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10. Investigación y Método Científico. Papel del Docente Universitario v Historia y Filosofía de la Ciencia v El Equipo Investigador v El Método Científico o Aspectos Generales de la Investigación Científica: Requisitos y Procesos Básicos o Hechos, Estudios y Diseños o Ciclo Experimental Simple o Comunicación de los Resultados v La Investigación Biomédica o Situación de la Investigación en Europa y en España o Fuentes de Financiación v Relación Docencia-Investigación v La Investigación en Anatomía Patológica o Métodos de Investigación ß La Observación ß La Revisión ß La Experimentación v Índices Bibliométricos: La Investigación sobre la Ciencia o Estudios sobre la Ciencia o Indicadores de la Actividad Científica y la Bibliometría ß Producción ß Circulación y Dispersión ß Consumo de la Infomación ß Repercusión o Aplicaciones en la Evaluación de Autores e Instituciones o Producción Científica Biomédica Española 141


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En general, puede afirmarse que no hay cuestiones agotadas sino hombres agotados en las cuestiones. No es dado a todos aventurarse en la selva y trazar, a fuerza de energía, un camino practicable; pero aún los más humildes podemos aprovecharnos del sendero abierto por el genio, y arrancar, caminando algún secreto a lo desconocido. Santiago Ramón y Cajal (Reglas y Consejos sobre la Investigación Científica, 1897)

Investigar (del latín: investigare) quiere decir buscar, mirar dentro de las cosas y los fenómenos, para encontrar datos objetivos, relaciones entre los mismos, interpretar cambios, etc. La investigación científica es inherente a la Universidad por su capacidad formativa en la vertiente innovadora del proceso educativo y por su complementariedad con la docencia. Estos aspectos quedaron bien patentes en las palabras de Ortega y Gasset: "A la Universidad, además de la noble tarea de la enseñanza de profesionales, le corresponde la creación de la Ciencia, lo que lleva implícito la investigación"; y de Lain Entralgo: “Hay que distinguir entre Escuela que es el sitio donde se enseña y no se investiga, Academia que es el sino donde los hombres de ciencia se reúnen para comentar sus descubrimientos, pero no se enseña y la Universidad que es el sitio donde al mismo tiempo se enseña y se investiga”. Este aspecto ha sido incorporado y sancionado legalmente por la Ley de Reforma Universitaria y los estatutos de las diferentes Universidades del país. En el prólogo de la actual Ley de Reforma Universitaria (1983) se dice: “La institución social mejor preparada para asumir hoy el reto del desarrollo científico- técnico es la Universidad" y ”el desarrollo científico, la formación profesional y la extensión de la cultura son las tres funciones básica que de cara al siglo XXI debe cumplir esa vieja y hoy renovada institución social que es la Universidad española. Asimismo, “Son funciones de la Universidad, al servicio de la sociedad: la creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura”, así como, “el apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social y económico, tanto nacional como internacional” (Artículo 1º del título preliminar de la LRU, 1983). Por consiguiente, la investigación científica cumple una función social y política de primer orden y convierte a los pueblos que la fomentan en los adelantados de la Cultura, del Desarrollo económico y del avance social y político de su tiempo. Además, ”sólo en una Universidad libre podrá germinar el pensamiento investigador, que es el elemento dinamizador de la racionalidad moderna y de una sociedad libre” (Prólogo de la LRU, 1983). Los estatutos de la Universidad de Málaga en su artículo 4, apartado C, del título preliminar, señalan que “son funciones básicas de la Universidad el apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social y económico del Estado y de la Comunidad Autónoma Andaluza...”. En el capítulo tercero, de los Departamentos, el artículo 56, 1, nos dice que “Los Departamentos son las unidades básicas de investigación y docencia de la Universidad”, y en el artículo 64, apartado a), “son funciones de los Departamentos planificar y desarrollar la investigación en sus respectivas áreas de conocimiento”. En el capítulo cuarto, de los Institutos Universitarios, artículo 70, “Los Institutos Universitarios son centros dedicados fundamentalmente a la investigación científica y/o técnica...”. En el título V artículos 171-184, se establecen las directrices de la Universidad de Málaga sobre la Investigación (fines, comisión de investigación, etc.). Alguien definió la investigación como "la curiosidad organizada”. En efecto, investigar no es otra cosa que plantearse un problema más allá de lo conocido y confirmado, sentar una hipótesis que explicite la pregunta de investigación y establecer unos objetivos a cubrir para poder responder la pregunta, o lo que es lo mismo, testar la hipótesis. Los resultados de esta operación de búsqueda deben ser comunicados en un lenguaje universal al resto de la comunidad científica y, por otra parte, deben obedecer a las leyes generales exigibles a toda verdad científicamente cierta. Para alcanzar los objetivos fijados es imprescindible utilizar un método, y el método generalmente aceptado en las ciencias biológicas es el método científico.

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Además, la investigación científica hace participar al hombre en el desarrollo de la rama de la Ciencia que cultiva, lo cual proporciona entre otras cosas, una profunda satisfacción personal. En definitiva, uno de nuestros principales objetivos académicos debe ser la participación en un proyecto universitario “donde arraiguen el pensamiento libre y crítico y la investigación. La forma más clásica de clasificar la investigación es la que hace referencia a los fines de la misma, separando la investigación básica, de la investigación estratégica y de la investigación aplicada. Es investigación básica aquella que persigue ampliar el conocimiento sin atisbo de preocupación en el investigador por la aplicación del mismo. Es investigación estratégica aquella que, sin posibilidades de aplicación inmediata responde a una situación o coyuntura socioeconómica. Es investigación aplicada aquella que persigue resolver de forma inmediata un problema que se plantea en la vida real. El profesor universitario tiene, además, el deber de realizar “Investigación en Docencia”, puesto que estimula su propia motivación y la de sus discípulos, cuestiona la base científica de sus conocimientos y los amplía.

HISTORIA Y FILOSOFÍA DE LA CIENCIA “Sin historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia está vacía; sin filosofía de la ciencia, la historia de la ciencia está ciega” (Lakatos). “Sin historia y filosofía de la ciencia el saber científico está manco” Laín Entralgo (1982).

Se pasan revista a las diferentes teorías o tendencias existentes en la Filosofía de la Ciencia, indicando y subrayando las dificultades que surgen, al enjuiciar las mismas, a la hora de decidir si existe un método científico único y adecuado que nos conduzca al conocimiento de la realidad de una manera segura y fiable.

Orígenes del Método Científico La vigencia del método científico y la reflexión acerca de él comienzan en Occidente en la Grecia Clásica con la observación, tácita o expresa, de dos principios básicos: la ”autopsia” o visión por uno mismo (observación y experimento) y la “hermeneía” o interpretación (reducción teorética de lo que se ve, a lo que es). En la observación del método científico es necesario destacar las aportaciones de los médicos hipocráticos, en primer lugar, y de Platón y Aristóteles más tarde. (1) Los hipocráticos idean el arte de dividir un todo compuesto en sus partes naturales, para luego estudiar, ordenadamente, las propiedades de cada una de ellas y, posteriormente, aplicar el razonamiento a la tarea de descubrir la causa común de varios fenómenos distintos entre sí. (2) Platón, por su parte, dará fundamento filosófico a ese doble arte de “dividir lo compuesto” y “ver el todo de la cosa” y Aristóteles, con su influyente doctrina de la demostración, la inducción y la deducción, llevará a su cima la reflexión helénica acerca del método científico.

Método y Revolución Científica en la Era Moderna La transformación científica que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XVII, se lleva a cabo gracias, sobre todo, a la obra de Kepler y de Galileo. Esta revolución tiene su campo de batalla más espectacular en el ámbito de la astronomía, al eliminar la concepción geocéntrica del universo sustituyéndola por el heliocentrismo. El resultado fue la destrucción definitiva de la imagen aristotélica del universo. A esta transformación científica, cuyo primer protagonista fue Copérnico, todavía en el siglo XVI, contribuyó la traducción y conocimiento de los científicos griegos. La configuración de la nueva ciencia y la primacía concedida a las matemáticas en la interpretación del universo

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determinaron una nueva interpretación de la razón y un nuevo método científico (Navarro y Calvo, 1991).

Sir Francis Bacon y el Método Inductivo La idea central del pensamiento de Bacon (1561-1626), es que el hombre puede dominar la naturaleza y que el instrumento adecuado para ello es la ciencia; si queremos entender la naturaleza debemos consultarla a ella y no a los escritos de Aristóteles. Bacon defiende que el fin de la ciencia no es la contemplación de la naturaleza, sino el dominio de ella. A la naturaleza se la domina obedeciéndola, conociendo las leyes que rigen los fenómenos naturales para, sometiéndose a ellas, utilizarlas en beneficio propio (Bacon, 1961). Tanto para Aristóteles como para Bacon, el método científico consta de dos momentos: el inductivo y el deductivo. El método inductivo consiste en establecer principios o leyes de carácter general a partir de la observación de los hechos. El método deductivo consiste en extraer conclusiones a partir de los principios generales previamente establecidos. Aristóteles, sin embargo, creó y desarrolló una lógica de la deducción, aunque no de la inducción; ésta última sería el objetivo fundamental de Bacon. Bacon critica el método aristotélico por considerarlo poco sistemático y riguroso al no recogerse los datos de la observación con criterio alguno, amontonando meramente casos particulares, en pequeña proporción, sin discriminar los importantes de los que no lo son, y valorando tan sólo los favorables. Como alternativa propone que las observaciones realizadas se registren en tres tablas: de presencia, de ausencia y de grados; la comparación entre las tres permitirá conocer la “forma” o ley de la propiedad que se investiga. No obstante, el método baconiano no es el definitivamente consagrado por la ciencia, sino el propuesto por Galileo (formulación de hipótesis, deducción y experimentación).

Galileo y el Método Experimental Galileo nace en Pisa en 1564 y muere en Arcetri en 1642. Fue, no tanto con sus observaciones y experimentos, sino con su ruptura con respecto a la mentalidad tradicional, quien inicia el camino de la mentalidad inductivista posterior y la ciencia natural moderna (Anthony, 1948). Galileo no se conforma con la observación pura (teóricamente neutra). Propone hipótesis y las somete a prueba experimental, fundando así la dinámica científica moderna. No obstante, lo que realmente hace merecedor a Galileo de primer hombre de la modernidad, junto a Kepler y Descartes, es su insistencia por presentar sus descubrimientos en el lenguaje de las matemáticas y en hacer de la experiencia un sistema (Popper, 1967). Quizás no haya en la historia de la ciencia moderna un texto tan decisivo como el que sigue, tomado de “El ensayista” (Galileo, 1623): “la filosofía está escrita en ese vasto libro que está siempre abierto ante nuestros ojos, me refiero el universo; pero no puede ser leído hasta que hayamos aprendido el lenguaje y nos hayamos familiarizado con las letras en que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y las letras son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola palabra”.

Racionalismo y Empirismo en la Ciencia Moderna Es Descartes (1596-1650) quien incluye, como segundo rasgo de la modernidad, y junto a la mentalidad científica, la plena autonomía de la razón en la búsqueda del conocimiento y de la verdad. Según Descartes hay dos modos de conocimiento: intuición y deducción, que constituyen la dinámica que ha de aplicarse a la búsqueda del mismo en un doble proceso. En primer lugar, un proceso de análisis hasta llegar a los elementos o naturaleza simples; en segundo lugar, un proceso de reconstrucción deductiva de lo complejo a partir de lo simple (reglas segunda y tercera, respectivamente, del “discurso del método”, 1637) (Descartes, 1967).

