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ECCE LIGNVM CRVCIS... - Editorial..............................................3 - Saludo del Alcalde.............................................4 - Nuestra Historia ..................................... 5 - Noticias ...................................................20

Editorial Con la presente edición, nuestra revista cumple el décimo número que ve la luz desde el año 2004. Si hacemos un recorrido por sus páginas, vemos a través de ellas cómo han quedado impresas las noticias que fueron en su día y ya forman parte de la crónica histórica acontecida en la etapa más reciente de nuestra cofradía. El complejo proceso de reorganización, la recuperación de los cultos, la confirmación de la erección canónica y los nuevos estatutos, la regularización como asociación pública de fieles, la restauración del Cristo de Zacatecas, la nueva imagen del Santa María del Socorro y la donación del fajín de teniente general, la contratación del nuevo trono, la primera estación de penitencia, el hermanamiento con el Regimiento de Infantería “Córdoba”, y la peregrinación de las cofradías a la Parroquia de San Francisco Solano en su Año Jubilar presidida por nuestro Sagrado Titular.

- Soleras Bibliográficas.........................42

Todas estas sólo son algunas de las más destacadas efemérides que completan el medio millar de páginas, donde también quedaron recopiladas numerosas colaboraciones gráficas y literarias, con artículos de historia, arte y opinión concernientes al ámbito vinculado con la Vera Cruz, que han ido desvelando, número a número, un conocimiento más profundo de este legado espiritual y material transmitido, generación tras generación, a lo largo de cuatro siglos.

Revista informativa de la Cofradía de la Santa Vera Cruz (MONTILLA)

Del mismo modo, queremos dejar constancia y agradecimiento por el apoyo obtenido de las empresas y comercios que han colaborado con sus anuncios, sin los cuales hubiera sido muy difícil mantener la calidad de esta publicación.

- Cultos .........................................................26 - In memoriam ..........................................28 - Reflexiones.......................................29 - Arte Cofrade............................................37

Número 10 - Año IX COLABORACIÓN: 2 euros

Con el ánimo de prolongar la vida de la misma, para que continúe siendo órgano de expresión crucera, invitamos al lector a transitar sus páginas, donde, una vez más, encontrará las actividades, noticias y novedades de la cofradía, junto a los trabajos en materia religiosa, histórica y opinión que nos ilustran sobre su pasado y presente.

EDITA Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz, Hermandad del Santo Cristo de Zacatecas y Santa María del Socorro, Madre de Dios y Señora Nuestra Parroquia de Santiago Apóstol - C/ Iglesia, 7 - 14550 Montilla (Córdoba) - ESPAÑA Correo-e: veracruzdemontilla@gmail.com http://veracruzdemontilla.blogspot.com - Dirección, redacción y maquetación: Juan Antonio Prieto Velasco - Coordinación: Antonio Luis Jiménez Barranco - Consejo Asesor: José Almedina - Francisco Arce - Rafael Portero - Miguel Navarro - Fotografía: Juan A. Prieto - JAIME - Antonio L. Jiménez - M. Molina - M. Peláez - Juan José de la Torre Imprime: GAVE comunicación gráfica - 14550 Montilla (Córdoba) FOTO PORTADA: JAIME DISEÑO PORTADA: GAVE

La Cofradía de la Santa Vera Cruz no comparte necesariamente las opiniones de sus colaboradores Prohibida la reproducción sin permiso escrito de los editores © 2011 Todos los derechos reservados. ISSN 2254-1268 Depósito Legal CO – 232 - 2009


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saluda Saludo de D. Federico Cabelo de Alba, Alcalde de Montilla

Quiero saludar desde estas líneas a la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz y Devota Hermandad del Santo Cristo de Zacatecas y Santa María del Socorro, Madre de Dios y Señora Nuestra y agradecerle en primer lugar la oportunidad que me brinda de estar cerca de esta manera de cada uno de sus hermanos cofrades en este inicio de nuestra Semana Santa. Es admirable ver el esfuerzo realizado por esta hermandad desde que en el año 2000 un grupo de jóvenes montillanos decidieran rescatar las raíces de esta Cofradía, que se hunden en la memoria de la historia y nos remontan hasta el siglo XVI. En 2005 cristalizó el esfuerzo al conseguir del Obispado de Córdoba la aprobación de sus Estatutos básicos, así como su antigüedad, nada menos que 1535. Desde entonces han sido un ejemplo de fe y tesón, fe y tesón joven que regala a los montillanos la posibilidad de ver procesionar por las calles de nuestra ciudad al Cristo de Zacatecas y a Santa María del Socorro.

Esta lección de saber sentir y saber hacer, dado además por quienes aún disfrutan de su juventud, adquiere una especial importancia en los tiempos que vivimos, en los que una ciudad como Montilla necesita del esfuerzo de todos, de la ilusión y del trabajo que rescaten el esplendor de esta magnífica tierra, gracias por el ejemplo. Son motivos suficientes para que todos los montillanos nos sintamos muy cerca de esta Hermandad, pero este alcalde tiene además motivos personales para sentirse cerca de cada uno de sus Hermanos Cofrades. Feliz Estación de Penitencia. Federico Cabello de Alba Hernández Alcalde de Montilla


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Antonio Luis Jiménez Barranco Hermano Mayor

nuestra historia

Una visión de la Cofradía de la Vera Cruz a través de un inventario de 1617

Cabecera del inventario realizado en 1617.

Hace dos años publicábamos, en las páginas de esta misma revista, varias de las primeras noticias fehacientes halladas –hasta la fecha– sobre los orígenes de la cofradía de la Santa Vera Cruz montillana. El documento guía fue un minucioso inventario realizado en 1567, que apoyado por otras referencias de aquellos lustros nos situaron sobre los primeros pasos del movimiento cofrade penitencial en nuestra ciudad. En esta ocasión, vamos a dar a la luz otra serie de escritos relativos a la cofradía, fechados en los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII, donde tendremos oportunidad de comprobar la evolución surgida en el cambio de siglo y la introducción de la estética propia del período barroco. Nuevamente, nuestro documento principal será un inventario, realizado en 1617 por orden del Visitador

General que ese año se trasladó hasta Montilla para inspeccionar la situación económica y patrimonial del estamento eclesiástico. Dirigió la causa el presbítero montillano Cristóbal de Luque Ayala, nombrado juez de la comisión, que ordenó al prioste y hermano mayor de la cofradía de la Vera Cruz, Alonso Cameros de la Cueva, la recopilación de los bienes raíces y muebles el 3 de abril de ese año. El máximo responsable de la corporación pasionista presentaría al juez el inventario solicitado ocho días después. Para su mejor explicación, hemos modificado el orden original del elenco de bienes, agrupándolos temáticamente, facilitando así su lectura y conocimiento. Comenzaremos recopilando las imágenes de culto, que por aquellas fechas se veneraban en la ermita: “Un Cristo grande crucificado [Zacatecas] / Otro Cristo amarrado a la


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columna / Otro Cristo Ecce Homo / Otro Cristo resucitado / Una imagen de nuestra Señora de bulto [Socorro] / Dos capas de tafetán, una rosada y otra carmesí del Ecce Homo”1. Cabe destacar el amplio ajuar que la antigua Virgen del Socorro poseía, que por su variedad y colorido se intuye que recibía culto en las distintas festividades marianas: “Un vestido grande de brocado verde y naranjado / Un manto de requemado / Una saya de tafetán llano negro / Una ropa de tafetán realzado negro / Un manto de burato / Una saya de tafetán de picote de seda tornasolada con molinillos / Otra saya de tafetán amarillo cretado que es para hacer una casulla / Una ropa de terciopelo negro con pasamanos de oro / Dos jubones de nuestra Señora azules de telilla de Flandes azul / Tocas y valonas de nuestra Señora / Un velo de lienzo negro”2. Del mismo modo, el registro de bienes recopila los vasos sagrados, libros y ornamentos que la cofradía poseía para el uso litúrgico: “Un misal / Ara / Atril / Un cáliz y patena / Dos pañuelos de cálices, uno verde y otro colorado / Una bolsa con corporales / Dos albas para decir misa / Amito y cíngulo / Dos casullas una negra y otra de color / Estolas y manípulos / Dos mesas de manteles de los altares / Dos cornialtares / Dos bulas del Jubileo / Una tabla de las indulgencias”3.

Modo de portar al Santo Cristo en las procesiones, que perduró hasta principios del siglo XX.

una carpeta / Tres bancos de la iglesia / Una campana de tañer a misa / Otra de munir / Otra de alzar / Otra arquilla pequeña” donde la cofradía guardaba, entre otros, sus documentos: “Un libro de cuentas / Otro de cabildos / Otro de ordenanzas”5.

También quedaron recogidos los paños y candelería de los altares, haciendo mención especial al mayor donde se veneraba el Cristo de Zacatecas, así como el de la Virgen y demás imágenes: “Un frontal de damasco azul y naranjado que se hizo de una saya que dio doña María Castil mujer de Juan López Vanda / Otro frontal de damasco azul que está en el altar del Cristo / En el altar de nuestra Señora un frontal carmesí y amarillo / Otro negro de tafetán / Dos candeleros / Cuatro blandones de hierro”4.

Y cómo no, en el inventario aparecen los enseres propios del guión procesional, tales eran: “Vara y manga de terciopelo negro / Una cruz grande dorada / Otra cruz verde con fajas de oro alrededor / Unas andas doradas de nuestra Señora / Otras andas llanas negras / Tres pares de parillas / Tornillos para todas la insignias / Dos varales del Cristo / Cuatro varales de colgar con sus cordeles / Un palio de tafetán negro para el Cristo el Jueves Santo con ocho varas / Once cetros / Otro [pendón] de damasco carmesí y naranjado para las fiestas / Ciento y treinta albas con sus azotes con sus rosetas para los hermanos de Jueves Santo que están en poder de Nicolás Martín / Tres bacías de azófar para pedir limosna y cuatro de madera”6.

Asimismo, la ermita estaba equipada con: “Un arca grande / Otra pequeña / Una mesa de torno / Y

Uno de los fines sociales más significativos de las cofradías era dar sepultura a sus hermanos y devotos,


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adquisición desconocemos, aunque sí se conserva la talla original. Con el hallazgo de esta escultura en fecha tan temprana dentro del acervo patrimonial de la Vera Cruz, bien podemos refrendar el testimonio del historiador local, Francisco de Borja Lorenzo, que alude en su descripción de la ermita y cofradía en 1779 lo siguiente: “la otra procesión se hace el Domingo de Pascua de Resurrección, sale solo una imagen del Señor que llaman Resucitado”8.

En esta instantánea podemos ver al Cristo de Zacatecas colocado sobre la cruz de los portantes, madero plano de escaso grosor donde se pueden apreciar las empuñaduras de cogida en la parte inferior del palo vertical, y las argollas para los varales en los extremos del horizontal.

y para ello la Vera Cruz contaba con: “Un Cristo crucificado pequeño para la cruz de los entierros / Un pendón morado de tafetán con cruz colorada para entierros / Un lecho de difuntos grande / Otro pequeño”7. De este inventario llama la atención varios de los bienes, que denota la hegemonía social de la cofradía crucera entre el vecindario montillano, a pesar de estar ya erigidas las hermandades de la Soledad y Angustia de Nuestra Señora (1588), y la de Jesús Nazareno y Santa Cruz de Jerusalén (1590) respectivamente, en el convento de San Agustín. Entre las adquisiciones más señaladas, aparecen ya las nuevas imágenes de Cristo, Ecce Homo (contratado en 1597), Amarrado a la Columna (contratado en 1601), y Resucitado, cuya fecha de

También merece resaltar, dentro de los enseres del guión procesional, el palio negro de ocho varas que cubría al Señor de Zacatecas, cuya cruz era portada en posición vertical por tres hermanos portantes, privilegio reservado al linaje Cortés de Mesa. En el centro, uno portaba la cruz, cuya parte inferior del palo vertical –stipes– se embutía en una bandolera; y a ambos lados del mismo, en los extremos del palo horizontal del madero –patibulum– se anclaban dos varales que ayudaban a mantener el equilibrio y el peso del Crucificado. En la procesión de la sangre, como era llamada, cada Jueves Santo se ejercía la penitencia mediante el rito disciplinante del flagelo. Como se reseña en el inventario, la Vera Cruz a principios del siglo XVII practicaba este tipo de contrición, y para ello contaba en propiedad con “ciento y treinta albas con sus azotes con sus rosetas para los hermanos”, un número considerable de penitentes, si tenemos en cuenta que en 1593 la cofradía estaba integrada por cuatrocientos miembros9, y la población de Montilla rondaba los dos mil vecinos10. Aunque el inventario que nos ocupa es bastante completo no alcanza la precisión del realizado en 1567, si hacemos una comparación entre ambos en el descrito en este trabajo se evidencia la falta de no pocas piezas cuya existencia era indudable. Su ausencia puede deberse a que en estas fechas la ermita de la Vera Cruz se encontraba inmersa en una profunda remodelación y ampliación, siendo posible que estuviese cerrada al culto ocasionalmente, y sus


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bienes se encontraran depositados en casa de algunos hermanos de la cofradía.

aparecía inscrita la reedificación de la misma en 161512.

Estas obras comenzaron en 1614, como refleja el convenio que suscribió Juan de Aguilar Carreta, Juan Ruiz Martín y Agustín de los Reyes con Alonso Cameros de la Cueva, hermano mayor de la cofradía, el 7 de diciembre de aquel año. En el mismo, éstos se obligaron a sacar mil cargas de piedra “de la marca ordinaria buena piedra que se ha de dar y recibir”11 de la cantera de la fuente de El Álamo y transportarlas hasta el llano de la ermita en el plazo de cuatro meses.

