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en el Parque Nacional (2 de mayo de 2015) Juan Felipe Velasco

Jornada verde

Fotoensayo


Edición

49

Junio 2015

Directo Bogotá Revista escrita por los estudiantes de la carrera de Comunicación Social Fundada en 2002

Directora Maryluz Vallejo Asistente editorial Helena Murcia Calle Reporteros en esta edición Mariana Toro, María Serrano, Santiago Triana, Liliana Reyes, Valentina Mugno, Aura María Galvis, Tatiana Rodríguez, María Camila Hoyos, Angie Ocampo, Santiago Nándar, Verónica Perry, Sergio Rosas, Lucía Franco, Natalia Palacio, Camila Guerrero, Daniela Caicedo, Lina Castillo, María Vanessa Sanabria, Ángel Batista, Juan Felipe Velasco Portada y Contraportada Fotos: Natalia Palacio Loko Kuerdo Diseño y diagramación Angélica Ospina angelikaos@gmail.com Corrección de estilo Gustavo Patiño correctordeestilo@gmail.com Impresión Javegraf Decana Académica Marisol Cano Busquets Directora de la Carrera de Comunicación Social Mónica Salazar Director del Departamento de Comunicación Mario Morales Informes y distribución Transversal 4ª No. 42-00, piso 6 Teléfono: 3 20 83 20, ext 4587 Escríbanos a: directobogota@gmail.com Consulte nuestro archivo digital en la página: http://issuu.com/directobogota

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Cabos Sueltos Opinión

La presentadora Estación Central

¿Estudiar o amamantar? Retrovisor

De “maneros” a comerciantes organizados Deportes

El tercero en discordia Deportes

Del arte de la guerra a un deporte con arte Patrimonio

La ruina habla Patrimonio

Los habitantes de la centenaria Calle del Sol Divino Rostro

"Un loko kuerdo más en desakuerdo" Tendencias

La Bella Flor de los suburbios Tendencias

Ropa de segunda cuenta historias de primera Tendencias

Los azares de la micropolítica Retrovisor

De la biblia al vino en la librería más antigua de Bogotá Arte

Pedaleo circense Libros

La cucharita que se perdió Estampas Urbanas

Los otros desplazados


02 Cabos Sueltos

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Fotonoticia Espacio público "recuperado" (a la salida del Túnel de la Javeriana). // Foto: Aura María Galvis

De los mismos creadores… Cuando las películas se ‘trillan’, las obras de teatro dejan de vender y los programas televisivos pierden rating, los productores buscan dar un nuevo toque a las presentaciones. Así, se oye “De los mismos creadores de… ahora llega…”. Y Bogotá no se queda atrás en la renovación de sus performances. Iba subiendo por la calle 53 hacia la carrera 7ª, cuando noté que los vehículos se quedaban frenados en un semáforo. Todo el mundo pitaba y nadie entendía por qué los primeros no se movían; solo trataban de girar hacia izquierda o derecha. Traté de recordar algún hueco monumental, pero este tramo de la vía está en condiciones decentes. Cuando por fin logré llegar al semáforo, me sorprendió lo que vi ese jueves a las ocho de la noche. Un hombre estaba en la mitad de la avenida, del lado occidental de la Séptima, tirado en el suelo, gritando y llorando. Lo que parecían unos postres de mora, o unas gelatinas de color violeta, se deslizaban por el pavimento, seguidos por vasos de plástico. La dramática escena, enmarcada en el bullicio de las bocinas, los gritos impacientes de los conductores y el olor a humo, dejaba ver al personaje retorciéndose

de sufrimiento entre servilletas, mugre y pegote morado. No parecía importarle que los carros aceleraran el motor en su frente, ni que los motociclistas le pasaran a escasos centímetros. Solo le importaba su tragedia. Me dio lástima el pobre hombre que lloraba desconsolado y un poco de impotencia que nadie hiciera nada por él. Cuando ya estaba cerca y tuve un plano más claro de lo que estaba sucediendo, llegó a mi mente el artículo escrito por Nathalia Guerrero para la sección No Sabe lo que me Pasó, de El Espectador, hace un par de años. De los mismos creadores de El Sanduchero, ahora con ustedes El Postrero, un hombre que ‘vende’ postres en la calle y a quien, repentina y lastimosamente, se le caen todos sus productos al suelo y debe pedir la compasión de transeúntes y conductores para recuperar lo equivalente a su venta. No creo que los vecinos de carril supieran del Sanduchero —que en su momento pedía $40.000—, pero comprendí por qué la gente simplemente seguía su camino. Aunque, sobre todo, entendí por qué cuando el semáforo cambiaba, en vez de recoger el desastre, el actor solo volvía a lanzarse sobre el asfalto. El show debía continuar. Mariana Toro Náder mtoronader@gmail.com


Sordos y desarticulados Desde hace un par de meses, a raíz de la cantidad de personas que se cuelan al sistema de Transmilenio, se optó por cambiar las puertas de las estaciones por unas ‘anticolados’. Su funcionamiento es relativo. Cada vez que alguien las abre o las tranca, se activa una alarma cuyo sonido aturdidor hace que, supuestamente, los usuarios juzguen a quien acaba de entrar al sistema ilegalmente. Sin embargo, he visto cómo cada vez que una alarma se enciende, lo máximo que hacen los usuarios es un gesto de incomodidad por el molesto ruido que, junto con el pito de las puertas de los buses articulados, más el del tráfico de la ciudad mezclado con el de los vendedores informales y la música de ascensor que ahora suena en varias estaciones, logrará que en poco tiempo Bogotá sea una ciudad de sordos y desesperados. A menos que tengan un Policía al lado, las puertas no son del todo funcionales. El costo de cada una ascendió los $4,3 millones. Semanas antes de implementar la medida, la estación de Marly había sido renovada, por lo que en lugar de cambiar las puertas nuevas por las ‘anticolados’, instalaron unas barandas de cerca de 1,5 metros entre el carril del Transmilenio y el de los carros, también para evitar que la gente ingrese a la estación ilegalmente. Con este sistema es casi imposible colarse, salvo que el colado, entre los cambios de semáforo corra hasta la cebra y desde allí hasta alguna puerta de la estación. Demasiado esfuerzo. Nada comparado con abrir una puerta ‘anticolados’ y pasar por la pena de que suene la alarma, porque la teoría del “escarnio público” tampoco aplica entre los usuarios desvergonzados. Las barandas, de color gris, lucen horribles. En cambio las puertas tienen un marco naranja vivo que contrasta con el color chatarra de las estaciones. Pero las primeras funcionan; las segundas no tanto. A nadie le importa si la alarma suena o no. Santiago Triana Sánchez santiago.triana@hotmail.com

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Escenas de bus Hace unas semanas, a un bus Transmilenio se subió un señor de aspecto extraño. Todos se quedaron viéndolo con cierta prevención mientras él se ubicaba en el centro del bus. Después de un rato, repentinamente, empezó a caminar con decisión hacia la puerta de atrás, encendiendo las alarmas de algunos pasajeros. Allí el hombre rompió la cobertura del extintor, lo despegó y lo cogió. Después, caminó hacia adelante e hizo lo mismo con el otro extintor. Todos miraban, pero nadie decía nada. Apoyó un extintor en cada lado de su cuerpo y los ocultó bajo un amplio gabán negro. Paró el bus. Sus puertas se abrieron para que el sujeto saliera sin obstáculos y sin asomo alguno de vergüenza. Adentro todos lo vieron. Afuera nadie se enteró. Otro día iba en el bus dual C84, por la carrera Séptima. En la 72 el bus se detuvo. Como la puerta trasera estaba dañada, el grupo de pasajeros que hacía fila decidió entrar por la puerta de la mitad, que no tiene registradora porque es de salida. Evidentemente, y aprovechando el ‘papayazo’, estas personas no pagaron el pasaje. Me llamó la atención lo divertidos que estaban los cuarentones y cincuentones, que reían sin parar de su aventura. Los demás permanecimos callados. Solo un pasajero se atrevió a hablar. Alto, moreno, vestido de forma sencilla, pronunció de forma educada un discurso de cinco minutos, algo así como: “Todos los

días nos quejamos de corrupción, de inseguridad y de violencia, pero a veces pensamos que porque los que nos gobiernan sacan su tajada de la torta, nosotros también merecemos la nuestra. Pensamos que si las cosas no funcionan tenemos el derecho de hacer que funcionen menos. Nos parece que si otros roban, son unos ladrones; pero si lo hacemos nosotros, había motivos. Pues tal vez nuestros propios actos serán los que nos saquen de este país de mierda y nos den una sociedad mejor. Gracias”. Ovación del bus completo, excepto de los colados. Cada quien siguió su rumbo. María Serrano maria17323@gmail.com

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Atraco con datáfono Al salir de clase de la universidad, tomé en la Séptima el mismo bus que me lleva a mi casa todas las tardes. Ese día noté que no iba tan lleno como siempre, y me emocionó la posibilidad de sentarme cómoda. Elegí un asiento en la mitad, al lado de la ventana. Unas cuadras más adelante, se sentó un hombre a mi lado, joven y bien vestido. Comenzó a hablarme del paisaje y del frío que estaba haciendo. Aunque soy bastante desconfiada, él me dio confianza y le seguí la charla. Al rato, se quedó mirándome y me dijo que le caía muy bien y que como era una buena persona, me iba a dejar bajar antes de que atracara el bus con sus compinches. Pero aun así, no dejó que me fuera invicta. Con bastante discreción me mostró un cuchillo guardado en su saco y me requisó la cartera. Me quitó el poco efectivo que llevaba en la billetera y al momento de cerrarla vio una tarjeta de banco. De inmediato abrió un maletín que llevaba en las piernas y sacó un datáfono móvil. Yo, asombrada con lo que estaba viendo, me quedé quieta mientras él me robaba con la mayor tranquilidad posible. Me pidió la clave para hacer la transferencia y pasó la tarjeta por la módica suma de $200.000. Acto seguido, me ordenó bajarme del bus en una droguería por la que íbamos a pasar; me dijo que permaneciera 15 minutos ahí metida y que le diera las gracias por no haberme robado como lo iba a hacer con los demás. Sin pensarlo dos veces, cogí mi cartera, me paré y me bajé frente a la droguería. Entré temblorosa y aguardé el tiempo necesario para calmarme y esperar, por si las moscas. Aunque solo me rondaba en la cabeza la sorprendente modalidad de robo de la que había sido víctima. Liliana Reyes Neira reyesliliana7@gmail.com

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El decreto para ‘rayar’ Según el alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, para promover la Bogotá Humana y cultural fue necesario crear un decreto que “promoviera la práctica artística y responsable del grafiti en la ciudad” (Decreto 75 de 2013). Sin embargo, algunos ciudadanos han decidido tomarse este decreto como un permiso para rayar la ciudad con sus monachos. Casi todas las paredes de la Caracas, la Avenida Suba y los puentes de la Boyacá, por nombrar solo algunas vías, sirven para la recolección innecesaria de ‘firmas’ de aquellos que han decidido darles el placer a los bogotanos de ver su ‘arte’. Unos de los pocos seudografitis que se pueden leer dicen: “Detesto”, “Barakux” y “Vako”. Son de diferentes colores, con tipografías casi indescifrables, tal vez por la rapidez con la que son escritos, porque no todos piden autorización para hacer grafitis, como ordena el decreto. Es cierto que el artículo 82 de la Carta Política dice que el Estado debe “ve-

lar por la protección de la integridad del espacio público y por su destinación al uso común, el cual prevalece sobre el interés particular”. Pero como no todos disfrutamos de estas expresiones ‘artísticas’, lo que ha prevalecido es el interés particular. Y por más que Bogotá se esté vendiendo turísticamente como ciudad de grafitis, no todos clasifican para tour y fotografías. Valentina Mugno Pérez vamugno@hotmail.com

Reflexomorbología La RAE define la reflexoterapia como el tratamiento de ciertas enfermedades mediante masajes en puntos de los pies o de las manos, con el fin de estimular capacidades curativas del organismo. Pero en RCN y otras emisoras se anuncia un técnico en fisioterapia quien la califica como milagrosa. Además, en esos espacios no bajan a nuestro reflexólogo, con más de 15 años de experiencia, de “ángel de Dios” porque al parecer hace caminar enfermos, cura traumas severos y dolencias. Por ello decidimos pedir cita con mi hermana, mi mamá y mi abuela en su consultorio de Galerías. El doctorcito cincuentón me recibió chateando con la novia, tanto así que me tocó decirle que si le ayudaba a escribir; y luego me la dedicó: me dijo desde “tetona ven acá” hasta “sin vértela yo sé que la tienes maluca”. Después del proceso con los pies, dijo haberme encontrado una dolencia en la espalda (una que yo nunca sentí) y que la solución era traqueármela. Para colmo, la maniobra me dejó más maltratada. A mi mamá, por ser administradora, le preguntó que si tenía tiempo para administrar un amante. Así, le regalamos $320.000 entre las cuatro y quedamos con el malestar de la plata botada. Y yo, con el dolor de espalda. Pero, ¿quién me mandó a ponerle la columna a un tipo que sabe de pies? Aura María Galvis Acevedo auramgalvis@hotmail.com


05

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Opinión

La presentadora Texto: Tatiana Rodríguez Maldonado tatianarmaldonado@gmail.com Un ejemplo para el periodismo. Un ejemplo para las mujeres. Joven, inteligente, con una hoja de vida envidiable que muestra el crecimiento exponencial de su carrera. Merecedora de premios tan importantes como el TV y Novelas, mención especial de Unilever y el reconocimiento Amway (sí, los genios de la mercadotecnia piramidal tienen un premio de periodismo). Comenzó su ascenso por puro talento, pues hay que reconocerle que no debe ser fácil que siendo apenas una practicante de la Universidad Javeriana en el noticiero AM/PM terminara presentando… no el noticiero, sino a su primer novio oficial, el entonces director de ese espacio, Antonio Morales.

Foto tomada de Noticias RCN ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••��� ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Desde entonces todo han sido éxitos. Con tesón y poco sueño, llegó a Yamid, grandes amigas con Vicky, íntima de Yanine (no de Farouk, sino de su hija, que vino a convertirse en una de sus grandes fuentes), fotos de abrazo con Julito. Pero el mejor de todos sus amigos ha sido sin duda otro Julio, hijo de Carlos Ardila, de quien se dice que pudo haber hecho más dinero que su padre pero prefirió irse a vivir a Cartagena para convertirse en un mecenas cultural. Afortunadamente para nuestra incansable trabajadora, los viajes no son un problema y en la amurallada se siguió presentando para no perder la confianza de quien, aún imbuido en iniciativas sociales, siempre encuentra tiempo para no abandonar ninguna de las juntas directivas de las empresas familiares, en particular el Canal RCN y la cadena radial. Fue él quien la escogió como presentadora oficial, como a ella le gusta, del nuevo canal en 1998. Y “nuestra tele” se convirtió en su casa. Pronto también comenzó a dirigir “La noche”, donde su principal preocupación fue anotar todos los nombres de los entrevistados para luego ponerlos en su perfil de Wikipedia y (auto) calificarse como una de las entrevistadoras más talentosas y reconocidas en Hispanoamérica.

Apenas dos años después hizo la presentación que nadie se esperaba y que resultó definitiva para su futuro laboral. Gracias a ella, por primera vez conocimos realmente el rostro y la voz de uno de uno de los máximos jefes paramilitares, Carlos Castaño. Pero lo importante del episodio no fue solamente la exclusiva, que nuestra amiga consiguió con otro amigo que no nos presentó, pero con quien la veían muy contenta en toros en Manizales y Bogotá, porque en Puerto Boyacá no se disfruta de ese espectáculo y hace mucho calor. Lo importante es que en esas dos horas de grabación, la presentadora mostró sin ambages su talante. Sin inmutarse con la desfachatez de las respuestas, desde el campamento del macaco preguntó suavecito y le dio todo el espacio para presentarse como el héroe que creía que era. Eso es porque lo que nuestra amiga Claudia Gurisatti estaba presentando en la tele de todos, era el libro de la oveja negra, perdón, de la editorial Oveja Negra, que pocos días después ya se podía adquirir en todas las librerías del país. Aplausos. Porque con esa presentación en sociedad, el camino para ella brilló aún más claro. Impuso su sello editorial en Radio Castaño Nacional, siguió en La noche y luego asumió un gran encargo. Ya bien casada, su amigo Carlos Julio le acomodó todo para que desde Filipinas y Panamá asumiera las riendas del nuevo canal, NTN24. La tuvimos lejos mucho tiempo. Pero ha decidido regresar. Se rumoraba que con Rodrigo Pardo las noticias habían perdido el toque, que ya no se notaba el sello uribista que con ahínco se había marcado en el noticiero de los Ardila y, en medio de un proceso de entrega del país a la guerrilla por un gobierno cuasicomunista, se extrañaba su mano firme. Hoy confiamos en que como nueva directora de noticias RCN, con un círculo de lujo (su gran amiga Yanine en la subdirección y Gustavo Nieto dirigiendo la emisión), no la domarán con invitaciones a almorzar y volverá a mostrarnos la verdad verdadera. Que se tengan en el otro canal porque desde todas las redes sociales le damos de nuevo la bienvenida a nuestra presentadora.


¿Estudiar o 06 amamantar?

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Estación Central

Texto y fotos: María Camila Hoyos mariahoyosc@hotmail.com

En este reportaje, a través del testimonio de dos jóvenes se contextualiza el problema del embarazo adolescente en Bogotá y se denuncia la ineficacia de la política pública distrital, considerando que la administración, primero erró con la compra de una polémica cartilla de sexualidad y luego desvió la inversión de recursos destinados a los Centros de Atención, donde se suponía que esta población encontraría asesoría especializada. Estudiantes del Colegio Calatrava durante la jornada de sexualidad del programa ¿Bebé? ¡Piénsalo bien!

Cuando quedó embarazada, Mariana Sandoval*, hoy de 19 años, estudiaba en un prestigioso colegio femenino de Bogotá. Allí las jornadas de educación sexual las dicta una persona externa a la institución, María Clara González de Zapata, para quien “la razón por la cual en los

colegios privados se producen menos embarazos en comparación con los colegios públicos responde a la calidad de la educación que reciben los estudiantes”. Diana Molina*, hoy de 17 años, quedó embarazada dos años atrás. Aunque siempre quiso ser abogada, sabía que la calidad de educación que recibía no le garantizaba nada; además necesitaba trabajar para apoyar a su mamá y buscó quedar embarazada. “Apenas

me enteré de que estaba embarazada me salí de estudiar y me empleé en la casa de una señora haciendo el oficio; como a los cinco meses se dio cuenta de la barriga, pero le tocó quedarse conmigo”.


Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) realizada en 2010, el 88 % de las mujeres en Bogotá de 13 a 24 años, ha participado en actividades sobre educación sexual y el 96 % recibió información sexual en el colegio. Entonces, ¿por qué una encuesta de la Secretaría Distrital de Salud de 2012 arroja que 19.609 adolescentes resultaron embarazadas, 23 más que en el año 2011? ¿Cuál es la razón para que los embarazos adolescentes hayan aumentado en 506 casos de 2010 a 2012?

