Page 1

PSICOMOTRICIDAD. Revista de Estudios y Experiencias. Nº 66

.

AÑO 2000. VOL. III Páginas 15-23

LA RELAJACIÓN COMO MEDIADORA PARA EL RECONOCIMIENTO, CONTROL Y AUTOAFIRMACIÓN DE LA PERSONALIDAD Franco BOSCAINI Psicomotricista. Terapeuta en Relajación

En cada manifestación juvenil el cuerpo está siempre presente en primer lugar. El joven se impone actuando con una cierta dificultad para elaborar sus propios sentimientos. Nos interesa –hoy de manera particular– la salud, ya sea física o psíquica del adolescente. Sin embargo en una investigación realizada en Francia (Choquet M.; Ledoux S. 1994) se ha constatado que la adolescencia y su salud son una realidad poco conocida. También, que si el 90% de los adolescentes se percibe sano, en realidad del 10 al 30% tienen: -

trastornos del sueño;

-

trastornos psicosomáticos;

-

trastornos alimentarios;

-

trastornos dermatológicos.

Si hacemos una primera reflexión sobre ello debemos decir que todo esto normalmente ha sido banalizado, sin pensar que pueda ser causa de sufrimiento, o por el contrario, viene filtrado casi siempre de la semiología medica. Aspectos psico-corporales del adolescente Es cierto que la adolescencia es un periodo de cambio total en toda la personalidad del adolescente, sin embargo es el cuerpo el lugar de cambios más evidentes en el cual se expresa y se hace visible toda su personalidad a los otros antes que a sí mismo, determinando por ello muchos conflictos. La adolescencia es una edad de completa transformación del cuerpo sobre muchos planos: *

Interior

*

Exterior

*

Cognitivo

*

Afectivo

*

Y social.

Tenerlo en cuenta es fundamental para permitir al adolescente el acceso a la genitalidad adulta en todos los sentidos.

1


Si nos limitamos a las transformaciones corporales nos encontramos con una modificación no homogénea: -

en lo motor (antes las piernas, luego las manos y por último el tronco), que determina torpeza motriz;

-

en el esquema corporal, con una evidente desarmonía cognitiva de su cuerpo que va perder sus puntos de referencia habituales, con una discordancia entre representación y acción motriz.

-

en lo afectivo, es decir en su imagen corporal, que no es ni infantil ni todavía completamente estructurada y definitiva en cuanto adulto, y con un evidente desequilibrio entre afectividad, racionalidad y comportamiento.

El cuerpo es el lugar de una verdadera “revolución” hasta que logre alcanzar la sexualización, provocando durante ese proceso un desequilibrio tanto a nivel de su organización motora, como psíquica y relacional, poniendo en cuestión todo el trabajo de refuerzo del propio Yo llevado a cabo en el periodo de latencia. Si el niño había integrado su cuerpo percibiéndolo como propio gracias a su relativo conocimiento y control permitiéndole la separación gradual de su madre, el adolescente frente a estos cambios pierde fácilmente sus puntos de referencia, y por lo tanto es importante permitirle reencontrar la familiaridad en un cuerpo que cambia, que tiene nuevas sensaciones, emociones, representaciones y relaciones: transformaciones que pueden ser causa de excitación o de angustia hasta alcanzar un sentimiento de extrañamiento con un posible riesgo de trastornos de personalidad. En particular su Yo corporal, fundado sobre una identidad inestable, se confronta constantemente con la mirada y la imagen del otro. El adolescente hace ver lo que no querría hacer ver de sí y que no quiere reconocer. El adolescente, tanto la muchacha que vive su cuerpo como “hueco”, lugar de contenimiento y de posibilidad de generar (con un sobre-investimento del interior y de su envoltura), como el muchacho que se vive como “plenitud”, fuerza, potencia, hacer y actuar concreto en cuanto instrumento de acción (con prevalencia de trastornos comportamentales de carácter transgresivo): los dos viven un proceso dinámico importante, fundado sobre un sentimiento que pone en crisis la identidad. Viviendo y sufriendo sus transformaciones, y por consecuencia no logrando el acceso de su propio lenguaje interior o verbal, utiliza fácilmente los malestares físicos o los comportamientos, como un lenguaje comunicativo verdadero y especifico. Puede ser que a través de él se exprese un sufrimiento personal, pero también es portador y revelador de un malestar familiar, de una demanda de atenciones y de reconocimiento.

