EL TORO DE HIROSHIMA DE ANTONIO OCHOA

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TORO HIROSHIMA EL

DE

ANTONIO OCHOA


Mangos de Hacha | Poesía (Nuevos)

Primera edición, 2016 © Antonio Ochoa © Mangos de Hacha Editorial Mangos de Hacha, S.A. de C.V. Calzada de los Leones 171-102, Col. Las Águilas, Delegación Álvaro Obregón, C.P. 01710, México D.F. www.mangosdehacha.org mangosdehacha@gmail.com Diseño: Radjarani Torres Flores Queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reprodución total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reptografía, el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares de la misma mediante alquiler o préstamo público. ISBN: 978-607-97155-1-9 Impreso en México / Printed in Mexico


EL TORO DE HIROSHIMA



Antonio Ochoa

El toro de Hiroshima



Para Andy Nelson, Eduardo Milรกn, Karen Lowe, Kevin McLellan, Jaime Cumby y Joppa Etienne


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una noche lejos de ti y esperaba al día Hiroshima en el espacio pendiente de las pequeñas gotas en los capullos que penden de los pétalos en el pacífico los cofrecitos alimentan las corrientes les dan fierros y otros oros precisos todo abajo espera a Hiroshima que está arriba en el espacio—en lo oscuro buscando la radicación sonora aquella de la primera detonación cuando comenzó y que aún dice ese Weinberg flota en todos lados pero hasta ahora sólo una pequeña vibración como cuando cierras los ojos y hay un punto sónico que se aleja de tus oídos al horizonte, me dice Hiroshima sus manos extendidas sus dedos largos apuntando a ambos lados de la calle donde conocimos las voces las luces las

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precipitaciones pulmonares que hasta las piedritas del asfalto saltaban de felicidad

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me voy a París en bicicleta, la noche recuerdo bien los higos frescos después de la lluvia con gotitas sobre la piel casi negra de sus cuerpos con forma de globitos sexuales y sintácticas como las comas que dividen tus suspiros de madrugada entre las manchitas de semen diminutos bebés metálicos corriendo sobre tu espalda rapeleando tus piernas con cuerdas y cascos plateados hasta bajar a la extensa sabana epitalámica donde dormidos soñamos con unas jirafas que mordían los cables de la luz

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para eso, para leer la revolución francesa abandona ya esa idea democrática, toda esperanza abandona todo miedo toro entonces no caerás precipitado en la calle donde no hay más que tu calamidad sobre los otros tu peso y presencia sobre los otros es entonces un ciclo entre los otros ciclos en la plaza donde encontramos una vez más al caracol brillando en la mañana silbando con la brisa entre los árboles de la mañana saltando entre la arena lejos de las cinco aproximándose al sol vertido entre tus patas en el perfil del camino a Cuernavaca

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¿soy el primer japonés de tu vida? siete y cuarto en la arquitectura directamente trazada sobre el plano de la cueva sobreentendida la partida de los bucentauros locales que sostienen pancartas de protesta contraatacando las mangueras y los juegos del verano entre las risas de policías y ladrones en el patio primario donde se presenta la construcción de los edificios que nadie puede habitar dejamos la casa hace tiempo, no hay ya vasos ni aquellos fruteros de cristal de timbres definidos por los dedos de la abuela los fruteros que nunca tuvieron fruta sólo la crisis vital de los angelitos que por siempre soñaron con el peso de las uvas las granadas y los higos y los alacranes que crecían en el árbol frente a mi ventana

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y después, él murió Ruah abrió el tiempo y el pasto al toro atolondrado corrió en los campos de la espera donde espera no se qué el toro pequeño sentado sobre el muro hacía tiempo que no veía la luz de sus hermanos toros correr por los campos del origen junto al volcán al lado del río antes de que los filtros del aire en el pequeño bunker donde vivía solo el toro limpiaran los días paciente come de latitas que preparó mamá para la emergencia pero nadie le explicó la espera lee poemas y no recuerda bien cómo conoció a Ruah un día pequeña con las rodillas raspadas “me caí del árbol” dijo los amigos toman té de tarde platican de discos hacen malabares que el toro aprendió antes de que cayera Ruah no saben si pasan días y días o sólo un rato cuando el toro y Ruah se mojaron sobre los pastos todavía húmedos de la mañana

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¿y era francés, el hombre que tú amaste durante la guerra? era un idioma parecido al verano a los pasos largos y claros del verano sin saber en sueños cuándo pasarán las nubes indicando el camino a la miel de extintas abejas que gotea sobre los centímetros de tu cuello, que gotea en tu vestido blanco, cae del árbol y hace dibujos en tu vestido blanco deja toda esperanza ahí dijiste sólo soy si en el escenario me dan las luces encendidas, las historias nómadas dejan labio a labio el comercio de los bichos llegó digitalizado a la constante atención del pentágono cincuenta y cuatro números del teléfono de la casa en Coyoacán números del más allá del uno que abriste al llamar esa noche quedando el aliento sólo en la línea

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es un río sin navegación alguna quién se va a guardar de una bandada de pájaros espirales nocturnas de la repetición Alfa Centauri recupera entonces el ozono los dos por la puerta del reconocimiento aquellos elementos que no podías saber antes cómo sostener la carga cómo no romper los cimientos y los principios te escuchan todos los sonidos finales del verano los unos y ceros de la tarde del verano combinaciones binarias sentadas a la mesa del jardín Nakatani viendo la luz naranja de las tardes de Coyoacán tú viendo la luz púrpura de las tardes de Massachusetts

