Lee+ 163 Resiliencia

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AÑO 13 • NÚMERO 163 • DICIEMBRE 2022 PRECIO AL PÚBLICO 25 PESOS 7151050002001

La resiliencia nos salva, nos permite recuperar a quienes éramos antes de que el mundo nos pusie ra a prueba. En cierto sentido, los seres humanos somos como las hojas de papel que se doblan y se arru gan sin perder la posibilidad de recuperar su forma, las huellas que quedan marcadas se transforman en parte de nuestra historia, en la enseñanza que nos hace más fuertes. La “literatura y la resiliencia tienen su punto de encuentro en la relación del lenguaje con el compor tamiento humano: éste exige un acto de sinceridad e introspección facilitado por la soledad del proceso de lectura”, afirma Herles Velasco en el artículo que nos ofrece en este número de Lee+

La idea de Herles es un reto que asumimos hasta las últimas consecuencias y nos llevó a caminos ma ravillosos: la presencia de Michelle Obama y la po sibilidad de adentrarnos en su nuevo libro nos sitúa ante la posibilidad de descubrir la maravilla y la for taleza de la resiliencia. Y lo mismo nos sucede con las conversaciones que mantuvimos con Gilles Lipovestky y Rosa Montero, a las que se suman los ensayos so bre Almudena Grandes y los sobrevivientes. En las páginas de esta nueva entrega entrevistamos a Álvaro Enrigue y a Juan Tallón, autores imprescindibles, jun to con Dolly Parton.

Este número de Lee+ se abre ante sus lectores para ofrecerles una doble invitación: la primera conduce al silencio y la introspección, a la búsqueda de las palabras que se niegan a cerrar las puertas y restablecen el senti do de lo humano —como claramente ocurre en la obra de Michelle Obama—; en cambio, la segunda nos acerca a las discusiones actuales, a los libros que exploran ca minos para revelar nuevos mundos y nuevas miradas sobre el pasado para así poder enfrentar el presente y crear un mejor futuro.+

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6 La
8 Si
debes
10
Dolly
y James Patterson 12 Kintsugui para el alma Herles
14 Instantáneas en tiempos hipermodernos de una conversación con Gilles Lipovetsky
16 The Light We Carry
20 Rosa
y el poder
la resiliencia
22 Almudena y la
la resiliencia
24 Obra
26 Álvaro Enrigue, la otra historia
Índice /mascultura @revistaLeemas /revistaleemasdegandhi @revistaleemas En portada : Michelle Obama Fotografía: Miller Mobley Diseño: Edwin Reyes Maya Editorial contacto@revistaleemas.mx Envía tus comentarios a: elcliente@gandhi.com.mx ¡Anúnciate con nosotros! Pide tu revista hasta tu casa en www.gandhi.com.mx
estética de los pedazos Itzel Mar
quieres el arcoíris
soportar la lluvia Juan Cárdenas
Corre, Rose, corre
Parton
Velasco
Adriana Romero-Nieto
Michelle Obama
Montero
de
Irma Gallo
alegría de
Irma Gallo
maestra, de Juan Tallón Carlos Díaz
José Luis Trueba Lara
Resiliencia

Infinitivos Cuerpos

La estética de los pedazos

Son bellos los sobrevivientes. Su encanto radica en lo que saben. Caminan, se recogen el cabello, beben un vaso de agua, se miran en el espejo y atraviesan el mediodía como si los desquebrajamientos no fueran lo contrario de la belleza. De jan de parecerse a los que han creído ser y a lo que deseaban, y tras el amasijo del dolor inventan coartadas para conformarse, es decir, para concordar con la hechura, acomodarse con su cuer po a la forma de lo que les va quedando. “La vida no es lo que esperaba, pero tampoco lo contrario”, dice Alejandra Pizarnik, y quienes permanecen vivos, tras la vida, lo comprenden. Abandonarse a la certeza de que, por existir, lo que existe re sulta incesante o nos pertenece de manera imperecedera es una reflexión surgida de la más absoluta ignorancia; perdón, quise decir de la más prodigiosa inocencia. Sinónimos, a fin de cuentas, pero el segundo término con un sonido más cercano al decoro, a la gracia de la infancia y al eufemismo. ¿Cómo se ensayan las resurrecciones tras el cataclismo de una guerra, una enfermedad, la bancarrota, el abandono, los destierros, la ausencia, una dicta dura, la traición, el fallecimiento del ser amado, un terremoto, el desamor o la crisis de la edad a cualquier edad? ¿Cómo aprende el pez a respirar fuera del agua cuando un dios desconocido, con popote en mano, de un solo sorbo le arrebata todo el mar? La na turaleza de lo humano de acuerdo con la teoría de la Gestalt percibe con mayor fuerza el todo y centra menos la atención en los pedazos y los faltantes. Se apuesta a la globalidad, al intento de alcanzar una comprensión estructural nueva de los sucesos. Es posible, así, que morir no siempre sea morir, y la recurrencia del dolor no se torne permanente.

La cartografía de las cicatrices narra la vida de un cuerpo: en dónde estuvo, de dónde viene. Kintsukuroi o kintsugui es el an tiguo arte japonés de reparar, con polvo de oro o plata y barniz de resinas, toda clase de cuencos, vasijas y recipientes que le dan forma al vacío, y cuyo destino es el acogimiento de un algo. Es tética de la reconstrucción, donde las fisuras cuentan digna y ostentosamente la insistencia de existir a pesar de…

Narra la tradición que en algún momento del siglo xv, un sho gun (comandante militar) rompió accidentalmente su cuenco de té favorito. Sin resignarse a la pérdida, lo envió a China para su reparación; sin embargo, el resultado no lo satisfizo. Así, el pre ciado objeto terminó en manos de un artesano japonés, quien

unió los fragmentos con una mezcla de polvo de oro y resinas que hacían resaltar las grietas, conmemorando el particular de rrotero del recipiente, dándole el valor de una historia que me rece ser contada.

¿Cómo puede algo roto celebrar la belleza? Lo hermoso tiene la cualidad de la infinitud según Pablo Fernández Christlieb que inquieta y no termina de ser definido. Se pretende que el dolor, la tristeza o las roturas sean repulsivos, pero, a pesar de la insistencia cultural en la no reconciliación de los opuestos, re sulta posible encontrar un absoluto sustento estético en aquello denominado como desagradable. En la literatura, la representa ción por excelencia de esta “belleza de la fealdad”, citando de nuevo a Fernández Christlieb, es el imprescindible Frankestein, de Mary Shelley, quien con grotesca dulzura actúa la fuerza que emana del sufrimiento. Lírica alucinógena de la pasión y de la so ledad existencial. Aspiración cumplida de la inmortalidad, donde el horror regocija. Paseo hacia los pedazos del alma. ¿En cuál de ellos nos reconocemos?

Más que un libro, Frankestein representa una experiencia que exige ser leída con el cuerpo que somos y no con el que tenemos. Cuerpo cuantificable, sujeto a las leyes de la repetición y del dete rioro. Cuerpo emotivo. Cuerpo marginado. Cuerpo numinoso. “El gran objetivo de la vida es la sensación. Sentir que sentimos, aun que sea en el dolor”, proclama Lord Byron.

Autodidacta. Determinada. Iconoclasta. Narradora exquisita: Mary Shelley esbozó una especie de autobiografía a lo largo de toda su obra. “La invención no consiste en crear a partir de la nada, sino a partir del caos”, escribió. A Frankestein le seguirían seis novelas más, entre las que destacan El último hombre y Falk ner, así como una vasta producción ensayística que le valió a la autora inglesa alcanzar un lugar respetable en el mundo literario de entonces. No intentó huir de su parentesco con la tragedia, a pesar de haber perdido a casi todos sus seres amados. A través de la escritura remendó un destino lleno de infortunios. Su maravi llosa criatura de dos metros y medio de altura, piel amarillenta repleta de toscas costuras, rostro apergaminado, labios rectos y cianóticos, y ojos casi sin color ha sido destinada a la belleza por los siglos de los siglos. Belleza que emana de la coherencia del espíritu y de la única resiliencia posible: sobrevivir a todas las muertes; sobrevivir a uno mismo.+

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Itzel Mar Itzel Mar. Poeta, editora y psicóloga. Disfruta releer muchas veces sus libros preferidos e inventar palabras. Twitter:
@aegina23

Si quieres el arcoíris, debes soportar la lluvia

Dolly Parton, cantante, actriz y hoy en día activista social, dijo hace tiempo: “Si quieres el arcoíris, debes soportar la lluvia”, y vaya que ella ha sido un ejemplo de vida. Nació en pobreza extrema. Se destacó por sus habilidades naturales, así como por un talento trabajado a base de esfuerzo desde niña. En su pódcast, de irónico nombre: Dolly Parton’s America, usualmente cuenta historias de esos años de crecimiento y esfuerzo, cuando muchos aspectos de su vida no encajan con el sueño americano, mucho menos para una mujer, incluso una rubia y blanca.

Ella representa una de esas figuras que simbolizan fama y éxito y, sin embargo, guardan momentos trágicos alrededor de su vida. A lo largo de los años ha conseguido ser cada vez más exitosa: nombrar sus reconocimientos tomaría un artículo entero. Run, Rose. Run (Contraluz, 2022) es un recuerdo de que Dolly no ha terminado. En esta novela, la legendaria Parton cuenta la historia de una joven cantante de country y su relación con una cantante retirada.

Escuchar el disco homónimo a la par que la más reciente publi cación de Parton resulta altamente recomendable: una experiencia multimedia completa, dejando de lado que una película ya está en camino (con Reese Whitherspoon en el papel principal). Por ahora, el libro y las canciones del álbum ciertamente se complementan emocionalmente. Parton escribió el álbum al mismo tiempo que trabajaba coescribiendo con James Patterson la novela y se nota: el espíritu está ahí.