El problema de la identidad El adolescente tiene una larga historia del cuerpo, como un lugar de transformaciones biológicas y psicológicas, con cambios de límites corporales y psíquicos, que se expresan según los diferentes contextos culturales y cuyas manifestaciones son individuales y sociales. Las transformaciones de la pubertad, sobre las cuales Freud tanto ha insistido, reactivan al inicio los deseos edípicos. La organización edípica infantil, que con el pensamiento contenía el flujo de excitaciones de la organización pulsional, está desconectada de la explosión de la genitalidad. Entonces, el adolescente vive una gran contradicción: -

intentar parecerse al padre del mismo sexo aferrándose a él;

-

rebelándose para garantizarse la autonomía.

2


Por otra parte en él va desarrollándose una imagen interna de un cuerpo púber con una identidad sexual madura físicamente y mentalmente, y por lo tanto, por primera vez, va adquirir la responsabilidad de su cuerpo púber, maduro. Asumir la responsabilidad de su cuerpo significa asumirla respecto de sus necesidades, salud, exigencias, imagen y vida sexual. Una fase, que del caos y de la posición narcisística depresiva, por la desintegración del Yo, se dirige hacia el descubrimiento del objeto de realidad. Freud precisa que la conclusión de la fase genital se traduce con una doble competencia: -

amar;

-

trabajar.

Para Spitz existirían tres “periodos críticos” del desarrollo del Yo refiriéndose así a los tres “organizadores”: 1.

Identificación del objeto: sonrisa a 2-3 meses.

2.

Diferenciación del objeto del sujeto, merced a la capacidad gradual de representación, a partir de los 8 meses, determinándose: angustia ante el extraño y constancia del objeto.

3.

Integración, a través del NO, entre el objeto y el sujeto que expresa una competencia de juicio y de lenguaje: autonomía.

En este sentido Tyrano S. propone observar según la misma lógica en el adolescente un cuarto organizador conectado a la permanencia del objeto sexual que debe ser enfrentado en sus tres dimensiones: desilusión, depresión y amor narcisístico de objeto gracias al cual, cuando el cuerpo alcanza definitivamente su autonomía, es necesario elegir el vivirlo más o menos intensamente. Y al final de todo esto es fundamental favorecer la integración de este nuevo cuerpo, sexualmente maduro, sobre el plano físico, como parte de la imagen de sí en cuanto muchacho o muchacha: la identidad de género. Por lo tanto el cuerpo ocupa en la adolescencia un lugar central convirtiéndose en un objeto de investimento total en todos los sentidos (vestidos, actividades corporales particulares como danza, teatro, fiestas donde el cuerpo se utiliza como mediador de relación tanto para afirmarse, como para seducir al otro). Cuerpo y emoción Minkowski precisa que “el espacio por sí mismo y el tiempo por sí mismo están condenados a desaparecer como simples huellas y solo una especie de unidad de ambos preservará una realidad independiente”. Es decir que los movimientos no pueden ser vistos independientemente de las sensaciones y de las emociones que los acompañan, forman una única realidad en la vida del individuo. En este sentido las sensaciones generan movimientos y viceversa, pero también las percepciones y los afectos generan emociones y viceversa; como también los pensamientos generan palabras y viceversa. No existen sensaciones sin movimientos, ni sentimientos sin movimientos, por lo que el cuerpo constituye una unidad psico-corporal. Todos recibimos sensaciones y emociones y las transmitimos a los otros y todas ellas encuentran su expresión en el cuerpo. La expresión de nuestras emociones no debe focalizarse en partes especificas del cuerpo, pero todavía tienen la tendencia, cuando surgen dificultades, de manifestarse en lugares corporales específicos, expresándose mediante reacciones neurofisiológicas y vegetativas: mini contracciones, reacciones musculares, tensiones localizadas, reacciones de los ojos, pupilas, temblores en las manos, irregularidad de la respiración...