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Hotel New Hiroshima Zanzotto también tenía una tía que se sentaba una y otra vez junto a una fuente de piedra llena de pececitos amarillos, la espiaba entre las ramas de una higuera sin decir palabra sin levantar las hojas de los de libros franceses que quedaron ahumadas lomos negros goteando al retiro de los bomberos las porcelanas de golpe de vuelta al tiempo pasan tiznadas de sus pequeños bancos por el sendero de fresas y flores donde de chica recorriste los sonidos del sí—sí—no—no tu ropa tirada sobre el pasto oscilando a frecuencias que no habías visto aun en los corredores del túnel del tiempo los martes de 7 a 8 nacionalidades que descubrías en comunicación con los padres beduinos del desierto ocultos por kilómetros y kilómetros hasta que el simsimiyya abre las cuerdas y cantan y aplauden en círculos encadenados año tras año generación por generación sacudiendo la oscuridad del desierto la arena cae de un vidrio a otro granito a granito pasa

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de lo más delgado dando un transporte al mediodía sentada amarrándole el mensaje urgente al pie de la paloma corran encuentren un escondite bajo la entelequia de los maples rojos de la historia de la realidad del retorno de la resurrección en bicho y la falta de wifi con el más allá de todo esto aquí entre las manos fallaron las cartas los teléfonos el email falló la tablita de madera no manches se movió no mames güey no se movió y así y así que no supe si habíamos hablado contigo no pensé que íbamos a caminar tanto arriba la pequeña cajita de madera en la cueva entre los árboles esa noche dormimos bajo un mangle y al día siguiente admiré toda la vida que te encendía hasta la tarde en Médica Sur en coma movías las manos y los pies tu boca como si enterrado vivo rasgaras el aire vendado del encierro, piensa esa falta de aire Halif secando desde adentro tus alveolos truenan como papel

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burbuja hasta que no hay mรกs solo entonces abres los ojos y las burbujas rotas no reflejan mรกs tu nombre

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yo me acuerdo Basho es un toro negro Basho es un toro negro solo en el camino Basho es un toro negro solo en el camino oliendo manzanillas y canela Jiro Ono maestro del sushi lo vio un día Jiro Ono maestro del sushi lo vio un día caminando junto al río Jiro Ono maestro del sushi quien

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vio a Basho como un toro negro caminando junto al río dejó su casa a los 9 años “Bien” le dijo su padre a Jiro Ono maestro del sushi cuando dejó su casa a los 9 años “Bien” le dijo su padre a Jiro Ono maestro del sushi cuando dejó su casa a los 9 años “recuerda que ya no tienes a donde volver” Al llegar al río Jiro Ono maestro del sushi pidió a un escorpión cerrar las compuertas

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para poder cruzar, el puente habĂ­a caĂ­do durante la noche del otro lado en el lodo las huellas del toro se endurecĂ­an en el sol

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me olvidaré de ti y te volverás una canción

el río no va más al mar despacio sigue el cauce seco de una piedra a otra las sombras lentas recuerdan los pasos de un agua clara y su eco Ruah recuerda en su búsqueda

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una entrada bajo tierra desde donde podía ver el cielo prisma en movimiento aceite en agua las escamas del cascabel brillan vivas en atómica amistad no lejos de ahí Halif—el nómada— sigue al toro escondiéndose tras los árboles

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¿qué es lo que fue para ti, Hiroshima en Francia? volverte a ver, Halif es una posibilidad lejana ajena a la voluntad de los cascos multi-colores de los caballos rendidos del asombro y por no tener las enzimas necesarias para la transformación de suceso a suceso diario pierdes la conexión y la compañía cae, la guardia cae encontramos más palabras que no cuadran en el cuarto de la luna nos encuentras de nuevo bajo los signos de interrogación pequeños paraguas para la lluvia sustantiva las explanaciones son cosa de la roca que sale del pasto donde los edificios y la gente parecían estar un poco más cerca de la pequeña plaza donde el bronce del caracol resonaba con el viento

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lo suficiente para saber ahí empezaron a repartir al rojo vivo caracteres que parecían pequeñas almendras sus flores bordean la terraza donde marcaron una tarde la nueva piel suave del pequeño toro para que no se les olvide, la insistencia en esa imposibilidad la huella quedó quemada hasta el hueso sobre todo la insistencia de decir toro sus 650 kilogramos de pezuña y sonido de pezuñas en el pavimento la huella no está ya en el hueso roto ya no está en la médula más adentro no está desprendida de las agujas donde penden un poco de piel y sangre y tinta sé justo porque hasta a Twain le cambiaron

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los nombres negros y 1984 una tarde desapareció sin rastro alguno la huella ahora ya no es real es s-ólo una magnética diminuta demostración binaria incorpórea sin necesidad de stilus

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¿lo suficiente para morir? pero no acabará Ruah ahí en los espacios entre palabras de la conversación sobre rocas y sedimentos entre dos antes amantes antes de la lluvia horizontal a 160 kph en la México-Cuernavaca pasando y pasando sin esperar el golpe bajo los güevos del Osborne el tinte de la tarde llamaba y las cadencias pegadas a los pechos de la resurrección de cada mañana los algodones rayados caían en su forma cómo tropezaba de la cama al baño de la montaña al rito en la sala de espera ahí cansados adormilados tiemblan los testigos de la partida que los llevó hasta ahí hasta el principio desenmascarado de ese viaje

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cuatro veces al museo en Hiroshima él que tal vez abre la mañana y la precipita al camino que sigues a diario no dejó sólo el polvo de aquellas calles de Xalapa que suben y bajan entre ventanales de trescientos años y ventanitas grises junto al río lleno de jabones donde pequeñas garzas aspiran aún a pescar los pesados candados de la mezcla un ring de máscaras de teatros de tal “forma es fondo, cabrón” temblando en los espasmos del trompe l’oeil cuando la búsqueda es por los toros de Altamira por Nayla y Majnun por “my whole life needs to be here to come alive in this consideration” después del bombazo hoy hace de 68 años

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aunque tengas una moralidad dudosa las terminales abiertas el entreacto del horizonte dos puntos con historias individuales mañana a mañana los kilómetros se abren a kilowatts en la premeditada asimetría del “abeto” del “sin embargo” de la “égloga” que transitan tiempos diacronías “amapolas” abiertas a la noticia la recuperación del estado consciente de la contaminación la proximidad de las sílabas entre tejidas por los vaivenes al echar pata claramente indefinidos cuenta cuántos filamentos hay en el músculo y ponlos sobre la mesa

