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AÑO 9 • No. 44 • MEDELLÍN, AGOSTO DE 2009 • ISSN 1657-2556 • FACULTAD DE COMUNICACIONES • UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Para los productores de leche es cada vez más difícil contrarrestar los diversos problemas que afectan a este sector.

P. 4 y 5

Autofinanciamiento, austeridad, más servicios, menos gastos y racionalización: panorama financiero de la Universidad de Antioquia. P. 6 y 7

Pasadossietemesesdeldesmonte de DMG, en Putumayo aún recuerdan como esta captadora ilegal de dinero les devolvió la esperanza de una vida mejor.

P. 12 y 13

Después del lanzamiento del libro Demasiados Héroes, De La Urbe encontró el “episodio oscuro” de Laura Restrepo. P. 14 y 15

Adán en el Paraíso

Foto: Ronal Castañeda

Existe un Paraíso en Medellín donde se oyen los gemidos y los delirios del sexo, donde las puertas permanecen cerradas y las luces tenues crean la penumbra. El olor a sexo es constante y se lee poesía en medio de la música tántrica. Para muchos es el Edén. Allí es indispensable estar desnudo y ser del mismo género de Adán.


EDITORIAL

En defensa de los periodistas ¿Y a los periodistas quién los defiende? Ciertamente, no lo hacen los medios, por lo menos en lo que a sus condiciones laborales se refiere. Más bien, éstos últimos son cómplices de una situación que en Colombia, como en otras partes del mundo, es cada vez más preocupante: despidos masivos, exigencias de productividad relacionadas con el sincretismo y la convergencia, nuevas formas de contratación a destajo, la conversión de muchos profesionales en vendedores de publicidad. A todo ello, se agrega el bien conocido problema de quienes son vigilados estrechamente por los organismos de seguridad del Estado y son objeto de acusaciones temerarias del mismo Primer Mandatario, algunos con nombre propio. A esto se suma la degradación de los valores fundamentales del periodismo, en un país en donde la investigación que justifica la libertad de prensa es hoy un recuerdo nostálgico de algunos momentos lúcidamente quijotescos que tuvo en un pasado ya lejano. Porque investigación, investigación de campo, no hay, excepto en algunos documentales de televisión. Existe, especialmente en lo semanarios, un muy buen manejo de fuentes que filtran grabaciones interceptadas, o documentos de reserva del sumario, o rumores que son tratados como noticias, y sobre todo, una muy buena habilidad para reciclar información ajena, con el objetivo de proveer el análisis e interpretación que piden los lectores. Por lo demás, todo es registro, ese que se escuda en la neutralidad y la independencia para decir mucho sin decir nada, para no tomar posiciones mientras se impulsa, desde las páginas editoriales, agendas abiertamente partidistas. Estos medios son, por lo general, los mismos que se benefician de la generosa publicidad del Estado, una especie de aceite que lubrica las relaciones de complacencia entre una prensa prisionera de las fuentes oficiales, que convierten a los reporteros

en meros mensajeros de lo público, completamente proclive a la institucionalidad. Si no fuera por los columnistas de opinión, la prensa colombiana sería un desierto irredimible. Un ejemplo claro de la degradación de los valores noticiosos está en la forma como se borran las fronteras entre la noticia y el entretenimiento. El programa de radio más popular de Colombia en las mañanas, por ejemplo, es una enorme vitrina en la que, entre noticia y noticia, se venden toda clase de productos, sin que a su exitosa élite de formadores de opinión, los vendedores, les tiemble la voz. En los noticieros cotidianos de la televisión oficialista, RCN y Caracol, hay piernas parlantes que presentan como noticia las últimas peripecias de los personajes de sus telenovelas. Algunas presentadoras ya podrían patentar sus propios segmentos en los que los chismes adquieren el estatus de sucesos informativos, esto en el tiempo que queda entre segmentos de publicidad que, en ocasiones, sobrepasan los ocho minutos seguidos. Corresponde, pues, a los periodistas defendernos a nosotros mismos. Algunas organizaciones profesionales independientes y ONG nacionales, como Medios Para la Paz, e internacionales, ya han llamado la atención sobre el asunto. Algunos medios valientes (ver la última edición de Arcadia) editorializan al respecto. Y desde la academia ya se empiezan a elevar voces que claman por un tratamiento justo y equitativo para los periodistas, ya de hecho acostumbrados a trabajar largas horas sin horarios ni compensación extra, sin estabilidad, bajo la amenaza del desempleo o de la estigmatización. Pero aún queda mucho por hacer para no evitar el riesgo de que la prensa, supuestamente independiente, quede reducida a la irrelevancia, o peor, a resignarse a ser para siempre corifeos incondicionales de los poderes políticos y económicos de turno.

Un robo que “no fue posible”

Jorge Iván Posada galimatias6@gmail.com

Universidad de Antioquia. En el día 6 de julio de este año, después de terminar varios trabajos finales y avanzar en el Trabajo de Grado, apagué el computador personal, cerré las cortinas de la oficina 12-123 (donde hace 9 años funciona ALTAIR) y apagué las luces. Era la una de la tarde. Salí de la oficina, cerré con llave la puerta: para esa hora tenía las únicas llaves en mi poder. De regreso, después de almorzar, a la una y media de la tarde le quité el seguro a la puerta y abrí la oficina. Prendí las luces, corrí las cortinas y, ¡oh, sorpresa! Encima de la mesa no estaba mi computador personal ni su cargador, ni nada. No estaba, si lo había dejado ahí. No estaba, si yo había cerrado con seguro la puerta. En ese momento, pensé que quizá lo había puesto en otro lugar, que quizá estuviera equivocado, que no lo recordaba bien; pero no, no estaba en algún otro lugar de la oficina. ¿Cómo era posible que alguien entrara si yo tenía las únicas llaves de este lugar? Salí de allí, me dirigí a la Oficina de Medios de la Facultad de Comunicaciones donde relaté lo sucedido. Su jefe, cual personaje salido de un cuento de Herman Melville, sin mirarme, me dijo: “Eso no es posible. Tendrías que haber dejado la puerta abierta. Eso no es posible, hay sólo una sola copia de esa llave. Eso no es posible, llame a Vigilancia. Eso no es posible…”. A renglón seguido, llamé a Vigilancia. Es ahí cuando aparece, sin desmedro de la dignidad de éste, cual personaje kafkiano, el vigilante quien me dice que: “Debía de haberle puesto todas las llaves de seguridad antes de salir. Siendo precavido, y sabiendo dónde estaba, no hubiera pasado eso”. Luego, aparece el Coordinador encargado de la Vigilancia de la Universidad; con su ironía demoledora me dice: “Aquí se roban entre 3 y 4 computadores personales, semanalmente en promedio, sin violencia. Es decir, de la misma manera como le robaron el suyo. ¿Quiere que le diga una cosa, para hablar a calzón quita’o? Aquí no se puede hacer gran cosa, aquí si ponen un cámara es un problema, la gente se siente vigilada, nada de requisas”. Éste, después de llenar el informe, alertó por su radioteléfono a todas las porterías sobre el robo del portátil. Lamentó lo sucedido y me sugirió denunciar el caso ante la Fiscalía y la Policía. Vinieron más quejas, reclamos, cambio de chapa; pero, ¿cómo y porqué es tan fácil que alguien tenga una copia de esta llave y entre, silencioso, y lleve a cabo su cometido?, ¿para qué denunciar el robo de uno de los más de 200 computadores personales que al año son sustraídos dentro de la Universidad? Fui a la Estación de Policía de La Candelaria. El agente que tomó la denuncia, para rematar, me dijo: “Hermano, usted

estudia en una universidad donde no se puede hacer nada, no se puede requisar, no se puede vigilar, no se puede hacer nada”. Y sí, ésto, al parecer, es lo que se puede hacer: nada más allá de reportar el robo y cambiar de chapa. A la Universidad, le debo mucho: su espacio académico, el encuentro con el otro, con quienes se me parecen, también con la alteridad. Gracias a la Universidad conocí y afiné los métodos de investigación en las ciencias humanas. Con la Universidad, estoy en deuda por la Poética de Aristóteles, por Kant, Comte y Popper; por Weber, Malinowski, Marvin Harris, Oscar Lewis. Por sus grandes docentes como Jaime Alberto Vélez, Víctor Álvarez, Juan Carlos Orrego y Doris Aguirre con quien conocí la literatura norteamericana de la generación perdida, con quien leí a JD Salinger, a Truman Capote, a Raymond Carver. Y tantos otros buenos y grandes profesores de Periodismo, de Literatura, de Antropología. A la Universidad, le debo las horas y horas de lecturas en su calurosa biblioteca donde conocí a Geoffrey Chaucer, a Shakespeare, a Cervantes y su Quijote; a Rimbaud, Baudelaire, Verlaine; a Alfred de Vigny, Fernando Pessoa, Natalia Ginzburg; a Primo Levi, a Gustav Meyrink, Albet Camus; a Jaime Jaramillo Escobar, Fernando Vallejo, Antonio Ungar, Helí Ramírez, Pedro Arturo Estrada; a los escritores polacos Joseph Conrad, Riszard Kapuscinski y Slawomir Mrozek; a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Juan Rulfo. Le debo su prensa ajada, guardada celosamente como un tesoro. La literatura de la violencia. A la Universidad, le debo la disciplina y la rigurosidad académica. A la universidad, le debo mis mejores amigos. Pero ahora, en este momento, también he pagado el otro precio de estar aquí, en eso que llaman universo, donde la realidad no es un ente extraño que habita en el extramuro. Y ubicándome en el puesto que me toca, asumiendo el papel que me corresponde, protesto por éste, al parecer, robo ‘normal’ del que fui objeto, frente al que no se puede hacer, como han dicho, nada. Un robo que “no fue posible”, donde perdí mi trabajo de grado, textos personales y trabajos finales. Seguro que vendrán otros hurtos como éste, otro reporte en Vigilancia, otra denuncia, como también habrá otros hechos que producirán rechazo. No bastará con que entre la Fuerza Pública a la Universidad y vista de legalidad sus irregularidades, que no son más que violaciones de derechos; ni alcanzará, con pregones y buenos gestos, buenas intenciones. Esa es también la Universidad en manos, gran parte, de la degradación que vivimos, que padecemos.

FACULTAD DE COMUNICACIONES Número 44 Agosto de 2009 Comité Editorial Sistema De La Urbe Carlos Agudelo, Heiner Castañeda, Luis Carlos Hincapié, Patricia Nieto, Elvia Acevedo, Gonzalo Medina. Coordinador Sistema De La Urbe Carlos Agudelo Dirección Comité Editorial Coordinación Editorial Juan Camilo Rengifo Diagramación Javier Ignacio Tabares Isabel Cristina Álvarez Reporteros Jessica Cano Sánchez, Edna Liliana Guerrero, Jorge Adrián Atehortúa, José Andrés Ardila, Ronal Castañeda, Andrés Felipe Maldonado, Víctor Casas, Carolina Valle García, Yira Plaza O’Byrne, Francisco Monsalve Franco, Jorge Caraballo, Steven Granados Suárez, Maria Clara Calle.

Infográfico Javier Ignacio Tabares Caricatura Tomáz García Ilustración Javier Ignacio Tabares

Fotografía Ronal Castañeda, Edna Liliana Guerrero, Víctor Casas, Francisco Monsalve Franco, Jorge Caraballo, Maria Clara Calle.

Imagen Portada Ronal Castañeda Correctora Alba Rocío Rojas León Colaboradores Elkin Naranjo, Katerine Panesso Impresión La Patria - Manizales UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Rector Alberto Uribe Correa Facultad de Comunicaciones Decano Edison Darío Neira Palacio Jefa Departamento de Comunicación Social Deisy Katherine García Franco Ciudad Universitaria Bloque 12, oficina 122 Teléfono 219 59 12 Fax 233 47 24 Las opiniones expresadas por los autores no comprometen a la Universidad de Antioquia CIRCULACIÓN 10.000 EJEMPLARES


OPINIÓN

A la bareta se le dice faso Juan Diego Restrepo Toro jdiegorestrepo@gmail.com Ando en el rebusque. A cualquier cosa que haya para hacer me apunto. Organicé un archivo periodístico de 10 de la noche a 4 de la mañana durante una semana y actué en una obra de teatro en Recoleta: hice de malo. Ahora escribo para una agencia de prensa. Corto pastos y doy clases de salsa. Soy, como se dice, un colombiano trabajador, un paisa necesitado en Argentina. Sábado 2 de mayo de 2009. Marcha Mundial por la legalización de la marihuana. Por Facebook, me enteré de una posibilidad de negocio. En Buenos Aires, se organizó una de las marchas que pidió la legalización de la marihuana en todo el mundo. Seguro que iba a ir mucha gente. ¿Qué les podría vender? Algo que fuera rentable, fácil y legal. “Vendamos empanadas”, dije, y así fue. Quise hacerlas al estilo colombiano, pero no pude conseguir la masa de maíz, de eso no se encuentra en La Plata. Así que vendí empanadas argentinas. ¡Maldita sea!, quería vender empanadas colombianas y mostrarles ese saborcito especial con el que se construyó una iglesia en cada barrio. Las conseguí a buen precio, una pequeña canastita y ya estuvo: cada una a tres pesos. ¡Listo! ¡Adonde los mariguaneros! Qué colombiano tan trabajador, tan ingenioso… ¿Único? ¡Mentiras! No saben ustedes la que me pasó. A la marihuana se le dice faso en Argentina. La marcha por la legalización salió desde el Planetario, en el exclusivo sector de Recoleta, y luego, en uno de los jardines, los asistentes se sentaron a escuchar música y a fumarse un porro. - ¡Empanadas! ¡Empanadas!, ¿todo bien, parcero? -Todo piola, ¡che! La prohibición de la marihuana, hija del siglo XX, hace parte del cuestionamiento global, y nada nuevo sobre el consumo de drogas, en general, y su posible legalización; con la salvedad de que la marihuana es una hierba que se fuma y no pasa por procesos químicos, tiene efectos medicinales y es necesario diferenciarla de las drogas en general. Uno de los argumentos es éste: si la gente puede tener la planta que se va a fumar no hay necesidad de un tráfico. La prohibición estimula el tráfico, como en el caso de la prohibición del alcohol en Estados Unidos y Al Capone. Precisamente, este país, que incitó la persecución de la hierba hace cuarenta años, hoy ha dejado el tema atrás: California es uno de los mayores productores del mundo: hay cultivos con fines medicinales y plantas personales. No hay fuga de capital. En cuanto a las drogas en general, si se quiere disminuir el consumo, la prohibición no funciona. Esa es una realidad y los países consumidores lo saben. A los narcotraficantes les conviene porque el precio sube y ellos controlan el mercado. Las ganancias las invierten luego en armas y en hombres. Construyen sus ejércitos, se apoderan de un territorio; asesinan, secuestran, desplazan. Ya sabemos lo que el narcotráfico le ha hecho a países como Colombia o México.

Esta marcha era sólo sobre la marihuana, la legalización y la despenalización. ¿Cómo debe actuar el Estado frente a un consumidor? Llenar las cárceles es ineficaz e ingenuo. El consumidor no es un delincuente. La decisión de consumo es personal, así como lo es la decisión de dejarla. No quiere decir esto que el Estado no tenga responsabilidad en la prevención y en la educación, pero está en la libertad de los ciudadanos decidir lo que quieren hacer con su cuerpo: los adictos al cigarrillo lo saben perfectamente. En Colombia, el tema está sobre la mesa. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez es enemigo de la dosis personal y pretende penalizarla. El 2 de mayo también hubo una marcha en Bogotá, en Pereira y en Medellín. A mí me llegó la invitación al Facebook, por la Comunidad Canábica Colombiana que propone la promoción responsable de la cannabis sativa como solución al tráfico ilegal. La invitación hablaba de “la marcha más pacífica de la historia”, decía así: “Hoy es la marcha, y el día está perfecto pa’ salir a caminar, prender un porrito y disfrutar de nuestra libertad”. En Buenos Aires, el día estaba perfecto para echarse en el pasto y tomar el sol, para hacer malabares y armar un festival; eso sí, el paisa a vender. Había gente tocando los tambores y otros bailaban reggae con una banda local. En una radio, sonaba Manu Chao: “Buena, barata, del campo”. Vendí las empanadas en media hora: hojaldradas, grandes, ¡ojo! con relleno común: de pollo, de carne; fue un buen negocio. De repente, inconfundible, una voz del Atanasio Girardot: –¡Cerveza, cerveza! ¡Coooca cola, coca cola, coca cola! –decía un tipo con la camiseta roja y azul del Deportivo Independiente Medellín y con una nevera-heladera de icopor en el hombro. Un paisa vendiendo trago. ¿Cuánto se habrá hecho ese hombre en ganancias? ¡Lástima! ¡Ese era el negocio! Justo al frente de la tarima, entre la multitud, ondeaba una bandera de Colombia. El tricolor nacional era sostenido por un caleño que vendía brownies y helados. Había fila para comprar. Pensé en esas historias fabulosas que dicen que hay un colombiano vendiendo refrescos en las Pirámides de Gizeh o en la Muralla China. Me molestaba, siempre creí que era un folclor exagerado, que las cosas no eran tan así. Pero no. Tres vendedores colombianos casi sin competencia frente a una multitud relajada y hambrienta; había cinco toldos de hippies y un niño vendiendo calcomanías. Y entonces, para afirmarlo todo, los vi: una par de muchachos, de sombrero vueltiao, con una camiseta amarilla como el oro, azul como el mar y roja como la sangre, y un letrero: CAFÉ 100%, sobre la bandera de Colombia. El café estaba delicioso, a dos pesos. Todo el mundo les compraba, no pararon de vender. Una tonelada de folclor cayó sobre mi cabeza en ese momento: limpiamos mangueras por dentro, preñamos locas, enderezamos torcidos, cobramos herencias… ese mito sobre los colombianos, ¡ese mito! Si a la bareta se le dice faso, me resisto a creer que al vendedor se le diga colombiano.