La cartilla que terminó en la basura Este fracaso en la educación sexual y en las estrategias implementadas se refleja en lo que pasó con la cartilla Retomemos, publicada en 2011 por la Secretaría de Educación con el fin de darles educación sexual a los jóvenes. Red Familia Colombia expresó su descontento por su contenido: “A media luz

[...] le proponemos invitar a cada persona para que estimule diversas partes de su cuerpo. Deberán identificar la reacción que se produce y la idea que les deja esa sensación. Un gimnasio con colchonetas es perfecto para este ejercicio”. Los padres integrantes de Red Familia Colombia mostraron su incomodidad ante esta forma de realizar educación sexual, avalada por la Organización Panamericana de la Salud y traída desde España, pero que fracasó en el continente europeo. Las cartillas que acompañaban este proyecto fueron retiradas de las instituciones educativas por una denuncia del llamado “concejal de familia”, Marco Fidel Ramírez.

Afectividad + sexualidad Para María Clara González de Zapata, quien lleva décadas enseñando salud sexual y reproductiva en colegios prestigiosos de la ciudad, no basta con repartir folletos sobre sexualidad sin explicar su contenido y sin que exista alguna estrategia para que los adolescentes conozcan las consecuencias de experimentar con la sexualidad. “Debe haber espacios para que

expresen sus inquietudes y sus pensamientos, sin temor a ser juzgados o censurados. Diría que con pudor, pero sin tabúes”. Reconoce que “la brecha tan enorme que

existe entre la educación sexual en los colegios públicos y en los privados aparece por dos factores: primero, por la falta de profesionales preparados y, segundo, por política. El gobierno ha invertido en estudios serios y programas estructurados, pero cada vez que se comienzan a implementar llegan nuevos ‘personajes’ que echan todo abajo”. En la mayoría de colegios privados, el tema de la afectividad y de la sexualidad se empieza a difundir desde grados menores, con la intención de crear conciencia sobre los valores personales, el respeto por la corporalidad y por el otro. Mariana empezó sus relaciones sexuales a los 15 años por la presión social de sus amigas del colegio. Dos años después, cuando cursaba décimo

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Se invirtieron

$2.600 millones en cartillas que desaparecieron del mapa ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

En prácticas con los "bebés robot".

El secretario de Educación, Óscar Sánchez Jaramillo, en entrevista con El Tiempo, afirmó sobre las cartillas: “Es un material que tiene

cosas desafortunadas. Sin embargo, el video que muestra una imagen animada de una niña masturbándose no me parece lo más malo. Lo que sí critico es que las actividades y los ejemplos que aparecen en la cartilla no estén contextualizados”. Lo cierto es que se invirtieron más de $2.600 millones en estas cartillas que desaparecieron del mapa. Fueron tan polémicas en los medios de comunicación, que las sacaron de circulación de inmediato y en la actualidad encontrar alguna es casi imposible.

07


grado, quedó embarazada. Su primera reacción fue averiguar por un aborto, pero cuando supo en qué consistía lo descartó. “Lo más difícil fue

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Abajo: Cuadernillo del programa ¿Bebé? ¡Piénsalo bien

tener que contarles a mis papás, pensaba que me iban a matar; lloraba muchísimo de miedo. Para mí era muy incómodo hablar de sexo con mis papás porque sentía que si tenía esa conversación aceptaba que ya había empezado a tener relaciones, pero ellos siempre trataron de hablarme del tema. No siento que me haya hecho falta educación en la casa y que esa sea la razón por la cual haya quedado embarazada; tampoco en el colegio. Lo que me pasó fue por no perderme fiesta, por tener mil amigos, por intentar ser la popular para que todos me aceptaran”. Diana, por su parte, no solo no creía en la calidad de la educación que recibía en su colegio, sino que la desinformación en diferentes temas la hacían dudar de lo poco que sabía.

“Cuando quedé embarazada, mis amigas me dijeron que si no quería tener mi bebé podía meterme una cebolla larga por la vagina hasta que me saliera mucha sangre y que eso era un aborto; muchas lo han hecho, pero nunca se me ocurrió hacerlo, y cuando fui adonde el coordinador de mi colegio a contarle que estaba embarazada y que me habían dicho que podía abortar así, él me abrió los ojos y me dijo: ‘¿Es que usted no ha puesto atención a lo que le hemos dicho sobre el aborto?’”.

Campañas y guías de refuerzo No hay que dejar de lado que en Bogotá se han realizado varias campañas para reforzar los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes. En el 2009 apareció la campaña “Que tu primer amor sea el amor propio”, liderada por la Secretaría de Salud. Esta campaña, por medio de postales, videos animados, videoclips musicales y cuñas radiales, buscaba ser una estrategia para la prevención del embarazo adolescente enfocada en las localidades de mayor incidencia: Ciudad Bolívar, Kennedy, Suba, San Cristóbal, Bosa y Engativá. En 2011 apareció la guía pedagógica para el trabajo con adolescentes y jóvenes de 14 a 17 años ¿Saber o creer? Mientras más conozco más libre me siento, del Ministerio de Salud y Protección Social, apoyada en material audiovisual para desterrar mitos e imaginarios sobre métodos de anticoncepción. Las dos campañas aparecen en el canal PoloaTierra de Youtube y tienen elementos muy interesantes. Por ejemplo, manejan un lenguaje parecido al que utilizan los jóvenes a la hora de hablar de relaciones sexuales y de métodos anticonceptivos. También enseñan que siempre que surjan dudas es mejor acudir a entidades que puedan prestar información calificada sobre el tema y no a los consejos de amigos. La falla de estas campañas radica en que en varias ocasiones se invita a los jóvenes a asistir a los Servicios de Salud Amigables para Adolescentes y Jóvenes, donde les resolverán sus dudas, pero tales centros no existen.

Servicios poco amigables En la Propuesta de Lineamiento de La Política Distrital de Sexualidad de Bogotá 2012-2022, se afirma que “actualmente la ciudad cuenta con 30 Servicios de Salud Amigables para Adolescentes y Jóvenes, diseñados a la medida de sus necesidades y expectativas”. La resolución 1685 del 30 de diciembre de 2011, por la cual se adopta el Plan de gestión de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá para el año 2012, indica que el Fondo Financiero Distrital de Salud destinó $15.527 millones para la creación del Proyecto 626 sobre las Instituciones Saludables y Amigables.

08


Cuando busqué comunicarme con la Secretaría de Salud para conocer sobre estas instituciones, nadie dio razón de estas porque, supuestamente, quien se encargaba de su funcionamiento era el Ministerio de Salud y Protección Social. Pero allí tampoco supieron decir dónde estaban ubicadas. Una búsqueda exhaustiva por internet arrojó que existían servicios amigables en el Hospital de Suba, pero al visitarlo comprobé que no era cierto. Sí existen en el CAMI de Suba, pero para la mujer, no exclusivamente para los adolescentes. Pude observar que utiliza sus instalaciones para realizar exámenes ginecológicos, como ecografías y citologías, a mujeres de todas las edades, incluso, adultas mayores. Al preguntar por la persona encargada de los servicios amigables, la respuesta fue que su nombre era Paola Salgado y que la podría contactar en horas de la tarde vía correo electrónico. Al preguntarle qué ocurría con el servicio manifestó que ella no era la encargada, que lo que se realizaba en el CAMI era un enfoque diferencial para adolescentes y jóvenes cuando estos acuden, y que “la persona que tiene a su

cargo el programa de adolescentes y jóvenes es el jefe Gabriel Puente, a quien copio este correo y con quien puedes tener la información que necesitas”. En múltiples ocasiones traté de contactarlo sin suerte.

Entes incongruentes Aparte de la débil organización de estas redes, resulta curioso el cambio de nombre que se le dio a estas “instituciones”, que luego se convirtieron solo en “servicios”. Para aclarar dudas, busqué intensa e infructuosamente durante un mes a Nancy Deaza, coordinadora de los Servicios de Salud Amigables y del Programa de Prevención del Embarazo Adolescente. La última vez su secretaria respondió que su horario es “relativo” y que debía estar llamando a diferentes horas (curioso horario para un funcionario público…). Como último recurso, el 22 de octubre de 2014 envié a la Secretaría de Salud un derecho de petición para conocer las funciones de los Servicios de Salud Amigables, el número de servicios que funcionaban en Bogotá y el presupuesto que se había utilizado para su

creación. Respondieron que hay 32 Servicios de Salud Amigables para Jóvenes y Adolescentes, en los que no solo se prestan servicios de apoyo y orientación en temas como la sexualidad, sino también servicios de vacunación, odontología, entre otros, mostrando la incongruencia entre lo que se supone deberían ser y lo que realmente son. Finalmente, una funcionaria de la Secretaría de Salud, Obelys Suárez, aclaró que las Instituciones de Servicios Amigables creadas en 2011 con un presupuesto de aproximadamente $15.500 millones, se convirtieron en FAMIS y en hogares para las madres comunitarias. De manera que el presupuesto invertido en el Proyecto 626 para las Instituciones Saludables y Amigables no se utilizó de esa manera. Suárez explicó que ahora existen los Servicios de Salud Amigables y que funcionan según la autonomía de cada hospital, lo cual demuestra que la responsabilidad sobre estos servicios es ahora de los hospitales y que las Instituciones creadas en 2011 ya no existen. Según los datos del censo de Servicios de Salud Amigables aportado por Suárez, existen 17 y no 30 servicios amigables, como se estipula en la Propuesta de Lineamiento de La Política Distrital de Sexualidad de Bogotá 2012-2022; además, en varios casos, inexplicablemente, se repiten. Después de visitarlos, comprobé que únicamente funcionan de manera correcta —para jóvenes y adolescentes— los que hacen parte del Hospital Pablo VI de Bosa y la Unidad Amigable del Hospital de Tunjuelito. Otro documento correspondiente al acta de reunión en la que participaron Nancy Deaza y Luz Marina Muñoz indica que la función de los servicios amigables “desde el 2007 y hasta el 2010 avanzó de muy buena manera, llegando a 30 unidades en el Distrito”. No obstante, “se reconocen dificultades de operación en 2011 y 2012 por múltiples factores. Para el 2013 se tienen 24”. Como se ve, no concuerdan los datos consignados en ese documento sobre el número de servicios amigables existentes, ya que en el censo enviado por Suárez se declara que hay 17. Además, se advierte también una falla en la forma de nombrar estos servicios. En el 2011 empezaron como Instituciones Saludables y

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De 17 Servicios

de Salud

Amigables,

solo funcionan como corresponde

2

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40.000 jóvenes del país han participado en BPB

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Bebés robot del programa

Amigables; para 2013 cambiaron a Servicios de Salud Amigables para Jóvenes y Adolescentes y se planea convertirlos en Servicios Colectivos Amigables. Pero la pregunta sigue siendo ¿dónde están los más de $15.500 millones que se invirtieron en el primer proyecto, si además los servicios amigables ahora funcionan según la autonomía de cada hospital?

Pensándolo bien… Diana cuenta que las clases de educación sexual que recibió en el colegio se las daba el orientador, “pero él era más un psicólogo que

un profesor de educación sexual conocedor del tema. A nosotros nos daban folletos que contaban qué era un condón o unas pastillas y nos pintaban en el tablero los aparatos reproductivos del hombre y de la mujer, y hasta ahí. Una vez vinieron al colegio y nos regalaron condones a todos y lo que hicieron mis compañeros fue venderlos a los niños más chiquitos del colegio en vez de usarlos”. La historia de Mariana es diferente: “A noso-

tras jamás nos repartieron condones, ni nos mostraron unas pastillas anticonceptivas, ni nos dieron folletos. Yo conocía un condón, pero porque ver uno era como un juego: como era todo grasoso, nos moríamos del asco y nos atacábamos de la risa mientras lo botábamos”. Pero aparte de las que contempla la ley, hay otras formas de educar para la educación sexual, como es el método vivencial de seguimiento y de apoyo que ofrecen organizaciones privadas. ¿Bebé? ¡Piénsalo bien! (BPB) es un

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proyecto que apareció en Colombia en 2007 y que inicialmente solo estuvo dirigido a colegios privados del municipio de Chía, con la intención de realizar un plan experimental a un grupo reducido de adolescentes. El proyecto usa simuladores de bebés con el fin de mostrarles a los jóvenes de una manera más real lo que significa ser padres antes de tiempo. Dos años después, la localidad de Fontibón comenzó a desarrollar este plan educativo con 500 estudiantes. El proyecto fue tan exitoso, que en 2010 la Gobernación de Cundinamarca, por medio de la Secretaría de Salud, decidió llevarlo a 33 municipios del departamento, con el objetivo de ampliar la cobertura del programa a 8.500 jóvenes más para 2011. La idea principal de BPB —programa que viene desde Costa Rica y que ha tenido muy buenos resultados en varios países— es trabajar con los adolescentes para que mediante su desarrollo puedan fortalecer el concepto de proyecto de vida aprendiendo sobre las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y los métodos anticonceptivos y tratando de reforzar la opción de la abstinencia con el fin de retrasar el inicio temprano de las actividades sexuales.

“Actualmente, ¿Bebé? ¡Piénsalo bien! educa a 40.000 jóvenes a nivel nacional. Los cursos que dictamos son charlas de 45 minutos donde se tratan temáticas como las dimensiones físicas, emocionales y económicas a la hora de tener un bebé en la edad adolescente. Su base es incentivar la autoestima, el concepto de proyecto de vida, presión de pares, comunicación


asertiva y toma de decisiones de los jóvenes, enseñando también sobre valores, derechos y responsabilidades”, afirma Camila Andrea Guzmán Olarte, gerente general de Training for Life, empresa encargada de este programa. Los estudiantes deben llevar el simulador a su casa y cuidar de él, de manera individual, durante 48 horas. Esto garantiza la efectividad del programa porque cuando el simulador despierta a los jóvenes llorando a diferentes horas de la madrugada, ellos deben averiguar qué necesita el “bebé robot”, que pesa 3.300 gramos y mide 50 centímetros. Cada alumno tiene una manilla que no debe quitarse durante el tiempo que tenga que cuidar el simulador. Esta manilla se sincroniza por medio de unos chips que tienen tanto la misma manilla como el simulador, garantizando que el contacto con el bebé sea siempre con el “joven padre o madre” y no se deje al bebé al cuidado de terceros. BPB no solo educa a estudiantes, sino que también reconoce la importancia de capacitar a maestros y padres de familia sobre el tema:

“Se capacita a los estudiantes durante una semana, a los docentes durante dos horas, y a los padres, seis horas. Además, tratamos de que los padres no intervengan con el cuidado del simulador para que los jóvenes no les deleguen esta tarea”, dice Guzmán. Como lo muestran los datos de la implementación del proyecto en Cundinamarca, en los colegios donde se han dictado los cursos se ha observado una reducción significativa de los embarazos adolescentes. Por ejemplo, en 2010, de 26 instituciones educativas de Cundinamarca que trabajaron con BPB, catorce presentaron una reducción del 100 % de embarazos adolescentes, y en ocho hubo una disminución de más del 50 %. Paradójicamente, la Gobernación de Cundinamarca suspendió el programa en 2014.

tengo correos de la doctora Diva Moreno [asesora en salud sexual y reproductiva del Ministerio de la Protección Social], en los que se dice que este programa no es recomendado porque no hay estadísticas, y yo acá las tengo todas; que es un programa que no representa costo-beneficio”. Aunque no es económico porque requiere mucha logística, va más allá de repartir un condón y un folleto. Según Guzmán, aparte de la capacitación a jóvenes, padres y docentes, los jóvenes tienen la oportunidad de vivir la experiencia con los simuladores, que también sirven para la prevención del alcohol y de las drogas. “Entonces ellos [Ministerio de Salud]

dicen: “¡No! Esa plata que se le da al proyecto de ¿Bebé? ¡Piénsalo bien!, mejor invirtámosla en los Servicios Amigables, y yo me pregunto ¿dónde están los Servicios Amigables?, ¿cuáles son? No existen”, continua Guzmán. “Nosotros hemos tratado muchas veces de acercarnos al Ministerio de Protección, pero no ha sido posible. Creamos un programa para que los bebés sean un complemento que responda a las necesidades que están por ahí sueltas, para hacer algo lo más completo posible. No menos de 15 veces hemos citado a la doctora Diva Moreno para que vea nuestro programa y nunca ha ido, pero sí habla mal de nuestro programa sin conocerlo”. Lo anterior deja en evidencia, una vez más, lo que se ha expuesto a lo largo de este reportaje. Primero: el mal manejo de los Servicios de Salud Amigables para Jóvenes y Adolescentes. Y segundo: el abandono de la educación sexual a causa de voluntades políticas que terminan afectando a la población adolescente.

* Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las entrevistadas.

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* 3.300 El bebé robot pesa

gramos y mide 50 centímetros ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

El CAMI donde sí funciona el Servicio de Salud Amigable para Jóvenes y Adolescentes.

El enemigo público A pesar de las cifras positivas, el Ministerio de Salud y Protección Social decidió darle la espalda al programa BPB. Guzmán afirma que “el Ministerio de Protección Social es un

detractor muy fuerte de nuestro programa;

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De “maneros” 12 a comerciantes organizados

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Retrovisor

Texto y fotos: Angie Ocampo Giraldo ocampoangie14@gmail.com

Los sanandresitos nacieron cuando la isla de San Andrés fue declarada puerto libre en 1957. Desde entonces, estos negocios se expandieron por todo el país y fueron florecientes hasta la apertura de las importaciones. Esta crónica se enfoca en los orígenes del Sanandresito de San José, fundado por familias del oriente antioqueño y de otras regiones del país. Hoy en día se están organizando en cooperativas para tratar de mantener el negocio dentro de la legalidad.

La historia del Sanandresito de San José se remonta al gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, hacia 1957, cuando San Andrés fue declarado puerto libre de Colombia y se convirtió en un lugar atractivo para turistas y comerciantes. Allí se entraban artículos de todo tipo con beneficios tributarios, como excepciones en el pago de derechos de importación y de aranceles regulares, lo que permitía un comercio libre, con mucha variedad y a muy buenos precios. Por ser zona franca, las regulaciones sobre la mercancía que podía sacarse de ese territorio delimitado no se hicieron esperar. Cada viajero tenía autorizado un cupo que no excediera las cinco unidades por producto y se permitía la salida de mercancías de uso exclusivamente personal. Esa oportunidad fue aprovechada por comerciantes que contactaban y compraban cupos de turistas para entrar mercancías al interior. Las esquinas y calles de las principales ciudades colombianas comenzaron a atiborrarse


de vendedores ambulantes, conocidos como “maneros” —porque llevaban la mercancía en sus manos— pregonando y vendiendo en los lugares más populosos. En Bogotá, se ubicaron entre los conocidos sectores de Paloquemao y San Victorino. Esta salida masiva de comerciantes a las calles desembocó en controles aduaneros intensivos y en un conflicto social entre autoridades policiales y vendedores, que entraron en disputa por el control del espacio público. Debido a la magnitud del problema, las alcaldías comenzaron a ubicar a los “maneros” en lugares fijos que tomaron el nombre de sanandresitos, haciendo referencia a esos microcosmos de la isla caribeña.

Un entorno peligroso En Bogotá, el más antiguo y de mayor crecimiento es el San José. Los comerciantes allí agrupados comenzaron en unas bodegas de papa —ubicadas la localidad de Los Mártires, sector de la plaza España, muy cerca del Hospital San José, del que tomó su nombre—, que fueron acondicionadas con casetas de madera. Muchos de los comerciantes de este lugar, se convirtieron más adelante en fundadores de los sanandresitos en otras ciudades del país.