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are you visiting Hiroshima? bajaste de nuevo al sótano lejos de la casa de piedra y adobe donde escondiste tantos y tantos cadáveres la madera se modifica

con el tiempo, el

peso y el tiempo, la orografía también practica presencia tlacho dirían en Tuxpan

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todos los días pasa a las cuatro y tose falsa paz de la paz entre los vivos falsa voz de la paz en tus mensajes falsa coz que al menos sería aliento emprendiste la retirada del campo a la ciudad las empuñaduras gotean | de los escudos resbalan pedazos comunicación de la sangre yo no sé nada de la guerra con los hijos decapitados la hija violada mutilada la hacienda perdida manco Tito Andrónico rió | sólo después de reír pudo entrar en acción yo todavía no termino de leer a Job

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defórmame a tu imagen toma peso y presencia, toro acaba ya pasa el círculo, la oreja te espera cortada atenta entre las arcadas de la plaza donde la bandera a media asta corrige las variaciones del viento y la marea penetra hasta los rincones pequeñitos de los huesos de los húmeros húmedos de los sábados trabajados entre los precisos matorrales junto a bucentauros niños que corren con juguetes de plástico descabezados en alguna ceremonia en la cocina mientras nadie los veía atravesar cuchillos a los recuerdos del primer pase que nunca quisiste dar Fernando entre las flores te espera la integrada soledad del mundo

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el tiempo del saber perdiste todos tus animales, el río creció apagó el fuego que calentaba, pero volviste a construir todo, cuando los hermanos y los hijos de tus hermanos cayeron bajo las flechas de tus vecinos, las flechas volaban bajo su risa, piensas hoy en esos dientes esas lenguas esas gargantas entendiste que la risa era lo peor del mundo no reiré más juraste sentado sobre escombros que fueron hombres junto a la blanca orilla del río donde los delfines huérfanos se divierten con una cabeza cortada

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yo preferiría que tú hubieras muerto en Nevers Mr. Antón Daperton puso las espuelas en las viejas botas negras, sin calcetines ni calzones, bajó las escaleras y de dos tiros de culata se bajó tres cervezas y un burbon antes del desayuno. Daperton, esclavo del silencio, de la ruina sutil de la esperanza, del principio donde acabó frenado todo aliento de venganza, Daperton infla ahora globos en la feria donde vende algodones de azúcar y aguanta las malicias de zarrapastrosos visitantes que lo molestan sin saber que sólo lo detiene de volarles sus cabecitas ese ritual de todas sus mañanas y yo pregunto, Antón, ¿vale tanto la pena hacer el bien?

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me tomará por los hombros… y yo estaré perdida mañana cuando vuelvas a caer entre carrizos buscando al pequeño toro perdido el toro tan pequeño como un gato en terrenos baldíos en bodegas abandonadas las escondidillas son su juego preferido todos tus amigos Halif se han ido a la casa del toro pero tienes suficientes provisiones para seis días después habrá que salir a cazar y organizar canciones de cazadores para matar las horas pero amándose perdidos en los fuegos de los atardeceres cuando cualquier momento es un rincón donde poder abrir el espacio de la participación con las voces altas y las sombras bailando el fuego no podrá contener más al recuerdo encerrado en la madera

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lógica, masa, brutalidad poniendo las velas en su lugar—en los mástiles más adecuados de la playa a las cuatro de la tarde enrojecido pasa el toro buscando la gracia y la memoria —solo—avanza lento sobre la arena—negro y mojado con granitos de sal que reflejan al sol mojado busca entre la arena— —el toro es parco de palabra—en el bar bebe solo —de la playa a la distancia se ven los buques que cargan petróleo de un océano a otro sin encontrar puerto donde parar—los buques llevan décadas flotando con el mismo petróleo que transportan y Halif— parco de palabra también— me contó que son ya ciudades flotantes comunidades de marinos que han descubierto el embarazo masculino para sobrevivir—los buques tienen de todo desde laboratorios hasta invernaderos escuelas tiendas diseñadores de interiores una tarde yendo de Boston a Dublín vi uno de estos buques—vi altas palmeras salir de los contenedores y una multitud de globitos y serpentinas deben de tener una fiesta de cumpleaños pensé—en el avión llegamos a la estratosfera y los cacahuates comenzaron a flotar—fue una visita corta bajamos luego luego—llegamos a Dublín donde creció Sam Beckett pero donde no escribió mucho después escribió en francés que le imponía claridad—si Sam Beckett viviera organizaría la puesta de esa espera en uno de aquellos buques

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es verdad… soy tonta recuerdas los pájaros en Hiroshima en la terraza—aquellas sentencias de los diversos cortes de la ilusión del deber sabías bien que no podrías Ruah llegar hasta aquí—los contornos de tu falda cubrieron momentáneamente los olores del jardín—al amanecer la búsqueda en Londres cuando el sistema del azar quedó demostrado—esa ilusión de claridad en las fronteras entre habitaciones que dejaste cuanto entró el sol hacia las orlas de la arquitectura—cerrada forma al horizonte de la pequeña historia donde la moralidad fue más niña que el otoño y los gatos asomados por las ventanas abiertas del sí sí quiero escalaron hasta quedar dormidos al cobijo del sol

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así, yo lo vi, el hospital. estoy segura el hospital no existe más hace años que el hospital dejó de ser hospital sola en un llano vive una oxidada una silla de ruedas el hospital perdió el techo durante una larga lluvia de verano un temblor acabó con las paredes y los cuadros de valles alpinos temblor interno que sólo sacudió adentro del hospital temblor interno que enloqueció a los doctores liberó a los pacientes el temblor no tocó las calles de la ciudad la ciudad del temblor hace más de 25 años está ahí todavía hace meses llegó un árabe Halif a un depa de la Roma sur Halif estaba interesado en encontrar las ruinas del hospital Halif buscó mucho tiempo el hospital Halif perdió lo que buscaba según él en el hospital Halif—huérfano—perdió su tierra natal suspendido entre la piedra y la madera