Ovación de pie

El equipo del Sistema Informativo De La Urbe agradece a la profesora Patricia Nieto por su trabajo en el Sistema durante los últimos dos años, tiempo en el cual estuvo al frente del periódico y lideró diferentes proyectos de investigación con los estudiantes, a quienes les enseñó que la escritura es más que una “pirámide invertida”. También, queremos saludar a los profesores Ramón Pineda y Raúl Osorio, quienes llegan a aportar su experiencia en este proyecto De La Urbe. A ellos, una cordial bienvenida, y a la profesora Nieto, esperamos tenerla de regreso, muy pronto, en éste su periódico.

Los gestos hablan

El martes 28 de julio un grupo de encapuchados levantó un andamio frente a la Biblioteca Central para alterar la campaña “Un Alma con muchos rostros”. Utilizaron aerosol verde, dibujaron capuchas sobre seis de los retratos que componen la iniciativa, tacharon el texto de la valla que cita al filósofo Emanuel Levinas (“El rostro habla”), y colgaron sobre ésta un cartel con un mensaje que alude a la pluralidad que debe tener la Universidad. Violar las imágenes de los rostros universitarios, al pintarles capuchas y destruir el discurso de las vallas -el discurso del otro-, para levantar el de ellos, es un gesto que contradice profundamente el espíritu universitario. Es desacertado colgar un cartel que apela a la diversidad cuando ellos mismos, con sus actos, la desconocen. Lo que sí queda claro es que la acción de los encapuchados indica que la campaña ha logrado detonar un debate que incluye a toda la comunidad universitaria.

AH1N1: verdad o paranoia mediática

Hace varios meses, los medios de comunicación nos alarmaron con el origen del virus AH1N1. Los noticieros gastaban más de 30 minutos hablándonos de la gripa porcina; el tapabocas resultó ser más importante para los periodistas que el propio micrófono y decenas de médicos tuvieron sus cinco minutos de fama en la televisión. Todos presentíamos lo peor. Y eso que, en ese entonces, el virus no había pisado suelo colombiano. Pues bien, ahora que la gripita se convirtió en una pandemia, en Colombia ya han muerto más de 15 personas y hay más de 200 casos confirmados; los noticieros esquivamente dan a conocer las cifras. ¿Quién entiende a los medios? Posdata: si algo bueno trajo este virus fue que aceleró el desalojo del Parque Tercer Milenio en Bogotá; por fin le pusieron el ojo a estos desplazados que ya completaban más de cuatro meses allí.

Pasos para una sana diversión

Primero: recuerde que hay que sacrificar la escasa movilidad y el precario transporte público para que las ‘mulas’ que marchan ebrias sobre los equinos puedan regocijarse con el alcohol y, de paso, dejar toneladas de basura y de estiércol en la ciudad. Segundo: entienda que las ferias son necesarias, sobre todo, en épocas de poco miedo y mucha esperanza; así los muertos que resulten en las calles se justificarán con el aguardiente y su ‘sana’ combinación con la gasolina. Tercero: no haga preguntas; despilfarre, emborráchese y luzca a su bella y postiza mujer. Pero, si no puede hacer algo de lo anterior, tranquilo, simplemente aguántese los trancones. Disfrute del bello espectáculo que ofrece Medellín cada agosto: silicona a diestra y siniestra, sabor a trago, olor a plomo y, claro, la bella sensación de que un cúmulo de mierda en la Avenida del Río es más importante que los cadáveres que, día a día, brotan de las laderas.

AA emergencia: ¿Solo es un mito?

Vía correo electrónico está circulando un mensaje que titula: Mensaje de la Cruz Roja IMPORTANTE. Éste es una recomendación para que. las personas que poseen teléfono móvil, añadan a su agenda el número telefónico para contactar en caso de una urgencia, bajo el epígrafe: AA, seguido del nombre de la persona a contactar. Pues resulta que la Cruz Roja Colombiana, la supuesta precursora de la campaña, no tienen ni idea de ésto. Todo apunta a que, en días pasados, un civil le propuso a la Cruz Roja esta idea; dicha entidad la consideró incoherencia y decidieron pensarlo. Pero tal personaje decidió emprender la iniciativa por internet, la cual tiene a los portadores de celular con el AA en su agenda telefónica. ¿Será que la Cruz Roja Colombiana todavía lo está pensando?


informe

Agosto de 2009

Crisis lechera para Dummies

Steven Granados Suárez stiven1913@hotmail.com Víctor Casas Mendoza victorcasasmendoza@gmail.com

Foto: María Clara Calle Aguirre



En los últimos meses se han escuchado muchas noticias sobre la crisis que enfrenta el sector lechero. Pues para quienes habitamos en las ciudades y lo único que sabemos de este negocio es el valor de la bolsa de leche en la tienda de la esquina, De la Urbe presenta un breve recuento de los sucesos que han llevado a esta crisis, y cómo ésta afecta a los productores en el norte antioqueño.

“Nosotros no dependemos de Colombia. La leche, los lácteos sumaron millones de dólares en 2008. Compadre, Uribe, vete buscando ya para que te compren los yanquis la leche”, fue el anuncio que hizo el pasado 5 de agosto el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y que agrava la difícil situación del gremio lechero. La crisis lechera no es más que el resultado de una serie de factores de los que depende la estabilidad de este negocio. Un primer factor es que, en este momento, hay una enlechada, es decir, una sobreproducción; y esa enlechada se traduce en una crisis. Ello debido a que las condiciones climáticas, en el último año, han sido muy favorables para la producción, pues ni hay sequía ni hay invierno, sino lo que en el campo se conoce como “veranillo”, el cual genera una buena producción de pastos. Un segundo factor que afectó al gremio ha sido el problema de la leche contaminada con melanina en China, en el 2007. En ese año, la tonelada de leche en polvo estaba a 5.700 dólares en el mercado internacional, pero con la sustancia tóxica encontrada se bajó un 30 por ciento el consumo a nivel mundial y los costos se desplomaron hasta 1.800 dólares la tonelada. Un tercer factor es el de que, hace pocos meses, el Gobierno anunció que pretendía implementar un impuesto para los campesinos, según el cual deberían pagar 25 pesos por cada litro de leche. Afortunadamente, la idea no prosperó pues ya sería un segundo impuesto a los productores, teniendo en cuenta que al año, por concepto de impuestos a la leche, ingresan más de 70 mil millones de pesos al Fondo Nacional del Ganado, Fedegan. Este impuesto es cuestionado por Héctor Pérez, gerente de la planta de Colanta en San Pedro de los Milagros, quien critica: “Toca pagarle a Fedegan, por más pequeña que sea la quesera, un impuesto por cada litro de leche; pero ellos nunca han invertido en el sector lechero, lo invierte en el sector cárnico. Nunca han puesto con ese dinero una pulverizadora en la Sabana de Bogotá, o en Yarumal, o en Santa Rosa de Osos. ¿Que se invierta en el sector lechero? No, ellos invierten en la carne. Un cuarto factor que llevó a la crisis es el que resalta Julio Aldemar Yarce, gerente de Prolacoop, otra cooperativa de productores y procesadores de leche, con sede en Santa Rosa de Osos. Se refiere a unas importaciones que hizo el Gobierno desde Nueva Zelanda con, supuestamente, cero aranceles. “Reconvertir la leche en polvo costaba 410 pesos, eso es la mitad de lo que cuesta comprarle al productor a 800 pesos. Ésto se convirtió en un negocio de grandes empresas, y el campesino nuestro ¡trabajando a perdida!”. Un quinto factor está en los precios de los insumos que deben comprar los productores para poder sostener sus fincas. Maria Eugenia Pérez, auxiliar del Agropecuario Colanta en San Pedro, comenta cómo la gente se queja porque algunos insumos están muy costosos en comparación con el precio de la leche. “Los productores dicen que serviría una ayuda del Gobierno para que, como en muchos países, les subsidien los insumos. La gente se restringe a llevar sólo lo que necesita, y les ha tocado ayudarse de otras cosas para que no les salgan tan costosos”. Y un sexto factor es que ahora las posibilidades de permanecer en el negocio,

En la planta de Colanta de San Pedro de los Milagros, para hacer un kilo de leche en polvo, se necitan 9 litros de leche líquida. Foto: Víctor Casas


 sin ser socio de alguna empresa o cooperativa, son casi nulas. Mauricio Molina Lince, funcionario de la Secretaría de Agricultura de la Gobernación de Antioquia, explica que “para vender la leche cruda, el productor tiene que tener un tanque y un centro de acopio que reciba y conserve esa leche fría, donde tenga laboratorios que demuestren que cumple unos parámetros establecidos por las entidades de salud”.

PRODUCCIÓN DE LECHE POR DÍA -EN LITROS Y POR SUBREGIÓN-

San Pedro en crisis

A Germán Múnera Lopera, comerciante del municipio de San Pedro, la crisis también lo ha afectado: “La leche es la que mueve el comercio en el pueblo y, prácticamente, al campesino productor no le está quedando con qué salir a hacer sus compras”. Por su parte, Marta Acevedo, empleada del Depósito de Materiales Hernando Acevedo, en el mismo municipio, afirma que “San Pedro, en estos momentos, está demasiado mal porque todo se basa en la producción de leche y, al bajarle los precios a los productores, hay menos inversión”. Con ella está de acuerdo Absalón Avendaño, quien trabaja en una miscelánea y afirma que: “A nosotros, los comerciantes, las ventas se nos han visto mermadas en un 30 ó 40 por ciento; la leche es la subsistencia de esta zona. Colanta, en este municipio, ha hecho y deshecho como le ha dado la gana, con el campesino, con el productor y con los comerciantes”, sentencia Avendaño. Y es que la planta Colanta en el municipio de San Pedro de los Milagros, no sólo es el principal acopio de la empresa en el país, sino que, además, es la planta más importante de producción de derivados lácteos de Colombia. Allí llegan alrededor de un millón 350 mil litros de leche, de los dos millones 50 mil litros que recibe Colanta cada día.

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¿Qué hacer ante la crisis?

Héctor Pérez, gerente de la planta de Colanta, en San Pedro, explica que los 650 mil litros de leche diarios que se destinan a la pulverización no están teniendo un mercado debido a la crisis, “simplemente se pulverizan para guardarlos, para no botar esa producción lechera que tiene inundado el país. Ahora hay muchas reservas de leche en polvo: en el caso nuestro, tenemos guardadas siete mil toneladas de leche. Mauricio Molina Lince, funcionario de la Secretaría de Agricultura, afirma que “en muchos municipios están cambiando los productos pecuarios por agrícolas como las hortalizas, el tomate de árbol, el aguacate, etc. Hay que buscar que el campesino tenga varias alternativas de producción para subsistir, más ante los cambios en el mercado”. El reto, según Molina Lince, está en volverse más eficiente, no con vacas de 40 ó 60 litros altamente productoras, pero dependientes de los concentrados, sino unas vacas más pequeñas que sean más forrajeras y más eficientes con el pasto. Así organizaríamos más la producción lechera y serían menos los costos. Lo malo es que, mientras se buscan las alternativas y se vuelven las fincas más eficientes, campesinos como Leonardo Betancourt, en el municipio de San Pedro, lo único que pueden hacer es rebajar las compras en la casa, “si uno se comía una libra de carne, ahora le toca comerse media”.

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1 - Norte 2 - Oriente 3 - Valle de Aburrá 4 - Urabá 5 - Bajo Cauca

1.879.222 335.135 277.006 184.333 155.595

6 - Suroeste 7 - Occidente 8 - Magdalena Medio 9 - Nordeste

93.178 84.453 78.097 68.007

FUENTE: Inventario pecuario 2007. Secretaria de Agricultura de Anoquia.

La rutina lechera María Clara Calle Aguirre mariaclaguirre@gmail.com Con un tono de voz alto y una secuencia que es difícil seguir, Cristóbal y Valentín van llamando a las vacas una a una. “¡Capuchina, Capuchina, Capuchina!”. Una vaca comienza a acercarse y a corretear a las que se interponen en su camino. Cristóbal se sienta en su butaca, unta las ubres de Capuchina con un procesante de color oscuro, pone cada uno de los brazos de la pezonera en cada una de las ubres de la vaca y la pezonera comienza a ordeñarla. La leche de Capuchina va conducida hacia el tanque de almacenamiento, a través de un tubo transparente. Una casa con la típica arquitectura antioqueña de las de antes. El entejado con tejas de barro y de color rojo, más las columnas rectangulares de madera que ayudan a sostener el techo y que se levantan del piso. Un corredor que bordea toda la casa está demarcado por un muro que a la vez sirve de asiento. En una de las esquinas de la casa, alrededor de la mesa están sentados Fernando Vélez y Martha Elena Zapata, esposos que se dedican al campo desde hace muchos años, especialmente, a la crianza de vacas. Con sus botas puestas, preparado para ir a ordeñar, Fernando me señala un vasto campo. “Don Valentín Pérez es dueño de todos esos potreros que usted ve ahí, excepto uno, que pertenece a la Finca La Manuela; de resto, todos los alquiló él”. Toda la tierra que señala Fernando queda en la vereda Catacorte, perteneciente a San Pedro de los Milagros, pueblo del norte antioqueño. En uno de los 28 potreros que señala Fernando, están las 100 vacas de raza Holstein, a las que van a ordeñar. “Valentín y Cristóbal, éste es quien le ayuda al patrón, vienen en el carro todos los días desde el pueblo: a las tres de la mañana y a la una de la tarde, que son las horas de ordeño. Yo ayudo echándole la comida a las vacas, arrimándolas y montando todo”. Esas 100 vacas de Valentín producen alrededor de 1900 litros diarios: cada vaca produce 20 litros en promedio, y Colanta le compra a Valentín cada litro de leche por $800. Para la primera ordeñada del día, Fernando tiene que levantarse a las dos de la mañana. “Yo salgo cuando mis dos hijas y mi esposa están dormidas. Martha Elena se levanta muy tarde, como a las 7 de la mañana. Igual, no tiene nada especial por hacer”.

Ya llegó la camioneta donde vienen Valentín y Cristóbal. Ahora, suben el tanque de almacenamiento al jeep que hay en la casa de Martha Elena y Fernando, y todos los hombres se montan al carro. Cuando el jeep llega al potrero, las vacas se van acercando solas al lugar donde las ordeñan: una estructura de madera que tiene un plástico por techo. Los tres hombres se disponen a bajar el tanque de almacenamiento y los bultos de cuido del jeep, y a preparar las pezoneras que son cuatro brazos metálicos que funcionan por conexión eléctrica y que se ponen en cada ubre de la vaca para extraer la leche. “Eso con las pezoneras no demora nada. En cuestión de 4 minutos, ya la vaca está ordeñada. Sólo es untar el procesante antes y después de ordeñar, para evitar la mastitis, y poner la pezonera: todo queda listo. La leche llega al tanque de almacenamiento, en el cual se debe mantener a cierta temperatura para que Colanta la reciba”, dice Valentín sentado en una butaca de madera, de no más de 30 centímetros de alto, mientras revisa que todo el proceso siga como debe ser. “Uno tiene que ser muy organizado con esos tanques. Si hay uno mal lavado, con jabón o con mugre, Colanta no recibe la leche”, dice Fernando mientras baja el tanque de almacenamiento. El proceso continúa y las 100 vacas se van acercando una a una a medida que las llaman. “¡Manzanilla, Manzanilla, Manzanilla!”; “¡Pilsen, Pilsen, Pilsen!”; “¡Juana, Juana, Juana, Juana!”; “¡Ranchera, Ranchera, Ranchera!”. Mientras se va acercando a las vacas, Fernando dice que el trabajo con ellas nunca para. “Cuando llueve, nos vamos a ordeñar con impermeables. Las vacas no tienen festivos ni vacaciones. Esto es seguido: dos veces al día, todos los días del año. Además, este negocio dizque no está dando, que sólo da para el cuido, el abono y todo para las vacas. Por aquí, ya hay unas fincas que se están dedicando a sembrar aguacates porque lo de la leche ya no es buen negocio. Yo sigo trabajando en ésto porque siempre me ha gustado, desde niño quise hacerlo”. Una a una, las 100 vacas fueron llamadas por sus nombres y fueron ordeñadas. Valentín regresa al pueblo y Fernando, a su casa. Al día siguiente, tendrán que estar ordeñando las vacas a las tres de la mañana y esperar que Colanta recoja la leche, repetir el proceso a la una de la tarde y seguir con la rutina todos los días siguientes.

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


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Agosto de 2009

Educación o rentabilidad Jessica Cano Sánchez Edna Liliana Guerrero Jorge Adrián Atehortúa entrecomillando@gmail.com

A pesar de que la Universidad de Antioquia es una entidad dependiente del Estado, actualmente autofinancia un 70% de sus recursos. La austeridad y la desproporción entre los aportes estatales y las necesidades del Alma Máter, ponen en jaque su responsabilidad pública.