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Frente al racionalismo cartesiano se sitúa el empirismo, que se ha desarrollado de forma constante a lo largo de la historia, y es toda filosofía según la cual el origen y valor de nuestros conocimientos depende tan sólo de la experiencia. El primer filósofo empirista en esta corriente es Locke (1632-1704) y la línea inaugurada por éste, se continúa y radicaliza, sucesivamente, en Berkeley (1685-1753) y Hume (1704-1776). Los filósofos empiristas, que participan plenamente de los ideales de la ilustración, niegan la existencia de conocimientos innatos y, por tanto, afirman que todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, siendo las ideas, imágenes o representaciones de la realidad exterior (Bennett, 1971). El pensamiento de Kant (1724-1804) representa un intento vigoroso y original de superar las dos corrientes filosóficas anteriormente descritas y supone la culminación filosófica del siglo XVIII (Körner, 1977). Esta obra no puede ser comprendida adecuadamente a no ser desde la perspectiva compleja de los intereses e ideales de la ilustración. A la pregunta ¿qué puedo conocer? trata de responder Kant en su obra “Crítica de la razón pura”. Toda la doctrina kantiana del conocimiento se fundamenta en la distinción de dos facultades o fuentes del conocimiento: la sensibilidad y el entendimiento (que incluye el juicio y el razonamiento). La sensibilidad es pasiva y el entendimiento, por el contrario, es activo.

Positivismo y Consolidación del Método Experimental en el siglo XIX La ilustración, había escrito Kant en 1784, es la salida del hombre de su culposa minoridad. Después de la Revolución Francesa, la Ilustración cederá su lugar al Romanticismo. Ese logro acontecerá según dos líneas principales, complementarias entre sí: una, en la cual predomina el sentimiento a la hora de entender y hacer la vida, otra, en la que prevalece la especulación racional. Nacen así la versión sentimental del Romanticismo, de la cual son los artistas los protagonistas más genuinos, y la versión intelectual de la mentalidad romántica, cuyos paladines son los filósofos y en particular Hegel (1770-1831).

El Positvismo de Augusto Comte La mentalidad positivista, generada por las ideas de Augusto Comte, es la que marcará con su predominio toda una concepción de la ciencia, de la historia y de la sociedad, durante la segunda mitad del siglo XIX (Laín Entralgo, 1982a). El positivismo es una reacción contra el racionalismo hegeliano, a la vez que recoge no pocos de sus análisis y planteamientos (Navarro y Calvo, 1991). Su pretensión es instaurar un saber positivo capaz de fundamentar una organización político-social nueva. Conocimiento o saber positivo, vendrá a ser aquel que lo es solo de lo dado a los sentidos y que establece los hechos como el único objeto posible de conocimiento. Para Comte (1798-1857) es el saber científico quien propicia y promueve la reforma social en consonancia con los fines y naturaleza genuinos del espíritu humano. La Historia es, en ultima instancia, la historia del progreso científico (Mill, 1972). El estado positivo (Comte, 1980) es el último estado en el desarrollo del espíritu humano y, a juicio de Comte, el definitivo, en el que habrá de estar y perdurar la humanidad.

Cima de Experimento Científico Médico: El experimento analítico de Claude Bernard En el siglo XIX la observación directa del objeto científicamente estudiado muestra modalidades nuevas (fotografía, microscopio apocromático, espectroscopio, telescopio, análisis químico, registros gráficos funcionales, rayos X, etc.). El hombre de ciencia cree que sólo empieza a serlo de veras cuando su mente actúa ante la realidad como una “mens mensurans”. Por otra parte, la experimentación se impone arrolladoramente en todos los campos de la ciencia. Hasta Claude Bernard (1813-1878), el experimentador provoca artificialmente un fenómeno y lo describe tal como se le presenta. Claude Bernard analizará por vía experimental los diversos momentos que integran ese fenómeno y su causa determinante, suprimiéndolos o 145


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alterándolos uno a uno, y observando exactamente el resultado de su intervención. De este modo pueden conocerse el determinismo y la ley del fenómeno de que se trate; conocimiento que será tanto más científico cuanto mejor pueda expresar, de un modo numérico, la relación entre la causa determinante y el efecto por ella determinado.

Positivismo Lógico y la Concepción Heredada Con la fundación del “Círculo de Viena” en 1927, por primera vez en la historia se reunía un grupo de epistemólogos, algunos de ellos profesionales, con el fin de intercambiar ideas e incluso de elaborar, colectivamente, una nueva epistemología: el positivismo lógico. El positivismo lógico fue una forma de empirismo, según la cual, las teorías sólo se justifican en la medida en que se puedan verificar apelando a hechos conocidos mediante la observación y sólo tienen significado en tanto se pueden derivar de este modo. .La reflexión filosófica individual y aislada era ahora complementada por el trabajo en equipo, a imagen y semejanza de la que ya se había impuesto en la ciencia. Construir teorías científicas como cálculos axiomáticos a los que se les da una interpretación observacional parcial, por medio de reglas de correspondencia se convirtió en un lugar común para los filósofos de la ciencia. Este análisis ha sido designado comúnmente con la expresión de “La concepción heredada” de las teorías (Chalmers, 1982) y no es demasiado exagerado decir que virtualmente cada resultado significativo obtenido en la filosofía de la ciencia entre los años veinte y cincuenta empleó tácitamente la Concepción Heredada. Se puede decir que la filosofía exacta, se estableció definitivamente merced al Circulo de Viena. No obstante, Wittgenstein, con su desinterés por la matemática y por la ciencia, y con su obsesión por los juegos lingüísticos, influyó poderosamente sobre el circulo de Viena hasta el punto de hacerle perder de vista sus objetivos científicos iniciales; la filosofía lingüística mató al Círculo de Viena antes que el nazismo emprendiera su lucha contra la razón.

Novedades del siglo XX en la Aprehensión Científica de la Realidad En la actualidad, la aprehensión científica de la realidad sigue teniendo como recursos la observación directa, la mensuración y la experimentación, aunque en las tres aparecen importantes novedades. La observación directa se ha perfeccionado extraordinariamente, a través de la innovación tecnológica (M.E., I.H.Q., etc.). La mensuración técnica ha llegado a ser literalmente fabulosa, tanto en los sistemas macrofísicos como en los microfísicos. La experimentación ha llegado a ser lo que parece una cima, no sólo en las ciencias naturales, sino en todos los ámbitos del conocimiento. Si bien es cierto que el ciclo experimental expuesto por Bernard sigue estando plenamente vigente, sin embargo, este ciclo se ha visto sometido a la crítica de la ciencia y la epistemología de nuestro siglo en algunos de sus planteamientos y conclusiones, a través de: (a) La introducción forzosa de la estadística; (b) La necesidad constante de atenerse a una invisible “officina universalis” , o conjunto mundial de todos los científicos interesados por un mismo tema (fracción operativa del llamado “colegio invisible”). (c) La necesidad de tener en cuenta que, el conocimiento científico, se halla condicionado por todo un conjunto de intereses (Habermas, 1984).

El Principio de Complementariedad de Böhr En la actualidad, la interpretación científica se halla presidida, de manera explícita o implícita, por el “principio de complementariedad de Böhr”; según el cual, en la realidad concreta del 146


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cosmos se dan unitaria y complementariamente, la materia y la energía, la estructura y la función, etc., pero en tal forma, que según el método de la observación aparece uno u otro de los momentos integrantes del par complementario.

Falsacionismo: Popper Como alternativa al método inductivista, Popper ha desarrollado una filosofía falsacionista (“deductivismo” la llama Berage). Según Popper, el origen de la ciencia está en los problemas, las observaciones sólo son problemáticas a la luz de una teoría; luego es prioritaria la teoría sobre la observación. Una vez propuestas, las teorías han de ser comprobadas rigurosamente por la observación y la experimentación. Las teorías que no superen las pruebas de observación y experimentales deben ser eliminadas y reemplazadas por otras. La empresa científica consiste para Popper en la proposición de hipótesis seguidas de intentos deliberados y tenaces de falsearlos. La Ciencia progresa gracias al ensayo y al error. Sólo sobreviven las teorías más aptas y, aunque nunca se puede decir lícitamente de una teoría que es verdadera, sí se puede decir que es la mejor disponible. Por otra parte, nunca se podría falsear una teoría de manera concluyente, por mucho acuerdo que haya al respecto, ya que siempre es posible que una predicción errónea sea debida, no tanto a la teoría en sí como a la compleja situación de comprobación que se haya establecido.

Las Teorías Científicas como Estructuras Complejas: Parafigmas de Kuhn y Programas de Investigación de Lakatos Kuhn (1976), al crear su concepto de “paradigma”, atribuye una gran importancia al carácter revolucionario del proceso científico, haciendo un marcado hincapié en los factores sociológicos que influyen en el mismo. Un paradigma estaría construido por los supuestos teóricos generales, así como por las leyes y las técnicas para su aplicación que adoptan los miembros de una determinada comunidad científica. Los que trabajan dentro de un determinado paradigma practican lo que Kuhn llama “ciencia normal”. Una ciencia madura está regida por un solo paradigma. Durante el desarrollo de este paradigma un fracaso en la resolución de un problema es un fracaso del científico mas que una insuficiencia del paradigma. Un “científico normal”, no debe criticar el paradigma en el que trabaja ya que, debido al modo en que es adiestrado para que sea eficaz será inconsciente (en el caso más típico) de la naturaleza precisa del paradigma en el que trabaja. Pero cuando surgen anomalías graves que afectan repetidamente a los propios fundamentos del paradigma, comienza un periodo de inseguridad y de intentos radicales para resolver dichas anomalías, debilitándose las reglas establecidas, socavándose el paradigma vigente y observándose un estado de “crisis”. En un momento dado, surge un nuevo paradigma en el pensamiento de un hombre como un intento de solución de carácter revolucionario. Posteriormente, los científicos se van adhiriendo al nuevo paradigma, sin que existan, al menos en un principio, datos convincentes de que un paradigma es superior a otro. Poco a poco la colectividad científica acaba adhiriéndose al nuevo paradigma que sustituye el anterior como soporte de la nueva “ciencia normal”, perdurando hasta una nueva crisis. El análisis de las teorías como estructuras es empleado por Lakatos (1975) en su concepto de Programas de investigación. Según el mismo, las teorías tienen que ser estructuradas sin límites, ofreciendo un vasto programa de investigación. Dicho programa lakatoriano es una estructura que sirve de guía a la futura investigación tanto de un modo positivo (heurística positivo) como negativo (heurística negativa). Los programas rivales competirán entre sí, no pudiéndose decir, sino retrospectivamente y nunca de un modo absoluto, que uno es mejor que otro, o que alguno de ellos degeneró. Hasta aquí hemos analizado aquellas teorías filosóficas, que postulan la existencia de un método único general, válido para el análisis del conocimiento científico. Pero hay una serie de pensadores que, como alternativa a esta posición, plantean la necesidad de utilizar un método

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individual diferente para cada sistema teórico y/o parcela científica, rechazando la existencia del método general.

Filosofía Materialista: Althusser Para Althausser (1976), las teorías científicas o programas de investigación florecen o agonizan como resultado de la práctica científica y no como resultado de las decisiones de los científicos. La práctica mejor adaptada será la que sobrevivirá en un sentido “darwiniano”. El pensamiento materialista es, por tanto, de carácter objetivista, defendiendo que la ciencia es un proceso sin sujeto.

Anarquismo Epistemológico: Feyerabend Si las teorías o filosofías mencionadas hasta ahora suponen que hay algo especial en la ciencia (Popper declara que el conocimiento científico, es el mejor ejemplo de conocimiento que tenemos; Kuhn afirma que la ciencia es la personificación de la racionalidad; incluso Althusser establece que existe una ciencia autónoma que produce un tipo especial de conocimiento), Feyerabend (1981) no está dispuesto a partir de semejante supuesto y considera que no está justificada la elevada posición que se atribuye a la ciencia en las sociedades modernas, que hacen de ella una ideología o religión altamente influyente en el hombre actual. Feyerabend niega que exista un método científico objetivo cuya observación produzca resultados indiscutiblemente fiables. Argumenta, por tanto, en favor del pluralismo metodológico y teórico.