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una vez, loca en Nevers y tu nombre Hiroshima entre cenizas que bajan lento por los escalones que no llegan a ningún piso tu nombre que abierto entre los dos el nombre tu nombre asintiendo al indicio de las calles cerca del amanecer caminaste junto al río cruzaste puentes repitiendo uno a uno todos mis nombres—aun los que no te había dicho todavía

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joven en Ne-vers escribiste tantas veces tu nombre en distintos colores múltiples letras escribiste nombres falsos y nombres auténticos en calaveritas de azúcar el ritmo de tu caligrafía variaba con el nombre los nombres con los colores escribías también sobre hojas verdes y a veces las hojas secas de los maples aquí japoneses junto a casas de madera—todo de madera aquí se pandea en el tiempo más si más cerca del río allá no—allá son de piedra de adobe la piedra no cambia tanto en el tiempo los temblores y los templos piden respuesta los temblores piden ojo al templo vacío en Coyoacán que es refugio de un caracol de bronce estaba en la plaza y los niños lo tocaban con sus pequeñas

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sucias manecitas hasta que el templo vacĂ­o abriĂł sus puertas y entre todos lo cargaron hasta el cruce donde se cruzan las dos naves donde entra mĂĄs luz sobre una plataforma de piedra y madera

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tú eres una mujer bella, ¿lo sabes? somos vecinos del fuego perdidos en movimientos mesurados hasta que convenimos los términos de la ley binaria del cuerpo—lo que conocimos antes fue cayendo sobre fuentes como hojas desprendidas de pequeñas higueras en otoño cuando los vientos caen desde las instrucciones secas de tanto nombrar oteros y camellos blancos sin embargo conocimos entonces el precio—Camila no extendió sus manos ya y Alejandra no está ya bajo las sábanas y los labios tibios de Federica no se abrieron más —nos hicieron los ceros a la izquierda de sus suaves cuerpos

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y dormimos ahora sobre la piedra final de El juicio sentados en la banqueta pensando no alcanzamos el dónde ni el hasta cuándo no atinamos la disculpa—rotamos caguamas con la lentitud que las lleva al mar—decidimos al fin subir el volcán y ahí construir con piedras negras un laberinto—de un lado la puerta da al cerro de vuelta—del otro da a una pequeña chimenea con dos orificios que parecen los morros de un toro

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yo no inventé nada en la noche de las hogueras el gordo dijo la verdad durante la asamblea—nadie pudo contener su furia y antes del baile fue descuartizado sobre la mesa todo su interior expuesto los los pulmones desdoblados los intestinos extendidos en dos largas líneas paralelas el corazón devorado junto con lo gris encefálico por aquellos cuyo frenesí superó a los demás—5 minutos más tarde regresaron todos a sus casas, a sus hijos, a sus pequeñas realidades nocturnas

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¿es una película francesa? la piedra cayó al río las palabras labradas la llevaron al fondo un perfil del tiempo a bajo relieve llegaron sentados en bancas de madera—estaban también labradas luego los llevaron al campo abierto hablaste con Juan sentado en una de esas bancas había gente cerca pero no podían oír lo que ustedes decían desde arriba ellos podían ver el pozo donde Juan y tú hablaban el pozo donde sentados Juan y tú hablaban está bajo tierra ellos los miran desde arriba más abajo han puesto micrófonos súper sensibles para oír el movimiento de las placas tectónicas no hay escapatoria todo está cubierto de una campana de cristal gigante se entretienen con los gestos de sus manos y sus bocas al hablar con un soplo los mandarían al invierno ustedes sólo piensan en la libertad que no sabían que ya habían perdido

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las islas ya tenĂ­an nombres pero el viajero nombrĂł todo de nuevo mi nombre etrusco llegĂł desde el olvido

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¿cuando tú estabas en el sótano, yo estaba muerto? en el sótano las manos inútiles sangran y los gallos los sacos cubren la entrada del día al filo de la ventana ves caer las sillas al patio el toro muerto a tiros su media tonelada en pasmos en la calle el aliento cortado del toro por la sangre que le corría por sus morros el toro ciego rompía huesos cerebritos las palmas tranquilas del balance de una feria ojos aterrados en los últimos suspiros de la niebla roja la necesaria muerte a tiros del toro negro claras causas de la precipitación volcánica del toro: anóesis una lluvia de pequeños puntos de plomo un desboque destructivo desesperado de tanta esperanza calmo el toro moribundo sosteniendo el sol bemol bala entre acoplados corchetes de la incomunicable forma de su destrucción el tiro directo obligado de muerte al córner del espíritu de tanta carne tanto peso, tanta tantedad antiquimérica

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¿el bulto muerto ahí y qué la muerte del toro acaba acaso con el toro? un civilizado minotauro lamenta pipa en mano la violencia policíaca el tiempo del cuerpo da pasitos ensangrentados entre las paredes grises del sótano

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no, no es por azar las mujeres de Hiroshima pensaron los pasos claramente marcados a pesar de la lluvia un elevador en el ángulo agudo de su último descenso sus puertas quedaron sin abrir acudieron ellas cortas a la orilla blanca neón donde por rito se movieron despacio las posibilidades de conversación sólo de palíndromo en palíndromo pisaban las mujeres de dos en dos reduciendo el área hasta dejar al final del rito un pequeño resquicio con la forma de un ojo

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como tĂş, yo conozco el olvido el bucentauro sobre la cama mira el grabado de Picasso pisando las sĂĄbanas mezcla el lodo y la sangre de anoche cuando subimos las paredes del yo tambiĂŠn y yo tampoco y heridos sudamos sobre las largas islas en las cortas trenzas de tu espalda