Es importante señalar que el libro cumple una función impor tante; logra capturar tanto a los fans de toda la vida de Dolly Parton como a quienes nunca se han acercado a su música o a su arte, y simplemente están interesados en dejarse llevar por una historia real, cruda, hermosa, sorpresiva y trivial. Trivial porque se trata de una trama común, es decir, pasa todos los días, pues el centro de la historia no gira en torno al éxito de la protagonista, sino a su lucha, su fuerza y su espíritu para vivir, sobrellevando lo que la vida le tenga preparado. En ese sentido, todos nosotros podemos identificarnos con ella.

Por ejemplo, AnnieLee no puede darse el lujo de comprar una guitarra propia, así que ensaya al momento que toca en el bar de la historia. Ese tipo de retos mundanos se ven en nuestro día a día, y han sido muestra constante en la música y el discurso de Dolly Parton. No sorprende que hoy eleve la voz en Estados Unidos a un nivel mítico. Parton no sólo comparte su arte, sino que se levanta por sus conciudadanos y se identifica con ellos a través de historias como ésta.

Encontramos otro ejemplo en el músico Ethan Blake, quien en la novela es un talentoso artista que no tiene la fama ni las ganancias de que otros gozan. La forma en que se trata al personaje representa otra muestra de resiliencia suprema: alguien motivado día a día por su pasión y talento, no sin ello resentir las injusticias del sistema. Ethan ve las oportunidades pasar a su lado para otros; nota que los años se van de su vida y su realidad no cambiará; sabe que el re conocimiento tampoco le significará un impulso extra. El negocio de la música y del arte está lleno de personajes así. Muchas veces

más talentosos que otras figuras famosas, quienes, por suerte, temporalidad, contactos o cualquier otro factor, ven elevado su nombre hacia las estre llas. Se necesita temple para mantenerse emocio nalmente maduro, feliz, satisfecho. Una tarea no siempre fácil.

Ruthanna dice en algún momento, refiriéndose a la vida de los músicos: “No es una forma normal de vivir”. Lo cual resulta cierto, pues implica mantenerse fuera de casa, lejos de la fa milia o los seres queridos. Los artistas se exponen en sus inicios a las multitudes, al rechazo, a paredes y obstáculos directos que les dirán: “Regresa. Para. Detente. Basta. No sirves”. La resiliencia se pone a prueba de forma concentrada. Todos nos vemos enfrentados a los retos de la vida en nuestro camino, sin embargo, personajes como éstos se lanzan hacia ello, conscientes o no.

No hay fórmulas. No hay gurús. No hay secretos. Cada uno vivirá su camino, y tomará decisiones de acuerdo con el momento y las ideas que tengamos en ese punto de nuestra vida. Éste es el mensaje del libro. No se trata de una novela de esperanza ni de superación, sino de una que cuenta una historia honestamente, sin compromi sos, con dos autores maduros y sin miedo a compartirla, no porque no teman al fracaso. La propia Dolly es la primera en demandar de ella todo lo posible. No hace mucho dijo que no sentía haber hecho lo suficiente para obtener su nominación al Salón de la Fama del Rock and Roll. Si Parton y Patterson escriben tan aventuradamente es porque saben que su novela no conlleva ningún compromiso, nin guna responsabilidad. Ambos comparten esta novela con la mejor intención, pero sin deberes ni atribuciones ajenas.

Recomiendo empezar a leer el libro escuchando “Run”, la primera canción del disco, y a partir de ahí escucharlo todo, quizá hasta más material de la prolífica leyenda del country, pues ella ha confirmado que mucho de su vida forma parte del libro.

El bar local donde ambas protagonistas se conocen está basado en el legendario Grand Ole Opry Bar, de Nashville, donde Parton cantaba en su juventud, pues creció en esa ciudad. Se trata de uno de esos bares de la Ciudad de la Música, donde cualquier músico im provisado entra a cantar 15 minutos para luego seguir su camino, y ésta puede convertirse la mejor música que hayas escuchado. Parton y Patterson buscaron retratar esa pasión en ambas protagonistas, así como la resiliencia para encaminar ese ímpetu por un camino exito so, pero duro y difícil.

AnnieLee es la joven luchadora que quiere destacar y ver sus sue ños hechos realidad, mientras que su mentora, Ruthanna, es una ve terana cantante y compositora ya retirada, experimentada no sólo en el arte, sino en el negocio y cómo navegarlo. Run, Rose, Run. Corran. Corran a escuchar y leer. Corran mientras Dolly Parton está todavía con nosotros, en plenitud artística y creadora. Corran sin expectati vas. Corran a divertirse y pasar un buen rato con una novela madura y completa, igual que el álbum.+

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Reseña
Juan Cárdenas. Escritor y fotógrafo mexicano radicado en Las Vegas. Ha expuesto su trabajo desde hace más de veinte años y, bajo el seudónimo Desautómatas, busca en su arte la reinterpretación y el replanteamiento de todo discurso e idea. Síguelo en @Desautomatas.
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Corre, Rose, corre

Capítulo 1

AnnieLee llevaba una hora de pie al borde del camino esperando a que alguien la dejara subir en su coche cuando empezó a llover en serio.

«Era de esperar —pensó mientras sacaba de la mochila un poncho de plástico de esos que venden en las gasolineras—. Siempre pasa».

Se lo puso encima de la chaqueta y se cubrió la cabeza mojada con la capucha. Empezó a soplar el viento y unos goterones de agua enormes resonaban con un golpeteo rítmico contra el plástico malo. Pero nada de eso le arrancó la sonrisa optimista de la cara mientras golpeaba el suelo de gravilla del arcén con el pie al son de una canción nueva que se le estaba ocurriendo.

Is it easy?, cantó para sí No it ain’t. Can I fix it? No I cain’t

Llevaba escribiendo canciones desde que aprendió a hablar y creando melo días desde antes incluso. Para AnnieLee Keyes era imposible oír la llamada de un zorzal, el plic, plic, plic de un grifo que perdía agua o el rítmico ruido sordo de un tren de mercancías y no convertir cualquiera de ellos en una melodía.

«Las chicas locas hallan música en todas partes», le había dicho siempre su madre hasta el día que murió. Y la canción que se le estaba ocurriendo en ese momento le dio algo en lo que pensar aparte de en los coches que pasaban zum bando y en sus ocupantes, secos y cómodos en el interior, que ni siquiera dismi nuían la velocidad para mirarla.

Y no podía culparlos; ella tampoco pararía para recogerla, y menos con el día que hacía, seguro que parecía una zarigüeya ahogada.

Cuando vio la camioneta Wagon blanca que se acercaba, como poco, a treinta kilómetros por hora por debajo del límite de velocidad, cruzó los dedos para que fuera un amable abuelo dispuesto a llevarla. Había rechazado la ayuda de dos conductores pensando que tendría donde elegir, primero la de una señora que fumaba un cigarro detrás de otro y viajaba con dos rottweilers que gruñían y mostraban los dientes en el asiento trasero, y después la de un chavo que parecía que iba puesto hasta las cejas.

Era para darse de cachetadas por ser tan tiquismiquis. Con cualquiera de los dos habría avanzado unos cuantos kilómetros, oliendo a un tipo de humo u otro.

La Wagon estaba a menos de cincuenta metros, veinticinco, y, cuando llegó a su altura, saludó con la mano al conductor amigablemente, como si fuera una celebridad en mitad del arcén de la autopista de Crosby en vez de una don nadie medio desesperada que llevaba todas sus posesiones en una mochila.

El viejo Buick se le acercó por el carril de los vehículos lentos y AnnieLee se puso a gesticular como una loca. Pero lo mismo habría dado que se hubiera para do de manos y le hubieran salido arcoíris de las botas. El vehículo pasó de largo y fue disminuyendo de tamaño conforme se alejaba. Se puso a patalear como una chiquilla, salpicándose de barro.

Is it easy? —canturreó de nuevo. No it ain’t

Can I fix it?

No I cain’t

But I sure ain’t gonna take it lyin’ down

Era pegadiza, desde luego, y AnnieLee deseó por enésima vez tener consigo su amada guitarra. Pero, para empezar, no le cabía en la mochila, y además estaba colgada en la pared de la casa de empeños de Jeb.

Si algo deseaba (aparte de salir por patas de Texas), era que quien comprase a Maybelle cuidara bien de ella.

Las luces del centro de Houston que se veían a lo lejos estaban borrosas y pestañeó para apartar las gotas de lluvia de los ojos. Si empezaba a pensar otra vez en la vida que había llevado allí, seguro que dejaría de desear que un coche se detuviera y echaría a correr.

A esas alturas llovía como no había visto llover desde hacía años. Como si Dios hubiera recogido toda el agua de Buffalo Bayou para echársela por encima de la cabeza.

Estaba tiritando, le daban pinchazos de hambre en el estómago y de repente se sentía tan perdida y furiosa que le estaban entrando ganas de llorar. No tenía nada ni a nadie en el mundo; no tenía un centavo, estaba sola y se estaba haciendo de noche.

Y ahí estaba otra vez esa dichosa melodía; le pa recía oírla entre la lluvia. «Muy bien —pensó—, no es verdad que no tenga nada, tengo la música».

Y ya no se puso a llorar. En vez de eso, se puso a cantar.

Will I make it? Maybe so

Cerró los ojos y se imaginó subida a un escenario, cantando ante un público entregado.

Will I give up? Oh no

Notaba cómo aguantaba la respiración su público invisible.

I’ll be fightin’ til I’m six feet underground

Tenía los ojos apretados y la cara levantada al cielo mientras la canción crecía en su interior. De pron to oyó el aullido de una bocina y dio un brinco del susto que se llevó.

Ya le estaba mostrando el dedo medio con cada mano al camión articulado que acababa de pasar cuando vio que se encendían las luces de freno.

10 Extracto

Tema del mes en la literatura

Kintsugui para el alma

Ala capacidad que tienen algunos objetos de regresar a su for ma original después de haber sido sometidos a una presión que los deformó se le conoce como resiliencia. En el caso de los seres sensibles, según afirma el diccionario de la Real Academia Española, se trata de “la capacidad de adaptación frente a un agente perturbador”. Resulta mesurada la acepción del diccionario frente a la etimología de la palabra, un poco más vívida: resiliere, que en buen latín significa “volver a entrar saltando”.