10 o 12 ladrones por defender al comerciante y a los empleados; llegó un momento en el que tuvimos tanta fama, que los ladrones finos sabían que aquí no se podían meter. Yo me he encontrado gente y me dicen: ‘¡Todavía por aquí y no lo han matado!’; yo les digo: ‘Si no lo han matado a usted, que es ladrón, mucho menos a mí’”, dice con picardía. También aclara que los tiempos han cambiado y ahora hay más presencia de la Policía. Actualmente es administrador del centro, que cuenta con 420 locales. “Yo empecé como

encargado mientras llegaba la asamblea de propietarios y como la gente me conocía y me quería tanto, aquí me quedé. Los que llegamos a San Andresito lo hicimos arriando la pobreza con un trapo rojo; la verdad, yo escribir no sé, pero contar, sí”.

* 420 locales en el Sanandresito de San José ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••���•••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

El primer centro comercial del lugar se llama hasta el día de hoy Bodegas Antiguas Fundadores. Su administrador, Víctor Otálora, un boyacense trabajador y de carácter aplomado, lleva seis años en el cargo y cuenta que llegó a este sanandresito en 1993 buscando oportunidades: “Trabajé en un local vendiendo

mercancía y después me fui de vigilante a las Bodegas Antiguas Fundadores”. En ese sector de la ciudad, Otálora fue testigo de la difícil situación que se vivía por los problemas de inseguridad y de ausencia de la autoridad: “No había un policía ni pa’remedio, los

policías éramos nosotros. Yo llegué a Puerto Príncipe —hoy uno de los centros comerciales más grandes y reconocidos—, que era como la EDIS [empresa de aseo], adonde traían toda la basura de este sector de Bogotá; entonces el tráfico de indigentes y ladrones era permanente en la localidad de Los Mártires”. Víctor supervisaba a un grupo de 12 compañeros que prestaban la seguridad en el centro comercial. “Nos enfrentábamos a bandas de

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Las cooperativas como salvaguarda En el Sanandresito de San José, la cooperación y la solidaridad entre colegas y paisanos han sido claves para superar los obstáculos. En este sentido, se destaca el trabajo mancomunado de quienes están afiliados a las cooperativas del sector. Entre las más conocidas se encuentran Sanandrecoop, Accosan y Coogranada.

Arriba: Andrés Alberto Arias, gerente de Sanandrecoop. ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Abajo: Un Willys que hace parte del paisaje del sector.

Desde hace tres años, Andrés Alberto Arias es el gerente de Sanandrecoop, una cooperativa que agrupa al gremio de perfumeros de los sanandresitos, con el fin de conseguir precios que, dentro de la legalidad, sean competitivos.

“Nosotros tenemos unos asociados que hacen parte de los sanandresitos de Colombia y lo que hacemos es comprar en volumen y venderles a ellos a buen precio para que puedan ser competitivos. Tenemos productos importados, productos nacionales y compramos a proveedores que distribuyen marca”, explica

Andrés, para quien el mayor reto al que se ven enfrentados como cooperativa es la competencia con el contrabando: “Como negocio formal

competimos con los negocios informales. De entrada es el 16 % más del IVA, fuera del costo de la nacionalización. Muchas veces el mercado lo determina el precio, y cuando no se tiene un precio competitivo, no se puede vender”. El propósito de agremiarse es poder defenderse de injusticias, “pues hay una serie de facto-

res que limitan al comerciante, por ejemplo, la perfumería está monopolizada aquí en Colombia y la maneja un solo señor, que vende en sus almacenes y no nos vende a nosotros que estamos en el comercio. Así, obliga a muchos de los comerciantes a comprar mercancía de contrabando porque no se consiguen legalmente. Por eso queremos volvernos un gremio fuerte para decirle al Estado que no queremos seguir con el contrabando, pero queremos tener la posibilidad de comprar muchas marcas y que se puedan importar legalmente”. La organización de perfumeros tiene bastante acogida en los sanandresitos. Su gerente afirma que un 80 % de ellos pertenecen actualmente a la cooperativa, y pasa lo mismo en Medellín y Barranquilla. La constitución de esta cooperativa ha sido uno de los muchos esfuerzos por entrar en el marco de la legalidad. Uno de sus cofundadores, Maclovio Torres, cuenta que son empresas completamente legales, que al año aportan entre $1.000 y $1.200 millones en impuestos a la nación. Maclovio Torres, un tolimense que se destaca por su ropa elegante y su refinado lenguaje, es el presidente de Accosan, y ha dado la batalla por legalizar la actividad que se desarrolla en Sanandresito. Cuando fue edil de la localidad de Los Mártires, vio la necesidad de crear la asociación de comerciantes “porque cuando

se iba a hablar a la junta administradora como Centro Comercial Puerto Príncipe o como Bodegas Antiguas, tenía mucho más peso una asociación comercial que los centros comerciales solos”. Como presidente de la organización dice que busca “la manera de defendernos de las arre-

metidas de las autoridades, pero reconociendo

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que ellas no tienen ningún sitio vedado dentro de estos comercios, adonde pueden venir las veces que quieran y serán respetadas”. Maclovio habla también de un trabajo mancomunado por educar a los comerciantes sobre la necesidad de legalizar sus negocios. Dice que cambiarles la mentalidad no es una tarea fácil, “pero lo hemos logrado en un 70 u 80 %”, afirma.

La colonia granadina Otra de las cooperativas más emblemáticas del sector es Coogranada, la cual, como su nombre lo indica, está integrada en su mayoría por paisanos de Granada, un pueblo del Oriente antioqueño. Su directora en Bogotá es Beatriz Aristizábal, una paisa que solo acabó el bachillerato, pero actualmente desempeña funciones contables y de asesoría financiera. “Llegué a Bogotá hace 14

En el Centro Comercial Puerto Príncipe.

años, y estoy vinculada a la cooperativa hace 24 años. Coogranada es una cooperativa de ahorro y crédito que nació hace 52 años en el municipio de Granada, Antioquia, fundada por 44 personas que dieron $440 cada una. Antes, para poder ingresar a la cooperativa se necesitaba que el interesado tuviera algún vínculo familiar con la organización. A raíz de que la guerrilla y los paramilitares entraron al pueblo y desplazaron a tanta gente, se vio la necesidad de abrir oficinas en diferentes partes. En Bogotá se abrió en el 2003, y tuvo mucha acogida porque hasta entonces la gente tenía que ir hasta Granada o Medellín por los créditos para montar los negocios acá. En este momento en Bogotá somos 5.200 afiliados, y en el país, 51.000”. La ventaja que ofrece este tipo de entidades es que operan de manera diferente a los bancos tradicionales, los cuales, según señala Beatriz,

“al que tiene plata le prestan y al que no, no. Mientras que Coogranada atiende desde un vendedor de calle dándole la oportunidad de tener su propio negocio”. Captan los recursos en cuentas de ahorro para prestarlos en los créditos que se soliciten entre los miembros. Para acceder a los beneficios de la cooperativa tienen que ser asociados, pagar una vinculación una sola vez y comenzar a disfrutar de los convenios con su propia aseguradora y su

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fundación social, que ofrece actividades como paseos gratis el Día de la Familia, seis becas escolares por ciudad, servicios médicos y odontológicos, además de todas las celebraciones tradicionales.

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Coogranada:

5.200 afiliados en

“Estamos en un círculo donde la gente mueve mucha plata, pero le tienen miedo a la contabilidad; por eso hay mucho comercio informal. Uno les dice: ‘Mire, saque el RUT porque de lo contrario usted no es legal ante ningún banco, no es nadie, así tenga mucha plata’”. Allí se

Bogotá

51.000 en el país ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••ç

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les da la oportunidad a los comerciantes de comenzar a ‘bancarizarse’ y a hacer un historial crediticio favorable. En este sentido también afirma que “la gente

paisa tiene una moralidad crediticia increíble; ese puede ser nuestro fuerte porque se le da la oportunidad a todo el mundo, pero el fuerte nuestro es el comerciante de los Sanandresitos, el que consigue la plata con el sudor de la frente, aunque los bancos piensan que lavan, que son narcotraficantes”. Maclovio Torres, presidente de Accosan, que ha dado la batalla por la legalización del comercio.

Entre sus asociados se encuentran amas de casa, comerciantes pequeños y medianos. Coogranada no se concentra en empresas grandes, para mantener la filosofía del cooperativismo y que todos tengan la misma oportunidad de crecer. Y aunque falta mucho camino por recorrer, la cooperación es la estrategia que eligieron muchos comerciantes del Sanandresito de San José para formalizar el negocio y hacer el tránsito de la ilegalidad a la legalidad.


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Deportes

El tercero en

discordia Texto: Santiago Nándar wnanda@javeriana.edu.co

Fotos: Santiago Nándar y Club Deportivo La Equidad

Hace más de treinta años, surgió el equipo La Equidad y desde entonces ha dado ejemplo de organización y disciplina. Aunque la hinchada del verde todavía es pequeña y familiar, promete crecer porque el equipo se sitúa entre los mejores del país. Un perfil del equipo verde bogotano, poco seguido por los grandes medios de comunicación, que materializa el sueño del fútbol en paz.

El Club Deportivo La Equidad Seguros es un equipo de fútbol profesional colombiano que nació en el hexagonal orgullo de la capital y el más famoso del país en el fútbol amateur: el del barrio Olaya Herrera, en 1982. La Equidad les dio la oportunidad a los futbolistas de los otros equipos bogotanos y a los jugadores del centro del país que apenas estaban surgiendo para que pudieran representar a esta institución. El equipo ascendió a la primera división del fútbol profesional colombiano en 2007. Es el único equipo colombiano que ha hecho el recorrido por las categorías C, B y A. Fueron subcampeones de la C cuando esta daba ascenso a la B. Fue el primer equipo en ganar los dos torneos de la B el mismo año (2006) para lograr el ascenso en el 2007, donde entró a codazos para quedarse y ser el tercero en discordia de la capital. Debutó hace poco más de nueve años,


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En 2007, la Equidad ascendió al fútbol profesional ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••���•••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

el 4 de febrero del 2007, frente a un grande del país como lo es Atlético Nacional.

Un equipo de bajo perfil y alto nivel La Equidad llegó a un mercado saturado por los equipos tradicionales de la capital: Santa Fe y Millonarios, y tras la crisis vivida por ellos y por el fútbol bogotano, La Equidad supo aprovechar la oportunidad: “Yo toda mi vida

he tenido mi corazón en Millonarios, pero este ejercicio nuevo de La Equidad, el cual llegó en el momento en que los equipos capitalinos arrastraban un lastre tremendo de malos resultados, de improvisaciones, desorden, dudas sobre su estructura organizacional y empresarial, llevó a muchísima gente a desmotivarse y vino un club nuevo y ordenado. Este equipo lleva más de nueve años en primera división y ha estado siempre entre los tres o cuatro me-

jores del país y eso habla muy bien del equipo, eso es lo que justamente la gran prensa no aprecia. Aquí se habla de los clubes grandes, pero también hay que hablar de los clubes organizados y de los que han sacado la cara por el fútbol colombiano”, dice Carlos Acero, uno de los nuevos hinchas del verde de la capital. Inconformes con el rendimiento de los rivales de patio, los aficionados capitalinos empezaron a formar parte de la historia de lo que hoy es La Equidad. “Uno se siente muy bien aquí

apoyando a La Equidad; se encuentra como en familia, entre gente culta, muy decente y uno aprecia el fútbol bien bonito con esta clase de hinchada; es la que necesita este país para no generar tanta violencia”, expresa Luis Fernando Caviedes Toledo, otro de los seguidores del equipo. La Equidad ha logrado ser subcampeón del segundo torneo del 2007; campeón de la primera Copa Colombia Postobón en 2008, dos veces finalista de la Liga Colombiana, 2010-I y 2011-I y ha jugado cuatro torneos internacionales. Con esto ha logrado ‘robar’ algunos seguidores de los grandes equipos y consagrar a los hinchas que lo venían siguiendo desde 1982, como David Antonio Bolívar: “Mi comienzo en

La Equidad fue porque yo también soy hincha de Santa Fe y siempre mandaban los jugadores de las reservas a los primeros equipos del Hexagonal del Olaya, desde ahí el gusto por La Equidad; empecé después a verlo en la C y desde entonces he seguido todo el proceso”.

El ‘Choquiedad’ El club es netamente bogotano, así haya sido llamado La Equidad ‘paisa’ cuando Alexis García era su director técnico, La Equidad ‘valluna’ cuando lo dirigió Néstor Otero o, en su momento, El ‘Choquiedad’ porque la mayoría de sus jugadores provenían del Pacífico colombiano y se hacían llamar así. Sin embargo, sus principales referentes en todo este proceso son Stalin Motta y Diego Novoa, jugadores capitalinos. El eterno capitán y el referente de las fuerzas básicas, como dice su presentación en el estadio de Techo. Diego Novoa, actual portero del equipo, jugó en la categoría B algunas veces como delantero

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para cumplir la regla de tener un jugador sub19. Así, el utilero del club llevaba un buzo de arquero y una camiseta con el mismo número, para que Novoa estuviera listo bajo los tres palos o buscando un gol. Otro aspecto destacable es que dos de los cinco cuerpos técnicos que ha tenido el equipo han sido bogotanos. Fáber López fue director técnico en las categorías B y A, mientras que Wilson Gutiérrez pasó de ser director técnico a ser asesor de López, luego volvió a convertirse en jugador y capitán del equipo. En una ocasión, La Equidad le devolvió el favor a Santa Fe con los jugadores que fueron prestados al club en sus primeros años en el Olaya, con el profesor Wilson Gutiérrez, quien hizo escuela como entrenador con los ‘aseguradores’ para luego ir a dirigir a Santa Fe y salir campeón tras 37 años de sequía en la liga local y convertirse en ídolo.

Escuelas con más de 1.000 niños Óscar Barreto, Stalin Motta, Esteban Ruiz y Diego Novoa son cuatro de los nueve jugadores profesionales que tiene Bogotá en la primera división del fútbol colombiano y que juegan en el verde de la capital. El equipo ha jugado como local en partidos oficiales en siete plazas de la ciudad: Techo, El Campín, El Campincito, la Universidad Nacional, el Luis Carlos Galán, el Olaya Herrera y Los Pinos —ubicada en el norte de la ciudad—. Así mismo, el equipo cuenta con más cinco escuelas de formación deportiva donde hay más de 1.000 niños inscritos.

“Ser hincha de la Equidad para mí es aportarle un granito de arena a un equipo que está empezando para que salgan adelante. La mentalidad de nosotros es apoyar a la Equidad porque le da oportunidad al deportista joven, al bogotano; yo tengo un hijo que juega en las inferiores de la Equidad y mi deseo es que la Equidad siga surgiendo para que le siga dando apoyo a la niñez para vivir el fútbol; es el equipo que le está dando la oportunidad a mi hijo”, dice José Castillo.

“El plus que tiene este equipo es la humildad y el afecto que brindan a las personas; un equipo netamente bogotano que desde 1982 ha estado en el Hexagonal del Olaya y ha parti-

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* niños 1.000

inscritos en la 5 escuelas de La Equidad ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••

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cipado en la Liga de Bogotá”, opina Bolívar. “Nosotros, como bogotanos, nos sentimos orgullosos de tener y ser el tercer equipo de la capital, acompañando a Millonarios y a Santa Fe; consideramos que La Equidad es netamente bogotano”, dice Luis Fernando Caviedes.

La casa en Techo Equidad oficia como local en el Estadio Metropolitano de Techo, patrimonio arquitectónico de Bogotá y de Colombia, que se construyó a mediados del siglo pasado como hipódromo y tuvo décadas de esplendor, pero en 1991 se convirtió en estadio. Primero fue la sede de Academia F.C., rival acérrimo de la Equidad cuando jugaban en la B, pero desde 2007 es la casa del verde. “En Techo me siento mejor

que en cualquier otro estadio, mejor que en el Campín, porque no hay violencia, solo hay camaradería”, dice David Antonio Bolívar.

Más que un equipo es una familia. En la tribuna se ven hinchas, jugadores, integrantes de las fuerzas básicas y trabajadores del club: la familia Equidad que comparte y disfruta del fútbol en paz, de un equipo atípico porque se formó con hinchas de los otros equipos y que a partir de la cultura ciudadana ha creado una afición, no de tradición, pero sí de los valores que se construyen en las escuelas de formación deportiva del club, en la cual se establece una identidad, lo que les permite a los niños y sus papás ver fútbol de primer nivel en Colombia. Por esto en el equipo se habla de unos valores dentro y fuera de la cancha para que se reflejen en la tribuna y sus hinchas. “La Equidad es

el paradigma de lo que debe ser el otro hincha en Colombia, un club organizado, con una estructura empresarial, con un respeto por las personas que trabajan allí y con una visión de hacer del fútbol una actividad en familia, que


viene al estadio con los niños para disfrutar, sufrir, gritar a favor y en contra sin vulgaridad, sin groserías ni amenazas. Aquí viene la gente a vivir la verdadera pasión del fútbol, que es un juego, un deporte en el cual se gana, se empata o se pierde”, reitera Carlos Acero.

La familia aseguradora Los partidos de La Equidad frente a Nacional, Millonarios y Santa Fe tienen una mística especial en el camerino. Son partidos diferentes porque se enfrentan a los equipos a los que siempre se les quiere ganar. No obstante, hoy el Deportivo Pasto se convierte en uno de ellos. Por otro año más se vuelven a enfrentar en una jornada de clásicos, “jugando

bonito, jugando feo, jugando al pelotazo… traer tres puntos, esto lo importante de este partido, para que nos dé más confianza, para que estemos tranquilos y sigamos sumando en la tabla”, afirma Dhawlim Leudo, jugador del equipo. Aunque en el club no se manejen las grandes cifras ofrecidas en sueldos y promesas, el equipo nunca ha tenido problemas con salarios; los jugadores están en la nómina de

su patrocinador, La Equidad Seguros, y antes del día 5 de cada mes reciben su sueldo; se cuida al jugador para que se sienta cómodo y entregue todo. A pesar de que el resultado es incierto, siempre son partidos que se jugarán a muerte. La Equidad tiene pintado un escudo gigante en el camerino con una estrella para que se visualice el campeonato. Cada comienzo de Liga, la barra La Saludable compra un ponqué y le da la bienvenida al equipo, y al final del semestre le hace la despedida. Durante un tiempo se entregó un trofeo conmemorativo al mejor jugador del partido, no importaba si fuera del equipo local o del visitante. El fútbol prevalece sobre su afición. Al final del compromiso del 15 de marzo, la familia aseguradora se va con la barriga llena por los algodones de azúcar y crispetas que se repartieron en el partido y con el corazón contento, feliz por vivir una tarde más con su equipo, que sobresalió por su cordialidad, el respeto por el contrario, las sonrisas, el esfuerzo mostrado al lograr el empate en el último minuto y la amistad dentro y fuera de la cancha, esperando el próximo partido del equipo.

