Qué es el compromiso - C. Giraud (Adelanto)

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CIENCIAS SOCIALES

¿Qué es el compromiso?


Colección: Ciencias Sociales Director: Gerardo Aboy Carlés Giraud, Claude ¿Qué es el compromiso? 1a edición - San Martín: Universidad Nacional de Gral. San Martín. UNSAM EDITA, 2013. 204 pp.; 15x21 cm. (Ciencias sociales / Gerardo Aboy Carlés) Traducido por: Roberto Marafioti ISBN 978-987-1435-61-6 1. Sociología. 2. Filosofía. I. Roberto Marafioti, trad. II. Título CDD 301

Título original: Qu'est-ce que l'engagement? © 2011 L’Harmattan / 5-7 rue de l’École polytechnique, 75005, Paris 1a edición en español, junio de 2013 © Claude Giraud © De la traducción Roberto Marafioti © 2013 UNSAM EDITA de Universidad Nacional de General San Martín Campus Miguelete. Edificio Tornavía Martín de Irigoyen 3100, San Martín (B1650HMK) provincia de Buenos Aires unsamedita@unsam.edu.ar www.unsamedita.unsam.edu.ar Diseño de interior y tapa: Ángel Vega Edición digital: María Laura Alori Corrección: María Cecilia Alegre Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723 Editado e impreso en la Argentina Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo fotocopia, sin la autorización expresa de sus editores.


CLAUDE GIRAUD

CIENCIAS SOCIALES

¿Qué es el compromiso?



PALABRAS LIMINARES

por Alexandre Roig

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PREFACIO

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INTRODUCCIÓN

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CAPÍTULO 1

Problemática y presupuestos

CAPÍTULO 2

Lo que designa el compromiso

CAPÍTULO 3

Lo que está olvidado en la designación de compromiso

CAPÍTULO 4

Los territorios del compromiso

1. ¿Qué presupone el compromiso? 2. La solidaridad como telón de fondo de la problemática del compromiso 1. Una convicción y una capacidad de indignación moral 2. Una postura crítica 3. El endoso de una carga 4. Una continuidad de acciones en el espacio sociopolítico 1. Los compromisos paradojales como la traición 2. Los compromisos bajo presiones y manipulaciones 3. El compromiso profesional bajo el fondo de una indiferencia relativa 1. Los espacios intramundanos 2. Los espacios extramundanos

CAPÍTULO 5

Los operadores del compromiso

1. Las enunciaciones y los símbolos 2. Las organizaciones y los procesos de inscripción 3. Los acontecimientos y su contexto 4. La ética y los riesgos 6. La solidaridad 7. Las consignas y la música

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CAPÍTULO 6

Los límites del compromiso y las lógicas de acción a las que están asociados

CAPÍTULO 7

La expresión del compromiso

CAPÍTULO 8

Los frenos al compromiso

CAPÍTULO 9

Los efectos en cadena del compromiso

CONCLUSIÓN

Los discriminantes del compromiso

1. Entre cuestionamiento y evidencia social 2. Entre socialización y conmoción existencial 3. Entre convicción militante y consentimiento de serlo 4. Entre finalidad de compromiso y momentos de compromiso 5. Entre el voluntariado y la profesionalización 1. El territorio ganado 2. El gasto de uno mismo bajo la forma de la exposición 3. La denuncia y el testimonio 4. La resistencia y la lucha 1. El temor que surge de la violencia y de las amenazas 2. El sentimiento de impotencia y de vacuidad 3. La duda 4. La preocupación de sí mismo 5. El rechazo de la rivalidad 1. La esperanza 2. El imposible retorno sin costos 3. La transformación 4. La desposesión de los objetivos

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PALABRAS LIMINARES por Alexandre Roig

Claude Giraud será algún día clasificado entre los inclasificables, cualquier encasillamiento sería una traición. Tal vez, porque su pensamiento posee un cauce en el que convergen la filosofía de Clement Rosset y la sociología de Raymond Boudon. Habiendo sido alumno de estos dos grandes exponentes, supo poner el problema de la organización, la acción y sus racionalidades en el horizonte de la potencia y de la tragedia. ¿Escritor de síntesis? Sin duda, no lo es. A partir de una reflexión renovada y original, trazó su propio camino. El lector tiene, entre sus manos, una Obra con mayúsculas, o mejor dicho, una puerta de entrada a un pensamiento amplio y coherente que solo pueden inspirar aquellos que lograron formularse verdaderas preguntas. Más allá de sus textos sobre la sociología general, supo otorgarle a sus publicaciones interrogantes novedosos con ambiciones urticantes. Las lógicas sociales de la indiferencia y la envidia, Acerca del secreto, Del ahorro y el gasto y De la traición son algunos de sus libros que contribuyen, desde una sociología de la organización y la institución, a una representación verídica respecto del individuo moderno tal como es y no como quisiéramos que fuera. Cada uno de estos comportamientos y sentimientos son prácticas socialmente estipuladas que fueron objeto de conceptualizaciones sociológicas para Claude Giraud, aun cuando la disciplina tendía a expulsarlos. Como todo inconformista, ha trabajado sin gusto por las fronteras y con poco apetito por los a priori. Ello le ha permitido develar qué es la organización sin conformarse con los discursos establecidos en las distintas orillas de las tradiciones consagradas. Este libro es un anclaje en su travesía. La pregunta que abre el texto es claramente una invitación a embarcarse en sus conceptos: “¿Comprometerse en una relación amorosa es similar a comprometerse con las armas?”. Para el autor, tanto si se trata de un otro como de un otro colectivo, existen elementos en común entre estas acciones. En ambos casos hay una esperanza de que algo 9


