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SUPLEMENTO ESPECIAL. SEPTIEMBRE 14 DE 2014 DIRECTORA GENERAL: CARMEN LIRA SAADE

El maíz y la

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ndice Oaxaca y el orígen del maíz

Alejandro de Ávila El maíz nativo

Flavio Aragón Cuevas El ser indio y la milpa Entrevista con

Joel Aquino Símbolo de vida e identidad de los pueblos indios

Adelfo Regino Montes El corazón de oaxaca

Aldo González Los estatutos comunales una herramienta jurídica contra el maíz transgénico

Hugo Aguilar Ortíz Los pueblos siguen vivos por su maíz nativo

Ramón Vera

Entrevistas Milpa: de semilla a salsa en la Mixteca

Jesús León Santos La mujery la cultura del maíz

La resistencia comunitaria Agradecimiento especial a FRANCISCO TOLEDO por su obra gráfica

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CARMEN LIRA SAADE

LUIS HERNANDEZ NAVARRO

A. ROMERO

JORGE MARTÍNEZ

FABRIZIO LEÓN

LETICIA MARTÍNEZ MARTÍNEZ MARIANA OLLIN YOLIZTLI

JOSETXO ZALDÚA

MARCO A. HINOJOSA

Directora General Gerente General

Coordinador General de Edición

Coordinador del suplemento Coordinador de fotografía

La diosa maíz

La resistencia cultural a través del teatro comunitario

Dirección de Arte

Diseño

Publicidad

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INTRODUCCIÓN EL EPICENTRO DE LA RESISTENCIA

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axaca es el epicentro social de la defensa del grano. No es la única entidad en la que los campesinos e indígenas resisten los embates en favor de la siembra de transgénicos, pero sí es el lugar donde esta lucha tiene mayor participación social. El stentaiocho por ciento del territorio oaxaqueño está en manos de ejidatarios y comuneros, muchos de ellos indígenas. En la entidad hay 850 ejidos y 714 comunidades, que ocupan una extensión de más de 7 millones de hectáreas. Muchos de ellos siguen sembrando maíz a partir de semillas autóctonas. Oaxaca es centro de origen del maíz. Invención humana que no puede vivir sin el hombre, en la entidad se crearon algunas de las semillas más antiguas de las que se tenga noticia. Los campesinos las siguen utilizando 10 mil años después de “inventadas” porque son parte medular de su cultura. El maíz es parte sustantiva de las comunidades indígenas. La historia del cereal y de las poblaciones que lo siembran caminan de la mano. Sus formas de organización política y social están estrechamente asociadas a su cultivo. Su visión del mundo se alimenta del grano. Hay un vínculo estrecho entre maíz, territorio, cultura y comunidad. El maíz — dice la activista zapoteca Gabriela Linares— “es nuestra carne, es todo para nosotros. Por eso es que tenemos esa resistencia nata en defender al maíz”. En muchas comunidades de Oaxaca el cultivo del maíz está asociado a la milpa. Milpa significa en náhuatl: “lo que se siembra encima de la parcela”. Es un modo de vida basado en la diversidad. Integra, en un solo predio, múltiples cultivos: frijol, calabaza, chile, verdolaga, quelites y, especialmente y, por supuesto, maíz en sus distintas variedades. En 2001, un estudio de investigadores de la Universidad de Berckley, encontró en la entidad evidencias de mazorcas contaminadas por variedades genéticamente modificadas, a pesar de que su cultivo estaba prohibido. Las luces de alarma se prendieron con mayor intensidad. Desde esa fecha, la resistencia se extendió en Oaxaca. Las comunidades hicieron estudios para detectar si sus semillas estaban contaminadas. En centenares de comunidades se realizaron asambleas informativas y talleres de formación. En la Cámara de Diputados local se impidió que se promulgaran leyes nefastas para la producción maicera autóctona. En varias comunidades indígenas se promovieron estatutos que prohibieron las siembras de transgénicos. Momento central de esta vasta movilización es la iniciativa del pintor oaxaqueño Francisco Toledo para que se firme masivamente una misiva dirigida a las autoridades del país, en la que se demanda la prohibición del cultivo de maíz transgénico. La carta (http://www.uccs.mx/ images/library/file/Agricultura_y_alimentacion/2014/doc-no-a-los-trasngenicos.pdf), avalada por científicos, productores, consumidores, decenas de miles de ciudadanos en todo el país, permitió que la resistencia se extendiera a otras entidades y otros sectores sociales. El zapoteco Aldo González ha dicho que “el maíz morirá el día que muera el sol. Mientras haya gente que lo quiera, que lo defienda, que lo siembre y que lo coma, el maíz siempre va a estar presente entre nosotros. De esa historia trata este suplemento.

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l 25 de junio pasado, el diputado Carlos Alberto Vera Vidal del Partido Verde Ecologista de México sometió a la 62ª Legislatura estatal una proposición de exhorto al gobernador Gabino Cué para que “blinde al campo oaxaqueño de cultivos transgénicos y evite patrocinar mediante sus programas el cultivo del maíz transgénico”. La exposición de motivos inicia afirmando que Oaxaca “es uno de los lugares más cercanos a la cuna del maíz, que diversas corrientes de investigación ubican en lo que ahora es el municipio de Coxcatlán, en el valle de Tehuacán, Puebla”. No obstante la aseveración del diputado Vera, los estudios recientes indican que la domesticación del maíz ocurrió más al sur. Entender cómo inició su cultivo puede tener repercusiones políticas significativas, como trataré de explicar a continuación. A principios de los años 60, el arqueólogo Richard MacNeish excavó algunas cuevas en el valle de Tehuacán, donde encontró restos de pequeñas mazorcas tempranas. Las asignó a la fase que nombró “Coxcatlán”, de entre 7 mil 200 y 5 mil 400 años antes de nuestra era. Décadas después de su hallazgo, esos olotes antiguos fueron re-fechados de manera directa con un método más preciso, y los resultados indicaron que no eran tan antiguos como había creído MacNeish. Por su parte, Kent Flannery excavó en 1966 la cueva de Guilá Naquitz, en el valle de Tlacolula, en Oaxaca, donde descubrió fragmentos de estructuras más pequeñas que los olotes de Tehuacán, representativas al parecer de una fase intermedia entre el teocintle (la planta ancestral) y el maíz. Los estudios de laboratorio confirmaron que se trata de los vestigios macroscópicos más tempranos conocidos hasta ahora del cultivo protagónico en el siglo XXI a escala mundial, restos con una antigüedad no disputada de cerca de 6 mil 250 años. En 2009, Dolores Piperno y sus colaboradores publicaron los resultados de su trabajo en un resguardo en la roca al pie de un peñasco llamado Xihuatoxtla, cerca de Iguala, en el norte de Guerrero. Encontraron allí fitolitos (concreciones minerales minúsculas producidas

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ALEJANDRO DE ÁVILA BLOMBERG * por la planta), granos de almidón y polen de maíz asociados con implementos de piedra fechados unos 8 mil 700 años antes de hoy. Previamente se habían hallado fitolitos y polen de maíz en San Andrés, Tabasco, de aproximadamente 7 mil 300 años de antigüedad. Sin embargo, no han aparecido hasta ahora rastros de mayor tamaño en la cuenca del Balsas ni en la costa del Golfo. Algunos especialistas cuestionan la fiabilidad de fechas basadas en restos tan diminutos como el polen y los fitolitos, que pueden ser arrastrados con facilidad a estratos más profundos del suelo. Los vestigios macroscópicos son evidencia más convincente, y las reliquias más tempranas conocidas hasta ahora siguen siendo los primordios de olote descubiertos en Guilá Naquitz. Los datos moleculares parecen concordar con los indicios arqueológicos. En 2001-2002, Yoshihiro Matsuoka encabezó a un grupo de investigadores que tomaron muestras de 193 variedades nativas de maíz cultivadas por pueblos indígenas desde el sureste de Canadá hasta el norte de Chile y Argentina. También examinaron 67 teocintles. Al comparar la variabilidad del ADN en 99 puntos distribuidos de manera uniforme a través de todo el genoma, mostraron que nuestro cultivo es resultado de un evento único de domesticación (se creía antes que el maíz pudo haber resultado de múltiples domesticaciones independientes) que ocurrió en los valles intermontanos del sur de México: Matsuoka y sus colegas resaltan en su publicación que las formas más cercanas a la base del árbol de la vida de Zea mays (nombre científico de la especie) provienen de Oaxaca. La investigación genética es corroborada, a su vez, por los registros de su diversidad bajo cultivo. Flavio Aragón, distinguido agrónomo oaxaqueño, ha documentado la presencia en el estado de al menos 35 razas (70 por ciento de la variación del maíz en México), algunas de ellas exclusivas de este territorio, como el bolita, zapalote chico y serrano mixe. Ninguna otra región del país o del continente exhibe tanta variación en los granos, las mazorcas y las plantas. El maestro Aragón ha descubierto,

