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URUGUAY / Tercera época / Año XL / Nº 10 / Diciembre 2018 / www.issuu.com/bsuru


Nadie es tan pobre que no tenga nada para brindar, ni tan rico que no tenga nada que recibir

Sebastián Acquistapace y Lucila Caviglia La mesa está servida

PÁG 9.

SINTONIZANDO CON DON BOSCO

Don Ángel Fernández Artime “Susurrando a Dios”

FAMILIA EN OBRA Lic. Virginia Hill “Más humanos…¿Qué nos identifica como humanos?”

Martín Tejada “La Iglesia en la que creo es la que está presente en la vida de las personas”

PÁG 16. La historia de Juan Manuel Silva Una vida para aprender

PÁG 23. P. Francisco Lezama sdb De su plenitud

Jessi Navia y Carlos Devoto Devotos de la familia y de estar siempre para el otro

PÁG 22.

PÁG 21.

SINTONIZANDO CON DON BOSCO Sor Yvonne Reoungoat fma Escucha, discernimiento y acompañamiento

PÁG 29. Navidad gaucha

PÁG 24. AQUÍ Y AHORA Más humanos, más felices

PÁG 30. DEL ÁRBOL SALESIANO Francisco Ardaix “El carisma salesiano te acompaña día tras día y te redefine como persona”

PÁG 32.

UNA MANO AMIGA Patio “Mamá Margarita” en la Obra Social “Santa Mónica”

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Boletín Salesiano Revista de información sobre la Familia Salesiana y de cultura religiosa Director: P. Sergio Álvarez sdb Redactora Jefe: Adriana Porteiro

Diseño: gustavo@tanganika.com.uy Impresión: Mosca

Columnistas: P. Francisco Lezama sdb, Lic. Virginia Hill y P. José Adrián García sdb

Departamento Comercial: Luis Gómez E-mail: boletinsalesianouruguay@gmail.com Celular: 092 432 286

Equipo de redacción y responsables de secciones: P. Daniel Bernardoni sdb, Gianfranco Brandi sdb, Hna. María Baffundo hma, Sofía Cayota, Lic. Natalia Roba, Lic. Marcelo Hernández, Lic. Joaquín Castro, Ramiro Pisabarro y Juan José Malvárez. Fotografía: Sebastián Andión y Sofía Cayota, Andrés Sosa, Pixabay y archivo propio. Corrección: Graciela Rodríguez

Dirección, redacción y administración: Av. Agraciada 3181 CP 11800, Montevideo; tel. 2209 4521 Sitio web: www.issuu.com/bsuru Email: boletinsalesianouruguay@gmail.com Afiliado a la Cámara Uruguaya del Libro. / Depósito Legal: 366.191

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P. Sergio Álvarez sdb

CARTADELDIRECTOR

NADIE ES TAN POBRE QUE NO TENGA NADA PARA BRINDAR NI TAN RICO QUE NO TENGA NADA QUE RECIBIR Hace unos días me ronda la cabeza la idea de cambiar mi mirada hacia los otros, para ver si cambia mi modo de vincularme. Estoy un poco cansado de andar remando y tironeando de las relaciones con los demás. Y no sé si será que se viene la Navidad, pero esto que leí entre las páginas de este Boletín Salesiano me colocó en una nueva perspectiva: ¡Encontrar la plenitud del otro! Esa es la novedad que hallé, abrirme a esa plenitud y ayudarnos a encontrar esa plenitud. Dios nos da la mano, nos toma de la mano, nos sostiene de la mano para tener que ver con esa búsqueda. A mi entender por eso se hizo hombre y habitó entre nosotros. ¿Muy teórico esto? Aquí hay testimonios de caminos, experiencias, reflexiones, modos de buscar y de predisponerse a encuentros con los demás que nos permiten hallar y entregar la propia plenitud. Pues bien...a este Boletín Salesiano ¡léelo, te vas a encontrar! En nombre del Equipo, ¡feliz Navidad, gracias por el año compartido, nos vemos en el 2019! + HUMANOS + FELICES!! Un abrazo,

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Sebastiรกn Acquistapace


La mesa está servida Hace 8 años, una plaza de la ciudad de Mercedes fue el escenario donde se gestó una iniciativa inédita y singular que recibe el nombre “Mesa compartida”. Desde entonces, la Parroquia Pío X es el epicentro de una instancia en la que un grupo de voluntarios y personas en situación de vulnerabilidad, en su mayoría cuida coches, comparten charlas, almuerzos y la vida misma. El Padre Martín Ponce sdb tenía la costumbre de sentarse en la plaza y conversar con los cuida coches de la zona. Un día, una integrante de un grupo de oración que él acompañaba le propuso invitar a sus “amigos” de la plaza a un almuerzo todos juntos. Ese fue tan solo el primero de los cientos de almuerzos que se prepararon a lo largo de 8 años. La “Mesa compartida” se lleva adelante los martes, jueves y sábados de 10 a 14 horas. Funciona en base a las donaciones que se van consiguiendo, muchas veces aportadas por los voluntarios, donde algunos se encargan de la comida para el almuerzo, otros de la bebida y también del postre. Sebastián Acquistapace de 16 años, y Lucila Caviglia de 72 años, son voluntarios de “Mesa compartida” y entrevistados por el BS cuentan, en primera persona, su experiencia y todo lo que implica formar parte de esa comunidad.

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APRENDER A RESPETAR Lucila integra el grupo desde el principio y relata que en un comienzo los almuerzos se ofrecían solo una vez a la semana. Luego le propusieron formar otro equipo para poder agregar un día más a la actividad: “Poco a poco se fue sumando gente a este nuevo día. El grupo que se terminó formando fue realmente muy fuerte, donde nos cubríamos los unos a los otros”. En un comienzo no le parecía muy cautivadora la idea de hacer un comedor, pero admite que el error estaba en concebirlo como tal, porque es mucho más que un almuerzo y con el pasar de los años se fue generando entre todos los involucrados una relación muy entrañable. “Hoy no se me ocurre no venir, nos extrañamos. No solo se armó un lindo grupo entre quienes armamos la propuesta sino también con quienes la reciben”. Al principio los vínculos no fueron fáciles, se pretendía imponer normas y hábitos de convivencia que no eran muy aceptados, no por actos de rebeldía sino por el simple hecho de tener una realidad y una rutina totalmente distintas. El primer consejo que les dio el Padre Martín a quienes llevaban adelante la propuesta era que aprendieran a respetar. “Le pedíamos (a Martín) que interviniera y no hacía nada, hasta que un día nos dijo que tenemos que respetar: `quién nos dice a nosotros que bañarse todos los días está bien o que comer con o sin el gorro está mal. Tenemos que aceptarlos como son ya que todos somos iguales para Dios´”, recuerda. Lucila destaca que la escucha es otro factor importantísimo en la “Mesa compartida”. “Muchas veces se cae en el error de querer avasallar con argumentos e historias y nos olvidamos de prestarle atención al otro, ver qué le pasa, por dónde está su vida. Son un montón las enseñanzas que se han obtenido por parte de estas personas que muchas veces tienen que dormir en la calle o vivir situaciones muy complejas”. Como prueba de esto relata: “Un día con una compañera charlábamos de que no habíamos podido ir a misa y nos interrumpe uno y nos dice 'para mí la misa es esto, la misa empieza acá'. Es algo tan lindo y simple que te hacen ver un montón de cosas sencillas”. Las conversaciones se van dando de manera natural en torno a la mesa, y a medida que fue pasando el tiempo el conocimiento es tal que ya se sabe cómo está cada uno con tan solo mirarlo. La confianza se dio porque se permite hablar de cualquier cosa, independientemente de lo que se pueda comentar. “Aprendimos a no juzgar ni criticarlos por nada, eso lleva a la confianza y la soltura al conversar. Cuentan porque nosotros se lo permitimos. Acá nos sabemos la vida de todos, sus logros y sus errores. Se 6