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pueda cambiar y es en este afán cuando surgen las tensiones entre la autonomía del sujeto y su libertad. Pero este efecto compartido no se nutre de las mismas causas. En este punto, la pregunta ofrecida en el libro remite a una reflexión política. Las razones por las cuales se llega al compromiso son tan plurales como comunes y sus composiciones hacen, justamente, a la esencia de la conducción. En este sentido nos dice el autor “el compromiso es una inscripción activa en un espacio social. Proviene de una capacidad y de una competencia para existir que expresa un deseo, una perseverancia y una voluntad de llegar a la realización del objeto del compromiso”. Estas palabras nos llevan lejos de las visiones que debaten la política entre la gestión aséptica y un clientelismo manipulador. El abanico de posibilidades del compromiso se despliega en los terrenos del deseo y de lo deseable. Comprometerse es uno de los actos atravesados, paradójicamente, por la indiferencia, la envidia, el secreto o la traición. Sostiene que “el compromiso puede, sin embargo, comprenderse a partir de otra problemática, la de la socialización. Es, entonces, una cuestión de recorridos preconstruidos y de reproducción de sensibilidades frente a tal o cual causa”. En esta perspectiva complementaria, son los mundos sensibles incorporados los que permiten comprender lo que se observa en el compromiso. Capacidad y competencia, sentidos y experiencia son algunos de los campos adonde nos lleva el autor en lo que pareciera ser una respuesta a esa pregunta que le hiciera alguna vez Clement Rosset: “¿cómo se puede vivir sin deseo?”. Este interrogante resuena en la indagación sobre el compromiso, una invitación para pensar la esperanza y la transformación, entendiendo la cresta de una ola desde su valle.

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PREFACIO

El compromiso se convirtió en uno de mis objetos de investigación a partir de una pregunta acerca de las racionalidades complejas que los individuos ponen en funcionamiento para llevar a cabo un proyecto o más prosaicamente, para responder a las obligaciones cotidianas. A partir de mis investigaciones traté de dar respuesta a la pregunta sobre el compromiso, que habitualmente está formulada en torno a un “¿por qué?”. ¿Por qué comprometerse en tal o cual dirección, con tal o cual comunidad?, etcétera. Pero más que buscar responder a esta pregunta directamente, traté de abordarla a través de lo que podría ser considerado como un rechazo o un desinterés manifiesto por el compromiso. Es así que la indiferencia, el ahorro, la traición, y ciertas prácticas vinculadas con el secreto, pueden considerarse como antinómicas respecto de todas las formas de compromiso, dado que se traviesan en silencio. Sin embargo, estas prácticas, actitudes y comportamientos son los que me condujeron a la pregunta acerca del compromiso. También busqué a través de ellas comprender lo que se podría llamar el concepto de compromiso. Y es entonces que me pareció que el compromiso era una relación con el mundo, en línea con el pensamiento filosófico, antes de ser un compromiso con una acción colectiva, como los sociólogos tienden a pensar y, en definitiva, a reducir. La relación con el mundo comprende las maneras de vivir y de pensar en una relación con los otros y con las cosas. El mundo es lo que nosotros hemos hecho de él y lo que los otros hacen. Los objetos y las técnicas forman parte de esto en la medida en que son deseables y son parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra historia. La relación con el mundo es también una relación con la cultura, entendida como proyectos, que se vinculan con el pasado, el presente y el futuro; como objetos y saberes, tanto como a los individuos, los grupos sociales y las instituciones. Se trata pues de la acción, bajo todos sus aspectos, que es constitutiva de la relación con el mundo. Pero la acción no se reduce a la acción colectiva que se concibe como una acción que realiza un colectivo. Sino que la acción se muestra, se da a entender, a 11


¿Qué es el compromiso?

