subir un tema importante (conductas para prevenir el SIDA, para la seguridad en el trabajo, para promover el ejercicio físico, etcétera) a la agenda pública y política; para ello deberemos vencer la saturación informativa y la indiferencia emocional, y buscar la forma de hacer saltar la linealidad para encontrar un bucle por el que emerjamos en el espacio de información colectivo. Este marketing social es uno de los retos más importantes para el desarrollo de políticas y planes. d) Pero debemos saber que en los sistemas caóticos es difícil ganar la maestría suficiente como para “surfear” encima de la ola; incluso teniendo mucho poder, éste puede no valer para nada si no entendemos el sistema y si no lo aplicamos de la forma correcta (Estados Unidos en Irak: mucho poder, pero mucha incomprensión del sistema social, étnico, cultural y religioso iraquí). A estos efectos, si decidimos jugar a precipitar los cambios en territorios de no linealidad, es aconsejable usar pasos sucesivos y feed-back frecuentes, y no despreciar el caso concreto o los análisis cualitativos, pues los individuos de este universo “micro” pueden ser los centinelas más tempranos para anticipar problemas y efectos no deseados, y para entender las razones que los generan. Autoorganización de los sistemas complejos. Estimulando la vida inteligente y el empowerment en las organizaciones Con relación a su tamaño, las termitas son los seres vivos capaces de construir las estructuras más altas en nuestro planeta; y esto lo consiguen sin director ejecutivo termita, sin termita arquitecto, e incluso sin planos. Las termitas son un buen ejemplo de cómo los sistemas complejos adaptativos tienden a la autoorganización. Algunos “juegos” de ordenador de 190

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simulación (Sim-City, Sim-life, Sim-ant, etcétera) evocan de forma muy realista esta dimensión de autoorganización. Las organizaciones humanas, al estar basadas en individuos inteligentes, con intereses propios y con una visión imperfecta del conjunto, configuran modelos caóticos que tienden claramente a la autoorganización; incluso cuando se precisa de gran disciplina para la ejecución muy jerarquizada de tareas, como en el caso del ejército, se necesita un espacio de organización, decisión e iniciativa autónoma (cuando se entra en combate). Las organizaciones profesionales, cuyo activo fundamental es el conocimiento científico y que están sometidas a cambios tecnológicos rápidos (por ejemplo en la sanidad) son posiblemente el paradigma de la organización que tiende a la autoorganización. Podemos ignorarlo, pero la autoorganización se expresa en todas las instituciones y grupos humanos a través de estructuras formales e informales, y de redes de relación más o menos visibles o cambiantes. Entender esta realidad, y saber ponerla al servicio del buen funcionamiento de los sistemas, es actualmente una de las garantías más importantes del éxito en los proyectos de gestión. Algunas orientaciones prácticas podrían ser las siguientes: a) Es conveniente corregir un sesgo de percepción: debemos pensar que hay más vida inteligente de la que creemos en la base de las organizaciones, y menos vida inteligente en el vértice ejecutivo o en la tecnoestructura de planificación. Como decíamos antes, a través de la interacción y la experiencia, y vía inducción, se adquiere un conocimiento muy relevante del sistema, aunque sea tácito; pero este conocimiento puede expresarse y utilizarse sólo si se busca y se valora. b) El diseño de la organización (más cuanto más se acerque al modelo de organización profesional), debe ser flexible y dejar la holgura suficiente para la autoorganización: para las iniciativas de abajo arriba (círculos de calidad, por ejemplo), para la decisión autónoma (un camionero ante una nevada toma sus propias decisiones sin necesidad de esperar órdenes de su empresa), para utilizar espacios físicos e informativos comunes con versatilidad y creatividad, para desarrollar ideas y estrategias emergentes que sean consideradas y apreciadas desde el ápex directivo, etcétera. c) Un paso más es el “empowerment”, por el cual la organización transfiere de forma amplia derechos de decisión a sus unidades y personas. Esto supone que se realiza un depósito de confianza en los mandos intermedios y empleados; supone considerar la “fractalidad” que nos dice que en el comportamiento hay patrones, pero nada se repite de forma idéntica, que debemos estar abiertos a la diversidad, tolerar la divergencia, “amar los errores”, y pensar que la experiencia resultante hará crecer a todos; y que el ejercicio de un espacio de libertad responsable pero proactiva supone un atractor lúdico que restaura la satisfacción con el trabajo y revitaliza la motivación cada mañana. d) El principio de subsidiariedad guía también el rediseño de la organización: lo que pueda hacerse y decidirse mejor abajo, que se haga abajo, y sólo lo que se pueda hacer mejor Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:180-197

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arriba (venciendo la carga de la prueba) se debe centralizar y poner bajo la responsabilidad directa del vértice directivo o de unidades de mayor nivel jerárquico. Un buen ejemplo lo constituye la forma en que los británicos han orientado sus planes de salud; el Ministerio establece grandes ejes (cáncer, cardiovasculares, accidentes y suicidios) sobre los que trabajar; los distritos descodifican estos objetivos y en función de las oportunidades locales de acción desarrollan proactivamente una serie de acciones, de las que luego se informa; el Ministerio difunde las iniciativas más exitosas y motiva a los agentes a que promuevan nuevos avances en años sucesivos (19). e) Para diseñar estas organizaciones basadas en el empowerment y la subsidiariedad, necesitamos que los individuos internalicen los objetivos de la gran organización, que los intereses estén razonablemente alineados, y que la configuración de la organización —estructuras y sistemas de información— sirvan de apoyo a las iniciativas de las personas; para ello son necesarias políticas de acogida, de formación (20), de promoción y carrera, de limitación de conflictos de interés, y de facilitación de herramientas de conocimiento. En el ámbito sanitario cabría por ejemplo hablar de la evolución desde “políticas de recursos humanos” “hacia políticas profesionales” (21). El borde del caos (“the edge of chaos”). Entre el territorio racional y el del azar El término “the edge of chaos” se atribuye a Laugton (22), que lo describe como una zona intermedia en la toma de decisiones en un sistema, donde no hay suficiente acuerdo o certidumbre sobre su comportamiento como para que la elección del siguiente paso sea obvia. Stacey (23) dibujó un gráfico para situar las decisiones en sistemas complejos con grado de incertidumbre y de desacuerdo en abscisas y ordenadas; el territorio de decisiones racionales (sistemas lineales) sería el de alta certidumbre y alto acuerdo, y el del caos sería a su vez el de alta incertidumbre y alto desacuerdo; el borde del caos sería el espacio frontera entre ambos territorios. Dada la diferencia conceptual entre desorden o azar y caos (que el gráfico de Stacey no considera), ha parecido más oportuno redibujar el gráfico modificándolo para que aparezcan cuatro cuadrantes (figura 3): el de la racionalidad amplia o lineal, el de la racionalidad limitada (que considera las decisiones en condiciones de información insuficiente o costosa), el del caos (sistemas complejos adaptativos con regularidades observables o atractores), y el cuadrante de desorden o azar (donde ninguna aproximación determinística cabe ensayar, y podríamos sencillamente echar la moneda al aire para decidir). Las repercusiones prácticas de estos conceptos tienen mucho que ver con todas las disciplinas de gestión del cambio: a) El contexto de certidumbre-acuerdo de las decisiones nos ayudan a orientarnos en la gestión: en el cuadrante de racionalidad amplia es donde más podemos automatizar o delegar; en el cuadrante de caos, debemos movilizar instrumentos de análisis menos 192

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Acuerdo

Desacuerdo

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Desorden Azar

Racionalidad limitada

Caos

Racionalidad amplia Certidumbre

Incertidumbre

Figura 3. Diagrama de territorios de racionalidad o caos en función de certidumbre/acuerdo.

tangibles y más inductivos, y también implicar a los directivos superiores para que ellos juzguen y decidan qué nivel de riesgo está dispuesta a asumir la organización. b) La gestión del cambio aconseja que periódicamente se introduzcan en la propia estructura de la organización elementos de desorden para evitar la rigidez y fomentar la adaptación a las condiciones cambiantes del entorno. En la figura 3 se visualizaría un impulso intencionado hacia la incertidumbre y el desacuerdo (descongelar la organización) para crear un entorno de mayor caos, rediseñar procesos y estructuras, y volver luego a reducir incertidumbre y desacuerdo (congelar de nuevo) para restaurar el orden y la predictibilidad del comportamiento que necesitan la operaciones cotidianas de las organizaciones. c) Una estrategia fundamental para manejarse en el borde del caos son las demostraciones o experiencias piloto; permiten a escala reducida explorar el comportamiento de los sistemas en nuevas condiciones, identificar las “regularidades” o nuevos patrones de comportamiento, y mostrar al resto de la organización un nuevo equilibrio en condiciones tangibles y con “aroma de realidad” (no sólo en el Power point). El elemento piloto, cuando la experiencia es exitosa y se difunde adecuadamente, es un poderoso atractor en el proceso de cambio, reclutando con mucha facilidad nuevos elementos. Un ejemplo curioso de esta estrategia de cambio fue el desarrollo de los “GP Fundholding” en la reforma de la sanidad británica de 1991: este esquema, por el que los centros de Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:180-197

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salud que quisieran podían asumir la compra de servicios del hospital para sus pacientes, era comúnmente rechazado por los generalistas, pero se planteó como un proceso voluntario-incentivado, que incorporó a unos pocos y desencadenó un rápido reclutamiento ante las ventajas económicas que aportó a los pioneros (24). d) Por último, en clave más individual, el borde del caos debería ser un territorio que los profesionales y las organizaciones se acabarán acostumbrando a visitar, y donde se encontrarán confortables, o al menos no tan incómodos (25).

Estrategias emergentes y por perspectivas. Pensamiento estratégico: planificación por perspectiva y gestión del cambio Una conclusión de todo lo anterior es que necesitamos replantear y cuestionar, como diría Mintzberg, tanto la planificación como a los propios planificadores; es decir, modificar la forma en que concebimos y desarrollamos las estrategias de futuro de nuestras organizaciones (26): a) Respecto a la función estratégica, cuando trabajamos en organizaciones complejas adaptativas, debemos partir de una conciencia de falta de poder; no podemos dictar el futuro, y por ello no tiene sentido trabajar en “planificación por posición” —para el momento x debe estar hecho y—, sino “por perspectiva”, es decir, situar el rumbo en una dirección, como en un buque de vela, e ir rectificando progresivamente en función de cambios externos —viento— o internos —reajustes de destino. b) Incluir la función de “descubridores de estrategias emergentes” en el elenco de habilidades y funciones directivas; en efecto, la autoorganización tiende a buscar formas muy imaginativas de resolver problemas y de detectar oportunidades; esta innovación no siempre “sube” hacia arriba en la organización, y por ello hay que descubrirla, evaluar su posible generalización, y eventualmente incorporarla como estrategia emergente asumida por todos y para todos. Para ello, además de hacer feed-back (retroalimentación de nuestras acciones con sistemas de información), deberíamos aprender a hacer feed-around (intraducible: ¿escrutinio del entorno?). c) Las organizaciones complejas necesitan gestores, pero necesitan también verdaderos líderes. Como explica Zalenik (27), los gestores tienden a abarcar procesos, buscan la estabilidad y el control, e intentan instintivamente resolver los problemas antes de haber podido comprender su significado e implicaciones; los líderes tienen concepciones distintas del caos y el orden, tolerando el caos y la debilidad de las estructuras, y buscando una comprensión más amplia de los problemas antes de pasar a resolverlos. d) Finalmente, convendría lanzar un mensaje a las organizaciones que están a la búsqueda de una estrategia: la función estratégica es fundamentalmente de síntesis, y aunque se agradece en las etapas preparatorias de una buena documenación (análisis), no debemos confundir ambos estilos cognitivos. Además, como apunta Plsek (28), el cam194

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bio no tiene tanto que ver con la superación de resistencias, como con entender y operar en base a los atractores del sistema; es decir, más entender y menos mandar, más estar en el timón y menos remar... De hecho, en esto se basa el nuevo concepto de stewardship o rectoría, lanzado por la OMS en el informe 2000 como alternativa de mejor gobierno y dirección de los sistemas de salud para los Ministerios de Sanidad (29).

Resumen y consideraciones finales Esta revisión busca tender un puente entre las nuevas formas de comprender los sistemas desde las teorías de la complejidad y el caos, y la forma en la que habitualmente concebimos las organizaciones y desarrollamos nuestra actividad en las mismas8. Se trata de un terreno nuevo, pero prometedor; que se expresa aún en metáforas, y que sugiere más que aconseja cambios de perspectiva y cursos de acción. Y por lo tanto, lo que se ha pretendido fundamentalmente es interesar y abrir vías para pensamiento y desarrollo posterior. Como resumen y como sugerencia final, describiríamos esta nueva dimensión de la complejidad y caos en las siguientes frases que resumen una orientación, una necesidad y un deseo de cambio organizativo, especialmente importante para el gobierno de organizaciones complejas como la sanidad, en entornos particularmente rígidos como la administración pública, y en contextos como la toma de decisión política que incorporan tantas ambigüedades y turbulencias. a) Debemos abandonar el mecanicismo reduccionista en favor de una visión propia basada en los sistemas complejos adaptativos. b) Tenemos una tarea importante: rediseñar las organizaciones, desde la excesiva dominación de lo jerárquico, hacia la configuración flexible y cambiante de redes y conexiones entre todos los componentes. c) Caos no es desorden, sino un orden complejo y no lineal; debemos asumir que demasiado orden puede ser tan malo como excesivo desorden. d) La fractalidad nos impulsa a buscar un nuevo equilibrio entre lo micro y lo macro, y nos ayuda a buscar nuevas técnicas de identificación de regularidades, patrones y atractores que puedan ser palancas para entender e influir en los sistemas. e) La autosimilaridad también nos ayuda a buscar en nuestra realidad evolutiva, o en otros sistemas aparentemente lejanos al nuestro, huellas y metáforas útiles para ensanchar nuestra comprensión y para comunicar o difundir ideas complejas. 8

Una buena fuente de información e ideas sobre estos temas se encuentra en un blog que trata temas de caos, complejidad y sistema sanitario, y que confieso me ha sido enormemente útil para añadir ideas y buscar ejemplos para este artículo; aprovecho la nota para agradecerlo y recomendarlo: http://komplexblog.blogspot.com.

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f)

La sensibilidad a las condiciones iniciales nos ayuda a buscar ventanas de oportunidad y considerar la relevancia del tiempo y momento en el comportamiento de los sistemas. g) La no linealidad nos ayuda a entender el enorme efecto de las variables críticas, y por lo tanto a no despreciar cosas pequeñas que pueden tener consecuencias muy importantes. h) Reconocer la autoorganización nos lleva a buscar un rediseño de las organizaciones (especialmente las profesionales) hacia el empowerment y el principio de la subsidiariedad. i) Debemos perder miedo a movernos en el “borde del caos”; la gestión del cambio y el pilotaje de proyectos innovadores pueden entenderse mejor como cambios inducidos en los cuadrantes de incertidumbre-desacuerdo. j) En organizaciones complejas no podemos dictar el futuro desde los vértices de las organizaciones, y por ello necesitamos planificar por perspectiva, atender a las estrategias emergentes que ascienden desde el nivel operativo de las mismas, y gestionar los procesos de cambio de forma inteligente y con frecuentes retroalimentaciones.

Bibliografía 1. Plesk PE, Greenhalgh T. The challenge of complexity in health care. BMJ 2001; 323: 625-628. 2. Laine C. Postmenopausal hormone replacement therapy: how could we have been so wrong? Ann Intern Med 2002; 137: 290. 3. Fobelová D, Fobe P. http://www.bu.edu/wcp/Papers/Comp/CompFobe.htm; visitado marzo 2006. Puede visitarse esta web para ampliar los aspectos filosóficos de armonía, desorden y caos. 4. Holden LM. Complex adaptative systems: concept analysis. J Adv Nurs 2005; 52(6): 651-657. 5. Greenland S, Pearl J, Robins JM. Causal diagrams for epidemiologic research. Epidemiology 1999; 10(1): 37-48. 6. Zini G, Dónofrio G. Neural network in hematopoietic malignancies. Clin Chim Acta 2003; 333(2): 195-201. 7. TecHumberside: en el blog KOMPLEXBLOG día octubre 07 2004; visitado en febrero 2006 en: http://komplexblog.blogspot.com 8. Horn P. The global culture machine; a chaos theory approach to contemporary cultura (ed.). InternetZeitschrift für Kulturwissenschaften 2000; p. 9. 9. Plesk P, Wilson T. Complexity, leadership and management in healthcare organizations. BMJ 2001; 323: 746749. 10. Repullo JR. Los sistemas sanitarios en transición. En: Antequera JM, Arias E (eds.). Sistema sanitario y recursos humanos: manual para gestores y profesionales. Madrid: Díaz de Santos-IAS, 2005; 2-32. 11. Retzlaff-Robberts D, Chang CF, Rubin RM. Technical efficiency in the use of health care resources: a comparison of OECD countries. Health Policy 2004; 69(1): 55-72. 12. Berwick DM. The John Eisenberg lecture: health services research as a citizen in improvement. Health Serv Res 2005; 40(2): 317-336. 13. Smith RD. Social structures and chaos theory. Sociological research on line 1998; 3(1): 10. 14. Johnson S. ¿Quién se ha llevado mi quesito? Cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio. Barcelona: Urano, 2003. 196

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José R. Repullo Labrador

15. Stewart I. Does God play dice? The new mathematics of chaos. Maldey MA: Blackwell Publishing, 2002; p. 141. 16. Ver referencia en http://twm.co.nz/chaoslor.htlm; visitado en febrero de 2006. 17. Kerfoot K. Allow yourself to be surprised. Nurs Econ 2005; 23(4): 204-206. 18. http://www.sewanee.edu/physics/PHYSICS123/physics123.html; visitado en marzo 2006. Aquí se puede encontrar una imagen en tres dimensiones y en movimiento del sistema de ecuaciones y el fractal resultante de Lorentz. 19. Repullo JR. Planes de salud y planificación en España durante la década de los 90; caracterización de la crisis y perspectivas. Tesis Doctoral. Madrid: UAM, 1999; pp. 34-39. 20. Fraser S, Greenhalgh T. Complexity science: coping with complexity: educating for capability. BMJ 2001; 323: 799-803. 21. Repullo JR. El marco de la política profesional. En: Antequera JM, Arias E (eds.). Sistema Sanitario y recursos humanos: manual para gestores y profesionales. Madrid: Díaz de Santos-IAS, 2005; pp. 32-59. 22. Laugton CG. Artificial life. Proceedings of the Santa Fe Institute of Studies in the sciences of complexity. Addison-Wesley, 1989. Referencia a su trabajo en: http://users.viawest.net/~keirsey/eofchaos.html; visitado en marzo 2006. 23. Stacey RD. Strategic management and organization dynamics. London: Pitman Publishing, 1996. 24. Repullo JR. Compra de servicios y contratos: balance del experimento del mercado interno británico (2.ª parte: desarrollo de los contratos y función de compra). Revista de Administración Sanitaria 1998; 2(7): 39-63. 25. Berwick DM. Developing and testing changes in the delivery of care. Ann Intern Med 1998; 128: 651-656. 26. Mintzberg H. The rise and fall of strategic planning. New York: The Free Press, 1994. 27. Zalenik A. Managers and leaders: are they different? Clin Leadersh Manag Rev 2004; 18(3): 171-177. 28. Plsek P. Innovative thinking for the improvement of medical systems. American College of Physicians and American College of Internal Medicine 1999; 131(6): 438-444. 29. World Health Report 2000. Health Systems: improving performance. Geneva: WHO: ix.

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Artículos

El doctor Pío Baroja (1872-1956) The doctor Pío Baroja (1872-1956) ■ José Luis Puerta Resumen Utilizando como excusa la celebración del cincuenta aniversario del fallecimiento de Pío Baroja, que era médico, el autor del presente artículo expone y comenta muchas de las reflexiones del literato sobre su época de estudiante de medicina, sus primeros contactos con los hospitales y los enfermos, y la experiencia que tuvo como médico rural en Cestona (Guipúzcoa).

Palabras clave Pío Baroja. Medicina del siglo XIX. Hospital General de Madrid. Estudio de la Medicina en el siglo XIX.

Abstract Using the 50th anniversary commemoration of the death of the doctor Pío Baroja as an excuse, the author of this work comments and expounds on the thoughts and ideas of this literary man. The work focuses on the period when he was a medical student, his first contact with hospitals and the sicks, and also reflects his experiences as a country doctor in Cestona (Guipuzcoa).

Key words Pío Baroja. Medicine in the 19th Century. Madrid General Hospital. Study of medicine in the 19th century.

■ Los hechos y los datos históricos que se recogen en estas páginas se circunscriben mayormente al siglo XIX español. Sin duda, uno de los períodos más aciagos de nuestra historia. El declive iniciado con los últimos Austrias en el siglo XVII, en cierta medida corregido por los primeros Borbones del siglo XVIII, tendrá su apoteosis a lo largo del siglo XIX por causa de una serie interminable de desastres nacionales; a saber: el sombrío reinado de Carlos IV, la devastadora Guerra de la Independencia, la década ominosa que hubo que conllevar bajo el reinado de Fernando VII, las guerras carlistas y como último jalón la pérdida del sueño colonial en 1898. Una de las consecuencias más deletéreas derivada de ese malhadado siglo XIX español fue el encerramiento en sí mismos de nuestros antepasados y la desaparición del país del campo El autor es médico. 198

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visual del resto de las naciones europeas, después de ¡tres siglos! de ininterrumpida omnipresencia en el Mundo. Todo lo foráneo dejó de tener interés para los españoles y nada de lo español atraía a los extranjeros. Así describe Baroja el ambiente a finales de ese siglo: "La acción de la cultura europea en España era restringida y localizada en cuestiones técnicas. Los periódicos daban una idea incompleta de todo; la tendencia general era hacer creer que lo grande de España podía ser pequeño fuera de ella, y, al contrario, por una especie de mala fe internacional [...] Si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España o hablaban de ellas en broma era porque nos odiaban [...] No había curiosidad por lo de fuera. Todo lo español era lo mejor. Esa tendencia, natural a la ilusión del país que se aísla, contribuía al estancamiento, a la fosilización" (1). Otra gravísima consecuencia, frecuentemente olvidada, fue el truncamiento del desarrollo universitario y del sistema de ciencia; cuyas consecuencias pueden fácilmente rastrearse hasta nuestros días, como se pone en evidencia cada vez que nuestra Universidad se compara con la de los países de nuestro entorno. "En mi tiempo —escribía Baroja—, el ambiente de inmoralidad, de falsedad, se reflejaba en las cátedras tanto o más que en otros centros políticos o docentes" (2). En 1920 en una conferencia dada en Bilbao hacía esta reflexión sobre la ciencia: "Hoy lo rápido para un país es la Ciencia. Crear laboratorios, crear una Universidad libre, sin hacer mucho caso del Estado y de sus fábricas de doctores, sería de un gran avance. La Ciencia es lo más inmediato para un país que quiera ser algo en el mundo; es lo que da el prestigio más rápido" (3). Y es que nada genera en el mundo de hoy un valor añadido como el que resulta del tándem formado por la universidad y la investigación. * * * Una mañana de otoño del año 1887 Pío Inocencio Baroja Nessi, entonces un chico con su bachiller concluido en el Instituto San Isidro de Madrid, entra en el edificio donde va a cursar el primer año de Medicina. Y a través de Andrés Hurtado, el protagonista de una de sus novelas, El árbol de la ciencia, describe así su iniciación: "Serían las diez de la mañana de un día de octubre. En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase. De la puerta de la calle de los Estudios, que daba a este patio, iban entrando muchos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban reían y hablaban. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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Por una de esas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura no eran arquitectos del provenir, sino futuros médicos y farmacéuticos. La clase de Química general del año preparatorio de Medicina y Farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro1, convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura" (4). Baroja encontró la enseñanza del bachillerato, al igual que la de la Medicina, muy deficiente. En aquellos estudios la cultura científica apenas si encontraba acomodo. Y escuchando a los profesores tenía la impresión de que el conocimiento se hacía "a base de trozos aprendidos de memoria" (5); no existía nadie, ni en el instituto ni en la facultad, capaz de inculcar a sus educandos un saber que partiera de una idea de conjunto y subrayase de forma clara los conceptos fundamentales: "En el doctorado estudiando Análisis químico, oí a un alumno, ya médico, decir que el cinc era un metal que contenía mucho hidrógeno [...] Este compañero [...] no había podido coger en su carrera el concepto de un cuerpo simple, como yo no había llegado a saber lo que era el pretérito" (6). Dado que las sociedades tienen una tendencia natural a parecerse a sí mismas en todos sus aspectos y manifestaciones, ese desdén por el conocimiento estaba presente en cada rincón del país, que parecía empeñado —no estoy seguro de que este afán haya sido erradicado por completo— en crear todo tipo de incentivos para alejar a sus ciudadanos del verdadero saber. Yendo por este sendero se acostumbra a generaciones enteras a pensar en lo inmediato: en medrar, en comer, en vivir; y, si las cosas marchan mejor, como ocurre ahora, en divertirse, en consumir y en disfrutar de lo lindo. El resto sobra. Y, así, se termina con la nefasta manía de leer y aun de pensar, lo que posibilita que se instalen en la sociedad, sin resistencia ninguna, las rutinas más grotescas: "[F]ui repetidas veces a la Biblioteca Nacional [...] En aquel centro de cultura no se nos dejaban libros literarios, por orden del director, Tamayo y Baus, y, al final, tampoco se nos permitía la lectura de revistas y periódicos, porque éstos tenían folletines. Eran cómicas tales prohibiciones ordenadas por un autor" (7). 1

En este edificio, que todavía se conserva y da albergue a la Catedral-Colegiata de San Isidro Labrador y al Instituto de Bachillerato San Isidro, tuvo su sede el antiguo Colegio Imperial de la Compañía de Jesús. Su construcción en la calle Toledo, a la altura donde nace la calle de los Estudios, data de 1564. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 la iglesia se transformó en colegiata, cambiando su advocación de San Francisco Javier por la de San Isidro, mientras que el colegio pasó a ser dirigido por docentes nombrados por el Rey. En 1848, a raíz de la reforma introducida en las enseñanzas artísticas en el reinado de Isabel II (1844), se creó como institución independiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid. A tal fin, se habilitó para ésta una parte del antiguo Colegio Imperial hasta su ulterior traslado al edificio que, desde 1936, ocupa hoy en la Ciudad Universitaria de Madrid.

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No puede sorprendernos, como el propio Baroja confiesa, que el bachillerato solo le sirviera para acomodar dos o tres ideas en la cabeza y, por tanto, se decidiese a estudiar una carrera "como quien toma una pócima amarga" (8). Cuando el bachiller casi no ha dejado impronta alguna y, en vez de despertar el deseo de saber más sobre lo aprendido, provoca rechazo por el conocimiento, lo esperable debe ser no sentir vocación por nada. Incluso resulta llamativo que a este futuro médico —dejando a un lado el empujón que le debió dar su padre que "tenía una idea muy optimista de las profesiones liberales" (9)— sólo le plantease dudas a última hora la posibilidad de estudiar Farmacia (el curso preparatorio era común para ambas), especialmente si se toman en consideración las ideas que le rondaban por la cabeza acerca de su porvenir: "Tras largas reflexiones, pensé que no tenía vocación alguna y que era un joven perfectamente inútil para la vida corriente. Hay personas que se ilusionan a sí mismas y saben convertir sus defectos en cualidades [...] En realidad, tenía poco de joven inteligente. Era un hombre de sentidos perspicaces, de una vista admirable, de oído fino y de un olfato de perro" (10). Sin embargo, y a pesar de sus tribulaciones, seis años después de su espera en el patio de la Escuela de Arquitectura, en 1893, Baroja obtendría en Valencia su licenciatura en Medicina y, al año siguiente, de regreso en Madrid, en junio de 1894, el grado académico de doctor, después de defender su tesis, titulada El dolor. Ese mismo año, se trasladaría a Cestona para ejercer como médico de pueblo. Estos intensos años dejaron en un hombre dotado de "sentidos perspicaces" una profunda huella, que con frecuencia se hará patente en su vida y, sobre todo, en su prosa. De esta experiencia salió, en primer lugar, un pequeño relato (Noche de médico) recogido en el primer libro de cuentos que publicó: Vidas sombrías (1900). Luego, vendría la novela El árbol de la ciencia (1911), donde da vida a quien señala como su contrafigura, Andrés Hurtado; personaje literario al que adorna con los defectos que reconoce como propios, aunque le falta —de nuevo en palabras de Baroja— su instinto de "pigricia" y de "haraganería". Más tarde, vuelve con los recuerdos de esa etapa vital en Juventud, egolatría (1917), en el discurso de recepción en la Real Academia Española (La formación psicológica de un escritor) en 1935, al que, por cierto, le contestó Gregorio Marañón (11), y de una forma más detallada y ordenada en las memorias tituladas Familia, infancia y juventud (1944). A esto se suman otras referencias en diversos artículos y novelas; entre éstas destaco César o nada (1910) y Allegro final (1929).