El malestar económico desencadenado desde mediados de 2008 ha traspasado todas las geografías y los campos financieros del mundo. El nivel de austeridad es histórico y, según los expertos, sólo comparable con la crisis bursátil mundial que se vivió antes de la Segunda Guerra Mundial. Aunque el año pasado el Gobierno Nacional aseguró que Colombia estaba blindada ante la crisis, actualmente reconoce que no es así. Las cifras presentadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) lo demuestran. Mientras que en 2007 la economía colombiana creció en un 7.5 por ciento, en 2008 descendió a un 2.5 por ciento. Para 2009, el Ministerio de Hacienda redujo su meta de crecimiento de un 4 a un 3 por ciento. A esto se le suma el aumento del desempleo, la caída de las exportaciones y una disminución en la producción industrial, lo cual significa, también, menos ingresos tributarios para el Estado. La Universidad de Antioquia no es ajena a este panorama. Debido a su carácter público, depende, en cierta medida, de las dinámicas económicas del Estado, situación que queda en evidencia con las políticas sobre austeridad y eficiencia en el gasto público adoptadas a través de la Resolución Rectoral 25750 del 27 de marzo de 2008. A partir de este documento, se implementa “una reglamentación interna que regule, de manera expresa, la racionalización del gasto con cargo a recursos públicos”. Se busca regular los recursos destinados a la prestación de servicios personales y gastos generales como insumos de laboratorios, elementos de docencia, servicios públicos y uso de vehículos de la Universidad.

¿Cómo se sostiene el Alma Máter?

Según cifras del Departamento de Costos de la Universidad de Antioquia, durante 2008 esta Institución, incluyendo todas sus sedes regionales, gastó 1.135’600.000 pesos diarios. Estos costos son medidos por causación, es decir, los gastos se contabilizan desde el momento en que se conocen, independientemente de que se hayan pagado o no. Se dividen en fijos, como el pago de servicios públicos, y variables, como el pago a profesores de cátedra. “Los costos fijos son aquellos que son constantes en el funcionamiento de la Universidad y los costos variables, aquellos que dependen de las necesidades que ésta tenga”, explica Beatriz Betancur, Asistente Administradora de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. El costo de los estudiantes matriculados en los diferentes pregrados que ofrece la Universidad es uno de los más relevantes. En su totalidad, esta institución cuenta, en la actualidad, con 33.970 estudiantes matriculados en pregrado, cuyo costo en promedio por semestre calendario es de 2’903.000 pesos por estudiante. Los costos de un estudiante por semestre varían entre uno y otro pregrado. Sólo por hacer una comparación, un estudiante de la Facultad de Medicina le cuesta a la Universidad 7’081.634 pesos; mientras que en la Facultad de Ciencias Económicas este costo es de 1’494.910 pesos. Debido a su carácter público, la Universidad de Antioquia no cobra el total del costo del semestre a personas pertenecientes a los estratos 1 y 2, quienes pagan mil pesos por semestre. Es por esto que las matrículas sólo representan el 3% de los ingresos a la Universidad y ésta debe asumir el resto de los gastos. A partir de estos costos y gastos, cada año en junio se calcula el presupuesto que necesitará la Universidad para su gestión, el cual luego de ser aprobado por el Consejo Superior, comienza a regir durante el año siguiente. “El presupuesto es la columna vertebral de la institución, ya que es muy importante saber si existe o no una disponibilidad presupuestaria y una reserva para ver si los gastos se pueden ejecutar o no”, asegura Damaris Ferreira, Jefa de Presupuesto de la Universidad de Antioquia. Para la elaboración de este presupuesto, la Universidad posee con cuatro fondos de ingresos: Fondo de Bienestar Universitario (FBU), Fondos de Seguridad Social, Fondos Generales y Fondos Especiales. Los dos primeros son de destinación específica, es decir, generan recursos por la actividad propia del Fondo y sus gastos son inherentes al desarrollo de los mismos, o sea, Seguridad Social y Bienestar Universitario. Por su parte, los Fondos Generales son el conjunto de ingresos provenientes de matrículas e inscripciones de pregrado y posgrado, aportes de la Nación, del Departamento de Antioquia y de los recursos de capital. Los recursos de estos Fondos atienden el funcionamiento básico de la institución como sueldos y salarios, prestaciones sociales, gastos generales, atención al servicio de la deuda pública, transferencias e inversiones. Por último, los Fondos Especiales tienen que ver con recursos propios obtenidos por generación o por gestión, incluyen las matrículas e inscripciones de posgrado, cursos de extensión, asesorías, consultorías, venta de bienes y servicios y devoluciones del IVA, entre otros. Dichos recursos están destinados a atender los gastos de servicios personales, gastos generales, transferencias y atención del servicio de la deuda pública.

El año pasado, el presupuesto consolidado, que abarca los cuatro Fondos, no presentó déficit. Sin embargo, según el Acuerdo de Vigencia Superior 345 del 27 de noviembre de 2007, Fondos Generales tuvo un desajuste de 632’337.941 pesos. La razón por la cual el presupuesto consolidado no presentó déficit se justifica en el superávit de los demás fondos que suman 112.033’587.868 pesos, según los Acuerdos de Vigencia 346, 347 y 348 del mismo año. En el 2008, a la Universidad de Antioquia ingresaron 671.610’743.182 pesos de los cuales 180.118’323.793 pesos fueron aportados por la Nación, es decir, la Nación aportó el 26% del total de los ingresos de la Universidad. Por su parte, el Departamento de Antioquia aportó un 2.8%, lo cual significa que la Universidad se encargó de gestionar el 71.2 % de recursos para el funcionamiento de sus Fondos; a este proceso se le denomina autofinanciación.

Extensión: ¿misión o centro de negocios?

La autofinanciación es un proceso que consiste en la generación de recursos propios, por parte de la Universidad, a partir de la venta de servicios prestados por extensión, los cuales generan recursos que van a los Fondos Especiales. La Vicerrectoría de Extensión, se considera como máxima instancia de esta misión y cuenta con el apoyo de 31 centros repartidos entre catorce facultades, cuatro escuelas, cuatro institutos y tres corporaciones académicas; además de seis dependencias y programas adscritos. Su trabajo es proponer políticas, orientar, coordinar, motivar y promocionar la extensión. Según el Balance Social de 2008 presentado por la Vicerrectoría de Extensión, el ingreso bruto total por la venta de servicios fue de 91.107’609.869 pesos, de los cuales el 53.04% lo representan las asesorías y consultorías (ver Gráfico 1). De las contrataciones realizadas, el 90% se realiza con entidades públicas y el 10% restante, con empresas privadas. En cuanto a la distribución de los ingresos que provienen de extensión, de cada cien pesos que ingresan por proyecto, tres se destinan para investigación, dos para biblioteca y uno para extensión solidaria y otros servicios. Adicionalmente, a los productos con más demanda, como las asesorías y consultorías, se les deducen 4 pesos más destinados a fortalecer los Fondos Generales. El porcentaje restante que puede ser de 90 ó 94 por ciento, según el proyecto, es para el desarrollo del objeto del contrato y lo maneja el centro responsable de ejecutarlo. Uno de los objetivos de Extensión fijado en el Plan de Acción Institucional, entre 2006 y 2016, es incrementar en un 15% anual el número de convenios y contratos con los sectores públicos y privados; el año pasado se ejecutaron 450 contratos. Edilia Morales, Analista de Información de la Vicerrectoría de Extensión, afirma que, hasta ahora, el crecimiento ha sido satisfactorio respecto a las metas planteadas, “puede haber modificaciones para replantear estas metas: como logramos más, aumentamos la meta un poquito más”. Circunstancias como las anteriores han propiciado que la extensión, que es una de las misiones de la Universidad, se haya estructurado en 1997, teniendo en cuenta las dinámicas del sector productivo como la globalización de la economía. Es por esto que la venta de servicios se desarrolla con más fuerza en unos centros que en otros. Según el documento del Sistema Universitario de Extensión, hace diez años primaba la demanda de los sectores relacionados con el avance industrial: las Facultades de Ingeniería, Ciencias Económicas y Salud Pública eran los que más contratos tenían. Actualmente, las dinámicas han cambiado, “el área de Ciencias Sociales viene creciendo en demanda. Además, ésta es la que más unidades académicas tiene”, afirma Edilia Morales. (ver Gráfico 2) El auge que ha presentado Extensión dentro de la responsabilidad universitaria para autofinanciarse es uno de los pilares de la estrategia Universidad-Empresa-Estado, un nuevo concepto sobre la Universidad relacionado con “la transferencia de los resultados de investigación al entorno socioeconómico. La generación de conocimiento debe superar la publicación, tiene que emprender la ruta hacia la apropiación social. Esa es la nueva Universidad”, como explica Margarita Berrío de Ramos, Vicerrectora de Extensión hasta mayo de 2009.

En río revuelto…

La austeridad y la autofinanciación no son temas nuevos en la Universidad de Antioquia; sin embargo, en los dos últimos años se han hecho notar con mayor fuerza. La austeridad, puesta en evidencia con las medidas tomadas por parte de la administración, el programado crecimiento de los proyectos de extensión y un déficit de los Fondos Generales, cuyos ingresos en su mayoría provienen del Estado, son hechos cuyas implicaciones no son sólo económicas sino que involucran a todas las misiones universitarias. El crecimiento en extensión, como puede verse en la gráfica 3, ha sido ascendente y en constante aumento. Según el Plan Administrativo, entre 2006 y 2009, la meta es crecer el

Ilustración: Javier Ignacio Tabares






GRÁFICO 1 RECAUDOS EFECTIVOS 2008 Asesorías y consultorías 53 % Educación no formal 19 % Venta de servicios y pruebas de laboratorio 16 % Arrendamiento 4 % Productos alimenticios y agropecuarios 4 % Investigación contratada 1 % Práctica académica 1 % Medicamentos y productos farmacéuticos 1 % Trabajos clínicos y odontológicos 1 % Fuente: Sistema Presupuestal y Financiero – SIFA

Propiedad intelectual: regalías 0 % Presentaciones artísticas y deportivas 0 %

GRÁFICO 2 TENDENCIAS DE LAS UNIDADES CON MAYOR INGRESO DE EXTENSIÓN EN EL 2008

MILLONES DE PESOS

20000

15000

10000

5000

0

2004

2005

2006

2008

2007

FACULTAD DE EDUCACIÓN

FACULTAD NACIONAL DE SALUD PÚBLICA

FACULTAD DE CIENCIAS AGRARIAS

VICERRECECTORÍA ADMINISTRATIVA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS

GRÁFICO 3 EVOLUCIÓN DE INGRESOS POR SERVICIOS 1995 – 2008 ASESORÍAS Y CONSULTORÍAS

80000 70000 60000 50000 40000 30000 20000

2008

2007

2006

2005

2004

2003

2002

2001

2000

1999

1998

1997

0

1996

10000 1995

MILLONES DE PESOS

10%, año tras año. Hasta ahora, las cifras demuestran que el crecimiento ha superado las expectativas al alcanzar el 11.5% anual, a pesar de que el año pasado hubo un leve descenso en la demanda de servicios, atribuido a la crisis económica. Este fenómeno podría ser decisivo en los aportes que el Estado debe garantizar a la Universidad. Según la Analista de Vicerrectoría de Extensión, hay un riesgo de que los aumentos en gestión de recursos generen una disminución en aportes de la Nación. Sin embargo, esta funcionaria argumenta que si las gestiones de Extensión no se hacen, la Universidad dejaría de crecer como lo viene haciendo. Por su parte, Gabriel Agudelo, Economista y Representante Profesoral ante el Consejo Académico asegura que “en estos momento debemos proteger la docencia de pregrado, porque si no se protege se ve un desmejoramiento en la calidad”. Al parecer, en la Universidad se ha dado lo contrario puesto que según Jorge Aristizábal, Secretario de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia, la docencia universitaria viene de “capa caída”. Según Aristizábal, el pregrado se descarga en profesores ocasionales y catedráticos, mientras que los profesores de planta no pasan de 800. Si bien la Universidad ha sido escenario de una encrucijada económica entre la responsabilidad del Estado y la autofinanciación, la austeridad ha llegado a poner el dedo en la llaga, agudizando la discusión entre el carácter público y el privado. Por un lado, porque impulsa a la Universidad a que busque sus propias salidas económicas a través de la Extensión y, por otro, porque al centrarse en este objetivo, afecta el compromiso social, académico e intelectual. “Antes de la Ley 30, ninguna Universidad tenía más del 5% de recursos propios. Ahora, la que menos tiene es de 30 ó 40 por ciento. Las Universidades de Antioquia y la Nacional están generando entre 60 y 65 por ciento de sus recursos. La privatización ya vino y la Universidad viene haciéndole eco a esa política de Estado. Somos una Universidad que se autofinancia”, afirma Aristizábal. Aún así, María Elena Vivas, Vicerrectora de Extensión, desde mediados de mayo de 2009, asegura que, según las metas, “la misión es continuar con la proyección que se consolidó hace diez años”. Una misión que “en cuestión de emprendimiento es muy importante porque sabemos que hay desempleo y estos programas pueden influir en ello”. Para Vivas, Extensión no tiene una relación directa con el presupuesto que suministra el Estado. “No podemos decir que hay unos límites para su crecimiento porque la sociedad nos está demandando. Estos servicios deben estar relacionados con Investigación y Docencia”. Por otro lado, el concepto empresarial de la Vicerrectoría de Extensión a partir del proyecto Universidad-Empresa-Estado, puede significar beneficios y desventajas para la extensión solidaria. Según cifras suministradas por el profesor David Hernández, Coordinador de Extensión de la Facultad de Comunicaciones, el porcentaje de los proyectos de extensión, entre el 2008 y lo que va corrido del 2009, es de 68 por ciento para proyectos de extensión por prestación de servicios y consultorías y de 32 por ciento para proyectos de extensión solidaria. Aunque Hernández también agrega que la Extensión ha representado una importante fuente de recursos para las unidades académicas y que están ligados a la docencia y a la investigación. Además del compromiso social, también se discute sobre la calidad en la Universidad ante la carencia de recursos. “La Universidad pública va para atrás; yo creo que en esta encrucijada la educación pública es la que está perdiendo. El deterioro de la calidad viene por muchos lados: por las reformas que hablan de educación por ciclos, de educación técnica y tecnológica, de competencias laborales y del emprendimiento empresarial. ¿Es que nosotros en Colombia no necesitamos científicos? Sacrifican la calidad de la Universidad y nos vuelven Sena o, ¿no es eso lo que estamos ofreciendo?”, agrega Aristizábal. Aún así, el Gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos Botero, durante la posesión del actual Rector, manifestó que la Universidad debería incrementar su cobertura de 33 mil a 100 mil estudiantes. Frente a ésto, Gabriel Agudelo expresa que “eso es algo que sólo le surge a él de palabra, pero nada de hecho porque no aporta recursos frescos”, y argumenta que en el escalafón mundial de universidades, la de Harvard ocupa la primera posición: cuenta con 19 mil estudiantes y con un presupuesto anual de 4 mil millones de dólares. Por su parte, la Universidad de Antioquia, ubicada en la posición 851: dobla en número de estudiantes a dicha universidad estadounidense y el presupuesto sólo es el 2.1 por ciento del presupuesto de ésta. En un país donde se destina sólo 1.7 billones de pesos del presupuesto nacional para la educación superior, repartidos entre 33 universidades, es difícil ofrecer garantías para la educación. En la Universidad de Antioquia, donde también convergen la austeridad y la autofinanciación con los proyectos de extensión, como una forma de buscar recursos, se desestabilizan la calidad educativa y el carácter público del Alma Máter. Frente a esta encrucijada surgen diferentes posiciones: los que creen que la autofinanciación no representa ningún peligro y los que opinan que ésta es una amenaza para la calidad educativa. En cualquiera de estas miradas, los deberes de la Universidad pública están debatiéndose entre su sentido educativo, social y financiero.

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA




“Manita, manita...

Agosto de 2009

CRÓNICA

...despiértese, manita” Foto: Cortesía Álbum Familiar

José Andrés Ardila joanar89@hotmail.com

Tengo cuatro recuerdos de un paramilitar: en el primero lo veo andando por mi casa; en el segundo, es sólo una fotografía; en el tercero, él se baja de una camioneta blanca; y, en el último, él era una pila de huesos en un ataúd.