respetan cada una de sus decisiones aunque muchas veces no las compartamos”, asegura Lucila. UNA EXPERIENCIA RENOVADORA Sebastián hace dos meses que forma parte de la propuesta “Mesa compartida”. Tras el fallecimiento de su abuelo entró en un estado de angustia muy grande y no encontraba motivación por ningún lado. Uno de los episodios que hicieron un click en su vida para poder superar los malos momentos sucedió cuando, yendo al liceo, se topó con una persona que yacía en la calle. A medida que iban pasando las cuadras la idea de volver era cada vez más fuerte. Hasta que decidió pegar la vuelta y tomar cartas en el asunto. Con la plata de la merienda compró pan, galletitas y agua, se sentó al lado de esta persona y decidió compartir una merienda improvisada para sobrellevar la tarde. “El señor me preguntaba por qué lo ayudaba y la verdad es que ni yo sabía, pero fue algo tan lindo. Estaba muy deprimido y lo que él no se dio cuenta es que me estaba ayudando a mí mientras lo ayudaba, era algo mutuo, de ida y vuelta”, añade Sebastián. Su abuela le contó sobre la actividad que se estaba realizando en la Parroquia y no dudó un momento en formar parte ya que descubrió lo reconfortante que es ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. “El primer día mi abuela me dejó en la Parroquia y estaba un poco perdido pero al entrar tuve un gran sentimiento de paz y tranquilidad, sabía que este era el lugar donde tenía que estar. Las cosas se fueron dando con mucha fluidez, comenzamos a contarnos todo y es una experiencia espectacular el compartir un ratito con ellos”. Sebastián siempre intenta llegar lo antes posible para poner la mesa y ayudar a preparar la picada. Mientras se espera por el almuerzo se va generando el rico intercambio de historias. Sebastián comenta que las charlas se dan por sí solas: “Ellos mismos nos preguntan, siempre quieren saber cómo estás y cuando querés acordar ya estás hablando de la vida como si nada. Por ejemplo mi hábito es traer cartas y nos ponemos a jugar, desde ahí también se genera el vínculo. Se van soltando para también contar sobre sus vidas, en qué andan. Después poco a poco se van profundizando las charlas y se permiten hablar de cosas más personales”. Para el joven esta es una experiencia que se volvió totalmente necesaria en su vida, siente que sus interlocutores le aportan mucho más de lo que él les puede brindar. “Lo que se siente es una paz interna tremenda. Esto no es hacer caridad, porque acá nos alimentamos mutuamente. Cada vez que salgo de la actividad me siento totalmente nuevo”.


Lucila Caviglia

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FAMILIAENOBRA

Podrían ser muchas las cosas que podríamos enumerar. Muchos los aspectos a tener en cuenta. Desde la biología, podemos plantear el ADN, la genética. Aunque no hay gran diferencia entre nuestro ADN y el de la mayoría de los seres vivos del planeta. En el desarrollo del Homo Sapiens, llegamos al hombre actual y podríamos jactarnos de ser superiores a todos nuestros ancestros. Con un gran potencial, que creemos casi infinito, en los últimos dos siglos hemos desarrollado y logrado un nivel de pensamiento, de planificación, de construcción y utilización de herramientas, estructuras sociales y políticas que parecían de ciencia ficción no hace muchos años atrás. El hombre actual puede manipular, modificar los genes y así mejorar condiciones de vida, evitar o curar enfermedades. Pero también es capaz de odiar, mentir, robar, participar y promover situaciones de agresión y de violencia, destruir nuestra Tierra, la “Casa Común” que nos regaló Dios: “Sean fructíferos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla” (Gn 1, 28); “Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno” (Gn 1, 31). Si bien otras especies logran una gran organización y formas de comunicación y protección que las hace particulares, los seres humanos logramos una conciencia social, una idea de justicia y de moral que nos hace únicos. Jesús, hombre Personalmente me mueven mucho, interiormente, aquellos pasajes del Evangelio que presentan a un Jesús humano, que sufre, llora, se enoja, disfruta de su entorno. Jesús ante la muerte de Lázaro: “Y Jesús lloró” (Jn 11, 35) Jesús echa a los mercaderes del templo: “Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, y no permitía a 8

MÁS HUMANOS…

¿Qué nos identifica como humanos?

nadie transportar cosas por el Templo.” (Mc 11, 15-16) Jesús y los niños: “Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí” (Mt 20, 14) Jesús en las bodas de Caná: “También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos” (Jn 2,2) Jesús pide que le den de comer: “¿Tienen aquí algo de comer?” (Lc 24, 41) Este Jesús, HOMBRE es el que nos invita a “ser más humanos”. ¿Qué nos hace felices? Como humanos tenemos la capacidad de amar y de odiar, de agredir y de ayudar a otros sin esperar recompensa, somos libres y responsables de nuestros actos. Estamos acostumbrados a escuchar y ver permanentemente informativos, informes, entrevistas en donde parece que el hombre se ha convertido en un ser inhumano, no-humano. Odio, rencor, violencia, atentados, guerras…

En nuestra conciencia moral, sabemos lo que está bien y lo que no. Y hacer lo que está bien, nos hace acercarnos a Dios. El concepto de felicidad para un creyente es pensar y actuar como discípulo de Cristo. Como discípulos estamos llamados a imitar a Cristo. Y tenemos la “receta”: El Sermón del Monte (Mt 5, 1-12). “Felices…”. Para nosotros cristianos, esta felicidad se llama santidad. Y estamos llamados a vivirla en lo cotidiano, aun con nuestro pecado, porque Dios nos ama y nos invita a la conversión: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que, aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5, 8). Ser más humanos, ser más felices Y si ser más humanos es ser cada día más solidarios, es amar a nuestros hermanos, es luchar por un mundo más justo, es cuidar nuestro ambiente y nuestro entorno, ser más humanos es ser más santos. Y esto nos hace más felices. Por transitiva: ser más humanos, nos hace más felices.

Pero sabemos que, en nuestro entorno, en nuestra ciudad, en nuestro mundo son muchos más los que tratan de hacer bien las cosas, de trabajar por construir un mundo mejor. Pero eso, tal vez, no es “noticia”. Hacer bien las cosas, trabajar por un mundo mejor, eso es lo que nos hace más humanos. Y nos hace felices. Sí, ¡FELICES! Y tratar de ser felices, no es novedad. Es a lo que todos aspiramos en nuestra vida.

Lic. Virginia Hill Licenciada en Educación y Salesiana Cooperadora. Integra las comunidades del Instituto María Auxiliadora (IMA) y del Instituto Juan XXIII y el Consejo Directivo del ISF.


SINTONIZANDO CONDONBOSCO

P. Ángel Fernández Artime / Rector Mayor de los SDB

SUSURRANDO A DIOS El grande y estridente mensaje de la Navidad, destinado a cambiar la faz de la tierra y llenarla de dicha es, en apariencia, insignificante: un neonato acurrucado en un pesebre. También nosotros, con tantos pequeños y delicados signos, en tantos pequeños, delicados y olvidados lugares, cada día anunciamos a Dios.

o vivir por primera vez. Los muchachos no iban a buscar un sacerdote; iban a buscar al padre, al hermano, al amigo. Una presencia profundamente humana, buena y generosa, de paciencia inagotable, que le permitía ponerse al servicio del último en llegar, sin importar la hora en que hubiera llegado.

«¿Qué debo hacer?» preguntaba Don Bosco al buen Don Cafasso. «¡Ven conmigo y mira!», le respondía el amigo y maestro.

En el Sínodo, la voz de los jóvenes nos ha despertado. Con orgullo nos han pedido ser valientes para testimoniar con la vida lo que proclamamos y lo que de veras creemos. Se necesitan testigos adultos más allá de los hombres de Iglesia, porque en el mundo hay una gran falta de paternidad y maternidad. Debemos continuar dando respuestas, no solo en las parroquias, en las escuelas, en los oratorios, en los centros juveniles, en las casas de acogida para chicos en situación de calle… La visión es más amplia: en estos espacios, que me son familiares como salesiano, se puede realizar una verdadera y auténtica, madura y sana, maternidad y paternidad. A veces un educador es un amigo, o debe ser un hermano para los muchachos, pero ser un verdadero padre o madre para los muchachos es uno de los grandes dones que se deben seguir otorgando. Es transmitir la sabiduría de la vida.

Así Don Bosco conoció a los jóvenes en la cárcel. Esa experiencia lo consternó «Me decía a mí mismo: estos muchachos deberían encontrar fuera de aquí a un amigo que cuide de ellos, que les asista, les instruya, les conduzca a la iglesia en los días festivos...». Les llevaba pequeños obsequios, les daba alguna buena palabra, buscaba hacerles reflexionar; prometían ser más buenos. Pero cuando volvía todo era como antes. Una vez, Don Bosco explotó en llanto. «¿Por qué llora ese sacerdote?». Preguntó uno de los jóvenes encarcelados. «Porque nos quiere. Incluso mi madre lloraría si me viera aquí dentro». Ese era el corazón de Don Bosco. Para quien no tenía familia, para quien se sentía solo en el mundo, para quien había perdido el afecto de algún ser querido, para quien no había conocido nunca el amor y se sentía rechazado siempre, descubrir el afecto paterno de Don Bosco, materno de mamá Margarita y fraterno de la comunidad oratoriana era revivir

En la fiesta de Navidad, celebramos la maravillosa revelación de la naturaleza del Padre, con el que Jesús es una cosa sola. Jesús es Dios, y muestra de que su persona es como la de un niño. Nunca en la historia sucedió algo similar. Dios con el rostro de un niño. Al centro de nuestra fe no hay un razonamiento sino verda-

dera ternura hacia los pequeños, los sencillos, los maltratados. Nuestros jóvenes deberían oírnos decir que los amamos, y que queremos realizar un itinerario de vida y de fe junto a ellos. Nuestros jóvenes deben sentir nuestra presencia afectiva y eficaz entre ellos. Deben oír que no queremos ni dirigir sus vidas, ni imponerles cómo deberían vivir, sino que queremos compartir con ellos lo mejor que tenemos: Jesucristo, el Señor. Deben escuchar que estamos aquí para ellos y, si nos lo permiten, para compartir su felicidad y sus esperanzas, sus gozos, sus dolores y sus lágrimas, su confusión y su búsqueda de sentido, su vocación, su presente y el futuro. Los jóvenes deben oír que les estamos susurrando a Dios. Quizá no alcanzaremos una ortodoxia y una ortopraxis extraordinarias, pero escucharán, a través de nuestra pequeña mediación, que Jesús les ama y acoge siempre. Entonces, como Don Bosco en aquellas últimas misas en la Basílica del Sagrado Corazón, entenderemos que habrá valido la pena.