Los estudios de Medicina Lo que nuestro joven estudiante de Medicina se encontró en las aulas de su facultad fue lo contrario de lo que se espera y desea que ocurra en una institución tan capital para un país. "Los proArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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fesores de Medicina —escribía Baroja— tenían un criterio tan estúpido que no cabe más". Al punto que, por ejemplo, en la asignatura de Patología había futuros médicos que sólo estudiaban las infecciones; otros, las enfermedades nerviosas; otros, sólo las enfermedades del aparato digestivo. Esta manera de dar una asignatura no "se explica más que en un profesor español, que generalmente es la quinta esencia de vacuidad" (12). Si las cosas realmente eran de esta manera, cuesta creer que en otras facultades la situación fuera distinta; a este respecto, Baroja nos da alguna pista: "Entonces la pedantería de los ingenieros hacía que ningún alumno de la Escuela Politécnica aprobara los cursos sin repetir año. Así se demostraba que la Escuela Politécnica era más severa que la de París, lo que no hacía, por eso, que en España hubiera grandes ingenieros" (13). Tal como ve las cosas, sus profesores son verdaderas nulidades docentes y dejan mucho que desear en el terreno humano y moral. La censura a sus maestros está muy generalizada en su obra. No escatima en anécdotas para denunciar el maltrato y el desdeño que gratuitamente dispensaban a sus pupilos e incluso a los enfermos cuando asiste a las prácticas en los hospitales. A lo que se añadía la falta de interés que demostraban por trasmitirles los conocimientos necesarios para ser médicos. A algunos que llevaban más de 50 años explicando no los jubilaban por "sus influencias y por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España por lo inútil" (14). Como se verá a continuación, los retratos que les hace, en distintas partes de sus escritos, no pueden ser más descalificadores. La obra del catalán José de Letamendi y Manjarres (1828-1897), al que con frecuencia le llama "Letamendi-Hipócrates", la encuentra llena de "ideas de portera" y "plagada de retórica y palabrería". Baroja se ufana de haber sido él quien comenzó a demoler —después de que Menéndez Pelayo y Galdós lo entronizaran como genio indiscutible— la figura de alguien que "tenía el tupé de decir que así como se cree que el río Guadiana desaparece en la tierra, la medicina de Hipócrates había desaparecido en la Historia para aparecer con él" (15). No hay en los textos barojianos un profesor de Medicina con el que haya gastado más tinta. Al punto que, cuando Ramón y Cajal le envía como presente un ejemplar de su obra Recuerdos de mi vida en 1933, Baroja, después de leer el libro, le remite una carta de agradecimiento en la que le recrimina que elogiase en su texto a un retórico como Letamendi, que nada había hecho por la ciencia y que además era su antítesis. Cajal le respondió, pero se cuidó de entrar al trapo tendido por Baroja (16). Áquel, en la segunda parte de su obra (Historia de mi labor científica), había dedicado un apartado (Semblanza de algunos de mis amigos y colegas de facultad, hoy desaparecidos: Calleja, Olóriz, Hernando, Letamendi, San Martín, etcétera.) del capítulo IX a algunos de sus condiscípulos de la Facultad de Medicina de Madrid, y en esas páginas podía leerse: "Platicando [Letamendi] resultaba infatigable. Su palabra surgía espontánea, vistosa e irisada, cual surtidor en fontana [...] ¿Cómo interrumpir o desviar con un comenta202

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rio vulgar o inoportuno aquella catarata de imágenes brillantes, de frases agudas, de pensamientos originalísimos?" (17). Es probable que Cajal, buscando no enemistarse con nadie, fuera un poco cínico o socarrón en sus apreciaciones, al menos, en algunos de los panegíricos que redactó. Cuesta creer que cuando publica Historia de mi labor científica (1917) sintiese tal deslumbramiento por las ideas y reflexiones de alguien que había muerto hacía más de dos décadas (1897), y del que ya se sabía que nada había aportado ni al conocimiento ni a la práctica de la Medicina. Es oportuno recordar que a la desmitificación de Letamendi ayudaron sobremanera los escritos publicados en El siglo médico por el médico gerundense Ramón Turró i Darder (1854-1926) y las opiniones descalificadoras de Augusto Pi i Sunyer (1897-1965) (18). Letamendi, entre otras cosas, tuvo la mala fortuna de formar tribunal con Benito Hernando en el examen de la asignatura de Patología general, y suspender a Baroja en junio y septiembre, lo que determinó que tuviese que mudarse a Valencia para obtener allí la licenciatura. Incluso habiendo trasladado ya su expediente a esa ciudad, trata de examinarse por libre de Patología general con tan mala suerte que el profesor que le examinó, un tal Slócker, discípulo de Letamendi, le suspendió (19). Son muchas las citas sobre Letamedi que se pueden extraer de la prosa barojiana; pero, entre ellas, he elegido ésta porque, a mi parecer, da bastante en qué pensar: "Letamendi era una mixtificación, un ‘bluff’ y hasta un ‘bluff’ de poco éxito, una de esas farsas que gustan en los países meridionales, en donde se cree que los gestos, las actitudes, las frases, tienen su valor, no sólo en la política, sino también en la ciencia" (20). (La letra cursiva es mía.) Benito Hernando Espinosa (1846-1916), que vivía en el mismo portal que Baroja en la calle Alcalá, tampoco logra ganarse el respeto de éste. Tal como lo cuenta el escritor, Hernando, quien era oriundo de Cañizar, un pueblo guadalajareño, se empeñaba en sus clases en explicar que en los territorios ricos en metales, como era el caso de Vascongadas, "la gente era más escrofulosa y más torpe que en otras tierras". Y, al terminar semejante explicación, buscaba la mirada de su vecino de la calle Atocha para provocarle. Como Baroja no se quería dar por enterado, un día en clase le espeta directamente esta pregunta: "¿Usted no ha notado que hay muchos vascos torpes y con la mandíbula colgante?". El estudiante le responde que no, pero el profesor insiste en la pregunta, mientras que las risas y el ambientillo de la clase suben de tono, por lo que el alumno se ve forzado a responder de otra manera: "No, señor; no he notado que los vascongados sean más brutos que los de Guadalajara". La situación se sale de madre y se intercambian los consabidos: "usted esto no me lo dice en la calle", "ahora mismo", etcétera. La refriega se da por concluida cuando el profesor le indica a su discípulo: "Vaya usted a otra Universidad" (21). De nuevo, al contrastar los atributos personales y profesionaArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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les que atribuyen Cajal (22) y Baroja a Hernando, uno puede tener la impresión de que están hablando de dos personas distintas. En lo único que coinciden sus descripciones es en la afición de éste por rememorar las viejas y gloriosas efemérides de la España Imperial. Afición que debía ser cierta si nos atenemos al hecho de que su imagen sirvió para representar al Rey Boabdil (23) en el célebre cuadro La rendición de Granada (1882), encargado por el Senado de España a Francisco Pradilla. Al profesor de Anatomía y luego decano de la Facultad de Medicina y político, Julián Calleja Sánchez (1836-1913), lo describe como "un cultivador del despotismo y del nepotismo" y como alguien que trataba con frialdad y desdén innecesarios a los alumnos. En la benigna descripción que hace Cajal de este colega, admite que "actuando en funciones de cacique universitario, pecó algo, conforme dieron en decir muchos censores" (24). Y con él se reproduce la misma situación que con Hernando y otros de sus educadores: "Años más tarde, yo [Baroja] comenzaba a tener algún nombre como escritor, y entonces vi dos o tres veces a Calleja en la calle, me miró sonriente, y yo hice como que no lo conocía" (25). Para este estudiante, como puede colegirse de lo visto, la mayoría de los profesores son "agrios" y de "mala intención", y no le duelen prendas en referirse a ellos como "toscos", "cazurros", "mangoneadores", "sádicos", "locos", "ignorantes", "charlatanes", "inmorales" e, incluso, los señala como "enanos" y "enfermos de la orina". Estas dos últimas perlas se las dedica al profesor de Química Manuel Sáenz Díez (26), prominente miembro del grupo de los "puntilleros", profesores cuya habilidad consistía en darle la puntilla al alumno con una pregunta difícil cuando el examen bordeaba el precipicio. Y su lista de docentes no se limita a la repasada aquí. Si no la explayo más es porque con lo expuesto creo haber trasmitido el concepto que tiene Baroja de los educadores con los que tropezó a su paso por la Facultad de Medicina de Madrid. Con relación a los profesores que conoció en la Facultad de Medicina de Valencia, confiesa que no le resultaron "tan arbitrarios como los de Madrid" (27). Por otro lado, la diferencia de pareceres a la hora de enjuiciar personas o situaciones no debería producirnos mayor extrañeza, pues ya se sabe que cada cual habla del mercado según le ha ido o, por el motivo que sea, le interesa contar. "Cuando el profesorado de una Facultad —escribía Baroja— es un poco de manicomio, no es difícil que los alumnos tomen aire de cretinos" (28). Y es que para el escritor, los pueblos tienen un "pragmatismo", algo así como el conjunto de fórmulas prácticas a través de las cuales los ciudadanos resuelven los asuntos a los que se enfrentan en su cotidianeidad. Este pragmatismo, que no es otra cosa que las fórmulas o recetas con las que podemos deambular en nuestro hábitat sin muchos tropiezos, es el resultado de la acción de la Historia, de la raza y del ambiente físico y moral de una nación o de una sociedad. Si esas transacciones y fórmulas sociales no constituyen un óbice para que la realidad o la verdad circulen con fluidez, y se 204

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da por sentado que la verdadera libertad no puede existir sin el derecho a disentir, las sociedades se desarrollan y prosperan. Pero si las convenciones y prácticas al uso acaban siendo una rémora para el discernimiento y el conocimiento de la verdad, el efecto que se logra en un país es el contrario: el inmovilismo, la cerrazón en sí mismo y el espejismo de que todo lo que piensa y produce es lo mejor que hay en el mundo. Cuando las circunstancias son éstas, los hechos se desfiguran, el ambiente se enrarece, la normalidad se ve alterada y, finalmente, la vida de un pueblo se torna en una ficción que se sostiene a base de mitos, de considerar enemigos a los que no lo son y de tergiversar la Historia. Así veía Baroja a Madrid y a sus estudiantes, cuando estudiaba la carrera: "En ese ambiente de ficciones, residuo del pragmatismo viejo y sin renovación, vivía el Madrid de hace años [...] El estudiante madrileño, sobre todo el venido de provincias, llegaba a la corte con un espíritu donjuanesco, con la idea de divertirse, de jugar, perseguir a las mujeres [...] Los jóvenes de las postrimerías del siglo XIX venían a la corte con el espíritu de un estudiante del siglo XVII, con la ilusión de imitar dentro de lo posible a don Juan Tenorio, y vivir como éste: ‘Llevando a sangre y fuego amores y desafíos’" (29). Este "pragmatismo viejo" al que se refiere Baroja había convertido España en una nación alicaída, vapuleada por las guerras y en constante crisis institucional y política. Por lo que nuestro país se acabó convirtiendo en un imán para los románticos que pululaban por Europa, precisamente porque era distinto al resto de los países vecinos. Desde esta perspectiva, España se trueca en la última reserva de autenticidad, de pureza, para aquellos espíritus europeos agobiados por el racionalismo fraguado en la Ilustración y por el positivismo que se va imponiendo conforme avanza el siglo XIX. Para las almas que aún añoran el pasado, donde tanto valor se le daba a los sentimientos, a lo que no es racional, el atraso de nuestro país (acomodado todavía en el Ancien Régime) ya no es un estigma, como lo fue en parte del siglo de las Luces, al contrario, se convierte en una "virtud". A los que conciben el mundo de esta forma, lo español les resulta primitivo, exótico y, ¡cómo no!, apasionado. Cualquiera de nuestras características o costumbres (generalmente las que poco o nada contribuían a acompasar nuestros relojes con la nueva lógica de los tiempos) son una buena excusa para que estos románticos celebren nuestra "pureza", como le ocurre a este chovinista francés con los caballos españoles: "Vi uno montado por una mujer que era rosa (el caballo, no la mujer) como una rosa de Bengala escarchada en plata, y de una belleza maravillosa. ¡Qué diferencia entre estos nobles animales que han conservado su hermosa forma primitiva y esas máquinas locomotoras de músculos y huesos, los caballos de carreras ingleses, que Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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no tienen ya de caballo más que cuatro patas y una espina dorsal para asiento del jockey!" (30). (La letra cursiva es mía.) Y a este frío alemán que con tanto ardor anatomiza el apasionado uso de nuestro popular abanico: "La española habla, hace melindres, saluda con su abanico; la protege contra todas las molestias; se tapa la cara con él para poder observar a placer o despertar la curiosidad [...] Por lo demás, entre los españoles es un arte innato manejar el abanico con gracia: se abre y se cierra con soltura ora a la derecha, ora a la izquierda [...] es difícil para un profano imaginarse qué desahogos íntimos se intercambian mediante este manejo tan inocente en apariencia, qué combates libran las señoras con su ayuda, qué habilidad poseen para expresar con el menor movimiento el amor, los ardores de la pasión, el odio, el dolor" (31). (La letra cursiva es mía.) Pero después de esta necesaria digresión, con la que he pretendido retratar mejor la España de entonces y el tipo de "virtudes" que ensalzaban los observadores extranjeros de viaje por nuestras tierras, volvamos a los estudiantes y a su mundo. Para ello nada mejor que escuchar de nuevo al Baroja alumno para que nos diga qué fue lo que vio: "En la clase se hablaba, se fumaba, se leían novelas [...] alguno llegó a presentarse con una corneta, y cuando el profesor se disponía a echar en un vaso de agua un trozo de potasio, dio dos toques de atención [...] Había estudiantes descarados que llegaban a las mayores insolencias: gritaban, rebuznaban, interrumpían al profesor [...] Su preparación para la ciencia no podía ser más desdichada" (32). En su Discurso de recepción en la Real Academia Española vuelve a denunciar la mala preparación de los alumnos de Medicina, denuncia que podría constituir el corolario de las reflexiones y las citas que he venido recogiendo en este apartado: "Los españoles podían estar hartos de estas genialidades teatrales e histriónicas y el Gobierno no permitir que el profesor, pagado por él para enseñar una ciencia o un idioma, se dedicara a contar cuentos o hacer chistes; pero los españoles admiran las fantasmonadas y a los fantasmones, y los Gobiernos, sin duda, también [...] En general, la mayoría de los estudiantes concluíamos las asignaturas sabiendo muy poco. Nadie se ocupaba en serio de nuestra preparación científica. Cada uno tiraba por donde le parecía" (33). (La letra cursiva es mía.) Los recuerdos que, en general, le evocan sus estudios de Medicina bien merecen el calificativo de desagradables y bochornosos. Los episodios que relata sobre las clases, las prácticas y 206

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los profesores en muchos lugares de su extensa obra literaria, aquí solo se ha trascrito una pequeña muestra, llegan a producir sonrojo en el lector. Pero lo descrito aún puede embarrarse más si añadimos la merma que supone para la formación de un educando recurrir, como si de una convención más se tratase, a la consabida recomendación de un allegado de la familia —¡cuántos más se valdrían de este "rutinario método"!— para poder aprobar, en el caso de Baroja, la Química. Asignatura que le había quedado para septiembre y de la que poco o nada sabía. Refiere que su sorpresa fue mayúscula al comprobar que, pese a haber hecho un examen desastroso —las preguntas que le tocaron versaban justo sobre los temas que no se había preparado—, logró un aprobado (34). Pero Baroja aún tuvo que sufrir una experiencia de la que no se libran algunos estudiantes de Medicina, y que es ajena a la calidad de los profesores y los compañeros que a cada estudiante le puede tocar en suerte. Se encontró con la lastimosa realidad de que un ser querido había contraído una enfermedad, y sus escasos conocimientos médicos solo le sirvieron para remacharle que ese padecimiento era mortal de necesidad y, por tanto, casi nada podía hacer la terapéutica disponible. Su hermano Darío, como tantos jóvenes en aquella época y a pesar de los cuidados de entonces, tocado por la peste blanca, murió con 23 años, en febrero de 1894. Durante ese curso académico, como ya he apuntado, Baroja se había trasladado de Valencia a Madrid para terminar su doctorado.

El hospital Al finalizar el siglo XIX la situación de la mayor parte de los centros sanitarios de Madrid era calamitosa. Casi todos estaban situados en el interior de la ciudad, eran construcciones viejas y se hallaban rodeados de edificios por todos lados. Si hacemos caso a los datos recogidos en la obra de Philiph Hauser Madrid bajo el punto de vista médico-social (35), el grupo de hospitales más antiguos estaba formado por: el Hospital Provincial u Hospital General2 (adosado al Hospital Clínico del Colegio de San Carlos), el Hospital de la Princesa (situado en la confluencia de la calle de Areneros con la de San Bernardo), el Hospital de Nuestra Señora del Carmen (de la calle de Atocha), el Hospital de Jesús Nazareno (de la calle de Amiel) y el Hospital de San Luis de los Franceses (de la calle de Claudio Coello). Los dos primeros eran los únicos que admitían enfermos procedentes de las provincias. El General atendía sobre todo enfermos crónicos y el de la Princesa agudos (36). Y las instituciones más modernas o ubicadas en las afueras de la ciudad eran: el Hospital del Niño Jesús (avenida de Menéndez Pelayo), el Hospital de San Juan de Dios 2

En julio de 1968 el Hospital Provincial de Madrid —que en la actualidad se llama "Hospital Universitario Gregorio Marañón"— se rebautizó como "Ciudad Sanitaria Francisco Franco", al inaugurarse su nueva sede en la calle del Dr. Esquerdo. Para un conocimiento más detallado sobre la historia de esta Institución, ¡que data de cuatro siglos!, véase el texto de G. Marañón reseñado en la nota bibliográfica 43.

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(plaza de Antón Martín), el Hospital e Instituto quirúrgico del Dr. Rubio (en el barrio de Moncloa) y el Hospital Militar (en el barrio de Carabanchel). En lo referente a las condiciones en las que vivían los pacientes internados, el relato de Concepción Arenal (1820-1893), tomado de un artículo de 1870 sobre la situación de los ingresados en el Hospital General de Madrid, nos da una buena idea de cuáles eran aquéllas. Desgraciadamente, su testimonio —como tantos otros de los hospitales de la época de fuera y de dentro de España— no puede ser más sobrecogedor: "[T]odo está sucio; es raro ver un colchón que no esté manchado, una pelleja que no apeste, un suelo que no dé asco. Hasta la ropa limpia está sucia; y esto sucede en todas las salas [...] tiran el pan sobre las camas (muchas sin colcha), donde a veces cae sobre el esputo, la sangre de la sangría o el pus de la llaga [...] Otra consecuencia de la falta de aseo son los insectos, mal terrible. Las ropas de vestir de los enfermos, cuando van limpias, suelen contaminarse en el ropero con las que están plagadas. Así vuelven muchas veces a los convalecientes, y son una de las causas de la propagación de esos animales tan repugnantes para los sanos, y que tanto mortifican al pobre enfermo" (37). Ésta era la vida sombría y cruel de los pacientes internados en las crujías. La medicina del hospital se había convertido entonces en esta realidad; podría decirse que, en general, en Europa, el médico que ejercía en un centro hospitalario no le dispensaba ni al paciente ni a su cadáver todo el respeto que se merecen. Su verdadero interés, en muchos casos, estaba puesto en el cuerpo postrado sobre la mesa de autopsias para verificar anatomopatológicamente el diagnóstico clínico o, sencillamente, para disecarlo. Nada más comenzar su carrera, Baroja reparó en esta llamativa falta de sentimiento en el trato con los enfermos o con sus restos: "Una cosa que me molestaba era el procedimiento para sacar a los muertos del carro en donde los traían del depósito del hospital [...] Al dar en la piedra hacían un ruido desagradable [...] Luego, los mozos iban cogiendo los muertos uno a uno, por los pies, y arrastrándolos por el suelo [...] las cabezas iban dando lúgubremente en los escalones de piedra [...] aquello parecía el final de una batalla prehistórica o de un combate de circo romano, en que los vencidos fueran arrastrados por los vencedores" (38). Pero esta realidad, como cualquier otra, ofrece ejemplos palmarios y otros que son sutiles. Cada cual elije para contar su verdad el que mejor le parece o, sencillamente, conoce. Así, la nota necrológica de Charcot (el neurólogo más afamado de todos los tiempos) preparada justo el año que Baroja estaba acabando su carrera (1893), por su pupilo Freud, y donde los elogios están magistralmente administrados, recoge un pequeño suceso que puede servir de ejemplo para explicarnos aún más claramente, si cabe, la consideración que habitualmente merecían los enfermos a los afamados buscadores de lesiones: 208

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"Con frecuencia se precisaban largos años de paciente espera hasta descubrir en estas afecciones crónicas la modificación orgánica [...] El azar llevó a su casa [a la de Charcot], en sus tiempos de estudiante, a una criada que padecía de singular temblor, y cuya consiguiente falta de seguridad en el manejo de los utensilios domésticos le dificultaba encontrar colocación. Charcot reconoció en su estado la paralysie choreiforme, descrita ya por Duchenne, pero de la que no se sabía el origen, y conservó a su servicio a la interesante criada, no obstante representar una pequeña fortuna los platos, tazas y copas que rompía, hasta que la muerte le permitió comprobar que la paralysie choreiforme era la expresión clínica de la esclerosis cerebro-espinal múltiple" (39). Siendo así las cosas, no resulta extraño que el contacto de Baroja con los centros hospitalarios sea también una experiencia sórdida y decepcionante, capaz de sacudir a cualquier espíritu medianamente sensible. Es en el Hospital General donde, por primera vez, nuestro estudiante mira de cara a la enfermedad, una vivencia sobre la que vuelve varias veces a lo largo de su obra. Y ésta es la opinión que le merece en boca de su contrafigura, Andrés Hurtado, dicha institución: "La inmoralidad dominaba dentro del vetusto edificio. Desde los administradores de la Diputación Provincial hasta una sociedad de internos que vendía la quina del hospital en las boticas de la calle de Atocha, había seguramente todas las formas de filtración. En las guardias, los internos y los señores capellanes se dedicaban a jugar al monte, y en el arsenal funcionaba casi constantemente una timba en la que la postura menor era una perra gorda" (40). A la falta de moralidad y de condiciones higiénicas que reinaba en el hospital se le sumaba, como ya se ha apuntado, un ambiente lúgubre y una pésima atención a los enfermos. Así nos retrata en otro lugar Baroja ese establecimiento: "[H]asta que llegaron al Hospital General, silencioso, tétrico, alumbrado con mecheros de gas, y comenzaron a subir las escaleras, llenas de sombras, al mismo tiempo que los mozos llevaban el rancho como los soldados, en grandes marmitas colgadas de un palo, que echaban un olor repugnante" (41). Baroja no está cargando las tintas. A fortiori, en un artículo de Gregorio Marañón sobre la historia de este centro hospitalario, aparecido en el diario madrileño El Liberal allá por el año 1920, podía leerse lo siguiente: "Yo creo que el pueblo de Madrid no es caritativo, como se dice; porque consiente tanta miseria albergada en su seno. Pero el arreglo de este problema, no es de caridad, sino de justicia. No los ricos, sino el Estado debiera organizar la defensa del Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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hombre enfermo o mísero" (42). Y en otro escrito suyo, publicado en 1936 en la Gaceta Médica Española, señala que, en el momento de redactar el texto, ve como primer problema de esa institución el hecho de que "el Hospital está enormemente sucio", hasta el punto de que hay días que le da vergüenza, por la suciedad, subir por la escalera o deambular por los pasillos. Como segundo defecto apuntaba "que carece de estadística" y, como tercero, que "no rinde científicamente lo que debe rendir" (43). Cuando Baroja estudia cuarto de Medicina, antes de presentarse a los exámenes de alumno interno del Hospital, cree que es conveniente un poco de práctica con los enfermos y toma la decisión junto con dos compañeros, aprovechando que uno de ellos conocía un sifilógrafo del centro, de pasar visita en el Hospital de San Juan de Dios. Éste había sido fundado el 1552 por el hermano Antón Martín (1500-1552) con el nombre de Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios, aunque vulgarmente se ha conocido también como Hospital de Antón Martín o de sifilíticos, originalmente situado en los extramuros de la Villa, por estar dedicado al tratamiento del mal venéreo, lo que aconsejaba esa ubicación. Y así vio muestro estudiante dicho hospital: "[E]ra un edificio inmundo, sucio, maloliente; las ventanas de las salas daban a la calle de Atocha, y tenían, además de las rejas, unas alambreras, para que las mujeres recluidas no se asomaran y escandalizaran. De este modo no entraba allí ni el sol, ni el aire [...] El médico de la sala [...] tenía un fondo sádico. Mandaba llevar a las mujeres a las buhardillas y tenerlas uno o dos días encerradas por delitos imaginarios. El hablar de una cama a otra durante la visita, el quejarse en la cura, cualquier cosa bastaba para esos severos castigos. Otras veces mandaba ponerlas a pan y agua" (44). Nuevamente, puede pensarse que Baroja está exagerando la nota, pero lo cierto es que, rastreando la prensa de entonces, se comprueba que en 1885 hubo un motín de internas de ese hospital, del que dio cuenta el periódico El Imparcial. La situación la provocó un castigo de seis días a pan y agua, impuesto porque habían sorprendido a unas enfermas hablando con personas de la calle del Tinte a través de la reja (45). Un año más tarde volvieron a amotinarse las pacientes de San Juan de Dios y, en esta ocasión, levantaron en el interior barricadas con los colchones, las camas y otro mobiliario. Las sublevadas eran 84 mujeres que pedían la libertad de dos compañeras confinadas en el calabozo y, además, exigían no ser visitadas por el médico de sala que había impuesto tan abusivo correctivo (46). Y es que ésta es una más de las ironías que tiene la Historia. Una institución que había sido erigida por un hombre movido por el más prístino principio cristiano de amor al prójimo —se cuenta que Antón Martín llegó al extremo de perdonar al asesino de su hermano para, luego, ceñir juntos los mismos hábitos cautivados por el obrar de San Juan de Dios—, con el pasar del tiempo, terminó por convertirse en un lugar de humillación y ensañamiento con mujeres desvalidas. 210

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Baroja, un médico escéptico La Revolución francesa supuso un importante acicate para el desarrollo de la Medicina y, también, para su consideración como una Ciencia. Esto último era algo a lo que hasta entonces no había podido aspirar. En congruencia con esta nueva situación y conforme avanza el siglo XIX, la profesión médica va ganando una creciente importancia en el seno de la sociedad, y ya no se toma como un oficio, en el mejor de los casos, distinguido. El médico deja de ser casi un paria y su quehacer empieza a percibirse como algo útil para el conjunto de la sociedad. Este cambio de actitud también se refleja en la literatura. Las agrias quejas como, por ejemplo, recoge el refranero ("El médico es el único que entierra sus errores"), o pone Cervantes en labios del licenciado Tomás Rodaja ("Sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe"), o evidencia el afilado epigrama del cacereño Francisco Gregorio de Salas (1729-1808) dedicado a un médico que acaba de morir ("La prueba de que la muerte/no perdona hombre nacido,/es ver que no ha perdonado/hoy a su mejor amigo"), pasan a formar parte de la Historia. A lo largo del siglo XIX, los literatos van sintiendo un respeto creciente por la figura del médico, que se manifiesta de manera muy evidente cuando se trata de médicos que han dejado la ciudad para hacerse cargo de los campesinos. El médico rural, el que trabaja sin los medios de los hospitales ni las comodidades de la urbe, pero es humano y se siente comprometido con la gente y sus problemas, se convierte en una especie de santo laico. De esta manera lo retrató Concha Espina (¿1877?-1955) en La niña de Luzmela (1909): "Salvador seguía visitando a sus enfermos con la misma atención que cuando de su carrera hacía estímulo de prosperidad y base de la existencia, solo que ahora había renunciado a la subvención del municipio para que otro médico la disfrutase. Enamorado de su profesión, hizo de ella un culto piadoso que practicaba en favor de los pobres. De la herencia que libremente podía disfrutar solo tomaba lo preciso para sostener el decoro de la casa y hacer algún viaje a las grandes clínicas extranjeras, en demanda de luces y medios con que extender en el valle la misericordia de su misión. Así las gentes le adoraban y lo bendecían, y él paseaba por los campos su conciencia pura, con la santa simplicidad de un apóstol del Bien, convencido y ferviente" (47). El doctor Baroja ejerce algo más de un año en Cestona, aunque con muchas dudas acerca de sus habilidades como clínico, pues había estudiado la carrera de una "forma mecánica" y sin haber adquirido la suficiente formación práctica. Uno de lo pocos maestros por los que sintió estima profesional y humana, Elizagaray, ya había reparado en esto y un día le dijo: "Usted piensa en todo, menos en medicina" (48). De esta manera pertrechado y con la idea de lograr unos ingresos, como cualquier hijo de la clase media no adinerada de entonces, se presentó a finales de julio de 1894 (el día de San Ignacio de Loyola) en ese pueblo guipuzcoano Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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situado en el margen derecho del río Urola, donde arregló como pudo un sueldo de ciento y tantas pesetas al mes. En el balneario de esa localidad había dado comienzo en 1893 —justo un año antes de que nuestro médico apareciera por allí con 21 años cumplidos— la construcción de un espléndido edificio (en la actualidad sigue en uso), alguno de cuyos obreros tuvo que atender como médico. Para Baroja los días en Cestona están teñidos de cierta monotonía. Asiste a recoletas tertulias; escribe cuentos; pasea con los curas al atardecer; tontea con chicas, que, a pesar de su juventud, le llamaran, medio en serio, medio en broma, multizarra (solterón en vasco); en los días fríos de invierno busca el calor del lar; los domingos se hace asiduo de la plaza para oír el tamboril y el chistu, y trabaja en el huerto, lo que algunos interpretan como una ostentación de sus ideas antirreligiosas; el paisaje no le disgusta, al contrario, halla algunos rincones de gran hermosura; y, en ocasiones, como recoge en su novela César o nada (49), se siente agobiado por ser el único liberal de un pueblo donde solo se encuentran carlistas e integristas. Sin embargo, disfruta mucho escuchando la música popular en las fiestas nocturnas de los caseríos y poniendo buen oído a lo que dicen las letras de las viejas canciones éuscaras. En suma, en esas tierras —como él mismo confesaría— empezaría a sentirse vasco y a recoger "este hilo de la raza que ya para mí estaba perdido" (50). Y, también, a darse cuenta de la responsabilidad que supone la práctica rural, y de lo dura y peligrosa que resulta: "El oficio de médico de aldea era entonces, y seguirá siendo ahora, difícil, mal pagado y de gran responsabilidad. A mi me parece penoso y duro, aunque, ciertamente, tenía algunas compensaciones [...] Como tenía que ir a los caseríos y no disponía de dinero para comprar un caballo, acepté el préstamo de un viejo rocín que me dejó un cochero de San Sebastián. Me caí dos o tres veces, y, en una de ellas [...] al borde de un precipicio [...] De noche solía ocurrir que en el instante de irme a la cama, o estando ya acostado sonaba el aldabón de la casa [...] No había más remedio que levantarse, ensillar el caballo y salir. Montado en el jamelgo, recorriendo las distancias, a veces lejanas, para ir a los caseríos, me veía obligado a soportar las inclemencias del tiempo, las noches heladas y las lluvias pertinaces" (51). El cumplir con sus deberes de médico rural, le exige un esfuerzo físico que es superior al de su constitución y su salud se resiente; años más tarde escribiría: "no tenía bastante energía física para andar constantemente por los caminos, de noche y de día [...] Estuve muchas veces reumático" (52). Pero no todo son penalidades, la práctica de la medicina tiene también sus compensaciones para un espíritu tan inquisitivo como el suyo. Para un individuo que confiesa que su preocupación es "tanto o más las ideas y los sentimientos de los enfermos que los síntomas de las enfermedades" (53), la práctica de la Medicina constituye —a pesar de esa peculiaridad— una oportunidad única. Por eso sus experiencia de estudiante y, luego, de médico estarán siempre presentes de una forma tan vivida en su obra. Gracias a la clínica, entra en 212

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contacto con las intimidades personales y familiares que solo se desvelan en la consulta. Puede conocer el egoísmo y las aristas más oscuras del ser humano. Ponderar, en situaciones como esas, la importancia de la discreción y de saber callar. Y advertir —en tan corto lapso como el que dedica a la clínica— que ser médico es algo más complejo que la rigurosa adquisición de unos conocimientos teóricos y prácticos. La falta de tacto humano o de habilidad para percibir las circunstancias personales y familiares que rodean al padecimiento físico puede incomodar al paciente: "A veces molestaba uno a los pacientes sin quererlo y sin pensarlo. Muchas viejas enfermas, aunque no se hallaban graves, le decían a uno que querían confesarse y comulgar. Si entonces se les decía que no se encontraban en estado tan grave, resultaba que se incomodaban. Al parecer, diciendo que se encontraban mal eran más atendidas y cuidadas" (54). Pronto descubre que sus temores estaban fundados: ignora casi todo sobre la práctica clínica, que se le antoja algo lleno de misterios por su escasa preparación: "Una supuesta pleuresía aparecía como una lesión hepática; una tifoidea se me transformaba en una gripe real, y al contrario" (55). Y opta por el "escepticismo" (palabra que repite con frecuencia cuando se refiere en su obra a su ocupación como médico de pueblo) como filosofía médica cuando ha de encarar un diagnóstico; al mismo tiempo que abraza la "terapéutica expectante": "Era demasiado escéptico en cuestiones de Medicina para hacer imprudencias [...] casi siempre empleaba los medicamentos a pequeñas dosis; muchas veces no producían efecto, pero, al menos, no corría el peligro de una torpeza" (56). En fin, se podrían contar aún muchas cosas más a propósito de las vivencias de Pío Baroja en su etapa de estudiante de Medicina en Madrid y Valencia, y de médico en el pueblo guipuzcoano de Cestona, donde un día decidió clausurar su etapa de médico y, después de pasar una breve temporada en San Sebastián, sin conseguir que le asignaran otra plaza, regresó a Madrid a hacerse cargo de un negocio familiar. Aparte de lo que ya he inventariado en este apretado texto y sin querer ser exhaustivo, aún quedan en el tintero las noches atendiendo partos en caseríos perdidos; las zancadillas y envidias del médico más veterano que ejerce en el mismo pueblo que él; el contacto con una curandera que deambula por los caminos del pueblo; sus impresiones sobre el doctor Alejandro San Martín (1847-1908) al que admiró toda una generación de médicos —incluido el propio Baroja— por sus excepcionales cualidades técnicas y humanas; las andanzas del extraño hermano Juan por el Hospital General, que también se ganó la atención de Marañón; sus reflexiones sobre la ciencia y los científicos, o su vocación frustrada de fisiólogo. (A quien Baroja admira de verdad es a los buenos científicos.) Pero si estas carencias de mi escrito sirven para que el amable lector, espoleado por la curiosidad, vuelva a reencontrarse con los textos de Baroja o los abra por primera vez, me daré por satisfecho: ¡seguro que no perderá el tiempo! Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:198-215

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Bibliografía 1. Baroja P. Familia, infancia y juventud. Obras completas, tomo VII. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva (19461952); p. 574. A partir de ahora todas las obras de Baroja se citarán mencionando solo el número del volumen (en total son ocho) y, seguidamente, la página. 2. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 578. 3. Baroja P. Divagaciones sobre la cultura. O. C., tomo V; p. 523. 4. Baroja P. El árbol de la ciencia. O. C., tomo II; p. 447. 5. Baroja P. La formación psicológica de un escritor. O. C., tomo V; p. 874. 6. Baroja P. Juventud, egolatría. O. C., tomo V; p. 196. 7. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 568. 8. Baroja P. Juventud, egolatría. O. C., tomo V; p. 197. 9. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 571. 10. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 565. 11. Marañón G. Contestación al discurso de recepción, en la Real Academia Española, de don Pío Baroja. Obras completas. Madrid: Espasa-Calpe, SA, 1971; p. 319-329. 12. Baroja P. Juventud, egolatría. O. C., tomo V; p. 197. 13. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 600-601. 14. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 578. 15. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 587. 16. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 592-593. 17. Ramón y Cajal S. Historia de mi labor científica. Barcelona: Círculo de Lectores SA, 1997; p. 190. 18. Bujosa F. Letamendi. En: López Piñero JM, Glick TF, Navarro Brotons V, Portela Marco E. Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, tomo I. Barcelona: Ediciones Península, 1983; p. 525-526. 19. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 604. 20. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 592. 21. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 589. 22. Ramón y Cajal S. Historia de mi labor científica. Barcelona: Círculo de Lectores, SA, 1997; p. 188-189. 23. Campos Muñoz A. Historia y vida de la Facultad de Medicina (disponible en: http://www.ugr.es/~facmed/ informacion/historia.htm). 24. Ramón y Cajal S. Op. cit.; p. 187. 25. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 591. 26. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 590. 27. Baroja P. La formación psicológica de un escritor. O. C., tomo V; p. 879. 28. Baroja P. La formación psicológica de un escritor. O. C., tomo V; p. 879. 29. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 574. 30. Gautier T. Voyage en Espagne. 1843. En: Santos JA. Madrid en la prosa del viaje III, siglo XIX. Madrid: Comunidad de Madrid (ed.), 1994; p. 196-197. 31. Simons T. Spanien. Berlín: ¿1881? En: Santos JA. Op. cit.; p. 324. 32. Baroja P. El árbol de la ciencia. O. C., tomo II; p. 450-451. 33. Baroja P. La formación psicológica de un escritor. O. C., tomo V; p. 879-880. 34. Baroja P. Familia, infancia y juventud. O. C., tomo VII; p. 580. 35. Hauser P. Madrid bajo el punto de vista médico-social, tomo I. Madrid: Editora Nacional, 1979; p. 425-426. La obra se editó originalmente en 1902. 36. Hauser P. Op. cit., tomo I; p. 434. 214

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José Luis Puerta

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Artículos

Biografía y obra de Thomas Hodgkin Life and work of Thomas Hodgkin ■ Sergio González Resumen El presente trabajo se refiere a la vida de Thomas Hodgkin, médico inglés que describió la enfermedad o linfoma que lleva su epónimo. El mérito de Hodgkin fue definir una entidad patológica que surge exclusivamente de los hallazgos anatómicos en la autopsia.