De él tengo cuatro recuerdos.En el más antiguo, lo veo andando la casa, mi casa. Y no tiene camisa. Y creo que dice: “Libia, qué hay de comer”. Libia es mi mamá. Eso fue hace muchos años y yo era niño. Siempre he tenido mala memoria y es probable que las dos imágenes, la de mi tío andando la casa sin camiseta y la otra en la que dice: “Libia, qué hay de comer”, sean de recuerdos diferentes y que, con los años, haya acabado por fundirlos en uno solo. El segundo recuerdo es, en realidad, el de una foto. Una foto ya perdida de mi tío en el Batallón Voltígeros, al lado de su novia. Debía ser día de visita, o sea, domingo. Dora, la novia de mi tío, tiene un yin entubado blanco y una blusa de muchos colores. Él tiene su uniforme de soldado y un corte de pelo extraño, mamá dice que por una broma. Él abraza a Dora y se ve feliz. En el tercer recuerdo, hay una camioneta blanca, el laurel de la entrada de mi casa y, por supuesto, mi tío. Él se baja de la camioneta, se recuesta en el laurel y se ventea con el poncho. Mi tío ya era un hombre gordo. Creo que llevaba mucho tiempo sin verlo y me sorprendió darme cuenta de cuanto había engordado. Estaba rojo por el sofoco porque mi tío era un hombre blanco. Mi casa no es de gente blanca. En general, Urabá no es tierra de gente blanca. Al que nace blanco lo tuesta el sol. Y, sin embargo, en mis recuerdos, ahí estaba mi tío con su piel blanca, como un mojojoy gigante, paseándose sin camiseta por los cuartos de la casa, mi casa. Y ahí estaba también, al pie del laurel, ventilándose con el poncho, rojo del calor, porque cuando hace mucho calor, la gente blanca suele ponerse roja. —Libia, traéte unos vasos—, dijo. Y destapó, ahí mismo, al pie del laurel, la botella de ron. —Métase pa’ la casa, pela’o—, dijo, así, con una voz gorda, nervosa, como su cuerpo. —Métase pa’ la casa, pela’o—, dijo. Me entré enseguida. En el cuarto recuerdo, mi tío era una pila de huesos en un ataúd desecho. Cuatro años habían pasado desde su muerte, en septiembre de 2000. Era el día de la exhumaxión de los restos. No fui al entierro; de manera que, en mi mente, mi tío pasó de ser un hombre gordo y blanco, recostado en el laurel de mi casa, a una pila de huesos, un poco color de tierra, en un ataúd desecho. Fui casi obligado. Ver a la gente muerta no es agradable. Suena obvio, claro, ¿a quién puede gustarle ver a los familiares muertos? Pero está la necesidad de despedirse. Y cuando uno se despide de un cadáver, es lo que creo, es

como si el muerto se tragara los adioses para siempre. El muerto no es sólo carne lista para los gusanos, cascarón de alguien que fue, que habitó ese cuerpo. No. Con las despedidas de los velorios y los funerales, el muerto se convierte en una fosa de adioses sin retorno. En esos días no pensaba así, claro, era un pela’o. Los pelao’s no piensan así. Pero creo que ya lo presentía. De alguna forma, lo presentía. Porque no quería ir, de eso no hay duda. Sin embargo, sabía que esta vez, de no ir, mi familia no podría perdonarme. Me encontraba, pues, en el cementerio de Apartadó. Y entre mis tíos, mi abuela, mi mamá, los hijos de tío Edison…, éramos más de diez. —Denme un campito, por favor—, decía el sepulturero. Y entonces nosotros empujábamos para todos los lados. Buscábamos abrir campo y, a la vez, queríamos seguir viendo a tío Edison, ese tío Edison que nos dejaba el tiempo. Éramos tantos… y el cementerio de Apartadó era, es, un amasijo de callejones estrechos. Evoca laberintos míticos. —Denme un campito, por favor. Y esa convulsión inútil de la multitud. Funcionábamos como un cuerpo torpe, caótico. Un cuerpo de un animal extraño. A lo mejor, una criatura marítima, con tentáculos, a lo mejor…, pero una criatura marítima ciega que se desplaza por la profundidades de puro milagro, a punta de espasmos. La abuela dijo: —¿Me podés mostrar, por favor, el…—señaló al ataúd. El sepulturero entendió. Tomó el cráneo y nos lo enseñó. En el recipiente craneano bailaba la bala. Todos quisimos verla. Detallarla. Era tan pequeña… y pensar que condesaba tantas tristezas. La abuela la guardó en su cartera. Unos minutos más tarde, en la Terminal de Apartadó, tomamos un bus hacia Turbo. Tío Edison viajó, en una bolsa de basura, junto a las piernas de la abuela. En mi recuerdo de hace tiempo, el primer recuerdo, es como si mi tío estuviera de visita. Pero un día, ya grande, mamá me dijo: —No, mijo, ¿no se acuerda? Su tío vivió con nosotros. A mí eso me sorprendió mucho. A principios de los noventa, el paramilitarismo era un fenómeno más o menos reciente en la zona. Urabá se encontraba en una época de transición. Vivíamos en Chigorodó. Nuestra casa era pequeña, apenas con dos habitaciones: una matrimonial y otra en la que dormíamos mis hermanos, mi tío y yo; ambas tenían ventana

a la calle. Sucedió en la madrugada. Mamá sintió una vocecita que la iba sacando del sueño: “Manita, manita —decía la voz—, despiértese, manita”-. “Y yo que me despierto toda nerviosa —dice mamá—. Jairo también se despertó. Cuando pudimos darnos cuenta, era Edison al pie de la cama”. Tío Edison dijo: —Manita, déjeme dormir con usted. Y mamá, que cómo se le ocurría, que si era que se había embobado. “El asunto es que Edison —dice mamá— no había podido dormir en toda la noche y se había pegado a ver para la calle por una rendija de la ventana. Vio que dos hombres borrachos se sentaron en el andén de la casa. En algún momento, un marrano pasó cerca y uno de los hombres sacó un puñal y se lo clavó en un costado. El otro le preguntó, toteado de la risa, que por qué había hecho eso y el del puñal dijo que porque sí, por callejero, que quién lo mandaba a estar a esas horas andando la calle”. —¿Y si te vio alguien? —, dijo el otro—. Y el del cuchillo le respondió: —Entonces tocará cargárselo también. Por sapo. —“Los dos hombres se echaron a reír. Imaginate, y tu tío pegado a la ventana”. Luego, tío Edison se salió del colegio en Chigorodó porque le daba mucha pereza estudiar. Volvió a vivir con mi abuela en la finca de Turbo y, después, se las arregló para entrar al Ejército sin cumplir los 18 años porque también le daba mucha pereza trabajar en la platanera de la abuela. Mi tío era un hombre de muchas perezas, según recuerdan en la familia. Terminó el servicio militar y siguió como soldado profesional. Ahí acabó de pelea con un cabo. Mi tío también era un hombre de peleas. Pero, en esos años eran peleas tontas. Un día, en el monte, el cabo le dijo, no sé por qué: “Peláez, le toca llevar las ollas”, y él dijo que “ni puta mierda” el cabo que, “usted verá, Peláez. Si no las lleva, le toca pagarlas”, y mi tío que, “ listo”, que prefería pagar la hijueputas ollas a terciárselas todo el hijueputa camino. A los días, después de pagar un tiempo de calabozo, se salió del Ejército porque él no iba a estar humillándosele a cualquier hijueputa. Así era mi tío. No sé cuánto tiempo pasó. Es difícil decir “pasó tanto tiempo” porque aún estaba muy niño y el tiempo de niño suele pasar de una forma diferente y está también este problema mío con la memoria… Sólo sé que un día le oí decir a mamá que le decía a otra persona, creo que en la sala, creo, que “Edison se volvió paraco”. Y mamá como


 que lagrimeaba un poco. Mamá como que susurraba un poco, “Edison se volvió paraco”, dijo. Eso lo recuerdo bastante bien. Ella se llama Cruz Alba Acevedo. Y es mi abuela. Siembra plátano para vivir y siembra rosas “porque se le da la gana”, dice ella. Desde la carretera se ve su casa. Para llegar a la casa basta cruzar un jardín gigante: hay rosas, por supuesto, y veraneras y albahacas y heliconias y limoncillo y coles y mandarinos y naranjos. A veces, toca lidiar con perros. A veces, por lo general, todo perro que vive en casa de la abuela muere atropellado en la carretera. La casa de mi abuela es chiquita y en ella se ha criado una familia grande. Mi abuela cuenta: —Cuando tronaron los disparos, yo dije: “¡Ay, Dios bendito!” Mi abuela es una mujer con la fuerza de un bulteador. De temperamento fuerte casi siempre, pero de lágrima fácil. Echa cantaleta a los nietos y riega chismes de las nueras. Mi abuela no es, lo que se dice, una mujer de fácil trato. —Los disparos habían sido cerca. Cuando eso, casi todos los muchachos todavía vivían conmigo, no habían cogido mujer. Entonces, yo dejé lo que estaba haciendo en la cocina y salí a ver quién hacía falta en la casa. No eran buenos tiempos. Y, en efecto, no eran buenos tiempos. Era finales de los noventa y los paramilitares andaban a la cacería de sapos. La gente del campo solía convertirse en sapos sin darse cuenta. Era una enfermedad rara esa de convertirse en sapo. —Nadie de la casa faltaba. Después de un rato, todo el mundo salió a la carretera a ver qué pasaba. Estábamos al pie de un naranjo, cuando vimos venir a un vecino a la carrera. “Mataron a Chivirico. Ahí, junto al cementerio”, dijo. Empezamos a comentar entonces que los motivos, que si era que andaba en malos pasos. Luego, el vecino dijo: “¿Y a que no adivinan quién lo mató?”. Le vimos la respuesta en la cara. “¿Quién?”, le pregunté de todos modos. Él respondió: “Pelos. Su hijo, doña Alba”. »Los muchachos le alegaron que Edison estaba trabajando en Apartadó. Que él no se iba a meter con gente de la vereda. El vecino dijo que varias personas lo habían visto. La discusión no demoró mucho. Al poco tiempo, vimos pasar una camioneta blanca hacia Apartadó. Edison estaba en la parte trasera, se tapaba el rostro con una gorra, pero todos pudimos reconocerlo. »Yo me metí a la casa a llorar. Un par de años después, en premio a su efectividad, tío Edison sería reasignado en un puesto mejor. A finales de agosto de 2000, viajó a San Luis de Palenque, en el Casanare. Tío Edison sería comandante. Todo se supo por una llamada desde la cárcel de San Luis de Palenque. Un amigo de Edison, también paramilitar, que viajó antes que él y que terminó en la cárcel por portar documentos falsos, fue quien hizo la llamada. Él, a su vez, lo supo de oídas. Ese día la abuela toma un bus hacia Chigorodó, le haría la visita a mamá. Cinco minutos más tarde, tía Nancy tomaría una buseta y luego un taxi en Aparta-

dó. Debía llegar primero que la abuela. Edison estaba con dos paramilitares más. Tenían acorralado a un jefe guerrillero. Era sólo cuestión de disparar. El viaje en bus de la vereda de Turbo a Chigorodó debería durar unos cincuenta minutos normalmente. Del paradero de buses de Chigorodó a mi casa, unos diez minutos más. Casi puedo verlo. Mi tío alista el arma, apunta y dispara. No pasa nada. El guerrillero sigue en pie. La abuela se baja en Chigorodó y camina lento. Los días en Urabá casi siempre son soleados. Mi tío dispara de nuevo y no pasa nada. El guerrillero sigue en pie. Dispara de nuevo y el guerrillero en pie. Mi abuela llega al parque principal. Dos cuadras y ahí está mi casa. “Este man está cerrado”, dice uno de los compañeros de tío Edison. Quería decir que al guerrillero lo habían rezado contra las balas. Tío Edison da la espalda. Huye. Se oye un disparo. Certero. A la cabeza. Tío Edison cae. El guerrillero se ha cobrado uno antes de la muerte. Mi abuela se asoma a la puerta de mi casa. En Urabá las puertas siempre están abiertas. Y entonces, ve a mamá que llora. Ve a tía Nancy que llora. Y a lo mejor me ve a mí, allá, en un rincón. Mamá y tía Nancy la miran. Y mi abuela dice qué pasa. Y no es necesaria la respuesta porque se arrodilla a llorar. Tío Edison muere en urgencias. El amigo de la cárcel dice que por negligencia médica, pero era un tiro en la cabeza. “¡Mataron a Edison!”, dice mamá. Esa era su misión. En casa de la abuela todos lo sabían antes de que la abuela tomara el bus. Nadie se atrevió a decírselo. Creyeron que mamá era la más indicada. La abuela lloró y oró a Dios. Yo lo vi todo y me sentí extraño. Tío Edison había muerto y venía en camino en una caja. Habían pasado veinte días desde que se fue de la región. Tenía veinticinco años. Algunos historiadores, como Andrés Fernando Suárez, señalan a 1988 como el año en que, por primera vez, un grupo paramilitar organizado empezó a operar en la zona de Urabá. Se trataba de paramilitares llegados de Puerto Boyacá, cuya misión era devolver las tierras invadidas a los propietarios, recuperar la soberanía y poner freno a la avanzada comunista, de gran apoyo popular, liderada por el Partido Comunista Marxista Leninista (PC-ML), con su brazo armado el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Partido Comunista (PC) y su brazo armado las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Estos paramilitares fueron relevados, a mediados de 1989, por los de Fidel Castaño, provenientes de Córdoba: en enero de 1990 asesinaron 42 campesinos en la finca Las Tangas, Turbo. Este sería el inicio de la lucha por la región entre las Autodefensas y las FARC, principalmente. El EPL, después de la desmovilización en 1991, se convertiría en el blanco de ambos bandos: la prensa registra masacres y asesinatos selectivos durante toda la década de los noventa que la atestiguan. En la región, mientras unos trabajan el campo o se dedican a sus oficios de la mejor forma posible, entre los cuales muchos son asesinados por haber sido señalados como auxiliares de cualquier grupo, otros eligen empuñar el fusil por motivaciones ideológicas o porque representa una buena fuente de ingresos. Esta es la historia de Edison Peláez, ‘Pelos’. Él eligió ser paramilitar.

Para octubre DE LA URBE te recomienda: No salir de la ciudad Evitar mirar la TV No ir al cine Cancelar las citas médicas Alistar la cámara fotográfica Leer mucho No quedarse en casa Dormir poco Apreciar fotografías Estar atento Preguntar constantemente Estar listo para la competencia Ver documentales Disponerse para el cambio Conocer personas y cosas nuevas Tener tiempo disponible No preocuparte por cosas vanas Divertirse en la fiesta No celebrar el Halloween

A mi tío le dio pereza estudiar y trabajar. Se las arregló para entrar al Ejército sin cumplir los 18 años.

Foto: Cortesía Álbum Familiar

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


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Ronal Castañeda ronalmc@gmail.com

Agosto de 2009

CRÓNICA

Paraíso

Foto: Ronal Castañeda

Necesitaba escribir una crónica sobre el mundo del sexo en la ciudad y por esos días, conocí un lugar insospechado para mi corta experiencia. En Paraíso, es necesario estar desnudo. Allí está prohibido el porte de ropa. Es la ley del destape. Cuerpo y alma.

Por algunos comentarios sueltos, tenía la curiosidad de conocer el sitio, de saber qué se sente al mirar y ser mirado, de conocer a esa gente que busca otras experiencias, de saber lo emocionante del contacto visual. En Paraíso, como se le conoce, no creía encontrar una jornada con tantas sorpresas. La casa está ubicada en el centro de Medellín, contigua a un nuevo centro de culto cristiano, de los que ahora pululan en la ciudad. Tiene un pequeño timbre para que, cuando suene, se acerque un portero y abra la puerta. Un joven se asoma por la mirilla y pregunta: “¿Sí?”, como queriendo decir: “¿Qué necesita?” Entonces, lo saludo con un: “Entonces, ¿qué?”, como si fuéramos amigos de vieja data o un cliente habitual. Pero, me mira de arriba abajo y, como no soy cara conocida, me dice, dudoso: “¿Primera vez?”. “No”, le respondo; pero la verdad era que sí. Entro y cuando abre la puerta se abre un mundo. El portero no tiene ninguna indumentaria. Es un hombre joven, delgado… Es simpático saber lo difícil que resulta describir a un hombre que no tiene ropa, a un desnudo. Cuando se viste uno con la ropa, se dice con facilidad: es un obrero de fábrica, viste camisa roja raída y sobre ella un desgastado y grasiento overol, sin una sola lavada y con unas desgastadas botas; luce una gorra roja (Terpel) con visera aplanada. Fácilmente esta sería la descripción de algún mecánico. Pero describir a alguien sin ropa es mucho más complicado: este portero es un hombre delgado, con pechos aplanados y sin mucho vello en el tórax. Sus brazos y piernas son de niño en su textura, pero ambos están poblados profusamente de una tierna vellosidad. Un detalle olvidado hasta ahora, necesario para entrar a Paraíso es: ser hombre. De ésto, es fácil darse cuenta: basta echar un vistazo alrededor para advertirlo. Me acerco a la barra y pido un trago de ron. Estoy alerta; ojos atentos. Alguien me toca el hombro. Es un joven de unos 25 años, de baja estatura. Yo le digo con las cejas “qué hubo”. El me dice, sin palabras, con un ademán de la cabeza, “¿entonces?”. Yo no le entiendo; le vuelvo a enarcar las cejas y ahora, también, con la cabeza y con cierta vacilación “¿qué pasa?”. Él me

reitera con otro ademán como si lo hubiera dicho por primera vez, “¿entonces, qué?” Sorprendido, le dije que no. Suena el timbre y alcanzo escuchar: “¿Primera vez?”. Hice mi recorrido por la casa. Está la sala principal, un espacio amplio con varias sillas a su alrededor: el lugar de eventos. Enseguida se encuentra el salón de video. Entro y veo a cuatro hombres sentados en sillas Rimax, con pasión voyerista, viendo algo que no alcancé a notar pero sí a oír: gemidos y delirios del sexo. Cuando llego, me miran a la cara y yo los esquivo. Empiezo por sentirme incómodo, me doy vuelta y busco salir, pero hay varios hombres que obstruyen la salida. Salgo pidiendo permiso. “Bien pueda”, me responden con cierto tono de ironía. Paso, entonces, por un largo corredor: varios hombres están recostados en sus paredes, éste me lleva a la parte posterior de la casa. A lado y lado del corredor, hay dos cuartos. En uno están colgadas dos hamacas para tirarse ‘a hacer nada’, y había dos tipos, efectivamente, haciendo nada: ninguno hablaba ni hacía algo. La casa se mantiene en una penumbra que ambienta muy bien la noche. Un clarooscuro dominante envuelve los vasos, las caras, las paredes, el piso. Puertas cerradas y luces tenues dan una vaga sensación de encierro. La música: electrónica, techno, sintetizador… 80’s. A medida que avanzo hacia la parte posterior de la casa, hay una degradación de los tonos, volviéndose más oscuro el entorno y las caras, hasta dejar de percibir los detalles. He llegado al centro de la casa, que tiene una cortina divisoria. Hacia allá, la oscuridad. Entré y un vaho de calor me golpeó la cara. Pensé que debía de estar en el ‘cuarto oscuro’, porque casi no veía. Guiándome por lo escuchado, era el salón más popular; sentía el rumor de mucha gente, que conversaba, mascullaba y forcejeaban entre ellos. Era un rumor sudoroso, pegajoso, con olor a sexo. Quise entrar y conocer el sitio personalmente, pero varias manos se me abalanzaron con cariños y coqueteos, así que decidí salir y dejar las cosas así, pues al no ver

nada no podía describir correctamente las cosas. Mi trabajo no podía ser tan riesgoso.