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HACIENDOHISTORIA

Martín Tejada

“La Iglesia en la que creo es la que está presente en la vida de las personas” Martín Tejada, o “Teja” como se lo conoce popularmente, nació en Mercedes, donde asegura haber tenido una “infancia feliz” acompañado por sus cuatro hermanos. A los 19 llegó a Montevideo para estudiar y se fue a vivir a la residencia de Talleres Don Bosco, “que suplió el espacio de familia” que tenía en su ciudad natal. Hoy tiene 30 años y trabaja en dos obras salesianas. Busca en los encuentros cotidianos experiencias con “el otro” que lo ayuden a crecer, desde una fe sencilla y cercana, como la que cultivó en su infancia. 10

¿Cómo fue tu infancia en Mercedes y qué es lo que más extrañás de esa época? Muy feliz. Teníamos un vínculo entre los hermanos muy fluido. Mis viejos siempre presentes también. Extraño las juntadas de los domingos que siempre se demoraban porque alguno se levantaba tarde, íbamos a misa con mamá… Otra cosa que extraño es el juego. La casa era grande y hacíamos de todo un poco, corríamos por todos lados. Por suerte nunca nos pasó nada porque hacíamos algunas cosas que eran una demencia. Los fines de semana era una casa abierta, llegaban mis amigos todo el día. A eso de las 6, mi vieja se acercaba y nos preparaba la leche y el pan con dulce, era como una merienda de oratorio en casa. En su momento lo veía como algo natural, porque se daba seguido, pero hoy lo miro y lo extraño. Extraño ese oratorio en casa. ¿Por qué casas salesianas pasaste? Hice la escuela y el liceo (hasta cuarto año) en


el Colegio San Miguel. Por ahí pasaron varios salesianos, y el que más me marcó fue el Padre Raúl Avellaneda, que nos acompañaba en el oratorio y nos invitaba a las misiones. También alguna que otra vez puso la cara por nosotros. En el oratorio descubrí una forma de vivir y sentir la salesianidad priorizando las oportunidades de encuentro con el otro. Luego, cuando me vine a Montevideo, pasé dos años muy lindos en la residencia universitaria de Talleres Don Bosco. Sobre todo destaco la vivencia comunitaria de los compañeros con los cuales vivía, con quienes hasta ahora mantengo vínculo. Esos primeros años en Montevideo son muy importantes porque es todo nuevo, uno no conoce nada y hay que experimentar un montón de cosas. Las personas con las que vivís son un apoyo. La residencia suplió el espacio de familia que tenía en Mercedes. En el mismo año en que me vine para Montevideo entré al oratorio de Aires Puros, al que sigo vinculado hasta hoy ya que trabajo en el club de niños de ese lugar. Mis compañeros ahí me bancaron la cabeza en aquellos primeros tiempos.

lidad elige salir, dar una mano, poniéndose a disposición de los demás. Mamá es así, tanto en la Iglesia como en la vida familiar. Ella se acuerda de todos lo cumpleaños y llama, y no porque Facebook se lo diga, se acuerda. Ella sabe todo de nosotros, está al tanto de todo lo que pasa por más que no estemos en Mercedes y con una hija en Canadá, ella se hace presente y nos acompaña, no sé cómo hace, pero sabe todo de nosotros y de los nietos también. En este aspecto de estar al servicio de los demás me identifico con mamá, y espero poder seguir así. Con papá nos une el respeto y la valoración a las raíces indígenas de América Latina. Siempre nos ha mostrado otras culturas, sus costumbres, sus músicas y eso es lo que más rescato, con lo que más me identifico. También, siempre fue muy trabajador, no le pesaba hacer horas extras, sin descuidar la familia porque siempre estuvo presente. Este es otro aspecto que me identifica con él.

¿En tu familia son todos exalumnos salesianos? Exalumnos sí, después cada uno eligió seguir vinculado o no a la familia salesiana, o mantener una fe viva y creciente. Eso ya es una decisión personal de cada uno. ¿Tus padres son creyentes? Son creyentes, no sé si practicantes en la diaria. De las cosas que más recuerdo son las noches en que mis padres se acercaban a rezar con nosotros. Era un momento precioso, cortito, me marcó a fuego, ya que todos los días se rezaba y se pedía por alguien o por algo. También me acuerdo de la oración del niño, plasmada en un cuadrito que había en casa. Tanto me marcó, que estando en Ecuador en una casa con niños, me tocó hacer las Buenas Noches y, rezando con ellos, me acordé de esos momentos en los cuales mamá y papá rezaban con nosotros en casa. En la distancia se valoran mucho más esos gestos sencillos y cotidianos que nos van moldeando. ¿Qué sentís que te identifica más con tu madre y tu padre? Con mamá me identifico en el sentido y la visión del servicio. Uno sabe que puede estar tranquilo en su casa, acomodado, y en rea-

riencia de sentir al que está al lado como un verdadero hermano es muy fuerte. Una de las tantas remeras que hicimos tenía la frase “Hermanos en la fe”, y es tal cual se vive, se siente, sabés que contás con el otro para lo que sea. ¿Cómo fue la experiencia misionera en Ecuador? Me preparé durante tres años para poder irme de misión. El hecho de no saber a dónde te vas a ir (durante esa preparación), es una linda experiencia de abandono, donde dejás todo en las manos de Dios y bueno, que sea a donde tenga que ser, sabiendo que a donde te toque ir te recibirá una comunidad salesiana. Cuando se definió que me tocaba ir a Ecuador me puse muy contento. En primer lugar porque era en América Latina y segundo porque iba a poder tener vínculos con pueblos indígenas. Estando allá mi familia fue la comunidad con la que viví y con la que compartí todo, por ejemplo, la oración de laudes en las mañanas, cosa que no había hecho nunca. Esto implicaba que nos teníamos que despertar entre nosotros, porque 6:15 había que estar bien despiertos y bañados en la Capilla, nos ayudábamos entre los voluntarios, se vivía un buen clima. En ese año pude ser yo en Ecuador, sentir que podía andar por la calle y que la conocía, que era uno más. La palabra misionero… ¿Qué te dice? Salir. Si lo resumo, salir al encuentro de Dios que ya está allí, en el otro, en la comunidad. Para mí, no me veo como misionero quedándome rezando en casa, capaz hay otros que lo sienten así, yo no.

¿Qué te motivó a entrar en el Voluntariado Misionero Salesiano? Desde que estaba en Mercedes me movían las ganas de salir a misionar a otra tierra que fuera desconocida para mí. La primera participación que tuve en el voluntariado fue en Rivera, tenía menos de 18 años. Me encantó, pero aún no estaba pronto para poder irme de misión, lo pospuse. Me reintegré en 2011, donde lo que más rescato es la experiencia de familia y hermandad que se vive. El Voluntariado fue de los grupos que más me costó dejar, en especial esa expe-

El lema que este año acompañará la misión de los salesianos en Uruguay es “más humanos, más felices”. ¿Qué te sugiere? Me alegra que la Congregación elija un lema así. Muchas veces la Iglesia institución tiende a ser una Iglesia poco humana, lejana, anclada en los edificios, en los templos, y hay otra Iglesia que emana, que surge con ganas, la que promueve el encuentro, que habla de un Dios cercano, que se preocupa por su pueblo. Esta es la Iglesia en la que creo, la que está presente en la vida de las personas. Estoy convencido de que los salesianos estamos en condiciones de hacer crecer esa Iglesia más humana, y seguro va a ser lo que nos conduzca a ser más felices. Por eso, el camino a seguir es por acá. 11


VALELAPENAVIVIRASĂ?

Devotos de la familia y de estar siempre para el otro 12


Jessi Navia y Carlos Devoto comparten su vida hace 29 años. Les “encantan” los gurises, y por ello no solamente engendraron una numerosa familia sino que acompañan a muchos en el Colegio San Miguel de Mercedes, y a otros que llegan a la residencia universitaria que abrieron este año en Montevideo. Hace 13 años la tragedia sacudió sus vidas. Pese al profundo dolor, con la ayuda de muchos que los apuntalaron, pudieron enfocarse en el “para qué” más que en el “por qué” y se embarcaron en "una búsqueda constante no de respuestas, sino de dar y recibir”.

