Edición del 17 de septiembre de 2023 Año 115 - N°6.6404
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Obispo Óscar Blanco Martínez OMD
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Semanario fundado por Mons. José Fagnano el 19 de enero de 1908
180 AÑOS DE LA TOMA DE POSESIÓN DEL ESTRECHO DE MAGALLANES
e cumplen 180 años de la gloriosa singladura de la Goleta Ancud. Un homenaje a esos bravos chilotes que, con escuálidos recursos, hicieron realidad el proyecto de la naciente República, consolidando la soberanía chilena en las tierras y los mares australes y afianzándola con una corriente pobladora que no ha cesado hasta hoy. Reconocimiento a las familias chilotas, hombres y mujeres discípulos misioneros de Jesús Nazareno que trajeron a la Patagonia el Evangelio inculturado en las islas del Archipiélago. Con ocasión de los 150 años del acontecimiento, el 21 de septiembre de 1993, el P. Obispo Tomás celebró una liturgia de Acción de Gracias. Presentamos un extracto de su visionaria, profética y hermosa homilía: “Hoy celebramos un gran acontecimiento histórico y religioso. El 21 de septiembre de 1843 llegaba la frágil Goleta Ancud con un puñado de valientes civiles, marinos y militares desde Chiloé para tomar Posesión del Estrecho y con ello sellar la posesión de nuestro territorio nacional hasta el extremo del continente Sudamericano. La visión del padre y libertador de la Patria don Bernardo O’Higgins fue la ocupación del territorio de Magallanes... El 24 de octubre de 1842, cuando cayó para nunca levantarse, en los estertores de su agonía pronunció esa importante palabra: ¡Magallanes! que correspondía a parte de su testamento de padre espiritual de una Nación, hasta entonces territorialmente incompleta. Hoy damos gracias el Señor de la historia por este acontecimiento que nos permite, a los que habitamos en este extremo confín del mundo y de nuestra patria, la gracia de ser chilenos gracias al esfuerzo de débiles medios, pero con la fuerza profética de mujeres y hombres venidos de Chiloé. Para nosotros, creyentes, este acontecimiento supera el puro hecho histórico, que ya es importante en sí mismo, y poco conocido en la historia de Chile, ya que como se trata de una ocupación pacífica sin derramamiento de sangre y sin olor a pólvora no ha ocupado el lugar que se merece en nuestra historia nacional. Como lo expresa el historiador Mateo Martinic Beros, refiriéndose a la relación Chiloé-Magallanes que “no es exceso retórico concluir... en que por el esfuerzo chilote, Magallanes entró a formar parte de Chile” y que “Chiloé se convirtió en ciudad nodriza que veló por el crecimiento de la incipiente colonia magallánica”...
Desearía, con esta reflexión, hacer un acto de justicia el tan sufrido y tantas veces humillado “pueblo chilote”. Uno de mis predecesores, Mons. Abraham Aguilera, Vicario Apostólico de Magallanes entre los años 1916-1925 quiso él también redimir la persona del migrante chilote al que veía igualmente aplastado en sus tradiciones culturales y, por lo tanto, disminuido en su personalidad cultural. Propuso cambiar el despectivo “chilote” (en castellano las terminaciones en “ote” indican generalmente desprecio) por el personalizante y patronímico “chiloense”, es decir, proveniente de la tierra de Chiloé. Lastimosamente este deseo de pastor quedó solo en su buena intención. Eso sí que más adelante el Señor permitió que fuera trasladado a la diócesis de San Carlos de Ancud, donde entregó su vida visitando a todos los habitantes de ese archipiélago con tanta riqueza humana y cristiana. Hace pocos días, el último domingo de agosto, celebrábamos en nuestra diócesis la festividad popular más grande y fervorosa, la de “Jesús Nazareno de Cahuach”. Bajo un tímido sol y con un frío que cala los huesos cerca de 20 mil chilotes, acompañaban con sus bandas, con sus conjuntos folclóricos, con su juego de banderas guiadas por su “Cabildo”, con las imágenes de sus Santos