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Jose Ramón Ais. "Baso Bidaiariak / Bosques Viajeros"

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José Ramón Ais Baso bidaiariak / Bosques via jeros DEL 1 DE JUNIO AL 19 DE SEPTIEMBRE Terraza de Azkuna Zentroa 9:00 - 21:00h Entrada libre

“Gracias al árbol surcamos los mares y acercamos los países. Gracias al árbol construimos nuestras viviendas. Del árbol se tallaron también las imágenes de las deidades…”. “Los árboles fueron templos de divinidades, y todavía en la actualidad, a la antigua usanza, los sencillos campesinos le dedican a un dios el árbol que descuella”. Plinio el viejo. Historia natural Libros XII-XVI.

Baso bidaiariak / Bosques viajeros es un prototipo de alineación arbórea para el espacio público. La obra está pensada para la terraza de Azkuna Zentroa, planteando un arboreto en línea, un jardín de uso público que atraviesa el espacio. La obra es una continuación del proyecto iniciado en Roma, Arbolado para calles, imperio y paraísos, en el que construyo patrones y modelos de alineaciones de árboles que crean relatos a partir de la historia de las especies arbóreas. Baso bidaiariak / Bosques viajeros se centra en la historia de los árboles en Euskadi, algunos de ellos son originarios de los bosques autóctonos, otros importados desde otros lugares. La alineación está compuesta por robles (Quercus robur) , hayas (Fagus sylvatica), fresnos (Fraxinus excelsior), palmeras (Washingtonia filifera) y pinos (Pinus insignis). Este proyecto crea un diálogo entre las especies, sus lugares de origen, sus usos y sus realidades en diferentes momentos históricos. Hace referencia al imaginario del viaje, la navegación y las hibridaciones territoriales que ello conlleva. Me interesa hablar del movimiento desde unos seres que a priori vemos como estáticos y relativizar nuestra percepción desde sus parámetros espacio/tiempo.

El roble es el árbol en el que se concentra la máxima carga simbólica en la historia de Euskadi. El árbol de Gernika es el emblema de una cultura que tiene su origen en tiempos remotos, heredera de una lengua única, junto a una tradición política territorial basada en los fueros. Bajo la sombra del roble se legislaba, se juzgaba y era tradición que el ‘Señor de Vizcaya’ jurara los fueros en señal de respeto a las tradiciones de este pueblo. El ‘Señorío de Vizcaya’ tiene sus orígenes en la alta edad media, en el siglo XIV se integra en la corona de Castilla por herencia, posteriormente en el reino de España y su organigrama político se mantiene hasta que en 1876, tras la tercera guerra carlista, son abolidas las Juntas Generales de Vizcaya y sus fueros. El árbol de Gernika no fue el único árbol juntero en el territorio vasco pero sí el que ha sobrevivido como símbolo. Son comparables los ‘Arboles de la libertad’ que posteriormente aparecieron en Francia y Estados Unidos a partir de sus revoluciones. Inicialmente el prototipo de alineación se compone de retoños del árbol de Gernika. En una intención de colocar este plano simbólico en la línea de tierra del espacio público, junto a los otros

árboles y en el contexto de una realidad contemporánea. En la terraza de Azkuna Zentroa, al tratarse de una instalación temporal, no hemos podido contar con los retoños del árbol de Gernika. En un deseo de que estuvieran presentes, esta alineación está instalada en una dirección que conecta virtualmente con el retoño del árbol de Gernika de la Plaza Euskadi. Debido a la orografía del País Vasco, los bosques fueron materia prima tanto cultural como económica. En él se originaron muchos de los mitos, las explicaciones de los fenómenos que el humano no llegaba a entender. Su proximidad al mar fue otro de los ejes en la formación de este pueblo. El roble y el haya, dos de los árboles con más presencia en el bosque autóctono vasco, fueron fundamentales para desarrollar dos de los pilares de esta economía, la construcción naval y la ferrería. La madera, como material de construcción y combustible, fue el origen de una industria que hacía necesaria la institucionalización y administración de ese lugar salvaje. Esto hizo que el bosque se organizase espacialmente y se tuvieran en cuenta las formas y los tiempos del crecimiento. Se generalizó la creación de bosques trasmochos, donde estructura del árbol era manipulada con formaciones que facilitasen la producción de madera para carbón vegetal. Las podas en forma de ‘horca’ y ‘pendón’ propiciaban la obtención de piezas curvas, fundamentales en la construcción naval. Esta industria promovió el desarrollo del conocimiento en el campo de la navegación, desencadenó la industria de los balleneros vascos y la aparición de navegantes que participaron en expediciones hacia lo desconocido, como el ejemplo de Juan Sebastián Elcano, quién consiguió dar la primera vuelta al mundo. La gestión de los bosque provocaba una tensión entre las demandas de la corona para la marina real y los usos de los propios habitantes de estos territorios. Entre estos bosques, custodiados por el imperio de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, florece la Carlina acaulis,


una planta que Linneo nombró a partir del emperador, aunque otros relatos la relacionan con Carlomagno. Esta planta es el emblemático Eguzkilore, la planta protectora, símbolo del sol que se coloca en la entrada de ‘Etxe’, el templo, la casa, como señaló José Miguel de Barandiaran. También el fresno tiene esta función protectora, la víspera de San Juan se solía colocar un arco de fresno en las puertas, según dice el popular dicho que recoge el lingüista y escritor Manuel de Lekuona: “el fresno no hace falta bendecir; de por sí es bendito”. Estas prácticas nos introducen en el universo de la mitología vasca recogida por Barandiaran donde capas de historia, relatos y divinidades basadas en la naturaleza nos llevan a númenes como Mari (madre tierra), Baxajaun o Sugaar.

