Cultura elCaribe, SÁBADO 5 DE SEPTIEMBRE DE 2020
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Los libertos de Recuperación EEUU en Santo de Bahía de Domingo Las Águilas
Artista, pese a la resistencia del entorno
Antonio Vidal Ortega comenta la presencia de libertos norteamericanos en el Santo Domingo de 1824, cuando el Jean Pierre Boyer los acogió. P.6
Josefina Garrido es una artista plático y arquitecto, que llegó al arte pese al entrono familiar que la prefería en una profesión más formal. P.10
Luis David Silva Linarez relata el proceso de recuperación de las tierras de Bahía de Las Águilas. P.7
Fotografía de Yevgeny khaldei. FUENTE EXTERNA
Fotografía de guerra: arte y testimonio La Segunda Guerra Mundial, para poner un caso, dejó más de 27 millones de rusos bajo tierra y alrededor de 10 millones de alemanes JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com
A
hora en mayo se cumplieron 75 años del fin de la ll Guerra Mundial y en abril fueron 55 años de la Revolución de Abril. Hay que recordarlas para que no se repitan. La guerra, cualquiera que sea, es la expresión más atrasaba y aborrecible del ser humano porque quiere pasarle, a la fuer-
za, a la razón. Todas tienen el mismo origen: la imbecilidad del homo sapiens que no dejó de ser homo brutus. A estas guerras se mandan fotógrafos que dejarán un testimonio de los acontecimientos y muchas veces aparece uno que deja una impronta artística. A otros simplemente les sorprenden las guerras en su propio lugar. En muchas ocasiones su trabajo ha servido para sensibilizar mas que informar a la gente y han provocado reacciones imprevistas en contra de la guerra misma.
Cualquier guerra ha exterminado más gente que cualquier epidemia. La Guerra de Abril dejó más de cinco mil víctimas cuando hasta ahora solo se registran alrededor de 500 por el COVID-19. La diferencia es que una catástrofe es provocada y puede evitarse y la otra no. Además, que es muy fácil, cuando se es poderoso, provocar esos desastres en otro lado mientras se ve televisión en casa. La epidemia es más democrática y reparte dolores y desgracias a grandes y chicos donde sea. La Segunda Guerra Mundial, para po-
ner un caso, dejó más de 27 millones de ruso bajo tierra y alrededor de 10 millones de alemanes. Cuando los alemanes huían, para donde pudieran, entonces vino el ataque por la playa de Normandía (al norte de Francia) donde ocurrieron 10 mil bajas de los que 4 mil eran ingleses y canadienses y los 6 mil restantes de los Estados Unidos. En ese desembarco iba Robert Cappa, un fotógrafo de unos treinta y pico de años que logró, en medio de las ráfagas nazis, captar el trágico momento del que se salvó en tablita y su temeridad le puso fin a su vida cuando pisó una mina en Indochina. Sirvieron, eso sí, para recrear el momento en la película “el soldado Ryan”. Ninguna de las imágenes del desembarco se convirtió en un ícono que superara a la fotografía que Cappa tomó durante la guerra civil española donde retrató “la muerte de un miliciano” en el preciso momento de su encuentro con la fatalidad. Mitos y leyendas se tejieron alrededor de este soldado, famosísimo después de muerto, lo que no altera en lo absoluto, la calidad de la imagen que le dio fama al fotógrafo húngaro. El historiador Moisés Domínguez Núñez ha demostrado que la foto del miliciano no fue tomada en el cerro Murciano de Córdoba sino en una localidad llamada Espejo, también en Córdoba y que tampoco el soldado y modelo involuntario era Federico Borrell García alias “El Taíno” como por mucho tiempo se divulgó, lo que no altera ni un milímetro la calidad de la toma. Sin embargo, las dos fotografías más importantes, por su impacto, difusión e influencia en la opinión mundial han sido la del ruso Yevgeny Khaldei (1917-1997) en Berlín y la de Nick Ut en Vietnam. Eran las dos y media del 2 de mayo de 1945 y Berlín ardía por los cinco costados. Habían llegado los rusos después de un largo recorrido de Este a Eeste y después de vencer las 200 divisiones repartidas en una raya vertical del mapa de más de mil kilómetros. Esa retirada, que muchos historiadores achacan al frio, como si los alemanes hubieran sido jamaiquinos, y no a la fuerza y decisión de vencer de los rusos fue la fase final de la hegemonía de Adolf Hitler y su locura de dominar al mundo y exterminar todo el que no fuera de “raza” aria. Murió misteriosamente sin que nunca le llegaran a aplicar una camisa de fuerza. l