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Lasciatemi. Copyright Š 2012 Manne Van Necker.

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Capítulo I

Evasión. Luca se sintió intimidado ante la presencia de aquella mujer que estaba de pie en el umbral, la presión en su cabeza hacía estallar de dolor las cuencas de sus ojos y sus oídos. No recordaba con certeza qué había ocurrido esa noche, pero no olvidaría jamás que había ocurrido en la consulta médica cuando visitó a su antiguo tutor. Luca siempre había sabido que la suerte no estaba de su lado, era cosa de recordar su infancia para ver que de haber podido tenerlo todo, había pasado a tener nada en menos de un día, el día en que nació. Pero nada de lo que vagamente recordaba incluía a una niña asustada mirando en el umbral, él desnudo y con las sábanas de la cama mojada. ¿Qué demonios había ocurrido? y ¿dónde estaba? Eran dos preguntas mínimas que ansiaba responder, pero no sabía cómo comenzar a plantearlas. Mía intentó controlar su ansiedad, deseaba explicar todo, pero estaba segura que él debía estar demasiado confundido como para llenarle la cabeza con preguntas la cabeza. Como no sabía qué hacer o qué decir le dejó solo en su habitación mientras fue a la cocina a buscarle un té. Sabía que el café en una persona con resaca sería una bomba letal al pobre estomago, así que una vez que terminó con él té se lo entregó en silencio. Las manos generosas que estaban frente a él temblaban en exceso, parecía que en cualquier momento dejarían resbalar la taza que sostenían, por lo que Luca se apresuro a recibir la taza y evitar que fuese derramada sobre él.

Era la primera vez, desde toda la noche, que Mía escuchaba aquella agradable voz que le recibía todas las mañanas en la cafetería. Así como también por vez primera se dio cuenta de cómo los colores en sus ojos se mezclaban formando un color muy diferente al que a ella le parecía cuando le veía desde lejos, pero una vez que se percató de la cercanía se alejó.

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—Gracias —musitó.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —Soy Mía —sonrió acomodándose al borde de la cama—. Anoche estabas a la intemperie mientras nevaba. —Lo recuerdo —respondió mientras bebía el té. —¿Qué más recuerdas? —se escuchó preguntando. No había alcanzado a pensar en lo que quería decir cuando ya lo había dicho. Luca levantó su mirada hasta que sus ojos encontraron los de Mía. De inmediato se sintió intimidado por la curiosidad que los grandes ojos reflejaban, una mezcla de inocencia y timidez se mezclaban con todo el conjunto que formaba su rostro. La hacía parecer menor, pensó Luca, más de diecisiete no podía tener. Era delgada y pequeña. Ella por sí sola no habría podido traerle hasta su habitación, pero no quiso preguntarle cómo le había traído y no fue porque no sintiese curiosidad, sino porque no quería entablar una relación que le obligase a saludarla todos los días, ni tener que venir a visitarla. Por una extraña razón no deseaba hablarle, ni siquiera mirarle a los ojos, aunque sabía que esa extraña razón se debía al resultado del examen médico, también estaba seguro que de no ser por ese resultado, estaría deseoso de hablarle y conversar con la chica de la cafetería, quien todos los días pedía un café latte y una rosquilla, pero que nunca se los entregaba antes que ella los pidiese porque esperaba todo el día para escuchar su voz. La chica que se sentaba en el mismo banco giratorio y comprobaba que no sonase, porque probablemente odiaba el chirrido que hacían los bancos viejos, la misma que saludaba al dueño de la hospedería de la esquina sin saber quién era, la que desde que había llegado a la ciudad le había hecho sentir que le conocía desde siempre. Pero por esa razón que ahora conocía y detestaba conocer, se limitó a ahorrarse todas esas palabras que había deseado decirle antes y, a pesar, que esta podría ser su oportunidad de conocerla, sabía que debía desaprovecharla, no por su bien, sino el de ella. —¿Eres el vendedor de la cafetería? —dijo para romper el hielo que se había formado entre ambos.

—Sí —respondió sin ánimos de continuar hablando. Luego le tendió la taza vacía —. Gracias —musitó.

