Escenario prestado acto 8

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acto # 8

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escenario prestado





La vista de un jardĂ­n de frente que muta en pequeĂąos ciclos pide prestado un paisaje de fondo. El pasto se expande en las paredes y toca los bordes que no son claros a pesar de estar contenidos en un cuadrado blanco. M.A.G.



escenario prestado En el marco del cronograma de muestras de la galería Gachi Prieto desarrollamos el ciclo Escenario Prestado, espacio que propone un acercamiento distinto a la experiencia con la obra: escritores, artistas y curadores son invitados a escribir textos que surgen de una serie de encuentros con la única consigna de pensar la obra como disparador. El ciclo se propone construir de forma colectiva un discurso poético, un entramado de voces que desde la literatura devele otro recorrido en el contacto con las artes visuales. Organizado en actos presentamos el # 8 en el contexto de la muestra Incidencias I-IX de Sebastián Camacho curada por Luciana García Belbey, con textos producidos por Angelo Pagano, Laura Junowicz, Ana Paula Méndez y Leandro Martínez Depietri.



Incidencias I-IX Ha sido siempre un artista evasivo- es otra manera de decir un artista de los desvíos excepcionales, de las correlaciones infrecuentes. Un artista dedicado a la exploración de una realidad serpenteante, suplementada en la exactitud obsesiva con que traduce las cosas que subsisten poco más que unos instantes. Sebastián Camacho y su obra proponen una manera de acercarse a la inestabilidad de la imagen y a su necesidad, la de la imagen, de crear intimidad, en todo caso a través de la apariencia inocente de las cosas que trata. Una parte determinante para la lectura privada de las correlaciones vacilantes que en apariencia estructuran concertadamente la realidad se debe a sus horas como observador; ser observador se ha constituido en la guía que le permite una traducción de aquello que en apariencia resulta evidente a algo que se torna íntimo-extraño. Bajo el título de Incidencias se exhibe, entonces, la obra más reciente del artista de origen colombiano Sebastián Camacho. La muestra, consagrada a lo inestable, ha sido sometida al rigor de una mirada realista, en donde el aspecto natural de las cosas que presenta mediante la exactitud plástica, es abordado según la necesidad o el deseo íntimo de descubrir sucesos, breves fragmentos o rodeos de caminos, que aluden al misterio de la vigilancia expectante, que a su vez enturbia el acto mismo de observar. La intención del artista es la de invitar al visitante a ser parte de la construcción de sentido, así el observador-espectador se convierte en cómplice del destino de la obra, su mirada deja de ser inocente y los límites correspondientes se desvanecen. La predilección por el realismo en la obra de Camacho, se fundamenta en la imperiosa necesidad por desafiar la correcta valoración humana por las cosas. Su preocupación central no se circunscribe a la apremiante tarea por decir la verdad, cualquiera que sea, sino por ser-verdad: dedica sus horas a la sosegada tarea de evidenciar la inestabilidad inherente de las cosas sin recurrir a la artificiosidad de una narrativa contingente de orden metafórico. En la necesidad realista de hacer-verdad, el artista desiste de toda intencionalidad pretenciosa por simbolizar el mundo e insiste en la presentación de las relaciones no causativas de los eventos mediante la puesta en juego de posibles relaciones antinómicas, luz/sombra, dentro/fuera, lleno/vacío, fugado/contenido, aún a sabiendas que el juego antitético puede convertirse en paradoja. Esta paradoja se presenta en la enunciación lingüístico-plástica del fenómeno puesto en juego -ciudad, pluma, hoja, ruina- y que a pesar de la referencialidad realista de la cosa en sí misma su enunciado se niega a decir verdad, ya que no se remite a una locución narrativa que enuncia algún evento concreto. Su voz, su polifonía, se encarga de evocar matices donde confluye y se dispersa, el ruido que evocan las imágenes al tocarse. Tal ruido, aunque incide en el acontecimiento de las cosas, decididamente, no hace parte esencial de ellas. Las piezas se entrecruzan conformando una totalidad en la que es necesario reconocer, tanto la articulación de su coexistencia como la individuación autónoma de cada pieza de la muestra.


La fuerza del proyecto Incidencias se establece no en la comprobación de la apariencia artificiosa de la imagen dada por su correspondencia con lo real referido, así como tampoco en las derivas de sentido atraídas por eventos factuales o discursivos, sino a través del impulso por presentar su lado negativo, es decir, la verdad de la imagen exhibida se revela más bien como enunciación evasiva y ambigua, ocultándose en la actuación de un rol en el que su sentido se disuelve en múltiples máscaras, revelando, sugiriendo indirectamente su sentido a partir del movimiento, del salto que va de una obra a otra, su constatación se establece sólo en la relación íntima entre ellas y su intérprete. A la obra solo se puede tener acceso si el espectador decide renunciar a la disposición mimética y a la significación alusiva en ella, dimensiones que son presentadas como trampas emotivas en las que el ojo y la razón son retenidos. Sacrificar el gozo inmediato es la clave para tener una aproximación al destino de la muestra, a su correlato evocado, pero no sugerido, con el que el visitante-espectador entra en relación.

