Escenario prestado acto 3

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acto # 3

sakkei

escenario prestado


las palabras no te llevan a la verdad. un sistema de notas para estar en el mundo. nietzsche es una persona que escribía con palabras como si fuera un sistema

armónico. la filosofía es una ventana musical. el deseo existe en un determinado momento. filósofos en relación con la música, hay una traducción ahí?. las

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La vista de un jardĂ­n de frente que muta en pequeĂąos ciclos pide prestado un paisaje de fondo. El pasto se expande en las paredes y toca los bordes que no son claros a pesar de estar contenidos en un cuadrado blanco. M.A.G.



escenario prestado En el marco del cronograma de muestras 2016 de la galería Gachi Prieto desarrollamos el ciclo Escenario Prestado, espacio que propone un acercamiento distinto a la experiencia con la obra: escritores, artistas y curadores son invitados a escribir textos que surgen de una serie de encuentros con la única consigna de pensar la obra como disparador. El ciclo se propone construir de forma colectiva un discurso poético, un entramado de voces que desde la literatura devele otro recorrido en el contacto con las artes visuales. Organizado en seis actos, presentamos el segundo en el contexto de la muestra Las personas no van juntas de Lihuel González curada por Sebastian Vidal Mackinson, con textos producidos por Julián León Camargo, Lorena Fernández y Lucía Dorin.



Las personas no van juntas Esta exposición reúne piezas audiovisuales que diagraman sobre el concepto de la traducción. Si ésta es una actividad que comprende la exégesis del significado de un texto en una lengua para guiarlo hacia otro, su objetivo es crear una relación de equivalencia entre ambos, el discurso original y el final. Es decir, instaurar la confianza ciega de que ambos comunican el mismo mensaje. La diferencia entre ésta y la interpretación reside en que en la última, las ideas se expresan oralmente o mediante la gesticulación de una lengua a otra. Las personas no van juntas ocupa la sala con cuatro videos y una pequeña escena compuesta por un libro de partituras y un atril, esperando a ser activados por un músico. Diagrama sobre la capacidad interpretativa, figurativa y de apropiación de esta actividad. Esta exposición, entonces, da a ver una narrativa consecutiva basada en la ficción de estar presente en una traducción en simultáneo del discurso de un filósofo sobre el deseo de Nietzsche para que Zaratustra fuese la continuación de la novena de Beethoven. Así, esta propuesta le sirve de puntapié para construir un discurso sobre la posibilidad de la relación de la traducción entre las palabras y música. A su vez, este encadenamiento intelectual es apropiado y traducido a la lengua inglesa, y este primer resultado de mezcla, hibridación y resolución es sometido al mismo proceso hacia la lengua alemana. Este ciclo secuencial de traducciones se completa, lingüísticamente, por el paso del alemán al castellano, el idioma original en el que construyó pensamiento nuestro primer personaje. El discurso original son palabras de un filósofo construyendo pensamiento. Una persona de pie enmarcado en un primer plano que se muestra entre la acción de recordar, de entablar relaciones, de anudar las relaciones que se hacen presentes en la palabra hablada en función de transmitir conceptos. Es una relación entre la potencia de la palabra, el pensamiento y los gestos que se suceden en su construcción. Es este anudamiento de posibles significaciones el que se corporiza en cada instancia de su traducción y lo que podemos ver es la concentración de cada agente intentando ser lo más fiel posible al discurso que recibe, discurso que es apropiado por cada uno de ellos y que se vuelve indefectiblemente poroso. Sentados, de frente a cámara, la atención se pone en sus rostros concentrados, recibiendo información, procesándola, gesticulando. Un catálogo de gestos en tensión, curiosidad y atención. A su vez, el libro de partituras vuelve a operar la transmisión. Estas partituras es música tomada de los cuatro discursos, apropiadas por un músico y activadas en diferentes momentos a lo largo de la exhibición. El vocablo traductio, que puede definirse como la acción de guiar de un lado para otro, está compuesto por tres partes diferenciadas: el prefijo trans-, que es sinónimo de “de un lado a otro”; el verbo ducere, que significa “guiar”; y el sufijo –cion, que equivale a “acción”. Guiar en la acción de un lado a otro, de una lengua a otra, de un lenguaje a otro. Las personas no van juntas da a ver un performance coral de índole visual tomando a un conjunto de palabras como base. Esta toma de posición por cada agente (filósofo, traductores, músico) se presenta como retratos audiovisuales de cada uno. Retratos que demandan el acercamiento físico a cada uno para así percibir y captar los rasgos particulares de cada uno en las modulaciones de sus voces, en las entonaciones corporizadas, en los gestos presentes. Construcción de pensamiento que se hace visual por medio de gestos, ademanes, tics. Casi como un catálogo. Sebastian Vidal Mackinson Agosto 2016