EL EQUIPO INVESTIGADOR La labor investigadora individual es hoy día excepcional. Generalmente se realiza integrada en un equipo: el equipo investigador, cuya labor exige un equipo humano cuantitativa y cualitativamente adecuado. El equipo debe ser contemplado en sentido amplio: investigadores, técnicos, administrativos y becarios con dedicación completa. El jefe del equipo o su persona delegada ha de participar en el diseño de los trabajos. Su responsabilidad en la elaboración de trabajos es fundamental y, si la elude, comete una grave omisión. En un grupo bien organizado debiera haber siempre trabajos en elaboración, a medio y largo plazo; de esta manera, se mantiene la ilusión de todos sus componentes, que soportan mucho mejor el trabajo de rutina. Si en un grupo no se alienta la inquietud constante hacia la investigación, aunque sea modesta, sus miembros se desmoralizan, se desinteresan del trabajo y pasan a la crítica de todo como actividad fundamental. En un Departamento puede haber uno o varios equipos de investigación. Cada equipo debe gozar de autonomía suficiente una vez que su plan de acción ha sido aprobado en la Junta de Departamento. De esta autonomía se desprende una mayor potencialidad para atraer mentes jóvenes que se adhieran al trabajo y una mayor responsabilidad en su labor científica, tanto investigadora como docente. Los recursos físicos e instrumentales son imprescindibles para realizar la investigación. En el Departamento debe haber espacio y equipos adecuados que soporten la línea de investigación. Los recursos necesarios deberán priorizarse y clasificarse para canalizar las peticiones de ayuda a las agencias e instituciones adecuadas: presupuesto ordinario, ayuda de infraestructura FISSS, ayuda de infraestructura CICYT, ayuda DGCYT, ayuda de la Junta de Andalucía y programas internacionales. La formación de investigadores constituye la labor propia de la enseñanza del tercer ciclo y debe estar dirigida hacia un aprendizaje individualizado. En la formación de investigadores debe intervenir todo el equipo de investigación del Departamento, personal de

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otros Departamentos o disciplinas, e incluso personal técnico auxiliar. En el proceso de formación de investigadores tiene gran importancia el desarrollo de Seminarios de Investigación de forma regular, ya que permiten crear un "clima científico” en el seno del Departamento, coordinar la investigación de los diversos equipos, revisar y discutir la bibliografía, promover las discusiones científicas y permitir conocer las investigaciones en curso a todo el Departamento.

EL MÉTODO CIENTÍFICO El método (del griego “méthodos”; de “metal” = hacia y “hodos” = camino), o camino para llegar a un fin, es un procedimiento regular, explícito y repetible para lograr algo, sea material o conceptual (Bunge, 1981).

El método investigador o heurístico viene definido por aquellos modos y estrategias encaminados a la adquisición de nuevos conocimientos. Clásicamente se distinguen dos caminos fundamentales en la actividad investigadora: el primero es el método inductivo o sintético, en el que se va de lo particular a lo universal, en busca de los principios generales. El segundo método, el analítico o deductivo, se basa en la anticipación de una hipótesis o concepción teórica y su posterior disociación en partes más pequeñas, de acuerdo con las leyes de la lógica. En todo caso, el fin último que persigue el científico es la búsqueda de las causas que motivan un determinado fenómeno, búsqueda que no puede ser realizada al azar sino que ha de estar regulada por un método. Investigar es profundizar, desarrollar, describir nuevas cosas. El objeto de toda ciencia es prever y obrar. Las ciencias que sólo llegan a la previsión son ciencias de observación pura en sentido general; las que, por el contrario, llegan a la acción real son ciencias experimentales. Existen infinidad de reglas, teorías y descripciones sobre la metodología científica, pero para no perderse en la jungla de los sistemas científico-filosóficos se han de seguir unas pautas metódicas y prácticas que ayuden a defenderse en la investigación diaria. En este sentido, las más apovechables, lógicas y prácticas son las "Reglas y consejos sobre investigación científica" de Cajal. Para este investigador, lo fundamental en la investigación es sentido común, perseverancia, objetividad, independencia de juicio, lógica viva y, muy importante, la tonificación de la voluntad, es decir "motivación". La manera de proceder característica de la ciencia se ha dado en llamar método científico. El nombre puede ser ambiguo pues puede inducir a creer que consiste en un conjunto de recetas infalibles. Lo que sí hay es una estrategia de la investigación científica, pero ninguna de éstas tácticas es exhaustiva e infalible. El método no suple al talento, sino que lo ayuda. En el método científico intervienen el genio intelectual del investigador, las leyes de la lógica y de las matemáticas y la experiencia sensorial; es, por tanto, una sucesión de fases psicológicas, lógicas y empíricas y corresponden a lo que Bernard denominó: sentimiento, razón y experiencia. En resumen, el método científico no es tan milagroso como suelen creer sus entusiastas acríticos (metodolatría), ni de tan corto alcance como quieren hacernos creer sus detractores. El método científico no es ni más ni menos que la manera de hacer buena ciencia (Bunge, 1981).

Aspectos Generales de la Investigación Científica: Requisitos y Procesos Básicos. No todo proceso de hallazgo y búsqueda, sometido a una cierta metodología, puede ser considerado investigación y, aún menos, científica. Para que estos procesos puedan ser reconocidos como tales son necesarios unos requisitos básicos en cuanto a sus objetivos y resultados (Eco, 1982):

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(1) La investigación deberá versar sobre objeto reconocible y definido, de tal modo que, también sea reconocible por los demás. (2) Tiene que aportar sobre ese objeto resultados que no hayan sido dichos o bien debe revisar, con óptica diferente, los hechos que se han comunicado con anterioridad. (3) Tiene que ser útil a los demás investigadores. (4) Debe suministrar elementos para la verificación o refutación de las hipótesis que presenta. Objeto reconocido, novedad, utilidad y, sobre todo, documentación contrastaba y discutible son las cuatro referencias que hacen científico un proceso de investigación. Pero además de estos requisitos, se hace necesario secuenciar la actividad investigadora en tres momentos diferentes que se rigen por tres procesos básicos: Metodológico, Lógico y Expositivo (Sierra, 1988). (a) Metodológico. En la actualidad existe un consenso generalizado con respecto a la conveniencia de emplear un método, llamado “científico” estructurado en las siguientes fases (Bunge, 1985): (i)

Descubrimiento del problema a investigar, mediante el enunciado de preguntas bien formuladas, planteadas con precisión y verosímilmente fecundas.

(ii)

Búsqueda de la definición del problema y de la documentación acerca del mismo, exhaustiva y actualizada, obteniendo y discriminando así los conocimientos o instrumentos relevantes previamente existentes acerca del mismo.

(iii)

Emitir conjeturas (hipótesis) sobre posibles soluciones (respuestas probables) que sean fundadas y contrastables.

(iv)

Deducir consecuencias o subhipótesis empíricas de la solución obtenida (conjetura o hipótesis principal) que tengan carácter lógico.

(v)

Arbitrar y diseñar técnicas o procedimientos fiables contrastados para intentar verificar las hipótesis y subhipótesis.

(vi)

Establecer conclusiones a través de las soluciones obtenidas, una vez sean contrastadas y analizadas.

(vii) Extender las conclusiones y generalizar los resultados, con la emisión de teorías, determinando los campos y/o aspectos de la realidad a los que son aplicables. (viii) Formular nuevos problemas originados por la investigación previa. (b) Lógico. En este proceso lógico de la investigación científica, tratamos de obtener de la realidad conocimientos e ideas generales o particulares que deben ser representadas en forma figurada (gráfica) y matemática. (c) Expositivo. Finalmente, tras la obtención metódica de resultados y la interpretación y representación de los mismos procede un tercer momento al que podemos llamar “expositivo” (Gortari, 1983) en el que se presentan a la comunidad científica nuestros resultados, conclusiones y teorías interpretativas para su conocimiento, crítica y revisión. A continuación se repasan, paso a paso y de modo esquemático, todos los aspectos generales del método científico.

Hechos, Estudios y Diseños En la investigación los hechos objetivos pueden clasificarse en dos grandes categorías: de observación y experimentales. Estos últimos se diferencian de los primeros porque en su

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determinación ha influido la voluntad del investigador. Los hechos de observación y experimentales se expresan en forma de datos, idealmente numéricos. El objetivo de los estudios experimentales es evaluar los efectos de cualquier modificación sobre un grupo de individuos. Este tipo de estudios, al tener un alto grado de control sobre la situación, permite asociar respuestas observadas con los cambios del factor estudiado. En definitiva se puede establecer una fuerte relación causa efecto. En los estudios de observación el factor estudiado no se modifica por el investigador, el cual se limita a observar las relaciones que la naturaleza establece entre los niveles o valores del factor estudiado y los efectos. En Medicina Clínica los diseños de los estudios de observación pueden ser descriptivos o analíticos. Aunque las ciencias biomédicas se desarrollaron inicialmente merced a los estudios descriptivos, la investigación actual progresa gracias a los estudios analíticos. (1) En los estudios descriptivos se relatan simplemente unas observaciones que no permiten, en general, hacer deducciones; es decir, que los resultados de las mismas no son extrapolables a otros grupos, dado que falta una hipótesis previa de trabajo, una adecuada metodología y una evaluación estadística de los resultados. Los estudios descriptivos habituales son la comunicación de un caso, el análisis de una serie de casos, el estudio epidemiológico descriptivo y el ensayo clínico no controlado. (a) La comunicación de un caso es aceptada por algunas revistas, mientras que otras tienden a rechazarla. En general, tienen mayor receptividad para publicar casos aislados las revistas de especialidad que las generales. La publicación de 10 casos o menos debiera considerarse como Observación Clínica, ya que no es posible excluir el azar en muestras de este tamaño. Los autores han de tener en cuenta que el interés de una observación clínica reside en la naturaleza de la misma y no en la discusión, en la revisión de la literatura o en las hipótesis de cualquier tipo que puedan elaborarse. Carece de interés la aportación de un nuevo caso de una enfermedad poco frecuente y conocida, y que se halla perfectamente descrita en los libros. (b) El análisis de una serie de casos (mas de 10) ha sido y es importante en medicina, en especial cuando se refiere a la descripción de nuevas enfermedades o a observaciones que habían pasado previamente desapercibidas, tal como ha sucedido en los últimos años con la descripción de la intoxicación por aceite de corza, con la enfermedad de Lyme, con la neumonía por Legionella pneumophila o con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Debe evitarse el estudio de series de casos que no aportan nuevos datos a lo ya conocido o que significan exclusivamente el comentario de una serie hospitalaria que, en líneas generales, coincide en todo con los datos ya descritos en otras series de la bibliografía o con lo que ya está incluido en los libros de texto. (c) El análísís epidemíológico descriptivo se pretende obtener datos deductivos mediante un análisis transversal de una muestra sesgada, vista, por ejemplo, en un hospital. Muchas veces estos análisis se elaboran sin el menor rigor estadístico, sin grupos de población control, y se da por sentado que un factor interviene en la etiopatogenia sin considerar otros hechos que pueden hacerle perder todo el protagonismo. Así, por ejemplo, es frecuente que en una muestra de enfermos hospitalarios se consideren factores predisponentes o de riesgo el tabaquismo, alcoholismo o diabetes sin tener en cuenta que las cifras de los resultados son iguales a las que tendría un grupo de edad, sexo y condición social, análogos. (d) El ensayo clínico no controlado carece totalmente de objetividad y, salvo en circunstancias excepcionales, no deberían ser considerados por las revistas biomédicas.