Ángelo Pagano, Julio 2017



Incidencias I-IX Sebastiรกn Camacho





El corazón es el principio ¿Se puede llegar al corazón del papel o al corazón del libro? ¿puedo dibujar con esa pluma y desandar la pluma del dibujo? Todo lo que se dijo con plumín y tinta china y luz de vela que alumbra poco pero propone un estado del espíritu. El renglón en la pluma cualidades de la línea deseada totalmente emplumada Un cuchillo de pluma. Mis frutas quedaron perfectas, ves que los pájaros vienen a picotear. Los pájaros vienen porque yo pinté esa ventana que las ilumina. Como un puñal en el ojo Ver el final desde el comienzo Y aún así tener la posibilidad de detenerse en cada capa. La luz rebota y no atraviesa Porque abajo de la capa blanca hay una capa negra. Cada vez en su única vez. Yo veo el error se que está ahí aunque nadie pueda verlo. ¿El libro de qué lugar es? Es de todos los lugares y de ninguno a la vez. Una tela enorme y aún no fue tocada ni un centímetro.


La mano sabe cuál es el bisturí apropiado para cada corte. Están ahí, como amigos, cada uno sabe lo que puede dar. Una foto me acompaña siempre. Quiero lo concentrado en poca superficie y alrededor el silencio. ¿Por qué ir para allá si ya se que esto es? Todavía no me animo a dejar una marca de tinta por eso un filo. La incisión no me asusta. La tinta invisible vuelve sospechoso todo el resto. Buscamos lo que está oculto donde no hay secreto. ¿Pero y si lo hay? ¿Y si el blanco esconde un fondo negro? Yo se que está el error aunque no lo vean. Salgo al mundo para que me conozcan y para ocultarme también ¿qué es lo que puedo llegar a ver? Un aleteo me distrae ¿por dónde sigo?

Ana Paula Méndez




En caso de pérdida, por favor, regrese. 1. Levantarse en casa de su papá era escuchar la música clásica de lejos y ver al sol filtrarse por los óvalos de la persiana gris. Era descorrer el acolchado de osos, salir de la cama, calzarse la bata escocesa y seguir el sonido de un violín - o la dulce voz de la publicidad de la Comunidad Amijai - para encontrar a su papá leyendo el diario junto al equipo de música. Era hacer el recorrido en patas, con sueño, sintiendo la alfombra peluda y el calor de la losa radiante en la planta de los pies. 2. Perteneciste a una raza antigua De pies descalzos y de sueños blancos Fuiste polvo, polvo eres Piensa que el hierro siempre al calor es blando. 3. M. era hermoso porque lo era y no estaba seguro de serlo. Se ponía incómodo frente a cualquier ser humano y expresaba sus emociones con gestos de dibujo animado. Tenía insomnio crónico a los 20 años y se acostaba todas las noches junto a su cuaderno de anotaciones y bocetos. Si lograba dormir un poco, lo primero que hacía al despertarse era transcribir sus sueños muy objetivamente. Le advirtió a su novio una noche después de coger: durante los primeros cinco minutos, uno tiene el relato fresco, después se olvida. Si te levantas justo, no me interrumpas. Esa tarde, M. había bajado todas las imágenes religiosas que su madre tenía en la casa para que su novio no las viera. 4. Fue a visitar a su hermana a la Costa. Vivía en una casa moderna diseñada por ella y construida por el novio. Le llevó una albahaca con la intención de que iniciara una huerta en el jardín y le regaló para Navidad un libro de Marguerite Duras. El último día de su visita, encontró un pichón caído en la calle de arena. Lo envolvió en su remera y se lo llevó pegado al pecho. Le compró pan en la estación de servicio y lo mojó en leche. El pajarito comió un poco.