En lo personal, las imágenes de una pelota de esponja que re gresa a su forma después de apachurrarla o de alguien que entra saltando después de vivir alguna terrible tragedia me provocan cierta desafortunada gracia. Tampoco la idea de que alguien ten ga la capacidad de adaptarse a las situaciones más desgastantes les hace justicia al proceso y al resultado de lo que implica la resi liencia. Para mí, resulta inevitable visualizar la resiliencia como aquella técnica japonesa de restauración de objetos rotos a los que se les aplica alguna resina para unir las piezas, a la cual se le añade polvo de oro u otros metales, de manera que las uniones, resultado de la fractura, no se ocultan, sino que se destacan en este “volver a formar” de nuevo al objeto. Hablo del kintsugui, cuya filosofía implica que tanto la rotura como la reparación for man parte del objeto y su historia. Por ello, si bien la pieza regre sa a su forma, no se ocultan los procesos de restauración.

Literatura y resiliencia tienen su punto de encuentro en la re lación del lenguaje con el comportamiento humano: éste exige un acto de sinceridad e introspección facilitado por la soledad del proceso de lectura, que puede desarrollar esa restauración a partir de una serie de elementos que podríamos llamar necesarios para que ésta se manifieste. Entre ellos, se encuentran el hallazgo de las esencias personales a través del efecto espejo que se pro duce con la literatura; la exploración emocional y consciente de nuestras luces y sombras; la subsecuente reflexión detrás de este reconocimiento, y, no menos importante, esa particular empatía con un autor, un personaje, una voz poética o una situación.

En la literatura, lo percibido es representado a través de las pa labras. Este juego de abstracciones y concreciones apoya a las rein terpretaciones de aquello que nos sucede; le da significación a un mundo desordenado, a realidades agresivas de las que se rescata, a través de la imaginación y la estética, la posibilidad de resiliencia. A través de la literatura es posible reordenar las emociones. Esto se logra porque las cualidades estéticas en un texto literario ensan chan nuestra visión del mundo y de nosotros mismos; permiten sumergirnos a profundidades insospechadas de la existencia, y nos muestran el mundo desde otras perspectivas. Ejemplos sobran:

…serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado.

Estos versos de Quevedo, escritos en el siglo xvii en el poema “Amor constante más allá de la muerte”, representan un claro ejemplo de cómo la belleza del lenguaje puede convivir con la tragedia de la vida: cómo se manifiesta cierta restauración a partir de la pérdida y, en este caso, se le da sen tido al hecho de la muerte: se reformula.

En la Poética de Aristóteles (hablamos del 380 a. e. c.), se hace un análisis estético de la tragedia a partir de la calamidad, del caos y la hecatombe. Se rescata la belleza, probablemente el germen del hallazgo de la resiliencia posterior, lo vital que se contrapone de manera casi natural, instintiva, al abismo. Tanto en la creación de un texto literario como en su lectura, habrá siempre procesos de recreación, de restauración. Dijo Heiddeger que escribir (y agreguemos leer) poesía es una manera de “se renificarse”; lo sereno conserva y tiene todo en tranquilidad, en totalidad. La literatura ha estado ligada, entonces, desde sus orí genes, al sufrimiento. Hannah Arendt comentó en una entrevista a Paul Ricoeur que la literatura “procura descubrir un patrón que permita lidiar con la experiencia de caos y confusión”. Pienso entonces en esto que escribió Anne Sylvestre:

Nuestros hermanos desaparecidos son como nuestros amores: mientras no veamos sus nombres grabados en piedra no vestimos de luto, sobrevivimos, esperamos.

Por supuesto: no hay un método en el acto de leer para que esa sobrevivencia y la resiliencia aparezcan como algo planificado. Recuerdo la historia de Anna Ajmátova, cuyo padre aborrecía la idea de tener a una poeta en la familia. Anna se cambiaría en tonces el apellido. Después llegó el divorcio de sus padres, cuan do ella tenía quince. Se casó tres veces: su primer marido murió fusilado; su hijo fue encarcelado en Siberia por un tiempo; su tercer marido falleció de agotamiento en un campo de concen tración. La poesía de Ajmátova se prohibió y ella estuvo acusa da de traición durante el régimen estalinista. Todos sus amigos murieron o huyeron. Volvieron a encarcelar a su hijo, esta vez durante diez años. Después de la guerra, Anna fue expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos, por lo que le negaron la cartilla de racionamiento.

¿Estaría buscando Ajmátova, conscientemente, resiliencia en su propia producción poética o en sus lecturas? Sería arriesgado

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Herles Velasco estudió artes en la Universidad de Guadalajara y creación literaria en la Sogem. Maratonista de series, carga siempre con una cámara, es poeta y profesor de literatura, fundador de la Escuela de Escritores de México.

responder a bote pronto, pero el hecho de que la necesidad de escribir conllevara un modo de repensar los hechos y recrear la realidaddemuestraquealgoencontrabaenesosprocesos.¿Obtenemos, entonces, resiliencia sus lectores? Tampoco resulta, por la particularísima situación de cada quien, fácil de responder; pero más de uno podría hallar cierto germen de resiliencia per sonal en la conciencia que despiertan versos como éstos:

Las montañas se doblan ante tamaña pena y el gigantesco río queda inerte.

Pero fuertes cerrojos tiene la condena, detrás de ellos sólo “mazmorras de la trena” y una melancolía que es la muerte.

A mi parecer, la literatura con mejor efecto resiliente es aquella que no se lo propone, que funciona a partir del hallazgo, de la intuición. De tener tales pretensiones, las obras requerirían cier tos esquemas y fórmulas propios de otras disciplinas, a las cuales les viene mejor un acercamiento técnico y científico del proceso restaurativo, así como un corte más bien ensayístico.

En la literatura que no tiene fines terapéuticos, la resiliencia suele actuar como consecuencia, como efecto secundario. La lec tura modifica el estado anímico de la persona y la resiliencia es entonces posible y probable. En la literatura de la que hemos estado hablando se puede iniciar el proceso restaurativo, que no deja de parecerse al del kintsugui. Aquí es en el lenguaje, con sus panoramas, desde donde vemos y repasamos el dolor a partir de estéticas particulares. Al ver las piezas separadas de nuestro propio ser, con la imaginación, la introspección y las reflexio nes posteriores, obtenemos ese pegamento para volvernos a unir sin ocultar las cicatrices, para seguir experimentando el mundo sensible y también para continuar reinterpretándolo a partir de

Instantáneas en tiempos hipermodernos de una conversación con

Gilles Lipovetsky

No hay ideas más confrontativas y relevantes en nuestros días que las de Gilles Lipovetsky: filósofo, sociólogo, profesor francés, ca ballero de la Legión de Honor, conferencista aclamado por todo el mundo y autor de libros emblemáticos como La era del vacío, El lujo eterno, Los tiempos hipermodernos, La tercera mujer, La estetización del mun do. Influido, sobre todo en sus primeros años, por otros pensadores como Tocqueville, Deleuze, Marx, Bataille, Bourdieu, Castoriadis, Lacan, entre otros; por poetas como Baudelaire, y transformadores como Lutero, su obra abarca temas diversos: los medios de comunicación, el lujo, la moda, el consumismo, el disfrute inmediato. Éstos nos interpelan porque somos sus propios actores y sujetos de estudio.

Lipovetsky es, pues, el intelectual más actual y actualizado. Se adentra en lo que podríamos llamar una ontología contemporánea Aquí, con un estilo perspicuo, desenvuelto, mas no carente de ri gor ni de profundidad, el autor aclara algunos de sus conceptos eje. Y, sobre todo, nos confronta con lo que somos en este aparen te yo libre e infinito de individualismo maquillado, comunicado, cosmopolita y más cool que nunca, pero al mismo tiempo nunca tan esclavo. Analiza también la manera en que nos comportamos como sociedad en este turbulento siglo xxi, en el cual la ciencia y el mercado (para bien y para mal) abarcan todas nuestras esferas. Y, aunque en sus palabras hay interrogaciones y cautela sobre el porvenir, además de las posibles catástrofes que deberemos sor tear como individuos hipermodernos, persiste en ellas la a veces tan ausente esperanza. En este número de Lee+ te compartimos la primera parte de esta charla, que podrás ver también en video.

En su segundo y más famoso libro, La era del vacío, hay un concepto que aparece continuamente: el individualismo democrático. Tocque ville, uno de los autores más cercanos a su pensamiento, define el individualismo como “el sentimiento que dispone cada ciudada no para aislarse de la masa de sus semejantes y retirarse lejos de su familia y amigos”. Y la democracia es una palabra que remite a “repartir”, “compartir” el poder, hacer elecciones en favor de la mayoría. Entonces, pareciera que ambos términos son disímbolos, opuestos. ¿Cómo podemos entender, entonces, el concepto de indi vidualismo democrático al que usted se refiere?

Estos dos conceptos, a la vez la democracia parlamentaria o liberal y el individualismo como una forma de sistema, no son para nada opuestos, porque ambos participan bajo la misma lógica moder na de secularización. Puesto que el individuo no debe definir se —como lo hace Tocqueville en el extracto que citas— como una retracción en la esfera privada, que empleo efectivamente en La era del vacío. Más fundamentalmente, el individualismo es el principio de autonomía aplicado al individuo, es decir, la idea de que cada uno es el dueño de sí mismo y que su vida le compete. De cada uno depende construir una vida propia y no obedecer a reglas colectivas.

La democracia tiene exactamente la misma lógica, pero en un plano político, pues es ante todo la sociedad autónoma. Es decir,

la sociedad que se otorga a sí misma sus propias leyes. En una democracia ya no se reciben las leyes como sucedía en los sis temas teológico-políticos de una trascendencia de los dioses de la Biblia o, como pasa ahora en ciertos países musulmanes, del Corán. Eso depende de la voluntad popular, de la elección de las personas.