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En resumen, los estudios descriptivos que, en general, no permitan deducciones, suponen actualmente una escasa aportación científica y son diseños débiles, en contraposición al diseño fuerte de los estudios analíticos. (2) En los estudios analíticos es recomendable que intervenga un experto en estadística, en metodología o en epidemiología clínica, ya que los errores de planteamiento podrían significar la absoluta falta de validez de los resultados. Es muy importante que se calcule el tamaño de la muestra para que los resultados tengan un poder adecuado. Los estudios analíticos son, básicamente, de cuatro tipos: (a) El estudio de casos y controles trata de una investigación en la que se comienza con la identificación de personas con la enfermedad (u otra variable de interés que se estudia) y un grupo control apropiado que no tiene la enfermedad. Se examina la relación hipotética entre uno o varios factores relacionados con la enfermedad, comparando la frecuencia de éste u otros factores entre los casos y los controles. En este tipo de estudios se suele valorar retrospectivamente la intervención de los factores. (b) El estudio de cohortes o de seguimiento hace un análisis prospectivo. Se trata de un estudio epidemiológico en el que el grupo de población se identifica como expuesto o no expuesto (o expuesto en diferentes grados) a una variable que se piensa puede influir en la probabilidad de que una enfermedad u otro suceso ocurra. (c) El ensayo clínico controlado es un estudio de cohorte en el que se distribuye aleatoriamente a los enfermos en un grupo de tratamiento y en un grupo control. De esta manera es posible analizar estadísticamente si el tratamiento que se experimenta actúa de manera distinta al placebo en la cohorte de sujetos que se ha seguido prospectivamente, de acuerdo con una metodología cuidadosamente estructurada. (d) Por último, la encuesta transversal de prevalencia es un estudio que examina la relación entre enfermedades u otras variables de interés con otros factores que pueden influir en su aparición en una población definida y en un momento temporal. En cada individuo, se determina la presencia o ausencia de la enfermedad y la presencia o ausencia de los factores que hipotéticamente pueden influirla. En este tipo de trabajo se pueden obtener datos sobre la prevalencia de la enfermedad y sobre factores hipotéticamente relacionados, pero no datos sobre la incidencia.

Ciclo Experimental Simple El concepto de la Biología (y Medicina) como ciencia experimental nació, gracias a Claude Bernard, hace algo más de cien años con la introducción del estudio de la medicina experimental. El método científico parte de un hecho objetivo y termina en otro. Observación, ideas sobre lo observado (la hipótesis), razonamiento crítico y comprobación experimental son los eslabones del método experimental: observar, inventar y comprobar. El camino que sigue es lo que llamaremos, ciclo experimental simple. Por tanto, la investigación debe considerarse como un proceso sistemático (recogida de datos según plan preestablecido), organizado (el equipo aplica los mismos criterios) y objetivo (hechos observados y medidos) destinado a responder a una pregunta. En el ciclo experimental se pueden reconocer las siguientes etapas o fases:

Observación de Hechos y Elección del Tema “En la investigación científica no basta examinar, hay que contemplar: impregnemos de emoción y simpatía las cosas observadas, hagámoslas nuestras tanto por el corazón como por la inteligencia, sólo así nos entregarán su secreto...Quien contempla con deleitación un objeto

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acaba por discernir detalles en él interesantes y propiedades peregrinas escapadas a la atención distraída de los trabajadores rutinarios”. Santiago Ramón y Cajal.

Un estudio se inicia cuando un investigador percibe un problema o se plantea una pregunta que en su opinión no ha encontrado respuesta. En este momento el investigador necesita saber si alguien se ha hecho antes esa pregunta y que respuesta se ha ofrecido. Para ello debe recurrirse a una investigación o búsqueda bibliográfica. La observación es una de las bases esenciales de la investigación; ésta debe ser escrutante, interrogadora y precisar cierta actitud mental ante los fenómenos observados. En este sentido, Fleming apuntó en relación con su descubrimiento de la penicilina "De todos modos las esporas no se pusieron en pie encima de la gelosa para decirme: Oiga, nosotros producimos una sustancia antibiótica”. La observación debe ser objetiva, repetible y, si es posible, cuantificable. El reconocimiento del problema a investigar es una fase primordial, ya que la elección de un tema correcto es un obstáculo a veces insalvable para algunos investigadores noveles.

Planteamiento de la Hipótesis Conceptual “El auténtico científico tiene que estar dispuesto a soportar el asesinato de su hermosa hipótesis por la fea realidad de un hecho experimental”. Aldous Huxley

Antes de planificar el trabajo de investigación se establecen los objetivos del mismo y deben valorarse la pertinencia y viabilidad del proyecto. Inicialmente o tras la fase de revisión bibliográfica el investigador planteará una "hipótesis," o "respuesta anticipada” que tendrá que validarse a través del método científico. La hipótesis es una incógnita que se plantea el investigador, posible de resolver mediante nuevas observaciones bajo condiciones más precisas y variadas, orientadas a su solución. En dos palabras: realizando experimentos. La hipótesis se hace casi siempre por vía de analogía y, en consecuencia, ha de elaborarse a la luz de documentación científica previa, propia o adquirida a través de las experiencias de los demás, asimiladas por el estudio crítico. La imaginación (creatividad) ha de servir al científico para diseñar un estudio experimental e interpretar los hechos que encuentre. Es necesario equilibrar el entusiasmo imaginativo con la decidida actitud interrogante: un peligroso defecto, que frecuentemente acompaña a la imaginación desenfrenada, es realizar la experimentación dirigida a comprobar, como sea, la hipótesis propia. Las hipótesis deben responder al problema que es objeto de la investigación y establecer relaciones definidas entre variables claramente determinadas. Además, deben ser revisadas y expresadas en lenguaje matemático y, por último, no deben contradecir teorías o leyes universalmente aceptadas.

Hipótesis Operativa Esta es la fase de diseño del proyecto de investigación. Diseñar un experimento, hacerlo bien e interpretarlo correctamente, requiere ser un investigador formado en años de trabajo experimental y en buena escuela. Como toda actividad trascendente, exige vocación, capacidad y dedicación a la misma. En la hipótesis operativa se deben plantear las siguientes cuestiones relacionadas con la población a estudiar: Definir la población de estudio y señalar los criterios de selección, estimar el tamaño de la muestra, determinar el método para obtener la muestra (muestreo) y señalar el grupo control. En esta etapa se debe de establecer la planificación del trabajo que, redactada de forma ordenada, constituye la Memoria de Investigación. Esta planificación debe insistir en los siguientes puntos: 153


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(1) Tipo de investigación. La investigación biomédica puede ser básica, aplicada o clínica. La investigación básica conlleva con frecuencia al diseño de un modelo experimental. (2) Los datos cuantificables deben ser obtenidos siguiendo una metodología que asegure su fiabilidad. (3) Número de experiencias y de medidas a tratar. Aunque va a estar en función de los resultados obtenidos, un estudio previo puede aportar unos valores aproximativos. (4) Número de experiencias necesarias para la puesta a punto de la técnica. (5) Duración aproximada del proyecto. (6) Personal investigador y auxiliar que realizan la investigación. (7) Presupuesto económico adecuado a las necesidades que va a generar la investigación. Conocido el presupuesto económico, el profesor universitario y el equipo investigador tienen que obtener la financiación del proyecto. La fuente de financiación debe respetar la libertad del investigador y nunca debe ser empleada como mecanismo coercitivo. Para obtener la financiación, la Memoria debe ser aprobada por la Comisión Científica y de Investigación correspondientes e ir avalada por la categoría del Director y del Centro donde se va a realizar.

Medición de Variables. Establecida la pregunta y realizado el diseño de la muestra procede medir las variables de respuesta. Se trata de asignar un valor objetivo a las variables del estudio, evitando con ello toda subjetividad. La medición debe ser válida y fiable: el objetivo de la validez y fiabilidad de la medida reside en evitar el error. Hay dos tipos de error que siempre se han de minimizar: v El error aleatorio o variabilidad dependiente del muestreo que se disminuye con el aumento de la muestra. v El error sistemático o sesgo que indica que la medición es constantemente desigual.

Recogida de Datos En el caso de la Anatomía Patológica la principal fuente de datos es la observación; otras técnicas de recogida de datos son cuestionarios, registros y documentos. El producto de la técnica utilizada será una serie de datos que deben recogerse en un documento destinado a tal fin, “la hoja de recogida de datos”. Estos “protocolos” deben identificarse claramente y diseñarse tan pronto se tenga el plan general del estudio.

Análisis de Datos Mediante el análisis de datos se tiende a eliminar la información irrelevante, a eliminar los errores, a facilitar la comparación experimental y a elaborar nuevas hipótesis o modelos formales. En Anatomía Patológica interesan, fundamentalmente, dos clases de estadísticas: v Las medidas de tendencia central, cuya más conocido representante es la media aritmética, nos dan una idea de la norma, o valor normativo de los datos, esto es, el valor más probable de los mismos. Alrededor de este valor aparecen distribuidos los demás. v Las medidas de dispersión que estiman el grado en que los valores experimentales se apartan de una determinada estadística central, normalmente la media aritmética. Son particularmente interesantes las medidas cuadráticas de dispersión como varianza y la desviación estándar.

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Tras el experimento, nos encontramos con dos conjuntos de valores: los "esperados" y los "observados". La comparación entre ambos conjuntos puede hacerse por medio de las pruebas de significación. Los valores estadísticos, unidos a los grados de libertad del sistema, determinan una probabilidad p de que las diferencias observadas sean debidas a error de muestreo. Una P< 0,05, indicará que hay un 5% de posibilidad de que la hipótesis nula (aquella en la que no se establece la relación entre las dos variables) sea verdad y, por tanto, que la correlación que se trate de demostrar sea debida al azar.

Interpretación de los Resultados: Verificación o Negación de la Hipótesis y Conclusiones La interpretación de los datos obtenidos se realiza a través de un proceso de elaboración intelectual conocido como "síntesis inductiva" que confirma o desacredita la hipótesis original. Esta fase es la más delicada del proceso de investigación ya que puede ser el punto de partida de investigaciones posteriores. De acuerdo con García Sancho, los criterios de confirmación de la hipótesis dependen de varios factores: análisis objetivo de los datos obtenidos, número de resultados favorables, variedad de los resultados favorables, simplicidad, razonamiento deductivo y credibilidad. En el experimental, que va a corroborar o negar la hipótesis, tiene igual valor un resultado positivo que negativo porque el objetivo del método científico es buscar la verdad. Si la hipótesis original no es confirmada, de acuerdo con los resultados obtenidos, es necesario reconsiderarla desarrollando una nueva o cambiando el tema de la investigación. Cuando una hipótesis ha sido verificada repetidas veces puede pasar a ocupar el rango de teoría. Cuando el campo de aplicación de una teoría se puede considerar universal, se denomina ley. Las conclusiones se pueden considerar como el producto final del trabajo.