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un poco cansado, ¿no? olvidaste su nombre entre las pavesas que flotaban despacio el nombre no es tan serio entre dos tonos de roca pasados dos metros abajo encontraste sus manos como una marea de tierra derretida después de la comida olvidaste su nombre al principio estaba Ruah junto a ti pero ya no importa la secuencia los momentos en el espacio interior terminaron una tarde bajo el clima sólido de nuestra materialidad en Cuernavaca en esos últimos bordes de la presencia de la roca en el jardín, bajo tus pies, caíste

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y te volverás una canción te volverás una canción esperando la nieve en la calle donde ya no vives—donde pasan lentos autos con solitarios conductores en cápsulas que se alejan sin dejar huella—los espacios abiertos donde se reúnen por las noches frente al río y que dan un principio a la escultura de la levítica levitación

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no viste nada, nada en las paredes, en las estalagmitas o estalactitas rodeadas de la sal se conserva la carne de un toro prehistรณrico

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a lo largo de los muros la necrosis subió por la suave piel del toro la piel negra y brillante hasta entonces la música trastornada de sus músculos la seriedad rocosa de sus piececitos la mañana blanca pasó sola de una banqueta a otra sin asegurarse de la ausencia de los autos Ruah niña al cruzar la calle sin mirar pensaba sólo en el pequeño toro de sus sueños

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una palabra como cualquier otra quién piensa la victoria ya sólo tú en la victoria sobre los toros en la arena entre banderillas mojadas en el campo de los cuerpos como semillas en el campo segado y mojado pero cerca el caracol liso y dorado de metal brillante y pulido el caracol vacío y templado aguanta el sonido y la posibilidad

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una oportunidad para mí también tuviste que ir a la guerra lanzando tu cuerpo hacia las filas enemigas entendiste entonces que no era para ti dar en el blanco saldo blanco aceptaste tú hasta las heridas de tus enemigos no hay tanto camino en Coyoacán entre las nubes de atardeceres anaranjados dos gatos bostezan entre los empedrados tus zapatos suaves tantas horas a pie buscándolo—depurado de todo lo que pudiera parecer esperanza el hueco entre dos piedras se abre a la pequeña iglesia donde guardan el caracol dorado de la voz—llegó de lejos sin pagar impuestos llegó así un día apareció en la plaza entre los arcos los pequeños arbolitos que la lluvia dejó sobre el campanario se menean con las campanas el

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caracol con la ayuda del rocĂ­o puede ver en todas direcciones

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me quedaré en Hiroshima entre los polvos del cansancio lo vivido entre el pasto del tranvía y el pasto contrario del río la dureza de la piedra entre los hombres y las mujeres que no pueden recordar más la temperatura del sol

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se conocieron en Hiroshima una mano sueña el movimiento próximo al instante del tacto un claro recuerdo de la forma el peso—el color irrecuperable de valles y fiordos digitales repletos de pequeñas frutas y flores árboles junto a diminutos y silenciosos ríos un paisaje lleno vueltas y versuras poemas que esa mano ordena sobre hojas que caen desde árboles junto a otros ríos anchos y caudalosos allá donde manos asisten a suicidas—a los ahogados en la corriente de la conciencia abierta a las estaciones pesan como plomos como las grandes bolas de acero de las plumas que destruyen los edificios del recuerdo

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de los valles las ciudades los edificios que resguardan los elevadores en que bajamos a los sĂłtanos bajo esos valles bajo esos rĂ­os bajo la epidermis de esa mano que sueĂąa el movimiento y recuerda el tacto y recuerda el peso

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es en la aurora que el sueño viene ¿qué museo la puede contener? ¿qué formas posibles bajo qué vitrinas podrían nunca en piedra contenerla en cristal madera en qué forma presente volumen o peso visible y palpable? ¿qué formas en qué estado la encontraría el residuo vital de los ojos visitantes del museo que describes Halif como si hablaras de una forma posible contenible abarcable una forma en relación a otras formas una forma en el espacio en relación a otros espacios ¿en qué museo cabrían sus posibilidades en qué galería encontraría su pequeñez su enormidad su lugar? hace tres días perdimos de vista la caravana hace tres días vimos por última vez la frontera con sus guardias y asentamientos hace tres días la soledad de la marcha nos prometió una locura finita pero extensa hace tres días perdimos

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hace tres dĂ­as donde hay sangre hay marcha por eso seguimos porque la sangre no estĂĄ seca todavĂ­a como el desierto bajo nuestros pies porque la sangre empuja en busca de una forma

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me gustaría con un montoncito en la mano de caracoles de más pequeños caracoles iridiscentes caracoles el niño trataba de seducir a la pequeña Ruah entre las pajas de un enorme granero rojo escoge entonces Ruah las espirales más largas indican la forma del tiempo las espirales más cortas señalan el paso de los ñandús, antes de salir a la luz del día regresaste por una conchita más una que revelara el tono de las nubes

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tiempo para saber los mĂşsculos del toro negro son una cordillera que avanza entre las nubes arrastrando pastos y ĂĄrboles el tiempo para saber para conocer mejor los cauces del tiempo sobre la piel del tiempo sobre el mĂşsculo sobre la materia toda tiempo para saber los escasos datos del principio

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después en las ruinas el toro tocó fondo y fuiste corriendo entre la gente al campanario corriendo entre la arena a tocar los maitines de la vigilia a tocar el fondo cansado del toro muerto tendido entre las piedras redondas como ranas silenciosas tocó fondo y pensaste : el fondo del peso donde cayó el toro es el peso del fondo de donde salió

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no, internacional, sobre la paz verano de Hiroshima yendo despacio río abajo a la desmaterialización de los recuerdos el trabajo cotidiano de los matemáticos los azares abstractos del cálculo de la simetría entre destrucción y renacimiento entre el edificio y el gusano de seda estás sentado esperando el desastre que parece no llegar nunca—verano de Hiroshima mueves tus manos en la oscuridad palpando los cigarros y cerillos —verano de Hiroshima el verano ha sido largo con pocas lluvias pocas nubes que te protejan del sol que quema la piel del desamparo como el mundo quemó la piel cuando tus padres perdieron la vista por un ratito verano de Hiroshima—el calor que se esconde en sus ojos