Carlos y Jessi… ¿cómo empezó a conformarse su familia? C‐ Nos conocimos y ennoviamos hace 29 años en Mercedes, yo tenía 22 y ella 21 años. Luego de cinco años de noviazgo nos casamos el 22 de diciembre de 1994. Tenemos 5 hijos: Antonella, Giuliano (que murió hace 13 años, cuando tenía 7, en el cumple de su hermana Antonella), ese mismo año encargamos a Giuseppe, que es el menor. También tenemos a Stéfano y a Fiorella, que los parteros fuimos Antonella y yo, porque nació en casa. Lo increíble de la vida porque Giuliano murió en casa. Siempre decimos que empatamos el partido. ¿Cómo comenzó su camino de fe? J‐ Yo hice catequesis hasta 1° de liceo, pero la suspendí por mis horarios de estudio. Los domingos sí iba a misa, siempre. Si bien Carlos no era de ir, su mamá era practicante, y de a poquito él empezó a acompañarme. El día de nuestra boda logré 13


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hacer mi Primera Comunión, o sea que tuve doble alegría, doble sacramento. Después ya con todos nuestros hijos preparamos la Confirmación. ¿Cómo se vincularon a los salesianos? C‐ Cuando Antonella, la mayor, tenía 3 años, iniciamos nuestra vinculación con el Colegio salesiano. La pérdida de “Giuli” nos complicó la vida, fue algo duro, una tragedia, pero en ese momento ya estábamos muy vinculados al Colegio. Los Padres Hugo Espinosa y Raúl Avellaneda, con quienes teníamos una relación preciosa, nos apuntalaron mucho. Nunca necesitamos de un psicólogo, ni pastillas, ni nada, salimos adelante con un grupo de gente que nos sacó. Siempre, cuando le hablo a los gurises en la catequesis de la resurrección, les cuento que Giuseppe no llegó a conocer a “Giuli”, sin embargo pregunta por él y es el que más sabe de él. Nosotros lo tenemos vivo acá, donde estamos. Nos encantan los gurises y no concebimos nuestra vida sin ellos. Por eso tenemos nuestro trabajo en el Colegio, el estar ahí para y con ellos. Apostamos a la vida y a los jóvenes. ¿Qué actividades desarrollan en el Colegio? C‐ Soy carpintero de profesión y por vocación, que heredé de mi abuelo. Y esa actividad, si bien ha disminuido, es lo que nos da de comer a la familia. Además, Jessi y yo, somos catequistas. J‐ Soy profesora de Informática pero cuando sucedió lo de Giuliano suspendí la docencia. Estoy en la Secretaría Pastoral de Primaria, además de dar catequesis a nivel maternal, inicial y a algún grupo de Primaria. También a

grupos asociativos. Trabajamos juntos con grupos de animación, salimos a hacer apostolados, servicios. Fuera del Colegio participamos también de un grupo de matrimonios de los Hogares Don Bosco, donde uno aporta experiencia y recibe, son formas de crecer. Con el Padre Julio González tuvimos, también, grupos de familia y de estudios bíblicos. Siempre estamos activos, participando. Nos gusta eso. ¿Esa mayor participación surgió tras lo que le sucedió a Giuliano? C‐ Sí. Es que cuando sucedió lo de “Giuli” hacía poco que formábamos parte de la comunidad. Pero ante lo que nos sucedió decidimos no pararnos en el por qué, porque no nos llevaba a nada, y nos centramos en el para qué, lo que es una búsqueda constante, no de respuesta, sino de dar y recibir. También hicimos charlas pre-matrimoniales en la Catedral de Mercedes contando nuestra experiencia. Nos parecía muy egoísta quedarnos con esa vivencia, y pensamos que lo mejor era compartirla. Me pasa que voy a tomar medidas en una casa para hacer un mueble, y lo hago en 5 minutos y me quedo una hora poniendo el oído, pero no con la Biblia debajo del brazo. J‐ Al parecer, en el camino que hemos recorrido como matrimonio hemos dado un buen testimonio. Eso lo vemos cuando familias comparten sus cosas con nosotros, se abren a uno, confían. Eso nos llena y nos motiva a seguir por este camino. Es una honra para nuestra familia que nos vean así y que la gente quiera conocer nuestra historia, como ustedes. C‐ Otra muestra de apoyo de la comunidad fue cuando se me quemó toda la carpintería. Se destruyó todo y en dos meses, sin poner un peso, la tenía nueva, y mejor incluso. En el

momento de máxima desolación, sentí una mano en el hombro que me dijo: 'Bueno Carlitos, quédate tranquilo, que de esta salimos todos'. Por eso le digo siempre a mis hijos, saluden a la gente y sean agradecidos, porque no se sabe quién ayudó con algo y nunca sabés de quién vas a precisar en algún momento de tu vida. Siempre cuento la historia de que en la catequesis pedía tres o cuatro cuadernos de los gurises para vichar y se los devolvía el fin de semana. Eso no era para ponerle nota ni nada, sino la excusa para ir a sus casas a llevárselos y conocer a la familia. En una de esas visitas me invitaron a pasar y me senté en un sofá. De un lado el padre del gurí y del otro la madre. Estuvieron una hora y media conversando entre ellos y yo no dije una palabra. Ahí me di cuenta de la importancia de generar el encuentro, el anunciar, generé un diálogo que capaz no habían tenido nunca. ¿Qué les genera darles parte de su tiempo a otro? ¿Ayuda a cicatrizar? J‐ Ayuda a crecer, a procesar. Es lindo que te inviten a ser parte de esa familia. El testimonio que damos es con nuestros gestos más que con nuestras palabras. C‐ A mí me genera orgullo el ir a contramano de los tiempos que corren hoy. Todo el mundo está encerrado en sí mismo, no tenemos tiempo para los demás. Ojo que a mí también me pasa. Cuando aporto algo, siento que para algo estoy acá. La gente nos quiere y queremos a la gente. Mi madre me decía que “no solo hay que ser bueno, sino parecerlo”. Requiere dedicación. Hay que ser confiado en Dios. Somos auténticos, no escondemos nada.

Un emprendimiento que sigue el mismo camino La familia Devoto-Navia tuvo un emprendimiento en su natal Mercedes –un salón de fiestas- que debió vender. Ese dinero lo guardaron hasta decidir en qué invertirlo. Finalmente, en mayo de este año, compraron una casa en el centro de Montevideo (Ejido y Mercedes), donde instalaron una residencia mixta para estudiantes mercedarios, que llaman “casa”. Con este emprendimiento buscan, más que otros ingresos, “agrandar” esa familia que tienen, dándole hospedaje y contención a jóvenes, “para que no extrañen”, remarcó Carlos. “Acá cosechamos lo que hemos sembrado”, subrayó Jessi. “Es un sacrificio familiar, pero sentimos que le devolvemos algo a la sociedad. Si bien hospedarse no es gratis, nos involucramos en la vida de cada joven y tratamos de darle una mano para que salga adelante. Es algo bien cercano, que se nos ha pegado del Sistema Preventivo, y eso que no somos salesianos, pero nos fuimos enamorando de este modo de estar entre los jóvenes”, concluyó Carlos. 15


CONNOMBREYAPELLIDO

La historia de Juan Manuel Silva

Una vida para aprender Tras criarse en un hogar donde la violencia formaba parte de lo cotidiano, a los nueve años decidió irse a vivir solo en la calle. Como él dice conoció “lo bueno y lo malo”, pero siempre sabiendo que Dios lo acompañaba. Hoy Juan Manuel Silva tiene 32 años, es cuida coche en la ciudad de Mercedes, y representa a la comunidad de la Parroquia Pío X en el Consejo Pastoral de la Diócesis de Mercedes.

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“En la calle me pasaron cosas buenas y malas. Muchas veces tuve que llegar a robar para subsistir. Ya con 12 años si necesitaba un par de medias para pelear el frío lo tenía que lograr por mis propios medios. Para colmo en aquella época no les daban trabajo a los menores y acá nos corría la policía, no nos dejaba trabajar. Al no tener el apoyo de mi padre, ni nada, de algún lado tenía que vestirme, era yo solo contra el mundo”, recuerda Juan. La soledad fue tomando cada vez más protagonismo y se fue adueñando de sus emociones. Los prejuicios y la discriminación de la gente lo fueron llevando a la rebeldía, un lugar donde las elecciones no suelen ser las mejores o, como dice Juan, se “toman decisiones que te llevan a dar malos pasos”. “En la calle lo primero que uno conoce es la droga, chocás directo con eso. Como pobre, en la calle, uno no va a la zona de los ricos sino a los barrios bajos. Y ves que en una esquina cualquier gurí se droga y si vos no lo hacés sos menos. Ahí empecé y una droga llevó a la otra. Muchas veces era la escapatoria que uno tenía, ante un momento de depresión de esos que pegan mal de verdad, me iba a una boca y me compraba algo para fumar. Por un ratito me iba de todo y me olvidaba de los problemas. Me fumaba un porro para sentirme más alegre”. PROCESOS DE CAMBIO Juancito, como también lo conocen, reconoce que hubo un gran cambio en su vida desde el momento en que comenzó a asistir a la Parroquia. Hace unos ocho años el Padre Martín Ponce sdb estacionó su auto en la Plaza Independencia, zona en la que Juan cuida coches y lo invitó a participar de la propuesta de “Mesa Compartida”.