Comunicación de Resultados Los resultados deben comunicarse por escrito y en publicaciones periódicas normalizadas. La mayoría de las publicaciones científicas proporcionan, en la información a los autores, las características que deben reunir los diferentes apartados de los trabajos para su publicación. Sin embargo, por su importancia y repercusión en el mundo de la medicina, debería tenerse acceso al artículo publicado por los miembros de los Comites Editoriales de las más pretigiosas revistas médicas en febrero de 1991 en la revista The New England Journal of Medicine, donde se recogen los aspectos esenciales de este particular. El documento más adecuado e idóneo es el artículo original, puesto que recapitula en gran manera la estructura de los protocolos de estudio. Además del artículo original, existen otras modalidades escritas para comunicar los resultados de una investigación, tales como las notas clínicas y las cartas al editor. (1) La redacción de un artículo original está sujeta a unas normas internacionales estructuradas, acordadas por un comité internacional de editores de revistas médicas (normas de Vancouver), y comprende los siguientes apartados: (a) Introducción En ella debe exponerse con brevedad el propósito de la investigación y la relación del problema con las investigaciones previas en la misma materia. El objetivo de esta sección es despertar el interés sobre la investigación que se expondrá continuación. Ha de ser breve y, en general, no superior a un folio. Es aconsejable que el número de referencias bibliográficas citadas en este apartado sea inferior a la mitad de las que se relacionan en la lista final. La introducción ha de finalizar con un breve texto en el que se enuncie la hipótesis que se ha planteado y cómo se ha intentado resolverla. (b) Material y Método 155


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En este apartado se explica el material utilizado en la investigación, los criterios empleados para su selección, la elaboración de los grupos experimentales y de control para contrastar la hipótesis, y los métodos empleados, así como el tratamiento estadístico a que fueron sometidos los datos. Debe ser lo suficientemente detallado como para permitir a otro investigador la reproducción fiel de las mismas técnicas y modelos. Cuando se presentan experimentos sobre seres humanos se ha de indicar si los procedimientos que se siguieron estaban de acuerdo con las normas éticas del Comité responsable de la experimentación humana o con la Declaración de Helsinki de 1983. No se deben utilizar nombres de pacientes, iniciales o números de hospital, especialmente en cualquier material de ilustración. Cuando se trate de experimentos en animales indicar si se siguieron las normas de la institución o del National Research Council, o cualquier ley nacional sobre el cuidado y uso de animales de laboratorio. (c) Resultados Deben estar expuestos de forma ordenada, comprensible y coherente, evitándose su interpretación. Esta sección debe contener todas las tablas y figuras que sean necesarias para lograr la mejor comprensión de la investigación. En su exposición se debe mantener un perfecto equilibrio entre el texto, las tablas y las figuras. El texto es la exposición de lo que se ha observado en el análisis de métodos y sólo se expondrán los datos más relevantes. No se insistirá en la redacción de datos sin interés. El orden del análisis se ha de ajustar al mismo orden especificado en los métodos. Se ha de tener un arte especial para exponer lo justo, sin que se repitan datos de tablas, aunque se ha de hacer mención de lo fundamental de las tablas y figuras, de manera que el lector pueda comprender el texto de resultados sin tener que consultar con atención una tabla o figura y, a la inversa, el contenido de cada una de las tablas y figuras ha de ser comprensible sin que sea preciso leer el texto del trabajo. (d) Discusión En ella se resaltan los aspectos nuevos e importantes del estudio y las conclusiones que de ellos se derivan. Asimismo, deben interpretarse los resultados y confrontarse con los obtenidos por otros autores. Para ello se precisa de una reflexión profunda de los resultados propios y ajenos. En este apartado se puede confirmar la hipótesis previa, negarla, o, mediante mecanismos de retroalimentación, reformular la hipótesis y volver a iniciar el experimento para su verificación. En la discusión hay que evitar errores tales como revisar el tema a fondo para dar sensación de erudición, redactar un capítulo de extensión desmesurada, discutir cosas muy sabidas o que están en los libros, insistir en datos colaterales del trabajo, realizar afirmaciones rotundas basadas en datos escasos, o concluir con una recapitulación o resumen, proponiendo la elaboración de otro trabajo sobre el mismo tema o elaborando una lista de conclusiones. (e) Bibliografía Debe reducirse a la información científica que es objeto de comentario directo en el texto. En la elaboración de la bibliografía se recomienda evitar la mención de libros de texto o basar la revisión del problema en libros y recopilaciones. Hay que evitar el uso de resúmenes de congresos y de todas aquellas reuniones en las que se hayan comunicado datos sin que exista un comité de selección de trabajos. Asimismo, debe evitarse la autocita excesiva y utilizar citas en forma de observación no publicada o comunicaciones personales, aunque excepcionalmente pueden incluirse

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en el texto dentro de un paréntesis. Los autores han de incluir básicamente artículos de los últimos cinco años y, en especial, de los últimos dos años. En la época actual, no se puede considerar reciente un trabajo aparecido hace cinco años y es ya histórico un artículo de 10 años de antigüedad. En un trabajo original, el número de citas debería situarse entre 20 y 40 y en una descripción de una observación clínica entre 10 y 20. (f) Resumen y palabras clave En el resumen se debe exponer con la misma claridad, brevedad y precisión el material y los métodos utilizados, los resultados obtenidos y las conclusiones. El resumen es una pieza clave del trabajo, ya que la decisión de leerlo depende de lo atractivo que lo encuentre el lector, y es, además, lo que aportan las búsquedas bibliográficas informativas. Actualmente se está utilizando, por un número cada vez mayor de revistas, un nuevo tipo de resumen: el resumen estructurado, en el que el contenido se divide en cuatro apartados: Fundamentos o Antecedentes, Método o Diseño, Resultados y Conclusiones. En cada uno de ellos se han de describir, respectivamente, el problema motivo de la investigación, la manera de llevar a cabo la misma, los resultados más destacados y las conclusiones que derivan de los resultados. Asimismo deben elegirse las “palabras clave” que informan sobre el problema y el ámbito de la investigación en las fuentes secundarias de la información científica, facilitando el acceso a futuros investigadores. (2) Las notas clínicas describen casos poco comunes o que reúnen ciertas características peculiares. En su redacción deben señalarse los apartados de introducción, observación clínica y discusión. Debe tenerse presente que lo más importante de una nota clínica es la observación clínica. (3) En las cartas al director se recogen publicaciones de naturaleza muy variada, desde controversias sobre un trabajo publicado previamente, aportaciones de casos excepcionales, comunicación de resultados preliminares o exposición de ideas o proyectos. El contenido de las cartas debe ser bastante conciso, no extendiéndose mas allá de 600-700 palabras. (4) En casi todas las revistas, además de estas modalidades de comunicación escrita se recogen otras secciones, generalmente encargadas por el comité editorial a expertos en determinados campos, tales corno editoriales o revisiones. Los trabajos deben publicarse en el momento oportuno, ni de forma precipitada, que nos pueda obligar con posterioridad a desmentir unas conclusiones escasamente elaboradas, ni demasiado tarde porque la originalidad científica es una de las satisfacciones mayores para el investigador. El medio de difusión mas adecuado debe estar en función de la calidad y rigor científico del trabajo objeto de publicación y de la periodicidad, regularidad y prestigio de la revista.

LA INVESTIGACIÓN BIOMÉDICA La investigación que realizamos como miembros de un Departamento Universitario de Ciencias de la Salud y que, por tanto, imparte docencia y asistencia, lógicamente deberá repercutir en los alumnos y en los enfermos o pacientes: (1) En relación con los alumnos, la función del respecto de la investigación y docencia deberá ir encaminada a: (a) Inculcar a los alumnos el método científico, con lo cual aumentará su capacidad analítica y crítica ante los diferentes aspectos de la ciencia. 157


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(b) Estimular a los alumnos en el espíritu científico desde las etapas iniciales de la licenciatura y no únicamente en la etapa de posgraduado. (c) Motivar al alumno en el aprendizaje, a través de la actividad científica del docente. (d) Contribuir a la formación integral de las futuras generaciones de especialistas, desarrollando la mentalidad científica en el estudiante. (2) En relación con los enfermos, la investigación bíomédica tiene como finalidad intentar comprender la causa de los fenómenos asociados con el enfermar. Estos fenómenos son entidades concretas e indivisibles que no constituyen objetivo prioritario de ninguna otra área científica y, sin embargo, son razón última y fundamental de la Medicina Clínica.

Situación de la Investigación en Europa y en España La Unión Europea ha establecido en el campo de la Investigación y Desarrollo (I + D) que el objetivo actual es conseguir un espacio científico y tecnológico europeo (Guía de la Investigación de las Comunidades Europeas, 1985). Europa tiene un compromiso de creación científica y tecnológica con desburocratización de las estructuras existentes, estableciéndose como postulados generales entre otros: v La fuente de riqueza de los pueblos europeos esté en la creatividad y en el espíritu de productividad. v La potencia económica y la competitividad de Europa depende de un nivel técnico y científico elevado en la industria, la agricultura y los servicios. España está considerada entre los países europeos que presentan escasa prioridad en el capitulo de I + D ya que el gasto que nuestro país dedica a I + D es de alrededor del 0.8% del Producto Interior Bruto (PIB), lo cual, corresponde al 40% de la media de los países de la UE. Por otra parte, España tiene aproximadamente 65 investigadores por 100.000 habitantes, frente a 125/100.000 de la UE, con una edad media de 47 años (alta en relación con la UE). Por tanto, la contribución de la investigación básica y aplicada de nuestro país a la producción científica mundial no alcanza el 1 %, mientras que la del Reino Unido es del 8.3%, Alemania 6.5% y Francia 5.4%.

Fuentes de Financiación La financiación es fundamental para el desarrollo de la investigación biomédica. Actualmente, las fuentes disponibles están vinculada a: (1) Consejo General de la Unión Europea. La Unión Europea ha esbozado un programa en 1994 de cinco años de duración, en relación con la investigación médica y sanitaria, estableciendo como prioritario el cáncer, SIDA, los problemas sanitarios relacionados con la tercera edad, el desarrollo tecnológico médico y la investigación sobre servicios sanitarios. (2) Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico (I+D). Comprende veintidós programas con objetivos científico-técnicos prioritarios, de los cuales están relacionados con la investigación biomédica los siguientes: Biotecnología, Salud y Farmacéutico. Además de los Programas Nacionales, existen otros Sectoriales que tratan de impulsar la investigación básica en áreas no contempladas específicamente en dichos programas. Asimismo, el Plan Nacional, a través del apartado de acciones especiales, incluye opciones para la realización de proyectos de I + D conjuntos, entre centros públicos de investigación y empresas. (3) Fondo de Investigación Sanitaria (FIS) de la Seguridad Social. Este fondo subvenciona proyectos de investigación desde el año 1981, y se encuentra enmarcado 158


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en el Programa de Promoción de la Investigación en Ciencias de la Salud, al que el FIS, dedica la mayor parte de su presupuesto para investigación (80%). Desde el año 1988 la convocatoria se realiza junto con la del Área de Biomedicina y Ciencias de le Salud del Programa Sectorial de Promoción General del Conocimiento, que gestiona la Dirección General de Investigaciones Científica y Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia. En 1993 se hicieron independientes las convocatorias para cada una de las instituciones mencionadas, pero para el año 1996 se volvieron a realizar las convocatorias conjuntas según la actual política de investigación. Se han establecido como proyectos prioritarios aquellos relacionados con las estrategias de “Salud para todos en el año 2000 en España” y que comprenden: Promoción de hábitos saludables de vida, preservación de riesgos ambientales para la salud y mejora de los sistemas de cuidados de salud pública. Dentro del programa FIS se contempla la creación de la Red Española de Unidades de Investigación en el Sistema Nacional de Salud (REUNI), que comenzó su singladura el año 1987 y en la actualidad se encuentra en la tercera fase del proyecto de consolidación y legitimación. (4) Plan Andaluz de Investigación (PAI). Desde el año 1989, la Junta de Andalucía desarrolla su actividad de ayuda a la investigación estableciendo las estrategias de investigación en salud en nuestra Comunidad Autónoma: aumento del conocimiento de los principales problemas de salud de la Comunidad Autónoma y fomento de la investigación. Para ello, se ha propuesto: (a) Formular líneas preferentes de actuación en el ámbito regional que, en lo referente al área temática de Ciencias de la Vida, son la Biotecnología, la Inmunología, la Toxicología y la Investigación y Desarrollo Farmacéutico. (b) Armonizar y modelar los objetivos del Plan Nacional en función de los intereses regionales. (c) Establecer una relación organizada con las actividades de la Unión Europea dentro del Programa de I + D. (d) Coordinar los programas sectoriales de las diferentes Consejerías (e) Apoyar y programar la actividad investigadora. Las ayudas económicas ofertadas son para proyectos de investigación, becas y dotación para infraestructura. En este sentido, el PAI subvenciona Proyectos de Investigación al 100%, pero también co-financia y complementa Proyectos de I+D. (5) Financiación Privada. Según el artículo 180 de los Estatutos de la Universidad de Málaga, los Departamentos e Institutos Universitarios, así como los profesores a través de los mismos, podrán proponer a la Universidad o suscribir directamente contratos con entidades públicas o privadas o personas físicas, para la realización de trabajos de carácter científico, técnico o artístico, así como para la realización de cursos de especialización, de conformidad con las disposiciones vigentes. Actualmente, la Oficina de Transferencia de Investigación (OTRI) es la encargada de organizar, estimular y controlar esta financiación y cuenta con un presupuesto anual que ha dado un salto espectacular (de los 300 millones del año 1996 ha pasado a casi 1.000 en el año 1997). No obstante, aunque en la actualidad es necesaria la colaboración entre la investigación académica e industrial, -fundamentalmente farmacéutica-, en relación con nuestra disciplina, ésta debe establecerse de manera racional, ya que existe el riesgo de que la investigación industrial pierda todo vestigio de imaginación y comprometa su afán de renovación tecnológica, o bien la investigación académica pierda su verdadera identidad, que debe estar caracterizada por la libertad y creatividad.