suponer y a imaginar a través de los otros, de la misma manera que lo hace a través de los productos concluidos. La acción no es el único registro del hacer sino que comprende también lo imaginario del pensamiento como el que se manifiesta en el arte. Los otros, aquellos que se designan en esta relación con el mundo, son nuestros semejantes y son también aquellos en los que, a partir de sus actos, se advierten sus diferencias, sin que por ello dejen de ser semejantes. Las obligaciones que tenemos frente a los otros son constitutivas de esta relación. Es en esta perspectiva que la indiferencia, el ahorro o la traición pueden vivirse y ser designados como participantes de un compromiso. La acción individual solo lo es por identificación con un autor, no por sus orígenes ni por sus condiciones. Los otros están siempre allí, ocultos en una memoria o en una interiorización de obligaciones y de juicios supuestos. El compromiso con el mundo es la consecuencia de nuestra inscripción y de nuestra memoria, de nuestra deuda y de nuestras esperanzas, de la necesidad y de la oportunidad de hacer. En ese sentido, todo compromiso es una relación de solidaridad pasada, actual o futura. Pero el compromiso con el mundo, lo que supone de compromiso toda vida intramundana no parece bastar para calificar un compromiso de solidaridad. Existiría, en efecto, un agotamiento si se vive una vida de compromiso con el mundo sin respiro y sin poner una distancia reflexiva. La solidaridad articulada con el compromiso interroga, porque cuestiona el sentido de la relación con los otros y, en definitiva, el sentido de la vida, con o sin referencia a una trascendencia. Así, la conminación contemporánea de solidaridad,1 que es reclamada en general por los políticos o por quienes forman parte de asociaciones civiles, es una palabra central que apunta a la movilización de las creencias con el fin de la elaboración de un acuerdo social. Sin embargo, tal reclamo a menudo se quiebra en su realización, es decir en las medidas a adoptar. No son estas las únicas divergencias de puntos de vista que están en cuestión. Es, de una manera más prosaica, la aplicación de medidas por el aparato del Estado. Mientras que tal conminación, ejecutada por un gobierno creíble, puede ser el vector de un acuerdo común de compromiso, el entusiasmo o la resignación de su aplicación depende de las instituciones. Si lo hace es en razón de la doble naturaleza de las instituciones, la correspondiente a la ejecución del poder público y la corres1 Este imperativo no es nuevo. La historia conoce momentos singulares donde estas conminaciones se multiplican o permanecen inaudibles o, por el contrario, se transforman en la fuerza de una potencia de acción. Juana de Arco, Churchill, De Gaulle y Perón fueron algunos de estos mensajeros de conminaciones de solidaridad entre naciones. Hoy, el mensaje nacional es a veces más difícil de movilizar mientras que el referido a una solidaridad universal funciona más. La Argentina es, sin embargo, un país que puede permitirse expresar este reclamo de solidaridad nacional. Un reciente discurso de su presidenta Cristina Kirchner da cuenta de esta capacidad. La demanda de solidaridad apuntaba a las instituciones públicas como las universidades. Dar al país, a la nación, los medios para desarrollarse, organizando la investigación y a los profesores en áreas estratégicas, es para ella un acto de solidaridad.

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Prefacio

pondiente a la organización, es decir a ese ensayo común de una elaboración permanente de ajustes entre los miembros-asalariados del poder público. Porque lo que revela la organización es la parte no instituida de las relaciones sociales, el regateo, las relaciones conflictivas, las alianzas y los rodeos de tal o cual grupo de profesionales, etcétera. Lo que constituye un obstáculo al reclamo de solidaridad no es la parte instituida del poder público sino su parte organizacional, donde se traduce y se manifiesta el reclamo. Lo que apunta la demanda de solidaridad supone entonces, por un lado, que haya congruencia entre los medios y los fines y, por otra parte, que la enunciación de la solidaridad pueda formularse por medio de una argumentación creíble y un proyecto realizable. El compromiso común alrededor de una solidaridad compartida tropieza con las lógicas de acción organizacional y, más ampliamente, con interpretaciones divergentes de lo que se debería hacer y de la forma en que se lo debe hacer. Si la solidaridad es el objeto que cristaliza todas las palabras relativas a las razones del compromiso, es sin embargo en el registro del “otro” donde se disimulan las especificidades de este compromiso. En efecto, es precisamente en la especificación de este otro que se realizan los compromisos de solidaridad. Los viejos, los jóvenes, los desocupados, los enfermos, los inmigrantes forman parte de esos otros particulares. El reclamo de solidaridad respecto de una categoría de otros con una acepción más amplia, los nacionales, por ejemplo, puede ser inaudible en razón de esta especificación de estos otros y de las propuestas de compromiso en manos de organismos que hacen de esta especificación su “fondo de comercio”. La pregunta sobre el compromiso es una interrogación sobre la especialización de las solidaridades y sobre el lugar que le corresponde a la política en la orientación común.