Entonces, individualismo y democracia tienen en común que juntos construyen un mundo de autonomía, y ya no un mundo su jeto a las tradiciones y a la religión.

En su obra hay otro concepto eje: la hipermodernidad, la moderni dad superlativa. Usted explica en numerosas entrevistas, así como en sus libros, que no se trata de un sinónimo de posmodernidad, porque la hipermodernidad es la continuación de la modernidad o su profundización. Es decir, no representa una ruptura.

Entonces, si es algo que se perpetúa y que ya conocemos, ¿de dónde vienen todos estos pensamientos e ideas apocalípticos que hoy invaden a la sociedad y que conforman nuestra visión pesimis ta del presente y el futuro?

La hipermodernidad es la radicalización de la modernidad. Hay una continuación con cambios, pero, en lo esencial, la moderni dad consiste en el sistema fundado, en primer lugar, en el mundo tecnocientífico: la innovación, la transformación permanente de las técnicas; en segundo lugar, en el universo del mercado, y, en tercero, en el universo democrático e individualista, como lo aca bamos de hablar.

Si tomamos estos tres paradigmas: la tecnociencia, el mercado y el individualismo democrático, veremos que no han sido supe rados. Al contrario: se han ampliado, crecido, se han vuelto omni presentes. Porque al inicio, en el siglo xviii, todavía en el xix e in cluso una parte del xx, permanecían algunos restos de sociedades antiguas. El mercado no se encontraba en todas partes. Hoy en día, el mercado no deja de apropiarse de nuevas esferas. Por ejemplo, los museos: antes estaban fuera del mercado, ahora son empresas; el deporte, que era un mundo de ocio o cargado de valor moral para formar la voluntad y crear un ser humano justo, se ha transforma do en el negocio del deporte, el negocio del futbol, con salarios ini maginables para los jugadores. El mercado poco a poco ha invadido todos los campos.

El individualismo todavía estaba limitado para las mujeres, las disi dencias de género, los niños y jóvenes; categorías excluidas del prin cipio de autonomía. Las mujeres, por ejemplo, debían permanecer en casa, ocuparse de los niños; no había muchos divorcios. Ahora, el individualismo ha ganado terreno en todos estos sectores, no sólo en el caso de las mujeres, como ya mencioné, sino también en la

Entrevista
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Adriana Romero-Nieto es editora, traductora y escritora. Ha trabajado en Casa Refugio Citlaltépetl, fce, Océano y la revista Este País. Ac tualmente dirige la colección Destellos en la uam Cuajimalpa y es socia de auieo Ediciones. Twitter: @adrianaromeniet

comunidad lgbt: los gays y las lesbianas pueden casarse en casi todos los países, las personas transgénero pueden cambiar de iden tidad. La lógica de la apropiación de sí mismo se ha intensificado considerablemente.

Por lo tanto, en esas condiciones, no hay que hablar de una pos modernidad, sino de una hipermodernidad, porque de un tiempo para acá los principios de base de la modernidad son predominan tes y están en una expansión permanente. Entonces, en La era del vacío yo hablaba de un efecto de posmodernidad, un concepto que no resulta exacto, porque estamos en una nueva modernidad, una más radical, más extrema, que tiene aspectos positivos para la vida de mucha gente, para las mujeres, los jóvenes, las minorías, pero que también conlleva muchos dramas y catástrofes terribles. Lo vemos ahora con la crisis climática y ecológica proyectada por la dinámica de la técnica. Ahí debemos ser prudentes, no podemos ser completamente optimistas cuando vemos los desastres que se acumulan, las nubes negras a nuestras espaldas. Ahora bien, creo que hay un costado positivo, como la creación de la emancipación. Pero, por otro lado y, en general, como ya he desarrollado en mis libros, esta radicalización acrecienta las problemáticas.

Precisamente, para hablar de una problemática más o menos ac tual, pensemos en la pandemia, que parece que puso todo en crisis: la técnica, con las vacunas, el tiempo que tomó desarrollarlas y que muchos dudaban de su eficacia; la democracia porque vimos los sistemas sanitarios colapsar y se demostró que no son accesibles para todo el mundo; la fragilidad humana, al darnos cuenta de que, en nuestra ausencia, los animales recuperaban los espacios que una vez fueron suyos. ¿Qué piensa de este periodo que vivimos du rante dos años en relación con la hipermodernidad?, ¿algo cambió?

No comparto la idea de que el episodio del covid haya provocado una ruptura radical. A mis ojos, esta crisis va a acentuar tenden cias que ya existían: la prosperidad de las industrias farmacéuticas, el compromiso por encontrar la vacuna, el teletrabajo con las vi deoconferencias… todo eso compete a la técnica. Ya sabemos que podemos trabajar desde casa, que no estamos obligados a ir a la oficina. Ésos son cambios importantes. Pero la crisis del covid no perturbó para nada la lógica del consumo. La gente compra en in ternet por medio de un intermediario, que es Amazon u otro, en vez de ir a las tiendas. Lo mismo pasó con los viajes: las medidas de seguridad fueron provisorias y, una vez levantadas, los aeropuertos se llenaron de gente. Las personas corrían para ir a nadar al Caribe, para visitar el mundo. La pasión consumista no se limitó en nada durante este par de años.

A veces uno permanecía en casa, confinado; era dramático para los jóvenes, que ya no se podían reunir; resultaba insoportable para la vida. Pero no veo ninguna ruptura en ello. Esto tal vez va a provocar perspectivas políticas diferentes. Vamos primero a ase gurarnos de una autonomía médica para después ser tributarios de cubrebocas chinos u otros. En fin, no se trata de una revolución.+

Continúa leyendo el resto de la entrevista en nuestro número de enero de 2023.

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Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube
Yo hablaba de un efecto de posmodernidad, un concepto que no resulta exacto, porque estamos en una nueva modernidad, una más radical, más extrema, que tiene aspectos positivos para la vida de mucha gente”
revistaleemasdegandhi
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©Miller Mobley

Michelle Obama The Light We Carry

AT SOME POINT when I was a child, my father started using a cane to keep himself balanced when he walked. I don’t remember exactly when it showed up in our home on the South Side of Chicago —I was maybe four or five years old at the time— but suddenly it was there, slim and sturdy and made of a smooth dark wood. The cane was an early concession to multiple sclerosis, the disease that had given my father a severe left-legged limp. Slowly and silently and probably long before he received a formal diagnosis, ms was undermining his body, eating away at his central nervous system and weakening his legs as he went about his everyday business: working at the city’s water filtration plant, running a household with my mom, trying to raise good kids.

The cane helped my dad get himself up the stairs to our apartment or down a city block. In the evenings, he would set it against the arm of his recliner and seemingly forget about it as he wat ched sports on tv, or listened to jazz on the stereo, or pulled me onto his lap to ask about my day at school. I was fascinated by the cane’s curved handle, the black rubber tip at its end, the hollow clatter it made when it fell to the floor. Sometimes I’d try to use it, imitating my father’s motions as I hobbled around our living room, hoping to feel what it was like to walk in his shoes. But I was too small and the cane was too big, and so instead I would incorporate it as a stage prop in my games of pretending.

As we saw it in my family, that cane symbolized nothing. It was just a tool, the same way my mother’s spatula was a tool in the kitchen, or my grandfather’s hammer got used any time he came over to fix a broken shelf or curtain rod. It was utilitarian, protective, something to lean on when needed.

What we didn’t really want to acknowledge was the fact that my father’s condition was gradually growing worse, his body quietly turning on itself. Dad knew it. Mom knew it. My older brother, Craig, and I were just kids at the time, but kids are no dummies, and so even as our father still pla yed catch with us in the backyard and showed up at our piano recitals and Little League games, we knew it too. We were starting to understand that dad’s illness left us more vulnerable as a family, less protected. In an emergency, it’d be harder for him to leap into action and save us from a fire or an intruder. We were learning that life was not in our control.

Every so often too, the cane would fail our father. He would misjudge a step, or his foot would catch a lump in the rug, and suddenly he’d stumble and fall. And in that single freeze-frame ins tant, with his body in midair, we would catch sight of everything we were hoping not to see —his vulnerability, our helplessness, the uncertainty and harder times ahead. The sound of a full-grown man hitting the floor is thunderous, a thing you never forget. It shook our tiny apartment like an earthquake, sending us rushing to his aid.

“Fraser, be careful!” my mom would say, as if her words could undo what had happened. Craig and I would leverage our young bodies to help our dad back to his feet, scrambling to retrieve his cane and eyeglasses from wherever they’d flown, as if our speed in getting him upright might erase the image of his fall. As if anyone of us could fix anything. These moments left me feeling worried and afraid, realizing what we stood to lose and how easily it could happen.

Usually, my father would just laugh the whole thing off, downplaying the fall, signaling that it was okay to smile or crack a joke. There seemed to be an unspoken pact between us: We needed to let these moments go. In our home, laughter was yet another well-worked tool.

Now that I’m an adult, what I understand about multiple sclerosis is this: The disease impacts millions of people world-wide. ms trips up the immune system in such a way that it starts attacking

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from within, mistaking friend for foe, self for other. It disrupts the central nervous system, stripping away the protective casing from neural fibers called axons, leaving their delicate strands exposed.

If ms caused my father pain, he didn’t talk about it. If the indig nities of his disability dimmed his spirit, he rarely showed it. I don’t know if he ever took falls when we weren’t around —at the waterfiltration plant or walking in or out of the barbershop— though it stands to reason he did, at least occasionally. Nonetheless, years passed. My dad went to work, came home, kept smiling. Maybe this was a form of denial. Maybe it was simply the code he chose to live by. You fall, you get up, you carry on.