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RELACIÓN DOCENCIA-INVESTIGACIÓN Nadie duda en afirmar que la enseñanza y la investigación constituyen los objetivos fundamentales de la Universidad y, sin embargo, subsisten amplios interrogantes sobre el modo de conseguir su realización efectiva. Estos interrogantes en lugar de resolverse se van incrementando, ya que surgen muchos aspectos que no favorecen en absoluto dicha realización. Algunos de ellos se comentan a continuación: (1) De todos es sabido que la Universidad tiene que ser un centro de trabajo científico. La ciencia que en ella se elabora debe ser el resultado de una búsqueda continua, movilizada por el deseo de descubrir la verdad, y realizada en base a la investigación. Actualmente se asiste a un punto muerto en relación al futuro universitario europeo. Mientras los estados congelan los presupuestos económicos destinados a la Universidad, simultáneamente la Sociedad exige que la actividad investigadora universitaria responda al reto de las exigencias de la nueva era tecnológica. La disminución en las inversiones convierte el problema de la financiación en el más importante a resolver en el campo universitario europeo. El recorte de los créditos para la investigación ha conducido a las Universidades a solicitar una financiación exterior para sus programas de investigación (a través de contratos con empresas privadas), fórmula que tiene como efecto acercar la investigación universitaria a las necesidades de la Sociedad y mostrar la utilidad del valor de la contribución universitaria. Por el contrario, presenta el peligro de transformar la Universidad en centros de investigación a corto plazo y para temas muy concretos, en detrimento de una investigación más amplia y a medio plazo. El mayor desafío de la Universidad en Europa es el de encontrar una financiación adecuada a su naturaleza, con el consiguiente debate político y público que conlleva. Sin embargo, esto no presupone que la solución esté en la creación de Universidades Privadas: en ningún caso la Universidad europea debe renunciar a su función libre y crítica de Universidad. Pero el problema no debe ir en detrimento de la investigación, ya que las formas de actividad científica son variadísimas. Allí donde trabaja un espíritu de objetividad y de originalidad, se esta haciendo una labor de investigación y de ciencia. Como señalara el filósofo Karl Jaspers (1932), es esencial a la tarea investigadora la actitud modesta del que tiene conciencia de los límites del saber en cada caso. Aquél que indaga sobre cualquier aspecto de la realidad que le rodea, actúa de un modo científico si en su actividad se siente guiado por un sincero sentimiento de amor a la verdad y de contribución al bien común. La honestidad, el método y la perseverancia serán, en todo caso, los signos que diferenciarán su comportamiento de toda desordenada y necia precipitación, de toda vana presunción. Todo ello resta fundamento a una difundida creencia, a saber, cualquier forma de investigación implica costosas inversiones y es una tarea reservada tan sólo a los sabios y a quienes tienen en sus manos todo el poder de la tecnología y el dinero. (2) Por otra parte, los efectos de las evaluaciones globales en curso sobre las labores docente e investigadora son perjudiciales para la docencia universitaria en general (de la que no se abstrae la Anatomía Patológica) y constituyen un factor a tener en cuenta. El profesorado universitario ha tenido la oportunidad de comprobar que la valoración de la labor docente ha sido tratada de un modo distinto a la valoración de la labor investigadora. A todo aquél que ha demostrado mediante certificación que ha sido profesor, se le ha evaluado favorablemente su labor docente, aunque no hubiera dado más de dos o tres clases teóricas o prácticas en uno, dos o más de los quinquenios

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analizados y, puestos a exagerar, aunque no hubiera explicado nada. Circunstancias opuestas se produjeron en el caso de la evaluación de la labor investigadora y ésta no ha sido favorable para todos. Este hecho ha representado un quebranto para la valoración en la enseñanza de las asignaturas en favor de la investigación. Es importante resaltar la conclusión comparativa de las dos evaluaciones globales, la docente y la investigadora, realizadas por el Ministerio de Educación y Ciencia: no importa como se enseña, ni siquiera si se enseña; en cambio, si importa las publicaciones que se tienen y en qué revistas aparecen. Parece muy criticable el comportamiento de las comisiones a la hora de evaluar. Podría decirse que la investigación le gana terreno a la enseñanza, ya que todo el tiempo que se dedique a esta última se le resta a la primera, con el consiguiente detrimento en las publicaciones y en las posibilidades de obtener una evaluación favorable de la actividad investigadora, que se traduciría en una menor compensación económica. De esta manera, la Docencia no se evalúa, se devalúa. No obstante, con estas consideraciones no se pretende menospreciar la función investigadora, importancia de la cual queda clara en los primeros párrafos de este apartado. Además, el universitario tiene por definición una vertiente docente y otra investigadora y, si se parte de hecho comprobado "que el universitario que no investiga deja de serlo", es imprescindible investigar con seriedad en la Universidad. Esta aseveración es más importante hoy día para los que contribuyen (o lo harán en el futuro) a la formación de médicos, pues los alumnos deben salir de la Universidad conociendo el método científico. Esto será así si lo han vivido a lo largo de sus estudios y mal lo pueden vivir en un ambiente en el que no se haga ciencia. En el terreno práctico, si no tienen esta formación científica, difícilmente podrán asimilar en su ejercicio de la medicina, con autoridad personal y seguridad para el paciente, los espectaculares avances que proporcionan hoy día las ciencias biomédicas. Finalmente, no se debe olvidar que el profesor universitario necesita, junto a la imprescindible formación científica, una sólida y contrastada formación docente y que, la dualidad docenteinvestigadora exige un equilibrio en su ejercicio, con aberraciones igualmente criticables por ambos lados. (3) Otra consideración a tener en cuenta es la mutación que en la clientela universitaria se ha observado con la llegada a las aulas de una nueva categoría de estudiantes adultos, que comienzan sus estudios después de permanecer un cierto tiempo en una profesión. Las razones de esta incorporación hay que buscarlas en motivos de interés cultural o por adaptar sus conocimientos a las nuevas exigencias profesionales o científicas. El reciclaje profesional constituye una tarea que ya comenzó a ser ejercida por algunas universidades europeas. La demanda de nuevas profesiones exige, además, un nuevo planteamiento en los planes de estudio y en las titulaciones universitarias, que deben dar cumplida respuesta a las exigencias del mundo laboral y empresarial y deben proporcionar servicios de orientación universitaria y profesional que pueden llegar también a paliar el paro. Esta tarea también iría en detrimento de la investigadora. Tras estas consideraciones, parece claro que la unión entre enseñanza e investigación tiene que ser replanteada con arreglo a las nuevas necesidades, que de cabida a la extraordinaria expansión de la labor docente en la Universidad y al incesante desarrollo de la metodología científica empírica, que exige grandes medios, recursos materiales y personales, para organizar la investigación. Con objeto de responder adecuadamente a los problemas científicos de la Ciencia, en 1986 fue promulgada la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica que, a partir de su promulgación, puso en marcha el Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, con objeto de coordinar, fomentar la investigación y

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potenciar dentro de la Universidad a través del Programa de Promoción General del Conocimiento y del Programa Nacional de Formación del Personal Investigador. No obstante, el profesor ha de compatibilizar la docencia con la investigación, siempre que ninguna de ellas se perjudique por la otra. Además, la Anatomía Patológica es una materia básica para la formación del aspirante a médico, al contribuir a cimentar los procesos patológicos, especialmente en sus vertientes de etiología y expresión morfológica, cuyo conocimiento resulta esencial para la actividad médica (diagnóstico y pronóstico, en particular).

LA INVESTIGACIÓN EN ANATOMÍA PATOLÓGICA La investigación en Anatomía Patológica puede realizarse a dos niveles: investigación clínica e investigación básica o experimental. Sin embargo, estos dos niveles o tipos de investigación deben guardar una estrecha relación, pudiendo ser complementarios o bien formar parte de un mismo proyecto de investigación. (1) La investigación clínica se realiza en el entorno de las biopsias y piezas quirúrgicas, citologías o autopsias clínicas. Tiene la ventaja de generar pocos gastos adicionales y de ser un control crítico del trabajo desarrollado por un Departamento. Sin embargo, una buena investigación clínica debe ser desarrollada en el seno de un equipo de trabajo, la mayoría de las veces multídisciplinario, con unos protocolos controlados y aprobados por la Comisión Científica y de Investigación correspondientes.La investigación clínica puede desarrollarse de forma retrospectiva o prospectiva. (a) La ínvestígación retrospectiva consiste en la recogida y elaboración de unos datos obtenidos antes de iniciar el estudio. Su desarrollo puede llegar a conclusiones válidas o a formular hipótesis que deberán ser ratificadas con estudios prospectivos. La Anatomía Patológica tiene, en este sentido, la ventaja sobre otras áreas de conocimiento de poder disponer de todo el material de estudio, sobre el que pueden aplicarse nuevas técnicas; así, lo que inicialmente podría interpretarse como un estudio retrospectivo, se puede convertir, en realidad, en un estudio prospectivo de investigación. (b) La investigación prospectiva va dirigida desde las causas a los efectos y consiste en un análisis organizado y planificado, siguiendo unos protocolos establecidos previamente, como respuesta a la toma de conciencia de un problema. Este tipo de investigación debe respetar una serie de normas éticas y deontológicas y, según el tipo de estudio a realizar, puede ser necesaria también la aprobación por las Comisiones de Ensayos Clínicos (del Hospital o de la Dirección General de Farmacia), de Bioética y de la Unidad de Investigación del Hospital, si se solicita un proyecto de I+D o FIS. Además, debe cumplir unas exigencias en la realización y ejecución de sus protocolos, tales como los criterios para la obtención de los datos, homogeneidad, etc. Entre sus ventajas, es necesario destacar la importancia del factor aleatorio que evita cualquier inclinación o predeterminación de los resultados. (2) La Investigación básica, también denominada Investigación Fundamental, centra su atención en el campo de las ciencias básicas que tendrán repercusión directa e indirecta en el progreso de la Anatomía Patológica. Se realiza a otros niveles, con modelos mecánicos, eléctricos, hemodinámicos, matemáticos, estadísticos y biológicos o con animales de experimentación.

Métodos de Investigación Tres son los métodos científicos básicos de investigación en Anatomía Patológica: la observación, la revisión y la experimentación. 162


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La Observación Se basa en el estudio de uno o varios casos de biopsia o autopsia que presenten algunas características especiales diferentes a las ya descritas. También se pueden incluir en este apartado, los casos excepcionales, que puedan aportar datos morfológicos poco o nada descritos hasta ese momento. El valor de este tipo de investigación es limitado, pero en general, pone de manifiesto la sagacidad e intuición del patólogo. A pesar de su aparente sencillez, cualquier aportación en este sentido, exige una revisión amplia de la literatura y un estudio morfológico muy concienzudo. En algunos casos, servirá para poder explicar mecanismos de lesión y/o determinados cuadros clínicos, lo cual le dará mayor importancia al trabajo. Gran número de enfermedades han sido descritas por medio de este tipo de publicaciones. Dentro de este apartado se pueden incluir el estudio de uno o pocos casos con alguna técnica nueva. Así, en los últimos años, el microscopio electrónico y las técnicas de inmunohistoquímica, citometría inmunohistoquímica y patología molecular han permitido conocer mejor algunas enfermedades y, por tanto, diagnosticarías con mayor precisión.