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A medida que iban pasando las reuniones fue descubriendo que lo que más le molestaba era estar solo y eso lo llevaba a ver siempre el lado negativo de las cosas. Se propuso, entonces, empezar a buscar lo bueno de cada situación. Si bien subsistía en muchos el prejuicio que se tenía sobre su persona, admite que muchas veces él también devolvía odio y notó que estaba equivocado. Se generaba una relación de ida y vuelta que lo perjudicaba. “El punto que cambió mi vida fue cuando conocí al Padre Martín. Estaba aburrido de estar solo y me encontraba en un estado rebelde donde no me importaba si le hacía mal a los demás porque sentía que me despreciaban. Me generé una coraza donde siempre estaba a la defensiva. Y cuando Martín y toda la gente de la Parroquia se interesaron por mí, empecé a hacer el esfuerzo de ser cada vez mejor persona para no quedar mal con ellos. No quería que supieran que andaba robando o las piñas por ahí, no quería quedar mal con ellos porque me cayeron bien. Al hacer todo eso por ellos no me estaba dando cuenta de que se estaba generando un cambio en mí. Mi agradecimiento fue lo que me terminó transformando”, afirma.

Si bien la invitación lo motivaba un montón, la timidez le pudo más y no asistió al primer encuentro, pero la idea de ir seguía rondando en su cabeza y tomaba cada vez más fuerza hasta que decidió darle una oportunidad.

MUCHO MÁS QUE UN HOGAR Juan lleva dos años viviendo en la Parroquia que lo acogió hace ocho. Es delegado de la misma y forma parte del Consejo de la Diócesis.

“Fui y vi que la gente era bien, querían conocerme, me trataban como uno más de ellos. Me fui sintiendo cómodo, empecé a ir con frecuencia y hoy por hoy ellos forman parte de mi familia. Me fui adaptando con ellos y son parte de mí”.

“Formar parte de la Parroquia es algo que me encanta. Hoy en día ayudo a cocinar y le doy una mano al Padre en todo lo que se necesite. Si hay que asistir a alguna reunión


“Cuando Martín y toda la gente de la Parroquia se interesaron por mí, empecé a hacer el esfuerzo de ser cada vez mejor persona para no quedar mal con ellos” representando a la Parroquia y Martín me lo pide, allí estoy presente con mucho gusto. Tengo un sentimiento de total compromiso. En las catequesis me encargo de animar a los niños, ya sea jugando a la pelota o con lo que haga falta”. Durante todo este tiempo hizo el proceso de la iniciación cristiana y recibió el bautismo, la comunión y la confirmación, un logro que se lo adjudica en su totalidad a las catequistas. Con una de ellas, Patricia, tiene un proyecto para el año entrante de trabajar con niños que no tienen un buen acompañamiento en el día a día. Poder transmitir un mensaje para que puedan identificar las cosas con las que van a ir enfrentándose en la vida. “A los chiquilines que siempre andan por acá en el centro, que en su mayoría tienen problemas con las drogas, trato de transmitirles qué importante es lo que uno es en sí mismo y no sus logros o su profesión, lo importante es la esencia de uno y lo que quiera ser a nivel personal. Hay un refrán de mi abuelo que me decía siempre y me ayudó para ir creciendo: `Usted mijo, sea lo que sea en la vida, pero siempre con respeto y sabiendo tratar a la gente que las puertas se abrirán en todos lados´. Respetar siempre es el primer paso para ser querido”. Por el momento Juan no se anima a proponer ninguna actividad nueva para la Parroquia no por falta de ideas sino porque cree que todavía le falta aprender, y considera que todavía está allí de agregado. Pero

siempre está dispuesto a brindar opiniones cada vez que se le consulta y dispuesto a pensar propuestas si le dan el espacio.

problemas y eso uno después lo puede llevar a su propia vida. Hoy en día mi mente está enfocada en cómo poder ayudar”.

A la hora de describir un día típico comenta que siempre tiene actividades para hacer, ya sea en la plaza o en Pío X. Pero la intención y el objetivo que tiene día a día es poder ayudar a los demás: “Últimamente estoy un poquito vago y vengo a la plaza a eso de las dos de la tarde hasta las ocho más o menos (entre risas). Si no, mi horario habitual es de doce a ocho. Me levanto y me

UN DIOS PRESENTE A pesar de transitar aún algunos momentos de desánimo, Juan es consciente de que Dios siempre estuvo acompañándolo en las cosas pequeñas y en esas donde la vida se pone en juego como “en situaciones de abstinencia, en los momentos donde la muerte pasó muy cerca y en esos días donde el frío hace de las suyas".

“En la `Mesa compartida´ fui y vi que la gente era bien, querían conocerme, me trataban como uno más de ellos”

pongo a ordenar o limpiar un poco la ropa. Veo si hay que hacer alguna actividad de mantenimiento. Los días que hay `Mesa compartida´ ayudo y participo. Después de hacer la jornada con los coches me vuelvo para la Parroquia y me preparo para cenar. Siempre intento leer alguna cosa o mirar alguna película, me gustan mucho todas aquellas que son verídicas, porque siempre te dejan un mensaje donde quedás reflexionando. Muestran cómo muchas veces se puede actuar ante los

Juan ha sentido en forma muy clara la intervención de Dios en muchos momentos límite. “Me ha pasado de estar en tiroteos y que las balas pasaran por mi costado y no me tocaran, tuve que ver a un compañero caer al lado mío. Hubo momentos en los que no quería saber más nada y me quise quitar la vida, en aquel entonces vivía en un camión para aguantar el invierno, me caí de rodillas en llanto y tenía una piedra en la mano y de la nada, sin tener sueño, me quedé dormi19


do. Al otro día, al despertar, mi pensamiento ya era uno totalmente distinto, ni siquiera pensé en drogarme ni nada. La angustia se escapó y mi mente estaba fortalecida, como si alguien hubiera intervenido. Cuando uno reflexiona se va dando cuenta de quién es el responsable”. También ha notado su presencia en momentos donde la abstinencia le ha jugado una mala pasada y no pudo comprarse un par de zapatos ya que había gastado la plata en una boca de droga para poder huir de la rutina. Pero aun así decidió encomendarle una vez más su vida a Dios para “que haga de las suyas”. “Hay pequeñas señales que capaz son una pavada, pero para mí eran importantísimas. No tenía calzado y estaba pensando en comprarme championes con lo que había podido juntar, pero al llegar la noche la abstinencia me mató y me gasté todo. Esa misma noche decidí pedirle ayuda a Dios. Al otro día camino a la Parroquia agarré por otro camino al habitual y al darme cuenta pegué la vuelta. Un señor que se estaba mudando me dijo que tenía un par de championes para dar y me preguntó si los

quería, me terminó dando cinco pares. Me fui mirando para arriba y me reía solo, por algo tenía que pegar la vuelta. En mi vida Dios siempre estuvo, no es que a veces nos suelta la mano como mucha gente piensa, sino somos nosotros quienes nos soltamos, Él siempre tiene la mano tendida. Eso lo tengo siempre presente, y muchas veces permanezco callado agarrándome la medallita que tengo colgada en el cuello”.

“Hoy en día mi mente está enfocada en cómo poder ayudar” PERDONAR PARA SEGUIR La primera petición en las oraciones de Juan es que perdonen sus ofensas y que él aprenda a perdonar. Muchas veces siente que no sabe pedir perdón entonces recurre a Dios

para que lo ayude a lograrlo. Porque algo tan simple como que no lo odien implica no odiar a los demás. Reconoce que tener la capacidad del perdón es la base para poder seguir adelante. Esto es fundamental para sus planes, que si bien no piensa mucho en el futuro y prefiere vivir el presente a pleno, hay un deseo muy claro: “Lo que quiero es que cuando ya no me toque estar en este mundo me recuerden como una buena persona. Que me recuerden bien. Me preocupo más por vivir en el presente porque el futuro lo dejo en manos de Dios”. Con el tiempo espera acceder a su propia casa y a un trabajo formal, en algo relacionado con la electricidad, un rubro que siempre le llamó la atención y para lo que se está formando. Todo lo que ha transcurrido en su vida lo lleva a una conclusión muy clara y sencilla: “La vida es para aprender, siendo una buena persona. Porque eso es lo único que nos vamos a llevar, el ser de cada uno. Lo material se queda acá”.