4 En casa de su hermana, a ella no le importó mucho la vida del animalito. Él siguió intentando que comiera. Ella dijo que había muerto, él pensaba que no. Agitó la caja y el pájaro estaba tieso. Su hermana y él gritaron. 5 Cómo olvidar tu pelo Cómo olvidar tu aroma Si aún navega en mis labios El sabor de tu boca Cada piba que pase Con un libro en la mano Me traerá tu nombre Como en aquel verano Oooh oooh oooh... Oooh oooh oooh... Fuiste mía un verano Solamente un verano Yo no olvido la playa, Ni aquel viejo café, Ni aquel pájaro herido Que entibiaste en tus manos Ni tu voz ni tus pasos Se alejarán de mí 6. M. estrenó su ópera prima en el BAFICI. Se sacó fotos abrazando amigos y desconocidos. Él, tieso, con esa gracia de marioneta que lo caracteriza y una sonrisa muy genuina. Fue un éxito para tratarse de una película independiente y se fue de viaje a varios festivales internacionales. En algún lugar, le preguntaron cuál era el mensaje de la película. Él citó a Bertolucci y les dijo que dejaba los mensajes para la oficina de correos. En Turquía, traductora de por medio, una velada chica del fondo le preguntó por qué era tan malo el final.


7. Llovía a cántaros cuando salió de su casa para ir a la muestra. Había perdido todos sus paraguas y no quería gastar en un taxi. En consecuencia, caminó las seis cuadras hasta el 19 persiguiendo balcones. En el bondi, apuró el primer tomo de los diarios de Piglia. Quería terminar el libro de una vez. Al bajarse, se cruzó con un tocayo del artista y se sorprendió de no sentir nada. Conversó un poco sobre un tema impersonal y siguió hacia la galería. La muestra, por el contrario, desbordaba sensibilidad. Era un trabajo muy personal, a pura flor de piel. Nueve atriles en ronda ponían a disposición nueve obras en papel, iluminadas cálidamente por nueve lámparas suspendidas prolijamente sobre cada atril. La miró desde á vidriera, divertido con la idea de qué pensarían los transeúntes desprevenidos. La sobriedad e intimidad del espacio ayudaban a hacer de la muestra una escena bastante ridícula en su silencio formal. Le encantó que pareciera todo menos un espacio comercial y pensó en no entrar. La recorrió en contra de las agujas del reloj, convencido de que la disposición invitaba a eso. Una pauta sutil para marcar un tiempo muy subjetivo, un acto de poiesis.


8. Hoy tu cuerpo es quien me enseña a vivir Y desde que me abrazas Desde que me besas No soy aquella que llega Y que piensa distancia, Tu vida también es mi país. Y si un día ves que voy a morir Préstame tu pecho, Será noche tibia Y yo tendré por patria La almohada que me diste. 9. M. intenta recordar todos los nombres y apellidos de sus compañeros de jardín, primaria y secundaria en orden alfabético. Otros hacen cuentas cuando no pueden dormir. Nueve más nueve es dieciocho. Uno y ocho, son nueve. Nueve por nueve es ochenta y uno. Ocho y uno, son nueve. Uno más dos más tres más cuatro más cinco más seis más siete más ocho más nueve es cuarenta y cinco. Cuatro y cinco, son nueve.


Un loquito de internet dice que: • El número de respiraciones de un hombre por día es de 25.920 (2+5+9+2+0=18=9) y que • El corazón late un promedio de 72 veces por minuto (7+2=9)

Nueve eran las musas y fueron concebidas en nueve noches de amor.

Leandro Martínez Depietri




Desde mi jaula ensayo decir un paisaje invisible a la luz. Un pájaro puede ser la manera de mirar esta ruina sin dolor. Una pieza que cante pero contenga la densidad y aún así nos quieran y no nos olviden. * Nadie gritó el día que estalló todo, nos preguntábamos por el tiempo. Ahora arrugamos la nariz y estiramos el cuello como si pudiéramos escuchar el tajo de las hojas –dicen que así suena nacer¬– una nota desafinada en este silencio sinfónico, algo de sangre entre las plumas sería más creíble, que parezca una composición del azar, sería un consuelo que no existiera belleza en lo que se pudre. *


Para qué contar el tiempo que lleva roer una ciudad una foto un cuaderno una familia un día cualquiera todos se parecen, construir o demoler es lo mismo. * Hace cuánto miramos un paisaje de tiempo desmembrado. Cuánto guarda la pared en el suelo. Cuánto tardará en aparecer el pastito que da pelea a las baldosas, el yuyo verde en las medianeras. ¿La persistencia de la tierra se abrirá paso también en nuestras plumas sin vuelo, sin sangre, cuando seamos moscas silencio partitura?

