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Juan Emmanuel Ponce de Le贸n

POEMAS AYER

(El pasado que digo entre poemas)

Ediciones del Le贸n Taurino Digital


Juan Emmanuel Ponce de Le贸n

POEMAS AYER (El pasado que digo entre poemas)


POEMAS AYER (El pasado que digo entre poemas) 2013 © Juan Emmanuel Ponce de León www.jeponcedeleon.com.ar juaneponce@hotmail.com

Ediciones del León Taurino Av. Hipólito Yrigoyen sn Anchorena (CP 6389) San Luis – Argentina Ilustración de portada: Fotografía de Mariana B. Ponce de León marianabponce@hotmail.com


A Catriel Guillermo Ponce de León. A Jonás Emmanuel Ponce de León A María Alejandra Pérez


Antes, la navidad me cuidaba desde el pesebre. Los pastores, los perros y los balidos de yeso se refugiaban de las tormentas bajo el pino. Dios no me conocía y yo creía conocerlo. El agua era un trozo de vidrio. La familia ensayaba la misma pose sagrada. Con mis hermanos plenos de inocencia abríamos regalos. Ya no puedo creer en todo eso, desperté de aquel sueño feliz.

(Del libro “La finitud del vuelo” – 2008)


El campanario ahorca fantasmas. Y como notas, se desprenden de él docenas de palomas.

Cada vez que escucho las campanas de mi pueblo miro al cielo y espero el nacimiento de mis alas... (Del libro “La finitud del vuelo” – 2008)


ALEJANDRA PIZARNIK Ayer masticó olvidos en ayunas.

Descascarada la tierra también escuchó el grito de tu voz enfurecida rompiendo horizontes de silencios, rompiendo, armando y volviendo a romper el poema.

Decapitadas muñecas gritaron con rocío en la voz en la altura del relámpago que amanece: ¿cuántas veces matamos a los hijos que no tenemos? (Del libro “La finitud del vuelo” – 2008)


ENCIERRO Distraigo una idea con tu nombre. Un color, un abrazo de río que lloran mis poros. Tu nombre es un peldaño insustituible para alcanzar a la noche, una red para atrapar la joven vejez de la memoria, un silencio que se llena de música.

Como si fuera posible atraparte, te encierro en un sueño y me despierto. (Del libro “La finitud del vuelo” – 2008)


REGALO Al tiempo que la minúscula gota de agua se suicida en el río y lo desborda trae un reflejo de sombras húmedas, para que con todo eso y espuma le pintes un rostro a la muerte, y a tu niñez desnutrida de juegos, de amigos, y palomas… (Del libro “La finitud del vuelo” – 2008)


LA SIESTA

Despierta la una de la tarde, y el hombre de la bolsa, la solapa, y el ropavejero… vienen y me acarician el sueño.

Y el viento recuesta su quietud en los árboles. (Del libro “La siesta inesperada” – 2010)


PATIO DESOLADO “Todo lo que he perdido dice de mí”. Luis Alberto Salvarezza En la casa hubo una enorme pileta. Una pila bautismal donde poner a dormir los pecados.

Desarmaron con ella mi niñez y las ganas de fingir un río en el patio de mi infancia.

Ahora no tengo dónde ahogar mi pedazo más humano y más triste…

(Del libro “La siesta inesperada” – 2010)


PREGUNTAS “¿A Quién no le sobra tristeza?” Araceli Delsart

¿Con qué recorto una calle de mi pueblo para hervirla en un volcán y sentir su aroma a ausencia de cementerios, y de asfaltos postergados? Para beberme los saludos de su gente en una infusión de nostalgia.

Para morder su corazón de mate amargo a la siesta, y recorrer con los ojos cerrados todos los templos de la niñez apresurada.

Caseros cercado por el campo y el espinillo se me evapora como una idea infinita de silencios.

¿Con qué tijeras se recortan las tristezas?

(Del libro “La siesta inesperada” – 2010)


CAMINO DE REGRESO “Tengo una reina del silencio en la cocina…” Orlando V. Rébora

En mi niñez no arrojé monedas a la Fuente de la eterna juventud. Las gasté todas en caramelos, fichas de metegol o en grandes y ruidosas máquinas de videojuegos.

Y ahora, sin los trozos de pan que me señalen el regreso le tiro una lágrima al recuerdo reclamándole la magia de las felices inconsciencias.

A mi hijo, le he llenado los bolsillos de monedas. Lo saco a pasear. A curar la calle del espanto.

No guarda las monedas para la fuente. “Sigo tu ejemplo” – me dice, y me trae un chocolate enorme en un beso marrón y blanco.

