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Salvador Elizondo (1932-2006) La muerte es nada. ¡Nada!

No podría de ninguna manera pensar que mis libros están destinados a todos, desgraciadamente. Pero así es la vida, no puedo cambiar mi personalidad. Por otra parte, creo que esto de los libros especializados no es un problema estrictamente mío. Creo que todos los libros tienen un público particular que es quien los aprecia. 1 El autor fue distinguido en 1965 con el Premio Xavier Villaurrutia por una de las obras clásicas del siglo XX, Farabeuf, o la crónica de un instante. Es digno de hacer notar que dicho premio es otorgado por escritores a escritores, y es en ese tenor que José Emilio Pacheco se refirió a él durante el concurrido homenaje que se le rindió en Bellas Artes el 30 de marzo del año en curso: Es muy curioso, muy estimulante y muy raro decir: Salvador Elizondo es un escritor para escritores, un escritor de minorías, sólo tiene acceso a él una élite. Él ha tenido mucha fortuna. Yo creo que él y Sergio Pitol son los escritores más privilegiados de esta generación.2 Su esposa, Paulina Lavista, comentó que el maestro Elizondo, deja una obra considerable. Una de sus últimas alegrías consistió en que llevamos él y yo la semana pasada su última obra al Fondo de Cultura Económica (FCE), a la que alcanzó a poner el título: Pasado anterior, y reúne más de 300 artículos que publicó en el viejo unomásuno1. Durante el homenaje en Bellas Artes, Adolfo Castañón aseveró: Creo que la literatura de Elizondo parte de una conciencia enormemente profunda y lacerante de la insuficiencia de los instrumentos y procedimientos heredados en lengua española para expresar una experiencia contemporánea. Más allá de los asuntos y más allá de las anécdotas de los episodios que expresa Elizondo en su escritura, hay una conciencia enorme de esta insuficiencia verbal,

La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 2 Homenajean a Salvador Elizondo en Bellas Artes http://www.todito.com/paginas/noticias/109557.html 3 La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 4 Homenajean a Salvador Elizondo en Bellas Artes http://www.todito.com/paginas/noticias/109557. html 5 La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 1

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ara llegar a la sala de estar de Carlos Monsiváis, primero debe uno conocer personalmente a varios gatos. Avispados, deambulando sensuales, o esponjándose al sol; nos acompañan por el sendero de ladrillos colorados que habrá de llevarnos a la presencia de este mago del lenguaje. Pero, a diferencia del mago de aquél cuento, su presencia se fue haciendo cada vez más grande a medida que hablaba con Club de Lectores y nos daba testimonio del estado actual de cosas en el cerebro, el corazón y el valor de la sociedad mexicana.

literaria, cultural, que es escribir el español en México a mediados de siglo y tratar de alcanzar, desde esta conciencia, ponernos al día, poner al día el reloj cultural, literario, personal y local con el reloj cosmopolita, el reloj universal. Salvador Elizondo Salvador Elizondo —dijo para terminar su exposición— encarna el mito del escritor puro, y en su obra se actualiza soberanamente el mito de la escritura.”4

Dicen que usted ha reinventado la crónica, ¿esa era su intención?

Sigo confiando en el libro

Para el también poeta, ensayista, dramaturgo y crítico, Salvador Elizondo, resultaba curioso e inclusive divertido que se le encasillara como escritor maldito, de acuerdo con lo dicho en una entrevista a La Jornada en 2005: Eso de escritor maldito viene por un libro que escribió Verlaine sobre algunos de sus contemporáneos. A mí me parecería fantástico ser un escritor maldito como los que Verlaine pone en su libro. Maldito, ¿en qué sentido?, les diría yo, si he sido feliz toda la vida y no siento que recaiga, hasta ahorita, ninguna maldición sobre mi vida, más que esta operación que me hicieron hace casi dos años, que era una cosa necesaria.1 Además de Farabeuf o la crónica de un instante, la amplia bibliografía de Elizondo comprende títulos como Poemas (1960), Luchino Visconti (1963), Narda o el verano (1966, cuentos), Autobiografía (1966), El Hipogeo secreto (1968) y Cuaderno de escritura (1969), El retrato de Zoe (1969), El grafógrafo (1972), Contextos (1973) Museo Poético (1974), Antología personal (1974), Miscast (1981), Camera Lucida (1983), La luz que regresa (1984) y Elsinore (1988). En 1981 se incorporó a El Colegio Nacional y en 1990 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura.