además, cuatro poblaciones de teocintle en Oaxaca, que se suman a otras dos que se conocían previamente y que hacen resaltar la importancia de la cuenca del Atoyac-Verde como centro de diversidad del maíz silvestre. Los especialistas norteamericanos afirman que los teocintles del Balsas central son los ancestros del cultivo, pero no se ha llevado al laboratorio muestra alguna de las plantas encontradas recientemente en los distritos de Etla y Sola de Vega. Los hallazgos agronómicos, genéticos y arqueológicos tienen correlatos culturales que son más próximos a nosotros en términos emotivos y que subyacen a la movilización social que concitan los transgénicos. El área de mayor riqueza de maíces es también la región de mayor variación cultural en el continente. Aquí se hablan más lenguas y se gobiernan por sí mismos más pueblos en forma comunal que en cualquier otra zona de extensión comparable en América. El maíz configuró este paisaje humano: hay buenas razones para creer que los primeros agricultores del hemisferio occidental, la gente que domesticó y a su vez fue domesticada por el teocintle, hablaban proto-otomangue, la lengua ancestral de la familia más diversificada entre todas las filiaciones indoamericanas. No es casual que las múltiples variantes mixtecas, zapotecas, mazatecas, chinantecas y otras, sobresalgan por la complejidad y sutileza de su léxico en torno a la milpa. Hoy día la postura de esos pueblos originarios, como creadores del cultivo, es defender al maíz en todo México, no sólo en Oaxaca. Tienen razón los diputados locales al exigir una política de Estado para proteger a la planta más importante de la humanidad. Pero antes de formularla, conviene conocer mejor su historia. * Maestro en psicobiología. Director del Jardín Etnobotánico de Oaxaca Para leer más: Aragón Cuevas, Flavio, et al. 2006. Catálogo de maíces criollos de Oaxaca. INIFAP, Oaxaca. http://www.pnas.org/content/102/27/9438. long#xref-ref-7-1 http://www.pnas.org/content/98/4/2101.full http://www.pnas.org/content/99/9/6080.full http://escholarship.org/uc/item/4pp843br

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axaca es uno de los centros de origen y diversidad del maíz en México. Así lo demuestran los macro restos arqueológicos encontrados en las cuevas de Guilá Naquitz, en las cercanías de Mitla, con una antigüedad de más de 6 mil años; la elaboración de figuras de barro asociadas al cultivo; la existencia de un rico lenguaje cultural de los grupos indígenas para denominar a la planta del maíz; la presencia actual de poblaciones vivas de teocintle y Tripsacum, y una vasta diversidad de razas de maíces nativos distribuidos en las diferentes regiones del estado.

El teocintle, ancestro del maíz

En recientes exploraciones para conocer la distribución de los parientes silvestres del maíz, se han encontrado siete poblaciones vivas de teocintle: 1) En la comunidad de San Felipe Usila, en la región del Papaloapan, encontramos una especie no reportada para México: Zea luxurians; 2) en San Cristóbal Honduras, San Jerónimo Coatlán, existe la especie Zea mays subespecie parviglumis, conocida localmente como milpa de cocoxle (nombre con el que se identifica al pájaro conocido como correcaminos); 3) en El Huazán, Sola de Vega, se encuentran pequeñas poblaciones de teocintle de la raza Balsas; 4) en San Jacinto Tlacotepec; 5) en Santiago Minas; 6) en Santiago Tenango, y 7) en San Vicente Coatlán, en la sierra Sur, también se han localizado pequeñas áreas donde todavía se desarrollan plantas de teocintle. Esta diversidad es de gran relevancia como indicador del origen del maíz y por los genes que podrían aportar para enfrentar los efectos del cambio climático.

Importancia del maíz nativo en Oaxaca

El maíz constituye el alimento básico de los oaxaqueños, la mayoría de las familias destina su producción para el autoconsumo, y en muy pequeña escala comercializan grano y productos transformados para el mercado local. El consumo per cápita de este cultivo es de 200 kilogramos anualmente, por tanto, es importante incrementar la producción de grano para satisfacer la demanda de una población en constante aumento. En 2012, según datos del Sistema de Información Agropecuaria de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural. Pesca y Alimentación, se sembraron en Oaxaca, 600 mil 900 hectáreas de maíz, con una producción de 729 mil 351 toneladas y un valor de la producción de 3 mil 223 millones 107 mil pesos. Una estimación de la superficie sembrada con maíces nativos en Oaxaca es de 510 mil 765 hectáreas. En el estado existen más de 2 mil usos del maíz nativo. Aquí se

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pueden encontrar los más variados tamales, atoles, nicuatoles, tortillas, bebidas refrescantes y embriagantes; también se utiliza para la construcción, como leña, para elaborar artesanías y en rituales ceremoniales.

Recolección del maíz nativo

Durante más de 20 años, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) ha realizado una colección sistemática de la diversidad de los maíces nativos, en los diferentes climas, suelos y vegetación de Oaxaca. Como resultado de estas exploraciones, se ha detectado la presencia de 35 razas de maíz, lo cual representa más de 50 por ciento de la diversidad reportada en México (59 razas). Actualmente se tienen bajo conservación ex situ 2 mil 300 colectas del maíz nativo en las instalaciones del Banco de Germoplasma de Especies Nativas de Oaxaca.

Las razas de maíz de Oaxaca

Existe una alta variación genética en el cultivo del maíz por la situación geográfica de Oaxaca, gran variación climática, topografía variada, diferentes clases de suelos, facilidad de entrecruzamiento entre esta especie y, principalmente, la presencia de 16 grupos étnicos que han conservado y mejorado diferentes variedades criollas mediante la selección realizada a través de miles de años. Actualmente, 85 por ciento de la superficie sembrada con maíz se cultiva con variedades nativas, y solo el 15 por ciento restante utiliza variedades distintas o híbridos. Si agrupamos las razas de maíz de acuerdo con su distribución altitudinal, se ubican como sigue: Razas tropicales (0 a mil metros): Conejo, Olotillo, Nal-Tel, Tehua, Tepecintle, Tuxpeño, Vandeño, Zapalote chico y Zapalote grande. Razas subtropicales (mil a mil 800 metros): Ancho, Bolita, Celaya, Elotes occidentales, Pepitilla, Nal-Tel de altura, Tabloncillo, Zamorano. Razas de valles altos (mil 800 a 2 mil 800 metros): Arrocillo, Chalqueño, Chiquito, Comiteco, Cónico, Cónico norteño, Elotes cónicos, Mixeño, Mixteco, Mushito, Negro de tierra fría, Negro mixteco, Olotón, Olotón imbricado, Palomero toluqueño, Serrano, Serrano de Oaxaca y Serrano mixe.