Juan Carlos y Paraíso

Paraíso es el primer video bar nudista de Medellín, y Juan Carlos Rivillas es uno de sus dueños. Ya había en Medellín algunos baños turcos y swingers, que promovían el nudismo como práctica. Pero Juan Carlos trajo otro tipo de concepto del nudismo. A él lo conocí por su profesión. Me habían comentado que había un tipo en un bar de Medellín que hacía interpretaciones improvisadas de diferentes mujeres. Una de ellas es la top model Chimpa Nocha, otra es la travesti Victoria Regia, “La Machis”. El bar era Paraíso y el tipo era Juan Carlos, graduado como actor teatral de la EPA. Tiene un montaje teatral llamado De mujeres, monólogo de seis tipos de mujeres distintas. Juan Carlos se coloca una peluca y es una instructora de sexo llamada Penélope; se cambia de peinado y, caminando paticoja y con una resaltada joroba, es un ama de casa aporreada por la vida: ésta es Rubi. La interpretación que hace Juan Carlos en Paraíso, sin guión preestablecido, se hace cada sábado y su función no va más allá de ser un espectáculo que deje a un lado lo pornográfico y erótico, para ser una especie show de entretenimiento para sus clientes. Suena el timbre que anuncia la llegada de otro parroquiano. Me siento en la sala principal, después de conocer la casa, y escucho la música disco que el barman goza. El volumen de la música aumenta y, de pronto, sale un tipo con un vestido de seda, largo y feo, con una máscara simiesca y una peluca rubia que le llega al cinto. Es él. O ella. Ahí está: Chimpa Nocha. —Hola, mis amores. Soy yo, Chimpa Nocha. Aquí me tienen de nuevo. ¡Ah!, ¡ah!—, gruñe, como imitando a un chimpancé. Los hombres se aglutinan en la sala principal. Hasta ahora no había visto la cantidad exacta de gente en el lugar. Salieron al menos 20 personas de los cuartos. Muchos con sus ‘estacas’ rebeldes y algo


11 afanados por lo que dejaron de hacer. —Esta noche tenemos un invitado muy especial. Si creen que tendrán sexo otra vez, pues se equivocan, mis amores. Esta noche tenemos un poeta. ¡Ah!, ¡ah! —vuelve con su gruñido grotesco, mientras camina de un lado a otro como toda una reina de belleza demostrando sus feos atributos. Algunos vuelven a su cuarto al verse desilusionados con este acto tonto, comparado con lo que dejaron de hacer. —Sí, sí, ya sé; pero no todo en la vida es sexo. Hoy vamos a leer poesía. ¡Ah!, ¡ah! El invitado es un reconocido poeta nacional, que ya ha publicado varios libros y que ganó hace poco un Premio Nacional de Poesía. Su nombre es Verano, Verano Brisas. ¡Ah!, ¡ah! —gritaba el simio. Disminuyen las luces y la música comienza a palidecer. Suena, de pronto, una especie de música tántrica, con unas voces profundas en do de pecho.

Aparece el poeta, con una aureola celestial y hábito franciscano, caminando lentamente. La escena era todo un montaje teatral. Suena el timbre. Vuelve a sonar, interrumpiendo la escena. —¡A ver!, pero quién abre la puerta. ¿Quién será? —grita Chimpa—. Ve, Harry, mi amor, abrí la puerta —entran algunos clientes— ¡Hola, mis amores! ¡Pasen, pasen! Pero, primero, quítense esa ropa; eh, no sean groseros. ¡Ah!, ¡ah! Veranito, por qué no nos lees ese poema que escribiste cuando trabajábamos en Escandinavia. Léeles a nuestros queridos espectadores esa belleza que escribiste —ahora La Chimpa abre su boca como las fauces deseosas de un orangután. Música tántrica y empieza el poeta: Así es Escandinavia: patria de muchos besos, lente de voyeristas, paraíso de los sádicos, ilusión de los pedófilos, sueño de los impotentes, bastión de los escabrosos, frustración de los pacatos, esperanza de los tímidos, refugio de los solitarios, desazón de los traidores, valentía de los cobardes, hogar de los amigos, terror de los enemigos, reposo de los guerreros, apoyo de los vencidos, vergüenza de los cabrones, bazar de las fantasías, cementerio de los hipócritas, abrigo de los poetas, renacimiento de todo y, por sobre todo, lugar humano y sonriente, donde el placer y la inocencia no han encontrado su límite.

Escandinavia…

Paraíso nace del video bar nudista Escandinavia, creado en Bogotá en el año 1998, el primero de este tipo en Colombia, ya que “por ese entonces en Bogotá se empezó a poner de moda el nudismo”, según cuenta Rivillas. “Me parecía rico que hubiera sitios donde yo pudiera estar desnudo… fui con mucho susto la primera vez, y me gustó tanto que seguí yendo y frecuentando sitios que promovían el nudismo”. También lo fundó Juan Carlos Rivillas con otros dos compañeros y, además, con la colaboración de Verano; de allí viene esa amistad. Desde el principio, había una especie de parentesco entre ellos mismos: todos eran actores o escritores de teatro. Tenían un colectivo teatral llamado 1+1 que, hasta hace muy poco, tenía montajes en escena.

La empresa

De mujeres, monólogo de Juan Carlos Rivillas. Foto: Ronal Castañeda

A Juan Carlos no le fue tan bien en Escandinavia, en parte porque era su primera experiencia administrando negocios: “Me sentía como criando muchachitos”, además porque seguía latente su verdadera pasión: el teatro. Vendió Escandinavia y, sin embargo, al poco tiempo montó un negocio similar, diagonal a Escandinavia llamado La competencia. A pesar de sus esfuerzos por continuar con el negocio, ganó la pasión por el teatro y, entonces, volvió a vender. Por varias circunstancias, llegaría a Medellín y daría finalmente con Paraíso, el primer video bar nudista de la ciudad. Paraíso figura en la Cámara de Comercio como un ‘Club recreativo’. En palabras de Juan Carlos, la recreación es el buen uso del tiempo libre y “aquí la gente viene a hacer buen uso de su tiempo libre”. Está constituido, actualmente, como empresa bajo “la filosofía naturista que, a nivel mundial, promueve el estar desnudo”. No están en el rango legal de centros de satisfacción sexual porque no está entre sus funciones prestar este servicio: “Por ley, no está prohibido que la gente esté desnuda ni que tenga sexo, cuando son mayores de edad y lo hacen de una manera libre”. “Lo que a nosotros no nos interesa es promover la prostitución. Aquí no prestamos servicios de los mal llamados ‘masajes’, sino que el que quiso tener sexo lo tuvo, pero no hay intercambio de dinero”. Recientemente, Juan Carlos y Gabriel, quienes administran la empresa, tuvieron que trasladar el video a unas cuantas cuadras porque ese sector estaba declarado como ‘zona estudiantil’. Se trasladaron a otra casona del centro, aledaña a una iglesia cristiana. El contraste es singular: en cada sitio se arrodillan con distintos fines. Tanto Paraíso como Escandinavia son videos sólo para hombres, en gran medida por una razón: “Por evitar problemas”, según Verano. Cuando se mezclan los géneros abundan los pleitos entre las parejas. El horario manejado en Paraíso también está en función de evitarse problemas: abren desde la 1 de la tarde y se cierra a las 9 de la noche. “En la noche, la gente quiere salir a beber, a bailar… y esa no es la función de Paraíso, que es sólo un lugar para estar”. Aunque tienen servicios especiales para hacer amañar a sus clientes como la tarjeta V.I.P. (Very Important Pecadoras).

Paraíso es el primer video bar nudista de Medellín, allí La Machis realiza sus improvisadas interpretaciones. Foto: Ronal Castañeda

Estar desnudo

A Juan Carlos le gusta mucho estar desnudo; le estorba la ropa. “Me encantaría estar desnudo siempre, pero no puedo”. Tiene un oficio que se acomoda a su filosofía de vida: “Si a uno le gustan esas cosas, entonces tiene que propiciarlas. Queremos profundizar haciendo varios video bares del grupo LGBT, es decir, para lesbianas, gays, bisexuales y trans. En Medellín, éste es un terreno inexplorado y con un público escondido, pero presente”. Al parecer, la gente goza del nudismo como práctica común: bailar, ir a moteles. Quieren ir a Paraíso porque su único deseo es estar desnudos. Otros consiguen allí algo que en otro lugar les está vedado: ‘Las Noches de Dárkulo’ y ‘Los jueves de Ver-ano’, ‘Las Orgifiestas’; muchos van a buscar acción. Para muchos, es el Edén. Y ahora que lo pienso, no es gratuito el nombre de este video bar. Nuevamente, el timbre y el eco: “¿Primera vez?”

“Podemos hacer siempre el paraíso alrededor nuestro / dondequiera que nos encontremos. Para eso sólo se requiere estar desnudos”. Jaime Jaramillo Escobar

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


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Agosto de 2009

CRÓNICA

DMG, otra cara del rebusque

Foto: Edna Liliana Guerrero

La falta de oportunidades laborales, el abandono estatal, la presencia de grupos armados ilegales y el reemplazo de la coca por otros mercados, fueron el caldo de cultivo para el surgimiento de empresas captadoras de dinero como DMG. La carpa desde la cual se paralizó el Oleoducto TraAndrés Felipe Maldonado Escobar sandino de Ecopetrol fue, para los oritenses, un lugar donde confluyeron sus historias y un acto de amaldonadoescobar@gmail.com protesta. Tras su desmonte, los intentos de diálogo directo con el Gobierno fracasaron. Edna Liliana Guerrero Caicedo yo.lili@hotmail.com

La mujer, quien esa noche se había comprometido a preparar el café para mantenerlos despiertos, ya estaba sentada y dormida junto al fogón que aún humeaba, pero sin fuego. Eran las dos y media de la madrugada y en la carpa había siete hombres que jugaban cartas, tres niños que veían la televisión y otros que, vencidos por el sueño, tendieron cartones y cobijas en el suelo húmedo dentro de la carpa o, como pudieron, se acomodaron en hamacas. Dos horas antes, una repentina lluvia había despertado a muchos, no por su fuerza, sino por la cantidad de gotas de agua que se filtraban por algunos agujeros del plástico. Nadie sintió frío. La lluvia levantó el calor que reposaba en la tierra y sirvió para que el sueño, en la intemperie, fuera más llevadero en un pueblo bochornoso como Orito. Ninguno de los que en ese momento estaba cobijado por aquel plástico negro habría imaginado que su diciembre transcurriría de esa manera. Mucho menos después de haber concebido planes, unos tan comunes como asar un marrano para la cena de Navidad y otros, tan ostentosos, que rayaban con la locura, como el de encargar la cantidad suficiente de whisky para darse un baño colectivo. En vano, los almacenes surtieron con juguetes costosos que nunca antes habían puesto en sus vitrinas; allí se quedarían sin un comprador con suficiente dinero para complacer a sus hijos. Quién podría creer que los mismos que reposaban tranquilos debajo de esa carpa, cerca al Oleoducto Trasandino de Ecopetrol, eran los mismos que, el 26 de noviembre de 2008, se volcaron furiosos a las calles a repudiar la decisión del Gobierno Nacional de decretar Estado de Emergencia Social y de ordenar el desmonte de la empresa DMG y de otras captadoras de dinero. Ese mismo día, en Putumayo, alrededor de cinco mil manifestantes cerraron las vías y dejaron incomunicado al departamento. Al mismo tiempo, en Mocoa, la multitud, al ver sus intereses económicos resquebrajados, reaccionó violentamente. Miles de personas quemaron cerca de 80 vehículos decomisados por la Fiscalía, entre carros, buses y camionetas. Tan fuerte fue el impacto de la decisión tomada por el Presidente, que la huelga, armada de valor, terminó rodeando y persiguiendo a los agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) destinados a restablecer la calma.

David Murcia Guzmán crea DMG S.A. en el departamento del Putumayo. Semana.

La Superfinanciera considera que DMG ejerce, de forma ilegal, una actividad financiera con la venta de tarjetas prepago. Semana.

2007

2003 Noviembre 18/08

El congresista, Germán Navas Talero, asegura que la empresa TransVal, socia de DMG, habría transportado y custodiado gratuitamente las firmas para el referendo reeleccionista. El Espectador.

Paralelo a esto, en el sur de Putumayo, la masa enardecida de oritenses consideró que debía valerse de lo más representativo del pueblo: Ecopetrol. Se unieron y, apoyados por los mismos sindicalistas de la empresa, pararon la producción del Oleoducto Trasandino para generar presión al Gobierno. Los campesinos e indígenas de las veredas bajaron al pueblo y, entre todos, armaron once carpas. Allí cocinaron y durmieron durante 48 días, incluyendo las fiestas de Navidad y Año Nuevo, a la espera de una respuesta efectiva del Gobierno sobre su situación y una atención más objetiva por parte de los medios de comunicación. Cuando la fiebre de los primeros días pasó, ya no eran once el número de carpas sino cuatro. Una, en la entrada del pueblo con personas listas para dejarlo incomunicado en cualquier momento; otra, en el centro donde se hicieron las reuniones; otra, en la entrada de la sede administrativa de Ecopetrol; y una última, frente al Oleoducto, desde la cual fuimos testigos de casi todo lo ocurrido. A las tres de la madrugada, algunos hombres de los que estaban jugando cartas se acercaron al fogón a remover la leña y avivaron fuego para calentar el café. La señora que dormía en la silla se despertó y los hombres no la dejaron ayudar para que pudiera descansar. En seguida, se sentaron con nosotros y empezamos, ellos a contar sus historias y nosotros a remover sus recuerdos.

“Los ricos también se la ganan fácil”

Antes se llamaba Sixto, pero años atrás prefirió cambiar ese nombre por uno que le pareció mejor: Durlandy Giovanni Acosta. Este hombre alto y delgado, con rasgos indígenas y cabello tinturado, recuerda perfectamente cuando el caos se apoderó del pueblo y toda la gente se desesperó. Pasaron cosas que él jamás, ni como peluquero ni como Concejal, había visto ni imaginado. “Yo mismo conformé el Comité de Bulla para ir de negocio en negocio, cerrándolo. Uno lo que hacía era pitar y, en par patadas, ya había unas cien motos para ir al sitio que estaba abierto”. Al cerrar cada establecimiento, dejábamos un aviso que decía: “Sellado por el pueblo”. Eso pasó los primeros días porque después, a pesar de que Durlandy pitaba y pitaba para cerrar negocios abiertos, sólo se reunían, como mucho, cinco o seis motos. Ahí se

DMG cambia su nombre a DMG Grupo Holding S.A. y se establece como grupo comercial con 30 empresas más. Dinero.

La DIAN efectúa un operativo Una empresa captadora de dinero dessorpresa en las instalaciones ata la crisis al negarse a entregar sus dineros a los depositantes. Reuters. de DMG. Dinero.

Agosto 18/08

2008 Noviembre 19/08 El fiscal general, Mario Iguarán, acusa a DMG de operar con recursos ilícitos y ordena la captura sus directivas. El Espectador.

Noviembre 20/08 David Murcia Guzmán es capturado en Panamá.

Reuters.

Noviembre 12/08 Noviembre 21/08

La Fiscalía revela el pago de 760 millones de pesos que ordenó David Murcia para hacer “lobby” ante el Congreso a cambio de beneficios. El Espectador.