3


En todo esto, la emoción puede ser el punto de partida de una toma de consciencia, de un modo de ser del cuerpo, y por esto se comprende el valor de la propuesta de Relajación. El cuerpo habla y debe ser comprendido por el otro que me responde con su cuerpo. Así la Relajación se convierte en una experiencia de verdadero dialogo tónico reversible dentro del cual se construye la Imagen corporal: nuestra imagen se refleja en el otro, pero también nosotros respondemos al otro. Es la acción, el movimiento, lo que representa vivir el cuerpo dentro un espacio real en el cual el gesto es orientado hacia una finalidad; también lo es para los adolescentes cuando tienen necesidad de una descarga normal, a través la motricidad, de la tensión cotidiana y propia de su etapa. En esta situación el sujeto puede experimentar dos tipos de espacio: • un espacio de acción, vivido y comunicativo, un espacio activo que se va a materializar gracias a los objetos por medio de un trabajo tónico-motor y la utilización de soluciones reales de problemas; • un espacio cognitivo que deja huellas sensoriales (memoria sensomotora) y donde el punto de partida de la acción se sitúa en la tensión postural para realizarse a través del cuerpo activo merced a un proyecto mental definido a priori... En síntesis en las técnicas activas el origen del movimiento está preferentemente en lo motor, ya sea como experiencia cognitiva, ya sea afectivo-relacional... En la Relajación se tiene la posibilidad de crearse un espacio representado, libre, en cuanto no hay verdadero trabajo corporal o motor. Aquí, en cuanto no hay huellas sensomotoras de acción, es posible – a través de la memoria tónica y de las fluctuaciones tónicas - la representación de un espacio libre dentro del cual el sujeto vive su cuerpo como elemento potencial de acción y no como cuerpo activo. Aquí el origen del movimiento esta en el tono, en el deseo del sujeto confundiéndose con la identificación también de los deseos del terapeuta. Igualmente éste tiene significación por la dimensión temporal y rítmica en la cual el sujeto, sobre el plano motor, debe adaptarse mediante la capacidad perceptiva y representativa de la organización temporal, mientras la relajación, a través del tono, favorece la regresión, la investigación y acomodación entre sus propios ritmos y los exteriores. Si hay jóvenes que por sus características precisan de un espacio para descargar sus tensiones, su agresividad, así como para utilizar su actividad corporal en la mejoría de su propia imagen, es cierto también que hay otros adolescentes, que tienen angustia y preocupaciones corporales, con tendencia a la inhibición de la es la acción, el movimiento, lo que representa vivir el cuerpo dentro un espacio real en el cual el gesto es orientado hacia una finalidad; también lo es para los adolescentes cuando tienen necesidad de una descarga normal, a través la motricidad, de la tensión cotidiana y propia de su etapa. En esta situación el sujeto puede experimentar dos tipos de espacio: • un espacio de acción, vivido y comunicativo, un espacio activo que se va a materializar gracias a los objetos por medio de un trabajo tónico-motor y la utilización de soluciones reales de problemas; • un espacio cognitivo que deja huellas sensoriales (memoria sensomotora) y donde el punto de partida de la acción se sitúa en la tensión postural para realizarse a través del cuerpo activo merced a un proyecto mental definido a priori...