Las personas no van juntas Lihuel Gonzรกlez


Gustavo Varela


las personas no van juntas, las personas no van juntas, las personas no van juntas, las personas no van juntas,







Un nido escondido y en silencio. Tibio todavĂ­a. Tres aves diagraman un ritmo etĂŠreo en la penumbra de un cielo indescifrable. Una cuarta, en la hojarasca, trina breves celajes de sonido. La luz alimenta un paisaje musical. DesafĂ­o al receptor, elegir vuelo o arrullo.


Apenas traen los movimientos un mensaje habitado por gestos y mirada. En un torbellino de susurros se percibe la sincronía disuelta en músculos que hablan Sucesión de cuerpos inciertos donde la mirada busca un territorio imperceptible para la densidad de sentidos Como insectos salvajes las palabras corren se dislocan tal vez nadan en sonidos ávidos de recepción Hay otro sistema que traduce la verdad: la luz definitiva inventa en el ojo una trama de versiones efímeras—

Lucía Dorin






NEGRO

-Hay algo que tengo que decirte. Lo tengo atravesado hace rato y tengo que decírtelo. Estuve pensando en lo que estas haciendo ahora y recordé que hace muy poco tiempo vi algo muy parecido -el rostro de K. reflejaba una profunda preocupación, una angustiosa urgencia-, creo que eso que estas haciendo ya lo hizo otra persona y no fue hace mucho, es algo reciente. Cuando terminó de hablar parecía que había aliviado una tensión profunda y agobiante, como si durante mucho tiempo hubiera llevado sobre sus hombros una carga pesada y acabara de librarse de ella. J. no supo que responder, guardó silencio y asintió con su cabeza, esforzándose en esbozar en su rostro un gesto que reflejara, a la vez, consternación y agradecimiento. Él sabía que las intenciones de su amiga al decirle esto eran las mejores, que realmente estaba preocupada por la suerte de su trabajo y que se inquietaba sinceramente de que J. quedara después como un vulgar plagiario. Él no dijo nada, mantuvo el gesto fingido de reflexiva preocupación y calló con la esperanza de que su silencio fuera interpretado por K. de la mejor manera posible; en parte porque no quería agraviarle, pero también porque la alerta de su amiga provenía de una lectura de la situación que ubicaba su labor como artista exclusivamente en el territorio de la autoría, y J. se negaba a aceptar esto, que para él era un reduccionismo atroz, doloroso incluso. No porque pensara que su trabajo se trataba de un intento desinteresado y mesiánico (él sabía bien que el solo hecho de atreverse a hacer algo ya demostraba cierto egocentrismo; “no existe artista sin ego” repetía siempre O., un profesor de J.), sino porque una de las pocas cosas que tenía por seguro sobre su trabajo, acaso la única, era que había partido de una experiencia personal y por ende, por mucho que el trabajo de otro artista se asemejara al suyo, no podría, de ninguna manera, ser igual. No, a J. algo le había sucedido y él había decidido hacer algo con eso, con esa historia, y esa historia, ese suceso, era irrepetible por definición. Las experiencias no pueden plagiarse, pensó, y eso le traía una calma que ahora tenía que disimular solidariamente para no ofender la honesta preocupación de su amiga. Sin embargo J. no era pura seguridad como podría esperarse. Algo perturbaba su calma y se incrustaba, incómodo, en su mente, como una astilla fastidiosa, diminuta, pero al mismo tiempo insoportable. Desde el comienzo de su proyecto J. estuvo batallando con un extraño y escurridizo sentido de moralidad que le cuestionaba y aunque creía haberse librado del mismo, al ignorarlo, ahora que K. hacía su comentario, esa odiosa sensación volvía, inquisitivamente, a atormentar su conciencia. Aquella incesante sensación que él creía haber superado hace ya tanto tiempo volvía sin mayores contemplaciones. Pasaban los días y la molestia avanzaba y hacía de él un ser infeliz y atormentado, no hallaba descanso, aún en sus sueños era afligido por una creciente angustia, un enorme sentido de culpabilidad lo abrazaba y lo sofocaba sin darle ningún tipo de tregua.