Potencial genético de las razas de maíz

En evaluaciones agronómicas de los maíces nativos, realizadas en campos de los agricultores, se han detectado materiales sobresalientes por su rendimiento, calidad, tolerancia a factores bióticos (plagas y enfermedades) y abióticos (sequías y heladas). Se han encontrado materiales con rendimientos superiores a las cinco toneladas por hectárea en zonas de ladera, y en zonas de planicie, los rendimientos de algunos criollos han alcanzado las ocho toneladas. Las razas de maíz nativo y sus parientes silvestres son fuente importante de genes para enfrentar el cambio climático. En ellos se encuentran las características para tolerancia a calor, a sequía, a inundaciones, a heladas, granizo, plagas y enfermedades, a la acidez o salinidad de los suelos. Por ejemplo, la raza Bolita es una fuente de germoplasma importante para incorporar tolerancia a sequía; la raza Zapalote chico, tiene genes de tolerancia a fuertes vientos, a calor y para proporcionar precocidad; la raza Mixeño, tolera suelos ácidos y enfermedades foliares como Helminthosphorium y royas; algunas colectas de maíz de la raza comiteco tienen tolerancia a mancha de asfalto. Y falta por descubrir otros genes de importancia resguardados en el genoma del maíz nativo. * Maestro en ciencias, Especialista en recursos genéticos vegetales

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El ser indio y la m JOEL AQUINO *

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Todo depende del maíz. Sin él no hay tequio, no hay servicio comunitario, no hay gobierno comunitario. SIN MAÍZ NO HAY FELICIDAD en la comunidad, no hay guelaguetza, no hay autonomía. TENER MAÍZ SIGNIFICA TODO: cultura, idioma, organización, economía. ¡Y la satisfacción que da! Con él se hacen tortillas, diversidad de memelas, de empanadas, más de 300 guisos. Ya el cuerpo está acostumbrado, está hecho para consumir maíz

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milpa La relación entre ser zapoteco, ser mixe, ser chinanteco y el maíz es muy profunda. En el caso particular de Yalalag, uno de los valores fundamentales de la vida es que toda familia debe tener la capacidad de hacer fructificar su milpa. Eso es lo que garantiza que tenga el alimento asegurado. Puede ocurrir cualquier contratiempo, pero si el granero está lleno hay forma de enfrentarlo. Las milpas son una asociación de plantas, maíz, fri jol, chile, calabaza, yuca, más la verdolaga, los quelites, los quintoniles. Allí crecen los chapulines. Es una riqueza que no se puede comparar. La milpa da sustento y cohesión a las comunidades. Es lo que les permite reciclar su sistema de gobierno. Todos los años hay que renovar a los servidores comunitarios, los topiles, los vocales, las policías. Todos prestan su servicio gratuitamente. ¿De qué viven? Pues del producto de la milpa. No son pocos. En Yalalag cada año entran 150 hombres al servicio. Toda la identidad indígena se reproduce gracias a la milpa. Te permite cumplir con los deberes frente a la comunidad. Cuando

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terminas un cargo y lo haces bien, te llena de satisfacción. Te fortaleces moral, espiritualmente. Desde que las madres están amamantando a sus hi jos les hablan de la milpa. Les cuentan del xilote, del elote, del tamal, del atole, de toda la riqueza que hay en la milpa, de todas las delicias que produce. Desde ahí los están educando, diciéndoles que tienen que prepararse para ser capaces de darle sustento a la milpa. Es lo que le da continuidad a la comunidad. Le da continuidad a los tequios, a los servicios comunitarios, a la ayuda mutua, a la convivencia entre comunidades a través de la banda de música, del deporte, de la festividad comunitaria, en la que se recicla el viejo sueño de las comunidades y se olvida lo difícil de la vida cotidiana. Nuestras semillas se han aclimatado a través de siglos. Es trabajo de muchas generaciones. Nuestros abuelos nos heredaron esos maíces. Sus abuelos se los heredaron a ellos. Son únicos. Son maíces que no vamos a encontrar en ninguna otra parte del mundo. Están hechos para contratiempos, para difícultades. Su ventaja es que resisten mucho. En las comunidades indígenas es donde se conservan las diferentes variedades de maíz. Son una riqueza genética de extraordinario valor. Tan sólo en Yalalag existen seis o siete variedades de maíz: para zona alta, para zona templada, para zona caliente, de larga o de corta duración. Hay quienes lo siembran en marzo, otros en abril, algunos lo hacen en mayo, otros más el 24 de julio. A lo largo de muchos siglos las comunidades lograron construir una estrategia para resolver la autosuficiencia alimentaria. Los transgénicos la destruyen. Por eso las comunidades lo rechazan. En Yalalag se acordó en una asamblea que nadie siembre un solo grano de maíz transgénico; que se continúe la siembra de los maíces propios. La comunidad tiene claro que definitivamente esas semillas no deben pasar. Cuando llegaron los maíces híbridos y las sustancias químicas para hacerlos crecer, desde luego que la cosecha mejoró. Pero ahora descubren las comunidades que si se utilizan insecticidas y sustancias químicas para hacer producir la milpa, las consecuencias son las enfermedades. Es un problema grave. Antes no había diabéticos en las comunidades de la sierra. Ahora hay una cantidad enorme y hasta gente con cáncer. Esos males, que antes no se conocían, se relacionan con el maíz que viene de afuera. Lo mismo sucede con los hi jos que están en Estados Unidos. Los que están allá consumen alimentos altamente contaminados. La mayoría de ellos son obesos. Se vuelven diabéticos, ciegos. Regresan nada más para morir. En 1974 llegó el maíz híbrido a Yalalag. Desarrolló el zacate muy bonito. Pero cuando vino la escasez de lluvia, no cargó. Era puro olote. En cambio el maíz amarillo sí cargó. No como debe de ser, pero resistió los contratiempos. Cuando germina el maíz, la gente se llena de felicidad, porque su grano ya germinó. Cuando termina de limpiar se fortalece. Cuando espiga y está lloviendo, la llena de alegría, porque la lluvia hace que la milpa floree y se polinice. Y luego, cuando aparece el xilote, eso es un momento especial. Y cuando ya hay elote, ¡pues no se diga! La gente empieza a recogerlo para hacer tamales de elote, atole de elote, que es lo máximo para una familia zapoteca. Aunque no tenga dinero, la milpa va. Así se va alimentando el ser zapoteco, se va fortaleciendo la conciencia. No hay otra estrategia para sobrevivir en condiciones dignas más que la milpa. Ya algunos probaron otros caminos. Están los que se dedicaron al comercio y viajaron de un lugar a otro e hicieron mucho dinero, pero sus familias se evaporaron. Murió el papá y todos se desperdigaron. En cambio, los que se han mantenido con la milpa ahí están. Siguen los hi jos, los nietos, los bisnietos. Continúan y dan los servicios. Le dan vida a la comunidad. El bienestar de las comunidades en Oaxaca depende del maíz. Cualquier proyecto de desarrollo que no esté sustentado en la milpa no tiene futuro. Donde hay maíz, hay seguridad.

* Maestro zapoteco. Defensor de los derechos de los pueblos originarios. Dirigente del Centro Cultural Ukenke uken "hacer posible lo imposible"

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De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres,

los cuatro hombres que fueron creados.

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ADELFO REGINO MONTES

esde tiempos inmemoriales el maíz es símbolo de la vida para los pueblos indígenas de Mesoamérica. La palabra proviene del vocablo mahis, de la lengua indígena taína, que literalmente significa “lo que sustenta la vida”. Se trata de una concepción ancestral común a muchos pueblos, aunque con una gran diversidad de expresiones lingüísticas, como es el caso de la lengua mixe, donde se denomina mok. Nacido del teocintle, planta silvestre que aún se puede encontrar en diversas regiones geográficas de Mesoamérica, el maíz es parte de la historia y la tradición oral, de los mitos y los ritos, de los cuentos y las leyendas, de la vida presente y futura de los pueblos indígenas de las Américas. En el contexto de la cosmovisión mixe, uno de los 20 cerros sagrados del Zempoaltépetl –el cerro de las 20 divinidades– se denomina tsa’x’äm, que significa “lugar del coscomate”. Como es sabido, el coscomate es una construcción hecha a base de madera, es el sitio en donde se guardan las mazorcas de maíz una vez realizada la cosecha y de donde se recoge para su uso alimentario o para un nuevo ciclo de siembra. De ahí que también se le llame “casa del maíz”. Dichas construcciones, por lo general, se hacen en el mismo lugar donde se encuentra la milpa y han sido un mecanismo eficaz para la conservación y preservación de las diversas semillas de maíz nativo. El hecho de que uno de los picachos –que representa una divinidad– del Zempoaltépetl se haya dedicado al coscomate, significa el gran simbolismo que tiene el maíz en la pervivencia material y espiritual del pueblo mixe. A este respecto, el lingüista mixe Juan Carlos Reyes Gómez, en su texto El maíz desde la concepción del mundo ayuuk, expone: Fue entonces que los Koonk, los dioses intermediarios entre Tääy-Jëkëëny y nosotros, se compadecieron de los humanos, sus hijos, y decidieron traer el maíz, el alimento sagrado, a ellos para rehacer su tiempo y su vida y evitar su muerte, su pérdida. Y fueron los mismos Koonk quienes lo trajeron, mediante mucha dificultad y con mucho esfuerzo lo trajeron, estaban que desfallecían, muy cansados, cuando llegaron; mucha fue la fuerza que tuvieron que hacer y mucho fue el sudor que tuvieron que ver para poder llevar el grano sagrado hasta donde estaban sus hijos. Y junto, revuelto, con el maíz, trajeron las semillas de frijol y calabaza. Hoy día, vigilantes de esta rica cosmovisión, los habitantes de Santa María Yacochi y de las comunidades mixes circunvecinas, suben a este lugar sagrado el 23 y 24 de abril de cada año para hacer una fiesta en agradecimiento al creador y dador de vida, a las fuerzas naturales y sobrenaturales, por las cosechas de maíz recibidas para la alimentación y crecimiento de sus familias y comunidades.