Alonso Cameros de la Cueva hizo constar al final del inventario una deuda pendiente de amortizar por los herederos de Andrés Fernández de Mesa, donante que fuera del Santo Cristo de Zacatecas en 1576 y después hermano mayor de la cofradía. Ésta formaba parte de la testamentaría del indiano, y consistía en la donación de “sesenta ducados para hacer una lámpara de plata” que en 1617 aún “debe Melchor Cortés de Mesa como heredero del Lcdo. Luis de Vesga su hermano”13, encargado de cumplir la última voluntad de su padre.

También informa de estas obras el historiador Francisco de Borja Lorenzo, que en su manuscrita Historia de Montilla desvela la existencia de una lápida, en una de las naves laterales de la ermita, donde

Imagen de Cristo Resucitado que recibió culto en la ermita de la Vera Cruz, su fisonomía recuerda a las obras del maestro Pedro Freila de Guevara.

A raíz de la declaración de la deuda contraída por Melchor Cortés de Mesa, como heredero de su padre y hermano, el juez de la causa abre un nuevo proceso para esclarecer el paradero de la cuantía donada por Andrés de Mesa para labrar una lámpara de plata que alumbrase al Crucificado mejicano. Tras tomar declaración a las partes, Melchor Cortés de Mesa acató la sentencia de la justicia eclesiástica y el 16 de julio de dicho año entregaba al hermano mayor, Alonso Cameros de la Cueva, los sesenta ducados para la fabricación de la lámpara, siendo testigos de dicho proceso los oficiales de la misma, que en aquel momento eran Luís Fernández de Córdoba, Juan Márquez Venegas, Bartolomé Fernández Castil, Gonzalo de Arana y Juan Colín de Roa. La cofradía, a su vez, se erigía como depositaria de la suma económica y se obligaba a ejecutar la voluntad testamentaria de Andrés de Mesa en un plazo máximo de dos años. Para ello, el 24 de marzo de 1619 elevaban escritura pública ambas partes, acordando encargar la –tan traída y llevada– lámpara de plata en Córdoba, sumando a los sesenta ducados iniciales otros cuarenta más, que habrían de poner Alonso Cameros y Juan Colín en nombre de la cofradía (30 ducados), y Melchor Cortés en nombre de su otro hermano Lorenzo Miranda (10 ducados). Este convenio tuvo


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su final diez años después, cuando el 23 de marzo de 1629 se colocaba la lámpara en la capilla mayor de la ermita de la Vera Cruz14.

tercio del siglo XVIII, en que las hermandades de disciplinantes son suprimidas por la ideología ilustrada.

El afanoso hermano mayor Cameros de la Cueva manifestó durante su mandato, y el resto de sus días, una gran veneración hacia el Santo Cristo de Zacatecas. Muestra de ello quedó patente en su última voluntad, donde dejó reflejada su infinita devoción al Crucificado titular de la Santa Vera Cruz, en cuyo altar señaló la fundación de una Memoria de 52 misas rezadas anuales, que se habrían de decir cada viernes por su ánima y la de sus familiares y bienhechores, siendo sufragadas por su hijo Alonso que heredaría para ello “unas casas principales en que hago mi morada”, ubicadas en la calle de la Enfermería, además de “una haza de tierra de siete fanegas de cuerda que tengo a la parte de la Peña del Cuervo en la campiñuela de Piedra Luenga término desta ciudad”15.

Notas

A modo de conclusión, hemos pretendido exponer, a través de varios documentos, la evolución que sufre la cofradía con la llegada del movimiento barroco, donde se incluyen nuevas imágenes representativas de la pasión de Cristo, a las que a la postre se unirán otras tantas, además de celebrar la Resurrección del Señor. Esta evolución estética va integrándose en la cofradía sin que la misma perdiera su concepción primitiva, propia del pensamiento medieval, como era la flagelación: imitación de los sufrimientos padecidos por Jesucristo en los momentos previos a su crucifixión. La inclusión de nuevos pasos iconográficos de la pasión incrementaría el número de hermanos, consecuencia de la ampliación de la ermita de la Vera Cruz y la intensificación de los cultos propios a dichas imágenes, que ya en la segunda mitad del XVII se organizarán en hermandades autónomas de la cofradía matriz, viviendo así una larga etapa de esplendor prolongada hasta el último

1. Archivo Parroquial de Santiago de Montilla (APSM). Libro 4º de Visitas y Capellanías, fols. 705 – 719 v. 2. Ibídem. 3. Ibíd. 4. Ibíd. 5. Ibíd. 6. Ibíd. 7. Ibíd. 8. LORENZO MUÑOZ, Francisco de Borja: Historia de la M.N.L. Ciudad de Montilla. Año 1779, pp. 57 - 61. Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Ms. 54. 9. Archivo de Protocolos Notariales de Montilla (APNM). Nª 1ª. Leg. 17. f. 593 v. Escritura donde Fernán Martín de Baena es nombrado cobrador de las limosnas de los hermanos de la Vera Cruz pagan a la cofradía. Se obliga a recaudar anualmente 4.000 maravedís, 10 por cada hermano, y entregárselos al hermano mayor que fuere. 10. CALVO POYATO, José: Guía Histórica de Montilla, p. 41. Córdoba, 1987. 11. APNM. Nª 1ª. Leg. 38, f. 546. 12. LORENZO MUÑOZ: Loc. cit. 13. APSM. Libro 4º de Visitas… 14. APNM. Nª 4ª. Leg. 623, fols. 193 v. - 195. 15. APNM. Nª 5ª. Leg. 818. fols. 250 - 254. Véase ítem: APSM. Lib. 3º de Memorias, f. 418.


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Manuel Peláez del Rosal Cronista oficial de Priego de Córdoba

nuestra historia

Algunos datos históricos de la primera época de la Cofradía de la Veracruz de Priego de Córdoba Pago de deuda al Convento de San Francisco en el año 1608

En memoria de Juan de Dios Castilla Linares, apasionado columnario prieguense Me sorprende, cuando no, me entusiasma, que una organización, como es en cierto sentido una cofradía, lleve una vida de más de cuatro siglos –su fundación se remonta al año 1550– tratando de permanecer en el tiempo, superando dificultades y obviando amenazas para hacerla desaparecer y que deje de existir. Claro está que esta larga vida, si la medimos con el patrón humano, es “peccata minuta”, comparada con la cronología del pleistoceno superior, por ejemplo, pero quién sabe si cuando ya todo haya acabado, algún cronista del futuro, si es que sobrevive a la hecatombe, hace un estudio comparativo y resuelve que le ha ganado la partida la invención humana a la de la naturaleza. Además de sorpresivo resulta paradójico que una institución, como es la llamada ahora “Pontificia y Real Archicofradía Sacramental de la Santa Vera Cruz, Nuestro Padre Jesús en la Columna y María Santísima de la Esperanza”, sita canónicamente en la iglesia del antiguo convento de san Esteban (vulgo san Francisco) de Priego de Córdoba, sepa tan poco de su origen remoto1 , por la escasez de fuentes propias antiguas, principalmente, aunque remediable acudiendo a otras ajenas, como las notariales, lo que servirá de timbre para que sus miembros puedan alardear de sus raíces, por lo demás tan justas y legítimas. En mi largo peregrinar por el Archivo de Protocolos de Priego, custodiado en el Municipal he encontrado algunas escrituras que nos hablan de ese pasado que intentamos escudriñar, muchas de ellas de contenido

Cristo de la antigua cofradía de la Santa Veracruz (atribuido a Sebastián de Solís) Cortesía de M. Molina.

económico (censos, arquetipos jurídicos hoy prácticamente desaparecidos), pero en cuyas tripas se encuentran a veces no pocos datos de interés y relevantes a nuestros sanos propósitos de añadir unos granos de arena al escaso montón de su acervo cultural de ayer y rellenar el vacío ahora existente. La escritura en cuestión, en la que hemos espigado los referidos datos hasta ahora desconocidos2, data de 30 de noviembre de 1608 e instrumenta un negocio jurídico de censo, cuyo portavoz es Cristóbal de Palma Tenllado, a la sazón mayordomo de la cofradía, quien acude al escribano Alonso de Vargas, diciendo:


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“Es ansí que los hermanos y officiales de la dha cofradía hiçieron cabildo para tratar y confferir las cosas neçesarias para el gobierno della y por un capitulo del dixeron que atento que a la dha cofradía por el convento de señor san Francisco desta villa se le auía fecho cierto alcance de marauedís en rraçón de las misas que se an dho. en él, ansi de memorias que están fundadas en el dho convento y a cargo de la dha cofradía, como de las que se an dho por los hermanos difuntos della, y por el dho alcance el dho convento le quiere executar, y para lo pagar por ser el más útil a la dha cofradía convenia se rredimiesse alguno de los censos que la dha. cofradía tiene no embargante que auia capitulo de lo contrario”.

El documento indica, en primer lugar, el procedimiento seguido. Reunida la cofradía en cabildo en el convento de san Francisco (no en su capilla) el 19 de octubre de 1608, con asistencia del licenciado Sebastián de Armijo, presbítero cura de la iglesia mayor, con comisión conferida por el provisor de la abadía, el licenciado Gutiérrez de Pineda, y munidos y entregadas las oportunas cédulas a los cofrades presentes, se trató que se debían al convento 1.455 reales, producto de diversas partidas: la limosna de las memorias que están a su cargo cumplir, fiestas y misas cantadas y rezadas que se hacen entre año, y vigilias y misas cantadas y rezadas que se encargan por los hermanos difuntos, hasta el mes de agosto de 1608. Así constaba por la razón y cuenta que hizo el padre guardián fray Francisco de Posadas, que declaró ser cierto Alonso de Vargas, escribano de la cofradía, según la tabla de memorias y cédulas de hermanos difuntos que ambos cotejaron. Ante esta pesquisa el guardián del convento pidió a la cofradía que de sus bienes y rentas le pagaran la cantidad adeudada. ¿Qué hacer entonces para pagar la deuda reconocida y confesada por la cofradía de la Veracruz? Pese a existir un acuerdo anterior (no se explicita cuándo se había adoptado), la cofradía acordó que se redimiese un censo de los que engrosaban su patrimonio, en su calidad de acreedor censualista. El censo que fue elegido pesaba sobre los vecinos

Alonso de Morales y Francisca Soto, su mujer (los censatarios), y tenía un monto de capital o principal de 48.000 maravedíes, impuesto y cargado sobre ciertas posesiones personales, y pagados sus corridos a la cofradía (réditos) el 28 de enero de cada año, a fin de que estos lo redimiesen o liquidasen, habiendo pasado la escritura ante el escribano Esteban de Armijo el 28 de enero de 1596. A esta propuesta asintió Alonso de Morales, ofreciendo redimirlo de esta manera: 38.000 maravedíes y sus corridos en dinero de contado, y los 10.000 restantes sobre un principal de censo que tenía contra Cristóbal Gutiérrez de Genilla y Catalina Pérez, su mujer, cargado sobre las posesiones que declararán y sobre las que a su vez irán cargados otros 5.,000 maravedíes de principal que pertenecen a Catalina de Espinosa, viuda de Antón García Tenllado, regidor que fue de la villa, pagados sus corridos el día de san Juan del mes de junio de cada año, según lo contenido en escritura otorgada por Alonso de Córdoba en 20 de septiembre de 1606. En atención a este antecedente el propio Alonso de Morales pidió licencia al provisor de la abadía

Testimonio de los cofrades asistentes al cabildo celebrado el domingo 19 de octubre del año 1608 (Foto del autor).


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Juan de Palma el mozo, hijo de Juan de Palma Juan Lozano Sillero y “otros hermanos de la cofradía que por quitar prolijidad no van escritos”, aunque en la documentación se cita también al escribano, a la sazón, Alonso de Vargas.

Práctica desaparecida de los cofrades de la Santa Veracruz el Jueves Santo (picados).