Y la fuente sigue seca. Seca y pobre de regresos. (Del libro “La siesta inesperada” – 2010)


“Quiero otro día así, quiero otro día para gastarme el niño que me queda” Juan Manuel Alfaro

Colgué el mural del destierro, sé que la noche no trae los pájaros del litoral a la ventana de la memoria. Ni que las arpías forjan mitologías en un corazón abierto a los caranchos. Siempre es la noche oscura cuando es más el vino y menos la sangre en los recuerdos. Hay también un fuego demorado en una muchacha. Hay un silencio cobarde en el ojo del destino.

Y mi alma sin camino enmienda los errores de mi suerte.

Cuando sea litoral el canto último sabré que no habré vivido en vano.

(Del libro “Final de la calle” – 2013)


Envenena más el reloj que la serpiente.

Como en una visión vi un monte de caldenes sujetando la mañana de los pueblos. Vi una mujer crucificando la felicidad y calmando con vinagre la sed del mundo. Vi un cementerio plagado de bichos de luz como fuegos en la noche. Me vi desnudo y entendí los crímenes del azar, los abortos y la memoria.

Las lágrimas son siempre menos que el rocío tempranero, menos que una copa de vino en la madriguera del hombre solitario.

Quiso el canto que descuelgues mi fortuna con un beso.

(Del libro “Final de la calle” – 2013)


El cencerro recoge sombras de mugidos. Todo el campo se viene encima y no es el Birnam.

Parece una ola y no es el mar, es un vaso en medio de la noche donde nacen peces que se paren con el ojo.

(Del libro “Final de la calle� – 2013)


Buscaba el árbol debajo de la cama (y la cama era toda de árbol, sí, como la de Ulises) y encontré tu voz salada, tu muerte de mar.

Liberé del armario el disfraz de poeta, los fantasmas y las amantes.

Te busqué por toda la casa.

Encontré el aire y me suicidé a bocanadas tragando el silencio de los muertos.

(Del libro “Final de la calle” – 2013)


“Padre, desde los cielos bájate, he olvidado las oraciones que me enseñó la abuela.” Juan Gelman

Dime por qué, Dios, te he abandonado. Por qué libre de pecados arrojo piedras a tu cara de mar. Dime por qué, Dios, crucifico mi soledad como a un niño. Dime por qué te creí una noche y me hice cómplice de una pasajera felicidad.

Belén no fue esa ciudad de áridos caminos, de arena, de pesebre, de Biblia.

Belén fue una mujer, tan rica en hambre como tu nacimiento.

(Del libro “Final de la calle” – 2013)


Vacío mi memoria para llenar la luna.

Ahí está el árbol, la cama que fue otro árbol, la mesa que fue otro… las sillas, los marcos de los espejos, las bibliotecas… los pianos…

Las cosas que fueron árboles están en mí.

Aferrarme a ellas es hacerles latir un corazón de madera que las hace eternas, hasta mi muerte.

(Del libro “Final de la calle” – 2013)


Conozco a mis fantasmas. Puedo nombrarlos o cantarles una canción de cuna para que despierten. Y aunque cada tanto fingen obediencia, nunca dejan que sus látigos erren a mis cicatrices. ¿Hasta cuándo va a durarme este pasado?

(Inédito)


Te miro. Intento mirarte a los ojos y mi voz es tan cobarde que deja que te vayas, aunque grita, grita mi voz para sus adentros y me ahoga. (InĂŠdito)


9 El viento pasa con sus ganas de bruja con su cara y su voz de bruja que se extiende por todo el pueblo y deja en el alambre de pĂşas las costras del cielo. Sin embargo las ventanas se quedan Impasibles esperando el incendio para que se desboquen las brujas y si cenizas, el viento. El viento para siempre. (InĂŠdito)


15 A una casa en Villa Mercedes (San Luis)

La casa de puertas tristes en Dupuy y Avenida Mitre la mĂĄs despoblada de gente desnutrida de voces y jazmines que se conjugan en pasado, perdida en el medio de una selva del pleno centro de Villa Mercedes casi ni se ve pero se siente latir, llaman sus fantasmas desde el fuego lamen las piernas oportuna sal visitante empedernido en discutir el precio y el grito. Es triste ver cuando una casa ruega que la compren. Baja los tapiales como si fuesen ojos en la vergĂźenza.

(InĂŠdito)


Clavabas las agujas cuando el crepúsculo anunciaba el color. Te reías y prometías volver a la infancia de las mariposas.