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El maíz está claramente asociado a los ciclos del tiempo y del espacio. En el caso de los mixes existe el potnmok, el maíz de los tiempos en que hace lluvia, que por lo regular se siembra en mayo y se cosecha en octubre; también está el täkmok, el maíz que se desarrolla en los tiempos en que hace sol, que se siembra en noviembre y se cosecha en abril. Asociado al ritmo de los astros, el primero correspondería al ciclo de la Luna y el segundo al ciclo del Sol, completando así el periodo anual de 12 lunas y soles. En medio de estos dos ciclos hay dos fiestas que tienen un gran simbolismo para los pueblos indígenas de Mesoamérica, la del 3 de mayo, que en la concepción católica celebra la Santa Cruz, y la del primero y 2 de noviembre, que en la concepción mixe es el äpxëëw, la fiesta de los ancestros. El hecho de que estas dos fiestas se celebren en medio de esos dos ciclos agrícolas no es una simple casualidad o mera coincidencia. Una interpretación sólida plantea que una vez hecha la cosecha del maíz–en el caso de täkmok, maíz de tonamil, en abril, y potnmok, maíz de temporal, en octubre–, hay la suficiente abundancia para compartirlo y el sentido de agradecimiento por el fruto recibido de la madre tierra. Estos acontecimientos muestran el carácter dual y holístico del pensamiento indígena. Por un lado, la concepción del maíz como materia, fruto de la madre tierra, domesticado y cultivado por manos humanas, hecho carne como lo dice el Popol Vuh; por el otro, el maíz como un don recibido de las divinidades y las fuerzas de la naturaleza, como el trueno, el relámpago, la nube, la lluvia, el viento, que marcan el ciclo de la vida, del tiempo, del espacio y de la relación con los astros. Con esta concepción ancestral, en el ámbito familiar el cultivo del maíz es la principal forma de transmisión de los saberes tradicionales. Sus múltiples formas de preparación, ya sea en atole, tortilla, tamal, pozole, constituyen parte de la rica gastronomía que hace peculiar a la cocina mexicana. En el contexto comunitario, el hecho de tener maíz es una condición importante para el desempeño de los cargos, ya que sin él resulta sumamente difícil el mantenimiento de la familia. Por eso el maíz es el cimiento de la vida comunitaria y fuente de identidad cultural de los pueblos indígenas. Cuando hay buena cosecha de maíz, hay alegría y esperanza en la comunidad. Cuando no la hay, se asientan la tristeza y la desolación, ya que está en riesgo la alimentación y la supervivencia del pueblo. Por eso el cultivo del maíz significa sembrar la vida en este mundo. Eso es lo que nos han enseñado nuestros ancestros y es un deber que debemos transmitir a las futuras generaciones.

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* Abogado mixe. Promotor y defensor de los derechos de los pueblos indígenas. Secretario de asuntos indígenas del gobierno del estado de Oaxaca.

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n Oaxaca se han encontrado maíces y teocintles de cerca de 10 mil años, que sitúan al estado como centro de origen y diversidad genética del grano. De las 64 razas existentes en México, 35 están presentes en la entidad, sembrándose desde el nivel del mar hasta más de 3 mil metros, existiendo miles de variedades adaptadas a los ecosistemas de su complicado territorio. En una comunidad oaxaqueña hay mayor diversidad genética de maíz que en las zonas maiceras de mayor producción del planeta. El maíz es el corazón de la comunalidad que viven diariamente los pueblos y comunidades indígenas de Oaxaca: da de comer a la familia junto con los demás productos que se siembran en la milpa; enseña a la gente a ser solidaria al utilizar la gozona o guelaguetza para sembrarlo, limpiarlo o cosecharlo, así las familias no necesitan dinero para producir su sustento, sino el apoyo de otros, a quienes también se les devolverá trabajo en sus milpas, al practicar esta costumbre milenaria se obtiene adicionalmente convivencia, porque al maíz le gusta que la gente esté contenta cuando lo cultivan; mantiene unido el tejido comunitario, al realizar el tequio para su cultivo, proporcionando además recursos económicos para el funcionamiento de la comunidad y alimento a las familias más necesitadas; sostiene a los familiares de quien es autoridad cuando le toca hacer su cargo, porque al contar con suficiente maíz para un año, su familia no sufrirá hambre y la comunidad contará con una persona a su servicio que no necesitará remuneración económica,

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ALDO GONZÁLEZ ROJAS * y, además, enseña cómo es el territorio que hay que defender. Así, esa relación entre hombre-mujer y maíz ha construido en Mesoamérica eso que en Oaxaca se llama comunalidad. El maíz y la comunalidad son las columnas que han sostenido la existencia y pervivencia de los pueblos indígenas, y aunque el afán del neoliberalismo es socavarlas para eliminar a los pueblos del maíz, en Oaxaca no van a permitir que sus milenarias semillas nativas (porque son mesoamericanas y no criollas venidas de Europa) sean desplazadas por “mejoradas”, híbridas o transgénicas. Si bien ahora se siembra menos debido al empobrecimiento de los indígenas y campesinos que ha provocado el modelo económico que los fuerza a migrar, en Oaxaca muchos de los que se quedaron ya no siembran sólo por costumbre, sino que han tomado consciencia de la riqueza cultural y biológica que tienen en sus manos y se han propuesto defenderla. A partir del año 2001, cuando se descubrió la contaminación del maíz por transgénicos, distintas organizaciones iniciaron una lucha en su defensa; para 2002 la Red (Nacional) en Defensa del Maíz, ya articulaba decenas de comunidades y organizaciones indígenas de Oaxaca y otros estados; antes y después de la aprobación de la Ley Monsanto en México, se generó un amplio movimiento nacional de rechazo, que tuvo una importante expresión en territorio oaxaqueño; las aprobaciones de siembra experimental de transgénicos en el norte del país fueron un acicate que inyectó fuerza a esta lucha.

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Las iniciativas de Ley de Sustentabilidad de los Maíces Nativos del Estado de Oaxaca, y de Ley de Fomento y Protección del Maíz Criollo como Patrimonio Alimentario del Estado de Oaxaca fueron rechazadas en 2011 por 35 organizaciones oaxaqueñas que las calificaron como simulaciones de protección al maíz, ya que sólo pretendían apoyar con paquetes tecnológicos a productores de alto rendimiento, obligar a los campesinos a entregar sus semillas y sus saberes a bancos de germoplasma que estarían a disposición de las empresas semilleras, al mismo tiempo que no prohibían la siembra o almacenamiento de transgénicos, sobre todo cuando Monsanto tiene montada su cabeza de playa en la mixteca, respaldada por la Fundación Ayu. El Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca surgió en 2012 de las organizaciones que vienen realizando actividades en defensa del maíz nativo desde el año 2001, a las que se suman otras organizaciones de la sociedad civil, comunidades, instituciones educativas y activistas independientes, mismas que a partir de ese año realizan conferencias de prensa, obras de

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teatro, brigadeos informativos, ferias, encuentros y conferencias a escalas estatal, regional y local. A 2013 lo declararon Año de la Defensa y la Resistencia del Maíz Nativo en Oaxaca y Todo el Territorio Mexicano, en el cual, durante el mes de abril, realizaron junto con la Red en Defensa del Maíz, la Preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos “Contaminación Transgénica del Maíz Nativo”. Como un anuncio de que la defensa del maíz será perdurable, el Espacio declaró: 2014-2024 como la Década en Defensa del Maíz Nativo y de los Pueblos Indígenas y Campesinos de México, y lanzó para 2014 la campaña Diálogos comunitarios: por el derecho a ser campesinos y campesinas. Bienvenido a la lucha maestro.