Gutiérrez de Pineda para que se le autorizara a hacer la referida redención, dado que se quería obligar al saneamiento de dicho censo y demás recaudos. La importancia del documento radica en ofrecer la relación de los cargos y nombres de algunos de los miembros de la cofradía, así como la razón del cabildo reunido para pagar la deuda contraída con anterioridad. En cuanto al primer punto (directivos y cofrades columnarios llamados contitucionalmente “los 72”) he aquí los nombres de los miembros de la cofradía: Hermano Mayor: Alonso López Puertanueva. Otro Hermano Mayor: Francisco Palomar Colín Alcalde de la cofradía: Lorenzo Palomar Colín Otro alcalde: Luis de Palma Mayordomo: Cristóbal de Palma Tenllado Consultor: Matías de Jaén Gabriel de Torres Melchor Ximenez albañil Pedro Ximenez Malagón Juan de Santiago Rodrigo Pérez Rubio Bartolomé Sánchez de Alcalá

En cuanto al segundo punto (razón de la redención del censo) se expresa que por el convento de san Francisco (la comunidad) se le había hecho a la cofradía cierto alcance de maravedíes, dimanante de las misas que los frailes habían dicho por encargo de aquélla, y entre otras las encomendadas para los hermanos difuntos, como también por las memorias que estaban fundadas en el convento de las que la cofradía era tributaria. Transcurría el año 1608 (reinante Felipe III) y desempeñaba el cargo de guardián del convento prieguense fray Francisco de Posadas, quien ante la situación de morosidad y retraso de la cofradía en saldar su cuenta para con la comunidad franciscana, ésta le pidió que se la pagara a cuenta de sus bienes y rentas, apremiándole a su ejecución. La santa cofradía de la Veracruz contestó diciendo que la renta que tenía “era poca” y la limosna que se le echaba también “muy poca”, aunque reconocía que de no saldar la deuda, ésta sería mayor. No obstante las constituciones, orden y costumbres de la cofradía determinaban que ningún principal de los censos que tenía o pudiera tener se pudiera consumir en ninguna cosa, antes por el contrario sus bienes se debían dar a censo para conseguir mayores rentas. Y por si la situación no fuera ya penosa, se sumó a esta petición otra de un ministril, Gaspar de Herrera, que declaraba debérsele por la cofradía catorce ducados cada año (y eran tres los adeudados) por su actuación en las fiestas a las que concurría él y sus discípulos con su música, ante lo cual se acordó por el cabildo reunido se le pagara solo un año y por terceras partes, y cumplido este compromiso más adelante se acordaría lo que procediera respecto al resto. El mismo cabildo recogía otros testimonios


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notariales de legados a favor de la cofradía, que demostraban tener “posibles” para afrontar la deuda. Y como la cuestión acuciaba se rogó a Alonso de Morales que contribuyera a estos efectos: Y el dho. Alonso de Morales quiere rredimir el dho censso, y pagar los corridos que deue del asta hoy día de la fecha desta e me pide –dice el mayordomo Cristóbal de Palma- le otorgue finiquito e rendición, e yo lo quiero hacer. Por tanto, usando de la dha licencia que de suso va incorporada, dada por virtud de los dhos recaudos y en nombre de la dha cofradía otorgo y conozco por esta escriptura que rrecibo del dho Alonsso de Morales, vecino de la dha. Villa que está presente los dhos quarenta y ocho mil marauedís del dho principal de censso en esta manera: los diez mil marauedis en el dicho principal de censso que así da a la dha cofradía contra Xristobal Hernandez de Bonilla y Catalina Pérez su mujer, vecinos de la dha villa, cuyos corridos se pagan por el dia de san Joan de junio de cada año y corren a fauor de la dha cofradía desde el dia de san Joan de junio pasado deste año del dia de la fecha desta, impuesto y cargado sobre un olivar y zumacar que solía ser viña en el sitio de Rodrigo Alvarez, término desta villa… e con cargo de otros cinco mil marauedis de principal que pertenecen a Catalina de Espinosa, viuda de Antón García Tenllado, pagados ansimismo los corridos por el dho dia de san Joan de junio, y los treinta y ocho mil marauedis restantes en dineros de contado … de los quales me doy en el mi dho nombre por contento y entregado porque los he recibido e recibo del dho Alonso de Morales en rreales de a ocho.. e los vi pasar a presencia del dho Cristóbal de Palma desde el dho Alonso de Morales… y obligó a la dha coffradia y a sus rentas a que en todo tiempo aia por firme esta redención.. y para ello obligó a la dha coffradia y a sus bienes y rrentas auidas y por auer y yo el dicho Alonso de Morales doy a la dha cofradía de la Santa Veracruz los dhos quarenta y ocho mil maravedís del dicho censso.

Tras la firma de las correspondientes escrituras de redención de la deuda contraída por la cofradía de la Veracruz ésta debió satisfacerse al convento, si bien a costa de su patrimonio crediticio. La comunidad

franciscana se daría por abonada y los cofrades se apretarían el cinturón para evitar que más adelante pudiera repetirse el caso. España, y la villa de Priego, comenzaban a declinar. Una grave crisis se cernía sobre sus habitantes. Poco faltaba para que tuviera lugar una sangría de grandes proporciones: la expulsión de la colonia de los moriscos, que en número de varios millares tendría que abandonar la población y su asentamiento en el conocido Barrio de la Morería (hoy de la Puerta de Granada). Efectivamente, desde 1609 a 1612 se produjo irremisiblemente la hemorragia demográfica, de la que tardaría más de medio siglo en reponerse. Y la cofradía de la Veracruz continuaría ejercitando su piedad con sus ritos y tradiciones de fiestas, procesiones y misas. Notas 1. En el archivo de la archicofradía se conserva poca documentación de su primera etapa. Cfr. el magnífico libro de Forcada Serrano, M., “Historia de la Hermandad de la Santa Veracruz y de Ntro. Padre Jesús en la Columna”, Cajasur, Córdoba, 2000. 2. APP (Archivo de Protocolos de Priego de Córdoba), Protocolos de Alonso de Vargas, Libro 116, Años 1608-1609, Alonso de Morales, finiquito y redención de censo a la cofradía de la Santa Veracruz, fols. 535-552 vto.


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Víctor Barranco García Licenciado en Humanidades

nuestra historia La Ermita de la Vera Cruz y su entorno

Dibujo realizado por Juan Camacho en 1723. Detalle.

Sobre el origen histórico de la ciudad de Montilla se ha escrito mucho. Sin entrar a valorar las evidencias arqueológicas que demuestran los antecedentes remotos de estas tierras, me centraré en la realidad testimoniada. De esta manera, hallaremos en 1333 la primera mención documental de la población, cuando el monarca Alfonso XI hace mención al Castillo de Montilla en su Crónica. Por razones obvias, la fortaleza montillana sería la primera construcción del núcleo poblacional, a partir de la cual iría formándose el casco urbano. Pero no me extenderé demasiado, ni en el tiempo ni en el espacio; detengámonos en los aledaños del Castillo para exponer una ligera idea de la Montilla de los siglos XV y XVI. Cuando Alfonso Fernández de Córdoba, Señor de Aguilar, traslada su residencia a Montilla desde Alcalá

la Real, el Castillo va transformándose hasta alcanzar la fisionomía de palacio residencial, fechado en 1424 por el arqueólogo Raimundo Ortiz. Comienza entonces un proceso de expansión de la villa con la ocupación del cerro en torno a la fortaleza. Si bien no se conoce con total exactitud su fecha de construcción, hacia la mitad del siglo XV se puede establecer la aparición de la Iglesia de Santiago. No era la popular Parroquia el único edificio religioso de Montilla. Lorenzo Muñoz, en 1779, escribió: “A la entrada del Alcázar y Castillo en sitio más baxo que el sebe una grande y llana plaza que se sube por Cuesta, vese esta por un lado cercada con una muralla, y por otro con hacera de casas, y en el testero está situada una Iglesia grande con dos buenas puertas; es de tres nabes con su capilla maior frente de ella el choro, tiene su sacristía y decente hornato (sic)i”.


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De origen y fundación inciertos, según el mismo autor -“quasi del mismo tiempo de la Parroquia”-, parece clara su aparición en estos primeros tiempos -“En distintos tiempos antiguos y modernos ha servido esta Iglesia de Parroquia por estar inmediata a ella y hallarse con obra o impedimentoii”. La iglesia en cuestión, como alguno habrá tratado de imaginar, es la ermita de la Vera Cruz, situada frente al llano que ocupó la plaza del mismo nombre, “la más antigua del pueblo, y está inmediata a su fortalezaiii”. El acontecer de los tiempos quiso que la ermita fuera ocupada, saqueada y quemada por tropas francesas en la Guerra de la Independencia, poniendo fin a su historia en 1809. Sin embargo, la imaginería y el patrimonio de su interior pudieron ser trasladados a otros templos mientras se les reubicaba, si no todos, gran parte de ellos, en la Iglesia Parroquial de Santiago o en la ermita de Nuestra Señora de la Rosa. Imagen del Cristo de Zacatecas antaño venerada en la ermita de la Vera Cruz.

Cuenta la tradición oral una historia sobre un lance que vio implicado al Gran Capitán en 1470. Ponferrada Gómez recoge la leyenda donde sucede que, el Miércoles Santo de ese año, doña Beatriz de Arias hubo de ser rescatada de una agresión por nuestro afamado vecino, cuando volvía con su dueña de los Oficios que “con gran concurrencia de fieles y la importante presencia del señor feudal de la Villa, se habrían celebrado en la antigua iglesia de la Vera Cruziv”. Algunos autores van más allá. Según Ramírez y de las Casas-Deza, la ermita de la Vera Cruz fue la primera edificación religiosa en el municipio y estaría construida ya a principios del siglo XV. Morte Molina señala que la Vera Cruz “servía para rendir el culto los soldados de guarnición, que ordinariamente eran 300, y la servidumbre del palaciov”, lo cual nos da a entender que la ermita debía de estar construida mucho antes de la destrucción del Castillo en 1508. Sea cual fuese el origen de la ermita, es seguro que formaba parte de ese primer recinto poblado de Montilla, que comprendería el barrio de la Escuchuela y las calles Iglesia, Cárcel, Vera Cruz, y Matadero. Este es el perímetro de la fortaleza original a la que se refieren diferentes historiadoresvi y que albergaría, con 250 metros de Norte a Sur y 100 de Este a Oeste, una de las fortalezas más grandes y fuertes de la época en Andalucía. No debe extrañarnos tal extremo, teniendo en cuenta la importancia que estaba adquiriendo el Señorío de Aguilar y el desplazamiento a Montilla de su centro de poder. La antigüedad del templo de la Vera Cruz no sólo demuestra que entre sus muros naciese la cofradía del mismo nombre, la primera de entre las de Montilla, junto a sus posteriores hermandades, sino que fue la sede de las primeras manifestaciones religiosas populares en nuestro pueblo. Recientes investigaciones del montillano Antonio Luis Jiménez Barranco han llevado a establecer que, “aunque a día de hoy no hemos hallado un documento que registre la


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fecha de la fundación de la cofradía montillana [la Vera Cruz], tenemos noticia de su existencia ya en 1558, manifestada a través de dos escrituras notariales […]vii”. La ermita, que constaba de tres naves y dos puertas según el citado manuscrito de Lorenzo Muñoz, no quedaba aislada en el núcleo urbano surgido tras la demolición del Castillo. Presidía una gran plaza encuadrada entre el terreno de la fortaleza arruinada y las casas más altas de la población. Estaba situada en la cumbre de la Cuesta de la Vera Cruz, hoy Cuesta del Silencio, que bajaba hasta la calle Torrecilla posteriormente Costal y, en la actualidad, Gran Capitán- desembocando en los caminos de Espejo y Granada. Ese primer núcleo poblacional se completaba con el barrio de la Escuchuela -el más antiguo de la villa-, la actual calle Lorenzo Venegas, antiguas calle Berrío, Tercia -actual calle José de los Ángeles-, las calles Iglesia, Cristo amarrado a la Columna de Juan de Mesa, el Mozo.

Tarasquilla -actual Padre Miguel Molina-, Mesones donde se situaría el mesón de Las Camachas, en la actual calle Hermanos Garnelo-, Matadero -actual Miguel de Barrios- y Fontanilla -muy probablemente, siguiendo una trayectoria paralela o aún coincidente con las actuales calles San Juan Bosco y Mirador del Castillo, aunque aún es una hipótesis-. Se conoce que igualmente existían zonas que han desaparecido o han mutado drásticamente su fisionomía. Así, Lucas Jurado y Aguilar hablaba de “barrios que se han perdido con los tiempos, […] el de Lanjarón, el de Valsequillo, y parte del de la Escuchuelaviii”. Lorenzo Muñoz, describiendo las vistas desde la Corredera, señalaba que “primero sebe el barrio de Balsequillo y Matadero a la falda del Alcázar, sitio muy deteriorado por su asperidad, sigue la plaza del Alcarcel […]ix”. El propio Morte Molina menciona que desde la Vera Cruz partía “una calle que iba a terminar cerca del Matadero de reses”. Puedo suponer, como he señalado anteriormente, que esta calle sería la de la Fontanilla y transcurriría sobre el actual patio del Colegio Salesiano, hasta desembocar en lo que hoy es la calle San Juan Bosco. Sin embargo, aún carecemos de testimonios fidedignos que nos permitan aseverar tal hipótesis. Quiero señalar que la plaza del Alcarcel, también llamada de la Madera o de la Leña, estaba situada en la confluencia de las calles Córdoba, Tarasquilla y Matadero, y en ella eran contratados los arrendamientos de las parcelas agrarias durante los siglos XVI y XVII. Hasta 1970 existía un rótulo con esta denominación en una casa de la calle Córdoba. A finales del siglo XV, toda la población debía encontrarse en torno al cerro del Castillo, en un espacio amurallado del que conocemos, al menos, tres puertas: las del Sol, con salida al camino que hoy conocemos como calle Santa Brígida; la de Córdoba, en la antigua plaza de Alcacer; y la de calle de las Torres -actual Gran Capitán-. La calle de las


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un desarrollo sin precedentes en la localidad. En este Siglo de Oro montillano se establecen en Montilla las órdenes de los franciscanos, agustinos, clarisas, jesuitas y franciscanas, impulsando el crecimiento urbano. La villa comenzaría su expansión hacia el camino de Aguilar, con las calles Cordón, Palomar y Zarzuela; hacia el camino Real de Córdoba, con la configuración del barrio de las Tenerías, a los pies del cerillo de San José; y hacia la zona del alto de San Cristóbal, donde se instalaron los agustinos, a través de la calles Juan Colín, por un lado, y Ancha de San Agustín, por otro. Alrededor de esta zona se creó y por el barrio del Sotollón, cuya calle del mismo nombre partía de la confluencia de las actuales calles Enfermería, Santa Ana y Ballén; espacio conocido como Plazuela del Sotollón. Continuando a través de la calle Fuente Álamo se llegaba a la ermita de San Roque, ya a las afueras de la villa.

Ecce Homo que tallara Juan de Mesa el Mozo en 1597.