Palabras clave Hodgkin. Enfermedad de Hodgkin. Linfoma de Hodgkin. Autopsia.

Abstract This article deals with the subject of the life and work of Thomas Hodgkin, the English doctor who discovered the disease or the lymphoma which now takes his name. Hodgkin’s merit was his definition of a pathological entity arising exclusively from autopsy.

Key words Hodgkin. Hodgkin’s disease. Hodgkin’s lymphoma. Autopsy.

■ Thomas Hodgkin nació el 17 de agosto de 1798 en Pentonville, un pueblo al norte de Londres. Fue el tercer hijo de John y Elizabeth Hodgkin. El padre fue profesor, exitoso calígrafo y notable tutor privado. Enseñaba gramática, los clásicos, matemáticas y caligrafía, su especialidad. Thomas Hodgkin fue un niño delicado, de temperamento más bien emotivo y que requirió cuidados permanentes de sus padres. Quizá por ello creció atlético y enérgico. Su hermano John lo describió: “the champion of all sorts of lost causes, who could flame up into very hot wrath when he heard of acts of oppression on his protégés and was not sparing of sharp censure on the transgressors”. Sufrió un mal intestinal que le acompañó toda su vida, pero llegó a ser un hombre de actividad interminable y energía sin límites. Su andar y movimientos eran como su discurso: rápiEl autor es Profesor Titular de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago, Chile). 216

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do y con objetivos claros. Cuando hablaba miraba un poco hacia arriba y su cara daba impresión de vigor. Hodgkin vestía como un cuáquero: de negro, con un pañuelo blanco en banda en el cuello, sin corbatas ni botones de colores. Su hablar era directo, extremadamente respetuoso y utilizaba números para los días y los meses. Su padre le enseñó inglés (composición y caligrafía), matemáticas y griego. Un instructor privado francés colaboró con latín y francés. Más tarde, en sus viajes, aprendió italiano y alemán. En 1816 se enroló en estudios como aprendiz de boticario y trabajó como secretario de William Allen en Plough Court, Londres. En 1817 era ayudante de Allen y asistía a clases de química y filosofía natural. Ese año pasó a aprendiz de boticario bajo la tutela de John Glaisyer y Grover Kemp, en Brighton. En 1818 escribió Ensayo sobre la promoción de la civilización, un documento de 100 páginas cuyo objeto era la protección de los pueblos indígenas en todos los continentes y que incluía sus derechos, cómo mejorar su calidad de vida, el apoyo de su cultura y la educación para facilitar su progreso. Sostenía firmemente que los pueblos avanzados y civilizados tenían la obligación de ayudar a los pueblos menos desarrollados. El rescate de la pobreza espiritual y el desarrollo técnico no eran suficientes en su opinión, porque en el proceso pierden identidad e independencia y si resisten se enfrentan a la extinción. En 1819 completó su aprendizaje de boticario. Quería practicar como boticario-cirujano y, aconsejado por Joseph John Gurney (1788-1847), decidió estudiar Medicina en la Universidad de Edimburgo, en Escocia. Antes de esto debía completar su formación como boticario en un hospital, practicando clínica con cierta instrucción en temas médicos. Así, tuvo que asistir a clases de anatomía y cirugía y presenciar operaciones y autopsias. En septiembre de 1819 se incorporó como pupilo de médico al Guy’s Hospital, abonando una matrícula de 10 libras esterlinas por 12 meses. En enero de 1820 se convirtió en estudiante perpetuo pagando 11 libras esterlinas adicionales, lo cual le otorgaba el privilegio de poder reincorporarse a la instrucción en cualquier momento. En esa época, pocos se enrolaban como pupilos de médico (physician’s pupil). Eran estudiantes recién graduados en facultades de medicina y que requerían experiencia práctica adicional; o estudiantes que se preparaban para el ingreso en la universidad. Estos pupilos se preparaban para ser médicos más que general practitioners, que era la carrera a seguir para convertirse en boticarios y cirujanos. Los estudiantes del Guy’s eran reconocidamente desordenados, borrachines, bulliciosos, fiesteros de noche, escritores de ofensas en paredes y frecuentemente dañaban la propiedad privada. A su vez, las enfermeras se comportaban de forma similar. En las clases, los estudiantes de cirugía parecían más bien barras deportivas: ruidosos, garabateros, lanzaban objetos y fumaban en la sala de operaciones. Esta actitud cambió de forma significativa después de 1880 y es poco probable que Hodgkin participara de ella. Los cirujanos conservaban puesto el sombrero durante la visita, eran ruidosos y su estilo solía ser rudo y coprolálico. Tenían aprendices, vendadores y pupilos que les seguían en manaArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:216-227

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das. Nunca se detenían en la cama de un paciente médico y si un estudiante cogía alguna información médica era incidental al tratamiento médico del caso quirúrgico, o simplemente de oídas de recomendaciones de médicos. Los pacientes no estaban separados en guardias médicas o quirúrgicas. Los médicos, por el contrario, eran gentiles y amables. Se sacaban sus sombreros y los dejaban junto a la puerta. Eran discretos y tranquilos al desplazarse con el pequeño grupo por las salas. Pese a que los médicos tenían permiso para tener dos aprendices junto a ellos, no había clases formales u organizadas ni demostraciones. Como resultado, no había muchos estudiantes. Por ejemplo, en 1814 había 16 estudiantes en el Guy’s Hospital, 14 en el St. George’s, 6 en el St. Bartholomew, uno en el St. Thomas, otro en Middlesex y ninguno en Londres y en Westminster. En aquella época, la enseñanza clínica era rudimentaria y los estudiantes se quejaban a menudo en la revista semanal The Lancet. Un estudiante anónimo pedía al editor “to stimulate the physicians and surgeons to be a little more communicative”, y añadía: “in surgical cases in particular, all the pupils may have a proper view of the patients; and that, with respect to physicians’ patients, they be informed what the disease really are”; también temía que “to hurry through the wards at the heel of a physician or a surgeon, without culling any information, and to walk out just again as wise as be walked in”. La reputación del Guy’s se debía a la Clinical Report Society, donde los estudiantes repasaban las lecciones aprendidas en la investigación práctica y junto a la cama del enfermo. Su fama se debió al concepto, entonces novedoso, de que el cuidado de los pacientes y la enseñanza de la medicina eran inseparables. Hodgkin se matriculó en Edimburgo en octubre de 1820. Esa ciudad albergaba la mejor escuela de Medicina de Gran Bretaña, con profesores de mucha reputación que habían desarrollado nuevas técnicas de enseñanza basadas en la observación, experimentación y práctica. Allí nació el concepto de asociar una escuela de medicina con un hospital y la idea de las conferencias clínicas para “especialistas”. Este estilo de educación médica se adoptó de la Universidad de Leyden, Holanda, donde la enseñanza clínica de Hermann Boerhaave (16681738) era parte de la enseñanza. En Edimburgo, la integración de la instrucción clínica junto al enfermo y la enseñanza de disciplinas básicas como anatomía, química, botánica, patología y fisiología era comparativamente sencilla de implementar, en comparación con Oxford y Cambridge, donde el sistema de colleges impedía tales innovaciones. En estas últimas, la enseñanza era fundamentalmente teórica, con una fuerte tendencia a la discusión filosófica de textos antiguos griegos y latinos. Las clases eran pasivas y no había enseñanza clínica. Los estudiantes ingleses buscaban otras escuelas como Leyden, Padua, Montpellier, Bolonia, etcétera. Sin embargo, Edimburgo tenía una desventaja en cuanto a la anatomía quirúrgica, pues tenía menos cadáveres que las escuelas de Londres. Por otra parte, enseñar en Edimburgo era un buen negocio, ya que los profesores recibían directamente el pago de los alumnos por sus clases. Así, medicina práctica, química y anato218

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mía tenían mejores ingresos que botánica y materia médica. También era lucrativo escribir libros. La atmósfera entre los profesores estaba enrarecida y el sistema estimulaba los cargos vitalicios y hereditarios. Si bien existían numerosas posibilidades de realizar actividades fuera de los programas, Hodgkin no participaba de ellas por sus creencias religiosas, y probablemente fue en este período cuando empezó a salir con frecuencia de excursión y a desarrollar sus habilidades de dibujante. Hodgkin viajó a París de octubre de 1821 a septiembre de 1822 para conseguir experiencia adicional. Allí la enseñanza de la anatomía era superior. Los médicos franceses no observaban a los pacientes, sino que los examinaban. La nueva medicina francesa se basaba en el examen físico (inspección, palpación, percusión y auscultación), la anatomía patológica y la estadística. Los estudiantes acompañaban a médicos y cirujanos de la sala al auditorio e intentaban correlacionar los hallazgos clínicos con los que se encontraban en la autopsia. Un maestro de Hodgkin fue Laënnec. De hecho, éste lo menciona en el prefacio de la segunda edición del Traité de la auscultation médiate por haber sido particularmente notable en seguir sus enseñanzas con el uso del estetoscopio. Como muchos estudiantes no entendían francés, Laënnec les hablaba en latín. Al regresar a Inglaterra, Hodgkin presentó su trabajo sobre el uso del estetoscopio en el Guy’s Physical Society, el sábado 5 de octubre de 1822, atribuyéndose a sí mismo la introducción del estetoscopio en Londres y el resto de Inglaterra, aunque hay opiniones diferentes al respecto. Hodgkin se graduó de médico en 1823. Su tesis fue un trabajo de 78 páginas sobre De absorbendi functione, que contenía observaciones originales sobre mecanismos de la función absortiva de la sangre y la linfa. Estaba dedicada a su padre, John Hodgkin, a su profesor en Edinburgh Andrew Duncan y a Alexander von Humboldt (1769-1859), de quien fue gran amigo durante su estadía en París. La tesis se escribía y se presentaba en latín. Su defensa tenía lugar en casa de alguno de los dos examinadores y las preguntas y respuestas eran también en latín. El candidato debía hacer un comentario sobre un aforismo de Hipócrates, una consulta escrita sobre un caso presentado por un profesor y una defensa escrita de la tesis. Hodgkin fue después a Escocia para una última excursión y allí recibió una oferta desde París para ser médico de viaje de Abraham Montefiore (1788-1824), hermano menor de Moses Montefiore (1784-1885), quien sufría de tuberculosis. Deseaba viajar al sur de Francia para someterse a unas curas y necesitaba un médico de cabecera. Los Montefiore trabajaban para el banquero Rotschild, del que eran parientes. Los médicos jóvenes podían darse este lujo ya que los más experimentados tenían una práctica activa y comprometida que no podían abandonar. Benjamin Thorpe, un amigo de Hodgkin, trabajaba en uno de los bancos de Rotschild y fue quien le recomendó. Hodgkin tuvo malas relaciones con el enfermo y especialmente con su esposa. La tuberculosis de Abraham empeoró y Hodgkin fue despedido en 1824. Viajó a Italia y Francia, y en 1825 volvió a Inglaterra. Trabajó voluntariamente en el Guy’s Hospital, y Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:216-227

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en 1826 fue nombrado Inspector de la Muerte y Curador del Museo de Anatomía Patológica. Hodgkin recibió el apoyo de Sir Astley Cooper, gran clínico y cirujano con interés por la patología. Cuando Cooper se iba a retirar recomendó a su sobrino para sucederle, de acuerdo con la usanza. Fue rechazado por los directores del Hospital St. Thomas. Esto resultó en la división de St. Thomas y Guy’s y se fundó la nueva escuela médica del Guy’s (1825). Ese mismo año, Hodgkin fue nombrado médico del London Dispensary, cargo al que renunció en 1827. Hodgkin trabajó con Joseph Jackson Lister (padre de Joseph Lister) en el perfeccionamiento del microscopio compuesto, y juntos observaron células animales, describieron la forma bicóncava de los eritrocitos y, además, la crenación, la tumefacción osmótica y la formación de rouleaux. Describieron también la estructura fibrilar y estriada de los músculos esquelético y cardíaco, así como la ausencia de estrías en el músculo visceral. De 1826 a 1836 Hodgkin realizó unas 100 autopsias anuales. Los médicos clínicos que trabajaron con él fueron los ilustres Richard Bright y Thomas Addison. Las enfermedades descritas por Brigth y Addison presentan una estricta correlación entre alteraciones fisiológicas detectadas clínicamente y los hallazgos anatómicos en la autopsia. Así, Bright observó edema y albuminuria en pacientes cuya autopsia demostró enfermedad renal; y Addison, piel bronceada con falta de energía y enfermedad de glándulas suprarrenales post mórtem. La enfermedad de Hodgkin surge exclusivamente de los hallazgos anatómicos en la autopsia. Hodgkin demostró, además de la afectación patológica de ganglios linfáticos y bazo, una entidad con agrandamiento de las “glándulas absorbentes” en varias regiones, la cervical especialmente, pero mucho más diseminada en la autopsia, y también con afectación no inflamatoria del bazo. Por otra parte, en una época en que nada o muy poco se sabía de la función y estructura celular de estos órganos, sugirió una relación entre ganglios y bazo sólo por su aspecto morfológico.

El hallazgo Hasta el siglo XX, muy pocas enfermedades tenían una descripción clara, completa y definitiva, en especial sus primeras descripciones. Pero Hodgkin descubrió y describió una enfermedad en una época en la que la Patología recién estaba consolidándose y no existía el estudio microscópico sistemático. Se conocía la existencia de las células vegetales (Hooke), pero no había un estudio acabado de las células animales. La teoría celular no se había esbozado siquiera y se desconocía que los tejidos estaban constituidos por células. Hodgkin describió siete casos caracterizados por adenopatías y esplenomegalia, demostrándose en estudios ulteriores que cuatro de ellos correspondían efectivamente a lo que hoy se denomina enfermedad de Hodgkin. El trabajo se titulaba “On some morbid appearances of the absorbent glands and spleen” y fue presentado a la Sociedad Médica y Quirúrgica en dos 220

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sesiones separadas, los días 10 y 24 de enero de 1832, para ser publicado más tarde en Transactions. Como Hodgkin no era miembro de dicha Sociedad en ese momento, su trabajo fue leído por el secretario Robert Lee. En la sesión del 10 de enero había 8 miembros titulares y 22 invitados. No se registró ni el número ni la calidad de los asistentes a la sesión del 24 de enero. Hodgkin se incorporó a esta sociedad en 1840, fue miembro del consejo desde 1842 a 1843, revisor de trabajos desde 1854 a 1855 y vicepresidente de sesiones desde 1862 a 1864. A continuación recogemos la descripción que Hodgkin hacía de los siete casos citados: Caso 1. Examinado en noviembre de 1826. El médico encargado era John Morgan. Niño de 9 años con sospecha clínica de tuberculosis. Un hermano fallecido de tuberculosis. Hodgkin observó tubérculos en ganglios, bazo, hígado y pulmón; algunos ganglios, especialmente los intestinales, eran firmes, elásticos y muy grandes, “of semi-cartilaginous hardness”, al igual que los peripancreáticos y esplénicos, paraaórticos e ilíacos. Por el tamaño y consistencia eran claramente diferentes del aspecto habitual de la tuberculosis. Estos ganglios peculiares permanecieron en su mente y en los 6 años siguientes encontró cinco casos más de esta misma entidad. Uno de ellos fue estudiado por su ayudante, H. Peacock, que le mostró los órganos del paciente. Mientras examinaba cuidadosamente ese caso, su amigo Robert Carswell (1793-1857) le enseñó unos dibujos de otros casos de autopsia y Hodgkin reconoció en uno de ellos la misma morfología, agregándolo (caso número 7) a su casuística. Debemos destacar que Hodgkin pudo reconocer la entidad con sólo mirar el dibujo de Carswell. Caso 2. Examinado el 24 de septiembre de 1828. Médico encargado: Richard Bright. Niño de 10 años. Falleció después de una enfermedad que duró 13 meses, caracterizada por esplenomegalia y linfadenopatías cervicales y de otros grupos. Caso 3. Médico encargado: John Morgan. Hombre de 30 años. Antecedentes de sífilis tratada con mercurio. Hígado comprometido y endurecido como los ganglios, pero a Hodgkin le recordó: “those who have laboured under a cachectic condition from mercury”. El bazo tenía numerosos tubérculos y los ganglios estaban agrandados y rellenos, con depósito de un material blanquecino. Caso 4. Examinado el 8 de enero de 1830. Médico encargado: Thomas Addison. Hombre de 50 años. Afirma: “the most remarkable feature of this case was the great enlargement of nearly, if not quite all, of the absorbent glands within reach of examination, but more especially in the axillae and groins... Most of the glands... were about the size of a pigeon’s eggs, a few somewhat larger and other rather smaller”. Los ganglios tenían el mismo aspecto blanquecino no inflamatorio de los pacientes previos y aunque parecían tumorales no poseían el aspecto clásico. Hodgkin observó que los inguinales, torácicos y abdominales eran muy similares, con “a morbid hypertrophy of the glandular structure itself, rather than...a new adventitious growth”. El bazo estaba agrandado y tenía varias manchas blancas tuberculoideas, pero no con la misma apariencia. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:216-227

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Caso 5. Hombre de edad media. Médicos encargados: Dres. Back y Bright. Linfadenopatías cervicales grandes. Hígado y bazo muy aumentados de tamaño. “The absorbent glands accompanying the aorta were greatly enlarged, some equalling the size of a pullet’s egg; some, but more especially those in the abdomen, were reddened by injected or echymosed blood”. Caso 6. Paciente de edad media. Médico encargado: Dr. Bright. Tenía adenopatías a lo largo del trayecto de las arterias torácicas y abdominales, aunque las mesentéricas estaban menos comprometidas. El bazo estaba “free from any adventitious deposit”. Los tumores en los ganglios se describieron grandes y firmes, algo distintos a los de los casos previos, según Hodgkin. Caso 7. Caso de Carswell. Médico encargado: Dr. Jean Lugol. Hombre de 30 a 40 años. Ganglios agrandados en todo el cuerpo, especialmente en el cuello, y de caracteres similares a los casos de Hodgkin. El bazo tenía alteraciones parecidas. Hodgkin observó que “this enlargement of the glands appeared to be primitive (primary) affection of these notwithstanding some differences in structure, to be noticed thereafter, all these cases agree in the remarkable enlargement of the absorbent glands accompanying the larger arteries bodies, rather than the result of an irritation propagated to them from some ulcerated surface or other inflammed texture”. La entidad le pareció un “idiopathic interstitial enlargement of the absorbent glandular structure throughout the body”. Hodgkin reconocía que las adenopatías no eran secundarias a otros tumores primarios y su consistencia era bastante unifome, sugiriendo “a general increase of every part of the gland (rather than) of a new structure developed within it and pushing the original structure aside, as when ordinary tuberculous matter is deposited in these bodies”. El compromiso ganglionar se acompañaba de alteraciones en el bazo, pero como estas formaciones esplénicas eran más pequeñas y menos conformadas, interpretó que la afectación esplénica era probablemente “a posterior effect”. También pensó que el compromiso del bazo era una función de la edad, ya que rara vez había visto tubérculos en el bazo de adultos, excepto cuando eran malignos, pero no eran raros en el bazo de niños y jóvenes. Hodgkin vio adenopatías similares en pacientes vivos. Un caso fue un hombre judío de 40 a 50 años que consultó por múltiples adenopatías. Hodgkin perdió contacto con él, pero se enteró de su muerte 2 meses después de la consulta, igual que en un caso similar en un niño. En una nota publicada en el informe, citó un caso de G. O. Heming, de Kentish Town, quien a su vez citó a Malpighi al describir un caso con adenopatías generalizadas y gránulos en el bazo. La presentación de Hodgkin menciona otras lesiones del bazo, especialmente un bazo cicatrizal que atribuyó a un traumatismo previo. Coincidía con otros patólogos que lo llamaron apoplejía del bazo y es probable que correspondiera a un infarto esplénico. Estas dos presentaciones de Hodgkin muestran el fundamento del epónimo y también ilustran la forma en que nuevas enfermedades se separan de otras condiciones similares vistas en la clínica o en la mesa de autopsia. Hodgkin reconoció caracteres anatómicos similares acu222

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mulados durante años y tuvo la experiencia y habilidad para darse cuenta de que eran diferentes de cualquier entidad previamente descrita. No reclamó para sí el honor de esta primera descripción de una enfermedad nueva y, de hecho, su trabajo comienza con la frase: “The morbid alterations of structure which I am about to describe are probably familiar to many practical morbid anatomists”. Probablemente, otros ya la habían observado, pero nadie antes que él lo hizo con tanto detalle, con correlación clínica y relacionándola con el compromiso esplénico. No olvidemos que el concepto de cáncer o neoplasia no estaba suficientemente desarrollado alrededor de 1832, y que la terminología no se utilizaba en el mismo sentido que hoy. Al no haber observado signos inflamatorios, Hodgkin estaba convencido de que se trataba de una enfermedad primaria y no secundaria como respuesta a una inflamación desconocida. La segunda parte de su trabajo describía siete casos de infarto esplénico y fue publicada sin figuras, aunque en el momento de la presentación oral incorporó imágenes del caso de Carswell. Hodgkin no siguió con el estudio de esta entidad y no publicó nada más referente a este tema. El trabajo tampoco atrajo la atención y 6 años después (1838) Bright lo mencionó de pasada, si bien reconoció la naturaleza maligna de esa nueva enfermedad que Hodgkin había identificado: “There is another form of disease, which appears to be of malignant character, though it varies from the more usual forms of malignant disease; and which has been particularly pointed out by Dr. Hodgkin, as connected with extensive disease of the absorbent glands, more particularly those which accompany the blood vessels”1. No citaba la referencia original, de manera que tampoco contribuyó significativamente a difundir el trabajo de Hodgkin. En 1856, 24 años después, Samuel Wilks (1824-1911), que tenía el mismo cargo que Hodgkin como Curador del Museo y profesor de Patología en la Escuela de Medicina, publicó un artículo titulado “Cases of a peculiar enlargement of the lymphatic glands frequently associated with disease of the soleen”. Presentó 10 casos, 4 de ellos del Museo y que resultaron ser casos de Hodgkin que no estaban claramente identificados como tales en el catálogo. Wilks estaba convencido de que era una entidad no descrita hasta que leyó el artículo de Bright. Revisó el trabajo de Hodgkin y se dio cuenta de que había redescubierto la enfermedad de 1832. Al final de su trabajo añadió: “Had I known this earlier I should have altered many expressions which I have used with respect to any originalities of observation on my part [...] It is only to be lamented that Dr. Hodgkin did not affix a distinct name to the disease, for by so doing I should have not experienced so long an ignorance [...] of a very remarkable class of cases”. Este trabajo de Wilks no contribuyó al reconocimiento de Hodgkin, aunque describió otro caso en 1859 y un tercero en 1865 titulado “Cases of enlargement of the lymphatic glands 1

Brigh R. Observations on abdominal tumors and intumescence: illustrated cases of diseases of the spleen. With remarks on the general pathology of that viscous. Guy’s Hospital Reports, 1838; 3: 401-461.

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and spleen (Hodgkin’s disease) with remarks”2. Este trabajo estableció definitivamente la enfermedad de Hodgkin como una entidad clínica definida y distinta. Wilks describió más casos y más detalladamente, pero sin estudio microscópico, habiéndose demostrado que tampoco todos sus casos eran enfermedad de Hodgkin. Otros autores comenzaron a publicar casos similares con distintos nombres, como linfadenoma, linfogranuloma, linfoblastoma, linfomatosis granulomatosa o granuloma maligno; e, incluso, en 1866 apareció en alemán un trabajo con el epónimo “Hodgkins Krankheit” que correspondía a un linfadenoma múltiple. En 1842, Schleiden perfeccionó la técnica de cortes histológicos que, en el curso de las siguientes décadas, junto al desarrollo de la teoría celular (Virchow, 1858), facilitaron la aplicación de la microscopía a las enfermedades humanas. En la década de 1860, numerosos autores en Francia, Alemania e Inglaterra, describieron unas células grandes en pacientes con linfadenopatías y esplenomegalia sin leucemia. En 1878, W. S. Greenfield reconoció en ellos células gigantes multinucleadas y las dibujó, aunque la calidad del dibujo impide reconocerlas como propias de enfermedad de Hodgkin, siendo necesario esperar hasta 1898 a que Carl Sternberg (1872-1935) y Dorothy Reed (1874-1964) realizaran la descripción histopatológica definitiva. Los estudios citogenéticos demostraron en 1970 que la célula de Reed-Sternberg era anuploide y de origen clonal, o sea neoplásica. La primera revisión moderna de los siete casos originales de Hodgkin, realizada por Herbert Fox en 1926, precisó que el caso 1 correspondía a una tuberculosis; los casos 2, 4 y 7 eran enfermedad de Hodgkin; el caso 3 correspondía a una lúes, y los casos 5 y 6 a una linfomatosis sistémica y a un linfosarcoma o leucemia, respectivamente. En cuanto a la causa, desde 1700 se pensaba que muchas enfermedades eran infecciosas, pero no podía probarse. Sternberg vio que muchos casos de enfermedad de Hodgkin coexistían con tuberculosis y pensó que aquella entidad era una variante de ella. Hasta la misma Dorothy Reed creyó que era un proceso inflamatorio crónico. Por otra parte, Hodgkin fue el primero en describir la insuficiencia aórtica (enfermedad de Corrigan) en un trabajo presentado a la Hunterian Society el 21 de febrero de 1827 con el título de “Retroversion of the valves of the aorta” y publicado 2 años después. Allí describió las características clínicas y post mórtem de esta lesión y, muy probablemente, el hecho de publicarlo dividido en dos partes y 2 años después de la descripción original minimizaron su impacto. Este trabajo también fue redescubierto por Wilks en 1871, pero la enfermedad ya había sido atribuida a Corrigan por Trousseau en 1860. Durante el período 1832-1836, Hodgkin participó en diversos aspectos de salud pública (cólera, desnutrición), de educación médica (reforma de la enseñanza de la medicina) y religiosos (colonización americana). 2

Guy’s Hospital Reports, 1865; 11: 56-67.

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En 1836 se inició la publicación del Guy’s Hospital Reports bajo la atenta crítica de The Lancet, y Hodgkin publicó cuatro trabajos en el primer número. Ese mismo año también dio a la luz el primer volumen de Lectures on morbid anatomy.

El declive A comienzos de 1837 comenzó el declinar de Hodgkin. Todo empezó con el rechazo de la invitación de incorporarse al Royal College of Physicians, pues era cuáquero, no era médico de Oxford ni de Cambridge y no estaba de acuerdo con el reglamento de la corporación. Cuando poco después se creó la Universidad de Londres, de carácter liberal y no sectario, Hodgkin fue uno de los primeros miembros del Consejo y permaneció como tal hasta su muerte. Ésta fue la primera universidad que proporcionaba una educación médico-quirúrgica integrada a estudiantes que querían ser médicos generales. Además, ofrecía unidad geográfica para todas las actividades, es decir, en un solo lugar, y consiguió independencia académica, lo cual no fue bien recibido por las autoridades del Guy’s, especialmente el director administrativo, Benjamin Harrison Jr. (1771-1856). En 1837 subió al trono la reina Victoria, y con ello se produjo la desaparición de la recién creada sociedad para la protección de los aborígenes, un hecho que repercutió negativamente sobre un miembro de la misma como era Hodgkin. Su postulación a médico asistente, una posición muy apetecida, fue rechazada por su profundo desacuerdo con Harrison, director administrativo del Guy’s Hospital y miembro de la compañía Hudson’s Bay, que comerciaba con pieles en América. En marzo de 1837, Hodgkin cayó enfermo: “a febrile attack with protracted derangements of the alimentary canal which has considerably reduced my strength”. Aunque tenía un bagaje médico y científico insuperable, el comité de selección del Guy’s Hospital valoró su personalidad como inadecuada. Algo de esto tenía que ver con su membresía en la Sociedad de Amigos, su compromiso con la Universidad de Londres, que competía con Guy’s por estudiantes de medicina, y sus clases de higiene a trabajadores y pobres, lo cual era considerado radical. Harrison representaba el espíritu conservador y lo anterior convertía a Hodgkin en un revolucionario. Además, su enfermedad reciente indicaba una salud delicada y, por otra parte, también se pensaba que era mal docente puesto que atraía pocos alumnos a sus clases. Hodgkin poseía experiencia médica limitada, lo cual sugería falta de interés; y su hábito de cobrar poco o nada a sus pacientes enardecía a sus colegas. Por si fuera poco, había rehusado la invitación de incorporarse al Royal College of Physicians, y su hábito cuáquero de decir las cosas por su nombre y criticar abiertamente a los colegas tampoco le favorecía. El 6 de septiembre de 1837 el comité decidió nombrar a Benjamin Guy Babington por 21 votos a favor y sólo 3 para Hodgkin. Hodgkin renunció: “The proceedings of yesterday leave me no alternative but to resign the offices of Curator of the Museum & Demonstrator of Morbid Anatomy immediately. I had preArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:216-227

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Biografía y obra de Thomas Hodgkin

viously proposed to take this step at a later period in order that I might not leave important work unfinished; but, in my present position, it would be not only painful to my feelings but inconsistent with the duty which I owe to myself to hold office any longer”. Su renuncia terminó con la mayor parte de su producción científica importante. La Parte I del segundo volumen de las Lectures se publicó 3 años después, pero el material incluido era previo a 1837. La Parte II nunca se publicó. Después de este episodio y su renuncia, Hodgkin cayó en una depresión y se dedicó a la práctica privada, que nunca fue muy exitosa. En junio de 1840 participó como perito en el caso del intento de asesinato de la Reina Victoria por Edward Oxford, de 18 años, quien fue declarado finalmente insano. En 1842, Hodgkin fue docente en el Hospital St. Thomas como Curador del Museo y profesor de Teoría y Práctica de la Medicina. También dio lecciones sobre anatomía patológica. Rediseñó las clases y cedió algunas a “especialistas”. Aumentó el número de piezas del Museo y creó la Sociedad de Observación Clínica y Práctica, con grupos de discusión vespertinos, todo lo cual fue muy bien recibido, especialmente por los alumnos. Pero él y otros profesores fueron despedidos sin mayores explicaciones, lo que resultó aún más humillante que en Guy’s. En 1844 se incorporó como consultor a una institución dedicada a enfermedades de la piel (Dispensary for Skin Diseases), a la que perteneció hasta su muerte. En 1843 estudió algunos tumores bajo el microscopio y desarrolló un concepto de metástasis muy cercano al moderno. En 1844 escribió trabajos sobre temas y títulos tan curiosos como “On the tapeworm as prevalent in Abyssinia”; “On the stature of the guanchos, the extinct inhabitants of the Canary Islands” y “On the dog as the associate of man”. En 1850, a los 52 años, se casó con Sarah Scaife (1804-1875), viuda de uno de sus pacientes y madre de dos hijos mayores. En 1853 escribió sobre la diabetes y en 1854 sobre la caquexia, ambos trabajos presentados a la Harveian Society. Fueron sus últimos aportes científicos. En 1857 acompañó a Moses Montefiore a Tierra Santa como médico de viaje, y en 1866 viajó a Alejandría y de ahí a Haifa, ciudad a la que llegó enfermo. Murió de disentería el 4 de abril de 1866, a la edad de 68 años. Fue enterrado en el cementerio inglés de esa ciudad israelí y su obituario apareció en The Lancet y el British Medical Journal. En 1966 se realizó un simposio en memoria de Hodgkin en el Guy’s, conjuntamente con un número conmemorativo del Guy’s Hospital Reports. En noviembre de 1980 se dio su nombre a una sala de seminarios en la escuela de Medicina de ese Hospital.