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va a venir hacia mí, me tomará por los hombros describiste la salubridad de los huesos antes de quitarte el vestido entre las miradas transeúntes caminaste lejos—sola caminaste hasta perderte entre los edificios y las calles caminaste despacio en línea recta tu imagen fue el hombre desnudo aquel de Puerto Príncipe después del terremoto él era uno de tantos locos que habían quedado a la deriva en las ruinas de la ciudad

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quédate en Hiroshima las luces se apagan afuera las ranas los grillos hacen ruidos de finales de verano el afuera no deja de pasar pasa las sombras del sol al atardecer del sábado cuando salimos muy de mañana al campo donde en un llano encontramos una tumba sin nombre tenía un número solamente fue un sábado de mañana rodeados de pinos

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mi cuerpo se incendia ya en tu recuerdo el fuego se llevó todo lo sentiste pero no tornaste la mirada mientras los parques tronaban bajo las llamas seguiste caminando hasta llegar al mar donde frente a ti comenzó todo de nuevo donde salieron de las olas las piedras marcadas del naufragio el fuego se llevó a todos quedó sólo ese Buda dorado el fuego dejó atrás todo plano y con los recuerdos los filamentos del amanecer

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un dĂ­a sin sus ojos el timbre suena se abren las puertas el toro toma el piso de la biblioteca sigue al deseo oculto que lo impulsa que lo jala entre estantes donde busca las llaves de un recuerdo escondido entre miles y miles de volĂşmenes que a sus ojos son los muros del laberinto

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are you alone? algunas veces llega Tamiahua hasta nuestras puertas desde la ventana los pescadores tiran sus cuerdas tiran desde los hombros fuertes y quemados tiran redes desde el equilibrio de sus lanchas viejas despostilladas rojas y azules verdes la fibra expuesta entre las palomitas de pintura que vuelan en el viento del avance y caen en las crestas que se van dejando atrĂĄs desde la ventana vemos a niĂąos nadar en las aguas claras de la laguna entre trampas y bancos de arena en el agua clara de la laguna sentados en la cama llegan las aguas claras de la laguna

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la pequeĂąa laguna en mar vuelta y vuelta esconde en sus bancos las motas de pintura que las lanchas desechan como escamas sobre el suelo ahora multicolor de la laguna

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después yo no sé más en la mesa hay tres cebollas que esperan en la mesa de madera que ya no toca el sol hay tres cebollas sobre el plástico de un mantel con cuadritos rojos y blancos junto a una casa cuadrada de concreto frente a un río que pasa y pasa el sol se repliega en su alcance y el alcance interior del sol se repliega también hacia los interiores oscuros donde brotamos de las manos por el interior de tus muslos y los huesos de tu cadera adentro toco toco tu cuerpo toco tus manos mientras tocan mi cuerpo y toco tu cuerpo mientras tus manos tocan mis manos que te tocan toco mis dedos pasan sobre tu piel blanca mis dedos oscuros sobre tu piel blanca tocamos rompemos el cerco la distancia el aislamiento rompemos el silencio con los sonidos de los cuerpos tocándose, de las manos tocándose, de los labios

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tocándose, hablándose rompemos el régimen de los cuerpos aislados de los cuerpos exclusivos de los cuerpos codificados de la interfaz de cuerpos interconectados que entrópica avanza hacía la articulación con posibilidades de intercambio

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mi familia, ella, estaba en Hiroshima sentado frente al río eres una presencia tranquila una química bromática suave en la corriente a tus pies que pasa lenta aunque no sea clara estás ávido de olvido la corriente busca arrastrar las memorias hasta el mar hasta el fin más oscuro del principio los sólidos cuerpecitos de las piedras del río limpia la memoria los lúcidos compases de la respiración van haciendo transparente la memoria hasta que es gas hasta que te detienes toro frente al río frente a él con sus manos en las espinillas que sigue sin moverse sin quitar los ojos del río de lentísima duración pero él tranquilo mira al río él que tal vez ha aceptado ya el olvido que arregla los más profundos recuerdos el olvido

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nos hace mortales y nos permite seguir el tiempo del olvido y el tiempo del recuerdo son el mismo T. S. el tiempo de la reconciliaciĂłn estĂĄ en las recurrentes olitas del rĂ­o dando una y otra vez contra los bancos y los decrĂŠpitos muelles de concreto

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el hierro vulnerable como la piel no sé cuándo pasó la piel al fuego cuándo los huesos la médula hirvieron evaporados en nubes amarillas la caída intervino mientras leías sílaba tras sílaba los anillos concéntricos de la memoria en un poema de Celan los animales huyeron un silencio profundo como antes del primer bang sólo más y más un tintineo esperabas a ver qué hacer después de ese primer bang parecía inevitable pero no llegaba sólo los animales no estaban ya sólo los árboles no sostenían pájaros sólo los estanques no tenían peces y los cocodrilos no flanqueaban ríos ya las vacas ya no estaban los pastos vacíos dejaron solo al viento

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el bang que esperabas no llegaba y ya no tenías más qué hacer todos los rezos y deseos dados no bajó nadie la espera te consumió toda tu silencio en la espera de palabras finales no había nadie para decir no había nadie para escuchar antes del desastre y aunque el desastre no llegara echada con los dedos en la nuca en silencio recordabas

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sobre el río en Hiroshima la noche cae los párpados caen sobre las sombras en los círculos de los ojos llovió ese día y vimos los círculos de Giotto sobre las cabezas de los santos caminamos con el cordero y el vino dos días antes en Asís un terremoto rompió unos escalones de piedra hacía frío—bajamos a la ciudad después del bombardeo el silencio abre pequeñas luces entre las piedras los músculos se contraen sobre los huesos sobre los nervios que hierven como avispas entre las ramas de un limonero