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INTRODUCCIÓN

¿Comprometerse en una relación amorosa es similar a comprometerse con las armas? La pregunta puede parecer inútil ya que la respuesta parece evidente. No, el compromiso no es de la misma naturaleza. Comprometerse en una relación amorosa remite a una promesa. El piso de esta acción puede estar formado de diferentes ingredientes, como el sentimiento amoroso o el deber, el sentido de la protección o de las cuestiones personales. Pero el compromiso conlleva una promesa hecha a un otro. El compromiso militar tiene una proyección individual respecto de una carrera. El trabajo militar no es un trabajo como cualquier otro, inclusive aunque se tienda a banalizarlo. Pero la institución que lo sostiene exige un compromiso singular, el del servicio y la defensa de la patria y, si es necesario, a través de las armas y de la muerte. Los ingredientes de este umbral de compromiso militar tienen que ver con la carrera tanto como con el honor; la camaradería y el modo de vida tanto como con el riesgo y las situaciones excepcionales. El compromiso tiene que ver con un modo de incorporación, el espíritu de la institución y a la diferenciación entre los que están comprometidos y aquellos que solo hacen carrera, pero no borra, sin embargo, esta idea común de un mismo compromiso. No habría en consecuencia nada en común entre estos dos modos de compromiso o ninguna ventaja entre las hileras de conservas ordenadas de contenidos diferentes en una tienda. El contexto no designa un mismo lugar de una misma actividad como el caso del almacén y de la venta. Se trata de un conjunto de circunstancias y de situaciones de las que es posible dar cuenta. En el caso presente no existe un contexto que permita ligar dos modos de compromiso. En otros términos, no es posible dar cuenta del compromiso de unos y de los otros refiriéndose a situaciones y circunstancias comunes. Sin embargo, existe entre ellos una misma designación del acto. ¿Es preciso considerar que hay allí un efecto de lenguaje y que ninguna otra variable los vincula? Admitamos que no habría más que un efecto de lenguaje. Pero, incluso en este caso, se debería explicar por qué una misma palabra sería empleada 15


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para designar un conjunto de actos que nada los podría reunir. Tendríamos dificultades para explicar por qué este término sería empleado para designar a un conjunto heterogéneo de comportamientos o de actos.2 Podemos, sin embargo, observar que la utilización de un mismo concepto para designar actos o comportamientos diferentes puede tener efectos performativos. El término compromiso aplicado a registros de acción diferentes puede traducirse como exigencia de lealtad, aun cuando esta diferencia llegue a postergarse. En efecto, la lealtad refiere a relaciones que no podrían ser equivalentes con las de las transacciones mercantiles. Pues un contrato de trabajo, que a priori da cuenta de transacciones comerciales, una cantidad de trabajo contra dinero, puede llevar una cláusula de lealtad. Apelando a este concepto, la firma de un contrato de trabajo se convierte en un compromiso recíproco de las partes presentes. El efecto performativo es uno de los factores de una clase de comportamientos que se designa con el término de compromiso. Sin embargo, este efecto no podría bastar para considerar que el término de compromiso designa una clase de comportamientos unívocos. Incluso en las interacciones corrientes es preciso que cada uno reconozca que el término de compromiso es apropiado para designar comportamientos que los contextos y las circunstancias discriminan. No habría objeto correspondiente al término de compromiso, pero sí representaciones. Volvamos a la distinción entre el compromiso en una relación amorosa y en las armas. Preguntémonos nuevamente en lo que podrían tener en común, independientemente de la misma apelación. Uno de los primeros elementos que parece caracterizar esta clase de comportamientos es la proyección de uno en el tiempo. Esta proyección es una anticipación de situaciones futuras que están articuladas con un deseo de continuidad de las relaciones actuales. La esperanza es, en consecuencia, uno de los componentes de esta clase de comportamiento, tanto si se dirige hacia la voluntad de cambio, como si se vuelve hacia un presente que se desea que permanezca de modo perenne. En los dos casos, el del compromiso amoroso y el del compromiso con las armas, se encuentra la proyección de uno en el tiempo y la espera de un futuro que está construido como un porvenir. Evidentemente, los contenidos están especificados por el contexto y por las racionalidades que son inducidas por las situaciones. Pero la orientación de los actos es idéntica. Discrimina el compromiso de un comportamiento dictado por la sola reacción frente a situaciones presentes, o por oportunidades. 2 Más aún, si procediéramos así, explicaríamos el sentido de la palabra compromiso “ya sea por definiciones verbales o por definición a través de la presentación” según la fórmula de Wittgenstein y no por prácticas. El sentido de una palabra está contenido en su explicación. Cf. Ludwig Wittgenstein, Le cahier bleu et le cahier brun. Paris, Gallimard, 1965, p. 45.