Patrones, y bajo arcos de triunfo, a su “Padre Jesús Nazareno”. Ese día, pienso, no hay chilote bien nacido que no se una para rendirle homenaje al que es el símbolo de su fe, “Jesús Nazareno”. Con este ánimo desearía presentarles algunos puntos de reflexión sobre el tema “Cultura y Evangelización en Chiloé”: Es una evangelización que parte de la historia: En la época presente, llamada también postmoderna, el elemento religioso va quedando como un valor absolutamente subjetivo. Se piensa que así la persona es totalmente suficiente y capaz de encontrar elementos de consenso, aún partiendo de puntos de vista distintos. Que lo objetivo profundo, y por lo tanto lo verdaderamente religioso, no tiene cabida en el campo de lo social. La cultura, según la corriente iluminista se confundía con el “saber”. Mientras más acumulación de ciencia, había más cultura, y por lo tanto, profundidad cultural. La antropología moderna cambió este concepto e identificó “cultura” con “persona humana” existente en un espacio histórico y cósmico al que le da sentido verdadero. El pueblo chilote se adelanta, en cierto sentido, a este concepto moderno de cultura. En efecto, lo que lo hace sentirse persona con características propias, son los hechos históricos o los fenómenos geográficos o sociales. La evangelización franciscana de 1.700 con fray Hilario Martínez, que logra la pacificación, por medio de la imagen de Jesús Nazareno de las cinco islas, les hace tomar conciencia que uno de los valores absolutos fundamentales, la paz, tiene su raíz en Él: el Nazareno “rey pacífico”. De ahí que esté “hacer la paz” cuesta un “paso”, una “pascua” por la cruz. El Nazareno anticipa el nuevo concepto de “cultura de la paz”, que hoy trata de abolir para siempre el belicoso “si quieres la paz prepárate para la guerra”, por el “si quieres la paz ponte al servicio de valores humanos”. Ya sea el origen, en la mentalidad ejecutiva del general Manuel Bulnes para cumplir el deseo testamentario postrer de O’Higgins: ¡Magallanes!; como la ejecución del proyecto de Toma de Posesión del Estrecho y, finalmente la hazaña misma, fue una gesta de paz. Al hacerse presente en la Punta Santa Ana, se dio gracias al Altísimo por el hermoso paisaje que estaba delante de sus ojos, y por haber completado esa misión patriótica.
Al llegar, al día siguiente, una nave francesa para conquistar lo ya asumido para la patria, hubo gestos de gran caballerosidad entre el Capitán de origen irlandés don Juan Williams, castellanizado en Juan Guillermos, y el Capitán de la otra fragata. Quizás aquí están enraizados algunos de los más profundos valores culturales del pueblo chilote: la hospitalidad, el sentido de peregrinos constantes (migrantes) en búsqueda de mejores horizontes, su silencio elocuente, su sentido del arcano y del absoluto en algunos de sus mitos y leyendas. Esta hazaña de la Goleta Ancud de 1843 es como la irrupción de una fuerza espiritual hacia lo desconocido para darle nombre y transformarlo por su trabajo. Primero Fuerte Bulnes y después la fundación de Punta Arenas son el inicio de la definitiva colonización de la Patagonia. Ya el año 1870, Punta Arenas tenía unos 1.000 habitantes de los que un 70% eran de Chiloé. El chilote amarró siempre muy fuertemente su fe a sus aventuras históricas. A estas les dio un sentido verdaderamente histórico como plenitud de vida ya aquí y ahora. Esta realidad se nota en la transmisión de sus prácticas religiosas de origen más vital que sistemático. En los elementos históricos humanos vida-muerte; nacimiento-fecundidad-arcano, están siempre presentes elementos religiosos. Aún sus posturas políticas en corrientes ideológicas de frontera provienen, en gran parte, del maltrato, humillante y degradante de algunos colonizadores. Pero aún ahí, pocas veces se borró a fondo su religiosidad. Aquí se vive profundamente la fe de Abraham: Creyó contra toda esperanza y, por eso, fue hecho Padre de muchas naciones”.