I realize now that my father’s disability gave me an early and important lesson about what it feels like to be different, to move through this world marked by something you can’t much control. Even if we weren’t dwelling on it, that differentness was always there. My family carried it. We worried about things that other fa milies didn’t seem to worry about. We were watchful in ways it seemed others didn’t need to be. Going out, we quietly sized up the obstacles, calculating the energy it would take for my father to cross a parking lot or navigate his way through the bleachers at Craig’s basketball games. We measured distance and elevation di fferently. We viewed sets of stairs, icy sidewalks, and high curbs differently. We assessed parks and museums for how many ben ches they had, places where a tired body could rest. Everywhere we went, we weighed the risks and looked for small efficiencies for my dad. We counted every step.

And when one tool stopped working for him, its utility dwarfed by the strength of his disease, we’d go out and find another —the cane replaced by a pair of forearm crutches, the crutches replaced eventually by a motorized cart and a specially equipped van that was packed with levers and hydraulics to help make up for what his body could no longer do.

Did my father love any of these things, or think they solved all his problems? Not at all. But did he need them? Yes, absolutely. That’s what tools are for. They help keep us upright and balanced, better able to coexist with uncertainty. They help us deal with flux, to mana ge when life feels out of control. And they help us continue onward, even while in discomfort, even as we live with our strands exposed.

I have been thinking a lot about these things —about what we ca rry, what keeps us upright in the face of uncertainty, and how we locate and lean on our tools, especially during times of chaos. I’ve been thinking, too, about what it means to be different. I’m struck by how so many of us wrestle with feeling different, and by how cen tral our perceptions of differentness continue to be in our broader conversations about what sort of world we want to live in, who we trust, who we elevate, and who we leave behind.

These are complicated questions, of course, with complicated answers. And “being different” can be defined in many ways. But it’s worth saying on behalf of those who feel it: There’s nothing easy about finding your way through a world loaded with obstacles that others can’t or don’t see. When you are different, you can feel as if you’re operating with a different map, a different set of navigatio nal challenges, than those around you. Sometimes, you feel like you have no map at all. Your differentness will often precede you into a room; people see it before they see you. Which leaves you with the task of overcoming. And overcoming is, almost by definition, drai ning. As a result —as a matter of survival, really— you learn, as my family did, to be watchful. You figure out how to guard your energy, to count every step. And at the heart of this lies a head-spinning paradox: Being different conditions you toward cautiousness, even as it demands that you be bold.

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Extracto
I realize now that my father’s disability gave me an early and important lesson about what it feels like to be different, to move through this world marked by something you can’t much control.
Agradecemos el apoyo de Penguin USA por el permiso para publicar este adelanto.

Rosa Montero y el poder de la resiliencia

Rosa Montero se mueve con la liviandad de quien ha presenciado un hecho terrible —la enfermedad y muerte de su esposo, el periodista Pablo Lizcano, quien falleció a causa de un devastador cáncer en el cerebro en 2009— y ha vivido para contarlo. Y no sólo lo ha sobre vivido, sino que además fue capaz de crear arte a partir de ello: escribió un libro entrañable, inspirado en los diarios en los que Marie Curie narra la muerte de su esposo Pierre, La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral, 2013). Rosa Montero transformó la tragedia en literatura. En su libro más reciente, El peligro de estar cuerda (Seix Barral, 2022), la escritora y periodista madrileña reflexio na sobre las diferencias que existen entre los cerebros de los creadores y los del resto de la gente. Y aunque muchos de los personajes a los que se refiere en el libro termina ron “quemados” (se suicidaron), ella es de las que, a pesar de —o precisamente por— ser la “loca de la casa”, siguen adelante, trabajando, creando, haciendo del arte su par ticular forma de resiliencia.

Rosa, esta mujer que lleva con elegancia y belleza su “cabeza cableada de distinto modo”, como ella misma es cribe, conversó con Lee + acerca de su proceso creativo.

¿Por qué escribes?

La verdad es que no ha sido nunca nada voluntario. Siempre digo que me considero una escritora orgánica porque nací así. La mayoría de los novelistas hemos empezado a escribir de niños. Leí una entrevista de Rowling, la autora de Harry Potter, en la que decía que había escrito su primera novela con seis años y se trataba de un conejito que hablaba. Mis primeros cuentos los escribí a la misma edad, a los cinco o seis años, y eran sobre ratitas que hablaban. O sea que nos da a todas por roedores parlantes, no sé por qué.

Lo que quiero decir es que, desde que me recuerdo como persona, estoy escribiendo, porque el recuerdo articulado de uno mismo ocurre entonces, alrededor de los cuatro o cinco años. Yo no lo he escogido; para mí resulta algo estructural: forma parte de lo que soy, estaba ahí desde siempre. De alguna manera, yo escribo ficción desde que soy. Representa mi manera de estar en el mundo y no puedo imaginar cómo podría sobrevivir sin eso. Y de hecho me asombra que haya gente en el mundo que pueda vivir sin escribir.

Dime tres libros esenciales en tu vida como lectora.

Resulta bastante imposible. Porque yo creo que los escritores somos lectores apasionados: en primer lugar, lectores, que además escribimos. Entonces, cuando eres una lectora apasionada, has leído toda la vida y has tenido tus sucesivos amores intensísimos, que además en cada época han cambiado; es injusto escoger unos sobre otros.

Pero sí que te voy a decir dos que considero mis maestros literarios a posteriori. Cuando empecé a leerlos, yo ya había publicado dos o tres novelas. Pero descubrí que ellos habían conseguido llevar al máximo, a lo sublime, a un nivel que yo nunca alcanzaré, todas esas búsquedas literarias que me obsesionan.

En la parte más realista de mi escritura, hiperrealista incluso, grotesca, está Vladimir Nabokov, con quien me unen muchos ele mentos de estilo literario: la mirada paradójica de la existencia, el sentido del humor, las estructuras de cajitas dentro de cajitas. Y en la parte fantástica —que Nabokov no tiene y que consiste en un rasgo muy fuerte mío— Ursula K. Le Guin, que es una escritoraza de tal calibre… inmensa. Creo que Los desposeídos representa una de las grandes novelas del siglo xx, de esas novelas en las que cabe el mundo. En Los desposeídos no sólo cabe el mundo, sino el universo.

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Entrevista
©Asís G. Ayerbe

Como periodista, ¿cuál es la entrevista que más has disfrutado hacer?

También se te olvidan, porque calculo que he hecho cerca de dos mil entrevistas a lo largo de mi vida y, para tener sitio en la cabeza para las siguientes entrevis tas, las tienes que olvidar.

Disfruté muchísimo a un tipo que me maravilló absolutamente, porque tuve la sensación de estar entrevistando a uno de esos grandes benefactores de la hu manidad: Muhammad Yunus, el creador del microcrédito, a quien le dieron el Nobel de la Paz —una tontería, le tuvieron que haber dado el de Economía—, pero bueno, un tío maravilloso.

Otra de las que más disfruté como persona fue cuando entrevisté a Paul Mc Cartney, porque a los 12 años estaba enamoradísima de él. Entonces, ya cuando lo entrevisté, él tenía cincuenta y tantos, y todavía estaba viva Linda Eastman. Estuvimos todo el día en su granja de Sussex. Linda nos trajo sandwichitos y té; luego pude ver cómo grababa el disco Flowers in The Dirt. Hablamos un par de horas y lo encontré maravilloso. No había envejecido: se había derretido (ríe), pero fuera de eso seguía tan persona. Me pareció un tío maravilloso.

¿Estar cuerda es un peligro?

Es un verso de Emily Dickinson, de un poema maravilloso. Dickinson, como sa bes, vivió una vida muy rara: terminó sin salir de su cuarto durante 20 años. Ahora se sabe que es casi seguro que fue sometida a abusos por parte de su padre, probablemente también de su hermano, abusos incestuosos.

Hay un poema que, a la luz de esto, tiene mucho sentido, y que cuento en mi libro. De ahí saqué el título de El peligro de estar cuerda. Dice: “Cuando niña, niña en la niñez oscura”. Te la imaginas ahí a la pobre, cuando sentía que el mundo era horrible, pero lo estoy haciendo despoemizado, estoy contando solamente el contenido. En ese momento tuvo la suerte de encontrar los poemas de una escri tora victoriana y se quedó fascinada; eso la salvó: el poder de leer poesía y de una mujer que le demostró que ella podía escribir también. Entonces, “Si el peligro de estar cuerda / volviera yo a experimentar…”. El peligro de estar cuerda es volver a vivir dentro de la ley paterna, dentro del mundo ordenado, que era el mundo del abuso, de la violación. “... podría protegerme o liberarme con los tomos de vieja brujería”, que era la belleza de la poesía. O sea, cómo la literatura, la belleza y el arte te salvan la vida.

Rosa, cuando te llega un bloqueo creativo, ¿qué haces?

No me ha llegado más que una vez, y luego media. Fue después de mi tercera novela, Te trataré como una reina, me bloqueé y estuve casi tres años sin poder escribir. Estaba escribiendo una novela y se me murió, llevaba ciento y pico pági nas escritas y dejé de sentirla y la tiré.

Sufrí y no hice nada porque normalmente se escribe sobre todo en la cabeza; el bloqueo no es esa tontería que dicen de la página en blanco; antes de llegar a la página has escrito aquí, lo que se te bloquea es esto. Decía José Donoso que el bloqueo era la seca. Y es eso, se te seca la cabeza.

La mayor parte de las cosas que imaginas atraviesan tu cabeza y se pierden y no tienen ningún sentido. Tú vas jugando, como los niños, con la imaginación, hasta que un día una de esas cosas que se te ocurren te emociona tanto, te turba tanto, que de repente dices: “yo esto tengo que escribirlo”. Y ahí nace la novela.

Cuando te bloqueas dejas de imaginar. De esto hablo en El peligro de estar cuerda. Dejas de ser capaz casi de vivir. Fueron tres años horribles, hasta que empezó la imaginación otra vez a caminar y todo volvió.

Y luego tuve otro proceso antes de La ridícula idea de no volver a verte. Estaba preparando una novela y la empecé a escribir y después de un año y pico hice tres capítulos, y lo mismo, de repente dije: “no puedo seguir”.