Tengo una noción muy leve o azarosa del significado de mi trabajo, y no busco ahondarla. Creo que se cumple el trabajo lo mejor que se puede y ya lo otro, las definiciones o descripciones quedan a cargo de los probables o improbables lectores. Una definición de mi trabajo no la podría hacer. ¿Goza usted de su trabajo? La primera versión siempre me parece calamitosa. Intento salir de ella lo más pronto posible con una segunda versión que ya me aproxime más a lo que puedo considerar la escritura. Pero lo primero es muy tenso. Siempre hay una primera página que está hecha de tachaduras, enmiendas, despropósitos, confusiones, disparates, autocríticas y ya… las siguientes versiones, si bien no elevan el trabajo a la altura exigible, me van desanimando menos. Y hay momentos, sí, en que la escritura tiene un vértigo especial, al cual tiene uno que someterse y seguir, sabiendo que de cualquier manera, todos los excesos y los falsos hallazgos tienen que someterse al tamiz. Siento que ningún escritor que de veras se proponga serlo puede dejar de ser un reescritor, de estar sometido al trabajo de la autocrítica. En El Nuevo Catecismo para Indios Remisos, hay un personaje, San Ubicuo, que… ¿quizá se parece mucho a Carlos Monsiváis? Es la única autoparodia que me he permitido. Aproveché los chistes que mis amigos hacían sobre mí, para divertirme un poco a costa de mí mismo, lo que me parece válido. Pero yo pensé que nadie lo había percibido. ¿Cómo? Pero si es tan evidente que el Maestro Monsiváis es San Ubicuo, porque usted ha sido así: ubicuo. Pues no sé si ubicuo, pero esa era la fama que me querían endilgar y entonces, supuse que no porque fuese yo un personaje, sino porque en algún momento tenía que tomarme como referencia para divertirme. Urdí la fábula de alguien que busca estar en todas partes y no consigue nicho. En No sin nosotros, se refiere usted al nacimiento de la sociedad civil y a que no tenía lugar teórico en ese momento. Más adelante en Rituales del caos usted continúa hablando de la evolución de una sociedad más bien desorganizada. ¿Cómo percibe ahora nuestra sociedad?

México D.F. Invierno de 2007. Año 5 Número 18

La noche del miércoles 29 de marzo del 2006, murió Salvador Elizondo, considerado uno de los paradigmas de la cultura mexicana. Con la transgresión y el humor como temas preponderantes en su obra, Elizondo no fue un autor para las mayorías, como él mismo lo expresaba:

CARLOS

MONSIVÁIS Atención a clientes: 01 800 001 5337 / www.clublectores.com

Bueno, lo que se ha querido ver este año y muy claramente, es la división entre la normalidad y la anarquía. Pienso que lo que se ha caracterizado como “normalidad” en este momento ha revelado sus fisuras, sus abismos, su injusticia, su cadena de opresiones y que la anarquía, en parte efectivamente lo es, con todos los desastres a que da lugar la ausencia de ley en todos lados. Y la sobrepresencia de la impunidad. Pero también hay elementos de vitalidad de regocijo, de libertad, de decisión y de búsqueda de justicia social en lo que se llama la anarquía. Entonces pienso que estamos obligados a un replanteamiento a fondo. No es posible aceptar que por “normalidad” se entienda la acumulación de la riqueza como lo necesario o lo procedente en una sociedad tan compuesta de pobres y miserables; o que por “normalidad” se entienda que, quien compra la justicia, es “el legal”. Mientras que por “anarquía”, se entiende la protesta ante decisiones injustas, ante la continuidad de atropellos y de actos bárbaros y de ecocidios. Entonces creo que lo que planteé en No sin nosotros ahora tendría que verse de una manera distinta, porque ciertamente la “normalidad” que hemos vivido ya es profundamente anormal. Muchas de las instituciones se han derrumbado o han exhibido el hecho patético de que estaban ahí simplemente para ser instrumentos de las oligarquías.


CARLOS MONSIVÁIS Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis

NUEVO CATECISMO PARA INDIOS REMISOS

AIRES DE FAMILIA CULTURA Y SOCIEDAD EN AMÉRICA LATINA

Un personaje de este libro pregunta: ¿Puede resumir su idea del pecado en un aforismo brillante?, ¿Usted podría? 144 págs.

Ensayo que describe la unidad visible y profunda de naciones que comparten las sensaciones de abandono y desigualdad y, pese a todo, la fe en la democracia. 254 págs.

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Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis

SALVADOR NOVO LO MARGINAL EN EL CENTRO

LOS RITUALES DEL CAOS

Esta crónica biográfica permite a los lectores acercarse a una figura excepcional de la literatura: Salvador Novo, poeta destacado por su valentía personal y literaria, quien luchó, de manera muy inteligente, en favor de su derecho a la diferencia. 100 págs.

En las grandes ciudades las jerarquías se mantienen rígidas y, al mismo tiempo, pierden su lugar y se deshacen en la trampa de los sentidos. Mientras esto acontece, los rituales son la última etapa de la permanencia e insisten en la fluidez de lo nacional. 256 págs.

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Y mucha de la vitalidad que ha sido estigmatizada como subversión, –estoy pensando siempre en lo pacífico, ¿no? No me refiero a situaciones de violencia– mucho de lo anárquico actúa con profunda responsabilidad. Lo hemos visto en el caso de las organizaciones de la sociedad civil, de muchas ONGs. Entonces, ahora me pronuncio, como tantos otros, por redefinir qué es “normalidad”, porque eso que hemos vivido es profundamente anormal. En una de las crónicas de su libro Amor perdido, llamada Alto contraste, habla usted de un segmento de la sociedad mexicana que se ha autodenominado “Alta sociedad” dado un inmenso vacío de poder. ¿Esto sigue pareciéndole vigente? Lo del vacío de poder no sólo es vigente, sino evidente. Pero no de poder en el sentido de que no haya quien lo ejerza, sino de que no haya quien lo ejerza responsablemente. Aquí la palabra tiene muchísimo sentido: ejercen el poder porque son las circunstancias mismas de las estructuras de poder. Pero no lo han ejercido responsablemente desde hace demasiado tiempo, o desde el tiempo de vida de la actual generación. Creo que si vemos lo que está pasando en varios Estados, vemos el horror inmenso del narcotráfico, vemos lo que significa ese vacío de poder en tanto que actitud responsable, frente a los problemas sociales, culturales, económicos y políticos. “Vacío de poder“ cuando se pueden talar los bosques, envenenar los ríos, exterminar las especies y no pasa nada. ¡Nada!

Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis

AMOR PERDIDO

DÍAS DE GUARDAR

Deslumbrantes crónicas que, en Alto Contraste, –título del primer texto– presentan la foto-fija de una fracción de mexicanos que se llama a sí misma alta sociedad y no es sino testimonio contundente de un profundo vacío de poder. 348 págs.

Días de guardar: “No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vió […] fe en la durabilidad de la apariencia, orgullo y prejuicio, sentido y sensibilidad, estilo, tiernos sentimientos en demolición…” dice Carlos Monsiváis. 380 págs.

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Siempre hay un juez que falla a favor, o hay un gobernador que sale garante, o hay personajes como ciertos gobernadores o ciertos líderes políticos, etc., cuya complicidad con algunos empresarios es más que evidente. Ahora estoy hablando de casos aislados, pero el conjunto habla de un vacío de poder en tanto ejercicio responsable del servicio público. Se sirven a sí mismos y a sus socios y cómplices, pero no

Sigo confiando en el libro

por Susana Garduño

Espacio de intercambio de experiencias docentes y propuestas educativas entre profesores de educación básica.

están sirviendo a la comunidad y esto afecta a todos los órdenes. El dinero inmenso, estúpidamente gastado en las campañas electorales que debió emplearse para fomentar la lectura o para darle a las escuelas habilitación tecnológica. Estamos hablando de la educación como uno de los más graves problemas del país y se está hablando tanto de la catástrofe educativa… ¿por qué no acudir en defensa de esos sistemas con los recursos que se han dilapidado en la cuestión electoral? Recientemente leí que el Instituto Federal Electoral, gastó más en promoverse que lo que se gastó en la campaña. Eso simplemente me parece una injuria. ¿Qué pasa con la informática en las escuelas, hay computadoras en las secundarias? ¿Qué está sucediendo con algo que ya es imprescindible en la globalización? ¿Qué está sucediendo con la telesecundaria que han declarado como zona de abandono, y eso apenas este año, no me estoy yendo muy atrás? ¿Cómo han funcionado los clubes de lectura? Me parece muy importante que todas estas iniciativas prosperen, pero tienen que prosperar con apoyo económico, pero eso significa ya olvidarse de tantas exacciones y sangrías presupuestales que sí nos afectan. No puedo admitir como ciudadano –que es como lo que estoy hablando con usted ahora–, que el 70 ó 75 por ciento del dinero dedicado a las elecciones se haya dilapidado en los comerciales de televisión. Existiendo tantos problemas en las escuelas primarias y secundarias y la necesidad de fortalecer los planes y proyectos de lectura con bibliotecas, me parece que en la etapa tecnológica en la que estamos con todas las posibilidad de las redes de bibliotecas gracias a la informática, seguir pensando que basta tener dos estantes en un pueblo o cien estantes en una ciudad grande, para llamar a eso sistema de bibliotecas… ¡ya no! Y no concibo un instrumento tan capaz de articular el pensamiento social y el lenguaje social, como el libro. Sigo confiando en el libro y por eso sigo creyendo que los recursos de una sociedad están mejor empleados si se dedican a fomentar la lectura y no a fomentar el desperdicio, la mercadotecnia y la mercadología que es el nimbo de los poderosos. ¿Cómo ve la evolución de la cultura popular? La cultura popular que hemos conocido ya terminó. Lo que vemos ahora es una cultura de masas que genera productos cada vez más limitados y perecederos. Una de las características que interpreta la cultura popular es el espíritu comunitario. He visto que la cultura popular se ha desplazado a formas de la sociedad y la política. Creo que hay cultura popular como técnica o como formas de expresar las renovaciones de una sociedad en el Internet. No lo veo tanto en los reality shows que son la potenciación o la magnificación del chisme y la idea de que saberlo todo del vecino es entender al vecino. La idea de que espiar conductas es verificar esencias. Pero en este duelo del Internet por las cuestiones políticas, en este afán de comunicar lo que se cree, hay nuevas formas de la cultura popular. No productos individualizables, pero sí técnicas. Creo que la cultura popular, en tanto que manifestación colectiva de un lenguaje se está desplazando al Internet, y cada vez más poderosamente. Y los nuevos personajes, no están surgiendo en la televisión, sino en el cine, como es el caso de Gael García Bernal en Amores Perros o la pareja de Gael García Bernal y Diego Luna en Y tu mamá también. O están surgiendo, aunque no muy precisamente definidos, pero sí situados como actitudes, en las organizaciones sociales, en la defensa de los derechos humanos, por ejemplo,