La Revisión La revisión es, sin duda, la forma más costosa en tiempo con relación a los frutos que de este tipo de investigación se derivan. El máximo valor de la revisión se basa en la correlación anatomoclínica, por lo que la cooperación con servicios clínicos es esencial. No obstante, presenta un inconveniente en nuestro país, que se deriva de la dificultad de seguimiento de los pacientes por una deficiente estructura sanitaria. Su valor es mayor cuanto más numeroso sea el número de casos estudiados. La existencia actual en muchos países de lo que se ha llamado "registros", ha permitido la recolección de muchos casos, incluso de enfermedades relativamente raras.

La Experimentación Cualquier tipo de observación debería ser corroborada siempre por un método experimental que permita comprobar las conclusiones. Igualmente, la revisión de cualquier problema anatomopatológico puede completarse con la creación de modelos experimentales, que amplíen la comprensión de los distintos mecanismos patogénicos que intervienen en la producción de las diversas lesiones. En las páginas precedentes se ha señalado como muchos grandes patólogos dedicaron gran parte de su trabajo de investigación a la Patología Experimental. Creo que resulta innecesario exponer de nuevo el valor de la experimentación. Los más grandes planteamientos conceptuales pueden desprestigiarse si no van acompañados de un método experimental riguroso que compruebe la probabilidad del concepto. Elegir el método más adecuado, prever los errores o variables introducidos por la experimentación e interpretar adecuadamente los resultados obtenidos son los pasos indispensables para desentrañar la realidad biológica. Una plataforma para una buena investigación es el conocimiento de otras Ciencias Básicas, principalmente la Biología, Histología y Fisiología. Igualmente se hace imprescindible el dominio de la Estadística y el conocimiento básico de los modernos ordenadores; su uso se ha entronizado en la Biología de tal manera que su desconocimiento impide la comprensión de gran número de los trabajos de investigación publicados en las más prestigiosas revistas.

ÍNDICES BIBLIOMÉTRICOS: LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA CIENCIA Durante los últimos años, los indicadores bibliométricos han pasado a ser un tema de difusión casi general en los ambientes científicos. Los índices bibliométricos se consideran, 163


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primariamente, datos numéricos sobre fenómenos sociales de la actividad científica relativos a producción, transmisión y consumo, de la información en el seno de comunidades determinadas. En modo alguno deben interpretarse como los mediciones de mayor importancia, y de mayor calidad, y su utilización está condicionada en las evaluaciones por contextos, siempre muy complejos, de los fenómenos sociales a los que cada uno de ellos se refiere. Los perjuicios que el empleo acrítico de indicadores bibliométricos está causando en España y, en concreto, en el campo de la Medicina, son muy considerables. La peor de las prácticas asociadas a los mismos es, sin duda, el uso de puntuaciones supuestamente bibliométricas para la valoración individual de los aspirantes en concursos y oposiciones. Baste como ejemplo, el uso de estos criterios en las bolsas de trabajo de las delegaciones del Servicio Andaluz de Salud para contratos de facultativos especialistas (entre ellos de anatomopatólogos), por el SAS. Esta práctica se asocia de forma constante a un completo desenfoque de la posición de nuestra medicina y, muy especialmente, de nuestras revistas médicas en el panorama internacional. Esta asociación está desorientando a muchos grupos de médicos españoles de valía y conduciendo a una auténtica crisis de nuestras publicaciones periódicas especializadas.

Estudios sobre la Ciencia La «ciencia de la ciencia» fue un programa formulado a lo largo de los años sesenta cuyo núcleo central consistió en aplicar los recursos de la ciencia al estudio de la ciencia misma, con una intención y a un nivel distintos a los acercamientos humanísticos y filosóficos. La formulación del programa se realizó en la zona de convergencia de tres disciplinas de tradición académica muy diversa: la documentación científica, la sociología de la ciencia y la historia social de la ciencia. Tres libros desempeñaron en cierto modo el papel de manifiestos. El más importante e influyente fue “Little Scíence, big science” (1963), de DJS Price, profesor de la Universidad de Yale. Los otros dos, “The Scíence of Scíence” (1964), volumen británico publicado en homenaje a Bernal y “Nauka o nauke” (1966), de Dobrov, profesor de la Universidad. de Kiev. En ellos, en otros libros de menor relieve y en un amplio número de artículos aparecidos en revistas de carácter general, quedaron definidas las características de la nueva área y, en concreto, sus notas diferenciales respecto a los acercamientos tradicionales de tipo humanístico, como la filosofía de la ciencia y la historia culturalista de la ciencia. Durante el cuarto de siglo transcurrido se ha enriquecido notablemente el contenido del área y se ha iniciado la institucionalización de su cultivo. Se ha consolidado, además, la tendencia a designarla con un término menos comprometido que el original de “ciencia de la ciencia”. En su lugar se utiliza hoy la expresión “estudios sobre la ciencía” (Scíence studies) y otras similares, como "investigación sobre la ciencia" (Wissenschaftsforschupg), o más precisas, como “estudios sociales sobre la ciencía”.

Indicadores de Actividad Científica y la Bibliometría La aparición casi simultánea en 1978 del primer número de Scientometrics y del volumen dirigido por Elkana puede considerarse como un hito que señaló el paso a primer plano de los indicadores de actividad científica. La actitud de la comunidad científica y del conjunto de la sociedad ante este nuevo tipo de indicadores ha atravesado una fase negativa e incluso violenta a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Una de las principales causas de la actitud negativa es, por supuesto, la ignorancia de lo que son estos indicadores, así como de los objetivos de la cienciometría. Otras razones son mas bien ideológicas y las que se derivan también de la subordinación de la propia actividad científica a la de las comunidades mas poderosas. La dependencia del “imperialismo científico”, actualmente el angloamericano, significa importar no solamente conocimientos e ideas, métodos y técnicas, sino también patrones de conducta y valores ajenos a nuestra cultura, que son asumidos, por lo general, de modo inconsciente. Ello conduce a mecanismos

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extremadamente peligrosos para el mantenimiento de la propia identidad, así como a planteamientos que consideran como norma su cultura. De esta situación parten dos graves obstáculos para el manejo razonable de indicadores de actividad científica en España. El primero de ellos es la postura de lo que algunos llaman cipayos científicos, personas de origen español integradas a mayor o menor nivel en el mundo científico angloamericano y que se arrogan el papel de jueces de lo que sucede en España. El segundo obstáculo, mucho más sutil, consiste en confundir la comunidad científica internacional con la del mundo angloamericano, convirtiendo a éste en la única fuente de normas y criterios para conceder o negar validez a la actividad científica española; entre otras cosas, presupone la más completa insensibilidad ante la producción científica destinada al consumo interno, que se desprecia desde un elitismo poco reflexivo. Los principales indicadores bibliométricos utilizados en la evaluación de la actividad médico-científica se pueden agrupar en cuatro epígrafes, correspondientes a producción, circulación y dispersión, consumo y repercusión de las publicaciones y de la información que contienen.

Producción Price formuló una ley general aplicable a la ciencia moderna, desde el siglo XVII hasta la actualidad, según la cual la forma normal de su crecimiento es exponencial. Por tanto, la tasa de crecimiento de la ciencia en un momento dado es, por tanto, proporcional al tamaño total hasta entonces adquirido. Una característica de gran importancia del crecimiento exponencial de la ciencia es que su ritmo es mucho más rápido que el de la mayoría de los fenómenos sociales. Mientras que la población se duplica cada cincuenta años, cada quince años aproximadamente se duplica el número de revistas científicas y de resúmenes de todos los campos de la ciencia pura y aplicada, así como también el número de compuestos químicos conocidos. Así, en el momento actual, las publicaciones sobre investigación en salud vienen a ser unas 200 revistas españolas dedicadas a esta temática y unas 5000 en el resto del mundo (Nogales et al, 1999). En este sentido se denomina “índice de contemporaneidad” al tanto por ciento que significa la ciencia actual respecto del conjunto de la de todos los tiempos. Resulta que al período de duplicación de diez años le corresponde un coeficiente en tomo al 96%, y al de quince años, otro alrededor del 87,5%. De esta forma, el número de artículos sobre rayos X, geometría no euclidiana o fisiología experimental, publicados en los últimos 10 años, es del 96 % del total publicado hasta ahora. Price, sin embargo, consideró que esta ley normal del crecimiento exponencial corresponde a una situación muy anormal. En el mundo real, afirmó, las cosas no crecen hasta alcanzar el infinito. La necesidad de una saturación, de que no llegue a haber dos científicos por cada hombre, mujer o niño, le llevó a postular que la forma real del crecimiento de la ciencia corresponde a una curva logística, utilizada habitualmente para el crecimiento demográfico y a la que se ajustan, asimismo, numerosos crecimientos de carácter biológico. Archibald y Line, han estudiado el tamaño y crecimiento de las revistas científicas del período 1950-1987, comprobando un rápido incremento hasta 1976, que se enlentece entre esta fecha y 1980, para dar paso a un estancamiento en los últimos años. Las investigaciones sobre la productividad de los autores científicos, iniciadas en el siglo XIX por Francis Galton como un aspecto más de su febril actividad estadística, consiguieron su primer resultado de interés cuando Lotka pudo demostrar en 1926 que la distribución trabajos/autor obedecía a una ley similar a la comprobada en la productividad biológica "el número de autores que publican trabajos es inversamente proporcional a n2 “. Sobre la base de índice de productividad de Lotka se acostumbra distribuir a los autores de un conjunto determinado de publicaciones en tres niveles de productividad: pequeños productores (con un sólo trabajo y un índice de productividad igual a 0), productores medianos (entre 2 y 9

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trabajos e índice de productividad mayor que 0 y menor que 1) y productores grandes (10 o más trabajos e índice de productividad igual o mayor que 1). Aparte de su función de resumen, esta distribución sirve para obtener lo que Price llamó "índice de transitoriedad”, es decir, el tanto por ciento que en un conjunto determinado de publicaciones corresponde a los autores ocasionales o transitorios (los de un sólo trabajo). Un tema de gran relieve y a tener muy en cuenta para la evaluación es el de la colaboración en los trabajos científicos, ya que existe un incremento en el número de trabajos en colaboración así como del número de autores que los realizan. A principios del presente siglo, el 80% de los trabajos tenía una sola firma, mientras que en la actualidad el 80% tiene varias. La media del índice firmas/trabajo oscila entre 3 y 3,5. El predominio de trabajos en colaboración ha planteado la conveniencia de manejar un "índice de productividad fraccionado" para los autores científicos. Consiste en sumar 1/n puntos para cada trabajo, siendo n el número de autores de cada trabajo. Un autor, por ejemplo, que tuviera un trabajo con cuatro colaboradores, otro con un colaborador y otro firmando solo, tendría el índice de productividad fraccionaria correspondiente a 1,7. Dada la alta incidencia de los trabajos en colaboración, el índice de productividad fraccionaría equivale, por término medio, a la mitad de la productividad bruta.

Circulación y Dispersión La circulación de los trabajos médicos se efectúa a través de bases de datos de información bibliográfica: la nacional principalmente a través de IME (Indice Médico Español) y la internacional mediante MEDLINE (index Medicus), EMBASE (Excerpta Medica), BIOSIS (Biological Abstracts) y SCISEARCH (Science Citation Index-Current Contents). Como indicadores de circulación pueden emplearse principalmente tres: el número de trabajos circulantes, el índice de productividad circulante (logaritmo del número anterior) y el índice de círculacíón (cociente entre el número de trabajos circulantes y el de publicados). Una variante de este último es el índice de difusión internacional propuesto por Beníto Amat y de la Cueva Martín, consistente en el cociente entre el número de trabajos circulantes en las cuatro bases Internacionales de datos recién citadas y la cifra de publicados multiplicada por cuatro. Los índices de circulación se encuentran entre los indicadores bibliométricos más válidos y fiables para la evaluación. En ocasiones, los trabajos se concentran en un número muy reducido de revistas, mientras que en otras se dispersan en una cifra muy elevada. Algunas veces, la zona de máxima densidad coincide con revistas especializadas en el tema, pero muy frecuentemente corresponde a otras de carácter general o consagradas a aspectos científicos directa o indirectamente relacionados con el tema en cuestión.