Bibliografía • Fox H. Remarks on microscopical preparations made from some of the original tissue described by Thomas Hodgkin, 1832. Guy’s Hosp Rep 1936; 16: 1-6. (V. también: Ann Hist Med 1926; 2: 370-374.) 226

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Sergio González

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Artículo especial

El medio ambiente de China en un mundo globalizado. Cómo se interrelacionan China y el resto del mundo China’s environment in a globalizing world. How China and the rest of the world affect each other ■ Jianguo Liu y Jaret Diamond ■ China es el país más poblado del mundo y el cuarto en superficie. Su economía, ya de por sí de gran magnitud, está creciendo más rápidamente que la de cualquier otra nación importante y sus problemas ambientales se encuentran entre los más graves posibles para cualquier gran país, y van a peor. Muchos chinos, incluyendo sus líderes, son conscientes de estos problemas y han tratado de hacerles frente. Algunas cosas han mejorado, como la calidad del aire en Beijing y en alguna otra gran ciudad. No obstante, tales esfuerzos no se han equiparado con las fuerzas de la destrucción ambiental ni han evitado el deterioro de otros indicadores. La lista de problemas va desde la polución del aire, los perjuicios ocasionados a la biodiversidad, las cosechas perdidas, el agotamiento de la pesca, la desertificación, la desaparición de las tierras pantanosas, la degradación de las praderas y la creciente frecuencia y magnitud de los desastres naturales ocasionados por la mano del hombre, hasta la presencia de especies invasoras, la excesiva utilización de los pastos, la interrupción del curso de los ríos, la salinización, la erosión, la acuEste artículo (Liu J, Diamond J. China’s environment in a globalizing world. How China and the rest of the world affect each other. Nature 2005 Jun 30; 435(7046): 1179-1186) se reproduce, una vez traducido al español, con la debida autorización de Nature Publishing Group. La traducción es de Assumpta Mauri Mas. Jianguo Liu trabaja en el Center for Systems Integration and Sustainability, Department of Fisheries and Wildlife, Michigan State University, East Lansing, Michigan 48824, Estados Unidos. También es profesor invitado en el Research Center for Eco-environmental Sciences, Chinese Academy of Sciences, Beijing, y profesor extraordinario de la Fudan University, Shanghai, China. e-mail: jliu@panda.msu.edu. Jaret Diamond trabaja en el Departamento de Geografía, Bunche Hall, University of California, Los Angeles, California 90095-1524, EEUU. e-mail:jdiamond@geog.ucla.edu. 228

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mulación de basuras, la polución del agua y la escasez de recursos hídricos. Estas cuestiones están dando lugar a pérdidas económicas, conflictos sociales y costes sanitarios importantes. Los problemas medioambientales de China también están llegando a afectar a otros países, al tiempo que éstos perjudican el medio ambiente chino como consecuencia de la globalización, la contaminación y la explotación de recursos. Es ya el país que más óxidos de sulfuro y compuestos clorofluorocarbonados envía a la atmósfera (1); el polvo y los contaminantes del aire que produce son transportados hacia el este, a países vecinos e incluso a Norteamérica. Además es uno de los dos principales importadores de maderas tropicales (2), lo que la convierte en un motor de la deforestación de la selva tropical. China da cuenta del 15% de la pesca mundial y del 33% del consumo global de pescado y marisco (3, 4). Un factor que exacerba muchos de sus problemas ambientales es que, al ser una “factoría mundial”, exporta productos pero consume recursos naturales y produce contaminantes. Si bien el impacto ambiental per cápita todavía está en China muy por debajo del de los países desarrollados (tabla 1), el aumento proporcional del impacto humano total sobre el medio ambiente global será muy elevado si su impacto per cápita llega a alcanzar el de dichos países. Tras ofrecer cierta información básica sobre China vamos a tratar las formas de impacto ambiental en dicho país, las consecuencias para sus habitantes, el efecto de China sobre otros países y de esos países sobre China, y la prospectiva del país, y daremos algunas recomendaciones (la mayor parte de las referencias y de las fuentes de datos se recogen en la información complementaria). Geografía, población, economía y política. El entorno de China es complejo (figura 1). El país contiene la meseta más extensa y más elevada del mundo, algunas de las montañas más altas, dos de los ríos más largos (el Yangtzé y el río Amarillo), muchos lagos, una extensa costa y una importante plataforma continental. Sus ecosistemas abarcan un amplio abanico, que va desde glaciares y desiertos hasta praderas, tierras pantanosas, selvas tropicales, lagos y océanos (figura 1 de la información complementaria1). Dentro de estos ecosistemas hay zonas que son frágiles por distintas razones: por ejemplo, la variabilidad de las lluvias del noroeste de China, los vientos y las sequías exponen las praderas situadas a gran altitud a tormentas de polvo y a la erosión del terreno. Por el contrario, el sur del país es húmedo, pero las fuertes tormentas que azotan la zona dan lugar a la erosión de las laderas. Población. Con una población de 1.300 millones de habitantes —el 20% del total de la población mundial—, China ha duplicado su población durante el último medio siglo, superando incluso esa cifra (figura 2 de la información complementaria). Resulta alentador que la tasa de crecimiento de la población se haya reducido desde las cifras anuales del 2-3%, existentes entre la década de 1950 y mediada la década de 1970, hasta menos del 1% anual en los últimos años. Ello se debe a una reducción de la tasa de natalidad gracias a factores tales como la política del hijo único. La tasa de mortalidad se ha mantenido bastante estable duran1

Véase: http://www.csis.msu.edu/Publication%20files/Liu_Diamond_supplementary_figures.pdf

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230

0,7 1,7 1,2 0,9 1,9 1,5 1,3 0 1,9 1,4 2,1 2,4 –0,4 0,6 1,1 1,2

1.288 138 177 291 82 1.064 214 127 25 102 136 148 143 62 81

6.271

1,6

2,7 1,5 1,9 1,6 1,4 1,2 1,8 6,1 1,3 1,9 2,7 0,4 Sin datos 2,6 1,5 2,5

8,0 5,2 1,6 3,2 4,3 5,8 2,0 1,3 4,9 2,4 4,1 3,4 6,7 4,7 6,5

Relación Tasa entre crecimiento Crecimiento crecimiento número de hogares anual del PIB población y crecimiento (%, 1999(%, 2003) población 2003) (1985-2000)

129 86 20 45 117 116 100 78 68 92 133 112 72 54 94 4,0

2,2 0,2 1,8 19,8 1,0 1,1 1,3 9,3 6,2 4,3 0,3 0,8 9,9 3,3 0,7 24.210

2.780 30 310 5.590 80 1.120 270 1.180 140 420 40 110 1.400 200 55

2,2

1,5 0,6 2,2 9,5 1,2 0,8 1,2 4,3 3,0 2,5 1,2 0,7 4,4 1,6 0,8

1,7

2,7 0,7 0,4 1,7 0,9 1,2 0,4 1,0 1,6 1,0 0,2 0,3 0,9 1,1 0,3

Clasificación Huella SO2 por área Emisión según índice Emisión CO2 ecológica poblada total CO2 de sostenibilidad (millones de per cápita (miles de (millones de medioambiental toneladas, (ha totales toneladas toneladas, (1-142)** 2000) por persona, por km2, 2000) 2002 2001) 2000)

*Los países más poblados del mundo, que tienen al menos 100 millones de habitantes cada uno, más los cuatro países del sureste asiático que les siguen en población (Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam). **1: el más sostenible; 142: el menos sostenible entre los 142 países clasificados.

China Bangladesh Brasil Estados Unidos Filipinas India Indonesia Japón Malasia Méjico Nigeria Paquistán Rusia Tailandia Vietnam Cifra global mundial

País

Población total (millones, 2003)

Tabla 1. Población, economía y condiciones medioambientales de China y de otros 14 grandes países

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Figura 1. China. Mapa de China con la localizaci贸n de proyectos y lugares concretos mencionados en el texto.

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te los últimos 25 años (figura 3 de la información complementaria). En 2003, la tasa de fertilidad (1,9 nacimientos por mujer) (tabla 1 de la información complementaria) y la de crecimiento de la población (0,7%) se encontraban en el cuarto lugar empezando por abajo entre los 15 grandes países que se citan en la tabla 1. No obstante, existe otro factor que ha actuado en la dirección opuesta: el número de hogares chinos casi se triplicó entre 1985-2000 porque el tamaño medio de cada familia se redujo de 4,5 a 3,5 personas durante dicho período (5, 6). Este factor por sí solo supuso para China 80 millones de hogares adicionales en 2000, una cifra superior al número total de hogares que suman Rusia y Canadá. Todos los países que nos han servido de comparación —excepto Paquistán y, quizás, Rusia—, también mostraron una reducción del tamaño de sus familias, pero la disminución presente en China, que afecta asimismo a la proporción existente entre el aumento de hogares y el crecimiento de la población, fue la segunda en importancia (tabla 1). Dado que los hogares de menor tamaño consumen más recursos por persona (5), el rápido incremento en el número de hogares chinos y la reducción del tamaño de los mismos han tenido consecuencias significativas. Así, mientras que el tamaño de las familias ha ido disminuyendo, la superficie per cápita en sus hogares ha aumentado hasta cifras superiores al triple desde finales de la década de 1970 hasta la actualidad (figura 4 de la información complementaria). China también se está haciendo más urbana. Entre 1952 y 2003, mientras que la población total “simplemente” se duplicó, las cifras proporcionales de población urbana se triplicaron, desde el 13% hasta el 39%. De ahí que ésta se incrementase siete veces, hasta superar el medio millón (figura 2 de la información complementaria). El número de ciudades se cuadruplicó y superó las 660 (cifra que incluye más de 170 que tenían un millón de residentes como mínimo), y las ciudades ya existentes crecieron enormemente. Economía. China tiene una economía ya importante que está creciendo rápidamente (figura 2). Posee el tercer producto interior bruto (PIB) y su tasa de crecimiento es la más elevada, triplicando la media mundial de los 15 países que nos han servido de comparación (tabla 1). Es el mayor productor mundial de acero, cemento, comida procedente de hidrocultivos y aparatos de televisión, y el segundo productor de electricidad y fibras textiles artificiales; entre 1978 y 2003, su producción de acero, cemento, fibras artificiales y televisores en color aumentó en 7, 13, 42 y 17.214 veces, respectivamente (figura 5 de la información complementaria). Es el mayor consumidor de fertilizantes y su consumo explica el 90% del aumento global en el uso de éstos desde 1981. Siendo el segundo gran productor y consumidor de pesticidas, da cuenta del 14% del total mundial y se ha convertido en un exportador neto. La producción y el consumo de estos productos industriales y agrícolas generan polución atmosférica, del agua y de la tierra, y otras formas de daño ambiental. No obstante, pese a la magnitud de su PIB total y a la producción de diversos productos, el PIB per cápita y la producción global chinos son muy inferiores a los de otros países; de ahí que todavía tenga un gran potencial de crecimiento. 232

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15

1.500

10

1.000

5

500

0

0 1950

1960

1970

1980

1990

PIB per cápita (USD)

PIB (100.000 millones de USD)

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2000

Año Figura 2. Producto interior bruto (PIB) en China. Crecimiento del PIB nacional (línea gris claro) y del PIB per cápita (línea gris oscuro).

Por el hecho de disponer de una creciente riqueza, entre 1978 y 2002 el consumo per cápita de carne y leche se cuadruplicó y el de huevos se multiplicó por ocho; actualmente su consumo de huevos iguala al de los países ricos. Ello significa más residuos agrícolas, despojos de animales —estos últimos ya cuadruplican los residuos sólidos industriales— desechos de peces, comida para peces y fertilizantes para los hidrocultivos, todo lo cual tiende a incrementar la polución de la tierra y del agua. En China, la red de transportes y el número de vehículos han crecido vertiginosamente (figura 3). En 1994, después de que el número de vehículos a motor hubiera sextuplicado la cifra de 1980, China decidió hacer de la producción de automóviles una de sus “industrias fundamentales” para el crecimiento económico, con el objetivo de multiplicar nuevamente por cuatro su producción (especialmente de coches) para 2010, lo que convertiría a China en el tercer fabricante mundial de vehículos, después de Estados Unidos y Japón. Esto tiene implicaciones evidentes en relación con la expansión de las carreteras a expensas de la tierra cultivable, con una mayor dependencia del petróleo importado y con la calidad del aire, que recientemente ha mejorado pero sigue siendo insuficiente en ciudades como Beijing. Tras estas impresionantes estadísticas se esconde un cuadro mixto. En sectores de la economía que se enfrentan a una fuerte competencia exterior y están recibiendo inversiones extranjeras, como la producción de automóviles y carburantes, la industria china es casi tan eficiente como la de los países desarrollados. La reducción de la intensidad energética (consumo de energía por dólar de PIB) que ha tenido lugar en China desde 1980 carece de precedentes entre los países desarrollados, y ha sido posible gracias a la conservación de la energía, Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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Longitud (10.000 km)

200

100

0

A

1950

1975 Año

2000

Vehículos (millones)

30

20

10

0

B

1970

1980

1990 Año

2000

2010

Figura 3. Transporte en China. (A) Longitud de las carreteras (línea gris oscuro) y número de rutas de aviación civil (línea gris claro). (B) Número de vehículos.

la retirada progresiva de instalaciones antiguas e ineficaces, la adopción de modernas tecnologías y el cambio de industria pesada altamente consumidora de energía a otra ligera que consume menos, y los sectores de servicios. En cambio, gran parte de la economía china —por ejemplo la extracción de carbón y la fabricación de cemento, papel y productos químicos— sigue descansando en una tecnología pasada de moda, ineficaz o contaminante, y la eficiencia global de la energía industrial es tan sólo la mitad de la del mundo desarrollado (figura 4 de la información complementaria). La producción de papel en China consume el doble de agua que en los países desarrollados. Sus sistemas de riego se basan en ineficaces métodos de superficie que desperdician agua, produ234

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cen eutrofización y arrastran nutrientes del suelo y sedimentos hacia los ríos. La fabricación de amoníaco, necesario como fertilizante y para las fábricas textiles, depende del carbón y consume 40-80 veces más agua que la elaboración de amoníaco basada en el gas natural (7) (ello se debe a que sus reservas de gas se encuentran lejos de los centros de producción de amoníaco), si bien esta situación está cambiando, tal y como se menciona más adelante. La energía es esencial para el rápido crecimiento económico de China, que es el segundo país consumidor del mundo, tras Estados Unidos. No obstante, en 2001 el uso per cápita de energía en China era tan sólo la nonagésima parte del de Estados Unidos y la mitad de la media mundial. China es la octava potencia energética entre los 15 grandes países2 (tabla de la información complementaria) y el primer productor de carbón (8), con un 25% del total mundial. El carbón es la fuente principal de energía del país y la causa más importante de la polución atmosférica y de la lluvia ácida, si bien su uso ha disminuido desde la década de 1950 y ha sufrido fluctuaciones en los últimos años, a medida que ha ido aumentando el consumo de petróleo, gas natural y energía hidroeléctrica (figura 6 de la información complementaria). En 2003 China superó a Japón en el consumo de petróleo, llegando a convertirse en el segundo consumidor tras Estados Unidos (9). Aunque la energía solar y la eólica son importantes fuentes de energía renovables, es la energía hidroeléctrica la que va a adquirir mayor importancia durante la próxima década, particularmente cuando se complete el controvertido proyecto de la presa de las Tres Gargantas, en 2009, que suministrará 18,2 GW de potencia (figura 1). El gas natural tan sólo supone el 3% del consumo actual de energía en China. No obstante, para 2010 su uso puede haberse cuadruplicado gracias a incrementos en la producción de las reservas domésticas (1.509,29 trillones de m3 a principios de 2004) y a importaciones por gasoductos y en forma de gas natural licuado (GNL). El mayor gasoducto del mundo, que comenzó a construirse en julio de 2002 y se completará en 2005, atraviesa el país de oeste a este transportando gas a lo largo de 3.800 km, desde las grandes reservas situadas en la parte occidental y centro-norte de China hasta Shanghai, en la costa este (figura 1) (9). Un proyecto piloto de GNL que se está construyendo en el vivero económico de la provincia de Guangdong proporcionará anualmente 4.000 millones de m3 de gas natural (figura 1). Otra característica distintiva de la economía china es la gran difusión de su industria rural a pequeña escala: se trata de empresas municipales y rurales (township and village enterprises, o TVE por sus siglas en inglés) con una media de seis empleados (figura 7 de la información complementaria), que suponen aproximadamente un tercio de la producción china y la mitad de sus exportaciones, pero contribuyen desproporcionadamente a la contaminación del país (1, 10). En algunos sectores de TVE el desarrollo tecnológico está avanzado, si bien es bajo en otros, como la fabricación de ladrillos, la minería de carbón, la fabricación de cemento, la 2

N. del T. El autor se refiere a los países más poblados del mundo, con al menos 100 millones de habitantes, más los cuatro países del sureste asiático que les siguen en población.

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producción de papel, pesticidas y fertilizantes, la coquefacción y la metalurgia, que consumen más recursos y contaminan más que las empresas estatales de mayor envergadura. Política. Hace tiempo, los líderes chinos creían que los seres humanos podían y debían conquistar la naturaleza y que únicamente en las sociedades capitalistas el medio ambiente se veía perjudicado (11). Tales ideas comenzaron a cambiar en 1972, cuando China envió una delegación a la primera conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente (11), y en 1973, año en que se constituyó un grupo gubernamental para la protección ambiental, el cual se convirtió primero en la Agencia Nacional de Protección Ambiental y luego, ya en 1998, en la Administración Estatal de Protección Ambiental (State Environmental Protection Administration, SEPA) (12). China declaró la protección del medio ambiente como principio básico nacional en 1983; en 1994 diseñó una amplia estrategia para llegar a un desarrollo sostenible y en 1996 desarrolló su primer plan quinquenal de protección ambiental (12). En 2003, el gobierno propuso un nuevo concepto de crecimiento que ponía énfasis en su carácter humanista y trataba de lograr el desarrollo sostenible y la armonía entre el hombre y la naturaleza, así como el progreso socioeconómico coordinado entre diversas regiones y con países extranjeros (13). China también ha suscrito tratados internacionales como la convención sobre diversidad biológica y los objetivos de desarrollo del milenio de la ONU, que incluyen el alivio de la pobreza, la protección ambiental y el desarrollo sostenible. Se han aprobado más de 100 medidas políticas, leyes y regulaciones sobre medio ambiente que parecen excelentes sobre el papel pero resultan difíciles de poner en práctica. En realidad, si bien se ha llevado a cabo un gran esfuerzo para controlar la degradación ambiental, a nivel local el desarrollo económico sigue siendo con frecuencia el criterio fundamental para juzgar la actuación de la política oficial del gobierno.

Impacto ambiental Hace varios miles de años, China sufrió una deforestación a gran escala. Tras la Segunda Guerra Mundial y la guerra civil que asoló el país, la paz de 1949 trajo consigo una mayor deforestación, la sobreexplotación de los pastos y la erosión del terreno. El gran salto adelante que se produjo en 1958-1960 implicó un enorme incremento en el número de fábricas —tan sólo en el período de 1957 a 1959 llegaron a cuadruplicarse—, con la contaminación consiguiente y la deforestación causada por la necesidad de obtener combustible para una ineficaz producción doméstica de acero. Desde la década de 1960 hasta mediada la de 1970 la contaminación aumentó, dado que muchas fábricas situadas en zonas costeras (consideradas vulnerables desde el punto de vista militar) fueron reubicadas en el interior; tras iniciarse la reforma económica de 1978, la degradación ambiental ha seguido aumentando (10, 14), fundamentalmente debido a la rápida industrialización, lo que incluye las TVE. 236

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China se enfrenta a retos ambientales superiores a los de otros países grandes. De entre los 142 países en los que se evaluó la sostenibilidad ambiental, China ocupó el puesto 129, tan sólo por encima de Nigeria de entre los 15 países con los que la comparamos en la tabla 1. En cuanto a la huella ecológica per cápita (que constituye una medida estadística del consumo de recursos naturales y de la eliminación de residuos), China se encuentra por debajo de la media mundial (tabla de la información complementaria), pero debido al tamaño de su población su impronta ecológica es la segunda del mundo, tras Estados Unidos. Los problemas ambientales de China pueden resumirse en cinco categorías: aire, tierra, agua dulce, océanos y biodiversidad. Aire. En general, el aire es de baja calidad. En China, tres de cada cuatro habitantes de las ciudades viven con una calidad del aire por debajo del estándar existente (15). En la década de 1990, la lluvia ácida afectó a una cuarta parte de las ciudades chinas durante más del 60% de los días lluviosos; actualmente, la lluvia ácida afecta a una cuarta parte de la superficie del país, lo que lo convierte en uno de los más perjudicados del mundo (8). Una causa primordial de estos problemas es la creciente eliminación de gases residuales industriales (figura 8 de la información complementaria). Tras haber disminuido o haberse estabilizado en 1998 las emisiones de SO2, y posiblemente las de polvo y hollín industrial, éstas volvieron a aumentar en 2003. En 2000, China era el mayor responsable mundial de emisiones de SO2 (tabla 1) y el tercer emisor de NO en zonas pobladas entre los países grandes (tabla complementaria). A pesar de lo dicho, varios indicadores de calidad del aire han mostrado signos de mejora. El número de industrias que están alcanzando los estándares de emisión es cada vez mayor. De las 47 ciudades consideradas clave para la protección ambiental, 11 y 29 han superado los estándares de calidad para el SO2 y para la concentración de partículas, respectivamente, incluyendo Beijing (15). Tierra. La erosión del terreno afecta al 19% de la superficie terrestre de China, una de las más elevadas que existen (10). La erosión ha sido especialmente devastadora en la meseta de Loess, situada en el tramo medio del río Amarillo y erosionada en un 70% aproximadamente, y está afectando cada vez más al Yangtzé, cuyo vertido de sedimentos procedentes de la erosión supera el vertido combinado del Nilo y el Amazonas, los dos ríos más caudalosos del mundo. Los sedimentos han rellenado los ríos (así como los embalses y los lagos) y como consecuencia han reducido la longitud de vías fluviales navegables en un 56% entre 1949 y 1990, limitando a su vez el tamaño de los barcos que pueden utilizarlos. La calidad y fertilidad de la tierra han disminuido, así como la cantidad disponible, en parte debido al uso prolongado de fertilizantes sumado al descenso del número de lombrices de efecto renovador de la tierra causado por los pesticidas. La salinización afecta al 9% del territorio chino, principalmente debido al diseño inadecuado y la mala gestión de los sistemas de regadío. Éste es un problema ambiental que los programas gubernamentales están combatiendo y han comenzado a revertir. La desertificación debida a la sobreexplotación de los pastos y a la conversión de más y más 238

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terreno para la agricultura ha afectado a más de la cuarta parte de la superficie de China, especialmente en la provincia de Qinghai y en la región autónoma de Mongolia Interior. Todos estos problemas se han unido a la urbanización y a la incautación de terrenos para minería, silvicultura e hidrocultivos, en detrimento de las tierras de cultivo, lo cual constituye una amenaza a la hora de garantizar la disponibilidad de alimentos (16) porque, mientras que la superficie de terreno cultivable —que es limitada— se ha ido reduciendo, la población y el consumo per cápita de alimentos han ido en aumento. Entre 1991 y 2000, el terreno cultivable disminuyó hasta el punto de que actualmente sólo se dispone de 0,1 ha por persona, apenas la mitad de la media mundial. Los residuos industriales no reciclados o no utilizados y la basura doméstica son depositados en zonas al aire libre alrededor de las ciudades, lo cual poluciona el suelo y contamina los 100.000 km2 de terreno cultivable que ocupan estos residuos (14). La producción de residuos sólidos industriales ha aumentado, pero el vertido está disminuyendo debido al aumento del reciclaje (figura 9 de la información complementaria). China es uno de los países más deficitarios en cuanto a superficie de bosques, ya que sólo dispone de 0,1 ha de bosque por persona, frente a una media mundial de 0,6 ha. Los bosques cubren únicamente el 18% de la superficie nacional, en comparación con el 64% en Japón y el 30% de media mundial (tabla de la información complementaria). Si bien los programas gubernamentales han aumentado la superficie dedicada a plantaciones monoespecíficas de árboles y, con ello, la superficie forestal total (figura 10 de la información complementaria), los bosques naturales se han reducido, especialmente los viejos. En China, la deforestación es una de las principales causas de erosión del terreno y de inundaciones. Las inundaciones de 1998, que afectaron a 240 millones de personas, movieron al gobierno a actuar, incluyendo la prohibición de toda nueva explotación de los bosques naturales en la cuenca alta y media de los principales ríos, como el Yangtzé y el río Amarillo. Otras formas muy importantes de degradación del suelo son la destrucción de prados y de humedales. La extensión de las praderas y estepas naturales de China está sólo por detrás de las de Australia (1), y cubren el 40% del territorio (10), especialmente en el noroeste, de clima más seco. Sin embargo, éstas han ido reduciéndose en aproximadamente 15.000 km2 al año desde principios de la década de 1980. Además, se han degradado mucho debido a la sobreexplotación de los pastos, el cambio climático, la minería y otros tipos de explotación; actualmente se considera que el 90% de las praderas chinas están degradadas. La producción de hierba por hectárea ha disminuido alrededor de un 40% desde la década de 1950, y la maleza y las hierbas venenosas se han desarrollado a expensas de especies de alta calidad. Las implicaciones del deterioro de las praderas van más allá de su utilidad para los granjeros chinos, porque en las de la meseta tibetana se sitúan las cabeceras de los principales ríos de India, Paquistán, Bangladesh, Laos, Camboya y Vietnam, además de los de la propia China (figura 1 de la información complementaria). En China existen aproximadamente 660.000 km2 de tierras pantanosas, aproximadamente el 10% del total mundial. No obstante, su tamaño ha ido reduciéndose a causa de su reconArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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versión en tierras de cultivo y para otros usos. Las tres quintas partes de los pantanos de la llanura de Sanjián, que está situada en el noreste y es la zona que contiene las mayores reservas de agua dulce del país, ya han sido desecados para convertirlos en tierras de labranza. Si esta transformación sigue al mismo ritmo, el resto desaparecerá en 20 años (10). Los humedales naturales únicamente suponen el 3,8% del territorio chino, una cifra inferior a la global, que es del 6%. También ha decaído su función, dado que en China estas zonas se ven sometidas a mayores fluctuaciones del nivel del agua y su capacidad para mitigar las inundaciones y almacenar agua es limitada. Las tierras pantanosas también se enfrentan a otras amenazas importantes, que incluyen el aumento de la contaminación, una financiación insuficiente, y leyes y reglamentaciones ineficaces. Agua dulce. En China, el agua de la mayor parte de ríos y corrientes subterráneas es de mala calidad, y está empeorando debido a los vertidos de aguas residuales industriales y urbanas, además del de fertilizantes, pesticidas y abonos procedentes de la agricultura y de hidrocultivos, que causan una gran eutrofización (7). El vertido de aguas residuales ha ido constantemente en aumento (figura 11 de la información complementaria), y aproximadamente el 75% de los lagos están contaminados. La reserva de Guanting, en Beijing, fue declarada no potable en 1997. El porcentaje de aguas residuales industriales tratadas también ha crecido, pero únicamente se purifica el 20% de las aguas residuales domésticas, frente al 80% en el mundo desarrollado. La escasez y el derroche de agua exacerban los problemas que tiene China en relación con este elemento. En este país, la cantidad de agua dulce per cápita es sólo la cuarta parte del promedio mundial. Los recursos hídricos están desigualmente repartidos: en el norte del país la cantidad per cápita disponible sólo es un tercio de la disponible en el sur. Esta carencia permanente del líquido elemento, junto con su mal uso, explican por qué más de 100 ciudades sufren una escasez importante, que incluso llega a detener la producción industrial. Dos tercios del agua necesaria para las ciudades y el riego dependen de las aguas subterráneas bombeadas en pozos que sangran los acuíferos, pero las reservas de dichos acuíferos están mermando y el agua de mar penetra en ellos en la mayor parte de las zonas costeras, provocando la ruina de algunas ciudades. China ya posee el peor índice de detención de la circulación del curso de los ríos, que sigue aumentando debido a la extracción incesante de agua de los mismos. En 20 de los 25 años comprendidos entre 1972 y 1997, el curso bajo del río Amarillo experimentó interrupciones de la corriente fluvial y el número de días sin flujo o corriente aumentó de 90 días en la década de 1980 hasta la pasmosa cifra de 230 en 1997 (10). La contaminación y la sobrepesca están degradando la industria pesquera de agua dulce porque el consumo de pescado per cápita ha aumentado hasta casi quintuplicarse en los últimos 25 años (17); cada vez se exportan más pescado, moluscos y otras especies acuáticas. Como resultado, el esturión blanco está al borde de la extinción y han de importarse especies de peces que antes abundaban, como el verrugato de Manchuria y el pez sable del Atlántico; la captura de ejemplares salvajes en el Yangtzé se ha reducido en un 75%, de 240

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modo que la pesca en este río tuvo que prohibirse por primera vez en 2003 para proteger los recursos pesqueros del desastre. Además, con el fin de satisfacer la demanda de productos pesqueros, se ha incrementado enormemente la producción de las piscifactorías de agua dulce (figura 4). Océanos. China posee un territorio marítimo de 3 millones de km2; tiene jurisdicción sobre las inmensas plataformas continentales y competencia exclusiva en áreas económicas hasta unos 370 km fuera de sus costas. Casi todas las zonas costeras están contaminadas (1), principalmente debido a los contaminantes procedentes de las tierras continentales y a los vertidos de petróleo, y también como consecuencia de otras actividades marinas. En 2004, la Administración Estatal de los Océanos registró 867 desagües importantes que estaban vertiendo contaminantes al agua. Sólo en 2003, 20 de estos desagües eliminaron aproximadamente 880 millones de toneladas (t) de aguas residuales que contenían 1,3 t de contaminantes, incluyendo sustancias tóxicas como plomo, cadmio y arsénico. En China hay ahora una media de 90 mareas rojas anuales, mientras que en la década de 1960 se producía una media de una cada 5 años (figura 5). Además, la polución y la sobrepesca han afectado las reservas; las capturas naturales han disminuido significativamente —la pesca de la gamba de Bohai, antes importante, ha caído en un 90%— y la producción de mariscos de piscifactoría ha aumentado (figura 4). La superficie china ocupada por manglares ha disminuido en un 70% entre 1950 y 2002.

PIB (100.000 millones de USD)

50

a 25

b c d

0 1985

1991

1997

2003

Año Figura 4. Producción de hidrocultivos en China. Cantidad de productos cultivados en agua dulce (d), productos naturales de agua dulce (c), productos cultivados en agua de mar (b) y productos marinos naturales (a).

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Media anual de mareas rojas

100

50

0 1960

1970

1980

1990

2000

Décadas

Figura 5. Media anual de mareas rojas en los mares de China.