13 acabó el Comité de Bulla y comenzaron los alegatos de comerciantes y transportadores quienes, ante la difícil situación económica, querían trabajar; a diferencia de los que promovían el paro cívico para llamar la atención del Gobierno. Lo que a los comerciantes les parecía contradictorio era que los obligaban a cerrar y, al mismo tiempo, a aportar dinero o víveres para abastecer de comida a los manifestantes de las carpas. Lo que no soportaban los organizadores del paro era su falta de consideración con una lucha que los beneficiaría a todos. Al final, los comerciantes aportaron y los organizadores de la manifestación les permitieron abrir sus negocios que determinadas horas del día. Durlandy siempre ha estado cercano al pueblo y conoce bastante bien su historia. Para él, DMG se posicionó en el Putumayo como una empresa legal y esto motivó a la población a dejar a un lado el negocio ilícito de la coca. Cuenta él que la confianza de quienes empezaron a llevar su dinero, se consolidó, incluso cuando miembros de la fuerza pública, como policías e integrantes del Ejército, depositaron dinero en esta empresa. Entre exaltado y molesto, renegaba de la forma como algunas personas decían que esa plata se la habían ganado fácil, “pero los ricos también se la ganan fácil”, decía Durlandy. “A la gente le era más fácil cargar un bulto de coca, en medio de la selva y su clima húmedo, que un racimo de plátano. Era la necesidad. El derroche no se hizo sólo en Orito; todos derrocharon: el Presidente derrocha en fuerzas militares, el derroche se ve por todo lado”. Este hombre es testigo de cómo siete años atrás la gente vivía intranquila cultivando lo ilícito o lo lícito. Cuando lo que movía al pueblo era el cultivo de la coca, hubo robos, atracos y muerte. “Para nadie es un secreto que estas tierras se las han peleado la guerrilla y los paramilitares; y en ese tire y jale del uno y del otro, todos estábamos en medio pagando impuestos, bien sea a los ‘guerros’ o bien sea a los ‘paras’. Él cree que era mejor DMG que la coca porque nadie se mataba.

arrobas, hay que ser un verraco. Lo normal eran seis o siete. Los dedos se partían y uno sentía mucho ardor”. A Elías también le gustaba sembrar maíz, yuca y plátano, pero nunca le dio ganancias ya que para conseguir por lo menos un millón de pesos le tocaba llevar un carro lleno con su cosecha, mientras que con la coca bastaba un montoncito que bien cabía en la mano. “No hay comparación, la coca da más pero tiene mucho trabajo:que sembrarla, que cuidarla, que procesarla, que comprar guadañas, que sulfúrico, que soda, que cemento. En cambio, el maíz no tiene tanto trabajo; es legal pero vale menos”. Más adelante, cuando la coca dejó de ser un buen negocio, Elías dejó el Caquetá y llegó a Putumayo para ganarse la vida vendiendo puestos en las filas de las captadoras de dinero. “Me levantaba a las tres de la mañana y, a veces,

La mujer que dormía se despertó y, al levantarse, se dirigió a un improvisado y apestoso baño, a unos 30 metros del fogón. Construirlo no implicó mayor esfuerzo. Pusieron un piso alto de tabla, abrieron un hueco en el centro y empotraron una taza de inodoro, de esas que no tienen tanque. Para la privacidad del usuario, el rededor estaba cubierto con un costal verde. En ese momento, un joven lánguido y de tez blanca se acercó al televisor para ver algo y consiguió cambiar el canal hundiendo una vara en el hueco donde antes estaba el botón. Una película de vaqueros atrajo a los espectadores y, poco a poco, los hombres que estaban por ahí desplazaron a los niños. En Orito, la prensa llega cada ocho días a unas cuantas personas, en la radio tan sólo se escuchan vallenatos, rancheras y reggaetón, y no es fácil acceder a Internet; la televisión pasa a ser el medio más habitual para el entretenimiento y la información. Sin embargo, bastó un día para que la credibilidad en este medio quedara por el suelo, tras las noticias que se presentaron sobre lo que allí estaba ocurriendo y que, según sus protagonistas, no correspondía a la realidad. Cuando le llegó el turno de contar su historia, Antonio Jajoy alegó que “la imagen que tenemos de los medios es negativa, porque nosotros decíamos una cosa y ellos decían otra: ellos desinforman”. Este líder indígena recordó cuando el 26 de noviembre decidieron buscar a un periodista de RCN quien, desde una cabina de Telecom en Mocoa, informó a todo el país que los manifestantes de las marchas estaban en contra de DMG. Cuando lo encontraron, una señora le dio una cachetada. Después lo pasearon por todo el pueblo para mostrarle que una cosa eran las pirámides y otra era DMG, su empresa; él nunca informó eso. Otro periodista de Caracol terminó amenazado por el mismo motivo. “Él decía que mandaba las notas y allá cortaban y cambiaban las cosas”, contó Antonio, quien además cree que los periodistas mezclan su profesión con la política y que, al no ser veraces, “están untados de Estado”. Todos los allí presentes rechazaron el abandono al que los ha sometido el Estado. Protestaban “Es legal pero vale menos” porque en Orito no se han hecho inversiones seEran casi las cuatro de la mañana y los nirias, porque dicen sólo haber recibido limosnas ños frente a la televisión no se cansaban de y que por eso han tenido que hacer una serie de ver cómo se repetían una y otra vez los co“maromas” para poder sobrevivir. Entre esas “mamerciales de las telenovelas, sin que se preromas”, estubo, inicialmente, el cultivo de coca y, sentara algún programa. No podían cambiar entre las limosnas, el proyecto de guardabosques, el canal porque el control no tenía pilas y el con el que se prometió promover otros proyectos botón del televisor estaba dañado. Entre tancon los campesinos pero, al final, se limitó a futo, Elías sonreía tímidamente mientras contamigaciones. ba su historia. Antes de empezar dijo, en voz En lo corrido del 2008, en Putumayo, la probaja, que no quería hablar sobre la guerrilla ni ducción petrolera generó recursos por un valor decir su apellido. Sus pequeños ojos brillaron de 105.892’186.382 pesos de los cuales Orito, la al recordar su infancia en la finca de su padre capital petrolera, recibió 14.070’415.414. Sin emen Caquetá. bargo, los oritenses protestan por la corrupción y “Yo le corrí al estudio. El profesor me ensepor la exclusión laboral por parte de las empresas ñaba y me enseñaba y no me entraba”. Elías exploradoras de petróleo. “Cuando exigimos que sólo estudió hasta segundo de primaria porque contrataran gente del pueblo, los de la empresa se cansó de hacer algo en lo que no le iba bien. nos dijeron que nos iban a hacer unos exámenes; Y cómo le iba a ir bien, si antes de ir al colegio, cuando fuimos a presentarlos, estaban en inglés”. sagradamente, tenía que ayudar a ordeñar doce Cuando la noche se había esfumado, todos vimos vacas y cuando volvía ni tocaba el cuaderno de Mientras que unos estuvieron en las carpas; otros optaron por las plegarias. Foto: Edna Guerrero llegar a la mujer que cada mañana traía a la carpa las tareas porque ayudaba en la molienda de caña. Cuanme ganaba 20 ó 30 mil pesos diarios, o 70 u 80 mil; la imagen de San Sebastián. En las tardes, le celebraban do su padre vendió la finca y compró un carro, Elías se fue otras, no se hacía nada”. Elías estuvo a punto de invertir misas y le hacían promesas para mantener viva la esperanal pueblo con él a vender cachivaches. “A veces nos iba cien mil pesos, pero se arrepintió. Ahora que todo se ha za, sentimiento que se diluyó cuando la carpa fue desarmabien y a veces sólo alcanzaba para la gasolina”. derrumbado, no sabe si volver a Caquetá o vivir en Mocoa. da, veintidós días después, para permitir el transporte de El negocio se acabó cuando el carro empezó a fallar. Mientras tanto, esperaba en la carpa. Ya era de madrugada Petróleo y dar paso a una negociación con el Gobierno. Elías, quien era ya un joven de 20 años, decidió irse a otro y los gallos empezaban a cantar. Al final, cuando la gente quedó sin vivienda, sin tierra pueblo, a la finca de su hermana. “En ese tiempo, uno no y sin empleo se convenció más de su abandono. Las cuabuscaba trabajo, a uno lo buscaban. ¿Está desocupado?, “Untados de Estado” tro visitas del Ministro de Protección Social se justificaron me decían, y yo de una me iba”. En la carpa, algunos curiosos nos veían como seres ex- porque, según ellos, lo único que le dolía al Gobierno era En la producción de la coca, él aprendió mirando. A ve- traños. Sabían que estábamos ahí por motivos diferentes a el paro en la producción de Ecopetrol. Los temores de que ces le tocaba trabajarla en el laboratorio, o la limpiaba, eso los suyos. Días atrás nos habían preguntado sobre nuestra la situación se complicaría no fueron en vano. El pasado sí, sin ir a dañarla. Otras, anotaba el nombre de los raspa- identidad para cerciorarse de que no fuéramos de la Sijín* 20 de mayo, en su propia casa, seis disparos acabaron con chines y la cantidad de arrobas que cogían para poderles o de medios como RCN o Caracol. No dejaban tomar fotos la vida del contratista en Ecopetrol, Gentil Páez, quien pagar. Pero lo que más le gustaba era ir a raspar porque porque temían a las amenazas. Después, nos recomenda- participó activamente de la protesta. Hasta ahora las autoganaba según lo que cogía y, de tanto hacerlo, sus dedos ron que fuéramos prudentes porque días atrás, entre to- ridades no han dado un parte oficial de las circunstancias índices perdieron su forma natural, le quedaron curvos. dos, golpearon a un hombre que pasó tomando fotografías del homicidio. “Cogía doce arrobas diarias y cualquiera no coge doce de la carpa con un celular. *Dijín: Dirección de Policía Judicial e Inteligencia.

David Murcia afirma que el presidente Álvaro Uribe “es un mal presidente y un mal papá”, por no estar enterado de que entre los socios de DMG estarían sus hijos Jerónimo y Tomás Uribe. Video YouTube.

Noviembre 14/08 Noviembre 26/08 Protestas en Mocoa por cierre de DMG dejan 14 heridos. Reuters. Presidente Álvaro Uribe asegura no tener vínculos con empresas captadoras ilegales de dinero. Reuters.

David Murcia advierte a los ahorradores de una presunta conspiración del Grupo Aval que consistiría en crear pirámides y “generar pánico colectivo del que pretenden responsabilizar a DMG”. Video YouTube.

Noviembre 16/08 Diciembre 21/08

Febrero 26/09

DMG es cerrada.

El Espectador.

Noviembre 17/08 Agosto 05/09

David Murcia es llamado Suspenden audiencia de David Murcia al David Murcia Guzmán fue declarado culpaa juicio por la Fiscalía. declararse en rebeldía por considerarse ble de los delitos: enriquecimiento ilícito y Semana. víctima de un juicio injusto. El Espectador. captación ilegal de dinero. El Espectador.

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entrevista

Agosto de 2009

El nuevo “episodio oscuro” de Laura Restrepo

Víctor Casas Mendoza victorcasasmendoza@gmail.com

En su visita a Medellín Laura Restrepo habló con De la Urbe de su última novela, de sus años de clandestinidad en Argentina, del poco agrado que siente por el Presidente Uribe, y hasta de mariposas amarillas.

Hace cinco años, su nombre resonó en todas las latitudes cuando salió a la venta Delirio, la obra que le valió el Premio Alfaguara. Si bien Laura Restrepo era conocida por otras novelas y por ser, entre muchas otras actividades, Comisionada de Paz en la desmovilización del M-19, fue en el año 2004 cuando su carrera alcanzó la cúspide. Ahora que la historia del caso de Agustina anda de mano en mano en veinte idiomas distintos, Laura Restrepo regresa con un alucinante diálogo entre una madre y su hijo adolescente. Es Demasiados héroes, el último capítulo hasta ahora escrito en la vida de esta autora y periodista bogotana, la oportunidad de redimir un pasado que decidió confrontar y presentar a sus lectores. ¿Por qué esperar tantos años después de Delirio para publicar Demasiados Héroes? Porque es una historia que no hubiera podido escribir antes. Es ficción pero autobiográfica. Yo viví años de militancia clandestina en Argentina. Fue un periodo “sin palabras” porque los tiranos te las quitaban, y porque uno mismo se imponía el silencio. Ponerle palabras a ese silencio requiere tiempo, es difícil escribirlo inmediatamente. En el libro, la dictadura aparece como un telón de fondo, pues me importaba más el eco que los hechos tienen en los personajes. Por eso, la protagonista central no es Lorenza, que es la mujer que milita, sino Mateo, a quien esos hechos han dejado sin padre como consecuencia de lo que pasó, y que en la novela se plantea como un misterio que Mateo no conoce y que llama el “episodio oscuro”. Me interesan las repercusiones en los personajes, lo que queda en ellos, el fantasma que queda flotando, y eso, quizá, requiere dejar pasar años; que los hechos no estén tan encima de ti, que no te abrumen, que se decanten para poder tener una visión interior. En ese sentido, ¿podemos ver a Laura Restrepo reflejada en Lorenza, quien conoce la historia y la cuenta, o en Mateo, quien no sabe y se hace preguntas? Uno está en todos sus personajes, pero si me ponen a escoger entre Lorenza y Mateo, yo pienso que uno como escritor es más Mateo, que es el que pregunta. Lorenza sería la historia contada en términos convencionales y Mateo le está diciendo: “Así no me la cuentes, no me cuentes una historia de héroes; cuéntamela de tal manera que a mí me permita entender quién soy y quién fue ese hombre que fue mi padre y, en últimas, quién eres tú”. Mateo siempre se lo está preguntando. El ausente es el padre, pero la que tiene una cortina de frialdad es ella. Mateo dice: “Es muy difícil ser hijo de un robot como tú”, porque la mamá tiene un problema: va, hace, soluciona, consigue la plata, milita; y el muchacho quiere, más bien, que le pongan palabras a toda esa hiperactividad de la madre, así mismo, el escritor quiere ponerle palabras, como Mateo, a una cierta historia. ¿Tiene algo de especial para Laura Restrepo la época en la que transcurre la historia de Demasiados Héroes? Fue una época intensa, esa dictadura que comenzó en los 70 y terminó en los 80. El tipo de participación que yo hice fue una militancia no armada, fue resistencia pacífica contra la dictadura. Me interesaba dejar por escrito el testimonio

de lo que fue esa militancia invisible. En un momento se cuenta, por ejemplo, cómo hacían un periodiquito clandestino. ¿Qué decía el periódico? La poca información a la que tenías acceso, porque como era tan peligroso hablar, te llegaba a cuentagotas. Había mucha tensión porque estabas dentro de la boca del lobo. Fue una época difícil, pero al mismo tiempo una época de juventud plena y bien vivida. ¿Demasiados Héroes fue, entonces, la oportunidad de hacer catarsis sobre lo que pasó con su vida durante esos años de militancia? Yo pienso que sí. Mis editores destacaron una frase que yo misma había puesto un poco a la carrera y que la vi cuando enfatizaron en ella: “El pasado que no se ha amansado con palabras, no es memoria, es asechanza”. Pienso que a todos nos sucede, a los que escribimos o a los que somos sólo lectores: tener episodios que mantenemos como fantasmas y nos asechan hasta tanto no les ponemos palabras, bien a través de una conversación como la que tienen Mateo y Lorenza, o bien, a través de ese mecanismo que es la escritura; incluso muchas veces leemos una historia ajena y esa historia le pone palabras a la nuestra. ¿En qué ha cambiado Laura Restrepo desde Historia de un Entusiasmo hasta Demasiados Héroes? Esta se llama Demasiados Héroes. ‘Demasiados’ tiene una connotación negativa. Mateo no quiere que le cuenten historias de héroes sino de gente de carne y hueso. Historia de un entusiasmo tiene demasiados héroes por una razón: si bien yo hice un testimonio honesto y presencial de los hechos, porque yo estuve como Comisionada de Paz en todos y cada uno de esos episodios que narro, yo me tragué los defectos del M-19, yo conocía las cosas buenas que tenían, pero también les conocía las fallas. El hecho de que los estuvieran matando a todos, mientras yo escribía, de golpe me obligó a una cierta solidaridad que me hizo no contar los defectos. Hoy en día me arrepiento porque aun las figuras históricas están hechas de virtudes y de defectos: si se los recortas, los conviertes en media persona. Yo tenía esa deuda pendiente. Soy una persona de izquierda, siempre lo he sido. Considero como una obligación mía participar en política y pronunciarme, de eso yo no reniego. Pero, sÍ quería contar una historia de militancia que llevo hondamente grabada en el alma, contarla en términos humanos. ¿Es cierta la sospecha de algunos críticos que dicen que sus predecesores son Gabriel García Márquez y José Saramago? Uno tiene derecho a tener maestros. Yo cuando era estudiante en la universidad tuve una época muy privilegiada, en donde todos los días aparecía publicada una novela de los titanes. Nosotros íbamos de El Otoño del Patriarca a Conversación en la catedral; después, salía otra de los fenómenos de Carlos Fuentes, y Cortázar estaba produciendo sus cuentos prodigiosos; para nosotros era una revelación. Uno siendo una persona joven, y desde ya con ganas de escribir, ¿cómo hacer para que eso no te imponga una impronta y te marque? Claro


15 que te marca. Yo creo que todo mundo tiene derecho a tener maestros; en ese sentido, García Márquez y Saramago son maestros ¿Qué haya que repetir su fórmula? No, sería absurdo tratar de escribir realismo mágico hoy en día, ya ni ‘Gabo’ escribe realismo mágico. De alguna manera, esos maestros se convierten en el aire que respiras. Autores como Saramago marcaron a toda una generación, es una manera de ver las cosas, de concebir al ser humano. Ahora se habla de escritores universales para lectores universales. ¿Escribe usted para un público universal o es una escritora con una nacionalidad que escribe para una población determinada? Es el dilema que se le presenta hoy en día a todo escritor. Estás peleando por un reconocimiento universal en el sentido de que no quieres que sigan diciendo: “Ésta que escribe cuentos de colombianos”. Uno escribe cuentos de seres humanos; sin embargo, por ejemplo, con Delirio, uno mira las reseñas y entonces dicen: “Esta escritora que nos habla de la locura en Colombia”. ¿Por qué la locura en Colombia? Es la locura, punto. Si alguien habla de Madame Bovary no se le ocurre decir: “Vamos a hablar del adulterio en Francia”. ¡No!, es el adulterio, punto. Pero si es una historia colombiana, ¡ah!, entonces es colombiana, como si tuviéramos que tener folclore para poder existir.