4


En síntesis en las técnicas activas el origen del movimiento está preferentemente en lo motor, ya sea como experiencia cognitiva, ya sea afectivo-relacional. Tanto más si consideramos el hecho de que normalmente los jóvenes tienen dificultad para hablar de sí mismos, de verbalizar sus angustias y conflictos de identidad: por lo tanto – como dice Bergès –la experiencia de Relajación, por su segurización-, es “una experiencia de confirmación de partes corporales distintas, de la unidad y solidez corporal, con el consecuente reconocimiento por parte del adolescente de su cuerpo”. El rol de la relajación ¿Que hacer para que la adolescencia sea un momento gozoso, un volver a conectar con el desarrollo psíquico? ¿Cómo ayudar al adolescente a una apropiación subjetiva de su cuerpo con la que pueda defender gradualmente la integración de su imagen corporal en constante modificación? Imagen, que es una síntesis dinámica de las experiencias emocionales que están en la base de la capacidad del ser en relación consigo mismo y el otro. Cada experiencia de relajación tiene como objetivo primario la posibilidad de llegar a una distensión tónica de su cuerpo para permitir paralelamente una distensión psíquica; en particular, la que le permite vivir el cuerpo “aquí y ahora”, de ponerlo frente al mundo, de situarse en el presente al mismo tiempo. La Relajación privilegia la vivencia corporal en la pasividad, en la inmovilidad y en la involuntariedad; se dinamizan los movimientos interiores que favorecen la exploración del mundo interno a partir de las diferentes inducciones. La Relajación, como otros mediadores, es una vía privilegiada de acceso a la simbolización de sentimientos, emociones pasando a través de la sensación de tener un cuerpo y a través de la representación de este mismo cuerpo. Dentro de estas finalidades primarias hay otras más especificas: reconocimiento, control y autoafirmación, autonomía: en una palabra, la identidad: 1. Reconocimiento. Cada experiencia corporal de relajación moviliza obligatoriamente la imagen de nuestro cuerpo, una representación mental, cognitiva y afectiva, que nosotros con paciencia hemos construido como fruto de la historia de nuestros afectos inscritos en el cuerpo y de nuestros aprendizajes: una construcción no solo intelectual, sino también afectiva e imaginaria. El proceso de activación y de movilización de la imagen corporal se manifiesta ante todo y sobre todo a través de la vivencia de actualización del sí mismo: interiorización que permite un re-descubrimiento topográfico del cuerpo. Esta dimensión cognitiva de la introspección corporal constituye un reconocimiento del sujeto a su cuerpo por medio de la recuperación de los puntos de referencias fundamentales y a través de la asociación entre las palabras del cuerpo, las percepciones internas, las emociones. La expresión corporal, en particular tónica, es sometida, dentro de la experiencia de relajación, al otro que debe ver el cuerpo, siendo sometida tanto a su mirada, como la palabra a la oreja de quien escucha, así como el sujeto es embarcado en la misma investigación de ser comprendido, observado, notado y amado come él es. El cuerpo es un lugar receptáculo dentro del cual se van inscribiendo todas las experiencias profundas, también de los padres: cuerpo receptáculo erotizado, en particular de los deseos de la madre, “una remesa en juego de lo que ha sido inscrito” (Pontali J.B., 1983). En efecto, la finalidad de la relajación es la de permitir al adolescente un contacto con la historia de su cuerpo. Pienso en el caso de una muchacha de 16 años, básicamente diestra, convertida en zurda por oposición al entorno familiar lamentándose durante la Relajación de