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ningún personaje ha surgido en estos años, con la fuerza de Lidya Cacho en su denuncia de una serie de hechos delictivos que a todos nos hieren y nos afligen. Y también, por desgracia, –aquí sí es la parte negativa– cultura popular es el saldo trágico diario del narcotráfico. No sólo por los narco-corridos, que podrían ser un comentario, una relatoría de esta monstruosidad, sino porque la cultura popular también tiene que ver con las zonas en las que una sociedad se desintegra. Y en ningún espacio la sociedad se desintegra con la violencia y la tragedia del narcotráfico. Tengo que decir que una imagen que me ha estremecido, una foto, es la de las cinco cabezas que arrojan en un antro de Uruapan por una querella del narcotráfico. Ahí veo que uno tiene que aceptar que el pueblo –porque aquí hay expresiones del pueblo, en tanto que origen de clase, vida comunitaria, etc. – también ha sufrido las devastaciones de esta degradación multitudinaria que padecemos. Situar esto y hacer la crítica es como obligación de los escritores, recrearlo, darle vida literaria. Hay que resistir. En una sociedad que evidentemente ya alcanzó el punto de creencia en su normalidad y que ahora vive asomada a todas las formas de dispersión o de fragmentación o de trituramiento, es preciso darle a la cultura el papel de intérprete. Y ahí es donde yo veo que la ausencia de la lectura tiene que ver también con la facilidad para esa degradación de la vida popular, de la cultura popular, de la vida social, de la vida empresarial, de la vida de la burguesía. Porque no hay sector que se escape de esta degradación. En cambio –y aquí vuelvo a mi punto– la movilidad cultural sí está resultando uno de los escasos aspectos positivos del momento y una de las escasas zonas de liberación o de libertad. No hay movilidad social. ¡Se acabó! Estamos viendo ya una petrificación de la posibilidad de cambiar de status. La movilidad espacial consiste en la migración hacia Estados Unidos. Porque la movilidad social auspiciaba una movilidad espacial que ya no se da, y en cambio, la movilidad cultural ahí está. Jóvenes que no tienen prácticamente recursos, tienen acceso a la música clásica, tienen acceso a los escritores, desde García Márquez a Borges, desde Paul Auster a Juan Rulfo, tienen acceso a Mozart y a la ópera, tienen las posibilidades que, en general, sus recursos económicos, en otros aspectos no les brindan. Por eso yo insisto ahora en que la lectura sigue siendo la gran zona de movilidad cultural que la sociedad dispone. Y

que no ver en la lectura ese instrumento que le da a uno la articulación personal, la comprensión más cabal de lo que se vive y de dónde se vive, la posibilidad de desplazarse de una manera espiritual, no ver eso, es no ver hasta qué punto sí tenemos todavía salida. Localizo mucho de la esperanza posible, concebible y necesaria, en la movilidad de la cultural y vuelvo una y otra vez a los libros. ¿Usted no ve dicotomía libros Internet?

esa vs.

No, yo creo que uno puede darse y puede localizar el tiempo necesario para atender a la modernización tecnológica que también es movilización cultural, para cumplir con su deber ciudadano y para divertirse, tener vida familiar, vida de relación. Desde luego sí implica una distribución más exigente de los horarios. Con la antigua teoría de la holganza ya no se va a ningún lado. ¿El Internet tiene un valor formativo? No sustituye una formación literaria y cultural. No puede sustituirla. Es un gran instrumento de ubicación, de emplazamiento múltiple, de acceso diario a la globalidad. Pero no da lo que puede dar una formación académica (que también sin el Internet ya no se concibe). Y no da lo que puede dar una lectura dirigida, sistemática, de algún modo programada por las exigencias de cultivo. Pero lo que sí da es la sensación de –aquí sí ubicua– de no perderse una vida que está ya por tantos lados y que se desarrolla de tantas maneras que uno normalmente sólo puede atender una parte. El Internet amplía nuestra posibilidad de incursionar en muchos otros aspectos de la realidad. Siempre y cuando no lo consideremos en sí el instrumento formativo, sino un gran complemento informativo que es también una manera de adecuar las formaciones más estrictas a la realidad de todos los días.

desde luego, pero no lamento no serlo, porque ejerzo responsablemente la poesía cada vez que la leo. Y como leo todo el tiempo poesía, pues, soy poeta vicario o poeta por delegación de poderes, como se quiera llamar. Don Alfonso Reyes hace 50 años nos dijo a José Emilio Pacheco y a mí, que no puede amar la poesía aquél que no la sepa. Que hay una relación entre memoria y vivencia poética. No la obligación de saberse toda la poesía, pero sí de tener el recuerdo suficiente de poetas o de poemas, como para que uno, en algún momento, aclare o ilumine una circunstancia a través de algún verso o de un poema. Lo dice muy bien, Carlos Pellicer en una línea: En tu ausencia de hoy perdí algún reino… cuando recuerdo esa línea, la ubico en una situación personal, me conmuevo. Y me pasa con muchos poetas. Pienso que la poesía le enseña a uno el sentido del ritmo del idioma, lo comunica con las profundidades y las exaltaciones del lenguaje, que es lo más elevado de la vida cultural, en cierto sentido, no es que menosprecie a la música o a las artes plásticas en modo alguno, y que la poesía le hace a uno conciente del poderío de la imagen y de la imposibilidad de vivir sin imágenes. La metáfora tiene un sentido definitivo en la vida de todos, y en una realidad cada vez más despoblada del sistema metafórico, como la que estamos viviendo, hemos visto transcripciones de diálogos entre políticos y empresarios donde no hay una sola metáfora, una sola, ¡la que sea! Eso me parece inconcebible, que alguien pueda vivir así. Porque quiere decir que ya se ha desliteratulizado a tal punto, que el lenguaje sólo es un accidente, una ruta de paso, un motel casi podríamos decir. Y cuando uno lee, por ejemplo el principio de un soneto de José Lezama Lima a la Virgen María, donde dice: paridora de Dios. Ahí uno dice de pronto ¡Esto es otra cosa! O para volver a Pellicer, cuando dice: Vuelvo a ti soledad, agua vacía, agua de mis imágenes, tan muerta, nube de mis palabras tan desierta, noche de la indecible poesía… La idea de la soledad como agua vacía, es decir, agua sin agua, como el despoblamiento de esa liquidez que es uno mismo, es tan poderosa, que uno tarda en asimilarla. Pero si la lleva en la memoria se le convierte en un estímulo, para sentir el lenguaje también es una residencia, bueno, eso está en Heidegger y en muchos otros, la idea de habitar el lenguaje, como una casa.