Una noche J. tuvo un sueño en el que entraba a un enorme cuarto blanco. No había ventanas, lámparas o foco alguno, pero lo cierto es que una luz fuerte y uniforme iluminaba la habitación. De lejos llegaba un ruido monótono y gastado, en el sueño J. caminaba hacia la fuente del sonido y se encontraba con un extraño y viejo teléfono negro repicando en el suelo. Después de dudar por un rato se decidió a contestar. Tomó el pesado auricular con su mano y lo llevó a su oído. Como este sueño era uno de esos sueños, donde el individuo es consciente de que todo se trata de un sueño, J. abusaba de la precaución en cada uno de sus movimientos.

Después de un leve chasquido, una voz femenina suave y melodiosa preguntaba:-¿Hablo con J.? -J. guardó silencio-.¿Hola? –preguntó la mujer al otro lado de la línea-, ¿hay alguien ahí? –J. hesitó unos segundos y respondió afirmativamente- Sí, sí, sí… diga –atinó a decir con torpeza-, ¿hablo con J.? -preguntó la mujer de nuevo. J. miró a su alrededor y al comprobar que no había nadie más, en aquel vacío luminoso, respondió afirmativamente otra vez-.¿Acepta una llamada por cobrar desde Prusia?–J. se sorprendió y estuvo a punto de colgar el teléfono pero no lo hizo. Como sabía que era un sueño, se limitó a preguntarle a la mujer si podía informarle cuál era el motivo de la llamada. Con una voz entusiasta y vacía que J. solo había oído en los canales de televentas, la mujer le respondió:-Llaman para avisarle del propósito máximo, del sentido de su trabajo y de la validez de su obra frente al mundo. ¿Acepta la llamada? J. escuchó esto y se debatió entre dos sentimientos que lo embargaron inmediatamente. El primero, más violento y simple, le indicaba que debía colgar el teléfono y despertar. El segundo, más complejo, era una mezcla de vergüenza y miedo, una angustiosa felicidad. Ante la disyuntiva J. decidió someterse a la lógica de su subconsciente y no colgó el teléfono y respondió: –Acepto la llamada. -Lo que sintió al terminar de pronunciar esa frase fue indescriptible, comprendió que estaba a punto de oír por primera vez un dictado de su conciencia que resolvería todo tipo de duda e incertidumbre sobre su obra, y esto lo perturbó por completo.


-Un momento por favor. –Se oyó decir a la mujer al otro lado de la línea antes de un chasquido cortante. Luego, una desesperante musiquita de espera que le pareció iba a durar eternamente, una versión melosa e instrumental de All you need is lovese dejó oír por el auricular, por unos minutos. Después de un tiempo la música se cortó y al otro lado una voz gruesa y profunda se escuchó. La voz habló, pronunciando cada palabra claramente como quien hace un dictado. A J. el sonido de aquellas palabras le resultó angelical, de procedencia divina, atendió con cuidado cada una de las frases pronunciadas como intentando aprendérselas de memoria. La voz se detuvo y al otro lado alguien colgó el teléfono. Con una lentitud exagerada, J. puso la bocina en su lugar. No soportó más y con la mirada fija en el suelo cayó de rodillas, un par de lágrimas fueron el preludio de un largo gimoteo. J. lloró amargamente y se lamentó. Lamentó con toda sus fuerzas no haber aprendido a hablar alemán cuando había tenido la oportunidad de hacerlo unos años atrás. Pasado un tiempo el llanto fue disminuyendo y dejando solo la frustración. Ahora que había contestado el teléfono y este había dejado de sonar, J. se dio cuenta que extrañaba aquel repiqueo, después de tanto tiempo se había acostumbrado a ese incesante sonido y ahora que no se oía más, lo echaba de menos, le hacía falta. J. se despertó, un sonido agudo e histérico le había sacado de aquel raro sueño y lo traía de vuelta al mundo real; unos centímetros a la derecha de su cabeza, sobre la mesita de noche, el teléfono negro sonaba.