Pero afortunadamente a la semana mi editora me mandó los diarios que Marie Curie escribió sobre la muerte de Pierre Curie, y ahí ¡¡puff!, se me reventó la cabeza y vi el libro entero. Así que ahí no tuve más que unos días de bloqueo, nada más.

En El peligro de estar cuerda cuentas la historia de varios personajes de la literatura muy interesantes.

Es el libro de mi vida, porque lo he estado escribien do siempre. Habla de cómo es la creación, de qué pasa con nuestras cabezas llenas de imaginación, a qué llamamos locura, a qué llamamos cordura, qué relación hay entre ambas y tal.

Me metí a hacer una indagación detectivesca so bre todo esto y a intentar entender cómo funcio nan nuestras cabezas: no sólo las de quienes nos dedicamos a cosas creativas, sino también la de un montón de gente que tiene la cabeza cableada de una manera distinta, como yo, pero que no se dedica a cosas creativas. Por ejemplo, toda la gente lectora apasionada tiene exactamente el mismo tipo de ca beza. Forman parte de lo que Marcel Proust llamaba “la magnífica y lamentable familia de los nerviosos”. Entonces empecé a estudiar a expertos: neuró logos, neurocientíficos, psiquiatras. Otra parte del conocimiento consistió en mirar la vida de otros escritores, lo que han opinado sobre su propia con dición de escritura y su propia condición mental. Eso me derivó a la gente cuya vida ha estado es pecialmente marcada por sus trastornos mentales, como Sylvia Plath o Emily Dickinson, de ahí que ocupen un lugar entrañable en el libro.+

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Ve
la
entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi
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¹ El poema al que se refiere Rosa Montero dice: “Yo creo que fui encantada […] / Lo oscuro sentí hermoso […] / Fue una divina insania.
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Si el peligro de estar cuerda / Volviera yo a experimentar / Es antídoto el volverse / Hacia tomos de sólida brujería”.

y la alegría de la resiliencia Almudena

Hace poco más de un año, el 27 de noviembre, murió Almudena Grandes (Madrid, 1960-2021). Un par de semanas antes de su pri mer aniversario luctuoso, Planeta, a través de su sello Tusquets Editores, puso a circular en librerías la que se convirtió en su novela pós tuma, Todo va a mejorar.

A veces, las circunstancias en las que se escribe no son las mejores, pero eso mismo puede detonar obras destinadas a perdurar en el tiempo, aun después de que sus autores hayan dejado el plano físi co de la existencia. Esto es lo que sucedió con Todo va a mejorar: Almudena Grandes comenzó a escribir su novela en el “día 19 del confinamiento” al que el virus sars-cov-2 obligó a la mayor parte del mundo, según consta en la nota final escrita por su viu do, el poeta Luis García Montero, incluida en esta primera edición del libro.

Las circunstancias en que se escribe muchas veces no son las mejores. Fue una semana de mucho trabajo, el libro no salía a la venta y el plazo para escribir esta reseña se acercaba inexorable mente. Todo va a mejorar, como la mayoría de las novelas de Al mudena Grandes sobre todo desde que se aventuró a escribir sus Episodios de una guerra interminable—, es un libro de casi 500 páginas. Llegué a pensar en hacer esta reseña sólo a partir de la lectura de la nota final en la que García Montero explica el proceso de escritura de la novela.

Pero me dije que hacer eso significaría trai cionar el trabajo de Almudena, que ocupó los últimos meses de su existencia en hacer lo que más amaba en la vida, lo que hizo durante más de la mitad de ésta: escribir. Así que me leí la novela completa, porque sentí que era lo menos que le debía.

Ahora que puedo hablar, o mejor dicho escribir, con pleno co nocimiento de causa, afirmo que, aunque la autora empezó a ima ginar esta historia cuando todavía no sabía que padecía un cáncer que le costaría la vida, sí la planteó como un proyecto ligado a la esperanza y a la resiliencia.

Como toda novela distópica, Todo va a mejorar plantea en prin cipio un escenario negro: un futuro cercano en el que, a partir de la primera pandemia, España está dominada por una dictadura basa da en el capitalismo más voraz, y donde las libertades son restrin gidas bajo el pretexto de cuidar a la población de las pandemias, que se suceden una detrás de otra.

El empresario Juan Francisco Martínez Sarmiento, conocido como el Gran Capitán, comienza por crear una especie de partido político a imagen y semejanza de un corporativo empresarial, en el que la única ideología consiste en la ganancia. Para poder dominar por completo al pueblo, provoca el Gran Apagón, que no es otra cosa que la caída del internet en todo el territorio español. Él y su

Reseña
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Irma Gallo ©Javier López

mano derecha, Megan García, una mujer eficiente y con pocos es crúpulos, consiguen a los hackers más eficaces del país, quienes se aseguran de tirar la red para sembrar el pánico y la confusión entre la gente, y, unos días después, activar una nueva, por completo aco tada, que será la única a la que se puedan conectar los dispositivos de todos los españoles.

Como la información es poder, Martínez Serrano, Megan Gar cía, un grupo de resentidos tanto de derecha como de izquierda, los grandes empresarios, algunos influencers y otros tantos activis tas —no demasiado radicales, eso sí— que han conseguido captar aprovecharán este vacío para crear el Movimiento Ciudadano Solu ciones Ya (mcsy) y hacerse con el poder político.

En un escenario de hartazgo social germinan las peores pesadillas. Hartos de la migración africana y sudamericana; la crisis económica; los amagos de independencia del País Vasco y de Cataluña, y encima de ello aislados por completo del resto del mundo, los españoles no tardarán en ceder a la tentación de creer en la causa del mcsy. Y cuando se den cuenta de que, de todos modos, no les quedaba de otra porque la dictadura se ha instalado por completo, inventando la Segunda y Tercera pandemias, desmantelando las instituciones creadas en las décadas de la democracia e imponiendo nuevas —con gente improvisada al frente—, ya será demasiado tarde.

Pero en la novela póstuma de Almudena Grandes ni la más bru tal dictadura podrá contra el anhelo de libertad y la dignidad de la gente —quisiera creer que esto se hará realidad algún día en nues tro mundo de carne y hueso—. Un grupo de personas de las más diversas procedencias, edades, profesiones, estatus social y demás de ciden que ya no van a soportar que el gobierno les diga de qué pueden trabajar, cuándo deben tomar vacaciones, dónde deben vivir y hasta les obligue a asistir a fiestas para conseguir pareja.

Y es ahí donde reside la esperanza. En Mónica Hernández, maestra de historia y documentalista, divorciada y madre de dos hijos ya adultos; en Enrique Duarte García, músico frustrado que encontró su vocación en la alta repostería, y en su esposa, Laura Caballero, trabajadora social que ama la libertad y a su familia; en Paula Tascón, hacker devenida en dependienta de una tienda de videocámaras, y en su marido, Jonás González, animador digital que se ve obligado a trabajar con el gobierno; en Domingo Caba llero, jubilado deprimido que encuentra en la resistencia una nue va razón para vivir; en Yénifer Mejía Flores, hondureña que se ha empleado como trabajadora del hogar en un complejo residencial donde se puede andar sin mascarillas y los distinguidos vecinos están exentos de vacunarse; incluso en dos funcionarios públicos: Julia Pardo, estudiante de policía que detesta las injusticias, y Ro drigo Sosa, ascendido al mayor cargo policial en la dictadura, pero que siempre ha estado en contra de ella.

No quiero hacer spoiler, por eso aquí me detengo en la narración de la trama de la novela. Lo que sí quiero enfatizar —porque me parece indispensable— es el proceso de escritura de ésta, como adelanté en un principio, y lo que supuso para su autora, incluso desde el punto de vista ideológico.

Empezaré por lo segundo: Almudena Grandes siempre se asumió públicamente como una mujer de izquierda, y con la escritura de sus Episodios de una guerra interminable no hizo más que refren dar esa posición. Para ella, el fascismo de Franco representó la gran tragedia de su país. En su novela póstuma no se traicionó, porque el gobierno que pretende manejar al país como una empresa se con vierte pronto en una dictadura. Y es la gente común, la de a pie, la que encabeza la resistencia. Esa gente que decide nombrar a su movimiento El Monte, como recuerdo de los republicanos que se escondían en los montes durante la Guerra Civil. Ese monte que, como bien reza el eslogan que crean para desestabilizar a la dicta dura empresarial: “No es un lugar. El Monte está en todas partes”.

En cuanto a lo que supuso el proceso de escritura de Todo va a mejorar para Almudena Grandes, en el plano más íntimo, fue, sin

duda, el motivo que le permitió dar la pelea contra el cáncer duran te los últimos meses de su existencia. En la tan mencionada nota final, Luis García Montero cuenta que la autora escribió el capítulo 6 —la novela tiene 7— por los mismos días en que se enteraron que el cáncer ya había causado daño en el hígado.

En septiembre de 2021 se llevó a cabo la Feria del Libro de Ma drid, y Almudena lamentó mucho no poder atender a sus lectores. Era uno de los espacios que más disfrutaba, según García Montero, así que decidió escribir públicamente sobre su enfermedad, que hasta ese momento había mantenido en secreto. El 9 de octubre de ese año publicó su última columna en el diario El País, que su esposo cita completa. En ella, agradece a sus lectores porque “son mi libertad, porque gracias a su apoyo puedo escribir los libros que quiero escribir yo y no los que los demás esperan que escriba”, y más adelante promete “solemnemente” que volverá a sentarse a firmar ejemplares, porque “entre todos los personajes que existen, mis favoritos son los supervivientes, y no voy a defraudarme a mí misma, mucho menos a mis propios protagonistas”.

Según cuenta su viudo, las últimas tres semanas de su vida, Almu dena ya no pudo escribir el último capítulo de Todo va a mejorar Pero sabiendo que le quedaba poco tiempo, se puso a repasar sus notas con él, a explicarle cómo quería que terminara la novela. Luis García Montero escribió el capítulo 7, llamado “La transición”, y concluyó su nota final con las siguientes palabras:

Espero no haber traicionado el amor que sintió por sus lectores, sus lectoras y sus personajes.