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¿Ella le recordaba? Bueno, difícilmente podría recordar un rostro que veía todos los días. Claro que le recordaba, como el chico de la cafetería y sólo sería así, no porque él lo decidiese, sino porque una fuerza mayor que él lo había decidido injustamente.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Mía entendió la indirecta, él no quería hablarle y probablemente no quisiese verle en su vida, quizá temía de que ella le contase a todo el mundo el estado en el que había llegado a la cama de una desconocida. —¿Qué hora es? —preguntó luego de un rato. —Las 11:20 —respondió ella ordenándole la ropa al borde de la cama para que se vistiese cuando ella se retirara de la habitación. —¡Demonios! —murmuró. —Si te preocupas por la señora Mimí le he llamado esta mañana, le dije que te sentías mal y que te has quedado en casa, pero que tú le explicarías mejor la situación —respondió despreocupadamente y luego se fue de la habitación cerrando la puerta detrás de ella. Cuando Luca se mantuvo en pie detrás del umbral, Mía estaba sentada en el sofá con un libro, parecía tan despreocupada y tranquila que los gestos de su rostro la hacían ver más linda y tierna que antes, quizá se debiese porque no se sentía incomoda ni intimidada con su presencia. Se hubiese quedado allí de no ser porque ella advirtió que la observaba. —Ya me voy —dijo bruscamente —. Muchas gracias por todo. Mía pensó que Luca esperaría respuesta alguna a su despedida, pero por contrario, cerró la puerta detrás de él sin mirarle. No lo tomó como una grosería de su parte, sino más bien como una advertencia: Nadie podía acercarse así a un desconocido y obviar todo lo que debe existir de por medio antes de compartir tal intimidad, pero ella sabía que todo lo que había hecho marcó una diferencia importante: la vida o la muerte de Luca.

—¿Qué te ha pasado? —murmuró el profesor cuando Mía se presentó en su despacho.

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La ola de frío seguía amenazando la zona, las personas evitaban salir si no era estrictamente necesario, todo parecía muerto, pero Mía debía hacer muchas cosas, entre ellas presentarse en la Universidad luego de haber faltado toda la mañana a las oratorias del profesor Higgins. Tendría que tener buenas excusas para hacerlo, el problema es que para cubrir su compleja mañana debería mentir y eso es algo que no le gustaba hacer.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —En la noche se quebró un vidrio de mi departamento, no pude dormir bien y cuando me disponía a hacerlo, encontré a un hombre botado en la nieve, si lo dejaba allí podría morir con el frío extremo, por lo que le ayudé y recién pude desocuparme —respondió aliviada de no haber mentido. —¿Le entraste a tu departamento? —dijo el profesor con el ceño fruncido y una mirada severa. —Acompañada del conserje del edificio—añadió. —A veces creo que tu bondad y carencia de egoísmo te llevará a grandes problemas, Mía —reconoció el señor Higgins mientras le tendía unas copias que debían ser revisadas. —Se lo entregaré a penas pueda —sonrió Mía marchándose del despacho. A penas se vio desocupada, pensó en ir a la cafetería, pero luego pensó que quizá Luca creería que le estaba persiguiendo y se pondría a la ofensiva, por lo que bajó al primer piso y caminó hasta la cafetería de la esquina, obligándose a no reclamar por el café que le servirían allí. Una vez que dio el primer sorbo se dio cuenta que no podría soportarlo, llegar allí, sentarse y esperar por un café que no era de su agrado, era peor de lo que podía esperar. Mía siempre pensó que las decisiones hacían a las personas y ella había decidido ir a la cafetería de la señora Mimí, beber ese buen café y era una buena decisión. Haberse quedado sin ir allí por Luca, era una pésima elección, por lo que se levantó de su asiento y caminó las siete cuadras que la llevarían hasta donde realmente quería estar, fuese o no cerca de él. Luca no había tenido problemas con la señora Mimí, gracias a Mía, nuevamente. Pero sabía que había cometido una injusticia con ella, sabía que no merecía el trato que le había dado, lo peor de todo es que no tenía ni voz ni cara para retractarse, además que de hacerlo, tendría que evitar ser tan descortés con ella y ser amable con Mía era demasiado fácil, incluso tan fácil como para querer ser algo más que amable, y él no podía arriesgarse. Cuando Matt, su amigo desde la infancia pasó por él a la hora de almuerzo, notó de inmediato que algo andaba mal con él. —¿Qué pasa? —dijo mientras se sentaba a esperar que le atendiesen.

