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Cristina Pacheco

Foto: Blanca Charolette

CP

J.M. COETZEE

NOBEL DE LITERATURA 2003

Crítico del racismo y sus secuelas

01 800 31 222 00 • www.clublectores.com

Foto: Blanca Charolette

México D.F. Invierno de 2004. Año 2 Número 6

Cuando no hay tiempo para soñar


CUANDO NO HAY TIEMPO PARA SOÑAR

Cristina Pacheco Cristina Pacheco vuelve a tender un lazo de íntima comunicación entre la sensibilidad de sus personajes, todos ellos constructores de lo cotidiano, y la de sus ya asiduos lectores. Esta vez, expone aspectos de la vida y labor de grandes artistas plásticos: Manuel Álvarez Bravo, Pedro Coronel, Francisco Corzas, Olga Costa, Carlos Mérida, Lola Álvarez Bravo y Rufino Tamayo, entre otros. 638 págs.

Nº 243052 102 puntos

EL CORAZÓN DE LA NOCHE En esta obra, la autora despliega sus dotes narrativas para vestir historias crueles, pero a la vez amorosas, con personajes cotidianos de cualquier ciudad. Los cuentos poseen la frescura de la mirada nueva. Sus ficciones, basadas en la realidad, dan voz a los que no la tienen.

N° 232017 59 puntos Invierno 2004

Cuando no hay tiempo para soñar

Foto: Blanca Charolette

LA LUZ DE MÉXICO: ENTREVISTAS CON PINTORES Y FOTÓGRAFOS

por Susana Garduño

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e un jardín oscuro que crece a la sombra de dos altos edificios en las instalaciones de Radio Fórmula, la periodista y escritora Cristina Pachecho sale a toda prisa, pues ha tenido la amabilidad de abrir un espacio entre dos programas para atendernos y dar inicio a nuestra entrevista. SG: En el contexto del programa Hacia un País de Lectores, desde su percepción, ¿cómo se inserta el beneficio de llevar la letra impresa a los sectores más desprotegidos del país, a quienes en el medio periodístico y quizás en el literario, pocas personas conocen mejor que usted? CP: ¡Y es una lástima, ojalá más personas los conocieran! Mientras más los conozco, más me hiere el desamparo de algunos sectores en este país. El proyecto de hacer de México un país de lectores, desde luego es muy loable, pero no basta con tener un proyecto. No basta con orientar la política cultural en ese sentido. Tiene que haber un contexto para crear un país de lectores. En primer lugar, ¿cuántos niños están familiarizados con los libros? ¿Cuántos niños han comenzado a aprender que la lectura es un placer, no un deber o una tarea

escolar? ¿A cuántos niños se les ha dicho que la lectura es una de las más valiosas posibilidades de multiplicar la experiencia humana? ¿A cuántos niños se les ha dicho que si uno no lee, vive como en una jaula? En una jaula sin luz, sin sol, sin puerta de salida... es estar atrapado en una experiencia humana muy reducida.

¿A cuántos niños se les ha dicho que si uno no lee, vive como en una jaula? Además, la lectura nos da lecciones que nos ayudan a resolver los problemas que tenemos en la vida. Nos ayuda a viajar en el tiempo, a relacionarnos con el pasado y, desde luego, a fortalecer nuestra identidad y nuestro idioma. El idioma de una persona es más que las palabras que utiliza para nombrar lo que lo rodea o para expresar sus necesidades o sus deseos. Es el vínculo que nos ata a generaciones anteriores. Es un símbolo de unidad. SG: ¿Es por eso que eligió la entrevista como género para desarrollar su tarea periodística? CP: La elegí instintivamente. La entrevista está íntimamente relacionada con la vida, con una experiencia inmediata. Una entrevista nos permite incursionar en mundos completamente