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Deportes

Del arte de la guerra a un deporte con arte Texto: Verónica Perry Galvis veronica_perry_5@hotmail.com

Fotos: cortesía de Guillermo Cardozo

Con el vaulting, los jinetes de hoy decidieron cambiar las rutinas bélicas por la gimnasia y la danza, y Bogotá se proyecta como escenario para que este deporte artístico siga creciendo.

En el siglo XIII, los mongoles se caracterizaban por su buen desempeño a la hora de montar un caballo. Las múltiples victorias obtenidas por el ejército mongol se debían, en gran parte, a su agilidad para disparar flechas maniobrando un equino. Por eso, las batallas se basaban en la perfección. En este nuevo milenio, ya no es necesario el derramamiento injustificado de sangre, y aunque todavía luchan dos bandos, el contacto entre ellos no se da como en las guerras de los mongoles: los jinetes ya no arrojan flechas, sino que seducen con sus acrobacias. Las fuertes armaduras de hierro se transformaron en elásticas y coloridas trusas. El vaulting es esa ‘nueva’ disciplina que demuestra lo que se puede lograr encima de un caballo. En este deporte, la danza, la gimnasia y la acrobacia se unen con la cabalgata. Pueden realizarse con el equino al paso, al trote o, incluso, al galope, dependiendo del deportista que, según su habilidad, hace peligrosas maniobras sobre el lomo de un animal de más de media tonelada de peso. “Es un deporte muy

extraño y original, y creo que eso es lo más chévere. Tiene un estilo personal porque a nadie se le ven igual los ejercicios”, dice Juan Martín Clavijo, quien a sus 15 años es uno de los mejores ‘volteadores’ colombianos.

Pelotón de amigos “Esta es la única disciplina de la equitación que se puede practicar en grupo y que busca fomentar el compañerismo y el trabajo en equipo”, afirma José Bernardo De Castro, entrenador del Club Bacatá y juez de vaulting en concursos nacionales. Y es que este deporte se puede practicar de forma individual, en parejas o en equipos. “El trabajo en equipo en vaulting

es muy profundo y crea relaciones muy fuertes. No solo es crear una coreografía en la que todos hagan cosas que les gusten, también es para corregirse y ayudarse”, complementa


Clavijo. Como en las guerras de los mongoles, el ‘volteador’ nunca estará solo. Siempre tendrá un equipo que lo acompañe: el caballo, el entrenador y sus compañeros. Lo importante es que el deportista se sienta a gusto y se divierta mientras lo practica. Por eso, el vaulting es para cualquier persona, sin importar la edad ni la contextura. El único requisito es disfrutarlo. Y así lo confirma De Castro: “Se necesita un gusto y una pasión

que hacen que el que tiene menos condiciones físicas, pero es más apasionado, supla con su trabajo lo otro”. Sin embargo, la flexibilidad y el estiramiento son claves para un deporte que reúne la gimnasia y la danza. Por esto, la parte física se ha vuelto cada vez más importante, pues es elemental para evitar lesiones. En el vaulting, los esguinces o fracturas de tobillos y muñecas son las más comunes. “En este deporte

siempre se sube y se baja, a diferencia de la equitación, por lo que las caídas pueden provocar ese tipo de lesiones. Pero realmente los más avanzados aprenden a controlarlas, entonces el riesgo disminuye”, asegura María Fernanda Posada, entrenadora de la escuela La Escudería.

Importado de Alemania “En 1997, la Federación trajo a un entrenador alemán para enseñarnos el vaulting y nos

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invitaron a los que éramos profesores de equitación en ese momento para que lo conociéramos”, recuerda De Castro. “Nos gustó mucho, le vimos una cantidad de ventajas y empezamos a adoptarlo y a difundirlo en Colombia”. Así nació en Bogotá un deporte que surgió en el Viejo Continente, concretamente en Alemania. La primera parada del vaulting en Colombia se hizo en Medellín, pero pasó inadvertida. Cuando llegó a la capital fue amor a primera vista. “Éramos como diez entrenadores, entonces

empezamos a juntarnos para mirar el reglamento, porque hacía falta toda la parte oficial, traer instructores, hacer competencias. Y ese ha sido el proceso", cuenta Posada, quien también ha estado involucrada en el deporte desde que este llegó a la ciudad. “Ha sido un

camino muy largo, pero lo hemos recorrido entre todos”, complementa De Castro. Desde

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el principio se conformó este pequeño grupo que ha intentado impulsar y difundir el vaulting en Bogotá y en el resto del país. Y no ha sido nada fácil. En la capital son muy pocos los que conocen esta disciplina. ¿Por qué?: “Ha existido siempre

el mito de que la equitación es un deporte costoso, por los caballos. Entonces se ha restringido a los clubes sociales que tienen pesebreras y caballos, por lo que el acceso de la gente es muy limitado”, se lamenta De Castro. En Bogotá se practica, principalmente, en clubes como Guaymaral, Pueblo Viejo, El Rancho y Bacatá y en escuelas como La Escudería y Corpoalegría; la hora de clase tiene un costo aproximado de $40.000. Pese a que el acceso a este deporte es un poco limitado, lo que pocos saben es que tiene una grandísima ventaja: en la equitación cada jinete necesita su propio caballo, mientras que en el vaulting, por el contrario, muchos deportistas practican con el mismo animal. “Aquí debía ser más fácil llevar el vaulting a

todas partes porque es un caballo para muchos niños. Eso lo hace más fácil, no es tan elitista”, asegura Posada. Para practicar esta disciplina se necesita un caballo especial: debe tener dos años adicionales de entrenamiento. “Hay que confiar mu-

cho en el caballo y es importante que conozca muy bien la coreografía”, dice Clavijo, quien asegura que cada caballo genera una confianza diferente.

“Toda la parte del contacto con el caballo más directo es con el vaulting, porque lo tocas, te acuestas, lo consientes. Todos los movimientos son alrededor del caballo. Entonces eso genera una relación y un vínculo muy bonitos”, explica Posada. Por esto, los entrenadores aseguran que esta disciplina debe ser el primer acercamiento de un deportista a la equitación “porque le pierdes el miedo al

caballo y estás más seguro; entonces, si luego haces otra cosa, ya tienes mayor seguridad”, dice Posada.

Deporte desconocido El mayor problema del vaulting en Bogotá es que es poco conocido y, por ende, escasamente publicitado. En los medios de comunicación nunca se habla de este deporte, por lo que su

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posibilidad de masificación se reduce. “Por ejemplo, el año pasado fuimos a Normandía a los Juegos Ecuestres Mundiales y eso no es una noticia. Aquí casi que solo existe el fútbol”, afirma la entrenadora de La Escudería, quien tuvo que pasar un largo proceso, junto con sus ‘volteadores’, para poder asistir a la máxima competición. “Ellos se prepararon, tuvieron que

ir a concursos internacionales en Europa y Estados Unidos por su cuenta. Eso no es nada fácil, es un camino bastante duro”, asegura De Castro. En Bogotá, la participación de Colombia pasó inadvertida. Los asistentes tuvieron que hacer innumerables sacrificios para representar al país en la competición más importante de la hípica. Y pocos se enteraron. “El camino fue

largo y se nos presentaron muchos obstáculos, pero todo valió la pena, aprendimos mucho”, dice Clavijo, uno de los seis ‘volteadores’ que fueron a Francia. El vaulting es, quizás, el deporte más llamativo que hay visualmente. Pese a esto, su publicidad en Bogotá es prácticamente nula. “Yo voy a pedir un patrocinio para el vaulting y me pre-

guntan: ‘¿Cuántos niños van al evento?’. Van 100, más el papá, la mamá y la abuelita. Son 300 espectadores, y a veces, ni siquiera, pueden ser 100. Entonces nadie te da patrocinio, nadie le gasta un peso para que 100 personas vean un espectáculo”, dice De Castro, quien no sabe qué más hacer para divulgar el deporte de sus amores. Las batallas más fuertes e importantes a las que el vaulting se tiene que enfrentar son la divulgación y el patrocinio. Sin embargo, los cerca de 100 guerreros bogotanos que entrenan competitivamente siempre se preparan de la misma manera para los concursos, buscando la perfección. Nunca bajan la guardia.

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La ruina

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Patrimonio

Texto: Sergio Rosas sergiorosas06@hotmail.com Fotos: Maria Camila Charry

El edificio donde funciona desde 2011 el Espacio Cultural Odeón ha sido desde la década de 1930 un lugar para el arte. Después de ser sede del grupo El Búho y del Teatro Popular de Bogotá, y de quedar en el abandono, ha sido reconvertido en un espacio convergente gracias a tres emprendedoras jóvenes artistas.

Con tantos cambios en la avenida Jiménez en Bogotá cuesta imaginar cómo se veía el entorno del Teatro Odeón en esos años treinta. Como había teatro, de seguro la zona era limpia, movida, llena de gente elegante. Hoy, la Jiménez es atravesada frenéticamente por estudiantes, trabajadores, comerciantes, habitantes de la calle y extranjeros. El Teatro Odeón es hoy una ruina con dos pendones gigantes colgados en la pared que anuncian una exposición, Territorios en juego, y una obra de teatro, La secreta obscenidad. Esta ruina tiene vida y movimiento. Se levanta en el centro histórico de Bogotá como un espacio alternativo para el arte; conserva paredes agrietadas que todavía hacen eco de los diálogos de grandes obras y actores, o que están dispuestas a colgar piezas de arte contemporáneo. La ruina se llama Espacio Cultural Odeón, y ha venido desde el pasado para hablarnos.

Tres pisos, muchos vestigios Al entrar, el olor es el de un apartamento en obra gris, donde 1.500 metros cuadrados se


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1.500 metros cuadrados para el

arte ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••

salen de ‘lo habitual’. El primer piso tiene varios espacios. A la entrada funciona una especie de recepción, donde algún miembro del equipo Odeón está disponible para dar información sobre alguna de las obras en cartelera. En el escritorio se encuentra una urna de cristal con el aviso: “Donación sugerida: $5.000”. Hace un año era de $2.000, pero la ruina se va notando en las paredes y en los bolsillos. Uno que otro tubo sobresale del techo o de algunas paredes. Cables negros, pedazos de hierro oxidados y hasta bolsas con escombros se pueden encontrar en medio de algunas columnas. Todo esto, que responde a un plan deliberado de experimentar, contrasta con un espacio nuevo y colorido: en el primer piso, y hacia el costado occidental, hay una salita con sillas nuevas y lámparas rojas y anaranjadas. La pared que cobija esta parte del edificio es azul eléctrico, y tiene una estantería donde se pueden encontrar libros y revistas de pintura o de fotografía.

Al caminar hacia las escaleras en espiral, las suelas de los zapatos entran en contacto directo con piedritas y algo de polvo. El segundo y el tercer piso funcionan como espacios para exposiciones de arte, y el segundo también sirve como el escenario principal para las obras de teatro. Los ventanales oxidados y los rincones polvorosos guardan un sentimiento de paranoia: parece que estuvieran a punto de caerse, pero las obras que lo habitan, junto con los arreglos y objetos nuevos que se han añadido, permiten recordar que el espacio se mantiene erguido y activo, alejando cualquier miedo de derrumbe. Muestra de ello es que las directivas de Odeón afirmaron no haber sentido de forma fuerte el temblor de 6,6 grados del 10 de marzo de este año en Colombia, el cual sacudió de forma fuerte algunos edificios y puentes de la ciudad. La ruina aguantó.

Primero fue el arte Cuando la directora del Espacio Odeón, Tatiana Rais, pisó por primera vez el suelo de lo que hoy considera su mayor logro profesional, quedó enamorada. Entonces, en abril del 2010, el edificio estaba abandonado. Olía mal, tenía graves problemas de humedad y había peligrosos huecos en el suelo. Los únicos habitantes eran las palomas que habían hecho un gran nido en algunos rincones del techo. Incluso quedaba buena parte de la escenografía que el Teatro Popular de Bogotá dejó en la que fue su sede.

“Mucha gente hoy lo ve y dice: ‘Ay, ¿esto no lo van a arreglar? Todo está en ruina’, y la verdad es que hoy en día el espacio está impecable, comparado con la primera vez que lo vi”, comenta Tatiana. Ella está en su oficina, ubicada en un edificio que hace parte de Odeón, pero sin acceso a los visitantes. Es una especie de pequeña torre de tres pisos, a la cual se puede acceder desde una puerta sobre la avenida Jiménez, o por un puente en el tercer piso de Odeón. La oficina de la directora es de paredes blancas y tiende al minimalismo. La luz entra por varios ventanales y de vez en cuando alcanza a colarse el ruido del motor de algún bus de Transmilenio. Allí, Tatiana atiende llamadas y está pendiente de uno de los grandes dolores de cabeza de casi cualquier espacio cultural en Bogotá: la financiación.

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Claro que hoy en día Odeón ya es reconocido en los cerrados círculos del arte bogotano, y ello le facilita conseguir patrocinio o convenios con otras entidades. Pero en 2010 ni siquiera había una idea concreta de lo que sería ese edificio. Tatiana vio más allá de los escombros, y comenzó a pensar en un concepto, una forma. ¿Qué hacer con ese espacio que mantenía una esencia artística que pedía ser revitalizada? Gracias a un trabajo de verano que consiguió en Nueva York mientras terminaba de estudiar su pregrado en historia del arte en la Universidad de Tufts, a las afueras de Boston, conoció un proyecto artístico que se apropiaba de espacios en decadencia. Se llamaba “No longer empty” (“No más vacío”) y consistía en utilizar ciertos edificios en mal estado ―debido a la crisis económica que vivió Estados Unidos desde 2009―, para que artistas de la ciudad hicieran sus intervenciones temporales. Luego llegaban más artistas y hacían lo mismo, dándole dinamismo y uso a lugares abandonados.

cultural. Las fundadoras decidieron que no querían un lugar temporal de exposiciones, sino un centro vivo de expresiones artísticas que tuviera una línea definida. Fue así como, tras crear formalmente la Fundación Odeón, el 29 de junio de 2011, las tres jóvenes comenzaron a planear la apertura del Espacio Odeón: su propia feria de arte, paralela a Artbo. Tatiana recuerda que al comienzo no querían ser una apuesta diferente a Artbo, sino complementar ciertos vacíos que esa feria estaba dejando, sobre todo con galerías de pequeño formato o artistas poco conocidos. No fue así:

“Queríamos ser una contribución de Artbo. Obviamente nos dijeron: nada que ver, ustedes son nuestra competencia. Esa puerta nos la cerraron en la cara. Con ese ‘no’ tan rotundo nos cuestionamos cómo íbamos a seguir con el proyecto”.

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La ruina se refundó en

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Bajo la luz de esa experiencia, Rais, con apenas 21 años, vio la posibilidad de transformar el olvido y la falta de cuidado en algo más: “Yo

tengo algo con la ruina. A mí me gusta mucho ver espacios que se transforman. Ver cómo algo obsoleto se puede transformar en vida”. Tatiana había estado fuera del país desde que tenía 10 años y al mudarse de nuevo a Bogotá no tenía muy claro cómo estaba el panorama del arte. Eran aguas conocidas en la teoría, pero nadar en ellas era otro asunto. Por eso cuando supo que el espacio había sido comprado por un grupo de inversionistas ―entre ellos su padre― que no querían destruir la edificación original, sino mantenerla para uso artístico, Tatiana decidió vincular al proyecto a personas que sí supieran nadar. Así, las fundadoras de Odeón fueron ella, María Fernanda Currea, especializada en gestión cultural, y Juliana Steiner, que estaba finalizando sus estudios en administración y arte. Currea fue en esos primeros años la guía artística del espacio, pues había trabajado como directora comercial de LA Galería durante algunos años, y eso le había permitido familiarizarse con el mundo artístico bogotano. Con ella, Odeón planteó sus bases como espacio

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un éxito. No esperábamos que nadie viniera y todo lo contrario: tuvimos cerca de 1.000 asistentes durante los días de la feria. No lo podíamos creer”. Muchos de los participantes de la primera feria eran conocidos de artistas o gente vinculada al arte que sabía de Odeón. Tatiana recuerda que parte de lo que más la emocionó ese día, después de haber estado trabajando frenéticamente durante tres meses, fue que hubo personas que, al igual que ella, miraron más allá de las ruinas: “Recuerdo que había parejas

que decían: ‘Aquí me di mi primer beso hace muchos años’, mientras otras exclamaban: ‘¡Pero acá fue donde vi mi primera obra de teatro!’. Me emocionó que sintieran lo mismo que yo cuando conocí el espacio”.

Cine-teatro-espacio

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Odeón abrió su primera feria de arte en 2011 con 12 galerías ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

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Al parecer, el Espacio Cultural Odeón fue en primer lugar una sala de cine del centro histórico de Bogotá, alrededor de los años treinta del siglo pasado. Para entonces, no eran escasas, pues habían pasado cerca de dos décadas desde la apertura del Gran Salón Olympia, en 1912. Lamentablemente, el Bogotazo también arrasó con la sala de cine del edificio de la avenida Jiménez.

Con ese panorama, María Fernanda Currea comenzó a buscar personas que sí creyeran en el proyecto, y con el voz a voz consiguieron apoyo de sectores del arte en la ciudad que tenían cierto peso. Luego de tres meses de remodelar, Odeón abrió la primera de sus ferias de arte en octubre de 2011, justo cuando Artbo lo hizo. Contó con 12 galerías invitadas, de las cuales solamente ocho pagaron el derecho por exponer en el espacio. “Y eso que las

que pagaron lo hicieron de forma simbólica”, recuerda Tatiana, convencida de que desde un comienzo Odeón no ha buscado altas ganancias, sino ser una propuesta diferente. Para ella, tal como para Vanessa Adatto, coordinadora actual de la programación de Artes Escénicas en Odeón, “la primera feria fue todo

Después del incendio de Bogotá, el actor y dramaturgo Fausto Cabrera (padre de Sergio, el reconocido cineasta) creó el Teatro El Búho, donde quedaba la sala de cine. Allí, Cabrera comenzó a formar a un número considerable de actores y directores en las nuevas tendencias del teatro mundial, en especial todas las innovaciones que llegaban de Europa y Estados Unidos a la capital. Las vanguardias dramáticas fueron el plato fuerte de esos años, y el Teatro El Búho pudo ofrecerle al público bogotano de la época obras consideradas extrañas, pero de alta calidad. Luego, a comienzos de los años sesenta, se comenzó a llamar Teatro Odeón, y fue propiedad de la Universidad de América. El nombre parece haber sido una tendencia de esos años en algunos países latinoamericanos, pues hacía referencia directa a uno de los teatros más prestigiosos de París. Buenos Aires, al igual que la Bogotá de esos años, tenía su propio Teatro Odeón.