Julián León Camargo



Lihuel González Nació en Buenos Aires en 1986. Cursó estudios de fotografía y cine. Se desempeñó como directora de arte y fotografía en cine y teatro. En 2013 cursó el Programa de artistas de la beca FNA-Conti. Obtuvo en 2014 la Beca del Fondo Nacional de las Artes para la creación y participó del Programa de Artistas de la Universidad espacio Di Tella. En el 2015 quedó seleccionada y premiada en la Bienal de arte joven de Buenos Aires, participando así del programa de residencias internacionales en la Ciudad de Méjico. Participó de numerosas exposiciones y premios. Actualmente dirige su estudio de fotografía y ejerce la docencia en la Universidad de Buenos Aires.

Sebastián Vidal Mackinson: en construcción.


Lucía Dorin Buenos Aires, Argentina. 1975. Después de una infancia agitada por el exilio y el extrañamiento, Lucía Dorin se formó en literatura, traducción y ciencias del lenguaje en el seno de una familia muy peculiar. Hoy es traductora de francés, docente universitaria y escribe. Ha publicado Almitas en Salmuera (Leviatán, 2007) y ha traducido algunas Antologías de poesía francófona, y obras de autores como Finkielkraut, Saint-Exupéry y Apollinaire.

Julián León Camargo Nació en Bogotá en 1984, estudió arte en la Universidad de los Andes, Bogotá. Su obra siempre de carácter instalativo, ha comprendido una reflexión sobre prácticas tales como la pintura, la escritura, el dibujo y la fotografía, siempre afectado por la investigación histórica en la cual se ha especializado. En el año 2007 fue invitado a participar del proyecto The Intricate Journey en la ciudad de Berlín, una residencia de intercambio organizada por la NGBK. Desde el 2003 ha participado en varias exposiciones colectivas e individuales en Colombia, Alemania y Argentina donde actualmente se encuentra radicado cursando una maestría en Historia del Arte Latinoamericano en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martin. En el 2012 hizo parte del proyecto PAC de la galería Gachi Prieto, una serie de clínicas de obra con Carlos Herrera, Eduardo Stupia, Rodrigo Alonso, Andres Waissman y Gabriel Valansi. En el 2013 fue escogido para participar en el programa de artistas del Departamento de Arte de la Universidad Torcuato di Tella. En el año 2014 funda ESPACIO KAMM, una sala de exposiciones para proyectos site-specific en Buenos Aires junto con la artista alemana Kirsten Mosel.

Lorena Fernández Resistencia, Chaco, 1974. Artista visual y docente de cine y fotografía. Egresada de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica. Realizó talleres y clínicas de arte contemporáneo y de fotografía, como también de jardinería, joyería, poesía. Su estrecha vinculación con los libros la llevó a realizar cinco libros de fotos de artista exhibidos en ferias nacionales e internacionales. Desde el 2008, año en que recibió el Premio Ernesto Catena de Fotografía Contemporánea, su obra pudo verse en muestras individuales (Centro Cultural Recoleta, Espacio Kamm, Casa Florida Galería, Espacio Forest, Galería Foster Catena), numerosas muestras colectivas, festivales, premios y ferias de arte. Recibió también la Beca Nacional del Fondo Nacional de las Artes.



© Gachi Prieto, 2016 Todos los derechos reservados Ley 11.723 Prohibida su reproducción total o parcial. Idea y realización: María Alejandra Gatti Diseño y pre impresión: studionube.com.ar Agradecimientos: Gachi Prieto, Lihuel González, Gustavo Varela, Sebastián Vidal Mackinson, Lucía Dorin, Julián León Camargo, Lorena Fernández, Ana Rosberg, Gerardo Neumann, Nele Wohlatz y Cho Wa. Este libro se terminó de imprimir en Buenos Aires en el mes de Septiembre de 2016. Edición limitada de 100 ejemplares numerados.



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