desconocidos. Para empezar, en la vida de una persona. Sea cual sea su nivel intelectual o su lugar en la sociedad, es algo fascinante porque nunca nos podremos imaginar lo que hay en esa vida. Uno aprende de su mundo y aprende a valorar las cosas a través de ese encuentro. Quiero, a través de las entrevistas, que un artesano no se sienta ajeno a un gran artista plástico. Que el gran artista plástico entienda la maravilla de la artesanía. Que el físico se ponga en contacto con el bailarín y el bailarín con el matemático y éste con el ama de casa. Es el sueño de conocernos y comprendernos mejor. SG: ¿Cómo describe su aproximación a la literatura? CP: ¡Es la vida! ¡Es mi madre! Una narradora fabulosa de historias, de esas mujeres que cuentan naturalmente. Su pasión era contarnos nuestra propia vida o contarnos lo que se acordaba del rancho. ¡Y lo hacía con tanta sabiduría! Eso me acercó a querer conocer otras historias y a aprender a oír. Para hacer una entrevista hay que saber oír. Para saber escribir hay que saber oír. SG: ¿Y cómo descubrió la letra impresa, los libros? CP: No fui una niña que tuviera libros en su casa, cosa que lamento muchísimo. Los libros llegaban a mi casa por accidente, por fortuna, ya que teníamos necesidades perentorias


LITERATURA CUANDO NO A 24 HAY CUADROS TIEMPO POR PARA SEGUNDO SOÑAR

Para saber escribir hay que saber oír. terribles: comer, calzar... Uno en esos medios pierde muy pronto la infancia ¡porque no hay tiempo para soñar! Entonces, no fui una niña de libros, llegaron a mi vida muy tardíamente y en completo desorden. Quizá gracias a mi hermano mayor, debo decirlo. Era un hombre muy inteligente, un hombre quizá desafortunado. Él fue médico porque en mi familia, como en muchas familias mexicanas de campesinos, tenía que haber o un sacerdote, o un abogado o un médico. A mí me angustia mucho pensar que a él lo que le interesaba era la arquitectura y la escritura, de lo que me enteré muy poquito después de que muriera trágicamente. Encontramos unos cuadernos y... me da mucha pena... pero a ese hombre le debo el acercamiento a los libros. Él procuraba ansiosamente llevarnos algún libro. Nos metía a la Alianza Francesa, por ejemplo. Realmente pienso que se escandalizaban un poco los estudiantes, y un poquito también los maestros, de ver las condiciones físicas en que íbamos. Pero ahí escuchamos hablar de Balzac, de Flaubert, oímos hablar de otro país, de otra ciudad... ¡Qué maravilla poder acudir a una institución así, gracias a mi hermano! ¡Y la gente del barrio se reía de que fuéramos a estudiar francés! Pero él era un hombre lleno de fantasías, lleno de sueños que nunca pudo realizar. ¡No sabe cómo me duele pensar en él! Pero lo recuerdo con mucho amor porque trató –yo sé que trató– de acercarnos a los libros. Y mi padre entendió también lo importante que era la lectura, porque mi hermano, que fue el primero en entrar a la Universidad, se lo decía. De modo que reordenó nuestra vida y nuestros conceptos. La vida era muy difícil, prefiero no describirla, pero ¡cuánto le agradezco que haya rescatado para nosotros un fragmento del Quijote de la Mancha que trajo no sé de dónde! Y para mí fue muy importante Selecciones. Un día encontré en la calle un ejemplar, todo sucio... ahí encontré una biografía de Mozart ¡y me fascinó enterarme de que era un niño genio! De los primeros libros que leí recuerdo que está el de Los Hermanos Karamazov,

LIMPIOS DE TODO AMOR de Dostoievsky. Para una niña de 11 años ¡qué difícil! Pero nuestra vida se parecía tanto a eso, que lo entendíamos perfectamente. Era el agiotista, el amor, los celos... En mi casa, en la vecindad, todo eso se veía. Leer acerca de los Karamazov era como leer una página en la vida de cualquiera de las viviendas en las que estábamos. SG: La concepción literaria de Cristina Pacheco parece seguir una trayectoria elíptica que la lleva de la realidad a la letra impresa y, de ahí, de vuelta a esa dura realidad. Pero, la fantasía y la imaginación, ¿qué papel juegan en la formación de un ser humano?

En esta obra, la autora nos involucra con una serie de personajes –en su mayoría mujeres– que experimentan el abandono, la soledad, la vejez. Seres que sobrellevan el anhelo de una felicidad siempre esquiva y la certeza de un entorno social en que los sueños parecen no tener cabida. 256 págs.