¿Se adivina quizá algo de lirismo en su crítica, algo de poesía en su sarcasmo? ¿Qué papel le daría a la poesía en su obra? Sin decir que la ejerzo –porque esa sí que es una pretensión muy alta– yo no considero que nadie que escriba pueda prescindir de la poesía. A mí me hubiese gustado ser poeta,

Carlos Monsiváis

ENTRADA LIBRE CRÓNICAS DE LA SOCIEDAD QUE SE ORGANIZA

Pero siento profundamente que si yo no leyera poesía, terminaría hablando sin metáforas y convirtiendo a La Chingada en mi referencia idiomática fundamental.

Carlos Monsiváis

“NO SIN NOSOTROS” LOS DÍAS DEL TERREMOTO 1985-2005

Examen de algunos desplazamientos profundos y ciertas conquistas irreversibles de la sociedad civil mexicana en los ochentas, que según el autor, fue la década de las devastaciones económicas y sociales, del arrasamiento de la credibilidad gubernamental. 306 págs.

Con su puntual erudición y mirada crítica, Monsiváis analiza el surgimiento en México de un nuevo actor político, para el cual no había espacio: la sociedad civil. A partir del terremoto de 1985 la sociedad civil no sólo existió, sino que se hizo indispensable. 166 págs.

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LEGAL

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Director Ignacio Uribe Ferrari

En Club de Lectores trabajamos para procurarle una gran variedad de libros cuyas características —así como nuestras promociones— se dan a conocer en nuestra revista trimestral y en nuestra página web www. clublectores.com

Director Administrativo Miguel Echenique

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Desde el año 2002, y año tras año, la Secretaría de Educación Pública, ha convocado a todas las casas editoriales establecidas en nuestro país, a presentar sus títulos a los procesos de preselección y selección de los acervos de las Bibliotecas de aula y Bibliotecas escolares. Desde ese entonces, hemos participado en dichos eventos, con creciente éxito y tenemos la satisfacción de que alrededor de 40 títulos hayan sido seleccionados. En este número de Club de Lectores, hacemos una especial referencia a los mismos destacándolos con una etiqueta. La conducta (página 10) que nos refiere al comportamiento de los animales más numerosos del planeta: los insectos. Forma parte de la colección Los insectos bajo el microscopio. La vida en un castillo medieval (página 45), donde conoceremos esas maravillas construcciones donde moraba el poder medieval y nos presenta los principales castillos de la época. Amundsen, el primero en el Polo Sur y Marco Polo, viajero del oriente (página 9), son integrantes de la colección Grandes exploradores. Con ellos conocemos las hazañas de estos intrépidos hombres. Si queremos jugar a los detectives y a la vez sensibilizarnos visualizando obras de arte, nada mejor que Detective de fraudes artísticos, El gran escándalo en el arte y El misterio de la subasta de arte (página 28). A la mayoría de nosotros nos interesa y nos asombra tomar contacto con antiguas civilizaciones. De nuestra colección Un viaje a... las antiguas civilizaciones (página 33), han sido seleccionados: Un viaje a... la Edad de Piedra, Un viaje a... Mesopotamia, Un viaje a... la Antigua Grecia y Un viaje a... El Imperio Romano. El segundo de ellos fue seleccionado en dos oportunidades. La divulgación de la ciencia constituye una de nuestras mayores inquietudes. Contamos con varias colecciones en ese sentido. Una de ellas es la colección ¿Qué es eso? (página 11), en la cual, con sencillos experimentos “caseros”, los más pequeños se inician en la investigación y el conocimiento científicos. De la misma, han sido seleccionados los siguientes títulos: El cuerpo, El clima, El agua, El color, Las plantas, Los imanes y La electricidad. La riqueza y diversidad de nuestra planeta es asombrosa y asombroso es también cómo la acción humana las modifica y las pone en peligro. Pertenecientes a la colección Atlas de biomas (página 53) que nos habla de estos y otros temas vinculantes, han sido seleccionados: Bosques tropicales, Desiertos y semidesiertos, Matorrales y Océanos y playas.