5


la negación total de sus deseos por parte de sus padres desde la infancia. La función tónica constituye el campo de fluctuación (Bergès J., 1974) entre los estados de tensión y los de disensión que están, desde el inicio de la vida, estrechamente relacionados con los estados de necesidades y satisfacción en la resolución tónica, favorecida por el otro: estados tónicos, por consecuencia, anclados en los ritmos básicos del organismo desde la infancia. A pesar de todo esta fluctuación en la Relajación es dependiente de la presencia, cercanía o distancia del terapeuta favoreciendo así el dialogo tónico (Ajuriaguerra 1959) profundo tal como lo decía un adolescente “cuando tú me tocas, tú me tocas dentro” y que permite entonces de comprender cambios de respiración, sensaciones de sofocación o lloro. Por todo esto se comprende el efecto del tocar como parte fundamental de la relajación para permitir la individuación de las diferentes partes del cuerpo y también el efecto del movilizar en cuanto ello permite percibir las tensiones residuales como expresión de las frustraciones y de la agresividad, así como también de las caricias y cosquilleo y, al final, el efecto de la palabra, que confirma lo que se vive en el cuerpo haciéndolo realidad. 2. Control. La relajación, permitiendo el reconocimiento de las tensiones dentro de una situación emocional y relacional, así como la resolución de las tensiones molestas, favorece por un lado un mayor control tónico-emocional y por el otro un mayor control tónico-motor y como resultado una actividad motriz más coordinada. En efecto, la relajación tiene una enorme incidencia sobre todo el plano psicomotor. Influyendo directamente sobre la motricidad ella permite, paralelamente a una distensión psíquica, una distensión también física. Entonces al mejoramiento del fondo tónico, y de las emociones con él conectadas, se añade una modificación tanto de las respuesta tónicas, como de las motoras y comportamentales, todas ellas con una gran incidencia sobre la elaboración de la agresividad y la utilización del pensamiento. Aun más, esta mejoría del control tónico-motor permite el ajuste, el perfeccionamiento del gesto contribuyendo a la elaboración del esquema corporal en fase de evolución favoreciendo la recuperación de nuevos puntos de referencia de sí mismo y una mayor toma de consciencia. Es importante aquí subrayar que la relación estimulo-respuesta tiene un doble valor, funcional y afectivo, y solo respetando estos dos valores se alcanza un verdadero control psicocorporal. La falta de control se evalúa por la extrema labilidad vaso-motriz (cara blanca o roja, transpiración, irregularidad de la respiración, crisis de lagrimas y risa, rechazo de contacto, excesivas reacciones de defensa frente a un estimulo no esperado, necesidad de orinar, temblor, distonías neurovegetativas (gastrointestinales, cefalea), inestabilidad, tic, tartamudez, estados de deisciencia. Finalmente la relajación tiene una acción sobre la atención y la percepción, que junto al control motor, permite un total control de las propias acciones, comportamientos y respuestas sobre el entorno. Naturalmente todo esto es favorecido por la revalorización, el reinvestimiento del cuerpo hasta este momento protegido y limitado por los padres y situado después sin fronteras en la investigación de su propia autonomía. Pienso en un joven de 19 años con problemas cardíacos y tensión arterial 220, sin justificación orgánica, que al utilizar solo su cabeza y negando totalmente su cuerpo, éste habla a través de la expresión psicosomática. Vista la estrecha relación entre el tono y los órganos sensoriales y las actitudes corporales, la relajación debería permitir al adolescente redescubrir un nuevo equilibrio, tanto a nivel corporal como comportamental, psíquico y relacional.

6


3. Autoafirmación. La relajación debe ser un asunto de relación, una relación de confianza con el adulto: espacio-tiempo en el que el adolescente no está en una relación de crítica, de juicio, de obediencia, de dependencia y de aprendizaje con el adulto en el contexto de un planteamiento cotidiano de continua solicitación. Es una experiencia relacional placentera dentro de la cual la persona que relaja transforma una imagen materna o paterna idealizada haciendo vivir al adolescente una situación nueva de dependencia para experimentar gradualmente el proceso de autonomía, integrada tanto en términos tónicos y motores como en términos de deseos, de proyectos y de iniciativa. Por eso es necesario que el terapeuta instituya un mínimo de cuadro terapéutico dentro del cual el adolescente no se sienta abandonado a sí mismo, lo que no sería terapéutico. El adolescente debe percibir un espacio seguro donde poder vivir, a través de su cuerpo, sensaciones ya sean agresivas, ya angustiosas, ya agradables, dentro de la comunicación con el otro. Un envolvimiento físico, materno y de atención, amoroso dentro de una experiencia de interacciones y comunicaciones rítmicas, un límite individual y narcisístico que a través de la interiorización de un dentro-fuera, favorece el acceso a la individualidad y a la adaptación: elaboración del Yo corporal y del Yo psíquico, cuyas relaciones constituyen la base del pasaje del cuerpo al pensamiento, de lo sentido a lo representado. Este cuadro está determinado por parámetros espaciales, temporales y relacionales duales o de grupo, en todos sus aspectos: no verbales (acogimiento, vista, voz, oído, olor, tacto, ritmo relacional,... del grupo) y verbales (del terapeuta y del adolescente). Es cierto que la Relajación es una experiencia de regresión, pero ésta es necesaria para permitir la asimilación de nuevos contenidos psíquicos, identificándose el otro dentro de una situación de dependencia. Sin embargo, a partir del momento en el cual el adolescente inicia a percibir sus sensaciones-emociones como propias, va gradualmente unificando el cuerpo y separándose del otro, favoreciendo la toma de distancia y el pasaje del cuerpo al psiquismo. La relajación, dando la palabra al cuerpo, hace posible la simbolización y la autonomía. Dentro de este cuadro el adolescente es libre de terminar la Relajación cuando lo quiera a fin de auto responsabilizarse. Es por esto, en general, el que todos los diferentes métodos de Relajación, directivos o no, y especialmente los de Bergès y Soubiran, se proponen como último fin la autonomía, dejando libertad de elección para llegar personalmente a una distensión espontánea: estado que no puede ser enseñado si no solo favorecido. Conclusión “¿Quien soy?” es la constante interrogación del adolescente. La respuesta, más o menos concreta y confusa, que él se da es el resultado de la imagen que él tiene de sí mismo, una imagen que tiene su origen en el cuerpo y su expresión a través el cuerpo en el interior de múltiples relaciones interpersonales. La Relajación es una ocasión para ayudarlo conocer su propia imagen a través del cuerpo con sus emociones, para favorecer la elaboración de las situaciones conflictuales y la agresividad, para inducirlo en su organización psíquica hacia una mejor utilización de sus procesos de individuación, y finalmente para favorecer el acceso a la simbolización de las emociones destacándolas de sus aspectos corporales vivenciados. Por este motivo la Relajación debe permitir integrar dentro el cuerpo la relación entre: •