Biodiversidad. China posee más del 10% de las especies de plantas vasculares y de vertebrados terrestres del mundo (18). No obstante, el 15-20% de las especies chinas —incluyendo el oso panda gigante— se encuentran actualmente en peligro, principalmente debido a la acción del hombre (1). Muchos animales y plantas autóctonos raros, como las águilas chinas, están actualmente en peligro de extinción. Con el fin de proteger la biodiversidad, a finales de 2003 el gobierno chino había establecido casi 2.000 reservas naturales, la mayor parte de las cuales han sido creadas en los últimos 20 años (figura 6), además de un gran número de zoológicos, museos, jardines botánicos, centros de cría de fauna, y bancos genéticos y de células. Las reservas cubren el 14,4% del territorio chino, un porcentaje superior a la media mundial y de los países más desarrollados. Sin embargo, estas reservas han de gestionarse y es necesario fundar otras de mayor importancia estratégica (18). La otra cara de esta reducción de las especies nativas es el aumento de las especies terrestres y acuáticas invasoras, que en 2004 eran más de 400. Ejemplos de estas especies son la ambrosía (planta nativa de América del Norte), el jacinto acuático y los caracoles del Amazonas (19). Algunas de estas especies invasoras se han convertido en plagas y malas hierbas, ocasionando un importante perjuicio económico a la agricultura, los hidrocultivos, la silvicultura y la ganadería en China: sólo en el año 2000 las pérdidas fueron de casi 14.500 millones de USD (dólares estadounidenses), el 1,4% del PIB de China en 2000. La mayor parte de 242

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2.000

Área (1.000 km2)

Número

1.500

1.000

500

0 1955

1965

1975

1985

1995

2005

Año Figura 6. Reservas naturales en China. Por número (gris claro) y área (gris oscuro).

las especies invasoras fueron introducidas en el país —intencionadamente o no— a través del comercio internacional y de otras actividades. Sólo en la bahía de Shanghai, entre 1986 y el año 2000 se encontraron casi 200 especies de malas hierbas en materiales importados por 349 barcos procedentes de 30 países.

Consecuencias para sus habitantes La degradación del medio ambiente en China no sólo resulta peligrosa para la lombriz y el pez verrugato de Manchuria, sino también para sus gentes. Las consecuencias para los chinos pueden dividirse en distintos tipos de pérdidas: socioeconómicas, costes sanitarios y efectos derivados del aumento en la frecuencia de desastres naturales, los cuales también resultan más perjudiciales. Pérdidas socioeconómicas. Comenzando con ejemplos de poca importancia y pasando a otros de mayor magnitud: el coste de frenar la diseminación de un único hierbajo procedente de Brasil e introducido como forraje para cerdos, la lagunilla, ha sido de 72 millones de USD anuales (20). Esta especie se ha propagado hasta infestar jardines, campos de boniatos y arboledas de limoneros. Los 250 millones de USD de pérdidas anuales por el cierre de fábricas debido a la escasez de agua en una única ciudad, Sián, puede considerarse también un precio relaArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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tivamente barato (10). Los costes ocasionados por las tormentas de arena son de 540 millones de USD anuales (21), y las pérdidas de cosechas y bosques imputables a la lluvia ácida son de unos 730 millones de USD anuales (22). Más importantes son los 6.000 millones que costó el “muro verde” de árboles construido para proteger Beijing de la arena y el polvo, las pérdidas anuales directas debidas a la desertificación (7.000 millones de USD) y los otros 7.000 millones de USD de pérdidas anuales ocasionadas por diversas especies no autóctonas distintas a la lagunilla; mayores, incluso, son las cifras de costes por las inundaciones de 1996 (27.000 millones de USD) —que, sin embargo, resultaron más baratas que las inundaciones de 1998— y las pérdidas anuales debidas a la polución del agua y la atmósfera (54.000 millones de USD) (7, 10). Las pérdidas anuales asociadas a la contaminación y los daños ecológicos oscilaron entre el 7% y el 20% del PIB durante las dos últimas décadas (23). Junto a las importantes pérdidas económicas, la contaminación y la competencia por los recursos han provocado en China numerosos conflictos sociales, que incluyen 18 enfrentamientos relacionados con la gestión de los recursos forestales en el suroeste del país, según datos de 2001 de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). La falta de agua en el río Amarillo ha desencadenado igualmente “guerras por el agua” entre los habitantes de la cuenca alta y baja del río, entre los de riberas opuestas del mismo y entre aquellos que defienden las necesidades industriales frente a las agrícolas y las ecológicas. Costes sanitarios. La contaminación ambiental impone costes adicionales debido a su impacto sobre la salud de los seres humanos. Entre 1996 y 2001, el gasto chino en salud pública aumentó en un 80% —es decir, más del 13% anual—, pasó de 35.000 millones de USD en 1996 a 63.000 millones en 2001 (24), en parte debido a la necesidad de hacer frente a los problemas medioambientales; se atribuyen a la contaminación atmosférica unas 300.000 muertes anuales (7). Los niveles medios de plomo en sangre que tienen los habitantes de las ciudades chinas casi duplican los que se consideran elevados y peligrosos para el desarrollo mental infantil. El riesgo de contraer una enfermedad respiratoria aumenta con la concentración total de partículas en suspensión en el aire; incluso una corta exposición a la contaminación ambiental puede dar lugar a un bajo peso al nacer y al aumento de la morbilidad y de la mortalidad en lactantes (25). Desastres naturales. China es conocida por la frecuencia, número, extensión e impacto de los desastres naturales. La actividad humana ha hecho que algunos de éstos sean más frecuentes, especialmente las tormentas de polvo, los desprendimientos de tierras, las sequías y las inundaciones (10). La sobreexplotación de los pastos, la erosión, la degradación de las praderas, la desertificación y las sequías ocasionadas en parte por la mano del hombre han hecho aumentar la frecuencia de las tormentas de polvo y su magnitud. Desde el año 300 d.C. hasta 1949 se producían tormentas de polvo en el norte de China una vez cada 31 años; desde 1990 se dan con una frecuencia de casi una cada año. El enorme vendaval de polvo del 5 de mayo de 1993 mató a 100 personas. Se cree que el reciente aumento de las sequías se debe a la interrupción y altera244

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ción del ciclo del agua causada por la deforestación, y quizás también a la disminución de las aguas superficiales debido a la sobreexplotación de los lagos y de los humedales. Actualmente, las sequías dañan unos 160.000 km2 de tierras de cultivo cada año, el doble del área afectada en la década de 1950. Las inundaciones han aumentado mucho a consecuencia de la deforestación; las de 1996 y 1998 fueron las peores de que se tiene memoria reciente. La alternancia de sequías e inundaciones se ha hecho más frecuente y ambos fenómenos son más dañinos que cualquier otro desastre natural, porque las primeras destruyen la vida vegetal y el proceso erosivo es más agresivo cuando se inundan los terrenos carentes de vegetación.

Cómo se interrelaciona China con el resto del mundo China y el resto del mundo han llegado a estar estrechamente interconectados. Las dimensiones territoriales y la población de China garantizan su impacto ambiental sobre el resto del mundo, y el resto del mundo potencian a su vez este impacto a través del comercio y la inversión, que alimentan el rápido crecimiento económico chino. Aunque el volumen del comercio internacional era despreciable antes de 1980 (figura 7A) y la inversión extranjera en China era mínima hasta fechas tan recientes, 1991 sin ir más lejos (figura 7B), ambos se han acelerado recientemente de forma casi exponencial; el comercio internacional aumentó en 40 veces entre 1978 y 2003. Desde 2002, China ha alcanzado el nivel de Estados Unidos como máximo beneficiario de inversiones extranjeras anuales (tabla de la información complementaria). El gobierno chino ha fomentado dichas inversiones mediante el desarrollo de “zonas económicas especiales” en las que los inversores extranjeros consiguen impuestos y aranceles preferentes. El impacto ambiental de la inversión foránea y el comercio internacional puede ser positivo o negativo (26, 27), tal como explicaremos ahora. Importaciones beneficiosas y peligrosas. La mayor parte de los productos, las tecnologías, los conocimientos y el apoyo financiero importados a China no interfieren con el medio ambiente o incluso resultan muy beneficiosos. Entre 1992 y 2004, el Banco Mundial suministró más de 22.000 millones de USD a China, de los cuales aproximadamente el 10% fue utilizado en proyectos medioambientales. Gran parte de la materia prima y de los productos no manufacturados importados reducen el consumo de recursos naturales domésticos y el vertido de contaminantes. Por ejemplo, las importaciones agrícolas permiten la reducción del uso de fertilizantes, pesticidas y agua en China, así como la explotación de tierras de cultivo de baja productividad; por otra parte, las importaciones de petróleo y de gas natural contribuyen a la reducción de la contaminación debida a la quema de carbón. Desde 1993, el consumo de petróleo en China ha superado a la producción, y este desequilibrio va en aumento (9). Entre 1980 y 2002, el valor de los productos básicos importados aumentó de 7 a 49.000 millones de USD. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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USD (miles de millones)

900

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0

A

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1985

1990 Año

1995

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USD (miles de millones)

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B

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Año

Figura 7. Comercio e inversión extranjera en China. (A) Importaciones (▲), exportaciones (■) y cifra total de importaciones y exportaciones (◆). (B) Inversión extranjera directa.

Algunos de los productos que importa China, sin embargo, son inequívocamente dañinos para su medio ambiente. Un ejemplo similar al de las especies invasoras, ya mencionadas, es el de la basura importada. Algunos países desarrollados exportan basura no tratada a China, incluyendo residuos que contienen productos químicos tóxicos. Además, la creciente economía industrial del país acepta residuos y chatarra como fuente potencial de materia prima barata recuperable. Como ejemplo basta con mencionar que una oficina de aduanas de la provincia de Zhejiang registró en septiembre de 2002 un envío de 360 t de basura electrónica procedente de Estados Unidos y consistente en chatarra de equipos electrónicos y piezas de aparatos de televisión rotos u obsoletos, monitores de ordenador, fotocopiadoras y teclados. 246

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Las estadísticas relativas a la cantidad total de basura importada de este tipo son incompletas, pero los cálculos muestran un aumento de las importaciones directas de 1 a 11 millones de toneladas entre 1990 y 1997 (28), y los residuos enviados vía Hong Kong pasaron de 2,1 a 2,7 millones de toneladas anuales entre 1998 y 2002. Algunas personas piensan que la importación de residuos nocivos es parte del comercio internacional normal, pero el gobierno chino la prohíbe y ha estado tratando de detener ese tipo de importaciones. Peor que la importación de basuras es el hecho de que, mientras muchas empresas extranjeras han ayudado a China con sus problemas con el medio ambiente gracias a la transferencia de tecnología avanzada, otras lo han perjudicado al trasladar a este país industrias que producen una gran contaminación (pollution-intensive industries, PII según las siglas en inglés), incluyendo tecnologías que son ilegales en el país de origen. En 1995, 16.998 empresas PII estaban instaladas en China, lo que suponía un producto industrial combinado de unos 50.000 millones de USD (28). Por razones financieras y de otro tipo, con frecuencia a China le ha resultado imposible adoptar los estándares de tecnología avanzada de los países desarrollados, que se aprovechan y consiguen ventajas competitivas al exportar tecnologías pasadas de moda o incluso ilegales. Muchos oficiales y economistas chinos creen que las PII benefician al país porque aumentan la eficiencia económica y reducen la contaminación a largo plazo. No obstante, ocasionan un daño importante al medio ambiente y a la salud humana, y también suponen un perjuicio para el bienestar socioeconómico; parte del daño, por ejemplo el ocasionado a la biodiversidad, es irreversible. Exportaciones perjudiciales para el ámbito doméstico. En China, la exportación es una causa fundamental de la creciente polución, porque los productos salen al extranjero pero los contaminantes se quedan. La mayor parte de las exportaciones chinas consisten en bienes primarios o productos manufacturados, que generan una importante contaminación y precisan una utilización intensiva de recursos. Por ejemplo, entre 1969 y 2002, el valor de los bienes muy contaminantes exportados por TVE aumentó 31 veces, incluyendo un incremento de 22 veces en los productos textiles y de 18 veces en la comida (29). Especies invasoras exportadas. La elevada biodiversidad existente en China significa que dicho país exporta muchas especies invasoras. Las tres plagas mejor conocidas de las poblaciones arbóreas de América del Norte —la del castaño, la inadecuadamente denominada “enfermedad holandesa” del olmo y el escarabajo asiático de cuernos largos— tuvieron su origen en China o en algún lugar cercano del este asiático (19). La carpa herbívora de China está establecida en ríos y lagos de 45 estados de Estados Unidos, donde compite con las especies nativas de peces y altera la vegetación, el plancton y las comunidades de invertebrados. Exportaciones a la atmósfera. China se ha convertido en el mayor productor y consumidor de gases que destruyen la capa de ozono, por ejemplo los compuestos clorofluorocarbonados, después de que los países desarrollados los retirasen progresivamente en 1995 (1). Es ya el mayor productor mundial de óxido sulfuroso, con una producción que dobla la de Estados Unidos. La producción per cápita de CO2 y NOx está muy por debajo de la de los paíArs Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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ses ricos, y la de CO2 está incluso por debajo de la de Méjico, Rusia y Tailandia (tabla 1 y tabla de la información complementaria). No obstante, la contribución a las emisiones CO2 sigue siendo la segunda más importante a nivel mundial, debido a la enorme población del país, y representa aproximadamente el 12% del total mundial. Las partículas aéreas procedentes de China también afectan a la atmósfera tanto regional como mundial. El polvo, la arena y la tierra procedentes de los desiertos de China, de los pastos degradados y de las tierras de cultivo en barbecho viajan hacia Corea, Japón y las islas del Pacífico empujados en dirección este por los vientos predominantes y cargados de contaminantes; también atraviesan el Pacífico en una semana hasta llegar a Estados Unidos y Canadá (30). Las partículas aéreas son el resultado de una economía basada en la quema de carbón, de la sobreexplotación de los pastos y de la erosión del terreno. Junto con los países afectados y la comunidad internacional, China ha tratado de reducir tanto la emisión de partículas aéreas como los gases del efecto invernadero y las sustancias que destruyen el ozono. Deforestación exportada. China es el tercer consumidor mundial de madera (1). Dado que la madera proporciona casi toda la materia prima que necesitan la industria papelera y de pasta de papel, y también el material para paneles y maderos para la construcción, en China existe un desequilibrio creciente entre la demanda de productos madereros y su suministro en el ámbito doméstico, especialmente desde la prohibición nacional de explotar los bosques subsiguiente a las inundaciones de 1998. En China, tanto las importaciones madereras procedentes de países tropicales como las de países templados se han sextuplicado desde dicha prohibición (31). Actualmente, sólo Japón supera a China como país importador de maderas tropicales, y parece que lo superará rápidamente. Se espera que las importaciones de madera aumenten con la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio (World Trade Organization, WTO según su acrónimo en inglés), porque los aranceles sobre los productos madederos van a reducirse desde una tasa del 15-20% al 2-3%. En efecto, esto significa que China, al igual que Japón, conservará sus bosques mientras exporta una deforestación (31) que alcanza ya niveles devastadores en algunos países, incluyendo Malasia, Papúa Nueva Guinea y Australia.

Futuro ¿Qué le depara el futuro a China? Los problemas ambientales van en aumento, así como los intentos para solucionarlos. ¿Cuál va a ser el caballo ganador? Riesgos generalizados. Un pesimista observaría que China está expuesta ya a muchos riesgos. Su prioridad es, en la práctica, el crecimiento económico en lugar de la protección ambiental o la sostenibilidad. Pese a que el crecimiento de la población se ha reducido, se prevé para el año 2030 que el número de chinos llegue a 1.500 millones. Incluso suponiendo que la población china se mantuviera constante, la disminución prevista para ese año en el 248

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tamaño de las familias, que supondría 2,2 personas por familia (6), añadiría 250 millones de nuevos hogares, una cifra superior a la total del hemisferio occidental en 2000. La conciencia medioambiental de la población china es escasa, en parte debido a que la inversión educativa en China en relación con el producto nacional bruto es inferior a la mitad de la de los países desarrollados. Pese a que dicho país alberga el 20% del total de la población mundial, sus fondos para educación sólo representan el 1% de la inversión global. La mayor parte de los padres no pueden permitirse enviar a sus hijos a la universidad porque la matrícula de un año consumiría el salario medio de un trabajador urbano o el de tres trabajadores rurales. En China, las leyes y la reglamentación relativas al medio ambiente se elaboraron en gran medida de forma fragmentada; no se aplican eficazmente ni se evalúan sus consecuencias a largo plazo, y además se requiere un abordaje por sistemas. Los precios de importantes recursos ambientales son tan bajos que alientan la generación de residuos: podrían comprarse entre 10 y 100 t de agua del río Amarillo para utilizarla en regadíos por el coste de una botella pequeña de agua de manantial (10). El Estado ostenta la propiedad de la tierra, pero puede ser utilizada por muchos campesinos distintos a lo largo de un período relativamente breve, por lo que dichos campesinos carecen de alicientes para realizar inversiones a largo plazo en sus tierras o para cuidar de ellas. Riesgos específicos. En China, el medio ambiente también se enfrenta a muchos riesgos específicos. La cifra de coches está aumentando, y las tierras de cultivo y los humedales naturales están desapareciendo; las consecuencias de todo ello serán acumulativas. Con el creciente bienestar y el consiguiente aumento del consumo de carne y pescado se incrementarán los problemas ambientales derivados de la producción cárnica y de los hidrocultivos, como la contaminación por residuos de animales y peces y la eutrofización ocasionada por el pescado no consumido. China es ya el mayor productor de comida producida en hidrocultivos y el único en el que éstos proporcionan más pescado y alimentos acuáticos que la pesca común. China alberga en la actualidad los tres mayores proyectos de desarrollo del mundo (figura 1), y probablemente todos ellos generarán importantes problemas ambientales. El coste de la presa de las Tres Gargantas en el Yangtzé —la mayor del mundo, iniciada en 1993 y cuya finalización se prevé para 2009—, construida para producir electricidad, controlar las inundaciones y mejorar la navegación, asciende a 30.000 millones de USD, más los costes sociales de desarraigar a millones de personas y los costes ambientales asociados al corrimiento de tierras, la contaminación del agua, la erosión del terreno, los perjuicios ocasionados a la biodiversidad y la alteración del ecosistema del tercer río mayor del mundo (32). Todavía más caro es el proyecto de desviar agua desde el sur hacia el norte del país, que comenzó en 2002 y cuya finalización no está prevista antes del año 2050. Se prevé que el proyecto cueste 59.000 millones de USD, además de extender la contaminación y producir un desequilibrio hídrico en las aguas del Yangtzé. Este proyecto va a ser superado por el incesante desarrollo que está teniendo lugar en el occidente de China, que afectará a más de la mitad de la superficie del país y es considerado por los mandatarios chinos como la clave del desarrollo nacional. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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Aumento del impacto mundial. Más importante que todos estos impactos son las consecuencias potenciales del hecho de que China albergue la mayor población mundial y tenga la economía de crecimiento más rápido. La producción o el consumo totales son el resultado del tamaño de la población por la producción o la tasa de consumo per cápita. En China, la producción y el consumo totales son ya muy elevados debido a su enorme población, pese a que sus índices per cápita son aún muy bajos. Por ejemplo, la tasa de consumo per cápita de cuatro metales fundamentales para la industria (acero, aluminio, cobre y plomo) equivale tan sólo al 9% de la de los países desarrollados. Sin embargo, China se está convirtiendo rápidamente en una economía desarrollada. Si sus índices de consumo per cápita alcanzaran los niveles de los países desarrollados —e incluso si la población y los índices de producción y consumo se mantuvieran inalterables en cualquier otro lugar—, estos mismos índices de incremento se traducirían en un aumento del 94% de la producción o el consumo mundial total de metales industriales, y del 106% en el caso del petróleo. En otras palabras, el hecho de que China alcance los estándares de consumo del mundo desarrollado duplicará tanto el uso de recursos como el impacto ambiental a nivel mundial; pero incluso si ambos se mantuvieran a los niveles actuales, es bastante dudoso que fueran sostenibles; ésta es la razón por la que los problemas ambientales de China son los del mundo. Signos esperanzadores. También existen importantes razones para ser optimistas, a pesar de lo dicho. La participación de China en tratados internacionales relativos al medio ambiente implica que el país está asumiendo cada vez más responsabilidades en la escena mundial. Se están desarrollando o mejorando muchas leyes, políticas y reglamentaciones ambientales, y la conciencia medioambiental de la población china aumenta. China ha apostado fuerte por una producción más limpia y por un desarrollo sostenible; algunos estándares relacionados con el medio ambiente y con otros productos han alcanzado los niveles del mundo desarrollado. La intensidad energética está disminuyendo, y la tecnología necesaria para la producción y para tratar los residuos ambientales progresa. China ha promovido la puesta en práctica de principios ecológicos en el control de la producción y la contaminación, por ejemplo, la agricultura eclógica y algunas tecnologías tradicionales que son respetuosas con el medio ambiente. En este sentido, una costumbre del sur del país que consiste en criar peces en los campos de arroz inundados permite reciclar los excrementos de los peces y utilizarlos como fertilizantes para aumentar la producción de arroz, utilizar los peces para controlar las plagas de insectos y las malas hierbas, disminuir el uso de herbicidas, pesticidas y fertilizantes sintéticos y aumentar el aporte de proteínas y carbohidratos a la dieta sin perjudicar adicionalmente al medio ambiente. Tanto la pertenencia a la Organización Mundial del Comercio como la celebración inminente de los juegos olímpicos en Beijing han hecho que el gobierno chino preste más atención a los problemas medioambientales. Por ejemplo, la administración municipal de la capital ordenó que los vehículos fuesen adaptados para poder utilizar gas natural y gas líquido procedente del petróleo con el fin de reducir la polución atmosférica. A lo largo de algo más 250

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de un año, China ha ido retirando progresivamente la gasolina con plomo, algo que en Europa y América tardó años, y los coches nuevos tienen que cumplir exactamente con los mismos estándares de emisiones que rigen en Europa. También es esperanzadora la prohibición, desde 1998, de realizar prospecciones forestales y el inicio de un programa de conservación de los bosques naturales (figura 1) para reducir el riesgo ulterior de inundaciones (33). Desde 1990, China ha luchado contra la desertificación en 24.000 km2 de terreno mediante la reforestación y la fijación de dunas (10). El programa “cereales por verde” (Grain-to-Green Programme), iniciado en 2000, suministra cereales y subvenciones en metálico a granjeros que convierten las tierras de cultivo en bosque o en pradera, y está contribuyendo a reducir el uso de laderas escarpadas, muy sensibles desde el punto de vista medioambiental, con fines agrícolas. Hacia finales de 2003, 79.000 km2 de tierras de cultivo habían vuelto a ser bosques o praderas (34), y se espera que cuando finalice este programa, en 2010, aproximadamente 130.000 km2 de tierras de cultivo hayan sido reconvertidas (35). Estas expectativas hacen de éste uno de los programas de conservación más ambiciosos del mundo. China está diseñando y adoptando un sistema que incluye los costes medioambientales en el cálculo del producto interior bruto (o PIB verde).

Recomendaciones y perspectivas ¿Cómo puede cambiar China la actual tendencia al deterioro medioambiental por una tendencia de progreso y mejora? De nuestra revisión se derivan muchas recomendaciones específicas. Por ejemplo, China podría importar tecnologías para reducir el uso de fertilizantes y de pesticidas, reducir la contaminación procedente de los tubos de escape de los vehículos de motor, aumentar la eficiencia en la producción de papel y amoníaco y la de los sistemas de riego, tratar las aguas residuales, conservar los recursos hídricos y de otro tipo, fomentar el uso de energías más limpias y dejar de secar las tierras pantanosas. Además de estas recomendaciones, a continuación exponemos seis grupos de acciones posibles con mayor detalle: 1. El impresionante conjunto de reglamentaciones y disposiciones legales medioambientales existente sobre el papel debe aplicarse y reforzarse. Dado que algunos agentes gubernamentales tienen intereses en compañías que perjudican el medio ambiente, resulta difícil hacer cumplir las políticas medioambientales. Para evitar los conflictos de interés, el cumplimiento de la legislación relativa a los recursos medioambientales debería ser traspasada de las agencias responsables del desarrollo de dichos recursos a la SEPA. Ésta ha de tener competencias para cerrar definitivamente las empresas que contaminen en exceso porque muchos agentes locales protegen a dichas empresas con Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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el fin de aumentar el PIB, el cual se convierte en el principal criterio de promoción laboral. La selección y promoción de agentes gubernamentales debe tener en cuenta tanto la protección ambiental como el desarrollo económico. Conviene incrementar el número de estos agentes que garantizan la aplicación de la ley, ahora relativamente reducido, y dichos agentes deben estar mejor formados. La no aplicación de la ley se debe también a la falta de fondos. China tiene un PIB menor que Japón y Estados Unidos (tabla de la información complementaria), pero sus problemas medioambientales son más graves, por lo que precisa de una inversión medioambiental proporcionalmente más elevada. De ahí que el presupuesto chino para la protección del medio ambiente deba incrementarse desde su cifra actual (1,2% del PIB) hasta los niveles de las naciones ricas (1,5% en Europa y Japón y 2% en Estados Unidos) o más. Una inversión más elevada tendría sentido incluso por motivos exclusivamente económicos, ya que eliminaría gran parte de las pérdidas ocasionadas por los perjuicios al medio ambiente. 2. Dado que China progresa más y más hacia una economía de mercado, hay que aplicar estrategias de mercado a las cuestiones relativas al medio ambiente. Por ejemplo: suprimir las subvenciones a las industrias potencialmente perjudiciales para el medio ambiente, como la del carbón; establecer precios adecuados para aquellos servicios prestados por el ecosistema que actualmente tienen un precio demasiado bajo; promover el comercio de emisiones para reducir la contaminación; gravar algunas actividades con más impuestos medioambientales, por ejemplo incrementando el impuesto sobre el consumo para los coches; indemnizar a los residentes de las reservas naturales y de sus alrededores, como en el caso de las reservas donde viven los pandas gigantes, en peligro de extinción, e incorporar los costes medioambientales indirectos (como la polución) y el valor de los servicios prestados por el ecosistema (como las tierras pantanosas) en el cálculo de parámetros económicos a nivel tanto local como nacional. 3. Centrar la atención no sólo en el tamaño de la población, cuyo crecimiento ya se ha enlentecido, sino también en el número y tamaño de las familias, y en lo que consumen (5). El gobierno debe incentivar que las familias compartan los recursos. Dos factores que tienen un gran peso en el enorme incremento del número de familias y en la reducción del tamaño de las mismas son los divorcios y la disminución del número de hogares donde varias generaciones conviven bajo un mismo techo. En la actualidad, mucha gente mayor vive sola, en lugar de hacerlo con sus hijos y sus nietos. Los divorcios han aumentado de forma importante debido a la simplificación del procedimiento administrativo y a su aceptación por parte de la sociedad; en 2004, más de 1,6 millones de parejas iniciaron el proceso de divorcio, un 21% más que en 2003. Los divorcios perjudican el medio ambiente porque duplican el número de hogares y reducen el tamaño de las familias, lo que hace que aumente el consumo y los desper252

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dicios per cápita. La organización de servicios de mediación y asesoramiento por parte del gobierno, así como el establecimiento de un período mínimo de un mes o más para lograr el divorcio ayudarían a que la gente pensase seriamente sobre el tema. Es necesario compartir recursos mediante la aplicación de esquemas de cohabitación (concebida en Dinamarca), por ejemplo, o pueblos ecológicos (implantados en Estados Unidos y Rusia). Este tipo de soluciones no sólo proporciona beneficios económicos a los cohabitantes, sino que también ayuda a aumentar la eficiencia en el uso de los recursos y a reducir las “huellas” ecológicas per cápita. 4. Es necesario aumentar considerablemente la inversión en educación. Además de mejorar los problemas medioambientales que tiene China concienciando a la población y reduciendo la fertilidad, las inversiones en educación producirían beneficios económicos al potenciar la calificación de la mano de obra. Una mejor educación elemental y superior también redundaría en una mayor incorporación futura a la universidad de niños que habitan en regiones sensibles desde un punto de vista medioambiental, como el oeste de China, de modo que reduciría la presión sobre ecosistemas delicados porque los licenciados universitarios tienen más oportunidades de encontrar trabajo y establecerse en cualquier otro lugar. 5. Es necesario tomar medidas más eficaces para conservar la biodiversidad. El aire y el agua contaminados pueden purificarse, pero no es posible recuperar especies extinguidas ni su material genético perdido. Además, la biodiversidad ofrece bienes y servicios fundamentales para la supervivencia de los seres humanos, incluyendo alimentos limpios y nutritivos, la purificación del agua y del aire, la generación de oxígeno, la reducción de los efectos del cambio climático, la polinización de plantas de cultivo y de otras especies vegetales, el control de las plagas y el almacenamiento de carbón. Por ejemplo, la variedad de arroz salvaje descubierta en China en 1970, la planta macho de la cual es naturalmente estéril, ha hecho posible un híbrido de alto rendimiento y, con ello, ha dado lugar a la segunda revolución verde. 6. Otros países pueden y deben ayudar a China en la protección del medio ambiente. Los países importadores contribuyen a la contaminación en ese país. El consumo de recursos y la producción de productos contaminantes per cápita son todavía mucho menores que en los países desarrollados, por lo que China tiene el derecho moral y la capacidad de desarrollarse. No obstante, los impactos ambientales resultantes podrían extenderse más allá de sus fronteras, lo que hace que el hecho de que otros países ayuden a China responda en realidad a los intereses de éstos. Una de las formas posibles de ayuda sería apoyar a las organizaciones no gubernamentales (ONG) chinas que se ocupan del medio ambiente, porque la solución de los problemas medioambientales excede la capacidad de resolución de cualquier gobierno. China tiene más de 2.000 ONG, pero la mayoría son pequeñas, están mal financiadas, aisladas y necesitadas de ayuda. La comunidad internacional —en combinación con el gobierno chino— podría Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:228-255

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ayudar a las ONG a aumentar la conciencia medioambiental, contribuir a la política gubernamental y controlar su aplicación. Otras posibilidades incluyen: formar planificadores y gestores medioambientales, compartir los métodos de resolución de conflictos, traspasar tecnologías que sean respetuosas con el medio ambiente, como las que sirven para una fabricación más limpia y para la conservación del agua y el tratamiento de los residuos, así como transferir tecnologías de alto rendimiento, las cuales tendrían la ventaja adicional de reducir la creciente competencia entre China y otros países por la energía y otros recursos globales. ¿Cómo terminará todo esto? China fluctúa entre la aceleración del daño ambiental y la protección intensiva del medio ambiente. Su gran población y el auge de su economía implican que da bandazos con mayor ímpetu que otros países. En las dos últimas décadas, China ha vivido un milagro económico; nosotros esperamos que, en los dos próximos decenios, sea también el artífice de un milagro medioambiental y constituya un buen ejemplo para que otras naciones consigan la sostenibilidad, tanto desde el punto de vista socioeconómico como medioambiental. Los resultados no afectarán únicamente a China, sino al mundo entero. Se puede consultar información complementaria a la de este artículo en www. nature.com/nature.

Agradecimientos Deseamos agradecer a Kim Borland, Mason Bradbury, Xiaodong Chen, Jayson Eageler, Wei Liu, Guangming He, Edgard Laurent, Shuhin Li, Wei Liu, Zhiyun Ouyang, Nathan Pfost, William Taylor, Brent Wheat y Daniel Wieferich su ayuda, y a Rory Howlett y tres revisores anónimos sus constructivas sugerencias. Agradecemos el apoyo económico de la National Science Foundation (Biocomplexity in the Environment), el National Institute of Child Health and Human Development (R01 HD39789), la Michigan Agricultural Experiment Station y la National Natural Science Foundation de China (30428028).