Nº 224022 149 puntos

La capacidad de imaginar nos permite ver las cosas amplificadas y bajo una luz distinta. CP: A mí me alegra mucho que los niños actualmente tengan mucha información, que aprendan desde muy chicos a leer instrucciones y sepan cómo funcionan las máquinas; pero sin imaginación no se puede vivir. Y hay un aspecto muy negativo de la educación actual: al niño casi se le margina, se le presiona cuando sueña demasiado. Creo que sin imaginación no se puede hacer nada. La capacidad de imaginar nos permite ver las cosas amplificadas y bajo una luz distinta. Te permite buscar el camino, salirle al encuentro a los problemas. Y, a veces, a los niños no se les permite la ilusión de leer un cuento, pero es la imaginación la que nos hace libres.

SOPITA DE FIDEO Una vez más, Cristina Pacheco da muestra de su gran capacidad narrativa, la cual se apoya en la realidad nacional para crear historias que no dejarán indiferente al lector, sobre la vida de hombres y mujeres que no gozan de los beneficios de la globalización ni las ventajas de la modernidad. 146 págs.

N° 224052 149 puntos de Lectores Club Club de Lectores N 6 Nº 61


LEGAL

El Club de Lectores constituye un sistema para la consecución de fines culturales donde se anima a descubrir y compartir el gusto por la lectura, facilitando la adquisición de buenos libros con la intención de formar e incrementar el acervo de las bibliotecas familiares. El Club de Lectores trata de acercarse, particularmente, a personas o comunidades que en razón de su situación social, física o cultural no pueden acudir a otras instancias.

Programa Nacional Hacia un País de Lectores La consolidación de nuestra democracia, a través del ejercicio cabal de la ciudadanía, exige la formación de ciudadanos en el sentido completo de la palabra: personas capaces no sólo de elegir a sus gobernantes sino de participar en la toma de decisiones que afectan a la vida colectiva. Para la formación integral del ciudadano, para su capacidad de decisión, para el desarrollo cultural del individuo y el de los grupos sociales, la lectura es una condición indispensable: una lectura libre, autónoma, ejercida como forma de vida, como afición placentera y satisfacción personal, como manera de encuentro con los otros […] […] Este Programa es el conjunto de esfuerzos que el gobierno de la República propone a la sociedad para incorporar la lectura en la vida de todos los mexicanos: en el hogar, la escuela, la universidad, los espacios culturales, los lugares públicos, y los centros de distribución y acceso a los libros y a otros materiales de lectura. Considera, asimismo, la unión y la colaboración de todos los actores y esferas de la sociedad como condición básica para lograr su objetivo: autores, editores, impresores, libreros, bibliotecarios, promotores voluntarios, maestros, padres de familia, organizaciones sociales y privadas, medios de comunicación y ciudadanos en general. También el firme compromiso y la colaboración de las órdenes de gobierno: federal, estatal y municipal. De ahí que, como política de Estado, habremos todos de garantizar un esfuerzo colectivo sin precedentes para desarrollar nuestras capacidades y consolidar nuestro proyecto democrático; esto es, hacer de México un país de lectores. Fuente: Programa Nacional Hacia un País de Lectores, Presidencia de la República.

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Invierno 2004

Bienvenido al Club de Lectores En Club de Lectores trabajamos para procurarle una gran variedad de libros cuyas características —así como nuestras promociones— se dan a conocer en nuestra revista trimestral y en nuestra página web www.clublectores.com Una vez que seleccione los libros de su agrado comuniquese al 01800 31 222 00 o en www.clublectores.com y utilice sus puntos para adquirirlos y recibirlos en el siguiente envío mensual. Al solicitar el canje, le sugerimos confirmar la equivalencia en puntos y la existencia de los libros elegidos, ya que éstas pueden variar sin previo aviso debido a cambios de políticas en las distintas editoriales que los proveen a Club de Lectores. Asimismo, la presentación de los libros que usted reciba puede ser diferente de la que se muestra en esta revista, debido al frecuente lanzamiento de nuevas ediciones. Todo lo ofrecido en esta revista, será válido únicamente del 1° de Diciembre de 2003 al 29 de Febrero de 2004. Para cualquier aclaración, o para realizar su canje de puntos, también puede recurrir a la sección "Use sus puntos" en www.clublectores.com Agradecemos su confianza y esperamos que disfrute de las excepcionales facilidades que Club de Lectores ofrece para hacer de la lectura una actividad de deleite familiar.