SINTONIZANDO CONDONBOSCO

Sor Yvonne Reungoat Superiora General de las FMA

ESCUCHA, DISCERNIMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO Queridos amigos de la Familia Salesiana de Uruguay: ¡Qué lindo haber caminado juntos este año! Un año que como Familia Salesiana nos deja el empeño de todo lo generado al habernos puesto a la escucha de los jóvenes, en comunión con la Iglesia. Como el Papa Francisco lo ha expresado ha sido un evento en el que ha actuado el Espíritu Santo: "Ahora el Espíritu nos da el documento para trabajar en nuestro corazón. Somos los destinatarios del documento, (…) y es necesario rezar con el documento, estudiarlo, pedir luz "(Discurso al final de la Asamblea Sinodal, 27 de octubre de 2018).

exigen ser escuchados, sino que sienten la necesidad de escuchar: los jóvenes son capaces de escuchar y de tomar decisiones cuando se sienten acogidos de manera empática, sostenidos en la confianza, acompañados; no abandonados o traicionados en su camino (cf Documento Final, Df, No. 7). Para ello es necesario poder adentrarnos en tres claves: la escucha, el discernimiento y el acompañamiento.

Es una consigna dirigida a cada uno de nosotros y que acogemos con "corazón sinodal" para caminar juntos con valentía, esperanza, optimismo evangélico y con gran confianza en los jóvenes.

Don Bosco y la Madre Mazzarello fueron verdaderos "artistas" en acompañar a los jóvenes y a las jóvenes con una presencia constante pero discreta, de "puntillas", respetando su libertad y proponiendo siempre horizontes más amplios. Una presencia dispuesta a escuchar, a compartir los esfuerzos, los logros, y a demostrar confianza en sus posibilidades.

Hay un profundo deseo en los jóvenes de ser escuchados, acogidos, comprendidos. Tienen necesidad de adultos creíbles y de confianza que sean verdaderos testigos. Sin embargo, no solo

¿Cómo es posible acompañar a los jóvenes si no nos ponemos de su lado con una gran carga de humanidad? ¿Cómo discernir lo que el Señor espera de ellos si no nos tomamos en serio

sus vidas y sus historias? El nuevo año es una oportunidad para seguir caminando y ahondando en esto, y les comparto que tengo un sueño que me gustaría se realizase en todas las comunidades educativas: dar a los jóvenes y a las jóvenes, en todos los ambientes, el precioso regalo de nuestra presencia (¡asistencia salesiana!). Solo de esta manera podemos ofrecer un acompañamiento educativo donde el diálogo personal, la experiencia de grupo, y la disponibilidad para caminar con ellos faciliten la confrontación y el discernimiento vocacional. Concluyo deseando santas fiestas para esta Navidad. Deseo hacerlo extensivo a vuestras familias, a los jóvenes, al Rector Mayor don Ángel Fernández Artime, a los Hermanos Salesianos, a los miembros de la Familia Salesiana y a todas las personas con quienes compartimos la misión educativa.

DEOTROSLARES ABIERTAS LAS INSCRIPCIONES PARA CONGRESO INTERNACIONAL DE MARÍA AUXILIADORA Del 7 al 10 de noviembre de 2019 se celebrará en Buenos Aires, Argentina, el 8° Congreso Internacional de María Auxiliadora, con el tema “Con María, una mujer creyente”. Es un evento de la Familia Salesiana, promovido por la Asociación de María Auxiliadora (ADMA) de acuerdo con la Secretaría de la Familia Salesiana y con la Familia Salesiana de Argentina, que forma parte del contexto sinodal de la Iglesia que en los últimos años ha puesto su atención en la familia y en los jóvenes. En 2019 ADMA celebrará el 150 aniversario de su fundación. La inscripción está abierta a individuos y grupos, siguiendo las instrucciones en el sitio web www.mariaauxiliadora2019.com.ar. Fuente: ANS

LAS HABITACIONES DE DON BOSCO CERRADAS POR 2019 A partir del 3 de diciembre las llamadas “Camerette de Don Bosco” en Turín, es decir, las habitaciones en las que vivía San Juan Bosco en Valdocco, se encuentran temporalmente cerradas para iniciar trabajos de restauración. El trabajo continuará al menos durante el año 2019. La intención es la realización de una reorganización completa de la Casa Pinardi, con vistas al Capítulo General 28, que se celebrará en Valdocco del 16 de febrero al 4 de abril de 2020. Estos lugares son los ambientes en los que vivió el santo. Hasta 1929, año de la beatificación del Padre y Maestro de la Juventud, permanecieron casi intactos. Inmediatamente, en el año del jubileo del año 2000, se hizo una reorganización del complejo, haciéndolo tal y como ha sido visible hasta nuestros días, añadiendo monitores explicativos en la planta baja y otros detalles. Fuente: ANS

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MEGUSTACOMENTOCOMPARTO


MEGUSTACOMENTOCOMPARTO

De su plenitud Esta página se refiere al inicio del Evangelio según San Juan (1,1-18) proclamado en la Misa del 25 de diciembre, Solemnidad de la Na vidad del Señor. La Bersuit en su icónico tema “El viejo de arriba” parece dejar claro hacia dónde se quiere ir en el camino “hasta la cima”: “Al zaguán de un mundo liberado, al placer de un mambo marginal, al rincón de un juego desquiciado, hasta tumbar en plenitud”. La plenitud de la que habla la canción (que, en juego con el verbo tumbar, forma una expresión exquisita) es en realidad un anhelo que está en el corazón de cada ser humano. La sed de sen do, el deseo de saciedad, contrastan con una realidad a la que nos enfrentamos al menos como riesgo: la frustración de la limitación, la posibilidad de que esta vida, la única que tenemos entre manos, sea vivida en la amargura de la infelicidad. Es cierto: ¡podemos anestesiar este anhelo interior de tantas maneras! El personaje “Consumo” de Peter Capuso o lo expresa clarito: “No pierdas empo pensando en el sen do de la existencia y todas esas boludeces; ¡afuera hay un mundo de cosas para comprar!” Hoy se ha puesto en cierto sen do “de moda” hablar de la búsqueda de plenitud. Técnicas de meditación, libros de autoayuda, gurúes foráneos y autores espirituales que pululan en nuestro ambiente. Muchos caminos nos son ofrecidos, y muchos maestros se ofrecen como portadores de la respuesta a la pregunta que, quizás, sea la única importante: ¿cómo hacer para que esta vida valga la pena? Ahora bien, entre tantos autoproclamados maestros en este saber, ¿tendrá algo para decirnos un niño pobre? ¿Un gurí nacido en condiciones precarias, de una familia migrante, a quien le falta lo básico materialmente hablando, tendrá algo que ver con esta pregunta sobre la vida? A un loco llamado Juan le pareció que sí. Ya anciano, viviendo en Éfeso (lo que hoy es Turquía), muy lejos de su Galilea natal, Juan escribe la buena no cia de Jesús, para que los que los lectores de su obra crean, y creyendo tengan Vida (esa plena, la que va con mayúscula). Y para su obra, que cuenta los signos que hizo Jesús y sobre todo el signo de su entrega en la hora de la gloria, Juan escribió una introducción, que es una de las páginas más sublimes de la literatura universal. En el día de Navidad escuchamos esa lectura en la misa, y allí, sobre el final, Juan afirma: “De su plenitud todos nosotros hemos par cipado”. ¡Allí está nuestro camino! Es SU plenitud la que nos salva. La plenitud del que se hizo humano: no solo porque asumió nuestra “carne”, nuestra condición humana, en el vientre de María. Jesús se hizo humano viviendo en una familia, creciendo y aprendiendo, trabajando con sus manos, abrazando a los niños, cul vando las amistades, transmi endo paz a quien no la tenía, conmoviéndose y acercándose a los que sufrían. Jesús se hizo humano, se hizo pleno, experimentando la cercanía de Dios como Padre, pasando horas con él en oración, celebrando la fe junto a su pueblo. Por eso afirmamos que Él es el camino: su plenitud es la nuestra. Cuando nos hacemos más humanos, según su modelo, somos más plenos, somos más felices.