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Relato corto

Un héroe moderno A modern hero ■ María Fasce ■ El heroísmo no existe en las ciudades. Tampoco en el campo. Ése es el problema de las mujeres modernas. Nuestros hombres no van a la guerra, y si lo hicieran sería un acto de estupidez o de inconsciencia. Sin embargo, necesitamos un héroe, como lo han necesitado las mujeres de todas las épocas; aunque ahora no sepamos muy bien qué significa esa palabra. Felipe sí sabía. Tenía dos héroes: Superman, que podía volar, castigaba a los enemigos de la Tierra y estaba enamorado de Luisa Lane; y Martín —su padre, mi marido—, que hacía desaparecer conejos y pañuelos, cortaba mujeres que volvían a armarse, adivinaba las cartas y estaba enamorado de mí. El héroe de Martín era David Copperfield, experto en trucos de gran envergadura como hacer desaparecer la estatua de la Libertad o conquistar a Claudia Schiffer. —Otra vez —ordenó Felipe. —Bueno, otra vez —concedió Martín—: “Es una apacible mañana de otoño en Nueva York. Clark Kent camina rumbo a The Observer...”. A mí me pareció que estaba inventando todo. ¿Superman era de Nueva York? Para Felipe su padre era como Clark Kent. Cada sábado se vestía de negro y se ponía una gran capa con el interior rojo y una galera. La gente lo aplaudía y Felipe aplaudía más que todos, hasta que las manos se le ponían rojas. Se paraba sobre la butaca y gritaba: “Bravo, papá”. Ese sábado no iríamos a verlo. Felipe no lo sabía. Martín sí, pero simulaba que mis movimientos por las habitaciones y la cocina eran los mismos de cualquier sábado después del almuerzo. Tampoco este sábado Felipe quería dormir la siesta después de comer, y nosotros lo dejábamos, como todos los padres que han odiado la siesta de chicos. Yo preparaba una pequeña valija para mí y un bolso con los juguetes y la ropa de Felipe. En menos de una hora nos íbamos a Lanús, a la casa de mis padres. También Martín prepararía su bolso, pero más tarde, para ir al show. Miré el frasco sobre el aparador. Vacío. Se le había ocurrido a Martín y ahora me preguntaba si ese juego no había sido el causante de todo, de que yo estuviera preparando los bolsos para irnos, y Martín se quedara, y no supiéramos qué iba a pasar de ahí en más. La autora nació en Buenos Aires (Argentina), en 1969. Ha trabajado como editora, traductora y periodista. Su novela más conocida es La verdad según Virginia (Planeta, 2004). 256

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En un negocio de decoración habíamos comprado dos veladores, un pimentero que nunca había funcionado y cuatro frascos de vidrio para guardar galletitas, caramelos, té, granos de café. Al llegar coloqué los frascos vacíos en los estantes de la cocina. Martín separó uno. —Tengo una idea —dijo mientras llevaba el frasco al living abrazándolo como si fuera una pecera—. Cada uno va a escribir todos los días algo para el otro y lo va a poner acá —apoyó el frasco sobre el aparador—. Tiene que ser algo que no te animarías a reconocer, no como cuando jugamos a decir lo mejor y lo peor del día. Una especie de confesión, alguna bajeza o algo demasiado tierno, que te avergonzaría decir en voz alta. »Cada uno va a leer lo que escribió el otro pero no va a hacer ningún comentario —siguió—. Lo que leamos no va a tener incidencia en el presente, como si hubiera ocurrido en otra dimensión, como si nos lo hubiéramos olvidado enseguida por un ataque de amnesia. Será “el juego del frasco” —dijo Martín pomposamente, y estampó una etiqueta invisible sobre el vidrio. El frasco quedó vacío arriba del aparador, hasta la noche. ¿Qué escribimos esa primera vez? “Quiero que me toques la cara cuando hacemos el amor”. “Hoy robé un rouge del stand de Lancôme en el shopping”. Los papeles todavía deben estar en el cajón de mi mesa de luz. Fue divertido por unas semanas. A la noche, cada uno leía su papel después de comer, y no importaba qué estuviera escrito, casi siempre acabábamos haciendo el amor. Aunque los papeles dijeran: “No me gusta que comas ajos y cebollas”. O “Mañana voy a lastimar a Marilú con la sierra cuando la ponga adentro de la caja”. Ese sábado Martín me buscó en la platea durante el acto de la sierra, y finalmente no lastimó a Marilú. Cuando volvimos a casa, antes de escribir los nuevos papeles, nos reímos e hicimos el amor. Después de leerlos también. Otras veces escribimos: “No me gusta que me hables mientras lo hacemos”. “Hoy me sentí muy triste. Me puse a correr por la ciudad sin ir a ninguna parte. Lloré”. Un día había un solo papel. Yo había olvidado dejar el mío, y también buscar el de Martín. Entonces abrió el frasco y rompió su papel. Fue como cuando los chicos dejan de jugar: de un día para el otro, sin consecuencias visibles, los juguetes quedan en un rincón de la habitación, arrumbados sobre los estantes, hasta que las madres los van reemplazando por libros o ropa. Desde aquel día el frasco había quedado vacío sobre el aparador. Abrí una caja de saquitos de té de boldo, llené el frasco y lo puse junto a los otros, sobre el estante de la cocina. Martín no me vio. —Vamos, Felipe, ponete la campera. —¿Adónde vamos? —A casa de los abuelos. —Andá a buscar la campera —dijo Martín. Felipe volvió con la campera puesta y Martín lo ayudó a subirse el cierre. El laurel se sacudía contra los vidrios de la cocina. El cielo estaba blanco y hacía frío, la calefacción había formado una fina niebla sobre el vidrio. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:256-261

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Un héroe moderno

Martín agarró mi valija y el bolso de Felipe y los guardó en el baúl del auto. Me dio un beso y me raspó la cara con su barba sin afeitar. Felipe se le colgó del cuello, él le dio un beso y lo bajó. Subimos al auto, nos pusimos el cinturón de seguridad y Martín nos despidió desde la puerta con la bata a cuadros (no se había cambiado desde la mañana). Tampoco mi padre se había cambiado. Tenía su vieja bata azul sobre el pijama y nos abrió la puerta del garaje con el pelo revuelto. Mamá había ido a la peluquería, estaba más rubia, con un traje beige y zapatos de taco alto. Felipe subió corriendo las escaleras. Papá cerró la puerta del garaje y subió detrás de Felipe. Yo me preguntaba si no era más conveniente no sacar el bolso de Felipe y mi valija. Mi madre no hablaba y me miraba cerrar la puerta del auto y dirigirme hacia el baúl como si ya lo supiera todo. —¿Felipe se queda a dormir? —Si podés... —Tenés mala cara —me dijo, pero no quería decir eso. Quería decir no te pintaste, no te arreglaste el pelo, esa ropa no te queda bien. Quería decir discutiste con Martín. Quería decir yo te dije. Iba a decirlo en cualquier momento. Saqué sólo el bolso de Felipe y cerré el baúl. Papá y Felipe miraban la tele sin hablarse y comían galletitas. —Que no coma muchas galletitas porque después no va a comer la comida —me dijo mamá, y no supe si hablaba de su nieto o de su marido. Fui hasta mi habitación, que conservaba todavía el papel de flores rosadas en las paredes, las cortinas de volados rosa, el acolchado con flores rosa, las dos muñecas sobre el almohadón en forma de corazón. Me dejé caer sobre las muñecas y me quedé un rato mirando el techo: el empapelado había empezado a despegarse en las esquinas. Se oían los ruidos característicos de los dibujitos —zumbidos, golpes, silbidos—, y mamá moviendo vasos y platos, abriendo y cerrando la heladera. Papá se tiraba a veces a dormir la siesta en mi habitación. Una vez lo había encontrado dormido sobre mi cama, con la cara enfrentada a una de las muñecas. Fui al baño con la cartera. Me miré de frente y de perfil en los grandes espejos que multiplicaban mi imagen a los lados del lavamanos. Había un reloj despertador. Mamá tenía relojes en todas las habitaciones de la casa. Eran las nueve: Martín estaría saliendo para el teatro. Me pinté los ojos con el delineador que llevaba en la cartera, y los labios con el rouge que mamá había dejado sobre el tocador. Entré en la cocina con las llaves del auto en la mano, como para no aceptar demasiadas preguntas. Mamá estaba pelando zanahorias y levantó la vista con un gesto irónico que traduje enseguida: “¿Y ahora adónde vas?”. Papá y Felipe siguieron mirando la tele. —Me voy a dar una vuelta. No sé, por ahí salgo con Fernanda, que hoy me llamó a casa. Todavía no vi al bebé —dije, precipitada, le di un beso a Felipe, le corrí el flequillo y bajé las escaleras. Apoyé la cabeza unos minutos sobre el volante, después puse el auto en marcha y salí. 258

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La revista de Superman estaba abierta sobre el sofá. Martín no había apagado la lámpara. Debió haberse dado cuenta a último momento de que se le hacía tarde. Cuando no se tomaba su tiempo en preparar el bolso las cosas le salían mal. Así decía él, aunque nadie advertía los cambios. A esa hora estaría por el truco de las sogas. Apagué la luz y cerré la revista. Nunca le había preguntado cómo hacía los trucos. Felipe tampoco, pero a él le parecía natural que su padre pudiera hacer esas cosas. Pensaba que, a su debido tiempo, él también podría hacerlas. ¿Por qué había vuelto a casa? ¿Qué estaba buscando? Volví a prender la luz y a abrir la revista sobre el sofá. Me escondí en el armario, como Felipe cuando jugaba con sus primos. Poco después oí el ruido de la llave en la cerradura. Me incorporé y vi pasar a Martín a través de las persianas de la puerta. El armario era una ubicación de privilegio: todo parecía suceder frente a esas persianas, como si Martín quisiera mostrarme algo. Como el juego de los papelitos en el frasco, pero distinto. Puso Caetano Veloso. Se sirvió un güisqui y desapareció de escena. Oí correr el agua en la bañera. Martín estaba preparando su baño de inmersión. Al rato volvió con su bata a cuadros y su güisqui, y se sentó en el sofá. Miraba hacia el armario como si pudiera verme, pero yo sabía que no se veía nada porque ya había visto a Felipe esconderse allí: Martín y yo conversábamos con mi cuñada sentados en el sofá, frente a Felipe, y los chicos lo buscaban inútilmente por toda la casa. Nunca lo descubrían. Sonó el timbre y me sobresalté agitando las perchas sobre mi cabeza. También Martín se sobresaltó. Quedó un momento inmóvil, con las manos en las rodillas, mirando el armario, antes de levantarse. Hubo una pausa larga, después sentí el frío que llegaba desde la puerta de calle, y los autos que pasaban. —Hola. Yo conocía esa voz. —Hola, Guadalupe. Capullito de alelí sonaba sobre las voces de Martín y Guadalupe. —¿Estás solo? —Sí. —¿Puedo entrar? Guadalupe pasó delante de mí y su perfume me barrió la cara como una bufanda. Se sentó en el sofá. Martín la miraba, de espaldas al armario: —¿Y Raúl? Guadalupe frunció el labio inferior. Era un gesto raro en ella, que la volvía más parecida a mí. Guadalupe y yo nos parecíamos, sólo que ella era mucho más linda. Cuando nos decían que nos parecíamos yo sabía que Martín y los otros pensaban: “Sí, como Guadalupe, pero fea”. —No sé. Ni me importa. Ya nos separamos. Martín apagó la música. —¿Y Cecilia? Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:256-261

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Un héroe moderno

—Bien —dijo Martín. Cerró la Superman y la dejó sobre la mesa ratona, pero no se sentó. Cruzó y descruzó los brazos—: ¿Querés un té? —Bueno. Fue hacia la cocina y pude ver bien a Guadalupe, que se acomodaba las medias negras con liga. Jamás pensé que pudiera usar ligas, no era su estilo. Martín apoyó la bandeja en la mesa, arriba de la revista. —¿Le ponés azúcar? Entonces Guadalupe hizo esto: agarró la cara de Martín con las dos manos, la acercó a la altura de sus labios y le dijo: “No quiero nada, te quiero a vos. Quiero estar con vos. Vine para eso”. Martín la alejó con delicadeza. Puso una cucharada de azúcar en cada taza de té, derramando más de lo que ponía, revolvió y le entregó una taza. —Tomá, Guadalupe, te va a hacer bien. —Ya sé que no están juntos. Hoy Cecilia no te fue a ver. Se llevó a Felipe, ¿no? —Es tarde, Raúl te debe estar buscando. Volvé a tu casa. Guadalupe se tapó la cara con las manos y se puso a llorar ruidosamente. Martín agarró los pañuelos de papel que estaban sobre la mesa (Felipe estaba resfriado y yo me había olvidado allí los Kleenex). Le secó las lágrimas, aunque yo sabía que no había lágrimas. Le pasó una mano por el flequillo, como yo había hecho una hora atrás con Felipe. Ella trató de besarlo, él la ayudó a pararse y cayeron los dos en el sofá. Con el impulso se levantó la pollera cortísima de Guadalupe. Martín le miró las ligas y se puso de pie. —Bueno, ya está, Guadalupe. Volvete. —No te gusto. —Sí, me gustás. La llevó hasta la puerta con un brazo sobre su hombro, como si consolara a una viuda. Oí, ya lejos, el falso llanto de Guadalupe, y otra vez el frío entró como un perro en el living, hasta que Martín cerró la puerta. El agua seguía corriendo, el baño debía de estar inundado ya si Martín había puesto el tapón en la bañera. Oí el ruido del secador y del trapo de piso. Abrí con cuidado la puerta del armario, salí y me asomé al corredor. Martín había cerrado la puerta del baño. Escribí en el anotador de la mesada de la cocina “Vi todo” y arranqué la hoja. Vacié los saquitos de té en un cajón y puse adentro del frasco el papel doblado. Llevé el frasco al living y lo dejé sobre la mesa, al lado de la bandeja con las tazas de té frío, para que Martín lo viera, si no, iba a tener que quedarme adentro del armario toda la noche. Tenía que verlo cuanto antes. Tenía que verlo antes de irse a dormir. Me encerré otra vez, esperé y oí el último remolino del agua antes de desaparecer por las cañerías. Martín volvió y no había ningún cambio en él salvo su pelo mojado y peinado para atrás. Iba a servirse otro güisqui pero vio el frasco. Lo vi abrirlo, desdoblar el papel, leerlo y guardárselo en el bolsillo de la bata. 260

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María Fasce

Buscó el anotador y escribió algo. Arrancó la hoja, la dobló en cuatro y la puso adentro del frasco. Se dio vuelta y vino hasta el armario. Me tomó suavemente de los puños y me sentó en el sofá. Se arrodilló y me desabrochó la blusa. Pasó el revés de su mano entre mis pechos. “Te salieron escamas”, decía siempre que me acariciaba, divertido. No dejaba de tener cierta lógica que un mago se fascinara por esos pequeños fenómenos: el momento en que los ñoquis suben a la superficie del agua de la olla, el efecto de un chorro de agua fría sobre el café caliente antes de colar, mi piel erizada. Fui hasta el living. Mi reloj había quedado sobre la mesa ratona, debajo de mi blusa. No era tan tarde, papá estaría despierto, mirando alguna película por cable. Felipe lloraba detrás de la voz aguda de mi madre y el ruido del televisor. Primero Felipe —el chico, decía mi madre— había querido ir al teatro; en la tele alguien había dicho que era sábado y él había empezado a gritar. Tardaron en hacerle entender que la función había terminado. Desde entonces no hacía más que pedir a Superman. Ellos no tenían ninguna revista de Superman y el videoclub ya había cerrado. Mamá había llamado a Fernanda. Fernanda no me había visto. ¿Dónde me había metido? —Ya vamos para allá —dije y colgué. Volví a la habitación y miré dormir a mi marido. Tenía el pelo apelmazado por el sudor. Hubiera querido que fuera Superman, para que volara hasta Lanús y trajera a Felipe a casa. Hubiera querido, por lo menos, que supiera conducir, para no tener que vestirme y arrancar el auto en medio de la noche. Hubiera querido que no se durmiera después de hacerme el amor. Pero los héroes ya no existen. Le peiné el flequillo y le di un beso en la frente. Me vestí. Busqué las llaves del auto y el paquete de pañuelos. Abrí el frasco, leí el papel de Martín y lo guardé en el bolsillo de mi blusa. Después salí en busca de nuestro hijo.

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Doce artículos para recordar Twelve Articles to Remember Entre la miríada de artículos científicos publicados en los últimos meses, la Redacción ha escogido los doce que siguen. No “están todos los que son”, imprudente sería pretenderlo, pero los aquí recogidos poseen un rasgo de sencillez, calidad, originalidad o sorpresa por el que quizá merezcan quedar en la memoria del amable lector.

Dyer AG, Whitney HM, Arnold SEJ, Glover BJ y Chittka L. Bees associate warmth with floral colour. Nature 2006; 442: 525. Los insectos polinizadores distinguen los colores de las flores como un indicio de su contenido en néctar. Así, las abejas prefieren habitualmente las flores de color rojo púrpura frente a las de color rosa. Pero eso sólo ocurre a igualdad de temperatura. Los autores de esta página, de la Universidad de Cambridge, tras estudiar el comportamiento de esos insectos utilizando rosas artificiales impregnadas con una solución de sacarosa al 20 %, han observado que las abejas aprenden a utilizar el color para identificar las flores con mayor temperatura. Si las de color rosa están más calientes que las rojas (basta una diferencia de 4o C), las abejas se decantan por aquéllas. Este trabajo implica a un “nuevo” factor, el calor, en la evolución de la estructura de las flores y lo relaciona con el comportamiento de los insectos polinizadores. Néctar, color... y calor. 1

Van Riel D, Munster VJ, De Witt E, Rimmelzwaan GF, Fouchier RAM, Osterhaus ADME y Kuiken T. H5N1 virus attachment to lower respiratory tract. Science 2006; 312: 399. Es útil conocer en qué punto de las vías respiratorias se adhieren los virus de la gripe, ya que ello permite desarrollar modelos experimentales en animales y diseñar vías terapéuticas. Habitualmente, esos virus “se pegan” a las células de las vías respiratorias combinándose con componentes estructurales específicos de la membrana de esas células. Los autores de este artículo —del Departamento de Virología del Centro Médico Erasmo, Rotterdam— han demostrado: a) que la variante H5N1 del virus de la gripe aviar se adhiere a estructuras de las membranas celulares humanas diferentes a las asociadas al virus de la gripe humana, y b) que tal virus posee afinidad, por un lado, por los neumocitos tipo II (células que reepitelizan y reparan los alvéolos dañados y sintetizan el surfactante esencial para la función pulmonar) y, por otro, por los macrófagos alveolares (células que limitan la replicación viral y facilitan la respuesta inmune frente a la infección) impidiendo su función. Ahí radica el motivo de la gravedad de las alteraciones pulmonares que causa. Además, comunican que el pulmón de gato y 2

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el de hurón comparten con el humano los puntos de adhesión del H5N1, por lo que pueden servir como modelos en los que experimentar terapéuticas para la neumonía de esta etiología. Una vez más, no debe confiarse todo a las vacunas. Chiu BCH, Dave BJ, Blair A, Gapstur SM, Zahm SH y Weisemburger DD. Agricultural pesticide use and risk of t(14;18)-defined subtypes of non-Hodgkin lymphoma. Blood 2006; 108: 1363-1369. Los autores de este artículo, de diferentes centros de Chicago, Nebraska y Bethesda, comunican la significativa relación entre la exposición a insecticidas, herbicidas y fungicidas fumigados con la traslocación cromosómica t(14;18) observada en determinados tipos de linfomas no hodgkinianos. Los agricultores que utilizan esos productos tienen un riesgo mayor de sufrir los linfomas que acompañan a tal traslocación si se comparan con los que nunca los emplean. Además, estas sustancias no se asocian con otros tipos de linfomas no hodgkinianos en los que no se halla tal alteración cromosómica. La utilidad de la química tal vez sea tan grande como la sensibilidad de nuestros cromosomas. 3

Rosenfeld PJ, Brown DM, Heier JS, Boyer DS, Kaiser PK, Chung GY y Kim RY. Ranibizumab for neovascular age-related macular degeneration. N Engl J Med 2006; 355: 1419-1431. La degeneración de la mácula de la retina es hoy toda una epidemia en el mundo desarrollado, en el que una tercera parte de los mayores de 75 años sufren en mayor o menor grado tal enfermedad que, no olvidemos, puede conducir a la ceguera. Hasta la fecha, el único tratamiento útil era prácticamente la fotocoagulación con láser, y no siempre tiene éxito. Los autores de este artículo, de Miami, Boston, Los Ángeles, Cleveland y San Francisco, describen cómo el ranibizumab, un anticuerpo monoclonal frente al factor A de crecimiento del endotelio vascular, administrado una vez al mes mediante inyección intravítrea, mejoró muy significativamente la agudeza visual de estos pacientes. Los efectos secundarios fueron mínimos durante los 2 años que duró el estudio y la mejoría se mantuvo estable en ese período. Bienvenida sea la luz al final del túnel. 4

Asner GP, Broabdent EB, Oliveira PJC, Keller M, Knapp DE y Silva JNM. Condition and fate of logged forest in the brazilian Amazon. Proc Natl Acad Sci USA; 2006; 103: 12947-12950. La tala de los bosques amazónicos, teóricamente selectiva y controlada, es una fuente económica primordial para Brasil, que no debería ser ni irreversible ni desastrosa ecológicamente. Sin embargo, la realidad no es optimista, una vez más. Los autores de estas páginas —de Stanford, Puerto Rico, Durham (Nueva Hampshire) y Pará (Brasil)— han estudiado mediante satélites esa práctica y comunican cómo entre 1999 y 2002 se deforestaron entre 12.000 y 19.000 km2 cada año, una superficie equivalente a la superficie talada de manera controlada. Y cada año dicha área deforestada es mayor. Y es que, aunque la tala “salpicada” no debería, en teoría, repercutir negativamente en el resto de árboles conservados en un área 5

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determinada, sí lo hace al dejarlos muy susceptibles frente a la sequía y el fuego. Quizá la tala no sea tan controlada como se dice y no sorprende que vaya en paralelo a la deforestación, preludio de la desertización. ¿Es sensato seguir convirtiendo sin medida el capital ecológico en capital económico? Krockzynska B, Cutrone R, Bochetta M, Yang H, Elmishad AG, Vacek P, Ramos-Nino M, Mossman BT, Pass HI y Carbone M. Crocidolite asbestos and SV40 are cocarcinogens in human mesothelial cells and in causing mesothelioma in hamsters. Proc Natl Acad Sci USA 2006; 103: 14128-14133. El mesotelioma maligno es una neoplasia que nace en las células mesoteliales de la pleura y el peritoneo. Tiene una gran agresividad y su incidencia va a más dado el amplio uso de los asbestos como aislantes y materiales de construcción en el siglo XX. Como sólo un 5 % de las personas expuestas a esos materiales sufren ese tipo de neoplasia, se supone que otros factores coincidentes deben contribuir a su desarrollo. Los autores de este trabajo —de las Universidades de Chicago, Vermont y Nueva York— demuestran en el hámsteer que el virus del simio SV40 es un cocarcinógeno de la crocidolita (uno de los tipos de asbesto con relación más estrecha con el mesotelioma). Por sí sola, la crocidolita produce mesotelioma maligno en el 20% de los hámsteres, mientras que el SV40 aislado no lo causa; pero tras la exposición simultánea a este virus y a crocidolita se sigue de mesotelioma maligno en el 90% de los hámsteres. Nos recuerdan, además, que muchas de las vacunas frente a la poliomielitis que se prepararon en Europa del Este, al menos hasta 1978, contenían el SV40. En consecuencia, muchos millones de personas han recibido ese virus hasta hace poco tiempo y basta que un pequeño porcentaje de ellas se exponga prolongadamente a asbestos para que desarrollen un mesotelioma maligno. Virus y carcinógenos ambientales, una mala mezcla. 6

Marcus EN. The silent epidemia-The health effects of illiteracy. N Engl J Med 2006; 355: 339-341. En 2003 un 14 % de la población de Estados Unidos poseía un nivel de alfabetización por debajo del denominado “básico”, es decir, eran incapaces de comprender un texto escrito. Además, otro 29% estaba justo en ese nivel, en el que no se pueden pedir maravillas a la hora de leer ni de entender un texto de cierta dificultad. No puede sorprender, por lo tanto, que cuando esas personas enferman no estén en condiciones de seguir las indicaciones terapéuticas que el médico les da por escrito. A partir de un caso concreto, el autor de este artículo —de la Universidad de Miami— nos recuerda que el analfabetismo es toda una epidemia muda, ante la que los médicos (y no sólo los médicos) permanecen ciegos. Y no olvidemos que el analfabeto añade al gran peso de su ignorancia la losa de la vergüenza a la hora de reconocerla o confesarla. Por otra parte, no debemos “sacar pecho” porque en España las cifras reales no deben ser muy diferentes. Toda inversión dirigida a conseguir una buena escuela, hoy y mañana, será rentable y devolverá el bíblico ciento por uno. También en Medicina. 7

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Spaulding C, Henry P, Teiger E, Beatt K, Bramucci E, Carrié D, Slama MS, Merkely B, Erglis A, Margheri M, Varenne O, Cebrián A, Stoll HP, Snead DB y Bode C. Sirulimuseluting versus uncoated stents in acute myocardium infarction. N Engl J Med 2006; 355: 1093-1104. La implantación de endoprótesis coronarias hoy es un procedimiento terapéutico habitual en la cardiopatía isquémica aguda. Uno de los factores que a corto, medio y largo plazo limitan la eficacia de esas prótesis intravasculares es la proliferación de la capa del vaso que está en contacto directo con la sangre. En este artículo, que resume el trabajo de clínicos de 48 hospitales de París, Toulouse, Londres, Pavía, Florencia, Budapest, Riga (Letonia), Waterloo (Bélgica) y Friburgo (Alemania), los autores comunican cómo las endoprótesis coronarias recubiertas con sirulimus —una sustancia que inhibe la proliferación celular— al cabo de 1 año reducen significativamente las reestenosis, el número de muertes por obstrucción de la prótesis y la recurrencia del infarto de miocardio. Tal vez no sorprende tanto el prodigio tecnológico de la minúscula prótesis como el sistema de mantener adherido a su superficie el agente antiproliferante durante largo tiempo. En muchas ocasiones, el suficiente como para permitir el efecto beneficioso de los fármacos y los cambios en el régimen de vida. 8

Andersen LB, Harro M, Sardinha LB, Froberg K, Ekelund U, Brage S y Anderssen SA. Physical activity and clustered cardiovascular risk in children: a cross-sectional study. Lancet 2006; 368: 299-304. La aterosclerosis comienza en la primera infancia y ya sabemos que una escasa actividad física, junto con tasas altas de triglicéridos y colesterol-LDL, la tensión arterial elevada, el sobrepeso y una baja capacidad aeróbica la potencian... desde la infancia. Los autores de este artículo —de Oslo, Tartu (Estonia), Lisboa, Odense (Dinamarca) y Cambridge— comunican la alta frecuencia con la que en niños y niñas de 9 y 15 años la escasa actividad física se asocia a los demás factores deletéreos para los vasos. Y cómo el riesgo cardiovascular disminuye a medida que se incrementa tal actividad. No andaba descaminado aquel sabio maestro de pueblo cuando afirmaba que un niño necesita “más zapato y más balón, y menos televisión”. 9

Gassner HG, Brissett AE, Otley CC, Broahene DK, Boggust AJ, Weaver AL y Sherris DA. Botulinum toxin to improve facial wound healing: a prospective, blinded, placebo controlled study. Mayo Clin Proc 2006; 81: 1023-1028. La toxina botulínica posee afinidad por las terminaciones nerviosas colinérgicas, de modo que bloquea la transmisión del impulso nervioso al músculo. De ahí que, administrada mediante inyección, sirva para relajar las fibras musculares cuya contracción causa las arrugas en el rostro. Sin embargo, esa neurotoxina se ha utilizado para algo más trascendente. Los autores de este trabajo —de la Facultad de Medicina de la Clínica Mayo, Rochester, Minnesota— comunican cómo la toxina botulínica inyectada en la musculatura adyacente a las heridas faciales, facilita su curación y, a la vez, disminuye la profundidad de las cicatrices posteriores. Técnica, cosmética, estética... y psicología. 10

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Hirsch J. An anniversary for cancer chemotherapy. JAMA 2006; 296: 1518-1526. En 2006 se cumplen 60 años desde que Goodman, Wintrobe, Damesek y Gilman —apellidos ilustres en la historia moderna de la Medicina— publicaban, en esta revista, el primer trabajo en el que se comunicaba la eficacia de una mostaza nitrogenada en el tratamiento de algunos linfomas y leucemias. Una sustancia con una curiosa historia. El autor de estas páginas —de la Universidad Rokefeller, Nueva York— nos la recuerda. Desde el “gas mostaza”, utilizado en 1917 en la Primera Guerra Mundial y que sólo en 3 semanas causó 14.728 bajas, hasta el mismo gas tóxico que en 1987 sirvió para que Irak segara la vida de miles de hombres, mujeres y niños kurdos en la guerra Irán-Irak. También explica cómo el secreto con el que era investigada esa sustancia desde 1915 en Estados Unidos tuvo que desvelarse tras el hundimiento de un buque de guerra. Así, el 2 de diciembre de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, el buque John Hayvey, cargado con 2.000 bombas de gas mostaza, fue hundido en el puerto de Bari por la aviación alemana. Nunca se supo el número exacto de muertos entre marinería y población civil, pero sí que lo fueron más por la inmunosupresión secundaria a impregnación e inhalación de la mostaza nitrogenada que por efecto de la explosión. Las investigaciones posteriores en el ámbito civil permitieron que sustancias derivadas de aquel tóxico pudieran aplicarse con seguridad en el tratamiento de muchas enfermedades malignas. El primer trabajo que lo demostraba veía la luz en 1946. Miles de personas deben la vida a una sustancia que empezó siendo una terrible causa de muerte. 11

Mattews PGD y Seymour RS. Diving insects boost their buoyancy bubbles. Nature 2006; 442: 171. Los notonectídeos son insectos que permanecen boca arriba sumergidos bajo el agua a una profundidad constante. Utilizan para ello una burbuja o pompa de aire que captan del exterior y mantienen adherida a su espalda. Lo curioso no sólo es que esa burbuja les permita mantenerse justo a un nivel apropiado para atrapar su alimento, sino que utilicen el oxígeno combinado con su hemoglobina para mantener el volumen de aquélla. Los autores de este artículo —de la Universidad de Adelaida, Australia— han estudiado el comportamiento de uno de esos insectos, el notonectídeo australiano Anisops deanei, y han demostrado que consigue esa flotación a profundidad constante de manera paulatina. Así, el tamaño de la burbuja cuando inicia la inmersión es un 17% mayor que el necesario para mantener fija la profundidad apropiada y ese exceso está relacionado con las propiedades de su hemoglobina. La alta afinidad de ésta por el oxígeno evita su liberación hasta que la presión parcial de O2 ha disminuido hasta una quinta parte de la que tiene al empezar a sumergirse, lo que equivale precisamente a una reducción del 16 % del volumen inicial de la pompa de aire. Durante una primera fase, el insecto obtiene el oxígeno de la burbuja, para pasar a obtenerlo de la hemoglobina durante una posterior fase en meseta, más prolongada. Cuando su presión parcial de O2 cae por debajo de un umbral determinado, el insecto empieza a nadar hacia la superficie y repite el ciclo. Parece que nada es simple en la Naturaleza. 12

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Crítica

Spanish Western! La década que el cine del Oeste habló en español Spanish Western! The decade when the Western spoke Spanish ■ Pedro Gutiérrez Recacha ■ Con arreglo a la opinión de Clint Eastwood, existen dos formas de expresión artística cuyo origen es indudablemente norteamericano: una, musical (el jazz); la otra (el western), fundamentalmente cinematográfica1. Resulta fácil adherirse a tal afirmación. En particular, pocos se atreverían a discutir que el western constituye (o, al menos, ha constituido durante décadas) el género fílmico estadounidense por antonomasia. Sin embargo, el embrujo que el cine del Oeste ha ejercido sobre el público no se ha limitado a las audiencias del otro lado del Atlántico. Las hazañas de cowboys, pistoleros, soldados de caballería, indios, sheriffs y demás personajes de la concurrida galería de tipos del Far West, hábilmente exportadas por Hollywood, prendieron en la imaginación de ciudadanos del mundo entero, generando la que tal vez haya sido la forma más popular de épica mítica del siglo XX. Europa no constituyó en modo alguno una excepción. Pero sí puede considerarse excepcional que algunos productores y realizadores europeos decidieran dar un paso más allá en su fascinación por el Oeste, abandonando el papel de meros admiradores para convertirse en creadores de este tipo de cine. Es de sobra conocido que el western generó (o, para algunos, “degeneró en”) una vertiente europea que dio lugar a películas ciertamente estimables, aunque también a una ingente cantidad de filmes críticamente denostados como subproductos cinematográficos. Es lo que tradicionalmente se ha venido designando con el hoy casi entrañable término de spaghetti-wesEl autor es Doctor por la Facultad de Filosofía de la UAM y Psicólogo. En la actualidad trabaja como investigador asociado al departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid (Madrid, España). 1 Al menos tal opinión aparece atribuida al insigne actor y realizador en la sucinta y admirable monografía sobre el cine del Oeste firmada por la estudiosa francesa Clélia Cohen, recientemente editada en nuestro país: “Clint Eastwood acostumbra a decirlo: Sólo hay dos formas de arte genuinamente americanas: el jazz y el western” (Clélia Cohen. El western. Los pequeños cuadernos de “Cahiers du Cinéma”. Paidós. Barcelona. 2006; p. 4). Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:267-273