—Sé que la señora Mimí se enteró que no irías a trabajar porque estabas enfermo, pero sé que es más que eso —le reclamó Matt.

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—No mucho —murmuró.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —Fui a ver a Bonetti —murmuró —. Por lo de los exámenes. —¿Y? —No han salido bien, tengo una enfermedad que no sé ni cómo se llama, en realidad me lo dijo, pero lo olvidé, el asunto es que en un par de años comenzará a evidenciarse…—tragó saliva con dificultad sin quitar la mirada de su vaso con agua. —¿Evidenciarse? ¿Cómo? —susurró Matt. —Me volveré más idiota, literalmente idiota, es algo a los nervios, créeme que no entendí nada de lo que dijo, hasta que dijo que moriría aunque no podía decir con precisión cuando —la voz de Luca se apagó. —Eso es algo que todos sabemos, todos moriremos algún día —intentó ser optimista —. Además, falta mucho para eso, no debes pensar en lo peor, Luca. —Es probable que comience a los treinta, ¡a los treinta! —tragó saliva —. Me perderé una vida… No podré conocer a una chica sabiendo que nunca podré tener algo serio con ella, no podré tener hijos aunque los quisiese porque no conocerían a su padre o peor, nacerían enfermos por culpa mía… —Luca… —intentó decir algo, pero no supo qué. —Que irónico ¿No? —sonrió—. Lo único que tengo de uno de mis padres es una maldita enfermedad que me matará.

Los días de invierno parecían más largos que los de verano, eran eternos y aburridos, Mía iba de vez en cuando a la Iglesia a ver a los niños y por las mañanas seguía con su rutina de ir a la cafetería, aunque ahora había estado atendiendo la señora Mimí. No había querido preguntar por Luca porque pensó que probablemente la señora Mimí le preguntaría cómo era que se habían conocido y si existía algo que ella no supiese, por lo que para evitar preguntas incómodas decidió quedarse en silencio aunque la duda la consumiese.

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Matt hubiese querido decir algo alentador en ese momento, pero no sabía qué decir o qué hacer, nunca le habían enseñado cómo se podía ayudar en algo así, nadie se prepara para tener una noticia como esa, pero quizá, conociendo a Luca, lo mejor fuese el silencio.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Cuando salió de la cafetería esa mañana, se encontró con Luz, hacía días que la niña no había aparecido donde siempre y no había podido hablarle. —¿Dónde has estado? —sonrió Mía. —Hola —rió la niña —. ¡Estoy trabajando, Mía! —sonrió —. Ahora estoy juntando dinero para comprarme ropa nueva, el señor que me ha dado trabajo me ha prometido una buena suma por ayudarle en lo que él hace. Mía se asustó, fuese lo que fuese en lo que estuviese metida Luz, si había conseguido este trabajo por alguien de la calle no era bueno. Usualmente los mendigos más viejos se aprovechaban de los niños, los hacían trabajar y quizá qué cosa le harían hacer a Luz cuando ya estuviese más crecida. De sólo pensarlo se le partió el alma, por lo que cuidadosamente comenzó a preguntarle sobre lo qué hacía cuando estaba trabajando y dónde trabajaba. —¡Oh, Mía! —decía la niña entusiasmada —. Es genial tener trabajo, tengo que hacer tantas cosas y el día se me pasa tan rápido, sólo tengo que esperar a que llegue el final de mes y tendré dinero para comprarme ropa. —¿Qué es lo que haces en tu trabajo? —insistió Mía. —¿Quieres ir a ver? —sonrió Luz —. He pedido permiso a mi patrón para venir a verte, claro que a él le dije que iría a dejar algunas cosas a la iglesia. Mía y Luz caminaron juntas sólo un par de cuadras, para la sorpresa de la primera. Cuando llegaron a un portón se dio cuenta que estaban detrás de la cafetería, ¿qué haría Luz allí?, pensó Mía. Una vez que Luz la invitó a entrar Mía se opuso por miedo de entrar allí y descubrir algo mal. Así que Luz entreabrió el portón para que Mía pudiese ver qué había allí dentro. —Ayudo a contar y desarmar las cajas que llegan —sonrió Luz.