(Inédito)


Acodado a mi existencia me hago extranjero en el bar de siempre donde domingo a domingo invento en mis ojos un partido de fútbol. Hubo días mejores en los que me atrevía a gritar abiertamente los goles abrazándome a mis amigos Vengo a este bar a atarme los brazos y a coserme las puteadas en el alma. Y también, cada tanto, a sentirme geográficamente lejos hasta que una jugada en la televisión me distraiga y me devuelva.

(Inédito)


Somos los fragmentos del ĂĄrbol que aĂşn perviven en el tronco solitario. A medio monte se ve. Con el trigo raso burlando la mordida nunca esquiva de la muerte. Y en medio a medio de esa nada partida a la mitad un retrato de cicatrices sucede.

(InĂŠdito)


Cuando volvíamos de la ciudad mi padre solía apagar las luces del auto en medio de la noche pero no como una prueba de hombría sino para que sepamos cómo se ve con los ojos a secas y las pupilas plenas, como si al apagar las luces evitáramos el crimen de atropellarla. El cielo se abría siempre estrellado. Próximo al hipódromo nos contaba que para él cuando llovía, en ese punto las tormentas eran más fuertes “acá hay un ojo de tormenta”, “o debe pasar algún meridiano secreto” – decía y nosotros no nos preocupábamos por si era verdad o un cuento narrado a oscuras al pie del camino. Pero volviendo al ejercicio de apagar las luces cuando sólo éramos unos hombrecitos andando una ruta desierta y negra, solíamos abrir las ventanillas y respirar profundamente captando lo que con los ojos no podíamos y entonces la noche plena inundaba al viejo Citroën bordó que a estas alturas ya parecía que volaba.

(Inédito)


Juan Emmanuel Ponce de León nació en Caseros, Entre Ríos el 17 de mayo de 1982. Actualmente reside en Anchorena (San Luis) lugar donde ejerce la docencia para la Universidad de la Punta. Editó los poemarios: “Tinta como sangre” (2003), “Los silencios y la palabra” (2006), “Patio de infancia” (2006), “Voces atrás” (2009) y “Poemas ayer” - El pasado que digo entre poemas (2014). Con el poemario “Poemas ayer” se incluye un CD con 11 textos leídos y musicalizados por el autor. Editó tres libros de poesía: “La finitud del vuelo” (2008, Premio ESCENARIO Diario UNO de Entre Ríos), “La siesta inesperada” (2010, Premio Instituto Cultural Latinoamericano & Editorial Aries) y “Final de la Calle” (2013, Premio Editorial Dunken). Actualmente la Editorial De los cuatro vientos se encuentra trabajando en "Cuaderno de la infancia país". Recibió las siguientes distinciones por sus trabajos: Mención en los Juegos Florales Provinciales "Luis Gonzaga Cerrudo" (SADE, 2002). Tercer premio en el Concurso de Poesía "Uniendo voces" (club de Leones, 2005). Primer Premio en el "III Certamen de Poesía Homenaje a Dora Hoffmann", (SADE, 2006). Tercer Premio en el Certamen "Nuevos Autores 2" (Ed. De Entre Ríos, 2006). Primer Accésit en el Certamen "I Certamen de Poesía y Narrativa Palabras Diversas" (Madrid, España, 2006). Ternado para el Premio ESCENARIO en el Rubro Letras / Poesía, por su poemario "Los silencios y la palabra". (Diario UNO, 2007). Primer Premio en el "V Concurso internacional de poesía y narrativa" (Instituto Cultural Latinoamericano, 2008). Primer Premio en el "Certamen literario nacional Poeta Beatríz Naidenoff" (SADE, 2008). Mención en el Certamen Literario 2008 (UTN-FRD). Premio ESCENARIO en el Rubro Letras / Poesía, por su libro "La finitud del vuelo"(Diario UNO, 2008). Mención en PREMIO "ANTONIO ESTEBAN AGÜERO DE RELATO Y ENSAYO" (SADE, 2012). Primer Premio en Certamen "Poetas y Narradores contemporáneos", organizado (Ed. De los cuatro vientos, 2012). Premio Selección de textos (Ed. Dunken, 2012). 3er Premio en 5to Certamen Nacional de Poesía y Cuento "Jóvenes escritores Argentinos" (Ed. Mis escritos, 2013). Mención en 12do Certamen Internacional de Poesía y Cuento (Ed. Mis escritos, 2013).

Su obra aparece en una veintena de antologías nacionales.

juaneponce@hotmail.com www.jeponcedeleon.com.ar

Poemas ayer (Juan emmanuel Ponce de León)  
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