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*Zapoteco, presidente del municipio de Guelatao, e integrante de la Union de Organizaciones de la Sierra de Juárez de Oaxaca

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Los estatutos comunales UNA HERRAMIENTA JURÍDICA CONTRA EL MAIZ TRANSGÉNICO

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on mucha razón, Magdalena Gómez afirma que la historia de los pueblos indígenas es la historia de sus tierras y recursos naturales. No es posible concebir la comunidad ni nuestros pueblos sin territorio, sin recursos naturales y sin su biodiversidad; para preservarlos, literalmente han dedicado y han ofrendado su vida, no sólo para defenderlos frente a los extraños que movidos por la codicia los despojan y los agreden, sino para entenderlos, sentirlos parte de la vida, entrar en relación con ellos y hacerse uno mismo. El maíz, es producto de esta relación especial de los pueblos con la madre tierra, es criatura de ambos, naturaleza en conjunción con la sabiduría y paciencia de los pueblos indígenas. Se trata de uno de los elementos más importantes de la cultura del que depende la vida misma. Por esta razón, suenan todas las alertas, los sentidos se avivan y el entendimiento se abre para entender el peligro que viene con el maíz transgénico y la ley que lo regula. La voz corre, la tradición oral se activa, vienen a la memoria otros momentos en que se alertaba peligro, entre ellos, la reforma

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HUGO AGUILAR ORTIZ * al artículo 27 constitucional, la ley de desarrollo forestal sustentable, la ley de equilibrio ecológico, la ley de aguas nacionales, la ley minera. El maíz transgénico está aqui, se siente el riesgo y no pedirá permiso a nuestras autoridades para entrar, tampoco requerirá de una ceremonia para cobrar vida entre nosotros. ¿Cómo hacerle frente?. Hoy, como en otros momentos, toca confiar en nosotros mismos, en nuestra fuerza y en la fortaleza de la colectividad; toca urgar entre las palabras de la ley, con la esperanza de encontrar una ventana que nos permita sentir que no todo está acabado. Eso es lo que han sido los estatutos comunales, una experiencia que por pequeña merece compartirse, pues hasta la más débil hoja, cuando se junta con sus pares, adquieren una dureza infranqueable. Es necesario decir que se enfrenta este riesgo en medio de un proceso de vaciamiento de las resoluciones presidenciales que amparan la propiedad sobre las tierras y los recursos naturales de los pueblos, mismo que inició con la reforma al artículo 27 constitucional en 1992, al que le han seguido un con-

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junto de reformas que van limitando e incluso anulando la propiedad comunal. Las nuevas leyes afirman que la "propiedad es de la nación", que tiene una "función pública", que debe satisfacer "el interés nacional", por tanto, el Estado debe establecer el control sobre su uso y disfrute; así, para usar el agua se requieren concesiones, para aprovechar los bosques, bancos de piedra, arena o grava, es indispensable un permiso, aún más, al sembrar maíz mediante el sistema de tumba, roza y quema, se puede llegar a configurar la falta administrativa de cambio de uso de suelo o el delito de daño al ambiente. ¿De qué somos propietarios?, ¿Qué implica contar con nuestros títulos de propiedad, frente al interés público que no contempla el interés comunitario?. De lo poco que este marco normativo nos ha dejado, es el reconocimiento de la comunidad como un sujeto constitucional dotado de personalidad jurídica, a cuyo amparo puede cobrar fuerza obligatoria sus decisiones de asamblea, que es reconocido como máximo órgano de decisión de la colectividad; el conjunto de estas decisiones se puede agrupar para dar cuerpo a un Estatuto Comunal, instrumento que no sólo debe detallar la norma, sino dejar sentadas las bases fundamentales de la organización y forma de vida en comunidad. Aquí, la comunidad agraria reconocida en el artículo 27 constitucional y la comunidad indígena reconocida en el artículo 2 de la Constitución federal, se armonizan para dar las bases a este instrumento jurídico, el Estatuto Comunal. Visto así, el riesgo que implica la liberación del maíz transgénico, se aborda y se regula como un ejercicio de contención, pues se adopta la decisión de continuar el trato respetuoso y de mutuo aprendizaje con el maíz propio, se acuerda evitar el cultivo de cualquier semilla de fuera que implique un riesgo de contaminación, se declara a la comunidad como zona de origen y centro de diversidad en donde la presencia de semillas transgénicas rompería con esta tradición ancestral. Si la decisión es todo el colectivo y sus autoridades están obligadas a vigilar el cumplimiento de este acuerdo, es evidente que cualquier contaminación, en su caso, será ajena a la voluntad comunitaria. A la par, el derecho a la autonomía, la propiedad ancestral, la relación especial con la tierra, nuestros sistemas normativos indígenas, adquieren especial sentido en los estatutos comunales, pues representan la decisión comunitaria en ejercicio de derechos tutelados

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De igual modo, queda prohibido a cualquier persona que ingrese a la comunidad por cualquier motivo, introducir semillas o plantas genéticamente modificados. Artículo 98 , Estatuto Comunal. Constitución y los tratados internacionales sobre derechos indígenas

en la Constitución y los tratados internacionales sobre derechos indígenas. En San Juan Otzolotepec, Mixe, una de las comunidades que ha reglamentado en su Estatuto Comunal el riesgo del maíz transgénico, determinó: ARTÍCULO 96.- La comunidad se reconoce como comunidad cuya existencia y desarrollo se funda en el cultivo y consumo del maíz como ha sido desde tiempo inmemorial(…) forma parte de las comunidades cuyos antepasados domesticaron y desarrollaron su cultivo, constituyendo así una comunidad centro de origen que ha preservado y desarrollado su propia semilla. ARTÍCULO 98.- La comunidad, para todos los efectos legales declara que todo su territorio hasta el día de hoy, se encuentra libre de semillas, plantas y animales modificados genéticamente. Asimismo, determina su decisión firme e irrevocable de mantenerse libre de semillas, plantas y animales genéticamente modificados. Para este efecto, se prohíbe a todos los comuneros el uso de cualquier variedad de maíz genéticamente modificado. De igual modo, queda prohibido a cualquier persona que ingrese a la comunidad por cualquier motivo, introducir semillas o plantas genéticamente modificados. En la comunidad están conscientes que su decisión es pequeña, que no impacta ni preocupa a quienes promueven el uso de los transgénicos; sin embargo, saben también que con ella disminuyen en una pequeña dosis el riesgo que se cierne sobre sus semillas nativas. Y aunque pequeño, es un grito firme.

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* Abogado mixteco. Integrante de Servicios del pueblo Mixe (Ser)

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“Los pueblos

siguen vivos por su maíz nativo” E

RAMÓN VERA HERRERA

l comunalismo en Oaxaca es de larga tradición. Esta corriente de vida ha insistido desde sus planteamientos más antiguos en* que la siembra de maíz, el cuidado de la milpa (produciendo aunque sea parcialmente sus propios alimentos) es lo que ha mantenido la posibilidad de los autogobiernos que aún se ejercen, vitales, mediante sistemas de cargos tradicionales, agrarios (comunales, ejidales o cooperativistas) e incluso municipales. Ocurre por igual entre los zapotecos de la sierra y del istmo, mixtecos, chatinos, chinantecos, mixes, mazatecos, ikoods o triquis.