—Es maravilloso, Mía —sonreía Luz —. Mi patrón me trata como alguien importante, tengo que contar todo bien y luego sacar las cosas livianas de las cajas, él carga lo más pesado y luego, al final del día me da de su comida, como si fuéramos un equipo.

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Fue un verdadero alivió para Mía saber que Luz no estaba en ningún lío que pudiese implicar algo terrible para la pequeña niña, sabía que hoy en día no se podía confiar en las personas, pero estaba convencida, ahora que lo había visto, que la señora Mimí no tendría malas intenciones con la pequeña Luz.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —¿Cómo te contrató? —dijo Mía aún curiosa. —Me pilló un día en la calle, te estaba esperando, pero no llegabas nunca y ya era tarde, me preguntó qué hacía en la calle y si quería ganar mi propio dinero, pero dudé de inmediato, como tú me enseñaste —dijo con orgullo —. Pero con el chico de la otra esquina fuimos a mirar de qué se trataba y nos gustó, pero el acompaña al otro caballero, yo me quedé aquí y Dom, así se llama el niño, se va en el camión a hacer pedidos —sonrió. —¡Vaya, me parece genial! —sonrió Mía —. Cuando quieras ir a comprar, encantada te acompaño. Luz se veía tan feliz, parecía otra niña, quizá se debiese a que por primera vez la vida parecía darle lo que su nombre significaba, por lo que no quiso romper aquella hermosa oportunidad con posibles amenazas de lo que podría ocurrirle, se veía bien y estaba trabajando para la señora Mimí, de seguro nada podría ir mal. —¡Oh, Mía! —dijo la niña —. Viene mi jefe, será mejor que vuelva al trabajo, ya sabes dónde encontrarme, nos vemos. Luz entró corriendo hacía el camión que venía llegando, de él se bajaron dos hombres y el niño que se llamaba Dom, fue entonces cuando uno de ellos pasó su mano por la cabeza de Luz en una señal de saludo. La niña respondió sonriente y entusiasmada. En ese instante el corazón se le detuvo cuando descubrió que era Luca quién saludaba a Luz, él era quién le había dado tan maravillosa oportunidad. Asustada de que la descubrieran espiando, más que la descubriese Luca, se marchó rápidamente sin mirar a atrás.

Esa noche no pudo evitar preguntarse qué había ocurrido con Luca, qué había hecho ella mal para que él la tratase de esa forma, pero sabía que no podía responderse esas preguntas sola, porque sólo serían suposiciones de lo que quizá podría ser, pero le faltaba coraje para enfrentarlo, quizá él era así con todos, quizá no le interesaba conocerla, pero por algún motivo tenía curiosidad de saber por qué le había rechazado de esa forma, nunca nadie lo había hecho.

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Parecía ser que no existía aquel hombre que ella había conocido la noche que él estaba borracho, no era frío ni grosero, era un bondadoso chico que daba trabajo a quién lo necesitase, había un corazón detrás de esa capa de insolencias y silencios que ella había presenciado.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Cuando Mía visitó el despacho del señor Higgins este estaba revisando un alto de papeles que parecían interminables. Había estado revisando todos los papeles que este le entregó y ya los tenía listos, por lo que se los dejó sobre el escritorio. —Gracias, Mía —sonrió amablemente —. ¿Estás muy ocupada? —No mucho —reconoció Mía —. Esta semana he tenido un poco de libertad. —Quería saber si querrías hacer un poco de práctica, querida —dijo seriamente el señor Higgins —. Bueno a decir verdad no son prácticas pagadas, ni tampoco estarán reconocidas por la Universidad, pero es de cierta manera beneficioso para ti. —¿De qué se trata? —dijo con interés. —La preparatoria Michelangelo Buonarroti ha decidido crear un curso nocturno para aquellas personas que no han terminado sus estudios, además si nosotros participamos dentro de este proyecto, esos alumnos podrán comenzar estudios técnicos en nuestra Universidad —sonrió Higgins —. Una idea que apoyé de inmediato y decidí ofrecerme de voluntario para hacer este noble trabajo. Así que pensé que te gustaría hacer clases de Literatura guiadas por mí. —¡Oh! —respondió Mía asombrada —. Estaría maravillada, señor Higgins, encantada haría esas clases, además la preparatoria me queda cerca, por lo que no tendría problema de llegar tarde —sonrió Mía. —No te preocupes por eso, podría pasarte a dejar algunos días para disminuir el riesgo. Entonces ¿Qué me dices? —le miró atento. —Que estaría encantada de participar y cuándo empezamos —sonrió.