Manteras -hoy parte de la calle Enfermería- era en este primer momento el camino extramuros al este de la población. Ya en el siglo XVI, con la destrucción del recinto fortificado, el centro de poder se desplazó hacia la salida a Granada, donde la construcción del Palacio de los Marqueses de Priego inició un proceso de expansión que tuvo su mayor esplendor con el mandato de doña Catalina Fernández de Córdoba. Catalina engrandeció el Palacio anexionando varias dependencias, lo que supuso la urbanización del Llano de Palacio, donde se ubicaron, junto al Palacio, la ermita de San Blasx, la Puerta de Granada o el Monasterio de San Francisco -muy pronto convertido en Convento de Santa Clara- e impulsó

Volvamos al entorno más inmediato de la Vera Cruz. El inventario de la Cofradía realizado en 1567 refleja que la ermita rendía culto, al menos, a una imagen de Cristo Crucificado y a otra de la Virgen que después sería designada del Socorro. Asimismo, diversos bienes demuestran que ya en estos primeros años se procesionaban estas imágenes por parte de la Cofradíaxi. Por esta época, el barrio aledaño a la ermita -muy posiblemente conocido como del Valsequilloalbergaba la Cárcel y las Casas Consistoriales -actuales Palacio de Justicia y Teatro Garnelo, respectivamente-, así como los primeros silos, carnicerías y pescaderías públicas del municipio. A finales del XVI, la Plaza Baja o Nueva -actual de la Rosa- se convertía en una realidad que hacía frente a las necesidades de una población en auge y constante desarrollo. En 1576, el mismo año que Hernán Ruiz II comienza la construcción de la torre de la Parroquia de Santiago tras una serie de reformas en sus aledaños, Andrés de Mesa dona a la Cofradíaxii una imagen de un Cristo de casi tres metros de altura, realizado con


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una pasta de caña de maíz, resina y pigmentos diversos, lo cual le otorgan una singularidad que le acompañará hasta a actualidad. Procedente de Nueva España, este Crucificado recibirá el nombre de su ciudad de procedencia, la mexicana Zacatecas y sustituyó al anterior crucificado de madera, que fue vendido por 5.236 maravedíes . Años más tarde, en 1597, cerrando la época dorada del Renacimiento en Montilla, Juan de Mesa “el Mozo” realiza para la Cofradía la escultura del Ecce Homo. Poco a poco, la ermita iba completando su imaginería, que tras la Guerra de la Independencia pasaría a otras iglesias, en especial la de Santiago. En 1659, la ermita de la Vera Cruz sirvió, muy probablemente junto a la Parroquia de Santiago, como resguardo de los implicados en los alborotos motivados por las ejecuciones públicas tras la falsificación de papel moneda en Montilla y localidades vecinasxiv. Pese a que hay constancia de la realización de unas obras de reforma en la ermita en 1615, según una inscripción descrita por Antonio Jurado y Aguilar, no es sino un siglo después, entre 1710 y 1720, cuando se reforma la Capilla del Sr. Crucificado, que es la mayor, ampliándose la ermita y ganando espacio de la Plaza de la Vera Cruz. Tuvo lugar en esta época el llamado “Milagro de Zacatecas”. Así lo relata el propio Antonio Jurado y Aguilar: “El año de 27 [1727] sacaron a su imagen [Cristo de Zacatecas] en procesión de penitencia, por necesidad de agua y fue cosa portentosa que estando el sol despejado ardiente […], salía el Señor, y enturbiaba el cielo, y cubría de nubes y volvería en arroyos los canales apenas hubo entre la salida y la lluvia diferencia, con que remedió el año bendiciendo con lágrimas al todo poderosoxv.” La Cofradía de la Vera Cruz, pese a ser la primera de la ciudad y tener gran número de cofrades, sufrió la prohibición de Carlos III, quien en 1777 ordena a las autoridades que “no permitan disciplinantes,

empalados ni otros espectáculos semejantes que no sirven de edificación, y pueden servir à la indevocion y al desórden en las procesiones de Semana Santa [sic]xvi. Fruto de ello, y pese a que la disciplina siguió llevándose a cabo, si bien en lugares menos públicos, la Vera Cruz se dividió en varias Hermandades, que Lucas Jurado y Aguilar señala como la de la Cruz, del Prendimiento, del Señor Amarrado a la Columna, del Hermano y de Ntra. Sra. del Socorroxvii. En 1808, estalla en España la Guerra de la Independencia contra los franceses. En Córdoba, el General francés Dupont conquista y saquea numerosos edificios. Montilla, aún recuperándose de los estragos de la epidemia de peste de 1804, observa como la ermita de la Vera Cruz se convierte en cuartel militar de las tropas extranjeras, no sin que antes los miembros de la Vera Cruz pusiesen a salvo en la Parroquia de Santiago los bienes más valiosos contenidos en la ermita. Una vez arrasada la Vera Cruz por los franceses, el Consistorio quiso establecer en el lugar que ocupaba el cementerio municipal. Situado en la parte más alta de la población, el Duque de Medinaceli Don Luis Fernández de Córdoba donó unos terrenos de su propiedad para la construcción del camposanto, terminando por derribar completamente la ermita de la Vera Cruz y poniendo fin a uno de los elementos patrimoniales más antiguos de la ciudad de Montilla. Bibliografía Ramírez de las Casas Deza, L. Mª. Corografía históricoestadística de la provincia y obispado de Córdoba. Ed. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba/Confederación Española de Cajas de Ahorros. Córdoba, 1986. Lorenzo Muñoz, B. Historia de la M.N.L. Ciudad de Montilla. Manuscrito, 1779. Biblioteca Fundación Manuel Ruiz Luque (BFMRL). Jurado y Aguilar, A. Historia de Montilla. Manuscrito, 1777.


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BFMRL. Jurado y Aguilar, L. Histórico Genealógico de Montilla, sin fecha [c. 1750] . BFMRL. Ponferrada Gómez, J. Las Viejas Leyendas y Tradiciones del Carchena. Montilla, 1987. Garramiola Prieto, E. Callejero y Memoria Íntima de Montilla. Ed. Nuestro Ambiente, Montilla, 1995. Garramiola Prieto, E. La Ermita de la Vera Cruz, en Revista Nuestro Ambiente núm. 150 (dic. 1990). Calvo Poyato, J. Montilla y su expansión demográfica en el siglo XVI, en Montilla: Historia, Arte, Literatura; Homenaje a Manuel Ruiz Luque. Baena, 1988. Jiménez Barranco, A.L. El Santo Cristo de Zacatecas, en Revista Vera Cruz núm. 7 (mar 2009). Ramírez Hidalgo, A. Evolución Urbana de Montilla, en Revista Nuestro Ambiente (jul 1999). Morte Molina, J. Apuntes Históricos de esta Ciudad. Montilla, 1982.

Notas Historia de la MNL Ciudad de Montilla, Lorenzo Muñoz, B. Manuscrito, 1779. BFMRL. iii Historia de Montilla. Jurado y Aguilar, A. Manuscrito, 1777. BFMRL. iv La calle montillana donde el Gran Capitán en ciernes, pudo proclamar su primer “veni, vidi, Vinci”; en Las Viejas Leyendas y Tradiciones del Carchena. Ponferrada Gómez, J. Montilla, 1987. BFMRL. v Montilla; Apuntes Históricos de esta Ciudad. Morte Molina, J. II Edición, Nuestro Ambiente. Montilla, 1982. vi Véanse las obras del propio Morte Molina, Garramiola Prieto o Ponferrada Gómez. vii La Cofradía de la Vera Cruz a través de un inventario de 1567, Jiménez Barranco, A. L.; en Revista Vera Crux núm. 8. Montilla, 2010. viii Histórico Genealógico de Montilla. Jurado y Aguilar, L. Manuscrito, sin fecha [c. 1750]. BFMRL. ix Historia de la MNL Ciudad de Montilla (pág. 186), Lorenzo Muñoz, B. Manuscrito, 1779. BFMRL. x En el terreno ocupado actualmente por un negocio hostelero, frente a las oficinas del INEM. i, ii

Más información del inventario en el citado “La Cofradía de la Cera Cruz a través de un inventario de 1567”. xii Sobre la donación, véase “El Santo Cristo de Zacatecas; Una imagen entre dos mundos”, de Jiménez Barranco, A.L., publicado en la revista Vera Crux núm. 7 (marzo 2009). xiii Entre otras muchas referencias, cito la obra “Callejero y Memoria Íntima de Montilla”, Garramiola Prieto, Ed. Nuestro Ambiente. Montilla, 1995. xiv Sobre estos sucesos, la ficción “El Justiciero Ajusticiado”, Barranco García, V. Montilla Digital, 22/01/2011. http:/ /www.montilladigit al.com/2011/01/el-justicieroajusticiado.html. Basada en los acontecimientos descritos en Alborotos en Montilla en 1659. Moreno Alonso, Manuel. En III Ciclo de Conferencias sobre Historia de Montilla. Ayuntamiento de Montilla, 1988. xv Historia de Montilla. Jurado y Aguilar, A. Manuscrito, 1777. BFMRL. xvi Novísima Recopilación de las Leyes de España. Madrid, 1805. Biblioteca Digital de Google. xvii Histórico Genealógico de Montilla. Jurado y Aguilar, L. Manuscrito, sin fecha [c. 1750]. BFMRL. xi


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noticias TIEMPO DE CAMBIO Y CONVERSIÓN

La Vera Cruz abre con su Solemne Quinario la cuaresma montillana

Momento de solemnidad del celebrante Rvdo. José Almedina durante el Quinario.

El pasado 26 de febrero, Miércoles de Ceniza, como marcan nuestros Estatutos iniciamos en nuestra Sede Canònica, la Parroquia Mayor de Santiago Apóstol, la celebración del Solemne Quinario en honor a nuestros Sagrados Titulares. A lo largo de los cinco días tuvimos la suerte de contar como predicadores con nuestro actual consiliario, Administrador Parroquial y Rector del Santuario de San Juan de Ávila D. José Almedina Polonio; Don Carlos Gallardo Panadero, Vicerrector del mismo y Don Jesús Joaquín Corredor Caballero, consiliario de la Agrupación de Cofradías y Párroco de San Francisco Solano.

Durante el transcurso de la celebración de la eucaristía y como viene siendo habitual, en virtud del acuerdo alcanzado en sesión de Cabildo de Oficiales celebrado el pasado 6 de febrero del presente año, se impusieron las medallas de honor de la Cofradía como signo de consideración y reconocimiento hacia la generosa labor prestada con la hermandad. Tal distinción ha recaído este año en el Ilustrísimo Señor Don Manuel Ángel Gorjón Recio, Coronel Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada “Córdoba” número 10, Doña Irene Flores Murube, directora de la Compañía de Teatro “Padre Santiago Gassín” y el Rvdo. Carlos Gallardo Panadero por su predicación durante el Quinario. Antes de finalizar la eucaristía, nuestro hermano mayor D. Antonio Luis Jiménez Barranco tomó la palabra para dar las gracias en su nombre y en el de todos los que integran la Cofradía a todas aquellas personas que con su apoyo y colaboración hacen que nuestra hermandad siga caminando hacia Dios a través de nuestros Sagrados Titulares.

Buscando en nuestros Titulares el referente que nos ayude a fortalecer nuestra fe, se nos animó a vivir intensamente el tiempo litúrgico que comenzábamos. Un tiempo de cambio y de conversión en el que dejar a un lado las superficialidades de nuestra vida, dejar nuestras comodidades y abrirle de par en par el corazón a Cristo, para cambiar de vida y dejarnos así llenar totalmente de su Palabra Nueva. El domingo culminó el Solemne Quinario con la celebración de la Función de Regla. Este año hemos vuelto a contar con la participación del Coro de Santiago, al que desde estas líneas agradecemos una vez más su inestimable colaboración.

Los distinguidos con la medalla de honor de la Cofradía al término de la celebración.


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noticias A CARGO DEL SACERDOTE Y ANTERIOR CONSILIARIO D. MIGUEL VARONA

La Exaltación de las Siete Palabras, una oración que conmueve D. Miguel Varona pronuncia su Exaltación ante nuestros Titulares.

De nuevo la reflexión en torno a las últimas palabras que pronunciara Nuestro Señor ya clavado en la Cruz ha centrado las actividades cuaresmales de nuestra Cofradía. El antiguo “Sermón de las Siete Palabras”, que antaño se pronunciara en los oficios de la tarde del Viernes Santo, fue recuperado tras la última reorganización de la Cofradía de la Vera Cruz, aunque sacándolo de la liturgia de estos días de Semana Santa. Desde hace casi diez años la “Exaltación de las Siete Palabras” congrega cada cuaresma a hermanos y devotos de nuestros titulares en un acto que, aunque ajeno a la liturgia de la Eucaristía, no deja de ser un momento de recogimiento y reflexión en torno a la pasión de Cristo. Este año el orador ha sido nuestro anterior consiliario el Rvdo. P. don Miguel Varona Villar. Don Miguel, que entre nosotros no necesita presentación ya que ha sido párroco de nuestra Parroquia Mayor de Santiago Apóstol durante los últimos ocho años, es actualmente párroco de la de San Pelagio de Córdoba capital, además de ser director del Secretariado para la causa de los Santos. Tras la apertura del acto por parte del Hermano Mayor, intervino el administrador parroquial de nuestra Parroquia y actual consiliario de la Vera Cruz

don José Almedina Polonio, que fue el encargado de presentar al exaltador. Don José trazó un perfil biográfico del orador del que destacó sus valores y su formación, así como la labor realizada en las distintas parroquias a las que ha estado encomendado. La Exaltación fue planteada como una gran oración, más similar a las antiguas homilías del Viernes Santo que a los actuales pregones que se escuchan cada cuaresma, por lo que careció de acompañamiento musical y no fue interrumpida por aplausos en ningún momento. Es por ello que, tras unas palabras iniciales aludiendo a su relación con la Cofradía, comenzó santiguándose junto con el resto de asistentes, y tras cada una de las reflexiones realizadas en torno a cada Palabra de nuevo hizo participar a quienes le escuchaban con el rezo del Gloria. En su intervención, el exaltador revisó a fondo las palabras de Jesús reivindicando el valor que éstas tienen más que nunca en nuestro mundo contemporáneo. La Exaltación, que tuvo lugar la tarde del pasado sábado 17 de marzo, ha tenido como novedad este año su realización en la capilla del Santo Cristo de Zacatecas. El acto contó con la asistencia del Sr. Alcalde y de representantes de nuestro Ayuntamiento, así como de las demás Hermandades de Montilla.