Esta misma tradición posibilitó la amplia reflexión que, en torno al maíz, ocurrió cuando se detectó la contaminación transgénica del maíz en siembras de la sierra Norte, desde la vuelta del siglo XXI, y posibilitó el proceso autogestionario de diagnóstico que la Red en Defensa del Maíz emprendió poco después para confirmar la contaminación e insistir en que la mejor curación posible era sembrar maíz nativo y defender, completa, la vida de los pueblos del maíz. En ese tenor, a finales de abril de 2013, se celebró en San Luis Beltrán una preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos Capítulo México, para juzgar al Estado mexicano por contaminar con maíz transgénico las comunidades de varias regiones oaxaqueñas. Fungieron como dictaminadores, Camila Montecinos, de la organización internacional Grain; Joel Aquino, autoridad moral de Yalálag en la sierra Norte de la entidad, y Gustavo Esteva, de la Universidad de la Tierra. Asistió como testiga de honor Vandana Shiva. Las organizaciones y comunidades sistematizaron sus agravios en por lo menos seis grandes casos y múltiples testimonios, y en una acusación general que resumió la integralidad de la guerra abierta contra ellas. Gabriela Linares, de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca, denunció: “El cinismo, la irrespon-

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sabilidad y la perversidad con la que trataron el problema [de la contaminación] la pudimos constatar en diciembre de 2001, cuando el entonces titular del Instituto Nacional de Ecología, el doctor Ezequiel Ezcurra, acompañado de la doctora Sol Ortiz, llegaron a la sierra Norte para decirnos que los transgénicos que habían llegado a México eran inocuos para la salud humana. Dijo que no debíamos preocuparnos por sembrar semillas transgénicas porque pensaba que la contaminación iba a desaparecer; que así había pasado en otras partes del mundo”. Teófanes Josefina Santiago, de la Organización de Agricultores Biológicos de Oaxaca dijo: “Las leyes de semillas están hechas a conveniencia de las empresas semilleras trasnacionales, como Monsanto, Syngenta, Novartis y otras, para favorecer la siembra de transgénicos. No les importa los daños que están causando en nuestras semillas, porque no toman en cuenta nuestra palabra y observaciones. Si entran las siembras comerciales de transgénicos, cómo nos vamos a sentir libres para sembrar nuestra semilla nativa”. En la acusación general que presentó Tequio Jurídico, se resumió la situación de todas las regiones: “La introducción del maíz transgénico en México a través de las legislaciones hechas por el Estado mexicano en favor de empresas trasnacionales para darles certeza jurídica, arrebata las posibilidades de soberanía alimentaria, y debilita a los pueblos destruyendo con ello la integridad de las comunidades y sus territorios. Al autorizar la siembra de maíz transgénico en el territorio nacional, el Estado mexicano viola de manera sistemática el derecho sagrado a vivir como pueblos indígenas nuestra cultura con relación a la madre tierra y a las semillas; el derecho ancestral a mantener bajo nuestro cuidado y control las semillas de maíz que consumimos; el derecho vital a mantener nuestros pueblos con instituciones comunitarias fuertes; el derecho colectivo a mantener formas de vida comunitaria con identidad indígena; el derecho generacional a intercambiar maíces como lo hemos venido haciendo desde tiempos inmemoriales; el derecho a la elaboración y consumo saludable de los diversos productos derivados de nuestro maíz; el derecho al trabajo colectivo y organizado para cultivar parcelas comunitarias en nuestras comunidades; el derecho a la integridad de nuestros territorios y el derecho a la vida como pueblos del maíz”. En respuesta, el dictamen ofrecido enfatizó: ¿a qué se debe que ha sobrevivido el tequio en Oaxaca?, ¿a qué se debe que sobreviven los servicios comunitarios?, ¿a qué se debe que sobrevive el sistema de cargos?, ¿a qué se debe que sobrevive la medicina tradicional?, ¿a qué se debe que continúan las fiestas tradicionales comunitarias y haya una gran solidaridad entre las familias y entre los pueblos? Se debe fundamentalmente al sistema alimentario propio: al maíz. Por fortuna, en las comunidades todavía existen miles y miles de familias que resisten produciendo sus propios alimentos, porque no hay otra forma de defender que hacer posible la autonomía más que mediante la milpa. La única posibilidad de ejercitar la libre determinacion y autonomía de los pueblos consiste en que cada pueblo, cada familia, tenga la capacidad de reconstruir la autosuficiencia alimentaria del país y la soberanía alimentaria propia.

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* Integrante de Grain. Es editor responsable de Ojarasca y de Biodiversidad,

sustento y culturas

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Foro Internacional

Educación Superior y el Desarrollo Iberoamericano

En el marcol del

ANIVERSARIO

de su fundación y como parte de las actividades de la XXIV Cumbre Iberoamericana Veracruz 2014, la Universidad Veracruzana organiza el

Foro Internacional Educación Superior y el Desarrollo Iberoamericano 18 y 19 de septiembre Boca del Río, Veracruz, México Más de 40 rectores de universidades públicas de 23 países El debate y reflexión devendrá en la Declaración de Veracruz sobre educación superior para Iberoamérica Ésta se hará llegar a los jefes de estado y de Gobierno que se reúnan en la cumbre Iberoamericana para contribuir a la definición de políticas públicas y de acciones de cooperación Mayor información en: http:\\www.uv.mx\foro-iberoamericano\

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semilla MILPA: DE

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Mixteca México es centro de origen y diversidad del maíz y baluarte de la resistencia social contra el producto transgénico. Después de 18 años de siembra de maíz genéticamente modificado en Estados Unidos, su cultivo comercial no se ha autorizado en México, gracias a la amplia y constante oposición de la sociedad civil desde distintos y múltiples frentes.

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Jesús León Santos, campesino oaxaqueño de 48 años, recuerda que cuando era niño los abuelos no podían ver tirado ni un grano de maíz. Lo levantaban y prácticamente ofrecían disculpas, porque el grano era sagrado. Al hablar con la gente que conoce del campo, este es un recuerdo recurrente. “Esto es lo que somos, si no está el maíz o la tortilla en la alimentación no te sientes completo”, afirma. Jesús León también resguarda esta enseñanza y afirma que el maíz es la base de la alimentación y de nuestra cocina. “Ese valor que los ancianos le daban demuestra que el maíz es fundamental para la vida”, expresa en entrevista León Santos, quien en 2008 ganó el Premio Ambiental Goldman, considerado el Nobel de la Ecología. El reconocimiento le fue otorgado por su labor de más de 25 años para abatir la erosión en la Mixteca oaxaqueña con técnicas ancestrales de sembradío.

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El Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), organización que dirige Jesús León, realizó el libro Milpa: de semilla a salsa en la Mixteca, más que un recetario con la tradición local, destaca este sistema de siembra antiguo, que es la base del sustento, la cultura y el trabajo comunitario. Entrevistado a las afueras de Nochixtlán, León Santos señala que esta forma de alimentarse fue creada por los pueblos indígenas alrededor de sus sistemas productivos, de la figura de la milpa, “sigue siendo una de las formas de alimentación más sanas que existen”, como lo es consumir productos frescos, producidos en condiciones naturales y preparados a partir de la cocina tradicional. “Mi abuela vivió 99 años”, recuerda. Al entrar al mercado 20 de Noviembre, en el Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca, se puede constatar que el maíz es base en muchos de los platillos que se ofrecen en la mayoría los menús del antiguo edificio, visita obligada para todo turista: lo mismo tlayudas, tamales, atole, que enchiladas, que comparten la cocina tradicional junto a los realizados con otros ingredientes, como chocolate, mole, queso, chapulines y tasajo. Sin embargo, en el universo culinario tradicional, la milpa es el corazón. En 2010, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) otorgó la declaratoria de la comida mexicana como patrimonio inmaterial de la humanidad, destacó que es un modelo cultural completo que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos antiguos, técnicas culinarias y costumbres comunitarias ancestrales. Y a pesar de la gran diversidad de elementos, la estructura básica es el maíz, junto al frijol y al chile. Las tortillas y los tamales, ambos hechos con maíz, son el soporte principal de uno de los sistemas gastronómicos más elaborados de las cocinas regionales, se destaca en el acta publicada por la Unesco. Conservar la comida tradicional mexicana significa no perder costumbres como el consumo generalizado del maíz y otros productos que crecen en la milpa. El libro realizado por el Cedicam, aún en búsqueda de quien complete el proceso de publicación, como explica Jesús León, tiene que ver con la comida de la región Mixteca, basado mucho en la milpa y los cultivos alrededor de ella. Las formas alimentarias locales de las comunidades campesinas se centran alrededor de la tortilla, el frijol, la salsa y no debe faltar el atole. “Estas cuatro