Laura Junowicz




Sebastián Camacho Vive y trabaja en Buenos Aires. Es artista plástico de la Universidad de los Andes de Bogotá, con una especialización en medios y tecnologías para la producción pictórica del IUNA en Buenos Aires. Esta última experiencia le permitió conocer las bondades y dificultades de la educación artística en Buenos Aires, despertando así un particular interés en espacios de formación e intercambio alternativos (clínicas, seminarios y programas para artistas). Sus más recientes muestras individuales fueron “C A P A S” en la Galería El Museo, 2016 Bogotá, y “adición” proyecto realizado junto a la artista María Elisa Luna en Galería Gachi Prieto, 2016 Buenos Aires. Ha participado asimismo en diversas muestras colectivas nacionales e internacionales. Conjuntamente a su labor artística se ha desempeñado como docente universitario y ha integrado distintos departamentos de educación en museos e instituciones de arte. Actualmente es representado por la “Galería el Museo” de Bogotá.

Angelo Pagano Hijo de inmigrantes italianos, nace en Cali, Colombia en 1968. Es licenciado en historia del arte por la Real Academia de Artes en Bruselas y doctor en teología por la Gregoriana de Roma. Escritor especializado en arte religioso del siglo XVI, sus publicaciones tratan la influencia del arte en la experiencia mística con temas que comprenden la imposibilidad de la expresión en lenguaje humano de la experiencia sobrenatural y la transitoriedad de la verdad no discursiva. Sus últimas reflexiones tratan sobre la trascendencia de la luz en la fotografía realizada en el Pacífico colombiano, texto en preparación. Alejado, por razones morales, del establishment del arte, debate, ardientemente, sobre el lugar del arte en el escenario contemporáneo. Actualmente es presidente de la Coalición de Artistas Outsiders, colaborando, de manera entusiasta, en diversos proyectos curatoriales.


Laura Junowicz Nació en Buenos Aires en 1984. Ahora vive en Almagro. Acaba de publicar Después del final por Claraboya Ediciones, y fue seleccionada para la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires por su poema "Demolición". Está terminando la Maestría en Escritura Creativa de la Untref. Antes, hizo la especialización docente en Educación por el Arte en IMEPA. Pero antes, se recibió de licenciada en Letras en la UBA. Mientras tanto, aprendía el oficio de la palabra en el taller de Margarita Roncarolo. Después, la escritura y la literatura se volvieron su profesión: coordina talleres de escritura y forma parte de colectivos artísticos educativos (La CIEPA, Compañía Itinerante de Educación por el Arte, y La Madeja). Al mismo tiempo, trabaja de correctora en una editorial. Al mismo tiempo, le gusta escribir, sobre todo, poesía.

Ana Paula Méndez anapaulamendez.tumblr.com Nació en 1978 en Tres Lomas (Pcia. de Bs. As.) Vive y trabaja en Bs. As. Participó de talleres de dibujo, bordado, grabado, libro ilustrado y poesía. Dibuja con acuarelas, lápices, tinta china, collage y bordado. Es artista de la Galería Mar Dulce y de Granada Tienda. Ha participado en muestras colectivas e individuales. Sus trabajos han sido publicados en diferentes libros y revistas. Con Cecilia Afonso Esteves comparten el proyecto Pañuelitos, pliegos de poesía. Se encuentra terminando de ilustrar un libro de pomas de Laura Wittner para Planta Editora. Fue docente desde el 2011 hasta el 2014 junto a Julia Masvernat de Dibujo y experimentación gráfica, en la Asociación Civil y Cultural Yo No Fui. Forma parte del colectivo Anuario de ilustradores, participando en las publicaciones y muestras desde el 2008. Es docente, junto a Elisa O’Farrell en Editorial Parador.

Leandro Martínez Depietri Estudié Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Fui virando hacia el estudio y el pensamiento aplicado a las artes visuales dentro y fuera de la universidad. Tengo una cabeza analítica y pienso a las exhibiciones como enigmas a resolver y a la necesidad de exhibir y exhibirse como un enigma sin resolución. Trabajo como productor y curador en diversos proyectos de arte contemporáneo. Actualmente, formo parte del Equipo de Producción de Bienalsur y soy curador asociado de Pasto Galería. En un mes y medio, parto a hacer una Maestría en Estudios Visuales y Críticos en la School of the Art Institute of Chicago para la que fui becado. Me interesan la historia, la estética, la filosofía política y la sociología de la imagen. Siempre fui un intenso lector y me apasionan los cruces entre poesía, filosofía y artes visuales.



© Gachi Prieto, 2017 Todos los derechos reservados Ley 11.723 Prohibida su reproducción total o parcial. Idea y realización: María Alejandra Gatti Diseño y pre impresión: studionube Agradecimientos: Gachi Prieto, Sebastián Camacho, Luciana García Belbey, Angelo Pagano, Laura Junowicz, Ana Paula Méndez y Leandro Martínez Depietri.

Este libro se terminó de imprimir en Buenos Aires en el mes de Julio de 2017. Edición limitada de 100 ejemplares numerados.



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