Y algo de estabilidad llegó al Odeón cuando en 1968 fue creado el Teatro Popular de Bogotá (TPB) por un grupo de directores formados en Praga (Jaime Santos, Rosario Montaña y Jorge Alí Triana). El TPB le dio vida y energía al edificio, montando obras ambiciosas y originales durante más de 20 años. Jorge Alí Triana hizo un par de ampliaciones a comienzos de los años noventa, para adaptar el espacio a obras de pequeño o gran formato. Lo que no previó era que su manejo administrativo del TPB no era tan bueno como su dirección artística . Así, no solo el TPB se disolvió al finalizar dicha década, sino que el edificio entró en un estado de abandono difícil de entender por su localización estratégica y la belleza de su arquitectura. La ruina comenzó a formarse, y con ella sus ganas de hablar, de hacer hablar al pasado en el presente. Por eso no sorprenden muchas coincidencias: la obra con la que Odeón abrió su programación en 2015 fue La secreta obscenidad, en su segunda temporada. Uno de los protagonistas, Hernán Cabiativa, se inició en la escuela del TPB. “Es increíble que ahora,

muchos años después, esté actuando en las mismas paredes donde ensayé mis primeras líneas. Obvio, ahora todo se ve diferente y casi no se puede relacionar los dos lugares de manera visual, pero sí sentimentalmente. Este lugar es otra cosa”, dice Hernán con un tono nostálgico.

Escombros del futuro El Espacio Odeón, ubicado exactamente en la carrera 5ª # 12C-73, tiene un jardín interno. La palabra jardín puede que se quede corta, pues concretamente es un espacio amplio, rodeado de paredes de ladrillos viejísimos, destechado, lo que le da vía libre a la inclemencia del sol y la lluvia. Esos dos elementos son perfectos para que crezcan maticas entre ladrillo y ladrillo, y para que así haya una obra de arte en continuo surgimiento, como fue el proyecto que la artista Eulalia de Valdenebro comenzó el año pasado, como parte de una de las obras del 2014. La obra se llama Foráneas nativas, y consistió en que Eulalia sembrara en ese espacio de Odeón unas plantas nativas de la sabana bogotana.

Así como las planticas de Eulalia han crecido desde el año pasado, Odeón se levanta cada vez más alto. Después del abandono en el que estaba, el grupo económico del que hacían parte El Tiempo y CityTV compraron el edificio a mediados de la década del 2000, proyectando una futura construcción para uso comercial. Al parecer, debido al carácter patrimonial del edificio, no se pudieron concretar esos planes, y decidieron venderlo a un precio moderado. Llegó entonces un grupo de inversionistas, del que hace parte el padre de Tatiana Rais. El grupo decidió que querían conservar el edificio, sobre todo porque entendía el valor cultural de la edificación. Tatiana convenció a su padre para que la dejara hacer su proyecto con el equipo

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El TPB funcionó 20 años en esta sede ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

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que había armado y así pasó a manos de las jóvenes emprendedoras del arte alternativo. Odeón ha ido ganando prestigio. No solamente tuvo el éxito inesperado de su primera feria de arte en 2011, sino que a partir de ahí, y después de muchos meses de planeación, se consolidó como un espacio de exhibición para el arte contemporáneo en Bogotá. En 2012 realizó su primera exposición, Lucero, del artista Óscar Santillán, y a partir de ahí muchos otros artistas han expuesto, al igual que se ha logrado consolidar un espacio para presentaciones de obras de teatro independientes y siempre a la vanguardia Ximena Gama, curadora del espacio, sabe que las obras que están en Odeón son difíciles de encontrar en galerías tradicionales de la ciudad.

“Obviamente, corremos el riesgo de no tener los mismos ingresos o la misma resonancia que otros espacios. Por ejemplo, ahora que está ocurriendo lo de ArcoMadrid [marzo de 2015],

Odeón solamente contó con un mini espacio de difusión, ni siquiera un stand donde exponer obras ni muchos menos. Tatiana tenía una mesa con un par de cuadernillos donde se cuenta qué es Odeón, pero nada más”, dice Ximena. Ella sabe que esa feria, una de las más importantes en el mundo, y la participación de Colombia como país invitado, mueve muchos engranajes oficiales del circuito oficial del arte, del cual Odeón estuvo de cierta manera excluido. Para Daniel Salamanca Núñez, artista visual y profesor de cátedra en la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana, no hay otro espacio que se le parezca a Odeón en toda la ciudad, pero aun así puede mejorar en ciertos aspectos. “Creo que hay un problema de comu-

nicación sobre lo que es y no es Odeón. Me encuentro hoy en día con muchas personas que no saben si sencillamente es un edificio que la ciudad recuperó o si es un espacio para el arte contemporáneo. Y bueno, sería genial que siendo tan singular Odeón, se tomaran muchos más riesgos. Que estuvieran a la vanguardia de todo”. Aunque puede que para conocedores del tema, como Salamanca, Odeón no esté totalmente a la vanguardia en el mundo de las artes, va encarrilado por ese camino. Es, como ya se ha dicho, una ruina desde la cual no se mira al pasado, sino al futuro. En una ciudad donde muchos prefieren demoler y hacer tabula rasa de sus insignias arquitectónicas o culturales, Odeón resiste. Tatiana Rais, artífice de Odeón. Foto: Laurie Castelli, Revista Diners.

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Los habitantes de la centenaria

33 Calle del Sol

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Patrimonio

Texto: Lucía Franco Vargas luciafrancov@hotmail.com

Fotos: Lucía Franco Vargas y Jorge Alberto Ortiz

El colonial barrio de La Candelaria aloja desde hace 22 años un conjunto residencial de estilo neogótico, La Calle del Sol, cuya estructura ha ido cambiando su vocación desde 1917, cuando empezó su historia como seminario menor, luego fue sede del SIC y tras 20 años de abandono se rehabilitó como condominio. Ese pasado no es ajeno a los mitos urbanos, tan comunes en el sector.

En la calle 3ª con carrera 11, tras pasar una puerta de vidrio se abre una fortaleza medieval, llena de vitrales de colores, un patio rectangular de 1.200 metros con el pasto tan verde y pulido como el de un campo de golf, rodeado de arbustos y jardines. El sol le pertenece más allá del nombre del conjunto. El edificio de estilo neogótico, sede del Seminario Menor de la capital, fue construido por el arquitecto italiano Giovanni Buscaglioni e inaugurado en 1917. Aunque cuenta Andrés Samper en su columna “Bagatelas” de El Tiempo (11 de julio de 1984), que el edificio se encontraba en obra negra porque nunca terminó de construirse la ambiciosa obra. “Sus ventanas carecían de vidrios, como sus escaleras de pasamanos, o sus patios de otro

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piso que no fuera tierra apisonada”. De todas formas, asegura que fue uno de los mejores colegios de la ciudad hacia 1930, donde él estudió “requinterno”. Posteriormente, fue el convento de las hermanas Clarisas, quienes permanecieron allí hasta el 9 de abril de 1948, cuando abandonaron el edificio temiendo el ataque de los amotinados.

El edificio en 1950. Fotografía del Atlas Histórico de Bogotá •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••

A partir de entonces, La Candelaria dejó de ser un barrio de elite y la burguesía se fue al norte. La mayoría de las casas se volvieron inquilinatos y este edificio se convirtió en el centro de operaciones del Servicio de Inteligencia Colombiana (SIC), del gobierno del general Rojas Pinilla (1953-1957). En esa época se practicaban interrogatorios y años después se expedían los certificados del pasado judicial.

El conjunto residencial En 1970, el gobierno desocupó esta sede y trasladó las oficinas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) a Paloquemao. Entonces, el lugar fue invadido por habitantes de calle. Hacia 1990, la administración quiso volverlo sede del archivo histórico de Bogotá, pero las instalaciones no se prestaban debido a la poca ventilación. Entonces, la firma de arquitectos colombo-española Rubio y Gómez se lo compró al Banco Central Hipotecario y decidió convertir las viejas instalaciones en un conjunto residencial, para el que conservaron la fachada de la estructura original y lo adaptaron para albergar 71 apartamentos dúplex, que rodean un patio rectangular y un inmenso sótano que sirve de parqueadero. El edificio conserva en los bloques oriental y norte la estructura, que data de 1917, con sus muros anchos; incluso en algunas partes se pueden observar las paredes originales de hierro y ladrillo. Este proyecto no fue muy rentable para la firma de arquitectos Rubio y Gómez porque los costos de restauración fueron muy altos. Quizá la única ganancia que tuvo la firma fue una vajilla muy antigua perteneciente a un arzobispo de Bogotá, que encontraron al remover los escombros. Los primeros habitantes llegaron en 1993.

“Entonces, un apartamento en La Calle del Sol costaba $17 millones y ahora el metro cuadrado está en 5 millones”, cuenta Jorge Alberto

Arriba: Aspecto de un pasillo antes de la intervención. Abajo: Pasillo restaurado.

Ortiz Mora, uno de los primeros compradores. El 3 de febrero de 1993, Ortiz y su esposa Miriam se fueron a vivir a La Calle del Sol y hoy son los residentes más antiguos del conjunto, así como los depositarios de la historia que ha pasado por ese predio casi centenario.

La casa de las torturas A Alfredo Taboada Buelvas, de 90 años, le gusta combinar los rojos y azules de su corbata con sus grandes ojos azules para transmitir una sensación de alegría, como dice él, cuya boina gris le oculta el pelo ya totalmente blanco. Cuando ocurrió el Bogotazo, Taboada tenía 23 años, se acababa de graduar de Derecho y se encontraba en Bogotá porque era secretario de Mariano Ospina Pérez. Cuando mataron a

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Gaitán, decidió irse a Barranquilla, donde planeaba organizar una huelga de prensa desde su programa de radio El país y sus hombres. La Policía de Bogotá recibió información sobre lo que tramaba Taboada y lo cogieron preso en Barranquilla. Lo trajeron a la capital, a la penitenciaria que quedaba en La Calle del Sol. Estuvo un mes encerrado en uno de los calabozos del ala occidental.

“Hice huelga de hambre porque no me dejaban ver a mi familia. Me aplicaron torturas psicológicas amenazándome con hacerme daño físico. A la hora de la comida me quitaban los cubiertos y me apagaban la luz. Los guardias que me cuidaban decían que yo era un preso muy peligroso. Un día les dije que necesitaba irme a confesar y me llevaron a la iglesia de La Candelaria y allá me recibió un obispo de

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10.000 metros

cuadrados,

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apartamentos ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Alfredo Taboada Buelvas, antiguo propietario.

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apellido Taboada, como yo, que me ayudó a salir de la cárcel”, recuerda él, para quien no deja de ser paradójico vivir con su esposa en un apartamento de la misma ala del edificio donde fue torturado.

La bruja de La Calle del Sol Parte del misterio de este edificio se esconde en el restaurante La Bruja, ubicado donde existió un calabozo durante de la dictadura de Rojas Pinilla. Según la leyenda urbana, una mujer acudía todos los días en busca de su hijo desaparecido. Para congraciarse con los militares, la mujer les llevaba comida, esperando que su gesto sirviera de algo; pero no fue así. Pasaron los años y enloqueció, devastada por la pena. Dicen que su fantasma todavía se aparece una que otra noche buscando a su hijo. Según Jorge Ortiz, el lugar alberga muchas leyendas, como la de personas que arrastran cadenas. Hasta el afamado periodista Fernando González Pacheco hizo un programa relacionado con el tema, pero lo cierto es que los ruidos pueden originarse más en las viejas maderas que crujen y se dilatan, antes que en seres fantasmales. Hoy en día, La Calle del Sol es el hogar de muchos artistas, bohemios y amantes de La Candelaria, como Manuel Rodríguez, filósofo y literato; el cantante Andrés Cabas; Jorge Iván Bula, vicerrector de la Universidad Nacional, y el artista Nicolás Buenaventura, hijo del dramaturgo Enrique Buenaventura, entre otros. Personajes que disfrutan tener teatros, bibliotecas y centros culturales a una cuadra de su casa, además de habitar en el barrio más pintoresco de la ciudad.

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Un loko kuerdo más en desakuerdo

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Divino Rostro

Texto y fotos: Natalia Palacio nataliapalacio.cano@gmail.com

Loko Kuerdo es uno de los grandes de la escena del hip hop en Colombia, un artista que logra estremecer a su público.

Es menos conocido como Juan Fernando Gutiérrez, y quienes han compartido con él, ven a un hombre que ancló su vida a la música para escapar del dolor.


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“De ahí parte todo, del dolor”, me dijo alguna vez, mirando por la ventana de su apartamento en el tradicional barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá. Y es que la paradoja de su apodo, Loko Kuerdo —originado en un diagnóstico psiquiátrico después de un intento de suicidio—, casi iguala su fama como artista, pues siendo el ídolo de miles de jóvenes, una gran parte de la población colombiana no sabe quién es, ni conoce su protagonismo dentro de la cultura hip hop. El Loko, que casi siempre camina en el centro de Bogotá con su mujer y sus perros, es

inconfundible. Es fácil, el Loko no tiene una pierna o, bueno, sí la tiene, pero no una de verdad, porque lo que comienza con su pierna derecha termina en una prótesis. Todo comenzó con un accidente cuando era pequeño: “Eso

fue en el 83, 84, cuando tenía cinco años; yo iba en el carro con mi mamá y una patrulla de la Policía nos estrelló y me aplastó el pie”, cuenta. Pero su dolor es más antiguo, pues antes del accidente, ya existía la enfermad: osteomielitis de nacimiento en el mismo pie, el derecho.

“Mi primer recuerdo de la vida es el dolor. En el jardín, me acuerdo de los niños jugando y yo con un dolor el hijueputa”. Después del accidente, se sometió a cerca de 55 cirugías para que el pie quedara funcional, pero el dolor era desesperante. Tantas operaciones y no se calmaba, tantos analgésicos y solo aumentaba. Así, sin pensarlo más, decidió cortarse la pierna. “El dolor era permanente,

no se iba con nada, solo de rozarme con las sábanas ya me dolía. El día que decidí mandarme quitar la pierna, estaba en el estadio, alentando al Nacional. No me pude levantar del dolor, del dolor tan hijueputa en la pierna, entonces decidí cortármela. Al otro día llamé y programé la cirugía”. Loko Kuerdo se puede conocer desde ahí, desde su dolor y su arte. “Yo saco mi dolor y

mi sentir en mis letras, se los dejo, se quedan en ustedes, el público”, dice mientras sale de un ensayo con su nueva banda, Los Lokos Kuerdos, en Alterna Estudio, proyecto donde se mezcla la banda con la voz del Loko.

El adicto “A mí me gustaba mucho el Loko Kuerdo, veía sus videos y decía: ‘Qué bueno conocerlo’; le escribí un día y le dije: ‘Hey, mi hermano, soy Álvaro, guitarrista, tengo un estudio’ y le mostré una canción que tenía guardada de hace años y así comenzamos a camellar, la química musical fue de una […] lo que empezó como una canción terminó convirtiéndose en todo un álbum, hasta llegar a Los Lokos Kuerdos”, afirma Álvaro Fabián Vargas, productor y músico. En cada uno de sus conciertos, sus seguidores gritan, aclaman y ruegan por Adicto, su canción insigne: “Ayer no desperté, no amanecí yo

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muerto, ayer yo me güelí y amanecí despierto, la gente muere así, yo vivo en descontento, amarga realidad tengo un demonio injerto… fumándome la noche en luna llena, saciándome en alcohol por fuertes penas, sentir desfallecer en la condena, permanecer atado en el pasado, borrar lo que ha pasado y comenzado, pensar que lo he tenido y lo he perdido, sentirse perseguido y afligido, un demonio perdido arrepentido… Adicto, suéltalo es adicto…”. Ese Adicto tan sentido, tan vívido, tan real detrás del cual se esconde un Adicto ya no adicto. Un adicto con el cual se sigue identificando un sinnúmero de jóvenes colombianos. “Me piden

que siga siendo un adicto, como si ellos lo necesitaran. Yo ya no, ellos me quieren adicto”. El Loko tuvo la oportunidad de volver a visitar su barrio, Belén, en Medellín, el 17 de febrero de este año. Tras 20 años de ausencia, subió a cantar en la cancha del Ñeque como invitado especial, acompañado de varios artistas de la Comuna 16. Fue un concierto emotivo. La gente estaba emocionada de tenerlo ahí, gratuitamente, con la expectativa de su música y el amor que comparten por el rap.

Loko Kuerdo con la autora de esta crónica en el concierto de Medellín.

Los niños y jóvenes estaban emocionados:

“¿Dónde está Loko Kuerdo? ¿Ya va a llegar? ¿No va a cantar, pues?”. Preguntas inocentes de seguidores a la espera de ver a uno de sus ídolos cantar para ellos, a uno de los suyos, a un artista que inició su vida como rapero allí, en ese mismo barrio, y que esa noche volvía a cantar en las calles que lo vieron crecer. El momento llegó. Loko Kuerdo pisó la cancha de la mano de su hija. Los niños lo perseguían, todos querían tomarse fotos con él y con los demás artistas; la energía y la emoción se tomaron el Ñeque y, durante unas horas, sus habitantes lograron entregarse al rap en la voz de uno de los suyos. El Loko lo dio todo y se lo dieron todo. Diferentes agrupaciones del barrio —La Cebra, Los de la Loma, Kneo, Caníbal, Erick, Cricka, Crazy Man, Oscar Mc— cantaron en el evento y, de paso, cumplieron el sueño de cantar con Loko Kuerdo. “El Loko es un haragán, y haber

compartido tarima con él fue un privilegio”, cuenta LPZ, integrante de la agrupación Los de la Loma.

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El vagabundo Como un ser ajeno a este mundo, así se siente:

“No soy de este mundo, maldito vagabundo, al abismo voy profundo, mis pasos van sin rumbo… sin ser de este mundo lo prendo y comprendo, soy un Loko Kuerdo más en desacuerdo, no soy de este mundo, confuso, difuso, dime quién me puso en este fucking mundo”. A sus 37 años, el Loko sigue levantándose a las tres de la mañana para grabar, escribir, escuchar, producir y ensayar sus temas en su apartamento del barrio Santa Fe. Desde hace ocho años vive en Bogotá. No sabe cómo llegó, solo sabe que llegó “fiesto, refiesto”, sin plata y con la necesidad de pedir comida en un restaurante. De estas vivencias surge Adicto. Después de una infancia llena de dolor, después de vivir la violencia del Medellín de los años ochenta y noventa, después de ver caer a la mayoría de sus amigos del barrio, después de haber estado en rehabilitación y en centros psiquiátricos, después de vender salpicones en Envigado y de trabajar de traje y corbata, el Loko vive de manera descomplicada, auténtica, enfocado en su familia y en su música.