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Introducción

El segundo elemento común es el de una representación de la necesidad de cambiar alguna cosa y de la pertinencia de hacerlo a través de un acto que se plantea a la vista de todos. El compromiso amoroso participa de esta idea de cambiar el curso de lo que ha sido hasta entonces vivido y de plantear un acto significándolo. El compromiso en las armas es igualmente un momento en que se opera una orientación que se inscribe en un registro de una representación de la necesidad, aunque pueda ubicarse igualmente en el de las oportunidades presentes en función de las circunstancias. El tercer elemento común es el de un proceso de apropiación cognitiva de lo que da cuenta de una acción compartida. El compromiso amoroso y el compromiso militar suponen que se ha percibido e identificado lo que hace que una acción involucre a dos personas o a un colectivo. La apropiación cognitiva de los elementos de una acción compartida, como la repartición de obligaciones, cargos, recursos así como las modalidades de decisión, es una característica del compromiso. El cuarto es el de la acción voluntaria. El compromiso se caracteriza por una elección y una voluntad, lo que discrimina este comportamiento de los comportamientos obligatorios. Cualquiera que sea la lectura que se pueda hacer de los determinantes de la acción, el compromiso emerge conceptualmente como un comportamiento autónomo en la elección de las obligaciones y de las creencias a las que hace referencia. Esta autonomía es, sin embargo, contradictoria con el compromiso, en la medida en que aquella presupone independencia, y es el libre arbitrio lo que parece rechazarse en beneficio de una adhesión, de una participación en las creencias de un colectivo, incluso de una fusión en su seno. La conformidad a las orientaciones normativas de un colectivo de acción y/o el abandono de ciertas maneras de vivir y de pensar en beneficio de otros modos surgidos de otro medio, de otra familia, parecen contradictorios con este presupuesto de autonomía. El acto de compromiso sería entonces un acto voluntario de sometimiento. Pero el compromiso permanece siendo un acto que reseña sobre aquel que lo plantea y lo que parece decir es la capacidad de decidir sin obligación exterior y en definitiva la capacidad de ser autónomo. Esta asociación entre compromiso y autonomía de la persona está en el centro del pensamiento filosófico del sujeto. En sus obras, Hannah Arendt trataba “la revelación de la gente en la palabra y en la acción”.3 El compromiso es este compromiso con el mundo que proviene de la única actividad, aquella del “verbo y del acto”, por los cuales “nos insertamos en el mundo humano” según la expresión de la filósofa. “Esta inserción no nos es impuesta como el trabajo, por la necesidad, no estamos ahí comprometidos por la utilidad, como a la 3 Hannah Arendt. Condition de l’homme moderne. Paris, Calmann-Levy, Presses Pocket, 1983, p. 231 y ss.

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obra”, escribe Hannah Arendt. La acción es un compromiso que da cuenta de nuestra autonomía y responsabilidad, nuestra igualdad y alteridad en la diferencia de lo que hacemos para estar en el mundo. Y es esta tensión entre alteridad e igualdad la que resuelve la aporía precedente entre la función normativa y la autonomía, entre el sometimiento voluntario y la expresión de nuestra voluntad. “Actuar, en el sentido más general, significa tomar una iniciativa, emprender (…), poner en movimiento (…)”. Es este movimiento lo que constituye al hombre y su libertad. No puede especificarse el compromiso, distinguirlo de otros comportamientos más que sobre esta base del reconocimiento del hombre que actúa, autónomo en su manera de utilizar “el verbo y el acto” para parecer a los otros y distinguirse a la vez. Hay una filiación del pensamiento que, más allá de las diferencias de métodos y de posiciones de interrogación, hace de la acción y del individuo el piso de comprensión y de explicación de los hechos sociales. También trataremos en este ensayo, de establecer en qué y cómo el compromiso puede ser un “tipo ideal” de acción.