INVIERNO 2007

Coordinación del fondo editorial Virginia Krasniansky Corrección de estilo Virginia Krasniansky Miguel Echenique Información y textos Susana Garduño Soto Diseño, formación y fotografía digital Pedro Zúñiga Montes

Los seleccionados de Club de Lectores

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Club de Lectores Revista trimestral Año 5 Núm. 18 Diciembre 2006

A orillas de algunos ríos se han desarrollado importantísimas civilizaciones y a orillas de otros crecen riquísimos y muy complejos hábitats. De la colección Grandes ríos (página 5) fueron escogidos: El Nilo, El Amazonas y El Yangtsé. En la página 32, nos encontramos con una colección llamada Mochilas. Está formada por pequeñas cajas en cada una de las cuales se nos invita a tomar nuestra mochila y viajar a lugares fascinantes y a conocer culturas ancestrales y lejanas. De En las orillas del Amazonas, se seleccionaron: Los otavalos y Los caboclos, mientras que de El Sahara, se escogió: Los moros. Con materiales simples y manos hábiles, se puede hacer maravillas. De la colección Paso a paso (página 9), Papalotes y Libros, se encuentran ya a disposición de los niños en su escuela. La historia de la humanidad se divide en antes y después de la aparición de la escritura. La colección El arte de leer y escribir (página 8), nos cuenta la historia de ese hecho de tanta importancia. De la misma han sido seleccionados estos títulos: Un regalo de los dioses y La era del libro. En una sola planta viven una multitud de seres vivos que se interrelacionan. Esto podemos conocerlo en Un cacto saguaro (página 11), un interesantísimo libro que forma parte de la colección Mundos pequeños. El clásico de Víctor Hugo, Los miserables (página 12) en nuestra edición hermosamente ilustrada, constituye una verdadera obra de arte no sólo por su contenido literario sino también por su contenido visual. Junto con otros clásicos, forma parte de la colección La aldaba de bronce. ¿A quién no le gustaría escribir, un cuento, una historia...un libro? Con Escribe tu propia historia de terror (página 48) esto es posible divertido. Este título recientemente seleccionado, integra la colección Escribe tu propia historia. Dejamos para el final un título seleccionado en dos oportunidades. Es un libro sobre la Declaración de los derechos del niño, escrito e ilustrado por niños y jóvenes de distintas partes del mundo. Nos referimos a Defiende tus derechos (página 38), una presentación amena y colorida de un tema indudablemente trascendental. Queremos invitarlos a acercarse a todos estos títulos para que los conozcan, los disfruten y puedan tenerlos en sus hogares.

Prof. Miguel Echenique Conti Director Administrativo

Asistente de Diseño César Herrera Vergara Fotos Carlos Monsiváis Gonzalo Ferrari Villar Editor responsable Nelson Uribe de Barros El contenido de las colaboraciones es responsabilidad exclusiva de sus autores. ©Club de Lectores es una publicación trimestral editada por Edilar S.A. de C.V. con domicilio en Blvd. Manuel Ávila Camacho 1994, Desp. 403, Torre Ejecutiva Satélite, Tlalnepantla, Edo. de México, C.P. 54055. Teléfonos (01) 55 53 61 96 11, larga distancia sin costo 01 800 001 5337. Fax (01) 55 53 62 08 51. Correo Electrónico: club@clublectores.com, dirección en Internet: www.clublectores. com. Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2002090919153500-102. Número de Certificado de Licitud de Título: 12203. Número de Certificado de Licitud de Contenido: 8858. RFC: EDI000424HP8. Editor Responsable: Nelson Uribe de Barros. Edición computarizada: Edilar, S.A. de C.V. Impresión: Pressur Corporation S.A. Zona Franca Colonia Suiza, Ruta 53, Km. 120.500, Nueva Helvecia - Departamento Colonia. Uruguay Teléfonos: 00 598 55 476 70 / 71 • informes@pressur.com


EDITORIAL

Una vida sin secretos es una vida aburrida

L

Prefiero los libros a los humanos porque, además de estar ya escritos, se les puede abrir y cerrar a voluntad. Pascal Bruckner

a vida carece de emoción. Fuera de algunos momentos a los que la alegría o el sufrimiento dan un color intenso, el resto de los días suele adquirir tonos desteñidos. “Metro, boulot, dodo” dicen los franceses: metro, trabajo y sueño son las tres actividades que nos ocupan la mayor parte del tiempo.

La rutina nos da estabilidad y nos permite hacer las cosas con menor esfuerzo —no necesitamos aprender diariamente a preparar un