Consumo de la Información El consumo de la información se estudia mediante el análisis de las referencias. De los numerosos e importantes indicadores que proporciona, dos interesan especialmente a la evaluación: los correspondientes a la obsolescencia y al aislamiento. Un problema inseparable del crecimiento exponencial de la ciencia moderna es el rápido envejecimiento de la literatura científica, es decir, la acelerada tendencia a que las publicaciones científicas caigan en desuso. Burton y Kebler proporcionaron en 1960 el primer indicador importante de dicho proceso con el concepto de vida media (half-life) de la literatura científica; es decir, el tiempo durante el cual fue publicada la mitad de la literatura activa circulante. El camino abierto por Burton y Kebler fue continuado por Price, quien formuló de modo preciso el decrecimiento exponencial de la distribución de las referencias por años de procedencia.

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El principal indicador de aislamiento (insularidad) es el tanto por ciento de referencias que corresponde a publicaciones del mismo país al que corresponden las publicaciones citadoras.

Repercusión Los indicadores de repercusión se obtienen a partir del análisis de las citas. Garfield fundó en 1964 el Science Citatíon lndex (SCI), que ha difundido principalmente este mismo autor con el nombre de factor o índice de impacto. La facilidad con que este índice (repertorio) permite conseguirlo ha difundido, por desgracia, su empleo indiscriminado y al margen de toda cautela crítica. Dicho empleo acrítico no tiene en cuenta que es un indicador relativo, que no debe aplicarse para comparar revistas, grupos o autores de disciplinas distintas. En segundo lugar, ignora el debate en torno a las funciones de las citas en la comunicación científica que son muy complejas y en absoluto sirven de fundamento a interpretaciones simples. En tercer lugar, desconoce las limitaciones del SCI, comenzando por su extremado sesgo y terminando por sus lagunas y errores. Todas estas cautelas son necesarias incluso en el caso de evaluación de la actividad científica de países bien o medianamente representados en el área de cobertura del SCI. Si se trata de países de nivel medio cuya presencia en el mismo es insignificante, como sucede con España, se ha demostrado hasta la saciedad que el factor de impacto procedente de este repertorio solamente refleja de modo muy primario la repercusión en el área científica que utiliza el inglés como lengua franca. La verdadera solución, propugnada por el mismo Garfield, es publicar índices de citas partiendo de revistas de disciplinas y zonas geográficas determinadas. La distribución citas/autor sigue a ley de Lotka, por lo que el logaritmo de las citas recibidas por un autor se puede considerar como “índice de visibilidad”. Este indicador resulta indispensable si recordamos que, lo mismo que hemos visto en el caso de la productividad, el número de citas no es una medida aditiva lineal. En 1973, Small propuso ya la "cocitación", el hecho de que dos o más publicaciones reciban una o varias citas en común, como una nueva medida de la relación entre dos documentos. El SCI es una herramienta útil para la búsqueda y la alerta bibliográfica, entendiendo por búsqueda bibliográfica la metodología empleada para la localización de documentos que nos sirvan de fuente de conocimientos en una materia determinada, y por alerta bibliográfica la metodología empleada para el mantenimiento del conocimiento de la información que se va produciendo en el área de interés. El SCI se basa en la revisión de más de 3.200 revistas científicas de todas las áreas temáticas y procedencias geográficas; se revisan los artículos, cartas, notas, revisiones, necrológicas, etc., excepto los anuncios; sólo se incluyen las revisiones de libros de Nature, Science y The Scientist. El SCI se publica bimensualmente y al final del año se resume todo lo publicado en un acumulativo anual que sustituye a los bimensuales. Además, cada 5 años se edita un índice acumulado del quinquenio, que sustituye los cinco números anuales. La publicación del SCI comenzó a finales de los sesenta, pero se han ido revisando años anteriores. En la actualidad se dispone del SCI desde 1945 y se estructura en cinco indices: (1) Referencias (Source lndex), donde constan las citas bibliográficas completas, publicadas durante el período estudiado, ordenadas alfabéticamente según el primer firmante. Este índice permite localizar a un autor y saber qué y dónde ha publicado; si el autor no es primer firmante el índice nos remitirá al autor principal. (2) Citaciones (Citation lndex), en el que aparecen alfabéticamente los autores, indicando el primer firmante de los artículos del índice de referencias. Debajo de su nombre se incluyen todos sus artículos citados, ordenados cronológicamente. El índice de citaciones permite localizar autores actuales que utilizan artículos anteriores como citas; además, nos permite localizar los artículos clave, puesto que serán los mas citados. Si el 167


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artículo escogido es de cita obligada en un tema específico, nos ayuda en la alerta bibliográfica y nos permite localizar los artículos publicados sobre dicho tema. El índice de citaciones se complementa con el índice de referencias (al que se accede a través del nombre del primer firmante) donde consta la cita bibliográfica completa. El índice de citaciones nos permite, incluso, localizar la bibliografía de un autor que haya sido citado, ya que bajo su nombre constan todos sus artículos citados ordenados cronológicamente. (3) Temático (Permuterm Subject Index) donde constan todas las palabras significativas de los títulos de los artículos incluidos en el índice de referencias, ordenados alfabéticamente y asociados (permutados) a las demás palabras que se encuentran en el mismo artículo. Este índice temático permite el acceso a áreas que nos son desconocidas y orienta la búsqueda bibliográfica, pues nos ayuda a localizar autores que publican sobre el tema (en el índice de referencias donde constan las citas bibliográficas completas) y que son citados (en el índice de citaciones donde, según las veces que son citados, podemos obtener un baremo de importancia y/o calidad). (4) Geográfico (Corporate lndex) en el que se consignan todos los países del mundo y todas las organizaciones que han publicado artículos recogidos en el índice de referencias, indicando los autores y las revistas. Este índice da una idea de la producción científica de un país o de una organización. (5) Revistas (Joumal Citation Report) que es un índice de las revistas citadas y de su impacto (índice de impacto), publicado anualmente. Este información es clave para decidir dónde se invierte el dinero cuando se trata de suscribirse a revistas o dónde invertir el tiempo cuando se decide establecer un sistema de alerta bibliográfica o donde sería mas conveniente enviar para su publicación, un determinado artículo científico.

Aplicaciones en la Evaluación de Autores e Instituciones Los indicadores de producción que pueden utilizarse para la evaluación tanto de autores como de instituciones, -que a este respecto han de considerarse como autores colectivos-, son el número de publicaciones y el índice de productividad de Lotka referidos a libros, artículos de revista, memorias e informes de circulación limitada. Para los del primer grupo, los más importantes serán con gran diferencia los correspondientes a los artículos; para los de las áreas médico-sociales, los referentes a los libros, aunque sin descuidar los otros dos epígrafes; para los prácticos hay que situar en primer plano los indicadores de memorias e informes de circulación limitada, y recordar siempre el modesto relieve que los indicadores bibliométricos tienen para la evaluación en este terreno. Inseparable de dichos indicadores de producción es, el índice firmas/trabajo. En primer lugar, por la correlación positiva, entre el número medio de firmas que aparecen en las publicaciones de un autor o institución, su índice de productividad y su posición dentro de la comunidad científica. En segundo lugar, porque el predominio de trabajos en colaboración obliga a manejar en la práctica el índice de productividad fraccionario. Los indicadores de circulación nacional e internacional son quizá los más válidos y fiables para la evaluación de autores e instituciones de los dos primeros grupos que antes hemos anotado, sobre todo por la condición indiscutible de su fundamento documental y por la existencia de varios repertorios y bases de datos que permiten obtenerlos de modo sencillo y objetivo. Por el contrario, debido a las razones que ya conocemos, la actividad médica práctica no puede medirse con ellos ni siquiera de forma aproximada. Los indicadores de dispersión basados en la distribución de Bradford carecen de interés práctico en este terreno, aunque en teoría pueden utilizarse a través de las revistas en las que autores o instituciones publican sobre una disciplina determinada. Algo parecido puede decirse de los indicadores de consumo de la información.

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Por último, los indicadores de repercusión deben utilizarse con gran cautela, ya que la mala práctica bibliométrica más aberrante se produce en este punto. Sin embargo, con un examen crítico adecuado, los índices de repercusión, y en concreto los más sencillos, número de citas, el índice de visibilidad y el factor de impacto, son los instrumentos bibliométricos de mayor importancia para la evaluación de la actividad médico-científica de autores e instituciones, junto a los de productividad circulante.

Producción Científica Biomédica Española Existen muy pocas publicaciones sobre las características de la producción científica biomédica española. En los trabajos recientes de Cami et al. y Baños et al. se advierte un progreso significativo y constante, e indican, al parecer, que las directrices generales de política de investigación y el desarrollo de grupos de investigación, por fin, comienzan a ir por la senda del buen camino. En España (y en Andalucía), la investigación científica no ha parado de crecer en los últimos veinte años. Ya en el año 1986, Nature, dedicaba un número monográfico a la situación de la ciencia en España, titulado “El renacimiento de la ciencia en Iberia” y, este año, le ha vuelto a dedicar otro número, entre cuyas conclusiones destacan que ha bastado un discreto incremento de los presupuestos de investigación para que la producción científica haya aumentado en una mayor proporción que lo invertido. La producción científica en Biomedicina respecto a la producción total española, utilizando como referencia el Science Citation lndex, es del 41,5%. En el ámbito de la comunidad europea, la producción en Biomedicina española representa el 3,82% de la cifra total, ocupando el puesto número siete en cuanto a número de publicaciones, el octavo si se relativiza la producción con el PIB y el noveno si se hace con el número de habitantes. En el período 1980-1989 el aumento anual de documentos fue del orden del 15,4%. La mayor producción nacional se realiza en áreas de Bioquímica y Biología Molecular, Farmacología, Neurociencias y Microbiología. La producción en Anatomía Patológica apenas alcanza el 1,5%, cifra que se considera importante si se tiene en cuenta el reducido número de patólogos. Cuando se analiza el origen geográfico de las publicaciones se advierte que la comunidad autónoma andaluza ocupa el tercer lugar después de las de Madrid y Cataluña. La producción andaluza oscila, invariablemente, entre el 8 y el 11% de la producción nacional, muy por debajo de su nivel socio-económico y demográfico (17%), sin que a lo largo de estos últimos veinte años haya conseguido incrementar su protagonismo nacional. Asimismo, su capacidad de obtención de recursos, permanece indefectiblemente estancada en alrededor de un 7% del total de recursos dedicados a nivel nacional a la investigación en biomedicina. Dentro de la comunidad andaluza, Granada es la provincia que, en estos últimos veinte años, tiene mayor productividad científica (30% del total andaluz) seguida de Sevilla (25%), Córdoba (18%), Málaga (12%) y Cádiz (6%). Llama la atención que la contribución de Málaga al total andaluza ha pasado del 4% en la década de los 80, al 8% en la del noventa, siendo la provincia con el incremento relativo mayor. Los distintos indicadores estudiados demuestran que la estructura investigadora andaluza es diferente a la del resto del país, especialmente a la de Cataluña y Madrid. En estas dos comunidades, la mayor parte de la producción científica proviene de instituciones sanitarias mientras que en Andalucía lo hacen de la Universidad. Los centros más productivos del país son el Hospital Clínico de Barcelona, seguido de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona y del Centro de Biología Molecular de Madrid. Aunque el inglés es la lengua de preferencia para la comunicación científica, la mejora de la producción científica española se ha acompañado también de un avance de las publicaciones españolas en la esfera internacional. En la década de los ochenta se pasó de una presencia meramente testimonial de una revista incluida en el Science Citation Index en el año 1980, a varias en el año 1996 (Histology and Histopathology, lnmunología, Medicina Clínica, Methods and Findings in Experimental and Clinical Pharmacology, Nefrología, Revista Clínica Española, Revista Española de Enfermedades del Aparato Digestivo y Revista Española de

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Fisiología, Revista española de ciencia y Tecnología de la Alimentos, etc.), mejorando progresivamente cada revista su índice de impacto.

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