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AQUÍYAHORA

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Mรกs humanos,

s e c i l e f s รก m 25


“La fuente principal de felicidad son las otras personas, lo que nos da felicidad son las otras personas; las cosas, los bienes materiales, los éxitos, todo eso es periférico, todo eso es epidérmico. La felicidad está ligada a la visión personal del hombre, a la capacidad de proyección del hombre, a la condición amorosa del hombre, que es capital para que el hombre sea feliz”. De esta manera explicaba el filósofo español Julián Marías (19142005) en una conferencia que la felicidad está necesariamente relacionada a la vida en sociedad y comunitaria, características excluyentes del ser humano. También reafirma esa idea el Psicólogo e Investigador estadounidense de la Universidad de Harvard, Dan Gilbert. En una entrevista con El País de Madrid en 2016 dice que “hay unas pocas cosas que se pueden hacer y, si se hacen todos los días religiosamente, el promedio de felicidad irá subiendo”. “Por ejemplo, pasa más tiempo con la familia y los amigos. Es un consejo aburrido, pero es cierto. Somos el animal más social del planeta, se mida como se mida, así que no sorprende que la mayor parte de nuestra felicidad proceda de las relaciones sociales”. La necesidad fundamental del hombre es ser amado y amar, dice el Rector Mayor de los salesianos, Ángel Fernández Artime, en su mensaje para 2019 “Para que mi alegría esté en vosotros” (Jn15,11): La santidad también para ti. Y por eso invita a todos los que intentan vivir la espiritualidad que impulsó Don Bosco a buscar la santidad que “es la perfección de la caridad”. “Cuanto más santo, más humano porque ´no es que la vida tenga una misión, sino que es misión´, dice citando Gaudete et Exsultate, la tercera Exhortación Apostólica del Papa Francisco, del 19 de marzo de 2018. “La santidad no es un 'plus' facultativo ni un objetivo solo para algunos. Es la vida plena, según el proyecto y el don de Dios. Por tanto, es un camino de humanización. La verdadera vida espiritual es el florecimiento de lo humano”, afirma el Rector Mayor. 26


SIGNOS DE HUMANIDAD El Padre Juan Algorta sdb explica qué implica ser más humanos: “Una persona es más humana cuando reconoce en todos los demás su humanidad y los trata como tales”. Asegura que tratar al otro con humanidad implica “respetar a su persona y a su dignidad, poner en práctica la actitud de escucha para que pueda expresar lo que siente, y que podemos compartir el sentimiento de esa persona y poder contribuir a su crecimiento”. “Ser más humanos implica el respeto sagrado a la dignidad de cada persona”, resume. Por el contrario, estar deshumanizado “es ignorar la dignidad de la persona humana que esta frente a mí, es crear exclusión entre las personas, ningunear a alguien por el hecho de que sea diferente a mí”, dice Algorta. Otra forma de deshumanización es la violencia pero el sacerdote explica que esa violencia muchas veces tiene su raíz en la exclusión de esa persona de sus derechos. “Si esa persona es ninguneada y no tiene sentido para vivir, va a atacar a los demás. Humanización es el respeto a todos y de

manera particular a quienes más vulnerables son”, afirma. Algorta afirma que la dignidad humana, que está en cada persona, va acompañada de derechos fundamentales para su propia realización, y también de deberes “para que sea una convivencia realmente humana”. La felicidad de unos no puede edificarse sobre la desdicha y la explotación de otros. Si una persona pasa hambre, si debe trabajar 16 horas para ganar apenas lo que le permite sobrevivir, si la preocupación nunca la abandona, encontrar la felicidad se le hará cuesta arriba. Al mismo tiempo, en los más vulnerables se ven ejemplos de humanización “maravillosos”. El sacerdote recuerda cuando estaba en el Movimiento Tacurú, el caso de una familia numerosa y que vivía en la absoluta pobreza que “fue capaz de recoger a los niños que habían quedado huérfanos a razón de un accidente. Esta familia vulnerable que vivía en la pobreza fue la que inmediatamente se solidarizó con esa situación y recibió a los niños en su casa hasta que la comunidad nacional solucionara el problema. Estas muestras de solidaridad no las vemos en todos lados”.

También advierte de la tentación de deshumanizar a los más cercanos: la pareja, la familia, los compañeros de trabajo. “Justamente por tenerlo más cerca y ser más próximo muchas veces se siente la tentación de no considerarlo persona, de utilizarlo, de manipularlo, lo que va en contra al proyecto humanizador de Dios, que Jesús lo manifestó dando su vida por todos nosotros”. FELICIDAD Y LIBERTAD El filósofo Marías plantea a la felicidad como un asunto personal que afecta a cada persona. “Cada persona es feliz de manera más profunda o más superficial. Quizá la felicidad no se puede buscar directamente sino que resulta cuando uno busca las cosas que realmente le interesan y en la medida en que lo consigue se encuentra feliz, pero esos proyectos tienen que ser auténticos, que emerjan del fondo de la persona, de lo que uno quiere ser”. Unido a la felicidad entonces está la libertad que le permite al hombre ser artífice de su destino. “La vida humana es mía, es circunstancial, es libre, partiendo de lo que es vida humana podemos imaginarla en circunstancias distintas. Yo sé quién soy, pero para saber quiénes somos es menester que nos forjemos nuestra aventura, para que la vida

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sea humana verdad y libertad son inseparables. Sin liberad el hombre no puede vivir su vida humana”, explica Marías. A su vez asegura que en el hombre hay una capacidad de renacimiento, de reflotar. Es la única creatura capaz de pasar por circunstancias tremendas como guerra, pobreza, campo de concentración, pero “puede encontrar en la desgracia una brisma de gracia”. Victor Frankl, el neurólogo y psiquiatra austríaco que sobrevivió desde 1942 hasta 1945 a varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau, descubrió el sentido de la vida basado en tres factores: tener un proyecto, alguien a quien amar, y una visión redentora del sufrimiento. Por eso, a pesar de las adversidades en las que vivió, se mantuvo dedicado a trabajar en el manuscrito que había comenzado a escribir antes de entrar a su primer campo de concentración. También estaba convencido de que su familia lo estaría esperando, lo que lo ayudó a mantenerse vivo. Con tiempo y reflexión, Frankl vio un propósito en su dolor: un conocimiento que le dio luz a sus experiencias y lo ayudó a sobrevivir lo peor del Holocausto cuando muchos otros no sobrevivieron. MIRAR A JESÚS Algorta señala que “contribuye a ser más humano cultivar nuestra relación con la persona de Jesús”. “Quizá no se practica la reli-

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gión pero se tiene en cuenta el Evangelio de Jesús que es humanizador y se tiene en cuenta a la persona que en todo momento fue sencilla y se preocupó por las personas que estaban más cerca, al Dios de Jesús que nos quiere más humanos y más felices”, sostiene. “Si uno es más humano logra ser más feliz. En la medida en que uno piensa en los demás y actúa en función de los demás va a encontrar más sentido en su vida y va a ser más feliz”, resume Algorta. Tratar a Jesús e imitar su humanidad implica, como lo expresa el Rector Mayor buscar parecerse a Él, lo que implica buscar la

santidad que no es una cosa imposible sino “una cosa cercana, real, concreta, posible. De hecho, es la vocación fundamental”. “Ser santos no es difícil, de hecho es fácil y Dios nos espera en el cielo después de nuestro camino de santidad”, dice, y agrega que para lograrlo es necesario buscar la felicidad. “Lo dicho hasta ahora no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor”, asegura citando al Papa Francisco en Gaudete et Exsultate y a Don Bosco: “Aquí hacemos consistir la santidad en estar muy alegres”.


SABORABUENASNOCHES

NAVIDAD GAUCHA Por lo criollo de su cuna, que fue un cajón lleno 'e pasto, porque nació en un ranchito perdido en medio del campo apenitas si su Madre se abajara del montado una noche que de escura ¡no se véian ni las manos! y se hizo candil la estrella de Belén, para alumbrarlo.

De mozo, se hizo tropero; le dio por ir arrimando al potrero de la Gloria las almas de los cristianos. Y en las “sueltas” que paraba, lo rodiaban los paisanos; unos, porque estaban rengos; otros, porque estaban mancos, ¡y hasta el ciego pudo ver, y hasta el mudo salió hablando!

Y al final, Jesús, el justo, injustamente acusado (por no saber lo que hacían, como dijo al perdonarlos), allá en la punta de un cerro sobre una cruz estaqueado, tras repartirse sus prendas lo bandearon de un lanzazo sin ver que matarle el cuerpo, era espiritualizarlo.

Porque fueron los primeros en llegar a saludarlo paisanos qu'en las laderas cuidaban de los rebaños y uno le dio un corderito para que tuviera un guacho; otro, lo abrigó en la cuna con un pelego, ¡bien blanco!, y fue su primer juguete el cencerro de un buey manso.

Porque pudo ser soberbio y fue, ¡tan prudente y manso! que de Todopoderoso nunca anduvo compadriando, que más predicó con obras que con su hablar “comparando”, y por los trillos que hacía siempre iba dando una mano, mientras anduvo en la Tierra durante treinta y tres años.

Por lo criollo de su cuna como empezó ese relato por lo digno de su vida y por su muerte, ¡a lo macho! -en defensa de su Patriano le quede duda hermanos: que en aquélla Noche Buena en tiempo y lugar lejano, al nacer el Nazareno, con Él, ¡nació el primer gaucho!