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noticias NOVEDADES PARA EL SÁBADO DE PASIÓN Y EL MARTES SANTO

Nuevo itinerario para el Vía Crucis y la Estación de Penitencia La Cofradía de la Vera Cruz, desde su inicio, ha tratado de ir consolidando los cultos en honor de sus Titulares, como el Vía Crucis de Entronización del Cristo de Zacatecas. Por primera vez, este año, el Vía Crucis no tendrá carácter claustral y saldrá extramuros de nuestra sede canónica para manifestarse por las calles de la Escuchuela y así recorrer la vecindad que vio nacer nuestra ciudad. El ejercicio penitencial del Vía Crucis tendrá lugar el 31 de marzo, Sábado de Pasión, a las 20:30 horas y culminará con la entronización del Santo Cristo de Zacatecas en su trono, una vez en el interior de la Parroquia de Santiago, donde tendrá lugar la última de las catorce estaciones que componen esta oración en la que recordamos la Pasión de Nuestro Señor. El itinerario por el que transcurrirá el Vía Crucis es: Escuchuela, Condesa de Feria, Cronista Pérez del Pulgar, Puerta del Sol, Lorenzo Venegas, Gran Capitán e Iglesia. Con esta salida, la Cofradía pretende afianzar su marcado carácter en el barrio de antaño y acercar a Cristo Crucificado a aquellos vecinos que, por diversas razones, no puedan, a su pesar, acompañarlo el Martes Santo. De igual manera, la Estación de Penitencia del Martes Santo ha sufrido algunas modificaciones tanto en lo que respecta al horario de salida como al itinerario.

Vía Crucis con motivo del año jubilar de San Francisco Solano en 2010

El Martes Santo es ya uno de los días grandes de la Semana Santa y las tres hermandades que realizan estación de penitencia este día somos conscientes de ello, por lo que la Cofradía de la Vera Cruz ha decidido adelantar la salida de nuestra Estación de Penitencia a las 20 horas con el fin de no coincidir con las demás hermandades. Además se ha modificado el recorrido, reduciendo el anterior trayecto, respondiendo así a una cuestión práctica, ya que las calles y confluencias que transitábamos anteriormente están repletas de cables que ralentizaban en exceso la marcha del cortejo procesional obligando a bajar la imagen del Señor de Zacatecas. En esta ocasión tomará las calles Iglesia, Gran Capitán, José de los Ángeles, Plaza de la Rosa, Corredera, Puerta de Aguilar, Médico Cabello, Fuente Álamo, San Francisco Solano, Santa Ana, Fernández y Canivell, Escuelas, San Juan de Ávila, Hermanos Garnelo, Beato Miguel Molina, Arcipreste Fernández Casado e Iglesia. Con estos cambios, esperamos que la Estación de Penitencia discurra con mayor fluidez y llegue a su templo alrededor de las 12 de la noche, para que así los montillanos puedan disfrutar del encierro de las tres cofradías del Martes Santo.


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noticias LA COMPAÑÍA DE TEATRO "PADRE SANTIAGO GASSÍN" LLENA EL GARNELO

Peter Pan El MusicaI transportó a niños y mayores a Nunca Jamás 2003 por el sacerdote Santiago Mª Gassín y por Jesús Manuel Bernal. La trayectoria de la Compañía arranca en junio de 2004, cuando estrenan su primer trabajo, Peter Pan, con tal éxito que tienen que representarlo durante ese verano en ocho ocasiones para más de 5.000 personas. Un año más tarde, en 2005, crean la Sección Infantil de la Compañía, cantera de actores que se presenta ante el público ese mismo año con el musical Domingo Savio, obra que narra la vida del santo niño alumno de Don Bosco. La trayectoria de este grupo teatral puede no parecernos prolongada en el tiempo pero sí intensa, pues viene avalada por la calidad artística que ha demostrado con la puesta en escena de obras musicales como El Rey León (2005), Pinocho (2006), Aladdín (2007), La bella y la bestia (2008-09) o High School Musical (2010) a lo largo y ancho de la geografía andaluza.

Cartel anunciador del Musical Peter Pan.

La Cofradía de la Santa Vera Cruz ha tratado en estos años de organizar actividades culturales de todo tipo y para todos los públicos. Un buen ejemplo de ello es Peter Pan El Musical, espectáculo nacido en el seno de la Compañía de Teatro Padre Santiago Gassín fruto del trabajo duro y desinteresado de unos jóvenes de la familia salesiana de Rota que nos trasladaron al Londres de principios del pasado siglo de la mano de Wendy, Campanilla y los Niños Perdidos. Peter Pan fue creado en 1904 por el escocés James Matthew Barrie, quien no imaginaba que durante más de un siglo su obra estaría vigente en cines y teatros de medio mundo. De ello dio buena cuenta la Compañía de Teatro “Padre Santiago Gassín” en las dos representaciones que ofrecieron el pasado 22 de octubre de 2011 en el Teatro Garnelo. Esta compañía teatral, procedente del Colegio Salesiano de Rota (Cádiz), está formada por un grupo de jóvenes salesianos y fue creada en septiembre de

En Montilla hicieron gala de su saber hacer volviendo a interpretar el primer musical que incorporó a su repertorio, Peter Pan, bajo la dirección de Irene Flores y Álvaro Polonio. La experiencia ganada con los años y sobre las tablas de múltiples escenarios ha permitido ampliar y renovar el magnífico espectáculo mediante la incorporación de increíbles decorados, nuevo diseño de vestuario, así como la composición de sorprendentes coreografías y canciones que hicieron disfrutar a niños y no tan niños en el País de Nunca Jamás. Momento de la representación de Peter Pan El Musical.


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noticias EXCELENTE TRABAJO DE CONFECCIÓN DE LAS CAMARERAS DE NUESTRA MADRE DEL SOCORRO

Un terno de roquetes y dos sayas entre los estrenos más señalados Sin embargo, la incertidumbre meteorológica reinante el Martes Santo de 2011 hizo que la Junta de Gobierno optase por no procesionar con ellos, ya que el delicado trabajo de talla de los artistas cordobeses Manuel Jurado y Miguel Ortiz podría verse dañado en caso de lluvia. Será, por tanto, este año cuando la Cofradía estrene estos faroles, diseñados siguiendo las líneas del sagrario del retablo obra del jesuita Díaz de Rivero que hoy en día preside la Inmaculada Concepción en la Parroquia de Santiago.

Ntra. Madre del Socorro ataviada con una de las nuevas sayas.

A lo largo del presente curso cofrade la Cofradía de la Vera Cruz ha ido enriqueciendo su patrimonio con nuevos enseres. El pasado año informábamos a través de esta misma publicación de la finalización de los nuevos faroles de guía que abrirían el cortejo procesional de la Estación de Penitencia de 2011.

Asimismo, la Cofradía estrena un nuevo terno de roquetes para los acólitos turiferarios, que anteceden al trono de nuestros Titulares, con un diseño reproducido fielmente de la indumentaria litúrgica tradicional que se conserva en la sacristía de nuestra sede canónica, ejecutados por las camareras de Nuestra Madre del Socorro, quienes también han confeccionado las dos nuevas sayas que pasarán a formar parte del ajuar de nuestra Titular. Las sayas, una blanca y otra roja, han sido donadas por hermanos de la Cofradía y están realizadas en tul de seda brocado en oro.

ALHELÍES, LILIUM E IRIS MORADOS SALPICADOS DE ROSAS ROJAS

Colores pasionistas para el exorno floral del trono Desde el año pasado, el exorno floral que luce el trono de nuestros Sagrados Titulares en la tarde del Martes Santo ha sido encomendado al florista hispalense Eduardo Fernández Melero, quien desde hace algún tiempo es el encargado también de que nuestra Madre del Socorro luzca radiantemente vestida en todas las celebraciones y cultos de la Cofradía. Este cambio floral ha surgido a iniciativa de la Sra. Condesa de Prado Castellano, María del Carmen Jiménez-Alfaro y Salas, que como madrina de la imagen de la Virgen del Socorro, ofrece su patrocinio a la Cofradía asumiendo el mecenazgo del excelente exorno floral de Eduardo, enormemente reconocido en la Semana Santa sevillana.

Entre el extensísimo currículum de Fernández Melero, cuentan numerosas hermandades y cofradías para las que ha trabajado: en Sevilla, los Panaderos, Montesión, la Estrella, la Sed, así como la del Polígono San Pablo, de la que es prioste. En Écija, también adorna los pasos del Santo Entierro y los Gitanos. Los colores pasionistas, morado y rojo, serán los que predominen en una composición floral en la que predominan los alhelíes, iris y lilium entre los que se intercalarán rosas rojas; todo ello circundado por un enramado de acacias, planta espinosa con la que fue coronado Nuestro Señor como escarnio al proclamarse rey de los judíos.


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noticias CONCIERTO EXTRAORDINARIO DEL DÍA DE ANDALUCÍA

El mundo de la Zarzuela

La jornada del día de Andalucía ha contado este año en Montilla con una nueva actividad. Nuestra Cofradía ha sido la encargada de organizar el concierto benéfico titulado “El Mundo de la Zarzuela”, que tuvo lugar la tarde del pasado 28 de febrero en el Teatro Garnelo. El concierto, en el que se interpretó una antologíacon más de una decena de piezas pertenecientes a distintas zarzuelas, estuvo a cargo del grupo musical Camerata Ipagro, que contó con las intervenciones de la soprano Cristina Toledo y del tenor Rafael Sánchez. El acto fue presentado por Jaime Luque, que aprovechó para explicar curiosidades en torno a este género español, como sus orígenes o sus diferencias con el llamado “género chico”. Asimismo, el presentador intervino a lo largo de la gala para introducir las piezas del repertorio.

Por su parte el pontanés Rafael Sánchez Pérez, ya conocido por sus anteriores actuaciones en el Garnelo, hizo de igual manera vibrar al auditorio con su intervención en piezas como la Canción Húngara de “Alma de Dios” o Junto al Puente de la Peña de “La Canción del Olvido”. Rafael, además de haber participado como tenor en numerosas jornadas líricas y galas de ópera y zarzuela, ha sido director de varias agrupaciones musicales. A lo largo del concierto actuaron tanto el tenor como la soprano por separado, hasta llegar a las dos últimas piezas del programa, de las zarzuelas “Luisa Fernanda” y “El Gato Montés”, en las que interpretaron dúos. Finalmente, tras una ovacionada propina, el concierto se cerró con la interpretación conjunta del Himno de Andalucía con el auditorio en pie.

Camerata Ipagro es una formación musical de instrumentos de pulso y púa que tiene su origen en la vecina localidad de Aguilar de la Frontera. Dirigida por el egabrense Antonio Moral Jurado, está compuesta por miembros de la Orquesta de Plectro de Andalucía (OPA), y sus intervenciones se caracterizan por la innovación interpretativa al adaptar obras clásicas y populares a las calidades tímbricas que ofrecen este tipo de instrumentos. Entre sus actuaciones por distintos puntos de la geografía española, hemos de citar el conciertoconferencia “La Marcha Procesional”, celebrado en Montilla el pasado año y organizado también por nuestra Cofradía. En cuanto a los solistas, la soprano Cristina Toledo Hinojosa, en su primera actuación en Montilla, sorprendió gratamente al público con la Canción del Arlequín de “La Generala” o Me llaman la primorosa de “El Barbero de Sevilla”, entre otras. Nacida en Madrid, ha actuado en los principales escenarios de España participando en varias zarzuelas y en la ópera Don Carlo, que recientemente ha estrenado el Teatro de la Maestranza de Sevilla.

Cartel anunciador del concierto El mundo de la zarzuela.


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La Cofradia Penitencial de La Santa Vera Cruz Devota Hermandad del Santo Cristo de Zacatecas y Santa Maria del Socorro Madre de Dios y Señora Nuestra Dedica a sus Amantísimos Titulares el próximo 30 de marzo, Viernes de Dolores, a partir de las 20,00 horas, en su sede canónica y Parroquia Mayor de Santiago Apóstol,

Solemne Besapiés y Besamanos

Sábado de Pasión, 31 de marzo a las 21,00 horas,

Solemne Vía Crucis de Traslado y Entronización del Señor Crucificado de Zacatecas por el Barrio de la Escuchuela.