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cosas forman parte de la comida común, lo que uno consume diario”. Este sistema alimentario “es un asunto de resistencia desde la llegada de los españoles, para seguir conservando lo nuestro: la cultura, los recursos, la forma de vivir. Ha sido una forma de defender la esencia de las comunidades, así como lo que han sido los pueblos, sus formas organizativas y culturales”. Sin embargo, se ha ido perdiendo esta forma de alimentarse, muy común cuando aún no llegaban productos industrializados y la comida se realizaba con lo que se producía en la milpa y las parcelas. “Le cuento a mis hijos de cuando era niño, básicamente comíamos cosas que se producían alrededor de la parcela, las calabacitas, los ejotes, todos los tipos de verduras, con tortillas y salsas. Era la forma común y no demeritaba la alimentación.” Aún se consumen atoles, tacos, pinoles, tejate, tlayudas y el maíz se aprovecha, también en forma de elote. Los colores del maíz, blanco, azul, rojo, determinan su uso. “Hace muchos años, en un tiempo en que faltaban alimentos, la hormiga roja confesó a Quetzalcóatl el secreto de la solución. Y él se transformó en hormiga negra, fue al monte de los sustentos y trajo a la tierra de la vida el más valioso de los alimentos: el maíz.” La leyenda está impresa en el menú del restaurante Itanoní, ubicado en la colonia Reforma, en la capital oaxaqueña, que promueve platillos hechos con maíz de las distintas regiones del estado y su rescate. Tescalates con diversos rellenos, quesadillas con maíz del Istmo, tetelas con granos de la Mixteca baja, maíz de altura, memelitas de la sierra Sur, pozole mixteco, tamales zimatecos, pan de elote, algunos guiños con el mestizaje y los tacos, el abrazo universal del maíz, son parte de la oferta de este restaurante que lanza la invitación: “conoce la riqueza de los maíces criollos”. Sus dueños, los ingenieros Gabriela Fernández Orantes y Amador Ramírez Leyva trabajan desde hace 14 años en este lugar que busca recuperar la tradición del maíz, en una ciudad en la que abundan gran variedad de restaurantes tradicionales y de cocina de autor, que enarbolan la bandera de la comida oaxaqueña. El maíz es hijo de la sabiduría prehispánica y símbolo de nuestra cultura. Es toda una cocina alrededor de esta forma de organización, para nuevamente, como lo hacían los abuelos, concebir este grano como sagrado.

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La CentraL de abasto es Considerada La más grande de LatinoamériCa y es visitada por 500 miL personas diariamente

Central Abasto

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Con el objetivo de abatir la delincuencia, la Central de Abasto ha implementado diversas medidas de seguridad a través del centro de monitoreo electrónico y sus 267 video cámaras de vigilancia inalámbrica. Este equipo que cuenta con el apoyo por radio del grupo de seguridad denominado “Los Linces”, quienes a través de 15 cuatrimotos se desplazan en el interior de las naves comerciales al reporte de cualquier eventualidad, así como la interacción con los elementos de la policía capitalina, que también supervisan. Se cuenta con un juzgado cívico, un ministerio público del fuero común y una agencia del ministerio publico del ámbito federal, a favor de la ciudadanía. Gracias a las medidas de supervisión automatizada, se ha logrado una amplia disminución de los índices de delincuencia, dando como resultado una reducción en incidentes delictivos de 40 por ciento menos en comparación al año 2010.

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Y LA CULTURA DEL MAÍZ Nunca en la historia de la agricultura y la alimentación ha habido una concentración tan grave de la industria de semillas,

llave de la red alimentaria

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ucha gente no entiende que sembramos no tanto para obtener ganancia, sino para asegurar la alimentación para la familia durante uno o dos años”, expone Juana Vázquez, mujer luchadora en defensa del maíz. Desde su natal Villa Hidalgo Yalalag, en la sierra de Juárez, en Oaxaca, ha levantado la voz para prevenir sobre el uso del maíz transgénico.

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En entrevista, conversa sobre su experiencia: “Hemos estado atentos a la defensa del maíz, que no siga el gobierno mandando paquetes para que los campesinos sientan que tienen ayuda, pues no sabemos qué tipo de maíz están ofreciendo. Esa es nuestra preocupación”. Durante una breve estancia en la ciudad de Oaxaca, esta mujer zapoteca que lo mismo difunde información en la asamblea de su pueblo, participa en muestras de arte, traduce libros al zapoteco o colabora con investigaciones académicas, conversa sobre la defensa emprendida por los pueblos para resguardar la semilla originaria. “De generación en generación nos dicen: 'tienes que conservar las semillas de maíz, frijol, calabaza'. Hasta ahora estoy entendiendo por qué esa recomendación. Si no tenemos maíz en la casa, vieras qué angustia da”, expresa la mujer, ya de cabello cano, de piel morena y oscuros ojos chispeantes. Por eso la importancia de su alerta ante el maíz transgénico, pues comenzó a ser monocultivo. “En nuestra parcela siempre tenemos guías de calabaza, frijoles, quelites, cantidad de yerbas que se dan en la milpa. El maíz es fundamental en la vida de los pueblos”, describe. “Hay conciencia de que el maíz que se lleva a las comunidades está causando enfermedades, la gente está muriendo de cáncer, de diabetes, de hipertensión”. Relata que sus padres o abuelos vivían hasta los 80, 90 o hasta más de cien años. La conclusión es que se utilizaba todo lo que sembraban, además de que con ese maíz alimentaban a las gallinas, el ganado comía totomoxtle o zacate. “En ese entonces, con poner al sol los granos destinados a almacenarse bastaba para matar a los gorgojos,

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“Cuando el hombre cumple un cargo en el pueblo, la mujer asume

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plagas que se comen el cultivo. Hoy, con las nuevas semillas, unos gorgojos rojos no se mueren, ya no es posible asegurar el alimento”. La comunidad indígena en Yalalag, enclavada en las montañas, ha vivido durante décadas una lucha por la autonomía y la libre determinación de los pueblos, también ha visto emerger el papel de la mujer. Así lo relata la activista. A veces, había casos en que los hombres decían: “¡Ay, pareces mujer!” Entonces, Juanita Vázquez les decía a las compañeras: “no permitas que digan eso, que pareces mujer. Nosotras también podemos decir eso, 'pareces hombre', porque ellos se van a la cantina, si no tienen una copa, no dicen nada. Entonces, no se vale que nos hablen de esa manera, ustedes también deben defenderse. Así las compañeras han ido haciendo uso de la palabra en la asamblea”. El tequio, parte de los usos y costumbres indígenas, que consiste en brindar servicios a la comunidad sin pago alguno, ha sido parte de este proceso en el que la mujer ha hecho valer su participación. “Cuando el hombre cumple un cargo en el pueblo, la mujer asume 60 por ciento del trabajo agrícola. Por eso decimos que también se tiene que considerar su participación. Y claro, desde hace mucho, cuando reclaman que venga un hombre porque la mujer no sabe opinar, ahora responden: '¡Cómo que