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tern y que en la actualidad algunos críticos reivindican con la denominación eurowestern, tal vez más “políticamente correcta” dada su carencia de matices peyorativos. Sin embargo, es menos notorio que mucho antes de que se hablase de spaghetti-western (o de eurowestern, que el lector escoja el nombre que mejor le parezca) existió... el Spanish western. Un fenómeno cinematográfico que podríamos situar, cronológicamente, en la decena aproximada de años que van de mediados de la década de 1950 hasta mediados de la de 1960. ¿Cómo fue la historia de este cine del Oeste español? En realidad, el auténtico origen del western español no debe rastrearse en la esfera cinematográfica, sino en la literaria. La gran eclosión de la novela western española llegaría en plena posguerra de la mano de las ediciones pulp, gracias a editoriales como Clíper, Molino, o, en décadas posteriores, Bruguera. Los revólveres de seis tiros comenzaron a inundar de pólvora las páginas de las novelitas de “a duro” firmadas por autores nacionales que, en la mayoría de los casos, se veían obligados a ocultar su nombre auténtico bajo un seudónimo de resonancias norteamericanas en un intento de favorecer la comercialidad del producto. Alias como Clark Carrados, Mikki Roberts, Keith Luger o Silver Kane comenzaron a poblar los quioscos de las principales ciudades españolas. Pero, de entre esta constelación de autores western, sobresale un nombre que debe ser destacado por lo meritorio de su obra: José Mallorquí (Barcelona, 1913-Madrid, 1972). Se trata de uno de los pocos privilegiados que pudo llegar a ser conocido entre el gran público por el nombre recibido en la pila bautismal, y no por un ostentoso apodo anglosajón. Mallorquí colaboró en la colección Novelas del Oeste, de Ediciones Clíper, y bajo el sello de esta línea publicaría en 1943 (con el seudónimo de Carter Mulford, que finalmente abandonaría) la novela que iba a marcar un punto de inflexión en su carrera: El Coyote. El relato narra la historia del joven César de Echagüe, heredero timorato y aprensivo de una de las familias hispanas más ricas de la California de mediados del siglo XIX, recién anexionada a la Unión, que regresa a su hogar tras una larga ausencia motivada por sus estudios en el extranjero. El padre del muchacho, don César, aguarda con expectación la llegada de su descendiente, pues da por hecho que con su ayuda podrá oponerse a los norteamericanos que ansían sus tierras. Sin embargo, el anciano sufre una terrible decepción: el joven César no es más que un melindroso pisaverde que ha renunciado por completo al uso de la violencia. En realidad, tras los afectados modales del personaje se oculta el valor de un auténtico héroe. Cubriendo su rostro con un antifaz, luciendo un traje típico mejicano y armado de sendos colts, el joven don César asume la identidad del legendario Coyote, defensor enmascarado de los californianos atropellados por la injusticia. A priori, el personaje constituía una aportación más a las ya nutridas filas de justicieros de doble identidad que poblaban las páginas de la literatura popular mundial, como el propio Mallorquí reconocía... pero con una matización: “Tal vez los lectores hayan advertido cierta semejanza entre el Coyote y el Zorro. No niego que don César se parece al héroe que popularizó el cine; pero también se parece a Pimpinela Escarlata, a Dick Turpin y a otros muchos de los que tal vez sea hermano, pero no copia exacta. Cada país tiene un héroe enmascarado que 268

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ha impuesto la ley y el orden ocultando su verdadera personalidad, y ésa ha sido la base en que se ha creado el Coyote”2. Como apunta su padre literario, la peculiaridad del Coyote radicaba en su carácter netamente nacional. Mallorquí pudo concebir un western con raíces culturales españolas gracias a una elección particularmente acertada del escenario histórico de la acción. La primera aventura de César de Echagüe se sitúa cronológicamente medio siglo después de las del héroe creado por Johnston McCulley, el Zorro. Si este último medía su acero contra las huestes del emperador mejicano, el Coyote se las vería con los norteamericanos recién llegados al territorio californiano tras la anexión de éste a los Estados Unidos del presidente James K. Polk, ratificada por el tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. En las novelas del Coyote, la California prenorteamericana es considerada, a todos los efectos, una perpetuación de la propia España. Preguntado acerca de la literatura española del Oeste, Mallorquí definía el peculiar subgénero que había alumbrado como un “medio de situar en el mundo a una serie de personajes de sangre española”. El escritor aclaraba: “Al fin y al cabo, todo el Oeste se halla saturado de espíritu español. Lo que llamamos el Oeste se extiende desde Tejas a California, pasando por Nuevo Méjico y Arizona, más algo de Utah, Nevada, Kansas, etcétera. Tierras que fueron España hasta hace poquito más de siglo y medio. Pude haber situado a mis personajes en la propia España, pero en 1943 la cosa habría sido muy difícil. En los momentos actuales situaría a mis personajes en mi patria”3. La originalidad de Mallorquí auparía a la editorial Clíper hasta dominar el mercado de la literatura popular en la década de 1940. El éxito se traduciría en el lanzamiento inmediato de una serie dedicada al Coyote que se publicaría ininterrumpidamente hasta 1951, constando de 120 entregas, a las que habría que sumar nueve extras, un número especial y una segunda serie de novelas bajo el título de Nuevo Coyote, cancelada tras alcanzar los 62 títulos en 19534. Las aventuras del Coyote, más que un best-seller, supondrían un auténtico fenómeno de masas en la España de la época. No es de extrañar que el mundo del cine pronto fijara su atención en el personaje. La primera tentativa de rodaje corresponde al afamado realizador Florián Rey, que, junto al productor Ismael Palacio Bolufer, presentaría ante la Dirección General de Cinematografía, siguiendo los trámites legales de rigor, la solicitud de rodaje correspondiente al film El Coyote en diciembre de 1950. A pesar de recibir la luz verde oficial, el proyecto se haría merecedor de alguna que otra leve amonestación por parte de la institución censora. Y es que con el paso 2

Texto aparecido originalmente en la novela La justicia del Coyote, publicada por Ediciones Clíper en 1945 y reproducido en Tras la máscara del Coyote/El Diablo en Los Ángeles. El Coyote n.º 11. Ediciones Fórum, S.A., 1983; p. 125. 3 Entrevista publicada en El Correo Catalán (12-12-1968). Reproducida en el número 1 del cómic Aventuras Bizarras (Serie Azul), publicado por Ediciones Fórum en 1987. 4 Las reediciones de la saga del Coyote se han venido sucediendo casi sin interrupción desde que el escritor diera por concluida la serie original en 1953: en 1961, gracias a Ediciones Cid (coincidiendo con la emisión de un serial radiofónico dedicado al personaje), en 1968, bajo el sello de Bruguera; en 1973, ya tras la muerte del propio Mallorquí, por parte de Favencia; en 1984 por Ediciones Fórum y, la más reciente, en 2003, publicada por Planeta DeAgostini. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:267-273

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de la década de 1940 (momento de máximo esplendor de la saga literaria de El Coyote) a la de 1950 (época en la que se plantea el rodaje de la adaptación cinematográfica), la situación geopolítica de nuestro país había evolucionado desde el aislacionismo hasta la apertura internacional. En este sentido, podemos considerar el comienzo de la década de 1950 como un auténtico punto de inflexión en el que las autoridades españolas trataban de ganar la confianza de los países del lado occidental del “telón de acero”, particularmente Norteamérica. En tales circunstancias, se comprenderá que algunas de las pullas habituales en las primeras novelas de Mallorquí contra los ocupadores estadounidenses de la California hispana, que hacía tan sólo una década eran contempladas favorablemente desde las instancias oficiales franquistas, ahora se habían convertido en un asunto, si no tabú, si al menos incómodo (o “políticamente incorrecto”, por utilizar una expresión actual). Así, en el informe del censor Fermín del Amo podemos encontrar, por ejemplo, las siguientes afirmaciones sobre el guión de El Coyote: “Por todo lo que antes hemos dicho propondríamos sin dudarlo la autorización para su rodaje, pero encontramos una dificultad que exponemos para que la Superioridad determine sobre el particular: presentar al ejército norteamericano como una cuadrilla de bandoleros es extremadamente inoportuno en las actuales circunstancias”5. El guión sería modificado pertinentemente antes de ser nuevamente sometido al escrutinio censor en 1952, acompañado de dos libretos para sendas nuevas entregas de la que, en apariencia, se perfilaba como saga cinematográfica del Coyote. Sin embargo, el proyecto de adaptación aún habría de pasar por nuevas vicisitudes. Las sucesivas alteraciones de los equipos técnicos y artísticos propuestos prolongarían los trámites hasta 1954, año en que ya definitivamente da comienzo el rodaje simultáneo de dos películas inspiradas en el personaje de Mallorquí, El Coyote y La justicia del Coyote. La producción de las mismas recaería finalmente en el empresario madrileño Eduardo Manzanos (con la ayuda no acreditada del productor mejicano Gonzalo Elvira6). El joven director Joaquín Romero Marchent se hacía cargo, a su vez, de la realización, mientras que el papel de César de Echagüe/Coyote quedaba en manos del galán mejicano Abel Salazar. Sin duda, cabe atribuir a la pericia de Marchent los hallazgos más valiosos de este par de filmes. Si bien tanto El Coyote como La justicia del Coyote pueden ser tachadas de películas narrativamente desequilibradas, con un guión que avanza a trompicones y según una 5

La documentación referente a informes censores y otros trámites administrativos relacionados con la antigua Dirección General de Cinematografía que aparece citada en el presente artículo puede consultarse en el actual Archivo General de la Administración ubicado en Alcalá de Henares. 6 No conviene pasar por alto otro fenómeno que jugaría también un papel decisivo a la hora de precipitar el paso del personaje de Mallorquí al celuloide, y que no sería otro que la popularidad de la que gozaba en aquella época el cine de “justicieros enmascarados” en Méjico. Muchas de estas producciones llegaron a estrenarse con notable éxito en nuestro país. No es de extrañar que las aventuras del Coyote despertaran no sólo el interés de los productores españoles, sino también de los mejicanos. Véase a este respecto el excelente artículo del historiador Carlos Aguilar titulado “Entre Zorros y Coyotes: la extraña raíz del western hispano-italiano de los años 60” (Cuadernos de la Academia, nº 5. Madrid, 1999). 270

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sucesión de episodios a menudo desconectados entre sí, también es cierto que presentan cualidades cinematográficas nada desdeñables, como la peculiar mezcla de estilos visuales que adereza algunas escenas, con imágenes próximas a una estética de vanguardia (superposiciones, montaje frenético, etcétera) y otras que bordean lo expresionista (a destacar el papel visual desempeñado por las sombras en el enfrentamiento final entre el Coyote y el villano del primer film, el capitán Potts). La experiencia debió resultar del agrado de Manzanos, quien, a inicios de la década de 1960, financiaría (con la participación oficiosa del productor francés Marius Lesoeur) un nuevo film basado en un justiciero enmascarado, aunque en este caso ya no se trataba del Coyote: nace así La venganza del Zorro (1961). Joaquín Romero Marchent volvía a hacerse con la dirección de la cinta —quedando convertido en el auténtico realizador pionero del western español—, mientras que el mismísimo Mallorquí participaba en la elaboración del guión, en colaboración con Jesús Franco. La holgura de medios permitió que, a diferencia del díptico sobre el Coyote, el film fuera rodado en color y con un actor norteamericano, Frank Latimore, encabezando el reparto. Puede que el traje de charro fuera sustituido por la negra indumentaria del famoso espadachín cuya marca era la “Z”, pero, en esencia, el Zorro del film no era otro que el Coyote. Como el héroe de Mallorquí, este peculiar Zorro se movía a sus anchas en la California ocupada por los norteamericanos, defendiendo los derechos de la población hispana y haciendo frente a la autoridad anglosajona. En el apartado visual, la extraña mezcolanza estilística de la que había hecho gala Marchent en los dos filmes previos deja paso a una técnica sobria, al modo clásico, confiando más en la puesta en escena que en la fragmentación de planos. El éxito del film generaría una inmediata secuela, Cabalgando hacia la muerte (Joaquín Romero Marchent, 1962), en la que repetiría la mayor parte del equipo artístico y técnico, con una importante adición: la participación del italiano Alberto Grimaldi, quien en los años sucesivos se convertiría en el productor más preclaro del western europeo. Aún habría de retornar el Coyote en un nuevo film producido por Manzanos, El vengador de California (Mario Caiano, 1963), esta vez bajo los rasgos del actor Fernando Casanova7. El guión de la película, a diferencia de los de sus predecesoras, quedó exclusivamente en manos de Mallorquí, hecho éste que tal vez pueda explicar una mayor presencia de los rasgos típicos de las novelas del escritor barcelonés en la acción, como un número más abundante de referencias al legado español de California. Curioso resulta señalar también cómo en este film se produce cierta inversión de roles con respecto a las adaptaciones precedentes. En las mismas el papel de villano solía recaer sobre algún tiránico militar de la Unión, mientras que correspondía a algún político honrado enviado por Washington (concienciado con los problemas de la población hispana) la función de contrapeso destinado a recordar al espectador que no todos los norteamericanos eran desalmados. Sin embargo, ahora tenemos como rival del 7

El Coyote aún conocería una nueva y tardía adaptación cinematográfica en plena década de 1990, de la mano del realizador Mario Camus.

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Coyote a un pérfido político, mientras que su mejor aliado resultará ser un capitán de caballería. Este peculiar ejercicio de prestidigitación narrativa parece obedecer a un nuevo intento de evitar fricciones con la censura en una época en la que era precisamente el ejército estadounidense el más interesado en convertir a nuestro país en un aliado estratégico. El ya mencionado censor Fermín del Amo, precisamente, había escrito en su informe a propósito del primer proyecto de adaptación de El Coyote al cine, a cargo de Florián Rey: “exhibir un film en el que los políticos son humanitarios y, en cambio, los militares resultan unos criminales [...] posiblemente no sea conveniente y además podría crearnos dificultades innecesarias”. El éxito del díptico sobre el Zorro, así como la participación de Manzanos en la coproducción de un par de westerns cómicos italianos, habían hecho despertar el interés del productor madrileño por el cine del Oeste. Las películas del género rodadas en España parecían gustar no sólo al público nacional, sino incluso más allá de nuestras fronteras. ¿Por qué no lanzarse, entonces, a una producción serial de este tipo de cinematografía? Dicho y hecho. Si hasta entonces Manzanos había utilizado escenarios “fungibles”, de “usar y tirar”, ahora promovería la construcción (llevada a cabo por los decoradores José Luis Galicia y Jaime Pérez Cubero, auténticos padres de la idea) de un decorado estable para su uso en varios filmes. Nacía así en los parajes madrileños de Hoyo de Manzanares el primero de los poblados western que pronto proliferarían por todo nuestro país. Manzanos apostó inicialmente por una cierta continuidad en su producción, rodando, por ejemplo, adaptaciones de otras obras de Mallorquí. Sin embargo, otros productores ya habían atisbado tempranamente las posibilidades internacionales del género. José Gutiérrez Maesso había financiado a comienzos de la década de 1960 el primer western localizado en Almería (localidad andaluza que, inmediatamente, iba a convertirse en toda una tierra de promisión para el rodaje de películas de cowboys). Se trataba de Tierra brutal (Michael Carreras, 1961), coproducción angloespañola que sería distribuida en las pantallas por la mismísima Metro-GoldwynMayer. Aunque Tierra brutal no cosechó el éxito que sus productores esperaban, sí constituye un precoz ejemplo de la tendencia que seguiría raudamente el western español: la apertura al mercado internacional y el rodaje en régimen de coproducción que imponía la imitación de los exitosos modelos de los filmes de Hollywood. Los rasgos más localistas de la obra de Mallorquí, por tanto, ya no tenían cabida en el cine del Oeste nacional. Sobre los parajes más desérticos del territorio español surgiría una flora y una fauna inauditas: los poblados western (Hoyo de Manzanares, Esplugas de Llobregat, varios en la geografía almeriense, etcétera) y toda una panoplia de profesionales (actores, decoradores, especialistas, etcétera) que acudían a los mismos ante la perspectiva de un empleo seguro. El western español se había convertido en un fenómeno internacional que atraía incluso a profesionales de más allá del Atlántico. Entre ellos, un joven actor de televisión llamado a convertirse en las décadas sucesivas en uno de los grandes de Hollywood, Clint Eastwood, con quien precisamente abríamos el presente artículo. Eastwood llegaría a España para rodar dos westerns dirigidos por un, por entonces, bisoño realizador italiano llamado Sergio Leone: Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía 272

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un precio (1965). El éxito desmesurado de este último film comportaba, a modo de corolario, el final del predominio español en el cine del Oeste continental. Sólo una figura española había conseguido previamente despertar el interés conjunto de crítica y público, Joaquín Romero Marchent, pero ni tan siquiera se había aproximado a la aceptación lograda por Sergio Leone en ambas dimensiones. Y la emergencia del realizador italiano iba a coincidir, precisamente, con el eclipse del director español —que antes de su retiro del género nos legaría su mayor contribución al mismo, la bella, dura y emotiva Antes llega la muerte (Joaquín Romero Marchent, 1964)—. La estela de Leone había abierto el camino a toda una nueva generación de realizadores italianos deseosos de probar fortuna en el género de moda en Europa dejando su personal impronta en el mismo. Curiosa paradoja, el western europeo se alejaba de la imitación de los modelos procedentes de Hollywood... movimiento que, en cierto sentido, suponía un retorno a la concepción “idiosincrásica” de las primeras adaptaciones de Mallorquí. Como en las mismas, se trataba de ofrecer al público algo que no podía hallarse en los filmes del Oeste procedentes de Norteamérica. A diferencia de lo que ocurría con los Zorros y los Coyotes, ese “algo” ya no consistía en alusiones a un cierto “carácter nacional”, sino en unos rasgos visuales, temáticos e ideológicos propios. Era evidente que el testigo creativo del western español había cruzado los Pirineos y los Alpes para pasar de tierras hispanas a italianas. A partir de mediados de la década de 1960, siempre hablando en términos generales, el papel español en el subgénero se reduciría a poco más que la aportación de un porcentaje económico del presupuesto de cada film, el uso como decorado de los siempre espectaculares parajes almerienses y la presencia de algunos actores de carácter en papeles habitualmente secundarios. Ahora “western europeo” significaba, fundamentalmente, “western italiano”. Un cambio que tendría su reflejo en la denominación que se habría de acuñar para designar a la vertiente europea del cine del Oeste. Si contemplamos la prensa especializada española de los años 1965-1966, cuando la influencia de La muerte tenía un precio aún no había terminado de materializarse, encontraremos que el nuevo subgénero era llamado Spanish western. El término aparecía, por ejemplo, en el correo de los lectores de sendos números de la revista Fotogramas: el 868 (junio de 1965) y el 880 (agosto de 1965). La afición por el gentilicio nacional como adjetivo no era exclusiva, ni mucho menos, de la revista Fotogramas. Un ejemplo más significativo que los anteriores es la presencia del término Spanish western en el título del primer análisis publicado en nuestra prensa sobre el subgénero: “Las muertes tienen su precio. O algunas palabras sobre el Spanish western” de Fernando Méndez-Leite, aparecido en el número 201-204 de Film Ideal (diciembre de 1966). Si saltamos cronológicamente al siguiente ensayo monográfico, publicado en una revista española sobre el cine del Oeste europeo, aterrizaremos en el año 1968, en el número 1050 del semanario Fotogramas. Así lo titulaba su autor, José Luis Guarner: “El spaghetti-western”. El término Spanish western había quedado abandonado definitivamente, reflejando la postergación paralela de la hegemonía española en el subgénero. Pero durante aproximadamente un decenio el cine del Oeste europeo fue, fundamentalmente, Spanish western. Al menos durante estos años, el western habló en español. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:267-273

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Árboles. Algunas reflexiones sobre el Hombre, la Naturaleza y el Arte Trees. Considerations and thoughts about Man, Nature and Art ■ Francisco Valle Poo Bajo la sombra del árbol, serenos momentos de meditación. Sinergias que invitan a trascender la propia esencia de las cosas, las circunstancias del devenir inmediato. Árbol que se muestra silencioso. Ensimismado. Como ausente. Palpita, sin embargo, su carne vegetal. Belleza improbable que no puede dejar indiferente a nadie. La cruel belleza de lo inalcanzable, límite dramático trazado por la Naturaleza de todo ser vivo. El supremo Dios de la Vida y la Muerte es tejo. ■ Buscamos uno de esos árboles fabulosos como paradigma de los de su género. Y aquí, sentados bajo la sombra que brinda la imponente envergadura del anciano tejo de Bermiego, reflexionamos sobre el inmenso poder que encierra su durísima carne de madera. Este tejo tal vez milenario es arquetipo de los de su clase en todas latitudes. Árbol sagrado que nos acerca a las culturas milenarias, al sentir de lo vegetal que existía en tiempos remotos y hoy se ha perdido de la mano de la insensibilidad y la estulticia. Es éste un árbol símbolo. Árbol de la vida y la muerte; árbol hierático que dimana una fuerza de la que es difícil sustraerse. Tejo de Bermiego, situado cerca del pueblo que le da el apellido, en el concejo asturiano de Quirós. Asombroso corpachón de madera, tronco formidable que parece producto de la conEl autor es periodista y escritor. Vive en Llanes (Asturias, España). 274

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junción de numerosos otros pequeños tejos juntos desde tiempo inmemorial, compartiendo sustancia y avatares y siendo modelado lentamente por ese implacable cincel de tiempo puro. Venerable tejo de arrugadas carnes, fragmentadas, escarificadas y purulentas en las llagas que, húmedas, muestran aquí y allá el palpitar acuoso de su sabia que es veneno mortal para el hombre. Pasamos nuestras manos por su corteza cuarteada y rugosa sintiendo en el abrazo la enorme adiposidad acumulada tan lentamente que nos produce vértigo. Casi podríamos decir que este soberbio árbol era así cuando nacimos y seguirá siéndolo tras nuestro óbito. ¿Cómo fue capaz de acumular toda esta ingente masa muscular pétrea y cálida, palpitante e inerme que se concentra en esencia de tejo bajo nuestras manos? Vemos los rojos arillos, delicados puntos encarnados entre la oscuridad del denso follaje, como la más clara manifestación de vida de este gigante. Bayas que son única parte del árbol no tóxica, exenta de la taxina, un potente alcaloide letal para casi todos los seres vivos. Convivimos pues con la propia muerte aquí bajo las espesas ramas del tejo de Bermiego, o Texu l’iglésia por ser compañía de la modesta construcción que canaliza la mística del pueblo usurpando la función que con anterioridad ejerció el árbol sagrado. Tejo de cualidades peculiares, tóxicas y medicinales, pero también mecánicas gracias a una madera de gran dureza y resistencia a la frotación y la humedad. Utensilios construidos con madera de tejo sobrevivieron miles de años como el hacha hallada en Clacton, Gran Bretaña, probablemente con más de 50.000 años de antigüedad. El tejo nos acerca a la Tierra. Su oscura copa acumula energías capaces de transformar nuestro estado de ánimo. Por eso, desde aquí, junto al tronco magnífico de este tejo asturiano, emprendemos el viaje instantáneo que sólo posibilita la literatura para acercarnos a una de las sabinas de la isla de Hierro en el extremo opuesto de nuestro país. Sentimos con las manos el rugoso tronco que se retuerce y parece doblegarse a las fuerzas de la Naturaleza. Sabina anciana y modesta, cediendo en un contorsionismo dramático que hace arrastrar sus propias ramas enmarañadas y retorcidas. Sabina del Hierro, centenaria y magnífica, capaz de emocionar a quienes nos acercamos hasta ella y disfrutamos de las caricias de sus curvas, del olor de sus aromáticas hojas, mientras contemplamos a su lado la inmensidad del mar que se confunde con los cielos canarios de densa atmósfera, y el viento silba entre sus apretadas ramas y entresijos. En Icod de los Vinos, sin abandonar el archipiélago canario, vive el anciano drago al que tenemos por el más anciano de los árboles españoles. Casi tres veces milenario, el drago es como un gigantesco ramito de té silvestre de dimensiones extraordinarias: 20 m de diámetro del tronco y 17 m de altura. Venerable ejemplar que nos deja en nuestro sitio, bien insignificante proporcionalmente, en el devenir histórico. Podemos proseguir el viaje que nos llevaría por todos los grandes árboles, ancianos unos, otros de apabullante envergadura, sumados otros en preciosos hayedos o robledales, o en solitarias encinas o quejigos1. No importa dónde, siempre el árbol nos ha de acompañar por esta 1

“Leyendas vivas” es un proyecto de catalogación, conservación y divulgación de los árboles más singulares del territorio español con el que se puede colaborar y consultar en: www.leyendasvivas.com

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tierra en la que, según la leyenda, aunque inexacta, bellísima, hubo una época en la que era posible cruzar la Península ibérica sin necesidad de bajarse de las ramas de los árboles. * * * Nos emocionó escuchar a José Saramago la siguiente frase: “mi abuelo, Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque no los volvería a ver”2. Es una de esas pequeñas historias individuales que sabiamente narradas perturban los sentimientos íntimos de quienes las escuchan. Sin embargo, es evidente que nos dejan más huella por ser excepción antes que norma. Hombre sabio es aquel capaz de apreciar y disfrutar las cosas esenciales de la vida. Es sabio porque sólo un conocimiento muy preclaro permite ver algo más allá de las propias narices. La sociedad actual, embarcada en un progreso tecnológico que se convierte en espejismo de desarrollo sin fin, está, no obstante, dando la espalda a lo esencial que es el medio en que todo se desarrolla, la Naturaleza que resulta para algunos tan lejana como aparentemente prescindible. Es evidente que nada nos quedará sin ella, sin sus beneficios directos que nos son indispensables para sobrevivir. Ella nada necesita de nosotros y por eso al final siempre gana. La podremos mancillar, maltratar, destruir en alguna de sus partes, pero después se recuperará de la misma o de otra manera diferente y seguirá cuando ninguno de nosotros sea siquiera un recuerdo. Al final sólo nosotros perdemos. Por eso mismo es asombrosa la irreflexiva agresión que sufren los árboles constantemente. Seres vivos indefensos, generosos y amigables como pocos. Plenos de cualidades y virtudes, de ellos todo es útil para el ser humano3 empezando por su capacidad para retener agua. Ignacio Abella nos ofrece esta imagen que debería invitar a reflexionar a algunos: “El árbol es una nube anclada a la tierra”4. Llegamos a estados de desertización, a dramáticas situaciones de escasez hídrica, y se sigue mirando al cielo esperando milagros que no existen y soluciones que no son viables. Sabemos que sólo nos queda una posible solución que no es precisamente de resultados inmediatos, la reforestación. En 1925 publicó Martín Chico, “insigne maestro de Illescas”, un delicioso librito titulado Mi amigo el árbol 5 donde, con la ampulosa prosa de 2

Lectura del discurso de aceptación del galardón premio Nobel de Literatura 1998: De cómo el personaje fue maestro y el autor aprendiz. 3 Como simple ejercicio de recuerdo: generadores del oxígeno indispensable para la vida; purificadores de los gases contaminantes que vertimos a la atmósfera; generadores de la materia prima más preciosa utilizada por el hombre: la madera; productores de fruta; protagonistas de los más bellos paisajes, etcétera. 4 Ignacio Abellá. La magia de los árboles. Ed. Integral, Oasis, SL., 1996. 5 En el mes de abril de 2005, con motivo de la celebración de los 20 años de existencia de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA) y los 10 años de la Asociación Española de Arboricultura (AEA), se publicó la edición facsímil de la tercera edición del libro Mi amigo el árbol, de Martín Chico Suárez, publicado en Barcelona en 1925. 276

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la época, ofrecía a los niños algunas máximas que hoy son aún más útiles que entonces: “Cubriendo de árboles nuestras montañas establecemos comunicación entre la tierra y las nubes”. “No hay agricultura posible sin bosques, y no hay bosques donde los pueblos no sienten amor al árbol”. “Repuebla las montañas y ensancharás en pacífica conquista el suelo de la Patria”. “Si contemplas el valle fecundo y surcado por mansas corrientes, alza la vista y hallarás el monte poblado de árboles”. En las antípodas está el párroco que no duda en clavetear sobre el poderoso tronco del tejo, bajo el que se construyó la iglesia, el tablón de anuncios de sus pírricas liturgias y santorales. El funcionario que saca a la calle los bandos y resoluciones para brutalmente fijarlos con chinchetas o grapas al cuerpo indefenso del roble que multiplica su edad y con un poco de suerte seguirá haciéndolo tras la desaparición de la corporación municipal. El constructor que no tiene empacho en colocar sin ningún miramiento un gigantesco cartel promocional de su discutible negocio sobre dos grandes arces o plataneros ahorrándose la estructura. El director del colegio que tala los hermosos olmos del patio para evitar la caída de las hojas y el consiguiente problema de limpieza. El alcalde que ordena la mutilación salvaje de los árboles de paseos y avenidas apenas empieza en sus hojas a asomarse el otoño para, y no existe ninguna otra explicación factible, hurtar a los vecinos y visitantes las hermosas tonalidades otoñales pigmentando parques, avenidas y paseos para ofrecer a cambio árboles amputados, retorcidos en su desnudez, privados ellos y los paseantes del bello proceso natural del cambio de estación. El contumaz intento de algunos arquitectos, “grafiteros del espacio”, por conseguir que los árboles no puedan impedir su patético lucimiento. Constructores que no tienen reparo en llevarse por delante encinas, castaños, robles..., y en su lugar llenan el espacio de hormigón y desolación. Completa el círculo de descerebrados el pirómano, el enfermo por el placer inexplicable del fuego y el enfermo de codicia o de maldad pura. * * * Vivimos los humanos desde que nos hicimos un hueco en este mundo unidos al árbol que nos aventaja en presencia en este planeta miles de años. A su sombra nos cobijamos, de él obtuvimos alimentos y útiles para nuestro desarrollo; son suyas las materias que sustentan lo más refinado de nuestra cultura. El papel da soporte a todo el conocimiento acumulado por el hombre a lo largo de la Historia. Los grandes monumentos literarios lo son tanto por el escritor que los pergeñó como por el papel que les dio soporte. Las grandes fórmulas matemáticas y físicas6, los tratados y las representaciones gráficas de los descubrimientos, los mapas y las fotografías tienen mucho que agradecer al árbol. Pero es en la más elevada manifestación artística del hombre donde interviene el árbol como pieza esencial. La voz de la madera es clave. Stradivarius lo sabía. Lo saben todos los lu6

No sólo por el inspirador suceso de la manzana y Newton.