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Ady, diseñadora de modas, ha sido la mujer que ha acompañado al Loko en su desarrollo como artista y en su vida amorosa desde que tiene 17 años. “Yo lo conocí en la primera fiesta como

Loko Kuerdo, acá en Bogotá, hace siete años. Seguimos hablando y desde ahí no nos hemos dejado de hablar”. Dice riendo, mientras él la mira. Es así como una de las canciones del Loko, Dolor, fue inspirada en Ady: “Acércate,

escucha mi voz hoy quiero hablarte, lentamente siento el palpitar, hoy voy amarte, escribo esta canción para ti amor yo regalarte, contigo siempre tu cantante… Quisiera cantarte una canción para expresarte, amarte siempre hasta el final voy a llevarte, en mi corazón desde la razón siente satisfacción, tu amor es mi adicción, siéntate y volarás, al lado mío encontraras momento de perder eternidad”. Es difícil creer que este personaje tenga una vida hogareña. Pocos imaginan que entre conciertos, grabaciones, entrevistas y fama, el Loko dedica su tiempo libre a cocinar, arreglar la casa y “hacer locha” con Ady. “Juan Fernan-

do es mi esposo, la persona con la que vivo ya hace siete años, con quien estoy llevando a cabo mis sueños de tener un hogar, una familia”. Soñaron con irse a vivir juntos, tener sus perros y ahora esperan su primer hijo. En su vida como artista hay otra paradoja. Su lema, su marca “Fuck la gente”, viene del recelo social. Esta frase es un “Todo el mundo a la mierda”. Nació una vez que subió al escenario y gritó “¡Fuck la gente!”, frente a cientos de personas, quienes respondieron lo mismo. ¿Por qué responden lo mismo? ¿Por qué miles de voces gritan emocionadas al escuchar esa frase? Porque se identifican, se entienden, se saludan. “Fuck la gente” nace como un homenaje a Shadow Blasta, el mejor amigo del Loko en Medellín, cuando Loko no era Loko, sino el cojito del barrio: “A él lo baliaron, lo dejaron

Loko Kuerdo, antes de “Fuck la gente”, a su mejor amigo le mandaron un casete de rap desde Estados Unidos. Era de Onyx, uno de los grupos pioneros en el movimiento del hip hop, y al Loko le gustó. “Desde que escuché ese

casete, eso me tramó más, me gustó mucho más, era otra vuelta”. Al llegar a Bogotá, el Loko empezó cantando con Fondo Blanco (agrupación de rap local), que luego sería Crack Family. Así fue como se subió por primera vez a la tarima de un evento grande en la capital. Siguió sacando algunos temas con Crack Family, pero más adelante AsKoman y Alroc (integrante de Asilo 38, agrupación caleña) se separarían de ese proyecto y pasarían a formar, los tres, la agrupación Poetas Malditos. Las canciones que sacaron juntos dicen siempre “329” porque los tres integrantes —Asko, Alroc y Loko— cumplen años el mismo día: el 29 de noviembre. El público conoce al Loko como un hombre alto, blanco, tatuado, talentoso, con su pañoleta de calaveras en la cabeza, su ropa ancha, su pierna falsa y su dolor sincero, con sus letras oscuras —para muchos, depresivas—, su voz grave, su grito al “diablo”, su expresión dura y melancólica. “Tiene bastante recepción, tiene un público

que siempre está pendiente de su música, sus eventos”, dice Erick, uno de sus colegas. Quienes lo conocemos vemos tras sus canciones a un ser risueño, disciplinado, cariñoso,

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parapléjico y él decía: ‘Me voy a parar de la silla, cojito’. Y lo mataron, lo mataron sabiendo que podía. De ahí ‘Fuck la gente’”.

El artista En su adolescencia, Juan Fernando estaba concentrado en el metal, el punk, la música pesada: “Me gustaba Pantera, Sepultura, Masacre, Metallica, eso”, dice. Antes de ser

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respetuoso y muy inteligente; un ser que tiene mucho por enseñar, más allá de su música. “El

Loko ha sido un gran aporte en mi desarrollo como artista, pero más como persona; he aprendido de respeto, humildad, compromiso y disciplina”, afirma Natally, amiga de Ady y El Loko con su hija en el concierto del barrio Belén, de Medellín.

cantante de rap. Juan Fernando resultó ser un individuo tan reflexivo y sensible que fue capaz de encon-

trar la razón de su existir: el dolor. Supo cómo afrontarlo y moldearlo a su conveniencia para convertirlo en la constante de sus temas, en su inspiración. El dolor, tanto para el Loko como para Juan Fernando, es una musa y una creación a la vez. Más que un sentir, es un todo, desde una simple vivencia o un pensamiento hasta un gran aprendizaje. “A eso me sabe la

música del Loko, a dolor en su estado más puro”, señala la Chucha Enevilla, compañero de trabajo musical del Loko, desde Medellín. A diferencia de las letras de la mayoría de los raperos, las suyas no expresan un descontento social, sino individual: son el relato de su vida, su lucha constante con sus demonios internos, su manera de desahogarse, de quedarse mientras huye. “Son el resultado de la necesidad de un sentir”, dice él. Con más de 60 canciones, cinco discos, cuatro agrupaciones conformadas, es uno de los raperos más queridos de la escena hip hop.

“El Loko es uno de los mayores exponentes y referentes del rap colombiano; su hip hop es de vivencia, tan real que por eso tantas personas se identifican con él”, afirma Erick, integrante de la agrupación Los de Afuera, de Medellín. Otro de sus colegas, DJ NO5 (Diego Castro, ingeniero de sonido), dice: “El Loko es

una inspiración para mucha gente que lo sigue, además de mantenerse después de varios años en el movimiento del hip hop en el país y en el exterior, cada vez con más seguidores”. Su empresa, Fuck la Gente Producciones le permite autogestionarse y dar oportunidad a muchos jóvenes de grabar y producir con él. Así mismo, el Loko ha trabajado con varios artistas nacionales y extranjeros. Se da el lujo de vivir de lo que ama, de sus conciertos, de featurings y del estudio. El Loko Kuerdo es un artista inigualable, tanto como Juan Fernando lo es como persona. Y aunque arrastra ese dolor fantasma, su dolor no está solo en la música. El dolor se siente, va sanando poco a poco mientras se transforma en vida, en el deseo de seguir a pesar de ser latente. “A mí me advirtieron que si me cortaba

la pierna no quería decir que el dolor se fuera a ir, pero existía la posibilidad. Entonces me la cortaron, y adivine qué… Todavía me duele, nunca me dejó de doler”.

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La Bella Flor de

43 los suburbios

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Tendencias

Texto y fotos: Camila Guerrero Arciniegas arcica93@gmail.com

En la punta de Ciudad Bolívar se encuentra Bella Flor, un barrio marcado por más sueños que balas gracias a las iniciativas de gestores culturales como los de la Fundación Laudes Infantis, protagonistas de esta crónica.

El ascenso a la localidad 19 no es fácil. Toma 25 minutos por una inclinada y estrecha vía ―bordeada por casas que dan la impresión de no estar sujetas a la tierra―, en los modernos buses del SITP desde el portal El Tunal hasta el parque Illimaní del barrio El Paraíso. Allí, descienden del autobús las personas que se dirigen a Bella Flor. Algunos temerarios emprenden la subida por una estrecha escalera que, además de vigilancia, requiere físico, pues son más de 200 escalones para quienes no pueden pagar los $1.000 que cobra un viejo campero modelo 1976.


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Tú me das, y te doy

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A la espera del ‘Criollo’ —como llama Pompilio Beltrán a su Nissan Patrol que exhibe retazos de pintura sobre el verde oliva de su superficie y despide un penetrante olor a combustible que impregna a los pasajeros—, los menos intrépidos aguardan su llegada junto a los puestos ambulantes que sirven de resguardo a quienes temen ser víctimas de la delincuencia. Una palanca externa a la caja de cambios impide el deslizamiento del campero cuando va por los picos más empinados que llevan a Bella Flor. Allá, en la Torre, término con el que la gente se refiere al barrio, en vez de violencia se respira verde, fraternidad y paz. La zozobra que muchos sienten en El Paraíso ―por los policías con chalecos antibalas, infinidad de perros callejeros merodeando las calles y el constante rugir de las motos conducidas por jóvenes centinelas― se diluye cuando unas coloridas botellas de plástico anudadas a los cables de energía, un pequeño mirador que deja ver una parte de Bogotá y las puertas de la mayoría de las casas abiertas empiezan a anunciar la llegada a Bella Flor.

La comunidad del trueque Hacia 1999, antes de que Jacqueline Moreno, directora general de la Fundación Laudes, pisara Bella Flor, las calles se mantenían desiertas y los niños no tenían dónde jugar. El barrio se dividía entre un enorme basurero y unas pocas familias de desplazados que llegaban en busca de una nueva oportunidad. A sus 23 años, Jackie, como todos la llaman, arribó al lugar de la mano de su amiga sueca Ivonne Jegge, con muchas ganas de hacer cosas, pero sin saber cómo lograrlo. Enemiga de la mendicidad, echó mano de lo único que sobraba: basura. Armaron pelotas de tela reciclable y con una nariz de payaso rompieron el mutismo en el que se encontraba la comunidad. Los malabares y el clown fueron la estrategia perfecta para que los niños se acercaran a compartir, y detrás de ellos, sus padres.

“Antes de llegar al barrio recorrimos durante un año las montañas que rodean a Bogotá, al final llegamos a Bella Flor, un lugar donde no había nada; nos quedamos allí simplemente porque era el sector más alejado de la ciudad y era casi inhóspito. No tenían servicios públicos y tampoco había organizaciones privadas o gubernamentales. Por ello, decidimos que era el lugar para iniciar una reconstrucción sociocomunitaria”, recuerda Jacqueline Moreno después de 16 años continuos de trabajo en el barrio y un premio Mujer Cafam, ganado en 2008. En busca de entender por qué tantos niños de Ciudad Bolívar llegaban a las calles de Bogotá a delinquir, ellas usaron como recurso el humor, dándose cuenta de que el problema era el olvido en el que se encontraba el sector. Un agua de panela a cambio de ayudarles a las mamás con las tareas de sus hijos y un curso de payasos fueron las primeras ideas que dieron origen al trueque y que al mismo tiempo ayudaron a alejar de la delincuencia a muchos de las generaciones más jóvenes. En el mismo año, la comunidad realizó una de las labores colectivas más memorables: la construcción del hoy colorido parque Salamandra. Los padres, con la ayuda de la fundación y de la iglesia Corpus Christi, armaron y pintaron con materiales reciclables lo que antes era un

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basurero y hoy es el lugar en el que sus hijos ríen y juegan. Este trabajo fue el que oficializó el sistema de trueque, “Tú me das, yo te doy”, que Jacqueline empezó a emplear para sacar a los vecinos de la marginalidad. Después del parque empezaron a buscar solución a las otras necesidades de la comunidad (alimentación, servicio de guardería, salud, ropero, etc.). Dicha situación llevó a consolidar la Fundación Laudes Infantis en el sector, y junto a ella se creó el Banco del Trueque, lugar donde actualmente están inscritas la mitad de las 700 familias que viven en Bella Flor.

“El trueque consiste en intercambiar un servicio que la persona pueda proveerle a la comunidad a cambio de un beneficio para ella misma. Muchas veces las mamitas llegan al Banco del Trueque creyendo que no tienen nada que ofrecer, porque piensan que todo lo que necesitamos son cosas materiales que se piden a cambio del almuerzo para ellas o sus hijos. Y lo cierto es que no es así, porque lo que realmente deseamos es que ellas se den cuenta de que sus capacidades como cocineras sirven para realizar un curso de culinaria con los jóvenes o que su destreza al coser es óptima para abrir un taller de costura, y que no necesitan donar algo material para obtener los beneficios del trueque”, subraya Bibiana

libros que conformarían la biblioteca y suplirían un poco la ausencia de educación que hoy llena el Colegio Distrital José María Vargas, fundado hace apenas cuatro años.

“Los niños llegan diciendo que necesitan investigar en el computador; cuando miro la tarea me doy cuenta de que son sumas, entonces lo que hago es hacer un trueque con ellos, decirles que si hacen la tarea juiciosos, tienen cinco minutos para jugar en el computador. Sin embargo, los permisos son restringidos, todo depende de cómo hagan su tarea”, dice Liliana Obando Vera, reforzadora escolar de la institución, quien hoy realiza esta labor a cambio de los servicios que la sala cuna de la fundación presta a dos de sus hijos.

“A comienzo de año, los niños participan en un programa que se llama Becados, con el cual reciben un kit escolar, para que no exista excusa para no ir a estudiar. En ese sentido, el trueque que se realiza a cambio del material es ir a la biblioteca a hacer su tarea”, comenta Bibiana Castrillón.

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En el Banco del Trueque están inscritas

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Castrillón Aponte, coordinadora de Desarrollo Comunitario del Barrio Ciudad Bolívar.

Una biblioteca apoyada por suizos Entre las 2:00 y las 4:00 de la tarde, los efusivos gritos de los niños y jóvenes que van a cumplir con su trueque retumban en las paredes de la casona. Desde su entrada, las coloridas mariposas colgantes, elaboradas a mano por los líderes de la comunidad, señalizan el camino hasta el segundo piso, donde se encuentra la biblioteca, un espacio mágico, que acoge a 30 niños cada tarde. Una carpa de plástico y diez libros conformaban la biblioteca del barrio, antes de que las empresas suizas DEZA, DDC, DSC, SDC y COSUDE se enamoraran del proyecto y financiaran, en el 2006, la construcción de la sede de la Fundación Laudes Infantis en Bella Flor. A Almudena Rivas, directora de Desarrollo Comunitario, se le ocurrió donar los primeros

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La sala de sistemas, el lugar más apetecido por los menores, fue dotada el 11 de octubre del 2011 con 12 computadores, gracias a un programa apoyado por la Alta Consejería para la Reintegración, Trust for the Americans y Microsoft Colombia, para que no solo fueran utilizados como apoyo escolar, sino también en procesos formativos de sistemas que les permitan a los estudiantes y a los padres que cumplen su trueque con la biblioteca aprender a manejar programas como Word, Power Point y Excel. Los cursos, a partir de ese convenio, se abren dependiendo de la cantidad de inscritos. En este amplio espacio, los niños adelantan las tareas que sus familiares no les pueden explicar. Otros refuerzan matemáticas, lógica o lecto-escritura cuando no tienen obligaciones pendientes, para obtener el anhelado derecho a internet o simplemente para no ser regañados en sus casas por no hacer los deberes.

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Testimonio de

tres líderes

“Cuando llegué a este barrio, yo lo odiaba por la miseria, la pobreza mental y las necesidades básicas que teníamos. No éramos desplazados de la violencia, pero sí desplazados emocionales, porque no tuvimos una red de apoyo familiar que nos diera la mano cuando el papá de mis cuatro hermanos abandonó a mi mamá, y mi abuela nos dio la espalda. Tras una relación fallida, mi madre, embarazada de mi hermana, hoy de 16 años, de la mano de tres hijos pequeños llegó a Bella Flor, a alojarse en la casa de una amiga que nos dejó quedar en una de sus reducidas habitaciones. Con el tiempo, mi mamá consiguió trabajo y pudimos construir nuestra casa con ayuda de mi único referente paterno: mi abuelo”, afirma Camilo Andrés Ramos, asesor comunitario de Laudes Arquitectura. A sus siete años, Camilo Andrés conoció la fundación por los malabares con los que Jacqueline cautivó a los niños de la comunidad, luego hizo parte del refuerzo escolar, fue tallerista de las actividades de recreación, trabajó en la emisora y a sus 12 años empezó a cambiar pañales en la sala cuna, tarea que le sirvió para darse cuenta de lo que no haría en su adolescencia: tener hijos, como lo hicieron los prematuros padres de los niños que él cuidaba. Cuando iba a cumplir 18 años, se retiró de la Fundación después de graduarse como técnico en administración en la Universidad Antonio Nariño, porque quería comenzar su vida laboral. Duró tres años y medio viviendo solo y trabajando. En el 2014, se reintegró a la Fundación, debido a la demanda de trabajos que se están realizando con Laudes Arquitectura, empresa creada por Laudes Infantis para hacer consultorías en temas de responsabilidad social a grandes empresas. En este momento trabaja haciendo caracterizaciones de la población del proyecto Hogares Soacha de 19.000 viviendas subsidiadas por el gobierno, que le han permitido conocer a la comunidad y los planes de desarrollo que se pueden realizar con ella.

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Ahora, su día se alterna entre el estudio y el trabajo. Los lunes guía en sus tareas a los pequeños que van a la biblioteca a recibir refuerzo escolar, para poder contar con la ayuda del 50 % de los $3.500.000 que cuesta un semestre de su carrera, que cubre la Fundación mediante el trueque. Hoy, a sus 26 años, se siente feliz de estar cursando tercer semestre de ingeniería industrial en la Universidad ECCI y de haber encontrado en Laudes, más que personas que creyeran en él, una familia que le enseñó a materializar sus sueños. **** A sus 29 años, ya es madre de seis niños —el menor, de un año, nació prematuro—. “Fue

gracias a él como llegué a la Fundación, ningún jardín del Distrito lo recibía por los cuidados especiales que debía tener el niño. Solo la sala cuna de aquí me lo aceptó a los tres meses de nacido. Yo no pensaba entrar a la Fundación, pero como a cambio del cuidado de mi hijo debía hacer algo, me metí al curso de informática para pagar las horas que lo cuidaban. Allí me empecé a sentir útil. Cuando estaba terminando el curso, Bibiana, la coordinadora de la Fundación, me preguntó si quería ser la nueva tutora de informática que capacitaría al nuevo grupo de papitos y jóvenes del curso. Yo, un tanto sorprendida, acepté. Fue así como llegué a trabajar en la biblioteca como ayudante de las tareas de los niños”, dice Liliana Obando Vera.

“Hacia 1993, cuando tenía ocho años, me mudé al barrio El Paraíso. En ese tiempo se estaban fundando los barrios de Ciudad Bolívar; la gente no hacía casas, sino unos cambuches que les permitían cubrirse del frío. Mi ranchito estaba hecho con un material similar a la cartulina, pero más grueso. Cuando pegaban los aguaceros, el agua levantaba la tierra y los zapatos flotaban al lado de la cama. En ese entonces, teníamos que pagar $30.000 mensuales de arriendo por el lote. La situación estaba dura, con mi mamá embarazada y mi papá entregado a la bebida; así que mis cinco hermanos y yo no tuvimos más remedio que alimentarnos un año seguido con bienestarina y caldo de papa. A los 15 años, yo no sabía qué era un televisor. Cansado de tantas necesidades y del abandono de mi padre, cogí el mal camino: robé, atraqué y fumé todas las drogas habidas y por haber, hasta terminar en la calle del Bronx, con un costal de basura a cuestas. Para esa época ya tenía 17 años.

La Fundación también le sirvió para encaminar ciertos proyectos de vida que creía imposibles de realizar, como terminar el bachillerato. Este año empezó a validar desde octavo, grado que cursaba cuando quedó embarazada. Es así como cada tarde de domingo asiste puntualmente a las clases de la Fundación Laudes para aprobar un año en tres meses, con la expectativa de aprender más cosas que le sirvan para colaborarles a los niños que asisten a la biblioteca. **** Después de pasar insistentemente hojas de vida por todos los jardines de la ciudad y recibir un no como respuesta, Jorge Andrés Castañeda Bravo llegó, de la mano de su esposa, a la Fundación Laudes para hacer parte de un trueque.

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Jorge Andrés Castañeda, quien rehizo su vida en la Fundación Laudes.

“Al presenciar un reclutamiento militar que estaba haciendo el Ejército en el centro, me animé a acabar con esa vida de andrajoso que llevaba hacía dos años, y le imploré al militar que verificaba los papeles que me llevara; aunque en un principio se negó, al final aceptó. Me llevaron a Leticia, Amazonas; allí recibí los insultos y golpizas que en ningún otro lado me habían dado. Terminé de prestar servicio y abandoné el mundo de las drogas. Cuando salí, después de tocar muchas puertas no conseguí trabajo”.