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del trabajo agrícola

no sabemos opinar! Ustedes deben saber que cuando nuestro marido cumple un cargo, nosotras asumimos lo que él deja de hacer, por eso también debemos opinar, no pueden decirnos que no tenemos derecho a participar'. Nuestra palabra vale”. Todavía hay muchos hombres así, comenta. “Pero ya es menor que en otros lugares el negar la participación de las mujeres. Dicen que es por usos y costumbres, pero lo mismo se ve en la ciudad, donde hay muchos intelectuales y profesionistas. También ésta ha sido la lucha contra un sistema machista que pesa sobre nosotros”. Juanita recuerda el papel que juega el maíz en la vida comunitaria de los pueblos desde que era niña. “Todo ha cambiado de 15 años a la fecha. En mi época, cuando yo crecí, todos estábamos integrados al campo, las familias llevaban a sus hijos, los niños teníamos que ayudar a deshojar la mazorca o acompañar a los papás al campo. Desde ahí uno aprendía el significado de tener maíz en la casa. Te decían: 'recoge ese grano que está tirado, no lo pises, porque está llorando. Es tu vida, es tu alimento”. Después, hubo una lucha política muy fuerte en Yalalag. “Las compañeras que ya están descansando bajo tierra fueron las que me involucraron en la lucha del pueblo. Eran compañeras analfabetas, pero con una gran claridad, porque habían vivido situaciones difíciles en su tiempo y ayudaron a sus maridos”. Cuando Juanita Vázquez estudiaba medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México la llamaron para incorporarse a la comunidad. Dejó su carrera en el segundo año y regresó Yalalag para seguir el trabajo del campo. “Eso forma parte de nuestra vida. De los otros compañeros que también estaban estudiando, ninguno regresó”. Dedicada su vida al campo, Juanita Vázquez opina que las autoridades responsables de promover el desarrollo no conocen la realidad de este país. No se promueven apoyos para los verdaderos campesinos. “Sabemos que hay gran cantidad de dinero para el campo, pero no llega, y si lo hace, es con un proyecto mal diseñado. En el campo no hay quien pida limosna, porque todos trabajan. Si no tienen maíz que comer, traen un tercio de leña y la venden”. No rinde, ella lo sabe bien. “Nunca va a ser redituable, porque la producción no es para vender. Además, hay que ver la calidad del maíz comparada con la que ellos producen, Esas personas no están acostumbradas a consumir tortillas de calidad Sobresale esa incomprensión, Sobre todo los gobernantes no van a entender el espíritu de por qué defendemos el maíz: porque lo es todo. Ahí están las tradiciones religiosas, la cultura, la lengua, todo”.

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a leyenda zapoteca cuenta que Shi’bdao son lucecitas que reparten la fortuna para una abundante cosecha, principalmente de maíz, que es sagrado. En la sierra Norte de Oaxaca, en San Juan Tabaá, Shi’bdao da nombre a un grupo de teatro comunitario.

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Con la puesta en escena de La diosa del maíz reparten conciencia sobre la importancia del cultivo natural de esta semilla, fundamental para los mexicanos, sobre todo para los

grupos indígenas. “Xhua dao nako blao ka xnoaxhe. Maicito, eres sagrado como la doncella”, dicen en su mensaje en lengua zapoteca y en español. Melitón Bautista Cruz, fundador del grupo, cuenta que desde tiempos inmemoriales ha existido teatro en los pueblos. Así como lo hacían los ancianos, que improvisaban, se vestían de mujer y daban la voz. “El teatro occidental trae elementos de

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afuera, habla de los grandes autores. Pero el teatro indio no ha sido visto, a la dramaturgia de los pueblos nadie le hace caso”, afirma en entrevista. El teatro comunitario rompe la técnica occidental y trata de revalorar la tradición, porque en los pueblos ha habido danza y teatro en zapoteco, aunque se dejó de hacer porque han dicho que no sirve y que lo que debe hacerse es el teatro de la ciudad. Ahora, Shi’bdao propone retomar elementos vivos y convertirlos en un teatro real, originario y comunitario. Así habla don Meli, como lo saludan en su andar por las calles de Oaxaca. En una de las escenas de la obra, el ingeniero agrónomo llega de parte de una dependencia del gobierno ante la asamblea comunitaria. Les ha traído dos productos maravillosos: el fertilizante, que ya conocen, y ahora, algo mejor, se llama maíz transgénico. “Les va ayudar a que tengan mejores productos, no va a necesitar fertilizantes o químicos, y les va a dar bastante. Además, así ustedes no pierden su tiempo en adorar a Quetzalcóatl, el dios del cielo. Eso no sirve”. Se trata de una escena de la obra La diosa de maíz, representada en comunidades, como ha ocurrido desde el 2008. Finalmente, el ingeniero se retira ante la negativa de la asamblea, no sin antes advertir: “Pero cuando quieran algún apoyo, quédense con su ignorancia, pinches indios”. Don Melitón expone que el maíz transgénico está rompiendo la comunalidad, los principios que permiten el entendimiento entre unos y otros. La obra, como se explica en un tríptico que acompaña a las

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representaciones, pone en la mesa de análisis una visión mítica, educativa, crítica y cultural que sirva para comprender los impactos nocivos de las ideas y prácticas externas introducidas en los pueblos originarios. El grupo de teatro comunitario surgió en 2008 e integró a jóvenes estudiantes de nivel medio superior de diferentes comunidades de Oaxaca. El compromiso desde su nacimiento fue fomentar el teatro comunitario y compartir sus “luces de sabiduría”. La reflexión es alrededor de temas que impactan la vida cotidiana de las comunidades, como la importancia del cultivo del maíz, el fortalecimiento de la lengua zapoteca, el ritual como permanencia de la identidad de los pueblos indígenas y revalorar la vestimenta, la música y las danzas tradicionales. El fundador del grupo recuerda que le pidieron escribir la obra en 2008 para un encuentro en defensa del maíz. El estreno planeado en Monte Albán fue prohibido. Después surgió la invitación para presentarla en diversos lugares de Oaxaca, como en San Juan Tabaá, Tlacolula, Ocotlán de Morelos, Playa Cangrejo, Morro Mazatlán y la plaza de Santo Domingo, en la capital. Describe que la primera escena es el ritual a la diosa del maíz, el simbolismo de la madre tierra. Antes de labrar el campo se le ofrece lo que se consume y alimenta en una fiesta. A lo largo de la representación destacan tres elementos fundamentales de la comunalidad: el maíz, la mujer dadora de vida y la vara de juramento. Don Melitón Bautista también es autor del libro Memoria

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histórica de Tapa-baa: la defensa de la tierra, los espacios sagrados y los principios de la vida comunal en San Juan Tabaá. No sólo hace teatro, también es invitado con frecuencia a dictar conferencias sobre la comunalidad, que en sus palabras, es un sentido de vivir bien en común, de respeto al anciano, porque “ahora se dice que ese indio no sirve, lo que sirve es Internet. Se está perdiendo la educación comunal”. La comunalidad tiene en la milpa su base material, así se expone en el texto La flor comunal, de Juan José Rendón Monzón, fallecido en 2005, y quien fue uno de los constructores de este concepto, retomado por el movimiento magisterial oaxaqueño. Consideró que la comunalidad es una forma de vida de los pueblos indígenas que les ha permitido resistir por más de 500 años. “Es la base de la cosmovisión y organización de los pueblos originarios, es la semilla que contiene la esperanza de reconstitución de la nación mexicana a partir de la autonomía”. El cultivo de la milpa es el centro de la cultura y modo de vida de los pueblos de origen mesoamericano, base de su sustento. Es el elemento central y representativo de la comunalidad, en la que también se integran el territorio, el poder po-

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lítico, las fiestas y el trabajo, como la guelaguetza y el tequio. Además de la educación tradicional, la lengua originaria y la cosmovisión. Y el teatro de Shi’bdao se propone en este contexto, donde la autoridad es la imagen del honor comunitario. Don Melitón destaca durante la conversación que se refieren al bastón de mando, y eso está mal dicho, pues es una imposición para mandar y oprimir. En cambio, la vara de juramento apela a la gran responsabilidad que asume la autoridad. Con el sonido de la música de banda, el teatro comunitario incorpora la danza, el ritual, la vestimenta, la lengua originaria y los temas que los jóvenes creen conveniente, pero con un valor comunitario. En este caso, el maíz. Parte del mensaje es decirle al niño que se incorpore al campo y explicar a la comunidad las razones para seguir cultivando nuestro maíz. “Mi interés es que no sea una obra de chiste, sin sentido educativo y comunal”, afirma Melitón Bautista. Y agrega, “hablar de transgénicos ahorita, es hablar de Monsanto, y no es fácil”.

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Suplemento editado por La Jornada: 09/14/20014

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