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Capítulo 1

PROBLEMÁTICA Y PRESUPUESTOS

El compromiso es una inscripción activa en un espacio social. Proviene de una capacidad y de una competencia para existir que expresa un deseo, una perseverancia y una voluntad de llegar a la realización del objeto del compromiso. Es, por consecuencia, una problemática de la acción que debe ser puesta en práctica para dar cuenta de lo que se designa. Pero el compromiso puede, sin embargo, comprenderse a partir de otra problemática, la de la socialización. Es entonces, una cuestión de recorridos preconstruidos y de reproducción de sensibilidades frente a tal o cual causa; la posibilidad de elección, que supone el compromiso, desaparece bajo la fuerza de la conformidad y de la persistencia de los credos de clases sociales o, por lo menos, los credos compartidos por los grupos de pertenencia. La tensión existente entre, por un lado, la inscripción a un grupo de pertenencia, sus orígenes sociales y sus aprendizajes asociados y, por otro lado, el deseo de formar parte de un grupo de referencia1 no es más estudiado, porque supondría que puede decidirse en las pertenencias, lo que es contradictorio con la reproducción mimética. Pues el compromiso cuestiona esta posibilidad de elección bajo la forma de competencias, capacidades y situaciones. Es entonces la problemática de la acción la que retendremos aquí para analizar el compromiso. Pero como toda problemática, la que tiene que ver con la acción debe ser especificada si queremos poder delimitar nuestro objeto. La acción sirve más como paradigma de referencia que como problemática operatoria. La cuestión central de este trabajo podría formularse en los siguientes términos: “¿Por qué razones los hombres comparten ese irreprimible deseo de formar parte de una acción?”. Sin embargo, esta formulación resulta inadecuada porque conduciría a un impasse, el que tiene que ver con los motivos del compromiso. En efecto, ya sea que estos motivos 1 Es de notar sin embargo que el simple hecho de estar comprometido basta, a veces, para satisfacer a quien se compromete, independientemente de toda otra realización.

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sean conocidos por cada uno de nosotros o no (aunque lo serán), ya sea que permanezcan confusos o acordados en el espíritu de los individuos y aunque nuestra imaginación no pueda imaginar los motivos de los compromisos, es porque estos motivos no son comunes y no refieren a ningún registro de motivos compartidos y comprensibles. En otros casos, lo más probable, podremos fácilmente clasificar los motivos según la proximidad o su alejamiento de los valores de referencia y las impugnaciones. No es, por lo tanto, esta problemática la que convendría seguir para analizar el compromiso.2 Sin embargo, las razones del compromiso forman uno de los ejes de análisis pertinente si se tiene cuidado de articular las situaciones y no considerarlas como predisposiciones, de orden psicológico o social. El sociólogo Howard Becker3 propuso, desde esta perspectiva, una vía interesante que se llama “de las trayectorias”. En referencia a los trabajos de Thomas Schelling4 acerca de la negociación; este autor propone un marco de investigación analítico que está construido alrededor de algunos rasgos salientes como “las apuestas adyacentes, la coherencia de los comportamientos, la toma en cuenta de los efectos inducidos por las decisiones de compromiso”.5 Este marco de investigación nos permite retomar la reformulación de nuestra problemática y proponer otra versión que toma en cuenta la dimensión de la inversión en la acción. La problemática se2 Salvo si adoptamos la lectura sartreana del motivo y su articulación con aquella del móvil. En efecto, desde esta perspectiva, es la situación la que está en el centro del motivo y son las reacciones subjetivas inducidas por esta situación objetivada como la indignación las que impulsan a actuar. Habría allí una problemática posible del compromiso, si el compromiso se comprende solo entonces, ya sea como una reacción, o como una postura sin que se pueda captar el fundamento social. “Llamaremos motivo al ingreso objetivo de una situación determinada en tanto que esta situación se muestra, a la luz de un determinado fin, como medio para alcanzarlo. El móvil, por el contrario, es considerado ordinariamente como un hecho subjetivo. Es el conjunto de los deseos, emociones y pasiones que me empujarán a realizar un determinado acto”. La articulación entre motivos y móviles, es decir entre voluntad y pasión, es aún hoy, siguiendo al autor, inalcanzada. Cf. Jean Paul Sartre. L’Etre et le néant. Essai d’ontologie phénoménologique. Paris, Gallimard, 1943, p. 502. 3 Howard S. Becker. “Sur le concept d’engagement”, Sociologies, http://Sociologies.revues. org:index642.html. 4 Thomas Schelling. “An essay on Bargaining”, American Economic Review, Vol. XLVI, 1956. 5 Howard S. Becker llamaba apuestas adyacentes, siguiendo a Thomas Schelling, a las apuestas adoptadas con la finalidad de una negociación entre dos personas, por uno de los protagonistas que haría intervenir a una tercera persona, exterior a la negociación. Las apuestas adyacentes obligarían así, a uno de las protagonistas, luego involuntariamente al segundo protagonista a la adopción de una solución diferente de aquella que habría podido ser adoptada si uno de los negociadores no estuviera comprometido con esta apuesta. Existe una adopción de los motivos auxiliares en la perspectiva de Otto Neurath. Sin embargo, H. S. Becker observaba que era preciso ampliar este concepto de apuestas adyacentes y aplicarla a las obligaciones que impone el descubrimiento de las apuestas adyacentes hechas por terceros en ocasión de la acción de un individuo. Esta ampliación que está en la prolongación de las expectativas de roles es interesante porque permite articular acciones y reacciones en una cadena de interacción y de efectos cruzados donde la interpretación se convierte en central. Cf. sobre este punto a E. Nemeth. “Otto Neurath und der Wiener Kreis”, Revolutionare Wissenschaftlichkeit als Anspruch. Frankfurt, Campus Verlag, 1981; cf. igualmente Claude Giraud. Concepts d’une sociologie de l’action. Introduction raisonnée. Paris, L’Harmattan, 1994.