Club de Lectores Revista trimestral Año 2 Núm. 6 Diciembre 2003 Director Ignacio Uribe Ferrari Información y textos Susana Garduño Soto Coordinación del fondo editorial Virginia Krasniansky Corrección de estilo Gerardo de la Cruz Celina Orozco María Jesús Arbiza Virginia Krasniansky

Diseño, formación y fotografía digital Pedro Zúñiga Montes Asistente de diseño Héctor Morales Franco Fotos portada: Blanca Charolette Fotos entrevista Cristina Pacheco: Laura Alejandra Alcaraz Editor responsable Nelson Uribe de Barros El contenido de las colaboraciones es responsabilidad exclusiva de sus autores.

©Club de Lectores es una publicación trimestral editada por Edilar S.A. de C.V. con domicilio en Blvd. Manuel Ávila Camacho 1994, Desp. 403, Torre Ejecutiva Satélite, Tlalnepantla, Edo. de México, C.P. 54055. Teléfonos (01) 55 53 61 96 11, larga distancia sin costo 01 800 31 222 00. Fax (01) 55 53 62 08 51. Correo Electrónico: club@clublectores.com, dirección en Internet: www.clublectores.com. Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2002-090919153500-102. Número de Certificado de Licitud de Título: 12203. Número de Certificado de Licitud de Contenido: 8858. RFC: EDI940408HPA. Editor Responsable: Nelson Uribe de Barros. Edición computarizada: Edilar S.A. de C.V. Impresión: Gráficas Monte Albán S.A. de C.V., Emiliano Zapata 93, Col. San Juan Ixhuatepec, Tlalnepantla, Edo. de México.


LITERATURA A 24EDITORIAL CUADROS POR SEGUNDO

Leer para vivir N

o estoy seguro si uno se convierte en sus obsesiones o si las obsesiones se convierten en uno. Lo más probable es que ambas posibilidades sean factibles. Solemos repasar renglones viejos y procurar deseos incumplidos. Solemos abrir las mismas puertas y cerrar las mismas ventanas. Los goznes de la vida, casi desde que nacemos, son similares. Igual los pernios y tornillos de nuestras dos casas: la que habitamos y en donde dormimos, y la que alberga nuestro corazón, nuestros pulmones y las partes tangibles del alma. Somos casi siempre los mismos: las obsesiones nos siguen y nos abrasan, nos preguntan y nos construyen. Aunque dudar y disentir es uno de los mejores atributos del ser humano, muchas veces, las actitudes y las ideas repetidas son benéficas. Uno se construye andando de nuevo los viejos caminos. Uno se mira mejor cuando desanuda antiguas obsesiones para luego inventar otras. La lectura ha sido para mí una obsesión. No sólo porque acompaña y pregunta. No sólo por su poder terapéutico o su ilimitada mirada. No sólo porque deviene alegría y siembra, sino porque detiene, un poco, el hedor de la maldad, la liviandad de los tiempos y la despersonalización del ser humano. Del ser humano, que embriagado por las bondades de la tecnología, olvida los renglones internos del ser y los renglones externos de la comunidad. La literatura, en cualquiera de sus formas, abre espacios que pueden amortiguar los excesos de nuestra especie y las mil y una sinrazones de la barbarie. Aunque

es factible que haya sucedido en alguna ocasión, es poco probable que en una librería, en una biblioteca o en un aula universitaria se hayan fraguado guerras o actos de terrorismo. Si leer humaniza, el lenguaje hermana. Como escribió Paul Celan, víctima del nazismo: “Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje. Sin embargo, el lenguaje mismo tuvo que abrirse paso a través de su propio desconcierto, salvar los espacios donde quedó mudo de horror, cruzar por las mil tinieblas que mortifican el discurso. En este idioma, el alemán, procuré escribir poesía. Sólo para hablar, orientarme, inquirir, imaginar la realidad.” Celan tenía razón. El mapa humano requiere letras y arte para impedir que el mundo siga erosionándose. Somos letras, somos oraciones y somos ideas que adquieren rostro tan sólo por haber sido pensadas. Siempre somos letras, comas, puntos suspensivos, signos de interrogación. Con los años, y con una dosis de suerte, nos convertimos en palabras, párrafos y luego en historias. Incluso, antes del nacimiento ya somos lenguaje: los progenitores suelen asignar, in utero, nombres y profesiones a los vástagos. Con el tiempo nos transformamos en ilusiones, deseos y obsesiones. Kronos, inefable testigo, se encarga de convertir nuestras vidas en historias, y en ocasiones, en literatura. Nos reconocemos e identificamos en las novelas cuando hablan de amor o desamor. Vestimos la ropa de innumerables personajes chejovianos. Somos la imagen y la sangre, de las almas