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La Cofradia Penitencial de La Santa Vera Cruz canónicamente establecida en la

Parroquia Mayor de Santiago Apóstol en cumplimiento del Artículo IV.1.b. de su Estatuo y Regla realizará el próximo día 3 de abril, Martes Santo

Estación de Penitencia acompañando a sus Sagrados Titulares

Santo Cristo de Zacatecas y Santa María del Socorro Madre de Dios y Señora Nuestra

Dará comienzo a las 20,00 horas y tomará el siguiente itinerario: Iglesia, Gran Capitán, José de los Ángeles, Plaza de la Rosa, Corredera, Puerta de Aguilar, Médico Cabello, Fuente Álamo, San Francisco Solano, Santa Ana, Fernández y Canivell, Escuelas, San Juan de Ávila, Hermanos Garnelo, Beato Miguel Molina, Arcipreste Fernández Casado e Iglesia, concluyendo a las 00,00 horas en el templo parroquial de Santiago.


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In memoriam

Don Cristóbal Gómez, sacerdote Su alma era un códice de tradiciones y vivencias que celosamente guardaba en el archivo de la nostalgia. El pasado 27 de enero el sacerdote montillano Cristóbal Gómez Garrido escribía el epílogo de su vida, apagando su corazón fatigado, llevándose consigo para siempre su infinita sabiduría. Amante de la religiosidad popular, era el guardián de los pormenores montillanos del siglo XX. Sus ojos vieron tanto como sus manos intervinieron en recuperar la salud de innumerables obras de arte sacro, a las que afectaba la plaga del tiempo y el olvido. Con su dilatada memoria, favorecida de su fácil verbo y notable pincel, Don Cristóbal trazaba las imaginarias luces y sombras de cualquiera de los episodios acontecidos en nuestra ciudad en las centurias pasadas. De su anecdotario acopiamos las líneas básicas para muchos de los perfiles que hoy configuran la identidad de esta cofradía, y están patentes en sus estatutos, su acervo y su espíritu.

Cuando el Martes Santo las campanas de la torre de Santiago inunden el ambiente de la tarde con su pausado lamento de muñido llanto, en cada latido de bronce del Semidoble del Señor de Zacatecas habitará el recuerdo de aquel que goza ya de la compañía del Maestro Ávila y de Fray Solano en el palco celestial de la gloria montillana.

Papeleta de sitio y alquiler de hábitos Se ruega a todos los hermanos que pretendan participar en el piadoso ejercicio de la Estación de Penitencia del próximo Martes Santo, retiren su papeleta de sitio entre los días 26 y 31 de marzo, de 20,00h a 22,00h en la Parroquia de Santiago. Asimismo, los hermanos y devotos que lo deseen podrán alquilar el hábito nazareno en el mismo horario.


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Patricia Espinosa Blanco Universidad de Deusto

Reflexiones

Me encontré en tu mirada, Madre Te vi salir, Madre, de aquella Iglesia de Santiago, que te había cubierto hasta el instante de presentarte con tu Hijo para decirnos a todos lo que nos amabas, lo que nos amabais. Estábamos todos esperando verte y, una vez más, no nos fallaste. Allí estabas, con tu Hijo, deseando cruzar tu mirada con cada mirada nuestra. Y allí estaba yo, anhelante, esperando que me reconocieras; esperando que tus ojos me dijeran lo que sólo tú sabes decir, que tu amor es tan grande que no te importa quién soy, ni de dónde vengo, ni cuál es mi ocupación… Solamente me dices que me amas y que quieres seguir amándome.

Cuando era niña, pensaba que una madre podía con todo. La imagen de la madre sonriendo, asiendo fuerte mi mano para que ni el miedo ni las piedras me dejaran tocar el suelo… Esa madre a la que nunca notaba el cansancio, ni el dolor, ni el sufrimiento. Ese rostro que siempre escondía la tristeza, que callaba el desaliento y gritaba la esperanza… La imagen de esa madre que hacía que todo mi mundo de niña, fuese lo más hermoso posible, mostrándome la vida siempre del lado más bello. Y, ahora que te veo a ti, que has perdido tu mirada hasta encontrarte con la mía, entiendo que muchos días, aquellos ojos de mi madre, eran ojos humedecidos por las lágrimas, hundidos por el dolor. Lágrimas y dolor que mis pocos años no me dejaban entender. Tus ojos hoy me dicen mucho más que tus palabras. Tus manos delicadas queriendo abrazar al mundo y acercarlo a tu corazón al tiempo; tu ser entero, sereno y quieto al lado del cuerpo de tu Hijo en la Cruz… ¡Madre! Hoy me hablas de esperanza, de aliento nuevo, de salvación. Hoy en ti, entiendo aquellas lágrimas de mi madre, aquellas que no comprendía. Hoy entiendo tu dolor, pero me siento acogida en él. Hoy me dices que vale la pena; que tu Hijo, al que no dudas en acompañar en su camino y en su Cruz, es mi Vida, mi horizonte, mi despertar y mi anochecer; que sólo Él, puede dar sentido a tantas lágrimas. Tus manos frágiles, se transforman en robustos brazos que me dicen que merece la pena, que es importante seguir, que tú estás conmigo…

Detalle de la mirada amorosa de Nuestra Madre del Socorro.

Y es entonces cuando alzo un poco más mis ojos y me encuentro con tu Hijo, tu Hijo del alma, que en su último aliento me ha buscado y me ha puesto en tus manos.


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Las calles están oscuras y la luz de las velas os ilumina. Os acompaña una multitud de gentes, de aquí muchas, y otras, como yo, haciendo un alto en el camino con la esperanza de encontrarme contigo. Vais custodiados, rodeados de muchachos que con pisadas firmes hacen que vuestro paso por las calles resuene más en los corazones de los que os buscamos… Otros, anónimos, tapando sus caras de las miradas de los espectadores, iluminan vuestros rostros con la tenue luz de la cera, trasformando la oscuridad de la noche en Luz de Vida. Pero lo que más me impresiona es que desde cualquier rincón donde yo me haya escondido de miradas ajenas, tú me buscas, me encuentras y me regalas tu ser. Quieres que te acompañe en esta última entrega de tu Hijo. Quieres que mis manos se alcen al cielo y que mi voz grite en el silencio de la noche que sé que por mí, tu Hijo ha entregado su vida; que por mí tú has soportado el dolor de ver cómo le atravesaban el pecho; que por mí, has recogido su sangre y en ella me entregas la esperanza del que nunca muere. Recorres cada calle, las anchas y luminosas, para todos los que llenos de alegría esperan. También las estrechas, las que carecen de luz alguna, las pedregosas y las que lentamente alcanzan el final de la cuesta, para todos aquellos que te buscamos en lo más profundo de nuestro ser a cada instante. Ni los unos ni los otros podemos entender nuestra existencia sin tu presencia. Esa presencia que pacifica, que nos hace más humanos. Esa presencia que nos enseña a reconocer el dolor en las lágrimas del hermano. Esa presencia que nos hace consolar, porque hemos recibido tu consuelo. Esa presencia que nos hace sentirnos hijos, porque Jesús, ese Hombre al que no dudas en acompañar, nos hace ser hijos tuyos, nos ha regalado

Mirada desde la Cruz del Cristo de Zacatecas.

tu ser de Madre y el nuestro de hijos amados, predilectos. …Vuelves a Casa, de donde hoy has salido para buscar a los que no te conocíamos, o a los que cada día pueden acercarse a verte… Custodiada una vez más por todos los que nos sentimos abrazados por tu Hijo, amados por ti. Y allí nos esperas, cada día, dispuesta cada instante a acogernos de nuevo en tu mirada, en la soledad y el silencio del que busca un momento para estar contigo, para poner en tus manos su existencia, su ser más íntimo,…la vida que hoy, tú me has regalado. Madre, hoy, gracias a Cristo, puedo pronunciar de otra manera esta palabra. Esa palabra que resuena en mi corazón, esas letras que unidas sólo pueden significar algo grande: amor incondicional, entrega, dolor, sufrimiento, alegría, paz, serenidad… MADRE.


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Juan Antonio Prieto Velasco Doctor en Traducción e Interpretación

Reflexiones

Juan de Ávila y el prólogo a su traducción del Kempis Nuestra ciudad cuenta con montillanos de nacimiento y adopción que han cultivado el noble arte de las buenas letras gracias al don de lenguas que muchos de ellos poseían. En el ámbito de las letras religiosas, San Francisco Solano tuvo seguramente que ejercer su labor como intérprete por las tierras a las que fue enviado a evangelizar. Por otro lado, el reformador montillano Juan Pérez de Pineda, aunque en el contexto de la Reforma protestante, compuso en el exilio y en un ambiente de persecución El Nuevo Testamento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nueva y fielmente traducido del original griego en romance castellano, popularizando las Escrituras entre el vulgo que, por iletrado, no tenía acceso a la Biblia en lengua castellana. Retrato de Juan de Ávila. Retratos de Españoles Ilustres (1791).

Queda claro que el don de lenguas ha sido siempre una herramienta para la misión catequética de muchos maestros de la fe han que lo han puesto al servicio de la evangelización. Sin embargo, fue el Maestro Ávila el que para mayor esplendor de las letras montillanas cultivó una literatura cuidada al servicio de la Iglesia y del pueblo. La próxima declaración de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal por SS. Benedicto XVI ha puesto en valor, aún más si cabe, la obra avilista, su ascético mensaje, así como la personalidad y la figura del Apóstol de Andalucía.

Teresa de Jesús (Bleiberg 1993). El argumento principal de quienes sostienen que fue San Juan de Ávila el que lo compuso es la temática del amor incondicional a Dios que Juan de Ávila trata en su obra. Obsérvese el paralelismo entre los primeros versos del soneto: “No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido […]” y el comienzo del Tratado del amor de Dios: “La causa que más mueve el corazón al amor de Dios es considerar profundamente el amor que nos tuvo Él, […] Más mueve el corazón a amar que los beneficios”.

San Juan de Ávila es reconocido no solo por la sobresaliente oratoria de su predicación, sino por ser uno de los máximos exponentes literarios del Siglo de Oro. Una de las joyas de la mística castellana, el Soneto a Cristo Crucificado, viene siendo atribuido tradicionalmente al Maestro Ávila, si bien existen otras teorías que lo atribuyen a Fray Miguel de Guevara, a San Juan de la Cruz o incluso a Santa

La más conocida de todas sus obras es el famoso comentario al salmo Audi filia (Alcalá de Henares, 1556) dirigido a doña Sancha Carrillo; los Memoriales al Concilio de Trento (1551 y 1561), el Tratado del amor de Dios o el Tratado sobre el sacerdocio son escritos de reforma en los que se deja ver el pensamiento erasmista del que se impregnó en su etapa en Alcalá de Henares. Sin embargo, no es menos reseñable su


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faceta como traductor, que no cultivó en demasía, pero de la que hizo gala en su traducción de la obra de Tomás de Kempis De imitatione Christi y que da lugar al Contemptus mundi nuevamente romançado (Sevilla, 1536). Todas estas obras, junto con sus epístolas, pláticas y sermones son muy distintas entre sí, si bien en todas ellas se aprecia una notable profundidad bíblica de gran valor pastoral, como veremos más adelante. La autoría de muchas de las obras que se atribuyen a San Juan de Ávila no ha podido ser autentificada, ya que en demasiadas ocasiones el Maestro tuvo que dejar sus escritos sin firmar o dejar que fueran firmados e incluso revisados y retocados por sus discípulos antes de que se publicaran. La mayor parte de las obras del futuro Doctor de la Iglesia tuvieron que pasar antes la criba de la Inquisición, dada la fama de reformista con que contaba. Así, la autoría de la primera traducción del Kempis a lengua romance también ha sido muy discutida, atribuyéndose en un principio a su discípulo Luis de Granada. No obstante, hoy día parece reconocerse en la traducción la intervención de San Juan de Ávila, quien se encontraba incurso en un proceso inquisitorial (1531-33) durante el cual prologó su traducción titulándola Contemptus mundi nuevamente romançado. Fue Fray Luis el encargado de que pasara por las prensas de la imprenta de Juan Cromberger en Sevilla en 1536, firmando posteriormente otras ediciones, basadas en la traducción original de Juan de Ávila, a las que añade sus Ejercicios Devotos. Pese a haber sido absuelto, más tarde, en 1559, el Inquisidor General Fernando de Valdés promulga el Catalogus librorum qui prohibentur, en el que se incluye una versión del Audi filia que había sido publicada en Alcalá sin su autorización. Moreno Uclés (2007) incide en la existencia de un idearium avilista, poco ortodoxo en el contexto contrarreformista, que puede extraerse de su obra y que quedó plasmado en el modelo pedagógico de la

Facultad de Teología de la Universidad de Baeza (1538): ideología humanista, escolástica tradicional y espíritu de reforma. Estas ideas avanzadas para su época contrastaban violentamente con el inmovilismo de una jerarquía eclesiástica empeñada en frenar el incesante avance de las ideas reformistas. De imitatione Christi et contemptu mundi omniumque eius vanitatum, más conocido como el Kempis o La imitación de Cristo, es posiblemente el libro religioso más editado y traducido después de las Sagradas Escrituras y muchos santos, como Ignacio de Loyola, Juan Bosco, Teresa de Lisieux o el Beato Juan XXIII, lo tuvieron en alta estima como libro de cabecera, llegando a ser considerado prácticamente un Quinto Evangelio. Su autor, aunque también discutido, es el beato alemán Thomas Hämerken, castellanizado Tomás de Kempis (1380-1471), de ahí el sobrenombre de la obra, y así lo pone de manifiesto Juan de Ávila en el prólogo de su traducción: "es bie[n] que sepas que quien hizo este libro no es Jerson: como hasta

Portada de la edición del Kempis de 1538 (BNE).