Obras publicadas

• Historia de un entusiasmo (1986). • La isla de la pasión (1989). • Las vacas comen espaguetis (1989). • En qué momento se jodió Medellín (1991). • Leopardo al sol (1993). • «Ensayo» en Otros niños (1993). • Dulce compañía (1995). • La novia oscura (1999). • La multitud errante (2001). • Olor a rosas invisibles (2002). • Delirio (2004). • Demasiados Héroes (2009).

Me llamaba la atención que en las ediciones de mis libros que publicaban en Inglaterra y en otros países le ponían mariposas amarillas en la tapa, ¡no había una puta mariposa amarilla en todo el libro! Y con mi agente decíamos: “¡Miércoles!, otra vez mariposas en la tapa”. Seguro, porque al vender tu libro o al colocarlo en el stand de una librería, querían que, inconscientemente, el lector lo asociara con realismo mágico, y así te encajonan; entonces, el mango, la palmera, la hamaca, es una marca de fábrica. Hoy en día, puedes incorporar eso si quieres; pero no tienes que ponerte la marca folclore para que te lean. Somos seres humanos, habitamos el planeta. Lo que uno reivindica no es no ser colombiano, es no ser folclórico. A mí que no me digan “la historia de la locura en Colombia”, ¿por qué no puede ser loca una mujer en Australia de la misma manera como es la Agustina de mi novela? Usted, antes que escritora, fue periodista. ¿Cómo es esa relación entre periodismo y literatura en la elaboración de sus novelas? Una de las grandes ventajas del periodismo frente a la literatura es que mientras el escritor tendría la obligación de saber, el periodista tiene el derecho a preguntar, y yo me inclino más por eso. La constante en mis novelas es que están contadas por alguien que no sabe y que pregunta. En Delirio, a Aguilar se le enloquece la mujer y está siempre tratando de averiguar qué fue lo que le pasó; en La novia oscura, una reportera va y se mete en el mundo de las prostitutas y pregunta; en Demasiados héroes, el personaje central es Mateo, quien no sabe y necesita saber. A mí siempre me ha parecido más atractivo preguntar que saber, y esa es una lección del periodismo que no quiero abandonar. Existe la creencia de que un autor después de su mayor obra lo que continúa haciendo son reproducciones de esa obra. ¿Fue Delirio la cúspide de su escritura o estamos ante su mayor creación? El lector puede decir ‘buena’ o ‘mala’. No soy partidaria de que quienes escribimos pensemos si es buena o mala; son adjetivos que no son pertinentes. Delirio, sí, le fue bien, tuvo un premio muy bonito, pero eso fue hace mucho; ya hay otros premios Alfaguara y esa corona ya me la quitaron; y la fama, para colombianas famosas, Shakira. En Demasiados Héroes se plantea aquella frase que reza: “Todo el mundo tiene derecho a pensar que su padre es un buen tipo”, y por eso Lorenza le construye a Mateo toda esa historia de un hombre maravilloso. ¿Podemos hacer una analogía y decir que en Colombia los medios de comunicación son como Lorenza, tratan de idealizar a ese papá, que es Uribe, ante el resto de colombianos que jugaríamos el papel de Mateo? No lo había pensado de esa manera, pero sí. De alguna manera Lorenza es la versión oficial. Aquí los medios se han vuelto ridículos, una frivolidad que te lleva a pensar que para poder fomentar la guerra necesitas de la frivolidad para embobar a la gente. Al mismo tiempo, una visión totalmente unánime, que cierra filas, como si hablar mal de Uribe fuera una especie de pecado mortal. No por nada, Dios es mencionado tantas veces por nuestro Presidente, es decir, si uno está al lado de Dios; pues el que está en contra de uno es un hereje, está cometiendo anatema y merece el infierno. ¡Y los medios alineados con Dios! Pero, ¿cuándo el papel de los medios fue acatar sin cuestionar? El primer deber de un periodista es cuestionar. Periodistas chupamedias del poder, eso es una aberración. En el mundo se están viendo cambios respecto al tipo de personas que nos gobiernan, ¿qué cambios son necesarios para poner a Colombia en consonancia con las otras latitudes? Los colombianos, ante un elemento que me desagrada profundamente que son las Farc que se han echado encima a la sociedad, identifican en ellos la amenaza y, entonces, auspician eso que llaman seguridad, la cual consiste en tener una especie de papá que es Uribe dotado de súper poderes, el padre protector en su caballo, con su gorro para que no se nos olvide que esto es una finca y nosotros los peones y que él nos defiende. Yo creo que todo esto tiene que cambiar, y me parece que está cambiando; no creo que vaya a ser elegido por tercera vez, además, porque dos ya es una aberración, tres es vicio. A mí me perdonan pero un presidente que va tres veces ya no es presidente, eso se llama otra cosa que empieza por d. Para finalizar, ¿tiene Laura Restrepo un “episodio oscuro” del que jamás haya hablado? ¡Quién no! Quién no tiene “episodios oscuros”. Todos tenemos y, de alguna manera, pienso que todo libro de todo escritor, de una manera u otra, surge de un “episodio oscuro”, real o inventado. Echar luz sobre el “episodio oscuro” sería una buena definición de lo que es la novela.

Foto: Víctor Casas

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


LETRAS URBANAS

Agosto de 2009

Ocho noctámbulos Carolina Valle García caritovaga@hotmail.com

Hace seis años, ocho escritores paisas iniciaron juntos un recorrido que les permitiría compartir el solitario espacio de las letras, cada uno desnuda su mundo para emprender una tarea de aprendizaje mutuo.

La tertulia sabatina comienza siempre al irse el día, mientras Medellín entra en una congestionada noche de fin de semana; y en algún lugar de ella, todo se encuentra dispuesto para iniciar una calurosa sesión, una charla amena y particular, en la cual fluyen las palabras poéticas y los pensamientos maduros, El encuentro que empieza a desarrollarse a las 6 de la tarde, con la naturalidad de una actividad frecuente, espera la novedad de ideas y aportes con las que ocho amantes de las letras recrearán una escena de conversación ilustrada y espontánea que se repite desde principios del año 2003. Seis años después, en la primera noche de reunión de 2009, ya está preparado el octeto de asiduos conversadores, con el ambiente adecuado para departir y hablar de historias, de personajes de carne y hueso, de cuentos, de realidades y evocaciones, con la escritura como eje transversal. Ocupan los asientos dispuestos en la azotea de la casa de un poeta y artista cirujano, la cual atesora volúmenes de libros y de obras que ha esculpido, mostrando las imágenes propias de esa perspectiva de la vida que no le permite escribir y crear arte sin elogiar y denunciar al tiempo. El grupo de amigos, que albergará en su hogar hasta el amanecer, porta un apelativo nacido de su propuesta, al ingresar como último integrante; desde ese día, los ocho literatos tertulianos responden al nombre de Los Octámbulos. Para comenzar, tras una rifa de turnos, María Elena entrega a sus contertulios copia de un poema que decide compartir para que, pasando por la mirada de sus seis amigos presentes, sea observado con lupa literaria. La autora lee lo que ha creado mientras quienes la acompañan, resaltan con lápiz en mano lo que podrían, a su criterio, modificar sin interferir el sentido de lo que ella desea expresar en su composición: cierta aflicción por ese trasegar donde abruman los abismos entre dos realidades inexorables, la vida y la muerte. Los comentarios que surgen de la mayoría de los tertulianos hacen referencia a aspectos de forma y dejan en evidencia la percepción clara que manejan de la escritura de la poetisa caldense. Todos escuchan atentamente, a medida que van señalando lo que, a sus oídos, no suena coherente o agradable, y se lo dicen a modo de consejo que ella, de forma apacible, acoge o deja. María Elena, sicóloga oriunda de Caldas, es la única mujer que pertenece a este grupo. Ha estado allí por cinco años viviendo una experiencia apasionante e interesante, puesto que junto a los siete escritores que se han convertido en compañía continua, siente recuperado un espacio que existía cuando su padre, al darle claves para escribir, le insistía que tal oficio estaba en función tanto de ejercitar la pluma como de rasgar. Por medio del psicoanálisis y de la mano de la literatura, ha hecho una introspección dentro de sí misma. Ella parte de la idea de que “en la producción literaria fluye el inconsciente del escritor”, dos elementos que le han permitido descubrirse y mostrarse profundamente ante los otros. La conversación, en el momento, se torna encasillada en lo que se encontró o no se pudo hallar dentro del poema de María Elena, pero pronto se da paso a la siguiente lectura. En esta reunión, una de las personas más críticas le reparte un cuento al resto del grupo. Es Alonso Mejía, neirano experto en lenguas romances, escritor de varios libros de cuentos y poemas, y traductor de otros tantos, quien impregna su escritura de los matices culturales aportados por su estancia en Estados Unidos durante tres décadas. El relato describe las vivencias de un actor en un día ordinario y, en el instante en que se presenta al público, hace una transposición de estos dos roles. La conclusión sobre Veinticuatro horas en la vida de un actor genera una discusión entre los presentes: no se aprecia muy clara; pero con la ayuda del autor se orienta hacia la idea de que la realidad es una verdadera mentira y la actuación es el arte de decir mentiras verdaderas.

Alonso Mejía es, sin duda, uno de los octámbulos más ilustrados. Se interesa por abordar, con profundidad, los temas que generan distintos puntos de vista en la tertulia y se empeña en sostener siempre el suyo con la seguridad de un intelectual; es él quien, en la mayoría de las ocasiones, comparte su opinión y cambia el rumbo de las discusiones. Este hombre considera la lectura como herramienta fundamental para configurar la percepción del mundo y enriquecerla. El relato de Alonso sigue alentando la conversación. Rafael Aguirre, también precursor de la reunión desde sus inicios, no ha venido esta noche a leerle una de sus historias a sus amigos, pero participa atentamente y hace sugerencias puntuales. El psicólogo medellinense, quien converge en el psicoanálisis con la mitad de sus contertulios, ha escrito reportajes y perfiles, ha publicado dos libros de cuentos en los que se acerca a las pulsiones humanas del amor y de la muerte. Las tentaciones de Tánatos y La bruja que me amó y otros cuentos de amor reflejan la inquietud constante del escritor por desnudar las fuerzas de Eros y de Tánatos en personajes con un retrato psicológico muy bien elaborado. Pero antes que Rafael y Alonso, un hombre, que sienta tranquilo sus puntos de vista y conserva su compostura en medio de los momentos acalorados de la tertulia, fue quien, inicialmente, decidió materializar su deseo personal de crear un espacio para compartir sus construcciones edificadas en el solitario hogar de las letras y comenzar otras, del cual participa hoy. Gracias a su constancia, Rubén López Rodrigué ha estado presente desde la primera sesión; con este nombre se le reconoce en el ámbito literario y el segundo apellido se debe a la estima por el fallecido escritor y psicoanalista argentino, Emilio Rodrigué. El fundador de las tertulias, nacido en Santa Rosa de Cabal, hace lectura de Al pueblo se lo comió el comején. El final del relato es comparado por algunos con el de Macondo en Cien años de Soledad, obra con la que comparte la fusión de lugares reales con ficticios. Rubén, fiel seguidor de la obra de García Márquez, no acepta la similitud que se le hace. Al igual que Alonso Mejía, se ha convertido en lector empedernido y cree, sobre todo, en los alcances de la disciplina, por lo que, día tras día, se ejercita en pulir su escritura. La lista de literatos que ha explorado está engrosada con nombres latinoamericanos, europeos y norteamericanos, aunque esta obra es sólo una fracción de lo que ha llegado a las manos y ojos del escritor caldense. Un largo período de investigación del psicoanálisis le exigió conocer todas las producciones de Freud y lo acercó al trabajo de varios expertos de esta disciplina, por lo cual es reconocido como teórico en un campo en el que ha convergido con la mitad de Los Octámbulos. Cuando la charla va empezando a tomar un color más vivo, entre discusiones enérgicas y con toda la atención de parte del anfitrión Alberto Botero, el octeto de literatos es llamado a cenar y la mesa no escapa de la conversación en torno a temas polémicos que terminan dividiendo a los tertulianos. Es allí cuando algunos de ellos, como Alberto, Rafael, María Elena o Luis Orlando Valencia, se quedan como espectadores y disfrutan de una agradable cena. Siendo las 10 de la noche, Los Octámbulos retornan al recinto de su reunión donde se dispondrán a hacer los comentarios suscitados por la lectura de Rubén López. En realidad, las críticas son pocas y uno de los presentes dice, con tono burlesco, que “uno de los lugares comunes de Los Octámbulos es encontrar un lugar común”, entendiendo por lugares comunes aquellas expresiones que en la literatura se convierten en clichés. Luis Orlando Valencia, quien, por lo general, es risueño y hablador, hace esta acotación con la que se le toma del pelo; las risas vienen y van mientras se charla con él. Este literato, oriundo de El Peñol, cierra el grupo de psicólogos y expertos en psicoanálisis, que es la mitad de los tertulianos. Fue atrapado, como María Elena, por las teorías freudianas para adentrarse en sí mismo en juego con la literatura y la lectura

Foto: Carlos Puerta

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17 de escritores de diferente corte que lo nutren de conocimientos. Ello le permitió, a través de su novela Ante el abismo de las horas, recrear sus recuerdos de infancia y adolescencia en su tierra de origen, sumergida en las aguas hace ya treinta años y convertida en central hidroeléctrica de las Empresas Públicas de Medellín. Otras de sus obras, Girasoles al sexo, recrea vivencias cotidianas en torno a ejes como el erotismo, con un estilo realista y entretenido. Antes de destapar la botella de brandy, dan por terminadas las lecturas de la noche. El último en llegar a la reunión, encargado de administrar los recursos que por unanimidad han acordado aportar para el Fondo Editorial Los Octámbulos, es Fabio Zuluaga Ángel. Realiza su tarea de recolectar lo que en el momento va a ingresar y, por un momento, da a conocer los comentarios sobre algunas publicaciones del grupo, expresando su emoción por la interpretación que algunas personas le manifestaron sobre su última novela. Fabio, ingeniero químico de la Universidad de Antioquia, demuestra que se pueden combinar certezas matemáticas y científicas con la producción literaria. Su innovación, la “química literaria”, es una manera de escribir que conjuga su explicación científica de la vida con su construcción mental acerca de la naturaleza humana. Este escritor es uno de los hombres a quien dentro de la tertulia se le considera cálido y espontáneo, por lo que tuvo la oportunidad de estrechar lazos con el Nobel de Química, Roald Hoffman, visitante de Medellín a finales de 2008. Compartir con este personaje dos facetas, para muchos opuestas pero para él similares, le llenó aún más de motivaciones para continuar con la originalidad literaria plasmada en su novela “El árbol de abuelitas” recientemente publicada. La tertulia continúa ahora a un compás más suelto, es la media noche, ya el vino y el brandy están servidos y la órbita de la conversación se hace más flexible. Evocaciones, anécdotas, y opiniones sobre variados asuntos están en el tapete. Alberto Botero, con posturas en torno a nuestra realidad social muy conectadas a su sensibilidad, decide hacer por momentos un aporte, sin embargo, cuando sea agita el debate prefiere manejar la calma. Su último libro de poemas titulado Alba es una proyección del buen complemento entre pasión y originalidad. Algunos tertulianos optan por dormir un poco mientras que otros, como Raúl González, quien se considera un verdadero noctámbulo, permanecen despiertos y enérgicos durante toda la velada. Al economista del grupo también lo atrapó la creación de cuento y poesía, es el contacto con la naturaleza fundamental en este proceso. La literatura emergió en su vida como un deleite que ha tomado forma mayor desde que ingresó a la tertulia, la cual se le ha presentado bastante enriquecedora y única por su metodología y por la pasión literaria que une a todos sus integrantes. Llegadas las 4 de la mañana, se decide terminar la tertulia, a diferencia de otras sesiones donde ven salir el sol mientras continúan conversando. No obstante, las reuniones itinerantes continuarán, como siempre, en los hogares de los noctámbulos buenos anfitriones, porque el conocimiento y la pasión por la escritura parecen no agotarse en este octeto de literatos talentosos, compenetrados y comprometidos con un crecimiento que, desde cada uno, da la mano a quienes se reconocen como escritores inacabados, y que buscan, mientras logran entretejer bellas historias, poemas y tertulias, más que la publicación, el despliegue del ser humano a través de la palabra escrita y la charla. Los Octámbulos son siete caballeros y una dama que han reconocido la importancia del otro u otra en una construcción personal que se enriquece mucho más cuando la literatura es abierta y compartida.

FONDO EDITORIAL Una de las metas más importantes y elogiables de Los Octámbulos es, gracias al aporte constante de cada uno, la creación de su propio Fondo Editorial. Con éste se han publicado ya cinco libros, incluyen uno colectivo y otros cuatro, entre los que se hallan dos poemarios y dos novelas. Los recientemente lanzados son El árbol de abuelitas, de Fabio Zuluaga, y Alba. Los Las obras recientes publicadas por Los Octámbulos han sido en su orden: Octámbulos. Libro colectivo. Un rostro, un fantasma, un rostro. Alonso Mejía. Lobos incendiarios. María Helena Giraldo. Ante el abismo de las horas. Luis Orlando Valencia. Alba. Alberto Botero Londoño. Editorial “La luna me mira” El árbol de abuelitas. Fabio Zuluaga Ángel.