Desde el título, la última novela de la gran escritora madrileña es testigo de su inagotable resiliencia.+

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Irma Gallo escribe, hace pódcast y videos. Último libro: Cuando el cielo se pinta de anaranjado. Twitter: @irmagallo

Reseña

La historia que narra esta novela es del todo invero símil y, sin embargo, sucedió: un museo de primer nivel internacional, el Reina Sofía, encargó una obra a Richard Serra, una estrella de la escultura, para su inauguración en 1986. Cuando quince años después el Reina Sofía quiso recuperarla, la escultura de treinta y ocho toneladas se había volatilizado. Nadie sabe cómo desapareció ni en qué momento ni a manos de quién. Para entonces, la empresa que la custodiaba ya ni siquiera existía. No había una sola pista sobre su paradero.

Entre la novela de no ficción y la crónica novelada, entre el dis parate y lo alucinógeno, Obra maestra (Anagrama, 2022), de Juan Tallón, reconstruye al ritmo de un thriller trepidante un caso que lleva a algunas preguntas perturbadoras: ¿cómo fue posible que algo así sucediera? ¿Cómo se convierte en original una copia? ¿Qué es arte en el arte contemporáneo? ¿Cuál fue el verdadero destino de la famosa, enorme y pesada escultura de acero convertida en aire? ¿Es posible que algún día aparezca? En entrevista, el autor nos ofre ce algunas claves:

La novela finalmente quiere ser mucho más que la anécdota. Hay que dar bastante contexto. ¿Cómo algo así ha podido desaparecer? ¿Cómo es un país donde esto ocurre y no hay consecuencias? ¿Dónde se pierde algo así y no ruedan cabezas? También es una novela sobre el arte, que nos lleva a pensar ¿qué tiene que pasar para que vayamos al museo a ver ese tipo de esculturas?

Juan Tallón nació en Ourense, España, en 1975. Se graduó como licenciado en filosofía y, como tal, ha dedicado toda una vida a la escritura, desde el periodismo hasta obras como Libros peligrosos (Larousse, 2014), Fin del poema (Alrevés, 2015), El váter de Onetti (Edhasa, 2017), Salvaje oeste (Edhasa, 2018) y Rewind (Anagrama, 2020).

El título de su nueva novela deja ver el juego constante entre el significado literal, tácito y cínico que nos acompañará en la lec tura. Todo cobra un doble sentido que nos enfrenta a constantes reflexiones sobre arte, la realidad, la ficción y la verosimilitud. La chispa que enciende a esta novela es la puesta en ridículo de casi todos los actores (voluntarios e involuntarios) que se relacionan con la desaparición de la obra. El proceso creativo de Obra maestra llevaba largo tiempo construyéndose, sobre todo por la compleji dad de las voces, como explica el autor:

Obra maestra de Juan Tallón

La

solución al misterio siempre es inferior al misterio.

Dar con la estructura de la novela fue un trabajo de diez años. En 2009 empecé a interesarme por el suceso y su dimensión literaria, y a recoger información. Después obtuve testimonios, pero siempre me sentía con la incertidumbre de cómo contarlo. Hasta que pensé que debía imitar la forma en que se documen tó, incluso la metodología del propio Richard Serra. Entonces comencé a to mar nota de todas las voces narrativas de este proyecto. Algunas conseguirían convertirse en personajes; otras simplemente serían voces prestando un testi monio. Así di con la actual estructura.

El rumbo y el ritmo de esta novela, que desde el comienzo re sulta atrapante, está determinado por el recorrido que plantean los relatos de cada personaje en sus exposiciones, la voz del propio Tallón entre ellas y las pequeñas reflexiones que salpican los ca pítulos (como la magnífica sentencia: “No decir lo que piensas a las claras tendría que ser causa directa de muerte”). La estructura coral mantiene al lector constantemente en velo y conectado con el desarrollo y sucesión de los acontecimientos: un acierto que surgió con todo y el peligro de colapsar.

Uno como lector va buscando asideros, buscando la forma de tener controlada la historia. Aquí no hay de dónde agarrarse: se exige tener paciencia para ir armando el libro. Los capítulos cortos sortean el peligro de la acumulación: no quería que el libro se convirtiera en una colección de voces. Tenía que generar la necesidad de saber más.

Uno de los recursos narrativos más sorprendentes de Tallón consistió en dar cabida a su propia voz dentro de la novela. La es trategia reta los límites de la ficción, pues permite que el autor se convierta en personaje y dialogue con el lector.

Primero hay una filtración que no puedes controlar del todo. Se trata de escri bir siempre lo que la novela necesita, pero sin renunciar a que cuando alguien la lea a ciegas en un momento dado pueda decir: “¡Ostras!, puede ser de Tallón esta novela”. Todos tenemos una voz que, en función del libro, sofocamos, amortiguamos o ponemos sordina, pero no podemos matarla. Y tampoco veo por qué hacerlo.

El libro se enriquece con las referencias constantes al arte mo derno (la obra de Eduardo Chillida), la música (Philip Glass), la literatura (Roberto Bolaño) y una infinidad de museos y galerías. Así, Obra maestra se perfila como una novela de estructura poco común y trama fascinante, cuya profundización del concepto de arte contemporáneo nos invita a continuar con la lectura entre las salas de exposiciones una vez cerrado el libro.+

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Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi
/ entrevista

la otra historia Álvaro Enrigue,

La publicación de Tu sueño imperios han sido (Anagrama, 2022), de Álvaro Enrigue, nos pone delante de una novela que va más allá de los límites establecidos: sus palabras transcurren entre los espacios de la literatura ortodoxa y el ensayo o la crónica más rigurosa; entre la investigación más profunda y la ficción a la que nos lleva el deseo. Por ello había que conversar con él y adentrarse en algunos de los pormenores de su creación, en aque llo que está tras las bambalinas de una obra que nos asoma a uno de los momentos determinantes de la historia: el encuentro de Cortés y Moctezuma.

¿Tenemos novela de a de veras?

Tu pregunta toca la raíz de Tu sueño imperios han sido. Escribí mi novela con un archivo histórico muy exacto, pero sin duda se tra ta de un relato fantástico. Creo que jamás había escrito algo con esta cualidad y este libro bien puede ser leído como mi primer trabajo fantástico. Así pues, es verdadera en medida que la pode mos tocar, pero —aunque está basada en documentos de época y sus detalles, como lo que comían y a lo que olía Tenoxtitlan, son reales— su relato pertenece a lo estrictamente literario, a lo imaginario.

Siempre he creído que en las novelas históricas se entreveran tres cosas distintas y que a ratos parecían excluyentes: algo de lo que verdaderamente sucedió, algo de lo que pudo pasar y, por supuesto, algo de lo que el autor quiso que sucediera…

Las novelas —aunque suene un poco freudiano y ridículo— son un avatar del deseo. Lo que existe en una novela es el deseo de una persona comprendido en términos académicos. Sin embargo, cada vez que me dicen que escribo novelas históricas tengo la impresión de que es una definición que no empata con mi traba jo: no importa que trabaje con archivos históricos, lo que cuento nunca ocurrió y eso es lo importante.

Desde que comencé a trabajar como escritor —con toda la ino cencia que da la juventud—, me interesó hacer un experimento formal: escribir en los espacios que existen entre los géneros. Lo importante era crear novelas que podrían ser libros de cuentos;

libros que pudieran ser leídos como crónicas, ensayos o novelas. Por esta razón, se puede decir que Tu sueño imperios han sido fue escrita en el margen externo de la tradición de la novela histórica, aunque lo que uno diga sobre su novela no tiene la menor impor tancia, pues éstas —como la tierra— son de quienes las trabajan, es decir, de los lectores y no de los autores. Así pues, si las novelas históricas están en la órbita de la Tierra, la mía está en Júpiter.

Pero, para estar en Júpiter, Tu sueño imperios han sido tiene que estar en la Tierra.

Efectivamente. El encuentro fue brutal: los españoles seguramen te se preguntaban ¿dónde estamos?, mientras que los indígenas se cuestionaban ¿qué son estas cosas horribles? Gracias a mi trabajo en una universidad estadounidense, pude adentrarme en archivos muy detallados sobre la época y algunos de los personajes, pero esto no implica que pierda la libertad de lo fantástico. Si el detalle de los vestuarios resulta tan absolutamente creíble y verificable, y si la comida es exacta, ganas la libertad para contar tu historia y puedes dar paso al debate de las ideas políticas. No olvidemos que la novela es un arte esencialmente político. Si, por ejemplo, vas a escribir una novela protagonizada por Jesús de Nazaret, tienes que saber cómo se anudaban las sandalias los soldados romanos; sin estos conocimientos, no tendrás la certeza y la comodidad para escribir la historia que quieres contar. Toda la vida he inves tigado de una manera enfermiza el material histórico que necesi to para escribir mis novelas. Yo disfruto mucho mi trabajo como escritor, pero confieso que leer me gusta mucho más.+

Entrevista
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José Luis Trueba Lara. Escritor, editor y profe. Colabora en la radio y de pilón sale en la tele. Duerme la siesta con su esposa y ha publicado varios libros. Es un lector que ha llegado al extremo de trabajar para pagarse el vicio. Twitter: @TruebaLara

Tu sueño imperios han sido (Anagrama, 2022)

El encuentro de Cortés y Moctezuma. Una extraordinaria novela envuelta en misterios, violencia, ansias de poder y sueños. Hernán Cortés entra en Mehxicoh-Tenoxtitlan con sus nueve capitanes, sus dos traductores, su tropa y sus caballos. Los españoles son bien recibidos en la ciudad, pero uno de los subalternos de Cortés, Jazmín Caldera, no se atreve a decirle que lo preocupante nunca había sido cómo llegar a Tenoxtitlan, sino cómo salir una vez que estuvieran adentro. El 8 de noviembre de 1519 se produce el encuentro entre Cortés y Moctezuma. Se trata del encuentro entre dos mundos, dos imperios, dos idiomas, dos cosmovisiones. ¿Qué sucedió? ¿Qué pudo suceder? ¿Dónde acaba la verdad y empieza la leyenda? ¿Cómo abordar la historia desde la ficción? Álvaro Enrigue ha escrito una poderosa narración: una versión posible del encuentro que cambió la historia del mundo, una novela envuelta en sueños que han sido imperios.