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Capítulo 1 Problemática y presupuestos

ría entonces la siguiente: “¿Cuáles son las racionalidades que funcionan en el comportamiento concebido como un modo de inversión en una acción?”. Esta formulación debería permitirnos tratar al mismo tiempo la toma de posición, las apuestas acerca del futuro, el desarrollo del compromiso y sus efectos continuos. Evidentemente, el compromiso no podría leerse en un único registro de continuidad sin fallas y sin contratiempos. El compromiso es un modo de posicionamiento en un espacio social que se comprende como un espacio de interacciones y de interdependencias.6 Los efectos inducidos son, en consecuencia, causas y resultados y provienen tanto del compromiso de uno o de muchas personas como de la lectura que se hace por parte de otros. La acción es aquí lo que se realiza por el compromiso inicial, tanto como lo que se imagina y se proyecta, e incluso se realiza en las interacciones que se siguen. La manera en la que se puede analizar esta acción procede entonces de una doble perspectiva, la que fue iniciada por Max Weber y la que proviene de los interaccionistas. La que fue iniciada por el filósofo alemán consiste en pensar, en un primer momento, en lo que vuelve a afectar a los individuos, es decir en lo que ellos comprenden a partir de su subjetividad. Y, en un segundo momento, en la explicación que surge de un va y viene entre las lógicas de acción individuales actualizadas a partir de la fase de comprehensión y de los datos macrosociales correspondientes. El análisis de las racionalidades está en el centro de esta perspectiva.7 Esta es la que sostienen los interaccionistas, entre los que hay que contar a Erving Goffman, Anselm Strauss y Howard Becker, y es una perspectiva procedimental y biográfica. La acción es aquí pensada como un proceso que se desarrolla, según Goffman, por fases: “los preparativos, la determinación, el descubrimiento, el reglamento”.8 Esta concepción procedimental de la acción se traduce en una posición respecto de la investigación en Anselm Strauss.9 En uno de sus estudios sobre el hospital, el autor se pregunta acerca del mantenimiento de una parte de orden, a pesar de los cambios inevitables que no dejan de perturbar la marcha de la organización. Su hipótesis es que “las bases de una acción concertada deben ser continuamente reconstituidas”. Ello es así 6 Seguimos en este punto la terminología de Raymond Boudon, quien diferencia las cadenas en las que interactuamos con los otros debido a nuestros actos, de aquellas en la que no somos más que dependientes de un estado de hecho como la constitución de una fila de espera ante una panadería por ejemplo. Raymond Boudon. La logique du social. Paris, Hachette,1977. 7 Cf. Max Weber. Essais sur la théorie de la science, “Essai sur quelques catégories de la sociologie compréhensive”. Paris, Plon, 1965. Cf. igualmente, Raymond Boudon y François Bourricaud. Dictionnaire critique de la sociologie. Paris, PUF, 1982. 8 Erving Goffman. Les rites d’interaction. Paris, Minuit, 1974. 9 Anselm Strauss. La trame de la négotiation. Sociologie qualitative et interactionnisme. Paris, L’Harmattan, 1992.