Discutieron los detalles de lo que sería la primera clase, ambos entusiasmados de saber que sería una nueva experiencia para ellos, sobre todo para Mía que había deseado participar en algo así desde hacía mucho, así que se marchó a la biblioteca a estudiar todo aquello que enseñaría en su primera clase. Conocía casi todo lo que abarcaría, principalmente presentaciones y resumen de lo que sería el semestre escolar, pero también un poco de dinámica de grupo sería útil para estos alumnos que habían perdido la práctica.

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—Esta noche, hay tantos inscritos que tuvimos que dividir en dos grupos al total, por lo que tú tomarás uno y yo otro.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. Cuando se encontró frente a la sala que sería la suya, inhaló una buena cantidad de oxígeno y se armó de valor. No era que tuviese miedo de estar a cargo de más de treinta alumnos, pero sin duda su apariencia no ayudaría a la hora de implantar respeto, por lo que sólo tenía que aplicar su personalidad y demostrarse un tanto estricta, de manera que sólo entró antes de seguir pensando y quedarse estancada en la puerta. —Buenas noches —saludó y un coro de saludos le respondió —. Soy Mía Rossi y seré su profesora de literatura durante este semestre. La audiencia era variada, había tanto hombres como mujeres de todas las edades, algunos que probablemente tendrían su misma edad, así como personas que tendrían la misma edad que el profesor Higgins. —Soy alumna de Literatura y es mi segundo año en la Universidad, pero no se preocupen respecto a mi experiencia, estoy bajo la tutela de un gran profesor, pero evidentemente no conozco todo y no mentiré al respecto, prefiero entregarles una respuesta certera y para eso le preguntaré al profesor Higgins —sonrió —. Así que adelante, comencemos por esta fila, preséntense con sus nombres y apellidos. El primer puesto estaba ocupado por una mujer que tendría la edad de su madre, estaba presentándose cuando se escuchó el molesto chirrido de una silla contra el suelo. Se quedó helada al ver que quién se levantaba de la silla y salía sin explicación de la sala era Luca. —Si me disculpan un momento, iré a ver qué ocurre con el alumno, pueden por mientras revisar el documento que está sobre su mesa —dijo rápidamente y salió de la sala. ¿Cómo era posible que Luca se le apareciese en cada cosa que hacía? De ser un completo desconocido, ahora era como si el cosmos o algo superior estuviese manipulando los hilos de cada uno y los hiciese encontrarse en cada extraña situación. Una más extraña y complicada que la otra. Caminó rápidamente por el largo pasillo de la preparatoria hasta alcanzarle.

Cuando salió de la preparatoria, Mía dudó si seguirle o no, pero quería enfrentar por primera vez las cosas, quería decir lo que pensaba y reconocerse herida por tal indiferencia, quería demostrar que le importaba sin preocuparse por el que dirán, así que le siguió hasta la misma calle.

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—¡Luca! —le llamó, pero este no respondió —. ¡Luca!