P. Adrián García sdb

Máximo Cenoz ¿Quién es ese “primer gaucho”? Podrías ser tú, podría ser yo, podríamos ser nosotros, es la expresión de una identidad, que indica la más genuina de toda la humanidad, expresada en la diversidad de culturas. A través de la maravillosa donación del Hijo de Dios, a toda la creación, en lo humilde, en lo pequeño, allí en el silencio más olvidado, ahí brota un nuevo nacimiento, que da respuesta a nuestra más profunda pregunta “¿Quién soy?” “¿Quién es el hombre?”. En aquel niño, encarnado en “tú mundo”, en donde más te identifiques, al mirarlo en el pesebre de tu corazón, será como ver en un es-

pejo tu verdadera y más grande vocación, la mayor riqueza de tu vida. Ver a Jesús es contemplar nuestra más grande suerte. Al intentar imitarlo siendo cada día más humano, donándote a ti mismo, es el mejor camino para ser feliz junto a Él, desde ahora aquí en la intemperie y para siempre en el calor de sus brazos.


DELÁRBOLSALESIANO FRANCISCO ARDAIX

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Tiene 18 años y es un apasionado del oratorio. Hace un año dejó su Salto natal para iniciar en Montevideo sus estudios de Psicología, y si bien ese cambio lo percibe como una oportunidad de crecimiento, admite que lo que más ha extrañado, además de sus vínculos familiares, es a esa otra familia que descubrió con los animadores y los niños del oratorio Domingo Savio del Barrio Burton. Francisco Ardaix (Pancho) asegura que su familia de origen “ha sido totalmente decisiva” en su vida de fe y en su manera de vivirla desde “la salesianidad”, un camino que desea profundizar a sabiendas de que “hay muchísimo más para dar y muchísimo más para recibir”. ¿Cuál es tu vínculo con el carisma salesiano? El carisma salesiano lo llevo siempre conmigo. Es parte de mi vida ya que no queda solamente en la experiencia de la animación, sino que se lo traslada a la familia, a los amigos, a diversos ámbitos de la vida; es un sentimiento de pertenencia muy grande, enorme te diría, que te acompaña día tras día y que te redefine como persona.

mucho la lejanía del grupo de animadores; de los niños, tener que alejarme de ellos y pasar de verlos todos los sábados a verlos un par de veces en el año, cuando puedo pegarme una escapada para visitarlos. Es una angustia grande que se maneja, sobre todo al principio, porque tenés que aceptar que están un poco más lejos; pero no por eso dejan de estar en tu corazón.

¿Cómo es vivenciar el carisma de Don Bosco en Salto? En Salto, ese estilo de vida y energía que te comento, se viven de una manera muy genuina y auténtica. Los animadores de oratorio lo llevamos día tras día, sábado tras sábado, tarde tras tarde. Es un sentimiento hermoso el poder compartir con los niños algo tan lindo como una tarde de oratorio y las actividades que ahí desempeñamos. A la hora de llegar a las misiones de fin de año y pasar una semana fuera de casa, nadie se lamenta por nada; todos esperan expectantes, contentos; es algo que nos inunda de sentimiento y de alegría; lo adoptamos como algo tan nuestro que vivir esta historia y continuarla nos motiva a seguir.

¿Quiénes te han marcado en tu camino? Mi familia ha sido totalmente decisiva para que yo opte por el camino de la fe y para que pueda vivir de esta manera la salesianidad. Ellos me han transmitido estos valores y es la mejor herencia que me pudieron haber dado. Más específicamente en la fe, mi tía Sarah es una gran referente para mí; me encantaría poder seguir este camino y llegar vivir la fe como ella lo hace: misionar, animar, transmitir, sentir la salesianidad y la espiritualidad como un sentimiento tan propio y sincero. Además de mi tía he encontrado a varios referentes dentro del oratorio a partir de cuarto de liceo. Analía Burtarán es una; en el oratorio, ella me recibió de brazos abiertos, me explicó todo lo que es necesario saber; le debo gran parte de mi sentimiento de pertenencia a ella y a varios animadores del Barrio Burton y del Barrio Uruguay; me han enseñado que en el grupo del oratorio se es familia; todos ellos y de maneras diferentes, me han transmitido valores grandísimos como el compañerismo, la solidaridad y la fe.

¿Qué es lo que más te atrae de los ambientes salesianos? En lo personal creo que lo que más me atrae es la comunidad; el grupo que se forma, cómo las vivencias lo transforman y cómo el grupo te va transformando a vos. A todo animador -y a toda persona- le pasa que cuando comienza algo nuevo de trabajo en equipo se puede sentir un poco tenso, incómodo de tener tanta gente nueva cerca. Pero cuando te sentís parte, cuando lográs ganar el sentido de pertenencia, es lo más lindo que te puede pasar; esa gente pasa de ser desconocida a ser una familia que te va a acompañar en las buenas y en las malas; pasás a sentir que tenés hermanos dentro de esa comunidad, y que no te querés separar nunca de ellos. ¿Cómo ha sido la transición del interior a la capital? Con la mudanza de Salto a Montevideo me he sentido bastante a gusto. Con sus dificultades y sus disfrutes he encontrado buenas experiencias acá. Me ha gustado lo que he vivido. Me motivan los desafíos que propone este cambio, porque me parece una oportunidad para crecer; no solo como estudiante sino como persona, y poder encarar diferentes áreas y momentos de la vida que aportan a nuestra formación. ¿Qué es lo que más extrañás? Sin duda que alejarte de tu familia no es algo fácil. Más allá de que la unión que tenemos nos hace sentir siempre cerca los unos con los otros, no es una cosa fácil de hacer. Además de mi familia, sentí

¿En qué te gustaría seguir creciendo? La fe es un camino de vida por el que uno opta que es continuo desde que elegimos tomarlo hasta el final. Me gustaría seguir profundizando en él, en ese aspecto de seguir formándome como cristiano, salesiano, animador, para poder crecer y vivir la presencia de Jesús de una manera cada vez más única. El lema del año entrante será: + humanos + felices. ¿Qué de tu experiencia considerás que te ha humanizado? Experiencias, como vivir en la capital, te transforman de una manera en la que hay que enfrentarse a desafíos que antes ni habías imaginado; te hacen crecer para ser mejor. Más allá de eso, el misionar y animar en oratorio me ha transformado completamente, porque me ha dado la oportunidad de ponerme en el lugar de gente que tiene menos que yo, en el sentido material, pero que tienen muchísima alegría para dar, mucha fe y espíritu. En definitiva esas son las cosas que realmente valen; ponerme en su lugar y compartir con ellos me ha humanizado completamente, y es por eso que quiero seguir viviéndolo; sé que hay muchísimo más para dar... y muchísimo más para recibir.

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UNAMANOAMIGA

“… si estos jóvenes hubieran tenido un amigo que se preocupara por ellos, los acompañara y les mostrase el amor de Dios, quien sabe si no se hubieran alejado de esta vida que llevan…” Don Bosco (MO)

PATIO MAMÁ MARGARITA EN LA OBRA SOCIAL SANTA MÓNICA

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En el año 2013 se comenzó con la idea de mejorar el Patio de la Obra Social Santa Mónica, proyecto que comprende el CAIF Gurisitos y el Club de Niños “La Sociedad de La Alegría” donde los mismos comparten dicho patio. Luego de tener el proyecto y los planos elaborados por un arquitecto, se procedió a la petición de presupuestos para obtener la correspondiente autorización de INAU para la utilización de dichos fondos con vistas a solventar la obra. Superados varios contratiempos, en el año 2018 se logró la autorización por parte del organismo competente pudiendo así dar comienzo a la construcción del patio. El 20 de junio comenzó la obra que duró tres meses. Después de terminada la construcción se esperó a cumplir con todos los trámites legales para así organizar su correspondiente inauguración.

El día 22 de noviembre se procedió a su inauguración oficial contando con la presencia de los Padres Cirilo Marichal Pittamiglio sdb y Walter Coccoza sdb. Mediante un modesto acto se procedió a cortar la cinta y al posterior descubrimiento de una plaqueta con el nombre que se le ha puesto al patio. Con esa denominación: “Mamá Margarita”, se quiere honrar a la Madre de Don Bosco, a quien la Familia Salesiana la recuerda cada 25 de Noviembre. Para la inauguración se invitó al CAIF “San Agustín” y al Club de Niños “La Sociedad de la Alegría” que conforman también la Obra Social Santa Mónica. Cuando uno sueña con un proyecto para llevarlo a cabo, más allá de tener los fondos para poder realizarlo se debe contar con un equipo que apoye y acompañe. Debo de agradecer a mi equipo de gestión Máximo Techeira y Ana María Emanuele por el apoyo brindado en este sueño realizado. Coordinadora General Maestra Rosana Sosa. 33


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Boletín Salesiano Diciembre 2018  

"Mi felicidad está en el otro..." ¿Quién se anima a decir y vivir esto? Cuando parece que el miedo y el encierro es lo común de nuestro mund...

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