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thier que en el mundo han sido y serán. Arce, abeto, pernambuco, ébano, palo de rosa... Cada madera con su color, calor y sonido dan a la música la calidad característica del instrumento. De acuerdo que también intervienen tripas y rascadores7, por no hablar del metal, pero es el secreto de la construcción de las cajas de resonancia de los instrumentos lo que distingue unos de otros. Por eso podemos decir que la voz de la música es de madera8. Imaginamos el primer tam-tam producido por el garrote del primitivo antepasado sobre el tronco hueco de un árbol. Los primeros silbatos y artilugios que dieron a esta especie nuestra el marchamo cultural que la diferencia sustancialmente de cualquier otra. Si la música es la más elevada de las creaciones humanas9, el arte se manifiesta de otras muchas formas. El árbol adquiere en algunas de ellas un papel importante tanto como soporte como objeto representado. Apenas existen las imágenes de árboles en las pinturas rupestres, sin embargo, algunos útiles y pigmentos empleados proceden de ellos. Tribus de todo el mundo utilizaron la madera para confeccionar máscaras y tótem, pero fueron los maoríes de Nueva Zelanda los que consiguieron extraer de la madera las más maravillosas tallas. Un artesano egipcio vaciaba en una impresionante pieza de madera el retrato de Hesire cuando faltaban aún 2.700 años para el comienzo de nuestra Era. Otro más próximo a nosotros, hace unos 3.400 años, con hermosos pigmentos de color decoraba una tumba en Tebas con un estanque animado por peces, patos y nenúfares rodeado por árboles de distintas especies. Recuperamos mucho tiempo después la pintura de árboles en los frescos de influencia helenística de Pompeya, Stabia o Herculano. Son muestras, algunas de gran calidad10, del tipo de pintura que debió de ser tanto la romana como su predecesora helénica. Entre tanto en Oriente se desarrolla un arte muy ligado a la Naturaleza y pronto cargado de influencias religiosas. Los chinos elevaron la categoría del pintor hasta hacerla similar a la de los grandes poetas, a diferencia del estatus que éstos tenían en Europa hasta el Renacimiento. Como ayuda para la práctica de la meditación, los pintores chinos crean obras de una belleza extraordinaria en la que los árboles juegan un papel destacado, como en el Paisaje a la luz de 7

En los instrumentos de cuerda tiene más importancia la madera, su calidad y resonancia que la de las cuerdas que se confeccionan a partir de tripas de oveja o cordero. En el argot de las orquestas se llama “rascas” a los que tocan instrumentos de cuerda como abreviatura de “rascadores de tripa de gato” o “rascadores de tripa”. El arco de violines y violas es de madera con pelo de caballo. 8 La propia electrónica aplicada a la generación de sonidos trata de emular los más refinados instrumentos construidos en madera. 9 Tengo para mí en este punto que nuestra especie tanto ha conseguido los más altos registros en este arte que pueden acercarla a lo sublime —baste como ejemplo el Adagio del Concierto para clarinete y orquesta en la mayor K 622 de Mozart—, cuanto, en el extremo opuesto, algunas misérrimas manifestaciones ligadas a la consecución barata del “triunfo” y baladíes cosas por el estilo. 10 Véase, por ejemplo, el mural de la entrada de Villa de Livia, cerca de Roma, o la célebre Muchacha cogiendo flores de Stabia. 278

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la luna, de Ma Yüan, pintado sobre seda hacia el 1200, o el Paisaje después de la lluvia, de Kao K’o-kung, de entre 1250 y 1300. A comienzos del siglo XVI, el pintor Albrecht Altdorfer (Alemania, 1480-1538) se convierte en el primer naturalista de la pintura. Hasta entonces todos los artistas, por mucho amor a la Naturaleza que manifestaran en sus obras, sólo utilizan los árboles y el paisaje como escenario para sus composiciones pastorales o retratos. Por el contrario Altdorfer centra todas sus acuarelas, grabados y el óleo Paisaje, de 1532, en la observación directa y la representación del paisaje en el que el árbol es protagonista. Pinos centenarios y rocas son su elemento de inspiración, de la misma manera que Rubens (Alemania, 1577-1640), a comienzos del siglo XVII, aunque no siendo especialista en temas naturales nos deja algunas memorables aproximaciones como el célebre Paisaje con árbol muerto, un dibujo de tiza negra y tinta tomado del natural. Sin embargo, es Rembrandt (Holanda, 1606-1669) el que nos sorprende arrebatando a la Naturaleza en un aguafuerte tres árboles como elemento de inspiración. Estamos, probablemente, ante el más hermoso e inquietante grabado de un paisaje con árboles, que es también el más famoso de los paisajes rembrandtianos: Los tres árboles, de 1643. Hablan los expertos de la dimensión metafísica lograda por el artista en esta obra a pesar de la aparente simplicidad. Rembrandt observa el devenir del mundo como nadie lo hizo anteriormente. Este fabuloso grabado nos acerca a la Naturaleza en el inminente proceso de alteración, en el cambiante permanente de su esencia, en la representación inmediata de uno de los elementos menos estables como son los fenómenos atmosféricos. Llega la tormenta. En primer plano los tres árboles disfrutan aún de la claridad previa al azote de la lluvia. La sensación que emana es la urgencia de cambio, del prodigio de la certeza, de la forma en movimiento que nos lleva hacia trazos de vértigo que resultarían difícilmente conseguibles en óleos de gran envergadura. Influye este grabado de Rembrandt en la obra de otro holandés eminente, Jacob van Ruisdael (1628-1682), que se convierte en el mejor especialista en la pintura de árboles hasta la fecha. Algunos de sus lienzos exploran como nadie lo había intentado las formas y texturas de árboles y bosque y el dramatismo de las nubes, como el célebre Paisaje con árboles, de 1655, inspirado en los centenarios árboles próximos a su ciudad, Haarlem. Por esa misma época pintaba Diego Rodríguez de Silva Velázquez (1599-1660) el cuadro Vista del jardín de Villa Médici en Roma. Una obra asombrosa tanto por ser un paisaje en el que los árboles juegan un papel destacado, cuanto por la técnica innovadora que se adelanta 200 años a los impresionistas. Hasta comienzos del siglo XIX no surge un pintor capaz de devolver al árbol un protagonismo esencial en sus obras. Caspar David Friedrich (Alemania, 1774-1840) llega a la localidad natal de sus padres en Neubrandemburg, Pomerania, en la primavera de 1806 y realiza una serie de dibujos de árboles entre los que Encina con nido de cigüeñas se convierte no sólo en una aportación artística fundamental, base de muchas de sus obras posteriores, sino que tiene 280

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repercusiones políticas como símbolo de los valores germánicos en un despertar nacionalista propiciado por la guerra napoleónica. De la misma época son las obras a lápiz Estudios de roble y Estudio de árbol, donde se pone de manifiesto la relación inevitable de la vida y la muerte por medio de la imagen de un gran árbol erguido pero exánime. Vuelve varios años después Caspar D. Friedrich a recuperar la imagen de aquellos árboles atrapados por su lápiz en 1806 trazando en óleo sobre lienzo Paisaje con pueblo al amanecer11 (1822). Es protagonista de este cuadro una hermosa encina que se convierte en el eje central de la composición donde queda definida la ruptura del artista con la tradición paisajista clásica. Pintó Friedrich otros lienzos con árboles como protagonistas absolutos, como Árbol de los cuervos (1822), Árbol solitario (1828) y Roble en la nieve (1829). El árbol, accesorio para su extraordinaria habilidad pictórica, se muestra de forma definitiva en la pintura realista de Gustave Courbet (Francia, 1819-1877), en su emblemático óleo La ruisseaux de la Breme a la sortie de Puits Noir. Con el impresionismo llegan grandes creadores que también reflejan en algunas de sus obras el mundo de los árboles. Captando la luz del Mediodía francés en su amplia obra paisajística, Van Gogh (Holanda, 1853-1890) por medio de colores intensos y pinceladas sueltas muestra la exaltación de su propio espíritu creador, como en el Paisaje con cipreses cerca de Arlés (1888), donde el campo, los setos y los cipreses reflejan su personal apreciación del paisaje. En el caso de Paul Gauguin (Francia, 1848-1903), durante el exilio creativo de Tahití, en su etapa simbolista, sus pinceles dan a luz el óleo Árbol grande (1891), en el que el mundo vegetal no adquiere precisamente el protagonismo que podría desprenderse de su título, sino que da cobijo a una escena isleña con figuras. De distinta manera enfoca el árbol Paul Cézanne (Francia, 1839-1906) en su óleo, Gran pino (1889), en el que ocupa la parte central del cuadro un enorme pino que está realzado por el perfilado en negro de su gran silueta que le da un poderoso relieve sobre el resto del bosque que se muestra apenas abocetado, técnica similar a la utilizada en su Gran pino y tierras rojas, realizado entre 1890 y 1895, donde Cézanne explora la abstracción en su pintura. O Pierre-Auguste Renoir (Francia, 1841-1920) con sus capacidades mermadas por la enfermedad reumática, cuando era preciso que le ataran a sus dedos los pinceles para poder pintar, este maestro del impresionismo nos deja en sus últimos años algunos retratos de árboles tan deliciosos como las encinas del Paisaje cerca de Menton. A comienzos del siglo XX, Gustav Klimt (Austria, 1862-1918) crea en el friso decorativo para la villa-palacio de un industrial belga conocido como Friso Stoclet un motivo central que nos fascina: El árbol de la Vida y la Muerte. Corren los años entre 1905 y 1909 y el artista en su 11

Pocas obras en la historia tuvieron tantos títulos como ésta de Caspar D. Friedrich que hoy conocemos como Paisaje con pueblo al amanecer, expuesta en 1828 como Una verde llanura, volviendo en 1856 al nombre inicial que nuevamente variaría en 1876 para denominarse Paisaje de Harz al amanecer y recuperar en 1921 el actual nombre, que de nuevo se quiere cambiar por el de Mañana en el Jeschkengebirge. Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:274-282

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última etapa decorativa crea con la técnica del temple un árbol basado en los mosaicos bizantinos donde reúne los elementos más importantes de la vida humana en la percepción del artista, la sabiduría, el amor y la muerte. El artista holandés Piet Mondrian (1872-1944), que llevó el arte abstracto hasta sus últimas consecuencias, crea en su primera etapa, entre 1909 y 1912, una redundante serie de árboles: Árbol rojo, Árbol gris, Manzano azulado... bajo las influencias primero impresionistas y después cubistas. La simbiosis del hombre y el árbol la encontramos, finalmente, en el cuadro de la artista mejicana Frida Kahlo (1907-1954) en su primera incursión en el surrealismo, el retrato de Luther Burbank (1931). El personaje retratado hunde sus piernas en el tronco de un roble y vemos en sección como éste hinca sus raíces en la tierra sobre un cadáver en descomposición. El doctor sostiene con su mano izquierda las cinco grandes hojas de roble entre las que se asoma. Hombre y árbol son más que nunca una misma cosa, un círculo de interdependencia que tiene más de realidad de lo que nos pudiera parecer.

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Miscelánea

SIDA: ¿la vacuna imposible? AIDS: ¿the undiscoverable vaccine? ■ Rafael Delgado ■ La promesa de una vacuna

El boletín epidemiológico del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos correspondiente al 5 de junio de 1981 contenía una breve nota en la que describía un extraño brote de neumonía que afectaba a jóvenes homosexuales en Los Ángeles. Nadie podía sospechar entonces las enormes consecuencias de esta nueva enfermedad. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) hacía su presentación en el mundo desarrollado y rápidamente demostraba su potencia devastadora en todos los continentes. Aunque las características iniciales de la epidemia, sobre todo la disparidad de los primeros grupos de población afectados: homosexuales, drogadictos y hemofílicos, despertaron todo tipo de especulación sobre su origen, el estudio riguroso de los factores de riesgo sugería fuertemente que un agente infeccioso desconocido se estaba transmitiendo con rapidez por contacto sexual y transfusiones de sangre. A lo largo de 1983 y fruto de una complicada colaboración, los laboratorios de Luc Montaigner en el Instituto Pasteur de París y de Robert Gallo en el Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda identificaron un nuevo virus en células de pacientes infectados. Aunque formalmente se reconoce al grupo francés como el primer descubridor de lo que posteriormente se bautizó como VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), fue el grupo norteamericano el que realizó un trabajo más decidido para demostrar que este nuevo virus era el agente responsable del cuadro de inmunodeficiencia tan espectacular que estaba extendiéndose rápidamente por todo el mundo. El 23 de abril de 1984, pocos días antes de que se publicaran en la prestigiosa revista Science los cuatro artículos de Gallo sobre la caracterización del virus y las condiciones para su propagación en el laboratorio, se celebró en Washington una histórica rueda de prensa en la que oficialmente se daba a conocer la noticia al mundo. Margaret Heckler, la entonces responsable del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, reunió unas horas antes a los científicos responsables de la El autor es médico y trabaja en el Laboratorio de Microbiología Molecular. Servicio de Microbiología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid (España). Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:283-289

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investigación. En la rueda de prensa sería inevitable contestar a la pregunta sobre una vacuna para la nueva enfermedad y ella quería conocer su opinión: ¿era posible y en qué tiempo podría estar disponible? En aquel primer anuncio oficial del descubrimiento del virus del SIDA se realizó la predicción de que en un plazo probable de 2 años se podría disponer de una vacuna para la enfermedad. Hoy el resultado es bien conocido. Después de más de dos décadas de investigación, en las que se han realizado inversiones y esfuerzos científicos considerables, no tenemos ningún prototipo de vacuna con esperanzas realistas de ser eficaz para prevenir la infección por el VIH. El optimismo inicial se ha transformado en escepticismo y son cada vez más numerosas las opiniones autorizadas que se plantean abiertamente la posibilidad de que disponer de una vacuna para el SIDA sea imposible. Con 25 millones de muertos desde la aparición del SIDA y 40 millones de infectados en la actualidad, el debate sobre la vacuna no sólo presenta controversias sociales y científicas sino que, cada vez más, adquiere una dimensión ética y moral para la utilización acertada y responsable de enormes recursos económicos que quizá podrían ser empleados en objetivos igualmente importantes y más a nuestro alcance.

¿Por qué es tan difícil conseguir una vacuna para el SIDA? En estos 25 de años de SIDA al menos hemos identificado los obstáculos principales para conseguir una vacuna; algunos, como veremos a continuación, son formidables. Es indudable que las vacunas han contribuido a evitar la muerte temprana y mejorar la salud de la humanidad quizá más que ninguna otra intervención socio-sanitaria a lo largo de la historia. La primera vacuna reconocida fue puesta en práctica por Edward Jenner, un médico rural, en la Inglaterra de finales del siglo XVIII. Jenner observó que las niñas que ordeñaban las vacas y se infectaban frecuentemente por las pústulas de las ubres no padecían nunca la viruela, y describió el procedimiento de “vacunación” mucho antes de que se estableciesen las bases de la teoría microbiana y 150 años antes del descubrimiento del primer virus. El desarrollo de vacunas hasta nuestros días ha estado acompañado en gran parte por este mismo empirismo que llevó a Jenner a poner en práctica la suya. Disponemos de un buen número de vacunas que protegen frente a enfermedades graves producidas por virus (polio, sarampión, hepatitis B) o bacterias (difteria, tétanos, tos ferina, Haemophilus). El desarrollo de estas vacunas está basado en principios muy generales y relativamente simples. Una vez que se consigue multiplicar el microorganismo en el laboratorio es posible inactivarlo o atenuar su virulencia; este producto se administra, según diferentes vías y dosificaciones, de tal forma que induce la respuesta del sistema inmunológico como si de la propia enfermedad se tratara. Esta respuesta se traduce en la producción de anticuerpos y células (linfocitos) específicos y el establecimiento de una memoria defensiva que nos protegerá de nuevas infecciones en el futuro. 284

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De los dos grandes brazos de la respuesta inmunológica, la mediada por células y por anticuerpos, es esta última la que parece desempeñar un papel más importante en la protección por las vacunas que tenemos disponibles. Esta inducción de memoria inmunológica es similar a la transferencia de memoria defensiva que se produce durante la gestación: los anticuerpos maternos defenderán durante los primeros meses de vida al recién nacido. Desde un punto de vista evolutivo, parece claro que los agentes infecciosos que causan infecciones rápidas y letales han sido el principal enemigo para la supervivencia humana. Es quizá por esta razón que nuestro sistema inmunológico es bastante competente para defendernos de las infecciones agudas, pero tiene muchos más problemas para controlar microorganismos que producen enfermedades lentas y crónicas, como es el caso de malaria, tuberculosis y SIDA. La antigua observación de que los individuos que superaban la viruela o el sarampión no se volvían a contagiar sigue explicando en gran parte el éxito y el fracaso de las vacunas: la mayoría de las vacunas disponibles lo son frente a enfermedades en las que la respuesta inmune natural es capaz de eliminar completamente al agente infeccioso. Éste es el primero de los problemas fundamentales para conseguir una vacuna frente al SIDA: no se conocen individuos que una vez infectados por el VIH se hayan curado espontáneamente. Desconocemos, por lo tanto, los marcadores de protección en la infección por el VIH. En otras palabras, no sabemos qué tenemos que fabricar y qué efecto tiene que producir. Es más, en los últimos años y gracias a los avances en las técnicas de genética molecular, se han descrito numerosos casos de individuos infectados que se reinfectan por una nueva cepa de VIH, fenómeno conocido como superinfección. Cuando se analizan en poblaciones de riesgo las probabilidades de infección y superinfección, éstas son muy similares. Sabíamos que la respuesta inmune frente al VIH no era nunca completamente efectiva para erradicar al virus, pero ahora sabemos que incluso es incapaz de evitar nuevas reinfecciones. Esto se explica por las dificultades de las barreras defensivas para neutralizar la entrada del VIH en el organismo. Hoy conocemos la estructura y la biología del VIH mejor que la de ningún otro virus. Se trata, ciertamente, de un enemigo difícil de combatir que es capaz de integrarse establemente como un gen más en el cromosoma de los linfocitos T CD4+, una de las células claves en la respuesta inmune, desde donde se reactiva a su conveniencia. Adicionalmente, la envoltura del virus, la porción más expuesta y teóricamente más vulnerable, combina sofisticados mecanismos de blindaje y variabilidad que le permiten evadir con facilidad la respuesta inmune. Esto explica que los anticuerpos, tan útiles para eliminar otros virus como los de la gripe o la polio, sean prácticamente ineficaces frente al VIH. Otra de las grandes limitaciones operativas en la investigación en SIDA es el no disponer de modelos animales. Todos los monos son resistentes a la infección por el VIH, con la única excepción del chimpancé, que no se utiliza por la dramática escasez de ejemplares y el hecho de que no desarrollen un cuadro similar al SIDA. El modelo más aproximado es el de macaco rhesus, que se infecta con el Virus de la Inmunodeficiencia del Simio (VIS), un pariente cercano al VIH. En experimentos de vacunas realizados con estos monos se ha conseguido inducir en muchos Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:283-289

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casos concentraciones elevadas de anticuerpos neutralizantes y de inmunidad celular. Sin embargo, esto parece no ser suficiente, ya que no se ha conseguido proteger en ningún estudio a estos animales cuando se les administra el VIS239, la variante más similar al VIH. Por otra parte, cuando se han probado más de una docena de productos en más de 30 estudios, todos los ensayos de prototipos de vacunas en humanos también han resultado un rotundo fracaso. Por último, pero igualmente de extraordinaria importancia, existe un considerable espectro de cepas de VIH circulantes que reflejan la sorprendente capacidad de variabilidad del VIH. Sólo en unas pocas décadas el VIH-1 grupo M, principal responsable de la epidemia, ha dado lugar a 9 subtipos y más de una docena de formas recombinantes. Una vacuna debería ser eficaz por igual frente a todas estas variantes, lo que plantea enormes dificultades para su diseño y producción.

Empiristas versus mecanicistas Estas dos formas de enfrentar los problemas se plantean frecuentemente en la medicina. En un enfoque más empírico, el indudable éxito obtenido con las primeras vacunas, con un casi nulo conocimiento de su composición y de los efectos inmunológicos producidos, ha animado a muchos, entre otros a Jonas Salk, descubridor de la vacuna de la polio, a intentar estrategias similares. La idea principal es el ensayo-error, probar el efecto de tantos productos víricos comos sea posible en ensayos clínicos en humanos para evidenciar una posible eficacia. Por el contrario, los mecanicistas o reduccionistas favorecen un exhaustivo conocimiento previo de los mecanismos básicos implicados en el proceso: caracterización de las proteínas del virus, estudio de la respuesta inmune inducida, estudio de los marcadores de protección, etcétera. Sólo cuando existan bases biológicas convincentes se debería dar el paso a modelos animales o ensayos clínicos en humanos. Independientemente de que se necesite probablemente un buen equilibrio de estas dos tendencias casi temperamentales, debemos aceptar, como ya hemos comentado, que todas las estrategias probadas hasta el momento han fracasado rotundamente. Estas dos formas de abordar el problema de la vacuna del SIDA están en la base de una importante controversia científica y moral, como veremos a continuación.

Voces críticas A principios de 2004 el gobierno de Estados Unidos tomó la decisión de financiar con 119 millones de dólares un ensayo clínico que se realizaría en Tailandia en 16.000 voluntarios. En este estudio estaba previsto administrar dos compuestos: una proteína sintética a partir de la envoltura del VIH y un virus inocuo (Canarypox) modificado para producir algunas proteínas del VIH. Estos dos compuestos habían demostrado por separado una casi nula capacidad de 286

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inducir una respuesta protectora en varios ensayos previos. Al conocerse la noticia, un grupo de 22 investigadores básicos y clínicos publicó un contundente manifiesto en el que expresaba su rechazo al empleo de recursos en estudios clínicos de vacunas que no estuvieran apoyados por evidencias científicas serias. El apoyo a este tipo de estudios sin bases racionales claras no sólo supondría una mala utilización de los fondos, sino que contribuiría a una mayor erosión de la confianza de la sociedad en la capacidad de desarrollar una vacuna en un esfuerzo colectivo. En septiembre de 2004, Richard Horton, el polémico editor de la influyente revista médica The Lancet, hizo públicas sus opiniones sobre la vacuna del SIDA en un extenso artículo en The New York Review of Books. Después de desmenuzar con habilidad todos los fracasos en el campo de las vacunas, en el artículo acusaba abiertamente a la comunidad científica de perseguir una quimera y alimentar falsas expectativas empleando una retórica chantajista para captar financiación por encima de cualquier consideración moral. A los pocos días, en una carta a The Lancet, Dennis Burton y Ron Desrosiers, dos de los investigadores más respetados en el campo de las vacunas del SIDA, reconocían que la mayoría de los argumentos críticos de Horton eran correctos y su contribución al debate importante. No obstante, pedían que no se abandonase la búsqueda de una vacuna en ese momento, aunque estaban de acuerdo en que debían introducirse mayores criterios de objetividad científica en la primera línea de la toma de decisiones. En ese mismo año, Desrosiers, en una de las sesiones plenarias del CROI en San Francisco, la reunión científica más importante en el campo del SIDA, fue el encargado de resumir la situación con respecto a la vacuna. El título de su conferencia no dejaba lugar dudas: ¿Por qué no está a nuestro alcance una vacuna contra el SIDA? En ella dibujó un panorama realista de los escasos avances conseguidos y reclamaba un mayor esfuerzo para solucionar los problemas básicos fundamentales. Es decir, más trabajo en los laboratorios antes de lanzarse a ensayar en humanos productos y estrategias que no tienen ninguna garantía de éxito. Aunque algunos admiraron su coraje, muchos criticaron en privado el tono nada optimista de su mensaje, que podía enfriar el entusiasmo de la inversión en vacunas por entidades públicas y privadas.

Una nueva dimensión en la filantropía En la sesión de apertura de la última Conferencia Internacional sobre el SIDA celebrada en Toronto en agosto de 2006, los ponentes que despertaron más interés entre los 26.000 asistentes no fueron los científicos organizadores, sino el matrimonio Bill y Melinda Gates, que hicieron una exposición de sus planteamientos frente a la epidemia y transmitieron a la audiencia la idea de que frenar la extensión del SIDA era la prioridad número uno de su Fundación, la Bill & Melinda Gates Foundation. La Fundación tenía a principios de 2006 un capital de 29.000 millones de dólares, que se vieron multiplicados en junio de 2006 al recibir Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:283-289

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la donación de 37.000 millones de Warren Buffet, el segundo nombre después de Gates en la lista de los más ricos del planeta. La Fundación Gates ha financiado hasta ahora, con 1.300 millones de dólares anuales, que gracias al capital de Buffet pasarán a ser unos 3.000, proyectos para mejorar la salud del tercer mundo y especialmente en el área de las tres grandes causas de muerte: malaria, SIDA y tuberculosis. Por la extraordinaria cantidad de dinero disponible, la Fundación Gates se ha convertido en unos pocos años en un agente principal en la aplicación de ciencia y tecnología a problemas de salud que afectan a las zonas más pobres del mundo. A diferencia de otras agencias sin ánimo de lucro, la filosofía de la Fundación Gates parece incorporar elementos del mundo del desarrollo empresarial que intenta llevar al campo de la investigación. Gates está convencido de que una de las limitaciones del actual sistema de investigación es la falta de grandes redes que colaboren en intentar solucionar problemas concretos. Con esta intención, investigación determinada por objetivos, se ha comenzado este año un programa de 16 consorcios de investigación con una financiación de 287 millones de dólares. La ayuda tiene la exigencia de que los grupos participantes deben compartir sus bases de datos y utilizar una metodología estandarizada y común para todos ellos. No todos han aplaudido este proyecto y el debate se centra en la conveniencia de imponer modelos de investigación por políticos, o empresarios en este caso, con una tendencia general a financiar investigación más aplicada. A pesar de la indudable ventaja de la inyección de enormes sumas de dinero en estructuras de investigación, existen reservas sobre el funcionamiento de estos consorcios. Para algunos son más apropiados en fases de desarrollo que para realizar investigación fundamental, que se fundamenta en la investigación basada en hipótesis más que orientada a objetivos, y es la que conduce la mayoría de las veces al descubrimiento y la irrupción de ideas innovadoras.

¿Existe una esperanza razonable? El control de la replicación del virus por medio de la quimioterapia ha mejorado de forma espectacular el pronóstico de los pacientes infectados por VIH en los países desarrollados. Se encuentran en marcha diferentes programas para hacer llegar los antirretrovirales a zonas de África y Asia, donde se concentra la mayor parte de los infectados, pero el problema es de tal magnitud que será imposible controlar la extensión de la epidemia sin la ayuda de un procedimiento de aplicación a gran escala que evite la transmisión. Los problemas para obtener una vacuna son numerosos y difíciles de superar. Hoy es necesario aceptar la idea de que disponer de una vacuna para el SIDA puede no ser posible. Entre otras razones, porque tal aceptación permitiría estimular el desarrollo de otras medidas que sí han demostrado efectividad y podrían ser de gran ayuda como, por ejemplo, 288

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la quimioterapia preventiva de fácil administración o el desarrollo de microbicidas en forma de gel que aplicados intravaginalmente eviten el contagio. En este campo se han producido importantísimos avances recientes y un microbicida, incluso aunque no fuera 100% efectivo, tendría un impacto extraordinario. Debemos aceptar también que la vacunología ha funcionado casi exclusivamente sobre bases empíricas y que, por el momento, carecemos del conocimiento científico necesario para conseguir vacunas frente a infecciones importantes. Convendría, en consecuencia, estimular y financiar el conocimiento fundamental en esta área. ¿Hay alguna esperanza de vacuna? Sí, ya que existen varías líneas de trabajo sólidas y bien fundamentadas que podrían ofrecer resultados de interés. El conocimiento detallado de la estructura del virus y del fenómeno de neutralización por anticuerpos podría permitir el diseño y la fabricación de inmunógenos con mayor garantía protectora; los anticuerpos neutralizantes son raros, a menudo ineficaces, pero existen. Asimismo, también hay esperanzas basadas en el estudio exhaustivo de los llamados “elite controlers”, una muy pequeña proporción de los pacientes infectados que, aunque no erradican el virus, sí parecen controlar espontáneamente la replicación, de tal forma que la enfermedad no progresa y se mantienen sanos durante largos períodos de tiempo. Desconocemos en gran parte la explicación de este fenómeno y es obvio que su esclarecimiento podría ser aprovechado para diseñar una vacuna. ¿Se deben seguir invirtiendo grandes sumas en la persecución de una vacuna? Está claro que sí, por dos razones principales: en primer lugar porque, a pesar de las reducidas expectativas de éxito, el objetivo sigue siendo uno de los retos globales más importantes; así, el éxito reciente de una vacuna para el Papilomavirus, que puede suponer la práctica desaparición del cáncer de cuello uterino, estimula la búsqueda de nuevos productos de este tipo; y, en segundo lugar, aunque Big Money no siempre produce Big Science, la financiación adecuada e inteligente en investigación sobre los mecanismos básicos de la inducción de protección inmunológica por medio de vacunas trasciende el campo exclusivo del SIDA y, sin duda, ayudará a entender mejor y resolver problemas en otras enfermedades que causan un daño comparable, como malaria y tuberculosis, enfermedades que afortunadamente están comenzando a recibir una mayor atención.

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García Vargas, Julián El sentido de la vejez, la tecnología y los fines de la medicina (Crítica) 2005; pp. 159-163 Gènova Maleras, Ricard Demografía de los países receptores de la cooperación española en salud y desarrollo (Artículos) 2005; pp. 38-57 González, Sergio Biografía y obra de Thomas Hodgkin (Artículos) 2006; pp. 216-227 González Quirós, José Luis Las publicaciones científicas: reflexiones sobre el mundo digital y el avance del conocimiento (Miscelánea) 2005; pp. 170-177 González Villa, Juan Stanley Kubrick: imagen y reflexión (Artículos) 2006; pp. 267-273 Gutiérrez Recacha, Pedro Spanish Western! La década que el cine del Oeste habló en español (Crítica) 2006; pp. 267-273 Hartasánchez, Roberto ¿Existen osos en España? (Artículos) 2005; pp. 204-216 Liu, Jianguo El medio ambiente de China en un mundo globalizado. Cómo se interrelacionan China y el resto del mundo (Artículo especial) 2006; pp. 228-255 Llopis, Bartolomé La higiene mental y las oposiciones (Artículo especial) 2005; pp. 268-289 López-Ibor Aliño, Juan José El "Tiberio" de Marañon 66 años después (Artículos) 2006; pp. 73-84 Marañón, Gregorio La vida en las galeras en tiempos de Felipe II (Artículos) 2005; pp. 217-237 Martín-Jacod, Ernesto F. Consideraciones sobre terminología y lexicografía médicas (Artículos breves) 2005; pp. 127-135 Mastretta, Ángeles Puerto libre. Pérdidas (Relato corto) 2005; pp. 290-292 Matthews, Rosser La introducción de los métodos estadísticos en la medicina de los siglos XIX y XX (Artículos) 2006; pp. 6-21 Mochón Morcillo, Francisco Los retos de las compañías aéreas: los hubs y el Airbus-380 (Miscelánea) 2005; pp. 164-169 Morillas, Damián La higiene mental y las oposiciones (Artículo especial) 2005; pp. 268-289 Oviedo Armentia, Ernesto In memoriam: Luigi Boccherini (Crítica) 2005; pp. 304-308 Paniagua García, Cecilio Comentarios sobre la obra de Freud, en el 150 aniversario de su nacimiento (Artículos) 2006; pp. 33-44 Pons Rafols, Juan M.V. La configuración del conocimiento y la práctica médica actual (Artículos) 2005; pp. 75-93 Prieto, Santiago Jules Verne (1828-1905). Literatura, didactismo y geografía (Artículos) 2005; pp. 18-37 Ars Medica. Revista de Humanidades 2006; 2:290-292

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Oliver Wendell Holmes (1809-1894). Estetoscopio y Letras (Miscelánea) 2006; pp. 133-140 Cervantes. El camino y la posada (Miscelánea) 2005; pp. 308-317 Prieto Pérez, Santiago Pintores en las grandes expediciones científicas españolas del siglo XVIII (Artículos) 2006; pp. 166-179 Puerta, José Luis Cervantes: la importancia de los cimientos (Editorial) 2005; pp. 1-3 El verdadero debate (Editorial) 2005; pp. 181-184 De lo universal a lo particular (Editorial) 2006; pp. 1-5 ¿Por qué temer la globalización? (Editorial) 2006; pp. 149-150 El doctor Pío Baroja (1872-1956) (Artículos) 2006; pp. 198-215 Repullo Labrador, José R. Reinterpretando la gestión del sistema sanitario desde las teorías de la complejidad y el caos (Artículos) 2006; pp. 180-197 Riego Cue, Ángel Cine e inteligencia artificial (Crítica) 2005; pp. 145-158 Rodés Teixidor, Juan La configuración del conocimiento y la práctica médica actual (Artículos) 2005; pp. 75-93 Rodríguez Cabrero, Gregorio Los "Centros de Día" como recurso asistencial para las personas en situación de dependencia (Artículos) 2006; pp. 85-99 Rodríguez García, Jesús Historia de la estimulación cardíaca eléctrica. Los marcapasos (Artículos) 2005; pp. 94-197 Ruiz Zelmanovitch, Natalia Grandes telescopios del mundo y paraísos astronómicos (Artículos) 2005; pp. 58-74 Sánchez Ron, José Manuel Recordando a Albert Einstein un siglo después (Artículo especial) 2005; pp. 108-126 Sañudo, Rafael John Eastwood & Clint Huston (Crítica) 2005; pp. 298-303 Thays, Iván Velocidad (Relato corto) 2006; pp. 114-121 Valle Poo, Francisco Árboles. Algunas reflexiones sobre el Hombre, la Naturaleza y el Arte (Miscelánea) 2006; pp. 274-282 Varillas, Benigno Herbívoros contra incendios forestales (Artículos) 2006; pp. 22-31 El quebrantahuesos, el pájaro de fuego (Artículos) 2006; pp. 151-165 Virgós, Emilio El lince ibérico, una extinción anunciada (Artículos) 2006; pp. 58-72

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5-2 Dendra Medica / Ars Medica Vol 5, Num 2  

Dendra Medica / Ars Medica Vol 5, Num 2

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