Sebastián Vizcaíno (1548-1628) fue un explorador, militar y comerciante extremeño, vizcaíno en opinión de algunos historiadores. Tras participar en la conquista de Portugal se dirigió a Nueva España para desempeñar su trabajo como perito en las rutas comerciales entre Acapulco y Filipinas. Pidió una licencia para la extracción de perlas en el área actual de California y al mismo tiempo se le encomendó buscar el lugar óptimo para crear un puerto que protegiera a los galeones de Manila del ataque de piratas. Sebastián vio el lugar idóneo en una bahía, a la que nombró Monterrey en honor al Virrey de Nueva España. El explorador fue el primero en señalar las características ecológicas de la costa describiendo los bosques de cipreses de Monterrey.

Como era común en los mitos fundacionales durante la edad media, existía la costumbre de enlazar las casas reales con seres mitológicos. Según recoge la versión del relato de Lope García de Salazar en su Crónica de siete casas de Vizcaya y Castilla (1454), Jaun Zuria, el primer señor de Bizkaia, era hijo de Sugaar o culebro y una princesa de Mundaka venida de Escocia. Este relato narra la batalla de Arrigorriaga y la persecución hasta el árbol Malato de Luiaondo, el roble que señala el limite hasta el que los soldados vizcaínos debían perseguir a sus adversarios.

En este área de California se encontraba la civilización Ohlone, indios que posteriormente fueron agrupados en misiones franciscanas. La cosmogonía del pueblo Ohlone se funda en un mito de la creación en el que un diluvio hace desaparecer un mundo anterior para llegar a uno nuevo, creado por las divinidades del coyote, el colibrí y el águila.

En el siglo XVI, apareció una versión del Libro de los linajes (1320) del Conde Don Pedro de Barcelos en la que se narra cómo Don Diego López de Haro “cazando un jabalí en el bosque, oyó cantar a una hermosa mujer en una peña, se enamoró de ella y como los dos eran de alto linaje se casaron, a condición de que él nunca se santiguara”. Esta mujer era la deidad Mari, quien tenía un pie de cabra. Tuvieron dos hijos, un varón, Iñigo Guerra y una mujer. Vivieron un tiempo juntos, hasta que un día Don Diego se santiguó y Mari cogiendo a su hija, saltó por la ventana, se dirigió a las montañas y nunca más volvieron a verlas.

Tras el fin de la tercera guerra carlista, Mario Adan de Yarza, concejal en el ayuntamiento de Bilbao, decepcionado por la abolición de los fueros vizcaínos en 1876, decidió abandonar la política para centrarse en sus ensayos forestales. Su intención era encontrar soluciones para la repoblación de los montes vascos, devastados tras siglos de explotación intensiva. En el arboreto del palacio de Zubieta, casa familiar de los Adan de Yarza, llevaban años creciendo ejemplares de cupressus macrocarpa, el ciprés de Monterrey que Sebastián Vizcaíno describió y el pinus insignis o radiata, un pino originario del mismo territorio, ambas especies codominantes en el paisaje de la costa californiana. Si en aquellos territorios americanos ya se había desencadenado la fiebre del oro, la fiebre del ‘oro verde’ estaba

a punto de revolucionar la estructura y economía forestal en los montes vascos. La rapidez de crecimiento del pino radiata hizo marcar las pautas de un forestalismo intensivo que continúa en la actualidad, una revolución que transformó la tradicional economía del baserri, el caserío vasco. Están por ver también las consecuencias ecológicas de un monocultivo intensivo en tan largo periodo de tiempo. De los mismos territorios explorados por Sebastián Vizcaíno, la península de la Baja California, viene la palmera Washingtonia filifera. La presencia de una palmera en la entrada de las casonas indianas era la marca del éxito, el trofeo exótico traído de la aventura en las Américas. El nombre de esta palmera está dedicado a George Washington, padre fundador y primer presidente de EEUU, quien junto a los firmantes de la declaración de independencia enviaron a John Adams, en plena revolución americana, para buscar un aliado en el reino de España. John Adams, quien sería el segundo presidente de EEUU, estuvo en Bilbao y escribió unas notas al observar el sistema foral en su libro Una defensa de las constituciones de los gobiernos de los Estados Unidos: “un pueblo milenario que ha sabido mantener su lengua y sus costumbres a través de los siglos”. La Washingtonia filifera es una de las especie más extendidas internacionalmente en jardines públicos. Tras este recorrido por las diferentes especies arbóreas que conforman Baso bidaiariak / Bosques viajeros y volviendo al universo descrito por Jose Miguel de Barandiaran, quizás podemos imaginar que el coyote, el colibrí y el águila, vinieron también para convivir com Mari, las lamiak y Baxajaun. Una imagen común en los bosques de pinos radiata es ver a sus pies los helechos autóctonos Pteridium aquilinum, traducido del latín ‘alas de águila’.

Bibliografía: El pino radiata en la historia forestal vasca. Análisis de un proceso de forestalismo intensivo. Mario Michel Rodriguez. Aranzadi Zientzia Elkartea. Mitología vasca. José Miguel de Barandiaran. Editorial Txertoa. Auñamendi Eusko Entziklopedia.

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Jose Ramón Ais. "Baso Bidaiariak / Bosques Viajeros" by Azkuna Zentroa Bilbao - Issuu