café ni decidir el camino más adecuado hacia el trabajo— pero nos aburrimos. Vivir aburre. Para Alberto Moravia el aburrimiento es una especie de enfermedad de los objetos, que se marchitan o pierden realidad. La realidad es incapaz de persuadirnos de que existe y todo aparece como absurdo o inútil. La monotonía lleva al desinterés y la espera de que algo ocurra desemboca en la decepción. ¿Cuándo aparecerá algo que nos atraiga, que nos sacuda el polvo cotidiano y nos ponga en movimiento? Ése es el papel del secreto. En todas sus variaciones —secreto de Estado, secreto médico, secreto de alcoba, secreto familiar— representa una realidad desconocida a la que quisiéramos tener acceso precisamente porque nos está vedada. ¿Por qué de pronto una medida política que sabemos destinada al fracaso es enarbolada por algún funcionario? ¿Ambiciones personales, órdenes de más arriba”, un(a) amante que exige pruebas de amor? La misma curiosidad nos despierta la vecina de al lado: ¿qué clase de relación tiene con su esposo si cuando él llega ella ya se fue y viceversa? ¿Realmente serán un matrimonio o fingen serlo para esconder “algo”? ¿Cuál es el secreto? En el sentido etimológico del término, secretum es lo que está puesto aparte, separado. ¿Cómo podríamos traerlo al centro de manera que pudiéramos acceder a él? Uno de los caminos que nos lleva al secreto es la lectura. Su primer movimiento consiste en intrigarnos: existe algo que interesa a muchos y que nosotros ignoramos. El segundo consiste en convertir aquello que está detrás del secreto en algo imprescindible. ¿Así que quieren saber por qué Aureliano Buendía acabó frente a un pelotón de fusilamiento? ¿O tal vez quieran entender por qué aquella jovencita soñadora, Emma Bovary, tan enamorada del amor, acabó suicidándose? Quizá lo que les intrigue sea la crueldad humana o no puedan identificar la curva en que nuestra sociedad perdió el sentido del deber. O les gustaría conocer las posibles consecuencias de los cambios climáticos en la alimentación del futuro. En todos estos casos —y en muchos otros— la puerta de entrada al secreto es la portada de un libro. Pero no la respuesta completa. Los libros nos acercan, nos dan información, nos sugieren. Excepción hecha de los libros malos, no recibimos respuestas contundentes ni historias acabadas, tenemos que seguir construyéndolas a lo largo de los días o de los años, con ideas propias y ajenas, con experiencias que rectifican o ratifican nuestra idea inicial. Quizá los personajes, la trama, los datos o las teorías caigan rápidamente en el olvido, pero no sucede lo mismo con el secreto. El secreto que cada libro guarda para nosotros, esos secretos que animan nuestros días y les dan colores y matices, que nos obligan a preguntarnos y a cambiar constantemente nuestras respuestas, que nos dan una misión como individuos y como personas, esos secretos que no queremos ni podemos develar del todo son los que, secretamente, nos mantienen vivos. Esther Charabati*

* www.filosofiacotidiana.com

CLUB DE LECTORES 18

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CARLOS M

Salvador Elizondo (1932-2006) La muerte es nada. ¡Nada!

No podría de ninguna manera pensar que mis libros están destinados a todos, desgraciadamente. Pero así es la vida, no puedo cambiar mi personalidad. Por otra parte, creo que esto de los libros especializados no es un problema estrictamente mío. Creo que todos los libros tienen un público particular que es quien los aprecia. 1 El autor fue distinguido en 1965 con el Premio Xavier Villaurrutia por una de las obras clásicas del siglo XX, Farabeuf, o la crónica de un instante. Es digno de hacer notar que dicho premio es otorgado por escritores a escritores, y es en ese tenor que José Emilio Pacheco se refirió a él durante el concurrido homenaje que se le rindió en Bellas Artes el 30 de marzo del año en curso: Es muy curioso, muy estimulante y muy raro decir: Salvador Elizondo es un escritor para escritores, un escritor de minorías, sólo tiene acceso a él una élite. Él ha tenido mucha fortuna. Yo creo que él y Sergio Pitol son los escritores más privilegiados de esta generación.2 Su esposa, Paulina Lavista, comentó que el maestro Elizondo, deja una obra considerable. Una de sus últimas alegrías consistió en que llevamos él y yo la semana pasada su última obra al Fondo de Cultura Económica (FCE), a la que alcanzó a poner el título: Pasado anterior, y reúne más de 300 artículos que publicó en el viejo unomásuno1. Durante el homenaje en Bellas Artes, Adolfo Castañón aseveró: Creo que la literatura de Elizondo parte de una conciencia enormemente profunda y lacerante de la insuficiencia de los instrumentos y procedimientos heredados en lengua española para expresar una experiencia contemporánea. Más allá de los asuntos y más allá de las anécdotas de los episodios que expresa Elizondo en su escritura, hay una conciencia enorme de esta insuficiencia verbal,

La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 2 Homenajean a Salvador Elizondo en Bellas Artes http://www.todito.com/paginas/noticias/109557.html 3 La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 4 Homenajean a Salvador Elizondo en Bellas Artes http://www.todito.com/paginas/noticias/109557. html 5 La Jornada, 30 de marzo, 2006. Pablo Espinosa, Arturo García, Éricka Montaño y Ángel Vargas 1

P

ara llegar a la sala de estar de Carlos Monsiváis, primero debe uno conocer personalmente a varios gatos. Avispados, deambulando sensuales, o esponjándose al sol; nos acompañan por el sendero de ladrillos colorados que habrá de llevarnos a la presencia de este mago del lenguaje. Pero, a diferencia del mago de aquél cuento, su presencia se fue haciendo cada vez más grande a medida que hablaba con Club de Lectores y nos daba testimonio del estado actual de cosas en el cerebro, el corazón y el valor de la sociedad mexicana.

literaria, cultural, que es escribir el español en México a mediados de siglo y tratar de alcanzar, desde esta conciencia, ponernos al día, poner al día el reloj cultural, literario, personal y local con el reloj cosmopolita, el reloj universal. Salvador Elizondo Salvador Elizondo —dijo para terminar su exposición— encarna el mito del escritor puro, y en su obra se actualiza soberanamente el mito de la escritura.”4

Dicen que usted ha reinventado la crónica, ¿esa era su intención?