Nadie lo conocía ni lo recomendaba, así que decidió regresar a la vida militar. Duró seis años como soldado profesional, aguantando humillaciones y poniéndole el pecho a las balas de la guerra. Harto de las llagas en sus pies y de ver morir a sus amigos, se retiró. Con los ahorros que había guardado hasta ese momento, compró un lote en El Paraíso para construir su casa. Finalmente, encontró trabajo como guía de comunicaciones del Distrito. En ese periodo realizó una carrera técnica en atención integral a la primera infancia, y esa fue su opción porque siempre le gustaron los niños. Aunque culminó con éxito sus estudios, pese a las necesidades que había en ese momento en su casa, hoy no logra conseguir trabajo, porque

“la sociedad todavía no está preparada para poner el cuidado de sus hijos en manos de un hombre”. Esos estereotipos han dificultado su desarrollo profesional.

Abajo: En el campero rumbo a Bella Flor.

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Aun así, la Fundación Laudes le abrió sus puertas para que apoyara los procesos educativos de los niños que frecuentan la biblioteca, en busca de asesoría para sus tareas. A pesar de que no recibe un beneficio monetario, sino la satisfacción de las necesidades básicas que obtiene mediante el trueque, se siente feliz, porque está haciendo lo que le gusta y su hija nunca se acuesta sin comer.


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Tendencias

Ropa de segunda

cuenta historias de primera Texto y fotos: Daniela Caicedo Pérez daniela.caicedo@javeriana.edu.co

Más de una decena de locales de Chapinero se han dedicado desde hace unos 15 años a vender ropa usada. En el mismo sector aparecieron recientemente las llamadas tiendas de diseño, especializadas en ropa vintage. Un recorrido por estos negocios donde las historias están colgadas de la percha. Entre las calles 53 y 67, arriba o abajo de la Caracas, zona que para muchos es sinónimo de drogas, mariachis y vida nocturna, funcionan compraventas de ropa hace más de 15 años. Estas boutiques importan la ropa desde Estados Unidos, Inglaterra y “otros países en el extranjero”, como dice una vendedora. Cuando les llega la ropa, la lavan, la llevan a la tintorería, la recomponen y la dejan lista para ser llevada al almacén, donde cada prenda recibe un valor según la marca. Los precios de las prendas oscilan entre $30.000 y $60.000. Los más costosos suelen ser los abrigos y los vestidos de paño, porque según afirman en algunos almacenes, “son de

paño inglés original”. Las compraventas que ahora funcionan más por ‘ventas’ que por ‘compras’, hace años dejaron de recibir ropa nacional. Los comerciantes se dieron cuenta de que el negocio no estaba solamente en vender barato: había que vender lo que no se conseguía en Cafam ni en Casa Estrella; es decir, marcas que aunque para los bogotanos fueran desconocidas


e incluso impronunciables, compensaran el gusto de ‘estrenar’. Chepegangas, Moda Vintage, Boutique Internacional y Ropa Ligeramente USA hacen parte del repertorio de nombres que, con juegos de palabras, anglicismos e incluso logos de marcas reconocidas, reciben las tiendas de segunda del sector. A pesar de estar en la periferia comercial, se mantienen activos y con una “oferta muy a la moda”. Y no es para menos, según uno de los administradores de USA 12, recibe cada dos o tres meses entre seis y ocho bultos de ropa. Tal vez esa es la razón por la que en almacenes como este no se desperdicia un solo metro cuadrado de área. Aproximadamente, 192 bultos han llegado a USA 12 desde su apertura hasta el día de hoy. Eso sin contar zapatos, carteras y una que otra chuchería que ha llegado por azar.

Las hileras infinitas de ropa se funden con los bultos que como barrera rodean el local y que incluso suben por las paredes hasta acabar colgados del techo. Y tanta ropa, ¿para quién? Según Katherine Flórez, diseñadora independiente, “Chapi es

como el corazón de Bogotá porque aquí está todo”, incluso su tienda de ropa, Muztard Shop, ubicada en la carrera 9 con calle 57. El pequeño local capta la atención entre varias de las tiendas de ropa usada del sector. “Viene

mucha gente de teatro y de producción porque es ropa de segunda”, manifiesta Katherine. La diseñadora, quien al parecer pretende proyectar su marca más allá de la utilería para novelas, obras y trabajos estudiantiles, menciona que entre estudiantes de cine y televisión, productoras y compañías de teatro, hace un tiempo están llegando extranjeros. Así, en su mayoría, la ropa usada —o, como la llama una de las vendedoras de Chepegangas, Moda Vintage, “ropa con historia”— se está utilizando para eso, para contar historias. Lo curioso es que telas y diseños que no aparentan menos de diez años y no parecen atraer a muchos inquietos por la moda, sí resultan muy similares a lo que hoy se ve en las grandes pasarelas, eso mismo que las grandes marcas reproducen para vender masivamente.

La nostalgia Muchos afirman que toda época pasada fue mejor, y para Adela Cardona, estudiante de Comunicación de la Javeriana, escritora y editora del blog GlamourBites, es la explicación más sencilla pero contundente para esa tendencia de reencauchar clásicos. La moda, que siempre ha tendido a inspirarse en el pasado, volcó esa inclinación sobre la reutilización de clásicos y entonces el mundo vio revivir los brocados y las hombreras, los tonos pastel y las abotonaduras, los camafeos y los arabescos. Y ¡claro!, como este fenómeno no podía quedarse huérfano, revistas como Vogue y portales de internet como el de Harper's Bazaar, empezaron a utilizar la palabra vintage para referirse a una estética que evoca la Belle Époque, que suena al saxofón de Sidney Joseph Bechet y tiene ese aroma de los libros viejos.

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El término vintage viene del latín vindemia (en español, vendimia), de ahí pasó al anglo-francés vendage y luego al inglés vintage, idioma en el que sigue significando 'cosecha'. En sus inicios fue utilizado para nombrar los vinos de las mejores cosechas; con el tiempo fue acuñado para referirse a las prendas producidas en los dorados años veinte. Hoy en día, esa categoría es válida para todo producto con esa añorada y aclamada estética de lo antiguo. El título vintage hoy se usa para todo y para nada. Cardona, que se dedica incansablemente a escribir sobre moda, sabe que la línea estética entre lo vintage y lo retro es muy delgada y, sin embargo, reconoce que a la hora de buscar esa manifestación nostálgica en su armario, “¡no hay más que visitar los locales

de la 13 y Chiros Elegantes en la 60 y pico!”. ¡Eso! O irrumpir en el armario de su abuela, donde anidan verdaderos tesoros.

Moda Vintage en la Caracas María Eugenia está vistiendo un maniquí a la entrada de Chepegangas Moda Vintage. Si hablar de lo vintage parece estar tan alejado de la oferta de una tienda de segunda por la Caracas, ¿qué hace el término francés en el aviso de su local? Esta mujer que ha trabajado durante más de 15 años comprando y vendiendo ropa, no se refiere al término con propiedad. Es más, parece usarlo como un artilugio comercial y publicitario; sin embargo, me sorprende con sus

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preguntas: “¿Cuál es la diferencia entre una

blusa que se consigue en Chapinero y una que se compra en cualquier centro comercial?”. Para ella, a los bogotanos nos convence más comprar ropa nueva o “comprar caro, así dure seis meses” y como a la calidad hace mucho que le ganaron las marcas y las colecciones de temporada, los comercios de ropa usada siguen suscitando recelo porque se cree que

“el que compra usado es porque no puede comprar nuevo”, otra de las certeras acotaciones de María Eugenia.

Abajo, Mundo Freak, en la carrera Séptima con calle 53, tienda de diseño en la línea vintage.

La versión de los diseñadores independientes Para quienes no compran en grandes tiendas porque quieren un estilo diferente, pero que tampoco se arriesgan con lo usado porque comprar de segunda todavía resta status, se han abierto recientemente, también en Chapinero, diferentes tipos de comercio que van desde los show rooms —salones de exhibición de artículos exclusivos, puestos a la venta— hasta tiendas más discretas y de bajo perfil. Todas con una apuesta: plasmar el recuerdo de lo antiguo sobre los bogotanos contemporáneos a partir de la curaduría de moda, ese oficio que lleva a explorar exhaustivamente entre artículos de época —como lo hacen tiendas de la línea de Bling Bling Trash—, o importando clásicos de Chanel, Versace, Moschino, entre otros, como propuso en su momento la boutique Diana in Stereo. La labor del diseñador ha sobrepasado la confección textil y demuestra que puede concentrarse en rescatar prendas que hablan por sí solas. Retomar lo vintage, para muchos, no es más que una expresión de la cultura posmoderna, y entre tiendas de segunda, grandes marcas, boutiques y tiendas underground traducen la práctica de comprar y vender ropa usada. Al final las que hablan son las prendas que cuentan historias, esas que cuanto más antiguas, más parecen revitalizarse. Hoy es fácil encontrar prendas que nada tienen que ver con lo que, vulgarmente, se denomina vintage; sin embargo, los clásicos —los verdaderos— hablan desde lugares a los cuales, al parecer, no muchos prestan atención.

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Los azares de

53 la micropolítica

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Estación central

Texto: Lina M. Castillo Joya lcastilloj@javeriana.edu.co

Fotos: Lina M. Castillo Joya y archivos de las localidades

En vísperas de las elecciones locales de 2015, es poco lo que la ciudadanía conoce acerca de las alcaldías que administran las 20 localidades, a las cuales pertenecen los 5.145 barrios de la ciudad. Directo Bogotá recorrió dos de las 20 alcaldías locales de Bogotá: la que mejor funciona y la que no funcionó en el último año. ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Alcaldía de Engativá, con la camiseta # 10 Como ejemplo de buen funcionamiento de una alcaldía local, está la de Engativá, la localidad 10, cuya administración obtuvo el premio a la mejor gestión cultural de 2013. Dirigida desde 2012 por el filósofo y especialista en gerencia social Carlos Mauricio Naranjo Plata, se ha destacado por llevar a cabo planes en pro de la integración de la comunidad sin distingo de sector poblacional: mujeres, niños, ancianos, raizales, rrom (gitanos), víctimas del conflicto armado, LGTBI y población en condición de discapacidad son tenidos en cuenta por la Alcaldía Local, acorde con el plan de gobierno distrital, ‘Bogotá Humana’. Por medio de conciertos con artistas reconocidos, salones de arte, talleres de danza, convocatorias de bandas y seminarios, entre otros, se busca que los jóvenes inviertan su tiempo en actividades recreativas, apuntando así a disminuir los índices de riñas y de inseguridad en los barrios.

Reparación malla vial de Engativá.

Sin embargo, hay algunos problemas en los acercamientos con la población, sobre todo porque la gente llega con inquietudes sobre temas de salud, pidiendo empleo o con quejas sobre educación, sin saber que la Alcaldía Local no tiene competencia directa en esos temas. “La gente no sabe que el gobierno local

es una composición de diferentes entidades y diferentes sectores. La Alcaldía Local de Engativá es, básicamente, líder en materia de seguridad y convivencia”, explica Jorge Sánchez, psicólogo de la Universidad Nacional y magíster en Investigación Social Interdisciplinaria de la Universidad Distrital, coordinador desde el 2012 del Observatorio de la Alcaldía Local de Engativá. Los temas que sí le competen a la Alcaldía son seguridad, convivencia, espacio público, parqueaderos, obras, control de los permisos de curaduría urbana, medidas judiciales y quejas de los ciudadanos. La Alcaldía Local de Engativá responde por las vías internas donde no pasan buses. Así, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) se encarga de la calle 72 y de las avenidas 68, Boyacá y José Celestino Mutis. Para revisar una vía debe haber una queja ciudadana y se sigue un


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20.000 usuarios en redes sociales de la Alcaldía de Engativá ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• ••••••••••••••••••••••••••••••••••••• •••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Abajo izquierda: Colectivo Mujeres de Engativá. Abajo derecha: Jardín infantil de la localidad.

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procedimiento: se ubica la vía en la lista de vías priorizadas; si no está, se evalúa la necesidad de arreglarla, el sistema de acueducto y alcantarillado, así como las redes de energía y de comunicaciones. “Las personas se quejan de

la demora para mejorar una vía, pero es que el trabajo no es tan simple como traer la máquina y echar el cemento”, comenta Jorge Sánchez.

Alcaldía y el sistema de quejas y sugerencias, que se une al de llamadas y cartas radicadas (que funcionan como un derecho de petición). La administración tiene 15 días hábiles para responder y lo hace por escrito, o con invitaciones a reuniones, o los funcionarios van hasta donde el ciudadano —no al revés—, e incluso el alcalde local lo visita en su casa.

La Alcaldía Local también se ocupa de los parques: el estado de los juegos infantiles y de las canchas de baloncesto y de microfútbol.

Alcaldía de Kennedy, las de cal y las de rock

La participación ciudadana es uno de los principios más importantes de la administración general en el Distrito. Los ciudadanos, al fin y al cabo, son quienes les dan las ‘pistas’ a las administraciones locales para que los proyectos resulten más beneficiosos. Uno de los factores diferenciales de esta alcaldía local es el Observatorio Local de Engativá, un sistema que ofrece información general de la localidad, su historia, ubicación, eventos, proyectos que se están desarrollando, recursos, barrios intervenidos, avances y resultados. A esta estrategia se añaden redes sociales, que en Facebook y Twitter suman unos 20.000 usuarios. En la página de la Alcaldía Local de Engativá, coordinada por la Secretaría de Gobierno, están estipuladas las competencias de la

Con 1’017.068 residentes —cerca del 13 % de los habitantes de la ciudad—, en Kennedy, la localidad 8, se concentra la mayoría de retos y problemas para una administración. Para empezar, los asentamientos ilegales, el relleno de los humedales de la zona y la descarga de escombros y de basura en áreas no permitidas, sumados a la naturaleza misma de los suelos del territorio y el deterioro en las redes de acueducto y alcantarillado, ponen en riesgo el acceso al agua potable de la población. Tampoco hay un adecuado manejo de residuos en el botadero de Gibraltar ni en Corabastos. Esto compromete la salud de los residentes en la localidad. Por otro lado, la falta de control del comercio —competencia de las alcaldías locales—


Breve manual sobre las alcaldías locales ¿Qué son? Son las autoridades que velan por el cumplimiento de algunas normas, como licencias de construcción, usos del suelo, actividades de locales comerciales y control del ruido. De la misma manera, son las delegadas en la reparación y mantenimiento de las vías de las circunscripciones locales. Por otro lado, proveen algunos servicios de asesoría legal y jurídica en temas de la cotidianidad de los ciudadanos. ¿Qué hacen? Las cinco funciones principales de una alcaldía local son: 1) Brindar información y orientación sobre la organización, funciones, competencias, requisitos, trámites y servicios de la Secretaría Distrital de Gobierno. 2) Recibir informes sobre riesgos de derrumbes, deslizamientos, inundaciones o incendios en la localidad. 3) Recibir quejas y sugerencias sobre perturbaciones por ruido y venta de licor a menores de edad. Además de

provoca contaminación en el aire por la actividad industrial y la quema de basuras, así como invasión del espacio público y contaminación visual y auditiva.

juegos y espectáculos sin autorización. También sobre el funcionamiento de establecimientos comerciales sin licencias, en horas no autorizadas, con licencias sin relación con la actividad que desarrollan o cuyo exceso de volumen perturbe la vecindad. 4) Recibir quejas sobre basuras y contaminación visual, ambiental y auditiva. 5) Recibir quejas sobre invasión de espacio público por presencia de vendedores ambulantes, escombros, basuras y otros. El alcalde local Es la máxima autoridad de la localidad. Su función es conjugar la acción local con la distrital, acogiéndose de esta manera al plan de desarrollo de Bogotá de la administración en curso. Es la figura garante de la seguridad y tranquilidad de su zona. Los alcaldes de las 20 localidades son elegidos por el Alcalde Mayor, de una selección presentada previamente por las juntas administradoras locales (JAL). Pueden ser destituidos por la JAL de su localidad.

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Una localidad con tales problemas, debería contar con la presencia de un alcalde local comprometido y eficiente. Sin embargo, en 2014 fue destituido e inhabilitado por 11 años, el alcalde local de Kennedy, Luis Fernando Escobar, por presuntas irregularidades en la ejecución de un contrato que se remonta a la administración del anterior alcalde, Jesús Antonio Mateus, quien fue inhabilitado por la Contraloría Distrital por la misma razón. Todo esto, ha desatado diferentes posiciones: por un lado, hay habitantes tanto de Bogotá como de Soacha (municipio en el que Escobar se desempeñó previamente

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Rock al Kennedy

comenzó con un concurso entre

60 bandas locales

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Rock al Kennedy

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como Personero, cargo desde el cual contribuyó a destapar los llamados “falsos positivos”), que lo apoyan y se oponen a la destitución y, por el otro, funcionarios que consideran que tras la situación presentada con el contrato, Escobar no debe seguir al frente de la alcaldía de Kennedy. El proceso civil y judicial que se lleva a cabo, incluye intereses de diferentes sectores políticos, por lo que no se sabe qué pasará con el alcalde. Hoy, al frente de la alcaldía se encuentra encargado Miguel Antonio Cortés, designado por Gustavo Petro. Pero el vacío institucional no es tan fácil de superar, por lo que más de un año después de la destitución de Escobar, la Alcaldía Local de Kennedy sigue padeciendo las consecuencias de su gestión. A pesar de la situación en la que se encuentra Kennedy y de sus dificultades administrativas, ha tenido en el mismo periodo algunos aciertos. En el ámbito cultural y de integración juvenil, el gobierno local fue gestor y patrocinador de Rock al Kennedy, teniendo en cuenta el talento musical que hay en la zona y con miras a potenciar el tiempo libre de los jóvenes. Este evento cuenta con gran acogida no solo en el territorio y sus cercanías, sino en toda la ciudad, pues es conocido como la muestra de la escena del metal en Bogotá. Por otro lado, ser parte de Rock al Kennedy es una gran oportunidad para quienes se presentan, teniendo en cuenta que concursan decenas de bandas. La última versión se celebró el 3 de agosto de 2013 en el parque Timiza de la localidad.

“El proceso se inició con un concurso entre más de 60 bandas locales, que se enfrentarían

en unas audiciones frente a jurados calificados, entre ellos John Harold, exvocalista de Undertreath; una vez escogidas, las bandas ganadoras no solo se presentan el día del show, sino que también reciben $1.200.000 como incentivo económico de parte de la Alcaldía Local”, apunta Johann Andrés Bueno Brito, de 27 años, estudiante de ingeniería topográfica de la Universidad Distrital, habitante de la localidad e integrante de la banda de Brutal/ Core, New World Orden. El presupuesto que usan las diferentes alcaldías locales de Bogotá representa, en su totalidad, el 10% del presupuesto del Distrito; este se distribuye entre las 20 localidades, según la población y las necesidades de cada territorio. Para el caso de Kennedy, en 2013 el presupuesto asignado fue de $105.936 millones. El gobierno local, al planear anualmente el presupuesto del año siguiente, debe tener en cuenta las funciones propias de la Alcaldía, pero asimismo tiene la potestad de proponer nuevas actividades en pro de mejorar la calidad de vida de los habitantes en aspectos que no necesariamente involucran infraestructura física. En este caso, Rock al Kennedy, más allá de ser un espacio de esparcimiento, es una muestra de integración social, identidad y apropiación del territorio. Desde 2014, año de la destitución del último alcalde, quedó suspendido Rock al Kennedy y habrá que esperar si el nuevo alcalde retoma el programa, que tras los últimos acontecimientos podría pasar a segundo plano junto con toda la programación cultural.