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me voy a quedar en Hiroshima, con él los pasos bajan por donde habían bajado todos tus padres y los míos sus pasos en el sendero de piedras claras amanecían bajo un sol de invierno blanco amarillo de primavera seguían ahí por lo que quedaba del río toman menos tiempo los caminos difíciles hoy toman menos tiempo o no toman ya nada de tiempo digitales no hay pasos sobre el camino no pasa nadie ya sobre el sendero había sido un río que habíamos cruzado a nado cuando el sol estaba alto al medio día la tarde donde nos vimos esa última vez pasadas las tres en el pequeño reloj de tu muñeca podía oír en tus pasos los pasos de sus manecitas marcando el ritmo de las analogías de la mañana empieza por tu espalda los respiros rápidos del amanecer entre el círculo completo del sol

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las orugas levantando sus pequeĂąos torsos lo reciben los espĂĄrragos lo reciben y atrapados en su encierro los leones marinos gritan y lo reciben

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tú lo has inventado todo Halif te leo Las nubes de Saer y en la 38 dice “esa noche dormimos en las ruinas” y con una flecha te lo indico sigo me detengo regreso: las ruinas los hombres dormidos en las ruinas un día dormí en unas ruinas con mi padre dices junto a una montaña entre la niebla ruinas del hombre interior—Saer ruinas donde una noche dormí junto a mi padre—Saer en la imagen lejos de la mano la imagen de las ruinas voces a la intemperie manos que se tocan entre hombres a la intemperie son presente de presencia desde el bajo cero esto es estar parado sobre el pasto sobre las piedras

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estar parado dando cara

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¿cuál museo en Hiroshima? la nueva esperanza deja pasos tranquilos entre espejos hundidos las plumas de los pájaros hablan en clave mientras recorren alto tan alto las montañas de los niños en los areneros de la casa en el parque del reloj con flores a rítmico alcance donde los primeros quedamos sin más vapor varados entonces en las aguas del Mississippi donde nadie puede escribir bien a la primera y las aguas del Nilo donde bajaron los hilos de fuego cuando cayó la biblioteca en llamas y se perdió la memoria toda aquella tarde entre cortezas enterradas bajo las maromas de los turómacos en las distancias hasta las ventanas que años perdieron en sus vidrios su recuerdo nos llega con el viento en burla de los vestidos y chifla con las ramas sueltas entre los colores la tierra ha volcado al árbol de cabeza para que las raíces saquen sus propios ojos y no sepan sólo por los cuentos de los topos al pasar de

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mordisco en mordisco la sombra de la diversidad de túneles hasta el centro del planeta donde estacionados esperan los huesecitos de los pájaros caídos en días de sol y tormenta cuando la luz y el gris entrecruzan sus partes en vez de nacer nube o nacer luz cae un pájaro tan muerto hasta el centro de todas las raíces donde comenzó el pulso radial en estos doscientos pasos agigantados entre los dos caminos pero todos en el pequeño valle que separa el lado de acá del lado de allá donde hallamos las hamacas donde echados veremos el último flash desaparecer en el horizonte

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el hospital existe en Hiroshima y así fue como el Hulk perdió su brazo en la búsqueda de la venganza derrotado la extremidad como calabaza los filamentos verdes interiores tocando el suelo sucio de sangre y secas piedras que le dieron en el tórax en la frente entre muchos cansaron su invulnerabilidad buscando al toro al negro toro vertido desde las tinieblas hasta la amistad que le costó la vida al Hulk sin pensar dos veces y lo haría una tercera sin vacilar a pesar del vacío que ahora siente en el hombro deshebrado frente a todos que nunca pensó pudieran detener su amor por el toro encerrado en el encierro

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Las evidencias nocturnas—apéndice y en las mañanas el pequeño toro pega suave su testuz sobre tu barba/ Halif tierno aún el animal tibio como dormido te saluda en las mañanas/ sobre el pecho su peso sus patitas hunden un poco tus pulmones cortan/ el aliento así un ligero sacrificio cotidiano cada mañana el testuz del pequeño/ toro sobre tu barba el toro se rinde en su ternura en el nacimiento del toro/ pasan lentamente la recámara donde parte la raíz de la luz del foco y/ Edison y Tesla giran alrededor de él levantando los pies y las polainas/ la danza adecuada del palenque a cuatro navajas a ambos lados/ hacia la tumba la espalda fácil mente alambrada bajo la presión atmosférica/ novo-inglesa aquí en los Cambridges cámbricos donde nieva a más de las cinco/ de la tarde cuando pasó Federico con un foco entre las manos pensando el/ pequeño toro sobre los hombros como hoy por la mañana el pequeño/ toro toma el tiempo y el saludo lleno de nostalgia por el monte azul cubierto/ de bonzais todo chiquito y terminado al otro lado de la barricada donde/ el toro venció finalmente al mal y a los estatutos del mal dejó de bajo/ los pitones dejó de bajo los bramidos en silencio sentado meditando las/ mañanas frías de Nueva Inglaterra donde acabamos varados como tantos/ pies llenos de colores llenos de pequeños colores alumbrando los caminos/ con las uñas brillantes como pequeños foquitos recargados en la salinidad/ de la sangre acumulada en los grandes toneles de los barcos de blancas/ velas como los morros del pequeño toro sentado vaciando los pulmones de/ su carga vaciando los espacios vacíos de lo interno al caminar con sus/ pesadas patitas lentamente el reflejo de la nieve en la ventana abre de/ nuevo la posibilidad de ver al toro quieto sentado en el parque cubierto/ de nieve en su quietud en su silencio zen sin embargo abierto a la/ recuperación de todo