el espacio corporal, es decir personal, en el cual el cuerpo está habitado e investido para poder constatar su propia existencia;

7


espacio activo, un espacio que circunda el cuerpo y dentro del cual el mismo cuerpo se desplaza y precisa su proprio espacio;

espacio imaginario dentro del cual el sujeto, dentro de una libertad total de hacer hipótesis sobre su proprio cuerpo, sus acciones y relaciones activadas de los deseos, puede autónomamente pensar proyectos sin juicios y sin una obligatoria realización: un espacio que se si sitúa entre los dos espacios precedentes.

Todo esto gracias a un mayor reconocimiento de su cuerpo tónico-emocional, sabiendo que como el tono precede, prepara, sostiene y determina la acción, también a su vez la emoción correspondiente precede, prepara y sostiene el pensamiento, evitando así, en el adolescente, un comportamiento determinado por los procesos emocionales primitivos e inmediatos, sin una capacidad de pensar sobre su cuerpo proveyendo las diferentes posibilidades de la acción y sus resultados. El rol de la Relajación si sitúa en la “reconstrucción” de las fronteras corporales a fin de reorganizar las huellas inscritas en el cuerpo y verificar sus repercusiones en el psiquismo. De tal manera podemos decir que la Relajación es el acto psicomotor por excelencia: acto que se realiza completamente gracias a la palabra, la cual, traduciendo lo que siente, piensa y vive durante la experiencia corporal, ayuda al adolescente en el tomar distancia de su cuerpo y entrar como adulta en relación con el mundo. La individuación y la autonomía del adolescente pasa por el encuentro con el Otro. Esto es posible solo gracias a los mecanismo de identificación que se producen, en un primer momento, y ante todo, dentro del dialogo tónico con el otro y consigo mismo y después a través del uso de la palabra que favorece una conexión entre la experiencia corporal y la vivencia cotidiana. En este sentido la Relajación puede ser vista como una experiencia orientada a la conquista de la autonomía, tanto por los adolescentes con problemas, como por la mayoría de ellos en términos preventivos. “ BIBLIOGRAFÍA AA.VV. (bajo la dirección de POTEL C.), Psychomotricité entre théorie et pratique, Inpres Ed. Parìs 2000. BERGES J.-BOUNES M., La relajaciòn terapéutica en el niño, Masson Ed. Madrid 1974. BOSCAINI F., Cuerpo y emociòn. Primer espacio de comunicaciòn y derepresentaciòn, PSICOMOTRICIDAD, Revista de estudios y Experiencias, N° 60 1998. BOSCAINI F., Relaciones tònico-emocionales, imagen corporal y aprendizajes en Relajaciòn, PSICOMOTRICIDAD, revista de estudios y Experiencias. CITAP N° 64 enero-abril (I) 2000. SUDRES J.L.-LIENARD A. y otros, L’adolescent, son corps, sa thérapie, Hommes et Perspectives, Marseille 1995.

8

Artículo Boscaini  

LA RELAJACIÓN COMO MEDIADORA PARA EL RECONOCIMIENTO, CONTROL Y AUTOAFIRMACIÓN DE LA PERSONALIDAD

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you