LAS RAÌCES DE UNA TERTULIA Los Octámbulos son fieles a los objetivos de lo que históricamente ha consistido en tertulia: reunión para acrecentar colectivamente el saber. Nació, tal como lo resaltan en su primer libro colectivo, alrededor de la discusión sobre los escritos del abogado y padre de la Iglesia Tertuliano. Este espacio se transformaría en una cita para el debate sobre las artes y las ciencias en Madrid, a la cabeza de Juan Manuel Fernández Pacheco, personaje que convocaba a sus amigos para espantar el aburrimiento y que más tarde, en 1714 con el aval de Felipe V, creó la Real Academia de la Lengua. El grupo ha encontrado en la literatura el eje de su amplia conversación. Así, a diferencia de los “tertulianos” del siglo XVII, quienes se dedicaban a estudiar la prolífica obra de Tertuliano, este grupo de literatos paisas se ha abierto como en aquellos tiempos y con ingredientes, por supuesto contemporáneos, al diálogo intelectual entretenido y auténtico. En el proemio de su primer libro, se define la razón de ser que los ha mantenido unidos durante más de un lustro: “Es una crítica mediada por consensos y disensos, sin saña, ajena a la malevolencia del envidioso, cuestionando el lenguaje de un escrito sin despellejar a su autor, cuidando de no convertir tal apreciación en un ajuste de cuentas personalista”…”Depurar un escrito, limpiarlo del ripio, de la pelusa, no es ninguna vergüenza por cuanto somos polvo de estrellas”.

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CRÓNICA

Foto: Yira Plaza O’Byrne

El corazón de una mina saqueada

Agosto de 2009

Yira Plaza O’Byrne yiraplaza@gmail.com

A la sombra de las grandes dragas mineras que extraen las riquezas de la tierra chocoana, se encuentran las historias de las mujeres barequeras que sobreviven sacando los restos de oro y de platino que han quedado en las minas.

En la mañana chocoana, húmeda y pegachenta, parece que el aire sudara, y eso que el sol no se decide a salir completamente. Rosa de 40 años, viste piyama, la blusa blanca y mojada, se adhiere a su piel negra. Lava, restriega, camina hacia el pequeño solar que está al lado de su casa de madera; allí extiende ropa: la suya, la de su marido y la de sus diez hijos. El lavadero, frente al río Tamaná, es prestado: consiste en un tubo blanco que aparenta estar enterrado en el escueto patio de la vecina, el cual conduce poca agua hasta una ponchera donde Rosa enjuaga la ropa. Contiguo a la ponchera, hay un recipiente de menor tamaño, y al lado, un mohoso galón se utiliza de guardarropa. Cuando no lava o cocina, Rosa Asprilla se dedica a su oficio: la minería. Es barequera, como llaman en el Chocó al oficio de sacar minerales preciosos de las tierras y quebradas, con una batea y una pala. La escena es común en Nóvita, el pueblo donde vive Rosa: levantarse a las 5:30 a.m., despachar los hijos, tomar una canoa, irse río arriba al bareque: algunas veces sacar un grano de oro o platino; otras, regresar a casa con las manos vacías. Todos en Nóvita saben qué es un bareque: cerca del ochenta por ciento de sus mujeres se dedica a barequear, o al menos “cuando los dueños de las minas nos dejan trabajar”, como dice Rosa. Junto a ella se embarcan más de 40 mujeres con botas de caucho, pala y batea al hombro para excavar los restos que las dragas han dejado en las minas. Por el pasaje de ida y vuelta, pagan cinco mil pesos, que a veces pierden porque las minas están paradas. La historia de este pueblo minero es un viaje a la época de la Colonia, donde ya se reconocía a Nóvita como una tierra rica en oro, “El País del Oro” como lo llaman los historiadores. No es gratuito que Alexander Von Humboldt escribiera, justo en la época en la que Nóvita fue capital del Chocó, que los negros eran capaces de obtener, en un mismo día, de diez a quince libras de oro. Era sencillo: el agua de los ríos limpiaba por sí mismo el oro, de tal forma que lo podían encontrar concentrado en un solo sitio. En ese tiempo, los negros esclavizados compraban su libertad con las minas que encontraban. Hoy, las minas en el Chocó son explotadas por particulares, y la población de la zona es, muy rara vez, empleada directamente por sus dueños. A los negros, a los del Chocó, le quedan los bareques; a la tierra, el ‘obsequio’ de 400 hectáreas de bosque taladas al año para el desarrollo de la minería ilegal y 3.7 toneladas de mercurio dispuestas en suelos y ríos chocoanos, según lo afirma públicamente la viceministra del Medio Ambiente.

La mina en la que trabaja Rosa, queda en el corregimiento El Tigre, a veinte minutos de Nóvita. El lugar del bareque tiene un nombre que resulta confuso cuando se escucha articulado con el cadencioso acento chocoano: Aguaboba, que en el habla de la región se convierte en Aguaboa’. Para describir su oficio, Rosa insiste en que su labor se hace en las minas donde hay dragas, “máquinas grandes, de esas que remueven la tierra”. Son esas minas de aluvión las que se explotan en mayor proporción en el Chocó. Todo lo que estos ríos chocoanos arrastran, desde su nacimiento en las montañas: el Tamaná, Iró, Quito, Neguá, Andágueda, Capá y otros ha originado un suelo rico que es excavado sin reparo por esas dragas. Allí se producen extensos agujeros llenos de agua, donde mujeres y hombres se ganan lo del sustento diario. El agua les llega hasta poco antes de las rodillas. Con el torso flexionado hacia adelante, sumergen la batea en el agua, la sacan y, con movimientos circulares, expulsan el agua, las piedras y la arena. En el fondo quedan, si tienen suerte, el oro y el platino. Rosa logra recoger, de vez en cuando, algunos granos de oro o de platino. Algo tiene que obtener de la región que la parió, ese territorio lluvioso y repleto de ríos, que entre otras cosas, es el segundo productor de platino en Latinoamérica. Por el grano de platino, le pueden pagar hasta doce mil pesos en alguna de esas tiendas del pueblo dedicadas al negocio de la compra de estos metales. De no ser necesario para la comida del día, Rosa se abstiene de vender el “orito” o el platino que recogió. Los guarda, de pronto reúne hasta sumar “el castellano”: una medida de doce granos, y por el que le puedan pagar más de cien mil pesos. El negocio de las grandes dragas mineras le ha robado la fertilidad al Chocó. El paisaje silvestre de sus tierras dejó de ser continuo, para transformarse en una exposición itinerante de tierras áridas, grises, vacías y adustas. En el camino de132 kilómetros que comunica a Quibdó, la capital chocoana, con Nóvita, ubicada al centro sur de este departamento, se observa el desnudo artificial de lo que antes era verde. El recorrido, lento porque la mayoría de los trayectos no están pavimentados, permite percibir la extensión del área talada. Después de la draga y la tala, la tierra parece muerta, pero todavía pasan por allí pequeñas quebradas, donde es común ver mujeres, de la misma edad de Rosa, en busca del oro, del platino, cualquier cosa que valga. Las

mujeres con sus pailas “exhuman el cadáver” de las minas: pueden pasar hasta nueve horas meneando la paila, licuando el agua con los movimientos; lo único que logran son piedras, jagua, y arena. Después de todo, no será el primer día en el que sus hijos las vean llegar con las pailas vacías, como le ha pasado a Rosa en repetidas ocasiones. El regreso de Rosa, finalizado el bareque, no tiene hora fija; por lo general, a eso de las cuatro o cinco de la tarde está de vuelta a Nóvita. Termina una jornada más del oficio que su madre le enseño cuando todavía era niña. No todos los días la suerte acompaña a Rosa en el bareque. Por eso se las ingenió para ganar algo de plata en las noches y completar lo que necesita pa’ levanta’ a sus diez pela’os”. A eso de las 8:30 de la noche, inicia la venta de alitas de pollo. Su casa de madera, que se levanta sobre pilotes, huele a pollo frito y a tajadas de plátano verde. A la entrada de la casa, hay una especie de salón donde llegan los clientes a comer; en una de las mesas, con una algarabía contagiarte, cinco de sus hijos se inmiscuyen atentos en el dominó. La mayor, de quince años, fríe las alas, mientras que Rosa, sentada en un banco del diminuto patio, lava los platos y los cubiertos que los comensales usaron, lo cual disfruta: prefiere eso a hacer otra clase de oficios. Mientras lava, está tranquila y serena. Pero y sobre todo, dispuesta a conversar sobre cuanta cosa se le venga a la cabeza. Sumerge los platos en una especie de recipiente grande con agua que saca de un tanque, juega con ellos, como si fuera la paila con que barequea, los sumerge de nuevo y hace ese movimiento circular indescriptible. Es un oficio de calma, se toma su tiempo para enjuagar, secar y botar el agua sucia por un pequeño hueco del piso de madera.Es tan lento el movimiento que Rosa parece flotando en la escena donde previene que no se le escapen los granos de la paila. El negocio le ayuda a sostener a sus hijos pues los platos de alitas de pollo con plátano son bastante apetecidos en el pueblo. Los noviteños que van allí no escatiman, en su saludo, la alegría propia de los chocoanos, así que conocidos y extraños reciben las mismas dosis de amabilidad. A este pueblo minero, que se abre en medio de la selva chocoana, llegó Rosa hace menos de un año. Ahora, ella vuelve a someterse al azar de los bareques, con su serenidad a cuestas; aunque a veces suelta una lágrima cuando recuerda su historia, esa que le susurra que también es desplazada por la violencia, que tuvo que salir corriendo de Zaragoza (Antioquia), a ver dónde se ubicaba con sus pelao’s.


19

LETRAS URBANAS

Los niños que se hicieron libro andante En los barrios populares de Medellín hay disparos y etcétera. También, hay quienes leen y celebran fiestas: que quedé esto como constancia por si no aumentan las estadísticas de la gente que celebra el Día del Libro o de la Vida. Que nadie diga, en adelante, que dejamos ir estos días trágicos sin siquiera sacarles la lengua o hacerlos rabiar.

¡Qué dicha poder ser un libro en las manos de un niño que te saca a pasear! Mejor aún, ser un grupo de niños y niñas que sale a leer los libros de la biblioteca por las calles del barrio. Son ratones de biblioteca, claro. Antes de salir, se pintaron las espaldas y los brazos. Una madre se pintó como lluvia fértil; otro, como planta que crece desde las nalgas; y uno más, era, simplemente, paloma blanca. No eran guerreros, aunque por esta vez tenían una misión y un arma: contarles a sus vecinos que se puede leer y ser feliz; leyendo, disparando poesía con un libro, allí donde nadie lo esperaba. Decirles a sus padres y hermanos que en una sola semana, y sin ser casual, se celebra en el mundo el Día del Libro, el Día del Niño, el Día de la Tierra y…, como toda fiesta, deben ser santificadas. Todo gesto bienintencionado debería ser tan sencillo como salir a la calle con tu libro favorito bajo el brazo. Y es que cada acción que nos mueva a ser mejores hombres debe celebrarse. A estos gestos y acciones se los llama performance: una acción mínima que derrumba estructuras prefabricadas, que nos rompe, nos disloca; que nos hace pensar en lo cotidiano, lo que de rutinario hacemos como autómatas. Un amigo entró una vez al salón de clase dando vueltascanela: puso la maleta a un lado de la puerta y empezó a rodar; luego, se levantó, tomó su maleta y se fue a sentar. Todos nos reímos de su original forma de cruzar una puerta y, después, nos defraudamos de lo ordinario e inconsciente como pasamos nosotros por un umbral.

En este caso, los ratones de biblioteca se metieron, primero, a una taberna para decirle con su actuación, a los apostadores y clientes que una silla sirve tanto para echarle monedas a una máquina para que luego nos la devuelva convertidas en buena suerte, como para sentarse de espaldas a la máquina y leer un buen libro. Eso sin los pesares de gastar los pesos y que la suerte nos augure un día muy malo con los bolsillos ya embargados, como de martes trece. Tiene su gracia. Lo sé por la cara de asombro de quienes los vieron pasar y hacer la primera estación al frente de la taberna. Alguien, a lo mejor uno que “tintiaba”, debió de haber reparado en lo violento de esta metáfora o, quizás, alguno sintió un poco de vergüenza al verse implicado, con las orejas rojas por el jalonazo. A la tabernera, no le gustó el barullo que armaron los niños en la puerta de su negocio. Es más, le pareció un despropósito que no ocuparan el entable para beber, sino más bien para leer; ni siquiera para emborracharse, sino para demostrar que el ocio es divertido, incluso sobrios. A la tabernera, no le debió de haber gustado mucho que profanaran su máquina tragamonedas, su pedestal avaro; tampoco a sus clientes, por su cara de incomodidad. Con esto, los niños habían logrado su primer encargo. Por eso, se movieron unas cuadras y se fueron a leer encima de un puente, y también debajo. Miren esta otra imagen: un grupo de niños lee en las aceras de un puente de transporte urbano que es también: basurero, elevadero de cometas, mirador alto de la distancia, de la ciudad y de sus barrios. Al que le parezca soso, que se cambie los ojos y mire renovado, para que encuentre algún encanto. En estos tiempos y adultos escasos de poesía, da gusto ver a un grupo de niños y de niñas obstaculizando el paso mientras leen. Definitivamente, mejor a tener que abrirse entre bolsas de basura que nunca ceden el camino y ensucian los zapatos. No es lo mismo una acera atestada en el centro de Medellín, decembrino y tumultuoso, de regateos y compras, al aparente obstáculo de unos que no venden nada. Niños y niñas que son ya libros y que estorban lo mismo: libros de títulos muy atractivos para saltarlos y resignarse a no leerlos o leerlos de una sola sentada; pero nunca para ignorarlos, no te dejan hacer, como si no estuvieran ahí. No se puede dejar de mirar su lomo de piel, su edición estrenada y brillante como un niño o los grabados coloridos, por ejemplo, ese de letras muy grandes en el pecho: ¡Soy libre!, o los que adornan sus espaldas-contraportada. Ahí van los niños que se hicieron libro en una tarde lluviosa. Aunque no es la lluvia, como a otros tantos niños tristes, lo que los lleva a meterse debajo de un puente, no fueron a escamparse. Es que el puente de La Salle, por abajo también es teatro, al aire libre como sus aceras, pero menos improvisado; con galerías y palcos donde siempre hay un público que mira. Vecinos que se dan el lujo de tener desde hace dos décadas, un teatro entre sus casas.

Desde sus casas han presenciado conjuntos de rap, cantantes de baladas, recitadores, bailarines de tango…Por eso, salieron curiosos a los balcones y ventanas para ver el siguiente espectáculo: El escenario pasa sobre una cañada, botadero de muertos, cuando los actores apenas venían naciendo. Hoy, está cubierta en forma de media torta o algo muy parecido al Coliseo Romano. El arquitecto, según contó en la prensa, “al ver las casas en hileras paralelas a lado y lado del puente, la penumbra, el techo de cemento; al oír las voces resonando desde las casas” decidió que el teatro casi estaba terminado. Solo faltaba una plazoleta, las escalinatas y los actores naturales e ingeniosos como el teatro-quebrada. Algo, claro y premeditado en ese edificio, parecía anunciar con señales la llegada allí de estos lectores, un miércoles 23 de abril en la tarde. Como si un dios –y no una bibliotecaria inquieta que tramó todo esto-, hubiera ya presentido sus pasos. Al final, cuando a los mirones se les acabó la curiosidad, se entraron a sus cuartos, a su vida prefabricadas de televisores; y los niños libros y guerreros volvieron a casa, cansados y sin medallas, confiados, eso sí, en que alguna madre esa noche pelando papas, tras meditar el embrollo y comprender la nobleza de su mensaje, dio gracias en voz baja. Mañana será otro día con un nuevo y sencillo performance: ir a leer en la biblioteca que es también el teatro, el tablado de algunas de las improvisaciones y sorpresas en su vida cotidiana. Irán a leer a la Fundación Ratón de Biblioteca, rareza en medio de barrios.

FACULTAD DE COMUNICACIONES n UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Fotos: Francisco Monsalve

Francisco Monsalve Franco soyfranko@hotmail.com


De puertas para afuera Jorge Caraballo Cordovez caraballo321@hotmail.com. La vida en los inquilinatos desborda el interior de sus habitaciones. En los espacios comunes -baños, corredores, lavaderos, tendederos, patios-, es en donde aparecen las relaciones que sostienen los inquilinos, con las particularidades que los diferencian de quienes habitan otras formas de vivienda. El recorrido, en toalla, desde el baño hasta la pieza o el momento cuando se lava la ropa interior, ejemplos de actividades tan cotidianas en otros tipos de vivienda, adquieren nuevas connotaciones en el interior de un inquilinato. El interés de estas fotografías es mostrar algunas de esas formas de vida que se dan de puertas para afuera. En el Centro de Medellín funcionan 173 inquilinatos que congregan una población que supera las 2 mil personas, según un censo realizado por la Escuela del Hábitat de la Universidad Nacional, seccional Medellín, en el 2006.

REPORTAJE GRÀFICO

De la Urbe 44  

http://delaurbedigital.udea.edu.co/images/urbe/edicion44digital.pdf

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