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi

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JÓVENES

EL GATO QUE AMABA LOS LIBROS

La epopeya de Rintaro, el joven heredero de una entrañable librería de viejo, y de Tora, un sabio e ingenioso gato atigrado, se ha convertido en un fulgurante éxito internacional. Su emocionante misión consiste nada más y nada menos que en salvar los libros que están en peligro y extender así el amor por estos objetos, bellos e inigualables, que son parte imprescindible de nuestra vida.

ROMPER EL CÍRCULO

A veces, quien más te quiere es quien más daño te hace. Lily no siem pre la ha tenido fácil. Por eso, su idílica relación con un magnífico neurocirujano llamado Ryle Kincaid parece demasiado buena para ser verdad. Cuando Atlas, su primer amor, aparece repentinamente y Ryle comienza a mostrar su verdadera cara, todo lo que Lily ha construido con él se ve amenazado.

LA BIBLIOTECA DE LA MEDIANOCHE

ALIANZA

DE NOVELA

Sin saber cómo, Nora Seed aparece en la Biblioteca de la Medianoche, donde se le ofrece una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Hasta ese momento, su vida ha estado marcada por la infelicidad y el arrepentimiento. Nora siente que ha defraudado a todos, y también a ella misma. Pero ¿esto está a punto de cambiar?

LA HIPÓTESIS DEL AMOR

Una relación falsa entre dos científicos se topa con la irresistible fuerza de atracción de Olive Smith, una doctoranda de tercer año que no cree en las relaciones amorosas duraderas, pero su mejor amiga sí, y por eso Olive se ha metido en un lío monumental. A Ahn le gusta el exnovio de Olive, pero se niega a dar el primer paso porque es una buena amiga.

BOULEVARD

Luke y Hasley no eran el prototipo de la pareja perfecta. Sin embargo, ambos definieron lo que crearon: una historia en la que dos adoles centes inventan su propio boulevard ante la llovizna que hay en sus corazones, con un cielo pintado de azul cálido en una parte, y otra de un azul eléctrico que se tiñe con un grisáceo nostálgico.

LEÍDOS LOS

NO FICCIÓN

ESTE DOLOR NO ES MÍO, IDENTIFICA Y RESUELVE LOS TRAUMAS FAMILIARES HEREDADOS

Mark Wolynn

GAIA

La evidencia científica muestra que los traumas pueden ser hereda dos. Mark Wolynn, fundador y director del Instituto de Constela ciones Familiares y pionero en el estudio de los traumas familiares heredados, presenta un enfoque transformador, que permite re solver problemas crónicos que no han podido aliviarse mediante la terapia tradicional, los medicamentos u otras medidas.

CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS

Marian Rojas Estapé DIANA MÉXICO

Uniendo los puntos de vista científico, psicológico y humano, este libro nos ofrece una reflexión profunda, salpicada de útiles conse jos y con vocación eminentemente didáctica, acerca de la aplica ción de nuestras propias capacidades al empeño de procurarnos una existencia plena y feliz, gracias a la posibilidad de conocer y optimizar determinadas zonas de nuestro cerebro.

LAS 48 LEYES DEL PODER

Robert Greene OCÉANO

Este libro es el bestseller mundial para los que quieren obtener, estu diar o combatir el poder absoluto. Amoral, inmisericorde, despiada da y, sobre todo, muy instructiva, esta incisiva obra concentra tres mil años de historia del poder en 48 leyes claras y concisas.

ENCUENTRA TU PERSONA VITAMINA

Marian Rojas Estapé ESPASA MÉXICO

La felicidad depende en gran medida de la capacidad para mantener buenas relaciones con aquellos que nos rodean. Muchos arrastramos heridas emocionales que nos impiden conectar de forma sana con el entorno. Encuentra tu persona vitamina te ayudará a comprender el vínculo con tus padres, tus hijos, tu pareja, tus amigos y tus com pañeros de trabajo, a la vez que entiendes tu historia emocional.

SPINOZA EN EL PARQUE MÉXICO

Enrique

TUSQUETS MÉXICO

Una biografía intelectual no es la biografía de la vida privada, sino la historia de una formación en la que intervienen muchos factores, pre sencias y escenarios: escuelas, experiencias, viajes y, sobre todo, lec turas. La vida intelectual sigue la trayectoria de las ideas en el tiempo, de ideas encarnadas en una persona: Enrique Krauze.

ANTES DE DICIEMBRE

Joana Marcús MONTENA

ALMENDRA Won-pyung Sohn OCÉANO GRAN TRAVESÍA

CUANDO NO QUEDEN MÁS ESTRELLAS QUE CONTAR

María Martínez CROSSBOOKS MÉXICO

FICCIÓN
UNO SIEMPRE CAMBIA AL AMOR DE SU VIDA (POR OTRO AMOR O POR OTRA VIDA) Amalia Andrade Arango PLANETA
TRILOGÍA FUEGO 1 CIUDADES DE HUMO
Joana
Marcús
CROSSBOOKS MÉXICO

LA REVOLUCIÓN DE LA GLUCOSA

DIANA

Mejora todos los aspectos de tu salud, desde el peso, el sueño, los an tojos, el estado de ánimo, la energía, la piel e incluso retrasa el enve jecimiento con trucos fáciles de implementar y basados en la ciencia que te ayudan a controlar tus niveles de azúcar en sangre mientras sigues comiendo los alimentos que te encantan.

EL REY DEL CASH

Sobre este libro, la autora dice que se trata de un testimonio sobre los 18 años que vivió cerca del presidente Andrés Manuel López Obrador, al ser pareja de su entonces jefe de prensa, César Yáñez. Ellos dos son los protagonistas de esta historia llena de traiciones políticas, ambiciones personales, infidelidades, abusos laborales, corrupción y autoritarismo.

MANUAL DE LA BRUJA NOVATA

@aiguadvalencia

ALFAGUARA

Las brujas, durante siglos, han sido perseguidas por emplear la magia para transformar la realidad. En este libro encontrarás, de mano de Aiguadvalencia, todas las claves para usar la magia que te rodea en tu día a día. La magia no es sólo algo que haces, la magia es algo que eres.

DÉJALO IR

John Purkiss combina el por qué y el cómo soltar nuestros patrones, ideas y expectativas con técnicas de eficacia demostrada que nos ayudarán a que desaparezca el estancamiento y a que el cambio suceda. Nos liberaremos del dolor y de los pensamientos que nos retienen, para empezar a vivir intuitivamente, con abundancia, se renidad y alegría.

EL GATO QUE AMABA LOS LIBROS

La epopeya de Rintaro, el joven heredero de una entrañable librería de viejo, y de Tora, un sabio e ingenioso gato atigrado, se ha conver tido en un fulgurante éxito internacional. Su emocionante misión consiste nada más y nada menos que en salvar los libros que están en peligro y extender así el amor por estos objetos, bellos e inigua lables, que son parte imprescindible de nuestra vida.

LAS PERRERÍAS DE MIKE 1

MIKECRACK

Y LA ESTRELLA MALDITA

Mikecrack

MARTÍNEZ ROCA

VAN GOGH PARA COLOREAR. LIBRO ANTIESTRÉS NUEVA IMAGEN

En este fascinante álbum para colorear se podrán apreciar algu nas de las más grandes pinturas de Vincent Van Gogh, así como las técnicas que utilizaba para pintar. El libro está diseñado para reducir el estrés mientras se pintan y recrean las obras de arte. El álbum incluye un ejemplo de paleta de colores e instrucciones sobre técnicas de coloreado.

MANDALAS PARA LA ABUNDANCIA Y PROSPERIDAD Patricia López Caballero DIANA

El mandala o “círculo sagrado” es una poderosa y antigua herramien ta de meditación que nos recuerda que el orden natural del universo está siempre presente en nuestra realidad. Su coloreado consciente acalla el ruido mental diario, nos devuelve el equilibrio interior y nos conecta con la sabiduría del alma. Este libro ha sido creado para ayu darte a manifestar abundancia en todas las áreas de tu vida.

LAS MEDIDAS DE UNA CASA

Xavier Fonseca

EDITORIAL

TERRACOTA

Esta obra imprescindible da al profesionista y al usuario, de manera clara y sencilla, todos los datos de la antropometría, análisis de mobi liario, diseño urbano, control ambiental, incluyendo el uso de energía solar, circulaciones y otros. Además, incluye un capítulo sobre las necesidades para conjuntos y zonas habitacionales.

LOS SECRETOS DEL PAN CASERO Esbieta PLANETA

En Los secretos del pan casero encontrarás un repertorio sorpren dente e ilustrado con más de 400 fotografías de panes y bollos procedentes de todos los rincones del mundo, tanto tradiciona les como internacionales, algunos desconocidos, que harán las delicias de todos.

MANUAL DEL CAFÉ

Nicolás Artusi

PLANETA

¿Qué variedad de café elegir? ¿Cómo influye el tostado? ¿Cuál es el molido ideal para una cafetera italiana? ¿A qué temperatura tiene que estar el agua? Manual del café, guía definitiva para comprar, pre parar y tomar, revela toda la información necesaria para preparar la bebida perfecta y disfrutarla.

LOS COMPAS

Y EL DIAMANTITO LEGENDARIO

CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES 5

Niñas Rebeldes

PLANETA

ELECTRÓNICOS ARTE Y RECREACIÓN NIÑOS

Mikecrack, El Trollino

Y Timba VK

MARTÍNEZ ROCA

JUGUEMOS A LEER. LIBRO DE LECTURA Y CUADERNO DE EJERCICIOS Rosario Ahumada EDITORIAL TRILLAS
HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL J. K. Rowling SALAMANDRA