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aqui se intitulaba: mas fray Thomas de kempis/ canonigo reglar de sant Augustin". Durante mucho tiempo, el Kempis fue atribuido al francés Juan Gerson, si bien hoy existe consenso en torno a Tomás de Kempis, un monje renacentista formado en la denominada Devotio moderna, un movimiento cristiano inf luenciado por el humanismo, de acuerdo con el cual se podía llegar a una relación individual e interna con Dios a través de estudio de los textos fundamentales del cristianismo. Esta idea de las muestras activas del amor a Dios a través de la imitación del Salvador fue posteriormente desarrollada por Erasmo de Rotterdam, por medio de cuyas enseñanzas penetró en el Renacimiento castellano llegando hasta San Juan de Ávila. El Kempis hay que analizarlo y entenderlo en el contexto de la vida contemplativa en tanto en cuanto fue escrito como un devocionario destinado al monaquismo. Se compone de cuatro capítulos: Libro I sobre consejos útiles para la vida espiritual; Libro II con exhortaciones a vivir vida interior; Libro III de la consolación interior y Libro IV del Sacramento del Altar. El texto completo ha llegado hasta nosotros gracias al manuscrito original compuesto entre 1418-1427, actualmente en la Biblioteca Real (Koninklijke Bibliotheek) de Bruselas, aunque existen investigadores que apuntan a la existencia de manuscritos italianos del s. XIII. La traducción del Kempis supuso el acceso a un inmenso tesoro teológico por parte de una población para la que el latín hacía tiempo que había dejado de ser una lengua de uso cotidiano “por no estar el romance tan claro/ tan proprio/ tan conforme al latin como fuera razon: fui mouido con zelo desta perla preciosa: que tan escurecida estaua (y por esso tan poco gozada) de sacarla de nuevo: cotejandola con el latin: enel qual el primer auctor lo escriuio”. Ciertamente, el Padre Ávila comprendió la necesidad que ya otros habían sentido cuando

Retrato de Luis de Granada. Retratos de Españoles Ilustres (1791).

decidieron traducir la Biblia a la lengua castellana, acometiendo la dura tarea de traducir un texto que rezumaba grandes dosis de humanismo, lo que no era de recibo para una jerarquía eclesiástica que miraba con recelo los nuevos vientos que soplaban desde el centro y norte de Europa. El ideario anteriormente referido se pone de manifiesto también en el prólogo del Contemptu mundi nuevamente romaçado, texto avilista enmarcado dentro de los escritos menores del Maestro, de gran valor para la espiritualidad cristiana, que comienza así: “Tres cosas ay (amado lector) que notablemente aprovecha[n] al anima que dessea saluarse. Una es la palabra de dios/ otra es la continua oracion: otra es el recebir muchas veces el precioso cuerpo d[e] n[uest]ro señor jesu cr[ist]o”. La lectura y estudio de la palabra de Dios, la oración constante y gozosa y la comunión son temas muy recurrentes en la obra de Juan de Ávila, especialmente en sus cartas y sermones. La Eucaristía es hartamente referida en los escritos avilistas, pues


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afirma el Maestro que “cuando comulgamos, recibimos al verdadero hombre y verdadero Dios juntamente" (Ser 41, 107ss). Igualmente frecuentes son las alusiones a la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras, en su sentido literal y moral "Y llamo estudiarlo el mirar el sentido propio de él, el cual algunas veces está claro, y otras es menester mirar algún doctor. Y de éstos sean los principales Jerónimo y Crisóstomo" (Carta 225, 15ss). En cuanto a la oración, parece que el Maestro pasó gran parte de su vida dedicado a ella y así la recomendaba: "Si tuviésedes callos en las rodillas de rezar y orar, si importunásedes mucho a Nuestro Señor y esperásedes de Él que os dijese la verdad, otro gallo cantaría. […] Ten oración, pide, que darte ha. Todos los engaños vienen de no orar" (Ser 13, 560ss). Estos tres instrumentos, Escrituras, oración y comunión, constituyen los pilares sobre los que se sustenta la teología práctica de la pedagogía avilista dirigida a una formación cristiana integral; no hay manera de seguir a Cristo si no es a través de estos medios, pues como comenta en el prólogo “Cierto no es pequeña obra saber encaminar en el camino de dios/ para que el que camina no cayga en barra[n]cos. Ni es arte pequeña el saber hablar co[n] dios en la or[aci]on: no: ni cosa liuiana el saberse aparejar pa[ra] bien recebir el cuerpo d[e] christo […] De manera que muchas vezes diras: este capitulo que agora abri: al proposito delo que yo auia menester ha hablado”. Como vemos, el Kempis contiene una síntesis práctica de la vida espiritual en forma de orientaciones para podernos llamar cristianos: "¿Qué quiere decir cristiano? - Imitador de Jesucristo. - ¿Quién imita a Cristo? - El que blasfemare los pecados y amare los trabajos" (Ser 26, 488ss). En este sentido el Kempis es para San Juan de Ávila “vn compañero fiel: vn co[n]suelo en tus trabajos: vn maestro de tus dubdas: vna arte para orar al señor/ vna regla para biuir/ vna confiança para morir/ vno que te diga de tu lo que tu mismo no alcanças: y en que veas quien es el señor: que tal poder dio a los hombres: que tales palabras hablasen”. Son tantos los beneficios espirituales del Libro del menosprecio del mundo que

Juan de Ávila lo prologa invitándonos a su lectura “y despues de leydo: tornalo a leer: porque nunca enuegece: y siempre en vnas mismas palabras entenderas cosas nueuas: y veras algu[n] rastro del spiritu del señor”. Con humildad, el prologuista reconoce que no es él el autor sino un mero mediador que nos ofrece los beneficios espirituales de seguir a Cristo: “declare lo obscuro: para que en ninguna cosa trompieces”, con el consejo de mirar más el fondo que la forma: “sabe te aprouechar dello con el aparejo que las merceder de Dios deuen ser recebidas /o alomenos recibelo con el amor con que yo te lo ofrezco y aunque no emos de mirar tanto el autor que habla: quanto lo que habla”. Bibliografía Alonso, J. (2000). San Juan de Ávila y la Sagrada Escritura. Toledo, Estudio Teológico de San Ildefonso. Bleiberg, G. (1993). Dictionary of the literature of the Iberian peninsula, vol. 2, pp. 1542-1543. Brunsó, M. (1952). El Padre Ávila y la Eucaristía. Semana Nacional Avilista. Madrid, 29-56. Carda, J. M. (1958) “Los efectos de la Eucaristía en los escritos del Bto. Ávila”. Rev. Esp. de Teología 18, 261-281. Esquerda Bifet, J. Compartir en Cristo. Accesible en: http://compartirencristo.wordpress.com. [Consultado el 05/03/2012] Moreno, J. (2007) "Idearivm y pedagogía avilista en Baeza. San Juan de Ávila". En María Dolores Rincón González (ed.) Doce calas en el Renacimiento y un epílogo, Jaén: Servicio de publicaciones de la Universidad de Jaén, 163-208. Accesible en http://www.ujaen.es/ investiga/hum669/Juan_Avila.htm. Moreno, J. L. (2002). San Juan de Ávila, Maestro de oración. Burgos: Monte Carmelo. Obras Completas del Santo Maestro Juan de Ávila. Edición Crítica, t. V, Epistolario, BAC, Madrid 1970. Sanchís, J. (1947). “Doctrina del Bto. Juan de Ávila sobre la oración”. Verdad y Vida 5, 5-64. Tarre, J. (1942). «La traducción española de la “Imitación de Cristo”». Analecta Sacra Tarraconensia 15, 101-127.


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Reflexiones

María Dolores Jiménez Barranco Hermana de la Cofradía

Una pequeña reflexión Dedicado a mi pequeño gran tesoro, mi hijo Manuel. Me voy a presentar, soy María Dolores Jiménez Barranco, Licenciada en Psicología y docente de formación para el empleo, hermana de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y miembro de la primera junta de gobierno de la Cofradía después de su reorganización, cosa que me enorgullece. He decidido redactar estas breves líneas para mostraros y haceros sentir los sentimientos más profundos que me provoca la mejor fecha que nos da el calendario, la Cuaresma y Semana Santa, sentimientos que han cambiado desde que nació mi hijo Manuel, mi vida, mi tesoro, mi ilusión. Para poneros en situación os voy a comentar que, antes de que naciera Manuel, para mí la Cuaresma sólo era tiempo de mucho trabajo, de fe, de hermandad, de reuniones interminables en el salón de la Parroquia de Santiago, de preparación de la salida procesional el Martes Santo de nuestros Sagrados Titulares, el Santo Cristo de Zacatecas y Nuestra Señora del Socorro por la calles de Montilla. Trabajo, amistad, respeto, cariño, todos estos sentimientos brotaban de esa Cuaresma, sentimientos que hoy día están tan ausentes en la sociedad, ¿verdad? Miremos a nuestro alrededor; seguro que echamos en falta estos valores tan importantes y preciados para vivir en familia, en comunidad. Cada uno va a lo suyo, prima el interés propio, el egoísmo, el "yo tengo por eso valgo". No estoy de acuerdo, valemos por lo que somos y no por lo que tenemos. Personas de fe, de entrega, de lucha, ese es el ambiente que quiero que mi hijo respire, aprecie y aprenda.

Me encanta llevarlo conmigo a todos los actos que tiene la Cofradía, aunque tengo que decir que a veces no es fácil, es muy pequeño para estar varias horas sentado escuchando cosas que él aún no entiende. Pero creo que de esta manera va teniendo contacto con la hermandad, con nuestros Titulares, con nuestros compañeros y compañeras, con las personas que desinteresadamente están ahí acompañándonos en todos los actos que hacemos. Porque la Semana Santa no sólo es la fiesta, es el sentimiento, son momentos buenos y momentos malos que compartidos se disfrutan mejor. Quiero que aprenda a querer a Jesús y a María, como yo los quiero y como mi madre, Rosa, me enseñó desde muy pequeñita a quererlos y respetarlos. Espero conseguirlo. Hermanos nazarenos en el cortejo procesional.


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Reflexiones

José Almedina Polonio Consiliario

Saludo del Consiliario Queridos hermanos de la Vera Cruz: Aprovecho la ocasión que me brindáis desde vuestra revista para dirigidos un saludo en este tiempo de Cuaresma, en el que la vida de las Hermandades y Cofradías vive su periodo de mayor intensidad, en torno a la preparación y celebración del Santo Triduo Pascual, en el que rememoramos la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor Jesús. Me dirijo a vosotros como Administrador Parroquial de Santiago y, por ello, consiliario de la Hermandad. En primer lugar quiero agradecer que hayáis acogido la invitación de celebrar un domingo al mes vuestra misa de hermandad, participando activamente con el resto de la comunidad parroquial de Santiago, en la Eucaristía de los domingos, verdadero centro de la vida espiritual de la comunidad cristiana. Deseo animaros de todo corazón a que el periodo que ahora comienza, de mayor intensidad en vuestra vida cofrade, sea vivido como una verdadera renovación en la vida espiritual, y sirva de impulso vital a vuestra vida personal, familiar y social. El Santo Padre Benedicto XVI nos ha invitado durante este ejercicio cuaresmal a rescatar el sentido de la práctica cristiana de la corrección fraterna. No se trata de una suerte de acusación mutua o reproches, que más que ayudarnos podrían dificultar nuestra vida común, sino antes bien, una invitación a desear verdaderamente el bien del prójimo. Si es digna de elogio y necesaria, la preocupación que en estos momentos de dificultad económica y social debemos tener, y concretar, por tantos hermanos nuestros que viven situaciones de precariedad, el Papa nos hace reflexionar sobre cómo no es menos necesaria una auténtica preocupación por el bien moral y espiritual de nuestros allegados. La ayuda

espiritual no puede ser una segunda categoría del ejercicio de la caridad, lugar para el que parece haber quedado relegada. Quizá durante un tiempo hemos podido vivir excesivamente centrados en un desarrollo material y económico que nos haya hecho olvidar o posponer ciertas necesidades del espíritu, que ahora en la dificultad podemos echar en falta. La grandeza de una persona, de un pueblo o de una cultura se mide ante todo, no por sus logros materiales, sino por su capacidad de generar y difundir verdaderos valores morales y espirituales que sostengan la vida. La fe cristiana, vivida en la comunión de la Iglesia, puede ser como esa perla preciosa que redescubramos y experimentemos como un verdadero tesoro de riqueza espiritual y humana que nos apareje para afrontar personal y colectivamente los tiempos en los que vivimos. Os deseo para estos días una intensa y renovadora experiencia del misterio del amor de Dios, de manos de su Hijo y de nuestra Madre bendita. Nuestro consiliario durante la celebración de la Palabra.


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Álvaro Polonio Córdoba Musicólogo

arte cofrade

Origen de las marchas procesionales (Segunda parte) Primer tercio del siglo XX: asentamiento y apertura de miras

En el número anterior de la revista Vera Crux, hice una brevísima reseña sobre los compositores más representativos de las marchas procesionales. Este año el artículo versa sobre algunos de esos compositores y su importancia en el mundo musical de la Semana Santa.