nostálgicas de tantas y tantas poesías que parecerían haber sido escritas por nosotros en las noches lluviosas. Somos también la pluma y la lucha del periodista sano. Somos espejo del ensayo profundo, cuando la glosa de ideas y pensamientos acercan el mundo a las personas e intentan detener las mermas de la desmemoria. Somos literatura porque la vida es la suma de muchas historias. Los libros carecen de límites y de fronteras. Son atemporales porque recogen el pasado y lo depositan en el futuro. Son, también, presente: en ese tiempo, en ese espacio, en la mirada del lector, los libros adquieren cuerpo y los lectores se transforman en ideas. Los libros nos rescatan, nos hablan, nos permiten encontrar y encontrarnos. Son inagotables y son compañeros silenciosos, siempre prestos, siempre despiertos, nunca enojados. En sus lomos el mundo y la historia trazan la geografía de la vida. En sus páginas, el autor desmenuza la memoria de su alter ego, de los otros, los otros ajenos y no ajenos, y de innumerables vidas que finalmente son las de uno mismo. Los libros no reclaman y son imperecederos. Nunca mueren, nunca finalizan. Releerlos muestra otros caminos y engendra nuevas y sanas obsesiones: ¿qué faltó? ¿por qué escribió el autor ese párrafo? ¿por qué calló mi personaje? En ellos, hablan las bisagras de nuestras casas, habita nuestra alma mater y se rejuvenecen las razones sanas de nuestras obsesiones.

Arnoldo Kraus*

*Arnoldo Kraus es médico cirujano y colaborador de La Jornada. Autor del libro: Enfermar o sanar, el arte del dolor, (Ver pág. 56). Club de Lectores Nº N 6

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Guadalupe Amor (1917-2000) La vida de Guadalupe Amor, una redonda soledad “Siempre lo digo. Monótonamente insisto en ello: desde niña quise hallar algo perdurable. Vanidosa ambición que aún me consume…” Esta frase la escribió en 1959 Guadalupe Amor, poeta mexicana que a finales de los años cuarenta atrajo la atención con un breve libro: Yo soy mi casa. En Yo soy mi casa Guadalupe - conocida como Pita, desde la casa materna- mostró una poesía hecha bajo la métrica tradicional que aprendió a través de sus maestros Enrique González Martínez y Xavier Villaurrutia. Pero en esos versos también reveló al gemelo que habitaba en ella: Pita, la caprichosa, la veleta; la vanidosa y bella Pita, que viviría el amor y el placer con intensidad no exenta de la culpa que su formación católica le imponía. De aquel primer libro, con versos inmaduros, hoy todavía se recuerda el poema con que iniciaba el volumen: Casa redonda tenía/ de redonda soledad:/ el aire que la invadía/ era redonda armonía/ de irrespirable ansiedad./ Las mañanas eran noches,/ las noches desvanecidas,/ las penas muy bien logradas,/ las dichas muy mal vividas./ Y de ese ambiente redondo,/ redondo por negativo,/ mi corazón salió herido/ y mi conciencia turbada./ Un recuerdo he mantenido:/ redonda, redonda nada. En esta rima, y otras de Yo soy mi casa, Guadalupe corría el velo del ambiente que vivió en la casa paterna, y que determinó su conducta de por vida. Allá sólo se respiraba soledad. Y tenía razón: la niña Pita arribó a su casa, situada en la otrora aristocrática y porfiriana colonia Juárez, el 30 de mayo de 1917. La chica fue bautizada bajo el nombre de Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein, y sus padres fueron don Emmanuel Amor Suverbielle y doña Carolina Schmidtlein García Teruel, miembros de una rancia aristocracia que, ya para esa década, vivía más de recuerdos que de realidades. El dinero, las haciendas, la cuadra de caballos: todo se había esfumado. Sólo quedaban una enorme casa en Abraham González 66, la cocinera, la nana y el mozo. Y la nostalgia. Y la necesidad de aparentar que la Revolución Mexicana no había tenido consecuencias. Pita fue la última hija de los Amor Schmidtlein. Era irresistiblemente hermosa y, conforme creció, increíblemente tirana. Todo se le complacía, con tal de no escucharla llorar o gritar. Así, a la vuelta de las décadas, Guadalupe rompió el capullo y se transformó en una bella adolescente que sólo ansiaba dejar el hogar paterno y ser adulta. Huyó antes de los 18 años y comenzó su singular vida de soltera, rodeada de hombres que la amaban, de mujeres que la asediaban, de literatos que asistían a las reuniones que organizaba un día sí, y otro también, en su departamento de Río Duero y Pánuco, por el que pasaron Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer, José Revueltas y cientos de personajes más. Guadalupe vivía de noche y dormía en el día. Por la tarde, la soledad y la angustia la atenazaban. Entonces escribía; así huía el fantasma de la soledad, el abandono y la muerte:

Éste es un fragmento del larguísimo libro Polvo, obra medular en la trayectoria de Guadalupe Amor. Apareció en 1949 y fue elogiado por críticos y poetas de la época. Manuel González Montesinos y José Iturriaga decían que ya no podían llamar Pita a “esa poeta que crece y que se llama Guadalupe”. Al parejo que los reconocimientos, crecía en el ambiente la versión de que a Guadalupe alguien le escribía sus poemas. Desde luego, tenía que ser un hombre el autor de esas líneas, pues ¿cómo una mujer guapa, vanidosa, excéntrica, superficial y fiestera podía tener cabeza para escribir poemas que reflexionan sobre el ser? Ese alguien tendría que ser alguno de sus admiradores y las lenguas largas apuntaron hacia Alfonso Reyes, guía literario de la hermosa Pita. Un día, por fin, Guadalupe decidió enfrentar el toro de la insidia, así que en el prólogo a la edición de Poesías completas, que en 1951 publicó Editorial Aguilar de España, deslizó una línea: “Las malas lenguas decían que no era posible que yo escribiese mis versos”, y compuso un soneto a propósito de esa infamia: Como dicen que soy una ignorante/ todo el mundo comenta sin respeto/ que sin duda ha de haber algún sujeto/ que pone mi pensar en consonante./ Debe de ser un tipo desbordante,/ ya que todo produce, hasta el soneto;/ por eso con mis libros lanzo un reto:/ “burla burlando, van los tres delante”./ Yo sólo pido que él siga cantando/ para mi fama y personal provecho,/ en tanto que yo vivo disfrutando/ de su talento sin ningún derecho./ ¡Y ojalá no se canse, sino cuando/ toda una biblioteca me haya hecho! Y con ello dio vuelta a la hoja. No volvió a ocuparse del tema, aunque sabía que flotaba en el ambiente cultural de los años cincuenta, donde las mujeres no tenían derecho a ser ni ejercer una profesión, menos a competir en la literatura dominada por los varones; y menos todavía si la que escribía mostraba, a la vez, un erotismo, un gusto por paladear la vida a cada instante. Pese a las críticas, Guadalupe creó más de 30 libros, uno sólo de ellos en prosa. Su vida, como lo dijo, estuvo marcada por la soledad y la desgracia. Tuvo un hijo que murió antes de los dos años de edad, ahogado en un pozo lleno de lirios. A partir de este revés, el rumbo de su vida fue errático, duro, lastimoso. Murió sola, en un largo silencio que la mantuvo en cama por más de dos años. En ese lapso, se acompañó de los fantasmas que siempre quiso olvidar: la soledad, el abandono y la muerte. Dejó este mundo el 30 de mayo del 2000. Con ella murió una época de México, y una brava mujer que, a fuerza de codazos, se abrió paso en la tierra de los poetas.

Elvira García*

Polvo constructor del mundo,/ mundo de sangre impregnado,/ lo gris por rojo has mudado,/ lo estéril por lo fecundo./ Es tu poder tan profundo,/ que de sangre has hecho ideas;/ temo que divino seas/ pareciendo terrenal,/ pues te presiento inmortal/ porque tú mismo te creas.

*Elvira García es periodista, productora y directora de series radiofónicas. Biógrafa de algunos mexicanos célebres, entre ellos Guadalupe Amor.

Club de lectores 06 - Invierno 2003  

Cristina Pacheco

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