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —¡Luca, detente ahí! —gritó. —Será mejor que te alejes de mí —murmuró Luca cruzando la calle. —No puedes llegar y marcharte así del salón, conseguirás que te expulsen — caminó rápidamente intentando seguir los pasos de Luca. —A esta altura me da igual —gruñó caminando aún más rápido intentando perder a la molesta chica. —Luca —alzó la voz —. Como mínimo deberías agradecer el hecho que cuidé de ti cuando podría haber dejado que murieses congelado. Mía no quiso decir eso, quiso de inmediato retractarse, pero ya estaba dicho y sabía que no podría cambiarlo, sabía que tarde o temprano lo hubiese dicho de igual manera. Por lo menos había servido para detenerlo, ya que no podría seguir los pasos de un hombre tan alto como él. Luca se devolvió hasta donde Mía estaba, esta no supo qué podía descifrar de aquella fría mirada, sus ojos parecían recelosos de decir lo que estaba a punto de decir ¿O era el desdén que sentía por ella? Probablemente quisiese obviar el hecho que ella le había visto desnudo. Quizá no era desdén sino pudor. —Nadie te pidió que me quitases de la nieve —clavó su mirada directamente a ella. —Podrías haber muerto, pedazo de inteligente —dijo realmente molesta. Nada le costaba agradecerle el hecho que ella le había sacado de allí, no era nada más que un simple “gracias”, pero a él parecía costarle mucho más decirlo, por lo menos si no la ignorase de aquella manera no le molestaría en absoluto que no le hubiese agradecido, pero había algo en su actitud que le hacía pensar que todo esto iba mucho más allá de estos simples acontecimientos.

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—Créeme que no has podido elegir peor manera de salvarme —gruñó dando media vuelta y caminando a pasos agigantados con los que seguramente Mía no hubiese podido lidiar. Pero ella ni siquiera lo intentó.


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Adelanto del próximo capítulo. Matt escuchó atentamente a Luca mientras este le contaba cómo había aparecido en la cama de Mía y cómo esta le había tratado tan amablemente y que él no había sido capaz de responder de una manera adecuada, que no sabía ni qué hacer ni qué decir cuando sabía que siempre existiría el peso de esa maldita enfermedad sus hombros, peso que significaría mucho más el día que planease vivir una vida normal y no porque él se muriese, sino por el daño que causaría a quién quedase aquí para llorarle. —¿Planeabas morir de hipotermia esa noche? —dijo sorprendido Matt. —Borracho sin consciencia, pronto olvidé el frío, además cuando la cosa se pone peor, dicen que uno alucina y muere —reconoció Luca —. No hubiese sido tan malo.

Caminaron juntos hasta el trabajo, Luca le había prometido a la señora Mimí que trabajaría por las mañanas en el cargo y descargo de mercadería mientras que por las tardes atendería la cafetería. Para la señora Mimí significaba un alivio, puesto que el hombre que hacía ese trabajo había renunciado y no le había dado tiempo de encontrar un reemplazo. —Luca —escuchó una voz a sus espaldas, no fue necesario voltear, supo de inmediato que era Mía, pero la ignoro y siguió caminando.

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—No, sólo si olvidas lo estúpido que es… —respondió Matt.


Lasciatemi. Copyright © 2012 Manne Van Necker. All rights reserved. Todos los derechos reservados. —La profesora te está hablando —susurró Matt. —Luca —le siguió Mía —. No deberías ser así de desconsiderado conmigo, por lo mínimo un saludo por cortesía no vendría nada de mal —no recibió respuesta —. Podrías por lo menos fingir que te agrado y ahorrarnos esto, no me cansaré hasta que me hables de una buena vez —no había respuesta —. Por lo menos deberías asistir a las clases, son para que culturices lo bestia que te has vuelto últimamente. Luca se paró de inmediato y volteó haciendo que el movimiento inesperado sorprendiese a Mía, al igual que la cercanía que este había implantado. —No tengo tiempo para perder, señorita, al parecer es a usted a la que le sobra tiempo —alzó una ceja —. Lamento no ser lo suficientemente agradecido cómo usted espera, pero no conseguirá cambiarme ni un pelo aunque lo intenté. Se volteó hasta donde estaba Matt y caminó dejando allí a Mía que no podía explicar cómo era posible que un incidente tan pequeño como recogerle había cambiado tanto su actitud con ella. —Es pequeña, pero decidida —rió Matt cuando se alejaron.

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—Créeme, no dice el tamaño para lo insistente que es —murmuró.

Evasión  

Primer Capítulo de Lasciatemi de Manne Van Necker