La composición no es, precisamente, un ejercicio de originalidad, pues se basa en la canción mexicana La Peregrina y el solo de flauta es una transcripción literal del que escribiera Joaquín Turina en su poema sinfónico La Procesión del Rocío. Los Font y el sinfonismo

Es inviable tratar las marchas procesionales sin el nombre de los Font y complementado ya por una marcha, Quinta Angustia, con ciertas reminiscencias castrenses. Mientras en Sevilla nacían títulos que luego serían comunes y, si me apuran, imprescindibles, en el resto de España –en zonas como Cartagena o Madrid– continuaban componiéndose marchas fúnebres más hilvanadas con las estéticas anteriores a Virgen del Valle. El género va desarrollándose y adquiriendo personalidad: las bandas militares se conforman ya como norte y referencia de este estilo de música. Mariano San Miguel funda la revista musical Harmonía, a la que acudirán las bandas y los estudiosos para obtener las partituras de las más famosas –y desconocidas– marchas procesionales. Este empresario de la música reflejaría su maestría componiendo dos auténticos monumentos a la marcha fúnebre como son Mektub (1925) y El Héroe Muerto (1929), de una tremenda altura artística. En este primer tercio de siglo empezaron a tener cabida los poemas sinfónicos en forma de marchas fúnebres, por un lado, y, por el otro, algo diametralmente opuesto como son las marchas con plantilla de cornetas y tambores. Los años veinte alumbrarían una curiosa marcha que goza en el presente de gran popularidad. Se trata de Rocío (1928), dedicada a la Virgen del Rocío de Almonte (Huelva) y escrita por Manuel Ruiz Vidriet.

Retrato de Manuel Font y de Anta.

José Font Marimont desconocía el inconmensurable bien que su apellido haría al género de la marcha procesional cuando recaló en Sevilla para dirigir la Banda Militar del Soria 9 en 1876. Si ya en 1887 firmó la partitura de la marcha fúnebre dedicada a la Carretería, a los nueve años haría lo propio con la que a la postre se bautizaría como Quinta Angustia, solemne pieza de esquema valiosísimo instrumentada por su hijo Manuel Font Fernández de la Herranz, director de la Banda Municipal de Sevilla. Las marchas de los Font son de una musicalidad exquisita. Muestra de ello tenemos la composición de auténticos poemas sinfónicos o poemas religiosos en forma de marchas fúnebres. Dos casos claros son los de Camino del Calvario y Amarguras –de Manuel Font y de Anta sendas– de 1905 y 1919 respectivamente. La segunda es todo un emblema


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musical de la Semana Santa de Sevilla y, por qué no decirlo, de la andaluza. Pero no quedaría ahí la cosa pues, un año antes –en 1918– el pianista Manuel Font y de Anta había sorprendido con Soleá dame la Mano, impresión en forma de marcha fúnebre. Se trata de un caso excepcional de la música procesional, una partitura de incalculable valor que se incardina decididamente en los postulados del nacionalismo e impresionismo. Lo nunca visto ni antes ni después porque, por desgracia, lo que en su día hizo Font de Anta nadie apenas nadie se ha atrevido a continuarlo.

sus cofradías. Destacan esas maravillosas marchas fúnebres como Al pie de la Cruz (1900), Ntra. Sra. de la Soledad (1905) o Memoria Eterna (1907) y otras de un carácter más fuerte como pueden ser Cristo de la Expiración (1921) o Amargura (1949). Además en 1906 con Ntra. Sra. del Rosario, introduce de forma novedosa la corneta en una marcha para banda pero sin enfatizarla en demasía. Manuel López Farfán (1872-1944)

Germán Álvarez Beigbeder (1882-1968)

El nombre del jerezano Germán Álvarez Beigbeder atraviesa diferentes etapas en la historia de la marcha procesional. Entre su primera marcha fúnebre – 1900– y la última –ésta de carácter más alegre– se contabilizan sesenta y tres años en los que purificaría cualquier veleidad técnica que sus contemporáneos podrían haber dejado en el papel. Beigbeder fue un prestigioso compositor vinculado a coetáneos como Turina, Músico Mayor de la Armada –dirigiendo la Banda del Tercio de Infantería Marina de San Fernando–, y fundador de la Banda Municipal de Jerez de la Frontera, al frente de la cual estuvo durante décadas. Con él Jerez de la Frontera y, en definitiva, la zona gaditana, se enriquecieron en el acervo musical de

Manuel López Farfán es considerado como un gran innovador y revolucionario de la marcha procesional por la forma de componerla y concebirla. Aunque en sus primeros años se podía entrever algún tipo de novedad –como la saetilla de fliscorno en Spes Nostra, de 1904– no fue hasta los años veinte, dirigiendo la Banda Militar del Soria 9 de Sevilla, cuando marcó toda una época en la evolución de la marcha procesional. A él se le atribuyen diversas innovaciones. Así, El Refugio de María llama poderosamente la atención por el carácter rítmico y airoso y la plasmación del tintineo de un palio en la instrumentación mediante el toque de la baqueta con el aro del tambor; o los pasajes amplios de bajofforte en marchas como Ntra. Sra. del Mayor Dolor (1927), La Virgen en sus lágrimas (1926) o La Victoria de María (1921). Pero fundamentalmente fueron dos años, 1924 y 1925, y dos marchas las que significaron especialmente ese cambio: Pasan los campanilleros y La Estrella Sublime, el bienio clave, como algunos aciertan en llamar.


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Anteriormente se ha subrayado que, desde los inicios, las marchas tenían un cariz serio y, en ocasiones, fúnebre o, en cualquier caso, un tipo de música de interiorización de los sentimientos y remarcando el carácter trágico de la Pasión de Jesucristo y los Dolores de María. Farfán, en 1924, decidió componer una marcha valiente, impensable entonces, de un carácter alegre descarado e incluyendo una toná de campanilleros con el concurso de una parte coral. Le puso el nombre de Pasan los Campanilleros y su estreno fue todo un éxito. Al año siguiente subió otro escalón con la composición de La Estrella Sublime. No sólo radica en esto la importancia de la marcha, sino la participación de la sección de cornetas y tambores en la misma, algo que, si bien Beigbeder lo había experimentado con Ntra. Sra. del Rosario, Farfán lo trasladó a unos niveles más destacados y afianzados. Desde entonces las bandas en una procesión alternan la interpretación de su unidad de música con la unidad de cornetas y tambores en incluso también lo hacer ambas a la vez. El año 1925 traería todavía sorpresas por parte de Farfán, concretamente en La Esperanza de Triana y El Dulce Nombre. La primera incorpora plantilla de cornetas y tambores pero, además, introduce una saetilla de violín –o, en su defecto, tocada por clarinetes– preciosa sin olvidar ese trío tan inusual con el adorno de un coro a boca cerrada. La segunda destaca por la aparición nuevamente de un coro, la inclusión de ocarinas en un fragmento –algo no visto– y, por supuesto, el aire alegre y rítmico con el contrapunto perfecto de las baquetas en el aro emulando el suave movimiento de los varales de un palio. Resumiendo, Manuel López Farfán y su banda –Soria 9– se erigieron en verdaderos protagonistas y artífices de un vuelco total en la evolución de la marcha procesional. Gracias a ese binomio mágico podemos disfrutar hoy de un tipo de música que simboliza la

extroversión de los sentimientos y el carácter popular y alegre de la marcha para nuestras cofradías. Emilio Cebrián (1900-1943)

Si hay algún nombre en la música para banda en nuestro país que sea fuente de culto y que, además, haya logrado que parte de sus obras adquieran el carácter inmortal por haber sido siempre tocadas, ese es el del toledano Emilio Cebrián Ruiz. Sus pasodobles, marchas de concierto, suites para banda y obras de diversos tipos entraron, desde su nacimiento, en el excepcional listado de la memoria musical del colectivo popular y de los críticos. Churumbelerías, Ragón Falez, Evocación o Una noche en Granada son una muestra de ello. Sus marchas tomaron forma durante la dirección de la Banda Municipal de Jaén cuya historia no podría entenderse sin él. Entre ellas destaca indudablemente Ntro. Padre Jesús (1935), dedicada al Nazareno de Jaén –“el Abuelo”–, imagen de gran devoción. Ntro. Padre Jesús es, con diferencia, la marcha más universal en España. Sus partituras están en los repertorios de bandas de los más diversos rincones y condiciones. Centenares de veces grabada, suena tras los pasos de la Semana Santa de Castilla La Mancha, Murcia, Andalucía, Extremadura, Madrid, y cualquier lugar donde una banda de música interprete marchas de procesión. No sería esta la única ya que después llegarían Cristo de la Sangre (1941), Jesús Preso (1943) y Macarena (1943).


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Pedro Gámez Laserna (1907-1987)

Pedro Gámez Laserna pasó su vida entre Córdoba y Sevilla dirigiendo las Bandas Militares del Regimiento de Infantería de Lepanto y del Soria 9. El sello con el que viste a sus marchas ha hecho de ellas, con el devenir del tiempo, verdaderos tesoros de la música de Pasión.

El asturiano Pedro Braña Martínez es, sin duda, uno de los compositores más importantes de la posguerra. Su accidentada llegada a la dirección musical de la Banda Municipal de Sevilla fue providencial para el patrimonio musical de la Semana Santa hispalense que, tras la guerra, venía atravesando, aunque no tanto como otras, una etapa algo depresiva. Sus obras son románticas, como si tuvieran alma propia, rebosantes de lirismo y elegancia, empezando por Angustia (1945), pasando por Ntra. Sra. del Patrocinio (1953) y terminando por Salmo Penitencia en los noventa. Todas buenas y de indudable categoría pero ninguna del efecto y la trascendencia de Coronación de la Macarena (1964), homenaje musical brillante y conmemorativo que Braña tuvo con la Esperanza Macarena para su Coronación Canónica. Ricardo Dorado (1907-1988)

Una de las muchas virtudes que podemos enumerar de las marchas de Gámez es el acoplamiento perfecto de la saetilla en el conjunto formal de la marcha gracias a que se presentan urdidas primorosamente con rica armonía y contrapuntos. Tal y como hicieran antes Farfán o el eximio Pascual Marquina con Procesión de Semana Santa en Sevilla, Pedro Gámez rubricó su absoluto dominio de este recurso en Saeta Cordobesa (1949) y El Cachorro –Saeta Sevillana– (1967), siendo ambas dos de las mejores marchas que se hayan hecho. Otras son Pasa la Virgen Macarena (1959), María Santísima del Subterráneo (1961) o Sevilla Cofradiera (1972). Estamos ante una de las figuras más capitales de la música para banda militar. Ricardo Dorado perteneció al Cuerpo Nacional de Directores Militares, por lo que dirigió varias bandas militares centrando su actividad especialmente en Madrid. Una referencia ilustre de la música de banda no podía permanecer ajena al género de la marcha tanto en su vertiente militar y de ordinario como en el escenario religioso. Si con Virgen del Valle asistíamos al exponente clásico de la marcha lenta, con Ricardo Dorado y su nómina de marchas procesionales encontramos el paroxismo de esta vertiente de la

Pedro Braña (1905-1995)

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marcha procesional. Sus marchas lentas datan de los años cincuenta y sesenta, entre las que encontramos Hosanna, Getsemaní, Oremos, Cordero de Dios y la conocidísima Mater Mea. Todas ellas, por no citar el resto de su obra, tienen una estructura similar que las hace canónicas por derecho propio con una pequeña introducción y un tema principal ampliamente desarrollado que con posterioridad desembocará en un delicado trío final de bella instrumentación. Pedro Morales (nacido en 1923)

Alumno del gran Pedro Gámez y a su vez maestro de una generación actual de buenos compositores, Pedro Morales cumplió con su dirección en la Banda del Soria 9 un episodio que va desde que Gámez dejase la batuta de esta mítica banda a su alumno hasta que Abel Moreno en los ochenta la tomase. El jiennense Pedro Morales no tardó en andar por los fueros musicales de Farfán, Santiago Ramos y Pedro Gámez por lo que pronto empezaría a estrenar marchas procesionales de un claro sabor sevillano – alegre y letífico–, enfatizadas por el uso sobresaliente de la corneta. Desde Esperanza Macarena (1968), Virgen de Montserrat (1970) o Virgen del Refugio (1981) hasta Señorita de Triana (1999), pasando por sus fabulosas marchas fúnebres La Soledad (1991) o Juan Jesús (1998), la trayectoria de Morales es impecable y de una calidad elogiable; sin duda el mejor referente para la posterior etapa de comercialización del género.


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Redacción

Soleras bibliográficas

Bicentenario de la Lotería Nacional Este año se cumple el Bicentenario de la Lotería Nacional. Ocurrió en Cádiz, donde las Cortes se refugiaron del asedio napoleónico. Allí estudiaron los Diputados "un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes" con la finalidad de conseguir financiación para el Gobierno. El 4 de marzo de 1812, quince días antes de que se aprobara la primera Constitución Española, se celebró el primer sorteo. Aquel mismo año y en aquella bella ciudad tuvo lugar el primer sorteo de Navidad, el 18 de diciembre. Las cofradías nunca fueron ajenas a participar de este modelo de juego monopolizado por el Estado, cuyo fin era y es incrementar sus ingresos para lograr hacer frente a sus constantes gastos e inversiones. A modo de recuerdo y homenaje de este bicentenario de un sorteo tan popular y difundido en el ámbito cofrade como es la Lotería Nacional de Navidad, traemos hasta nuestras páginas la reproducción de un ejemplar (que nos ha facilitado nuestro amigo Luis Cabanillas) de las participaciones impresas por nuestra Cofradía en 1948, cuyos números habían sido retirados de administraciones de Madrid y Barcelona, las cuales se encontraban depositadas en la sucursal montillana del Banco Español de Crédito. Así lo detalla el billete, que firmado por el entonces hermano mayor, Francisco Ruz Salas, en su reverso

anunciaba los vinos de las bodegas de otro buen cofrade y generoso montillano, Miguel Navarro Requena.


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COOPERATIVA LA AURORA (pรกg. completa)


ITEA

Vera + Crux 2012  

Revista de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Montilla

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