De la biblia al vino

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en la librería más antigua de Bogotá

Retrovisor

Texto y fotos: María Vanessa Sanabria V. mariave500@gmail.com

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Hace más de un siglo se abrió en Bogotá la que se convertiría en la librería más antigua de la ciudad. Hoy, ubicada en la carrera 6ª # 10-47, en el barrio La Candelaria, la Librería del Seminario mantiene su especialidad de libros religiosos para una clientela escasa, pero doblemente fiel.

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Nacida dentro de la orden franciscana, en 1884, esta librería vino a suplir las necesidades de varios clérigos y seminaristas, cuyo acceso a la filosofía teológica se veía mediado por bibliotecas restrictivas o por los grandes costos de las importaciones. Según lo estableció Hildebrando Yepes, antiguo administrador del lugar, el fundador fue monseñor Bernardo Herrera Restrepo, quien fungió como padre rector del Seminario Mayor entre 1871 y 1885. Fue allí donde se abrieron las puertas del local y a través de una pequeña ventana se atendía a los seminaristas interesados en los volúmenes exhibidos. Casi nada se conoce de la historia de este lugar, cuyos archivos son escasos e inaccesibles. Hoy la librería pertenece a la empresa editorial San Pablo, que se encarga de la producción de la mayoría de literatura católica que circula por el mundo y que a su vez es responsable de aquellos folletos que en cada liturgia se reparten en las capillas, con los contenidos de la ceremonia del día.

De todo, como en sacristía Monseñor Emilio Valenzuela, padre rector del Seminario Mayor (1920-1935) fue uno de los personajes que más apoyaron la librería, ya que debido al costo de sus productos y a la poca clientela, mantener vivo este espacio era una tarea muy complicada. Por tal razón, la librería amplió su negocio y comercializó ornamentos y artículos religiosos como sotanas y bonetes, para compensar las pérdidas que le producía la importación de libros de países como Italia, Francia y Grecia. Así, una librería que había nacido sin competencia, ya que nadie importaba libros religiosos, igualmente sufrió las inclemencias del mercado y se vio obligada a proveer no solo las lecturas religiosas, sino todo el ajuar eclesiástico y el vino de consagrar para las misas. Estela Cáceres, profesora retirada y asidua cliente del local, recuerda la librería como un


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Hildebrando Yepes, quien estuvo 35 años al frente de la Librería del Seminario.

espacio para entrar en contacto con la filosofía, para ver en los libros la palabra de Dios en distintos idiomas. Era un espacio familiar, con empleados atentos y, sobre todo, con una inmensa diversidad literaria. Monseñor Fernando Piñeros, miembro del Seminario, guarda en su biblioteca personal una inmensa colección de libros teológicos, varios de ellos adquiridos en la librería —como lo demuestra el sello que tienen impreso—, todos de ediciones muy bien cuidadas y elegantes.

Entre los libros que importaba la librería, las biblias eran quizás uno de los artículos más populares. Desde el latín hasta francés, pasando por el italiano, se podían encontrar ediciones del libro sagrado. Publicaciones del Vaticano, encíclicas, textos teóricos sobre teología, libros para niños con explicaciones sobre la fe y la religión… todo se encontraba en este lugar, y de no ser así, era posible gestionar su compra en cualquier parte del mundo donde la Arquidiócesis tuviera algún representante. Era una librería apreciada por sus visitantes. Los libros tenían un precio moderado en comparación con los esfuerzos que implicaba su importación, y si se era seminarista, como rememora el padre Edison Sahamuel —con una maestría en Arquitectura de la Universidad Javeriana—, podían pagarse en cuotas a lo largo del año escolar. La librería era bastante respetada y, para 1947, cuando trasladó sus instalaciones fuera de la Arquidiócesis y se abrió al público laico, en la calle 12 entre carreras 5ª y 6ª, adquirió mayor popularidad y clientela.

Deudas, vino y desencanto Aun con los nuevos clientes ajenos a comunidades religiosas, la librería tuvo problemas para continuar con su labor. Endeudada a causa de la importación de textos que se vendían a un precio significativamente menor del presupuestado, la librería entró en una crisis, que de no ser por la colaboración de un devoto ciudadano laico, cuyo nombre se mantiene en reserva, no habría superado. En 1965, la historia se repitió. Tras el Concilio Vaticano II, el público buscaba ansioso los textos con las reformas presentadas. Sin embargo, la librería no tenía en su catálogo nada posterior al Concilio, es decir, su mercancía estaba desactualizada. Las existencias de la librería se volvieron invendibles, el crédito que tenían en el exterior les fue suspendido y la quiebra parecía inevitable. Necesitaban una inyección financiera para subsistir. Acudieron entonces a la Federación Nacional de Cafeteros en busca de un préstamo y lo recibieron diferido a 18 meses, con bajo interés, pero con el riesgo de la devaluación. Esta transacción le costó a la Arquidiócesis algunas de sus acciones del Teleférico de Monserrate, ya que

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la Federación pidió en prenda tales bienes a fin de asegurar el crédito. Esta fue una de las épocas más difíciles para la librería y para el Seminario, con una deuda que en cualquier momento podría significar la bancarrota. La vida de la librería pendía entonces de un hilo, así que se impuso la austeridad en inversiones y gastos. Tras varios meses, la deuda se pudo pagar y la librería volvió a tener liquidez suficiente para pagar sus importaciones directamente. La venta del vestuario religioso y los demás ornamentos, como la del vino de consagrar ―que se podía encontrar tanto en botellas como en barriles―, persistía como mayor fuente de ingresos, y a ello en gran parte se debe que la librería haya sobrevivido esos años difíciles. Con el paso del tiempo, la situación fue cambiando. Nuevas librerías abrieron sus puertas al mercado y entraron a competir con la ya establecida Librería del Seminario. A su vez, Colombia se abrió a las importaciones, con lo que la competencia dejó de librarse en sus justas proporciones. El vino para consagrar, aquel que tanto había ayudado a la librería a mantenerse a flote, era ahora poco atractivo. El Estado, que había permitido que las importaciones realizadas por la Arquidiócesis quedaran exentas de impuestos, comenzó a reclamar el pago de estas operaciones y obligó a estampillar la mercancía. Además, una inmensa variedad de vinos, tanto de consagrar como normales, ingresaron al país, por lo que resultaba más barato el vino de los supermercados que el de la librería. En este punto, la Arquidiócesis decidió que ya no era negocio vender artículos diferentes a libros. A pesar de esto, la librería se mantuvo unas cuantas décadas más bajo la administración del Seminario Mayor, aunque su intervención sobre las decisiones administrativas fuera mínima. Mantuvo siempre un modelo de negocio donde primaba la buena atención, la variedad de títulos y los precios asequibles. Si bien nunca tuvo un espacio destinado a la lectura o a la tertulia, como lo tienen algunas librerías hoy en día —donde incluso es posible encontrar cafeterías—, esta librería siempre ofreció un espacio de encuentro con la teología.

Un lugar en el que sus empleados, algunos seminaristas y otros laicos, ofrecían una atenta aproximación a la literatura católica. Hoy la librería ya no es del Seminario Mayor; conserva su nombre, pero ese ambiente que su leal clientela describe ya no es el mismo que se experimenta al visitar el local. Hildebrando Yepes, gerente de la librería por más de 35 años y hoy dueño de la Librería Católica Sicomoro, es a quien se atribuye gran parte del recuento histórico de este icónico lugar de Bogotá. El hombre que pasó de ordenar los libros a administrar la librería del Seminario después de que el gerente se embriagara, es quien hoy conserva los más significativos recuerdos de su paso por este lugar. A esta librería le debe muchas de sus amistades, haber sacado a su familia adelante, haber abandonado su carrera como abogado para vivir de un negocio que nunca persiguió el lucro, pero que en su interior ocultaba grandes riquezas literarias. Esa librería, que no vendía por vender, “era el lugar para compartir la lectura que a mí y a los clientes nos apasionaba”.

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Arte

Pedaleo circense Texto y fotos: Ángel Batista batistangel3@gmail.com

Monociclos, jirafas, triciclos, bicicletas de dos pisos, velocípedos, monocletas o minibikes son algunos de los vehículos-adminículos de Zua Zaa Cirko, una compañía circense especializada en shows sobre ruedas.

Juan Santamaría es el director de Zua Zaa Cirko y normalmente estaría entrenando enfrente del edificio de Ciencias y Tecnologías de la Universidad Nacional. Allí la gran plazoleta blanca sería su escenario debido a condiciones ideales de piso y espacio para la práctica de la bicicleta artística. Sin embargo, hoy su caja escénica es la cancha de hockey del Parque Nacional. Y mientras ensaya para su próximo espectáculo en el parque Teusaquillo, nos cuenta la historia de un proyecto que busca vivir la cultura ciudadana de una manera alternativa. Santamaría nació en 1977 y es cocinero egresado del Sena. Sin embargo, su mayor orgullo son sus estudios dedicados al malabarismo, las artes circenses y la actuación cómica. En el año 2000 partió de Colombia en busca de formación y en ese viaje encontró diferentes conceptos que lo han ayudado en su formación, como el curso integral de circo que tomó en la escuela de circo criollo de Buenos Aires o el aprendizaje de humor y comicidad con Mauri Curdbak en el galpón de los hermanos Trivenchy o la formación en acrobacia de la escuela de circo La Arena. Ahora, su amor por la bicicleta comenzó desde muy pequeño y no necesitó ninguna escuela para descubrir que era su pasión. Como niño ciclista, la curiosidad lo llevó a experimentar y probar las diferentes técnicas de relacionarse con la bicicleta que iba encontrando. Hoy en día, la bicicleta es una proyección de su cuerpo. El caballito de acero es, para él, otra forma de expresión. Santamaría camina y mantiene en el aire su bicicleta al poner una rueda sobre su cabeza. Esta imagen es casi un símbolo de lo que representa Zua Zaa Cirko, pues, para poder administrarlo, sus creadores han tenido que utilizar todas las técnicas aprendidas en el circo referentes al equilibrio, el balance y el control, a fin de mantener a flote los proyectos que lo componen.


Malabares al por mayor Fundado en 2008 por Juan Santamaría y Katherine Suavita, Zua Zaa buscaba ser un espacio de promoción y fomento de las nuevas expresiones artísticas urbanas, pero hoy en día superó sus propios límites. Tanto así, que bajo el paraguas de Zua Zaa se incluyen varios colectivos artísticos. El proyecto Malabarismo Urbano Colombia es uno de esos intentos por dignificar la labor del malabarista en Colombia, mientras se impulsa el malabarismo como una práctica deportiva y lúdica. Los ciclos de lo insólito es otro proyecto impulsado por Zua Zaa y su objetivo principal es ofrecer opciones de entretenimiento en universidades y así alejar a los jóvenes de los malos hábitos. “Ciclos de lo insólito es como

un minifestival en la U., y es un plan cheverísimo y distinto que se puede hacer acá”, explica Paula Huertas, estudiante de la Universidad Nacional que asiste con frecuencia a los espectáculos de Zua Zaa. De hecho, es tal la diversidad artística, que incluye un proyecto musical llamado Los Asesinos del Ritmo. Una agrupación que ameniza los shows circenses de Zua Zaa y que basa sus sonidos en una apropiación caribeña y andina de uno de los instrumentos gitanos: el acordeón.

“La Bicipachanga también es de nosotros y ha sido un espacio de ciclopaseo que cambió la mentalidad de la gente: la subió a la bici. Además, se encargó de halar a la gente de circo que no usaba la bicicleta”, afirma Suavita.

Teatro. Esto era cuando no había internet y la gente andaba con miedo de que le copiaran la técnica. Pasó mucho tiempo y pude ver una bicicleta de pista, de velódromo. Y me di cuenta de que tenía el mismo funcionamiento. Sin embargo, no era exactamente la que estaba buscando. Luego me volví a encontrar con el mismo personaje del Festival de Teatro y fue así como conseguí las palabras clave de mi búsqueda: bicicleta artística, ‘indoor cycling’ o ‘Kundstrandt’”, explica Santamaría. “La más económica de este tipo cuesta 1.750 euros en Europa. El hecho no es importarlas, sino poder hacerlas. Y ahora ya las fabricamos y las podemos hacer aquí. Yo desarrollé la técnica y ese ha sido mi motor. La bicicleta no es nuestro fin, es nuestro medio. Quiero que esta disciplina se conozca”, cuenta el director de Zua Zaa mostrando orgulloso su bicicleta.

“Es un ícono para nosotros porque el hecho de pedalear es el ‘hazlo por ti mismo’. Y eso es algo que hemos intentado con el Zua Zaa Cirko y es hacer todo por nuestros propios medios.

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Zua Zaa Cirko, fundado en

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La bicicleta artística Santamaría no es un artista que precise mucha escenografía, solo necesita su habilidad y su bicicleta artística para maravillar a la mucha o poca concurrencia. Ya dejó caer su bicicleta. Ahora, en el centro de la cancha de hockey, da vueltas en círculos con un pie en el manubrio y otro en el asiento, mientras relata lo difícil que fue para él poder conseguirla.

“Una sola vez pude ver una bicicleta de estas y cuando la estaba viendo se la llevaron. Nunca más la pude ver. Fue hace 16 años y vi a este personaje en un Festival Iberoamericano de

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Todo es autogestionado y fabricado, desde los vestuarios hasta la música”, afirma Santamaría. Al preguntarle cómo se mantiene económicamente el circo, el domador de la bicicleta asume un tono más serio y empieza a hablar de la cultura de la gorra: “Aquí falta mucho.

No es que yo no tenga otra opción. No estoy pidiendo que me colabore; simplemente estoy cobrando mi trabajo. En vez de hacer una fila, yo decido de acuerdo con mi presupuesto y a lo que el artista hizo cuánto quiero pagar por eso. Lastimosamente, eso se confunde y se malentiende al personaje/actor urbano”, manifiesta. “En un principio éramos nosotros dos. Ahora somos cuatro. Siempre lo hemos intentado manejar como una empresa familiar. A veces el tema económico con extraños es complicado”, complementa Suavita. Ahora Santamaría asume una postura más relajada frente a la bicicleta. Pone sus manos en el manubrio, los pies en el suelo y se acomoda en el asiento mientras afirma: “La ciudad se puede

vivir de otra forma si todos colaboramos y dejamos el prejuicio. Tiene que haber opciones, conciertos gratuitos o festivales en los parques,

por ejemplo. Salgamos a la calle y tomémonos lo que es nuestro. La actitud casi ética del circo es mostrar esa diversidad cultural que existe. Nuestra labor es salir a la urbe y mostrar que hay otra forma de ver las cosas”.

Un proyecto hecho a pedal El Instituto Distrital de Recreación y Deporte define los deportes urbanos y las nuevas tendencias como “aquellos deportes de riesgo

controlado, relacionados con las actividades de ocio y con algún componente deportivo, cuya práctica está sujeta a espacios y condiciones dadas por la urbe”. Y Zua Zaa Cirko considera que está trabajando para que cada vez más se les dé el reconocimiento merecido a estas nuevas tendencias. Así, después de participar en importantes eventos como el Festival Internacional de Teatro de Manizales, el Festival Iberoamericano de Teatro o el Encuentro de Arte Callejero, Circo y Teatro Latinoamericano, y de ganar la beca Pedalea por Bogotá con el espectáculo Tricirko, aún consideran que tienen cosas por conseguir: hoy en día moverse por la ciudad en bicicleta tiene mayor acogida por parte de la ciudadanía, pero es necesario continuar con este tipo de iniciativas para que surja una ciudad distinta.

“¿Por qué usar los triciclos y las bicicletas? Porque son otra forma de ver la ciudad. Podemos movernos sin contaminar. Podemos tener un nuevo método de movilizarnos. Nosotros buscamos retomar nuestra cultura, pero sin salir a ponernos la falda, el sombrero y la mochila, sino a través de nuestro lenguaje de ciudad. Entonces nuestra intención es hacer que la ciudad viva desde la bicicleta y eso se logra a través de la cultura urbana y ciudadana”, apunta el director de Zua Zaa dando por terminado el entrenamiento. Santamaría mira con espanto las nubes y se despide apurado por la inminente lluvia. La misma bicicleta que dominaba con gracia en el aire hace unos minutos, se convierte en su medio de transporte para regresar a casa. Ya tiene listo el montaje de su acto y solo falta practicar con los demás miembros del circo las entradas y salidas de los personajes. Por hoy, el espectáculo ha terminado y mañana será otro día para montar la bicicleta.

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La cucharita que se perdió

Libros

Texto y fotos: Maryluz Vallejo directobogota@gmail.com

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Mientras viajaba en un bus, en Bogotá, a Jorge Velosa se le encendió el motor creativo y empezó a tararear y a componer la que sería una de las canciones insignia de Los Carrangueros de Ráquira: La cucharita. Días antes le habían robado de su mochila los documentos y la cucharita blanca que le regaló un compadre y guardaba como un amuleto.

La cucharita. Historia de una canción Germán Izquierdo Manrique Ilustraciones: José Arboleda Editorial Monigote, Bogotá, 2015, 31 p.

La historia se remonta a 1979 —año en que también nació el autor de este libro, Germán Izquierdo—, cuando Jorge Velosa dirigía el programa “Canta el pueblo” que transmitía Radio Furatena, la emisora de Chiquinquirá. Entre las historias que mandaban los oyentes llegó una historia de hadas, inconclusa, que le gustó mucho al director, quien decidió echarse el viaje en su jeep hasta la vereda Velandia del municipio de Saboyá. Allá conoció al autor de la historia, Gregorio Martínez, y antes de irse les pidió de regalo la cuchara tallada en hueso de canilla de vaca con la que la señora de la casa, Inés, le echó sal a los huevos duros.

Y ahí está la sal del cuento que atrajo a Germán Izquierdo, excolaborador de Directo Bogotá, exeditor del portal Kien&Ke, autor del libro Jaime Garzón, el genial impertinente (2009) y profesor de géneros narrativos de esta Facultad de Comunicación. Con olfato de cronista siguió la pista a la historia, entrevistó a sus dos protagonistas, se empapó de los paisajes cundiboyacenses y de la música popular de Los Carrangueros, que gracias a su oído musical le dio el contrapunteo armónico a este breve relato sin franja de edad, escrito en prosa sencilla y poética, cálida como una ruana. En La cucharita… primero fue el huevo y después el ilustrador, José Arboleda, que desbancó a la gallina con una creativa postura de imágenes alusivas a la historia y al bucólico altiplano. Así, se cierra el círculo con el ojo de Mauricio Gaviria, también egresado de estas parcelas, que debuta con su editorial Monigote donde espera seguir publicando historias reales. Historias con sabor a crónica, el género que ennoblece lo pequeño, lo infraordinario —según el magistral Perec— recreándolo con gracia y goce, porque hasta el robo del que fue víctima Velosa en el centro de Bogotá inspiró un clásico de la música popular colombiana, que “salió de la pequeña cabina de la emisora y se expandió lentamente, como un zurrón de miel derramado sobre los campos” (p. 26).


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Estampas Urbanas

Los otros desplazados.

Federico Baraya


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en el Parque Nacional (2 de mayo de 2015) Juan Felipe Velasco

Jornada verde

Fotoensayo



Directo Bogotá # 49