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aquello que perdiste después de los 15 cuando se abrieron/ definitivamente las compuertas cuando aprendiste a pronunciar los/ nombres de las niñas bajo sus faldas el volcán explotará en una avalancha/ seminal la piel germinará con toros y volcanes como torpes tortugas bebés/ buscarán el horizonte del mar para cerrar el ciclo evolutivo de su especie los/ volcanes regresarán al mar de donde hace tantos glaciales nos llegaron hacia/ donde nosotros sobre el hielo nos pensamos precipitados cada vez en contra/ flujo de la tierra natal con sus casas de adobe y los árboles vivos del invierno/ en la zona media de su panza está aún el calor de la mañana caminamos en/ silencio caminamos uno a uno los reclusos uno a uno los remedios volcados al/ desagüe que termina en la playa noswimming nos tumbamos a la luna abrazados/ bajo la arena lejos de la ceniza que cae y cubre todo inevitablemente

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Nota Una noche hace unos años en una vieja granja en un pueblo de Massachusetts, vi por primera vez Hiroshima Mon Amour. La película me causó una gran conmoción. Al terminar quedó en mí algo como un arrebol, un eco, una vibración. Por un tiempo permanecí sentado en silencio en la oscuridad, luego abrí mi cuaderno y escribí un poema. Tiempo después pensé en aquella noche y decidí volver a ver la película. Después de esa segunda vez, eso estaba ahí de nuevo. Me puse a escribir. Salió otro poema. Decidí entonces ver la película antes de escribir cada uno de los poemas de este libro. Los títulos son fragmentos de los diálogos en traducciones mías. El efecto que Hiroshima Mon Amour tuvo en mí me permitió concentrar lo más posible mi existencia en el espacio y tiempo de la escritura de estos poemas. Hablo de un espacio al que sólo se puede tener acceso al abandonar toda forma, pero de donde todas las formas salen. Es la ante-cámara de la imaginación, el magma que al quedar expuesto se solidifica formando montañas, valles, paisajes, poemas. La imagen del toro me vino en un sueño.

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una noche lejos de ti y esperaba al día

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me voy a París en bicicleta, la noche

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para eso, para leer la revolución francesa

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¿soy el primer japonés de tu vida?

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y después, él murió

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¿y era francés, el hombre que tú amaste...

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es un río sin navegación alguna

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Hotel New Hiroshima

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yo me acuerdo

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me olvidaré de ti y te volverás una canción

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¿qué es lo que fue para ti, Hiroshima en Francia?

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lo suficiente para saber

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¿lo suficiente para morir?

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cuatro veces al museo en Hiroshima

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aunque tengas una moralidad dudosa

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are you visiting Hiroshima?

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todos los días pasa a las cuatro y tose

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defórmame a tu imagen

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el tiempo del saber

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yo preferiría que tú hubieras muerto en Nevers

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me tomará por los hombros...

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lógica, masa, brutalidad

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es verdad... soy tonta

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así, yo lo vi, el hospital, estoy segura

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una vez, loca en Nevers

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jóven en Ne-vers

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tu eres una mujer bella, ¿lo sabes?

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yo no invente nada

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¿es una película francesa?

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¿cuando tu estabas en el sótano, yo estaba muerto?

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no, no es por azar

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como tú, yo conozco el olvido

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un poco cansado, ¿no?

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y te volverás una canción

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no viste nada, nada

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a lo largo de los muros

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una palabra como cualquier otra

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una oportunidad para mi

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me quedaré en Hiroshima

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se conocieron en Hiroshima

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es en la aurora que el sueño viene

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me gustaría

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tiempo para saber

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después en las ruinas

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no, internacional, sobre la paz

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va a venir hacia mi, me tomará por los hombros

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quédate en Hiroshima

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mi cuerpo se incendia ya en tu recuerdo

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un día sin sus ojos

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are you alone?

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después yo no sé más

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mi familia, ella, estaba en Hiroshima

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el hierro vulnerable como la piel

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sobre el río en Hiroshima la noche cae

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me voy a quedar en Hiroshima, con él

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tú lo has inventado todo

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¿cuál museo en Hiroshima?

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el hospital existe en Hiroshima

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Las evidencias nocturnas-apéndice

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Nota

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Crédito de la fotografía: Siobhan Landry.

Antonio Ochoa (Ciudad de México, 1974), creció en Coyoacán donde leía libros en el jardín de su casa y andaba en bicicleta por el barrio. Ahora vive en Cambridge, MA, donde lee libros y va a su trabajo en bicicleta. En 2008, Libros del Umbral publicó el libro de poemas pulsos.



Mangos de Hacha | Poesía (Nuevos)

Jessica Díaz & Meir Lobatón, Monografías Martín Gubbins, Escalas Edgardo Dobry, Pizza Margarita José Molina, Juno Desierta Rodolfo Häsler, Diario de la urraca (cuaderno paulista) Antonio Ochoa, El toro de Hiroshima


En El toro de Hiroshima, Antonio Ochoa juega con dos posibilidades retóricas: por un lado, frases que dan título a los poemas de su libro y que parecen tomadas del guión de la famosa película Hiroshima, mon amour de Marguerite Duras; y por otro, una serie de experiencias personales que se van anudando y ocultando en los devaneos de un lenguaje inusualmente poético. Así, al mismo tiempo que estamos viendo la película de Alain Resnais, estamos soñando la trama de la propia vida y confrontando una serie de enigmas que se nos presentan en calidad de lenguaje. No hay pureza, sin embargo, en el habla “poética” de Antonio Ochoa. Tampoco podría decirse que lo suyo comporta un experimento donde la lógica y el cálculo tendrían un peso determinado o absoluto —como su título indica, hay rabia y hay ira en estos poemas, pero también una aspiración constante a capturar la belleza de los días, tal y como éstos se nos presentan a los ojos del entendimiento y la memoria. El toro de Hiroshima se refiere en última instancia a dos procesos históricos terribles, el primero tendría que ver con la historia en el sentido colectivo del término; y el segundo tendría su asidero más voluble en la experiencia intransferible del poeta, que va tejiendo con sus poemas la trama de su propia vida. Gabriel Bernal Granados

ISBN: 978-607-97155-1-9