Sigo confiando en el libro

Para el también poeta, ensayista, dramaturgo y crítico, Salvador Elizondo, resultaba curioso e inclusive divertido que se le encasillara como escritor maldito, de acuerdo con lo dicho en una entrevista a La Jornada en 2005: Eso de escritor maldito viene por un libro que escribió Verlaine sobre algunos de sus contemporáneos. A mí me parecería fantástico ser un escritor maldito como los que Verlaine pone en su libro. Maldito, ¿en qué sentido?, les diría yo, si he sido feliz toda la vida y no siento que recaiga, hasta ahorita, ninguna maldición sobre mi vida, más que esta operación que me hicieron hace casi dos años, que era una cosa necesaria.1 Además de Farabeuf o la crónica de un instante, la amplia bibliografía de Elizondo comprende títulos como Poemas (1960), Luchino Visconti (1963), Narda o el verano (1966, cuentos), Autobiografía (1966), El Hipogeo secreto (1968) y Cuaderno de escritura (1969), El retrato de Zoe (1969), El grafógrafo (1972), Contextos (1973) Museo Poético (1974), Antología personal (1974), Miscast (1981), Camera Lucida (1983), La luz que regresa (1984) y Elsinore (1988). En 1981 se incorporó a El Colegio Nacional y en 1990 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura.

Tengo una noción muy leve o azarosa del significado de mi trabajo, y no busco ahondarla. Creo que se cumple el trabajo lo mejor que se puede y ya lo otro, las definiciones o descripciones quedan a cargo de los probables o improbables lectores. Una definición de mi trabajo no la podría hacer. ¿Goza usted de su trabajo? La primera versión siempre me parece calamitosa. Intento salir de ella lo más pronto posible con una segunda versión que ya me aproxime más a lo que puedo considerar la escritura. Pero lo primero es muy tenso. Siempre hay una primera página que está hecha de tachaduras, enmiendas, despropósitos, confusiones, disparates, autocríticas y ya… las siguientes versiones, si bien no elevan el trabajo a la altura exigible, me van desanimando menos. Y hay momentos, sí, en que la escritura tiene un vértigo especial, al cual tiene uno que someterse y seguir, sabiendo que de cualquier manera, todos los excesos y los falsos hallazgos tienen que someterse al tamiz. Siento que ningún escritor que de veras se proponga serlo puede dejar de ser un reescritor, de estar sometido al trabajo de la autocrítica. En El Nuevo Catecismo para Indios Remisos, hay un personaje, San Ubicuo, que… ¿quizá se parece mucho a Carlos Monsiváis? Es la única autoparodia que me he permitido. Aproveché los chistes que mis amigos hacían sobre mí, para divertirme un poco a costa de mí mismo, lo que me parece válido. Pero yo pensé que nadie lo había percibido. ¿Cómo? Pero si es tan evidente que el Maestro Monsiváis es San Ubicuo, porque usted ha sido así: ubicuo. Pues no sé si ubicuo, pero esa era la fama que me querían endilgar y entonces, supuse que no porque fuese yo un personaje, sino porque en algún momento tenía que tomarme como referencia para divertirme. Urdí la fábula de alguien que busca estar en todas partes y no consigue nicho. En No sin nosotros, se refiere usted al nacimiento de la sociedad civil y a que no tenía lugar teórico en ese momento. Más adelante en Rituales del caos usted continúa hablando de la evolución de una sociedad más bien desorganizada. ¿Cómo percibe ahora nuestra sociedad?

México D.F. Invierno de 2007. Año 5 Número 18

La noche del miércoles 29 de marzo del 2006, murió Salvador Elizondo, considerado uno de los paradigmas de la cultura mexicana. Con la transgresión y el humor como temas preponderantes en su obra, Elizondo no fue un autor para las mayorías, como él mismo lo expresaba:

CARLOS

MONSIVÁIS Atención a clientes: 01 800 001 5337 / www.clublectores.com

Bueno, lo que se ha querido ver este año y muy claramente, es la división entre la normalidad y la anarquía. Pienso que lo que se ha caracterizado como “normalidad” en este momento ha revelado sus fisuras, sus abismos, su injusticia, su cadena de opresiones y que la anarquía, en parte efectivamente lo es, con todos los desastres a que da lugar la ausencia de ley en todos lados. Y la sobrepresencia de la impunidad. Pero también hay elementos de vitalidad de regocijo, de libertad, de decisión y de búsqueda de justicia social en lo que se llama la anarquía. Entonces pienso que estamos obligados a un replanteamiento a fondo. No es posible aceptar que por “normalidad” se entienda la acumulación de la riqueza como lo necesario o lo procedente en una sociedad tan compuesta de pobres y miserables; o que por “normalidad” se entienda que, quien compra la justicia, es “el legal”. Mientras que por “anarquía”, se entiende la protesta ante decisiones injustas, ante la continuidad de atropellos y de actos bárbaros y de ecocidios. Entonces creo que lo que planteé en No sin nosotros ahora tendría que verse de una manera distinta, porque ciertamente la “normalidad” que hemos vivido ya es profundamente anormal. Muchas de las instituciones se han derrumbado o han exhibido el hecho patético de que estaban ahí simplemente para ser instrumentos de las oligarquías.

Club de Lectores 18 - Invierno 2006  
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