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Recobrar el equilibrio macroeconómico Jorge Todesca, economista

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a Argentina en los próximos años tendrá un crecimiento más lento que no alcanzará los niveles de años anteriores. Esto se debe a que las condiciones del país y el contexto internacional han cambiado. Con este panorama, hay dos caminos posibles: uno es el de un país con una política económica antiinflacionaria y con un orden mayor en las cuentas públicas, en cuyo caso puede haber tasas de crecimiento de entre el 3% y el 4%, que para el mundo actual son buenas. El otro es una proyección del país actual, con alta inflación, un gran desequilibrio fiscal y monetario y muy aislado financieramente. En este contexto, difícilmente se crezca más del 2% anual, en el mejor de los casos. La caída que se ha registrado en el crecimiento del país tiene que ver con un total agotamiento de lo que el Gobierno llama el modelo. El sector externo de la economía Argentina hoy está en déficit. Hay superávit comercial, pero hay déficit global en la cuenta corriente del balance de pagos, aun considerando que no hay salida de capitales, que espontáneamente habría si no fuera por el sistema de control. Tampoco hay superávit fiscal, que era el otro pilar de este modelo. Los dos pilares están sumamente debilitados y están soste-

nidos, en el caso del sector externo, por una caída de la economía, que demanda menos importaciones, por las restricciones y por el control de cambios. Lo fiscal se sostiene por la emisión monetaria y los aportes del Banco Central para los pagos de la deuda externa. Ese agotamiento de los dos pilares del modelo tiene consecuencias. No es posible seguir de esta manera, aunque esto no necesariamente significa que se vaya a ir a un colapso, porque hay reservas internacionales abundantes y el Gobierno tiene todavía mucho control de la situación. Hay dos grandes campos en los que se tendría que trabajar. Uno es el de la macroeconomía, ámbito en el que es preciso recobrar un equilibrio. Esto significa tener un déficit fiscal razonable, una expansión del gasto acotada y tener acceso a financiamiento para poder hacer obras de infraestructura. Actualmente, el país tiene la infraestructura al borde de un estallido porque esto es algo que no se puede financiar con los presupuestos anuales. No se puede, por ejemplo, renovar el parque eléctrico de un país con el presupuesto anual y pagando al contado. Para eso se necesita financiamiento, y la Argentina está aislada financieramente. También hay que trabajar en una política

antiinflacionaria, que no puede ser de shock. Al contrario, tiene que ser gradual y puede llevar tres o cuatro años. Otro tema importante es que estamos con una caída de la inversión, medida por el INDEC en el segundo trimestre del año, del 15%. El año pasado teníamos un índice de inversión del 24% del PBI y este año del 21%. El mercado inmobiliario, que es una fuente de crecimiento y de empleo muy importante, se está destruyendo a una velocidad increíble. Todavía continúa la inercia de terminar la construcción de las obras iniciadas porque se han pesificado, pero el congelamiento del mercado del usado hace que el mercado nuevo, la construcción, tenga un límite. Es posible revertir esta situación. Si el Gobierno estuviera interesado en buscar un equipo adecuado para hacer el trabajo, hay montones de personas capaces que pueden colaborar. El problema es que no tiene la voluntad de hacerlo y se inspira en ideas muy equivocadas acerca de cómo funcionan la economía y el mundo en la actualidad. Nosotros estamos en un continente que está bastante ordenado, con buenas tasas de crecimiento y muy mirado para la inversión extranjera. Es una pérdida de oportunidades tremenda.


Todesca