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porque, según este sociólogo, las estructuras de la división del trabajo son indefinidas, los fines de la organización no son específicos y las reglas a menudo son equívocas. Este sería el caso del proceso del trabajo que presiona la estructura de las organizaciones y no a la inversa. Y el autor llega entonces a considerar que el mismo proceso laboral estaría afectado por el desarrollo de estos trayectos, como el de los enfermos en el hospital o, generalizando, el de los clientes, incluso el de los estudiantes en una universidad. Anselm Strauss comprende entonces el desarrollo de los trayectos con su traducción en términos de un “arco laboral”, es decir el conjunto de tareas afectadas a esos trayectos y la articulación que se sigue entre lo que es previsto y lo que hay que adaptarse. La acción, tal como ella surge de esta perspectiva de análisis, se concibe como una creación continua sobre una base de negociaciones, de acuerdos de búsqueda, de soluciones nuevas, de regateos, que no se hace en un fondo sino más bien en una forma, para encontrar los problemas que son inducidos por estas trayectorias. El compromiso es una capacidad de articular competencias y situaciones, objeto de inversión, médica en este caso, e inventiva orden organizacional. Dar cuenta del compromiso consiste entonces, para este autor, en explicitar esta capacidad de articulación, así como mostrar también los arcos de trabajo que se crearían en ocasión de estas trayectorias, y que no dejan de ser nuevas o por lo menos suficientemente singulares como para necesitar que se invente un orden negociado. La sociología de la acción que se deriva de ello descansa en una postura de investigación que se centra en la renovación de los problemas a los que se enfrentan los individuos y los modos de compromiso y descompromiso que no dejan de existir, independientemente de las posiciones estatutarias que se adquirieron hasta ahora. Lo que se hace se deshace al mismo tiempo, a partir de otras trayectorias y por otras razones. El compromiso está entonces en el centro de esta sociología de la acción que articula una estructura, aquella de la organización, en oposición con la división del trabajo y los cambios múltiples. La perspectiva de Anselm Strauss puede parecer para algunos un exceso, ya que conduce a privilegiar los cambios a las estructuras y más generalmente, a las invariantes. Incluso cuando queremos analizar la acción, la mayoría de las veces tenemos que dar cuenta del comportamiento de aquellos que designamos como actores, prestándole atención a la acción tal como la presentan los interaccionistas. Este exceso conceptual y metodológico es saludable, pues nos permite estar atentos a una concepción del compromiso en torno de la creatividad que se manifiesta en el trabajo cotidiano en este caso. Más allá del interés mostrado por la creatividad, conviene tener presente la relación entre las estructuras y la acción, a fin de explicitar el punto de partida de este análisis del compromiso. La acción está en el fundamento mismo de las estructuras sociales. Es la institucionalización de la acción, de sus efectos, la que crea las estructuras, 22


Capítulo 1 Problemática y presupuestos

es decir, es la malla estabilizada de las relaciones entre las funcionalidades. Las estructuras son así una cristalización de ciertos efectos de las acciones anteriores y de institucionalización de las prácticas sociales. Las organizaciones, los mercados, las instituciones y las reglas son, de este modo, elementos de la estructura de nuestras sociedades. Existen, sin embargo, estructuras que parecen escapar a esta lectura, como la demografía o, en otro registro, los lazos de parentesco. Pero incluso así, si la demografía es una estructura viva de nuestras sociedades, también está afectada por acciones en función de las cuales hay que tomar en cuenta las opciones políticas de inversión en el sostenimiento de la natalidad, la ayuda a las familias, la salud y la higiene, y la ayuda para la vivienda. En otros términos, las políticas sociales referidas a las biografías y a la moral de las familias tienen un impacto en la estructura demográfica de nuestras sociedades. También, aunque están estabilizadas, las estructuras sociales, es decir, las disposiciones de las partes entre ellas que caracterizan a los hechos empíricos, no podrían ser consideradas como invariantes absolutos. Incluso los sistemas de parentesco, que son las estructuras elementales que se consideran como universales, comportan modulaciones de relaciones entre sus miembros según las culturas y las prácticas sociales. Estructuras y acciones no se oponen y tampoco se excluyen. Lo que las estructuras, o más exactamente los análisis estructurales, ponen en evidencia es la recurrencia de ciertas prácticas y de modalidades de relación con otros a partir de una matriz de posiciones. Sin embargo, para teóricos como Claude Lévi-Strauss, contrariamente a lo que plantea Siegfried F. Nadel, las estructuras están construidas sobre modelos, o sobre un orden, que es el de las relaciones. Es así como lo observa Siegfried F. Nadel: “El orden de una pluralidad de relaciones difiere radicalmente del ordenamiento de una pluralidad de individuos por la mediación de una relación”.10 Hay allí una lectura que excluye de facto la creatividad, la imaginación, el azar y el desorden, y que no corresponde con nuestra lectura de lo social. Nuestro marco de análisis se corresponde, en consecuencia, con aquel de los operadores de intercambio y de la acción concebida bajo la doble dimensión de la fijación o la esterilización de los intercambios y los cambios. Distinguiremos, en este sentido, los fijadores de cambio y los operadores y factores de cambio. El análisis del compromiso atraviesa tres campos de la acción social. Alcanza a las racionalidades y al imaginario, y tiene como marco de investigación las organizaciones, las instituciones y los grupos sociales. Apunta a las incertidumbres, las crisis y los efectos performativos de la palabra. En este marco de análisis, nos preguntamos acerca de los presupuestos de todo compromiso y la solidaridad como referente central del compromiso. 10 Siegfried F. Nadel. La théorie de la structure sociale. Paris, Minuit, 1970, p. XXX.

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